126. Poesía más Poesía: Enrique Cadícamo

ENRIQUE CADÍCAMO, POETA DEL TANGO

BIOGRAFÍA  

En 1880 Ángel Cadícamo, de 25 años, su esposa, Hortensia Luzzi, de 21, y su primer hijo de cuatro, Antonio, llegaron a Buenos Aires desde San Demetrio Corone (Cosenza, Italia). Después de un tiempo en la ciudad, la familia con su recién llegada, María Laura, emigraron al pueblo de General Rodríguez, donde el señor Cadícamo comenzó a trabajar como mayordomo de estancia. Allí, nacieron María, José María y dos niños más que fallecieron poco después de su nacimiento. La familia se mudó más tarde al pueblo de Luján, donde en esta ocasión el cabeza de familia montó una pequeña empresa dedicada a delimitar los terrenos de la zona. Durante los cinco años que vivieron en esta localidad, nacieron otras tres niñas más: María Adela, Amalia Rosalía y Herminia Verónica.
La familia regresó al pueblo de General Martín Rodríguez donde Don Ángel volvió a trabajar como mayordomo en la estancia de los Maireles, donde a las ocho de la mañana del 15 de julio de 1900, nació DOMINGO ENRIQUE CADÍCAMO, décimo y último hijo del matrimonio italiano. En 1905 volvieron a Luján, donde compraron una hermosa casona céntrica. 
El pequeño Enrique, que por entonces era llamado Domingo, aprendió a leer con sus hermanas María Adela y Herminia Verónica; lo que le permitió entrar directamente al segundo grado del colegio. En 1910, la familia Cadícamo se mudó al barrio de Flores en Buenos Aires donde Domingo completó sus estudios primarios y luego cursaría el nivel medio.


En 1919 comenzó trabajar como escribiente, copiando escritos, pasándolos a limpio y escribiendo al dictado, en el Archivo del Consejo Nacional de Educación. Allí entabló amistad con Leopoldo Lugones, Héctor Pedro Blomberg, Manuel Gálvez y Enrique Banchs, entre otros hombres de letras. Junto a él trabajaba Pablo Suero, un dramaturgo, periodista y crítico teatral que fue el primero que lo animó para que continuara en la senda de la poesía popular, después de que le diera a leer la letra Pompas, que cuatro años más tardes se convertiría en su primer tango con música adaptada por el pianista Roberto Emilio Goyeneche, tío del polaco Goyeneche, y que fue estrenado por Carlos Gardel.
Su padre, no llegó a escuchar su primer tango pues falleció en 1923 en un accidente de tráfico. Goyeneche falleció poco antes de la primera grabación, por lo que el título original Pompas fue cambiado por el de Pompas de jabón por su coincidencia con las pompas fúnebres.
Pompas de jabón fue grabado por Gardel en España, el 27 de diciembre de 1925, con el acompañamiento de José Ricardo y en sistema eléctrico, dado que en España se conoció ese sistema meses antes de instalarse en Buenos Aires.

Carlos Gardel y Enrique Cadícamo.

En 1928 comenzó la colaboración entre Cadícamo y Juan Carlos Cobián con el tema – Vení, vení –, para la que Cadícamo viajó a Europa a bordo del vapor Conte Rosso. Junto con Cobián formaron una pareja creativa excepcional, que dejó tangos memorables. Pasó seis meses en Barcelona y París donde asistió al debut de Gardel en el cabaret Florida.

Así narra su primer encuentro con Gardel en París:

“¡Cómo no recordarlo! Fue en enero de 1929. La misma noche que llegué, lo primero que hice fue ir a escucharlo. No sabía dónde cantaba, pero no era difícil averiguarlo. Por aquel entonces El Garrón tenía más de consulado argentino que de cabaret y tomando un taxi allí me fui (…) Después de aguantar los abrazos de los argentinos que allí estaban, pregunté dónde cantaba Carlitos y acompañándome varios fuimos al Florida. Fue una emoción grande encontrar así de golpe a Gardel cantando en París. Escuchándolo le parecía a uno mentira estar tan lejos de Buenos Aires”.

Otras letras interpretadas por Gardel fueron Muñeca brava, Cruz de palo, De todo te olvidas… En menos de ocho años, “El Zorzal”, como llamaban a Carlos Gardel, le grabó 23 temas. “Che papusa, oí” de 1927. “Anclao en París” que fue escrita por Cadícamo en Barcelona, en 1931 y se la remitió a Garlos Gardel, que por entonces se hallaba en Niza. Guillermo Barbieri, uno de los guitarristas del cantor, le puso música y Gardel la grabó poco después.  También fue el autor del último tango que Gardel grabó en Argentina, antes de emprender su última gira, “Madame Ivonne”, grabado el 6 de noviembre de 1933.

Después de su primer viaje a Europa, Cadícamo regresó a Buenos Aires y renunció a su trabajo puesto que “ganaba por semana cuatro veces más de lo que cobraba mensualmente en el Archivo”. Por aquel entonces, ya tenía más de 50 temas grabados, entre los cuales sobresalen Aquellas farras, Che Bartolo, Compadrón o Ramona).
Leer primera ronda de poemas

En 1930 viajó nuevamente a Europa coincidió en el barco con la compañía de revistas del Teatro Sarmiento que venía a debutar en el Teatro de la Zarzuela de Madrid. Entre su elenco se hallaban: Sofía Bozán con sus hermanas Haydée y Elena, Pedro Quartucci, Gloria Guzmán y María Esther Gamas. También iban a bordo Gerardo Matos Rodríguez, Cátulo Castillo y Roberto Maida.
Meses más tarde, Enrique volvió a Buenos Aires donde continuó cosechando éxitos.
Sin abandonar el teatro, se inició como cineasta.
En 1936 llegó a Río de Janeiro acompañado por “El Oriental” José Razzano y Charlo, y entre las representaciones él leía sus poemas. En ese viaje escribió los versos Ave de paso, musicalizados por Charlo.
En 1937 viajó a Nueva York con su inseparable amigo y colaborador Juan Carlos Cobián donde permanecieron más de un año, haciendo historia en la bohemia norteamericana.
Entre los años 40 y 45, ante la insistencia de sus colegas, formó parte del directorio de SADAIC.
Su madre falleció en 1942, a los 83 años, en Barrio Flores. Y en el año 53 muere su gran amigo Juan Carlos Cobián.

Con respecto a su vida sentimental, durante el rodaje de su película La historia del tango le llamó la atención una señorita que intervenía en una escena, bailando un tango. El destino volvió a unirles en la década del 40 cuando Enrique acompañó a su amigo Miguel Juárez Celman a la escuela de danzas de Otto Werber. “En este vivero de bailarinas (…) descubro aquel rostro que un año atrás me había atraído extrañamente (…) De una sola mirada pude abarcar de cerca su luminosa juventud…”, diría el poeta, refiriéndose a Nelly Ricciar (que sería más tarde integrante de la pareja de danzas Nelly & Nelson) con quien mantuvo un largo noviazgo que en 1961 terminó en matrimonio. En mayo del 62 partieron de luna de miel por diferentes países de Europa durante más de un año. 

Enrique Cadicamo con su señora Nelly


A su vuelta a Buenos Aires, nació Mónica María, única hija del matrimonio, sobre la que Enrique Cadícamo solía decir que era su mejor tango.
Sobres sus viajes destacar que desde su juventud viajó a Uruguay, en el 32 en compañía de Tita Merello y Charlo. En 1978 viajó a Japón como representante de SADAIC. Una vez regresado a Argentina viajó Estados Unidos exclusivamente para comprarle a su hija un moderno instrumento musical. Pocos meses más tarde partieron los tres hacia Nueva York, Orlando y otras ciudades norteamericanas. En 1986 la familia viajó a Tokio, donde Mónica que se había iniciado como cantante de tangos en varios programas de TV fue contratada por dos meses en un lujoso hotel, con el acompañamiento del cuarteto de Omar Valente.
Fuera de estos grandes viajes su vida cotidiana se desarrollaba entre Buenos Aires y Mar del Plata, donde compraron un chalet de veraneo cerca de su amigo Julio De Caro.
Autor de más de 1200 temas entre tangos, valses, milongas, fox-trots, polkas y candombes, entre otros ritmos, Enrique Domingo Cadícamo fue uno de los poetas del tango más importantes y más prolífico. Abordó cuanto tema imaginable para ser cantado y en todos los ritmos. Defendió el 2×4 original, al que diferenciaba por lejos de los nuevos sonidos.

Usó los pseudónimos Rosendo Luna y Yino Luzzi. En 1926 escribió su primer libro de versos “Canciones grises”. Seguido por otros dos poemarios “La luna del bajo fondo” de 1940 y “Viento que lleva y trae” de 1945. En 1969 escribió la novela “Café de camareras” y en 1972, un libro de recuerdos “El desconocido Juan Carlos Cobián”.

En teatro escribió Así nos paga la vida —en colaboración con Wally Zenner—; La Baba del Diablo, El Romance de Dos Vagos, El Cantor de Buenos Aires y La Epopeya del Tango.

Para el cine dirigió y escribió las películas Virgencita de Pompeya, Noches cariocas y Nace un campeón. Fue guionista de Noches cariocas (1935), Galería de esperanzas (Chingolo) (1934) e intérprete en Al corazón (1995), Gardel, el alma que canta (1985) y El canto cuenta su historia (1976). Aportó música a la película La fuga (1937).
Enrique Cadícamo no era hombre de soportar presiones. Cuando fue citado por un funcionario de la Dirección de Cultura que objetaba la letra de “Los mareados”, el poeta se sentó frente a una máquina de escribir y redactó algunas estrofas que sometió a consideración del funcionario. «¿Así le gusta?», preguntó. «Esto está mejor», contestó el censor, a lo que Cadícamo rompiendo en pedazos lo que acababa de escribir, le contestó: «Pues sepa que esto es una porquería».

““Los mareados” resurge en su forma auténtica en el año 1949 cuando los poetas y músicos que trataban de sobrellevar esa situación insostenible, solicitaron una entrevista al Presidente de la Nación, entonces el General Juan Domingo Perón. La audiencia fue concedida el 25 de marzo de 1949. Encabezada por Homero Manzi, la delegación estaba integrada entre otros, por Francisco Canaro, Aníbal Troilo, José Razzano, Charlo, Enrique Cadícamo, Alberto Vaccarezza y Lito Bayardo.

Enrique Cadícamo junto a Edmundo Rivero

Todo fue muy rápido e informal. Perón los saludó y dirigiéndose a Vaccarezza le preguntó: «¿Cómo esta Don Alberto? Es cierto que lo afanaron en un bondi?». La prohibición quedó levantada con esta simple expresión del Presidente. No hacía falta nada más. Ni leyes ni decretos. A partir de entonces “Los mareados” retornó a la auténtica versión de Cadícamo en la interpretación de los más afamadas orquestas y cantores.”

Carlos Gardel le grabó “Pompas de jabón”, “Yo te perdono”, “Anclao en París”, “El que atrasó el reloj”, “Cruz de palo” y “La novia ausente” (Guillermo Barbieri); “Compadrón” y “Muñeca brava” (Luis Visca); “Che Bartolo”, “Vieja recova” y “Dos en uno” (Rodolfo Sciammarella); “La reina del tango” (Rafael Iriarte); “Che papusa oí” (Gerardo Matos Rodríguez); “Al mundo le falta un tornillo” (José María Aguilar); “Pituca” (Rogelio Ferreyra); “De todo te olvidas” (Salvador Merico); “Aquellas farras” (Roberto Firpo); “Callejera” (Fausto Frontera); “Madame Ivonne” (Eduardo Pereyra) y los temas norteamericanos “Ramona” (Wayne); “La divina dama” (Shilkret) y “Yo nací para ti, tú serás para mí” (Brown).

Sus tangos también fueron interpretados por otros grandes como Agustín Magaldi, Rosita Quiroga, Libertad Lamarque, Alberto Gómez, Alberto Vila, Charlo, Ignacio Corsini hasta Roberto Goyeneche y Guillermo Barbieri interpretaron e hicieron de sus letras grandes éxitos: “Se fue la pobre viejita” y “Del pasado” (Magaldi-Noda); “Gran señor”, “Traje de novia”; “Cortando camino”, “Tradición” (Frontera); “Sin hilo en el carretel” y “Nunca tuvo novio” (Agustín Bardi); “Yo tan sólo veinte años tenía” y “Luna de Arrabal” (Julio César Sanders); “Apología Tanguera” (Rosita Quiroga); “Picaflor” (Enrique Maciel); “Pa’ mí es igual” (Lucio Demare-Roberto Fugazot); “Tus manos”, “Olvidao” (Barbieri); “Santa milonguita” (Enrique Delfino); “Hambre”, “Rubí”, “Piropos”, “A pan y agua”, “La casita de mis viejos”, “Nostalgias”, “Los dopados”, “Shusheta”, “Niebla del riachuelo” (Cobián); “El cantor de Buenos Aires” (Cobián-Ballerini); “Mi gitana” (Juan José Guichandut); “Guitarra que llora” (Oscar Alemán); “Plata y nada más” y “Voy pa’ viejo” (Miguel Caló); “Ensueños” (Luis Brighenti); “Desvelo” (Eduardo Bonessi); “Son cosas del bandeoneón”, “Tengo mil novias”, “En la buena y en la mala”, “Llorar por una mujer”, “Lagrimitas de mi corazón”, “Que tilín, que tilón”, “Jarangón” (Enrique Rodríguez); “Tres esquinas” (Alfredo Attadía-Angel D’Agostino) y “El morocho y el oriental” (Angel D’Agostino); “Colombina” (Julio De Caro); “A quién le puede importar” y “Copas, amigos y besos” (Mariano Mores); “Rondando tu esquina”, “Vas muerto con tu disfraz”, “No hay tierra como la mía”, “Ave de paso”, “Y aquel cariño se fue”, “La barranca”, “De cariño nadie sabe nada” (Charlo); “Por la vuelta” (José Tinelli); “Melodía oriental (Robero Zerrillo-Juan Carlos Howard); “Trovador mazorquero” (Howard); “Pa’ que bailen los muchachos” y “Garúa” (Anibal Troilo); “El vals del ayer” (Kramer); “La romanina” (Di Lázzaro); “Rouge” (Ricardo Malerva); “En un pueblito de España” (Wayne); “Berretín” (Pedro Laurenz); “Otro trago” (Iriarte); “Cuando tallan los recuerdos” (Rafael Rossi); “Noche de estrellas” y “Noches de invierno” (José Luis Padula); “El llorón” (Maglio); “Sentimiento malevo” (Antonio Buglione); y también “Milonga, ¿por qué llorás?”, “Tres amigos”, “El cuarteador”, “Pocas palabras”, “Del ambiente”, “Boedo y San Juan”, “Pasado florido”, “El trompito”, “Sollozos de bandoneón”, “La luz de un Fósforo”, “Hojarasca”, “¡Que pare el baile!”, “Chanta cuatro”, “Notas de bandoneón”, “Mientras gime el bandoneón”, “Orgullo tanguero”, “Dice un refrán”, “El campeón”, “Se llamaba Eduardo Arolas”, “Palais de Glace”, “Y qué más”, “El bar de Rosendo”, “Mi vida”, “Barajando recuerdos”, “Chiquita”, “La calle sin sueño”, “Ja ja ja”, “Pico de oro”, “Si la llegaran a ver”, “La biaba de un beso”, “El último guapo”, “Viejas alegrías”, “Bajo los puentes de París”, “Me la diste chanta”, “¡Quién te ve!”, “Mocito rana”, “Invierno”, “Por un beso de amor”, “De a traición”, “Melancólico gotán”, “Naipe”.

Cadícamo gozó de una salud de hierro hasta el final de su vida desarrollando una actividad dinámica e impulsando proyectos, decía “No es cierto eso de que todo tiempo pasado fue mejor. Hoy la ciudad, la vida, son mejores que antes”. Sin embargo, también fue un férreo defensor de conservar la tradición del tango. Decía: «No estoy de acuerdo para nada con la llamada vanguardia del tango. Vanguardia es lo primero que cae en la línea de fuego. En un combate la vanguardia es la que va adelante. En el tango hay algo parecido. La vanguardia del tango es lo primero que cae ante la indiferencia de todos los que conocen lo que es el tango.

“El tango es una raíz popular, como otros ritmos en otras partes del mundo que no han cambiado ni han desvirtuado, que no le han puesto otro ropaje. ¿Se puede modernizar el cante jondo? Sería un disparate. ¿Por qué? Porque es de raíz popular, mora, española. Todo lo que sea progreso me encanta, pero en algunas cosas no tiene sentido. Que lo hagan en las máquinas, en las computadoras, que lo hagan en los espectáculos. En esto no.”

“El tango es una cosa muy humilde, muy sencilla. Lo tocaban tipos que no tenían preparación académica musical como Ángel Villoldo, Eduardo Arolas, Enrique Delfino. Era un sentimiento que valía más que toda la parte ortodoxa que pudiera tener la partitura. Al tango hay que dejarlo como está. Es una cosa nuestra, es un paisaje que quedó de antes. El tango ya quedó. Es imposible hablar de un tango que venga.”

“Hay que aconsejar a la gente joven de que el tango no necesita de ninguna manera el cambio de ropa. Es una cosa que quedó, que hay que tocarla tal cual es.”

Horacio Salgan, Ernique Cadicamo, Francisco De Caro y Enrique Mario Francini en 1965

«No he dicho que se esté poniendo un dique a todo lo que quiera desarrollarse dentro de la música del tango. Al contrario. Me gustaría ver una larga lista de autores nuevos que hagan éxitos o que hayan hecho éxitos. Me encantaría porque entonces uno piensa que algo ha hecho durante tantos años, que uno ha servido para que después se sigan haciendo.”

«¿Cómo nació “Muñeca brava”? Esos tangos eran caricaturas, tomándole un poquito el pelo a alguien. Era el ambiente social para ese tipo de tango. Eran pequeñas críticas a las muchachas del ambiente nocturno de los cabarets de Buenos Aires en el que andábamos. Las letras tenían autenticidad, eran hechas para algo. “Muñeca brava” lo hice cuando entró el General José Félix Uriburu en la revolución (septiembre de 1930), que fue el primer escalón para hacer cien revoluciones. Después salió un tango mío que se llamaba “Al mundo le falta un tornillo”. El autor tiene que pintar el momento que está viviendo el país. Debe aportar con algo a la historia de la ciudad en tal época. El aporte del artista, del músico, del compositor, es el resultado de un cuadro hecho de Buenos Aires.”

“Yo no descarto la posibilidad que vuelva el tango con esencia. Si hay estudiosos que digan a ver por qué fue que Cobián, por qué Delfino y todos los revolucionarios del tango dejaron la parte auténtica. A ver por qué fue. Hay que estudiar y entonces sí pueden hacer un tango 1986 y, llegado el momento, darle el cariz, lo que es tango.”

“El tango es lo más sencillo, es pulsación, es fuerza, es una emoción interna que usted tira en las teclas y saca efecto. No es alarde, eso es otra cosa.”

“En esa época cada uno tenía su estilo. Cobián, Delfino, el Negro Flores tenían su estilo propio. ¡Qué decencia tenían los músicos de esa época! Ellos mismos se decían yo no me quiero parecer a otro y hacían tango de verdad.”

“Eran tiempos en que se decían los tangos. El tango tiene una personalidad que no se aprende en los conservatorios. Cada cantante tiene que poner lo que siente y si no lo siente, que lo largue. El tango es lo más difícil para cantar. Cuando viene un cantante atropellando, con una voz que se la quiere sacar porque no la tiene en ninguna parte, ahí hay que escapar. Ángel Vargas tenía una voz chiquitita y cantaba maravillosamente. Fiorentino no tenía voz pero la emoción, el gusto por el tango era lo que lo hacía cantar”.

“Éxito es andar por la calle escuchando que la gente silba un tango de uno. Esa es la mayor gloria para un autor. Aunque el que silba no sepa el nombre ni quién lo hizo. Hoy no hay un éxito desde hace muchos años.”

Con respecto al universo femenino en la obra de Cadícamo están presentes los extremos conceptuales sobre la mujer en el tango. La mina que seduce al varón pero que lo rechaza, porque elige una vida fácil, de lujos y placeres, y su antítesis, la viejita (la madre), una mujer siempre buena y sagrada que lo apaña en la desgracia y le da un cariño sublime. En el medio, matices y combinaciones que simbolizan lo inalcanzable o el amor perdido, tema universal de la condición humana que nos sigue conmoviendo.
Leer tercera ronda de poemas

El 19 de octubre de 1999, debido a una descompensación renal tuvo que ser internado en una clínica de Buenos Aires durante un par de días, lo que le impidió asistir al homenaje que esa misma noche se le realizó en el gran Teatro Cervantes. Anteriormente sólo había sido hospitalizado en dos ocasiones, una en 1908, por el mismo motivo y otra en 1950 por una operación de hernia.
El 25 de octubre de 1999 volvió a ser internado, esta vez en la Fundación Favaloro, donde permaneció hasta el 14 de noviembre. Allí se mantuvo ocupado en el disco “Cadícamo 2000”, donde reunió algunos de sus tangos inéditos. Su última publicación fue el prólogo del libro “Tango” del fotógrafo Aldo Sessa.
Retornó de nuevo al hospital y el 3 de diciembre a las 10 y 30 de la mañana su corazón dejó de latir, casi a los 100 años.
Entre muchos galardones que recibió se incluye el Premio Konex de Platino en 1985 (otorgado por la Fundación Konex) como el mejor Autor de Tango de la década en Argentina.  Recibió también el Konex al Mérito en 1984 en la disciplina Testimonial.
Fue declarado Ciudadano Ilustre de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires en 1987 y en 1996 fue distinguido como Personalidad Emérita de la Cultura Argentina.

POEMAS:

Pompas de jabón

Tango 1925
Música: Roberto Goyheneche
Letra: Enrique Cadícamo
 
Pebeta de mi barrio, papa, papusa,
que andás paseando en auto con un bacán,
que te has cortado el pelo como se usa,
y que te lo has teñido color champán.
Que en lo peringundines de frac y fuelle
bailás luciendo cortes de cotillón
y que a las milongueras, por darles dique,
al irte con tu “camba”, batís “allón”.

Hoy tus pocas primaveras
te hacen soñar en la vida
y en la ronda pervertida
del nocturno jarandón,
pensá en aristocracias
y derrochás tus abriles…
¡Pobre mina, que entre giles,
te sentís Mimí Pinsón…!

Pensá, pobre pebeta, papa, papusa,
que tu belleza un día se esfumará,
y que como todas las flores que se marchitan
tus locas ilusiones se morirán.
El “mishé” que te mima con sus morlacos
el día menos pensado se aburrirá
y entonces como tantas flores de fango,
irás por esas calles a mendigar…

Triunfás porque sos apenas
embrión de carne cansada
y porque tu carcajada
es dulce modulación.
Cuando implacables, los años,
te inyecten sus amarguras…
ya verás que tus locuras
fueron pompas de jabón

Vení vení

Tango
Música: Juan Carlos Cobián
Letra: Enrique Cadícamo
 
Yo te amé como ninguna te ha de amar
y en la alegre misiadura del bulín.
fue tu encanto milonguero de arrabal.
un sol que iluminó mi loco berretín.
Florecieron en tu fueye rezongón
la voz dulce con los besos que te di
y en el polvo de mi negro metejón
te fuiste y me robaste el corazón.

Vení, vení, no seas así
a vos te sobra corazón.
Seré mejor de lo que fui,
dale, dale que vos tenes razón.
Pero vení, vení no seas así,
no debe haber rencor entre los dos.
Volvé de nuevo, amor, a aquel bulín,
lo que pasó, pasó.

Me preguntan mis amigas del café,
si me ven tomar un trago de licor,
dónde está todo tu orgullo de mujer
qué fácil es decir largalo y se acabó.
Yo te amé, como ninguna te ha de amar,
y en la alegre misiadura del bulín,
fue tu encanto milonguero de arrabal
un sol que iluminó mi loco berretín.

Aquellas farras (Argañaraz)

Tiempos viejos y compadres 
de mi vida cadenera 
que ya no volverán 
mis años a gozar. 
Qué habrá sido de esa barra, 
bravucona y trensillera, 
que tanto dio que hablar 
por su guapear.
Adiós, amigos de entonces, 
ya estamos viejos de tanto andar.
Marcando una candombeada 
fue luciendo medias lunas 
y entre cortes y quebradas 
iba el tango provocador. 
Me acuerdo de aquellas farras 
que entre fueyes dormilones, 
rimaban los corazones 
un pasaje sentimental.
Siglo de oro de ese tiempo 
en que el ñato Monteagudo, 
borracho de pernod, 
se quiso suicidar. 
Y del loco Puentecito 
y del viejito Lozano 
No los he vuelto a ver, 
¿dónde andarán?
Adiós, amigos de entonces, 
ya estamos viejos de tanto andar.

Cruz de palo

Tango 1929
Música: Guillermo Barbieri
Letra: Enrique Cadícamo
 
Juntito al arroyo, besao por los sauces
y poblao de flores, de esmalte y de luz,
sin letras, crespones ni nombres tallados
se alzan junto a un sauce dos palos en cruz.
Una sepultura que “entuavía” el cardo
no pudo cercarla, y en donde el “chus-chus”
de alguna lechuza se escucha, agorera,
sobre la cimera de esa vieja cruz.

El sauce le llora un Ave María;
el boyero, en cada chiflido que da,
acaso le quiere rezar un bendito
junto con las quejas que entona el sabia…
Dicen los más viejos, haciéndose cruces,
que al pasar de noche por ese lugar
oyen que se quejan los ñacurutuces
de un modo tan fiero que hasta hace temblar…

(recitado)
Y en las noches malas, cuando enrieda el viento
su vago lamento en el saucedal,
por la cruz de palo una luz camina,
que corre y que vuela por el pastizal.

Pa’ un “Día de Dijuntos” de hace varios años
se llegó una moza juntito a la cruz;
la cabeza envuelta en negro rebozo,
los ojos llorosos, tristes y sin luz.
¡Qué frío, canejo, sentirán los muertos…!
Pues la moza aquella se le arrodilló,
lloró cuanto quiso, besuqueó la tumba,
le dijo “hasta pronto”, pero no volvió.

De todo te olvidas (Cabeza de novia)

Tango 1929
Música: Salvador Merico
Letra: Enrique Cadícamo
 
De un tiempo a esta parte, muchacha, te noto
más pálida y triste… Decí ¿qué tenés?
Tu carita tiene el blancor del loto
y yo, francamente, chiquita, no sé…
¿Qué pena te embarga? ¿Por qué ya no ríes
con ese derroche de plata y cristal?
Tu boquita, donde sangraron rubíes,
hoy muestra una mueca, trasuntando un mal…

El piano está mudo.
Tus ágiles manos
no arrancan el tema
del tango tristón…
A veces te encuentro
un poco amargada,
llorando, encerrada,
en la habitación.
Y he visto, extrañando,
que muy a menudo,
“de todo te olvidas”,
cabeza de novia,
¡nimbada de amor!

¿Qué es lo que te pasa? Cuéntame; te ruego
que me confidencias tu preocupación…
Acaso tu pena es la que Carriego,
rimando cuartetas, a todos contó.
“De todo te olvidas, cabeza de novia”,
pensando en el chico que en tu corazón
dejó con sus besos sus credos amantes,
como un ofertorio de dulce pasión…

Che Bartolo

Tango 1928
Música: Rodolfo Sciammarella
Letra: Enrique Cadícamo
 
Gran vivillo de aspamento, malandrín de meta y ponga
atajate este ponchazo que te voy a sacudir,
no es que quiera deschavarte por cantar una milonga
si no porque con tus brillos vos no me vas a engrupir.
Che, bacán de rango mishio, te diré que algo me alegra,
relojearte entre la mersa que la va de Tabarís.
A vos te llaman los giles el marqués de Boccanegra
como a mi me baten “Chorro”, “El herrero” o “El perdiz”.

Che, Bartolo…
batí si te has vuelto colo
pa’ quererte disfrazar.
Boccanegra…
hay que ver cuál es la suegra
que a vos te podrá aguantar.
Vos de negro,
tenés sólo tu prontuario
que no sé cómo escondés.
Che, Bartolo…
como reo yo te pido
que dejés el apellido
de aquel noble genovés.

Si el monóculo insolente te da un aire bacanejo
y ese empilche tan debute te barniza de marqués,
no la va del mismo modo el curdela de tu viejo
que entre gente de boliche va arrastrando su vejez.
Yo no sé con qué ganzúa has abierto ese agujero
que los reos de mi rango le llamamos “sociedad”,
pa’ mi que te equivocaste, la de “negros candomberos”
es la socieda’ indicada donde podés alternar.

Compadrón

Tango 1927
Música: Luis Visca
Letra: Enrique Cadícamo
 
Compadrito a la violeta,
si te viera Juan Malevo
qué calor te haría pasar.
No tenés siquiera un cacho
de ese barro chapaleado
por los mozos del lugar.
El escudo de los guapos
no te cuenta entre sus gules
por razones de valer.
Tus ribetes de compadre
te engrupieron, no lo dudes.
¡Ya sabrás por qué!

Compadrón
prontuariado de vivillo
entre los amigotes que te siguen,
sos pa’ mí, aunque te duela,
compadre sin escuela, retazo de bacán.
Compadrón,
cuando quedes viejo y solo (¡Colo!)
y remanyes tu retrato (¡Gato!),
notarás que nada has hecho…
Tu berretín deshecho
verás desmoronar.

En la timba de la vida
sos un punto sin arrastre
sobre el naipe salidor,
y en la cancha de este mundo
sos un débil pa’l biabazo,
el chamuyo y el amor.
Aunque busques en tu verba
pintorescos contraflores
pa’ munirte de cachet,
yo me digo a la sordina
¡Dios te ayude, compadrito
de papel maché!

Che papusa oí

Tango 1927
Música: Gerardo Matos Rodríguez
Letra: Enrique Cadícamo
 
Muñeca, muñequita que hablás con zeta
y que con gracia posta batís mishé;
que con tus aspavientos de pandereta
sos la milonguerita de más chiqué;
trajeada de bacana, bailás con corte
y por raro snobismo tomás prissé,
y que en auto camba, de sur a norte,
paseás como una dama de gran cachet.

Che papusa, oí
los acordes melodiosos que modula el bandoneón;
Che papusa, oí
los latidos angustiosos de tu pobre corazón;
Che papusa, oí
cómo surgen de este tango los pasajes de tu ayer…
Si entre el lujo del ambiente
hoy te arrastra la corriente,
mañana te quiero ver…

Milonguerita linda, papusa y breva,
con ojos picarescos de pippermint,
de parla afranchutada, pinta maleva
y boca pecadora color carmín,
engrupen tus alhajas en la milonga
con regio faroleo brillanteril
y al bailar esos tangos de meta y ponga
volvés otario al vivo y al rana gil.

Ramona

Vals
Música: Mabel Wayne
Letra: Enrique Cadícamo
 
Sueña muchacha con ese amor
que en tu corazón
se vino a ocultar…
Sueña muchacha con el dolor
que quiere asaltar
tu belleza en flor.

¡Ramona!,
si sientes en tu corazón
las suaves caricias
de una gran pasión,
entorna tus ojos
y entre tules deja flotar
las rosas fragantes
primaveras de tu ilusión.

¡Ramona!,
tus labios sienten palpitar
arpegios sublimes
de un dulce besar…
¡Ramona!,
teje la malla de tu suspirar,
que es dulce,
muy dulce, soñar…

Sueña muchacha con ese amor
que en tu corazón
se vino a ocultar…
Sueña muchacha con el dolor
que quiere asaltar
tu belleza en flor.

¡Ramona!,
yo sé que un día has de lograr
los sueños azules
que hoy ves aletear…
¡Ramona!
¡Ah… Ramona!
si pudiera yo, como tú,
hacer de mis años
gratos sueños de juventud…

Es triste,
la vida pasa y se va,
como una caricia
que se ve esfumar.
¡Ramona!,
a la ventana de tu ensonación,
Ramona…
¡tu príncipe irá!

Anclao en París

Tango 1931
Música: Guillermo Barbieri
Letra: Enrique Cadícamo
 
Tirao por la vida de errante bohemio
estoy, Buenos Aires, anclao en París.
Cubierto de males, bandeado de apremio,
te evoco desde este lejano país.
Contemplo la nieve que cae blandamente
desde mi ventana, que da al bulevar
las luces rojizas, con tono muriente,
parecen pupilas de extraño mirar.

Lejano Buenos Aires ¡qué lindo que has de estar!
Ya van para diez años que me viste zarpar…
Aquí, en este Montmartre, fobourg sentimental,
yo siento que el recuerdo me clava su puñal.

¡Cómo habrá cambiado tu calle Corrientes..!
¡Suipacha, Esmeralda, tu mismo arrabal..!
Alguien me ha contado que estás floreciente
y un juego de calles se da en diagonal…
¡No sabes las ganas que tengo de verte!
Aquí estoy varado, sin plata y sin fe…
¡Quién sabe una noche me encane la muerte
y, chau Buenos Aires, no te vuelva a ver!

2ª RONDA:

Cuando miran tus ojos

Vals
Música: José María Aguilar
Letra: Enrique Cadícamo
 
Tus ojos han quedado grabados en los míos,
sus dulces brujerías volcaron al mirar,
hay luz en tus pupilas de todos los estíos,
lucero que en mis noches los veo parpadear.
Heraldos de pasiones, rutilan como extrañas
luciérnagas que llevan la llama del amor…
Tesoros custodiados por sedosas pestañas…
teorías impregnadas de ensueño arrobador.

¿Gitanos son acaso por sus destellos, dime?
¿O son los de una mora presa del español?
Es algo tu mirada que mata o que redime,
que hiere si se mira corno encandila el sol…
Puñales que en las luchas se yerguen iracundos
buscando al pobre pecho con ansias de clavar.
Ensartan corazones, los dejan moribundos…
¡Ah!… Espejos donde el alma se asoma a coquetear.

Si entornan sus pupilas, la luz que los anima
se pierde entre los astros y la constelación
adquiere nuevos brillos… Aunque mi pecho gima
por verlos siempre abiertos, yo doy mi corazón.
Pues ellos van contando las horas venturosas
que pasan a mi lado rimando una canción,
sus párpados abiertos son pétalos de rosas
que ofrecen dos luceros a mi desolación.

Luna de arrabal

Vals 1934
Música: Julio César Sanders
Letra: Enrique Cadícamo
 
Muchachos, hoy que es noche clara y estival
invito a todos la barriada a recorrer,
hay mucha luz y es que: la luna de arrabal
nos acompaña par las calles como ayer,
es media noche, ella duerme y su balcón
entornado me espera que llegue…
junto al gemir del diapasón
yo quiero alzar sentimental
la serenata de mi amigo el corazón…

Y entonces al oír la introducción
del valsecito criollo y pasional
dormida su belleza angelical
nombrándome, despertará…
Su pecho de emoción ha de latir
sus ojos de otro azul se vestirán
y se pondrá la noche
sus galas embrujados
y tú, mi dulce amada,
temblarás…

Muchachos, vamos que la luna quiere oír
la serenata pintoresca de arrabal…
la noche es tibia, duerme el barrio y es zafir
el cielo lleno de estrellitas de cristal…
¡Muchachos pronto! que es tan bello saludar
a la novia que duerme inocente…
Las dedos en el diapasón
con un “allegro” arrancarán
y entonces mi alma subirá a su balcón…

Tres esquinas

Tango 1941
Música: Ángel D’Agostino / Alfredo Attadía
Letra: Enrique Cadícamo
 
Yo soy del barrio de Tres Esquinas,
viejo baluarte de un arrabal
donde florecen como glicinas
las lindas pibas de delantal.
Donde en la noche tibia y serena
su antiguo aroma vuelca el malvón
y bajo el cielo de luna llena
duermen las chatas del corralón.

Soy de ese barrio de humilde rango,
yo soy el tango sentimental.
Soy de ese barrio que toma mate
bajo la sombra que da el parrral.
En sus ochavas compadrié de mozo,
tiré la daga por un loco amor,
quemé en los ojos de una maleva
la ardiente ceba de mi pasión.

Nada hay más lindo ni más cmpadre
que mi suburbio murmurador,
con los chimentos de las comadres
y los piropos del Picaflor.
Vieja barriada que fue estandarte
de mis arrojos de juventud…
Yo soy del barrio que vive aparte
en este siglo de Neo-Lux.

Niebla del Riachuelo

Tango 1937
Música: Juan Carlos Cobián
Letra: Enrique Cadícamo
 
Turbio fondeadero donde van a recalar,
barcos que en el muelle para siempre han de quedar…
Sombras que se alargan en la noche del dolor;
náufragos del mundo que han perdido el corazón…
Puentes y cordajes donde el viento viene a aullar,
barcos carboneros que jamás han de zarpar…
Torvo cementerio de las naves que al morir,
sueñan sin embargo que hacia el mar han de partir…

¡Niebla del Riachuelo!..
Amarrado al recuerdo
yo sigo esperando…
¡Niebla del Riachuelo!…
De ese amor, para siempre,
me vas alejando…
Nunca más volvió,
nunca más la vi,
nunca más su voz nombró mi nombre junto a mí…
esa misma voz que dijo: “¡Adiós!”.

Sueña, marinero, con tu viejo bergantín,
bebe tus nostalgias en el sordo cafetín…
Llueve sobre el puerto, mientras tanto mi canción;
llueve lentamente sobre tu desolación…
Anclas que ya nunca, nunca más, han de levar,
bordas de lanchones sin amarras que soltar…
Triste caravana sin destino ni ilusión,
como un barco preso en la “botella del figón”…

Pa’ que bailen los muchachos

Tango 1942
Música: Aníbal Troilo
Letra: Enrique Cadícamo
 
Pa’ que bailen los muchachos
via’ tocarte, bandoneón.
¡La vida es una milonga!
Bailen todos, compañeros,
porque el baile es un abrazo:
Bailen todos, compañeros,
que este tango lleva el paso.
Entre el lento ir y venir
del tango va
la frase dulce.
Y ella baila en otros brazos,
prendida, rendida,
por otro amor.

No te quejes, bandoneón,
Que me duele el corazón.
Quien por celos va sufriendo
su cariño va diciendo.

No te quejes, bandoneón,
que esta noche toco yo.
Pa’ que bailen los muchachos
hoy te toco, bandoneón.
¡La vida es una milonga!

Ella fue como una madre,
ella fue mi gran cariño…
nos abrimos y no sabe
que hoy la lloro como un niño…
Quién la va a saber querer
con tanto amor,
como la quise.
Pobre amiga, pobre piba,
¡qué ganas más locas
de irte a buscar!

Pa’ que bailen los muchachos
via’ tocarte, bandoneón.
¡La vida es una milonga!

Los mareados

Tango 1942
Música: Juan Carlos Cobián
Letra: Enrique Cadícamo
 
Rara..
como encendida
te hallé bebiendo
linda y fatal…
Bebías
y en el fragor del champán,
loca, reías por no llorar…
Pena
Me dio encontrarte
pues al mirarte
yo vi brillar
tus ojos
con un eléctrico ardor,
tus bellos ojos que tanto adoré…

Esta noche, amiga mía,
el alcohol nos ha embriagado…
¡Qué importa que se rían
y nos llamen los mareados!
Cada cual tiene sus penas
y nosotros las tenemos…
Esta noche beberemos
porque ya no volveremos
a vernos más…

Hoy vas a entrar en mi pasado,
en el pasado de mi vida…
Tres cosas lleva mi alma herida:
amor… pesar… dolor…
Hoy vas a entrar en mi pasado
y hoy nuevas sendas tomaremos…
¡Qué grande ha sido nuestro amor!…
Y, sin embargo, ¡ay!,
mirá lo que quedó…

Garúa

Tango 1943
Música: Aníbal Troilo
Letra: Enrique Cadícamo
 
¡Qué noche llena de hastío y de frío!
El viento trae un extraño lamento.
¡Parece un pozo de sombras la noche
y yo en la sombra camino muy lento.!
Mientras tanto la garúa
se acentúa
con sus púas
en mi corazón…

En esta noche tan fría y tan mía
pensando siempre en lo mismo me abismo
y aunque quiera arrancarla,
desecharla
y olvidarla
la recuerdo más.

¡Garúa!
Solo y triste por la acera
va este corazón transido
con tristeza de tapera.
Sintiendo tu hielo,
porque aquella, con su olvido,
hoy le ha abierto una gotera.
¡Perdido!
Como un duende que en la sombra
más la busca y más la nombra…
Garúa… tristeza…
¡Hasta el cielo se ha puesto a llorar!

¡Qué noche llena de hastío y de frío!
No se ve a nadie cruzar por la esquina.
Sobre la calle, la hilera de focos
lustra el asfalto con luz mortecina.
Y yo voy, como un descarte,
siempre solo,
siempre aparte,
recordándote.
Las gotas caen en el charco de mi alma
hasta los huesos calados y helados
y humillando este tormento
todavía pasa el viento
empujándome.

Shusheta

Tango 1944
Música: Juan Carlos Cobián
Letra: Enrique Cadícamo
 
Toda la calle Florida lo vio
con sus polainas, galera y bastón…

Dicen que fue, allá por su juventud,
un gran Don Juan del Buenos Aires de ayer.
Engalanó la puerta del Jockey Club
y en el ojal siempre llevaba un clavel.

Toda la calle Florida lo vio
con sus polainas, galera y bastón.

Apellido distinguido,
gran señor en las reuniones, 
por las damas suspiraba
y conquistaba
sus corazones.
Y en las tardes de Palermo
en su coche se paseaba
y en procura de un encuentro
iba el porteño
conquistador.

Ah, tiempos del Petit Salón…
Cuánta locura juvenil…
Ah, tiempo de la 
sección Champán Tango
del “Armenonville”.

Todo pasó como un fugaz
instante lleno de emoción…
Hoy sólo quedan
recuerdos de tu corazón…Toda la calle Florida lo vio
con sus polainas, galera y bastón.

Tres amigos

Tango 1944
Música: Enrique Cadícamo
Letra: Enrique Cadícamo
 
De mis páginas vividas, siempre llevo un gran recuerdo
mi emoción no las olvida, pasa el tiempo y más me acuerdo.
Tres amigos siempre fuimos
en aquella juventud…
Era el trío más mentado
que pudo haber caminado
por esas calles del sur.

¿Dónde andarás, Pancho Alsina?
¿Dónde andarás, Balmaceda?
Yo los espero en la esquina
de Suárez y Necochea…
Hoy… ninguno acude a mi cita.
Ya… mi vida toma el desvío.
Hoy… la guardia vieja me grita:
“¿Quién… ha dispersado aquel trío?”
Pero yo igual los recuerdo
mis dos amigos de ayer…

Una vez, allá en Portones, me salvaron de la muerte.
Nunca faltan encontrones cuando un pobre se divierte.
Y otra vez, allá en Barracas,
esa deuda les pagué…
Siempre juntos nos veían…
Esa amistad nos tenía
atados siempre a los tres.

Nostalgias

Tango 1936
Música: Juan Carlos Cobián
Letra: Enrique Cadícamo
 
Quiero emborrachar mi corazón
para apagar un loco amor
que más que amor es un sufrir…
Y aquí vengo para eso,
a borrar antiguos besos
en los besos de otras bocas…
Si su amor fue “flor de un día”
¿porqué causa es siempre mía
esa cruel preocupación?
Quiero por los dos mi copa alzar
para olvidar mi obstinación
y más la vuelvo a recordar.

Nostalgias
de escuchar su risa loca
y sentir junto a mi boca
como un fuego su respiración.
Angustia
de sentirme abandonado
y pensar que otro a su lado
pronto… pronto le hablará de amor…
¡Hermano!
Yo no quiero rebajarme,
ni pedirle, ni llorarle,
ni decirle que no puedo más vivir…
Desde mi triste soledad veré caer
las rosas muertas de mi juventud.

Gime, bandoneón, tu tango gris,
quizá a ti te hiera igual
algún amor sentimental…
Llora mi alma de fantoche
sola y triste en esta noche,
noche negra y sin estrellas…
Si las copas traen consuelo
aquí estoy con mi desvelo
para ahogarlos de una vez…
Quiero emborrachar mi corazón
para después poder brindar
“por los fracasos del amor”…

Al mundo le falta un tornillo

Tango 1933
Música: José María Aguilar
Letra: Enrique Cadícamo
 
Todo el mundo está en la estufa,
Triste, amargao y sin garufa,
neurasténico y cortao…
Se acabaron los robustos,
si hasta yo, que daba gusto,
¡cuatro kilos he bajao!
Hoy no hay guita ni de asalto
y el puchero está tan alto
que hay que usar el trampolín.
Si habrá crisis, bronca y hambre,
que el que compra diez de fiambre
hoy se morfa hasta el piolín.

Hoy se vive de prepo
y se duerme apurao.
Y la chiva hasta a Cristo
se la han afeitao…
Hoy se lleva a empeñar
al amigo más fiel,
nadie invita a morfar…
todo el mundo en el riel.
Al mundo le falta un tornillo
que venga un mecánico…
¿Pa’ qué, che viejo? 
Pa’ ver si lo puede arreglar.

¿Qué sucede?… ¡mama mía!
Se cayó la estantería
o San Pedro abrió el portón.
La creación anda a las piñas
y de pura arrebatiña
apoliya sin colchón.
El ladrón es hoy decente
a la fuerza se ha hecho gente,
va no encuentra a quién robar.
Y el honrao se ha vuelto chorro
porque en su fiebre de ahorro
él se “afana” por guardar.
Al mundo le falta un tornillo,
que venga un mecánico.
pa’ ver si lo puede arreglar.

La casita de mis viejos

Tango 1932
Música: Juan Carlos Cobián
Letra: Enrique Cadícamo
 
Barrio tranquilo de mi ayer,
como un triste atardecer,
a tu esquina vuelvo viejo…
Vuelvo más viejo,
la vida me ha cambiado…
en mi cabeza un poco de plata
me ha dejado.
Yo fui viajero del dolor
y en mi andar de soñador
comprendí mi mal de vida,
y cada beso lo borré con una copa,
las mujeres siempre son las que matan la ilusión.
(en un juego de ilusión repartí mi corazón.)

Vuelvo vencido a la casita de mis viejos,
cada cosa es un recuerdo que se agita en mi memoria,
mis veinte abriles me llevaron lejos…
locuras juveniles, la falta de consejo.
Hay en la casa un hondo y cruel silencio huraño,
y al golpear, como un extraño,
me recibe el viejo criado…
Habré cambiado totalmente, que el anciano por la voz
tan sólo me reconoció.

Pobre viejita la encontré
enfermita; yo le hablé
y me miró con unos ojos…
Con esos ojos
nublados por el llanto
como diciéndome porqué tardaste tanto…
Ya nunca más he de partir
y a tu lado he de sentir
el calor de un gran cariño…
Sólo una madre nos perdona en esta vida,
es la única verdad,
es mentira lo demás.

Callejera

Tango 1929
Música: Fausto Frontera
Letra: Enrique Cadícamo
 
Cuando apurada pasás
rumbo quién sabe a qué parte,
haciendo lucir con arte
tu silueta al caminar,
va diciendo ese taquear
que tenés de milonguera:
“Callejera… Calle]era…
¿a dónde irás a parar?”

Esos trajes que empilchás
no concuerdan con tu cuna,
pobre mina pelandruna
hecha de seda y percal.
En fina copa e’ cristal
hoy tomás ricos licores,
y entre tantos resplandores
se encandiló tu arrabal.

Callejera,
que taqueás de Sur a Norte,
dando dique con el corte
de ese empilche que llevás.
Callejera,
vos también sos Milonguita
y en el fondo de tu almita
una pena sepultás.

Triunfa tu gracia, yo sé,
y en los rondines nocheros
sos de los muebles diqueros
el que da más relumbrón.
Despilfarrás tentación,
pero también, callejera,
cuando estés vieja y fulera
tendrás muerto el corazón.

Seguí nomás, deslizá
tus abriles por la vida,
fascinada y engrupida
por las luces del Pigall,
que cuando empiece a tallar
el invierno de tu vida
notarás arrepentida
que has vivido un carnaval.

Muñeca brava

Tango 1929
Música: Luis Visca
Letra: Enrique Cadícamo
 
Che madam que parlás en francés
y tirás ventolín a dos manos,
que escabiás copetín bien frapé
y tenés gigoló bién bacán…
Sos un biscuit 
de pestañas muy arqueadas…
Muñeca brava 
bien cotizada.
¡Sos del Trianón… 
del Trianón de Villa Crespo…
Milonguerita,
juguete de ocasión…

Tenés un camba que te hacen gustos
y veinte abriles que son diqueros,
y muy repleto tu monedero
pa´ patinarlo de Norte a Sud…
Te baten todos Muñeca Brava
porque a los giles mareás sin grupo,
pa´ mi sos siempre la que no supo
guardar un cacho de amor y juventud.

Campaneá la ilusión que se va
y embrocá tu silueta de rango,
y si el llanto te viene a buscar
escurrí tu dolor y reí…
Meta champán que la vida se te escapa,
Muñeca Brava, flor de pecado…
Cuando llegués 
al final de tu carrera,
tus primaveras
verás languidecer

La reina del tango

Tango 1928
Música: Rafael Iriarte
Letra: Enrique Cadícamo
 
Flor de noche que al sordo fragor
del champán descorchado triunfás,
reina loca que un juego de amor
lentamente, bailando, trenzás.
Tu compás es el ritmo sensual
que en la alfombra retuerce el gotán
y tu pinta elegante y teatral
se muestra orgullosa junto a tu bacán.

Sos reina del tango,
papusa ruflera,
la ciencia canera
de saber bailar
prendió una diadema
de rante nobleza
sobre tu cabeza
reina del gotán.
Tiembla en tus caderas
la música rea,
es la melopea
que a tu corazón
muy a la sordina
le hace un contracanto
que aumenta el quebranto
de tu perdición.

El gotán se te fue al corazón
como un dulce chamuyo de amor
y es por eso que en esta canción
encontrarás alegría y dolor.
Che, milonga, seguí el jarandón,
meta baile con corte y champán,
ya un noche tendrás que bailar
el tango grotesco del Juicio Final.


Hoy es tarde

Tango
Música: Juan Carlos Howard
Letra: Enrique Cadícamo
 
Porque sé lo que sufriste,
porque sé lo que he sufrido…
Yo sé bien que me quisiste
y también que te he querido…
A mi lado no tuviste esplendor…
Yo era pobre y no te daba más que amor…
Mas… tus veinte primaveras…
eran joyas verdaderas… corazón…

Alma mía…
no era lujo, ni las sedas, ni el dinero…
Alma mía…
que a mis brazos te arrojaron traicioneros…
Fue tu amor… fue tu inocencia
que brotó como una flor…
Con mis versos vos soñabas que eras rica…
Qué importaba todo el oro
en aquella pieza chica…
Cariñito…
que pobreza más injusta yo te he dado…
pero amar en la miseria
no es pecado… corazón…
Y hoy, que lujos y dinero puedo darte,
esta vida puso aparte
nuestro sueño… nuestro amor…

Yo no sé por qué senderos…
Yo no sé por qué camino…
En qué extraños remolinos
nos perdimos para siempre…
Sólo sé que comprendiendo tu valor…
te dejé para salvarte, pobre amor..
La miseria es cosa fuerte,
Merecías mejor suerte… Corazón…

Por la vuelta

Tango 1937
Música: José Tinelli
Letra: Enrique Cadícamo
 
¡Afuera es noche y llueve tanto!…
Ven a mi lado, me dijiste,
hoy tu palabra es como un manto…
un manto grato de amistad…
Tu copa es ésta, y la llenaste.
Bebamos juntos, viejo amigo,
dijiste mientras levantabas
tu fina copa de champán…

La historia vuelve a repetirse,
mi muñequita dulce y rubia,
el mismo amor… la misma lluvia…
el mismo, el mismo loco afán…
¿Te acuerdas? Hace justo un año
nos separamos sin un llanto…
Ninguna escena, ningún daño…
Simplemente fue un “Adiós”
inteligente de los dos…

Tu copa es ésta, y nuevamente
los dos brindamos “por la vuelta”.
Tu boca roja y oferente
bebió en el fino bacarát…
Después, quizá mordiendo un llanto,
quedate siempre, me dijiste…
Afuera es noche y llueve tanto,
… y comenzaste a llorar…

No vendrá

Tango 1945
Música: Enrique Cadícamo
Letra: Enrique Cadícamo
 
Esperaré otro rato y veré
por qué demoró…
Quiero creer
que este nuevo querer
es mi gran amor.
Por no estar tan solo y esperar
fumaré otro cigarrillo más.
Pero algo hay que me hace pensar
que no vendrá…

No vendrá.
Bien lo sé que ella no vendrá.
Y aunque esperar ya no quiero
otro rato más la espero.
No vendrá… Pero igual pensando en ella estoy.
Ya por hoy no la veré
me lo dice la postrer
campanada de un reloj.

Yo presentí que no iba a venir
cuando ayer se fue.
Triste quedó, suspirando sonrió,
y me dijo así:
“Tengo miedo de quererte… ¡amor!
¡Tengo miedo de sufrir por ti!”
Y ese temor, lo confieso, mi bien,
que era de los dos.

La novia ausente

Tango 1933
Música: Guillermo Barbieri
Letra: Enrique Cadícamo
 
A veces repaso mis horas aquellas
cuando era estudiante y tú eras la amada
que con tus sonrisas repartías estrellas
a todos los mozos de aquella barriada.
¡Ah! las noches tibias… ¡Ah! la fantasía
de nuestra veintena de abriles felices,
cuando solamente tu risa se oía
y yo no tenía mis cabellos grises.

Íbamos del brazo
y tú suspirabas
porque muy cerquita
te decía: “Mi bien…
¿ves como la luna
se enreda en los pinos
y su luz de plata
te besa en la sien?”
Al raro conjuro
de noche y reseda
temblaban las hojas
del parque, también,
y tú me pedías
que te recitara 
esta “Sonatina”
que soñó Rubén:
(Recitado:)
“¡La princesa está triste! ¿Qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa.
Que ha perdido la risa, que ha perdido el color…
La princesa está pálida en su silla de oro,
está mudo el teclado de su clave sonoro
y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor.”

¿Qué duendes lograron lo que ya no existe?
¿Qué mano huesuda fue hilando mis males?
¿Y qué pena altiva hoy me ha hecho tan triste,
triste como el eco de las catedrales?
¡Ah!… ya sé, ya sé… Fue la novia ausente,
aquella que cuando estudiante, me amaba.
Que al morir, un beso le dejé en la frente
porque estaba fría, porque me dejaba.

Dolor milonguero

Tango
Música: Juan Carlos Cobián
Letra: Enrique Cadícamo
 
Medianoche porteña,
sol de cabaret en la sala,
vista el tango su gala
y entre copas mi alma sueña.
Aquí, solo en mi mesa,
siento que un recuerdo ha cruzado
y del fondo embrujado
de esta copa que emborracha,
sube el dolor y remacha,
en mi corazón, un amor de ayer.

Tango que suena tristón,
la gente baila y se ríe.
Pena que en mi corazón,
cuando más honda, sonríe.
Quiero beber y al beber reír,
hundir este dolor milonguero.
Ven bailarina, a mi mesa,
que tengo tristeza por una mujer.

Ven a beber que estoy muy solo,
ven, buena amiga, flor nochera.
Yo soy un triste calavera,
vos, una más en el vaivén.
Ven a embriagarte yo te invito,
tal vez también tengas tus penas,
tus ojos dicen que sos buena.
Ven, magadalena del loco cabaret.

La luz de un fósforo

Tango 1943
Música: Alberto Suárez Villanueva
Letra: Enrique Cadícamo
 
Nos encontramos, tú y yo,
y a conversar
nos detuvimos.
Un algo raro tenías
cuando callabas,
cuando reías…
La esgrima sentimental
al fin surgió
la tarde aquella.
Después… ¡qué poco quedó!
El viento todo lo llevó…

La luz de un fósforo fue
nuestro amor pasajero.
Duró tan poco… lo sé…
como el fulgor
que da un lucero…
La luz de un fósforo fue,
nada más,
nuestro idilio.
Otra ilusión que se va
del corazón
y que no vuelve más.

En todo, siempre el color
es del cristal
con que se mira.
De rosa, yo te veía,
cuando callabas,
cuando reías.
Después, con otro cristal,
cambió el color
y ya no eras…
La vida es toda ilusión
y un prisma es el corazón.

Madame Ivonne

Tango 1933
Música: Eduardo Pereyra
Letra: Enrique Cadícamo

 
Mamuasel Ivonne era una pebeta
que en el barrio posta de viejo Montmartre,
con su pinta brava de alegre griseta
animó la fiesta de Les Quatre Arts.
Era la papusa del barrio latino
que supo a los puntos del verso inspirar…
Pero fue que un día llego un argentino
y a la francesita la hizo suspirar.

Madame Ivonne,
la Cruz del Sur fue como el sino,
Madame Ivonne,
fue como el sino de tu suerte…
Alondra gris,
tu dolor me conmueve,
tu pena es de nieve…
Madame Ivonne…

Han pasado diez años que zarpó de Francia,
Mamuasel Ivonne hoy solo es Madam…
La que va a ver que todo quedó en la distancia
con ojos muy tristes bebe su champán.
Ya no es la papusa del Barrio Latino,
ya no es la mistonga florcita de lis,
ya nada le queda… Ni aquel argentino
que entre tango y mate la alzó de París

FUENTES:

https://es.wikipedia.org/wiki/Enrique_Cad%C3%ADcamohttps://www.infobae.com/cultura/2019/12/03/enrique-cadicamo-el-compositor-de-los-1200-tangos-que-admiraba-gardel/

https://www.todotango.com/creadores/ficha/37/Enrique-Cadicamo

https://cadicamo.es.tlhttps://www.todotango.com/historias/cronica/218/Cadicamo-«Al-tango-hay-que-dejarlo-como-esta»-/

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PRÓXIMO PROGRAMA

123. Poesía más Poesía: Baldomero Fernández Moreno

BALDOMERO FERNÁNDEZ MORENO

BIOGRAFÍA

Baldomero Eugenio Otto Fernández Moreno nació el 15 de noviembre de 1886 en el barrio de Montserrat, ubicado en la ciudad de Buenos Aires. Fue el primogénito del comerciante español Baldomero Fernández, oriundo de Bárcena de Cicero, Cantabria y de Amelia Moreno, ciudadana española, nacida en Bocígano, Guadalajara.
A los 6 años, partió con su familia a Bárcena de Cícero. Teniendo 11 años, su padre regresó a Buenos Aires y entre 1898 y 1899 vivió en Madrid en la casa de unos tíos.
Posteriormente, se trasladó de Barcelona rumbo a Buenos Aires en el Cataluña, reuniéndose en Montevideo con su padre y su tío, el médico cirujano Avelino Gutiérrez, Profesor Titular de Anatomía de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires y Director del Hospital Español de Buenos Aires.
Tras cursar los primeros dos años de estudios secundarios en el Liceo Ibérico Platense, en 1902 pasó al Colegio Nacional de Buenos Aires (momentáneamente llamado Colegio Nacional Central), donde se graduaría, y al que le dedicaría años más tarde la Elegía al Colegio Nacional Central.
En esos años escribió sus primeros poemas. Influenciado por Avelino Gutiérrez y el médico español José María Carrera, en 1904, con 17 años, ingresó a la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires.
Dos años después, en 1906, efectuó prácticas en la Asistencia Pública en la ciudad de La Plata y entre 1910 y 1914, a los 24 y 28 años, en el Hospital Español. Por aquellos años publicó algunos versos en El Diario Español.


En 1912 se doctoró con su tesis Tratamiento de las Fístulas y Artritis Tuberculosas por la Pasta de Sub-Nitrato de Bismuto, apadrinada por el doctor Ángel Gutiérrez, Jefe del Servicio de Ginecología y Cirugía General de Mujeres del Hospital Español y dedicada a su familia, al Director del Hospital Español José Badía y a Avelino Gutiérrez.
Ese mismo año, se estableció en la ciudad de Chascomús, donde ejerció la medicina. En octubre visitó la ciudad el poeta Belisario Roldán, quien lo recomendó al médico Fernando Álvarez, hermano de José Sixto Álvarez (alias Fray Mocho), el director de la revista Caras y Caretas, pero las poesías que envió no fueron publicadas. Dos años después se mudó a Catriló, provincia de La Pampa.
Luego de unos meses regresó a Buenos Aires. Allí siguió escribiendo y realizando su labor como médico en el barrio de Floresta.

En 1915, con la ayuda de su amigo Nicanor Newton, editó su primer libro, Las iniciales del misal, dedicado a Rubén Darío. Un año después, publicó Intermedio provinciano y Ciudad. En 1917 tuvo una breve estadía en Huanguelén, provincia de Buenos Aires.
En enero de 1919 se casó con Dalmira del Carmen López de Osornio, Negrita, oriunda de Chascomús y el 26 de noviembre nació su primer hijo, César, que inspiraría su libro El hijo.
En 1920 regresó a Buenos Aires y trabajó en el Servicio de Dermatología del Hospital Español, dirigido por el doctor Pedro Baliña, pero en 1924, a los 38 años y tras 20 años en la profesión, abandonó la práctica de la medicina para dedicarse a la poesía. En 1926 nació su hija Dalmira, que moriría al año.
En noviembre de 1928, teniendo 42 años, integró la primera Comisión Directiva de la Sociedad Argentina de Escritores. Continuó escribiendo y trabajando como profesor de literatura en el Colegio Nacional Mariano Moreno y de historia en la Escuela Nacional de Comercio Nº4.
En 1936, (50 años) publicó su libro Romance a mis chapas de médico.
Su tercer hijo, Ariel, falleció a los 10 años por difteria en 1937. Este trágico hecho lo sume en un cuadro de depresión que se refleja en su libro Penumbra, publicado ese mismo año.
En 1938 (52 años), obtuvo el Premio Nacional de Poesía por Dos poemas, Romances y Seguidillas.
Tuvo dos hijos más, Manrique y Clara, y el 30 de mayo de 1945 nació su primera nieta, Marcela, primogénita de su hijo César, que inspiraría el Libro de Marcela (1946).

De todas maneras, la depresión no lo había abandonado: entre 1942 y 1946 había concurrido a una clínica psiquiátrica de Floresta, permaneciendo internado algún tiempo, pero su situación empeoró.
En 1949 tuvo un primer accidente cerebrovascular. Finalmente, el 7 de junio de 1950, (a los 64 años) sufrió un segundo ACV que le ocasionó la muerte, en su casa ubicada en la calle Francisco Bilbao 2384, en el barrio de Flores de la ciudad de Buenos Aires. Fue sepultado en el cementerio de la ciudad de Chascomús.

Fernández Moreno siempre tiene presente el recuerdo de España y de Cantabria, la tierra de sus padres. Uno de sus libros más significativos, es Aldea española (1925), donde canta al pueblo donde pasó varios años de su vida. También expresa sus vivencias infantiles en La patria desconocida (1943). Orgulloso de ser argentino y español, solía decir que era: “Indiano en Trasmiera, comarca de Cantabria, y gallego en la Pampa”.

En su honor, fueron nombradas una calle de Buenos Aires (a pocas cuadras de su residencia definitiva), una de las estaciones del ferrocarril Urquiza, la Escuela de Comercio N° 4 (donde fue profesor de literatura), la escuela primaria N° 39 de la localidad bonaerense de Moreno y la escuela primaria N° 32 de la ciudad de Chivilcoy, provincia de Buenos Aires.
Tiene dedicado en Santander un busto ubicado en uno de los bancos de la avenida de Reina Victoria que fue descubierto por el embajador de Argentina, José Campano, con la siguiente dedicatoria: «Poeta argentino, cantor de la Montaña. Ofrenda del Centro Montañés de Buenos Aires al Instituto Cultura Hispánica de Santander». A lo largo del respaldo del banco está grabado el siguiente fragmento poético:
«… un parlar montañés de viejecita bruja
que narra una conseja mientras mueve la aguja
el mismo que ennoblece, hermano, mi cantar».
Fernández Moreno 1915

····· EL ECO DE CANTABRIA ····· : 2019


En 1986 el Ayuntamiento cántabro de Bárcena de Cicero descubrió un busto de madera de ébano de Baldomero Fernández, obra de Samuel Ontarria, en reconocimiento por la labor difusora que en Argentina realizó de este municipio, poniendo su nombre al Centro de Salud de la localidad.
Fernández Moreno dio su propia versión de una poesía ciudadana y porteña; con su primer libro, Las iniciales del misal (1915), obra ya madura, señaló un alejamiento de las características más ostentosas del modernismo hispanoamericano y argentino (Rubén Darío, Leopoldo Lugones) a favor de una lírica llana, realista, sin patetismo ni delectación metafórica, lo que se denominó sencillismo. Éste, logrado por la disciplina que se impuso, le dio un curioso aire clásico en la forma y de modernidad en la inquietud espiritual que transmitía su contenido.


El sencillismo no puede ser entendido como un movimiento literario en el sentido tradicional del término, aun cuando otros escritores, como Alfredo Bufano, Pedro Herreros y Miguel Camino, hayan seguido y profundizado esta tendencia poética.
En líneas generales, el sencillismo es una forma de observar y apreciar la realidad en las cosas cotidianas y sencillas, sustrayéndolas al intento de profundizar en aspectos abstractos y utilizando un lenguaje sin florilegios eruditos.
La crítica literaria ha destacado el hallazgo por parte de Fernández Moreno de un camino auténtico y propio dentro de la poesía argentina, con una inflexión singular y espontánea.
La naturalidad, que es una de las notas más características de sus poemas, se percibe en la falta de esfuerzo con que parecen haber sido escritos sus versos, a la manera de transcripciones del habla cotidiana. Sus versos son cuidados y sencillos. Tenía un especial cuidado de la palabra, una lírica permanentemente emotiva.
No hacía distinción entre una realidad poética y otra que no lo fuera. Siempre consideró que si el hombre se permite ser poeta, todo lo que mira puede transmutarlo en poesía. Consideraba que podía ser poesía tanto una mata de hierba como una vereda en la ciudad o en el campo, un molino, o las vísceras del cuerpo humano.

A pesar de ello, la obra de Fernández Moreno posee una fuerte influencia tanto del realismo como del impresionismo y el expresionismo. Se ha destacado en su estilo la singular alternancia entre las visiones subjetivas y las descripciones objetivas del mundo externo.
Fernández Moreno puede ser visto en este sentido como el poeta que preludia el cambio de dirección que impondrán las vanguardias en la escena rioplatense.
Entre sus obras figuran Intermedio provinciano (1916), Ciudad (1917), Por el amor y por ella (1918), Campo argentino (1919), Versos de Negrita (1920), Nuevos poemas (1921), Canto de amor, de luz y de agua (1922), Mil novecientos veintidós (1922), El hogar en el campo (1923), Aldea española (1925), El hijo (1926), Décimas (1928), Último cofre de Negrita (1929), Sonetos (1929), Cuadernillos de verano (1931), Dos poemas (1935), Seguidillas (1936), Romances (1936), Continuación (1938), Yo médico, yo catedrático (1941), Buenos Aires (1941), San José de Flores (1943) y La mariposa y la viga (1947).
En 1941 preparó una Antología de sus versos que sería ampliada en sucesivas ediciones. Póstumamente apareció la sexta edición, organizada por sus hijos, que incluía composiciones de Penumbra (1951), junto con otras adiciones y retoques en el plan primitivo.
Baldomero Fernández Moreno fue además un excelente prosista, según lo que de él conocemos: La patria desconocida (1943) y La mariposa y la viga (1947), pues no toda su producción está recogida aún; el culto del aforismo caracteriza sus páginas, de un castellano elaborado con pretensiones extralocales concienzudamente maduradas. En 1952, Arturo Berenguer pronunció una conferencia en Madrid con el tema Fernández Moreno, poeta español y argentino.
Su hijo César Fernández Moreno fue también un destacado poeta y ensayista.
Autores seguidores de su obra
Tanto Jorge Luis Borges como Ezequiel Martínez Estrada han examinado la mirada poética de Baldomero para captar la realidad urbana o rural.
Según Borges, Buenos Aires fue «vista para siempre» en algunos de sus versos. Examinó al autor citando este breve poema, que por su paradigmática y mágica sencillez, nos descubre la provincia y la pampa en breves trazos:

Ocre y abierto en huellas, el camino
separa opacamente los sembrados.
Lejos, la margarita de un molino.

Ezequiel Martínez Estrada, autor de Radiografía de la pampa, dedicó páginas al poeta, en las cuales lo señala como «el primer autor que en nuestro medio focaliza en el centro de su obra, sin preocuparse del mundo literario que lo circunda». Fernández Moreno —expresa— es al mismo tiempo el poeta de Buenos Aires y el de nuestros campos y pueblos.
Otro de los que se sintieron inspirados por su obra fue Mario Benedetti, que sin rubor declaró que fue como su maestro, aún sin conocerlo, pero su obra se le presentó reveladora para la poesía que él buscaba.
Leopoldo Lugones también fue admirador de su obra, por los temas que abarcó.


Premios y distinciones:

  • Premio Nacional de Poesía (1938)
  • Gran Premio de Honor de la SADE (1949)
  • Fue académico de número de la Academia Argentina de Letras, donde ocupó el sillón n.º 12: «Ricardo Gutiérrez».

POEMAS

Al caminar parece que crujieran

Al caminar parece que crujieran
las hojas de la noche y sus cristales.
Es tu hombro, tu pecho, tus rodillas
deshaciendo, esponjando, tu impermeable.
Tu impermeable te ciñe totalmente,
si llevas algo más nadie lo sabe…
Es un cilicio hecho de pliegues duros
sobre la rosa de tu cuerpo suave.

Dulce amor de pasillos, dulce amor de rincones
Dulce amor de pasillos, dulce amor de rincones,
cuando ya es una bruma el aliento deshecho.
Sentir sobre mi pecho la amplitud de tu pecho
y como dos deditos pequeños tus pezones.
Y bajar la escalera trémulo de deseo
aprovechando el último peldaño para verte.
Hasta que el frío dé cuenta de mi deseo.
(El frío no podrá y no sé si la muerte…)

Donde tenía la ciudad guardada

“¿Donde tenía la ciudad guardada
esta espada de plata refulgente
desenvainada repentinamente
y a los cielos azules asestada?

Ahora puede lanzarse la mirada
harta de andar rastrera y penitente
piedra arriba hacia el Sol omnipotente
y descender espiritualizada.

Rayo de luna o desgarrón de viento
en símbolo cuajado y monumento
índice, surtidor, llama, palmera.

La estrella arriba y la centella abajo,
que la idea, el ensueño y el trabajo
giren a tus pies, devanadera”

Amantes

Ved en sombras el cuarto, y en el lecho
desnudos, sonrosados, rozagantes,
el nudo vivo de los dos amantes
boca con boca y pecho contra pecho.

Se hace más apretado el nudo estrecho,
bailotean los dedos delirantes,
suspéndese el aliento unos instantes…
y he aquí el nudo sexual deshecho.

Un desorden de sábanas y almohadas,
dos pálidas cabezas despeinadas,
una suelta palabra indiferente,

un poco de hambre, un poco de tristeza,
un infantil deseo de pureza
y un vago olor cualquiera en el ambiente.

Mudable como el tiempo es tu mejilla

Mudable como el tiempo es tu mejilla,
o arde como una tarde del estío
o hiela, o poco menos, si hace frío;
pero ardiente o helada es maravilla.
Deja que acerque mi cansada arcilla
al pétalo de amor que llamo mío,
mientras corre mi brazo como un río
por tu cuello, delgada torrecilla.
Calor o frío, llamarada o nieve,
no me importa un instante su mudanza,
que a ocultos nervios nada más se debe.
Tu corazón es nido de templanza
y grave su latido al par que leve.
Y si no, que lo diga mi esperanza.

Una estrella

Fue preciso que el sol se ocultara sangriento,
que se fueran las nubes, que se calmara el viento.
que se pusiese el cielo tranquilo como un raso
para que aquella gota de luz se abriese paso.
Era apenas un punto en el cielo amatista,
casi menos que un punto, creación de vista.
Tuvo aún que esperar apretada en capullo
a que se hiciese toda la sombra en torno suyo.
Entonces se agrandó, se abrió como una flor,
una férvida plata cuajóse en su interior
y embriagada de luz empezó a parpadear…
No tenía otra cosa que hacer más que brillar.

Anoche había barras de luz en tu persiana

Anoche había barras de luz en tu persiana
y alcé hacia ti los ojos en actitud de ruego,
como diciendo: Abre, señora castellana…
Y me perdí en la calle, triste y oblicuo, luego.
En esa luz naufragan tus ojos lentamente,
verdes como la flor más allá de la mar:
tus manos, dedo a dedo, sueño a sueño tu frente.
Ya es una misma cosa el rezar y el soñar.

Penumbra

Nunca podrás ver nada claramente:
todo es zarzal, espinas y maraña.
En vano gastarás toda tu maña
contra el dorado pájaro latente.

Errado el tiro, vuelves bruscamente
el arma hacia otro lado, mas te engaña
la jugada de sol que el árbol baña.
Te vuelves loco y lloras tristemente.

Todo del tonel sale de la vida
tosco, deforme y dando tropezones.
Dejas pasar los años y su herida,

y cuando quieras darte explicaciones
ni te sirvió la espuela ni la brida:
un pétalo fue más que tus razones.
Versos a un montón de basuras

Canto a este montoncito de basuras
junto a esta vieja tapia de ladrillos,
avergonzado y triste, en la tiña tundente
que ralea la hierba del terreno baldío.
Es un breve montón…
No puede ser muy grande con tan pobres vecinos.
Un trozo de puntilla, unas pajas de escoba,
un bote se sardinas, un mendrugo roído
y una peladura larga de naranja
que se desenrolla como un áureo rizo…
Es un breve montón…
No puede ser muy grande con tan pobres vecinos.
Una lata de restos de una cena opulenta
es más que un mes aquí de desperdicios…
Para tener de todo, hasta tienen miseria,
en mayor cantidad que los pobres, los ricos.

Aromas

Cuando regreso a casa no me lavo las manos
si es que he estado contigo un instante no más,
el aroma retengo que tú dejas en ellas
como una joya vaga o una flor ideal.
Por aquí huelo a rosas y por allá a jazmines,
alientos de tus ropas, auras de tu beldad,
aproximo una silla y me siento a la mesa
y sabe a ti y a trigo el bocado de pan.
Y todo el mundo ignora por qué huelo mis manos
o las miro a menudo con tanta suavidad,
o las alzo a la luna bajo las arboledas
como si fueran dignas de hundirse en tu cristal.
Y así hasta media noche cuando vuelvo rendido
pegado a las fachadas y me voy a acostar,
entonces tengo envidia del agua que las lava
y que, con tu perfume, da un suspiro y se va.

Poco a poco se hace la luz en tu vestido

V
Poco a poco se hace la luz en tu vestido,
la noche de tu traje se disuelve en la aurora.
La primavera próxima te regala su flora,
su ligereza el aire y el agua su latido.
LXX
Profunda, ardiente, plástica, flexible,
casi palpable como miel sonora,
más que sobre tus ojos o tus labios,
sobre tu voz, te reconstruyo toda…
VI
La ciudad, que ya empieza, alondra blanca, a amarte
te dibuja la cara, y más te la ilumina,
con pinceles mimosos, con delicado arte
como nunca lo haría la acuarela más fina.
Y te pinta de azul y de verde y de rosa
según sea el aviso que surge a nuestro paso.
Te desmaterializa, te torna mariposa,
como ninguna aurora, como ningún ocaso.
XII
Sólo con apoyar el codo en una mesa,
acordarme de ti y mirar al vacío
y ver brillar en él tu cabellera espesa
que a veces es un lago y a veces es un río,
me lleno de palabras, me lleno de ternura,
primaveral manzano en mitad del invierno.
Pero hay que soñar poco y escribir con mesura
que se trata de ti, es decir de lo eterno.
LV
Adoro tu manera menudita y brumosa,
hecha de pizcas grises y dorados reflejos,
de oscurecer el sol y de velar la rosa,
de mirar a los pies, y mirar a lo lejos.
Me gusta verte quieta, fundida en el paisaje,
maraña de ladrillo, de sauces y de río,
inmóvil en la hoja lóbrega de tu traje….
fundida en el paisaje pero al costado mío.
LXXXII
El cuello se te llena, amor, de corazones
si rozo tus mejillas. Como un agua palpita.
Traduce dulcemente todas tus sensaciones
con una precisión admirable, infinita.
Detrás está la noche y los ramos copiosos
y mi brazo, y en él, tu cabeza perdida.
Los ojos apacibles se tornan dolorosos
y no sé si te vas o vuelves a la vida.

Soneto de tus vísceras

Harto ya de alabar tu piel dorada,
tus externas y muchas perfecciones,
canto al jardín azul de tus pulmones
y a tu tráquea elegante y anillada.
Canto a tu masa intestinal rosada,
al bazo, al páncreas, a los epiplones,
al doble filtro gris de tus riñones
y a tu matriz profunda y renovada.
Canto al tuétano dulce de tus huesos,
a la linfa que embebe tus tejidos,
al acre olor orgánico que exhalas.
Quiero gastar tus vísceras a besos,
vivir dentro de ti con mis sentidos…
Yo soy un sapo negro con dos alas.

Ausencia

Es menester que vengas,
mi vida, con tu ausencia, se ha deshecho,
y torno a ser el hombre abandonado
que antaño fui, mujer, y tengo miedo.

¡Qué sabia dirección la de tus manos!
¡Qué alta luz la de tus ojos negros!
Trabajar a tu lado, ¡qué alegría!;
descansar a tu lado, ¡qué sosiego!

Desde que tú no estás no sé cómo andan
las horas de comer y las del sueño,
siempre de mal humor y fatigado,
ni abro los libros ya, ni escribo versos.

Algunas estrofillas se me ocurren
e indiferente, al aire las entrego.
Nadie cambia mi pluma si está vieja
ni pone tinta fresca en el tintero,
un polvillo sutil cubre los muebles
y el agua se ha podrido en los floreros.

No tienen para mí ningún encanto
a no ser los marchitos del recuerdo,
los amables rincones de la casa,
y ni salgo al jardín, ni voy al huerto.
Y eso que una violenta Primavera
ha encendido las rosas en los cercos
y ha puesto tantas hojas en los árboles
que encontrarías el jardín pequeño.

Hay lilas de suavísimos matices
y pensamientos de hondo terciopelo,
pero yo paso al lado de las flores
caída la cabeza sobre el pecho,
que hasta las flores me parecen ásperas
acostumbrado a acariciar tu cuerpo.

Me consumo de amor inútilmente
en el antiguo, torneado lecho,
en vano estiro mis delgados brazos,
tan sólo estrujo sombras en mis dedos…

Es menester que vengas;
mi vida, con tu ausencia, se ha deshecho.
Ya sabes que sin ti no valgo nada,
que soy como una viña por el suelo,
¡álzame dulcemente con tus manos
y brillarán al sol racimos nuevos.

Presentación

Esta que viene aquí toda vestida
de un traje blanco y un negro sombrero
tiene la obligación de mi sendero
y las rosas y espinas de mi vida.

Porque una noche el ánima afligida,
mustia de soledad, dijo: Te quiero.
Hace ya mucho tiempo que te espero
con una mano lánguida extendida.

Era una rara orquesta de violines,
era un pasar de extraños bailarines,
era un degüello de camelias rosas

bajo tus finas manos temblorosas.
¡Era que el corazón se me moría
de tanto, amada, como te quería!

El poeta y la calle

Madre, no me digas:
—Hijo, quédate…,
cena con nosotros
y duerme después…
Cuando eras pequeño
daba gusto ver
tu cara redonda,
tu rosada tez…
Yo a Dios le rogaba
una y otra vez:
que nunca se enferme
que viva años cien;
robusto, rosado,
gallardo doncel
le vean mis ojos
allá en la vejez.
Que no tenga ese aire
de los hombres que
se pasan la noche
de café en café…
Dios me ha castigado.
¡Él sabrá por qué!—
Madre, no me digas:
—Hijo, quédate…—
La calle me llama
y a la calle iré…
Yo tengo una pena
de tan mal jaez
que ni tu ni nadie
puede comprender,
y en medio de la calle
¡me siento tan bien!
¿Qué cuál es mi pena?
¡Ni yo sé cuál es!
Pero ella me obliga
a irme, a correr,
hasta de cansancio
rendido caer…
La calle me llama
y obedeceré…
Cuando pongo en ella
los ligeros pies,
me lleno de rimas
sin saber por qué…
La calle, la calle,
¡loco cascabel!
La noche, la noche,
¡qué dulce embriaguez!
El poeta, la calle y la noche,
se quieren los tres…
La calle me llama,
la noche también…
Hasta luego, madre,
¡voy a florecer!

Contemplación del beso

Debe el beso venir desde la hondura
de una cabeza baja y atraída
en la penumbra gris desvanecida
mientras un viento vuele de frescura.
Boca entreabierta, elástica, madura,
que en el atardecer se haga una herida.
Toda ella roja de profunda vida
con un signo mortal: la dentadura.
Verlo avanzar después muy lentamente
como un ascua encendida o roja estrella
y detenerlo, ay, súbitamente.
Contemplarlo en deliquio y miel de abella,
huir la boca por rozar la frente
y a ella volver para morir en ella.
 
Setenta balcones y ninguna flor
Setenta balcones hay en esta casa,
setenta balcones y ninguna flor.
¿A sus habitantes, Señor, qué les pasa?
¿Odian el perfume, odian el color?

La piedra desnuda de tristeza agobia,
¡Dan una tristeza los negros balcones!
¿No hay en esta casa una niña novia?
¿No hay algún poeta bobo de ilusiones?
¿Ninguno desea ver tras los cristales
una diminuta copia de jardín?
¿En la piedra blanca trepar los rosales,
en los hierros negros abrirse un jazmín?

Si no aman las plantas no amarán el ave,
no sabrán de música, de rimas, de amor.
Nunca se oirá un beso, jamás se oirá un clave…
¡Setenta balcones y ninguna flor!

Tráfago

Me he detenido enfrente del Congreso,
y en medio del urbano torbellino,
he soñado en un rústico camino
y me he sentido el corazón opreso.

Una tranquera floja, un monte espeso,
el girar perezoso de un molino,
la charla familiar de algún vecino,
¿no valen algo más que todo eso?

Se ahogaban en la esquina algunas flores;
a formidables tajos de colores,
abríase el asfalto humedecido
como esbozando trágica sonrisa.

¡Quién va a fijarse en mí, si hay tanta prisa!
¡Quién va a escuchar mi voz, si hay tanto ruido!

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PRÓXIMO PROGRAMA

121. Poesía más Poesía: Juan Gelman

JUAN GELMAN

Biografía

Juan Gelman nació en Buenos Aires, en el número 300 de la calle Canning —actual Scalabrini Ortiz— en Villa Crespo, el 3 de mayo de 1930. Muere en México, D. F., el 14 de enero de 2014.
Exiliado durante la dictadura militar iniciada en 1976, retornó a la Argentina en 1988 aunque se radicó en México.
Fue el tercer hijo (el único nacido en Argentina) de un matrimonio de inmigrantes judíos ucranianos, José Gelman y Paulina Burichson.
Aprendió a leer a los 3 años y pasó su infancia andando en bicicleta, jugando al fútbol y leyendo. Desde niño fue simpatizante de Atlanta, el club de fútbol del barrio, donde años después le pondrían su nombre a la biblioteca, algo que consideró «el homenaje más grande de su vida».


Comenzó a escribir poemas de amor cuando tenía nueve años y publicó el primero a los once (1941) en la revista Rojo y Negro.
“Empecé a escribir poemas a los nueve años. Claro que fue por una chica. Al principio le mandaba versos de un argentino del siglo XIX, Almafuerte, pero no me hizo caso. Así que decidí probar yo mismo. Tampoco me hizo caso. Ella siguió por su camino y yo me quedé con la poesía.”
Realizó sus estudios secundarios en el Colegio Nacional de Buenos Aires. A los quince años ingresó a la Federación Juvenil Comunista. En 1948, comenzó a estudiar Química en la Universidad de Buenos Aires, pero abandonó poco después para dedicarse de pleno a la poesía, formando parte de la corriente llamada Nueva poesía (1955-1967).
En 1959, influenciado por la Revolución Cubana comenzó a adherir a la vía de la lucha armada en Argentina y a disentir con la postura del Partido Comunista (PC).
Durante la presidencia de Guido, en 1963, fue encarcelado con otros escritores por pertenecer al PC en el marco del plan represivo CONINTES, hecho que provocó movimientos de solidaridad y publicaciones de sus poemas en protesta por su detención.
Con otros jóvenes que también habían abandonado el comunismo, como José Luis Mangieri y Juan Carlos Portantiero, formó el grupo Nueva Expresión y la editorial La Rosa Blindada que difundía libros de izquierda rechazados por el marxismo ortodoxo.

En la montaña mendocina, cuando Gelman fue presentar su long play Madrugada.De pie, de izquierda derecha Rodolfo Braceli, Juan Gelman y Paco Urondo. Abajo el Tata Cedrón (al centro) y sus dos músicos.


Comenzó a trabajar como periodista en la revista Confirmado en 1966; fue jefe de redacción de Panorama (1969), secretario de redacción y director del suplemento cultural del diario La Opinión (1971-1973), secretario de redacción de la revista Crisis (1973-1974) y jefe de redacción del diario Noticias (1974 donde, según el autor, transcurrieron los mejores momentos de su vida en los medios).
En 1971 fue coguionista de la película Por los senderos del Libertado, dirigido por Jorge Cedrón.
En 1967, se integró a la recién formada organización guerrillera Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), de orientación guevarista, que combatió contra la dictadura militar autodenominada Revolución Argentina (1966-1973). El 12 de octubre de 1973, FAR oficializó su fusión con el movimiento armado Montoneros. Fue uno de los principales dirigentes de la dirección de Montoneros entre 1973 y 1979, sirviendo como secretario de prensa de Montoneros para Europa, hasta su alejamiento en 1979. En la jerarquía montonera, llegó a teniente.
En abril de 1975, viajó a Roma con su compañera de ese momento, Lilí Massaferro, enviado por Montoneros para hacer relaciones públicas y denuncias internacionales sobre la violación de derechos humanos en la Argentina, durante el gobierno de Isabel Perón (1974-1976). En esa misión se encontraba cuando se produjo el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, que impuso un régimen de terrorismo de estado que causó la desaparición de 30.000 personas.
Salvo un breve regreso clandestino ese año, permaneció exiliado en Roma, Madrid, Managua, París, Nueva York y México trabajando como traductor de la Unesco. Sus gestiones lograron el primer repudio a la dictadura publicado en 1976 en el diario Le Monde por parte de varios jefes de gobierno y de la oposición europeos, entre ellos François Mitterrand y Olof Palme.
Cuando abandonó sus funciones, expresó en un comunicado que lo hacía para «proseguir la lucha revolucionaria contra la dictadura y por la liberación del pueblo argentino».
Gelman expuso sus argumentos en una carta dirigida a su amigo Rodolfo Puiggrós y en un artículo publicado en Le Monde en febrero de 1979. A raíz de ello, fue acusado por Montoneros de traición y condenado a muerte.
Luego de que asumiera el gobierno democrático de Raúl Alfonsín, el 10 de diciembre de 1983, continuaron abiertas causas judiciales en las que se investigaban homicidios y otros delitos imputados a Montoneros, en las que tenía ordenada su captura, por lo cual no regresó al país.


Esto ocasionó protestas de escritores de todo el mundo, entre ellos Gabriel García Márquez, Augusto Roa Bastos, Juan Carlos Onetti, Alberto Moravia, Mario Vargas Llosa, Eduardo Galeano, Octavio Paz, etc. A comienzos de 1988 la justicia dejó sin efecto la orden de captura y Gelman volvió en junio, luego de trece años de ausencia, pero decidió radicarse en México.
Hacia 1987, publicó Contraderrota. Montoneros y la Revolución Perdida.
El 8 de octubre de 1989 fue indultado por el presidente Carlos Menem, junto a otros 64 exintegrantes de organizaciones guerrilleras y a los militares acusados de violaciones a los Derechos Humanos.
Rechazó la medida y protestó con una nota en Página/12: “Me están canjeando por los secuestradores de mis hijos y de otros miles de muchachos que ahora son mis hijos”.

LAMENTO POR EL ARBOLITO DE PHILIP

philip se sacó la camisa servil
llena de tardes de oficina y sonrisas al jefe
y asesinatos de su niño románticamente hablando
su niño operado cortado transplantado injertado
de bucólicas primaveras y Ginger Street volando alto
                                                                  [verdadera
en la tarde de agosto cruel o gris
se quedó en pecho philip y cuando
se quedó en pecho hizo el recuento feliz de cuando:
le sacó la lengua al maestro (a espaldas del maestro)
le hizo la higa a la patria potestad (a espaldas de la patria
                                                                      [potestad)
formó cuernitos con la mano contra toda invasión maternal
                            [(a espaldas de toda invasión maternal)
se burló del ejército la iglesia (a espaldas del ejército la
                                                                         [iglesia)

en general de cuando
ejerció su rebelde corazón (dentro de lo posible)
fortificó sus entretelas acostumbradas al vacío (siempre que
                                                       [el tiempo lo permitía)
engañó a su mujer (con permiso)
philip era glorioso esas noches de whisky y hasta vino
exóticamente consumido con referencias a la costa del sol
una palabra encantadora lo detenía semanas y semanas a su
                                                                           [alrededor
sol por ejemplo
o sol digamos
o la palabra sol
como si philip buscara lejos de la sociedad industrial
fuentes de luz fuentes de sombra fuentes

qué coraje hablar del sol

como suele ocurrir philip murió
una tarde lenta amarilla buena callada en los tejados
no hablaremos de cómo lo lloró su mujer (a sus espaldas)

o el ejército la iglesia (a sus espaldas)
o el mundo en particular y en general súbitamente de espaldas:
su viuda le plantó un arbolito sobre la tumba en Cincinnati
que creció bendecido por los jugos del cielo
y también se curvó
Y si alguien piensa que lo triste es la vida de philip
fíjese en el arbolito le ruego
fíjese en el arbolito por favor
hay varias formas de ser mejor dicho
muchas formas de ser:
llamarse Hughes
hablar arameo mojarlo con té
estallar contra la tristeza del mundo
pero a ustedes les pido que se fijen
en el curvado arbolito
tiernamente inclinado sobre philip
su pecho en pena en piel como se dice
ni un pajarito nunca
cantó o lloró sobre ese árbol
verde y todo inclinado
inclinado.

El 26 de agosto de 1976 fueron secuestrados sus hijos Nora Eva (19) y Marcelo Ariel (20), junto a su nuera María Claudia Irureta Goyena (19), quien se encontraba embarazada de siete meses. Su hijo, su hija y su nuera desaparecieron junto a su nieta nacida en cautiverio. En 1978 Gelman supo a través de la Iglesia católica que su nuera había dado a luz, sin precisar dónde ni el sexo.
El 7 de enero de 1990 el Equipo Argentino de Antropología Forense identificó los restos de Marcelo, encontrados en un río de San Fernando (Gran Buenos Aires), dentro de un tambor de grasa lleno de cemento, asesinado de un tiro en la nuca.


En 1998, Gelman descubrió que su nuera había sido trasladada a Uruguay a través del Plan Cóndor, que vinculaba a las dictaduras sudamericanas y Estados Unidos, y que había sido mantenida con vida al menos hasta dar a luz a una niña en el Hospital Militar de Montevideo.
A raíz de ello, exigió la colaboración de los Estados argentino y uruguayo en la investigación con el fin de hallar a su nieta. Gelman topó con la oposición, a investigar, del presidente de Uruguay, Julio María Sanguinetti, con quien entabló un debate público, en el que volvió a ser apoyado por destacados intelectuales y artistas como Günter Grass, Joan Manuel Serrat, Darío Fo, José Saramago, Fito Páez.
En 2000, al mes de asumir el nuevo presidente de Uruguay, Jorge Batlle, la nieta, de nombre Macarena fue encontrada y Gelman pudo reunirse con ella. Luego de verificar su identidad, la joven decidió tomar los apellidos de sus verdaderos padres.
En 1999, Gelman exigió en público al jefe del Ejército Argentino, general Martín Balza, la investigación del secuestro y asesinato de su hijo, aportándole el nombre y documentación sobre el supuesto responsable inmediato del crimen, el general Eduardo Rodolfo Cabanillas.
Luchaba aún por encontrar los restos de su hija y de su nuera. Se había fijado 2008 para llevar a juicio oral y público a los militares y civiles acusados de dar muerte a Marcelo Ariel y a otras cuatro personas, además de ser responsables de secuestros y torturas de otros 60 ciudadanos en el centro clandestino de detención Automotores Orletti.

Juan Gelman con su nieta Macarena.


Carta abierta a mi nieto (fragmento). Escrita en 1995 y publicada en Brecha, el 23 de diciembre de 1998. Gelman la incluyo posteriormente en su libro Hechos)
“Me resulta muy extraño hablarte de mis hijos como tus padres que no fueron. No sé si sos varón o mujer. Sé que naciste…
Ahora tenés casi la edad de tus padres cuando los mataron y pronto serás mayor que ellos. Ellos se quedaron en los 20 años para siempre. Soñaban mucho con vos y con un mundo más habitable para vos. Me gustaría hablarte de ellos y que me hables de vos. Para reconocer en vos a mi hijo y para que reconozcas en mí lo que de tu padre tengo: los dos somos huérfanos de él. Para reparar de algún modo ese corte brutal o silencio que en la carne de la familia perpetró la dictadura militar. Para darte tu historia, no para apartarte de lo que no te quieras apartar. Ya sos grande.”

UNA MUJER Y UN HOMBRE

Una mujer y un hombre llevados por la vida,
una mujer y un hombre cara a cara
habitan en la noche, desbordan por sus manos,
se oyen subir libres en la sombra,
sus cabezas descansan en una bella infancia
que ellos crearon juntos, plena de sol, de luz,
una mujer y un hombre atados por sus labios
llenan la noche lenta con toda su memoria,
una mujer y un hombre más bellos en el otro
ocupan su lugar en la tierra.

En 1955, fue uno de los fundadores, junto a otros jóvenes poetas, del grupo literario El Pan Duro. Proponían una poesía vinculada a la acción política, «eminentemente popular», el uso de un lenguaje coloquial vinculado a temas urbanos y que siguiera la cadencia tanguera.
El grupo reconocía la influencia inmediata de César Vallejo y Raúl González Tuñón y con este último del Grupo Boedo que, en la década de 1920 inauguró la literatura social en Argentina.
Sostenían que «la poesía es un artículo de primera necesidad como el pan y el fusil…” El grupo El pan duro estaba integrado por jóvenes poetas como José Luis Mangieri, Héctor Negro, Hugo Ditaranto, Juan Hierba (Nemirosky), Carlos Somigliana, Julio César Silvain, Juana Bignozzi, Navalesi, Harispe, Mezzera, Mase, todos como él militantes de la Juventud Comunista.

Juan Gelman con Gabriel García Márquez


Gelman se destacaba en el grupo por su calidad y también por una posición radical de la poesía como actitud de absoluta libertad, en contradicción con el mundo, para anticipar un nuevo mundo.
Era la suya una poesía peligrosamente atrevida en sus planteamientos más esenciales, una sentida inconformidad, una suerte de grito a todo pulmón, a pesar de las consecuencias que el gritar de ese modo podía acarrearle al autor. No es de extrañar que Gelman fuera a la cárcel por lo menos en dos ocasiones.
La primera edición del grupo fue el primer libro de poemas de Gelman, Violín y otras cuestiones, en 1956, con prólogo de González Tuñón, que fue vendido por sus propios integrantes hasta agotarlo. Para su difusión concurrían «a sindicatos y a bibliotecas populares, a clubes y teatros independientes, a facultades y patios de conventillos, a sociedades de fomento y a todo lugar donde se lo necesita el pan duro pero luminoso de la nueva poesía».
Ya para entonces, su poesía y la del grupo intentaba construirse a partir del lenguaje cotidiano y romper con lo que estaba en boga, liderado por el discurso y los patrones estéticos que había establecido Pablo Neruda.
En 1959 publicó El juego en que andamos y en 1961, Velorio del solo, pero la ruptura habría de concretarse al año siguiente con su cuarto libro, Gotán, que marcaría también su alejamiento del grupo El pan duro, debido a sus disidencias con la línea política del Partido Comunista en la Argentina
Gotán quiere decir “tango” al vesre, una modalidad del lunfardo, el habla popular rioplatense. Su cuarto libro es al mismo tiempo, cierre de su etapa inicial con El pan duro y consolidación de una nueva corriente poética que se conoció como nueva poesía hispanoamericana. La nueva poesía no se proponía sólo cambiar el mundo, como en Neruda, sino también cambiar la palabra misma. Ésta sería desde entonces la característica central de la poesía gelmaniana y de cada uno de los libros que iría publicando.

Juan Gelman y Rodolfo Alonso Foto Javier Naranjo


En Gotán Gelman introduce el humor y el absurdo como componentes cotidianos del hombre y la mujer del pueblo. En simultáneo, otros poetas latinoamericanos seguían el mismo camino como Nicanor Parra en Chile, Ernesto Cardenal en Nicaragua, Roque Dalton en El Salvador, Antonio Cisneros en Perú, Mario Benedetti en Uruguay, Roberto Fernández Retamar en Cuba.
La nueva poesía hispanoamericana buscaba acercar la poesía al habla popular y a las cosas del hombre y la mujer común, pero sin recurrir al estilo panfletario y directo que había caracterizado a la poesía social de los años 1930 y 40, y sobre todo con el compromiso personal. La propuesta poética que sostiene en Gotán es que el poeta mismo debe comprometerse con el cambio del mundo: «ni a irse ni a quedarse, a resistir».
El poeta debe ser uno más del pueblo y compartir con el pueblo sus alegrías y tristezas, y sobre todo su suerte. Es aquí donde su oposición con Neruda se extrema: el poeta para Gelman no es el ser elegido de Neruda, sino otra persona común, uno más.
La elección de la palabra «tango» al revés («gotán») para titular su libro tiene hondas implicancias. En primer lugar, concebir su propia poesía como tango, es decir con una cadencia y un ritmo propios de «la ciudad en que nací». Pero también significó acercarse a la que por entonces era la música popular por excelencia en América Latina (Gelman mismo era un joven «milonguero»), con el fin de compartir códigos y guiños masivos, pero jugando con los mismos con humor e ironía, para evitar caer en lugares comunes.
Toma del tango su característica de reflexión existencial y trágica. Sus poemas tangueros implican el hallazgo de un formato capaz de conducir su proyecto poético: ruptura, compromiso y cotidianeidad popular. Gelman dice que si para Borges «el tango es una manera de caminar» para él «el tango es una manera de conversar».
Si Gotán marcó la ruptura con la poesía nerudiana, Cólera buey marca la consolidación de un nuevo estilo poético.
En 1969, Gelman publicó su sexto libro, Traducciones III. Los poemas de Sidney West. Se trata de un juego delirante, en el que Gelman inventa a un supuesto poeta estadounidense, llamado Sidney West, al que le atribuye los poemas que él dice estar traduciendo. En realidad la idea es una continuación de los poemas Traducciones I y Traducciones II, incluidos en su libro anterior, Cólera buey, en los que los poetas inventados se llaman John Wendell y Yamanocuchi Ando.
En este libro, alcanza una extrema libertad de lenguaje, combinada con el humor, la ficción y el relato de historias pequeñas, de gente simple, de un supuesto pequeño pueblo estadounidense.
Gelman va a volver a utilizarlo en su séptimo libro, Fábulas (1971), pero ahora para hablar de personajes imaginarios o históricos.
En 1973, ya recuperada la democracia y establecido en el gobierno el presidente Héctor Cámpora, perteneciente a la izquierda peronista, publicó su octavo libro Relaciones. En esa obra, comienza a utilizar con insistencia la pregunta, a fin de invitar a la reflexión abierta. Por otra parte sus frases comienzan a ser más y más fragmentarias, compuestas de palabras balbuceadas, atadas al ritmo de su propio fluir. También aquí comenzó a utilizar barras para señalar ritmos y significados, un recurso que mantendría hasta Incompletamente (1997).
Durante siete años (1973-1980), no publicaría ningún libro. En 1980 sacó Hechos y relaciones, que son dos libros, una reedición de Relaciones (1973) y uno nuevo, Hechos (1980). Escribe sobre la lucha contra la dictadura, la derrota, el exilio y las muertes, pero sobre todo a partir de Hechos, su poesía incluye el dolor y el desgarramiento interno, capaz de transmitir una conmoción emocional pocas veces alcanzada en la poesía. Puede decirse que la extrema barbarie de la dictadura argentina tuvo en Gelman al poeta que la desnudó.
En 1982, publicó Citas y Comentarios, dos libros impresos juntos correspondientes a poemas escritos entre 1978 y 1979. Se trata de poemas construidos a partir de frases de otros, muchos de ellos pertenecientes al Siglo de Oro Español del siglo XVI, entre ellos, santos como Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz, tangueros como Homero Manzi y Alfredo Le Pera, un poeta maldito como Baudelaire, un pintor frecuentador de la locura como Van Gogh, etc.
Se trata de una poesía de diálogo, de búsqueda y de reflexión, hermética e impecable. Estos poemas están en estrecha relación con Dibaxu, un libro de poemas en sefardí escritos en esa época, pero publicados en la década siguiente.
Escribí los poemas de Dibaxu en sefardí, de 1983 a 1985. Soy de origen judío, pero no sefardí, y supongo que eso algo tuvo que ver con el asunto. Pienso, sin embargo, que estos poemas, sobre todo, son la culminación o más bien el desemboque de Citas y Comentarios, dos libros que compuse en pleno exilio, en 1978 y 1979, y cuyos textos dialogan con el castellano del siglo XVI. Como si buscar el sustrato, hubiera sido mi obsesión. Como si la soledad extrema del exilio me empujara a buscar raíces en la lengua, las más profundas y exiliadas de la lengua.
Publica en 1980 Bajo la lluvia ajena, Composiciones (1983-84), Hacia el sur (1982), Eso (1983-84)
A comienzos de 1988, la justicia dejó sin efecto la orden de captura; en junio, volvió al país pero decidió radicarse en México.
Anunciaciones (1988), Interrupciones I (1988), Interrupciones II (1988) y Carta a mi madre (1989). Se trata de poemas afectados por la desazón.
En 1989, Gelman publicó uno de sus libros cumbre, Carta a mi madre, motivado en la muerte de ella por cáncer hacia 1982, cuando él se encontraba exiliado en París y trataba de obtener un pasaporte falso para a volver a verla antes de morir. El libro mismo es un largo poema. Eduardo Galeano lo describe como una obra en la que «el hijo rescata desesperadamente a la madre muerta, se impone a sí mismo su esencia, la percibe, la escucha, casi la toca con las palabras que fueron, que son de ambos todavía».
En esta década y en la siguiente, los argentinos descubrirían la poesía desgarradora y desgarrada de Gelman, una de las expresiones más profundas de la tragedia padecida por los latinoamericanos, que había sido silenciada por la censura de la dictadura.

Con sus nietos.


En los años 1990, publicó tres libros de poesía (Salarios del impío, 1993; Dibaxu, 1994; e Incompletamente, 1997) y sus primeros tres libros en prosa (Prosa de prensa, 1997; Ni el flaco perdón de Dios/Hijos de desaparecidos, 1997; y Nueva prosa de prensa, 1999). Dentro de la habitual originalidad y libertad expresiva de cada nueva producción de Gelman, sus trabajos de la década de 1990 llaman la atención por la irrupción destacada de la prosa.
En Salarios del impío (1993) y sobre todo en Incompletamente (1997), un libro de sonetos, desarrolla un lenguaje incapaz de completarse. Por ese camino llega al soneto, como forma poética de lo incompleto, como pieza residual en el proceso fallido de crear una obra mayor.
En esos trabajos hay dos temas preeminentes: el Holocausto y el genocidio de la última dictadura argentina. Entre los artículos se destaca Miradas sobre el robo de bebés en la dictadura argentina, que él califica como «el peor de los crímenes» en el que «el bebé era robado hasta la mirada de su madre».
Su tercer libro de prosa, Ni el flaco perdón de Dios/Hijos de desaparecidos (1997), realizado con su compañera Mara La Madrid, está dedicado a ceder su propia palabra para dársela a los hijos de los desaparecidos y significar su lugar en la sociedad Argentina, a través de sus testimonios directos.
En la primera década del siglo XXI, habiendo entrado en su séptima década de vida, publicó cuatro libros: Valer la pena (2001), País que fue será (2004), Miradas (2006) y Mundar (2007).
En 2004 publicó País que fue será (2004), integrado por 89 poemas: «cuando el dolor se parece a un país/ se parece a mi país». El libro fue premiado en la Feria del Libro de Buenos Aires como el mejor de ese año.
“Han tenido que pasar 28 años desde lo que ocurrió para que yo pudiera escribir este libro… Yo realmente no creo que el dolor desaparezca nunca, pero lo que mejoró, digamos, es la convivencia con ese dolor y la relación con mi país.”

Con su esposa Mara La Madrid.


Miradas (2006) está compuesto por 77 textos en prosa recopilados. En 2007 publicó Mundar, un poderoso verbo de su invención, relacionado con vivir el mundo, o hacer del mundo un mundo.
De atrásalante en su porfía, 2009. Bajo la lluvia ajena, 2009. El emperrado corazón amora, 2011. Hoy, 2013.
Fue el cuarto argentino galardonado con el Premio Miguel de Cervantes, luego de Jorge Luis Borges, Ernesto Sábato y Adolfo Bioy Casares. Se lo considera uno de los grandes poetas contemporáneos de habla hispana, y un «expresionista del dolor».
Hasta su fallecimiento vivió en México y fue columnista del diario argentino Página/12. A su muerte, la Presidencia de la Nación Argentina decretó tres días de duelo nacional.
Antologías poéticas: Publicadas en Buenos Aires, Cuba, Uruguay y México.

Recibiendo el Premio Cervantes de manos del Rey Juan Carlos I.

Premios:

.el italiano Mondello (1980),
.el Boris Vian (1987),
.el Nacional de Poesía argentino (1997),
.el de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo (2000),
.los Premio Konex de Platino 2004: Poesía Quinquenio 1994-1998; Konex 1994: Poesía Quinquenio 1989-1993 y Konex 2014: Poesía Quinquenio 2009-2013 (post mortem),
.el Iberoamericano de Poesía «Pablo Neruda» (2005) y
.el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (2005).
.El 29 de noviembre de 2007 ganó el Premio Cervantes, el más prestigioso de la literatura en español,
.Premio Leteo (2012) y varios otros.


El 25 de abril de 2008 depositó un mensaje en la Caja de las Letras del Instituto Cervantes que no se abrirá hasta el año 2050.

ORACIÓN DE UN DESOCUPADO

Padre,
desde los cielos bájate, he olvidado
las oraciones que me enseñó la abuela,
pobrecita, ella reposa ahora,
no tiene que lavar, limpiar, no tiene
que preocuparse andando el día por la ropa,
no tiene que velar la noche, pena y pena,
rezar, pedirte cosas, rezongarte dulcemente.

Desde los cielos bájate, si estás, bájate entonces,
que me muero de hambre en esta esquina,
que no sé de qué sirve haber nacido,
que me miro las manos rechazadas,
que no hay trabajo, no hay,
bájate un poco, contempla
esto que soy, este zapato roto,
esta angustia, este estómago vacío.
esta ciudad sin pan para mis dientes, la fiebre
cavándome la carne,
este dormir así.
bajo la lluvia, castigado por el frío, perseguido
te digo que no entiendo, Padre, bájate,
tócame el alma, mírame
el corazón,
yo no robé, no asesiné, fui niño
y en cambio me golpean y golpean,
te digo que no entiendo, Padre, bájate,
si estás, que busco
resignación en mí y no tengo y voy
a agarrarme la rabia y a afilarla
para pegar y voy
a gritar a sangre en cuello
porque no puedo más, tengo riñones
y soy un hombre,
bájate, ¿qué han hecho
de tu criatura, Padre?
¿Un animal furioso
que mastica la piedra de la calle?

De Violín y otras cuestiones, 1956

EL JUEGO EN QUE ANDAMOS

Si me dieran a elegir, yo elegiría
esta salud de saber que estamos muy enfermos,
esta dicha de andar tan infelices.

Si me dieran a elegir, yo elegiría
esta inocencia de no ser un inocente,
esta pureza en que ando por impuro.

Si me dieran a elegir, yo elegiría
este amor con que odio,
esta esperanza que come panes desesperados.

Aquí pasa, señores,
que me juego la muerte.

De El juego en que andamos, 1956-58

ARTE POÉTICA

Entre tantos oficios ejerzo éste que no es mío,
como un amo implacable
me obliga a trabajar de día, de noche,
con dolor, con amor,
bajo la lluvia, en la catástrofe,
cuando se abren los brazos de la ternura o del alma,
cuando la enfermedad hunde las manos.
A este oficio me obligan los dolores ajenos,
las lágrimas, los pañuelos saludadores,
las promesas en medio del otoño o del fuego,
los besos del encuentro, los besos del adiós,
todo me obliga a trabajar con las palabras, con la sangre.
Nunca fui el dueño de mis cenizas, mis versos,
rostros oscuros los escriben como tirar contra la muerte.

De Velorio del solo, 1961

MARÍA LA SIRVIENTA

Se llamaba María todo el tiempo de sus 17 años,
era capaz de tener alma y sonreír con parajitos,
pero lo importante fue que en la valija le encontraron
un niño muerto de tres días envuelto en diarios de la casa.

Qué manera era esa de pecar de pecar,
decían las señoras acostumbradas a la discreción
y en señal de horror levantaban las cejas
con un breve vuelo no desprovisto de encanto.

Los señores meditaron rápidamente sobre los peligros
de la prostitución o de la falta de prostitución,
rememoraban sus hazañas con chiruzas diversas
y decían severos: desdeluegoquerida.

En la comisaría fueron decentes con ella,
sólo la manosearon de sargento para arriba,
pero María se ocupaba de llorar,
los pajaritos se le despintaron bajo la lluvia de lágrimas.

Había mucha gente desagradada con María
por su manera de empaquetar los resultados del amor
y opinaban que la cárcel le devolvería la decencia
o por lo menos francamente la haría menos bruta.

Aquella noche las señoras y señores se perfumaban con ardor
por el niño que decía la verdad,
por el niño que era puro,
por el que era tierno,
por el bueno,
en fin,
por todos los niños muertos que cargaban en las valijas del alma
y empezaron a heder súbitamente
mientras la gran ciudad cerraba sus ventanas.

De Gotán, 1962-68

HÉROES

los soles solan y los mares maran
los farmacéuticos especifican
dictan bellas recetas para el pasmo
se desayunan en su gran centímetro

a mí me toca gelmanear
hemos perdido el miedo al gran caballo
nos acontecen hachas sucesivas
y se amanece siempre en los testículos

no poco cosa es que ello suceda
vista la malbaraja del amor estos días
los mazos de catástrofes las deudas
amados sean los que odian
hijos que comen por mis hígados
y su desgracia y gracia es no ser ciegos
la gran madre caballa
el gran padre caballo
a gelmanear a gelmanear les digo
a conocer a los más bellos
los que vencieron con su gran derrota

De Cólera Buey, 1962-68

CORAJES

es enorme la tristeza que un hombre y una mujer pueden
hacerse entre sí
como enormes son esos dos pajaritos parados en la rama
picoteándose
y enorme es el mismo árbol con lluvias bajo el sol
que se le ven en la cara
 
¿lloverá? ¿no lloverá? ¿cantarán
los pajaritos esos mismos? ¿seguirá la enorme
tristeza manando creciendo como un lago o mar
entre un hombre y una mujer?
 
¿volará la tristeza entre árbol y árbol?
¿como pasos solitarios en una habitación?
¿como madréporas por aire?
¿como tablones como puentes pero desolados desamados?
 
una ramita ha caído en el lago y navega
es enorme la tristeza que un hombre y una mujer pueden
hacerse entre sí
como enorme es la navegación de la ramita en el lago
mojada de su propio coraje.

De Relaciones, 1971-73

SÁBANAS

duerme hijo mío duerme entre sábanas de grappa
aún te abrigaré con toda la botella
mientras la muerte ronda esta casa
y no necesita tocar el timbre golpear

la puerta para entrar/la muerte
es una novia fea con la que hay que vivir en estos días
con la que hay que morir en estos días
tu rostro hijo mío es un fulgor en la noche

un fulgor en la noche de los verdugos
es tu rostro hijo mío un fulgor
y por él vivo y muero en estos días
hijo mío en la noche de los verdugos y

creo en la claridad de los gemidos
en la claridad o luz que cae de los llantos
la claridad que cae de la carne golpeada
torturada matada la claridad
que cae de tu rostro o fulgor
para esta noche larga y el lecho donde yago
entre sábanas de fierro
sin dormir/rosa-rosae

De Hechos, 1974-78

COMENTARIO IV
(santa teresa)

y habiendo muchos pajaritos y silbos en la/
parte superior del pensamiento o cabeza/y ruidos
en la cabeza como un mar/o lamentos/
o vientos o movimientos/soles

que chocan entre sí/se apagan/arden/o potencias
como miles de bestias que pisan
el arrabal del alma/es decir padeciendo
los trabajos terribles/aún así

ocurre el alma entera en su quietud/
o deseo/o claridad no tocada
por pena/menosprecio/miseria/
sufrimiento o ruindad/entonces

¿qué es esta paz sin venganza/o memoria
de cielo por venir/o ternura
que baja de tus manos/manantial
donde los pajaritos de la parte superior del pensamiento
van a beber/pían dulces/o callan
como luz que viniese de vos/alita
que vuela suave sobre guerra y fatiga
como vuelo de la misma pasión?

De Comentarios, 1978-79

NOTA I

te nombraré veces y veces.
me acostaré con vos noche y día.
noches y días con vos.
me ensuciaré cogiendo con tu sombra.
te mostraré mi rabioso corazón.
te pisaré loco de furia.
te mataré los pedacitos.
te mataré una con paco.
otro lo mato con rodolfo.
con haroldo te mato un pedacito más.
te mataré con mi hijo en la mano.
y con el hijo de mi hijo/muertito.
voy a venir con diana y te mataré.
voy a venir con jote y te mataré.
te voy a matar/derrota.
nunca me faltará un rostro amado para matarte otra vez.
vivo o muerto/un rostro amado.
hasta que mueras/
dolida como estás/ya lo sé.
te voy a matar/yo
te voy a matar.

De Notas, 1979

NOTA XV

Yo quisiera saber qué misterio había entre nosotros/
compañeros/combatientes/maravillas al sol/
sol ellos mismos/ofertados
a la vida/a la muerte/al misterio del tiempo que vendrá/

¿eh compañeros?/empezamos temprano a criticar
los e/horrores de la conducción nacional/el sectarismo/el
triunfalismo/el
militarismo fatal/sin embargo seguíamos
ofertados a la vida/la muerte/¿qué misterio humilde

nos atacaba el corazón/tejido
con dolores/corajes/dudas/corazón/
abierto al tiempo que vino/a nuestro pueblo que
sufre y ya no debiera sufrir más?/compañeros
que ese misterio hizo vivir/morir/
y vos/cuerpo que aguanto/¿hasta cuándo me vas a aguantar?/
¿vas a aguantar la sangre que me cae en el alma?/sangre
de compañeros misteriosos me moja/

compañeros/incandescencias que
queman el aire alrededor
de estas palabras que piso
para tratar de respirar

De Notas, 1979

III

Yo no me voy a avergonzar de mis tristezas, mis nostalgias. Extraño la callecita donde mataron a mi perro, y yo lloré junto a su muerte, y estoy pegado al empedrado con sangre donde mi perro se murió, existo todavía a partir de eso, existo de eso, soy eso, a nadie pediré permiso para tener nostalgia de eso.
¿Acaso soy otra cosa? Vinieron dictaduras militares, gobiernos civiles y nuevas dictaduras militares, me quitaron los libros, el pan, el hijo, desesperaron a mi madre, me echaron del país, asesinaron a mis hermanitos, a mis compañeros los torturaron, deshicieron, los rompieron. Ninguno me sacó de la calle donde estoy llorando al lado de mi perro. ¿Qué dictadura militar podría hacerlo? ¿Y qué militar hijo de puta me sacará del gran amor de esos crepúsculos de mayo, donde la ave del ser se balancea ante la noche?
No era perfecto mi país antes del golpe militar. Pero era mi estar, las veces que temblé contra los muros del amor, las veces que fui niño, perro, hombre, las veces que quise, me quisieron. Ningún general le va a sacar nada de eso al país, a la tierrita que regué con amor, poco o mucho, tierra que extraño y que me extraña, tierra que nada militar podrá enturbiarme o enturbiar.
Es justo que la extrañe. Porque siempre nos quisimos así: ella pidiendo más de mí, yo de ella, dolidos ambos del dolor que el uno al otro hacía, y fuertes del amor que nos tenemos.
Te amo, patria, y me amás. En ese amor quemamos imperfecciones, vidas.

De Bajo la lluvia ajena, 1980

SOBRE LA POESÍA

habría un par de cosas que decir/
que nadie lee mucho/
que esos nadie son pocos/
que todo el mundo está con el asunto de la crisis mundial/ y
con el asunto de comer cada día/se trata
de un asunto importante/recuerdo
cuando murió de hambre el tío juan/
decía que ni se acordaba de comer y que no había problema/
pero el problema fue después/
no había plata para el cajón/
y cuando finalmente pasó el camión municipal a llevárselo
el tío juan parecía un pajarito/
los de la municipalidad lo miraron con desprecio o desdén/
murmuraban
que siempre los están molestando/
que ellos eran hombres y enterraban hombres/y no
pajaritos como el tío juan/especialmente
porque el tío estuvo cantando pío-pío todo el viaje
hasta el crematorio municipal/
y a ellos les pareció un irrespeto y estaban muy ofendidos/
y cuando le daban un palmetazo para que se callara la boca/
el pío-pío volaba por la cabina del camión y ellos sentían que
les hacía pío-pío en la cabeza/el
tío juan era así/le gustaba cantar/
y no veía por qué la muerte era motivo para no cantar/
entró al horno cantando pío-pío/salieron sus cenizas y piaron un rato/
y los compañeros municipales se miraron los zapatos grises de vergüenza/pero
volviendo a la poesía/
los poetas ahora la pasan bastante mal/
nadie los lee mucho/esos nadie son pocos/
el oficio perdió prestigio/para un poeta es cada día más difícil
conseguir el amor de una muchacha/
ser candidato a presidente/que algún almacenero le fíe/
que un guerrero haga hazañas para que él las cante/
que un rey le pague cada verso con tres monedas de oro/
y nadie sabe si eso ocurre porque se terminaron
las muchachas/los almaceneros/los guerreros/los reyes/
o simplemente los poetas/
o pasaron las dos cosas y es inútil
romperse la cabeza pensando en la cuestión/
lo lindo es saber que uno puede cantar pío-pío
en las más raras circunstancias/
tío juan después de muerto/yo ahora
para que me quierás/

Ha muerto un hombre y están juntando su sangre en cucharitas,
querido juan, has muerto finalmente.
De nada te valieron tus pedazos
mojados en ternura.
Cómo ha sido posible
que te fueras por un agujerito
y nadie haya ponido el dedo
para que te quedaras.
Se habrá comido toda la rabia del mundo
por antes de morir
y después se quedaba triste triste
apoyado en sus huesos.
Ya te abajaron, hermanito,
la tierra está temblando de ti.
Vigilemos a ver dónde brotan sus manos
empujadas por su rabia inmortal.

De Hacia el sur, 1982

LLUVIA

hoy llueve mucho, mucho,
y pareciera que están lavando el mundo
mi vecino de al lado mira la lluvia
y piensa escribir una carta de amor/
una carta a la mujer que vive con él
y le cocina y le lava la ropa y hace el amor con él
y se parece a su sombra/
mi vecino nunca le dice palabras de amor a la mujer/
entra a la casa por la ventana y no por la puerta/
por una puerta se entra a muchos sitios/
al trabajo, al cuartel, a la cárcel,
a todos los edificios del mundo/
pero no al mundo/
ni a una mujer/ni al alma/
es decir/ a ese cajón o nave o lluvia que llamamos así/
como hoy/que llueve mucho/
y me cuesta escribir la palabra amor/
porque el amor es una cosa y la palabra amor es otra cosa/
y sólo el alma sabe dónde las dos se encuentran/
y cuándo/y cómo/
pero el alma qué puede explicar/
por eso mi vecino tiene tormentas en la boca/
palabras que naufragan/
palabras que no saben que hay sol porque nacen y mueren
la misma noche en que amó/
y dejan cartas en el pensamiento que él nunca escribirá/
como el silencio que hay entre dos rosas/
o como yo/que escribo palabras para volver
a mi vecino que mira la lluvia/
a la lluvia/
a mi corazón desterrado/

De Eso, 1983-84

EL QUE TIRA BALDAZOS PARA LAVAR LAS DISTRACCIONES

el que tira baldazos para lavar las distracciones/
el que se peina la mudez/
el sentado en las vacas de la fascinación/
el despegado de los públicos/
el cantor del adiós secuestrado/
el que dijera buenas noches en pleno colibrí/
ése/
tiene memorias picoteadas en la mitad del humedal/
sube a los escarpines del hundido como luna completa/
¿Dónde está la balanza en la que pesan lo que no amaste vos?
¡en la región furiosa la pusieron!/
¡ahí cortan cabezas en el altar de las explicaciones!
¡cierran los puertos por donde entraba tu dulzura!/
¡alma más fina que la seda!/
¡como misterios de la acusación!/
¡tolerabas estatuas sonrientes!/
¡servís puñados de temprano a un lado de las aguas!/
¡ya volverá la vida con la mitad del penador!/
¡la dichosa del plato orgulloso!/
¡la que borda otras veces en su vestido de horizontes!/
¡mismita como vos!/

De Anunciaciones, 1988

IGNORANCIAS

tiempos oscuros/luminosos/el sol
cubre de sol la ciudad partida
por súbitas sirenas/la policía busca/cae la noche y nosotros
haremos el amor bajo este techo/el octavo
 
en un mes/conocen casi todo de nosotros/menos
este techo de yeso bajo el cual
haremos el amor/y tampoco conocen
los viejos muebles de pino bajo el techo anterior/ni

la ventana que la noche golpeaba mientras brillabas como
el sol/ni
las camas o el suelo donde
hicimos el amor este mes/rodeados de rostros como el sol que
cubre de sol la ciudad

LA PUERTA

abrí la puerta/amor mío/
levantá/abrí la puerta/
tengo el alma pegada al paladar/
temblando de terror/

el jabalí del monte me pisoteó/
el asno salvaje me persiguió/
en esta medianoche del exilio
soy yo mismo una bestia/

Te recomendamos ver el programa de televisión.

PRÓXIMO NÚMERO

106. POESÍA MÁS POESÍA: Roberto Juarroz

ROBERTO JUARROZ

BIOGRAFÍA

Roberto Juarroz nació en Coronel Dorrego, Argentina, provincia de Mendoza, el 5 de octubre de 1925 y falleció a los 70 años un 31 de marzo de 1995 en Temperley, provincia de Buenos Aires. La mayor parte de su obra poética se recopila en Poesía Vertical, cuyo último volumen se publicó en 1994.
Fue profesor titular de la Universidad de Buenos Aires y dirigió el Departamento de Bibliotecología y Documentación de la misma entre 1971 y 1984. Trabajó como bibliotecólogo para la UNESCO y la OEA en diversos países y entre 1958 y 1965 dirigió veinte números de la revista Poesía = Poesía junto con Mario Morales. 


 
No abundan las biografías sobre mi persona. Las pocas que circulan por ese mastodonte fatuo llamado Internet me narran como un poeta metafísico, un bibliotecario exigente y un catedrático incurable. Circunscriben mi vida a mi labor dentro de la Universidad de Letras y el Departamento de Bibliotecología. Cuesta encontrar detalles sobre mi vida privada, mi niñez, mis primeros años en mi querido pueblo de Coronel Dorrego, aquel terruño cuasi virginal perteneciente a Sierra de la Ventana. Tampoco se recogen aspectos de mi militancia política, mis preferencias musicales o artísticas, mis comidas favoritas, anécdotas de excesos o exilio. Parecería ser que sólo fui un docente que se la pasó encerrado en una biblioteca escribiendo poesía. “Yo me he sentido atraído en primer lugar por los elementos de la naturaleza. Nací en un pueblo al borde del campo. Mi padre era jefe de la estación de ferrocarril y teníamos enfrente el horizonte abierto. En esa pequeña ciudad me acostumbré desde muy chico a los silencios. Esas noches abiertas en donde se veían las estrellas, la luna nítida, los vientos, el agua, el árbol que para mí es un protagonista de la vida. Comencé mis lecturas muy temprano. Me atrajeron cada vez más y dediqué buena parte de mi vida a eso. Mientras tanto se fue configurando como lenguaje predilecto, o elector (tal vez me eligió a mí), la poesía”. Quizá fue un hallazgo fortuito. 


Siempre me encandiló la poesía. Me recuerdo de muy pequeño leyendo por primera vez versos y rimas en un libro enmohecido, de papel amarillento, que tomé prestado casi de casualidad. Siempre me fascinó ese modo de expresión. Desde un primer momento, con mis producciones más novatas, sentía ese caudal inagotable de transmisión de sensaciones y modos de ver el mundo conformado por palabras. “Sentí también que comúnmente vivimos en un espacio pequeño de la realidad, un segmento diminuto. No es que no sea realidad lo que se hace: todo es realidad, pero vivimos al costado, con las fronteras muy cerca, muy limitadamente. La poesía tiene como objeto inmediato, básico, producir una fractura y ésta consiste en quebrar la escala consuetudinaria, la escala repetitiva, empequeñecida de lo real. Es abrir la realidad y proyectarla”. 
“El fondo de las cosas no es la muerte o la vida / El fondo es otra cosa/ que alguna vez sale a la orilla”. Nunca me interesó darle títulos a mis poesías. Todos están numerados y forman parte de lo que supe llamar Poesía Vertical, no sé si es una gran obra pero podríamos decir que es mi obra capital, mi legado.
Me perfeccioné en La Sorbona y fui docente durante 30 años de la Facultad de Letras, mi segundo hogar. Sin embargo fue el lenguaje poético el cual me atrapó para siempre.  
 
“Creo que esta metamorfosis que es la expresión humana no está hecha sólo de espíritu, ni de materia, ni sólo de sentidos. Creo que es catastrófico que se separe el poder mental del hombre, de la inteligencia, o de la imaginación. Todo lo que constituya un elemento divisor, partidor, es negativo para concebir al ser humano. Uno de los fines de la poesía es volver a reunir todo lo que el hombre es y hablar desde todo lo que lo constituye. Alguien señaló que Miguel Hernández, el poeta español, había conseguido un lenguaje casi corporal, que había integrado en la poesía hasta el propio físico. En esa conversión casi química, en esa alquimia del verbo, como decía Arthur Rimbaud, el hombre debe acceder de una manera o de otra, a que la integridad de su ser, se juegue en la integridad del poema”. 

Voy a citar un extracto de una carta enviada por Roberto Juarroz a W.S. Merwin, traductor de su obra al inglés.  
“Temperley el 26 de agosto de 1986 
…no sé qué enviarle como respuesta a su pedido de algunas informaciones biográficas, que pueda resultarle útil. Le confieso que nunca me he sentido muy inclinado hacia mi biografía. Por un lado, no le he asignado importancia y por el otro me parece un accidente, una mezcla de azar y destino, que podría ser de otra manera, sin mayor valor o interés para los demás y sólo rescatable hacia adentro de mi vida y en la transfiguración de mis poemas. La vida me importa enormemente para vivirla, pero no tanto para recordarla y menos todavía para describirla. Todo es seguramente más complejo que esto, pero no puedo evitar cierta alergia ante mi propia biografía. 


 
Sin embargo, a falta de otra cosa, le envío una nota bibliográfica, hecha para responder a algunos pedidos generales que me suelen hacer. Allí verá que he tenido bastantes actividades (quizá demasiadas), entre ellas abundantes viajes, trabajos, estudios, publicaciones, etcétera. Nací en un pequeño pueblo de campo, el 5 de octubre de 1925. Pasé allí una infancia relativamente alegre, con altibajos o anuncios de soledad y misterio. Descendiente de vascos por ambas líneas, pero ya hijo de argentinos, mi padre era jefe de la estación del ferrocarril, donde viví hasta los 9 o 10 años, cerca de la atmósfera de los trenes de larga distancia, cargados para mí del espíritu del viaje y la aventura. Además, hubo en mi infancia otros dos factores importantes: la naturaleza (la tierra, la pampa, el campo abierto, el enorme silencio, algunos árboles, muchos pájaros, animales, lluvias, vientos, cielos interminables, mar, etcétera) y la religión (el templo católico, las oraciones, los libros piadosos, la frecuentación de sacerdotes y monjas, el colegio religioso, etcétera).
Dos hermanos mayores (una mujer y un hombre), muchos primos, juegos, disputas, desuniones familiares, enfermedades, cariño, desilusiones, algunas fantasías ocultas y cierta inclinación al apartamiento, a los juegos solitarios. A los 10 años, aproximadamente, mi padre fue trasladado, también como jefe de estación, a un pueblo suburbano de Buenos Aires: Adrogué. El mismo lugar donde vivió cierto tiempo Borges, quien escribió bastante sobre sus calles arboladas, sus parques llenos de secretos, sus viejas casonas, su hotel casi fantasmal. En Adrogué fui completando mis estudios primarios y secundarios, viví una adolescencia entremezclada de despertares y sentimientos más o menos místicos, ciertos enamoramientos, las primeras grandes lecturas literarias, los primeros descubrimientos y balbuceos poéticos, la escritura como algo más que un gesto repetido, las grandes noches de soledad y lectura, de poesía y contemplación. Sentí todo aquello como la culminación, el ápice de la realidad. Y quedé marcado para siempre. Algunos encuentros decisivos, el comienzo de grandes dudas, el desgarramiento de sustanciales abandonos. Mi padre murió de cáncer pulmonar entre mis brazos y respiré la muerte. Abandoné la iglesia y sus brillos, pero quedé teñido por algo cercano a lo místico, que surge y vuelve a surgir en mi poesía, que es hoy mi única religión, pero en aquel sentido no confesional, sino primario y abierto, que decía Novalis, cuando hablaba de la poesía como la religión original de la humanidad. Allí, en Adrogué, conocí también la estrechez económica y tuve mi primer trabajo, a los 17 o 18 años, como “bibliotecario” (mi “profesión” de siempre) en el Colegio Nacional.  
 Hice algunas fuertes amistades, comprendí mejor la bondad de mi madre y los egoísmos de familia y llegaron las grandes discusiones, las rupturas necesarias, la entrada cada vez mayor en la poesía, los grandes renunciamientos por ella (mi primera novia y su fortuna, mis primeros estudios universitarios y su abandono, mis primeros éxitos pueblerinos en el plano intelectual o cultural, el esbozo de una vida socio-literaria, etcétera). Allí también, casi contradictoriamente, tuve mi primer matrimonio y una hija, cuando tenía alrededor de 25 años. Luego vinieron mi separación y mis primeros largos viajes, por tierra (el sur, la Patagonia y sus grandes espacios deshabitados) y por mar (como empleado de una línea de navegación, luego de ser expulsado de mi puesto por razones políticas; conocí New York, varios países de América Latina, los puertos del sur, etcétera). Volví más tarde a mi cargo de bibliotecario, que conservé durante cerca de 20 años, descontando accidentes y exilios más o menos forzosos. Trabajaba entonces 4 horas por día, a la mañana, dedicando el resto del tiempo a la lectura, la poesía, y todo lo demás. A los 30 años, resolví estudiar en la Universidad de Buenos Aires aquello que tanto había vivido y que me sirviera como medio de subsistencia: la Bibliotecología. Fue difícil adaptarme, pero alcancé mi graduación. En aquella época conocí a Laura y me uní a ella como compañera irreemplazable. Obtuve luego una beca de la Universidad y me fui un año a París. Descubrí entonces Europa y la comencé a recorrer de punta a punta. Esa experiencia fue enormemente importante para mí, un verdadero viaje a las fuentes, que Laura compartió durante algunos meses. Al regresar de mi beca, fui nombrado con un cargo inicial de profesor en la Universidad, donde seguí eslabonando una larga carrera docente, a través de innumerables cambios, dislocamientos y también atropellos, hasta alcanzar el cargo de profesor titular y director del departamento de estudios de mi especialidad. He detestado siempre la política, y la creo el mayor adversario de la poesía, de cualquier color que sea. Lo he dicho en todas partes y bajo cualquier régimen. Y así lo he pagado: fui desplazado arbitrariamente en tres ocasiones, dos veces en la Universidad y una antes. Hace poco he vuelto a someterme a otro concurso y ganado. Veremos hasta cuándo. Creo que la nota bibliográfica enumera un poco el resto. Tuve varios años de exilio forzado del país. A fines de 1977, ya en Temperley, sufrí una grave crisis, un infarto cardiaco, que vino a agregarse a otros serios problemas de salud que había tenido antes. Como muchos otros, he pasado infinidad de cosas, siento la riqueza única de la vida y, como diría un inolvidable personaje de Bergman, a pesar de mi edad y lo que eso significa, “me siento como si tuviera diez años”. Lo demás, lo que verdaderamente importa, usted lo sabe: amo más que nunca la poesía como creación extrema del hombre, me siento como siempre un aprendiz, sé que he escrito algo relativamente diferente, no me interesan el éxito literario ni la fortuna ni tampoco la farándula “socio-literaria”, busco lo abierto, sigo teniendo algunas grandes admiraciones (como Porchia, Rilke o Huidobro, por ejemplo), siempre he tenido algunos grandes amigos, me importa entrañablemente el hombre, me asombra un poco este reconocimiento creciente de los últimos años y las voces que me llegan de muchas partes, estoy cargado de múltiples dudas, tengo sin embargo una profunda fe en algo que sólo puedo vislumbrar en mi poesía y me gustaría vivir un poco más”. 

ROBERTO JUARROZ participó en el Segundo Congreso Internacional de Poesía y Psicoanálisis Grupo Cero, fue invitado por Norma Menassa, presentó ésta comunicación: 

Algunas reflexiones sobre la poesía. 
Para acercarse a la poesía, es bueno recordar a veces algunas cosas que la poesía no es. Así, por ejemplo, la poesía no es una terapéutica, ni un discurso, ni una ideología, ni una política, ni una religión. No viene a curar a nadie, no es una ilación ininterrumpida, no configura un sistema de explicaciones o respuestas, no es una fórmula de salvación. Tal vez sea a menudo precisamente lo contrario de todo eso. 
 Si se recuerda aquello que la poesía es, parece aceptable decir que consiste en una explosión de ser a través del lenguaje. Una ruptura de la escala de visión de la realidad, la experiencia de la realidad abierta y su expresión. Pero, además, la poesía es creación de realidad, mediante un uso diferente de la palabra humana y sus infinitas posibilidades de combinación. Vivir el mundo como un infinito real y expresarlo por medio de un infinito verbal. La poesía es así el mayor realismo posible y no tiene nada que ver con la abstracción, la evasión, la evanescencia, la distracción o el juego. Algunos ingenuos o malintencionados afirman esto de la poesía porque en el fondo le tienen miedo. 
 El realismo de la poesía, abierto al infinito, es lo opuesto al realismo estrecho e inevitablemente irreal que aparece en las historias de la literatura. 
La poesía es el lenguaje de todas las transgresiones del lenguaje, según Roland Barthes. 
El lenguaje es poesía fósil, dijo Borges hacia el final de su vida. La poesía, entonces, es el lenguaje no fosilizado. 
No hay poesía sin una profunda contemplación del lenguaje. 
La poesía es una vía irregular, no ortodoxa, herética del conocimiento. 
Es una metafísica instantánea, como escribió Bachelard. Y mantiene los ojos abiertos hacia el misterio, como reclamaba Einstein. 
El mundo necesita ser sacralizado. La poesía es el camino para la imprescindible resacralización laica del mundo, de la realidad, de la vida. 
 La poesía es un segundo nacimiento, como lo buscaron todas las corrientes de sabiduría; un despertar a la realidad abierta. 
Cristo dijo a Lázaro: Levántate y anda. Tal vez hubiera sido preferible que le dijera: Levántate y habla. 
Sólo interesa la poesía que se ocupa de las últimas cosas. Pero Prochia escribió. Si nada se repite igual, todas las cosas son últimas cosas. Podemos pensar, además, por la misma causa, que todas las cosas son primeras cosas. 
La poesía tiene un peso propio y concreto, como todas las cosas sobre la tierra. Pero la ley de gravedad propia de la poesía no involucra sólo una fuerza hacia abajo: la poesía experimenta también una gravedad hacia arriba. A esto alude, entre otras cosas, la designación Poesía vertical. 
El poema siempre es provisorio. Baudelaire afirmó paradójicamente que corregir es más importante que hacer. 
Un poema siempre está incompleto. No sólo porque todo es incompleto, sino además porque el poema debe terminarse de hacer en quien lo recibe. No completarse; recrearse. En esta línea, Valéry pudo decir que un poema no se termina: se abandona. 
En el poema, como en el resto de la realidad, todo es otra cosa, Antonio Machado habló de la incurable otredad que padece lo uno. Rimbaud llegó a decir: Yo es otro. La mirada creadora, poética, no simplemente productora o reproductora, buscará siempre el otro lado, el revés de todo. La polisemia infinita de la poesía, los ilimitados sentidos de cada cosa, responde según Robbe Grillet a la polisemia infinita de toda la realidad. 
A todo poema le falta un paso más. Cabe pensar entonces en la posibilidad de un poema interminable, inagotable, continuo, infinito. 
Todo poema es un acto de aprendizaje. Ya señaló Cesare Pavese que todo poeta, por grande que sea es un aprendiz. 
Todo poema  es un acto de celebración, aunque hable de lo más negativo, porque es un foco de intensidad vital y verbal. 
Todo poema es un acto de creación, mediante el infinito arte combinatorio del lenguaje y las infinitas relaciones posibles entre la palabra y el silencio, la palabra y la música, el pensamiento y la emoción, el sentido y el sobresentido, el tiempo y el antitiempo, el ser y la nada. Esto armoniza con algo que escribió Clarice Lispector; La creación no es una comprensión; es un nuevo misterio. 
Todo poema es una presencia. Algo que ahora está y antes no estaba. Algo que acompaña a la soledad del hombre. 
La poesía es una forma excepcional de abolir el vacío. Por eso hay tantos que tratan de escribir poesía. 
Parafraseando a Heinrich Bôll, se puede decir que el poeta y la poesía no tienen necesidad de libertad, porque son la libertad. 

POEMAS


44 
Porque esta noche duermes lejos 
y en una cama con demasiado sueño, 
yo estoy aquí despierto, con una mano mía y otra tuya.   
Tú seguirás allí
desnuda como tú 
y yo seguiré aquí 
desnudo como yo. 
Mi boca es ya muy larga y piensa mucho 
y tu cabello es corto y tiene sueño. 
Ya no hay tiempo para estar 
desnudos como uno los dos. 
45 
La soledad se adueña de mi sombra
como una deuda mía. 
Y más como una deuda de otro, 
alguien que de poder vendría. 

46 
No debiera ser posible
dormirse sin tener cerca
una voz para poderse despertar. 
No debiera ser posible
dormirse sin tener cerca 
la propia voz para poderse despertar. 
No debiera ser posible
dormirse sin despertar 
en el momento justo en que el sueño se encuentra con esos ojos abiertos 
que ya no necesitan dormir más. 

47 
Comunicar la tarde con las venas, 
reconocer los nombres con los dedos, 
mientras se mezcla el cuerpo con el signo, 
la tos y el pensamiento. 
No es posible crecer ni arrodillarse, 
pero queda la cruz de no estar muerto 
y enarbolar la sangre densamente, 
aunque no alcance el tiempo. 
No se reza sin uñas mal cortadas 
y para no morir basta estar muerto. 
Llueve en la esquina. Quizá aquí no llueva.
Pero yo no estoy seco. 

30 
De dónde nos viene esta veta de materia gastada, 
esta espiral de cansancio siempre en acecho, 
esta zona de pergamino enfermo 
que sin aviso nos desabotona el saco, 
nos afloja el abrazo,
nos tuerce de repente los ojos 
o nos hace callar en la mitad de una palabra.
De dónde nos viene este ariete precursor, 
esta fisura ubicua, 
bautista del agujero eterno.
De dónde esta filiforme anticipación 
que se nos cuela como el revés de la ternura de una amante 
y nos empuja un poco más el párpado, 
nos roba lo que íbamos a decir 
o nos calca el derroche de los rostros. 
De dónde esta humorada, esta espuma de jabón del abismo, 
este rapto ínfimo,
este buche de la muerte, 
esta ocasión de meter el dedo en la grieta 
que esculpe subrepticiamente la piel interior de cuanto
existe. 
Un minúsculo monigote, un dios enano 
anda rondando el pecho enfermo 
de esta minúscula claridad que llamamos vida. 
Habría que cortarle las manos.
O habría que clausurar la claridad. 

31 
La luna negra del día
les fabrica rumbos escondidos a las cosas.
Una gota se vuelve la mitad del aire 
y el sitio de tu sueño pega un salto.
Un montón de tiempo inesperado duplica las ventanas.
La sombra se convierte en el tacto más íntimo 
y el cuerpo tiernamente grotesco del mundo se palpa entonces a sí mismo. 
Las mareas se internan así en el pensamiento
y tu pasión comienza, 
nido y limite a la vez del mediodía. 


El desconocedor se sube al muro, 
antes de que trepen los ojos
que sentía correr al otro lado
como mandíbulas furtivas.
No va a conocer más: 
Va a alzar los túneles 
de su propia ficción,  va a consumarlos. 
El desconocedor ha hallado el giro
que las preposiciones ignoraron: 
ver sin más ver,
ver antes que el ojo vea, 
aprender a caerse del ojo 
hasta el sonambulismo de la propia visión.
O a remontar el ojo abierto hasta ninguna. 
El muro es un pretexto, 
el ojo es otro.
Y la visión también es un pretexto. 


La serpiente de todas las esperas 
que han anillado la vida 
desenrosca de pronto su sibilante inminencia 
y muerde como el calco de un dios el pan del tiempo.    
Vuelve después a enrollar su antigua ceremonia,  ese rito de la materia misma, 
mapa dormido en su elasticidad,
que no tendrá nunca un anillo de más o uno de menos.    
Juego adentro del juego,
el tiempo aguarda esas periódicas mordeduras 
para seguir girando en el vacío.
Y el vacío, 
que está afuera del juego, 
lo completa y lo nutre con su espera.   
A Paul Eluard 


Una mosca anda cabeza abajo por el techo,
un hombre anda cabeza abajo por la calle 
y algún dios anda cabeza abajo por la nada.
Tan sólo tú no andas esta tarde, 
a menos que las ausencias puras 
inventen otra forma de andar que no sabemos: 
andar cabeza arriba.
Exploraremos el encuentro del amor y la piedra, 
el viaje de la mano a su duelo, la playa de banderas con que sueña la sangre, 
la fiesta de ser hombre cuando el hombre despierta y se cae en el hombre, 
la fábula que se convierte en niño, la mujer necesaria para amar lo que amamos 
y hasta lo que no amamos.
Y exploraremos también el espacio vacío que dejaste en tu poema, 
el espacio vacío que dejaste en cada palabra
y hasta en tu propia tumba
para alzar el futuro.
Allí te encontraremos
y juntos echaremos a andar cabeza arriba. 

17 
   Un muro, una canción
y un aire como barniz de duende
para que la canción descanse sobre el muro. 
Del otro lado, un hombre. 
No ha levantado el muro 
ni canta la canción, 
ni siquiera la escucha.
Pero el aire barniz cava en su sombra un círculo 
en donde la canción es justamente el centro. 
El hombre está agachado
(tal vez lo estuvo siempre).
El muro baja entonces y le sube los ojos.
Una canción  (no importa quien la cante),
(no importa quien lo ha hecho) 
y un aire liso y vivo 
(no importa adonde vaya). 
Si el hombre no existiera, 
ellos lo habrían creado. 

POESÍA VERTICAL


14 
He encontrado el lugar justo donde se ponen las manos, 
a la vez mayor y menor que ellas mismas. 
He encontrado el lugar 
donde las manos son todo lo que son
y también algo más. 
Pero allí no he encontrado 
algo que estaba seguro de encontrar:
otras manos esperando a las mías. 

SEGUNDA POESÍA VERTICAL


52 
Si alguien, 
cayendo de sí mismo en sí mismo, 
manotea para sostenerse de sí 
y encuentra entre él y él 
una puerta que lleva a otra parte, 
feliz de él y de él, 
pues ha encontrado su borrador más antiguo, 
la primera copia. 

QUINTA POESÍA VERTICAL,



Llega un día
en que la mano percibe los límites de la página 
y siente que las sombras de las letras que escribe
saltan del papel. 
Detrás de esas sombras, 
pasa entonces a escribir en los cuerpos repartidos por el mundo, 
en un brazo extendido,
en una copa vacía, 
en los restos de algo. 
Pero llega otro día 
en que la mano siente que todo cuerpo devora 
furtiva y precozmente
el oscuro alimento de los signos. 
Ha llegado para ella el momento 
de escribir en el aire, de conformarse casi con su gesto.
Pero el aire también es insaciable 
y sus límites son oblicuamente estrechos. 

SEGUNDA POESÍA VERTICAL 


69 
Cada uno se va como puede, 
unos con el pecho entreabierto,
otros con una sola mano, 
unos con la cédula de identidad en el bolsillo, 
otros en el alma,
unos con la luna atornillada en la sangre 
y otros sin sangre, ni luna, ni recuerdos. 
Cada uno se va aunque no pueda, 
unos con el amor entre dientes, 
otros cambiándose la piel,
unos con la vida y la muerte,
otros con la muerte y la vida, 
unos con la mano en su hombro
y otros en el hombro de otro. 
Cada uno se va porque se va, 
unos con alguien trasnochado entre las cejas,
otros sin haberse cruzado con nadie, 
unos por la puerta que da o parece dar sobre el camino, 
otros por una puerta dibujada en la pared o tal vez en el aire,
unos sin haber empezado a vivir 
y otros sin haber empezado a vivir. 
Pero todos se van con los pies atados, 
unos por el camino que hicieron, 
otros por el que no hicieron 
y todos por el que nunca harán. 
La mano emprende entonces su último cambio
humildemente 
a escribir sobre ella misma. 
 

El ser empieza entre mis manos de hombre. 
El ser, 
todas las manos, 
cualquier palabra que se diga en el mundo, 
el trabajo de tu muerte, 
Dios, que no trabaja. 
 
Pero el no ser también empieza entre mis manos de hombre 
El no ser, 
todas las manos, 
la palabra que se dice afuera del mundo, 
las vacaciones de tu muerte, 
la fatiga de Dios, 
la madre que nunca tendrá hijo, 
mi no morir ayer. 
Pero mis manos de hombre ¿dónde empiezan? 
 

No es la luz la única suma de los colores. 
Hay ciertas dimensiones sueltas 
donde los colores se reúnen más estrechamente que en la luz, 
como novísimos peces en un mar aún más joven que ellos. 
 
A partir de allí 
parece posible reconstruir algo  
que nunca ha saltado el signo del comienzo 
otra especie de tangencia. 
 
La suma de los colores debe incluir un filamento 
donde estén retorcidas en un mismo hilo 
la mirada que ve 
y la mirada que no ve. 
 
11 
Sacar la palabra del lugar de la palabra 
y ponerla en el sitio de aquello que no habla: 
los tiempos agotados, 
las esperas sin nombre, 
las armonías que nunca se consuman, 
las vigencias desdeñadas, 
las corrientes en suspenso. 
 
Lograr que la palabra adopte 
el licor olvidado 
de lo que no es palabra 
sino expectante mutismo 
al borde del silencio, 
en el contorno de la rosa, 
en el atrás sin sueño de los pájaros, 
en la sombra casi hueca del hombre. 
 
Y así sumando el mundo, 
abrir el espacio novísimo 
donde la palabra no sea simplemente 
un signo para hablar 
sino también para callar, 
canal puro del ser, 
forma para decir o no decir, 
con el sentido a cuestas 
como un dios a la espalda. 
Quizá el revés de un dios, 
quizá su negativo. 
O tal vez su modelo. 
 
 16 
 
A veces parece 
que estamos en el centro de la fiesta. 
Sin embargo 
en el centro de la fiesta no hay nadie. 
En el centro de la fiesta está el vacío. 
 
Pero en el centro del vacío hay otra fiesta. 
 
 18 
 El número uno me consuela de los demás números. 
Un ser humano me consuela de los otros seres humanos. 
Una vida me consuela de todas las vidas, 
posibles e imposibles. 
 
Haber visto una vez la luz 
es como si la hubiera visto siempre. 
Haber visto una sola vez la luz 
me consuela de no volver a verla nunca. 
 
Un amor me consuela de todos los amores 
que tuve y que no tuve 
Una mano me consuela de todas las manos 
y hasta un perro me consuela de todos los perros. 
 
Pero tengo un temor: 
que mañana llegue a consolarme 
más el cero que el uno. 
 
 27  
Desde esta media luz  
o media sombra  
¿hacia dónde podemos ir?  
 
Hacia más luz  
nos ahoga la armonía.  
Hacia más sombra  
se pierden nuestros pasos.  
Y aquí  
no podemos quedar.  
 
No hay otra media luz  
o media sombra.  
 
De aquí no se puede ir a ningún sitio.  
A menos que encontremos un espacio  
donde luz y sombra sean lo mismo.  
 
37  
Toda asimetría es la nostalgia  
de una simetría.  
 
Como el árbol es nostalgia del pájaro,  
el pájaro de la nube perfecta  
y la nube de un cielo sin nubes.  
Pero toda simetría  
canta una asimetría.  
 
Hasta el ser es el canto y la nostalgia  
de aquello que no es,  
de aquello que es en lo que no es,  
de aquello que no es en lo que es.  
 
Porque la simetría y la asimetría  
son tan sólo estados provisorios.  
 
96  
Versión simple del mundo:  
el lugar que encontramos.  
 
Versión más ajustada:  
el lugar que dejamos.  
Versión perfeccionada:  
el lugar para buscar otro mundo.  
 
Versión casi definitiva:  
el lugar de una ausencia.  
 
Y otra más todavía:  
el lugar que nos prueba  
que ser no es un lugar.  
 
Y la última versión:  
el mundo es el lugar para aprender  
que ser no necesita lugar.  
 
105  
De un abismo a otro abismo.  
Así hemos vivido.  
Y cuando nos tocaba el interludio  
de una zona de aire,  
donde es fácil respirar y sostenerse,  
añorábamos sin querer el abismo,  
que nos ha amamantado con la nada.  
 
Desde el fondo del ser trepa un ensalmo  
para pedir, cuando llegue la muerte,  
que todo sea un abismo, no otro rumbo.  
 
Tal vez en él nos crezcan alas.  
 
Adentro de un abismo siempre hay otro. 
Y si no hay diferencia habrá distancia.  
Sólo nos falta hallar y ser tan sólo  
la distancia de adentro del abismo.  
 
17  
Voy perdiendo las zonas intermedias.  
Percibo sólo lo muy cercano  
o lo muy lejano.  
 
Este cambio radical de los sentidos  
o quizá este surgimiento de un sentido distinto  
confirma mi sospecha  
de que sólo en los extremos  
habita lo real.  
 
El infinito no es igualmente infinito en todas partes.  
 
En sus puntos más intensos  
las mayores distancias se reabsorben.  
La lección mayor del infinito  
es dejar de ser a veces infinito.  
 
32  
El poema continuo,  
la escritura continua,  
el texto que nunca se termina  
y nunca se interrumpe,  
el texto equivalente a ser.  
 
La vida se convierte  
en una forma de escritura  
y cada cosa es una letra,  
un signo de puntuación,  
la inflexión de una frase.  
 
Inaugural metabolismo  
de una filología  
que ha descubierto un nuevo verbo:  
el verbo siempre.  
 
La poesía se escribe siempre,  
vivir se vive siempre,  
algo despierta siempre:  
poema-siempre.  
 
El ser es escritura.  
 
Y una palabra es suficiente  
para toda la acción:  
siempre.  
El otro verbo,  
nunca,  
es tan sólo su sombra.  
 
 18  
Una invasión de palabras  
trata de acorralar al silencio,  
pero, como siempre, fracasa.  
 
Intenta luego arrinconar a las cosas  
que habitan el silencio,  
pero tampoco lo consigue.  
Y va por fin a cercar a las palabras  
que conviven con el silencio,  
pero entonces se produce lo imprevisto:  
el silencio se convierte en palabra  
para proteger mejor a las palabras  
que conviven con él.  
 
Y mientras la invasión de las otras palabras  
se desvanece como un soplo furtivo,  
se completa lo insólito:  
las palabras que quedan  
se asemejan ahora mucho más al silencio  
que a las otras palabras.  
 
(para René Char)  
 
25  
Cada poema hace olvidar al anterior,  
borra la historia de todos los poemas,  
borra su propia historia  
y hasta borra la historia del hombre  
para ganar un rostro de palabras  
que el abismo no borre.  
 
También cada palabra del poema  
hace olvidar a la anterior,  
se desafilia un momento  
del tronco multiforme del lenguaje  
y después se reencuentra con las otras palabras  
para cumplir el rito imprescindible  
de inaugurar otro lenguaje.  
 
Y también cada silencio del poema  
hace olvidar al anterior,  
entra en la gran amnesia del poema  
y va envolviendo palabra por palabra,  
hasta salir después y envolver el poema  
como una capa protectora  
que lo preserva de los otros decires.  
 
Todo esto no es raro.  
En el fondo,  
también cada hombre hace olvidar al anterior,  
hace olvidar a todos los hombres.  
 
Si nada se repite igual,  
todas las cosas son últimas cosas.  
Si nada se repite igual,  
todas las cosas son también las primeras.  
 
(en la memoria unitiva de Antonio Porchia) 
 
 11  
Detenerse ante el asombro  
que se despliega en el gesto de la rosa  
o en la maravillada tertulia  
que entablan los colores y los pájaros  
sobre la franja insegura del atardecer,  
equivale a asombrarse del asombro.  
 
Aparece entonces una nueva inocencia,  
más esencial que la primera.  
Sólo en ella germina  
el asombro definitivo:  
el reconocimiento a través de las máscaras.  
 
La salvación por el asombro.  

28  
No existen paraísos perdidos.  
El paraíso es algo que se pierde todos los días,  
como se pierden todos los días la vida,  
la eternidad y el amor.  
 
Así también se nos pierde la edad,  
que parecía crecer  
y sin embargo disminuye cada día,  
porque la cuenta es al revés.  
O así se pierde el color de cuanto existe,  
descendiendo como un animal amaestrado  
escalón por escalón,  
hasta que nos quedamos sin color.  
 
Y ya que sabemos además  
que tampoco existen paraísos futuros,  
no hay más remedio, entonces,  
que ser el paraíso.  
 
1  
No tenemos un lenguaje para los finales,  
para la caída del amor,  
para los concentrados laberintos de la agonía,  
para el amordazado escándalo  
de los hundimientos irrevocables.  
 
¿Cómo decirle a quien nos abandona  
o a quien abandonamos  
que agregar otra ausencia a la ausencia  
es ahogar todos los nombres  
y levantar un muro  
alrededor de cada imagen?  
 
¿Cómo hacer señas a quien muere,  
cuando todos los gestos se han secado,  
las distancias se confunden en un caos imprevisto,  
las proximidades se derrumban como pájaros enfermos  
y el tallo del dolor  
se quiebra como la lanzadera  
de un telar descompuesto?  
 
¿O cómo hablarse cada uno a sí mismo  
cuando nada, cuando nadie ya habla,  
cuando las estrellas y los rostros son secreciones neutras  
de un mundo que ha perdido  
su memoria de ser mundo?  
 
Quizá un lenguaje para los finales  
exija la total abolición de los otros lenguajes,  
la imperturbable síntesis  
de las tierras arrasadas.  
O tal vez crear un habla de intersticios,  
que reúna los mínimos espacios  
entreverados entre el silencio y la palabra  
y las ignotas partículas sin codicia  
que sólo allí promulgan  
la equivalencia última  
del abandono y el encuentro.  
 
(para Jean Paul Neveu)  
 
31 
En esta hora en que las formas se deshacen,  
los fantasmas han optado por sustancias más concretas.  
Así mis manos y mis pies, por ejemplo,  
descalabran de pronto sus fieles trayectorias  
y se deslizan como acordes de una sumergida partitura.  
Gestores ya de mis íntimos fantasmas,  
acunan un salto donde existe un puente,  
arman un puente en la total llanura,  
manotean abismos como quien abre una ventana,  
se turnan entre sí como columnas alternantes,  
se arrojan como galgos  
al cuello de la sombra de un transeúnte cualquiera  
o desaparecen repentinamente en medio de la noche  
o, lo que es peor, del día.  
 
Las cosas nos traducen una nueva estrategia,  
una técnica distinta,  
que viene desde el fondo.  
Los pájaros se callan a veces demasiado  
o inauguran extrañas secuencias de sordinas.  
El agua se improvisa en insostenibles regiones.  
Las palabras recogen vestiduras abandonadas  
y regresan después empujando al pensamiento.  
Hemos creído tan sólo en dioses o en nosotros,  
mientras las raíces adquirían nuevos modos de ser el fundamento  
y los fantasmas se adiestraban en nuestra propia fisonomía.  
Asistimos ahora a un replanteo de las tácticas del abismo,  
a un reordenamiento de los estratos, las jerarquías y las densidades.  
Tal vez mañana sólo seamos nosotros lo invisible,  
los fantasmas de lo que fueron los fantasmas.  
 
 2  
El otro que lleva mi nombre  
ha comenzado a desconocerme.  
Se despierta donde yo me duermo,  
me duplica la persuasión de estar ausente,  
ocupa mi lugar como si el otro fuera yo,  
me copia en las vidrieras que no amo,  
me agudiza las cuencas desistidas,  
descoloca los signos que nos unen  
y visita sin mí las otras versiones de la noche.  
 
Imitando su ejemplo,  
ahora empiezo yo a desconocerme.  
Tal vez no exista otra manera  
de comenzar a conocernos.  
 
61  
Pensar nos roba el mirar.  
 ¿Dónde está entonces la visión,  
su hebra de música sin variaciones de sonido,  
su coincidencia de ojo y sueño,  
su espacio donde sólo el pasar encuentra espacio?  
¿Dónde está el pensamiento que no roba nada?  
 
Aunque menor que otras,  
pensar también es una ausencia.  
Y un olvido que crece.  
Y además quedarse solo  
y abrir la puerta para desaparecer.  
 
 51  
Algún día encontraré una palabra  
que penetre en tu vientre y lo fecunde,  
que se pare en tu seno 
como una mano abierta y cerrada al mismo tiempo.  
 
Hallaré una palabra  
que detenga tu cuerpo y lo dé vuelta,  
que contenga tu cuerpo  
y abra tus ojos como un dios sin nubes  
y te use tu saliva  
y te doble las piernas.  
Tú tal vez no la escuches  
o tal vez no la comprendas.  
No será necesario.  
Irá por tu interior como una rueda  
recorriéndote al fin de punta a punta,  
mujer mía y no mía,  
y no se detendrá ni cuando mueras.  
 
 48  
Si uno encuentra de pronto que lleva entre las manos  
un ramo del color de los niños perdidos  
o de los ojos de los muertos,  
ya no puede seguir doblando las esquinas,  
ni doliéndole como siempre a las ventanas,  
ni haciendo un torniquete del pasado  
entre espirales de perros  
y oraciones sin dios.  
 
Es preciso entonces conseguir un lugar  
donde el amor y la luna  
se expendan en envases separados  
y la muerte baje por una ranura y no muy cara.  
 
Y es preciso sellar bien los cabellos,  
aunque no se los corte,  
para que no sigan enredando a la gente  
y convirtiéndola en árboles.  
 
Y entonces, sobre todo,  
es preciso callar  
y devolver.  
 
En esta hora en que las formas se deshacen,  
los fantasmas han optado por sustancias más concretas.  
Así mis manos y mis pies, por ejemplo,  
descalabran de pronto sus fieles trayectorias  
y se deslizan como acordes de una sumergida partitura.  
Gestores ya de mis íntimos fantasmas,  
acunan un salto donde existe un puente,  
arman un puente en la total llanura,  
manotean abismos como quien abre una ventana,  
se turnan entre sí como columnas alternantes,  
se arrojan como galgos  
al cuello de la sombra de un transeúnte cualquiera  
o desaparecen repentinamente en medio de la noche  
o, lo que es peor, del día.  
 
Las cosas nos traducen una nueva estrategia,  
una técnica distinta,  
que viene desde el fondo.  
Los pájaros se callan a veces demasiado  
o inauguran extrañas secuencias de sordinas.  
El agua se improvisa en insostenibles regiones.  
Las palabras recogen vestiduras abandonadas  
y regresan después empujando al pensamiento.  
Hemos creído tan sólo en dioses o en nosotros,  
mientras las raíces adquirían nuevos modos de ser el fundamento  
y los fantasmas se adiestraban en nuestra propia fisonomía.  
Asistimos ahora a un replanteo de las tácticas del abismo,  
a un reordenamiento de los estratos, las jerarquías y las densidades.  
Tal vez mañana sólo seamos nosotros lo invisible,  
los fantasmas de lo que fueron los fantasmas.  
 
 2  
El otro que lleva mi nombre  
ha comenzado a desconocerme.  
Se despierta donde yo me duermo,  
me duplica la persuasión de estar ausente,  
ocupa mi lugar como si el otro fuera yo,  
me copia en las vidrieras que no amo,  
me agudiza las cuencas desistidas,  
descoloca los signos que nos unen  
y visita sin mí las otras versiones de la noche.  
 
Imitando su ejemplo,  
ahora empiezo yo a desconocerme.  
Tal vez no exista otra manera  
de comenzar a conocernos.  
 
 51  
Algún día encontraré una palabra  
que penetre en tu vientre y lo fecunde,  
que se pare en tu seno 
como una mano abierta y cerrada al mismo tiempo.  
 
Hallaré una palabra  
que detenga tu cuerpo y lo dé vuelta,  
que contenga tu cuerpo  
y abra tus ojos como un dios sin nubes  
y te use tu saliva  
y te doble las piernas.  
Tú tal vez no la escuches  
o tal vez no la comprendas.  
No será necesario.  
Irá por tu interior como una rueda  
recorriéndote al fin de punta a punta,  
mujer mía y no mía,  
y no se detendrá ni cuando mueras.  
 


 

PRÓXIMO NÚMERO

99. Poesía más Poesía: Mario Trejo.

MARIO TREJO

Mario César Trejo nació el 13 de enero de 1926, no obstante existe desacuerdo sobre su ciudad natal, algunas fuentes indican Buenos Aires o La Plata; sin embargo, Jorge Ariel Madrazo al prologar el poema Orgasmo (Centro Editor de América Latina,1989) menciona que “Mario Trejo asegura, alternativamente, haber nacido en Tierra del Fuego, en Comodoro Rivadavia, o en muchos otros lugares: todo indica que ello ocurrió al sur del país, no aclara en qué año la provincia o ciudad poco importa. “Huir de la pequeña historia./ La anécdota me saca de quicio. Vivamos el Gran Cuento”, escribió el poeta. Y lo cumplió a rajatablas: estuvo en todas, pero acaso siempre supo que un trasgresor tiene que huir antes de que logren digerirlo.
Trejo coincide con Marcel Duchamp en que tales precisiones “sólo sirven a los tontos y a los profesores de literatura española”. En el mito de origen se puede ver un disfrute por tejer una trama enigmática en torno de su biografía, una imprecisión nunca aclarada que ejerce su magnetismo.
Fue una de las voces más irreverentes de la poesía argentina, además de autor de canciones, periodista, guionista y dramaturgo. En el prólogo del último libro publicado por Trejo, Guillermo Saccomanno lo definió como un “monstruo sagrado”.
La insolencia extrema era su divisa existencial. Quizá construyó un territorio escurridizo donde podía pasearse a sus anchas sin que lo embanderaran en ningún dogma ni corriente estética. Su lema podría haber sido “mutar para sobrevivir”.
Ese viejo indómito, de espíritu jovial y verba inflamada por la ironía, no se dejaba atrapar ni encasillar fácilmente. Aunque flirteó con muchas movidas vanguardistas –surrealismo, invencionismo y varios “ismos” más–, su intempestiva singularidad residía en creer en la poesía, más allá de cierta desconfianza “instrumental” que emanan de algunos de sus poemas. “La palabra lobo no muerde./ El que muerde es el lobo./ La palabra no muerde./ El que muerde es el poeta.


A lo anterior la hay que sumarle la fascinación por la música, por ciertos músicos, ciertas lecturas, ciertos films, también la arrogancia, la soledad de los jugadores, la apuesta al todo por el todo, el amor por sus amigos, su erudición enajenada, el plurilingüismo y una capacidad de goce inigualable. Así durante veinte años, treinta años, cuarenta años, ochenta años, Mario Trejo vuelve a nacer precoz, trastornando ciudades, sin calma, con regocijo y adicciones, irreverente como Mozart: “¡Que los que no me quieren me laman el culo!”
Una observación a consignar es el cambio de estética que Trejo generó, visualmente notorio hasta el contagio. No se trata como en Derridá del “efecto visera” desde el que heredamos la ley y una mirada inaccesible, ni del “efecto yelmo” potenciando el dramatismo, aquí la identidad del poeta está en el ruedo, se trata del “efecto Trejo”, su zona de influencia, el pasaje a una estética vanguardista que llevó a los nerudeanos a convertirse en vallejeanos.
Al Poeta se lo distingue por la manera de no decir ciertas cosas, por la manera de decir otras, por su peculiar hábito de ceder al vacío central, por deslizarse en caída libre hacia un campo móvil, por habitar una discordia interminable. Así los desvíos, del volumen al punto, del color a la superficie, de la solución al misterio, la poesía de Trejo trasmuta el matrimonio cielo-infierno, desgaja una lógica que comprime al verso clásico y la experimentación.
¿Su contraseña? Ser un pescador spinozeano. Estar tendido y alerta. Recordar que la obra no es un dato natural sino un cóctel de exigencia, hurto y donación.

A los 20 años, en 1946, publicó su primer poemario, Celdas de la sangre.
El mismo año, junto con Alberto Vanasco (con quien escribiría la pieza teatral No hay piedad para Hamlet), fundó el H.I.G.O. Club, un movimiento de agitación cultural que promovía una suerte de happenings: exhibiciones de pintura y escultura que duraban pocos minutos, acompañadas por lecturas de poemas.
Se unió a Tomás Maldonado y Edgar Bailey en el Grupo Arte Concreto-Invención, en 1948.
Dos años después, ya en la década del ’50, integraría la revista Poesía Buenos Aires.
Entre 1952 y 1953 fue secretario de redacción de Letra y línea, la revista surrealista que dirigió Aldo Pellegrini.
Trejo se desplazaba, viajaba, experimentaba, como si la quietud lo espantara. En 1957 tomó contacto en Brasil con el grupo de poesía concreta de Décio Pignatari y Haroldo de Campos, y luego tradujo a Drummond de Andrade, Cabral de Melo Neto, Murilo Mendes y Vinicius de Moraes.
Cuando regresó a Buenos Aires, realizó entrevistas para Canal 7 y escribió para Historias de jóvenes, el ciclo de David Stivel. En la década del ’60 hiperbolizó el “moverse en todas partes”. Estuvo en Madrid, Roma, París; hizo crítica literaria, con Mario Vargas Llosa, para la Radio Televisión Francesa; anduvo por Cuba y escribió un documental sobre Wilfredo Lam.
El uso de la palabra, su segundo poemario, recibió el Premio de Poesía Casa de las Américas, en 1964. Un año después volvió a Roma para escribir junto con Bernardo Bertolucci Kill Me Future, un largo de ciencia ficción política que no alcanzó a filmarse. Como si los papeles que le robaba al tiempo no alcanzaran, el poeta se interpretó a sí mismo en La vía del petróleo, un documental que, restaurado, se presentó en el Festival de Venecia de 2007. En esa infatigable exploración de lo “nuevo” –o lo que estaba dando vueltas en el aire del presente– también se alimentó de las enseñanzas del Living Theatre.
Cuando regresó al país, escribió y dirigió Libertad y otras intoxicaciones, pieza que anuda el tratamiento de la tortura, el aborto y el derecho a la diferencia, montada en el Instituto Di Tella.

Poni Micharvegas y Mario Trejo.


El poeta se movía por dentro y por fuera; cruzaba todas las grandes aguas y acopiaba intervenciones y experiencias. “Esta agitada vida/ me ladra como un perro”, escribió acaso con la urgencia de quien, sin apuro, intuye que de lo único que no puede escapar es de un destino vertiginoso.
Trejo, corresponsal free lance en Medio Oriente (Egipto, Israel, Siria, Líbano) y en Chile, escribió crónicas y reportajes y entrevistó a Ernesto Guevara, Yasser Arafat, Salvador Allende y Ben Gurión, entre otros. Su inserción periodística arrancó en el diario La Prensa, colaboró en distintos medios y tuvo a cargo la sección literaria de la revista Confirmado y la sección Artes y Espectáculos en Primera Plana.
Su poema “La tristeza y el mar” fue musicalizado por Waldo de los Ríos. “Los pájaros perdidos” –el “hit” del poeta– se impregnó en muchos más oídos a partir de la melodía de Astor Piazzolla y las voces de Amelita Baltar, Susana Rinaldi y Julia Zenko, además de las versiones que circularon en griego y japonés. La cantante italiana Milva, la norteamericana Jeanne Lee y el trompetista italiano Enrico Rava grabaron temas del poeta.
El poeta que gestó una obra solitaria –hasta hace no mucho tiempo su nombre operaba como contraseña entre iniciados– escribió en “De puño y letra”:
“Me doy por vencido./La religión la mafia/ la política y el fútbol/ el ejército y la moda/ mueven más gente que yo (…) Yo sólo tengo que ver/ con las pequeñas multitudes/ de un cine de trasnoche/ con la soledad de los jugadores/ que ofician una partida de ajedrez/ con la tibieza de algunas mujeres”.
Tal vez el epitafio más provocador lo rubricó el propio Trejo en “Espejo”: “El orgasmo final/ Será mi último/ Suspiro”.
En ese sentido, para nada resulta extraño que su último libro aparecido hace dos años, “Los pájaros perdidos”, sea un conjunto de poemas amorosos que resuman erotismo -en una de sus imágenes, escribe: “Y entre los labios de la noche/ Espía el número del  sexo”- por medio de  un lenguaje que alterna el coloquio urbano, los paisajes oníricos y un aire de crónica.
El itinerario del Trejo trasgresor lo ubica en el cruce  entre los poetas reunidos alrededor de la revista surrealista “Letra y Línea”, los “invencionistas” nucleados en la revista  “Poesía Buenos Aires”, los artistas del Instituto Di Tella y los  “concretistas” brasileños.
Iniciada en 1946 con el libro “Celdas de la Sangre” su obra  se continúa con los títulos “El uso de la palabra”, Premiado en  1964 con el Casa de las Américas de Cuba, un libro aumentado y  reeditado en diversos países- y su “Antología Poética” editada en  2006 por el Fondo Nacional de las Artes.
El Trejo escritor y personaje de la bohemia, se desdobla  además en el poeta de canciones, el dramaturgo, el actor y el  periodista. De sus textos llevados a la canción destacan las letras de  “La tristeza y el mar”, con música de Waldo de los Ríos y los temas  “Escándalos privados” y “Los pájaros perdidos”, musicalizados ambas  por Astor Piazzolla. “Los pájaros perdidos”, sin duda el tema que alcanzó mayor  popularidad, sería interpretado por cantantes de la talla de Susana  Rinaldi, Julia Zenko y Amelita Baltar, con versiones además al  griego y japonés. Entre otros artistas que grabaron temas de Trejo figuran la  cantante italiana Milva, la norteamericana  Jeanne Lee y el  trompetista italiano Enrico Rava.
Ubicado en las corrientes teatrales de los años `60, escribió  las piezas “El ángel rojo”, “Libertad y otras intoxicaciones”  -estrenada en 1967  en el marco del Instituto Di Tella y “No hay  piedad para Hamlet”, en coautoría con el escritor Alberto Vanasco y  con música de Enrique Villegas, fue galardonada con el Premio  Municipal de Teatro y el Premio Florencio Sánchez.
El poeta también se prodigó en trabajos para cine y  televisión. Para la pantalla grande fue autor de los guiones de los  filmes “Desarraigo” y “El final”;  además de escribir en 1965 junto  al director italiano Bertoluci “Kill me Future”, una obra  “fantasma-político posnuclear” que no llegó a filmarse.
Intervino además en 1965 como actor protagónico en el tercer  episodio del documental “La vía del petróleo”, del mismo  Bertolucci.
En televisión intervino en los ciclos “Desnuda Buenos Aires”  e “Historias de jóvenes”, ciclo en el que colaborarían además los  escritores David Viñas, Francisco Urondo y Osvaldo Dragún, y que  obtuviera el Premio Martín Fierro en 1959.
El Trejo viajero se junta con el Trejo periodista que escribe  sus crónicas desde Egipto, El Líbano, Siria, Chile y otras partes  del mundo, mientras va entrevistando a personalidades de la cultura  y la política internacional como Jorge Luis Borges, Ernesto  Guevara, Yasser Arafat, Salvador Allende y, entre otros muchos, Ben  Gurión. Se había iniciado en el diario La Prensa, para colaborar  luego en diversos medios que sentaron las bases del periodismo  moderno en Argentina como las revistas Confirmado -en la que tuvo a  su cargo la sección literaria- y Primera Plana en cuyas páginas  dirigió la sección de Artes y Espectáculos.
El narrador Guillermo Saccomano, no ha dudado en calificar a  Trejo como “un monstruo”, un “poeta de obra solitaria (que) estuvo  en todas. Mejor dicho, picó en todas y se las picó antes de que lo  embalsamaran”. Outsider es la acepción que le dedica al poeta otro poeta,  Jorge Madrazo: “Es un outsider de cuanto huela a lugar común, al  confort de las posturas obvias y acomodaticias. Por eso suele  llevar la contraria”.
Uno de sus amigos más cercanos, el poeta y periodista Reynaldo Sietecase, habla de Trejo como una leyenda, un tipo  especial, “un peleador, una especie de Muhamad Alí de la literatura  -como lo definió un periodista-, un aventurero, un exquisito, un  dandy”, y sobre todo un poeta cuya obra “interpela a la estupidez,  a las convenciones, a los autoritarismos”.
“Sentiremos la falta de su palabra luminosa y su pensamiento  crítico”, señala Sietecase, quien se lamenta de que “uno de los mejores poetas argentinos” fuera “casi invisible para los medios de  comunicación”, y que además su obra poética -“de alta calidad,  profundidad y compromiso”- no lograra la atención debida de las  grandes editoriales. “Es posible que ahora lo hagan. Esto está entre las grandes  paradojas de la Argentina más ingrata”. (Télam)
Murió a los 86 años, un domingo por la noche. Trejo fue, es y será una leyenda y un “monstruo sagrado”, como lo definió Guillermo Saccomanno en el prólogo del último libro que publicó el poeta, Los pájaros perdidos (Ediciones Continente).

POEMAS

Ultimatum a un joven poeta

Que el pan sea pan y mar el mar
Basta de conjeturas
Murciélagos lunares o roedores de orquídeas
Toda palabra tiene precio
Las palabras que atacan como rayos o víboras
Y también madre
Amigo
Y alcohol y cama y mesa
Y el hijo concebido a dulces empujones
Y los hongos que provocan destellos de amor
O resplandores de muerte
Y el poeta que cae bajo las balas
Como un sol que la noche acribilla

Que el pan sea pan y mar el mar
Y el agua eterna
Pero la sed eterna
Para poder decir al fin:
He hallado un pan junto al mar
Los buitres sobrevolaban mi amor
He mordido una orquídea

Los buitres disputaban un cuerpo querido
He guiado camiones y dormido en aserraderos
Los buitres devoraban a mi amada
Viajé de noche sobre la arena caliente
Invoqué los nombres secretos
Conjuré un maleficio
Contuve una catástrofe
Conduje a un águila a su nido
He muerto con mis muertos y estoy vivo

Cuando llegué a la ciudad
Un loco vagaba por las calles
En su mirada había un cuchillo
Le di mi mano
Lo miré
Le hablé y mi voz duró entre los astros
Éramos sólo dos sobre la tierra
Pero éramos dos sobre la tierra La soledad se hizo añicos
La poesía palabras

Labios libres

Al cabo de las tierras y los días
de horarios y partidas y llegadas
y aeropuertos comidos por la niebla
enfermo de países y kilómetros
y rápidos hoteles compartidos

Luego de esperas
prisas
y rostros y paisajes diferentes
y seres encandilados por el olvido
o abiertamente besados por la vida

Después de aquella amada
y esa otra apenas entrevista
mujeres cogidas por mi soledad
y ahogadas por las bellas catástrofes

Luego de la violencia y el deseo
de comenzarlo todo nuevamente
y los errores
y los malentendidos cotidianos
y los hábitos torrenciales del trópico
y noches acariciadas por el alcohol
y tabaco fumado con tanta incertidumbre

Al cabo de un nombre que no me atrevo a decir
y de alguien que yo llamaba Irene
de cierta voz
cierta manera de clavar los ojos
al cabo de mi fe en el entendimiento de los hombres
y en el corazón de ciudades y pueblos
que nunca sabrán de mí

Luego de tanta tentativa de huirme o enfrentarme
y comprender que estoy solo
pero no estoy solo
al cabo de amores corroídos
y límites violados
y de la certidumbre de que toda la vida
no es más que los escombros
de otra que debió haber sido

Al cabo del hachazo irreparable del tiempo
sólo puedo blandir estas palabras
esta obstinación de años y distancias
que se llama poesía

De puño y letra

Me doy por vencido.
La religión la mafia
la política y el fútbol
el ejército y la moda
mueven más gente que yo.

Son millones o pocos
pero totalmente decididos
al todo por el todo.
Yo sólo tengo que ver
con las pequeñas multitudes
de un cine de trasnoche
con la soledad de los jugadores
que ofician una partida de ajedrez
con la tibieza de algunas mujeres.

Leo
vuelvo a ver una vieja película
hago noche en Coltrane
y estiro el brazo y acaricio a mi bella
que fuma y ahora me convida.

Solicitud de clemencia

Yo sólo pido perdón
por haber besado las playas del Mar Rojo
haber visto las luces de Aqaba en el amanecer verde
haber tomado mate entre el humo de los asesinos
haber temblado ante el incesto
de pez piedra con las piedras
del sol con la belleza
de mis sueños con la realidad

Yo sólo pido perdón
por haber inventado las montañas de Arabia Saudita

Hablemos del lobo

Solidario en la nieve olfatea
Perseguidor de huellas y tufos

La víctima comparece

Salto
Dentellada
Sangre sobre la nieve
Breve pasión que otro verdugo
Desde lejos
Abolirá de un balazo

El reino de la necesidad no conoce moral.

LA POESÍA

Sí.
Porque sus labios nacen a la luz de mis ojos.
Cuando aparece su voz, su ritmo invulnerable,
las cosas le obedecen.
Sobre las miras adversarias, sobre el tedioso
oficio de temerle, están las voces sin reposo,
las patrullas del tiempo, las olas victoriosas.
Ciudadela de la oscura verdad que desampara al
hombre: yo soy tu prisionero y soy tu fugitivo.
¿Mi contraseña?
Ejercer tu silencio, solicitar tu estruendo.
Porque, ¿qué es entonces la poesía sino una
fanática consigna, una tensión entre los
muertos y las profecías?

El uso de la palabra, 1979.

Se acabó la poesía
Desnuda está la página
Yo la miro y me acerco
Y a cada paso pienso
Se acabó la poesía.
Ay qué distancia enorme
De la voz a las cosas
La que va de una boca
A un perro que se vuelve
A un adiós que nos toca.
Salvar en las palabras
Lo perdido en la rosa
Correr todos los riesgos
Desastres y victorias
Locos y lenguaraces
Lenguas que me enamoran.
Elijo este castillo
Palabras como manos
Para tocar las nalgas
Y acomodar la silla.
Raramente saldré
Y sólo por leones
Me digo que soy libre
Digo tigres de África.
Llamar y ser llamado
El resto poco importa
Los labios de esta herida
Habrán de hacer las paces

El uso de la palabra, 1979

El gran ambicioso

Con leves ascos, con manos, con palabras, el gran
ambicioso ha durado con habilidad frente a dispersas y
prometedoras circunstancias. Amigos y enemigos dieron
precio a su vida; dieron amor, heridas, olvidos y condenas.
¿Por qué insiste este hombre que apenas sabe encender
y apagar las palabras, apenas acertar con lugar y
momento? Hombre que culpa a la noche por su lucidez
y al día por su ceguera.
Esto de improbable futuro
estos minutos
han sido y son todavía:
lo inducen a volcanes
a orquídeas extinguidas
a salvajes resurrecciones.
Pero no es codicia su insomnio.
Su lucidez imita a los dementes, esa jauría de prójimos
sedientos. Su causa se propaga vorazmente. Es ácido, es
incendio, es epidemia de mercurio.
Ya nacerá la raza que muerda a los vampiros en la boca,
ese gesto de amor que hará de nosotros
amigos implacables de nosotros.

Violetas populares
Fue la noche de Santiago
Y casi Valparaíso
Yo le canto a la Violeta
Por lo que odió y lo que quiso.
Aquí me pongo a cantar
Las Violetas Populares
Que de Chile por los mares
Empiezan a perfumar.
Qué otra cosa puedo dar
Sino puro sentimiento
Y el claro presentimiento
De que estos pueblos hermanos
Paso a paso mano a mano
cumplirán su testamento.
Violeta Parra se llama
Cantaloca cantadora
Querible competidora
De los pájaros sin rama.
Rabia que el vino derrama
Cada vez que empina el codo
Rabia de decirlo todo
Mientras llega la Señora
Que aunque no llegue a la hora
Llegará de todos modos.
Señora llámese Muerte
Llámese Revolución
Llámese Crucifixión
De la razón del más fuerte.
Señora tengo la suerte
De señalar Su llegada
Justo a la hora fijada
Ni antes ni después de hora
Con puntualidad Señora
De gallo en la madrugada.
Señora Revolución
Yo no le canto a la Muerte
Lo que yo quiero es beberte
Fresca como una canción.
Que la hembra y el varón
El solo y la muchedumbre
Recuperen la costumbre
Del amor en la verdad
Y que en toda oscuridad
Sea Usted quien nos alumbre.
Y en el final compañera
De esta milonga argentina
Nuestra América Latina
Comienza a ser verdadera.
Violeta sangre quemada
Los tigres de tu mirada
Ya están rugiendo victoria
Porque está entrando en la historia
La Gran Patria Liberada.

 Saudades portátiles

Cuando uno deja una ciudad
noche de olores negros
enroscada en escaleras
que conducen al infierno
donde un hombre solo
cuenta sus días hacia atrás y adelante
y una mujer nada contra la melancolía
 
Cuando uno deja una ciudad
callejones húmedos
umbrales sospechosos
habitaciones de espeso mal aliento
con una sola ventana sin visillos
por la que sólo entran los eclipses
el sol negro que alumbra a los poetas
y los amantes crujen y chisporrotean
como baile de ausentes en una casa abandonada
 
Cuando uno deja una ciudad para siempre
y el estampido del adiós suena en la boca
como un delicado suicidio
 
Cuando uno abandona
podría decir
y uno abandona y otro es abandonado
y nadie a quien mirar atrás
o solamente una persona única
que no alcanzamos a ver entre la multitud
y el avión comienza a corretear por la pista
entonces
el poema ha llegado a su fin
y uno sabe que nunca habrá de escribirlo
Todavía
 


Esta agitada vida

Esta agitada vida
me gruñe como un perro.
 
Esta agitada vida
me ladra como un perro.
 
Esta agitada vida
me muerde como un perro.
 
Esta agitada vida
me lame como un perro.
 
 

Ruinas de un poema

No sé si fue verdad que nos amamos
ni si es verdad esto que llamo olvido
 
Yo te imagino perdida en otra hora
desnuda entre panteras temerosas
sobre las ruinas del templo que incendiamos
 
Yo también estoy solo
en este sueño que alguna vez soñamos
y aún soñamos
 
No sé si fue verdad que nos amamos
ni si es verdad esto que llamo olvido

Eneamiga

De tus ojos mis ojos
han bajado
a la página blanca
 
Con tus ojos mis ojos
han escrito
una lengua que canta
 
Furiosa simetría
amorosa distancia
Vivo para vivirte
el tiempo de una pausa
 
Amiga y enemiga
en el ser de una nada
Cuando el amor nos deja
la muerte nos alcanza
Cuando el amor nos pierde
la eternidad nos gana 
 

El principio de razón suficiente 

La quiero
 
Por sus piernas que la conducen a mí
y sus pasos que la alejan de los otros
 
Por las olas de su cuerpo
y el mar de fondo de su piel
 
Por sus manos que hacen juego
y la gravedad de sus caricias
 
Por la solemnidad de sus caderas
y la precariedad de su cintura
 
Porque cuando despierta echan a volar los pájaros
y sus sueños son sus mejores argumentos
 
Porque está atada a mí
y resplandece de libertad
 
Porque sólo ella puede aniquilarme
y sólo ella puede perpetuarme
 
Por sus ojos sus ojos
porque sí y por supuesto
 
Porque es ella y no otra
 

El pequeño poder 

Yo ejerzo ahora este poder
imaginario
que llamo poder imaginario
y es un poder
Yo ejerzo ahora este poder de
no ir a ninguna parte
escondido en la selva
solo y cautivo
de esta libertad imaginaria
Hay cada dos o tres palabras
un silencio
que parece no conducir a nada
Floto en mi negación
y mi no
es una sílaba afirmativa
afirmante
Lástima este poder que lastima
y sirve para tan poco
que vale siempre más
en la boca de los otros
que dicen sol buen día
tengo sed
te amo
te aborrezco
Lo confieso
He perdido el convencimiento
Apenas puedo decir
me muero
me nazco
Pero nadie me cree
Vago solo
en noches que tienen que ver con
el Mediterráneo
Intento decir
buenas noches
tengo hambre
yo también tengo sed
decir la luna
decir intentaré quererte
intentaré dejarme querer
No estoy seguro de lo que digo
Sé poco
pero no entiendo nada
No sé bien qué significan estos sonidos
A veces digo café
y alguien me entiende
a veces
Bebo el café
y sigo sin entender
Las cosas no están claras para mí
He recibido esta herencia fastidiosa
Son otros
son fantasmas lo que me hacen hablar
Yo no soy más
que una máquina de transcribir
que está triste
y tiene sueño

El insomne insumiso o sobre los alcances de hablar de ciertos temas

Hemos hablado toda la noche
de cómo va el mundo

Fue una buena comida
abundante y sin lujos
entre viejos amigos

Alguien recordó a Saint-Just;
los que hacen revoluciones
los que quieren hacer el bien
no deben dormir más que en la tumba

Miramos el fondo de las cosas
paladeamos el vino
y hablamos también
de secuestros de aviones
y personas desaparecidas
y cadáveres abandonados
en basurales taciturnos

Discutimos la diferencia
entre la muerte de un tornero
y el rapto de un embajador
su precio en moneda diplomática

Alguien aclaró la distancia que media
entre guerrilla y terrorismo
cuestión de objetivos
de víctimas y medios
de razones y llantos

Una y otra vez tocamos el tema
de los intereses nacionales
es decir
del interés nacional
que entierra los gestos heroicos o inútiles
y los riesgos de la guerra
hablamos de la paz nuclear
y del ausente con permiso de los chinos
en Vietnam Bangla Desh e Indonesia
de los americanos en Praga
de los rusos en Santo Domingo
del mundo entero en Chile
y de las tropas de etcétera en el país de etcétera

Pero volvíamos siempre al punto de partida
la tortura y sus técnicas
oficio que ignoran el virus y el tigre
el escorpión y la culebra
viciosa búsqueda de la verdad
mundial y sin secretos

Como de costumbre
estuvimos de acuerdo en que poco o nada
se arregla con canciones y puestas en escena
con rituales de cámaras y luces
y palabras elegidas con pasión y paciencia
Para qué repetir
que un poema no devuelve la vida
La película ha terminado y el cine continúa

Yo no soy el hechicero de una tribu profética

Por fin resolvimos que
de todos modos
es peor el silencio
que hablar es algo más que una droga

Y las sirenas aullaban en la calle

Porque la verdad es verdad
sólo cuando es pronunciada
golpeada a veces
a puro y torpe corazón

Porque no hay tiempo que perder

Pero supimos también
que vale la pena salvar un minuto
para recordar que a la verdad también hay que pensarla
meditarla destriparla
Porque el blanco de la verdad es la eficacia
Cabeza fría y corazón caliente
Cálida sobremesa
discretamente alcohólica
entre viejos amigos

La verdad
nos dijimos
no es ni fea ni bonita
Pero igual deberíamos salvar un minuto
para el poeta que hay en todo hombre
para que pueda sin temor
perder la ilusión de que cuando termina la belleza
se acaba la verdad
Para que pueda realizar la ilusión
de que donde acaba la verdad termina la belleza
como en esos discos de Bach o de los Beatles
que giran hoy a 33 revoluciones por minuto

Nos callamos un rato
cómplices en saber que la bestia humana
sólo sonreirá cuando verdad y belleza
sean una sola y misma cosa

Insomnes
hablamos toda la noche
Insumisos ante el poder de la palabra
Convencidos de que las ideas
sólo se redimen en la práctica

Convivir con los muertos

Para Drummond de Andrade, un maestro.

Mario amaba a Mariana que amaba a Milton
que amaba a Irene
que amaba a Víctor
que amaba a Dolores
que amaba a nadie.

Hoy, Mario gitanea.
Mariana vive con un hijo en Andorra.
Milton trafica coca de Santa Cruz de la Sierra
a Buenos Aires.
Irene murió en un secuestro aéreo.
Víctor se hizo mierda.
Dolores se casó con el doctor Braun,
un suizo que la dejó – harto de sus melancolías –
y luego se juntó con un fechorista griego
con quien vive ahora – loco y feliz –
en el Hotel Belvedere de Taormina.
Aún suelo verlos, dispersos sobrevivientes.
Hablamos de nosotros como de otra película.
Hemos aprendido a convivir con los muertos.

El doble fondo de tus ojos

De pronto callaron las voces
El viento nos dejaba sordos
El mar se detuvo de pronto
La ola cubrió el horizonte

Un caballo cruzó al galope
El doble fondo de tus ojos
Los días se hicieron más cortos
La vida transcurrió de noche

Sería imposible repetirla
Esa temporada en el invierno
Premonitoria de desastres

Pero fue vida todo es vida
Amor cierto días inciertos
Distancia eterna de este viaje

Los pájaros perdidos. Poemas de amor, Ediciones Continente, Buenos Aires, 2010

Orgasmo

Breve vida feliz
Breve muerte feliz

En él vengo al mundo
en él soy dios
el universo me recibe
soy el sol
y soy el relámpago que me mata

Breve muerte feliz
Breve vida feliz

Para partir, para llegar

También aquí se quiso huir
dejarlo todo atrás
reanudar el silencio
desbaratar una copiosa primavera
pasar por alto algo más todavía

Pero muchos años han pasado por este poema

con muertes y orgasmos
mores y guerras soledad y dictadores

El tiempo es una paciencia
largamente presentida
y elástica

Ya no hay tiempo que perder
en mitos y melancolías.

Ya no es tiempo de perder

Los Campeones de la noche

Ninguna ley tengo para ofrecer
ninguna profecía
salvo la muerte y las revoluciones victoriosas

Dejemos entonces al guerrero en paz
y a los hermanos rotos en medio del camino
Pasemos al sacrificio
La ceremonia está servida:
abrazos celebrados detrás de la ciudad
besos en andenes movedizos
mudas consignas en salas de espera
y a veces ni un guiño
nada para despistar
nada para sobreentender
sólo los ojos lacios como en mesa de póker

Ya no podremos ser los elegidos por el sol
os cachorros feroces que asombrarían al mundo
Apenas si hemos nacido sin querer
viejos desconocidos a quienes llamo mis amigos
perdidos en el trasbordo y sin saber qué tren tomar!

Pero mis compatriotas juegan a dormir y a
olvidarse de todo
Borrachos que invocan a Dios como a una deuda de juego

soldados que hacen patria en los umbrales
pálidos maricas dispuestos a fingir hasta el alba
parejas para las que ha terminado sin gloria
esta noche en la que tanto creyeron
y también el húmedo insomne
que mueve sus ojos desde el hospital
acechando el ruido de los libres
aullando por la droga que le traerá el olvido
el negro paraíso que es dormir una noche

Y aquí
en el centro de la ciudad
las tiernas actrices leen su nombre en el diario
y los tenebrosos también quieren saber
qué pasa en el mundo
mientras los coches llevan solitarias parejas
y todos tanteamos una cama y un nuevo sueño
y la mañana viene trayendo la luz y la paz
pero no para todos
apenas para nosotros
los ganadores
los verdaderos campeones de la noche.

A Paco y Juan, indudablemente.

Hegel voyeur a orillas del mar rojo.

Rabiosos son los lobos del verano,
aullido a pleno sol, baba y colmillos
que arrojan salomónicos cuchillos
contra la flor oscura de tu ano.

Desnuda contra el mar, llevas tu mano
de guante negro hacia los sencillos
repliegues de tu carne, los anillos
elásticos de tu sexo anglicano.

Catorce mil trescientos veinte orgasmos
fueron los días que vivió el hirsuto
fornicador sobre el que hoy cabalgas.

Obsérvalo observarse en tus espasmos
como Hegel se espiaba en su Absoluto.
Siéntele hundir su angustia entre tus nalgas.

Los pájaros perdidos

Amo los pájaros perdidos
que vuelven desde el más allá,
a confundirse con un cielo
que nunca más podré recuperar.

Vuelven de nuevo los recuerdos,
las horas jóvenes que di
y desde el mar llega un fantasma
hecho de cosas que amé y perdí.

Todo fue un sueño, un sueño que perdimos,
como perdimos los pájaros y el mar,
un sueño breve y antiguo como el tiempo
que los espejos no pueden reflejar.
Después busqué perderte en tantas otras
y aquella otra y todas eras vos;
por fin logré reconocer cuando un adiós es un adiós,
la soledad me devoró y fuimos dos.

Vuelven los pájaros nocturnos
que vuelan ciegos sobre el mar,
la noche entera es un espejo
que me devuelve tu soledad.

Soy sólo un pájaro perdido
que vuelve desde el más allá
a confundirse con un cielo
que nunca más podré recuperar.

“A un peronista”

Este hombre conocía todos los amaneceres de su vida.
La cara recién afeitada rumbo al trabajo
el paso miserable y caviloso
del borracho que volvía.
En esos límites había visto
el brillo fugaz e inatajable
del cuchillo que se hunde en la ingle.
Había visto correr la sangre lúcida y espesa
chupada por la ropa.
Conoció la bravura y el miedo
la debilidad que te aprieta el estómago
y el odio en los ojos abiertos y ciegos.
Este hombre creyó porque lo necesitaba.
Creyó creer porque el país se lo reclamaba.
Este hombre fue convocado por banderas y bombos
y también fue a gritar sin que lo llamaran
atravesando un diluvio.
Respiraba la ilusión de su libertad
y ante sus ganas todos los espacios se hacían cívicos.
Resistió en plazas y aeropuertos y le tocó ver y sufrir
una matanza colectiva en un día que él soñó feliz.
Volvió a atravesar el barro y la lluvia
soportó días y noches sin dormir
siempre bajo la lluvia para decirle adiós a Evita y al Viejo.
Este hombre tiene derecho a estar equivocado.
Este hombre tiene todos los deberes de quien se ha
                              Equivocado.

El uso de la palabra, Bs. As., Colihue, 1999,

Se recomienda ver el programa de televisión Poesía más Poesía con la presencia del poeta Miguel Oscar Menassa y director del programa.

PRÓXIMO NÚMERO

95. POESÍA MÁS POESÍA: Juan-Jacobo Bajarlía

JUAN JACOBO BAJARLIA

BIOGRAFÍA

Juan-Jacobo Bajarlía, poeta, narrador, ensayista, dramaturgo y periodista. Nació un 5 de octubre en la ciudad de Buenos Aires; de 1912 ó 1914. Su partida de nacimiento afirma lo primero pero él aseguraba lo segundo y que la diferencia había sido producto de un error.
A los 9 años le dio por la poesía, y a los 14, siendo estudiante secundario escribió un novelón de capa y espada con el título de La cruz de la espada, que un falso editor se llevó para publicar, y nunca más se supo del original.


Fue el mayor de 5 hermanos, hijo de padres de gran posición económica, venidos a menos, a raíz de lo cual, el niño que entonces tenía 12 años, vendió medias por los bares para contribuir al sustento de la casa. A los 17 años ingresó en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de Buenos Aires, y luego se trasladó a La Plata donde completó sus estudios.Luego se doctoraría en criminología.
“De niño vendí medias en los bares. El secundario lo cursé durante la noche. Trabajaba durante el día. Quise ser médico y fui abogado. Me incliné hacia la criminología. Dejé pasar turnos de exámenes por leer la Divina Comedia. Odié los títulos universitarios. Polemicé. Perdí posiciones por decir lo que pienso. Lo seguiré haciendo. Escribí varios libros de poesía: Canto a la destrucción lo dediqué a los poetas que descendieron del futuro. Nací un 5 de octubre, el Día del Camino. Aún busco la puerta de ese camino que conduce a la poesía”.
Inclinado desde su temprana juventud hacia el cultivo de la escritura, adquirió un notable prestigio intelectual por sus frecuentes colaboraciones publicadas en el rotativo Clarín, donde llegó a tener 10 seudónimos y de donde pasó a difundir sus textos periodísticos por los principales diarios y revistas de su país natal, como La Nación, La Gaceta de Tucumán y La Prensa. También fue director durante ocho años (1948-1956) de la revista Contemporánea.

Bajarlía con Miguel Oscar Menassa, fundador del Grupo Cero.


Autor de una extensa, brillante y variada producción literaria es considerado como uno de los más significativos introductores del vanguardismo en las Letras argentinas contemporáneas.
Ya convertido en una de las figuras más sobresalientes del panorama intelectual y artístico de la Argentina de mediados del siglo XX, se integra en el Movimiento de Arte Concreto-Invención, junto con Gyula Kosice, Edgar Bayley, Carmelo Arden Quin y Tomás Maldonado, entre otros. Veía al lenguaje como un mundo material de incertidumbre y exploración permanente. Era adicto a la libertad de transponer un género en otro, sin olvidar jamás la premisa del humor como una forma de poesía.
Si poesía, en griego, deriva etimológicamente de poiesis, y esto significa inventar e invención, o hacer algo nuevo, entonces el poeta debe presentar el hecho poético, pero no representarlo. Debe crear nuevas realidades, nuevos objetos que en el campo de la estética valgan tanto como los elementos circundantes en el mundo de la naturaleza.

De izquierda a derecha: Juan-Jacobo Bajarlía, Francisco
Madariaga, Miguel Oscar Menassa, Olga de Lucia.


En una entrevista a Bajarlía le preguntan por sus inicios en la literatura: “Todo empezó con una discusión con el editor catalán Torrendell, que publicaba por entonces cuanto libro encontraba. No había ley de propiedad intelectual, y Torrendell, en su editorial (Tor), publicaba las mejores obras del mundo, pero cortadas y mutiladas para encajar con el tamaño estándar de sus colecciones. Me presenté a él con un libro de sonetos; le echó un vistazo y dijo: “¡Coño! Es mejor que te dediques a otra cosa”. Le respondí: “¿Qué sabe usted de poesía?”. Y empezamos a discutir de poesía. Yo escribía sonetos porque tuve una mala profesora de literatura que decía “Nadie es poeta si no escribe sonetos”. Ahora bien, hacía cinco días que los gráficos estaban de huelga, y necesitaba personal. Me dijo: “¿Quieres que te publique ese libro? Te lo publico pero me tienes que hacer treinta prólogos de una página y media cada uno para una colección que yo tengo para las escuelas secundarias”. Me llevó a un salón, y en una estantería tenía la enciclopedia Espasa Calpe, que en aquel entonces tenía 24 volúmenes. “Es muy posible que tus conocimientos flaqueen”, dijo. “Cuando no conozcas al autor, búscalo en el tomo correspondiente. Lo que ves arriba en el tomo, ponlo abajo; lo que veas abajo, ponlo arriba. Mezclas todo y ya está hecho el prólogo”. Me dio una lista con los autores. Al día siguiente me instalé en una de las oficinas, pero no hice lo que él decía, sino que leí sobre los autores y escribí los prólogos con mis propias palabras. Cuando tuve hechos cinco, Torrendell comentó: “Coño, que bien escribes”. Advirtió que yo no copiaba. Entonces publicó 200 ejemplares de mi libro, Sonetos de amor y llanto, en 1936. Después lo saqué de mi bibliografía porque es muy malo.”


Sus primeros libros que datan de los años 40, Prohombres de la argentinidad y Romances de la guerra, fueron excluidos de su bibliografía. Su libro La Gorgona (1953) fue traducido al alemán por Ilse Lustig; con esa base Esteban Eitler compuso Música Dodecafónica, estrenada en Bruselas (1954). El mismo año en que se dio a conocer como poeta publicó también su ensayo titulado Notas sobre el barroco (1950), obra en la que vino a demostrar un magnífico conocimiento de la literatura española, hispanoamericana y europea, luego ampliado hasta el asombro en otros libros como Literatura de vanguardia (1956) y El vanguardismo poético en América y España (1957).
Como escritor y periodista riguroso, coexisten el hombre apasionado por la poesía, la novela policial y la ciencia ficción, el pensador agudo, polémico y el investigador dedicado a la revisión de la historia.
Ejerció como abogado penalista y criminalista. Sadismo y masoquismo en la conducta criminal (1959) es un libro producto de sus investigaciones en dicha especialidad que, por entonces, no estaba demasiado difundida en Buenos Aires. Su hipótesis -discernida tras una prolongada estadía en Londres y publicada, en la doble página central del diario Clarín y que fue tapa de la revista Todo es Historia- de que Jack, el Destripador fue un argentino, corredor de bolsa, llamado Alfonso Maturo quien tras regresar a Buenos Aires vivió hasta su muerte en el barrio de Barracas, además de causar asombro, fue recogida por medios periodísticos de todo Occidente habida cuenta de sus sólidos fundamentos.
A través de investigaciones que hubiese envidiado el mismísimo Sherlock Holmes, se transformaba en un verdadero detective que rastreaba la verdad de las instancias; el acta de nacimiento o de defunción, hurgaba en archivos particulares, bibliotecas, hemerotecas, oficinas del registro civil y parroquias. No importaban el tiempo y la distancia. Su fervor lo acercaba al encuentro de lo que había intuido. Esta tarea titánica lo llevó a rescatar del olvido a escritores y textos hoy fundamentales en la literatura; valgan como ejemplo la figura de Pietro Aretino, del Marqués de Sade, de Antonin Artaud y de Malcom de Chazal, entre tantos otros autores.
Leopoldo Marechal lo llamó “zoólogo de la monstruosidad”. “…el género de lo fantástico se convierte -afirmó Bajarlía- en una dimensión de lo ineludible ya que prepara al hombre para su impostergable transformación.”
Antonio de Undurraga -muchos años presidente del Pen Club chileno- consideró que su dimensión metafísica introducía en el cuento fantástico una línea más allá de “lo metafísico, lo fantástico y la ciencia-ficción”. No vaciló en sentenciar: “El cuento fantástico está hoy en manos de Bajarlía”.
Para Stella Albarado, Bajarlía mezclaba lo fantástico, la ciencia-ficción, la erudición y lo histórico, obteniendo una estructura distinta, en cuyo centro, la preocupación por el destino del hombre se instala como principal significación. También incluía lo inconsciente, sabía que todo texto está cubierto de una piel y que debajo de ella se esconde el espíritu que le da vida.


Bajarlía funcionó como referente de entredichos artísticos, maestro, brújula, amigo incondicional, gran lector y narrador maravilloso de anécdotas de todo calibre. Poseía numerosos rasgos que atraían a los artistas en formación, simplemente porque él siempre fue joven, abierto, espontáneamente deleuziano, amante del devenir. Fue un precursor del cyberpunk, de los seres electrónicos.
Preguntándole por sus comienzos con la ciencia ficción contesta Bajarlía que comenzó leyendo el Libro de los muertos egipcio y la Epopeya de Gilgamesh, luego autores como Asimov y Bradbury. Para él la ciencia ficción transforma al ser humano. Es la imaginación absoluta. En 1950 publica su primer libro del género, Estereopoemas, el primer poemario de ciencia ficción de la literatura argentina. Luego Nuevos límites del infierno (1972) y Poema de la creación (1996). En 1955 la primera obra teatral de ciencia ficción de nuestra literatura, Los robots. El subtítulo es Tragedia mecánica. Esa obra se transmitió, años después, por Radio Nacional. En cuanto a la prosa, Historias de monstruos (1969), donde aparece la huella de esta combinación de intereses: la extrapolación de la ciencia, por un lado, y los crímenes bizarros, por otro.
Como dramaturgo escribió y estrenó La Esfinge en el Teatro Mariano Moreno, en 1955; Pierrot, en La Plata, en 1956; Las troyanas, sobre el texto de Eurípides, en el Teatro de la Reconquista, en 1956; La billetera del Diablo, en el Teatro LYF, en 1969; Telésfora en Radio Nacional, en 1972. Su drama Monteagudo (1962) obtuvo cuatro distinciones: el de la Selección Municipal para las Jornadas de Teatro Leído, el Premio Municipal a la mejor obra no representada, el del Fondo Nacional de las Artes, y la Faja de Honor de la SADE.
Realizó numerosas traducciones del francés, italiano e inglés, incluyendo autores como el Aretino, el marqués de Sade, Kandinsky y Jean Tardieu, entre otros. También tradujo La lección, de Ionesco, que Francisco Javier puso en el Festival de Arte Dramático de Mar del Plata, en 1956.
En 1963 fue leído, en el Teatro Los Andes, su drama de ciencia-ficción Los robots, en un acto auspiciado por la Municipalidad (Secretaría de Acción Cultural). Este drama, tragedia mecánica, como lo llama el autor, data de 1955.


La polémica Reverdy-Huidobro, El origen del ultraísmo (1964) fue publicada previamente en francés por el Centre International d” Etudes Poétiques (Bruselas, 1962) con prólogo de Fernanad Verhesen; y Existencialismo y abstracción de César Vallejo (1967), se publicó en Córdoba. Corrían los difíciles años setenta. Varias veces amenazado -por teléfono, por anónimos escritos pasados bajo la puerta de su estudio de abogado que mantuvo hasta el día de su muerte en un viejo y majestuoso edificio de la calle Cerrito, frente al Obelisco- nada consiguió que “Jean-Jacques”, como los amigos lo llamaban cariñosamente y a él tanto le gustaba escucharlo se exiliara como le fue aconsejado.
Dentro de su obra poética merecen recordarse los Robotpoemas -hoy inhallable- escritos en aquellos años. Un feroz grito profético denunciando que se avecinaba -en un futuro cercano- la banalización humana tan vigente en estos tiempos del siglo XXI. Telésfora (1972) y Nuevos límites del Infierno se publicó en Madrid (1973) por ediciones Master Fer.
Sus relatos, compuestos por una amena combinación de elementos fantásticos que, procedentes del universo temático de la ciencia-ficción, dejan paso a las profundas inquietudes metafísicas del autor, vieron la luz entre las páginas de diferentes obras colectivas presentadas como muestras antológicas de la mejor narrativa breve hispanoamericana de la segunda mitad del siglo XX. 
Escribe novelas policiales con el seudónimo de John J. Batharly, entre las que debemos mencionar Los números de la muerte (1972), reeditada con nombre propio en 1978. Esta última y El endemoniado Sr. Rosetti, también se publicaron en México con los títulos de Vudú, secta asesina, y Hombre Lobo: El endemoniado Sr. Rosetti.

Luis Ovsejevich (Presidente Fundación Konex), Juan Jacobo Bajarlía, Osvaldo Giesso (Invitado Especial).


Horas duraban las reuniones en el café situado en la planta baja del edificio donde Bajarlía tenía su estudio de abogado. Acompañándole allí -siempre callado, concentrado en sus labores también de abogado- su hermano Samuel. En torno a las cinco de la tarde, “bajaba” al café. Allí ya podía estar alguno de sus amigos esperándolo.
Entre sus antologías publicadas, Cuentos de crimen y misterio (1964), posee un estudio preliminar sobre lo fantástico y policíaco en las literaturas universal y argentina.
Fijman: poeta entre dos vidas (1992) y Alejandra Pizarnik. Anatomía de un recuerdo (1998) son dos ensayos producto de sus experiencias personales. Sobre Jacobo Fijman, internado en un hospicio, escribió Bajarlía: “…quizás era el más grande poeta de la generación del 22; mucho más que todos los que en aquella época estaban promocionados por todos los medios. El más grande, pero estaba en el manicomio, donde padeció durante 29 años el olvido y el desprecio de los que alguna vez lo habían glorificado”.
En el ensayo sobre Alejandra, reitera lo que sus amigos le habíamos escuchado cada vez que alguien preguntaba. Que Pizarnik no se suicidó y que jamás tuvo deseos de semejante cosa. “Ocurrió -afirmaba enfáticamente- que Alejandra tomaba píldoras por los dolores corporales que sentía. Pero era olvidadiza. Estoy seguro que la sobredosis fue producto de haber ingerido el medicamento varias veces pensando que no lo había hecho.”
Fue sobre todo leído y celebrado por sus obras de ficción, que le han granjeado algunos de los honores y galardones más prestigiosos de su dilatada trayectoria humanística. Obtuvo la Faja de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores el mismo año en el que se la adjudicaron a Adolfo Bioy Casares (1962). Luego se sucedieron los grandes premios: el del Instituto del Nuevo Mundo de la Facultad de Filosofía y Humanidades de Córdoba, dirigida por Juan Larrea acerca de César Vallejo (1963), el Mystery Magazine Ellery Queen’s (1964), el Konex de Platino (1984), el Premio Municipal de Teatro (1962), el Premio del Fondo Nacional de las Artes (1962), Premio Municipal de Narrativa (1969), Premio Boris Vian (1996), Premio Leopoldo Alas (“Clarín”) (1971).

Carta de Bajarlía y Enriqueta Mayo a Miguel Oscar Menassa


Como hemos dicho fue colaborador del diario Clarín ejerciendo, inclusive, como director interino de su suplemento literario. Columnista habitual en el suplemento de cultura de La Prensa, publicó en los diarios La Nación, de Buenos Aires; La Gaceta (Tucumán), Los Andes (Mendoza), La Capital (Mar del Plata) y en las revistas Umbral, Tiempo Futuro, Magazine, Apofántica, Lilith, Gaceta de Parapsicología, La Semana, Noticias y en la edición argentina de Playboy donde en cada número aparecía una página con su firma.
Bajarlía incursionó en la Parapsicología, disciplina científica de la que llegó a ser profesor en varias instituciones, presidir congresos y jornadas y alcanzar la vicepresidencia del Grupo de Estudios e Investigaciones en Parapsicología (Gueip) fundado en 1981. “El que busca la eternidad -escribió- sólo halla el estallido del tiempo”. “El mito puede crear la realidad. La humanidad es un puñal en la apertura del futuro. El mundo no existe y sólo eres un poco de tiempo en una eternidad desconocida. Un signo que gira en los espacios orbitales”.
Fue vicepresidente de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE). Formó parte de la Asociación de Artistas Premiados Argentinos “Alfonsina Storni” (APA), de cuya revista fue redactor exclusivo.
Nunca dejó de escribir, ni de actualizar sus libros ni actualizarse él mismo. Según su hijo, no le gustaba mucho la compañía de gente de su edad que, según él, “estaban totalmente chotos”, y usaba laptop e Internet. “Los amigos le decíamos que tenía hipervínculos, que era una wikipedia con patas.” Claro, se podía pasar de un tema a otro en conversación, una conversación que además estimulaba porque, según se cuenta, su casa estaba abierta para todos.
Se realizaron dos documentales sobre su vida. Bajarlía, desandando el tiempo (2003) y Bajarlía (2005), que exploran en profundidad su vida y obra literaria.
 Murió a los 91 (93) años en la ciudad de Buenos Aires el 22 de julio de 2005.
Dos años después de su muerte en el Auditorio Jorge Luis Borges de la Biblioteca Nacional colmado de público -especialmente muchos jóvenes- sus colegas Liliana Heer, Víctor Redondo, Noé Jitrik y Federico Andahazi presentaron El placer de matar libro póstumo de Bajarlía que recopila distintas investigaciones que realizó sobre grandes crímines y criminales de la historia. Posteriormente Morir por la Patria (2010, Lea Ediciones) , sobre los asesinatos en la época de Rosas y el reciente Libro de los Plagios (2011, Lea Ediciones) y la reedición de Drácula, el vampirismo y Bram Stoker (2015, Lea Ediciones) con cuatro capítulos inéditos.

Juan-Jaboco Bajarlía y su esposa y compañera Enriqueta Mayo.

ESTA SÍ QUE ES UNA OPORTUNIDAD

Esta sí que es una oportunidad
que la vida me ofrece:
tus cartas en mis manos
como palomas mensajeras.
Partirán con tu mensaje
en su pequeño pico ambarino
y nunca llegarán a destino
porque el mensaje
romperá sus corazones.
Adiós, has sido egoísta
mira que morirte a los 93 años,
como si fuera justo
dejarme abandonado
a mí, solito y viejo.
No es demasiado justo
que me hayas dejado
tan solo
frente a la jauría
que siempre quiso
comernos el corazón.

Ya sé que no podrán
pero me sentiré
solo en los festejos
y solo el día de los premios.
Tal vez te parezca
una cortesía de mi parte
pero no lo es.
Ya eres el Comandante,
junto al pequeño Pablo,
del invencible ejército
de mis muertos vivos.
Padre y madre murieron
sin dejar, de su perfume,
ningún rastro, seguro,
ninguna amable huella.
Tus libros, los de Pablo
están ahí, nítida presencia
de un momento feliz
donde el fervor reinaba.

Miguel Oscar Menassa

POEMAS

EL FIN

Los nombres de Cibernius habían traído oscuridad
y los signos no crecían en las palancas.
Los signos se inflamaban en el caos y se alejaban.
Sólo estaba el Hombre que se acoplaba con la Máquina,
y Cibernius que recontaba sus tableros para volver al
signo de los signos.
Y la voz del Hombre era un muro en el que caía la
gangrena,
y un muro en el que estallaban los pechos de la Máquina,
y un muro en el que la vulva de hierro paría sus
fantasmas.
Y Cibernius estaba triste y robó la Máquina del Hombre, y
le puso un número a la vulva.
Y vinieron los robots y llenaron los días de Cibernius.
Y éste convocó a las cuatro raíces para sostener las
esferas.
Pero dijo a los robots: “Todo vino del número y todo caerá
en el número. La palabra vino del número y cayó en la
escritura. Luego, recordad, sois números como el
Hombre, pero números duros que se funden en su caída,
y no caen por falta de voz como el Hombre”.
Los robots aprendieron la lección que Cibernius
aprendió del Hombre.
Y engendraron otras máquinas y otros signos y otras
esferas.
Pero esos signos y esas esferas eran macho y hembra
y se multiplicaban y se rehacían de sí mismos.
Y volvió la tristeza de Cibernius. “Esta raza es maldita”,
dijo.
Y buscó al Hombre.
Y el Hombre estaba acoplado con la sombra.

                                                             Fragmento de “Cibernius” (1963)


Ya es piedra tu batalla.
Y tu mirar.
Naciste de la piedra y las tinieblas
cuando las furias vigilaban la conciencia.
Y volviste a la piedra, derrotada por la piedra.
Y es piedra tu batalla.
Piedra de un hilo atosigado en la belleza,
carcomida en el fuego que latía en tus cabellos,
exaltada en el impulso que dividió tu cuerpo y se hizo
llanto en la mano
que enarboló tu cabeza.
Ya es piedra tu batalla.
Y tu aliento. Y los que sostuvieron tu sangre.

                                                     de “La gorgona” (1953)

YO ERA TODOS LOS HOMBRES

 Yo me levanté desde un hospital donde el juego también es a morir y vi las camas insomnes
            donde los enfermos pedían por la vida cuando ya estaban muertos.
Yo amanecí sin voz y sin ideas y vi las mesas donde se consultaban los pactos con el Diablo.
Y yo vi a los hacedores de vida que intercambiaban palabras con pócimas a la espera de que el
            muerto hablara del milagro y luego se durmiera en esa otra vida que no está en la vida.
Corrí por oscuros laberintos donde el dolor festejaba la muerte para aplacar el infierno que
            caía lentamente de un goteo.
Y vi los monstruos del día final filtrados desde las botellitas numeradas que yacían al lado
            de las camas.
Y al Diablo que también caía desde el gotero para festejar el triunfo que espera todos los
            días desde el amanecer.
La vida y la muerte es un juego de cubiletes que el Diablo agita con su pulso incandescente.
Yo era entonces todos los hombres.

Inédito

POEMA DE LAS COMPENSACIONES

Vino desde el otro lado de las sombras
         y trajo la luz y las palabras
         el horizonte que enumeraba las estrellas
         y las rutas que caían al abismo.
Vino desde las tierras que habitó el exilio
cubierto de semáforos
y de hilos enredados a su voz
         que volaban en la noche
         bajo los árboles que mordían el alba.
Pidió pan y le ofrecieron las tinieblas
         agua y le dieron el acíbar.
Pidió una mano y le trajeron un deseo
         el fervor y le trajeron una mueca
         que brillaba en la oscuridad
         y cabalgaba en los ojos.
Vino desde el otro lado de las sombras
          que habitaron el exilio.
Pidió el amanecer y le trajeron la sangre.

El POETA CIEGO

a Jorge Luis Borges
La onda extendía su designio entre el deseo y la piedra
y golpeaba el tiempo en que se deslizaba la profecía:
los recuerdos inscribían tu retrato que caía de los años
y Guillermo Tell horadaba las palabras que iluminaban tu cabeza.
La noche aún no había sido devorada
pero en el retrato estaban tus ancestros y el rey Lear
que contaba las guerras
                                       el río de sangre
                                                                y las ausencias
el rostro que llevaste cuando la ceguera de Homero
           forjaba la espada de Ilión
           y el sexo acuoso de Circe.
Ahora
       en noche repetida
       cuando las tinieblas bailan en el alba
enumeras el cansancio de Antígona y los ojos ciegos
        de Edipo
        la visión de Swedenborg
                     y el cierre espinoso de John Donne
que caían en las campanas que doblaban in tenebris.
Los ángeles ciegos del abismo que vienen en busca del
        olvido
brillan en tus cuencas para ver la ausencia:
traen la oscuridad de un dios en el exilio
que has negado al enfrentarlo en la noche sin verbos de Tlön
y en el rostro multiplicado del simurg.
Ya no te ves en los espejos que aceleraban la infamia
ni en el timbre que vibraba en los días recurrentes
ni aún en las palabras que se arrastraban en tu impulso.
Sólo ves desde una ventana ciega abierta al vacío
que los hombres acuñaron con el nombre de gloria.
En tus ojos crecieron otros ojos
y en tu rostro la eternidad sin ojos.

SÉ QUE ME BUSCAS

Sé que estás ahí,
metida en la madera que me llama
        bajo la luz que teje la cara del infierno,
que enhebras el miedo en el hilo
        que cose nuestros ojos.
La vida que me dieron te pare lentamente,
busca mi doble en las tinieblas
         para hallarse con él del otro lado del camino.
No puedes ver el sol pero vibras en la sed
y a veces tocas la flauta que hierve en mis oídos.
Tu madera se hace gusano
        que se alimenta de la noche
donde otra madera muerde el rencor y pare el olvido.
Sé que estás esperándome para que crezcas.
Los árboles han perdido el origen
        pero me llaman:
el mundo desciende de sus hojas
y tú me buscas llena de frío entre los huesos.

IN MEMORIAM HAROLDO CONTI

Un día entraron.
Eran cinco aparecidos llegados del infierno
con el olvido a cuestas y la voz en los puños.
Las paredes se humedecían de llanto,
de finas garras de sangre,
de flores negras que brotaban impregnadas de fuego.
Las tinieblas jugaban al destino en la cabeza
de los cinco aparecidos.
“¿Por qué me llevan?”
Proyectiles de silencio, el terror que vomitaban los ojos,
la memoria olvidada en el gatillo.
Lo vieron cuando las itakas enceguecían las ventanas,
cuando el desierto se hundía en la voz
bajo el cielo que medía la distancia.
La luz se hacía violeta,
ennegrecía la mirada de los cinco aparecidos.
“¿Por qué me llevan?”
Las estrellas dormían en los tejados.

PERSISTENCIA

país en la memoria
en la bruma pegada a los lebreles
que reúne el infinito bordado de camellos
con la estrella jadeante que arroja sus lámparas azules
y exalta la extensión de lobos y pirámides esclavas
con el tiempo amurallado y las arenas en fuga hacia el silencio
con el paso quemado en la ecuación de una esperanza igual a los espectros
siempre idéntica a las columnas que crecen y degluten el espacio
país reverdecido
memoria hundida en el anhelo
con el pulmón deshecho en el impulso amontonado
y el ojo surcando latitudes de fuego
de cenizas violadas
de colores enhiestos
de plumas hilarantes
de rugidos que ahuecan el deseo y afilan la mirada
país de rutas extranguladas donde se inscriben la pena y la lujuria
país donde crecieron el fruto y la tiniebla
donde abortó la voz y el polvo se hizo piedra
país en la memoria
con espadas subuyugadas que transitan los versículos
país de memoria
de huestes purpurinas que tapiaron los abismos
y de los cuerpos hicieron su líquido
eres el viento que llora y gana espesor
en la noche del sueño innumerable.
                                                          

     de “Estereopoemas” (1950).

SÓLO UNA SOMBRA

Llegaste cuando las viejas computadoras
                                                 ardían en sus códigos
y la luz era un ovillo para enhebrar planetas
una fórmula retorcida impresa en una mueca
                                                que caía en el vértigo.
Llevabas la mano de Cibernius
                                                y el “hágase la ciencia”
los libros que Fausto perdió una noche
y la sonrisa de Dios sobre tu frente.
Llegaste un día cuando la quinta generación
se acoplaba con la sexta y las otras
                                                y parían máquinas y depósitos
donde hervían las sombras y los cúmulos
que tú necesitabas para limpiar el cielo
                                                los días y las horas
de un sarro que, decías, venía del engaño
                                                de una palabra vacía
o de un abismo donde el hombre buscaba sus mandíbulas.
Llegaste y te coronaron
y Cibernius borró la sonrisa que llevabas en la frente
                                                puso los libros en el horno
borró tu conciencia y te dio un cúmulo
                                                para limpiar los impulsos.
Y al fin, ya coronado, buscaste una mujer y un hombre
                                                las claves del planeta
y el antiguo amor que apuntalaba el cuerpo.
Sólo hallaste una sombra que transpiraba en una máquina.

ROBOTPOEMA 4

Compasivo con el hombre
El mundo se pobló de hormigas sabias
que dictaron sus leyes. Una de éstas decía:
No comer los huesos del hombre.
Veas
ver vimiranviendo
cuando hormiga una caminando
al hombre junto
relojes que devora en la noche
láminas de cobalto
electrones
apártate
él y a que di le a él
amor.
                                                      

  de “Nuevos límites del infierno” (1972)

BRINDIS

a Primavera y Gabriel Eduardo

En esta mesa del bar, bajo el
bullicio, cuando la luna arroja
los signos de seres cósmicos
diluidos en la asepsia
Brindo por los que se jugaron a cara o cruz
        y hallaron el abismo,
por los hombres y mujeres que se fueron al amanecer
        y reinventaron sus vientres en las ciénagas,
por los inextinguibles vendedores de sueños.
Brindo por los que murieron en Hiroshima
        y se convirtieron en pieles voladoras,
por las manos que dieron la señal del vacío
        y vieron al monstruo en Dallas,
        en Memphis o en Buenos Aires.
Brindo por los que lloran,
por los que perdieron sus ojos,
por los que extraviaron su voz en las tinieblas
        y desaparecieron en Vietnam,
        en Biafra o en Nigeria,
por el Sermón de la Montaña
       y la justicia en el gesto,
por Lautréamont que odiaba los gemidos,
por Saint-Pol-Roux, quien al acostarse
        ponía un cartel en su puerta
        que decía: El poeta trabaja.
Brindo por el Poverello de Asís
       que festejaba al hermano lobo.
Algo se detiene en mis ojos.
Brindo por los que se perdieron en la luz
        y no hallaron las palabras.
Brindo por mis hijos
       que un día se sentarán en esta mesa repetida
       para devorar sus lágrimas
y por los hijos de mis hijos
que vivirán en una galaxia lejana,
intoxicados de espacio.
Brindo por los tristes
        que arañan las entrañas del planeta
        y cavan las raíces del hombre,
por Neferkeptáh que fue disuelto en el aire,
y por Gilgamesh que perdió la inmortalidad.
Algo se detiene en mis ojos
        donde veo el hambre,
        la noche que se oxida
        y el sexo que se pudre en las probetas.
Algo se detiene
        cuando los que tienen sed reciben un lanzazo
        y los átomos gangrenan los planetas.
Algo se detiene
       y brindo por Lucifer, ya viejo y derrotado,
por los hambrientos que vendieron el alma,
por los ojos de los muertos
        que transitan en los ataúdes,
por todos los que habitan en mi sangre
        y crecen en mis ojos.

SENTADO EN UN BANCO

A Jacobo Fijman


Sentado en un banco me esperabas:
contabas la soledad
las altas torres de la demencia
los días que caían oscuramente sobre tus manos
y las lentas pisadas que brillaban en el césped.
Sentado en la casa de la locura
tejías tus recuerdos en el miedo de tus ojos
la aldea perdida en los progroms
y el perro de ceniza que te buscaba en el alba
sobre caminos de sangre.
Yo sé que me esperabas como la luz a la sombra
como el silencio al bullicio
el fervor a la angustia
la poesía a la prosa:
la cordura de Dios en pilchas de loquero.
Los ojos caían en tus palabras
        y los verbos crecían en tu sonrisa:
        los violines ladraban
        colgados de la luna
en ríos de soledad que encendían los semáforos.
Yo sé que me esperabas contando la muerte
los habitantes de la ausencia
que llenaban tus días:
ahora
        sólo esperas la eternidad
        sentado en un banco.

**IN MEMORIAM ANTONIO DI BENEDETTO

El exilio era el camino,
los días que caían
en la soledad de una botella,
        en el tiempo que se arrastraba a tus pies
        bajo las altas barreras del desprecio.
Cuatro muros y un camastro,
un agujero y un ojo en el agujero
que crecían en la noche,
        dos puntas que hurgueteaban tu cuerpo
        y se metían en la sangre,
        una palabra extraída de un freezer
        y el grito enarbolado de los diablos
        te abrían las tinieblas
                      repartiendo el exilio.
Ellos venían lentamente:
Don Diego de Zama devoraba las sombras
y juntaba los miedos en la punta de la espada,
la voz en los muñones y la sangre.
El Silenciero enumeraba el estallido
y reunía las noches detrás de los barrotes.
Ellos venían lentamente
sobre ese papel que simulabas en la barba
    masticando el destino
                                      sin amigos
        sin perro ni mujer ni aire caliente
        sin una frazada para tu sombra
                         ni un bébete la fiebre
                                        ni un signo
ni un gato que se arqueara buscando las ausencias.
Ellos venían barriendo las esperas
         los espejos que devolvían el deseo.
Soñabas…
        y eran sombras, sólo sombras:
        Heráclito enterrado bajo el estiércol,
                                           mordido por el odio.
        Yeats aplastado entre dos fantasmas
        que descifraban el Tetragrámaton.
Soñabas…
        y eran sombras, sólo sombras:
        Ezra Pound devorado por la usurocracia,
        y César Vallejo sorbido en un pantano.
La muerte te esperaba
                  golpeando las esperas
                  mordiendo tu silencio
                  detrás del alba oscura.
Y fue a las tres de una madrugada
                   a las tres del pensamiento:
tu cuerpo desnudo contra el muro,
         el muro de los gallos a las tres de la espera
         y el pelotón apuntando tus palabras
                     gatillando el olvido
         cuando la muerte paría sus engendros
         sobre una sombra llovida en la memoria.

ENCUENTRO CON SATANÁS

Tengo a Satanás del otro lado.
Lo presiento.
Es una máquina que crece.
“¿Qué quieres?”, le pregunto.
“Quiero tus olvidos”, me responde.
“Colecciono olvidos cargados de promesas”.
Me negué.
La máquina es un abismo lleno de ventanas.
Satanás insistió:
“Tan sólo un olvido o la sombra de un olvido.
Te ofrezco lo que quieras”.
Dije yo:
“Si te doy la sombra,
¿cómo reconocerás el olvido?”
Dijo él:
“Si me das la sombra,
sólo tendrás el deseo de una promesa vacía”.
Me negué otra vez.
Satanás modificó su dialéctica:
“Los olvidos pesan. Te compro su espesor”.
Contesté:
“¿Cómo mides el espesor?”
Y él:
“Quitándole al deseo lo que pesa la sombra
para sumarle la intención y el tiempo”.
El abismo crece
y la noche cabe en la mirada de los ciegos.
Sentado
oculto del otro lado de la puerta
Satanás me espera enumerando mis huesos.
Aún no estoy seguro de mi triunfo.

AÚN ESTÁS AHÍ

A Bhuma


Aún estás ahí
                   detrás de tu nombre
             perdida en el camino que se extendía en el deseo
             en las ausencias que caían de la noche
             junto a la taza de café que enumeraba el abismo.
Los relojes dormían retardando el alba
y las palabras brillaban en tus ojos
            buscando las puertas del exilio
                   las sombras que inscribían tu ser
                   y el miedo que humedecía tus ideas.
Aún estás ahí
                   detrás de tu nombre
            el mundo en la valija
            y el río de Heráclito en tus manos
                   bajo las horas que enredaban los recuerdos.
Sentada ahí
               pasaban los espejos que cubrían tu voz
                                                                       los horizontes
               las piedras que alimentaban tu sangre
               las imágenes que tejían el tiempo.
La poesía estallaba bajo la luna de Empédocles
y te abría la puerta de fuego
donde buscabas tu cuerpo detrás de tu nombre.
Sólo fue una palabra que cayó del enigma
cuando los ojos de la memoria te vieron esa noche.
Aún estás ahí
                    detrás de tu nombre.

LA CALLE

La calle es esa lluvia
que sube a los andenes
y se filtra por las ventanas,
ese paso que se ajusta
bajo las marquesinas
cuando las voces llaman
desde una puerta
que se abre a la ausencia.
La calle es esa sombra
que se acomoda en la sonrisa,
ese amor que se pega a los labios
cuando los pájaros silban
extendiendo el futuro,
esa señal que avanza en la mirada
cuando los ojos se encuentran
en el cruce de una esquina.
La calle es esa voz
ese gesto siempre en fuga
ese cuerpo que se enciende
al ritmo de una llama
que se rehace en las veredas
donde tu mano y la mía
buscándose en la sombra
se acercan al fervor.

En la Roma clásica el sexo tenía categorías rígidas que pocas veces se distorsionaban. Existía el lupanarium, atendido por mujeres jóvenes que se llamaban lupae, es decir, lobas (acaso como la que amamantó a Rómulo y Remo). La palabra lupanarium, a su vez, aceptada por Petronio, Catulo Y Juvenal, era resistida por otros poetas como Marcial y Horacio. Estos argumentaban que el verdadero nombre debía ser el de fornice, derivado de los arcos que adornaban los muros exteriores de los edificios. Y es aquí, en los fornices, donde se pactaba para fornicar con las lupae, quienes, a veces, lo hacían públicamente para atraer clientes.

Además de las lupae, que vivían en los suburbios, existían las famosae, patricias que se prostituían para alcanzar posiciones o aspirara a los favores de los poderosos. Les seguían las doris, de proporciones escultóricas, y las ambulatoriae (similares a las que siglos después serían llamadas putanne di candele), que buscaban en la calle o en el circo.

Luego, descendiendo en la escala del sexo, se hallaban las aelicariae, hijas de panaderos que vendían los panes colyphia, palabra que en el argot de los gladiadores significaba pene. En lo más bajo de la escala, se ubicaban las bustuariae, que ejercían en los cementerios.

El sexo se practicaba en las posadas y tabernas. Incluso en los baños públicos, donde las lupae se ofrecían como masajistas para fornicar con los clientes, como lo escribe Plinio. Había burdeles por todas partes. Burdeles para los pobres y burdeles para los patricios.

En las antiguas lupercalias, sin embargo, no se hacía ninguna clase de distingo. La orgía sexual era pública y nadie podía quejarse del compañero o la compañera que le tocaba en suerte. Las penetraciones estaban en función de toda cavidad dispuesta a convertirse en receptora, como decía Alberoni en les Lupercollis de Firenze (1592)

Ya en el Renacimiento, las cortigiane debían su nombre al trato frecuente con los cortesanos en los palacios ducales. Eran amantes de duques y príncipes de la iglesia. Poseían un cultura que las distinguía entre las puttane, como lo expresa el mismo Aretino en el Ragionamento del Zoppino. De gran memoria, dirá él, podían recitar a Horacio, Ovidio, Virgilio y Tetrarca.

Había dos clases de cortesanas, las cortigiae oneste, cultas, de posición elevada, y las cortigiae di candele, las que buscaban en los lugares públicos, alumbrándose por las noches con una candela. No eran en realidad, estrictamente cortesanas, sino puttane di candele.

Pietro aretino, el autor de los Sonetti lussuriosi y los Ragionamenti, exaltó y satirizó a las cortesanas, porque siempre anduvo mezclado en sus aventuras. Las conoció profundamente, como Benvenuto Cellini, y en algunos momentos fue por ello objeto del ataque de los poetas que le tenían inquina por su talento y sus conexiones con los Médicis.

Si hemos de recordar a ciertas cortesanas, debemos mencionar a Imperia de Cagnaris, nacida en Roma en 1481. Era hermosísima y escribía sonetos. Se cree que fue la modelo de Rafael para la Safo de Parnassus. En su casa se reunían los grandes poetas y artistas del Renacimiento. Murió a los 26 años (según parece por propia mano) y fue enterrada en la Iglesia de San Gregorio, un privilegio jamás alcanzado ni antes ni después por otras cortesanas.

Ora punta honesta, y también de excelsas condiciones, de la que se enamoró Bandello, fue Caterina di San Celso. Era música y de una vasta cultura general en todas las artes, los poetas solían pedirle que musicara sus obras.

Podríamos mencionar a muchas más: Fiammeta, Grechetta, Corsette. Todas ellas se destacaron. Dueñas del sexo que ambicionaban los influyentes, no lo descuidaron e intercedieron ante duques, príncipes y funcionarios de la Iglesia para salvar a más de un creador por una persecución arbitraria.

Juan Jacobo Bajarlía, del libro: Breve diccionario de erotismo y poemario satírico, ed.Almagesto.

Los omicritas y el hombre-pez

Cuento de Juan Jacobo Bajarlía


La pecera medía dos metros de alto por uno y medio de ancho. Era de un material rojizo e irrompible, semejante a un cristal de color. Estaba emplazada sobre un promontorio, en el cruce de dos canales cuyas aguas, provenientes del deshielo de los casquetes polares de Omicron B, se introducían en ella renovándola permanentemente. En el agua de la pecera se movía (nadaba) el hombre-pez. Medía 50 centímetros de largo, y braceaba con lentitud, como si estuviera meditando. A veces se paraba y miraba extrañamente a los niños marcianos que lo contemplaban. Entonces, éstos lo amedrentaban y le hacían piruetas. Y el hombre-pez recobraba la lentitud de sus movimientos.
-Está triste -dijo un niño omicrita ese día, hablando con sus amigos-. Le falta la hembra. Pero su raza ya está extinguida. La tierra fue destruida hace mucho tiempo, y ahora sólo es una pequeña bola de plomo cuya órbita se ha desplazado hacia Omicron B.
-¡Entonces era un terresiano!
-Ni más ni menos. Cuando lo trajeron medía cerca de dos metros de alto y tenía mucha fuerza. Lo pusieron en la pecera para conservarlo, y parece que el frío contrajo su corpulencia. Es muy posible que dentro de cien años más mida un centímetro. Nadie sabe cómo impedirlo.
-Si eso es verdad -intervino otro niño-, el hombre-pez se va a convertir en un gusano. Después morirá.
-No. No morirá ni se convertirá en gusano -repuso el primer niño-. El frío lo reducirá hasta trasmutarlo en una bacteria. Luego lo pondrán en un caldo de cultivo, con otras bacterias, para ver cómo se comporta con sus semejantes. Si da resultado lo utilizarán en la guerra contra Saturno. Porque tú debes saber que sólo determinados microorganismos pueden enfrentar el poder destructivo de la energía atómica. Es algo que se está estudiando en el Planetarium.
Los niños observaban al hombre-pez. Repetían las hipótesis de sus mayores, y se imaginaban que ese ser que se movía con lentitud ya era una bacteria, acaso la más débil de todas, devorada por otras bacterias. Y el hombre-pez miraba a los niños extrañamente. Tenía los ojos tristes, y a veces abría sus fauces como para decir algo. Pero su voz también se había reducido. Había perdido intensidad. Ahora sólo podía exhalar algo así como un resoplido ronco, penoso, que dibujaba espirales desvanecidas en derredor de su figura. De pronto, el hombre-pez pareció irritarse. Comenzó a bracear como poseído por la histeria. En vez de nadar trataba de erguirse como los antiguos hombres que un día habitaron la Tierra. Pero no lo conseguía. Perdía el equilibrio y seguía la irritación. Los niños se miraron. La conducta del hombre-pez obedecía a la presencia, en ese momento, de un omicrita cuyos ascendientes habían participado en la guerra de los mundos. Parecía detectarlo como a uno de los enemigos que habían destruido su planeta. Los niños exigieron una explicación. Mecranis, entonces pronunció estas palabras:
-Ese animal que ven en la pecera, que ya no es ni un pez ni un animal sino un mutante próximo a extinguirse, dio la señal de muerte en la guerra de los mundos. Decíase hijo de un ser omnipotente que había creado el universo para que él lo gozara o lo destruyera. Que era capaz de desencadenar el misterio de la materia y formar otros mundos a su arbitrio. Sin embargo, cierto día quiso escalar el espacio para matar al ser que lo había fabricado. Construyó una torre para llegar al cielo. Pero a poco de avanzar, cayó estrepitosamente con todos los suyos, porque éstos habían confundido su propia lengua, expresándose cada uno con un lenguaje ininteligible. Siglos después, en reemplazo de la primera, construyó una torre de lanzamiento, y amenazó a los planetas de su galaxia con la destrucción. Lanzó miles y miles de robots portadores de eyectores atómicos. Pero los robots se volvieron contra los mismos terresianos confundiendo sus mecanismos (como el habla en la torre primitiva), y facilitaron nuestra defensa. El resultado ya lo saben ustedes por haberlo aprendido en el falansterio: fue la destrucción de la Tierra, el más hermoso de los planetas, convertido ahora en una mole de plomo en órbita de desplazamiento hacia Omicron B. Ya es un satélite muerto. El único recuerdo vivo que aún queda es el hombre-pez de la pecera, en cuyas aguas se ha conservado todavía por el alimento extraído de otros mutantes que se originan en los cuásares. Sin embargo, está próximo a extinguirse. Un día morirá, y la Tierra será una hipótesis en algún sistema planetario que pobló el cosmos.
-¿Y habla el hombre-pez?- preguntó el más joven.
Mecranis extrajo de sus bolsillos un acuófono: dos pequeñas esferas de cristal unidas por cierto cable rojizo, una de las cuales introdujo en la pecera. La otra fue ajustada al oído del niño. Y éste oyó los roncos resoplidos del hombre-pez, que expresaban un lenguaje misterioso que el acuófono traducía simultanea-mente al idioma omicrita. Las palabras eran siempre las mismas, monótonas, cenagosas, como si hablara una montaña de barro deshecha bajo la lluvia.
-¿Qué dice el hombre-pez?- interrogó otro niño.
El niño del acuófono pasó la esfera a su compañero. Y éste al siguiente. Y así a los demás. Las palabras del hombre-pez no variaban:
-¡Yo soy el rey de la creación! ¡Yo soy el rey de la creación!
Los niños se miraron espantados y resolvieron abandonar el lugar. El frío comenzaba a congelar el aliento. Mecranis, a lo lejos, daba tumbos como una máquina desvencijada.

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PRÓXIMO NÚMERO

90. Poesía más Poesía: Jacobo Fijman

JACOBO FIJMAN

BIOGRAFÍA

Jacobo Fijman nace el 25 de Enero de 1898 en Orhei (Uriv en yiddish, Orhei en moldavo, Orgeyev en ruso), un pueblo de la Bessarabia (región entonces bajo dominio de la Rusia zarista, hoy perteneciente a la República Moldova), en el centro agrícola del país.
Llegó a la Argentina en 1902, teniendo 4 años, donde sus padres habían inmigrado en busca de trabajo; era el mayor de tres hermanos, y tres más nacerían ya en tierra argentina.
Tras una breve estancia en Buenos Aires, se trasladaron al sur, donde su padre trabajaba colocando vías férreas en la línea de Río Negro. En 1907 (9 años) se mudaron a Lobos, donde haría sus estudios primarios; desde niño mostró gran habilidad para el dibujo.


Fijman, una personalidad tumultuosa y difícil, abandonó a su familia a los 19 años. Abandonando trabajo y hogar, vagabundeó por la Argentina ganándose la vida como músico callejero; de esta época datan sus primeros poemas. Llegado al Chaco, trabajaría como peón rural un tiempo antes de regresar a Bs. As., donde estudiaría el profesorado en francés. Realizó estudios secundarios y concreta, hacia 1917, un breve paso por la Facultad de Filosofía y Letras. También emprende intensos estudios de violín.
Su aspecto y costumbres resultaban chocantes para la época. En enero de 1921 teniendo 23 años, vive un decisivo y confuso episodio frente a una comisaría de Buenos Aires, en donde es detenido y brutalmente golpeado, días después es internado en el Hospicio de las Mercedes afectado de delirios, fue dado de alta seis meses más tarde, después de haber sido sometido a tratamientos que incluían el electroshock.
Intentando restablecerse, viaja a Uruguay, donde se emplea en una casa editora, trabajando como periodista, aunque la mayor parte del tiempo sufre las consecuencias de la pobreza y la desocupación. Proyecta partir hacia Brasil. Desde Montevideo envía sus primeros poemas de juventud a su amigo Carlos M. Grünberg, con quien mantiene correspondencia, que hace publicar 4 de ellos en la revista Vida Nuestra, de la comunidad judía de Buenos Aires. Y en el mismo año publica en Noticias Literarias su comentario “El lector de Bach”.
Es en esta época que se produce el viaje de Fijman al norte del litoral argentino, para pasar luego a Paraguay y a Brasil, realizando allí los más variados trabajos para su precario sostén.
Tras este nuevo viaje, regresa a Buenos Aires, y establece amistades y contactos en ámbitos literarios, artísticos y periodísticos. Pompeyo Audivert, José Planas Casas, Oliverio Girondo, Antonio Vallejo, Leopoldo Marechal y Alfredo Bigatti, entre otros.
Publica poemas, relatos y notas literarias y musicales en el diario Crítica y Leopoldo Marechal, promotor de la revista Martín Fierro, lo invita a unirse al grupo.

Los poemas y relatos que publica en varias revistas atrajeron la atención, y por esa misma época, en 1926, a los 28 años, vio la luz su primer libro de poemas Molino Rojo, con xilografías de Pompeyo Audivert y José Planas Casas. Sobre Molino Rojo, Fijman dice que “En Molino Rojo hay una gran influencia de la sonata de Corelli ‘La locura’. Esta sonata tiene dos formas de ejecución. ‘El Loco’ y ‘La Loca'(…) Molino rojo tenía un título que atrapaba a los anarquistas y socialistas que reaccionan instantáneos ante el color rojo. Por ese entonces se notaba en la ciudad un estado de demencia general. Y en Molino Rojo desde luego, hay una intención que empieza por la demencia.
Su estado se había agudizado entretanto, abrazando una suerte de misticismo fascinado con la religiosidad medieval. Sin embargo, pudo desempeñarse con elegancia como columnista de arte para el diario Crítica, cuyo fundador, Natalio Botana, lo había contratado junto con el célebre psicólogo Enrique Pichón Rivière para la sección de cultura.
Teniendo apenas para comer, vestido como un pordiosero, recorrió las calles tocando el violín para ganar algo de dinero. Leopoldo Marechal, conociendo sus poemas, lo invitó a participar en la revista literaria Martín Fierro, donde tomó contacto con muchos de los más importantes literatos argentinos de la vanguardia, entre ellos, el poeta Oliverio Girondo.
Entre 1927 y 1928 ( 29 y 30 años) viajó por primera vez a Europa con el apoyo de Oliverio Girondo; y acompañado de Vallejo llegó a París, donde el surrealismo estaba en plena efervescencia, y conoció allí a los grandes poetas del movimiento, entre ellos André Breton, Paul Éluard y Antonin Artaud. Pese a las afinidades literarias, la inclinación mística lo distanció de los poetas. Contaría más tarde que:
(…) con Artaud nos conocimos en un café, en La Coupole. Estuvimos a punto de pelearnos. Yo me identificaba con Dios y Artaud con el diablo. Y el conde de Lautréamont era un loco perverso. Se había entregado a los vicios y hacía con ellos poesía.
Vivió en Europa como pudo se ofreció como secretario privado en los clasificados del diario Le Journal, contando siempre con la ayuda de Girondo.
Compensó esas compañías con la frecuente visita de templos y catedrales.


A fines de ese año 1928 regresa a Buenos Aires, el diario La Nación publica 4 poemas del inédito “Hecho de estampas”. Hacia esta época Fijman frecuenta “La Peña” del café Tortoni, liderada por Quinquela Martín y traba amistad con Alberto Pineta.
Al año siguiente aparece su poemario Hecho de estampas (Manuel Gleizer editor, Buenos Aires (1929), y empezó a concurrir a la abadía de San Benito acercándose al grupo de intelectuales católicos de la revista Número. Esta revista que publica obra literaria y críticas suyas, anuncia la finalmente frustrada publicación de San Julián el Pobre (cuentos), que debería haberse dado a imprenta en la primavera de ese año.
El 7 de abril de 1930 fue bautizado y se convirtió al catolicismo (aunque nunca dejó de ser judío, diría mucho después).
A fines de ese año vuelve a la enseñanza del francés y ahorra algún dinero; gracias a ello, volvería a Europa en un segundo viaje, planeado éste con la ambición de tomar votos sacerdotales y dedicarse a la penitencia entre los benedictinos de Bélgica, cosa que no pudo ser por ser rechazado. Pasa por España, Francia e Italia. Lo atormentaba sin embargo su amor por Teresa, sobrina de Oliverio Girondo, que aparece reiteradamente en sus obras de esta época.
Mucha de su producción de estos años aparece en Número, antes de dar a luz su tercer volumen de versos, Estrella de la mañana (et dabo illi stellam matutinam), en la editorial Número y con el apoyo de Osvaldo H. Dondo, aparecido durante la dictadura de José Félix Uriburu. Número desapareció en el curso de 1931, y Fijman se vio nuevamente reducido a la indigencia.
Volvió a tocar el violín en las calles y en bares como medio de subsistencia, mientras eludía a sus conocidos.
En 1933 La Nación publicó dos obras suyas, y en 1934 ARX imprimiría su poema Letanía del agua perfecta, pero tendría poco contacto con amigos y con su familia. Apenas la muerte de su madre el 23 de abril de 1934 lo lleva a visitarlos brevemente para desaparecer luego de nuevo.
Como pasó durante su primera crisis, en este período de penuria dibuja compulsivamente, y sobre todo, lee y estudia, devorando las obras de los peripatéticos y los escolásticos. Concurría asiduamente a la Biblioteca Nacional Argentina hasta octubre de 1942, cuando el director de la misma, a la sazón el célebre antisemita Gustavo Martínez Zuviría, decidió prohibirle la entrada aduciendo que se había dirigido de manera irrespetuosa y violenta al personal.
Atacado por una de sus crisis, deambuló varios días por la ciudad, y su comportamiento errático llevó a que la policía allanase el ático en que vivía sobre la Avenida de Mayo; tras la puerta abierta, los oficiales que efectuaron la operación encontraron dos carpetas con apuntes, una caja de lápices, casi un centenar de libros, un peine y una única muda de ropa sucia y en mal estado.
“De 1930 a 1940. Diez años. Días y noches de estudiar la escolástica. A todos los doctores de la patrística griega y de la patrística latina. Escribí libros, poesía. Hice conducta de poesía. Pagué por todo. Hasta por las ediciones. Sentí de pronto que tenía que cambiar de vida. Alejarme del mundo. Y me aislé. Me fui de todos, aun de mí…”.


Esta década sería trágica; internado en el hospital, y luego trasladado durante unos años a la Colonia de Alienados Open Door, Fijman careció de contacto con la realidad.
Osvaldo Horacio Dondo que dirigía las Bibliotecas Municipales por aquel entonces, se pone en contacto con él. Se habían conocido en los años 30 en ese grupo activo de jóvenes de los Cursos de Cultura Católica, aquellos a los que Borges alguna vez llamó “los católicos de la calle Alsina”, quienes dejaron una impronta interesante en la historia de la Iglesia argentina y también en la literatura con obras fundamentales como Adán Buenosayres de Marechal, las jitanjáforas de Anzoátegui o los poemas de Bernárdez, por nombrar sólo algunas. Fijman fue parte de ese grupo y es personaje central de Adán Buenosayres, además de haber sido colaborador de las revistas Criterio y Número. En esos años intensos de búsquedas espirituales y artísticas, como fueron los años 30 en nuestro país y en el mundo, se convierte al catolicismo.
Al tiempo entra en nuevas crisis hasta alejarse del ambiente literario y en total desamparo es internado nuevamente en el hospicio como ya lo había estado a principios de la década del 20. Era tema de conversación entre amigos y les inquietaba saber dónde y cómo estaba. Incluso, en un comentario sobre su obra publicado en el diario Crítica, firmado por R. M., el autor se pregunta si no estaría muerto.
Es lo que pensaban algunos. Preguntando por él, Osvaldo H. Dondo se conectó con el Dr. Jorge Saurí, Jefe de Servicios del hoy llamado Hospital Nacional de Neuropsiquiatría Dr. José T. Borda y juntos lo rescataron del otro hospital neuropsiquiátrico, el “Open Door” en General Rodríguez, lo subieron al auto y lo llevaron directamente al Borda, ese mismo día de finales del año 1952.
En el Borda, el mismo doctor le asignó un espacio propio, donde Fijman estuvo hasta su muerte ocurrida en 1970, con la libertad de entrar y salir del Hospital. Desde entonces, Dondo lo frecuentó mucho y al poco tiempo logró que la Sociedad Argentina de Escritores (SADE) le diera una pensión, que no debió ser abultada pero que lo ayudó hasta el final de sus días.
A partir de su internación definitiva comenzó a convertirse en una figura mítica de la literatura argentina. Se escribieron cientos de artículos sobre su figura y se le hicieron decenas de reportajes que hicieron crecer su leyenda.
Leopoldo Marechal, en su gran novela Adán Buenosayres (1948) lo tomó como uno de los principales personajes: el filósofo Samuel Tesler “el filósofo villacrespense” y reaparecerá también en Megafón o la guerra de 1970; pero ninguno de sus antiguos amigos haría contacto con él hasta 1952, cuando Osvaldo Horacio Dondo, antiguo colaborador de Criterio logra que lo devuelvan al Borda y ven con entusiasmo algunos signos de mejoría.
Con claras señales de mejoría, Fijman pintó y escribió con ahínco durante estos años; declararía más tarde que “entre mi pintura y mi poesía hay una misma mano. Las mismas concepciones”.
Logró usar el permiso que tenía para salir del hospital, y se encontró con antiguos amigos y colaboradores, como Dondo, Lisandro Galtier, y Juan Jacobo Bajarlía. Aparecieron nuevas notas sobre Fijman a partir de 1958, se ayudaba con la pensión obtenida y para mejorar sus ingresos, traducía obras del francés para los psiquiatras del hospicio.
En 1962 y 1964 es incluido en dos importantes antologías poéticas, y por fin en 1966 Lisandro Z.D.Galtier publica en la revista “Testigo” dos poemas inéditos de Fijman, los primeros después de tantos años de silencio. Una publicación psiquiátrica hace lo propio con otro poema en 1968. Este mismo año es entrevistado por Vicente Zito Lema, con quien establecerá un vínculo que beneficiará el conocimiento público de su obra y de sus condiciones de vida.
Vicente Zito Lema, tras entablar amistad con el poeta, bregó por obtener su tutela, obteniéndola finalmente en 1969. En mayo de ese año apareció el primer número de la revista Talismán, editada por Zito Lema y dedicada por entero a Fijman, con el subtítulo poeta en hospicio.
Pocos meses más tarde la revista Extra, de Bernardo Neustadt, publicó varias notas del mismo Fijman, y su figura volvió a cobrar celebridad. Las revistas de sociedad Panorama, Análisis y Gente se ocuparían de él durante un tiempo, y el poeta recibiría invitaciones para publicar y aparecer en los medios; en 1970, invitado a una emisión cultural del Canal 7, Fijman provocó quizás su último escándalo al declarar públicamente que todos los domingos, en misa, los sacerdotes comen mierda.
Zito Lema publicó en julio de ese año El pensamiento de Jacobo Fijman, o el viaje hacia la otra realidad.
Gravemente enfermo, Fijman dejó de ser capaz de pasar los fines de semana en la casa de su tutor; y aterrado por la perspectiva de una autopsia, pidió reiteradamente a Zito Lema que no permitiera que le destrozaran la cabeza después de muerto. El 1 de diciembre de 1970 falleció, víctima de un edema pulmonar. A pesar de haber sido una leyenda viviente (y seguir siéndolo después de su muerte), a su entierro asistió una reducida cantidad de personas que acompañaron su velatorio en la sede de la SADE
En 1985 una semblanza póstuma lo recordaría como Jacobo Fiksler en la novela El que tiene sed, de Abelardo Castillo.

POEMAS

EL CANTO DEL CISNE de Molino Rojo (1926)

Demencia:
el camino más alto y más desierto.

Oficio de las máscaras absurdas; pero tan humanas.
Roncan los extravíos;
tosen las muecas
y descargan sus golpes
afónicas lamentaciones.

Semblantes inflamados;
dilatación vidriosa de los ojos
en el camino más alto y más desierto.

Se erizan los cabellos del espanto.

La mucha luz alaba su inocencia.

El patio del hospicio es como un banco
a lo largo del muro.

Cuerdas de los silencios más eternos.

Me hago la señal de la cruz a pesar de ser judío.

¿A quién llamar?
¿A quién llamar desde el camino
tan alto y tan desierto?

Se acerca Dios en pilchas de loquero,
y ahorca mi gañote
con sus enormes manos sarmentosas;
y mi canto se enrosca en el desierto.

¡Piedad!

ALDEA de Molino Rojo (1926)

Mi blanca soledad-
aldea abandonada.

Revuelo de perezas
sobre la torre de un anhelo
que tañe sus horizontes.

Pintadas negras de la desolación.
Yunques abandonados y puentes solariegos.

Se ha sentado el dolor como un cacique
en el banquillo de mi corazón.

Las lluvias estancadas de mis sueños
se han cubierto de musgo.

En el horno apagado del silencio
mis frutos maduraron
estérilmente.

Perdí mi itinerario en el desierto.

¡Hospedería triste de mi vida
en donde sólo se aposentó el azar!

En una pradería de cansancios
balan estrellas mis ovejas grises.
Lugarón sin destino;
las calles andariegas
beatas de mi ser
son manos
contemplativas
que van perdiendo soles…

CÓPULA de Molino Rojo (1926)

¡Nos unió la mañana con sus risas!
En las rondas del sol
canciones de naranjas.
Danzas de nuestros cuerpos
desnudos -rojo y bronce-.

El olor de la luz era sagrado:
música de horizontes,
espacio de paisajes-
rojo y bronce-
ruido de melodías,
himno de soles,
eternidad
y abismo de la dicha
en la alegría loca de los vientos.

Canciones de naranjos
en la piedad de los caminos.
¡Todas las aguas del silencio
rompimos en la danza!

Dicha de los abrazos y los besos;
toda la gloria de la vida
en nuestros pechos
jadeantes y ligeros;
nuestros cuerpos: auroras y ponientes
en la alegría loca de los vientos.
¡El corazón del mundo en nuestra boca!

VELADA de Molino Rojo (1926)

Rumor de carreteras aflautadas
en los alientos turbios de las miradas grises.
Portazos;
temblor de las vidrieras; cóleras destempladas.

Aúlla el frío blanco;
el suelo se ha caído de mis manos.

Crucifijos en somnolencia.

Marcha de retrocesos
¿Qué ruedas empujamos?

Acordeones desafinados
de mi sabrosa angustia.

Aúlla el frío blanco
cual los gritos helados de un espejo.

Silencios enjugados de la nada;
marchas muy bien envueltas, casi fijas.

Almohadas que lloran desesperadamente;
júbilos disonantes
de huellas desgarradas;
pasos atrás, deshechos
en la inconciencia.

Mi corazón es una estrella en sorna;
canción de mis fogatas.

Almohadas burlescas que sollozan
desesperadamente.

Aúlla el frío blanco
cual los gritos helados de un espejo.

BARRIO de Molino Rojo (1926)

Barrio apartado;
bandada de colores
de las ventanas de las casas.

Silencio cruzado de brazos
ante la luna.

Sobre los árboles
embalsamados de cordialidad,
aromadas de estrellas
se trepan las callejas.
¡Dulzura!

Nada interroga.
Se está y no se está en sí mismo
muy limpio y ancho.

¡Y todo es tan lejano y puro
que una nueva inocencia nos consuela!

¿He salido a buscar
juguetes
para los niños?

Barrio apartado:
paisaje de estampas y estrellas.

MÁSCARAS de Molino Rojo (1926)

Sangró mi corazón como una estrella
crucificada.
Dolor;
del sándalo purísimo del sueño
trabajaron la balsa de mi vida.

Amor
hízome calles de esperanza
que oprimieron tus manos de alegría.

Sus máscaras de aromas pusiéronme los astros
en las músicas negras que miran lentamente
mi soledad de túnel olvidado.

Y todavía el muelle
de mi ser bosteza;

yerra mi angustia
dando vueltas y medias-vueltas
como barricas.

Hasta que al fin, se romperá algún día
mi corazón, como un ladrillo.

¡Sus máscaras de aromas me prenderán los astros!

TARDE VIOLETA de Molino Rojo (1926)

Cae de bruces un silencio frío
en el ocio violeta de la tarde.
¡Perplejas añoranzas!

Se tuercen las paredes de mi estancia.
Ronronean las luces como gatos.
El caserío soñoliento
engrisa las campanas.

El viento tiene los pies desnudos.

Se ensordece la tarde
arrastrándose, lentamente.

¡Perplejas añoranzas!

De reojo me miran los sarcasmos.

EL” OTRO” de Molino Rojo (1926)

Tarde de invierno.
Se desperezan mis angustias
como los gatos;
se despiertan, se acuestan;
abren sus dedos turbios
y grises;
abren sus dedos finos
de humedad y silencios detallados.

¡Bien dormía mi ser como los niños
y encendieron sus velas los absurdos!

Ahora el Otro está despierto;
se pasea a lo largo de mi gris corredor,
y suspira en mis agujeros,
y toca mis paredes viejas
un sucio desaliento frío.

¡La esperanza juega a las cartas
con los absurdos!
Terminan la partida
tirándose pantuflas.
Es muy larga la noche del corazón.

ALEGRÍA de Molino Rojo (1926)

Agua de sol,
cencerros de horizontes
enlazaban la intensidad
armónica
de nuestros cuerpos
claros y vigorosos,
en plenitud de luces infinitas.

Sones de llamas
en el aire rosado;
jadear de bosques y expansión de mares.
¡La danza de la tierra!
¡La sinfonización del universo!

Y repicaban los paisajes;
agua de sol,
cencerros de horizontes.

¡La alegría del mundo
en el pecho redondo de la tarde!

SUB-DRAMA de Molino Rojo (1926)

Desolaciones.
Altos silencios
que balancean sus cabezas truncas
esencialmente.

Han caído mis esperanzas
como palomas muertas.
Pavor de candelabros; romance de agonía.

Han caído mis esperanzas
como palomas muertas.
Desbandes.
El canto de mí mismo se alucina.
Cristales rotos.
Murga carnavalesca.
¡Las risas rojas!

Cifras desafinadas y arbitrarias;
¡el dolor más eterno!
Me trasvasa el espanto sus caminos.

Pavor de candelabros;
romance de agonía.

¿Quién soy?
Ha perdido su espacio
completamente el universo.

Se cierran las estrellas en mis ojos.
Nadie y nada.
Terribles apariencias
aplastan el cristal de sus sarcasmos.

Pasa un convoy de brujas caprichosas;
cuelgan mis extensiones deformadas.
Mi corazón es una isla roja
en que destacan sus banderas negras
los días de mi anhelo.

Las miradas ardientes de mis ojos,
¿en qué se apoyarán mañana?

Canciones de mi ser,
hemisferios de dicha,
volúmenes de aromas
¿en qué tambor de soles
se agitarán mañana?

Orientes y Occidentes.
Se quebrarán mis ejes.
Lo sé
¡Llueve sin latitud el dolor más eterno!

Han caído mis esperanzas
como palomas muertas.
Pavor de candelabros; romance de agonía.

GABÁN de Molino Rojo (1926)

Soy una alforja
de lluvias.

Mi corazón regó en las primaveras
sementeras de espacio;
por ello mi cabeza
es una gorra remendada y parda
(genialidad)
o, un gabán raído,
pues he amado.

El pienso de mis días
desparramé en las sendas;
rompí todas las tejas
de los pesebres
humanos.

De mal en peor
tildaron mi locura;
merma mi audacia,
enflaquecen mis manos dadivosas
como las mulas viejas.

¡El gabán de mi ser se va pudriendo!

MAÑANA DE SOL de Molino Rojo (1926)

Tañía el sol sus llamas
en los cántaros húmedos del viento
de rocío y paisaje
que alargaba el elástico sendero.

Desentumecimientos.
Carnes del trigo;
espigas de mis manos.
Jadean los aromas;
temblequean cual besos los caminos.

Silencios verdes de los bosques rojos
apretados de gozo y alegría.

¡Enloquece en mis ojos la mañana!

POEMA I de Hecho de estampas (1930)

Caía mi sueño en la otra soledad de los canales.
Regocígate, niño, la presencia graciosa de la muerte
reparte en sombras alternadas el olor de los ángeles
y levanta tus sordos desamparos.

Niño de paz,
han apagado las islas monótonas de los soles perfectos.

Niño de paz,
imito el mundo en un mi sueño ajeno a la claridad.

Un silencio de música se apacienta en las torres.

POEMA II de Hecho de estampas (1930)

Oíase a través de las olas subidas el grito de los puertos y las ciudades
y el frío de las campanas.

Los cielos mueven el puente de los días.

El frío se sumerge en las ramas.

Recogemos la sombra que cae de los pájaros.

Te has ido.
Enumero las albas bajo la espuma azul de la noche.

Corderos desfigurados reflejan en sus ojos las vueltas de las estrellas
y los viejos molinos.

POEMA VI de Hecho de estampas (1930)

Ha caído mi vos, mi última voz, que aún guarda mi nombre.
Mi voz:
pequeña línea, pequeña canción que nos separa de las cosas.

Estamos lejos de mi voz y el mundo, vestidos de humedades blancas.

Estamos en el mundo y con los ojos en la noche.
Mi voz es fría y sucia como la piel de los muertos.

POEMA VII de Hecho de estampas (1930)

Roe mi frente dura
el lobo de la media noche.

Una escondida estrella arrima su sosiego.

Entre todos los soles ya se me canta aceite de júbilos.
Siento en mis manos venir la luz entera de la mañana.

POEMA XI de Hecho de estampas (1930)

Al pie de los aromas blancos recobro mis manos en plegaria.
Una vez había…

Los canales hastiados se ponen en camino lejos de nuestros ojos.
Para sí trazan el pavor los soles.

Apoyo mi rostro sobre la sombra siete veces obscura
y atravieso los diques ajustados que arrastran los vientos.

Rodaba mi acento de mar desgarrado sobre siete caminos de nieve.

POEMA XII de Hecho de estampas (1930)

Yo quería jugar.
Estaba el signo de mi naturaleza plena de llanto y protección severa.

Bajo a mi obscuridad, y avanzo entre mis brazos con una estrella niña.

Soplan olores de banderas frías
y resuenan tambores de infancia
en el mismo silencio, bajo la misma estrella.

Viene mi carne allende las transparencias.
Rodeo la luz fresca.

Ánimos de pavor yacen en mis profundas soledades:
No es el mismo silencio, no es la misma estrella.

Arranco vísperas de muros inclinados,
y más allá de todo se mueve el brillo opaco de la agonía.

POEMA XIII de Hecho de estampas (1930)

Más allá de las aguas grises bajan colinas.
Nadie vigila.
Sobre las noches descompuestas concentro mi afinación.

Todo lo nuestro llega; las ventanas amigas entran las lejanías,
pero ya no saldremos nunca de esta mañana opaca.

Avanza hacia nosotros las vueltas seguras de la muerte.

POEMA XIV de Hecho de estampas (1930)

Los muros están cubiertos de vísperas y estrellas blancas.
Las flautas hacen temblar a las flexibles viñas.

Oh, bodas, en tanta perfección de desnudez el gallo canta.
Aprieta mi adolescencia tus ojos negros.

V de Hecho de estampas (1930)

En la misma belleza saborean las lunas su soledad
dichosa.
Caen todas mis muertes en el espanto
de la nada del mal de la nada irreal de la nada.
En las tinieblas puse mis manos cuajadas de llanto.
Arreó la gracia mis ojos perdonados,
y hecho he sido en lo interior de todo y nada.
He sido el que es de todo y nada en bella gracia.

XV de Hecho de estampas (1930)

Ama tu alma mi alma, paz de los días, paz de las
noches nacidas en los espantos de muertes,
y en los gozos de muerte y esperanza de muerte.
Amor, Amor; Amor,
tu alma canta dolor de carne, dolor de vida, pavor
de muerte
bajo los cielos llovidos de esperanza.
Amor, Amor; Amor,
viste tu desnudez el agua capaz de las criaturas.

V de Estrella de la mañana (1931)

En la misma belleza saborean las lunas su soledad
dichosa.
Caen todas mis muertes en el espanto
de la nada del mal de la nada irreal de la nada.
En las tinieblas puse mis manos cuajadas de llanto.
Arreó la gracia mis ojos perdonados,
y hecho he sido en lo interior de todo y nada.
He sido el que es de todo y nada en bella gracia.

XXIV de Estrella de la mañana (1931)

Nace en mi llanto de oscuridad de todo llanto,
oscuridad de soledad de todo llanto.
Vuelven las almas sobre mi alma de alma en alma,
de muerte en muerte.
Lloro con llanto de mi llanto
sobre mi alma de alma en alma, de muerte en muerte.
En soledad de soledad con soledad
en soledad, en todo, en soledad crecida en soledad.
Reposan los huesos en mediodías
en la soledad de mi alma desnuda en soledad.
Criatura de la quietud donde nacen soles.
Debajo del nacimiento
mi garganta solloza almas de alma en alma, de muerte
en muerte.

CANCIÓN DE LA VISIÓN REAL DE LA GRACIA

de Estrella de la mañana, 1931)

Niño, tú tienes el oído junto al amanecer
de la tierra y el cielo.
Amén el bosque, Amén el mar y Amén a las estrellas.
El signo de tus manos ata el secreto del mundo.
Amén el bosque, Amén el mar y Amén a las estrellas.
La tierra canta y el cielo, y la vida y la muerte.
Niño, tú tienes en el signo que trazan tus manos
el día y la noche, y la tierra y el cielo, y la vida y la muerte.
Amén, Amén, Amén,
niño de alba de la tierra y el cielo.

XXVIII de Estrella de la mañana- 1931

El agua donde lavan su resplandor los soles,
gozos de Dios que hace mover las tierras y los cielos.

Amor, Amor, Amor,
andan los cielos escondidos en cielos escondidos;
andan los cielos escondidos de uno a otro, todo y nada, los cielos
escondidos

Oí en perfecto amor de uno a otro, todo y nada, los cielos escondidos.

Oí en perfecto amor, de uno a otro, todo y nada, los cielos inclinados a
cielos escondidos.

Te recomendamos ver el programa de televisión donde nos acompañaba la poeta Gloria Gómez.

PRÓXIMO NÚMERO

62. Poesía más Poesía: Edgar Bayley

EDGAR BAYLEY

BIOGRAFÍA

Edgar Maldonado Bayley nació en Buenos Aires en 1919, fue el principal expositor del invencionismo en Argentina y uno de los creadores más respetados -no del todo difundido- de la poesía contemporánea latinoamericana. No sólo era un creador original sino también un límpido ensayista. No es casual que su primer texto publicado (Invención 2 , 1945) incluya, junto a poesía y relato, un exigente manifiesto de vanguardia.

Edgar Bayley, un poeta para las cosas que se desvanecen


De él dice Rodolfo Alonso: “Enemigo decidido de todo pavoneo y toda bajeza, Bayley fue capaz de sostener sus ideas y sus sentimientos en el ejercicio de la creación poética y de la reflexión estética, a las cuales dedicó la totalidad de su existencia. Supo también mantener siempre en la práctica las convicciones éticas que lo acompañaron desde su juventud, como una innata reserva moral, poco evidente para quienes se conformaran apenas con su apariencia, tantas veces estrambótica cuando no estrafalaria, por su enorme tamaño, su permanente sentido del humor y su gentileza de niño grande.”
Por su actividad literaria, por su participación en memorables revistas de la época, como así también por su visión original y penetrante, su impronta se distingue dentro de ese magnífico coro de voces que fue la llamada generación del 40’/50’ en las letras argentinas.


Desde su manifiesto “Arturo” (1944) hasta su ensayo de 1958, “La poesía como realidad y comunicación”, Bayley defiende a ultranza la autonomía de la obra de arte, autonomía que relativizará a partir de 1966.
Al recorrer la obra de Bayley se confirma que a través de su vida, trascendiendo su trabajo de empleado público, pudo encauzar su vocación literaria como traductor, cuentista, director teatral y dramaturgo. 
 Enrique Molina dijo de él “Su obra lírica crea un espacio de alta tensión, una permanente apelación a la comunión humana, una respuesta al absurdo y a la muerte. Su energía se alimenta de esa fe en la poesía que arrancará a los hombres de sus televisores, de su gastronomía, de su miserable confort, para lanzarlos al mar abierto, en plena revelación, hasta que surja de cada cosa la esfinge de ojos cotidianos, el fondo de eternidad y de demencia oculto en el secreto de un vestido, de una cuchara o una jarra de vidrio verde.”
Ya en el único número de la revista Arturo (1944), Bayley, a través de un agudo análisis de la función de la imagen en la evolución del lenguaje poético, sentaba las bases de una renovadora tendencia poética: el invencionismo.


Manifiesto del invencionismo, 1946
Un poema debe constituir un hecho. Vivir el poema como un acontecimiento de nuestra vida mental, y no como una representación en la que somos meros espectadores.
Bayley se manifiesta en oposición a la poesía predominante de aquel momento.


De LOS HOMBRES Y LOS AÑOS

“es necesario inventar el mundo
iluminar los ojos
ver la extensión abierta a nuestro impulso
una rama en la luz
acunada por las voces de los héroes anónimos
castigada por el peso muerto de los consuelos”

Coincidía así con la teoría y la práctica de un brillante grupo de artistas visuales, los pintores concretos. Participa de la creación de la Asociación Arte Concreto-Invención, que agrupa sobre todo a artistas plásticos como su hermano Tomás Maldonado, Alfredo Hlito, Claudio Girola, Enio Iommi, Raúl Lozza, y la pintora Lidy Prati, pero también al poeta Simón Contreras, nombre literario que usó en algunas ocasiones Juan Carlos Lamadrid. Además interviene con textos sobre el concepto de invención en un panfleto que se publica en ese momento.


En 1947 ocupa el cargo de Segundo Jefe en la Biblioteca de la Caja de Ahorro y Seguro, puesto que conserva hasta su jubilación en el año 1980.
En 1948, Juan Jacobo Bajarlía lanzó su revista Contemporánea , a través de la cual Bayley entró en contacto con el grupo del cual nacería Poesía Buenos Aires. 
En 1949, mediante un préstamo de la Caja de Ahorro, logra publicar su primer libro de poemas En común. En ese mismo año se casa con Matilde Schmidberg y es nombrado secretario junto a Juan Jacobo Bajarlía de la “Orden del lunar”, agrupación de la que el artista Juan del Prete es presidente y que nuclea a pintores y escritores de vanguardia.
Uno de sus poemas más populares es el aquí aludido “Es infinita esta riqueza abandonada”. No está situado en el final de su obra sino en los comienzos, en el libro La vigilia y el viaje, que reúne su producción de entre 1949 y 1955.

En 1950 publica varios textos en el primer número de Poesía Buenos Aires, revista que, seis años más tarde, codirigirá con Raúl Gustavo Aguirre, desde el número 21 al 24. En este año nace su hija Susana y se recibe de bibliotecario en la Escuela de Servicios Sociales de la Universidad del Museo Social Argentino.
En 1951 dirige junto a Juan Carlos Lamadrid los tres números del boletín de poesía Conjugación de Buenos Aires y estrena su pieza teatral Burla de Primavera. También, para teatro, escribe Farsa de Isopete y el Sastre y al siguiente año funda y dirige el grupo Teatro Contemporáneo. Más tarde, con edición de Poesía Buenos Aires, publica Antología de la poesía nueva, que contiene obras de autores relacionados con el invencionismo.

Poetas argentinos: Edgar Bayley


Durante esta década, Bayley estará en contacto con poetas más jóvenes como Raúl Gustavo Aguirre, Mario Trejo, Alberto Vanasco y habrá iniciado la intensa amistad que de ahí en adelante mantendrá con los surrealistas Aldo Pellegrini, Juan Antonio Vasco, Enrique Molina y Francisco Madariaga.
En 1953 comienza a frecuentar la casa de Oliverio Girondo y Norah Lange y escribe la pieza teatral Dulioto que se representa tiempo después. También Ediciones Poesía Buenos Aires publica una selección de trabajos de cincuenta autores contemporáneos, en la que Bayley figura en la categoría “poetas del espíritu nuevo”. En este año nace su hijo Edgardo y estrecha su relación con los poetas surrealistas de la revista Letra y Línea.

Bayley dirigió Padre , de Strindberg, bajo la forma exigente del teatro circular, se atrevió a llevar a escena una versión propia de Juan Moreira.
Entre sus obras, sobresalen: En común (1949), La vigilia y el viaje (1958), Ni razón ni palabra (1961), El día (1968). En Celebraciones (1976) reunió todos estas obras. En 1981 publica Nuevos poemas y, en 1982, Alguien llama y una Antología poética con prólogo de César Fernández Moreno.
También produjo una de las obras ensayísticas más nítidas y certeras de nuestra literatura. En esos textos, reunidos principalmente en Realidad interna y función de la poesía (1966) y en Estado de alerta y estado de inocencia (1989). También publicó cuentos en Vida y memoria del doctor Pi y otras historias (1983); y obras teatrales como: Burla de primavera (1951), Farsa del sopete y el sastre (1951) y Dulioto (1953).
Llegó a crear un personaje, el Dr. Pi, criatura digna del más elevado humor negro, cuyas aventuras, donosamente escritas antes incluso de ser recopiladas en volúmenes deliciosos (por ejemplo, Vida y memoria del Dr. Pi y otras historias , 1983), el autor se complacía en revivir verbalmente, no sin pícaro regocijo y por lo general entre sus jóvenes amigos y colegas, de los cuales gustó rodearse en tiempos tan dolorosos y oscuros para el país como fueron los de la dictadura del Proceso.

El Dr. Pi es un personaje en cierto modo tuñonesco, irreal e inverosímil. Pero también brechtiano, en tanto Bertolt Brecht concebía, en paralelo con la vanguardia, su propia paradoja: una literatura que para ser didáctica respecto de la realidad necesitaba ser plenamente ficticia, esto es, asumirse como fábula.
Según Enrique Molina, El Dr. Pi no vuela, no es ninguna clase de Superman, no se coloca ninguna máscara, no derriba edificios de un manotazo. Sale a la calle, es nuestro prómijo. No hay en él nada de sobrenatural. Sin duda es un destacado exponente de su profesión, aunque no sabemos a ciencia cierta cuál es su profesión. ¿Doctor en qué ciencia? ¿Doctor Fausto?…Sea lo que fuese, el Dr. Pi es un personaje de gran reputación. ¿Un importante funcionario? ¿Un sabio? ¿Un hombre que posee poderes? … Su severo levitón, su sombrero de copa, su bastón (con estilete) le dan la respetabilidad de un magistrado. Pero el Dr. Pi no crea el absurdo. Simplemente lo asume, como en toda existencia.

En su muy larga trayectoria, además de colaborar en distintas revistas culturales lo hizo en diarios como Clarín, La Prensa, La Nación y La Opinión, entre otros. Trabajó como bibliotecario y en la secretaría de cultura durante la presidente de Arturo Frondizi. En 1977 recibió el Gran Premio de Honor de la Fundación Argentina para la Poesía.

En los últimos años de la dictadura, Bayley se convierte en un promotor de diversos encuentros que incluyen lectura de poemas, charlas y debates en donde se vinculan poetas de distintas épocas y tendencias, impulsando así el descubrimiento de nuevos autores y propuestas.
 En 1989 recorre los Estados Unidos invitado por universidades y centros culturales para dictar conferencias y leer sus poemas. Bayley dijo, poco antes de su fallecimiento: “El poeta es quien tiene el cometido de velar para que el verbo y la vida, el amor y la libertad no pierdan solvencia. Debe posibilitar que el sueño, los hombres, las cosas, su condición y su acción individual, se hagan presente con voz y autonomía en el poema, integrándose allí en una estructura única y nueva. La poesía es un don, pleno goce de generosidad y gentileza; un sortilegio, una gracia que podemos gozar hasta la muerte.”

Murió en Buenos Aires, 12 de agosto de 1990.

POEMAS

EL CIELO SE ABRE

el cielo se abre para contener la cabeza y las manos
del hombre que sueña
él está muy cerca de los árboles
está muy cerca del silencio y de los días que hablan
constantemente

a veces del aire llegan unas luces violentas
son ríos que obligan a saludar de lejos y a cerrar
los postigos hasta que la noche pase

es demasiado tarde pero la edad ofrece siempre
espacios nuevos que puedes recorrer en
todas direcciones
espacios palpables y acompasados como los relojes
de pared
espacios que tú solías hundir en la fuente hasta el
fondo hasta el lecho donde el agua esconde
sus profecías su memoria de jornadas puras
espacios abiertos a la claridad del deseo

aquí las horas adquieren nuevas costumbres
en el interior de las horas el amor sonríe y arroja al
viento tus secretos
son episodios desconocidos que la boca de un
adolescente narra susurrando

cuando abro los brazos es que he llegado a una nueva
provincia del día situada junto al canto del gallo
y el ramaje de los árboles
el día con millones de ríos deja fluir sus manos hacia
todos los rincones del universo
en cualquier lugar puede encenderse la palabra que nos
permita ver entrar el corazón de la madera
en el mar de tu mano
extensión del instante bella confabulada
una voz todavía para que el aire deje libre los fuegos
del alba y otra vez para siempre sin nombre
la espera y el sueño se confundan
no diré tu nombre no me importa quedarme vacío
nuevamente después de haberte visto
deja al sueño subir y que él hable solamente
un país un país adonde llegan las luces del vaso y la
ventana y todo recomienza en el corazón y
en las manos
 

De La vigilia y el viaje. Poemas 1944-1960

AQUÍ

es tiempo de cambiar el sueño
de librar las mañanas
la transparencia renovada
de vivir entre todos

es tiempo de perder las llanuras
de volver al eco de nuestra luz semejante
tiempo de razonar
bajo el horizonte ganado por el amor y el mundo

De La vigilia y el viaje. Poemas 1944-1960

ES INFINITA ESTA RIQUEZA ABANDONADA

esta mano no es la mano ni la piel de tu alegría
al fondo de las calles encuentras siempre otro cielo
tras el cielo hay siempre otra hierba playas distintas
nunca terminará es infinita esta riqueza abandonada
nunca supongas que la espuma del alba se ha extinguido
después del rostro hay otro rostro
tras la marcha de tu amante hay otra marcha
tras el canto un nuevo roce se prolonga
y las madrugadas esconden abecedarios inauditos islas remotas
siempre será así
algunas veces tu sueño cree haberlo dicho todo
pero otro sueño se levanta y no es lo mismo
entonces tú vuelves a las manos al corazón de todos de cualquiera
no eres el mismo no son los mismos
otros saben la palabra tú la ignoras
otros saben olvidar los hechos innecesarios
y levantan su pulgar han olvidado
tú has de volver no importa tu fracaso
nunca terminará es infinita esta riqueza abandonada
y cada gesto cada forma de amor o de reproche
entre las últimas risas el dolor y los comienzos
encontrará el agrio viento y las estrellas vencidas
una máscara de abedul presagia la visión
has querido ver
en el fondo del día lo has conseguido algunas veces
el río llega a los dioses
sube murmullos lejanos a la claridad del sol
amenazas
resplandor en frío
no esperas nada
sino la ruta del sol y de la pena
nunca terminará es infinita esta riqueza abandonada.

De La vigilia y el viaje. Poemas 1944-1960

LA MANO

Algo va a surgir de esa mano
no retengas ni su amor ni su odio
deja que hable esa mano
que escriba torpemente en la noche
deja que recuerde
que se pierda entre las sábanas
entre las hojas y las calles
que se pierda balbuceando
y que destruya los puentes del saludo
deja que diga no
y que la odien y la expulsen
deja que no escriba
que se mate poco a poco
que ennegrezca con el agua tibia del vicio
que se calle o hable sin sentido
Deja a esa mano estar
mano inservible
desahuciada
odiosa
mano para el martirio de los otros
para robar
para implorar clemencia a los cobardes
mano infidente
mano sin piedad
ni gracia
ni alegría
mano de verdugo
de holgazán
innoble
blanda
mano de firmar sentencias
mano de condenar
mano escondida
aleve
mano de traicionar
de mentir
de estar borracho
¿Pero esta mano indigna sucia
no buscará en la noche algún saludo
alguna señal de Dios o de la calle?
Porque esta mano viene de lejos
desde antiguo
mano de hombre
de rufián
menesterosa
mano de equivocar
de estar callado
mano imposible de cortar
mano regenerada
mano infinita renacida
mano infame
pero mano de esperar
mano de imaginar
mano de acompañar la noche
mano para volver
Algo va a surgir de esa mano
no las condenes
deja que abra sus dedos
que suelte su envoltorio
su dinero
la terrible noticia
el telegrama de felicitación
Ha de llegar la señal
poco a poco
algún saludo
y la mano hablará por fin
hará surgir el fuego de las sombras
cantará
sencillamente cantará
La mano fue antes árbol
estrella
viento
la mano movió compuertas y señaló caminos
la mano empuñó el timón y cerró los párpados desvelados
la mano abrió las tinieblas
y tuvo sed de amor: inventó signos
saludó
fue serena
tuvo reflexiones sensatas
consoló y acompañó el llanto de los otros
y la mano sencilla sufriente
se hizo una sola cosa con todos los desesperados
la mano celeste 
inventora del juego y la herramienta
invasora del aire y de la espera del hombre
mano muda
mano sin solución
mano nueva y eterna como el camino
y las llaves del sueño y del canto
mano real
hermana
agresiva
impotente
mano donante
enamorada
mano de luz
nocturna
imperativa
mano del mundo
del día
del comienzo

De Ni razón ni palabra (1955-1960)

EL REGRESO

El Dr. Pi vuelve a la cabaña de Madariaga. Dejó allí algo importante. Advierte que no hay nadie y que la puerta está entreabierta. Entra. Extendido sobre el piso de tierra de la cabaña ve al Dr. Mignini, rico propietario de la zona. Ha sido degollado hace muy poco tiempo. Sobre un estante encuentra el documento que buscaba y lo guarda en un bolsillo. Hay ruido de pasos que se aproximan. El Dr. Pi se retira rápidamente, pero alcanza a ser visto. Es perseguido.
Corre hasta la playa y logra embarcarse en la lancha que lo espera.
-¡Asesino! – le gritan.
A lo lejos se van perdiendo las voces. Pero el Dr. Pi cree saber que puede probar su inocencia.
Sólo después, mucho después, descubriría que la inocencia no existe cuando no la acompaña el amor.

DE: VIDA Y MEMORIA DEL DOCTOR PI Y OTRAS HISTORIAS

TODO AMOR ES UN AHORA

-Nos hemos visto antes ¿verdad?- dijo ella mientras se sentaba a su lado en un banco de la cubierta del barco que acababa de partir.
-¿Antes? Claro, claro – respondió él-, pero lo insustituible es este ahora.

EL PERFECTO PESCADOR DE CAÑA

El pescador de caña ha venido a sentarse a orillas del río. Ha dejado su caña a un costado, una caja metálica, una cesta. Permanece inmóvil mirando a lo lejos, mientras las aguas corren hacia el remanso próximo. El pescador está como ausente, no espera nada. A lo lejos surge una canoa. Una mujer joven rema suavemente. Se acerca. Sonríe y pasa. El pescador ha olvidado el nombre de la mujer que marcha hacia el remanso y vuelve a mirar a lo lejos. De un monte surge un cazador que dispara su arma. El pescador cae al río y las aguas enrojecidas lo llevan hasta el remanso, hasta la mujer sin nombre que lo espera.

ÚLTIMO ACTO

El señor R. y su señora han salido del teatro antes de que finalizara el espectáculo. El frío es intenso. El matrimonio camina lentamente. Al llegar a una esquina una joven vestida pobremente les pregunta la hora. El señor R. responde con una ligera sonrisa: es la hora del sueño.
Entonces la joven se dirige al teatro, penetra por la entrada de los artistas y sube al escenario donde dice su papel en el último acto de la obra. El señor y la señora R. siguen su camino.

UN HOMBRE TREPA POR LAS PAREDES Y SUBE AL CIELO

Colgado de una soga
el hombre que escala las paredes
tiene fuertes zapatones con clavos
Escala las paredes
porque ha olvidado las llaves de su casa
y mientras escala las paredes
hasta llegar al piso trece
se detiene algunos momentos
en los balcones de cada piso
donde aspira el olor de los geranios
las madreselvas
las hortensias
y los malvones
Hay sol
gallardetes
vendedores ambulantes
y más allá está el río
y más allá los puentes
por donde se va a la pampa
Abajo están los niños
que salen de las escuelas
y por el cielo pasan aviones y pájaros 
y sombreros de anchas alas
que el viento arrancó a los desprevenidos
La soga ha sido atada a la viga
que sobresale en la azotea
Un hombre la ciñó a su cintura
y asciende tomándose de la soga
con sus manos enguantadas
Usa un chaleco floreado y una gorra a cuadros
Debe llegar al piso trece
donde tiene que regar unos claveles
pisar maíz
escribir unas cartas
y preparar una cazuela
Sube lentamente 
y en cada piso se detiene un rato para descansar
Entre el balcón de cada piso
y se sienta en un sillón
o se extiende sobre una reposera
y conversa con la vecina o los vecinos
y acepta un café o un mate
o deja caer un chorro de una bota de vino
en su garganta
o juega a las cartas
o escucha confidencias y da consejos
y cuenta algún episodio de su vida
hasta que saluda y se va
y sigue trepando por las paredes 
colgado de una soga
Es el hombre tiene fuertes zapatones con clavos
el hombre que escala las paredes
y un chaleco floreado y una gorra a cuadros
que olvidó las llaves de su casa
y aspira el olor de los geranios
y debe llegar al piso trece
antes de que aparezcan los búhos
y se iluminen las ventanas
Están los pájaros y el río allá lejos
y el césped del parque
y los caballos que galopan por la llanura
y esta silla desvencijada
y la bañera 
fuera de uso
llena de tierra y de flores
y el mar y el navío que se acerca
y la lagartija que se escurre entre las rocas
y el vendedor de diarios que desde abajo
le grita consejos y advertencias
mientras el hombre vuela
asciende
conquista cada piso con esfuerzo
y mira siempre hacia arriba
la tierra está lejos
el cielo está lejos
El hombre que trepa por las paredes
colgado de una soga
cuando entra en una casa por el balcón
es bien recibido por los vecinos
y él trata de ser útil
pero en uno de los pisos
una mujer inesperada
que es una sola
y al mismo tiempo
todas las mujeres de su vida
le pide que la lleve con él
Entonces ella se ata también con la soga
y sube con el hombre
más allá del piso trece
hacia las nubes
al aire libre
al cielo 
al viento
entre los geranios
las sombrillas las reposeras
sobre puentes y puestos de diarios
y mástiles
y enredaderas
y algunas gotas
y semillas
y sueños
con su gorra a cuadros
con su chaleco floreado
con su enamorada de siempre 

Te recomendamos ver el programa de televisión.

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48. Poesía más Poesía: Oliverio Girondo

OLIVERIO GIRONDO

BIOGRAFÍA

En la Introducción a la Obra Completa de OLIVERIO GIRONDO por ENRIQUE MOLINA dice:
El misterioso mercurio que convierte ciertas páginas de poesía en un espejo capaz de reflejar las más reveladoras imágenes del sueño y de la tierra, suele, a menudo, disolverse con los años para dejar sólo un papel amarillento, unas palabras carbonizadas. Era falso. Al abrir ciertos libros que nos parecieron invulnerables en su momento suele encontrarse en ellos apenas algún huesecillo de frases que resiste, o sólo la flor ya seca que se colocó como señal. El miedo a la poesía, al extremo testimonio del ser que ella exige, la sumisión a toda clase de cálculos y conformismos acaba, tarde o temprano por aparecer al desnudo. Un metro de hierro negro restablece entonces, con despiadada objetividad, las jerarquías. Lo más bello del tiempo, su blasfemia, establece constantemente una óptica nueva.

Casi medio siglo desde la aparición de una obra poética es tal vez el mínimo lapso exigible para estimar su poder, su resistencia a los gérmenes de descomposición que ponen en ella las circunstancias, el tono de una época, la situación histórica. Sólo una fuerza poética capaz de engendrar incesantemente nuevas energías, de abrir nuevas perspectivas de interpretación a las que parecieran haberse consumido en un momento dado, la salvarán de todo carácter fantasmal, harán de la misma una constelación. Al acercarnos hoy a la poesía de Girondo, se nos presenta indemne. Nada se ha perdido de la fresca vitalidad de sus primeros libros, y mucho menos, de la trágica aventura existencial que testimonia el último. De uno a otro extremo brilla la trayectoria de ese “rayo que no cesa”, la expresión de un espíritu en el que se nos imponen como rasgos capitales una apasionada avidez de la vida y una ardiente sinceridad.


Octavio José Oliverio Girondo nace en Buenos Aires el 17-18 de Agosto de l891, en el seno de una familia de buena posición, en la casa de la Calle Lavalle 1035, hoy desaparecida.

El buen pasar de su familia le permitió tomar contacto prontamente con Europa donde vivió algunos años con sus padres, estudiando en el Epsom College de Inglaterra y en el Albert Le Grand de Arcueil, Francia. De regreso a la Capital Argentina y concluidos sus estudios secundarios, comenzó a estudiar Derecho acordando con sus padres no abandonar sus estudios mientras le dejaran viajar a Europa en las vacaciones. Gracias a esto, entabló relaciones literarias y amistosas con poetas y artistas del continente europeo que le introdujeron en los diversos círculos de las nuevas corrientes estéticas como el Surrealismo con la que entra en contacto gracias al poeta franco-uruguayo Jules Superville. Le presenta éste a Blaise Cendrars y Paul Morand. En esa época sus lecturas más estimadas son los poetas simbolistas franceses, los ensayos de ideario decadente de Remy de Gourmont, el Darío de Los raros y la filosofía de Nietzsche. Por esos años, Girondo anda colaborando como corresponsal en diversas revistas porteñas como Plus Ultra y la conocida Caras y caretas.
En 1915 hizo una breve incursión como dramaturgo , estrenando el drama “La madrastra”, escrito en colaboración con Zapata Quesada. Juntos escribieron una segunda obra “La comedia de todos los días”, que no llegó a estrenarse.


Al año siguiente se recibió de abogado con su tesis Warant agrícola. Legislación Argentina a su respecto. Juicio crítico sobre los mismos, si bien nunca ejerció como abogado.
En 1920 y 1921, siguió viajando, recorriendo España, Francia, Italia, el norte de África y Brasil
La experiencia de todos estos viajes se plasmó finalmente en su primer poemario “ Veinte poemas para ser leídos en el tranvía”, editado en 1922.
Este poemario apareció en Francia, con ilustraciones del mismo Girondo.

La crítica divide la producción Girondiana en tres períodos: Esta, considerada la primera etapa de producción a la que corresponde “ Veinte poemas para ser leídos en el tranvía” y “Calcomanías” de 1925 está caracterizada por un universo de orientación internacionalista, estructurado en torno al tradicional diario de viaje. El mundo exterior dominado por la ciudad se apodera y domina el referente poético . Un verdadero júbilo del objeto, exaltado en llos vaivenes espacio-temporales del turista que se deleita en descubrir una ruta geográfica. La actitud del sujeto poético es de asombro por el mundo externo pero siempre contemplado desde su propia percepción ca , cargada de sentido del humor a veces absurdo y ocurrente.
La luminosidad de veinte poemas se atenúa levemente en “Calcomanías” inspirado en sus andanzas españolas. España se le presenta como un espacio que le remite constantemente a su pasado artístico e histórico. En la visión que ofrece Girondo de la España de ese tiempo no hay una visión entusiasta del paisaje sino una mirada crítica que a través del humor y la ironía trata de ofrecer una imagen absurda y real de lo que observa.

Después de un nuevo viaje por España, donde conoció a Ramón Gómez de la Serna publicó su segundo poemario: Calcomanías en 1925. Durante este tiempo visitó Chile, Perú, Cuba, Méjico y EE.UU como representante de diferentes organismos vanguardistas. Ese mismo año, junto a la obra de Girondo, se publican también Trilce del peruano César Vallejo, Andamios Interiores del mexicano Manuel Maples Arce y Paulicèia desvairada del brasileño Màrio de Andrade, para confirmar la madurez de la poesía vanguardista en América Latina.

En 1926, en un almuerzo organizado por la Sociedad Rural en homenaje a Ricardo Güiraldes, conoció a la escritora Nora Lang, con quien se comprometió en 1934 y se casó en 1943.

Oliverio Girondo y Norah Lange en “La Recalada”, Tigre, Buenos Aires, década del 40


Entramos en la considerada segunda época. Se inicia con la publicación de “Espantapájaros”, libro heterogéneo que contiene un caligrama, prosas poéticas y poema en verso grotesco y deformado. El Girondo de este momento , dice Olga Orozco, penetra en los territorios de la interrogación, del cuestionamiento, de las comprobaciones absurdas frente a un yo y a un mundo que se oponen, se reabsorben y se enajenan, aunque sin abandonar el hilo de humor que se anuda de pronto en estallidos exaltados o admonitorios.
Para promocionar este libro hizo una escultura en papel maché del espantapájaros académico, de una altura de tres metros , inspirada en el dibujo de portada de la primera edición,, obra del ilustrador José Bonomi. La colocó en una carroza coronaria, tirada por seis caballos, con aurigas y lacayos incluidos y la hizo desfilar por la calle durante quince días a la vez que alquiló un local sobre la calle Florida, donde se vendía el libro, atendido por atractivas muchachas. La campaña resultó un éxito y el libro agotó la tirada de 5.000 ejemplares en un mes. La escultura hoy se conserva en el Museo de la Ciudad. Era para Girondo, como expresa
en la carta a Eva Méndez en el libro Veinte poemas, declararle la guerra a la levita.. Tal vez sea la primera propuesta de marketing para que la poesía llegue a todos. Por ello tuvo muchas críticas en el ambiente.
Gómez de la Serna dice al respecto: “En este libro admirable, del que no ha hablado ni un solo crítico de las grandes publicaciones y al que la envidia ha evitado toda alusión, está la injundia del talento irrespetuoso que es lo mejor del argentino”.
Este libro, que aparece un año antes de “ Fervor de Buenos Aires” de Jorge Luis Borges,lo señaló como representante de la Vanguardia porteña de esos años, que se nuclearía en torno a las revistas Proa, 1922, y Martín Fierro, 1924-1927. La aparición de este fundada por Girondo junto a Eva Méndez y en la que Girondo publica un manifiesto del grupo, en el número 4 de la revista y sus valiosos “Membretes”
Tras el fin de la etapa de la revista Martín Fierro, siguió recorriendo diferentes países de Europa y el norte de África. Portugal, Francia, Italia incluso Egipto, donde conoció las Pirámides y navegó por el Nilo
Victoria Ocampo lo invitó a formar parte del consejo de redacción de su revista Sur, pero no aceptó, ocupado en los viajes.

El Grupo Martín Fierro.


Girrondo perteneció al Grupo Florida, que además de Borges y Girondo incluía a Evar Méndez,Samuel Blumberg, Jacobo Fijman, Solar, Leopoldo Marechal , Raúl González Tuñón y Macedonio Fernández.
El Grupo Florida se caracterizó por su estética elitista y vanguardista y se reunía en la Confitería Richtmon. Este grupo supuestamente mantuvo una confrontación literaria dialéctica con el llamado Grupo Boedo, que de raigambre más humilde, publicaba en la editorial Claridad y se reunía en el café El japonés.
En 1933, Girondo se transladó con Nora a su nuevo domicilio de la calle Suipacha, en el barrio de Retiro, la que fue su vivienda definitiva. En esa casa organizaron una fiesta en ocasión de la publicación de la novela de Nora” 45 días y 30 marineros” con su esposa disfrazada de sirena
y los invitados de marineros. Entre éstos se encontraban los poetas Pablo Neruda y Federico amigos.García Lorca., quienes por esa época se hallaban en Buenos Aires y de quienes se hicieron
En 1936, Girondo y Nora comenzaron a pasar sus veranos fuera de la ciudad en una casa en el Delta del Paraná bautizada como La Recalada.

En 1937 escribió dos artículos para el diario La Nación, sobre la situación política de Europa y publicó su única ficción en prosa “Interlunio” con aguafuertes de Lino Enea Spilimbergo en la Editorial Sur.
En 1940 apareció” Nuestra actitud ante el desastre”, volumen que recoge artículos escritos sobre la segunda guerra mundial. Dos años después publica “Persuación de los días” su primer poemario en diez años

Jorge Luis Borges y Oliverio Girondo, entre el consejo de redacción de la revista Sur

Se considera ésta, su tercera etapa. Comprende ésta los poemarios “Persuación de los días” de 1942 y En” la Masmédula” 1953. Es el período más vanguardista y rupturista de Girondo. Quizás afectado por los acontecimientos políticos nacionales e internacionales, década infame, segunda guerra mundial, el tono introspectivo, desolado y existencial se profundiza en estos poemas.
En persuasión de los días, el humor, victoriosa manera de vencer la opresión que ejercen todas las fuerzas contrarias y el absurdo, arma con la que dispara su desesperación comensarán a retroceder frente a la angustia, la fatalidad, la repugnancia, la conciencia y la aceptación de la muerte. Los sentimientos de angustia e incertidumbre llevan a un rechazo de la ciudad y un retorno a la naturaleza. La poesía de Girondo se ve invadida por el clamor de lo verde La naturaleza, la tierra desnuda se transforma en,dominante semántico en la última parte del poemario. Por su parte, en la Masmédula se interna en lo que Molina llama el vértigo del espacio interior. En esta obra. Girondo lleva su experimentación con el lenguaje al límite, amalgamando las palabras para crear nuevas unidades léxicas capaces de contener múltiples sentidos que proceden tanto de su sentido semántico como de las asociaciones fonéticas que producen. Un procedimiento similar al que utilizó James Joyce en su novela Finnegans Wake. Puede considerarse la obra cumbre del autor y la que ha despertado mayor interés y fascinación entre la crítica.

Algunos críticos relacionaron este último gesto vanguardista de Girondo con un libro igualmente desesperado, constructor y destructor del sentido, “ Trilce” de César Vallejo.Sin embargo para Molina la obra de Girondo es aún más rupturista, dice:

Como experiencia de Lenguaje, no existe en español un libro comparable, Vallejo en “Trilce “ realiza un intento de cierto modo semejante pero su tentativa queda a mitad de camino, sólo en un reducido número de los poemas que integran este libro consigue en algunos momentos hacer estallar el lenguaje, forzarlo a penetrar en zonas casi inexpresables de la subjetividad y el sentimiento, pero el resto obedece a formas tradicionales. Como muy bien lo señala André Coyné, el resultado en Trilce es discontinuo, pues Vallejo no intenta construirse con los escombros del lenguaje común un lenguaje propio, en cambio, “ En la Masmédula” es un todo orgánico, allí Girondo se instala en un universo verbal cuyas leyes se imponen pero cuyos elementos poseen sin embargo una irradiación paroxística y un extraordinario poder comunicativo.
Entre medio de estas dos obras, Girondo publica un extenso poema: “Campo nuestro”. Es un texto que contrasta fuertemente con ambas, por su regreso a un estilo convencional, su temática telúrica y su tono bucólico. Se trata de un canto a la pampa en una línea similar a la de Ricardo Güiraldes. Olga Orozco lo definió como un intervalo de apaciguamiento, de melancolía y tierna serenidad antes de penetrar en las zonas de lo indecible, haciendo estallar todos los mecanismos del lenguaje y creando un universo nuevo, de nuevas entidades , de nuevas combinaciones, de nuevo significado. Jorge Schuartz, por su parte, además de considerarlo un hiato en la producción girondiana, especula con un posible giro nacionalista que tendría que ver tanto con sentimientos provocados por la guerra en Europa como con sus orígenes aristocráticos y el surgimiento del peronismo.


A partir de 1950 comenzó también a pintar con una orientación surrealista, aunque nunca expuso sus cuadros. Ha escrito sobre pintura moderna un interesante estudio crítico, que se puede leer en la edición de sus Obras completas.
En 1953 publicó la “En la Masmédula” obra en la que siguió trabajando en sus últimos años, ampliándolo en la edición del 56 y en la definitiva de l963. Todas editadas por Losada.
Por esta época se convirtió en referente de una nueva generación de poetas como Enrique Molina, quien prologó sus Obras Completas y con quien tradujo “Una temporada en el infierno” de Rimbaud, además de Aldo Pellegrini, Olga Orozco, Francisco Madariaga, Mario Trejo y Alberto Vanasco.
La obra de Oliverio Girondo constituye, a juicio de Enrique Molina, una solitaria expedición de descubrimiento y conquista, iniciada bajo un signo diurno, solar y que paulatinamente se interna en lo desconocido, llega a los bordes del mundo. Una travesía en la que alguien, en su conocimiento deslumbrado de las cosas, siente que el suelo se hunde bajo sus pies a medida que avanza hasta que las cosas mismas acaban por convertirse en las sombras de su propia soledad. En efecto, recorriendo su producción, es posible trazar un recorrido que va desde la mirada fascinada por el entorno hasta la indagación del propio yo y de un deslumbrado optimismo a una introspectiva desazón.
En 1961 sufre un accidente de tránsito que lo alejó varios meses del círculo artístico y le dejó importantes secuelas.
En 1965 viaja con Nora a Europa donde se encuentra con Rafael Alberti y María Teresa León en Roma, amigos desde la residencia de ambos en Argentina.
Muere en Buenos Aires, el 24 de Enero de l967, a la edad de 75 años. Sus restos yacen en el cementerio de La Recoleta, junto a su mujer, fallecida cinco años después.

POEMAS

BIARRITZ

El casino sorbe las últimas gotas de crepúsculo.

Automóviles afónicos. Escaparates constelados de estrellas falsas. Mujeres que van a perder sus sonrisas al bacará.

Con la cara desteñida por el tapete, los “croupiers” ofician, los ojos bizcos de tanto ver pasar dinero.

¡Pupilas que se licuan al dar vuelta las cartas!
de perlas que hunden un tarascón en las gargantas!

Hay efebos barbilampiños que usan una bragueta en el trasero. Hombres con baberos de porcelana. Un señor con un cuello que terminará por estrangularlo. Unas tetas que saltarán de un momento a otro de un escote, y lo arrollarán todo, como dos enormes bolas de billar.

Cuando la puerta se entreabre, entra un pedazo de “foxtrot”.

Biarritz, octubre, 1920

EX VOTO
A las chicas de Flores

Las chicas de Flores, tienen los ojos dulces, como las almendras azucaradas de la Confitería del Molino, y usan moños de seda que les liban las nalgas en un aleteo de mariposa.
Las chicas de Flores, se pasean tomadas de los brazos, para transmitirse sus estremecimientos, y si alguien las mira en las pupilas, aprietan las piernas, de miedo de que el sexo se les caiga en la vereda.
Al atardecer, todas ellas cuelgan sus pechos sin madurar del ramaje de hierro de los balcones, para que sus vestidos se empurpuren al sentirlas desnudas, y de noche, a remolque de sus mamas —empavesadas como fragatas—van a pasearse por la plaza, para que los hombres les eyaculen palabras al oído, y sus pezones fosforescentes se enciendan y se apaguen como luciérnagas.
Las chicas de Flores, viven en la angustia de que las nalgas se les pudran, como manzanas que se han dejado pasar, y el deseo de los hombres las sofoca tanto, que a veces quisieran desembarazarse de él como de un corsé, ya que no tienen el coraje de cortarse el cuerpo a pedacitos y arrojárselo, a todos los que les pasan la vereda.

NOCTURNO

Frescor de los vidrios al apoyar la frente en la ventana. Luces trasnochadas que al apagarse nos dejan todavía más solos. Telaraña que los alambres tejen sobre las azoteas. Trote hueco de los jamelgos que pasan y nos emocionan sin razón.
¿A qué nos hace recordar el aullido de los gatos en celo, y cuál será la intención de los papeles que se arrastran en los patios vacíos?
Hora en que los muebles viejos aprovechan para sacarse las mentiras, y en que las cañerías tienen gritos estrangulados, como si se asfixiaran dentro de las paredes.
A veces se piensa, al dar vuelta la llave de la electricidad, en el espanto que sentirán las sombras, y quisiéramos avisarles para que tuvieran tiempo de acurrucarse en los rincones. Y a veces las cruces de los postes telefónicos, sobre las azoteas, tienen algo de siniestro y uno quisiera rozarse a las paredes, como un gato o como un ladrón.
.4.
Noches en las que desearíamos que nos pasaran la mano por el lomo, y en las que súbitamente se comprende que no hay ternura comparable a la de acariciar algo que duerme.
¡Silencio! —grillo afónico que nos mete en el oído—. ¡Cantar de las canillas mal cerradas! —único grillo que le conviene a la ciudad—.

OTRO NOCTURNO

La luna, como la esfera luminosa del reloj de un edificio público.
¡Faroles enfermos de ictericia! ¡Faroles con gorras de “apache”, que fuman un cigarrillo en las esquinas!
¡Canto humilde y humillado de los mingitorios cansados de cantar!;Y silencio de las estrellas, sobre el asfalto humedecido!
¿Por qué, a veces, sentiremos una tristeza parecida a la de un par de medias tirado en un rincón?, y ¿por qué, a veces, nos interesará tanto el partido de pelota que el eco de nuestros pasos juega en la pared?
Noches en las que nos disimulamos bajo la sombra de los árboles, de miedo de que las casas se despierten de pronto y nos vean pasar, y en las que el único consuelo es la seguridad de que nuestra cama nos espera, con las velas tendidas hacia un país mejor.

EL ESCORIAL
A D. José Ortega y Gasset

A medida que nos aproximamos
las piedras se van dando mejor.

Desnudo, anacorético,
las ventanas idénticas entre sí,
como la vida de sus monjes,
el Escorial levanta sus muros de granito
por los que no treparán nunca los mandingas,
pues ni aún dentro de novecientos años.
hallarán una arruga donde hincar
sus pezuñas de azufre y pedernal.

Paradas en lo alto de las chimeneas,
las cigüeñas meditan la responsabilidad
de ser la única ornamentación del monasterio,
mientras el viento que reza en las rendijas
ahuyenta las tentaciones que amenazan
entrar por el tejado.

Cencerro de las piedras que pastan
en los alrededores,
las campanas de la iglesia
espantan a los ángeles
que viven en su torre
y suelen tomarlos de improviso,
haciéndoles perder alguna pluma
sobre el adoquinado de los patios.

¡Corredores donde el silencio tonifica
la robustez de las columnas!
¡Salas donde la austeridad es tan grande,
que basta una sonrisa de mujer
para que nos asedien los pecados de Bosch
y sólo se desbanden en retirada
al advertir que nuestro guía
es nuestro propio arcángel,
que se ha disfrazado de guardián!

Los visitantes,
la cabeza hundida entre los hombros
(así la Muerte no los podrá agarrar
como se agarra a un gato),
descienden a las tumbas y al pudridero,
y al salir,
perciben el esqueleto de la gente
con la misma facilidad
con que antes les distinguían la nariz.

Cuando una luna fantasmal
nieva su luz en las techumbres,
los ruidos de las inmediaciones
adquieren psicologías criminales,
y el silencio
alcanza tal intensidad,
que se camina
como si se entrara en un concierto,
y se contienen las ganas de toser
por temor a que el eco repita nuestra tos
hasta convencernos de que estamos tuberculosos.

¡Horas en que los perros se enloquecen de soledad
y en las que el miedo
hace girar las cabezas de las lechuzas y de los hombres,
quienes, al enfrentarnos,
se persignan bajo el embozo
por si nosotros fuéramos Satán

Selección de algunos:”Membretes”

Ambicionamos no plagiarnos ni a nosotros mismos, a ser siempre distintos, a renovarnos en cada poema, pero a medida que se acumulan y forman nuestra escueta o frondosa producción, debemos reconocer que a lo largo de nuestra existencia hemos escrito un solo y único poema.


Segura de saber donde se hospeda la poesía, existe siempre una multitud impaciente y apresurada que corre en su busca pero, al llegar donde le han dicho que se aloja y preguntar por ella, invariablemente se le contesta: Se ha mudado.

Aunque ellos mismos lo ignoren, ningún creador escribe para los otros, ni para sí mismo, ni mucho menos, para satisfacer un anhelo de creación, sino porque no puede dejar de escribir.

La “Olimpia” de Manet está enferma de “mal de Pott”! ¡Necesita aire de mar!… ¡Urge que Goya la examine!…

No hay crítico comparable al cajón de nuestro escritorio.

Aunque la estilográfica tenga reminiscencias de lagrimatorio, ni los cocodrilos tienen derecho a confundir las lágrimas con la tinta.

La variedad de cicuta con que Sócrates se envenenó se llamaba “Conócete a ti mismo.

El adulterio se ha generalizado tanto que urge rehabilitarlo o, por lo menos, cambiarle de nombre.

De Calcomanías:

SIESTA

Un zumbido de moscas anestesia la aldea.
El sol unta con fósforo el frente de las casas,
y en el cauce reseco de las calles que sueñan
deambula un blanco espectro vestido de caballo.
Penden de los balcones racimos de glicinas
que agravan el aliento sepulcral de los patios
al insinuar la duda de que acaso estén muertos
los hombres y los niños que duermen en el suelo.
La bondad soñolienta que trasudan las cosas
se expresa en las pupilas de un burro que trabaja
y en las ubres de madre de las cabras que pasan
con un son de cencerros que, al diluirse en la tarde,
no se sabe si aún suena o ya es sólo un recuerdo…
¡Es tan real el paisaje que parece fingido

De “ESPANTAPÁJAROS”

        1

No se me importa un pito que las mujeres tengan los senos como magnolias o como pasas de higo; un cutis de durazno o de papel de lija. Le doy una importancia igual a cero, al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco o con un aliento insecticida. Soy perfectamente capaz de soportarles una nariz que sacaría el primer premio en una exposición de zanahorias; ¡pero eso sí! —y en esto soy irreductible— no les perdono, bajo ningún pretexto, que no sepan volar. Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme!
Ésta fue —y no otra— la razón de que me enamorase, tan locamente, de María Luisa.
¿Qué me importaban sus labios por entregas y sus encelos sulfurosos? ¿Qué me importaban sus extremidades de palmípedo y sus miradas de pronóstico reservado? ¡María Luisa era una verdadera pluma!
Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina, volaba del comedor a la despensa. Volando me preparaba el baño, la camisa. Volando realizaba sus compras, sus quehaceres.
¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese, volando, de algún paseo por los alrededores! Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado. ¡María Luisa! ¡María Luisa!… y a los pocos segundos, ya me abrazaba con sus piernas de pluma, para llevarme, volando, a cualquier parte.
Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia que nos aproximaba al paraíso; durante horas enteras nos anidábamos en una nube, como dos ángeles, y de repente, en tirabuzón, en hoja muerta, el aterrizaje forzoso de un espasmo.
¡Qué delicia la de tener una mujer tan ligera…, aunque nos haga ver, de vez en cuando, las estrellas! ¡Qué voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes la de pasarse las noches de un solo vuelo!

         -10-

Después de conocer una mujer etérea, ¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre? ¿Verdad que no hay una diferencia sustancial entre vivir con una vaca o con una mujer que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo?
Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender la seducción de una mujer pedestre, y por más empeño que ponga en concebirlo, no me es posible ni tan siquiera imaginar que pueda hacerse el amor más que volando


Mis nervios desafinan con la misma frecuencia que mis primas
Mis nervios desafinan con la misma frecuencia que mis primas. Si por casualidad, cuando me acuesto, dejo de atarme a los barrotes de la cama, a los quince minutos me despierto, indefectiblemente, sobre el techo de mi ropero. En ese cuarto de hora, sin embargo, he tenido tiempo de estrangular a mis hermanos, de arrojarme a algún precipicio y de quedar colgado de las ramas de un espinillo.
Mi digestión inventa una cantidad de crustáceos, que se entretienen en perforarme el intestino. Desde la infancia, necesito que me desabrochen los tiradores, antes de sentarme en alguna parte, y es rarísimo que pueda sonarme la nariz sin encontrar en el pañuelo un cadáver de cucaracha.
Todavía, cuando llovizna, me duele la pierna que me amputaron hace tres años. Mi riñón derecho es un maní. Mi riñón izquierdo se encuentra en el museo de la Facultad de Medicina. Soy poliglota y tartamudo. He perdido, a la lotería, hasta las uñas de los pies, y en el instante de firmar mi acta matrimonial, me di cuenta que me había casado con una cacatúa.
Las márgenes de los libros no son capaces de encauzar mi aburrimiento y mi dolor. Hasta las ideas más optimistas toman un coche fúnebre para pasearse por mi cerebro. Me repugna el bostezo de las camas deshechas, no siento ninguna propensión por empollarle los senos a las mujeres y me enferma que los boticarios se equivoquen con tan poca frecuencia en los preparados de estricnina.
En estas condiciones, creo sinceramente que lo mejor es tragarse una cápsula de dinamita y encender, con toda tranquilidad, un cigarrillo.

    12

Se miran, se presienten, se desean,
se acarician, se besan, se desnudan,
se respiran, se acuestan, se olfatean,
se penetran, se chupan, se demudan,
se adormecen, se despiertan, se iluminan,
se codician, se palpan, se fascinan,
se mastican, se gustan, se babean,
se confunden, se acoplan, se disgregan,
se aletargan, fallecen, se reintegran,
se distienden, se enarcan, se menean,
se retuercen, se estiran, se caldean,
se estrangulan, se aprietan se estremecen,
se tantean, se juntan, desfallecen,
se repelen, se enervan, se apetecen,
se acometen, se enlazan, se entrechocan,
se agazapan, se apresan, se dislocan,
se perforan, se incrustan, se acribillan,
se remachan, se injertan, se atornillan,
se desmayan, reviven, resplandecen,
se contemplan, se inflaman, se enloquecen,
se derriten, se sueldan, se calcinan,
se desgarran, se muerden, se asesinan,
resucitan, se buscan, se refriegan,

se rehuyen, se evaden, y se entregan.

16

A unos les gusta el alpinismo. A otros les entretiene el dominó. A mí me encanta la transmigración.
Mientras aquéllos se pasan la vida colgados de una soga o pegando puñetazos sobre una mesa, yo no me canso nunca de transmigrar.
Desde el amanecer, me instalo en algún eucalipto a respirar la brisa de la mañana. Duermo una siesta mineral, dentro de la primera piedra que hallo en mi camino, y antes de anochecer ya estoy pensando la noche y las chimeneas con un espíritu de gato.
¡Qué delicia la de metamorfosearse en abejorro, la de sorber el polen de las rosas!¡Qué voluptuosidad la de ser tierra, la de sentirse penetrado de tubérculos, de raíces, de una vida latente que nos fecunda… y nos hace cosquillas!
Para apreciar el jamón ¿no es indispensable ser chancho? Quien no logre transformarse en caballo ¿podrá saborear el gusto de los valles y darse cuenta de lo que significa “tirar el carro”?…
Poseer una virgen es muy distinto a experimentar las sensaciones de la virgen mientras la estamos poseyendo, y una cosa es mirar el mar desde la playa, otra contemplarlo con unos ojos de cangrejo.
Por eso a mí me gusta meterme en las vidas ajenas, vivir todas sus secreciones, todas sus esperanzas, sus buenos y sus malos humores.
Por eso a mí me gusta rumiar la pampa y el crepúsculo, personificado en una vaca, sentir la gravitación y los ramajes con un cerebro de nuez o de castaña, arrodillarme en pleno campo, para cantarle con una voz de sapo a las estrellas.
¡Ah, el encanto de haber sido camello, zanahoria, manzana, y la satisfacción de comprender, a fondo, la pereza de los remansos… y de los camaleones!…
¡Pensar que durante toda su existencia, la mayoría de los hombres no han sido ni siquiera mujer!…¿Cómo es posible que no se aburran de sus apetitos, de sus espasmos y que no necesiten experimentar, de vez en cuando, los de las cucarachas…los de las madreselvas?
Aunque me he puesto, muchas veces, un cerebro de imbécil, jamás he comprendido que se pueda vivir, eternamente, con un mismo esqueleto y un mismo sexo.
Cuando la vida es demasiado humana – ¡únicamente humana! – el mecanismo de pensar ¿no resulta una enfermedad más larga y más aburrida que cualquier otra?
Yo, al menos, tengo la certidumbre que no hubiera podido soportarla sin esa aptitud de evasión, que me permite trasladarme adonde yo no estoy: ser hormiga, jirafa, poner un huevo, y lo que es más importante aún, encontrarme conmigo mismo en el momento en que me había olvidado, casi completamente, de mi propia existen.

De “PERSUACIÓN DE LOS DÍAS”

¿DÓNDE?


¿Me extravié en la fiebre?
¿Detrás de las sonrisas?
¿Entre los alfileres?
¿En la duda?
¿En el rezo?
¿En medio de la herrumbre?
¿Asomado a la angustia,
al engaño,
a lo verde?…
No estaba junto al llanto,
junto a lo despiadado,
por encima del asco,
adherido a la ausencia,
mezclado a la ceniza,
al horror,
al delirio.
No estaba con mi sombra,
no estaba con mis gestos,
más allá de las normas,
más allá del misterio,
en el fondo del sueño,
del eco,
del olvido.
No estaba.
¡Estoy seguro!
No estaba.

«Vuelo sin orillas»
Abandoné las sombras,
las espesas paredes,
los ruidos familiares,
la amistad de los libros,
el tabaco, las plumas,
los secos cielorrasos;
para salir volando,
desesperadamente.
Abajo: en la penumbra,
las amargas cornisas,
las calles desoladas,
los faroles sonámbulos,
las muertas chimeneas
los rumores cansados,
desesperadamente.
Ya todo era silencio,
simuladas catástrofes,
grandes charcos de sombra,
aguaceros, relámpagos,
vagabundos islotes
de inestable riberas;
pero seguí volando,
desesperadamente.
Un resplandor desnudo,
una luz calcinante
se interpuso en mi ruta,
me fascinó de muerte,
pero logré evadirme
de su letal influjo,
para seguir volando,
desesperadamente.
Todavía el destino
de mundos fenecidos,
desorientó mi vuelo
-de sideral constancia-
con sus vanas parábolas
y sus aureolas falsas;
pero seguí volando,
desesperadamente.
Me oprimía lo flúido,
la limpidez maciza,
el vacío escarchado,
la inaudible distancia,
la oquedad insonora,
el reposo asfixiante;
pero seguía volando,
desesperadamente.
Ya no existía nada,
la nada estaba ausente;
ni oscuridad, ni lumbre,
-ni unas manos celestes-
ni vida, ni destino,
ni misterio, ni muerte;
pero seguía volando,
desesperadamente.

De “EN LA MASMÉDULA”

ES LA BABA

Es la baba.
Su baba.
La efervescente baba.
La baba hedionda,
cáustica;
la negra baba rancia
que babea esta especie babosa de alimañas
por sus rumiantes labios carcomidos,
por sus pupilas de ostra putrefacta,
por sus turbias vejigas empedradas de cálculos,
por sus viejos ombligos de regatón gastado,
por sus jorobas llenas de intereses compuestos,
de acciones usurarias;
la pestilente baba,
la baba doctorada,
que avergüenza la felpa de las bancas con dieta
y otras muelles poltronas no menos escupidas.
La baba tartamuda,
adhesiva,
viscosa,
que impregna las paredes tapizadas de corcho
y contempla el desastre a través del bolsillo.
La baba disolvente.
La agria baba oxidada.
La baba.
¡Sí! Es su baba…
lo que herrumbra las horas,
lo que pervierte el aire,
el papel,
los metales;
lo que infecta el cansancio,
los ojos,
la inocencia,
con sus vermes de asco,
con sus virus de hastío,
de idiotez,
de ceguera,
de mezquindad,
de muerte

EL PENTOTAL A QUÉ

Lo no moroso al toque
el consonar a qué la sexta nota
los hubieron posesos
los sofocos del bis a bis acoplo de sorbentes subósculos
los erosismos dérmicos
los espiribuceos
el ir a qué con meta
los refrotes fortuitos del gravitar a qué con cuanta larva
en tedio languilate en los cubos del miasma
los tantos otros otros
la sed a qué
las equis
las instancias del vértigo
el gusto a qué desnudo
los tententedio tercos del infierneo en familia
las idóneas exnúbiles
el darse a dar a qué
el re la mi sin fin
los complejos velados
el decomiso aseto
los tejidos tejidos en el diario presidio de la sangre.
los necrococopiensos con ancestros de polvo
el “to be” a qué
o el “not to be” a qué
la suma lenta merma
la recontra
los avernitos íntimos
el ascopez paqué
cualquier a qué cualquiera
el pluriaqué
a qué
el pentatotal a qué
a qué
a qué
a qué
y sin embargo

TROPOS

Toco
toco poros
amarras
calas toco
teclas de nervios
muelles
tejidos que me tocan
cicatrices
cenizas
trópicos vientres toco
solos solos
resacas
estertores
toco y mastoco
y nada

Prefiguras de ausencia
inconsistentes tropos
qué tú
qué qué
qué quenas
qué hondonadas
qué máscaras
qué soledades huecas
qué sí qué no
qué sino que me destempla el toque
qué reflejos
qué fondos
qué materiales brujos
qué llaves
qué ingredientes nocturnos
qué fallebas heladas que no abren
qué nada toco
en todo

Yolleo

Eh vos
tatacombo
soy yo

no me oyes
tataconco
soy yo sin vos
sin voz
aquí yollando
con mi yo sólo solo que yolla y yolla y yolla
entre mis subyollitos tan nimios micropsíquicos
lo sé
lo sé —–y tanto
desde el yo mero mínimo al verme yo harto en todo
junto a mis ya muertos y revivos yoes siempre siempre yollando y yoyollando siempre
por qué
si sos
por qué dí

eh vos
no me oyes
tatatodo
por qué tanto yollar
responde

———-y hasta cuándo

Te recomendamos ver el programa de televisión.

PRÓXIMO PROGRAMA

46. Poesía más Poesía: Jorge Luis Borges

JORGE LUIS BORGES

Biografía

  El 23 de agosto de 1899 nace Jorge Luis Borges en Buenos Aires, hijo de Jorge Guillermo Borges y Leonor Acevedo, en la casa familiar de la calle Tucumán, entre Esmeralda y Suipacha.
Borges solía hablar de dos tradiciones heredadas de sus antepasados, una militar y otra literaria: en la primera se destacan el coronel Isidoro Suárez, bisabuelo materno que “a la edad de veinticuatro años dirigió una famosa carga de caballería peruana y colombiana que decidió la batalla de Junín” y el coronel Francisco Borges, abuelo paterno fallecido en la batalla de La Verde (1874); en la tradición literaria se encuentran el poeta romántico Juan Crisóstomo Lafinur y Edward Young Haslam, bisabuelo paterno que editó en Argentina uno de los primeros periódicos ingleses, el Southern Cross.


Su padre, Jorge Guillermo Borges, quien pertenecía a una familia de origen portugués, fue un abogado argentino, nacido en Entre Ríos, que se dedicó a impartir clases de psicología. Era un ávido lector y tenía aspiraciones literarias que concretó en una novela, El caudillo, y algunos poemas; además tradujo a Omar Jayyam de la versión inglesa de Edward Fitzgerald. Para 1970, Jorge Luis recordaba con estas palabras a su padre: «Él me reveló el poder de la poesía: el hecho de que las palabras sean no sólo un medio de comunicación sino símbolos mágicos y música».

Jorge Guillermo y Leonor, padres de Jorge Luis Borges

Su madre, Leonor Acevedo Suárez, era porteña, aunque algunas fuentes la consideran uruguaya debido a que era hija de orientales. ​ Aprendió inglés de su marido y tradujo varias obras al español. La familia de su padre tenía orígenes españoles, portugueses e ingleses; la de su madre, españoles y es posible que portugueses. En su casa se hablaba tanto castellano como inglés​ por ende, JLB creció como bilingüe.
  En 1901, tras el nacimiento de su hermana Norah, la familia decide mudarse a una casa más amplia de Palermo, barrio en el que Borges conocerá con el paso del tiempo las andanzas de diversos compadritos que pueblan sus ficciones y decidirá su vocación literaria, promovida por el padre y la frecuentación de su amplia biblioteca “de ilimitados libros ingleses”.
En 1905 comenzó a tomar sus primeras lecciones con una institutriz británica. Al año siguiente escribió su primer relato, La visera fatal, siguiendo páginas del Quijote. Además, esbozó en inglés un breve ensayo sobre mitología griega.


En 1906, como su padre desconfiaba de la educación pública, Borges toma sus primeras lecciones en inglés con una institutriz británica, miss Tink. Tres años después ingresa en la escuela primaria (cuarto grado), donde soporta las burlas de sus compañeros debido a sus lentes, el cuello y la corbata estilo Eton, un internado exclusivo del reino Unido, con que lo envían a clase. A los nueve años tradujo del inglés El príncipe feliz, de Oscar Wilde, texto que se publicó en el periódico El País rubricado por Jorge Borges (h).
Por esta época la familia pasa sus vacaciones de verano en Adrogué, pueblo cercano a Buenos Aires, o en casa de unos familiares uruguayos, los Haedo.
​ Jorge Guillermo Borges, su padre, se jubila en 1914 y emprende con la familia un viaje a Europa para someterse a un tratamiento oftalmológico, por la enfermedad que luego heredará Borges y que lo conduce a la ceguera.
Después de recorrer Londres y París, se establecen en Ginebra (Suiza) al no poder regresar a Argentina por el estallido de la Gran Guerra y para refugiarse de ella, la familia se instaló en Ginebra (Suiza), donde el joven Borges y su hermana Norah asistirían a la escuela.
Borges estudió francés y cursó el bachillerato en el Liceo Jean Calvin. El ambiente en aquel establecimiento de inspiración protestante era completamente distinto al de su anterior escuela de Palermo, sus compañeros, muchos de ellos extranjeros como él, apreciaban ahora sus conocimientos e inteligencia y no se burlaban de su tartamudez. ​ Durante esa época leyó sobre todo a los prosistas del Realismo francés y a los poetas expresionistas y simbolistas, especialmente a Rimbaud. A la vez, descubrió a Schopenhauer, Nietzsche, Mauthner, Carlyle y Chesterton. Con la sola ayuda de un diccionario aprendió por sí mismo el alemán y escribió sus primeros versos en francés.

Foto familiar de los Borges. Parados, Norah y Jorge Guillermo; sentados, Jorge Luis y su madre, Leonor Acevedo Suárez


Después del fallecimiento de su abuela materna, en 1919, la familia Borges marchó primero a Lugano y luego a España.
Inicialmente se instalaron en Barcelona y luego se trasladaron a Palma de Mallorca. En esta última ciudad Borges escribió dos libros que no publicó: Los ritmos rojos, poemas de elogio a la Revolución rusa, y Los naipes del tahúr, un libro de cuentos.
En Madrid y en Sevilla participó del movimiento literario. En esta época conoció a su futuro cuñado, Guillermo de Torre, y a algunos de los principales escritores españoles de la época, como Rafael Cansinos-Assens —a quien frecuentaba en el famoso Café Colonial y a quien siempre consideró su maestro— Ramón Gómez de la Serna, Valle Inclán y Gerardo Diego y formó parte del movimiento ultraísta que luego habría de encabezar en Argentina.
Colaboró con poemas y en la crítica literaria en las revistas Ultra, Grecia, Cervantes, Hélices y Cosmópolis.
Su primera poesía, Himno al mar, escrita en el estilo de Walt Whitman, fue publicada en la revista Grecia el 31 de diciembre de 1919.
¡Oh, mar! ¡oh, mito! ¡oh, largo lecho!

Y sé por qué te amo. Sé que somos muy viejos.
Que ambos nos conocemos desde siglos.
Sé que en tus aguas venerandas y rientes ardió la aurora de la Vida.
(En la ceniza de una tarde terciaria vibré por primera vez en tu seno).
Oh, proteico, yo he salido de ti.
¡Ambos encadenados y nómadas!
Ambos con una sed intensa de estrellas;
ambos con esperanzas y desengaños;
ambos, aire, luz, fuerza, oscuridades;
ambos con nuestro vasto deseo y ambos con nuestra grande miseria.

Borges embarcó en el puerto de Barcelona en el Reina Victoria Eugenia, que lo devolvería a Buenos Aires. En el puerto lo esperaba el escritor, filósofo de la paradoja y humorista surreal Macedonio Fernández, cuya amistad Borges habría de heredar de su padre. El contacto con Buenos Aires llevó al poeta a una relación exaltada de «descubrimiento» con su ciudad natal. En el barrio de Palermo, que por aquella época era un barrio marginal de inmigrantes y cuchilleros, conoció las andanzas de los compadritos que después poblaron sus ficciones.
“Descubre” los suburbios porteños que aparecen frecuentemente en sus primeros libros de poesía (Fervor de Buenos Aires, 1923). Fue una edición preparada apuradamente, en la que se colaron algunas erratas y que, además, carecía de prólogo. Para la tapa su hermana Norah realizó un grabado. Se editaron unos trescientos ejemplares; los pocos que se conservan son considerados tesoros por los bibliófilos y en algunos se aprecian correcciones manuscritas realizadas por el mismo Borges.


En Fervor de Buenos Aires es donde emotivamente confesó que, finalmente, «las calles de Buenos Aires/ya son mi entraña». Son treinta y tres poemas tan heterogéneos que aluden a un juego de cartas (el truco), a Juan Manuel de Rosas, o a la exótica Benarés; sin ahorrar el espacio para solazarse en un patio anónimo de Buenos Aires, «en la amistad oscura/ de un zaguán, de una parra y de un aljibe». Sobre el espíritu de este libro ha escrito Borges que «en aquel tiempo buscaba los atardeceres, los arrabales y la desdicha».
Le siguieron: Luna de enfrente, 1925; Cuaderno San Martín, 1929) y comienza a publicar numerosas colaboraciones en revistas literarias y periódicos. Funda, junto a otros escritores, las revistas Prisma y la segunda época de Proa y en 1925 publica su primer libro de ensayos, Inquisiciones, al que seguirán El tamaño de mi esperanza (1927) y El idioma de los argentinos (1928), excluidos de sus Obras Completas.
En los siguientes treinta años Borges se transformaría en uno de los más brillantes y más polémicos escritores de América. Cansado del ultraísmo que él mismo había traído de España, intentó fundar un nuevo tipo de regionalismo, enraizado en una perspectiva metafísica de la realidad. Escribió cuentos y poemas sobre el suburbio porteño, sobre el tango, sobre fatales peleas de cuchillo, como consta en Hombre de la esquina rosada y El puñal.
Pronto se cansó también de este «ismo» y empezó a especular por escrito sobre la narrativa fantástica o mágica, hasta el punto de producir durante dos décadas —desde 1930 a 1950— algunas de las más extraordinarias ficciones del siglo XX: Historia universal de la infamia, Ficciones, El Aleph, entre otros. ​
Más tarde colaboró, entre otras publicaciones, en Martín Fierro, una de las revistas claves de la historia de la literatura argentina de la primera mitad del siglo XX. No obstante su formación europeísta, reivindicó temáticamente sus raíces argentinas, y en particular porteñas, en poemarios como Fervor de Buenos Aires (1923), Luna de enfrente (1925) y Cuaderno San Martín (1929).
Compuso letras de tangos y milongas, si bien rehuyó «la sensiblería del inconsolable tango-canción» y el manejo sistemático del lunfardo, que «infunde un aire artificioso a las sencillas coplas». En sus letras y algunos relatos se narran las dudosas hazañas de los cuchilleros y compadres, a los que muestra en toda su despojada brutalidad aunque dentro de un clima trágico, cuando no casi épico.
En 1930 Borges publicó el ensayo Evaristo Carriego gracias al editor Manuel Gleizer y prologó una exposición del pintor uruguayo Pedro Figari. Además, conoció a un joven escritor de solo 17 años, que luego sería su amigo y con el que publicaría numerosos textos, Adolfo Bioy Casares. ​
En el primer número de la revista Sur, dirigida por Victoria Ocampo, Borges colaboró con un artículo dedicado al coronel Ascasubi. En este primer número, publicado en 1931, también contribuyeron la propia Victoria Ocampo, Waldo Frank, Alfonso Reyes Ochoa, Jules Supervielle, Ernest Ansermet, Walter Gropius, Ricardo Güiraldes y Pierre Drieu La Rochelle.

Josefina Dorado, Adolfo Bioy Casares, Victoria Ocampo y Jorge Luis Borges en Mar de Plata, 1935


Borges publicó dos años más tarde una colección de ensayos y crítica literaria titulada Discusión, la que abarca temas tan diversos como la poesía gauchesca, la Cábala, temas filosóficos, el arte narrativo y hasta su opinión sobre clásicos del cine.
El 12 de agosto de 1933 comenzó a dirigir, junto con Ulyses Petit de Murat, la Revista Multicolor de los Sábados, suplemento cultural impreso a color del diario populista Crítica que duraría hasta octubre de 1934. ​
En 1935 editó Historia universal de la infamia, una serie de relatos breves, entre ellos, Hombre de la esquina rosada. Allí sigue interesado en el perfil mítico de Buenos Aires iniciado en Evaristo Carriego.
Al año siguiente se publicaron los ensayos de Historia de la eternidad, donde —entre otros temas— Borges indaga sobre la metáfora. En la revista quincenal El Hogar, comenzó a publicar la columna de crítica de libros y autores extranjeros hasta 1939. Allí publicó quincenalmente gran cantidad de reseñas bibliográficas, biografías sintéticas de escritores y ensayos. Colaboró también en la revista Destiempo, editada por Adolfo Bioy Casares y Manuel Peyrou, con ilustraciones de Xul Solar. Para la editorial Sur tradujo A Room of One’s Own, de Virginia Woolf y al año siguiente la novela Orlando de la misma autora. En 1940 publicó Antología clásica de la literatura argentina.
El Borges vanguardista y más tarde bucólico se transformó en la década del 30, del Borges de la revista Sur, con su cosmopolitismo de alto vuelo, el Borges metafísico que especuló sobre el tiempo, el espacio y lo infinito, la vida y la muerte y si hay destino para el hombre; al Borges que hace alardes de erudición y que ya pergeña sus celebérrimos textos trampa: comentarios exhaustivos, por ejemplo, de libros que no existen, o relatos que juntan y mezclan lo real con lo ficticio. También se percibe un cambio en materia de estilo, una labor de poda en las prosas y los metros, que pasan a ser más clásicos, más nítidos, más sencillos.
Los años finales de esta década fueron funestos para Borges: primero vino la muerte de la abuela Fanny; después, la del padre, precedida de una muy lenta y penosa agonía. ​ Borges se vio arrojado de una vez pero contundentemente al mundo de los adultos responsables. Tenía que hacer lo que todos hacían desde edades bastante más tempranas: trabajar, sacar adelante una familia. En esto tuvo suerte: con la ayuda del poeta Francisco Luis Bernárdez, consiguió en 1938 un empleo en la biblioteca municipal Miguel Cané del barrio porteño de Boedo. En esta poca concurrida biblioteca pudo seguir haciendo lo que solía, pasarse los días entre libros, leyendo y escribiendo. Después, el mismo Borges sufrió un grave accidente, al golpearse la cabeza con una ventana, lo que lo llevó al borde de la muerte por septicemia y que, oníricamente, reflejará en su cuento El sur. En la convalecencia escribió el cuento Pierre Menard, autor del Quijote. Esos sueños de convaleciente le sirvieron para escribir páginas espléndidas; fantasiosas pero tramadas por su inconfundible mente siempre, lúcida y penetrante. Borges salió del trance afianzado en la idea que venía rumiando desde hacía tiempo: que la realidad empírica es tan ilusoria como el mundo de las ficciones, pero inferior a este, y que sólo las invenciones pueden suministrarnos herramientas cognoscitivas confiables.

En 1940 publicó Antología de literatura fantástica, en colaboración con Bioy Casares y Silvina Ocampo, quienes ese mismo año contrajeron matrimonio, siendo Borges el testigo de su boda. Prologó, además, el libro de Bioy Casares La invención de Morel. Publicó en 1941 Antología Poética Argentina y editó el volumen de narraciones El jardín de senderos que se bifurcan, obra con la que se hizo acreedor al Premio Nacional de Literatura. Al año siguiente apareció Seis problemas para don Isidro Parodi, libro de narraciones que escribió en colaboración con Bioy Casares. Lo firmaron con el seudónimo «H. Bustos Domecq», el cual proviene de «Bustos», un bisabuelo cordobés de Borges, y «Domecq», un bisabuelo de Bioy Casares. Bajo el título Poemas (1923-1943) reunió en 1943 la labor poética de sus tres libros más los poemas publicados en el diario La Nación y en la revista Sur. Presentó, junto con Bioy Casares, la antología Los mejores cuentos policiales.
Para esta época, Borges ya había logrado un espacio en el reducido círculo de la vanguardia literaria argentina. Su obra Ficciones recibió el Gran Premio de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE). En sus páginas se halla Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, sobrecogedora e insuperable metáfora del mundo.
En una reunión en la casa de Bioy Casares y Silvina Ocampo, Borges conoció en agosto de 1944 a Estela Canto, una joven atractiva, inteligente, cultivada y poco convencional, que llamó su atención —acostumbrado a tratar en los círculos literario y social con mujeres convencionales de la clase media o alta— y de quien se enamoró sin ser correspondido. Estela era una mujer vanidosa y hasta su muerte se ufanaba de haber conquistado el amor, y después la amistad de Borges, así como de haber sido la destinataria de una colección de cartas de amor que mostraban hasta qué punto el autor de Ficciones, que detestaba el sentimentalismo en la literatura, podía ser profundamente sentimental en la vida.​ En su libro de memorias, Canto escribió:
La actitud de Borges me conmovía. Me gustaba lo que yo era para él, lo que él veía en mí. Sexualmente me era indiferente, ni siquiera me desagradaba. Sus besos torpes, bruscos, siempre a destiempo, eran aceptados condescendientemente. Nunca pretendí sentir lo que no sentía.​

Jorge Luis Borges dictándole a su madre en su casa


La figura de Estela le inspiró a Borges ciertos aspectos de El Aleph, uno de sus mejores cuentos. Él le dedicó a ella ese relato y le regaló el manuscrito original, el cual Estela hizo subastar cuatro décadas más tarde en Sotheby y fue vendido en más de 25.000 dólares a la Biblioteca Nacional de España. ​
Desafiando a su madre, para quien Estela era una desclasada, Borges le propuso casamiento. Ese amor no consumado, siempre agónico, terminó hacia fines de 1952. ​
En colaboración con Silvina Bullrich publicó El compadrito en 1945. Junto con Bioy Casares publicó en 1946 Un modelo para la muerte utilizando el seudónimo «B. Suárez Lynch» y, H. Bustos Domecq, Dos fantasías memorables, volumen de historias de suspenso policial. Borges aclaró posteriormente que «Suárez» provenía de su abuelo y que «Lynch» representaba el lado irlandés de la familia de Bioy.
Fundó y dirigió la revista Los Anales de Buenos Aires (que concluiría, tras 23 números, en diciembre de 1948). En la publicación, Borges y Bioy colaboraron con un nuevo seudónimo: «B. Lynch Davis». Entre 1947 y 1948 editó el ensayo Nueva refutación del tiempo y publicó sus Obras Escogidas. En 1949 se editó su célebre obra narrativa El Aleph, libro de género fantástico y que para la crítica es casi unánimemente su mejor colección de relatos.
Preside la SADE durante el período 1950-1953. 
En 1955, es nombrado Director de la Biblioteca Nacional. Ese mismo año también es nombrado miembro de la Academia Argentina de Letras.  Recibe en 1956 el Premio Nacional de Literatura y un Doctorado Honoris Causa de la Universidad de Cuyo. En la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires dicta una cátedra de literatura inglesa. Desde esta fecha los médicos oftalmólogos le prohíben la lectura y pasa a depender de su madre y un círculo de amistades que gustosamente se presta a tareas de amanuense. Con Margarita Guerrero publica en 1957 el Manual de zoología fantástica, en México.
En 1961 recibe el Premio Formentor compartido con Samuel Beckett que otorga el Congreso Internacional de Editores. Este importante galardón lo promueve internacionalmente y le ofrece la posibilidad de ser editado en numerosos idiomas. 
En 1964 la editorial L’Herne de París publica un grueso tomo dedicado a su obra con ensayos de críticos de diversos continentes. 

Borges y Juan Rulfo


El 21 de septiembre de 1967 se casa con Elsa Astete Millán, quien lo acompaña a Estados Unidos, donde dicta un curso en la Universidad de Harvard y conferencias en distintos ámbitos académicos. Se separa de su mujer tres años después. Durante la década del setenta publica volúmenes de poesía (El oro de los tigres, La rosa profunda, La moneda de hierro, Historia de la noche), dos libros de cuentos (El informe de Brodie y El libro de arena) y varios tomos en colaboración (¿Qué es el budismo?, Nuevos cuentos de Bustos Domecq, Breve antología anglosajona). En 1974 reúne por primera vez en un volumen sus Obras Completas, editadas por Emecé.


En 1975 falleció su madre, a los noventa y nueve años. A partir de ese momento realiza diversos viajes y recibe premios y distinciones significativas (diversos doctorados Honoris Causa, la Orden Bernardo O’Higgins del gobierno chileno, las llaves de la ciudad de Bogotá, la Orden del Mérito de la República Federal de Alemania, la Cruz del Halcón islandesa, etc.)
En 1980 firma junto a otras personalidades una “Solicitada sobre los desaparecidos” en el diario Clarín.   Los conjurados, su último libro de poemas, aparece en 1985.  Borges realizaría sus viajes junto a una ex-alumna, luego secretaria y —por último, en la senectud de Borges— su segunda esposa, María Kodama.

Borges con María Kodama y Octavio Paz

En 1986, al conocerse enfermo de cáncer y temiendo que su agonía fuese un espectáculo nacional, ​ fijó su residencia en Ginebra, ciudad a la que lo unía un profundo amor y a la cual Borges había designado una de mis patrias. El 26 de abril se casó —por poderes— con María Kodama, según Acta de esa fecha labrada en Colonia Rojas Silva, Paraguay.

Borges con Bioy Casares


Falleció el 14 de junio de 1986 a los 86 años víctima de un cáncer hepático y un enfisema pulmonar. ​ Según cuenta Adolfo Bioy Casares, asistió a su muerte su traductor al francés, Jean-Pierre Bernès, quien refiere que «murió diciendo el Padrenuestro. Lo dijo en anglosajón, inglés antiguo, inglés, francés y español.» ​
Obedeciendo su última voluntad, sus restos yacen en el cementerio de Plainpalais.

POEMAS

FUNDACIÓN MÍTICA DE BUENOS AIRES

¿Y fue por este río de sueñera y de barro
que las proas vinieron a fundarme la patria?
Irían a los tumbos los barquitos pintados
entre los camalotes de la corriente zaina.

Pensando bien la cosa, supondremos que el río
era azulejo entonces como oriundo del cielo
con su estrellita roja para marcar el sitio
en que ayunó Juan Díaz y los indios comieron.

Lo cierto es que mil hombres y otros mil arribaron
por un mar que tenía cinco lunas de anchura
y aún estaba poblado de sirenas y endriagos
y de piedras imanes que enloquecen la brújula.

Prendieron unos ranchos trémulos en la costa,
durmieron extrañados. Dicen que en el Riachuelo,
pero son embelecos fraguados en la Boca.
Fue una manzana entera y en mi barrio: en Palermo.

Una manzana entera pero en mitá del campo
presenciada de auroras y lluvias y sudestadas.
La manzana pareja que persiste en mi barrio:
Guatemala, Serrano, Paraguay, Gurruchaga.

Un almacén rosado como revés de naipe
brilló y en la trastienda conversaron un truco;
el almacén rosado floreció en un compadre,
ya patrón de la esquina, ya resentido y duro.

El primer organito salvaba el horizonte
con su achacoso porte, su habanera y su gringo.
El corralón seguro ya opinaba Yrigoyen,
algún piano mandaba tangos de Saborido.

Una cigarrería sahumó como una rosa
el desierto. La tarde se había ahondado en ayeres,
los hombres compartieron un pasado ilusorio.
Sólo faltó una cosa: la vereda de enfrente.

A mí se me hace cuento que empezó Buenos Aires:
La juzgo tan eterna como el agua y el aire.

LOS BORGES

Nada o muy poco sé de mis mayores
portugueses, los Borges: vaga gente
que prosigue en mi carne, oscuramente,
sus hábitos, rigores y temores.

Tenues como si nunca hubieran sido
y ajenos a los trámites del arte,
indescifrablemente forman parte
del tiempo, de la tierra y del olvido.

Mejor así. Cumplida la faena,
son Portugal, son la famosa gente
que forzó las murallas del Oriente

y se dio al mar y al otro mar de arena.
Son el rey que en el místico desierto
se perdió y el que jura que no ha muerto.

ARRABAL

El arrabal es el reflejo de nuestro tedio.
Mis pasos claudicaron
cuando iban a pisar el horizonte
y quedé entre las casas,
cuadriculadas en manzanas
diferentes e iguales
como si fueran todas ellas
monótonos recuerdos repetidos
de una sola manzana.
 
El pastito precario
desesperadamente esperanzado,
salpicaba las piedras de la calle
y divisé en la hondura
los naipes de colores del poniente
y sentí Buenos Aires.
 
Esta ciudad que yo creí mi pasado
es mi porvenir, mi presente;
los años que he vivido en Europa son ilusorios,
yo estaba siempre (y estaré) en Buenos Aires.

LA VUELTA

Al cabo de los años del destierro
volví a la casa de mi infancia
y todavía me es ajeno su ámbito.
 
mis manos han tocado los árboles
como quien acaricia a alguien que duerme
y he repetido antiguos caminos
como si recobrara un verso olvidado
y vi al desparramarse la tarde
la frágil luna nueva
que se arrimó al amparo sombrío
de la palmera de hojas altas,
como a su nido el pájaro.
 
¡Qué caterva de cielos
abarcará entre sus paredes el patio,
cuánto heroico poniente
militará en la hondura de la calle
y cuánta quebradiza luna nueva
infundirá al jardín su ternura,
antes que vuelva a reconocerme la casa
y de nuevo sea un hábito!

POEMA CONJETURAL

El doctor Francisco Laprida, asesinado el día 22 de setiembre de 1829
por los montoneros de Aldao, piensa antes de morir:

Zumban las balas en la tarde última.
Hay viento y hay cenizas en el viento,
se dispersan el día y la batalla
deforme, y la victoria es de los otros.
Vencen los bárbaros, los gauchos vencen.
Yo, que estudié las leyes y los cánones,
yo, Francisco Narciso de Laprida,
cuya voz declaró la independencia
de estas crueles provincias, derrotado,
de sangre y de sudor manchado el rostro,
sin esperanza ni temor, perdido,
huyo hacia el Sur por arrabales últimos.
Como aquel capitán del Purgatorio
que, huyendo a pie y ensangrentando el llano,
fue cegado y tumbado por la muerte
donde un oscuro río pierde el nombre,
así habré de caer. Hoy es el término.
La noche lateral de los pantanos
me acecha y me demora. Oigo los cascos
de mi caliente muerte que me busca
con jinetes, con belfos y con lanzas.
Yo que anhelé ser otro, ser un hombre
de sentencias, de libros, de dictámenes
a cielo abierto yaceré entre ciénagas;
pero me endiosa el pecho inexplicable
un júbilo secreto. Al fin me encuentro
con mi destino sudamericano.
A esta ruinosa tarde me llevaba
el laberinto múltiple de pasos
que mis días tejieron desde un día
de la niñez. Al fin he descubierto
la recóndita clave de mis años,
la suerte de Francisco de Laprida,
la letra que faltaba, la perfecta
forma que supo Dios desde el principio.
En el espejo de esta noche alcanzo
mi insospechado rostro eterno. El círculo
se va a cerrar. Yo aguardo que así sea.
Pisan mis pies la sombra de las lanzas
que me buscan. Las befas de mi muerte,
los jinetes, las crines, los caballos,
se ciernen sobre mí… Ya el primer golpe,
ya el duro hierro que me raja el pecho,
el íntimo cuchillo en la garganta.
   

ELOGIO DE LA SOMBRA

La vejez (tal es el nombre que los otros le dan)
puede ser el tiempo de nuestra dicha.
El animal ha muerto o casi ha muerto.
Quedan el hombre y su alma.
Vivo entre formas luminosas y vagas
que no son aún la tiniebla.
Buenos Aires,
que antes se desgarraba en arrabales
hacia la llanura incesante,
ha vuelto a ser la Recoleta, el Retiro,
las borrosas calles del Once
y las precarias casas viejas
que aún llamamos el Sur.
Siempre en mi vida fueron demasiadas las cosas;
Demócrito de Abdera se arrancó los ojos para pensar;
el tiempo ha sido mi Demócrito.
Esta penumbra es lenta y no duele;
fluye por un manso declive
y se parece a la eternidad.
Mis amigos no tienen cara,
las mujeres son lo que fueron hace ya tantos años,
las esquinas pueden ser otras,
no hay letras en las páginas de los libros.
Todo esto debería atemorizarme,
pero es una dulzura, un regreso.
De las generaciones de los textos que hay en la tierra
sólo habré leído unos pocos,
los que sigo leyendo en la memoria,
leyendo y transformando.
Del Sur, del Este, del Oeste, del Norte,
convergen los caminos que me han traído
a mi secreto centro.
Esos caminos fueron ecos y pasos,
mujeres, hombres, agonías, resurrecciones,
días y noches,
entresueños y sueños,
cada ínfimo instante del ayer
y de los ayeres del mundo,
la firme espada del danés y la luna del persa,
los actos de los muertos,
el compartido amor, las palabras,
Emerson y la nieve y tantas cosas.
Ahora puedo olvidarlas. Llego a mi centro,
a mi álgebra y mi clave,
a mi espejo.
Pronto sabré quién soy.

LÍMITES

De estas calles que ahondan el poniente,
una habrá (no sé cuál) que he recorrido
ya por última vez, indiferente
y sin adivinarlo, sometido
 
a quien prefija omnipotentes normas
y una secreta y rígida medida
a las sombras, los sueños y las formas
que destejen y tejen esta vida.
 
Si para todo hay término y hay tasa
y última vez y nunca más y olvido
¿Quién nos dirá de quién, en esta casa,
sin saberlo, nos hemos despedido?
 
Tras el cristal ya gris la noche cesa
y del alto de libros que una trunca
sombra dilata por la vaga mesa,
alguno habrá que no leeremos nunca.
 
Hay en el Sur más de un portón gastado
con sus jarrones de mampostería
y tunas, que a mi paso está vedado
como si fuera una litografía.
 
Para siempre cerraste alguna puerta
y hay un espejo que te aguarda en vano;
la encrucijada te parece abierta
y la vigila, cuadrifronte, Jano.
 
Hay, entre todas tus memorias, una
que se ha perdido irreparablemente;
no te verán bajar a aquella fuente
ni el blanco sol ni la amarilla luna.
 
No volverá tu voz a lo que el persa
dijo en su lengua de aves y de rosas,
cuando al ocaso, ante la luz dispersa,
quieras decir inolvidables cosas.
 
¿Y el incesante Ródano y el lago,
todo ese ayer sobre el cual hoy me inclino?
Tan perdido estará como Cartago
que con fuego y con sal borró el latino.
 
Creo en el alba oír un atareado
rumor de multitudes que se alejan;
son lo que me ha querido y olvidado;
espacio, tiempo y Borges ya me dejan.

EL REMORDIMIENTO

He cometido el peor de los pecados
que un hombre puede cometer. No he sido feliz.
Que los glaciares del olvido
me arrastren y me pierdan, despiadados.

Mis padres me engendraron para el juego
arriesgado y hermoso de la vida,
para la tierra, el agua, el aire, el fuego.

Los defraudé. No fui feliz. Cumplida
no fue su joven voluntad. Mi mente

se aplicó a las simétricas porfías
del arte, que entreteje naderías.
Me legaron valor. No fui valiente.
No me abandona. Siempre está a mi lado
La sombra de haber sido un desdichado.

EL ENAMORADO

Lunas, marfiles, instrumentos, rosas,
lámparas y la línea de Durero,
las nueve cifras y el cambiante cero,
debo fingir que existen esas cosas.

Debo fingir que en el pasado fueron
Persépolis y Roma y que una arena
sutil midió la suerte de la almena
que los siglos de hierro deshicieron.

Debo fingir las armas y la pira
de la epopeya y los pesados mares
que roen de la tierra los pilares.

Debo fingir que hay otros. Es mentira.
Sólo tú eres. Tú, mi desventura
y mi ventura, inagotable y pura.

UN CIEGO

 No sé cuál es la cara que me mira
cuando miro la cara del espejo;
no sé qué anciano acecha en su reflejo
con silenciosa y ya cansada ira.

Lento en mi sombra, con la mano exploro
mis invisibles rasgos. Un destello
me alcanza. He vislumbrado tu cabello
que es de ceniza o es aún de oro.

Repito que he perdido solamente
la vana superficie de las cosas.
El consuelo es de Milton y es valiente,

Pero pienso en las letras y en las rosas.
Pienso que si pudiera ver mi cara
sabría quién soy en esta tarde rara.

EL GOLEM

Si (como afirma el griego en el Cratilo)
el nombre es arquetipo de la cosa
en las letras de ‘rosa’ está la rosa
y todo el Nilo en la palabra ‘Nilo’.

Y, hecho de consonantes y vocales,
habrá un terrible Nombre, que la esencia
cifre de Dios y que la Omnipotencia
guarde en letras y sílabas cabales.

Adán y las estrellas lo supieron
en el Jardín. La herrumbre del pecado
(dicen los cabalistas) lo ha borrado
y las generaciones lo perdieron.

Los artificios y el candor del hombre
no tienen fin. Sabemos que hubo un día
en que el pueblo de Dios buscaba el Nombre
en las vigilias de la judería.

No a la manera de otras que una vaga
sombra insinúan en la vaga historia,
aún está verde y viva la memoria
de Judá León, que era rabino en Praga.

Sediento de saber lo que Dios sabe,
Judá León se dio a permutaciones
de letras y a complejas variaciones
y al fin pronunció el Nombre que es la Clave,

la Puerta, el Eco, el Huésped y el Palacio,
sobre un muñeco que con torpes manos
labró, para enseñarle los arcanos
de las Letras, del Tiempo y del Espacio.

El simulacro alzó los soñolientos
párpados y vio formas y colores
que no entendió, perdidos en rumores
y ensayó temerosos movimientos.

Gradualmente se vio (como nosotros)
aprisionado en esta red sonora
de Antes, Después, Ayer, Mientras, Ahora,
Derecha, Izquierda, Yo, Tú, Aquellos, Otros.

(El cabalista que ofició de numen
a la vasta criatura apodó Golem;
estas verdades las refiere Scholem
en un docto lugar de su volumen.)

El rabí le explicaba el universo
“esto es mi pie; esto el tuyo, esto la soga.”
y logró, al cabo de años, que el perverso
barriera bien o mal la sinagoga.

Tal vez hubo un error en la grafía
o en la articulación del Sacro Nombre;
a pesar de tan alta hechicería,
no aprendió a hablar el aprendiz de hombre.

Sus ojos, menos de hombre que de perro
y harto menos de perro que de cosa,
seguían al rabí por la dudosa
penumbra de las piezas del encierro.

Algo anormal y tosco hubo en el Golem,
ya que a su paso el gato del rabino
se escondía. (Ese gato no está en Scholem
pero, a través del tiempo, lo adivino.)

Elevando a su Dios manos filiales,
las devociones de su Dios copiaba
o, estúpido y sonriente, se ahuecaba
en cóncavas zalemas orientales.

El rabí lo miraba con ternura
y con algún horror. ‘¿Cómo (se dijo)
pude engendrar este penoso hijo
y la inacción dejé, que es la cordura?’

‘¿Por qué di en agregar a la infinita
serie un símbolo más? ¿Por qué a la vana
madeja que en lo eterno se devana,
di otra causa, otro efecto y otra cuita?’

En la hora de angustia y de luz vaga,
en su Golem los ojos detenía.
¿Quién nos dirá las cosas que sentía
Dios, al mirar a su rabino en Praga?

POEMA DE LOS DONES

Nadie rebaje a lágrima o reproche
esta declaración de la maestría
de Dios, que con magnífica ironía
me dio a la vez los libros y la noche.
De esta ciudad de libros hizo dueños
a unos ojos sin luz, que sólo pueden
leer en las bibliotecas de los sueños
los insensatos párrafos que ceden
las albas a su afán. En vano el día
les prodiga sus libros infinitos,
arduos como los arduos manuscritos
que perecieron en Alejandría.
De hambre y de sed (narra una historia griega)
muere un rey entre fuentes y jardines;
yo fatigo sin rumbo los confines
de esta alta y honda biblioteca ciega.
Enciclopedias, atlas, el Oriente
y el Occidente, siglos, dinastías,
símbolos, cosmos y cosmogonías
brindan los muros, pero inútilmente.
Lento en mi sombra, la penumbra hueca
exploro con el báculo indeciso,
yo, que me figuraba el Paraíso
bajo la especie de una biblioteca.
Algo, que ciertamente no se nombra
con la palabra azar, rige estas cosas;
otro ya recibió en otras borrosas
tardes los muchos libros y la sombra.
Al errar por las lentas galerías
suelo sentir con vago horror sagrado
que soy el otro, el muerto, que habrá dado
los mismos pasos en los mismos días.
¿Cuál de los dos escribe este poema
de un yo plural y de una sola sombra?
¿Qué importa la palabra que me nombra
si es indiviso y uno el anatema?
Groussac o Borges, miro este querido
mundo que se deforma y que se apaga
en una pálida ceniza vaga
que se parece al sueño y al olvido.

EVERNESS

Sólo una cosa no hay. Es el olvido.
Dios, que salva el metal, salva la escoria
y cifra en Su profética memoria
las lunas que serán y las que han sido.

Ya todo está. Los miles de reflejos
que entre los dos crepúsculos del día
tu rostro fue dejando en los espejos
y los que irá dejando todavía.

Y todo es una parte del diverso
cristal de esa memoria, el universo;
no tienen fin sus arduos corredores

y las puertas se cierran a tu paso;
sólo del otro lado del ocaso
verás los Arquetipos y Esplendores.

LA LLUVIA

Bruscamente la tarde se ha aclarado
Porque ya cae la lluvia minuciosa.
Cae o cayó. La lluvia es una cosa
Que sin duda sucede en el pasado.

Quien la oye caer ha recobrado
El tiempo en que la suerte venturosa
Le reveló una flor llamada rosa
Y el curioso color del colorado.

Esta lluvia que ciega los cristales
Alegrará en perdidos arrabales
Las negras uvas de una parra en cierto

Patio que ya no existe. La mojada
Tarde me trae la voz, la voz deseada,
De mi padre que vuelve y que no ha muerto.

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