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103. Poesía más Poesía: Enrique Santos Discépolo

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BIOGRAFÍA DE ENRIQUE SANTOS DISCÉPOLO

“En ti está el porvenir, en ti la salvación, en tu risa veré el sol”.

Enrique Santos Discépolo nació en Buenos Aires el 27 de marzo de 1901 en el Barrio de Once, en la calle Paso 113. Fue el quinto y último hijo de un músico napolitano llamado Santo que se afincó en Buenos Aires y que cuando el pequeño Discépolo contaba con 6 años falleció y tres años después falleció también su mujer.
Huérfano de padre y madre Enrique vivió primero con unos tíos adinerados y a los 10 años se fue a vivir con su hermano Armando, 14 años mayor que él, que se convertiría en una especie de padre sustituto para Enrique, al que quería mucho pero también lo temía porque era muy severo con él. Armando ya era un prestigioso autor teatral y lo introdujo en los entornos artísticos-culturales y en el camino de la dramaturgia.

Enrique Santos Discépolo - Wikipedia, la enciclopedia libre


Armando y Enrique eran bastante diferentes. Armando representaba, por su forma de ser y por su aspecto físico, a la aristocracia mientras que Enrique pensaba que el escenario tenía que estar en la calle con el público. Cuando se van a vivir a Parque de los Patricios, en una zona de talleres y trabajadores, Enrique se hace amigo de Juan de Dios Filiberto, compositor y célebre músico argentino de gran importancia para la consolidación del tango y frecuenta la carbonería de Benito Quinquela Martín, el artista que pintó el barrio de La Boca.

Enrique comienzó a escribir sus primeros borradores de obras de teatro y publicó “Los duendes” en 1918, “Día Feriado” en 1920 y “El hombre solo” en 1921.
En 1923 su hermano Armando estrena “Mateo” e inaugura el grotesco argentino que exaspera la realidad del sainete. El sainete, pieza teatral breve de tema jocoso y normalmente de carácter popular, a finales de los años 20 y comienzo de los 30 está estereotipado y se pasa al drama del inmigrante donde se mezcla la risa y el llanto.
Como actor Enrique Santos Discépolo era muy apasionado y vivía con intensidad todos sus personajes que muchas veces encarnaban la figura tragicómica del arlequín.

Trabajando de actor en un teatro, conoció a Tania con quién mantendría una relación durante 20 años. A los pocos días de conocerla Enrique va al cabaret para hablar con ella, le manda flores y comienza su idilio. Ella dice que se enamoró de él porque era un personaje diferente a lo que ella conocía en el Cabaret. Enrique nunca antes había estado en un cabaret. Se había movido en un ambiente más intelectual y es entonces cuando se introduce en el tango, en la noche porteña, recorre los cabarets destacando en las reuniones como hombre dicharachero y escribe su primer tango “Bizcochito” que no tuvo trascendencia.

Tania', «la gallega toledana» que triunfó en el tango | Noticias La Tribuna  de Toledo


En 1926 compuso “Qué vachaché” tango que inaugura una línea compositiva de denuncia social en la poesía de Discépolo que madura en; “Yira… yira”, se prolonga en; “Qué sapa, señor”, y evoluciona hasta llegar al famoso “Cambalache” en 1935, donde el escepticismo y el pesimismo de la época se cantan para ser bailados.

Los tangos de Discépolo parecen pequeñas escenas teatrales que logran sintetizar un drama de dos horas en una canción. Él mismo compuso la música de muchos de sus tangos por lo que sus composiciones, dicen los entendidos, nacían con una unidad total.
Discépolo había recibido de su padre ciertos conocimientos de música, tocaba el piano con dos dedos para componer y escribía con números que después alguien le transcribía. Le gustaba mucho la buena música e iba frecuentemente al Teatro Colón con Tania.
Otra línea de sus composiciones Discepolianas toma la veta de lo cómico, con carácter grotesco y humor ácido, en tangos como “Victoria”, “Chorra” y “Justo el 31” que son escritos a finales de los años 20.

Enrique Santos Discépolo junto a Tita Merello.
Enrique Santos Discépolo junto a Tita Merello.

En 1928 escribe Malevaje con Filiberto. La historia de un Malevo en decadencia.

Desde 1928 participó en la producción cinematográfica argentina.
A finales de los años 30 es llamado para dirigir cine y le hace debutar a Tania en sus películas.
Algunos dicen de él que era un hombre triste pero él decía que no era un hombre triste sino que era un hombre entristecido por los otros hombres.

La personalidad de Discépolo era muy divertida en realidad, la motivación de él era el momento de la vida, el momento del país, el momento de la historia de la humanidad como reflejan sus tangos universales. Era un gran lector y un hombre sabio, capaz de reírse de sus desdichas como hombre de su tiempo, por medio de un tango humorístico y patético.
Enrique había participado en las primeras reuniones anarquistas pero lo que le catapulta como gran poeta popular fue la crisis del 30, año en el que se estrena “Yira Yira”.

Carlos Gardel le pregunta en un legendario vídeo: “Enrique, ¿qué has querido hacer con el tango Yira Yira? Y Enrique le responde: “¿Con Yira Yira? Una canción de soledad y desesperanza. Y Gardel a su vez, hombre así lo he comprendido yo, a lo que Discéplo le responde, por eso es que lo cantas de una manera admirable. Pero el personaje es un hombre bueno,¿verdad? Pregunta Gardel. Si, dice Discépolo es un hombre que ha vivido la bella esperanza de la fraternidad durante 40 años y, de pronto, un día a los 40 años se desayuna con que los hombres son unas fieras.

Pero, dices cosas amargas, insiste Gardel, claro no pretenderás que diga cosas
divertidas un hombre que ha esperado 40 años para desayunarse.
Sus tangos han sido y son cantados por los mejores cantores de tango entre ellos Gardel, Edmundo Rivero, Goyeneche, Hugo del Carril y por supuesto Tania.
El Choclo lo escribió a petición de Libertad Lamarque.

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Discépolo con Carlos Gardel

Trabajando como compositor musical para la película “El alma del bandoneón” crea “Cambalache” en un año convulso en el panorama político argentino en el que se estaba aplicando la picana para los opositores.
Tras el éxito de Cambalache arma su propia orquesta para que interprete sus canciones y acompañe a Tania que además de su mujer es su compañera artística.
En 1935 parten de gira por Europa, tuvieron mucho éxito en Francia y daba charlas en París hablando en castellano y después que se levantaba el telón, aparecía la orquesta.
En Madrid, donde el poeta Federico García Lorca hace de Cicerón Enrique se entera de la muerte de Gardel.

Al regresar a Buenos Aires trabaja como actor preferentemente haciendo personajes atolondrados del sainete y a partir de 1937 se vuelca en el cine también como argumentista y director. Fue más destacado como autor de los argumentos y como actor que como director. Sus películas contenían momentos estelares al estilo discépolo. Sentía amor por el cine norteamericano. Dirige 6 películas en 7 años.
A finales de los 30 y sobre todo en la década de los 40 entra en una etapa de poesía intimista en la que escribe tangos de amor, pero un amor sufrido como “Sin palabras” e “Infamia”.

A 45 años de su muerte, por qué le decían Pichuco a Aníbal Troilo, el  "bandoneón mayor de Buenos Aires"
Discépolo (sentado a la derecha de la imagen), junto a Aníbal Troilo, Francisco Canaro, José Razzano, y Osvaldo Fresedo (1944)

En 1949 Discépolo conoce al pianista Mariano Mores de cierto lirismo romántico como compositor y encuentra en él a alguien en quien confiar la composición de la música de sus tangos. Su primera colaboración fue
“UNO”. Y después llegó “Si yo tuviera un corazón”.

A mediados de los años 40 viaja a México dos veces, una con Tania y otra solo. En esta segunda ocasión mantuvo un romance con una periodista mexicana con la que se dice que tuvo un hijo al que nunca conoció porque Discépolo volvió a la Argentina… por Tania… y por Perón.
En 1948 compone su último tango, “Cafetín de Buenos Aires”.

Mordisquito. Discépolo y el peronismo.

Una de las facetas fundamentales para entender el universo «discepoliano» es su compromiso político, su militancia peronista que provocaron su divorcio con la élite social que hasta entonces le rodeaba, los que le hicieron un vacío por su ideología y lo criticaron y maltrataron. En una ocasión le enviaron sus discos rotos a su casa y en otra oportunidad compraron todas las entradas del teatro para que cuando Discépolo saliera a escena estuviera todo vacío. Lo cierto es que estos atropellos fueron muy dolorosos para él que se sintió abandonado y herido.
Discépolo defendió con convicción, ironía y vehemencia, lo que él entendía un avance en el campo político y social y una superación de la Argentina del fraude y los negociados, el gobierno del General Juan Perón.
Entre ambos nació una firme amistad y también con Eva Perón. Perón y Evita le pidieron difundir su ideario en un espacio radiofónico llamado “¿A mí me la vas a contar?” y “Pienso y digo lo que pienso hablo” en los que creó el personaje de un opositor, Mordisquito. Algunos dicen que se sintió obligado a hacer esos discursos radiofónicos que lo enemistaron con los sectores que no veían con buenos ojos las medidas del nuevo gobierno justicialista. A partir de entonces muchos de sus antiguos amigos, le retiraron el saludo, le silbaban al pasar a su lado o se iban cuando él llegaba a un bar.

Vamos a leer a continuación el último texto leído por Discépolo el 10 de noviembre de 1951, un día antes de las elecciones que concluyeron con un triunfo arrollador de la fórmula Perón-Quijano.

Enrique Discépolo creó la letra y la música de casi treinta tangos, la mayoría de ellos célebres. Dicen que era muy exigente a la hora de escribir tangos y que alguno de ellos le llevó más tiempo escribirlo que sus obras teatrales.
Todo el mundo se refiere a él como poeta. Fue incluido en la Antología de la poesía argentina, selección e introducción de Raúl Gustavo Aguirre, junto a otros poetas del tango como Enrique Cadícamo, Homero Manzi y Miguel Oscar Menassa.
Murió en Buenos Aires el 23 de diciembre de 1951 seguramente de un infarto de miocardio, o de debilidad o de tristeza, junto a su mujer Tania a la que cuidó incluso más allá de su muerte y que fue centenaria y junto con su gran amigo Oswaldo Miranda que vivió hasta los 95 años. Enrique tenía 50 años cuando falleció.

Discépolo con Tita Merello, Tania y SofÍa Bozán.
Discépolo con Tita Merello, Tania y SofÍa Bozán.

SELECCIÓN DE POEMAS DE ENRIQUE SANTOS DISCÉPOLO

CAMBALACHE

Que el mundo fue y será una porquería, ya lo sé
En el quinientos seis y en el dos mil también
Que siempre ha habido chorros, maquiavélicos y estafadores
Contentos y amargados, valores y dublés
Pero que el siglo veinte es un despliegue
De maldad insolente, ya no hay quien lo niegue
Vivimos revolcados en un merengue
Y en un mismo lodo todos manoseados
Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor
Ignorante, sabio, chorro, generoso, estafador
Todo es igual, nada es mejor
Lo mismo un burro que un gran profesor
No hay aplazados, ni escalafón
Los inmorales nos han igualado
Si uno vive en la impostura
Y otro roba en su ambición
Da lo mismo que si es cura
Colchonero, rey de bastos
Caradura o polizón
Que falta de respeto
Que atropello a la razón
Cualquiera es un señor
Cualquiera es un ladrón
Mezclados con Stavinski
Van Don Bosco y la Mignón
Carnera y Napoleón
Don Chicho y San Martín
Igual que en la vidriera irrespetuosa
De los cambalaches
Se ha mezclado la vida
Y herida por un sable sin remaches
Ves llorar la Biblia contra un calefón.

Siglo veinte, cambalache, problemático y febril
El que no llora, no mama, y el que no afana es un gil
Dale no más, dale que va
Que allá en el horno se vamos a encontrar
No pienses más, siéntate a un lado
Que a nadie importa si naciste honrado
Que es lo mismo el que labura
Noche y día como un buey
Que el que vive de los otros
Que el que mata o el que cura
O esta fuera de la ley
Vivimos revolcaos en un merengue
Y en un mismo lodo todos manoseados

Letra: Enrique Santos Discépolo
Música: Enrique Santos Discépolo
Año: 1935

MALEVAJE

Decí, por Dios, ¿qué me has dao,
que estoy tan cambiao,
no sé más quien soy?
El malevaje extrañao,
me mira sin comprender…
Me ve perdiendo el cartel
de guapo que ayer
brillaba en la acción…
¿No ves que estoy embretao,
vencido y maniao
en tu corazón?
Te vi pasar tangueando altanera
con un compás tan hondo y sensual
que no fue más que verte y perder
la fe, el coraje,
el ansia e guapear.
No me has dejao ni el pucho en la oreja
de aquel pasao malevo y feroz…
¡Ya no me falta pa completar
más que ir a misa e hincarme a rezar!
Ayer, de miedo a matar,
en vez de pelear
me puse a correr…
Me vi a la sombra o finao;
pensé en no verte y temblé…
¡Si yo, -que nunca aflojé-
de noche angustiao
me encierro a yorar!…
Decí, por Dios, ¿qué me has dao,
que estoy tan cambiao,
no sé más quien soy?

Letra: Enrique Santos Discépolo
Música: Juan de dios Filiberto
Año: 1928

CAFETÍN DE BUENOS AIRES

De chiquilín te miraba de afuera
como a esas cosas que nunca se alcanzan…
La ñata contra el vidrio,
en un azul de frío,
que sólo fue después viviendo
igual al mío…
Como una escuela de todas las cosas,
ya de muchacho me diste entre asombros:
el cigarrillo,
la fe en mis sueños
y una esperanza de amor.
Cómo olvidarte en esta queja,
cafetín de Buenos Aires,
si sos lo único en la vida
que se pareció a mi vieja…
En tu mezcla milagrosa
de sabihondos y suicidas,
yo aprendí filosofía… dados… timba…
y la poesía cruel
de no pensar más en mí.
Me diste en oro un puñado de amigos,
que son los mismos que alientan mis horas:
(José, el de la quimera…
Marcial, que aún cree y espera…
y el flaco Abel que se nos fue
pero aún me guía….).
Sobre tus mesas que nunca preguntan
lloré una tarde el primer desengaño,
nací a las penas,
bebí mis años
y me entregué sin luchar.

Letra: Enrique Santos Discépolo
Música: Mariano Mores
Año: 1948

UNO

Uno busca lleno de esperanzas
el camino que los sueños
prometieron a sus ansias.
Sabe que la lucha es cruel
y es mucha pero lucha y se desangra
por la fe que lo empecina…
Uno va arrastrándose entre espinas
y en su afán de dar su amor,
sufre y se destroza hasta entender
que uno se ha quedao sin corazón…
Precio de castigo que uno entrega
por un beso que no llega
a un amor que lo engañó…
¡Vacío ya de amar y de llorar
tanta traición!
Si yo tuviera el corazón…
(El corazón que di…)
Si yo pudiera como ayer
querer sin presentir…
Es posible que a tus ojos
que me gritan tu cariño
los cerrara con mis besos…
Sin pensar que eran como esos
otros ojos, los perversos,
los que hundieron mi vivir.
Si yo tuviera el corazón…
(El mismo que perdí…)
Si olvidara a la que ayer
lo destrozó y… pudiera amarte..
me abrazaría a tu ilusión
para llorar tu amor…
Pero, Dios te trajo a mi destino
sin pensar que ya es muy tarde
y no sabré cómo quererte…
Déjame que llore
como aquel sufre en vida
la tortura de llorar su propia muerte…
Pura como sos, habrías salvado
mi esperanza con tu amor…
Uno está tan solo en su dolor…
Uno está tan ciego en su penar….
Pero un frío cruel
que es peor que el odio
-punto muerto de las almas,
tumba horrenda de mi amor-
maldijo para siempre y me robó…
toda ilusión…

Letra: Enrique Santos Discépolo
Música: Mariano Mores
Año: 1943

EL CHOCLO

Con este tango que es burlón y compadrito
Se ató dos alas la ambición de mi suburbio;
Con este tango nació el tango, y como un grito
Salió del sórdido barrial buscando el cielo;
Conjuro extraño de un amor hecho cadencia
Que abrió caminos sin más ley que la esperanza,
Mezcla de rabia, de dolor, de fe, de ausencia
Llorando en la inocencia de un ritmo juguetón.
Por tu milagro de notas agoreras
Nacieron, sin pensarlo, las paicas y las grelas,
Luna de charcos, canyengue en las caderas
Y un ansia fiera en la manera de querer…
Al evocarte, tango querido,
Siento que tiemblan las baldosas de un bailongo
Y oigo el rezongo de mi pasado…
Hoy, que no tengo más a mi madre,
Siento que llega en punta e pie para besarme
Cuando tu canto nace al son de un bandoneón.
Carancanfunfa se hizo al mar con tu bandera
Y en un pernó mezcló a París con Puente Alsina.
Triste compadre del gavión y de la mina
Y hasta comadre del bacán y la pebeta.
Por vos shusheta, cana, reo y mishiadura
Se hicieron voces al nacer con tu destino…
¡misa de faldas, querosén, tajo y cuchillo,
Que ardió en los conventillos y ardió en mi corazón.

Letra: Enrique Santos Discépolo
Letra: Marambio Catán J.
Año: 1947

CHORRA

Por ser bueno,
Me pusiste a la miseria,
Me dejaste en la palmera,
Me afanaste hasta el color.
En seis meses
Me comiste el mercadito,
La casiya de la feria,
La ganchera, el mostrador…
¡chorra!…
Me robaste hasta el amor…
Ahura,
Tanto me asusta una mina,
Que si en la calle me afila
Me pongo al lao del botón.
¡lo que más bronca me da,
Es haber sido tan gil!
Si hace un mes me desayuno
Con lo que he sabido ayer,
No era mí que me cachaban
Tus rebusques de mujer…
Hoy me entero que tu mama
noble viuda de un guerrero,
¡es la chorra de más fama
Que ha pisao la treinta y tres!
Y he sabido que el guerrero
Que murió lleno de honor,
Ni murió ni fue guerrero
Como me engrupiste vos.
¡está en cana prontuariado
Como agente e la camorra,
Profesor de cachiporra,
Malandrín y estafador!

Entre todos
Me pelaron con la cero,
Tu silueta fue el anzuelo
Donde yo me fui a ensartar.
Se tragaron
Vos, la viuda y el guerrero
Lo que me costó diez años
De paciencia y de yugar…
¡chorros!
Vos, tu vieja y tu papá,
¡guarda!
Cuidensé porque anda suelta,
Si los cacha los da vuelta,
No les da tiempo a rajar.
¡lo que más bronca me da,
Es haber estao tan gil!

Letra: Enrique Santos Discépolo
Música: Enrique Santos Discépolo
Año: 1928

CANCIÓN DESESPERADA

¡Soy una canción desesperada…!
¡Hoja enloquecida en el turbión..!
Por tu amor, mi fe desorientada
se hundió, destrozando mi corazón.
Dentro de mí mismo me he perdido,
ciego de llorar una ilusión…
¡Soy una pregunta empecinada,
que grita su dolor y tu traición..!
¿Porqué
me enseñaron a amar,
si es volcar sin sentido
los sueños al mar?
Si el amor,
es un viejo enemigo
y enciende castigos
y enseña a llorar…
Yo pregunto: ¿porqué?
¡Sí!, ¿porqué me enseñaron a amar,
si al amarte mataba mi amor?
Burla atroz de dar todo por nada
y al fin de un adiós, despertar
¡llorando!…
¿Dónde estaba Dios cuando te fuiste?
¿Dónde estaba el sol que no te vio?
¿Cómo una mujer no entiende nunca
que un hombre da todo, dando su amor?
¿Quién les hace creer otros destinos?
¿Quién deshace así tanta ilusión?
¡Soy una canción desesperada
que grita su dolor y su traición…!

Letra: Enrique Santos Discépolo
Música: Enrique Santos Discépolo
Año: 1945

DESENCANTO

¡Qué desencanto más hondo,
qué desencanto brutal!
¡Qué ganas de hecharse en el suelo
y ponerse a llorar!
Cansao de ver la vida,
que siempre se burla
y hace pedazos
mi canto y mi fe.
La vida es tumba de ensueños
con cruces que, abiertas,
preguntan… ¿pa qué?
Y pensar que en mi niñez
tanto ambicioné, que al soñar
forjé tanta ilusión;
oigo a mi madre aún,
la oigo engañándome,
porque la vida me negó
las esperanzas que en la cuna
me cantó.
De lo ansia, sólo
alcancé su amor,
y, cuando lo alcancé,
me traicionó.
Yo hubiera dado la vida
para salvar la ilusión.
Fue el único sol de esperanza
que tuvo mi fe, mi amor.
Dulce consuelo
del que nada alcanza.
Sueño bendito
que me hizo traición.
Yo vivo muerto hace mucho,
no siento ni escucho
ni a mi corazón.

Letra: Enrique Santos Discépolo y Amadori
Música: Enrique Santos Discépolo y Amadori
Año: 1937

SIN PALABRAS

Nació de ti…
Buscando una canción que nos uniera,
Y hoy sé que es cruel brutal -quizá-
El castigo que te doy.
Sin palabras
Esta música va a herirte,
Dondequiera que la escuche tu traición…
La noche más absurda, el día más triste.
Cuando estés riendo, o cuando llore tu ilusión.
Perdóname si es dios,
Quien quiso castigarte al fin…
Si hay llantos que pueden perseguir así,
Si estas notas que nacieron por tu amor,
Al final son un cilicio que abre heridas de una historia… ¡son suplicios, son
memorias…
Fantoche herido, mi dolor, se alzará, cada vez,
Que oigas esta canción!…
Nació de ti…
Mintiendo entre esperanzas un destino,
Y hoy sé que es cruel, brutal -quizá-
El castigo que te doy…
Sin decirlo esta canción dirá tu nombre,
Sin decirlo con tu nombre estaré yo.
Los ojos casi ciegos de mi asombro,
Junto al asombro de perderte y no morir.

Letra: Enrique Santos Discépolo
Música: Mariano Mores
Año: 1945

YIRA YIRA

Cuando la suerte que es grela,
fayando y fayando
te largue parao;
cuando estés bien en la vía,
sin rumbo, desesperao;
cuando no tengas ni fe,
ni yerba de ayer
secándose al sol;
cuando rajés los tamangos
buscando ese mango
que te haga morfar…
la indiferencia del mundo
-que es sordo y es mudo-
recién sentirás.
Verás que todo el mentira,
verás que nada es amor,
que al mundo nada le importa…
¡Yira!… ¡Yira!…
Aunque te quiebre la vida,
aunque te muerda un dolor,
no esperes nunca una ayuda,
ni una mano, ni un favor.
Cuando estén secas las pilas
de todos los timbres
que vos apretás,
buscando un pecho fraterno
para morir abrazao…
Cuando te dejen tirao
después de cinchar
lo mismo que a mí.
Cuando manyés que a tu lado
se prueban la ropa
que vas a dejar…
Te acordarás de este otario
que un día, cansado,
¡se puso a ladrar!

Letra: Enrique Santos Discépolo
Música: Enrique Santos Discépolo
Año: 1930

QUÉ VACHACHÉ

Piantá de aquí, no vuelvas en tu vida.
Ya me tenés bien requeteamurada.
No puedo más pasarla sin comida
ni oírte así, decir tanta pavada.
¿No te das cuenta que sos un engrupido?
¿Te creés que al mundo lo vas a arreglar vos?
¡Si aquí, ni Dios rescata lo perdido!
¿Qué querés vos? ¡Hacé el favor!.
Lo que hace falta es empacar mucha moneda,
vender el alma, rifar el corazón,
tirar la poca decencia que te queda…
Plata, plata, plata y plata otra vez…
Así es posible que morfés todos los días,
tengas amigos, casa, nombre…y lo que quieras vos.
El verdadero amor se ahogó en la sopa:
la panza es reina y el dinero Dios.
¿Pero no ves, gilito embanderado,
que la razón la tiene el de más guita?
¿Que la honradez la venden al contado
y a la moral la dan por moneditas?
¿Que no hay ninguna verdad que se resista
frente a dos pesos moneda nacional?
Vos resultás, -haciendo el moralista-,
un disfrazao…sin carnaval…
¡Tirate al río! ¡No embromés con tu conciencia!
Sos un secante que no hace reír.
Dame puchero, guardá la decencia…
¡Plata, plata y plata! ¡Yo quiero vivir!
¿Qué culpa tengo si has piyao la vida en serio?
Pasás de otario, morfás aire y no tenés colchón…
¿Qué vachaché? Hoy ya murió el criterio!
Vale Jesús lo mismo que el ladrón…

Letra: Enrique Santos Discépolo
Música: Enrique Santos Discépolo
Año: 1926

ESTA NOCHE ME EMBORRACHO

Sola, fané, descangayada
La vi esta madrugada
Salir de un cabaret
Flaca, dos cuartas de cogote
Y una percha en el escote
Bajo la nuez
Chueca, vestida de pebeta
Teñida y coqueteando
Su desnudez
Parecía un gallo desplumao
Mostrando al compadrear
El cuero picoteao
Yo que sé cuando no aguanto más
Al verla, así, rajé
Pa no llorar
¡Y pensar que hace diez años
Fue mi locura!
¡Que llegué hasta la traición
Por su hermosura!
Que esto que hoy es un cascajo
Fue la dulce metedura
Donde yo perdí el honor
Que chiflao por su belleza
Le quité el pan a la vieja
Me hice ruin y pechador
Que quedé sin un amigo
Que viví de mala fe
Que me tuvo de rodillas
Sin moral, hecho un mendigo
Cuando se fue

Nunca soñé que la vería
En un requiscat in pace
Tan cruel como el de hoy
¡Mire, si no es pa suicidarse
Que por ese cachivache
Sea lo que soy!
Fiera venganza la del tiempo
Que le hace ver deshecho
Lo que uno amó
Este encuentro me ha hecho tanto mal
Que si lo pienso más
Termino envenenao
Esta noche me emborracho bien
Me mamo, ¡bien mamao!
Pa no pensar

Letra: Enrique Santos Discépolo
Música: Enrique Santos Discépolo
Año: 1928

SUEÑO DE JUVENTUD

Sufres porque me aleja
La fe de un mañana
Que busco afanoso
Tan solo por ti
Y es un collar de estrellas
Que tibio desgranan
Tus ojos hermosos
Llorándome así
Sueño de juventud
Que muere en tu adiós
Tímida remembranza
Que añoraré
Canto de una esperanza
Que ambicioné

Acariciando tu alma
En mi soledad
Mi pobre corazón
No sabe pensar
Y al ver que lo alejan de ti
Solo sabe llorar
Solo sabe gemir
Sangrando al morir
En tu adiós
Lírico amor primero
Caricia y tortura
Castigo y dulzura
De mi amanecer
Yo acunaré en un canto
Tu inmensa ternura
Buscando en mi cielo
Tu imagen de ayer

Letra: Enrique Santos Discépolo
Música: Enrique Santos Discépolo
Año: 1931

JUSTO EL 31

Hace cinco días,
Loco de contento
Vivo en movimiento
Como un carrusel…
Ella que pensaba
Amurarme el uno,
Justo el treinta y uno
Yo la madrugué…
Me contó un vecino,
Que la inglesa loca,
Cuando vio la pieza
Sin un alfiler,
Se morfó la soga
De colgar la ropa
(que fue en el apuro,
Lo que me olvidé…).
Si ahora no me paga
Las que yo pasé.
Era un mono loco
Que encontré en un árbol
Una noche de hambre
Que me vio pasar.
Me tiró un coquito…
¡yo que soy chicato…
Me ensarté al oscuro
Y la llevé al bulín!…
Sé que entré a la pieza
Y encendí la vela,
Sé que me di vuelta
Para verla bien…
Era tan fulera,
Que la vi, di un grito,
Lo demás fue un sueño…
¡yo, me desmayé!
La aguanté de pena
Casi cuatro meses,
Entre la cachada
De todo el café…
Le tiraban nueces,
Mientras me gritaban:
¡ahí va Sarrasani
Con el chimpancé!…
Gracias a que el zurdo,
Que es tipo derecho,
Le regó el helecho
Cuando se iba a alzar;
Y la redoblona
De amurarme el uno
¡justo el treinta y uno
Se la fui a cortar!

Letra: Enrique Santos Discépolo y Rada Ray
Música: Enrique Santos Discépolo
Año: 1930

CONFESIÓN

Fue a conciencia pura
que perdí tu amor…
¡Nada más que por salvarte!
Hoy me odias
y yo feliz,
me arrincono pa llorarte…
El recuerdo que tendrás de mí
será horroroso,
me verás siempre golpeándote
como un malvao…
¡Y si supieras, bien,
qué generoso
fue que pagase así
tu buen amor..!
¡Sol de mi vida!…
fui un fracasao
y en mi caída
busqué dejarte a un lao,
porque te quise
tanto…¡tanto!
que al rodar,
para salvarte
solo supe
hacerme odiar.
Hoy, después de un año
atroz, te vi pasar:
¡me mordí pa no llamarte!…
Ibas linda como un sol…
¡Se paraban pa mirarte!
Yo no sé si el que tiene así
se lo merece,
sólo sé que la miseria cruel
que te ofrecí,
me justifica
al verte hecha una reina
que vivirás mejor
lejos de mí..!

Letra: Enrique Santos Discépolo – Amadori
Música: Enrique Santos Discépolo
Año: 1930

SECRETO

Quien sos, que no puedo salvarme
Muñeca maldita, castigo de dios…
Ventarrón que desgaja en su furia un ayer
De ternuras, de hogar y de fe…
Por vos se ha cambiado mi vida
-sagrada y sencilla como una oración-
En un bárbaro horror de problemas
Que atora mis venas y enturbia mi honor.
No puedo ser más vil
Ni puedo ser mejor,
Vencido por tu hechizo
Que trastorna mi deber…
Por vos a mi mujer
La vida he destrozao
Y es pan de mis dos hijos
Todo el lujo que te he dao.
No pudo reaccionar
Ni puedo comprender,
Perdido en la tormenta
De tu voz que me embrujó…
La seda de tu piel que me estremece
Y al latir florece, con mi perdición…
Resuelto a borrar con un tiro
Su sombra maldita que ya es obsesión,
He buscao en mi noche un lugar pa morir,
Pero el arma se afloja en traición…
No sé si merezco este oprobio feroz,
Pero en cambio he legado a saber
Que es mentira que yo no me mato
Pensando en mis hijos…no, lo hago por vos…

Letra: Enrique Santos Discépolo
Música: Enrique Santos Discépolo
Año: 1932

¡VICTORIA!

¡Victoria!
¡Saraca, Victoria!
Pianté de la noria:
¡Se fue mi mujer!
Si me parece mentira
después de seis años
volver a vivir…
Volver a ver mis amigos,
vivir con mama otra vez.
¡Victoria!
¡Cantemos victoria!
Yo estoy en la gloria:
¡Se fue mi mujer!
¡Me saltaron los tapones,
cuando tuve esta mañana
la alegría de no verla más!
Y es que al ver que no la tengo,
corro, salto, voy y vengo,
desatentao…¡Gracias a Dios
que me salvé de andar
toda la vida atao
llevando el bacalao
de la Emulsión de Scott..!
Si no nace el marinero
que me tire la piolita
para hacerme resollar….
yo ya estaba condeno
a morir ensartenao,
como el último infeliz.
¡Victoria!
¡Saraca, victoria!
Pianté de la noria:
¡Se fue mi mujer!
Me da tristeza el panete,
chicato inocente
que se la llevó…
¡Cuando desate el paquete
y manye que se ensartó!
¡Victoria!
¡Cantemos victoria!
Yo estoy en la gloria:
¡Se fue mi mujer!

Letra: Enrique Santos Discépolo
Música: Enrique Santos Discépolo
Año: 1929

QUÉ SAPA SEÑOR

La tierra está maldita
Y el amor con gripe, en cama.
La gente en guerra grita,
Bulle, mata, rompe y brama.
Al hombre lo ha mareao
El humo, al incendiar,
Y ahora entreverao
No sabe dónde va.
Voltea lo que ve
Por gusto de voltear,
Pero sin convicción ni fe.
Hoy todo dios se queja
Y es que el hombre anda sin cueva,
Volteó la casa vieja
Antes de construir la nueva…
Creyó que era cuestión
De alzarse y nada más,
Romper lo consagrao,
Matar lo que adoró,
No vio que a su pesar
No estaba preparao
Y él solo se enredó
Al saltar.
¡qué sapa, señor…
Que todo es demencia!…
Los chicos ya nacen
Por correspondencia,
Y asoman del sobre
Sabiendo afanar…
Los reyes temblando
Remueven el mazo
Buscando un yobaca
Para disparar,
Y en medio del caos
Que horroriza y espanta:
La paz está en yanta
¡y el peso ha bajao!…
¿qué sapa, señor,
Que ya no hay borbones,
Las minas se han puesto
Peor que los varones;
Y embrollan al hombre
Que tira boleao;
Lo ven errar lejos
A un dedo del sapo
Y en vez de ayudarlo
Lo dejan colgao?.

Ya nadie comprende
Si hay que ir al colegio
O habrá que cerrarlos
Para mejorar…

Letra: Enrique Santos Discépolo
Música: Enrique Santos Discépolo
Año: 1931

INFAMIA

La gente, que es brutal cuando se ensaña,
la gente, que es feroz cuando hace un mal,
buscó para hacer títeres en su guiñol,
la imagen de tu amor y mi esperanza…
A mí, ¿qué me importaba tu pasado…?
si tu alma entraba pura a un porvenir.
Dichoso abrí los brazos a tu afán y con mi amor
salimos, de payasos, a vivir.
Fue inútil gritar
que querías ser buena.
Fue estúpido aullar
la promesa de tu redención…
La gente es brutal
y odia siempre al que sueña,
lo burla y con risas despeña
su intento mejor…
Tu historia y mi honor
desnudaos en la feria,
bailaron su danza de horror,
sin compasión…
Tu angustia comprendió que era imposible,
luchar contra la gente es infernal.

Por eso me dejaste sin decirlo, ¡amor!…
y fuiste a hundirte al fin en tu destino.
Tu vida desde entonces fue un suicidio,
vorágine de horrores y de alcohol.
Anoche te mataste ya del todo y mi emoción
te llora en tu descanso… ¡Corazón!
Quisiera que Dios
amparara tu sueño.
muñeca de amor
que no pudo alcanzar su ilusión.
Yo quise hacer más
pero sólo fue un ansia.
Que tu alma perdone a mi vida
su esfuerzo mejor.
De blanco al morir,
llegará tu esperanza,
vestida de novia ante Dios…
como soñó.

Letra: Enrique Santos Discépolo
Música: Enrique Santos Discépolo
Año: 1941

TRES ESPERANZAS

No doy un paso más
Alma otaria que hay en mí
Me siento destrozao
¡Murámonos aquí!
Pa qué seguir así
Padeciendo a lo fakir
Si el mundo sigue igual
Si el sol vuelve a salir
La gente me ha engañao
Desde el día en que nací
Las hembras se han burlao
La vieja la perdí
No ves que estoy en yanta
Y bandeao por ser un gil
Cachá el bufoso
Y chau ¡vamo a dormir!
Tres esperanzas
Tuve en mi vida
Dos eran blancas
Y una punzó
Una mi madre
Vieja y vencida
Otra la gente
Y otra un amor
Tres esperanzas
Tuve en mi vida
Dos me engañaron
Y una murió
No tengo ni rencor
Ni veneno, ni maldad
Son ganas de olvidar
¡Terror al porvenir!
Me he vuelto pa mirar
Y el pasao me ha hecho reír
¡Las cosas que he soñao
Me cache en dié, qué gil!
Plantate aquí nomás
Alma otaria que hay en mí
Con tres pa qué pedir
Más vale no jugar
Si a un paso del adiós
No hay un beso para mí
Cachá el bufoso
Y chau ¡vamo a dormir!

Letra: Enrique Santos Discépolo
Música: Enrique Santos Discépolo
Año: 1933

SOY UN ARLEQUÍN

Soy un arlequín,
Un arlequín que canta y baila
Para ocultar
Su corazón lleno de pena.
Me clavó en la cruz
Tu folletín de Magdalena
Porque soñé
Que era Jesús y te salvaba.
Me engañó tu voz,
Tu llorar de arrepentida sin perdón
Eras mujer… ¡pensé en mi madre
Y me clavé!
Viví en tu amor una esperanza
La inútil ansia de tu salvación.
¡perdonáme si fui bueno!
Si no sé más que sufrir.
Si he vivido entre las risas
Por quererte redimir.
¡cuánto dolor que hace reír!

Letra: Enrique Santos Discépolo
Música: Enrique Santos Discépolo
Año: 1928

POR ENRIQUE SANTOS DISCÉPOLO

I
¿Vos te creés que yo tenía la menor sospecha de que iba a reanudar estas
audiciones? ¡No! Si te lo dije todo. Treinta y siete noches te hablé, treinta
y siete noches en que te lo dije todo y vos no entendiste nada. Mejor
dicho, no es que no me entendiste. No quisiste entender, que eso es peor.
Pero te hablé treinta y siete noches y creo que esa fue la embarrada. Yo
debía haberte hablado treinta y siete días, siempre de día. La almohada es
un elemento muy valioso en la vida de la gente, pero la almohada sola,
entendés, sin la noche. La almohada y la noche juntas son un peligro
tremendo para la gente que como vos acuña desesperanzada la idea de
una rehabilitación que no puede llegarle, que no debe llegarle porque
sería la desgracia de todos.
¿Entendés? Porque la noche es terrible. Porque a muchos como vos les da
una idea deforme de la realidad y porque el insomnio tiene la virtud de
transformar en razonables las cosas más injustas. Lo tuyo, por ejemplo.
¡Que querés volver! Lo tuyo, que es monstruoso porque es historia y está
escrito en la memoria, en los papeles, en las cárceles, en los muertos y en
los vivos que están muertos. Sos el pasado, el pasado más cruel que haya
vivido nación alguna. Porque ningún país nació a la vida con tantas
posibilidades para ser dichoso como este tuyo y ninguno padeció tanta
injusticia y tanta barbaridad como este tuyo y por tu culpa. Sos el pasado
que quiere volver por amor propio, sólo por amor propio. Idea mezquina
la tuya en esta hora de las grandes decisiones, tan mezquina la idea que
de tanto andarte a pie por la cabeza ella misma se te ha detenido
avergonzada en las sienes y te late como si tuvieras un kilo en cada una.
¿Y sabés por qué? Porque tu idea y yo sabemos que no debés volver. Y vos
también, en el fondo de tu alma, aunque lo escondas, sabés también que
no debés volver. Por decoro. Por recuerdo. Por historia. Sos la imagen del
retroceso, de la injusticia, del hambre, del entreguismo. Y el pueblo lo
sabe, como lo sabés vos. El pueblo lo sabe, porque lo padeció, que venís
de viejos partidos que nunca hicieron nada en beneficio del pueblo que es
la patria y que si alguno de los tuyos, alguna vez, intentó portarse bien, se
cansó enseguida. Fue solamente algún abuelo que se murió hace mucho.
El pueblo sabe que vos sos nieto, que todos ustedes son nietos, que
ninguno de ustedes hizo nada más que ser nieto, nieto de la plata, nieto
de las ideas. Que desde la muerte de ellos, hasta la llegada de este
gobierno, hubo un vacío de dignidad y esfuerzo que vos pudiste llenar y
como un criminal no cumpliste ninguna de las veces que se te dio el
gobierno.
Porque vos no sos una esperanza, ni una incógnita. ¡Vos gobernaste! ¡No
una vez, sino varias veces… y mal! ¡Gobernaste mal! Infamemente. Y el
pueblo sabe eso, como sabe todo. Reconocé entonces que es mal negocio
para un pueblo tu vuelta al poder si para respetarte un poco ese pueblo
tiene que pensar en tu abuelo.
Mal negocio para un pueblo como éste que está frente a un gobierno de
asombro que le ha dado lo que ni Dios ni la madre le dieron en mil años.
De un gobierno que ha puesto en marcha a la patria hacia un destino que
nadie, nada más que él solo, puede conducir por una razón sencilla:
porque este gobierno, en vez de seguir lo clásico que era tan cómodo, se
metió en el tembladeral de las revisiones alcanzando a cada uno la
proporción de dicha que le corresponde, revolución gloriosa que se
alcanzó con el esfuerzo de unos cuantos para felicidad de todos, tan
afortunada como revolución que vos, para darle alguna posibilidad a tu
propaganda, tenés que ofrecer en tus discursos migajas de esa doctrina
triunfante. No creas que no te oí; bien claro que lo dijiste en una
proclamación: Y podemos asegurar a los obreros que si llegamos al poder
las conquistas obtenidas no se perderán. ¿Obtenidas por quién? Por este
gobierno. ¿Y si las obtuvo este gobierno, por qué te van a votar a vos?
Has perdido hasta la sensación del ridículo. Mirá: este gobierno es tan
perfecto que, por lograrlo todo, hasta nació de un carozo: no arrastra
taras, no arrastra pasado, sólo tiene un presente indiscutible y un porvenir
que da envidia. Sí, Mordisquito. Vos sabés que no debés volver. Como
sabés también que en el cuarto oscuro tus candidatos y vos lo van a votar
a este gobierno. Sí, calláte. Yo sé lo que te digo. Si esto no fuera tan serio,
si se pudiera hacer la broma, me gustaría que los peronistas todos te
votáramos para verte disparar al extranjero horrorizado del triunfo,
espantado de no saber qué hacer con un país cuyo destino no entendiste
nunca y cuyo bienestar te repugna. Hasta mañana, Mordisquito. Vengo
por pocos días porque me has hecho volver, pero es la hora de las
definiciones y yo tengo la obligación de decirte por qué no te prefiero ni
yo, ni este pueblo. Tengo cincuenta años y una memoria de fierro. Y en
esas condiciones, ¡no me la vas a contar, Mordisquito!

II
«Bueno, mirá, lo digo de una vez. Yo no lo inventé a Perón. Te lo digo de
una vez, así termino con esta pulseada de buena voluntad que estoy
llevando a cabo en un afán mío de liberarte un poco de tanto macaneo. La
verdad: yo no lo inventé a Perón, ni a Eva Perón, la milagrosa. Ellos
nacieron como una reacción a los malos gobiernos. Yo no lo inventé a
Perón ni a Eva Perón ni a su doctrina. Los trajo, en su defensa, un pueblo a
quien vos y los tuyos habían enterrado de un largo camino de miseria.
«Nacieron de vos, por vos y para vos. Esa es la verdad. Porque yo no lo
inventé a Perón, ni a Eva Perón. Los trajo esta lucha salvaje de gobernar
creando, los trajo la ausencia total de leyes sociales que estuvieran en
consonancia con la época. Los trajo tu tremendo desprecio por las clases
pobres a las que masacraste, desde Santa Cruz hasta lo de Vasena, porque
pedía un mínimo respeto a su dignidad de hombres y un salario que los
permitiera salvar a los suyos del hambre. Sí, del hambre y de la terrible
promiscuidad de sus viviendas en las que tenían que hacinar lo mismo sus
ansias que su asco. No. Yo no lo inventé a Perón ni a Eva Perón. ¡Vos los
creaste! Con tu intolerancia. Con tu crueldad. Con la misma crueldad
aquella del candidato a presidente que mataba peones en su ingenio
porque le pisaban un poco fuerte las piedritas del camino a la hora de la
siesta.
«Sí, yo sé que te fastidia que te lo recuerde. Es claro, pero vamos a
terminarla de una vez. Porque yo no lo inventó a Perón ni a Eva Perón. Los
trajo la injusticia que presidía el país. Porque a fuerza de hacer un estilo de
tanto desmán, terminó por parecerte correcto lo más infame. Claro, a vos
no te alcanzaba esa injusticia. Tendrías, como un señor que yo conocía y
que iba todos los meses a cobrarlo, un puesto de ama de cría para cubrir
sus gastos, que se lo pagaban oficialmente, y un sueldo para salir con el
Klan. Yo me acuerdo del Klan. Y vos también. Aquella mafia siniestra que
salía sólo para aterrorizar gente y mataba una vez a gomazos, otra vez a
tiros y a veces con el camión para hacerlo más divertido. No, si la memoria
fastidia. Pero yo no lo inventó a Perón ni a Eva Perón. Los trajo la estulticia
que manejaba el país. Mirá, si vos hubieras estado en la Semana Trágica
como yo y como tantos, en Cochabamba y Barcala, y hubieras visto morir
primero a aquellos cinco, luego a cientos y hubieras visto masacrar judíos
por una gloriosa institución que nos llenó de vergüenza, no hubieras
formado nunca más parte de ese partido que integrás por amor propio y
quizá por ignorancia de tantos hechos delictuosos que son los que
empezaron a preparar la llegada de Perón y Eva Perón. En un país
milagroso de rico, arriba y abajo del suelo, la gente muerta de hambre. Los
maestros sirviendo de burla en lugar de hacer llorar porque estaban sin
cobrar un año entero. ¡No! ¡Y todo vendido! ¡Y todo entregado! Yo sé que
te da rabia que te lo repitan tantas veces, pero es que entristece también
pensar que no lo querés oír. El otro día, en un discurso oí que decías
refiriéndote a un gobierno de 1918: Ya por ese entonces los obreros
gozaban… ¿De qué gozaban? ¡Los gozaban!, que no es lo mismo. Y, sí,
Mordisquito, ¡los gozaban!
«La nuestra es una historia de civismo llena de desilusiones. Cualquiera
fuese el color político que nos gobernó, siempre la vimos negra.
Aspiramos a gozar y al final nos gozaron. ¡Todos! ¡Siempre! Una curiosa
adoración, la que vos sentís por los pajarones, hizo que el país
retrocediese cien años. Porque vos tenés la mística de los pajarones y
practicás su culto como una religión. Cuanto más pajarón él, más torpe y
más crédulo vos. Te gusta oír hablar a la gente que no le entendés nada, la
que te habla claro te parece vulgar. Yo también entré como vos y, ¿por
qué no confesarlo?, me sentía más conmovido frente a un pajarón que
frente a un hombre de talento. El pajarón tiene presencia, tiene historia
larga, la que casi siempre empieza con un tatarabuelo que era pirata. Yo
también me sentía dominado por los pajarones cuando era chico. Ahora
¡No! Cuando era chico, sí. ¡Pero no ahora Mordisquito! Salvate de los
pajarones. El fracaso —por no decir la infamia— de los pajarones fue lo
que trajo como una defensa a Perón y Eva Perón. Pero no fui yo quien los
inventó. A Perón lo trajo el fraude, la injusticia y el dolor de un pueblo que
ahogaba de harina blanca y una vez tuvo que inventar un pan radical de
harina negra para no morirse de hambre. Tampoco te lo acordabas. ¡Ay,
Mordisquito, que desmemoriado te vuelve el amor propio!
«Te dejo. Con tu conciencia. ¡Perón es tuyo! ¡Vos lo trajiste! ¡Y a Eva
Perón también! Por tu inconducta. A mí lo único que me resta es
agradecerte el bien enorme que sin querer le hiciste al país. Gracias te doy
por él y por ella, por la Patria que los esperaba para iniciar su verdadera
marcha hacia el porvenir que se merece. ¡A mi ya no me la podés contar,
Mordisquito! Hasta otra vez, sí. Hasta otra vez.»

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PRÓXIMO PROGRAMA JUEVES A LAS 22 HS (HORA ESPAÑOLA)

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