130. Poesía más Poesía: Idea Vilariño

IDEA VILARIÑO

BIOGRAFÍA

Idea Vilariño nació en una familia de clase media y culta, en la que estaban presentes música y literatura. Su padre, Leandro Vilariño (1892-1944) fue un poeta cuyas obras no fueron editadas en vida. Idea (nacida Elena) Vilariño aseguraba que había comenzado a escribir antes, siquiera, de saber escribir; como quien aprende a leer escuchando cuentos, antes de saber que el juntar letras en un papel tiene un significado. Lo hizo de chiquita, en su Montevideo natal, donde también tocaba el violín. No obstante, su padre era poeta anarquista (de ahí, quizás, el compromiso político de la poeta, que hizo que llegara a rechazar una beca Guggenheim) y su madre una lectora voraz. Tuvieron Leandro y Josefina cinco hijos: Azul, Alma, Poema, Idea y Numen.
Perteneció a una familia de clase media y además culta, donde la música y la literatura estaban siempre presentes.

Son aquellos años de infancia los más felices de la autora y también los más olvidados, soterrados por la intensidad de todo lo que vino después. ¿Y qué vino? Poesía, por supuesto, siendo digna integrante de la Generación del 45; y pasión, muerta (en vida) de amor por Juan Carlos Onetti (1909-1994), al que dedicó muchos de sus poemas más desgarradores.
Poeta, crítica literaria, compositora de canciones, traductora, educadora. Es difícil decir cuál de estas facetas de su trayectoria influyó en más personas, antes de haber cumplido los treinta años era ya ampliamente conocida en el Río de la Plata por su talento en muchas de las disciplinas mencionadas. Durante la última mitad del siglo XX críticos y profesores de todo el mundo de habla hispana así como traductores de Austria, Brasil, Italia y Estados Unidos difundieron en abundancia su poesía.
Como educadora, fue profesora de Literatura de Enseñanza Secundaria desde 1952 hasta el golpe de estado en 1973. Luego de restaurado el sistema democrático, desde 1985 fue docente de Literatura uruguaya en el Departamento de Literaturas Uruguaya y Latinoamericana en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Universidad de la República.
Sus primeros poemas fueros escritos entre los 17 y los 21 años. En el 1945 se editó la que fue su primera obra, La suplicante, y apareció tan solo con su nombre.

En años siguientes sería reconocida internacionalmente y premiada con distintos galardones. Sus poemas están marcados por una experiencia íntima, intensa y angustiosa, muy coherente siempre. Un particular estilo que los expertos atribuyen a los continuos problemas de salud que la aquejaban y a su infancia.
Y es que la poetisa, desde una temprana edad padeció problemas de asma y un eccema que la obligaron a abandonar el núcleo familiar a los 16 años. Una fragilidad física que se extendió a lo emocional y que la dotó de una sensibilidad especial. El temprano fallecimiento de sus padres y de su hermano mayor tampoco ayudó y convirtió el duelo en una constante en su vida.

La enfermedad y la experiencia de la muerte de seres queridos le fue cercana; varios de sus familiares directos murieron tempranamente. En 1940 muere la madre, en 1944, el padre, y en 1945, su hermano mayor. El duelo ante la pérdida se vuelve una constante en su vida, que puede deducirse de la sola lectura de los versos y confirmarse conociendo su historia. El dolor, la soledad, la ausencia, también le son recurrentes y oscurecen muchos de sus años, aunque paradójicamente iluminan sus versos. Su sensibilidad, sumada a sus capacidades creativas y a un temperamento apasionado, origina ese yo poético tan intenso, que sostiene toda su obra.

Integró la generación de escritores de diversa índole que surgieron artísticamente desde 1945 a 1950 que fue llamada Generación del 45. En ella también pueden ubicarse a Juan Carlos Onetti, Mario Benedetti, Sarandy Cabrera, Carlos Martínez Moreno, Ángel Rama, Carlos Real de Azúa, Carlos Maggi, Alfredo Gravina, Mario Arregui, Amanda Berenguer, Humberto Megget, Emir Rodríguez Monegal, Gladys Castelvecchi y José Pedro Díaz, entre otros.

La Generación del 45 en ocasión de la visita de Juan Ramón Jiménez. De izquierda a derecha, parados: María Zulema Silva Vila, Manuel Arturo Claps, Carlos Maggi, María Inés Silva Vila, Juan Ramón Jiménez, Idea Vilariño, Emir Rodríguez Monegal, Ángel Rama. Sentados: José Pedro Díaz, Amanda Berenguer, Zenobia Camprubí, Ida Vitale, Elda Lago, Manuel Flores Mora.

«Era una mujer tan reprimida que por eso la pasión hizo en ella los estragos que hizo», explica la también uruguaya Cristina Peri Rossi (Montevideo, 1941), quien cree que «sus poemas fueron la tabla de salvación para no suicidarse». Peri Rossi y Vilariño fueron «colegas», que no amigas. «Nos respetábamos. No era nada comunicativa, era muy solitaria, fría, distante y reservada. Algo en ella me hacía pensar que no era muy dada a los sentimientos, porque siempre ponía una distancia como para protegerse», recuerda Peri Rossi.
Esa personalidad suya hizo que rompiera con la tradición de la poesía modernista en Uruguay, «con mucho adorno y metáfora». «Imprimió una intensidad, que es paralela a su despojamiento. Su vigor viene de la emoción directa, de ese enfrentamiento, despojado, con sus sentimientos», remata Cristina Peri Rossi.


Tenía, sin duda, gran conciencia de ser poeta. Desgarrada poeta del yo. En una entrevista que Mario Benedetti (1920-2009) le hizo en 1971 (fueron muy pocas las que concedió, oculta tras la celosía de sus versos), Vilariño recordó cómo una noche, en Cuba, se puso a leer sus propios poemas para saber quién era. Quizás fuera uno de los días que, en 1968, pasó en La Habana como jurado del Premio Casa de las Américas. Allí coincidió con Julio Cortázar, José Lezama Lima y Juan Marsé. El autor barcelonés la recuerda como «una mujer muy libre, muy a su aire», pero «muy amargada en el fondo, con una vida interior fuerte, muy intensa». Una tarde, estando en Trinidad, Vilariño no se presentaba y Marsé fue a buscarla al hotel. La encontró en su habitación, tumbada en la cama. «No tengo ganas de nada», le dijo, y le propuso que se pasaran la noche tomando tragos.

Fundación Mario Benedetti в Twitter: ""La aparición de Idea (Vilariño)  significó un hecho insólito en la poesía uruguaya (...) principalmente por  la desolada, sincera, patética visión del mundo que, transmitía esa voz
Idea Vilariño y Mario Benedetti


Participó en numerosos emprendimientos literarios. Estuvo concretamente entre los fundadores de la revista Clinamen, y Número, de peso entre 1945-1955 (por lo que conoció a Juan Ramón Jiménez); y se encontró entre los colaboradores de otras publicaciones como Marcha, La Opinión, Brecha, Asir, y Texto crítico.
Sus traducciones también han sido objeto de reconocimiento, llegando algunas de ellas (como las que realizó de obras de Shakespeare) a ser representadas en teatros de Montevideo.

En 1997 fue entrevistada por Rosario Peyrou y Pablo Rocca, de allí surgió el documental Idea, con dirección de Mario Jacob, que fuera estrenado en mayo de 1998.
Su obra ha sido traducida a varios idiomas, como el italiano, alemán y portugués.
“No sé qué es la poesía para mí. Es una forma de ser, de mi ser. Todo lo demás de mi vida son accidentes… La poesía no fue accidental. Mi poesía soy yo”, explicaba en una de las pocas entrevistas que dio en su vida, a Elena Poniatowska.

Pesimismo, sensibilidad, existencialismo, empatía, confesión… son los rasgos que marcan los versos despojados y desnudos de la poeta uruguaya, uno de los máximos exponentes de la Generación del 45 donde también brillaron los versos de Mario Benedetti e Ida Vitale, que condensó en una poesía limpia y desgarrada el dolor de una vida marcada por el amor, una tormentosa y pasional relación de varios lustros con su coetáneo Juan Carlos Onetti, y la muerte de buena parte de su familia.

“Vilariño tenía una gran capacidad para la empatía y una brújula moral muy fuerte. A través de su dolor personal podía empatizar con los demás”. (Valerie Miles).
Juan Ramón Jiménez, asiduo en aquellos años a esa generación, dijo de ella que estaba “enferma de dolor y soledad”, apunta Miles, que afirma que Vilariño “es una persona que ha experimentado lo que es el sufrimiento. Desde siempre tuvo muy cercana la idea de la muerte y la enfermedad. Entendía muy bien lo que es el dolor en carne propia”. Es por eso que según la editora “tenía una gran capacidad para la empatía y una brújula moral muy fuerte. A través de este dolor personal podía empatizar con el sentimiento de los demás, aunque siempre desde la distancia, pues se autoimpuso el aislamiento”.

Benedetti, Claps, Neruda, Rodríguez Monegal, Vilariño y Portela • © Tomada del libro Idea Vilariño: vida escrita

Estos temas, la asunción de la muerte, la finitud del amor, la intensidad de algunas rebeldías y del deseo, son el núcleo vertebrador de una poesía que destaca por el desgarro, la intimidad y un lenguaje, crudo, directo, una aparente sencillez espontánea que logra empatizar intensamente con el lector. Algo que logra, en palabras de Brenda Navarro, porque “escribe con las vísceras, no le importa descarnarse frente al lector. Aunque seguramente pensaba y corregía sus poemas, escribe mucho en caliente y eso que quiere sacar de sí desesperadamente, está ahí resonando. Es un dolor tan vivo que cualquiera podemos sentirlo como nuestro, porque sabemos que es algo que nos ha pasado o nos va a pasar.

Muchos de estos versos sencillos y desgarradores, capaces de describir en pocas palabras la existencia humana, los dedicó Vilariño al amor, un amor que si bien tiene en su obra momentos de dulzura aparece mayoritariamente retratado como perdido, doloroso y feroz, como ocurre con los poemas dedicados a Onetti.
Ambos escritores se conocieron a principios de los años 50, como refleja la dedicatoria que Onetti adjuntó a su novela Los adioses (1954) y la aparición de él en poemarios de Vilariño como Nocturnos (1955) y especialmente Poemas de amor (1957). Así comenzaron cuatro décadas de encuentros y desencuentros, ambos casados con otros desde mediados de los 70, que marcaron la pasional, oscura y tormentosa relación en la que, como afirmó la escritora al final de su vida, “sólo compartieron nueve noches”.

Creo que a Onetti el tango que más le gustaba era `Tus besos fueron  míos´"Fractura Expuesta | Sitio de tango y noticias culturales | Fractura  Expuesta | Sitio de tango y noticias culturales


Para Idea el amor era pasión o no era, como ella misma decía. Le gustaba mucho este amor torturado no buscaba la tranquilidad, sino el desgarramiento. Ya en sus diarios juveniles se aprecia a una mujer que buscaba esta pasión, este fundir el yo en el otro. Cuando esto ya no era posible el amor no le interesaba. Esto se vio plenamente en su relación con Onetti, un amor muy pasional, sí, pero tumultuoso, intranquilo, de dolor autoinfligido, de conquista”, explica Miles. “Para su poesía, completamente despojada y que buscaba siempre estar frente al abismo, iba muy bien, pero en vida la destrozó. Ella misma dijo en una entrevista que Onetti era el hombre que nunca debía haber conocido, que esa relación no fue buena para ella”.

Navarro afirma que su legado, más allá de su obra, reside en el ejemplo que da a las nuevas con el compromiso que tuvo desde joven con la cultura. “Fue una mujer que a los 30 años ya era reconocida y estuvo toda su vida cerca de las artes. En lo privado, destacaría su forma de hablar del dolor de estar viva, algo muy necesario en este momento que estamos viviendo. Su poesía nos introduce en temas y debates filosóficos que solemos evitar porque no son fáciles de digerir ni como personas ni como sociedad”.  Y, además, lo hace de un modo paulatino y elegante, pues como condensa Miles, “conseguir el nivel de desnudez que tienen sus poemas es altamente complicado. Tienen el efecto de que los lees y parecen una cosa muy limpia, pero poco a poco las ambigüedades inherentes en algo tan despojado empiezan a tener su efecto”, razona la editora. “Los poemas de Idea tienen una resonancia que dura mucho tiempo en el lector, que de pronto se encuentra pensando: ‘ah, pues a ver si lo que quería decir no era en realidad…’. Y de pronto el poema se ha transfigurado. Ahí reside la magia de su poesía, en que es algo vivo, palpitante. Sigue, como su legado, en la mente del lector mucho tiempo después”, concluye.

Vilariño también hizo hincapié en la composición, campo en el que se le conocen cuatro canciones emblemáticas que pertenecen a la música popular uruguaya, A una paloma, La canción y el poema, Los orientales y Ya me voy pa’ la guerrilla.

Idea Vilariño

Enrique Santos Discépolo (1901-1951) compuso una hermosa frase para definir el «tango». «Es una pensamiento triste, que se baila», dijo el músico y dramaturgo argentino. Lo hizo sin saber que esa definición, encerrada en apenas siete palabras, marcaría la vida de Idea Vilariño. La uruguaya, una de las autoras hispanoamericanas más importantes (y olvidadas) del siglo XX, bailó palabras que no eran sino sus sentimientos, siempre melancólicos, pese a su deseo de vivir. Vida y muerte enfrentados, para siempre, en la figura de una mujer que fue muchas cosas, pero sobre todo poeta. Se negaba a considerarse poetisa, una palabra cursi, cargada de debilidad y concesiones.

Escribió varios libros de ensayos, pero se la reconoce sobre todo por sus libros de poemas: No, Pobre mundo, Canciones y Poemas de amor son algunos de ellos. A partir de una entrevista con dos periodistas de su país, en 1998 se estrenó el documental Idea, con dirección de Mario Jacob, lo que acercó la poesía de Vilariño a las nuevas generaciones de lectores. En 2000, la editorial uruguaya Cal y Canto publicó su poesía completa. En 2004 obtuvo el premio Konex Mercosur a las letras y, cinco años después, falleció en Montevideo, su ciudad natal.

Libros

1945-La suplicante
1947-Cielo cielo
1951-Grupos simétricos en la poesía de Antonio Machado
1955-Nocturnos
1955-La rima en Herrera y Reissig
1957-Poemas de amor
1958-Grupos simétricos en poesía
1965-Las letras de tango
1966-Pobre mundo
1970-Poesía
1980-No
1981-El tango cantado
1993-Canciones
2000-Ya no será
2008 Poesía completa

Idea Vilariño y Juan Carlos Onetti

“Pensé pensé pensé y hoy ya no queda  más que esta pobre cosa destrozada.”
Idea Vilariño
“Cuando una mujer se siente amada totalmente, se entrega como una niña y es feliz siendo niña. Es el estado del amor.”
Juan Carlos Onetti
“Nacer significa la aceptación de un pacto monstruoso y, sin embargo, estar vivo es la única verdadera maravilla posible.”
Juan Carlos Onetti
Encuentros y desencuentros.

Además de las cartas y de las obras que se dedicaron mutuamente, se pueden rastrear múltiples testimonios de amigos y testigos, entrevistas e incluso rumores, que narran, reseñan, interpretan o suponen fragmentos de la historia amorosa entre Idea Vilariño y Juan Carlos Onetti.

Según el crítico español Antonio Muñoz Molina, en la obra de Vilariño “no hay paisaje exterior, ni explicaciones, ni adornos, ni nombres, sólo los amantes encerrados en esa habitación que será también la de la soledad y la espera, y la de un dolor demasiado cruel como para que lo designe la blanda palabra añoranza” (Muñoz Molina, 2008).


Y en efecto, la palabra añoranza resulta muy tibia y limitada para calificar la profundidad de las sensaciones, los sentimientos y el desgarramiento que nutren sus versos.
Respecto a la figura de Onetti, al igual que como sucedió con la de Vilariño, sus excentricidades, los imaginarios y las anécdotas de quienes lo conocían, establecen una maravillosa mezcla, para describirlo: incontables y divertidísimas anécdotas sobre las excentricidades, extravíos y ferocidades supuestas de Onetti en sus relaciones eróticas —sobre todo las que habían jalonado sus amores con la poeta Idea Vilariño— muchas de ellas sin duda exageradas o inventadas, pero que eran una prueba tangible de la fama de “escritor maldito” que ya se había ganado […] no podía imaginar que el autor de aquellas temerarias historias fuera el hombrecillo tímido hasta la mudez y ensimismado que temblaba como el azogue ante la idea de enfrentarse a un micrófono y que, salvo cuando hablaba de algún libro, pareciera ser el más desvalido de la creación. (Vargas Llosa, 2009: 52).

La timidez de Onetti y su nerviosismo ante auditorios o micrófonos coinciden con cierto retraimiento de Idea. Dos personalidades fuertes, grandes talentos creativos, mucha indecisión de Onetti, mucho sufrimiento de Vilariño, además de la intervención de muchos otros factores —en la vida de los dos— y otras distintas situaciones, ensombrecieron desde el inicio esa singular y abruptamente interrumpida historia de amor.

La misma Vilariño alude a ese momento en que Onetti la sedujo: “estaba seduciéndome a fondo con lo mejor de sí mismo y tanto que yo me quedé convencida de que aquello era la séptima maravilla. Esa misma noche me enamoré de él. Me enamoré, me enamoré, me enamoré.” (Vilariño, en Gilio y Domínguez, 1993: 114). Sin embargo, cuando Idea se descubre enamorada, racionalmente sabe que esa relación no funcionaría. Aunque se tenga certeza de las pocas posibilidades de una relación amorosa a futuro, no impide que alguien se entregue del todo a ese amor complicado y quizá imposible o poco duradero. Las grandes diferencias y la falta de entendimiento no detienen ni limitan dicha entrega:
Teníamos la relación más difícil y más imposible […] Es el último hombre de quien debí enamorarme porque éramos lo más imposible de ligar que había. Nunca entendió el ABC de mi vida, nunca me entendió como ser humano, como persona. Y así teníamos nuestros grandes desencuentros. Si yo hablaba de algo sumamente delicado él me salía con una barbaridad. Decía cosas que me hacían echarlo, imposibles de soportar. Todavía me pregunto por qué aguanté tanto, por qué volví tantas veces. Nos peleábamos y volvíamos a juntarnos, lo echaba, regresaba. Una noche me llamó desesperado para que fuera a verlo. Yo estaba con alguien que me amaba y lo dejé por ir a pasar una noche con él. Y recuerdo que lo único que hicimos fue ponernos de espalda, leyendo un libro él, y yo otro. A la mañana siguiente le agarré la cara y le dije: sos un burro Onetti, sos un perro, sos un camello. Y me fui. (Domínguez, 2009: 112-113).

POEMAS

Desnudez total

Ya en desnudez total
extraña ausencia
de procesos y fórmulas y métodos
flor a flor,
ser a ser,
aún con ciencia
y un caer en silencio y sin objeto.
La angustia ha devenido
apenas un sabor,
el dolor ya no cabe,
la tristeza no alcanza.
Una forma durando sin sentido,
un color,
un estar por estar
y una espera insensata.
Ya en desnudez total
sabiduría
definitiva, única y helada.
Luz a luz
ser a ser,
casi en amiba,
forma, sed, duración,
luz rechazada.
Amor Laura
Amor
desde la sombra
desde el dolor
amor
te estoy llamando
desde el pozo asfixiante del recuerdo
sin nada que me sirva ni te espere.
Te estoy llamando
amor
como al destino
como al sueño
a la paz
te estoy llamando
con la voz
con el cuerpo
con la vida
con todo lo que tengo
y que no tengo
con desesperación
con sed
con llanto
como si fueras aire
y yo me ahogara
como si fueras luz
y me muriera.
Desde una noche ciega
desde olvido
desde horas cerradas
en lo solo
sin lágrimas ni amor
te estoy llamando
como a la muerte
amor
como a la muerte.

Vive

Aquel amor
aquel
que tomé con la punta de los dedos
que dejé que olvidé
aquel amor
ahora
en unas líneas que
se caen de un cajón
está ahí
sigue estando
sigue diciéndome
está doliendo
está
todavía
sangrando.

Te estoy llamando

Amor
desde la sombra
desde el dolor
amor
te estoy llamando
desde el pozo asfixiante del recuerdo
sin nada que me sirva ni te espere.

Te estoy llamando
amor
como al destino
como al sueño
a la paz
te estoy llamando
con la voz
con el cuerpo
con la vida
con todo lo que tengo
y que no tengo
con desesperación
con sed
con llanto
como si fueras aire
y yo me ahogara
como si fueras luz
y me muriera.

Desde una noche ciega
desde olvido
desde horas cerradas
en lo solo
sin lágrimas ni amor
te estoy llamando
como a la muerte
amor
como a la muerte.

Callarse

Estoy temblando
está temblando el árbol desnudo y en espejos
cantando
y cantando está la luna
riendo
sin silencios
la lírica y romántica
flauta y en cielo en hoz
por vez primera
se abren su luz cereza y el estiércol.

No se pueden quejar ni las mañanas
ni el ardiente sopor que por lo estéril
no canto más no canto
ni puedo deshacer en primavera
ni negarla y beber
ni matar sin querer
ni andar a tientas
ya que el aire está duro
y hay monedas locuras
esperando
la marca del el agua
en desazón riendo
riéndose riendo.

Ah si encono si entonces
ya no quiero
ya no pude se pasa nunca alcanza
una ola se vaga la marea
se desconcierta así
y el sol no existe aquí más que en palabras
Pero en cambio en el cielo
caben muchas pero muchas. A veces
se molestan se muerden
en los labios.

Tal vez no era pensar

Tal vez no era pensar, la fórmula, el secreto,
sino darse y tomar perdida, ingenuamente,
tal vez pude elegir, o necesariamente,
tenía que pedir sentido a toda cosa.

Tal vez no fue vivir este estar silenciosa
y despiadadamente al borde de la angustia
y este terco sentir debajo de su música
un silencio de muerte, de abismo a cada cosa.

Tal vez debí quedarme en los amores quietos
que podrían llenar mi vida con un nombre
en vez de buscar al evadido del hombre,
despojado, sin alma, ser puro, esqueleto.

Tal vez no era pensar, la fórmula, el secreto.
sino amarse y amar, perdida, ingenuamente.

Tal vez pude subir como una flor ardiente
o tener un profundo destino de semilla
en vez de esta terrible lucidez amarilla
y de este estar de estatua con los ojos vacíos.

Tal vez pude doblar este destino mío
en música inefable. O necesariamente…

Ya no

Ya no será
ya no
no viviremos juntos
no criaré a tu hijo
no coseré tu ropa
no te tendré de noche
no te besaré al irme
nunca sabrás quién fui
por qué me amaron otros.

No llegaré a saber
por qué ni cómo nunca
ni si era de verdad
lo que dijiste que era
ni quién fuiste
ni qué fui para ti
ni cómo hubiera sido
vivir juntos
querernos
esperarnos
estar.

Ya no soy más que yo
para siempre y tú
ya
no serás para mí
más que tú. Ya no estás
en un día futuro
no sabré dónde vives
con quién
ni si te acuerdas.
No me abrazarás nunca
como esa noche
nunca.

No volverá a tocarte.

No te veré morir.

Lo que siento por ti

Lo que siento por ti es tan difícil.
No es de rosas abriéndose en el aire,
es de rosas abriéndose en el agua.

Lo que siento por ti. Esto que rueda
o se quiebra con tantos gestos tuyos
o que con tus palabras despedazas
y que luego incorporas en un gesto
y me invade en las horas amarillas
y me deja una dulce sed doblada.

Lo que siento por ti, tan doloroso
como pobre luz de las estrellas
que llega dolorida y fatigada.

Lo que siento por ti, y que sin embargo
anda tanto que a veces no te llega.

El mar no es más que un pozo

El mar no es más que un pozo de agua oscura,
los astros sólo son barro que brilla,
el amor, sueño, glándulas, locura,
la noche no es azul, es amarilla.

Los astros sólo son barro que brilla,
el mar no es más que un pozo de agua amarga,
la noche no es azul, es amarilla,
la noche no es profunda, es fría y larga.

El mar no es más que un pozo de agua amarga,
a pesar de los versos de los hombres,
el mar no es más que un pozo de agua oscura.

La noche no es profunda, es fría y larga;
a pesar de los versos de los hombres,
el amor, sueño, glándulas, locura.

El mar

Tan arduamente el mar,
tan arduamente,
el lento mar inmenso,
tan largamente en sí, cansadamente,
el hondo mar eterno.

Lento mar, hondo mar,
profundo mar inmenso…

Tan lenta y honda y largamente y tanto
insistente y cansado ser cayendo
como un llanto, sin fin,
pesadamente,
tenazmente muriendo…

Va creciendo sereno desde el fondo,
sabiamente creciendo,
lentamente, hondamente, largamente,
pausadamente,
mar,
arduo, cansado mar,
Padre de mi silencio.

Carta II

Estás lejos y al sur
allí no son las cuatro.

Recostado en tu silla
apoyado en la mesa del café
de tu cuarto
tirado en una cama
la tuya o la de alguien
que quisiera borrar
-estoy pensando en ti no en quienes buscan
a tu lado lo mismo que yo quiero-.
Estoy pensando en ti ya hace una hora
tal vez media
no sé.

Cuando la luz se acabe
sabré que son las nueve
estiraré la colcha
me pondré el traje negro
y me pasaré el peine.

Iré a cenar
es claro.

Pero en algún momento
me volveré a este cuarto
me tiraré en la cama
y entonces tu recuerdo
qué digo
mi deseo de verte
que me mires
tu presencia de hombre que me falta en la vida
se pondrán
como ahora te pones en la tarde
que ya es la noche
a ser
la sola única cosa
que me importa en el mundo.

Cuando compre un espejo para el baño…

Cuando compre un espejo para el baño
voy a verme la cara
voy a verme
pues qué otra manera hay decime
qué otra manera de saber quién soy.
Cada vez que desprenda la cabeza
del fárrago de libros y de hojas
y que la lleve hueca atiborrada
y la deje en reposo allí un momento
la miraré a los ojos con un poco
de ansiedad de curiosidad de miedo
o sólo con cansancio con hastío
con la vieja amistad correspondiente
o atenta y seriamente mirarme
como esa extraña vez-mis once años-
y me diré mirá ahí estás
seguro
pensaré no me gusta o pensaré
que esa cara fue la única posible
y me diré esa soy yo ésa es idea
y le sonreiré dándome ánimos.

El olvido

Cuando una boca suave boca dormida besa
como muriendo entonces,
a veces, cuando llega más allá de los labios
y los párpados caen colmados de deseo
tan silenciosamente como consiente el aire,
la piel con su sedosa tibieza pide noches
y la boca besada
en su inefable goce pide noches, también.

Ah, noches silenciosas, de oscuras lunas suaves,
noches largas, suntuosas, cruzadas de palomas,
en un aire hecho manos, amor, ternura dada,
noches como navíos…

Es entonces, en la alta pasión, cuando el que besa
sabe ah, demasiado, sin tregua, y ve que ahora
el mundo le deviene un milagro lejano,
que le abren los labios aún hondos estíos,
que su conciencia abdica,
que está por fin él mismo olvidado en el beso
y un viento apasionado le desnuda las sienes,
es entonces, al beso, que descienden los párpados,
y se estremece el aire con un dejo de vida,
y se estremece aún
lo que no es aire, el haz ardiente del cabello,
el terciopelo ahora de la voz, y, a veces,
la ilusión ya poblada de muertes en suspenso

Mediodía

Transparentes los aires, transparentes
la hoz de la mañana,
los blancos montes tibios, los gestos de las olas,
todo ese mar, todo ese mar que cumple
su profunda tarea,
el mar ensimismado,
el mar, a esa hora de miel en que el instinto
zumba como una abeja somnolienta…
Sol, amor, azucenas dilatadas, marinas,
Ramas rubias sensibles y tiernas como cuerpos,
vastas arenas pálidas.
Transparentes los aires, transparentes
las voces, el silencio.
A orillas del amor, del mar, de la mañana,
en la arena caliente, temblante de blancura,
cada uno es un fruto madurando su muerte.
 

Quiénes son quiénes son…

Alma, Azul, Poema, Numen
Quiénes son quiénes son
metidos en mi vida
imponiendo ternura
espectros como yo
momentáneos y vanos
iguales a las hojas que pudre cada otoño
y no dejan memoria.
Quiénes son quiénes son.
Son éstos y no otros
de antes de después
frutos de muerte son
sin remedio sin falta
irremisiblemente
antes o después
muertos
tan fugazmente cálidos alentando y erguidos
y amando
por qué no
amando sin pavor
sin conjugarse nunca
la otra alma el otro cuerpo
la otra efímera vida.
Quiénes son quiénes son.
Qué camada de muertos para el suelo que pisan
qué tierra entre la tierra mañana
y hoy en mí
qué fantasmas de tierra obligando mi amor.

Cuándo ya noches mías

Cuándo ya noches mías
ignoradas e intactas,
sin roces.
Cuándo aromas sin mezclas
inviolados.

Cuándo yo estrella fría
y no flor en un ramo de colores.

Y cuando ya mi vida,
mi ardua vida,
en soledad
como una lenta gota
queriendo caer siempre
y siempre sostenida
cargándose, llenándose
de sí misma, temblando,
apurando su brillo
y su retorno al río.

Ya sin temblor ni luz
cayendo oscuramente.

A un poeta

Pobre Rubén creíste
en todas esas cosas
gloria sexo poesía
a veces en América
y después te moriste
y ahí estás muerto
muerto

Pobre pobre Rubén
te rodeaste de mitos
de cisnes de Parises y de Grecias
de cargos y de deudas
de amigos sinvergüenzas.

Te engañaron te hicieron
el cuento te robaron
te robaron Rubén
–mira que fuiste tonto–
o bien no te pagaban
aunque a veces tú mismo
derrochaste tus pesos
con la embriaguez de un niño.

Y escribiste bobadas
por encargo por juego
y hasta por compromiso.
mira que fuiste tonto
casarte con Rosario
andar con presidentes
alternar con snobs
caer con cualquier pícaro.

No puedo respetarte
y ni siquiera ver
de dónde te brotaban
tus versos tus palabras
tu tremendo lirismo
tu canto tu increíble
belleza tu poesía.

No sé Rubén no sé
no sé pero brotaba
–ritmo canción tormenta
rio apacible sangre
dulce oscura que mana–

No sé. Acaso del pobre
corazón arrancado
–eso dicen–
o del pobre cerebro
que después disputaron
–eso dicen–
a punta de revólver.

No sé no sé Rubén
no sé pero qué hermosa
a veces tu poesía
qué grande qué valiente
o que honda qué humana
a veces tu poesía.

Vaya a saber. Tal vez
tú mismo no supieras.

(La Habana, 1966, leído en el Encuentro
con Rubén Darío, en Casa de las Américas)

Te recomendamos ver el programa de televisión.

PRÓXIMO NÚMERO


129. Poesía más Poesía: Julio Herrera y Reissig

JULIO HERRERA Y REISSIG

BIOGRAFÍA

Poeta uruguayo, considerado una de las cumbres del modernismo, y uno de “los cuatro delfines” y herederos de Rubén Darío, junto a Leopoldo Lugones, Amado. Nervo y Ricardo Jaimes Freyre.

Nació el 9 de enero de 1875 en Montevideo, entonces una capital de casi medio millón de habitantes. (No debemos olvidar, por cierto, ni a Lautréamont, ni a Jules Laforgue, a quienes el destino hizo nacer igualmente en Montevideo y a Delmira Agustini de su misma época, que vimos en un programa anterior).

Descendiente de una familia de abolengo patricio, su tío, Julio Herrera y Obes llegaría a ser presidente de la República del Uruguay. Sus padres, Manuel Herrera y Obes y Carlota Reissig, tuvieron nueve hijos y, en el momento de su nacimiento, su padre gozaba de buena posición económica fruto de importantes negocios por lo que nació y vivió durante sus primeros años en una mansión de los alrededores de la capital, en el barrio del Prado. A los cinco años, en 1880, se le descubre una grave arritmia coronaria congénita que afectará en adelante a su existencia.
Escribe:

¿Queréis saber de mi amistad primera? Pues bien: fue con la muerte.

En 1882 su padre sufrió un quebranto económico, lo que lo llevó a vender su participación en el Banco Herrera-Eastman y una parte de sus propiedades, con lo que la familia pasa a vivir en una casa de la ciudad de Montevideo. En este tiempo comienza sus estudios en el Colegio Lavalleja y a los trece años lo inscriben en el colegio salesiano del Cordón, donde estudia dos cursos, posteriormente pasa al colegio San Francisco. Es una época en la que ya empieza a mostrarse su gran poder imaginativo con episodios de ciclotimia.

Muere su abuelo Manuel Herrera y Obes en 1890 y al año siguiente su hermano Rafael,(cinco año mayor que él). En el mismo año, su tío, Julio Herrera y Obes, asume la presidencia de la República y, por su mediación, ocupa el primer cargo público en la Alcaidía de la Aduana, dos años después renunció por el agudizamiento de su enfermedad coronaria. En esa misma época cae enfermo de fiebres tifoideas y pasa la convalecencia en la estancia del general José Villar, ministro de su tío, en el departamento de Salto.

En 1895 José Pedro Massera, Director de la Inspección Nacional de Instrucción Pública, lo nombró su secretario adjunto, pero acabará renunciando a los dos años ante la indiferencia de Massera, escribiendo como desahogo «Cosas de aldea», texto en el que manifiesta su agravio y cierta megalomanía que da comienzo a su leyenda.
A partir de este momento su formación se basará en la lectura de los clásicos españoles, griegos y latinos, así como autores franceses de literatura y filosofía, Víctor Hugo, Lamartine, Musset y las ediciones de Mercure de France. La poesía se convierte así en el centro de su vida acentuando una inclinación que ya tenía desde los quince años.
Tras algún tanteo inicial, en abril de 1898 publica su poema «Miraje» con reminiscencias de Lamartine y Bécquer, pero que, aparecido con un elogio del crítico Samuel Blixen, se convierte en un  éxito que lo estimula para continuar escribiendo versos en la misma línea. Un año después tiene un escarceo en política al participar contra la unificación del Partido Colorado, pero pronto se dará cuenta de que su vida es la literatura.

En este mismo año, 1899, funda La Revista, periódico quincenal que dura once meses y en cuyo primer número evalúa negativamente el momento literario de su país y contribuye a la iniciación renovadora del modernismo, pues en ella se publicaron algunos poemas de Toribio Vidal Belo, como «Noche blanca», que denotaban el eco de Prosas profanas de Rubén Darío, apenas conocido entonces en Montevideo. Herrera lo destaca por su originalidad en su revista, hasta el punto de observarse una variación notable entre las opiniones de la primera y la segunda parte de su ensayo «Conceptos de crítica», uno de los cuatro textos en prosa que publica, junto con seis breves poemas, en La Revista. A través de Vidal Belo conoció a los poetas modernistas hispanoamericanos y a los simbolistas franceses, Darío y Julián del Casal, a Verlaine y Rodenbach. En estos años las nuevas corrientes ideológicas y estéticas finiseculares se concentran en Montevideo con la entrada de las ideas de Nietzsche, Kropotkin y Bakunin, así como los simbolistas Baudelaire, Rimbaud y Verlaine, ello contribuye al giro poético que se está produciendo. Pero fue su amistad con Roberto de las Carreras lo que decidió su cambio definitivo de orientación literaria. De las Carreras había llegado de París en 1898 con una buena cantidad de libros de poetas parnasianos y simbolistas e hizo de la provocación su propia existencia exhibiendo ideas anarquistas y proclamando el amor libre, con lo que capitalizó en el ambiente montevideano el emblema de la nueva literatura.

Se funda en el domicilio familiar, calle San José 119, El Cenáculo, antecedente de La Torre de los Panoramas.

En 1899, Cambio de domicilio familiar a la calle Cámaras 96, donde funda el Segundo Cenáculo, lugar de reunión de los jóvenes poetas montevideanos.
Conoce a Leopoldo Lugones a través del Consistorio del Gay Saber que dirigía Horacio Quiroga.
En abril de 1900 Roberto de las Carreras publicó Sueño de Oriente que envió a La Revista, y que Herrera leyó maravillado por su transgresión y atrevimiento. Julio fue a visitar a Roberto y éste lo recibió en la bañera y luego publicó una reseña sobre su obra en la que  decía: «Sueño de Oriente constituye la nota artística más anticonvencional posible dada en el pequeño teatro de nuestra literatura. Todo en él es nuevo, arrogante y sutil». A partir de este encuentro se hicieron amigos y adoptó también la misma actitud desafiante. 

La Revista dejó de publicarse en julio de 1900 al sufrir Herrera la más dura de las crisis cardiacas hasta el momento. El único remedio conocido era la morfina y a ella debió unir su vida, al mismo tiempo que usó sus efectos literariamente, y para elaborar su leyenda de poeta maldito.
Su enfermedad le impidió viajar y trabajar de modo convencional pero no fue un obstáculo para que se convirtiera en un personaje peculiar, un dandy de raíces baudelairianas, desde 1900 se sucedieron las veladas literarias en el ático de la mansión familiar en Montevideo, conocida como La Torre de los Panoramas a causa de las importantes vistas que desde allí se tenían al Río de la Plata. En estas reuniones empezó la evolución de su obra desde el romanticismo hacia la vanguardia modernista que lo convertiría póstumamente en una referencia obligada de la poesía latinoamericana de la época, junto a Leopoldo Lugones, Ricardo Jaimes Freyre y Salvador Diaz Mirón.

Junto a las discusiones literarias, en la Torre de los Panoramas se practica el espiritismo para invocar a los muertos del vecino cementerio central de Montevideo y se fuma opio. Sus dolencias, no tardaron en empujar a Herrera y Reissig al uso de estupefacientes.

“No soy un vicioso. Cuando tengo que escribir algún poema en el que necesito volcar todo mi ser, todo mi espíritu, toda mi alma, fumo opio, bebo éter y me doy inyecciones de morfina. Pero eso lo hago cuando tengo que trabajar. Los paraísos artificiales son para mí un oasis”, contaba Rubén Darío que su admirado Julio decía.
Nace su hija natural Soledad Luna que no reconocerá hasta dos años después.

La obra de Roberto de las Carreras, hoy día, no se valora más que dentro de la medianía, pero su actitud fue un estímulo constante para Herrera al introducir nuevas tendencias decadentistas. Ello explica su deslumbramiento y amistad, hasta el punto de que proyectaron textos conjuntos en los que se burlaban del ambiente de la ciudad a la que llamaban «la toldería de Tontovideo». Es entonces cuando se proponen escribir Los nuevos charrúas o Parentesco del hombre con el suelo o Tratado de la imbecilidad del país según el sistema de H. Spencer, del cual se conservan unos cientos de páginas que sólo se han podido publicar hace pocos años. Parte de este trabajo pasará al «Epílogo wagneriano a la Política de fusión».

Años después, en 1906, ambos poetas se enemistan por una polémica relacionada con el supuesto robo de una metáfora («el relámpago luz perla / que decora su sonrisa» de Herrera) cuyo origen podría rastrearse en la poesía de Quevedo y en la de Bécquer. Asunto tan absurdo encubría otro tipo de diferencias.

EN 1903 Conoce a Julieta de la Fuente que será su pareja hasta su muerte.


Para evitarle el servicio militar, su padre le busca un trabajo en el Censo de Buenos Aires, allí parte en 1904 donde compone una parte de Los éxtasis de la montaña, volviendo a Montevideo en 1905 donde reinicia su vida en la Torre de los Panoramas.
De 1902 a 1907 habrá de escribir la mayor parte de su obra, aunque solo unos 80 poemas habrán aparecido de forma dispersa en las publicaciones de la época. En mayo de 1907 fundó La Nueva Atlántida, «revista superior de altos estudios», que sólo alcanzó dos números ya que no contaba con la ayuda económica familiar. A la muerte de su padre en esa misma época se acentuó la desprotección del poeta que pasa a vivir esporádicamente en casa de su novia, Julieta de la Fuente, con lo que debió aceptar un trabajo en el periódico La Noche.

Retrato - Julio Herrera y Reissig
Julio Herrera y Reissig y su esposa Julieta de la Fuente (1910)

En julio de 1908 se casó con Julieta de la Fuente. Fallece días después su madre, Carlota Reissig, su hermano Alfredo enloquece, se acentúa aun más su indefensión e intenta negocios y empleos, como un comercio de vino francés, agente de la Compañía Nacional de Seguros La Uruguaya, y al final de su vida le conceden un empleo del Estado, el de subarchivero-bibliotecario del Departamento Nacional de Ingenieros, que no pudo asumir, ya que desde noviembre de 1909 hasta mediados de marzo de 1910 se agrava su enfermedad. Murió el 18 de marzo de 1910.

La obra principal de Julio Herrera y Reissig es fruto de los diez últimos años de su vida. En estos mismos años, Herrera funda un singular Cenáculo, y luego la célebre Torre de los Panoramas, que alcanzará su consagración dos años después, hacia 1903, como lugar de reunión y de distendida amistad. Lugar embellecido por la imaginación fue la sede de largas discusiones poéticas hasta convertirse en emblema de su poesía y del modernismo esteticista.

Torre de los Panoramas Vista frontal - Julio Herrera y Reissig
La Torre de los panoramas

La Torre era su lugar de trabajo en la azotea de la casa familiar, al que se subía por una escalera de caracol, allí se recitaban poemas, se cantaba y tocaba la guitarra. Por ella pasaron todos los literatos uruguayos de su tiempo, entre los que se pueden contar su auditorio e imitadores, como Juan Picón, Pablo Minelli González, autor de un libro Mujeres flacas (1904), Juan Mas y Pi, César Miranda (Pablo de Grecia) que publica Letanías simbólicas, también en 1904, Edmundo Montagne y Oscar Tiberio. Un lugar de reunión semejante era el Consistorio del Gay Saber de Horacio Quiroga donde en 1900 conoció a Leopoldo Lugones que recitó algunos sonetos de Los crepúsculos del jardín.
La única obra ordenada por el poeta es Los peregrinos de piedra que data de un año antes de su muerte, 1909.


De Herrera y Reissig fue a decir Neruda: “Si Rubén Darío es el rey indudable de la marmolería modernista, Julio del Uruguay arde en el fuego subterráneo y submarino, y su locura verbal no tiene parangón en nuestro idioma”.

En tanto que Alberti habría de definirlo como “un poeta pleno de aventuras, disconforme y audaz, virtudes hoy visiblemente perdidas en los últimos autores”.

Herrera y Reissig escribió ficción, ensayos políticos, traducciones y muchas otras obras, pero es fundamentalmente conocido y reconocido por su producción poética.

 Canto a Lamartine (1898)
 Las pascuas del tiempo (1902)
 Los maitines de la noche (1902)
 La vida (1903)
 Los parques abandonados (1902-1908)
 Los éxtasis de la montaña (1904-1907)
 Sonetos vascos (1908)
 Las clepsidras (1909)
 La torre de las esfinges (1909)
 Los peregrinos de piedra (1909)
 La torre de marfil

POEMAS

LA DICTADURA

¡Infame siempre ha sido tu reinado;
pues te abortó la sombra de los vicios
y tu trono se alzó sobre suplicios
y fue tu ley el yugo despreciado!

En banquetes de sangre te has cebado,
y bajo los satánicos auspicios
has fundado la serie de desquicios
que a nuestro patrio lábaro ha enlutado!

Tu razón fue una horca para el justo,
fue tu engendro la guerra fratricida
y tu oscuro estandarte el retroceso.

y tu único enemigo el sol augusto
que ilumina la escena del progreso:
¡la libertad! ¡la libertad querida!

¡ARRIBA!

En el fango maldito,
se revuelve enlutada la bandera
que tremoló en las Piedras y el Cerrito.
Besada por la pólvora altanera,
esa que al saludarla en su comienzo
simbolizando del civismo el vuelo
formó espirales de azulado incienso
que en flecos vaporosos llegó al cielo,

– – – – – – – – ¡la patria del ensueño!
a quien robó su azul el ancho Plata
y la bandera su color risueño
y su sol de flamígera escarlata;
sol que es un rayo para el vil tirano
y para el llanto de la patria un beso
sol que jamás se mancha en el pantano
sol que en el ojo del jaguar va impreso,

– – – – – – – – del jaguar iracundo
que dio su garra al pueblo de Cagancha
y su rugido, que ha asombrado al mundo,
cuando de la opresión, la impura mancha
sintió en su noble y elevada frente
donde arde el fuego de la inmensa entraña
donde la pura nieve refulgente
brilla como en la esplendida montaña!

¡Y bien! ¡Oh pueblo! hay fieras en tu seno
que visten galas de farsaica (*) idea,
como hay flores que esconden el veneno,
como se encuentra lodo que chispea;
son eso que tú aplaudes los primeros
¡ay! los que vivirán de tus despojos.
¡Son los oscuros cuervos agoreros
los mismos que te arrancarán los ojos!

II
¿Olvidarás tu historia?
¿No hay sol en tu bandera que te alumbre?
Nació mirándolo la patria gloria
como lo mira el cóndor de la cumbre.
Tú sabes que la libertad querida
costó ¡ay! regar las balas cual semillas
con la preciosa esencia de la vida
y hacer cien cementerios de cuchillas!

Esos espurios, falsos ciudadanos
para quienes la ley no tenía valla,
son los mismos que piden hoy tiranos
y se hacen aclamar por la canalla!
¡Son los mismos, los mismos, que en otrora

– – – – – – – – sin timidez alguna
despreciando la fuerza usurpadora,
lanzaban rayos desde una tribuna!

¡Los perseguidos por la fiera hirsuta
que iban buscando un extranjero techo,
aman la fiera, aman la fuerza bruta
piden el sacrificio del derecho;
como la turba hebraica, en negro día
gritó al ver a Jesús… ¡dadle suplicio!
y en la embriaguez infame de la orgia
¡que salga Barrabás! ¡que triunfe el vicio!

III
Poetas de mi tierra, en esta hora,
en esta horrenda hora de tormento
dejad que vuestra lira atronadora
la pulse el rayo y la remonte el viento
¡La inspiración del cráter ¡oh! cantores
es la que el cóndor majestuoso escucha;
el hombre pide arrullo en sus amores,
y rugidos de león desea en la lucha!
¡Que cada nota un anatema sea
contra los falsos ídolos del vicio
fabricados del cieno que se crea
en el bajo que ciñe el precipicio!
¡Proclamad la virtud, más luminosa
si más negra es la noche en que se enseña,
la virtud cuando cae es más hermosa
como el torrente cuando se despeña!

El sol de redención, el sol de Mayo
el que lució con San Martín y Artigas
tuvo un himno de luz en cada rayo
vibrando entre las hordas enemigas;
sol que en Caseros fulguró de encono
como el poeta de la luz sagrada
al fulminar el relajado trono
del que tuvo por ley ¡mísera espada!

IV

– – – – – – – – ¡Ese sol de victoria
que se eclipsó entre sangre de Quinteros
es con desprecio de su santa gloria
escupido por viles mazhorqueros .

– – – – – – – – – ¡Y esa bandera erguida
se enrosca avergonzada entorno al asta,
del hombre que la arrastra prostituida,
como diciendo: ¡histrión! detente… basta!

¡Oh! león de la Agraciada
¡Levántate y sacude la melena
fuego de redención es tu mirada
contra ese fuego es trapo una cadena!
¡Despedaza en tu garra el cetro impuro
con que se ciñe de ambición un beodo;
mas callo, que el castigo del perjuro
debe salir del lodo, sí, del lodo!

¡Calle la lira avergonzada, calle,
que en el momento en que la ley sucumba
cada oriental será un volcán que estalle,
un luchador saldrá de cada tumba!
¡De las gradas del mundo, las naciones
han de arrojar laureles a los bravos
que antes quieren pasar por fieros leones
y no ser despreciados como esclavos!

JULIO HERRERA Y REISSIG y sus “Pascuas del Tiempo” por Leopoldo de Luis

-Fragmento-

Fastuosos son los versos orquestales de estas “Pascuas del Tiempo”. Asombroso poeta de abigarrada cultura mitológica como un Góngora resurrecto. “Nada más apasionante que la poesía de este uruguayo fundamental, de este clásico de toda la poesía”, dejó dicho de él Pablo Neruda.
Sol en Sagitario, M.C.M.”. Esta fechación forma parte del retoricismo y la imaginación del poeta, porque Julio no viajó nunca a Europa. No cabe sino pensar que el talante ecuménico con que redacta la nómina de personajes convocados le inclinó a desear un punto céntrico, un ombligo de la cultura, y ninguno tan típico como París. Bien sabemos que el modernismo americano se esforzaba por mirar a las modas francesas.
En el primer canto, el poeta alude al tiempo como a un viejo patriarca de cuyas arrugas ha de salir el futuro.
El canto segundo describe una imaginaria fiesta de ultratumba, con los más variados personajes históricos como invitados, en una mezcla que olvida la historicidad.
En el tercero, es la retahíla de los meses lo que deambula y baila.
En el cuarto se alza la harmonía (escrita con h, claro) de la lira de Orfeo.
En el quinto, la zarabanda de un repertorio de horas que culmina en el canto seis.
En el siete, el más extenso, vuelven los meses a entretejer un himno, y en el último, figuras mitológicas llegan a la fiesta que se remata con un epílogo en cuatro versos de dieciséis sílabas.
La poesía modernista, con su creación de ritmos, desdoblando y ampliando la versificación, cobra en este poema de Herrera y Reissig un estadio delirante. Su lujo verbal, sus rimas que cantan y encantan, su sintaxis encaramada a la anáfora, el empleo de términos de tan singular brillo como de rareza de uso, el derroche de evocaciones que concitan protagonistas reales o supuestos, manifestándose en escenarios ya de gusto francés, ya de recreaciones helenas. Todo ello aleja la poesía de propuestas sentimentales, meditaciones o trascendencias, para instalarla en el ideal reino de la belleza. Pero es claro que la belleza puede alzarse como un valor rebelde. La belleza del arte, contra lo chabacano, la torpeza convencional y burda de la vieja burguesía. No se equivocaba el gran crítico Ricardo Gullón cuando, ante la elegancia de la estética modernista, decía que los cisnes y las princesas tenían sentido, lo que -según ha escrito el profesor Urrutia en su prólogo al libro de Juan Ramón Jiménez- puede interpretarse como deseo de elevación intelectual e idealista por encima de la vulgaridad.
Por si fuera poco, Herrera y Reissig introduce en sus elaborados versos un ingrediente irónico, con lo que se anticipa a la visión de un costado lúdico de la poesía manejada años después por los ultraístas.
Poesía como de ricos cortinajes y telas recamadas. Poesía de salones lujosos y adornos sensuales y tapices que evocan paisajes exóticos. Fuentes con ninfas, arquitectura de alhambras y mekas.
Espectros de rastros seculares. Borgia o Cleopatra; la Reina de Saba o Voltaire; la Pompadour o Santa Teresa; Atila o Byron.
Triunfo deslumbrante del movimiento que abre la poesía moderna en lengua española con el siglo que recién acaba. Por esas rutas transitó una pléyade renovadora e innovadora que merece recuerdo y gratitud. AJenaro Talens -poeta renovador él mismo- y a Luis Íñigo Madrigal les debemos este regalo, en manos de Biblioteca Nueva.

LAS PASCUAS DEL TIEMPO

I
SU MAJESTAD EL TIEMPO

El Viejo Patriarca,
                   Que todo lo abarca,
Se riza la barba de príncipe asirio;
Su nívea cabeza parece un gran lirio,
Parece un gran lirio la nívea cabeza del viejo Patriarca.
Su pálida frente es un mapa confuso:
La abultan montañas de hueso.
Que forman lo raro, lo inmenso, lo espeso
De todos los siglos del tiempo difuso.
Su frente de viejo ermitaño
Parece el desierto de todo lo antaño:
En ella han carpido la hora y el año,
Lo siempre empezado, lo siempre concluso,
Lo vago, lo ignoto, lo iluso, lo extraño,
Lo extraño y lo iluso…
Su pálida frente es un mapa confuso:
La cruzan arrugas, eternas arrugas,
Que son cual los ríos del vago país de lo abstruso
Cuyas olas, los años, se escapan en rápidas fugas.
¡Oh, las viejas, eternas arrugas;
Oh los surcos oscuros:
Pensamientos en formas de orugas
De donde saldrán los magníficos siglos futuros!

II
FIESTA POPULAR DE ULTRATUMBA

Un gran salón. Un trono. Cortinas. Graderías.
(Adonis ríe con Eros de algo que ha visto en Aspasia)
Las lunas de los espejos muestran sus pálidos días,
Y hay en el techo y la alfombra mil panoramas de Asia.
Las lámparas se consumen en amarillas lujurias,
Y las estufas se encienden en pubertades de fuego;
(Entran Sátiros, Gorgonas, Ménades, Ninfas y Furias;
Mientras recita unos versos el viejo patriarca griego.)
Unos pajes a la puerta visten dorado uniforme;
Cruzan la sala doncellas ornadas con velos blancos.
(Anuncian: están Goliat y una señora biforme
Que tiene la mitad pez, Barba Azul y sus dos zancos.)
Un buen Término se ríe de un efebo que se baña.
Todos tiemblan de repente. (Entra el Hércules nervudo)
Grita Petronio: ¡Falerno! Grita Luis Once: ¡Champaña!
(Grita un pierrot: ¡Menelao con un cuerno y un escudo!)
Todos ríen, sólo guardan seriedad Juno y – Mahoma,
El gran César y Pompeyo, Belisario y otros nobles
Que no fueron muy felices en el amor. Se oyen dobles
Funerarios: es la Parca que se asoma…
(Todos tiemblan) los más viejos rezan, se esconden,
              murmuran.
Safo le besa la mano. Se oye de pronto un gran ruido,
Es Venus que llega: todos se desvisten, tiemblan, juran,
Se arrojan al suelo y sólo se oye un inmenso rugido
De fiera hambrienta: los hombres se abalanzan a la diosa,
(Ya no hay nadie que esté en calma, todos perdieron el juicio) 
Todos la besan, la muerden, con una furia espantosa,
Y Adonis llora de rabia… En medio de ese desquicio
El Papa Borgia está orando (mientras pellizca a una niña),
Tan sólo un bardo protesta: Lamartine, con voz airada;
Para restaurar el orden se llamó a Marat. La niña
Duró un minuto y la escena vino a terminar en nada.
Con el ala en un talón entra Mercurio; profundo
Silencio halló el mensajero. El gran Voltaire guiñó un ojo
Como queriendo decir: ¡cuánto pedante en el mundo
Que piensa con los talones! (Juan lo miró de reojo.
Y un periodista que había se puso serio y muy rojo.)
Entra Aladino y su lámpara. Entran Cleopatra y Filipo.
Entra la Reina de Saba. Entran Salomón y Creso.
(Con las pupilas saltadas se abalanzó un burgués rico,
Un banquero perdió el habla y otro se puso muy tieso.)
“Mademoiselle Pompadour”, anuncia un paje. Mil notas
Vibran de pronto; los hombres aparecen con peluca,
(Un calvo aplaude, y de gozo brinca una vieja caduca)
Comienza el baile: pavanas, rondas, minués y gavotas.
Bailan Nemrod y Sansón, Anteo, Quirón y Eurito;
Bailan Julieta, Eloísa, Santa Teresa y Eulalia,
Y los centauros: Caumantes, Grineo, Medón y Clito;
(Hércules no; le ha prohibido bailar la celosa Onfalia.)
Entra Baco, de repente; todos gritan: ¡Vino, Vino;
(Borgoña, Italia y Oporto, Jerez, Chipre, Cognac, Caña,
Ginebra y hasta Aguardiente), viva el pámpano divino,
Vivan Noé y Edgard Poe, Byron, Verlaine y el Champaña!
Esto dicho, se abalanzan a un tonel. Un fraile obeso
Cayó, debido, sin duda (más que al vino) al propio peso.
Como sintieran calor Apuleyo y Anacreonte
Se bañaron en un cubo. Entra de pronto Caronte.
(Todos corren a ocultarse). No faltó algún moralista
Español (ya se supone) que los tratara de beodos,
El escándalo tomaba una proporción no vista,
Hasta que llegó Saturno, y, gritando de mil modos,
Dijo que de buenas ganas iba a comerlos a todos.
Hubo varios incidentes; (entra Atila y se hunde el piso;
Eolo apaga unas bujías; habla Dantón; se oye un trueno.)
En el vaso en que Galeno
Y Esculapio se sirvieron, ninguno servirse quiso.
Un estoico de veinte años, atacado por el asma,
Se hallaba lejos de todos. “Denle pronto este jarabe”.
Dijo Hipócrates, muy serio. Byron murmuró, muy grave:
“Aplicadle una mujer en forma de cataplasma”.
Una risa estrepitosa sonó en la sala. De rojo
Vestido un dandy gallardo, diole la mano al poeta
Que tal ocurrencia tuvo. (El gran Byron que era cojo,
Tanto como presumido, no abandonó su banqueta,
Y tuvo para Mefisto la inclinación más discreta.)
En esto hubo discusiones sobre cuál de los suicidas
Era más digno de gloria. Dijo Julieta; yo he sido
Una reina del Amor; hubiera dado mil vidas
Por juntarme a mi Romeo. Dijo Werther: yo he cumplido
Con un impulso sublime de personal arrogancia.
Hablaron Safo y Petronio, y hasta Judas el ahorcado,
Por fin habló el cocinero del famoso Rey de Francia,
El bravo Vatel: yo, dijo, con valor me he suicidado
Por cosas más importantes, ¡por no encontrar un pescado!
Todos soltaron la risa. (Grita un paje: está Morfeo.)
Todos callan, de repente… todos se quedan dormidos.
Se oyen profundos ronquidos.
(Entra en cuclillas un loco que se llama Devaneo.)

III
LLEGADA DE LOS MESES Y DE LAS HORAS

(Terpsícore puede más que Morfeo)
Saludando cortésmente a la buena Mamá Juno
(Son las XII de la noche, del mes doce a 31)
Entran: Junio, Julio, Agosto, Setiembre, Octubre y
        Noviembre.
Enero, Marzo y Abril, Mayo, Febrero y Diciembre.
Síguelos el Viejo Tiempo, con traje de soberano.
(El Patriarca de los Siglos a quien ninguno conoce.)
              Y tomadas de la mano,
Formando rueda y bailando la vieja danza del brinco:
La seis, la ocho, la nueve, la diez, la once, la doce,
La una, la dos, la cuatro, la tres, la siete y la cinco.
(Anuncian: está Terpsícore.) Todos despiertan y ríen:
El gran salón se ilumina con mil resplandores blancos;
Barba Azul corre en sus zancos;
Raras macabras armónicas los instrumentos deslíen,
Y sin que haya espiritistas saltan las mesas y bancos.
Byron, Tirteo y Quevedo se olvidan de que son cojos,
Rabelais y el gran Leopardi no saben ya sus defectos;
Homero y Milton se muestran, ambos, con grandes anteojos;
los cuerdos se vuelven locos y arlequines los proyectos.
(Por bailar a misia Parca también se le van los ojos.)

IV
RECEPCIÓN INSTRUMENTAL DEL GRAN POLÍGLOTO ORFEO

Cuentos de Harmonía
Entra el viejo Orfeo. Mil notas auroran
El aire de ruidos, mil notas confusas;
Suspiran las Musas, las Sirenas lloran;
Las Sirenas lloran, suspiran las Musas.
Misteriosas flautas, que modulan gritos
De bacantes ebrias, de hetairas locas,
Cantan las canciones de los tristes mitos;
de los besos muertos en las regias bocas.
Finas violas trinan los rondeles breves
Que en la danza regia dicen los encajes,
Las suaves y amables carcajadas leves
De las suaves sedas de los leves trajes.
Sistros marfilados hablan de las lidias
De los viejos reyes; de su real decoro;
De Judith y Esther cuentan las perfidias,
Los asesinatos de sus besos de oro.
Címbalos de plata cuentan las historias
De reinas de Saba; de sangrientas misas,
Y cascabelean las divinas glorias
De los viejos bardos y las pitonisas.
Suaves mandolinas desabrochan llantos
De Mignones ebrias y Lilís divinas,
Y hacen las historias, de crueles encantos
Y dulces venenos, de las Florentinas.
Cuernos y zampoñas, cobres y trompetas,
(Que tienen el triunfo dorado del Sol)
Aúllan y ladran y rujen y gritan,
(Los himnos más rojos en tono i bemol).
¡Hablando de guerras, de sangre, de atletas,
De incendios, de muertes y cosas que excitan!
Órganos tronantes murmuran canciones,
De mística, vaga, celeste harmonía,
Que hacen de las barbas de Jehová vellones
Para ornar la mesa de la eucaristía.
Discretos violines hacen historietas
De pies diminutos, escotes y talles;
De anillos traidores; de las Antonietas,
De los galanteos del regio Versalles.
Narran mil alegros, de collares ricos,
De aleves conquistas, de alcobas doradas:
Las conspiraciones de los abanicos
Y las aventuras de las estocadas.
Timbales y oboes, panderos y gaitas
Son gitanas tristes, ebrias bayaderas
Que dan el almíbar de las chirigaitas,
Sangre de cicutas, celos de panteras,
Que sugieren dramas de placer y llanto,
Risas y suspiros de Selikas locas,
Sollozos de Aída, ramos de amaranto,
Orgías de vasos, puñales y bocas.
Graves clavicordios, tristes violoncelos
Susurran amores de duques suicidas,
Y hablan en la lengua de los terciopelos,
Del vino que usaban las reinas queridas.
Guitarras sensibles, en raudos alegros,
Hablan de toreros, chulos y manolas;
Fingen las tormentas de los ojos negros,
Y hablan de los celos de las reinas Lolas.
Ríen con la risa del castañeteo,
Vuelan con el vuelo de la seguidilla,
Y hablan del hechizo que en el culebreo
Ponen las sultanas de la manzanilla.
Sugieren de pronto caderas ariscas,
Gestos que provocan, y ligas que atan;
¡Toros de lujurias, besos de odaliscas,
Canelas, mantillas y piernas que matan!…

V
LA GRAN SOIRÉE DE LA ELEGANCIA.
LA DANZA DE LOS MESES Y DE LAS HORAS GALANTERÍAS ETERNAS

Decoración: La sala semeja una floresta
Unos faunos sensuales persiguen a una driada,
Cantos de aves sinfónicas hace vibrar la orquesta.
(Pajes, Arqueros, Duendes y gente uniformada.)
Los Dioses del Olympo todos se hallan presentes.
(Emblemas, jeroglíficos, toisons, panoplias, cuernos)
Inmensa muchedumbre de silenciosas gentes;
Santos del Paraíso, reyes de los Infiernos.
El viejo Tiempo se halla sentado en su gran solio.
(Heraldos y sirenas, dragones, sagitarios)
A un lado el Laberinto y al otro el Capitolio.
La Parca está rezando sus credos funerarios.
Alcen contempla a Diana. Pan toca su bocina;
Un centauro y un sátiro se cuentan sus lujurias;
Hidras, peces biformes. (Plutón y Proserpina.)
Tritones y Oceánidas y Náyades y Furias.
Lohengrin y el Cisne. Cadmo transformando una piedra;
(Pontífices, Mikados, Sultanes, Caballeros)
Margarita en su rueca, Minos hiriendo a Fedra.
(Damas de corte, brujas, nobles y mosqueteros.)
Cristo y Mahoma charlan de asuntos de la tierra;
(Se alzan el Vaticano, la Alhambra, Meka y Roma)
Millones de esqueletos surgen en son de guerra,
Etcétera… Posdata: la Esfinge se desploma.
Aramis el noble, gentil bastonero,
Le pide su cetro magnífico a Ulises;
(Adornan la sala lujosas cariátides,
Regios artesones y un áureo florero
En el que hay hortensias, anémonas, lises,
Adelfas, orquídeas, lotos y clemátides)
Y ordena la danza. Las Hadas del Día,
Que son doce, se ponen en rueda.
(Hay espejos, luces, cuadros, pedrería,
Bibelots, Cupidos, oro, mármol, seda…)
Un reloj semeja la alfombra bordada;
(Ornan los tapices regias hipsipilas;
La Venus de Ictinius se muestra enflorada:
Lucen crisantemos, nelumbos y lilas.)
Hay aves exóticas. Exóticos frescos
Muestran con sus barbas a los Viejos Siglos.
(Hay fou-kousas, pieles, jaspes, arabescos,
Biscuits, kakemonos, dioses y vestiglos.)
Aramís sonríe con una señora
De ciertos remilgos de unas soberanas.
(Hay cenefas, biombos, telas de Bassora,
Consolas, estatuas, joyas, porcelanas.)
Las arañas forman chispeantes burbujas,
Burbujas inquietas de vinos dorados.
(Hay regios encajes de Chantilly y Brujas,
Panneaux deslumbrantes y flordelisados.)
Las damas ostentan aigrettes elegantes,
De plumas que fingen rizos de flambeau
(Los regios joyeles y polvos brillantes
Que ostentan las reinas de un bello Wateau.)
Hechiza en las faldas la seda argentada,
Y nieva la red de las finas puntillas.
(Las caladas medias de seda rosada
Brillan de celosas en las pantorrillas.)
Un bouquet de estrellas sus fulgores quiebra
En el encendido sol de los aceros;
Valiers recamados de ojos de culebra
Ornan la elegancia de los caballeros.
Irisados peces, raros colorines,
Fingen las soberbias condecoraciones;
Y gardenias blancas son los brodequines,
Y serpientes de oro son los cinturones.
Un obispo cuenta las cuentas de espuma
Que hay en una copa de fino Bohemia.
(Hay lacas, mosaicos, jarras de Satsuma
Divanes de Persia, sillas de Academia.)
Las Horas ostentan primorosos trajes,
Grandes abanicos, mágicas pelucas.
(Hay platos chinescos, cisnes y paisajes,
Gente armada, pajes y doncellas cucas.)
(Se oyen pasos). Entran con largos turbantes,
Emires, profetas y viejos Kalifas.
(Los pajes alcanzan sorbetes, picantes,
Café, arroz, tabaco, pipas y alcatifas.)

VI
CANTO DE LAS HORAS

Aramís ordena que los doce Meses
Formen en la rueda con las doce Horas.
Las Horas sonríen; los doce Condeses
Hacen reverencias para las señoras.
(Beaumarchais se acerca. La Vallière saluda,
La Chevreuse camina, Maintenon se sienta;
Sévigné pasea su espalda desnuda,
Mientras Guiche sonriendo su pasión le cuenta.)
Luis, Rey de primores, en un grupo alterna,
Dando a sus palabras caprichosos giros;
(Las enamoradas de su linda pierna
Le brindan miradas, risas y suspiros.)
Comienza la danza. Sus divinos vuelos
Emprenden las Horas: un iris de seda
Se cierne en la nube de los terciopelos,
Y en mágica urdimbre de flores se enreda.
Avispas de raros metales parecen,
Que cercan zumbando divinos panales,
Y raudas estrellas que saltan y crecen,
Siguiendo los ritmos de mil madrigales.
Prosigue la danza. Su baile ligero
Emprenden los Meses: una cabalgata
De arqueros celestes cruza el abejero
De tacos bordados y hebillas de plata.
Parecen falenas de volar extraño.
Bellos sagitarios de la diosa Iris,
Los doce Condeses del Reino del Año
Que rigen las riendas del potro de Osiris.
El viejo Patriarca
           que todo lo abarca
Se riza la barba de príncipe asirio;
Su nívea cabeza parece un gran lirio,
Su nívea cabeza de viejo Patriarca
Aramís ordena que las danzarinas
Cuenten sus historias. La orquesta acompaña.
(El Rey Luis escucha, tras unas cortinas,
El rondó de espuma del vino champaña.)
La menor, la Una, canta la primera:
“Yo he nacido en Grecia, yo he nacido en Nubia:
“Yo soy negra y blanca, triste o hechicera;
“Mi cabeza es negra, mi cabeza es rubia.
“Los insomnios tristes son de mis imperios,
“Y mis ojos queman con mirar profundo;
“Soy la negra bruja de los cementerios,
“La querida ardiente que ilumina el Mundo.
“Soy la Una, una nocturnal sombría
“Hija de la noche, maga de la Luna;
“Soy la Una, una lámpara del Día,
“Soy la negra Una, soy la blanca Una”.
La Dos: “Soy la hermana de la buena hermana
“Que contó su historias, y una es nuestra vida;
“El sultán del Día me nombró sultana;
“El cafre nocturno me hizo su querida”.
La Tres: “Soy el hada que sus oros labra
“En la adamantina villa de los astros,
“Y que adora al negro, raro, abracadabra
“Que por donde pasa deja negros rastros”.
La Cuatro: “Yo brillo cuando en los Estíos
“El Sol llega a Piscis y en Piscis se escuda;
“Yo beso y despierto los tiernos rocíos;
“Yo brillo en Enero cuando el Sol madruga”.
La Cinco: “Yo luzco, toda engalanada,
“Al pie del Castillo de prismas aéreos;
“Yo aclaro, yo azulo la inmensa mirada
“De los Capricornios y Acuarios etéreos”.
La Seis: “Soy el cisne del parque de Urano.
“Yo las Primaveras del azul enfloro;
“Yo pinto la mitra del Mago Verano.
“Y escribo en el cielo madrigales de oro”.
La Siete: “Yo ostento rodelas y tiaras
“De reyes del regio país Fantasía;
“Yo enseño brocados y túnicas raras,
“Yo soy la mimosa del Reino del Día”.
La Ocho: “Yo estrello con blancas avispas,
“De la bruja noche la oscura caverna;
“Yo soplo en la fragua de Dios, y mil chispas
“Bailan en el cielo la gavota eterna”.
La Nueve, la Diez y la Once. -Coro-“
Nosotras amamos la sombra y la lumbre;
“Reinas de azabache, codiciamos oro:
“Somos alegría; somos pesadumbre”.
Canta al fin la Doce: “Mi pupila ardiente
“Mira siempre fijo: mi pupila abrasa:
“Soy la más amante, soy la más vehemente,
“Soy la que atraviesa, soy la que traspasa.
“Soy la silenciaria, la de negras alas,
“La trasnochadora que las almas roe,
“La que tiene el brillo de las luces malas
“En que se inspiraron Baudelaire y Poe.
“El gato que vela y el ave nocturna
“Tienen mis siniestras vagas harmonías.
“Soy la que no duerme, soy la taciturna,
“Y mis ojos brillan las alevosías.
“Soy la que levanta las heladas losas,
“La de los puñales, la de los secretos;
“La de las macabras dentro de las fosas,
“La que cena y baila con los esqueletos.
“Richepin y Huysmans, los ebrios divinos,
“Me eligieron diosa de sus borracheras;
“Maeterlinck y Wilde y otros peregrinos,
“Me llamaron Reina de sus calaveras.
“Soy la Doce blanca: soy la Doce negra;
“Soy tristeza y sombra, resplandor y goce:
“La que todo abate, la que todo alegra:
“Soy la blanca Doce; soy la negra Doce”.
Un coro de aplausos atruena el espacio.
(Richelieu sonriendo se acerca a una dama.)
Pajes con bandejas llenan el palacio.
(Molière por un beso vende un epigrama.)
Resuenan los coros: “Amemos al Viejo Patriarca,
                                 que todo lo abarca;
Su frente de viejo ermitaño
Parece el desierto de todo lo antaño;
en ella han carpido la hora y el año,
Lo siempre empezado, lo siempre concluso,
Lo vago, lo ignoto, lo iluso, lo extraño,
                               lo extraño y lo iluso.”

VII CANTO DE LOS MESES

Aramís ordena que los danzarines
Cuenten sus historias. Comienza el andante;
Gimen los oboes, lloran los violines.
“Rabelais se ríe de un cuento picante.)
(Cien pajes anuncian: “Monsieur Sagitario,
Madame Virgo y Taurus con un unicornio;
Géminis y Cáncer, Piscis, Leo, Acuario,
Escorpión y Aries, Libra y Capricornio.)
Un pueblo de estrellas sus brillos expande;
La orquesta derrama torrentes de notas.
(Entran Quasimodo, Federico el Grande,
Y el rey Pulgarcillo con sus grandes botas.)
Canta el Rey Enero de circuncisiones,
De pascuas alegres, de reyes, de heraldos.
(Llueve blancos lirios, felicitaciones;
Confites, muñecos, ramos y aguinaldos.)
Liliput envía castañas de nieve,
Gulliver regala cartuchos de enanos;
El gorro de Enero golosinas llueve,
(Se besan las bocas, se juntan las manos.)
Febrero el alegre canta y payasea
Canciones borrachas, ebrias cavatinas.
(Arlequín solloza, Clown carnavalea;
Mil pierrots se abrazan con sus colombinas.)
Entra el Rey de Kioto con frac de adúcar.
Baco está dormido y un bufón lo roba;
Cenicienta muerde sus botas de azúcar;
(Napoleón es Jockey de un palo de escoba.)
Se anuncian Tom-Pouce. Montados en cebras,
Entran saludando Narciso y Pepino.
(Llueve cascabeles, diablos y culebras,
Botellas, harinas y affiches de vino.)
Marzo, Rey de Ayuno, canta la plegaria
De todas las témporas, hambres y abstinencias.
(Se ven: una ermita triste y solitaria,
Fray en la garita de las penitencias.)
Entra el Rey Otoño, de gris adornado,
Muy pálido y triste. (Llueve agua bendita);
El Otoño quiere llorar un pecado,
Y habla con el fraile que está en la garita.
“Cortaos el verde cabello” -le dice
El fraile al oído fingiendo congojas.
(Mueren Julia, Elena, Flora, Cleo y Bice)
Los árboles llueven su lluvia de hojas.
Los árboles lloran su calvicie blanca;
El Otoño llora; (llueve agua bendita.)
El Coiffeur aéreo las hojas arranca.
(Llora la campana de la triste ermita.)
Abril, el sagrado Rey de los olivos,
Canta el Evangelio de las buenas almas,
(Lucen en el ara los corderos vivos;
Se agitan pañuelos, túnicas y palmas.)
Abril, el sagrado Rey de los Calvarios,
Canta de suplicios y llagas divinas;
(Los frailes rezongan Patres y rosarios,
Y llueve vinagre, sudores y espinas.)
Abril, el sagrado Rey de los rituales,
Entona maitines de notas opacas;
(De pronto anochecen los claros vidriales,
Se apagan los lirios, ladran las matracas.)
El Rey Abril canta de Resurrecciones,
De la alegre danza de los incensarios;
(Las misas cantadas gritan sus canciones,
Y laten los pechos de los Campanarios.)
El Rey Abril canta su alegría suma,
Llamando a los fieles para sus convites;
(Las campanas bailan, el incienso fuma:
Llueve cera, cohetes, flores y confites.)
Mayo, el caminante de la buena ruta,
Canta los rastrillos, la sierra y el zoclo.
(San José fabrica trenzas de viruta;
San Isidro peina sus barbas de choclo.)
Junio, Rey de estufas, canta los rondeles
Que hacen cuando bailan, los raudos patines,
(Entra el rey Invierno, vestido de pieles,
Con blanco paraguas y blancos botines.)
Junio, el Rey más blanco de los doce Meses,
Canta el aleluya de los reyes místicos:
(Llueven lenguas rojas los Pentecosteses;
Corpus Christi llueve panes eucarísticos.)
Junio, el Rey más blanco, blanco néctar bebe;
Bebe blanca nieve; nieva blanca harina;
Toma blancas hostias; llueve leve nieve;
Canta las nevadas de la fe divina
El monarca Julio canta las concordias
De las caridades y visitaciones.
(San Vicente llora sus misericordias,
Y la Virgen llora sus revelaciones.)
Agosto, el furioso Rey de turbulencias,
Canta la sonata de los huracanes.
(Los ángeles juegan a las indulgencias:
Santa Rosa llora llanto de volcanes.)
El joven Setiembre trina las canciones
Que hablan de bohemias, flores y zagalas;
Que hablan de los bailes de los corazones,
Y los cuchicheos de las colegialas.
Setiembre, el mimado de las reinas rosas,
Echa en su casaca mágicos olores;
(Llora el Arco Iris flores, mariposas.
Ríe Primavera, ríen los amores.)
Ríen los amores, ríe Primavera;
(Llueve mariposas, flores peregrinas)
Los amores ríen en su real litera
Llevada por hadas y por golondrinas.
Octubre, el Rey dandy, canta de las blondas
Que en el aire dejan dulce de fragancia.
Del beso que ritman las formas redondas
Que atesoran opios y magias de Francia.
Noviembre se signa y hace funerales,
Y responsos mudos, de mudos misterios:
Noviembre es el mudo de los carnavales,
De los carnavales de los cementerios.
Noviembre, el Rey Negro del ceño fruncido,
Canta los lamentos de una viuda alouette;
A todos los santos les hace un cumplido,
cuando no lo espía Madame Squelette.
Noviembre a quien aman las negras Gorgonas,
Es Rey de cipreses y de golondrinas.
(Las bellas floristas le labran coronas;
Los sepultureros le piden propinas.)
Diciembre, el rey Fauno, canta barcarolas
Que elogian los raptos de blancas primicias,
Que hacen en la playa las lúbricas olas
Babeadas de besos y suaves caricias.
Diciembre el ardiente canta el ritornelo
De blancas Kermesses y fiestas del río
(Llueve brin, zaraza, sudores y hielo.
Vestido de rojo penetra el Estío.)
Diciembre el ardiente sus pasiones narra,
Y habla de indiscretos, suaves esperezos.
(Pulsa su bordona la inquieta cigarra,
Y el grillo armoniza collares de rezos.)
Diciembre, el alegre Rey de nacimientos,
Habla de pesebres, bueyes y cayados
(Los abuelos cuentan sus más lindos cuentos,
Y llueve pan dulce, castañas y helados.)
Alegres saludos y aplausos corteses
Vibran en los aires. (Una bella hazaña
Cuenta un duque. Ríen, amables, los Meses
Haciéndole gracias al noble Champaña.)
Resuenan los Coros:
“Amemos al viejo Patriarca
que todo lo abarca;
Su pálida frente es un mapa confuso;
La abultan montañas de hueso
Que forman lo raro, lo inmenso, lo espeso,
De todos los siglos del tiempo difuso.”

VIII
TERMINACIÓN DE LA FIESTA.
DESPEDIDAS Y QUEJAS. LLUEVE.
DESFILE DE LA CONCURRENCIA

Suenan galanteos y besos y adioses:
Se marchan los Papas de ceño fruncido.
Las Brujas, los Duendes de acento fingido,
Se marchan los Reyes, se marchan los Dioses,
Y todos se marchan… Ya todos se han ido…!
Pasaron volando las cuatro Estaciones,
Los bellos Ocasos, las bellas Auroras,
Endriagos, Quimeras, Esfinges, Dragones,
Hidras y Centauros y Furias traidoras
Y Gnomos y Faunos y Meses y Horas.
Se apagan las luces. El viejo Castillo
Se esfuma, se borra. Cuatro campanadas
Da el Reloj. (Sus botas perdió Pulgarcillo
Y una bruja loca lo lleva a la grupa.)
Negras Amazonas pasan a horcajadas
En palos de escoba; y el negro corrillo
De sombras eternas zumbando se agrupa…!
Zumbando se agrupa…!
(Llueve.) Los Ciclones tocan en sus flautas
Su inmenso silbido.
Los viejos Ciclones tocan en sus flautas,
las Sirenas lloran, las Ninfas se quejan.
(El viejo Patriarca se queda dormido.)
Pasan Unicornios, Monstruos y Argonautas…
Ya todos se han ido, ya todos se alejan,
Ya todos se alejan, ya todos se han ido…
Se quejan
se alejan…
se han ido…!

EPÍLOGO

Fuera: el trueno juega y corre con su inmenso monolito.
El huracán, monstruo asmático, lanza pavorosa tos;
los relámpagos alumbran, atraviesan lo infinito.
Como el fósforo encendido del gran cerebro de Dios!
Montmartre, Sol en Sagitario, M.C.M.

EL DESPERTAR

Alisia y Cloris abren de par en par la puerta
y torpes, con el dorso de la mano haragana,
restréganse los húmedos ojos de lumbre incierta,
por donde huyen los últimos sueños de la mañana. ..
La inocencia del día se lava en la fontana,
el arado en el surco vagaroso despierta,
y en torno de la casa rectoral, la sotana
del cura se pasea gravemente en la huerta…
Todo suspira y ríe. La placidez remota
de la montaña sueña celestiales rutinas.
El esquilón repite siempre su misma nota
de grillo de las cándidas églogas matutinas.
Y hacia la aurora sesgan agudas golondrinas
como flechas perdidas de la noche en la derrota.
El regreso

La tierra ofrece el ósculo de un saludo paterno
Pasta un mulo la hierba mísera del camino
y la montaña luce, al tardo sol de invierno,
como una vieja aldeana, su delantal de lino.

Un cielo bondadoso y un céfiro tierno…
La zagala descansa de codos bajo el pino,
y densos los ganados, con paso paulatino,
acuden a la música sacerdotal del cuerno.

Trayendo sobre el hombro leña para la cena,
el pastor, cuya ausencia no dura más de un día,
camina lentamente rumbo de la alquería.

Al verlo la familia le da la enhorabuena…
Mientras el perro, en ímpetus de lealtad amena,
describe coleando círculos de alegría.

ILUMINACIÓN CAMPESINA

Alternando a capricho el candor de sus prosas,     
Ruth sugiere a la cítara tan augustos momentos!     
y Fanor en su oboe de aterciopelamientos           
plañe bajo el ocaso de oro y de mariposas…       
                                                   
Ante el genio enigmático de la hora, sedientos     
de imposible y quimera, en el aire de rosas,       
ponen largo silencio sobre los instrumentos,       
para soñar la eterna música de las cosas.           
                                                   
Largas horas, en trance de eucarísticos miedos,     
amortiguan los ojos y se enlazan los dedos…       
«¡Dulce amigo!» ella gime. Y Fanor: «¡Oh mi amada!» 
                                                   
Y la noche inminente lame sus mansedumbres…       
De pronto, como bajo la varilla de un hado,         
fuegos, por todas partes, brotan sobre las cumbres. 

El consejo

El astrónomo, el vate y el mentor se han reunido…
La montaña recoge la polémica agreste;
y en el aire sonoro de campana celeste,
las tres voces retumban como un solo latido.

Conjeturan fiebrosos del principio escondido…
Luego el mago predice la miseria y la peste;
el poeta improvisa, mientras, vuelto al Oeste,
el astrónomo anuncia que en Hispania ha llovido.

Ebrios de la divina majestad del tramonto,
los discursos se agravan.,. Es ya noche. De pronto,
arde en fuga una estrella… interrogan sus rastros

cual mil ojos abiertos al Enigma Infinito:
se hace triple el silencio del consejo erudito…
Dedos entre la sombra se alzan hacia los astros.

Amor sádico

Ya no te amaba, sin dejar por eso
De amar la sombra de tu amor distante.
Ya no te amaba, y sin embargo el beso
De la repulsa nos unió un instante…
Agrio placer y bárbaro embeleso
Crispó mi faz, me demudó el semblante.
Ya no te amaba, y me turbé, no obstante,
Como una virgen en un bosque espeso.
Y ya perdida para siempre, al verte
Anochecer en el eterno luto,
-Mudo el amor, el corazón inerte-,
Huraño, atroz, inexorable, hirsuto…
Jamás viví como en aquella muerte,
nunca te amé como en aquel minuto!

Bromuro
Burlando con frecuencia el vasallaje
de la tutela familiar en juego,
nos dimos citas, a favor del ciego
azar, en el jardín, tras el follaje…
Frufrutó de aventura tu aéreo traje,
sugestivo de aromas y de espliego…
y evaporada entre mis brazos, luego,
soñaste mundos de arrebol y encaje…
Libres de la zozobra momentánea
-sin recelarnos de emergencia alguna-
en los breves silencios, oportuna
te abandonabas a mi fe espontánea;
y sobre un muro, al trascender, la luna
nos denunciaba en frágil instantánea.
El alba
Humean en la vieja cocina hospitalaria
los rústicos candiles… Madrugadora leña
infunden una sabrosa fragancia lugareña;
y el desayuno mima la vocación agraria…
Rebota en los collados la grita rutinaria
del boyero que a ratos deja la yunta y sueña…
Filis prepara el huso. Tetis, mientras ordeña,
ofrece a Dios la leche blanca de su plegaria.
Acongojando el valle con sus beatos nocturnos,
salen de los establos, lentos y taciturnos,
los ganados. La joven brisa se despereza…
Y como una pastora en piadoso desvelo,
con sus ojos de bruma, de la dulce pereza,
el Alba mira en éxtasis las estrellas del cielo.

EL SAUCE

A mitad de mi fausto galanteo,
Su paraguas de sedas cautelosas
La noche desplegó, y un lagrimeo
de estrellas, hizo hablar todas las cosas…

Erraban las Walkirias vaporosas
de la bruma, y en cósmico mareo
parecían bajar las nebulosas
al cercano redil del pastoreo…

En un abrazo de postrero arranque,
caímos en el ángulo del bote…

Y luego que llorando ante el estanque
tu invicta castidad se arrepentía,
¡el sauce, como un viejo sacerdote,
gravemente inclinado nos unía…

DESOLACIÓN ABSURDA

A Paul Minelly, francesamente.
Je serai ton cercueil,
aimable pestilence!…

Noche de tenues suspiros
platónicamente ilesos:
vuelan bandadas de besos
y parejas de suspiros;
ebrios de amor los céfiros
hinchan su leve plumón,
y los sauces en montón
obseden los camalotes
como torvos hugonotes
de una muda emigración.
Es la divina hora azul
en que cruza el meteoro,
como metáfora de oro
por un gran cerebro azul.
Una encantada Estambul
surge de tu guardapelo,
y llevan su desconsuelo
hacia vagos ostracismos
floridos sonambulismos
y adioses de terciopelo.
En este instante de esplín,
mi cerebro es como un piano
donde un aire wagneriano
toca el loco del esplín.
En el lírico festín
de la ontológica altura,
muestra la luna su dura
calavera torva y seca,
y hace una rígida mueca
con su mandíbula oscura.
El mar, como gran anciano,
lleno de arrugas y canas,
junto a las playas lejanas
tiene rezongos de anciano.
Hay en acecho una mano
dentro del tembladeral;
y la supersustancial
vía láctea se me finge
la osamenta de una Esfinge
dispersada en un erial.
Cantando la tartamuda
frase de oro de una flauta,
recorre el eco su pauta
de música tartamuda.
El entrecejo de Buda
hinca el barranco sombrío,
abre un bostezo de hastío
la perezosa campaña,
y el molino es una araña
que se agita en el vacío.
¡Deja que incline mi frente
en tu frente subjetiva,
en la enferma, sensitiva
media luna de tu frente,
que en la copa decadente
de tu pupila profunda,
beba el alma vagabunda
que me da ciencias astrales
en las horas espectrales
de mi vida moribunda!
¡Deja que rime unos sueños
en tu rostro de gardenia,
Hada de la neurastenia,
trágica luz de mis sueños!
Mercadera de beleños
llévame al mundo que encanta;
¡soy el genio de Atalanta
que en sus delirios evoca
el ecuador de tu boca
y el polo de tu garganta!
Con el alma hecha pedazos,
tengo un Calvario en el mundo;
amo y soy un moribundo,
tengo el alma hecha pedazos:
¡cruz me deparan tus brazos;
hiel tus lágrimas salinas;
tus diestras uñas, espinas
y dos clavos luminosos
los aleonados y briosos
ojos con que me fascinas!
¡Oh mariposa nocturna
de mi lámpara suicida,
alma caduca y torcida,
evanescencia nocturna;
linfática taciturna
de mi Nirvana opioso,
en tu mirar sigiloso
me espeluzna tu erotismo,
que es la pasión del abismo
por el Ángel Tenebroso!
(Es medianoche). Las ranas
torturan en su acordeón
un «piano» de Mendelssohn
que es un gemido de ranas;
habla de cosas lejanas,
un clamoreo sutil;
y con aire acrobatil
bajo la inquieta laguna,
hace piruetas la luna
sobre una red de marfil.
Juega el viento perfumado
con los pétalos que arranca,
una partida muy blanca
de un ajedrez perfumado;
pliega el arroyo en el prado
su abanico de cristal,
y genialmente anormal
finge el monte a la distancia
una gran protuberancia
del cerebro universal.
¡Vengo a ti, serpiente de ojos
que hunden crímenes amenos,
la de los siete venenos
en el iris de sus ojos;
beberán tus llantos rojos
mis estertores acerbos,
mientras los fúnebres cuervos,
reyes de las sepulturas,
velan como almas oscuras
de atormentados protervos!
¡Tú eres póstuma y marchita,
misteriosa flor erótica,
miliunanochesca, hipnótica,
flor de Estigia acre y marchita;
tú eres absurda y maldita,
desterrada del Placer,
la paradoja del ser
en el borrón de la Nada,
una hurí desesperada
del harem de Baudelaire!
¡Ven, declina tu cabeza
de honda noche delincuente
sobre mi tétrica frente,
sobre mi aciaga cabeza;
deje su indócil rareza
tu numen desolador,
que en el drama inmolador
de nuestros mudos abrazos
yo te abriré con mis brazos
un paréntesis de amor!

Tertulia lunática V

¡Oh negra flor de Idealismo!
¡Oh hiena de diplomacia
con bilis de aristocracia
y lepra azul de idealismo!…
Es un cáncer tu erotismo
de absurdidad taciturna,
y florece en mi saturna
fiebre de virus madrastros,
como un cultivo de astros
en la gangrena nocturna.
Te llevo en el corazón,
nimbada de mi sofisma,
como un siniestro aneurisma
que rompe mi corazón…
¡Oh Monstrua! Mi ulceración
en tu lirismo retoña,
y tu idílica zampoña
no es más que parasitaria
bordona patibularia
de mi celeste carroña!
¡Oh musical y suicida
tarántula abracadabra
de mi fanfarria macabra
y de mi parche suicida!…
¡Infame! En tu desabrida
rapacidad de perjura,
tu sugestión me sulfura
con el horrendo apetito
que aboca por el Delito
la tenebrosa locura!

Tertulia lunática VI

En un bostezo de horror,
tuerce el estero holgazán
su boca de Leviatán
tornasolada de horror…
Dicta el Sumo Redactor
a la gran Sombra Profeta,
y obsediendo la glorieta,
como una insana clavija,
rechina su idea fija
la turbadora veleta.
Ríe el viento confidente
con el vaivén de su cola
tersa de gato de Angola,
perfumada y confidente…
El mar inauditamente
se encoge de sumisión
y el faro vidente, en son
de taumaturgas hombrías,
traduce al torvo Isaías
hipnotizando un león.
Estira aplausos de ascua
la hoguera por los establos:
rabiosa erección de diablos
con tenedores en ascua…
Un brujo espanto de Pascua
de Marisápalo asedia,
y una espectral Edad Media
danza epilepsias abstrusas,
como un horror de Medusas
de la divina Comedia.
En una burla espantosa,
el túnel del terraplén
bosteza como Gwynplaine
su carcajada espantosa…
Hincha su giba la unciosa
cúpula, y con sus protervos
maleficios de hicocervos,
conjetura el santuario
el mito de un dromedario
carcomido por los cuervos.
Las cosas se hacen facsímiles
de mis alucinaciones
y son como asociaciones
simbólicas de facsímiles…
Entre humos inverosímiles
alinea el cañaveral,
con su apostura marcial
y sus penachos de gloria,
las armas de la victoria
en un vivac imperial.
Un arlequín tarambana
con un toc-toc insensato
el tonel de Fortunato
bate en mi sien tarambana…
Siento sorda la campana
que en mi pensamiento intuye;
en el eco que refluye
mi voz otra voz me nombra;
¡y hosco persigo en mi sombra
mi propia entidad que huye!
La realidad espectral
pasa a través de la trágica
y turbia linterna mágica
de mi razón espectral…
Saturno infunde el fatal
humor bizco de su influjo
y la luna en el reflujo
se rompe, fuga y se integra
como por la magia negra
de un escamoteo brujo.
En la cantera fantasma,
estampa Doré su mueca
fosca, saturniana y hueca,
de pesadilla fantasma…
En el cementerio pasma
la Muerte un zurdo can-can;
ladra en un perro Satán,
y un profesor rascahuesos
trabuca en hipos aviesos
el Carnaval de Schumann.

Nirvana crepuscular

Con su veste en color de serpentina,
reía la voluble Primavera…
Un billón de luciérnagas de fina
esmeralda, rayaba la pradera.
Bajo un aire fugaz de muselina,
todo se idealizaba, cual si fuera
el vago panorama, la divina
materialización de una quimera…
En consustaciación con aquel bello
nirvana gris de la Naturaleza,
te inanimaste… Una ideal pereza
mimó tu rostro de incitante vello,
y al son de mis suspiros, tu cabeza
durmiose como un pájaro en mi cuello!…

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117. Poesía más Poesía: Concepción Silva Belinzón

Concepción Silva Bélinzon

Biografía

Concepción Silva Bélinzon nació y murió en Montevideo.
Tuvo dos hermanas Felisa y Clara. Esta última, también escritora y poeta a quien Concepción dedica su libro “Sagrada cantidad” y comienza “Al oído del hombre” con un poema de Clara que se titula: “Sola tras los vidrios”, que termina:

“…pero venían los sueños
cada día
a beber en el agua de sus párpados”.

Su fecha de nacimiento no es del todo clara, figurando 1903, 1905, y hasta 1915. La que se da como cierta es 1903.
A los diez años se va a vivir con dos tías solteras que le inculcan su profundo sentido religioso.
La religiosidad se ve en sus obras, es más espiritual que intelectual, pues para Concepción a veces era Dios quien le dictaba sus versos, a veces “las almas de los poetas unidos que quieren no morir”.
Vivió en la Unión, en la calle Lindoro Forteza 2659, dirección que no se cansaba de escribir, con una letra alargada en las dedicatorias de sus libros, que todavía aparecen, cada tanto, en Tristán Narvaja.
Rolando Faget comenta en un escrito que realizó para presentar uno de los últimos libros de Concepción: Tenemos el gusto de visitarla a menudo en su casa, acompañando a otra gran mujer poeta o hermana de raza de Concepción, Marosa di Giorgio. A través de las ventanas de la casa vemos el crepúsculo invadir la monteviadísima “calle de Concepción “. Cuando la dejamos ya la noche es señora en Lindoro Forteza. Después amanece. Siempre.
Nos consta que en esas tertulias trabajaron libros de Miguel Oscar Menassa.

Comenzó a publicar en 1945, por lo que algunos la consideran una escritora reservista.
A partir de entonces publica quince títulos que aparecen cada dos, tres o cuatro años, entre “El regreso de la Samaritana”, premiado por el Ministerio de Instrucción Pública en 1943, y “Los sitios abandonados” en 1979.

En 1981 apareció una antología de su obra seleccionada por Marosa Di Giorgio y Claudio Ross, y prologada por Arturo Sergio Visca, ilustre crítico, quien también escribe en la contraportada del libro “Sitios abandonados”.
Publicó en las revistas Alfar de Uruguay, Caballo de Fuego y Atenea de Chile y Espiral de Colombia.
Con una vida dentro de los límites de su casa y con un trabajo de oficina que le insumió algunas horas durante unos cuantos años, Concepción Silva vivió -y murió- sin grandes movilizaciones aparentes.
La escritura fue la aventura y el espacio del mundo en el que desarrolló la existencia.
Fue reconocida por Supervielle, admirada por Oliverio Girondo, saludada por Aleixandre, Gómez de la Serna, José Emilio Pacheco y Alejandra Pizarnik entre una larga lista de nombres con los que mantuvo asidua correspondencia.

Jules Supervielle, comenta acerca de su escritura:
Sus versos parecen haber sido dictados por una voz que no es del todo de este mundo.Sucede que nosotros no comprendemos muy bien qué es lo que ella significa pero poco nos importa, esta voz penetra con la mayor intensidad en nuestra memoria y allí se queda.­ Oh maravilla!: sus versos difíciles nos penetran fácilmente, sin la menor dialéctica ellos nos persuaden. Versos misteriosamente límpidos, plenos de un secreto que sabe mostrarse sin revelarse.
A pesar de ser Supervielle una figura prestigiosa en el Uruguay del 40, y de tener Concepción admiradores a lo largo de su fecunda y larga vida poética, no alcanzó, sin embargo, para que se la conociera cabalmente y se la valorara en su talento.

De Oliverio Girondo consta su testimonio en una carta que le envió y que aparece publicada en la contraportada del libro “Sagrada cantidad” en la que le dice:
Hubiera deseado balbucearle el deleite con que he saboreado muchos de sus poemas y decirle algo de lo que pienso sobre la maestría con que Ud. maneja una forma tan acerada como el soneto; manopla a la que ha sabido infundirle la mórbida ductilidad de un guante de cabritilla que, no sólo permite percibir las rutas y la estructura topográfica de la mano que recubre, sino todos y cada uno de sus movimientos.
… durante nuestras amistosas charlas con Supervielle surgía ,de pronto, algún verso suyo y sobre todo aquél de “Los altos coroneles me llaman Concepción”, tan sugestivo, tan lleno de misterio y que tiene alguna similitud con los de “Acostumbrado a letras y a doctores era casi perfecta mi hermosura”… del “Canto” con que ahora me abruma, porque poseen esa libertad de asociación de ideas (poéticas) que en ocasiones suele llegar hasta la arbitrariedad y que, al menos para mí, constituye uno de los mayores encantos de su poesía.
(…)
Permítame, por lo tanto, que estas líneas sean, tan sólo, el testimonio de mi emocionada gratitud y la expresión del íntimo deseo de conocerla personalmente.
Le besa las manos, Oliverio Girondo.

Así mismo Ramón Gómez de la Serna manifiesta: Con las palabras más familiares dice usted las cosas más diferentes que rompen el límite de la vida.
También mantuvo correspondencia con el poeta Miguel Oscar Menassa. Como primicia traemos de su propia letra los comentarios que Concepción envía al poeta en las dedicatorias de dos de sus libros, “Llamarlo y despedirlo” (1976) y “Sitios abandonados” (1978), donde comenta dos de los libros que le envía Menassa: “Salto Mortal” (1977) y “Grupo Cero ese imposible y Psicoanálisis del Líder” (1979), y un poema que le dedica especialmente.

Con una poesía compleja, misteriosa y fulgurante Silva Bélinzon se adentra en esa zona extraña, aislada y huraña a la que pertenecen algunos creadores, por inherencia o por posibilidad.
En el Uruguay, un alto muro de silencio, a veces ligeramente estremecido, rodea su obra, sin que podamos tener una clara conciencia del por qué, ni del cómo.
Antonio de Undarraga, quien prologó algunos de sus libros, la comparó con Emily Dickinson. Gastón Figueira, estudioso de Emily Dickinson, que fue amigo personal y que visitó a Concepción todos los domingos por más de treinta años, se refiere a este hecho afirmando que Undarraga “no habla de influencia, sino que establece un paralelo lírico” entre ambas.

Por otra parte, no ha dejado de señalarse su profunda intuición poética, su “singular sentido de la musicalidad del verso”, como dice Enrique Fierro en el “Diccionario de literatura uruguaya”, ni sus “imágenes alucinadas” con las que se “embelesó” Alejandra Pizarnik quien encontró que “poemas como los suyos corroboran las posibilidades del lenguaje, tanta energía efectiva, tanto candor plenamente expresado”.

Es que leer la poesía de Silva Bélinzon es adentrarse en un mundo donde los seres y los objetos cotidianos se vuelven presencias mágicas y firmes, oblicuas y peligrosas.
Entre el deslumbramiento que provoca el descubrir un mundo inmediato, posible y virtual y el ronronear oculto que traen las hojas al crecer o las hormigas devorando las migas de un festín, que siempre es para otros.
Con una voz por momentos irritante, que percute sobre otra, más densa, más antigua, anterior, ascética: feroz por lo que niega, nítida en lo que no quiere, intransigente. Intransigente como pocas, y sabiendo que la intransigencia lleva a un lugar del que no se vuelve.

Así que también es una voz desesperada, atravesada por la tensión que provoca la conciencia lúcida de saber qué es lo que se quiere, se espera o se busca, de manera férrea y en alto, y el alto dolor de saber que esa lucidez la lleva a la “poquedad confinada”.
Entre la admiración de algunos, unos pocos, y la indiferencia mayoritaria de sus contemporáneos, entre la irritación que provocaba en algunos y la fervorosa estima en otros, Concepción escribió sin tregua, ardiendo y siempre fuera del posible rebaño.

A su muerte, acaecida un 2 de noviembre, día de difuntos, de 1987, unos pocos y fieles amigos acompañaron su féretro.
Puede pensarse que Concepción Silva Bélinzon es de las que, en el silencio último del día, una voz “que no es del todo de este mundo” le susurra al oído, en secreto, que la está “esperando un mundo entero”.

OBRAS Y PREMIOS

• El regreso de la samaritana (1945). Premiado en 1943 por el Ministerio de Instrucción pública.
• La mano del ángel (1945) Precedido de un juicio de Jules Supervielle.
• El plantador de pinos (1947)
• Amor no amado (1950)
• Los reyes de oro (1953)Premiado por el Ministerio de Instrucción Pública.
• El cordero terrible (1956) Premiado por el Ministerio de Instrucción Pública
• La ciudad invisible (1959) Prólogo del poeta y crítico chileno Antonio de Undurraga.
• Muero y más vivo (1962) Publicado por la revista Lírica Hispana de Caracas.
• Me espera el mundo entero (1963)
• El más justo llamó (1965) Premiado en el concurso literario del Municipio de Montevideo
• En 1968 recibe el Premio Hispanoamericano Literario, “Susana Soca”, de la República oriental del Uruguay, por su obra literaria
• Al oído del hombre (1970)Premio Municipio de Montevideo
• Sagrada cantidad (1973) Con una carta de la poeta argentino Oliverio Girondo.
• En 1974, recibe un telegrama de la Academia del Premio Nobel de literatura de Suecia, donde le informan que su libro está incluido en el comité
• Disimulada gloria (1976)
• Llamarlo y despedirlo (1976)
• Sitios abandonados (1978)
• Página eterna (1979)
• Antología poética (1980, con prólogo de Arturo Sergio Visca)
• Poesías (1981)

Extraído del artículo: Concepción Silva Bélinzon: sin tarjeta de visita. Por la poeta Silvia Guerra. Jornal de poesía.jor.br
Poetas Siglo XXI. blogspot
Libros de Concepción Silva Bélinzon: Al oído del hombre, Sagrada cantidad, Llamarlo y despedirlo. Sitios abandonados
Material inédito proporcionado por el poeta Miguel Oscar Menassa Chamli

POEMAS

Del libro AL OÍDO DEL HOMBRE

GENTES APRESURADAS

La amapola se quema y no asustarse
(el padre se vistió para la tumba)
gentes apresuradas sin mirarse
sobre un tronco flotante… llora y zumba.

El perdón no bastaba sin amarse
viviendo sólo en parte se derrumba;
soportar cualquier cosa no es salvarse
el verano tan largo ya retumba.

Más allá de la muerte, no es la muerte:
hay que lavar las manos una a una
la sangre de los mártires convierte.

Traiciones del océano y las rocas
ausencia de vergüenza en la tribuna
y asistimos a misa entre las focas.

MARTIRIZAR Y SER MARTIRIZADO

Se acostumbra hacia abajo y mira el cielo
(pero muy pocos han sobrevivido)
casi todo lo arreglan con un velo
en la casa soldada un hombre herido.

Épocas de indigencia y terciopelo
cuántas flores tenía ese partido…
cuerpos asesinados sin un pelo
el pequeño sirviente despedido.

Martirizar y ser martirizado:
hablamos de mis uñas siempre muertas
muy poco corazón avergonzado.

En el mesón del puente con respeto:
de par en par se abrían muchas puertas
en los templos enormes hay secreto

LAS HUMILLACIONES

No es posible arreglar humillaciones
sin rastros de sangre era la herida;
en nidos de algodón tantos glotones
los mercados abiertos sin comida.

Es posible arreglar obligaciones
poco a poco se forma una avenida…
el alma se ocultaba de ratones
una vez para siempre fue elegida.

¿Por qué he de preocuparme de los ricos?
estrechamente envueltos en paradas
y cuchillo apropiado desde chicos.

El plato boca- abajo sin entierros:
no hay percheros, ni estantes, ni frazadas
se vive solitario entre los perros.

LOS PODEROSOS

Los poderosos son como cenizas
proyectos de tortugas inobedientes;
pero el justo no cambia su divisa
cien mil techos vacíos de serpientes.

Ahora me siento libre se su prisa
(entre flores de plata sus agentes)
sin carruajes el séquito agoniza
manos y corazones tan valientes.

Ahí está por ejemplo su levita:
de negrura de pez sus interiores
Y de la muerte humana favorita.

De furioso revólver lejanías:
muros condecorados sin valores
hay que lavar en nuestros propios días.

AL OÍDO DEL HOMBRE

Se ejerce ante el espejo más confianza
siempre y cuando se elija no mentirse;
al oído del hombre sin tardanza:
en las playas radiantes no aturdirse.

Haber vertido lágrimas no alcanza
frente al amo impasible sin hundirse;
utilicemos la última esperanza
gotea sangre fría sin pudrirse.

(Pero excéntricamente nos movemos
sin mejorar modales ni razones
porvenir sin dolor sólo queremos).

Nuestra sagrada tierra en que vivimos;
de producir propósito intenciones
hay bombas de Satán como racimos.

EL LOBO SE QUEDÓ SIN LA PASTORA

Adentro de paredes sufres miles
yo te espero en la puerta con el fresco,
de millones de justos invisibles
tu silla está muy cerca a lo grotesco.

Ya no estoy incompleta entre gentiles
se escapa de mi cuerpo el parentesco:
los cambistas de joyas y fusiles
y el ruido de las sedas tan burlesco.

El lobo se quedó sin la pastora;
ganado el equilibrio entre las redes
con tanta realidad abrumadora.

Sin fondo el corazón bajo la cera:
de peldaño en peldaño entre paredes
súbitamente luce la escalera.

LA CASA SIN PUERTAS

Habrá palabras nuevas sin cantores
y es preciso buscarlas bien ligero;
también sobrevivir sobre traidores
y el salto del poema lo primero.

Viejo olor a familias y a rencores
mañana no será como yo quiero:
largas mesas provistas de licores
no es bueno repetir como el portero.

No es bueno repetir lo que está dicho:
para qué, para qué morir de peste
no es lo mismo la nada sin capricho.

Puerta no tengo miedo puerta puerta;
y si acaso me escucha me conteste
entre vidrios oscuros descubierta.

DEL LIBRO “SAGRADA CANTIDAD “ Dedicado a su hermana Clara Silva

LOS PECADOS

Gran manjar es el hombre con pecados
como viven las moscas viviremos…
hay tres cuartos de mal en los mercados
y en sillas voladoras no saldremos.

Tan escasos de todo… y asustados
una casa de vidrio no queremos;
hay pudores con oro enmarañados
y del vino tan agrio no sabemos.

No te apures por mí, estoy segura:
no alcanzan padrenuestros para todos
son poquitos los hombres sin negrura.

Gritando tras de mí por corredores;
¡ay vida! No mereces tantos lodos
Ni confundir los santos con doctores.

BOCA DE SEÑORES

La cueva del dinero queda abajo
convirtiendo a los hombres en tortugas;
y recibo una luz que no rebajo
no se apagan los ojos que Tú enjugas.

El vino azucarado sin atajo
y veo un traje blanco sobre orugas;
aceptan beneficios sin trabajo
de pasos peligrosos tantas fugas.

Y pagan las palabras como espejos:
portadores de emplastos y riquezas
asustados de ver el cielo lejos.

Familia sin anillos me convida:
Van y vienen las olas y cabezas
Más alto queda el monte de la vida..

CALLE DE CONCEPCIÓN

Ya tengo a Concepción y es suficiente
(el hambre le llegaba hasta las cejas)
se despide la máscara y no miente
menos hombres muriendo como ovejas.

Tener según el mundo ¡qué valiente!
se torna insoportable si te alejas:
por tu propio descenso entre la gente
vivir con los que viven aconsejas.

La bebida ya está bastante fría:
el pobre tendrá pan y hasta calmantes
diez millones cuadrados de alegría.

Entre el alma y la piel pasó la espada;
desde el suelo hasta el techo deslumbrantes
mis amigos no vieron la estocada.

LA CASA DE LOS GATOS

Me duele el corazón de tanto usarlo
son cosas que le pasan a los pobres;
melancólica fiebre sin lograrlo
el humo de la cena no me cobres.

Sutiles candeleros no es amarlo
y visitas correctas y salobres:
dedicado equilibrio por mirarlo
por vía de este verso me recobres

Dormitorios vacíos percibía;
las terribles hormigas coloradas
y el ángel de la guarda se dormía.

Es pecado mortal seguir las ruinas;
miradas familiares olvidadas
y entre dos gatos muertos me dominas.

TIEMPO DE GUERRA

Escarabajo con ojos de rubíes
los pies más abajo que la tierra,
de remordidas llagas te desvíes
¿el ir a qué?—sin ángel va tu guerra.

Por borrar a los hombres no sonríes
isla sólo de contras ya te cierra:
de cabellos de santos, colibríes
¿el gusto a qué gusano te destierra?

Trabajo peligroso entre cuchillos:
cuando comen o duermen los traidores
las monedas quemando los bolsillos.

Añicos los roperos y vajillas;
Sin levantar cabeza ni colores
Forradas en silencio las mejillas.

DEL LIBRO “ LLAMARLO Y DESPEDIRLO”

PUEDE ENTRAR EL QUE QUIERA Y ANIMALES

Se vestía con mantas bien lavadas
aumentando en su cuerpo
Luz sin luces
substancias malhechoras reparadas
no hay cartas ni cortinas
si reluces.

Las llaves de mi Padre
bien guardadas
para formar los Hombres sin las cruces;
muchas frentes marchitas levantadas
si el faro está caído
no me acuses.

Las puertas bien abiertas
día y noche.
Puede entrar el que quiera
y Animales
ya corté los cerrojos y reproche.

Las cabezas de sabios
tienen multas.
Uniones con amigos desleales
en mi Libro Sagrado
tengo ocultas.

CONCEPCIÓN SILVA

Puedes reconocerme
(eternidad enorme sin verdugos)
falta comida
y gatos
cuán brutal era el amo que tenía.

Todo perdido o casi todo
Abierta perspicacia.

En avance secreto,
liberadas por manos las glicinas
quedaron sostenidas
contempladas;
limpiaremos los nudos que yo adoro.

Puedes reconocerme
cuando buscas refugio
bajo sedas que aún hinchan
mis terrores;
porque entre tantos seres
me elevo rectilínea
entre mil ingredientes de penumbras.

Viva masa total
Con que adherí mis puentes
En la noche sin vendas
Ni caprichos.
Una rosa de pan a este mendigo

De su letra al lado del título escribe: Para Miguel Oscar Menassa.

DEL LIBRO “ SITIOS ABANDONADOS”

SITIOS ABANDONADOS

Sitios abandonados, mi trabajo,
estoy inaugurando otra existencia;
porque ya recomienza muy abajo
repito millonaria esta presencia.

Fe de revelación en mi demencia
fresca y eterna de magnolia un gajo;
llenar de amor, olvido y penitencia
gemir de aquella flauta, ya no atajo.

Apenas son dos ojos que persigo
no me reservo nada, cada día
cumpliendo con mi oficio voy contigo.

Son apenas dos manos, son mil puertos
un pájaro flirteaba y se desvía
y todo comenzó sobre los muertos.

NO HAY UN ORDEN POSIBLE PARA AMARSE

Pánico entre las hojas amarillas
piedras irregulares las calzadas…
perseguidas de cerca sin orillas
maletas de estaciones olvidadas.

¿A dónde van tan pobres sin hebillas
sus pequeñas cabezas limitadas?
como lunas andantes de rodillas
a perder su belleza condenadas.

No hay un orden posible para amarse;
del color sin color sus infinitos
pero no es peligroso aproximarse.

Del tiempo y de lo oculto los momentos;
sus putrefactos cuerpos son benditos
y después de la furia nacimientos

MÁS SABES QUE LOS ASTROS

A Marosa di Giorgio

Más sabes que los astros la armonía
del que siempre te tuvo, en su corona,
la cascada del bosque que pregona
tu voz más que el silencio yo diría.

Sobre dolientes líquenes vigía
hasta la niebla misma te perdona;
y el lagarto inceleste se abandona
por luz tan verdadera que lo guía.

En su gran Mano de Oro tu cabeza,
junto al niño que cuidan las doncellas
no conoces secretos ni flaquezas.

Como el sol en las uvas moscateles,
supiste madurar con las estrellas
la rueda se derrumba en tus laureles.

DEL LIBRO “ LOS REYES DE ORO” 1953

EN USTED VI LA LUNA DESHOJARSE

Pobre mi corazón que no lo sabe
que depende de usted mi melodía;
y luego del poema no lo alabe
porque agregó mil años a mi día.

Pobre mi corazón que no lo sabe
diga usted si en su vida va la mía;
a unos doscientos metros de su nave
aumentó mi disgusto esta alegría.

Como anuncio en Octubre mi desvelo.
En usted vi la luna deshojarse
Mujer sí, pero ¡ay! sin terciopelo.

Ser la niña de ayer que no fue en vano;
acostumbrarse a nunca acostumbrarse
los hombres transformados y la mano.

ME ESPERA EL MUNDO ENTERO

No quiero convertirme.
Porque si doy un grito espanto al cielo;
mi dolor es más firme
y belleza mi duelo
ver las plumas del gallo por el suelo.

Me esperan los objetos
un poco de mi vida las cinturas;
ciertos tallos más quietos
conversar sin figuras
y una lengua culpable entre mis curas.

Tras muchos sacrificios
la mitad del petróleo en mi simiente.
Sentados los oficios
nos duele la serpiente,
préstanos el dinero para el puente.

Me espera el mundo entero.
La escalera es de manos y rodillas;
el menor es primero

la condesa sin sillas,
y el pánico del pez en las orillas

¿Quiénes eran los duques?
Desde Sicilia máscaras y juegos;
mil heridas y buques
azotaban mis rueegos,
un palacio de dólares y ciegos.

¿Qué quieren que les diga
Al costado del ruido están mis modos.
El estanque me obliga:
¡repróchame mis lodos!
Dios mío, psdre, y madre, vengan todos.

LOS TRAJES DE TEATRO SE SUSPENDEN

POSTDATA impertinente hay en su carta
no s oy de los que compran ni que venden;
el precio de la joya no lo entienden
de los padres del príncipe se aparta.

Es higiene del alma que reparta
y al galoppe los astros ya descienden;
Los trajes de teatro se suspenden
mayor seguridad para que parta.

Y duermen descuidadas las ovejas.
Un curso de zafiros y de cejas
Ajusta las ventanas para el viento.

¿Quién le pone cerrojos a los sueños?
La gracia que arrebata de sus ceños,
costumbre sobre tablas y alimento

Del libro “ AL OÍDO DEL HOMBRE

SAGRADA CANTIDAD

Qué pálido está el sol sobrecargado
no es muy recomendable tantos gustos;
hablan con reverencia del pecado
el murmullo de jóvenes arbustos.

Enredan los demonios sin cuidado
el volante cabello de los justos;
casi no hay corazón sacrificado
para estar ordenado menos sustos.

Las manos taladradas son de todos:
aprendí nuevas frases para el hombre
sagrada cantidad sin acomodos.

Tercera parte y última escalera:
tropiezo con el viento del renombre,
también un danzarín en cada acera.

LOS GRANDES PROPIETARIOS

Muchos hombres secaban la esperanza
mi hermano con su extraña indiferencia;
extendido el hocico como lanza
con resoecto de cierta transparencia.

De grandes propietarios sin balanza
de grandes propietarios la indigencia;
pero a menudo cambia la ordenanza
del color favorito, penitencia.

A cada cual su muerte y su gusano:
la montaña de carne y la calzada
hermosos trajes blancos del verano.

La palabra sencilla es peligrosa:
extraordinariamente desdichada
extraordinariamente peligrosa.

PUDIERON EVITALO

Apuntando a los cielos sus ccoronas
es mayor el martirio de las gentes;
sonrisas que no avanzan bajo lonas
y la mirada fuera de sus lentes.

Pudieron evitarlo y los perdonas
(con los ombligos rotos bajo puentes)
el alma entre basuras no abandonas
sobre el escaso pasto las serpientes.

Con leyes y con órdenes medidas;
las bocas de los amos más hendidas
con sus manchadas galas esperando.

Perdón, yo fui el primero en contraseñas:
Si alguien quiere ser hombre menos leñas
Con una sola lámpara ganando!

LA SANGRE

No nos perdonarán si perdonamos
Engañar a los hombres con mentiras;
Por todos sus costados tienen amos
tú que tienes cien ojos y no miras.

La más honda mazmorra si no amamos
arrimando los hombros como tiras…
porque vienen del norte los mucamos
más que de oscura noche me retiras.

La sangre es el martillo de la tierra;
y no somos mujeres ignorantes
su espesura inmedible nos encierra.

Un acrecentamiento de desgracias;
Torturando sus jóvenes amantes
No tendrá compasión de tantas gracias.

Del libro “SAGRADA CANTIDAD”

CASI PECES (NO PECES)

No arrimaron sus hombros
los señores
ni asentaron las puertas;
la piscina magnífica
y el grito entre las copas de perales
eran
como especiales maldiciones.

Casi peces (no peces)
únicamente agregan apellidos
y engendran semejantes
con talismanes hechos con arena.

Ya no miran sus ojos de ceniza
¿ pero cómo saberlo?
por ejemplo el periódico no dice
ni el Estado
las cifras elevadas de sus bajas,
ni el filo para ariba
de sus venas.

Pero las cosas todas reguladas:
sus máscaras de loro.
Aquél dormir en orden (ricamente)
con perros y zapatos
y las tremendas sombras
de sus herencia
eran
como especiales maldiciones.

LA MUERTE DE LOS PÁJAROS NO ES BUENA

Su tiniebla espantaba las palomas
y enredaba mejor que telarañas
un sombrero de copas sin aromas
y pesado cuchillo bajo mañas.

Las almas de los hombres no son bromas
rincón iluminado sus entrañas;
asesino nocturno cuando asomas
y cambias las estrellas por cizañas.

La muerte de los pájaros no es buena
¿hasta cuándo lo externo entre lo interno?
como un canto quemado que envenena.

Levísimo ademán de madreselva:
Cerraron los cimientos del infierno
Y su costra de furia ya no vuelva.

TE SACARÉ DEL POZO

El dar a qué, verdugos y campanas
No me das un momento de respiro;
Abriendo los baúles y ventanas
Nuevo cuerpo amoroso con más giro.

Te sacaré del pozo sin tisanas
ganado tembloroso tu retiro;
se pudren escalones más que ranas
y el corazón se rompe sin un tiro.

Nadie puede gardar unos segundos;
su garganta mejor que de ladrones
se apartaban también de moribundo.

Lo que quieren no sé pero lo miro:
de ruidos y maderas sus lecciones
hay demasiado lujo en su retiro.

Del libro “LLAMARLO Y DESPEDIRLO”

LOS OJOS ABIERTOS PARA NADA

Desarmar al amigo con manjares
muchos quieren hacerse vagabundos;
hay luces
que iluminan bulevares
también los pensamientos furibundos.

Del Señor Admirable los andares
y faroles de fama
pierden mundos;
al instante
y, en todos los lugares
El puede contestar si son profundos.

Orejas de lebreles para nada.
Las voces de los jueces
no traspasa
Concepción y su verso abandonada.

Me acusan de soberbia y de locura
hay millones de puertas
en mi casa
pero ninguns tirnr cerradura.

HAY GOLPES EN LA TUMBA DEL MINERO

La causa de su lucha entre la gente
cualquier a qué cualquiera
más oscuro;
los finitos afines sin coriente
¿ el dar a qué, por qué todo seguro?

Un trago de tu Paz independiente
contra los siempre contras
de lo puro;
por costumbre de sangre
estás Ausente
y las puerts se abren sin apuro.

Atrapada entre rocas sin espanto;
Hay golpes
En la tumba del minero
Colgando de su oreja el desencanto.

La cabellera suelta, no hay cepillo;
Del lado occidental
Un extranjero
Por abajo del hombro su cuchillo.

LO ABSURDO DE LOS SAUCES SIN REGRESO

Plaza fuerte muy digna de tus frases
hacen saltar la tapa de los sesos
¿y esta presentación?
no tiene clases
como la gran helada entre los huesos.

Ruiseñor mal herido ya renaces
con tu cabeza errante entre los besos;
la siembra que no rinde la deshaces
y el proyectado fruto sin sabuesos.

Se recogen las uvas sin inquina;
y el poema sonríe con certeza
y paladea el gusto en cada esquina.

Interna brillantez sin falsedades
inconcebible crea la belleza
indisoluble acuerdo en soledades.

Del libro “SITIOS ABANDONADOS”

HABLARA SIN ESPEJOS

Pasión de los señores la mentira
porque nada se cumple en lo decible;
la ausencia del perdón es cuando gira
lo que pasa, que el alma es invisible.

Lo que todo se puede, menos lira
y ninguna palabra es prescindible;
no se ve en la mente si delira
y la sinceridad es imposible.

Hablará sin espejos y por verbos:
se cuelga del pescuezo un amuleto
y quizás enloquezca entre los cuervos.

Lo sacude la duda y la sospecha:
no coman de esa fruta con secreto
la causa primitiva tiene fecha.

OJOS DE DIAMANTES

Quiero escribir palabras de estas noches
en difícil o claro indivisibles;
un puñal está alzado entre los coches
y hay bocas con espinas invisibles.

Acumulan tesoros los fantoches
y tremenda vergüenza de inservibles;
te contemplo tan Alto sin derroches
y todas mis consultas son posibles.

Qué hacer qué hacer enorme de la tierra;
se marchita el amor sin las palabras
y este silencio herido nos aterra.

Grandes resurrecciones sin olores:
túnel que es un infierno entre las cabras
y tropieza deshecho en tus temores.

SE INSTALA PROFECÍA

Estaba todo gris hasta las sedas
adentro de una caja muy oscura;
ademanes de engaños y monedas
un gastarse por dentro la cordura.

Amarrado a un madero sin veredas
vive sobre tu frente la angostura;
aún lleno de pájaros y ruedas
se instala profecía en tu estructura.

Con los pies menos Negros acostados;
coches muy rojos pasan como quiera
barridos por el Viento y asustados.

Tu río estaba allí, y yo segura;
con máscaras y guantes primavera
como tambor callado, mi amargura.

HABLARA SIN ESPEJOS

Pasión de los señores la mentira
porque nada se cumple en lo decible;
la ausencia del perdón es cuando gira
lo que pasa, que el alma es invisible.

Lo que todo se puede, menos lira
y ninguna palabra es prescindible;
no se ve en la mente si delira
y la sinceridad es imposible.

Hablará sin espejos y por verbos:
se cuelga del pescuezo un amuleto
y quizás enloquezca entre los cuervos.

Lo sacude la duda y la sospecha:
no coman de esa fruta con secreto
la causa primitiva tiene fecha.

EL HOMBRE VERDADERO

Hagamos un paquete con la mente
lugares asfaltados, sangre espesa;
conozco el calendario de tu frente
para reunir la furia, qué destreza.

El hombre verdadero te desmiente
devuélveme el silencio que es riqueza,
y donde estás, es donde estás demente
porque el barco es más rágil que tu mesa.

La evidencia palpable en sus desvelos;
y algo mucho por cierto indiscernible
hacia el final desvíos paralelos.

Soy el Sol que fermenta toda espera;
el color del destino es invisible
el presidio del cuerpo la barrera.

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PRÓXIMO PROGRAMA

111. Poesía más Poesía: Delmira Agustini

DELMIRA AGUSTINI

BIOGRAFÍA

Delmira Agustini nació en Montevideo, Uruguay el 24 de octubre de 1886. Hija de Santiago Agustini y María Murtfeldt, de familia burguesa, fue educada en el hogar recibiendo clases de francés, música y pintura con profesores particulares. A los cinco años sabía leer y escribir correctamente. Con gran sensibilidad e inteligencia, ya componía versos a los diez años y tocaba el piano. Prefería pasar tiempo en actividades intelectuales y artísticas, llegando a calificar a las reuniones sociales como frívolas. A partir de 1902, a los dieciséis años, empezó a publicar sus primeros poemas y relatos en conocidas revistas de entonces, como Rojo y Blanco, la alborada, La Pètite Révue, Apolo (dirigida por el poeta Manuel Pérez y Curis)

Delmira Agustini a los cuatro años.

En 1903 comenzó a colaborar en la sección de una revista que ella llamó La legión etérea, donde firmaba con el sinónimo de Joujou y que hablaba de mujeres de la burguesía de Montevideo que sobresalían en lo cultural y/o social. Entre todas destaca a la poeta María Eugenia Vaz Ferreira. Su primer poemario lo publica en 1908, titulado “El libro Blanco”. Tras esta publicación, a Delmira se la considera ya una poetisa consagrada, de talento reconocido y también máxima exponente del simbolismo en América Latina. Está prologado El libro Blanco por Manuel Medina de Betancourt (escritor uruguayo). A partir de entonces empieza a establecer amistad con algunas de las figuras intelectuales más sobresalientes de la época, casi todas mayores que ella: el ya mencionado Manuel Medina Betancourt, Alberto Zum Felde, Roberto de las Carreras, Juan Zorrilla de San Martín, Carlos Vaz Ferreira, Julio Herrera y Reissig, Samuel Blixen (editor del semanario cultural Rojo y Blanco), entre otros. La correspondencia que establece con algunos de ellos se caracteriza por la hiperbólica admiración -propia de la retórica modernista- con que es elogiada tanto su poesía como su persona. Su casa es visitada por varios escritores atraídos por su talento. Delmira Agustini fue amiga de Vaz Ferreira, gran poetisa uruguaya, nombrada por Gabriela Mistral en el encuentro de las tres grandes américas en el año 1938 en Montevideo Carlos Vaz Ferreira diría que fue un abogado, filósofo, profesor, escritor y rector uruguayo le escribe: Entre los caracteres sorprendentes de su libro,tal vez lo sea más que todo,este :”que usted nó imita,en absoluto”. Quizá como lo hace naturalmente no sepa usted misma lo que significa no imitar a nada ni a nadie en un primer libro puede medirlo pensando que hasta escritores de la fuerza y altura de Rubén Darío empezaron por ser y durante no muy corto tiempo, imitadores.

En 1910 publica su segundo libro: “Cantos de la mañana”, prologado por el escritor uruguayo Manuel Pérez y Curis, donde para entonces su prestigio de poeta era un hecho. Comenzaban a emerger las primeras ruinas del Modernismo y Ruben Darío la admiraba, ya que había traído aires renovadores al legado de la poesía escrita en Hispanoamérica de 1880. Llega a conocer a Rubén Darío en 1912 en Montevideo. Estaba acompañado de su amigo Manuel Ugarte. Es entonces cuando Delmira y Ugarte, escritor, diplomático y político argentino, once años mayor que ella, llegan a conocerse personalmente, relación que va a ser muy importante para Delmira Agustini. Continúa con la correspondencia también con Ruben Darío.

Carlos Vaz de Ferreira (abogado, filósofo, profesor, escritor y rector uruguayo) le escribe: «No debiera ser capaz, no precisamente de escribir, sino de “entender” su libro. Cómo ha llegado usted, sea a saber, sea a sentir lo que ha puesto en ciertas poesías suyas.». Como vemos, confunde las experiencias del escritor con su escritura. La poesía no brota necesariamente de la experiencia, sino que es transformación de la materia prima y un ejercicio constante de lectura y escritura.

En 1913, con un tono marcadamente erótico, publicó “Los cálices vacíos”. Hablaba del cuerpo, el deseo y la sexualidad sin prejuicios. Era una voz arriesgada, de forma que sus textos provocaron en la época de Delmira Agustini un escándalo social. Su temática erótica no encajaba con los estereotipos femeninos, donde era impropio que la mujer fuera sujeto de deseo. No se adscribía a los estereotipos femeninos de la época, sobretodo de una joven soltera. Fue criticada e intentaron neutralizar su voz por esta condición. Delmira fue una visionaria y consiguió dejar atrás las máscaras modernistas románticas y el recato, expresándose en libertad. Había iniciado un nuevo recorrido en la poesía, donde la retórica modernista iba dejando paso al lenguaje erótico, el deseo femenino, subvierte imágenes y el concepto de la tradición modernista para hablar de sus experiencias como mujer, que chocó con la tradición del época, por la que la joven poeta fue blanco de murmuraciones, pero no evitó que se generara una escuela de voces femeninas que retomaron su legado. El ambiente de Montevideo en aquella época estaba sujeto a grandes contrastes. Por un lado era puritano y conservador en la sexualidad y la diferencia de sexo y por otro era libertario y progresista. En la época de los gobiernos de Battle y Ordóñez de 1903 a 1907 y de 1911 a 1915 se llevaron reformas como la primera ley de divorcio del continente, en 1907 y la creación en 1912 de la universidad de mujeres.

En una nota al lector de “los cálices vacíos” Delmira Agustini indica que prepara un poemario que llamará Los astros del abismo y considera que será la cúpula de su obra. Son poemas más oscuros y barrocos, publicados posteriormente en la edición de Obras completas en 1924 con el título El rosario de Eros. El libro abre con un «Pórtico» de Rubén Darío alabando su poesía: «De todas cuantas mujeres hoy escriben verso ninguna ha impresionado mi ánimo como Delmira Agustini, por su alma sin velos y su corazón de flor. A veces rosa por lo sonrosado, a veces lirio por lo blanco. Y es la primera vez que en la lengua castellana aparece un alma femenina en el orgullo de la verdad de su inocencia y de sus amor, a no ser Santa Teresa En su exaltación divina. Si esta niña bella continúa en la lírica revelación de su espírit como hasta ahora, va a asombrar a nuestro mundo de lengua española. Sinceridad, encanto y fantasía, he allí las cualidades de esta deliciosa musa. Cambiando la grase de Shakespeare, podría decirse “what is a woman”, pues por ser muy mujer, dice cosas exquisitas que nunca se han dicho. Sean con ella la gloria, el amor y la felicidad.” La relación de la poetisa uruguaya con el malditismo decadentista ha sido un lugar común en la crítica. En “los cantos de la mañana” hace huella la melancolía y en “Los cálices vacíos” también lo siniestro, según tesis posteriores, aproximando con la cualidad de lo siniestro, definida por Sigmund Freud, a la vanguardia. El hálito de lo decadente y maldito se apodera de la poética de Delmira, como en el poema “la siembra” (poema la siembra leer). Delmira Agustini desarrolló también en su obra el goticismo, un estilo de literatura popular que floreció en Inglaterra a finales del siglo XVIII. Surgió como reacción estética a la Ilustración, que defendía que la Humanidad sólo podía alcanzar la felicidad mediante el uso de la razón y el domino de la pasión. A través del goticismo se satisfacían la fascinación sentimental hacia la muerte y la decadencia, y también una vía de dramatización de los peligros de la condición de mujer en un mundo de hombres. Incluye Delmira en su obra símbolos de narraciones de terror como el vampiro . (poema vampiro leer) Se reconoce en su condición femenina y asume la identidad de una mujer fatal que se deleita con el dolor e incluso con la muerte de su interlocutor amoroso a quien «corta en pedacitos, decapita, engulle y deglute» Recibe infuencias de sus lecturas de los clásicos griegos, de Hoffmann, Baudelaire… leer FIERA DE AMOR. Recurre en su obra al mito de Salomé, mediante el cual se relata la pasión obsesiva de Salomé por Juan el bautista. Ella intenta seducirlo, y Bautista lo rechaza, llamándola hija de Sodoma y pide a Herodes la cabeza de Juan Bautista en una bandeja de plata, vengándose así de él. Miguel Unamuno, con el que mantenía correspondencia, llegaría a ppreguntarle: ¿Y esa extraña obsesión que tiene usted de tener entre las manos una veces la cabeza muerta del amado, otras veces la de Dios? […] Engastada en mis manos fulguraba como extraña presea tu cabeza… ¡Y vuelve la misma obsesión! En su vida personal se casó con Enrique Job Reyes, un joven comerciante al que conoció en el año 1908. Uno de los testigos de su casamiento fue Manuel Ugarte. E 14 de agosto de 1913 y a menos de dos meses, se separó de Reyes. Interpone una demanda de divorcio alegando hechos graves que imposibilitan cualquier reconciliación con él. También se refiere a amenazas sufridas posteriormente a la separación.  Indica también de él que no podía tolerar “tanta vulgaridad”.Job Reyes solía llamarla “atorranta”, pues se pasaba horas leyendo y escribiendo. Solía decir que, una vez casados, se encargaría de ver que abandonara la escritura. Reyes no pudo soportar que Delmira no sólo lo abandonara, sino que además inaugurara la ley de divorcio en el Uruguay. El caso tuvo una enorme repercusión debido a que con ello se sentaba un precedente en el continente y a que quien solicitaba el divorcio era una célebre autora de versos eróticos.

Hubo voces de poetas que señalaron que Agustini ya estaba enamorada de Manuel Ugarte. La cuestión es que Delmira continuó carteándose con Ugarte tras su separación pero esta vez con un tinte más erótico. Llegó a confesarle por carta: “Piense usted que esas dos palabras que yo pude en conciencia decirle el otro día de conocerlo, han debido ahogarse en mis labios ya que no en mi alma. Para ser absolutamente sincera yo debí decirlas; yo debí decirle que usted hizo el tormento de mi noche de bodas y de mi absurda luna de miel. Lo que pudo ser a la larga una novela humorística, se convirtió en tragedia. Lo que yo sufrí aquella noche no podré decírselo nunca. Entré a la sala como a un sepulcro sin más consuelo que el de pensar que lo vería. Mientras me vestían pregunté no sé cuántas veces si había llegado. Podría contarle todos mis gestos de aquella noche. La única mirada consciente que tuve, el único saludo inoportuno que inicié fueron para usted. Tuve un relámpago de felicidad. Me pareció un momento que usted me miraba y me comprendía. Que su espíritu estaba bien cerca del mío entre toda aquella gente molesta. Después, entre besos y saludos, lo único que yo esperaba era su mano. Lo único que yo deseaba era tenerle cerca un momento. El momento del retrato. Y después sufrir, sufrir hasta que me despedí de usted. Y después sufrir más, sufrir lo indecible… “

En una correspondencia Ugarte le escribe: «Será vanidad o misterioso presentimiento, pero siempre he pensado que la serpiente ondularía mejor si yo la acariciara. No sea orgullosa y estrechémonos otra vez las manos fuertemente y déjeme que me acerque bien a usted, que la haga crujir apretándola contra mi cuerpo y que ponga al fin en su boca, largo, culpable, inextinguible, el primer beso que siempre nos hemos ofrecido». Ella le responde: «Todavía me dura la embriaguez deliciosa de su última carta. ¿Y si le dijera que hoy sufro escribiéndole? Me da miedo de parecer decirle demasiado y siento que todo lo que le diga me parecerá poco. Sin embargo, el deseo intenso, hasta doloroso, de volver a ver su letra, lo vence todo.». Cuando tras la separacion con su marido regresó a casa de sus padres, sólo traía por equipaje un libro de Ugarte “la novela de las horas y los días” En las cartas de Delmira a su por entonces marido Enrique Job Reyes sobresalen una jerga infantil y algunas frases terriblemente caprichosas, muy diferentes al tono apasionado y al estilo más literario de las cartas que envía a Manuel Ugarte. Según André Badot, Reyes estaba tremendamente afectado: acosaba a la poeta incesantemente escribiéndole cartas, golpeando su ventana, suplicándole con amenazas. Durante el proceso de divorcio Delmira siguió viéndose con su marido de manera regular (unas dos y tres veces por semana), manteniendo relaciones sexuales a escondidas de sus familiares en un apartamento del centro alquilado por su exmarido tras la separación. Unas voces decían que Delmira perpetuó la intimidad con la esperanza de que el trámite de divorcio no se viera obstaculizado, pero también otras voces señalaban que era una forma de convertir a su esposo en su amante. La disolución del matrimonio fue el 5 de junio de 1914 y el 6 de julio, en la tarde, él la citó en el apartamento y le disparó dos veces en la cabeza y luego él se suicidó. La habitación estaba repleta de fotografías, pinturas y otros objetos de Delmira.De acuerdo a cartas escritas a un amigo y a su madre, Reyes llevaba meses contemplando el suicidio Ella tenía 27 años, él tenía 28, ambos de familias acomodadas, por lo que los periódicos llenaron sus páginas con reseñas sensacionalistas. Ciertamente, la forma en que murió ha originado un mito en torno a la figura de la poeta que pervive hasta el día de hoy. Después de su muerte se publicó El rosario de Eros en 1924, los astros del abismo en 1924 y correspondencia íntima, en 1968

Formó parte de la generación de 1900, junto con prestigiosos poetas, como Leopoldo Lugones y Rubén Darío.

En 1940 el Ministerio de Educación de Montevideo hizo una edición de las poesías de Agustini, que llamó edición oficial y que reproducía en un tomo la edición que había hecho la familia; ésta se retiró por la cantidad de erratas e inconsistencias de la misma. Alberto Zum Felde (crítico, historiador y ensayista uruguayo ) preparó una edición de Poesías completas (Buenos Aires: Losada, 1944); en la misma hacía una selección de los poemas que Agustini dejó inéditos . Posteriormente Manuel Alvar ( filólogo, dialectólogo y catedrático español) publicó una edición de Poesías completas (Barcelona: Labor, 1971) en la que se hace una minuciosa labor de las variantes de los versos en ediciones anteriores, pero dejó fuera poemas inéditos de Agustini.

Alfonsina Storni le dedica estas palabra: “Silenciada en plena primavera, solo nos queda aferrarnos a los libros de Delmira, y mirar admirados esa vitalidad profunda, esa carne inquietada por la sed del espíritu, este caer y levantarse continuo, esta feroz femineidad avasallante, que al hizo producir una nueva poesía, desconocida, candente, porque es la expresión viva de un talento excepcional, suerte de llamarada ardiente que se levantó como un volcán de este suelo, iluminó el cielo americano, se corrió hacia España y levantó en el mundo de habla castellana un rumor de admiración, de aplauso, de consagración. Nunca la amaremos bastante.” El crítico Zum Felde asegura que no puede juzgarse la obra de Delmira “sólo desde la perspectiva erótica, ya que su pasión y expresión del erotismo es subliminal, es, en definitiva, una «amante onírica». La ciudad de Montevideo cuenta con un espacio memorial , una obra el artista Martín Sastre inaugurado en 2014 en la calle Andes 1206, en el lugar donde fue asesinada por su exmarido, en memoria a los 100 años de su desaparición.

BIBLIOGRAFÍA

Centro Virtual Cervantes
Homenaje a Delmira Agustini (Uruguay, 1886-1914) Escuela Española
Wikipedia
Ecured

Poesías completas Delmira Agustini, edición de Magdalena García Pinto, CATEDRA Letras Hispánicas.

POEMAS

¡POESÍA!


¡Poesía inmortal, cantarte anhelo!
¡Mas mil esfuerzos he de hacer en vano!
¿Acaso puede el esplendente cielo
subir altivo el infeliz gusano?

Tú eres la sirena misteriosa
que atrae con su voz al navegante,
¡Eres la estrella blanca y luminosa!
¡El torrente espumoso y palpitante!

Eres la brisa perfumada y suave
que juguetea en el vergel florido,
¡Eres la inquieta y trinadora ave
que en el verde naranjo cuelga el nido!

Eres la onda de imperial grandeza
que altiva rueda vomitando espuma,
¡Eres el cisne de sin par belleza
que surca el lodo sin manchar su pluma!

Eres la flor que al despuntar la aurora
entreabre el cáliz de perfume lleno,
¡Una perla blanquísima que mora
del mar del alma en el profundo seno!

¿Y yo quién soy, que en mi delirio anhelo
alzar mi voz para ensalzar tus galas?
¡Un gusano que anhela ir hasta el cielo!
¡Que pretende volar sin tener alas!

¡ARTISTAS!

Para M. E. Vaz Ferreira

Cuando el nimbo de la gloria resplandece en vuestras frentes,
veis que en pos de vuestros paso van dos sombras que inclementes
sin desmayos ni fatigas os persiguen con afán;
son la envida y la calumnia, dos hermanas maldecidas,
siempre juntas van y vienen por la fiebre consumidas ,
impotentes y orgullosas – son dos sierpes venenosas
cuya mísera ponzoña sólo a ellas causa mal.

Alevosas y siniestras cuando tratan de atacaros;
temerosas de la lumbre, siempre buscan el misterio.
Mas, burlaos de sus iraas; ¡nada pueden! El artista
tiene un arma irresistible para ellas: ¡el desprecio!

REBELION

 (de El libro Blanco 1908)

La rima es el tirano empurpurado, 
es el estigma del esclavo, el grillo 
que acongoja la marcha de la Idea. 
¡No aleguéis que sea de oro! ¡El Pensamiento 
no se esclaviza a un vil cascabeleo! 
Ha de ser libre de escalar las cumbres 
entero como un dios, la crin revuelta, 
la frente al sol, al viento. ¿Acaso importa 
que adorne el ala lo que oprime el vuelo?

¡Él es por sí, por su divina esencia, 
música, luz, color, fuerza, belleza! 

¿A qué el carmín, los perfumados pomos?… 
¿Por qué ceñir sus manos enguantadas 
a herir teclados y brindar bombones 
si libres pueden cosechar estrellas, 
desviar montañas, empuñar los rayos? 
¡Si la cruz de sus brazos redentores 
abarca el mundo y acaricia el cielo! 
Y la Belleza sufre y se subleva…
¡Si es herir a la diosa en pleno pecho
mermar el torso divinal de Apolo 
para ajustarlo a ínfima librea! 
Para morir como su ley impone 
¡El mar no quiere diques, quiere playas! 
Así la Idea cuando surca el verso 
quiere al final de la ardua galería, 
más que una puerta de cristal o de oro, 
la pampa abierta que le grita « ¡Libre!»

EL ARTE

(de El libro Blanco 1908)

Rara simiente de color de fuego
germinó en una hora bendecida
a la sombra del árbol de la vida
Nació trémulo y triste como un ruego.

Como oriflama victorioso luego
yergue triunfal la pompa florecida,
y se puebla de alondra – un día anida
entre sus frondas, misterioso y ciego
un pájaro que canta como un dios
y arrastra la miseria en su plumaje –
con las alondras viene a su follaje
de alimañas sin fin la acometida,
y él vence y sigue de la Estrella en pos…
hoy es sombra del árbol de la vida.

AL VUELO

(de El libro Blanco 1908)

La forma es un pretexto, el alma todo!
La esencia es alma. – ¿Comprendéis mi norma?
Forma es materia, la materia lodo,
la esencia vida ¡ Desdeñad la forma!

Entre las flores preferid la agreste.
Más que al celaje que en la tarde rubia
es arabesco del dosel celeste,
amad la nube que revienta en lluvia!

Amad la alondra abriendo melodioso
como abanico de cristal su arpegio,
más que al faisán – el ave sol – pomposo
y empurpurado , del penacho regio!

Frente a la Venus clásica de Milo
sueño una estatua de mujer muy fea
oponiendo al desnudo de la dea
luz de virtudes y montañas de hilo!

Nunca os atraiga el brillo del diamante
más que la luz sangrienta de la llama
Esta es vida, calor, pasión vibrante
aquélla helado resplandor de escama!

Nada os importe el vaso, su alma sea
licor insigne, transparente, sano:
como una plama señorial la Idea
nace en el centro mismo del pantano!

Yo he visto en sueños, lívidos de afanes
Entre una bulla espiritual, burlesca
pasar mudos, confusos los Cristianes
ante ciranos de nariz grotesca!

Y no es hechice la pomposa palma
oferta a huecos tirunfos de apariencia,
eternamente componed el alma
ante el espejo leal de la conciencia!

Y si en la vida estáis, sed de la vida!
Que, tras el brillo de un ensueño insano,
pudiera un día vuestra fe perdida,
mirando al cielo entrar en el pantano!

Desdeñad la apariencia, la falsía,
la gala triste del defecto erguido:
Menos tendréis que descubrir un día
ante el Supremo Tribunal Temido!

NARDOS

(de El libro Blanco 1908)

En la sala medrosa
entró la noche y me encontró soñando.

En el vaso chinesco, sobre el piano
como un gran horizonte misterioso,
el haz de esbeltas flores opalinas
da su perfume; un cálido perfume
que surge ardiente de las suaves ceras
florales, tal la llama de los cirios.
Blandamante yo entorno
los ojos y abandónome a sus ondas
como un náufrago al juicio de los mares.

De las flores me llegan dos perfumes
flotando en el cansancio de la hora,
uno que es mirra y miel de los sentidos
y otro grave y profundo que entra al alma,
abierta toda, como se entra al templo.
Y me parece que en la sombra vaga
surgir los veo de las flores pálidas,
y tienen bellas formas, raras formas…
Uno es un mago ardiente de oro y púrpuras,
otro una monja de color de cera
como un gran cirio erguida,
y con dos manos afiladas, lívidas,
que me abren amplias puertas ignoradas
Que yo cruzo temblando.

Muchas cosas me cuentan, muchas cosas,
las flores de ópalo en su extraña lengua;
cosas tan raras y hondas, tan difusas
en el fondo de sombras de la sala,
que he llegado a pensarme un gran vidente
que leyera en la calma de las cosas
formidables secretos de la vida !

¡ Oh flores, me embriagáis y sois tan blancas !
Tan blancas que alumbráis y yo os contemplo
como el sello de Dios en las tinieblas.

¡ Oh flores, hablad mucho! Acá en la sombra
Vuestras voces me llegan
como á través del muro inderrocable
que separa la Muerte de la Vida.

Siento venir el sueño.
Vuestro perfume en sus calladas ondas,
como á un rey oriental que navegara
majestuoso de imperio y de pereza
en su barca pomposa, á mí le trae!

Oh flores, hablad más, habladme mucho !
Vuestra voz no es tan clara. Decid, flores,
en la muerte invariable de esa estatua
¿ No hay una extraña vida ? Decid, flores,
las tinieblas no son una compacta
procesión de mujeres enlutadas
marchando hacia la luz ? Decidme flores,
que sabéis del misterio de la vida…
De la inmensa leyenda del Calvario…
Que del vuelo supremo de las almas?…

Las cavernas del sueño: decid, flores,
¿No serán…el oasis…de la vida?


¡VIDA!

del libro Cantos de la mañana 1910)

A ti vengo en mis horas de sed como a una fuente
límpida, fresca, mansa, colosal…
y las punzantes sierpes de fuego mueren siempre
en la corriente blanda y poderosa.

Vengo a ti en mi cansancio, como al umbroso bosque
en cuyos terciopelos profundos la fatiga
se aduerme dulcemente, con música de brisas,
de pájaros y aguas…
y del umbroso bosque salgo siempre radiante
y despierta como un amanecer.

Vengo a ti en mis heridas, como al vaso de bálsamos
en que el dolor se embriaga hasta morir de olvido…
Y llevo
selladas mis heridas como las bocas muertas,
y por tus buenas manos vendadas de delicias.

Cuando el frío me ciñe doloroso sudario,
lívida vengo a ti,
como al rincón dorado del hogar,
¡como al Hogar universal del Sol!…
Y vuelvo toda en rosas como una primavera,
arropada en tu fuego.

A ti vengo en mi orgullo
como a la torre dúctil,
como a la torre única
¡que me izará sobre las cosas todas!
¡Sobre la cumbre misma,
arriscada y creciente,
de mi eterno capricho!

Para mi vida hambrienta
¡eres la presa única!
¡Eres la presa eterna!
El olor de tu sangre,
el color de tu sangre
flamean en los picos ávidos de mis águilas.

Vengo a ti en mi deseo
como en mil devorantes abismos, toda abierta
el alma incontenible…
¡Y me lo ofreces todo!…
Los mares misteriosos florecidos en mundos,
los cielos misteriosos florecidos en astros,
¡los astros y los mundos!
…Y las constelaciones de espíritus suspensas
entre mundos y astros…
…Y los sueños que viven más allá de los astros,
más acá de los mundos…

¿Cómo dejarte? -¡Vida!-
cómo salir del dulce corazón
hospitalario y pródigo
como una patria fértil?…
Si para mí la tierra,
si para mí el espacio,
¡todos! ¡son los que abarca
el horizonte puro de tus brazos!…
¡Si para mí tu más allá es la Muerte,
sencillamente, prodigiosamente!…
 


LAS ALAS

(del libro Cantos de la mañana 1910)


Yo tenía…
dos alas!…
Dos alas,
que del Azur vivían como dos siderales
raíces!…
Dos alas,
con todos los milagros de la vida, la muerte
y la ilusión. Dos alas,
fulmíneas
como el velamen de una estrella en fuga;
Dos alas,
como dos firmamentos
con tormentas, con calmas y con astros…

¿Te acuerdas de la gloria de mis alas?…
El áureo campaneo
del ritmo; el inefable
matiz, atesorando
el iris todo, más un iris nuevo
ofuscante y divino,
que adoraran las plenas pupilas del Futuro,
( las pupilas maduras a toda luz! )…  El vuelo…

El vuelo eterno, devorante y único,
que largo tiempo atormentó los cielos,
despertó soles, bólidos, tormentas:
abrillantó los rayos y los astros
¿y la amplitud? : tenían
calor y sombra para todo el Mundo,
y hasta incubar un “más allá” pudieron.

Un día, raramente
desmayada a la tierra,
Yo me dormí en las felpas profundas de este bosque…
Soñé divinas cosas…
Una sonrisa tuya me despertó, paréceme…
¡Y no siento mis alas!…
¿Mis alas?…

Yo las vi deshacerse entre mis brazos…
¡Era como un deshielo!


SIEMBRA

(del libro Cantos de la mañana 1910)


Un campo muy vasto de ensueño y milagro.
La tierras labradas soñando simiente
y súbito un hombre de olímpica frente
que emperla los surcos de ardientes rubíes.
-¿Qué siembras?- le digo – delira tu mente?
-Mi sangre que es lumbre…¡mi sangre!- contesta-
verás algún día la mágica fiesta
de luz de mis campos; si quieres, hoy, ríe!

-Reír?eso nunca ¡ respeto lo ignoto!
Me apiada la angustia grabada en tu cara
la angustia que implica tu siembra, tan rara!

Verás algún día mis campos en flor!
Hoy mira mi herida- mostrome su pecho
y en él una boca sangrienta – hoy repara
en mí la congoja de un cuerpo de deshecho:
Mañana a tus ojos seré como un dios!

Tal vez, tal vez…dije – Seguro, seguro!
Selene hoy esboza su rostro de cera,
tres veces que nazca, tres veces que muera
y cuelvo a mis campos tu brillo de aurora!

Pasaron tres lunas, tres lunas de plata- ,
tres lunas de hierro! Soñaba en mi esper.-
Del hombre que hiciera la siembra escarlata
marché hacia la extraña, magnífica flora.

Hay hondas visiones, visiones que hielan,
visiones que amargan por toda una vida! –
la luz anunciada, la luz bendecida
llenando los campos en forma de flor!
Y…en medio…un cadáver…crispadas las manos
-Murieron ahondando la trágica herida –
y en todo una nube de extraños gusanos
babeando rastreros el sacro fulgor!


EL VAMPIRO

 (del libro Cantos de la mañana 1910)

En el regazo de la tarde triste
Yo invoqué tu dolor… Sentirlo era
Sentirte el corazón! Palideciste
Hasta la voz, tus párpados de cera,
Bajaron…y callaste… Pareciste
Oír pasar la Muerte… Yo que abriera
Tu herida mordí en ella -¿me sentiste?-
Como en el oro de un panal mordiera!
Y exprimí más, traidora, dulcemente
Tu corazón herido mortalmente,
Por la cruel daga rara y exquisita
De un mal sin nombre, hasta sangrarlo en llanto!
Y las mil bocas de mi sed maldita
Tendí a esa fuente abierta en tu quebranto.
¿Por qué fui tu vampiro de amargura?
¿Soy flor o estirpe de una especie oscura
Que come llagas y que bebe el llanto?


FIERA DE AMOR, YO SUFRO HAMBRE DE CORAZONES…

(del libro cálices vacíos 1913)


Fiera de amor, yo sufro hambre de corazones
de palomos, de buitres, de corzos o leones,
no hay manjar que más tiente, no hay más grato sabor,
había ya estragado mis garras y mi instinto,
cuando erguida en la casi ultratierra de un plinto,
me deslumbró una estatua de antiguo emperador.

Y crecí de entusiasmo; por el tronco de piedra
ascendió mi deseo como fulmínea hiedra
hasta el pecho, nutrido en nieve al parecer;
y clamé al imposible corazón… la escultura
su gloria custodiaba serenísima y pura,
con la frente en Mañana y la planta en Ayer.
Perenne mi deseo, en el tronco de piedra
ha quedado prendido como sangrienta hiedra;
y desde entonces muerdo soñando un corazón
de estatua, presa suma para mi garra bella;
no es ni carne ni mármol: una pasta de estrella
sin sangre, sin calor y sin palpitación…

¡Con la esencia de una sobrehumana pasión!
 


NOCTURNO

 (del libro cálices vacíos 1913)


Fuera, la noche en veste de tragedia solloza
Como una enorme viuda pegada a mis cristales.

  Mi cuarto:…
Por un bello milagro de la luz y del fuego
Mi cuarto es una gruta de oro y gemas raras:
Tiene un musgo tan suave, tan hondo de tapices,
Y es tan vívida y cálida, tan dulce que me creo
Dentro de un corazón…

   Mi lecho que está en blanco es blanco y vaporoso
Como flor de inocencia,
Como espuma de vicio!
  Esta noche hace insomnio;
Hay noches negras, negras, que llevan en la frente
Una rosa de sol…
En estas noches negras y claras no se duerme.

  Y yo te amo, Invierno!
Yo te imagino viejo,
Yo te imagino sabio,
Con un divino cuerpo de marmól palpitante
Que arrastra como un manto regio el peso del Tiempo…
Invierno, yo te amo y soy la primavera…
Yo sonroso, tú nievas:
Tú porque todo sabes,
Yo porque todo sueño…

    …Amémonos por eso!…
    Sobre mi lecho en blanco,
Tan blanco y vaporoso como flor de inocencia,
Como espuma de vicio,
Invierno, Invierno, Invierno,
Caigamos en un ramo de rosas y de lirios!


EN TUS OJOS

(del libro cálices vacíos 1913)

¡Ojos a toda luz y a toda sombra!
Heliotropos del Sueño! Plenos ojos
que encandiló el Milagro y que no asombra
jamás la vida… Eléctricos cerrojos
de profundas estancias; claros broches,
broches oscuros, húmedos, temblantes,
para un collar de días y de noches…
Bocas de abismo en labios centelleantes;

natas de amargas mares nunca vistas;
claras medallas; tétricos blasones;
capullos de dos noches imprevistas
y madreperlas de constelaciones…

¿Sabes todas las cosas palpitantes,
inanimadas, claras, tenebrosas,
dulces, horrendas, juntas o distantes,
que pueden ser tus ojos?… ¡Tantas cosas

que se nombraran infinitamente!…
Maravilladas veladoras mías
que en fuego bordan visionariamente
la trama de mis noches y mis días!…
Lagos que son también una corriente…

¡Jardines de los iris! devorados
por dos fuentes que eclipsan los tesoros
sombríos más sombríos, más preciados..
Firmamentos en flor de meteoros;

fondos marinos, cristalinas grutas
donde se encastilló la Maravilla;
faros que apuntan misteriosas rutas…
Caminos temblorosos de una orilla

desconocida; lámparas votivas
que se nutren de espíritus humanos
y que el milagro enciende; gemas vivas
y hoy por gracia divina, ¡siemprevivas!
y en el azur del Arte, ¡astros hermanos!


OTRA ESTIRPE

(del libro cálices vacíos 1913)

Eros, yo quiero guiarte, Padre ciego…                          
pido a tus manos todopoderosas, 
su cuerpo excelso derramado en fuego 
sobre mi cuerpo desmayado en rosas! 
La eléctrica corola que hoy despliego 
brinda el nectario de un jardín de Esposas; 
para sus buitres en mi carne entrego 
todo un enjambre de palomas rosas! 
Da a las dos sierpes de su abrazo, crueles, 
mi gran tallo febril… Absintio, mieles, 
viérteme de sus venas, de su boca… 

¡Así tendida, soy un surco ardiente, 
donde puede nutrirse la simiente, 
de otra Estirpe, sublimemente loca!


PARA TUS MANOS

 (del libro cálices vacíos 1913)


Manos que sois de la Vida,
manos que sois del Ensueño;
que disteis toda belleza
que toda belleza os dieron;
tan vivas como dos almas,
tan blancas como de muerto,
tan suaves que se diría
acariciar un recuerdo;
vasos de los elixires
los filtros y los venenos;
¡manos que me disteis gloria
manos que me disteis miedo!
Con finos dedos tomasteis
la ardiente flor de mi cuerpo…
Manos que vais enjoyadas
del rubí de mi deseo,
la perla de mi tristeza,
y el diamante de mi beso:
¡llevad a la fosa misma
un pétalo de mi cuerpo!
Manos que sois de la Vida,
manos que sois del Ensueño.
 
…………………………………………
 
¿En qué tela de llamas me envolvieron
las arañas de nieve de tus manos?
¡Red de tu alma y de tu carne, lía
mis alas y mis brazos!
 
Tú me llegaste de un país tan lejos
que a veces pienso si será soñado…
Venías a traerme mi destino,
tal vez desde el Olimpo, en esas manos;
y hoy que tu nave peregrina cruza
no sé que mar al soplo del Acaso,
ellas abren sin fin sobre mi vida,
como un cielo presente aunque lejano,
y de sus palmas armoniosas bajan
noches y días alhajados de astros,
o encapuzados de siniestras nubes
que me apuntan sus rayos…
 
Ellas me alzaron como un lirio roto
de mi tristeza como de un pantano;
me desvelaron de melancolías,
obturaron las venas de mi llanto,
las corolas de oro de mis lámparas
de insomnio deshojaron,
abrieron deslumbrantes los dormidos
capullos de mis astros,
y gráciles prendieron en mi pecho
la rosa del Encanto.
 
Mis alas embriagadas de pereza,
con dulzura balsámica peinaron,
les curaron las llagas de la tierra,
y apartando las puertas del Milagro,
con un gesto que hacía un horizonte
una vía de azur me señalaron…
Yo abrí los brazos al tender las alas…
¡quise volar… y desmayé en tus manos!
 
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
 
¿En qué tela de fuego me envolvieron
las arañas de nieve de tus manos?
¡Red de tu alma y de tu carne, lía
mis alas y mis brazos!
 
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
 
 
¡Manos que sois de la Vida,
manos que sois del Ensueño;
manos que me disteis gloria,
manos que me disteis miedo!
Llevad a la fosa misma
un pétalo de mi cuerpo…
 
—¿Contendrán esas manos divinas, invisible,
el doloroso signo de las supremas leyes?…
¡Yo creo que solemnes, dominarán al Tiempo!
¡y dulces, juraría que hechizan a la Muerte!—
 
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
 
¡Manos que sois de la Vida!
¡Manos que sois del Ensueño!
¡Manos que me disteis gloria!
¡Manos que me disteis miedo!


MIS AMORES

 (del libro Rosario de Eros 1924)


Hoy han vuelto.
Por todos los senderos de la noche han venido
a llorar en mi lecho.
¡Fueron tantos, son tantos!
Yo no sé cuáles viven, yo no sé cuál ha muerto.
Me lloraré yo misma para llorarlos todos.
La noche bebe el llanto como un pañuelo negro.
Hay cabezas doradas a sol, como maduras…
Hay cabezas tocadas de sombra y de misterio,
cabezas coronadas de una espina invisible,
cabezas que son rosa, la rosa del ensueño,
cabezas que se doblan en cojines de abismo,
cabezas que quisieran descansar en el cielo,
algunas que no alcanzan a oler a primavera,
y muchas que trascienden a las flores de invierno.
Todas esas cabezas me duelen como llagas…
me duelen como muertos…

¡Ah…! y los ojos…los ojos me duelen más: ¡son dobles..!
Indefinidos, verdes, grises, azules, negros,
abrasan si fulguran,
son caricias, dolor, constelación, infierno.
Sobre toda su luz, sobre todas sus llamas,
se iluminó mi alma y se templó mi cuerpo.
Ellos me dieron sed de todas esas bocas…
de todas esas bocas que florecen mi lecho:
vasos rojos o pálidos de miel o de amargura
con lises de armonía o rosas de silencio,
de todos esos vasos donde bebí la vida,
de todas esos vasos donde la muerte bebo…
El jardín de sus bocas, venenoso, embriagante,
en donde respiraban “sus almas” y “sus cuerpos”.
Humedecido en lágrimas
han rodeado mi lecho…
Y las manos, las manos colmadas de destinos,
secretas y alhajadas de anillos de misterio…
Hay manos que nacieron con guantes de caricia,
manos que están colmadas de la flor del deseo,
manos en que se siente un puñal nunca visto,
manos en que se ve un intangible cetro;
pálidas o morenas, voluptuosas o fuertes,
en todas, todas ellas, puede engarzar un sueño.
Con tristeza de almas se doblegan los cuerpos,
sin velos, santamente vestidos de deseo.
Imanes de mis brazos, panales de mi entraña
como  invisible abismo se inclinan en mi lecho…
¡Ah, entre todas las manos, yo he buscado tus manos!
Tu boca entre las bocas, tu cuerpo entre los cuerpos,
de todas las cabezas yo quiero tu cabeza,
de todos esos ojos, ¡tus ojos sólo quiero!
Tú eres el más triste, por ser el más querido,
tú has llegado el primero por venir de más lejos…
¡Ah, la cabeza oscura que no he tocado nunca
y las pupilas claras que miré tanto tiempo!
Las ojeras que ahondamos la tarde y yo inconscientes,
la palidez extraña que doblé sin saberlo,
ven a mí: mente a mente;
ven a mí: cuerpo a cuerpo.
Tú me dirás que has hecho de mi primer suspiro…
Tú me dirás que has hecho del sueño de aquel beso…
Me dirás si lloraste cuando te dejé solo…
¡Y me dirás si has muerto…!
Si has muerto,
mi pena enlutará la alcoba lentamente,
y estrecharé tu sombra hasta apagar mi cuerpo.
Y en el silencio ahondado de tinieblas,
y en la tiniebla ahondada de silencio,
nos velará llorando, llorando hasta morirse
nuestro hijo: el recuerdo.


SERPENTINA

(del libro el Rosario de Eros de 1924)


En mis sueños de amor, ¡yo soy serpiente!
gliso y ondulo como una corriente;
dos píldoras de insomnio y de hipnotismo
son mis ojos; la punta del encanto
es mi lengua… ¡y atraigo con mi llanto!
soy un pomo de abismo.
Mi cuerpo es una cinta de delicia,
glisa y ondula como una caricia…
Y en mis sueños de odio ¡soy serpiente!
mi lengua es una venenosa fuente;
mi testa es la luzbélica diadema,
haz de la muerte, en un fatal soslayo
son mis pupilas; y mi cuerpo en gema
¡es la vaina del rayo!
Si así sueño mi carne, así es mi mente:
un cuerpo largo, largo, de serpiente,
vibrando eterna, ¡voluptuosamente!
Tu amor, esclavo, es como un sol muy fuerte:
jardinero de oro de la vida,
jardinero de fuego de la muerte
en el carmen fecundo de mi vida.
Pico de cuervo con olor de rosas,
aguijón enmelado de delicias
tu lengua es. Tus manos misteriosas
son garras enguantadas de caricias.
Tus ojos son mis medianoches crueles,
panales negros de malditas mieles
que se desangran en la acerbidad;
crisálida de un vuelo del futuro,
es tu brazo magnífico y oscuro,
torre embrujada de mi soledad.

CUENTAS DE FUEGO

(del libro el Rosario de Eros de 1924)


Cerrar la puerta cómplice con rumor de caricia,
deshojar hacia el mal el lirio de una veste
-La seda es un pecado, el desnudo es celeste;
y es un cuerpo mullido, un diván de delicia.-
Abrir brazos…así todo ser es alado;
o una cálida lira dulcemente rendida
de canto y de silencio…más tarde, en el helado
más allá de un espejo, como un lago inclinado
ver la olímpica bestia que elabora la vida…
Amor rojo, amor mío;
sangre de mundos y rumor de cielos…
¡Tú me los des, Dios mío!

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