90. Poesía más Poesía: Jacobo Fijman

JACOBO FIJMAN

BIOGRAFÍA

Jacobo Fijman nace el 25 de Enero de 1898 en Orhei (Uriv en yiddish, Orhei en moldavo, Orgeyev en ruso), un pueblo de la Bessarabia (región entonces bajo dominio de la Rusia zarista, hoy perteneciente a la República Moldova), en el centro agrícola del país.
Llegó a la Argentina en 1902, teniendo 4 años, donde sus padres habían inmigrado en busca de trabajo; era el mayor de tres hermanos, y tres más nacerían ya en tierra argentina.
Tras una breve estancia en Buenos Aires, se trasladaron al sur, donde su padre trabajaba colocando vías férreas en la línea de Río Negro. En 1907 (9 años) se mudaron a Lobos, donde haría sus estudios primarios; desde niño mostró gran habilidad para el dibujo.


Fijman, una personalidad tumultuosa y difícil, abandonó a su familia a los 19 años. Abandonando trabajo y hogar, vagabundeó por la Argentina ganándose la vida como músico callejero; de esta época datan sus primeros poemas. Llegado al Chaco, trabajaría como peón rural un tiempo antes de regresar a Bs. As., donde estudiaría el profesorado en francés. Realizó estudios secundarios y concreta, hacia 1917, un breve paso por la Facultad de Filosofía y Letras. También emprende intensos estudios de violín.
Su aspecto y costumbres resultaban chocantes para la época. En enero de 1921 teniendo 23 años, vive un decisivo y confuso episodio frente a una comisaría de Buenos Aires, en donde es detenido y brutalmente golpeado, días después es internado en el Hospicio de las Mercedes afectado de delirios, fue dado de alta seis meses más tarde, después de haber sido sometido a tratamientos que incluían el electroshock.
Intentando restablecerse, viaja a Uruguay, donde se emplea en una casa editora, trabajando como periodista, aunque la mayor parte del tiempo sufre las consecuencias de la pobreza y la desocupación. Proyecta partir hacia Brasil. Desde Montevideo envía sus primeros poemas de juventud a su amigo Carlos M. Grünberg, con quien mantiene correspondencia, que hace publicar 4 de ellos en la revista Vida Nuestra, de la comunidad judía de Buenos Aires. Y en el mismo año publica en Noticias Literarias su comentario “El lector de Bach”.
Es en esta época que se produce el viaje de Fijman al norte del litoral argentino, para pasar luego a Paraguay y a Brasil, realizando allí los más variados trabajos para su precario sostén.
Tras este nuevo viaje, regresa a Buenos Aires, y establece amistades y contactos en ámbitos literarios, artísticos y periodísticos. Pompeyo Audivert, José Planas Casas, Oliverio Girondo, Antonio Vallejo, Leopoldo Marechal y Alfredo Bigatti, entre otros.
Publica poemas, relatos y notas literarias y musicales en el diario Crítica y Leopoldo Marechal, promotor de la revista Martín Fierro, lo invita a unirse al grupo.

Los poemas y relatos que publica en varias revistas atrajeron la atención, y por esa misma época, en 1926, a los 28 años, vio la luz su primer libro de poemas Molino Rojo, con xilografías de Pompeyo Audivert y José Planas Casas. Sobre Molino Rojo, Fijman dice que “En Molino Rojo hay una gran influencia de la sonata de Corelli ‘La locura’. Esta sonata tiene dos formas de ejecución. ‘El Loco’ y ‘La Loca'(…) Molino rojo tenía un título que atrapaba a los anarquistas y socialistas que reaccionan instantáneos ante el color rojo. Por ese entonces se notaba en la ciudad un estado de demencia general. Y en Molino Rojo desde luego, hay una intención que empieza por la demencia.
Su estado se había agudizado entretanto, abrazando una suerte de misticismo fascinado con la religiosidad medieval. Sin embargo, pudo desempeñarse con elegancia como columnista de arte para el diario Crítica, cuyo fundador, Natalio Botana, lo había contratado junto con el célebre psicólogo Enrique Pichón Rivière para la sección de cultura.
Teniendo apenas para comer, vestido como un pordiosero, recorrió las calles tocando el violín para ganar algo de dinero. Leopoldo Marechal, conociendo sus poemas, lo invitó a participar en la revista literaria Martín Fierro, donde tomó contacto con muchos de los más importantes literatos argentinos de la vanguardia, entre ellos, el poeta Oliverio Girondo.
Entre 1927 y 1928 ( 29 y 30 años) viajó por primera vez a Europa con el apoyo de Oliverio Girondo; y acompañado de Vallejo llegó a París, donde el surrealismo estaba en plena efervescencia, y conoció allí a los grandes poetas del movimiento, entre ellos André Breton, Paul Éluard y Antonin Artaud. Pese a las afinidades literarias, la inclinación mística lo distanció de los poetas. Contaría más tarde que:
(…) con Artaud nos conocimos en un café, en La Coupole. Estuvimos a punto de pelearnos. Yo me identificaba con Dios y Artaud con el diablo. Y el conde de Lautréamont era un loco perverso. Se había entregado a los vicios y hacía con ellos poesía.
Vivió en Europa como pudo se ofreció como secretario privado en los clasificados del diario Le Journal, contando siempre con la ayuda de Girondo.
Compensó esas compañías con la frecuente visita de templos y catedrales.


A fines de ese año 1928 regresa a Buenos Aires, el diario La Nación publica 4 poemas del inédito “Hecho de estampas”. Hacia esta época Fijman frecuenta “La Peña” del café Tortoni, liderada por Quinquela Martín y traba amistad con Alberto Pineta.
Al año siguiente aparece su poemario Hecho de estampas (Manuel Gleizer editor, Buenos Aires (1929), y empezó a concurrir a la abadía de San Benito acercándose al grupo de intelectuales católicos de la revista Número. Esta revista que publica obra literaria y críticas suyas, anuncia la finalmente frustrada publicación de San Julián el Pobre (cuentos), que debería haberse dado a imprenta en la primavera de ese año.
El 7 de abril de 1930 fue bautizado y se convirtió al catolicismo (aunque nunca dejó de ser judío, diría mucho después).
A fines de ese año vuelve a la enseñanza del francés y ahorra algún dinero; gracias a ello, volvería a Europa en un segundo viaje, planeado éste con la ambición de tomar votos sacerdotales y dedicarse a la penitencia entre los benedictinos de Bélgica, cosa que no pudo ser por ser rechazado. Pasa por España, Francia e Italia. Lo atormentaba sin embargo su amor por Teresa, sobrina de Oliverio Girondo, que aparece reiteradamente en sus obras de esta época.
Mucha de su producción de estos años aparece en Número, antes de dar a luz su tercer volumen de versos, Estrella de la mañana (et dabo illi stellam matutinam), en la editorial Número y con el apoyo de Osvaldo H. Dondo, aparecido durante la dictadura de José Félix Uriburu. Número desapareció en el curso de 1931, y Fijman se vio nuevamente reducido a la indigencia.
Volvió a tocar el violín en las calles y en bares como medio de subsistencia, mientras eludía a sus conocidos.
En 1933 La Nación publicó dos obras suyas, y en 1934 ARX imprimiría su poema Letanía del agua perfecta, pero tendría poco contacto con amigos y con su familia. Apenas la muerte de su madre el 23 de abril de 1934 lo lleva a visitarlos brevemente para desaparecer luego de nuevo.
Como pasó durante su primera crisis, en este período de penuria dibuja compulsivamente, y sobre todo, lee y estudia, devorando las obras de los peripatéticos y los escolásticos. Concurría asiduamente a la Biblioteca Nacional Argentina hasta octubre de 1942, cuando el director de la misma, a la sazón el célebre antisemita Gustavo Martínez Zuviría, decidió prohibirle la entrada aduciendo que se había dirigido de manera irrespetuosa y violenta al personal.
Atacado por una de sus crisis, deambuló varios días por la ciudad, y su comportamiento errático llevó a que la policía allanase el ático en que vivía sobre la Avenida de Mayo; tras la puerta abierta, los oficiales que efectuaron la operación encontraron dos carpetas con apuntes, una caja de lápices, casi un centenar de libros, un peine y una única muda de ropa sucia y en mal estado.
“De 1930 a 1940. Diez años. Días y noches de estudiar la escolástica. A todos los doctores de la patrística griega y de la patrística latina. Escribí libros, poesía. Hice conducta de poesía. Pagué por todo. Hasta por las ediciones. Sentí de pronto que tenía que cambiar de vida. Alejarme del mundo. Y me aislé. Me fui de todos, aun de mí…”.


Esta década sería trágica; internado en el hospital, y luego trasladado durante unos años a la Colonia de Alienados Open Door, Fijman careció de contacto con la realidad.
Osvaldo Horacio Dondo que dirigía las Bibliotecas Municipales por aquel entonces, se pone en contacto con él. Se habían conocido en los años 30 en ese grupo activo de jóvenes de los Cursos de Cultura Católica, aquellos a los que Borges alguna vez llamó “los católicos de la calle Alsina”, quienes dejaron una impronta interesante en la historia de la Iglesia argentina y también en la literatura con obras fundamentales como Adán Buenosayres de Marechal, las jitanjáforas de Anzoátegui o los poemas de Bernárdez, por nombrar sólo algunas. Fijman fue parte de ese grupo y es personaje central de Adán Buenosayres, además de haber sido colaborador de las revistas Criterio y Número. En esos años intensos de búsquedas espirituales y artísticas, como fueron los años 30 en nuestro país y en el mundo, se convierte al catolicismo.
Al tiempo entra en nuevas crisis hasta alejarse del ambiente literario y en total desamparo es internado nuevamente en el hospicio como ya lo había estado a principios de la década del 20. Era tema de conversación entre amigos y les inquietaba saber dónde y cómo estaba. Incluso, en un comentario sobre su obra publicado en el diario Crítica, firmado por R. M., el autor se pregunta si no estaría muerto.
Es lo que pensaban algunos. Preguntando por él, Osvaldo H. Dondo se conectó con el Dr. Jorge Saurí, Jefe de Servicios del hoy llamado Hospital Nacional de Neuropsiquiatría Dr. José T. Borda y juntos lo rescataron del otro hospital neuropsiquiátrico, el “Open Door” en General Rodríguez, lo subieron al auto y lo llevaron directamente al Borda, ese mismo día de finales del año 1952.
En el Borda, el mismo doctor le asignó un espacio propio, donde Fijman estuvo hasta su muerte ocurrida en 1970, con la libertad de entrar y salir del Hospital. Desde entonces, Dondo lo frecuentó mucho y al poco tiempo logró que la Sociedad Argentina de Escritores (SADE) le diera una pensión, que no debió ser abultada pero que lo ayudó hasta el final de sus días.
A partir de su internación definitiva comenzó a convertirse en una figura mítica de la literatura argentina. Se escribieron cientos de artículos sobre su figura y se le hicieron decenas de reportajes que hicieron crecer su leyenda.
Leopoldo Marechal, en su gran novela Adán Buenosayres (1948) lo tomó como uno de los principales personajes: el filósofo Samuel Tesler “el filósofo villacrespense” y reaparecerá también en Megafón o la guerra de 1970; pero ninguno de sus antiguos amigos haría contacto con él hasta 1952, cuando Osvaldo Horacio Dondo, antiguo colaborador de Criterio logra que lo devuelvan al Borda y ven con entusiasmo algunos signos de mejoría.
Con claras señales de mejoría, Fijman pintó y escribió con ahínco durante estos años; declararía más tarde que “entre mi pintura y mi poesía hay una misma mano. Las mismas concepciones”.
Logró usar el permiso que tenía para salir del hospital, y se encontró con antiguos amigos y colaboradores, como Dondo, Lisandro Galtier, y Juan Jacobo Bajarlía. Aparecieron nuevas notas sobre Fijman a partir de 1958, se ayudaba con la pensión obtenida y para mejorar sus ingresos, traducía obras del francés para los psiquiatras del hospicio.
En 1962 y 1964 es incluido en dos importantes antologías poéticas, y por fin en 1966 Lisandro Z.D.Galtier publica en la revista “Testigo” dos poemas inéditos de Fijman, los primeros después de tantos años de silencio. Una publicación psiquiátrica hace lo propio con otro poema en 1968. Este mismo año es entrevistado por Vicente Zito Lema, con quien establecerá un vínculo que beneficiará el conocimiento público de su obra y de sus condiciones de vida.
Vicente Zito Lema, tras entablar amistad con el poeta, bregó por obtener su tutela, obteniéndola finalmente en 1969. En mayo de ese año apareció el primer número de la revista Talismán, editada por Zito Lema y dedicada por entero a Fijman, con el subtítulo poeta en hospicio.
Pocos meses más tarde la revista Extra, de Bernardo Neustadt, publicó varias notas del mismo Fijman, y su figura volvió a cobrar celebridad. Las revistas de sociedad Panorama, Análisis y Gente se ocuparían de él durante un tiempo, y el poeta recibiría invitaciones para publicar y aparecer en los medios; en 1970, invitado a una emisión cultural del Canal 7, Fijman provocó quizás su último escándalo al declarar públicamente que todos los domingos, en misa, los sacerdotes comen mierda.
Zito Lema publicó en julio de ese año El pensamiento de Jacobo Fijman, o el viaje hacia la otra realidad.
Gravemente enfermo, Fijman dejó de ser capaz de pasar los fines de semana en la casa de su tutor; y aterrado por la perspectiva de una autopsia, pidió reiteradamente a Zito Lema que no permitiera que le destrozaran la cabeza después de muerto. El 1 de diciembre de 1970 falleció, víctima de un edema pulmonar. A pesar de haber sido una leyenda viviente (y seguir siéndolo después de su muerte), a su entierro asistió una reducida cantidad de personas que acompañaron su velatorio en la sede de la SADE
En 1985 una semblanza póstuma lo recordaría como Jacobo Fiksler en la novela El que tiene sed, de Abelardo Castillo.

POEMAS

EL CANTO DEL CISNE de Molino Rojo (1926)

Demencia:
el camino más alto y más desierto.

Oficio de las máscaras absurdas; pero tan humanas.
Roncan los extravíos;
tosen las muecas
y descargan sus golpes
afónicas lamentaciones.

Semblantes inflamados;
dilatación vidriosa de los ojos
en el camino más alto y más desierto.

Se erizan los cabellos del espanto.

La mucha luz alaba su inocencia.

El patio del hospicio es como un banco
a lo largo del muro.

Cuerdas de los silencios más eternos.

Me hago la señal de la cruz a pesar de ser judío.

¿A quién llamar?
¿A quién llamar desde el camino
tan alto y tan desierto?

Se acerca Dios en pilchas de loquero,
y ahorca mi gañote
con sus enormes manos sarmentosas;
y mi canto se enrosca en el desierto.

¡Piedad!

ALDEA de Molino Rojo (1926)

Mi blanca soledad-
aldea abandonada.

Revuelo de perezas
sobre la torre de un anhelo
que tañe sus horizontes.

Pintadas negras de la desolación.
Yunques abandonados y puentes solariegos.

Se ha sentado el dolor como un cacique
en el banquillo de mi corazón.

Las lluvias estancadas de mis sueños
se han cubierto de musgo.

En el horno apagado del silencio
mis frutos maduraron
estérilmente.

Perdí mi itinerario en el desierto.

¡Hospedería triste de mi vida
en donde sólo se aposentó el azar!

En una pradería de cansancios
balan estrellas mis ovejas grises.
Lugarón sin destino;
las calles andariegas
beatas de mi ser
son manos
contemplativas
que van perdiendo soles…

CÓPULA de Molino Rojo (1926)

¡Nos unió la mañana con sus risas!
En las rondas del sol
canciones de naranjas.
Danzas de nuestros cuerpos
desnudos -rojo y bronce-.

El olor de la luz era sagrado:
música de horizontes,
espacio de paisajes-
rojo y bronce-
ruido de melodías,
himno de soles,
eternidad
y abismo de la dicha
en la alegría loca de los vientos.

Canciones de naranjos
en la piedad de los caminos.
¡Todas las aguas del silencio
rompimos en la danza!

Dicha de los abrazos y los besos;
toda la gloria de la vida
en nuestros pechos
jadeantes y ligeros;
nuestros cuerpos: auroras y ponientes
en la alegría loca de los vientos.
¡El corazón del mundo en nuestra boca!

VELADA de Molino Rojo (1926)

Rumor de carreteras aflautadas
en los alientos turbios de las miradas grises.
Portazos;
temblor de las vidrieras; cóleras destempladas.

Aúlla el frío blanco;
el suelo se ha caído de mis manos.

Crucifijos en somnolencia.

Marcha de retrocesos
¿Qué ruedas empujamos?

Acordeones desafinados
de mi sabrosa angustia.

Aúlla el frío blanco
cual los gritos helados de un espejo.

Silencios enjugados de la nada;
marchas muy bien envueltas, casi fijas.

Almohadas que lloran desesperadamente;
júbilos disonantes
de huellas desgarradas;
pasos atrás, deshechos
en la inconciencia.

Mi corazón es una estrella en sorna;
canción de mis fogatas.

Almohadas burlescas que sollozan
desesperadamente.

Aúlla el frío blanco
cual los gritos helados de un espejo.

BARRIO de Molino Rojo (1926)

Barrio apartado;
bandada de colores
de las ventanas de las casas.

Silencio cruzado de brazos
ante la luna.

Sobre los árboles
embalsamados de cordialidad,
aromadas de estrellas
se trepan las callejas.
¡Dulzura!

Nada interroga.
Se está y no se está en sí mismo
muy limpio y ancho.

¡Y todo es tan lejano y puro
que una nueva inocencia nos consuela!

¿He salido a buscar
juguetes
para los niños?

Barrio apartado:
paisaje de estampas y estrellas.

MÁSCARAS de Molino Rojo (1926)

Sangró mi corazón como una estrella
crucificada.
Dolor;
del sándalo purísimo del sueño
trabajaron la balsa de mi vida.

Amor
hízome calles de esperanza
que oprimieron tus manos de alegría.

Sus máscaras de aromas pusiéronme los astros
en las músicas negras que miran lentamente
mi soledad de túnel olvidado.

Y todavía el muelle
de mi ser bosteza;

yerra mi angustia
dando vueltas y medias-vueltas
como barricas.

Hasta que al fin, se romperá algún día
mi corazón, como un ladrillo.

¡Sus máscaras de aromas me prenderán los astros!

TARDE VIOLETA de Molino Rojo (1926)

Cae de bruces un silencio frío
en el ocio violeta de la tarde.
¡Perplejas añoranzas!

Se tuercen las paredes de mi estancia.
Ronronean las luces como gatos.
El caserío soñoliento
engrisa las campanas.

El viento tiene los pies desnudos.

Se ensordece la tarde
arrastrándose, lentamente.

¡Perplejas añoranzas!

De reojo me miran los sarcasmos.

EL” OTRO” de Molino Rojo (1926)

Tarde de invierno.
Se desperezan mis angustias
como los gatos;
se despiertan, se acuestan;
abren sus dedos turbios
y grises;
abren sus dedos finos
de humedad y silencios detallados.

¡Bien dormía mi ser como los niños
y encendieron sus velas los absurdos!

Ahora el Otro está despierto;
se pasea a lo largo de mi gris corredor,
y suspira en mis agujeros,
y toca mis paredes viejas
un sucio desaliento frío.

¡La esperanza juega a las cartas
con los absurdos!
Terminan la partida
tirándose pantuflas.
Es muy larga la noche del corazón.

ALEGRÍA de Molino Rojo (1926)

Agua de sol,
cencerros de horizontes
enlazaban la intensidad
armónica
de nuestros cuerpos
claros y vigorosos,
en plenitud de luces infinitas.

Sones de llamas
en el aire rosado;
jadear de bosques y expansión de mares.
¡La danza de la tierra!
¡La sinfonización del universo!

Y repicaban los paisajes;
agua de sol,
cencerros de horizontes.

¡La alegría del mundo
en el pecho redondo de la tarde!

SUB-DRAMA de Molino Rojo (1926)

Desolaciones.
Altos silencios
que balancean sus cabezas truncas
esencialmente.

Han caído mis esperanzas
como palomas muertas.
Pavor de candelabros; romance de agonía.

Han caído mis esperanzas
como palomas muertas.
Desbandes.
El canto de mí mismo se alucina.
Cristales rotos.
Murga carnavalesca.
¡Las risas rojas!

Cifras desafinadas y arbitrarias;
¡el dolor más eterno!
Me trasvasa el espanto sus caminos.

Pavor de candelabros;
romance de agonía.

¿Quién soy?
Ha perdido su espacio
completamente el universo.

Se cierran las estrellas en mis ojos.
Nadie y nada.
Terribles apariencias
aplastan el cristal de sus sarcasmos.

Pasa un convoy de brujas caprichosas;
cuelgan mis extensiones deformadas.
Mi corazón es una isla roja
en que destacan sus banderas negras
los días de mi anhelo.

Las miradas ardientes de mis ojos,
¿en qué se apoyarán mañana?

Canciones de mi ser,
hemisferios de dicha,
volúmenes de aromas
¿en qué tambor de soles
se agitarán mañana?

Orientes y Occidentes.
Se quebrarán mis ejes.
Lo sé
¡Llueve sin latitud el dolor más eterno!

Han caído mis esperanzas
como palomas muertas.
Pavor de candelabros; romance de agonía.

GABÁN de Molino Rojo (1926)

Soy una alforja
de lluvias.

Mi corazón regó en las primaveras
sementeras de espacio;
por ello mi cabeza
es una gorra remendada y parda
(genialidad)
o, un gabán raído,
pues he amado.

El pienso de mis días
desparramé en las sendas;
rompí todas las tejas
de los pesebres
humanos.

De mal en peor
tildaron mi locura;
merma mi audacia,
enflaquecen mis manos dadivosas
como las mulas viejas.

¡El gabán de mi ser se va pudriendo!

MAÑANA DE SOL de Molino Rojo (1926)

Tañía el sol sus llamas
en los cántaros húmedos del viento
de rocío y paisaje
que alargaba el elástico sendero.

Desentumecimientos.
Carnes del trigo;
espigas de mis manos.
Jadean los aromas;
temblequean cual besos los caminos.

Silencios verdes de los bosques rojos
apretados de gozo y alegría.

¡Enloquece en mis ojos la mañana!

POEMA I de Hecho de estampas (1930)

Caía mi sueño en la otra soledad de los canales.
Regocígate, niño, la presencia graciosa de la muerte
reparte en sombras alternadas el olor de los ángeles
y levanta tus sordos desamparos.

Niño de paz,
han apagado las islas monótonas de los soles perfectos.

Niño de paz,
imito el mundo en un mi sueño ajeno a la claridad.

Un silencio de música se apacienta en las torres.

POEMA II de Hecho de estampas (1930)

Oíase a través de las olas subidas el grito de los puertos y las ciudades
y el frío de las campanas.

Los cielos mueven el puente de los días.

El frío se sumerge en las ramas.

Recogemos la sombra que cae de los pájaros.

Te has ido.
Enumero las albas bajo la espuma azul de la noche.

Corderos desfigurados reflejan en sus ojos las vueltas de las estrellas
y los viejos molinos.

POEMA VI de Hecho de estampas (1930)

Ha caído mi vos, mi última voz, que aún guarda mi nombre.
Mi voz:
pequeña línea, pequeña canción que nos separa de las cosas.

Estamos lejos de mi voz y el mundo, vestidos de humedades blancas.

Estamos en el mundo y con los ojos en la noche.
Mi voz es fría y sucia como la piel de los muertos.

POEMA VII de Hecho de estampas (1930)

Roe mi frente dura
el lobo de la media noche.

Una escondida estrella arrima su sosiego.

Entre todos los soles ya se me canta aceite de júbilos.
Siento en mis manos venir la luz entera de la mañana.

POEMA XI de Hecho de estampas (1930)

Al pie de los aromas blancos recobro mis manos en plegaria.
Una vez había…

Los canales hastiados se ponen en camino lejos de nuestros ojos.
Para sí trazan el pavor los soles.

Apoyo mi rostro sobre la sombra siete veces obscura
y atravieso los diques ajustados que arrastran los vientos.

Rodaba mi acento de mar desgarrado sobre siete caminos de nieve.

POEMA XII de Hecho de estampas (1930)

Yo quería jugar.
Estaba el signo de mi naturaleza plena de llanto y protección severa.

Bajo a mi obscuridad, y avanzo entre mis brazos con una estrella niña.

Soplan olores de banderas frías
y resuenan tambores de infancia
en el mismo silencio, bajo la misma estrella.

Viene mi carne allende las transparencias.
Rodeo la luz fresca.

Ánimos de pavor yacen en mis profundas soledades:
No es el mismo silencio, no es la misma estrella.

Arranco vísperas de muros inclinados,
y más allá de todo se mueve el brillo opaco de la agonía.

POEMA XIII de Hecho de estampas (1930)

Más allá de las aguas grises bajan colinas.
Nadie vigila.
Sobre las noches descompuestas concentro mi afinación.

Todo lo nuestro llega; las ventanas amigas entran las lejanías,
pero ya no saldremos nunca de esta mañana opaca.

Avanza hacia nosotros las vueltas seguras de la muerte.

POEMA XIV de Hecho de estampas (1930)

Los muros están cubiertos de vísperas y estrellas blancas.
Las flautas hacen temblar a las flexibles viñas.

Oh, bodas, en tanta perfección de desnudez el gallo canta.
Aprieta mi adolescencia tus ojos negros.

V de Hecho de estampas (1930)

En la misma belleza saborean las lunas su soledad
dichosa.
Caen todas mis muertes en el espanto
de la nada del mal de la nada irreal de la nada.
En las tinieblas puse mis manos cuajadas de llanto.
Arreó la gracia mis ojos perdonados,
y hecho he sido en lo interior de todo y nada.
He sido el que es de todo y nada en bella gracia.

XV de Hecho de estampas (1930)

Ama tu alma mi alma, paz de los días, paz de las
noches nacidas en los espantos de muertes,
y en los gozos de muerte y esperanza de muerte.
Amor, Amor; Amor,
tu alma canta dolor de carne, dolor de vida, pavor
de muerte
bajo los cielos llovidos de esperanza.
Amor, Amor; Amor,
viste tu desnudez el agua capaz de las criaturas.

V de Estrella de la mañana (1931)

En la misma belleza saborean las lunas su soledad
dichosa.
Caen todas mis muertes en el espanto
de la nada del mal de la nada irreal de la nada.
En las tinieblas puse mis manos cuajadas de llanto.
Arreó la gracia mis ojos perdonados,
y hecho he sido en lo interior de todo y nada.
He sido el que es de todo y nada en bella gracia.

XXIV de Estrella de la mañana (1931)

Nace en mi llanto de oscuridad de todo llanto,
oscuridad de soledad de todo llanto.
Vuelven las almas sobre mi alma de alma en alma,
de muerte en muerte.
Lloro con llanto de mi llanto
sobre mi alma de alma en alma, de muerte en muerte.
En soledad de soledad con soledad
en soledad, en todo, en soledad crecida en soledad.
Reposan los huesos en mediodías
en la soledad de mi alma desnuda en soledad.
Criatura de la quietud donde nacen soles.
Debajo del nacimiento
mi garganta solloza almas de alma en alma, de muerte
en muerte.

CANCIÓN DE LA VISIÓN REAL DE LA GRACIA

de Estrella de la mañana, 1931)

Niño, tú tienes el oído junto al amanecer
de la tierra y el cielo.
Amén el bosque, Amén el mar y Amén a las estrellas.
El signo de tus manos ata el secreto del mundo.
Amén el bosque, Amén el mar y Amén a las estrellas.
La tierra canta y el cielo, y la vida y la muerte.
Niño, tú tienes en el signo que trazan tus manos
el día y la noche, y la tierra y el cielo, y la vida y la muerte.
Amén, Amén, Amén,
niño de alba de la tierra y el cielo.

XXVIII de Estrella de la mañana- 1931

El agua donde lavan su resplandor los soles,
gozos de Dios que hace mover las tierras y los cielos.

Amor, Amor, Amor,
andan los cielos escondidos en cielos escondidos;
andan los cielos escondidos de uno a otro, todo y nada, los cielos
escondidos

Oí en perfecto amor de uno a otro, todo y nada, los cielos escondidos.

Oí en perfecto amor, de uno a otro, todo y nada, los cielos inclinados a
cielos escondidos.

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