53. Poesía más Poesía: José Martí

JOSE MARTÍ

BIOGRAFÍA

José Julián Martí Pérez nació en la calle Paula nº 41, La Habana, el 28 de enero de 1853. Su padre era Mariano Martí, natural de Valencia (España), y la madre Leonor Pérez Cabrera, de Santa Cruz de Tenerife, Canarias, España. Pasó su infancia en Valencia.
En 1866 matricula en el Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana. Ingresa también en la clase de Dibujo Elemental en la Escuela Profesional de Pintura y Escultura de La Habana, más conocida como San Alejandro. Fue discípulo de Rafael María Mendive, por quien sentía una enorme admiración.
Cuando cumplía 15 años, estalló en Cuba la “Guerra de los 10 años”. Poco después, su soneto “10 de Octubre”, en favor de la independencia, circulaba clandestinamente entre los estudiantes. Cuba luchó contra el dominio español entre 1868 y 1878. Fue la llamada “Guerra Grande” que finalizó con el Pacto del Zanjón.
El 4 de octubre de 1869, teniendo 16 años, al pasar una escuadra del Primer Batallón de Voluntarios por la calle Industrias No. 122, donde residían los Valdés Domínguez, de la vivienda se oyeron risas y los voluntarios toman esto como una provocación. Regresan en la noche y someten la casa a un minucioso registro. Entre la correspondencia encuentran una carta dirigida a Carlos de Castro y Castro, compañero del colegio que, por haberse alistado como voluntario en el ejército español para combatir a los independentistas, calificaban de apóstata.
Por tal razón, el 21 de octubre de 1869 Martí ingresa en la Cárcel Nacional acusado de infidencia por escribir esa carta, junto a su entrañable amigo Fermín Valdés Domínguez. Pasa allí 6 meses de trabajos forzados y castigos que hacen que su salud se resienta para siempre.
El 4 de marzo de 1870, Martí fue condenado a seis años de prisión, pena posteriormente conmutada por el destierro a Isla de Pinos, llamada luego Isla de la Juventud, lugar al que llega el 13 de octubre. En 1871 se logra el indulto para Martí, por gestiones realizadas por sus padres, y logra ser deportado a España.
Había comenzado su casi permanente exilio.
En la tierra de sus carceleros publicó “El presidio político en Cuba”.
Se proclama allí en España la República en 1873. Comienza a cursar estudios en las universidades de Madrid y Zaragoza, donde se gradúa de Licenciado en Derecho Civil y en Filosofía y Letras.
De España se traslada a París, por breve tiempo. Pasa por Nueva York y llega a Veracruz México, el 8 de febrero de 1875, (22 años) donde se reúne con su familia. En México entabla relaciones con Manuel A. Mercado, su definitivo amigo. También conoce a Carmen Zayas Bazán, con la que luego se casa.
Se instala luego en Guatemala, mientras se firma en Cuba el pacto del Zanjón y aprovechando la amnistía, regresa a su patria.

José Martí de niño en Matanzas (Cuba)


La historia se inicia cuando Martí, con solo 24 años, llegó a Guatemala procedente de México. En el país azteca había tenido éxito profesional como periodista y escritor y se había reencontrado con su familia tras su deportación política a España (1871-1875). En Guatemala conoce a la actriz dramática Eloísa Agüero y, finalmente, se compromete en matrimonio con su futura esposa, Carmen.
En realidad, arribaba a tierra centroamericana tras su decepción política frente al gobierno autoritario de Porfirio Díaz, aunque luego terminaría decepcionándole también el gobierno de Justo Rufino Barrios.
Al llegar a Guatemala no deja de manifestar una visión crítica respecto a la inferiorización de que ha sido objeto la mujer en ese país, en un artículo denominado «Los códigos nuevos», publicado en El Progreso, el 22 de abril de 1877 realiza una reflexión a pedido de Joaquín Macal, ministro de Relaciones Exteriores de Guatemala: dice: «¿Cuál es el primero de los lastres coloniales de la legislación depuesta que menciona? El poder omnímodo del señor bestial sobre la esposa venerable. Da la patria potestad a la mujer, la capacita para atestiguar y, obligándola a la observancia de la ley, completa su persona jurídica. ¿La que nos enseña la ley del cielo, no es capaz de conocer la de la tierra?»
Así pues, centró su atención en las damas guatemaltecas de «andar indolente, de miradas castas, vestidas como las mujeres del pueblo,—con las trenzas tendidas sobre el manto, que ellas llaman pañolón; la mano ociosa contando a las puntas flotantes del manto los goces infantiles o las primeras penas de su dueña»; y cuando encontró a María García Granados, una dama semejante, pero más cosmopolita e ilustrada, quedó inmediatamente prendado de ella, y su temprana muerte dio origen a la leyenda “La niña de Guatemala”.
El 10 de mayo de 1878 murió la guatemalteca María García Granados y Saborío, lo que daría lugar a una triste leyenda inspirada por los amores frustrados entre Martí y María. Martí dejó su tristeza plasmada en el poema IX de sus Versos Sencillos.
José María Izaguirre, cubano quien vivía en Guatemala en ese tiempo y era director del entonces prestigioso Instituto Nacional Central para Varones, nombró a Martí profesor de Literatura y de Ejercicios de Composición. Izaguirre, además de ocuparse de las labores docentes, organizaba veladas artísticas y literarias a las que Martí asistía con frecuencia.
Allí fue donde conoció a María el 21 de abril de 1877: una hermosa adolescente, siete años menor que él. El padre de ella, el general Miguel García Granados había sido presidente unos cuantos años antes y gozaba de mucho prestigio en la sociedad guatemalteca del gobierno de Barrios; pronto se hizo amigo del emigrado cubano y lo invitaba a su residencia a jugar al ajedrez con frecuencia, oportunidades en que Martí se encontraba con María.

Martí con su hijo

A fines de 1877, Martí se fue a México y regresó hasta inicios del siguiente año, ya casado con Carmen. Lo que sucedió después de su matrimonio, ha sido comentado con posterioridad también por quienes presenciaron los hechos. José María Izaguirre, por ejemplo, se propuso fortalecer el mito de muerte por amor: «Cuando Martí regresó con Carmen no fue más a casa del general, pero el sentimiento se había arraigado profundamente en el alma de María, y no era ella del temple de las que olvidan. Su pasión se encerraba en este dilema: verse satisfecha, o morir. No pudiendo verificarse lo primero, le quedaba el otro recurso. En efecto, su naturaleza se resintió del golpe, fue decayendo paulatinamente, un suspiro continuo la consumía y, a pesar de los cuidados de la familia y los esfuerzos de la ciencia, después de estar algunos días en cama sin exhalar una queja, su vida se extinguió como el perfume de un lirio.»
Concluida la Guerra del 68 vuelve a Cuba el 31 de agosto de 1878, para radicarse en La Habana, y el 22 de noviembre nace José Francisco, su único hijo.
Calixto García, lo nombró subdelegado en la isla.
Allí comenzó sus labores conspirativas figurando entre los fundadores del Club Central Revolucionario Cubano, del cual fue elegido vicepresidente.
Entre el 24 y el 26 de agosto de 1879 se produce un nuevo levantamiento en las cercanías de Santiago de Cuba. El 17 de septiembre Martí es detenido y deportado nuevamente a España, el 25 de septiembre de 1879, por sus vínculos con la conocida como Guerra Chiquita, el segundo de los tres conflictos de las guerras cubanas de independencia, liderada por el citado general García.
En 1880 José Martí llega a Nueva York, donde permanecería, salvo breves intervalos, unos 15 años, logró llevarse consigo a su esposa e hijo el 3 de marzo de 1880. Permanecen juntos hasta el 21 de octubre, en que Carmen y José Francisco regresan a Cuba.
Inicia su labor revolucionaria con el discurso de Steck Hall, donde reivindicó la guerra del 68 y a sus héroes como precursores de una lucha a continuar para lograr el objetivo buscado que daría sentido a los acontecimientos pasados.
Una semana después resultó electo vocal del Comité Revolucionario Cubano, del cual asumió la presidencia al sustituir a García, quien había partido para incorporarse a la fallida Guerra Chiquita. 1879-1880.
Entre 1880 y 1890 Martí alcanzaría renombre en la América a través de artículos y crónicas que enviaba desde Nueva York a importantes periódicos: La Opinión Nacional, de Caracas, Venezuela; La Nación, de Buenos Aires, Argentina, y El Partido Liberal, de México.

Con su mujer e hijo.


Posteriormente decide buscar mejor acomodo en Venezuela, a donde llega el 20 de enero de 1881. En Caracas fundó la Revista Venezolana, de la que pudo editar solo dos números. En el segundo número Martí, escribe un notable ensayo sobre el destacado intelectual Cecilio Acosta que disgusta al presidente Guzmán Blanco motivo suficiente para ser expulsado del país.
Lejos de su hijo que ya tenía 3 años, escribe los 15 poemas de Ismaelillo que equivale a la formulación de una nueva estética y funda su estilo con trazos fuertes, contrastes, ritmo veloz, registro sensorial, etc.
Estas constantes se verifican también en su enorme correspondencia, los retratos de grandes figuras como Emerson, Whitman, el homenaje a la muerte del poeta cubano Julián del Casa, las crónicas de la vida en Nueva York, sobre los mártires de Chicago, la muerte de Karl Marx o acerca de un terremoto, donde aparece aquello que es característico y definitorio de la modernidad: la presencia de la multitud.
A mediados de 1882 reinició la labor de reorganizar a los revolucionarios (los partidarios de la independencia total de Cuba de la metrópoli española), comunicándoselo mediante cartas a Máximo Gómez Báez y Antonio Maceo.
El 2 de octubre de 1884 se reúne por primera vez con ambos líderes y comienza a colaborar en un plan insurreccional diseñado y dirigido por los generales Gómez y Maceo. Luego se separó del movimiento por estar en desacuerdo con los métodos de dirección empleados y las consecuencias que tendrían sobre la futura república cubana, según manifestó.
La postura de Martí está contenida en una de sus sentencias: “Un pueblo no se funda, General, como se manda un campamento”.
El 30 de noviembre de 1887 fundó una Comisión Ejecutiva, de la cual fue elegido presidente, encargada de dirigir las actividades organizativas de los revolucionarios. Su gigantesca obra periodística en Hispano América terminó el 20 de mayo de l891con un artículo en el periódico La Nación de Bs. As.
En enero de 1892 redactó las Bases y los Estatutos del Partido Revolucionario Cubano. El 8 de abril de 1892 resultó electo Delegado de esa organización, cuya constitución fue proclamada dos días después, el 10 de abril de 1892. El 14 de ese mes fundó el periódico Patria, órgano oficial del Partido Revolucionario Cubano. Entre 1887 y 1892, Martí se desempeñó como cónsul de Uruguay en Nueva York.

El Plan de la Fernandina

En los años 1893 y 1894 recorrió varios países de América y ciudades de Estados Unidos, uniendo a los principales jefes de la Guerra del 68 entre sí y con los más jóvenes, y acopiando recursos para la nueva contienda. Desde mediados de 1894 aceleró los preparativos del Plan Fernandina, con el cual pretendía promover una guerra corta, sin grandes desgastes para los cubanos. El 8 de diciembre de 1894 redactó y firmó, conjuntamente con los coroneles Mayía Rodríguez (en representación de Máximo Gómez) y Enrique Collazo (en representación de los patriotas de la Isla), el plan de alzamiento en Cuba.
Fue el Plan Fernandina que constaba de 3 expediciones para trasladar a Cuba armas y pertrechos militares en 3 embarcaciones, cuyo líder fue José Martí quien lo dirigió y organizó como delegado del Partido Revolucionario Cubano, en Nueva York. Estaba financiado por los emigrados cubanos en los Estados Unidos a través del Partido Revolucionario Cubano, pero el operativo fue descubierto e incautadas las naves con las cuales se iba a ejecutar.
A pesar del gran revés que ello significó, Martí decidió seguir adelante con los planes de pronunciamientos armados en la Isla, siendo apoyado por todos los principales jefes de las guerras anteriores.

Levantamiento de 1895

El 29 de enero de 1895, se firma la orden de levantamiento en Nueva York y en el mes siguiente Martí junto a Máximo Gómez parten de Santo Domingo hacia Cuba. Con Mayía y Collazo, firmó la orden de alzamiento y la envió a Juan Gualberto Gómez para su ejecución. Partió de inmediato de Nueva York a Montecristi, en República Dominicana, donde lo esperaba Máximo Gómez, con quien firmó el 25 de marzo de 1895 un documento conocido como Manifiesto de Montecristi, programa de la nueva guerra. Ambos líderes llegan a Cuba el 11 de abril de 1895, por Playitas de Cajobabo, Baracoa, al noroeste de la antigua provincia de Oriente.
Tres días después del desembarco, hicieron contacto con las fuerzas del Comandante Félix Ruenes. El 15 de abril de 1895 los jefes allí reunidos bajo la dirección de Gómez, acordaron conferir a Martí el grado de Mayor General por sus méritos y servicios prestados.
El 28 de abril de 1895, en el campamento de Vuelta Corta, en Guantánamo (extremo este de la provincia de Oriente), junto con Gómez firmó la circular «Política de guerra». Envió mensajes a los jefes indicándoles que debían enviar un representante a una asamblea de delegados para elegir un gobierno en breve tiempo. El 5 de mayo de 1895 tuvo lugar la reunión de La Mejorana con Gómez y Maceo, donde se discutió la estrategia a seguir. El 14 de mayo de 1895 firmó la «Circular a los jefes y oficiales del Ejército Libertador», último de los documentos organizativos de la guerra, la que elaboró también con Máximo Gómez.
El día 18 de abril, en el Campamento de Dos Ríos, Martí escribe su última carta a su amigo Manuel Mercado, ese documento se le conoce como su testamento político, en un fragmento de la carta Martí expresa:
“…ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país, y por mi deber —puesto que lo entiendo y tengo ánimos con que realizarlo— de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso. En silencio ha tenido que ser, y como indirectamente, porque hay cosas que para lograrlas han de andar ocultas”…
El 28 de abril de 1895, en el campamento de Vuelta Corta, en Guantánamo, en unión de Gómez firmó la circular “Política de guerra”. Envió mensajes a los jefes indicándoles que debían enviar un representante a una asamblea de delegados para elegir un gobierno en breve tiempo. El 5 de mayo de 1895 tuvo lugar su encuentro con Gómez y Maceo en La Mejorana, donde se discutió la estrategia a seguir. El 14 de mayo de 1895 firmó la “Circular a los jefes y oficiales del Ejército Libertador”, último de los documentos organizativos de la guerra, la que elaboró conjuntamente con Máximo Gómez.
Siguiendo la marcha hacia el oeste de la provincia oriental, llegaron a Dos Ríos, cerca de Palma Soriano. El 19 de mayo de 1895 una columna española se desplegó en la zona y los cubanos fueron a su encuentro. Martí marchaba entre Gómez y el Mayor General Bartolomé Masó.
Al llegar al lugar de la acción, Gómez le indicó detenerse y permanecer en el lugar acordado. Contaba 42 años. No obstante, en el transcurso del combate, se separó del grueso de las fuerzas cubanas, acompañado solamente por su ayudante Ángel de la Guardia. Martí cabalgó, sin saberlo, hacia un grupo de españoles ocultos en la maleza y fue alcanzado por tres disparos que le provocaron heridas mortales. Cuando se conoció lo sucedido, resultó imposible rescatar su cadáver, el cual fue conducido por los españoles y, tras varios enterramientos, fue finalmente sepultado el día 27, en el nicho número 134 de la galería sur del Cementerio de Santa Ifigenia, en Santiago de Cuba.
Su influencia en los cubanos es grande. En general es considerado por sus compatriotas como el principal modelador de la nacionalidad cubana tal como la conocemos hoy. Su prestigio se refleja en los títulos que popularmente se le conceden. «El apóstol de la independencia» y «el maestro» son los más usados. Junto a Simón Bolívar y José de San Martín, José Martí es considerado uno de los principales protagonistas del proceso de emancipación de Hispanoamérica.

Su obra.

José Martí es considerado además el precursor del Modernismo en Latinoamérica, un movimiento literario que explotaría en el continente latinoamericano con Rubén Darío. Esto se observa especialmente en el Prólogo que escribe en sus Versos libres, donde defiende el valor de la originalidad de la poesía nacida de las entrañas (“Éstos son mis versos. Son como son. A nadie los pedí prestados.”) frente al metodismo de los poetas anteriores.
La mayor parte de los Versos Sencillos de Martí recuerdan episodios personales ocurridos a lo largo de su vida y localizados en los diversos países por donde pasó o tuvo estancia durante su exilio obligado; en particular el poema IX el llamado La Niña de Guatemala
La mayoría de esos testimonios se producen mucho después de la publicación del poema IX.
Junto a Rubén Darío, (Nicaragua), Julián del Casal (Cuba), Manuel Gutiérrez Nájera (México) y José Asunción Silva (Colombia), es considerado como el iniciador del movimiento modernista hispanoamericano.

Sus amores. La niña de Guatemala

María García Granados y Saborío, hija del general Miguel García Granados y sobrina de la hermana del general, la periodista y poetisa María Josefa García Granados, se enamoró de Martí cuando éste llegó a Guatemala, y su temprana muerte dio origen a la leyenda de La Niña de Guatemala.
El 10 de mayo de 1878 murió la guatemalteca María García Granados y Saborío, lo que daría lugar a una triste leyenda inspirada por los amores frustrados entre Martí y María.
Martí dejó su tristeza plasmada en el poema IX de sus Versos Sencillos.
Aunque persiste la leyenda creada como consecuencia de una interpretación demasiado recta del poema, no existen evidencias documentales de suficiente peso capaces de acreditar que María García Granados atentara contra su vida o, incluso, falleciera producto de un estado psicológico depresivo.
Una entrevista con un descendiente de los García Granados, da luz sobre la versión familiar, transmitida por tradición oral: se dice que María, aunque acatarrada, aceptó ir a nadar con su prima, lo que era actividad habitual para ellas, quizá para distraerse de la tristeza en que se hallaba sumida tras el regreso de Martí, ya casado con Carmen. Después del paseo, María empeoró y murió a causa de una enfermedad de las vías respiratorias que, según aseguraba la familia del informante, ya padecía.
No debe dejarse de señalar que todo parece indicar que María no respondía al patrón de muchacha tímida y vulnerable; publicaciones guatemaltecas de la época hablan de su participación relativamente activa como música y cantante fuera del hogar, en actividades artísticas públicas, organizadas por sociedades e instituciones —coincide incluso con la presencia de Martí, quien interviene en una de ellas como orador. Al parecer, se trataba de una joven popular dentro de la sociedad capitalina de la época; María seguía así los pasos de su tía y abuela María Josefa García Granados, quien había muerto en 1848 y que había sido además de poetisa y periodista, muy influyente en los gobiernos de Guatemala. Tras el fallecimiento de María, aparecieron en la prensa guatemalteca varios poemas en calidad de homenaje póstumo, donde los autores confesaban la admiración que en ellos había despertado.

La poesía de José Martí

Además de destacado ideólogo y político, José Martí fue uno de los más grandes poetas hispanoamericanos y la figura más destacada de la etapa de transición al Modernismo, que en América supuso la llegada de nuevos ideales artísticos. Como poeta se le conoce por Versos libres (1878-1882, publicados póstumamente); Ismaelillo (1882), obra que puede considerarse un adelanto de los presupuestos modernistas por el dominio de la forma sobre el contenido; y Versos sencillos (1891), un poemario decididamente modernista en el que predominan los apuntes autobiográficos y el carácter popular.
Escritos en su mayor parte en 1882, los poemas de Versos libres no vieron la luz hasta su publicación póstuma en 1913, muchos años después de su muerte. El propio Martí calificó esos versos de “endecasílabos hirsutos, nacidos de grandes miedos, o de grandes esperanzas, o de indómito amor de libertad, o de amor doloroso a la hermosura”.
El tono fuerte y áspero de este volumen, por el que Martí proclamaba su propia preferencia, impresionó vivamente a Miguel de Unamuno, cuyos juicios serían el punto de partida de la valoración de la obra. Su fuerza vibratoria, tanto formal como en los contenidos, se hace evidente en composiciones como “Poética”, “Mi poesía” o “Cuentan que antaño”, en las que se sirvió de un lenguaje vigoroso y oscuro, por momentos incluso pasional.
La poesía de José Martí se funda en una visión dualista de la humanidad: realidad e idealismo, espíritu y materia, verdad y falsedad, conciencia e inconsciencia, luz y oscuridad. Los poemas de Ismaelillo (1882), libro dedicado a su hijo, son un ejemplo de ello: la debilidad y la inocencia del niño son su fuerza.
En Versos sencillos (1891), José Martí expresa el sentimiento que le despierta la alegría de la naturaleza y el mal de la civilización. El sufrimiento y el temor al paso del tiempo también fueron elementos frecuentes en su lírica, donde se advierte un acercamiento al romanticismo que muchos críticos han considerado superior al de otros de sus contemporáneos.
En A mis hermanos muertos el 27 de noviembre (1872), publicado durante su destierro en España, Martí dedica sus versos a los estudiantes muertos en una masacre acaecida en aquella fecha.

Obra en prosa
Su única novela, Amistad funesta, también llamada Lucía Jérez y firmada con el pseudónimo de Adelaida Ral, fue publicada por entregas en el diario “El Latino-Americano” entre mayo y septiembre de 1885; aunque en su argumento predomina el tema amoroso, en esta obra de final trágico también aparecen elementos sociales. Entre sus obras dramáticas destacan Abdala (1869), drama simbólico en un acto y en octosílabos, La Adúltera (1873) y Amor con amor se paga (1875), también en verso y estrenado en México.
La prosa de Martí se vio influida por la obra del norteamericano Ralph Waldo Emerson, para quien la palabra debía ser tan elocuente como poética e intensa dentro de un discurso sencillo y conciso. Era consciente, como acaso sólo lo fueron los modernistas inmediatamente posteriores a él, de todas las posibilidades del lenguaje, y consideraba que sus recursos estaban íntimamente ligados a las cualidades humanas del pueblo, que en última instancia era quien los inventaba.
Tanto la prosa como la poesía de Martí resultan inseparables de su biografía; él mismo declaró que eran parte indiscutible de su máxima preocupación, que no era otra que la política. Personalidad optimista, sus opiniones sobre el hombre, la poesía o la sociedad son aspectos que aparecen en sus obras al servicio de unas concepciones que tenían siempre al ser humano como centro. A largo plazo su objetivo era la mejora de la humanidad, pero a corto plazo lo era la liberación de Cuba, a la que dedicó todos sus esfuerzos.
Por ello, su producción en prosa fue en su mayor parte funcional, como sus ensayos sobre Simón Bolívar, José de San Martín o el general José Antonio Páez, en relación a los héroes del pasado, y sobre el general Máximo Gómez, Walt Whitman o Ralph Waldo Emerson entre los contemporáneos; en tales textos, que constituyeron lo mejor de su prosa, exaltó las cualidades de personajes que admiraba. Dentro de la primera edición de sus obras completas, el volumen titulado Norteamericanos reunió póstumamente sus estudios sobre figuras del norte; otros dos volúmenes, bajo el título Nuestra América, contienen los trabajos de Martí consagrados a estudiar aspectos de la vida, la cultura y la historia de la América hispana. En ellos expresó su mensaje americanista y resumió su precursora teoría de la debilidad de las naciones hispánicas, en las que existía un enorme abismo entre las clases dirigentes e intelectuales y el pueblo.
Cronista y crítico excepcional, hizo de muchos de sus textos auténticos ensayos, algunos de carácter revolucionario como El presidio político en Cuba (1871), reflejo de gran fuerza lírica de su condena a trabajos forzados en el que denuncia las penurias que sufrían los independentistas. Cabe destacar también La República Española ante la Revolución Cubana (1873) y Cuba y los Estados Unidos (1889), refutación de los ataques de la prensa norteamericana a los patriotas cubanos, así como El Manifiesto de Montecristi o su Diario de campaña.
También fundó una revista para niños, La Edad de Oro (1889), publicada en Nueva York y en la que aparecieron los cuentos Bebé y el señor Don Pomposo, Nené traviesa y La muñeca negra. Íntegramente redactada por Martí, esta publicación muestra una serie de aspectos de su personalidad y constituye también una demostración de cómo supo anticiparse a muchas conquistas de la pedagogía moderna: una vez más, puso de relieve en esos escritos su preocupación por las normas de justicia y dignidad humanas, que debían cultivarse en el niño desde su más tierna edad.
José Martí colaboró a lo largo de su vida en innumerables publicaciones de distintos países, como La Revista Venezolana, La Opinión Nacional de Caracas, La Nación de Buenos Aires o la Revista Universal de México.
Sus Obras completas (que en la edición de 1963-1965 constan de veinticinco volúmenes) incluyen asimismo un nutrido epistolario (sus cartas, también reveladoras de su singular personalidad, han merecido excepcionales comentarios) y numerosos discursos, muchos de ellos dedicados a enardecer el sentimiento patriótico de los cubanos que radicaban como él en la emigración, llamándolos al esfuerzo común gracias al cual se lograría la independencia de la patria.

POEMAS

Cuba nos une

Cuba nos une en extranjero suelo,
Auras de Cuba nuestro amor desea:
Cuba es tu corazón, Cuba es mi cielo,
Cuba en tu libro mi palabra sea.

                                            (de Versos de circunstancias   1871)   

La copa envenenada

¡Desque toqué, señora, vuestra mano
Blanca y desnuda en la brillante fiesta,
En el fiel corazón intento en vano
Los ecos apagar de aquella orquesta!
Del vals asolador la nota impura
Que en sus brazos de llama suspendidos
Rauda os llevaba -al corazón sin cura,
Repítenla amorosos mis oídos.
Y cuanto acorde vago y murmurio
Ofrece al alma audaz la tierra bella,
Fíngelos el espíritu sombrío-
Tenue cambiante de la nota aquella.
¡Oigola sin cesar! Al brillo, ciego,
En mi torno la miro vagorosa
Mover con lento son alas de fuego
Y mi frente a ceñir tenderse ansiosa.
¡Oh! mi trémula mano bien sabría
Al aire hurtar la alada nota hirviente
Y, con arte de dulce hechicería,
Colgando adelfas a la copa ardiente,
En mis sedientos brazos desmayada
Daros, señora, matador perfume:
Mas yo apuro la copa envenenada
Y en mí acaba el amor que me consume.
(de Poesía dispersa 1870)

Dolor! ¡Dolor! eterna vida mía,

Dolor! ¡Dolor! eterna vida mía
Ser de mi ser, sin cuyo aliento muero!


Goce en buen hora espíritu mezquino
Al son del baile animador, y prenda
Su alma en las flores que el flotante lino
De mujeres bellísimas engasta.

Goce en buen hora, y su cerebro encienda
En la rojiza lumbre de la incasta
Hoguera del deseo.

Yo, embriagado de mis penas, me devoro,
Y mis miserias lloro,
Y buitre de mí mismo me levanto,
Y me hiero y me curo con mi canto,
Buitre a la vez que altivo Prometeo.
(de Poesía dispersa- 1870)

Fuera del mundo…

Fuera del mundo que batalla y luce
Sin recordar a su infeliz cautivo,
A un trabajo servil sujeto vivo
Que a la muerte temprano me conduce.

Mas hay junto a mi mesa una ventana
Por donde entra la luz; y no daría
Este rincón de la ventana mía
¡Por la mayor esplendidez humana!
( de Flores del destierro 1878-1895)

Rosario

Rosario,
En ti pensaba, en tus cabellos
que el mundo de la sombra envidiaría,
y puse un punto de mi vida en ellos
y quise yo soñar que tú eras mía.
Ando yo por la tierra con los ojos
alzados -¡oh, mi afán!- a tanta altura
que en ira altiva o míseros sonrojos
encendiólos la humana criatura.
Vivir: -Saber morir; así me aqueja
este infausto buscar, este bien fiero,
y todo el Ser en mi alma se refleja,
y buscando sin fe, de fe me muero.
( de Poesía dispersa 1875)

Hijo del alma

Tú flotas sobre todo,
Hijo del alma!
De la revuelta noche
Las oleadas,
En mi seno desnudo
Déjante el alba;
Y del día la espuma
Turbia y amarga,
De la noche revueltas
Te echan las aguas.
Guardancillo magnánimo,
La no cerrada
Puerta de mi hondo espíritu
Amante guardas;
Y si en la sombra ocultas
Búscanme avaras,
De mi calma celosas,
Mis penas varias.
En el umbral oscuro
Fiero te alzas,
Y les cierran el paso
Tus alas blancas!
Ondas de luz y flores
Trae la mañana,
Y tú en las luminosas
Ondas cabalgas.
No es, no, la luz del día
La que me llama,
Sino tus manecitas
En mi almohada.
Me hablan de que estás lejos:
¡Locuras me hablan!
Ellos tienen tu sombra;
¡Yo tengo tu alma!
Ésas son cosas nuevas,
Mías y extrañas.
Yo sé que tus dos ojos
Allá en lejanas
Tierras relampaguean,
Y en las doradas
Olas de aire que baten
Mi frente pálida,
Pudiera con mi mano,
Cual si haz segara
De estrellas, segar haces
De tus miradas.
¡Tú flotas sobre todo,
Hijo del alma!

(de Ismaelillo …1882)

Bosque de rosas

Allí despacio te diré mis cuitas;
Allí en tu boca escribiré mis versos–
Ven, que la soledad será tu escudo!
Pero, si acaso lloras, en tus manos
Esconderé mi rostro, y con mis lágrimas
Borraré los extraños versos míos.
Sufrir ¡tú a quien yo amo, y ser yo el casco
Brutal, y tú, mi amada, el lirio roto?
¡Oh! la sangre del alma, ¿tú la has visto?
Tiene manos y voz, y al que la vierte
Eternamente entre las sombras acusa.
¡Hay crímenes ocultos, y hay cadáveres
De almas, y hay villanos matadores!
Al bosque ven: del roble más erguido
Un pilón labremos, y ¡en el pilón
Cuantos engañen a mujer pongamos!
Ésa es la lidia humana: ¡la tremenda
Batalla de los cascos y los lirios!
¿Pues los hombres soberbios, no son fieras?
Bestias y fieras! Mira, aquí te traigo
Mi bestia muerta y mi furor domado.
Ven, a callar, a murmurar, al ruido
De las hojas de Abril y los nidales.
Deja, oh mi amada, las paredes mudas
De esta casa ahoyada y ven conmigo
No al mar que bate y ruge sino al bosque
De rosas que hay al fondo de la selva.
Allí es buena la vida, porque es libre,
Y tu virtud, por libre, será cierta,
Por libre, mi respeto meritorio.
Ni el amor, si no es libre, da ventura.
¡Oh, gentes ruines, los que en calma gozan
De robados amores! Si es ajeno
El cariño, el placer de respetarlo
Mayor mil veces es que el de su goce;
Del buen obrar que orgullo al pecho queda
Y como en dulces lágrimas rebosa,
Y en extrañas palabras, que parecen
¡Aleteos, no voces! Y ¡qué culpa
La de fingir amor! ¡Pues hay tormento
Como aquel, sin amar, de hablar de amores!
¡Ven, que allí triste iré, pues yo me veo!
¡Ven, que la soledad será tu escudo!

                                          (de Versos libres  1882)

Isla famosa

Aquí estoy, solo estoy, despedazado.
Ruge el cielo: las nubes se aglomeran,
Y aprietan, y ennegrecen, y desgajan:
Los vapores del mar la roca ciñen:
Sacra angustia y horror mis ojos comen:
A qué, Naturaleza embravecida,
A qué la estéril soledad en torno
¿De quién de ansia de amor rebosa y muere?
¿Dónde, Cristo sin cruz, los ojos pones?
¿Dónde, oh sombra enemiga, dónde el ara
Digna por fin de recibir mi frente?
¿En pro de quién derramaré mi vida?

Rasgóse el velo; por un tajo ameno
De claro azul, como en sus lienzos abre
Entre mazos de sombra Díaz famoso,
El hombre triste de la roca mira
En lindo campo tropical, galanes
Blancos, y Venus negras, de unas flores
Fétidas y fangosas coronados:
¡Danzando van: a cada giro nuevo
Bajo los muelles pies la tierra cede!
Y cuando en ancho beso los gastados
Labios sin lustre ya, trémulos juntan,
Sáltanles de los labios agoreras
Aves tintas en hiel, aves de muerte.

                                       (de Versos libres     1882)

Domingo triste

Las campanas, el sol, el cielo claro
me llenan de tristeza, y en los ojos
llevo un dolor que el verso compasivo mira,
un rebelde dolor que el verso rompe
¡y es, oh mar, la gaviota pasajera
que rumbo a Cuba va sobre tus olas!

Vino a verme un amigo, y a mí mismo
me preguntó por mí; ya en mí no queda
más que un reflejo mío, como guarda
la sal del mar la concha de la orilla.
Cáscara soy de mí, que en tierra ajena
gira, a la voluntad del viento huraño,
vacía, sin fruta, desgarrada, rota.
Miro a los hombres como montes; miro
como paisajes de otro mundo, el bravo
codear, el mugir, el teatro ardiente
de la vida en mi torno: ni un gusano
es ya más infeliz: ¡suyo es el aire,
y el lodo en que muere es suyo!
Siento la coz de los caballos, siento
las ruedas de los carros; mis pedazos
palpo: ya no soy vivo: ¡ni lo era
cuando el barco fatal levó las anclas
que me arrancaron de la tierra mía!

                                              (de Versos libres    1882)

Yo soy un hombre sincero

Yo soy un hombre sincero
De donde crece la palma,
Y antes de morirme quiero
Echar mis versos del alma.
Yo vengo de todas partes,
Y hacia todas partes voy:
Arte soy entre las artes,
En los montes, monte soy.
Yo sé los nombres extraños
De las yerbas y las flores,
Y de mortales engaños,
Y de sublimes dolores.
Yo he visto en la noche oscura
Llover sobre mi cabeza
Los rayos de lumbre pura
De la divina belleza.
Alas nacer vi en los hombros
De las mujeres hermosas:
Y salir de los escombros,
Volando las mariposas.
He visto vivir a un hombre
Con el puñal al costado,
Sin decir jamás el nombre
De aquella que lo ha matado.
Rápida, como un reflejo,
Dos veces vi el alma, dos:
Cuando murió el pobre viejo,
Cuando ella me dijo adiós.
Temblé una vez -en la reja,
A la entrada de la viña,-
Cuando la bárbara abeja
Picó en la frente a mi niña.
Gocé una vez, de tal suerte
Que gocé cual nunca: cuando
La sentencia de mi muerte
Leyó el alcaide llorando.
Oigo un suspiro, a través
De las tierras y la mar,
Y no es un suspiro, es
Que mi hijo va a despertar.
Si dicen que del joyero
Tome la joya mejor,
Tomo a un amigo sincero
Y pongo a un lado el amor.
Yo he visto al águila herida
Volar al azul sereno,
Y morir en su guarida
La víbora del veneno.
Yo sé bien que cuando el mundo
Cede, lívido, al descanso,
Sobre el silencio profundo
Murmura el arroyo manso.
Yo he puesto la mano osada,
De horror y júbilo yerta,
Sobre la estrella apagada
Que cayó frente a mi puerta.
Oculto en mi pecho bravo
La pena que me lo hiere:
El hijo de un pueblo esclavo
Vive por él, calla y muere.
Todo es hermoso y constante,
Todo es música y razón,
Y todo, como el diamante,
Antes que luz es carbón.
Yo sé que el necio se entierra
Con gran lujo y con gran llanto.
Y que no hay fruta en la tierra
Como la del camposanto.
Callo, y entiendo, y me quito
La pompa del rimador:
Cuelgo de un árbol marchito
Mi muceta de doctor.

                                (de Versos sencillos  1891)

No, música tenaz, me hables del cielo…

No, música tenaz, me hables del cielo!
Es morir, es temblar, es desgarrarme
Sin compasión el pecho! Si no vivo
Donde como una flor al aire puro
Abre su cáliz verde la palmera,
Si del día penoso a casa vuelvo…
¿Casa dije? no hay casa en tierra ajena!…
¡Roto vuelvo en pedazos encendidos!
Me recojo del suelo: alzo y amaso
Los restos de mí mismo; ávido y triste,
Como un estatuador un Cristo roto:
Trabajo, siempre en pie, por fuera un hombre,
¡Venid a ver, venid a ver por dentro!
Pero tomad a que Virgilio os guíe…
Si no, estaos afuera: el fuego rueda
Por la cueva humeante: como flores
De un jardín infernal se abren las llagas:
Y boqueantes por la tierra seca
Queman los pies los escaldados leños!
¡Toda fue flor la aterradora tumba!
¡No, música tenaz, me hables del cielo!

                                       (de Versos libres     1882)

Mujeres

I
Ésta es rubia; ésta, oscura; aquélla, extraña
Mujer de ojos de mar y cejas negras:
Y una cual palma egipcia alta y solemne
Y otra como un canario gorjeadora.
Pasan, y muerden: los cabellos luengos
Echan, como una red: como un juguete
La lánguida beldad ponen al labio
Casto y febril del amador que a un templo
Con menos devoción que al cuerpo llega
De la mujer amada: ella, sin velos
Yace, y a su merced: él, casto y mudo
En la inflamada sombra alza dichoso
Como un manto imperial de luz de aurora.
Cual un pájaro loco en tanto ausente
En frágil rama y en menudas flores,
De la mujer el alma travesea:
Noble furor enciende al sacerdote
Y a la insensata, contra el ara augusta
Como una copa de cristal rompiera:
Pájaros, sólo pájaros: el alma
Su ardiente amor reserva al Universo.

II
Vino hirviente es amor: del vaso afuera,
Echa, brillando al sol, la alegre espuma:
Y en sus claras burbujas, desmayados
Cuerpos, rizosos niños, cenadores
Fragantes y amistosas alamedas
Y juguetones ciervos se retratan:
De joyas, de esmeraldas, de rubíes,
De ónices, y turquesas y del duro
diamante, al fuego eterno derretidos,
Se hace el vino satánico: mañana
El vaso sin ventura que lo tuvo
cual comido de hienas, y espantosa
Lava mordente se verá quemado.

III
Bien duerma, bien despierte, bien recline-
Aunque no lo reclino- Bien de hinojos,
Ante un niño que juega el cuerpo doble
Que no se dobla a viles y a tiranos,
Siento que siempre estoy en pie: -si suelo,
Cual del niño en los rizos suele el aire
Benigno, en los piadosos labios tristes
Dejar que vuele una sonrisa, -es cierto
Que así, sépalo el mozo, así sonríen
Cuantos nobles y crédulos buscaron
El sol eterno en la belleza humana.
Sólo hay un vaso que la sed apague
De hermosura y amor: Naturaleza
Abrazos deleitosos, híbleos besos
A sus amantes pródiga regala.

IV
Para que el hombre los tallara, puso
El monte y el volcán Naturaleza,-
El mar, para que el hombre ver pudiese
Que era menor que su cerebro: en horno
Igual, sol, aire y hombres elabora.
Porque los dome, el pecho al hombre inunda
Con pardos brutos y con torvas fieras.
Y el hombre, no alza el monte: no en el libre
Aire, ni sol magnífico se trueca:
Y en sus manos sin honra, a las sensuales
Bestias del pecho el corazón ofrece:
A los pies de la esclava vencedora:
El hombre yace deshonrado, muerto.

                                                (de Versos libres     1882)

COPA CON ALAS

Una copa con alas: ¿quién la ha visto
antes que yo? Yo ayer la vi. Subía
con lenta majestad, como quien vierte
óleo sagrado: y a sus bordes dulces
mis regalados labios apretaba:
¡Ni una gota siquiera, ni una gota
del bálsamo perdí que hubo en tu beso!

Tu cabeza de negra cabellera
¿Te acuerdas? con mi mano requería,
porque de mí tus labios generosos
no se apartaran. Blanda como el beso
que a ti me transfundía, era la suave
atmósfera en redor: La vida entera
sentí que a mí abrazándote, ¡abrazaba!
¡Perdí el mundo de vista, y sus ruidos
y su envidiosa y bárbara batalla!
Una copa en los aires ascendía
y yo, en brazos no vistos reclinado
tras ella, asido de sus dulces bordes:
¡Por el espacio azul me remontaba!

Oh amor, oh inmenso, oh acabado artista:
en rueda o riel funde el herrero el hierro:
una flor o mujer o águila o ángel
en oro o plata el joyador cincela:
¡Tú sólo, sólo tú, sabes el modo
de reducir el Universo a un beso!

                            (de Versos libres     1882)

El rayo surca, sangriento

El rayo surca, sangriento,
El lóbrego nubarrón:
Echa el barco, ciento a ciento,
Los negros por el portón.

El viento, fiero, quebraba
Los almácigos copudos;
Andaba la hilera, andaba,
De los esclavos desnudos.

El temporal sacudía
Los barracones henchidos:
Una madre con su cría
Pasaba, dando alaridos.

Rojo, como en el desierto,
Salió el sol al horizonte:
Y alumbró a un esclavo muerto,
Colgado a un ceibo del monte.

Un niño lo vio: tembló
De pasión por los que gimen:
¡Y, al pie del muerto, juró
lavar con su vida el crimen!

                                    (de Versos sencillos  1891)

Es rubia: el cabello suelto

Es rubia: el cabello suelto
Da más luz al ojo moro:
Voy, desde entonces, envuelto
En un torbellino de oro.
La abeja estival que zumba
Más ágil por la flor nueva,
No dice, como antes, «tumba»:
«Eva» dice: todo es «Eva».
Bajo, en lo oscuro, al temido
Raudal de la catarata:
¡Y brilla el iris, tendido
Sobre las hojas de plata!
Miro, ceñudo, la agreste
Pompa del monte irritado:
¡Y en el alma azul celeste
Brota un jacinto rosado!
Voy, por el bosque, a paseo
A la laguna vecina:
Y entre las ramas la veo,
Y por el agua camina.
La serpiente del jardín
Silba, escupe, y se resbala
Por su agujero: el clarín
Me tiende, trinando, el ala.
¡Arpa soy, salterio soy
Donde vibra el Universo:
Vengo del sol, y al sol voy:
Soy el amor: soy el verso!

                                (de Versos sencillos  1891)

La niña de Guatemala

Quiero, a la sombra de un ala,
contar este cuento en flor:
la niña de Guatemala,
la que se murió de amor.

Eran de lirios los ramos;
y las orlas de reseda
y de jazmín; la enterramos
en una caja de seda…

Ella dio al desmemoriado
una almohadilla de olor;
él volvió, volvió casado;
ella se murió de amor.

Iban cargándola en andas
obispos y embajadores;
detrás iba el pueblo en tandas,
todo cargado de flores…

Ella, por volverlo a ver,
salió a verlo al mirador;
él volvió con su mujer,
ella se murió de amor.

Como de bronce candente,
al beso de despedida,
era su frente -¡la frente
que más he amado en mi vida!…

Se entró de tarde en el río,
la sacó muerta el doctor;
dicen que murió de frío,
yo sé que murió de amor.

Allí, en la bóveda helada,
la pusieron en dos bancos:
besé su mano afilada,
besé sus zapatos blancos.

Callado, al oscurecer,
me llamó el enterrador;
nunca más he vuelto a ver
a la que murió de amor.

                                            (de Versos sencillos 1891)

Cultivo Una Rosa Blanca

Cultivo una rosa blanca
en junio como en enero
para el amigo sincero
que me da su mano franca.

Y para el cruel que me arranca
el corazón con que vivo,
cardo ni ortiga cultivo;
cultivo una rosa blanca.

                  (Versos sencillos   1891)

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7 Poesía más Poesía: Carilda Oliver Labra y Alejandra Menassa de Lucia

CARILDA OLIVER LABRA

BIOGRAFÍA

Carilda Oliver Labra es una de las más importantes poetisas cubanas contemporáneas, reconocida internacionalmente. Doctora en Derecho Civil. Además de ejercer su profesión como abogada, trabajó también en la biblioteca pública Gener y del Monte, de Matanzas, y fue profesora de inglés, de dibujo, pintura y escultura.
Nace en la ciudad de Matanzas, el 6 de julio de 1922. Su primer libro, Preludio Lírico, fue publicado en Matanzas en 1943. Y desde 1947 recibe numerosos premios internacionales. Se la incluye en diferentes antologías y tiene más de cuarenta libros publicados. En el 2010, se publica por quinta vez Al sur de mi garganta.

La poesía de Carilda Oliver, en todos sus componentes teóricos, debe apreciarse como un canto a la libertad humana, a la defensa de la dignidad de la mujer como sujeto político. Ya sea en los poemas de orden amoroso o en los de carácter épico, el eros de Carilda Oliver desgrana su trascendencia hacia los otros y su prospectividad por medio del amor. Por ello la vejez no puede derrumbar al eros, el envejecimiento físico está lleno de significado sexual y social, ya que para Carilda el sexo es una fuerza que unifica y sostiene a la sociedad.

En 1985, responde a una entrevista del poeta periodista Manuel Díaz Martínez para la revista Cuba Internacional.
“Ella tenía ya el Premio Nacional de Poesía, el elogio de Gabriela Mistral y el amor de todos.
El dialogo debía ser para todos y le rogué a Carilda que lo empezara por Matanzas,
“Hablar de Matanzas me resulta difícil. Es como si me preguntaran sobre mi madre. Pero a un periodista siempre hay que responderle, y más si es poeta y capaz de incluir cualquier respuesta. Nací aquí hace más tiempo del que quisiera, aunque menos de esa eternidad que deseo vivir”.
Durante algún tiempo, en el siglo pasado, Matanzas fue el centro de la poesía cubana. Después dejó de serlo, pero siempre se mantuvo como plaza fuerte bien defendida por poetas notables.
“Este paisaje humano persiste en acompañarme. Cuando pienso en Matanzas evoco inevitablemente a Antonio Guiteras, en casa, con ojos y sueños azules, y lo vuelvo a ver en su lucha antiimperialista cayendo hacia el Morrillo; y se empatan con este recuerdo otros de la lucha, de la revolución. Suenan los tiros en el mediodía, cuando el ataque al cuartel, y otra vez está Reynold García manejando aquel camión: vuelve Julián Alemán, libre sobre torturas y vejámenes, porque ya es una palma, una piedra, una aurora de Matanzas. Y todos ellos se entremezclan: Armando Huau, Enrique Hart, René Fraga, Sandarán, Fraklin Gómez, Horacio Rodríguez, Bayona, Tejeiro y no sé cuántos más… Que los vi nacer, que los vi crecer, que reían en mis ojos, que se paraban en la esquina, que eran nuestros. Todos ellos, más que la bahía o la Loma del Pan, más que la Cumbre o la Catedral, más que el Teatro Sauto o el Palacio de Junco, todos ellos son Matanzas. ¿Irme de aquí? Sería como quedarme sin mí misma”.

Al preguntarle por el amor, Carilda, lo define así…El amor es siempre un modo de salir de nosotros y entrar en otros para ofrecer algo, no para quitarlo.

Carilda en su juventud.

En cuanto a la revolución
“Es un fenómeno económico, social, político, cultural, histórico, de cuya importancia empieza ahora a darse cuenta el mundo. La interrelación entre revolución y cultura y, por tanto, entre revolución y arte, es polivalente. Si bien la revolución está fecundando nuestra cultura, sin esta estaría aquella ayuna de los más eficaces métodos para su evolución. Martí ya lo dijo: “Ser cultos es el único modo de ser libres”. La frase entraña todo un tratado materialista, a pesar de su aparente sencillez. La Revolución ha permeado a los artistas en tan sabia y profunda manera que estos, espontáneamente, han devenido protagonistas de su misma fuerza. El creador, en cuba, posee una autenticidad poderosa al expresarse, porque cree en lo que dice y quiere sostenerlo no sólo en su tinta, sino con su sangre. Y esta profesión de fe, este cotidiano oficio combatiente alimentan y enriquecen el don creativo y trascienden en el producto final de la experiencia artística. La Revolución Cubana es un portento biológico: con más futuro que pasado”.

Carilda con Fidel Castro.

En otra entrevista por el periodista Luis Sexto confiesa, he vivido más de lo que he leído.
-Si fuéramos a fijar en términos matemáticos la respuesta, siguiendo, desde luego, mi personal circunstancia, los libros sólo serían necesarios en un treinta por ciento, mientras que la experiencia vital no podría limitarse a menos del setenta por ciento. Podemos escribir sin haber leído, pero no sin haber vivido, aunque dudo mucho de la calidad del producto en ambos casos. Las dos condiciones son indispensables. En cuanto a mí, afirmaría que he vivido más de lo que he leído.

-En la última décima de su poema dedicado al asalto al cuartel Goicuría, en abril de 1956, usted increpa al verso, al poema, diciéndole: “Tienes que hacer muchas cosas”. Explique qué cosas tiene que hacer la poesía en el mundo?
-Decir la verdad, alabar y crear lo bello, contribuir al gozo intelectual, aliarnos a otros hombres, denunciar la injusticia, enriquecer la vida misma. en una época como aquella, bajo la tiranía de Batista, la poesía tuvo que convertirse en clarín, pólvora, rayo…

-¿podría ser válida una obra poética que evada los temas políticos y sociales…?
-Una obra así será parcialmente válida. Esos temas no son más que la prolongación de nuestra propia individualidad. Ocuparse de uno mismo y no de otros es casi imposible en la creación artística. Ello la haría subjetiva, ensimismada, egoísta.

“Ahora – prosiguió- el creador lucha por conquistas imprescindibles para la superación del hombre, y se le ve en tareas que en vez de limitar su don lo fecundan y vivifican. Los escritores en su mayoría están dando una batalla por el desarme y la paz del mundo. Y ello es más provechoso que cantarle a una puesta de sol. Claro, no hay que excluir el cultivo de la cuerda íntima. Pero un poeta no estará justificado si se pone a cantarle a una rosa cuando su gente y su tierra sufren una catástrofe natural, o las calamidades de una tiranía, o cualquier otro dolor colectivo”.

Yo pregunté intentando colocar algunas espinas en el interrogatorio.
-¿ Y para usted en qué parte de su obra radica lo mejor?

-La respuesta es ardua… máxime cuando nada de lo que he escrito me dejó complacida. No voy a citarle determinados textos. Diría que la zona de mi obra en la cual considero que está lo más acertado, es aquella abarcadora de los poemas en los que, al tratar de expresar el amor erótico, el amor de la pareja, lo integro al amor por todos, al amor universal. La poesía pasa entonces de goce estético a ser una ofrenda colectiva.

-Dicen que Usted es una suerte de noctámbula, que trabaja de noche. ¿ qué encantos tiene para Usted la noche?
-La noche ejerce magia sobre mi. Todos los propósitos para disciplinarme han sido inútiles. Me la paso inventando historietas, fingiendo figuras en las sombras del cuarto, oliendo la albahaca, la dama de noche, el galán que entra por la ventana, interpretando rumores, oyendo grillos inexistentes, y aunque haya ido a la cama temprano termino por levantarme. La noche es cariñosa. Todo ese misterioso mundo, todo ese insondable cosmos, toda esa tiniebla que me sirve de madre, luego se me hace luz dentro.

-¿Escribe sus poemas de un tirón?
-De un golpe, y no puedo agregarles nada después. Eso sí, vuelvo a releerles varias veces, en distintos días, y a cada nueva lectura les quito alguna línea hasta llegar a lo más sobrio y económico posible.
-¿Ha estado mucho tiempo sin escribir: digamos, una semana, un mes?
-Frente a grandes cataclismos espirituales estuve muchos meses sin escribir. Cuando toda mi familia abandonó el país, no logré poner una letra en dos años. Cuando perdí a mi esposo, en septiembre de 1981, no pude escribir hasta abril del siguiente año. entonces, de un tirón, hice un libro dedicado a él: “Se me ha perdido un hombre”, texto que desarrolla todas las formas de la versificación española.
“No soy una escritora disciplinada: nunca he podido trabajar a diario. pero cuando llevo tiempo sin hacerlo me consume una desazón extraña, una inconformidad ante todo…”

-Hay quienes opinan que el “poema político” está reñido con los valores propiamente estéticos. ¿Cuál es su criterio?
-El coloquialismo tan saludable y eficaz, que vino a cerrarnos de ciertos amaneramientos de la forma y de estereotipos intelectuales, también por hacerse retórico y despojarnos de ese misterio, de esa colosal explosión mágica con que enciende y abisma la poesía. Estamos ahora recuperando la metáfora, las asociaciones imprevistas, los recursos del estilo, los inefables apoyos de la imaginación y del lenguaje. Estamos aventurándonos en un nuevo cauce, pero ya se avizora el peligro de aquellos que quieren reencarnar en Lezama y no advierten que este fue un creador extraordinario, con una cultura bien asimilada, imitarle con suerte es totalmente imposible. Los jóvenes deben de hallar su propio camino.
-Sucede que la llamada poesía política es más difícil de concebir y realizar. Eso no significa que esté reñida con los valores puramente estéticos sin los cuales no existe obra de arte. si fuera así ningún poema político hubiera alcanzado alta estimación; y ahí tenemos las maravillosas creaciones de Martí, Neruda, Vallejo, Miguel hernández, Guillén, Maiakovsky y unos pocos más.

No es nada nuevo asegurar que el poeta es testigo de su tiempo y que su voz debe convertirse en diana y disparo cada vez que el mundo en que se mueve así lo requiera. Nuestro oficio será más noble en la medida en que seamos más útiles. esa herramienta que es la pluma sólo trascenderá si la usamos para defender las causas justas. Debemos aspirar a que la sustancia sea tan bella como la forma.

POESÍA.
“En esta conjura de los cepos,
de las pinzas;
en este imperio de pústulas,
en esta ronda de la sed y el látigo,
socórreme.

Yo no tengo más que tu espada
y tu consolación.
Yo no tengo más que tu seña y tu libertad
Baja a mí para los otros”.

Abel Prieto, ministro cubano de Cultura; Miguel Barnet, presidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC); Antón Arrufat, poeta, narrador, dramaturgo y ensayista cubano, junto a otros prestigiosos intelectuales cubanos agasajaron a Carilda Oliver Labra, Premio Nacional de Literatura, en su natal ciudad de Matanzas, Cuba, el 6 de julio de 2017, en ocasión de su cumpleaños 95. ACN FOTO/Roberto Jesús HERNÁNDEZ/sdl

Sustento el criterio, compartido modernamente por tantos, de que la poesía será más comunicativa en cuanto su temática interese a un número superior de personas y aparezcan en un molde idóneo para su aprehensión intelectual. Claridad y sencillez pueden ser normas pero esto no quiere decir que el lenguaje pierda su encanto lírico, su audacia, sus secretos inexplicables.
Sólo así alcanzará valores sociales que la hagan válida como portadora del mensaje oportuno en estos momentos de grandes confrontaciones ideológicas.
La Poesía puede y debe ser idóneo instrumento para despertar conciencias, mover voluntades, esgrimir razones. Porque, finalmente, como obreros de la palabra que somos, la tarea más importante es la de servir, de acuerdo con nuestras posibilidades de creación, al progreso y a la felicidad del hombre.

Carilda Oliver Labra con su esposo Raidel Hernández.

POEMAS

LA VIOLETA COMBATE


Si de niña –casi mala-
me entretuve en la libreta
simulando ser poeta
y luego quedé sin ala,
si cada sueño me tala,
si me hablan siempre de…,
si mi familia se fue
a doler bajo la nieve
¿soy feliz o no se atreve mi corazón?
Si en la soledad que rijo
para dárselo a la espada,
a la flor (ya es tarde y nada)
no me dio la carne un hijo;
si perdí en el acertijo
no me canso, no me hundo,
destilo un beso profundo,
salvo el odio, curo herida;
me vuelvo tierra parida
y madre de todo el mundo.
Si con la última gota
queriendo ser sangre aún
me diste, padre, un zunzún,
si de tu mano ya ignota
que me tiró la pelota
no he sabido ni sabré,
si del seno que mamé
sale imposible mi suerte,
si me ha citado la muerte:
¿estoy viviendo de qué?
Si el amor me hizo una cruz
y sigo aquí mal clavada,
si me ha durado la almohada
lo que al ciego pobre de luz;
si arranco del avestruz
una pluma y me la como,
si fuego cargo por lomo,
si me patea un suicida,
si cuando estudio la vida
no encuentro el segundo tomo….
¿Qué hago con sangre y luna?
¿cómo disimulo el lío?
¿dónde quitan tanto frío?
¿cuándo viene la fortuna?
¿quién me acuesta en esa tuna?
¿cuál es mi sombra además?
No me nieguen el quizás,
no me ensucien lo que brota,
no me tomen por idiota,
no me respondan: jamás…
Algún dolor extraviado
me cayó en el sentimiento.
Llévatelo de aquí, viento.
Melancolía es pecado.
Cosas, cosas del pasado
hay que dejarlas volar.
Aún tengo guiño, lunar.
Si el ayer me vuelve vieja,
si me prostituye la queja
voy y los tiro en el mar.
Porque el débil todo lo pierde,
cualquiera llega y le priva
de la gaviota más viva,
de su derecho a lo verde.
Por eso, batalla, muerde,
oye la verdad que late;
y luego ven al rescate.
Hay que pensar en el futuro:
humilde, a pétalo duro,
ya la violeta combate.

RECADO

Amor, amor de aquí: pásame el brazo
por la cintura. Amor, toca esta frente,
di una frase vulgar, casi inocente,
ríe, ríe después… Tengo un retazo
 
de sol bajo la tela de mi hombro.
Arráncalo de ahí, dáselo a un nido.
Llora como si ya te hubieras ido,
y cállate en el punto en que te nombro.
 
Amor, amor, ¡sujétame esta gota!
( ¿Verdad que se parece a la mar rota? )
Mi corazón para la luz se cierra.
 
Al sur de todo vengo abandonada.
Deténme: estoy muriéndome por nada,
arrepentida de mirar la tierra.

GUÁRDAME EL TIEMPO
Vuelves a renovarme el don perpetuo.
Otra vez eres ése
que me enseñó las señales del alba,
el que salvó una hormiga en el borde del vaso.

Vuelves para pedirme que reúna
la corte de los gatos,
que te ampare de aquel golpe en la nuca,
que te dé mi tristeza como un sorbo,
que te recorte alguna uña,
que me moje de ti,
que te alcance el café,
que no oscurezca,
que me case contigo esta noche otra vez.

Se nos quedaron muchas cosas sin hablar,
Necesitamos una cita,
porque
¿a quién le doy tantas caricias
que sobraron,
aquellas que olvidé ponerte sobre el pecho?
¿A quién le cuento
que he planchado, creyendo que era tela,
tu perfil de muchacho?

¿A quién convido ahora con mis piernas
y le enseño el jazmín que nació anoche,
y le pongo una abeja a que lo pique,
y le saludo la inocencia?

¿A quién le miento y juro,
a quién le tiro un pan contra la oreja,
a quién le digo que lo odio,
y luego, que lo amo?

¿A quién le digo hijo,
y me lo paso por dentro como un trapo?
Sé bien que estás metido en nuestros átomos,
que te mueves en ese aire que espantó estas páginas
que observas desde los retratos,
que te has caído hoy contra mi pecho
y para que seamos uno solo
hasta este propio corazón
me lo has parado;
sé que estoy muerta
soñando que te busco por el cuarto.

Guárdame el tiempo.
Guárdamelo.
Estoy segura de que puedes.
Así no ha de caer la luna
ni tendrás que morirte en la mañana
y el jueves será eterno
y te besaré siempre como el veinticuatro
de septiembre
de mil novecientos ochenta y uno.
Guárdame el tiempo,
guárdamelo.

¡Qué no pase ni un minuto,
que nada ciego nazca,
que no se invente un aparato de tortura
ni estalle otra contienda contra el hombre;
que no cacen más pájaros,
que no se malogre la pureza,
que vuelvas
a ser
y aquel esplendor tuyo se mezcle, poderoso,
a mis harapos!

Guárdame el tiempo,
guárdamelo.
Te lo pido con rabia,
con ternura,
con todo lo que no es palabra.
Para que siempre seamos lo estupendo:
hombre y mujer
girando,
nueva especie del mundo;
ya casi un milagro.
Pues me han salido en la cara tus ojos
y a ti en el rostro mi boca,
y no sé cuando te miro si eres tú quien me mira
ni cuando tú me besas
si soy yo quien te ha besado.

ESTA MEMORIA

Esta memoria
que se cierne como los gorriones
en la rama más alta de mí misma,
este escuchar la noche
cuando hace sombra y el perfume
persiste en su influencia,
esas costumbres tuyas
en la casa,
húmeda del ensueño y la porfía.

La casa donde amabas tu inocencia
sigue guardando
esos primores de ceniza,
sigue con tu respiración flotando. A cuestas
trae los fantasmas pensativos:
está mi padre
rodando entre las cosas
( quería decirme: ¡hija,
al fin nos conocimos!… )
Y han vuelto algunos pétalos
que de un botón remoto habían caído.
Ha vuelto todo el tiempo
que borramos,
en este instante en que repito tu nombre
y sin embargo no es latido.
Telarañas me enseñan donde tengo
olvidada la nuca.
Está sin sábanas el lecho,
en un sillón florece el frío.
¿Cuál es el mago que te trae ahora
y te pone a bruñirme las ojeras,
cuál es el rico
que me da tu cuerpo?
Ya no es posible hallarte en remolinos,
la sorpresa sería
comerte con los ojos.

La casa,
la casa enorme con soledades y heliotropos,
lúgubre, vacía,
la casa centenaria sigue goteando
sobre mis heridas.

Arrancaré el azogue de todos sus espejos
buscándote.
Arrancaré las cenefas, los umbrales,
buscándote.
Arrancaré los muebles, los mosaicos,
el sol,
la selva que en el patio ha dado un solo paso,
mi insomnio de leona enternecida;
arrancaré el recuerdo
buscándote,
y he de encajar de nuevo en tus costillas.

Arrancaré los rincones de la casa,
la casa,

la casa donde nos podrimos.
Ha de quedar algún pedazo tuyo entre raíces,
alguna vibración de tus entrañas,
algún cabello que cayó de pronto
y luego fue un hilo de agonía,
el dejo de tu voz entre las horas:
ha de quedar el giro de tu mano, al fin, llamando:
algo espantoso y bello.
Y yo sabré quien eres,
yo te reconoceré
de rodillas ante el grifo del agua,
yo te reconoceré
aunque sea por el gusto del fango;
y te daré por muerto entonces,
devastado este reino;
pero tranquila,
en orden,
porque tendré el consuelo
de imaginarte a salvo de los hombres.

HABLO CON TODOS

Hablo con todos: ciegos y morados,
malditos, simples, buenos, envidiosos.
¿Quieren oírme?
No vendo mi palabra.
Cójala el podrido, el triste,
el cándido.
Hablo con todos:
con obreros, damas,
enfermos, rebeldes, prisioneros, vagos;
con repartidores de la harina
y con maromeros de la sien.
¡Vengan a decirme qué cosa es lo que quieren!
Será fácil. Al carpintero le daré el rocío,
al de la carne un girasol,
una broma celeste al funerario.
Dejo la punta del mar al estudiante,
temblores a la monja,
para la viuda el pez,
al panadero un libro,
mi anillo a la ramera.
Hablo con todos…
Si se asustan, si sollozan
me abro el pecho y los pongo en el tumulto
revuelto de la gracia,
y aquí se quedan
llenándome de amor con sus arterias
de combatientes clandestinos,
de partidarios de la luna,
de comerciantes, jueces o mineros.
Hablo con todos,
porque soy esta muchedumbre convergiendo,
esta gente que come calabaza
y orina desconsuelo,
estos desamparados que transitan por la calle
en una paz augusta que conmueve,
estos necesitados que no piden
sino que alguna vez al fin les llueva,
éstos que ni lo saben
pero son
enamorados, fundadores, héroes.
Hablo con todos,
sí,
con todos;
con los que burlan el fisco
y la azucena,
con los que tocan el violín,
con los que rezan para que les caiga un testamento.
Hablo con todos.
Y mientras digo todos también hablo conmigo
porque yo soy nosotros.

ME DESORDENO AMOR, ME DESORDENO

Me desordeno, amor, me desordeno
cuando voy en tu boca, demorada;
y casi sin por qué, casi por nada,
te toco con la punta de mi seno.

Te toco con la punta de mi seno
y con mi soledad desamparada;
y acaso sin estar enamorada;
me desordeno, amor, me desordeno.

Y mi suerte de fruta respetada
arde en tu mano lúbrica y turbada
como una mal promesa de veneno;

y aunque quiero besarte arrodillada,
cuando voy en tu boca, demorada,
me desordeno, amor, me desordeno.

BUSCO UN HOMBRE

Busco una enfermedad que no me acabe
sino el dolor constante de la vida:
algo para fingir que estoy dormida
detrás de este temblor de escarcha grave.

Busco un agua cósmica que lave
la lágrima terrible que me oxida;
busco el morir distinto, y voy herida
por la pena vulgar que nadie sabe.

Y así me marcho, sonriendo a todos,
luminosa de gracia y desventura,
con el secreto horror hasta los codos;

callándome en el verso y en la prosa,
para que escriban en mi tierra dura:
esta mujer ha muerto de dichosa.

UNA MUJER ESCRIBE ESTE POEMA

Una mujer escribe este poema
donde puede
a cualquier hora de un día que no importa
en el siglo de la avitaminosis
y la cosmonáutica
tristeza deseo no sabe qué
esperando la bayoneta o el obús
una mujer escribe este poema
sin atributos
a desvergüenza y dentellada
fogosa inalterable arrepentida pudriéndose
caemos por turno frente a las estrellas
todos tenemos que morir
no hay nada más ilustre que la sangre
una mujer escribe este poema
qué estúpida la línea que divide sol de sombra
el crepúsculo pasa
acumulándose al final de las azoteas
supimos de pronto de una trombosis coronaria
existes soledad
sonó una bomba
vean si se han roto los lentes de contacto
una mujer escribe este poema
separa quince pesos para el alquiler
mi amigo viejo
se desprende del mediodía por la próstata
bailamos
sigue la preparación combativa
no pasarán
una mujer escribe este poema
como quien ha perdido el tiempo para siempre
creo en el corazón de Denise Darval
hemos ganado porque morimos muchas veces
parece que tengo un derrame de sinovia
no hay tiempo para la poesía
de veras que los frijoles se han demorado en hervir
te juro que mañana presentaré el divorcio
una mujer escribe este poema
cómo hay fantasmas a las siete en mi pecho
entablillé una rama a la areca que está triste
mamá tú no sabes la falta que me haces
si suena la alarma aérea
recojan a los niños que duermen en la cuna
voy a guardar este retrato del Ché
como calló el canario traje un tenor a casa
una mujer escribe este poema
cargada de ultimatums
de pólvora
de rimmel
verde contemporánea lela
entre el uranio
y
el cobalto
trébol de la esperanza
convaleciente de amor
tramposa hasta el éxtasis
tonta como balada
neurótica
metiendo sueños en una alcancía
ninfa del trauma
novia de los cuchillos
jugando a no perder la luz en el último tute
una mujer escribe este poema.

ALEJANDRA MENASSA DE LUCIA

Alejandra Menassa de Lucia nace en buenos aires en 1972 reside en Madrid desde 1976 es medica, especialista en medicina interna, psicoanalista de la Escuela de psicoanálisis Grupo Cero. Es autora de ensayos de medicina y psicoanálisis. Actualmente trabaja en la Clínica de Medicina Integrativa donde es responsable de la unidad de salud mental. Es presidenta de la sociedad de salud y medicina integrativa SESMI. Ha publicado numerosas publicaciones medicas y psicoanalíticas entre las que podemos destacar: Medicina Psicosomática 1, 2, 3,4, en colaboración con la Doctora Pilar Rojas, “Construyendo un líder”, en colaboración con varios autores “La mujer del siglo xxi”, “Doctor por qué no puedo adelgazar”.
Es pintora con múltiples exposiciones.

Alejandra con su padre el poeta Miguel Oscar Menassa.


Desde 2005 es actriz protagonista en varios cortometrajes en las producciones cinematográficas Grupo Cero y también tiene papeles relevantes en los cinco largometrajes de Miguel Oscar Menassa, El medicamento, La invitación del presidente, ¿Infidelidad?, Mi única familia y En defensa propia
Locutora y coproductora del programa 2001 noches y del programa de televisión una cita con la palabra
Integrante de los talleres de poesía coordinados por Miguel Oscar Menassa desde 1990 y coordina Talleres de poesía.

Con los poetas Carlos Murciano y Miguel Menassa


Premios y menciones; premio de la asociación internacional de escritores y artistas al mejor libro de Poesía 2006 , la piel del deseo editorial grupo cero
Premio de Poesia Pablo Menassa de Lucia al premio la muerte en casa
Premio estrella digital al poema criptomemorias
Accesit al premio poeta de de poesía 1992
Premio nueva gente 2001 de asociación de artistas y escritores.

En la caseta del Grupo Cero de la Feria del libro de Madrid junto a la gerente editorial, Carmen Salamanca.

Ha publicado:
Talleres de poesía 1 en colaboración 1995
Primera inquietud 1995 editorial grupo cero
Al oído del viento 1999 editorial grupo cero
La llave de los días 2002 editorial grupo cero
La muerte en casa 2003 editorial grupo cero
La piel del deseo 2005 editorial grupo cero
Universos diversos, editorial al aire, varios autores 2009
Antología internacional de mujeres poetas editorial Grito de Mujer 2014
El hombre que esperaba 2014 editorial grupo cero
Ha publicado en numerosas revistas nacionales e internacionales

POEMAS

SONETOS A TU SEXO V (ADIVINANZA)

Ven a mi cama, amor, reescribamos la historia.
No fue por la manzana que pecamos,
no es la fruta más roja con corazón de nácar
la que nos hizo prófugos de nuestro paraíso.
Tiene las mismas aes y también tres vocales,
pero sabor más dulce y al diente cede blanda.
Me dijeron: no comas, pero te vi desnudo
y elegí, sin dudarlo, la temida condena.
Fue el varón el que indujo al pecado a la bella.
Atributos de Príapo, tu fruta es la prohibida.
Al morderla conocimos del goce, su moneda.
La tentación no tuvo la forma de una esfera,
No fue redonda la causa de la falta primera.
Ven a mi cama, amor, reescribamos la historia.

Inédito

ODA A LA POESÍA

Tú: la forma más pura del lenguaje.
Eres un hombre lúbrico y su semen.
Tú: decantación de la humana historia y su milagro,
su sostén y sus alas,
único acercamiento posible a lo indecible.
Refulgentes como astros se alzan de la tumba tus poetas,
los que moran en tu vientre,
los que haces nacer en plena página,
aquellos que pares cada día a la luz rosada del poniente.
Te arrastras por el barro con el soldado,
te me vuelas de noche con las trapecistas
gozas en la cama de las meretrices,
acompañas insomne las noches de trabajo del galeno,
te pierdes en la luz insistente de la fábrica,
en la luz tenue de los teatros,
en la luz cefálica de las minas.
Haces girar el mundo con tu ritmo,
con tus exhalaciones se pueblan las cantinas,
en tu sangre laten el poeta, el sacerdote y el mendigo.
El agujero por donde se entra al mundo,
no es ese que el pincel de Courbet inmortaliza;
son tus brazos ahuecando la muerte para que el poeta nazca,
son tus piernas abriéndose a la noche para exhalar su alma.
Eres del hombre, su diamante,
su gema maravillosa, pero también, el resto del lenguaje;
desperdicio, vacío que lo hace nacer,
el epitafio del sentido,
la muerte de la razón,
la burla de la carne.
Dama inmortal, hombre sacrílego,
muere el dolor acuchillado, en tu presencia.

Inédito

¿ADÚLTERA?

Leyendo el cuento La adúltera
del Decamerón, de Boccaccio

Nunca entendí mucho los amores únicos.
Jamás leí un solo libro o jugué a un solo juego,
O gusté de una sola comida, o tuve un solo amigo.
Muy niña sumé al amor materno el amor hacia padre
Y ya nunca más pude una sola cosa
Mi corazón es grande, poco hay en mí mezquino
¿por qué habría de ser mezquina en el amor ?
Una amante se produce amando, el amor no se gasta,
se fabrica, cn humano deseo, con trabajo.
Nunca un solo ser colmó toda pulsión.
Nunca un solo ser agotó todo amor.
Tú entendiste, Boccaccio, que la mujer
que tiene las manos rebosantes de caricias,
la boca plena de palabras y besos,
el alma inundada de pasión,
debe darlas ¿Pero quién dijo que
debe ser solo uno el que las tome todas ?
Si es en las conversaciones donde la inteligencia se construye
¿por qué no construir varias inteligencias ?

Del libro: El hombre que esperaba

UNA MUJER INOLVIDABLE

Esto va por ti, alzo mi copa llena de besos,
y brindo por la belleza de tu nombre.
Mujer  hacedora, junto  a él, de pan, de versos y de hijos.
Tú, que te llamas Hipatia, tu padre, Teón,
rechazando creencias de la época,
te hizo ciudadana de la polis,
derecho exclusivo del otro sexo,
confió en tu inteligencia
y te ayudó a encontrar tu órbita
en las ciencias de los astros y los números,
un camino que abrirías tú también para otros,
porque el que tiene un saber y no lo dona,
en él se pudre, y se fermenta, y sus larvas devoran corazones.
Como pago, fuiste golpeada hasta la muerte,
una mártir más, como tantas,
por nada, por mujer sabia, algo que debe de estar
muy cerca del demonio
para la mente enferma y reaccionaria. 
Tú que te llamas Christine de Pizan,
la oscura Edad Media se iluminó
con tu Ciudad de damas,
luchaste porque esa luz de lo femenino
brillara en todo su esplendor.
Heriste de muerte al amor cortés,
Y en la Querella, la inteligencia de ella
se midió con la de él, y después de haberse
dejado vencer tantos años…, hicieron tablas.
Tú que te llamas James Barry,
lampiño de agudo timbre de la armada inglesa.
Tus manos laboriosas de insigne cirujano,
develaron el misterio de nacer por cesárea,
y cuando te enterraron, tus papeles decían: 
 Margaret Ann Bulkley, y todos se asombraron,
ocultando el secreto, y signando tu lápida con
un nombre de varón: James,
pues se debía seguir manteniendo la falacia
de que las descendientes de Eva no estaban
capacitadas para el ejercicio de la medicina.
Tú que te llamas Marie Curie,
un alud de isótopos radiactivos
no hubiera superado tu refulgir.
No sólo fuiste la primera mujer Nobel,
sino que, por si quedaban dudas,
repetiste, hazaña que ningún hombre ha podido emular.
La física y la Química fueron la casa
En la que creció tu perspicacia.
Tu esposo, que urdía contigo magníficos
experimentos, obtuvo su Cátedra en París,
a ti te la negaron, obtusos comensales
de viejos prejuicios apolillados,
no les bastó ni el Nobel para obviar tu sexo.
Alice Guy,
¿Quién no recuerda a los Lumière,
Ellos inventaron el primer proyector,
pero no fue suya la primera película,
fue la dulce Alice la de la idea,
pero ¿para qué decírselo al mundo?
muchas de sus obras, las firmó
su ayudante, un varón de cuyo nombre
no me acuerdo, en las Historias del cine,
omitida en las más,
porque ¿cómo iba a ser pionera del cine una mujer?
Ada Byron, tu madre te alejó de la poesía,
hija de universal poeta maldito, por amor a tu padre,
descubriste la poesía de la matemática,
de tus manos laboriosas,
nació el primer software,
la informática moderna es hija de tu ciencia.
Pero ¿quién te conoce?
había que silenciar el femenil ingenio,
como estas tantas, tantas…,
y cada una, cada día, voz silenciada,
grita más alto, escribe más alto,
deja intensa, la huella de tu paso:
¡Es un pie de mujer! ¡Grita bien alto!

DESNUDO

Desnudo eres hermoso como una lágrima de luna,
desnudo eres azul y te confundes con la noche.
Desnudo te pareces a una roca tallada por la mano
de un dios concupiscente.
Todo es en ti belleza,
y yo que no puedo dejar de nombrarte,
yo que al juntar mis párpados te veo aparecer
y me encegueces,
yo que guardo tu imagen prendida en mi retina
incandescente,
yo que te esperé siempre,
yo que te llamo desde las nubes del cielo o del infierno…
¡Asáltame esta noche!
atraviesa los puentes de mi anhelo,
derriba las cancelas de mi sexo,
rómpeme el corazón en mil fragmentos
¡Llámame puta y noche, y misterio!,
llámame amor, dime que sí
y estarás muerto:
no se rinde la araña cuando atrapa a la mosca
en su seno;
no se rinde en tu sangre mi veneno
vamos dime que sí, mi amor.
Desnudo eres hermoso como un verso,
desnudo eres mi aliento.

SONETO A TU SEXO IX

Ya sé que le han cantado a mi sexo de mujer los más altos juglares,
le han hecho versos de oro y han declamado virtudes y beldades.
Eso es lo conocido, pero ¿qué vate canta al tuyo, amado mío?
Yo, porque no hay otra, yo soy la poeta que te amó hasta al fondo.
Yo he de cantarte a ti, mi maravilla, sable precioso,
espiga maldorada, que el viento del deseo lleva y trae.
Eres batuta de la orquesta mía donde mueren de placer los músicos.
Eres la torre de las agonías, vientre con vientre, me trago tu fantasma.
Vivo en las gotas tenues que destilas y en el mar de mi boca tu pez ríe.
Me alimenta tu sed, en tu deseo crecen las altas nubes de mi clímax.
Tu sexo, que es lo activo, lo que avanza a pesar del silencio o de la ruina.
Tu sexo que perfora mis esquinas, al que hablo y a oírme se levanta.
Tu sexo de almidón y de esperanza, tu sexo con su ropa de domingo,
dimensión de mi goce, mi delirio, tu sexo de varón, entre mis fémures.

Inédito

CUBA LINDA QUE RECIBISTE MIS 44 AÑOS

Cuba, te soñé muchas noches,
canté bajo tus estrellas imaginadas,
rocé a Carilda con besos oníricos.
Tuviste que esperarme 44 años
¿qué amante espera eso?
Tú me esperaste, isla de dos estaciones:
Una seca, donde el calor abrasa.
Una húmeda, donde todo crece, también el amor.
Recorrí la calzada de Tirri en la penumbra,
escribí un verso en sus paredes.
Y sueño a sueño, llegué hasta tus labios
y me inundó la alegría de un anhelo consumado.
Amo tu son, tu desparpajo de mujer lúbrica.
Amo tu fuerza de varón y la altura inalcanzable
de tu rebeldía.
Malecón sonoro, Matanzas, cuna de poetas,
Habana, resto de belleza decadente:
contraste final entre lo que cae y lo que resiste.
Salgo del hospital donde reina la ciencia,
donde el saber se cede por unas pocas monedas
y un carro de generosidad.
Gente linda, para ellos se acuñó la palabra humildad.
Tienen todo de lo que jactarse, pero no se jactan, hermano.
Me encuentro con un hombre desdentado.
Es joven aún, pienso. Enjuto de comer lo justo.
Sonríe a pesar de todo.
Habla dos idiomas, perfecto español y portugués,
El estado lo paga: 5 años de estudios superiores.
También paga su terapia con ozono,
padece retinitis pigmentaria: estaría ciego sino.
Otra ronda de salud y educación,
que Fidel paga, porque Fidel no ha muerto,
vive en el corazón de los cubanos.
Este hombre viste trapos y un honor imposible en Europa.
Su tesón me doblega.
Me dice que su sueldo son 10 cucs,
Acabo de gastar eso para comprar una tarjeta
para conectarme a internet por 5 horas.
Un compañero le tiende los 10 cucs:
Tómalos.
Dice: “no, yo soy tu amigo”. Lloro.
Pueblo digno, la dignidad es vuestra bandera.
No se agacha el cubano ni se rinde.
Y lo he aprendido: no me agacho ni me rindo.
Me dais una lección a cada paso.
La belleza no tiene edad en Cuba.
Una poeta de 94 años tiene tanta luz
en la mirada que deslumbra.
¿Y yo voy a aprender a amar la vida
de una mujer de 94 años que piensa
que morir es indecente?
Carilda. Recitas aun con lascivia, para mostrarme
que el deseo no cae, y que se muere amando
si se es poeta. Y declaras de una manera indecorosa
¡qué bella que es la vida!
La libertad huele a Cuba.
Bodeguita de en medio, Floridita de Hemingway
Donde nos conduce un abuelo con su nieto a los hombros:
Imagen viva de que después de la vejez
siempre llega la juventud aquí en Cuba.
Mirta, Silvia, Anita, Rodolfo, Roy, Goberna.
Me habéis mostrado hasta lo que ignorábais.
Aquí la medicina está hecha para cuidar al paciente,
vieja Europa ya no sabe de eso,
hace mucho que la Medicina está
hecha para cuidarse del paciente.
La pipeta y el microscopio se unen aquí al amor,
porque no basta curar a unos pocos, hay
que enseñarle al mundo como curar a todos.
Clínica e investigación: dos caras de la misma
moneda.
Vosotros no me habéis trasmitido sólo ciencia,
me habéis trasmitido el deseo.
Y yo os amo por eso.
Y detrás de todo estás tú,
mi amor, motor de este viaje,
en cada verso, porque yo también,
además de médico, soy mujer
y el deseo me quema.
Dos de la madrugada en Madrid,
y aquí en concubinato con el poema.
Arroz con gri y un vasito de ron
tan fuerte que no puedo terminarlo,
para brindar por Cuba, la bella,
por la dignidad humana, por la libertad
y por la revolución ¡y al carajo mis 44 años!

Inédito

UN CADÁVER

El inspector halló el cuerpo en el sueño,
no había señales de violencia.
Inspeccionó puertas y ventanas,
Ninguna pista allí.
Interrogó a todos los habitantes de la casa,
Nadie había visto a la muerte pasar.

Concluyó: no se puede afirmar que la muerte
haya estado en el lugar de los hechos.

Hubo un único silencio
y varios ojos abiertos
de desmedido asombro.

Pero Sr. Inspector, replicó la cocinera,
no hay dudas de que el señor está muerto,
permanece inmóvil, no respira,
su tez toma un color que se asemeja
bastante al de un cadáver.
Debo decirle que he visto muchas
Personas en semejante embarazosa situación.

¡Cómo se le habrá ocurrido morirse
un día jueves, en en pleno mes de Abril!

Disculpe, Sr Inspector, añadió el jardinero
está más muerto que el cedro libanés
que se secó en verano
y el Sr. No quiso que retirara
a los dos les ha abandonado la savia/sangre,
ya nunca más sus ojos/hojas verán el sol.

La dolida esposa añadió
solamente una frase:
hemos conseguido por fin
que algo se ponga tieso en esta casa.

Está bien, pueden creer si quieren
en el testimonio de sus sentidos
pero debo decirles, continuó el inspector,
que modernas teorías nos advierten
sobre los peligros de confundir
la muerte con la muerte.

Es posible que lo que vemos
sea un cadáver,
pero nunca sabremos si se murió de muerte.

Libro: La muerte en casa

Se recomienda ver el programa de televisión Poesía más Poesía con la presencia del poeta Miguel Oscar Menassa y director del programa.

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