114. Poesía más Poesía: Santa Teresa de Jesús

SANTA TERESA DE JESÚS

Biografía y Poemas

Teresa nació en Ávila, el día 28 de marzo de 1515. En su casa aprendió a leer y escribir y desde muy niña se aficionó a la lectura, pasión que no la abandonaría ya en toda su vida.
Sus primeras lecturas fueron vidas de santos. Más tarde, libros de caballería; finalmente, libros religiosos. La lectura, en una época que desconocía todos los medios modernos de comunicación social de que disponemos hoy, cuya vida y relaciones sociales no iban más allá del círculo familiar, tenía una influencia que a nosotros nos es difícil valorar. Libros y familiares era las únicas ventanas abiertas el mundo para una mujer, más aún para una mujer joven.


Los hechos más notables de la vida de Teresa, en sus primeros veinte años, están marcados por uno de estos dos factores. Entusiasmada por las lecturas del “Flos sanctorum”, primero quiere ser mártir y escapa a tierra de moros; fracasada la empresa, juega a ser monja en los jardines de su casa.
No obstante, sus sentimientos piadosos infantiles se enfriaron un poco al llegar a la pubertad, a causa de la lectura de libros de caballería, que exaltaron su imaginación, gustando de galas y pasatiempos.
Tras la muerte de su madre en 1528, su padre -severo hidalgo de costumbres austeras- la interna en el convento de Santa María de Gracia, donde las agustinas educan a las jóvenes de la buena sociedad avileña. Teresa descubre otro mundo. Las religiosas sustituyen a primos y hermanos, los libros religiosos a los libros de caballería, la disciplina de un internado a la libertad del hogar.
Aquí comenzó a rezar mucho y a pedir que rezaran por ella para que Dios la mostrase claramente el camino por el que le serviría mejor. Descubierta su vocación en medio de indecibles luchas, en 1532 salió enferma y pasó una temporada en Hortigosa con su tío Pedro Sánchez de Cepeda y en Castellanos de la Cañada con su hermana María de Cepeda, que estaba casada. Vuelta a Ávila, después de grandes cavilaciones, descubrió a su padre la decisión firme de entrar religiosa, y él, aunque muy virtuoso, se resistía a verse privado de su hija predilecta. Después de enconadas luchas interiores, el 2 de noviembre de 1535, a los veinte años de edad, Santa Teresa huyó de casa muy temprano y entró en el monasterio carmelitano de la Encarnación de Ávila, que ella había visitado antes varias veces, en el que la vida religiosa estaba muy relajada, pues lamentablemente la Orden Carmelitana se había ido debilitando al apartarse de las primitivas Reglas. La Santa dice acerca de su determinación: «Cuando salí de casa de mi padre, no creo será más el sentimiento cuando me muera; porque me parece cada hueso se me apartaba por sí…» El 31 de octubre de 1536, su padre firmó la carta de dote de su hija y ésta tomó el hábito el 2 de noviembre del mismo año. A este respecto ella escribe: «En tomando el hábito, luego me dio el Señor a entender cómo favorece a los que se hacen fuerza para servirle…»

Ávila. Vista general. 1870

VUESTRA SOY, PARA VOS NACÍ

Vuestra soy, para Vos nací,
¿qué mandáis hacer de mí?

Soberana Majestad,
eterna sabiduría,
bondad buena al alma mía;
Dios alteza, un ser, bondad,
la gran vileza mirad
que hoy os canta amor así:
¿qué mandáis hacer de mí?

Vuestra soy, pues me criastes,
vuestra, pues me redimistes,
vuestra, pues que me sufristes,
vuestra pues que me llamastes,
vuestra pues me conservastes,
vuestra, pues no me perdí:
¿qué mandáis hacer de mí?

¿Qué mandáis, pues, buen Señor,
que haga tan vil criado?
¿Cuál oficio le habéis dado
a este esclavo pecador?
Veisme aquí, mi dulce Amor,
amor dulce, veisme aquí:
¿qué mandáis hacer de mí?

Veis aquí mi corazón,
yo le pongo en vuestra palma,
mi cuerpo, mi vida y alma,
mis entrañas y afición;
dulce Esposo y redención,
pues por vuestra me ofrecí:
¿qué mandáis hacer de mí?

Dadme muerte, dadme vida:
dad salud o enfermedad,
honra o deshonra me dad,
dadme guerra o paz cumplida,
flaqueza o fuerza a mi vida,
que a todo digo que sí:
¿qué mandáis hacer de mí?

Dadme riqueza o pobreza,
dad consuelo o desconsuelo,
dadme alegría o tristeza,
dadme infierno o dadme cielo,
vida dulce, sol sin velo,
pues del todo me rendí:
¿qué mandáis hacer de mí?

Si queréis, dadme oración,
si no, dadme sequedad,
si abundancia y devoción,
y si no esterilidad.
Soberana Majestad,
sólo hallo paz aquí:
¿qué mandáis hacer de mi?

Dadme, pues, sabiduría,
o por amor, ignorancia;
dadme años de abundancia,
o de hambre y carestía;
dad tiniebla o claro día,
revolvedme aquí o allí:
¿qué mandáis hacer de mí?

Si queréis que esté holgando,
quiero por amor holgar.
Si me mandáis trabajar,
morir quiero trabajando.
Decid, ¿dónde, cómo y cuándo?
Decid, dulce Amor, decid:
¿qué mandáis hacer de mí?

Dadme Calvario o Tabor,
desierto o tierra abundosa;
sea Job en el dolor,
o Juan que al pecho reposa;
sea viña fructuosa
o estéril, si cumple así:
¿qué mandáis hacer de mí?

Sea Joséf puesto en cadenas,
o de Egipto adelantado,
o David sufriendo penas,
o ya David encumbrado;
sea Jonás anegado,
o libertado de allí:
¿qué mandáis hacer de mí?

Esté callando o hablando,
haga fruto o no le haga,
muéstreme la ley mi llaga,
goce de Evangelio blando;
esté penando o gozando,
sólo vos en mí vivid:
¿qué mandáis hacer de mí?

Vuestra soy, para vos nací,
¿qué mandáis hacer de mí?

COLOQUIO AMOROSO

Si el amor que me tenéis,
Dios mío, es como el que os tengo,
Decidme: ¿en qué me detengo?
O Vos, ¿en qué os detenéis?

Alma, ¿qué quieres de mí?
Dios mío, no más que verte.
Y ¿qué temes más de ti?
Lo que más temo es perderte.

Un alma en Dios escondida
¿qué tiene que desear,
sino amar y más amar,
y en amor toda escondida
tornarte de nuevo a amar?

Un amor que ocupe os pido,
Dios mío, mi alma os tenga,
para hacer un dulce nido
adonde más la convenga.

El 3 de noviembre de 1537, hizo su profesión religiosa. A partir de entonces, redobló sus exigencias consigo misma y se entregó a grandes penitencias, entre luchas espirituales. Su salud se quebrantó de tal manera, que su padre envió a la Encarnación los mejores médicos de Ávila y sus alrededores, pero ella fue de mal en peor. En otoño de 1538, tuvo que salir de la Encarnación e irse a la casa paterna durante una larga temporada a causa de sus enfermedades. Y a pesar de que se procuró su salud por otros medios, la enfermedad se agravó, hasta el punto que el 15 de agosto de 1539 por la noche le dio un síncope que duró tres días; fue tomada por muerta y hasta se la preparó la sepultura. No obstante su padre se resistió a admitir el óbito de su hija y se opuso a que la enterraran. Vuelta en sí, regresó muy tullida a la Encarnación, y en abril de 1542 se sintió curada por intercesión de San José. Durante largos años, Santa Teresa siguió llevando la vida monacal entre luchas espirituales. Los locutorios de la Encarnación eran como salones mundanos frecuentados por caballeros y damas de la nobleza. Santa Teresa, cuyo nombre había ya trascendido por Ávila, era la principal atracción, recibía visitas de numerosas personas y acudía como las demás al locutorio. El 26 de diciembre de 1543 murió su padre Alfonso Sánchez de Cepeda, siendo asistido por su hija.
En 1554 se obró en Santa Teresa una profunda transformación interior, con la decisiva entrega a Dios. Ella así lo expresa: «Arrojeme cabe Él con grandísimo derramamiento de lágrimas, suplicándole me fortaleciese de una vez para no ofenderle. Paréceme le dije entonces que no me había de levantarme de allí hasta que Él hiciese lo que le suplicaba». Desde entonces comenzó a experimentar un cambio profundo en su vida, evitó el locutorio, y redobló la constancia y el ardor de la oración.
En el año 1557, pasó por Ávila el Padre jesuita Francisco de Borja y le dio sabios consejos, quedando ella muy sosegada y consolada.
El 25 de enero de 1560 Santa Teresa recibió la gracia de la Transverberación de su corazón, y con ella el don extraordinario de la Confirmación en Gracia.
(Transverberación: Experiencia mística que, en el contexto de la religiosidad católica, ha sido descrito como un fenómeno en el cual la persona que logra una unión íntima con Dios, siente traspasado su corazón por un fuego sobrenatural
La confirmación en Gracia fue para los Ángeles fieles, la posesión definitiva de la Bienaventuranza Eterna).
Ella misma lo describe: «Veía un Ángel cabe mí hacia el lado izquierdo en forma corporal… No era grande, sino pequeño, hermoso mucho, el rostro tan encendido que parecía de los Ángeles más subidos… Veíale en las manos un dardo de oro largo, y al fin del hierro me parecía tener un poco de fuego; éste me parecía meter por el corazón algunas veces y que me llegaba a las entrañas. Al sacarle, me parecía las llevaba consigo, y me dejaba toda abrasada en amor grande de Dios…»

Convento de la Encarnación

VIVO SIN VIVIR EN MÍ

Vivo sin vivir en mí,
y tan alta vida espero,
que muero porque no muero.

Vivo ya fuera de mí,
después que muero de amor;
porque vivo en el Señor,
que me quiso para sí:
cuando el corazón le di
puso en él este letrero,
que muero porque no muero.

Esta divina prisión,
del amor en que yo vivo,
ha hecho a Dios mi cautivo,
y libre mi corazón;
y causa en mí tal pasión
ver a Dios mi prisionero,
que muero porque no muero.

¡Ay, qué larga es esta vida!
¡Qué duros estos destierros,
esta cárcel, estos hierros
en que el alma está metida!
Sólo esperar la salida
me causa dolor tan fiero,
que muero porque no muero.

¡Ay, qué vida tan amarga
do no se goza el Señor!
Porque si es dulce el amor,
no lo es la esperanza larga:
quíteme Dios esta carga,
más pesada que el acero,
que muero porque no muero.

Sólo con la confianza
vivo de que he de morir,
porque muriendo el vivir
me asegura mi esperanza;
muerte do el vivir se alcanza,
no te tardes, que te espero,
que muero porque no muero.

Mira que el amor es fuerte;
vida, no me seas molesta,
mira que sólo me resta,
para ganarte perderte.
Venga ya la dulce muerte,
venga el morir muy ligero
que muero porque no muero.

Aquella vida de arriba,
que es la vida verdadera,
hasta que esta vida muera,
no se goza estando viva.
muerte, no me seas esquiva;
viva muriendo primero,
que muero porque no muero.

Vida, ¿qué puedo yo darle
a mi Dios que vive en mí,
si no es el perderte a ti,
para mejor a él gozarle.
Quiero muriendo alcanzarle,
pues tanto a mi Amado quiero,
que muero porque no muero.

NADA TE TURBE

Nada te turbe,
Nada te espante,
Todo se pasa,
Dios no se muda,

La paciencia
Todo lo alcanza;
Quien a Dios tiene
Nada le falta:
Sólo Dios basta.

Eleva el pensamiento,
al cielo sube,
por nada te acongojes,
Nada te turbe.

A Jesucristo sigue
con pecho grande,
y, venga lo que venga,
Nada te espante.

¿Ves la gloria del mundo?
Es gloria vana;
nada tiene de estable,
Todo se pasa.

Aspira a lo celeste,
que siempre dura;
fiel y rico en promesas,
Dios no se muda.

Ámala cual merece
Bondad inmensa;
pero no hay amor fino
Sin la paciencia.

Confianza y fe viva
mantenga el alma,
que quien cree y espera
Todo lo alcanza.

Del infierno acosado
aunque se viere,
burlará sus furores
Quien a Dios tiene.

Vénganle desamparos,
cruces, desgracias;
siendo Dios su tesoro,
Nada le falta.

Id, pues, bienes del mundo;
id, dichas vanas,
aunque todo lo pierda,
Sólo Dios basta.

Tras este gran favor divino, continuaron las incomprensiones de algunos confesores inexpertos. En agosto de 1560, la visitó en Ávila el Padre franciscano Pedro de Garavito, de Alcántara, hombre muy experimentado en cuestiones místicas, a quien la Santa dio cuenta de su vida con claridad y verdad. Este santo fraile la dio luz en todo y la dijo que no tuviese pena, que alabase a Dios, y que estuviese segura que todo venía de Él.
En septiembre del mismo año 1560 se decidió a reformar la Orden Carmelitana y fundar un convento con el rigor de las Reglas primitivas de San Alberto de Jerusalén, cuyos rasgos esenciales eran la clausura total, el ayuno, el silencio y la penitencia, a los que ella añadiría algunos otros, como fueron la descalcez y el vivir de las limosnas.
El nuevo monasterio estaría bajo la advocación de San José. Para ello contó con el apoyo de San Pedro de Garavito, de Alcántara, y otros insignes protectores.
(Advocación: Dedicación de un lugar religioso al santo o a la virgen bajo cuya protección se encuentra).
Con la autorización del Obispo y un breve pontificio del Papa Pío IV, Santa Teresa fundó en Ávila el convento de San José el 24 de agosto de 1562, primero de la Reforma o Descalzas, en donde instaló a las primeras monjas que, desde entonces, vivieron entregadas a la oración y a la penitencia, con gran austeridad, extremada pobreza y estrecha clausura.
Santa Teresa tuvo que superar valientemente múltiples dificultades y afrontar grandes persecuciones, sobre todo la oposición de muchas de las monjas del convento de la Encarnación, y el alboroto de la misma ciudad, cuyo Concejo trató de suprimir el convento.
En 1563 ella obtuvo licencia para dejar la Encarnación y unirse a sus hijas en San José.
El rey Felipe II, deseoso de reformar la vida de los monasterios en sus reinos, invitó al General de los Carmelitas, el Padre Juan Bautista de Rubeo, para que los visitara. En 1567, el Padre Rubeo vino a España, visitó sus conventos de Castilla, y quedó admirado con el de la Reforma teresiana, por lo que dio licencia a la Santa para fundar nuevas casas de monjas, incluso de frailes, que ella llamaba «Palomarcitos de la Virgen Nuestra Señora».

San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús


El 15 de agosto del mismo año, Santa Teresa fundó en Medina del Campo-Valladolid su segundo convento. Aquí se puso en contacto con San Juan de la Cruz, que recientemente había terminado sus estudios en Salamanca, había recibido la Ordenación Sacerdotal, y tenía intención de dejar la Orden de Carmelo para entrar en la Cartuja. Santa Teresa le convence para que se una a ella en la Obra de la Reforma, llegando a ser el más estrecho colaborador en los planes reformadores de la Santa. En 1568 ella fundó en Duruelo-Ávila, el primer convento de la Reforma de frailes descalzos.

Santa Teresa de Jesús. siglo XVII; anónimo (copia de José Ribera)

SOBRE AQUELLAS PALABRAS
“DILECTUS MEUS MIHI”

Ya toda me entregué y di,
y de tal suerte he trocado,
que es mi Amado para mí,
y yo soy para mi Amado.

Cuando el dulce Cazador
me tiró y dejó rendida,
en los brazos del amor
mi alma quedó rendida,
y cobrando nueva vida
de tal manera he trocado,
que es mi Amado para mí,
y yo soy para mi Amado.

Hirióme con una flecha
enherbolada de amor,
y mi alma quedó hecha
una con su Criador;
ya yo no quiero otro amor,
pues a mi Dios me he entregado,
y mi Amado es para mí,
y yo soy para mi amado.

CRUZ, DESCANSO SABROSO DE MI VIDA

Cruz, descanso sabroso de mi vida
vos seáis la bienvenida.
¡Oh bandera, en cuyo amparo
el más flaco será fuerte!
¡Oh vida de nuestra muerte,
qué bien la has resucitado!
al león has amansado,
Pues por ti perdió la vida.
Vos seáis la bienvenida.

Quien no os ama está cautivo
y ajeno de libertad;
quien a vos quiere allegar
no tendrá en nada desvío.
¡Oh dichoso poderío,
donde el mal no halla cabida!
Vos seáis la bienvenida.

Vos fuisteis la libertad
de nuestro gran cautiverio;
por vos se reparó mi mal
con tan costoso remedio;
para con Dios fuiste medio
de alegría conseguida:
Vos seáis la bienvenida.

AL VELO DE LA HERMANA
ISABEL DE LOS ÁNGELES

Hermana, porque veléis,
os han dado hoy este velo,
y no os va menos que el cielo;
por eso, no os descuidéis.

Aqueste velo gracioso
os dice que estéis en vela,
guardando la centinela,
hasta que venga el esposo,
que, como ladrón famoso,
vendrá cuando no penséis;
por eso, no os descuidéis.

No sabe nadie a cuál hora,
si en la vigilia primera,
o en la segunda o tercera,
todo cristiano lo ignora.
Pues velad, velad, hermana,
no os roben lo que tenéis;
por eso, no os descuidéis.

En vuestra mano encendida,
tened siempre una candela,
y estad con el velo en vela,
las renes muy bien ceñidas.
No estéis siempre amodorrida,
catad que peligraréis;
por eso, no os descuidéis.

Tened olio en la aceitera,
de obras y merecer,
para poder proveer,
la lámpara, que no se muera.

Porque quedaréis de fuera,
si entonces no lo tenéis;
por eso, no os descuidéis.

Nadie os le dará prestado;
y si lo vais a comprar,
podríaseos tardar,
y el Esposo haber entrado.
Y desque una vez cerrado,
no hay entrar aunque llaméis;
por eso, no os descuidéis.

Tened continuo cuidado
de cumplir con alma fuerte,
hasta el día de la muerte,
lo que habéis hoy profesado.
Porque habiendo así velado,
con el Esposo entraréis;
por eso, no os descuidéis

Recreación de la habitación de un convento

A estas fundaciones siguieron otras de monjas y frailes. En 1571, por orden del Visitador Apostólico, Santa Teresa es nombrada priora del monasterio calzado de la Encarnación por tres años. Aceptó el priorato, y el 14 de octubre del mismo año tomó posesión del cargo en medio de un gran tumulto de las monjas que se negaban a aceptarla.
La Santa Fundadora se preocupó de que no faltara comida a las monjas, puso todo en perfecto orden, acabó con el locutorio y estableció la disciplina monacal; además las puso como confesor a San Juan de la Cruz. En poco tiempo las monjas dieron un cambio radical en sus costumbres, siendo modelos de oración, sacrificio y recogimiento.
El 6 de octubre de 1574, cesó el trienio del priorato, y la Santa volvió al monasterio reformado de San José de Ávila. En 1575 Santa Teresa se encontró con el Padre San Jerónimo Gracián con motivo de la fundación de Beas de Segura-Jaén, quien sería su confesor y ocuparía altos puestos en la Reforma Carmelitana, la cual fue tomando cada día más auge.
Pronto surgieron nuevas dificultades promovidas por los Carmelitas Calzados, refractarios a la Reforma Teresiana, y por otros enemigos de la misma. Sus planes reformadores y fundacionales, acarrearon a Santa Teresa graves conflictos con autoridades civiles y eclesiásticas. Pero ella, con ánimo varonil, en medio de sus enfermedades y penuria económica, afrontó valientemente las grandes contrariedades, las calumnias y las persecuciones, diciendo: «Cristo y yo mayoría». Hasta el punto que llegó a sufrir un proceso inquisitorial del que salió libre. El mismo Padre Rubeo, General de la Orden Carmelitana, que antes era gran defensor de la reforma de Santa Teresa, mal influido por las habladurías, le prohibió fundar nuevos conventos y la obligó a permanecer como arrestada en un convento de Toledo.
El nuevo nuncio Felipe Sega llegó a Madrid con ánimo de acabar con la Reforma, y motejó a Santa Teresa de Jesús de «fémina inquieta y andariega, desobediente y contumaz»; y la acusó también de inventar malas doctrinas, de salir de la clausura y de haber fundado sin licencia del Papa ni del Padre General de la Orden. En 1578, Sega somete a los descalzos y descalzas a la autoridad de los provinciales de los calzados. La siniestra y vengativa Princesa de Éboli, Ana de Mendoza, dio también sus feroces dentelladas contra la Santa Fundadora. Siguieron las amenazas, calumnias y sufrimientos para Santa Teresa y sus descalzos. Su mayor colaborador, San Juan de la Cruz, fue también víctima de cruel persecución y encarcelamiento por los calzados, con trato inhumano. San Jerónimo Gracián es también perseguido de muerte y encerrado en el convento de los calzados de Madrid. Eran tan grandes los combates, que la Reforma parecía sucumbir.


A SAN HILARIÓN

Hoy ha vencido un guerrero
al mundo y sus valedores.
-Vuelta, vuelta, pecadores,
sigamos este sendero.

Sigamos la soledad,
y no queramos morir,
hasta ganar el vivir
en tan subida pobreza.
¡Oh, qué grande es la destreza
de aqueste nuestro guerrero!
Vuelta, vuelta, pecadores,
sigamos este sendero.

Con armas de penitencia
ha vencido a Lucifer,
combate con la paciencia,
ya no tiene que temer.
Todos podemos valer
siguiendo este caballero.
Vuelta, vuelta, pecadores,
sigamos este sendero.

No ha tenido valedores,
abrazóse con la cruz:
Siempre en ella hallamos luz,
pues la dio a los pecadores.
¡Oh, qué dichosos amores
tuvo este nuestro guerrero!
Vuelta, vuelta, pecadores,
sigamos este sendero.

Ya ha ganado la corona.
Y se acabó el padecer,
gozando ya el merecer,
con muy encumbrada gloria.
¡Oh venturosa victoria
de nuestro fuerte guerrero!
Vuelta, vuelta, pecadores,
sigamos este sendero.
Santa Teresa de Jesús

A LA PROFESIÓN DE ISABEL DE LOS ÁNGELES

Sea mi gozo en el llanto,
sobresalto mi reposo,
mi sosiego doloroso,
y mi bonanza el quebranto.

Entre borrascas mi amor,
y mi regalo en la herida,
esté en la muerte mi vida,
y en desprecios mi favor.

Mis tesoros en pobreza,
y mi triunfo en pelear,
mi descanso en trabajar,
y mi contento en tristeza.

En la oscuridad mi luz,
mi grandeza en puesto bajo.
De mi camino el atajo
y mi gloria sea la cruz.

Mi honra el abatimiento,
y mi palma padecer,
en las menguas mi crecer,
y en menoscabo mi aumento.

En el hambre mi hartura,
mi esperanza en el temor,
mis regalos en pavor,
mis gustos en amargura.

En olvido mi memoria,
mi alteza en humillación,
en bajeza mi opinión,
en afrenta mi victoria.

Mi lauro esté en el desprecio,
en las penas mi afición,
mi dignidad sea el rincón,
y la soledad mi aprecio.

En Cristo mi confianza,
y de El sólo mi asimiento,
en sus cansancios mi aliento,
y en su imitación mi holganza.

Aquí estriba mi firmeza,
aquí mi seguridad,
la prueba de mi verdad,
la muestra de mi fineza.

Santa Teresa de Jesús escribió primero al rey de España, Felipe II, pidiendo ayuda para su obra, y después ella fue recibida en audiencia por el monarca en el Alcázar de Madrid. Felipe II, persona de intachable rectitud y profunda religiosidad, muy identificado con la Reforma y gran admirador de la Santa, haciendo uso de su autoridad, mandó llamar al nuncio Sega y le recriminó severamente su mala actitud y a éste no le quedó otra salida que obedecer al rey. La persecución contra el Carmelo Reformado quedó cortada. El gran Monarca, en 1580, consiguió del Papa San Gregorio XIII, que los conventos descalzos fundados por Santa Teresa constituyeran una provincia independiente de los calzados, con lo cual la Santa Reforma Carmelitana quedó asegurada y consolidada.
La Excelsa Reformadora llegó a fundar un total de diecisiete conventos de monjas y quince de frailes. Los conventos de monjas fueron: Ávila; Medina del Campo; Malagón; Valladolid; Toledo; Pastrana, deshecho por culpa de la princesa de Éboli; Salamanca; Alba de Tormes; Segovia; Beas de Segura, Sevilla; Caravaca, por mediación de Ana de San Alberto; Villanueva de la Jara; Palencia; Soria; Granada, por medio de Santa Ana de Jesús; y en Burgos.

Edición Obras de la Santa Teresa de Jesús,1674.


La salud de Santa Teresa de Jesús estaba sumamente quebrantada. Los viajes, los sufrimientos, el ansia de Dios habían gastado ya su cuerpo. Su compañera inseparable y su enfermera era Ana de San Bartolomé. El 1 de octubre de 1582, en el convento de Alba de Tormes, anunció que su muerte era inminente. El 3 de octubre se confiesa y recibe los Últimos Sacramentos. Sus últimas recomendaciones a sus hijas fueron: «Hijas mías y señoras mías: Por amor a Dios les pido tengan gran cuenta con la guarda de la Regla y las Constituciones, que si la guardan con la puntualidad que deben, no es menester otro milagro para canonizarlas; así miren el mal ejemplo que esta mala monja les dio y ha dado, y perdónenme». Una de las expresiones que se recogieron de sus labios fue: «Hora es ya, Esposo mío, que nos veamos».

Santa Teresa de Jesús falleció el 4 de octubre de 1582, a los sesenta y siete años de edad, en el convento de Alba de Tormes-Salamanca, pronunciando las palabras: «Te doy gracias, Señor, porque muero hija de la Iglesia». El día siguiente de su muerte, debido a la Reforma Gregoriana del calendario, fue el 15 de octubre. Su cuerpo incorrupto, incluido su corazón, se encuentra en Alba de Tormes.
Como eminente escritora y doctora mística, dejó escritas importantes obras, que son verdaderas joyas de la literatura universal. Con ellas el misticismo alcanzó elevadísimas cotas de expresión y profundidad. La obra reformadora de Santa Teresa fue eficacísima contra la expansión del luteranismo y otras herejías.
Canonizada por el Papa Gregorio XV Magno el día 12 de marzo de 1622. Declarada Doctora de la Iglesia por el Papa Pablo VI el día 27 de septiembre de 1970.

¡OH, DICHOSA TAL ZAGALA!

¡Oh!, dichosa tal zagala
que hoy se ha dado a un tal Zagal
que reina y ha de reinar.

Venturosa fue su suerte
pues mereció tal Esposo:
Ya yo, Gil, estoy medroso.
No la osaré más mirar
pues ha tomado marido
que reina y ha de reinar.

Pregúntale qué le ha dado
para que lleve a su aldea.
El corazón le ha entregado
muy de buena voluntad.
Mi fe!, poco le ha pagado
que es muy hermoso el Zagal
y reina y ha de reinar.

Si más tuviera, más diera.
-¿Por qué le avisas, Carillo?
Tomemos el cobanillo,
sirvanos deja sacar,
por ha tomado marido,
que reina y ha de reinar.

Pues vemos lo que dio ella,
¿qué le ha de dar el Zagal?
-Con su sangre la ha comprado.
¡Oh qué precioso caudal,
y dichosa tal zagala,
que contenta a este Zagal!

Mucho le debe de amar,
pues le dio tan gran tesoro.
¿No ves que se lo da todo,
hasta el vestir y calzar?
Mira que ya es su marido
que reina y ha de reinar.

Bien será que la tomemos,
para este nuestro rebaño,
y que la regocijemos
para ganar su amistad,
pues ha tomado marido,
que reina y ha de reinar.

El estudioso André Stoll observa cierta proximidad entre la obra de la Santa y la novela picaresca, subrayando que la suya es mucho más radical y osada, por lo que tiene que ver con su propia vida, incluso cuando se acerca al Cantar de los Cantares, que emplea relacionándolo con su experiencia íntima. Añade que, a través de su meditación sobre el amor, entra en territorios a los que no tenía acceso en su calidad de mujer.
En este periodo, el discurso místico es el único en el cual la mujer actúa y habla de modo público, y es el espacio seguro que le permite eludir la “racionalidad de la lógica patrialcal”. Santa Teresa lo consigue al reconocer “su posición de otra”, nos dice, y, además, destaca en su obra esta evidencia: “la comunicación del éxtasis espiritual se representa en términos de pasión humana. La Santa describe su éxtasis en un visión de abyección delante del Divino, una estrategia retórica conforme con su condición femenina”.

Éxtasis de Santa Teresa. Autor Gian Lorenzo Bernini.


Escribe, dice, por obediencia, pero la pasión con que lo hace nos transmite que se trata de su propio deseo. La misma estrategia por otra parte, la desarrolla en su propia vida. Aurora Egido observa que, en su reclusión, la carmelita da gracias a Dios por la vída elegida, pues le permite conseguir lo que de otro modo le estaría vedado. No en vano escribió con toda claridad, en el Libro de las fundaciones, refiriéndose a las monjas que se quejaban de su vida de religiosas: “no conocen la gran merced que Dios les ha hecho en escogerlas para Sí, y librarlas de estar sujetas a un hombre, que muchas veces les acaba la vida, y plegue a Dios no sea también el alma”.
Aurora Egido afirma que carecía de títulos, lo que le impedía competir con los teólogos, pero “armada de su experiencia, con la ayuda de los recursos retóricos del estilo más humilde ofrece su obra a los letrados. Su principal interlocutor, Dios, acude en su defensa. Dirá: “Yo le alabo mucho, y las mujeres y los que no saben letras le habíamos de dar siempre infinitas gracias, porque haya quien con tantos travajos haya alcanzado la verdad que los ignorantes ignoramos”.
Indudablemente era sutil y grande el atrevimiento de nuestra Santa al superar las fronteras trazadas por los discursos dogmáticos, prohibiciones lingüísticas e imaginativas y las coacciones sociales, gracias a su experiencia iluminada. Por ello resulta particularmente interesante su forma de comunicar la profundidad de visión de los sucesos espirituales, y la franqueza con que expone sus propios límites en el campo de la comprensión. El “saber del no saber”, del que habla San Juan de la Cruz, queda claro en los papeles de Teresa de Ávila en ese entender no entendiendo que la impulsa reiteradamente a predicar.

La transverberación de Santa Teresa de Josefa de Obidos


La mezcla de pasión amorosa y exigencia de lucidez se extiende por todas sus obras y destaca en las ya mencionadas Meditaciones sobre los Cantares, lo que hace de estos textos algo particularmente vivo, tan vivo que su escritura, al fin, resultó peligrosa a ojos de los inquisidores que, por otra parte, no admitían una interpretación femenina de las Escrituras, ni siquiera una lectura de ellas en romance.
Requisada ya la Vida, dada la orden de quemar estas “meditaciones”, escribió más adelante (1577) su obra fundamental, Moradas del castillo interior, censurada luego, aunque con su anuencia. Mientras, ha seguido preguntándose y lanzando al aire su sentir, en sus Exclamaciones.
Pero es toda la vida del convento, como se detecta en Camino de perfección, Las fundaciones, Las Cuentas de conciencia, sus numerosas cartas o Los Avisos, la que queda patente en su escritura, se trata de la relación de las religiosas entre sí, la actitud a adoptar, y la ya mencionada prevención con los confesores, las virtudes que se deben practicar o los modos de oración y meditación. Por este motivo, por lo que comportan de integración en la vida, tienen tanta importancia sus poemas, muchos de los cuales entroncan con el acervo popular.
Del mismo modo que hay en su obra este nexo con lo popular, lo religioso o, directamente, con la Biblia, hay vínculos que parecen más enigmáticos, concretamente en lo que toca a Las Moradas. Santa Teresa afirma que la imagen del castillo -un castillo de diamante para llegar a cuyo centro el alma tiene que recorrer seis moradas hasta alcanzar la séptima, donde se encuentra aquel que es su objetivo, Dios- se le apareció espontáneamente, pero no por ello deja de llamar la atención la similitud del relato con otros que, desde la antigüedad, ha dado el imaginario humano.
Llegada al centro del diamante, la unión era tan fuerte que Teresa afirma: “parece que desfallece el alma de suerte que no le falta tantito para acabar de salir del cuerpo: a la verdad, no sería poca dicha la suya”.

Manuscrito de Santa Teresa de Jesús

CAMINO DE PERFECCIÓN

[Tres cosas importan para seguir la vía: amor, desasimiento y humildad]

No penséis, amigas y hermanas mías, que serán muchas las cosas que os encargaré, porque importa mucho entendamos lo muy mucho que nos va en guardarlas para tener la paz que tanto el Señor nos encomendó, interior y exteriormente: la una es amor unas con oras; otra, desasimiento de todo lo criado; otra, verdadera humildad, que aunque la digo a la postre, es la principal y las abraza a todas.

[Donde advierte que la clausura no lo es todo]

Desasiéndonos de esto y puniendo en ello mucho, como cosa que importa mucho -miren que importa-, y encerradas aquí sin poseer nada, ya parece que lo tenemos todo hecho, que no hay que pelear. ¡Oh hijas mías!, no aseguréis ni os echéis a dormir, que será como el que queda muy sosegado de haver cerrado muy bien sus puertas por miedo de ladrones y se los deja en casa. Y ¿no havéis oído que es el peor ladrón el que está dentro de la casa? Quedamos nosotras. Es más, que si no se anda con gran cuidado y cada una -como el mayor negocio que tiene que hacer- no se mira mucho, hay muy muchas cosas para quitar esta santa libertad de espíritu que buscamos.

[Amor y temor]

Y tomad este aviso, que no es mío, sino de vuestro maestro: procurad caminar con amor y temor. Y yo os asiguro: el amor os hará apresurar los pasos; el temor os hará ir mirando adónde ponéis los pies para no caer. Con estas dos cosas, a buen siguro que no seáis engañadas.

MEDITACIONES SOBRE LOS CANTARES

I
“Béseme el señor con el beso de su boca, porque más valen tus pechos que el vino”, etc (Cant. 1, 1)

He notado mucho que parece que el alma está -a lo que aquí da a entender- hablando con una persona, y pide la paz de otro. Porque dice: “Béseme con el beso de su boca”. Y luego parece que está diciendo a con quien está: “Mejores son tus pechos”. Esto no entiendo cómo es, y no entenderlo me hace gran regalo; porque verdaderamente, hijas, no ha de mirar el alma tanto, ni la hacen tener respeto a su Dios las cosas que acá parece podemos alcanzar con nuestros entendimientos tan bajos, como las que en ninguna manera se pueden entender. Y ansí os encomiendo mucho que, cuando leyerdes algún libro y oyerdes sermón u pensáredes en los misterios de nuestra sagrada fe, que lo que buenamente no pudiéredes entender, no os canséis ni gastéis el pensamiento en adelgazarlo; no es para mujeres ni aun para hombres muchas cosas.
Cuando el Señor quiere darlo a entender, Su Majestad lo hace sin travajo nuestro. A mujeres digo esto y a los hombres que no han de sustentar con sus letras la verdad, que a los que el Señor tiene para declarárnoslas a nosotras ya se entiende que lo han de travajar, y lo que en ello ganan. Mas nosotras con llaneza tomar lo que el Señor nos diere; y lo que no, no nos cansar, sino alegrarnos de considerar qué tan gran Dios y Señor tenemos, que una palabra suya terná en sí mil misterios, y ansí su principio no entendemos nosotras.


II

Lo que es menester, hijas, es contentarnos con poco, que no hemos de querer tanto como los que dan estrecha cuenta como la ha de dar cualquier rico…

III

Pues, Señor mío, no os pido otra cosa en esta vida, sino que me “beséis con beso de vuestra boca”, y que sea de manera, que aunque yo me quiera apartar de esta amistad y unión, esté siempre, Señor de mi vida, sujeta mi voluntad a no salir de la vuestra, que no haya cosa que me impida pueda yo decir. Dios mío y gloria mía, con verdad que “son mejores tus pechos y más sabrosos que el vino”.

LA RELACIÓN CON LOS DEMÁS Y LA PRESENCIA DE DIOS

Ella nos invita a trabajar sobre nosotros mismos, a educar nuestro reflejos para que nuestro primer pensamiento, y nuestra primera reacción, en toda circunstancia, sea “Dios”. Arrancar la mala hierba y sembrar, cara a una buena cosecha: “La tierra que no es labrada, llevará abrojos y espinas, aunque sea fértil; ansí el entendimiento del hombre”.
Este es el primero de estos Avisos. Son sesenta y nueve.

Teresa de Ávila fue querida por su gracia antes de ser adorada por su santidad. Nadie mejor que ella puede enseñar el arte de persuadir, de seducir, mediante la conversación, e incluso con la mera presencia. Es con una mano con guante de terciopelo como conduce hacia Dios.
El aviso LIX, entre otros, es una maravilla en la que numerosos padres deberían inspirarse en sus relaciones, a veces difíciles, con sus hijos: “Nunca, siendo superior, reprenda a nadie con ira, sino cuando sea pasada, y ansí aprovechará la reprensión”]

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PRÓXIMO NÚMERO

78. Poesía más Poesía: Rosa Chacel

ROSA CHACEL

BIOGRAFÍA

Rosa Clotilde Chacel Arimón  nació en Valladolid el 3 de junio de 1898 y falleció el 27 de julio de 1994 a la edad de 96 años. Fue una gran escritora española de la generación del 27. Hija de un funcionario estatal y una maestra, Rosa Cruz Arimón. Recibió clases a través de ella en casa, dado que en los primeros años tenía un salud delicada, una afección bronquial. En sus paseos, su padre solía recitarle poemas. Era Sobrina-nieta de José Zorrilla y el ambiente en casa era liberal. Ella dice que cuando su madre dejó de leerle los cuentos de Calleja y las mil y una noches, aprendió a leer los versos de Zorrilla y se los llegó a saber de memoria. También era una gran apasionada de Julio Verne y ávida lectora de autores como Victor Hugo, Walter Scott, Alejandro Dumas. Tomó clases de pintura y dibujo en 1906, interesada también por las creaciones artísticas.

A la edad de once años, en 1908, la familia se traslada a Madrid, al barrio de Maravillas, a vivir a casa de su abuela materna. Esta circunstancia va a dejar huella en su vida y su obra. Barrio de Maravillas es, precisamente, el título de la primera parte de su trilogía autobiográfica, de la que también formaron parte Acrópolis y Ciencias Naturales. Pasa por colegios dedicados a las labores, la Escuela de Artes y oficios. Cuando se abre la Escuela del Hogar y Profesional de la mujer, se matricula en 1915 en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando para estudiar escultura, materia que abandonaría en 1918. Fue alumna de Valle Inclán y Julio Romero de Torres. Allí se codea con gente artística e intelectualmente despierta de su generación, y tiene contacto también con intelectuales como Ramón Gómez de la Serna, Juan Ramón Jiménez o el propio Ortega y Gasset. Allí conoció a Timoteo Pérez Rubio, pintor con quien se casaría. En el Ateneo de Madrid leía muchísima filosofía, y acabó convirtiéndose en una de las intelectuales más cultas de su generación. María Zambrano comenta que le dijeron de Rosa Chacel que había una muchacha que hablaba de Nietzsche en el Ateneo, que tenia talento y belleza y el hado de un genio en su frente. Rosa Chacel frecuentó aquellos lugares que fueron epicentro de nuevas ideas, de polémicas y debates en pleno florecimiento de las vanguardias españolas, como el Ateneo de Madrid y la Residencia de Estudiantes; participó en las tertulias artísticas y literarias del café La Granja de Henar y el café Pombo, y publicó en revistas como La Esfera, Revista de Occidente, La Gaceta Literaria, Caballo verde para la poesía, y más adelante, en El mono azul y en Hora de España (con manifiestos y proclamas antifascistas). Convivió con algunas mujeres que, al igual que ella, formaron parte del ambiente cultural español del primer tercio del siglo XX, concretamente aquellas que pertenecieron al Grupo poético del 27 y las que desarrollaron su obra en torno a él: Concha Méndez, María Teresa León, Ernestina de Champourcin, María Zambrano o Maruja Mallo, entre otras.

Rosa Chacel lee a Ortega y Gasset, James Joyce y Sigmund Freud, que serán influencias principales para su primera novela.
A los veintitrés años de edad, fue invitada a pronunciar la que habría de ser la primera conferencia de la autora vallisoletana, titulada “La mujer y sus posibilidades”.


Hubo un debate a finales de los años veinte, sobre la diferencia y la relación entre los sexos que encendía la intelectualidad europea. que encuentra resonancia en las páginas de la Revista de Occidente: se editan, sobre este asunto, traducciones de ensayos de Simmel y Jung y contribuciones originales de Ortega, Gregorio Marañón, Pérez de Ayala y Ricardo Baeza, entre otros.En su conjunto, el debate volvía a proponer los términos de la conocida metafísica de los sexos: postulaba la existencia de dos «principios» opuestos y complementarios, lo masculino y lo femenino, como fundamentos ontológicos de la diferencia entre hombres y mujeres que determinaría sus respectivas psicologías y su posición y papel en la sociedad. Rosa Chacel escribió un ensayo titulado Esquema de los problemas prácticos actuales del amor, donde arropándose en la tesis de Scheler, refutó muchas de las ideas misóginas.
Chacel se convierte en discípula de Ortega y Gasset, a quien deslumbró por su perfecto conocimiento -verdaderamente extraño en una joven de su tiempo- de las obras de Nietzsche, Schopenhauer, Kant y Dostoievsky. También comienza a colaborar en la revista de Occidente y la Gaceta Literaria, las revistas más emblemáticas de la vanguardia
En 1921 se casa con Timoteo Pérez Rubio y viajan a Roma. El había obtenido una beca para estudiar en la Academia Española de allí. Tuvieron su único hijo en 1922.
Durante su estancia en Roma, Rosa Chacel envió su primer relato a España (publicado en la revista vanguardista Ultra bajo el título de “Las ciudades”) y concluyó su primera novela, Estación. Ida y vuelta en 1925. Su capítulo inicial fue publicado en la Revista de Occidente.
En 1927 regresa a Madrid.
Ortega y Gasset le encargó escribir una biografía de la amante de José de Espronceda, Teresa Mancha, para una colección llamada “Vidas extraordinarias del Siglo XIX”, y que, titulado Teresa , se acabó publicando en 1941 en Buenos Aires.
En 1933 se establece en Berlín, ciudad donde asiste a las primeras manifestaciones públicas contra el ascenso del nazismo. Se instaló en la misma residencia donde estaban alojados el poeta Rafael Alberti y su esposa María Teresa León -también escritora-, con los que pronto compartió afinidades estéticas e ideológicas. En Alemania trabó amistad también con el filólogo venezolano Angel Rosenbalt recomendado por Ortega y Gasset. Realizó conferencias que le aportaron un prestigio intelectual.

Rosa Chacel, de tertulia con Miguel Delibes y Rafael Alberti, en San Lorenzo de El Escorial, en el año 1991


De vuelta a Madrid, en los primeros meses de la guerra civil, se identifica con la causa del Frente Popular y se adhiere a sus programa, firmando el Manifiesto Fundacional de la Alianza de Intelectuales Antifascistas, trabajando como enfermera y sobre todo colaborando con las principales publicaciones republicanas. El Mono Azul y Hora de España.
Comprometida activamente con la ideología progresista, tuvo la iniciativa, entre otras muchas, de firmar un escrito de protesta por la detención y encarcelamiento del poeta Miguel Hernández, a la que se suscribieron también grandes autores como Alberti, Bergamín, Lorca, Cernuda y Altolaguirre

En 1936, Manuel Altolaguirre le publicó en la colección Héroe, su libro de sonetos A la orilla de un pozo, con prólogo escrito por Juan Ramón Jiménez

Rosa Chacel tiene que marchar de Madrid junto a su marido y su hijo a Valencia y luego a Cataluña, Francia, Suiza, Grecia. Finalmente se exilia con su familia a América, estableciéndose en Río de Janerio y Buenos aires. Su marido fue uno de los responsables de que se evacuaran los cuadros del Museo del Prado durante la Guerra Civil. Fruto de esos vaivenes y situaciones vitales escribiría posterioremente su diario Alcancía, Ida y Vuelta y Timoteo Pérez Rubio y sus retratos del jardin. En ellos, ella hace referencia a este periodo.
Durante la década de los cuarenta colabora en la Nación y en las revistas Sur, Realidad y Anales de Buenos Aires. Ejerce también su labor como traductora. Esto le proporciona una supervivencia económica e intelectual. Son años muy duros para la autora, en los que su extraordinaria capacidad literaria sobrevive en sus Diarios.
En 1959, gracias a una beca que le concede la Fundación Guggenheim, se traslada a Nueva York, en donde reanuda sus reflexiones sobre la cuestión de la mujer, que había iniciado treinta años atrás y que culmina en su grandioso ensayo Saturnal. Ej: “nuestra época aspira a la paz, lo que significa una indicustible feminización. Hace tiempo que algunos pensadores de categoría arrojaron, con apresuramiento profético esta acusación contra ella y acertaron: la profecía se cumplió pero llegó por un camino que no era el previsto. En primer lugar, ¿por qué es esta una grave acusación? Porque, según el criterio de hoy, indica preponderancia de una parte y anulación de otra; no es ésta la forma en que la profecía se cumplió. Claro está que la acusación no había sido, en realidad, de feminización, sino de afeminamiento. Este segundo término es el que indica un desequilibrio o inversión; pone las cosas cabeza abajo – la cabeza, la razón por los suelos – el otro, por el contrario, se convierte en suelo, en sustento de ella. El caso es que gravita sobre nuestro presente este colosal fenómeno, al que nada escapa.”
Allí conoce a Victoria Kent y comienzan una estrecha amistad.

Las mujeres de la Generación del 27: Ellas, el género neutro | Cultura | EL  MUNDO

Publica la novela que expertos han considerado la mejor de su obra literaria La sinrazón (1960) .
Al finalizar la beca, en noviembre de 1961 viaja a España, permaneciendo tan solo hasta mayo de 1963, regresando nuevamente a Brasil.
En 1973, tras conseguir una beca de creación por parte de la Fundación Juan March, destinada a terminar el barrio de Las Maravillas, vuelve a España, donde se instalará definitivamente en 1977, tras el fallecimiento de su marido. Comienza una época muy fecunda en la que se publican Novelas antes de tiempo, Versos prohibidos, Timoteo Pérez Rubio y sus retratos del jardín, Los títulos, Diarios, Acrópolis, Ciencias Naturales, Rabañaduras, La literatura es Secreto.
En 1978 publica su libro de poesía Versos prohibidos.
En esos años, se empezó a reconocer su figura y su obra: «¿Por qué habré de interesar a tantas doctoras y doctorandas —se preguntaba en esos años— en vez de tener verdaderos lectores, como se supone a todo escritor?»
También llegó a publicar su obra completa.
La Universidad de su Valladolid natal la hará Doctora Honoris Causa.
Fue Premio de la Crítica en 1976 por Barrio de Maravillas.
En 1979 su obra Memorias de Leticia Valle fue llevada a la pantalla por Antonio Pangua, con un reparto integrado por  Fernando Rey, Héctor Alterio y Esperanza Roy.
En 1987 se le otorga el Premio Nacional de las Letras.
En 1990 recibió el Premio Castilla y León de las Letras.
En 1993 Rosa Chacel asistió en Logroño a un congreso de especialistas en literatura centrado únicamente en su obra, y poco después, ante el agravamiento de sus problemas cardiorespiratorios, se vio forzada a ingresar en un hospital, hasta el que se desplazaron los reyes de España para hacerle entrega en persona de la Medalla de Oro de las Bellas Artes.

Con el poeta Octavio Paz.

El tema sobre la mujer fue objeto de continuas reflexiones a lo largo de su obra, siendo un importante enclave para la investigación de las relaciones de género. Además, fue objeto de sus principales preocupaciones en su actividad intelectual. Chacel luchó siempre por hacer participar a la mujer del pensamiento filosófico, científico, político y artístico de su época. Escribiría: «Si, como es sabido, las leyes que esclavizaron a la mujer durante siglos fueron escritas, y cumplidas, no es dudoso que los hombres que las escribieron -pues esto sí es cierto, la escribieron los hombres- contaban a todas horas con la existencia de unos seres humanos que no eran hombres y que tenían con ellos ¡tales, tan enormes, tan fundamentales e inesquivables, deseables y temibles relaciones!… que tenían que aguzar cláusulas en las leyes para no dejar que ellas anduviesen sueltas, para que no fuesen jamás ignoradas en sus posibles desmanes… Los desmanes es lo que se suele legislar. “
En su autobiografía indica:  “NO, NO, NO. No me dominarían, no me deformarían los vaticinios con de, en por, sin sobre, tras la mujer”.

También diría, en su prólogo de Estación de ida y vuelta:  “Mis dificultades en el mundo no han sido nunca literarias. Han sido, en realidad, dificultades sociales […] no supe desenvolverme como mujer sin una peseta. […] Ortega no me intimidaba intelectualmente […]. Pero el grupo de señores a su alrededor… “
Su prolífica obra se divide entonces en novela, cuento, poesía, biografía y diarios:

Novela 

  • Estación ida y vuelta (1930)
  • Teresa (1941)
  • Memorias de Leticia Valle (1945)
  • La Sinrazón (1960)
  • Barrio de Maravillas(1976)
  • Novelas antes de tiempo (1981)
  • Acrópolis (1984)
  • Ciencias naturales (1988)

Cuento 

  • Sobre el piélago (1952)
  • Ofrenda a una virgen loca (1961)
  • Icada, Nevda, Diada (1971)
  • Balaam y otros cuentos (1989)

Poesía 

  • A la orilla de un pozo (1936)
  • Versos prohibidos (1978)
  • Poesía (1931-1991) 

Biografía y diarios 

  • Desde el amanecer (1972)
  • Timoteo Pérez Rubio y sus retratos del jardín (1980)
  • Alcancía. Ida (1982)
  • Alcancía. Vuelta (1982)

Ensayo 

  • Poesía de la circunstancia. Cómo y porqué de la novela (1958)
  • La confesión (1971)
  • Saturnal (1972)
  • Los títulos (1981)
  • Rebañaduras (1986)
  • La lectura es secreto (1989)

Su editor la recuerda como “la mujer más inteligente y una de las personas más inteligentes que he conocido nunca. Lo era tanto que, sin saber inglés, tradujo de modo excelente a T.S.Eliot, basándose en sus conocimientos de otras lenguas y estudiando gramáticas y diccionarios”. Aunque su trabajo fue reconocido en esta época de su vida, su situación económica era acuciante. La pensión que cobraba en España no era suficiente para vivir. Con 86 años ella misma se encargaba de las labores de su pequeña casa alquilada en el paseo de la Habana.

Por parte del Ministerio de Cultura se intentó llegar a una solución para el problema económico y de ayuda de la escritora pero se quedó en eso, en intención. Rosa se marcha a vivir a Brasil con su hijo durante la última etapa de su vida, y regresa para fallecer a los 96 años en Madrid, el 27 de julio de 1994.

POEMAS

EN UN CORSÉ DE CÁLIDAS ENTRAÑAS, del libro A la Orilla de un pozo

A Paz González

En un corsé de cálidas entrañas
duerme una estrella, pasionaria o rosa,
y allí la casta Ester, la misteriosa
Cleopatra y otras cien reinas extrañas
con fieros gestos e indecibles mañas
anidan entre hiedra rumorosa.
Allí hierve el rubí que no reposa,
pulsan sus arpas mélicas arañas.
Allí en el cáliz de la noche umbría
sus perlas vierte el ruiseñor oscuro.
Allí sestea el fiel león del día.
En su escondido sésamo seguro
custodia el grifo de la fantasía
de hirviente manantial el fuego puro.

TÚ, DE LAS GRIETAS DUEÑA Y MORADORA…del libro A la Orilla de un pozo

                                                                        A Concha Albornoz

Tú, de las grietas dueña y moradora,
émula de la víbora argentina.
Tú, que el imperio esquivas de la endrina
y huyes del orto en la bisiesta hora.

Tú, que, cual la dorada tejedora
que en oscuro rincón torva rechina,
la vid no nutres, que al crisol declina
y sí, su sangre exprimes, sorbedora.

Vas, sin mancharte, entre la turba impura
hacia el lugar donde con noble traza,
la paloma amamanta a sus hijuelos.

Yo, en tanto, mientras la sangrienta, oscura
trepadora mis muros amenaza,
piso el fantasma que arde en mis desvelos.

CUANDO LA MAR ESTÉ BAJO TU ALMOHADA, del libro A la Orilla de un pozo

A Rafael Alberti

Cuando la mar esté bajo tu almohada
¡Alegría de turbas infantiles!
¡Triunfo de los egregios, varoniles
pámpanos que estremece la alborada!
Frutos dará la náyade dorada
que llamea en los ínclitos candiles
y en sus perlas de amor claros abriles
hervirán al compás de tu mirada.
¡Qué ventura te aguarda en el impacto
si alcanzar logras la divina orquesta!
Tu frente surtirá con el contacto
de la escondida nuez templada y presta
que a trompa airada vibrará en el acto.
¡La vida es gracia y el reir no cuesta!

EN EL INFIERNO HABÍA UN VIOLONCELLO del libro A la Orilla de un pozo

                                                                          A Musia Sackhaina

En el infierno había un violoncello
entre el café y el humo de pitillos
y cien aulas con libros amarillos
y nieve y sangre y barro por el suelo.

Pero tú, resguardada por el velo
de tus cristales de lucientes brillos,
pasabas, seria y pura, en los sencillos
compases de tu fe y de tu consuelo.

Algunas veces fuimos, de la mano,
por las venas del bosque y la corneja
cantó melancolía en nuestras almas,

si nos separa el Ábrego inhumano,
no llores mi amistad hoy que se aleja,
entrega al viento el talle de tus palmas.

SI EL ALCOTÁN ANIDA EN TUS CABELLOS del libro A la Orilla de un pozo

A María Teresa León

Si el alcotán anida en tus cabellos
y el Nilo azul se esconde en tu garganta,
si ves crecer del zinc la humilde planta
junto a tus senos o a tus ojos bellos,

no cierres el ocaso con los sellos
que el Occidente en tu testuz aguanta:
tiembla ante el cierzo y el nublado espanta.
Si oyes jazmines corre a través de ellos.

Yo sé bien que te escondes donde siguen
los hongos del delirio, impenitentes,
y que al cruzar su senda de delicias

mariposas nocturnas te persiguen,
se abren bajo tus pies simas ardientes
donde lloran cautivas tus caricias.

LA AUSENTE, del libro Versos Prohibidos

Nuevamente, detrás de cada tronco
muestra el puñal la ausente, ya olvidada.
La que creían muerta, vive, acecha
con su poder artero entre la sombra
de las horas que, aun lejos, merodean.

El palacio mirífico del hielo
va deshaciendo su firmeza en lágrimas
y se desploman sus invulnerables
salas, tan bienamadas del cilicio,
porque vuelve, y el vaho que se desprende
de sus ansiosos poros va infundiendo
una tácita ira. La borrasca
cuyos ojos prometen la centella,
posándose en los ámbitos arrulla
o abre su cola vesperal la calma.
Las aceradas lanzas de los astros,
implacables, se alargan punzadoras
y alas húmedas pasan, alas tibias,
alas negras, velludas, perfumadas.
Manos pasan, que oprimen impalpables,
que arrebatan o llaman al abismo
del verde imán que yace sobre el césped,
bajo el manto extendido de los cedros.

Ella vuelve, dejando la morada
donde el raptor oscuro la sujeta,
y el vello de la tierra se estremece
con desvelo febril. Su pie de rosa
incontenible, avanza y las murallas,
como de arcilla, empapan sus efluvios…

Rompe la paz, igual que el soplo frío
rompe el vaso de vidrio, con su aliento.

LA CULPA, del libro Versos Prohibidos


Tarde en el Zoo de La Plata

La culpa se levanta al caer de la tarde,
la oscuridad la alumbra,
el ocaso en su aurora…

Se empieza a oír la sombra desde lejos
cuando el cielo está limpio aún sobre los árboles
como una pampa verdeazul, intacta,
y el silencio recorre
los quietos laberintos de arrayanes.

Llegará el sueño: alerta está el insomnio.
Antes que caiga la cortina oscura,
gritad al menos, hombres,
como el pavón metálico que grazna su lamento
desgarrado en la rama de arraucaria.
Gritad con voces múltiples,
piad entre la enredadera,
entre las hiedras y rosales trepadores.
Buscad refugio en las glicinas
con los gorriones y zorzales
porque avanza la onda de la noche
y su ausencia de luz,
y su implacable huésped
de suaves pasos, el peligro…

MARIPOSA NOCTURNA, del libro Versos Prohibidos

¿Quién podría abrazarte, diosa oscura,
quién osaría acariciar tu cuerpo
o respirar el aire de la noche
por entre el pelo pardo de tu cara?…
¡Ah! ¿quién te enlazaría cuando pasas
sobre la frente como un soplo y zumba
la estancia sacudida por tu vuelo
y quién podría ¡sin morir! sentirte
temblar sobre los labios detenida
o reír en la sombra, descubierto,
cuando tu manto azota las paredes?…
¿Por qué venir a la mansión del hombre
si no se es de su carne ni se tiene
voz ni se puede comprender los muros?
¿Por qué traer la ciega noche extensa
que no cabe en el cáliz de los límites…
Desde el tácito aliento de la sombra
que la floresta tiende en las vertientes
-quebrada roca, imprevisible musgo-,
desde troncos o lazos de lianas,
desde la voz lasciva del silencio
vienen los ojos de tus alas lentas.
Da la datura su canción nocturna
que trasciende al compás que va la hiedra
ascendiendo hacia el talle de los árboles
cuando el crótalo arrastra sus anillos
y leves voces laten en gargantas
entre el cieno que nutre al lirio blanco
mirado por la noche intensamente…
Sobre montes velludos, sobre playas
donde las olas blancas se deshojan
la soledad tendida está a tu vuelo…
¿Por qué traes a la alcoba,
a la ventana abierta, confiada, el terror?…

LOS MARINEROS, del libro Versos prohibidos

Para Luis y Stanley

Ellos son los que viven sin nacer a la tierra:
no les sigáis con vuestros ojos,
vuestra mirada dura, nutrida de firmezas,
cae a sus pies como impotente llanto.
Ellos son los que viven en el líquido olvido,
oyendo sólo el corazón materno que les mece,
el pulso de la calma o la borrasca
como el misterio o canto de un ámbito entrañable.

NARCISO, del libro Versos Prohibidos

¿Dónde habitas, amor, en qué profundo
seno existes del agua o de mi alma?
Lejos, en tu sin fondo abismo verde,
a mi llamada pronto e infalible.
Nuestras frentes unánimes separa
frío, cruel cristal inexorable.
Zarzas de tus cabellos y los míos
tienden, en vano, a unir lindes fronteras.
Sobre el mío y tu cuello mantenido
un templo de distancia en dos columnas
silencio eterno guarda entre sus muros;
nuestro mutuo secreto, nuestro diálogo.
Silencio en que te adoro, en que te encierras,
recinto de silencio inaccesible
y lugar a la vez de nuestras citas.
¡Siglos espero frente a la cruenta
muralla dura que lamento inerme!
Eternidades entre nuestras bocas
a cien brisas y a cien vuelos de pájaro. 
¿Para qué pies que hollaban la pradera
jóvenes, blancos corzos corredores
si no me llevan hacia ti ni un punto?
¿Para qué brazos tallos de mis manos
si jamás alcanzarán a estrecharte?
¡Límpida, clara linfa temblorosa
jamás en nuestro abrazo aprisionada!
¿Para qué vida, en fin, si vida acaba
en el umbral de la mansión oscura
donde moras sin hálito, en el vidrio
que con mi aliento ni a empañar alcanzo?
¡Oh, sueño sin ensueño, muerte quieta
lecho para mi anhelo, eterno insomne!
¡Único al fin reposo de mis ojos
tu infinito vacío negro espejo!

EPÍSTOLA, del libro Versos Prohibidos

(A los perros de Atenas)
Un dios extraño acecha, con horrible garganta:
Ladrad, ladrad conmigo porque está oscuro en torno.
Las manos se perderán por la cañada negra
donde ¡inútil llevar vuestra nariz por guía!…
Un dios vendrá, increíble como un feto del miedo,
que no tendrá los muslos luminosos de Apolo
ni el costado aterido que transió la lanzada,
que no nos mandará su mensaje en centellas
ni contará en los diez dedos su ley escrita.
Yo os llamo porque sólo vuestra voz extrahumana
debe aullar. ¡Escarbad la tierra sobre el VERBO!
Solamente a vosotros es dada la elegía
que merece el insomnio cuando es la noche oscura,
cuando María pasa, llorando, en las tinieblas…

ODA AL HAMBRE

A nadie duela o pese esta cadena…
La mente, con temor iba abriendo los ojos
y ya sorbías tú las chispas sustanciales
que se unían, por ti, en un beso recóndito.
¡Oh virtud vigilante! ¡Oh nupcial luminaria!
Te obedece el rebaño de toda carne dócil..
Pero aquel que la perla de tu verdad alcanza
te eleva y te contempla, porque olvidarte es muerte,
porque en el paraíso que los párpados guardan,
en el edén secreto que los labios custodian
eres la primavera, el iris de la sangre.
Por ti el hombre abandona su soledad altiva
porque el cuerpo se pudre como un fruto cortado
sin el hilo granate con que tú lo encadenas,
le enlazas a las fuentes de potencia y dulzura.

ODA A LA ALEGRÍA, del libro Versos Prohibidos

Penetramos,
¡oh divina alegría! en tu santuario. 
Schiller
Tu santuario, ¡oh divina Alegría! se eleva
como la ola, espuma de agua sobre las aguas
del mar; arquitectura, cúpulas y arbotantes
de agua, sosteniendo a la ola, agua pura.
Así, tú, de ti misma te encrespas y susurras
soberana recubres, transportas y atropellas…
tu glorioso esplendor centellea en las playas,
en las mentes y alientos, en latidos y gritos.
Tu ímpetu te asemeja a la ola estruendosa.
La ola es un suspiro, una risa radiante,
espuma de poder rizada en espirales
que caen y se levantan: caen por su propia fuerza,
su caer es seguir para de nuevo alzarse,
es llevar mantenida la impecable voluta
de gloria geométrica –impulso y cumplimiento…
Así mismo es tu fórmula. En el crisol fundidas
van pregunta y respuesta, van petición y dádiva
fieles, indivisibles, rimando con la dicha.
Breve en tu eternidad ¡oh divina! en tu instante,
burbujas de la sangre alzan tu alcázar, súbitas.
Con llamas de la sangre inflaman tu edificio,
ígneas salas de luz rosada, primavera
de sangre en erección, en columnas y criptas
palpitantes, en sótanos en donde aún la risa
no es carcajada: es sólo tierno ovillo de sangre.
Tú, falena, aleteas ¡divina! en el plafón
de tu santuario, unánimes, galopan los caballos
con impulso gemelo. Luz roja de la sangre
tiñe sus blancos pechos, sus grupas afrodíticas.
El incienso, en tu templo, lanza aromas de triunfo
que escapan de las brasas en el botafumeiro
del corazón, que exulta y golpea los muros
con el ritmo del verso del himno a ti debido.
Canta y prodiga notas que del oro no tienen
más que el incorruptible sonido: cornucopia
que la sangre acuñada por el deseo esparce.
Tu santuario es aurora que despierta al dormido;
no hay que ir paso a paso hacia tu umbral, te ciernes
o te inflamas o estallas sobre el alma, y el alma
poseída por ti, está en ti y en sí misma…
Tu santuario, ¡oh divina alegría! se eleva
sobre la roca, torres, poterna y puente alzado
-la luz no reverbera ni hace temblar las líneas-.
Silueta que recorta la tijera de un niño
y pega en el espacio del ocaso verdoso
-turquesa exangüe, fija detrás del horizonte-
como ejercicio de hábil constructor parvular.
El recuerdo, artesano de inmarcesible infancia,
te edifica un santuario de neta lejanía,
de planos primitivos, sin ambiente, desnudos
arcos donde, al pasar, pliega el Ángel las alas.
Muro, adarve, atalaya, torre del homenaje
tu santuario ¡oh divina! ahora es fortaleza
inexpugnable –término trivial si roca fuese-,
inexorable, puesto que solamente es brillo
del diamante, del iceberg que flota como un templo
y los barcos se estrellan contra él, si pretenden
orar bajo su nave, que luz polar traspasa.
Como la ola es agua, también es agua el témpano
mas no ríe, reluce con prístina fijeza
en un mundo que niega a la vida el acceso.
Tu templo es el cristal, el prisma de carbono
purísimo, tan puro, tan duro, invulnerable
al golpe del martillo. Impasible a las lágrimas,
finge, como ellas, agua en quietud poliédrica.
Tú, lejos refulgente, eres, puesto que fuiste…
Pero la estrada asciende hacia ti, ángulo agudo
en que ruedan… rodamos los que jamás, jamás,
nunca jamás podremos llegar a los umbrales
de tu santuario, nunca penetrar en tu aurora.
¡Nunca jamás! y siempre recordando tu rostro
como un bien que tuvimos –la dracma inolvidable
que se busca a la luz de un candil de memoria.
¡Y no querer siquiera emprender el camino
hacia ti! ¡Y no dudar siquiera, gcx rata duda
oculta entre los velos de la desesperanza!
Y temer, ¡oh terror! que llegue al fin un día
en que, al oír tu nombre, pregunte: ¿De quién hablan? …

APOLO, del libro Versos prohibidos

Habitante de los anchos portales
donde el laurel de la sombra oculta el arpa de la araña,
donde las losas académicas,
donde las arcas y las llaves mudas,
donde el papel caído
recubre el polvo de frágil terciopelo.
¡El silencio dictado por tu mano,
la línea entre tus labios sostenida,
tu suprema nariz exhalando un aliento
como brisa en las praderas,
por gemelas vertientes recorriendo los valles de tu pecho,
y en torno a tus tobillos un espacio
pálido como el alba!
¡Eterna, eternamente un universo a imagen tuya!
Con la frente a la altura de tu plinto,
viniendo de aritméticas vacías como claustros,
de cielos oprimidos como flor entre páginas,
¡eternamente! dije, y desde entonces,
¡eternamente! digo.
Beso a mi voz, que expresa tu mandato,
la suelto y voy hacia ti, como paloma
obediente en su vuelo,
libre en la jaula de tu ley.
El trazo de tu norma, en el basalto
de mi inocencia oscura,
el paso de tu flecha ¡para siempre!
Y hasta el fin tu soberbia.
Sobre mí, solo eterno
tu mandato de luz, Verdad y Forma.

A TIMO

(Dedicatoria de Estación de ida y vuelta)
Recuerdos astillados, espinosos,
igual que aleve zarza polvorienta,
erizados en torno a la sangrienta
vaga masa de olvidos coagulosos…

Arenas de paciencia, tercos posos
de insoluble venganza cenicienta,
redadas de agonías, en cruenta
cuerda tejida de ayes anhelosos.

Iban con él unidos, se perdieron
en el confín donde el mirar expira,
donde, al nacer de nuevo, nos reclaman.

Males, estrellas o venenos fueron
entre el vapor que zozobrando gira
y en el vértice va que tiempo llaman.

EN EL CAMPO DE GUERRA, de Otros Poemas

Quedan charcos de sangre en el campo de guerra,
charcos donde las nubes evitan espejarse,
donde beben los cuervos y las liebres no osan,
donde las ranas lloran el inaudito engaño.
En el campo de guerra vaga una sombra y busca…
teme pisar su sangre y busca; es su propósito
plantar una columna en un espacio pulcro,
trazar una calzada teórica, ascendente…

Que la brisa dibuje alguna línea firme
sobre la noche negra, sólo en eso habrá en alba,
que el viento arranque el seco armazón de la hiedra,
que en su nido mediten los pájaros nocturnos,
y las blancas, de Venus, esponjen sus pechugas.

Sólo en esto habrá un alba sobre un dintel de mármol.
Un alba con tres faces, ecuánimes, sentada
sobre su propia luz, sobre su propia forma,
sobre su propio ser.

PENSAMIENTO, de Otros poemas

En su plantío están los pensamientos
como unánimes rostros expectantes,
al susurro del céfiro vibrantes,
a la luz del ardiente estío atentos.

Cráneos con huecas órbitas, exentos
del temor a no ser, perseverantes.
Negando negaciones aberrantes
de eternidad son notas o momentos.

Hoy que su noble nombre tanto brilla
escojo el de más cárdeno y profundo
color, suave matiz aterciopelado.

Y desde aquí, terruño de Castilla,
con el viento que pasa vagabundo
lo mando hacia el sepulcro de Machado.

Te recomendamos ver el programa de televisión.

PRÓXIMO NÚMERO

66. Poesía más Poesía: Josefina de la Torre

JOSEFINA DE LA TORRE MILLARES

BIOGRAFÍA

Josefina de la Torre, nacida en 1907 en el seno de una de las familias más importantes e influyentes de las Islas Canarias. Hija de Bernardo de la Torre y Comminges (hombre de negocios muy comprometido con el desarrollo de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria) y Francisca Millares Cubas (hija del historiador, novelista y músico Agustín Millares Torres). Disfrutó de una infancia rodeada de cultura. Fue la menor de seis hermanos y, junto con ellos, recibió una educación basada en las artes. Aprendió a tocar el piano, el violín y la guitarra y fue su tío, el barítono , el  Néstor de la Torre Comminges que descubrió la curiosa tesitura de su voz y la inició en clases de canto. Su abuelo Agustín Millares Torres había construido un pequeño teatrillo en su casa de Las Canteras, donde organizaba numerosas zarzuelas y obras teatrales en los que intervenían todos los miembros de la familia. Comenzó a escribir poesía a los siete años, y el primer poema que publicó fue a Benito Pérez Galdós, con motivo de su muerte, en La Jornada (Diario Liberal de Canarias) en 1920. También dedicó versos al poeta canario Alonso de Quesada.

Desde los trece años publicaba en revistas literarias como España, Alfar, Verso y prosa, La gaceta literaria y Azor, Fantasía. Su hermano Claudio, novelista y dramaturgo en auge, con el Premio Nacional de Literatura en 1923, es un referente para ella. De hecho, le acompañó a recibir el premio, y allí, en Madrid, tomó contacto con Pedro Salinas, Federico García Lorca, Rafael Alberti y otros intelectuales de la madrileña Residencia de Estudiantes. De estos y otros escritores vinculados a la llamada Generación del 27 recibe una notable influencia. Rafael Alberti le ha dedicado un poema.

Sobre todo Josefina habla del estudio de su primo el pintor Néstor de la Torre, donde confluían los poetas de esta generación y donde tuvo especial amistad con Federico García Lorca. Se organizaban recitales en el estudio del pintor y ella comenta que la acompañaba al piano Gustavo Durán, discípulo de Manuel de Falla y Joaquín Turina. Josefina llegó a publicar incluso un álbum de canciones rusas. Sus dotes como recitadora y excelente cantante le valen también algunas apariciones en la prensa nacional. Hemos de recordar que, además de su aptitud para el canto, Josefina tocaba el piano, el violín y la guitarra.

Josefina y su hermano Claudio crearon en 1927 el Teatro mínimo, en su casa de las Canteras, en las Canarias, que es el nombre con el que se conoce a una serie de representaciones que los hermanos comenzaron a organizar en periodos vacacionales en este teatrillo, y que se inaugura con la representación de la obra de Claudio El Viajero.

El primer libro de poemas de Josefina de la Torre, lo publicó en 1927 bajo el título Versos y estampas, prologado por Pedro Salinas, el cual le acuñó la definición de “muchacha-isla” para referirse a las resonancias marcadamente insulares de la poética de Josefina, las cuales con el tiempo se convertirían en el rasgo diferenciador de su poesía, dentro del conjunto de la Generación del 27. La autora le consideraba como uno de sus maestros. En el prólogo del libro versos y estampas, Pedro Salinas hace metáfora de Josefina de la Torre y su labor como poeta: “Trazaba el ave señera grandes círculos. No estuvo ya la isleta en el mar sereno del amanecer sino trasladada poseída segura, en el turbio ojo sanguinolento del águila. Iba descendiendo. Vio muchos árboles diferentes; y cobijada por uno de ellos la presa última e inesperada, dulce criatura sola, dormida. Plegó las alas; se abatió inerte, fatal, inevitable, aguzando las garras – en el resto del mundo, hora de de inspiración, hora de poesía, la esperaban en vano los poetas -, sobre la niña, sobre la isla – rodeada de agua por todas partes” .

Josefina de la Torre publicó numerosos poemas en revistas y antologías que después no han sido recogidos en sus poemarios propios ni sus antologías. En 1930 publica Poemas de la Isla, su segundo poemario: la insularidad es uno de los rasgos fundamentales para entender su poesía. Josefina de la Torre se va a situar entre dos corrientes: la primera de ellas va a ser el último modernismo canario, representado por Alonso Quesada, Saulo Torón y Tomás Morales. De ellos va a tomar el tono romántico, las descripciones narrativas y la forma de representar el mar en su esencia.

De la Torre va a estar muy influenciada por la Generación del 27. Junto a Ernestina de Champourcín, aparecieron, cómo únicas representantes femeninas de su generación en la antología de Gerardo Diego. Ella misma cuenta en la antología de Gerardo Diego, presentándose, como una mujer moderna: “Juego al tenis. Me encanta conducir mi auto, pero mi deporte predilecto es la natación”. Estas actividades caracterizaban la independencia de la mujer de aquella época.

Junto con su hermano Claudio, en 1931, se muda a los estudios franceses de la Paramount, donde empieza a interesarse y a colaborar en la actividad fílmica. Es contratada como actriz de doblaje, siendo su primera intervención en el doblaje de Un secuestro sensacional, de Alexandre Hall, donde dobla a la actriz Dorothea Wieck. Allí coincide con Luis Buñuel, que pone la voz a uno de los secuestradores del hijo de Miss Fanes. Vivió un romance con Luis Buñuel, pero, en palabras de Josefina, dice que como él estaba con otra persona, no continuaron la relación amorosa. Es también la actriz de doblaje de Marlene Dietrich.

En febrero de 1935 da un concierto, acompañada al piano por Cipriano Rivas Cherif, en el Teatro María Guerrero que se anuncia como “Concierto de 1900”. Ingresa en la Orquesta Sinfónica de Madrid, donde llegó a ser solista, y en la compañía de zarzuelas del maestro Sorozábal. Además de intérprete, Josefina de la Torre Millares compuso sus propias partituras. La más conocida lleva por título Puerto de mar.

Durante la guerra civil volvió a su ciudad natal. Josefina, que se quedó en España, supuso, además de las esperanzas truncadas de la II República, la pérdida de gran número de íntimos amigos poetas que se marcharon al exilio. Allí publicaría sus primeras novelas, algunas con estructura cinematográfica.

Fundó junto a su hermano Claudio y la mujer de este, Mercedes Ballesteros (la baronesa Alverta de Codorniz) la editorial la Novela Ideal, donde se publicaban novelas cortas de amor y misterio, como un medio de solventar la crisis económica que, tras la guerra, estaba afectando a su familia. Josefina de la Torre las firmaba bajo el seudónimo de Laura de Cominges.

En 1940, se convierte en primera actriz del Teatro Nacional María Guerrero, aunque también formará parte de prestigiosas compañías como las de Ismael Merlo, Amparo Soler Leal y Núria Espert. También llegó a ser actriz radiofónica durante largos años. Como actriz cinematográfica interpretó papeles importantes bajo las órdenes de su hermano Claudio de la Torre, así como de otros directores como Miguel Pereyra, Edgar Neville, José María Castellví.. Julio de Fletchner, etc. Su última intervención en el cine fue en la conocida serie de Televisión Española Anillos de oro (1983).

También ejerce como guionista, en la película Una herencia en París, dirigida por el mejicano Miguel Pereira. En esta ocasión, Josefina elabora el guion a partir de una novela suya titulada Tú eres él, por el que recibe un accésit en los premios del Sindicato Nacional del Espectáculo Años después publicará una novela, Memorias de una estrella, donde la protagonista es una actriz que abandona en pleno éxito “decepcionada” con un entorno que considera “frívolo” y “mezquino”. Josefina se vuelca de nuevo en el teatro y en la literatura. 

En 1944 se convirtió en primera actriz del Teatro Invisible de Radio Nacional. Al parecer, le habían ofrecido su dirección, pero ella se la cede a su hermano Claudio . Hasta 1957 desarrolla esta actividad, y luego pasará a formar parte de La Voz de Madrid, en Radio Madrid. En 1946 funda su propia compañía teatral, la Compañía de Comedias Josefina de la Torre, junto a Ramón Corroto, el que sería después su marido, con la dirección artística de su hermano Claudio de la Torre. También colaboró en otras compañías, hasta 1958, como Teatro de Cámara del teatro Español, Compañía de Teatro Nacional de Cámara y Ensayo (Teatro María Guerrero), Pequeño Teatro Dido y Teatro de Cámara T.O.A.R. Asimismo, en la década de los sesenta Josefina forma parte, entre otras, de las compañías de Amparo Soler Leal, Nuria Esper, María Fernanda D’Ocon y Vicente Parra.

En 1968 publica Marzo Incompleto, su tercer poemario. Con la publicación de Marzo incompleto (1968) se va a producir un cambio en su voz poética. En 1989 publica Medida del Tiempo, su último poemario. La muerte de su marido el actor Ramón Corroto, en 1980, se refleja en sus páginas. Treinta años más joven que ella, fue su gran amor y esposo. Habían estado casados tres años, después de una larga convivencia y tras un primer matrimonio con Braulio Pérez, gran pianista y dicen vividor, con el que le duró el matrimonio unos meses. Durante su juventud mantuvo también noviazgo con el médico ginecólogo grancanario Juan Guerra del Río, hermano del ministro republicano Rafael Guerra del Río, al que siempre le tuvo mucho afecto y cariño.

En uno de sus poemas del libro Medida del tiempo, se dirige a sus compañeros de la generación del 27, donde vemos cierto reproche en el silencio y el olvido al que la mantienen.

En la película Misterio en la marisma

Su, voz, como otras tantas poetas de su generación, quedó ensombrecida por los varones de la Generación del 27. Josefina aventuró que su propia naturaleza polifacética pudo contribuir a que no se le conozca bien: “Tal vez porque este país no perdona la bicefalia, y menos aún la multiplicidad de facetas, como es mi caso”.

En los últimos años de su vida, la poetisa Josefina de la Torre, que se definía así, como poetisa, pues, en su opinión, “es un término que se extinguirá conmigo”, afirmaba que “yo ya no estoy aquí; yo ya hace años que estoy cada vez más en mi isla, a la orilla de la playa de Las Canteras, donde pasé mi infancia y mi primera juventud, y cuyo mar y cuya luz son reconocibles en toda mi poesía.” Josefina de la Torre murió el 12 de julio de 2002 en Madrid, a la edad de 95 años. La prensa se hizo eco de la noticia, denominándola “La última superviviente de la Generación del 27”.

En 2007, con motivo del centenario de su nacimiento, se organizó la mayor exposición sobre su vida y su obra en la Casa-Museo Pérez Galdós en Las Palmas de Gran Canaria. Se reconoció entonces su poesía como el enlace perfecto entre el modernismo canario y la Generación del 27. Aunque su obra en verso es breve, ésta acoge algunas de las tendencias líricas más relevantes de la primera mitad del siglo XX. Heredera del Modernismo (fue discípula de Tomás Morales), se centró de lleno en la corriente de la “poesía pura” que imperaba en la literatura hispánica de la década de 1920.

En 2002 se publicó en EE.UU. una antología bilingüe de su obra (español e inglés).

En 2007, el Ministerio de Fomento bautizó al Sasemar 103, uno de sus aviones de patrulla marítima con su nombre, operado por la Sociedad de Salvamento y Seguridad Marítima.

POEMAS

A JOSEFINA DE LA TORRE, DE RAFAEL ALBERTI

Herida, sobre un toro desmandado,
salta la noche que la mar cimbrea.
¿Por dónde tú,
si ardiendo en la marea va,
vengador, mi can decapitado?
Rompe su frente
en el acantilado la aurora
y por el viento marinea.
¿Por dónde tú,
si el pabellón ondea, de luto, al alba,
el toro desanclado?
Se hacen las islas a la mar,
abriendo grietas de sangre
al hombro de las olas,
por restarte a sus armas, muerta o viva.

¡Qué ajena tú,
mi corazón cosiendo al delantal
de las riberas olas
con tu mastín al lado, pensativa!

POEMA A BENITO PÉREZ GALDÓS

Yo noté al levantarme
que el día era sombrío;
sentí una gran tristeza
dentro del pecho mío.
Presentí, entonces, algo,
Y mi hermana me dijo:
—¿Sabes, hermana, sabes?
Se ha muerto don Benito.
¡Don Benito! Aquel viejo
que estaba cieguito,
aquel que me gustaba
porque me daba el cariño.
—Hermana, hermana, hermana,
¿ha muerto don Benito?
Todos, todos, lloraban,
todos, todos, los míos.
Y hasta mi pluma ahora
al escribir, sin ruido,
es como si callara:
¡Ya murió don Benito!

DEL LIBRO VERSOS Y ESTAMPAS

I

Sobre la superficie
del mar encandilado
de las seis de la tarde,
saltan algunos peces
que dejan sobre el agua,
al caer, una onda.
Así, a trechos, bordado
el mar por esta aguja
parece que sonríe:
sonrisas que se ensanchan
y cierran lentamente;
sonreír de la orilla,
encaje de la falda
azul y transparente.

DEL LIBRO VERSOS Y ESTAMPAS

13
SOBRE el mar, bajo el cielo, blancas, densas,
vienen todas las velas desplegadas
en el aire, dorado y transparente.
Y en la proa, delgada como brisa,
la corona de espuma alborotada
es adorno rizado de su frente.

En la playa, de oros soleada,
las mujeres esperan a las barcas
con los ojos al mar, intensamente.
Y en el ramo de velas olorosas

brisa de mar, aroma de mariscos –
hay un anhelo cálido y creciente.

¡Cuánto diera por ver llegar un día
la barca con la blanca vela al viento
con rumbo hacia la orilla, desrizada;
y en pie en la proa – tijera de los mares –
a ti, todos mis sueños, presentido
con el azul del mar en la mirada !

DE POEMAS DE LA ISLA

Mi falda de tres volantes
y mi blusa desprendida,
qué bien me adornan andares
y brazos del aire libre.
¡Cómo se ondea mi falda
desde el volante primero
perseguida curva eléctrica
hasta la rodilla firme!
Y mi blusa desprendida
viento y calma, sol y sombra,
cómo juega y se persigue
desde el hombro a la cintura.
¡Ay qué me gusta mirarte
espejito biselado,
cristales de las esquinas,
gafas de los estudiantes!
¡Qué bien me veo pasar
remolino de las brisas
pequeña y grande, confusa
huella blanca en el asfalto!

DE POEMAS DE LA ISLA

Qué repetido deseo,
todo igual y siempre el mismo,
distinto y otro, inconsciente,
confundido y tan preciso,
se me va quedando dentro
escondido y dueño solo,
perdido y presente siempre.
Altas noches, muros largos,
patios de la madrugada.
Y mi deseo rodando
-número de circo- libre.
Una y otra vez, alerta
dando la voz en mis sienes,
centinela de mi pecho,
fiel compañero constante.
Qué repetido deseo
tan inseguro y tan firme,
ignorada certidumbre.
Distancia, viento y espacio

DE POEMAS DE LA ISLA

Si ha de ser, quiero que sea
de pronto. Cuando yo piense
en horizontes dormidos
y en el mar sobre la playa.
Si ha de ser, que me sorprenda
en mis mejores recuerdos
para hacer de su presencia
un solo signo en el aire.
Dormida no, ni despierta:
si ha de ser, quiero que sea.

DE POEMAS DE LA ISLA

CERCA. Palabra inutil.
Yo te busco
por donde llega mi distancia.
Cerca.
Seguro instante de sorpresas.
Dormido vuelo alzado
de mi, por mi.
Cerca.
Donde mi corazón te sienta:
pulso del mar,
tictac de la ausencia,
caminito seguro,
vaivén.
Cerca.
Donde la indecisión no deje
huella.
Donde palabra,
vuelta,
marque un signo seguro.
Cerca

DE POEMAS DE LA ISLA

LA luz dejó caer
su moneda redonda
y sobre la moneda
de luz, quedó mi mano
abierta a la limosna.
Alrededor la sombra
acarició el contorno
de las cosas dormidas.
Yo me sentía feliz
perdida, sin reflejos,
en las paredes libres.

Sólo mi mano atenta
desdoblaba segura
su única presencia.
El afilado borde
de luz sobre la sombra
sacrificó mi mano
en su bandeja intacta.
Una, dos, tres … inútil
péndulo de las horas.

LA TARDE, DE POEMAS DE LA ISLA

La tarde tiene sueño
y se acuesta en las copas de los árboles.
Se le apagan los ojos
de mirar a la calle
donde el día ha colgado sus horas
incansable.
La tarde tiene sueño
y se duerme mecida por los árboles.
El viento se la lleva
oscilando su sueño en el aire.

DE POEMAS DE LA ISLA

Yo las ví una sola tarde.
Y eran como bronce vivo
en el espacio constante.
Concentracion de si mismo,
fuerza loca de su sangre,
línea pura de sus manos
seguras en el instante.
Yo lo vi como lanzaba
el vuelo azul de su encaje
-venas libres y encendidas
de sus brazos incesantes-.
Y era fuerza su dominio,
firme gesto del alcance.
Manos que me estremecían
de ese miedo de encontrarse
y al borde de mis anillos
daban un filo cortante.
Yo las tuve en mis pupilas,
viril triunfo de su imagen
prisioneras de mis sienes,
mías, una sola tarde,

DE POEMAS DE LA ISLA

ESQUINA de la tarde se perdian
por la línea segura de tus brazos.
Firme perfil del aire, tu llevabas
enemigo seguro frente a frente.
Yo era implacable juez desde la proa
afilada y valiente de tu ritmo,
y la curva constante de tu brazo
repetida y distinta, cada vez
mas segura y presente en su dominio,
me cruzaba de impulsos la mirada.
Yo iba segura allí, frente a tus brazos
perseguidos de sol y de reflejos.
Desprendidas esquinas de la tarde
me marcaban la voz de tu presencia.

DE POEMAS DE LA ISLA

Mi falda de tres volantes
y mi blusa desprendida,
qué bien me adornan andares
y brazos del aire libre.
¡Cómo se ondea mi falda
desde el volante primero
perseguida curva eléctrica
hasta la rodilla firme!
Y mi blusa desprendida
viento y calma, sol y sombra,
cómo juega y se persigue
desde el hombro a la cintura.
¡Ay qué me gusta mirarte
espejito biselado,
cristales de las esquinas,
gafas de los estudiantes!
¡Qué bien me veo pasar
remolino de las brisas
pequeña y grande, confusa
huella blanca en el asfalto!

DE POEMAS DE LA ISLA

Pero no me dejes sola.
Dime palabras y ritmos
y gestos para el alcance
y voces acompasadas.
Pero no me dejes sola.
No es presencia ni vaivén
ni caminito seguro
ni ruedecitas del aire
ni luz, ni sol, ni mañana.
Es un presente, constante,
aquí, cerca, más, despierto,
vivo, alerta, repetido,
único instinto posible.
Dime tu palabra intacta
de luz repetida y libre.
Pero no me dejes sola.

TÚ EN EL ALTO BALCÓN

Tú en el alto balcón de tu silencio,
yo en la barca sin rumbo de mi daño,
los dos perdidos por igual camino,
tú esperando mi voz y yo esperando.

Esclavo tú del horizonte inútil,
encadenada yo de mi pasado.
Ni silueta de nave en tu pupila,
ni brújula y timón para mis brazos.

En pie en el alto barandal marino
tú aguardarías mi llegada en vano.
yo habría de llegar sobre la espuma
en el amanecer de un día blanco.

Pero el alto balcón de tu silencio
olvidó la señal para mi barco.
Y me perdí en la niebla de tu encuentro
–como un pájaro ciego– por los años.

LLEVABAS, DE POEMAS DE MARZO INCOMPLETO

Llevabas
en los pies arena blanca
de una playa desconocida.
Por eso
cuando a mí llegaste
no sentí tus pisadas.
Llevabas
en la voz desnuda
un compás de espera.
Por eso
cuando me hablaste
no pude medir tu voz.
Llevabas
en las manos abiertas
espuma blanca de aquel mar.
Por eso
de tu bienvenida
no pude conservar la huella.
Todo tú
venías en mi busca
y no pude reconocerte.
¡Arena blanca, compás de espera, espuma blanca!
¡Inquieto sueño de la verde orilla,
rizado de preguntas…!

ME BUSCO Y NO ME ENCUENTRO, DE POEMAS DE MARZO INCOMPLETO

Me busco y no me encuentro.
Rondo por las oscuridades paredes de mí misma,
interrogo al silencio y este torpe vacío
y no acierto en el eco de mis incertidumbres.
No me encuentro a mí misma.
Y ahora voy como dormida en las tinieblas,
tanteando la noche de todas las esquinas.
Y no pude ser tierra, ni esencia, ni armonía,
que son fruto, sonido, creación, universo.
No esta desalentado y lento desgranarse 
que convierte en preguntas todo cuanto es herida.
Y ronda por las sordas paredes de mí misma
esperando el momento de descubrir mi sombra.

DE POEMAS DE MARZO INCOMPLETO

Soñábamos un mundo fabuloso.
Juntos, hubiéramos sembrado campos,
construido fortalezas: vencedores,
porque oíamos ambos igual eco.
Hoy nuestros hijos ya serían hombres,
muchachas que sonrieran su esperanza.
Hijos de nuestro amor, árboles fuertes
a cuya sombra nos acogeríamos.
Jamás el mar hubiérase apartado
de mi contemplación, hija de la isla,
porque allá en su rincón, el mar antiguo
habríame esperado cada estío.
En las cuatro paredes de su cada
—aquella que en imagen yo habitara—,
hubiéramos vivido nuestras horas.
¡Qué jóvenes y fuertes los dos éramos!
Edad nueva, increíble, misteriosa,
que entonces parecíanos sencilla
y hoy la sueño, impalpable, ya perdida.

DE MEDIDA DEL TIEMPO

Mis amigos de entonces,
aquellos que leíais mis versos
y escuchabais mi música:
Luis, Jorge, Rafael,
Manuel, Gustavo…
¡y tantos otros ya perdidos!
Enrique, Pedro, Juan,
Emilio, Federico…
¿por qué este hueco entre las dos mitades?
Vosotros ayudasteis
a la blandura del que fue mi nido.
Yo me formé al calor
que con vuestras palabras me envolvía.
me hicisteis importante.
Con vuestro ejemplo,
me inventé una ambición
y tuve
vuelos, insospechados de gaviota.
Gaviota, sí,
porque fue el mar mi espejo
y reflejó mi infancia, mis septiembres…
¡Amigos que de mí hicisteis nombre!
A la mitad vertiente de mi vida
hoy os llamo.
¡Tendedme vuestras manos!
Yo me sentí nacer,
para luego rozar de los cimientos
la certera caricia.
Pero de pronto,
un día me cubrió lo indefinible,
algo sin cuerpo, sin olor, sin música…
y me sentí empujada,
cubierta de ceniza,
borrada con olvido.
¿Dónde estabáis vosotros, compañeros,
vuestras letras de molde, vuestro ingenio,
vuestra defensa
contra el desconocido ataque?
¡Oh, amigos!
Enrique, Pedro, Juan,
Emilio, Federico…
nombre que no responderán mi voz.
Manuel, Gustavo,
lejos…
Luis, Jorge, Rafael…
Que aunque el afán
vientos nos dé para encontrarnos,
ignoro en qué ciudad
y si llegará el día
en que vuelva a sentirme descubierta.

DESTINO

Destino,
¿qué nombre es el tuyo,
cruel y despiadado,
que te enfrentas, altivo,
a la humanidad?
Destino,
que nos niegas el pan y la sal,
que desafías a nuestras vidas,
a nuestros horizontes,
al latido de nuestras venas.
Destino implacable,
inconmovible,
dura piedra
contra la que nos estrellamos,
pobres seres indefensos,
con las ilusiones
colgando de nuestras heridas…
Destino inhumano
que nos marcas ferozmente.
Toro asesino
que nos ensartas en tus astas
como peleles, indefensos.
¿Qué nombre es el tuyo,
granítico,
cimiento indestructible
que barres nuestros latidos,
nuestras arterias?
Ignoto destino;
a ti te son adjudicadas
todas las culpas,
todos los latigazos que recibimos
los esclavos de este mundo.
¡Ah, Destino enemigo,
rival indefendible,
adversario tenaz!
Te quisiera de frente,
cara a cara,
mis puños en tu pecho
de atleta presuntuoso
y golpearte
con mi eterna pregunta:
¿por qué?
¿Por qué esta herida
sangrante y desvelada,
vacía de respuesta?
¡Oh, Destino!
Y una y otra vez
lanzar mis puños
contra tu inexpugnable fortaleza,
hasta sentir tu sangre, ¡sangre mía!,
caliente fuego
de mi mortal miseria.

ALLÍ JUNTO A LA CAMA

Allí, junto a la cama,
están tus gafas.
Sus cristales vacíos
son como dos lagunas sin orillas.
Las cojo entre mis manos
y las contemplo absorta.
Detrás están tus ojos,
los presiento,
ahondando la mirada,
y las apoyo con ternura sobre el pecho,
como si tu cabeza reposara.
Las beso.
Son tus ojos queridos
mirándome
a través de la ausencia.
Tus ojos tan vitales,
en tus últimos días apagados,
tristes, mudos,
que me miraban en silencio,
anegándome el alma
de contenidas lágrimas.

Te recomendamos ver el programa de televisión.

PRÓXIMO NÚMERO

42. Poesía más Poesía: Gloria Fuertes y Helena Trujillo

GLORIA FUERTES

BIOGRAFÍA

Gloria Fuertes (1917-1998) Nació en Madrid, el 28 de julio de 1917 “en un parto muy laborioso en el que, si se descuida (su madre), muere para vivirme”, diría en unos versos de su poema autobiografía. Fue la menor de nueve hermanos de un hogar humilde. Su madre era modista y su padre portero.
A los tres años ya sabía leer y a los cinco escribía cuentos y los dibujaba. Luego los cosía con hilos para encuadernarlos. Sus primeras lecturas las componen el famoso TBO y los cuentos de Pinocho que editaba Calleja, ya que según ella manifestó en varias ocasiones le asustaba Blancanieves allí muerta, y le parecía un horror que en el cuento de Caperucita la abuela fuera devorada por el lobo. Por eso, su cuento preferido era Pinocho, y sus juguetes, los que encontraba por la calle.
De los 2 a los 14 años asiste a diversos colegios, entre ellos uno de monjas en la calle Mesón de Paredes, que ella recuerda en un poema: 

“Me llevaron a un colegio muy triste
donde una monja larga me tiraba pellizcos
porque en las letanías me quedaba dormida”.

Su madre la matriculó en el Instituto de Educación Profesional de la Mujer en todas las asignaturas propias de su sexo: Cocina, Bordados a mano y a máquina, Higiene y Fisiología, Puericultura, Corte y Confección, Taquigrafía y Mecanografía, pero ella no quería ser ni modista, como su madre, ni niñera, no quería servir a nadie, en todo caso quería servir a todos, así que también se matriculó en Gramática y Literatura. Su madre quería hacer de ella una esposa de provecho, que supiese bordar y cocinar y no entendía que su hija se matriculara en Gramática y Literatura y que sus aficiones fueran los deportes y la poesía. El lema de Gloria Fuertes, que dejó como legado en sus apontes es “si vales de verdad y quieres algo con todas tus ganas, sales adelante seguro.” Escribe sus primeros versos a los catorce años, en 1932 Niñez, Juventud, Vejez (leer)
En 1934, teniendo Gloria Fuertes diecisiete años, fallece su madre, y se emplea en una fábrica donde, a ratos perdidos, escribe poemas.

Durante la guerra empieza a trabajar de contable y de secretaria en la fábrica de Talleres Metalúrgicos, y entre cuenta y cuenta escribía cuentos y poemas. Aunque sus lecturas de juventud son los poemas de Bécquer, Rubén Darío y Gabriel y Galán, lo que más le influye a la hora de escribir es la llegada de la Guerra Civil. Esta experiencia dramática de la guerra agudizó su sentido de protesta. Cuando le preguntan por la guerra responde:
‒ Yo estaba sana pero el hombre y el hambre me dolían todos los días. Aunque    sin un rasguño de metralla, la guerra civil española me dejó en carne viva. Amanecí en la sección de quemados»

Gloria Fuertes con su madre y sus hermanos Jesús y Angelín

Era antibelicista (la Guerra Civil la marcó profundamente), ecologista cuando la defensa de la naturaleza no era una preocupación en la sociedad y feminista.  
En 1935 escribió su primer libro de poemas Isla Ignorada, (leer) aunque no lo publica hasta 1950.
Dio sus primeros recitales de poesía en Radio Madrid y Radio España. En esta época se movía por Madrid con una falda-pantalón y corbata en bicicleta, desde Lavapiés a la Calle Mayor para entregar sus cuentos y poesías en Escuela Española, y compraba libros a hurtadillas en la cuesta de Moyano.
En la Guerra Civil y Gloria Fuertes conoció a sus dos primeros amores. Representaban ambos bandos de la guerra y sufrió la pérdida de ambos. Su primera mor era un obrero y el segundo, de la tinchcera franquista, era un médico al que metieron en la cárcel, del que señalaba que le influyó mucho, por ser un hombre muy culto.
En 1939, como ella misma relataba, pasó de la oficina de hacer cuentas a una redacción para hacer cuentos.
Una vez acabada la guerra comienza a relacionarse con el mundo de las letras en revistas como Pelayos, o Chicos, Chicas y Chiquitito, estas últimas bajo la dirección de Consuelo Gil, donde publica cuentos de humor desde 1940 hasta 1955. Colabora como redactora en la revista infantil Maravillas, suplemento infantil del diario Arriba, portavoz de la Falange y dirigido por fray Justo Pérez de Urbel. Lo primero que publicó fueron unas aleluyas y unas historietas de una niña de 9 años llamada Coletas. También aquí presentó a Pelines, un niño de 6 años que llegó a ser más popular incluso que Coletas. Al principio ella misma dibujaba las historietas, pero pronto se hizo cargo de esta labor ilustradora Soravilla. Siguió publicando semanalmente cuentos, historietas y poesía para niños en esta revista hasta el año 1953.
Se estrenan diversas obras suyas de teatro infantil y poemas escenificados en varios teatros de Madrid.

1939 Verbena de San Antonio, con compañeros de la revista Maravillas

En 1942 conoce a Carlos Edmundo de Ory, al que le dedica el poema Delirio.Carlos Edmundo de Ory fue un poeta, ensayista, epigramista y traductor español, principal representante del postismo. Fue hijo del poeta modernista Eduardo de Ory Ya a finales de los años cuarenta entró en las tertulias del grupo literario denominado Postismo, un movimiento de posguerra que era lo más avanzado que podía proponer España estéticamente, bajo el régimen de Franco.Aunque nunca se sintió ligada a ningún movimiento y se definía como «autodidacta y poéticamente desescolarizada», la crítica ha unido su nombre a los movimientos literarios como la Generación del 50 y el Postismo. Con los de la Generación del 50 le une el haber publicado en esa época y el tipo de poesía de denuncia moral que hacía Celaya, Blas de Otero, José Hierro, García Nieto, Ángel Crespo o Buosoño entre otros cuyos temas son: la soledad, el dolor, la injusticia social, el amor, Dios, la muerte… Sin embargo, la principal diferencia entre Gloria Fuertes y estos poetas es que, aunque los poemas de ambos salen del dolor, del desamor y del amor, ni ellos ni los postistas supieron llegar al pueblo de la forma en que lo hacía Gloria Fuertes. Y es que ella decía que «antes de contar las sílabas, los poetas tienen que contar lo que pasa». Lo que no se puede negar es que en estos años sí surge una vertiente de la poesía española marcada por la queja más o menos explícita contra la opresión. Estuvo colaborando, además de junto con el ya mencionado Carlos Edmundo de Ory, con Eduardo Chicharro, Silvano Serseni, Ángel Crespo y Francisco Nieva, quien decía de Gloria Fuertes que era «un Prévert femenino que sonaba a Madrid, como la Piaf o Prévert sonaban a París».

En estos años se combinan perfectamente sus dos facetas creadoras: la infantil con la poesía social de adultos, y, para hacer ambos tipos de poesía, Gloria Fuertes analizaba su estado de ánimo y así actuaba: para escribir poesía infantil, «se hacía niño», tenía que estar contenta y graciosa, imaginativa, fantástica, idear un argumento que les hiciera gracia desde el primer momento y con un vocabulario sencillo; en cambio, si tenía algún problema, la poesía resultante era la del lector adulto.
Junto a Adelaida Lasantas, María Dolores de Pueblos y Acacia Uceta funda en 1947 el grupo femenino «Versos con faldas», que se dedica durante dos años a ofrecer lecturas y recitales por cafés y bares de Madrid. Fue un grupo tremendamente activo que organizaba lecturas de poesía y colabora en revistas como Rumbos, Poesía Española, con Gabino Alejandro Carriedo, o El pájaro de paja, dirigida por Ángel Crespo.
Gloria Fuertes fue una de las voces iniciales de la poesía femenina de posguerra con Carmen Conde y Ángela Figuera, entre otras.
En este mismo año obtiene el Primer Premio de «Letras para canciones» de Radio Nacional de España.
Fue fundadora y directora de la revista poética Arquero (1950-1954), junto a Antonio Gala, Rafael Mir y Julio Mariscal. En 1952 estrena su primera obra de teatro en verso Prometeo en el Teatro del Instituto de Cultura Hispánica y se publica Canciones para niños. En 1954 publica en Caracas Antología Poética y Poemas del suburbio, donde se refleja su solidaridad con las clases marginadas de la sociedad urbana, también aparece Aconsejo beber hilo en la colección Arquero y en Caracas Todo asusta (1958) con el que recibe la primera mención del Concurso Internacional de Poesía Lírica Hispana. Primer Premio de “Letras para canciones” de RNE, 1958
Por estos años publica la obra infantil Pirulí, y organiza la primera Biblioteca Infantil ambulante por pequeños pueblos, llevando libros adonde éstos no llegan por falta de dinero o por el analfabetismo que todavía existía en España.

En el rastro de Madrid


Recibe la Primera Mención del Concurso Internacional de Poesía Lírica Hispana, 1959
Entre 1955-1960 cursa estudios de Biblioteconomía e Inglés en el International Institute. Fue allí donde conoció al gran amor de su vida: la hispanista estadounidense Phyllis Turnbull, con la que mantuvo una relación durante quince años. Compartió piso con ella y con su otro amor de juventud, Chelo Sánchez. La escritora quemaba la noche de Madrid y con las ojeras de madrugada se iba a hacer guardia en una biblioteca pública, uno de sus oficios más felices. “Dios me hizo poeta y yo me hice bibliotecaria. Mi jefe era el libro, ¡yo era libre!”.
Fue Phyllis la que consiguió a la poeta un billete a Estados Unidos, gracias a una beca Fulbright, aunque muy pronto regresó a Soto del Real, donde ella y la norteamericana habían fundado una biblioteca ambulante. Fue, probablemente, su época más feliz. “Si la literatura está en decadencia es porque los escritores están demasiado tristes. Hacen falta más risas”, aseguraba Fuertes. Pero en 1971, un cáncer se llevaba al amor de su vida y Gloria no quiso reír más. No obstante, siguió adelante y adquirió una nueva filosofía: “La vida es una mierda de vaca de la que tenemos que hacer un pastel de manzana”

En la década de los 60 publica algunas de sus obras más conocidas: Que estás en la tierra (1962), Ni tiro, ni veneno, ni navaja, en 1965 con el que obtiene el Premio Guipúzcoa, Poeta de guardia, en 1968, uno de los mejor considerados por la crítica y Cómo atar los bigotes del tigre, en 1969 con el que consigue el accésit del Premio Vizcaya de Poesía:

Cangura para todo, en 1968, fue todo un éxito al obtener una mención de honor en el Premio Andersen de literatura infantil.

A partir de la década de los 70 Gloria empieza a vivir por y para la literatura. Publica Antología poética (1950-1969) en 1970.
En 1972 obtiene la beca de la Fundación Juan March para literatura infantil, y siguió publicando libros de cuentos como La pájara pinta, y La oca loca.
Un año más tarde aparece Sola en la sala, como testimonio de su propia soledad, de su insatisfacción amorosa. Dice que lo escribió estando por primera vez enferma, y que decía lo que tenía que decir «con la rapidez de un dardo, un navajazo, una caricia». También publica Cuando amas aprendes geografía, así como numerosos títulos infantiles: Don Pato y Don Pito, El camello cojito, Las tres reinas magas, entre otros…Su obra de teatro Las tres reinas magas, en la que Melchora, Gaspara y Baltasara asumen las tareas de sus maridos la noche de Reyes, se sigue representando en muchos colegios de España.
Se convierte en una prolífica poeta, y la poesía constituye el motor de su vida. Llega el momento de su antología titulada Obras incompletas(1975) donde reúne poemas de sus libros anteriores.
Comienza a colaborar activamente en diversos programas infantiles de TVE, como Un globo, dos globos, tres globos, del que compone hasta la sintonía, y La cometa blanca (a partir de 1982) convirtiéndose así definitivamente en la poeta de los niños y es que con los niños le gustaba enredar adivinanzas, pareados y juegos de palabras disparatados y ripios. Fue designada por el diario Pueblo como la «figura más popular».
Sigue publicando obras para adultos como Historia de Gloria: (amor, humor y desamor) y Mujer de verso en pecho, en 1995.
Los versos de Gloria Fuertes están llenos de frases hechas, de máximas y proverbios, registros infantiles, coloquialismos, con lo que ella juega ingeniosamente para darles un nuevo significado.Sabía que su actitud lúdica de desmontar y reinventar palabras llevaba a los niños a un mundo de fantasía y les provocaba la diversión, a través de esos pareados y rimas facilonas. Juega con el lenguaje como jugaría un niño: El libro loco de todo un poco, La ardilla y su pandilla, Coleta payasa, ¿qué pasa?, Don Pato y Don Pito, El hada acaramelada El abecedario de don Hilario, Pelines, Doña Pito Piturra… entre otros.

Su fama trasciende los límites de la literatura y Gloria es conocida como poeta y como personaje. Su peculiar voz es familiar en todos los hogares españoles de estos años. Su actividad es imparable: lecturas, recitales, homenajes… y constantes publicaciones.
El escritor Camilo José Cela la definió como; «una de las más luminosas voces poéticas españolas». Es más, en alguna ocasión le confesó que le «gustaría escribir para niños» como ella.
Con Miguel Oscar Menassa estableció una relación de amistad y se confesó una gran admiradora de él. Cuenta cómo, cuando leyó el libro El Oficio de Morir, le llamó a su casa para decírselo y le sentó en una silla que le había regalado Televisión Española, indicándole “esta sila es suya, no mía”, y agarró el libro El Oficio de Morir y empezó a mostrar pasajes del mismo, llegándole a preguntar ¿usted sufría mucho cuando escribía este libro?” “Yo no sufrí nada” le contésto Menassa. “Entonces, usted es un gran escritor”.
Acudía a recitales en la Escuela Grupo Cero y se maravillaba y sorprendía de cómo, en los talleres de Poesía, los poetas que se iban forjando tenían un estilo propio, cada uno diferente. Los alumnos de sus talleres escribían muy parecido a ella, como si fuesen una imitación.
Gloria decía que escribir para niños tenía una gran responsabilidad, ya que lo que pretende es despertar en ellos el amor por la vida, por la gente, las plantas, los animales, pero sin dejar el humor ni la fantasía porque la risa es muy necesaria y constantemente repetía que hay adultos que nunca han sido niños y son seres penosos. Sin pretenderlo, tuvo un gran afán pedagógico ya que consiguió que aprendiéramos la tabla de multiplicar, recitáramos los ríos de España o escribiéramos bien:

En 1997 publicó en la editorial Torremozas, Pecábamos como ángeles, una selección de su poesía amorosa en la que nos presenta su vertiente más apasionada y nos permite escuchar de cerca su corazón, que, entre bromas y verdades, tiene la rara virtud de emocionar siempre.

Cuando Gloria ya conocía la gravedad de su enfermedad le preguntaron que qué tal estaba y ella contestó «Estoy a solas con Dios y mi dolor», pero no estuvo sola ni un minuto, siempre había alguien con ella, incluso cuando murió el 27 de noviembre de 1998 estaba rodeada de sus amigos íntimos, los que siempre estuvieron ahí.

Cuando murió dejó cien millones de pesetas a la ciudad de los muchachos.
Si singular fue su manera de entender el mundo de las letras, también podemos decir que su peculiaridad la trasladó incluso a la muerte. Así, en su tumba, como ella quiso, puede leerse lo siguiente:

Gloria Fuertes. Poeta de Guardia. Ya creo que lo he dicho todo. Y que ya todo lo amé.”
En el año 2016, la aerolínea noruega Norwegian Air Shuttle la homenajeó incorporando su retrato a uno de sus Boeing 737-800. Aseguran que es una de las personalizaciones de sus aviones que más éxito han tenido. EN EL extranjero es una poeta fundamental de la posguerra española. En EEUU hay doce estudiosos especializados en ella y docenas de tesis doctorales
Gloria Fuertes es una de las principales voces de la poesía femenina de la segunda década del siglo pasado. Con un lenguaje sencillo, directo, sabe reflejar su amor a la infancia, a los humildes, a la vida, a la paz. Denuncia la injusticia social, impregnando sus poemas con un tinte de humor muy peculiar. Autora más apreciada y estudiada en el extranjero que en España, el paso del tiempo ha de colocarla en el lugar que, por la importancia de su obra literaria, le corresponde

La etiqueta de poeta de los niños- y su gran popularidad- eclipsaron a la escritora de denuncia, feminista, ecologista, pacifista y adelantada a su tiempo en una España en blanco y negro.

“Decía que quería ser popular no famosa porque escribía para el pueblo, para todos, no solo para los niños, de manera que el pueblo lo entendiera porque ella venía del pueblo”.

POEMAS

NIÑEZ, JUVENTUD Y VEJEZ

Nacer, vivir, crecer, saltar,
reír, chillar, mentir,
aprender, amar, estudiar,
brincar, jugar, correr,
reír, reír…¡niñez!

Hablar, pensar, cantar,
moverse, andar,
jugar a amar,
cambiarse de lugar,
sin quietud…¡juventud!

Sufrir, llorar, gemir,
sentir, pensar, no vivir,
quietud, resignación,
desolación…
tristeza, dejadez …¡vejez!

ISLA IGNORADA

Soy como esa isla que ignorada,
late acunada por árboles jugosos,
en el centro de un mar
que no me entiende,
rodeada de nada,
—sola sólo—.
Hay aves en mi isla relucientes,
y pintadas por ángeles pintores,
hay fieras que me miran dulcemente,
y venenosas flores.
Hay arroyos poetas
y voces interiores
de volcanes dormidos.
Quizá haya algún tesoro
muy dentro de mi entraña.
¡Quién sabe si yo tengo
diamante en mi montaña,
o tan sólo un pequeño
pedazo de carbón!
Los árboles del bosque de mi isla,
sois vosotros mis versos.
¡Qué bien sonáis a veces
si el gran músico viento
os toca cuando viene el mar que me rodea!
A esta isla que soy, si alguien llega,
que se encuentre con algo es mi deseo;
—manantiales de versos encendidos
y cascadas de paz es lo que tengo—.
Un nombre que me sube por el alma
y no quiere que llore mis secretos;
y soy tierra feliz —que tengo el arte
de ser dichosa y pobre al mismo tiempo—.
Para mí es un placer ser ignorada,
isla ignorada del océano eterno.
En el centro del mundo sin un libro
sé todo, porque vino un mensajero
y me dejó una cruz para la vida
—para la muerte me dejó un misterio.

AL BORDE

Soy alta;
en la guerra
llegué a pesar cuarenta kilos.
He estado al borde de la tuberculosis,
al borde de la cárcel,
al borde de la amistad,
al borde del arte,
al borde del suicidio,
al borde de la misericordia,
al borde de la envidia,
al borde de la fama,
al borde del amor,
al borde de la playa,
y, poco a poco, me fue dando sueño,
y aquí estoy durmiendo al borde,
al borde de despertar.

(En: Antología y poemas del suburbio, 1954)

AUTOBIO

Nadie me quiso tanto
como yo quise.
Siempre gané amando.
 
Soy medalla de oro
en saltos de ternura.
 
Nadie se enamoraba de mí
como yo me enamoraba
hasta enfermar
hasta padecer
hasta enloquecer.
 
—Alégrate Gloria,
que te pasa lo que a Dios,
que siempre nos quiere más
que lo que le queremos.
(En: Antología y poemas del suburbio, 1954)

A LOS QUE TRAGÓ LA TIERRA ANTES DE TIEMPO

A los que tragó la tierra antes de tiempo
(murieron de frío más que de bala)

Los abetos del bosque piden palomas,
de puntillas se empinan sobre las lomas,
a ver si vienen…
Los chopos del pradillo chopos dorados,
se empinan por si vuelven…
No vuelven los soldados.
Por tierras de Teruel
se quedaron helados.
El Ebro sabe mucho
de muchachos ahogados.
Y la tierra,
no sabía qué hacer
con tanto precoz muerto.
Y no os vale de nada que os recuerde
que queríais vivir.
¡Bien lo recuerdo!
(En: Mujer de verso en pecho, 1983)

CARTA

 Queridos pobres:

Recibí todas vuestras cartas,
las que no me habéis escrito llegaron,
por el aire que viene de las casas baratas,
por el aire que viene de la aldea,
por el aire que viene de la fábrica,
por el aire que viene de la mina,
por el aire que viene de la barca,
elegidos ciudadanos secillos, sé todo lo que os pasa.
   Los que tenéis oficio,
los que pisáis andamio,
los que con la herramienta os herís a lo tonto,
los que andáis por el agua de Valencia,
los que hacéis el arroz o los garbanzos,
los que dormís de día y por la noche
en la barca a cogernos el pescado.
   Recibí vuestras cartas labradores,
vendimiadores recibí vuestros salmos
y pescadores también vuestras noticias,
sé todo lo que hacéis y lo que os pasa siento,
quedo enterada de que algunos jornales han subido
y aún no os llega;
y os llego como sé el agua al cuello,
y la voz nunca os llega a no ser mía,
pero os llega el trabajo a la mañana
y la salud al cuerpo
y el hijo otra vez, enhorabuena.
   Yo no puedo de lo que me decís haceros nada.
Tan sólo recordaros que ya el hombre de libros está en ello,
que os dibuja mis pobres, que os entiende,
que se quiere ocupar de todo eso, que decís en vuestras cortas cartas,
y escribirán a los ministros.
   Y nada más por hoy pobres amigos,
lo mejor de la vida sois, lo que la alza.
También estáis vosotros los que vais a oficina,
los que vendéis verduras y los que hacéis las casas
los que guiáis los coches, los que regáis con agua,
pobres de mil oficios no estáis solos
aquí un poeta os canta,
luego vendrán más.

(En: Leopoldo de Luis, Poesía Social, Edic. Júcar, 1982) 

DESHACER LO INJUSTO

No sé escupir,
pero voy a aprender
para escupir sobre las tumbas
de todos los culpables de las guerras.
No tengo uñas,
pero quisiera tener garras
para atrapar desde mi altura a los hombres reptiles.
No tengo poder,
pero tengo la fuerza de los pueblos
que sufren.
No tengo cultura,
pero tengo el corazón sabio
de estar con los que no tienen nada.

(En: Mujer de verso en pecho, 1983)

EN RETAGUARDIA

Hago poco o no hago nada.
La gente se está matando
mientras yo escribo sentada.
Bien nutrida, mal amada.

Hago poco o no hago nada,
coso y curo mis balazos
bien herida, mal amada.

Me duele lo de los otros
pero no puedo hacer nada
porque el dolor de mi cuerpo
me tiene paralizada.

(Puede llamar a la puerta…
¡Si tuviera una llamada,
si me dijese “te quiero”…!)

Compañero, camarada,
yo también sufro injusticia
por amor encarcelada.
No me merezco ser líder,
lucho cómoda, sentada.

Hago poco o no hago nada.

Cambio vendas,
me preocupo de MI herida,
hay mucho plomo en mis alas,
no puedo volar al monte,
-¡por si llama!-

Dejadme sola en la sala.
Dejadme cumplir condena,
-bastante tengo desgracia,
la gente se está matando
mientras escribo sentada-,
bien herida, mal amada. 

(En: Proyecto de Librodisco en torno a la figura y obra de Gloria Fuertes)

NACÍ PARA POETA O PARA MUERTO…

Nací para poeta o para muerto,
escogí lo difícil
—supervivo de todos los naufragios—,
y sigo con mis versos,
vivita y coleando.
Nací para puta o payaso,
escogí lo difícil
—hacer reír a los clientes desahuciados—,
y sigo con mis trucos,
sacando una paloma del refajo.
Nací para nada o soldado,
y escogí lo difícil
—no ser apenas nada en el tablado—,
y sigo entre fusiles y pistolas
sin mancharme las manos.

ES INUTIL

Inútil que a estas fechas
nos empiece a dar pena de la rosa y el pájaro,
inútil que encendamos velas por los pasillos,
inútil que nos prohíban nada,
hablar, por ejemplo,
comer carne,
beber libros,
bajarnos sin pagar en el tranvía,
querer a varios seres,
fumar hierbas,
decir verdades,
amar al enemigo.
Inútil es que nos prohíban nada.
En los diarios vienen circulares,
papeles hay pegados en la esquina
que prohíben comer pájaros fritos.
¡Y no prohíben comer hombres asados
con dientes de metralla, comer hombres desnudos!
¿Por qué prohíben pájaros los mismos que consienten
ejecutar el séptimo y el quinto mandamiento?
Tampoco han prohibido los niños en Corea
y se los sigue el hombre comiendo en salsa blanca.
La “Protectora de Animales” está haciendo el ridículo.
Tampoco han prohibido comer las inocentes pescadillas,
los tiernos y purísimos corderos,
las melancólicas lubinas,
las perdices…
Y qué me dices
de “Mariquita Pérez”
que la compran abrigos de trescientas pesetas
habiendo tanta niña sin muñeca ni ropa.
Los enfermos trabajan,
los ancianos ejercen,
el opio en tal café puede comprarse,
la juventud se vende.
Todo esto está oficialmente permitido.
Comprended y pensad: nada se arregla
con tener “buenos sentimientos”,
hay que tener arranques
y ganas de gritar:
-¡Mientras haya guerras comeré pájaros fritos!

ES OBLIGATORIO

Es obligatorio tener mitos
y yo gustosa desobedezco,
gustosa me plancho las blusas,
cuando tengo tiempo,
porque antes es hablar con los amigos.
Es obligatorio presentarse con buenas ropas,
con buenas obras -no interesa tanto-.
Es obligatorio no asomarse a la ventanilla,
porque tienes que estar vivo si organizan la guerra.

Es obligatorio silenciar que hay tumultos,
porque pueden echarte del trabajo,
y si cantas verdades la celda te preparan,
te preparan el llanto, porque es obligatorio…
sufrir siendo persona,
guardar rencor,
adular al pedante,
llevar medias en los templos,
tener bastantes hijos,
volver mañana,
tener enemigos,
es obligatorio todo esto,
y encima te prohíben escupir en el suelo.

NO PERDAMOS EL TIEMPO

Si el mar es infinito y tiene redes,
si su música sale de la ola,
si el alba es roja y el ocaso verde,
si la selva es lujuria y la luna caricia,
si la rosa se abre y perfuma la casa,
si la niña se ríe y perfuma la vida,
si el amor va y me besa y me deja temblando.

¿Qué importancia tiene todo esto,
mientras haya en mi barrio una mesa sin patas,
un niño sin zapatos o un contable tosiendo,
un banquete de cáscaras,
un concierto de perros,
una ópera de sarna?

Debemos inquietarnos por curar las simientes,
por vendar corazones y escribir el poema
que a todos nos contagie.
Y crear esa frase que abrace todo el mundo;
los poetas debiéramos arrancar las espadas,
inventar más colores y escribir padrenuestros.
Ir dejando las risas en la boca del túnel,
y no decir lo inti1no, sino cantar al corro;
no cantar a la luna, no cantar a la novia,
no escribir unas décimas, no fabricar sonetos.

Debemos, pues sabemos, gritar al poderoso,
gritar eso que digo, que hay bastantes viviendo
debajo de las latas con lo puesto y aullando,
y madres que a sus hijos no peinan a diario,
y padres que madrugan y no van al teatro.
Adornar al humilde poniéndole en el hombro
                                            nuestro verso;
cantar al que no canta y ayudarle es lo sano.
Asediar usureros y con rara paciencia convencerles
                                            sin asco.

Trillar en la labranza, bajar a alguna mina;
ser buzo una semana, visitar los asilos,
las cárceles, las ruinas; jugar con los párvulos,
danzar en las leproserías.

Poetas, no perdamos el tiempo, trabajemos,
que al corazón le llega poca sangre.

ORACIÓN

Que estás en la tierra, Padre nuestro,
Que te siento en la púa del pino,
En el torso azul del obrero,
En la niña que borda curvada
La espalda, mezclando el hilo en el dedo.
Padre nuestro que estás en la tierra,
En el surco,
En el huerto,
 
En la mina,
En el puerto,
En el cine,
En el vino,
En la casa del médico.
Padre nuestro que estás en la tierra,
Donde tienes tu gloria y tu infierno
Y tu limbo; que estás en los cafés
Donde los pudientes beben su refresco.
Padre nuestro que estás en la tierra,
En un banco del Prado leyendo.
Eres ese viejo que da migas de pan a los pájaros del paseo.
 
Padre nuestro que estás en la tierra,
En la cigarra, en el beso,
En la espiga, en el pecho
De todos los que son buenos.
 
Padre que habitas en cualquier sitio,
Dios que penetras en cualquier hueco,
Tú que quitas la angustia, que estás en la tierra,
Padre nuestro que sí que te vemos
Los que luego hemos de ver,
Donde sea, o ahí en el cielo.

OS HABEIS FIJADO

En el frío que pasan las castañeras,
en lo viejas que son casi todas las catedrales,
en lo déspotas que son algunos,
en lo golfos que son los niños pobres,
en lo que hablan los ebanistas,
en lo vestida que va la mecanógrafa,
en lo caro que cuesta todo.
Yo tengo capricho por un amor nuevo,
y todos son de segunda mano,
y entre citas y flautas salen caros.
En el peligro que corren los albañiles,
tanto o más que los toreros y que los jefes de Estado.
¡Qué lástima, no os habéis fijado!
Y todo esto es peligroso,
muy peligroso para vuestros cómodos escondrijos.

SALE CARO SER POETA

Sale caro, señores, ser poeta.
La gente va y se acuesta tan tranquila
-que después del trabajo da buen sueño-.
Trabajo como esclavo llego a casa,
me siento ante la mesa sin cocina,
me pongo a meditar lo que sucede.
La duda me acribilla todo espanta ;
comienzo a ser comida por las sombras
las horas se me pasan sin bostezo
el dormir se me asusta se me huye
-escribiendo me da la madrugada-.
Y luego los amigos me organizan recitales,
a los que acudo y leo como tonta,
y la gente no sabe de esto nada.
Que me dejo la linfa en lo que escribo,
me caigo de la rama de la rima
asalto las trincheras de la angustia
me nombran su héroe los fantasmas,
me cuesta respirar cuando termino.
Sale caro señores ser poeta.

TODAVÍA HAY GENTE QUE AL VIENTO LE LLAMAN CÉFIRO…

Todavía hay gente que al viento le llama céfiro,
y hay quien a lo cursi lo llama poesía,
y a la Poesía, locura.
Todavía hay quien canta a la luna.
¡Yo canto a los hombres de la luna!
A los arrabales de la luna,
a los ríos de leche de la luna;
pero todavía hay gente que se asusta,
se asusta cuando una mujer se pone las botas
para pisar mejor el barro,
se asustan porque somos listos,
porque Dios está con nosotros;
ven que nos quemamos y no comprenden las llamas;
porque componemos canciones previsoras
y al avisar gritamos;
porque en nuestros versos
no hablamos de lo que siempre se habló en los versos:
las olas, la boca, los pájaros.
¿Quien dice que en nuestros versos no hay pájaros?
¿Qué son estos gritos si no aves heridas?
No amar lo caduco, lo seco, lo blando.
¡Los poetas amamos a la sangre!
A la sangre encerrada en la botella del cuerpo,
no a la sangre derramada por los campos,
ni a la sangre derramada por los celos,
por los jueces,
por los guerreros;
amamos a la sangre derramada en el cuerpo,
a la sangre feliz que ríe por las venas,
a la sangre que baila cuando damos un beso.
Cantamos al amor.
A lo fresco.
A lo puro.
¡Estamos hartos de cuentos!
¡Y que aprendan los ñoños que el viento es el viento!
Y que cuando se ama, se ama,
y que sólo es pecado el mal comportamiento.

ADIÓS MEMORIA ADIÓS

Quise olvidarte.
Más que eso,
necesité olvidarte.
Lo intenté.
Lo conseguí.
Fue tan intenso el deseo
que me pasé.
En mi cerebro hubo una fuga de neuronas
y ahora tampoco recuerdo otras cosas.
Sólo recuerdo
lo que sufrí el día de mi Primera Comunión
con los zapatos pequeños.
Lo que sufrí,
los tres años de la guerra civil,
lo que sufrí
cuando aprendí a nadar.
Pero no recuerdo lo reciente…
¿Dónde he puesto mis gafas?

AUTOBIOGRAFÍA

Gloria Fuertes nació en Madrid
a los dos días de edad,
pues fue muy laborioso el parto de mi madre
que si se descuida muere por vivirme.
A los tres años ya sabía leer
y a los seis ya sabía mis labores.
Yo era buena y delgada,
alta y algo enferma.
A los nueve años me pilló un carro
y a los catorce me pilló la guerra;
A los quince se murió mi madre, se fue cuando más falta me hacía.
Aprendí a regatear en las tiendas
y a ir a los pueblos por zanahorias.
Por entonces empecé con los amores,
-no digo nombres-,
gracias a eso, pude sobrellevar
mi juventud de barrio.
Quise ir a la guerra, para pararla,
pero me detuvieron a mitad del camino.
Luego me salió una oficina,
donde trabajo como si fuera tonta,
-pero Dios y el botones saben que no lo soy-.
Escribo por las noches
y voy al campo mucho.
Todos los míos han muerto hace años
y estoy más sola que yo misma.
He publicado versos en todos los calendarios,
escribo en un periódico de niños,
y quiero comprarme a plazos una flor natural
como las que le dan a Pemán algunas veces.
 

POESIA INFANTIL

DOÑA PITU PITURRA

Doña Pito Piturra
tiene unos guantes,
Doña Pito Piturra
muy elegantes.
 
Doña Pito Piturra
tiene un sombrero,
Doña Pito Piturra
con un plumero.
 
Doña Pito Piturra
tiene un zapato,
Doña Pito Piturra
le viene ancho.
 
Doña Pito Piturra
tiene toquillas,
Doña Pito Piturra
con tres polillas.
 
Doña Pito Piturra
tiene unos guantes,
Doña Pito Piturra
le están muy grandes.
 
Doña Pito Piturra
tiene unos guantes,
Doña Pito Piturra
¡lo he dicho antes!

VERSOS PARA LA ORTOGRAFIA

“A lavar ropa con uve,
alabar a Dios con be.
Huevo con hache y tomate,
apto de aptitud con pe.
Arroz se pone con leche
y sin hache, claro es.
Vino, con agua y con uve,
ceniza, gris y con ce,
turbante -gorro elegante-
y bisonte van con be.
En cambio va de ir, con uve,
pito y Pepito con pe,
hule y hierba van con hache,
hielo con hache también.
Diptongo rima con hongo,
y es muy difícil poner;
tiene una pe intercalada
entre la i y la te.
Diptongo rima con hongo
y es muy difícil poner.”
Pequena imitación miña, dedicada ós meus alumnos:
“Se cayó Yolanda ayer,
y yendo por la calzada.
Yo ya voy hoy por la acera
porque soy muy educada.”
Outro poema de Gloria Fuertes, que non so escribía para nenos, titulado “Niños de Somalia”:
“Yo como.
Tú comes.
Él come.
Nosotros comemos.
Vosotros coméis.
¡Ellos no!”

Canciones

Lo importante de un niño
no es que sea un empollón
y recite como un loro
sin entender la lección.
Lo importante de un gato
es que cumpla sus funciones
—no que sea blanco o negro—
sino que cace ratones.
Poesía de MI cara
En mi cara redondita
tengo ojos y nariz, 
y también una boquita 
para hablar y para reír.
 
Con mis ojos veo todo, 
con la nariz hago achís, 
con mi boca como como 
palomitas de maíz

DON PATO Y DON PITO
(cuento patoso)

Don Pato y don Pito
dan un paseíto.
—¡Qué suerte, don Pito,
me encontré este güito!
Y los dos le quiere
y los dos se hieren.
Y todos se extrañan
de ver que regañan.
Y mientras se zumban,
bailando la rumba…
Viene el dueño, otro patito,
y éste se lleva su güito.
¡No discutid, muchachitos,
no discutid por un güito,
para que nunca os suceda,
lo que a don Pato y don Pito!

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