36. Poesía más Poesía: Pedro Salinas

PEDRO SALINAS

BIOGRAFÍA

De Pedro Salinas, Menassa dice que siempre se dirige a la poesía, esa amante cruel pero tan necesaria… Esa Ella que inunda presente y futuro, las noches en vela y los sueños más poblados. Ésa que no permite relajación ni olvido, ni paréntesis interminables.
Pedro Salinas Serrano, poeta, dramaturgo, novelista y crítico español, nació el 27 de noviembre de 1891 en la madrileña calle de Toledo, hijo de Soledad Serrano Fernández y de Pedro Salinas Elmos, comerciante en géneros, del que quedó huérfano con apenas seis años.
Es considerado como uno de los grandes exponentes de la Generación del 27, donde era el mayor en edad del grupo.

Una novela inédita de Pedro Salinas sobre la Guerra Civil, publicada ahora  - EcoDiario.es


Matriculado en Derecho, no concluye estos estudios, y dos años después inicia la carrera de Filosofía y Letras en la Universidad Central de Madrid.
En 1911 aparecen sus primeros poemas en la revista Prometeo, que dirige Gómez de la Serna. Comienza a frecuentar los círculos literarios de Madrid.
En 1912 conoce a Margarita Bonmatí, una alicantina hija de un industrial propietario de destilerías en Argel. Tres años más tarde se casan. Con Margarita tendrá dos hijos, Soledad y Jaime. Salinas le escribía cartas de amor a Margarita, epistolario recogido años más tarde por su hija en “Cartas de amor a Margarita” (1912-1915).
En 1913 es nombrado secretario de la sección de Literatura del Ateneo de Madrid, institución donde, con Enrique Díez-Canedo y Fernando Fortún, se plantean la misión de «liberar el verso español del yugo de la métrica».

Federico García Lorca, Pedro Salinas y Rafael Alberti en Madrid en 1927. / Foto: Fundación FGL
Federico García Lorca, Pedro Salinas y Rafael Alberti en Madrid en 1927. / Foto: Fundación FGL


Es nombrado lector de español en la Universidad de París entre 1914 y 1917. El matrimonio se instala en París donde el poeta inicia sus lecturas de Marcel Proust, traduciendo los primeros volúmenes de «En busca del tiempo perdido» Se doctora en Filosofía y Letras en 1917 con una tesis sobre ilustraciones del «Quijote».
En 1917 regresan a España y un año después, Salinas consigue una cátedra en la Universidad de Sevilla, donde vive hasta 1929. Durante esta etapa tiene como alumno al poeta Luis Cernuda. Entre los dos nace una amistad que Cernuda declara muy beneficiosa para él, pues Salinas le recomienda leer tanto a los clásicos españoles como a los escritores franceses modernos.
En la década de 1920 comienza una asidua colaboración con la Revista de Occidente y es nombrado catedrático de lengua y literatura españolas en las universidades de Sevilla y Murcia.
Solicita excedencia en 1922 y 1923 para ocupar un lectorado en la Universidad de Cambridge, y de regreso publica su primer poemario, Presagios.
 La primera etapa de la poesía de Salinas se inscribe en la corriente de la «poesía pura», influida por Juan Ramón Jiménez, que caracterizó también los comienzos de muchos de sus compañeros de generación, como Jorge Guillén, Vicente Aleixandre, Dámaso Alonso, Federico García Lorca o Rafael Alberti. Recibe también influencias de la poesía francesa, singularmente del belga Emile Verhaeren y de Jules Laforgue, del que admira su interés por llevar a la poesía la lengua cotidiana. Abarca desde sus primeros versos hasta 1931
Presagios (1924)
Recoge los poemas escritos en Sevilla entre 1920 y 1924. Para Luis Cernuda, esta primera obra es la mejor de Salinas. Es una obra de una poesía reflexiva pero clara y contenida, sin excesos léxicos ni verbales. El tema es la relación del artista con la realidad: Estimo en la poesía, sobre todo, la autenticidad. Luego, la belleza. Después, el ingenio.

Biografía de Pedro Salinas - Estandarte

Seguro azar (1929)
Salinas comienza a mostrarse como el poeta de una tras-realidad que se oculta tras la apariencia inanimada de las cosas con las que él toma contacto a través de la palabra poética.
En 1930 permuta su cátedra sevillana por la cátedra de Jorge Guillén en la Murcia, aunque nunca llegó impartir docencia en ella. En ese mismo año comenzó a ejercer en la Escuela central de Idiomas, en Madrid, donde más tarde, en 1932, fundó la revista Índice Literario.
Entre 1928 y 1936, integrándose en las actividades y objetivos de la Institución Libre de Enseñanza, a través del Centro de Estudios Históricos, se encargó entre otras diversas tareas de la Sección de Literatura Moderna y la organización de la Universidad de Verano.
Fue secretario general de la Universidad Internacional de Verano de Santander durante tres años. Pedro Salinas concibió aquella institución como una universidad libre, deseosa de atender las necesidades espirituales del momento.
Sus vacaciones en un pueblo de Alicante, El Altet, pedanía de Elche, le permitió mantener amistad con otros grandes de las letras españolas como Jorge Guillén y Miguel Hernández, cuyo libro Perito en lunas saludó y promocionó en una reseña publicada en Índice literario, núm. 2 de 1933. La amistad entre Pedro Salinas y Miguel Hernández es poco conocida, pero Salinas promocionó el libro “Perito en lunas” en la revista Índice Literario que propició un mayor reconocimiento para Hernández.
La segunda etapa en su poesía alcanza hasta 1939 y fue la de la poesía genuinamente amorosa. En el verano de 1932 conoce a una estudiante norteamericana, Katherine R. Whitmore, que sería luego profesora de lengua y literatura española en el Smith College (Massachusetts), de la que se enamora. Ella fue la destinataria de su trilogía poética La voz a ti debida, Razón de amor y Largo lamento. El romance se mantuvo, en forma epistolar. Se trata obras cumbre de la poesía amorosa española en las que Salinas muestra su lado más arrebatado y apasionado.

Salinas y Guillén en primera fila. Entre ellos Sánchez Mejías. 1933

La voz a ti debida (1933)
El título está tomado de un verso de Garcilaso de la Vega:
Y aun no se me figura que me toca
aqueste oficio solamente en vida,
mas, con la lengua muerta y fría en la boca,
pienso mover la voz a ti debida (“Égloga III”, verso 12).
Con esta obra y la siguiente, Salinas vuelve al tema humano, el tema amosoro. El poeta agradece a su amada la capacidad de escribir y la reconoce como autora de sus poemas.
La mujer es vista en una perspectiva de proximidad, como una amiga que se convierte en amada al contemplarse reflejada en el “espejo ardiente” que el amor le ofrece.
Salinas está en la tradición amorosa española del romanticismo de Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1870) y de Juan Ramón Jiménez (1881-1958): Querer vivir es anhelar la carne donde se vive y por la que se muere. Abstracción y corporeidad cercana a la mística. Lo fino, lo sensual, la vaguedad de la ausencia, ecos de todos los ruidos del mundo en función de la amada, ondas de la noche: La vida es lo que tú tocas.


Razón de amor (1939)
La obra expresa pasión e inquietud, aunque más pegado a la tierra que el anterior. Poemario que continúa donde lo dejó el anterior, en busca de esa luz que la amada no ha querido ayudarle a encontrar. El enamorado no se muestra rencoroso, aunque sí triste.
Largo lamento (1939)
Obra cierra una trilogía junto con las dos obras anteriores. Esta trilogía es uno de los mayores exponentes de la poesía pura. Es este un libro que el poeta conservó manuscrito y que regaló a su yerno, Juan Marichal, en el transcurso de una limpieza de su despacho en la John Hopkins.

La tercera etapa va de 1939 hasta su muerte. La poesía de estos años reflejó sus inquietudes filosóficas, y una preocupación por la función del poeta y del arte, ya que su espíritu humanista se rebeló ante el mundo moderno; pero no fue la suya una poesía meramente intelectualista, sino que se apoyó también en lo sensual, en una visión cósmica pero fuertemente emotiva.
Poesía junta (1942)
Tras el exilio, reúne toda su obra anterior en este volumen.
El contemplado (1946)
El objeto de su inspiración es el mar de Puerto Rico, símbolo del poeta en eterna actividad. Este libro es el resultado del encuentro de Salinas con el mar de Puerto Rico en los años en que fue profesor de la Universidad de Río Piedras.
Todo más claro (y otros poemas) (1949)
Refleja los acontecimientos históricos de su tiempo. La obra está escrita en el exilio. Marca el paso de todos los poetas de esta generación hacia un patetismo desolado, donde se intenta superar la “solitaria desesperación”. Con este libro se inicia la tercera y última etapa de la poesía de Salinas
Confianza (1952)
Libro póstumo que recupera el intimismo de la primera época del poeta.

Pedro Salinas fue también autor numerosos ensayos críticos, entre los que destacan Jorge Manrique o tradición y originalidad (1947) y La poesía de Rubén Darío (1947), dedicados respectivamente al poeta medieval español Jorge Manrique y al nicaragüense Rubén Darío, iniciador del Modernismo. Escribió además los ensayos El defensor (1948) y Ensayos de literatura hispánica (1958), así como relatos (El desnudo impecable y otras narraciones, 1951) y varias obras de teatro, la mayor parte todavía inéditas. 
La Guerra Civil Española le sorprendió en Santander como secretario en la Universidad Internacional de Verano. Pedro Salinas fue uno de tantos que se exilio a América, concretamente a EEUU. Allí enseñó en la universidad de Wellesley College y en la Universidad Johns Hopkins de Baltimore. Aunque no fue políticamente muy activo, su adhesión al gobierno republicano le aseguraba un largo exilio, que finalmente se extendió hasta el fin de sus días.

El Middlebury College distinguió a Salinas con un doctorado honoris causa en 1937. Participa en mayo de 1939 en representación de los escritores españoles republicanos en la reunión del PEN Club Internacional en la Exposición Mundial de Nueva York con ¿Puede la cultura sobrevivir al exilio?l
Su actividad en los años 40 es intensa, se traslada a Maryland para incorporarse al destacado Departamento de Lenguas Románicas de la Johns Hopkins University. Presenta una ponencia sobre Sor Juana Inés de la Cruz en el Congreso Internacional de Catedráticos de Literatura Iberoamericana en Los Ángeles (California), imparte cursos de verano en la universidad de Berkeley. En 1943 se traslada a la Universidad de Puerto Rico. Pronto tuvo fieles y numerosos amigos allí, dio conferencias públicas, viajó a Santo Domingo y Cuba.
Sigue los años siguientes dando conferencias públicas en Colombia, Ecuador y Perú. Publicaciones sobre Jorge Manrique o tradición y originalidad, El defensor, La poesía de Rubén Darío…

Estancia en Paris comisionado por la UNESCO.
Se estrenan algunas de sus obras en Nueva York, en la Columbia University, la Habana…
Fue un poeta heredero de la tradición amorosa de Garcilaso de la Vega y Gustavo Adolfo Bécquer, el gran tema de su poesía fue el amor, a través del cual matizó y recreó la realidad y los objetos.
Falleció en Boston el 4 de diciembre de 1951, siendo enterrado en San Juan de Puerto Rico.

OBRAS

Prosa
Vísperas del gozo (1926)
La bomba increíble (1950)
El desnudo impecable y otras narraciones (1951)
Siglo XX (1940)
Jorge Manrique o tradición y originalidad (1947)
La poesía de Rubén Darío (1948)

Poesía
Presagio (1923)
Seguro azar (1929)
Fábula y signo (1931)
La voz a ti debida (1933)
Razón de amor (1936)
Error de cálculo (1938)
Lost Angel and Other Poems (1938)
Poesía junta (1942)
El contemplado (1946)
Todo más claro y otros poemas (1949)
Poesías completas (1955)
Volverse y otros poemas (1957)
Poesía completas (1971)

Teatro
El director (1936)
El parecido (1942–1943)
Ella y sus fuentes (1943)
La bella durmiente (1943)
La isla del tesoro (1944)
La cabeza de la medusa (1945)
Sobre seguro (1945)
Caín o Una gloria científica (1945)
Judit y el tirano (1945)
La estratosfera. Vinos y cervezas (1945)
La fuente del arcángel (1946)
Los santos (1946)
El precio (1947)
El chantajista (1947)

POEMAS

EL ALMA TENÍAS

El alma tenías
tan clara y abierta,
que yo nunca pude
entrarme en tu alma.
Busqué los atajos
angostos, los pasos
altos y difíciles…
A tu alma se iba
por caminos anchos.
Preparé alta escala
-soñaba altos muros
guardándote el alma-,
pero el alma tuya
estaba sin guarda
de tapial ni cerca.
Te busqué en la puerta
estrecha del alma,
pero no tenía,
de franca que era,
entradas tu alma.
¿En dónde empezaba?
¿Acababa, en dónde?
Me quedé por siempre
sentado en las vagas
lindes de tu alma.

De “Presagio” 1923

PREGUNTA MÁS ALLÁ 


¿Por qué pregunto dónde estás
si no estoy ciego,
si tú no estás ausente?
Si te veo,
ir y venir,
a ti, a tu cuerpo alto
que se termina en voz,
como en humo la llama,
en el aire, impalpable.
Y te pregunto, sí,
y te pregunto de qué eres,
de quién;
y abres los brazos
y me enseñas
la alta imagen de ti,
y me dices que mía.
Y te pregunto, siempre.

De "Fábula y signo" 1931

CUANDO CIERRAS LOS OJOS


 Cuando cierras los ojos
tus párpados son aire.
Me arrebatan:
me voy contigo, adentro.
No se ve nada, no
se oye nada. Me sobran
los ojos y los labios,
en este mundo tuyo.
Para sentirte a ti
no sirven
los sentidos de siempre,
usados con los otros.
Hay que esperar los nuevos.
Se anda a tu lado
sordamente, en lo oscuro,
tropezando en acasos,
en vísperas; hundiéndose hacia arriba
con un gran peso de alas.
Cuando vuelves a abrir
los ojos yo me vuelvo
afuera, ciego ya,
tropezando también,
sin ver, tampoco, aquí.
Sin saber más vivir
ni en el otro, en el tuyo,
ni en este
mundo descolorido
en donde yo vivía.
Inútil, desvalido
entre los dos.
Yendo, viniendo
de uno a otro
cuando tú quieres,
cuando abres, cuando cierras
los párpados, los ojos.

De "La voz a ti debida" 1933

AYER TE BESÉ EN LOS LABIOS


Ayer te besé en los labios.
Te besé en los labios. Densos,
rojos. Fue un beso tan corto
que duró más que un relámpago,
que un milagro, más.
                               El tiempo
después de dártelo
no lo quise para nada
ya, para nada
lo había querido antes.
Se empezó, se acabó en él.
Hoy estoy besando un beso;
estoy solo con mis labios.
Los pongo
no en tu boca, no, ya no
-¿adónde se me ha escapado?
Los pongo
en el beso que te di
ayer, en las bocas juntas
del beso que se besaron.
Y dura este beso más
que el silencio, que la luz.
Porque ya no es una carne
ni una boca lo que beso,
que se escapa, que me huye.
No.
Te estoy besando más lejos.

De la voz a ti debida 1933

LOS CIELOS SON IGUALES


Los cielos son iguales.
Azules, grises, negros,
se repiten encima
del naranjo o la piedra:
nos acerca mirarlos.
Las estrellas suprimen,
de lejanas que son,
las distancias del mundo.
Si queremos juntarnos,
nunca mires delante:
todo lleno de abismos,
de fechas y de leguas.
Déjate bien flotar
sobre el mar o la hierba,
inmóvil, cara al cielo.
Te sentirás hundir
despacio, hacia lo alto,
en la vida del aire.
Y nos encontraremos
sobre las diferencias
invencibles, arenas,
rocas, años, ya solos,
nadadores celestes,
náufragos de los cielos.

De la voz a ti debida 1933

TÚ VIVES SIEMPRE DE TUS ACTOS


Tú vives siempre de tus actos.
Con la punta de tus dedos
pulsas el mundo, le arrancas
auroras, triunfos, colores,
alegrías: es tu música. 
La vida es lo que tú tocas.
De tus ojos, sólo de ellos,
sale la luz que te guía
los pasos. Andas
por lo que ves. Nada más.
Y si una duda te hace
señas a diez mil kilómetros,
lo dejas todo, te arrojas
sobre proas, sobre alas,
estás ya allí; con los besos,
con los dientes la desgarras:
ya no es duda.
Tu nunca puedes dudar.
Porque has vuelto los misterios
del revés. Y tus enigmas,
lo que nunca entenderás,
son esas cosas tan claras,
la arena donde te tiendes,
la marcha de tu reló
y el tierno cuerpo rosado
que te encuentras en tu espejo
cada día al despertar,
y es tuyo. Los prodigios
que están descifrados ya.
Y nunca te equivocaste,
más que una vez, una noche
que te encaprichó una sombra
-la única que te ha gustado-.
Una sombra parecía.
Y la quisiste abrazar.
Y era yo.

La voz a ti debida 1933

NO EN PALACIOS DE MÁRMOL


No en palacios de mármol,
no en meses, no, ni en cifras,
nunca pisando el suelo:
en leves mundos frágiles
hemos vivido juntos.
El tiempo se contaba
apenas por minutos:
un minuto era un siglo,
una vida, un amor.
Nos cobijaban techos,
menos que techos, nubes;
menos que nubes, cielos;
aun menos, aire, nada.
Atravesando mares
hechos de veinte lágrimas,
diez tuyas y diez mías,
llegábamos a cuentas
doradas de collar,
islas limpias, desiertas,
sin flores y sin carne;
albergue, tan menudo,
en vidrio, de un amor
que se bastaba él solo
para el querer más grande
y no pedía auxilio
a los barcos ni al tiempo.
Galerías enormes
abriendo
en los granos de arena,
descubrimos las minas
de llamas o de azares.
Y todo
colgando de aquel hilo
que sostenía, ¿quién?
Por eso nuestra vida
no parece vivida:
desliz, resbaladora,
ni estelas ni pisadas
dejó detrás. Si quieres
recordarla, no mires
donde se buscan siempre
las huellas y el recuerdo.
No te mires al alma,
a la sombra, a los labios.
Mírate bien la palma
de la mano, vacía.

De “La voz a ti debida" 1933

NO, NO DEJÉIS CERRADAS


No, no dejéis cerradas
las puertas de la noche,
del viento, del relámpago,
la de lo nunca visto.
Que estén abiertas siempre
ellas, las conocidas.
Y todas, las incógnitas,
las que dan
a los largos caminos
por trazar, en el aire,
a las rutas que están
buscándose su paso
con voluntad oscura
y aún no lo han encontrado
en puntos cardinales.
Poned señales altas,
maravillas, luceros;
que se vea muy bien
que es aquí, que está todo
queriendo recibirla.
Porque puede venir.
Hoy o mañana, o dentro
de mil años o el día
penúltimo del mundo.
Y todo
tiene que estar tan llano
como la larga espera.
Aunque sé que es inútil.
Que es juego mío, todo,
el esperarla así
como a soplo o a brisa,
temiendo que tropiece.
Porque cuando ella venga
desatada, implacable,
para llegar a mí,
murallas, nombres, tiempos,
se quebrarían todos,
deshechos, traspasados
irresistiblemente
por el gran vendaval
de su amor, ya presencia.

La voz a ti debida 1933

“DAME TU LIBERTAD…”


Dame tu libertad.
No quiero tu fatiga,
no, ni tus hojas secas,
tu sueño, ojos cerrados.
Ven a mí desde ti,
no desde tu cansancio
de ti. Quiero sentirla.
Tu libertad me trae,
igual que un viento universal,
un olor de maderas
remotas de tus muebles,
una bandada de visiones
que tú veías
cuando en el colmo de tu libertad
cerrabas ya los ojos.
¡Qué hermosa tú libre y en pie!
Si tú me das tu libertad me das tus años
blancos, limpios y agudos como dientes,
me das el tiempo en que tú la gozabas.
Quiero sentirla como siente el agua
del puerto, pensativa,
en las quillas inmóviles
el alta mar. La turbulencia sacra.
Sentirla,
vuelo parado,
igual que en sosegado soto
siente la rama
donde el ave se posa,
el ardor de volar, la lucha terca
contra las dimensiones en azul.
Descánsala hoy en mí: la gozaré
con un temblor de hoja en que se paran
gotas del cielo al suelo.
La quiero
para soltarla, solamente.
No tengo cárcel para ti en mi ser.
Tu libertad te guarda para mí.
La soltaré otra vez, y por el cielo,
por el mar, por el tiempo,
veré cómo se marcha hacia su sino.
Si su sino soy yo, te está esperando.

De: “Razón de amor”, 1936

AMOR, MUNDO EN PELIGRO


Hay que tener cuidado,
mucho cuidado: el mundo
está muy débil, hoy,
y este día es el punto
más frágil de la vida.
Ni siquiera me atrevo
a pronunciar el nombre,
por si mi voz rompiera
ese encaje sutil
labrado por alternos
de sol y luna, rayos,
que es el pecho del aire.
Hay que soñar despacio:
nuestros sueños deciden
como si fueran pasos;
y detrás de ellos quedan
sus huellas, tan marcadas,
que el alma se estremece
al ver cómo ha llenado
la tierra de intenciones
que podrían ser tumbas
de nuestro gran intento.
Soñar casi en puntillas
porque la resonancia
de un sueño, o de un pie duro
en un suelo tan tierno
podría derribar
las fabulosas torres
de alguna Babilonia.
Hay que afinar los dedos:
hoy todo es de cristal
en cuanto lo cogemos.
Y una mano en la nuestra
quizá se vuelva polvo
antes de lo debido
si se la aprieta más
que a un recuerdo de carne.
Hay que parar las gotas
de la lluvia: al caer
en la tierra abrirían
hoyos como sepulcros;
porque el suelo es tan blando
que en él todo es entierro.
Parar, más todavía,
cuando estemos al borde
de algún lago de plata,
el afán de llorar
que su gran parecido
con un lago de plata
en nosotros provoca.

Sí, detener las lágrimas.
Si una lágrima cae
hoy con su peso inmenso
en un lago o en unos
ojos que nos querían
puede llegar tan hondo
que destruya los pájaros
del cielo más amado,
y, haciendo llover plumas,
llene toda la tierra
de fracasos de ala.
No hay que apartar la vista
de los juncos de azogue
donde el calor se mide.
Si el ardor sube mucho
en pechos o en termómetros,
puede arruinar la tierna
cosecha que prometen
tantas letras sembradas
en las cartas urgentes.
Vigilar, sobre todo,
a ella, a la aterradora
fuerza y beldad del mundo:
amor, amor, amor.
Esa que es grito y salto,
profesora de excesos,
modelo de arrebatos,
desatada bacante
que lleva el pelo suelto
para inquietar los aires,
esa
envidia de torrentes,
ejemplo de huracanes,
la favorita hija
de los dioses extremos
-amor, amor, amor-que
con su delirante
abrazo hace crujir
por detrás de la carne
que se deja estrechar
lo que más se resiste
en este cuerpo humano,
a ternura y a beso:
el destino final
del hombre: el esqueleto.
Amor, amor, amor.
¿Porque quién ha sabido
nunca, si hace o deshace?
¿Y si, cuando nos arde
es que nos alza a llama,
o nos quiere cenizas?
Por eso, el mundo, hoy débil,
le teme más que a nadie.
Y hay que dar el aviso
a todos los amantes
de que la vida está
al borde de romperse
si se siguen besando
como antes se besaban.

¡Que se apaguen las lumbres,
que se paren los labios,
que las voces no digan
ya más: “Te quiero”! ¡Que
un gran silencio reine,
una quietud redonda,
y se evite el desastre
que unos labios buscándose
traerían a esta suma
de aciertos que es la tierra!
Que apenas la mirada,
lo que hay más inocente
en el cuerpo del hombre,
se quede conservándole
al amor su futuro,
en esa leve estrella
que los ojos albergan
y que por ser tan pura
no puede romper nada.
Tan débil está el mundo
-cendales o cristales-que
hay que moverse en él
como en las ilusiones,
donde un amor se puede
morir si hacemos ruido.
Sólo
una trémula espera,
un respirar secreto,
una fe sin señales,
van a poder salvar
hoy,
la gran fragilidad
de este mundo.
Y la nuestra.

Del libro - Largo lamento 1939

NO REHACES LOS SUEÑOS POR SER SUEÑOS


No rehaces los sueños por ser sueños.
todos los sueños pueden
ser realidad, si el sueño no se acaba.
la realidad es un sueño. si soñamos
que la piedra es la piedra, eso es la piedra.
Lo que corre en los ríos no es un agua,
es un soñar, el agua, cristalino.
La realidad disfraza
su propio sueño, y dice:
“yo soy el sol, los cielos, el amor.”
Pero nunca se va, nunca se pasa,
sin fingimos creer que es más que un sueño.
Y vivimos soñándola. Soñar
es el modo que el alma
tiene para que nunca se le escape
lo que se escaparía si dejamos
de soñar que es verdad lo que no existe.
Sólo muere
un amor que ha dejado de soñarse
hecho materia y que se busca en tierra.

De “Largo lamento" 1939

¡OH, VOSOTROS, HERMANOS!

¡OH, vosotros, hermanos!,
en la gran lejanía
de esa tierra altanera
que me estáis defendiendo
a mí, que nací en ella,
¿me podréis perdonar
esto que yo no sufro?
¿Me podréis perdonar
el crujido del pan
limpio cuando se quiebra
vosotros, devorados
por la araña del hambre?
¿Me podréis perdonar
este techo de silencio,
estas cuatro paredes,
vosotros, sin más techo
que un cielo de metrallas,
sin más muros que cuatro
horizontes siniestros
por donde están rampando,
en vez de mis auroras,
sucios soles de odio?
¿Podrá esa guerra vuestra
perdonarme mi paz,
esta paz que me pesa
como otra guerra oscura?
¿Y podrán vuestras muertes,
tú, y la tuya, y la tuya,
y la del otro, y tantas,
diez, veinte, ciento, mil
muertes bajo la tierra,
perdonar una vida
que sigue en pie en mi pecho?

(1937-1939)

Te recomendamos ver el programa de televisión.


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120. Poesía más Poesía: Trina Mercader

TRINA MERCADER

BIOGRAFÍA

Trinidad Sánchez Mercader, conocida en el mundo de la poesía y de las revistas literarias como Trina Mercader, nació en Alicante en 1919. Trina era hija de Jenaro Sánchez Samper, militar, natural de Pilar de la Horadada, y de Trinidad Mercader Mateo, de Torrevieja, lugar en donde contrajeron matrimonio en 1916. Aunque nació en 1919 en Alicante, al estar allí destinado su padre como brigada del Regimiento de Infantería «La Princesa» número 4 de Benalúa, se consideraba torrevejense. Quedó huérfana de padre a la edad de 11 años, en 1930, yendo junto con su madre a vivir a Torrevieja, donde tuvieron que sostenerse con la pensión mensual de viudedad que no llegaba a las 84 pesetas.


La posguerra le trajo necesidades y penurias; una situación difícil para todos, pero especialmente para una joven dinámica que tenía una natural ambición de llegar a ser una periodista «libre», por lo que Torrevieja se le quedó pequeña, marchándose junto con su madre a Larache, al noroeste de Marruecos, en 1940.
Allí fueron a vivir con una prima hermana de Trina, María López Mercader y su familia, donde vivían en una misma vivienda.
Consiguió un puesto de trabajo en la Junta Municipal de Larache. En aquella ciudad tan provinciana y con escasa actividad cultural, Trina decide iniciar su espacio cultural impulsando la comunicación con escritores marroquíes y con otros poetas españoles. Esta búsqueda de contactos y la relación con otras revistas literarias será el motor que impulse su propia actividad creadora.

Casa donde Trina vivía en Larache.


Su formación desde el comienzo fue autodidacta. Mucho tuvieron que ver las relaciones con intelectuales de la zona del Protectorado Español en Marruecos, como Cesáreo Rodríguez Aguilera y Jacinto López Gorgé.
Trina vivió su particular pasión literaria en los años cuarenta y cincuenta del siglo XX en la llamada Zona del Protectorado español de Marruecos y dejó una significativa contribución, hoy prácticamente olvidada.
Una grave enfermedad cutánea la hizo refugiarse en su trabajo, sobre todo tras un desengaño amoroso, el único amor conocido de Trina. Dicen que fue una mujer que necesitó estar siempre activa.

“Quien no tuvo más agua que la sed, a sed se aviene”

Trina y unos colaboradores

En Tetuán publicó su primer poemario con el seudónimo de Tímida «Pequeños poemas» (1944). Es a partir de entonces cuando toma como escritora el nombre de Trina Mercader, desapareciendo su primer apellido, surgiendo de entre los «poetas hispano-marroquíes», como se les conocía en la Península.

En aquella época conoció, entre otros, a la escritora Dora Bacaicoa y a Vicente Alexandre, poeta de la generación del 27. De vuelta a Larache, impulsó la salida de «Al-Motamid – Versos y prosa», publicada entre 1947 y 1956, de la que fue directora; revista literaria bilingüe que se convirtió en un espacio de libertad.

Centró su vida en Marruecos, escribiendo también en la colección de poesía «Itimad», donde publicó su segundo poemario «Tiempo a salvo» (1956), dedicado de manera póstuma a su padre.

LA REVISTA

Al-Motamid Verso y prosa, fue la primera publicación bilingüe árabe-español.
La revista, tal como refleja su nombre, está inspirada en el Rey poeta Al-Motamid- Ibn Abbad, rey de Sevilla, hijo del rey y poeta AlMotadid bi Lah.
No sólo levantaron los Banu Abbad, merced a su espíritu emprendedor y a su valor guerrero, el poder de su reino a una altura que sobresalía entre la de los otros estados contemporáneos de la península, sino que, como valedores de la ciencia y de la poesía, hicieron de su corte un centro de reunión de sabios y de poetas, con el cual apenas compite en esplendor el que hubo en Córdoba en el más glorioso período del califato. Aún hay más: un individuo de esta dinastía, al-Mutamid, ocupa un distinguidísimo lugar entre los poetas árabes, y por su extraño destino, y por la trágica caída en que arrastró a todos los suyos, aparece como un héroe digno de la poesía.
Un poema de Al-Mutadid en elogio de la ciudad de Silves:


Saluda a Silves, amigo,
y pregúntale si guarda
recuerdo de mi cariño
en sus amenas moradas.
Y saluda, sobre todo,
de Sarayib el alcázar,
con sus leones de mármol,
con sus hermosuras cándidas.
¡Cuántas noches pasé allí
al lado de una muchacha
de esbelto y airoso talle,
de firmes caderas anchas!
¡Cuántas mujeres hirieron
allí de amores mi alma,
siendo cual flechas agudas
sus dulcísimas miradas!
¡Y cuántas noches también
pasé a la orilla del agua,
con la linda cantadora,
en la vega solitaria!
Un brazalete de oro
en su brazo fulguraba,
como en la esfera del cielo
La luna creciente y clara.
ebrio de amor me ponían,
ya sus mágicas palabras,
ya su sonrisa, ya el vino,
ya los besos que me daba.
Luego solía cantarme,
haciendo a los besos pausa,
algún cántico guerrero
al compás de mi guitarra;
y mi corazón entonces
de entusiasmo palpitaba,
como si oyese en las lides
el resonar de las armas.
Pero mi mayor deleite
era cuando desnudaba
la flotante vestidura,
y como flexible rama
de sauce, me descubría
su beldad, rosa temprana,
que rompe el broche celoso
y ostenta toda su gala.


Al-Mutamid, rey taifa de Sevilla, quien reinó de 1069 a 1090. El rey poeta, el rey culto al que todos los sevillanos querían y que se iría a enamorar de una esclava.
Paseaban una tarde el rey Al-Mutamid y su gran amigo y mano derecha, Aben Amar. Contemplaba el rey la belleza del río impresionado por el aspecto que le imprimía el viento. Se sintió inspirado y recitó unos versos con la intención de que Aben Amar los continuara:

«La brisa convierte al río
en una cota de malla.»

Continuaron su paseo mientras Aben Amar trataba de responder con otros versos, pero su mente estaba en blanco y las palabras eran incapaces de salir de su boca. Al-Mutamid insistió volviendo a repetir la misma frase:

«La brisa convierte al río
en una cota de malla.»

En ese instante escucharon una voz femenina que venía de sus espaldas y que respondía con presteza y elocuencia a las palabras del rey taifa:

«Mejor cota no se halla
como la congele el frío.»

Al Mutamid se quedó sorprendido y sintió un auténtico flechazo por esa chiquilla que marchaba descalza acompañando a su burro. Le ordenó a Aben Amar que la siguiera, que la encontrara y que la trajera a palacio para tomarla como esposa.
Aben Amar la siguió y descubrió que esta bella joven se llamaba Itimad, aunque tenía el sobrenombre de Romaiquía porque era la esclava de un hacedor de tejas de Triana llamado Romaiq.
Aben Amar negoció la compra de Itimad con Romaiq pero este se la regaló al rey aduciendo que era una chica perezosa y soñadora y no hacía bien su trabajo.
Tras llegar a palacio, Itimad cayó enamorada de Al-Mutamid del mismo modo en que éste se enamoró de ella. Fue un amor desmedido, romántico y apasionado. Ambos compartían el gusto por la poesía y las letras y Al-Mutamid no tomó a ninguna otra esposa, aun permitiéndoselo su religión.
Era también conocido lo complaciente que era el rey con Itimad. Cuenta la leyenda que un día él encontró llorando a su esposa y al preguntarle qué le pasaba esta contestó que echaba mucho de menos el tacto del barro que usaba para hacer las tejas en el taller de Romaiq.
El rey no se lo pensó dos veces y, a la mañana siguiente, llenó uno de los patios de su palacio musulmán con una gran cantidad de barro y una mezcla de especias (almizcle, clavo, etc.) que le daban un olor irresistible. Itimad pasó todo el día jugando con sus sirvientas y riendo como una niña.
En otra ocasión, ella quería ver la nieve, algo complicado en Sevilla, pero el rey estaba dispuesto a hacer cualquier cosa por complacer a su esposa, de manera que ordenó que se plantasen almendros para que cuando florecieran, pareciese un paisaje nevado.
Pero, como ocurre siempre, lo bueno se acaba. El fin del reinado de Al-Mutamid tuvo lugar cuando, sintiéndose amenazado por la expansión del Alfonso VI de León, pide ayuda a los almorávides, quienes no sólo combatirían a los cristianos sino que irían conquistando los distintos reinos taifas.
El emir Yusuf gobernó en las ciudades de Al Andalus y desterró a Al-Mutamid y a su esposa Itimad a Agmat en las inmediaciones de Marrakech.
Dice también la memoria popular que mientras navegaban el río Guadalquivir, Al Mutamid e Itimad eran despedidos entre lágrimas por los sevillanos.
En su destierro vivieron en la pobreza a la que la Romaiquía estuvo acostumbrada en su juventud, pero la llama de su amor nunca se apagó.
Trina Mercader no sólo utiliza el nombre de Al-Motamid para titular su revista, hecho extremadamente significativo en sí mismo, sino que, además, en su práctica poética dedica varias composiciones a Itimad y a Al-Motamid con las que consolida un proyecto más amplio dedicado a la poesía oriental.


Si buscamos las razones que impulsaron el nacimiento de la revista no vamos a encontrar mejores palabras que la de la propia fundadora que explica en la presentación de la misma: “Los elementos primarios que impulsan al poeta, están en cualquier parte de la Tierra, porque son la Tierra misma puesta a mirar el cielo.
Nuestro Marruecos posee una juventud lírica española y marroquí que ve, siente y hace la poesía junto al sentimiento árabe. Este sentimiento se une a lo hispano y lo poético, hasta dar forma a una nueva modalidad de espíritu: lo hispano-marroquí.
De ella nace una ambición: encauzar esta precisión inquieta ya que la poesía, por ser universal, es el camino más fácil y seguro de la unión humana duradera, en un gesto exacto y decidido; tener un lugar en el espacio y en el tiempo actuales y, sobre todo, ser desde este cuaderno, motivo de aproximación.
Aparece bajo la advocación de AL-MOTAMID, como homenaje al pueblo hermano, con impulsos de sincera cordialidad, y abre sus páginas a España en ofrenda de su ultima inquietud, esperando que su propósito sea bien acogido y alentado.

Se publica con muchas dificultades.

Antes de sacar el primer número ella cuenta en la correspondencia con otros poetas, como Jacinto López Gorgé o los del grupo de Melilla, que tarda dos años en poder hacerlo.
La revista pasó por dos épocas muy distintas, la primera y durante la cual salieron la mayor parte de los números (24) duró entre 1947 y 1952 su publicaba en Larache, y la segunda duró tres años (1953-1956) impresas en Tetuán sacando a la luz a nueve números.
Las revistas poéticas españolas en Marruecos jugaron un papel primordial en acercar el pensamiento español al marroquí y acabar con la idea que reinaba en la península de que Marruecos era un país salvaje, carente de toda cultura, mientras la realidad decía lo contrario, porque en este país norte africano había poetas, escritores, historiadores, intelectuales con un gusto muy refinado y una cultura arraigada en la historia.
Participan en ella poetas árabes, se traducen textos clásicos y coetáneos, e incluso llegan a participar poetas muy conocidos españoles y otros menos populares. Llega a tener correspondencia y a publicar poemas de Vicente Aleixandre y Juan Ramón Jiménez.

El consejo de dirección lo formaban, bajo la dirección de Trina, Jacinto López Gorgé, Pío Gómez Nisa, Eladio Sos y Juan Guerrero Zamora.

A lo largo de sus treinta y tres número y sus diez años de existencia, en la revista colaboraron –a demás de los poetas del Grupo Melilla- colaboradores marroquíes como el historiador Mohammad Ben Azuz, los poetas Mohammad Sabbag, Sidi AbdelahGeunun, DrisDiuri, DrisBoannani, y Ahmes Bakali –que a demás de colaborar jugaron un papel importante en la traducción- y españoles como Luis López Anglada, Alonso Alcalde, y Carmen Conde. Es importante señalar aquí que una revista poética dirigida por una mujer pueda sobrevivir durante tantos años y en una época donde reinaba la censura es una hazaña.
La investigadora Sonia Fernández Hoyos destaca que durante los años en los que publica su revista, que son bastantes, mantiene una correspondencia impresionante con los representantes del mundo poético español, desde Carmen Conde como mujer más señalada a Vicente Aleixandre. Publica a los representantes de la poesía más importantes, hombres y mujeres, del momento. Y sin embargo, ella, que mantiene esa correspondencia y es conocida, en las historias literarias de la época no aparece, como tampoco aparecen otras mujeres. Hasta hace poco no conocimos a las mujeres del 27 o sólo las conocíamos porque eran las parejas de los otros poetas que sí se incluían en las antologías y las historias.


De casi todos estos poetas habló Vicente Aleixandre en su famosa Carta Marroquí dirigida a Trina Mercader tras su visita a Tetuán y que se publicó en la revista junto a su traducción al árabe. Esta carta es un reconocimiento al esfuerzo y a la calidad literaria que alcanzó Al-Motamid y acabó definitivamente con las críticas sobre la calidad de colaboradores o de contenido.

Dora Bacaicoa, Vicente Aleixandre y Trina Mercader. Homenaje a Vicente Aleixandre en Tetuán, 1953.

Una de sus relaciones era otra figura del hispanismo marroquí: la señora Amina al-Loh, esposa que fue del poeta Ibrahim al-Ilgui. Citaremos una carta de Trina fechada en Almería, el 23 de agosto de 1955:

“Mi querida Amina: Mi carta cumple la promesa que te hice. Aquí estoy contigo, ahora que recibo, ¡por fin! el nº 31 de al Motamid. Ha sido una alegría tan grande, que casi se me han salido las lágrimas.
Creo que ha quedado muy bonito. Tu colaboración, en español, ha quedado limpia y cuidada. La parte árabe la encuentro muy bien, sobre todo teniendo en cuenta el poquísimo tiempo que tuvimos para hacerla.
Ya verás como el próximo nº 32 queda más completo, como tú querías. Porque continuarás haciéndolo, ¿verdad? ¡Me da tanto miedo de que te canses!
Ahora ya estoy más morena. Voy a la playa, paseo, trabajo. Estoy recogiendo notas sobre Celia Viñas, como te dije. Fue una mujer extraordinaria. Toda Almería la quiere, la recuerda, la llora. Yo estoy viviendo estos días entre sus cosas. El viaje se lo prometí cuando aún vivía. Si me ve desde el cielo, sonreirá contenta de mi amistad.
¿Qué haces tú? ¿Sigues tan guapa? Te recuerdo con tu pelo negro hacia atrás, con tu perfil andaluz. Aquí, las muchachas llevan flores, jazmines, nardos, en el pelo negro. Los ojos son negros, profundos como los pozos de agua amarga. Son serios y callados. El paisaje se parece mucho al Rif, en donde sólo crece un árbol, y la tierra tiene sed de lluvia.
¿Te han entregado algún nº 31? Ya dije en la Imprenta que te mandasen varios. Pídeselos tú misma allí. O a Pío Gómez Nisa (…) en el Diario África.
Bueno, querida Amina, te voy a dejar. ¿Entiendes mi letra? Saluda cariñosamente a tu marido, a tu familia (!aún recuerdo aquella larga tarde de visitas!). Ya sabes que te quiero de verdad, y te abrazo con el corazón.
!Adiós! Trina”.

Primeras cartas de Trina Mercader, las dirigidas a su amiga y colaboradora Amina Loh en agosto de 1955 ( por gentileza de Fernando de Ágreda).

La poeta Carmen Conde con el título, tan expresivo, de “Reafirmación” dedicaba su mejor elogio a la directora y a su empresa desde Madrid con estas palabras: “Al-Motamid y sus poetas son una realidad transida de ensueño. Cuando llega a mis manos, que la esperan siempre, yo conecto con lo mejor de mis años, cuando estaba aprendiendo a soñar para que después no me pesara tanto la vida encima…Y es una mujer, precisamente una mujer, para que yo me sienta más solidaria si cabe de su obra, la que hace posible el milagro Al-Motamid. Una mujer joven, animosa, llena de ilusión, que todo se lo sacrifica a que su Revista sea ya la Revista de una vasto plantel de poetas marroquíes, en cuya lengua estoy deseando hablar para mejor entenderme con ellos, fuera del lenguaje universal de la poesía que a todos nos es común patria…Si además de todo eso, cuando viene me trae – nos trae a todos los peninsulares – la constancia de una fe, de un tesón, de una generosidad sin límites, sólo podemos dar a cambio de su riqueza a Al-Motamid, un firme amor y una amistad inalterable”.

López Gorgé, Trina y Sabbag

En Tetuán Trina publica Tiempo a salvo, y allí también donde continúa su labor de editora con la colección de libros Itimad, en la que vieron la luz obras de conocidos escritores y críticos.
Otro logro de Al-Motamid fue la colaboración de los principales arabistas españoles encabezados por Emilio García Gómez , Ángel González Palencia, Fernando de la Granja, Soledad Gibert, José Mª Casciaro y Enrique Perpiñá. Es referida la amistad que unió a Trina y al “joven arabista” Pedro Martínez Montávez, del que editó su interesante libro sobre los poetas siro-libaneses en versión bilingüe, dentro de la colección Itimad. Trina se refirió también al conocido escritor Ahmad al-Baqqali, del que esperaba publicar un próximo poemario que no pudo llevar a cabo finalmente…tanto era su afán por dar a conocer lo mejor de la poesía marroquí…

Miguel Tarradell, arqueólogo, catedrático de la Universidad de Valencia y exdirector del Servicio de Arqueología de Tetuán cuenta a la investigadora Paloma Fernández Gomá: “Viví de cerca el vacío de su aventura, que era mayor de lo que ella, con su ilusión, era capaz de darse cuenta. Era admirable su ilusión, que prácticamente no compartía, digamos, nadie. En el ambiente mortecino, sub-provinciano de Larache, lanzar una revista de poesía era de un heroísmo inaudito. Buena parte de los poetas españoles colaboraban, simplemente, porque era una manera de publicar sus textos. Los marroquíes eran reticentes, porque si entonces la palabra “colonialismo” era poco divulgada, el concepto si. Yo procuraba callarle lo que veía para no cortar su ilusión, pero era consciente del vacío en el que se movía su idea inicial, a pesar de su tesón.
Si ahora se lo confieso a usted es para que en su trabajo insinúe el problema de su soledad – que a mi me impresionaba – y valore al máximo de lo que tuvo de aventura noblemente quijotesca. Todo lo que indique en este sentido será poco, y se lo digo como un testimonio directo de aquellos años.”

La huella de Marruecos en la vida y la obra de Trina Mercader nos la describía ella misma en su autopresentación del libro Tiempo a salvo: “Mi primer nacimiento, en Alicante. El segundo, en Larache. Mi biografía debería titularse “Historia de una revista”. Porque una revista -Al-Motamid- es la que centra y orienta mi vida en Marruecos. Y subrayaba tantos hallazgos de aquella experiencia: los poetas marroquíes y las versiones bilingües de nuestra poesía; hallazgo de los más jóvenes arabistas españoles … “. “El proyecto -diría la propia Trina- se lleva a cabo con una pobreza de medios que contrasta con la ambición que lo mueve.

Tras un breve traslado a la antigua Villa Sanjurjo, en 1951, pasó a vivir a Tetuán. En 1956, con la independencia del territorio marroquí, se produjo el primer éxodo en la zona norte de Marruecos, y Trina, que era funcionaria de la zona del Protectorado y tenía que pedir un nuevo destino, pregunta qué ciudad es la más parecida a Larache o Tetuán y le dicen que Granada, la población que tiene la impronta más parecida a este sitio donde pasó tantos años. La destinaron a Granada y llega allí para ocuparse del archivo de la ciudad.
Entra en contacto con el mundo poético granadino, con la poeta Elena Martín Vivaldi, que era además bibliotecaria en la universidad, y en el círculo de escritores en el que estaban la propia Martín Vivaldi, Antonio Carvajal, Rafael Guillen… es decir, una serie de poetas con los que mantiene mucho contacto, muy buen trato. Y sí, ella siguió escribiendo. De hecho, el segundo poemario Sonetos ascéticos, se publica en 1971 en la colección El Bardo.

Respecto a los poemarios decía el poeta Miguel Fernández, que se fundamentan en un triple eje: vida, muerte y divinidad, que aparecen en ambos. Era una gran lectora de poesía clásica y coetánea a su época y tenía como referentes a Federico García Lorca, en primer lugar, y luego estaba muy cerca también de los poetas místicos del Siglo de Oro español y de la tradición de ese periodo.

SUS LIBROS

Sólo publicó tres libros: Pequeños poemas con el pseudónimo de Tímida “Tímida” es además el anagrama de Itimad, que era la mujer de Al-Motamid -así se titula su revista-, a quien se conoce como El Rey poeta de Sevilla. Es un juego de palabras, una de las obsesiones de Trina Mercader. Luego publicará Tiempo a salvo (1956) y Sonetos ascéticos (1971).
Una escritora de la que se ha dicho que posee una “sosegada voz, de fácil expresividad retórica y de contenida pasión en su palabra” y representa “una de las voces más sencillas, más limpias y claras de la actual poesía femenina” (López Anglada, 1965).
Para la investigadora Sonia Fernández Hoyos la obra de Trina Mercader conoce dos momentos que cabe considerar como dos etapas dentro de un complejo y forzosamente inacabado proceso de búsqueda de la propia identidad. Estas dos etapas no son estrictamente sucesivas, de forma que las preocupaciones religiosas y existenciales de la segunda ya son detectables en algunos poemas de la primera. La búsqueda del otro, concretado en la realidad humana y poética norteafricana, determina el grueso de su primera producción literaria. La indagación en las raíces de la propia identidad ocupa, a partir de los comienzos de los años cincuenta, el centro de su poesía.
El corpus poético de Trina Mercader es relativamente breve, en el bosquejo autobiográfico que escribió Trina Mercader para la antología de Carmen Conde, leemos: “Ningún libro publicado hasta la fecha. Tengo casi terminado uno: Mundo a salvo. He colaborado en casi todas las revistas de poesía de España y de la Zona del Protectorado español, así como en las de los países árabes. He sido traducida al árabe. Preparo una colección de libros de poesía y literatura hispanomarroquí”.
Buena parte de su obra continúa todavía inédita.


El poeta granadino Rafael Guillén relata a la investigadora Paloma Fernández Gomá: “Trina alcanzó una altura en su poesía, depurada y ascética, que aún no se le ha reconocido. Sabía conjugar su profunda espiritualidad y sentido religioso de la vida con una extrema sensibilidad en el contacto con la naturaleza, en su relación con las cosas materiales y en su entorno afectivo. Profesaba la humildad conscientemente, como tratando de ocultar una valía y un brillo del que se sabía poseedora. Y en la expresión poética de sus afanes y sentimientos, trabajaba la palabra con dedicación y maestría.
Cuando en este final de siglo gran parte de la poesía se ha degradado por falta de valores humanos en su contenido y por dejadez y vulgaridad en su expresión, es un consuelo y un deleite releer la obra de Trina Mercader y sentir el orgullo de haber gozado de su amistad que, desde la perspectiva de su muerte, vemos que nunca pudimos llegar a corresponder lo bastante”.


Trina Mercader viajó a Madrid, en mayo de 1980, invitada por el Instituto Hispano-Árabe de Cultura para hablar de sus vivencias en Marruecos y, especialmente, de sus publicaciones y del significado de las mismas. El título de su conferencia fue precisamente “Al-Motamid e Itimad: una experiencia de convivencia cultural en Marruecos”. Un resumen de la misma, lo principal de su contenido, se publicó en la Revista de Información de la Comisión Española de Cooperación con la UNESCO, número 25, enero-marzo de 1981.


Murió en Granada el 18 de abril de 1984, Miércoles Santo, en el Hospital Clínico de San Cecilio, desde donde partió la conducción del cadáver hasta la ermita de San Isidro, donde le fue rezado un responso, recibiendo sepultura en el Cementerio de San José.

Decidió legar todo lo que ella poseía a la «familia granadina» que la cuidó con tanto cariño, durante tantos años.

Dejó un extenso fondo documental, diversos manuscritos y otros documentos personales: veinticinco cajas que se custodian en la Fundación Jorge Guillén. La serie documental más importante es la correspondencia entre ella con el escritor alicantino Jacinto López Gorgé, con la poetisa cartagenera Carmen Conde, con la escritora argentina Luzmaría Jiménez Faro, etcétera (14 cajas). Respecto a los manuscritos que se conservan (9 cajas), la mitad de ellos pertenecen a distintos autores que colaboraban en la revista Al-Motamid, fundamentalmente. El resto pertenecen a Trina Mercader. También se conservan fotografías de la autora y otra documentación personal, como acreditaciones, pasaportes, etc. Completa la documentación una caja con recortes de prensa.

Trina Mercader y Fernando de Ágreda en Madrid

Llega por fin este homenaje que te alcanza,
Trina, tan merecido
Tenía que ser en el 2003,
Tres homenajes, tres (por lo menos)
A Trina, que es símbolo de PAZ,
Mensajera siempre en busca de confraternidad.
Estamos de fiesta pues,
Su cumpleaños, este homenaje,
¡Qué dulce mensaje para ella¡
Que tanto disfrutaba de reunir a los amigos
Y hablar de poesía.
Tenía que ser en el 2003…
Ella está entre nosotros
Y simplemente dice: ¡GRACIAS!
Y adiós.

Madrid, 18 de Marzo de 2003, en el casi aniversario de Trina Mercader
Fernando de ÁGREDA

Homenaje a Trina en la Biblioteca del Instituto Cervantes de Tánger( 2003).

Nos despedimos con este verso de Trina:

“Que un alba salve lo que a salvo quede”.

FUENTES CONSULTADAS:

  • https://sergiobarce.blog/2013/01/16/trina-mercader-vista-por-la-escritora-larachense-alicia-gonzalez-diaz/
  • http://www.fundacionjorgeguillen.com/fondo-documental.php?id=000000002D
  • https://www.poesco.es/fichas-biobibliograficas/item/45-trina-mercader-alicante-1919-granada-1984.html
  • https://www.casa-mediterraneo.es/sonia-fernandez-trina-mercader-es-una-escritora-digna-de-ser-recordada/
  • http://internatural.blogspot.com/2015/02/tres-poemas-de-trina-mercader-alicante.html
  • https://majadahondamagazin.es/desde-majadahonda-carmen-conde-trina-mercader-al-fondo-valente-marruecos-83796
  • https://www.informacion.es/opinion/2020/02/29/trina-sanchez-mercader-poetisa-olvidada-4831177.html
  • http://institucional.us.es/revistas/philologia/14_2/art_6.pdf
  • https://ws147.juntadeandalucia.es/obraspublicasyvivienda/publicaciones/04%20COOPERACION%20INTERNACIONAL/larache_a_traves_de_los_textos/larache_traves_textos.pdf
  • http://ab.dip-caceres.org/export/sites/default/comun/galerias/galeriaDescargas/archivo-y-biblioteca-de-la-diputacion/Alcantara/01-093-095-alc/01-093-095-030-Poesxa.pdf
  • http://franciscoacuyo.blogspot.com/2011/01/trina-mercader-en-su-hemisferio.html
  • http://princesanadie.blogspot.com/2010/06/la-poesia-de-trina-mercader.html
  • http://palomafernandezgoma.blogspot.com/p/trina-mercader.html
  • http://www.hispanista.com.br/artigos%20autores%20e%20pdfs/524.pdf
  • http://institucional.us.es/revistas/philologia/14_2/art_6.pdf
  • file:///K:/REVISTAS/POESIA%20MAS%20POESIA/120%20TRINA%20MERCADER/1463-2328-1-PB.pdf
  • https://www.poetamiguelfernandez.es/archivo/caja-07/16.02%20AL-MOTAMID,VRESO%20Y%20PROSA,LARACHE,NUM%208,1947.pdf
  • http://e-spacio.uned.es/fez/eserv/bibliuned:signa-2008-17-1113/Documento.pdf

BIBLIOGRAFÍA:

  • 1944— Pequeños poemas
  • 1956— Tiempo a salvo, Tetuán, Al-Motamid (Itimad; 3).
  • 1971— Sonetos ascéticos, precedidos por textos de Antonio Carvajal y Federico García de Pruneda, Barcelona, Saturno (El Bardo).

POEMAS

Vuelvo hacia mí

Vuelvo hacia mí. Regreso.
Vengo
de donde nunca quisiera ir,
de donde dicen que debiera estar:
donde están todos.

Pero allí nunca hay nadie.
Y entro. Y voy a mí,
donde estoy siempre, aunque me llamen;
aunque quiera salir; aunque me obliguen.
(Oh, no. Quédate. Y sigo.
Y allí están mis paisajes,
mis labios, mis palabras.
Y mi yerba o prodigio).

Pero vuelven.
Inesperados, vuelven.
Y estallan con su voz de estornino.
Y derriban mis labios.
Y abortan mi prodigio de yerba.

Y van cerrando párpados, postigos.
Y vienen.
Interminables vienen.

Y otra vez las palabras adultas
-esas que nunca entiendo-

me atormentan, convergen.
Y me llevan
donde nunca quisiera ir:
donde están todos.
Allí donde no hay nadie.

Por eso
-camino hacia mí misma
no me busquéis- regreso.

Tranquilizaos

Tranquilizaos. Miradme.
He dado a mi silencio siete vueltas de llave.

Verdugo de mí misma, con mi propia violencia
voy cercenando el tallo de mi sangre;
la entraña que mantiene mis cortadas raíces,
hiriéndome en el signo por el que soy,
negándome.

La angustia que me crece no la sabréis. Miradme.
Llevo oculto mi fuego,
mis hondas libertades.

Quiero vivir muriendo
en este denso enigma
que me resume toda en duro arcángel.

Quiero ser vuestra, sí.
Quiero ser sólo madre.
O mujer. Mujer sólo, sin reverso ni orilla
y amaros en silencio, dulce, pasivamente,
sin que lo sepa nadie.

Desde lejos,
me están avisando a gritos:
que no vaya, que no venga,
que no me mueva del sitio.

Que es aquí
donde nacerán los lirios.

Aquí,
conmigo.

Y me miro.
Y este sembrado que soy
apenas está movido.
Apenas asoma el aire
la promesa de los trigos.

Y quiero andar. Y de nuevo
las voces que el aire trae
me están gritando lo mismo:

que no vaya, que no venga,
que no me mueva del mundo
que estoy sosteniendo en vilo.

Mayo de los amantes

Mayo de los amantes,
madurador de labios, nuevo fruto,
cómo rebosa el agua de mis ojos en sombra
por donde las estrellas calan en lo profundo.

Mi voz está volcando
su cesto de manzanas en júbilo.

Tacto de la caricia,
mira cómo renace la yerba en mis dedos.

Y este ritmo en desorden que el corazón ordena,
pone en fuga las aves del desnudo en que bebes
agua ciega del beso: verbo mudo.

Mayo de los amantes,
enamoradamente te descubro.

Sobresaltada la lengua

Sobresaltada la lengua,
¿quién va a decidir el hallazgo?

Una vocación de síes
está inundando el espacio.

Carne de fe, sangre nueva
contra todos los escarnios,
afirma otra vez en pie
la alegría de sus tallos.

Un brote que nadie quiso,
que nadie esperaba, canto.

Vocación afirmativa
–carne y sangre del hallazgo–
no hay muerte para morir
lo que está resucitando.

Que nadie diga que no,
que está el alma a flor de piel
naciendo de su milagro.


Tomado de POESÍA femenina española (1939-1950) 
ANTOLOGÍA de Carmen Conde. Libro Clásico Bruguera, Barcelona, España, 1967

Paisaje occidental (Décimas)

Doncella, niña, mujer
bajo la niebla intocada.
Temblorosa desposada
predispuesta a florecer.
Niebla o velo que al nacer
resbala por tu cintura:
primorosa arquitectura
que tu pie descalzo mueve,
con tanta dulzura leve
que acrecienta tu hermosura.

Tres poemas a una sola ciudad

A Larache

Aún quedas, aún estás
manteniendo la yerba
diminuta del arco;
la bugambilia espesa de los muros,
lo sombrío del párpado.

Aún quedas, aún estás
conmigo, en pie, vencida
vencedora del tránsito.
Aún sostienes, alientas
tu pared de cansancio.
La herrumbre reverdece
tu cal, por donde el llanto
resbala, detenido
sobre el último tramo.

Aún quedas, aún estás
con tu jazmín crispado:
aroma que retiene
desesperadamente
mejillas, ojos, labios.

Tu casa es una caja de música

Cuántas veces oí las campanadas
de tu reloj, cayendo
-una, otra- en la estancia.
Su música
libertaba las ágiles,
las bullidoras horas
inútiles, nostálgicas.

Amontonadas iban
rebotando sonidos
en las desiertas salas.

Como un humo ascendían
a las altas barandas,
por donde iría la madre
morosamente, llena
de diminutas alas.
Las oigo aún, cayendo
tintineadoras, frágiles,
eco todo el ambiente
vibrador de tu casa.

Aún están -una, otra-
cayendo en mi silencio
donde un aire de vidrio
las perdura, las salva.

El aguador

Y el ángelus del agua
pasa tintineando
su campanilla rubia.
Y pasa dulcemente,
tiernamente insistiendo.

Bajo los arcos alza
pregón, de su sonido,
lenguaje sin palabras.

Y pasa nuevamente
con su pregón oculto:
odre negro a la espalda.

Bajo los arcos beben
cien bocas la garganta
del agua, que se entrega
purísima en la dádiva.

Cien bocas rodean
la voz que va brotando
sobre la fina taza
de oro, que titila.

De Revista Al-Motamid, nº 31 (Tetuán, junio 1955)

Lo efímero

Rebelde va lo efímero. Diría
que lo diminutivo ya no sabe
vivir de si, de suyo; que no cabe
por donde lo delgado lo ceñía.

Rebelde y solo va por donde iría
sumisamente dueño de su clave.
Si flor, qué breve flor, qué leve si ave
picoteadora mínima del día.

Tan dulce rebeldía en fauna y flora
condena a furia tanta, a tanto acoso
lo que a morir empieza desde ahora,

que todo se derrumba en un momento
y arrastra lo más débil por hermoso,
pluma y aroma, en su derrumbamiento.

Del libro Sonetos ascéticos

La planta

Profunda de raíz, alta de sombra,
criatura de su aroma y su rocío,
terca de soledad y escalofrío
me crece la materia que me escombra.

Me crece la materia que me nombra
tallo de su ternura con tal brío
que todo lo hace suyo, siendo mío
rocío, aroma, soledad y sombra.

Pájaro de su rama, todo es cielo
para el ímpetu alado, el verde vuelo
que un vegetal aliento me levanta.

Un pensativo aliento que se prende,
lento de luz, al pétalo y lo hiende:
la perenne tristeza de la planta.

Del libro Sonetos ascéticos

La flor

Sí, no, sí de la flor. La vana cuenta
me desordena en pétalos. No tengo
sino la débil forma a que me avengo.
Un dulcemente viento me contenta.

Un norte o sur me orienta o desorienta
la delicada sombra que sostengo,
que soy, por la que a solas voy o vengo
sin ton ni son, al aire que me inventa.

Deshabitadamente me poseo,
presente y ya lejana en propia muerte,
vacía de esperanza y de deseo.

Que cuando ya me inclina quien me alzaba
no queda sino adiós. Y entrarse, inerte,
por quien así me quita cuanto daba.

Del libro Sonetos ascéticos

La fruta

Cerrada a toda piel, de propio intento,
la fruta en su retiro pende ilesa,
completa en su clausura, libre y presa
dominadora de su advenimiento.

Un tiento la desnuda, un dulce tiento
la precipita mártir y confesa,
la desmorona el hábito y ya es esa
fragilidad de lluvia a todo viento.

Puñal de boca adentro, clava el diente
su posesión hambrienta, con tal gana,
que el hueso le desnuda su presente.

Si blanda de bocado cuando herida,
qué duro para el rapto y la embestida
un diminuto hueso de manzana.

Del libro Sonetos ascéticos

Las hojas

La piel se excede, da su otoño de oro
que un vientecillo vibrador conmueve.
Cae la ceniza o lluvia de hoja breve
medrosamente, inaugurando el lloro.

De suyo teme. Cierra vena y poro
donde el puñal se obstina. No se atreve
ni a suspirar, que el llanto, si se mueve,
le multiplica lágrimas a coro.

Tan amorosa mano y ya la aferra
por donde más amante la ceñía.
Y el oro se le herrumbra a ras de tierra.

Que el vuelo desalado que temía,
piel leve, aleve, salta, vuela y yerra
por esa fracasada puntería.

Del libro Sonetos ascéticos

La hierba

Si hierba para el belfo y la pisada,
si virginal bocado, si blandura
para los tibios ojos de la hartura
por donde va segura la manada.

Si brote, brizna o piel, agua estancada
creciendo a toda sed, desde la oscura
trama que sabe a beso, a mordedura
e intuye sobre sí la dentellada.

Si flor en soledad, si verde huella,
oh, prado donde Dios vive a deshora
su hambrienta eternidad que nada sella.

Del libro Sonetos ascéticos

La noche

De qué remotas manos se levanta
la noche y se acrecienta la encendida
de luminarias, ay, desprevenida
de toda luz, unísona garganta.

Sube de cuanto soy; de sombra tanta
que es sombra sólo. Y sube sostenida
por qué remotas manos, malherida;
que a sí misma se niega y se quebranta.

Solemne de pobreza, quien no tuvo
más agua que la sed, a sed se aviene,
germinadora de su desconsuelo.

Más nunca vanamente se mantuvo
sedienta voluntaria, la que tiene
sus propias luminarias por el cielo.

Del libro Sonetos ascéticos

La lluvia

De qué apenados ojos llueve el llanto
que baja, manantial recién parido,
resbalador y humilde, contenido
por el temor de ser duelo, quebranto.

De lloradores ojos llueve tanto.
Tan íntima de lloro y de gemido
tiene la voz, exenta de sonido,
que en lágrimas se le desata el canto.

Agua de manso vuelo y pluma leve.
(Un ruiseñor mojado se despoja,
gota a gota, de lluvia, y la deshoja.)

Agua de pie desnudo y paso breve,
que en mínima presencia se deshace
y en pétalo y aroma, muerta, yace.

Del libro Sonetos ascéticos

La luz

Urgente luz del día, llamadora
de toda puerta, párpado, postigo,
de todo en sí, cerrado y enemigo
de su llamar a ciegas y a deshora.

Urgente luz en dádiva, que aflora
por sobre sí y en trance de testigo
me pone y me violenta y no hay castigo
para la impunemente violadora.

De tal manera urgente, con tal celo,
(comunista en acción a todas luces)
que lebreles y galgos, a empellones,

hostiga y en tropel dan contra el suelo.
Se diría, de luz que da de bruces,
que la sombra le muerte los talones.

Del libro Sonetos ascéticos

El agua

Me penetras la sangre, me floreces
la sangre en breves luces, la cautiva
que escucha y tienta y mira, cauce arriba,
tanto manar de lluvias, tantas veces.

Manadora de júbilos, me creces,
si niña manantial, fluyente y viva
niñez que nada inhibe, sensitiva
que en fugitivos vuelos amaneces.

De trueque vives. Que tu sí alimenta
tu cándido caudal, que se acrecienta,
si tu locura cambia, mano a mano,

mis lentas baratijas por tus síes,
por tus enloquecidos colibríes,
que en dicha cantan lo perdido en vano.

Del libro Sonetos ascéticos

Los números

Eternamente tres, eterno cinco,
enjutos, esqueléticos, cabales,
a toda costa monjes virginales,
de un salto sois, os basta con un brinco.

Rotundos en el ser, a todo ahínco,
de vuestras sumisiones manantiales
brotáis de un solo trazo, como tales
eterno tres, eternamente cinco.

Mansos de corazón, pero a porfía
libérrimos (al fin, en vuestros trece)
por mor de la soberbia, quién diría.

Amantes amadores con hartura
de lo que os beneficia y os empece.
No cabe en menos cuerpo más figura.

Del libro Sonetos ascéticos

Muchacha

I
Estás adrede aquí. Llevas, ahogado
por tu mirada, un humo sensitivo;
trasciendes todo un trágico, cautivo
fuego dispuesto a arder en tu costado.

Eres un ardimiento preparado
para el final; un brote pensativo
que espera hacerse llama en lo más vivo
del corazón ardido, clausurado.

Frutal criatura en flor, por donde mana
mortalmente la vida, acrecentando
tu siempre viva muerte de mañana,

deja que tu morir de torrentera
violentamente irrumpa, desatando
la oculta llamarada de tu hoguera.

II
Casi toco la vida, casi toco
la confusión bellísima, el aliento
-vida mía en sazón-que dentro siento
desmoronarme, herirme poco a poco.

Casi toco la muerte, casi toco
la confusión bellísima que tiento
-muerte mía en sazón- como alimento
de su proximidad, en la que aboco.

La ganazón del fruto – vida, muerte-,
me desordena igual, igual me ordena
a la encendida lucha, al dulce duelo.

Vivir, morir, es ya la misma suerte.
Que muerte y vida soy con igual pena
mientras sustento un mismo desconsuelo.

III
Adónde soledad, sino conmigo
multiplicando voces silenciosas.
Oh, cuánto tú amoroso, entre las cosas
por donde voy, con quién sino contigo.

Si digo soledad te nombro y digo
desde mi ser mi nombre, donde posas
tus infinitas aguas, tus radiosas,
fecundadoras aguas que persigo.

A solas va mi voz con su alegría
de recobrarse y darse en ese ruedo
que por igual desposa un mismo dedo.

Tus soledades son mi compañía.
Tanto de ti latente en mí se vierte,
que a soledades voy en vida, en muerte.

IV
A muerte voy sin tregua ni reposo.
A tanta muerte voy, que desoyera
latido y corazón si no creciera
sosegadoramente tanto acoso.

Del alba del asombro a lo asombroso.
A tanto asombro voy, que no quisiera
morir en este pasmo porque fuera
más infinitamente delicioso.

Los impalpables hilos del aroma
por donde voy me piden santo y seña,
temerosos del aire que los doma.
Oh, tránsito que toco, muerte mía
que a morir me convocas, dulce dueña,
perdóname si vivo todavía.

V
Morir de muerte no, sino de vida.
Morir a mano armada, a contrapelo.
Morir en llanto, en lágrimas, en duelo
violentador, que nunca sometida.

Morir de muerte al fin, pero transida
de un íntimo cansancio, un desconsuelo
que abreve en todo mar, en todo cielo
mi voluntaria muerte suicida.

Y está el silencio hiriendo con su diente
demoledor y ajeno, por lo mío,
seguro de su polvo y su gusano.

Y estoy muriendo a solas dulcemente,
sumisamente lluvia, toda río
de un agua que me lleva de la mano.

XI
De dónde este mal paso, este momento
que precipita en sauce lo que fuera
palma frutal, altura de palmera,
llorando por mi llanto y mi lamento.

La hojarasca me dé su cubrimiento,
porque desnuda voy de tal manera
por mi decapitada primavera
que en sauce lloro lo que apenas siento.

Con qué me vestiré para el rocío
madrugador, si al alba aún hace frío.
De soledad ya voy más que vestida.

Morirme para dar en puro hueso,
qué pena da morirse para eso,
inevitable muerte de por vida.

Del libro Sonetos ascéticos

Dios

I
Morir es un pretexto para verte.
Que si vivo muriendo de manera
latente, por de dentro y por de fuera,
me muero a voluntad, por conocerte.

Eternamente vive quien de muerte
viviera, me dirás. Y en esa espera
me moriré de muerte verdadera,
de tránsito hacia ti. Que voy de suerte

si puedo penetrar, con tu permiso,
donde la vida es siempreviva, ilesa
de desmoronamiento y compromiso.

Permíteme morir, que voy transida
de eternidad. Y, fiel a tu promesa,
nada muere en lo eterno. Todo es vida.

II
La esperanza me ha puesto verde el traje
y el insomnio rebasa mi medida.
Te espero desde el punto de partida
y, andén de ti, te espero: fin de viaje.

Por esperarte cambio de paisaje
y estoy, como quien dice, sin salida.
Hablo para callarme de por vida,
que yerro venga o vaya, suba o baje.

Detrás de todo, tú, también espera,
salvándome la muerte a tu manera,
mantenedor de intrigas y distancias.

Y entre los dos un tiempo que se obstina,
seguro servidor de su ruina,
llamándole a las pérdidas ganancias.

III
Por los adentros vas, por las afueras
buscándome en el nombre y el apodo.
Te mueves como quien sin acomodo.
Libérrimo y atado te movieras.

Como si puesto a hablar, contradijeras
lo que callando dices de algún modo,
porque te callas y, callando y todo,
dicen que te desdicen tus maneras.

Te quedas si te vas, y tan presente,
que doy contigo cuando ya te has ido,
difícil Dios de búsquedas y encuentros.

Qué oscura va tu mano por mi frente,
que no te entiendo ido ni venido,
por las afueras ni por mis adentros.

XII
A sangre y fuego voy, a vida o muerte
desde que te comparto y te convivo.
Vivirte es este tiempo combativo,
dominador, que me rebosa y vierte.

Saberte me transforma, me convierte
de dentro a afuera en llama, en corrosivo,
violento corazón definitivo
precipitado en lágrimas, inerte.

Y no poder entrar a saco en todo
transfigurando el vano, el dulce pecho
donde no estés hiriendo de algún modo.

Y ser tan sólo llanto, voz que llora.
Que a tanto duro acoso y tanto acecho
tan sólo soy angustia lloradora.

Del libro Sonetos ascéticos

Poema final

Un mundo nuevo espera la consigna del hombre
para que todo sea nuevamente iniciado.
Un mundo, a cada instante, nace gozosamente
para poder salvarnos
Guerreros de lo nuestro, nadie llore derrotas.
Que cada cual avance sobre sí, palmo a palmo.
Que cada cual se nombre castillo de sí mismo,
capitán de sus actos.
No importan los escombros. Cada instante es un mundo
que afirma la continua promesa del milagro.
¡Mirad los dulces ojos hechos a la esperanza,
creciendo siempre allí, sobre nuestros fracasos!

Waterhouse

Yo soy esa muchacha que ha besado la tierra
para posar en algo los besos que le sobran.
Yo soy esa muchacha que desea callando
lo que se aleja siempre de su mano vacía
Blanda pulpa jugosa para mecer el aire,
blando temblor intacto que una caricia anega

Garganta dónde canta la sagrada alegría
donde los gritos crecen de plenitud ahogados
Muchacha sola y firme que arrebatadamente
para sí misma crece su vegetal milagro
cuando la tierra vuelca su prometida entrega
y una dulzura virgen va invadiendo las ramas.

Bouguereau

Devolvedme aquel aire de niñez oprimida,
temerosa del viento, del trueno ,de la lluvia.
devolvedme a las manos que velaron el sueño
de una niña encendida de rubores y frutas
Volvedme a mi silencio, por donde transitaba
sumisamente dulce, de mí misma confusa.
Aún soy esa muchacha que buscais en la niebla,
que habita entre vosotros y sin querer se oculta.

Primavera

Pero tú dime que sí,
Primavera.
Loca de atar, sal a fuera,
nace flor o colibrí,
ponle cuernos a la luna,
inventa el número pi,
llueve, nieva. Tu bandera
levántala para mí.
Ven como estés, Primavera,
pero dime que sí.

A GRANADA

Decidme si es la misma tristeza
La que inunda el pecho todavía.
Los ojos van al llanto secretamente dulces
Allí donde aún levantan su apagada alegría.
Basta esa voz de musgo para vivir cansados,
Cuando el recuerdo enciende, débilmente, la estrella
De la melancolía.

Pueblo de ayer, resurgen de tu oscura conciencia
Por la rama y la rosa, pueblo feliz, brotando;
Y esta presencia nueva que te prolonga el día
No vive más que que el sueño de tus mejores años.

Alguien pasa en la tarde coronado de mirto
Con la sonrisa prieta de zumos sazonados.
Pero lleváis los ojos oscuros de la tierra
Marcados con el hierro doloroso del llanto,
Y es inútil la callada sonrisa
Nacida con el alba, desde la flor al labio.
Vuestra vieja nostalgia crece constantemente
Por toda la ciudad, y el duro mármol
De la leyenda os vence con su sabor amargo.

Y es la misma tristeza
La que os inunda el pecho todavía.
La llama que os consume desesperadamente
Bajo la piel morena de pétalos opacos;
La oculta sed, profunda como el mundo,
Violenta y resignada con su destino trágico.

Formad un duro cerco a la tristeza
Oh, amigos, con los brazos,
Para que el llanto de su flor cortada
Se asome dulcemente, tímidamente al tallo.

Ciudad de amor cautiva serás siempre,

Con un eterno lirio entre los labios.

A Itimad niña

Feliz muchacha tú, breve doncella
que, sin saberlo, hilabas junto al río
la máxima aventura, a tu albedrío,
de tu emoción de niña, nube, estrella.

Cuán libre tu sonrisa sin la huella
de un árido deber rotundo y frío;
que pura tu niñez, tu edad, tu brío,
dominador de un fuego que te sella.

Desnudo iba tu pie; rubio paisaje
trepaba por tus ojos asombrados.
La tarde entre tus labios se entreabría.

Yo sé que tu candor -tibio plumaje
brotando de tus hombros descuidados-
se alzaba tembloroso de
armonía…

A Itimad mujer

Aquí tu voz, tu risa, tu perfume
de embriagador almizcle soberano;
aquí tu siempre enajenada mano
con gesto que te salva y te resume.

La curva de tu labio que no asume
más cálida prisión que ese cercano
beso que se te brinda fiel, pagano,
te enciende, te acrecienta, te consume.

Soberana de amor, tacto de seda
del ámbito cerrado de una estancia
donde la fuente irrumpe, brinca, rueda.

Tacto de seda en ti -senos, cintura,
de pétalos transidos de frangancia-
para cubrir tan leve arquitectura.

A Itimad desterrada

¡Basta! No más dolor a tu sendero
donde la yerba crece estrangulando,
donde el embate rompe socavando,
ciega furia mortal, destino fiero.

Un río hay en tus ojos prisionero.
La fiebre de tu piel, amoratando,
se niega a sucumbir… Su ritmo blando
te lleva paso a paso, traicionero.

Cuán débiles tus manos sostenidas
por esa luz que tiembla en la ventana.
Un pálpito a la rueca mueve y mueve…

No pesa tu perfil. Lentas, vencidas,
te inundan nuevas lágrimas. Emana
todo tu cuerpo un llanto extinto, leve…

A Itimad muerta

¿Qué pálido fulgor bajo la aurora
se torna de cristal? ¡Qué dulcemente
resbala tenue luz hacia poniente!
¿Qué enamorada y tierna voz te añora?

Oh, pálida Itimad. Tu piel me aflora
sobrada de verdor, en la simiente
desprendida de ti tan suavemente,
que apenas te desvela, soñadora.

Que apenas te desvela. ¿Sabrá el cielo
la mágica palabra que despierte
tu risa vegetal en primavera?

¿Quién le dará a tus alas joven vuelo
para cruzar la orilla de la muerte?
Toda yo, soy presentimiento; espero.

II
Si presa, cómo vuela a toda altura
donde la pluma no da más que vuelo.
Por el asombro sube y toma cielo
que tan celeste tiene la andadura.

Si liberada, asombra la atadura
que la retiene en trance junto al suelo,
que no se va por más que el desconsuelo
le descomponga el gesto y la figura.

Si aquí, si allí, de tránsito, en espera
de lo definitivamente alado,
volando, voladora, volandera.

Leve, inmortal, materia de alegría.
Que si mortal, paisaje desolado,
el alma, a todo trapo, sangraría.

Del libro Sonetos ascéticos

“UNA CALLE DEL BARRIO MORO DE LARACHE”

“Penetrar por una calle de Marruecos es abrir el libro de lo maravilloso. La luz vendrá, atravesando bóvedas, a nuestro encuentro. Porque hay que perderse, sin prisas, por el pequeño laberinto lumínico.
El barrio moro de Larache es ese laberinto de luces y sombras por donde me pierdo. Hay que aceptar la cuesta, y el guijarro resbaladiza, y la escalinata desigual y el rincón lóbrego y maloliente. Porque todo forma parte de esta escenografía ya en desuso en nuestro mundo civilizado, que nos engulle y atropella. Aquí, por el contrario, todo está a la mano, todo tiene una altura que no sobrepasa nuestra humanidad.
La misma estrechez de la calle es agradable a nuestra estatura. Es como andar por el
interior de una casa grande, familiar. La voz del mendigo ciego nos acompaña desde todos los ángulos, resonando. La salmodia del almuédano, desde su torre, es una impresión nueva a nuestros oídos. La novedad, la sorpresa nos van acompañando. Los ojos se acostumbran a la luz y a la sombra simultáneas. La cal de las paredes tiene sólo la estridencia de la luz, el propio reflejo trascendido. Mi paso se hace lento, obligadamente parsimonioso. Aquí la prisa lo rompería todo.
Una mujer atraviesa la calle. El sol estalla en el blanco jaique y casi la transparenta. Los pliegues del manto retienen la sombra precisa, dándoles profundidad. Es un manto que tiene mucho de griego, en su cascada de pliegues a la espalda. De él emergen unos pies calzados de babuchas, blancas también, a ras de manto. Arriba, unos ojos negros, a veces verdes, en lo alto del letam, del velo. Acaso la tersura de una mejilla no vista, adivinada. El paso siempre es lento, comedido, remontando sin prisa la ascensión. La calle, las paredes de las casas son el marco de esa figura única, el único detalle vivo que aprisionan. La más leve esquina, una línea blanca entre lo blanco, la oculta, la desaparece. La calle, ahora, queda estática, más
quieta que nunca, como en reposo.
Alguna puerta se entreabre. Un bisbiseo apenas perceptible, comenta en árabe: “Es una nazarena”. Y la puerta se cierra blandamente, sin ruido, como la voz de las mujeres en el interior de la vivienda, o como sus pasos de pie descalza sobre la cal de las azateas.
En el recuadro blanco de otra azatea, una mujer se asoma:

-Buenos días, dice. Y sonríe
Es una mujer que quiere conversación. Es la clásica mujer de siempre, atenta a cualquier posibilidad de charla. La voz del ciego insiste, se alza o se pierde, para regresar una vez más, llenando las callejuelas con su eco. De pronto tropieza con él, a bocajarro, en una esquina. Con su cayado tantea los pequeños peldaños. Me hago a un lado y le dejo pasar, mientras inicia una vez más su petición de ayuda.
Toda la calle asciende con mi propia ascensión. Su soberbia sube o baja su propio desnivel. Los edificios son enjutos, sobrios, de pequeñas ventanas altas que coronan las desiguales alturas. No hay tejados; solo una terminación brusca del blanco, cortando en cubos una arquitectura sin complicaciones.
A mi lado pasan los jaiques, las severas chilabas, destacando en lo blanco el amarillo
limón de las babuchas. Los seres van como envueltos en su blancura. La calma de sus
ademanes convierte cada calle en un claustro de mínimas proporciones. Claustro o celda para un pueblo religioso, en el que el silencio tiene una dimensión casi mística”.

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PRÓXIMO NÚMERO

115. Poesía más Poesía: Miguel de Unamuno

MIGUEL DE UNAMUNO

Biografía

Miguel de Unamuno y Jugo nació el 29 de septiembre de 1864 en Bilbao, ciudad que le vio nacer y en la que pasó su infancia y su adolescencia. Fue en Salamanca donde estableció su hogar, donde permaneció de forma casi ininterrumpida el resto de su vida, y donde murió la tarde del último día del año 1936, después de una intensa vida social, política, académica e de poeta.


El padre de Unamuno, Félix de Unamuno se casó con su sobrina Salomé de Jugo con la que tuvo seis hijos de los que Miguel fue el tercero y el primer varón. Su padre era comerciante y la situación económica de la familia Unamuno era desahogada hasta su muerte en 1870, cuando Miguel tenía seis años. La muerte de su padre “condenaría a la familia a una vida austera, de apuros económicos”. Su padre, antes de establecerse definitivamente en Bilbao, había emigrado a Méjico y había amasado una pequeña fortuna de la que disfrutaba su familia. Además, el padre a su regreso trajo consigo una pequeña biblioteca que fue el primer contacto del pequeño Miguel con los libros, entre los que había de Historia, Derecho, Filosofía, Ciencias Sociales y Ciencias Generales.
Con nueve años, estalló la Segunda Guerra Carlista cuando se dispone a tomar su primera comunión, y casi sin saberlo, cobra también conciencia del hecho de la guerra civil”. Unamuno lo consideró “como el primer hecho significativo en su vida: la explosión, el 21 de febrero de 1874, sobre uno de los tejados cercanos a su casa, de una bomba carlista”.
En el bachillerato Unamuno estudió latín, geografía, historia, retórica, álgebra, aritmética, psicología, lógica, ética, etc. En el tercer curso de bachillerato fue cuando Miguel comenzó sus lecturas filosóficas. Por obligación de su profesor debían leer a Balmes y a Donoso Cortés, pero estos autores no satisfacían las inquietudes de Unamuno y comenzó a leer a Kant, Descartes, Hegel, Fichte y Newton, entre otros. Las lecturas de estos autores, de los libros de la pequeña biblioteca que dejó su padre y su propia inquietud intelectual, fueron poniendo las bases del trabajo de Unamuno como literato y pensador.
El viejo Bilbao de las siete calles, del que dice Unamuno en su obra De mi país que fue “mi mundo, mi verdadero mundo, la placenta de mi espíritu embrionario, el que fraguó la roca sobre que mi visión del universo posa”, y que retrató magistralmente en su primera novela Paz en la guerra (1897).
Unamuno terminó el bachillerato y partió hacia Madrid en 1880 para comenzar sus estudios universitarios, la carrera de Filosofía y Letras. Madrid fue otra de las ciudades que dejaron huella en Don Miguel.
Completó su carrera en Madrid y este fue el único periodo de su vida en el que Unamuno permaneció durante largo tiempo en la capital. Unamuno nunca accedió a asentarse en Madrid a pesar de que, incluso su amigo José Ortega y Gasset, siempre quiso que Unamuno estuviera en Madrid y optara a una cátedra en la corte. En sus años universitarios Unamuno aprendió alemán leyendo a Hegel y a Goethe en el Ateneo de Madrid. En este año de 1880 publicó su primer artículo periodístico titulado “La unión hace la fuerza” que apareció en El noticiero bilbaíno. La experiencia de Unamuno en la capital también fue decisiva en su vida por otro importante motivo, pues fue allí donde Unamuno dejó de acudir a misa.

Advierte la importancia de la cultura anglosajona, centroeuropea y nórdica y sigue de cerca la literatura en lengua inglesa e italiana, cuando en España, las mejores cabezas son apenas tributarias y esclavas de la cultura francesa mal digerida. Y no es que desconozca esta cultura, simplemente la sitúa en su lugar entre otras igualmente importantes y trata con ella de poder a poder. Su dominio del griego y del latín clásicos. Como del árabe, hebreo y sánscrito, evidente en sus trabajos de lingüística, se une al perfecto manejo del francés, inglés, alemán, italiano, danés, portugués, gallego, catalán y aun del griego moderno y el milenario vascuence, que con su insuperable dominio del castellano más vivo le abren todas las puertas de la cultura universal.
Es uno de los hombres más culto de su época.

En 1883 hizo su examen de licenciatura, acabó la carrera y en 1884 se doctoró con una tesis titulada Crítica del problema sobre el origen y prehistoria de la raza vasca. Cuando leyó su tesis regresó a Bilbao el mismo año. La principal ocupación de Unamuno a su regreso a Bilbao fue la preparación de oposiciones. En esta época en su ciudad natal comenzó también la militancia socialista de Don Miguel. En 1889 Unamuno hizo su primer viaje al extranjero y visitó dos países, Italia y Francia. Decidida su entrega a la docencia, en el curso de estos años hizo hasta cinco oposiciones a cátedras de Enseñanza Media. Primero a una de Psicología, Lógica y Ética, y luego a otra de Metafísica, ésta de enseñanza superior. “Pero dada mi criterio de entonces en la materia y dada, sobre todo, la independencia del juicio que ya por aquella época era mi dote espiritual, fracasé y no pude sino fracasar, en ambas oposiciones. Quiero decir que me quedé sin ninguna de ambas cátedras. Y entonces decidí, aprovechando mis aficiones a lenguas, opositar a latín y griego. Y después de dos infructuosas oposiciones, a cátedras de latín logré al cabo ganar una cátedra de lengua griega”. obtuvo la plaza para la Cátedra de Griego de la Universidad de Salamanca de la que tomó posesión en junio de 1891. El 2 de octubre de ese mismo año regresó a Salamanca para comenzar las clases.
Antes de ganar las oposiciones, Unamuno había contraído matrimonio el 31 de enero del mismo año con Concha Lizarraga, con la que mantenía un noviazgo desde los doce años. Concha Lizarraga fue su primer amor y permaneció a su lado hasta que ella murió el 15 de mayo de 1934 en Salamanca. Doña Concha tuvo un papel muy importante en la vida de Don Miguel.
Entre sus apuros económicos, entre los desvelos y preocupaciones religiosas, mucho más importantes, en su trabajo de escritor, siempre la figura de aquella fiel compañera acude cada vez que el desánimo se apodera de Unamuno.


Miguel de Unamuno tuvo nueve hijos con Doña Concha: Fernando, Pablo, Raimundín, Salomé, Felisa, José, María, Rafael y Ramón. Unamuno encontró en su hogar la paz y la alegría que en ocasiones le faltaban a causa de sus preocupaciones religiosas, académicas, políticas y sociales. “Junto a sus hijos y a su mujer encuentra algo de sosiego. Fuera, en la lucha, la polémica encarnizada en la universidad y en otros ámbitos de la vida local y nacional”.
Su hijo Raimundo —que nació el 7 de enero de 1896— y su temprana muerte en 1902 influyeron de manera profunda en Don Miguel que vivió muy de cerca su enfermedad: sufría de una meningitis que le produjo una hidrocefalia que resultó fatal. Don Miguel sufrió cada momento de los seis años que vivió su hijo junto a él y no le abandonó nunca, incluso tenía su cuna instalada en su despacho mientras trabajaba.

Unamuno ya estaba instalado en Salamanca con su familia desde 1891 y ejercía su labor docente de forma continua e intachable debido a la propia actitud de Don Miguel como profesor, “era puntual en sus clases y buen cumplidor de los deberes académicos. Recuerdos elogiosos de su magisterio han suscrito varios de sus discípulos”. Al mismo tiempo estaba escribiendo su primera gran obra dentro de la prolífica producción de Don Miguel que abarca numerosos géneros como la novela, la poesía, el teatro o el ensayo. En 1897 se publicó Paz en la guerra, novela centrada en la Segunda Guerra Carlista y en el sitio de Bilbao en 1874.
En el mismo año de la publicación de Paz en la guerra se produjo una experiencia en la vida de Unamuno que le llevó a sufrir su gran crisis religiosa de 1897.
Unamuno había caído en un cierto agnosticismo en su etapa de universitario en Madrid y esta crisis la interpretó como una especie de conversión, un principio para recuperar la fe que había perdido hacía ya años.
Fruto de esta crisis religiosa, Unamuno escribió y leyó en 1899 en el Ateneo de Madrid un ensayo titulado “Nicodemo el fariseo” que fue el primero de una obra que empezó a escribir y que, en un principio, tituló Meditaciones evangélicas pero que nunca llegó a terminar. No obstante, “el contenido de todas ellas, años más tarde, está refundido en Del sentimiento trágico de la vida”. En este texto, “Nicodemo el fariseo”, aparecen ya esbozadas algunas de las ideas capitales de la filosofía de Unamuno, como la idea del poder creador de la fe: “Cuando la razón me dice que no hay finalidad trascendente, la fe me contesta que debe haberla, y como debe haberla la habrá. Porque no consiste tanto la fe, señores, en crear lo que no vimos, cuanto en crear lo que no vemos. Sólo la fe crea”. “Nicodemo el fariseo” es el ensayo que mejor refleja el cambio que se dio en la religiosidad de Don Miguel a partir de la crisis de 1897, “estado que, representa mejor que ningún otro escrito”, y que “subsiste hasta el momento en que Unamuno descubre que ‘Dios es ateo’, es decir, hasta cuando comprende que no puede volver a la fe de la infancia que añora.


Durante esos primeros años en Salamanca Don Miguel acudía a sus clases, atendía a sus obligaciones familiares y docentes, al mismo tiempo que seguía publicando escritos que agitaban, de algún modo, la vida local de Salamanca y la vida nacional. Pero Unamuno siempre se negó a ser un dirigente político.
En una superficial aproximación a la vida cotidiana de Unamuno pudiera parecer que esta vida tranquila que llevaba en Salamanca era fiel reflejo de la propia actitud de Don Miguel pero él, lejos de desentenderse de los problemas que afectaban a España, seguía muy de cerca la vida nacional y la vida de la ciudad de Salamanca y de su universidad. De hecho, el 30 de octubre de 1900 Unamuno fue nombrado rector de la Universidad de Salamanca —después de no pocas polémicas entre los miembros del claustro— con el apoyo del alumnado pero sin el respaldo de la mayoría de aquél, que se había inclinado hacia el lado del rector saliente, Don Mamés Esperabé Lozano, y que no veía con buenos ojos el nombramiento de Unamuno. Don Miguel aún le dio más razones para su antipatía al hacerse cargo de la reorganización de la universidad y crear una cátedra de Filología comparada de latín y castellano que el mismo rector desempeñó. Emilio Salcedo narra de este modo el nombramiento del nuevo rector en su exhaustiva biografía de Don Miguel:
El acto es breve (…) De sí les dice que espera poder hacer algo, que lo creía posible y que la única manera de saberlo era comprobándolo al frente de la universidad. Terminó pidiendo leal colaboración (…) Al salir del aula, los estudiantes aclaman a Unamuno, le aplauden y piden a gritos que vaya al Paraninfo. Y allá van. El rector ya es Unamuno; el rector dirige a los estudiantes unas breves palabras (…) Y termina, contemplando el rostro de algunos de sus compañeros de claustro, presintiendo la dura lucha que se le avecina: “Huid de albergar en vuestra alma la envidia y la soberbia”.
Unamuno ocupó la rectoría hasta 1914, año en el que fue destituido por primera vez como máxima autoridad de la Universidad de Salamanca. Durante estos catorce años como rector, Unamuno publicó algunas de sus obras capitales. El mismo año de su nombramiento, Don Miguel escribió Tres ensayos (1900) que plantea el problema de la personalidad íntima, ya sea personal o colectiva. Dos años más tarde apareció Amor y pedagogía (1902) — novela a la que Unamuno había titulado originariamente Todo un hombre— y Paisajes (1902).

La gran variedad de temas de Unamuno y su uso de diferentes géneros iban haciéndose patentes en la producción de Don Miguel, pues el cambio de tono de sus obras es sorprendente: cómo pasa del tono de “subjetividad crítica, desnudez y arbitrariedad de Amor y pedagogía”, a la descripción de los diferentes paisajes que lleva a cabo en Paisajes. Estos lugares y paisajes que visitó se quedaban grabados en la retina de Don Miguel, en la memoria del artista que era Unamuno, en la mirada del hombre que usaba las palabras para describir el mundo, pero que también sabía pintarlo con los trazos de su lapicero de dibujar que tantas veces había utilizado en sus años de juventud. “El paisaje como asunto literario es género en el que Unamuno ha dejado marca personalísima”. Unamuno es capaz de escribir una novela, Amor y pedagogía en la que trata de caracterizar la filosofía, y un año más tarde publicar De mi país (1903), recopilación de artículos periodísticos que Don Miguel publicó en el diario bilbaíno El Nervión “sobre motivos costumbristas, aderezados con reflexiones sociológicas y literarias”.
En 1905 Unamuno publicó una de sus obras filosóficamente más relevantes, Vida de Don Quijote y Sancho, en la que se pueden encontrar algunas de sus tesis filosóficas más importes mediante comentarios a pasajes de la novela de Cervantes, de “nuestra Biblia nacional”, como le gustaba llamarla a Unamuno. Este ensayo sobre la obra de Cervantes supuso un nuevo motivo para alimentar aun más, a través de la escritura, el afán de inmortalidad de Don Miguel. Este “hambre de inmortalidad”— expresión que el propio Unamuno usa para acentuar el carácter instintivo que cree que posee en el ser humano el deseo de inmortalidad— “explica la atracción de figuras novelescas como las de Don Quijote y Sancho, llamados a no morir, portadores de alguna manera del espíritu creador”.
La producción literaria de Unamuno en estos catorce primeros años de rectorado fue muy prolífica. Después de Vida de Don Quijote y Sancho, Unamuno cambió de género y publicó en 1907 una obra que tituló Poesías. Al año siguiente escribió la obra en la que mejor recogió sus recuerdos pasados y que llevó por título Recuerdos de niñez y mocedad. En 1909, Unamuno volvió a cambiar de género y publicó dos obras teatrales, La esfinge y La difunta.

De la profusión. De Soliloquios y conversaciones:

Ahora, estoy recogiendo más datos de esta tragicomedia, de esta farsa fúnebre. Pensé primero hacer de ello un sainete; pero considerándolo mejor he decidido meterlo de cualquier manera, como Cervantes metió en su Quijote aquellas novelas que en él figuran, en una novela que estoy escribiendo para desquitarme de los quebraderos de cabeza que me da el embarazo de mi mujer.
Pero ¿te has metido a escribir una novela?
¿Y qué quieres que hiciese?
¿Y cuál es su argumento, si se puede saber?
Mi novela no tiene argumento, o mejor dicho, será el que vaya saliendo. El argumento se hace él solo.
¿Y cómo es eso?
Pues mire, un día de éstos que no sabía bien qué hacer, pero sentía ansia de hacer algo, una comezón muy íntima, un escarabajeo de la fantasía, me dije: voy a escribir una novela, pero voy a escribirla como se vive, sin saber lo que vendrá. Me senté, cogí unas cuartillas y empecé lo primero que se me ocurrió, si saber, lo que seguiría, sin plan alguno. Mis personajes se irán haciendo según obren y hablen, sobre todo según hablen; su carácter se irá formando poco a poco. Y a las veces su carácter, será el de no tenerlo.
Sí, como el mío
No sé. Ello irá saliendo. Yo me dejo llevar.

Convéncete, pues, de que meditas más y mejor escribiendo estas cosas como la que ahora te estás dirigiendo aquí a ti mismo, que no encerrándote en tu cuarto a eso que se llama meditar y no es sino divagar. La necesidad de dar a tu pensamiento expresión trasmisible es lo que le ata a proceso vivo y eficaz. Con la pluma en la mano es como mejor se te ocurren las cosas, y es porque entonces no piensas para ti mismo, sino que piensas para los demás. Pensar para sí mismo no es, en rigor, pensar, es perderse en vagas ensoñaciones como el que se pasea por los bodes del sopor contemplando las espirales del humo del cigarro. Pensar es pensar para los demás; pensar es una función social

Unamuno ya era un escritor reconocido, capaz de abarcar numerosos temas en diversos géneros: había publicado ensayo, poesía, teatro y novela. Su producción de textos no cesó hasta el mismo año de su muerte. En 1910 vio la luz la colección de ensayos que Unamuno tituló Mi religión y otros ensayos breves que se caracteriza por la notable diversidad de temas que Unamuno trata: la religión, la verdad, la política, la cultura, la pornografía, la lujuria, la opinión pública, además de escribir sobre otros literatos y pensadores cuyas obras conoce como Ibsen o Kierkegaard, al que comenzó a leer en 1901 y que le sirvió de “compañero de su nueva trayectoria.
Unamuno continuaba con su infatigable labor escritora y en 1911 publicó tres obras: Rosario de sonetos líricos, Por tierras de Portugal y España y Soliloquios y conversaciones; y en 1912 otra colección de ensayos con un título que podría corresponder muy bien con el temperamento del propio Unamuno, Contra esto y aquello. Las cargas familiares y los compromisos que de ellas se derivaban obligaban a Unamuno a trabajar sin descanso: escribía numerosos artículos para diferentes diarios, pronunciaba conferencias en diversos lugares, además de escribir sus obras y cumplir puntualmente con su responsabilidad docente y su responsabilidad académica como máxima autoridad de la universidad.
El año 1913 fue un año notable dentro de la producción escrita de Don Miguel pues publicó nada menos que cuatro obras entre las que se encuentra la que se puede considerar la obra más genuinamente filosófica de Don Miguel: Del sentimiento trágico de la vida en los hombres y en los pueblos. Las otras tres obras que publicó Unamuno en 1913 corresponden, en primer lugar, a una colección de cuentos que recogió en un volumen y tituló El espejo de la muerte. Y, en segundo lugar, a dos obras teatrales que aparecieron con los títulos de La venda y La princesa doña Lambra que se publicaron juntas en un mismo volumen.
La obra Del sentimiento trágico de la vida está compuesta por nueve ensayos y un epílogo dedicado a Don Quijote en la tragicomedia europea contemporánea. En ella Unamuno recogió sus principales preocupaciones filosóficas agrupadas en torno al recurrente tema unamuniano de la inmortalidad humana. En esta obra es donde claramente se puede encontrar la síntesis de las inquietudes y cuestiones filosóficas de Unamuno en torno a la inmortalidad. En palabras de Julián Marías, “el tema de Unamuno (…) es, pues, el hombre en su integridad, que va de su nacimiento a su muerte, con su carne, su vida, su personalidad y, sobre todo, su afán de no morirse nunca”. En una carta a Pedro Jiménez Ilundain Unamuno dio noticia de esta obra que comenzó a publicar por entregas en 1911 y que más tarde reagrupó en su forma definitiva:
A la vez he enviado ya a La España moderna el primero de mis ensayos, bajo el título común de Del sentimiento trágico de la vida en los hombres y en los pueblos. Serán siete u ocho ensayos que luego constituirán un libro. En ellos he refundido mi Tratado del amor de Dios que, en la forma que lo planeé primero, me iba resultando irrealizable. Hay un ensayo dedicado a la lucha del Papado contra el sillonismo41, el modernismo, etc., justificándola en cierto modo. Y todo ello acaba estableciendo la filosofía de la incertidumbre y la desesperación. En el fondo algo pesimista.
En el verano de 1914, Unamuno llevó a su familia a pasar las vacaciones a Portugal, pero él debía regresar antes a Salamanca por los compromisos que le reclamaban allí. El 30 de agosto Don Miguel ya estaba en la ciudad castellana y se enteró de manera indirecta de su propia destitución:
En la Plaza Mayor cuelgan los periódicos locales unas carteleras en que dan avances de las noticias más salientes que van a publicar. Los titulares de la guerra europea llenan las planas de todos los diarios y la gente tiene avidez de noticias. Entre los telegramas de la guerra, la agencia de información lanza una bomba auténtica: Bergamín ha destituido al rector. Y Unamuno se entera bajo los soportales de la Plaza Mayor de Salamanca, en la cartelera de un periódico.
El año de la publicación de su famosa obra Niebla (1914), es también el año en el que comenzó una de las etapas más duras de Unamuno, la de los últimos veintidós años de su vida, que estuvo marcada por su primera destitución como rector y por la infatigable campaña política que emprendió Unamuno a partir de entonces. Este activismo político le llevó a sufrir un destierro que le alejó de su país y de su familia, además de una condena de dieciséis años de presidio en 1920 por injurias contra Alfonso XIII escritas en un artículo. El motivo que precipitó su destitución como rector fue el problema que tuvo Unamuno con las autoridades políticas por la convalidación del título de bachiller a un colombiano por el que el ministro Bergamín le reclamó. Unamuno contestó a Bergamín —que no profesaba una gran admiración por Unamuno— justificando la decisión que había tomado con arreglo a la ley vigente, pero parece que el tema no quedó zanjado en este cruce de notas entre el rector de Salamanca y el ministro Bergamín. De este modo, Unamuno perdió la rectoría por motivos que él mismo en un escrito público afirmó que aún desconocía en el momento de su destitución. Según sus propias explicaciones, él había actuado correctamente e hizo pública su disconformidad con la decisión que había tomado el gobierno y que consideraba absolutamente injusta.
Probablemente motivos políticos llevaron a Bergamín a tomar esta decisión, y el talante polémico y díscolo de Don Miguel no ayudara mucho a mantener la armonía entre las autoridades del gobierno y la propia autoridad de Unamuno en la universidad. Ferrater Mora interpreta el motivo de la destitución de Unamuno con estas palabras que bien pudieran caracterizar el propio talante político de Unamuno:
Esta destitución tuvo lugar en 1914 (…) y el motivo de ella fue precisamente la denuncia de la incompatibilidad entre la dedicación pedagógica y la política. Denuncia curiosa en un país donde más que en una gran mayoría de otros las fallas de la política son tan graves que es obra de caridad repararlas por todos los medios que se pueda entre ellos, por la pedagogía. Sobre todo cuando por “pedagogía” se entiende el trabajo a favor de la regeneración material y moral del país, el esfuerzo denodado para que el país se avive, labore, crea, sea.
A partir de su destitución Unamuno se involucró de forma más activa en cuestiones políticas. En mayo de 1927 Don Miguel participó como orador en el gran mitin de la izquierda celebrado en la plaza de toros de Madrid. Y en septiembre de ese mismo año fue elegido concejal en el Ayuntamiento de Salamanca. En 1920 Unamuno dio el salto a la política nacional y presentó su candidatura a las elecciones de diputados, además de presentarse en 1922 como candidato republicano a las Cortes. Pero antes de esta candidatura Unamuno estaba haciendo frente a sus problemas con la justicia causados todos por el mismo motivo: proferir injurias contra el rey Alfonso XIII. En una carta a Pedro Jiménez Ilundain lo explica el propio Unamuno:
Estoy sometido desde hace año y medio a tres procesos. Los tres en Valencia y los tres por supuestas injurias por escrito a S. M.; y estoy en libertad provisional, con obligación de presentarme en el Juzgado los días 1 y 15 de cada mes, con retención de la séptima parte del sueldo. Alcanzó el indulto; mas, para obtenerlo, he de someterme a juicio, y no quiero. No paso por esa farsa de que no retire el Fiscal la acusación, o más bien que retire en dos y acaso me condenen en el tercero y me indulten .
Los problemas con el gobierno y la justicia se agravaron más aún a partir del golpe de estado de Primo de Rivera —que se produjo el 13 de septiembre de 1923— que acabó por exasperar el talante luchador de Unamuno y que terminó con su condena a destierro.

El filósofo Miguel De Unamuno junto con sus alumnos en Salamanca.

Entretanto, Don Miguel seguía escribiendo y publicando. Desde 1917 hasta 1924 Unamuno publicó una docena de obras relevantes. Dentro de los ensayos y artículos editó tres obras: Ensayos (1916-1918), Sensaciones de Bilbao (1922) y Andanzas y visiones españolas (1922). Además no dejó de cultivar su faceta de novelista y escribió tres de sus novelas más populares: Abel Sánchez (1917), Tres novelas ejemplares y un prólogo (1920) y La tía Tula (1921). Tres obras poéticas corresponden también a esta etapa, entre las que se incluyen una de las obras en verso más importantes que escribió Unamuno: El Cristo de Velázquez (1920), además publicó Rimas de dentro (1923) y Teresa (1923). Por último, Unamuno escribió tres obras teatrales que tituló con diferentes nombres de mujer: Fedra (1921), Soledad (1921) y Raquel (1921).
Esta es la mejor prueba del espíritu infatigable de Don Miguel que no abandonó su profesión y su vocación como escritor a pesar de todos los problemas políticos en los que estaba involucrado. Unamuno seguía trabajando sin descanso por su familia y por su empeño en arreglar los problemas políticos y sociales de su país que le afectaban tanto como los problemas filosóficos y religiosos que le atormentaban. Unamuno llegó a obsesionarse con el estado de España, llegó a preocuparse de manera tal que no veía solución a los problemas que afectaban al país. En una carta a Ilundain, Unamuno expresa su falta de esperanza por encontrar alguna solución próxima:
Lo de aquí cada vez peor. Vivimos bajo un compacto y enorme nubarrón negro, preñado de pedrisco, que nos cubre todo el cielo, nos quita el sol, nos amaga con apedrearnos cualquier día. Yo me consumo en una expectativa incesante. El sentimiento de incertidumbre e inseguridad es general y continuo. Nadie sabe lo que va a pasar aquí. Y lo más terrible sería que no pasase nada.
Unamuno también participó de manera activa en la vida académica de la Universidad de Salamanca, pues a pesar de su destitución como rector de 1914, el 19 de noviembre de 1921 es nombrado decano de la Facultad de Letras y vicerrector y, a su vez, ejercía como rector en funciones. Dos años después Unamuno presentó su dimisión para ambos cargos pero fue confirmado en los puestos por la mayoría del claustro. Don Miguel seguía siendo una autoridad académica y moral en la propia universidad. Pero este activismo político de Unamuno y su perpetua crítica a las autoridades políticas —que ya se habían personalizado en la figura de Primo de Rivera después del golpe de estado— precipitaron los acontecimientos y el 20 de febrero de 1924 fue el día en el que la vida del entonces vicerrector dio un giro completo. Ese día el gobernador de Salamanca recibió del gobierno la orden de cesar a Unamuno de sus puestos en la universidad y la pena que le condenaba al destierro.
Esta noticia no pasó inadvertida de ningún modo y las protestas contra el destierro de Unamuno se extendieron por todo el país y por el extranjero, por todo el continente europeo y por Hispanoamérica. A pesar de ello, Unamuno tuvo que abandonar la península y el 10 de marzo de 1924 llegó a Fuerteventura, lugar elegido para el confinamiento de Don Miguel. Durante su estancia en la isla Unamuno recibía noticias de la península e incluso le visitaron algunas personas. Entre ellas se encontraba Henri Dumay que propuso a Don Miguel un plan de fuga desde la isla a París, al que Unamuno accedió después de no pocas dudas por abandonar definitivamente su país. El talante luchador de Unamuno contra la política nacional no cesó ni siquiera en su destierro. Unamuno continuó su lucha:
Desde Fuerteventura siguió hablando y escribiendo contra el dictador y contra el monarca, y cuando el director de Le Quotidien, donde Don Miguel colaboraba, le preparó la huida de la isla, partió de ésta hacia Francia para proseguir allá, sin momento de tregua, y en destierro voluntario, su oposición indomado.
Unamuno llegó a París el 28 de julio de 1924 pero su estancia en aquella ciudad era ya un destierro voluntario, porque antes de abandonar Fuerteventura había llegado a la isla el indulto del gobierno. Unamuno decidió exiliarse en Francia por propia voluntad, pues a pesar de ese indulto seguía manteniendo su postura contraria al régimen español. Este destierro, además de mantenerle lejos de su familia y de la ciudad de Salamanca que consideraba su hogar —ambas cosas entristecían profundamente a Don Miguel—, le costó su cátedra en Salamanca de la que fue despojado por no acudir a sus clases, después de treinta y cinco años en posesión de ella. Unamuno siguió escribiendo en París contra los políticos españoles pero no dejó de lado su tarea como novelista y fue en la capital francesa donde escribió Cómo se hace una novela (1925).
Unamuno ya no se sentía bien en París, dudaba si volver a España, entonces decidió abandonar París pero no regresó a su patria sino que tomó un tren y se quedó en Hendaya desde donde podía contemplar el País Vasco. En 1928 comenzó a colaborar con Eduardo Ortega y Gasset —hermano de José Ortega y Gasset— en la publicación de Hojas Libres, pequeña revista contra el régimen de Primo de Rivera que se difundía en España clandestinamente. Unamuno ya no pudo soportar más la lejanía de su familia y de su país y el 9 de marzo de 1930 atravesó a pie hasta España por el pueblo fronterizo guipuzcoano de Irún.
Unamuno tardó varios días en regresar a Salamanca, antes de eso fue de Irún a San Sebastián y de allí a Bilbao. En su camino a Salamanca se detuvo en Valladolid. Cuando por fin llegó a Salamanca su recibimiento fue apoteósico. Por fin volvía el rector. Unamuno tenía muchos enemigos pero mucha gente veía también en Don Miguel al rector, al hombre luchador, a aquel hombre que había sufrido pena de destierro y procesos judiciales por defender el país contra aquellos que él consideraba que llevaban el destino de España hacia un camino que no era el correcto.
Durante su estancia en tierras extrañas tampoco Unamuno dejó de producir. Durante su destierro escribió Sombras de sueño (1930) que es la adaptación de su obra de teatro Tulio Montalbán y Julio Macedo —que se publicó en 1927—, El hermano Juan o el mundo de teatro que se publicó en 1934. Las obras más importantes fruto de su experiencia en el destierro son Cómo se hace una novela (1925), los versos de De Fuerteventura a París (1925) —ambas publicadas en París—, y Romancero del destierro (1928). En 1925 en París, Unamuno también publicó La agonía del cristianismo.
La situación política en España cambió. El rey salió hacia el exilio y se proclamó la Segunda República. El propio Unamuno fue el encargado de anunciarla en Salamanca. En este año de 1931 no sólo el sistema político español cambió, también la situación de Unamuno volvió a normalizarse, volvió a parecerse a aquel estado de reconocimiento y de popularidad que dejó atrás el mismo día de su destierro. En 1931 Unamuno publicó otra novela que alcanzó gran reconocimiento, San Manuel Bueno, Mártir; y tres historias más.
Además Don Miguel fue nombrado “alcalde-presidente honorario” del primer ayuntamiento de la Segunda República en Salamanca. Y de nuevo Unamuno volvió a ocupar la rectoría que le habían arrebatado hacía diecisiete años. El 18 de abril de 1931, Unamuno fue nombrado de nuevo rector de la Universidad de Salamanca. Al mes siguiente se publicó en el periódico norteamericano The New York Times un artículo redactado por el propio Unamuno sobre la nueva situación política española. El año 1931 fue el gran regreso de Don Miguel como personaje público y reconocido no solo por la mayoría de la ciudad de Salamanca, sino también por todo el país y por muchos países del extranjero en los que las obras de Don Miguel ya habían empezado a ser traducidas, países como Francia e Italia, y en el continente americano, en el que Unamuno hacía ya años que colaboraba en algunos diarios como el argentino La Nación.
De hecho, en el año 1934, Unamuno fue nombrado Doctor Honoris Causa por la universidad francesa de Grenoble, y de nuevo en 1936, la Universidad de Oxford hizo lo propio y Don Miguel viajó hasta Inglaterra para acudir a su investidura. El propio gobierno volvía a reconocer el peso público de Don Miguel y el 27 de abril de 1931 le nombró presidente del Consejo de Instrucción Pública —cargo del que dimitió un año después, el 1 de mayo de 1932—, y en 1935, el Consejo de Ministros le nombró ciudadano de honor. Unamuno ya había entrado de nuevo en la vida política del país con todas sus esperanzas puestas en la nueva república de la que en los dos últimos años de su vida acabaría desilusionándose. Don Miguel seguía presente en la vida pública.

Jean Cassou —el traductor francés que Unamuno conoció en París— caracteriza el talante de Unamuno en el texto a modo de prólogo que escribió para la edición francesa de la primera publicación de Cómo se hace una novela, con las siguientes palabras:
Tal es la agonía de Don Miguel de Unamuno, hombre en lucha, en lucha consigo mismo, con su pueblo y contra su pueblo, hombre hostil, hombre de guerra civil, tribuno sin partidarios, hombre solitario, desterrado, salvaje, orador en el desierto, provocador, irreconciliable, enemigo de la nada y a quien la nada atrae y devora, desgarrado entre la vida y la muerte, muerto y resucitado a la vez, invencible y siempre vencido.
Participando de manera práctica también en la vida política Unamuno fue elegido diputado a Cortes por la ciudad de Salamanca. Acabó hastiado de los asuntos políticos y dejó de creer en la república que se estaba fraguando en el país y abandonó las Cortes.

Ferrater Mora resume con las siguientes palabras esta etapa agitada de Don Miguel en la vida política nacional:
Fue proclamado en 1935 ciudadano de honor de la República y recibió, entre grandes festejos, en 1934, la jubilación de su cátedra, nombrándosele simultáneamente rector perpetuo de Salamanca. Estas consagraciones marcaron el fin de una etapa turbulenta que todavía había perdurado en las Cortes Constituyentes donde sus discursos eran, al tiempo que orlados de doctrina, repletos de incisivos ataques.
En efecto, el 29 de septiembre de 1934 llegó el momento de dar la última clase de Don Miguel como profesor de la Universidad de Salamanca. Pero su jubilación no fue acogida como el retiro de cualquier profesor. El aula donde Don Miguel impartió su última lección se llenó, todos querían acudir a la última clase de Don Miguel, todos apreciaban al viejo catedrático luchador que había sido centro y figura de los treinta y cuatro últimos años de la Universidad. Se celebraron grandes fiestas en honor y, como homenaje a Don Miguel, se creó una cátedra con su nombre con la que Don Miguel poseía plena libertad para regentarla a su parecer.
Pero Unamuno volvió a levantarse y a rebelarse contra lo que no le parecía bien y denunció al gobierno de la República. Este levantamiento contra la autoridad produjo una nueva destitución, esta vez, el gobierno destituyó a Unamuno como rector perpetuo y anuló la creación de la cátedra que llevaba su nombre. En abril de 1936 Don Miguel ya estaba enfermo y distanciado de sus amistades por haber apoyado a los militares —que posteriormente se alzaron el 18 de julio de 1936—, aunque posteriormente fue repudiado en Salamanca por republicano. “El claustro unánimemente, decide retirar su confianza a Don Miguel de Unamuno y pedir al general Franco su destitución como rector perpetuo de Salamanca” que le destituyó el 22 de octubre mediante decreto.


En el mismo año de su muerte ocurrió un hecho que fue el máximo ejemplo del perpetuo talante crítico de Don Miguel con las autoridades políticas. Enfrentado ya con los militares, con el nuevo gobierno militar del general Franco, Unamuno fue protagonista de un enfrentamiento con el general Millán Astray. Se celebraba en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca un acto literario en conmemoración de la festividad de la raza. El acto era presidido por Miguel de Unamuno. A este acto acudió también la esposa del general Franco, Carmen Polo de Franco que tomó asiento a la derecha del rector, Don Miguel. El guión del acto se componía de diferentes discursos en torno al tema de la raza. Después de terminar todos los oradores, tomó la palabra Don Miguel para cerrar el acto, a pesar de que había anunciado que no lo haría. Unamuno sostenía en sus manos una cuartilla doblada con notas que había ido tomando a lo largo de las intervenciones de los anteriores oradores. Unamuno comenzó su intervención haciendo una dura crítica a la guerra civil con estas famosas palabras:
La nuestra es una guerra incivil. Nací arrullado por una guerra civil y sé lo que digo. Vencer no es convencer y hay que convencer, sobre todo, y no puede convencer el odio que no deja lugar para la compasión; el odio a la inteligencia.
Don Miguel continuó su discurso defendiendo a vascos y catalanes, remitiéndose a sus orígenes vascos. El general Millán Astray airado, golpeó violentamente la mesa e interrumpió el discurso de Don Miguel pronunciando unas palabras a favor del levantamiento militar, defendiendo a los soldados y terminó gritando “¡Mueran los intelectuales!, ¡Viva la muerte!”. Don Miguel, fiel a sus principios y a sus palabras, replicó dirigiéndose directamente al general. El espectáculo ya estaba servido, el público se escandalizó por lo que estaba aconteciendo, y comenzaron a abuchear a Don Miguel. La esposa de Franco entonces tomó del brazo a Unamuno y ayudada por su guardia personal consiguió sacar a Don Miguel del Paraninfo y llevarle hasta su casa. Este incidente le costó a Don Miguel los reproches y el ser repudiado por algunos sectores de la ciudad de Salamanca que lo tacharon de “rojo”, y de posicionarse en contra de España.
Aislado, repudiado por el gobierno y hastiado de tanta polémica, Unamuno decidió recluirse en su propia casa, decidió encerrarse voluntariamente y alejarse de la vida pública como forma de protesta. Don Miguel ya no recibió el nuevo año, murió de repente el último día del año 1936, año en el que la guerra civil que estalló trajo nuevos e importantes cambios que dividieron de nuevo la España que tanto había preocupado a Don Miguel.

POEMAS

CREDO POÉTICO

Piensa el sentimiento, siente el pensamiento,
que tus cantos tengan nidos en la tierra
y que, cuando en vuelo a los cielos suban,
tras las nubes no se pierdan.

Peso necesitan, en las alas peso,
la columna de humo, se disipa entera,
algo que no es música es la poesía,
la pesada sólo queda.

Lo pensado es, no lo dudes, lo sentido.
¿Sentimiento puro? Quien en ello crea
de la fuente den sentir nunca ha llegado
a la vida y honda vena.

No te cuides en exceso del ropaje,
de escultor y no de sastre es tu tarea,
no te olvides de que nunca más hermosa
que desnuda está la idea.

No el que un alma encarna en carne, ten presente,
no el que forma da a la idea es el poeta,
sino que es el que alma encuentra tras la carne,
tras la forma encuentra idea.

De las fórmulas la broza es lo que hace
que nos vele la verdad, torpe, la ciencia;
la desnudas con tus manos y tus ojos
gozarán de su belleza.

Busca líneas de desnudo, que, aunque trates
de envolvernos en lo vago de la niebla,
aun la niebla tiene líneas y se esculpe
ten, pues, ojos, no los pierdas.

Que tus cantos sean cantos esculpidos,
ancla en tierra mientras tanto que se elevan;
el lenguaje es, ante todo, pensamiento
y es pensada su belleza.

Sujetemos en verdades del espíritu
las entrañas de las formas pasajeras,
que la idea reine en todo soberana;
esculpamos, pues, la niebla.

LEER, LEER, LEER, VIVIR LA VIDA

Leer, leer, leer, vivir la vida
que otros soñaron.
Leer, leer, leer, el alma olvida
las cosas que pasaron.
Se quedan las que quedan, las ficciones,
las flores de la pluma,
las solas, las humanas creaciones,
el poso de la espuma.
Leer, leer, leer; ¿seré lectura
mañana también yo?
¿Seré mi creador, mi criatura,
seré lo que pasó?

ME DESTIERRO A LA MEMORIA

Me destierro a la memoria,
voy a vivir del recuerdo.
Buscadme, si me os pierdo,
en el yermo de la historia,

que es enfermedad la vida
y muero viviendo enfermo.
Me voy, pues, me voy al yermo
donde la muerte me olvida.

Y os llevo conmigo, hermanos,
para poblar mi desierto.
Cuando me creáis más muerto
retemblaré en vuestras manos.

Aquí os dejo mi alma-libro,
hombre-mundo verdadero.
Cuando vibres todo entero,
soy yo, lector, que en ti vibro.


CANCIONERO 242

Preso estuvo Colón,
preso Cervantes,
y no por los gigantes,
y Fray Luis de León
¡ay la Inquisición!
preso Quevedo
«¿nunca se ha de decir lo que se siente?»
quiero y no puedo.

España una prisión,
su entraña se resiente
y engendra la desidia,
la desidia la envidia.

¡Ay terrible llaneza,
española grandeza,
que allana la cabeza que se encumbre,
la que no se haga a la común costumbre!;
¡ay triste pesadumbre
del corazón castizo
con un amor de tierra quitadizo!

«La sombra de Caín» (dijo Machado)
del labrador
que quería por fuerza ser amado
conquistador.

¡Ay santísima gana!
derretida en galbana, que es desgana,
pues por tristes pasiones
no,
es que nos sale… de los corazones.

Mas al cabo ha llegado el estrambote,
cofradía estrambótica,
la que lleva por mote:
¡La Unión Patriótica!

CANCIONERO 99

¡Qué tontos se han vuelto todos!
No hacen sino repetir
las más viejas tonterías;
¡tal es nuestro porvenir!

Prosa, prosa, prosa, prosa,
y en prosa lo he de decir
por no callarme; callarme
me es lo mismo que morir.

Prosa pura que en pureza
da poesía sutil
sin rodeos ni metáforas
yendo derecha a su fin.

Prosa que se rinda al canto;
el canto le hará sufrir
el yugo del ritmo noble,
sin el cual es prosa vil.
Multiplicación y suma,
cantándolas aprendí,
mas no se aprende cantando
ni a restar ni a dividir.

10 de abril de 1928

CANCIONERO 68

No la acción, no la acción, antes el acto
no la Pasión, sino lo padecido;
religión y política son hechos.
¿Doctrinas? Dios me libre. Sucumbimos

a los tiranos que por burla torpe
de verdugos en jueces convertidos,
hacen sistema de la tiranía
y la bautizan nombre de fajismo.

No el acto puro, pura nadería
de filósofos que hacen los esbirros
y que pintan con éter en el éter éter,
como Jean Paul, el pobre, dijo.

Nada de puro, la pureza es mengua;
sin sales de la tierra y sus residuos
es impotable el agua destilada
e irrespirable puro el cielo mismo.

Dejaré a esos serviles mentecatos,
que prediquen la acción, el tío vivo,
y aquí a quijotear, que Don Quijote
no fue un puro doctor en quijotismo.

27 de marzo de 1928

CANCIONERO 97

–¿Qué me dices de mi España,
palomita mensajera,
que has cruzado por sus campos
camino de la frontera?

–Que la vi a vista de pájaro,
pues no vuelo a ras de tierra;
todo estaba tan tranquilo
como en un día de fiesta.

–¿Qué me dices, palomita?
¿Qué me dices, mensajera?
¿Quieres decir tan tranquilo
como en una hora de siesta?

–Huyo de los cazadores
ansiosos de una merienda;
no quiero que de mi pecho
hagan carne de escopeta.

–¿Y por eso es que no has visto
si la fiesta es más que siesta?
No sabes, mi palomita,
ni de la misa la media.

–No saber es lo que vale,
que el que sabe se enajena;
tradición es de palomas
la santísima inocencia.

–¿Y por qué traes en el pico,
palomita mensajera, 
esa ramita de oliva?
¿La mercaste en una feria?

–Lo que merqué fue aceituna
que se me ha caído a tierra,
y ahora no más que un recuerdo
es el ramito que queda.

–¿Recuerdo o señuelo? dime:
te has hecho refitolera;
estaba yo equivocado
pues sabes más de la cuenta.

–Mi sencillez ha aprendido
de la serpiente prudencia
y ha enseñado a la serpiente
sencillez como defensa.

–Pues, vuélvete, palomita,
vuelve al palomar y espera
que por sencilla y prudente
acabes en la cazuela.

9 de abril de 1928

CANCIONERO 307

«¿Qué es la verdad?»–y volvióse.
«¿La verdad? Un espantajo;
quede a Vargas el escéptico,
que es escriba, averiguarlo».

«No encuentro en él culpa alguna”;
luego se lavó las manos,
«chinchorrerías rabínicas
¡pobre pueblo soberano!»

«Orden, orden, salus pópuli
suprema lex esto, palo!
«Al palo con él, y déjenme
de una vez en paz, ¡marranos!»

«La autoridad ante todo
mi profesión es el mando,
la justicia es pura letra,
mera invención de letrados».

«Escrito queda lo escrito»,
dijo a lo Blas, el dogmático.
Era romano de raza
todo un patriota Pilatos.

31 de julio de 1928

De la profusión. De Soliloquios y conversaciones:

Ahora, estoy recogiendo más datos de esta tragicomedia, de esta farsa fúnebre. Pensé primero hacer de ello un sainete; pero considerándolo mejor he decidido meterlo de cualquier manera, como Cervantes metió en su Quijote aquellas novelas que en él figuran, en una novela que estoy escribiendo para desquitarme de los quebraderos de cabeza que me da el embarazo de mi mujer.
Pero ¿te has metido a escribir una novela?
¿Y qué quieres que hiciese?
¿Y cuál es su argumento, si se puede saber?
Mi novela no tiene argumento, o mejor dicho, será el que vaya saliendo. El argumento se hace él solo.
¿Y cómo es eso?
Pues mire, un día de éstos que no sabía bien qué hacer, pero sentía ansia de hacer algo, una comezón muy íntima, un escarabajeo de la fantasía, me dije: voy a escribir una novela, pero voy a escribirla como se vive, sin saber lo que vendrá. Me senté, cogí unas cuartillas y empecé lo primero que se me ocurrió, si saber, lo que seguiría, sin plan alguno. Mis personajes se irán haciendo según obren y hablen, sobre todo según hablen; su carácter se irá formando poco a poco. Y a las veces su carácter, será el de no tenerlo.
Sí, como el mío
No sé. Ello irá saliendo. Yo me dejo llevar.

Convéncete, pues, de que meditas más y mejor escribiendo estas cosas como la que ahora te estás dirigiendo aquí a ti mismo, que no encerrándote en tu cuarto a eso que se llama meditar y no es sino divagar. La necesidad de dar a tu pensamiento expresión trasmisible es lo que le ata a proceso vivo y eficaz. Con la pluma en la mano es como mejor se te ocurren las cosas, y es porque entonces no piensas para ti mismo, sino que piensas para los demás. Pensar para sí mismo no es, en rigor, pensar, es perderse en vagas ensoñaciones como el que se pasea por los bodes del sopor contemplando las espirales del humo del cigarro. Pensar es pensar para los demás; pensar es una función social


A MI BUITRE

Este buitre voraz de ceño torvo
que me devora las entrañas fiero
y es mi único constante compañero
labra mis penas con su pico corvo.

El día en que le toque el postrer sorbo
apurar de mi negra sangre, quiero
que me dejéis con él solo y señero
un momento, sin nadie como estorbo.

Pues quiero, triunfo haciendo mi agonía
mientras él mi último despojo traga,
sorprender en sus ojos la sombría

mirada al ver la suerte que le amaga
sin esta presa en que satisfacía
el hambre atroz que nunca se le apaga.

CASTILLA

Tú me levantas, tierra de Castilla,
en la rugosa palma de tu mano,
al cielo que te enciende y te refresca,
al cielo, tu amo,

Tierra nervuda, enjuta, despejada,
madre de corazones y de brazos,
toma el presente en ti viejos colores
del noble antaño.

Con la pradera cóncava del cielo
lindan en torno tus desnudos campos,
tiene en ti cuna el sol y en ti sepulcro
y en ti santuario.

Es todo cima tu extensión redonda
y en ti me siento al cielo levantado,
aire de cumbre es el que se respira
aquí, en tus páramos.

¡Ara gigante, tierra castellana,
a ese tu aire soltaré mis cantos,
si te son dignos bajarán al mundo
desde lo alto!

DOLOR COMÚN

Cállate, corazón, son tus pesares
de los que no deben decirse, deja
se pudran en tu seno; si te aqueja
un dolor de ti solo no acíbares

a los demás la paz de sus hogares
con importuno grito. Esa tu queja,
siendo egoísta como es, refleja
tu vanidad no más. Nunca separes

tu dolor del común dolor humano,
busca el íntimo aquel en que radica
la hermandad que te liga con tu hermano,

el que agranda la mente y no la achica;
solitario y carnal es siempre vano;
sólo el dolor común nos santifica.

EN HORAS DE INSOMNIO – Virginia

Me voy de aquí, no quiero más oírme;
de mi voz toda voz suéname a eco,
ya falta así de confesor, si peco
se me escapa el poder arrepentirme.

No hallo fuera de mí en que me afirme
nada de humano y me resulto hueco;
si esta cárcel por otra al fin no trueco
en mi vacío acabaré de hundirme.

Oh triste soledad, la del engaño
de creerse en humana compañía
moviéndose entre espejos, ermitaño.

He ido muriendo hasta llegar al día
en que espejo de espejos, soy me extraño
a mí mismo y descubro no vivía.

JUNTO A LA LAGUNA DEL CRISTO EN LA ALDEHUELA DE

Noche blanca en que el agua cristalina
duerme queda en su lecho de laguna
sobre la cual redonda llena luna
que ejército de estrellas encamina

vela, y se espeja una redonda encina
en el espejo sin rizada alguna;
noche blanca en que el agua hace de cuna
de la más alta y más honda doctrina.

Es un rasgón del cielo que abrazado
tiene en sus brazos la Naturaleza;
es un rasgón del cielo que ha posado

y en el silencio de la noche reza
la oración del amante resignado
sólo al amor, que es su única riqueza.

LA ORACIÓN DEL ATEO

Oye mi ruego Tú, Dios que no existes,
y en tu nada recoge estas mis quejas,
Tú que a los pobres hombres nunca dejas
sin consuelo de engaño. No resistes

a nuestro ruego y nuestro anhelo vistes.
Cuando Tú de mi mente más te alejas,
más recuerdo las plácidas consejas
con que mi ama endulzóme noches tristes.

¡Qué grande eres, mi Dios! Eres tan grande
que no eres sino Idea; es muy angosta
la realidad por mucho que se expande

para abarcarte. Sufro yo a tu costa,
Dios no existente, pues si Tú existieras
existiría yo también de veras.

NUESTRO SECRETO

No me preguntes más, es mi secreto,
secreto para mí terrible y santo;
ante él me velo con un negro manto
de luto de piedad; no rompo el seto

que cierra su recinto, me someto
de mi vida al misterio, el desencanto
huyendo del saber y a Dios levanto
con mis ojos mi pecho siempre inquieto.

Hay del alma en el fondo oscura sima
y en ella hay un fatídico recodo
que es nefando franquear; allá en la cima

brilla el sol que hace polvo al sucio lodo;
alza los ojos y tu pecho anima;
conócete, mortal, mas no del todo.

PASÁSTEIS COMO PASAN POR EL ROBLE

Pasásteis como pasan por el roble
las hojas que arrebata en primavera
pedrisco intempestivo;
pasásteis, hijos de mi raza noble,
vestida el alma de infantil eusquera,
pasásteis al archivo
de mármol funeral de una iglesia
que en el regazo recogido y verde
el Pirineo vasco
al tibio sol del monte se acurruca.

Abajo, el Bidasoa va y se pierde
en la mar; un peñasco
recoge de sus olas el gemido,
que pasan, tal las hojas rumorosas,
tal vosotros, oscuros
hijos sumisos del hogar henchido
de silenciosa tradición. Las fosas
que a vuestros huesos, puros,
blancos, les dan de última cuna lecho,
fosas que abrió el cañón en sorda guerra,
no escucharán el canto
de la materna lluvia que el helecho
deja caer en vuestra patria tierra
como celeste llanto…

No escucharán la esquila de la vaca
que en la ladera, al pie del caserío,
dobla su cuello al suelo,
ni a lo lejos la voz de la resaca
de la mar que amamanta a vuestro río
y es canto de consuelo.

Fuísteis como corderos, en los ojos
guardando la sonrisa dolorida
lágrimas del ocaso,
de vuestras madres el alma de hinojos,
¡y en la agonía de la paz la vida
rendísteis al acaso..!.

¿Por qué? ¿Por qué? Jamás esta pregunta
terrible torturó vuestra inocencia;
nacísteis… nadie sabe
por qué ni para qué… ara la yunta,
y el campo que ara es toda su conciencia,
y canta y vuela el ave…

¡Orhoit Gutaz! Pedís nuestro recuerdo
y una lección nos dais de mansedumbre;
calle el porqué…, vivamos
como habéis muerto, sin porqué, es lo cuerdo…
los ríos a la mar…, es la costumbre
y con ella pasamos…

EL CUERPO CANTA

El cuerpo canta;
la sangre aúlla;
la tierra charla;
la mar murmura;
el cielo calla
y el hombre escucha.

Sobre la palabra:
“La he estado mintiendo y he estado mintiendo. ¡Siempre es así! Todo es fantasía y no hay más que fantasía. El hombre en cuanto habla miente, y en cuanto se habla a sí mismo, es decir, en cuanto piensa sabiendo que piensa, se miente. No hay más verdad que la vida fisiológica. La palabra, este producto social, se ha hecho para mentir. Le he oído a nuestro filosofo que la verdad es, como la palabra, un producto social, lo que creen todos, y creyéndolo se entienden. Lo que es producto social es la mentira.”


LA SANGRE DE MI ESPÍRITU

La sangre de mi espíritu es mi lengua,
y mi patria es allí donde resuene
soberano su verbo, que no amengua
su voz por mucho que ambos mundos llene.

Ya Séneca la preludió aún no nacida
y en su austero latín ella se encierra;
Alfonso a Europa dio con ella vida.
Colón con ella redobló la Tierra.

Y esta mi lengua flota como el arca
de cien pueblos contrarios y distantes,
que las flores en ella hallaron brote,

de Juárez y Rizal, pues ella abarca
legión de razas, lengua en que a Cervantes
Dios le dio el Evangelio del Quijote.

AY, TRISTE ESPAÑA DE CAÍN

¡Ay, triste España de Caín, la roja
de sangre hermana y por la bilis gualda,
muerdes porque no comes, y en la espalda
llevas carga de siglos de congoja!

Medra machorra envidia en mente floja
—te enseñó a no pensar Padre Ripalda—
rezagada y vacía está tu falda
e insulto el bien ajeno se te antoja

Democracia frailuna con regüeldo
de refectorio y ojo al chafarote,
¡viva la Virgen!, no hace falta bieldo.

Gobierno de alpargata y de capote,
timba, charada, a fin de mes el sueldo,
y apedrear al loco Don Quijote.

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PRÓXIMO NÚMERO

114. Poesía más Poesía: Santa Teresa de Jesús

SANTA TERESA DE JESÚS

Biografía y Poemas

Teresa nació en Ávila, el día 28 de marzo de 1515. En su casa aprendió a leer y escribir y desde muy niña se aficionó a la lectura, pasión que no la abandonaría ya en toda su vida.
Sus primeras lecturas fueron vidas de santos. Más tarde, libros de caballería; finalmente, libros religiosos. La lectura, en una época que desconocía todos los medios modernos de comunicación social de que disponemos hoy, cuya vida y relaciones sociales no iban más allá del círculo familiar, tenía una influencia que a nosotros nos es difícil valorar. Libros y familiares era las únicas ventanas abiertas el mundo para una mujer, más aún para una mujer joven.


Los hechos más notables de la vida de Teresa, en sus primeros veinte años, están marcados por uno de estos dos factores. Entusiasmada por las lecturas del “Flos sanctorum”, primero quiere ser mártir y escapa a tierra de moros; fracasada la empresa, juega a ser monja en los jardines de su casa.
No obstante, sus sentimientos piadosos infantiles se enfriaron un poco al llegar a la pubertad, a causa de la lectura de libros de caballería, que exaltaron su imaginación, gustando de galas y pasatiempos.
Tras la muerte de su madre en 1528, su padre -severo hidalgo de costumbres austeras- la interna en el convento de Santa María de Gracia, donde las agustinas educan a las jóvenes de la buena sociedad avileña. Teresa descubre otro mundo. Las religiosas sustituyen a primos y hermanos, los libros religiosos a los libros de caballería, la disciplina de un internado a la libertad del hogar.
Aquí comenzó a rezar mucho y a pedir que rezaran por ella para que Dios la mostrase claramente el camino por el que le serviría mejor. Descubierta su vocación en medio de indecibles luchas, en 1532 salió enferma y pasó una temporada en Hortigosa con su tío Pedro Sánchez de Cepeda y en Castellanos de la Cañada con su hermana María de Cepeda, que estaba casada. Vuelta a Ávila, después de grandes cavilaciones, descubrió a su padre la decisión firme de entrar religiosa, y él, aunque muy virtuoso, se resistía a verse privado de su hija predilecta. Después de enconadas luchas interiores, el 2 de noviembre de 1535, a los veinte años de edad, Santa Teresa huyó de casa muy temprano y entró en el monasterio carmelitano de la Encarnación de Ávila, que ella había visitado antes varias veces, en el que la vida religiosa estaba muy relajada, pues lamentablemente la Orden Carmelitana se había ido debilitando al apartarse de las primitivas Reglas. La Santa dice acerca de su determinación: «Cuando salí de casa de mi padre, no creo será más el sentimiento cuando me muera; porque me parece cada hueso se me apartaba por sí…» El 31 de octubre de 1536, su padre firmó la carta de dote de su hija y ésta tomó el hábito el 2 de noviembre del mismo año. A este respecto ella escribe: «En tomando el hábito, luego me dio el Señor a entender cómo favorece a los que se hacen fuerza para servirle…»

Ávila. Vista general. 1870

VUESTRA SOY, PARA VOS NACÍ

Vuestra soy, para Vos nací,
¿qué mandáis hacer de mí?

Soberana Majestad,
eterna sabiduría,
bondad buena al alma mía;
Dios alteza, un ser, bondad,
la gran vileza mirad
que hoy os canta amor así:
¿qué mandáis hacer de mí?

Vuestra soy, pues me criastes,
vuestra, pues me redimistes,
vuestra, pues que me sufristes,
vuestra pues que me llamastes,
vuestra pues me conservastes,
vuestra, pues no me perdí:
¿qué mandáis hacer de mí?

¿Qué mandáis, pues, buen Señor,
que haga tan vil criado?
¿Cuál oficio le habéis dado
a este esclavo pecador?
Veisme aquí, mi dulce Amor,
amor dulce, veisme aquí:
¿qué mandáis hacer de mí?

Veis aquí mi corazón,
yo le pongo en vuestra palma,
mi cuerpo, mi vida y alma,
mis entrañas y afición;
dulce Esposo y redención,
pues por vuestra me ofrecí:
¿qué mandáis hacer de mí?

Dadme muerte, dadme vida:
dad salud o enfermedad,
honra o deshonra me dad,
dadme guerra o paz cumplida,
flaqueza o fuerza a mi vida,
que a todo digo que sí:
¿qué mandáis hacer de mí?

Dadme riqueza o pobreza,
dad consuelo o desconsuelo,
dadme alegría o tristeza,
dadme infierno o dadme cielo,
vida dulce, sol sin velo,
pues del todo me rendí:
¿qué mandáis hacer de mí?

Si queréis, dadme oración,
si no, dadme sequedad,
si abundancia y devoción,
y si no esterilidad.
Soberana Majestad,
sólo hallo paz aquí:
¿qué mandáis hacer de mi?

Dadme, pues, sabiduría,
o por amor, ignorancia;
dadme años de abundancia,
o de hambre y carestía;
dad tiniebla o claro día,
revolvedme aquí o allí:
¿qué mandáis hacer de mí?

Si queréis que esté holgando,
quiero por amor holgar.
Si me mandáis trabajar,
morir quiero trabajando.
Decid, ¿dónde, cómo y cuándo?
Decid, dulce Amor, decid:
¿qué mandáis hacer de mí?

Dadme Calvario o Tabor,
desierto o tierra abundosa;
sea Job en el dolor,
o Juan que al pecho reposa;
sea viña fructuosa
o estéril, si cumple así:
¿qué mandáis hacer de mí?

Sea Joséf puesto en cadenas,
o de Egipto adelantado,
o David sufriendo penas,
o ya David encumbrado;
sea Jonás anegado,
o libertado de allí:
¿qué mandáis hacer de mí?

Esté callando o hablando,
haga fruto o no le haga,
muéstreme la ley mi llaga,
goce de Evangelio blando;
esté penando o gozando,
sólo vos en mí vivid:
¿qué mandáis hacer de mí?

Vuestra soy, para vos nací,
¿qué mandáis hacer de mí?

COLOQUIO AMOROSO

Si el amor que me tenéis,
Dios mío, es como el que os tengo,
Decidme: ¿en qué me detengo?
O Vos, ¿en qué os detenéis?

Alma, ¿qué quieres de mí?
Dios mío, no más que verte.
Y ¿qué temes más de ti?
Lo que más temo es perderte.

Un alma en Dios escondida
¿qué tiene que desear,
sino amar y más amar,
y en amor toda escondida
tornarte de nuevo a amar?

Un amor que ocupe os pido,
Dios mío, mi alma os tenga,
para hacer un dulce nido
adonde más la convenga.

El 3 de noviembre de 1537, hizo su profesión religiosa. A partir de entonces, redobló sus exigencias consigo misma y se entregó a grandes penitencias, entre luchas espirituales. Su salud se quebrantó de tal manera, que su padre envió a la Encarnación los mejores médicos de Ávila y sus alrededores, pero ella fue de mal en peor. En otoño de 1538, tuvo que salir de la Encarnación e irse a la casa paterna durante una larga temporada a causa de sus enfermedades. Y a pesar de que se procuró su salud por otros medios, la enfermedad se agravó, hasta el punto que el 15 de agosto de 1539 por la noche le dio un síncope que duró tres días; fue tomada por muerta y hasta se la preparó la sepultura. No obstante su padre se resistió a admitir el óbito de su hija y se opuso a que la enterraran. Vuelta en sí, regresó muy tullida a la Encarnación, y en abril de 1542 se sintió curada por intercesión de San José. Durante largos años, Santa Teresa siguió llevando la vida monacal entre luchas espirituales. Los locutorios de la Encarnación eran como salones mundanos frecuentados por caballeros y damas de la nobleza. Santa Teresa, cuyo nombre había ya trascendido por Ávila, era la principal atracción, recibía visitas de numerosas personas y acudía como las demás al locutorio. El 26 de diciembre de 1543 murió su padre Alfonso Sánchez de Cepeda, siendo asistido por su hija.
En 1554 se obró en Santa Teresa una profunda transformación interior, con la decisiva entrega a Dios. Ella así lo expresa: «Arrojeme cabe Él con grandísimo derramamiento de lágrimas, suplicándole me fortaleciese de una vez para no ofenderle. Paréceme le dije entonces que no me había de levantarme de allí hasta que Él hiciese lo que le suplicaba». Desde entonces comenzó a experimentar un cambio profundo en su vida, evitó el locutorio, y redobló la constancia y el ardor de la oración.
En el año 1557, pasó por Ávila el Padre jesuita Francisco de Borja y le dio sabios consejos, quedando ella muy sosegada y consolada.
El 25 de enero de 1560 Santa Teresa recibió la gracia de la Transverberación de su corazón, y con ella el don extraordinario de la Confirmación en Gracia.
(Transverberación: Experiencia mística que, en el contexto de la religiosidad católica, ha sido descrito como un fenómeno en el cual la persona que logra una unión íntima con Dios, siente traspasado su corazón por un fuego sobrenatural
La confirmación en Gracia fue para los Ángeles fieles, la posesión definitiva de la Bienaventuranza Eterna).
Ella misma lo describe: «Veía un Ángel cabe mí hacia el lado izquierdo en forma corporal… No era grande, sino pequeño, hermoso mucho, el rostro tan encendido que parecía de los Ángeles más subidos… Veíale en las manos un dardo de oro largo, y al fin del hierro me parecía tener un poco de fuego; éste me parecía meter por el corazón algunas veces y que me llegaba a las entrañas. Al sacarle, me parecía las llevaba consigo, y me dejaba toda abrasada en amor grande de Dios…»

Convento de la Encarnación

VIVO SIN VIVIR EN MÍ

Vivo sin vivir en mí,
y tan alta vida espero,
que muero porque no muero.

Vivo ya fuera de mí,
después que muero de amor;
porque vivo en el Señor,
que me quiso para sí:
cuando el corazón le di
puso en él este letrero,
que muero porque no muero.

Esta divina prisión,
del amor en que yo vivo,
ha hecho a Dios mi cautivo,
y libre mi corazón;
y causa en mí tal pasión
ver a Dios mi prisionero,
que muero porque no muero.

¡Ay, qué larga es esta vida!
¡Qué duros estos destierros,
esta cárcel, estos hierros
en que el alma está metida!
Sólo esperar la salida
me causa dolor tan fiero,
que muero porque no muero.

¡Ay, qué vida tan amarga
do no se goza el Señor!
Porque si es dulce el amor,
no lo es la esperanza larga:
quíteme Dios esta carga,
más pesada que el acero,
que muero porque no muero.

Sólo con la confianza
vivo de que he de morir,
porque muriendo el vivir
me asegura mi esperanza;
muerte do el vivir se alcanza,
no te tardes, que te espero,
que muero porque no muero.

Mira que el amor es fuerte;
vida, no me seas molesta,
mira que sólo me resta,
para ganarte perderte.
Venga ya la dulce muerte,
venga el morir muy ligero
que muero porque no muero.

Aquella vida de arriba,
que es la vida verdadera,
hasta que esta vida muera,
no se goza estando viva.
muerte, no me seas esquiva;
viva muriendo primero,
que muero porque no muero.

Vida, ¿qué puedo yo darle
a mi Dios que vive en mí,
si no es el perderte a ti,
para mejor a él gozarle.
Quiero muriendo alcanzarle,
pues tanto a mi Amado quiero,
que muero porque no muero.

NADA TE TURBE

Nada te turbe,
Nada te espante,
Todo se pasa,
Dios no se muda,

La paciencia
Todo lo alcanza;
Quien a Dios tiene
Nada le falta:
Sólo Dios basta.

Eleva el pensamiento,
al cielo sube,
por nada te acongojes,
Nada te turbe.

A Jesucristo sigue
con pecho grande,
y, venga lo que venga,
Nada te espante.

¿Ves la gloria del mundo?
Es gloria vana;
nada tiene de estable,
Todo se pasa.

Aspira a lo celeste,
que siempre dura;
fiel y rico en promesas,
Dios no se muda.

Ámala cual merece
Bondad inmensa;
pero no hay amor fino
Sin la paciencia.

Confianza y fe viva
mantenga el alma,
que quien cree y espera
Todo lo alcanza.

Del infierno acosado
aunque se viere,
burlará sus furores
Quien a Dios tiene.

Vénganle desamparos,
cruces, desgracias;
siendo Dios su tesoro,
Nada le falta.

Id, pues, bienes del mundo;
id, dichas vanas,
aunque todo lo pierda,
Sólo Dios basta.

Tras este gran favor divino, continuaron las incomprensiones de algunos confesores inexpertos. En agosto de 1560, la visitó en Ávila el Padre franciscano Pedro de Garavito, de Alcántara, hombre muy experimentado en cuestiones místicas, a quien la Santa dio cuenta de su vida con claridad y verdad. Este santo fraile la dio luz en todo y la dijo que no tuviese pena, que alabase a Dios, y que estuviese segura que todo venía de Él.
En septiembre del mismo año 1560 se decidió a reformar la Orden Carmelitana y fundar un convento con el rigor de las Reglas primitivas de San Alberto de Jerusalén, cuyos rasgos esenciales eran la clausura total, el ayuno, el silencio y la penitencia, a los que ella añadiría algunos otros, como fueron la descalcez y el vivir de las limosnas.
El nuevo monasterio estaría bajo la advocación de San José. Para ello contó con el apoyo de San Pedro de Garavito, de Alcántara, y otros insignes protectores.
(Advocación: Dedicación de un lugar religioso al santo o a la virgen bajo cuya protección se encuentra).
Con la autorización del Obispo y un breve pontificio del Papa Pío IV, Santa Teresa fundó en Ávila el convento de San José el 24 de agosto de 1562, primero de la Reforma o Descalzas, en donde instaló a las primeras monjas que, desde entonces, vivieron entregadas a la oración y a la penitencia, con gran austeridad, extremada pobreza y estrecha clausura.
Santa Teresa tuvo que superar valientemente múltiples dificultades y afrontar grandes persecuciones, sobre todo la oposición de muchas de las monjas del convento de la Encarnación, y el alboroto de la misma ciudad, cuyo Concejo trató de suprimir el convento.
En 1563 ella obtuvo licencia para dejar la Encarnación y unirse a sus hijas en San José.
El rey Felipe II, deseoso de reformar la vida de los monasterios en sus reinos, invitó al General de los Carmelitas, el Padre Juan Bautista de Rubeo, para que los visitara. En 1567, el Padre Rubeo vino a España, visitó sus conventos de Castilla, y quedó admirado con el de la Reforma teresiana, por lo que dio licencia a la Santa para fundar nuevas casas de monjas, incluso de frailes, que ella llamaba «Palomarcitos de la Virgen Nuestra Señora».

San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús


El 15 de agosto del mismo año, Santa Teresa fundó en Medina del Campo-Valladolid su segundo convento. Aquí se puso en contacto con San Juan de la Cruz, que recientemente había terminado sus estudios en Salamanca, había recibido la Ordenación Sacerdotal, y tenía intención de dejar la Orden de Carmelo para entrar en la Cartuja. Santa Teresa le convence para que se una a ella en la Obra de la Reforma, llegando a ser el más estrecho colaborador en los planes reformadores de la Santa. En 1568 ella fundó en Duruelo-Ávila, el primer convento de la Reforma de frailes descalzos.

Santa Teresa de Jesús. siglo XVII; anónimo (copia de José Ribera)

SOBRE AQUELLAS PALABRAS
“DILECTUS MEUS MIHI”

Ya toda me entregué y di,
y de tal suerte he trocado,
que es mi Amado para mí,
y yo soy para mi Amado.

Cuando el dulce Cazador
me tiró y dejó rendida,
en los brazos del amor
mi alma quedó rendida,
y cobrando nueva vida
de tal manera he trocado,
que es mi Amado para mí,
y yo soy para mi Amado.

Hirióme con una flecha
enherbolada de amor,
y mi alma quedó hecha
una con su Criador;
ya yo no quiero otro amor,
pues a mi Dios me he entregado,
y mi Amado es para mí,
y yo soy para mi amado.

CRUZ, DESCANSO SABROSO DE MI VIDA

Cruz, descanso sabroso de mi vida
vos seáis la bienvenida.
¡Oh bandera, en cuyo amparo
el más flaco será fuerte!
¡Oh vida de nuestra muerte,
qué bien la has resucitado!
al león has amansado,
Pues por ti perdió la vida.
Vos seáis la bienvenida.

Quien no os ama está cautivo
y ajeno de libertad;
quien a vos quiere allegar
no tendrá en nada desvío.
¡Oh dichoso poderío,
donde el mal no halla cabida!
Vos seáis la bienvenida.

Vos fuisteis la libertad
de nuestro gran cautiverio;
por vos se reparó mi mal
con tan costoso remedio;
para con Dios fuiste medio
de alegría conseguida:
Vos seáis la bienvenida.

AL VELO DE LA HERMANA
ISABEL DE LOS ÁNGELES

Hermana, porque veléis,
os han dado hoy este velo,
y no os va menos que el cielo;
por eso, no os descuidéis.

Aqueste velo gracioso
os dice que estéis en vela,
guardando la centinela,
hasta que venga el esposo,
que, como ladrón famoso,
vendrá cuando no penséis;
por eso, no os descuidéis.

No sabe nadie a cuál hora,
si en la vigilia primera,
o en la segunda o tercera,
todo cristiano lo ignora.
Pues velad, velad, hermana,
no os roben lo que tenéis;
por eso, no os descuidéis.

En vuestra mano encendida,
tened siempre una candela,
y estad con el velo en vela,
las renes muy bien ceñidas.
No estéis siempre amodorrida,
catad que peligraréis;
por eso, no os descuidéis.

Tened olio en la aceitera,
de obras y merecer,
para poder proveer,
la lámpara, que no se muera.

Porque quedaréis de fuera,
si entonces no lo tenéis;
por eso, no os descuidéis.

Nadie os le dará prestado;
y si lo vais a comprar,
podríaseos tardar,
y el Esposo haber entrado.
Y desque una vez cerrado,
no hay entrar aunque llaméis;
por eso, no os descuidéis.

Tened continuo cuidado
de cumplir con alma fuerte,
hasta el día de la muerte,
lo que habéis hoy profesado.
Porque habiendo así velado,
con el Esposo entraréis;
por eso, no os descuidéis

Recreación de la habitación de un convento

A estas fundaciones siguieron otras de monjas y frailes. En 1571, por orden del Visitador Apostólico, Santa Teresa es nombrada priora del monasterio calzado de la Encarnación por tres años. Aceptó el priorato, y el 14 de octubre del mismo año tomó posesión del cargo en medio de un gran tumulto de las monjas que se negaban a aceptarla.
La Santa Fundadora se preocupó de que no faltara comida a las monjas, puso todo en perfecto orden, acabó con el locutorio y estableció la disciplina monacal; además las puso como confesor a San Juan de la Cruz. En poco tiempo las monjas dieron un cambio radical en sus costumbres, siendo modelos de oración, sacrificio y recogimiento.
El 6 de octubre de 1574, cesó el trienio del priorato, y la Santa volvió al monasterio reformado de San José de Ávila. En 1575 Santa Teresa se encontró con el Padre San Jerónimo Gracián con motivo de la fundación de Beas de Segura-Jaén, quien sería su confesor y ocuparía altos puestos en la Reforma Carmelitana, la cual fue tomando cada día más auge.
Pronto surgieron nuevas dificultades promovidas por los Carmelitas Calzados, refractarios a la Reforma Teresiana, y por otros enemigos de la misma. Sus planes reformadores y fundacionales, acarrearon a Santa Teresa graves conflictos con autoridades civiles y eclesiásticas. Pero ella, con ánimo varonil, en medio de sus enfermedades y penuria económica, afrontó valientemente las grandes contrariedades, las calumnias y las persecuciones, diciendo: «Cristo y yo mayoría». Hasta el punto que llegó a sufrir un proceso inquisitorial del que salió libre. El mismo Padre Rubeo, General de la Orden Carmelitana, que antes era gran defensor de la reforma de Santa Teresa, mal influido por las habladurías, le prohibió fundar nuevos conventos y la obligó a permanecer como arrestada en un convento de Toledo.
El nuevo nuncio Felipe Sega llegó a Madrid con ánimo de acabar con la Reforma, y motejó a Santa Teresa de Jesús de «fémina inquieta y andariega, desobediente y contumaz»; y la acusó también de inventar malas doctrinas, de salir de la clausura y de haber fundado sin licencia del Papa ni del Padre General de la Orden. En 1578, Sega somete a los descalzos y descalzas a la autoridad de los provinciales de los calzados. La siniestra y vengativa Princesa de Éboli, Ana de Mendoza, dio también sus feroces dentelladas contra la Santa Fundadora. Siguieron las amenazas, calumnias y sufrimientos para Santa Teresa y sus descalzos. Su mayor colaborador, San Juan de la Cruz, fue también víctima de cruel persecución y encarcelamiento por los calzados, con trato inhumano. San Jerónimo Gracián es también perseguido de muerte y encerrado en el convento de los calzados de Madrid. Eran tan grandes los combates, que la Reforma parecía sucumbir.


A SAN HILARIÓN

Hoy ha vencido un guerrero
al mundo y sus valedores.
-Vuelta, vuelta, pecadores,
sigamos este sendero.

Sigamos la soledad,
y no queramos morir,
hasta ganar el vivir
en tan subida pobreza.
¡Oh, qué grande es la destreza
de aqueste nuestro guerrero!
Vuelta, vuelta, pecadores,
sigamos este sendero.

Con armas de penitencia
ha vencido a Lucifer,
combate con la paciencia,
ya no tiene que temer.
Todos podemos valer
siguiendo este caballero.
Vuelta, vuelta, pecadores,
sigamos este sendero.

No ha tenido valedores,
abrazóse con la cruz:
Siempre en ella hallamos luz,
pues la dio a los pecadores.
¡Oh, qué dichosos amores
tuvo este nuestro guerrero!
Vuelta, vuelta, pecadores,
sigamos este sendero.

Ya ha ganado la corona.
Y se acabó el padecer,
gozando ya el merecer,
con muy encumbrada gloria.
¡Oh venturosa victoria
de nuestro fuerte guerrero!
Vuelta, vuelta, pecadores,
sigamos este sendero.
Santa Teresa de Jesús

A LA PROFESIÓN DE ISABEL DE LOS ÁNGELES

Sea mi gozo en el llanto,
sobresalto mi reposo,
mi sosiego doloroso,
y mi bonanza el quebranto.

Entre borrascas mi amor,
y mi regalo en la herida,
esté en la muerte mi vida,
y en desprecios mi favor.

Mis tesoros en pobreza,
y mi triunfo en pelear,
mi descanso en trabajar,
y mi contento en tristeza.

En la oscuridad mi luz,
mi grandeza en puesto bajo.
De mi camino el atajo
y mi gloria sea la cruz.

Mi honra el abatimiento,
y mi palma padecer,
en las menguas mi crecer,
y en menoscabo mi aumento.

En el hambre mi hartura,
mi esperanza en el temor,
mis regalos en pavor,
mis gustos en amargura.

En olvido mi memoria,
mi alteza en humillación,
en bajeza mi opinión,
en afrenta mi victoria.

Mi lauro esté en el desprecio,
en las penas mi afición,
mi dignidad sea el rincón,
y la soledad mi aprecio.

En Cristo mi confianza,
y de El sólo mi asimiento,
en sus cansancios mi aliento,
y en su imitación mi holganza.

Aquí estriba mi firmeza,
aquí mi seguridad,
la prueba de mi verdad,
la muestra de mi fineza.

Santa Teresa de Jesús escribió primero al rey de España, Felipe II, pidiendo ayuda para su obra, y después ella fue recibida en audiencia por el monarca en el Alcázar de Madrid. Felipe II, persona de intachable rectitud y profunda religiosidad, muy identificado con la Reforma y gran admirador de la Santa, haciendo uso de su autoridad, mandó llamar al nuncio Sega y le recriminó severamente su mala actitud y a éste no le quedó otra salida que obedecer al rey. La persecución contra el Carmelo Reformado quedó cortada. El gran Monarca, en 1580, consiguió del Papa San Gregorio XIII, que los conventos descalzos fundados por Santa Teresa constituyeran una provincia independiente de los calzados, con lo cual la Santa Reforma Carmelitana quedó asegurada y consolidada.
La Excelsa Reformadora llegó a fundar un total de diecisiete conventos de monjas y quince de frailes. Los conventos de monjas fueron: Ávila; Medina del Campo; Malagón; Valladolid; Toledo; Pastrana, deshecho por culpa de la princesa de Éboli; Salamanca; Alba de Tormes; Segovia; Beas de Segura, Sevilla; Caravaca, por mediación de Ana de San Alberto; Villanueva de la Jara; Palencia; Soria; Granada, por medio de Santa Ana de Jesús; y en Burgos.

Edición Obras de la Santa Teresa de Jesús,1674.


La salud de Santa Teresa de Jesús estaba sumamente quebrantada. Los viajes, los sufrimientos, el ansia de Dios habían gastado ya su cuerpo. Su compañera inseparable y su enfermera era Ana de San Bartolomé. El 1 de octubre de 1582, en el convento de Alba de Tormes, anunció que su muerte era inminente. El 3 de octubre se confiesa y recibe los Últimos Sacramentos. Sus últimas recomendaciones a sus hijas fueron: «Hijas mías y señoras mías: Por amor a Dios les pido tengan gran cuenta con la guarda de la Regla y las Constituciones, que si la guardan con la puntualidad que deben, no es menester otro milagro para canonizarlas; así miren el mal ejemplo que esta mala monja les dio y ha dado, y perdónenme». Una de las expresiones que se recogieron de sus labios fue: «Hora es ya, Esposo mío, que nos veamos».

Santa Teresa de Jesús falleció el 4 de octubre de 1582, a los sesenta y siete años de edad, en el convento de Alba de Tormes-Salamanca, pronunciando las palabras: «Te doy gracias, Señor, porque muero hija de la Iglesia». El día siguiente de su muerte, debido a la Reforma Gregoriana del calendario, fue el 15 de octubre. Su cuerpo incorrupto, incluido su corazón, se encuentra en Alba de Tormes.
Como eminente escritora y doctora mística, dejó escritas importantes obras, que son verdaderas joyas de la literatura universal. Con ellas el misticismo alcanzó elevadísimas cotas de expresión y profundidad. La obra reformadora de Santa Teresa fue eficacísima contra la expansión del luteranismo y otras herejías.
Canonizada por el Papa Gregorio XV Magno el día 12 de marzo de 1622. Declarada Doctora de la Iglesia por el Papa Pablo VI el día 27 de septiembre de 1970.

¡OH, DICHOSA TAL ZAGALA!

¡Oh!, dichosa tal zagala
que hoy se ha dado a un tal Zagal
que reina y ha de reinar.

Venturosa fue su suerte
pues mereció tal Esposo:
Ya yo, Gil, estoy medroso.
No la osaré más mirar
pues ha tomado marido
que reina y ha de reinar.

Pregúntale qué le ha dado
para que lleve a su aldea.
El corazón le ha entregado
muy de buena voluntad.
Mi fe!, poco le ha pagado
que es muy hermoso el Zagal
y reina y ha de reinar.

Si más tuviera, más diera.
-¿Por qué le avisas, Carillo?
Tomemos el cobanillo,
sirvanos deja sacar,
por ha tomado marido,
que reina y ha de reinar.

Pues vemos lo que dio ella,
¿qué le ha de dar el Zagal?
-Con su sangre la ha comprado.
¡Oh qué precioso caudal,
y dichosa tal zagala,
que contenta a este Zagal!

Mucho le debe de amar,
pues le dio tan gran tesoro.
¿No ves que se lo da todo,
hasta el vestir y calzar?
Mira que ya es su marido
que reina y ha de reinar.

Bien será que la tomemos,
para este nuestro rebaño,
y que la regocijemos
para ganar su amistad,
pues ha tomado marido,
que reina y ha de reinar.

El estudioso André Stoll observa cierta proximidad entre la obra de la Santa y la novela picaresca, subrayando que la suya es mucho más radical y osada, por lo que tiene que ver con su propia vida, incluso cuando se acerca al Cantar de los Cantares, que emplea relacionándolo con su experiencia íntima. Añade que, a través de su meditación sobre el amor, entra en territorios a los que no tenía acceso en su calidad de mujer.
En este periodo, el discurso místico es el único en el cual la mujer actúa y habla de modo público, y es el espacio seguro que le permite eludir la “racionalidad de la lógica patrialcal”. Santa Teresa lo consigue al reconocer “su posición de otra”, nos dice, y, además, destaca en su obra esta evidencia: “la comunicación del éxtasis espiritual se representa en términos de pasión humana. La Santa describe su éxtasis en un visión de abyección delante del Divino, una estrategia retórica conforme con su condición femenina”.

Éxtasis de Santa Teresa. Autor Gian Lorenzo Bernini.


Escribe, dice, por obediencia, pero la pasión con que lo hace nos transmite que se trata de su propio deseo. La misma estrategia por otra parte, la desarrolla en su propia vida. Aurora Egido observa que, en su reclusión, la carmelita da gracias a Dios por la vída elegida, pues le permite conseguir lo que de otro modo le estaría vedado. No en vano escribió con toda claridad, en el Libro de las fundaciones, refiriéndose a las monjas que se quejaban de su vida de religiosas: “no conocen la gran merced que Dios les ha hecho en escogerlas para Sí, y librarlas de estar sujetas a un hombre, que muchas veces les acaba la vida, y plegue a Dios no sea también el alma”.
Aurora Egido afirma que carecía de títulos, lo que le impedía competir con los teólogos, pero “armada de su experiencia, con la ayuda de los recursos retóricos del estilo más humilde ofrece su obra a los letrados. Su principal interlocutor, Dios, acude en su defensa. Dirá: “Yo le alabo mucho, y las mujeres y los que no saben letras le habíamos de dar siempre infinitas gracias, porque haya quien con tantos travajos haya alcanzado la verdad que los ignorantes ignoramos”.
Indudablemente era sutil y grande el atrevimiento de nuestra Santa al superar las fronteras trazadas por los discursos dogmáticos, prohibiciones lingüísticas e imaginativas y las coacciones sociales, gracias a su experiencia iluminada. Por ello resulta particularmente interesante su forma de comunicar la profundidad de visión de los sucesos espirituales, y la franqueza con que expone sus propios límites en el campo de la comprensión. El “saber del no saber”, del que habla San Juan de la Cruz, queda claro en los papeles de Teresa de Ávila en ese entender no entendiendo que la impulsa reiteradamente a predicar.

La transverberación de Santa Teresa de Josefa de Obidos


La mezcla de pasión amorosa y exigencia de lucidez se extiende por todas sus obras y destaca en las ya mencionadas Meditaciones sobre los Cantares, lo que hace de estos textos algo particularmente vivo, tan vivo que su escritura, al fin, resultó peligrosa a ojos de los inquisidores que, por otra parte, no admitían una interpretación femenina de las Escrituras, ni siquiera una lectura de ellas en romance.
Requisada ya la Vida, dada la orden de quemar estas “meditaciones”, escribió más adelante (1577) su obra fundamental, Moradas del castillo interior, censurada luego, aunque con su anuencia. Mientras, ha seguido preguntándose y lanzando al aire su sentir, en sus Exclamaciones.
Pero es toda la vida del convento, como se detecta en Camino de perfección, Las fundaciones, Las Cuentas de conciencia, sus numerosas cartas o Los Avisos, la que queda patente en su escritura, se trata de la relación de las religiosas entre sí, la actitud a adoptar, y la ya mencionada prevención con los confesores, las virtudes que se deben practicar o los modos de oración y meditación. Por este motivo, por lo que comportan de integración en la vida, tienen tanta importancia sus poemas, muchos de los cuales entroncan con el acervo popular.
Del mismo modo que hay en su obra este nexo con lo popular, lo religioso o, directamente, con la Biblia, hay vínculos que parecen más enigmáticos, concretamente en lo que toca a Las Moradas. Santa Teresa afirma que la imagen del castillo -un castillo de diamante para llegar a cuyo centro el alma tiene que recorrer seis moradas hasta alcanzar la séptima, donde se encuentra aquel que es su objetivo, Dios- se le apareció espontáneamente, pero no por ello deja de llamar la atención la similitud del relato con otros que, desde la antigüedad, ha dado el imaginario humano.
Llegada al centro del diamante, la unión era tan fuerte que Teresa afirma: “parece que desfallece el alma de suerte que no le falta tantito para acabar de salir del cuerpo: a la verdad, no sería poca dicha la suya”.

Manuscrito de Santa Teresa de Jesús

CAMINO DE PERFECCIÓN

[Tres cosas importan para seguir la vía: amor, desasimiento y humildad]

No penséis, amigas y hermanas mías, que serán muchas las cosas que os encargaré, porque importa mucho entendamos lo muy mucho que nos va en guardarlas para tener la paz que tanto el Señor nos encomendó, interior y exteriormente: la una es amor unas con oras; otra, desasimiento de todo lo criado; otra, verdadera humildad, que aunque la digo a la postre, es la principal y las abraza a todas.

[Donde advierte que la clausura no lo es todo]

Desasiéndonos de esto y puniendo en ello mucho, como cosa que importa mucho -miren que importa-, y encerradas aquí sin poseer nada, ya parece que lo tenemos todo hecho, que no hay que pelear. ¡Oh hijas mías!, no aseguréis ni os echéis a dormir, que será como el que queda muy sosegado de haver cerrado muy bien sus puertas por miedo de ladrones y se los deja en casa. Y ¿no havéis oído que es el peor ladrón el que está dentro de la casa? Quedamos nosotras. Es más, que si no se anda con gran cuidado y cada una -como el mayor negocio que tiene que hacer- no se mira mucho, hay muy muchas cosas para quitar esta santa libertad de espíritu que buscamos.

[Amor y temor]

Y tomad este aviso, que no es mío, sino de vuestro maestro: procurad caminar con amor y temor. Y yo os asiguro: el amor os hará apresurar los pasos; el temor os hará ir mirando adónde ponéis los pies para no caer. Con estas dos cosas, a buen siguro que no seáis engañadas.

MEDITACIONES SOBRE LOS CANTARES

I
“Béseme el señor con el beso de su boca, porque más valen tus pechos que el vino”, etc (Cant. 1, 1)

He notado mucho que parece que el alma está -a lo que aquí da a entender- hablando con una persona, y pide la paz de otro. Porque dice: “Béseme con el beso de su boca”. Y luego parece que está diciendo a con quien está: “Mejores son tus pechos”. Esto no entiendo cómo es, y no entenderlo me hace gran regalo; porque verdaderamente, hijas, no ha de mirar el alma tanto, ni la hacen tener respeto a su Dios las cosas que acá parece podemos alcanzar con nuestros entendimientos tan bajos, como las que en ninguna manera se pueden entender. Y ansí os encomiendo mucho que, cuando leyerdes algún libro y oyerdes sermón u pensáredes en los misterios de nuestra sagrada fe, que lo que buenamente no pudiéredes entender, no os canséis ni gastéis el pensamiento en adelgazarlo; no es para mujeres ni aun para hombres muchas cosas.
Cuando el Señor quiere darlo a entender, Su Majestad lo hace sin travajo nuestro. A mujeres digo esto y a los hombres que no han de sustentar con sus letras la verdad, que a los que el Señor tiene para declarárnoslas a nosotras ya se entiende que lo han de travajar, y lo que en ello ganan. Mas nosotras con llaneza tomar lo que el Señor nos diere; y lo que no, no nos cansar, sino alegrarnos de considerar qué tan gran Dios y Señor tenemos, que una palabra suya terná en sí mil misterios, y ansí su principio no entendemos nosotras.


II

Lo que es menester, hijas, es contentarnos con poco, que no hemos de querer tanto como los que dan estrecha cuenta como la ha de dar cualquier rico…

III

Pues, Señor mío, no os pido otra cosa en esta vida, sino que me “beséis con beso de vuestra boca”, y que sea de manera, que aunque yo me quiera apartar de esta amistad y unión, esté siempre, Señor de mi vida, sujeta mi voluntad a no salir de la vuestra, que no haya cosa que me impida pueda yo decir. Dios mío y gloria mía, con verdad que “son mejores tus pechos y más sabrosos que el vino”.

LA RELACIÓN CON LOS DEMÁS Y LA PRESENCIA DE DIOS

Ella nos invita a trabajar sobre nosotros mismos, a educar nuestro reflejos para que nuestro primer pensamiento, y nuestra primera reacción, en toda circunstancia, sea “Dios”. Arrancar la mala hierba y sembrar, cara a una buena cosecha: “La tierra que no es labrada, llevará abrojos y espinas, aunque sea fértil; ansí el entendimiento del hombre”.
Este es el primero de estos Avisos. Son sesenta y nueve.

Teresa de Ávila fue querida por su gracia antes de ser adorada por su santidad. Nadie mejor que ella puede enseñar el arte de persuadir, de seducir, mediante la conversación, e incluso con la mera presencia. Es con una mano con guante de terciopelo como conduce hacia Dios.
El aviso LIX, entre otros, es una maravilla en la que numerosos padres deberían inspirarse en sus relaciones, a veces difíciles, con sus hijos: “Nunca, siendo superior, reprenda a nadie con ira, sino cuando sea pasada, y ansí aprovechará la reprensión”]

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PRÓXIMO NÚMERO

108. Poesía más Poesía: Luis de Góngora

LUIS DE GÓNGORA

Biografía

Luis de Góngora y Argote nació en Córdoba el 11 de Julio de 1561 y murió el 23 de mayo de 1627 a los sesensa y seis años. Considerado como el poeta más influyente del Siglo de Oro español, sigue marcando rumbos en la poesía contemporánea. Es el máximo exponente de la corriente literaria conocida como culteranismo o gongorismo. Su obra ha sido imitada en Europa y América a lo largo de los siglos. Es el primógenito de Don Francisco y Argote y doña Leonos de Góngora que tuvieron otros tres hijos más: Francisca, María y Juan. Nació en casa de su tío el racionero don Francisco de Góngora(el racionero es el encargado, el que dispone de parte de las rentas de la catedral). Su padre fue relegado en la herencia de un rico mayorazgo porque era hijo de un segundo matrimonio de padre. Se vio envuelto en un pleito cuando era niño contra su hermanastro por cuestiones de la herencia, pero lo perdió. Sólo consiguió una modesta concesión de alimentos. Licenciado en Salamanca, era un gran erudito y poseedor de una importante biblioteca. Gozaba de los favores del secretario de Carlos V, don Francisco de Eraso, que  lo distinguió con algunos nombramientos temporales como juez de residencia (con atribuciones de corregidor) en Madrid, Jaén y Andújar. Más tarde, este humilde jurisconsulto desempeñó para la Inquisición, en la ciudad de Córdoba, el cargo de juez de bienes confiscados, en parte porque se avivó el rumor de que la abuela de Góngora, doña Ana, era hija de un racionero de la catedral de Córdoba, fruto de encuentros extramatrimoniales, que a su vez era pariente de don Francisco de Eraso. La infancia de Luis de Góngora se fue desarrollando entre juegos, como los niños de su edad. Pero su talento hizo que, a la edad temprana de catorce años su tío Francisco de Góngora lo convirtiera en clérigo, sin tener en cuenta su vocación. A instancias de su tío fue enviado a estudiar a Salamanca. Se matriculó en la Facultad de Cánones en 1976 y continúa hasta 1579-1580 entre estudiantes de hijos de familias nobles y pudientes. En Salamanca fue donde Góngora fue desarrollando su vocación literaria. Conocía el latín y leía el italiano y el portugués e incluso llegó a escribir algún soneto en estas lenguas. La primera obra impresa de Góngora aparece en 1580 y es una canción.

Escribía ya en esta epóca composiciones, letrillas y romances llenos de humor e ingenio y músicos como Diego Gómez, Gabriel Díaz o Claudio de la Sablonara se interesaron en musicalizar estos poemas. Era ya un poeta muy culto, que incluso autores como Juan Rufo ,Cervantes Sor Juana Ines de la Cruz le admiraban. Juan Rufo en 1584 publicó frente a su poema la Austriada un soneto de Góngora.

En el Canto a Caliope en 1585 en La Galatea, Cervantes, elogia a Góngora: En don Luis de Góngora os ofrezco un vivo raro ingenio sin segundo; con sus obras me alegro y me enriquezco no sólo yo, mas todo el ancho mundo. En Viaje del Parnaso Cervantes escribió:

«Aquel que tiene de escribir la llave,
con gracia y agudeza en tanto extremo,
que su igual en el orbe no se sabe
es don Luis de Góngora, a quien temo
agraviar en mis cortas alabanzas,
aunque las suba al grado más supremo».

En 1585 hace un viaje a Córdoba, y escribe su primera obra maestra “Soneto a Córdoba”.
De su tío Francisco de Góngora hereda su ración en la Catedral y recibe las primeras órdenes mayores, ocupando diferentes cargos en el Cabildo ( Cuerpo o comunidad de eclesiásticos capitulares de una iglesia catedral o colegial). La condición clerical le servía a Luis de Góngora para cobrar sus rentas.
En 1587 ocupa la sede de Osio el obispo don Francisco Pacheco y somete a interrogaciones a los canónigos y racioneros, acusando entonces a Luis de Góngora de no asistir al coro, de vivir como un mozo y andar en cosas ligeras, en fiestas de toros, tratar con representantes de comedias, escribir copias profanas… En 1588 escribe la canción “De la Armada que fue a Inglaterra”. Góngora indica, con ironía, que no son suyas todas la letrillas que se le atribuyen y que prefiere ser condenado por liviano que por hereje.

De 1580 a 1587 Luis de Góngora escribe romances y sonetos cuyo tema principal es el amor y también utiliza la sátira, de carácter burlesco. En 1590 escribe la canción «En una fiesta que se hizo en Sevilla a San Hermenegildo», más patriótica que religiosa . En 1605 Pedro de Espinosa imprime una obra de antología poética: las Flores de poetas ilustres, incluye en su famosa antología 38 poemas de Luis de Góngora. Es el más representado. Contaba con un gran número de composiciones en esta época y su fama superaba a muchos de sus contemporáneos. A pesar de que no publicó en vida casi ninguna de sus obras poéticas, éstas corrieron de mano en mano y fueron muy leídas y comentadas.

Luis de Góngora de 1588 a 1602 comienza a escribir sus primera composiciones religiosas y sátiras a ríos y ciudades. También comienza a usar el soneto. De 1603 a 1606 sus composiciones toman un carácter cortesano, dedicadas a reyes y grandes señores y religioso. En los siguiente años, Luis de Góngora realiza viajes a comisiones del Cabildo en Palencia, Madrid, Salamanca, Cuenca, Valladolid, como parte de sus obligaciones de racionero que también alterna con la poesía. Se reunía en la Corte en un ambiente de escritores y un círculo clasista de elegidos. Se decepciona de las insidias de la Corte, cuyo sentido de la justicia difería de toda nobleza. La tristeza empaña sus días, también por los atropellos de los que no soportaban su superioridad poética ya reconocida en esa época. Inicia por estos años la enemistad con Francisco de Quevedo al cual acusó de imitar su poesía satírica bajo pseudónimo En la época fue tenido por maestro de la sátira, aunque no llegó a los extremos expresionistas de Quevedo ni a las negrísimas tintas de Juan de Tassis y Peralta. Se va de la la Corte de Madrid y se refugia en su heredad de Trassierra, en la Sierra de Córdoba, abandonándose a la escritura poética. Regresa con bastantes deudas, por lo que necesita de un mecenas. Recibe la protección del Marqués de Ayamonte, en 1607, al que dedica bellos sonetos. Pero el marqués muere ese mismo año. También tenía aspiraciones de acompañar al conde de Lemos en su destino como virrey de Nápoles pero se vio frustrado el empeño. En 1610 Luis de Góngora compone sobre la toma de Larache una canción, y a partir de ahí se inicia la segunda época de Góngora

En 1611, una vez que nombra coadjutor de su ración a su sobrino, obtiene mayor libertar para entregarse a sus proyectos literarios. Entre 1612 y 1613 trabaja en dos de sus poemas más extensos y ambiciosos: “Fábula de Polifemo y Galatea” y “Soledades”. Fábula de Polifemo y Galatea es la versión que Ovidio incluye en su Metamorfosis, donde la fábula comprende los versos 13750 a 13 897. Góngora introduce cambios esenciales que convierten en drama la ironía de Ovidio.

Soledades alcanzó una gran polémica por su oscuridad y afectación, y le creó una gran legión de seguidores, los denominados culteranos ( (Salvador Jacinto Polo de Medina, fray Hortensio Félix Paravicino, Francisco de Trillo y Figueroa, Gabriel Bocángel, el conde de Villamediana, sor Juana Inés de la Cruz, Pedro Soto de Rojas, Miguel Colodrero de Villalobos, Anastasio Pantaleón de Ribera…), y también enemigos, como el citado Francisco Quevedo, Lope de Vega, Lupercio Leonardo de Argensola y Bartolomé Leonardo de Argensola). Góngora dejó inconclusa la segunda soledad del poema. Era la primera vez que se utilizaba el género lírico para un poema tan extenso.

El Polifemo, las Soledades y el Panegírico al Duque de Lerma son los tres poemas centrales del gongorismo. Tuvo una gran influencia en la literatura española del siglo XVI y XVII, donde se concebía la lengua con libertad y flexibilidad en el empleo de recursos formales (hiperbaton, neologismos, ablativo absoluto…). Se capacitaba a la lengua de máxima capacidad expresiva, musicalidad y economía. Dámaso Alonso indicaría que es “la síntesis y condensación intensificada de los recursos líricos del renacimiento”. El gongorismo, que así se denomina a este estilo, es una manifestación del culteranismo, y su máximo exponente fue Góngora. El principal objetivo de esta corriente es impresionar a los sentidos a través de provocar sensaciones en diferentes estímulos.

En 1613 estos versos sería conocidos en Madrid, y leídos en cenáculos. Compone en 1613 también su pieza teatral Las firmezas de Isabela . También compuso La comedia Venatoria y el doctor Carlino.

En 1614 colabora Luis de Góngora con un romance a la beatificación de Santa Teresa de Córdoba. Comienza Góngora el Panegírico (discurso donde se alaba a alguien) al Duque de Lerma, don Francisco de Sandoval y Rojas, confiando en poder obtener los favores del aristócrata, primer ministro y valido del rey Felipe III.

En 1617, por indicación del duque de Lerma, se instala en la Corte, y Felipe III le concede una capellanía real, para la que necesitará ordenarse sacerdote. Sus pretensiones se vieron frustradas cuando tanto Lerma como Rodrigo Calderón (que era el valido del valido) perdieron el favor del Rey. Góngora incluso se niega a aceptar el final de sus pretensiones ni siquiera cuando pierde la Chantría de Cordoba que había reclamado . Con lo que sobrevivia en Córdoba, no podía hacerlo en Madrid, las rentas eran escasas para la Corte.

Sus tres poderosos amigos morirían poco tiempo después. En 1621 don Rodrigo Calderón, en el cadalso. En 1922 mueren asesinados el conde de Villamediana y el conde de Lemos por motivos políticos. Góngora buscará congraciarse con el nuevo en la Corte Conde Duque de Olivares , pero no goza de sus favores.
En esta éspoca, de 1617 a 1622 Luis de Góngora trabaja en obras de circunstancias y prosigue las de carácter religioso.

En 1625 fallece su administrador don Cristóbal Heredia, lo que le precipita a regresar a Córdoba. En una carta del 24 de marzo dictada, se confirma que el poeta está enfermo de esclerosis vascular. No puede ni escribir. En su testamento no incluye a sus familiares (se queja de su maltrato) y deja como heredera a su alma.

En esta última época, de 1623 a 1625, centró su producción literaria en escribir acerca de temas morales sobre el desengaño.

Fue pintado por Velázquez y entre sus características personales que comentaban algunos autores, se decía que era una personas sociable, jovial, habladora y amanta de los lujos, los juegos de cartas y la tauromaquia.

Murió en Córdoba el 23 de Mayo de 1627. Dejó señalado en su testamento ser enterrado junto a sus padre en la capilla de San Bartolomé, donde la Real Academia de Córdoba celebra anualmente una misa y un acto poético en su honor.

Indicar que Góngora en vida no publica ninguna de sus obras. Pasaron por numerosas manos en copias manuscritas que se coleccionaron y recopilaron en cancioneros, romanceros y antologías, publicadas con o sin su permiso. Góngora simbolizó para la generación del 27 el poeta por antonomasia, donde Gerardo Diego consiguió reunir a grandes autores de dicha generación (Federico García Lorca, Rafael Alberti, Vicente Aleixandre, Dámaso Alonso, Luis Cernuda, Jorge Guillén, Pedro Salinas…) en el tricentenario de Góngora en 1927, que supuso una explosión de entusiasmo. Se publicaron varias antologías de publicaciones dedicadas a Góngora y comenzaron a hacérsele homenajes. Dámaso Alonso fue un gran estudioso de su obra.

Como curiosidades, Luis de Góngora, ante las críticas de su obra por el estilo sobreadronado, decía: “Honra me ha causado hacerme oscuro a los ignorantes, que esa es la distinción de los hombres cultos”.

FUENTES:

Wikipedia

Cervantes virtual

Universitat Pompeu Fabra Barcelona

Personajes históricos

Quién fue Luis de Góngora | Vida, Obras y Curiosidades

POEMAS

SUENE LA TROMPA BÉLICA (CANCIÓN) 1580

             DE LAS LUSÍADAS DE LUIS DE CAMOES QUE TRADUJO LUIS DE TAPIA, NATURAL DE SEVILLA
 
Suene la trompa bélica
del castellano cálamo,
dándoles lustre y ser a las Lusíadas,
y con su rima angélica
5 en el celeste tálamo,
encumbre su valor sobre las Híadas,
Napeas y Hamadríadas:
con amoroso cántico
y espíritu poético
10 celebren nuestro bético
del Mauritano mar al mar Atlántico,
pues vuela su Calíope
desde el blanco francés al negro etíope.
 
Aquí la fuerza indómita
15  del Pacheco diestrísimo
descubre de su Rey el pecho y ánimo;
la India deja atónita
con su valor rarísimo,
y al Samorín soberbio, pusilánimo.
20 Muéstrase aquí magnánimo
Alburquerque y solícito,
capitán integérrimo,
que al amador misérrimo
crudamente castiga el hecho ilícito,
25 y a Goa y su poténcïa
dos veces la sujeta a su obediéncïa.
 
Almeida, que a los árabes
con la venganza hórrida
sus muros y edificios va talándoles,
30 y a los rumes y alárabes
debajo de la Tórrida
con valerosa espada domeñándoles,
y mayor pena dándoles
con el hijo belígero
35 que en el seno cambáïco
contra el moro y hebráïco
muere mostrando su furor armígero,
sirviéndole de túmulo
de mamelucos el sangriento cúmulo.
 
40   Cuanta pechos heróïcos
te dan fama clarífica,
oh Lusitania, por la tierra cálida,
tanta versos históricos
te dan gloria mirífica,
45  celebrando tu nombre y fuerza válida:
dígalo la Castálida,
que al soberano Tápïa
hizo que (más que en árboles,
en bronces, piedras, mármoles)
50  en su verso eternice su prosápïa,
dándole el odorífero
lauro, por premio del gran Dios Lucífero.

A JUAN RUFO, DE SU AUSTRIADA

Cantastes, Rufo, tan heroicamente
De aquel César novel la augusta historia,
Que está dudosa entre los dos la gloria
Y a cuál se deba dar ninguno siente.
 
Y así la Fama, que hoy de gente en gente
Quiere que de los dos la igual memoria
Del tiempo y del olvido haya victoria,
Ciñe de lauro a cada cual la frente.
 
Debéis con gran razón ser igualados,
Pues fuistes cada cual único en su arte:
Él solo en armas, vos en letras solo,
 
Y al fin ambos igualmente ayudados:
Él de la espada del sangriento Marte,
Vos de la lira del sagrado Apolo.

SONETO A CÓRDOBA

 
            ¡Oh excelso muro, oh torres coronadas
            de honor, de majestad, de gallardía!
            ¡Oh gran río, gran rey de Andalucía,
            de arenas nobles, ya que no doradas!
 
5          ¡Oh fértil llano, oh sierras levantadas,
            que privilegia el cielo y dora el día!
            ¡Oh siempre glorïosa patria mía,
            tanto por plumas cuanto por espadas!:
 
            si entre aquellas rüinas y despojos
10        que enriquece Genil y Dauro baña
            tu memoria no fue alimento mío,
 
            nunca merezcan mis ausentes ojos
            ver tu muro, tus torres y tu río,
            tu llano y sierra, ioh patria, oh flor de España!

A UN SUEÑO

Varia imaginación que, en mil intentos,
A pesar gastas de tu triste dueño
La dulce munición del blando sueño,
Alimentando vanos pensamientos,
Pues traes los espíritus atentos
Sólo a representarme el grave ceño
Del rostro dulcemente zahareño
(Gloriosa suspensión de mis tormentos),
El sueño (autor de representaciones),
En su teatro, sobre el viento armado,
Sombras suele vestir de bulto bello.
Síguele; mostraráte el rostro amado,
Y engañarán un rato tus pasiones
Dos bienes, que serán dormir y vello.

RAYA DORADO SOL, ORNA Y COLORA

Raya, dorado Sol, orna y colora
            del alto monte la lozana cumbre,
            sigue con agradable mansedumbre
            el rojo paso de la blanca Aurora;
 
5          suelta las riendas a Favonio y Flora,
            y usando al esparcir tu nueva lumbre
            tu generoso oficio y real costumbre,
            el mar argenta, las campañas dora,
 
            para que de esta vega el campo raso
10        borde, saliendo Flérida, de flores;
            mas si no hubiere de salir acaso,
 
            ni el monte rayes, ornes ni colores,
            ni sigas de la Aurora el rojo paso,
            ni el mar argentes ni los campos dores.

A FRANCISCO DE QUEVEDO

Anacreonte español, no hay quien os tope,
Que no diga con mucha cortesía,
Que ya que vuestros pies son de elegía,
Que vuestras suavidades son de arrope.

¿No imitaréis al terenciano Lope,
Que al de Belerofonte cada día
Sobre zuecos de cómica poesía
Se calza espuelas, y le da un galope?

Con cuidado especial vuestros antojos
Dicen que quieren traducir al griego,
No habiéndolo mirado vuestros ojos.

Prestádselos un rato a mi ojo ciego,
Porque a luz saque ciertos versos flojos,
Y entenderéis cualquier gregüesco luego.

SONETO AL MARQUES DE AYAMONTE

Alta esperanza, gloria del estado,
No sólo de Ayamonte mas de España,
Si quien me da su lira no me engaña,
A más os tiene el cielo destinado.

De vuestra Fama oirá el clarín dorado,
Émulo ya del Sol, cuanto el mar baña;
Que trompas hasta aquí han sido de caña
Las que memorias han solicitado.

Alma al tiempo dará, vida a la historia
Vuestro nombre inmortal ¡oh digno esposo
De beldad soberana y peregrina!

Corónense estos muros ya de gloria,
Que serán cuna y nido generoso
De sucesión real, si no divina.

DE LA TOMA DE LARACHE (1610)

Larache, aquel africano
fuerte, ya que no galán,
al glorioso San Germán,
rayo militar cristiano,
se encomendó, y no fue en vano,
pues cristianó luego al moro,
y por más pompa y decoro,
siendo su compadre él mismo,
diez velas llevó al baptismo
con muchos escudos de oro.
A la española el marqués
lo vistió, y dejar le manda
cien piezas que, aunque de Holanda,
cada una un bronce es.
Dellas les hizo después
a sus lienzos guarnición,
y viendo que era razón
que un lienzo espirase olores,
oliendo lo dejó a flores,
si mosquetes flores son.

FRAGMENTO DE FÁBULA DE POLIFEMO Y GALATEA

XIII

Ninfa, de Doris hija, la más bella          
adora, que vio el reino de la espuma.           
Galatea es su nombre, y dulce en ella           
el terno Venus de sus Gracias suma.       
Son una y otra luminosa estrella            
lucientes ojos de su blanca pluma;          
si roca de cristal no es de Neptuno,            
pavón de Venus es, cisne de Juno.           

XIV

Purpúreas rosas sobre Galatea    105       
la Alba entre lilios cándidos deshoja:          
duda el Amor cuál más su color sea,         
o púrpura nevada, o nieve roja.         
De su frente la perla es, eritrea,          
émula vana. El ciego dios se enoja,       
y, condenado su esplendor, la deja          
pender en oro al nácar de su oreja.         

XV

Invidia de las ninfas y cuidado         
de cuantas honra el mar deidades era;           
pompa del marinero niño alado       
que sin fanal conduce su venera.            
Verde el cabello, el pecho no escamado,         
ronco sí, escucha a Glauco la ribera            
inducir a pisar la bella ingrata,           
en carro de cristal, campos de plata.         

XVI

Marino joven, las cerúleas sienes,          
del más tierno coral ciñe Palemo,           
rico de cuantos la agua engendra bienes,            
del Faro odioso al promontorio extremo;         
mas en la gracia igual, si en los desdenes      
perdonado algo más que Polifemo,            
de la que, aún no le oyó, y, calzada plumas,            
tantas flores pisó como él espumas.         

XVII

Huye la ninfa bella; y el marino            
amante nadador, ser bien quisiera,        
ya que no áspid a su pie divino,            
dorado pomo a su veloz carrera;         
mas, ¿cuál diente mortal, cuál metal fino           
la fuga suspender podrá ligera          
que el desdén solicita? ¡Oh cuánto yerra         
delfín que sigue en agua corza en tierra!   

FRAGMENTO DE SOLEDADES

Soledad primera

Era del año la estación florida     
en que el mentido robador de Europa     
(media luna las armas de su frente,     
y el Sol todos los rayos de su pelo),       
luciente honor del cielo,  
en campos de zafiro pace estrellas,     
cuando el que ministrar podía la copa       
a Júpiter mejor que el garzón de Ida,       
náufrago y desdeñado, sobre ausente,        
lagrimosas de amor dulces querellas    
da al mar, que condolido,       
fue a las ondas, fue al viento      
el mísero gemido,       
segundo de Arïón dulce instrumento.     
Del siempre en la montaña opuesto pino     
al enemigo Noto,        
piadoso miembro roto,       
breve tabla, delfín no fue pequeño      
al inconsiderado peregrino,     
que a una Libia de ondas su camino      
fió, y su vida a un leño.       
Del Océano pues antes sorbido,      
y luego vomitado        
no lejos de un escollo coronado     
de secos juncos, de calientes plumas,      
alga todo y espumas,        
halló hospitalidad donde halló nido     
de Júpiter el ave.      
Besa la arena, y de la rota nave        
aquella parte poca   30    
que le expuso en la playa dio a la roca;        
que aun se dejan las peñas      
lisonjear de agradecidas señas.     
Desnudo el joven, cuanto ya el vestido      
Océano ha bebido,    35    
restituir le hace a las arenas;     
y al Sol lo extiende luego,     
que, lamiéndolo apenas      
su dulce lengua de templado fuego,      
lento lo embiste, y con süave estilo       
la menor onda chupa al menor hilo.      


No bien pues de su luz los horizontes,      
que hacían desigual, confusamente,      
montes de agua y piélagos de montes,        
desdorados los siente,   45    
cuando, entregado el mísero extranjero      
en lo que ya del mar redimió fiero,     
entre espinas crepúsculos pisando,      
riscos que aun igualara mal volando     
veloz, intrépida ala,    50    
menos cansado que confuso, escala.      
Vencida al fin la cumbre,       
del mar siempre sonante,        
de la muda campaña      
árbitro igual e inexpugnable muro,      
con pie ya más seguro       
declina al vacilante        
breve esplendor del mal distinta lumbre,        
farol de una cabaña     
que sobre el ferro está en aquel incierto     
golfo de sombras anunciando el puerto.      
«Rayos, les dice, ya que no de Leda     
trémulos hijos, sed de mi fortuna       
término luminoso.» Y recelando      
de invidïosa bárbara arboleda       
interposición, cuando       
de vientos no conjuración alguna,       
cual haciendo el villano        
la fragosa montaña fácil llano,     
atento sigue aquella     70    
(aun a pesar de las tinieblas bella,        
aun a pesar de las estrellas clara)     
piedra, indigna tïara,      
si tradición apócrifa no miente,        
de animal tenebroso, cuya frente        
carro es brillante de nocturno día:     
tal, diligente, el paso     
el joven apresura,      
midiendo la espesura        
con igual pie que el raso,      
fijo, a despecho de la niebla fría,     
en el carbunclo, Norte de su aguja,     
o el Austro brame, o la arboleda cruja.     
El can ya vigilante     
convoca, despidiendo al caminante,      
y la que desviada       
luz poca pareció, tanta es vecina,      
que yace en ella robusta encina,        
mariposa en cenizas desatada.   

COMEDIA VENATORIA (FRAGMENTO)

(Salen CAMILA y CINTIA.)
CAMILA Yo me espanto
cómo con tal herida corrio tanto.
CINTIA Tan ligero el corzo es,
que no da menos enojos
el seguillo con los ojos
que alcanzallo con los pies;
y así por mi cuenta hallo
que, si consientes decillo,
hizo más que tú en herillo,
la saeta en alcanzallo.
Mas quede el brazo contento,
Camila, pues que de hoy más,
aunque imposible, podrás
decir que has herido al viento;
y quede la mano ufana,
pues lo hirió de manera
que más herido no fuera
de la mano de Diana.
Pues de tal suerte corría
que, mientras se desangraba,
rastro hacer no dejaba
de la sangre que vertía;
porque, como viste y vi,
siguiéndole su derrota,
aquí dejaba una gota
y otra una legua de allí.
CAMILA Bien corrió el ciervo; mas baste,
Cintia, para encarecer
lo que le vimos correr,
decir que no le alcanzaste
tú, que en correr y saltar
tienes ligereza tanta,
que sin mojarte la planta
puedes correr sobre el mar,
y, aunque agora te fatigas,
correr y echar mil traveses
sobre levantadas mieses
sin inclinar sus espigas.
Y así, pues que te cansó
muy mucho como el corcillo,
mucho hice yo en herillo,
mucho la flecha voló.
FLORISCIO Por bien graciosa manera
se alaban ellas agora,
la una de cazadora,
y la otra de ligera.
SILVIO Aguardemos hasta ver
si tienen, en tal lugar,
Camila más que tirar
y Cintia más que correr.
CAMILA Pero, Cintia, si se nota,
bien salimos, por mi vida,
tú con la aljaba perdida
y yo con la cuerda rota.
CINTIA La aljaba se me ha perdido.
CAMILA Así lo puedes creer,
si no se quedó al correr
tras el corcillo herido.
CINTIA No sé cómo la perdí,
ni aun entiendo de qué suerte
rompiste tú una tan fuerte
cuerda de un tirón.
CAMILA Yo sí;
con tal fuerza y tan de veras
el arco quise flechar
por herillo, que juntar
hice las dos empulgueras:
él la flecha despidió,
y, queriendo abrirse cuanto
lo junté, como fue tanto,
la cuerda no lo sufrió.
CINTIA Tras de una fïera muy brava
yo no sé qué más se pierda
que, por herillo, una cuerda
y, por seguillo, una aljaba.
A buscallo quiero ir yo.
CAMILA Muy buena estaría la ida:
tú serías la perdida
en ir, y el aljaba no.
SILVIO Salgamos a consolalla,
que amor acá me remuerde.
FLORISCIO Aguarda.
CAMILA Aun lo que se pierde
en lo llano, no se halla;
cuanto más lo que perdiste
entre matas tan espesas.

CINTIA Muestras de alegre son esas.
CAMILA Y aun esas muestras de triste.
CINTIA No hay negallo, triste estoy.
CAMILA Pues, porque no lo estés más,
ten de ese hilo, y verás
cuán grande maestra soy
de torcer cuerdas. Ea, ten.
CINTIA No me detengas.
CAMILA Ea, acaba.
CINTIA Bien hallaré yo mi aljaba
desta suerte.
CAMILA Tuerce bien.
(Salen SILVIO y FLORISCIO.)
SILVIO ¡Mi Cintia!
FLORISCIO ¡Camila bella!
CAMILA Ay, ¿qué nos ha salteado?
SILVIO Quien escondido ha escuchado
de cada cual la querella.
CINTIA ¿Y della, que
habéis sentido,
o al menos de mi cuidado?
SILVIO Siento de él, que me ha cobrado
la aljaba que has hoy perdido.
CINTIA ¿Cómo así?
SILVIO Cintia hermosa,
sirviéndote de esta mía
y de este arco, que algún día
trujo tu mano envidiosa.
CINTIA El don, Silvio, es tan galano,
que en tomarlo anda ya cuerda,
puesto que la aljaba pierda
tal hombro, el arco tal mano.
Mas no se dirá de mí
que a los dos fui tan cruel,
a ti en desarmarte de él,
a él en quitarlo de ti.
FLORISCIO Pues sea de aqueste modo:
que si te da Silvio el suyo,
tú le des el arco tuyo;
ganarás tú, y él, y todo.
CINTIA De esa suerte lo haré,
por tu gusto y mi reposo.
SILVIO ¡O yo mil veces dichoso,
que tal merced alcancé!
CAMILA No sé, Cintia, qué te diga;
gana tenías de trocar.

PANEGÍRICO AL DUQUE DE LERMA

 
            I
 
            Si arrebatado merecí algún día
            tu dictamen, Euterpe, soberano,
            bese el corvo marfil hoy desta mía
            sonante lira tu divina mano;
5          émula de las trompas su armonía,
            el séptimo trïón de nieves cano,
            la adusta Libia, sorda aun más, lo sienta,
            que los áspides fríos que alimenta.
 
            II
 
            Oya el canoro hueso de la fiera,
10        pompa de sus orillas, la corriente
            del Ganges, cuya bárbara ribera
            baño es supersticioso del oriente;
            de venenosa pluma, si ligera,
            armado lo oya el Marañon valiente,
15        y débale a mis números, el mundo,
            del fénix de los Sandos un segundo.
 
            III
 
            Segundo en tiempo, sí, mas primer Sando
            en togado valor; dígalo armada
            de paz su diestra, díganlo trepando,
20        las ramas de Minerva, por su espada,
            bien que desnudos sus aceros, cuando
            cerviz rebelde o religión postrada
            obligan a su rey que tuerza, grave,
            al templo del bifronte dios la llave.
 
            IV
 
25        Este, pues, digno sucesor del claro
            Gómez Diego, del Marte cuya gloria
            a las alas hurtó, del tiempo avaro,
            cuantas le prestó plumas a la historia;
            este, a quien guardará mármoles Paro,
30        que informe el arte, anime la memoria,
            su primer cuna al Duero se la debe,
            si cristal no fue tanto cuna breve.

AMARRADO AL DURO BANCO

Amarrado al duro banco
De una galera turquesca,
Ambas manos en el remo
Y ambos ojos en la tierra,
Un forzado de Dragut
En la playa de Marbella
Se quejaba al ronco son
Del remo y de la cadena:
«¡Oh sagrado mar de España,
Famosa playa serena,
Teatro donde se han hecho
Cien mil navales tragedias!,
»Pues eres tú el mismo mar
Que con tus crecientes besas
Las murallas de mi patria,
Coronadas y soberbias,
»Tráeme nuevas de mi esposa,
Y dime si han sido ciertas
Las lágrimas y suspiros
Que me dice por sus letras;
»Porque si es verdad que llora
Mi captiverio en tu arena,
Bien puedes al mar del Sur
Vencer en lucientes perlas.
»Dame ya, sagrado mar,
A mis demandas respuesta,
Que bien puedes, si es verdad
Que las aguas tienen lengua,
»Pero, pues no me respondes,
Sin duda alguna que es muerta,
Aunque no lo debe ser,
Pues que vivo yo en su ausencia.
»¡Pues he vivido diez años
Sin libertad y sin ella,
Siempre al remo condenado
A nadie matarán penas!»
En esto se descubrieron
De la Religión seis velas,
Y el cómitre mandó usar
Al forzado de su fuerza.

MIENTRAS POR COMPETIR CON TU CABELLO

Mientras por competir con tu cabello
Oro bruñido al sol relumbra en vano,
Mientras con menosprecio en medio el llano
Mira tu blanca frente al lilio bello;

Mientras a cada labio, por cogello,
Siguen más ojos que al clavel temprano,
Y mientras triunfa con desdén lozano
Del luciente cristal tu gentil cuello,

Goza cuello, cabello, labio y frente,
Antes que lo que fue en tu edad dorada
Oro, lilio, clavel, cristal luciente,

No sólo en plata o vïola troncada
Se vuelva, más tú y ello juntamente
En tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada.

ÁNDEME YO CALIENTE

 Ándeme yo caliente
Y ríase la gente.
Traten otros del gobierno
Del mundo y sus monarquías,
Mientras gobiernan mis días
Mantequillas y pan tierno,
Y las mañanas de invierno
Naranjada y aguardiente,
 Y ríase la gente.
 Coma en dorada vajilla
El príncipe mil cuidados,
Cómo píldoras dorados;
Que yo en mi pobre mesilla
Quiero más una morcilla
Que en el asador reviente,
 Y ríase la gente.
 Cuando cubra las montañas
De blanca nieve el enero,
Tenga yo lleno el brasero
De bellotas y castañas,
Y quien las dulces patrañas
Del Rey que rabió me cuente,
Y ríase la gente.
 Busque muy en hora buena
El mercader nuevos soles;
Yo conchas y caracoles
Entre la menuda arena,
Escuchando a Filomena
Sobre el chopo de la fuente,
Y ríase la gente.
 Pase a media noche el mar,
Y arda en amorosa llama
Leandro por ver a su Dama;
Que yo más quiero pasar
Del golfo de mi lagar 
La blanca o roja corriente,
Y ríase la gente.
 Pues Amor es tan cruel,
Que de Píramo y su amada
Hace tálamo una espada,
Do se junten ella y él,
Sea mi Tisbe un pastel,
Y la espada sea mi diente,
Y ríase la gente

A CIERTA DAMA QUE SE DEJABA VENCER

Mientras Corinto, en lágrimas deshecho,
La sangre de su pecho vierte en vano,
Vende Lice a un decrépito indïano
Por cient escudos la mitad del lecho.

¿Quién, pues, se maravilla deste hecho,
Sabiendo que halla ya paso más llano,
La bolsa abierta, el rico pelicano,
Que el pelícano pobre, abierto el pecho?

Interés, ojos de oro como gato,
Y gato de doblones, no Amor ciego,
Que leña y plumas gasta, cient arpones

Le flechó de la aljaba de un talego.
¿Qué Tremecén no desmantela un trato,
Arrimándole al trato cient cañones?

VUELA PENSAMIENTO Y DILES

Vuela, pensamiento, y diles
A los ojos que te envío
Que eres mío.

Celosa el alma te envía
Por diligente ministro,
Con poderes de registro
Y con malicias de espía;
Trata los aires de día,
Pisa de noche las salas
Con tan invisibles alas
Cuanto con pasos sutiles.

Vuela, pensamiento, y diles
A los ojos que te envío
Que eres mío.

Tu vuelo con diligencia
Y silencio se concluya,
Antes que venzan la suya
Las condiciones de ausencia;
Que no hay fiar resistencia
De una fe de vidrio tal,
Tras de un muro de cristal,
Y batido de esmeriles.

Vuela, pensamiento, y diles
A los ojos que te envío
Que eres mío.

Mira que su casa escombros
De unos soldados fiambres,
Que perdonando a sus hambres
Amenazan a los hombres;
De los tales no te asombres,
Porque, aunque tuercen los tales
Mostachazos criminales,
Ciñen espadas civiles.

Vuela, pensamiento, y diles
A los ojos que te envío
Que eres mío.

Por tu honra y por la mía,
De esta gente la descartes,
Que le serán estos Martes
Más aciagos que el día;
Pues la lanza de Argalía
Es ya cosa averiguada
Que pudo más por dorada
Que por fuerte la de Aquiles.

Vuela, pensamiento, y diles
A los ojos que te envío
Que eres mío.

Si a músicos entrar dejas,
Ciertos serán mis enojos,
Porque aseguran los ojos
Y saltean las orejas;
Cuando ellos ajenas quejas
Canten, ronda, pensamiento,
Y la voz, no el instrumento
Les quiten tus alguaciles.

Vuela, pensamiento, y diles
A los ojos que te envío
Que eres mío.

A UN PINTOR FLAMENCO, MIENTRAS PINTABA SU RETRATO (1620)

Hurtas mi vulto y, cuanto más le debe
a tu pincel, dos veces peregrino,
de espíritu vivaz el breve lino
en las colores que sediento bebe,
vanas cenizas temo al lino breve,
que émulo del barro lo imagino,
a quien, ya etéreo fuese, ya divino,
vida le fió muda esplendor leve.
Belga gentil, prosigue al hurto noble;
que a su materia perdonará el fuego,
y el tiempo ignorará su contextura.
Los siglos que en sus hojas cuenta un roble,
árbol los cuenta sordo, tronco ciego;
quien más ve, quien más oye, menos dura.

A LOS CELOS

¡Oh niebla del estado más sereno,
Furia infernal, serpiente mal nacida!
¡Oh ponzoñosa víbora escondida
De verde prado en oloroso seno!
¡Oh entre el néctar de Amor mortal veneno,
Que en vaso de cristal quitas la vida!
¡Oh espada sobre mí de un pelo asida,
De la amorosa espuela duro freno!
¡Oh celo, del favor verdugo eterno!,
Vuélvete al lugar triste donde estabas,
O al reino (si allá cabes) del espanto;
Mas no cabrás allá, que pues ha tanto
Que comes de ti mesmo y no te acabas,
Mayor debes de ser que el mismo infierno.

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PRÓXIMO NÚMERO

86. Poesía más Poesía: Gerardo Diego

GERARDO DIEGO

BIOGRAFÍA

Gerardo Diego Cendoya nació en Santander, Cantabria, el 3 de Octubre de 1896 y murió el 8 de julio 1987. Hijo de Manuel Diego Barquín y de Ángela Cendoya, propietarios de un comercio de tejidos en Santander. Tenía Gerardo Diego tres hermanos de un matrimonio anterior del padre, del que quedó viudo y otros tres del actual, donde él era el más pequeño. Vio morir a dos de sus hermanos y una hermana de tuberculosis.

Gerardo Diego indica en su autobiografía que sus padres confiaban en él y se iba a jugar con los niños más humildes del muelle de Santander, donde aprendió muchas picardías. También iba a casa habitualmente de la familia Menéndez Pelayo (escritor español, filólogo, crítico literario e historiador), con quien el padre tenía una amistad.


Muy aficionado a la Geografía, no sólo a la Física del globo, sino a la Cosmografía, recibió clases con Antonio Torres Tirado, autor de un gran mapa celeste visto en muchos techos de aulas y de gabinetes de institutos. Aprende solfeo, piano, y pintura estimulado por el crítico Narciso Alonso Cortés. Comenzó su afición literaria a los trece años, cuando entró en su clase. Se empezó a interesar por la retórica del libro de texto de Nicolás Latorre, que fue una revelación para él.
Tras la muerte de Menéndez Pelayo, comenzaron a construir una biblioteca, a la que acudía para encontrarse con el bibliotecario Marcelino y con Enrique Menéndez, donde mantenían grandes conversaciones. Enrique Menéndez fue uno de los primeros en conocer versos suyos.
Uno de los hermanos mayores de Gerardo Diego, le indicó que estudiara en Bilbao con los jesuitas (él estaba en la orden). Fue en la época de 1913-1916. Fue alumno de la universidad de Deusto, licenciándose en Filosofía y Letras. Uno de sus profesores Jesuítas, el padre Cabo, el más artista, le daba a leer libros de Villaespesa, Rubén Darío, Valle Inclán. Leía también a Unamuno, a clásicos y autores del siglo XIX.
Allí conoció a Juan Larrea. Comenta en su autobiografía que tenía una vocación literaria muy avanzada, escribía en verso y prosa, con gran destreza e imaginación y una gran pasión por el teatro. Dice que le debía muchísimo porque le abrió muchos horizontes. Ejerció una gran influencia en él. Se fueron a Madrid en el último trimestre para asistir como oyentes a las clases y poderse examinar. Esto ocurrió en 1916 y consiguió licenciarse. Asistió a la temporada taurina, los bailes rusos de Diaguilev en el Real. Stravinski estrenó el pájaro de fuego y Pertrushka. Vio todas las obras y se gastó todos sus ahorros en asistir al Real. Aquello fue para Gerardo Diego una gran revelación estética, a la vez que las relaciones literarias. Leía libros de Ramón Gómez de la Serna, de Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado…
En 1915 comenzó a escribir sus primeros versos, pero sin ningún propósito de publicarlos.
En 1917 obtiene un premio literario de la Editorial Calleja.
Fue en 1918 en el que arranca su decisión de dedicarse a la poesía. Contagiado por el estímulo de Larrea, comenzó a escribir todos los días.

Frecuenta el Ateneo, la tertulia itinerante ultraista de Rafael Cansinos Assens y la de Ramón Gómez de la Serna en el café de Pombo Comenzó a leer libros de Huidobro, revistas, y se entusiasmó con el creacionismo. En 1919 dio una conferencia en Santander acerca de La poesía nueva, que no estuvo exenta de polémica por hablar del Ultraísmo, movimiento poético representado por autores como Huidobro.

Le escribió una carta de saludo a Huidobro, quien le respondió muy amablemente y en el año 1922 le invitó a ir a París para pasar una temporada con él. Estuvo en septiembre en su casa de París y Normandía, donde tenía a la familia veraneando. Comenta que ni Eugenio Montes, ni Vicente Huidobro comprendían cómo el mismo día que escribía un poema de intención creacionista o algo ultraísta, escribiera también un soneto,un romance sentimental o una poesía a la Virgen María, cosa que a él le parecía normal y lo siguió practicando.

Entabló relaciones personales con Antonio Machado y con Juan Ramón Jiménez. Con Unamuno había tenido una relación como alumno. Las oposiciones que ganó en 1919 fueron a una cátedra que Antonio Machado abandonó, en Baeza. Las del año siguiente eran a Soria y Gijón. El número dos lo obtuvo Gerardo Diego, por lo que le tocó Soria. Ante el consejo de Antonio Machado que no dejara Soria, lo hizo y optó por Gijón, donde obtuvo su cátedra. Era el año 1920. En Soria estuvo hasta 1922. Con Antonio Machado entabló contacto porque le envió su libro de poesía El Romancero de la Novia, publicado en ese mismo año, que elogió e hizo incluso un artículo en el periódico hablando de él. Fue a verlo y también a Juan Ramón Jiménez.
En una tertulia donde León Felipe leía su libro Versos y oraciones del caminante, descubrió que se conocían, pues él había sido el boticario del barrio, llamado Felipe Camino, pero que había modificado por León Felipe. Conoció también, entre otros, a Alfonso Reyes, Díez-Canedo y Pedro Salinas.
En 1922 publica su primer poemario vanguardista: Imagen: poemas, con cubierta de Francisco Gutiérrez Cossío.

Gerardo Diego y Juan Larrea

En 1923 publica Soria: galería de estampas y efusiones. En Gijón conoció a Moreno Villa,un archivero bibliotecario que entre otras muchas cosas era crítico y poeta, enmarcado también en la Generación del 27 y que posteriormente se iría con él a Madrid, a la Residencia. Un día recibió una carta de Ortega y Gasset diciéndole que iba a fundar la revista Occidente y quería que colaborase con él. Primero salió una nota sobre el libro de Soria que acababa de editarse, y en el segundo o tercer número, apareció un ensayo de Gerardo Diego. Fue en 1923. Las primeras revistas en la que publicó fueron Revista Grial, Revista Castellana y las Vanguardistas Grecia, Reflector, Cervantes y Ultra 3. Dirigió en Santander dos importantes revistas del 27: Lola y Carmen. Conoce a los grandes autores de su generación: Salinas, Guillén, Lorca, Dámaso Alonso, Alberti 1924 publica Manual de Espumas que recibirá al año siguiente el Premio Nacional de Literatura ex aequo con Rafael Alberti y su Marinero en tierra.  Antonio Machado elogia su Manual de espumas. Aprovecha el importe del premio para viajar por Andalucía en 1925; el compositor Manuel de Falla, con quien se cartea, le sirve de guía por Granada; Publica Versos Humanos en 1925, dedicado a Jose María de Cossio (escritor y polígrafo español con el que tenía una gran amistad). Participa en la revista parisina que dirigen Juan Larrea y el gran poeta expresionista peruano César Vallejo. En 1926 Gerardo Diego organizó un homenaje a Góngora. En la biblioteca Menéndez Pelayo se pasaba los veranos leyendo sus obras y los comentarios de las mismas que tenía Marcelino. Nombraron a Alberti secretario para que se encargara de escribir cartas y recavar las adhesiones o las colaboraciones de los que interesaba que tomaran parte en el homenaje. Se sumó Dámaso Alonso, que se reveló como un crítico y un verdadero radiógrafo de la obra de Góngora, poniendo todos sus valores al descubierto. También Jose María de Cossío, Pedro Salinas, Federico García Lorca, Jorge Guillén, Antonio de Marichalar , Alfonso Reyes…Como invitados a colaborar como artistas: Juan Gris, Picasso y Manuel Ángeles Ortiz. Contaron también con la colaboración de Manuel de Falla con su música. Gerardo Diego publica una antología dentro del proyecto de publicaciones dedicadas a Góngora, publicadas por la Revista de Occidente en 1927. El proyecto inicial presentado por Gerardo Diego consistía en doce ediciones. Finalmente sólo se publicaron tres, además de su antología: Soledades ,editadas por Dámaso Alonso y Romances de Góngora editados por José María de Cossío. Tras el homenaje a Góngora, en 1927 proliferaron los homenajes poéticos al mismo, se agotaban las ediciones.. En 1928, en la revista de Gerardo Diego Carmen, le dedicaron en uno de sus números un homenaje a Fray Luis de Leon, en los que colaboraron todos (Alberti, Lorca, Salinas…) Junto con la revista Lola fueron dos de las más importantes de la generación del 27.  En 1928 viaja por Argentina y Uruguay, dando recitales-conciertos y conferencias, y en 1931 consigue el traslado al Instituto de Santander.

Publica en 1930 Viacrucis. 
Elaboró las dos versiones de la famosa antología Poesía española (la de 1932 y la de 1934) que dio a conocer a los autores de la Generación del 27 y donde incluyó a dos mujeres: Ernestina de Champourcín y Josefina de la Torre.

En 1932 publica en México dos libros: Fábula de Equis y Zeda y Poemas adrede. Fábula de Equis y Zeda es una espléndida parodia de las fábulas mitológicas, en homenaje a su homólogo Luis de Góngora. Compuestos mediante sextinas reales, los versos de este poemario constituyen un buen ejemplo de la poesía creacionista que alumbró Gerardo Diego en diversos momentos de su trayectoria poética. Es crítico musical de El Imparcial, y al año siguiente de La Libertad. En el año 1934 con una francesa, Germaine Marin, con la que tendrá seis hijos. En 1935 se llamó a Gerardo Diego desde el Ministerio de Estado para un puesto en la embajada de Filipinas:  «Usted lo que tiene que hacer es nada más que defender el español, demostrar que allí la gente entiende el español, hablarles en español y hacer todo lo posible por la cultura española». Se fue a Filipinas con Julio Palacios, que era ya académico de la Academia de Ciencias Exacta. En ese mismo año se traslada como catedrático al Instituto de Santander. La Guerra Civil estalla cuando se halla de vacaciones en Sentaraille (Francia) con la familia de su mujer,  Se instala en Toulouse y no regresa a Santander hasta su toma por el ejército nacional, en el verano de 1937. Finalizada la contienda civil y no solo la establecida entre poesía pura y poesía impura, se traslada al Instituto Beatriz Galindo de Madrid,en 1939 en el que permanecería hasta su jubilación en 1966. A parte de la cátedra, se dedicaba a dar conferencias, tanto literarias como poéticas, también conferencias-concierto, tocando el piano, indicando que eran años muy duros y que la retribución a los catedráticos era mínima. Aunque no se definió en el bando de la España Republicana, sí que reivindica la obra de Miguel Hernández en varios de sus artículos.


En 1940 imprime Ángeles de Compostela, un libro muy ambicioso en que las figuras centrales son los cuatro ángeles del Pórtico de la Gloria en la catedral de Santiago de Compostela, que representan las cuatro Postrimerías del hombre: muerte, juicio, infierno y gloria.
En 1941 publica Alondra de verdad, una colección de 42 sonetos y también publica el libro de poesía Romances.
En 1944 publica Iniciales y La sorpresa. Cancionero de Sentaraille,,

En 1947  le nombraron miembro de la Real Academia Española.
Vuelve a la vanguardia con Limbo (1951). Escribe numerosos textos en prosa para la radio.
En 1956 obtiene el Premio Nacional “José Antonio Primo de Rivera” por su obra Paisaje con Figuras.
En 1962 obtiene el Calderón de la Barca por su retablo escénico El cerezo y la palmera, su incursión en el teatro.
Se jubila en 1966.
En 1969 se estrenó en el Teatro Real de Madrid una Cantata sobre los Derechos Humanos que llevaba letra suya y música de Óscar Esplá.
En 1979, se le concedió el Premio Cervantes, el cual curiosamente resultó ser la única vez en que se premió a dos personas en un mismo año (el otro premiado fue el argentino Jorge Luis Borges).

Cena de la revista ‘Mediodía’ en homenaje a Gerardo Diego. Núñez de Herrera está de pie, el cuarto por la izquierda, con pajarita

Murió en Madrid de una bronquitis el 8 de julio de 1987, a los 90 años.

Su obra a partir de 1948 sigue proliferando como muestran sus publicaciones:

En 1948 Soria. Santander y Nueva cantiga de Santa María de la Arrixaca.
En 1949 Hasta siempre y La luna en el desierto y otros poemas. 
En 1951 Limbo. 
En 1952 Dos poemas (Versos divinos), Visitación de Gabriel Miró y segundo sueño: homenaje a Sor Juana Inés de la Cruz. 
En 1953 Biografía incompleta.
En 1954 Variación
!955 Amazona
1956 Égloga de Antonio Bienvenida, Paisaje con figuras y Papeles de Son Armadans, que fue premio Nacional de Literatura en ese año.
En 1958 Amor Solo yEvasión. Lírica Hispánica Caracas
En 1959 Canciones a Violante.
En 1961 Glosa a Villamediana, La rama, Santander y la Isla de los ratones
Sonetos a Violante, Sevilla, La Muestra, 1962.
En 1963 La Suerte o la muerte, Nocturnos de Chopen.
En 1964 El jándalo
En 1965 Poesía amorosa
En 1966 Odas Morales y Variación 2, clásico de todos los años
En 1967 Segunda antología de sus versos y la fundación del querer
En 1971 Versos divinos
En 1972 Cementerio Civil
En 1975 Carmen jubilar
En 1985 Cometa Errante, Decir de la Rioja y Gerardo Diego para niños.
Gerardo Diego es considerado una de las figuras más representativas de la Generación del 27, a la que agrupó por primera vez la célebre antología, que es casi como un manifiesto, y que encabezó el redescubrimiento de Góngora.

POEMAS

ELLA (DEL LIBRO EL ROMANCERO DE LA NOVIA)

¿No la conocéis? Entonces
imaginadla, soñadla.
¿Quién será capaz de hacer
el retrato de la amada?
              
Yo sólo podría hablaros
vagamente de su lánguida
figura, de su aureola
triste, profunda y romántica.
              
Os diría que sus trenzas
rizadas sobre la espalda
son tan negras que iluminan
en la noche. Que cuando anda,
              
no parece que se apoya,
flota, navega, resbala…
Os hablaría de un gesto
muy suyo…, de sus palabras,
              
a la vez desdén y mimo,
a un tiempo reproche y lágrimas,
distantes como en un éxtasis,
como en un beso cercanas…
              
Pero no: cerrad los ojos,
imaginadla, soñadla,
reflejada en el cambiante
espejo de vuestra alma.

AIRE, ( DEL LIBRO INICIALES)

Ya se apagaron los celestes fuegos.
Ahora el paisaje es como un gran latido,
palpita un manso anhelo de ternura
en su regazo lírico
en tanto que con gracia sosegada
se despereza el suelo estremecido.
El labio innumerable de la brisa
me acaricia solícito.

Juego de luces suave como un bálsamo,
el ámbito humedece de amarillo
temblor la luz difusa
del éxtasis muriente vespertino,
y en ella se disuelve
la que derrama tibio
el farol con su pulpa azucarada
y su aureola verdosa. Se oye el tímido
pestañear del lucero de la tarde,
solo en el infinito.

Es todo aéreo, frágil, luminoso.
Tosas las cosas son como suspiros
que del alma del mundo, tierna y grande,
se escapasen furtivos.

Y yo siento en mi alma cómo nacen
las alas milagrosas del espíritu.

AHOGO (DEL LIBRO IMAGEN)

Déjame hacer un árbol con tus trenzas.

Mañana me hallarán ahorcado
en el nudo celeste de tus venas.

Se va a casar la novia
del marinerito.

Haré una gran pajarita
con sus cartas cruzadas.
Y luego romperé
la luna de una pedrada.
Neurastenia, dice el doctor.

Gulliver a hundido todos los navíos.

Codicilo: dejo a mi novia
un puñal y una carcajada.

LUZ (DEL LIBRO IMAGEN)

A José Ortega y Gasset

Para librarnos del sol
abramos estos árboles
que brotaron anoche de mis venas
Una lluvia de abejas
se inmoviliza suspendida apenas

Los colores duermen
en la acequia ensordecida

Y las norias cantando ingenuidades
dan vueltas a la vida
Rápido
Rápido como un viaducto
ha cruzado un torbellino de naufragios
Todos reconocimos
quién la cabeza propia
quién un brazo
Y sin embargo
henos aquí magníficos
bajo el emparrado telegráfico
Henos aquí pulsando entre árbol y árbol
las siestas bien abiertas
desgarradas en lentos desperezos.
Cae un fresco granizo de murmullos
Elevemos la voz
más allá
de los muros

Todo era cierto
Los pordioseros se han vestido de fuego
vuelto al sur
se espulga
el viento que en su último raid
perdió todas sus plumas

Una pareja de robles
arrastra lentamente
al verano embriagado
que duerme sobre sombras verticales

Se ha agostado las catedrales
Y los mapas resecos
no pueden exprimir sus carreteras

Veremos la catástrofe
al resplandor de hoguera de las bayonetas

Una bandada de últimos jirones
transmigra hacia un oriente de leones

Lloremos

La fiesta perdió sus cuernos
que quedaron enredados en los cierzos

Y allá abajo
en el fondo del crepúsculo
que sueña en el pozo de su musgo

La luna adolescente
que disparó la flecha póstuma
ha dejado caer lacias sus cuerdas.

NOCTURNO (DEL LIBRO MANUAL DE ESPUMAS)

A Manuel Machado.

Están todas

También las que se encienden en las noches de moda

Nace del cielo tanto humo
que ha oxidado mis ojos

Son sensibles al tacto las estrellas
No sé escribir a máquina sin ellas

Ellas lo saben todo
Graduar el mar febril
y refrescar mi sangre con su nieve infantil

La noche ha abierto el piano
y yo las digo adiós con la mano

A ENRIQUE MENÉNDEZ (DE VERSOS HUMANOS)

Una humilde corona,
dulce Enrique Menéndez,
de eternas siempre vivas
quisiera entretejerte,

que sobre tu sepulcro
calladas balanceen
sus espigados tallos
al soplo del nordeste.

Tú que amabas las flores
de tu huerto obediente,
tu huerto que en tu ausencia
tristemente florece,

acéptame estas pocas
florecillas silvestres
regadas de mis lágrimas
entre mis manos leves.

Flores de cada día
que corté amargamente
de mis pobres jardines
efímeros y estériles,

flores de cada hora
que mi tierra me ofrece
para adornar altares,
para decorar sienes.

Y qué ara más bendita
que tu sepulcro agreste,
divina jaula triste
sin cantor que la alegre.

Y a qué sienes ceñir
corona de laureles
como a estar tuyas nuevas
que ya nunca encanecen.

Aquí, pues te las dejo
desmayadas y flébiles,
pero a nadie le digas
que hoy he venido a verte.

Los días van pasando.
Van pasando los mese.
Las flores y los pájaros
han vuelto y tú no vuelves.

Te arrancó de nosotros
la burladora muerte,
y desde entonces pisas
huertos siempre perennes.

Abajo, los poetas,
jardineros terrestres,
cantamos y cortamos
las flores del poniente.

Las del alba tú solo
las cosechas celeste,
del jardín de la vida
tras el mar de la muerte.

Te fuiste tú y seguimos
torpemente vivientes.
Qué vergüenza vivir
cuando los buenos mueren.

Toma estas flores tristes,
dulce Enrique Menéndez,
pero a nadie le digas
que hoy he venido a verte.

EL CIPRES DE SILOS (DEL LIBRO VERSOS HUMANOS)

A Ángel del Río

Enhiesto surtidor de sombra y sueño
que acongojas el cielo con tu lanza.
Chorro que a las estrellas casi alcanza
devanado a sí mismo en loco empeño.

Mástil de soledad, prodigio isleño,
flecha de fe, saeta de esperanza.
Hoy llegó a ti, riberas del Arlanza,
peregrina al azar, mi alma sin dueño.

Cuando te vi señero, dulce, firme,
qué ansiedades sentí de diluirme
y ascender como tú, vuelto en cristales,

como tú, negra torre de arduos filos,
ejemplo de delirios verticales,
mudo ciprés en el fervor de Silos.

IDILIO DEL ESTROPAJO (DEL LIBRO BIOGRAFÍA INCOMPLETA)

Aunque me siento por dentro de seda
estropajo seré hasta que me muera
Me enamoré de las vasijas y peroles
del hiero el cobre el barco
y de la piel de las esclavas negras
Me enamoré de la indecible inapelable
mejilla de los últimos maricas
de los cardos en flor y de los pétalos
de las estudiantiles amapolas
y de los hilos de la virgen y de los cabellos de ángel
pero mi tentación es desnudarme hasta la seda.

Yo sé lo que es trasmutación crisálida
el aroma del nardo se vuelve polvo de ladrillo
el abrazo de los amantes cola de cometa
la oración del almuédano ceniza de sauce
el sabor del aceite rosal de rosas y de espinas
pido alianza al jabón a los guantes de goma
al agua de los cubos cuando refleja el cielo
pido a Dios que me alivie este desvelo
Un niño de dos años me ha aprendido
su tercera palabra hoy. Me reza en letanía
Estropajo Estropajo
Sus labios son mi gloria
Estropajo Estropajo
Y tú dame la mano colegiala
no,no temas, no te haré daño
Yo sé besar tan delicadamente
como el agua que mana entre los berros
Sé besar como el verso en verdor de Garcilaso
aunque me vista de cilicio y de estropajo.

PASE DE PECHO ( DEL LIBRO LA SUERTE O LA MUERTE)

Entre un temporal deshecho
la gruesa nave embestía.
Al pasar por el estrecho
la plaza se estremecía.
Tú, erguido, firme, derecho,
faro en tu roca vigía,
larga el brazo, álzale al techo,
rompa la espuma bravía.
Y allá va el pase de pecho.
Fue la noche y ya es el día.

LOS ANGELES NOCTURNOS (DEL LIBRO ANGELES DE COMPOSTELA)

Y más ángeles, más, cumpliendo turnos:
los ángeles nombre de la vela,
ángeles en falange y centinela
ante el arca marmórica, nocturnos.

Son ángeles infantes, taciturnos,
plegada el ala que ya nunca vuela,
ángeles que custodian la cancela,
que defienden la guarda a los diurnos.

Todas las noches oye la basílica
rumores de una música dactílica,
alas de un mar unánime y redondo,

chocar de espadas, dragos y murciegos,
membranas, precipicios, uñas, fuegos.
Y el “¿Dónde estás?”. – “Aquí. Yo no me escondo.”

SONETO A VIOLANTE

Yo no sé hacer sonetos más que amando.
Brotan en mí, me nacen sin licencia.
Los hago o ellos me hacen, inocencia
de amor que se descubre. Tú esperando,
tú, mi Violante, un sueño acariciando
¿cómo quieres que yo no arda en vehemencia
y por catorce llamas de impaciencia
no exhale el alma que te está cantando?
Si yo he amado volcán, árbol y torre,
si te abraza y te abrasa y te recorre
hiedra envolvente y sangre surtidora,
si eres musa y mujer, pena y secreto,
te he de entregar celoso mi alfabeto
que de ti y de tus labios se enamora.

ESTE CIEGO LIRISMO (DEL LIBRO Biografía incompleta)

Este ciego lirismo que se arrastra palpando
que alarga sus antenas doloroso y elástico
este torpe lirismo cuajado cuerpo sólido
onerosa presencia de cristales truncados
este sordo lirismo mudo lirismo idiota
lirismo que se está que permanece impávido
sin saber del azul más de lo que le cuentan
roces de golondrinas y cuencas de rayos
ni del ojo del tigre más que la cifra bruta
de sus emisiones instantáneas
sin comprender apenas que es nivel de altitudes
donde empiezan las nieves perpetuas de la música
Este lirismo en fin inválido y tullido
soportando el terrible secreto de sus ansias
su pólvora de odios su pasión de metales
su choque de remoto terremoto
¿lo llevamos al cuello para hundirnos
en el pozo del vértigo sin límite
o para hacer posible el divino equilibrio
de esas alas de seres que
vuelan cantan traspapelan azotan?

A LA DISCIPLINA (DEL LIBRO ODAS MORALES )

A Jorge Guillén

Azota con ahínco
mis carnes temerosas y venales,
tú, mi lira de cinco
ramales desiguales,
sángrenme tus espinas y cristales.
¿Maestro yo? Vergüenza
de tanta trampa que hago y que deshago.
Toscaza ni Provenza
ni España de Santiago
vieron jamás tan falso prestimago.
Contigo me confieso
y acudo y me sacuden tus batanes
y de mirar no ceso
mis fealdades y afanes
en tus luises espejos y sanjuanes.
Ensáñate y castiga
mi verso con tu nervio y tu revuelta,
oh música que obliga,
oh línea pura, esbelta,
oh elegancia en el aire tan resuelta.
Después cuando al trabajo
torne de mi jornada humilde en prosa,
me verás en el tajo
dispuesto a más briosa
faena, oh disciplina, firme rosa.

AMOR,( DEL LIBRO FÁBULA DE EQUIS Y ZEDA)

Góngora 1927

            
Era el mes que aplicaba sus teorías
cada vez que un amor nacía en torno
cediendo dócil peso y calorías
cuándo por caridad ya para adorno
en beneficio de esos amadores
que hurtan siempre relámpagos y flores
              
Ella llevaba por vestido combo
un proyecto de arcángel en relieve
Del hombro al pie su línea exacta un rombo
que a armonizar con el clavel se atreve
A su paso en dos lunas o en dos frutos
se abrían los espacios absolutos
              
Amor amor obesidad hermana
soplo de fuelle hasta abombar las horas
y encontrarse al salir una mañana
que Dios es Dios sin colaboradoras
y que es azul la mano del grumete
-amor amor amor- de seis a siete
              
Así con la mirada en lo improviso
barajando en la mano alas remotas
iba el galán ladrándole el aviso
de plumas blancas casi gaviotas
por las calles que huelen a pintura
siempre buscando a ella en cuadratura
              
Y vedla aquí equipando en jabón tierno
globos que nunca han visto las espumas
vedla extrayendo de su propio invierno
la nieve en tiras la pasión en sumas
y en margaritas que pacerá el chivo
su porvenir listado en subjuntivo
              
Desde el plano sincero del diedro
que se queja al girar su arista viva
contempla el amador nivel de cedro
la amada que en su hipótesis estriba
y acariciando el lomo del instante
disuelve sus dos manos en menguante
              
«A ti la bella entre las iniciales
la más genuina en tinta verde impresa
a ti imposible y lenta cuando sales
tangente cuando el céfiro regresa
a ti envío mi amada caravana
larga como el amor por la mañana
              
Si tus piernas que vencen los compases
silencioso el resorte de sus grados
si más difícil que los cuatro ases
telegrama en tu estela de venados
mis geometrías y mi sed desdeñas
no olvides canjear mis contraseñas
              
Luna en el horno tibio de aburridas
bien inflada de un gas que silba apenas
contempla mis rodillas doloridas
así no estallen tus mejillas llenas
contempla y dime si hay otro infortunio
comparable al desdén y al plenilunio
              
Y tú inicial del más esbelto cuello
que a tu tacto haces sólida la espera
no me abandones no Yo haré un camello
del viento que en tus pechos desaltera
y para perseguir tu fuga en chasis
yo te daré un desierto y un oasis
              
Yo extraeré para ti la presuntuosa
raíz de la columna vespertina
Yo en fiel teorema de volumen rosa
te expondré el caso de la mandolina
Yo peces te traeré -entre crisantemos-
tan diminutos que los dos lloremos
              
Para ti el fruto de dos suaves nalgas
que al abrirse dan paso a una moneda
Para ti el arrebato de las algas
y el alelí de sálvese el que pueda
y los gusanos de pasar el rato
príncipes del azar en campeonato
              
Príncipes del azar Así el tecleo
en ritmo y luz de mecanografía
hace olvidar tu nombre y mi deseo
tu nombre que una estrella ama y enfría
Príncipes del azar gusanos leves
para pasar el rato entre las nieves
              
Pero tú voladora no te obstines
Para cantar de ti dame tu huella
La cruzaré de cuerdas de violines
y he de esperar que el sol se ponga en ella
Yo inscribiré en tu rombo mi programa
conocido del mar desde que ama»
              
Y resumiendo el amador su dicho
recogió los suspiros redondeles
y abandonando al humo del capricho
se dejó resbalar por dos rieles
Una sesión de circo se iniciaba
en la constelación decimoctava.

PENULTIMA ESTACION, DEL LIBRO VIACRUCIS

He aquí helados, cristalinos,
sobre el virginal regazo,
muertos ya para el abrazo,
aquellos miembros divinos.
Huyeron los asesinos.
Qué soledad sin colores.
Oh, Madre mía, no llores.
Cómo lloraba María.
La llaman desde aquel día
la Virgen de los Dolores.

¿Quién fue el escultor que pudo
dar morbidez al marfil?
¿Quién apuró su buril
en el prodigio desnudo?
Yo, Madre mía, fui el rudo
artífice, fui el profano
que modelé con mi mano
ese triunfo de la muerte
sobre el cual tu piedad vierte
cálidas perlas en vano.

ROMANCE DEL DUERO (DEL LIBRO SORIA)

Río Duero, río Duero,
nadie a acompañarte baja;
nadie se detiene a oír
tu eterna estrofa de agua.

Indiferente o cobarde,
la ciudad vuelve la espalda.
No quiere ver en tu espejo
su muralla desdentada.

Tú, viejo Duero, sonríes
entre tus barbas de plata,
moliendo con tus romances
las cosechas mal logradas.

Y entre los santos de piedra
y los álamos de magia
pasas llevando en tus ondas
palabras de amor, palabras.

Quién pudiera como tú,
a la vez quieto y en marcha,
cantar siempre el mismo verso
pero con distinta agua.

Río Duero, río Duero,
nadie a estar contigo baja,
ya nadie quiere atender
tu eterna estrofa olvidada,

sino los enamorados
que preguntan por sus almas
y siembran en tus espumas
palabras de amor, palabras.

VALLE INCLÁN (DEL LIBRO ANGELES DE COMPOSTELA)

Este gran Don Ramón que fuera ¿cuántas cosas?
Barbas de chivo, apóstol manco,
barquero de la Estigia, Bradomín de las rosas,
es ya un fantasma blanco, blanco.

Lo era ya casi en sus postreros días
de destierro en la Tierra.
Yo me acordaba alguna vez de Elías
y de Amandís Sin tiempo que por Bretaña yerra.
(Concavidad de siglos, un día de esperpento.
Vida y muerte, un compartimento.)

Porque hora es ya que Valle Inclán se aduene
de su pazo ultratumba de Barbanza,
y sobre el hombro mútil una la le pergeñe
el ángel de la binaventuranza.

Pues ya a su Compostela de humo se restituye,
a su Roma ecuestre regresa.
Su única mano que en la Lira influye
arpegios de sus barbas mesa.

Abridle una academia de sutiles dialectos,
puesto que allí el latín se parla santo y niño.
Repetidle, engañadle sus lienzos predilectos,
San Miguel in Excelsis, Trastevere, Trasmiño.

Para él una carroza que en baches no repare
ni en melindres de estrellas, y el auriga la orden;
“Un giro per il Pincio prima di ritornare
all’albergo”, y que en la esclavina el Zodiaco le borden.

Y así, blanco fantasma, con el salvoconducto
y sello del señor Santiago,
vuela por todo el arco del celeste acueducto,
chancea con el Torvo o falaga al Endriago.

Su humildad tan frágil, asombro de las mieses,
entre postrimerías se litigia y parcela.
Sus barbas y cabellos, ceniza hace unos meses,
no hay prodigio arácnido, espumas de la estela
patache caracol de ángeles coruñeses –
que guía – Vía Láctea – a Compostela.

AZUCENAS EN CAMISA (DEL LIBRO POEMAS ADREDE)

A Fernando Villalón

Venid a oír de rosas y azucenas
la alborotada esbelta risa
Venid a ver las rosas sin cadenas
las azucenas en camisa

Venid las amazonas del instinto
los caballeros sin espuelas
aquí al jardín injerto en laberinto
de girasoles y de bielas

Una música en níquel sustentada
cabellos curvos peina urgente
y hay sólo una mejilla acelerada
y una oropéndola que miente

Agria sazón la del febril minuto
todo picado de favores
cuando al jazmín le recomienda el luto
un ruiseñor de ruiseñores

Cuando el que vuelve de silbar a solas
el vals de «Ya no más Me muero»
comienza a perseguir por las corolas
la certidumbre del sombrero

No amigos míos Vuelva la armonía
y el bienestar de los claveles
Mi corazón amigos fue algún día
tierno galope de corceles

Quiero vivir La vida es nuevo estilo
grifo de amor grifo de llanto
Girafa del vivir Tu cuello en vilo
yo te estimulo y te levanto

Pasad jinetes leves de la aurora
hacia un oeste de violetas
Lejos de mí la trompa engañadora
y al ralantí vuestras corvetas

Toman las nubes a extremar sus bordes
más cada día decisivos
Y a su contacto puéblense de acordes
los dulces nervios electivos

Rozan mis manos dádivas agudas
lunas calientes y dichosas
Sabed que desde hoy andan desnudas
las azucenas y las rosas.

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PRÓXIMO PROGRAMA

78. Poesía más Poesía: Rosa Chacel

ROSA CHACEL

BIOGRAFÍA

Rosa Clotilde Chacel Arimón  nació en Valladolid el 3 de junio de 1898 y falleció el 27 de julio de 1994 a la edad de 96 años. Fue una gran escritora española de la generación del 27. Hija de un funcionario estatal y una maestra, Rosa Cruz Arimón. Recibió clases a través de ella en casa, dado que en los primeros años tenía un salud delicada, una afección bronquial. En sus paseos, su padre solía recitarle poemas. Era Sobrina-nieta de José Zorrilla y el ambiente en casa era liberal. Ella dice que cuando su madre dejó de leerle los cuentos de Calleja y las mil y una noches, aprendió a leer los versos de Zorrilla y se los llegó a saber de memoria. También era una gran apasionada de Julio Verne y ávida lectora de autores como Victor Hugo, Walter Scott, Alejandro Dumas. Tomó clases de pintura y dibujo en 1906, interesada también por las creaciones artísticas.

A la edad de once años, en 1908, la familia se traslada a Madrid, al barrio de Maravillas, a vivir a casa de su abuela materna. Esta circunstancia va a dejar huella en su vida y su obra. Barrio de Maravillas es, precisamente, el título de la primera parte de su trilogía autobiográfica, de la que también formaron parte Acrópolis y Ciencias Naturales. Pasa por colegios dedicados a las labores, la Escuela de Artes y oficios. Cuando se abre la Escuela del Hogar y Profesional de la mujer, se matricula en 1915 en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando para estudiar escultura, materia que abandonaría en 1918. Fue alumna de Valle Inclán y Julio Romero de Torres. Allí se codea con gente artística e intelectualmente despierta de su generación, y tiene contacto también con intelectuales como Ramón Gómez de la Serna, Juan Ramón Jiménez o el propio Ortega y Gasset. Allí conoció a Timoteo Pérez Rubio, pintor con quien se casaría. En el Ateneo de Madrid leía muchísima filosofía, y acabó convirtiéndose en una de las intelectuales más cultas de su generación. María Zambrano comenta que le dijeron de Rosa Chacel que había una muchacha que hablaba de Nietzsche en el Ateneo, que tenia talento y belleza y el hado de un genio en su frente. Rosa Chacel frecuentó aquellos lugares que fueron epicentro de nuevas ideas, de polémicas y debates en pleno florecimiento de las vanguardias españolas, como el Ateneo de Madrid y la Residencia de Estudiantes; participó en las tertulias artísticas y literarias del café La Granja de Henar y el café Pombo, y publicó en revistas como La Esfera, Revista de Occidente, La Gaceta Literaria, Caballo verde para la poesía, y más adelante, en El mono azul y en Hora de España (con manifiestos y proclamas antifascistas). Convivió con algunas mujeres que, al igual que ella, formaron parte del ambiente cultural español del primer tercio del siglo XX, concretamente aquellas que pertenecieron al Grupo poético del 27 y las que desarrollaron su obra en torno a él: Concha Méndez, María Teresa León, Ernestina de Champourcin, María Zambrano o Maruja Mallo, entre otras.

Rosa Chacel lee a Ortega y Gasset, James Joyce y Sigmund Freud, que serán influencias principales para su primera novela.
A los veintitrés años de edad, fue invitada a pronunciar la que habría de ser la primera conferencia de la autora vallisoletana, titulada “La mujer y sus posibilidades”.


Hubo un debate a finales de los años veinte, sobre la diferencia y la relación entre los sexos que encendía la intelectualidad europea. que encuentra resonancia en las páginas de la Revista de Occidente: se editan, sobre este asunto, traducciones de ensayos de Simmel y Jung y contribuciones originales de Ortega, Gregorio Marañón, Pérez de Ayala y Ricardo Baeza, entre otros.En su conjunto, el debate volvía a proponer los términos de la conocida metafísica de los sexos: postulaba la existencia de dos «principios» opuestos y complementarios, lo masculino y lo femenino, como fundamentos ontológicos de la diferencia entre hombres y mujeres que determinaría sus respectivas psicologías y su posición y papel en la sociedad. Rosa Chacel escribió un ensayo titulado Esquema de los problemas prácticos actuales del amor, donde arropándose en la tesis de Scheler, refutó muchas de las ideas misóginas.
Chacel se convierte en discípula de Ortega y Gasset, a quien deslumbró por su perfecto conocimiento -verdaderamente extraño en una joven de su tiempo- de las obras de Nietzsche, Schopenhauer, Kant y Dostoievsky. También comienza a colaborar en la revista de Occidente y la Gaceta Literaria, las revistas más emblemáticas de la vanguardia
En 1921 se casa con Timoteo Pérez Rubio y viajan a Roma. El había obtenido una beca para estudiar en la Academia Española de allí. Tuvieron su único hijo en 1922.
Durante su estancia en Roma, Rosa Chacel envió su primer relato a España (publicado en la revista vanguardista Ultra bajo el título de “Las ciudades”) y concluyó su primera novela, Estación. Ida y vuelta en 1925. Su capítulo inicial fue publicado en la Revista de Occidente.
En 1927 regresa a Madrid.
Ortega y Gasset le encargó escribir una biografía de la amante de José de Espronceda, Teresa Mancha, para una colección llamada “Vidas extraordinarias del Siglo XIX”, y que, titulado Teresa , se acabó publicando en 1941 en Buenos Aires.
En 1933 se establece en Berlín, ciudad donde asiste a las primeras manifestaciones públicas contra el ascenso del nazismo. Se instaló en la misma residencia donde estaban alojados el poeta Rafael Alberti y su esposa María Teresa León -también escritora-, con los que pronto compartió afinidades estéticas e ideológicas. En Alemania trabó amistad también con el filólogo venezolano Angel Rosenbalt recomendado por Ortega y Gasset. Realizó conferencias que le aportaron un prestigio intelectual.

Rosa Chacel, de tertulia con Miguel Delibes y Rafael Alberti, en San Lorenzo de El Escorial, en el año 1991


De vuelta a Madrid, en los primeros meses de la guerra civil, se identifica con la causa del Frente Popular y se adhiere a sus programa, firmando el Manifiesto Fundacional de la Alianza de Intelectuales Antifascistas, trabajando como enfermera y sobre todo colaborando con las principales publicaciones republicanas. El Mono Azul y Hora de España.
Comprometida activamente con la ideología progresista, tuvo la iniciativa, entre otras muchas, de firmar un escrito de protesta por la detención y encarcelamiento del poeta Miguel Hernández, a la que se suscribieron también grandes autores como Alberti, Bergamín, Lorca, Cernuda y Altolaguirre

En 1936, Manuel Altolaguirre le publicó en la colección Héroe, su libro de sonetos A la orilla de un pozo, con prólogo escrito por Juan Ramón Jiménez

Rosa Chacel tiene que marchar de Madrid junto a su marido y su hijo a Valencia y luego a Cataluña, Francia, Suiza, Grecia. Finalmente se exilia con su familia a América, estableciéndose en Río de Janerio y Buenos aires. Su marido fue uno de los responsables de que se evacuaran los cuadros del Museo del Prado durante la Guerra Civil. Fruto de esos vaivenes y situaciones vitales escribiría posterioremente su diario Alcancía, Ida y Vuelta y Timoteo Pérez Rubio y sus retratos del jardin. En ellos, ella hace referencia a este periodo.
Durante la década de los cuarenta colabora en la Nación y en las revistas Sur, Realidad y Anales de Buenos Aires. Ejerce también su labor como traductora. Esto le proporciona una supervivencia económica e intelectual. Son años muy duros para la autora, en los que su extraordinaria capacidad literaria sobrevive en sus Diarios.
En 1959, gracias a una beca que le concede la Fundación Guggenheim, se traslada a Nueva York, en donde reanuda sus reflexiones sobre la cuestión de la mujer, que había iniciado treinta años atrás y que culmina en su grandioso ensayo Saturnal. Ej: “nuestra época aspira a la paz, lo que significa una indicustible feminización. Hace tiempo que algunos pensadores de categoría arrojaron, con apresuramiento profético esta acusación contra ella y acertaron: la profecía se cumplió pero llegó por un camino que no era el previsto. En primer lugar, ¿por qué es esta una grave acusación? Porque, según el criterio de hoy, indica preponderancia de una parte y anulación de otra; no es ésta la forma en que la profecía se cumplió. Claro está que la acusación no había sido, en realidad, de feminización, sino de afeminamiento. Este segundo término es el que indica un desequilibrio o inversión; pone las cosas cabeza abajo – la cabeza, la razón por los suelos – el otro, por el contrario, se convierte en suelo, en sustento de ella. El caso es que gravita sobre nuestro presente este colosal fenómeno, al que nada escapa.”
Allí conoce a Victoria Kent y comienzan una estrecha amistad.

Las mujeres de la Generación del 27: Ellas, el género neutro | Cultura | EL  MUNDO

Publica la novela que expertos han considerado la mejor de su obra literaria La sinrazón (1960) .
Al finalizar la beca, en noviembre de 1961 viaja a España, permaneciendo tan solo hasta mayo de 1963, regresando nuevamente a Brasil.
En 1973, tras conseguir una beca de creación por parte de la Fundación Juan March, destinada a terminar el barrio de Las Maravillas, vuelve a España, donde se instalará definitivamente en 1977, tras el fallecimiento de su marido. Comienza una época muy fecunda en la que se publican Novelas antes de tiempo, Versos prohibidos, Timoteo Pérez Rubio y sus retratos del jardín, Los títulos, Diarios, Acrópolis, Ciencias Naturales, Rabañaduras, La literatura es Secreto.
En 1978 publica su libro de poesía Versos prohibidos.
En esos años, se empezó a reconocer su figura y su obra: «¿Por qué habré de interesar a tantas doctoras y doctorandas —se preguntaba en esos años— en vez de tener verdaderos lectores, como se supone a todo escritor?»
También llegó a publicar su obra completa.
La Universidad de su Valladolid natal la hará Doctora Honoris Causa.
Fue Premio de la Crítica en 1976 por Barrio de Maravillas.
En 1979 su obra Memorias de Leticia Valle fue llevada a la pantalla por Antonio Pangua, con un reparto integrado por  Fernando Rey, Héctor Alterio y Esperanza Roy.
En 1987 se le otorga el Premio Nacional de las Letras.
En 1990 recibió el Premio Castilla y León de las Letras.
En 1993 Rosa Chacel asistió en Logroño a un congreso de especialistas en literatura centrado únicamente en su obra, y poco después, ante el agravamiento de sus problemas cardiorespiratorios, se vio forzada a ingresar en un hospital, hasta el que se desplazaron los reyes de España para hacerle entrega en persona de la Medalla de Oro de las Bellas Artes.

Con el poeta Octavio Paz.

El tema sobre la mujer fue objeto de continuas reflexiones a lo largo de su obra, siendo un importante enclave para la investigación de las relaciones de género. Además, fue objeto de sus principales preocupaciones en su actividad intelectual. Chacel luchó siempre por hacer participar a la mujer del pensamiento filosófico, científico, político y artístico de su época. Escribiría: «Si, como es sabido, las leyes que esclavizaron a la mujer durante siglos fueron escritas, y cumplidas, no es dudoso que los hombres que las escribieron -pues esto sí es cierto, la escribieron los hombres- contaban a todas horas con la existencia de unos seres humanos que no eran hombres y que tenían con ellos ¡tales, tan enormes, tan fundamentales e inesquivables, deseables y temibles relaciones!… que tenían que aguzar cláusulas en las leyes para no dejar que ellas anduviesen sueltas, para que no fuesen jamás ignoradas en sus posibles desmanes… Los desmanes es lo que se suele legislar. “
En su autobiografía indica:  “NO, NO, NO. No me dominarían, no me deformarían los vaticinios con de, en por, sin sobre, tras la mujer”.

También diría, en su prólogo de Estación de ida y vuelta:  “Mis dificultades en el mundo no han sido nunca literarias. Han sido, en realidad, dificultades sociales […] no supe desenvolverme como mujer sin una peseta. […] Ortega no me intimidaba intelectualmente […]. Pero el grupo de señores a su alrededor… “
Su prolífica obra se divide entonces en novela, cuento, poesía, biografía y diarios:

Novela 

  • Estación ida y vuelta (1930)
  • Teresa (1941)
  • Memorias de Leticia Valle (1945)
  • La Sinrazón (1960)
  • Barrio de Maravillas(1976)
  • Novelas antes de tiempo (1981)
  • Acrópolis (1984)
  • Ciencias naturales (1988)

Cuento 

  • Sobre el piélago (1952)
  • Ofrenda a una virgen loca (1961)
  • Icada, Nevda, Diada (1971)
  • Balaam y otros cuentos (1989)

Poesía 

  • A la orilla de un pozo (1936)
  • Versos prohibidos (1978)
  • Poesía (1931-1991) 

Biografía y diarios 

  • Desde el amanecer (1972)
  • Timoteo Pérez Rubio y sus retratos del jardín (1980)
  • Alcancía. Ida (1982)
  • Alcancía. Vuelta (1982)

Ensayo 

  • Poesía de la circunstancia. Cómo y porqué de la novela (1958)
  • La confesión (1971)
  • Saturnal (1972)
  • Los títulos (1981)
  • Rebañaduras (1986)
  • La lectura es secreto (1989)

Su editor la recuerda como “la mujer más inteligente y una de las personas más inteligentes que he conocido nunca. Lo era tanto que, sin saber inglés, tradujo de modo excelente a T.S.Eliot, basándose en sus conocimientos de otras lenguas y estudiando gramáticas y diccionarios”. Aunque su trabajo fue reconocido en esta época de su vida, su situación económica era acuciante. La pensión que cobraba en España no era suficiente para vivir. Con 86 años ella misma se encargaba de las labores de su pequeña casa alquilada en el paseo de la Habana.

Por parte del Ministerio de Cultura se intentó llegar a una solución para el problema económico y de ayuda de la escritora pero se quedó en eso, en intención. Rosa se marcha a vivir a Brasil con su hijo durante la última etapa de su vida, y regresa para fallecer a los 96 años en Madrid, el 27 de julio de 1994.

POEMAS

EN UN CORSÉ DE CÁLIDAS ENTRAÑAS, del libro A la Orilla de un pozo

A Paz González

En un corsé de cálidas entrañas
duerme una estrella, pasionaria o rosa,
y allí la casta Ester, la misteriosa
Cleopatra y otras cien reinas extrañas
con fieros gestos e indecibles mañas
anidan entre hiedra rumorosa.
Allí hierve el rubí que no reposa,
pulsan sus arpas mélicas arañas.
Allí en el cáliz de la noche umbría
sus perlas vierte el ruiseñor oscuro.
Allí sestea el fiel león del día.
En su escondido sésamo seguro
custodia el grifo de la fantasía
de hirviente manantial el fuego puro.

TÚ, DE LAS GRIETAS DUEÑA Y MORADORA…del libro A la Orilla de un pozo

                                                                        A Concha Albornoz

Tú, de las grietas dueña y moradora,
émula de la víbora argentina.
Tú, que el imperio esquivas de la endrina
y huyes del orto en la bisiesta hora.

Tú, que, cual la dorada tejedora
que en oscuro rincón torva rechina,
la vid no nutres, que al crisol declina
y sí, su sangre exprimes, sorbedora.

Vas, sin mancharte, entre la turba impura
hacia el lugar donde con noble traza,
la paloma amamanta a sus hijuelos.

Yo, en tanto, mientras la sangrienta, oscura
trepadora mis muros amenaza,
piso el fantasma que arde en mis desvelos.

CUANDO LA MAR ESTÉ BAJO TU ALMOHADA, del libro A la Orilla de un pozo

A Rafael Alberti

Cuando la mar esté bajo tu almohada
¡Alegría de turbas infantiles!
¡Triunfo de los egregios, varoniles
pámpanos que estremece la alborada!
Frutos dará la náyade dorada
que llamea en los ínclitos candiles
y en sus perlas de amor claros abriles
hervirán al compás de tu mirada.
¡Qué ventura te aguarda en el impacto
si alcanzar logras la divina orquesta!
Tu frente surtirá con el contacto
de la escondida nuez templada y presta
que a trompa airada vibrará en el acto.
¡La vida es gracia y el reir no cuesta!

EN EL INFIERNO HABÍA UN VIOLONCELLO del libro A la Orilla de un pozo

                                                                          A Musia Sackhaina

En el infierno había un violoncello
entre el café y el humo de pitillos
y cien aulas con libros amarillos
y nieve y sangre y barro por el suelo.

Pero tú, resguardada por el velo
de tus cristales de lucientes brillos,
pasabas, seria y pura, en los sencillos
compases de tu fe y de tu consuelo.

Algunas veces fuimos, de la mano,
por las venas del bosque y la corneja
cantó melancolía en nuestras almas,

si nos separa el Ábrego inhumano,
no llores mi amistad hoy que se aleja,
entrega al viento el talle de tus palmas.

SI EL ALCOTÁN ANIDA EN TUS CABELLOS del libro A la Orilla de un pozo

A María Teresa León

Si el alcotán anida en tus cabellos
y el Nilo azul se esconde en tu garganta,
si ves crecer del zinc la humilde planta
junto a tus senos o a tus ojos bellos,

no cierres el ocaso con los sellos
que el Occidente en tu testuz aguanta:
tiembla ante el cierzo y el nublado espanta.
Si oyes jazmines corre a través de ellos.

Yo sé bien que te escondes donde siguen
los hongos del delirio, impenitentes,
y que al cruzar su senda de delicias

mariposas nocturnas te persiguen,
se abren bajo tus pies simas ardientes
donde lloran cautivas tus caricias.

LA AUSENTE, del libro Versos Prohibidos

Nuevamente, detrás de cada tronco
muestra el puñal la ausente, ya olvidada.
La que creían muerta, vive, acecha
con su poder artero entre la sombra
de las horas que, aun lejos, merodean.

El palacio mirífico del hielo
va deshaciendo su firmeza en lágrimas
y se desploman sus invulnerables
salas, tan bienamadas del cilicio,
porque vuelve, y el vaho que se desprende
de sus ansiosos poros va infundiendo
una tácita ira. La borrasca
cuyos ojos prometen la centella,
posándose en los ámbitos arrulla
o abre su cola vesperal la calma.
Las aceradas lanzas de los astros,
implacables, se alargan punzadoras
y alas húmedas pasan, alas tibias,
alas negras, velludas, perfumadas.
Manos pasan, que oprimen impalpables,
que arrebatan o llaman al abismo
del verde imán que yace sobre el césped,
bajo el manto extendido de los cedros.

Ella vuelve, dejando la morada
donde el raptor oscuro la sujeta,
y el vello de la tierra se estremece
con desvelo febril. Su pie de rosa
incontenible, avanza y las murallas,
como de arcilla, empapan sus efluvios…

Rompe la paz, igual que el soplo frío
rompe el vaso de vidrio, con su aliento.

LA CULPA, del libro Versos Prohibidos


Tarde en el Zoo de La Plata

La culpa se levanta al caer de la tarde,
la oscuridad la alumbra,
el ocaso en su aurora…

Se empieza a oír la sombra desde lejos
cuando el cielo está limpio aún sobre los árboles
como una pampa verdeazul, intacta,
y el silencio recorre
los quietos laberintos de arrayanes.

Llegará el sueño: alerta está el insomnio.
Antes que caiga la cortina oscura,
gritad al menos, hombres,
como el pavón metálico que grazna su lamento
desgarrado en la rama de arraucaria.
Gritad con voces múltiples,
piad entre la enredadera,
entre las hiedras y rosales trepadores.
Buscad refugio en las glicinas
con los gorriones y zorzales
porque avanza la onda de la noche
y su ausencia de luz,
y su implacable huésped
de suaves pasos, el peligro…

MARIPOSA NOCTURNA, del libro Versos Prohibidos

¿Quién podría abrazarte, diosa oscura,
quién osaría acariciar tu cuerpo
o respirar el aire de la noche
por entre el pelo pardo de tu cara?…
¡Ah! ¿quién te enlazaría cuando pasas
sobre la frente como un soplo y zumba
la estancia sacudida por tu vuelo
y quién podría ¡sin morir! sentirte
temblar sobre los labios detenida
o reír en la sombra, descubierto,
cuando tu manto azota las paredes?…
¿Por qué venir a la mansión del hombre
si no se es de su carne ni se tiene
voz ni se puede comprender los muros?
¿Por qué traer la ciega noche extensa
que no cabe en el cáliz de los límites…
Desde el tácito aliento de la sombra
que la floresta tiende en las vertientes
-quebrada roca, imprevisible musgo-,
desde troncos o lazos de lianas,
desde la voz lasciva del silencio
vienen los ojos de tus alas lentas.
Da la datura su canción nocturna
que trasciende al compás que va la hiedra
ascendiendo hacia el talle de los árboles
cuando el crótalo arrastra sus anillos
y leves voces laten en gargantas
entre el cieno que nutre al lirio blanco
mirado por la noche intensamente…
Sobre montes velludos, sobre playas
donde las olas blancas se deshojan
la soledad tendida está a tu vuelo…
¿Por qué traes a la alcoba,
a la ventana abierta, confiada, el terror?…

LOS MARINEROS, del libro Versos prohibidos

Para Luis y Stanley

Ellos son los que viven sin nacer a la tierra:
no les sigáis con vuestros ojos,
vuestra mirada dura, nutrida de firmezas,
cae a sus pies como impotente llanto.
Ellos son los que viven en el líquido olvido,
oyendo sólo el corazón materno que les mece,
el pulso de la calma o la borrasca
como el misterio o canto de un ámbito entrañable.

NARCISO, del libro Versos Prohibidos

¿Dónde habitas, amor, en qué profundo
seno existes del agua o de mi alma?
Lejos, en tu sin fondo abismo verde,
a mi llamada pronto e infalible.
Nuestras frentes unánimes separa
frío, cruel cristal inexorable.
Zarzas de tus cabellos y los míos
tienden, en vano, a unir lindes fronteras.
Sobre el mío y tu cuello mantenido
un templo de distancia en dos columnas
silencio eterno guarda entre sus muros;
nuestro mutuo secreto, nuestro diálogo.
Silencio en que te adoro, en que te encierras,
recinto de silencio inaccesible
y lugar a la vez de nuestras citas.
¡Siglos espero frente a la cruenta
muralla dura que lamento inerme!
Eternidades entre nuestras bocas
a cien brisas y a cien vuelos de pájaro. 
¿Para qué pies que hollaban la pradera
jóvenes, blancos corzos corredores
si no me llevan hacia ti ni un punto?
¿Para qué brazos tallos de mis manos
si jamás alcanzarán a estrecharte?
¡Límpida, clara linfa temblorosa
jamás en nuestro abrazo aprisionada!
¿Para qué vida, en fin, si vida acaba
en el umbral de la mansión oscura
donde moras sin hálito, en el vidrio
que con mi aliento ni a empañar alcanzo?
¡Oh, sueño sin ensueño, muerte quieta
lecho para mi anhelo, eterno insomne!
¡Único al fin reposo de mis ojos
tu infinito vacío negro espejo!

EPÍSTOLA, del libro Versos Prohibidos

(A los perros de Atenas)
Un dios extraño acecha, con horrible garganta:
Ladrad, ladrad conmigo porque está oscuro en torno.
Las manos se perderán por la cañada negra
donde ¡inútil llevar vuestra nariz por guía!…
Un dios vendrá, increíble como un feto del miedo,
que no tendrá los muslos luminosos de Apolo
ni el costado aterido que transió la lanzada,
que no nos mandará su mensaje en centellas
ni contará en los diez dedos su ley escrita.
Yo os llamo porque sólo vuestra voz extrahumana
debe aullar. ¡Escarbad la tierra sobre el VERBO!
Solamente a vosotros es dada la elegía
que merece el insomnio cuando es la noche oscura,
cuando María pasa, llorando, en las tinieblas…

ODA AL HAMBRE

A nadie duela o pese esta cadena…
La mente, con temor iba abriendo los ojos
y ya sorbías tú las chispas sustanciales
que se unían, por ti, en un beso recóndito.
¡Oh virtud vigilante! ¡Oh nupcial luminaria!
Te obedece el rebaño de toda carne dócil..
Pero aquel que la perla de tu verdad alcanza
te eleva y te contempla, porque olvidarte es muerte,
porque en el paraíso que los párpados guardan,
en el edén secreto que los labios custodian
eres la primavera, el iris de la sangre.
Por ti el hombre abandona su soledad altiva
porque el cuerpo se pudre como un fruto cortado
sin el hilo granate con que tú lo encadenas,
le enlazas a las fuentes de potencia y dulzura.

ODA A LA ALEGRÍA, del libro Versos Prohibidos

Penetramos,
¡oh divina alegría! en tu santuario. 
Schiller
Tu santuario, ¡oh divina Alegría! se eleva
como la ola, espuma de agua sobre las aguas
del mar; arquitectura, cúpulas y arbotantes
de agua, sosteniendo a la ola, agua pura.
Así, tú, de ti misma te encrespas y susurras
soberana recubres, transportas y atropellas…
tu glorioso esplendor centellea en las playas,
en las mentes y alientos, en latidos y gritos.
Tu ímpetu te asemeja a la ola estruendosa.
La ola es un suspiro, una risa radiante,
espuma de poder rizada en espirales
que caen y se levantan: caen por su propia fuerza,
su caer es seguir para de nuevo alzarse,
es llevar mantenida la impecable voluta
de gloria geométrica –impulso y cumplimiento…
Así mismo es tu fórmula. En el crisol fundidas
van pregunta y respuesta, van petición y dádiva
fieles, indivisibles, rimando con la dicha.
Breve en tu eternidad ¡oh divina! en tu instante,
burbujas de la sangre alzan tu alcázar, súbitas.
Con llamas de la sangre inflaman tu edificio,
ígneas salas de luz rosada, primavera
de sangre en erección, en columnas y criptas
palpitantes, en sótanos en donde aún la risa
no es carcajada: es sólo tierno ovillo de sangre.
Tú, falena, aleteas ¡divina! en el plafón
de tu santuario, unánimes, galopan los caballos
con impulso gemelo. Luz roja de la sangre
tiñe sus blancos pechos, sus grupas afrodíticas.
El incienso, en tu templo, lanza aromas de triunfo
que escapan de las brasas en el botafumeiro
del corazón, que exulta y golpea los muros
con el ritmo del verso del himno a ti debido.
Canta y prodiga notas que del oro no tienen
más que el incorruptible sonido: cornucopia
que la sangre acuñada por el deseo esparce.
Tu santuario es aurora que despierta al dormido;
no hay que ir paso a paso hacia tu umbral, te ciernes
o te inflamas o estallas sobre el alma, y el alma
poseída por ti, está en ti y en sí misma…
Tu santuario, ¡oh divina alegría! se eleva
sobre la roca, torres, poterna y puente alzado
-la luz no reverbera ni hace temblar las líneas-.
Silueta que recorta la tijera de un niño
y pega en el espacio del ocaso verdoso
-turquesa exangüe, fija detrás del horizonte-
como ejercicio de hábil constructor parvular.
El recuerdo, artesano de inmarcesible infancia,
te edifica un santuario de neta lejanía,
de planos primitivos, sin ambiente, desnudos
arcos donde, al pasar, pliega el Ángel las alas.
Muro, adarve, atalaya, torre del homenaje
tu santuario ¡oh divina! ahora es fortaleza
inexpugnable –término trivial si roca fuese-,
inexorable, puesto que solamente es brillo
del diamante, del iceberg que flota como un templo
y los barcos se estrellan contra él, si pretenden
orar bajo su nave, que luz polar traspasa.
Como la ola es agua, también es agua el témpano
mas no ríe, reluce con prístina fijeza
en un mundo que niega a la vida el acceso.
Tu templo es el cristal, el prisma de carbono
purísimo, tan puro, tan duro, invulnerable
al golpe del martillo. Impasible a las lágrimas,
finge, como ellas, agua en quietud poliédrica.
Tú, lejos refulgente, eres, puesto que fuiste…
Pero la estrada asciende hacia ti, ángulo agudo
en que ruedan… rodamos los que jamás, jamás,
nunca jamás podremos llegar a los umbrales
de tu santuario, nunca penetrar en tu aurora.
¡Nunca jamás! y siempre recordando tu rostro
como un bien que tuvimos –la dracma inolvidable
que se busca a la luz de un candil de memoria.
¡Y no querer siquiera emprender el camino
hacia ti! ¡Y no dudar siquiera, gcx rata duda
oculta entre los velos de la desesperanza!
Y temer, ¡oh terror! que llegue al fin un día
en que, al oír tu nombre, pregunte: ¿De quién hablan? …

APOLO, del libro Versos prohibidos

Habitante de los anchos portales
donde el laurel de la sombra oculta el arpa de la araña,
donde las losas académicas,
donde las arcas y las llaves mudas,
donde el papel caído
recubre el polvo de frágil terciopelo.
¡El silencio dictado por tu mano,
la línea entre tus labios sostenida,
tu suprema nariz exhalando un aliento
como brisa en las praderas,
por gemelas vertientes recorriendo los valles de tu pecho,
y en torno a tus tobillos un espacio
pálido como el alba!
¡Eterna, eternamente un universo a imagen tuya!
Con la frente a la altura de tu plinto,
viniendo de aritméticas vacías como claustros,
de cielos oprimidos como flor entre páginas,
¡eternamente! dije, y desde entonces,
¡eternamente! digo.
Beso a mi voz, que expresa tu mandato,
la suelto y voy hacia ti, como paloma
obediente en su vuelo,
libre en la jaula de tu ley.
El trazo de tu norma, en el basalto
de mi inocencia oscura,
el paso de tu flecha ¡para siempre!
Y hasta el fin tu soberbia.
Sobre mí, solo eterno
tu mandato de luz, Verdad y Forma.

A TIMO

(Dedicatoria de Estación de ida y vuelta)
Recuerdos astillados, espinosos,
igual que aleve zarza polvorienta,
erizados en torno a la sangrienta
vaga masa de olvidos coagulosos…

Arenas de paciencia, tercos posos
de insoluble venganza cenicienta,
redadas de agonías, en cruenta
cuerda tejida de ayes anhelosos.

Iban con él unidos, se perdieron
en el confín donde el mirar expira,
donde, al nacer de nuevo, nos reclaman.

Males, estrellas o venenos fueron
entre el vapor que zozobrando gira
y en el vértice va que tiempo llaman.

EN EL CAMPO DE GUERRA, de Otros Poemas

Quedan charcos de sangre en el campo de guerra,
charcos donde las nubes evitan espejarse,
donde beben los cuervos y las liebres no osan,
donde las ranas lloran el inaudito engaño.
En el campo de guerra vaga una sombra y busca…
teme pisar su sangre y busca; es su propósito
plantar una columna en un espacio pulcro,
trazar una calzada teórica, ascendente…

Que la brisa dibuje alguna línea firme
sobre la noche negra, sólo en eso habrá en alba,
que el viento arranque el seco armazón de la hiedra,
que en su nido mediten los pájaros nocturnos,
y las blancas, de Venus, esponjen sus pechugas.

Sólo en esto habrá un alba sobre un dintel de mármol.
Un alba con tres faces, ecuánimes, sentada
sobre su propia luz, sobre su propia forma,
sobre su propio ser.

PENSAMIENTO, de Otros poemas

En su plantío están los pensamientos
como unánimes rostros expectantes,
al susurro del céfiro vibrantes,
a la luz del ardiente estío atentos.

Cráneos con huecas órbitas, exentos
del temor a no ser, perseverantes.
Negando negaciones aberrantes
de eternidad son notas o momentos.

Hoy que su noble nombre tanto brilla
escojo el de más cárdeno y profundo
color, suave matiz aterciopelado.

Y desde aquí, terruño de Castilla,
con el viento que pasa vagabundo
lo mando hacia el sepulcro de Machado.

Te recomendamos ver el programa de televisión.

PRÓXIMO NÚMERO

66. Poesía más Poesía: Josefina de la Torre

JOSEFINA DE LA TORRE MILLARES

BIOGRAFÍA

Josefina de la Torre, nacida en 1907 en el seno de una de las familias más importantes e influyentes de las Islas Canarias. Hija de Bernardo de la Torre y Comminges (hombre de negocios muy comprometido con el desarrollo de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria) y Francisca Millares Cubas (hija del historiador, novelista y músico Agustín Millares Torres). Disfrutó de una infancia rodeada de cultura. Fue la menor de seis hermanos y, junto con ellos, recibió una educación basada en las artes. Aprendió a tocar el piano, el violín y la guitarra y fue su tío, el barítono , el  Néstor de la Torre Comminges que descubrió la curiosa tesitura de su voz y la inició en clases de canto. Su abuelo Agustín Millares Torres había construido un pequeño teatrillo en su casa de Las Canteras, donde organizaba numerosas zarzuelas y obras teatrales en los que intervenían todos los miembros de la familia. Comenzó a escribir poesía a los siete años, y el primer poema que publicó fue a Benito Pérez Galdós, con motivo de su muerte, en La Jornada (Diario Liberal de Canarias) en 1920. También dedicó versos al poeta canario Alonso de Quesada.

Desde los trece años publicaba en revistas literarias como España, Alfar, Verso y prosa, La gaceta literaria y Azor, Fantasía. Su hermano Claudio, novelista y dramaturgo en auge, con el Premio Nacional de Literatura en 1923, es un referente para ella. De hecho, le acompañó a recibir el premio, y allí, en Madrid, tomó contacto con Pedro Salinas, Federico García Lorca, Rafael Alberti y otros intelectuales de la madrileña Residencia de Estudiantes. De estos y otros escritores vinculados a la llamada Generación del 27 recibe una notable influencia. Rafael Alberti le ha dedicado un poema.

Sobre todo Josefina habla del estudio de su primo el pintor Néstor de la Torre, donde confluían los poetas de esta generación y donde tuvo especial amistad con Federico García Lorca. Se organizaban recitales en el estudio del pintor y ella comenta que la acompañaba al piano Gustavo Durán, discípulo de Manuel de Falla y Joaquín Turina. Josefina llegó a publicar incluso un álbum de canciones rusas. Sus dotes como recitadora y excelente cantante le valen también algunas apariciones en la prensa nacional. Hemos de recordar que, además de su aptitud para el canto, Josefina tocaba el piano, el violín y la guitarra.

Josefina y su hermano Claudio crearon en 1927 el Teatro mínimo, en su casa de las Canteras, en las Canarias, que es el nombre con el que se conoce a una serie de representaciones que los hermanos comenzaron a organizar en periodos vacacionales en este teatrillo, y que se inaugura con la representación de la obra de Claudio El Viajero.

El primer libro de poemas de Josefina de la Torre, lo publicó en 1927 bajo el título Versos y estampas, prologado por Pedro Salinas, el cual le acuñó la definición de “muchacha-isla” para referirse a las resonancias marcadamente insulares de la poética de Josefina, las cuales con el tiempo se convertirían en el rasgo diferenciador de su poesía, dentro del conjunto de la Generación del 27. La autora le consideraba como uno de sus maestros. En el prólogo del libro versos y estampas, Pedro Salinas hace metáfora de Josefina de la Torre y su labor como poeta: “Trazaba el ave señera grandes círculos. No estuvo ya la isleta en el mar sereno del amanecer sino trasladada poseída segura, en el turbio ojo sanguinolento del águila. Iba descendiendo. Vio muchos árboles diferentes; y cobijada por uno de ellos la presa última e inesperada, dulce criatura sola, dormida. Plegó las alas; se abatió inerte, fatal, inevitable, aguzando las garras – en el resto del mundo, hora de de inspiración, hora de poesía, la esperaban en vano los poetas -, sobre la niña, sobre la isla – rodeada de agua por todas partes” .

Josefina de la Torre publicó numerosos poemas en revistas y antologías que después no han sido recogidos en sus poemarios propios ni sus antologías. En 1930 publica Poemas de la Isla, su segundo poemario: la insularidad es uno de los rasgos fundamentales para entender su poesía. Josefina de la Torre se va a situar entre dos corrientes: la primera de ellas va a ser el último modernismo canario, representado por Alonso Quesada, Saulo Torón y Tomás Morales. De ellos va a tomar el tono romántico, las descripciones narrativas y la forma de representar el mar en su esencia.

De la Torre va a estar muy influenciada por la Generación del 27. Junto a Ernestina de Champourcín, aparecieron, cómo únicas representantes femeninas de su generación en la antología de Gerardo Diego. Ella misma cuenta en la antología de Gerardo Diego, presentándose, como una mujer moderna: “Juego al tenis. Me encanta conducir mi auto, pero mi deporte predilecto es la natación”. Estas actividades caracterizaban la independencia de la mujer de aquella época.

Junto con su hermano Claudio, en 1931, se muda a los estudios franceses de la Paramount, donde empieza a interesarse y a colaborar en la actividad fílmica. Es contratada como actriz de doblaje, siendo su primera intervención en el doblaje de Un secuestro sensacional, de Alexandre Hall, donde dobla a la actriz Dorothea Wieck. Allí coincide con Luis Buñuel, que pone la voz a uno de los secuestradores del hijo de Miss Fanes. Vivió un romance con Luis Buñuel, pero, en palabras de Josefina, dice que como él estaba con otra persona, no continuaron la relación amorosa. Es también la actriz de doblaje de Marlene Dietrich.

En febrero de 1935 da un concierto, acompañada al piano por Cipriano Rivas Cherif, en el Teatro María Guerrero que se anuncia como “Concierto de 1900”. Ingresa en la Orquesta Sinfónica de Madrid, donde llegó a ser solista, y en la compañía de zarzuelas del maestro Sorozábal. Además de intérprete, Josefina de la Torre Millares compuso sus propias partituras. La más conocida lleva por título Puerto de mar.

Durante la guerra civil volvió a su ciudad natal. Josefina, que se quedó en España, supuso, además de las esperanzas truncadas de la II República, la pérdida de gran número de íntimos amigos poetas que se marcharon al exilio. Allí publicaría sus primeras novelas, algunas con estructura cinematográfica.

Fundó junto a su hermano Claudio y la mujer de este, Mercedes Ballesteros (la baronesa Alverta de Codorniz) la editorial la Novela Ideal, donde se publicaban novelas cortas de amor y misterio, como un medio de solventar la crisis económica que, tras la guerra, estaba afectando a su familia. Josefina de la Torre las firmaba bajo el seudónimo de Laura de Cominges.

En 1940, se convierte en primera actriz del Teatro Nacional María Guerrero, aunque también formará parte de prestigiosas compañías como las de Ismael Merlo, Amparo Soler Leal y Núria Espert. También llegó a ser actriz radiofónica durante largos años. Como actriz cinematográfica interpretó papeles importantes bajo las órdenes de su hermano Claudio de la Torre, así como de otros directores como Miguel Pereyra, Edgar Neville, José María Castellví.. Julio de Fletchner, etc. Su última intervención en el cine fue en la conocida serie de Televisión Española Anillos de oro (1983).

También ejerce como guionista, en la película Una herencia en París, dirigida por el mejicano Miguel Pereira. En esta ocasión, Josefina elabora el guion a partir de una novela suya titulada Tú eres él, por el que recibe un accésit en los premios del Sindicato Nacional del Espectáculo Años después publicará una novela, Memorias de una estrella, donde la protagonista es una actriz que abandona en pleno éxito “decepcionada” con un entorno que considera “frívolo” y “mezquino”. Josefina se vuelca de nuevo en el teatro y en la literatura. 

En 1944 se convirtió en primera actriz del Teatro Invisible de Radio Nacional. Al parecer, le habían ofrecido su dirección, pero ella se la cede a su hermano Claudio . Hasta 1957 desarrolla esta actividad, y luego pasará a formar parte de La Voz de Madrid, en Radio Madrid. En 1946 funda su propia compañía teatral, la Compañía de Comedias Josefina de la Torre, junto a Ramón Corroto, el que sería después su marido, con la dirección artística de su hermano Claudio de la Torre. También colaboró en otras compañías, hasta 1958, como Teatro de Cámara del teatro Español, Compañía de Teatro Nacional de Cámara y Ensayo (Teatro María Guerrero), Pequeño Teatro Dido y Teatro de Cámara T.O.A.R. Asimismo, en la década de los sesenta Josefina forma parte, entre otras, de las compañías de Amparo Soler Leal, Nuria Esper, María Fernanda D’Ocon y Vicente Parra.

En 1968 publica Marzo Incompleto, su tercer poemario. Con la publicación de Marzo incompleto (1968) se va a producir un cambio en su voz poética. En 1989 publica Medida del Tiempo, su último poemario. La muerte de su marido el actor Ramón Corroto, en 1980, se refleja en sus páginas. Treinta años más joven que ella, fue su gran amor y esposo. Habían estado casados tres años, después de una larga convivencia y tras un primer matrimonio con Braulio Pérez, gran pianista y dicen vividor, con el que le duró el matrimonio unos meses. Durante su juventud mantuvo también noviazgo con el médico ginecólogo grancanario Juan Guerra del Río, hermano del ministro republicano Rafael Guerra del Río, al que siempre le tuvo mucho afecto y cariño.

En uno de sus poemas del libro Medida del tiempo, se dirige a sus compañeros de la generación del 27, donde vemos cierto reproche en el silencio y el olvido al que la mantienen.

En la película Misterio en la marisma

Su, voz, como otras tantas poetas de su generación, quedó ensombrecida por los varones de la Generación del 27. Josefina aventuró que su propia naturaleza polifacética pudo contribuir a que no se le conozca bien: “Tal vez porque este país no perdona la bicefalia, y menos aún la multiplicidad de facetas, como es mi caso”.

En los últimos años de su vida, la poetisa Josefina de la Torre, que se definía así, como poetisa, pues, en su opinión, “es un término que se extinguirá conmigo”, afirmaba que “yo ya no estoy aquí; yo ya hace años que estoy cada vez más en mi isla, a la orilla de la playa de Las Canteras, donde pasé mi infancia y mi primera juventud, y cuyo mar y cuya luz son reconocibles en toda mi poesía.” Josefina de la Torre murió el 12 de julio de 2002 en Madrid, a la edad de 95 años. La prensa se hizo eco de la noticia, denominándola “La última superviviente de la Generación del 27”.

En 2007, con motivo del centenario de su nacimiento, se organizó la mayor exposición sobre su vida y su obra en la Casa-Museo Pérez Galdós en Las Palmas de Gran Canaria. Se reconoció entonces su poesía como el enlace perfecto entre el modernismo canario y la Generación del 27. Aunque su obra en verso es breve, ésta acoge algunas de las tendencias líricas más relevantes de la primera mitad del siglo XX. Heredera del Modernismo (fue discípula de Tomás Morales), se centró de lleno en la corriente de la “poesía pura” que imperaba en la literatura hispánica de la década de 1920.

En 2002 se publicó en EE.UU. una antología bilingüe de su obra (español e inglés).

En 2007, el Ministerio de Fomento bautizó al Sasemar 103, uno de sus aviones de patrulla marítima con su nombre, operado por la Sociedad de Salvamento y Seguridad Marítima.

POEMAS

A JOSEFINA DE LA TORRE, DE RAFAEL ALBERTI

Herida, sobre un toro desmandado,
salta la noche que la mar cimbrea.
¿Por dónde tú,
si ardiendo en la marea va,
vengador, mi can decapitado?
Rompe su frente
en el acantilado la aurora
y por el viento marinea.
¿Por dónde tú,
si el pabellón ondea, de luto, al alba,
el toro desanclado?
Se hacen las islas a la mar,
abriendo grietas de sangre
al hombro de las olas,
por restarte a sus armas, muerta o viva.

¡Qué ajena tú,
mi corazón cosiendo al delantal
de las riberas olas
con tu mastín al lado, pensativa!

POEMA A BENITO PÉREZ GALDÓS

Yo noté al levantarme
que el día era sombrío;
sentí una gran tristeza
dentro del pecho mío.
Presentí, entonces, algo,
Y mi hermana me dijo:
—¿Sabes, hermana, sabes?
Se ha muerto don Benito.
¡Don Benito! Aquel viejo
que estaba cieguito,
aquel que me gustaba
porque me daba el cariño.
—Hermana, hermana, hermana,
¿ha muerto don Benito?
Todos, todos, lloraban,
todos, todos, los míos.
Y hasta mi pluma ahora
al escribir, sin ruido,
es como si callara:
¡Ya murió don Benito!

DEL LIBRO VERSOS Y ESTAMPAS

I

Sobre la superficie
del mar encandilado
de las seis de la tarde,
saltan algunos peces
que dejan sobre el agua,
al caer, una onda.
Así, a trechos, bordado
el mar por esta aguja
parece que sonríe:
sonrisas que se ensanchan
y cierran lentamente;
sonreír de la orilla,
encaje de la falda
azul y transparente.

DEL LIBRO VERSOS Y ESTAMPAS

13
SOBRE el mar, bajo el cielo, blancas, densas,
vienen todas las velas desplegadas
en el aire, dorado y transparente.
Y en la proa, delgada como brisa,
la corona de espuma alborotada
es adorno rizado de su frente.

En la playa, de oros soleada,
las mujeres esperan a las barcas
con los ojos al mar, intensamente.
Y en el ramo de velas olorosas

brisa de mar, aroma de mariscos –
hay un anhelo cálido y creciente.

¡Cuánto diera por ver llegar un día
la barca con la blanca vela al viento
con rumbo hacia la orilla, desrizada;
y en pie en la proa – tijera de los mares –
a ti, todos mis sueños, presentido
con el azul del mar en la mirada !

DE POEMAS DE LA ISLA

Mi falda de tres volantes
y mi blusa desprendida,
qué bien me adornan andares
y brazos del aire libre.
¡Cómo se ondea mi falda
desde el volante primero
perseguida curva eléctrica
hasta la rodilla firme!
Y mi blusa desprendida
viento y calma, sol y sombra,
cómo juega y se persigue
desde el hombro a la cintura.
¡Ay qué me gusta mirarte
espejito biselado,
cristales de las esquinas,
gafas de los estudiantes!
¡Qué bien me veo pasar
remolino de las brisas
pequeña y grande, confusa
huella blanca en el asfalto!

DE POEMAS DE LA ISLA

Qué repetido deseo,
todo igual y siempre el mismo,
distinto y otro, inconsciente,
confundido y tan preciso,
se me va quedando dentro
escondido y dueño solo,
perdido y presente siempre.
Altas noches, muros largos,
patios de la madrugada.
Y mi deseo rodando
-número de circo- libre.
Una y otra vez, alerta
dando la voz en mis sienes,
centinela de mi pecho,
fiel compañero constante.
Qué repetido deseo
tan inseguro y tan firme,
ignorada certidumbre.
Distancia, viento y espacio

DE POEMAS DE LA ISLA

Si ha de ser, quiero que sea
de pronto. Cuando yo piense
en horizontes dormidos
y en el mar sobre la playa.
Si ha de ser, que me sorprenda
en mis mejores recuerdos
para hacer de su presencia
un solo signo en el aire.
Dormida no, ni despierta:
si ha de ser, quiero que sea.

DE POEMAS DE LA ISLA

CERCA. Palabra inutil.
Yo te busco
por donde llega mi distancia.
Cerca.
Seguro instante de sorpresas.
Dormido vuelo alzado
de mi, por mi.
Cerca.
Donde mi corazón te sienta:
pulso del mar,
tictac de la ausencia,
caminito seguro,
vaivén.
Cerca.
Donde la indecisión no deje
huella.
Donde palabra,
vuelta,
marque un signo seguro.
Cerca

DE POEMAS DE LA ISLA

LA luz dejó caer
su moneda redonda
y sobre la moneda
de luz, quedó mi mano
abierta a la limosna.
Alrededor la sombra
acarició el contorno
de las cosas dormidas.
Yo me sentía feliz
perdida, sin reflejos,
en las paredes libres.

Sólo mi mano atenta
desdoblaba segura
su única presencia.
El afilado borde
de luz sobre la sombra
sacrificó mi mano
en su bandeja intacta.
Una, dos, tres … inútil
péndulo de las horas.

LA TARDE, DE POEMAS DE LA ISLA

La tarde tiene sueño
y se acuesta en las copas de los árboles.
Se le apagan los ojos
de mirar a la calle
donde el día ha colgado sus horas
incansable.
La tarde tiene sueño
y se duerme mecida por los árboles.
El viento se la lleva
oscilando su sueño en el aire.

DE POEMAS DE LA ISLA

Yo las ví una sola tarde.
Y eran como bronce vivo
en el espacio constante.
Concentracion de si mismo,
fuerza loca de su sangre,
línea pura de sus manos
seguras en el instante.
Yo lo vi como lanzaba
el vuelo azul de su encaje
-venas libres y encendidas
de sus brazos incesantes-.
Y era fuerza su dominio,
firme gesto del alcance.
Manos que me estremecían
de ese miedo de encontrarse
y al borde de mis anillos
daban un filo cortante.
Yo las tuve en mis pupilas,
viril triunfo de su imagen
prisioneras de mis sienes,
mías, una sola tarde,

DE POEMAS DE LA ISLA

ESQUINA de la tarde se perdian
por la línea segura de tus brazos.
Firme perfil del aire, tu llevabas
enemigo seguro frente a frente.
Yo era implacable juez desde la proa
afilada y valiente de tu ritmo,
y la curva constante de tu brazo
repetida y distinta, cada vez
mas segura y presente en su dominio,
me cruzaba de impulsos la mirada.
Yo iba segura allí, frente a tus brazos
perseguidos de sol y de reflejos.
Desprendidas esquinas de la tarde
me marcaban la voz de tu presencia.

DE POEMAS DE LA ISLA

Mi falda de tres volantes
y mi blusa desprendida,
qué bien me adornan andares
y brazos del aire libre.
¡Cómo se ondea mi falda
desde el volante primero
perseguida curva eléctrica
hasta la rodilla firme!
Y mi blusa desprendida
viento y calma, sol y sombra,
cómo juega y se persigue
desde el hombro a la cintura.
¡Ay qué me gusta mirarte
espejito biselado,
cristales de las esquinas,
gafas de los estudiantes!
¡Qué bien me veo pasar
remolino de las brisas
pequeña y grande, confusa
huella blanca en el asfalto!

DE POEMAS DE LA ISLA

Pero no me dejes sola.
Dime palabras y ritmos
y gestos para el alcance
y voces acompasadas.
Pero no me dejes sola.
No es presencia ni vaivén
ni caminito seguro
ni ruedecitas del aire
ni luz, ni sol, ni mañana.
Es un presente, constante,
aquí, cerca, más, despierto,
vivo, alerta, repetido,
único instinto posible.
Dime tu palabra intacta
de luz repetida y libre.
Pero no me dejes sola.

TÚ EN EL ALTO BALCÓN

Tú en el alto balcón de tu silencio,
yo en la barca sin rumbo de mi daño,
los dos perdidos por igual camino,
tú esperando mi voz y yo esperando.

Esclavo tú del horizonte inútil,
encadenada yo de mi pasado.
Ni silueta de nave en tu pupila,
ni brújula y timón para mis brazos.

En pie en el alto barandal marino
tú aguardarías mi llegada en vano.
yo habría de llegar sobre la espuma
en el amanecer de un día blanco.

Pero el alto balcón de tu silencio
olvidó la señal para mi barco.
Y me perdí en la niebla de tu encuentro
–como un pájaro ciego– por los años.

LLEVABAS, DE POEMAS DE MARZO INCOMPLETO

Llevabas
en los pies arena blanca
de una playa desconocida.
Por eso
cuando a mí llegaste
no sentí tus pisadas.
Llevabas
en la voz desnuda
un compás de espera.
Por eso
cuando me hablaste
no pude medir tu voz.
Llevabas
en las manos abiertas
espuma blanca de aquel mar.
Por eso
de tu bienvenida
no pude conservar la huella.
Todo tú
venías en mi busca
y no pude reconocerte.
¡Arena blanca, compás de espera, espuma blanca!
¡Inquieto sueño de la verde orilla,
rizado de preguntas…!

ME BUSCO Y NO ME ENCUENTRO, DE POEMAS DE MARZO INCOMPLETO

Me busco y no me encuentro.
Rondo por las oscuridades paredes de mí misma,
interrogo al silencio y este torpe vacío
y no acierto en el eco de mis incertidumbres.
No me encuentro a mí misma.
Y ahora voy como dormida en las tinieblas,
tanteando la noche de todas las esquinas.
Y no pude ser tierra, ni esencia, ni armonía,
que son fruto, sonido, creación, universo.
No esta desalentado y lento desgranarse 
que convierte en preguntas todo cuanto es herida.
Y ronda por las sordas paredes de mí misma
esperando el momento de descubrir mi sombra.

DE POEMAS DE MARZO INCOMPLETO

Soñábamos un mundo fabuloso.
Juntos, hubiéramos sembrado campos,
construido fortalezas: vencedores,
porque oíamos ambos igual eco.
Hoy nuestros hijos ya serían hombres,
muchachas que sonrieran su esperanza.
Hijos de nuestro amor, árboles fuertes
a cuya sombra nos acogeríamos.
Jamás el mar hubiérase apartado
de mi contemplación, hija de la isla,
porque allá en su rincón, el mar antiguo
habríame esperado cada estío.
En las cuatro paredes de su cada
—aquella que en imagen yo habitara—,
hubiéramos vivido nuestras horas.
¡Qué jóvenes y fuertes los dos éramos!
Edad nueva, increíble, misteriosa,
que entonces parecíanos sencilla
y hoy la sueño, impalpable, ya perdida.

DE MEDIDA DEL TIEMPO

Mis amigos de entonces,
aquellos que leíais mis versos
y escuchabais mi música:
Luis, Jorge, Rafael,
Manuel, Gustavo…
¡y tantos otros ya perdidos!
Enrique, Pedro, Juan,
Emilio, Federico…
¿por qué este hueco entre las dos mitades?
Vosotros ayudasteis
a la blandura del que fue mi nido.
Yo me formé al calor
que con vuestras palabras me envolvía.
me hicisteis importante.
Con vuestro ejemplo,
me inventé una ambición
y tuve
vuelos, insospechados de gaviota.
Gaviota, sí,
porque fue el mar mi espejo
y reflejó mi infancia, mis septiembres…
¡Amigos que de mí hicisteis nombre!
A la mitad vertiente de mi vida
hoy os llamo.
¡Tendedme vuestras manos!
Yo me sentí nacer,
para luego rozar de los cimientos
la certera caricia.
Pero de pronto,
un día me cubrió lo indefinible,
algo sin cuerpo, sin olor, sin música…
y me sentí empujada,
cubierta de ceniza,
borrada con olvido.
¿Dónde estabáis vosotros, compañeros,
vuestras letras de molde, vuestro ingenio,
vuestra defensa
contra el desconocido ataque?
¡Oh, amigos!
Enrique, Pedro, Juan,
Emilio, Federico…
nombre que no responderán mi voz.
Manuel, Gustavo,
lejos…
Luis, Jorge, Rafael…
Que aunque el afán
vientos nos dé para encontrarnos,
ignoro en qué ciudad
y si llegará el día
en que vuelva a sentirme descubierta.

DESTINO

Destino,
¿qué nombre es el tuyo,
cruel y despiadado,
que te enfrentas, altivo,
a la humanidad?
Destino,
que nos niegas el pan y la sal,
que desafías a nuestras vidas,
a nuestros horizontes,
al latido de nuestras venas.
Destino implacable,
inconmovible,
dura piedra
contra la que nos estrellamos,
pobres seres indefensos,
con las ilusiones
colgando de nuestras heridas…
Destino inhumano
que nos marcas ferozmente.
Toro asesino
que nos ensartas en tus astas
como peleles, indefensos.
¿Qué nombre es el tuyo,
granítico,
cimiento indestructible
que barres nuestros latidos,
nuestras arterias?
Ignoto destino;
a ti te son adjudicadas
todas las culpas,
todos los latigazos que recibimos
los esclavos de este mundo.
¡Ah, Destino enemigo,
rival indefendible,
adversario tenaz!
Te quisiera de frente,
cara a cara,
mis puños en tu pecho
de atleta presuntuoso
y golpearte
con mi eterna pregunta:
¿por qué?
¿Por qué esta herida
sangrante y desvelada,
vacía de respuesta?
¡Oh, Destino!
Y una y otra vez
lanzar mis puños
contra tu inexpugnable fortaleza,
hasta sentir tu sangre, ¡sangre mía!,
caliente fuego
de mi mortal miseria.

ALLÍ JUNTO A LA CAMA

Allí, junto a la cama,
están tus gafas.
Sus cristales vacíos
son como dos lagunas sin orillas.
Las cojo entre mis manos
y las contemplo absorta.
Detrás están tus ojos,
los presiento,
ahondando la mirada,
y las apoyo con ternura sobre el pecho,
como si tu cabeza reposara.
Las beso.
Son tus ojos queridos
mirándome
a través de la ausencia.
Tus ojos tan vitales,
en tus últimos días apagados,
tristes, mudos,
que me miraban en silencio,
anegándome el alma
de contenidas lágrimas.

Te recomendamos ver el programa de televisión.

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65. Poesía más Poesía: Gabriel Celaya

GABRIEL CELAYA

Biografía

Gabriel Celaya nació en Hernani, provincia de Guipúzcoa, en 1911. Su nombre completo es Rafael Gabriel Juan Múgica Celaya Leceta. Pero los chicos del pueblo le llamaban Cascabel “porque era un niño muy alegre, inventando juegos y cosas raras”, dice Celaya.
Los tres nombres que utilizó para escribir fueron combinaciones de su nombre real: Rafael Múgica, primero. Después, Juan Leceta, en tres libros. Y, por último y definitivamente, Gabriel Celaya cuando, según su mujer Amparo, quedó impresionado ante el comentario de quien dijo: “Qué maravilla los tres poetas que han salido en San Sebastián”.


A finales de los años 20 se traslada a Madrid para realizar los estudios de ingeniero industrial. Muy a su pesar, en tanto provenía de una familia industrial vasca que estaba empeñada en que él tenía que ser el director de la fábrica, entonces le impusieron ser ingeniero industrial, cosa que él no quería. Le habían dicho que si no quería estudiar tenía que entrar a trabajar en la fábrica y aprender con la práctica por eso prefirió venir a Madrid y estudiar ingeniería.

Gabriel Celaya, Ohlsson y Anselmo Carretero en la Residencia de Estudiantes.

Se alojó entre 1927 y 1935 en la residencia de estudiantes, una experiencia decisiva para él, donde descubre la cultura europea y el surrealismo y donde conoció a Federico García Lorca y a José Moreno Villa, entre otros. “Toda mi formación se la debo a la residencia de estudiantes”, dijo Celaya, de la que salió gente extraordinaria como Federico García Lorca, Luis Buñuel, Dalí, porque el ambiente era extraordinario. En la residencia había un gran ambiente intelectual y toda clase de facilidades. Recibía todas las revistas de Europa, cursos y conferencias de los intelectuales más importantes de Europa: Stravinski, Keiserlin, Valerié. Con una libertad absoluta, pero a la vez todo funcionaba con una disciplina maravillosa.
Durante un tiempo trabajó como gerente de la empresa de su familia, pero en realidad a él le ocupaban otras cosas. Sus nuevas relaciones en Madrid le hicieron inclinarse completamente hacia la poesía. Quería quedarse en Madrid y trabajar como periodista y lo tenía todo arreglado a finales del 35 año en que comenzó escribiendo el libro “Marea de silencio”.
En 1936 gana el Premio Centenario de Bécquer en el Liceum Club Femenino, con su libro “La soledad cerrada”. La sala estaba dirigida por mujeres tan importantes como Dolores Rivas Cherif (la mujer de Hazaña), María teresa León y Alma Angélico.


En palabras de Leopoldo de Luis: “La soledad cerrada” me sorprendió, es un libro de cierta inspiración alexendrinista dentro de un surrealismo muy bien asimilado por Rafael Múgica. El libro anterior suyo, “Marea del Silencio”, es más bien Juan Ramoniano. Después con la guerra civil nos alejamos mucho. Rafael queda en el País Vasco, yo estoy por Castilla y no tengo ninguna noticia suya.
“Los movimientos elementales” fue un acontecimiento en el panorama poético porque extrañó. Una revista tan progresista y tan partidaria de una poesía evolucionada como era Espadaña, pone en duda si el libro de Celaya era poesía. Porque con este libro Gabriel Celaya empieza a trastornar el panorama de la poesía española. Y no contento con eso y por sus contactos con el existencialismo, porque hay que aclarar que Gabriel Celaya era probablemente el poeta más culto de aquel entonces, el poeta más relacionado con la poesía extranjera, el poeta que leía más poetas de fuera de España y esto se nota en su obra, no solamente por su actividad traductora sino por su tendencia a una línea existencial que a los demás nos llevó más tiempo. Un poeta de gran riqueza intelectual y expresiva. Juan de Leceta se pierde un poco, pero continúa Gabriel Celaya y entra en una nueva dimensión de su obra que encabeza lo que luego se ha llamado “Poesía social”.
Con el estallido de la guerra civil todos los planes de Gabriel de convertirse en periodista se estropearon.
Luchó en el bando Republicano y estuvo preso en un campo de concentración de Palencia.
La posguerra fue horrible porque como todos sus planes habían acabado tuvo que volver a trabajar a la fábrica y los años del 40 al 46 son, según Gabriel, los peores de su vida.
Cuando sus amigos desaparecieron exiliados o muertos tras la guerra, quedó tremendamente abatido. Después de la guerra se sentía absolutamente perdido, todos sus amigos habían desaparecido, o los habían matado o estaban en el exilio. La poesía que se publicaba entonces no tenía nada que ver con la que él escribía y a pesar de seguir escribiendo, había renunciado completamente a publicar.
Desde el año 36 hasta el 46 no publicó absolutamente nada. Era un hombre completamente destruido, la fábrica no la podía aguantar, no sabía qué hacer y entonces escribía en Tentativas “yo creía que iba a ser el único libro de mi vida que publicaría y que luego me pegaría un tiro”.

Amparitxu y Gabriel Celaya.

Cuando en 1946 conoció a Amparo Gastón, se convertiría en una figura importantísima en la vida de Gabriel. “Ella me devolvió completamente la confianza en mí mismo”. Él vivía una vida burguesa mientras que ella era una trabajadora y su relación con ella le lleva a conocer problemas que hasta entonces le eran ajenos (el padre de Amparo estaba en la cárcel). Y se platea vivir con ella y de otra manera.
“A ella se le ocurrió montar una editorial de poesía. Dijo: mira si publicas tus libros por tu cuenta nadie los va a leer. Y tenía toda la razón. Pero si montamos una editorial de poesía y publicas los tuyos y los de otros… Montamos la editorial, buscó los suscriptores, hicimos ficheros recurriendo a otras revistas de poesía. Me ayudó en primer lugar a eso, salvó mi poesía, porque si no, yo no sería poeta ni nada, pero sobre todo salvó mi vida, me dio una confianza en mí mismo, me dio una alegría de vivir. Había una gran cantidad de revistas de poesía, nos pusimos en contacto con todos. Nos dieron el listado de sus suscriptores y con esos conseguimos los 400 suscriptores que nos bastaban para cubrir gastos”.

Gabriel Celaya, Blas de Otero, Asunción Carandell, Carlos Barral y J.A. Goytisolo


Junto a Amparo fundaron la colección de poesía Norte y abandonó la ingeniería y su cargo en la empresa familiar. Publicar como Rafael Múgica le estaba trayendo algunos problemas con su familia y con la empresa así que publicó tres libros como Juan de Leceta, que fue el momento de ruptura con la sociedad burguesa, con su familia y con el negocio. Esa ruptura en principio tomó un aire muy cínico y escandaloso, pero después quedó más reposadamente recogida por Gabriel Celaya.
La Colección de poesía “Norte” nace con el deseo de ser un vínculo de unión entre la poesía de la generación del 27, la del exilio y la europea. Consigue tomar contacto con sus antiguos amigos que quedaban vivos en México, y con Vicente Aleixandre, un gran amigo suyo.

En Madrid, J.M. Caballero Bonald, Gloria Fuertes, Gabriel Celaya, Ángel González, José A. Goytisolo y Manuel Vázquez Montalbán (1969).


La editorial publica a autores no publicados, aglutina a un grupo de escritores opuestos al régimen franquista y traduce a Rilke, Rimbaud, Éluard y Blake, cuando en plena autarquía en España, se había perdido todo contacto con la poesía extranjera. Publicaron libros de poetas italianos, alemanes, franceses, ingleses, todos muy conocidos pero que los jóvenes españoles no los conocían.
Siguiendo la trayectoria de otras colecciones como Espadaña y Cántico de las que Gabriel era lector.
Leopoldo de Luis y Cela fueron algunos de los poetas publicados en “Norte”.
A partir de entonces Gabriel vivirá junto a Amparo una vida modesta, escribiendo por las noches y compartiendo amistad con otros poetas de la posguerra.
“La Poesía no es un fin en sí. La Poesía es un instrumento, entre otros, para transformar el mundo”.
“La poesía es un arma cargada de futuro”. Son algunas premisas fundamentales de Rafael.
En 1956 gana el Premio de la Crítica por su libro “De claro en claro”. En 1963 el Premio Internacional Libera Stampa (italiano). En 1967 gana el Atalaya de Poesía y ese mismo año el Internacional Taormina.
Se presentó como candidato a las elecciones generales de 1977 por Guipúzcoa en la lista del Partido Comunista, en el que se dio de baja dos años después.
En 1986 le fue otorgado el Premio Nacional de las Letras Españolas.

Gabriel Celaya con Rafael Alberti.
En San Sebastián en 1988.


Falleció en 1991 en Madrid. Y sus cenizas fueron esparcidas por Hernani.
Su extensa obra poética se ha distinguido por su exploración de las posibilidades expresivas de la poesía. Con incursiones en el campo de la tradición vasca o de la física nuclear. Su poesía es catalogada especialmente como poesía social.
Escribió 55 libros de poesía, 12 de Ensayo, 6 de prosa y 2 de teatro.

Amparo Gastón y Gabriel Celaya.

POEMAS DE GABRIEL CELAYA

LO PURO ES DESMAYARSE EN DELICIAS SIN NOMBRE

Lo puro es desmayarse en delicias sin nombre,
cantar como una espuma de músicas vagas.
¡Oh amor que se va en cisnes líricos y blancos!
La brisa suspirando
pasa como una suave palidez desmayada.
Entre murmullo y sonrisa temblaba lo indeciso,
se movía entre música y palabra.
¡Delicia del instante fugitivo y sin cuerpo!
¡Dulcísima tristeza recordarlo flotando!
¡Oh amor, vuelo perdido!
Agua blanca cantando en los cauces más hondos;
dulcísima tristeza, pureza del desmayo,
amor, rubia delicia, brisa o música vaga.

                                    del libro Marea del silencio [(1932-1934) 1935] 

DEL LIBRO LA SOLEDAD CERRADA (1934)


41
Es la hora de las raíces y los perros amarillos.
El hombre se pone como una máscara su silencio;
se le llenan los ojos de yedra.
Es la hora de las raíces y los perros amarillos;
la hora en que blanquísimos caballos
pasan como escalofríos por el fondo de la niebla
Oigo como una ausencia que el misterio está muy cerca;
oigo como una música
que la noche vuelve la cabeza.
Es la hora de las raíces y los perros amarillos;
en su sala de cristal,
la luna llora con la cabeza entre las manos.
El hombre se pone como una máscara su silencio;
sueña en el fondo del agua.
Es la hora del escalofrío en los cuerpos desnudos,
la hora en que se llora el misterio que viene y que no viene;
la luna es el dolor de esa ausencia
ante los crueles y apretados dientes blancos de los hombres.
Es la hora de las raíces y los perros amarillos,
de las raíces transparentes en el fondo de las aguas,
de los perros locos huyendo
por salas grandes y blancas.
Es la hora del misterio que viene y que no viene,
la hora en que la noche huye del mar desnuda,
la hora en que de cada estatua se escapan todos los pájaros,
la hora de los párpados de plata,
la hora en que la luna murmura como un silencio:
nada.

42

En el fondo de la noche tiemblan las aguas de plata.
La luna es un grito muerto en los ojos delirantes.
Con su nimbo de silencio
pasan los sonámbulos de cabeza de cristal,
pasan como quien suspira,
pasan entre los hielos transparentes y verdes.

Es el momento de las rosas encarnadas y los puñales de acero
sobre los cuerpos blanquísimos del frío.

En el fondo de la noche tiembla el árbol del silencio;
los hombres gritan tan alto que sólo se oye a la luna.

Es el momento en que los niños se desmayan sobre los pianos,
el momento de las estatuas en el fondo transparente de las aguas,
el momento en que por fin todo parece posible.
En el fondo de la noche tiembla el árbol del silencio.
Decidme lo que habéis visto los que estabais con la cabeza vuelta
La quietud de esta hora es un silencio que escucha,
el silencio es el sigilo de la muerte que se acerca.

Decidme lo que habéis visto.
En el fondo de la noche
hay un escalofrío de cuerpos ateridos.

43

La brisa pasa como una música por el fondo de la tarde.
Yo soy un árbol de cristal bajo las aguas transparentes,
la mano del misterio que se mueve en el silencio.

Yo soy lo que se ignora:
el estremecimiento de luz que precede a la aparición de
las espadas;
yo soy eso, sólo eso;
yo espero lo que esperan
esos cinco hombres mudos, tristes, sentados en un salón
de terciopelo morado.

Al atardecer suenan clarines de oro.
Un león de llamas huye por el fondo del bosque;
la virgen de ojos verdes se cubre el rostro con las manos.
Es mi momento, el último momento:
cuando la luz rompe los cristales nada más tocarlos con la yema de los dedos;
cuando huye el pájaro encerrado en las blancas
clausuras de lo abstracto;
cuando uno de los hombres del salón morado dice a los otros:
«Ya no puede tardar.»
Es el último momento.
Me deslizo al filo de un silencio que casi es la muerte.
La virgen de los ojos verdes me muestra la más peligrosa de
sus sonrisas.
Es el último momento.
Estalla el oro morado del crepúsculo;
las raíces de la carne me duelen;
siento como un temblor que me hago transparente.
Es el último momento:
la muerte pasa muy cerca murmurando sus secretos;
es entonces
cuando las estatuas son el sueño del silencio
y los pianos
huelen como un niño muerto entre los lirios.

Es el último momento,
cuando da miedo volver la cabeza,
cuando parece que lo comprendemos todo y, sin embargo,
no sabemos nada;
cuando uno de los hombres del salón morado, quieto ante el balcón,
mira hacia el espejo con los ojos en blanco.

BIOGRAFÍA

No cojas la cuchara con la mano izquierda.
No pongas los codos en la mesa.
Dobla bien la servilleta.
Eso, para empezar.
Extraiga la raíz cuadrada de tres mil trescientos trece.
¿Dónde está Tanganika? ¿Qué año nació Cervantes?
Le pondré un cero en conducta si habla con su compañero.
Eso, para seguir.
¿Le parece a usted correcto que un ingeniero haga versos?
La cultura es un adorno y el negocio es el negocio.
Si sigues con esa chica te cerraremos las puertas.
Eso, para vivir.
No seas tan loco. Sé educado. Sé correcto.
No bebas. No fumes. No tosas. No respires.
¡Ay, sí, no respirar! Dar el no a todos los nos.
Y descansar: morir.

LA POESÍA ES UN ARMA CARGADA DE FUTURO

Cuando ya nada se espera personalmente exaltante, 
mas se palpita y se sigue más acá de la conciencia, 
fieramente existiendo, ciegamente afirmado, 
como un pulso que golpea las tinieblas, 
cuando se miran de frente 
los vertiginosos ojos claros de la muerte, 
se dicen las verdades: 
las bárbaras, terribles, amorosas crueldades. 
Se dicen los poemas 
que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados, 
piden ser, piden ritmo, 
piden ley para aquello que sienten excesivo. 
Con la velocidad del instinto, 
con el rayo del prodigio, 
como mágica evidencia, lo real se nos convierte 
en lo idéntico a sí mismo. 
Poesía para el pobre, poesía necesaria 
como el pan de cada día, 
como el aire que exigimos trece veces por minuto, 
para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica. 
Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan 
decir que somos quien somos, 
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno. 
Estamos tocando el fondo. 
Maldigo la poesía concebida como un lujo 
cultural por los neutrales 
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden. 
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse. 
Hago mías las faltas. Siento en mí a cuantos sufren 
y canto respirando. 
Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas 
personales, me ensancho. 
Quisiera daros vida, provocar nuevos actos, 
y cálculo por eso con técnica qué puedo. 
Me siento un ingeniero del verso y un obrero 
que trabaja con otros a España en sus aceros. 
Tal es mi poesía: poesía-herramienta 
a la vez que latido de lo unánime y ciego. 
Tal es, arma cargada de futuro expansivo 
con que te apunto al pecho. 
No es una poesía gota a gota pensada. 
No es un bello producto. No es un fruto perfecto. 
Es algo como el aire que todos respiramos 
y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos. 
Son palabras que todos repetimos sintiendo 
como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado. 
Son lo más necesario: lo que no tiene nombre. 
Son gritos en el cielo, y en la tierra son actos.

EDUCAR

Educar es lo mismo
que poner un motor a una barca…
Hay que medir, pensar, equilibrar…
y poner todo en marcha.
Pero para eso,
uno tiene que llevar en el alma
un poco de marino…
un poco de pirata…
un poco de poeta…
y un kilo y medio de paciencia concentrada.
Pero es consolador soñar,
mientras uno trabaja,
que ese barco, ese niño,
irá muy lejos por el agua.
Soñar que ese navío
llevará nuestra carga de palabras
hacia puertos distantes, hacia islas lejanas.
Soñar que, cuando un día
esté durmiendo nuestra propia barca,
en barcos nuevos seguirá
nuestra bandera enarbolada.

DE NOCHE

Voy a hablar del terror que no se piensa y ciega.
Voy a hablar de la muerte suspendida allí lejos.
Siempre miramos fijos. Más no vemos lo cierto.
O cerramos los ojos. Pero no estamos ciegos.
¿Qué es la muerte? Tan sólo la luz de lo sabido.
¿Y qué es eso, sabido? La luz sencillamente.
¿Y por qué nos asusta? Porque seguimos viendo
cómo sigue mirando cuando ya no la vemos.
de “Cantos y mitos”

ÉGLOGA 

Rubio, fuerte, manso,
triste sin melancolía
como el mediodía,
lento como la tierra,
toscas las manos que parten
el pan y abarcan el seno
maternal de Ceres,
Menalcas apacienta sus grandes vacas rojas
frente al mar: estupor
de luz en la inmensidad.
¡Oh mar, oh campo, oh bestias!
¡Oh siesta, pesadumbre
del cuerpo poderoso que, ahora, inerte,
se cubre como de una enfermedad de cantos
monótonos y vagos,
mientras la tierra sueña,
muge lenta
como una vaca triste que esperara
la fecunda inquietud de las estrellas,
la sagrada
palpitación escondida,
el amante
nocturno que no dice su nombre! 
de “El principio sin fin”

PRESAGIOS
3
SHIRIMIRI
La lluvia llueve.
   La lluvia canta.
La lluvia suma
   sin fin nostalgias.
¡Melancolía!
   Vida apagada.
Luz submarina,
   plata oxidada
de los espejos
   y las arañas.
Grutas secretas.
   Calles sin alma.
Pienso en mí mismo.
   No pienso nada.
Llueve igualando.
   Llueve constancia.
Tras los visillos
   una muchacha
está mirando
   algo que calla.
La lluvia sigue.
   La lluvia mansa.
Detrás presiento
   mi fuerza vasca,
la luz de origen
   contra la nada.
Trueno que truena,
   vida que arranca,
caballo negro
   sudando plata,
visto y no visto
   por mi nostalgia
Urtzi galopa
   por la montaña.
Rayo en la niebla,
   ronca llamada
del olvidado
   dios que hoy me arrastra
mientras la lluvia
   llueve sin alma.
de “Rapsodia Euskara”

CERCA Y LEJOS

Más allá del pecado,
indecible, te adoro,
y al buscar mis palabras
sólo encuentro unos besos.
En el pecho, en la nuca,
te quiero.
En el cáliz secreto,
te quiero.
Donde tu vientre es combo,
fugitiva tu espalda,
oloroso tu cuerpo,
te quiero.

CUÉNTAME CÓMO VIVES, CÓMO VAS MURIENDO

Cuéntame cómo vives;
dime sencillamente cómo pasan tus días,
tus lentísimos odios, tus pólvoras alegres
y las confusas olas que te llevan perdido
en la cambiante espuma de un blancor imprevisto.

Cuéntame cómo vives;
ven a mí, cara a cara;
dime tus mentiras (las mías son peores),
tus resentimientos (yo también los padezco),
y ese estúpido orgullo (puedo comprenderte).

Cuéntame cómo mueres;
nada tuyo es secreto:
la náusea del vacío (o el placer, es lo mismo);
la locura imprevista de algún instante vivo;
la esperanza que ahonda tercamente el vacío.

Cuéntame cómo mueres;
cómo renuncias -sabio-,
cómo -frívolo- brillas de puro fugitivo,
cómo acabas en nada
y me enseñas, es claro, a quedarme tranquilo.
de “Tranquilamente hablando, 1945

DE NOCHE

Y la noche se eleva como música en ciernes,
y las estrellas brillan temblando de extinguirse,
y el frío, el claro frío,
el gran frío del mundo,
la poca realidad de cuanto veo y toco,
el poco amor que encuentro,
me mueven a buscarte,
mujer, en cierto bosque de latidos calientes.
Sólo tú, dulce mía,
dulce en los olores de savia espesa y fuerte,
sin palabras, muy cerca, palpitando conmigo,
sólo tú eres real en un mundo fingido;
y te toco, y te creo,
y eres cálida y suave matriz de realidades,
amante, amparo, madre,
o peso de la tierra que sólo en ti acaricio,
o presencia que aún dura cuando cierro los ojos,
fuera de mí, tan bella.

HASTA LA MUERTE

En el paisaje oscuro
oigo tu voz, tu voz,
tu larga voz de espesas
caricias resbaladas,
mojadas y olorosas.
La noche me suspende
en un vuelo pausado
e, inmóvil, pone en vilo
lo que el hombre no entiende:
tu voz, tu voz querida
hundiéndome en lo ausente.
Uno cierra los ojos
(¡me da miedo mirarte!);
uno tiende las manos
-aves heridas y leves-,
y en sus raíces siente
que tú eres y no eres.

PORQUE SÍ

Pececito esquivo,
caballito que monto,
delicia que no nombro,
y quiero, quiero, quiero.
Cuando te beso, acierto;
cuando te toco, creo;
si te acaricio mido
mi infinito deseo.
Mas te prolongas lejos;
eres más, eres lo otro,
lo que nunca apreso
aunque te toco y beso.
Siempre un poco esquiva,
siempre resbalada,
tú, que nunca entiendo,
y quiero, quiero, quiero.

LA NOCHE ABIERTA

¡Ojo abierto de la noche sin mirada!
Más allá de lo humano encerrado en sí mismo,
en ti conciencia ciega, y hoy de pronto estrellada,
o la esplendidez de la noche reinante
y el ojo sin medida, la duración sin centro
y el mundo sin distancia de lo por fin abierto.
Todo está descubierto.
Todo de pronto esplende.
Comprendemos por fin que el mundo humanista
fue sólo un escondite que nos ocultaba
la velocidad, la gloria, la locura
de este esplendor que brota por fin del contacto con el Cosmos neutral,
con el mundo sin nombre, con el ojo ciego que mira sin vemos,
con la rapidez, ya sin luz, del sentido,
y al fin con lo completo del cero-cero-cero.

                                                                   de Cantos iberos [(1954) 1955] 

ESPAÑA EN MARCHA

NOSOTROS somos quien somos.
¡Basta de Historia y de cuentos!
¡Allá los muertos! Que entierren como Dios manda a sus
[muertos.
Ni vivimos del pasado,
ni damos cuerda al recuerdo.
Somos, turbia y fresca, un agua que atropella sus
[comienzos.
Somos el ser que se crece.
Somos un río derecho.
Somos el golpe temible de un corazón no resuelto.
Somos bárbaros, sencillos.
Somos a muerte lo ibero
que aún nunca logró mostrarse puro, entero y verdadero.
De cuanto fue nos nutrimos,
transformándonos crecemos
y así somos quienes somos golpe a golpe y muerto a
[muerto.
¡A la calle!, que ya es hora
de paseamos a cuerpo
y mostrar que, pues vivimos, anunciamos algo nuevo.
No reniego de mi origen,
pero digo que seremos
mucho más que lo sabido, los factores de un comienzo.

Españoles con futuro
y españoles que, por serlo,
aunque encarnan lo pasado no pueden darlo por bueno.
Recuerdo nuestros errores
con mala saña y buen viento.
Ira y luz, padre de España, vuelvo a arrancarte del sueño.
Vuelvo a decirte quién eres.
Vuelvo a pensarte, suspenso.
Vuelvo a luchar como importa y a empezar por lo que
[empiezo.
No quiero justificarte
como haría un leguleyo.
Quisiera ser un poeta y escribir tu primer verso.
España mía, combate
que atormentas mis adentros,
para salvarme y salvarte, con amor te deletreo.

LA IRRACIONAL ALEGRÍA

En la mañana clara, la risa de los dioses
retumba como un trueno.
El toro subterráneo levanta la cabeza
y los árboles tiemblan millonarios de hojas.
Tempestad transparente. ¡Azul! Y de repente
una leve sonrisa femenina, perdida,
condena al silencio los grandes poderes,
y parece que algo dice.
Pero no dice nada.

VOLVEREMOS AL LAGO

Volveremos al lago sin saber lo que somos,
dulcemente infinitos, mansamente perdidos,
mecidos por las aguas, y unidos, tan unidos
por el mundo sin nombre y el deseo sin forma
que ya nunca podremos decir qué nos une y separa.
¿Qué nos une? Poderes sagrados de la vida.
¿Qué se opone a lo cierto? ¿Qué quiere separamos?
Poderes encontrados de la vida creciente.
¿No somos lo real palpitante y abierto?
¿No somos la vida y el perpetuo comienzo?

de La soledad cerrada.

Se recomienda ver el programa de televisión Poesía más Poesía.

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42. Poesía más Poesía: Gloria Fuertes y Helena Trujillo

GLORIA FUERTES

BIOGRAFÍA

Gloria Fuertes (1917-1998) Nació en Madrid, el 28 de julio de 1917 “en un parto muy laborioso en el que, si se descuida (su madre), muere para vivirme”, diría en unos versos de su poema autobiografía. Fue la menor de nueve hermanos de un hogar humilde. Su madre era modista y su padre portero.
A los tres años ya sabía leer y a los cinco escribía cuentos y los dibujaba. Luego los cosía con hilos para encuadernarlos. Sus primeras lecturas las componen el famoso TBO y los cuentos de Pinocho que editaba Calleja, ya que según ella manifestó en varias ocasiones le asustaba Blancanieves allí muerta, y le parecía un horror que en el cuento de Caperucita la abuela fuera devorada por el lobo. Por eso, su cuento preferido era Pinocho, y sus juguetes, los que encontraba por la calle.
De los 2 a los 14 años asiste a diversos colegios, entre ellos uno de monjas en la calle Mesón de Paredes, que ella recuerda en un poema: 

“Me llevaron a un colegio muy triste
donde una monja larga me tiraba pellizcos
porque en las letanías me quedaba dormida”.

Su madre la matriculó en el Instituto de Educación Profesional de la Mujer en todas las asignaturas propias de su sexo: Cocina, Bordados a mano y a máquina, Higiene y Fisiología, Puericultura, Corte y Confección, Taquigrafía y Mecanografía, pero ella no quería ser ni modista, como su madre, ni niñera, no quería servir a nadie, en todo caso quería servir a todos, así que también se matriculó en Gramática y Literatura. Su madre quería hacer de ella una esposa de provecho, que supiese bordar y cocinar y no entendía que su hija se matriculara en Gramática y Literatura y que sus aficiones fueran los deportes y la poesía. El lema de Gloria Fuertes, que dejó como legado en sus apontes es “si vales de verdad y quieres algo con todas tus ganas, sales adelante seguro.” Escribe sus primeros versos a los catorce años, en 1932 Niñez, Juventud, Vejez (leer)
En 1934, teniendo Gloria Fuertes diecisiete años, fallece su madre, y se emplea en una fábrica donde, a ratos perdidos, escribe poemas.

Durante la guerra empieza a trabajar de contable y de secretaria en la fábrica de Talleres Metalúrgicos, y entre cuenta y cuenta escribía cuentos y poemas. Aunque sus lecturas de juventud son los poemas de Bécquer, Rubén Darío y Gabriel y Galán, lo que más le influye a la hora de escribir es la llegada de la Guerra Civil. Esta experiencia dramática de la guerra agudizó su sentido de protesta. Cuando le preguntan por la guerra responde:
‒ Yo estaba sana pero el hombre y el hambre me dolían todos los días. Aunque    sin un rasguño de metralla, la guerra civil española me dejó en carne viva. Amanecí en la sección de quemados»

Gloria Fuertes con su madre y sus hermanos Jesús y Angelín

Era antibelicista (la Guerra Civil la marcó profundamente), ecologista cuando la defensa de la naturaleza no era una preocupación en la sociedad y feminista.  
En 1935 escribió su primer libro de poemas Isla Ignorada, (leer) aunque no lo publica hasta 1950.
Dio sus primeros recitales de poesía en Radio Madrid y Radio España. En esta época se movía por Madrid con una falda-pantalón y corbata en bicicleta, desde Lavapiés a la Calle Mayor para entregar sus cuentos y poesías en Escuela Española, y compraba libros a hurtadillas en la cuesta de Moyano.
En la Guerra Civil y Gloria Fuertes conoció a sus dos primeros amores. Representaban ambos bandos de la guerra y sufrió la pérdida de ambos. Su primera mor era un obrero y el segundo, de la tinchcera franquista, era un médico al que metieron en la cárcel, del que señalaba que le influyó mucho, por ser un hombre muy culto.
En 1939, como ella misma relataba, pasó de la oficina de hacer cuentas a una redacción para hacer cuentos.
Una vez acabada la guerra comienza a relacionarse con el mundo de las letras en revistas como Pelayos, o Chicos, Chicas y Chiquitito, estas últimas bajo la dirección de Consuelo Gil, donde publica cuentos de humor desde 1940 hasta 1955. Colabora como redactora en la revista infantil Maravillas, suplemento infantil del diario Arriba, portavoz de la Falange y dirigido por fray Justo Pérez de Urbel. Lo primero que publicó fueron unas aleluyas y unas historietas de una niña de 9 años llamada Coletas. También aquí presentó a Pelines, un niño de 6 años que llegó a ser más popular incluso que Coletas. Al principio ella misma dibujaba las historietas, pero pronto se hizo cargo de esta labor ilustradora Soravilla. Siguió publicando semanalmente cuentos, historietas y poesía para niños en esta revista hasta el año 1953.
Se estrenan diversas obras suyas de teatro infantil y poemas escenificados en varios teatros de Madrid.

1939 Verbena de San Antonio, con compañeros de la revista Maravillas

En 1942 conoce a Carlos Edmundo de Ory, al que le dedica el poema Delirio.Carlos Edmundo de Ory fue un poeta, ensayista, epigramista y traductor español, principal representante del postismo. Fue hijo del poeta modernista Eduardo de Ory Ya a finales de los años cuarenta entró en las tertulias del grupo literario denominado Postismo, un movimiento de posguerra que era lo más avanzado que podía proponer España estéticamente, bajo el régimen de Franco.Aunque nunca se sintió ligada a ningún movimiento y se definía como «autodidacta y poéticamente desescolarizada», la crítica ha unido su nombre a los movimientos literarios como la Generación del 50 y el Postismo. Con los de la Generación del 50 le une el haber publicado en esa época y el tipo de poesía de denuncia moral que hacía Celaya, Blas de Otero, José Hierro, García Nieto, Ángel Crespo o Buosoño entre otros cuyos temas son: la soledad, el dolor, la injusticia social, el amor, Dios, la muerte… Sin embargo, la principal diferencia entre Gloria Fuertes y estos poetas es que, aunque los poemas de ambos salen del dolor, del desamor y del amor, ni ellos ni los postistas supieron llegar al pueblo de la forma en que lo hacía Gloria Fuertes. Y es que ella decía que «antes de contar las sílabas, los poetas tienen que contar lo que pasa». Lo que no se puede negar es que en estos años sí surge una vertiente de la poesía española marcada por la queja más o menos explícita contra la opresión. Estuvo colaborando, además de junto con el ya mencionado Carlos Edmundo de Ory, con Eduardo Chicharro, Silvano Serseni, Ángel Crespo y Francisco Nieva, quien decía de Gloria Fuertes que era «un Prévert femenino que sonaba a Madrid, como la Piaf o Prévert sonaban a París».

En estos años se combinan perfectamente sus dos facetas creadoras: la infantil con la poesía social de adultos, y, para hacer ambos tipos de poesía, Gloria Fuertes analizaba su estado de ánimo y así actuaba: para escribir poesía infantil, «se hacía niño», tenía que estar contenta y graciosa, imaginativa, fantástica, idear un argumento que les hiciera gracia desde el primer momento y con un vocabulario sencillo; en cambio, si tenía algún problema, la poesía resultante era la del lector adulto.
Junto a Adelaida Lasantas, María Dolores de Pueblos y Acacia Uceta funda en 1947 el grupo femenino «Versos con faldas», que se dedica durante dos años a ofrecer lecturas y recitales por cafés y bares de Madrid. Fue un grupo tremendamente activo que organizaba lecturas de poesía y colabora en revistas como Rumbos, Poesía Española, con Gabino Alejandro Carriedo, o El pájaro de paja, dirigida por Ángel Crespo.
Gloria Fuertes fue una de las voces iniciales de la poesía femenina de posguerra con Carmen Conde y Ángela Figuera, entre otras.
En este mismo año obtiene el Primer Premio de «Letras para canciones» de Radio Nacional de España.
Fue fundadora y directora de la revista poética Arquero (1950-1954), junto a Antonio Gala, Rafael Mir y Julio Mariscal. En 1952 estrena su primera obra de teatro en verso Prometeo en el Teatro del Instituto de Cultura Hispánica y se publica Canciones para niños. En 1954 publica en Caracas Antología Poética y Poemas del suburbio, donde se refleja su solidaridad con las clases marginadas de la sociedad urbana, también aparece Aconsejo beber hilo en la colección Arquero y en Caracas Todo asusta (1958) con el que recibe la primera mención del Concurso Internacional de Poesía Lírica Hispana. Primer Premio de “Letras para canciones” de RNE, 1958
Por estos años publica la obra infantil Pirulí, y organiza la primera Biblioteca Infantil ambulante por pequeños pueblos, llevando libros adonde éstos no llegan por falta de dinero o por el analfabetismo que todavía existía en España.

En el rastro de Madrid


Recibe la Primera Mención del Concurso Internacional de Poesía Lírica Hispana, 1959
Entre 1955-1960 cursa estudios de Biblioteconomía e Inglés en el International Institute. Fue allí donde conoció al gran amor de su vida: la hispanista estadounidense Phyllis Turnbull, con la que mantuvo una relación durante quince años. Compartió piso con ella y con su otro amor de juventud, Chelo Sánchez. La escritora quemaba la noche de Madrid y con las ojeras de madrugada se iba a hacer guardia en una biblioteca pública, uno de sus oficios más felices. “Dios me hizo poeta y yo me hice bibliotecaria. Mi jefe era el libro, ¡yo era libre!”.
Fue Phyllis la que consiguió a la poeta un billete a Estados Unidos, gracias a una beca Fulbright, aunque muy pronto regresó a Soto del Real, donde ella y la norteamericana habían fundado una biblioteca ambulante. Fue, probablemente, su época más feliz. “Si la literatura está en decadencia es porque los escritores están demasiado tristes. Hacen falta más risas”, aseguraba Fuertes. Pero en 1971, un cáncer se llevaba al amor de su vida y Gloria no quiso reír más. No obstante, siguió adelante y adquirió una nueva filosofía: “La vida es una mierda de vaca de la que tenemos que hacer un pastel de manzana”

En la década de los 60 publica algunas de sus obras más conocidas: Que estás en la tierra (1962), Ni tiro, ni veneno, ni navaja, en 1965 con el que obtiene el Premio Guipúzcoa, Poeta de guardia, en 1968, uno de los mejor considerados por la crítica y Cómo atar los bigotes del tigre, en 1969 con el que consigue el accésit del Premio Vizcaya de Poesía:

Cangura para todo, en 1968, fue todo un éxito al obtener una mención de honor en el Premio Andersen de literatura infantil.

A partir de la década de los 70 Gloria empieza a vivir por y para la literatura. Publica Antología poética (1950-1969) en 1970.
En 1972 obtiene la beca de la Fundación Juan March para literatura infantil, y siguió publicando libros de cuentos como La pájara pinta, y La oca loca.
Un año más tarde aparece Sola en la sala, como testimonio de su propia soledad, de su insatisfacción amorosa. Dice que lo escribió estando por primera vez enferma, y que decía lo que tenía que decir «con la rapidez de un dardo, un navajazo, una caricia». También publica Cuando amas aprendes geografía, así como numerosos títulos infantiles: Don Pato y Don Pito, El camello cojito, Las tres reinas magas, entre otros…Su obra de teatro Las tres reinas magas, en la que Melchora, Gaspara y Baltasara asumen las tareas de sus maridos la noche de Reyes, se sigue representando en muchos colegios de España.
Se convierte en una prolífica poeta, y la poesía constituye el motor de su vida. Llega el momento de su antología titulada Obras incompletas(1975) donde reúne poemas de sus libros anteriores.
Comienza a colaborar activamente en diversos programas infantiles de TVE, como Un globo, dos globos, tres globos, del que compone hasta la sintonía, y La cometa blanca (a partir de 1982) convirtiéndose así definitivamente en la poeta de los niños y es que con los niños le gustaba enredar adivinanzas, pareados y juegos de palabras disparatados y ripios. Fue designada por el diario Pueblo como la «figura más popular».
Sigue publicando obras para adultos como Historia de Gloria: (amor, humor y desamor) y Mujer de verso en pecho, en 1995.
Los versos de Gloria Fuertes están llenos de frases hechas, de máximas y proverbios, registros infantiles, coloquialismos, con lo que ella juega ingeniosamente para darles un nuevo significado.Sabía que su actitud lúdica de desmontar y reinventar palabras llevaba a los niños a un mundo de fantasía y les provocaba la diversión, a través de esos pareados y rimas facilonas. Juega con el lenguaje como jugaría un niño: El libro loco de todo un poco, La ardilla y su pandilla, Coleta payasa, ¿qué pasa?, Don Pato y Don Pito, El hada acaramelada El abecedario de don Hilario, Pelines, Doña Pito Piturra… entre otros.

Su fama trasciende los límites de la literatura y Gloria es conocida como poeta y como personaje. Su peculiar voz es familiar en todos los hogares españoles de estos años. Su actividad es imparable: lecturas, recitales, homenajes… y constantes publicaciones.
El escritor Camilo José Cela la definió como; «una de las más luminosas voces poéticas españolas». Es más, en alguna ocasión le confesó que le «gustaría escribir para niños» como ella.
Con Miguel Oscar Menassa estableció una relación de amistad y se confesó una gran admiradora de él. Cuenta cómo, cuando leyó el libro El Oficio de Morir, le llamó a su casa para decírselo y le sentó en una silla que le había regalado Televisión Española, indicándole “esta sila es suya, no mía”, y agarró el libro El Oficio de Morir y empezó a mostrar pasajes del mismo, llegándole a preguntar ¿usted sufría mucho cuando escribía este libro?” “Yo no sufrí nada” le contésto Menassa. “Entonces, usted es un gran escritor”.
Acudía a recitales en la Escuela Grupo Cero y se maravillaba y sorprendía de cómo, en los talleres de Poesía, los poetas que se iban forjando tenían un estilo propio, cada uno diferente. Los alumnos de sus talleres escribían muy parecido a ella, como si fuesen una imitación.
Gloria decía que escribir para niños tenía una gran responsabilidad, ya que lo que pretende es despertar en ellos el amor por la vida, por la gente, las plantas, los animales, pero sin dejar el humor ni la fantasía porque la risa es muy necesaria y constantemente repetía que hay adultos que nunca han sido niños y son seres penosos. Sin pretenderlo, tuvo un gran afán pedagógico ya que consiguió que aprendiéramos la tabla de multiplicar, recitáramos los ríos de España o escribiéramos bien:

En 1997 publicó en la editorial Torremozas, Pecábamos como ángeles, una selección de su poesía amorosa en la que nos presenta su vertiente más apasionada y nos permite escuchar de cerca su corazón, que, entre bromas y verdades, tiene la rara virtud de emocionar siempre.

Cuando Gloria ya conocía la gravedad de su enfermedad le preguntaron que qué tal estaba y ella contestó «Estoy a solas con Dios y mi dolor», pero no estuvo sola ni un minuto, siempre había alguien con ella, incluso cuando murió el 27 de noviembre de 1998 estaba rodeada de sus amigos íntimos, los que siempre estuvieron ahí.

Cuando murió dejó cien millones de pesetas a la ciudad de los muchachos.
Si singular fue su manera de entender el mundo de las letras, también podemos decir que su peculiaridad la trasladó incluso a la muerte. Así, en su tumba, como ella quiso, puede leerse lo siguiente:

Gloria Fuertes. Poeta de Guardia. Ya creo que lo he dicho todo. Y que ya todo lo amé.”
En el año 2016, la aerolínea noruega Norwegian Air Shuttle la homenajeó incorporando su retrato a uno de sus Boeing 737-800. Aseguran que es una de las personalizaciones de sus aviones que más éxito han tenido. EN EL extranjero es una poeta fundamental de la posguerra española. En EEUU hay doce estudiosos especializados en ella y docenas de tesis doctorales
Gloria Fuertes es una de las principales voces de la poesía femenina de la segunda década del siglo pasado. Con un lenguaje sencillo, directo, sabe reflejar su amor a la infancia, a los humildes, a la vida, a la paz. Denuncia la injusticia social, impregnando sus poemas con un tinte de humor muy peculiar. Autora más apreciada y estudiada en el extranjero que en España, el paso del tiempo ha de colocarla en el lugar que, por la importancia de su obra literaria, le corresponde

La etiqueta de poeta de los niños- y su gran popularidad- eclipsaron a la escritora de denuncia, feminista, ecologista, pacifista y adelantada a su tiempo en una España en blanco y negro.

“Decía que quería ser popular no famosa porque escribía para el pueblo, para todos, no solo para los niños, de manera que el pueblo lo entendiera porque ella venía del pueblo”.

POEMAS

NIÑEZ, JUVENTUD Y VEJEZ

Nacer, vivir, crecer, saltar,
reír, chillar, mentir,
aprender, amar, estudiar,
brincar, jugar, correr,
reír, reír…¡niñez!

Hablar, pensar, cantar,
moverse, andar,
jugar a amar,
cambiarse de lugar,
sin quietud…¡juventud!

Sufrir, llorar, gemir,
sentir, pensar, no vivir,
quietud, resignación,
desolación…
tristeza, dejadez …¡vejez!

ISLA IGNORADA

Soy como esa isla que ignorada,
late acunada por árboles jugosos,
en el centro de un mar
que no me entiende,
rodeada de nada,
—sola sólo—.
Hay aves en mi isla relucientes,
y pintadas por ángeles pintores,
hay fieras que me miran dulcemente,
y venenosas flores.
Hay arroyos poetas
y voces interiores
de volcanes dormidos.
Quizá haya algún tesoro
muy dentro de mi entraña.
¡Quién sabe si yo tengo
diamante en mi montaña,
o tan sólo un pequeño
pedazo de carbón!
Los árboles del bosque de mi isla,
sois vosotros mis versos.
¡Qué bien sonáis a veces
si el gran músico viento
os toca cuando viene el mar que me rodea!
A esta isla que soy, si alguien llega,
que se encuentre con algo es mi deseo;
—manantiales de versos encendidos
y cascadas de paz es lo que tengo—.
Un nombre que me sube por el alma
y no quiere que llore mis secretos;
y soy tierra feliz —que tengo el arte
de ser dichosa y pobre al mismo tiempo—.
Para mí es un placer ser ignorada,
isla ignorada del océano eterno.
En el centro del mundo sin un libro
sé todo, porque vino un mensajero
y me dejó una cruz para la vida
—para la muerte me dejó un misterio.

AL BORDE

Soy alta;
en la guerra
llegué a pesar cuarenta kilos.
He estado al borde de la tuberculosis,
al borde de la cárcel,
al borde de la amistad,
al borde del arte,
al borde del suicidio,
al borde de la misericordia,
al borde de la envidia,
al borde de la fama,
al borde del amor,
al borde de la playa,
y, poco a poco, me fue dando sueño,
y aquí estoy durmiendo al borde,
al borde de despertar.

(En: Antología y poemas del suburbio, 1954)

AUTOBIO

Nadie me quiso tanto
como yo quise.
Siempre gané amando.
 
Soy medalla de oro
en saltos de ternura.
 
Nadie se enamoraba de mí
como yo me enamoraba
hasta enfermar
hasta padecer
hasta enloquecer.
 
—Alégrate Gloria,
que te pasa lo que a Dios,
que siempre nos quiere más
que lo que le queremos.
(En: Antología y poemas del suburbio, 1954)

A LOS QUE TRAGÓ LA TIERRA ANTES DE TIEMPO

A los que tragó la tierra antes de tiempo
(murieron de frío más que de bala)

Los abetos del bosque piden palomas,
de puntillas se empinan sobre las lomas,
a ver si vienen…
Los chopos del pradillo chopos dorados,
se empinan por si vuelven…
No vuelven los soldados.
Por tierras de Teruel
se quedaron helados.
El Ebro sabe mucho
de muchachos ahogados.
Y la tierra,
no sabía qué hacer
con tanto precoz muerto.
Y no os vale de nada que os recuerde
que queríais vivir.
¡Bien lo recuerdo!
(En: Mujer de verso en pecho, 1983)

CARTA

 Queridos pobres:

Recibí todas vuestras cartas,
las que no me habéis escrito llegaron,
por el aire que viene de las casas baratas,
por el aire que viene de la aldea,
por el aire que viene de la fábrica,
por el aire que viene de la mina,
por el aire que viene de la barca,
elegidos ciudadanos secillos, sé todo lo que os pasa.
   Los que tenéis oficio,
los que pisáis andamio,
los que con la herramienta os herís a lo tonto,
los que andáis por el agua de Valencia,
los que hacéis el arroz o los garbanzos,
los que dormís de día y por la noche
en la barca a cogernos el pescado.
   Recibí vuestras cartas labradores,
vendimiadores recibí vuestros salmos
y pescadores también vuestras noticias,
sé todo lo que hacéis y lo que os pasa siento,
quedo enterada de que algunos jornales han subido
y aún no os llega;
y os llego como sé el agua al cuello,
y la voz nunca os llega a no ser mía,
pero os llega el trabajo a la mañana
y la salud al cuerpo
y el hijo otra vez, enhorabuena.
   Yo no puedo de lo que me decís haceros nada.
Tan sólo recordaros que ya el hombre de libros está en ello,
que os dibuja mis pobres, que os entiende,
que se quiere ocupar de todo eso, que decís en vuestras cortas cartas,
y escribirán a los ministros.
   Y nada más por hoy pobres amigos,
lo mejor de la vida sois, lo que la alza.
También estáis vosotros los que vais a oficina,
los que vendéis verduras y los que hacéis las casas
los que guiáis los coches, los que regáis con agua,
pobres de mil oficios no estáis solos
aquí un poeta os canta,
luego vendrán más.

(En: Leopoldo de Luis, Poesía Social, Edic. Júcar, 1982) 

DESHACER LO INJUSTO

No sé escupir,
pero voy a aprender
para escupir sobre las tumbas
de todos los culpables de las guerras.
No tengo uñas,
pero quisiera tener garras
para atrapar desde mi altura a los hombres reptiles.
No tengo poder,
pero tengo la fuerza de los pueblos
que sufren.
No tengo cultura,
pero tengo el corazón sabio
de estar con los que no tienen nada.

(En: Mujer de verso en pecho, 1983)

EN RETAGUARDIA

Hago poco o no hago nada.
La gente se está matando
mientras yo escribo sentada.
Bien nutrida, mal amada.

Hago poco o no hago nada,
coso y curo mis balazos
bien herida, mal amada.

Me duele lo de los otros
pero no puedo hacer nada
porque el dolor de mi cuerpo
me tiene paralizada.

(Puede llamar a la puerta…
¡Si tuviera una llamada,
si me dijese “te quiero”…!)

Compañero, camarada,
yo también sufro injusticia
por amor encarcelada.
No me merezco ser líder,
lucho cómoda, sentada.

Hago poco o no hago nada.

Cambio vendas,
me preocupo de MI herida,
hay mucho plomo en mis alas,
no puedo volar al monte,
-¡por si llama!-

Dejadme sola en la sala.
Dejadme cumplir condena,
-bastante tengo desgracia,
la gente se está matando
mientras escribo sentada-,
bien herida, mal amada. 

(En: Proyecto de Librodisco en torno a la figura y obra de Gloria Fuertes)

NACÍ PARA POETA O PARA MUERTO…

Nací para poeta o para muerto,
escogí lo difícil
—supervivo de todos los naufragios—,
y sigo con mis versos,
vivita y coleando.
Nací para puta o payaso,
escogí lo difícil
—hacer reír a los clientes desahuciados—,
y sigo con mis trucos,
sacando una paloma del refajo.
Nací para nada o soldado,
y escogí lo difícil
—no ser apenas nada en el tablado—,
y sigo entre fusiles y pistolas
sin mancharme las manos.

ES INUTIL

Inútil que a estas fechas
nos empiece a dar pena de la rosa y el pájaro,
inútil que encendamos velas por los pasillos,
inútil que nos prohíban nada,
hablar, por ejemplo,
comer carne,
beber libros,
bajarnos sin pagar en el tranvía,
querer a varios seres,
fumar hierbas,
decir verdades,
amar al enemigo.
Inútil es que nos prohíban nada.
En los diarios vienen circulares,
papeles hay pegados en la esquina
que prohíben comer pájaros fritos.
¡Y no prohíben comer hombres asados
con dientes de metralla, comer hombres desnudos!
¿Por qué prohíben pájaros los mismos que consienten
ejecutar el séptimo y el quinto mandamiento?
Tampoco han prohibido los niños en Corea
y se los sigue el hombre comiendo en salsa blanca.
La “Protectora de Animales” está haciendo el ridículo.
Tampoco han prohibido comer las inocentes pescadillas,
los tiernos y purísimos corderos,
las melancólicas lubinas,
las perdices…
Y qué me dices
de “Mariquita Pérez”
que la compran abrigos de trescientas pesetas
habiendo tanta niña sin muñeca ni ropa.
Los enfermos trabajan,
los ancianos ejercen,
el opio en tal café puede comprarse,
la juventud se vende.
Todo esto está oficialmente permitido.
Comprended y pensad: nada se arregla
con tener “buenos sentimientos”,
hay que tener arranques
y ganas de gritar:
-¡Mientras haya guerras comeré pájaros fritos!

ES OBLIGATORIO

Es obligatorio tener mitos
y yo gustosa desobedezco,
gustosa me plancho las blusas,
cuando tengo tiempo,
porque antes es hablar con los amigos.
Es obligatorio presentarse con buenas ropas,
con buenas obras -no interesa tanto-.
Es obligatorio no asomarse a la ventanilla,
porque tienes que estar vivo si organizan la guerra.

Es obligatorio silenciar que hay tumultos,
porque pueden echarte del trabajo,
y si cantas verdades la celda te preparan,
te preparan el llanto, porque es obligatorio…
sufrir siendo persona,
guardar rencor,
adular al pedante,
llevar medias en los templos,
tener bastantes hijos,
volver mañana,
tener enemigos,
es obligatorio todo esto,
y encima te prohíben escupir en el suelo.

NO PERDAMOS EL TIEMPO

Si el mar es infinito y tiene redes,
si su música sale de la ola,
si el alba es roja y el ocaso verde,
si la selva es lujuria y la luna caricia,
si la rosa se abre y perfuma la casa,
si la niña se ríe y perfuma la vida,
si el amor va y me besa y me deja temblando.

¿Qué importancia tiene todo esto,
mientras haya en mi barrio una mesa sin patas,
un niño sin zapatos o un contable tosiendo,
un banquete de cáscaras,
un concierto de perros,
una ópera de sarna?

Debemos inquietarnos por curar las simientes,
por vendar corazones y escribir el poema
que a todos nos contagie.
Y crear esa frase que abrace todo el mundo;
los poetas debiéramos arrancar las espadas,
inventar más colores y escribir padrenuestros.
Ir dejando las risas en la boca del túnel,
y no decir lo inti1no, sino cantar al corro;
no cantar a la luna, no cantar a la novia,
no escribir unas décimas, no fabricar sonetos.

Debemos, pues sabemos, gritar al poderoso,
gritar eso que digo, que hay bastantes viviendo
debajo de las latas con lo puesto y aullando,
y madres que a sus hijos no peinan a diario,
y padres que madrugan y no van al teatro.
Adornar al humilde poniéndole en el hombro
                                            nuestro verso;
cantar al que no canta y ayudarle es lo sano.
Asediar usureros y con rara paciencia convencerles
                                            sin asco.

Trillar en la labranza, bajar a alguna mina;
ser buzo una semana, visitar los asilos,
las cárceles, las ruinas; jugar con los párvulos,
danzar en las leproserías.

Poetas, no perdamos el tiempo, trabajemos,
que al corazón le llega poca sangre.

ORACIÓN

Que estás en la tierra, Padre nuestro,
Que te siento en la púa del pino,
En el torso azul del obrero,
En la niña que borda curvada
La espalda, mezclando el hilo en el dedo.
Padre nuestro que estás en la tierra,
En el surco,
En el huerto,
 
En la mina,
En el puerto,
En el cine,
En el vino,
En la casa del médico.
Padre nuestro que estás en la tierra,
Donde tienes tu gloria y tu infierno
Y tu limbo; que estás en los cafés
Donde los pudientes beben su refresco.
Padre nuestro que estás en la tierra,
En un banco del Prado leyendo.
Eres ese viejo que da migas de pan a los pájaros del paseo.
 
Padre nuestro que estás en la tierra,
En la cigarra, en el beso,
En la espiga, en el pecho
De todos los que son buenos.
 
Padre que habitas en cualquier sitio,
Dios que penetras en cualquier hueco,
Tú que quitas la angustia, que estás en la tierra,
Padre nuestro que sí que te vemos
Los que luego hemos de ver,
Donde sea, o ahí en el cielo.

OS HABEIS FIJADO

En el frío que pasan las castañeras,
en lo viejas que son casi todas las catedrales,
en lo déspotas que son algunos,
en lo golfos que son los niños pobres,
en lo que hablan los ebanistas,
en lo vestida que va la mecanógrafa,
en lo caro que cuesta todo.
Yo tengo capricho por un amor nuevo,
y todos son de segunda mano,
y entre citas y flautas salen caros.
En el peligro que corren los albañiles,
tanto o más que los toreros y que los jefes de Estado.
¡Qué lástima, no os habéis fijado!
Y todo esto es peligroso,
muy peligroso para vuestros cómodos escondrijos.

SALE CARO SER POETA

Sale caro, señores, ser poeta.
La gente va y se acuesta tan tranquila
-que después del trabajo da buen sueño-.
Trabajo como esclavo llego a casa,
me siento ante la mesa sin cocina,
me pongo a meditar lo que sucede.
La duda me acribilla todo espanta ;
comienzo a ser comida por las sombras
las horas se me pasan sin bostezo
el dormir se me asusta se me huye
-escribiendo me da la madrugada-.
Y luego los amigos me organizan recitales,
a los que acudo y leo como tonta,
y la gente no sabe de esto nada.
Que me dejo la linfa en lo que escribo,
me caigo de la rama de la rima
asalto las trincheras de la angustia
me nombran su héroe los fantasmas,
me cuesta respirar cuando termino.
Sale caro señores ser poeta.

TODAVÍA HAY GENTE QUE AL VIENTO LE LLAMAN CÉFIRO…

Todavía hay gente que al viento le llama céfiro,
y hay quien a lo cursi lo llama poesía,
y a la Poesía, locura.
Todavía hay quien canta a la luna.
¡Yo canto a los hombres de la luna!
A los arrabales de la luna,
a los ríos de leche de la luna;
pero todavía hay gente que se asusta,
se asusta cuando una mujer se pone las botas
para pisar mejor el barro,
se asustan porque somos listos,
porque Dios está con nosotros;
ven que nos quemamos y no comprenden las llamas;
porque componemos canciones previsoras
y al avisar gritamos;
porque en nuestros versos
no hablamos de lo que siempre se habló en los versos:
las olas, la boca, los pájaros.
¿Quien dice que en nuestros versos no hay pájaros?
¿Qué son estos gritos si no aves heridas?
No amar lo caduco, lo seco, lo blando.
¡Los poetas amamos a la sangre!
A la sangre encerrada en la botella del cuerpo,
no a la sangre derramada por los campos,
ni a la sangre derramada por los celos,
por los jueces,
por los guerreros;
amamos a la sangre derramada en el cuerpo,
a la sangre feliz que ríe por las venas,
a la sangre que baila cuando damos un beso.
Cantamos al amor.
A lo fresco.
A lo puro.
¡Estamos hartos de cuentos!
¡Y que aprendan los ñoños que el viento es el viento!
Y que cuando se ama, se ama,
y que sólo es pecado el mal comportamiento.

ADIÓS MEMORIA ADIÓS

Quise olvidarte.
Más que eso,
necesité olvidarte.
Lo intenté.
Lo conseguí.
Fue tan intenso el deseo
que me pasé.
En mi cerebro hubo una fuga de neuronas
y ahora tampoco recuerdo otras cosas.
Sólo recuerdo
lo que sufrí el día de mi Primera Comunión
con los zapatos pequeños.
Lo que sufrí,
los tres años de la guerra civil,
lo que sufrí
cuando aprendí a nadar.
Pero no recuerdo lo reciente…
¿Dónde he puesto mis gafas?

AUTOBIOGRAFÍA

Gloria Fuertes nació en Madrid
a los dos días de edad,
pues fue muy laborioso el parto de mi madre
que si se descuida muere por vivirme.
A los tres años ya sabía leer
y a los seis ya sabía mis labores.
Yo era buena y delgada,
alta y algo enferma.
A los nueve años me pilló un carro
y a los catorce me pilló la guerra;
A los quince se murió mi madre, se fue cuando más falta me hacía.
Aprendí a regatear en las tiendas
y a ir a los pueblos por zanahorias.
Por entonces empecé con los amores,
-no digo nombres-,
gracias a eso, pude sobrellevar
mi juventud de barrio.
Quise ir a la guerra, para pararla,
pero me detuvieron a mitad del camino.
Luego me salió una oficina,
donde trabajo como si fuera tonta,
-pero Dios y el botones saben que no lo soy-.
Escribo por las noches
y voy al campo mucho.
Todos los míos han muerto hace años
y estoy más sola que yo misma.
He publicado versos en todos los calendarios,
escribo en un periódico de niños,
y quiero comprarme a plazos una flor natural
como las que le dan a Pemán algunas veces.
 

POESIA INFANTIL

DOÑA PITU PITURRA

Doña Pito Piturra
tiene unos guantes,
Doña Pito Piturra
muy elegantes.
 
Doña Pito Piturra
tiene un sombrero,
Doña Pito Piturra
con un plumero.
 
Doña Pito Piturra
tiene un zapato,
Doña Pito Piturra
le viene ancho.
 
Doña Pito Piturra
tiene toquillas,
Doña Pito Piturra
con tres polillas.
 
Doña Pito Piturra
tiene unos guantes,
Doña Pito Piturra
le están muy grandes.
 
Doña Pito Piturra
tiene unos guantes,
Doña Pito Piturra
¡lo he dicho antes!

VERSOS PARA LA ORTOGRAFIA

“A lavar ropa con uve,
alabar a Dios con be.
Huevo con hache y tomate,
apto de aptitud con pe.
Arroz se pone con leche
y sin hache, claro es.
Vino, con agua y con uve,
ceniza, gris y con ce,
turbante -gorro elegante-
y bisonte van con be.
En cambio va de ir, con uve,
pito y Pepito con pe,
hule y hierba van con hache,
hielo con hache también.
Diptongo rima con hongo,
y es muy difícil poner;
tiene una pe intercalada
entre la i y la te.
Diptongo rima con hongo
y es muy difícil poner.”
Pequena imitación miña, dedicada ós meus alumnos:
“Se cayó Yolanda ayer,
y yendo por la calzada.
Yo ya voy hoy por la acera
porque soy muy educada.”
Outro poema de Gloria Fuertes, que non so escribía para nenos, titulado “Niños de Somalia”:
“Yo como.
Tú comes.
Él come.
Nosotros comemos.
Vosotros coméis.
¡Ellos no!”

Canciones

Lo importante de un niño
no es que sea un empollón
y recite como un loro
sin entender la lección.
Lo importante de un gato
es que cumpla sus funciones
—no que sea blanco o negro—
sino que cace ratones.
Poesía de MI cara
En mi cara redondita
tengo ojos y nariz, 
y también una boquita 
para hablar y para reír.
 
Con mis ojos veo todo, 
con la nariz hago achís, 
con mi boca como como 
palomitas de maíz

DON PATO Y DON PITO
(cuento patoso)

Don Pato y don Pito
dan un paseíto.
—¡Qué suerte, don Pito,
me encontré este güito!
Y los dos le quiere
y los dos se hieren.
Y todos se extrañan
de ver que regañan.
Y mientras se zumban,
bailando la rumba…
Viene el dueño, otro patito,
y éste se lleva su güito.
¡No discutid, muchachitos,
no discutid por un güito,
para que nunca os suceda,
lo que a don Pato y don Pito!

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