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242. POESÍA MÁS POESÍA: FADWA TUQAN

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BIOGRAFÍA DE LA POETA FADWA TUQAN

Fadwa Tuqan es considerada una de las más grandes poetas árabes. En un siglo plagado de tragedias para su pueblo, la síntesis de dulzura y resistencia que caracteriza a su obra quedó grabada en el latir de los corazones del pueblo palestino, sembrando admiración y empatía en el mundo entero. Fue una de las precursoras de la prosa libre y de las grandes voces de la resistencia palestina, tan así que fue bautizada como “La madre de la poesía palestina” por nada más ni nada menos que el gran poeta Mahmúd Darwish.

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Fadwa Tuqan nació en el año 1917 un 1 de Marzo en la ciudad de Nablus, en la ribera occidental de lo que hoy es Cisjordania. Allí vivió la mayor parte de su vida hasta su muerte en el año 2003. Se la considera la madre de la poesía palestina y es una de las poetas más destacadas de la Cultura Árabe. Escribió durante siete décadas y su obra, además de guardar gran vigencia, sigue siendo valorada, no solo por la temática sino también por la forma y por sus innovaciones. Su paso por este mundo experimentó, al igual que su ciudad natal, distintos contextos sociales y políticos: vivió tanto en la Palestina que estuvo bajo el dominio imperialista con el Mandato Británico -de 1922 a 1948- como en la Palestina de la Nakba -1948- y en la Palestina de la ocupación israelí. Mientras tanto, su pluma también atravesó variadas vicisitudes y puede agruparse dentro de tres formas poéticas: la tradicional árabe, la del verso libre y la de la prosa poética. Y, en relación al contenido, pasó tanto por la poesía intimista como lo que más tarde sería denominado como “Poesía de la Resistencia·”.

Nace, en una época en la que estaba vedada la participación femenina en la vida social. Será la séptima de diez de los hijos de una familia establecida en Nablus desde el S XII: una de las familias de comerciantes más ricas, poderosas, prestigiosas y educadas de la región. Su seno familiar estará compuesto tanto por intelectuales como por políticos. Su hermano Ibrahim Tuqan fue uno de los exponentes más reconocidos de la poesía patriótica culta y su hermano Ahmad Tuqan llegó a ser primer ministro de la región de Jordania en 1970.

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Según la propia autobiografía de la autora -“Viaje montañoso, viaje difícil”-, el padre Tuqan dio a sus hijos una educación inusualmente rígida y conservadora. Tanto es así que decidió que su hija no fuera más a la escuela y se quedara en su casa en lo que Fadwa describiría más tarde como un “arresto domiciliario” por el mero hecho de que un chico le hubiera regalado una flor.

Ella lo expresa así en un fragmento del poema:

El instante

Tal vez fue solo lo que esperamos
este instante, nada más que él
una flor que ha florecido
entre nuestras manos
sin frutas, ni raíces
una flor maravillosa
mantengámosla antes de que se marchite
¡Oh, mi amor!
Bendito sea nuestro instante.

Pasó así años confinada en su hogar. Este encierro cargado de opresión patriarcal queda plasmado en su poemario “Sola con los días” que logra publicar recién en el año 1952 y que reúne sus versos de la primera etapa de su obra: la que va desde el año 1933 al año 1948. Es decir, cuando Fadwa tiene entre dieciséis y treinta y un años. La naturaleza íntima, personal, en relación con sus vivencias recorre los versos de la poeta en estos años. Otros temas que estarán presentes además del encierro es la frustración con el papel inferior y servil que en general se le confería a la mujer palestina en la sociedad y, por otro lado, el amor romántico. Por lo controversial de las temáticas, sus primeros poemas se suponen en primera instancia, firmados con pseudónimos.

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Samih Al Qasim, Fadwa Tuqan, Mahmoud Darwish

Sus primeras poesías publicadas las firmó con apodos como Dananir y Matuqa ,entre otros. Luego su hermano la apodó Umm Tammam por el parecido que tenía su estilo de poesía con el antiguo y célebre poeta árabe de la época del reinado Abasí, Abu Tammam.

Fadwa, a causa del encierro y la decisión de su padre, ya no recibiría educación formal. Este hecho, para cualquiera hubiera implicado una sentencia en favor del analfabetismo, pero logra sortearlo gracias a la educación que corre por cuenta propia y gracias a la formación que le brindará uno de sus hermanos, Ibrahim. Este había detectado el gusto que la poesía despertaba en su hermana y desde entonces decide acompañar su formación en relación al verso. Comienza por mostrarle poemas de la artista Al-Khansa y más adelante a ejecutar versos tradicionales árabes.

En consecuencia, Fadwa recogerá, en términos formales, una tradición poética árabe milenaria. De hecho, si tomamos algunos poemas de su primera etapa y nos remontamos más de mil años atrás, encontraremos un sinfín de coincidencias.

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Tuqan con Khalida Said, Nazik al-Mala’ika, y Salma al-Khadra al-Jayyusi.

En el año 1941 su hermano y mentor, Ibrahim Tuqan, muere repentinamente. En algunos textos se dice que en un hospital a causa de una úlcera estomacal, en otros, en un accidente de tráfico. Fadwa pierde entonces no solo a su mentor sino también a quien fue una compañía fundamental para hacer más amables y cultivados sus días en medio del encierro. En 1946 publicará, por lo tanto, su primera colección de poemas titulada “Mi hermano Ibrahim”: una biografía dedicada a él.

Para Fadwa Tuqan el año 1948 fue un año especialmente cargado: su padre muere y con ello se abre para la poeta una posibilidad de liberación. Para ese mismo año, un hecho atroz sacude la subjetividad de todos los palestinos y, desde ya, entre otras cuestiones, afecta radicalmente la obra de diversos poetas árabes. Nos referimos a la Nakba o Èxodo palestino: un desplazamiento forzoso de la población originaria palestina durante la fundación del Estado de Israel en 1948. Millones de palestinos huyeron de sus casas, que eran quemadas o arrasadas. Algunos terminaron en campos de refugiados en Jordania o El Líbano y, otros, en los propios territorios palestinos de la Cisjordania y Jerusalén Este, ocupadas o mismo dentro de la Franja de Gaza. Podemos pensar que ambos sucesos combinados -la muerte de su padre y la Nakba- hacen que Fadwa pudiera encontrar en la lucha colectiva una instancia de liberación. En consecuencia, la poeta modifica su escritura con un contenido más combativo -que luego entrará dentro lo que será denominado “Poesía de la Resistencia”- que atravesará sus versos durante los siguientes 10 e incluso 15 años, presentando otras fases estilísticas.

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Pero lo que configuraba su poesía no se restringía únicamente a lo local ni a las experiencias vinculadas a la “Nakba” y a la limpieza étnica que hasta hoy perpetúa el Estado sionista de Israel. Según ella misma, encontró mayor cercanía con su estructura psicológica y mental en las obras de poetas norteamericanos. Durante este periodo también se topó con poetas de la escuela de Apolo como Ibrahim Naji. A partir de estos hallazgos abandona el estilo tradicional, de columnas y se dispone a escribir una poesía derivada de -según ella misma- “la belleza de la sencillez”. Adopta así el verso libre y con ello rompe, junto con la iraquí Nazik al Malaika -que en el año 1947 publica “Cólera”, el primer poema árabe en verso libre- todo un canon de la literatura árabe: algo inesperado, más tratándose de mujeres. Fadwa así se erigirá como una pionera ya que, en general, los poetas árabes no verán sus poemas impresos en papel hasta fines de la década de los 60, por lo que deberán apelar a las métricas tradicionales para hacerlos más memorizables y así divulgarlos oralmente.

En 1952, la poeta publica su poemario “Sola con los días” que recoge las vivencias de su encierro y la opresión que vivió sobre todo hasta la muerte de su padre. Publica estos versos en un marco político y social totalmente diferente al momento que los inspira: uno mucho más catastrófico, el de la ocupación y el Gobierno Militar Israelí.

En 1956 comienza su carrera como poeta. En este año se unió al Club Cultural que había fundado Walid Qamhawi y se convirtió en una de sus miembros más activos.

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January 1960. De izquierda a derecha: Shawqi Abi Shaqra, Muhammad al-Maghut, Yusuf al-Khal, Fuad Rifqa, Adunis, Fadwa Tuqan, Lur Ghurayyib. Detrás, de izquierda a derecha: Jurj Sayda, Nazik al-Mala’ika, Badwi al-Jabal, Salma al-Khadra al-Jayyusi.

El periodo que abarca desde los años 1950 al 1965 de la obra de Fadwa Tuqan, podemos encontrar gran nivel de experimentación y una búsqueda por ir rompiendo cada una de las reglas de la poesía tradicional árabe. Fadwa se expone en este momento a diferentes estilos y modelos.

Entre 1962 y 1964 estudió lengua y literatura inglesa en la Universidad de Oxford en el Reino Unido y más tarde viajó por toda Europa. Tras terminar sus estudios en Inglaterra, volvió a su tierra y mandó construir una casa en su ciudad natal Nablús a la que se fue a vivir sola.

Si bien, ya durante el primer periodo de su obra podemos encontrar alguno equiparable a la prosa poética -el libro biográfico “Mi hermano Ibrahim”-, en este periodo explora esta forma de manera sustancial. Dentro de los estudios literarios suele diferenciarse a la prosa poética de la prosa -a secas- y se señala que la primera de estas no narra mientras la segunda de estas sí lo haría. Bajo esta demarcación, el fin de la prosa poética sería el de transmitir sentimientos, emociones, sensaciones. Para esto, privilegiaría el uso de la imagen poética. Si bien, en la prosa narrativa también podríamos encontrar lirismo, recursos e imágenes poéticas, todos estos elementos aparecerían como algo accesorio. Dentro de la prosa poética estarán rigiendo y configurando al poema en prosa en su conjunto. La adopción de esta forma por parte de Fadwa será profundamente innovadora dentro del idioma árabe. No por nada el destacado poeta Mahamud Darwish la señala como la madre de la poesía palestina.

En 1967, la coalición de países árabes -Egipto, Siria, Jordania e Irak- sufre la derrota de la “Guerra de los seis días”, frente a la cual Israel avanza en la ocupación en la Franja de Gaza y la Península del Sinaí. En esto, queda incluida Nablus: la ciudad natal de Fadwa. Escribe y publica en ese mismo año el libro “Palabras a mi patria”, inspirado en la Guerra, que fue traducido al español por Pedro Martínez Montávez y Mahmud Sobh y publicada por Casa Hispano Árabe dentro de la colección Arrayán.

 

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Camila Gubran y Fadwa Tuqan

 

En 1967 publica también, “Ante la puerta cerrada”. En este momento su poesía recobra un tono mucho más patriótico e integra y destaca dentro de la generación del 67: poetas jóvenes que se nucleaban en torno a una revista cultural de izquierda. Los temas que estos tratan serán la cuestión palestina y el compromiso, la identidad nacional, la usurpación y la opresión de las autoridades, la lucha, el sacrificio, el exilio y el futuro victorioso.

Podemos encontrar algunos ejemplos de esta experimentación en poemas como “Adolescencia”, publicado en “Ante la puerta cerrada” en 1967.

ADOLESCENCIA

¡Oh, palmera mía! Dos me quieren
los dos como rosas de abril,
los dos más dulces que el azúcar.

Duda entre ellos mi pequeño corazón
¿A cuál quiero más?
¿Cuál es, palmera mía, el más hermoso?
Díselo a mi corazón que lo ignora.

En el primer baile
entre sombras y el murmullo de la música
me susurro el primero

Aleteó mi corazón pesado
por la ilusión, los sueños, la fantasía,
no sé qué dije o hice

En el otro baile
Me asedió el segundo
Rodearon mi cintura sus brazos
dos ríos de pasión y anhelo

Aleteó mi corazón pesado
por la ilusión, los sueños, la fantasía,
no sé qué dije o hice.

¡Oh, confusión! Dos me quieren
los dos como rosas de abril
los dos más dulces que el azúcar.
¿Cuál me gusta más?
¿Cuál de los dos, palmera mía, es el más hermoso?
Díselo a mi corazón que lo ignora.

Traducción de Manuel Jiménez Lucena

En el poema, “Dolores de parto”, del año 1969. vuelve a mostrar a la figura de la mujer y de la tierra como una misma cosa, pero además muestra al hecho de dar a luz y del nacimiento como un símbolo de fortaleza. A su vez, al igual que otros poemas, exhibe un tono optimista frente al opresor, que, ingenuo, subestima la capacidad palestina de sobreponerse a los ataques.

 

“Dolores de parto”, (fragmento)

El viento arrastra el polen,
y nuestra tierra se sacude de noche en los temblores del parto.
Y el verdugo se engaña a sí mismo,
Contándose la historia de la incapacidad,
La historia de la ruina y los escombros.
¡Joven mañana nuestra! …Cuéntale tú al verdugo
como son los temblores de parto;
cuéntale cómo nacen las margaritas
del dolor de la tierra,
y como se levanta la mañana
del clavel de la sangre en las heridas.

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En una entrevista.

En 1985 publica su autobiografía Un viaje montañoso que fue traducida al inglés en 1990. En esta obra cuenta sus recuerdos de la infancia y, dicen que supuso el reconocimiento internacional de su obra.

En 1988 se publica Pesadillas varias.

Fadwa Tuqan muere el 12 de diciembre del año 2003 en Nablus, en ciudad natal, según su deseo y como había dejado expresado en los versos de “Me basta con estar en su seno”.. Su fallecimiento se produjo mientras su ciudad natal pasaba por uno de los momentos más álgidos pues vivía la segunda Intafada. De hecho, en el momento de su fallecimiento Nablús, estaba sitiada.

Hasta el año de su muerte, escribió. Fue y vino de la poesía comprometida a la poesía de carácter intimista. Pasó por diferentes estilos y metros y aportó innovaciones que perduran hasta la fecha en la poesía

Dejó escritas más de 1200 poesías traducidas a múltiples idiomas. Aún quedan muchas de sus obras por ser traducidas al español para seguir difundiendo su legado. La historia de Fadwa es una historia que con los años se irá escribiendo más y más.

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Su obra

A lo largo de sus más de 50 años de trayectoria poética profesional, publicó l de poesía

  • “Sola con los días” 1952 وحدي مع الأيّام
  • “El viaje olvidado”  الرحلة المنسية
  • “La encontré” en 1957 وجدتها
  • “Danos amor” en 1960 أعطنا حُبًّا
  • “Frente a la puerta cerrada” 1967 أمام الباب المغلق
  • “La noche y los jinetes” 1969 الليل والفرسان
  • “Sobre la cima del mundo sola” 1973 على قمة الدنيا وحيد
  • “Julio y otra cosa” 1989 تموز والشيء الآخر
  • “La última melodía” اللحن الأخير2000

Mientras que entre sus escritos en prosa, se encuentran:

  • “Mi hermano Ibrahim” 1942 أخي إبراهيم, anteriormente ya había escrito 8 artículos
  • La primera parte de su autobiografía “Viaje montañoso, viaje difícil” 1985
  • La segunda parte de su autobiografía “El viaje más difícil” 1993

Su trabajo la llevó a ganar numerosos premios en distintos países del mundo, como Italia donde fue reconocida en 3 ocasiones, en Túnez, en Emiratos Árabes, en Kuwait, en Jordania, En Egipto y varios en su Patria Palestina.

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Documental

En 1999 la historia de Fadwa fue el tema de una película documental dirigida por laescritora y cineasta Liana BadrFadwa: A Tale of a Palestinian Poetess. 52 min.​

FUENTES CONSULTADAS:

https://es.wikipedia.org/wiki/Fadwa_Tuqan

Fadwa Tuqán: La Madre de la Poesía Palestina

www.palestinalibre.org/articulo.php?a=65

https://palestina.int.ar/fadwa-tuqan-1917-2003-es-nuestro-persona-palestino-del-mes/


Entre los poetas míos… Fadwa Tuqan

 

Biblioteca virtual Omegalfa.

https://omegalfa.es › downloadfile › cuaderno-…

 

SELECCIÓN DE POEMAS DE LA POETA FADWA TUQAN

Colección Antológica de Poesía digital – Volumen 35
Entre los poetas míos… Fadwa Tuqan
Los textos aquí incorporados proceden de muy diversas fuentes. Unos de nuestra biblioteca personal, otros de Internet.

 

CÓMO NACE LA CANCIÓN

Cogemos las canciones
de tu cansado y derretido corazón,
y bajo el denso mar de las tinieblas,
con amorosa luz,
holocaustos e inciensos, las amasamos.
Insuflamos en ellas la fuerza del pedernal y de la roca,
y luego las tornamos a tu límpido y puro corazón,
¡oh, pueblo combatiente y paciente!

De: Cancioncillas para los Comandos

Fuente: PalestinaLibre.org.

 

A G. H. EN NUESTRA CITA

Extraño amigo mío…
Si pudiera llegarte como
ayer. Si asesinas serpientes
no hubieran alborotado todos los caminos, cavando tumbas para mis gentes y mi pueblo, sembrando muerte y fuego.
Si no hubiera regado la derrota la tierra de mi patria
con piedras vergonzosas, injuriantes. Si este corazón que tú conoces
fuera el mismo que ayer,
y no sangrase por la puñalada.

Si hoy, amigo mío, como ayer, pudiera envanecerme de mi gente, de mi casa y mi fuerza,
ya mismo me tendrías a tu lado.
Amarrando a las playas de tu amor el barco de mi vida.
Y seríamos igual que dos pichones.

“HINDES”* Alusión a Hind bent ‘Utba, madre de Mu’awiya, fundador de la dinastía omeya, quien, según las crónicas, al ser muerto Hanza ben ‘Abdel-Mutallib, tío del Profeta, en la batalla de Uhud, mutiló su cadáver, mordiéndole en el hígado.

CANTO A LOS MÁRTIRES DE LA INTIFADA

1
Dibujaron la senda hacia la vida.
La empedraron con coral, con sangre adolescente de roja cornalina.
Alzaron sus corazones -piedras, fuego, ascuas- en las palmas de las manos.
Apedrearon con ellas a la bestia del camino.
– ¡Es la hora de afirmarse. Sed fuertes corazones!
Y retumbó su voz
en los oídos del mundo, penetrando su eco por todos los rincones.
¡Es la hora de afirmarse!
Y fueron fuertes, y de pie murieron,
reluciendo como estrellas,
brillando sobre la senda, besando los labios de la vida.

2.
Atacó la muerte, hincando su hoz en ellos.
Y frente al rostro de la muerte se plantaron
más hermosos que bosques de palmeras,
más hermosos que cosechas de trigo,
más hermosos que el fulgor de la mañana,
más hermosos que árboles que la lluvia lava en el seno del alba.
Se pusieron en pie_ saltaron… se precipitaron
desplegados por el campo de batalla como gavilla de fuego.
Se incendiaron… alumbraron… brillaron
en medio de la senda, y desaparecieron.

3.
¡Sueño suyo, que en la lejanía brillas
abrazando el futuro venturoso!
En tus manos está que su resurrección llegue.
Y llegará con el gran mañana en ciernes,
ascendiendo desde el fondo de la ruina,
con albricias en el rostro
y una estrella brillando en su amplia frente.

4.
Seguirá la tierra amamantando su sueño toda la vida.
No lo apartarán de su ubre ni las movilizaciones del mal,
ni los demonios del aire, de la tierra y del mar.
No lo destetará por duro que el usurpador se vuelva.
No lo destetará aunque la mano de la muerte, empapada en perfidia,
tiña de amarga coliquíntida el copioso pezón de la ubre de la tierra.

5.
¡Mírales allá en la distancia,
abrazados, para perdurar, a la muerte,
ascendiendo a las alturas,
ascendiendo ante los ojos del orbe!
Por las cuerdas de su sangre derramada
van subiendo, subiendo, subiendo…
No se apoderará de sus corazones la traidora muerte,
pues en la senda del sacrificio les acompañan
los sueños del renacer y de la nueva alborada.
¡Mírales en su Intifada: son halcones
que conectan con el cielo la tierra y la patria sagrada!

Fuente: Palestina-webcindario

EL DILUVIO Y EL ÁRBOL

El día en que el diabólico ciclón se propagó
tiránico.
El día en que las costas salvajes arrojaron
el oscuro diluvio
contra la tierra buena y verde,
gritaron (y a través de los aires, sus “albricias”
resonaron por todas las agencias):
Ha caído el árbol.
El poderoso tronco está aplastado.
Ya, ni asomo de vida para el árbol
dejó la tempestad.
. . .
El árbol ha caído….
¡Perdón, rojos arroyos!
¡Perdón, raíces regadas
con el vino que sangran los cadáveres!
¡Perdón, raíces árabes,
hundidas como rocas en la entraña,
y que cada vez más os entrañáis!
. . .
El árbol se alzará.
El árbol se alzará, y sus ramas,
al sol, irán creciendo;
en risa verdeciendo, y en hojas,
cara al sol.
Y el pájaro vendrá,
no tiene más remedio que venir.
El pájaro vendrá.
El pájaro vendrá.

(Mz. Montávez-Sobh, 1969). 
Fuente: Psicoeducación

EN LAS OLAS

Aquella noche
las caras se desvanecieron en torno nuestro
y todo desapareció
menos el brillo azul de
tus ojos y la llamada
En aquel brillante azul
donde mi corazón
navegó cual barco
guiado por las olas.
Las olas nos condujeron
a un mar sin playas,
sin límites
y sin resistencia
a que las olas contaran
la eterna historia de la vida
resumida
en una mirada.
Y la tierra se inundó con
el impulso de la marea, el viento
y la lluvia.
Aquella noche
mi jardín se despertó
y los dedos del viento
arrancaron su cercado.
En mi jardín, la hierba,
las flores y los frutos
se estremecieron
con la danza del viento
y la lluvia.

Todo se desvaneció
aquella noche
menos el brillo azul de tus ojos
y la llamada
en el brillante azul
donde mi corazón navegó
cual barco guiado por las olas.

Traducción: María Luisa Prieto 
(Del poemario: Ante la puerta cerrada (1967

 

GEMIDOS ANTE LA VENTANILLA DE ADMISIONES

De pie, en el puente, pido pasar,
¡ay, pido pasar!
Me asfixio. Mi aliento,
roto va en el ardor del mediodía.
Siete horas de espera…
¡Quién le corta las alas, ay, al tiempo!
¡Quién le afloja las piernas al mediodía!
Mi frente es azotada por el estío,
y mi sudor
es sal cayéndome en los párpados.

¡Y miles de ojos, ay,
que cuelgan como espejos doloridos por el ansia
caliente,
como signos de espera pacientosa
sobre la ventanilla de los visados!
¡Ay, que pido pasar!
Y resuena la voz de un mercenario
como una bofetada sobre todos:
“¡Árabes! ¡Jaleo!… ¡Perros!
¡Volved!… ¡No os acerquéis al río!
¡Volveos!… ¡Perros!.”
Mientras, cierra una mano la ventanilla;
cierra la senda
ante nosotros.
¡Ay, humanidad mía desangrándose,
corazón goteando mirra,
y sangre cual veneno llameante!
“¡Árabes!… ¡Jaleo!… ¡Perros!…”.

¡Odio mío enloquecido que te creces!
Mataron el amor en mis entrañas.
Cambiaron ya la sangre de mis venas
en lava y alquitrán.

Trad. de Mz. Montávez-Sobh 
Fuente: Psicoeducación
Entre los poetas míos… Fadwa Tuqan

 

LA LIBERTAD DEL PUEBLO

¡Libertad!
¡Libertad!
¡Libertad!
¡Libertad!
Voz que, con boca colérica repito,
bajo las balas y entre el fuego;
tras la que corro aún,
a pesar de llevar los pies trabados;
cuyas pisadas sigo,
a pesar de la noche,
en la marea de la ira aún llevada.
Yo combato, gritando:
¡Libertad!
¡Libertad!
¡Libertad!
Y los puentes, y el río sacrosanto
repiten:
¡Libertad!
Y ¡libertad!
repiten las dos orillas.
En mi patria, el ciclón, las lluvias y los truenos
lo repiten conmigo:
¡Libertad!
¡Libertad!
¡Libertad!
Continuaré escribiendo su nombre al combatir:
En la tierra, en los muros, en las puertas,
contra las brechas de las casas;
en la mezquita y el ara de la Virgen
por todos los caminos de las fincas.
Por todas las colinas, las pendientes,
las calles, las esquinas.
En la cárcel y el calabozo de tortura.
En la maderas de las horcas. Continuaré, a pesar de las cadenas,
a pesar de las casas destrozadas,
a pesar de las grandes hogueras,
escribiendo su nombre. Para ver
cómo se va extendiendo por nuestra patria y crece,
y continúa creciendo,
sin parar, hasta cubrir
palmo a palmo su húmeda tierra.
Hasta ver cómo una roja libertad abre todas las puertas
mientras huye la noche,
y aplasta la luz los fustes de la niebla.
¡Libertad!
¡Libertad!
¡Libertad!
Y los puentes, y el río sacrosanto
repiten:
¡Libertad!
Y ¡libertad!
repiten las dos orillas.
En mi patria, el ciclón, las lluvias y los truenos,
y los pasos del iracundo viento,
lo repiten conmigo:
¡Libertad!
¡Libertad!
¡Libertad!

Trad. de Mz. Montávez-Sobh. 
Fuente: webcindario

 

LA LLAMADA DE LA TIERRA

“¿Me han usurpado mi tierra?
¿Me han privado de mis derechos,
y me voy a quedar aquí, uncido al exilio,
humillado y desnudo?
¿Me voy a quedar aquí a morir
como un extraño en tierra extraña?
¿Me voy a quedar? ¿Y quién lo ha dicho?
Volveré a la tierra amada.
¡Por supuesto que volveré!
Y allí se cerrará el libro de mi vida.
Se apiadará de mí su tierra generosa
y dará cobijo a mis cenizas.
Regresaré, es necesario que vuelva!
¡Regresaré, como quiera que sean mis desgracias!”

Mas siguió desterrado, observando su tierra
y murmurando: “¡Es necesario que vuelva!”

Mientras, agachaba la cabeza en la tienda,
cerrando el alma a su oscuridad,
cerrando el pecho a su desgracia.

Pero seguía estando ahí, fija, esa idea,
zumbando febril y silenciosa,
hirviendo y ardiendo en su cabeza,
quemando, como el fuego, sus sentidos:
“¡Regresaré, es necesario que vuelva!”

Fuente: Relatos y poemas palestinos 
Recopilac. de C. Mª. Thomas. Sevilla, 2005.
Entre los poetas míos… Fadwa Tuqan

 

LA ROCA

Mira cómo esa negra
roca ha sido amarrada a mi pecho
con las cadenas del arrogante destino,
con las cadenas del absurdo tiempo.

Mira cómo aplasta
mis frutos y mis flores,
me esculpe con el tiempo
y me destruye con la vida.

¡Déjame! No podemos vencerla.
Las cadenas de mi prisión no se romperán.
Permaneceré en soledad
mientras el destino sea mi prisión.

Déjame
Permanecer así:
sin luz,
futuro
ni esperanza.
La roca negra no tiene escapatoria
ni refugio.

En vano intento retirar su peso de mi pecho
olvidándome.
¡Cómo he penetrado en el corazón de la vida
y he recorrido cada dirección!
Me he divertido,
he cantado
en las fuentes de la juventud.

Dame mi copa
y beberé con ansia
hasta ausentarme del alegre mundo
que tanto me ha decepcionado.

En su regazo están mi dolor
y mi desgracia.
He huido del
mundo de mis sentimientos
y he danzado con
la agilidad de los pájaros
y una risa loca. Luego, desde
las profundidades de mi desesperación,
una llamada sacude mi espíritu
y en secreto amenaza:
“No escaparás.
Estoy aquí.
No hay escapatoria
ni refugio”.

La sombra de la roca negra traza
figuras deformadas.
En vano intento retirarla,
En vano pretendo huir.
No hay escapatoria.

¡Cuánto he explorado la tierra de la desgracia!
He aspirado el elixir del consuelo
en la miseria de los prisioneros como yo,
prisioneros del destino.

He penetrado entre la gente,
donde están las tragedias
y las lágrimas,
donde los látigos silban y caen
sobre los rebaños humanos,
sobre las espaldas desnudas
y los humillados cuellos,
donde los dóciles esclavos
huyen en grupos –
hundiéndose en lágrimas,
sangre
y sudor.

Continué: busqué consuelo
para la desgracia
pero no hay escapatoria.
La maldición de la negra roca
nació conmigo
para ser mi sufrimiento.

Muda,
pegada a mí,
su sombra sigue los pasos de mi vida.
Mira cómo se ha instalado
con su arrogancia
en mi pecho.
¡Déjame!
No podemos vencerla.
Las cadenas de mi prisión no se romperán.
Mi espíritu permanecerá
cerrado
y yo seguiré solo
en la lucha.
Solo
con el intenso dolor,
con el tiempo,
con el destino.
Solo
con esta roca negra
aplastándome.
No hay escapatoria.

Del poemario: La encontré (1957)

 

MI CIUDAD ESTÁ TRISTE

El día en que conocimos la muerte y la traición,
se hizo atrás la marea,
las ventanas del cielo se cerraron,
y la ciudad contuvo sus alientos.
El día del repliegue de las olas; el día
en que la pasión abominable se destapara el rostro,
se redujo a cenizas la esperanza,
y mi triste ciudad se asfixió
al tragarse la pena.
Sin ecos y sin rastros,
los niños, las canciones, se perdieron.
Desnuda, con los pies ensangrentados,
la tristeza se arrastra en mi ciudad;
el silencio domina mi ciudad,
un silencio plantado como monte,
oscuro como noche;
un terrible silencio, que transporta
el peso de la muerte y la derrota.
¡Ay, mi triste ciudad enmudecida!
¿Pueden así quemarse los frutos y las mieses,
en tiempo de cosecha?
¡Doloroso final del recorrido!

(Trad. de Mz. Montávez-Sobh, 1969). 
Fuente: Plataforma de Solidaridad con Palestina

NO LLORARÉ

(A los poetas de la resistencia palestina)

A las puertas de Yafa, amigos míos,
y entre el caos de escombros de las casas,
entre la destrucción y las espinas,
dije a los ojos, quieta:
Deteneos… Lloremos
sobre las ruinas
de quienes se han marchado, abandonándolas.
La casa está llamando a quien la edificó.
La casa está dando el pésame por él.
Y el corazón, deshecho, gime
y dice:
¿Qué te han hecho los días?
¿Dónde están los que antes
te habitaban?
¿Has sabido de ellos?
¿Has sabido después de su partida?
Aquí soñaron, sí,
aquí estuvieron,
y trazaron los planes del mañana.
Mas, ¿dónde están los sueños y el mañana?
Y, ¿dónde,
dónde ellos?
Los restos de la casa no dijeron palabra.
Allí, habló sólo la ausencia,
el callar del silencio, el abandono.
Allí se amontonaban los búhos y los fantasmas,
extraños en los rostros, las manos y la lengua;
en su entraña metiéndose,
en ellas extendiendo sus orígenes.
Allí…
Y tantas cosas más…
Mientras el corazón se ahogaba de tristezas. –

¡Amadísimos míos!:
Me limpié de los párpados la niebla gris del llanto
para ir a vuestro encuentro.
En mis ojos había
una lumbre de amor y de esperanza
en vosotros, el hombre, y en la tierra.
¡Ay, vergüenza, si me hubiera acercado a vuestro encuentro
con el párpado trémulo, mojado,
y el corazón desesperado y roto!…
Aquí estoy, amados míos, con vosotros;
a coger una brasa de vosotros;
a tomaros, ¡candiles de la noche!,
una gota de aceite para mi lámpara.
Aquí estoy, amados míos,
con mi mano tendida hacia la vuestra;
bajando mi cabeza, aquí, ante las vuestras;
elevando mi frente, con vosotros, al sol.
Aquí estoy, con vosotros
fuertes como las rocas de nuestros montes,
y aquí estáis vosotros,
dulces como las flores de nuestra tierra.
¿Cómo van a aplastarme las heridas?
¿Cómo podrá aplastarme la desesperación?
¿Cómo voy a llorar ante vosotros?…
Juro, a partir de hoy, no llorar.
¡Amadísimos míos!:
el alazán del pueblo ha superado
el tropiezo de ayer,
y tras el río, los héroes se yerguen.
Escuchad muy atentos, que el alazán relincha
confiado en su asalto;
que ya escapa al asedio de la oscura desgracia,
y corre hacia su puesto sobre el sol;
mientras compactos grupos de jinetes
le bendicen y juran devoción,
le rocían con humo de limpias cornalinas,
con sangre de corales,
le dan de sus despojos copiosísima alfalfa,
y le aclaman, lanzando:
¡Corre al ojo del sol!
¡Corre, alazán del pueblo!
Que tú eres la señal y el estandarte,
y nosotros la cohorte que te sigue.
Ya no puede pararse la marea,
la pasión y la ira;
ya no puede caer en nuestras frentes,
sin luchar, el cansancio;
ni quedaremos quietos,
hasta haber expulsado a fantasmas y sombras.
¡Amadísimos míos!… ¡Candiles de la noche!
¡Hermanos en la herida!
¡Oh, semillas de trigo,
levadura secreta!
El muere para darnos.
Aquí, nos da,
y nos da.
Yo ando vuestros caminos,
y heme aquí, ante vosotros.
Junto y lavo las lágrimas de ayer,
y me planto, lo mismo que vosotros, en mi tierra y mi patria.
Lo mismo que vosotros, voy sembrando mis ojos
en la senda del sol y de la luz.

(Trad. de Mz. Montávez-Sobh.

SUEÑOS DEL RECUERDO

Dirigí mi mirada hacia donde tú mirabas,
mientras serpeaba en mi corazón un peso escondido:
Tras el humo, había allí un rebaño
disperso por todos los desiertos.
Un rebaño apacible… el resto de mi pueblo.
Éste, expatriado… Aquél, perseguido.
Se habían abandonado a una apática calma,
protegidos por las tiendas en el espacio abierto.
¡Volcanes extintos que ya no echaban lava!
La llama se había hecho hielo en sus entrañas.
Sumidos en la humillación de los esclavos,
tan sólo al alimento ya aspiraban.
La mano de su verdugo se lo daba, generosa,
para anestesiarlos cada nueva mañana.
Dirigí hacia ti de nuevo una cargada mirada,
con una afligida pregunta en mis labios:
“¿Has visto, hermano, cómo ha acabado
la causa? ¿Has visto el espantoso destino?
¿Recuerdas cuando enviabas tu poesía
a recorrer la patria con el ímpetu de la llama,
para avisarles del humillante final que se acercaba,
como si leyeras lo invisible en una pizarra?”

Fuente: Relatos y poemas palestinos, 
Recop. de C. Mª. Thomas

VEINTE AÑOS DESPUÉS

Aquí las huellas de las pisadas se detienen;
Aquí la luna
Yace con los lobos, los perros, y las piedras,
Detrás de las rocas y las carpas, detrás de los
[árboles.
Aquí la luna
Vende su cara cada noche,
Por una daga, una vela, un entrelazado de lluvia.
No arrojes una piedra en su fuego;
No robes los anillos de vidrio
De los dedos de las gitanas.
Ellas dormían, así como los peces y las piedras
[y los árboles.
Aquí las huellas de las pisadas se detienen;
Aquí la luna estaba pariendo.
¡Gitanas!
Devuélveles sus anillos de vidrio
Y las pulseras azules.

 

POLVO

El final
de mi largo camino,
hasta donde yo llegue,
de cualquier destino,
es el premio de los años,
no el de llegar.
¿Por qué me apresuro?
¿Qué quiero en mi viaje
por esos desiertos
como una sombra fugitiva?
Mis pies consumidos por las rocas,
las olas del viento que siguen dando vueltas
y vueltas conmigo
mientras yo sigo a través de este vacío
de esta soledad.
Polvo, polvo
delante y detrás de mí; a mi alrededor, polvo.
Corro y corro; y en mis manos
sólo la ilusión, nada.
Cansada, cansada.
El final
de mi largo camino,
de cualquier destino,
es el premio de los años,
y aunque mi camino se alargue,
no es el de llegar.

Entre los poetas míos… Fadwa Tuqan

EL COMANDO Y LA TIERRA

I
Me siento a escribir… Mas, ¿qué puedo escribir?
¿De qué vale decir
“patria mía”.., “gente mía”…, “pueblo mío?”
¿Protegeré a mi gente con palabras?
¿Salvaré con palabras a mi pueblo?
¿No es absolutamente despreciable
sentarse a escribir hoy?
Hoy, todas las palabras
son sal, no echan ramas ni flores
esta noche.

II
En medio del sopor y de la ausencia,
un divino candil le alumbró los rincones del alma,
encendiendo en sus ojos el ardor de dos brasas.
Cerró la agenda,
y Mazin, el doncel valeroso,
se dispuso a llevar la carga de su amor,
las inquietudes de su tierra y su pueblo,
los restos de deseos diseminados.
-Me voy, madre;
voy con mis camaradas,
donde debo.
Contento con mi suerte,
como roca que el cuello me atenaza.
Arranco desde aquí,
y todo lo que tengo:
pulsos, amores, gustos
y servidumbres,
lo entrego por su causa,
en dote por la tierra.
No hay nada más querido
que tú, salvo la tierra.
-(¡Hijo mío!) –
(¡Corazón!)

-El alegre desfile,
madre, no llegó aún,
pero ha de llegar;
la gloria arrea sus pasos.
-(¡Hijo mío!)
(¡Mi…!)
-No te apenes si caigo antes que llegue.
Nuestro camino es largo,
penosísimo,
y se pierde a lo lejos,
sin saber en qué punto quedará.
Cruzamos, alumbrados por sangrientas antorchas,
las infernales playas de la noche,
para que la alegría llegue tras nosotros.
Porque ha de llegar asa alegría,
coger en la medida que se da.
-(¡Hijo mío!)
(¡Corazón!)
(Bendíjole con dos
azoras del Corán)
¡Vete!
(Pidió el Señor por él)
Mazin era su príncipe, su mozo,
señor de los jinetes.
Mazin era su orgullo y su grandeza,
su dádiva a la patria.
En la infinita tienda de la noche,
al aire abierto,
la madre se levantó para rezar.
Y alzó su rostro al cielo,
desbordante de estrellas
y de enigmas. –

¡Oh, día en que a la vida le entregó,
cual trocito de masa perfumada,
con la fragancia toda de la tierra!
¡Oh, día en que le puso el pecho fértil,
abrazó su embriaguez,
y descubrió el sentido de la vida
en la gota de leche!
¡Hijo mío!
¡Corazón!…
Por ese solo día,
por ése, te parí.
Por él te di a mamar.
Por él te di mi sangre,
te di todos mis pulsos,
y todo lo que pueden dar las madres.
¡Hijo mío!
¡Planta noble arrancada de su tierra!
¡Vete!…
No hay nada más querido que tú,
salvo la tierra.

III
Tú vas, tras de los cerros:
Orejas que se tensan en las sobras;
ojos a los que el sueño abandonó.
El viento, tras los bordes del silencio,
retumba por los cerros;
va jadeando en pos del aliento perdido;
corre dentro del círculo mortal.
¡Mil! “¡hojas!” a la muerte!
Y la estrella caída se abrasó,
atravesó los cerros
como un rayo de vos enardecida;
sembrando por los cerros un vivo resplandor.
En una tierra que nunca derrotará la muerte,
que nunca podrá la muerte derrotar.

 Fuente: Palestina Libre

 

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