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ANTOLOGÍA DE POETAS PROSTITUTAS CHINAS

Hoy viajamos de nuevo a China, una de las grandes civilizaciones de la humanidad y, sin duda, una de las tradiciones poéticas más antiguas y fecundas que conocemos.

Durante siglos, China y Occidente apenas mantuvieron contacto, salvo por las rutas comerciales, especialmente la Ruta de la Seda. Tal vez por ello, la poesía china sigue conservando para nosotros algo de misterio, como si aún permaneciera protegida tras las murallas del tiempo.

Sabemos que la poesía ocupa en la cultura china un lugar extraordinario. Algunos estudiosos sitúan sus orígenes varios siglos antes de Homero y ya el Libro de las Odas, recopilado por Confucio, recoge composiciones de una antigüedad asombrosa. A lo largo de los siglos, especialmente durante las dinastías Tang y Song, la poesía llegó a convertirse en una auténtica pasión nacional.
En determinadas épocas, quien aspiraba a ocupar un cargo importante en la administración imperial debía demostrar conocimientos poéticos. La poesía no era, por tanto, un simple adorno cultural, sino una parte esencial de la formación intelectual y moral.

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Pero quizá uno de los aspectos más fascinantes de la tradición china es que la poesía no quedó restringida a las élites. Encontramos poetas procedentes de todos los estratos sociales: campesinos, artesanos, viajeros, funcionarios, soldados y también mujeres marginadas por la sociedad.

Precisamente a ellas dedicamos el programa de hoy.

Nos acercaremos a las llamadas poetas prostitutas chinas, mujeres que vivieron principalmente entre las dinastías Tang y Qing y que, a pesar de las duras condiciones sociales de una sociedad profundamente patriarcal, encontraron en la poesía una forma de existencia, una manera de dejar testimonio de sí mismas.

Muchas de estas mujeres habían nacido en familias cultas venidas a menos; otras fueron vendidas siendo niñas o quedaron huérfanas muy pronto. Algunas recibieron una educación excepcional para la época: aprendieron música, caligrafía, pintura y poesía. Eran las cortesanas cultas, apreciadas por literatos y funcionarios no sólo por su belleza, sino también por su inteligencia y sensibilidad artística.

Sin embargo, su posición estaba atravesada por una profunda contradicción. Admiradas por sus talentos y, al mismo tiempo, despreciadas por su condición social, vivieron en una permanente tensión entre el reconocimiento y la exclusión. Sus poemas hablan del amor y del abandono, de la amistad, de la nostalgia, de la belleza de la naturaleza, pero también del dolor, de la injusticia y de la soledad. Son textos donde con frecuencia encontramos la huella de una vida difícil, marcada por la precariedad, la separación y el desarraigo.

Para preparar este programa hemos tomado como referencia la Antología de poetas prostitutas chinas (siglo V al siglo XXI) del sinólogo y traductor Guojian Chen, cuya labor ha permitido rescatar para los lectores hispanohablantes una parte de la literatura china que durante siglos permaneció prácticamente silenciada.

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No hablamos de casos aislados. Los investigadores han documentado la existencia de cerca de doscientas poetisas que ejercieron la prostitución y algunas de ellas llegaron incluso a publicar antologías propias, algo extraordinario para mujeres de su tiempo.

Conoceremos a algunas de estas autoras, entre ellas Xue Tao, probablemente la más célebre de todas; Liu Rushi, admirada por su erudición y su extraordinaria sensibilidad artística; o Wang Wei, cuya vida errante la condujo finalmente a convertirse en monja taoísta.

Más allá de sus biografías, sus versos nos permiten escuchar voces femeninas que la historia estuvo a punto de borrar. Y quizá ahí reside la actualidad de esta poesía: en recordarnos que la literatura no sólo expresa la belleza, sino que también preserva la memoria de quienes fueron excluidos de los relatos oficiales.

Como ocurre con gran parte de la poesía china, estos poemas no pretenden explicarlo todo. Sugieren, evocan, dejan espacios vacíos para que sea el lector quien complete el sentido. Son poemas de la insinuación, del instante detenido, de la emoción apenas pronunciada.

Quizá una de las cuestiones más interesantes que suscita la lectura de estas poetas es preguntarnos por la relación entre erotismo y poesía.

En la tradición china, como en muchas otras tradiciones poéticas, el deseo ocupa un lugar central. Pero no se trata únicamente del deseo satisfecho. Muy al contrario, gran parte de la poesía china nace de la distancia, de la separación, de la ausencia y de la espera.

Los amantes se encuentran y se pierden, parten hacia tierras lejanas, son separados por las guerras, por los deberes administrativos o por las convenciones sociales. Y es precisamente esa falta, esa imposibilidad de poseer plenamente aquello que se ama, la que pone en marcha la escritura.

Podríamos decir que la poesía china hace del deseo una fuerza creadora. El poeta escribe porque algo le falta, porque algo se ha perdido o porque algo todavía no ha llegado. Y en ese sentido, estas poetas prostitutas chinas no son una excepción. Sus versos están atravesados por el amor, el abandono, la nostalgia y la fugacidad de los encuentros, pero también por el deseo de reconocimiento, de libertad y de permanencia.

Por otra parte, la lectura de estas autoras nos invita a reflexionar sobre una cuestión más amplia: la poesía constituye, en muchas ocasiones, la verdadera historia de los pueblos.

La historia oficial suele narrar las guerras, las dinastías, los grandes acontecimientos políticos y las hazañas de emperadores y gobernantes. Pero la poesía conserva otra memoria: la de la vida cotidiana, los afectos, los deseos, los sufrimientos y las aspiraciones de quienes raramente ocupan un lugar en los libros de historia.

Gracias a los poemas de estas mujeres conocemos aspectos fundamentales de la sociedad china que de otro modo se habrían perdido para siempre.

Paradójicamente, muchas de estas mujeres quedaron excluidas de la historia oficial y, sin embargo, fueron creadoras y transmisoras de cultura. A través de sus versos conservaron formas de vida, sensibilidades, costumbres y modos de amar que constituyen una parte esencial de la historia humana.

Y este fenómeno no pertenece únicamente a la cultura china. Encontramos algo semejante en las heteras griegas, mujeres cultas que participaban activamente en la vida intelectual de la Atenas clásica, o en las geishas japonesas, guardianas durante siglos de tradiciones musicales, poéticas y artísticas de enorme valor cultural.

Resulta significativo que en El Banquete, uno de los textos fundacionales de la filosofía occidental, Platón haga intervenir para hablar del amor a una mujer: Diótima de Mantinea. Es ella quien instruye a Sócrates acerca de la naturaleza del amor. Diótima enseña que Eros no es un dios perfecto, sino un ser intermedio, siempre deseante, siempre en busca de aquello que no posee. El amor, nos dice, impulsa al ser humano a crear, a producir belleza, a engendrar hijos, obras, leyes, conocimientos; en definitiva, a dejar una huella que sobreviva a su propia muerte.

Quizá no sea casual que Platón otorgue precisamente a una mujer la tarea de transmitir la teoría más elevada sobre el amor. Tampoco parece casual que tantas mujeres situadas en los márgenes sociales hayan sido, a lo largo de la historia, grandes creadoras y transmisoras de cultura.

Para muchas de estas poetas, la escritura constituyó, sin duda, una forma de supervivencia psíquica, una manera de elaborar la pérdida, la soledad o el sufrimiento. Pero fue también algo más: una auténtica función social, un trabajo cultural gracias al cual sus voces han logrado atravesar los siglos y llegar hasta nosotros.

En este programa presentamos una selección de poemas pertenecientes a veinte de estas extraordinarias poetas chinas, cuyas vidas y obras fueron rescatadas y traídas hasta nosotras en castellano de la mano de Guojian Chen. Entre todas ellas, nos detendremos especialmente en tres figuras fundamentales:

La primera es Xue Tao (768-832), considerada la más destacada de todas ellas. Nacida en el seno de una familia de funcionarios, escribió su primer poema a la temprana edad de nueve años. Tras la muerte de su padre, la precariedad económica la obligó a trabajar como cantante y cortesana para sobrevivir. Sin embargo, su inmenso talento literario hizo que fuera admirada y respetada por algunos de los más grandes poetas de su tiempo, entre ellos Bai Juyi, Yuan Zhen y Liu Yuxi. Cuando su situación mejoró, abandonó la prostitución y se retiró a vivir en un lugar apartado, cerca de Chengdu, donde continuó escribiendo. Dejó una obra de más de quinientos poemas, reunidos en la célebre Antología del Río Jin.

Otra de las grandes voces que conoceremos es Liu Rushi (1618-1664), famosa no solo por la belleza de sus versos, sino también por su erudición, su maestría en la caligrafía y la pintura, y por la firmeza de su carácter. Nacida en una familia extremadamente pobre, fue vendida a un prostíbulo cuando apenas tenía ocho años. Allí recibió una esmerada educación artística y literaria gracias a la matrona que dirigía el establecimiento, mujer culta y vinculada a importantes círculos intelectuales. En 1639 conoció al célebre poeta Qian Qianyi, con quien se casó. A la muerte de éste, en 1664, Liu Rushi decidió poner fin a su vida. Su legado poético, compuesto por alrededor de doscientos poemas, se conserva en tres antologías.

Por último, destacaremos a Wang Wei, poetisa del siglo XVII que no debe confundirse con el célebre poeta homónimo de la dinastía Tang. Huérfana desde los siete años, llevó una vida errante por la ciudad de Yangzhou hasta terminar en un burdel. Más tarde abandonó aquella vida para casarse primero con Mao Yuanyi y posteriormente con el comandante Xu Yuqing. Tras enviudar por segunda vez, ingresó en la vida religiosa y adoptó el nombre de «Maestra taoísta de la capa de paja». Sus delicados poemas paisajísticos han sido especialmente elogiados por la crítica y continúan siendo admirados en la actualidad.

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La selección de poemas que estamos presentando en este programa nos permite escuchar voces que, durante siglos, permanecieron en los márgenes de la sociedad y, sin embargo, ocuparon un lugar central en la creación literaria de su tiempo.
Uno de los rasgos más llamativos de estos poemas es la extraordinaria delicadeza con la que expresan los sentimientos humanos. El amor, la espera, la separación, la nostalgia, el paso del tiempo o la conciencia de la fugacidad de la vida aparecen constantemente, pero no como una mera confesión íntima, sino transformados en imágenes de la naturaleza.

La naturaleza constituye, quizá, el gran lenguaje simbólico de esta poesía. La luna suele representar la lejanía, la añoranza del ser amado o la soledad; las flores evocan la belleza efímera y el destino transitorio de la existencia; el río simboliza el fluir del tiempo y la imposibilidad del retorno; el otoño aparece asociado a la melancolía, mientras que la primavera expresa el deseo, el renacimiento o la esperanza.

Estas poetisas escriben desde una experiencia singular: la de mujeres sometidas a importantes restricciones sociales y, en muchos casos, obligadas a ejercer la prostitución. Sin embargo, lejos de reducirse a la queja, sus poemas revelan una enorme riqueza espiritual y una profunda conciencia de sí mismas. La poesía se convierte para ellas en un espacio de libertad, un lugar donde preservar la dignidad, la memoria y el deseo.

Simbólicamente, podríamos decir que sus versos muestran una permanente tensión entre el encierro y la libertad, entre la fugacidad de la existencia y el anhelo de permanencia. Muchas de estas mujeres vivieron marcadas por el desarraigo, la pérdida o la exclusión social, pero transformaron esas experiencias en belleza poética. Su escritura testimonia que el arte puede constituirse en una forma de resistencia frente al destino y frente al olvido.

Por eso, leer hoy a estas poetas no significa solamente acercarnos a un pasado lejano, sino descubrir voces extraordinariamente actuales, capaces de hablarnos todavía del amor, de la soledad, del deseo y de la condición humana.

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SELECCIÓN DE POEMAS

1. SU XIAOXIAO (siglo V)

Mi canción

Voy en un carruaje decorado,
y vos, por delante, en un caballo moteado.
¿Dónde ataremos nuestros corazones
con un perenne lazo del amor?
Allí, bajo los pinos y cipreses
de la montaña de Oriente.

 

2. LI YE (LI JILAN) (¿? – 784)

Despedida bajo la brillante luna

Luna en silencio. Callados, nos despedimos.
La luna, con gran resplandor.
Los amantes, con mucha pena.
Pensando en el ausente, querría ser la luna
y volar entre nubes, encima de los ríos,
hasta llegar al cielo y ver al ser querido.

 

Añoranzas de los enamorados

No hay nada más profundo que el mar,
así dice todo el mundo.
Mas creo que su profundidad
no alcanza ni en mitad
a la de las cuitas y añoranzas
por el amado ausente.
El mar tiene su orilla,
y éstas no tienen fin.
Laúd en mano, subo al alto pabellón,
vacío, pero lleno de luz de luna.
Vibran acordes de amor.
Se me quiebran las entrañas.
Y también las cuerdas.

 

Alegría por la visita de Lu Hongjian

Te marchaste, la última vez, al claro de luna,
en medio de una copiosa escarcha.
Vienes ahora, entre brumas glaciales,
a verme aquí, tumbada, enferma.
Las lágrimas me quitan la palabra.
Te pido tomar el vino de Tao,
el del famoso poeta
retirado a la montaña,
e improviso un poema para agradecerte.
Una borrachera casual.
No viene mal.
¿Qué hacer, si no?

 

Dedicado a mi amigo Zhu Fang

Subiendo a la alta montaña,
contemplo el agua del gran lago.
Las añoranzas no distinguen
entre el día y la noche.
Pienso yo en ti y tú en mí,
meses tras meses, años tras años.
Verdean lozanos bosques.
Flores silvestres compiten en abrirse.
Cuando volvamos a vernos,
te diré todo lo que estoy sufriendo.

 

Ocho superlativos

El más cercano y el más lejano:
El Oriente y el Occidente.
El más profundo y el menos hondo:
Arrollo cristalino.
Los más altos y los más resplandecientes:
El sol y la luna.
Los que más se aman y los que más se desaman:
Marido y mujer.

 

Escuchando a Xiao Shuzhi tañer su laúd

—Balada de los manantiales de las Tres Gargantas—
Vivo entre las nubes de la sierra Bruja
y oigo a menudo susurrar los manantiales.
Las hermosas melodías, lejanas,
surgidas de tu laúd de jade,
me llevan a un sueño.
Las caudalosas aguas de las Tres Gargantas
se lanzan de un golpe a mi silenciosa alcoba.
Bajo tus dedos, las rocas se derrumban.
De tus cuerdas se alzan olas rompiendo el cielo.
Se ha desatado una furiosa tormenta.
Después, se escuchan sollozos ahogados:
La corriente ha perdido su ímpetu y fuerza
y fluye cada vez con más calma.
Gotas y gotas de agua caen sobre las piedras.
Me ha hechizado tu interpretación.
Me recuerdas a Yuan, el gran maestro antiguo.
Ojalá pudiera oír siempre los sones de tu laúd,
como estos manantiales que fluyen y fluyen.

 

3. XUE TAO (770-832)

Dedicado a las peonías

Al irse la pasada primavera,
veía yo con mucha pena
caer uno tras otro vuestros pétalos.
Se mojó mi libro rojo de versos
con lágrimas de tristeza.
¡Con qué alegría vuelvo a veros
tras este largo año de ausencia!
Estoy dudando de mis ojos.
Me saludáis con vuestra fragancia,
calladas, conociendo mi afecto.
Quiero poner entre vosotras
mi esterilla y mi almohada:
Así podremos pasar toda la noche
hablando de nuestras mutuas nostalgias.

 

El arroyo otoñal

Cristalino arroyo color frígido,
envuelto en neblinas.
Diez cuerdas de cítara
susurrando desde lejos.
El son llega hasta mi almohada,
despertando mis amorosas añoranzas.
Triste, no puedo conciliar el sueño.

 

Contemplación primaveral I

Lamento que cuando las flores se abren,
no podamos contemplarlas juntos.
Cuando caen, compartimos las penas,
pero en sitio diferente.
Alguien me pregunta:
—¿Qué época le causa
más cuitas de amor?
He aquí mi respuesta:
Los días en que se abren las flores,
y también los que ruedan por tierra.

 

Contemplación primaveral IV

Hermosas flores llenan el jardín,
y la tristeza, nuestra despedida.
Oh viento de primavera,
tú, que eres cariñoso y comprensivo,
¿sabes que hay ante el espejo una joven,
con los ojos anegados en lágrimas,
pensando en su amado ausente?

 

Nostalgia por mi pueblo natal

Al pie de la montaña E Mei,
se extiende el agua esmeralda.
Conociendo mi corazón nostálgico,
dejan sin atar mi barca,
que se agita con las olas.
¿Cuándo partirá el velero,
que me llevará a mi tierra,
en medio de la sinfonía de los remos?

 

Despidiendo a un amigo

País de agua, juncos escarchados de noche.
Luna glacial y montañas sombrías.
A partir de esta noche nos separan mil leguas.
Larga como gran muralla la pesadilla de ausencia.

 

La brisa

Viene de lejos una fragante brisa.
Vibran cuerdas de la cítara, cantan las grullas.
De día, susurran con ella las copas de árboles.
De noche, más frías las sendas entre los pinos.

 

Inscripción en el templo del Dios de Bambú

Ante el Templo del Dios de Bambú,
innumerables árboles añosos.
El sol está bajando y bajando,
y verdea más la montaña.
Son de flautas en la aldea del Río.
Sólo se escucha la canción
en alabanzas del Dios.

 

A la orilla del río

Contra el viento del oeste vuelan
gansos silvestres en parejas.
Al verlos me invade la tristeza.
Todas las noches estoy aquí,
a la orilla del río, esperando:
Los peces pueden, según las tradiciones,
traerme mensajes de mi amado.

 

Una pareja de aves en el estanque

Amorosos, anidan en el verde estanque.
Vuelan juntos de madrugada y regresan en ocaso.
Piensan el día en que les rodeen sus crías.
Dos corazones enlazados entre hojas de lotos.

 

La torre Choubian

La torre está entre las nubes.
Numerosas ventanas
en medio del otoño.
Majestuosa, domina los cuarenta
estados de Chuan Oriente.
Señores generales,
no miréis con codicia
riquezas de estos pueblos.
Mirad, pues, desde lo alto de la torre,
lo que está más lejos.

En Xiyan

Apoyada en la barandilla,
recuerdo al gran poeta Li Bai.
Copa en mano, ante el viento,
le agito la mano.
Entre la llovizna se detiene el caballo
que se iba alejando.
Bajo la luz del sol poniente,
chillan alborotadas cigarras.

4. GUAN PANPAN (siglo VIII)

En la Mansión de Golondrina

— En memoria de mi difunto esposo
I
En el pabellón, lámpara moribunda.
Aurora escarchada.
Sola, me levanto de la ancha cama
que has compartido conmigo.
¿Cuánto medirá la cuita de amor
que me tiene desvelada?
Es más vasta e inmensa
que toda la Tierra.

II
Mausoleo Colina del Norte,
entre pinos y cipreses
envueltos en tristes nieblas.
Han pasado diez años
desde que te enterraron.
con tu espada y tus pertenencias.
Nadie ha vuelto a oír mis canciones,
ver mi cara pintada,
ni oler el perfume de mis mangas rojas.

5. ZHAO LUANLUAN (siglos VIII-IX)

Nubes del peinado

Desordenadas nubes perfumadas.
Húmedas todavía, brillan.
Negras como plumas del cuervo,
y lustrosas como alas de cigarra.
Prendado un fénix de oro junto a la oreja.
Ataviada así, mi marido
me mira con una sonrisa.

 

6. YU XUANJI (844-871)

Poeta Zi An

— Contemplación melancólica de la Colina del Río
Mil, diez mil hojas cubren
las ramas de los arces.
A su sombra, en el agua,
un puente se perfila.
Nebuloso crepúsculo.
No acaba de llegar
el velero que espero.
Mis añoranzas por ti –
diáfanas aguas del río Poniente,
que no cesan de correr día y noche
hacia el remoto Levante.

Vida estival en mi morada montañosa

Me he mudado a esta tierra de los Inmortales.
Por doquier florecen plantas silvestres.
Delante del jardín, los árboles extiende
sus ramas que me sirven de tendederos.
Sentada ante el manantial,
dejo flotar la copa de vino.
Frondosos bambúes ocultan
la senda con barandilla
que lleva a las alcobas.
Vestida de seda ligera,
leo entre un montón de libros.
En los ratos libres doy paseos,
en mi barca decorada,
recitando poemas a la luna.
Me abandono a la corriente.
El viento me ha de llevar
de regreso a casa.

7. PROSTITUTA DE TAIYUAN (siglo IX)

Enviado a Ouyan Han

Tras tu partida se va perdiendo mi lozanía.
Mitad por añoranza mitad por resentimiento.
Cuado regreses y quieras verme
no encontrarás mas que mis cabellos
guardados en mi estuche de joyas.

 

8. XUYUEYING

Despedida
Me decepciona todo lo que ocurre:
Va contra la voluntad nuestra.
Venimos los dos y ahora regresa uno.
Odio las aguas que fluyen
Ante el pabellón de espera:
Impasibles, reflejan cómo se separan
la amorosa pareja de patos mandarines.

9. LIU CHAICHUN (mediados del siglo IX)

Esperando el regreso de mi marido

-Según la melodia de Luohongqu

I
No me gustan nada de nada
las aguas del Río Qin Huai,
tan alabadas y exaltadas.
Odio sobre todo los barcos
que por él pasan y navegan,
ya que se han llevado a mi amado.
Son los culpables de su ausencia
de tantos tantísimos años.

III

No te cases con comerciante:
tendrás que vender tus joyas
para pagar adivinos.
En la ribera todas las mañanas
miras los barcos que llegan.
Crees ver a tu marido una y otra vez.
pero una y otra vez quedas decepcionada.

IV
Aquel año, cuando nos despedimos,
me dijiste que ibas a Tong Lu.
Pero allí nadie te encuentra.
Hoy he recibido una carta
que me enviaste desde Cantón,
ciudad mucho más lejana.

V

El día de hoy desplaza al de ayer,
y el presente año, al que ha pasado.
El río amarillo, que dicen ser siempre turbio,
Será algún día claro.
Mas nunca se volverán negros
Mis cabellos ya blancos.

 

10. ZHANG YAOTIAO (siglo IX)

Dedicado a mi amor

Largas ausencias. Separados
sólo por dos pasos de distancia.
¿Quién mirará y admirará mi hermoso rostro?
Crepúsculo.
Mis ojos atraviesan
murallas y murallas.
Llega la luz del alma,
que alumbra el espejo con mi cara
marchita por la honda tristeza.

 

Añoranzas primaverales

Delante de la puerta, espléndidos sauces
radiantes de la belleza de primavera.
Encerrada en lo recóndito de mi alcoba,
estoy bordando un traje de danza.
Ignorando mi profunda tristeza,
una pareja de golondrinas amorosas,
barro en pico, con intención, a mi entorno vuelan.

 

11. NIE SENGQIONG (siglos XI-XII)

Respuesta a Li Zhiwen

-Según la melodia de Zhegutian

Te despido fuera de la capital
ensombrecido el rostro
por la inmensa tristeza.
Pabellón “Flor de lotos”.
Verdes sauces llorones.
Levantando la copa,
canto “Cancion de adiós).
Ahora ya estarás lejos
en tu largo camino.

Quiero buscar consuelo en el sueño,
pero no lo consigo:
No puedo pegar los ojos.
¿Quién podrá imaginarse
lo dolida que estoy?
Dentro y fuera de la ventana,
No cesan de caer hasta el alba,
de un lado, gotas de lluvia
sobre las gradas,
del otro, gotas de lágrimas
sobre mi almohada.

 

12. YAN RUI (SIGLO XII)

Según la melodia PUSHUANZHI

No es que me guste el rosado mundo de polvo.
Ha sido todo predestinado.
La flor, se abre o se cae,
depende del Dios de las Plantas.
Se irá una, si es que ha de irse.
Y si se queda, ¿cómo lo aguanta?
Cuando las flores silvestres cubren mis cabellos,
no hay que preguntar dónde me encuentro.

¿Es la flor de pera?

Según la melodía Como en sueños

Es flor de pera sin serlo.
Es flor de durazno sin serlo.
Se ve blanca y roja.
Tal vez, encantos del viento
de primavera.
¿Te acuerdas?
Estábamos todos algo ebrios.
En Wuling, Jardín de Duraznos*.

*Según un poema de Tao Quian, la gente de Wuling se encontró con un paraíso llamado Jardín de Duraznos, lejos del mundo de los hombres.

 

13. WU SHUJI (fines del siglo XII)

Nostalgias interminables

Brumas vaporosas.
Lluvias intensas.
Gruesas capas de nieve cubren
las ramas y flores del ciruelo.
¿Cuándo llegará la primavera?
Ojos de ebriedad abiertos.
Abiertos ojos somnolientos.
¿Estará la hermosa luna
iluminando los pétalos?
¿Llegará su luz plateada?
Venga, que toquen la flauta.
¡Que la toquen con más fuerza!
¡Que sus acordes se lleven
la nieve y hielo que pesan!

*La autora sufrió abusos del hijo de un rico, quien tuvo la desfachatez de acusarla de “conducta inmoral” y logró que la metieran en la cárcel. Un día, algunos funcionarios que inspeccionaban la prisión, al saber que era poetisa, le pidieron que escribiera algo para justificarse. Este es el poema que compuso y que convenció al prefecto que la puso en libertad.

 

14. WEN WAN (Siglo XII)

Enviado a mi amor lejano

Florecillas en el patio silencioso.
Sopla el viento del este.
Oropéndolas y golondrinas vuelan
en redor de durazneros y ciruelos.
Recostada en el tabique rojo,
echo suertes para adivinar
el día de tu regreso.
Mil leguas, montes y montes verdes
te separan de la casa.

 

15. LIANG YILLIANG

Mi esperanza

Eres una hoja de loto
que flota por todos los lagos.
Cada uno de nuestros encuentros
es seguido de despedida,
temible soledad y ausencia.
¿Adónde vas a parar esta vez?
¿Nos juntará el viento de primavera?

 

16. LE WAN (SIGLOS XII – XIII)

Respuesta a Shi

-Según la melodia Pushuanzhi

Mis sufrimientos por pensar en ti
son más profundos que el mar.
Los felices tiempos que hemos vivido
se alejan como esas nubes viajeras.
Gotas de lágrimas caen sin cesar,
llegan a mi alma y me la destrozan.
¿Ya no volveremos a vernos?
¿Será imposible nuestro amor?
Quiero resignarme, pero no puedo.
Si en esta vida el destino nos separa,
anhelo ver nuestra unión en la próxima.

17. QUI JINGYUN (siglo XIV)

Despedida a Fu

Un solo trago de vino casero,
todo mi profundo amor por ti.
Hermosas flores, ruiseñores que cantan.
No hacen más que destrozarme el corazón.
¡Cuánto desearía que mis copiosas lágrimas
se conviertan en una furiosa tormenta
que impidiera que partieses mañana!

*Fu Cheng, letrado y amante de la poeta, por implicarse en un problema político, sería desterrado a un sitio lejano. La autora, al ver rechazada su solicitud de acompañarle, escribió este poema en la víspera de la salida de Fu.

 

18. LU HUINU (SIGLO XIV)

Improvisado en la barca

Para mis padres, pesa más
el dinero que su hija.
Y así, con el laúd entre los brazos,
recorro sola mil y mil leguas.
Al claro de la luna,
tras mi interpretación,
no cesan de aplaudirme.
No saben que no han escuchado música,
sino los sollozos de mi alma rota.

 

19. DUN WEN (¿siglo XV?)

Según la melodia Dianjiangchun

Ha crecido el plátano.
Fuera de la ventana de gasa verde,
empieza la lluvia y sopla el viento.
Cantan sin cesar los cucos,
sin comprender mi corazón.
Oh primavera, dime:
¿adónde te marchas?
Sin obtener la respuesta,
sólo veo que los pétalos,
se los lleva el arroyo.
Mientras a ambas orillas
vuelan lamentos de sauces.

 

20. MA XIANGLAN (1548 – 1604)

Otoño, en mi alcoba

Rocío sobre los lotos. Frío, luna pálida.
Acompañadas por el fresco viento,
las aves migratorias vuelan.
Dicen que está a miles de leguas
la zona fronteriza que habitas.
Llega ya el invierno.
¿Adónde te enviaré un abrigo?

 

Tras tu partida

I

Tras tu partida temo oír cantar a mi chica.
Entradas las canciones de antaño
en el oído de quien te añora,
se saltan lágrimas que empapan la vestimenta.

II

Tras tu partida no he vuelto a levantar
mi copa de jade.
El vino disipa la tristeza.
Pero, ¿por cuántas horas solamente?

 

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