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165. Poesía Más Poesía: Jules Laforgue

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JULES LAFORGUE

BIOGRAFÍA

Practicó un simbolismo irónico de gran originalidad y fue el introductor, junto a Rimbaud, del verso libre en Francia. Su impacto fue grande entre los surrealistas y entre los poetas ingleses del siglo XX, con T. S. Eliot a la cabeza.
Laforgue es poeta “raro” en su tiempo. Se le clasificó entre los decadentes, grupo muy interesado en el filosófico Arthur Schopenhauer. A través del filósofo alemán, Laforgue pasará a empaparse de orientalismo budista. También se vio muy influido por el romántico alemán Heine y por su profesor, el historiador Taine, con quien llegará a polemizar.

Jules Laforgue nace en 1860, el 16 de agosto, en Montevideo, segundo hijo de un matrimonio francés. El padre había dirigido un instituto de educación y trabajaba como profesor antes de entrar como asociado en la banca Duplessis. Su esposa, Pauline Lacolley, había sido alumna suya. El padre admiraba a Rousseau (A su hijo lo llamo Emilio) y a Julio Cesar, de allí el nombre del poeta. Ese mismo año, Baudelaire publica Los paraísos artificiales.

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Jules con su hermano Emile.

Jules pasó los tres primeros años de su vida en el apartamento donde nació. En 1866 Uruguay entra en guerra con Paraguay y el padre decide volver a Francia. La familia se instala en Tarbes. Dostoievski publica Crimen y castigo. Dos años más tarde, los padres, ante la imposibilidad de sacar adelante a su prole, deciden volver a Uruguay, dejando a sus dos hijos mayores, de ocho y nueve años respectivamente como internos en un liceo, y vuelven a Montevideo. 1867 Carlos Marx publica El capital.
Y en 1869 Lautréamont publica Los cantos de Maldoror.
Durante las vacaciones toma clases de dibujo y se muestra un alumno muy dotado. En 1971: Gustavo Adolfo Bécquer publica Leyendas en Prosa.
En 1873 Rimbaud publica Una temporada en el infierno. Verlaine es condenado a dos años de cárcel tras herir a Rimbaud.
En 1874, primera exposición de los Impresionistas.
En 1875,los padres vuelven a Tarbes. Jules lee a Balzac. Sueña con ser pintor. Vive su primera experiencia amorosa. Nacen Antonio Machado, Ravel y Rilke.

Un año después, toda la familia se traslada a París. Tiene 16 años y, varias veces por semana, hace colas interminables para poder asistir a la Comédie Française. De aquella época data su admiración por Zola. Sueña con escribir novelas y obras de teatro. Mallarmé publica La tarde de una fauno.
Escribe una pieza teatral, Tessa, fechada en 1877, ese mismo año fallece su madre a los 38 años de neumonía tras haber dado a luz su duodécimo hijo.
No aprueba los exámenes porque dicen que es demasiado tímido para aprobar la prueba oral. Lee a Heine, admira a Schopenhauer. Se matricula como alumno libre en la escuela de Bellas Artes y sigue los cursos de estética y de historia del arte.
en 1878- Comienza a frecuentar asiduamente la sala pública de lectura de la Biblioteca Nacional y se apasiona por Baudelaire, Sully Prudhomme, Leconte de Lisle, Théophile Gautier, Sainte-Beuve y Richepin. También da por entonces sus primeros pasos en el periodismo. Nacimiento de Degas y Einstein
En 1879 con un compañero de Tarbes crea un semanario tolosano La guêpe, donde publica desde mayo a noviembre, dibujos, caricaturas, artículos y poemas entre los cuales en el que plasma el placer que le procura su vida en París en 1879. Colabora en otro periódico literario. Jules pasa la mayor parte del tiempo en las bibliotecas. Período intenso de estudio y de formación personal. No sólo se interesa por la literatura sino también por un amplio abanico de materias que van de la biología, la medicina, la religión, la filosofía. Por entonces pierde la fe cristina. Importante para él es el descubrimiento de Hartmann (La filosofía del inconsciente). Dostoievski publica Los hermanos Karamazov. Ibsen publica Casa de muñecas. Nacimiento de Stalin y Paul Klee.

Archivo:Photo de Jules Laforgue.JPG - Wikipedia, la enciclopedia libre

En 1879-1880 llevó una vida de asceta, limitándose a ingerir dos huevos y un vaso de agua por día. Es una época para él de soledad, de escasa afectividad, de pocos amigos y de miedo a la muerte.
En 1880 Laforgue entra en contacto con tres figuras claves que van a resultar determinantes en su existencia. Tras una reunión en el club de los Hydropathes, del que vuelve en un estado de gran excitación, escribe páginas y páginas de notas entusiastas. Nacimiento de Apollinaire. Muerte de Flaubert.
Conoce a Gustave Kahn que en esa época, era un asiduo de los martes de Mallarmé. A Kahn corresponde asimismo el mérito de poner en contacto a Laforgue con Charles Henry, autor de brillantes artículos, literarios y científicos.

El tercer encuentro importante para Laforgue esa época es Paul Bourget, hydropathe también. Bourget empieza a desempeñar el papel de tutor de nuestro poeta. Entusiasta, Laforgue le lee sus poemas, sus obras de teatro, sus capítulos de novela, pero no siempre Bourget se muestra complaciente con él.
Muerte de Dostoievski. Nacimiento de Picasso, de Juan Ramón Jiménez.
En 1881 lleva escritos más de 800 versos de Le sanglot de la terre, pero esta poesía lo deprime y empieza a distanciarse de estos versos un tanto lacrimosos.
Gracias a su protector Paul Bourget se convierte en secretario de Charles Ephrussi, rico coleccionsita, historiador de arte y redactor de la gazette des Beaux Arts que andaba preparando una vasta obra sobre Alberto Durero. El contacto con Ephrussi permite a Laforgue entrar en contacto con ricos banqueros judíos internacionales, por lo general gentes de gusto exquisito.
Al final del año, Bourget et Ephrussi anuncian que han obtenido para él el puesto de lector francés, en la corte de Prusia, de la emperatriz Augusta, abuela de Guillermo II.
Fallece el padre del poeta y no puede asistir al entierro. Desolado escribe a Marie para comunicarle su tristeza, su amor por la familia y su solicitud para con esta hermana, sobre quien recaerá ahora todo el peso de la responsabilidad familiar.
Laforgue es presentado a la emperatriz que lo interroga sobre su carrera, sus hermanos y comparte su pesar por la perdida del padre. A la noche, procede a su primera lectura. Laforgue lee fragmentos de la Revue des Deux Mondes mientras la emperatriz pinta acuarelas en compañía de dos jóvenes príncipes, cuatro princesas y la condesa Hacke, primera dama de palacio, que lo toma bajo su protección.

L'impératrice Augusta.
La emperatriz Augusta.

El 1 de diciembre la corte en pleno sale hacia Berlín y se instalan en palacio. Laforgue ocupa un esplendido alojamiento de tres piezas e incluso se le asigna un criado particular. En sus ratos libres, trabaja en una novela ampliamente autobiografica, Un fracasado, de la que únicamente se conservan unos cuantos fragmentos.
Visita los museos admira a los Primitivos, sobre todo Van Eyck, y a la Ópera. Mantiene todo ese año correspondencia con una poeta, Mme. Mültzer.
A lo largo de 1883 intensifica sus lecturas, visita los museos, Rembrandt y frecuenta asiduamente la Ópera de Berlín. Pone verso el Don Juan de Pushkin y proyecta escribir un Fausto. Muerte de Manet y de Wagner.
Según su agenda tiene dos aventuras sentimentales.
En mayo compone una veintena de Lamentos, pero sigue sin estar satisfecho de su forma: “Un poema debería estar sumido en un sueño” escribe a su hermana.

POETAS SIGLO XXI - ANTOLOGIA MUNDIAL + 20.000 POETAS: Editor: Fernando  Sabido Sánchez #Poesía : JULES LAFORGUE [11.029]

No tiene editor para sus Lamentos. Durante los últimos meses de este año, trabaja asiduamente hasta altas horas, cuando todos duermen. Una noche, en medio de una especie de iluminación, elabora los principios de su nueva estética. También forja una teoría del Inconsciente, que no debe nada a Freud, y sí mucho a Hartmann. “Inconsciente” es, para él, un término muy vago; es lo opuesto a la Razón, una gran fuerza omnipresente cuyo principio es la anarquía de la vida; en arte, hay que volver a esas vastas aguas del Inconsciente.
En 1884, en marzo consigue publicar Los lamentos. De esa época es el Cuaderno 1884-1885, en el que nuestro poeta parece inventar una especie de are del fragmento: los hay a cientos, todos de la misma extensión, en los que unas veces predomina el humor y otras las observaciones del mundo exterior. De la misma época data el “Lamento de la ciudad de París”, especie de poema en prosa que él suele llamar “prosa blanca” y que los surrealistas saludarán como un texto precursor.
Lee Guerra y paz, novela que encuentra fascinante. También trabaja en la adaptación del cuento ruso La hija de las nieves.
En diciembre viaja a Berlín. El 16 le escribe a Kahn diciéndole que no ha hecho nada después de Los lamentos.
1885
Lee Jadis et naguère de Verlaine. El 10 de julio ve la luz Los lamentos. El 31 de marzo inicia un nuevo poemario titulado La imitación de Nuestra Señora la Luna que concluirá dos meses más tarde. En mayo escribe asimismo Salomé, nueva Moralidad legendaria.
El 12 de noviembre ve la luz La imitación de Nuestra Señora la Luna.
Concluye la totalidad de las prosas de las Moralidades legendarias.
Muerte de Victor Hugo, nace Ezra Pound, Pasteur primera vacuna antirrábica.
1886 Será un año capital para nuestro autor. Al final del mes de enero anuncia por cartas a sus amigos músicos que está enamorado de una joven inglesa – su profesora de inglés – Leah Lee, y que es muy probable que se comprometa con ella.

Lea Lee, 21 años
Leah Lee con 21 años.

Publica textos en revistas, otros textos traducidos de Walt Whitman. Decide abandonar Berlín e instalarse en París. Con la misma celeridad con que había compuesto La imitación escribe Flores de buena voluntad, poemario bastante más denso que aquel. Los siguientes 6 meses fueron los más productivos de su carrera. En los círculos literarios parisinos, a finales de este año, se habla de Laforgue, y esto lo debemos en gran parte a Kahn y a las revistas.
Laforgue vuelve a Alemania, desde allí escribe a Kahn para anunciarle el nacimiento de otro poemario: “Olvido rimar, olvido el número de sílabas, olvido la distribución de las estrofas, mis líneas comienzan en el margen como si fuera…Nunca volveré a hacer versos más que así…” Lo que Laforgue anunciaba no era ni más ni menos que el nacimiento del verso libre.
El 6 de septiembre, toma la decisión de pedir la mano de Miss Lee, y acepta. Inmediatamente presenta su dimisión a la emperatriz. Laforgue abandona Alemania para no volver nunca más. Hace gestiones para publicar Berlín, la corte et la ciudad. Y propone a su editor la publicación de Pequeñas moralidades legendarias y Flores de buena voluntad. Desde su regreso a París, el estado de sus finanzas es más bien malo. A principio de octubre, Laforgue contrae una fiebre persistente, sin curarse viaja a Inglaterra y se casa, el 30 de diciembre con Leah Lee sin ningún tipo de ceremonia.
1887 Los recién casados se instalan en París. Laforgue es incapaz de superar su resfriado, sigue mal y tose pero la moral es excelente. Ambos son felices pese a los modestos bienes de que disponen y Leah se muestra dichosa e ilusionada.

Une lettre inédite de Jules Laforgue
Fragmento de una carta manuscrita de Jules Laforgue.

Publica en una revista “Crónicas parisinas” pero cada día que pasa se encuentra más enfermo y los accesos de tos así como los medicamentos opiáceos apenas le permiten trabajar. A mediados de junio, la enfermedad ha adquirido tal virulencia que sus amigos empiezan a preocuparse. El médico le recomienda pasar el invierno en el norte de África. Las cosas van muy deprisa, el 20 de agosto Laforgue muere, vencido por la tuberculosis. Las publicaciones pendientes siguen saliendo a la luz. Un año después su esposa muere de la misma enfermedad.
Ese mismo año nacen Chagall y Saint John Perse.

POEMAS

PARA EL LIBRO DEL AMOR

Mañana puedo morir y aún no he amado.
Jamás mis labios rozaron unos labios de mujer,
Ninguna me entregó en su mirada el alma,
Ninguna me estrechó contra su extasiado corazón.

Ha sido mi vida un continuo penar, por toda la naturaleza,
Por los seres, por el viento, las flores, el firmamento ,
Sufrir por todos mis nervios, minuciosamente,
Sufrir por no tener un alma aún lo bastante pura.

¡Desprecié el amor y maté la carne!
¡Loco de orgullo, inflexible me mantuve ante la vida!
Y, solo, sobre esa Tierra al Instinto sometida,
Al Instinto desafiaba con amargo rictus.

Por doquier, en los salones, en el teatro en la iglesia,
Antes esos hombres fríos, los más grandes, los más esbeltos,
Y esas mujeres de ojos dulces, celosos y altivos
Cuya alma exquisita redoraríamos castamente,

Pensaba: ¡Mira en lo que ha quedado todo! ¡Escuchaba
Los estertores del inmundo apareamiento de los brutos!
¡Tantas abyecciones para un acceso de tres minutos!
¡Hombres, corrección! ¡Mujeres, seguid con vuestras zalamerías!

Del libro El sollozo de la tierra

A UN CRANEO QUE HABÍA PERDIDO SU MANDIBULA INFERIOR

¡Hermano! -¿Dónde vivías? ¿En qué siglo? ¿Cómo?
¿Qué vivió el cerebro alojado en esta caja?
¿El infinito? ¿La locura? ¿O el limitado pensamiento
Que permite al hombre pasar y morir sin asombro alguno?

Casi todo el mundo, cierto es, fatalmente sigue todo,
Sin soñar más allí del círculo que explota.
El tan conocido y recto sendero del instinto,
También lo seguiste tú – hasta el postrer instante.

¡Ah, ese instante lo es todo!¡Es la hora solemne
En que, en un supremo y despavorido salto, partiste
Maravillados tus ojos de lejanos paraísos!

¡Oh! Tu vida es bien poco, ¡Ve! ¡Por muy negra que fuera!
Hermano, creíste ascender al eterno festín
y ¿quiéN puede despertar tus traicionados átomos?

Del libro El sollozo de la tierra

RESIGNACIÓN

Como necio parásito de un planeta oscuro,
en la infinidad sonora de clamores eternos,
aquí, lugar cualquiera, he nacido y vivo,
y sólo es mi deseo que se sepa y se detenga todo.
Que por un grito perdido en la tormenta
los océanos callen de pronto el aullido de sus olas,
que por traer flores a mi tumba
los soles en masa dejen su Verbena.
¡Pobre corazón ingenuo! Rómpete, no eres nada.
Muchos otros murieron con ansias iguales
y la tierra siguió en su silencio.
Todo es duro, descorazonado, superior a ti.
Sufre, ama, espera siempre y baila
sin nunca exigir ese Porqué universal.

Del libro El sollozo de la tierra

CISTERNA SECA

Cobarde vi cómo el Arte partía, mi último dios;
ya no me estrecha lo Bello con su inmortal delirio,
siento que he perdido, pues con Él echó a volar
el éxtasis que aplaca a veces los viejos deseos.
Treinta siglos de hastío pesan en mi espalda
y concentran sobre mí su llanto y su culpa.
Nuestras manos olvidaron el trabajo que consuela.
No hay día en que no piense, miedoso, en la muerte.
Sordo a la ilusión de las multitudes,
me arrastro abatido hacia parajes lejanos,
todo acabó para mí, nada más espero.
¡Pero lates aún, deshecho corazón pobre!
¡Ah, si como antaño al menos lograra
el llorar que tanto bien hace a los niños!

Del libro El sollozo de la tierra

LA ESFINGE

En las estepas del desierto, a la hora en que el apagado cielo
al jaguar adormecido incita a buscar el frescor,
con los ojos en el horizonte mudo, vasto, sin fin,
hundidos hasta los senos en la arena, una esfinge en cuclillas sueña.

A sus pies, sin embargo, muriendo como el oleaje,
un pueblo de hormigas negro y atareado se agita.
vive, ama, va, y luego lentamente pasa
bajo esa mirada sin cesar en el horizonte clavada.

Y ese pueblo ya no existe. El sol escarlata
allá abajo tranquilo se oculta, en un resplandor dorado,
luego, el aliento de la tarde, tibio y delicado,
dispersa esos despojos. La gran esfinge sigue soñando.

Del libro El sollozo de la tierra

OTRA ENDECHA DE LORD PIERROT

¡La que debe ponerme al tanto de la Mujer!
Primero le diremos, con mi aire menos frío:
“La suma de los ángulos de un triángulo, alma mía,
“Es igual a dos rectos.”

Y si le sale el grito: “¡Dios de Dios! ¡cómo te amo!
—”Dios va a reconocer a los suyos.” O picada en lo más vivo:
—”Mis teclas tienen corazón, serás mi único tema.”
Yo: “Todo es relativo.”

Y con sus ojos todos, ¡vamos! sintiéndose de más banal:
“¡Ah! tú no me amas; tantos otros tienen celos!”
Yo, con una mirada que se embala al Inconsciente:
“Gracias, no está mal; ¿y usted?”

—”¡Juguemos al más fiel!” —”¡Para qué, Naturaleza!”
“¡A que el que pierde gana!” Vamos, otra canción:
—”¡Ah! tú vas a cansarte primero, estoy segura…”
—”Después de usted, por favor.”

Si, en fin, por una noche, ella muere en mis libros,
Dulce; fingiendo no creerles ya a mis ojos,
Tendré un: “Ah bien, pero, teníamos De Qué vivir!”
“¿Entonces era en serio?”

Del libro El sollozo de la tierra

RELAMPAGO DE ABISMO

Me hallaba en una torre en medio de los astros.

Un vértigo, de pronto. ¡En un rayo, sin velos,
Escrutaba, temblando de pánico, de espanto,
El enigma del Cosmos en todo su estupor!
¿Todo está solo? ¿Dónde estoy? ¿A dónde rueda
El bloque que me arrastra? ¡Puedo morir, partir,
Sin saber nada! ¡Hablad! ¡Oh rabia, el tiempo vuela
Sin vuelta atrás! ¡Parad, parad! ¿Y disfrutar?
¡Pues que todo lo ignoro! Llegó mi hora tal vez:
No sé. Yo me encontraba en la noche, y nací.
¿Por qué? ¿Y el universo? ¿A dónde -va? Que el cura
Es sólo un hombre. Nada sabemos. ¡Dios, asómate,
Testigo eterno, muéstrate! Habla, ¿por qué la vida?
Todo calla. El espacio no tiene alma. ¡Esperad!
¡No quiero morir, astros! ¡Soy una inteligencia!
¡Ah, volver a ser nada irremediablemente!

Del libro El sollozo de la tierra

LAMENTO PROPICIATORIO AL INCONSCIENTE

¡Oh Ley, que sois porque Sois,
Que el retiro sea Vuestro Nombre!

-¡Ellas! ¿Arrastrarse hacia ellas en adoración?
¿O que sobre su miseria humana me revuelque?
¡Ella me ama, infinitamente! ¡No, de ocasión!
¡Si no fuera a mí, amaría infinitamente a otro!

¡Que vuestra inconsciente voluntad
Se haga en la eternidad!

En el órgano que entre aflicciones se castiga,
¿Estar inerte, veranos enteros, bajo las vidrieras, lánguido
Morir de un contacto con la Eucaristía,
Introducirse un crucifijo afilado y desnudo en el corazón?

¡Que de vuestra comunión nos venga
Nuestra cotidiana sabiduría!

-¡Oh cruzados de mi sangre! ¡Transportar las ciudades!
¡Bendecir la Pascua universal, sin salarios!
¿Morir en la Montaña, y que la Humanidad,
En edades de oro incesantes, lleve mi imagen en escapularios?

¡Perdonad nuestras ofensas, nuestros gritos,
Como si desde siempre estuvieran escritos!

22Crucificar el infinito en lienzos como
Un pañuelo, y que digan: “¡Oh, enmudeció el ideal!”
¡Formularlo Todo! ¡Decir el Hombre en fugas sin fin!
Ser el alma de las artes en zonas, ¿qué más quieres?

No, nada: liberadnos del Pensamiento,
Lepra original, insensata embriaguez,

Almadía del Mal y del Exilio;
Que así sea.

Del libro Los Lamentos

LAMENTO DE ESTA HERMOSA LUNA

Se oyen Estrellas:
En el regazo
Del patrón
Todos bailamos en corro
En el regazo
Del patrón,
Bailamos todos en corro.

Vamos, señorita Luna,
Desechemos nuestros rencores;
Entrad en la danza y dispondréis de
Un collar de dorados soles.

Dios mío, es muy honesto por su parte,
para una pobre Cenicienta;
Pero me basta con el medallón
Que me regaló mi hermana planeta.

¡Por Dios! vuestra Tierra es simple secuaz
Del pensamiento! Venid a la fiesta;
Con la seguridad de que volveréis la cabeza
A los más excelsos astros.

Gracias, gracias, sólo tengo a mi amiga del alma,
¡Ahora mismo la oigo gemir!

Os equivocáis, ¡es el suspiro
De las químicas universales!

¡Malas lenguas, callaos!
Debo velar. Hatajo de mujerzuelas,
¡Seguid con vuestros picos pardos!

-¡Dejadnos, pues, virtuosa doncella enharinada!
¡Eh, Nuestra Señora de los ebrios,
De los duendes y rateros!
¡Ponedora en celo de los viejos gatos!
¡Cucú!

Salen las estrellas. Silencio y Luna. Se oye:

Bajo el techo
Sin fondo,
Bailamos y bailamos,
Bajo el techo
Sin fondo,
Todos bailamos en corro.

Del libro Los Lamentos

LAMENTO DE LA LUNA EN PROVINCIA

¡Ah! la hermosa Luna llena
¡Enjundiosa cual fortuna!

La retreta se oye a lo lejos,
Un transeúnte, el señor adjunto;

Suena enfrente un clavicordio,
Cruza un gato la plaza:

¡La provincia que se duerme!
Tocando un último acorde,

El piano cierra su ventana.
¿Qué hora podrá ser?

Plácida Luna, ¡qué exilio!
¿Habrá que decir: así sea?

¡Luna, oh, diletante Luna,
Común a todos los climas!

Ayer contemplaste el Misuri,
Y las defensas de París,

Los azules fiordos de Noruega,
Los polos, los mares, ¿qué sé yo?

¡Luna dichosa! ¡De igual modo contemplas,
En este instante preciso, el cortejo

De su viaje nupcial!
Hacia Escocia partieron.

¡Qué ardid, si, este invierno,
Al pie de la letra hubiera tomado mis versos!

Luna, vagabunda Luna,
Hagamos causa y hábitos comunes.

¡Oh, espléndidas noches! ¡Me muero,
Con la provincia en el corazón!

Y la Luna tiene, cual amable anciana,
En los oídos algodón.

Del libro Los Lamentos

LAMENTO DE LOS DESDEÑADOS

“Ni usted, ni su arte, señor.” Era un domingo,
Vos sabéis dónde
En vuestras rodillas,
Confundido quedé, vertiendo copiosas lágrimas blancas.

La orquesta del jardín interpretaba ese “si tú me amas”
Que vos sabéis;
Y yo me ausento
después, y para siempre, exiliándome en esa melodía.

Y sin cesar, tan monstruoso rechazo me espanta
Y me confunde
Por vos especialmente,
¡Tan Mirada-Encarnada! ¡Tan yo-misma! Tan auténtica!

pues bien.-Ahora, escuchad lo que para vos deseo,
Puesto que, después de todo,
Aquella tarde de agosto,
Despreciásteis el Arte y me menospreciásteis a mí.

Vieja y calva a los veinte años, que con otra te confundan,
Y sin razón,
Te envíen a prisión,
Muy lejos, y que un carcelero, contigo, durante años, se refocile.
Pasa luego a Charenton, entre frenéticas olas,
Con París
Allá a lo lejos, florecido.
¡Ah, demasiado bello sueño! París donde yo me consuelo.

Y pide la comida , ¡y que entonces se confundan!
¡Que crean que la rechazas! Y que
Te alimenten, ¡horror!, ¡horror!,¡horror! Con la sonda.

Que por la nariz te entre la sonda, ¡Dios os bendiga!
¡Abajo, las manos!
Y el buen vino,
Y que por ese orificio te ceben con leche y huevos.

Y que tras muchos años de este tormento,
Un interno (de
Leales miradas!)
¡Se equivoque de conducto! Y vierta y te asfixie.

¡Y eso es lo que yo, curado, os deseo,
Corazón rosado, por
haber un día
El Arte despreciado! ¡El Arte puro! Sin contar al poeta.

Del libro Los Lamentos

LAMENTO DEL POBRE CUERPO HUMANO

Son el hombre y su compañera siervos
De cuerpo, turbulentas cloacas
Malladas de arpas y nervios
Siervas de todo y que perturba
Un orgulloso repertorio de ataques.

¡Mirad al hombre, mirad
La lastima que inspira!

Limpio y correcto en sus resortes,
Engalanándose con modas vanas,
Se admira, ese recio cuerpo,
Y, como recompensa, se viste de domingo,
Cuando sudó bien la semana.

¡Y su compañera! Vamos,
Querida, somos tal para cual.

habría que verlo, conmovedor y desnudo
En un decorado de pájaros, de rosas;
Sus tics reflejos de ingenuo,
Sus adoptados hábitos de poses mundanas,
En una palabra, sobre bello fondo verde, su clorosis.

¡Mirad al hombre, mirad
La lástima que inspira!

Las Virtudes y las Voluptuosidades
trastornando por cualquier nimiedad su máquina,
Sólo vive para disputar
Ese dominio de rentas divinas
A las leyes de muerte que la conminan.

¡Y su compañera! Vamos,
Querida, somos tal para cual.

A base de manjares artísticamente aderezados se sustenta,
Se droga, se corta el pelo, se perfuma,
Y de tal modo se atraca, que muere demasiado tarde;
Y la cocina se resume
En mil póstumas infecciones.

¡Oh, esa pareja, mirad!
No, inspira demasiada lástima.

Mas ese subversivo microbio
nada cuenta para la Sustancia,
Cuyos corrosivos diluvios
Vuelve a ahogar de prisa para la Inocencia
Esos locos gérmenes de conciencia.

La Naturaleza no se compadece
Del benjamín de sus seres.

Del libro Los Lamentos

LAMENTO DEL OLVIDO DE LOS MUERTOS

Señoras y señores,
Vosotros, huérfanos de madre,
Es el bueno del sepulturero
Quien llama suavemente a vuestra puerta.

Los muertos
Bajo tierra yacen
Y no salen
Apenas.

Fumáis en vuestros bocks,
Saldáis algún que otro idilio,
Allá a lo lejos canta el gallo,
¡Pobres muertos exiliados de las ciudades!

El abuelo se inclinaba,
Allí, con el dedo en la sien,
Hacía ganchilo la hermana,
La madre subía la lámpara.

Los muertos
Son discretos
Duermen
Demasiado al relente.

Cenasteis opíparamente,
¿Qué tal ese asunto?
¡Ah!, los niños mortinatos
¡Qué poco gozan en esta vida!

Anotad, con trazo parejo,
En el libro de caja,
Entre dos gastos de baile:
Mantenimiento de tumba y misa.

Es alegre
Esta vida;
¡A que sí, amiga mía?
¿O qué?

Señoras y señores,
Vosotros que vuestra hermana lloráis,
Abrid al sepulturero
Que golpea a vuestra puerta;

¡Si no tenéis piedad,
Vendrá (sin resentimiento)
A tiraros de los pies,
Una noche de luna llena!

¡Inoportuno
Viento furioso!
¿Los difuntos?
Ellos viajan…

Del libro Los Lamentos

EN ALTA MAR

¡Cuán lejanamente rebosante está la noche
De silenciosa y clara infinitud!
¡ Ni el menor eco de las terrenas gentes,
Bajo la mediterránea Luna!

He aquí la nada en su pálida ganga,
He aquí nuestra Hostia y su Mesa Santa,
El único brazo amistoso por el incognoscible ofrecido,
¡La única palabra solvente en nuestras locas lenguas!

¡Más allá de los escogidos gritos de las épocas,
Más allá de los sentidos, de las lágrimas, de las vírgenes,
Ved qué indiscutible astro emerge,
Ved qué único e inmortal soliloquio!

¡Y tú, allá a lo lejos, puchero, pobre Tierra!
Con tus intentos de poner en rúbricas
Tus reflejos perdidos del Gran Dinámico,
¡Ah, qué sedentario oficio el tuyo!

Del libro La imitación de nuestra Señora la Luna

ESTADOS

¡Ah, esta tarde tengo mal el corazón, el corazón de la Luna!
¡Oh, Estratos del silencio, extended vuestras lagunas!
¡Oh, tejados, terrazas, fuentes, desabrochados collares!
De perlas, tumbas, lirios, miserables gatos, alabad
A la luna, nuestra Amante común, en su gloria:
¡Ella es la Hostia!¿Y el silencio su cáliz!
¡Ah, qué hermoso tiempo! ¡Oh, bello como nunca, en el halo
De luto de este tan excelso diamante!
¡Oh, Luna, me vais a encontrar romántico!
Pero, en fin, ¡oh! ¿Sería tal vez por mi parte
Insensato tan solo de vez en cuando decirme, entre nosotros,
Tu Cristóbal Colón, oh, Paloma, de rodillas?
Vamos, basta de palabras; y desempeñemos el oficio
De las medias noches, encurtidos en el alcohol de tus delicias,
Ralentendo hacia nosotros, ¡oh! Ciudad doliente!,
¡Fibrinosa célula de malogrados órganos!
Acuérdate de los centauros, de las urbes muertas,
Palmira y las tétricas esfinges de las Tebas de cien puertas;
¡Y qué Gomorra tiene bajo tu lago de Leteo
Sus catacumbas hacia la estéril Astarté!
Y cuán en exceso antropomorfo, con sus relativos “Te amo”,
Resulta el hombre más allá de sí mismo,
Y tan solo sabe vivotar de este modo de los buenos días
A las buenas tardes mientras con el Amor se las arregla.

¡Ah! Os decía, y no una sino cien veces,
Que me dolía el corazón, mi corazón extasiado ante la Luna.

Del libro La imitación de nuestra Señora la Luna

ADVERTENCIA

Mi padre (un duro por timidez)
Murió con perfil severo;
Apenas había yo conocido a mi madre
Y así hacia los veinte años quedé.

Me consagré entonces a la literatura,
Mas el demonio de la Verdad
A cada momento silboteaba a mi lado:
“¡Desdichado! ¿Terminaste tus jeroglíficos…?

Ahora bien, sin ánimo para casarme,
¡Siendo yo, en el fondo, demasiado despreciable!
¡Y ellas, no lo bastante intratables!
¡Mas todo el tiempo allá extasiándose…

Por eso voy tirando, voy tirando,
Buena veleta de las mil y una estaciones,
Demasiado numerosos para decir sí o no…

¡Jóvenes, que os sirva de ilota!

Del libro Flores de buena voluntad

ESTÉTICA

Hago la corte a mi Destino;
Y pregunto: “¿Es para este año?”

Lo tomo con dulzura, como Hombre Prudente,
En cuerpo y alma entregado a las artes, al buen corazón, a los viajes…

Y me voy arlequinado con los desechos
De los más insignes pensadores de cada época…

¡Y sangro!, jurando que me insensibilizo
Ante os ritos vegetativos de la India…

¡Y soy digno, con la venia de todos ustedes, de un mausoleo
En plena futura Galilea!

Con la mayor vehemencia,
Aguardo, por tanto, a que el Amor me responda…

¡Ah!, tú sabes que Nadie se molesta,
Y que, a fe mía, pretender dárselas de ángel…

¡Yo me las daré de ángel! ¡Oh!, ve, Destino,
¡Tu noche habría transcurrido sin roces!

¡Pasa!, y gracias por mi candidez…
Mas, al menos, deja que te diga,

Nuestros buenos libros, entiendes, nuestros libros
Solos, te ponen esos ojos de Supervivencia

Que hacia tu Matriz después desencadenan
Los héroes de la violación y de la inverecundia.

Adiós. Noble y lento, voy de nuevo a consagrarme
Al cultivo de las Bellas Letras.

Del libro Flores de buena voluntad

CELIBATO, CELIBATO, TODO ES SÓLO CELIBATO

De un corazón elegido succionar la sangre,
Adorar sufrientes órganos,
¡Ser dos antes de ajarse!
¿Seré yo tan sólo acaso un monómano
Disoluto
Por sus trabajos decadente y de recluso?

Por todas partes, a todas horas, el tema
De sus tocados, de sus ademanes,
De las tardes de playa durante los invernales bailes,
Es: “¡Tomad, esto es mi carne!”
Y nosotros mismos,

Con todas nuestras fuerzas les gritamos: “¡A mí! ¡Te amo!”

Y nos saludamos, y fingimos…
Y en escuelas nos instruimos,
Y nos evadimos, y seducimos
A venales y tristes locas;
Y gemimos
En verso, en prosa. ¡En vez, de tendernos la mano!

¡Estrecharse la mano sin negocios de por medio!
¡Dando rienda a los corazones, a los cuerpos!
Demasiado tarde. Débiles y fuertes
En el encarne de los duros luises de oro…
¡Pobre Tierra!
Historia Humana: – historia de un soltero…

Del libro Flores de buena voluntad

ANTEPENÚLTIMA PALABRA

¿El espacio?

Mi corazón
Allí muere
Sin dejar rastro…
En verdad, desde las altos terrasas
Todo resulta inhumano.
¿La mujer?

De ella salgo
Con la muerte
En el alma…
En verdad, cuanto más dos seres juntos se extasían
Menos de acuerdo están
¿El sueño?

Bueno es
Cuando
Se consuma…
En verdad, muy breve es la Vida,
Muy largo el Sueño.
¿Qué hacer
Entonces
Con el cuerpo
En que moramos?
En verdad, ¡Oh, años míos! ¿Qué hacer
Con este fértil cuerpo?
Esto,
Aquello
Lo de más acá
Lo de más allá…
En verdad, en verdad, ya está.
Y por lo demás, que Todo me tenga a su merced.

Del libro Flores de buena voluntad

ÁLBUMES

Me hablaron de la vida en el Lejano Oeste y en las Praderas,
Y mi sangre gimió: “¡Esa es mi patria…!”
Expatriado del viejo mundo, vivir sin fe ni ley,
¡Desesperado!, ¡allí, allí,sería yo rey…!
¡Oh, allí, despojarme de mi cerebro europeo!
¡Piafar, convertirme de nuevo en un antílope núbil
Sin literatura, un mozo de presa, ciudadano
Del azar y silbando la californiana jerga!
¡Un colono anónimo y puro, ganadero, arquitecto,
Cazador, pescador,jugador, por encima de las Pandectas!
¡Entre el mar y los Estados Mormones! ¡Caza
Y whisky! ¡vestido de cuero, y el césped
De las praderas por lecho, y los cielos de las edades de antaño
Ricos como canastillas de boda…!
¿Y luego qué? De bivac en bivac, y la Ley
Y esta noche velada de juego, y mañana de nuevo la hida
por la pradera hacia la demencia de las pepitas…!
Y, ya viejo, el rancho hacia levante,
Una vaca lechera y muchos nietos…
Y, como llegado el caso, también dibujo, en la entrada
Pondría: “¡Tatuador de brazos de la comarca!”
Y ya está. Y luego, si mi buen corazón parisino
Volviera a mí cantando: “¡O, aún sin curar!
Y tu posteridad, ¡no por mucho tiempo nómada…!”
Y si tu vuelo, Cóndor de las Montañas Rocosas,
Me mostrara el Infinito enemigo de la comodidad,
Pues bien, ¡inventaría un culto de Edad de oro,
Un código social, empírico y místico
Para Pueblos Pastores, modernos y védicos…!

¡Oh, cuán hermosas las llamaradas! ¡Qué alucinantes,
Los álbumes! ¡Y qué frgiles, mis juguetes…!

Del libro Flores de buena voluntad

DOMINGOS

¡Habré pasado la vida a punto de meterme
En historias harto funestas
Por el afán de mi corazón de Gloria…!
-¡Oh, qué entrañables los trenes perdidos
Que a lo largo de mi vida he estado a punto de tomar!
Viejo está mi corazón por mil cartas rotas,
¡Oh, Repertorio en un ataúd
Cuyo luto lleva el Correo…!
-¡Oh,esas vísperas de refriegas
En que mi corazón se adiestraba con cartas rotas…!
Todo no está dicho aún, y mi suerte no está echada.
¡Oh, Correo, Correo automático!
¡Oh, ojos transeúntes locos de holocaustos!
¡Oh, ahí están vuestros desenvueltos aires…!
¡Oh, cómo acecháis mi destino aún pendiente!

(Me acuerdo, no obstante, de una,
De grandiosos ojos
Como rosas
¡Y además tan hermosa…!
Sin pose alguna.
Me gritaba una voz: “”¡Es ella! Lo presiento;
Y además, te encuentra tan interesante!”
-¡Ah! ¡Por qué no presté oídos a sus acentos…!)

Del libro Flores de buena voluntad

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