133. Poesía más Poesía: Celedonio Flores

CELEDONIO ESTEBAN FLORES

BIOGRAFÍA

Celedonio Flores, también recordado como “El negro Cele” nació en Buenos Aires en 1896, en un barrio popular habitado por criollos e inmigrantes de diferentes orígenes. Sus padres fueron Manuel Ceferino Flores y Fermina Rueda.

El matrimonio Flores tuvo cinco hijos: Amelia, Celedonio, Manuel, Andrés y Héctor. Cuando el poeta tenía cuatro años, sus padres decidieron mudarse, a Villa Crespo donde el poeta creció entre los dialectos de los inmigrantes, la vida al aire libre y las peleas entre barras juveniles, que forjaron su cariz popular, querido y respetado por su facilidad para hablar bella y grácilmente y su sentido del humor. Influenciado por el suburbio ratificó la introducción del lunfardo en el tango.

Otra importante influencia para Celedonio fue su padre que era tipógrafo de oficio y en aquellos tiempos los obreros gráficos eran literariamente ilustrados.

Desde pequeño leyó mucho tomando como modelo a Rubén Darío y Leopoldo Lugones pero enmarcándose en el campo del arrabal y su lenguaje, inspirado por Evaristo Carriego y los elementos literarios que utiliza, hasta arribar al tango-canción introduciendo el lunfardo con talento y pasión y captando las peripecias y tics de la época. Almafuerte, Gabriela Mistral, Amado Nervio, Banchas, Belisario Roldán y Alfonsina Storni eran autores que apilaba junto a su cama.

Abandonó la carrera de Comercio para dedicarse a lo que más le gustaba: la música y la literatura, estudió violín en el conservatorio y pintura en la Escuela de Bellas Artes. Comenzó a descubrir que su vocación era el arte.

En los años 20 se convirtió en un poeta y letrista de gran popularidad, alcanzando la fama cuando envió al diario Última hora un poema titulado “Por la pinta” por el que recibió 5 pesos como retribución. El poema llegó a manos de Carlos Gardel. No sabía quien era ese tal Celedonio pero le encantó su poema y con su compañero de dúo José Razzano, le pusieron música creando el tango “Margot”. Así explica Celedonio cómo nació su amistad con Gardel:

—Te voy a contar… A esa edad en que se hacen versos, ensayé los míos. Quise escribirlos delicados, sutiles, finos… pero había grandes contras en aquel camino. ¿Cómo te ibas a tirar contra Amado Nervo o Rubén Darío? El naipe no daba pa’ tanto, hermano. Entonces, un día que estaba bien seco, en uno de esos días: en que uno sueña con la lotería sin tener el billete, me abrí de aquella parada elegante y escribí “Margot”. ¿Te acordás? Fue aquel tango que decía:

“…Y tu vieja, pobre vieja,
lava toda la semana
 pa’ poder parar la olla
con pobreza franciscana
en un triste conventillo
alumbrado a kerosén.
………………………………..
Ya no sos mi Margarita,
 ahora te llaman Margot…”

 “En un diario de la tarde salía en ese tiempo una sección en la cual publicaban colaboraciones premiando con cinco pesos la mejor. Y me tiré el lance. Cinco mangos hermano… ¿Te imaginás todo de pan y queso?… Bien: se publicó y salió premiado. A Gardel le gustó y me anduvo buscando. Por intermedio de un amigo común nos conocimos. Carlitos me pidió permiso para ponerle música. ¿Comprendés? Me pidió permiso… Y allí soldamos una amistad que subsiste en mí… y también, en él aunque se fue lejos…

Gardel grabó 27 temas de Celedonio, entre los que se encuentran uno de los mayores éxitos de su trayectoria “Mano a mano”. Otros de sus tangos más destacados son “Mala entraña”, “El bulín de la calle Ayacucho”, “Viejo Smoking”, “Malevito”, “Canchero” y “Pan”.

Carlos Gardel prefirió no grabar su tango “Corrientes y Esmeralda” porque la letra aludía a mujeres que soñaban con su pinta.

Así habla Celedonio de su gran amigo. Al año de cumplirse su muerte, en un homenaje radiotelefónico al que acudieron sus amigos más íntimos, entre ellos Leguisamo, el negro Flores lloró su amargura en estrofas como ésta:

“Se murió Carlitos, y allá en mi barriada
los puntos más bravos maldiciendo están…
Hay una tragedia en cada mirada,
hay una amenaza en cada ademán,
 hay un nudo horrible en cada garganta
y un incontenible ganas de llorar…”

Durante años escribió exclusivamente para Rosita Quiroga por razones comerciales pero con el paso de los años sus tangos comenzaron a formar parte de los repertorios de numerosos cantantes desde Ignacio Corsini y Alberto Gómenz a Edmundo Rivero y Julio Sosa, pasando por Goyeneche, Ángel Vargas y Floreal Ruiz.

“Lopecito”, Leguisamo, Alvarado y Esteban Celedonio Flores en un homenaje radiotelefónico a Gardel al cumplirse el primer aniversario de la muerte del Zorzal

Otras de sus letras que cosecharon éxitos fueron: “Muchacho”, “Viejo coche”, “Sentencia”, “Atenti pebeta”, “Pobre gallo bataraz”. “La musa mistonga”, grabado por Rosita Quiroga en 1926 fue la primera grabación que utilizó el sistema fonoeléctrico en Argentina.

Como poemarios publicó Cuando pasa el organito (1922) y Chapaleando (1929). Podemos encontrar una selección de su obra en Cancionero de Celedonio Flores, publicado en 1977.

Bajo el seudónimo de “Kid Cele” también se lanzó al cuadrilátero. En su juventud fue boxeador amateur de buen nivel:

—Iba yo a un colegio al que concurrían los hijos del ministro Joaquín V. González, y uno de ellos, Héctor, recibía lecciones de box de Willíe Gould. Entonces, en la Plaza Lavalle, hacíamos fintas a la salida de la escuela. Pero mi familia se mudó para Villa Crespo y abandoné mi “ring” de la plaza. Un día me dijeron si quería boxear en el Club Social América de mi nuevo barrio. Y fin. Allí me topé con Raúl Zampayo en diez rounds de dos minutos: nos dimos hasta hartarnos… y nos hicimos amigos. Pero unos amigos raros. Nos queríamos fuera del ring. Adentro, nos tirábamos al alma. Él, más peleador que yo, lo aventajaba en arte, en escuela, como se decía. Intervine de inmediato en el Campeonato de Aficionados de 1922 que se disputó en el viejo local de Universitario y en el debut le gané a Salvador Cataneo por puntos.

 — ¿En qué peso boxeabas?

—En el pluma… ¿De qué te reís?… Ahora peso el doble… ¡Qué macana!… Todos los sábados le digo a la patrona: “El lunes empiezo a hacer gimnasia…” Y aquí me tenés: esperando un lunes…

TANGO Y FOLKLORE ARGENTINO: Celedonio Esteban Flores

Con respecto a su vida sentimental se casó con Luisa Vince y se mudó a la localidad de Claypole, buscando una vida más sosegada y alejada de la noche porteña. Interrumpida, sin embargo, por sus trabajos en las radios porteñas, y sus giras por el interior del país con el cantante Carlos Acuña en compañía del guitarrista José María Aguilar. Cele oficiaba de presentador y recitador en los recitales de Acuña.

Celedonio Flores es uno de los integrantes de la primera línea de los poetas del tango junto a Homero Manzi, Enrique Santos Discépolo, Enrique Cadícamo y Homero Expósito. Su poesía se distingue por la creación de imágenes y metáforas, la inusitada riqueza verbal y su singular talento para constituir aforismos populares. Estudiaba el drama humano, se posesionaba con la vida de los personajes y de allí nacía su poesía. Su talento poético nace de una mirada singular sobre la realidad y una singular destreza para traducir en palabras esa mirada.

Los poemas de Celedonio padecieron la censura gubernamental sobre el tango por considerarlos obscenos por atentar contra la moral y las buenas costumbres y prohibiendo los términos en lunfardo y cualquier referencia social y moral que no coincidiera con las tesis defendidas por el gobierno que se instituyó tras el golpe militar de 1943. Se dice que la modificación de sus letras le amargó los últimos años de su vida. Cuando Perón levantó la censura sobre los tangos gracias a la gestión de Discépolo, Celediono no lo pudo disfrutar pues falleció joven a la edad de 50 años, en la ciudad de Buenos Aires en 1947.

Celedonio Flores vivió sus últimos años en el Claypole de la década del ‘40 a otro ritmo que la de la Capital Federal, enamorado de la vida simple de campo. “El negro Cele“, como se le llamaba, siempre fue más de vecinos y casa bajas que del anonimato y altos edificios.

Su obra poética fue de más de 350 títulos de los cuales muchos no fueron musicalizados. Fue incluido en la Antología de la Poesía Argentina de Raúl Gustavo Aguirre.

POEMAS

Mano a mano

Rechiflado en mi tristeza, te evoco y veo que has sido
en mi pobre vida paria sólo una buena mujer.
Tu presencia de bacana puso calor en mi nido,
fuiste buena, consecuente, y yo sé que me has querido
como no quisiste a nadie, como no podrás querer.

Se dio el juego de remanye cuando vos, pobre percanta,
gambeteabas la pobreza en la casa de pensión.
Hoy sos toda una bacana, la vida te ríe y canta,
Ios morlacos del otario los jugás a la marchanta
como juega el gato maula con el mísero ratón.

Hoy tenés el mate lleno de infelices ilusiones,
te engrupieron los otarios, las amigas y el gavión;
la milonga, entre magnates, con sus locas tentaciones,
donde triunfan y claudican milongueras pretensiones,
se te ha entrado muy adentro en tu pobre corazón.

Nada debo agradecerte, mano a mano hemos quedado;
no me importa lo que has hecho, lo que hacés ni lo que harás…
Los favores recibidos creo habértelos pagado
y, si alguna deuda chica sin querer se me ha olvidado,
en la cuenta del otario que tenés se la cargás.

Mientras tanto, que tus triunfos, pobres triunfos pasajeros,
sean una larga fila de riquezas y placer;
que el bacán que te acamala tenga pesos duraderos,
que te abrás de las paradas con cafishos milongueros
y que digan los muchachos: Es una buena mujer.
Y mañana, cuando seas descolado mueble viejo
y no tengas esperanzas en tu pobre corazón,
si precisás una ayuda, si te hace falta un consejo,
acordate de este amigo que ha de jugarse el pellejo
pa’ayudarte en lo que pueda cuando llegue la ocasión.

Margot

Se te embroca desde lejos, pelandruna abacanada,
que has nacido en la miseria de un convento de arrabal…
Porque hay algo que te vende, yo no sé si es la mirada,
la manera de sentarte, de mirar, de estar parada
o ese cuerpo acostumbrado a las pilchas de percal.
Ese cuerpo que hoy te marca los compases tentadores
del canyengue de algún tango en los brazos de algún gil,
mientras triunfa tu silueta y tu traje de colores,
entre el humo de los puros y el champán de Armenonville.

Son macanas, no fue un guapo haragán ni prepotente
ni un cafisho de averías el que al vicio te largó…
Vos rodaste por tu culpa y no fue inocentemente…
¡berretines de bacana que tenías en la mente
desde el día que un magnate cajetilla te afiló!

Yo recuerdo, no tenías casi nada que ponerte,
hoy usas ajuar de seda con rositas rococó,
¡me reviente tu presencia… pagaría por no verte…
si hasta el nombre te han cambiado como has cambiado de suerte:
ya no sos mi Margarita, ahora te llaman Margot!

Ahora vas con los otarios a pasarla de bacana
a un lujoso reservado del Petit o del Julien,
y tu vieja, ¡pobre vieja! lava toda la semana
pa’ poder parar la olla, con pobreza franciscana,
en el triste conventillo alumbrado a kerosén.

Noches de San Juan

Son las doce de la noche, se apagó la “fugata”
Que encendieron los purretes por ser noche de San Juan;
Ha quedado un rescoldito que hace una llamita a gatas,
Ya cubierto de ceniza que los vientos llevarán.
Hace un frío e’madona para andar a la intemperie,
Se atornilla el vigilante maldiciendo la estación,
A lo lejos ladra un perro y otro contesta al instante
Como ronda que pasara de un botón a otro botón.

La tristeza de la noche arrabalera
Se mete dentro del alma
Como el filo de un puñal.
Yo voy solo por la enladrillada acera
Con un verso a flor de labio
Y un recuerdo en la sesera
¡el recuerdo que me obliga a buscar la soledad!

Un muchacho de mi barrio toma el último tranvía
Y se viene para el centro a correr el espinel
Y en el viaje se ilusiona con programas de avería,
Con cotorros orientales y un cariño noble y fiel;
Va a tallar entre elemento de fulleros y matones,
A engrosa la caravana de bacanes de café,
A escuchar grandes hazañas de templados corazones
Que se juegan por un naipe o el amor de una mujer.

Se ilumina la puerta de una cantina
Que da paso a dos curdelas
Que abrazándose se van…
Y se pierden al doblar en una esquina
Canturreando torpemente:
Mientras yo doblo la frente
Y me hundo en la tristeza
De mi propia oscuridad.

Viejo Coche

Viejo coche, que cuando era
un muchacho calavera
de madrugada ocupé…
Si por pura fantasía
de la milonga salía
y a Palermo me tiré.

Eras nuevo y lustroso
y tu buen caballo brioso
por el centro te lució.
¡Viejo coche, quién diría,
que a la larga rodarías
como también rodé yo!

Te acordás de aquella noche
cochero que me quisiste,
qué contento te pusiste
porque un cariño encontré.
Y aquella otra que apenado
me dijiste: “Vea, niño,
hace un rato su cariño
en otro coche se fue”.

De mis pilchas, te pasaba
de aquellas que ya no usaba,
toda ropa de valor.
Si una fija me corría
muchas veces, si podía,
te llevaba un ganador.

Donde quiera que paraba
a tomar te convidaba
a mi lado un copetín.
Yo tenía mucho vento,
vos sabés que eso no es cuento
ni me dejarás mentir.

Y el pasado me ha quedado
como un recuerdo grabado
de mis éxitos de ayer.
¡Pero abierta está la herida
de la leyenda fngida
que me contó esa mujer!
Como vos, viejo cochero,
resignado sólo espero
lo que la suerte dirá.
Esperando que la vida
eche su última partida
para poderla copar.

Ya después en la carpeta,
al llegar la madrugada,
vos estabas de parada
para llevarme a dormir.
Y al tranco de tu caballo,
ya también viejo y cansado,
éramos naipes marcados
en el monte del vivir.

El Bulín de La Calle Ayacucho

El bulín de la calle ayacucho,
Que en mis tiempos de rana alquilaba,
El bulín que la barra buscaba
Pa caer por la noche a timbear,
El bulín donde tantos muchachos,
En su racha de vida fulera,
Encontraron marroco y catrera
Rechiflado, parece llorar.

El primus no me fallaba
Con su carga de aguardiente
Y habiendo agua caliente
El mate era allí señor.
No faltaba la guitarra
Bien encordada y lustrosa
Ni el bacán de voz gangosa
Con berretín de cantor.

El bulín de la calle ayacucho
Ha quedado mistongo y fulero:
Ya no se oye el cantor milonguero,
Engrupido, su musa entonar.
Y en el primus no bulle la pava
Que a la barra contenta reunía
Y el bacán de la rante alegría
Está seco de tanto llorar.

Cada cosa era un recuerdo
Que la vida me amargaba:
Por eso me la pasaba
Fulero, rante y tristón.

Los muchachos se cortaron
Al verme tan afligido
Y yo me quedé en el nido
Empollando mi aflicción.

Cotorrito mistongo, tirado
En el fondo de aquel conventillo,
Sin alfombras, sin lujo y sin brillo,
¡cuántos días felices pasé,
Al calor del querer de una piba
Que fue mía, mimosa y sincera …
¡y una noche de invierno, fulera,
Hasta el cielo de un vuelo se fue!

Viejo smoking

Campaneá cómo el cotorro va quedando despoblado
todo el lujo es la catrera compadreando sin colchón
y mirá este pobre mozo cómo ha perdido el estado,
amargado, pobre y flaco como perro de botón.

Poco a poco todo ha ido de cabeza p’al empeño
se dio juego de pileta y hubo que echarse a nadar…
Sólo vos te vas salvando porque pa’ mi sos un sueño
del que quiera Dios que nunca me vengan a despertar.

Viejo smocking de los tiempos
en que yo también tallaba…
¡Cuánta papusa garaba
en tus solapas lloró!
Solapas que con su brillo
parece que encandilaban
y que donde iba sentaban
mi fama de gigoló.

Yo no siento la tristeza de saberme derrotado
y no me amarga el recuerdo de mi pasado esplendor;
no me arrepiento del vento ni los años que he tirado,
pero lloro al verme solo, sin amigos, sin amor;

sin una mano que venga a llevarme una parada,
sin una mujer que alegre el resto de mi vivir…
¡Vas a ver que un día de éstos te voy a poner de almohada
y, tirao en la catrera, me voy a dejar morir!

Viejo smocking, cuántas veces
la milonguera más papa
el brillo de tu solapa
de estuque y carmín manchó
y en mis desplantes de guapo
¡cuántos llantos te mojaron!
¡cuántos taitas envidiaron
mi fama de gigoló!

Por qué canto así

Porque cuando pibe me acunaba en tangos
la canción materna que llamaba al sueño,
y escuché el rezongo de los bandoneones
bajo el emparrado de mi patio pobre.
Porque vi el desfile de las inclemencias
con mis pobres ojos de llorar abiertos,
y en aquella pieza de mis buenos viejos
tuvo la pobreza su mejor canción…

Y yo me hice en tangos,
me fui modelando en odio, en tristeza,
en las amarguras que da la pobreza,
en llantos de madres,
en las rebeldías del que es fuerte y tiene
que cruzar los brazos
cuando el hambre viene…
Y yo me hice en tangos,
porque es bravo, fuerte,
tiene algo de vida,
tiene algo de muerte…

Porque quise mucho, porque me engañaron,
y pasé la vida barajando sueños…
Porque soy un árbol que vivió sin flores,
porque soy un perro que no tiene dueño…
Porque tengo odios que nunca los digo,
porque cuando quiero me desangro en besos…
Porque quise mucho y no me han querido…
¡Por eso yo canto tan triste, por eso!

Malevito

Sos el mismo que allá por mi barrio
el botón dos por tres encaró,
porque había dicho al comisario
que piantarás de aquella sección.
Sos el mismo del negro pañuelo,
sos el mismo del saco cortón,
el del lustre aceitoso del pelo,
sos prepotente, haragán y matón.

Hoy parás en el Dominguez,
te vestís a la alta escuela,
jugás fuerte a la quiniela
y hasta San Carlos te vas.
Si caés a una carpeta
hacés temblar al banquero.
¡Parecés el Trust Joyero
por las joyas que cargás!

Cuando empiece a nevarte en el mate
y la línea entrés a perder,
si no has hecho como la hormiguita,
¡Malevito! Ahí te quiero ver,
sin amor, sin afecto, sin nada
que en el mundo te haga de puntal.
Malevito tal vez sea esa
la venganza del triste arrabal.

Canchero

Para el record de mi vida sos una fácil carrera
que yo me animo a ganarte sin emoción ni final.
Te lo bato pa’ que entiendas en esta jerga burrera
que vos sos una “potranca” para una “penca cuadrera”
y yo -¡che, vieja!- ya he sido relojiao pa’l Nacional…

Vos sabés que de purrete tuve pinta de ligero.
¡Era audaz, tenía clase, era guapo y seguidor!
Por la sangre de mi viejo salí bastante barrero
y en esa biaba de barrio figuré siempre primero
ganando muchos finales a fuerza de corazón.

El cariño de una mina que me llevaba doblao
en malicia y experiencia me sacó de perdedor.
Pero cuando estuve en peso y a la monta acostumbrado,
¡que te bata la percanta el juego que se le dio!

Ya, después, en la carpeta, empecé a probar fortuna
y muchas veces la suerte me fue amistosa y cordial…
Otras veces salí seco a chamuyar con la luna,
por las calles solitarias del sensiblero arrabal…

Me hice de aguante en la timba y corrido en la milonga,
desconfiao en la carpeta, lo mismo que en el amor…
Yo he visto venirse al suelo sin que nadie lo disponga
cien castillos de ilusiones, por una causa mistonga
y he visto llorar a guapos por mujeres como vos.

Ya ves, que por ese lado vas muerta con tu espamento…
Yo no quiero amor de besos, yo quiero amor de amistad.
Nada de palabras dulces, nada de mimos ni cuentos:
yo quiero una compañera pa’batirle lo que siento
y una mujer que aconseje con criterio y con bondad.

Corrientes Y Esmeralda

Amainaron guapos junto a tus ochavas
Cuando un cajetilla los calzó de cross
Y te dieron lustre las patotas bravas
Allá por el año… novecientos dos…

Esquina porteña, tu rante canguela
Se hace una melange de caña, gin fitz,
Pase inglés y monte, bacará y quiniela,
Curdelas de grappa y locas de pris.

El odeón se manda la real academia
Rebotando en tangos el viejo pigall,
Y se juega el resto la doliente anemia
Que espera el tranvía para su arrabal.

De esmeralda al norte, del lao de retiro,
Franchutas papusas caen en la oración
A ligarse un viaje, si se pone a tiro,
Gambeteando el lente que tira el botón.

En tu esquina un día, milonguita, aquella
Papirusa criolla que linnig mentó,
Llevando un atado de ropa plebeya
Al hombre tragedia tal vez encontró…

Te glosa en poemas carlos de la púa
Y el pobre contursi fue tu amigo fiel…
En tu esquina rea, cualquier cacatúa
Sueña con la pinta de carlos gardel.

Esquina porteña, este milonguero
Te ofrece su afecto más hondo y cordial.
Cuando con la vida esté cero a cero
Te prometo el verso más rante y canero
Para hacer el tango que te haga inmortal.

Muchacho

Muchacho que porque la suerte quiso
vivís en un primer piso
de un palacete central,
que pa’ vicios y placeres,
para farras y mujeres
disponés de un capital.
Muchacho
que no sabés el encanto
de haber derramado llanto
sobre un pecho de mujer;
y no sabés qué es secarse
en una timba y armarse
para volverse a meter;

que decís que un tango rante
no te hace perder la calma
y que no te llora el alma
cuando gime un bandoneón;
que si tenés sentimiento
lo tenés adormecido
pues todo lo has conseguido
pagando como un chabón.

Decime
si en tu vida pelandruna,
bajo la luz de la Luna
o si no bajo un farol,
no te has sentido poeta
y le has dicho a una pebeta
que ella es más linda que el Sol.

Decime
si conocés la armonía,
la dulce policromía
de las tardes de arrabal,
cuando van las fabriqueras
tentadoras y diqueras
bajo el sonoro percal…

Sentencia

La audiencia, de pronto se quedó en silencio:
de pie, como un roble,
con acento claro
hablaba el malevo.

Yo nací, señor juez, en el suburbio,
suburbio triste de la enorme pena,
en el fango social donde una noche
asentara su rancho la miseria.

De muchacho, no más, hurgué en el cieno
donde van a podrirse las grandezas…
¡Hay que ver, señor juez, cómo se vive
para saber después por qué se pena!

Un farol en una calle tristemente desolada
pone con la luz del foco su motivo de color…
El cariño de mi madre, mi viejecita adorada,
que por santa merecía, señor juez, ser venerada,
en la calle de mi vida fue como luz de farol.

Y piense si aquella noche, cuando oí que aquel malvado
escupió sobre sus canas el concepto bajo y cruel,
hombre a hombre, sin ventaja, por el cariño cegado,
por mi cariño de hijo, por mi cariño sagrado,
sin pensar, loco de rabia, como a un hombre lo maté.

Olvide usted un momento sus deberes
y deje hablar la voz de la conciencia…
Deme después, como hombre y como hijo,
los años de presidio que usted quiera…

Y si va a sentenciarme por las leyes,
aquí estoy pa’aguantarme la sentencia…
pero cuando oiga maldecir a su vieja,
¡es fácil, señor juez, que se arrepienta!

La audiencia, señores,
se ahogaba en silencio…
¡Llorando el malevo,
lloraba su pena
el alma del pueblo!

Cuando me entrés a fallar

He rodao como bolita de pebete arrabalero
y estoy fulero y cachuso por los golpes, ¿qué querés?
Cuantas veces con un cuatro a un envido dije ¡Quiero!…
y otra vez me fui a baraja y tenía treinta y tres.
Te conocí cuando entraba a fallarme la carpeta,
me ganaste con bondades poco a poco el corazón.
El hombre como el caballo, cuando ha llegado a la meta
afloja el tren de carrera y se hace manso y sobón.

Vos sos buena, no te alcanza ni el más mínimo reproche
y sos para mí una amiga desinteresada y leal,
una estrella en lo triste de mi noche,
una máscara de risa en mi pobre carnaval…
Vos me torciste la vida, te pusiste en mi camino
para alumbrarme con risas, con amor y con placer.
Y entré a quererte, por esa ley del destino
sin darme cuenta que estaba ya viejo para querer…

¿Viejo?…Porque tengo miedo que me sobrés en malicia.
¿Viejo?…Porque desconfío que me querés amurar.
Porque me estoy dando cuenta que fue mi vida ficticia
y porque tengo otro modo de ver y filosofar.
Sin embargo, todavía, si se me cuadra y me apuran
puedo mostrarle a cualquiera que sé hacerme respetar.
Te quiero como a mi madre, pero me sobra bravura
pa’hacerte saltar pa’arriba “Cuando me entrés a fallar”.

Atenti pebeta

Cuando estés en la vereda y te fiche un bacanazo,
vos hacete la chitrula y no te le deschavés;
que no manye que estás lista al primer tiro de lazo
y que por un par de leones bien planchados te perdés.

Cuando vengas para el centro, caminá junando el suelo,
arrastrando los fanguyos y arrimada a la pared,
como si ya no tuvieras ilusiones ni consuelo,
pues, si no, dicen los giles que te han echao a perder.

Si ves unos guantes patito, ¡rajales!;
a un par de polainas, ¡rajales también!
A esos sobretodos con catorce ojales
no les des bolilla, porque 1e perdés;
a esos bigotitos de catorce líneas
que en vez de bigote son un espinel…
¡atenti, pebeta!, seguí mi consejo:
yo soy zorro viejo y te quiero bien.

Abajate la pollera por donde nace el tobillo,
dejate crecer el pelo y un buen rodete lucí,
comprate un corsé de fierro con remaches y tornillos
y dale el olivo al polvo, a la crema y al carmín.
Tomá leche con vainillas o chocolate con churros,
aunque estés en el momento propiamente del vermut.
Después comprate un bufoso y, cachando al primer turro,
por amores contrariados le hacés perder la salud.

La Mariposa

No es que esté arrepentido
De haberte querido tanto;
Lo que me apena es tu olvido
Y tu traición
Me sume en amargo llanto.
¡si vieras! estoy tan triste
Que canto por no llorar…
Si para tu bien te fuiste
Para tu bien
Yo te debo perdonar.

Después de libar traidora
En el rosal de mi amor
Te marchas, engañadora,
Para buscar
El encanto de otra flor…
Y buscando la más pura,
La más linda de color,
La ciegas con tu hermosura

Para después
Engañarla con tu amor.

Aquella tarde que te vi
Tu estampa me gustó,
Pebeta de arrabal,
Y sin saber por qué yo te seguí
Y el corazón te di
Y fue tan sólo por mi mal.
Mirá si fue sincero mi querer
Que nunca imaginé
La hiel de tu traición…

¡qué solo y triste me quedé,
Sin amor y sin fe
Y derrotado el corazón!

Ten cuidado, mariposa,
De los sentidos amores…
No te cieguen los fulgores
De alguna falsa pasión
Perque entonces pagarás
Toda tu maldad,
Toda tu traición.

La Musa Mistonga

La musa mistonga de los arrabales,
La mistonga musa del raro lenguaje
Que abrevó en las aguas de los madrigales
Y al llegar al pueblo se tornó salvaje,
La que nada sabe de abates troveros
Que hilvanaron dulces endechas de amores
Pero que, por boca de sus cancioneros,
Conoce la vida de sus payadores.

La que nada sabe de los caballeros
De acción en las lides de los cintarazos,
Pero sabe casos de jugarse enteros
Un par de malevos a prueba de hachazos;
Que ignora la gloria de un día vivido
Bajo la fragante fronda de versalles,
Pero sale alegre cuando ha anochecido
A ver los muchachos jugar por las calles.

A ver cómo pasan felices parejas
Y se torna alegre la cara del ciego
Si escucha que hilvana sus canciones viejas
El buen organito que mentó carriego;
Que ignora la cuita de la princesita
Que pecó indiscreta con el rubio paje,
Pero que se apena porque milonguita
Ha dado un mal paso y llora su ultraje.

Que no se ha enterado que en una pavana
Se lucieron reyes de blasón y rango…
Su amigo, el malevo, hace filigranas
En el duro piso y al compás de un tango;
Al compás de un tango donde abreva ahora,
Para literarios implacables males,
En la suburbana paz evocadora,
La musa mistonga de los arrabales.

Íntima

En el chamuyo fácil sencillamente
Te dije mi amargura justa y sincera,
Esta pena que tengo continuamente
Golpeándome el tabique de la sesera.

No me gasté en aprontes porque mi labia
No sabe de encumbrada filosofía:
Te dije amargamente, pero sin rabia
Esta pena tan honda, pero tan mía.

Tal vez por sensiblera, por noble y buena
Te apenaste conmigo, luego serena
Me miraste a los ojos profundamente.
Y en un arranque noble porque fue humano
Sentí sinceramente no ser tu hermano
Y agradecerte el gesto mimosamente.

Lloró Como Una Mujer

Recitado:
Cotorro al gris. una mina
Ya sin chance por lo vieja
Que sorprenden a su garabo
En el trance de partir,
Una escena a lo melato
Y entre el llanto y una queja
Arrodillada ante su hombre
Así se lo oyó decir:

Me engrupiste bien debute con el cuento ‘e la tristeza,
Pues creí que te morías si te dejaba amurao…
Pegabas cada suspiro que hasta el papel de la pieza
Se descolaba de a poco hasta quedar descolgao.

Te dio por hacerte el loco y le pegaste al alpiste,
Te piantaron del laburo por marmota y por sobón…
Yo también al verte enfermo empecé a ponerme triste
Y entré a quererte, por sonsa, a fuerza de compasión.

Como quedaste en la vía y tu viejo, un pobre tano,
Era chivo con los cosos pelandrunes como vos,
Me pediste una ayuda entonces te di una mano
Alquilando un cotorrito por el centro pa’ los dos.

Allá como a la semana me mangaste pa’ cigarros,
Después pa’ cortarte el pelo y pa’ ir un rato al café;
Una vez que discutimos me tiraste con los tarros,
Que si no los gambeteo estaba lista, no sé…

Te empezó a gustar el monte y dejaste en la timba
Poco a poco la vergüenza, la decencia y la moral,
Como entró a escasear el vento me diste cada marimba
Que me dejaste de cama con vistas al hospital…

¿decime si yo no he sido para vos como una madre?
¿decime si yo merezco lo que me pensás hacer?

Bajó el bacán la cabeza y él, tan rana y tan compadre,
Besándole los cabellos lloró como una mujer.

Mala Entraña

Te criaste entre malevos,
Malandrines y matones,
Entre gente de avería
Desarrollaste tu acción;
Por tu estampa, en el suburbio
Florecieron los balcones,
Y lograste la conquista
De sensibles corazones
Con tu prestigio sentado
De buen mozo y de varón.

Mezcla rara de magnate
Nacido en el sabalaje,
Vos sos la calle florida
Que se vino al arrabal.
¡compadrito de mi esquina,
Que sólo cambió de traje!
Pienso, siempre que te veo
Tirándote a personaje,
Que sos mixto jaulero
Con berretín de zorzal.

Malandrín de la carpeta,
Te timbeaste de un biabazo
El caudal con que tu vieja
Pudo vivir todo un mes,
Impasible ante las fichas,
En las noches de escolaso
O en el circo de palermo,
Cuando a taco y a lonjazo
Te perdés por un pescuezo
La moneda que tenés.

Y es por eso que asentaste
Tu cartel de indiferente,
Insensible a los halagos
De la vida y al sufrir;
Se murió tu pobre madre,
Y en el mármol de tu frente
Ni una sombra, ni una arruga
Que deschavara, elocuente,
Que tu vieja no fue un perro,
Y que vos sabés sentir…

Pero al fin todo se acaba
En esta vida rastrera
Y se arruga el más derecho
Si lo tiran a doblar;
Vos, que sos más estirado
Que tejido de fiambrera,
Dios no quiera que te cache
La mala vida fulera,
Que si no, como un alambre,
Te voy a ver arrollar.

Si Se Salva El Pibe

Si se salva el pibe, si el pibe se salva
vas a ver la farra que vamos a dar
si Dios no permite que el pibe se vaya,
será fiesta patria en el arrabal.
Traeremos los pibes de todo el contorno
y así en una tarde repleta de sol
llenaremos toda la casa de adornos…
y daremos juntos las gracias a Dios…
No tienes que dejarlo salir con los muchachos,
en casa hay demasiado lugar para jugar,
ya ves lo que ha pasado, el muchachito bueno
cayó bajo las garras de la fatalidad.
Ya sé que tu no tienes ninguna culpa en esto,
no creas que es reproche, sino resignación,
si el pibe se nos salva, salvándose el muñeco,
verás como ésto, vieja, le sirve de lección.

Me contó mi madre que todos los chicos
tienen a su lado un ángel guardián.
Si así fuera cierto, el buen muchachito
por lindo y por santo, se debe salvar.
Y si Dios quisiera, llevárselo lejos…
parece que duerme, deja de llorar,
ya sabes que han dicho que no lo despierten,
si se salva el pibe, ¡si llega a sanar!

Pan

No encontramos nada.
Él sabe que tiene para largo rato,
la sentencia en fija lo va a hacer sonar,
así -entre cabrero, sumiso y amargo-
la luz de la aurora lo va a saludar.

Quisiera que alguno pudiera escucharlo
en esa elocuencia que las penas dan,
y ver si es humano querer condenarlo
por haber robado… ¡un cacho de pan!…

Sus pibes no lloran por llorar,
ni piden masitas,
ni chiches, ni dulces… ¡Señor!…
Sus pibes se mueren de frío
y lloran, habrientos de pan…
La abuela se queja de dolor,
doliente reproche que ofende a su hombría.
También su mujer,
escuálida y flaca,
con una mirada
toda la tragedia le ha dado a entender.

¿Trabajar?… ¿En dónde?… Extender la mano
pidiendo al que pasa limosna, ¿por qué?
Recibir la afrenta de un ¡perdone, hermano!
Él, que es fuerte y tiene valor y altivez.

Se durmieron todos, cachó la barreta,
se puso la gorra resuelto a robar…
¡Un vidrio, unos gritos! ¡Auxilio!… ¡Carreras!…
Un hombre que llora y un cacho de pan…

Pobre Gallo Bataraz

Carlos Gardel

No encontramos nada.
Pobre gallo bataraz,
se te está abriendo el pellejo.
Ya ni pa’ dar un consejo,
como dicen, te encontrás,
porque estás enclenque y viejo,
¡pobre gallo bataraz!

Pero en tus tiempos, cuidao
con hacer bulla en la siesta,
se te paraba la cresta
y había en la arena un finao.
Y siga nomás la fiesta
porque en tus tiempos, ¡cuidao!

Era de larga tu espuela
como cola de peludo.
Y a’más de ser entrañudo
eras guapo sin agüeria,
porque hasta el más corajudo
sintió terror por tu espuela.

Si en los días de domingo
había depositada,
ya estabas de madrugada
sobre el lomo de mi pingo.
Había que ver tu parada
pocas plumas el domingo.

Y si escaseaba la plata
o andaba medio tristón,
entre brinco y reculón,
me picabas la alpargata
como diciendo: Patrón,
ya sabe si anda sin plata.

Pobre gallo bataraz,
nunca te echaré al olvido.
Pimenton y maíz molido,
no te han de faltar jamás.
Porque soy agradecido,
¡pobre gallo bataraz!

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126. Poesía más Poesía: Enrique Cadícamo

ENRIQUE CADÍCAMO, POETA DEL TANGO

BIOGRAFÍA  

En 1880 Ángel Cadícamo, de 25 años, su esposa, Hortensia Luzzi, de 21, y su primer hijo de cuatro, Antonio, llegaron a Buenos Aires desde San Demetrio Corone (Cosenza, Italia). Después de un tiempo en la ciudad, la familia con su recién llegada, María Laura, emigraron al pueblo de General Rodríguez, donde el señor Cadícamo comenzó a trabajar como mayordomo de estancia. Allí, nacieron María, José María y dos niños más que fallecieron poco después de su nacimiento. La familia se mudó más tarde al pueblo de Luján, donde en esta ocasión el cabeza de familia montó una pequeña empresa dedicada a delimitar los terrenos de la zona. Durante los cinco años que vivieron en esta localidad, nacieron otras tres niñas más: María Adela, Amalia Rosalía y Herminia Verónica.
La familia regresó al pueblo de General Martín Rodríguez donde Don Ángel volvió a trabajar como mayordomo en la estancia de los Maireles, donde a las ocho de la mañana del 15 de julio de 1900, nació DOMINGO ENRIQUE CADÍCAMO, décimo y último hijo del matrimonio italiano. En 1905 volvieron a Luján, donde compraron una hermosa casona céntrica. 
El pequeño Enrique, que por entonces era llamado Domingo, aprendió a leer con sus hermanas María Adela y Herminia Verónica; lo que le permitió entrar directamente al segundo grado del colegio. En 1910, la familia Cadícamo se mudó al barrio de Flores en Buenos Aires donde Domingo completó sus estudios primarios y luego cursaría el nivel medio.


En 1919 comenzó trabajar como escribiente, copiando escritos, pasándolos a limpio y escribiendo al dictado, en el Archivo del Consejo Nacional de Educación. Allí entabló amistad con Leopoldo Lugones, Héctor Pedro Blomberg, Manuel Gálvez y Enrique Banchs, entre otros hombres de letras. Junto a él trabajaba Pablo Suero, un dramaturgo, periodista y crítico teatral que fue el primero que lo animó para que continuara en la senda de la poesía popular, después de que le diera a leer la letra Pompas, que cuatro años más tardes se convertiría en su primer tango con música adaptada por el pianista Roberto Emilio Goyeneche, tío del polaco Goyeneche, y que fue estrenado por Carlos Gardel.
Su padre, no llegó a escuchar su primer tango pues falleció en 1923 en un accidente de tráfico. Goyeneche falleció poco antes de la primera grabación, por lo que el título original Pompas fue cambiado por el de Pompas de jabón por su coincidencia con las pompas fúnebres.
Pompas de jabón fue grabado por Gardel en España, el 27 de diciembre de 1925, con el acompañamiento de José Ricardo y en sistema eléctrico, dado que en España se conoció ese sistema meses antes de instalarse en Buenos Aires.

Carlos Gardel y Enrique Cadícamo.

En 1928 comenzó la colaboración entre Cadícamo y Juan Carlos Cobián con el tema – Vení, vení –, para la que Cadícamo viajó a Europa a bordo del vapor Conte Rosso. Junto con Cobián formaron una pareja creativa excepcional, que dejó tangos memorables. Pasó seis meses en Barcelona y París donde asistió al debut de Gardel en el cabaret Florida.

Así narra su primer encuentro con Gardel en París:

“¡Cómo no recordarlo! Fue en enero de 1929. La misma noche que llegué, lo primero que hice fue ir a escucharlo. No sabía dónde cantaba, pero no era difícil averiguarlo. Por aquel entonces El Garrón tenía más de consulado argentino que de cabaret y tomando un taxi allí me fui (…) Después de aguantar los abrazos de los argentinos que allí estaban, pregunté dónde cantaba Carlitos y acompañándome varios fuimos al Florida. Fue una emoción grande encontrar así de golpe a Gardel cantando en París. Escuchándolo le parecía a uno mentira estar tan lejos de Buenos Aires”.

Otras letras interpretadas por Gardel fueron Muñeca brava, Cruz de palo, De todo te olvidas… En menos de ocho años, “El Zorzal”, como llamaban a Carlos Gardel, le grabó 23 temas. “Che papusa, oí” de 1927. “Anclao en París” que fue escrita por Cadícamo en Barcelona, en 1931 y se la remitió a Garlos Gardel, que por entonces se hallaba en Niza. Guillermo Barbieri, uno de los guitarristas del cantor, le puso música y Gardel la grabó poco después.  También fue el autor del último tango que Gardel grabó en Argentina, antes de emprender su última gira, “Madame Ivonne”, grabado el 6 de noviembre de 1933.

Después de su primer viaje a Europa, Cadícamo regresó a Buenos Aires y renunció a su trabajo puesto que “ganaba por semana cuatro veces más de lo que cobraba mensualmente en el Archivo”. Por aquel entonces, ya tenía más de 50 temas grabados, entre los cuales sobresalen Aquellas farras, Che Bartolo, Compadrón o Ramona).
Leer primera ronda de poemas

En 1930 viajó nuevamente a Europa coincidió en el barco con la compañía de revistas del Teatro Sarmiento que venía a debutar en el Teatro de la Zarzuela de Madrid. Entre su elenco se hallaban: Sofía Bozán con sus hermanas Haydée y Elena, Pedro Quartucci, Gloria Guzmán y María Esther Gamas. También iban a bordo Gerardo Matos Rodríguez, Cátulo Castillo y Roberto Maida.
Meses más tarde, Enrique volvió a Buenos Aires donde continuó cosechando éxitos.
Sin abandonar el teatro, se inició como cineasta.
En 1936 llegó a Río de Janeiro acompañado por “El Oriental” José Razzano y Charlo, y entre las representaciones él leía sus poemas. En ese viaje escribió los versos Ave de paso, musicalizados por Charlo.
En 1937 viajó a Nueva York con su inseparable amigo y colaborador Juan Carlos Cobián donde permanecieron más de un año, haciendo historia en la bohemia norteamericana.
Entre los años 40 y 45, ante la insistencia de sus colegas, formó parte del directorio de SADAIC.
Su madre falleció en 1942, a los 83 años, en Barrio Flores. Y en el año 53 muere su gran amigo Juan Carlos Cobián.

Con respecto a su vida sentimental, durante el rodaje de su película La historia del tango le llamó la atención una señorita que intervenía en una escena, bailando un tango. El destino volvió a unirles en la década del 40 cuando Enrique acompañó a su amigo Miguel Juárez Celman a la escuela de danzas de Otto Werber. “En este vivero de bailarinas (…) descubro aquel rostro que un año atrás me había atraído extrañamente (…) De una sola mirada pude abarcar de cerca su luminosa juventud…”, diría el poeta, refiriéndose a Nelly Ricciar (que sería más tarde integrante de la pareja de danzas Nelly & Nelson) con quien mantuvo un largo noviazgo que en 1961 terminó en matrimonio. En mayo del 62 partieron de luna de miel por diferentes países de Europa durante más de un año. 

Enrique Cadicamo con su señora Nelly


A su vuelta a Buenos Aires, nació Mónica María, única hija del matrimonio, sobre la que Enrique Cadícamo solía decir que era su mejor tango.
Sobres sus viajes destacar que desde su juventud viajó a Uruguay, en el 32 en compañía de Tita Merello y Charlo. En 1978 viajó a Japón como representante de SADAIC. Una vez regresado a Argentina viajó Estados Unidos exclusivamente para comprarle a su hija un moderno instrumento musical. Pocos meses más tarde partieron los tres hacia Nueva York, Orlando y otras ciudades norteamericanas. En 1986 la familia viajó a Tokio, donde Mónica que se había iniciado como cantante de tangos en varios programas de TV fue contratada por dos meses en un lujoso hotel, con el acompañamiento del cuarteto de Omar Valente.
Fuera de estos grandes viajes su vida cotidiana se desarrollaba entre Buenos Aires y Mar del Plata, donde compraron un chalet de veraneo cerca de su amigo Julio De Caro.
Autor de más de 1200 temas entre tangos, valses, milongas, fox-trots, polkas y candombes, entre otros ritmos, Enrique Domingo Cadícamo fue uno de los poetas del tango más importantes y más prolífico. Abordó cuanto tema imaginable para ser cantado y en todos los ritmos. Defendió el 2×4 original, al que diferenciaba por lejos de los nuevos sonidos.

Usó los pseudónimos Rosendo Luna y Yino Luzzi. En 1926 escribió su primer libro de versos “Canciones grises”. Seguido por otros dos poemarios “La luna del bajo fondo” de 1940 y “Viento que lleva y trae” de 1945. En 1969 escribió la novela “Café de camareras” y en 1972, un libro de recuerdos “El desconocido Juan Carlos Cobián”.

En teatro escribió Así nos paga la vida —en colaboración con Wally Zenner—; La Baba del Diablo, El Romance de Dos Vagos, El Cantor de Buenos Aires y La Epopeya del Tango.

Para el cine dirigió y escribió las películas Virgencita de Pompeya, Noches cariocas y Nace un campeón. Fue guionista de Noches cariocas (1935), Galería de esperanzas (Chingolo) (1934) e intérprete en Al corazón (1995), Gardel, el alma que canta (1985) y El canto cuenta su historia (1976). Aportó música a la película La fuga (1937).
Enrique Cadícamo no era hombre de soportar presiones. Cuando fue citado por un funcionario de la Dirección de Cultura que objetaba la letra de “Los mareados”, el poeta se sentó frente a una máquina de escribir y redactó algunas estrofas que sometió a consideración del funcionario. «¿Así le gusta?», preguntó. «Esto está mejor», contestó el censor, a lo que Cadícamo rompiendo en pedazos lo que acababa de escribir, le contestó: «Pues sepa que esto es una porquería».

““Los mareados” resurge en su forma auténtica en el año 1949 cuando los poetas y músicos que trataban de sobrellevar esa situación insostenible, solicitaron una entrevista al Presidente de la Nación, entonces el General Juan Domingo Perón. La audiencia fue concedida el 25 de marzo de 1949. Encabezada por Homero Manzi, la delegación estaba integrada entre otros, por Francisco Canaro, Aníbal Troilo, José Razzano, Charlo, Enrique Cadícamo, Alberto Vaccarezza y Lito Bayardo.

Enrique Cadícamo junto a Edmundo Rivero

Todo fue muy rápido e informal. Perón los saludó y dirigiéndose a Vaccarezza le preguntó: «¿Cómo esta Don Alberto? Es cierto que lo afanaron en un bondi?». La prohibición quedó levantada con esta simple expresión del Presidente. No hacía falta nada más. Ni leyes ni decretos. A partir de entonces “Los mareados” retornó a la auténtica versión de Cadícamo en la interpretación de los más afamadas orquestas y cantores.”

Carlos Gardel le grabó “Pompas de jabón”, “Yo te perdono”, “Anclao en París”, “El que atrasó el reloj”, “Cruz de palo” y “La novia ausente” (Guillermo Barbieri); “Compadrón” y “Muñeca brava” (Luis Visca); “Che Bartolo”, “Vieja recova” y “Dos en uno” (Rodolfo Sciammarella); “La reina del tango” (Rafael Iriarte); “Che papusa oí” (Gerardo Matos Rodríguez); “Al mundo le falta un tornillo” (José María Aguilar); “Pituca” (Rogelio Ferreyra); “De todo te olvidas” (Salvador Merico); “Aquellas farras” (Roberto Firpo); “Callejera” (Fausto Frontera); “Madame Ivonne” (Eduardo Pereyra) y los temas norteamericanos “Ramona” (Wayne); “La divina dama” (Shilkret) y “Yo nací para ti, tú serás para mí” (Brown).

Sus tangos también fueron interpretados por otros grandes como Agustín Magaldi, Rosita Quiroga, Libertad Lamarque, Alberto Gómez, Alberto Vila, Charlo, Ignacio Corsini hasta Roberto Goyeneche y Guillermo Barbieri interpretaron e hicieron de sus letras grandes éxitos: “Se fue la pobre viejita” y “Del pasado” (Magaldi-Noda); “Gran señor”, “Traje de novia”; “Cortando camino”, “Tradición” (Frontera); “Sin hilo en el carretel” y “Nunca tuvo novio” (Agustín Bardi); “Yo tan sólo veinte años tenía” y “Luna de Arrabal” (Julio César Sanders); “Apología Tanguera” (Rosita Quiroga); “Picaflor” (Enrique Maciel); “Pa’ mí es igual” (Lucio Demare-Roberto Fugazot); “Tus manos”, “Olvidao” (Barbieri); “Santa milonguita” (Enrique Delfino); “Hambre”, “Rubí”, “Piropos”, “A pan y agua”, “La casita de mis viejos”, “Nostalgias”, “Los dopados”, “Shusheta”, “Niebla del riachuelo” (Cobián); “El cantor de Buenos Aires” (Cobián-Ballerini); “Mi gitana” (Juan José Guichandut); “Guitarra que llora” (Oscar Alemán); “Plata y nada más” y “Voy pa’ viejo” (Miguel Caló); “Ensueños” (Luis Brighenti); “Desvelo” (Eduardo Bonessi); “Son cosas del bandeoneón”, “Tengo mil novias”, “En la buena y en la mala”, “Llorar por una mujer”, “Lagrimitas de mi corazón”, “Que tilín, que tilón”, “Jarangón” (Enrique Rodríguez); “Tres esquinas” (Alfredo Attadía-Angel D’Agostino) y “El morocho y el oriental” (Angel D’Agostino); “Colombina” (Julio De Caro); “A quién le puede importar” y “Copas, amigos y besos” (Mariano Mores); “Rondando tu esquina”, “Vas muerto con tu disfraz”, “No hay tierra como la mía”, “Ave de paso”, “Y aquel cariño se fue”, “La barranca”, “De cariño nadie sabe nada” (Charlo); “Por la vuelta” (José Tinelli); “Melodía oriental (Robero Zerrillo-Juan Carlos Howard); “Trovador mazorquero” (Howard); “Pa’ que bailen los muchachos” y “Garúa” (Anibal Troilo); “El vals del ayer” (Kramer); “La romanina” (Di Lázzaro); “Rouge” (Ricardo Malerva); “En un pueblito de España” (Wayne); “Berretín” (Pedro Laurenz); “Otro trago” (Iriarte); “Cuando tallan los recuerdos” (Rafael Rossi); “Noche de estrellas” y “Noches de invierno” (José Luis Padula); “El llorón” (Maglio); “Sentimiento malevo” (Antonio Buglione); y también “Milonga, ¿por qué llorás?”, “Tres amigos”, “El cuarteador”, “Pocas palabras”, “Del ambiente”, “Boedo y San Juan”, “Pasado florido”, “El trompito”, “Sollozos de bandoneón”, “La luz de un Fósforo”, “Hojarasca”, “¡Que pare el baile!”, “Chanta cuatro”, “Notas de bandoneón”, “Mientras gime el bandoneón”, “Orgullo tanguero”, “Dice un refrán”, “El campeón”, “Se llamaba Eduardo Arolas”, “Palais de Glace”, “Y qué más”, “El bar de Rosendo”, “Mi vida”, “Barajando recuerdos”, “Chiquita”, “La calle sin sueño”, “Ja ja ja”, “Pico de oro”, “Si la llegaran a ver”, “La biaba de un beso”, “El último guapo”, “Viejas alegrías”, “Bajo los puentes de París”, “Me la diste chanta”, “¡Quién te ve!”, “Mocito rana”, “Invierno”, “Por un beso de amor”, “De a traición”, “Melancólico gotán”, “Naipe”.

Cadícamo gozó de una salud de hierro hasta el final de su vida desarrollando una actividad dinámica e impulsando proyectos, decía “No es cierto eso de que todo tiempo pasado fue mejor. Hoy la ciudad, la vida, son mejores que antes”. Sin embargo, también fue un férreo defensor de conservar la tradición del tango. Decía: «No estoy de acuerdo para nada con la llamada vanguardia del tango. Vanguardia es lo primero que cae en la línea de fuego. En un combate la vanguardia es la que va adelante. En el tango hay algo parecido. La vanguardia del tango es lo primero que cae ante la indiferencia de todos los que conocen lo que es el tango.

“El tango es una raíz popular, como otros ritmos en otras partes del mundo que no han cambiado ni han desvirtuado, que no le han puesto otro ropaje. ¿Se puede modernizar el cante jondo? Sería un disparate. ¿Por qué? Porque es de raíz popular, mora, española. Todo lo que sea progreso me encanta, pero en algunas cosas no tiene sentido. Que lo hagan en las máquinas, en las computadoras, que lo hagan en los espectáculos. En esto no.”

“El tango es una cosa muy humilde, muy sencilla. Lo tocaban tipos que no tenían preparación académica musical como Ángel Villoldo, Eduardo Arolas, Enrique Delfino. Era un sentimiento que valía más que toda la parte ortodoxa que pudiera tener la partitura. Al tango hay que dejarlo como está. Es una cosa nuestra, es un paisaje que quedó de antes. El tango ya quedó. Es imposible hablar de un tango que venga.”

“Hay que aconsejar a la gente joven de que el tango no necesita de ninguna manera el cambio de ropa. Es una cosa que quedó, que hay que tocarla tal cual es.”

Horacio Salgan, Ernique Cadicamo, Francisco De Caro y Enrique Mario Francini en 1965

«No he dicho que se esté poniendo un dique a todo lo que quiera desarrollarse dentro de la música del tango. Al contrario. Me gustaría ver una larga lista de autores nuevos que hagan éxitos o que hayan hecho éxitos. Me encantaría porque entonces uno piensa que algo ha hecho durante tantos años, que uno ha servido para que después se sigan haciendo.”

«¿Cómo nació “Muñeca brava”? Esos tangos eran caricaturas, tomándole un poquito el pelo a alguien. Era el ambiente social para ese tipo de tango. Eran pequeñas críticas a las muchachas del ambiente nocturno de los cabarets de Buenos Aires en el que andábamos. Las letras tenían autenticidad, eran hechas para algo. “Muñeca brava” lo hice cuando entró el General José Félix Uriburu en la revolución (septiembre de 1930), que fue el primer escalón para hacer cien revoluciones. Después salió un tango mío que se llamaba “Al mundo le falta un tornillo”. El autor tiene que pintar el momento que está viviendo el país. Debe aportar con algo a la historia de la ciudad en tal época. El aporte del artista, del músico, del compositor, es el resultado de un cuadro hecho de Buenos Aires.”

“Yo no descarto la posibilidad que vuelva el tango con esencia. Si hay estudiosos que digan a ver por qué fue que Cobián, por qué Delfino y todos los revolucionarios del tango dejaron la parte auténtica. A ver por qué fue. Hay que estudiar y entonces sí pueden hacer un tango 1986 y, llegado el momento, darle el cariz, lo que es tango.”

“El tango es lo más sencillo, es pulsación, es fuerza, es una emoción interna que usted tira en las teclas y saca efecto. No es alarde, eso es otra cosa.”

“En esa época cada uno tenía su estilo. Cobián, Delfino, el Negro Flores tenían su estilo propio. ¡Qué decencia tenían los músicos de esa época! Ellos mismos se decían yo no me quiero parecer a otro y hacían tango de verdad.”

“Eran tiempos en que se decían los tangos. El tango tiene una personalidad que no se aprende en los conservatorios. Cada cantante tiene que poner lo que siente y si no lo siente, que lo largue. El tango es lo más difícil para cantar. Cuando viene un cantante atropellando, con una voz que se la quiere sacar porque no la tiene en ninguna parte, ahí hay que escapar. Ángel Vargas tenía una voz chiquitita y cantaba maravillosamente. Fiorentino no tenía voz pero la emoción, el gusto por el tango era lo que lo hacía cantar”.

“Éxito es andar por la calle escuchando que la gente silba un tango de uno. Esa es la mayor gloria para un autor. Aunque el que silba no sepa el nombre ni quién lo hizo. Hoy no hay un éxito desde hace muchos años.”

Con respecto al universo femenino en la obra de Cadícamo están presentes los extremos conceptuales sobre la mujer en el tango. La mina que seduce al varón pero que lo rechaza, porque elige una vida fácil, de lujos y placeres, y su antítesis, la viejita (la madre), una mujer siempre buena y sagrada que lo apaña en la desgracia y le da un cariño sublime. En el medio, matices y combinaciones que simbolizan lo inalcanzable o el amor perdido, tema universal de la condición humana que nos sigue conmoviendo.
Leer tercera ronda de poemas

El 19 de octubre de 1999, debido a una descompensación renal tuvo que ser internado en una clínica de Buenos Aires durante un par de días, lo que le impidió asistir al homenaje que esa misma noche se le realizó en el gran Teatro Cervantes. Anteriormente sólo había sido hospitalizado en dos ocasiones, una en 1908, por el mismo motivo y otra en 1950 por una operación de hernia.
El 25 de octubre de 1999 volvió a ser internado, esta vez en la Fundación Favaloro, donde permaneció hasta el 14 de noviembre. Allí se mantuvo ocupado en el disco “Cadícamo 2000”, donde reunió algunos de sus tangos inéditos. Su última publicación fue el prólogo del libro “Tango” del fotógrafo Aldo Sessa.
Retornó de nuevo al hospital y el 3 de diciembre a las 10 y 30 de la mañana su corazón dejó de latir, casi a los 100 años.
Entre muchos galardones que recibió se incluye el Premio Konex de Platino en 1985 (otorgado por la Fundación Konex) como el mejor Autor de Tango de la década en Argentina.  Recibió también el Konex al Mérito en 1984 en la disciplina Testimonial.
Fue declarado Ciudadano Ilustre de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires en 1987 y en 1996 fue distinguido como Personalidad Emérita de la Cultura Argentina.

POEMAS:

Pompas de jabón

Tango 1925
Música: Roberto Goyheneche
Letra: Enrique Cadícamo
 
Pebeta de mi barrio, papa, papusa,
que andás paseando en auto con un bacán,
que te has cortado el pelo como se usa,
y que te lo has teñido color champán.
Que en lo peringundines de frac y fuelle
bailás luciendo cortes de cotillón
y que a las milongueras, por darles dique,
al irte con tu “camba”, batís “allón”.

Hoy tus pocas primaveras
te hacen soñar en la vida
y en la ronda pervertida
del nocturno jarandón,
pensá en aristocracias
y derrochás tus abriles…
¡Pobre mina, que entre giles,
te sentís Mimí Pinsón…!

Pensá, pobre pebeta, papa, papusa,
que tu belleza un día se esfumará,
y que como todas las flores que se marchitan
tus locas ilusiones se morirán.
El “mishé” que te mima con sus morlacos
el día menos pensado se aburrirá
y entonces como tantas flores de fango,
irás por esas calles a mendigar…

Triunfás porque sos apenas
embrión de carne cansada
y porque tu carcajada
es dulce modulación.
Cuando implacables, los años,
te inyecten sus amarguras…
ya verás que tus locuras
fueron pompas de jabón

Vení vení

Tango
Música: Juan Carlos Cobián
Letra: Enrique Cadícamo
 
Yo te amé como ninguna te ha de amar
y en la alegre misiadura del bulín.
fue tu encanto milonguero de arrabal.
un sol que iluminó mi loco berretín.
Florecieron en tu fueye rezongón
la voz dulce con los besos que te di
y en el polvo de mi negro metejón
te fuiste y me robaste el corazón.

Vení, vení, no seas así
a vos te sobra corazón.
Seré mejor de lo que fui,
dale, dale que vos tenes razón.
Pero vení, vení no seas así,
no debe haber rencor entre los dos.
Volvé de nuevo, amor, a aquel bulín,
lo que pasó, pasó.

Me preguntan mis amigas del café,
si me ven tomar un trago de licor,
dónde está todo tu orgullo de mujer
qué fácil es decir largalo y se acabó.
Yo te amé, como ninguna te ha de amar,
y en la alegre misiadura del bulín,
fue tu encanto milonguero de arrabal
un sol que iluminó mi loco berretín.

Aquellas farras (Argañaraz)

Tiempos viejos y compadres 
de mi vida cadenera 
que ya no volverán 
mis años a gozar. 
Qué habrá sido de esa barra, 
bravucona y trensillera, 
que tanto dio que hablar 
por su guapear.
Adiós, amigos de entonces, 
ya estamos viejos de tanto andar.
Marcando una candombeada 
fue luciendo medias lunas 
y entre cortes y quebradas 
iba el tango provocador. 
Me acuerdo de aquellas farras 
que entre fueyes dormilones, 
rimaban los corazones 
un pasaje sentimental.
Siglo de oro de ese tiempo 
en que el ñato Monteagudo, 
borracho de pernod, 
se quiso suicidar. 
Y del loco Puentecito 
y del viejito Lozano 
No los he vuelto a ver, 
¿dónde andarán?
Adiós, amigos de entonces, 
ya estamos viejos de tanto andar.

Cruz de palo

Tango 1929
Música: Guillermo Barbieri
Letra: Enrique Cadícamo
 
Juntito al arroyo, besao por los sauces
y poblao de flores, de esmalte y de luz,
sin letras, crespones ni nombres tallados
se alzan junto a un sauce dos palos en cruz.
Una sepultura que “entuavía” el cardo
no pudo cercarla, y en donde el “chus-chus”
de alguna lechuza se escucha, agorera,
sobre la cimera de esa vieja cruz.

El sauce le llora un Ave María;
el boyero, en cada chiflido que da,
acaso le quiere rezar un bendito
junto con las quejas que entona el sabia…
Dicen los más viejos, haciéndose cruces,
que al pasar de noche por ese lugar
oyen que se quejan los ñacurutuces
de un modo tan fiero que hasta hace temblar…

(recitado)
Y en las noches malas, cuando enrieda el viento
su vago lamento en el saucedal,
por la cruz de palo una luz camina,
que corre y que vuela por el pastizal.

Pa’ un “Día de Dijuntos” de hace varios años
se llegó una moza juntito a la cruz;
la cabeza envuelta en negro rebozo,
los ojos llorosos, tristes y sin luz.
¡Qué frío, canejo, sentirán los muertos…!
Pues la moza aquella se le arrodilló,
lloró cuanto quiso, besuqueó la tumba,
le dijo “hasta pronto”, pero no volvió.

De todo te olvidas (Cabeza de novia)

Tango 1929
Música: Salvador Merico
Letra: Enrique Cadícamo
 
De un tiempo a esta parte, muchacha, te noto
más pálida y triste… Decí ¿qué tenés?
Tu carita tiene el blancor del loto
y yo, francamente, chiquita, no sé…
¿Qué pena te embarga? ¿Por qué ya no ríes
con ese derroche de plata y cristal?
Tu boquita, donde sangraron rubíes,
hoy muestra una mueca, trasuntando un mal…

El piano está mudo.
Tus ágiles manos
no arrancan el tema
del tango tristón…
A veces te encuentro
un poco amargada,
llorando, encerrada,
en la habitación.
Y he visto, extrañando,
que muy a menudo,
“de todo te olvidas”,
cabeza de novia,
¡nimbada de amor!

¿Qué es lo que te pasa? Cuéntame; te ruego
que me confidencias tu preocupación…
Acaso tu pena es la que Carriego,
rimando cuartetas, a todos contó.
“De todo te olvidas, cabeza de novia”,
pensando en el chico que en tu corazón
dejó con sus besos sus credos amantes,
como un ofertorio de dulce pasión…

Che Bartolo

Tango 1928
Música: Rodolfo Sciammarella
Letra: Enrique Cadícamo
 
Gran vivillo de aspamento, malandrín de meta y ponga
atajate este ponchazo que te voy a sacudir,
no es que quiera deschavarte por cantar una milonga
si no porque con tus brillos vos no me vas a engrupir.
Che, bacán de rango mishio, te diré que algo me alegra,
relojearte entre la mersa que la va de Tabarís.
A vos te llaman los giles el marqués de Boccanegra
como a mi me baten “Chorro”, “El herrero” o “El perdiz”.

Che, Bartolo…
batí si te has vuelto colo
pa’ quererte disfrazar.
Boccanegra…
hay que ver cuál es la suegra
que a vos te podrá aguantar.
Vos de negro,
tenés sólo tu prontuario
que no sé cómo escondés.
Che, Bartolo…
como reo yo te pido
que dejés el apellido
de aquel noble genovés.

Si el monóculo insolente te da un aire bacanejo
y ese empilche tan debute te barniza de marqués,
no la va del mismo modo el curdela de tu viejo
que entre gente de boliche va arrastrando su vejez.
Yo no sé con qué ganzúa has abierto ese agujero
que los reos de mi rango le llamamos “sociedad”,
pa’ mi que te equivocaste, la de “negros candomberos”
es la socieda’ indicada donde podés alternar.

Compadrón

Tango 1927
Música: Luis Visca
Letra: Enrique Cadícamo
 
Compadrito a la violeta,
si te viera Juan Malevo
qué calor te haría pasar.
No tenés siquiera un cacho
de ese barro chapaleado
por los mozos del lugar.
El escudo de los guapos
no te cuenta entre sus gules
por razones de valer.
Tus ribetes de compadre
te engrupieron, no lo dudes.
¡Ya sabrás por qué!

Compadrón
prontuariado de vivillo
entre los amigotes que te siguen,
sos pa’ mí, aunque te duela,
compadre sin escuela, retazo de bacán.
Compadrón,
cuando quedes viejo y solo (¡Colo!)
y remanyes tu retrato (¡Gato!),
notarás que nada has hecho…
Tu berretín deshecho
verás desmoronar.

En la timba de la vida
sos un punto sin arrastre
sobre el naipe salidor,
y en la cancha de este mundo
sos un débil pa’l biabazo,
el chamuyo y el amor.
Aunque busques en tu verba
pintorescos contraflores
pa’ munirte de cachet,
yo me digo a la sordina
¡Dios te ayude, compadrito
de papel maché!

Che papusa oí

Tango 1927
Música: Gerardo Matos Rodríguez
Letra: Enrique Cadícamo
 
Muñeca, muñequita que hablás con zeta
y que con gracia posta batís mishé;
que con tus aspavientos de pandereta
sos la milonguerita de más chiqué;
trajeada de bacana, bailás con corte
y por raro snobismo tomás prissé,
y que en auto camba, de sur a norte,
paseás como una dama de gran cachet.

Che papusa, oí
los acordes melodiosos que modula el bandoneón;
Che papusa, oí
los latidos angustiosos de tu pobre corazón;
Che papusa, oí
cómo surgen de este tango los pasajes de tu ayer…
Si entre el lujo del ambiente
hoy te arrastra la corriente,
mañana te quiero ver…

Milonguerita linda, papusa y breva,
con ojos picarescos de pippermint,
de parla afranchutada, pinta maleva
y boca pecadora color carmín,
engrupen tus alhajas en la milonga
con regio faroleo brillanteril
y al bailar esos tangos de meta y ponga
volvés otario al vivo y al rana gil.

Ramona

Vals
Música: Mabel Wayne
Letra: Enrique Cadícamo
 
Sueña muchacha con ese amor
que en tu corazón
se vino a ocultar…
Sueña muchacha con el dolor
que quiere asaltar
tu belleza en flor.

¡Ramona!,
si sientes en tu corazón
las suaves caricias
de una gran pasión,
entorna tus ojos
y entre tules deja flotar
las rosas fragantes
primaveras de tu ilusión.

¡Ramona!,
tus labios sienten palpitar
arpegios sublimes
de un dulce besar…
¡Ramona!,
teje la malla de tu suspirar,
que es dulce,
muy dulce, soñar…

Sueña muchacha con ese amor
que en tu corazón
se vino a ocultar…
Sueña muchacha con el dolor
que quiere asaltar
tu belleza en flor.

¡Ramona!,
yo sé que un día has de lograr
los sueños azules
que hoy ves aletear…
¡Ramona!
¡Ah… Ramona!
si pudiera yo, como tú,
hacer de mis años
gratos sueños de juventud…

Es triste,
la vida pasa y se va,
como una caricia
que se ve esfumar.
¡Ramona!,
a la ventana de tu ensonación,
Ramona…
¡tu príncipe irá!

Anclao en París

Tango 1931
Música: Guillermo Barbieri
Letra: Enrique Cadícamo
 
Tirao por la vida de errante bohemio
estoy, Buenos Aires, anclao en París.
Cubierto de males, bandeado de apremio,
te evoco desde este lejano país.
Contemplo la nieve que cae blandamente
desde mi ventana, que da al bulevar
las luces rojizas, con tono muriente,
parecen pupilas de extraño mirar.

Lejano Buenos Aires ¡qué lindo que has de estar!
Ya van para diez años que me viste zarpar…
Aquí, en este Montmartre, fobourg sentimental,
yo siento que el recuerdo me clava su puñal.

¡Cómo habrá cambiado tu calle Corrientes..!
¡Suipacha, Esmeralda, tu mismo arrabal..!
Alguien me ha contado que estás floreciente
y un juego de calles se da en diagonal…
¡No sabes las ganas que tengo de verte!
Aquí estoy varado, sin plata y sin fe…
¡Quién sabe una noche me encane la muerte
y, chau Buenos Aires, no te vuelva a ver!

2ª RONDA:

Cuando miran tus ojos

Vals
Música: José María Aguilar
Letra: Enrique Cadícamo
 
Tus ojos han quedado grabados en los míos,
sus dulces brujerías volcaron al mirar,
hay luz en tus pupilas de todos los estíos,
lucero que en mis noches los veo parpadear.
Heraldos de pasiones, rutilan como extrañas
luciérnagas que llevan la llama del amor…
Tesoros custodiados por sedosas pestañas…
teorías impregnadas de ensueño arrobador.

¿Gitanos son acaso por sus destellos, dime?
¿O son los de una mora presa del español?
Es algo tu mirada que mata o que redime,
que hiere si se mira corno encandila el sol…
Puñales que en las luchas se yerguen iracundos
buscando al pobre pecho con ansias de clavar.
Ensartan corazones, los dejan moribundos…
¡Ah!… Espejos donde el alma se asoma a coquetear.

Si entornan sus pupilas, la luz que los anima
se pierde entre los astros y la constelación
adquiere nuevos brillos… Aunque mi pecho gima
por verlos siempre abiertos, yo doy mi corazón.
Pues ellos van contando las horas venturosas
que pasan a mi lado rimando una canción,
sus párpados abiertos son pétalos de rosas
que ofrecen dos luceros a mi desolación.

Luna de arrabal

Vals 1934
Música: Julio César Sanders
Letra: Enrique Cadícamo
 
Muchachos, hoy que es noche clara y estival
invito a todos la barriada a recorrer,
hay mucha luz y es que: la luna de arrabal
nos acompaña par las calles como ayer,
es media noche, ella duerme y su balcón
entornado me espera que llegue…
junto al gemir del diapasón
yo quiero alzar sentimental
la serenata de mi amigo el corazón…

Y entonces al oír la introducción
del valsecito criollo y pasional
dormida su belleza angelical
nombrándome, despertará…
Su pecho de emoción ha de latir
sus ojos de otro azul se vestirán
y se pondrá la noche
sus galas embrujados
y tú, mi dulce amada,
temblarás…

Muchachos, vamos que la luna quiere oír
la serenata pintoresca de arrabal…
la noche es tibia, duerme el barrio y es zafir
el cielo lleno de estrellitas de cristal…
¡Muchachos pronto! que es tan bello saludar
a la novia que duerme inocente…
Las dedos en el diapasón
con un “allegro” arrancarán
y entonces mi alma subirá a su balcón…

Tres esquinas

Tango 1941
Música: Ángel D’Agostino / Alfredo Attadía
Letra: Enrique Cadícamo
 
Yo soy del barrio de Tres Esquinas,
viejo baluarte de un arrabal
donde florecen como glicinas
las lindas pibas de delantal.
Donde en la noche tibia y serena
su antiguo aroma vuelca el malvón
y bajo el cielo de luna llena
duermen las chatas del corralón.

Soy de ese barrio de humilde rango,
yo soy el tango sentimental.
Soy de ese barrio que toma mate
bajo la sombra que da el parrral.
En sus ochavas compadrié de mozo,
tiré la daga por un loco amor,
quemé en los ojos de una maleva
la ardiente ceba de mi pasión.

Nada hay más lindo ni más cmpadre
que mi suburbio murmurador,
con los chimentos de las comadres
y los piropos del Picaflor.
Vieja barriada que fue estandarte
de mis arrojos de juventud…
Yo soy del barrio que vive aparte
en este siglo de Neo-Lux.

Niebla del Riachuelo

Tango 1937
Música: Juan Carlos Cobián
Letra: Enrique Cadícamo
 
Turbio fondeadero donde van a recalar,
barcos que en el muelle para siempre han de quedar…
Sombras que se alargan en la noche del dolor;
náufragos del mundo que han perdido el corazón…
Puentes y cordajes donde el viento viene a aullar,
barcos carboneros que jamás han de zarpar…
Torvo cementerio de las naves que al morir,
sueñan sin embargo que hacia el mar han de partir…

¡Niebla del Riachuelo!..
Amarrado al recuerdo
yo sigo esperando…
¡Niebla del Riachuelo!…
De ese amor, para siempre,
me vas alejando…
Nunca más volvió,
nunca más la vi,
nunca más su voz nombró mi nombre junto a mí…
esa misma voz que dijo: “¡Adiós!”.

Sueña, marinero, con tu viejo bergantín,
bebe tus nostalgias en el sordo cafetín…
Llueve sobre el puerto, mientras tanto mi canción;
llueve lentamente sobre tu desolación…
Anclas que ya nunca, nunca más, han de levar,
bordas de lanchones sin amarras que soltar…
Triste caravana sin destino ni ilusión,
como un barco preso en la “botella del figón”…

Pa’ que bailen los muchachos

Tango 1942
Música: Aníbal Troilo
Letra: Enrique Cadícamo
 
Pa’ que bailen los muchachos
via’ tocarte, bandoneón.
¡La vida es una milonga!
Bailen todos, compañeros,
porque el baile es un abrazo:
Bailen todos, compañeros,
que este tango lleva el paso.
Entre el lento ir y venir
del tango va
la frase dulce.
Y ella baila en otros brazos,
prendida, rendida,
por otro amor.

No te quejes, bandoneón,
Que me duele el corazón.
Quien por celos va sufriendo
su cariño va diciendo.

No te quejes, bandoneón,
que esta noche toco yo.
Pa’ que bailen los muchachos
hoy te toco, bandoneón.
¡La vida es una milonga!

Ella fue como una madre,
ella fue mi gran cariño…
nos abrimos y no sabe
que hoy la lloro como un niño…
Quién la va a saber querer
con tanto amor,
como la quise.
Pobre amiga, pobre piba,
¡qué ganas más locas
de irte a buscar!

Pa’ que bailen los muchachos
via’ tocarte, bandoneón.
¡La vida es una milonga!

Los mareados

Tango 1942
Música: Juan Carlos Cobián
Letra: Enrique Cadícamo
 
Rara..
como encendida
te hallé bebiendo
linda y fatal…
Bebías
y en el fragor del champán,
loca, reías por no llorar…
Pena
Me dio encontrarte
pues al mirarte
yo vi brillar
tus ojos
con un eléctrico ardor,
tus bellos ojos que tanto adoré…

Esta noche, amiga mía,
el alcohol nos ha embriagado…
¡Qué importa que se rían
y nos llamen los mareados!
Cada cual tiene sus penas
y nosotros las tenemos…
Esta noche beberemos
porque ya no volveremos
a vernos más…

Hoy vas a entrar en mi pasado,
en el pasado de mi vida…
Tres cosas lleva mi alma herida:
amor… pesar… dolor…
Hoy vas a entrar en mi pasado
y hoy nuevas sendas tomaremos…
¡Qué grande ha sido nuestro amor!…
Y, sin embargo, ¡ay!,
mirá lo que quedó…

Garúa

Tango 1943
Música: Aníbal Troilo
Letra: Enrique Cadícamo
 
¡Qué noche llena de hastío y de frío!
El viento trae un extraño lamento.
¡Parece un pozo de sombras la noche
y yo en la sombra camino muy lento.!
Mientras tanto la garúa
se acentúa
con sus púas
en mi corazón…

En esta noche tan fría y tan mía
pensando siempre en lo mismo me abismo
y aunque quiera arrancarla,
desecharla
y olvidarla
la recuerdo más.

¡Garúa!
Solo y triste por la acera
va este corazón transido
con tristeza de tapera.
Sintiendo tu hielo,
porque aquella, con su olvido,
hoy le ha abierto una gotera.
¡Perdido!
Como un duende que en la sombra
más la busca y más la nombra…
Garúa… tristeza…
¡Hasta el cielo se ha puesto a llorar!

¡Qué noche llena de hastío y de frío!
No se ve a nadie cruzar por la esquina.
Sobre la calle, la hilera de focos
lustra el asfalto con luz mortecina.
Y yo voy, como un descarte,
siempre solo,
siempre aparte,
recordándote.
Las gotas caen en el charco de mi alma
hasta los huesos calados y helados
y humillando este tormento
todavía pasa el viento
empujándome.

Shusheta

Tango 1944
Música: Juan Carlos Cobián
Letra: Enrique Cadícamo
 
Toda la calle Florida lo vio
con sus polainas, galera y bastón…

Dicen que fue, allá por su juventud,
un gran Don Juan del Buenos Aires de ayer.
Engalanó la puerta del Jockey Club
y en el ojal siempre llevaba un clavel.

Toda la calle Florida lo vio
con sus polainas, galera y bastón.

Apellido distinguido,
gran señor en las reuniones, 
por las damas suspiraba
y conquistaba
sus corazones.
Y en las tardes de Palermo
en su coche se paseaba
y en procura de un encuentro
iba el porteño
conquistador.

Ah, tiempos del Petit Salón…
Cuánta locura juvenil…
Ah, tiempo de la 
sección Champán Tango
del “Armenonville”.

Todo pasó como un fugaz
instante lleno de emoción…
Hoy sólo quedan
recuerdos de tu corazón…Toda la calle Florida lo vio
con sus polainas, galera y bastón.

Tres amigos

Tango 1944
Música: Enrique Cadícamo
Letra: Enrique Cadícamo
 
De mis páginas vividas, siempre llevo un gran recuerdo
mi emoción no las olvida, pasa el tiempo y más me acuerdo.
Tres amigos siempre fuimos
en aquella juventud…
Era el trío más mentado
que pudo haber caminado
por esas calles del sur.

¿Dónde andarás, Pancho Alsina?
¿Dónde andarás, Balmaceda?
Yo los espero en la esquina
de Suárez y Necochea…
Hoy… ninguno acude a mi cita.
Ya… mi vida toma el desvío.
Hoy… la guardia vieja me grita:
“¿Quién… ha dispersado aquel trío?”
Pero yo igual los recuerdo
mis dos amigos de ayer…

Una vez, allá en Portones, me salvaron de la muerte.
Nunca faltan encontrones cuando un pobre se divierte.
Y otra vez, allá en Barracas,
esa deuda les pagué…
Siempre juntos nos veían…
Esa amistad nos tenía
atados siempre a los tres.

Nostalgias

Tango 1936
Música: Juan Carlos Cobián
Letra: Enrique Cadícamo
 
Quiero emborrachar mi corazón
para apagar un loco amor
que más que amor es un sufrir…
Y aquí vengo para eso,
a borrar antiguos besos
en los besos de otras bocas…
Si su amor fue “flor de un día”
¿porqué causa es siempre mía
esa cruel preocupación?
Quiero por los dos mi copa alzar
para olvidar mi obstinación
y más la vuelvo a recordar.

Nostalgias
de escuchar su risa loca
y sentir junto a mi boca
como un fuego su respiración.
Angustia
de sentirme abandonado
y pensar que otro a su lado
pronto… pronto le hablará de amor…
¡Hermano!
Yo no quiero rebajarme,
ni pedirle, ni llorarle,
ni decirle que no puedo más vivir…
Desde mi triste soledad veré caer
las rosas muertas de mi juventud.

Gime, bandoneón, tu tango gris,
quizá a ti te hiera igual
algún amor sentimental…
Llora mi alma de fantoche
sola y triste en esta noche,
noche negra y sin estrellas…
Si las copas traen consuelo
aquí estoy con mi desvelo
para ahogarlos de una vez…
Quiero emborrachar mi corazón
para después poder brindar
“por los fracasos del amor”…

Al mundo le falta un tornillo

Tango 1933
Música: José María Aguilar
Letra: Enrique Cadícamo
 
Todo el mundo está en la estufa,
Triste, amargao y sin garufa,
neurasténico y cortao…
Se acabaron los robustos,
si hasta yo, que daba gusto,
¡cuatro kilos he bajao!
Hoy no hay guita ni de asalto
y el puchero está tan alto
que hay que usar el trampolín.
Si habrá crisis, bronca y hambre,
que el que compra diez de fiambre
hoy se morfa hasta el piolín.

Hoy se vive de prepo
y se duerme apurao.
Y la chiva hasta a Cristo
se la han afeitao…
Hoy se lleva a empeñar
al amigo más fiel,
nadie invita a morfar…
todo el mundo en el riel.
Al mundo le falta un tornillo
que venga un mecánico…
¿Pa’ qué, che viejo? 
Pa’ ver si lo puede arreglar.

¿Qué sucede?… ¡mama mía!
Se cayó la estantería
o San Pedro abrió el portón.
La creación anda a las piñas
y de pura arrebatiña
apoliya sin colchón.
El ladrón es hoy decente
a la fuerza se ha hecho gente,
va no encuentra a quién robar.
Y el honrao se ha vuelto chorro
porque en su fiebre de ahorro
él se “afana” por guardar.
Al mundo le falta un tornillo,
que venga un mecánico.
pa’ ver si lo puede arreglar.

La casita de mis viejos

Tango 1932
Música: Juan Carlos Cobián
Letra: Enrique Cadícamo
 
Barrio tranquilo de mi ayer,
como un triste atardecer,
a tu esquina vuelvo viejo…
Vuelvo más viejo,
la vida me ha cambiado…
en mi cabeza un poco de plata
me ha dejado.
Yo fui viajero del dolor
y en mi andar de soñador
comprendí mi mal de vida,
y cada beso lo borré con una copa,
las mujeres siempre son las que matan la ilusión.
(en un juego de ilusión repartí mi corazón.)

Vuelvo vencido a la casita de mis viejos,
cada cosa es un recuerdo que se agita en mi memoria,
mis veinte abriles me llevaron lejos…
locuras juveniles, la falta de consejo.
Hay en la casa un hondo y cruel silencio huraño,
y al golpear, como un extraño,
me recibe el viejo criado…
Habré cambiado totalmente, que el anciano por la voz
tan sólo me reconoció.

Pobre viejita la encontré
enfermita; yo le hablé
y me miró con unos ojos…
Con esos ojos
nublados por el llanto
como diciéndome porqué tardaste tanto…
Ya nunca más he de partir
y a tu lado he de sentir
el calor de un gran cariño…
Sólo una madre nos perdona en esta vida,
es la única verdad,
es mentira lo demás.

Callejera

Tango 1929
Música: Fausto Frontera
Letra: Enrique Cadícamo
 
Cuando apurada pasás
rumbo quién sabe a qué parte,
haciendo lucir con arte
tu silueta al caminar,
va diciendo ese taquear
que tenés de milonguera:
“Callejera… Calle]era…
¿a dónde irás a parar?”

Esos trajes que empilchás
no concuerdan con tu cuna,
pobre mina pelandruna
hecha de seda y percal.
En fina copa e’ cristal
hoy tomás ricos licores,
y entre tantos resplandores
se encandiló tu arrabal.

Callejera,
que taqueás de Sur a Norte,
dando dique con el corte
de ese empilche que llevás.
Callejera,
vos también sos Milonguita
y en el fondo de tu almita
una pena sepultás.

Triunfa tu gracia, yo sé,
y en los rondines nocheros
sos de los muebles diqueros
el que da más relumbrón.
Despilfarrás tentación,
pero también, callejera,
cuando estés vieja y fulera
tendrás muerto el corazón.

Seguí nomás, deslizá
tus abriles por la vida,
fascinada y engrupida
por las luces del Pigall,
que cuando empiece a tallar
el invierno de tu vida
notarás arrepentida
que has vivido un carnaval.

Muñeca brava

Tango 1929
Música: Luis Visca
Letra: Enrique Cadícamo
 
Che madam que parlás en francés
y tirás ventolín a dos manos,
que escabiás copetín bien frapé
y tenés gigoló bién bacán…
Sos un biscuit 
de pestañas muy arqueadas…
Muñeca brava 
bien cotizada.
¡Sos del Trianón… 
del Trianón de Villa Crespo…
Milonguerita,
juguete de ocasión…

Tenés un camba que te hacen gustos
y veinte abriles que son diqueros,
y muy repleto tu monedero
pa´ patinarlo de Norte a Sud…
Te baten todos Muñeca Brava
porque a los giles mareás sin grupo,
pa´ mi sos siempre la que no supo
guardar un cacho de amor y juventud.

Campaneá la ilusión que se va
y embrocá tu silueta de rango,
y si el llanto te viene a buscar
escurrí tu dolor y reí…
Meta champán que la vida se te escapa,
Muñeca Brava, flor de pecado…
Cuando llegués 
al final de tu carrera,
tus primaveras
verás languidecer

La reina del tango

Tango 1928
Música: Rafael Iriarte
Letra: Enrique Cadícamo
 
Flor de noche que al sordo fragor
del champán descorchado triunfás,
reina loca que un juego de amor
lentamente, bailando, trenzás.
Tu compás es el ritmo sensual
que en la alfombra retuerce el gotán
y tu pinta elegante y teatral
se muestra orgullosa junto a tu bacán.

Sos reina del tango,
papusa ruflera,
la ciencia canera
de saber bailar
prendió una diadema
de rante nobleza
sobre tu cabeza
reina del gotán.
Tiembla en tus caderas
la música rea,
es la melopea
que a tu corazón
muy a la sordina
le hace un contracanto
que aumenta el quebranto
de tu perdición.

El gotán se te fue al corazón
como un dulce chamuyo de amor
y es por eso que en esta canción
encontrarás alegría y dolor.
Che, milonga, seguí el jarandón,
meta baile con corte y champán,
ya un noche tendrás que bailar
el tango grotesco del Juicio Final.


Hoy es tarde

Tango
Música: Juan Carlos Howard
Letra: Enrique Cadícamo
 
Porque sé lo que sufriste,
porque sé lo que he sufrido…
Yo sé bien que me quisiste
y también que te he querido…
A mi lado no tuviste esplendor…
Yo era pobre y no te daba más que amor…
Mas… tus veinte primaveras…
eran joyas verdaderas… corazón…

Alma mía…
no era lujo, ni las sedas, ni el dinero…
Alma mía…
que a mis brazos te arrojaron traicioneros…
Fue tu amor… fue tu inocencia
que brotó como una flor…
Con mis versos vos soñabas que eras rica…
Qué importaba todo el oro
en aquella pieza chica…
Cariñito…
que pobreza más injusta yo te he dado…
pero amar en la miseria
no es pecado… corazón…
Y hoy, que lujos y dinero puedo darte,
esta vida puso aparte
nuestro sueño… nuestro amor…

Yo no sé por qué senderos…
Yo no sé por qué camino…
En qué extraños remolinos
nos perdimos para siempre…
Sólo sé que comprendiendo tu valor…
te dejé para salvarte, pobre amor..
La miseria es cosa fuerte,
Merecías mejor suerte… Corazón…

Por la vuelta

Tango 1937
Música: José Tinelli
Letra: Enrique Cadícamo
 
¡Afuera es noche y llueve tanto!…
Ven a mi lado, me dijiste,
hoy tu palabra es como un manto…
un manto grato de amistad…
Tu copa es ésta, y la llenaste.
Bebamos juntos, viejo amigo,
dijiste mientras levantabas
tu fina copa de champán…

La historia vuelve a repetirse,
mi muñequita dulce y rubia,
el mismo amor… la misma lluvia…
el mismo, el mismo loco afán…
¿Te acuerdas? Hace justo un año
nos separamos sin un llanto…
Ninguna escena, ningún daño…
Simplemente fue un “Adiós”
inteligente de los dos…

Tu copa es ésta, y nuevamente
los dos brindamos “por la vuelta”.
Tu boca roja y oferente
bebió en el fino bacarát…
Después, quizá mordiendo un llanto,
quedate siempre, me dijiste…
Afuera es noche y llueve tanto,
… y comenzaste a llorar…

No vendrá

Tango 1945
Música: Enrique Cadícamo
Letra: Enrique Cadícamo
 
Esperaré otro rato y veré
por qué demoró…
Quiero creer
que este nuevo querer
es mi gran amor.
Por no estar tan solo y esperar
fumaré otro cigarrillo más.
Pero algo hay que me hace pensar
que no vendrá…

No vendrá.
Bien lo sé que ella no vendrá.
Y aunque esperar ya no quiero
otro rato más la espero.
No vendrá… Pero igual pensando en ella estoy.
Ya por hoy no la veré
me lo dice la postrer
campanada de un reloj.

Yo presentí que no iba a venir
cuando ayer se fue.
Triste quedó, suspirando sonrió,
y me dijo así:
“Tengo miedo de quererte… ¡amor!
¡Tengo miedo de sufrir por ti!”
Y ese temor, lo confieso, mi bien,
que era de los dos.

La novia ausente

Tango 1933
Música: Guillermo Barbieri
Letra: Enrique Cadícamo
 
A veces repaso mis horas aquellas
cuando era estudiante y tú eras la amada
que con tus sonrisas repartías estrellas
a todos los mozos de aquella barriada.
¡Ah! las noches tibias… ¡Ah! la fantasía
de nuestra veintena de abriles felices,
cuando solamente tu risa se oía
y yo no tenía mis cabellos grises.

Íbamos del brazo
y tú suspirabas
porque muy cerquita
te decía: “Mi bien…
¿ves como la luna
se enreda en los pinos
y su luz de plata
te besa en la sien?”
Al raro conjuro
de noche y reseda
temblaban las hojas
del parque, también,
y tú me pedías
que te recitara 
esta “Sonatina”
que soñó Rubén:
(Recitado:)
“¡La princesa está triste! ¿Qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa.
Que ha perdido la risa, que ha perdido el color…
La princesa está pálida en su silla de oro,
está mudo el teclado de su clave sonoro
y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor.”

¿Qué duendes lograron lo que ya no existe?
¿Qué mano huesuda fue hilando mis males?
¿Y qué pena altiva hoy me ha hecho tan triste,
triste como el eco de las catedrales?
¡Ah!… ya sé, ya sé… Fue la novia ausente,
aquella que cuando estudiante, me amaba.
Que al morir, un beso le dejé en la frente
porque estaba fría, porque me dejaba.

Dolor milonguero

Tango
Música: Juan Carlos Cobián
Letra: Enrique Cadícamo
 
Medianoche porteña,
sol de cabaret en la sala,
vista el tango su gala
y entre copas mi alma sueña.
Aquí, solo en mi mesa,
siento que un recuerdo ha cruzado
y del fondo embrujado
de esta copa que emborracha,
sube el dolor y remacha,
en mi corazón, un amor de ayer.

Tango que suena tristón,
la gente baila y se ríe.
Pena que en mi corazón,
cuando más honda, sonríe.
Quiero beber y al beber reír,
hundir este dolor milonguero.
Ven bailarina, a mi mesa,
que tengo tristeza por una mujer.

Ven a beber que estoy muy solo,
ven, buena amiga, flor nochera.
Yo soy un triste calavera,
vos, una más en el vaivén.
Ven a embriagarte yo te invito,
tal vez también tengas tus penas,
tus ojos dicen que sos buena.
Ven, magadalena del loco cabaret.

La luz de un fósforo

Tango 1943
Música: Alberto Suárez Villanueva
Letra: Enrique Cadícamo
 
Nos encontramos, tú y yo,
y a conversar
nos detuvimos.
Un algo raro tenías
cuando callabas,
cuando reías…
La esgrima sentimental
al fin surgió
la tarde aquella.
Después… ¡qué poco quedó!
El viento todo lo llevó…

La luz de un fósforo fue
nuestro amor pasajero.
Duró tan poco… lo sé…
como el fulgor
que da un lucero…
La luz de un fósforo fue,
nada más,
nuestro idilio.
Otra ilusión que se va
del corazón
y que no vuelve más.

En todo, siempre el color
es del cristal
con que se mira.
De rosa, yo te veía,
cuando callabas,
cuando reías.
Después, con otro cristal,
cambió el color
y ya no eras…
La vida es toda ilusión
y un prisma es el corazón.

Madame Ivonne

Tango 1933
Música: Eduardo Pereyra
Letra: Enrique Cadícamo

 
Mamuasel Ivonne era una pebeta
que en el barrio posta de viejo Montmartre,
con su pinta brava de alegre griseta
animó la fiesta de Les Quatre Arts.
Era la papusa del barrio latino
que supo a los puntos del verso inspirar…
Pero fue que un día llego un argentino
y a la francesita la hizo suspirar.

Madame Ivonne,
la Cruz del Sur fue como el sino,
Madame Ivonne,
fue como el sino de tu suerte…
Alondra gris,
tu dolor me conmueve,
tu pena es de nieve…
Madame Ivonne…

Han pasado diez años que zarpó de Francia,
Mamuasel Ivonne hoy solo es Madam…
La que va a ver que todo quedó en la distancia
con ojos muy tristes bebe su champán.
Ya no es la papusa del Barrio Latino,
ya no es la mistonga florcita de lis,
ya nada le queda… Ni aquel argentino
que entre tango y mate la alzó de París

FUENTES:

https://es.wikipedia.org/wiki/Enrique_Cad%C3%ADcamohttps://www.infobae.com/cultura/2019/12/03/enrique-cadicamo-el-compositor-de-los-1200-tangos-que-admiraba-gardel/

https://www.todotango.com/creadores/ficha/37/Enrique-Cadicamo

https://cadicamo.es.tlhttps://www.todotango.com/historias/cronica/218/Cadicamo-«Al-tango-hay-que-dejarlo-como-esta»-/

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PRÓXIMO PROGRAMA

123. Poesía más Poesía: Baldomero Fernández Moreno

BALDOMERO FERNÁNDEZ MORENO

BIOGRAFÍA

Baldomero Eugenio Otto Fernández Moreno nació el 15 de noviembre de 1886 en el barrio de Montserrat, ubicado en la ciudad de Buenos Aires. Fue el primogénito del comerciante español Baldomero Fernández, oriundo de Bárcena de Cicero, Cantabria y de Amelia Moreno, ciudadana española, nacida en Bocígano, Guadalajara.
A los 6 años, partió con su familia a Bárcena de Cícero. Teniendo 11 años, su padre regresó a Buenos Aires y entre 1898 y 1899 vivió en Madrid en la casa de unos tíos.
Posteriormente, se trasladó de Barcelona rumbo a Buenos Aires en el Cataluña, reuniéndose en Montevideo con su padre y su tío, el médico cirujano Avelino Gutiérrez, Profesor Titular de Anatomía de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires y Director del Hospital Español de Buenos Aires.
Tras cursar los primeros dos años de estudios secundarios en el Liceo Ibérico Platense, en 1902 pasó al Colegio Nacional de Buenos Aires (momentáneamente llamado Colegio Nacional Central), donde se graduaría, y al que le dedicaría años más tarde la Elegía al Colegio Nacional Central.
En esos años escribió sus primeros poemas. Influenciado por Avelino Gutiérrez y el médico español José María Carrera, en 1904, con 17 años, ingresó a la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires.
Dos años después, en 1906, efectuó prácticas en la Asistencia Pública en la ciudad de La Plata y entre 1910 y 1914, a los 24 y 28 años, en el Hospital Español. Por aquellos años publicó algunos versos en El Diario Español.


En 1912 se doctoró con su tesis Tratamiento de las Fístulas y Artritis Tuberculosas por la Pasta de Sub-Nitrato de Bismuto, apadrinada por el doctor Ángel Gutiérrez, Jefe del Servicio de Ginecología y Cirugía General de Mujeres del Hospital Español y dedicada a su familia, al Director del Hospital Español José Badía y a Avelino Gutiérrez.
Ese mismo año, se estableció en la ciudad de Chascomús, donde ejerció la medicina. En octubre visitó la ciudad el poeta Belisario Roldán, quien lo recomendó al médico Fernando Álvarez, hermano de José Sixto Álvarez (alias Fray Mocho), el director de la revista Caras y Caretas, pero las poesías que envió no fueron publicadas. Dos años después se mudó a Catriló, provincia de La Pampa.
Luego de unos meses regresó a Buenos Aires. Allí siguió escribiendo y realizando su labor como médico en el barrio de Floresta.

En 1915, con la ayuda de su amigo Nicanor Newton, editó su primer libro, Las iniciales del misal, dedicado a Rubén Darío. Un año después, publicó Intermedio provinciano y Ciudad. En 1917 tuvo una breve estadía en Huanguelén, provincia de Buenos Aires.
En enero de 1919 se casó con Dalmira del Carmen López de Osornio, Negrita, oriunda de Chascomús y el 26 de noviembre nació su primer hijo, César, que inspiraría su libro El hijo.
En 1920 regresó a Buenos Aires y trabajó en el Servicio de Dermatología del Hospital Español, dirigido por el doctor Pedro Baliña, pero en 1924, a los 38 años y tras 20 años en la profesión, abandonó la práctica de la medicina para dedicarse a la poesía. En 1926 nació su hija Dalmira, que moriría al año.
En noviembre de 1928, teniendo 42 años, integró la primera Comisión Directiva de la Sociedad Argentina de Escritores. Continuó escribiendo y trabajando como profesor de literatura en el Colegio Nacional Mariano Moreno y de historia en la Escuela Nacional de Comercio Nº4.
En 1936, (50 años) publicó su libro Romance a mis chapas de médico.
Su tercer hijo, Ariel, falleció a los 10 años por difteria en 1937. Este trágico hecho lo sume en un cuadro de depresión que se refleja en su libro Penumbra, publicado ese mismo año.
En 1938 (52 años), obtuvo el Premio Nacional de Poesía por Dos poemas, Romances y Seguidillas.
Tuvo dos hijos más, Manrique y Clara, y el 30 de mayo de 1945 nació su primera nieta, Marcela, primogénita de su hijo César, que inspiraría el Libro de Marcela (1946).

De todas maneras, la depresión no lo había abandonado: entre 1942 y 1946 había concurrido a una clínica psiquiátrica de Floresta, permaneciendo internado algún tiempo, pero su situación empeoró.
En 1949 tuvo un primer accidente cerebrovascular. Finalmente, el 7 de junio de 1950, (a los 64 años) sufrió un segundo ACV que le ocasionó la muerte, en su casa ubicada en la calle Francisco Bilbao 2384, en el barrio de Flores de la ciudad de Buenos Aires. Fue sepultado en el cementerio de la ciudad de Chascomús.

Fernández Moreno siempre tiene presente el recuerdo de España y de Cantabria, la tierra de sus padres. Uno de sus libros más significativos, es Aldea española (1925), donde canta al pueblo donde pasó varios años de su vida. También expresa sus vivencias infantiles en La patria desconocida (1943). Orgulloso de ser argentino y español, solía decir que era: “Indiano en Trasmiera, comarca de Cantabria, y gallego en la Pampa”.

En su honor, fueron nombradas una calle de Buenos Aires (a pocas cuadras de su residencia definitiva), una de las estaciones del ferrocarril Urquiza, la Escuela de Comercio N° 4 (donde fue profesor de literatura), la escuela primaria N° 39 de la localidad bonaerense de Moreno y la escuela primaria N° 32 de la ciudad de Chivilcoy, provincia de Buenos Aires.
Tiene dedicado en Santander un busto ubicado en uno de los bancos de la avenida de Reina Victoria que fue descubierto por el embajador de Argentina, José Campano, con la siguiente dedicatoria: «Poeta argentino, cantor de la Montaña. Ofrenda del Centro Montañés de Buenos Aires al Instituto Cultura Hispánica de Santander». A lo largo del respaldo del banco está grabado el siguiente fragmento poético:
«… un parlar montañés de viejecita bruja
que narra una conseja mientras mueve la aguja
el mismo que ennoblece, hermano, mi cantar».
Fernández Moreno 1915

····· EL ECO DE CANTABRIA ····· : 2019


En 1986 el Ayuntamiento cántabro de Bárcena de Cicero descubrió un busto de madera de ébano de Baldomero Fernández, obra de Samuel Ontarria, en reconocimiento por la labor difusora que en Argentina realizó de este municipio, poniendo su nombre al Centro de Salud de la localidad.
Fernández Moreno dio su propia versión de una poesía ciudadana y porteña; con su primer libro, Las iniciales del misal (1915), obra ya madura, señaló un alejamiento de las características más ostentosas del modernismo hispanoamericano y argentino (Rubén Darío, Leopoldo Lugones) a favor de una lírica llana, realista, sin patetismo ni delectación metafórica, lo que se denominó sencillismo. Éste, logrado por la disciplina que se impuso, le dio un curioso aire clásico en la forma y de modernidad en la inquietud espiritual que transmitía su contenido.


El sencillismo no puede ser entendido como un movimiento literario en el sentido tradicional del término, aun cuando otros escritores, como Alfredo Bufano, Pedro Herreros y Miguel Camino, hayan seguido y profundizado esta tendencia poética.
En líneas generales, el sencillismo es una forma de observar y apreciar la realidad en las cosas cotidianas y sencillas, sustrayéndolas al intento de profundizar en aspectos abstractos y utilizando un lenguaje sin florilegios eruditos.
La crítica literaria ha destacado el hallazgo por parte de Fernández Moreno de un camino auténtico y propio dentro de la poesía argentina, con una inflexión singular y espontánea.
La naturalidad, que es una de las notas más características de sus poemas, se percibe en la falta de esfuerzo con que parecen haber sido escritos sus versos, a la manera de transcripciones del habla cotidiana. Sus versos son cuidados y sencillos. Tenía un especial cuidado de la palabra, una lírica permanentemente emotiva.
No hacía distinción entre una realidad poética y otra que no lo fuera. Siempre consideró que si el hombre se permite ser poeta, todo lo que mira puede transmutarlo en poesía. Consideraba que podía ser poesía tanto una mata de hierba como una vereda en la ciudad o en el campo, un molino, o las vísceras del cuerpo humano.

A pesar de ello, la obra de Fernández Moreno posee una fuerte influencia tanto del realismo como del impresionismo y el expresionismo. Se ha destacado en su estilo la singular alternancia entre las visiones subjetivas y las descripciones objetivas del mundo externo.
Fernández Moreno puede ser visto en este sentido como el poeta que preludia el cambio de dirección que impondrán las vanguardias en la escena rioplatense.
Entre sus obras figuran Intermedio provinciano (1916), Ciudad (1917), Por el amor y por ella (1918), Campo argentino (1919), Versos de Negrita (1920), Nuevos poemas (1921), Canto de amor, de luz y de agua (1922), Mil novecientos veintidós (1922), El hogar en el campo (1923), Aldea española (1925), El hijo (1926), Décimas (1928), Último cofre de Negrita (1929), Sonetos (1929), Cuadernillos de verano (1931), Dos poemas (1935), Seguidillas (1936), Romances (1936), Continuación (1938), Yo médico, yo catedrático (1941), Buenos Aires (1941), San José de Flores (1943) y La mariposa y la viga (1947).
En 1941 preparó una Antología de sus versos que sería ampliada en sucesivas ediciones. Póstumamente apareció la sexta edición, organizada por sus hijos, que incluía composiciones de Penumbra (1951), junto con otras adiciones y retoques en el plan primitivo.
Baldomero Fernández Moreno fue además un excelente prosista, según lo que de él conocemos: La patria desconocida (1943) y La mariposa y la viga (1947), pues no toda su producción está recogida aún; el culto del aforismo caracteriza sus páginas, de un castellano elaborado con pretensiones extralocales concienzudamente maduradas. En 1952, Arturo Berenguer pronunció una conferencia en Madrid con el tema Fernández Moreno, poeta español y argentino.
Su hijo César Fernández Moreno fue también un destacado poeta y ensayista.
Autores seguidores de su obra
Tanto Jorge Luis Borges como Ezequiel Martínez Estrada han examinado la mirada poética de Baldomero para captar la realidad urbana o rural.
Según Borges, Buenos Aires fue «vista para siempre» en algunos de sus versos. Examinó al autor citando este breve poema, que por su paradigmática y mágica sencillez, nos descubre la provincia y la pampa en breves trazos:

Ocre y abierto en huellas, el camino
separa opacamente los sembrados.
Lejos, la margarita de un molino.

Ezequiel Martínez Estrada, autor de Radiografía de la pampa, dedicó páginas al poeta, en las cuales lo señala como «el primer autor que en nuestro medio focaliza en el centro de su obra, sin preocuparse del mundo literario que lo circunda». Fernández Moreno —expresa— es al mismo tiempo el poeta de Buenos Aires y el de nuestros campos y pueblos.
Otro de los que se sintieron inspirados por su obra fue Mario Benedetti, que sin rubor declaró que fue como su maestro, aún sin conocerlo, pero su obra se le presentó reveladora para la poesía que él buscaba.
Leopoldo Lugones también fue admirador de su obra, por los temas que abarcó.


Premios y distinciones:

  • Premio Nacional de Poesía (1938)
  • Gran Premio de Honor de la SADE (1949)
  • Fue académico de número de la Academia Argentina de Letras, donde ocupó el sillón n.º 12: «Ricardo Gutiérrez».

POEMAS

Al caminar parece que crujieran

Al caminar parece que crujieran
las hojas de la noche y sus cristales.
Es tu hombro, tu pecho, tus rodillas
deshaciendo, esponjando, tu impermeable.
Tu impermeable te ciñe totalmente,
si llevas algo más nadie lo sabe…
Es un cilicio hecho de pliegues duros
sobre la rosa de tu cuerpo suave.

Dulce amor de pasillos, dulce amor de rincones
Dulce amor de pasillos, dulce amor de rincones,
cuando ya es una bruma el aliento deshecho.
Sentir sobre mi pecho la amplitud de tu pecho
y como dos deditos pequeños tus pezones.
Y bajar la escalera trémulo de deseo
aprovechando el último peldaño para verte.
Hasta que el frío dé cuenta de mi deseo.
(El frío no podrá y no sé si la muerte…)

Donde tenía la ciudad guardada

“¿Donde tenía la ciudad guardada
esta espada de plata refulgente
desenvainada repentinamente
y a los cielos azules asestada?

Ahora puede lanzarse la mirada
harta de andar rastrera y penitente
piedra arriba hacia el Sol omnipotente
y descender espiritualizada.

Rayo de luna o desgarrón de viento
en símbolo cuajado y monumento
índice, surtidor, llama, palmera.

La estrella arriba y la centella abajo,
que la idea, el ensueño y el trabajo
giren a tus pies, devanadera”

Amantes

Ved en sombras el cuarto, y en el lecho
desnudos, sonrosados, rozagantes,
el nudo vivo de los dos amantes
boca con boca y pecho contra pecho.

Se hace más apretado el nudo estrecho,
bailotean los dedos delirantes,
suspéndese el aliento unos instantes…
y he aquí el nudo sexual deshecho.

Un desorden de sábanas y almohadas,
dos pálidas cabezas despeinadas,
una suelta palabra indiferente,

un poco de hambre, un poco de tristeza,
un infantil deseo de pureza
y un vago olor cualquiera en el ambiente.

Mudable como el tiempo es tu mejilla

Mudable como el tiempo es tu mejilla,
o arde como una tarde del estío
o hiela, o poco menos, si hace frío;
pero ardiente o helada es maravilla.
Deja que acerque mi cansada arcilla
al pétalo de amor que llamo mío,
mientras corre mi brazo como un río
por tu cuello, delgada torrecilla.
Calor o frío, llamarada o nieve,
no me importa un instante su mudanza,
que a ocultos nervios nada más se debe.
Tu corazón es nido de templanza
y grave su latido al par que leve.
Y si no, que lo diga mi esperanza.

Una estrella

Fue preciso que el sol se ocultara sangriento,
que se fueran las nubes, que se calmara el viento.
que se pusiese el cielo tranquilo como un raso
para que aquella gota de luz se abriese paso.
Era apenas un punto en el cielo amatista,
casi menos que un punto, creación de vista.
Tuvo aún que esperar apretada en capullo
a que se hiciese toda la sombra en torno suyo.
Entonces se agrandó, se abrió como una flor,
una férvida plata cuajóse en su interior
y embriagada de luz empezó a parpadear…
No tenía otra cosa que hacer más que brillar.

Anoche había barras de luz en tu persiana

Anoche había barras de luz en tu persiana
y alcé hacia ti los ojos en actitud de ruego,
como diciendo: Abre, señora castellana…
Y me perdí en la calle, triste y oblicuo, luego.
En esa luz naufragan tus ojos lentamente,
verdes como la flor más allá de la mar:
tus manos, dedo a dedo, sueño a sueño tu frente.
Ya es una misma cosa el rezar y el soñar.

Penumbra

Nunca podrás ver nada claramente:
todo es zarzal, espinas y maraña.
En vano gastarás toda tu maña
contra el dorado pájaro latente.

Errado el tiro, vuelves bruscamente
el arma hacia otro lado, mas te engaña
la jugada de sol que el árbol baña.
Te vuelves loco y lloras tristemente.

Todo del tonel sale de la vida
tosco, deforme y dando tropezones.
Dejas pasar los años y su herida,

y cuando quieras darte explicaciones
ni te sirvió la espuela ni la brida:
un pétalo fue más que tus razones.
Versos a un montón de basuras

Canto a este montoncito de basuras
junto a esta vieja tapia de ladrillos,
avergonzado y triste, en la tiña tundente
que ralea la hierba del terreno baldío.
Es un breve montón…
No puede ser muy grande con tan pobres vecinos.
Un trozo de puntilla, unas pajas de escoba,
un bote se sardinas, un mendrugo roído
y una peladura larga de naranja
que se desenrolla como un áureo rizo…
Es un breve montón…
No puede ser muy grande con tan pobres vecinos.
Una lata de restos de una cena opulenta
es más que un mes aquí de desperdicios…
Para tener de todo, hasta tienen miseria,
en mayor cantidad que los pobres, los ricos.

Aromas

Cuando regreso a casa no me lavo las manos
si es que he estado contigo un instante no más,
el aroma retengo que tú dejas en ellas
como una joya vaga o una flor ideal.
Por aquí huelo a rosas y por allá a jazmines,
alientos de tus ropas, auras de tu beldad,
aproximo una silla y me siento a la mesa
y sabe a ti y a trigo el bocado de pan.
Y todo el mundo ignora por qué huelo mis manos
o las miro a menudo con tanta suavidad,
o las alzo a la luna bajo las arboledas
como si fueran dignas de hundirse en tu cristal.
Y así hasta media noche cuando vuelvo rendido
pegado a las fachadas y me voy a acostar,
entonces tengo envidia del agua que las lava
y que, con tu perfume, da un suspiro y se va.

Poco a poco se hace la luz en tu vestido

V
Poco a poco se hace la luz en tu vestido,
la noche de tu traje se disuelve en la aurora.
La primavera próxima te regala su flora,
su ligereza el aire y el agua su latido.
LXX
Profunda, ardiente, plástica, flexible,
casi palpable como miel sonora,
más que sobre tus ojos o tus labios,
sobre tu voz, te reconstruyo toda…
VI
La ciudad, que ya empieza, alondra blanca, a amarte
te dibuja la cara, y más te la ilumina,
con pinceles mimosos, con delicado arte
como nunca lo haría la acuarela más fina.
Y te pinta de azul y de verde y de rosa
según sea el aviso que surge a nuestro paso.
Te desmaterializa, te torna mariposa,
como ninguna aurora, como ningún ocaso.
XII
Sólo con apoyar el codo en una mesa,
acordarme de ti y mirar al vacío
y ver brillar en él tu cabellera espesa
que a veces es un lago y a veces es un río,
me lleno de palabras, me lleno de ternura,
primaveral manzano en mitad del invierno.
Pero hay que soñar poco y escribir con mesura
que se trata de ti, es decir de lo eterno.
LV
Adoro tu manera menudita y brumosa,
hecha de pizcas grises y dorados reflejos,
de oscurecer el sol y de velar la rosa,
de mirar a los pies, y mirar a lo lejos.
Me gusta verte quieta, fundida en el paisaje,
maraña de ladrillo, de sauces y de río,
inmóvil en la hoja lóbrega de tu traje….
fundida en el paisaje pero al costado mío.
LXXXII
El cuello se te llena, amor, de corazones
si rozo tus mejillas. Como un agua palpita.
Traduce dulcemente todas tus sensaciones
con una precisión admirable, infinita.
Detrás está la noche y los ramos copiosos
y mi brazo, y en él, tu cabeza perdida.
Los ojos apacibles se tornan dolorosos
y no sé si te vas o vuelves a la vida.

Soneto de tus vísceras

Harto ya de alabar tu piel dorada,
tus externas y muchas perfecciones,
canto al jardín azul de tus pulmones
y a tu tráquea elegante y anillada.
Canto a tu masa intestinal rosada,
al bazo, al páncreas, a los epiplones,
al doble filtro gris de tus riñones
y a tu matriz profunda y renovada.
Canto al tuétano dulce de tus huesos,
a la linfa que embebe tus tejidos,
al acre olor orgánico que exhalas.
Quiero gastar tus vísceras a besos,
vivir dentro de ti con mis sentidos…
Yo soy un sapo negro con dos alas.

Ausencia

Es menester que vengas,
mi vida, con tu ausencia, se ha deshecho,
y torno a ser el hombre abandonado
que antaño fui, mujer, y tengo miedo.

¡Qué sabia dirección la de tus manos!
¡Qué alta luz la de tus ojos negros!
Trabajar a tu lado, ¡qué alegría!;
descansar a tu lado, ¡qué sosiego!

Desde que tú no estás no sé cómo andan
las horas de comer y las del sueño,
siempre de mal humor y fatigado,
ni abro los libros ya, ni escribo versos.

Algunas estrofillas se me ocurren
e indiferente, al aire las entrego.
Nadie cambia mi pluma si está vieja
ni pone tinta fresca en el tintero,
un polvillo sutil cubre los muebles
y el agua se ha podrido en los floreros.

No tienen para mí ningún encanto
a no ser los marchitos del recuerdo,
los amables rincones de la casa,
y ni salgo al jardín, ni voy al huerto.
Y eso que una violenta Primavera
ha encendido las rosas en los cercos
y ha puesto tantas hojas en los árboles
que encontrarías el jardín pequeño.

Hay lilas de suavísimos matices
y pensamientos de hondo terciopelo,
pero yo paso al lado de las flores
caída la cabeza sobre el pecho,
que hasta las flores me parecen ásperas
acostumbrado a acariciar tu cuerpo.

Me consumo de amor inútilmente
en el antiguo, torneado lecho,
en vano estiro mis delgados brazos,
tan sólo estrujo sombras en mis dedos…

Es menester que vengas;
mi vida, con tu ausencia, se ha deshecho.
Ya sabes que sin ti no valgo nada,
que soy como una viña por el suelo,
¡álzame dulcemente con tus manos
y brillarán al sol racimos nuevos.

Presentación

Esta que viene aquí toda vestida
de un traje blanco y un negro sombrero
tiene la obligación de mi sendero
y las rosas y espinas de mi vida.

Porque una noche el ánima afligida,
mustia de soledad, dijo: Te quiero.
Hace ya mucho tiempo que te espero
con una mano lánguida extendida.

Era una rara orquesta de violines,
era un pasar de extraños bailarines,
era un degüello de camelias rosas

bajo tus finas manos temblorosas.
¡Era que el corazón se me moría
de tanto, amada, como te quería!

El poeta y la calle

Madre, no me digas:
—Hijo, quédate…,
cena con nosotros
y duerme después…
Cuando eras pequeño
daba gusto ver
tu cara redonda,
tu rosada tez…
Yo a Dios le rogaba
una y otra vez:
que nunca se enferme
que viva años cien;
robusto, rosado,
gallardo doncel
le vean mis ojos
allá en la vejez.
Que no tenga ese aire
de los hombres que
se pasan la noche
de café en café…
Dios me ha castigado.
¡Él sabrá por qué!—
Madre, no me digas:
—Hijo, quédate…—
La calle me llama
y a la calle iré…
Yo tengo una pena
de tan mal jaez
que ni tu ni nadie
puede comprender,
y en medio de la calle
¡me siento tan bien!
¿Qué cuál es mi pena?
¡Ni yo sé cuál es!
Pero ella me obliga
a irme, a correr,
hasta de cansancio
rendido caer…
La calle me llama
y obedeceré…
Cuando pongo en ella
los ligeros pies,
me lleno de rimas
sin saber por qué…
La calle, la calle,
¡loco cascabel!
La noche, la noche,
¡qué dulce embriaguez!
El poeta, la calle y la noche,
se quieren los tres…
La calle me llama,
la noche también…
Hasta luego, madre,
¡voy a florecer!

Contemplación del beso

Debe el beso venir desde la hondura
de una cabeza baja y atraída
en la penumbra gris desvanecida
mientras un viento vuele de frescura.
Boca entreabierta, elástica, madura,
que en el atardecer se haga una herida.
Toda ella roja de profunda vida
con un signo mortal: la dentadura.
Verlo avanzar después muy lentamente
como un ascua encendida o roja estrella
y detenerlo, ay, súbitamente.
Contemplarlo en deliquio y miel de abella,
huir la boca por rozar la frente
y a ella volver para morir en ella.
 
Setenta balcones y ninguna flor
Setenta balcones hay en esta casa,
setenta balcones y ninguna flor.
¿A sus habitantes, Señor, qué les pasa?
¿Odian el perfume, odian el color?

La piedra desnuda de tristeza agobia,
¡Dan una tristeza los negros balcones!
¿No hay en esta casa una niña novia?
¿No hay algún poeta bobo de ilusiones?
¿Ninguno desea ver tras los cristales
una diminuta copia de jardín?
¿En la piedra blanca trepar los rosales,
en los hierros negros abrirse un jazmín?

Si no aman las plantas no amarán el ave,
no sabrán de música, de rimas, de amor.
Nunca se oirá un beso, jamás se oirá un clave…
¡Setenta balcones y ninguna flor!

Tráfago

Me he detenido enfrente del Congreso,
y en medio del urbano torbellino,
he soñado en un rústico camino
y me he sentido el corazón opreso.

Una tranquera floja, un monte espeso,
el girar perezoso de un molino,
la charla familiar de algún vecino,
¿no valen algo más que todo eso?

Se ahogaban en la esquina algunas flores;
a formidables tajos de colores,
abríase el asfalto humedecido
como esbozando trágica sonrisa.

¡Quién va a fijarse en mí, si hay tanta prisa!
¡Quién va a escuchar mi voz, si hay tanto ruido!

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121. Poesía más Poesía: Juan Gelman

JUAN GELMAN

Biografía

Juan Gelman nació en Buenos Aires, en el número 300 de la calle Canning —actual Scalabrini Ortiz— en Villa Crespo, el 3 de mayo de 1930. Muere en México, D. F., el 14 de enero de 2014.
Exiliado durante la dictadura militar iniciada en 1976, retornó a la Argentina en 1988 aunque se radicó en México.
Fue el tercer hijo (el único nacido en Argentina) de un matrimonio de inmigrantes judíos ucranianos, José Gelman y Paulina Burichson.
Aprendió a leer a los 3 años y pasó su infancia andando en bicicleta, jugando al fútbol y leyendo. Desde niño fue simpatizante de Atlanta, el club de fútbol del barrio, donde años después le pondrían su nombre a la biblioteca, algo que consideró «el homenaje más grande de su vida».


Comenzó a escribir poemas de amor cuando tenía nueve años y publicó el primero a los once (1941) en la revista Rojo y Negro.
“Empecé a escribir poemas a los nueve años. Claro que fue por una chica. Al principio le mandaba versos de un argentino del siglo XIX, Almafuerte, pero no me hizo caso. Así que decidí probar yo mismo. Tampoco me hizo caso. Ella siguió por su camino y yo me quedé con la poesía.”
Realizó sus estudios secundarios en el Colegio Nacional de Buenos Aires. A los quince años ingresó a la Federación Juvenil Comunista. En 1948, comenzó a estudiar Química en la Universidad de Buenos Aires, pero abandonó poco después para dedicarse de pleno a la poesía, formando parte de la corriente llamada Nueva poesía (1955-1967).
En 1959, influenciado por la Revolución Cubana comenzó a adherir a la vía de la lucha armada en Argentina y a disentir con la postura del Partido Comunista (PC).
Durante la presidencia de Guido, en 1963, fue encarcelado con otros escritores por pertenecer al PC en el marco del plan represivo CONINTES, hecho que provocó movimientos de solidaridad y publicaciones de sus poemas en protesta por su detención.
Con otros jóvenes que también habían abandonado el comunismo, como José Luis Mangieri y Juan Carlos Portantiero, formó el grupo Nueva Expresión y la editorial La Rosa Blindada que difundía libros de izquierda rechazados por el marxismo ortodoxo.

En la montaña mendocina, cuando Gelman fue presentar su long play Madrugada.De pie, de izquierda derecha Rodolfo Braceli, Juan Gelman y Paco Urondo. Abajo el Tata Cedrón (al centro) y sus dos músicos.


Comenzó a trabajar como periodista en la revista Confirmado en 1966; fue jefe de redacción de Panorama (1969), secretario de redacción y director del suplemento cultural del diario La Opinión (1971-1973), secretario de redacción de la revista Crisis (1973-1974) y jefe de redacción del diario Noticias (1974 donde, según el autor, transcurrieron los mejores momentos de su vida en los medios).
En 1971 fue coguionista de la película Por los senderos del Libertado, dirigido por Jorge Cedrón.
En 1967, se integró a la recién formada organización guerrillera Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), de orientación guevarista, que combatió contra la dictadura militar autodenominada Revolución Argentina (1966-1973). El 12 de octubre de 1973, FAR oficializó su fusión con el movimiento armado Montoneros. Fue uno de los principales dirigentes de la dirección de Montoneros entre 1973 y 1979, sirviendo como secretario de prensa de Montoneros para Europa, hasta su alejamiento en 1979. En la jerarquía montonera, llegó a teniente.
En abril de 1975, viajó a Roma con su compañera de ese momento, Lilí Massaferro, enviado por Montoneros para hacer relaciones públicas y denuncias internacionales sobre la violación de derechos humanos en la Argentina, durante el gobierno de Isabel Perón (1974-1976). En esa misión se encontraba cuando se produjo el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, que impuso un régimen de terrorismo de estado que causó la desaparición de 30.000 personas.
Salvo un breve regreso clandestino ese año, permaneció exiliado en Roma, Madrid, Managua, París, Nueva York y México trabajando como traductor de la Unesco. Sus gestiones lograron el primer repudio a la dictadura publicado en 1976 en el diario Le Monde por parte de varios jefes de gobierno y de la oposición europeos, entre ellos François Mitterrand y Olof Palme.
Cuando abandonó sus funciones, expresó en un comunicado que lo hacía para «proseguir la lucha revolucionaria contra la dictadura y por la liberación del pueblo argentino».
Gelman expuso sus argumentos en una carta dirigida a su amigo Rodolfo Puiggrós y en un artículo publicado en Le Monde en febrero de 1979. A raíz de ello, fue acusado por Montoneros de traición y condenado a muerte.
Luego de que asumiera el gobierno democrático de Raúl Alfonsín, el 10 de diciembre de 1983, continuaron abiertas causas judiciales en las que se investigaban homicidios y otros delitos imputados a Montoneros, en las que tenía ordenada su captura, por lo cual no regresó al país.


Esto ocasionó protestas de escritores de todo el mundo, entre ellos Gabriel García Márquez, Augusto Roa Bastos, Juan Carlos Onetti, Alberto Moravia, Mario Vargas Llosa, Eduardo Galeano, Octavio Paz, etc. A comienzos de 1988 la justicia dejó sin efecto la orden de captura y Gelman volvió en junio, luego de trece años de ausencia, pero decidió radicarse en México.
Hacia 1987, publicó Contraderrota. Montoneros y la Revolución Perdida.
El 8 de octubre de 1989 fue indultado por el presidente Carlos Menem, junto a otros 64 exintegrantes de organizaciones guerrilleras y a los militares acusados de violaciones a los Derechos Humanos.
Rechazó la medida y protestó con una nota en Página/12: “Me están canjeando por los secuestradores de mis hijos y de otros miles de muchachos que ahora son mis hijos”.

LAMENTO POR EL ARBOLITO DE PHILIP

philip se sacó la camisa servil
llena de tardes de oficina y sonrisas al jefe
y asesinatos de su niño románticamente hablando
su niño operado cortado transplantado injertado
de bucólicas primaveras y Ginger Street volando alto
                                                                  [verdadera
en la tarde de agosto cruel o gris
se quedó en pecho philip y cuando
se quedó en pecho hizo el recuento feliz de cuando:
le sacó la lengua al maestro (a espaldas del maestro)
le hizo la higa a la patria potestad (a espaldas de la patria
                                                                      [potestad)
formó cuernitos con la mano contra toda invasión maternal
                            [(a espaldas de toda invasión maternal)
se burló del ejército la iglesia (a espaldas del ejército la
                                                                         [iglesia)

en general de cuando
ejerció su rebelde corazón (dentro de lo posible)
fortificó sus entretelas acostumbradas al vacío (siempre que
                                                       [el tiempo lo permitía)
engañó a su mujer (con permiso)
philip era glorioso esas noches de whisky y hasta vino
exóticamente consumido con referencias a la costa del sol
una palabra encantadora lo detenía semanas y semanas a su
                                                                           [alrededor
sol por ejemplo
o sol digamos
o la palabra sol
como si philip buscara lejos de la sociedad industrial
fuentes de luz fuentes de sombra fuentes

qué coraje hablar del sol

como suele ocurrir philip murió
una tarde lenta amarilla buena callada en los tejados
no hablaremos de cómo lo lloró su mujer (a sus espaldas)

o el ejército la iglesia (a sus espaldas)
o el mundo en particular y en general súbitamente de espaldas:
su viuda le plantó un arbolito sobre la tumba en Cincinnati
que creció bendecido por los jugos del cielo
y también se curvó
Y si alguien piensa que lo triste es la vida de philip
fíjese en el arbolito le ruego
fíjese en el arbolito por favor
hay varias formas de ser mejor dicho
muchas formas de ser:
llamarse Hughes
hablar arameo mojarlo con té
estallar contra la tristeza del mundo
pero a ustedes les pido que se fijen
en el curvado arbolito
tiernamente inclinado sobre philip
su pecho en pena en piel como se dice
ni un pajarito nunca
cantó o lloró sobre ese árbol
verde y todo inclinado
inclinado.

El 26 de agosto de 1976 fueron secuestrados sus hijos Nora Eva (19) y Marcelo Ariel (20), junto a su nuera María Claudia Irureta Goyena (19), quien se encontraba embarazada de siete meses. Su hijo, su hija y su nuera desaparecieron junto a su nieta nacida en cautiverio. En 1978 Gelman supo a través de la Iglesia católica que su nuera había dado a luz, sin precisar dónde ni el sexo.
El 7 de enero de 1990 el Equipo Argentino de Antropología Forense identificó los restos de Marcelo, encontrados en un río de San Fernando (Gran Buenos Aires), dentro de un tambor de grasa lleno de cemento, asesinado de un tiro en la nuca.


En 1998, Gelman descubrió que su nuera había sido trasladada a Uruguay a través del Plan Cóndor, que vinculaba a las dictaduras sudamericanas y Estados Unidos, y que había sido mantenida con vida al menos hasta dar a luz a una niña en el Hospital Militar de Montevideo.
A raíz de ello, exigió la colaboración de los Estados argentino y uruguayo en la investigación con el fin de hallar a su nieta. Gelman topó con la oposición, a investigar, del presidente de Uruguay, Julio María Sanguinetti, con quien entabló un debate público, en el que volvió a ser apoyado por destacados intelectuales y artistas como Günter Grass, Joan Manuel Serrat, Darío Fo, José Saramago, Fito Páez.
En 2000, al mes de asumir el nuevo presidente de Uruguay, Jorge Batlle, la nieta, de nombre Macarena fue encontrada y Gelman pudo reunirse con ella. Luego de verificar su identidad, la joven decidió tomar los apellidos de sus verdaderos padres.
En 1999, Gelman exigió en público al jefe del Ejército Argentino, general Martín Balza, la investigación del secuestro y asesinato de su hijo, aportándole el nombre y documentación sobre el supuesto responsable inmediato del crimen, el general Eduardo Rodolfo Cabanillas.
Luchaba aún por encontrar los restos de su hija y de su nuera. Se había fijado 2008 para llevar a juicio oral y público a los militares y civiles acusados de dar muerte a Marcelo Ariel y a otras cuatro personas, además de ser responsables de secuestros y torturas de otros 60 ciudadanos en el centro clandestino de detención Automotores Orletti.

Juan Gelman con su nieta Macarena.


Carta abierta a mi nieto (fragmento). Escrita en 1995 y publicada en Brecha, el 23 de diciembre de 1998. Gelman la incluyo posteriormente en su libro Hechos)
“Me resulta muy extraño hablarte de mis hijos como tus padres que no fueron. No sé si sos varón o mujer. Sé que naciste…
Ahora tenés casi la edad de tus padres cuando los mataron y pronto serás mayor que ellos. Ellos se quedaron en los 20 años para siempre. Soñaban mucho con vos y con un mundo más habitable para vos. Me gustaría hablarte de ellos y que me hables de vos. Para reconocer en vos a mi hijo y para que reconozcas en mí lo que de tu padre tengo: los dos somos huérfanos de él. Para reparar de algún modo ese corte brutal o silencio que en la carne de la familia perpetró la dictadura militar. Para darte tu historia, no para apartarte de lo que no te quieras apartar. Ya sos grande.”

UNA MUJER Y UN HOMBRE

Una mujer y un hombre llevados por la vida,
una mujer y un hombre cara a cara
habitan en la noche, desbordan por sus manos,
se oyen subir libres en la sombra,
sus cabezas descansan en una bella infancia
que ellos crearon juntos, plena de sol, de luz,
una mujer y un hombre atados por sus labios
llenan la noche lenta con toda su memoria,
una mujer y un hombre más bellos en el otro
ocupan su lugar en la tierra.

En 1955, fue uno de los fundadores, junto a otros jóvenes poetas, del grupo literario El Pan Duro. Proponían una poesía vinculada a la acción política, «eminentemente popular», el uso de un lenguaje coloquial vinculado a temas urbanos y que siguiera la cadencia tanguera.
El grupo reconocía la influencia inmediata de César Vallejo y Raúl González Tuñón y con este último del Grupo Boedo que, en la década de 1920 inauguró la literatura social en Argentina.
Sostenían que «la poesía es un artículo de primera necesidad como el pan y el fusil…” El grupo El pan duro estaba integrado por jóvenes poetas como José Luis Mangieri, Héctor Negro, Hugo Ditaranto, Juan Hierba (Nemirosky), Carlos Somigliana, Julio César Silvain, Juana Bignozzi, Navalesi, Harispe, Mezzera, Mase, todos como él militantes de la Juventud Comunista.

Juan Gelman con Gabriel García Márquez


Gelman se destacaba en el grupo por su calidad y también por una posición radical de la poesía como actitud de absoluta libertad, en contradicción con el mundo, para anticipar un nuevo mundo.
Era la suya una poesía peligrosamente atrevida en sus planteamientos más esenciales, una sentida inconformidad, una suerte de grito a todo pulmón, a pesar de las consecuencias que el gritar de ese modo podía acarrearle al autor. No es de extrañar que Gelman fuera a la cárcel por lo menos en dos ocasiones.
La primera edición del grupo fue el primer libro de poemas de Gelman, Violín y otras cuestiones, en 1956, con prólogo de González Tuñón, que fue vendido por sus propios integrantes hasta agotarlo. Para su difusión concurrían «a sindicatos y a bibliotecas populares, a clubes y teatros independientes, a facultades y patios de conventillos, a sociedades de fomento y a todo lugar donde se lo necesita el pan duro pero luminoso de la nueva poesía».
Ya para entonces, su poesía y la del grupo intentaba construirse a partir del lenguaje cotidiano y romper con lo que estaba en boga, liderado por el discurso y los patrones estéticos que había establecido Pablo Neruda.
En 1959 publicó El juego en que andamos y en 1961, Velorio del solo, pero la ruptura habría de concretarse al año siguiente con su cuarto libro, Gotán, que marcaría también su alejamiento del grupo El pan duro, debido a sus disidencias con la línea política del Partido Comunista en la Argentina
Gotán quiere decir “tango” al vesre, una modalidad del lunfardo, el habla popular rioplatense. Su cuarto libro es al mismo tiempo, cierre de su etapa inicial con El pan duro y consolidación de una nueva corriente poética que se conoció como nueva poesía hispanoamericana. La nueva poesía no se proponía sólo cambiar el mundo, como en Neruda, sino también cambiar la palabra misma. Ésta sería desde entonces la característica central de la poesía gelmaniana y de cada uno de los libros que iría publicando.

Juan Gelman y Rodolfo Alonso Foto Javier Naranjo


En Gotán Gelman introduce el humor y el absurdo como componentes cotidianos del hombre y la mujer del pueblo. En simultáneo, otros poetas latinoamericanos seguían el mismo camino como Nicanor Parra en Chile, Ernesto Cardenal en Nicaragua, Roque Dalton en El Salvador, Antonio Cisneros en Perú, Mario Benedetti en Uruguay, Roberto Fernández Retamar en Cuba.
La nueva poesía hispanoamericana buscaba acercar la poesía al habla popular y a las cosas del hombre y la mujer común, pero sin recurrir al estilo panfletario y directo que había caracterizado a la poesía social de los años 1930 y 40, y sobre todo con el compromiso personal. La propuesta poética que sostiene en Gotán es que el poeta mismo debe comprometerse con el cambio del mundo: «ni a irse ni a quedarse, a resistir».
El poeta debe ser uno más del pueblo y compartir con el pueblo sus alegrías y tristezas, y sobre todo su suerte. Es aquí donde su oposición con Neruda se extrema: el poeta para Gelman no es el ser elegido de Neruda, sino otra persona común, uno más.
La elección de la palabra «tango» al revés («gotán») para titular su libro tiene hondas implicancias. En primer lugar, concebir su propia poesía como tango, es decir con una cadencia y un ritmo propios de «la ciudad en que nací». Pero también significó acercarse a la que por entonces era la música popular por excelencia en América Latina (Gelman mismo era un joven «milonguero»), con el fin de compartir códigos y guiños masivos, pero jugando con los mismos con humor e ironía, para evitar caer en lugares comunes.
Toma del tango su característica de reflexión existencial y trágica. Sus poemas tangueros implican el hallazgo de un formato capaz de conducir su proyecto poético: ruptura, compromiso y cotidianeidad popular. Gelman dice que si para Borges «el tango es una manera de caminar» para él «el tango es una manera de conversar».
Si Gotán marcó la ruptura con la poesía nerudiana, Cólera buey marca la consolidación de un nuevo estilo poético.
En 1969, Gelman publicó su sexto libro, Traducciones III. Los poemas de Sidney West. Se trata de un juego delirante, en el que Gelman inventa a un supuesto poeta estadounidense, llamado Sidney West, al que le atribuye los poemas que él dice estar traduciendo. En realidad la idea es una continuación de los poemas Traducciones I y Traducciones II, incluidos en su libro anterior, Cólera buey, en los que los poetas inventados se llaman John Wendell y Yamanocuchi Ando.
En este libro, alcanza una extrema libertad de lenguaje, combinada con el humor, la ficción y el relato de historias pequeñas, de gente simple, de un supuesto pequeño pueblo estadounidense.
Gelman va a volver a utilizarlo en su séptimo libro, Fábulas (1971), pero ahora para hablar de personajes imaginarios o históricos.
En 1973, ya recuperada la democracia y establecido en el gobierno el presidente Héctor Cámpora, perteneciente a la izquierda peronista, publicó su octavo libro Relaciones. En esa obra, comienza a utilizar con insistencia la pregunta, a fin de invitar a la reflexión abierta. Por otra parte sus frases comienzan a ser más y más fragmentarias, compuestas de palabras balbuceadas, atadas al ritmo de su propio fluir. También aquí comenzó a utilizar barras para señalar ritmos y significados, un recurso que mantendría hasta Incompletamente (1997).
Durante siete años (1973-1980), no publicaría ningún libro. En 1980 sacó Hechos y relaciones, que son dos libros, una reedición de Relaciones (1973) y uno nuevo, Hechos (1980). Escribe sobre la lucha contra la dictadura, la derrota, el exilio y las muertes, pero sobre todo a partir de Hechos, su poesía incluye el dolor y el desgarramiento interno, capaz de transmitir una conmoción emocional pocas veces alcanzada en la poesía. Puede decirse que la extrema barbarie de la dictadura argentina tuvo en Gelman al poeta que la desnudó.
En 1982, publicó Citas y Comentarios, dos libros impresos juntos correspondientes a poemas escritos entre 1978 y 1979. Se trata de poemas construidos a partir de frases de otros, muchos de ellos pertenecientes al Siglo de Oro Español del siglo XVI, entre ellos, santos como Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz, tangueros como Homero Manzi y Alfredo Le Pera, un poeta maldito como Baudelaire, un pintor frecuentador de la locura como Van Gogh, etc.
Se trata de una poesía de diálogo, de búsqueda y de reflexión, hermética e impecable. Estos poemas están en estrecha relación con Dibaxu, un libro de poemas en sefardí escritos en esa época, pero publicados en la década siguiente.
Escribí los poemas de Dibaxu en sefardí, de 1983 a 1985. Soy de origen judío, pero no sefardí, y supongo que eso algo tuvo que ver con el asunto. Pienso, sin embargo, que estos poemas, sobre todo, son la culminación o más bien el desemboque de Citas y Comentarios, dos libros que compuse en pleno exilio, en 1978 y 1979, y cuyos textos dialogan con el castellano del siglo XVI. Como si buscar el sustrato, hubiera sido mi obsesión. Como si la soledad extrema del exilio me empujara a buscar raíces en la lengua, las más profundas y exiliadas de la lengua.
Publica en 1980 Bajo la lluvia ajena, Composiciones (1983-84), Hacia el sur (1982), Eso (1983-84)
A comienzos de 1988, la justicia dejó sin efecto la orden de captura; en junio, volvió al país pero decidió radicarse en México.
Anunciaciones (1988), Interrupciones I (1988), Interrupciones II (1988) y Carta a mi madre (1989). Se trata de poemas afectados por la desazón.
En 1989, Gelman publicó uno de sus libros cumbre, Carta a mi madre, motivado en la muerte de ella por cáncer hacia 1982, cuando él se encontraba exiliado en París y trataba de obtener un pasaporte falso para a volver a verla antes de morir. El libro mismo es un largo poema. Eduardo Galeano lo describe como una obra en la que «el hijo rescata desesperadamente a la madre muerta, se impone a sí mismo su esencia, la percibe, la escucha, casi la toca con las palabras que fueron, que son de ambos todavía».
En esta década y en la siguiente, los argentinos descubrirían la poesía desgarradora y desgarrada de Gelman, una de las expresiones más profundas de la tragedia padecida por los latinoamericanos, que había sido silenciada por la censura de la dictadura.

Con sus nietos.


En los años 1990, publicó tres libros de poesía (Salarios del impío, 1993; Dibaxu, 1994; e Incompletamente, 1997) y sus primeros tres libros en prosa (Prosa de prensa, 1997; Ni el flaco perdón de Dios/Hijos de desaparecidos, 1997; y Nueva prosa de prensa, 1999). Dentro de la habitual originalidad y libertad expresiva de cada nueva producción de Gelman, sus trabajos de la década de 1990 llaman la atención por la irrupción destacada de la prosa.
En Salarios del impío (1993) y sobre todo en Incompletamente (1997), un libro de sonetos, desarrolla un lenguaje incapaz de completarse. Por ese camino llega al soneto, como forma poética de lo incompleto, como pieza residual en el proceso fallido de crear una obra mayor.
En esos trabajos hay dos temas preeminentes: el Holocausto y el genocidio de la última dictadura argentina. Entre los artículos se destaca Miradas sobre el robo de bebés en la dictadura argentina, que él califica como «el peor de los crímenes» en el que «el bebé era robado hasta la mirada de su madre».
Su tercer libro de prosa, Ni el flaco perdón de Dios/Hijos de desaparecidos (1997), realizado con su compañera Mara La Madrid, está dedicado a ceder su propia palabra para dársela a los hijos de los desaparecidos y significar su lugar en la sociedad Argentina, a través de sus testimonios directos.
En la primera década del siglo XXI, habiendo entrado en su séptima década de vida, publicó cuatro libros: Valer la pena (2001), País que fue será (2004), Miradas (2006) y Mundar (2007).
En 2004 publicó País que fue será (2004), integrado por 89 poemas: «cuando el dolor se parece a un país/ se parece a mi país». El libro fue premiado en la Feria del Libro de Buenos Aires como el mejor de ese año.
“Han tenido que pasar 28 años desde lo que ocurrió para que yo pudiera escribir este libro… Yo realmente no creo que el dolor desaparezca nunca, pero lo que mejoró, digamos, es la convivencia con ese dolor y la relación con mi país.”

Con su esposa Mara La Madrid.


Miradas (2006) está compuesto por 77 textos en prosa recopilados. En 2007 publicó Mundar, un poderoso verbo de su invención, relacionado con vivir el mundo, o hacer del mundo un mundo.
De atrásalante en su porfía, 2009. Bajo la lluvia ajena, 2009. El emperrado corazón amora, 2011. Hoy, 2013.
Fue el cuarto argentino galardonado con el Premio Miguel de Cervantes, luego de Jorge Luis Borges, Ernesto Sábato y Adolfo Bioy Casares. Se lo considera uno de los grandes poetas contemporáneos de habla hispana, y un «expresionista del dolor».
Hasta su fallecimiento vivió en México y fue columnista del diario argentino Página/12. A su muerte, la Presidencia de la Nación Argentina decretó tres días de duelo nacional.
Antologías poéticas: Publicadas en Buenos Aires, Cuba, Uruguay y México.

Recibiendo el Premio Cervantes de manos del Rey Juan Carlos I.

Premios:

.el italiano Mondello (1980),
.el Boris Vian (1987),
.el Nacional de Poesía argentino (1997),
.el de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo (2000),
.los Premio Konex de Platino 2004: Poesía Quinquenio 1994-1998; Konex 1994: Poesía Quinquenio 1989-1993 y Konex 2014: Poesía Quinquenio 2009-2013 (post mortem),
.el Iberoamericano de Poesía «Pablo Neruda» (2005) y
.el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (2005).
.El 29 de noviembre de 2007 ganó el Premio Cervantes, el más prestigioso de la literatura en español,
.Premio Leteo (2012) y varios otros.


El 25 de abril de 2008 depositó un mensaje en la Caja de las Letras del Instituto Cervantes que no se abrirá hasta el año 2050.

ORACIÓN DE UN DESOCUPADO

Padre,
desde los cielos bájate, he olvidado
las oraciones que me enseñó la abuela,
pobrecita, ella reposa ahora,
no tiene que lavar, limpiar, no tiene
que preocuparse andando el día por la ropa,
no tiene que velar la noche, pena y pena,
rezar, pedirte cosas, rezongarte dulcemente.

Desde los cielos bájate, si estás, bájate entonces,
que me muero de hambre en esta esquina,
que no sé de qué sirve haber nacido,
que me miro las manos rechazadas,
que no hay trabajo, no hay,
bájate un poco, contempla
esto que soy, este zapato roto,
esta angustia, este estómago vacío.
esta ciudad sin pan para mis dientes, la fiebre
cavándome la carne,
este dormir así.
bajo la lluvia, castigado por el frío, perseguido
te digo que no entiendo, Padre, bájate,
tócame el alma, mírame
el corazón,
yo no robé, no asesiné, fui niño
y en cambio me golpean y golpean,
te digo que no entiendo, Padre, bájate,
si estás, que busco
resignación en mí y no tengo y voy
a agarrarme la rabia y a afilarla
para pegar y voy
a gritar a sangre en cuello
porque no puedo más, tengo riñones
y soy un hombre,
bájate, ¿qué han hecho
de tu criatura, Padre?
¿Un animal furioso
que mastica la piedra de la calle?

De Violín y otras cuestiones, 1956

EL JUEGO EN QUE ANDAMOS

Si me dieran a elegir, yo elegiría
esta salud de saber que estamos muy enfermos,
esta dicha de andar tan infelices.

Si me dieran a elegir, yo elegiría
esta inocencia de no ser un inocente,
esta pureza en que ando por impuro.

Si me dieran a elegir, yo elegiría
este amor con que odio,
esta esperanza que come panes desesperados.

Aquí pasa, señores,
que me juego la muerte.

De El juego en que andamos, 1956-58

ARTE POÉTICA

Entre tantos oficios ejerzo éste que no es mío,
como un amo implacable
me obliga a trabajar de día, de noche,
con dolor, con amor,
bajo la lluvia, en la catástrofe,
cuando se abren los brazos de la ternura o del alma,
cuando la enfermedad hunde las manos.
A este oficio me obligan los dolores ajenos,
las lágrimas, los pañuelos saludadores,
las promesas en medio del otoño o del fuego,
los besos del encuentro, los besos del adiós,
todo me obliga a trabajar con las palabras, con la sangre.
Nunca fui el dueño de mis cenizas, mis versos,
rostros oscuros los escriben como tirar contra la muerte.

De Velorio del solo, 1961

MARÍA LA SIRVIENTA

Se llamaba María todo el tiempo de sus 17 años,
era capaz de tener alma y sonreír con parajitos,
pero lo importante fue que en la valija le encontraron
un niño muerto de tres días envuelto en diarios de la casa.

Qué manera era esa de pecar de pecar,
decían las señoras acostumbradas a la discreción
y en señal de horror levantaban las cejas
con un breve vuelo no desprovisto de encanto.

Los señores meditaron rápidamente sobre los peligros
de la prostitución o de la falta de prostitución,
rememoraban sus hazañas con chiruzas diversas
y decían severos: desdeluegoquerida.

En la comisaría fueron decentes con ella,
sólo la manosearon de sargento para arriba,
pero María se ocupaba de llorar,
los pajaritos se le despintaron bajo la lluvia de lágrimas.

Había mucha gente desagradada con María
por su manera de empaquetar los resultados del amor
y opinaban que la cárcel le devolvería la decencia
o por lo menos francamente la haría menos bruta.

Aquella noche las señoras y señores se perfumaban con ardor
por el niño que decía la verdad,
por el niño que era puro,
por el que era tierno,
por el bueno,
en fin,
por todos los niños muertos que cargaban en las valijas del alma
y empezaron a heder súbitamente
mientras la gran ciudad cerraba sus ventanas.

De Gotán, 1962-68

HÉROES

los soles solan y los mares maran
los farmacéuticos especifican
dictan bellas recetas para el pasmo
se desayunan en su gran centímetro

a mí me toca gelmanear
hemos perdido el miedo al gran caballo
nos acontecen hachas sucesivas
y se amanece siempre en los testículos

no poco cosa es que ello suceda
vista la malbaraja del amor estos días
los mazos de catástrofes las deudas
amados sean los que odian
hijos que comen por mis hígados
y su desgracia y gracia es no ser ciegos
la gran madre caballa
el gran padre caballo
a gelmanear a gelmanear les digo
a conocer a los más bellos
los que vencieron con su gran derrota

De Cólera Buey, 1962-68

CORAJES

es enorme la tristeza que un hombre y una mujer pueden
hacerse entre sí
como enormes son esos dos pajaritos parados en la rama
picoteándose
y enorme es el mismo árbol con lluvias bajo el sol
que se le ven en la cara
 
¿lloverá? ¿no lloverá? ¿cantarán
los pajaritos esos mismos? ¿seguirá la enorme
tristeza manando creciendo como un lago o mar
entre un hombre y una mujer?
 
¿volará la tristeza entre árbol y árbol?
¿como pasos solitarios en una habitación?
¿como madréporas por aire?
¿como tablones como puentes pero desolados desamados?
 
una ramita ha caído en el lago y navega
es enorme la tristeza que un hombre y una mujer pueden
hacerse entre sí
como enorme es la navegación de la ramita en el lago
mojada de su propio coraje.

De Relaciones, 1971-73

SÁBANAS

duerme hijo mío duerme entre sábanas de grappa
aún te abrigaré con toda la botella
mientras la muerte ronda esta casa
y no necesita tocar el timbre golpear

la puerta para entrar/la muerte
es una novia fea con la que hay que vivir en estos días
con la que hay que morir en estos días
tu rostro hijo mío es un fulgor en la noche

un fulgor en la noche de los verdugos
es tu rostro hijo mío un fulgor
y por él vivo y muero en estos días
hijo mío en la noche de los verdugos y

creo en la claridad de los gemidos
en la claridad o luz que cae de los llantos
la claridad que cae de la carne golpeada
torturada matada la claridad
que cae de tu rostro o fulgor
para esta noche larga y el lecho donde yago
entre sábanas de fierro
sin dormir/rosa-rosae

De Hechos, 1974-78

COMENTARIO IV
(santa teresa)

y habiendo muchos pajaritos y silbos en la/
parte superior del pensamiento o cabeza/y ruidos
en la cabeza como un mar/o lamentos/
o vientos o movimientos/soles

que chocan entre sí/se apagan/arden/o potencias
como miles de bestias que pisan
el arrabal del alma/es decir padeciendo
los trabajos terribles/aún así

ocurre el alma entera en su quietud/
o deseo/o claridad no tocada
por pena/menosprecio/miseria/
sufrimiento o ruindad/entonces

¿qué es esta paz sin venganza/o memoria
de cielo por venir/o ternura
que baja de tus manos/manantial
donde los pajaritos de la parte superior del pensamiento
van a beber/pían dulces/o callan
como luz que viniese de vos/alita
que vuela suave sobre guerra y fatiga
como vuelo de la misma pasión?

De Comentarios, 1978-79

NOTA I

te nombraré veces y veces.
me acostaré con vos noche y día.
noches y días con vos.
me ensuciaré cogiendo con tu sombra.
te mostraré mi rabioso corazón.
te pisaré loco de furia.
te mataré los pedacitos.
te mataré una con paco.
otro lo mato con rodolfo.
con haroldo te mato un pedacito más.
te mataré con mi hijo en la mano.
y con el hijo de mi hijo/muertito.
voy a venir con diana y te mataré.
voy a venir con jote y te mataré.
te voy a matar/derrota.
nunca me faltará un rostro amado para matarte otra vez.
vivo o muerto/un rostro amado.
hasta que mueras/
dolida como estás/ya lo sé.
te voy a matar/yo
te voy a matar.

De Notas, 1979

NOTA XV

Yo quisiera saber qué misterio había entre nosotros/
compañeros/combatientes/maravillas al sol/
sol ellos mismos/ofertados
a la vida/a la muerte/al misterio del tiempo que vendrá/

¿eh compañeros?/empezamos temprano a criticar
los e/horrores de la conducción nacional/el sectarismo/el
triunfalismo/el
militarismo fatal/sin embargo seguíamos
ofertados a la vida/la muerte/¿qué misterio humilde

nos atacaba el corazón/tejido
con dolores/corajes/dudas/corazón/
abierto al tiempo que vino/a nuestro pueblo que
sufre y ya no debiera sufrir más?/compañeros
que ese misterio hizo vivir/morir/
y vos/cuerpo que aguanto/¿hasta cuándo me vas a aguantar?/
¿vas a aguantar la sangre que me cae en el alma?/sangre
de compañeros misteriosos me moja/

compañeros/incandescencias que
queman el aire alrededor
de estas palabras que piso
para tratar de respirar

De Notas, 1979

III

Yo no me voy a avergonzar de mis tristezas, mis nostalgias. Extraño la callecita donde mataron a mi perro, y yo lloré junto a su muerte, y estoy pegado al empedrado con sangre donde mi perro se murió, existo todavía a partir de eso, existo de eso, soy eso, a nadie pediré permiso para tener nostalgia de eso.
¿Acaso soy otra cosa? Vinieron dictaduras militares, gobiernos civiles y nuevas dictaduras militares, me quitaron los libros, el pan, el hijo, desesperaron a mi madre, me echaron del país, asesinaron a mis hermanitos, a mis compañeros los torturaron, deshicieron, los rompieron. Ninguno me sacó de la calle donde estoy llorando al lado de mi perro. ¿Qué dictadura militar podría hacerlo? ¿Y qué militar hijo de puta me sacará del gran amor de esos crepúsculos de mayo, donde la ave del ser se balancea ante la noche?
No era perfecto mi país antes del golpe militar. Pero era mi estar, las veces que temblé contra los muros del amor, las veces que fui niño, perro, hombre, las veces que quise, me quisieron. Ningún general le va a sacar nada de eso al país, a la tierrita que regué con amor, poco o mucho, tierra que extraño y que me extraña, tierra que nada militar podrá enturbiarme o enturbiar.
Es justo que la extrañe. Porque siempre nos quisimos así: ella pidiendo más de mí, yo de ella, dolidos ambos del dolor que el uno al otro hacía, y fuertes del amor que nos tenemos.
Te amo, patria, y me amás. En ese amor quemamos imperfecciones, vidas.

De Bajo la lluvia ajena, 1980

SOBRE LA POESÍA

habría un par de cosas que decir/
que nadie lee mucho/
que esos nadie son pocos/
que todo el mundo está con el asunto de la crisis mundial/ y
con el asunto de comer cada día/se trata
de un asunto importante/recuerdo
cuando murió de hambre el tío juan/
decía que ni se acordaba de comer y que no había problema/
pero el problema fue después/
no había plata para el cajón/
y cuando finalmente pasó el camión municipal a llevárselo
el tío juan parecía un pajarito/
los de la municipalidad lo miraron con desprecio o desdén/
murmuraban
que siempre los están molestando/
que ellos eran hombres y enterraban hombres/y no
pajaritos como el tío juan/especialmente
porque el tío estuvo cantando pío-pío todo el viaje
hasta el crematorio municipal/
y a ellos les pareció un irrespeto y estaban muy ofendidos/
y cuando le daban un palmetazo para que se callara la boca/
el pío-pío volaba por la cabina del camión y ellos sentían que
les hacía pío-pío en la cabeza/el
tío juan era así/le gustaba cantar/
y no veía por qué la muerte era motivo para no cantar/
entró al horno cantando pío-pío/salieron sus cenizas y piaron un rato/
y los compañeros municipales se miraron los zapatos grises de vergüenza/pero
volviendo a la poesía/
los poetas ahora la pasan bastante mal/
nadie los lee mucho/esos nadie son pocos/
el oficio perdió prestigio/para un poeta es cada día más difícil
conseguir el amor de una muchacha/
ser candidato a presidente/que algún almacenero le fíe/
que un guerrero haga hazañas para que él las cante/
que un rey le pague cada verso con tres monedas de oro/
y nadie sabe si eso ocurre porque se terminaron
las muchachas/los almaceneros/los guerreros/los reyes/
o simplemente los poetas/
o pasaron las dos cosas y es inútil
romperse la cabeza pensando en la cuestión/
lo lindo es saber que uno puede cantar pío-pío
en las más raras circunstancias/
tío juan después de muerto/yo ahora
para que me quierás/

Ha muerto un hombre y están juntando su sangre en cucharitas,
querido juan, has muerto finalmente.
De nada te valieron tus pedazos
mojados en ternura.
Cómo ha sido posible
que te fueras por un agujerito
y nadie haya ponido el dedo
para que te quedaras.
Se habrá comido toda la rabia del mundo
por antes de morir
y después se quedaba triste triste
apoyado en sus huesos.
Ya te abajaron, hermanito,
la tierra está temblando de ti.
Vigilemos a ver dónde brotan sus manos
empujadas por su rabia inmortal.

De Hacia el sur, 1982

LLUVIA

hoy llueve mucho, mucho,
y pareciera que están lavando el mundo
mi vecino de al lado mira la lluvia
y piensa escribir una carta de amor/
una carta a la mujer que vive con él
y le cocina y le lava la ropa y hace el amor con él
y se parece a su sombra/
mi vecino nunca le dice palabras de amor a la mujer/
entra a la casa por la ventana y no por la puerta/
por una puerta se entra a muchos sitios/
al trabajo, al cuartel, a la cárcel,
a todos los edificios del mundo/
pero no al mundo/
ni a una mujer/ni al alma/
es decir/ a ese cajón o nave o lluvia que llamamos así/
como hoy/que llueve mucho/
y me cuesta escribir la palabra amor/
porque el amor es una cosa y la palabra amor es otra cosa/
y sólo el alma sabe dónde las dos se encuentran/
y cuándo/y cómo/
pero el alma qué puede explicar/
por eso mi vecino tiene tormentas en la boca/
palabras que naufragan/
palabras que no saben que hay sol porque nacen y mueren
la misma noche en que amó/
y dejan cartas en el pensamiento que él nunca escribirá/
como el silencio que hay entre dos rosas/
o como yo/que escribo palabras para volver
a mi vecino que mira la lluvia/
a la lluvia/
a mi corazón desterrado/

De Eso, 1983-84

EL QUE TIRA BALDAZOS PARA LAVAR LAS DISTRACCIONES

el que tira baldazos para lavar las distracciones/
el que se peina la mudez/
el sentado en las vacas de la fascinación/
el despegado de los públicos/
el cantor del adiós secuestrado/
el que dijera buenas noches en pleno colibrí/
ése/
tiene memorias picoteadas en la mitad del humedal/
sube a los escarpines del hundido como luna completa/
¿Dónde está la balanza en la que pesan lo que no amaste vos?
¡en la región furiosa la pusieron!/
¡ahí cortan cabezas en el altar de las explicaciones!
¡cierran los puertos por donde entraba tu dulzura!/
¡alma más fina que la seda!/
¡como misterios de la acusación!/
¡tolerabas estatuas sonrientes!/
¡servís puñados de temprano a un lado de las aguas!/
¡ya volverá la vida con la mitad del penador!/
¡la dichosa del plato orgulloso!/
¡la que borda otras veces en su vestido de horizontes!/
¡mismita como vos!/

De Anunciaciones, 1988

IGNORANCIAS

tiempos oscuros/luminosos/el sol
cubre de sol la ciudad partida
por súbitas sirenas/la policía busca/cae la noche y nosotros
haremos el amor bajo este techo/el octavo
 
en un mes/conocen casi todo de nosotros/menos
este techo de yeso bajo el cual
haremos el amor/y tampoco conocen
los viejos muebles de pino bajo el techo anterior/ni

la ventana que la noche golpeaba mientras brillabas como
el sol/ni
las camas o el suelo donde
hicimos el amor este mes/rodeados de rostros como el sol que
cubre de sol la ciudad

LA PUERTA

abrí la puerta/amor mío/
levantá/abrí la puerta/
tengo el alma pegada al paladar/
temblando de terror/

el jabalí del monte me pisoteó/
el asno salvaje me persiguió/
en esta medianoche del exilio
soy yo mismo una bestia/

Te recomendamos ver el programa de televisión.

PRÓXIMO NÚMERO

112. Poesía más Poesía: Homero Manzi

HOMERO MANZI

Poeta del tango

Biografía

Homero Nicolás Manzione nació en Añatuya, Santiago del Estero (Argentina) el 1 de noviembre de 1907. Fue el sexto de ocho hijos de Luis Manzione un discreto hacendado rural que se había afincado en la provincia del noroeste argentino para cultivar algodón y maíz y Ángela Prestera, entrerriana de Concepción del Uruguay.

Cuando tenía 7 años se trasladó con su madre a Buenos Aires y pasó a estar al cuidado de su hermano Luis. Estudió primaria en el Colegio Luppi del barrio de Pompeya y entre éste y el barrio de Boedo, un suburbio de la ciudad que crecía rápidamente por la inmigración, va a transcurrir su vida juvenil y nacerá su familiaridad con la cultura del arrabal porteño, lugares y personajes que plasmará en su obra, amasando su mitología y aristocracia arrabalera muy patentes en algunos de sus tangos como “Sur” y “Barrio de tango”.

En Buenos Aires estableció amistad con Cátulo Castillo, que será otro destacado letrista de tango. Por influencia de Cátulo y sobre todo de su padre José González Castillo, un escritor, director y dramaturgo anarquista, se dedicó a la literatura.

Manzi diría “Tengo dos caminos: ser hombre de letras o hacer letras para los hombres” refiriéndose a su preferencia por el tango y la canción como forma de transmisión de la poesía. Y aunque trabajó la metáfora, incluso la surrealista, optó por formas de expresión más populares. Detalla Aníbal Ford en la biografía Homero Manzi: “El lenguaje mismo que utiliza es insólito en el tango. No sólo elude el lunfardo. Maneja un vocabulario culto, literario: lazarillo, añejos, rocín, parroquiano, portal, bardos”, influido por sus lecturas de Evaristo Carriego y del Jorge Luís Borges ultraísta.

De adolescente se introdujo en el teatro, escribió, dirigió y actuó en producciones locales.

Su primera letra de canciones la escribe en 1922, un vals al que llamó “¿Por qué no me besas?”, grabada por Ignacio Corsini en 1926. Por esa época escribió el tango “Viejo ciego” (1926) que presentó al concurso de la revista “El alma que canta”.

Se licenció como profesor de castellano y Literatura y comenzó a dar clases. El golpe de 1930 lo encontró como profesor de literatura de colegios nacionales y defendiendo la causa yrigoyenista. Por este mismo motivo fue expulsado de la facultad de Derecho a la que ingresó con 19 años y se le impidió ejercer como docente en sus cátedras en los colegios Sarmiento y Moreno.

Visitó a Hipólito Yrigoyen, al que admiró a lo largo de toda su vida y de ese encuentro diría: “Ese día mi asombrada adolescencia realizó la síntesis de su pensamiento nacional, pero no nacionalista; y universal, pero no universalista”. 

De izquierda a derecha Cátulo Castillo, Homero Manzi, Sebastián Piana y Pedro Maffia

Yrigoyen fue el primer presidente argentino en ser elegido democráticamente mediante sufragio secreto y obligatorio masculino en 1916, abriendo el periodo de lo que se conoce como “primeras presidencias radicales”, que se irán derrocando sucesivamente hasta 1983 por una serie de golpes de estado para impedir consolidar la democracia en Argentina.

Manzi fue uno de los fundadores de FORJA, Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina, una agrupación política argentina que actuaba dentro de la esfera de influencia de la Unión Cívica Radical y que fue creada dos años después de la muerte de Yrigoyen con el fin de mantener su postura política realizando una dura crítica a los gobiernos que asumieron el poder a partir del golpe de estado del 6 de septiembre de 1930 que se conoció como “la década infame”. FORJA realizaba investigaciones político sociales que se publicaban mediante “cuadernos”, conferencias, debates y actos callejeros. Manzi participó de actos y escribió algunos documentos de la agrupación. Desde la tribuna de FORJA se planta como un pensador nacional y lanza fuertes denuncias contra el proceso de dominación: “Hay que hacer llegar al pueblo todos los dolores concretos para que no continúe nuestra oligarquía usufructuando con la mentira de una prosperidad que sólo se ve en los balances del puerto”.

Homero Manzi en Añatuya en la estancia de su padre acompañado por Charlo

Tras una breve estancia en la cárcel, Manzi vuelve al barrio y desata su pasión por el tango. Su primer tango se llamó “Memorias a Taborda”. Era un habitual de cafés y milongas donde entabló relación con Enrique Santos Discépolo, Leónidas Barletta, Nicolás Olivari, Roberto Arlt, Anibal Troilo, Lucio Demare, Cátulo Castillo y Sebastián Piana entre muchos otros, con quienes compartió conversaciones o para los que escribió letras. Pronto se convertiría en uno de los poetas, letristas más reconocidos de Argentina como compositor de tangos, valses, candombes y milongas.

Mientras crece su intransigencia política, diversifica sus actividades para poder sobrevivir. Genera una catarata descomunal de proyectos. Ejerce el periodismo, se aboca a la crítica de espectáculos, aborda letras sobre temática rural, construye una relación intensa y fructífera con el cine, particularmente desde las adaptaciones y guiones (Nobleza gaucha, Pampa bárbara, La guerra gaucha), y, como un modo de oposición a las grandes productoras que monopolizan el circuito de cine, crea junto a varios actores Artistas Argentinos Asociados (AAA). Imparable, Manzi trabaja con rapidez, “una mañana, entre llamada y llamada de teléfono, llamó a la sirvienta y le dictó un argumento cinematográfico”, contaría su esposa. 

Homero Manzi y Ulises Petit de Murat

Homero Manzi fue un protagonista clave de la cultura popular de los años 30, 40. Se le puede pensar como una figura integral que peleó por una redefinición de la cultura popular en tiempos de arduas luchas políticas. Durante los años 40 sus letras alcanzan la plenitud y su mayor profundidad poética. Capitanea a un grupo de apellidos de la edad de oro del tango: Discépolo, Expósito, Castillo, Cadícamo y Contursi entre otros. En ese contexto Manzi conoce a Aníbal Troilo y juntos componen el vals Romance de barrio y los tangos, Sur, Barrio de tango, Che, bandoneón y Discepolín que les catapulta como símbolo perfecto del binomio creativo.

Sus letras apelan a la nostalgia por el barrio que se moderniza, a suaves caricias de los personajes perdidos. En los años 40 se mimetizó con la tendencia romántica a la que legó piezas de extraordinario valor. Enrique Santos Discépolo lo definió como “el poeta de las cosas que se fueron”. Se dice que de su romance secreto con Nelly Omar quedan huellas en muchos tangos “Me escribió muchos: Fuimos, Solamente ella, Después, Torrente y otros”, le confesará la cantante y actriz a Horacio Salas en su libro Homero Manzi y su tiempo. Se cree que ella fue la figura inspiradora de Malena.

Siendo uno de los mayores poetas del tango, incluido en la antología de la poesía argentina de Raúl Gustavo Aguirre, gozó de gran popularidad sin renunciar a sus convicciones de poeta. No publicó ningún libro de poesía, pero tampoco se cobijó solo en el tango pues las producciones de su trabajo son extensas e intensas en cuanto dejarán una profunda huella en el pueblo.

En ocasiones, firmó con el seudónimo Arauco que en quichua significa “rebelde” para enfatizar su identidad santiagueña. Con el binomio que compone con Sebastián Piana enriquecen la tradición rural -apegada a la figura del payador- hasta tal punto que la convierten en urbana con tangos excepcionales como “El pescante”, el vals “Esquinas porteñas” y una saga de milongas en cuyo remozamiento y jerarquización fue muy importante su participación, siendo pioneros en la milonga candombe. Algunas de sus creaciones son “Milonga Sentimental”, “Bettinoti”, “Milonga de Puente Alsina”, “Carnavalera”, “Milonga del Novecientos, “Milonga triste” y otras. Carlos Gardel elige y graba Milonga sentimental y Milonga del Novecientos.

Homero Manzi (segundo desde la izquierda), Luis César Amadori, Jacinto Benavente y Lucas Demare, entre otros.

Sus tangos han quedado inmortalizados como creaciones universales, “El último organito”, “Ninguna”, “Mañana zarpa un barco”, y ya hemos mencionado “Malena”, “Barrio de tango”, “Discepolín”, “Sur” y “Ché bandoneón”.

Se rodeó de músicos de gran calidad como compañeros de creación: Francisco Pracánico, Pedro Maffia, Lucio Demare, Osvaldo Pugliese, Héctor María Artola, Charlo, Antonio De Bassi, Anibal Troilo y su hijo Acho. Sus amigos lo llamaban “barbeta”.

También fue periodista, libretista, director de cine y guionista y escribió sketches para radio. Destaca su adaptación de la novela de Leopoldo Lugones La guerra gaucha.
Dirigió dos películas “Pobre mi madre querida” en 1948 y “El último payador” de 1950. Escribió multitud de guiones. Y compuso la música de varias películas en las décadas del 30 y 40.

Homero Manzi en Mexico en 1946, con Cantinflas, Discepolo y Benard

En 1945 FORJA se disuelve para ingresar al peronismo y aunque Manzi en un primer momento retorna al radicalismo, en 1947 se acerca al peronismo lo que motivó su expulsión del radicalismo. Manzi pronunció un discurso por Radio Belgrano en el que dijo “Perón, es el reconductor de la obra inconclusa de Yrigoyen”.

Era un gran aficionado de las carreras de caballos, y una anécdota tragicómica cuenta que Manzi atrasa su última operación porque tiene el dato de una carrera en San Isidro.

Francisco Canaro, Evita y Homero Manzi

Murió en Buenos Aires el 3 de mayo de 1951 a los 43 años de cáncer de hígado. Troilo lloró su muerte con “Responso” un conmovedor tango instrumental. Ambos habían rendido a su vez homenaje a otro poeta del tango Enrique Santos Discépolo después de su muerte con el tango “Discepolín”. Su velatorio aglutinó un vasto elenco de personajes del cine, del tango, de la política, del teatro y del periodismo.
Dicen Horacio Ferrer y Alejandro Saenz Germain que cuando ya su cáncer lo había sentenciado a muerte –y él lo supo- Homero Manzi hizo con esa muerte lo que siempre había hecho con su vida; no lloró, no gritó, no dijo palabras tremendas. Fue a su casa, se miró en el espejo y murmuró: “Pensar que te vas a morir, gordo”. Después acomodó una hoja de papel sobre la mesa. Y con la misma precisión romántica de poeta verdadero con que había pergeñado su primer valsecito, se arrancó este último poema en abril de 1951:

Puedo cerrar los ojos
Lejos de las pequeñas sonrisas que conozco.
Escuchando estos ruidos recién llegados.
Viendo estas caras nuevas.
Como si de pronto los mil lentes de la locura
Me trasladaran a un planeta ignorado.
Estoy lleno de voces y de colores
Que juraron acompañarme hasta la muerte.
Como amantes resignadas
Al breve paso de mi eternidad.
Sé que hay recuerdos que querrán abandonarme
Sólo cuando mi cuerpo hinche un hormiguero sobre la tierra.
Sé que hay lágrimas largamente preparadas para mi ausencia.
Sé que mi nombre sonará en oídos queridos
Con la perfección de una imagen.
Y también sé que a veces dejará de ser un nombre
Y será sólo un par de palabras sin sentido.
Estoy lleno de voces y de colores. Unas veces
Recogidos en el sonambulismo de la marcha.
Otras, inventadas tras mi propia soledad.
Con ello se integra un cortejo final de despedida.
Se cambiarán en lágrimas y palabras piadosas.
Pero hoy, en medio de lo que todavía no he podido amar,
Evoco a los marinos encerrados en las paredes altas de la tormenta;
A los soldados caídos sobre hierbas lejanas;
A los peregrinos que duermen bajo la sombra de árboles innominados;
A los niños que yacen contemplando el yeso de los hospitales
Y a los desesperados, que entregan el último gesto
Frente al paisaje final e instantáneo de la demencia.

Páginas web consultadas:

https://www.ecured.cu/Homero_Manzi#Biograf.C3.ADawww.todotango.comhttp://leiaa-lacasadelospoetas.blogspot.com/2010/05/homero-manzi.htmlhttps://www.clarin.com/espectaculos/recuerdo-vuelvo-ver_0_r1wQBGyJ0Ke.html

POEMAS

Sur


Tango 1948
Música: Aníbal Troilo
Letra: Homero Manzi
 
San Juan y Boedo antigua, y todo el cielo,
Pompeya y más allá la inundación.
Tu melena de novia en el recuerdo
y tu nombre florando en el adiós.
La esquina del herrero, barro y pampa,
tu casa, tu vereda y el zanjón,
y un perfume de yuyos y de alfalfa
que me llena de nuevo el corazón.

Sur,
paredón y después…
Sur,
una luz de almacén…
Ya nunca me verás como me vieras,
recostado en la vidriera
y esperándote.
Ya nunca alumbraré con las estrellas
nuestra marcha sin querellas
por las noches de Pompeya…
Las calles y las lunas suburbanas,
y mi amor y tu ventana
todo ha muerto, ya lo sé…

San Juan y Boedo antiguo, cielo perdido,
Pompeya y al llegar al terraplén,
tus veinte años temblando de cariño
bajo el beso que entonces te robé.
Nostalgias de las cosas que han pasado,
arena que la vida se llevó
pesadumbre de barrios que han cambiado
y amargura del sueño que murió.

Barrio de tango

Tango 1942
Música: Aníbal Troilo
Letra: Homero Manzi
 
Un pedazo de barrio, allá en Pompeya,
durmiéndose al costado del terraplén.
Un farol balanceando en la barrera
y el misterio de adiós que siembra el tren.
Un ladrido de perros a la luna.
El amor escondido en un portón.
Y los sapos redoblando en la laguna
y a lo lejos la voz del bandoneón.

Barrio de tango, luna y misterio,
calles lejanas, ¡cómo estarán!
Viejos amigos que hoy ni recuerdo,
¡qué se habrán hecho, dónde estarán!
Barrio de tango, qué fue de aquella,
Juana, la rubia, que tanto amé.
¡Sabrá que sufro, pensando en ella,
desde la tarde que la dejé!
Barrio de tango, luna y misterio,
¡desde el recuerdo te vuelvo a ver!

Un coro de silbidos allá en la esquina.
El codillo llenando el almacén.
Y el dramón de la pálida vecina
que ya nunca salió a mirar el tren.
Así evoco tus noches, barrio ‘e tango,
con las chatas entrando al corralón
y la luna chapaleando sobre el fango
y a lo lejos la voz del bandoneón.

Buenos Aires colina chata

Tango
Música: Sebastián Piana
Letra: Homero Manzi

Sobre una colina chata
Garay trazó cuatro vientos;
por un costado La Pampa,
al otro lado un Riachuelo
y el río contra la espalda
y contra el pecho el desierto
con su horizonte de paja
y su techumbre de cielo.
Garay trazó diez manzanas
sobre un cuadrado perfecto
y el sitio de las campanas
y el lugar de su gobierno
y las casas capitanas
y los tejados modestos
y el ámbito de la plaza
para los grandes recuerdos.
Garay trazó con su espada
la forma de un pueblo nuevo.

¿Cómo era la pampa aquella
sin gauchos y sin cencerros,
sin chinas, ranchos, ni güeyas,
sin boliches ni puesteros?
¿Cómo era entonces La Pampa
sin estancias ni potreros,
sin una sola guitarra,
sin el ladrido de un perro?…
¿Sin un mazo de baraja,
sin el grito de un resero,
sin un fogón y una casa,
sin un mate y sin un cuento?…

Sólo era una pampa pampa,
con un desierto desierto
y su horizonte de paja
y su techumbre de cielo.
Qué raro que se quedaran
los españoles aquellos,
atados a las distancias
clavados a los silencios.
Tal vez porque ya eran otros
distintos de los primeros.
Tal vez porque ya eran criollos
a fuerza de sufrimientos.
Porque llegaron del norte
inaugurando senderos
madurados por los soles
y las lluvias de febrero.

Arrabal

Milonga
Música: Félix Lipesker
Letra: Homero Manzi

Arrabales porteños
de casitas rosadas
donde acuna los sueños
el rasguear de las guitarras.

Donde asoma la higuera
sobre las tapias,
adornando los muros
con sus fantasmas.

Sombra,
telón azul del suburbio
donde se juega el disturbio
cuando un amor se envenena
y al dolor de la traición,
se hace rencor,
rencor y pena.

Sombra,
donde los labios se juran
mientras la noche murmura
con su voz de bandoneón.

Arrabales porteños,
en tus patios abiertos
las estrellas se asoman
y te bañan de silencio.

Y la luna amarilla
siembra misterios
caminando en puntillas
sobre tus techos.

Monedas de poeta

Tango
Música: Joaquín Mora
Letra: Homero Manzi
 
Quise ahorcarme en la trenza de tu cigarro rubio
cuando desde tus labios cargados de secretos
recordé la cortada por donde iba mi infancia
destrozando la suela de mis zapatos nuevos.
Yo no soy el ideal de tu sabiduría,
mitad galán de cine y mitad pugilista;
soy un poeta moderno que ambula por las calles
evocando sus sueños disconformistas.

Sin embargo te quiero, porque sé que en tu vida
hace falta un muchacho que te cante pavadas,
y que ponga perfume de poeta en la nafta
de tu coche lujoso, de tu coche sin alma;
Un muchacho humilde, sentimental y bueno
que justifique el brillo vano de tus monedas,
comprándote con ellas montones de paisajes,
montones de paisajes y un anillo de piedra.

Que te lleve por todas las calles apartadas,
que te cante tragedias de novios y de celos,
y que al pasar contigo debajo de los árboles
aproveche la sombra para robarte un beso.
Un muchacho que un día, de tonto o de loco,
cuando menos lo pienses salga de tu existencia,
dejándote en un sobre, encima de la mesa,
unas cuantas mentiras… monedas de poeta.

Viejo ciego

Tango 1926
Música: Sebastián Piana / Cátulo Castillo
Letra: Homero Manzi
 
Con un lazarillo llegás por las noches
trayendo las quejas del viejo violín,
y en medio del humo
parece un fantoche
tu rara silueta
de flaco rocín.
Puntual parroquiano tan viejo y tan ciego,
al ir destrenzando tu eterna canción,
ponés en las almas
recuerdos añejos
y un poco de pena mezclás al alcohol.

El día en que se apaguen tus tangos quejumbrosos
tendrá crespones de humo la luz del callejón,
y habrá en los naipes sucios un sello misterioso
y habrá en las almas simples un poco de emoción.

El día en que no se oiga la voz de tu instrumento
cuando dejés los huesos debajo de un portal
los bardos jubilados, sin falso sentimiento
con una “canzonetta” te harán el funeral.

Parecés un verso
del loco Carriego
parecés el alma
del mismo violín.
Puntual parroquiano tan viejo y tan ciego,
tan llena de pena, tan lleno de esplín.

Cuando oigo tus notas
me invade el recuerdo
de aquella muchacha
de tiempos atrás.

A ver, viejo ciego,
tocá un tango lerdo
muy lerdo y muy triste
que quiero llorar.

Romance de barrio

Vals 1947
Música: Aníbal Troilo
Letra: Homero Manzi

Primero la cita lejana de abril,
tu oscuro balcón, tu antiguo jardín.
Más tarde las cartas de pulso febril
mintiendo que no, jurando que sí.

Romance de barrio tu amor y mi amor.
Primero un querer, después un dolor,
por culpas que nunca tuvimos,
por culpas que debimos sufrir los dos.

Hoy vivirás
despreciándome, tal vez sin soñar
que lamento al no poderte tener
el dolor de no saber olvidar.
Hoy estarás
como nunca lejos mío,
lejos de tanto llorar.
Fue porque sí,
que el despecho te cegó como a mí,
sin mirar que en el rencor del adiós
castigabas con crueldad tu corazón.
Fue porque sí
que de pronto no supimos pensar,
que es más fácil renegar y partir
que vivir sin olvidar.

Ceniza del tiempo la cita de abril,
tu oscuro balcón, tu antiguo jardín
las cartas trazadas con mano febril
mintiendo que no, jurando que sí.
Retornan vencidas tu voz y mi voz
trayendo al volver con tonos de horror,
las culpas que nunca tuvimos
las culpas que debimos pagar los dos.

Che bandoneón

Tango 1949
Música: Aníbal Troilo
Letra: Homero Manzi
 
El duende de tu son, che bandoneón,
se apiada del dolor de los demás,
y al estrujar tu fueye dormilón
se arrima al corazón que sufre más.
Estercita y Mimí como Ninón,
dejando sus destinos de percal
vistieron al final mortajas de rayón,
al eco funeral de tu canción.

Bandoneón,
hoy es noche de fandango
y puedo confesarte la verdad,
copa a copa, pena a pena, tango a tango,
embalado en la locura
del alcohol y la amargura.
Bandoneón,
para qué nombrarla tanto,
no ves que está de olvido el corazón
y ella vuelve noche a noche como un canto
en las gotas de tu llanto,
¡che bandoneón!

Tu canto es el amor que no se dio
y el cielo que soñamos una vez,
y el fraternal amigo que se hundió
cinchando en la tormenta de un querer.
Y esas ganas tremendas de llorar
que a veces nos inundan sin razón,
y el trago de licor que obliga a recordar
si el alma está en “orsai”, che bandoneón.

Discepolín

Tango
Música: Aníbal Troilo
Letra: Homero Manzi
 
Sobre el mármol helado, migas de medialuna
y una mujer absurda que come en un rincón …
Tu musa está sangrando y ella se desayuna …
el alba no perdona ni tiene corazón.
Al fin, ¿quién es culpable de la vida grotesca
y del alma manchada con sangre de carmín?
Mejor es que salgamos antes de que amanezca,
antes de que lloremos, ¡viejo Discepolín!…

Conozco de tu largo aburrimiento
y comprendo lo que cuesta ser feliz,
y al son de cada tango te presiento
con tu talento enorme y tu nariz;
con tu lágrima amarga y escondida,
con tu careta pálida de clown,
y con esa sonrisa entristecida
que florece en verso y en canción.

La gente se te arrima con su montón de penas
y tú las acaricias casi con un temblor…
Te duele como propia la cicatriz ajena:
aquél no tuvo suerte y ésta no tuvo amor.
La pista se ha poblado al ruido de la orquesta
se abrazan bajo el foco muñecos de aserrín…
¿No ves que están bailando?
¿No ves que están de fiesta?
Vamos, que todo duele, viejo Discepolín…

Fuimos

Tango 1945
Música: José Dames
Letra: Homero Manzi
 
Fui como una lluvia de cenizas y fatigas
en las horas resignadas de tu vida…
Gota de vinagre derramada,
fatalmente derramada, sobre todas tus heridas.
Fuiste por mi culpa golondrina entre la nieve
rosa marchitada por la nube que no llueve.
Fuimos la esperanza que no llega, que no alcanza
que no puede vislumbrar su tarde mansa.
Fuimos el viajero que no implora, que no reza,
que no llora, que se echó a morir.

¡Vete…!
¿No comprendes que te estás matando?
¿No comprendes que te estoy llamando?
¡Vete…!
No me beses que te estoy llorando
¡Y quisiera no llorarte más!
¿No ves?,
es mejor que mi dolor
quede tirado con tu amor 
librado de mi amor final
¡Vete!,
¿No comprendes que te estoy salvando?
¿No comprendes que te estoy amando?
¡No me sigas, ni me llames, ni me beses
ni me llores, ni me quieras más!

Fuimos abrazados a la angustia de un presagio
por la noche de un camino sin salidas,
pálidos despojos de un naufragio
sacudidos por las olas del amor y de la vida.
Fuimos empujados en un viento desolado…
sombras de una sombra que tornaba del pasado.
Fuimos la esperanza que no llega, que no alcanza,
que no puede vislumbrar su tarde mansa.
Fuimos el viajero que no implora, que no reza,
que no llora, que se echó a morir.

Solamente ella

Tango 1944
Música: Lucio Demare
Letra: Homero Manzi
 
Ella vino una tarde y era triste
fantasma de silencio y de canción,
llegaba desde un mundo que no existe.
Vacío de esperanza el corazón.
Era nube, sin rumbo ni destino,
tenía la ternura del adiós.
Mi paso la siguió por cien caminos
y un día mi fatiga la alcanzó.

Ella,
piel de sombra, voz ausente.
Ella, en mis brazos se durmió.
Juntos, sin saberlo torpemente,
aprendimos duramente
las verdades del amor.
Ella, floreció bajo la luna.
Ella, renació para mi afán.
Juntos, sin angustias, sin reproche,
sin pasado, noche a noche,
aprendimos a soñar.

Sus palabras que estaban ateridas.
Entonces se encendieron de emoción.
Con fuego de mi amor volvió a la vida,
la que era sólo el eco de un adiós.
Ella vino a mi mano en el invierno,
vacío de esperanza el corazón.
Hoy vive entre mis sueños y es eterno
su sueño de mujer y de canción.

Después

Tango 1944
Música: Hugo Gutiérrez
Letra: Homero Manzi
 
Después …
La luna en sangre y tu emoción,
y el anticipo del final
en un oscuro nubarrón.
Luego …
irremediablemente,
tus ojos tan ausentes 
llorando sin dolor.
Y después…
La noche enorme en el cristal,
y tu fatiga de vivir
y mi deseo de luchar.
Luego …
tu piel como de nieve,
y en una ausencia leve
tu pálido final.

Todo retorna del recuerdo:
tu pena y tu silencio,
tu angustia y tu misterio.
Todo se abisma en el pasado:
tu nombre repetido …
tu duda y tu cansancio.
Sombra más fuerte que la muerte,
grito perdido en el olvido,
paso que vuelve del fracaso
canción hecha pedazos
que aún es canción.

Después …
vendrá el olvido o no vendrá
y mentiré para reír
y mentiré para llorar.
Torpe
fantasma del pasado
bailando en el tinglado
tal vez para olvidar.
Y después,
en el silencio de tu voz,
se hará un dolor de soledad
y gritaré para vivir…
como si huyera del recuerdo
en arrepentimiento
para poder morir.

Torrente

Tango 1944
Música: Hugo Gutiérrez
Letra: Homero Manzi
 
Solloza mi ansiedad…
También mi soledad
quisiera llorar cobardemente.
Angustia de jugar y de repente,
sin querer,
perder el corazón en el torrente.
Se queja nuestro ayer…
Se queja con un tono de abandono
que recuerda con dolor
la noche del adiós…
la noche que encendimos de reproches
y el amor pasó.

Adiós…
la triste y la más gris canción de amor.
Ayer…
el último y fatal ayer final.
Fue mi desprecio, mi desprecio necio.
Fue tu amargura, tu amargura oscura.
Nuestro egoísmo nos lanzó al abismo
y nos vimos de repente en el torrente
más atroz.
Torrente de rencor
brutal y cruel
que ya no ofrece salvación.

Se queja el corazón…
Se queja con razón
al ver lo que quedó de aquel pasado.
Perfume de rosal
rumor callado de cristal
y todo es un nidal abandonado.
Solloza el corazón…
solloza como un niño sin cariño,
sin abrigo ni ilusión.
Y vuelve del adiós
la tarde en que los dos fuimos cobardes
y el amor pasó.

Abandono (Laura)

Tango
Música: Pedro Maffia
Letra: Homero Manzi

Llega el viento del recuerdo aquel
al rincón de mi abandono
y entre el polvo muerto del ayer
también volvió tu querer.
Yo no sé si vivirás feliz
o si el mundo te ha vencido
viviendo sin querer vivir
buscás la paz de morir.

Duda de tu ausencia y de mi culpa
pena de tener que recordar
sueño del pasado que me acusa
manos que no quieren perdonar,
dolor amigo de estar con tu sombra
remordimiento de saberte buena
dolor lejano de oír que te nombran
las voces muertas que se obstinan en volver.

Ya no sueño que retornarás
al fracaso de mi vida
ni tampoco que en tu palpitar
tendré un afán para andar.
Sólo quiero que si estás también
en la cruz del abandono
sepas olvidarme en su perdón…
Total, mirá lo que soy.

Pena de tu ausencia sin retorno
pena de saber que no vendrás,
pena de escuchar en mi abandono
voces que me acusan al llegar.
Dolor amigo de estar con tu sombra
remordimiento de saberte buena
dolor lejano de oír que te nombran
las voces muertas del ayer feliz.

Ninguna

Tango 1942
Música: Raúl Fernández Siro
Letra: Homero Manzi
 
Esta puerta se abrió para tu paso.
Este piano tembló con tu canción.
Esta mesa, este espejo y estos cuadros
guardan ecos del eco de tu voz.
Es tan triste vivir entre recuerdos…
Cansa tanto escuchar ese rumor
de la lluvia sutil que llora el tiempo
sobre aquello que quiso el corazón.

No habrá ninguna igual, no habrá ninguna,
ninguna con tu piel ni con tu voz.
Tu piel, magnolia que mojó la luna.
Tu voz, murmullo que entibió el amor.
No habrá ninguna igual, todas murieron
en el momento que dijiste adiós.

Cuando quiero alejarme del pasado,
es inútil… me dice el corazón.
Ese piano, esa mesa y esos cuadros
guardan ecos del eco de tu voz.
En un álbum azul están los versos
que tu ausencia cubrió de soledad.
Es la triste ceniza del recuerdo
nada más que ceniza, nada más…

Malena

Tango 1941
Música: Lucio Demare
Letra: Homero Manzi
 
Malena canta el tango como ninguna
y en cada verso pone su corazón.
A yuyo del suburbio su voz perfuma,
Malena tiene pena de bandoneón.
Tal vez allá en la infancia su voz de alondra
tomó ese tono oscuro de callejón,
o acaso aquel romance que sólo nombra
cuando se pone triste con el alcohol.
Malena canta el tango con voz de sombra,
Malena tiene pena de bandoneón.

Tu canción
tiene el frío del último encuentro.
Tu canción
se hace amarga en la sal del recuerdo.
Yo no sé
si tu voz es la flor de una pena,
só1o sé que al rumor de tus tangos, Malena,
te siento más buena,
más buena que yo.

Tus ojos son oscuros como el olvido,
tus labios apretados como el rencor,
tus manos dos palomas que sienten frío,
tus venas tienen sangre de bandoneón.
Tus tangos son criaturas abandonadas
que cruzan sobre el barro del callejón,
cuando todas las puertas están cerradas
y ladran los fantasmas de la canción.
Malena canta el tango con voz quebrada,
Malena tiene pena de bandoneón.

El pescante

Tango 1934
Música: Sebastián Piana
Letra: Homero Manzi
 
Yunta oscura trotando en la noche.
Latigazo de alarde burlón.
Compadreando de gris sobre el coche
por las piedras de Constitución.

En la zurda amarrada la rienda,
amansó al colorao redomón.
Y, como él, se amansaron cien prendas
bajo el freno de su pretensión.

¡Vamos!…
cargao con sombra y recuerdo.
¡Vamos!…
atravesando el pasado.
¡Vamos!…
al son de tu tranco lerdo
¡Vamos!…
camino al tiempo olvidado.
Vamos por viejas rutinas,
tal vez de una esquina
nos llame René.
Vamos que en sus aventuras
viví una locura
de amor y Suisse.

Tungo flaco tranqueando en la tarde
sin aliento al chirlazo cansao.
Fracasado en su último alarde
bajo el sol de la calle Callao.

Despintado el alón del sombrero
ya ni silba la vieja canción,
pues no quedan ni amor ni viajeros
para el coche de su corazón.

Esquinas porteñas

Vals 1933
Música: Sebastián Piana
Letra: Homero Manzi
 
Esquina de barrio porteño
te pintan los muros la luna y el sol.
Te lloran las lluvias de invierno
en las acuarelas de mi evocación.
Treinta lunas conocen mi herida
y cien callecitas nos vieron pasar.
Se cruzaron tu vida y mi vida,
tomaste la senda que no vuelve más.

Calles, donde la vida mansa
perdió las esperanzas,
la pasión y la fe.
Calles, si sé que ya está muerta,
golpeando en cada puerta
por qué la buscaré.
Callecitas, sombreadas de poesía,
nos vieron ir un día
felices los dos.
Compañera del sol y las estrellas,
se fue la tarde aquella
camino de Dios.

Los vientos murmuran mi pena.
Las sombras me dicen que ya se marchó.
Y escrito en las noches serenas
encuentro su nombre como una obsesión.
Esquinita de barrio porteño,
con muros pintados de luna y de sol,
que al llorar con tus lluvias de invierno
manchás el paisaje de mi evocación.

Oro y plata

Milonga 1943
Música: Charlo
Letra: Homero Manzi
 
Un broche de aguamarina y una esterlina te regaló.
Tu negro, que era muy pobre, no tuvo un cobre para el amor.
Un pardo de ropa fina para tu ruina te convenció.
Yo digo que una mulata, por oro y plata se enamoró.

¡Ay!
Late que late, y el cuero del parche bate
con manos de chocolate, el negro que la perdió;
rueda que rueda, lo mismo que una moneda,
con ropas de tul y seda, la negra que le mintió.
Todos los cueros están doblando,
Pero sus ojos están llorando,
que un pardo de cuello duro
fumando un puro se la llevó.

¡Ay!
Siga que siga,
no sufras ni la maldigas
que el cielo también castiga
la culpa de la ambición.
La manos en la tambora
mientras tu pena, llora que llora.
Yo digo que es un tesoro
de plata y oro tu corazón.

Tu corazón.
Tu corazón.

Un broche y una esterlina
fueron la ruina de una pasión.
Un pardo con diez monedas
forró de seda tu corazón.
La plata siempre es la plata
que hiere y mata sin compasión,
yo digo que una mulata
por oro y plata se enamoró… ay…

Pena mulata

Milonga 1940
Música: Sebastián Piana
Letra: Homero Manzi
 
Pena mulata
que se desata
bajo la bata
de broderí.

Dolor de milonga
que apenas prolonga
con queja tristonga
la noche de abril.

Como un espejo
Bruñido y viejo
brilla el pellejo
del bailarín.

Clavel escarlata
que el ansia delata
temblando en la bata
su mancha carmín.

Tu madre murió de amores
en el Barrio del Tambor.
Le abrió caminos de ausencia
el puñal de un cuarteador.

Tu padre murió a la sombra
por vengar esa traición.
Mulata, nació tu estrella
en un cielo de crespón.

Luz de locura
brilla en la oscura
mirada dura
del bailarín.

Alcohol de añoranza
que al son de la danza
calienta venganzas
debajo la crin.

Pobre morena,
brotó en tus venas
una serena
flor carmesí.

Rencor en acecho,
pincel del despecho
pintando en tu pecho
la mancha carmín.

Tu madre murió de amores,
alma blanca y piel carbón.
Mulata, fueron sus labios
el rencor de un cuarteador.
Tu padre murió a la sombra
por vengar esa traición.
Mulata, nació tu estrella
en un cielo de crespón.

Pena mulata
que se desata
bajo la bata
de broderí.

Dolor de milonga 
que apenas prolonga
con queja tristonga
la noche de abril.

Milonga sentimental

Milonga 1931
Música: Sebastián Piana
Letra: Homero Manzi
 
Milonga pa’ recordarte,
milonga sentimental.
Otros se quejan llorando,
yo canto por no llorar.
Tu amor se secó de golpe,
nunca dijiste por qué.
Yo me consuelo pensando
que fue traición de mujer.

Varón, pa’ quererte mucho,
varón, pa’ desearte el bien,
varón, pa’ olvidar agravios
porque ya te perdoné.
Tal vez no lo sepas nunca,
tal vez no lo puedas creer,
¡tal vez te provoque risa
verme tirao a tus pies!

Es fácil pegar un tajo
pa’ cobrar una traición,
o jugar en una daga
la suerte de una pasión.
Pero no es fácil cortarse
los tientos de un metejón,
cuando están bien amarrados
al palo del corazón.

Milonga que hizo tu ausencia.
Milonga de evocación.
Milonga para que nunca
la canten en tu balcón.
Pa’ que vuelvas con la noche
y te vayas con el sol.
Pa’ decirte que sí a veces
o pa’ gritarte que no.

Betinoti

Milonga 1939
Música: Sebastián Piana
Letra: Homero Manzi
 
En el fondo de la noche
la barriada se entristece
cuando en la sombra se mece
el rumor de una canción.
Paisaje de barrio turbio
chapaleado por las chatas
que al son de cien serenatas
perfumó su corazón.

Mariposa de alas negras
volando en el callejón,
al rumorear la bordona
junto a la paz del malvón.
Y al evocar en la noche
voces que el tiempo llevó,
van surgiendo del olvido
las mentas del payador.

Estrofa de Betinotti
rezongando en las esquinas.
Tristezas de chamuchina
que jamás te olvidarán.
Angustias de novia ausente
y de madre abandonada
que se quedaron grabadas
en tu vals sentimental.

Y la noche de los barrios
prolongó un canto de amor
animando tu recuerdo 
¡Betinotti, el Payador!

Milonga de Puente Alsina

Milonga
Música: Sebastián Piana
Letra: Homero Manzi
 
Puente Alsina, puente viejo,
viendo que estás liquidado
quiero atar a mi encordado
tu pasao y mi cantar,
recordando tus hazañas
cuando golpeaba en tu trocha
el tacón de la morocha
al volver de trabajar.

Ya no serás
el que guapeó en el “ochenta”,
ni jamás como en las mentas
la pedana de la cuenta
que la ocasión canceló.
Ya no serás
el que en las brumas del río
vio chispear el brillo frío
de las dagas que en el río
concitaba la traición.

Se va el barrio que ha crecido
junto a tus viejos horcones,
con la fe de los varones
que labró tu tradición.
Se va el soplo del misterio
que en tus tablones se acuna
bajo la luz de la luna
farolito de cartón.

Ya no serás
aquel rincón perdulario
que amarrao a los prontuarios
del Riachuelo legendario
su tradición consagró.
Sólo serás
así pintao y luciente
más bacán y resistente,
pero serás cualquier puente
sin pasao, ni emoción.

Milonga del novecientos

Milonga 1933
Música: Sebastián Piana
Letra: Homero Manzi
 
Me gusta lo desparejo 
y no voy por la “vedera”.
Uso funghi a lo “Massera”,
calzo bota militar.
La quise porque la quise
y por eso ando penando,
se me fue ya ni sé cuándo,
ni se cuándo volverá.

Me la nombran las guitarras
cuando dicen su canción.
Las callecitas del barrio
y el filo de mi facón.
Me la nombran las estrellas
y el viento del arrabal.
No sé pa’ qué me la nombran
si no la puedo olvidar.
Soy desconfiao en amores,
y soy confiao en el juego.
Donde me invitan me quedo
y donde sobro también.
Soy del partido de todos
y con todos me la entiendo,
pero váyanlo sabiendo
¡soy hombre de Leandro Alem!

No me gusta el empedrao
ni me doy con lo moderno.
Descanso cuando ando enfermo
y después que me he sanao.
La quiero porque la quiero
y por eso la perdono.
No hay nada peor que un encono
para vivir amargao.

Milonga triste

Milonga 1936
Música: Sebastián Piana
Letra: Homero Manzi
 
Llegabas por el sendero
delantal y trenzas sueltas.
Brillaban tus ojos negros
claridad de luna llena.
Mis labios te hicieron daño
al besar tu boca fresca.
Castigo me dio tu mano
pero más golpeó tu ausencia. ¡Ay!…

Volví por caminos blancos,
volví sin poder llegar.
Grité con mi grito largo,
canté sin saber cantar.

Cerraste los ojos negros.
Se volvió tu cara blanca.
Y llevamos tu silencio
al sonar de las campanas.
La luna cayó en el agua.
El dolor golpeó mi pecho.
Con cuerdas de cien guitarras
me trencé remordimientos. ¡Ay!…

Volví por caminos viejos,
volví sin poder llegar.
Grité con tu nombre muerto
recé sin saber rezar.

Tristeza de haber querido
tu rubor en un sendero.
Tristeza de los caminos
que después ya no te vieron.
Silencio del camposanto.
Soledad de las estrellas.
Recuerdos que duelen tanto.
Delantal y trenzas negras. ¡Ay!…

Volví por caminos muertos
volví sin poder llegar.
Grité con tu nombre bueno,
lloré sin saber llorar.

El último organito

Tango 1949
Música: Acho Manzi
Letra: Homero Manzi
 
Las ruedas embarradas del último organito
vendrán desde la tarde buscando el arrabal,
con un caballo flaco y un rengo y un monito
y un coro de muchachas vestidas de percal.

Con pasos apagados elegirá la esquina
donde se mezclan luces de luna y almacén
para que bailen valses detrás de la hornacina
la pálida marquesa y el pálido marqués.

El último organito irá de puerta en puerta
hasta encontrar la casa de la vecina muerta,
de la vecina aquella que se cansó de amar;
y allí molerá tangos para que llore el ciego,
el ciego inconsolable del verso de Carriego,
que fuma, fuma y fuma sentado en el umbral.

Tendrá una caja blanca el último organito
y el asma del otoño sacudirá su son,
y adornarán sus tablas cabezas de angelitos
y el eco de su piano será como un adiós.

Saludarán su ausencia las novias encerradas
abriendo las persianas detrás de su canción,
y el último organito se perderá en la nada
y el alma del suburbio se quedará sin voz.

Mañana zarpa un barco

Tango 1942
Música: Lucio Demare
Letra: Homero Manzi
 
Riberas que no cambian tocamos al anclar.
Cien puertos nos regalan la música del mar.
Muchachas de ojos tristes nos vienen a esperar
y el gusto de las copas parece siempre igual.
Tan sólo aquí en tu puerto se alegra el corazón,
Riachuelo donde sangra la voz del bandoneón.
Bailemos hasta el eco del último compás,
mañana zarpa un barco, tal vez no vuelva más.

Qué bien se baila
sobre la tierra firme.
Mañana al alba
tenemos que zarpar.
La noche es larga,
no quiero que estés triste.
Muchacha, vamos…
no sé por qué llorás.
Diré tu nombre
cuando me encuentre lejos.
Tendré un recuerdo
para contarle al mar.
La noche es larga,
no quiero que estés triste.
Muchacha, vamos…
no sé por qué llorás.

Dos meses en un barco viajó mi corazón.
Dos meses añorando la voz del bandoneón.
El tango es puerto amigo donde ancla la ilusión.
Al ritmo de su danza se hamaca la emoción.
De noche, con la luna, soñando sobre el mar,
el ritmo de las olas me miente su compás.
Bailemos este tango, no quiero recordar.
Mañana zarpa un barco, tal vez no vuelva más.

Fruta amarga

Tango 1944
Música: Hugo Gutiérrez
Letra: Homero Manzi
 
¡Corazón!
En aquella noche larga
maduró la fruta amarga
de esta enorme soledad.
¡Corazón!
¿En las nubes de qué cielo
la tristeza de tu vuelo
sin consuelo vagará?
Bien lo sé…
¡Aquel frío alucinante
de un instante, me cegó!
Fue en un viento de locura,
sin ternura, sin perdón.
Fue en el grito enronquecido
de un amor enloquecido
de dolor.

Eras la luz de sol
y la canción feliz
y la llovizna gris
en mi ventana.
Eras remanso fiel
y duende soñador
y jazminero en flor
y eras mañana.
Suave murmullo…
Viento de loma…
Cálido arrullo
de la paloma.
Ya no serás jamás
aroma de rosal,
frescor de manantial
en mi destino.
Sólo serás la voz
que me haga recordar
que en un instante atroz
te hice llorar.

¡Ya no estás!
Y el recuerdo es un espejo
que refleja desde lejos
tu tristeza y mi maldad.
¡Ya no estas!
Y tu ausencia que se alarga
tiene gusto a fruta amarga,
a castigo y soledad.
¡Corazón!
Una nube puso un velo
sobre el cielo de los dos.
¡Y una nube solamente
de repente me perdió!
¡Una nube sin sentido,
sin clemencia, sin olvido,
sin perdón!

Versos de un payador a la señora Eva Perón

Milonga 1949
Música: Hugo Del Carril
Letra: Homero Manzi
 
Con aire de payador entro a su casa, señora,
con la guitarra canora templada por el fervor.
Cada clavija, una flor, y cada cuerda cantora,
una pulsación sonora que resalta con amor
para vibrar en su honor, mi dignísima señora.

No se acostumbra actualmente este estilo de canción,
se fue con la tradición del payador elocuente.
Pero siento, de repente, que en esta noble ocasión
debo hacer una excepción para cantar gentilmente
mis décimas oferentes que dedico a Eva Perón.

Mas debo, con su licencia, o más bien con su perdón,
reanudar la improvisación y borrar mi inexperiencia.
Cegado por la impaciencia cometí la incorrección
de hacer la salutación olvidando, en mi imprudencia,
de festejar en su ausencia al General Juan Perón.

Él es el verbo mayor y usted la mayor templanza.
Él es la punta de lanza y usted la punta de amor.
Él es un grito de honor que hasta el deber nos alcanza,
y usted la mano que amansa cuando castiga el dolor.
Él es el gran sembrador y usted la gran esperanza.

Él es el gran constructor de la patria liberada
y usted, la descamisada que se juega con valor.
Los dos uncidos de amor son vanguardia en la cruzada,
las masas, emocionadas al brillo de este fervor,
han jurado con honor morir en esta patriada.

En estilo payador canté en su casa, señora,
con la guitarra sonora templada para su honor.
Perdóneme si al favor de su mano acogedora,
mi pobre musa cantora no supo cantar mejor
al restallar con amor en esta casa, señora.

Versos de un payador al General Juan Perón

Milonga 1949
Música: Hugo Del Carril
Letra: Homero Manzi
 
Va a perdonar su excelencia que un payador del camino
le alce su verso genuino ante tanta concurrencia.
Quisiera, en esta emergencia, tener el don de Gabino
para elogiar con más tino la histórica presidencia
que realizó su excelencia en este suelo argentino.

Perdóneme, presidente, pero tengo la certeza
de que alabar su grandeza es traducir muchas mentes.
Usted luchó por la gente desbrozando la maleza
y el criollo que siempre pesa con justicia y noblemente
sabe que usted fue un valiente al lado de su pobreza.

Usted liquidó el instante de la miseria social
y el oprobio general del vendepatria triunfante;
vergüenza del tiempo de antes, cuando el fraude electoral
era el destino fatal que le aguardaba al votante
en aquel tiempo distante de ignominia nacional.

Siguiendo la ejecutoria de esta noble evolución,
el pueblo de la nación vive su trance de gloria.
Él siempre tendrá memoria de la gran revolución,
y a fuerza de corazón mantendrá la trayectoria
que ha señalado en la historia el General Juan Perón.

Usted trabaja y nos cuida desde que nace la aurora,
robando tiempo a las horas, le quita vida a su vida.
Usted es la lumbre querida de esta etapa bienhechora,
y su ciencia salvadora, mientras se cumple, no olvida
a la clase desvalida, que es valiente y cinchadora.

Por eso, mi General, con esta improvisación
quise arrimar mi montón a su labor nacional.
Nadie ha comprendido igual las penas de la nación,
nadie con más corazón nos libró de tanto mal
nadie como Juan Perón, Presidente y General…

Te recomendamos ver el programa de televisión.

PRÓXIMO NÚMERO

107. POESÍA MÁS POESÍA: Aldo Pellegrini

ALDO PELLEGRINI

BIOGRAFÍA

Aldo Pellegrini nació en Rosario, Provincia de Santa Fe, República Argentina, en diciembre del año 1903 [el 20 de diciembre], en el seno de una familia de humildes inmigrantes italianos. Fue uno de los tres hijos de Benedicta Carena y José Pellegrini, que era líder anarquista. Sus primeros estudios los cursó en la ciudad en que nació, y alrededor de 1921-22 se trasladó a Buenos Aires para cursar la Facultad de Medicina.
Arribó a la capital en la época en que comenzaron a llegar los libros, revistas y publicaciones representativas de los movimientos de vanguardia que, en aquel momento, revolucionaban Europa en el campo de las artes y las letras.


Esta era una época muy particular: los estudiantes argentinos pedían la Reforma Universitaria; el fox-trot, el one-step, conjuntamente con Greta Garbo deleitaban a las masas. En materia de tango, en el nº 20 de la revista Martín Fierro, el escritor Sergio Piñero escribía que la música estaba cambiando: ”a la energía cadenciosa de Argañaraz, [los tangos] El clavo, El choclo, sucedió la clownesca sensualidad de El irresistible, Una noche de garufa, El apache argentino”. Esto, para caer fatalmente en ”la roséola del tema conventillero, la ‘percanta’ que perdió la doncellez, el ‘bacán’ triste y cornudo: Ivette, Mi noche triste, Milonguita, Mano a mano y mil más que no recuerdo” (PIÑERO en ROMANO, 1984, p.189-190).
Había en la ciudad de Buenos Aires, un clima cada vez más favorable a las innovaciones, a los cambios de costumbres, a las modas. Los automóviles aumentaban, las mujeres participaban de actividades que antes les estaban vedadas, los porteños se aficionaban a la radiotelefonía, al cinematógrafo, a los magazines ilustrados, mientras que era electo para el cargo de la Presidencia de la República, en el año 1922, el señor Marcelo T. de Alvear, quien hasta entonces estaba radicado y viviendo en París…
Existía ocupación plena y los precios eran adecuados al nivel de vida proletario y de las clases medias, mientras que la alta clase agrícola-ganadera aumentaba su riqueza y bienestar. En la literatura, el medio argentino también quería renovarse, deseaba dejar para atrás ciertas formas y costumbres verbales, los escritores en general reaccionaban frente al ”rubenismo de princesas y cisnes”, que de a poco se fue retirando. Esta reacción no era específicamente contra Darío y sí contra la reiteración de los clisés modernistas y la beatería del público burgués que veneraba una literatura de conformidad.
En efecto, en los primeros años del siglo XX, la obra de Rubén Darío, perteneciente al llamado Modernismo, se presentaba, ante los jóvenes de América del Sur y de España, como un coloso difícil de enfrentar. La pregunta del período era: ¿cómo ser distinto a Rubén Darío, cómo salvarse de su influjo, cómo superarlo, cómo hacer algo diferente y de valía?
Los poetas de la época cultivaban el anti-modernismo, es decir, el anti-rubendarismo, mientras el escritor chileno Vicente Huidobro erigía el creacionismo, leyendo su acta de fundación en el Ateneo Hispano de Buenos Aires.

De izquierda a derecha:  Oliveiro Girondo, Aldo Pellegrini, Norah Lange. A la derecha en primer plano, Francisco Madariaga

La doctrina de Huidobro proclamaba la total autonomía del poema e influenció a muchos poetas argentinos de la época. Se debe subrayar también la actividad del escritor Jorge Luis Borges que presentó el movimiento ultraísta español como programa en su país – pero que años más tarde trataría de hacer olvidar, conjuntamente con sus poemas de exaltación a la Revolución Rusa.
El joven estudiante Aldo Pellegrini también buscó una nueva poesía, que estuviese en sintonía con los ritmos y características de los tiempos modernos, con los experimentos que se estaban realizando en Europa y en la propia América Latina, y con las ansias de su generación.
Pudimos constatar que a partir de 1923 o 1924, tuvo acceso a la revista francesa Littérature, por medio de la cual se enteró de la existencia de André Breton y de sus compañeros
Se sabe, también, que conoció las obras de Alfred Jarry (a quien ”admiraba”) y las de Guillaume Apollinaire (por quien se ”interesaba especialmente”). Que compartió sus conocimientos, informaciones y gusto poético con algunos de sus compañeros de estudio de la Facultad de Medicina, y que, del punto de vista literario, él y sus amigos, de la literatura argentina, ”sólo estimaba[n] a Oliverio Girondo y a Macedonio Fernández”, muy probablemente porque se sentían atraídos por lo absurdo y el humor, presentes en la obra de estos dos escritores, que, si se quiere, anticipaban, de alguna manera, el surrealismo.
Es decir, Aldo Pellegrini y sus amigos se dirigían hacia una poética más avanzada, y si no era algo inevitable, era muy posible y probable que se encontrasen con el surrealismo. ¿Cómo sucedió este encuentro?
En una carta a la crítica literaria Graciela de Sola, Pellegrini manifestó que, con motivo de la muerte del escritor francés Anatole France, ocurrida en 12 de octubre de 1924, el diario Crítica de Buenos Aires ”publicó un número completo de homenaje al escritor, que por entonces parecía tener una importancia similar a la de [Víctor] Hugo”. Anatole France era el más genuino representante de la literatura oficial, y los surrealistas franceses la atacaban en su persona. El texto ”Un cadáver” era especialmente virulento: los surrealistas, entre los cuales se destacaban Soupault, Eluard y Breton, acusaban a France de ser ”miedoso”, ”conciliador”, ”necio”; sus libros, de ser ”precarios”, ”vacíos”, y su arte, de ser la representación del ”puro genio francés”.
Los términos usados en el panfleto le deben haber parecido muy adecuados a Pellegrini, a quien, según declaró posteriormente, ”la falta de pasión y el escepticismo barato de France” le parecían ”la caricatura del verdadero disconformismo”.
Pellegrini envió la lista de los firmantes del panfleto a la editora Gallimard (que por aquel entonces le proveía de libros franceses), pidiendo que le mandasen lo que tenían publicado. De esta manera, le llegó el Manifiesto del surrealismo de Breton y el primer número de la revista La Révolution Surréaliste, ambos publicados en París, a fines de 1924 (respectivamente, en octubre y diciembre).
Al recibir los textos del grupo surrealista de París – probablemente antes del segundo semestre de 1925 – Aldo Pellegrini se ”deslumbró” y comenzó a divulgar estas ideas entre algunos de sus compañeros de estudios: David Sussmann, Marino Cassano, Elías Piterbarg, Ismael Piterbarg y Adolfo Solari. Fue así que, después de algunos meses de trabajo de catequesis (como el mismo Pellegrini expresó), fue fundado el primer grupo surrealista de América Latina, que ”comenzó a preparar una revista”
[…] les hablé con entusiasmo a mis compañeros David Sussmann y Marino Cassano, y después a Elías Piterbarg, quien trajo a su hermano Ismael y a Adolfo Solari. Todos formamos una especie de fraternidad surrealista, la que realizaba experiencias de escritura automática. La actividad de este grupo, totalmente desvinculado de las corrientes literarias de entonces […] culminó con la publicación de los dos números de la revista Qué.


Las dos ediciones de Qué – una revista realmente insólita en la sociedad de la época – fueron el resultado de la labor de investigación y difusión de las ideas del surrealismo que Aldo Pellegrini había comenzado años atrás – en 1925 y 1926 – con sus compañeros de la Facultad. Había publicado un curioso y celebrado libro sobre la medicina titulado “Los mecanismos de la curación”. Deseaba formar un grupo surrealista.
En esta revista, Pellegrini y los suyos se manifiestan contrarios al arte oficial, al lenguaje, a la civilización, protestan contra las costumbres y ponen énfasis en los postulados surrealistas: libertad, amor y poesía. Extremando su furia, en el Nº 4 de Letra y Línea de julio de 1954, Pellegrini escribió esta nota, de discutible humor: En el Nº 17 de “Buenos Aires Literaria”, Borges y Bioy Casares, conocidos fabricantes de repostería literaria para uso de las niñas de la buena sociedad, se enfurecen con Letra y Línea.
Después de Qué, Pellegrini dedicará toda su vida a la difusión del surrealismo de una forma infatigable: tuvo una participación fundamental en la publicación y dirección de una serie de revistas: Ciclo (1948-1949), A partir de cero (1952-1954), Letra y línea (1953-1954) y La rueda (1967).
Su obra está precedida por un lúcido y corrosivo ensayo del poeta, titulado “La acción subversiva de la poesía”, que lo posiciona sin ambivalencias ante el mundo, ante la realidad y ante sí mismo. Además de textos inhallables que datan de 1928 y que fueron publicados en la revista Qué, fundada conjuntamente con sus amigos, los estudiantes de medicina Marino Cassano, Elías Piterbarg y David Sussman, se reproducen íntegramente los libros de poemas El muro secreto (1949), La valija de fuego (1952), acaso el más importante, Construcción de la destrucción (1957), Distribución del silencio (1966) y Escrito para nadie (1972-1973). Alejada de toda concesión, la poesía de Pellegrini es implacable y ferozmente provocativa, lo cual produjo a lo largo de su vida no pocos enconos literarios
Publicó cuatro libros de poemas: El muro secreto (1949), La valija de fuego (1953), Construcción de la destrucción (1957) y Distribución del silencio (1966). Pellegrini también se destacó como dramaturgo con su Teatro de la inestable realidad (1964), y como ensayista con Para contribuir a la confusión general (1965), donde presenta su estética de la destrucción. Pero no solo eso. Fue también el punto de referencia de toda una generación cuando se discutían las artes plásticas gracias a Artistas abstractos argentinos (1956), Nuevas tendencias en la pintura (1967) y Panorama de la pintura argentina contemporánea (1967), que lo consagraron como un gran entusiasta del arte moderno y también como un excelente historiador y crítico del arte.
Como si esto fuera poco, podemos mencionar todavía que organizó tres antologías: Antología de la poesía surrealista francesa (1961), la de Oliverio Girondo (1964) y Antología de la poesía viva latinoamericana (1966), que escribió cuatro ensayos sobre autores modernos y contemporáneos y que realizó inúmeras traducciones, entre ellas destacándose la de las obras completas de Lautréamont.
Vinculado con poetas y pintores surrealistas de varios países, crítico lúcido y estudioso de la pintura, viajó, dio conferencias y organizó exposiciones de gran importancia, dando prueba de su amplitud de criterio al promover y difundir a los primeros artistas abstractos argentinos. Su Antología de la poesía surrealista fue considerada por André Breton como “el aporte más importante para el conocimiento de la poesía surrealista en cualquier idioma”.
Fundó asimismo la Editorial Argonauta, gracias a la cual fueron publicados a mediados de los años 40 Gérard de Nerval y Gustav Meyrink, entre otros grandes ignorados
El grupo surrealista fue formado finalmente y quedó integrado por Pellegrini, Enrique Molina, Carlos Latorre, Francisco Madariaga y Llinás, con la participación esporádica de Juan Antonio Vasco, que vivía en Venezuela, y la tardía de Juan José Ceselli. De todos ellos, los estrictamente fieles a las consignas mayores del surrealismo eran el propio Pellegrini y Latorre. Molina y Vasco lo eran ocasionalmente. Madariaga y Llinás (que vivía en París en ese entonces), tangencialmente. Oliverio Girondo y Olga Orozco eran nuestros amigos y simpatizantes.


Nuestra relación con el “mundo literario” era prácticamente nula, con excepción de algunas amistades personales, como la de Llinás con Girri o la de Madariaga con Bayley y la de ambos con algunos miembros del grupo de Poesía Buenos Aires. La ferocidad y el desprecio de Pellegrini frente a grandes autores como Borges, Faulkner y Eliot era inmensa y, acaso incomprensible, si se la considera más allá de una provocación anárquica, aunque su aversión por Borges llegaba a trasponer esa frontera.
Las colaboraciones testimoniales de Rodolfo Alonso, Edgar Bayley, Enrique Molina y Francisco Madariaga contribuyen a realzar el innegable valor de esta “valija de fuego”, imprescindible para espantar los domésticos esfuerzos de tantos portadores de valijas repletas de cosméticos.
Con el correr del tiempo, la recepción de este autor – por lo menos en los círculos más especializados – fue cambiando y, tal vez, se pueda decir que se ha librado de un engranaje opresor. Hoy en día se pueden ver en las librerías de Buenos Aires algunos de sus libros, así como también, comentarios y elogios en páginas de Internet.
Aldo Pellegrini debe ser reconocido como pionero del surrealismo en América, espina dorsal y referencia del surrealismo argentino. Como dijo Octavio Paz, Pellegrini fue un poeta inteligente, fervoroso y notable
A pesar de su ferocidad, que lo mantuvo aislado del mundo literario y lo convirtió en un autor de culto secreto, Pellegrini ha sido un gran poeta y un gran hombre, profunda y honestamente comprometido con su concepción de la poesía, fiel a los principios del movimiento que constituyó la pasión de su vida, ajeno a todo halago y compromiso espurio, lúcido hasta el sufrimiento en su camino hacia el fondo de la realidad.

Aldo Pellegrini murió en Buenos Aires el 30 de marzo de 1973.

POEMAS

La fiesta de las arañas

¿Ah sí, te has despertado?
una mañana prodigiosa abre de par en par las ventanas
el último árbol de la noche ha dejado una huella
sobre la piel de tu frente.
Sí, te has despertado
agitando tu manto de telarañas de sueño
ahuyentaste el tropel de ratas ciegas
que te roían dormida.
Ya estás despierta, ¿adónde vas ahora?
abandonas tu riqueza nocturna por el gran vacío del día
y con la pálida debilidad construyes tu marcha sin objeto.
Ya estás despierta, subamos
por la angosta escalera hasta el confín del tiempo
para sorprender allí a los minutos perdidos
fugados de la vida.
No
un brusco desaliento te detiene
frente al espacio sin cielo donde nieblas aterradas
con inexplicable dulzura
transforman en viento a los que avanzan.
Algas marinas de la esperanza
horas inútiles se ocultan tras la puerta dorada
las palabras se encadenan a un profundo secreto
el diamante del desaliento brilla hacia adentro
los que se atreven a sonreír pierden su lugar en el mundo.
¿Adónde vas sin mí? buscas tu fiesta única
tu borrachera de signos y cataratas
tu jaula de libertad
donde amigos desconocidos beben tus gestos líquidos
y el veneno te mira con ojos fosforescentes.
Prepárate para tu fiesta
la fiesta de las manos que se resquebrajan
la fiesta del sudor de los crujidos
allí donde el letargo de tu carne
se precipita en una oscura danza.
Tu fiesta es la fiesta de las arañas
que devoran ferozmente tu riqueza nocturna
para alimentar su miseria inagotable
allí sumergida en un olvido sin límites
comprarás motivos para tu risa
comprarás estruendo para llenar tu silencio

LA MUJER TRANSPARENTE

Tu voz era una bebida que yo sorbía silencioso
ante las miradas asombradas
un pájaro de luz
salió de tu cuerpo transparente
pájaro de luz
instante que revolotea
a una velocidad vertiginosa
atravesando calles y calles
persiguen tu cuerpo que huye
¿cuándo podrás alejar a la jauría enloquecida?
desamparada
te has destrozado al caer
los restos de tu cuerpo se arrastran por todos los rincones
del mundo
ah un día renacerás tú
la transparente
única, inconfundible
levemente inclinada , nunca caída
rodeada de impenetrable silencio
avanzando tu pie frágil entre la vacilante monotonía
ah un día renacerá tu risa
tu risa de pájaro transparente
tu risa herida.

HORIZONTE LÍQUIDO

Con paso tranquilo
los transeúntes avanzan hasta el umbral de las
pupilas
amantes negros
ahuyentan a los perros enfurecidos
es la hecatombe de la lujuria
que se agita detrás de los rostros demudados
con paso tranquilo
amantes policromos se cruzan en la alameda de la
angustia
en su alcándara
el espectador perfecto estudia impasible las señales
de vértigo
el fuego latente de las vírgenes
el semblante inmaculado de las puertas
una voz se entreabre para mostrar su oscuro deseo
el amante negro sube las escaleras arrebatado por
la danza frenética
las ventanas se cierran
silencio de la noche de la carne
los desconocidos se estrechan la mano
una conversación interminable descansa en el
extremo límite de la sombra
desde la fría pupila los gimnastas ruedan por las
escaleras destrozadas
¿cómo llegar hasta lo que de ti no se ve?
¿Cómo hacer brotar el deseo ardiente de tu carne
entreabierta?
a sus pies
los perros enfurecidos ladran
ojos implacables
en ellos se pierde el lenguaje de los deseos
el ahorcado se balancea al eco de los ladridos
buenas noches
todo termina
los perros aterrados huyen del horizonte ardiente y
líquido
palidece el vigor
de los brazos ávidos
una noche tranquila para el desconocido que se
aleja
una noche de olvido negro.

EN VOZ BAJA

En voz muy baja
para poder atravesar la fragilidad de tu sueño
te haré la revelación de las formas
te contaré la belleza
de lo que nunca se vive
las maravillas que nacen imprevistas de la intensidad
del ardor
te enseñaré a caminar con firmeza en la oscuridad
a iluminar la noche con los deseos
a investigar el secreto inmortal
las aventuras galantes alineadas por orden
cronológico
de la vigilia
las borrará el sueño que busca la mujer que todos
rechazan
la mujer que enciende su espíritu caída en las
maravillas del amor
Yo
despierto
predico la absurda técnica de la irresolución
inmóvil
en voz muy baja
te revelo
que el mundo es una graciosa mentira inventada por el
buen humor de los mártires.

HE ENCONTRADO EL SECRETO DE TUS OJOS

Mírame
Abre tus ojos de barro
tus ojos de cielo y de noche interrumpida
tus ojos de alfombra, tus ojos pisoteados
ábrete a la luz y ala sombra y a los vientos
a la sombra negra que arrojan los cuerpos.

Árbol de la ceguera, de las muertes,
camino de las desapariciones,
marchas hacia los ojos abiertos del tiempo
hacia el agua pura del instante que corre
cuando te detienes te tornas invisible
cuando andas te destruyes
sólo eres la sombra de la idea de ser
pero con el hueco de tu mano ves todo
por el hueco de tu mano te derramas,
cuerpo ávido de caricias de atmósferas,
mil veces impasible, mil veces tierno
pero finalmente absorbido por la nada
que corroe lentamente el agua del tiempo

LA CASA

La casa
es una sombra del vértigo
que agita las manos de los moradores de la espera
un único juguete
la máscara
delante del gato inexplicable
el ente que detiene las horas
la apacible inexistencia de la noche del tiempo
vive la multitud en uno
¿a quién puede sorprender
el gato inmóvil que contempla la espera?
las sombras cubren el muro de la pequeña ausencia
no existe la multitud no existe uno
sólo las manos que se sumergen cada vez más en la sombra
para beber con extraña avidez el cálido licor nocturno
¿a quién puede sorprender
la visita de la pequeña ausencia envuelta en su repetido vértigo?
la única vigilia de la máscara
que despierta a los ausentes
que detiene la hora del gato inexplicable
un rayo de luz
hace más profundas las sombras
la casa
cesa de girar
la inmovilidad se arranca la máscara.

LA CERTIDUMBRE DE EXISTIR

Si
lo he visto todo
todo lo que no existe destruir lo que existe
la espera arrasa la tierra como un nuevo diluvio
el día sangra
unos ojos azules recogen el viento para mirar
y olas enloquecidas llegan hasta la orilla del país silencioso
donde los hombres sin memoria
se afanan por perderlo todo

En una calle de apretado silencio transcurre el asombro
todo retrocede hasta un limite inalcanzable para el deseo

pero tu y yo existimos

tu cuerpo y el mío se adelantan y aproximan
y aunque nunca se toquen aunque un inmenso vacío los
separe
tu y yo existimos

MÁRMOLES

Nadie podrá olvidar
la voz velada del arqueólogo en cuclillas
buscando entre antiguas ruinas
las huellas de la angustia de los siglos
hundidas en la arena
sólo prosperan las prostitutas petrificadas
que conservan a través de los siglos
un inagotable deseo de amor
la voz velada y lejana busca lo viviente en lo
muerto
a la sombra de la voz
la más deliciosa de las doncellas se desnuda de sus
heridas

piadosamente
cae una noche rota
piadosamente
sopla sobre los antiguos mármoles
el gran viento de los acoplamientos
en cada instante nacen y mueren de un modo
infinito
seres invisibles que fecundan al tiempo
la voz lejana llama
al misterio derramado entre los monumentos
arqueológicos
una tempestad de mordiscos
hace sangrar los mármoles
sangre coagulada del tiempo inalcanzable
sangre inalcanzable del vacío.

NECESIDAD DE LA MÁQUINA DE CALCULAR

Los búhos de cráneo transparente
todas las mañanas engendran el mismo paisaje en
sus ojos
de allí parten las sonámbulas vestidas de frío
para descender las desnudas escalas barométricas
de allí parten galopando las pestañas
para alcanzar la cumbre más alta de la pasión
los búhos de cráneo transparente
confunden el tiempo y la realidad
confunden el hombre y la miseria
confunden la ciencia con el sueño
sólo la máquina de calcular
puede aclarar la inmensa confusión que nos rodea
es necesario calcularlo todo
es necesario estudiar el origen de los precipicios
calcular el número de mujeres de rostro roído por
la niebla
calcular la ferocidad de los dientes
calcular los denominadores frenéticos
calcular los ríos que corren por la memoria
calcular las personas que se detienen bruscamente
en los puentes
calcular el vértigo de las láminas sumergidas
calcular los escalofríos
los castigos
la buena voluntad que se enfría
y calcular la distancia del hombre implacable
que se incorpora
para vomitar.

SOBRE LA CONTRADICCIÓN

Si extiendo una mano encuentro una puerta
si abro la puerta hay una mujer
entonces afirmo que existe la realidad
en el fondo de la mujer habitan fantasmas monótonos
que ocupan el lugar de las contradicciones
más allá de la puerta existe la calle
y en la calle polvo, excrementos y cielo
y también ésa es la realidad
y en ésa realidad también existe el amor
buscar el amor es buscarse a sí mismo
buscarse a sí mismo es la más triste profesión
monotonía de las contradicciones
allí donde no alcanzan las leyes
en el corazón mismo de la contradicción
imperceptiblemente
extiendo la mano
y vivo.

SUSTANCIA ERÓTICA

Paisaje de latidos
el viento azota tu mirada ardiente
ahí está agazapada la espera
un lejano murmullo anuncia los estremecimientos
de un salto intentas aniquilar la vida
y encender un crepúsculo de miradas frías
¿a quién buscas por ese camino palpitante?
¿qué fuga detienen tus manos tenaces?
corazón que galopa
hasta atravesar tu transitable desnudez
y hace estallar la vida
la vida
ahora llega la muchedumbre de horas indecisas
tu corazón galopa lejos de mí
tu mano cae
desde el instante sin tiempo
fracasada tu muerte
indiferente a todo próximo sueño.

TODO TE NOMBRA

Las trayectorias opuestas se encuentran se
abren los muslos temerosos
el amor arranca sus raíces del sueño
una nube se cierne sobre el párpado
el gran señor de la mañana dormita

La noche atraviesa el puente el carruaje
extraviado de los que despiertan se detiene
en el punto donde se acumulan los murmullos
un árbol de frío eleva su voz colérica
la mirada de la angustia despliega sus reflejos
todo te nombra

La inmovilidad del río el barquero espera
las luces acuden en socorro de la fiesta del corazón
el deseo de la mujer es un grito el coro
de las damas elegantes en la nebulosa de la dádiva
se consume el temor rueda
la despiadada cadena de los visitantes lentamente
se purifica la esclavitud los nervios abiertos
recogen las intenciones extrañas el hábito
del perseguidor la aparición
de un vago suicidio en la mañana de los lamentos
el definitivo
exterminio de los sollozos la estrella torturadora y
el mago de la alta sombra
portador de la palabra lacerante
te nombra.

UNA MANERA DE VIVIR

Mendigas felices, huérfanas de suave
fascinación
derrotadas por el secreto de la sed y las hormigas
a solas con el sol
la ternura de los galopes a flor de tierra tan lejos de
la atadura del polvo celeste
extranjera derrotada por el fulgor de los relámpagos

Entonces nadie acallaba la melodía de tus labios
que deslizaban su fiebre giratoria de plumaje de
espumas
cerca o lejos el espacio siempre oculta su escama
de frío
su desolada comarca donde los labradores hacen
germinar la nieve de la tierra

Dura comarca en que las mujeres esperan como
leyendas en los umbrales
condenadas a cumplir el rito del fuego o de la
extorsión
inmóviles con sus ornamentos funerarios donde se
abre la puerta del amor
en una ciudad anclada en la tristeza

Faisán de la alabanza, tu corazón extraviado me guía
en tus ojos asoma el prodigio de los relámpagos
la cólera que cierra las puertas y rompe los hechizos
en un camino de fábulas interminables, con la
negra cabellera presidiendo el incendio de los
gestos, el calculado delirio de las estaciones
tan distante de los bosques enardecidos por el
verano y su follaje moviéndose con lentitud
de verdugo
en la pesada atmósfera de los sacrilegios

Unidas en el asombro
las hijas del verdugo exhiben sus pies de plata y
los espectadores aplauden
los perros husmean las mejillas en busca de los
caminos mentales
la naturaleza imita a la pesadumbre
naturaleza oscura
iluminada a ratos por los relámpagos de tu orgullo
arrastrando briznas de escalofrío
con tu violento eco en el aire, extranjera.

LA VALIJA DE FUEGO

Que se viva, sueñe o hable
que se busque o se den las gracias
nada evita que en lo más oculto
existan pequeñas deliciosas inmundicias
siempre lugares secretos objetos invisibles, lo despreciable que se ama
borra de café, polvos, gargajos, legaña, insectos, mugre
un mondadientes usado, pústulas
flujos, náuseas, fetidez, diarreas
la embriaguez que vomita

la cómica felicidad con caries dental y callos
oh nada de esto aterroriza a los ociosos
ni a los comediantes que hacen prudentes imitaciones de la vida
agua de rosas, betún y baba
las cucarachas nos persiguen de noche y las moscas de día
todo encerrado en la famosa valija de fuego
rodeada de admirables burbujas de aire irrespirable.

Meditemos en la valija de fuego
se la usa en los infiernos despiadados
contra la nieve, contra el lirismo, contra el odio de los amigos
sólo fracasa con el frío de la muerte
busquemos en nuestra valija de fuego las suculentas podredumbres
para mezclarlas con los sombríos deseos celestes.

Retornemos a la valija de fuego
a la valija de fuego de
a la valija de fuego de madre que da a luz en el instante imprevisto
y más tarde, cuando el niño se pierde y reclama a su madre, todos lo recriminan duramente, y se da el caso de algunos que –en el colmo de la exasperación– cortan los extremos de los tiernos dedos infantiles y cometen otros actos de piadosa crueldad: el amor a la humanidad, frente al cual el amor de madre debe reservarse para la valija de fuego.

Retornemos al canto de fuego repleto de los cuchicheos de los sabios que abrazan llenos de pasión a las prostitutas

Y de los sabios que simulan dormir
Y de aquellos que mastican mañana tarde y noche
Y piensan al compás de las mandíbulas
(delicioso juego de las mandíbulas que ocultan todos los otros juegos).

Retornemos al sollozo de fuego del niño
el niño que llora perdido en la calle
y le preguntan: “¿No buscas, hermoso niño, a tu madre?”
y contesta: “No, busco a mi padre el sabio, en el interior de la ballena
atravesado por relámpagos que parecen hormigas
devorado por hormigas que parecen catedrales.”

oh hermoso niño, te llevaré a tu cálida cuna atravesando los siglos
y mediante la ciencia de los puntapiés
te arrancaré de tu sueño
para ir al encuentro de la sabiduría parricida
allí donde Edipo y sus hijos bailan cabeza abajo.

Retornemos al canto de hielo de los santos en cuclillas, saludando respetuosamente a las cadenciosas fricciones eléctricas
las chispas eléctricas surgidas del roce de vírgenes satinadas
al compás de la inocencia que circula por las vetustas morales
el canto de hielo, el canto que congela
a las viejas cotorras que penetran contoneándose en su túnel de olvido
donde padres feroces arrasan los castillos de hadas
para arrebatar su botín de pieles y tortugas
donde harapos de piedras cuelgan del vientre de Dios
y multitud de arqueólogos se agitan incansablemente
masticando la felpa gris-perla de los pensamientos vegetales.

Retornemos a la vida fugaz del hombre inventor del fuego de la melancolía
los argumentos de la muerte se encierran también en la valija de fuego
cuando los generosos, los justos, los tenebrosos, los tristes
arrojan su timidez bastarda
y hacen explotar los vientres estériles
con filtros mágicos
con invenciones saturadas de dulzura que oprimen el pecho, sobre el cual caen mechones de cabellos negativos desde la indescriptible altura de las ideas
inconmovibles ante toda humana razón
torrentes de lágrimas deshaciendo las inexpertas rocas del egoísmo
y todos se van
y queda un gran vacío circular
¿y a quién llama entonces al niño?
a su madre, la portadora de la valija de fuego, la primera y última
la que muestra su perenne sonrisa triunfal
la que siempre retorna
la que afronta los inmensos peligros de la moralidad
la que vibra henchida de la más pura sabiduría zoológica.

Retornemos al niño que busca juguetes multiangulares
en el centro de espacios extinguidos
a la vera de noches emboscadas, arrastrando pesadillas bituminosas
alimentado con leche de perras violadas
para alcanzar así la madurez de la inocencia
ése es el hijo terrible, el hijo impródigo, el hijo no deseado
que recorre el hilo de las conversaciones hasta hacer estallar su sensatez
que incendia las posiciones correctas de los visitantes ocasionales
audaz explorador de selvas de cacahuetes.
Retornemos a la valija de fuego de nada
donde se consumen los sensibles al fuego del tedio moral
donde se amontonan los triunfadores despanzurrados
retornemos al fuego de alejarnos
al fuego de acercarnos
mientras Dios camina incansablemente a tu lado por toda la eternidad
sin pensar en ti
heroicamente solo
humanamente solo
marchando sobre arenas siderales
donde mundos exasperados se desheredan alternativamente.

He aquí el gran espectáculo que la valija de fuego no puede contener
el espectáculo de la soledad de Dios y de su hijo el hombre
solos en la multiplicidad de lo creado
en la infinita multiplicidad
todos heroicamente solos
dios y los hombres
irritantemente heroicos.

Simulando una sonrisa
recoge tu valija de fuego extinguido
tu valija de noche abandonada por sus fantasmas
juguete inolvidable
revelador del gran secreto
con los argumentos de la muerte se puede triunfar en la vida.

ARTE POÉTICA O DE LAS SIGNIFICACIONES

La palabra puede tornar transparente al hombre
he aquí un ejercicio permitido sólo a los más puros
lo verdadero
surge en la desnudez de la aparente carencia de sentido
cabalgando en la extrema mirada de las significaciones alejadas
todo se vuelve próximo
la claridad meridiana ahoga cualquier esperanza
de alcanzar lo más hondo
en el ámbito sin aire de las significaciones cotidianas
fracasa
el nacimiento maravilloso
con el furor sagrado se destruye la podredumbre
alimento natural del buen burgués que acaricia diariamente la cretinización civilizada
cuando el furor sumerge sus manos en océano se llama desprecio
y con sus dedos innumerables alcanza a tocar en el fondo la luz absoluta
copulando el desprecio y la luz cumplen el acto supremo de la creación
el nacimiento del hombre verdadero a partir de la podredumbre
pero todo ha cambiado
después de la invención del mordisco luminoso
que hace sangrar la realidad última de los seres y las cosas
detrás de la piel del hombre está el hombre
detrás de la inmovilidad de lo inerte
está la gran vida cósmica que palpita
por cada herida de luz se derrama el gozo esencial y único
el gozo de sí mismo
que se confunde con el gozo de ser universal
por cada herida de luz se derrama
la perfecta identidad, lo uno y lo múltiple
lo separable y unible
más allá del tiempo y del espacio
no se pueden palpar las palabras sólo se palpan los gritos
en el fondo del océano la voz va a despertar a los sueños
la imagen
es un signo de la penetración del sueño en el mundo
la imagen
hace estallar los oídos indiferentes
toda palabra desnuda de sentido se colma de vida
de la vida ardiente que quema los labios
y que se transfigura en el silencio
como en un sagrado contacto
es el triunfo final de la palabra casi silenciosa
la palabra mezclada con noche
la palabra que vuela incansable hacia el deseo
haremos así cantar el silencio poblado de imágenes
en una noche iluminada por la luz absoluta.

EL LOBO QUE NACE DEL AMOR

Aquel que recibió el pan de cada día
supo esconderlo en las noches de rencor filosófico
todos los pensamientos son cortinas para el
corazón y los traidores recogen las migajas del banquetes de los amantes
fue en el tiempo en que no se conocía el amor
el labio sagrado encendía el párpado siniestro
el ojo oblicuo descendía hasta la profundidad del corazón inicuo
el amor nació del amor y todo quedó entonces
aclarado el recién llegado se levantó respetuoso
para saludar a las tres ubres vacías
el amor surgió oportunamente para destruir toda esperanza
lo supieron los que no querían oír y los enterradores se inclinaron
los chalanes borrachos transportaron el amor
frágil hasta el tiempo interminable
y así fue que se destrozó al caer desde la altura
de la mirada perdida
se destrozó en una batahola de relámpagos de
azúcar y hubo un mordisco vacío
en el gran agujero negro del amor.

EL MUNDO ES TUYO

Cuando alguien pregunta inesperadamente
¿qué hora es?
se determinan curiosísimos desniveles una enorme melancolía
suspendida sobre una blanca llanura un río
quebradizo una sorpresa ascendente y el concurso de una boca certera.
que habla con rumores de corazón galopante y deja
una roja señal en los que pasan

Quizás suben lentas escaleras en busca de lugar más alto
para la cita del humo la cólera se niega a despertar
los trenes descarrilan detrás de tus párpados y en medio de una gran incomodidad
el horizonte circula por tus venas

El mundo es mío te lo doy un río se desliza junto a tu piel
un ala líquida en una llanura dormida
una leve espuma denuncia la libertad que se ahoga la emoción
contenida atrae a las moscas un violento zumbido
y la brusca rotura del mecanismo que produce el fenómeno de la turbación

La hora del conocimiento ha terminado el tiempo es sinuoso y los hambrientos
devoran como siempre las manos que los socorren el suicidio
oculta una inmensa victoria el mundo es tuyo ¿podríamos apresurarnos?
Indudablemente el momento es oportuno los crímenes fraguados
la complicidad de las falsas rameras el don del extravío
el subyugante temblor de las manos
la voz que llama está cada vez más distante
los instintos se oxidan la equivocada posición de la memoria
el mundo es tuyo sin entrada ni salida el largo alcance de la esperanza
el esplendor de la vida la mirada socarrona la sed se derrama
el mundo es tuyo y tu piel se estremece.

LA MÁSCARA DE LA MEDIANOCHE

La casa
es una sombra del vértigo
que agita las manos de los moradores de la espera
un único juguete
la máscara
delante del gato inexplicable
el ente que detiene las horas
la apacible inexistencia de la noche del tiempo
vive la multitud en uno
¿a quién puede sorprender
el gato inmóvil que contempla la espera?
las sombras cubren el muro de la pequeña ausencia
no existe la multitud no existe uno
sólo las manos que se sumergen cada vez más en la sombra
para beber con extraña avidez el cálido licor nocturno
¿a quién puede sorprender
la visita de la pequeña ausencia envuelta en su repetido vértigo?
la única vigilia de la máscara
que despierta a los ausentes
que detiene la hora del gato inexplicable
un rayo de luz
hace más profundas las sombras
la casa
cesa de girar
la inmovilidad se arranca la máscara.

PESADILLA LITÚRGICA

La llama se extingue
la calle sembrada de cenizas
las mujeres comercian con el fuego
los enemigos marchan de la mano
las lágrimas brotan de las puertas
los ciclistas ruedan sobre los principios morales
el gran órgano de la catedral
el humo
gris
una canción sorda
una llama sorda
la alegría hace estallar las venas de los ángeles
un gemido alucinante guía los pasos del sacerdote hacia el deleite
el asombro es rojo
un líquido gotea sobre el altar
la sangre la fugacidad la desnudez
la desnudez la inmortalidad
los ojos como relámpagos, las mejillas veloces
las lágrimas no brotan
tormenta de la fugacidad
lo eterno se paraliza
los ciclistas corren detrás de la indiferencia
el sacerdote acompaña con los ojos la danza
geometría de lo agónico
suspendida en el centro de la mirada
está la desnudez

¿habrá alguien que pueda comprender nuestra fiesta?

ALGUIEN QUE DESPIERTA

Abre tus ojos de barro
tus ojos de cielo y de noche interrumpida
tus ojos de alfombra, tus ojos pisoteados
ábrete a la luz y a la sombra y a los vientos
a la sombra negra que arrojan los cuerpos.

Árbol de la ceguera, de las muertes,
camino de las desapariciones,
marchas hacia los ojos abiertos del tiempo
hacia el agua pura del instante que corre
cuando te detienes te tornas invisible
cuando andas te destruyes
sólo eres la sombra de la idea de ser
pero con el hueco de tu mano ves todo
por el hueco de tu mano te derramas,
cuerpo ávido de caricias de atmósferas,
mil veces impasible, mil veces tierno
pero finalmente absorbido por la nada
que corroe lentamente el agua del tiempo

LOS DÍAS IMPOSIBLES

Con garras de refinadísima paciencia los pensamientos buscaron su microscópico asidero su metal de peligrosa resurrección su reflexión de espejo que amanece
y desde aquel tiempo pasado
volvamos hacia la actual condenación de los peces
hacia Nausicaa aprisionada en la red de telescopios
apacigua tu voz y enciende tu lentitud Nausicaa arroja nombres
que orienten a los venturosos hacia el incendio de las controversias
donde todas las religiones arden ávidas de exterminio
y el ala del ave fénix cubre un imperio de cenizas
ave diamantina María exhibe tu ilustre sexo
para detener la ronda de tragedias inauditas que nos esperan
que la col parabólica exprima su coral
y la sierpe encienda su llama para ahuyentar ángeles panzudos
que salten los negadores de sí mismos y estallen las hormigas
y el venerable fósforo ilumine la parte de las manos
que giran infinitamente cansadas de esperar

Ah son los días imposibles niños abandonados en los andenes de las grandes estaciones ratas hambrientas en los sótanos y los sonámbulos de pie en las ventanas de inmensos rascacielos prontos a caminar por el vacío
en el día inmóvil aclamando la muerte delirante de los negros
colgados de horcas altísimas suspendidas de ascuas voluptuosas
más allá del pensamiento
donde se derrite la grasa de las ideas
colgados de horcas altísimas buscan los días imposibles
agotando jadeantes los manantiales de sabiduría
y las mujeres sienten al contemplarlos un cálido espasmo entre los muslos
un despertar rigurosamente místico
pero más exacto es el despertar del disparo y su consecuencia ensangrentada
entre los muros
más exacta la noche y los desperdicios que la envuelven donde los rumores se han vuelto gritos y el venerable fósforo destila su náusea diamantina para que la náusea sacuda su cascara vibrante
buscan los días imposibles los días inmóviles
envueltos en hermosos terciopelos grises
en la cruda dirección de las pirámides
la sabiduría manejada por los recién nacidos
horcas altísimas para que la muerte sea voluptuosa
adornada con perfiles de vagabundos en la niebla
cierra el ojo del cíclope impúdico
que contempla insaciable la hora postrera de los moribundos
agita el látigo sobre el esplendor de las caricias
hasta que jueguen la carta desesperada de la bruma
el tiempo sigue su curso con pies de sueño mineral
los vagabundos invaden las palacios los videntes llaman a las puertas de los hoteles y en la noche vacía de los orfebres el gran baile de máscaras ha fracasado el látigo agita su intenso escalofrío
allí donde todo se ha perdido queda la noche de los agotamientos
y el único contacto posible es el roce delator de los mármoles
un sueño invencible domina a los poderosos y el emperador posa su agonía
en la más alta cúspide de la noche
en el atardecer de un mundo fatigado de pensar
el viejo guardián de mitos se desploma
por la ruta de los días imposibles toda comarca es eterna.

LA MUERTE INMORTAL

Rebeldía de los comensales. La fiesta despierta a los visionarios que fraternizan con el alba.

Guerreros nocturnos de espaldas contra las murallas de luz. Los mensajeros del tiempo no obedecen las órdenes. Fracaso de la ceremonia frente al mar. Los desterrados te abandonan oh tierra inaccesible a las súplicas.

Las esclavas se mueven en el infinito espacio de las palabras. La desesperación se detiene a la puerta de los insensibles. La voz henchida de una misteriosa ternura llama.

Oscuras en el recuerdo. Despiertan. Izan sus manos hasta más allá del tiempo. Se clavan las uñas. Se desgarran con calculada indiferencia.

Falta el dolor y todas las heridas son mortales. Los besos son mortales. La desesperación llama a todas las puertas. El tiempo cambia los cuerpos de lugar. Pasa la noche sin dejar rastros. La voz calla. Una última sonrisa se desvanece. El humo queda. Un viento de piedra nos envuelve. Sólo la muerte es inmortal.

EL MURO SECRETO

En el extremo de la calle más angosta
el pregonador de esperanzas
une el pasado el presente y el futuro
un gato despavorido
y detrás la camarera vertiginosa
que llama a todas las puertas
para encender el fuego de la imaginación
es demasiado temprano
para recordar qué crímenes habría que cumplir
pureza de tu mirada, desfilar de puertas burlonas
en el centro de la frente cristalina una gran herida que sangra
a través de ella se ve el muro secreto
nada ocultes, nada ocultes
a aquel que azota las paredes
ya los gavilanes borrachos devoran los pergaminos
y tu espíritu excelso desaparecerá en una tempestad de carcajadas
estruendosas
ondean las esperanzas
en el gran viento amarillo
que cierra bruscamente la puerta burlona
una multitud absorta de buscadores de rumbos
deambula entre catedrales en ruinas.

“ES DECIR”

En tiempo húmedo
los sueños hacen rechinar las puertas

Sin molestar a los niños
los fatigados sacuden su palidez

Ardor de los pequeños
que desplazan el invierno con sus mentiras

Durante el deshielo de los espejos
una mano queda adherida al invierno de los cristales

Atormentados por pastores celestes
los cazadores de caricias se pierden en las callejuelas

Allí donde se aglomeran las plegarias
la belleza usa su máscara de escalofrío

Solemne avenida de las arrugas
viaje sin retorno para evitar reconocerse

Una alegría plegable para uso de los viajeros
un abrigo para soportar el frío de las preguntas

Quizás convenga esperar
el vino añejo en la buena época de los perfiles, en la saturación del coloquio consigo mismo, en la afectada simplicidad para afrontar playas ardientes

Quizás convenga esperar
la hora de la creación en que las tinieblas se desnudan

Y arriba en el lugar que corresponde al desplazado invierno
sólo hay un espectador
el último de los últimos
dispuesto siempre a quedarse.

Aldo Pellegrini en Construcción de la destrucción (1957), incluido en Antología de la poesía surrealista latinoamericana (Editorial Galache, México, 1974, ed. de Stefan Baciu).

Te recomendamos ver el programa de televisión.

PRÓXIMO NÚMERO

106. POESÍA MÁS POESÍA: Roberto Juarroz

ROBERTO JUARROZ

BIOGRAFÍA

Roberto Juarroz nació en Coronel Dorrego, Argentina, provincia de Mendoza, el 5 de octubre de 1925 y falleció a los 70 años un 31 de marzo de 1995 en Temperley, provincia de Buenos Aires. La mayor parte de su obra poética se recopila en Poesía Vertical, cuyo último volumen se publicó en 1994.
Fue profesor titular de la Universidad de Buenos Aires y dirigió el Departamento de Bibliotecología y Documentación de la misma entre 1971 y 1984. Trabajó como bibliotecólogo para la UNESCO y la OEA en diversos países y entre 1958 y 1965 dirigió veinte números de la revista Poesía = Poesía junto con Mario Morales. 


 
No abundan las biografías sobre mi persona. Las pocas que circulan por ese mastodonte fatuo llamado Internet me narran como un poeta metafísico, un bibliotecario exigente y un catedrático incurable. Circunscriben mi vida a mi labor dentro de la Universidad de Letras y el Departamento de Bibliotecología. Cuesta encontrar detalles sobre mi vida privada, mi niñez, mis primeros años en mi querido pueblo de Coronel Dorrego, aquel terruño cuasi virginal perteneciente a Sierra de la Ventana. Tampoco se recogen aspectos de mi militancia política, mis preferencias musicales o artísticas, mis comidas favoritas, anécdotas de excesos o exilio. Parecería ser que sólo fui un docente que se la pasó encerrado en una biblioteca escribiendo poesía. “Yo me he sentido atraído en primer lugar por los elementos de la naturaleza. Nací en un pueblo al borde del campo. Mi padre era jefe de la estación de ferrocarril y teníamos enfrente el horizonte abierto. En esa pequeña ciudad me acostumbré desde muy chico a los silencios. Esas noches abiertas en donde se veían las estrellas, la luna nítida, los vientos, el agua, el árbol que para mí es un protagonista de la vida. Comencé mis lecturas muy temprano. Me atrajeron cada vez más y dediqué buena parte de mi vida a eso. Mientras tanto se fue configurando como lenguaje predilecto, o elector (tal vez me eligió a mí), la poesía”. Quizá fue un hallazgo fortuito. 


Siempre me encandiló la poesía. Me recuerdo de muy pequeño leyendo por primera vez versos y rimas en un libro enmohecido, de papel amarillento, que tomé prestado casi de casualidad. Siempre me fascinó ese modo de expresión. Desde un primer momento, con mis producciones más novatas, sentía ese caudal inagotable de transmisión de sensaciones y modos de ver el mundo conformado por palabras. “Sentí también que comúnmente vivimos en un espacio pequeño de la realidad, un segmento diminuto. No es que no sea realidad lo que se hace: todo es realidad, pero vivimos al costado, con las fronteras muy cerca, muy limitadamente. La poesía tiene como objeto inmediato, básico, producir una fractura y ésta consiste en quebrar la escala consuetudinaria, la escala repetitiva, empequeñecida de lo real. Es abrir la realidad y proyectarla”. 
“El fondo de las cosas no es la muerte o la vida / El fondo es otra cosa/ que alguna vez sale a la orilla”. Nunca me interesó darle títulos a mis poesías. Todos están numerados y forman parte de lo que supe llamar Poesía Vertical, no sé si es una gran obra pero podríamos decir que es mi obra capital, mi legado.
Me perfeccioné en La Sorbona y fui docente durante 30 años de la Facultad de Letras, mi segundo hogar. Sin embargo fue el lenguaje poético el cual me atrapó para siempre.  
 
“Creo que esta metamorfosis que es la expresión humana no está hecha sólo de espíritu, ni de materia, ni sólo de sentidos. Creo que es catastrófico que se separe el poder mental del hombre, de la inteligencia, o de la imaginación. Todo lo que constituya un elemento divisor, partidor, es negativo para concebir al ser humano. Uno de los fines de la poesía es volver a reunir todo lo que el hombre es y hablar desde todo lo que lo constituye. Alguien señaló que Miguel Hernández, el poeta español, había conseguido un lenguaje casi corporal, que había integrado en la poesía hasta el propio físico. En esa conversión casi química, en esa alquimia del verbo, como decía Arthur Rimbaud, el hombre debe acceder de una manera o de otra, a que la integridad de su ser, se juegue en la integridad del poema”. 

Voy a citar un extracto de una carta enviada por Roberto Juarroz a W.S. Merwin, traductor de su obra al inglés.  
“Temperley el 26 de agosto de 1986 
…no sé qué enviarle como respuesta a su pedido de algunas informaciones biográficas, que pueda resultarle útil. Le confieso que nunca me he sentido muy inclinado hacia mi biografía. Por un lado, no le he asignado importancia y por el otro me parece un accidente, una mezcla de azar y destino, que podría ser de otra manera, sin mayor valor o interés para los demás y sólo rescatable hacia adentro de mi vida y en la transfiguración de mis poemas. La vida me importa enormemente para vivirla, pero no tanto para recordarla y menos todavía para describirla. Todo es seguramente más complejo que esto, pero no puedo evitar cierta alergia ante mi propia biografía. 


 
Sin embargo, a falta de otra cosa, le envío una nota bibliográfica, hecha para responder a algunos pedidos generales que me suelen hacer. Allí verá que he tenido bastantes actividades (quizá demasiadas), entre ellas abundantes viajes, trabajos, estudios, publicaciones, etcétera. Nací en un pequeño pueblo de campo, el 5 de octubre de 1925. Pasé allí una infancia relativamente alegre, con altibajos o anuncios de soledad y misterio. Descendiente de vascos por ambas líneas, pero ya hijo de argentinos, mi padre era jefe de la estación del ferrocarril, donde viví hasta los 9 o 10 años, cerca de la atmósfera de los trenes de larga distancia, cargados para mí del espíritu del viaje y la aventura. Además, hubo en mi infancia otros dos factores importantes: la naturaleza (la tierra, la pampa, el campo abierto, el enorme silencio, algunos árboles, muchos pájaros, animales, lluvias, vientos, cielos interminables, mar, etcétera) y la religión (el templo católico, las oraciones, los libros piadosos, la frecuentación de sacerdotes y monjas, el colegio religioso, etcétera).
Dos hermanos mayores (una mujer y un hombre), muchos primos, juegos, disputas, desuniones familiares, enfermedades, cariño, desilusiones, algunas fantasías ocultas y cierta inclinación al apartamiento, a los juegos solitarios. A los 10 años, aproximadamente, mi padre fue trasladado, también como jefe de estación, a un pueblo suburbano de Buenos Aires: Adrogué. El mismo lugar donde vivió cierto tiempo Borges, quien escribió bastante sobre sus calles arboladas, sus parques llenos de secretos, sus viejas casonas, su hotel casi fantasmal. En Adrogué fui completando mis estudios primarios y secundarios, viví una adolescencia entremezclada de despertares y sentimientos más o menos místicos, ciertos enamoramientos, las primeras grandes lecturas literarias, los primeros descubrimientos y balbuceos poéticos, la escritura como algo más que un gesto repetido, las grandes noches de soledad y lectura, de poesía y contemplación. Sentí todo aquello como la culminación, el ápice de la realidad. Y quedé marcado para siempre. Algunos encuentros decisivos, el comienzo de grandes dudas, el desgarramiento de sustanciales abandonos. Mi padre murió de cáncer pulmonar entre mis brazos y respiré la muerte. Abandoné la iglesia y sus brillos, pero quedé teñido por algo cercano a lo místico, que surge y vuelve a surgir en mi poesía, que es hoy mi única religión, pero en aquel sentido no confesional, sino primario y abierto, que decía Novalis, cuando hablaba de la poesía como la religión original de la humanidad. Allí, en Adrogué, conocí también la estrechez económica y tuve mi primer trabajo, a los 17 o 18 años, como “bibliotecario” (mi “profesión” de siempre) en el Colegio Nacional.  
 Hice algunas fuertes amistades, comprendí mejor la bondad de mi madre y los egoísmos de familia y llegaron las grandes discusiones, las rupturas necesarias, la entrada cada vez mayor en la poesía, los grandes renunciamientos por ella (mi primera novia y su fortuna, mis primeros estudios universitarios y su abandono, mis primeros éxitos pueblerinos en el plano intelectual o cultural, el esbozo de una vida socio-literaria, etcétera). Allí también, casi contradictoriamente, tuve mi primer matrimonio y una hija, cuando tenía alrededor de 25 años. Luego vinieron mi separación y mis primeros largos viajes, por tierra (el sur, la Patagonia y sus grandes espacios deshabitados) y por mar (como empleado de una línea de navegación, luego de ser expulsado de mi puesto por razones políticas; conocí New York, varios países de América Latina, los puertos del sur, etcétera). Volví más tarde a mi cargo de bibliotecario, que conservé durante cerca de 20 años, descontando accidentes y exilios más o menos forzosos. Trabajaba entonces 4 horas por día, a la mañana, dedicando el resto del tiempo a la lectura, la poesía, y todo lo demás. A los 30 años, resolví estudiar en la Universidad de Buenos Aires aquello que tanto había vivido y que me sirviera como medio de subsistencia: la Bibliotecología. Fue difícil adaptarme, pero alcancé mi graduación. En aquella época conocí a Laura y me uní a ella como compañera irreemplazable. Obtuve luego una beca de la Universidad y me fui un año a París. Descubrí entonces Europa y la comencé a recorrer de punta a punta. Esa experiencia fue enormemente importante para mí, un verdadero viaje a las fuentes, que Laura compartió durante algunos meses. Al regresar de mi beca, fui nombrado con un cargo inicial de profesor en la Universidad, donde seguí eslabonando una larga carrera docente, a través de innumerables cambios, dislocamientos y también atropellos, hasta alcanzar el cargo de profesor titular y director del departamento de estudios de mi especialidad. He detestado siempre la política, y la creo el mayor adversario de la poesía, de cualquier color que sea. Lo he dicho en todas partes y bajo cualquier régimen. Y así lo he pagado: fui desplazado arbitrariamente en tres ocasiones, dos veces en la Universidad y una antes. Hace poco he vuelto a someterme a otro concurso y ganado. Veremos hasta cuándo. Creo que la nota bibliográfica enumera un poco el resto. Tuve varios años de exilio forzado del país. A fines de 1977, ya en Temperley, sufrí una grave crisis, un infarto cardiaco, que vino a agregarse a otros serios problemas de salud que había tenido antes. Como muchos otros, he pasado infinidad de cosas, siento la riqueza única de la vida y, como diría un inolvidable personaje de Bergman, a pesar de mi edad y lo que eso significa, “me siento como si tuviera diez años”. Lo demás, lo que verdaderamente importa, usted lo sabe: amo más que nunca la poesía como creación extrema del hombre, me siento como siempre un aprendiz, sé que he escrito algo relativamente diferente, no me interesan el éxito literario ni la fortuna ni tampoco la farándula “socio-literaria”, busco lo abierto, sigo teniendo algunas grandes admiraciones (como Porchia, Rilke o Huidobro, por ejemplo), siempre he tenido algunos grandes amigos, me importa entrañablemente el hombre, me asombra un poco este reconocimiento creciente de los últimos años y las voces que me llegan de muchas partes, estoy cargado de múltiples dudas, tengo sin embargo una profunda fe en algo que sólo puedo vislumbrar en mi poesía y me gustaría vivir un poco más”. 

ROBERTO JUARROZ participó en el Segundo Congreso Internacional de Poesía y Psicoanálisis Grupo Cero, fue invitado por Norma Menassa, presentó ésta comunicación: 

Algunas reflexiones sobre la poesía. 
Para acercarse a la poesía, es bueno recordar a veces algunas cosas que la poesía no es. Así, por ejemplo, la poesía no es una terapéutica, ni un discurso, ni una ideología, ni una política, ni una religión. No viene a curar a nadie, no es una ilación ininterrumpida, no configura un sistema de explicaciones o respuestas, no es una fórmula de salvación. Tal vez sea a menudo precisamente lo contrario de todo eso. 
 Si se recuerda aquello que la poesía es, parece aceptable decir que consiste en una explosión de ser a través del lenguaje. Una ruptura de la escala de visión de la realidad, la experiencia de la realidad abierta y su expresión. Pero, además, la poesía es creación de realidad, mediante un uso diferente de la palabra humana y sus infinitas posibilidades de combinación. Vivir el mundo como un infinito real y expresarlo por medio de un infinito verbal. La poesía es así el mayor realismo posible y no tiene nada que ver con la abstracción, la evasión, la evanescencia, la distracción o el juego. Algunos ingenuos o malintencionados afirman esto de la poesía porque en el fondo le tienen miedo. 
 El realismo de la poesía, abierto al infinito, es lo opuesto al realismo estrecho e inevitablemente irreal que aparece en las historias de la literatura. 
La poesía es el lenguaje de todas las transgresiones del lenguaje, según Roland Barthes. 
El lenguaje es poesía fósil, dijo Borges hacia el final de su vida. La poesía, entonces, es el lenguaje no fosilizado. 
No hay poesía sin una profunda contemplación del lenguaje. 
La poesía es una vía irregular, no ortodoxa, herética del conocimiento. 
Es una metafísica instantánea, como escribió Bachelard. Y mantiene los ojos abiertos hacia el misterio, como reclamaba Einstein. 
El mundo necesita ser sacralizado. La poesía es el camino para la imprescindible resacralización laica del mundo, de la realidad, de la vida. 
 La poesía es un segundo nacimiento, como lo buscaron todas las corrientes de sabiduría; un despertar a la realidad abierta. 
Cristo dijo a Lázaro: Levántate y anda. Tal vez hubiera sido preferible que le dijera: Levántate y habla. 
Sólo interesa la poesía que se ocupa de las últimas cosas. Pero Prochia escribió. Si nada se repite igual, todas las cosas son últimas cosas. Podemos pensar, además, por la misma causa, que todas las cosas son primeras cosas. 
La poesía tiene un peso propio y concreto, como todas las cosas sobre la tierra. Pero la ley de gravedad propia de la poesía no involucra sólo una fuerza hacia abajo: la poesía experimenta también una gravedad hacia arriba. A esto alude, entre otras cosas, la designación Poesía vertical. 
El poema siempre es provisorio. Baudelaire afirmó paradójicamente que corregir es más importante que hacer. 
Un poema siempre está incompleto. No sólo porque todo es incompleto, sino además porque el poema debe terminarse de hacer en quien lo recibe. No completarse; recrearse. En esta línea, Valéry pudo decir que un poema no se termina: se abandona. 
En el poema, como en el resto de la realidad, todo es otra cosa, Antonio Machado habló de la incurable otredad que padece lo uno. Rimbaud llegó a decir: Yo es otro. La mirada creadora, poética, no simplemente productora o reproductora, buscará siempre el otro lado, el revés de todo. La polisemia infinita de la poesía, los ilimitados sentidos de cada cosa, responde según Robbe Grillet a la polisemia infinita de toda la realidad. 
A todo poema le falta un paso más. Cabe pensar entonces en la posibilidad de un poema interminable, inagotable, continuo, infinito. 
Todo poema es un acto de aprendizaje. Ya señaló Cesare Pavese que todo poeta, por grande que sea es un aprendiz. 
Todo poema  es un acto de celebración, aunque hable de lo más negativo, porque es un foco de intensidad vital y verbal. 
Todo poema es un acto de creación, mediante el infinito arte combinatorio del lenguaje y las infinitas relaciones posibles entre la palabra y el silencio, la palabra y la música, el pensamiento y la emoción, el sentido y el sobresentido, el tiempo y el antitiempo, el ser y la nada. Esto armoniza con algo que escribió Clarice Lispector; La creación no es una comprensión; es un nuevo misterio. 
Todo poema es una presencia. Algo que ahora está y antes no estaba. Algo que acompaña a la soledad del hombre. 
La poesía es una forma excepcional de abolir el vacío. Por eso hay tantos que tratan de escribir poesía. 
Parafraseando a Heinrich Bôll, se puede decir que el poeta y la poesía no tienen necesidad de libertad, porque son la libertad. 

POEMAS


44 
Porque esta noche duermes lejos 
y en una cama con demasiado sueño, 
yo estoy aquí despierto, con una mano mía y otra tuya.   
Tú seguirás allí
desnuda como tú 
y yo seguiré aquí 
desnudo como yo. 
Mi boca es ya muy larga y piensa mucho 
y tu cabello es corto y tiene sueño. 
Ya no hay tiempo para estar 
desnudos como uno los dos. 
45 
La soledad se adueña de mi sombra
como una deuda mía. 
Y más como una deuda de otro, 
alguien que de poder vendría. 

46 
No debiera ser posible
dormirse sin tener cerca
una voz para poderse despertar. 
No debiera ser posible
dormirse sin tener cerca 
la propia voz para poderse despertar. 
No debiera ser posible
dormirse sin despertar 
en el momento justo en que el sueño se encuentra con esos ojos abiertos 
que ya no necesitan dormir más. 

47 
Comunicar la tarde con las venas, 
reconocer los nombres con los dedos, 
mientras se mezcla el cuerpo con el signo, 
la tos y el pensamiento. 
No es posible crecer ni arrodillarse, 
pero queda la cruz de no estar muerto 
y enarbolar la sangre densamente, 
aunque no alcance el tiempo. 
No se reza sin uñas mal cortadas 
y para no morir basta estar muerto. 
Llueve en la esquina. Quizá aquí no llueva.
Pero yo no estoy seco. 

30 
De dónde nos viene esta veta de materia gastada, 
esta espiral de cansancio siempre en acecho, 
esta zona de pergamino enfermo 
que sin aviso nos desabotona el saco, 
nos afloja el abrazo,
nos tuerce de repente los ojos 
o nos hace callar en la mitad de una palabra.
De dónde nos viene este ariete precursor, 
esta fisura ubicua, 
bautista del agujero eterno.
De dónde esta filiforme anticipación 
que se nos cuela como el revés de la ternura de una amante 
y nos empuja un poco más el párpado, 
nos roba lo que íbamos a decir 
o nos calca el derroche de los rostros. 
De dónde esta humorada, esta espuma de jabón del abismo, 
este rapto ínfimo,
este buche de la muerte, 
esta ocasión de meter el dedo en la grieta 
que esculpe subrepticiamente la piel interior de cuanto
existe. 
Un minúsculo monigote, un dios enano 
anda rondando el pecho enfermo 
de esta minúscula claridad que llamamos vida. 
Habría que cortarle las manos.
O habría que clausurar la claridad. 

31 
La luna negra del día
les fabrica rumbos escondidos a las cosas.
Una gota se vuelve la mitad del aire 
y el sitio de tu sueño pega un salto.
Un montón de tiempo inesperado duplica las ventanas.
La sombra se convierte en el tacto más íntimo 
y el cuerpo tiernamente grotesco del mundo se palpa entonces a sí mismo. 
Las mareas se internan así en el pensamiento
y tu pasión comienza, 
nido y limite a la vez del mediodía. 


El desconocedor se sube al muro, 
antes de que trepen los ojos
que sentía correr al otro lado
como mandíbulas furtivas.
No va a conocer más: 
Va a alzar los túneles 
de su propia ficción,  va a consumarlos. 
El desconocedor ha hallado el giro
que las preposiciones ignoraron: 
ver sin más ver,
ver antes que el ojo vea, 
aprender a caerse del ojo 
hasta el sonambulismo de la propia visión.
O a remontar el ojo abierto hasta ninguna. 
El muro es un pretexto, 
el ojo es otro.
Y la visión también es un pretexto. 


La serpiente de todas las esperas 
que han anillado la vida 
desenrosca de pronto su sibilante inminencia 
y muerde como el calco de un dios el pan del tiempo.    
Vuelve después a enrollar su antigua ceremonia,  ese rito de la materia misma, 
mapa dormido en su elasticidad,
que no tendrá nunca un anillo de más o uno de menos.    
Juego adentro del juego,
el tiempo aguarda esas periódicas mordeduras 
para seguir girando en el vacío.
Y el vacío, 
que está afuera del juego, 
lo completa y lo nutre con su espera.   
A Paul Eluard 


Una mosca anda cabeza abajo por el techo,
un hombre anda cabeza abajo por la calle 
y algún dios anda cabeza abajo por la nada.
Tan sólo tú no andas esta tarde, 
a menos que las ausencias puras 
inventen otra forma de andar que no sabemos: 
andar cabeza arriba.
Exploraremos el encuentro del amor y la piedra, 
el viaje de la mano a su duelo, la playa de banderas con que sueña la sangre, 
la fiesta de ser hombre cuando el hombre despierta y se cae en el hombre, 
la fábula que se convierte en niño, la mujer necesaria para amar lo que amamos 
y hasta lo que no amamos.
Y exploraremos también el espacio vacío que dejaste en tu poema, 
el espacio vacío que dejaste en cada palabra
y hasta en tu propia tumba
para alzar el futuro.
Allí te encontraremos
y juntos echaremos a andar cabeza arriba. 

17 
   Un muro, una canción
y un aire como barniz de duende
para que la canción descanse sobre el muro. 
Del otro lado, un hombre. 
No ha levantado el muro 
ni canta la canción, 
ni siquiera la escucha.
Pero el aire barniz cava en su sombra un círculo 
en donde la canción es justamente el centro. 
El hombre está agachado
(tal vez lo estuvo siempre).
El muro baja entonces y le sube los ojos.
Una canción  (no importa quien la cante),
(no importa quien lo ha hecho) 
y un aire liso y vivo 
(no importa adonde vaya). 
Si el hombre no existiera, 
ellos lo habrían creado. 

POESÍA VERTICAL


14 
He encontrado el lugar justo donde se ponen las manos, 
a la vez mayor y menor que ellas mismas. 
He encontrado el lugar 
donde las manos son todo lo que son
y también algo más. 
Pero allí no he encontrado 
algo que estaba seguro de encontrar:
otras manos esperando a las mías. 

SEGUNDA POESÍA VERTICAL


52 
Si alguien, 
cayendo de sí mismo en sí mismo, 
manotea para sostenerse de sí 
y encuentra entre él y él 
una puerta que lleva a otra parte, 
feliz de él y de él, 
pues ha encontrado su borrador más antiguo, 
la primera copia. 

QUINTA POESÍA VERTICAL,



Llega un día
en que la mano percibe los límites de la página 
y siente que las sombras de las letras que escribe
saltan del papel. 
Detrás de esas sombras, 
pasa entonces a escribir en los cuerpos repartidos por el mundo, 
en un brazo extendido,
en una copa vacía, 
en los restos de algo. 
Pero llega otro día 
en que la mano siente que todo cuerpo devora 
furtiva y precozmente
el oscuro alimento de los signos. 
Ha llegado para ella el momento 
de escribir en el aire, de conformarse casi con su gesto.
Pero el aire también es insaciable 
y sus límites son oblicuamente estrechos. 

SEGUNDA POESÍA VERTICAL 


69 
Cada uno se va como puede, 
unos con el pecho entreabierto,
otros con una sola mano, 
unos con la cédula de identidad en el bolsillo, 
otros en el alma,
unos con la luna atornillada en la sangre 
y otros sin sangre, ni luna, ni recuerdos. 
Cada uno se va aunque no pueda, 
unos con el amor entre dientes, 
otros cambiándose la piel,
unos con la vida y la muerte,
otros con la muerte y la vida, 
unos con la mano en su hombro
y otros en el hombro de otro. 
Cada uno se va porque se va, 
unos con alguien trasnochado entre las cejas,
otros sin haberse cruzado con nadie, 
unos por la puerta que da o parece dar sobre el camino, 
otros por una puerta dibujada en la pared o tal vez en el aire,
unos sin haber empezado a vivir 
y otros sin haber empezado a vivir. 
Pero todos se van con los pies atados, 
unos por el camino que hicieron, 
otros por el que no hicieron 
y todos por el que nunca harán. 
La mano emprende entonces su último cambio
humildemente 
a escribir sobre ella misma. 
 

El ser empieza entre mis manos de hombre. 
El ser, 
todas las manos, 
cualquier palabra que se diga en el mundo, 
el trabajo de tu muerte, 
Dios, que no trabaja. 
 
Pero el no ser también empieza entre mis manos de hombre 
El no ser, 
todas las manos, 
la palabra que se dice afuera del mundo, 
las vacaciones de tu muerte, 
la fatiga de Dios, 
la madre que nunca tendrá hijo, 
mi no morir ayer. 
Pero mis manos de hombre ¿dónde empiezan? 
 

No es la luz la única suma de los colores. 
Hay ciertas dimensiones sueltas 
donde los colores se reúnen más estrechamente que en la luz, 
como novísimos peces en un mar aún más joven que ellos. 
 
A partir de allí 
parece posible reconstruir algo  
que nunca ha saltado el signo del comienzo 
otra especie de tangencia. 
 
La suma de los colores debe incluir un filamento 
donde estén retorcidas en un mismo hilo 
la mirada que ve 
y la mirada que no ve. 
 
11 
Sacar la palabra del lugar de la palabra 
y ponerla en el sitio de aquello que no habla: 
los tiempos agotados, 
las esperas sin nombre, 
las armonías que nunca se consuman, 
las vigencias desdeñadas, 
las corrientes en suspenso. 
 
Lograr que la palabra adopte 
el licor olvidado 
de lo que no es palabra 
sino expectante mutismo 
al borde del silencio, 
en el contorno de la rosa, 
en el atrás sin sueño de los pájaros, 
en la sombra casi hueca del hombre. 
 
Y así sumando el mundo, 
abrir el espacio novísimo 
donde la palabra no sea simplemente 
un signo para hablar 
sino también para callar, 
canal puro del ser, 
forma para decir o no decir, 
con el sentido a cuestas 
como un dios a la espalda. 
Quizá el revés de un dios, 
quizá su negativo. 
O tal vez su modelo. 
 
 16 
 
A veces parece 
que estamos en el centro de la fiesta. 
Sin embargo 
en el centro de la fiesta no hay nadie. 
En el centro de la fiesta está el vacío. 
 
Pero en el centro del vacío hay otra fiesta. 
 
 18 
 El número uno me consuela de los demás números. 
Un ser humano me consuela de los otros seres humanos. 
Una vida me consuela de todas las vidas, 
posibles e imposibles. 
 
Haber visto una vez la luz 
es como si la hubiera visto siempre. 
Haber visto una sola vez la luz 
me consuela de no volver a verla nunca. 
 
Un amor me consuela de todos los amores 
que tuve y que no tuve 
Una mano me consuela de todas las manos 
y hasta un perro me consuela de todos los perros. 
 
Pero tengo un temor: 
que mañana llegue a consolarme 
más el cero que el uno. 
 
 27  
Desde esta media luz  
o media sombra  
¿hacia dónde podemos ir?  
 
Hacia más luz  
nos ahoga la armonía.  
Hacia más sombra  
se pierden nuestros pasos.  
Y aquí  
no podemos quedar.  
 
No hay otra media luz  
o media sombra.  
 
De aquí no se puede ir a ningún sitio.  
A menos que encontremos un espacio  
donde luz y sombra sean lo mismo.  
 
37  
Toda asimetría es la nostalgia  
de una simetría.  
 
Como el árbol es nostalgia del pájaro,  
el pájaro de la nube perfecta  
y la nube de un cielo sin nubes.  
Pero toda simetría  
canta una asimetría.  
 
Hasta el ser es el canto y la nostalgia  
de aquello que no es,  
de aquello que es en lo que no es,  
de aquello que no es en lo que es.  
 
Porque la simetría y la asimetría  
son tan sólo estados provisorios.  
 
96  
Versión simple del mundo:  
el lugar que encontramos.  
 
Versión más ajustada:  
el lugar que dejamos.  
Versión perfeccionada:  
el lugar para buscar otro mundo.  
 
Versión casi definitiva:  
el lugar de una ausencia.  
 
Y otra más todavía:  
el lugar que nos prueba  
que ser no es un lugar.  
 
Y la última versión:  
el mundo es el lugar para aprender  
que ser no necesita lugar.  
 
105  
De un abismo a otro abismo.  
Así hemos vivido.  
Y cuando nos tocaba el interludio  
de una zona de aire,  
donde es fácil respirar y sostenerse,  
añorábamos sin querer el abismo,  
que nos ha amamantado con la nada.  
 
Desde el fondo del ser trepa un ensalmo  
para pedir, cuando llegue la muerte,  
que todo sea un abismo, no otro rumbo.  
 
Tal vez en él nos crezcan alas.  
 
Adentro de un abismo siempre hay otro. 
Y si no hay diferencia habrá distancia.  
Sólo nos falta hallar y ser tan sólo  
la distancia de adentro del abismo.  
 
17  
Voy perdiendo las zonas intermedias.  
Percibo sólo lo muy cercano  
o lo muy lejano.  
 
Este cambio radical de los sentidos  
o quizá este surgimiento de un sentido distinto  
confirma mi sospecha  
de que sólo en los extremos  
habita lo real.  
 
El infinito no es igualmente infinito en todas partes.  
 
En sus puntos más intensos  
las mayores distancias se reabsorben.  
La lección mayor del infinito  
es dejar de ser a veces infinito.  
 
32  
El poema continuo,  
la escritura continua,  
el texto que nunca se termina  
y nunca se interrumpe,  
el texto equivalente a ser.  
 
La vida se convierte  
en una forma de escritura  
y cada cosa es una letra,  
un signo de puntuación,  
la inflexión de una frase.  
 
Inaugural metabolismo  
de una filología  
que ha descubierto un nuevo verbo:  
el verbo siempre.  
 
La poesía se escribe siempre,  
vivir se vive siempre,  
algo despierta siempre:  
poema-siempre.  
 
El ser es escritura.  
 
Y una palabra es suficiente  
para toda la acción:  
siempre.  
El otro verbo,  
nunca,  
es tan sólo su sombra.  
 
 18  
Una invasión de palabras  
trata de acorralar al silencio,  
pero, como siempre, fracasa.  
 
Intenta luego arrinconar a las cosas  
que habitan el silencio,  
pero tampoco lo consigue.  
Y va por fin a cercar a las palabras  
que conviven con el silencio,  
pero entonces se produce lo imprevisto:  
el silencio se convierte en palabra  
para proteger mejor a las palabras  
que conviven con él.  
 
Y mientras la invasión de las otras palabras  
se desvanece como un soplo furtivo,  
se completa lo insólito:  
las palabras que quedan  
se asemejan ahora mucho más al silencio  
que a las otras palabras.  
 
(para René Char)  
 
25  
Cada poema hace olvidar al anterior,  
borra la historia de todos los poemas,  
borra su propia historia  
y hasta borra la historia del hombre  
para ganar un rostro de palabras  
que el abismo no borre.  
 
También cada palabra del poema  
hace olvidar a la anterior,  
se desafilia un momento  
del tronco multiforme del lenguaje  
y después se reencuentra con las otras palabras  
para cumplir el rito imprescindible  
de inaugurar otro lenguaje.  
 
Y también cada silencio del poema  
hace olvidar al anterior,  
entra en la gran amnesia del poema  
y va envolviendo palabra por palabra,  
hasta salir después y envolver el poema  
como una capa protectora  
que lo preserva de los otros decires.  
 
Todo esto no es raro.  
En el fondo,  
también cada hombre hace olvidar al anterior,  
hace olvidar a todos los hombres.  
 
Si nada se repite igual,  
todas las cosas son últimas cosas.  
Si nada se repite igual,  
todas las cosas son también las primeras.  
 
(en la memoria unitiva de Antonio Porchia) 
 
 11  
Detenerse ante el asombro  
que se despliega en el gesto de la rosa  
o en la maravillada tertulia  
que entablan los colores y los pájaros  
sobre la franja insegura del atardecer,  
equivale a asombrarse del asombro.  
 
Aparece entonces una nueva inocencia,  
más esencial que la primera.  
Sólo en ella germina  
el asombro definitivo:  
el reconocimiento a través de las máscaras.  
 
La salvación por el asombro.  

28  
No existen paraísos perdidos.  
El paraíso es algo que se pierde todos los días,  
como se pierden todos los días la vida,  
la eternidad y el amor.  
 
Así también se nos pierde la edad,  
que parecía crecer  
y sin embargo disminuye cada día,  
porque la cuenta es al revés.  
O así se pierde el color de cuanto existe,  
descendiendo como un animal amaestrado  
escalón por escalón,  
hasta que nos quedamos sin color.  
 
Y ya que sabemos además  
que tampoco existen paraísos futuros,  
no hay más remedio, entonces,  
que ser el paraíso.  
 
1  
No tenemos un lenguaje para los finales,  
para la caída del amor,  
para los concentrados laberintos de la agonía,  
para el amordazado escándalo  
de los hundimientos irrevocables.  
 
¿Cómo decirle a quien nos abandona  
o a quien abandonamos  
que agregar otra ausencia a la ausencia  
es ahogar todos los nombres  
y levantar un muro  
alrededor de cada imagen?  
 
¿Cómo hacer señas a quien muere,  
cuando todos los gestos se han secado,  
las distancias se confunden en un caos imprevisto,  
las proximidades se derrumban como pájaros enfermos  
y el tallo del dolor  
se quiebra como la lanzadera  
de un telar descompuesto?  
 
¿O cómo hablarse cada uno a sí mismo  
cuando nada, cuando nadie ya habla,  
cuando las estrellas y los rostros son secreciones neutras  
de un mundo que ha perdido  
su memoria de ser mundo?  
 
Quizá un lenguaje para los finales  
exija la total abolición de los otros lenguajes,  
la imperturbable síntesis  
de las tierras arrasadas.  
O tal vez crear un habla de intersticios,  
que reúna los mínimos espacios  
entreverados entre el silencio y la palabra  
y las ignotas partículas sin codicia  
que sólo allí promulgan  
la equivalencia última  
del abandono y el encuentro.  
 
(para Jean Paul Neveu)  
 
31 
En esta hora en que las formas se deshacen,  
los fantasmas han optado por sustancias más concretas.  
Así mis manos y mis pies, por ejemplo,  
descalabran de pronto sus fieles trayectorias  
y se deslizan como acordes de una sumergida partitura.  
Gestores ya de mis íntimos fantasmas,  
acunan un salto donde existe un puente,  
arman un puente en la total llanura,  
manotean abismos como quien abre una ventana,  
se turnan entre sí como columnas alternantes,  
se arrojan como galgos  
al cuello de la sombra de un transeúnte cualquiera  
o desaparecen repentinamente en medio de la noche  
o, lo que es peor, del día.  
 
Las cosas nos traducen una nueva estrategia,  
una técnica distinta,  
que viene desde el fondo.  
Los pájaros se callan a veces demasiado  
o inauguran extrañas secuencias de sordinas.  
El agua se improvisa en insostenibles regiones.  
Las palabras recogen vestiduras abandonadas  
y regresan después empujando al pensamiento.  
Hemos creído tan sólo en dioses o en nosotros,  
mientras las raíces adquirían nuevos modos de ser el fundamento  
y los fantasmas se adiestraban en nuestra propia fisonomía.  
Asistimos ahora a un replanteo de las tácticas del abismo,  
a un reordenamiento de los estratos, las jerarquías y las densidades.  
Tal vez mañana sólo seamos nosotros lo invisible,  
los fantasmas de lo que fueron los fantasmas.  
 
 2  
El otro que lleva mi nombre  
ha comenzado a desconocerme.  
Se despierta donde yo me duermo,  
me duplica la persuasión de estar ausente,  
ocupa mi lugar como si el otro fuera yo,  
me copia en las vidrieras que no amo,  
me agudiza las cuencas desistidas,  
descoloca los signos que nos unen  
y visita sin mí las otras versiones de la noche.  
 
Imitando su ejemplo,  
ahora empiezo yo a desconocerme.  
Tal vez no exista otra manera  
de comenzar a conocernos.  
 
61  
Pensar nos roba el mirar.  
 ¿Dónde está entonces la visión,  
su hebra de música sin variaciones de sonido,  
su coincidencia de ojo y sueño,  
su espacio donde sólo el pasar encuentra espacio?  
¿Dónde está el pensamiento que no roba nada?  
 
Aunque menor que otras,  
pensar también es una ausencia.  
Y un olvido que crece.  
Y además quedarse solo  
y abrir la puerta para desaparecer.  
 
 51  
Algún día encontraré una palabra  
que penetre en tu vientre y lo fecunde,  
que se pare en tu seno 
como una mano abierta y cerrada al mismo tiempo.  
 
Hallaré una palabra  
que detenga tu cuerpo y lo dé vuelta,  
que contenga tu cuerpo  
y abra tus ojos como un dios sin nubes  
y te use tu saliva  
y te doble las piernas.  
Tú tal vez no la escuches  
o tal vez no la comprendas.  
No será necesario.  
Irá por tu interior como una rueda  
recorriéndote al fin de punta a punta,  
mujer mía y no mía,  
y no se detendrá ni cuando mueras.  
 
 48  
Si uno encuentra de pronto que lleva entre las manos  
un ramo del color de los niños perdidos  
o de los ojos de los muertos,  
ya no puede seguir doblando las esquinas,  
ni doliéndole como siempre a las ventanas,  
ni haciendo un torniquete del pasado  
entre espirales de perros  
y oraciones sin dios.  
 
Es preciso entonces conseguir un lugar  
donde el amor y la luna  
se expendan en envases separados  
y la muerte baje por una ranura y no muy cara.  
 
Y es preciso sellar bien los cabellos,  
aunque no se los corte,  
para que no sigan enredando a la gente  
y convirtiéndola en árboles.  
 
Y entonces, sobre todo,  
es preciso callar  
y devolver.  
 
En esta hora en que las formas se deshacen,  
los fantasmas han optado por sustancias más concretas.  
Así mis manos y mis pies, por ejemplo,  
descalabran de pronto sus fieles trayectorias  
y se deslizan como acordes de una sumergida partitura.  
Gestores ya de mis íntimos fantasmas,  
acunan un salto donde existe un puente,  
arman un puente en la total llanura,  
manotean abismos como quien abre una ventana,  
se turnan entre sí como columnas alternantes,  
se arrojan como galgos  
al cuello de la sombra de un transeúnte cualquiera  
o desaparecen repentinamente en medio de la noche  
o, lo que es peor, del día.  
 
Las cosas nos traducen una nueva estrategia,  
una técnica distinta,  
que viene desde el fondo.  
Los pájaros se callan a veces demasiado  
o inauguran extrañas secuencias de sordinas.  
El agua se improvisa en insostenibles regiones.  
Las palabras recogen vestiduras abandonadas  
y regresan después empujando al pensamiento.  
Hemos creído tan sólo en dioses o en nosotros,  
mientras las raíces adquirían nuevos modos de ser el fundamento  
y los fantasmas se adiestraban en nuestra propia fisonomía.  
Asistimos ahora a un replanteo de las tácticas del abismo,  
a un reordenamiento de los estratos, las jerarquías y las densidades.  
Tal vez mañana sólo seamos nosotros lo invisible,  
los fantasmas de lo que fueron los fantasmas.  
 
 2  
El otro que lleva mi nombre  
ha comenzado a desconocerme.  
Se despierta donde yo me duermo,  
me duplica la persuasión de estar ausente,  
ocupa mi lugar como si el otro fuera yo,  
me copia en las vidrieras que no amo,  
me agudiza las cuencas desistidas,  
descoloca los signos que nos unen  
y visita sin mí las otras versiones de la noche.  
 
Imitando su ejemplo,  
ahora empiezo yo a desconocerme.  
Tal vez no exista otra manera  
de comenzar a conocernos.  
 
 51  
Algún día encontraré una palabra  
que penetre en tu vientre y lo fecunde,  
que se pare en tu seno 
como una mano abierta y cerrada al mismo tiempo.  
 
Hallaré una palabra  
que detenga tu cuerpo y lo dé vuelta,  
que contenga tu cuerpo  
y abra tus ojos como un dios sin nubes  
y te use tu saliva  
y te doble las piernas.  
Tú tal vez no la escuches  
o tal vez no la comprendas.  
No será necesario.  
Irá por tu interior como una rueda  
recorriéndote al fin de punta a punta,  
mujer mía y no mía,  
y no se detendrá ni cuando mueras.  
 


 

PRÓXIMO NÚMERO

105 Poesía más Poesía: Rodolfo Alonso

RODOLFO ALONSO

DAR DE BEBER
sometidos a tan vasto encubrimiento
a tal golpe de suerte
un hombre muere una frontera se propaga
sosteniendo hasta el fin un día de olas
(“Salud o nada”, 1952-1954)

Rofolfo Alonso nace el 04 de octubre de 1934 en Buenos Aires. “Como hijo mayor de inmigrantes gallegos, ambos de linaje campesino, a mí me tocó enfrentar solo, por mi cuenta, sin apoyo de nadie, a la inmensa Babel que era entonces Buenos Aires. La fui descubriendo a tropezones, y la recuerdo por fragmentos. El asombro de la primera lluvia, del primer granizo, el asombro de los primeros libros (descubiertos en librerías de lance), el primer Arlt, el primer Vallejo, ¡el primer Macedonio! Y el tango, el tranvía, la radio, el cine. Y el lenguaje popular, coloquial. Y los matices extranjeros. ¡La canción! Sólo mucho después percibí que mi infancia fue bilingüe, lo que trae consecuencias. Y a la vez como dos infancias simultáneas: la metrópoli que me tocaba descubrir, y la memoria de la aldea de montaña y la pequeña ciudad junto al mar de que aún hablaban entonces mis padres.

Rodolfo Alonso y su madre en 1935


Fue mi padre el que eligió el Colegio Nacional de Buenos Aires. Por mi parte, siempre tuve terror a los exámenes, a la idea misma de examen. Y no sé cómo logré atravesar, no sólo la primaria sino todo el bachillerato (que incluía seis años de latín), sin habérmelo propuesto y sin que pudiera aún hoy explicar cómo lo hice, sin rendir ningún examen por mis buenas notas y alcanzando incluso galardones. ¿Puede el miedo empujarnos a tanto?
Casi desde niño me descubrí como grafómano, como adicto incurable a leer y escribir. Y también desde muy joven me sentí poseído por una doble obsesión: ser tan fiel a la más exigente poesía como a compartirla con mis semejantes.” 

Foto: Poesía Buenos Aires 1954. De izquierda a derecha: Jorge Souza, Rodolfo Alonso, Néstor Bondoni, Francisco “paco” Urondo, Osmar Bondoni, Edgar Bayley y Raúl Gustavo Aguirre.


 Todavía con 16 años, a mitad del secundario en el Colegio Nacional de Buenos Aires, fue invitado en respuesta a una carta espontánea y recibido en el Palacio do Café, el lugar de reunión del grupo Poesía Buenos Aires, allí Raúl Gustavo Aguirre, Nicolás Espiro, Wolf Roitman y el músico Daniel Saidón lo recibieron. Al día siguiente cumplía Alonso 17 años. Fue recibido con naturalidad, fraternalmente, pero después de preguntarle si traía poemas, allí mismo se los juzgó sin concesiones. Las puertas estaban abiertas, pero la poesía era una cosa seria. Aquella convivencia por lo general con jóvenes sólo unos cuantos años mayores, fue fundamental para su formación humana y artística. Por esos días se mantenía latente en el aire aquella esperanza de Tristan Tzara: “hacer de la poesía una manera de vivir”. 

 Paco Urondo, Juan L. Ortiz, Rodolfo Alonso y Hugo Gola, Paraná, 1956.


A mediados del siglo XX surge en la Argentina un grupo de poetas de vanguardia, que, apartándose de temáticas y modos poéticos fosilizados, persigue renovadas maneras de expresión. El grupo Poesía Buenos Aires, significó un fértil aporte, a partir de las variadas propuestas estéticas de sus integrantes. Poesía Buenos Aires modesta revista argentina de vanguardia, con su título y sus poemas escritos en minúsculas y sin signo alguno de puntuación (cosas por entonces escandalosas), de carácter absolutamente independiente y prácticamente artesanal, con treinta números publicados entre 1950 y 1960, en tiradas que oscilaban alrededor de los quinientos ejemplares, fue posible merced a la generosidad y devoción de Raúl Gustavo Aguirre, que le imprimió el carácter de no incluir sólo poesía sino también traducción y ensayo. Permitió modificar los modos de escribir y vivir la poesía en Argentina. Sin Aguirre nunca hubiera existido Poesía Buenos Aires.

Rodolfo Alonso con Giuseppe Ungaretti el 20 de noviembre de 1967 – Foto de E. L. Bianco


“Aguirre me abrió las puertas de su mundo como lo hacía siempre, de buena fe y con la máxima entrega. Puede ser que hubiera algo que ya había comenzado a germinar en mí, pero sin duda no sería quien soy ni hubiera hecho lo que haya hecho sin su ejemplo y su apoyo, tan íntegro y hondo, que no se hacía notar, que fluía de él naturalmente, discreto y reservado pero firme y decidido en sus afectos y sus convicciones.”
“Dado que la revista no se proponía “triunfar”, ni hacer carrera, ni profesionalizarse, elegimos o fuimos elegidos por la tierra de nadie, el lugar de combate más expuesto.” Poesía Buenos Aires, aparte de haber contribuido más que ninguna otra publicación a la difusión de las principales corrientes poéticas del siglo XX, reveló sobre todo una nueva generación de poetas argentinos y una nueva manera de concebir el trabajo poético. Edgar Bayley, Mario Trejo, Francisco Madariaga, Leónidas Lamborghini, Hugo Gola, Francisco Urondo, Rodolfo Alonso, colaboraban con frecuencia en la revista, que publicó también, en algunos casos, los primeros libros de algunos de ellos.

LEDO IVO RODOLFO ALONSO NÉLIDA PIÑÓN 2006 Academia Brasileña Letras Palmas Académicas


Después de una interrupción de sus actividades a causa del servicio militar, que en aquel entonces era obligatorio en Argentina, Alonso se inscribió en la carrera de arquitectura, la cual abandonó algunos meses más tarde. Se descubre entonces escribiendo y publicando poemas, traduciendo de varios idiomas, amigo de pintores, músicos, escultores, arquitectos, cineastas, y otros artistas e intelectuales decididamente modernos.
Estuvo a cargo del Departamento de Actividades Culturales de la Universidad de Buenos Aires, en los rectorados de José Luis Romero y Risieri Frondizi. Fundó con el compositor Francisco Kropfl el Estudio de Fonología Musical de la UBA, primer laboratorio de música electrónica en América Latina. En 1963, el Instituto Di Tella le solicitó especialmente el prólogo para el catálogo de su Primer Premio Internacional de Pintura. Armando Krieger, Rodolfo Arizaga, Alejandro Pinto, el belga Max Vandermaesbrugge y el colombiano Leandro Sabogal, entre otros, pusieron música a poemas de Rodolfo Alonso.
Fue Director de Cultura en la Provincia de Buenos Aires (1984), y entre 1986 y 1989 Director del Fondo Nacional de las Artes. Dirigió las revistas Claudia (Editorial Abril), Karina (Editorial Atlántida), Galicia (Centro Gallego de Buenos Aires) y fue jefe de redacción de Argentime (Julio Moyano Ediciones).
Ha sido especialmente invitado a importantes festivales internacionales de poesía en Colombia, Rumania, Brasil, Bélgica, Canadá, Venezuela, etc. Ejerce habitualmente la crítica literaria, y también suele escribir sobre artes visuales. Es colaborador especializado en temas de periodismo cultural y artístico para numerosas publicaciones del país y del exterior. Tuvo a su cargo la cátedra de Historia de la Cultura Argentina en el Instituto del Servicio Exterior de la Nación. Trabajó durante muchos años para el diario tucumano La Gaceta, específicamente en su suplemento cultural, y tuvo la oportunidad de viajar y conocer a muchas de las personalidades más prominentes de la literatura del momento. 

Alonso junto al poeta Juan Gelman


Siendo muy pero muy joven, Aldo Pellegrini le encarga seleccionar, prologar y traducir, primero a Fernando Pessoa, absolutamente desconocido hasta ese momento, incluso en Portugal. Y luego a otro grandísimo poeta, Giuseppe Ungaretti. En ambos libros la repercusión fue tan enorme, en todo el ámbito de nuestra lengua, que hubo que hacer reediciones sucesivas. Y hasta se dio el caso de ediciones piratas. 
A los 33 años con la indemnización por su cese como director en una revista, funda su propia editorial, prácticamente artesanal pero que llegó a lanzar más de doscientos cincuenta títulos. “Lo mío nunca fue una empresa propiamente dicha, sino más bien una actividad de artesano, individual y múltiple, casi sin empleados. El resultado fueron más de 250 títulos diferentes, muchos de ellos varias veces reeditados, y que se ha ido convirtiendo en una referencia “de culto”, con ejemplares buscados y rebuscados por coleccionistas y bibliófilos.”


“Hoy pareciera que el único objetivo de editar es el lucro, cuanto más amplio e inmediato, mejor. Pero no siempre fue así, hubo otros tiempos. Cuando yo era adolescente, por ejemplo, casi todo editor se hubiera avergonzado de publicar algo, que no sólo no tuviese nivel cultural, sino que pregonase públicamente su finalidad de lucro. Además, entre las grandes empresas (que por supuesto no eran como estas multinacionales que hoy nos agobian) y algunos sellos de tendencias determinadas, casi de propaganda, había aún espacio para editores independientes, a veces incluso artesanales. Que, como en mi caso, buscaban plantearse los problemas, las cuestiones, políticas y estéticas, y aún político-estéticas, con argumentos, con un criterio general progresista pero en un marco pluralista y de libre discusión.”
También escribe guiones para cine. Cortos o mediometrajes como “Crónica en Maciel”, de Víctor Iturralde; “Fiesta en Sumamao” y “La ciudad universitaria”, de Aldo Luis Persano; “De vuelta a casa”, de Ricardo Becher. Estaban a punto de filmar el primer largometraje, “Tierra roja”, basado en cuentos de Horacio Quiroga y con tres equipos de trabajo, cada uno con su director y guionista llegó la dictadura de Juan Carlos Onganía. Con la Noche de los Bastones Largos termina una época clave de la Universidad pública pero también una vieja tradición de cultura democrática en lo que hace al arte y a la literatura.


Alonso fue el primer traductor de Fernando Pessoa en América Latina, también la primera de los heterónimos en castellano. Tradujo asimismo a Giuseppe Ungaretti, Marguerite Duras, Cesare Pavese, Gillo Dorfles, Paul Éluard, Carlos Drummond de Andrade, Eugenio Montale, Jacques Prévert, Guillaume Apollinaire, Murilo Mendes, Pier Paolo Pasolini, Rosalía de Castro, Antonin Artaud, Manuel Bandeira, Charles Baudelaire, Paul Valéry, Stéphane Mallarmé, Olavo Bilac, Lêdo Ivo, André Breton, Georges Schehadé, etc.
“Soy hijo de inmigrantes gallegos y mi infancia fue bilingüe. Y el gallego, que es una lengua de poesía, es la misma que usaban en la Edad Media los legendarios trovadores galaicoportugueses. Así que del gallego al portugués no hay demasiada distancia. Sí estudié francés e inglés, y hasta latín, pero nunca italiano. Pero italiana fue la mayor inmigración europea a la Argentina y, en consecuencia, el italiano estaba en el aire de Buenos Aires, la ciudad donde nací y que tuve que descubrir por mí mismo. Yo intuyo que, si tuve algún don, es el don del oído, el don de lenguas.”


Sus Antologías y sus propios libros fueron editados en Argentina, Bélgica, España, México, Colombia, Francia, Brasil, Venezuela, Italia, Cuba y Chile. Sus libros han sido ilustrados por grandes artistas argentinos: Libero Badii, Alfredo Hlito, Juan Grela, Clorindo Testa, Rómulo Macció, Rogelio Polesello, Guillermo Roux, Miguel Ocampo, Josefina Robirosa.
Ha publicado más de 30 libros de poesía, ensayo y narrativa, tanto en su país como en el exterior. Ha sido objeto de innumerables reconocimientos que obtuvo: en 2002 recibió, en Venezuela, la Orden Alejo Zuloaga, máxima distinción de la Universidad de Carabobo; las Palmas de la Academia Brasileña de Letras (2005); Premio Único de Ensayo Inédito de la Ciudad de Buenos Aires (2005) y el Premio del Festival Internacional de Poesía de Medellín (Colombia, 2006), Premio Nacional de Poesía; Premio Konex de Poesía; Gran Premio de Honor de la Fundación Argentina para la Poesía; Premio Rosa de Cobre de la Biblioteca Nacional.
Desde 2012 tiene a cargo en EDUVIM  (Editorial Universitaria Villa María) la colección LA GRAN POESÍA en la que sistemáticamente aparecerán los grandes nombres de la poesía universal en traducciones propias o de los grandes traductores en lengua castellana.
La Universidad de Princeton se ha hecho cargo de su archivo personal (epistolar y fotográfico), en proceso de catalogación.
Tiene actualmente 84 años.

POEMAS

EL AMOR VICTORIOSO


compañera
ya no me duele
el día
mujer
contigo nace
mi voz
rama intensa
el viento
de tu nombre
todo cae
sobre mí
el cielo
el sur
tu noche de dos alas
tu eternidad
el fuego
de esa guitarra 
que ayer
temblaba
sola

CUERPO A CUERPO


 De una oscura pasión o algún esfuerzo, de un puro golpe de amor,
     de cierta manera de hablar y sorprenderse no podrás evadirte
     sin dejar una huella, algo que te descubra.
 

LEJANA BUENOS AIRES

todos
esperan algo
de la ciudad

todos
esperamos
un viento
un roce
una palabra

una cama de amor
un pan brillante

ah
la ciudad
que nunca
alcanzaremos

la ciudad
que nos suelta
y nos deja
solos
entre todos
temblando
esperando algo

MEMENTO VIVERE

“Sobre esto dejemos crecer la hierba.”
Lichtenberg

Carne una vez tocada,
carne sida, que fuimos,
sólida como el viento,
firme como la luz.
Carne asida, perdida,
carne que eres memoria,
aliento, duración
imprecisa, pendiente,
sostenida en tu llama,
frágil como el azar.
Carne que causa ira,
que devasta, que incendia,
carne que deja ver,
carne insumisa, eterna,
perdurable, volátil,
cierta, veloz, lejana.
Carne que crece en otros
hecha carne o recuerdo,
destino o circunstancia,
eso llamado amor,
eso llamado fue.
Carne, milagro en sí,
insaciable milagro
que eres tu luz, la vida,
que eres tu sol, la sombra.
Carne, fugaz, pasando
irrevocablemente,
convertida en historia
cotidiana, cruel.
Carne rozada, intacta,
que el futuro hará olvido
y que el presente erige
sobrevida inmortal.
Si fuiste, eres, y eres
lo que serías, fuiste
y serás, siendo somos
lo sido, lo que hicieron
de nosotros al ser:
somos lo que será
y lo que ahora somos.
Ese ahora que fue.

(De A flor de labios)

LATE EL LITIO


Late el litio latente
Liviana levadura
Lúgubre ligadura
Aluvión de lingotes
Levantarán el vuelo
Alud que asola el suelo
Los lastimosamente
Lazos de la licencia
De las licencias duelo
Los lamentablemente
Lo levantan del suelo
Sudor de la salina
Ligan los relamidos
Lo que levanta el ala
La leva de alelados
Lejos lejos logramos
Eludir lo legado
Lástima por el litio

Lo habíamos olvidado
Pero no los ladrones

(De Poemas al gusto del día)

SÓLO POR AMOR

el bello amor
va a derramarse

corazón compartido
primavera

el bello amor
es resistente

un tren se va
alguien se va

el bello amor
se queda y vence

yo quiero sostener
lo que digo

el amor bello
arrasará

De "Entre dientes"

La naranja no sabe
La naranja no sabe
que se llama naranja
Como Plutón no sabe
que se llama Plutón
Y yo mismo no sé
bien por qué me han llamado
Rodolfo nada menos
¿Será nomás que el hombre
nombra para los hombres?
¿Por qué mi perro entonces
y hasta mi gato a veces
miran si se los llama?
¿O es que será eso acaso
aquello a que decimos
sutileza?

EL PONCHO DE LOS POBRES


Bajo este vendaval de impiedad y de infamia
Que anega el corazón y ciega hasta dolernos
Sobre el cuerpo aterido de tanto despojado
En situación de calle en situación de abismo
De tanto despreciado de tanto depredado
De tanto despedido por la crueldad impune
Del poder de poderes del poder de la fuerza
Del oro que nos hiela bajo todas sus formas
Todavía tenemos al sol dando una mano
El sol poncho de pobres en la miseria injusta
Inmerecida sobre un país desolado
Asolado por deudas de eficacia siniestra
Todavía nos queda el roce tibio hermano
De su abrazo en los hombros buscando devolvernos
El calor que nos forje buscando despertarnos

(De Poemas al gusto del día)

ULTIMO TANGO EN ROSARIO

Guitarra, bandoneón
y despiadada música:
bajo la cruda luz,
dos rostros descarnados
chirrían con la espesa
danza de los suburbios.
 
Pero ya nadie baila.
Apenas unos viejos
intentan rescatar
–patética efusión–
los relumbres de antaño.
 
 ¿Y adónde se quedaron
tanta pasión y fuego,
tanto ardor, tanto vuelo
provocador y propio?
¿Qué los hizo dejar
de ser y, antes, ser?
¿El tango fue algún modo
(“perdonen la tristeza”)
o era esencia, sentido?
 
Las impares parejas
se rozan removiendo
música despareja.
La juventud vivida
¿permanece, resurge?
Inquieta, interminable,
¿hace de sus cenizas
un carnaval remoto,
un carnaval futuro?
 

LA MUERTE FELIZ

                                                                                                        
 A lo que fue Albert Camus
 
Ya no tengo sorpresas de mi cuerpo,
de mi cuerpo feroz y delicado.
Porque aunque nunca hablemos de la muerte,
la Muerte es la medida en cuanto hablamos.
 
Negamos para ser, somos negando,
y el futuro es ayer, ayer futuro:
sólo el presente está desubicado.
Porque el voraz abismo nos transcurre
 
negamos para hacer, somos negados.
El instante, perpetuo Laocoonte,
Prometeo que delira, encadenado
 
a una nube que muerde, a una paciencia
que Sísifo soñaba. Hechos destino
a sabiendas o no, punibles, sanos.

EDAD CLANDESTINA

se murmura se bebe si hubiéramos sabido
la certeza en su piel era una mano más
la sonrisa en desorden
el atardecer que se angustia ante su filo

esconde tras sus brazos la madera reciente
la más reciente súplica
y oscila un gesto mineral hacia nosotros

veremos hoy de nuevo al hijo de su altura
al sol que era en su idioma como un cansancio atroz
al niño que arrojaba su sangre por las calles

un resplandor salvaje desnuda su cintura
intima a su conciencia
deja pasar los años peces nuevos
que se encabritan en medio del suplicio

detrás de la mañana
encontramos el sabor que cubre sus hechizos

su corazón es ahora un adolescente imaginario
un destino en secciones

DURO MUNDO

“Chau, Amargura”
Roberto Artlt


1
ágil en medio de la mañana
de las ciudades que me condenan y el viento que me inicia
tengo derecho a tanto
a la caricia al más rotundo abrazo
voy aprendiendo a respirar
2
me acuesto me levanto
voy conociendo los dedos del clima
hago mi día con los otros
y agito unas palabras como tantas
3
y me atrevo a decir estoy creciendo
y me atrevo a decir
hay que apoyar el pecho sobre el mundo
para agotar la luz de la aventura
las naves del desvelo
el paso libre a través de las leyendas
4
voy conociendo las voces de los inocentes
del primero caído del sonreír
el sabor de mis años acogidos sin destreza
5
quisiera hablar de mí
sin olvidar a nadie
6
hago el amor
el amor en las plazas y en las calles
en todos los rincones de la historia
y no conozco piedras
en el amor
7
sí hay gestos que me convocan
otros cobijan mi ternura
hay una altura dulce que conmueve mis horas
8
ella hablará por mí
9
una ciencia me tiembla en el aliento
el camino rebelde
la aurora bien nacida
y los remordimientos
sentina de mi vuelo
10
nadie se niegue a comenzar
a reir
no nos hemos conocido todavía
no hemos conocido de más
hasta que la poesía estalle
como una verdadera palabra
11
por la noche sé permanecer
sé crecer y conocerme
o dejarme caer desprevenido
sobre mis semejantes junto a mis semejantes
12
y esto no cuesta mucho
y este cuerpo sin aire es un silencio enorme
13
he construido mi dominio
tengo el día la ciudad el pecho de la lluvia
la libertad como una mano
14
y para recordar
sé cuanto pesa la esperanza
15
la esperanza
tu mano sobre mí
mano para jugar a cómo vamos
mano comienza el tiempo

LA MUCHACHA DE LAS ISLAS CANARIAS


la que yo amo distribuye el tiempo
conserva las raíces de las horas en sus manos
salud en sus campanas
en su muralla convertida en lluvia
en su corazón que está en declive
en la cumbre la muerte en el fondo el amor
amor sus dos pupilas amor cabalga la certeza
y ella convive con los hombres
hoy sus islas habitan mi garganta
la nadadora negra está de pie en la orilla 
y hace jirones de pelo con el viento 
la que yo amo persiste en el invierno
se da y huye para luego volver a prosternarse
levántate esperada tu corazón es un crisol 
pero aún hay una espada en tu sonrisa 
la que yo amo está cerca de mí 
nuestra fuerza es la fuerza de los hombres 
está en mis venas y en mis músculos
caliente como el pan como la sangre como el vino

LA JOVEN ASESINA

Cernías en medio de tu frente las verdades forjadas por los otros, las grandes palabras devoradoras del riesgo y el temblor.
Tu presencia obligó al mundo a tomar nuestra medida, al viento a planear dulcemente sobre tu asombro.
Hasta estallar, hasta que de toda nuestra firme juventud
sólo quedó un gesto de sorpresa.
No hay consuelo para aquel que de improviso es apostado frente a su propia espalda.
No hay agua para sus maravillas ni tensión para su orgullo.
No hay tierras para él.
Dónde devolveré el resplandor con que marcaste mi aparición sobre la tierra, dónde abandonaré esta llave temible y luminosa cuyo único poder consiste en conservarse siempre tuya a lo largo del tiempo.
Tú mantenías la mirada firme en una sola dirección.
No sólo los claros años, los árboles, el aire; también la fresca seguridad de tu piel, las mareas invencibles de tu risa.
He jugado.
He perdido la flor de la aventura cuando creía cabalgar a su encuentro. 
Escucha, en la alta noche, los aullidos del solitario. El
ronda las huellas recientes de tus pasos que aún gimen en
la arena; él se ajusta a tu recuerdo, bebe el hálito acre que
has dejado vibrando en cada sitio, en cada gesto, en cada interminable noche.
Esta es la vida que admirabas.
Esta es la torre, el mar, la furia del paisaje; los abrazos violentos y obstinados, las dulces consecuencias.
Esta es la gran herida que va sorbiendo al mundo.
Duerme tranquila.
Esa sombra que en las noches te cubre y te acaricia es tu
imaginación.

VALSECITO CRIOLLO

Bajo la marejada del destino
un cuerpo amado se diluye
en la sombra

Amor perdido
en la espesura del tiempo

(La casa adquirida con amor
deriva mar adentro naufraga
inexorablemente

En su interior
no sin esfuerzo
el capitán
con el corazón desgarrado
no hace la venia
no da señales
de vida de deseo
no mira fijo hacia adelante
no está tieso
se hunde
él también
inexorablemente)

Bajo los años bajo la ansiedad
un cuerpo tibio se enfría
en el olvido

Amor que se perdió
que nos perdió

(La casa cae

Con el mar al cuello
sin pestañear
lúcidamente
el capitán agrega otra lágrima
la última lágrima
de su vida
a los océanos del mundo)

Qué será de mí
qué será de ti
perdidos en el mar
-mareas alamedas-
solitos

Amores hojas muertas
grandes muertes pequeñas
asesinamientos crímenes
de lesa
vida

Del libro Señora Vida

DESCUBRIMIENTO DE LA ADOLESCENCIA

Diego: ya no nos vemos
tanto. ¿Son tus años
los que te alejan de los míos
o estos que ya comienzan
a pesarme
se interponen,
hacen distancias, lagos
de incomprensión y de silencio,
diálogos
que no se logran?
Yo he cantado
la alegría de ser tu padre
y en tu infancia
he descubierto el mundo.
¿Qué irás a enseñarme
ahora?
Vamos a aprender juntos
lo difícil de amar y ser amado,
lo difícil de vivir en un mundo difícil,
el sabor de la música,
los versos
escritos bajo la lluvia,
leídos bajo la lluvia.
Tú eres tú
y yo también.

Del libro Señora Vida

CONSTRUCCIÓN DEL RECUERDO

Junto a la orilla de la lámpara
la joven madre en la alta noche
dibuja estampas para niños.
La tinta china y los pinceles
cantan amor sobre las páginas.
El joven padre cabecea
en el sillón, cansado, de
ese trabajo que le gusta.
La hija pequeña duerme, al lado.
Un ronroneo aquí es la vida.
Afuera crece la violencia.
Y otra violencia aquí también
crece profunda, incontenible:
el tiempo crece, siendo, haciendo
que este minuto se haga imagen,
vana esperanza perdurable,
cuadro, poema, refrán, aria.
Como este mismo, el milagroso
instante en que te escribo o lees,
capaz aún de empinarse a sí mismo
hasta volverse ya memoria,
recuerdo, duración, humana lucha
contra la muerte, la que todo
lo infiltra, asedia, posee, lacra.

Del libro Señora Vida

LEVANTO TESTIMONIO

Cielos abiertos, hombres abiertos de par en par,
ofreciéndose a tu llama, a tu abismo, a tu luz, Señora Vida.

Aunque sea sólo un instante contra la eternidad,
esta es mi noche, mi salud, mi calor, mi risa, la única prueba
AHORA de que absolutamente TODO valía la pena.

Del libro Señora Vida

HAY EN MI

Hay en mí
residuos de clase, restos
de educación, maneras
prestigiosas o impuras
de comunicarse, abismos,
ancestros, dudas, deudas,
formas.

Hay en mí
deseos insatisfechos
cumplidos, compromisos
que sólo yo conozco,
obligaciones
por mi cuenta.

Hay en mí voluntades
sin voluntad, ganas
por venir, gana
en general.

¿Hay
en mi?

Del libro Señora Vida

DÉJÀ VU


Una mujer se desnuda en mi memoria
mientras afuera resplandece la ciudad
o llueve y hace frío
Una mujer lava su pelo negro con el agua de mi infancia
una distancia va formándose
Su piel es lenta y fresca como la mañana que acaricia
su voz se hace lejana
Una mujer me alcanza
el primer seno descubierto
el primer seno acariciado
Mientras adentro resplandece la memoria

("Hago el amor", 1963-1967)

ELLA DE PRONTO

Vuelvo a caer en tus redes.
En el viento bajo del orgullo, en la marea del odio, vuelvo a desconocerte.
A rodar sin perdón hacia tu belleza fácilmente aceptable.
Vuelvo a caer en la dura nostalgia.
En tus pantanos ágiles.
En el olor inmortal que te oscurece y te entrega al hombre que canta
   en medio del peligro.

CIRCE, NO VENUS

(Por ellas, Ella habla:)
“Derrochaste mis muslos.
Pero no sólo eso.
¿O acaso no me oías
aullar en la alta noche?
No te buscaba a ti:
buscaba tu sustancia
(el fuego que te habita
o soñé te habitaba).
Desmedida, voraz
como todo lo humano,
me irritó tu ternura
delicada y feroz.
Si la vida te pasa
sin que la tomes viva,
la muerte ordena todo
o todo desordena.
Y sólo encontrarás
(compréndeme insaciable)
al buscar lo que buscas.”

("El arte de callar", 1993-2002)

ORILLAS DEL PARANÁ

Estas aguas cavan la verdad silenciosa.
Ellas sostienen el primer silencio, el pecho abierto al sol,
   la ruina de la angustia.
En la sombra propicia crecen los acontecimientos capaces
   de habitar su oscura imagen de la tierra.
Vamos a adelantar un pie sobre el absurdo.
Vamos a conocerte: mundo incierto y animal, agua madura.
Nace mucha bondad en estos ríos.
Necesitamos su virtud, su falta de costumbre, su vida de aventuras.
No se les puede dar la espalda.

Se recomienda ver el programa de televisión Poesía más Poesía con la presencia del poeta Miguel Oscar Menassa y director del programa.

PRÓXIMO NÚMERO

99. Poesía más Poesía: Mario Trejo.

MARIO TREJO

Mario César Trejo nació el 13 de enero de 1926, no obstante existe desacuerdo sobre su ciudad natal, algunas fuentes indican Buenos Aires o La Plata; sin embargo, Jorge Ariel Madrazo al prologar el poema Orgasmo (Centro Editor de América Latina,1989) menciona que “Mario Trejo asegura, alternativamente, haber nacido en Tierra del Fuego, en Comodoro Rivadavia, o en muchos otros lugares: todo indica que ello ocurrió al sur del país, no aclara en qué año la provincia o ciudad poco importa. “Huir de la pequeña historia./ La anécdota me saca de quicio. Vivamos el Gran Cuento”, escribió el poeta. Y lo cumplió a rajatablas: estuvo en todas, pero acaso siempre supo que un trasgresor tiene que huir antes de que logren digerirlo.
Trejo coincide con Marcel Duchamp en que tales precisiones “sólo sirven a los tontos y a los profesores de literatura española”. En el mito de origen se puede ver un disfrute por tejer una trama enigmática en torno de su biografía, una imprecisión nunca aclarada que ejerce su magnetismo.
Fue una de las voces más irreverentes de la poesía argentina, además de autor de canciones, periodista, guionista y dramaturgo. En el prólogo del último libro publicado por Trejo, Guillermo Saccomanno lo definió como un “monstruo sagrado”.
La insolencia extrema era su divisa existencial. Quizá construyó un territorio escurridizo donde podía pasearse a sus anchas sin que lo embanderaran en ningún dogma ni corriente estética. Su lema podría haber sido “mutar para sobrevivir”.
Ese viejo indómito, de espíritu jovial y verba inflamada por la ironía, no se dejaba atrapar ni encasillar fácilmente. Aunque flirteó con muchas movidas vanguardistas –surrealismo, invencionismo y varios “ismos” más–, su intempestiva singularidad residía en creer en la poesía, más allá de cierta desconfianza “instrumental” que emanan de algunos de sus poemas. “La palabra lobo no muerde./ El que muerde es el lobo./ La palabra no muerde./ El que muerde es el poeta.


A lo anterior la hay que sumarle la fascinación por la música, por ciertos músicos, ciertas lecturas, ciertos films, también la arrogancia, la soledad de los jugadores, la apuesta al todo por el todo, el amor por sus amigos, su erudición enajenada, el plurilingüismo y una capacidad de goce inigualable. Así durante veinte años, treinta años, cuarenta años, ochenta años, Mario Trejo vuelve a nacer precoz, trastornando ciudades, sin calma, con regocijo y adicciones, irreverente como Mozart: “¡Que los que no me quieren me laman el culo!”
Una observación a consignar es el cambio de estética que Trejo generó, visualmente notorio hasta el contagio. No se trata como en Derridá del “efecto visera” desde el que heredamos la ley y una mirada inaccesible, ni del “efecto yelmo” potenciando el dramatismo, aquí la identidad del poeta está en el ruedo, se trata del “efecto Trejo”, su zona de influencia, el pasaje a una estética vanguardista que llevó a los nerudeanos a convertirse en vallejeanos.
Al Poeta se lo distingue por la manera de no decir ciertas cosas, por la manera de decir otras, por su peculiar hábito de ceder al vacío central, por deslizarse en caída libre hacia un campo móvil, por habitar una discordia interminable. Así los desvíos, del volumen al punto, del color a la superficie, de la solución al misterio, la poesía de Trejo trasmuta el matrimonio cielo-infierno, desgaja una lógica que comprime al verso clásico y la experimentación.
¿Su contraseña? Ser un pescador spinozeano. Estar tendido y alerta. Recordar que la obra no es un dato natural sino un cóctel de exigencia, hurto y donación.

A los 20 años, en 1946, publicó su primer poemario, Celdas de la sangre.
El mismo año, junto con Alberto Vanasco (con quien escribiría la pieza teatral No hay piedad para Hamlet), fundó el H.I.G.O. Club, un movimiento de agitación cultural que promovía una suerte de happenings: exhibiciones de pintura y escultura que duraban pocos minutos, acompañadas por lecturas de poemas.
Se unió a Tomás Maldonado y Edgar Bailey en el Grupo Arte Concreto-Invención, en 1948.
Dos años después, ya en la década del ’50, integraría la revista Poesía Buenos Aires.
Entre 1952 y 1953 fue secretario de redacción de Letra y línea, la revista surrealista que dirigió Aldo Pellegrini.
Trejo se desplazaba, viajaba, experimentaba, como si la quietud lo espantara. En 1957 tomó contacto en Brasil con el grupo de poesía concreta de Décio Pignatari y Haroldo de Campos, y luego tradujo a Drummond de Andrade, Cabral de Melo Neto, Murilo Mendes y Vinicius de Moraes.
Cuando regresó a Buenos Aires, realizó entrevistas para Canal 7 y escribió para Historias de jóvenes, el ciclo de David Stivel. En la década del ’60 hiperbolizó el “moverse en todas partes”. Estuvo en Madrid, Roma, París; hizo crítica literaria, con Mario Vargas Llosa, para la Radio Televisión Francesa; anduvo por Cuba y escribió un documental sobre Wilfredo Lam.
El uso de la palabra, su segundo poemario, recibió el Premio de Poesía Casa de las Américas, en 1964. Un año después volvió a Roma para escribir junto con Bernardo Bertolucci Kill Me Future, un largo de ciencia ficción política que no alcanzó a filmarse. Como si los papeles que le robaba al tiempo no alcanzaran, el poeta se interpretó a sí mismo en La vía del petróleo, un documental que, restaurado, se presentó en el Festival de Venecia de 2007. En esa infatigable exploración de lo “nuevo” –o lo que estaba dando vueltas en el aire del presente– también se alimentó de las enseñanzas del Living Theatre.
Cuando regresó al país, escribió y dirigió Libertad y otras intoxicaciones, pieza que anuda el tratamiento de la tortura, el aborto y el derecho a la diferencia, montada en el Instituto Di Tella.

Poni Micharvegas y Mario Trejo.


El poeta se movía por dentro y por fuera; cruzaba todas las grandes aguas y acopiaba intervenciones y experiencias. “Esta agitada vida/ me ladra como un perro”, escribió acaso con la urgencia de quien, sin apuro, intuye que de lo único que no puede escapar es de un destino vertiginoso.
Trejo, corresponsal free lance en Medio Oriente (Egipto, Israel, Siria, Líbano) y en Chile, escribió crónicas y reportajes y entrevistó a Ernesto Guevara, Yasser Arafat, Salvador Allende y Ben Gurión, entre otros. Su inserción periodística arrancó en el diario La Prensa, colaboró en distintos medios y tuvo a cargo la sección literaria de la revista Confirmado y la sección Artes y Espectáculos en Primera Plana.
Su poema “La tristeza y el mar” fue musicalizado por Waldo de los Ríos. “Los pájaros perdidos” –el “hit” del poeta– se impregnó en muchos más oídos a partir de la melodía de Astor Piazzolla y las voces de Amelita Baltar, Susana Rinaldi y Julia Zenko, además de las versiones que circularon en griego y japonés. La cantante italiana Milva, la norteamericana Jeanne Lee y el trompetista italiano Enrico Rava grabaron temas del poeta.
El poeta que gestó una obra solitaria –hasta hace no mucho tiempo su nombre operaba como contraseña entre iniciados– escribió en “De puño y letra”:
“Me doy por vencido./La religión la mafia/ la política y el fútbol/ el ejército y la moda/ mueven más gente que yo (…) Yo sólo tengo que ver/ con las pequeñas multitudes/ de un cine de trasnoche/ con la soledad de los jugadores/ que ofician una partida de ajedrez/ con la tibieza de algunas mujeres”.
Tal vez el epitafio más provocador lo rubricó el propio Trejo en “Espejo”: “El orgasmo final/ Será mi último/ Suspiro”.
En ese sentido, para nada resulta extraño que su último libro aparecido hace dos años, “Los pájaros perdidos”, sea un conjunto de poemas amorosos que resuman erotismo -en una de sus imágenes, escribe: “Y entre los labios de la noche/ Espía el número del  sexo”- por medio de  un lenguaje que alterna el coloquio urbano, los paisajes oníricos y un aire de crónica.
El itinerario del Trejo trasgresor lo ubica en el cruce  entre los poetas reunidos alrededor de la revista surrealista “Letra y Línea”, los “invencionistas” nucleados en la revista  “Poesía Buenos Aires”, los artistas del Instituto Di Tella y los  “concretistas” brasileños.
Iniciada en 1946 con el libro “Celdas de la Sangre” su obra  se continúa con los títulos “El uso de la palabra”, Premiado en  1964 con el Casa de las Américas de Cuba, un libro aumentado y  reeditado en diversos países- y su “Antología Poética” editada en  2006 por el Fondo Nacional de las Artes.
El Trejo escritor y personaje de la bohemia, se desdobla  además en el poeta de canciones, el dramaturgo, el actor y el  periodista. De sus textos llevados a la canción destacan las letras de  “La tristeza y el mar”, con música de Waldo de los Ríos y los temas  “Escándalos privados” y “Los pájaros perdidos”, musicalizados ambas  por Astor Piazzolla. “Los pájaros perdidos”, sin duda el tema que alcanzó mayor  popularidad, sería interpretado por cantantes de la talla de Susana  Rinaldi, Julia Zenko y Amelita Baltar, con versiones además al  griego y japonés. Entre otros artistas que grabaron temas de Trejo figuran la  cantante italiana Milva, la norteamericana  Jeanne Lee y el  trompetista italiano Enrico Rava.
Ubicado en las corrientes teatrales de los años `60, escribió  las piezas “El ángel rojo”, “Libertad y otras intoxicaciones”  -estrenada en 1967  en el marco del Instituto Di Tella y “No hay  piedad para Hamlet”, en coautoría con el escritor Alberto Vanasco y  con música de Enrique Villegas, fue galardonada con el Premio  Municipal de Teatro y el Premio Florencio Sánchez.
El poeta también se prodigó en trabajos para cine y  televisión. Para la pantalla grande fue autor de los guiones de los  filmes “Desarraigo” y “El final”;  además de escribir en 1965 junto  al director italiano Bertoluci “Kill me Future”, una obra  “fantasma-político posnuclear” que no llegó a filmarse.
Intervino además en 1965 como actor protagónico en el tercer  episodio del documental “La vía del petróleo”, del mismo  Bertolucci.
En televisión intervino en los ciclos “Desnuda Buenos Aires”  e “Historias de jóvenes”, ciclo en el que colaborarían además los  escritores David Viñas, Francisco Urondo y Osvaldo Dragún, y que  obtuviera el Premio Martín Fierro en 1959.
El Trejo viajero se junta con el Trejo periodista que escribe  sus crónicas desde Egipto, El Líbano, Siria, Chile y otras partes  del mundo, mientras va entrevistando a personalidades de la cultura  y la política internacional como Jorge Luis Borges, Ernesto  Guevara, Yasser Arafat, Salvador Allende y, entre otros muchos, Ben  Gurión. Se había iniciado en el diario La Prensa, para colaborar  luego en diversos medios que sentaron las bases del periodismo  moderno en Argentina como las revistas Confirmado -en la que tuvo a  su cargo la sección literaria- y Primera Plana en cuyas páginas  dirigió la sección de Artes y Espectáculos.
El narrador Guillermo Saccomano, no ha dudado en calificar a  Trejo como “un monstruo”, un “poeta de obra solitaria (que) estuvo  en todas. Mejor dicho, picó en todas y se las picó antes de que lo  embalsamaran”. Outsider es la acepción que le dedica al poeta otro poeta,  Jorge Madrazo: “Es un outsider de cuanto huela a lugar común, al  confort de las posturas obvias y acomodaticias. Por eso suele  llevar la contraria”.
Uno de sus amigos más cercanos, el poeta y periodista Reynaldo Sietecase, habla de Trejo como una leyenda, un tipo  especial, “un peleador, una especie de Muhamad Alí de la literatura  -como lo definió un periodista-, un aventurero, un exquisito, un  dandy”, y sobre todo un poeta cuya obra “interpela a la estupidez,  a las convenciones, a los autoritarismos”.
“Sentiremos la falta de su palabra luminosa y su pensamiento  crítico”, señala Sietecase, quien se lamenta de que “uno de los mejores poetas argentinos” fuera “casi invisible para los medios de  comunicación”, y que además su obra poética -“de alta calidad,  profundidad y compromiso”- no lograra la atención debida de las  grandes editoriales. “Es posible que ahora lo hagan. Esto está entre las grandes  paradojas de la Argentina más ingrata”. (Télam)
Murió a los 86 años, un domingo por la noche. Trejo fue, es y será una leyenda y un “monstruo sagrado”, como lo definió Guillermo Saccomanno en el prólogo del último libro que publicó el poeta, Los pájaros perdidos (Ediciones Continente).

POEMAS

Ultimatum a un joven poeta

Que el pan sea pan y mar el mar
Basta de conjeturas
Murciélagos lunares o roedores de orquídeas
Toda palabra tiene precio
Las palabras que atacan como rayos o víboras
Y también madre
Amigo
Y alcohol y cama y mesa
Y el hijo concebido a dulces empujones
Y los hongos que provocan destellos de amor
O resplandores de muerte
Y el poeta que cae bajo las balas
Como un sol que la noche acribilla

Que el pan sea pan y mar el mar
Y el agua eterna
Pero la sed eterna
Para poder decir al fin:
He hallado un pan junto al mar
Los buitres sobrevolaban mi amor
He mordido una orquídea

Los buitres disputaban un cuerpo querido
He guiado camiones y dormido en aserraderos
Los buitres devoraban a mi amada
Viajé de noche sobre la arena caliente
Invoqué los nombres secretos
Conjuré un maleficio
Contuve una catástrofe
Conduje a un águila a su nido
He muerto con mis muertos y estoy vivo

Cuando llegué a la ciudad
Un loco vagaba por las calles
En su mirada había un cuchillo
Le di mi mano
Lo miré
Le hablé y mi voz duró entre los astros
Éramos sólo dos sobre la tierra
Pero éramos dos sobre la tierra La soledad se hizo añicos
La poesía palabras

Labios libres

Al cabo de las tierras y los días
de horarios y partidas y llegadas
y aeropuertos comidos por la niebla
enfermo de países y kilómetros
y rápidos hoteles compartidos

Luego de esperas
prisas
y rostros y paisajes diferentes
y seres encandilados por el olvido
o abiertamente besados por la vida

Después de aquella amada
y esa otra apenas entrevista
mujeres cogidas por mi soledad
y ahogadas por las bellas catástrofes

Luego de la violencia y el deseo
de comenzarlo todo nuevamente
y los errores
y los malentendidos cotidianos
y los hábitos torrenciales del trópico
y noches acariciadas por el alcohol
y tabaco fumado con tanta incertidumbre

Al cabo de un nombre que no me atrevo a decir
y de alguien que yo llamaba Irene
de cierta voz
cierta manera de clavar los ojos
al cabo de mi fe en el entendimiento de los hombres
y en el corazón de ciudades y pueblos
que nunca sabrán de mí

Luego de tanta tentativa de huirme o enfrentarme
y comprender que estoy solo
pero no estoy solo
al cabo de amores corroídos
y límites violados
y de la certidumbre de que toda la vida
no es más que los escombros
de otra que debió haber sido

Al cabo del hachazo irreparable del tiempo
sólo puedo blandir estas palabras
esta obstinación de años y distancias
que se llama poesía

De puño y letra

Me doy por vencido.
La religión la mafia
la política y el fútbol
el ejército y la moda
mueven más gente que yo.

Son millones o pocos
pero totalmente decididos
al todo por el todo.
Yo sólo tengo que ver
con las pequeñas multitudes
de un cine de trasnoche
con la soledad de los jugadores
que ofician una partida de ajedrez
con la tibieza de algunas mujeres.

Leo
vuelvo a ver una vieja película
hago noche en Coltrane
y estiro el brazo y acaricio a mi bella
que fuma y ahora me convida.

Solicitud de clemencia

Yo sólo pido perdón
por haber besado las playas del Mar Rojo
haber visto las luces de Aqaba en el amanecer verde
haber tomado mate entre el humo de los asesinos
haber temblado ante el incesto
de pez piedra con las piedras
del sol con la belleza
de mis sueños con la realidad

Yo sólo pido perdón
por haber inventado las montañas de Arabia Saudita

Hablemos del lobo

Solidario en la nieve olfatea
Perseguidor de huellas y tufos

La víctima comparece

Salto
Dentellada
Sangre sobre la nieve
Breve pasión que otro verdugo
Desde lejos
Abolirá de un balazo

El reino de la necesidad no conoce moral.

LA POESÍA

Sí.
Porque sus labios nacen a la luz de mis ojos.
Cuando aparece su voz, su ritmo invulnerable,
las cosas le obedecen.
Sobre las miras adversarias, sobre el tedioso
oficio de temerle, están las voces sin reposo,
las patrullas del tiempo, las olas victoriosas.
Ciudadela de la oscura verdad que desampara al
hombre: yo soy tu prisionero y soy tu fugitivo.
¿Mi contraseña?
Ejercer tu silencio, solicitar tu estruendo.
Porque, ¿qué es entonces la poesía sino una
fanática consigna, una tensión entre los
muertos y las profecías?

El uso de la palabra, 1979.

Se acabó la poesía
Desnuda está la página
Yo la miro y me acerco
Y a cada paso pienso
Se acabó la poesía.
Ay qué distancia enorme
De la voz a las cosas
La que va de una boca
A un perro que se vuelve
A un adiós que nos toca.
Salvar en las palabras
Lo perdido en la rosa
Correr todos los riesgos
Desastres y victorias
Locos y lenguaraces
Lenguas que me enamoran.
Elijo este castillo
Palabras como manos
Para tocar las nalgas
Y acomodar la silla.
Raramente saldré
Y sólo por leones
Me digo que soy libre
Digo tigres de África.
Llamar y ser llamado
El resto poco importa
Los labios de esta herida
Habrán de hacer las paces

El uso de la palabra, 1979

El gran ambicioso

Con leves ascos, con manos, con palabras, el gran
ambicioso ha durado con habilidad frente a dispersas y
prometedoras circunstancias. Amigos y enemigos dieron
precio a su vida; dieron amor, heridas, olvidos y condenas.
¿Por qué insiste este hombre que apenas sabe encender
y apagar las palabras, apenas acertar con lugar y
momento? Hombre que culpa a la noche por su lucidez
y al día por su ceguera.
Esto de improbable futuro
estos minutos
han sido y son todavía:
lo inducen a volcanes
a orquídeas extinguidas
a salvajes resurrecciones.
Pero no es codicia su insomnio.
Su lucidez imita a los dementes, esa jauría de prójimos
sedientos. Su causa se propaga vorazmente. Es ácido, es
incendio, es epidemia de mercurio.
Ya nacerá la raza que muerda a los vampiros en la boca,
ese gesto de amor que hará de nosotros
amigos implacables de nosotros.

Violetas populares
Fue la noche de Santiago
Y casi Valparaíso
Yo le canto a la Violeta
Por lo que odió y lo que quiso.
Aquí me pongo a cantar
Las Violetas Populares
Que de Chile por los mares
Empiezan a perfumar.
Qué otra cosa puedo dar
Sino puro sentimiento
Y el claro presentimiento
De que estos pueblos hermanos
Paso a paso mano a mano
cumplirán su testamento.
Violeta Parra se llama
Cantaloca cantadora
Querible competidora
De los pájaros sin rama.
Rabia que el vino derrama
Cada vez que empina el codo
Rabia de decirlo todo
Mientras llega la Señora
Que aunque no llegue a la hora
Llegará de todos modos.
Señora llámese Muerte
Llámese Revolución
Llámese Crucifixión
De la razón del más fuerte.
Señora tengo la suerte
De señalar Su llegada
Justo a la hora fijada
Ni antes ni después de hora
Con puntualidad Señora
De gallo en la madrugada.
Señora Revolución
Yo no le canto a la Muerte
Lo que yo quiero es beberte
Fresca como una canción.
Que la hembra y el varón
El solo y la muchedumbre
Recuperen la costumbre
Del amor en la verdad
Y que en toda oscuridad
Sea Usted quien nos alumbre.
Y en el final compañera
De esta milonga argentina
Nuestra América Latina
Comienza a ser verdadera.
Violeta sangre quemada
Los tigres de tu mirada
Ya están rugiendo victoria
Porque está entrando en la historia
La Gran Patria Liberada.

 Saudades portátiles

Cuando uno deja una ciudad
noche de olores negros
enroscada en escaleras
que conducen al infierno
donde un hombre solo
cuenta sus días hacia atrás y adelante
y una mujer nada contra la melancolía
 
Cuando uno deja una ciudad
callejones húmedos
umbrales sospechosos
habitaciones de espeso mal aliento
con una sola ventana sin visillos
por la que sólo entran los eclipses
el sol negro que alumbra a los poetas
y los amantes crujen y chisporrotean
como baile de ausentes en una casa abandonada
 
Cuando uno deja una ciudad para siempre
y el estampido del adiós suena en la boca
como un delicado suicidio
 
Cuando uno abandona
podría decir
y uno abandona y otro es abandonado
y nadie a quien mirar atrás
o solamente una persona única
que no alcanzamos a ver entre la multitud
y el avión comienza a corretear por la pista
entonces
el poema ha llegado a su fin
y uno sabe que nunca habrá de escribirlo
Todavía
 


Esta agitada vida

Esta agitada vida
me gruñe como un perro.
 
Esta agitada vida
me ladra como un perro.
 
Esta agitada vida
me muerde como un perro.
 
Esta agitada vida
me lame como un perro.
 
 

Ruinas de un poema

No sé si fue verdad que nos amamos
ni si es verdad esto que llamo olvido
 
Yo te imagino perdida en otra hora
desnuda entre panteras temerosas
sobre las ruinas del templo que incendiamos
 
Yo también estoy solo
en este sueño que alguna vez soñamos
y aún soñamos
 
No sé si fue verdad que nos amamos
ni si es verdad esto que llamo olvido

Eneamiga

De tus ojos mis ojos
han bajado
a la página blanca
 
Con tus ojos mis ojos
han escrito
una lengua que canta
 
Furiosa simetría
amorosa distancia
Vivo para vivirte
el tiempo de una pausa
 
Amiga y enemiga
en el ser de una nada
Cuando el amor nos deja
la muerte nos alcanza
Cuando el amor nos pierde
la eternidad nos gana 
 

El principio de razón suficiente 

La quiero
 
Por sus piernas que la conducen a mí
y sus pasos que la alejan de los otros
 
Por las olas de su cuerpo
y el mar de fondo de su piel
 
Por sus manos que hacen juego
y la gravedad de sus caricias
 
Por la solemnidad de sus caderas
y la precariedad de su cintura
 
Porque cuando despierta echan a volar los pájaros
y sus sueños son sus mejores argumentos
 
Porque está atada a mí
y resplandece de libertad
 
Porque sólo ella puede aniquilarme
y sólo ella puede perpetuarme
 
Por sus ojos sus ojos
porque sí y por supuesto
 
Porque es ella y no otra
 

El pequeño poder 

Yo ejerzo ahora este poder
imaginario
que llamo poder imaginario
y es un poder
Yo ejerzo ahora este poder de
no ir a ninguna parte
escondido en la selva
solo y cautivo
de esta libertad imaginaria
Hay cada dos o tres palabras
un silencio
que parece no conducir a nada
Floto en mi negación
y mi no
es una sílaba afirmativa
afirmante
Lástima este poder que lastima
y sirve para tan poco
que vale siempre más
en la boca de los otros
que dicen sol buen día
tengo sed
te amo
te aborrezco
Lo confieso
He perdido el convencimiento
Apenas puedo decir
me muero
me nazco
Pero nadie me cree
Vago solo
en noches que tienen que ver con
el Mediterráneo
Intento decir
buenas noches
tengo hambre
yo también tengo sed
decir la luna
decir intentaré quererte
intentaré dejarme querer
No estoy seguro de lo que digo
Sé poco
pero no entiendo nada
No sé bien qué significan estos sonidos
A veces digo café
y alguien me entiende
a veces
Bebo el café
y sigo sin entender
Las cosas no están claras para mí
He recibido esta herencia fastidiosa
Son otros
son fantasmas lo que me hacen hablar
Yo no soy más
que una máquina de transcribir
que está triste
y tiene sueño

El insomne insumiso o sobre los alcances de hablar de ciertos temas

Hemos hablado toda la noche
de cómo va el mundo

Fue una buena comida
abundante y sin lujos
entre viejos amigos

Alguien recordó a Saint-Just;
los que hacen revoluciones
los que quieren hacer el bien
no deben dormir más que en la tumba

Miramos el fondo de las cosas
paladeamos el vino
y hablamos también
de secuestros de aviones
y personas desaparecidas
y cadáveres abandonados
en basurales taciturnos

Discutimos la diferencia
entre la muerte de un tornero
y el rapto de un embajador
su precio en moneda diplomática

Alguien aclaró la distancia que media
entre guerrilla y terrorismo
cuestión de objetivos
de víctimas y medios
de razones y llantos

Una y otra vez tocamos el tema
de los intereses nacionales
es decir
del interés nacional
que entierra los gestos heroicos o inútiles
y los riesgos de la guerra
hablamos de la paz nuclear
y del ausente con permiso de los chinos
en Vietnam Bangla Desh e Indonesia
de los americanos en Praga
de los rusos en Santo Domingo
del mundo entero en Chile
y de las tropas de etcétera en el país de etcétera

Pero volvíamos siempre al punto de partida
la tortura y sus técnicas
oficio que ignoran el virus y el tigre
el escorpión y la culebra
viciosa búsqueda de la verdad
mundial y sin secretos

Como de costumbre
estuvimos de acuerdo en que poco o nada
se arregla con canciones y puestas en escena
con rituales de cámaras y luces
y palabras elegidas con pasión y paciencia
Para qué repetir
que un poema no devuelve la vida
La película ha terminado y el cine continúa

Yo no soy el hechicero de una tribu profética

Por fin resolvimos que
de todos modos
es peor el silencio
que hablar es algo más que una droga

Y las sirenas aullaban en la calle

Porque la verdad es verdad
sólo cuando es pronunciada
golpeada a veces
a puro y torpe corazón

Porque no hay tiempo que perder

Pero supimos también
que vale la pena salvar un minuto
para recordar que a la verdad también hay que pensarla
meditarla destriparla
Porque el blanco de la verdad es la eficacia
Cabeza fría y corazón caliente
Cálida sobremesa
discretamente alcohólica
entre viejos amigos

La verdad
nos dijimos
no es ni fea ni bonita
Pero igual deberíamos salvar un minuto
para el poeta que hay en todo hombre
para que pueda sin temor
perder la ilusión de que cuando termina la belleza
se acaba la verdad
Para que pueda realizar la ilusión
de que donde acaba la verdad termina la belleza
como en esos discos de Bach o de los Beatles
que giran hoy a 33 revoluciones por minuto

Nos callamos un rato
cómplices en saber que la bestia humana
sólo sonreirá cuando verdad y belleza
sean una sola y misma cosa

Insomnes
hablamos toda la noche
Insumisos ante el poder de la palabra
Convencidos de que las ideas
sólo se redimen en la práctica

Convivir con los muertos

Para Drummond de Andrade, un maestro.

Mario amaba a Mariana que amaba a Milton
que amaba a Irene
que amaba a Víctor
que amaba a Dolores
que amaba a nadie.

Hoy, Mario gitanea.
Mariana vive con un hijo en Andorra.
Milton trafica coca de Santa Cruz de la Sierra
a Buenos Aires.
Irene murió en un secuestro aéreo.
Víctor se hizo mierda.
Dolores se casó con el doctor Braun,
un suizo que la dejó – harto de sus melancolías –
y luego se juntó con un fechorista griego
con quien vive ahora – loco y feliz –
en el Hotel Belvedere de Taormina.
Aún suelo verlos, dispersos sobrevivientes.
Hablamos de nosotros como de otra película.
Hemos aprendido a convivir con los muertos.

El doble fondo de tus ojos

De pronto callaron las voces
El viento nos dejaba sordos
El mar se detuvo de pronto
La ola cubrió el horizonte

Un caballo cruzó al galope
El doble fondo de tus ojos
Los días se hicieron más cortos
La vida transcurrió de noche

Sería imposible repetirla
Esa temporada en el invierno
Premonitoria de desastres

Pero fue vida todo es vida
Amor cierto días inciertos
Distancia eterna de este viaje

Los pájaros perdidos. Poemas de amor, Ediciones Continente, Buenos Aires, 2010

Orgasmo

Breve vida feliz
Breve muerte feliz

En él vengo al mundo
en él soy dios
el universo me recibe
soy el sol
y soy el relámpago que me mata

Breve muerte feliz
Breve vida feliz

Para partir, para llegar

También aquí se quiso huir
dejarlo todo atrás
reanudar el silencio
desbaratar una copiosa primavera
pasar por alto algo más todavía

Pero muchos años han pasado por este poema

con muertes y orgasmos
mores y guerras soledad y dictadores

El tiempo es una paciencia
largamente presentida
y elástica

Ya no hay tiempo que perder
en mitos y melancolías.

Ya no es tiempo de perder

Los Campeones de la noche

Ninguna ley tengo para ofrecer
ninguna profecía
salvo la muerte y las revoluciones victoriosas

Dejemos entonces al guerrero en paz
y a los hermanos rotos en medio del camino
Pasemos al sacrificio
La ceremonia está servida:
abrazos celebrados detrás de la ciudad
besos en andenes movedizos
mudas consignas en salas de espera
y a veces ni un guiño
nada para despistar
nada para sobreentender
sólo los ojos lacios como en mesa de póker

Ya no podremos ser los elegidos por el sol
os cachorros feroces que asombrarían al mundo
Apenas si hemos nacido sin querer
viejos desconocidos a quienes llamo mis amigos
perdidos en el trasbordo y sin saber qué tren tomar!

Pero mis compatriotas juegan a dormir y a
olvidarse de todo
Borrachos que invocan a Dios como a una deuda de juego

soldados que hacen patria en los umbrales
pálidos maricas dispuestos a fingir hasta el alba
parejas para las que ha terminado sin gloria
esta noche en la que tanto creyeron
y también el húmedo insomne
que mueve sus ojos desde el hospital
acechando el ruido de los libres
aullando por la droga que le traerá el olvido
el negro paraíso que es dormir una noche

Y aquí
en el centro de la ciudad
las tiernas actrices leen su nombre en el diario
y los tenebrosos también quieren saber
qué pasa en el mundo
mientras los coches llevan solitarias parejas
y todos tanteamos una cama y un nuevo sueño
y la mañana viene trayendo la luz y la paz
pero no para todos
apenas para nosotros
los ganadores
los verdaderos campeones de la noche.

A Paco y Juan, indudablemente.

Hegel voyeur a orillas del mar rojo.

Rabiosos son los lobos del verano,
aullido a pleno sol, baba y colmillos
que arrojan salomónicos cuchillos
contra la flor oscura de tu ano.

Desnuda contra el mar, llevas tu mano
de guante negro hacia los sencillos
repliegues de tu carne, los anillos
elásticos de tu sexo anglicano.

Catorce mil trescientos veinte orgasmos
fueron los días que vivió el hirsuto
fornicador sobre el que hoy cabalgas.

Obsérvalo observarse en tus espasmos
como Hegel se espiaba en su Absoluto.
Siéntele hundir su angustia entre tus nalgas.

Los pájaros perdidos

Amo los pájaros perdidos
que vuelven desde el más allá,
a confundirse con un cielo
que nunca más podré recuperar.

Vuelven de nuevo los recuerdos,
las horas jóvenes que di
y desde el mar llega un fantasma
hecho de cosas que amé y perdí.

Todo fue un sueño, un sueño que perdimos,
como perdimos los pájaros y el mar,
un sueño breve y antiguo como el tiempo
que los espejos no pueden reflejar.
Después busqué perderte en tantas otras
y aquella otra y todas eras vos;
por fin logré reconocer cuando un adiós es un adiós,
la soledad me devoró y fuimos dos.

Vuelven los pájaros nocturnos
que vuelan ciegos sobre el mar,
la noche entera es un espejo
que me devuelve tu soledad.

Soy sólo un pájaro perdido
que vuelve desde el más allá
a confundirse con un cielo
que nunca más podré recuperar.

“A un peronista”

Este hombre conocía todos los amaneceres de su vida.
La cara recién afeitada rumbo al trabajo
el paso miserable y caviloso
del borracho que volvía.
En esos límites había visto
el brillo fugaz e inatajable
del cuchillo que se hunde en la ingle.
Había visto correr la sangre lúcida y espesa
chupada por la ropa.
Conoció la bravura y el miedo
la debilidad que te aprieta el estómago
y el odio en los ojos abiertos y ciegos.
Este hombre creyó porque lo necesitaba.
Creyó creer porque el país se lo reclamaba.
Este hombre fue convocado por banderas y bombos
y también fue a gritar sin que lo llamaran
atravesando un diluvio.
Respiraba la ilusión de su libertad
y ante sus ganas todos los espacios se hacían cívicos.
Resistió en plazas y aeropuertos y le tocó ver y sufrir
una matanza colectiva en un día que él soñó feliz.
Volvió a atravesar el barro y la lluvia
soportó días y noches sin dormir
siempre bajo la lluvia para decirle adiós a Evita y al Viejo.
Este hombre tiene derecho a estar equivocado.
Este hombre tiene todos los deberes de quien se ha
                              Equivocado.

El uso de la palabra, Bs. As., Colihue, 1999,

Se recomienda ver el programa de televisión Poesía más Poesía con la presencia del poeta Miguel Oscar Menassa y director del programa.

PRÓXIMO NÚMERO

95. POESÍA MÁS POESÍA: Juan-Jacobo Bajarlía

JUAN JACOBO BAJARLIA

BIOGRAFÍA

Juan-Jacobo Bajarlía, poeta, narrador, ensayista, dramaturgo y periodista. Nació un 5 de octubre en la ciudad de Buenos Aires; de 1912 ó 1914. Su partida de nacimiento afirma lo primero pero él aseguraba lo segundo y que la diferencia había sido producto de un error.
A los 9 años le dio por la poesía, y a los 14, siendo estudiante secundario escribió un novelón de capa y espada con el título de La cruz de la espada, que un falso editor se llevó para publicar, y nunca más se supo del original.


Fue el mayor de 5 hermanos, hijo de padres de gran posición económica, venidos a menos, a raíz de lo cual, el niño que entonces tenía 12 años, vendió medias por los bares para contribuir al sustento de la casa. A los 17 años ingresó en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de Buenos Aires, y luego se trasladó a La Plata donde completó sus estudios.Luego se doctoraría en criminología.
“De niño vendí medias en los bares. El secundario lo cursé durante la noche. Trabajaba durante el día. Quise ser médico y fui abogado. Me incliné hacia la criminología. Dejé pasar turnos de exámenes por leer la Divina Comedia. Odié los títulos universitarios. Polemicé. Perdí posiciones por decir lo que pienso. Lo seguiré haciendo. Escribí varios libros de poesía: Canto a la destrucción lo dediqué a los poetas que descendieron del futuro. Nací un 5 de octubre, el Día del Camino. Aún busco la puerta de ese camino que conduce a la poesía”.
Inclinado desde su temprana juventud hacia el cultivo de la escritura, adquirió un notable prestigio intelectual por sus frecuentes colaboraciones publicadas en el rotativo Clarín, donde llegó a tener 10 seudónimos y de donde pasó a difundir sus textos periodísticos por los principales diarios y revistas de su país natal, como La Nación, La Gaceta de Tucumán y La Prensa. También fue director durante ocho años (1948-1956) de la revista Contemporánea.

Bajarlía con Miguel Oscar Menassa, fundador del Grupo Cero.


Autor de una extensa, brillante y variada producción literaria es considerado como uno de los más significativos introductores del vanguardismo en las Letras argentinas contemporáneas.
Ya convertido en una de las figuras más sobresalientes del panorama intelectual y artístico de la Argentina de mediados del siglo XX, se integra en el Movimiento de Arte Concreto-Invención, junto con Gyula Kosice, Edgar Bayley, Carmelo Arden Quin y Tomás Maldonado, entre otros. Veía al lenguaje como un mundo material de incertidumbre y exploración permanente. Era adicto a la libertad de transponer un género en otro, sin olvidar jamás la premisa del humor como una forma de poesía.
Si poesía, en griego, deriva etimológicamente de poiesis, y esto significa inventar e invención, o hacer algo nuevo, entonces el poeta debe presentar el hecho poético, pero no representarlo. Debe crear nuevas realidades, nuevos objetos que en el campo de la estética valgan tanto como los elementos circundantes en el mundo de la naturaleza.

De izquierda a derecha: Juan-Jacobo Bajarlía, Francisco
Madariaga, Miguel Oscar Menassa, Olga de Lucia.


En una entrevista a Bajarlía le preguntan por sus inicios en la literatura: “Todo empezó con una discusión con el editor catalán Torrendell, que publicaba por entonces cuanto libro encontraba. No había ley de propiedad intelectual, y Torrendell, en su editorial (Tor), publicaba las mejores obras del mundo, pero cortadas y mutiladas para encajar con el tamaño estándar de sus colecciones. Me presenté a él con un libro de sonetos; le echó un vistazo y dijo: “¡Coño! Es mejor que te dediques a otra cosa”. Le respondí: “¿Qué sabe usted de poesía?”. Y empezamos a discutir de poesía. Yo escribía sonetos porque tuve una mala profesora de literatura que decía “Nadie es poeta si no escribe sonetos”. Ahora bien, hacía cinco días que los gráficos estaban de huelga, y necesitaba personal. Me dijo: “¿Quieres que te publique ese libro? Te lo publico pero me tienes que hacer treinta prólogos de una página y media cada uno para una colección que yo tengo para las escuelas secundarias”. Me llevó a un salón, y en una estantería tenía la enciclopedia Espasa Calpe, que en aquel entonces tenía 24 volúmenes. “Es muy posible que tus conocimientos flaqueen”, dijo. “Cuando no conozcas al autor, búscalo en el tomo correspondiente. Lo que ves arriba en el tomo, ponlo abajo; lo que veas abajo, ponlo arriba. Mezclas todo y ya está hecho el prólogo”. Me dio una lista con los autores. Al día siguiente me instalé en una de las oficinas, pero no hice lo que él decía, sino que leí sobre los autores y escribí los prólogos con mis propias palabras. Cuando tuve hechos cinco, Torrendell comentó: “Coño, que bien escribes”. Advirtió que yo no copiaba. Entonces publicó 200 ejemplares de mi libro, Sonetos de amor y llanto, en 1936. Después lo saqué de mi bibliografía porque es muy malo.”


Sus primeros libros que datan de los años 40, Prohombres de la argentinidad y Romances de la guerra, fueron excluidos de su bibliografía. Su libro La Gorgona (1953) fue traducido al alemán por Ilse Lustig; con esa base Esteban Eitler compuso Música Dodecafónica, estrenada en Bruselas (1954). El mismo año en que se dio a conocer como poeta publicó también su ensayo titulado Notas sobre el barroco (1950), obra en la que vino a demostrar un magnífico conocimiento de la literatura española, hispanoamericana y europea, luego ampliado hasta el asombro en otros libros como Literatura de vanguardia (1956) y El vanguardismo poético en América y España (1957).
Como escritor y periodista riguroso, coexisten el hombre apasionado por la poesía, la novela policial y la ciencia ficción, el pensador agudo, polémico y el investigador dedicado a la revisión de la historia.
Ejerció como abogado penalista y criminalista. Sadismo y masoquismo en la conducta criminal (1959) es un libro producto de sus investigaciones en dicha especialidad que, por entonces, no estaba demasiado difundida en Buenos Aires. Su hipótesis -discernida tras una prolongada estadía en Londres y publicada, en la doble página central del diario Clarín y que fue tapa de la revista Todo es Historia- de que Jack, el Destripador fue un argentino, corredor de bolsa, llamado Alfonso Maturo quien tras regresar a Buenos Aires vivió hasta su muerte en el barrio de Barracas, además de causar asombro, fue recogida por medios periodísticos de todo Occidente habida cuenta de sus sólidos fundamentos.
A través de investigaciones que hubiese envidiado el mismísimo Sherlock Holmes, se transformaba en un verdadero detective que rastreaba la verdad de las instancias; el acta de nacimiento o de defunción, hurgaba en archivos particulares, bibliotecas, hemerotecas, oficinas del registro civil y parroquias. No importaban el tiempo y la distancia. Su fervor lo acercaba al encuentro de lo que había intuido. Esta tarea titánica lo llevó a rescatar del olvido a escritores y textos hoy fundamentales en la literatura; valgan como ejemplo la figura de Pietro Aretino, del Marqués de Sade, de Antonin Artaud y de Malcom de Chazal, entre tantos otros autores.
Leopoldo Marechal lo llamó “zoólogo de la monstruosidad”. “…el género de lo fantástico se convierte -afirmó Bajarlía- en una dimensión de lo ineludible ya que prepara al hombre para su impostergable transformación.”
Antonio de Undurraga -muchos años presidente del Pen Club chileno- consideró que su dimensión metafísica introducía en el cuento fantástico una línea más allá de “lo metafísico, lo fantástico y la ciencia-ficción”. No vaciló en sentenciar: “El cuento fantástico está hoy en manos de Bajarlía”.
Para Stella Albarado, Bajarlía mezclaba lo fantástico, la ciencia-ficción, la erudición y lo histórico, obteniendo una estructura distinta, en cuyo centro, la preocupación por el destino del hombre se instala como principal significación. También incluía lo inconsciente, sabía que todo texto está cubierto de una piel y que debajo de ella se esconde el espíritu que le da vida.


Bajarlía funcionó como referente de entredichos artísticos, maestro, brújula, amigo incondicional, gran lector y narrador maravilloso de anécdotas de todo calibre. Poseía numerosos rasgos que atraían a los artistas en formación, simplemente porque él siempre fue joven, abierto, espontáneamente deleuziano, amante del devenir. Fue un precursor del cyberpunk, de los seres electrónicos.
Preguntándole por sus comienzos con la ciencia ficción contesta Bajarlía que comenzó leyendo el Libro de los muertos egipcio y la Epopeya de Gilgamesh, luego autores como Asimov y Bradbury. Para él la ciencia ficción transforma al ser humano. Es la imaginación absoluta. En 1950 publica su primer libro del género, Estereopoemas, el primer poemario de ciencia ficción de la literatura argentina. Luego Nuevos límites del infierno (1972) y Poema de la creación (1996). En 1955 la primera obra teatral de ciencia ficción de nuestra literatura, Los robots. El subtítulo es Tragedia mecánica. Esa obra se transmitió, años después, por Radio Nacional. En cuanto a la prosa, Historias de monstruos (1969), donde aparece la huella de esta combinación de intereses: la extrapolación de la ciencia, por un lado, y los crímenes bizarros, por otro.
Como dramaturgo escribió y estrenó La Esfinge en el Teatro Mariano Moreno, en 1955; Pierrot, en La Plata, en 1956; Las troyanas, sobre el texto de Eurípides, en el Teatro de la Reconquista, en 1956; La billetera del Diablo, en el Teatro LYF, en 1969; Telésfora en Radio Nacional, en 1972. Su drama Monteagudo (1962) obtuvo cuatro distinciones: el de la Selección Municipal para las Jornadas de Teatro Leído, el Premio Municipal a la mejor obra no representada, el del Fondo Nacional de las Artes, y la Faja de Honor de la SADE.
Realizó numerosas traducciones del francés, italiano e inglés, incluyendo autores como el Aretino, el marqués de Sade, Kandinsky y Jean Tardieu, entre otros. También tradujo La lección, de Ionesco, que Francisco Javier puso en el Festival de Arte Dramático de Mar del Plata, en 1956.
En 1963 fue leído, en el Teatro Los Andes, su drama de ciencia-ficción Los robots, en un acto auspiciado por la Municipalidad (Secretaría de Acción Cultural). Este drama, tragedia mecánica, como lo llama el autor, data de 1955.


La polémica Reverdy-Huidobro, El origen del ultraísmo (1964) fue publicada previamente en francés por el Centre International d” Etudes Poétiques (Bruselas, 1962) con prólogo de Fernanad Verhesen; y Existencialismo y abstracción de César Vallejo (1967), se publicó en Córdoba. Corrían los difíciles años setenta. Varias veces amenazado -por teléfono, por anónimos escritos pasados bajo la puerta de su estudio de abogado que mantuvo hasta el día de su muerte en un viejo y majestuoso edificio de la calle Cerrito, frente al Obelisco- nada consiguió que “Jean-Jacques”, como los amigos lo llamaban cariñosamente y a él tanto le gustaba escucharlo se exiliara como le fue aconsejado.
Dentro de su obra poética merecen recordarse los Robotpoemas -hoy inhallable- escritos en aquellos años. Un feroz grito profético denunciando que se avecinaba -en un futuro cercano- la banalización humana tan vigente en estos tiempos del siglo XXI. Telésfora (1972) y Nuevos límites del Infierno se publicó en Madrid (1973) por ediciones Master Fer.
Sus relatos, compuestos por una amena combinación de elementos fantásticos que, procedentes del universo temático de la ciencia-ficción, dejan paso a las profundas inquietudes metafísicas del autor, vieron la luz entre las páginas de diferentes obras colectivas presentadas como muestras antológicas de la mejor narrativa breve hispanoamericana de la segunda mitad del siglo XX. 
Escribe novelas policiales con el seudónimo de John J. Batharly, entre las que debemos mencionar Los números de la muerte (1972), reeditada con nombre propio en 1978. Esta última y El endemoniado Sr. Rosetti, también se publicaron en México con los títulos de Vudú, secta asesina, y Hombre Lobo: El endemoniado Sr. Rosetti.

Luis Ovsejevich (Presidente Fundación Konex), Juan Jacobo Bajarlía, Osvaldo Giesso (Invitado Especial).


Horas duraban las reuniones en el café situado en la planta baja del edificio donde Bajarlía tenía su estudio de abogado. Acompañándole allí -siempre callado, concentrado en sus labores también de abogado- su hermano Samuel. En torno a las cinco de la tarde, “bajaba” al café. Allí ya podía estar alguno de sus amigos esperándolo.
Entre sus antologías publicadas, Cuentos de crimen y misterio (1964), posee un estudio preliminar sobre lo fantástico y policíaco en las literaturas universal y argentina.
Fijman: poeta entre dos vidas (1992) y Alejandra Pizarnik. Anatomía de un recuerdo (1998) son dos ensayos producto de sus experiencias personales. Sobre Jacobo Fijman, internado en un hospicio, escribió Bajarlía: “…quizás era el más grande poeta de la generación del 22; mucho más que todos los que en aquella época estaban promocionados por todos los medios. El más grande, pero estaba en el manicomio, donde padeció durante 29 años el olvido y el desprecio de los que alguna vez lo habían glorificado”.
En el ensayo sobre Alejandra, reitera lo que sus amigos le habíamos escuchado cada vez que alguien preguntaba. Que Pizarnik no se suicidó y que jamás tuvo deseos de semejante cosa. “Ocurrió -afirmaba enfáticamente- que Alejandra tomaba píldoras por los dolores corporales que sentía. Pero era olvidadiza. Estoy seguro que la sobredosis fue producto de haber ingerido el medicamento varias veces pensando que no lo había hecho.”
Fue sobre todo leído y celebrado por sus obras de ficción, que le han granjeado algunos de los honores y galardones más prestigiosos de su dilatada trayectoria humanística. Obtuvo la Faja de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores el mismo año en el que se la adjudicaron a Adolfo Bioy Casares (1962). Luego se sucedieron los grandes premios: el del Instituto del Nuevo Mundo de la Facultad de Filosofía y Humanidades de Córdoba, dirigida por Juan Larrea acerca de César Vallejo (1963), el Mystery Magazine Ellery Queen’s (1964), el Konex de Platino (1984), el Premio Municipal de Teatro (1962), el Premio del Fondo Nacional de las Artes (1962), Premio Municipal de Narrativa (1969), Premio Boris Vian (1996), Premio Leopoldo Alas (“Clarín”) (1971).

Carta de Bajarlía y Enriqueta Mayo a Miguel Oscar Menassa


Como hemos dicho fue colaborador del diario Clarín ejerciendo, inclusive, como director interino de su suplemento literario. Columnista habitual en el suplemento de cultura de La Prensa, publicó en los diarios La Nación, de Buenos Aires; La Gaceta (Tucumán), Los Andes (Mendoza), La Capital (Mar del Plata) y en las revistas Umbral, Tiempo Futuro, Magazine, Apofántica, Lilith, Gaceta de Parapsicología, La Semana, Noticias y en la edición argentina de Playboy donde en cada número aparecía una página con su firma.
Bajarlía incursionó en la Parapsicología, disciplina científica de la que llegó a ser profesor en varias instituciones, presidir congresos y jornadas y alcanzar la vicepresidencia del Grupo de Estudios e Investigaciones en Parapsicología (Gueip) fundado en 1981. “El que busca la eternidad -escribió- sólo halla el estallido del tiempo”. “El mito puede crear la realidad. La humanidad es un puñal en la apertura del futuro. El mundo no existe y sólo eres un poco de tiempo en una eternidad desconocida. Un signo que gira en los espacios orbitales”.
Fue vicepresidente de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE). Formó parte de la Asociación de Artistas Premiados Argentinos “Alfonsina Storni” (APA), de cuya revista fue redactor exclusivo.
Nunca dejó de escribir, ni de actualizar sus libros ni actualizarse él mismo. Según su hijo, no le gustaba mucho la compañía de gente de su edad que, según él, “estaban totalmente chotos”, y usaba laptop e Internet. “Los amigos le decíamos que tenía hipervínculos, que era una wikipedia con patas.” Claro, se podía pasar de un tema a otro en conversación, una conversación que además estimulaba porque, según se cuenta, su casa estaba abierta para todos.
Se realizaron dos documentales sobre su vida. Bajarlía, desandando el tiempo (2003) y Bajarlía (2005), que exploran en profundidad su vida y obra literaria.
 Murió a los 91 (93) años en la ciudad de Buenos Aires el 22 de julio de 2005.
Dos años después de su muerte en el Auditorio Jorge Luis Borges de la Biblioteca Nacional colmado de público -especialmente muchos jóvenes- sus colegas Liliana Heer, Víctor Redondo, Noé Jitrik y Federico Andahazi presentaron El placer de matar libro póstumo de Bajarlía que recopila distintas investigaciones que realizó sobre grandes crímines y criminales de la historia. Posteriormente Morir por la Patria (2010, Lea Ediciones) , sobre los asesinatos en la época de Rosas y el reciente Libro de los Plagios (2011, Lea Ediciones) y la reedición de Drácula, el vampirismo y Bram Stoker (2015, Lea Ediciones) con cuatro capítulos inéditos.

Juan-Jaboco Bajarlía y su esposa y compañera Enriqueta Mayo.

ESTA SÍ QUE ES UNA OPORTUNIDAD

Esta sí que es una oportunidad
que la vida me ofrece:
tus cartas en mis manos
como palomas mensajeras.
Partirán con tu mensaje
en su pequeño pico ambarino
y nunca llegarán a destino
porque el mensaje
romperá sus corazones.
Adiós, has sido egoísta
mira que morirte a los 93 años,
como si fuera justo
dejarme abandonado
a mí, solito y viejo.
No es demasiado justo
que me hayas dejado
tan solo
frente a la jauría
que siempre quiso
comernos el corazón.

Ya sé que no podrán
pero me sentiré
solo en los festejos
y solo el día de los premios.
Tal vez te parezca
una cortesía de mi parte
pero no lo es.
Ya eres el Comandante,
junto al pequeño Pablo,
del invencible ejército
de mis muertos vivos.
Padre y madre murieron
sin dejar, de su perfume,
ningún rastro, seguro,
ninguna amable huella.
Tus libros, los de Pablo
están ahí, nítida presencia
de un momento feliz
donde el fervor reinaba.

Miguel Oscar Menassa

POEMAS

EL FIN

Los nombres de Cibernius habían traído oscuridad
y los signos no crecían en las palancas.
Los signos se inflamaban en el caos y se alejaban.
Sólo estaba el Hombre que se acoplaba con la Máquina,
y Cibernius que recontaba sus tableros para volver al
signo de los signos.
Y la voz del Hombre era un muro en el que caía la
gangrena,
y un muro en el que estallaban los pechos de la Máquina,
y un muro en el que la vulva de hierro paría sus
fantasmas.
Y Cibernius estaba triste y robó la Máquina del Hombre, y
le puso un número a la vulva.
Y vinieron los robots y llenaron los días de Cibernius.
Y éste convocó a las cuatro raíces para sostener las
esferas.
Pero dijo a los robots: “Todo vino del número y todo caerá
en el número. La palabra vino del número y cayó en la
escritura. Luego, recordad, sois números como el
Hombre, pero números duros que se funden en su caída,
y no caen por falta de voz como el Hombre”.
Los robots aprendieron la lección que Cibernius
aprendió del Hombre.
Y engendraron otras máquinas y otros signos y otras
esferas.
Pero esos signos y esas esferas eran macho y hembra
y se multiplicaban y se rehacían de sí mismos.
Y volvió la tristeza de Cibernius. “Esta raza es maldita”,
dijo.
Y buscó al Hombre.
Y el Hombre estaba acoplado con la sombra.

                                                             Fragmento de “Cibernius” (1963)


Ya es piedra tu batalla.
Y tu mirar.
Naciste de la piedra y las tinieblas
cuando las furias vigilaban la conciencia.
Y volviste a la piedra, derrotada por la piedra.
Y es piedra tu batalla.
Piedra de un hilo atosigado en la belleza,
carcomida en el fuego que latía en tus cabellos,
exaltada en el impulso que dividió tu cuerpo y se hizo
llanto en la mano
que enarboló tu cabeza.
Ya es piedra tu batalla.
Y tu aliento. Y los que sostuvieron tu sangre.

                                                     de “La gorgona” (1953)

YO ERA TODOS LOS HOMBRES

 Yo me levanté desde un hospital donde el juego también es a morir y vi las camas insomnes
            donde los enfermos pedían por la vida cuando ya estaban muertos.
Yo amanecí sin voz y sin ideas y vi las mesas donde se consultaban los pactos con el Diablo.
Y yo vi a los hacedores de vida que intercambiaban palabras con pócimas a la espera de que el
            muerto hablara del milagro y luego se durmiera en esa otra vida que no está en la vida.
Corrí por oscuros laberintos donde el dolor festejaba la muerte para aplacar el infierno que
            caía lentamente de un goteo.
Y vi los monstruos del día final filtrados desde las botellitas numeradas que yacían al lado
            de las camas.
Y al Diablo que también caía desde el gotero para festejar el triunfo que espera todos los
            días desde el amanecer.
La vida y la muerte es un juego de cubiletes que el Diablo agita con su pulso incandescente.
Yo era entonces todos los hombres.

Inédito

POEMA DE LAS COMPENSACIONES

Vino desde el otro lado de las sombras
         y trajo la luz y las palabras
         el horizonte que enumeraba las estrellas
         y las rutas que caían al abismo.
Vino desde las tierras que habitó el exilio
cubierto de semáforos
y de hilos enredados a su voz
         que volaban en la noche
         bajo los árboles que mordían el alba.
Pidió pan y le ofrecieron las tinieblas
         agua y le dieron el acíbar.
Pidió una mano y le trajeron un deseo
         el fervor y le trajeron una mueca
         que brillaba en la oscuridad
         y cabalgaba en los ojos.
Vino desde el otro lado de las sombras
          que habitaron el exilio.
Pidió el amanecer y le trajeron la sangre.

El POETA CIEGO

a Jorge Luis Borges
La onda extendía su designio entre el deseo y la piedra
y golpeaba el tiempo en que se deslizaba la profecía:
los recuerdos inscribían tu retrato que caía de los años
y Guillermo Tell horadaba las palabras que iluminaban tu cabeza.
La noche aún no había sido devorada
pero en el retrato estaban tus ancestros y el rey Lear
que contaba las guerras
                                       el río de sangre
                                                                y las ausencias
el rostro que llevaste cuando la ceguera de Homero
           forjaba la espada de Ilión
           y el sexo acuoso de Circe.
Ahora
       en noche repetida
       cuando las tinieblas bailan en el alba
enumeras el cansancio de Antígona y los ojos ciegos
        de Edipo
        la visión de Swedenborg
                     y el cierre espinoso de John Donne
que caían en las campanas que doblaban in tenebris.
Los ángeles ciegos del abismo que vienen en busca del
        olvido
brillan en tus cuencas para ver la ausencia:
traen la oscuridad de un dios en el exilio
que has negado al enfrentarlo en la noche sin verbos de Tlön
y en el rostro multiplicado del simurg.
Ya no te ves en los espejos que aceleraban la infamia
ni en el timbre que vibraba en los días recurrentes
ni aún en las palabras que se arrastraban en tu impulso.
Sólo ves desde una ventana ciega abierta al vacío
que los hombres acuñaron con el nombre de gloria.
En tus ojos crecieron otros ojos
y en tu rostro la eternidad sin ojos.

SÉ QUE ME BUSCAS

Sé que estás ahí,
metida en la madera que me llama
        bajo la luz que teje la cara del infierno,
que enhebras el miedo en el hilo
        que cose nuestros ojos.
La vida que me dieron te pare lentamente,
busca mi doble en las tinieblas
         para hallarse con él del otro lado del camino.
No puedes ver el sol pero vibras en la sed
y a veces tocas la flauta que hierve en mis oídos.
Tu madera se hace gusano
        que se alimenta de la noche
donde otra madera muerde el rencor y pare el olvido.
Sé que estás esperándome para que crezcas.
Los árboles han perdido el origen
        pero me llaman:
el mundo desciende de sus hojas
y tú me buscas llena de frío entre los huesos.

IN MEMORIAM HAROLDO CONTI

Un día entraron.
Eran cinco aparecidos llegados del infierno
con el olvido a cuestas y la voz en los puños.
Las paredes se humedecían de llanto,
de finas garras de sangre,
de flores negras que brotaban impregnadas de fuego.
Las tinieblas jugaban al destino en la cabeza
de los cinco aparecidos.
“¿Por qué me llevan?”
Proyectiles de silencio, el terror que vomitaban los ojos,
la memoria olvidada en el gatillo.
Lo vieron cuando las itakas enceguecían las ventanas,
cuando el desierto se hundía en la voz
bajo el cielo que medía la distancia.
La luz se hacía violeta,
ennegrecía la mirada de los cinco aparecidos.
“¿Por qué me llevan?”
Las estrellas dormían en los tejados.

PERSISTENCIA

país en la memoria
en la bruma pegada a los lebreles
que reúne el infinito bordado de camellos
con la estrella jadeante que arroja sus lámparas azules
y exalta la extensión de lobos y pirámides esclavas
con el tiempo amurallado y las arenas en fuga hacia el silencio
con el paso quemado en la ecuación de una esperanza igual a los espectros
siempre idéntica a las columnas que crecen y degluten el espacio
país reverdecido
memoria hundida en el anhelo
con el pulmón deshecho en el impulso amontonado
y el ojo surcando latitudes de fuego
de cenizas violadas
de colores enhiestos
de plumas hilarantes
de rugidos que ahuecan el deseo y afilan la mirada
país de rutas extranguladas donde se inscriben la pena y la lujuria
país donde crecieron el fruto y la tiniebla
donde abortó la voz y el polvo se hizo piedra
país en la memoria
con espadas subuyugadas que transitan los versículos
país de memoria
de huestes purpurinas que tapiaron los abismos
y de los cuerpos hicieron su líquido
eres el viento que llora y gana espesor
en la noche del sueño innumerable.
                                                          

     de “Estereopoemas” (1950).

SÓLO UNA SOMBRA

Llegaste cuando las viejas computadoras
                                                 ardían en sus códigos
y la luz era un ovillo para enhebrar planetas
una fórmula retorcida impresa en una mueca
                                                que caía en el vértigo.
Llevabas la mano de Cibernius
                                                y el “hágase la ciencia”
los libros que Fausto perdió una noche
y la sonrisa de Dios sobre tu frente.
Llegaste un día cuando la quinta generación
se acoplaba con la sexta y las otras
                                                y parían máquinas y depósitos
donde hervían las sombras y los cúmulos
que tú necesitabas para limpiar el cielo
                                                los días y las horas
de un sarro que, decías, venía del engaño
                                                de una palabra vacía
o de un abismo donde el hombre buscaba sus mandíbulas.
Llegaste y te coronaron
y Cibernius borró la sonrisa que llevabas en la frente
                                                puso los libros en el horno
borró tu conciencia y te dio un cúmulo
                                                para limpiar los impulsos.
Y al fin, ya coronado, buscaste una mujer y un hombre
                                                las claves del planeta
y el antiguo amor que apuntalaba el cuerpo.
Sólo hallaste una sombra que transpiraba en una máquina.

ROBOTPOEMA 4

Compasivo con el hombre
El mundo se pobló de hormigas sabias
que dictaron sus leyes. Una de éstas decía:
No comer los huesos del hombre.
Veas
ver vimiranviendo
cuando hormiga una caminando
al hombre junto
relojes que devora en la noche
láminas de cobalto
electrones
apártate
él y a que di le a él
amor.
                                                      

  de “Nuevos límites del infierno” (1972)

BRINDIS

a Primavera y Gabriel Eduardo

En esta mesa del bar, bajo el
bullicio, cuando la luna arroja
los signos de seres cósmicos
diluidos en la asepsia
Brindo por los que se jugaron a cara o cruz
        y hallaron el abismo,
por los hombres y mujeres que se fueron al amanecer
        y reinventaron sus vientres en las ciénagas,
por los inextinguibles vendedores de sueños.
Brindo por los que murieron en Hiroshima
        y se convirtieron en pieles voladoras,
por las manos que dieron la señal del vacío
        y vieron al monstruo en Dallas,
        en Memphis o en Buenos Aires.
Brindo por los que lloran,
por los que perdieron sus ojos,
por los que extraviaron su voz en las tinieblas
        y desaparecieron en Vietnam,
        en Biafra o en Nigeria,
por el Sermón de la Montaña
       y la justicia en el gesto,
por Lautréamont que odiaba los gemidos,
por Saint-Pol-Roux, quien al acostarse
        ponía un cartel en su puerta
        que decía: El poeta trabaja.
Brindo por el Poverello de Asís
       que festejaba al hermano lobo.
Algo se detiene en mis ojos.
Brindo por los que se perdieron en la luz
        y no hallaron las palabras.
Brindo por mis hijos
       que un día se sentarán en esta mesa repetida
       para devorar sus lágrimas
y por los hijos de mis hijos
que vivirán en una galaxia lejana,
intoxicados de espacio.
Brindo por los tristes
        que arañan las entrañas del planeta
        y cavan las raíces del hombre,
por Neferkeptáh que fue disuelto en el aire,
y por Gilgamesh que perdió la inmortalidad.
Algo se detiene en mis ojos
        donde veo el hambre,
        la noche que se oxida
        y el sexo que se pudre en las probetas.
Algo se detiene
        cuando los que tienen sed reciben un lanzazo
        y los átomos gangrenan los planetas.
Algo se detiene
       y brindo por Lucifer, ya viejo y derrotado,
por los hambrientos que vendieron el alma,
por los ojos de los muertos
        que transitan en los ataúdes,
por todos los que habitan en mi sangre
        y crecen en mis ojos.

SENTADO EN UN BANCO

A Jacobo Fijman


Sentado en un banco me esperabas:
contabas la soledad
las altas torres de la demencia
los días que caían oscuramente sobre tus manos
y las lentas pisadas que brillaban en el césped.
Sentado en la casa de la locura
tejías tus recuerdos en el miedo de tus ojos
la aldea perdida en los progroms
y el perro de ceniza que te buscaba en el alba
sobre caminos de sangre.
Yo sé que me esperabas como la luz a la sombra
como el silencio al bullicio
el fervor a la angustia
la poesía a la prosa:
la cordura de Dios en pilchas de loquero.
Los ojos caían en tus palabras
        y los verbos crecían en tu sonrisa:
        los violines ladraban
        colgados de la luna
en ríos de soledad que encendían los semáforos.
Yo sé que me esperabas contando la muerte
los habitantes de la ausencia
que llenaban tus días:
ahora
        sólo esperas la eternidad
        sentado en un banco.

**IN MEMORIAM ANTONIO DI BENEDETTO

El exilio era el camino,
los días que caían
en la soledad de una botella,
        en el tiempo que se arrastraba a tus pies
        bajo las altas barreras del desprecio.
Cuatro muros y un camastro,
un agujero y un ojo en el agujero
que crecían en la noche,
        dos puntas que hurgueteaban tu cuerpo
        y se metían en la sangre,
        una palabra extraída de un freezer
        y el grito enarbolado de los diablos
        te abrían las tinieblas
                      repartiendo el exilio.
Ellos venían lentamente:
Don Diego de Zama devoraba las sombras
y juntaba los miedos en la punta de la espada,
la voz en los muñones y la sangre.
El Silenciero enumeraba el estallido
y reunía las noches detrás de los barrotes.
Ellos venían lentamente
sobre ese papel que simulabas en la barba
    masticando el destino
                                      sin amigos
        sin perro ni mujer ni aire caliente
        sin una frazada para tu sombra
                         ni un bébete la fiebre
                                        ni un signo
ni un gato que se arqueara buscando las ausencias.
Ellos venían barriendo las esperas
         los espejos que devolvían el deseo.
Soñabas…
        y eran sombras, sólo sombras:
        Heráclito enterrado bajo el estiércol,
                                           mordido por el odio.
        Yeats aplastado entre dos fantasmas
        que descifraban el Tetragrámaton.
Soñabas…
        y eran sombras, sólo sombras:
        Ezra Pound devorado por la usurocracia,
        y César Vallejo sorbido en un pantano.
La muerte te esperaba
                  golpeando las esperas
                  mordiendo tu silencio
                  detrás del alba oscura.
Y fue a las tres de una madrugada
                   a las tres del pensamiento:
tu cuerpo desnudo contra el muro,
         el muro de los gallos a las tres de la espera
         y el pelotón apuntando tus palabras
                     gatillando el olvido
         cuando la muerte paría sus engendros
         sobre una sombra llovida en la memoria.

ENCUENTRO CON SATANÁS

Tengo a Satanás del otro lado.
Lo presiento.
Es una máquina que crece.
“¿Qué quieres?”, le pregunto.
“Quiero tus olvidos”, me responde.
“Colecciono olvidos cargados de promesas”.
Me negué.
La máquina es un abismo lleno de ventanas.
Satanás insistió:
“Tan sólo un olvido o la sombra de un olvido.
Te ofrezco lo que quieras”.
Dije yo:
“Si te doy la sombra,
¿cómo reconocerás el olvido?”
Dijo él:
“Si me das la sombra,
sólo tendrás el deseo de una promesa vacía”.
Me negué otra vez.
Satanás modificó su dialéctica:
“Los olvidos pesan. Te compro su espesor”.
Contesté:
“¿Cómo mides el espesor?”
Y él:
“Quitándole al deseo lo que pesa la sombra
para sumarle la intención y el tiempo”.
El abismo crece
y la noche cabe en la mirada de los ciegos.
Sentado
oculto del otro lado de la puerta
Satanás me espera enumerando mis huesos.
Aún no estoy seguro de mi triunfo.

AÚN ESTÁS AHÍ

A Bhuma


Aún estás ahí
                   detrás de tu nombre
             perdida en el camino que se extendía en el deseo
             en las ausencias que caían de la noche
             junto a la taza de café que enumeraba el abismo.
Los relojes dormían retardando el alba
y las palabras brillaban en tus ojos
            buscando las puertas del exilio
                   las sombras que inscribían tu ser
                   y el miedo que humedecía tus ideas.
Aún estás ahí
                   detrás de tu nombre
            el mundo en la valija
            y el río de Heráclito en tus manos
                   bajo las horas que enredaban los recuerdos.
Sentada ahí
               pasaban los espejos que cubrían tu voz
                                                                       los horizontes
               las piedras que alimentaban tu sangre
               las imágenes que tejían el tiempo.
La poesía estallaba bajo la luna de Empédocles
y te abría la puerta de fuego
donde buscabas tu cuerpo detrás de tu nombre.
Sólo fue una palabra que cayó del enigma
cuando los ojos de la memoria te vieron esa noche.
Aún estás ahí
                    detrás de tu nombre.

LA CALLE

La calle es esa lluvia
que sube a los andenes
y se filtra por las ventanas,
ese paso que se ajusta
bajo las marquesinas
cuando las voces llaman
desde una puerta
que se abre a la ausencia.
La calle es esa sombra
que se acomoda en la sonrisa,
ese amor que se pega a los labios
cuando los pájaros silban
extendiendo el futuro,
esa señal que avanza en la mirada
cuando los ojos se encuentran
en el cruce de una esquina.
La calle es esa voz
ese gesto siempre en fuga
ese cuerpo que se enciende
al ritmo de una llama
que se rehace en las veredas
donde tu mano y la mía
buscándose en la sombra
se acercan al fervor.

En la Roma clásica el sexo tenía categorías rígidas que pocas veces se distorsionaban. Existía el lupanarium, atendido por mujeres jóvenes que se llamaban lupae, es decir, lobas (acaso como la que amamantó a Rómulo y Remo). La palabra lupanarium, a su vez, aceptada por Petronio, Catulo Y Juvenal, era resistida por otros poetas como Marcial y Horacio. Estos argumentaban que el verdadero nombre debía ser el de fornice, derivado de los arcos que adornaban los muros exteriores de los edificios. Y es aquí, en los fornices, donde se pactaba para fornicar con las lupae, quienes, a veces, lo hacían públicamente para atraer clientes.

Además de las lupae, que vivían en los suburbios, existían las famosae, patricias que se prostituían para alcanzar posiciones o aspirara a los favores de los poderosos. Les seguían las doris, de proporciones escultóricas, y las ambulatoriae (similares a las que siglos después serían llamadas putanne di candele), que buscaban en la calle o en el circo.

Luego, descendiendo en la escala del sexo, se hallaban las aelicariae, hijas de panaderos que vendían los panes colyphia, palabra que en el argot de los gladiadores significaba pene. En lo más bajo de la escala, se ubicaban las bustuariae, que ejercían en los cementerios.

El sexo se practicaba en las posadas y tabernas. Incluso en los baños públicos, donde las lupae se ofrecían como masajistas para fornicar con los clientes, como lo escribe Plinio. Había burdeles por todas partes. Burdeles para los pobres y burdeles para los patricios.

En las antiguas lupercalias, sin embargo, no se hacía ninguna clase de distingo. La orgía sexual era pública y nadie podía quejarse del compañero o la compañera que le tocaba en suerte. Las penetraciones estaban en función de toda cavidad dispuesta a convertirse en receptora, como decía Alberoni en les Lupercollis de Firenze (1592)

Ya en el Renacimiento, las cortigiane debían su nombre al trato frecuente con los cortesanos en los palacios ducales. Eran amantes de duques y príncipes de la iglesia. Poseían un cultura que las distinguía entre las puttane, como lo expresa el mismo Aretino en el Ragionamento del Zoppino. De gran memoria, dirá él, podían recitar a Horacio, Ovidio, Virgilio y Tetrarca.

Había dos clases de cortesanas, las cortigiae oneste, cultas, de posición elevada, y las cortigiae di candele, las que buscaban en los lugares públicos, alumbrándose por las noches con una candela. No eran en realidad, estrictamente cortesanas, sino puttane di candele.

Pietro aretino, el autor de los Sonetti lussuriosi y los Ragionamenti, exaltó y satirizó a las cortesanas, porque siempre anduvo mezclado en sus aventuras. Las conoció profundamente, como Benvenuto Cellini, y en algunos momentos fue por ello objeto del ataque de los poetas que le tenían inquina por su talento y sus conexiones con los Médicis.

Si hemos de recordar a ciertas cortesanas, debemos mencionar a Imperia de Cagnaris, nacida en Roma en 1481. Era hermosísima y escribía sonetos. Se cree que fue la modelo de Rafael para la Safo de Parnassus. En su casa se reunían los grandes poetas y artistas del Renacimiento. Murió a los 26 años (según parece por propia mano) y fue enterrada en la Iglesia de San Gregorio, un privilegio jamás alcanzado ni antes ni después por otras cortesanas.

Ora punta honesta, y también de excelsas condiciones, de la que se enamoró Bandello, fue Caterina di San Celso. Era música y de una vasta cultura general en todas las artes, los poetas solían pedirle que musicara sus obras.

Podríamos mencionar a muchas más: Fiammeta, Grechetta, Corsette. Todas ellas se destacaron. Dueñas del sexo que ambicionaban los influyentes, no lo descuidaron e intercedieron ante duques, príncipes y funcionarios de la Iglesia para salvar a más de un creador por una persecución arbitraria.

Juan Jacobo Bajarlía, del libro: Breve diccionario de erotismo y poemario satírico, ed.Almagesto.

Los omicritas y el hombre-pez

Cuento de Juan Jacobo Bajarlía


La pecera medía dos metros de alto por uno y medio de ancho. Era de un material rojizo e irrompible, semejante a un cristal de color. Estaba emplazada sobre un promontorio, en el cruce de dos canales cuyas aguas, provenientes del deshielo de los casquetes polares de Omicron B, se introducían en ella renovándola permanentemente. En el agua de la pecera se movía (nadaba) el hombre-pez. Medía 50 centímetros de largo, y braceaba con lentitud, como si estuviera meditando. A veces se paraba y miraba extrañamente a los niños marcianos que lo contemplaban. Entonces, éstos lo amedrentaban y le hacían piruetas. Y el hombre-pez recobraba la lentitud de sus movimientos.
-Está triste -dijo un niño omicrita ese día, hablando con sus amigos-. Le falta la hembra. Pero su raza ya está extinguida. La tierra fue destruida hace mucho tiempo, y ahora sólo es una pequeña bola de plomo cuya órbita se ha desplazado hacia Omicron B.
-¡Entonces era un terresiano!
-Ni más ni menos. Cuando lo trajeron medía cerca de dos metros de alto y tenía mucha fuerza. Lo pusieron en la pecera para conservarlo, y parece que el frío contrajo su corpulencia. Es muy posible que dentro de cien años más mida un centímetro. Nadie sabe cómo impedirlo.
-Si eso es verdad -intervino otro niño-, el hombre-pez se va a convertir en un gusano. Después morirá.
-No. No morirá ni se convertirá en gusano -repuso el primer niño-. El frío lo reducirá hasta trasmutarlo en una bacteria. Luego lo pondrán en un caldo de cultivo, con otras bacterias, para ver cómo se comporta con sus semejantes. Si da resultado lo utilizarán en la guerra contra Saturno. Porque tú debes saber que sólo determinados microorganismos pueden enfrentar el poder destructivo de la energía atómica. Es algo que se está estudiando en el Planetarium.
Los niños observaban al hombre-pez. Repetían las hipótesis de sus mayores, y se imaginaban que ese ser que se movía con lentitud ya era una bacteria, acaso la más débil de todas, devorada por otras bacterias. Y el hombre-pez miraba a los niños extrañamente. Tenía los ojos tristes, y a veces abría sus fauces como para decir algo. Pero su voz también se había reducido. Había perdido intensidad. Ahora sólo podía exhalar algo así como un resoplido ronco, penoso, que dibujaba espirales desvanecidas en derredor de su figura. De pronto, el hombre-pez pareció irritarse. Comenzó a bracear como poseído por la histeria. En vez de nadar trataba de erguirse como los antiguos hombres que un día habitaron la Tierra. Pero no lo conseguía. Perdía el equilibrio y seguía la irritación. Los niños se miraron. La conducta del hombre-pez obedecía a la presencia, en ese momento, de un omicrita cuyos ascendientes habían participado en la guerra de los mundos. Parecía detectarlo como a uno de los enemigos que habían destruido su planeta. Los niños exigieron una explicación. Mecranis, entonces pronunció estas palabras:
-Ese animal que ven en la pecera, que ya no es ni un pez ni un animal sino un mutante próximo a extinguirse, dio la señal de muerte en la guerra de los mundos. Decíase hijo de un ser omnipotente que había creado el universo para que él lo gozara o lo destruyera. Que era capaz de desencadenar el misterio de la materia y formar otros mundos a su arbitrio. Sin embargo, cierto día quiso escalar el espacio para matar al ser que lo había fabricado. Construyó una torre para llegar al cielo. Pero a poco de avanzar, cayó estrepitosamente con todos los suyos, porque éstos habían confundido su propia lengua, expresándose cada uno con un lenguaje ininteligible. Siglos después, en reemplazo de la primera, construyó una torre de lanzamiento, y amenazó a los planetas de su galaxia con la destrucción. Lanzó miles y miles de robots portadores de eyectores atómicos. Pero los robots se volvieron contra los mismos terresianos confundiendo sus mecanismos (como el habla en la torre primitiva), y facilitaron nuestra defensa. El resultado ya lo saben ustedes por haberlo aprendido en el falansterio: fue la destrucción de la Tierra, el más hermoso de los planetas, convertido ahora en una mole de plomo en órbita de desplazamiento hacia Omicron B. Ya es un satélite muerto. El único recuerdo vivo que aún queda es el hombre-pez de la pecera, en cuyas aguas se ha conservado todavía por el alimento extraído de otros mutantes que se originan en los cuásares. Sin embargo, está próximo a extinguirse. Un día morirá, y la Tierra será una hipótesis en algún sistema planetario que pobló el cosmos.
-¿Y habla el hombre-pez?- preguntó el más joven.
Mecranis extrajo de sus bolsillos un acuófono: dos pequeñas esferas de cristal unidas por cierto cable rojizo, una de las cuales introdujo en la pecera. La otra fue ajustada al oído del niño. Y éste oyó los roncos resoplidos del hombre-pez, que expresaban un lenguaje misterioso que el acuófono traducía simultanea-mente al idioma omicrita. Las palabras eran siempre las mismas, monótonas, cenagosas, como si hablara una montaña de barro deshecha bajo la lluvia.
-¿Qué dice el hombre-pez?- interrogó otro niño.
El niño del acuófono pasó la esfera a su compañero. Y éste al siguiente. Y así a los demás. Las palabras del hombre-pez no variaban:
-¡Yo soy el rey de la creación! ¡Yo soy el rey de la creación!
Los niños se miraron espantados y resolvieron abandonar el lugar. El frío comenzaba a congelar el aliento. Mecranis, a lo lejos, daba tumbos como una máquina desvencijada.

Se recomienda ver el programa de televisión Poesía más Poesía con la presencia del poeta Miguel Oscar Menassa y director del programa.

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