134. Poesía más Poesía: Salvatore Quasimodo

SALVATORE QUASIMODO

BIOGRAFÍA

Nace el 20 de agosto de 1901 en Modica, Sicilia. Hijo de Gaetano Quasimodo y Clotilde Ragusa. Pasa su infancia en Roccalumera. Su padre, Gaetano Quasimodo, era jefe de estación de las Ferrovie dello Stato en Ragusa, localidad situada al sur de Sicilia, y recibe la orden de trasladarse a Messina para restaurar la red ferroviaria que quedó inhabilitada después del devastador terremoto del 28 de diciembre de 1908. Durante treinta y siete segundos la tierra del estrecho de Messina (que comprende la provincia de Messina y la de Reggio Calabria) se sacudió con una violencia tal que segó la vida de aproximadamente cien mil personas que fueron pilladas durante el sueño. Después del violento despertar a las cinco y veinte de la mañana, muchos de los que corrieron despavoridos buscando el cielo abierto de la playa para salvarse de morir aplastados por las edificaciones de la ciudad, sucumbirían minutos después, ahogados por grandes olas que se elevaron a una altura de casi diez metros en ambas orillas del Estrecho. Todo el dolor del mundo se concentró en Messina.

La familia Quasimodo llega a Messina tres días después de la catástrofe. Totò tenía siete años y en Messina vislumbró un paisaje lleno de tragedia y desolación. Ante la imposibilidad económica de poder rentar un espacio habitable, dado que por el temblor se habían encarecido los servicios y, sobre todo, las pocas viviendas que todavía quedaban de pie, la familia Quasimodo se vio obligada a vivir durante un buen tiempo en un vagón de carga estacionado en una vía fuera de uso.

Desde su casa-vagón, Totò presenció las ejecuciones populares, sin derecho a juicio, de aquellos ladronzuelos que eran atrapados en el acto mismo de cometer pillaje en las casas que habían sido abandonadas por sus dueños. La violencia de la tierra y la violencia de los hombres fueron sus primeras lecciones de vida.

Salvatore Quasimodo escribió sus primeros poemas a los diez años de edad. En el archivo personal del poeta, que guarda su hijo Alessandro, se conserva un cuaderno que reúne sus primerísimos poemas. Veintitrés textos en los que ya se advierte la sensación de vacío y desamparo en la condición humana. Esta desgarradura existencial permeará toda su obra y logrará su máxima expresión en el poema “Y de pronto anochece”, incluido en la antología Agua y Tierra (1920-1929).

En Messina, Salvatore se matriculará en el Instituto Técnico Matemático-Físico AM Jaci en el que se graduó en 1909 y tuvo la suerte de formarse con intelectuales como Francesco Satullo y Federico Rampullo, quienes lo acercaron a la poesía de san Agustín, los poetas franceses y la literatura rusa. Conocerá allí a Salvatore Pugliatti y Giorgio La Pira con quienes forma una amistad destinada a durar toda la vida. Con ellos fundaría el mensual «Nuovo Giornale Letterario» (que se publica de marzo a noviembre de 1917), en el que también colaboran Lionello Fiumi , Filippo de Pisis y Giuseppe Villaroel. La Pira será el motor que lo impulsará a adentrarse en el profundo conocimiento del latín y griego, camino que lo llevará a volverse un traductor excepcional de los líricos griegos y latinos.

Quasimodo a la edad de 3 años.


En 1919 se mudan a Roma, y allí se matricula en ingeniería en el Politécnico. Para procurarse el sustento hizo un poco de todo: dibujante técnico, empleado en una ferretería, geómetra en Reggio Calabria, Liguria, Sondrio y Milán. En esta última ciudad establece bases definitivas; le conceden, “per chiara fama” (reconocimiento a sus méritos literarios), la Cátedra de Literatura Italiana en el Conservatorio de Música “Giuseppe Verdi” ,donde ejercerá como profesor hasta cuatro meses antes de su muerte. En esa época se empieza a despertar en él el interés por el griego y el latín.

Salvatore Quasimodo y su familia.


En 1926 se traslada a Reggio Calabria donde es nombrado “topógrafo extraordinario” de ingeniería civil. Pasa los domingos en Messina en compañía de Pugliatti, La Pira, Vann’Antò y Glauco Natoli. Se casa con Bice Donetti.

Los poemas escritos entre 1917 y 1929 están recogidos en Agua y Tierra (Acque e terre), libro que sería sometido posteriormente a una profunda revisión por el autor. Allí están las líneas maestras de la poesía de Quasimodo.

En 1929, invitado por Elio Vittorini, que se había casado con la hermana de Quasimodo, se traslada a Florencia. Aquí conoce a poetas como Alessandro Bonsanti y Eugenio Montale. En 1930 toma un trabajo en el Cuerpo de Ingeniería Civil de Italia en Reggio Calabria y conoce a los hermanos Misefari, quienes lo animaron a seguir escribiendo.

Messina

Un importante período, entre 1929 y 1930, lo pasa en Florencia, donde se introduce en el ambiente de “Solaria”, revista de notable importancia en la historia de la literatura italiana; conoce personalmente figuras relevantes de la literatura, lo que le servirá de mucho en su ubicación definitiva en Milán.
1930, año de la edición, bien puede considerarse una fecha clave para el hermetismo. La polémica se inicia apenas el volumen aparece y se acentuará dos años después con la edición de Oboe sumergido (Oboe sommerso); se dice que nuestro poeta está influenciado por modelos estilísticos típicamente ungarettianos y por la “negación” de Eugenio Montale.
Quasimodo es un poeta de isla que llega a convertir aquella tierra en el “paraíso perdido” del hombre; como todo poeta que se precie, universaliza la “pequeña casa”, con todas las cosas que sus ojos vieron, desde las viviendas destruidas y los cadáveres y los soldados que fusilan saqueadores ante su sorpresa de niño refugiado en un vagón en una vía muerta, hasta las lecturas y recreación de la poesía griega y de los clásicos latinos.
Formado en los preceptos de los poetas clásicos, en sus primeros libros -Agua y tierra (1930), Oboe sumergido (1932), Y llega pronto la tarde (1942)- mostró una gran predilección por las formas concisas y herméticas, poniendo especial énfasis en la búsqueda de la palabra precisa y de los valores musicales. Temáticamente, estas composiciones se caracterizaban por una evocación nostálgica y conmovida de los paisajes de su tierra, Sicilia, entendida como lugar simbólico de una soñada serenidad.
En esta época también inicia su intensa actividad como traductor, que resultó determinante para la formación de su estilo lírico. Además de autores clásicos como Virgilio, Homero, Catulo, Sófocles o Esquilo, tradujo también a W. Shakespeare, P. Neruda, Molière o P. Eluard.


En 1931 fue trasladado a Imperia y luego a Génova, donde conoció a Camillo Sbarbaro y otras personalidades de la revista Circoli, con las que Quasimodo inició una fructífera colaboración.
En 1934 se trasladó a Milán, la ciudad que marcaría un giro particularmente significativo en su vida, no sólo artístico. Acogido con beneplácito en el grupo de “poder” se encontró en medio de una especie de sociedad literaria, que incluía a poetas, músicos, pintores, escultores.
En 1935 nace una hija extramatrimonial de la relación con Amelia Spezialetti. Un año después comienza la relación con la bailarina Maria Clementina Cumani.
En 1938 dimite de la ingeniería civil y empieza a trabajar como secretario de Cesare Zavattini, entonces director de las publicaciones periódicas Mondadori. Colabora con la revista hermética florentina «Letteratura».

HERMETISMO

En 1936 publica con G. Scheiwiller “Erato y Apolión”, con lo que concluye la fase hermética de su poesía. El hermetismo no es otra cosa que una reacción dolorosa de encerramiento en sí mismo, un planteamiento de rescate de los valores morales y la exigencia de una relación más profunda -en lo posible- entre arte y vida. Como muy bien lo señala G.Zagurrio, era ésta la única forma posible de heroísmo para la literatura en aquellos tiempos oscuros. El hermetismo procuraba reducir la vinculación del yo con los sucesos históricos para tratar de conquistar una libertad interior metahistórica. En el hermetismo encuentra la libertad, más allá de la máscara autoimpuesta.
En ese mismo año sale su primera gran antología “Poemas”, con un ensayo introductorio de Oreste Macri, que queda como uno de los aportes fundamentales de la crítica quasimodiana.
En 1940 publica Líricos griegos (Lirici greci), obra en la que reúne sus traducciones de los clásicos y que representará una etapa importante en su producción literaria, pues muestra en ella su interés en el acercamiento entre la poesía clásica y la contemporánea.
Se inscribe en el Partido Comunista del cual se alejará casi inmediatamente, aunque siempre se proclamará como un hombre de izquierdas.


Es nombrado profesor del Conservatorio de Milán en 1941, y en 1942 publica “Y de repente la noche” (Ed è subito sera), obra con la que alcanza un gran éxito, y en la que aparece recogida una antología de su producción poética hasta esa fecha.
Es en “Nueva poesía” (1936-1942) donde se puede señalar ya una aproximación definitiva, una casi identidad, entre Quasimodo y las traducciones-recreaciones que hace del griego. Aquí el paisaje se humaniza. Por lo demás, el propio poeta declaró que no estaba en su intención restituir a la poesía griega ritmos y formas originales, y sí revestir el canto de los antiguos de formas gratas a su concepción poética.
Durante la guerra, a pesar de mil dificultades, Quasimodo, siguió trabajando: sin dejar de escribir poesía, tradujo Carmina de Catulo, partes de la Odisea, La flor de las Geórgicas, el Evangelio según Juan y Epido Rey de Sófocles. Continuaría este trabajo como traductor en los años siguientes, en paralelo a su producción y con excelentes resultados, gracias a la experiencia refinada como escritor. Entre sus numerosas traducciones se cuentan obras de Ruskin, Esquilo, Shakespeare, Moliere, e incluso Cummings, Neruda, Aiken, Eurípides, Eluard (el último publicado póstumamente).
La experiencia de la guerra y de la ocupación alemana marca un giro decisivo en su poesía, ya que, convencido de que los poetas debían asumir un importante papel en la reconstrucción moral del hombre, se alejó paulatinamente del hermetismo y se abrió a una mayor sensibilidad humana y a la búsqueda de valores histórico-sociales.
En 1946 muere su esposa Bice Donetti.

EPITAFIO PARA BICE DONETTI

Con los ojos hacia la lluvia y los elfos de la noche,
está allí, en el campo número quince, en Musocco,
la mujer Emiliana que yo amé
en el tiempo triste de la juventud.
Hace poco fue sorprendida por la muerte
mientras miraba tranquila el viento del otoño
agitar las ramas de los plátanos y las hojas
desde su gris casa de la periferia.
Su rostro aún está vivo de sorpresa,
como sin duda lo estuvo en la infancia, deslumbrado
por el tragallamas alto sobre el carromato.
Oh tú, que pasas, empujado por otros muertos,
ante la fosa mil ciento sesenta,
detente un minuto a saludar
a la que nunca se lamentó del hombre
que aquí queda, odiado, con sus versos,
uno de tantos, obrero de sueños.

Del libro “La vida no es sueño”

Dos años más tarde se casa con Maria Cumani.


Comienza a colaborar con el semanario «Omnibus» del que es comisario de la columna de crítica teatral. En 1947 lanza su primera colección después de la guerra, “Día a día”, un libro que marca un punto de inflexión en su poesía. En 1949 publica “La vida no es un sueño”, siendo inspirado por el clima de la Resistencia.
En 1950 fue galardonado con el Premio San Babila y en 1953 con el Etna-Taormina junto con Dylan Thomas. En 1954 publica “El falso y verdadero verde”, un libro de la crisis, que comienza con una tercera fase de la poesía de Quasimodo, que refleja el clima político cambiante. El nuevo lenguaje se vuelve más complejo y más áspero. En 1958 viaja a la URSS en donde tiene un ataque al corazón, al que sigue una larga estancia en el hospital Botkin Moscú.

La última parte de su obra refleja un sentimiento intimista, consecuencia de cierta decepción ante la historia, y una clara conciencia de su propia soledad. A esta época pertenecen “La vida no es sueño” (1949), “El falso y verdadero verde” (1956), “La tierra incomparable” (1958), libros en los que el estilo se muestra más transparente y esencial pero lleno de sentido trágico y dramático. También “Deber y Haber” (Dare e avere, 1966), su última obra, que significa una especie de balance de vida y testamento espiritual.
Siendo uno de los grandes poetas italianos del siglo XX, suscita no pocas reticencias en quienes lo sitúan por debajo de autores como Ungaretti o Eugenio Montale. No fue ajeno a esta situación y escribió: “Ciertos críticos italianos mantienen hacia mí una actitud de reproche; aprobarían mis poemas si de ellos se quitara lo que consideran sobrante. Lo que consideran sobrante es precisamente la poesía”. La concesión del Premio Nobel de Literatura en 1959 contribuyó a escarbar en la herida de esta polémica. El 10 de diciembre de 1959, en Estocolmo, Salvatore Quasimodo recibe el premio.

El poeta es un inconformista y no ingresa en el cascarón de la civilización falsamente literaria, que está llena de torreones defensivos como en el tiempo de las Comunas. Él puede simular destruir sus formas, mientras en cambio realmente las continúa.

El poeta está confinado a las provincias con la boca rota por su propio trapecio silábico.

Al Nobel le siguieron muchos escritos y artículos sobre su obra, y un aumento de las traducciones. En 1960 la Universidad de Messina le otorga un doctorado honoris causa, además de la ciudadanía honoraria por el municipio. En este mismo año se separa de Maria Cumani.

Curzia Ferrari será otro de los amores de Salvatore Quasimodo. Se conocieron cuando el poeta acababa de recibir el premio Nobel y su relación duró, más o menos, seis años y terminó con su muerte. A los años de su unión, Ferrari, en 1970, dedicó el libro Una mujer y Quasimodo, publicado por Ferro Edizioni, donde traza un perfil en profundidad del Quasimodo-hombre.

Quasimodo con Curzia Ferrari

En sus últimos años el poeta realizó numerosos viajes a Europa y América, dando discursos públicos y conferencias públicas de sus poemas, que habían sido traducidos a varios idiomas extranjeros.
En junio de 1968, cuando estaba en Amalfi para un discurso, Quasimodo sufre una hemorragia cerebral. Muere unos días después en el hospital de Nápoles. Fue enterrado en el Cementerio monumental de Milán.
En su discurso al recoger el premio Nobel dijo sobre la condición de poeta que no representa el mundo a través de las palabras, no reproduce ni duplica, deja hablar a las cosas, a la vida, traduce el silencio del mundo. Y la inocencia, ella hará que sea posible esa representación a través de la armoniosa captura de las verdades de las cosas y de aquellas que la mente desbroza.


Su último trabajo, “Toma y daca” fue en el 1966: se trata de una colección en la que hace un balance de su propia vida, casi un testamento espiritual (el poeta moriría dos años después).


Además de su actividad poética desarrolló una importante labor de ensayista que le llevó a confeccionar las antologías “Lírica de amor italiana desde su origen a nuestros días” (1957) y “Poesía italiana de la posguerra” (1958). Sus ensayos críticos fueron publicados en el libro “El poeta y el político” (1960), que incluye el discurso que leyó cuando le entregaron el premio Nobel, mientras que en el volumen “Escritos sobre el teatro” (1961) se recogieron sus crónicas sobre el mundo del espectáculo aparecidas en la revista Tempo.

Eugenio Montale fue uno de los primeros en escribir sobre Quasimodo. En la revista “Pegaso” (No.3, Firenze, marzo de 1931), comentó del entonces recién aparecido Agua y tierra, que Quasimodo había pasado del artificio a la verdadera expresión y que, para él ,había en el libro la dignidad de una búsqueda que bien merecía reconocimiento.

Recogiendo el Premio Nobel de Literatura en 1959.

Dijo Quasimodo que un poeta, el nacimiento de un poeta, es siempre una amenaza para el orden establecido y en especial para las castas artísticas y literarias de cada época. Así se vera sometido a los juicios de los profesores, de los críticos con sus estándares estéticos, a los bien y mal pensantes. La maquinaria cultural le ignora. El poeta es la suma total de las “experiencias” de los hombres y mujeres de su tiempo. Su lenguaje no es ya el de la vanguardia, es el que ansían todos los desplazados en su dignidad de nómadas.
Hace de la lengua común su materia prima, su tesoro.
El espíritu auténticamente creativo esta siempre a merced de los lobos. El poeta esta solo, doblemente solo, pues no se doblega a dictámenes de la critica, ni del poder político ni de la moral imperante. El sólo es fiel al dolor del mundo, y a su esperanza.

Poesía y Política son antagónicas. El poeta se preocupa por el orden interior del ser humano; la política se preocupa de ordenar a los hombres.

Las obras de la poeta Premio Nobel de Literatura fueron traducidas a cuarenta idiomas y son estudiados en todos los países del mundo.

PREMIOS

En la década de 1950 Quasimodo gana los siguientes premios literarios: Premio San Babila (1950), Premio Etna-Taormina (1953), Premio Viareggio (1958) y, finalmente, el Premio Nobel de Literatura (1959). En 1960 y 1967 recibió títulos honoris causa de las Universidades de Messina y Oxford, respectivamente.

OBRAS

  • Aguas y tierras (1930)
  • Oboe sumergido (1932)
  • Erato y Apolión (1936)
  • Y de repente la noche (1942)
  • Nuevas poesías (1942)  
  • Día tras día (1947)
  • La vida no es sueño (1949)
  • La tierra incomparable (1958)
  • El poeta y el político (1960)
  • Deber y haber (1966)

POEMAS

LA PUERTA CERRADA

Viandante, que encontraste cerrada
la puerta de la ciudad extranjera,
que había florecido en tu pupila
como una cordillera de estrellas,
vuelve a tu pequeña tierra,
delimitada por la mar; lejana,
pero tan cerca de tu corazón.

Encierra en la sombra como en un sepulcro
los sueños de infinitas lejanías,
y cual estatua, rey en tu refugio,
arroja del inmaculado umbral
la púrpura nueva que cubre al antiguo harapiento
y abre sólo la puerta a tu madre.

La encontrarás en el rincón del templo,
donde, al atardecer, se detienen los pordioseros enfermos
a pedir su limosna de sol;
entre los tísicos y los leprosos
y los apestados de miembros maltrechos,
llámala en voz alta:

habrá una persona que se alzará entre ellos
y besarás las llagas de sus pies.

De Nocturnos del rey silencioso

Y DE PRONTO ANOCHECE

 Cada uno está solo sobre el corazón de la tierra
atravesado por un rayo de sol:
y de pronto anochece.

Del libro Agua y Tierra 1920-1929

SE OÍAN PASAR AÉREAS ESTACIONES

Una risa ambigua cortaba tu boca
para mí pleno sufrimiento,
un eco de maduras angustias
reverdecía si tocaba signos
oscuros de gozo para la carne.

Se oían pasar aéreas estaciones,
desnudez de las mañanas,
lábiles rayos chocándose.

Otro sol, del que viene
este peso de hablarme tácito.

Del libro Agua y Tierra 1920-1929

PALABRA

Tú ríes porque adelgazo sílaba tras sílaba
y curvo cielos, cerros, seto azul
que me cerca, y susurros de olmos
y voces de aguas medrosas;
que a la juventud engaño
con nubes y colores
que ahonda la luz.

Te conozco. En ti, completamente extraviada,
alza sus senos la belleza,
se ahueca en el dorso y con suave impulso
se dilata en el pubis temeroso,
y desciende en armonía de formas
a los pies bellos con diez conchas.

Mas he aquí que si te tomo,
para mí te conviertes en palabra, en tristeza.

De Oboe sumergido 1930-1932

COMPAÑERO

No sé qué luz en mí desadormeces:
elipse nupcial de blanco y de celeste
que en mí cae y se hunde. Tú eres,
al tocarme, piadoso nacimiento,
y en los silencios reúnes imágenes de infancia:
amorosísimos ojos de oveja apuñalada,
un perro que me mataron
y que fue un compañero arisco y feo
de secas paletillas.

Y yo amaba a aquel niño
más que a los otros; experto
en el juego de la rayuela y la billalda,
y siempre callado y sin sonrisa.

Crecíamos al aire libre de los altos cielos
recorriendo tierras y vaporosos planetas:
viajes misteriosos a la luz de un candil
y el sueño tardío me sumía absorto
en los cantos tranquilos de cada gallnero,
en el primer resonar de los zuecos, al lado del horno,
de las criadas a medio vestir.

Me has hecho llorar
y tu nombre la luz no me aclara,
sino aquella blancura de cordero
del corazón que enterré.

De Oboe sumergido 1930-1932

GARZA MUERTA

En el pantano caliente, hundida en el fango,
llena de insectos, me duele
una garza muerta.
Me consumo en voz y sonido;
temblando en débiles ecos
de tiempo en tiempo gime un soplo
olvidado.
Piedad, que no me halle
sin voces y sin rostros
en la memoria un día.

 Érato y Apolo (1932-1936)

EN LAS FRONDAS DE LOS SAUCES

¿Y cómo podíamos cantar
con el pie extranjero sobre el corazón,
entre los muertos abandonados en las plazas
sobre la hierba dura de hielo, ante el gemido
de cordero de los niños, ante el alarido negro
de la madre que iba a encontrar a su hijo
crucificado en el poste del telégrafo?
En las frondas de los sauces, como ex votos,
también nuestras liras estaban colgadas,
oscilaban levemente al triste viento.

De Día tras día (1947)

LA POESÍA

Una noche en que la nieve adormecía ángeles sobre las cumbres
y, sobre los tejados, derramaba crisantemos,
quizá, al lado de mi cuerpo frío, buscó calor,
desnuda como todas las canciones de los nómadas,
pura como todas las rosas de los huertos desconocidos,
donde las rugosas glebas y los búcaros de las flores blancas
ofrecen rocío a los pájaros sedientos.

Acaso, siempre había estado a mi alrededor,
en mi casa de frágil soñador,
abierta a las estrellas cenicientas
que desde el cielo traen los besos de los niños muertos sin amor.

Ahora, es como un incensario de ágata purísima
que arde entre las columnas de la habitación de amatista,
donde la hora matutina, huyendo de mis besos de Nocturno,
dejó el amor y el llanto de todos los caminos del mundo.

Arde, y el incienso es sonrisa de muchacha,
arde y el hachís es caricia de boca
sobre los pechos de una mujer perfecta.

En la hora en que las luciérnagas se encienden
sobre los vaporosos cristales de los castillos encantados,
y las canciones del sueño tienen cadencias de estrellas,
sumisamente, besándonos en los ojos,
recitamos el Cántico del sol,
nuestra plegaria del crepúsculo,
que nos abre las puertas azules del sueño.

Ella me enseñará a hablar en la oscuridad;
mis canciones no tienen sol,
como el rebaño que, sonando sus esquilas,
a las fuentes desciende con las cabezas inclinadas.

Besa el umbral de tu casa, h. 1920 (publicado en 1981). Traducción de Antonio Colinas.

PLEGARIA

Sé bueno, si quieres escuchar mi voz
y besa el umbral de tu casa.

Lleva dos lámparas, cálidas como el pecho de las golondrinas,
y, hacia la noche, cuando tu rostro tenga la penumbra del cielo,
abre la cancela de cristal de mi refugio azul
y, en silencio, arrímate a mí.

Te hablaré de mis sueños, que he dejado sobre los escalones,
detrás de las puertas cerradas y desconocidas,
de los sueños brotados de los jardines pobres,
sin cantos, en medio de las cicutas.

Luego, calla y regresa: la música que duerme bajo las mimosas
se despertará para ti, que has besado el umbral de tu casa.

Traducción de Antonio Colinas

MILÁN, AGOSTO DE 1943

En vano buscas entre el polvo,
pobre mano, la ciudad ha muerto.
Ha muerto, se oyó el último trueno
en el corazón del barrio viejo,
y el pájaro ha caído desde la antena,
allí arriba sobre el convento,
en donde cantaba, antes del crepúsculo.
No caven pozos en los patios,
ya no tienen sed los vivos.
No toquen a los muertos, tan rojos, tan hinchados:
déjenlos sobre la tierra de sus casas,
la ciudad está muerta, muerta.

LAMENTO POR EL SUR

La luna roja, el viento, tu color
de mujer del Norte, la llanura de nieve…
Mi corazón está ya en estas praderas,
en estas aguas anubladas por la niebla.
He olvidado el mar, la grave
caracola que soplan los pastores sicilianos,
las cantilenas de los carros a lo largo de los caminos
donde el algarrobo tiembla en el humo de los rastrojos,
he olvidado el paso de las garzas y las grullas
en el aire de las verdes altiplanicies
por las tierras y los ríos de Lombardía.
Pero el hombre grita en cualquier parte la suerte de una patria.
Ya nadie me llevará al sur.

Oh, el Sur está cansado de arrastrar muertos
a la orilla de las ciénagas de malaria,
está cansado de soledad, cansado de cadenas,
está cansado en su boca
de las blasfemias de todas las razas
que han gritado muerte con el eco de sus pozos,
que han bebido la sangre de su corazón.
Por eso sus hijos vuelven a los montes,
sujetan los caballos bajo mantas de estrellas,
comen flores de acacia a lo largo de las pistas
nuevamente rojas, aun rojas, aun rojas.
Ya nadie me llevará al Sur .

Y esta tarde cargada de invierno
es aún nuestra, y aquí te repito
mi absurdo contrapunto
de dulzuras y furores,
un lamento de amor sin amor.

Versión de Carlo Fabretti
Del libro "Aguas y tierras":

ENTRE LA LUZ Y EL VIENTO

Este silencio detenido en las calles,
este viento indolente que ahora se desliza
bajo, entre las muertas hojas , o se eleva
a los colores de las banderas extranjeras…
Acaso el ansia de decirte una palabra
antes de que aún se vuelva a cerrar el cielo
sobre otro día, acaso la inercia,
el más vil de nuestros males… La vida
no se halla en este tremendo y oscuro
latir del corazón, no es piedad
sino un juego de la sangre en el que la muerte
está en flor.

A TU LUMBRE NÁUFRAGA

Nazco a tu lumbre náufraga,
ocaso de aguas límpidas.

De hojas serenas arde
el aire consolado.

Desarraigado de los vivos,
corazón transitorio,
soy un límite vano.

Tu don tremendo
de palabras, Señor,
asiduamente pago.

Despiértame de entre los muertos:
cada uno ha tomado su tierra
y su mujer.

Tú me has mirado dentro,
en la oscuridad de las vísceras;
ninguno tiene mi desesperación
en su alma:

soy un hombre solo,
un solo infierno.

Del libro Erato e Apóllion

CONVALECENCIA

Siento amor convertirse en otra muerte
ignota para mí, pero más lenta,
que a menudo me empuja hacia sus formas.

Abandono de alga:
me busco en los oscuros acordes
de profundos despertares
en orillas densas de cielo.

El viento se injerta
dócil en mi sangre,
y es ya voz y naufragio,
manos que renacen:
manos entrelazadas o palma con palma unidas
en distendida renuncia.
Tiene miedo de ti
el corazón seco y doliente,
infancia imposeída.

Del libro "Oboe sumergido"

CANTO DE APOLO

Noche terrenal, en tu exiguo fuego
me complací alguna vez
y descendí entre los mortales.

Y vi al hombre
inclinado sobre el regazo de la amada
escuchándose nacer,
y transformarse entregado a la tierra,
las manos juntas,
abrasados los ojos y la mente.

Yo amaba. Frías eran las manos
de la criatura nocturna:
otros terrores acogía en el vasto lecho
donde al alba me despertó
un aleteo de palomas.

Luego el viento depositó hojas
sobre su cuerpo inmóvil;
se alzaron sombrías las aguas en los mares.

Amor mío, yo aquí me aflijo
sin muerte, solo.

De "Erato y Apolo"

SÍLABAS A ERATO

A ti se pliega el corazón en soledad,
exilio de oscuros sentidos
en el que transmuta y ama
lo que ayer parecía nuestro
y ahora está sepultado en la noche.

Semicírculos de aire resplandecen
en tu rostro; te me apareces
en el tiempo que la primera ansiedad aflige
y me vuelves blanco, lenta la boca
a la luz de la sonrisa.

Por tenerte te pierdo
y no me aflijo: todavía eres bella,
quieta en dulce posición de sueño:
serenidad de muerte extremo gozo.

De "Erato y Apolo"

CASI UN MADRIGAL

El girasol se vuelve a occidente
y ya se precipita el día en su
ojo en ruina y el aire del estío
se espesa y ya curva las hojas y el humo
de las fábricas. Se aleja con el sobrio
discurrir de las nubes y con crujidos de rayos
este último juego del cielo. Todavía,
y desde hace años, querida, nos detiene la mutación
de apretados árboles en el cerco
de los Navigli. Pero es siempre nuestro día,
y siempre aquel sol que desaparece
con el hilo de su rayo afectuoso.

No tengo ya recuerdos, no quiero recordar;
la memoria resurge de la muerte,
la vida no tiene fin. Cada día
es nuestro. Uno se detendrá para siempre,
y tú conmigo, cuando nos parezca tarde.
Aquí, al borde del canal, columpiando
los pies, como si fuésemos niños,
contemplamos el agua, las primeras ramas
en su color verde que se oscurece.
Y el hombre que en silencio se avecina
no esconde un cuchillo entre las manos,
sino una flor de geranio.

Del libro La vida no es un sueño 1946-1948

CARTA

Este silencio quieto en las calles,
este viento indolente, que se desliza
bajo entre las hojas muertas o asciende
hacia los colores de las insignias extranjeras…
tal vez el ansia de decirte una palabra
antes de que se cierre de nuevo el cielo
sobre otro día, tal vez la inercia,
nuestro mal más vil… La vida
no está en este tremendo, oscuro, latir
del corazón, no es piedad, no es más
que un juego de la sangre donde la muerte
está en flor. Oh mi dulce gacela,
te recuerdo aquel geranio encendido
sobre un muro acribillado de metralla.
¿O ahora ni siquiera la muerte consuela
ya a los vivos, la muerte por amor?

LAS MUERTAS GUITARRAS

Mi tierra está sobre los ríos fundida con el mar,
no existe otro lugar de voz tan lenta,
donde vagan mis pies
entre juncos sobrecargados de caracoles.
En verdad, es otoño: desgarradas en el viento
las muertas guitarras alzan sus cuerdas
sobre la boca negra y una mano agita los dedos
de fuego.
En el espejo de la luna
se peinan muchachas con pechos de naranja.

¿Quién llora? ¿Quién fatiga los caballos en el aire
rojo? Nos detendremos en esta orilla
a lo largo de urdimbres de hierba y tú, amor,
no me lleves delante de ese espejo
infinito: en él se contemplan muchachos
que cantan y árboles altísimos, y aguas.
¿Quién llora? Yo no, créeme, sobre los ríos
discurren exasperados chasquidos de un látigo,
los oscuros caballos y los relámpagos de azufre.
Yo no, mi raza posee cuchillos
que arden y lunas y heridas que queman.

De: «El falso y verdadero verde» – 1949-1955

AL PADRE

Donde sobre las aguas violeta
estaba Messina, entre cables rotos
y ruinas tú marchas entre vías
y cambios con tu gorro de gallo
isleño. El terremoto hierve
desde hace tres días, diciembre de huracanes
y mar envenenado. Nuestras noches caen
en los vagones de carga y nosotros, rebaño infantil,
contamos sueños polvorientos con los muertos
aplastados por hierros, mientras mordemos almendras
y guirnaldas de manzanas secas. La ciencia
del dolor puso verdad y aceros
en los juegos de las bajas llanuras de malaria
amarilla y terciaria hinchada de barro.
Tu paciencia
triste, delicada, nos robó el miedo,
fue lección de días unidos a la muerte
traicionada, al desprecio de los ladrones
apresados entre las ruinas y ajusticiados en la tiniebla
por la fusilería de los desembarcos, cuenta
de números bajos que resultaba exacta,
concéntrica, un balance de vida futura.
Tu gorro de sol bajaba y subía
en el poco espacio que siempre te han dado.
También a mí me midieron cada cosa
y he llevado tu nombre
un poco más allá del odio y de la envidia.
Ese rojo sobre tu cabeza era una mitra,
una corona con alas de águila.
Y ahora, en el águila de tus noventa años,
he querido hablar contigo, con tus señales
de partida coloreadas por la linterna
nocturnal y aquí desde una rueda
imperfecta del mundo,
sobre un cúmulo de muros cerrados,
lejos de los jazmines de Arabia
donde todavía estás, para decirte
lo que en un tiempo no pude -difícil afinidad
del pensamiento- para decirte, y no nos escuchan sólo
cigarras en los cruces, agaves lentiscos,
como el campesino dice a su señor:
“Besamos las manos”. Esto nada más.
Oscuramente fuerte es la vida.

HOMBRE DE MI TIEMPO

Hombre de mi tiempo, eres aún aquel
de la piedra y la honda. Estabas en la carlinga
con las alas malignas, los cuadrantes de muerte
-te vi- dentro del carro de fuego, en las horcas,
en las ruedas de tortura. Te vi: eras tú,
con la ciencia precisa dispuesta para el exterminio,
sin amor, sin Cristo. Has matado de nuevo,
como siempre, como tus padres mataron, como mataron
los animales que te vieron por vez primera,
y huele esta sangre como la de aquel día
en el que el hermano dijo a otro hermano:
“Vamos al campo”. Y aquel eco frío, tenaz,
llegó a ti, y llegó a tu jornada.
Olvidad, oh hijos, las nubes de sangre
que ascienden de la tierra, olvidad a los padres:
sus tumbas se hunden en el cenizal,
los pájaros negros, el viento, cubren sus corazones.

 Traducción: Marco Casavecchia

A UN POETA ENEMIGO

Sobre la arena de Gela color de la paja
me tendía de niño a la orilla del mar
antiguo de Grecia con muchos sueños en los puños
apretados y en el pecho. Allí Esquilo exiliado
midió versos y pasos desconsolados,
en aquel golfo árido el águila lo vio
y fue el último día. Hombre del Norte, que me quieres
mínimo o muerto para tu paz, espera:
la madre de mi padre tendrá cien años
en la nueva primavera. Espera: que yo mañana
no juegue con tu cráneo amarillo por las lluvias.

EPITAFIO PARA BICE DONETTI

Con los ojos hacia la lluvia y los elfos de la noche,
está allí, en el campo número quince, en Musocco,
la mujer Emiliana que yo amé
en el tiempo triste de la juventud.
Hace poco fue sorprendida por la muerte
mientras miraba tranquila el viento del otoño
agitar las ramas de los plátanos y las hojas
desde su gris casa de la periferia.
Su rostro aún está vivo de sorpresa,
como sin duda lo estuvo en la infancia, deslumbrado
por el tragallamas alto sobre el carromato.
Oh tú, que pasas, empujado por otros muertos,
ante la fosa mil ciento sesenta,
detente un minuto a saludar
a la que nunca se lamentó del hombre
que aquí queda, odiado, con sus versos,
uno de tantos, obrero de sueños.

Del libro "La vida no es sueño"

CARTA A LA MADRE

 “Mater dulcísima, ahora descienden las nieblas,
y el Naviglio embiste confuso contra los muelles,
los árboles se hinchan de agua, arden de nieve;
no estoy triste en el Norte: no estoy
en paz conmigo mismo, mas no espero
perdón de nadie, muchos me deben lágrimas
de hombre a hombre. Sé que no estás bien, que vives,
como todas las madres de los poetas, pobre
y con la justa medida de amor
a causa de tus hijos lejanos. Hoy soy yo
quien te escribe”. – Al fin, dirás, dos líneas
de aquel muchacho que huyó de noche con un abrigo corto
y algunos versos en el bolsillo. Pobre, tan generoso,
un día lo matarán en cualquier parte-.
“En verdad, lo recuerdo, fue en aquel gris andén
de trenes lentos que llevaban almendras y naranjas
a la desembocadura del Imera, el río lleno de urracas,
de sal, de eucaliptos. Más ahora te agradezco,
así lo deseo, la ironía que has puesto
sobre mis labios, mansa como la tuya.
Esa sonrisa me ha salvado de llantos y dolores.
Y no importa si ahora derramo lágrimas por ti,
por todos los que como tú esperan
y no saben que esperan. Ah, muerte amable,
no toques el reloj que en la cocina late sobre el muro,
toda mi infancia pasó sobre el esmalte
de su cuadrante, sobre sus flores pintadas:
no toques las manos, el corazón de los viejos.
Pero ¿acaso alguien responde? Oh piadosa muerte,
muerte honesta. Adiós, querida, adiós mi dulcísima mater.

(Versión de Alberto Girri y Carlos Viola Soto)

«AÚN SE OYE EL MAR»

Hace ya varias noches que aún se oye el mar,
leve, de aquí para allá, a lo largo de las lisas arenas.
Eco de una voz encerrada en la mente
que remonta desde el tiempo; y también este
asiduo lamento de las gaviotas: acaso
de los pájaros de la torre, que abril
impulsa hacia el llano. En otro tiempo,
con esa voz estabas a mi lado;
y quisiera que a ti también llegase,
ahora, un eco de mi memoria,
como el murmullo oscuro del mar.

De: «Día tras día», 1947
Traducción de Antonio Colinas

«AUSCHWITZ»

Allá abajo, amor, en Auschwitz, lejos
del Vístula, a lo largo de la llanura nórdica.
en un campo de muerte: fría, fúnebre,
la lluvia sobre la herrumbre de los postes
y los revoltijos de alambre de las cercas:
ni árboles ni pájaros en el aire gris
o en nuestro pensamiento, sino inercia
y dolor que la memoria abandona
a su silencio sin ironía o ira.
Tú no quieres elegías, lirismos: sólo
razones de nuestra suerte, aquí,
tú, tierna a los obstaculos de la mente,
insegura ante una presencia
clara de vida. Y la vida está aquí,
en cada negación que certeza parece:
aquí oiremos llorar al ángel, al monstruo,
nuestras horas futuras
golpear el más allá, que aquí está, eterno
y en movimiento, no en una imagen
ensoñada, de posible piedad.
Y aquí la metamorfosis, aquí los mitos.
Sin nombres de símbolos o de un dios,
son crónicas, lugares de la tierra,
son Auschwitz, amor. ¡De qué manera súbita
se mutaron en sombrío humo
los amados cuerpos de Alfeo y Aretusa!
De aquel infierno que se abría
con la blanca inscripción «El trabajo os hará libres»,
salió con continuidad el humo
de miles de mujeres empujadas afuera,
al alba de los tugurios contra el muro
del tiro al blanco o ahogadas gritando
misericordia al agua con sus bocas
de esqueleto bajo las lluvias de gas.
Tú las encontrarás, soldado, en tu
historia bajo formas de ríos, de animales,
¿o también eres tú ceniza de Auschwitz,
medalla de silencio?
Quedan largas trenzas encerradas en urnas
de cristal aún ceñidas por amuletos
e infinitas sombras de pequeños zapatos
y bufandas de hebreos, son reliquias
de un tiempo de sabiduría, de sapiencia
del hombre hecho a la medida de las armas,
son los mitos, nuestras metamorfosis.
Sobre los espacios en los que el amor y llanto
y piedad se marchitaron, bajo la lluvia,
allá abajo, se rebelaba un no dentro de nosotros,
un no a la muerte, muerta en Auschwitz,
para no repetirme desde aquella fosa
de cenizas, la muerte.

De: «El falso y verdadero verde» 1949-1955
Traducción de Antonio Colinas

TENGO FLORES Y DE NOCHE INVITO A LOS ÁLAMOS

Hospital de Sesto S. Giovanni, noviembre 1965

Mi sombra está sobre otro muro
de hospital. Tengo flores y de noche
invito a los álamos y a los plátanos del parque,
árboles de hojas caídas, no amarillas,
casi blancas. Las monjas irlandesas
no hablan nunca de muerte, parecen
movidas por el viento, no se maravillan
de ser jóvenes y gentiles: un voto
que se libera en las ásperas plegarias.
Me parece que soy un emigrante
que vela encerrado en sus cobijas,
tranquilo, por tierra. Tal vez muero siempre.
Pero escucho gustosamente las palabras de la vida
que jamás he entendido, me detengo
en largas hipótesis. Ciertamente no la podré eludir;
seré fiel a la vida y a la muerte
en cuerpo y espíritu
en cada dirección prevista, visible.
A intervalos algo me supera,
ligero, un tiempo paciente,
la absurda diferencia que corre
entre la muerte y la quimera
del latir del corazón.

De “Debe y Haber” 1959-1965

Te recomendamos ver el programa de televisión.

Bibliografía recomendada y textos de referencia:

PRÓXIMO PROGRAMA

133. Poesía más Poesía: Celedonio Flores

CELEDONIO ESTEBAN FLORES

BIOGRAFÍA

Celedonio Flores, también recordado como “El negro Cele” nació en Buenos Aires en 1896, en un barrio popular habitado por criollos e inmigrantes de diferentes orígenes. Sus padres fueron Manuel Ceferino Flores y Fermina Rueda.

El matrimonio Flores tuvo cinco hijos: Amelia, Celedonio, Manuel, Andrés y Héctor. Cuando el poeta tenía cuatro años, sus padres decidieron mudarse, a Villa Crespo donde el poeta creció entre los dialectos de los inmigrantes, la vida al aire libre y las peleas entre barras juveniles, que forjaron su cariz popular, querido y respetado por su facilidad para hablar bella y grácilmente y su sentido del humor. Influenciado por el suburbio ratificó la introducción del lunfardo en el tango.

Otra importante influencia para Celedonio fue su padre que era tipógrafo de oficio y en aquellos tiempos los obreros gráficos eran literariamente ilustrados.

Desde pequeño leyó mucho tomando como modelo a Rubén Darío y Leopoldo Lugones pero enmarcándose en el campo del arrabal y su lenguaje, inspirado por Evaristo Carriego y los elementos literarios que utiliza, hasta arribar al tango-canción introduciendo el lunfardo con talento y pasión y captando las peripecias y tics de la época. Almafuerte, Gabriela Mistral, Amado Nervio, Banchas, Belisario Roldán y Alfonsina Storni eran autores que apilaba junto a su cama.

Abandonó la carrera de Comercio para dedicarse a lo que más le gustaba: la música y la literatura, estudió violín en el conservatorio y pintura en la Escuela de Bellas Artes. Comenzó a descubrir que su vocación era el arte.

En los años 20 se convirtió en un poeta y letrista de gran popularidad, alcanzando la fama cuando envió al diario Última hora un poema titulado “Por la pinta” por el que recibió 5 pesos como retribución. El poema llegó a manos de Carlos Gardel. No sabía quien era ese tal Celedonio pero le encantó su poema y con su compañero de dúo José Razzano, le pusieron música creando el tango “Margot”. Así explica Celedonio cómo nació su amistad con Gardel:

—Te voy a contar… A esa edad en que se hacen versos, ensayé los míos. Quise escribirlos delicados, sutiles, finos… pero había grandes contras en aquel camino. ¿Cómo te ibas a tirar contra Amado Nervo o Rubén Darío? El naipe no daba pa’ tanto, hermano. Entonces, un día que estaba bien seco, en uno de esos días: en que uno sueña con la lotería sin tener el billete, me abrí de aquella parada elegante y escribí “Margot”. ¿Te acordás? Fue aquel tango que decía:

“…Y tu vieja, pobre vieja,
lava toda la semana
 pa’ poder parar la olla
con pobreza franciscana
en un triste conventillo
alumbrado a kerosén.
………………………………..
Ya no sos mi Margarita,
 ahora te llaman Margot…”

 “En un diario de la tarde salía en ese tiempo una sección en la cual publicaban colaboraciones premiando con cinco pesos la mejor. Y me tiré el lance. Cinco mangos hermano… ¿Te imaginás todo de pan y queso?… Bien: se publicó y salió premiado. A Gardel le gustó y me anduvo buscando. Por intermedio de un amigo común nos conocimos. Carlitos me pidió permiso para ponerle música. ¿Comprendés? Me pidió permiso… Y allí soldamos una amistad que subsiste en mí… y también, en él aunque se fue lejos…

Gardel grabó 27 temas de Celedonio, entre los que se encuentran uno de los mayores éxitos de su trayectoria “Mano a mano”. Otros de sus tangos más destacados son “Mala entraña”, “El bulín de la calle Ayacucho”, “Viejo Smoking”, “Malevito”, “Canchero” y “Pan”.

Carlos Gardel prefirió no grabar su tango “Corrientes y Esmeralda” porque la letra aludía a mujeres que soñaban con su pinta.

Así habla Celedonio de su gran amigo. Al año de cumplirse su muerte, en un homenaje radiotelefónico al que acudieron sus amigos más íntimos, entre ellos Leguisamo, el negro Flores lloró su amargura en estrofas como ésta:

“Se murió Carlitos, y allá en mi barriada
los puntos más bravos maldiciendo están…
Hay una tragedia en cada mirada,
hay una amenaza en cada ademán,
 hay un nudo horrible en cada garganta
y un incontenible ganas de llorar…”

Durante años escribió exclusivamente para Rosita Quiroga por razones comerciales pero con el paso de los años sus tangos comenzaron a formar parte de los repertorios de numerosos cantantes desde Ignacio Corsini y Alberto Gómenz a Edmundo Rivero y Julio Sosa, pasando por Goyeneche, Ángel Vargas y Floreal Ruiz.

“Lopecito”, Leguisamo, Alvarado y Esteban Celedonio Flores en un homenaje radiotelefónico a Gardel al cumplirse el primer aniversario de la muerte del Zorzal

Otras de sus letras que cosecharon éxitos fueron: “Muchacho”, “Viejo coche”, “Sentencia”, “Atenti pebeta”, “Pobre gallo bataraz”. “La musa mistonga”, grabado por Rosita Quiroga en 1926 fue la primera grabación que utilizó el sistema fonoeléctrico en Argentina.

Como poemarios publicó Cuando pasa el organito (1922) y Chapaleando (1929). Podemos encontrar una selección de su obra en Cancionero de Celedonio Flores, publicado en 1977.

Bajo el seudónimo de “Kid Cele” también se lanzó al cuadrilátero. En su juventud fue boxeador amateur de buen nivel:

—Iba yo a un colegio al que concurrían los hijos del ministro Joaquín V. González, y uno de ellos, Héctor, recibía lecciones de box de Willíe Gould. Entonces, en la Plaza Lavalle, hacíamos fintas a la salida de la escuela. Pero mi familia se mudó para Villa Crespo y abandoné mi “ring” de la plaza. Un día me dijeron si quería boxear en el Club Social América de mi nuevo barrio. Y fin. Allí me topé con Raúl Zampayo en diez rounds de dos minutos: nos dimos hasta hartarnos… y nos hicimos amigos. Pero unos amigos raros. Nos queríamos fuera del ring. Adentro, nos tirábamos al alma. Él, más peleador que yo, lo aventajaba en arte, en escuela, como se decía. Intervine de inmediato en el Campeonato de Aficionados de 1922 que se disputó en el viejo local de Universitario y en el debut le gané a Salvador Cataneo por puntos.

 — ¿En qué peso boxeabas?

—En el pluma… ¿De qué te reís?… Ahora peso el doble… ¡Qué macana!… Todos los sábados le digo a la patrona: “El lunes empiezo a hacer gimnasia…” Y aquí me tenés: esperando un lunes…

TANGO Y FOLKLORE ARGENTINO: Celedonio Esteban Flores

Con respecto a su vida sentimental se casó con Luisa Vince y se mudó a la localidad de Claypole, buscando una vida más sosegada y alejada de la noche porteña. Interrumpida, sin embargo, por sus trabajos en las radios porteñas, y sus giras por el interior del país con el cantante Carlos Acuña en compañía del guitarrista José María Aguilar. Cele oficiaba de presentador y recitador en los recitales de Acuña.

Celedonio Flores es uno de los integrantes de la primera línea de los poetas del tango junto a Homero Manzi, Enrique Santos Discépolo, Enrique Cadícamo y Homero Expósito. Su poesía se distingue por la creación de imágenes y metáforas, la inusitada riqueza verbal y su singular talento para constituir aforismos populares. Estudiaba el drama humano, se posesionaba con la vida de los personajes y de allí nacía su poesía. Su talento poético nace de una mirada singular sobre la realidad y una singular destreza para traducir en palabras esa mirada.

Los poemas de Celedonio padecieron la censura gubernamental sobre el tango por considerarlos obscenos por atentar contra la moral y las buenas costumbres y prohibiendo los términos en lunfardo y cualquier referencia social y moral que no coincidiera con las tesis defendidas por el gobierno que se instituyó tras el golpe militar de 1943. Se dice que la modificación de sus letras le amargó los últimos años de su vida. Cuando Perón levantó la censura sobre los tangos gracias a la gestión de Discépolo, Celediono no lo pudo disfrutar pues falleció joven a la edad de 50 años, en la ciudad de Buenos Aires en 1947.

Celedonio Flores vivió sus últimos años en el Claypole de la década del ‘40 a otro ritmo que la de la Capital Federal, enamorado de la vida simple de campo. “El negro Cele“, como se le llamaba, siempre fue más de vecinos y casa bajas que del anonimato y altos edificios.

Su obra poética fue de más de 350 títulos de los cuales muchos no fueron musicalizados. Fue incluido en la Antología de la Poesía Argentina de Raúl Gustavo Aguirre.

POEMAS

Mano a mano

Rechiflado en mi tristeza, te evoco y veo que has sido
en mi pobre vida paria sólo una buena mujer.
Tu presencia de bacana puso calor en mi nido,
fuiste buena, consecuente, y yo sé que me has querido
como no quisiste a nadie, como no podrás querer.

Se dio el juego de remanye cuando vos, pobre percanta,
gambeteabas la pobreza en la casa de pensión.
Hoy sos toda una bacana, la vida te ríe y canta,
Ios morlacos del otario los jugás a la marchanta
como juega el gato maula con el mísero ratón.

Hoy tenés el mate lleno de infelices ilusiones,
te engrupieron los otarios, las amigas y el gavión;
la milonga, entre magnates, con sus locas tentaciones,
donde triunfan y claudican milongueras pretensiones,
se te ha entrado muy adentro en tu pobre corazón.

Nada debo agradecerte, mano a mano hemos quedado;
no me importa lo que has hecho, lo que hacés ni lo que harás…
Los favores recibidos creo habértelos pagado
y, si alguna deuda chica sin querer se me ha olvidado,
en la cuenta del otario que tenés se la cargás.

Mientras tanto, que tus triunfos, pobres triunfos pasajeros,
sean una larga fila de riquezas y placer;
que el bacán que te acamala tenga pesos duraderos,
que te abrás de las paradas con cafishos milongueros
y que digan los muchachos: Es una buena mujer.
Y mañana, cuando seas descolado mueble viejo
y no tengas esperanzas en tu pobre corazón,
si precisás una ayuda, si te hace falta un consejo,
acordate de este amigo que ha de jugarse el pellejo
pa’ayudarte en lo que pueda cuando llegue la ocasión.

Margot

Se te embroca desde lejos, pelandruna abacanada,
que has nacido en la miseria de un convento de arrabal…
Porque hay algo que te vende, yo no sé si es la mirada,
la manera de sentarte, de mirar, de estar parada
o ese cuerpo acostumbrado a las pilchas de percal.
Ese cuerpo que hoy te marca los compases tentadores
del canyengue de algún tango en los brazos de algún gil,
mientras triunfa tu silueta y tu traje de colores,
entre el humo de los puros y el champán de Armenonville.

Son macanas, no fue un guapo haragán ni prepotente
ni un cafisho de averías el que al vicio te largó…
Vos rodaste por tu culpa y no fue inocentemente…
¡berretines de bacana que tenías en la mente
desde el día que un magnate cajetilla te afiló!

Yo recuerdo, no tenías casi nada que ponerte,
hoy usas ajuar de seda con rositas rococó,
¡me reviente tu presencia… pagaría por no verte…
si hasta el nombre te han cambiado como has cambiado de suerte:
ya no sos mi Margarita, ahora te llaman Margot!

Ahora vas con los otarios a pasarla de bacana
a un lujoso reservado del Petit o del Julien,
y tu vieja, ¡pobre vieja! lava toda la semana
pa’ poder parar la olla, con pobreza franciscana,
en el triste conventillo alumbrado a kerosén.

Noches de San Juan

Son las doce de la noche, se apagó la “fugata”
Que encendieron los purretes por ser noche de San Juan;
Ha quedado un rescoldito que hace una llamita a gatas,
Ya cubierto de ceniza que los vientos llevarán.
Hace un frío e’madona para andar a la intemperie,
Se atornilla el vigilante maldiciendo la estación,
A lo lejos ladra un perro y otro contesta al instante
Como ronda que pasara de un botón a otro botón.

La tristeza de la noche arrabalera
Se mete dentro del alma
Como el filo de un puñal.
Yo voy solo por la enladrillada acera
Con un verso a flor de labio
Y un recuerdo en la sesera
¡el recuerdo que me obliga a buscar la soledad!

Un muchacho de mi barrio toma el último tranvía
Y se viene para el centro a correr el espinel
Y en el viaje se ilusiona con programas de avería,
Con cotorros orientales y un cariño noble y fiel;
Va a tallar entre elemento de fulleros y matones,
A engrosa la caravana de bacanes de café,
A escuchar grandes hazañas de templados corazones
Que se juegan por un naipe o el amor de una mujer.

Se ilumina la puerta de una cantina
Que da paso a dos curdelas
Que abrazándose se van…
Y se pierden al doblar en una esquina
Canturreando torpemente:
Mientras yo doblo la frente
Y me hundo en la tristeza
De mi propia oscuridad.

Viejo Coche

Viejo coche, que cuando era
un muchacho calavera
de madrugada ocupé…
Si por pura fantasía
de la milonga salía
y a Palermo me tiré.

Eras nuevo y lustroso
y tu buen caballo brioso
por el centro te lució.
¡Viejo coche, quién diría,
que a la larga rodarías
como también rodé yo!

Te acordás de aquella noche
cochero que me quisiste,
qué contento te pusiste
porque un cariño encontré.
Y aquella otra que apenado
me dijiste: “Vea, niño,
hace un rato su cariño
en otro coche se fue”.

De mis pilchas, te pasaba
de aquellas que ya no usaba,
toda ropa de valor.
Si una fija me corría
muchas veces, si podía,
te llevaba un ganador.

Donde quiera que paraba
a tomar te convidaba
a mi lado un copetín.
Yo tenía mucho vento,
vos sabés que eso no es cuento
ni me dejarás mentir.

Y el pasado me ha quedado
como un recuerdo grabado
de mis éxitos de ayer.
¡Pero abierta está la herida
de la leyenda fngida
que me contó esa mujer!
Como vos, viejo cochero,
resignado sólo espero
lo que la suerte dirá.
Esperando que la vida
eche su última partida
para poderla copar.

Ya después en la carpeta,
al llegar la madrugada,
vos estabas de parada
para llevarme a dormir.
Y al tranco de tu caballo,
ya también viejo y cansado,
éramos naipes marcados
en el monte del vivir.

El Bulín de La Calle Ayacucho

El bulín de la calle ayacucho,
Que en mis tiempos de rana alquilaba,
El bulín que la barra buscaba
Pa caer por la noche a timbear,
El bulín donde tantos muchachos,
En su racha de vida fulera,
Encontraron marroco y catrera
Rechiflado, parece llorar.

El primus no me fallaba
Con su carga de aguardiente
Y habiendo agua caliente
El mate era allí señor.
No faltaba la guitarra
Bien encordada y lustrosa
Ni el bacán de voz gangosa
Con berretín de cantor.

El bulín de la calle ayacucho
Ha quedado mistongo y fulero:
Ya no se oye el cantor milonguero,
Engrupido, su musa entonar.
Y en el primus no bulle la pava
Que a la barra contenta reunía
Y el bacán de la rante alegría
Está seco de tanto llorar.

Cada cosa era un recuerdo
Que la vida me amargaba:
Por eso me la pasaba
Fulero, rante y tristón.

Los muchachos se cortaron
Al verme tan afligido
Y yo me quedé en el nido
Empollando mi aflicción.

Cotorrito mistongo, tirado
En el fondo de aquel conventillo,
Sin alfombras, sin lujo y sin brillo,
¡cuántos días felices pasé,
Al calor del querer de una piba
Que fue mía, mimosa y sincera …
¡y una noche de invierno, fulera,
Hasta el cielo de un vuelo se fue!

Viejo smoking

Campaneá cómo el cotorro va quedando despoblado
todo el lujo es la catrera compadreando sin colchón
y mirá este pobre mozo cómo ha perdido el estado,
amargado, pobre y flaco como perro de botón.

Poco a poco todo ha ido de cabeza p’al empeño
se dio juego de pileta y hubo que echarse a nadar…
Sólo vos te vas salvando porque pa’ mi sos un sueño
del que quiera Dios que nunca me vengan a despertar.

Viejo smocking de los tiempos
en que yo también tallaba…
¡Cuánta papusa garaba
en tus solapas lloró!
Solapas que con su brillo
parece que encandilaban
y que donde iba sentaban
mi fama de gigoló.

Yo no siento la tristeza de saberme derrotado
y no me amarga el recuerdo de mi pasado esplendor;
no me arrepiento del vento ni los años que he tirado,
pero lloro al verme solo, sin amigos, sin amor;

sin una mano que venga a llevarme una parada,
sin una mujer que alegre el resto de mi vivir…
¡Vas a ver que un día de éstos te voy a poner de almohada
y, tirao en la catrera, me voy a dejar morir!

Viejo smocking, cuántas veces
la milonguera más papa
el brillo de tu solapa
de estuque y carmín manchó
y en mis desplantes de guapo
¡cuántos llantos te mojaron!
¡cuántos taitas envidiaron
mi fama de gigoló!

Por qué canto así

Porque cuando pibe me acunaba en tangos
la canción materna que llamaba al sueño,
y escuché el rezongo de los bandoneones
bajo el emparrado de mi patio pobre.
Porque vi el desfile de las inclemencias
con mis pobres ojos de llorar abiertos,
y en aquella pieza de mis buenos viejos
tuvo la pobreza su mejor canción…

Y yo me hice en tangos,
me fui modelando en odio, en tristeza,
en las amarguras que da la pobreza,
en llantos de madres,
en las rebeldías del que es fuerte y tiene
que cruzar los brazos
cuando el hambre viene…
Y yo me hice en tangos,
porque es bravo, fuerte,
tiene algo de vida,
tiene algo de muerte…

Porque quise mucho, porque me engañaron,
y pasé la vida barajando sueños…
Porque soy un árbol que vivió sin flores,
porque soy un perro que no tiene dueño…
Porque tengo odios que nunca los digo,
porque cuando quiero me desangro en besos…
Porque quise mucho y no me han querido…
¡Por eso yo canto tan triste, por eso!

Malevito

Sos el mismo que allá por mi barrio
el botón dos por tres encaró,
porque había dicho al comisario
que piantarás de aquella sección.
Sos el mismo del negro pañuelo,
sos el mismo del saco cortón,
el del lustre aceitoso del pelo,
sos prepotente, haragán y matón.

Hoy parás en el Dominguez,
te vestís a la alta escuela,
jugás fuerte a la quiniela
y hasta San Carlos te vas.
Si caés a una carpeta
hacés temblar al banquero.
¡Parecés el Trust Joyero
por las joyas que cargás!

Cuando empiece a nevarte en el mate
y la línea entrés a perder,
si no has hecho como la hormiguita,
¡Malevito! Ahí te quiero ver,
sin amor, sin afecto, sin nada
que en el mundo te haga de puntal.
Malevito tal vez sea esa
la venganza del triste arrabal.

Canchero

Para el record de mi vida sos una fácil carrera
que yo me animo a ganarte sin emoción ni final.
Te lo bato pa’ que entiendas en esta jerga burrera
que vos sos una “potranca” para una “penca cuadrera”
y yo -¡che, vieja!- ya he sido relojiao pa’l Nacional…

Vos sabés que de purrete tuve pinta de ligero.
¡Era audaz, tenía clase, era guapo y seguidor!
Por la sangre de mi viejo salí bastante barrero
y en esa biaba de barrio figuré siempre primero
ganando muchos finales a fuerza de corazón.

El cariño de una mina que me llevaba doblao
en malicia y experiencia me sacó de perdedor.
Pero cuando estuve en peso y a la monta acostumbrado,
¡que te bata la percanta el juego que se le dio!

Ya, después, en la carpeta, empecé a probar fortuna
y muchas veces la suerte me fue amistosa y cordial…
Otras veces salí seco a chamuyar con la luna,
por las calles solitarias del sensiblero arrabal…

Me hice de aguante en la timba y corrido en la milonga,
desconfiao en la carpeta, lo mismo que en el amor…
Yo he visto venirse al suelo sin que nadie lo disponga
cien castillos de ilusiones, por una causa mistonga
y he visto llorar a guapos por mujeres como vos.

Ya ves, que por ese lado vas muerta con tu espamento…
Yo no quiero amor de besos, yo quiero amor de amistad.
Nada de palabras dulces, nada de mimos ni cuentos:
yo quiero una compañera pa’batirle lo que siento
y una mujer que aconseje con criterio y con bondad.

Corrientes Y Esmeralda

Amainaron guapos junto a tus ochavas
Cuando un cajetilla los calzó de cross
Y te dieron lustre las patotas bravas
Allá por el año… novecientos dos…

Esquina porteña, tu rante canguela
Se hace una melange de caña, gin fitz,
Pase inglés y monte, bacará y quiniela,
Curdelas de grappa y locas de pris.

El odeón se manda la real academia
Rebotando en tangos el viejo pigall,
Y se juega el resto la doliente anemia
Que espera el tranvía para su arrabal.

De esmeralda al norte, del lao de retiro,
Franchutas papusas caen en la oración
A ligarse un viaje, si se pone a tiro,
Gambeteando el lente que tira el botón.

En tu esquina un día, milonguita, aquella
Papirusa criolla que linnig mentó,
Llevando un atado de ropa plebeya
Al hombre tragedia tal vez encontró…

Te glosa en poemas carlos de la púa
Y el pobre contursi fue tu amigo fiel…
En tu esquina rea, cualquier cacatúa
Sueña con la pinta de carlos gardel.

Esquina porteña, este milonguero
Te ofrece su afecto más hondo y cordial.
Cuando con la vida esté cero a cero
Te prometo el verso más rante y canero
Para hacer el tango que te haga inmortal.

Muchacho

Muchacho que porque la suerte quiso
vivís en un primer piso
de un palacete central,
que pa’ vicios y placeres,
para farras y mujeres
disponés de un capital.
Muchacho
que no sabés el encanto
de haber derramado llanto
sobre un pecho de mujer;
y no sabés qué es secarse
en una timba y armarse
para volverse a meter;

que decís que un tango rante
no te hace perder la calma
y que no te llora el alma
cuando gime un bandoneón;
que si tenés sentimiento
lo tenés adormecido
pues todo lo has conseguido
pagando como un chabón.

Decime
si en tu vida pelandruna,
bajo la luz de la Luna
o si no bajo un farol,
no te has sentido poeta
y le has dicho a una pebeta
que ella es más linda que el Sol.

Decime
si conocés la armonía,
la dulce policromía
de las tardes de arrabal,
cuando van las fabriqueras
tentadoras y diqueras
bajo el sonoro percal…

Sentencia

La audiencia, de pronto se quedó en silencio:
de pie, como un roble,
con acento claro
hablaba el malevo.

Yo nací, señor juez, en el suburbio,
suburbio triste de la enorme pena,
en el fango social donde una noche
asentara su rancho la miseria.

De muchacho, no más, hurgué en el cieno
donde van a podrirse las grandezas…
¡Hay que ver, señor juez, cómo se vive
para saber después por qué se pena!

Un farol en una calle tristemente desolada
pone con la luz del foco su motivo de color…
El cariño de mi madre, mi viejecita adorada,
que por santa merecía, señor juez, ser venerada,
en la calle de mi vida fue como luz de farol.

Y piense si aquella noche, cuando oí que aquel malvado
escupió sobre sus canas el concepto bajo y cruel,
hombre a hombre, sin ventaja, por el cariño cegado,
por mi cariño de hijo, por mi cariño sagrado,
sin pensar, loco de rabia, como a un hombre lo maté.

Olvide usted un momento sus deberes
y deje hablar la voz de la conciencia…
Deme después, como hombre y como hijo,
los años de presidio que usted quiera…

Y si va a sentenciarme por las leyes,
aquí estoy pa’aguantarme la sentencia…
pero cuando oiga maldecir a su vieja,
¡es fácil, señor juez, que se arrepienta!

La audiencia, señores,
se ahogaba en silencio…
¡Llorando el malevo,
lloraba su pena
el alma del pueblo!

Cuando me entrés a fallar

He rodao como bolita de pebete arrabalero
y estoy fulero y cachuso por los golpes, ¿qué querés?
Cuantas veces con un cuatro a un envido dije ¡Quiero!…
y otra vez me fui a baraja y tenía treinta y tres.
Te conocí cuando entraba a fallarme la carpeta,
me ganaste con bondades poco a poco el corazón.
El hombre como el caballo, cuando ha llegado a la meta
afloja el tren de carrera y se hace manso y sobón.

Vos sos buena, no te alcanza ni el más mínimo reproche
y sos para mí una amiga desinteresada y leal,
una estrella en lo triste de mi noche,
una máscara de risa en mi pobre carnaval…
Vos me torciste la vida, te pusiste en mi camino
para alumbrarme con risas, con amor y con placer.
Y entré a quererte, por esa ley del destino
sin darme cuenta que estaba ya viejo para querer…

¿Viejo?…Porque tengo miedo que me sobrés en malicia.
¿Viejo?…Porque desconfío que me querés amurar.
Porque me estoy dando cuenta que fue mi vida ficticia
y porque tengo otro modo de ver y filosofar.
Sin embargo, todavía, si se me cuadra y me apuran
puedo mostrarle a cualquiera que sé hacerme respetar.
Te quiero como a mi madre, pero me sobra bravura
pa’hacerte saltar pa’arriba “Cuando me entrés a fallar”.

Atenti pebeta

Cuando estés en la vereda y te fiche un bacanazo,
vos hacete la chitrula y no te le deschavés;
que no manye que estás lista al primer tiro de lazo
y que por un par de leones bien planchados te perdés.

Cuando vengas para el centro, caminá junando el suelo,
arrastrando los fanguyos y arrimada a la pared,
como si ya no tuvieras ilusiones ni consuelo,
pues, si no, dicen los giles que te han echao a perder.

Si ves unos guantes patito, ¡rajales!;
a un par de polainas, ¡rajales también!
A esos sobretodos con catorce ojales
no les des bolilla, porque 1e perdés;
a esos bigotitos de catorce líneas
que en vez de bigote son un espinel…
¡atenti, pebeta!, seguí mi consejo:
yo soy zorro viejo y te quiero bien.

Abajate la pollera por donde nace el tobillo,
dejate crecer el pelo y un buen rodete lucí,
comprate un corsé de fierro con remaches y tornillos
y dale el olivo al polvo, a la crema y al carmín.
Tomá leche con vainillas o chocolate con churros,
aunque estés en el momento propiamente del vermut.
Después comprate un bufoso y, cachando al primer turro,
por amores contrariados le hacés perder la salud.

La Mariposa

No es que esté arrepentido
De haberte querido tanto;
Lo que me apena es tu olvido
Y tu traición
Me sume en amargo llanto.
¡si vieras! estoy tan triste
Que canto por no llorar…
Si para tu bien te fuiste
Para tu bien
Yo te debo perdonar.

Después de libar traidora
En el rosal de mi amor
Te marchas, engañadora,
Para buscar
El encanto de otra flor…
Y buscando la más pura,
La más linda de color,
La ciegas con tu hermosura

Para después
Engañarla con tu amor.

Aquella tarde que te vi
Tu estampa me gustó,
Pebeta de arrabal,
Y sin saber por qué yo te seguí
Y el corazón te di
Y fue tan sólo por mi mal.
Mirá si fue sincero mi querer
Que nunca imaginé
La hiel de tu traición…

¡qué solo y triste me quedé,
Sin amor y sin fe
Y derrotado el corazón!

Ten cuidado, mariposa,
De los sentidos amores…
No te cieguen los fulgores
De alguna falsa pasión
Perque entonces pagarás
Toda tu maldad,
Toda tu traición.

La Musa Mistonga

La musa mistonga de los arrabales,
La mistonga musa del raro lenguaje
Que abrevó en las aguas de los madrigales
Y al llegar al pueblo se tornó salvaje,
La que nada sabe de abates troveros
Que hilvanaron dulces endechas de amores
Pero que, por boca de sus cancioneros,
Conoce la vida de sus payadores.

La que nada sabe de los caballeros
De acción en las lides de los cintarazos,
Pero sabe casos de jugarse enteros
Un par de malevos a prueba de hachazos;
Que ignora la gloria de un día vivido
Bajo la fragante fronda de versalles,
Pero sale alegre cuando ha anochecido
A ver los muchachos jugar por las calles.

A ver cómo pasan felices parejas
Y se torna alegre la cara del ciego
Si escucha que hilvana sus canciones viejas
El buen organito que mentó carriego;
Que ignora la cuita de la princesita
Que pecó indiscreta con el rubio paje,
Pero que se apena porque milonguita
Ha dado un mal paso y llora su ultraje.

Que no se ha enterado que en una pavana
Se lucieron reyes de blasón y rango…
Su amigo, el malevo, hace filigranas
En el duro piso y al compás de un tango;
Al compás de un tango donde abreva ahora,
Para literarios implacables males,
En la suburbana paz evocadora,
La musa mistonga de los arrabales.

Íntima

En el chamuyo fácil sencillamente
Te dije mi amargura justa y sincera,
Esta pena que tengo continuamente
Golpeándome el tabique de la sesera.

No me gasté en aprontes porque mi labia
No sabe de encumbrada filosofía:
Te dije amargamente, pero sin rabia
Esta pena tan honda, pero tan mía.

Tal vez por sensiblera, por noble y buena
Te apenaste conmigo, luego serena
Me miraste a los ojos profundamente.
Y en un arranque noble porque fue humano
Sentí sinceramente no ser tu hermano
Y agradecerte el gesto mimosamente.

Lloró Como Una Mujer

Recitado:
Cotorro al gris. una mina
Ya sin chance por lo vieja
Que sorprenden a su garabo
En el trance de partir,
Una escena a lo melato
Y entre el llanto y una queja
Arrodillada ante su hombre
Así se lo oyó decir:

Me engrupiste bien debute con el cuento ‘e la tristeza,
Pues creí que te morías si te dejaba amurao…
Pegabas cada suspiro que hasta el papel de la pieza
Se descolaba de a poco hasta quedar descolgao.

Te dio por hacerte el loco y le pegaste al alpiste,
Te piantaron del laburo por marmota y por sobón…
Yo también al verte enfermo empecé a ponerme triste
Y entré a quererte, por sonsa, a fuerza de compasión.

Como quedaste en la vía y tu viejo, un pobre tano,
Era chivo con los cosos pelandrunes como vos,
Me pediste una ayuda entonces te di una mano
Alquilando un cotorrito por el centro pa’ los dos.

Allá como a la semana me mangaste pa’ cigarros,
Después pa’ cortarte el pelo y pa’ ir un rato al café;
Una vez que discutimos me tiraste con los tarros,
Que si no los gambeteo estaba lista, no sé…

Te empezó a gustar el monte y dejaste en la timba
Poco a poco la vergüenza, la decencia y la moral,
Como entró a escasear el vento me diste cada marimba
Que me dejaste de cama con vistas al hospital…

¿decime si yo no he sido para vos como una madre?
¿decime si yo merezco lo que me pensás hacer?

Bajó el bacán la cabeza y él, tan rana y tan compadre,
Besándole los cabellos lloró como una mujer.

Mala Entraña

Te criaste entre malevos,
Malandrines y matones,
Entre gente de avería
Desarrollaste tu acción;
Por tu estampa, en el suburbio
Florecieron los balcones,
Y lograste la conquista
De sensibles corazones
Con tu prestigio sentado
De buen mozo y de varón.

Mezcla rara de magnate
Nacido en el sabalaje,
Vos sos la calle florida
Que se vino al arrabal.
¡compadrito de mi esquina,
Que sólo cambió de traje!
Pienso, siempre que te veo
Tirándote a personaje,
Que sos mixto jaulero
Con berretín de zorzal.

Malandrín de la carpeta,
Te timbeaste de un biabazo
El caudal con que tu vieja
Pudo vivir todo un mes,
Impasible ante las fichas,
En las noches de escolaso
O en el circo de palermo,
Cuando a taco y a lonjazo
Te perdés por un pescuezo
La moneda que tenés.

Y es por eso que asentaste
Tu cartel de indiferente,
Insensible a los halagos
De la vida y al sufrir;
Se murió tu pobre madre,
Y en el mármol de tu frente
Ni una sombra, ni una arruga
Que deschavara, elocuente,
Que tu vieja no fue un perro,
Y que vos sabés sentir…

Pero al fin todo se acaba
En esta vida rastrera
Y se arruga el más derecho
Si lo tiran a doblar;
Vos, que sos más estirado
Que tejido de fiambrera,
Dios no quiera que te cache
La mala vida fulera,
Que si no, como un alambre,
Te voy a ver arrollar.

Si Se Salva El Pibe

Si se salva el pibe, si el pibe se salva
vas a ver la farra que vamos a dar
si Dios no permite que el pibe se vaya,
será fiesta patria en el arrabal.
Traeremos los pibes de todo el contorno
y así en una tarde repleta de sol
llenaremos toda la casa de adornos…
y daremos juntos las gracias a Dios…
No tienes que dejarlo salir con los muchachos,
en casa hay demasiado lugar para jugar,
ya ves lo que ha pasado, el muchachito bueno
cayó bajo las garras de la fatalidad.
Ya sé que tu no tienes ninguna culpa en esto,
no creas que es reproche, sino resignación,
si el pibe se nos salva, salvándose el muñeco,
verás como ésto, vieja, le sirve de lección.

Me contó mi madre que todos los chicos
tienen a su lado un ángel guardián.
Si así fuera cierto, el buen muchachito
por lindo y por santo, se debe salvar.
Y si Dios quisiera, llevárselo lejos…
parece que duerme, deja de llorar,
ya sabes que han dicho que no lo despierten,
si se salva el pibe, ¡si llega a sanar!

Pan

No encontramos nada.
Él sabe que tiene para largo rato,
la sentencia en fija lo va a hacer sonar,
así -entre cabrero, sumiso y amargo-
la luz de la aurora lo va a saludar.

Quisiera que alguno pudiera escucharlo
en esa elocuencia que las penas dan,
y ver si es humano querer condenarlo
por haber robado… ¡un cacho de pan!…

Sus pibes no lloran por llorar,
ni piden masitas,
ni chiches, ni dulces… ¡Señor!…
Sus pibes se mueren de frío
y lloran, habrientos de pan…
La abuela se queja de dolor,
doliente reproche que ofende a su hombría.
También su mujer,
escuálida y flaca,
con una mirada
toda la tragedia le ha dado a entender.

¿Trabajar?… ¿En dónde?… Extender la mano
pidiendo al que pasa limosna, ¿por qué?
Recibir la afrenta de un ¡perdone, hermano!
Él, que es fuerte y tiene valor y altivez.

Se durmieron todos, cachó la barreta,
se puso la gorra resuelto a robar…
¡Un vidrio, unos gritos! ¡Auxilio!… ¡Carreras!…
Un hombre que llora y un cacho de pan…

Pobre Gallo Bataraz

Carlos Gardel

No encontramos nada.
Pobre gallo bataraz,
se te está abriendo el pellejo.
Ya ni pa’ dar un consejo,
como dicen, te encontrás,
porque estás enclenque y viejo,
¡pobre gallo bataraz!

Pero en tus tiempos, cuidao
con hacer bulla en la siesta,
se te paraba la cresta
y había en la arena un finao.
Y siga nomás la fiesta
porque en tus tiempos, ¡cuidao!

Era de larga tu espuela
como cola de peludo.
Y a’más de ser entrañudo
eras guapo sin agüeria,
porque hasta el más corajudo
sintió terror por tu espuela.

Si en los días de domingo
había depositada,
ya estabas de madrugada
sobre el lomo de mi pingo.
Había que ver tu parada
pocas plumas el domingo.

Y si escaseaba la plata
o andaba medio tristón,
entre brinco y reculón,
me picabas la alpargata
como diciendo: Patrón,
ya sabe si anda sin plata.

Pobre gallo bataraz,
nunca te echaré al olvido.
Pimenton y maíz molido,
no te han de faltar jamás.
Porque soy agradecido,
¡pobre gallo bataraz!

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PRÓXIMO NÚMERO


132. Poesía más Poesía: Sarojini Naidu

SAROJINI NAIDU

BIOGRAFÍA

Sarojini Chattopadhyay (después se llamaría Sarojini Naidu por el apellido del marido) nació el 13 de febrero de 1879 en Hyderabad (es la capital del estado de Telengana en el sur de la India) y murió en Lucknow, 2 de marzo de 1949.

Su padre,  Aghore Nath Chattopadhyay, era doctor en Ciencias por la Universidad de Edimburgo. Fue un científico y filósofo que ayudó a fundar Nizam College, donde se desarrolló como director hasta que fue destituido por sus actividades políticas.

La madre de Sarojini,  Barada Sudari Deli era poeta y escribía poesía en bengalí y sánscrito.
La familia de Sarojini Naidu pertenecía a una familia de brahmanes Kulin bengalí.
Los padres de Naidu fundaron la primera escuela para niñas en Nampally y trabajaron por los derechos de las mujeres en la educación y el matrimonio.
Sarajoni era la mayor de ocho hermanos. Uno de sus hermanos, Birendranath fue un activista que trabajó para la revuelta pro-alemana y anti-británica en la India durante la Primera Guerra Mundial. Otro hermano, Harindranth, fue poeta, dramaturgo y actor. Su hermana Sunalini Devi llegó a ser bailarina y actriz y Suhashini Devi fue una activista comunista.

Sarojini creció hablando Urdu, bengalí e inglés. A los doce años, en 1891, fue aceptada en la Universidad de Madras. Alcanzó fama nacional cuando superó el examen de matriculación en la universidad. Su padre quería que estudiara matemáticas, pero ella se inclinaría más por otros menesteres y por la poesía. Como anécdota señala que una vez estaba trabajando en un problema de álgebra y como no podía encontrar la solución, decidió tomar un descanso y en el mismo libro escribió un poema de 1300 líneas, “La dama del Lago”. En ese mismo año le publicaron su primer libro de poemas en persa Maher Munveer, que impresionó por su belleza al Nawal de Hyderabad. Lo escribió en la lengua persa. Sarojini es conocida con el sobrenombre de “El ruiseñor de la India”.

Cumplidos los dieciséis años, continuó sus estudios en Inglaterra en el Kings, College de Londres, después de concederle una beca para estudiar en el extranjero. Pasó al poco tiempo al Girton de Cambrige, donde estudia diversas lenguas. Conoció a famosos premios de su tiempo como Arthur Symons y Edmond Gosse. Se involucró en algunas de las actividades del sufragio femenino.
Cuando ella era estudiante, su padre se manifestaba a favor de la independencia de India y fue encarcelado.

A los diecinueve años, estudiando en la Universidad conoció al Dr. Govindarajulu Naidu, un no-brahmán y médico de profesión, y se enamoró de él. Después de terminar sus estudios a la edad de 19 años, se casó con él durante el tiempo en que los matrimonios entre castas no estaban permitidos. A su padre, que era una persona de pensamiento progresista, no le importaba lo que otros dijeran. Contraer matrimonio de esas características en aquella época en la India era un crimen, pero la familia de Sarojini aceptó la unión. Tuvieron dos hijas y dos hijos.

Dr Muthyala Govindarajulu Naidu (deceased) - Genealogy
Dr Muthyala Govindarajulu Naidu y Sarojini Naidu

En 1905 publica El Umbral de Oro, con gran número de lectores indios e ingleses.

Se integra al movimiento del Congreso Nacional Indio (CNI), liderado por Mahatma Gandhi, que buscaba la independencia del dominio británico por medio de la desobediencia civil no violenta. Sarojini se vio atraída por la causa después de la partición de Bengala en 1905.

Conoció a Gopal Krishna, líder político liberal, quien le indicó a su hijo que usara la poesía de Sarojini para revitalizar la pasión por la independencia entre las masas. Publica en ese mismo año una primera edición de poemas: The Garden Thureshold.
En 1912 publica El pájaro del tiempo y El ala rota: Canciones de amor, la muerte y la primavera, entre ellos “The Gift of India”, cuya primera lectura en público fue en 1915.

Comienza en 1915 un viaje de tres años a través de toda la India realizando conferencias sobre feminismo, bienestar social, emancipación y nacionalismo, intentando sacar a la mujer india del oscurantismo en que estaba sumida e intentando emancipar al mayor número de mujeres.

Naidu (de pie a la derecha) con MK Gandhi y Charlie Chaplin en Londres, 1931

Conoció a Mahatma Gandhi en 1916 y dirigió totalmente sus energías a la lucha por la libertad. Ella era como un general del ejército vertiendo el entusiasmo entre los corazones de los indios. La independencia de la India se convirtió en el corazón y el alma de su obra.

La lucha en India por lograr su independencia de Gran Bretaña – Blog de  Exordio

En 1917 fundó la Asociación de Mujeres Indias (WIA), entidad que buscaba el derecho a voto y ocupar cargos legislativos. Sarojini despertó a las mujeres de la India y las sacó de la cocina. Junto a Annie Besant y otros, reclamaron los derechos de la mujer en el Congreso Nacional de la India en 1918. Regresó a Londres en mayo de 1918 para hablar ante un comité que estaba trabajando en la reforma de la Constitución de la India. Ella y Annie Besant abogaron por el voto de las mujeres.
En 1917 publica Muhammad Jinnah: Un embajador de la Unidad.
En 1918, publica Fiesta de la Juventud.
En 1919 participa en  la lucha pacífica del Mahatma Gahndi por la independencia de su país permaneciendo a su lado hasta conseguir la ansiada libertad, en el Movimiento de la No-Cooperación organizado y liderado por Gahndi.

Gahndi fundó este movimiento en respuesta a la Ley Rowlatt aprobada por los británicos, por la que los británicos querían negar lo derechos civiles a los indios. En ese mismo año fue designada Sarojini embajadora de la autonomía de la Liga de Inglaterra.
Conseguida la independencia, Sarojini Naidu es elegida como la primera mujer en presidir el Congreso Nacional Indio, luego sería gobernadora del estado de Uttat Pradish. Fue la primera mujer en obtener un cargo de esas características.

Con Mahatma Gandhi

En 1924 fue nombrada delegada del movimiento nacionalista moderno del este de África.
En 1925, ya elegida presidenta del CNI (Congreso Nacional Indio) siendo la primera mujer en ocupar el cargo, presidió la cumbre del Congreso de Kampur.
En 1928 llegó a Estados Unidos con el mensaje del movimiento de no-violencia de Gandhi.
En 1930 Gandhi fue arrestado, y ella tomó el timón del movimiento.
En 1931 participó en la Cumbre de Mesa rendonda junto con Gandhi y Malaviyaji Pundit (reformador educativo y político indio notable por su papel en el movimiento de independencia de la India )
En 1942 fue encarcelada también por su liderazgo en la revolución pacífica “Quit India”. Estuvo encarcelada durante dos años con Gandhi. Después de ser liberada presidió el Comité Directivo de la Conferencia de Relaciones asiáticas. Continuó trabajando, escribiendo y defendiendo la independencia de India. Se logró en 1947

Mahatma Gandhi y Sarojini Naidu en la sesión del AICC de 1942

En 1943 publica póstumamente La flauta cetro: Songs of India, Allahabad: Kitabistan .

En 1947, poco antes de proclamar al independencia de Gran Bretaña, el gobierno de nueva Delhi adoptó la Tiranga (bandera de India) como enseña nacional de la India. Sarojini diría que “ bajo esta bandera, no existen diferencias entre los príncipes y los campesinos, entre los ricos y los pobres, entre los hombres y las mujeres”. Ha de tenerse en cuenta que en esta país convivían la democracia y el tradicional sistema de castas –o varnas– formado por los brahmanes (sacerdotes), chatriyas (guerreros), vaishiyas (comerciantes) y sudras (campesinos y artesanos), dejando fuera de este orden a los parias.

Continuó trabajando y escribiendo, muriendo el dos de Marzo de 1949 de un ataque al corazón mientras trabajaba en su despacho. Su hija Padmaga continuó su labor y publicó y editó en 1961 la obra póstuma de la colección de poemas de Sarojini Naidu: “The Feather of The Dawn” .

Sarojini Naidu con la princesa de Nabha y su hija

Poetisa, defensora de los derechos civiles, de la emancipación femenina y anti-imperialista, fue una gran patriota, política, oradora y administradora. Se podría decir que es una de las mujeres más destacadas de la India. Incluso en su cumpleaños se celebra el “Día de la Mujer.”

Mahashree Arvind, Rabindranath Tagore y Jawaharlal Nehru fueron algunos de los miles de admiradores de su obra. Sus poemas tenían palabras en inglés, pero un alma india.

Una de sus célebres citas es : “Cuando hay opresión, lo único que se respeta es levantarme y decir que esto cesará hoy, porque mi derecho es la justicia.”

POEMAS

A UN BUDA SENTADO EN UN LOTO

Señor Buda, en tu trono de Loto,
con ojos suplicantes y manos jubilosas,
¿qué éxtasis místico posees,
inmutable y fundamental?
 
El viento del cambio para siempre sopla
a través del tumulto de nuestro camino,
Los dolores nonatos del mañana deponen
las penas de nuestro ayer,
el sueño produce el sueño
contienda sigue a contienda
y la muerte desteje las telas de la vida.
 
Para nosotros el trabajo y el calor.
los secretos rotos de nuestro orgullo,
las lecciones arduas de la derrota,
la flor aplazada, el fruto negado;
pero no la paz, ganada supremamente,
señor Buda, en tu trono de loto.
 
Con manos fútiles queremos ganar
Nuestro deseo inaccesible,
queremos obtener cimas más divinas,
con fe que se hunde y pies que se cansan.
Pero nada conquistará ni controlará
el hambre de nuestra alma, dirigida
hacia el cielo.
 
El final, evasivo y lejano,
aún nos tienta con su vuelo insinuante,
y todos nuestros momentos mortales son
una sesión del infinito.
¿Cómo alcanzaremos el grande y desconocido
Nirvana de tu trono de loto?
 

EL LOTO

a Gandhi
 
¡Oh místico loto sagrado y sublime,
inviolado en la gracia de tus mil petálos,
dominando las nubes pasajeras del trágico destino,
profundamente arraigado en el corazón de la eternidad!
 
¡Cuántas huestes de abejas salvajes
de apetitos insaciables,
procedentes de varios países lejanos,
cuántos vientos hambrientos
de alas de esperanza o de odio,
se han amontonado en torno de tu belleza milagrosa
para devastar su encanto,
para extinguir el arrobamiento más íntimo
de tu glorioso corazón!
 
¿Mas quién podría conquistar su secreto?
¿Quién podría alcanzar tu belleza sin edad?
¡Oh tú que coexistes
con el señor de la vida y de la muerte!
 

SALUTACIÓN A LA PAZ ETERNA

Dicen los hombres que el mundo está lleno
de miedo y odio, oscuros,
y que todos los campos de cosecha maduros
aguardan la hoz inquieta de los tiempos duros.
 
Yo, Alma dulce, de haber nacido, siento placer
cuando desde las terrazas de maíz, que no deja de crecer,
veo las oropéndolas doradas de tu amanecer.
 
¿Me importa el deseo y el orgullo?
¿A mi que sé de las alas de plata que brillan
y se deslizan al acaso…
las palomas mensajeras de tu ocaso?
¿Qué me importan las sonoras fatigas
a mí, que sueño con graneros umbríos…
mientras tú sigas
bendiciéndolos con gavillas finas de melosos
silencios-espigas?
 
Di… ¿acaso atenderé a fastidiosos presagios
de la edad futura o temeré la rumoreada soledad
el horror mudo y mítico de la tumba,
la oscuridad?
 
Pues mi corazón alegre está borracho e impregnado de ti, siente…
¡Oh el más intenso vino del éxtasis viviente!
¡Oh, íntima esencia de eternidad, más allá de la presente! 
 

LA PLEGARIA DEL ALMA

En el orgullo de la infancia yo te dije:
oh tú, que me hiciste de tu aliento,
Habla, maestro, y revélame
tus leyes más internas de vida y de muerte.
 
Dame a beber cada goce y dolor
que tu mano eterna puede conocer,
pues mi alma insaciable consumiría
lo más amargo de la Tierra, y lo más dulce.
 
No me ahorres bienaventuranza ni ramalazo de contienda,
no me niegues ningún regalo o pena, te lo ruego,
la sabiduría intrincada del amor y de la vida
y el conocimiento místico de la sepultura.
 
Señor, tú me respondiste austero y en voz baja:
“Niña voy a atender a tu plegaria,
y tu alma inconquistada conocerá
todos los éxtasis y las desesperaciones
apasionadas.”
 
“Beberás profundamente júbilo y fama,
y el amor te quemará como fuego,
y el dolor te limpiará como una llama,
para pagar los deshechos de tu deseo.”
 
“Y así tu espíritu casto anhelará
liberarse de su ciega plegaria,
y extenuado y perdonado, hará pleito
para aprender
el simple secreto de mi paz.”
 
“Yo, doblándome desde mi altura siete veces,
te enseñaré de mi gracia animada;
la vida es un prisma de mi luz
y la muerte la sombra de mi cara.” 
 

PECADOS DE MUJER

Perdonadme el pecado de mis ojos
-oh amor mío- si han osado por un instante
invadir el querido santuario de vuestro rostro
con delicias. Delicias ardientes e insistentes
como las aves salvajes e intrépidas
que recorren el elevado templo de los cielos.
 
Perdonadme el pecado de mis manos
si acaso han sido demasiado atrevidas
en su palpitante deseo de acariciar
vuestra carne, estrecharos -oh amor mío-
y colmaros de dones
tan innumerables como las arenas
¡Oh perdonad el pecado de mis manos!
 
Perdonadme el pecado de mi boca
oh amor mío, si os ha ofendido
con silencio o un canto inoportunos,
si os ha acometido y oprimido
y se ha apoderado de vuestros labios,
¡oh perdonadme el pecado de mi boca!
 
Perdonadme el pecado de mi corazón
si él ha transgredido contra voz.
Si ha intentado cautivar o violentar nuestro amor
para apaciguar su llama
para consolar su hambre,
para aliviar su dolor
de su hondo pesar.
¡Oh perdonad el pecado de mi corazón! 
 

CAPRICHO

 Teníais una flor salvaje en la punta de vuestros dedos;
despreocupadamente la habéis llevado a los labios
indiferentes,
despreocupadamente habéis desgarrado su
corola purpúrea.
¡Ay de mí! Era mi corazón.
 
Teníais una copa de vino en la punta de vuestros dedos;
la habéis llevado a labios indiferentes.
Ligeramente la habéis bebido,
ligeramente la habéis arrojado.
¡Ay de mí! Era mi alma. 
 

ANOCHECER EN LA CIUDAD DE HYDERABAD


Ve cómo el cielo gemado con ascuas de peridoto
y ópalo toma
un aspecto raro y arde como el cuello de una
paloma.
 
Mira el río blanco que fulgura en Hyderabad,
curvado como un colmillo de la boca
 de las puertas de la ciudad.
 
Oye, desde el minarete, cómo sobre la muralla
de la ciudad el muecín flota como bandera de batalla.
 
Tranquilos elefantes, balanceando sus campanas de plata,
Dan vueltas por tortuosas veredas;
las campanas
cuelgan de cadenas de plata.
Alrededor del alto Char Minar sonidos de alegres cabalgatas
se mezclan con la música de címbalos y serenatas.
 
Sobre el puente de la ciudad la noche viene majestuosa,
llevada como una reina a una fiesta suntuosa.
 

EL RIVAL DE LA REINA

La reina Gulnaar se sentó en su cama de ébano
Alrededor de ella estaban esparcidos incontables tesoros

Las paredes de su cámara estaban ricamente incrustadas
Con ágata, granito, ónix y jade;

Los tejidos que velaban su delicado pecho
Resplandecían con los tonos de una cresta de un avefría

Pero aún así ella se miraba en el espejo y suspiraba
“Oh Rey, mi corazón está insatisfecho”.

El Rey Feroz se inclinó desde su sillón de ébano
  “No fue cumplido tu último deseo, Oh cariño?”

“Hable tu boca y mi vida se derrochará
En aclarar el cielo del descontento”

“Estoy cansada de mi belleza, cansada de
Este esplendor vacío, de esta dicha sin sombra”;

Con nadie a quien envidiar ni contradecir
Ni mi sueño ni mi día tienen sabor ni sal

La reina Gulnaar suspiró como una rosa susurrante
“Dame una rival, Oh Rey Feroz”.


II
El Rey Feroz dijo a su jefe El Vizir
“ Eh, antes del amanecer de mañana estate aquí

Envía de ahora en adelante mis mensajeros allende los mares
Para buscar siete novias bellas para mí,

Radiantes de rasgos, majestuosas de semblante
Encuentra siete sirvientas para la Reina Persa”
…..

Siete nuevas mareas de lunas al llamado de la Tarde
El rey Feroz condujo hasta la habitación de la Reina Gulnaar

Una reina joven mira como la estrella de la mañana
“Te traigo un rival, Oh Reina Gulnaar”

Pero aún así, ella se miró en el espejo y suspiró:
“ Oh Rey, mi corazón está insatisfecho”.

Siete reinas brillaron en torno a su cama de ébano
Como siete gemas blandas en un hilo de seda

Como siete lámparas hermosas en una torre real
Como siete pétalos luminosos de la flor de la Belleza

La reina Gulnaar suspiraba como una rosa susurrante:
“ Donde está mi rival, Oh Rey Feroz?”

III
Cuando los vientos de la primavera despertaron las inundaciones de la montaña
Y encendieron la llama de los capullos de los tulipanes

Cuando las abejas hablaron alto y los días se alargaron
Y los durazneros emocionaron a la canción de la oropéndola.

La reina Gulnaar se sentó en su cama de ébano
Engalanando con joyas su cabeza exquisita;

Y aún así se miró en el espejo y suspiró:
“ Oh Rey, mi corazón está insatisfecho”.

La hija de la Reina Gunsaar de dos primaveras de edad
Con vestidos azules bordados con borlas de oro.

Entró corriendo hacia sus rodillas como un mágico bosque
Y arrancó de sus manos el espejo.

Con rapidez, se echó encima de sus propios bucles claros
La coronilla con terminaciones de perlas de su madre

En un instante se encaprichó
Y apretó el espejo con un alegre y apresurado beso.

La Reina Gulnaar se rio como una rosa temblorosa.
“ Aquí está mi rival, Oh Rey Feroz”.

EN LOS BAZARES DE HYDERABAD 

En los bazares de Hyderabad 
¿Qué vendes, oh vosotros los comerciantes? 
Ricamente sus mercancías se muestran, 
Turbantes de carmesí y plata, 
Túnicas de brocado púrpura, 
Espejos con paneles de ámbar, 
Dagas con empuñaduras de jade. 

¿Cuánto pesas, oh vosotros los vendedores? 
Azafrán y lentejas y arroz. 
¿Qué moler, oh doncellas tenéis? 
Sándalo, henna y especias. 
¿Cómo se llama, oh vosotros los vendedores ambulantes? 
Piezas de ajedrez y dados de marfil. 
¿Qué hacer, oh orfebres tenéis? 
Pulsera y tobillera y el anillo, 
Campanas para los pies de palomas azules, 
Frágil como el ala de una libélula, la 
Fajas de oro para los bailarines, 
Vainas de oro para el rey. 

¿Qué quieres llorar, oh fruitmen? 
Limón, granada y ciruela. 
¿Qué es lo que usted juega, músicos O? 
Cítara, sarangi y el tambor. 
¿Qué cantas, magos O? 
Hechizos para los eones por venir. 

Lo que se hace tejer, ¡Oh vosotros de flores las niñas? 
Con borlas de azul y rojo? 
Coronas para la frente de un novio, 
Rosarios a Garland su cama, 
Hojas de flores blancas recién recogidas 
Para perfumar el sueño de los muertos.

 A LOVE SONG DEL NORTE

Dime no más de tu amor, papeeha, 
Tú habrías recordar a mi corazón, papeeha, 
Los sueños de felicidad que se han ido, 
Cuando veloz a mi lado venían los pies de mi amante 
¿Con las estrellas del anochecer y el amanecer? 
Veo las alas suaves de las nubes sobre el río, 
Y enjoyada con gotas de lluvia la aljaba de mango y hojas, 
Y tierna flor ramas en el llano ….. 
Pero ¿qué es la belleza para mí, papeeha, 
Belleza de la flor y ducha, papeeha, 
Eso no trae mi enamorado otra vez? 
Dime no más de tu amor, papeeha, 
Tú quisiste revivir en mi corazón, papeeha 
¿Luto por la alegría que se ha ido? 
Oigo el pavo real brillante en los bosques relucientes 
Llora a su compañero en la madrugada; 
Oigo el koel negro del trémulo lento cortejo, 
Y dulce en los jardines de la convocatoria y arrullos 
De bulbul apasionado y paloma …. 
Pero ¿cuál es su música para mí, papeeha 
Cantos de la risa y el amor, papeeha, 
Para mí, ¿has abandonado el amor? 

ALABASTRO

¿Te gusta esta caja de alabastro cuyo arte 
Es frágil como una flor de casia?, es mi corazón, 
tallado con sueños delicados y forjado 
Con más de un pensamiento sutil y exquisito. 

En eso valoro el sabor y olor 
De recuerdos ricos y apasionados 
Al igual que los olores de canela, sándalo y clavo de olor, 
De la canción y el dolor, la vida y el amor. 
  

CANCIÓN DE OTOÑO

Como una alegría en el corazón de una pena, 
La puesta del sol se cuelga en una nube; 
Una tormenta de oro de las poleas brillantes, 
De hojas justas y frágil y revoloteando, 
El viento sopla salvaje en una nube. 

Escucha una voz que llama 
A mi corazón en la voz del viento: 
Mi corazón está cansado y triste y solo, 
Por sus sueños como las hojas revoloteando han ido, 
¿Y por qué me quedo atrás? 
  

COROMANDEL FISHERS

El viento está dormido en los brazos de la aurora, como un niño que ha llorado toda la noche. 
Ven, vamos a recoger nuestras redes desde la orilla y configurar nuestros catamaranes libres, 
Para capturar la riqueza saltando de la marea, ¡ya que somos los reyes del mar! 

Ya no se demora, apresurémonos a la distancia en la pista de la llamada de la gaviota de mar, 
El mar es nuestra madre, la nube es nuestro hermano, las olas son nuestros compañeros todos. 

Dulce es la sombra del claro de coco, y el olor de la arboleda de mangos, 
Y dulces son las arenas en el pleno de la luna con el sonido de las voces que amamos; 
Pero más dulce, Oh hermanos, es el beso que pulveriza y la danza de la alegría de la espuma salvaje; 
Fila, hermanos, de una hilera al borde del borde, donde los compañeros del cielo están bajo el mar. 

DAMAYANTE A NALA EN LA HORA DEL EXILIO 

¿Dejarás de ser conquistada de un destino humano 
Mi señor, mi amante, cuya cabeza imperial 
 jamás se inclinó en la tristeza de la derrota? 
¿Serás vencido, cuyo pie imperial 
 es tener ejércitos destrozados e imperios estampados de muertos? 
¿Quién será de ti, marido de una reina? 
Usas tu majestad inviolable. 
Glorias de la Tierra huir de ojos invisibles humanos, 
Reinos de la Tierra se decoloran a un sueño recordado, 
Pero lo sucesivo para ti será un poder supremo, 

 Comando y el dominio rico, 
Los vientos tus mensajeros y todos tus vasallos 
Los planetas de plata con cinturón y el sol. 
dónde está el resplandor de tu próximo otoño, 
Será que para ti amanecerá su propagación de bayetas de azafrán, 
El ocaso de sus copas moradas y rojas, 
En apretado esplendor, y la noche se despliega…
Su oscuridad de terciopelo labrado con oro estrellado 
Por regia vestidura suave 
Mi pelo se trenza de tus mejillas, como una corona 
De zafiros, y mi beso en tus cejas 
 te calma como la música al reposo, 
Hasta el homenaje da de ti el rendimiento de su luz. 

Oh rey, venga tu reino,¿ qué de ti puede arrebatar? 
¿Qué destino sin corona se atreverá a este pecho, 
O dios nacido amante, a quien mi amor doy ceñir 
Y armadura con deleite inexpugnable 
De triunfante ganas de esperanza llama tallada espada? 

HARVEST HYMN

Hombre Voces: 

Señor del loto, Señor de la mies, 
Señor Bright y generoso de la mañana! 
Tuya es la recompensa que prosperó nuestra siembra, 
Tuya es la recompensa que nutre nuestro maíz. 
Nosotros te introdujimos nuestras canciones y nuestras guirnaldas para el tributo, 
El oro de nuestros campos y el oro de la fruta; 
Dador de la maduración resplandor, te saludamos, 
Nosotros te alabamos, oh Surya, con platillos y flauta. 

Señor del arco iris, Señor de la mies, 
!Gran señor y bienhechor de la principal! 
Tuya es la misericordia que nuestra querida surcos, 

Tuya es la misericordia que fomenta nuestro grano. 
Nosotros te llevará a ti nuestro agradecimiento y nuestras guirnaldas para el tributo, 
La riqueza de nuestros valles, recién cosechado y madura; 
O remitente de la lluvia y al rocío del, te saludamos, 
Nosotros te alabamos, Varuna, con platillos y tubería. 

Mujeres Voces: 

Reina de la flor de calabaza, reina de la har-chaleco, 
Dulce madre y omnipotente, oh tierra! 
Tuyo es el seno abundante que nos alimenta, 
Tuyo es el seno donde nuestras riquezas han nacimiento. 
Nosotros te llevará a ti nuestro amor y nuestras guirnaldas para el tributo, 
Con los regalos de tu acción opulento hemos venido; 
Oh fuente de nuestra alegría colector, te saludamos, 
Nosotros te alabamos, oh Prithvi, con platillos y el tambor. 

Todas las voces: 

Señor del Universo, Señor de nuestro ser, 
Padre eterno, inefable Om! 
Tú eres la Semilla y la Guadaña de nuestras cosechas, 
Tú eres nuestras manos y nuestro corazón y nuestro hogar. 
Nosotros te introduzca nuestras vidas y nuestros trabajos para el tributo, 
Danos tu socorro, tu abogado, tu atención. 
Oh Vida de toda vida y toda bendición, te saludamos, 
Nosotros te alabamos, oh Bramha, con platillos y oración 

ELOGIO DE LA HENNA

A Kokila llama desde un henna-spray: 
Lira! liree! Lira! liree! 
Date prisa, doncellas, acelerar lejos 
Recoger las hojas del árbol de la leña. 
Envíe sus lanzadores a flote de la marea, 
Reúna las hojas antes de la madrugada el ser viejo, 
Muelen en morteros de ámbar y oro, 
Las hojas frescas verdes del árbol de henna. 

A kokila llama desde un henna-spray: 
Lira! liree! Lira! liree! 
Apresúrate doncellas, acelerar lejos 
Recoger las hojas de la alheña-tree. 
El rojo tilka por la frente de la novia, 
Y la nuez de betel rojo de los labios que son dulces; 
Pero, por lirio-como los dedos y los pies, 
El rojo, el rojo de la henna-tree. 

UNA CANCIÓN DE AMOR RAJPUT

(Parvati en su red) 
O Amor! ¿Eras albahaca corona para enredar 
entre mis cabellos, 
Un broche enjoyado de oro brillante de unirse en torno a la manga, 
O Amor! fuiste el alma keora que persigue 
mi vestido de seda, 
Una borla brillante, bermellón en las fajas que tejen; 

O Amor! fuiste el ventilador perfumado 
que se encuentra en mi almohada, 
Una lámpara de laúd sandalia, o plata que se quema antes de mi santuario, 
¿Por qué he de temer el amanecer celoso 
que se propaga con la risa cruel, 
Triste velos de separación entre su cara y la mía? 

Prisa, ¡Oh abeja silvestre horas, a los jardines de la puesta de sol! 
Vuela, salvaje loro, día, a las huertas del oeste! 
Ven, noche tierna, con su dulce, 
consolando a la oscuridad, 
¡Y traerme mi amado a la sombra de mi pecho! 

(Amar Singh en la silla de montar) 
O Amor! fuiste el halcón encapuchado en mi mano 
que revolotea, 
Su cuello banda de campanas relucientes una red como me paseo, 
O Amor! fuiste un turbante en spray o 
flotando garza de plumas, 
El radiante, espada veloz, invicto 
que mundano a mi lado; 

O Amor! fuiste un escudo contra la 
flechas de mis enemigos, 
Un amuleto de jade contra los peligros del camino, 
¿Cómo deben los golpes de tambor de la madrugada 
dividir mí de su seno, 
O la unión de la media noche se terminó con el día? 

Prisa, oh salvaje ciervos horas, a los prados de la puesta del sol! 
Vuela, día semental salvaje, a los pastos del oeste! 
Ven, oh noche tranquila, con su suave, 
consintiendo la oscuridad, 
Y me llevan a la fragancia de mi Amado pecho! 

MOLINOS DE MAÍZ

Oh pequeño ratón, ¿por qué  lloras
Mientras las estrellas ríen felices en el cielo? 

¡Ay! ¡ay! mi señor ha muerto! 
Ah, que aliviará mi dolor amargo? 
Fue a buscar un grano de mijo 
En cobertizo granero del granjero rico; 
Lo atraparon en una trampa con cebo, 
Y mató a mi amante inconsciente: 
¡Ay! ¡ay! mi señor ha muerto. 

O ciervo pequeño, ¿por qué has gemido, 
escondido en tu bosque solo? 

¡Ay! ¡ay! mi señor ha muerto! 
¡Ah! que calmar mi lamento? 

En la caída del atardecer se fue 
Para beber junto al río de cabeza; 
Un cazador que espera lanzó su dardo, 
Y golpeó mi amante a través del corazón. 
¡Ay! ¡ay! mi señor ha muerto. 

Novia Oh pequeño, ¿por qué lloras 
Con todo el mundo contento dormido? 

¡Ay! ¡ay! mi señor ha muerto! 
Ah, quién se quedará estas lágrimas que padecen hambre, 
O aún la falta de años famélicos, 
¿Y la corona con amor mi lecho nupcial? 
Mi alma arde con el fuego inextinguible 
Eso encendió la pira funeral de mi amante: 
¡Ay! ¡ay! mi señor ha muerto. 

ÉXTASIS

Cubre mis ojos, oh mi amor! 
Mis ojos que están cansados ​​de la felicidad 
A partir de la luz, que es conmovedor y fuerte 
O silenciar mis labios con un beso, 
¡Mis labios que están cansados ​​de la canción! 
Refugio de mi alma, oh mi amor! 
Mi alma se inclinó con el dolor 
Y la carga de amor, como la gracia 
De una flor que está enamorada de lluvia: 
!O albergan mi alma de tu cara! 

HUMAYUN PARA ZOBEIDA (Del Urdu) 

Usted alarde de su belleza en la rosa, su gloria en la madrugada, 
Su dulzura en el ruiseñor, la blancura de los cisnes. 

Usted ronda mi vigilia como un sueño, mi sueño como una luna, 
Impregna en mí como un olor almizclado, me posee como una melodía. 

Sin embargo, cuando estoy ansiosa de ti, mi dulce y gracia de un momento tan delicado, el 
Usted grita: “Estoy sentada detrás del velo, no puedo mostrar mi cara.” 

¿Si hubiere algún velo, tonto dividir mi anhelo de mi felicidad? 
¿Deberá cualquier cortina ocultar su belleza frágil de mi beso? 

¿Qué es esta guerra de ti y de mí? Dar o ver la lucha sin sentido, 
Ustedes son el corazón dentro de mi corazón, la vida dentro de mi vida. 

EN SALUDO A LA PAZ ETERNA

Los hombres dicen que el mundo está lleno de miedo y odio, 
Y toda la vida madura la cosecha de los campos espera 
la hoz, inquietos del destino implacable. 

Pero yo, alma dulce, me alegro de mi nacimiento
cuando desde las terrazas de escalada de maíz 
Miro las oropéndolas de mañana.

¿Qué me importa el deseo del mundo y el orgullo?
¿Quién conoce las alas plateadas que brillan y se deslizan, 
Las palomas mensajeras de tu atardecer? 

¿Qué me importa el cansancio fuerte del mundo?
¿Quién sueña en los graneros el crepúsculo?¿Haces que bendiga 
con gavillas delicadas de suaves silencios? 

Oye, voy a prestar atención aburrido de presagios de la fatalidad, 
¿O temen la soledad y la tristeza, se rumorea, 
el terror mudo y mítico de la tumba? 

LA ORACIÓN DEL ALMA

En el orgullo de la infancia te dije
‘¡Oh Tú, que me mandaste tu aliento, 
Habla, Maestro, y revélame 
Tus leyes más íntimas de la vida y la muerte. 

Dame de beber cada alegría y el dolor,
el cual tu mano eterna puede impartir, 
por mi alma insaciable ,puede drenar 
de la Tierra suma amargo, dulce máximo. 

Ahórrame ninguna felicidad, ninguna punzada de la contienda, 
Retener ningún don o la pena que anhelo, 
El intrincado saber del amor y de la vida 
Y el conocimiento místico de la tumba. 

Señor, tú hiciste respuesta severa y baja: 
“Hijo, me escuchan a tu oración, 
Y tu alma invicta conocerán 
Todo éxtasis apasionado y desesperación. 

‘Tú beber profundamente de la alegría y la fama, 
y el amor de ti se quema como un fuego, 
Y el dolor de ti se limpiará como una llama, 
Para purgar la escoria de tu deseo. 

‘Así será tu espíritu escarmentado
anhelar, recabar de su lanzamiento oración ciega, 
y pasó y perdonado, demandar a aprender 
El simple secreto de mi paz. 

Yo, flexión de mi altura por siete, 
siempre te enseñará de Mi gracia aceleración, 
La vida es un prisma de mi luz
y muerte en la sombra de mi cara “. 

PARA MIS HIJOS

Surya Jaya 

Sol de oro de la victoria, nacido 
en la mañana sin nubes de mi vida, 
en mi cielo ondulante de amor.
Que tu gloria creciente se muestre
sagrada a su consagración, 
a mi corazón y a mi nación. 
Sol de la victoria, que puede ser 
el sol de la canción y de la libertad. 

PADMAJA 

Lotus-doncella, que afirman que 
toda la dulzura de su nombre, 
Lakshmi, la reina de la fortuna, te defiende, 
nacida del loto como usted, y le envíe 
lunas balsámicas de amor que te bendiga, 
Amable alegría vientos acariciaros. 
Lotus-doncella, que puede ser 
fragante de todos éxtasis. 

RANADHEERA 

Pequeño señor de batalla, granizo. 
¡En su correo recién templado! 
Aprender a vencer, aprender a luchar 
aparece en las principales flancos de derecha, 
los héroes de igual Valmiki negrita, 
rubíes ceñido en oro épica. 
Señor de la batalla, que puede ser, 
Señor del amor y la caballerosidad. 

LILAMANI 

Límpida joya de deleite 
separado de la licitación,
noche de su encubrimiento
madre mía.
Salto y chispa, danza y brillo, 
alegremente, y estableció firmemente 
en la corona mágica de amor. 
Joya viviente, puede ser
la risa unida y libre de dolor. 

UNA CANCIÓN DE AMOR INDIO

Él

Alzad los velos que oscurecen la delicada luna 
de tu gloria y la gracia.
No detengas, oh amor, desde la noche 
mi deseo, la alegría de tu rostro luminoso, 
Dame una lanza de los keora perfumadas 
que guarda tus rizos atadas, 
o una hilo de seda de la periferia 
que los problemas del sueño de perlas tus resplandeciente; 
Débil crece mi alma con tus trenzas ‘perfume 
y el canto de tus tobilleras capricho, 
Revíveme, oro, con el néctar mágico 
que habita en la flor de tu beso. 

Ella 

¿Cómo voy a ceder a la voz de tu súplica?,
¿cómo voy a conceder tu oración, 
O te daré una borla de seda rosa-rojo, 
una hoja con aroma de mi cabello? 
¿ O lanzar en la llama del deseo de tu corazón los velos que cubren la cara,
profanar el derecho, la ley del credo de mi padre por enemigo de la raza de él?
Tus parientes han roto nuestros altares sagrados y sacrificados nuestra vacas sagradas, 
La disputa de las religiones antiguas y la sangre de viejas batallas cortan tu pueblo y el mío.
Él 

¿Cuáles son los pecados de mi carrera, Amados, 
lo que es mi pueblo a ti? 
¿Y cuáles son tus santuarios, y ganado y tribu, 
¿cuáles son tus dioses a mí? 
Recks Amor no de disputas amargas y locuras,
de extraño, compañero o pariente, 
Igual en su oído el sonido las campanas del templo 
y el grito del muecín. 
Entre el amor cancelará el antiguo mal 
y conquistar la antigua rabia, 
canjear con sus lágrimas el dolor de los recuerdos
que mancilló una época pasada. 

BIBLIOGRAFÍA

http://expresionesdelaindia.blogspot.com.es/2012/12/sarojini-naidu.html

https://poetassigloveintiuno.blogspot.com/2012/09/7867-sarojini-naidu.html

https://www.lapajareramagazine.com/sarojini-naidu

http://www.poesiademujeres.com/2012/09/el-rival-de-la-reina.html

https://www.greelane.com/es/humanidades/historia-y-cultura/sarojini-naidu-biography-3530903

http://archivodeinalbis.blogspot.com/2010/11/la-rueda-de-la-ley.html

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131. Poesía más Poesía: Cecília Meireles

CECÍLIA MEIRELES

BIOGRAFÍA

Cecília Benevides de Carvalho Meireles, nacida el el 7 de noviembre de 1901 en Río de Janeiro, Brasil, fue una poetisa, maestra y periodista, cuya poesía lírica y altamente personal, a menudo simple pero con simbolismos complejos e imágenes, le valieron una posición importante en la literatura brasileña del siglo XX.
Huérfana a una edad temprana, su padre muere tres meses antes de su nacimiento y su madre cuando contaba dos años y medio, acabó siendo criada por su abuela materna, Jacinta, y por su ama de llaves, Pedrina. Tanto una como otra tuvieron una fuerte influencia en la vida profesional posterior de Cecília: la abuela, en el gusto por la lectura, y Pedrina por las canciones y leyendas folklóricas, que acabaron por formar parte del repertorio literario de la escritora.
De pequeña estudio violín, literatura e idiomas. Teorías y métodos educativos, música, folklore, las civilizaciones orientales, etc.


Comenzó su carrera en el magisterio con 17 años. Un año después publicó su primer libro de poemas, ”Espectro”.
Conoce, por entonces, al pintor portugués Fernando Correia Dias, radicado en Brasil desde antes de la Primera Guerra Mundial. Hombre afectado por profundas crisis depresivas y contrastantes estados anímicos, se casará con Cecilia Meireles en 1922 y compartirá con ella algunas de sus más ricas experiencias espirituales. De hecho, son suyas las interesantes ilustraciones que acompañan los textos de Nunca mais… e Poema dos poemas, libro aparecido en 1924.

Raiz de Xisto: Fernando Correia Dias e Cecília Meireles na Tertúlia do  Hotel Lamego
Fernando Correia Dias

El nacimiento de María Elvira, primera hija del matrimonio, constituyó un poderoso estímulo en la aproximación de Cecilia Meireles a la literatura infantil. A su labor docente y a su producción poética, añade entonces la escritora la elaboración de un libro que, poco después de su aparición, será adoptado oficialmente como texto de lectura en las escuelas. La obra se tituló Crianca, meu amor (Niño, mi amor. 1923) Nunca mais es también de 1923
A la primera María, siguieron dos más: María Matilde y María Fernanda, y las tres habrían de convertir a Cecilia Meireles en abuela de una numerosa descendencia. El tercer libro de poesía vino a luz poco después de nacer su tercera hija. Se tituló Baladas para El-Rei,( 1925) y también lo ilustró Fernando Correia Dias.

Por estos años se vinculó a los poetas modernistas de Río que publicaron Festa (1927-1929 y 1934-1935), haciendo que se interesara por la poesía portuguesa, cuyo simbolismo es bien diferente del francés gracias al concepto, intraducible, de saudade. El Modernismo de los poetas de Festa fue más equilibrado y meditativo que aquel postulado por los futuristas y vanguardistas de São Paulo y la Semana de Arte Moderna. El grupo modernista de Río ha sido descrito como «Tradicionalismo dinámico». Sus consignas incluían velocidade (velocidad en la expresión más que libertad formal), totalidade (ninguna forma de la realidad debía ser excluída), brasilidade (atención a la naturaleza y costumbres del Brasil) y universalidade (universalidad).

Como profesora opositó, en 1929, a la cátedra de Literatura de la Escuela Normal del Distrito Federal, quedando en segundo lugar. Su tesis defendía una modernización de la enseñanza, siguiendo los principios de la Escuela Nueva, entre los que destacaba que el trabajo del profesor debía ser realizado con amor y enfocado al desarrollo del niño y el valor de la libertad. Y que en la enseñanza primaria debía incluirse la música, la pintura, las artes. Y conducir a los niños en su aprendizaje, escucharlo, no someterlo. Abogaba también por una educación laica El tribunal examinador consideró muy osada su propuesta. Pero ella siguió defendiendo siempre los postulados de una educación más moderna y renovadora.

De 1930 a 1933, escribió artículos diarios sobre educación en el periódico Diário de Notícias. Y de 1941 a 1943 en el diario A Manhã (La Mañana). Siendo la primer mujer columnista de un periódico. El pensamiento de los educadores como Anísio Teixeira y Fernando de Azevedo encontró sucesivo eco en su columna periodística. Ya antes, bajo el título de Pedagogia de ministro, en el Diário de Notícias (del 30 de abril de 1931), había criticado duramente la política educativa que llevaba a cabo Francisco Campos, Ministro de Educación y Salud. En otros tres artículos en el mismo diario, continuó abundando en su crítica.

Su lucha por una educación de mayor calidad para su país la llevó a firmar en 1932 con otros grandes educadores brasileños, el manifiesto de la Nova Escola, y dos años después, en 1934, fue invitada por Anísio Teixeira, que a la sazón era director del departamento de Educación del Distrito Federal, para que desarrollase sus ideas educativas en el Centro de Cultura Infantil de Rio, y la creación de la biblioteca para niños, siendo ésta una experiencia piloto. Se puede considerar, por todo ello, a Cecília Meireles como una educadora militante.

El suicidio de su marido, en 1935, fue para ella terrible, teniendo que quedar de cabeza de familia criando a sus tres hijas. Pero también, porque en este mismo año, Anísio Teixeira tuvo que dimitir de su cargo, siendo sustituido por su enemigo político Francisco Campos, situación que le provocó a Cecília una gran inestabilidad profesional y educativa.
Tampoco estos problemas le impidieron seguir criticando duramente al gobierno de Getúlio Vargas, al que trataba claramente de dictador, como realmente lo era. Y Getúlio acabó cerrando en 1937 el Centro Cultural Infantil, con la disculpa de que en él había actividades subversivas, como la divulgación del libro de Mark Twain, “ Las aventuras de Tom Sawyer publicado en 1876, por sus supuestas ideas comunistas.
En 1934 dio conferencias sobre literatura brasileña en las universidades de Lisboa y Coimbra. Entre 1935 y 1937 enseñó literaturas luso-brasileñas, literaturas comparadas e historia y filosofía oriental en la recién fundada Universidad Federal de Río.
En 1937 aparece Viagem, después de catorce años de silencio poético y afirma a Cecilia como poeta. Es ahí donde comienza su madurez.

Cecília Meireles | Enciclopédia Itaú Cultural

En 1940 Meireles se casa con Heitor Vinícius da Silveira Grilo, profesor e ingeniero agrónomo, con quien tiene otra hija​.
Cecília inscribe su libro Viagem en un concurso de poesía de la Academia Brasileira de Letras. Concurrió al premio denominado Olavo Bi-lac, que ofrecía una buena cantidad de dinero. Ganó dicho premio, pero no profirió su discurso de agradecimiento, por haber sufrido censura por parte de algunos académicos.

En 1940 pasó a ser profesora de Literatura y Cultura Brasileña en la universidad Estadounidense de Texas. En los años siguientes continuó publicando otros muchos libros, casi sin tregua: Vaga Música (1942), Mar absoluto e Outros Poemas (1945), Retrato Natural (1949), Amor em Leonoreta (1951), Doze Noturnos de Holanda y O Aeronauta (1952) y Romanceiro da Inconfidência (1953), recapitula en éste último libro, considerado como histórico, los episodios que culminaron en la insurrección antiportuguesa de Vila Rica y en la ejecución de Tiradentes, líder del alzamiento, a fines del siglo XVIII.

Romanceiro da Inconfidencia nos entrega la memoria de los mártires de lo imposible.
Detrás de puertas cerradas, / y bajo encendidas velas, / entre sigilo y espías / / sucede la In-confidencia. / Y dice el Vicario al Poeta: / «Escríbeme aquella letra / / del versito de Virgilio…» / y le da papel y pluma / Y el Poeta al Vicario dice / con dramática prudencia: / / «Sean mis dedos cortados / antes que tal verso escriban…» / LIBERTAD, AUNQUE SEA TARDE, / se oye en torno a la mesa. / Y la bandera está viva / / y sube en la noche inmensa. / Y sus tristes inventores / ya son reos, pues osaron / hablar de la Libertad / (que nadie sabe qué sea). / … / Y la vecindad no duerme: // murmura, imagina, inventa. / No queda bandera escrita, / queda escrita la sentencia.

Paralelamente a sus Doze Noturnos, Cecilia Meireles compuso los Poemas escritos na India pero no los publicó hasta 1962. Tal vez la explicación del distanciamiento cronológico que separa la aparición de ambos textos se explique en parte si se atiende al hecho de que constituyen dos propuestas francamente antitéticas. El repertorio de claridades y transparencias que informa los Poemas se opone diametralmente a la opacidad sin pausa de los Doze Noturnos. Se diría, cotejándolos, que la intención fue contrastar al Oriente místico y el Occidente desacralizado en un violento contrapunto de logros y fracasos morales. Esta impresión se acentúa cuando se advierte la alta correspondencia entre paisaje natural y humano celebrada por los Poemas. La comunión del hombre y la naturaleza es allí arquetípica. Se trata, por eso, de una de las obras donde más intenso es el goce de los valores propugnados por el ideario de Cecilia Meireles y donde, en contraste con el mundo occidental, la India se recorta como sitio de alianza plena, casi sensual, entre lo secular y lo sagrado. Podría concluirse, en consecuencia, que la tardía edición de Poemas respondió al deseo de presentarlos a la manera de un último mensaje o conclusión lírica empeñada en señalar el camino necesario.

Cronológicamente, sin embargo, el libro final fue Solombra, difundido un año antes de su muerte, en 1963. Ya el título anticipa la atmósfera esencial en que la encontraremos al terminar su vida: la ambigüedad, el insalvable claroscuro. Por una parte, el intenso misticismo, el vivo, ardiente anhelo de trascendencia; por otra, el flujo sombrío del devenir, el vértigo de un tiempo que devora lo que toca en su transcurso. Es decir que esta última obra retoma las tradicionales disyuntivas de la identidad occidental de Cecilia Meireles como si con ella hubiera querido decirnos que era suya la trágica senda de su cultura. Sin identificarse con lo secular, no pudo, tampoco, ascender definitivamente a lo sagrado. La encontramos, pues, entre el sol y la sombra, Solombra, tierra de inciertas señales. Casi geométricamente se cierra la trayectoria de Cecilia Meireles. La vivencia absurda que orientara al Poema dos Poemas reaparece, asfixiante en Solombra. Allí está, también, la tajante disyuntiva entre el polo de la luz y el de la muerte y, por último, junto a la elegiaca celebración del canto como consuelo, reaparece, en cada uno de sus poemas, el sentimiento de que la vida es un destino incumplido (Santiago Kovadloff). A lo largo de todos esos años fue una “educadora andante”, recorriendo América.

En 1953 fue nombrada Doctora Honoris Causa por la Universidad de Nueva Delhi, donde viajó para participar en el acto. Todavía en el último año de su vida, 1964, publicó Ou isto, ou aquilo y Escolha seu sonho (O esto, o aquello y Escoja su sueño). Pero, con su salud muy debilitada, el 9 de noviembre de ese mismo año fallecía en su ciudad natal. El 6 de julio de 1932, en la revista Vida Prática de Rio había escrito:

Es necesario creer en el sueño.
Y salvarlo siempre. Para ser salvados.
Para dejar la frente radiosa de nuestra alegría
en el último canto, y en la última sombra,
donde otras vidas después
vengan un día a preguntar
las cosas que hoy nos estamos preguntando.

Gran parte de su trabajo se recoge en Obra poética (1958), en esta Antología Cecília no incluye sus tres primeros libros.
Varios de sus poemas han sido traducidos al inglés para antologías.

Dice de Cecília Meireles, Pedro Sevylla de Juana:

“Conocí a Cecília Meireles hace unos años, cinco o seis quizá. Desde entonces la tengo en mi altar literario. En aquel momento, después de las primeras lecturas, escribí: ¿Son los ojos, cielo sin fondo de nubes transparentes, de Cecília, lo importante para mí? ¿Lo es la mirada abierta y confiada, esos límites del Universo que ella alcanza? ¿Es el manantial inagotable de su sonrisa lo importante? Sí, porque su palabra simple y pura, surge en la mente armónica para expresar lo que ve su mirada; y para exponer lo recibido a través de todas las lenguas que entiende y habla. Sí, porque su rostro, y lo que el rostro revela del interior armónico, me entregan el estímulo necesario para profundizar en su obra. Para llegar más allá de su fértil imaginación, y de la fascinante facilidad de encantamiento.”

Del artículo La huella digital: “Una revista hacia Hispanoamérica” Por Luis Pablo Núñez extractamos:

Recordando la amistad entre estas dos escritoras, Cecília Meireles (1901-1964) y Gabriela Mistral (1889-1957), premio Nobel de Literatura en 1945, la Academia Chilena de la Lengua y la Academia Brasileira de Letras realizaron hace quince años una muy cuidada edición en la que poesía de una conversaba con la de la otra. Para ello, reimprimieron el ensayo que Cecília compuso sobre la vida y obra de Gabriela y sumaron el escrito por la chilena Adriana Valdés sobre Cecília, junto con una selección de poemas de una y otra poeta con su traducción confrontada al español o portugués, según correspondiera.

La edición bilingüe supone así un homenaje hacia la poesía de estas dos mujeres, que, más allá de la profunda religiosidad que impregna la obra de Mistral, compartieron una visión semejante de la vida y una misma profesión, pues ambas fueron maestras. Cada una ha sido reconocida en su respectivo país, como se puede ver al haber sido escogidas sus efigies para billetes de curso legal de Chile y Brasil.

Curiosidades Numismáticas: BILLETES CON (UNA) HISTORIA IV

De Revista Pesquisa. En el trabajo que suscribe Ana Paula Orlandi que titula: Mucho más allá de la poesía, expresa:
Hace 100 años, cuando en Brasil las mujeres ni siquiera podían votar, una joven de 19 años sobresalió por lo que, en su momento, fue tildado como “una osadía”. Sin pelos en la lengua, la muchacha, que oficiaba como secretaria de la asamblea fundacional de la Liga Femenina Brasileña, un grupo centrado en el debate de los derechos femeninos, no pudo contenerse y cuestionó los discursos de un obispo y un sacerdote en una ceremonia que se llevaba a cabo en el salón de la Asociación de Empleados de Comercio, en Río de Janeiro. “Esos religiosos, invitados por un grupo de católicas, generaron revuelo entre la audiencia al enumerar las penas en el infierno que algunas mujeres tendrían que saldar en caso de no avenirse a convertirse al catolicismo”, relata Valéria Lamego, investigadora visitante del Programa Avanzado de Cultura Contemporánea de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ). “En medio del tumulto, Cecília Meireles tomó la palabra y advirtió: ‘La Liga Femenina será una institución laica, recibirá a personas de todos los credos religiosos. Yo soy una librepensadora’.

La mujer que se describe en las líneas anteriores no condice para nada con la imagen frágil que suele adjudicársele. “De hecho, son pocos los que conocen su trayectoria, la de una mujer que siempre trajinó y bregó por sus ideas”, dice Lamego. “Ella no enarboló banderas políticas en su obra poética, pero sí fuera de ella”.

En las últimas cuatro décadas, al alumbrar aspectos poco conocidos de la vida y obra de la autora, estudiosas tales como Lamego y Ana Maria Domingues de Oliveira han concretado una contribución para deconstruir el estereotipo de quien fuera folclorista, dramaturga, crítica literaria, docente, periodista y traductora de autores extranjeros entre quienes se cuentan la británica Virginia Woolf ), el español Federico García Lorca), el indio Rabindranath Tagore Ibsen, Rilke, Anouilh y Maeterlinck.

Y también fue artista visual, tal como dan fe los dibujos que ilustran y que forman parte del libro intitulado Batuque, samba e macumba: Estudos de gesto e de ritmo 1926-1934, editado originalmente en 1983 por la editorial Funarte con el auspicio de una institución bancaria, y que tuvo una tercera reedición al final del año pasado que corrió por cuenta de Global Editora. “Además de ser una gran poeta, Cecília Meireles era una intelectual multifacética”, pondera Oliveira, docente jubilada de la Facultad de Ciencias y Letras de la Universidade Estadual Paulista (FCL-Unesp), campus de Assis. “Lamentablemente, quedó estigmatizada, incluso en el ámbito académico, como una ‘poeta etérea y ajena al mundo real’, que escribía ‘poesía femenina’, una cosa de menor importancia, siguiendo con el mismo punto de vista”.
Aún existe material no publicado y se dice que los derechos de autor que pertenecen a la familia interfieren en su publicación.

Templo Cultural Delfos: Cecília Meireles: batuque, samba e macumba

Invento: Cecília Meireles em Batuque, samba e macumba | Meireles, Samba,  Batuque

Premios recibidos

  • 1939 Premio de poesía Olavio Bilac, de la Academia Brasileña de Letras, por Viagem.
  • 1942 Socia honoraria del Real Gabinete Português de Leitura, en Río de Janeiro.
  • 1952 Oficial de la Orden del Mérito de Chile
  • 1953 Socia honoraria del Instituto Vasco da Gama, en Goa (India).
  • 1953 Doctora honoris causa, de la Universidad de Nueva Delhi
  • 1962 Premio por traducción en teatro, de la Asociación Paulista de Críticos de Arte.
  • 1963 Premio Jabuti, por la traducción de obra literaria del libro Poemas de Israel.
  • Premio Jabuti de poesía, por su libro Solombra

Otras páginas consultadas:

LaOtra Revista
Bs. Cuadernos hispanoamericanos Nº 463. Cecília Meireles “Entre lo secular y lo sagrado” por Santiago Kovadloff.
Quaderns de Versàlia IX de 2019. En colaboración con Banco Sabadell. Edición en portugués y catalán con algunos trabajos y traducciones en castellano.
“No pronuncies las palabras de los Hombres” Poemas de Cecilia Meireles por Pedro Casas Serra.
Revista Comillas por José Paz Rodriguez Universidad de Vigo

POEMAS

PRISIÓN

En esta ciudad
cuatro mujeres están en la cárcel.
Cuatro solamente
una en la celda que da al río,
una en la celda que da al monte,
otra en la celda que da a la iglesia,
y la última en la que da al cementerio
allá abajo.
Cuatro solamente.

Cuarenta mujeres en otra ciudad,
cuarenta por lo menos,
están en la cárcel.
Diez vueltas hacia las espumas,
diez hacia la movediza luna,
diez hacia piedras sin respuesta,
diez hacia engañosos espejos.
En celdas de aire, de agua, de vidrio
están presas cuarenta mujeres
cuarenta por lo menos, en aquella ciudad.

Cuatrocientas mujeres
cuatrocientas, digo, están presas
cien por odio, cien por amor,
cien por orgullo, cien por desprecio
en celdas de hierro, en celdas de fuego,
en celdas sin hierro y sin fuego, solamente
de dolor y silencio,
Cuatrocientas mujeres en otra ciudad
Cuatrocientas digo, están presas.

Cuatro mil mujeres en la cárcel,
y cuatro millones y ya no llevo la cuenta,
en ciudades que no se dicen,
en lugares que nadie sabe
están presas, lo están para siempre
sin ventana, sin esperanza,
unas vueltas hacia el presente,
otras hacia el pasado, y las otras
hacia el futuro, y el resto el resto,
sin futuro, pasado o presente
presas en la prisión giratoria,
presas en el delirio, en la sombra,
presas por otros y por sí mismas,
tan presas que nadie las suelta,
ni el rojizo rayo del sol
tampoco la golondrina azul de la luna
pueden llevar ningún recado
a la prisión donde las mujeres
se convierten en sal y muro.

Traducción de Heloísa Costa Milto
Del libro ESPECTROS 1919

ESPECTROS

En noches de tormenta
especialmemte
cuando afuera
el vendaval ruge
y del pelágico furioso
a la espantosa voz
los cielos responden y
sacuden todo.

Del alfarrábio que esta alma
ávida sondea
Buscando, agotada de tanto estudio
veo ante mí, a través de la
habitación silenciosa,
pasar lentmente,
en una vuelta lenta.

De ahí al cambio de luz
(Cualquier cosa que el viento
se desvanezca o el viento
cobre vida,
En largas sombras y
Esplendor del sol),
Fantasmas silenciosos de
otra época. La sugerencia de
la noche vivida. Dioses
demonios, monstruos,
reyes y hombres.

DE VIAGEM 1039

“EPIGRAMA CINCO”

Amo la gota de agua que se equilibra
en la hoja plana, temblando al viento.
En el océano del aire el universo entero
vibra en secreto y ella resiste en su aislamiento.
Su cristal simple contiene la forma,
en el instante incierto: pronto a caer,
pronto a quedar –límpido, exacto.
Y la hoja es un pequeño desierto
para la inmensidad del acto.

RETRATO

Yo no tenía este rostro de hoy,
tan calmo, tan triste, tan delgado,
ni estos ojos
tan vacíos,
ni este labio amargo.

Yo no tenía estas manos sin fuerza,
tan detenidas y frías y muertas;
yo no tenía este corazón
que ni se muestra.

Yo no advertí este cambio,
tan simple, tan cierto, tan fácil:
¿En qué espejo se perdió
mi imagen?

MOTIVO

Yo canto porque el instante existe
y ya mi vida está completa.
No soy alegre ni soy triste:
soy poeta.

Hermano de las cosas fugitivas,
no siento gozo ni tormento.
Atravieso noche y días
al viento.

Si derribo o si edifico,
si permanezco o me deshago
–no sé, no sé. No sé si quedo
o paso.

Sé que canto. Y la canción es todo.
Tiene sangre eterna el ala ritmada.
Y sé que un día estaré mudo:
–nada más.

PERSONAJE

Tu nombre me es casi indiferente
Y ni tu rostro ya me inquieta.
El arte de amar es exactamente
el de ser poeta.

Para pensar en ti, me basta
el propio amor que por ti siento:
Eres la idea, serena y casta,
nutrida del enigma del reflejo.

El lugar de tu presencia
es un desierto, entre diversidades:
pero en ese desierto es en el que piensa
la mirada de todas las saudades.

Mis sueños viajan rumbos tristes
Y, en su profundo universo,
Tú, sin forma y sin nombre, existes,
Silencioso, oscuro, disperso.

Todas las máscaras de la vida
Se inclinan hacia mi rostro,
en la alta noche desprotegida
en que experimento mi gozo.

Todas las manos venidas al mundo
desfallecen sobre mi pecho,
y escucho el sonido profundo
de un horizonte insatisfecho

¡Oh! ¡que se borre la boca, la risa,
el mirar de esos rostros precarios,
por el improbable paraíso
de los encuentros imaginarios!

¡Que nadie y que nada exista,
De cuando la sombra en mí descansa:
-yo busco lo que no se avista,
de entre los fantasmas de la esperanza!
Tu cuerpo, y tu rostro, y tu nombre,
tu corazón, tu existencia,
todo- el espacio evita y carcome:
y yo sólo conozco tu ausencia.

Yo sólo conozco lo que no veo.
Y, en ese abismo de mi sueño,
ajena a todo otro deseo,
me descompongo y arreglo.

  De VAGA MUSICA (1942)                                                                                    

REINVENCIÓN

La vida solo es posible
reinventada.

Avanza el sol por las campiñas
y pasa su mano dorada
sobre las aguas, sobre las hojas…
Ah! todo burbujas
que surgen de hondas piscinas
de ilusionismo… — nada más.

Pero la vida, la vida, la vida,
la vida sólo es posible
reinventada.

Viene la luna, viene, retira
las cadenas de mis brazos
Me proyecto por espacios
llenos de tu Figura.
Todo mentira! Mentira
de la luna, en la noche oscura.

No te encuentro, no te alcanzo…
Sólo— en el tiempo equilibrada,
del vaivén me desprendo
que más allá del tiempo me lleva.

Sola — en la tiniebla,
quedo: recibida y dada..
Porque la vida, la vida, la vida,
la vida solo es posible
reinventada.

DE MAR ABSOLUTO 1945

PRIMER MOTIVO DE LA ROSA

Te veo en seda y nácar,
y tan de rocío trémula,
que creo ver efímera,
toda la Belleza en lágrimas
por ser bella y ser frágil.

Mis ojos te ofrezco:
espejo para la imagen
que tendrás en mi verso,
cuando, después que pases,
jamás nadie te olvide.

Entonces, de seda y nácar,
toda de rocío trémula,
serás eterna. Y efímero
el rostro mío, en las lágrimas
de tu rocío…Y frágil.

“SEGUNDO MOTIVO DE LA ROSA

A Mario de Andrade

Por más que te celebre, no me escuchas,
aunque en forma y nácar te asemejes
a una concha, sonora, la musical oreja
que graba el mar en las íntimas volutas.

Te dejo en cristal, frente al espejo,
sin eco de cisternas o de grutas…
Ausencias y cegueras absolutas
brindas a las avispas y a las abejas,.

¡Y a quien te adora, oh sorda y silenciosa,
y ciega y hermosa e interminable rosa,
Que en tiempo, aroma y verso te transmutas!

Sin tierra ni estrellas brillas, presa
en mi sueño, insensible a la belleza
que lo eres sin saber, pues no me escuchas…

SORDINA

¿Quién toca el piano bajo la lluvia?
La tarde, turbia y despoblada.
¿De qué antigua, límpida música
recibo la reminiscencia apagada?

Mi vida en una poltrona
yace, ante la ventana abierta.
Veo árboles, nubes y la monótona
ruta del tiempo, descubierta.

Entre mis ojos descansados
y mis descansados oídos,
alguien coge con dedos pausados
ramos de son, descoloridos.
La lluvia interfiere en la música.
¡Tocan tan lejos El turbio día
mezcla piano, árbol y nubes,
y siglos de melancolía.

ESTIRPE ………….. 1953

Los mendigos mayores no dicen nada, no hacen nada.
Saben que es inútil y exhaustivo. Se dejan estar. Se dejan estar.
Déjanse estar al sol o a la lluvia, con el mismo aire de entero valor,
lejos del cuerpo que dejan en cualquier lugar.
Entretiénense en extender la vida por el pensamiento.
Si alguien habla, su voz huye como un pájaro que cae.
Y es de tal modo imprevista, innecesaria y sorprendente
que para oírla bien tal vez giman algún ay.
¡Oh, no gemían, no!… Los mendigos mayores son todos estoicos.
Pondrán su miseria junto a los jardines del mundo feliz
pero no quieren que, desde el otro lado, sepan de la extraña suerte
que los recorre como un río un país.
Los mendigos mayores viven fuera de la vida: se excluyeron.
Abren sueños y silencios y desnudos espacios a su alrededor.
Tienen su reino vacío, de altas estrellas que no cobijan.
Su mirar jamás mira y su boca no llama ni ríe.
Y su cuerpo no sufre ni goza. Y su mano no toma ni pide.
Y su corazón es una cosa que, si existiera, súbito olvidaría.
¡Ah!, los mendigos mayores son un pueblo que se va convirtiendo en piedra.
Ese pueblo, que es el mío.

De ROMANCE DE LA INCONFIDENCIA (1953)

ROMANCE VII o del negro de las catas mineras

Ya se oye cantar al negro
y aún ha de tardar el día.
¿Será al lucero del alba
con sus rayos de alegría?
¿Será por algún diamante,
ardiente en la aurora fría?

Ya se oye cantar al negro
por la agreste inmensidad.
Sus amos están durmiendo,
quién sabe qué soñarán.
Ojos clavados al suelo,
siempre espía el capataz.

Ya se oye cantar al negro.
¡Qué nostalgias por las sierras
El cuerpo, en aquellas aguas;
el alma, en lejanas tierras.
En cada vida de esclavo,
qué sordas, perdidas guerras.

Ya se oye cantar al negro.
¿Por dónde se encontrarán
esos diamantes sin mancha
que traen la libertad,
piedras cuyo corazón
—más que humano—es un fanal?

Ya se oye cantar al negro.
Llora neblinas el alba.
Piedra menuda no vale:
¡libertad, piedra granada
La tierra, toda movida…
El agua, toda tornada.

.. Dios del cielo ¿y es posible
tanto penar, para nada.

DE POEMAS DE LA INDIA

MULTITUD

Más que las ondas del largo océano
y que las nubes en los grandes vientos,
corre la multitud.
Más que el fuego en la floresta seca,
lumínicos, fluctuantes, deshilachados vestidos
resbalan sucesivamente
entre los pliegues, los lazos, las puntas sueltas
de los turbantes desordenados.
¿Adónde van presurosos los pasos, Bhai?
¿Hacia qué encuentro? ¿Hacia qué llamado?
¿En qué lugar, por qué motivo?
Bhai, nosotros, que parecemos inmóviles,
acaso estaremos también sin sentirlo
corriendo, corriendo así, Bhai, tan lejos,
sin querernos, sin sabernos dónde,
como agua, nube y fuego.
Bhai, ¿quién nos espera, quién nos recibirá,
quién tiene pena de nosotros,
erráticos, absurdos, ciegos,
derribados por las murallas del tiempo?

POBREZA

No descendía de columna o pórtico,
a pesar de tan viejo,
ni era de piedra,
áspero de arrugas;
ni de hierro,
aunque tan negro.
No era una escultura,
todavía que tan nítido,
seco,
moldeado en arrugas fundidas de polvo.
No era inventado, soñado,
acaso vivo, existente,
inmóvil testigo.
Casi imperceptible su voz
parecía cantar – parecía rezar
y suplicaba apenas.
El mundo tenía en sus ojos de ópalo.
Nadie le daba nada.
¿No veían? ¿No podían?
Pasaban. Pasábamos.
Las manos tenía unidas y al pedir,
bendecía.
Era un hombre tan antiguo
que parecía inmortal.
Tan pobre
que parecía divino.

TARDE AMARILLA Y AZUL

Entre pozos cavados en la tierra seca viajo.
En la amarilla tierra seca.
De un lado a otro, pozos y pozos.
Amarillos y azules saris,
hombres cubiertos de viejos mantos áureos,
dóciles niños morenos,
todo conexo a las vacas veneradas
que suben y bajan alrededor de los pozos.

Dorados campos solitarios,
largas y largas extensiones color mostaza.
¿Son flores?
Luna del crepúsculo abriendo en el cielo jardines aéreos,
delicadas nubes de ópalo.
Pozos y pozos, mujeres cargando ramos todavía con hojas,
árboles caminantes a lo largo de la tarde silenciosa.
Pasean los pavorreales luminosos y felices.
Caminan mansos los búfalos de cuernos encaracolados.
Caminan los búfalos junto a los hombres: una sola familia.
Y los camellos rojizos aparecen como colinas alzándose,
y atraviesan la última claridad del crepúsculo.
Todas las cosas del mundo:
hombres, flores, animales, agua, cielo…
¿Quién está cantando a lo lejos una pequeña tonada?
De la maleza exigua,
sale de repente una bandada de pájaros:
como fuego artificial de estrellas azules.
(Y el desierto se acerca).

MÚSICA

Tan lejos iba aquella música, Bhai,
y por más que la luz lunar brillase
no se sabía quién la tocaba ni en qué lugar.
Por los peldaños de aquella música, Bhai,
podía irse más allá del mundo, más allá de las formas,
del arabesco de estrellas por el cielo.
Quién tocaría entre la soledad, Bhai,
en la clara noche – toda azul como el dios Krishna
ajeno a todo, reclinado contra el mar.
Tan lejos iba la tenue música, Bhai,
una pequeña melodía era
tímida, triste, de dos o tres nítidos sonidos.
Tan frágil soplo en flauta rústica, Bhai,
– como la vida en nuestros labios provisorios…
– ¿amor? ¿Quejido, pensamiento? – nombres en el aire.
Él tocaba sin saber qué oído, Bhai,
podía haber acompañado ese instante
de presencia fugaz con delicada voz.
Tan lejos iba aquella música, Bhai,
¿con quién hablaba, entre el agua y la noche? ¿Y qué decía?
(De la vida a la muerte, ¿qué decimos, Bhai, y a quién?

DE CÁNTICOS 

CÁNTICO 13 – RENUÉVATE

Renuévate.
Renace en ti mismo.
Multiplica tus ojos, para ver más.
Multiplica tus brazos para sembrarlo todo.
Destruye los ojos que hayan visto.
Crea otros, para las visiones nuevas.
Destruye los brazos que hayan sembrado,
Para olvidarse de cosechar.
Sé siempre el mismo.
Siempre otro.
Pero siempre alto.
Siempre lejos.
Y dentro de todo.

CÁNTICO 15 – NO QUIERAS SER

No quieras ser.
No ambiciones.
No pongas límites a tu camino.
La Eternidad está muy lejos.
Y dentro de ella tú te mueves, eterno.
Se lo que viene y lo que va.
Sin forma.
Sin término.
Como una gran luz difusa.
Hija de ningún sol.

Te recomendamos ver el programa de televisión.

PRÓXIMO NÚMERO



130. Poesía más Poesía: Idea Vilariño

IDEA VILARIÑO

BIOGRAFÍA

Idea Vilariño nació en una familia de clase media y culta, en la que estaban presentes música y literatura. Su padre, Leandro Vilariño (1892-1944) fue un poeta cuyas obras no fueron editadas en vida. Idea (nacida Elena) Vilariño aseguraba que había comenzado a escribir antes, siquiera, de saber escribir; como quien aprende a leer escuchando cuentos, antes de saber que el juntar letras en un papel tiene un significado. Lo hizo de chiquita, en su Montevideo natal, donde también tocaba el violín. No obstante, su padre era poeta anarquista (de ahí, quizás, el compromiso político de la poeta, que hizo que llegara a rechazar una beca Guggenheim) y su madre una lectora voraz. Tuvieron Leandro y Josefina cinco hijos: Azul, Alma, Poema, Idea y Numen.
Perteneció a una familia de clase media y además culta, donde la música y la literatura estaban siempre presentes.

Son aquellos años de infancia los más felices de la autora y también los más olvidados, soterrados por la intensidad de todo lo que vino después. ¿Y qué vino? Poesía, por supuesto, siendo digna integrante de la Generación del 45; y pasión, muerta (en vida) de amor por Juan Carlos Onetti (1909-1994), al que dedicó muchos de sus poemas más desgarradores.
Poeta, crítica literaria, compositora de canciones, traductora, educadora. Es difícil decir cuál de estas facetas de su trayectoria influyó en más personas, antes de haber cumplido los treinta años era ya ampliamente conocida en el Río de la Plata por su talento en muchas de las disciplinas mencionadas. Durante la última mitad del siglo XX críticos y profesores de todo el mundo de habla hispana así como traductores de Austria, Brasil, Italia y Estados Unidos difundieron en abundancia su poesía.
Como educadora, fue profesora de Literatura de Enseñanza Secundaria desde 1952 hasta el golpe de estado en 1973. Luego de restaurado el sistema democrático, desde 1985 fue docente de Literatura uruguaya en el Departamento de Literaturas Uruguaya y Latinoamericana en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Universidad de la República.
Sus primeros poemas fueros escritos entre los 17 y los 21 años. En el 1945 se editó la que fue su primera obra, La suplicante, y apareció tan solo con su nombre.

En años siguientes sería reconocida internacionalmente y premiada con distintos galardones. Sus poemas están marcados por una experiencia íntima, intensa y angustiosa, muy coherente siempre. Un particular estilo que los expertos atribuyen a los continuos problemas de salud que la aquejaban y a su infancia.
Y es que la poetisa, desde una temprana edad padeció problemas de asma y un eccema que la obligaron a abandonar el núcleo familiar a los 16 años. Una fragilidad física que se extendió a lo emocional y que la dotó de una sensibilidad especial. El temprano fallecimiento de sus padres y de su hermano mayor tampoco ayudó y convirtió el duelo en una constante en su vida.

La enfermedad y la experiencia de la muerte de seres queridos le fue cercana; varios de sus familiares directos murieron tempranamente. En 1940 muere la madre, en 1944, el padre, y en 1945, su hermano mayor. El duelo ante la pérdida se vuelve una constante en su vida, que puede deducirse de la sola lectura de los versos y confirmarse conociendo su historia. El dolor, la soledad, la ausencia, también le son recurrentes y oscurecen muchos de sus años, aunque paradójicamente iluminan sus versos. Su sensibilidad, sumada a sus capacidades creativas y a un temperamento apasionado, origina ese yo poético tan intenso, que sostiene toda su obra.

Integró la generación de escritores de diversa índole que surgieron artísticamente desde 1945 a 1950 que fue llamada Generación del 45. En ella también pueden ubicarse a Juan Carlos Onetti, Mario Benedetti, Sarandy Cabrera, Carlos Martínez Moreno, Ángel Rama, Carlos Real de Azúa, Carlos Maggi, Alfredo Gravina, Mario Arregui, Amanda Berenguer, Humberto Megget, Emir Rodríguez Monegal, Gladys Castelvecchi y José Pedro Díaz, entre otros.

La Generación del 45 en ocasión de la visita de Juan Ramón Jiménez. De izquierda a derecha, parados: María Zulema Silva Vila, Manuel Arturo Claps, Carlos Maggi, María Inés Silva Vila, Juan Ramón Jiménez, Idea Vilariño, Emir Rodríguez Monegal, Ángel Rama. Sentados: José Pedro Díaz, Amanda Berenguer, Zenobia Camprubí, Ida Vitale, Elda Lago, Manuel Flores Mora.

«Era una mujer tan reprimida que por eso la pasión hizo en ella los estragos que hizo», explica la también uruguaya Cristina Peri Rossi (Montevideo, 1941), quien cree que «sus poemas fueron la tabla de salvación para no suicidarse». Peri Rossi y Vilariño fueron «colegas», que no amigas. «Nos respetábamos. No era nada comunicativa, era muy solitaria, fría, distante y reservada. Algo en ella me hacía pensar que no era muy dada a los sentimientos, porque siempre ponía una distancia como para protegerse», recuerda Peri Rossi.
Esa personalidad suya hizo que rompiera con la tradición de la poesía modernista en Uruguay, «con mucho adorno y metáfora». «Imprimió una intensidad, que es paralela a su despojamiento. Su vigor viene de la emoción directa, de ese enfrentamiento, despojado, con sus sentimientos», remata Cristina Peri Rossi.


Tenía, sin duda, gran conciencia de ser poeta. Desgarrada poeta del yo. En una entrevista que Mario Benedetti (1920-2009) le hizo en 1971 (fueron muy pocas las que concedió, oculta tras la celosía de sus versos), Vilariño recordó cómo una noche, en Cuba, se puso a leer sus propios poemas para saber quién era. Quizás fuera uno de los días que, en 1968, pasó en La Habana como jurado del Premio Casa de las Américas. Allí coincidió con Julio Cortázar, José Lezama Lima y Juan Marsé. El autor barcelonés la recuerda como «una mujer muy libre, muy a su aire», pero «muy amargada en el fondo, con una vida interior fuerte, muy intensa». Una tarde, estando en Trinidad, Vilariño no se presentaba y Marsé fue a buscarla al hotel. La encontró en su habitación, tumbada en la cama. «No tengo ganas de nada», le dijo, y le propuso que se pasaran la noche tomando tragos.

Fundación Mario Benedetti в Twitter: ""La aparición de Idea (Vilariño)  significó un hecho insólito en la poesía uruguaya (...) principalmente por  la desolada, sincera, patética visión del mundo que, transmitía esa voz
Idea Vilariño y Mario Benedetti


Participó en numerosos emprendimientos literarios. Estuvo concretamente entre los fundadores de la revista Clinamen, y Número, de peso entre 1945-1955 (por lo que conoció a Juan Ramón Jiménez); y se encontró entre los colaboradores de otras publicaciones como Marcha, La Opinión, Brecha, Asir, y Texto crítico.
Sus traducciones también han sido objeto de reconocimiento, llegando algunas de ellas (como las que realizó de obras de Shakespeare) a ser representadas en teatros de Montevideo.

En 1997 fue entrevistada por Rosario Peyrou y Pablo Rocca, de allí surgió el documental Idea, con dirección de Mario Jacob, que fuera estrenado en mayo de 1998.
Su obra ha sido traducida a varios idiomas, como el italiano, alemán y portugués.
“No sé qué es la poesía para mí. Es una forma de ser, de mi ser. Todo lo demás de mi vida son accidentes… La poesía no fue accidental. Mi poesía soy yo”, explicaba en una de las pocas entrevistas que dio en su vida, a Elena Poniatowska.

Pesimismo, sensibilidad, existencialismo, empatía, confesión… son los rasgos que marcan los versos despojados y desnudos de la poeta uruguaya, uno de los máximos exponentes de la Generación del 45 donde también brillaron los versos de Mario Benedetti e Ida Vitale, que condensó en una poesía limpia y desgarrada el dolor de una vida marcada por el amor, una tormentosa y pasional relación de varios lustros con su coetáneo Juan Carlos Onetti, y la muerte de buena parte de su familia.

“Vilariño tenía una gran capacidad para la empatía y una brújula moral muy fuerte. A través de su dolor personal podía empatizar con los demás”. (Valerie Miles).
Juan Ramón Jiménez, asiduo en aquellos años a esa generación, dijo de ella que estaba “enferma de dolor y soledad”, apunta Miles, que afirma que Vilariño “es una persona que ha experimentado lo que es el sufrimiento. Desde siempre tuvo muy cercana la idea de la muerte y la enfermedad. Entendía muy bien lo que es el dolor en carne propia”. Es por eso que según la editora “tenía una gran capacidad para la empatía y una brújula moral muy fuerte. A través de este dolor personal podía empatizar con el sentimiento de los demás, aunque siempre desde la distancia, pues se autoimpuso el aislamiento”.

Benedetti, Claps, Neruda, Rodríguez Monegal, Vilariño y Portela • © Tomada del libro Idea Vilariño: vida escrita

Estos temas, la asunción de la muerte, la finitud del amor, la intensidad de algunas rebeldías y del deseo, son el núcleo vertebrador de una poesía que destaca por el desgarro, la intimidad y un lenguaje, crudo, directo, una aparente sencillez espontánea que logra empatizar intensamente con el lector. Algo que logra, en palabras de Brenda Navarro, porque “escribe con las vísceras, no le importa descarnarse frente al lector. Aunque seguramente pensaba y corregía sus poemas, escribe mucho en caliente y eso que quiere sacar de sí desesperadamente, está ahí resonando. Es un dolor tan vivo que cualquiera podemos sentirlo como nuestro, porque sabemos que es algo que nos ha pasado o nos va a pasar.

Muchos de estos versos sencillos y desgarradores, capaces de describir en pocas palabras la existencia humana, los dedicó Vilariño al amor, un amor que si bien tiene en su obra momentos de dulzura aparece mayoritariamente retratado como perdido, doloroso y feroz, como ocurre con los poemas dedicados a Onetti.
Ambos escritores se conocieron a principios de los años 50, como refleja la dedicatoria que Onetti adjuntó a su novela Los adioses (1954) y la aparición de él en poemarios de Vilariño como Nocturnos (1955) y especialmente Poemas de amor (1957). Así comenzaron cuatro décadas de encuentros y desencuentros, ambos casados con otros desde mediados de los 70, que marcaron la pasional, oscura y tormentosa relación en la que, como afirmó la escritora al final de su vida, “sólo compartieron nueve noches”.

Creo que a Onetti el tango que más le gustaba era `Tus besos fueron  míos´"Fractura Expuesta | Sitio de tango y noticias culturales | Fractura  Expuesta | Sitio de tango y noticias culturales


Para Idea el amor era pasión o no era, como ella misma decía. Le gustaba mucho este amor torturado no buscaba la tranquilidad, sino el desgarramiento. Ya en sus diarios juveniles se aprecia a una mujer que buscaba esta pasión, este fundir el yo en el otro. Cuando esto ya no era posible el amor no le interesaba. Esto se vio plenamente en su relación con Onetti, un amor muy pasional, sí, pero tumultuoso, intranquilo, de dolor autoinfligido, de conquista”, explica Miles. “Para su poesía, completamente despojada y que buscaba siempre estar frente al abismo, iba muy bien, pero en vida la destrozó. Ella misma dijo en una entrevista que Onetti era el hombre que nunca debía haber conocido, que esa relación no fue buena para ella”.

Navarro afirma que su legado, más allá de su obra, reside en el ejemplo que da a las nuevas con el compromiso que tuvo desde joven con la cultura. “Fue una mujer que a los 30 años ya era reconocida y estuvo toda su vida cerca de las artes. En lo privado, destacaría su forma de hablar del dolor de estar viva, algo muy necesario en este momento que estamos viviendo. Su poesía nos introduce en temas y debates filosóficos que solemos evitar porque no son fáciles de digerir ni como personas ni como sociedad”.  Y, además, lo hace de un modo paulatino y elegante, pues como condensa Miles, “conseguir el nivel de desnudez que tienen sus poemas es altamente complicado. Tienen el efecto de que los lees y parecen una cosa muy limpia, pero poco a poco las ambigüedades inherentes en algo tan despojado empiezan a tener su efecto”, razona la editora. “Los poemas de Idea tienen una resonancia que dura mucho tiempo en el lector, que de pronto se encuentra pensando: ‘ah, pues a ver si lo que quería decir no era en realidad…’. Y de pronto el poema se ha transfigurado. Ahí reside la magia de su poesía, en que es algo vivo, palpitante. Sigue, como su legado, en la mente del lector mucho tiempo después”, concluye.

Vilariño también hizo hincapié en la composición, campo en el que se le conocen cuatro canciones emblemáticas que pertenecen a la música popular uruguaya, A una paloma, La canción y el poema, Los orientales y Ya me voy pa’ la guerrilla.

Idea Vilariño

Enrique Santos Discépolo (1901-1951) compuso una hermosa frase para definir el «tango». «Es una pensamiento triste, que se baila», dijo el músico y dramaturgo argentino. Lo hizo sin saber que esa definición, encerrada en apenas siete palabras, marcaría la vida de Idea Vilariño. La uruguaya, una de las autoras hispanoamericanas más importantes (y olvidadas) del siglo XX, bailó palabras que no eran sino sus sentimientos, siempre melancólicos, pese a su deseo de vivir. Vida y muerte enfrentados, para siempre, en la figura de una mujer que fue muchas cosas, pero sobre todo poeta. Se negaba a considerarse poetisa, una palabra cursi, cargada de debilidad y concesiones.

Escribió varios libros de ensayos, pero se la reconoce sobre todo por sus libros de poemas: No, Pobre mundo, Canciones y Poemas de amor son algunos de ellos. A partir de una entrevista con dos periodistas de su país, en 1998 se estrenó el documental Idea, con dirección de Mario Jacob, lo que acercó la poesía de Vilariño a las nuevas generaciones de lectores. En 2000, la editorial uruguaya Cal y Canto publicó su poesía completa. En 2004 obtuvo el premio Konex Mercosur a las letras y, cinco años después, falleció en Montevideo, su ciudad natal.

Libros

1945-La suplicante
1947-Cielo cielo
1951-Grupos simétricos en la poesía de Antonio Machado
1955-Nocturnos
1955-La rima en Herrera y Reissig
1957-Poemas de amor
1958-Grupos simétricos en poesía
1965-Las letras de tango
1966-Pobre mundo
1970-Poesía
1980-No
1981-El tango cantado
1993-Canciones
2000-Ya no será
2008 Poesía completa

Idea Vilariño y Juan Carlos Onetti

“Pensé pensé pensé y hoy ya no queda  más que esta pobre cosa destrozada.”
Idea Vilariño
“Cuando una mujer se siente amada totalmente, se entrega como una niña y es feliz siendo niña. Es el estado del amor.”
Juan Carlos Onetti
“Nacer significa la aceptación de un pacto monstruoso y, sin embargo, estar vivo es la única verdadera maravilla posible.”
Juan Carlos Onetti
Encuentros y desencuentros.

Además de las cartas y de las obras que se dedicaron mutuamente, se pueden rastrear múltiples testimonios de amigos y testigos, entrevistas e incluso rumores, que narran, reseñan, interpretan o suponen fragmentos de la historia amorosa entre Idea Vilariño y Juan Carlos Onetti.

Según el crítico español Antonio Muñoz Molina, en la obra de Vilariño “no hay paisaje exterior, ni explicaciones, ni adornos, ni nombres, sólo los amantes encerrados en esa habitación que será también la de la soledad y la espera, y la de un dolor demasiado cruel como para que lo designe la blanda palabra añoranza” (Muñoz Molina, 2008).


Y en efecto, la palabra añoranza resulta muy tibia y limitada para calificar la profundidad de las sensaciones, los sentimientos y el desgarramiento que nutren sus versos.
Respecto a la figura de Onetti, al igual que como sucedió con la de Vilariño, sus excentricidades, los imaginarios y las anécdotas de quienes lo conocían, establecen una maravillosa mezcla, para describirlo: incontables y divertidísimas anécdotas sobre las excentricidades, extravíos y ferocidades supuestas de Onetti en sus relaciones eróticas —sobre todo las que habían jalonado sus amores con la poeta Idea Vilariño— muchas de ellas sin duda exageradas o inventadas, pero que eran una prueba tangible de la fama de “escritor maldito” que ya se había ganado […] no podía imaginar que el autor de aquellas temerarias historias fuera el hombrecillo tímido hasta la mudez y ensimismado que temblaba como el azogue ante la idea de enfrentarse a un micrófono y que, salvo cuando hablaba de algún libro, pareciera ser el más desvalido de la creación. (Vargas Llosa, 2009: 52).

La timidez de Onetti y su nerviosismo ante auditorios o micrófonos coinciden con cierto retraimiento de Idea. Dos personalidades fuertes, grandes talentos creativos, mucha indecisión de Onetti, mucho sufrimiento de Vilariño, además de la intervención de muchos otros factores —en la vida de los dos— y otras distintas situaciones, ensombrecieron desde el inicio esa singular y abruptamente interrumpida historia de amor.

La misma Vilariño alude a ese momento en que Onetti la sedujo: “estaba seduciéndome a fondo con lo mejor de sí mismo y tanto que yo me quedé convencida de que aquello era la séptima maravilla. Esa misma noche me enamoré de él. Me enamoré, me enamoré, me enamoré.” (Vilariño, en Gilio y Domínguez, 1993: 114). Sin embargo, cuando Idea se descubre enamorada, racionalmente sabe que esa relación no funcionaría. Aunque se tenga certeza de las pocas posibilidades de una relación amorosa a futuro, no impide que alguien se entregue del todo a ese amor complicado y quizá imposible o poco duradero. Las grandes diferencias y la falta de entendimiento no detienen ni limitan dicha entrega:
Teníamos la relación más difícil y más imposible […] Es el último hombre de quien debí enamorarme porque éramos lo más imposible de ligar que había. Nunca entendió el ABC de mi vida, nunca me entendió como ser humano, como persona. Y así teníamos nuestros grandes desencuentros. Si yo hablaba de algo sumamente delicado él me salía con una barbaridad. Decía cosas que me hacían echarlo, imposibles de soportar. Todavía me pregunto por qué aguanté tanto, por qué volví tantas veces. Nos peleábamos y volvíamos a juntarnos, lo echaba, regresaba. Una noche me llamó desesperado para que fuera a verlo. Yo estaba con alguien que me amaba y lo dejé por ir a pasar una noche con él. Y recuerdo que lo único que hicimos fue ponernos de espalda, leyendo un libro él, y yo otro. A la mañana siguiente le agarré la cara y le dije: sos un burro Onetti, sos un perro, sos un camello. Y me fui. (Domínguez, 2009: 112-113).

POEMAS

Desnudez total

Ya en desnudez total
extraña ausencia
de procesos y fórmulas y métodos
flor a flor,
ser a ser,
aún con ciencia
y un caer en silencio y sin objeto.
La angustia ha devenido
apenas un sabor,
el dolor ya no cabe,
la tristeza no alcanza.
Una forma durando sin sentido,
un color,
un estar por estar
y una espera insensata.
Ya en desnudez total
sabiduría
definitiva, única y helada.
Luz a luz
ser a ser,
casi en amiba,
forma, sed, duración,
luz rechazada.
Amor Laura
Amor
desde la sombra
desde el dolor
amor
te estoy llamando
desde el pozo asfixiante del recuerdo
sin nada que me sirva ni te espere.
Te estoy llamando
amor
como al destino
como al sueño
a la paz
te estoy llamando
con la voz
con el cuerpo
con la vida
con todo lo que tengo
y que no tengo
con desesperación
con sed
con llanto
como si fueras aire
y yo me ahogara
como si fueras luz
y me muriera.
Desde una noche ciega
desde olvido
desde horas cerradas
en lo solo
sin lágrimas ni amor
te estoy llamando
como a la muerte
amor
como a la muerte.

Vive

Aquel amor
aquel
que tomé con la punta de los dedos
que dejé que olvidé
aquel amor
ahora
en unas líneas que
se caen de un cajón
está ahí
sigue estando
sigue diciéndome
está doliendo
está
todavía
sangrando.

Te estoy llamando

Amor
desde la sombra
desde el dolor
amor
te estoy llamando
desde el pozo asfixiante del recuerdo
sin nada que me sirva ni te espere.

Te estoy llamando
amor
como al destino
como al sueño
a la paz
te estoy llamando
con la voz
con el cuerpo
con la vida
con todo lo que tengo
y que no tengo
con desesperación
con sed
con llanto
como si fueras aire
y yo me ahogara
como si fueras luz
y me muriera.

Desde una noche ciega
desde olvido
desde horas cerradas
en lo solo
sin lágrimas ni amor
te estoy llamando
como a la muerte
amor
como a la muerte.

Callarse

Estoy temblando
está temblando el árbol desnudo y en espejos
cantando
y cantando está la luna
riendo
sin silencios
la lírica y romántica
flauta y en cielo en hoz
por vez primera
se abren su luz cereza y el estiércol.

No se pueden quejar ni las mañanas
ni el ardiente sopor que por lo estéril
no canto más no canto
ni puedo deshacer en primavera
ni negarla y beber
ni matar sin querer
ni andar a tientas
ya que el aire está duro
y hay monedas locuras
esperando
la marca del el agua
en desazón riendo
riéndose riendo.

Ah si encono si entonces
ya no quiero
ya no pude se pasa nunca alcanza
una ola se vaga la marea
se desconcierta así
y el sol no existe aquí más que en palabras
Pero en cambio en el cielo
caben muchas pero muchas. A veces
se molestan se muerden
en los labios.

Tal vez no era pensar

Tal vez no era pensar, la fórmula, el secreto,
sino darse y tomar perdida, ingenuamente,
tal vez pude elegir, o necesariamente,
tenía que pedir sentido a toda cosa.

Tal vez no fue vivir este estar silenciosa
y despiadadamente al borde de la angustia
y este terco sentir debajo de su música
un silencio de muerte, de abismo a cada cosa.

Tal vez debí quedarme en los amores quietos
que podrían llenar mi vida con un nombre
en vez de buscar al evadido del hombre,
despojado, sin alma, ser puro, esqueleto.

Tal vez no era pensar, la fórmula, el secreto.
sino amarse y amar, perdida, ingenuamente.

Tal vez pude subir como una flor ardiente
o tener un profundo destino de semilla
en vez de esta terrible lucidez amarilla
y de este estar de estatua con los ojos vacíos.

Tal vez pude doblar este destino mío
en música inefable. O necesariamente…

Ya no

Ya no será
ya no
no viviremos juntos
no criaré a tu hijo
no coseré tu ropa
no te tendré de noche
no te besaré al irme
nunca sabrás quién fui
por qué me amaron otros.

No llegaré a saber
por qué ni cómo nunca
ni si era de verdad
lo que dijiste que era
ni quién fuiste
ni qué fui para ti
ni cómo hubiera sido
vivir juntos
querernos
esperarnos
estar.

Ya no soy más que yo
para siempre y tú
ya
no serás para mí
más que tú. Ya no estás
en un día futuro
no sabré dónde vives
con quién
ni si te acuerdas.
No me abrazarás nunca
como esa noche
nunca.

No volverá a tocarte.

No te veré morir.

Lo que siento por ti

Lo que siento por ti es tan difícil.
No es de rosas abriéndose en el aire,
es de rosas abriéndose en el agua.

Lo que siento por ti. Esto que rueda
o se quiebra con tantos gestos tuyos
o que con tus palabras despedazas
y que luego incorporas en un gesto
y me invade en las horas amarillas
y me deja una dulce sed doblada.

Lo que siento por ti, tan doloroso
como pobre luz de las estrellas
que llega dolorida y fatigada.

Lo que siento por ti, y que sin embargo
anda tanto que a veces no te llega.

El mar no es más que un pozo

El mar no es más que un pozo de agua oscura,
los astros sólo son barro que brilla,
el amor, sueño, glándulas, locura,
la noche no es azul, es amarilla.

Los astros sólo son barro que brilla,
el mar no es más que un pozo de agua amarga,
la noche no es azul, es amarilla,
la noche no es profunda, es fría y larga.

El mar no es más que un pozo de agua amarga,
a pesar de los versos de los hombres,
el mar no es más que un pozo de agua oscura.

La noche no es profunda, es fría y larga;
a pesar de los versos de los hombres,
el amor, sueño, glándulas, locura.

El mar

Tan arduamente el mar,
tan arduamente,
el lento mar inmenso,
tan largamente en sí, cansadamente,
el hondo mar eterno.

Lento mar, hondo mar,
profundo mar inmenso…

Tan lenta y honda y largamente y tanto
insistente y cansado ser cayendo
como un llanto, sin fin,
pesadamente,
tenazmente muriendo…

Va creciendo sereno desde el fondo,
sabiamente creciendo,
lentamente, hondamente, largamente,
pausadamente,
mar,
arduo, cansado mar,
Padre de mi silencio.

Carta II

Estás lejos y al sur
allí no son las cuatro.

Recostado en tu silla
apoyado en la mesa del café
de tu cuarto
tirado en una cama
la tuya o la de alguien
que quisiera borrar
-estoy pensando en ti no en quienes buscan
a tu lado lo mismo que yo quiero-.
Estoy pensando en ti ya hace una hora
tal vez media
no sé.

Cuando la luz se acabe
sabré que son las nueve
estiraré la colcha
me pondré el traje negro
y me pasaré el peine.

Iré a cenar
es claro.

Pero en algún momento
me volveré a este cuarto
me tiraré en la cama
y entonces tu recuerdo
qué digo
mi deseo de verte
que me mires
tu presencia de hombre que me falta en la vida
se pondrán
como ahora te pones en la tarde
que ya es la noche
a ser
la sola única cosa
que me importa en el mundo.

Cuando compre un espejo para el baño…

Cuando compre un espejo para el baño
voy a verme la cara
voy a verme
pues qué otra manera hay decime
qué otra manera de saber quién soy.
Cada vez que desprenda la cabeza
del fárrago de libros y de hojas
y que la lleve hueca atiborrada
y la deje en reposo allí un momento
la miraré a los ojos con un poco
de ansiedad de curiosidad de miedo
o sólo con cansancio con hastío
con la vieja amistad correspondiente
o atenta y seriamente mirarme
como esa extraña vez-mis once años-
y me diré mirá ahí estás
seguro
pensaré no me gusta o pensaré
que esa cara fue la única posible
y me diré esa soy yo ésa es idea
y le sonreiré dándome ánimos.

El olvido

Cuando una boca suave boca dormida besa
como muriendo entonces,
a veces, cuando llega más allá de los labios
y los párpados caen colmados de deseo
tan silenciosamente como consiente el aire,
la piel con su sedosa tibieza pide noches
y la boca besada
en su inefable goce pide noches, también.

Ah, noches silenciosas, de oscuras lunas suaves,
noches largas, suntuosas, cruzadas de palomas,
en un aire hecho manos, amor, ternura dada,
noches como navíos…

Es entonces, en la alta pasión, cuando el que besa
sabe ah, demasiado, sin tregua, y ve que ahora
el mundo le deviene un milagro lejano,
que le abren los labios aún hondos estíos,
que su conciencia abdica,
que está por fin él mismo olvidado en el beso
y un viento apasionado le desnuda las sienes,
es entonces, al beso, que descienden los párpados,
y se estremece el aire con un dejo de vida,
y se estremece aún
lo que no es aire, el haz ardiente del cabello,
el terciopelo ahora de la voz, y, a veces,
la ilusión ya poblada de muertes en suspenso

Mediodía

Transparentes los aires, transparentes
la hoz de la mañana,
los blancos montes tibios, los gestos de las olas,
todo ese mar, todo ese mar que cumple
su profunda tarea,
el mar ensimismado,
el mar, a esa hora de miel en que el instinto
zumba como una abeja somnolienta…
Sol, amor, azucenas dilatadas, marinas,
Ramas rubias sensibles y tiernas como cuerpos,
vastas arenas pálidas.
Transparentes los aires, transparentes
las voces, el silencio.
A orillas del amor, del mar, de la mañana,
en la arena caliente, temblante de blancura,
cada uno es un fruto madurando su muerte.
 

Quiénes son quiénes son…

Alma, Azul, Poema, Numen
Quiénes son quiénes son
metidos en mi vida
imponiendo ternura
espectros como yo
momentáneos y vanos
iguales a las hojas que pudre cada otoño
y no dejan memoria.
Quiénes son quiénes son.
Son éstos y no otros
de antes de después
frutos de muerte son
sin remedio sin falta
irremisiblemente
antes o después
muertos
tan fugazmente cálidos alentando y erguidos
y amando
por qué no
amando sin pavor
sin conjugarse nunca
la otra alma el otro cuerpo
la otra efímera vida.
Quiénes son quiénes son.
Qué camada de muertos para el suelo que pisan
qué tierra entre la tierra mañana
y hoy en mí
qué fantasmas de tierra obligando mi amor.

Cuándo ya noches mías

Cuándo ya noches mías
ignoradas e intactas,
sin roces.
Cuándo aromas sin mezclas
inviolados.

Cuándo yo estrella fría
y no flor en un ramo de colores.

Y cuando ya mi vida,
mi ardua vida,
en soledad
como una lenta gota
queriendo caer siempre
y siempre sostenida
cargándose, llenándose
de sí misma, temblando,
apurando su brillo
y su retorno al río.

Ya sin temblor ni luz
cayendo oscuramente.

A un poeta

Pobre Rubén creíste
en todas esas cosas
gloria sexo poesía
a veces en América
y después te moriste
y ahí estás muerto
muerto

Pobre pobre Rubén
te rodeaste de mitos
de cisnes de Parises y de Grecias
de cargos y de deudas
de amigos sinvergüenzas.

Te engañaron te hicieron
el cuento te robaron
te robaron Rubén
–mira que fuiste tonto–
o bien no te pagaban
aunque a veces tú mismo
derrochaste tus pesos
con la embriaguez de un niño.

Y escribiste bobadas
por encargo por juego
y hasta por compromiso.
mira que fuiste tonto
casarte con Rosario
andar con presidentes
alternar con snobs
caer con cualquier pícaro.

No puedo respetarte
y ni siquiera ver
de dónde te brotaban
tus versos tus palabras
tu tremendo lirismo
tu canto tu increíble
belleza tu poesía.

No sé Rubén no sé
no sé pero brotaba
–ritmo canción tormenta
rio apacible sangre
dulce oscura que mana–

No sé. Acaso del pobre
corazón arrancado
–eso dicen–
o del pobre cerebro
que después disputaron
–eso dicen–
a punta de revólver.

No sé no sé Rubén
no sé pero qué hermosa
a veces tu poesía
qué grande qué valiente
o que honda qué humana
a veces tu poesía.

Vaya a saber. Tal vez
tú mismo no supieras.

(La Habana, 1966, leído en el Encuentro
con Rubén Darío, en Casa de las Américas)

Te recomendamos ver el programa de televisión.

PRÓXIMO NÚMERO


129. Poesía más Poesía: Julio Herrera y Reissig

JULIO HERRERA Y REISSIG

BIOGRAFÍA

Poeta uruguayo, considerado una de las cumbres del modernismo, y uno de “los cuatro delfines” y herederos de Rubén Darío, junto a Leopoldo Lugones, Amado. Nervo y Ricardo Jaimes Freyre.

Nació el 9 de enero de 1875 en Montevideo, entonces una capital de casi medio millón de habitantes. (No debemos olvidar, por cierto, ni a Lautréamont, ni a Jules Laforgue, a quienes el destino hizo nacer igualmente en Montevideo y a Delmira Agustini de su misma época, que vimos en un programa anterior).

Descendiente de una familia de abolengo patricio, su tío, Julio Herrera y Obes llegaría a ser presidente de la República del Uruguay. Sus padres, Manuel Herrera y Obes y Carlota Reissig, tuvieron nueve hijos y, en el momento de su nacimiento, su padre gozaba de buena posición económica fruto de importantes negocios por lo que nació y vivió durante sus primeros años en una mansión de los alrededores de la capital, en el barrio del Prado. A los cinco años, en 1880, se le descubre una grave arritmia coronaria congénita que afectará en adelante a su existencia.
Escribe:

¿Queréis saber de mi amistad primera? Pues bien: fue con la muerte.

En 1882 su padre sufrió un quebranto económico, lo que lo llevó a vender su participación en el Banco Herrera-Eastman y una parte de sus propiedades, con lo que la familia pasa a vivir en una casa de la ciudad de Montevideo. En este tiempo comienza sus estudios en el Colegio Lavalleja y a los trece años lo inscriben en el colegio salesiano del Cordón, donde estudia dos cursos, posteriormente pasa al colegio San Francisco. Es una época en la que ya empieza a mostrarse su gran poder imaginativo con episodios de ciclotimia.

Muere su abuelo Manuel Herrera y Obes en 1890 y al año siguiente su hermano Rafael,(cinco año mayor que él). En el mismo año, su tío, Julio Herrera y Obes, asume la presidencia de la República y, por su mediación, ocupa el primer cargo público en la Alcaidía de la Aduana, dos años después renunció por el agudizamiento de su enfermedad coronaria. En esa misma época cae enfermo de fiebres tifoideas y pasa la convalecencia en la estancia del general José Villar, ministro de su tío, en el departamento de Salto.

En 1895 José Pedro Massera, Director de la Inspección Nacional de Instrucción Pública, lo nombró su secretario adjunto, pero acabará renunciando a los dos años ante la indiferencia de Massera, escribiendo como desahogo «Cosas de aldea», texto en el que manifiesta su agravio y cierta megalomanía que da comienzo a su leyenda.
A partir de este momento su formación se basará en la lectura de los clásicos españoles, griegos y latinos, así como autores franceses de literatura y filosofía, Víctor Hugo, Lamartine, Musset y las ediciones de Mercure de France. La poesía se convierte así en el centro de su vida acentuando una inclinación que ya tenía desde los quince años.
Tras algún tanteo inicial, en abril de 1898 publica su poema «Miraje» con reminiscencias de Lamartine y Bécquer, pero que, aparecido con un elogio del crítico Samuel Blixen, se convierte en un  éxito que lo estimula para continuar escribiendo versos en la misma línea. Un año después tiene un escarceo en política al participar contra la unificación del Partido Colorado, pero pronto se dará cuenta de que su vida es la literatura.

En este mismo año, 1899, funda La Revista, periódico quincenal que dura once meses y en cuyo primer número evalúa negativamente el momento literario de su país y contribuye a la iniciación renovadora del modernismo, pues en ella se publicaron algunos poemas de Toribio Vidal Belo, como «Noche blanca», que denotaban el eco de Prosas profanas de Rubén Darío, apenas conocido entonces en Montevideo. Herrera lo destaca por su originalidad en su revista, hasta el punto de observarse una variación notable entre las opiniones de la primera y la segunda parte de su ensayo «Conceptos de crítica», uno de los cuatro textos en prosa que publica, junto con seis breves poemas, en La Revista. A través de Vidal Belo conoció a los poetas modernistas hispanoamericanos y a los simbolistas franceses, Darío y Julián del Casal, a Verlaine y Rodenbach. En estos años las nuevas corrientes ideológicas y estéticas finiseculares se concentran en Montevideo con la entrada de las ideas de Nietzsche, Kropotkin y Bakunin, así como los simbolistas Baudelaire, Rimbaud y Verlaine, ello contribuye al giro poético que se está produciendo. Pero fue su amistad con Roberto de las Carreras lo que decidió su cambio definitivo de orientación literaria. De las Carreras había llegado de París en 1898 con una buena cantidad de libros de poetas parnasianos y simbolistas e hizo de la provocación su propia existencia exhibiendo ideas anarquistas y proclamando el amor libre, con lo que capitalizó en el ambiente montevideano el emblema de la nueva literatura.

Se funda en el domicilio familiar, calle San José 119, El Cenáculo, antecedente de La Torre de los Panoramas.

En 1899, Cambio de domicilio familiar a la calle Cámaras 96, donde funda el Segundo Cenáculo, lugar de reunión de los jóvenes poetas montevideanos.
Conoce a Leopoldo Lugones a través del Consistorio del Gay Saber que dirigía Horacio Quiroga.
En abril de 1900 Roberto de las Carreras publicó Sueño de Oriente que envió a La Revista, y que Herrera leyó maravillado por su transgresión y atrevimiento. Julio fue a visitar a Roberto y éste lo recibió en la bañera y luego publicó una reseña sobre su obra en la que  decía: «Sueño de Oriente constituye la nota artística más anticonvencional posible dada en el pequeño teatro de nuestra literatura. Todo en él es nuevo, arrogante y sutil». A partir de este encuentro se hicieron amigos y adoptó también la misma actitud desafiante. 

La Revista dejó de publicarse en julio de 1900 al sufrir Herrera la más dura de las crisis cardiacas hasta el momento. El único remedio conocido era la morfina y a ella debió unir su vida, al mismo tiempo que usó sus efectos literariamente, y para elaborar su leyenda de poeta maldito.
Su enfermedad le impidió viajar y trabajar de modo convencional pero no fue un obstáculo para que se convirtiera en un personaje peculiar, un dandy de raíces baudelairianas, desde 1900 se sucedieron las veladas literarias en el ático de la mansión familiar en Montevideo, conocida como La Torre de los Panoramas a causa de las importantes vistas que desde allí se tenían al Río de la Plata. En estas reuniones empezó la evolución de su obra desde el romanticismo hacia la vanguardia modernista que lo convertiría póstumamente en una referencia obligada de la poesía latinoamericana de la época, junto a Leopoldo Lugones, Ricardo Jaimes Freyre y Salvador Diaz Mirón.

Junto a las discusiones literarias, en la Torre de los Panoramas se practica el espiritismo para invocar a los muertos del vecino cementerio central de Montevideo y se fuma opio. Sus dolencias, no tardaron en empujar a Herrera y Reissig al uso de estupefacientes.

“No soy un vicioso. Cuando tengo que escribir algún poema en el que necesito volcar todo mi ser, todo mi espíritu, toda mi alma, fumo opio, bebo éter y me doy inyecciones de morfina. Pero eso lo hago cuando tengo que trabajar. Los paraísos artificiales son para mí un oasis”, contaba Rubén Darío que su admirado Julio decía.
Nace su hija natural Soledad Luna que no reconocerá hasta dos años después.

La obra de Roberto de las Carreras, hoy día, no se valora más que dentro de la medianía, pero su actitud fue un estímulo constante para Herrera al introducir nuevas tendencias decadentistas. Ello explica su deslumbramiento y amistad, hasta el punto de que proyectaron textos conjuntos en los que se burlaban del ambiente de la ciudad a la que llamaban «la toldería de Tontovideo». Es entonces cuando se proponen escribir Los nuevos charrúas o Parentesco del hombre con el suelo o Tratado de la imbecilidad del país según el sistema de H. Spencer, del cual se conservan unos cientos de páginas que sólo se han podido publicar hace pocos años. Parte de este trabajo pasará al «Epílogo wagneriano a la Política de fusión».

Años después, en 1906, ambos poetas se enemistan por una polémica relacionada con el supuesto robo de una metáfora («el relámpago luz perla / que decora su sonrisa» de Herrera) cuyo origen podría rastrearse en la poesía de Quevedo y en la de Bécquer. Asunto tan absurdo encubría otro tipo de diferencias.

EN 1903 Conoce a Julieta de la Fuente que será su pareja hasta su muerte.


Para evitarle el servicio militar, su padre le busca un trabajo en el Censo de Buenos Aires, allí parte en 1904 donde compone una parte de Los éxtasis de la montaña, volviendo a Montevideo en 1905 donde reinicia su vida en la Torre de los Panoramas.
De 1902 a 1907 habrá de escribir la mayor parte de su obra, aunque solo unos 80 poemas habrán aparecido de forma dispersa en las publicaciones de la época. En mayo de 1907 fundó La Nueva Atlántida, «revista superior de altos estudios», que sólo alcanzó dos números ya que no contaba con la ayuda económica familiar. A la muerte de su padre en esa misma época se acentuó la desprotección del poeta que pasa a vivir esporádicamente en casa de su novia, Julieta de la Fuente, con lo que debió aceptar un trabajo en el periódico La Noche.

Retrato - Julio Herrera y Reissig
Julio Herrera y Reissig y su esposa Julieta de la Fuente (1910)

En julio de 1908 se casó con Julieta de la Fuente. Fallece días después su madre, Carlota Reissig, su hermano Alfredo enloquece, se acentúa aun más su indefensión e intenta negocios y empleos, como un comercio de vino francés, agente de la Compañía Nacional de Seguros La Uruguaya, y al final de su vida le conceden un empleo del Estado, el de subarchivero-bibliotecario del Departamento Nacional de Ingenieros, que no pudo asumir, ya que desde noviembre de 1909 hasta mediados de marzo de 1910 se agrava su enfermedad. Murió el 18 de marzo de 1910.

La obra principal de Julio Herrera y Reissig es fruto de los diez últimos años de su vida. En estos mismos años, Herrera funda un singular Cenáculo, y luego la célebre Torre de los Panoramas, que alcanzará su consagración dos años después, hacia 1903, como lugar de reunión y de distendida amistad. Lugar embellecido por la imaginación fue la sede de largas discusiones poéticas hasta convertirse en emblema de su poesía y del modernismo esteticista.

Torre de los Panoramas Vista frontal - Julio Herrera y Reissig
La Torre de los panoramas

La Torre era su lugar de trabajo en la azotea de la casa familiar, al que se subía por una escalera de caracol, allí se recitaban poemas, se cantaba y tocaba la guitarra. Por ella pasaron todos los literatos uruguayos de su tiempo, entre los que se pueden contar su auditorio e imitadores, como Juan Picón, Pablo Minelli González, autor de un libro Mujeres flacas (1904), Juan Mas y Pi, César Miranda (Pablo de Grecia) que publica Letanías simbólicas, también en 1904, Edmundo Montagne y Oscar Tiberio. Un lugar de reunión semejante era el Consistorio del Gay Saber de Horacio Quiroga donde en 1900 conoció a Leopoldo Lugones que recitó algunos sonetos de Los crepúsculos del jardín.
La única obra ordenada por el poeta es Los peregrinos de piedra que data de un año antes de su muerte, 1909.


De Herrera y Reissig fue a decir Neruda: “Si Rubén Darío es el rey indudable de la marmolería modernista, Julio del Uruguay arde en el fuego subterráneo y submarino, y su locura verbal no tiene parangón en nuestro idioma”.

En tanto que Alberti habría de definirlo como “un poeta pleno de aventuras, disconforme y audaz, virtudes hoy visiblemente perdidas en los últimos autores”.

Herrera y Reissig escribió ficción, ensayos políticos, traducciones y muchas otras obras, pero es fundamentalmente conocido y reconocido por su producción poética.

 Canto a Lamartine (1898)
 Las pascuas del tiempo (1902)
 Los maitines de la noche (1902)
 La vida (1903)
 Los parques abandonados (1902-1908)
 Los éxtasis de la montaña (1904-1907)
 Sonetos vascos (1908)
 Las clepsidras (1909)
 La torre de las esfinges (1909)
 Los peregrinos de piedra (1909)
 La torre de marfil

POEMAS

LA DICTADURA

¡Infame siempre ha sido tu reinado;
pues te abortó la sombra de los vicios
y tu trono se alzó sobre suplicios
y fue tu ley el yugo despreciado!

En banquetes de sangre te has cebado,
y bajo los satánicos auspicios
has fundado la serie de desquicios
que a nuestro patrio lábaro ha enlutado!

Tu razón fue una horca para el justo,
fue tu engendro la guerra fratricida
y tu oscuro estandarte el retroceso.

y tu único enemigo el sol augusto
que ilumina la escena del progreso:
¡la libertad! ¡la libertad querida!

¡ARRIBA!

En el fango maldito,
se revuelve enlutada la bandera
que tremoló en las Piedras y el Cerrito.
Besada por la pólvora altanera,
esa que al saludarla en su comienzo
simbolizando del civismo el vuelo
formó espirales de azulado incienso
que en flecos vaporosos llegó al cielo,

– – – – – – – – ¡la patria del ensueño!
a quien robó su azul el ancho Plata
y la bandera su color risueño
y su sol de flamígera escarlata;
sol que es un rayo para el vil tirano
y para el llanto de la patria un beso
sol que jamás se mancha en el pantano
sol que en el ojo del jaguar va impreso,

– – – – – – – – del jaguar iracundo
que dio su garra al pueblo de Cagancha
y su rugido, que ha asombrado al mundo,
cuando de la opresión, la impura mancha
sintió en su noble y elevada frente
donde arde el fuego de la inmensa entraña
donde la pura nieve refulgente
brilla como en la esplendida montaña!

¡Y bien! ¡Oh pueblo! hay fieras en tu seno
que visten galas de farsaica (*) idea,
como hay flores que esconden el veneno,
como se encuentra lodo que chispea;
son eso que tú aplaudes los primeros
¡ay! los que vivirán de tus despojos.
¡Son los oscuros cuervos agoreros
los mismos que te arrancarán los ojos!

II
¿Olvidarás tu historia?
¿No hay sol en tu bandera que te alumbre?
Nació mirándolo la patria gloria
como lo mira el cóndor de la cumbre.
Tú sabes que la libertad querida
costó ¡ay! regar las balas cual semillas
con la preciosa esencia de la vida
y hacer cien cementerios de cuchillas!

Esos espurios, falsos ciudadanos
para quienes la ley no tenía valla,
son los mismos que piden hoy tiranos
y se hacen aclamar por la canalla!
¡Son los mismos, los mismos, que en otrora

– – – – – – – – sin timidez alguna
despreciando la fuerza usurpadora,
lanzaban rayos desde una tribuna!

¡Los perseguidos por la fiera hirsuta
que iban buscando un extranjero techo,
aman la fiera, aman la fuerza bruta
piden el sacrificio del derecho;
como la turba hebraica, en negro día
gritó al ver a Jesús… ¡dadle suplicio!
y en la embriaguez infame de la orgia
¡que salga Barrabás! ¡que triunfe el vicio!

III
Poetas de mi tierra, en esta hora,
en esta horrenda hora de tormento
dejad que vuestra lira atronadora
la pulse el rayo y la remonte el viento
¡La inspiración del cráter ¡oh! cantores
es la que el cóndor majestuoso escucha;
el hombre pide arrullo en sus amores,
y rugidos de león desea en la lucha!
¡Que cada nota un anatema sea
contra los falsos ídolos del vicio
fabricados del cieno que se crea
en el bajo que ciñe el precipicio!
¡Proclamad la virtud, más luminosa
si más negra es la noche en que se enseña,
la virtud cuando cae es más hermosa
como el torrente cuando se despeña!

El sol de redención, el sol de Mayo
el que lució con San Martín y Artigas
tuvo un himno de luz en cada rayo
vibrando entre las hordas enemigas;
sol que en Caseros fulguró de encono
como el poeta de la luz sagrada
al fulminar el relajado trono
del que tuvo por ley ¡mísera espada!

IV

– – – – – – – – ¡Ese sol de victoria
que se eclipsó entre sangre de Quinteros
es con desprecio de su santa gloria
escupido por viles mazhorqueros .

– – – – – – – – – ¡Y esa bandera erguida
se enrosca avergonzada entorno al asta,
del hombre que la arrastra prostituida,
como diciendo: ¡histrión! detente… basta!

¡Oh! león de la Agraciada
¡Levántate y sacude la melena
fuego de redención es tu mirada
contra ese fuego es trapo una cadena!
¡Despedaza en tu garra el cetro impuro
con que se ciñe de ambición un beodo;
mas callo, que el castigo del perjuro
debe salir del lodo, sí, del lodo!

¡Calle la lira avergonzada, calle,
que en el momento en que la ley sucumba
cada oriental será un volcán que estalle,
un luchador saldrá de cada tumba!
¡De las gradas del mundo, las naciones
han de arrojar laureles a los bravos
que antes quieren pasar por fieros leones
y no ser despreciados como esclavos!

JULIO HERRERA Y REISSIG y sus “Pascuas del Tiempo” por Leopoldo de Luis

-Fragmento-

Fastuosos son los versos orquestales de estas “Pascuas del Tiempo”. Asombroso poeta de abigarrada cultura mitológica como un Góngora resurrecto. “Nada más apasionante que la poesía de este uruguayo fundamental, de este clásico de toda la poesía”, dejó dicho de él Pablo Neruda.
Sol en Sagitario, M.C.M.”. Esta fechación forma parte del retoricismo y la imaginación del poeta, porque Julio no viajó nunca a Europa. No cabe sino pensar que el talante ecuménico con que redacta la nómina de personajes convocados le inclinó a desear un punto céntrico, un ombligo de la cultura, y ninguno tan típico como París. Bien sabemos que el modernismo americano se esforzaba por mirar a las modas francesas.
En el primer canto, el poeta alude al tiempo como a un viejo patriarca de cuyas arrugas ha de salir el futuro.
El canto segundo describe una imaginaria fiesta de ultratumba, con los más variados personajes históricos como invitados, en una mezcla que olvida la historicidad.
En el tercero, es la retahíla de los meses lo que deambula y baila.
En el cuarto se alza la harmonía (escrita con h, claro) de la lira de Orfeo.
En el quinto, la zarabanda de un repertorio de horas que culmina en el canto seis.
En el siete, el más extenso, vuelven los meses a entretejer un himno, y en el último, figuras mitológicas llegan a la fiesta que se remata con un epílogo en cuatro versos de dieciséis sílabas.
La poesía modernista, con su creación de ritmos, desdoblando y ampliando la versificación, cobra en este poema de Herrera y Reissig un estadio delirante. Su lujo verbal, sus rimas que cantan y encantan, su sintaxis encaramada a la anáfora, el empleo de términos de tan singular brillo como de rareza de uso, el derroche de evocaciones que concitan protagonistas reales o supuestos, manifestándose en escenarios ya de gusto francés, ya de recreaciones helenas. Todo ello aleja la poesía de propuestas sentimentales, meditaciones o trascendencias, para instalarla en el ideal reino de la belleza. Pero es claro que la belleza puede alzarse como un valor rebelde. La belleza del arte, contra lo chabacano, la torpeza convencional y burda de la vieja burguesía. No se equivocaba el gran crítico Ricardo Gullón cuando, ante la elegancia de la estética modernista, decía que los cisnes y las princesas tenían sentido, lo que -según ha escrito el profesor Urrutia en su prólogo al libro de Juan Ramón Jiménez- puede interpretarse como deseo de elevación intelectual e idealista por encima de la vulgaridad.
Por si fuera poco, Herrera y Reissig introduce en sus elaborados versos un ingrediente irónico, con lo que se anticipa a la visión de un costado lúdico de la poesía manejada años después por los ultraístas.
Poesía como de ricos cortinajes y telas recamadas. Poesía de salones lujosos y adornos sensuales y tapices que evocan paisajes exóticos. Fuentes con ninfas, arquitectura de alhambras y mekas.
Espectros de rastros seculares. Borgia o Cleopatra; la Reina de Saba o Voltaire; la Pompadour o Santa Teresa; Atila o Byron.
Triunfo deslumbrante del movimiento que abre la poesía moderna en lengua española con el siglo que recién acaba. Por esas rutas transitó una pléyade renovadora e innovadora que merece recuerdo y gratitud. AJenaro Talens -poeta renovador él mismo- y a Luis Íñigo Madrigal les debemos este regalo, en manos de Biblioteca Nueva.

LAS PASCUAS DEL TIEMPO

I
SU MAJESTAD EL TIEMPO

El Viejo Patriarca,
                   Que todo lo abarca,
Se riza la barba de príncipe asirio;
Su nívea cabeza parece un gran lirio,
Parece un gran lirio la nívea cabeza del viejo Patriarca.
Su pálida frente es un mapa confuso:
La abultan montañas de hueso.
Que forman lo raro, lo inmenso, lo espeso
De todos los siglos del tiempo difuso.
Su frente de viejo ermitaño
Parece el desierto de todo lo antaño:
En ella han carpido la hora y el año,
Lo siempre empezado, lo siempre concluso,
Lo vago, lo ignoto, lo iluso, lo extraño,
Lo extraño y lo iluso…
Su pálida frente es un mapa confuso:
La cruzan arrugas, eternas arrugas,
Que son cual los ríos del vago país de lo abstruso
Cuyas olas, los años, se escapan en rápidas fugas.
¡Oh, las viejas, eternas arrugas;
Oh los surcos oscuros:
Pensamientos en formas de orugas
De donde saldrán los magníficos siglos futuros!

II
FIESTA POPULAR DE ULTRATUMBA

Un gran salón. Un trono. Cortinas. Graderías.
(Adonis ríe con Eros de algo que ha visto en Aspasia)
Las lunas de los espejos muestran sus pálidos días,
Y hay en el techo y la alfombra mil panoramas de Asia.
Las lámparas se consumen en amarillas lujurias,
Y las estufas se encienden en pubertades de fuego;
(Entran Sátiros, Gorgonas, Ménades, Ninfas y Furias;
Mientras recita unos versos el viejo patriarca griego.)
Unos pajes a la puerta visten dorado uniforme;
Cruzan la sala doncellas ornadas con velos blancos.
(Anuncian: están Goliat y una señora biforme
Que tiene la mitad pez, Barba Azul y sus dos zancos.)
Un buen Término se ríe de un efebo que se baña.
Todos tiemblan de repente. (Entra el Hércules nervudo)
Grita Petronio: ¡Falerno! Grita Luis Once: ¡Champaña!
(Grita un pierrot: ¡Menelao con un cuerno y un escudo!)
Todos ríen, sólo guardan seriedad Juno y – Mahoma,
El gran César y Pompeyo, Belisario y otros nobles
Que no fueron muy felices en el amor. Se oyen dobles
Funerarios: es la Parca que se asoma…
(Todos tiemblan) los más viejos rezan, se esconden,
              murmuran.
Safo le besa la mano. Se oye de pronto un gran ruido,
Es Venus que llega: todos se desvisten, tiemblan, juran,
Se arrojan al suelo y sólo se oye un inmenso rugido
De fiera hambrienta: los hombres se abalanzan a la diosa,
(Ya no hay nadie que esté en calma, todos perdieron el juicio) 
Todos la besan, la muerden, con una furia espantosa,
Y Adonis llora de rabia… En medio de ese desquicio
El Papa Borgia está orando (mientras pellizca a una niña),
Tan sólo un bardo protesta: Lamartine, con voz airada;
Para restaurar el orden se llamó a Marat. La niña
Duró un minuto y la escena vino a terminar en nada.
Con el ala en un talón entra Mercurio; profundo
Silencio halló el mensajero. El gran Voltaire guiñó un ojo
Como queriendo decir: ¡cuánto pedante en el mundo
Que piensa con los talones! (Juan lo miró de reojo.
Y un periodista que había se puso serio y muy rojo.)
Entra Aladino y su lámpara. Entran Cleopatra y Filipo.
Entra la Reina de Saba. Entran Salomón y Creso.
(Con las pupilas saltadas se abalanzó un burgués rico,
Un banquero perdió el habla y otro se puso muy tieso.)
“Mademoiselle Pompadour”, anuncia un paje. Mil notas
Vibran de pronto; los hombres aparecen con peluca,
(Un calvo aplaude, y de gozo brinca una vieja caduca)
Comienza el baile: pavanas, rondas, minués y gavotas.
Bailan Nemrod y Sansón, Anteo, Quirón y Eurito;
Bailan Julieta, Eloísa, Santa Teresa y Eulalia,
Y los centauros: Caumantes, Grineo, Medón y Clito;
(Hércules no; le ha prohibido bailar la celosa Onfalia.)
Entra Baco, de repente; todos gritan: ¡Vino, Vino;
(Borgoña, Italia y Oporto, Jerez, Chipre, Cognac, Caña,
Ginebra y hasta Aguardiente), viva el pámpano divino,
Vivan Noé y Edgard Poe, Byron, Verlaine y el Champaña!
Esto dicho, se abalanzan a un tonel. Un fraile obeso
Cayó, debido, sin duda (más que al vino) al propio peso.
Como sintieran calor Apuleyo y Anacreonte
Se bañaron en un cubo. Entra de pronto Caronte.
(Todos corren a ocultarse). No faltó algún moralista
Español (ya se supone) que los tratara de beodos,
El escándalo tomaba una proporción no vista,
Hasta que llegó Saturno, y, gritando de mil modos,
Dijo que de buenas ganas iba a comerlos a todos.
Hubo varios incidentes; (entra Atila y se hunde el piso;
Eolo apaga unas bujías; habla Dantón; se oye un trueno.)
En el vaso en que Galeno
Y Esculapio se sirvieron, ninguno servirse quiso.
Un estoico de veinte años, atacado por el asma,
Se hallaba lejos de todos. “Denle pronto este jarabe”.
Dijo Hipócrates, muy serio. Byron murmuró, muy grave:
“Aplicadle una mujer en forma de cataplasma”.
Una risa estrepitosa sonó en la sala. De rojo
Vestido un dandy gallardo, diole la mano al poeta
Que tal ocurrencia tuvo. (El gran Byron que era cojo,
Tanto como presumido, no abandonó su banqueta,
Y tuvo para Mefisto la inclinación más discreta.)
En esto hubo discusiones sobre cuál de los suicidas
Era más digno de gloria. Dijo Julieta; yo he sido
Una reina del Amor; hubiera dado mil vidas
Por juntarme a mi Romeo. Dijo Werther: yo he cumplido
Con un impulso sublime de personal arrogancia.
Hablaron Safo y Petronio, y hasta Judas el ahorcado,
Por fin habló el cocinero del famoso Rey de Francia,
El bravo Vatel: yo, dijo, con valor me he suicidado
Por cosas más importantes, ¡por no encontrar un pescado!
Todos soltaron la risa. (Grita un paje: está Morfeo.)
Todos callan, de repente… todos se quedan dormidos.
Se oyen profundos ronquidos.
(Entra en cuclillas un loco que se llama Devaneo.)

III
LLEGADA DE LOS MESES Y DE LAS HORAS

(Terpsícore puede más que Morfeo)
Saludando cortésmente a la buena Mamá Juno
(Son las XII de la noche, del mes doce a 31)
Entran: Junio, Julio, Agosto, Setiembre, Octubre y
        Noviembre.
Enero, Marzo y Abril, Mayo, Febrero y Diciembre.
Síguelos el Viejo Tiempo, con traje de soberano.
(El Patriarca de los Siglos a quien ninguno conoce.)
              Y tomadas de la mano,
Formando rueda y bailando la vieja danza del brinco:
La seis, la ocho, la nueve, la diez, la once, la doce,
La una, la dos, la cuatro, la tres, la siete y la cinco.
(Anuncian: está Terpsícore.) Todos despiertan y ríen:
El gran salón se ilumina con mil resplandores blancos;
Barba Azul corre en sus zancos;
Raras macabras armónicas los instrumentos deslíen,
Y sin que haya espiritistas saltan las mesas y bancos.
Byron, Tirteo y Quevedo se olvidan de que son cojos,
Rabelais y el gran Leopardi no saben ya sus defectos;
Homero y Milton se muestran, ambos, con grandes anteojos;
los cuerdos se vuelven locos y arlequines los proyectos.
(Por bailar a misia Parca también se le van los ojos.)

IV
RECEPCIÓN INSTRUMENTAL DEL GRAN POLÍGLOTO ORFEO

Cuentos de Harmonía
Entra el viejo Orfeo. Mil notas auroran
El aire de ruidos, mil notas confusas;
Suspiran las Musas, las Sirenas lloran;
Las Sirenas lloran, suspiran las Musas.
Misteriosas flautas, que modulan gritos
De bacantes ebrias, de hetairas locas,
Cantan las canciones de los tristes mitos;
de los besos muertos en las regias bocas.
Finas violas trinan los rondeles breves
Que en la danza regia dicen los encajes,
Las suaves y amables carcajadas leves
De las suaves sedas de los leves trajes.
Sistros marfilados hablan de las lidias
De los viejos reyes; de su real decoro;
De Judith y Esther cuentan las perfidias,
Los asesinatos de sus besos de oro.
Címbalos de plata cuentan las historias
De reinas de Saba; de sangrientas misas,
Y cascabelean las divinas glorias
De los viejos bardos y las pitonisas.
Suaves mandolinas desabrochan llantos
De Mignones ebrias y Lilís divinas,
Y hacen las historias, de crueles encantos
Y dulces venenos, de las Florentinas.
Cuernos y zampoñas, cobres y trompetas,
(Que tienen el triunfo dorado del Sol)
Aúllan y ladran y rujen y gritan,
(Los himnos más rojos en tono i bemol).
¡Hablando de guerras, de sangre, de atletas,
De incendios, de muertes y cosas que excitan!
Órganos tronantes murmuran canciones,
De mística, vaga, celeste harmonía,
Que hacen de las barbas de Jehová vellones
Para ornar la mesa de la eucaristía.
Discretos violines hacen historietas
De pies diminutos, escotes y talles;
De anillos traidores; de las Antonietas,
De los galanteos del regio Versalles.
Narran mil alegros, de collares ricos,
De aleves conquistas, de alcobas doradas:
Las conspiraciones de los abanicos
Y las aventuras de las estocadas.
Timbales y oboes, panderos y gaitas
Son gitanas tristes, ebrias bayaderas
Que dan el almíbar de las chirigaitas,
Sangre de cicutas, celos de panteras,
Que sugieren dramas de placer y llanto,
Risas y suspiros de Selikas locas,
Sollozos de Aída, ramos de amaranto,
Orgías de vasos, puñales y bocas.
Graves clavicordios, tristes violoncelos
Susurran amores de duques suicidas,
Y hablan en la lengua de los terciopelos,
Del vino que usaban las reinas queridas.
Guitarras sensibles, en raudos alegros,
Hablan de toreros, chulos y manolas;
Fingen las tormentas de los ojos negros,
Y hablan de los celos de las reinas Lolas.
Ríen con la risa del castañeteo,
Vuelan con el vuelo de la seguidilla,
Y hablan del hechizo que en el culebreo
Ponen las sultanas de la manzanilla.
Sugieren de pronto caderas ariscas,
Gestos que provocan, y ligas que atan;
¡Toros de lujurias, besos de odaliscas,
Canelas, mantillas y piernas que matan!…

V
LA GRAN SOIRÉE DE LA ELEGANCIA.
LA DANZA DE LOS MESES Y DE LAS HORAS GALANTERÍAS ETERNAS

Decoración: La sala semeja una floresta
Unos faunos sensuales persiguen a una driada,
Cantos de aves sinfónicas hace vibrar la orquesta.
(Pajes, Arqueros, Duendes y gente uniformada.)
Los Dioses del Olympo todos se hallan presentes.
(Emblemas, jeroglíficos, toisons, panoplias, cuernos)
Inmensa muchedumbre de silenciosas gentes;
Santos del Paraíso, reyes de los Infiernos.
El viejo Tiempo se halla sentado en su gran solio.
(Heraldos y sirenas, dragones, sagitarios)
A un lado el Laberinto y al otro el Capitolio.
La Parca está rezando sus credos funerarios.
Alcen contempla a Diana. Pan toca su bocina;
Un centauro y un sátiro se cuentan sus lujurias;
Hidras, peces biformes. (Plutón y Proserpina.)
Tritones y Oceánidas y Náyades y Furias.
Lohengrin y el Cisne. Cadmo transformando una piedra;
(Pontífices, Mikados, Sultanes, Caballeros)
Margarita en su rueca, Minos hiriendo a Fedra.
(Damas de corte, brujas, nobles y mosqueteros.)
Cristo y Mahoma charlan de asuntos de la tierra;
(Se alzan el Vaticano, la Alhambra, Meka y Roma)
Millones de esqueletos surgen en son de guerra,
Etcétera… Posdata: la Esfinge se desploma.
Aramis el noble, gentil bastonero,
Le pide su cetro magnífico a Ulises;
(Adornan la sala lujosas cariátides,
Regios artesones y un áureo florero
En el que hay hortensias, anémonas, lises,
Adelfas, orquídeas, lotos y clemátides)
Y ordena la danza. Las Hadas del Día,
Que son doce, se ponen en rueda.
(Hay espejos, luces, cuadros, pedrería,
Bibelots, Cupidos, oro, mármol, seda…)
Un reloj semeja la alfombra bordada;
(Ornan los tapices regias hipsipilas;
La Venus de Ictinius se muestra enflorada:
Lucen crisantemos, nelumbos y lilas.)
Hay aves exóticas. Exóticos frescos
Muestran con sus barbas a los Viejos Siglos.
(Hay fou-kousas, pieles, jaspes, arabescos,
Biscuits, kakemonos, dioses y vestiglos.)
Aramís sonríe con una señora
De ciertos remilgos de unas soberanas.
(Hay cenefas, biombos, telas de Bassora,
Consolas, estatuas, joyas, porcelanas.)
Las arañas forman chispeantes burbujas,
Burbujas inquietas de vinos dorados.
(Hay regios encajes de Chantilly y Brujas,
Panneaux deslumbrantes y flordelisados.)
Las damas ostentan aigrettes elegantes,
De plumas que fingen rizos de flambeau
(Los regios joyeles y polvos brillantes
Que ostentan las reinas de un bello Wateau.)
Hechiza en las faldas la seda argentada,
Y nieva la red de las finas puntillas.
(Las caladas medias de seda rosada
Brillan de celosas en las pantorrillas.)
Un bouquet de estrellas sus fulgores quiebra
En el encendido sol de los aceros;
Valiers recamados de ojos de culebra
Ornan la elegancia de los caballeros.
Irisados peces, raros colorines,
Fingen las soberbias condecoraciones;
Y gardenias blancas son los brodequines,
Y serpientes de oro son los cinturones.
Un obispo cuenta las cuentas de espuma
Que hay en una copa de fino Bohemia.
(Hay lacas, mosaicos, jarras de Satsuma
Divanes de Persia, sillas de Academia.)
Las Horas ostentan primorosos trajes,
Grandes abanicos, mágicas pelucas.
(Hay platos chinescos, cisnes y paisajes,
Gente armada, pajes y doncellas cucas.)
(Se oyen pasos). Entran con largos turbantes,
Emires, profetas y viejos Kalifas.
(Los pajes alcanzan sorbetes, picantes,
Café, arroz, tabaco, pipas y alcatifas.)

VI
CANTO DE LAS HORAS

Aramís ordena que los doce Meses
Formen en la rueda con las doce Horas.
Las Horas sonríen; los doce Condeses
Hacen reverencias para las señoras.
(Beaumarchais se acerca. La Vallière saluda,
La Chevreuse camina, Maintenon se sienta;
Sévigné pasea su espalda desnuda,
Mientras Guiche sonriendo su pasión le cuenta.)
Luis, Rey de primores, en un grupo alterna,
Dando a sus palabras caprichosos giros;
(Las enamoradas de su linda pierna
Le brindan miradas, risas y suspiros.)
Comienza la danza. Sus divinos vuelos
Emprenden las Horas: un iris de seda
Se cierne en la nube de los terciopelos,
Y en mágica urdimbre de flores se enreda.
Avispas de raros metales parecen,
Que cercan zumbando divinos panales,
Y raudas estrellas que saltan y crecen,
Siguiendo los ritmos de mil madrigales.
Prosigue la danza. Su baile ligero
Emprenden los Meses: una cabalgata
De arqueros celestes cruza el abejero
De tacos bordados y hebillas de plata.
Parecen falenas de volar extraño.
Bellos sagitarios de la diosa Iris,
Los doce Condeses del Reino del Año
Que rigen las riendas del potro de Osiris.
El viejo Patriarca
           que todo lo abarca
Se riza la barba de príncipe asirio;
Su nívea cabeza parece un gran lirio,
Su nívea cabeza de viejo Patriarca
Aramís ordena que las danzarinas
Cuenten sus historias. La orquesta acompaña.
(El Rey Luis escucha, tras unas cortinas,
El rondó de espuma del vino champaña.)
La menor, la Una, canta la primera:
“Yo he nacido en Grecia, yo he nacido en Nubia:
“Yo soy negra y blanca, triste o hechicera;
“Mi cabeza es negra, mi cabeza es rubia.
“Los insomnios tristes son de mis imperios,
“Y mis ojos queman con mirar profundo;
“Soy la negra bruja de los cementerios,
“La querida ardiente que ilumina el Mundo.
“Soy la Una, una nocturnal sombría
“Hija de la noche, maga de la Luna;
“Soy la Una, una lámpara del Día,
“Soy la negra Una, soy la blanca Una”.
La Dos: “Soy la hermana de la buena hermana
“Que contó su historias, y una es nuestra vida;
“El sultán del Día me nombró sultana;
“El cafre nocturno me hizo su querida”.
La Tres: “Soy el hada que sus oros labra
“En la adamantina villa de los astros,
“Y que adora al negro, raro, abracadabra
“Que por donde pasa deja negros rastros”.
La Cuatro: “Yo brillo cuando en los Estíos
“El Sol llega a Piscis y en Piscis se escuda;
“Yo beso y despierto los tiernos rocíos;
“Yo brillo en Enero cuando el Sol madruga”.
La Cinco: “Yo luzco, toda engalanada,
“Al pie del Castillo de prismas aéreos;
“Yo aclaro, yo azulo la inmensa mirada
“De los Capricornios y Acuarios etéreos”.
La Seis: “Soy el cisne del parque de Urano.
“Yo las Primaveras del azul enfloro;
“Yo pinto la mitra del Mago Verano.
“Y escribo en el cielo madrigales de oro”.
La Siete: “Yo ostento rodelas y tiaras
“De reyes del regio país Fantasía;
“Yo enseño brocados y túnicas raras,
“Yo soy la mimosa del Reino del Día”.
La Ocho: “Yo estrello con blancas avispas,
“De la bruja noche la oscura caverna;
“Yo soplo en la fragua de Dios, y mil chispas
“Bailan en el cielo la gavota eterna”.
La Nueve, la Diez y la Once. -Coro-“
Nosotras amamos la sombra y la lumbre;
“Reinas de azabache, codiciamos oro:
“Somos alegría; somos pesadumbre”.
Canta al fin la Doce: “Mi pupila ardiente
“Mira siempre fijo: mi pupila abrasa:
“Soy la más amante, soy la más vehemente,
“Soy la que atraviesa, soy la que traspasa.
“Soy la silenciaria, la de negras alas,
“La trasnochadora que las almas roe,
“La que tiene el brillo de las luces malas
“En que se inspiraron Baudelaire y Poe.
“El gato que vela y el ave nocturna
“Tienen mis siniestras vagas harmonías.
“Soy la que no duerme, soy la taciturna,
“Y mis ojos brillan las alevosías.
“Soy la que levanta las heladas losas,
“La de los puñales, la de los secretos;
“La de las macabras dentro de las fosas,
“La que cena y baila con los esqueletos.
“Richepin y Huysmans, los ebrios divinos,
“Me eligieron diosa de sus borracheras;
“Maeterlinck y Wilde y otros peregrinos,
“Me llamaron Reina de sus calaveras.
“Soy la Doce blanca: soy la Doce negra;
“Soy tristeza y sombra, resplandor y goce:
“La que todo abate, la que todo alegra:
“Soy la blanca Doce; soy la negra Doce”.
Un coro de aplausos atruena el espacio.
(Richelieu sonriendo se acerca a una dama.)
Pajes con bandejas llenan el palacio.
(Molière por un beso vende un epigrama.)
Resuenan los coros: “Amemos al Viejo Patriarca,
                                 que todo lo abarca;
Su frente de viejo ermitaño
Parece el desierto de todo lo antaño;
en ella han carpido la hora y el año,
Lo siempre empezado, lo siempre concluso,
Lo vago, lo ignoto, lo iluso, lo extraño,
                               lo extraño y lo iluso.”

VII CANTO DE LOS MESES

Aramís ordena que los danzarines
Cuenten sus historias. Comienza el andante;
Gimen los oboes, lloran los violines.
“Rabelais se ríe de un cuento picante.)
(Cien pajes anuncian: “Monsieur Sagitario,
Madame Virgo y Taurus con un unicornio;
Géminis y Cáncer, Piscis, Leo, Acuario,
Escorpión y Aries, Libra y Capricornio.)
Un pueblo de estrellas sus brillos expande;
La orquesta derrama torrentes de notas.
(Entran Quasimodo, Federico el Grande,
Y el rey Pulgarcillo con sus grandes botas.)
Canta el Rey Enero de circuncisiones,
De pascuas alegres, de reyes, de heraldos.
(Llueve blancos lirios, felicitaciones;
Confites, muñecos, ramos y aguinaldos.)
Liliput envía castañas de nieve,
Gulliver regala cartuchos de enanos;
El gorro de Enero golosinas llueve,
(Se besan las bocas, se juntan las manos.)
Febrero el alegre canta y payasea
Canciones borrachas, ebrias cavatinas.
(Arlequín solloza, Clown carnavalea;
Mil pierrots se abrazan con sus colombinas.)
Entra el Rey de Kioto con frac de adúcar.
Baco está dormido y un bufón lo roba;
Cenicienta muerde sus botas de azúcar;
(Napoleón es Jockey de un palo de escoba.)
Se anuncian Tom-Pouce. Montados en cebras,
Entran saludando Narciso y Pepino.
(Llueve cascabeles, diablos y culebras,
Botellas, harinas y affiches de vino.)
Marzo, Rey de Ayuno, canta la plegaria
De todas las témporas, hambres y abstinencias.
(Se ven: una ermita triste y solitaria,
Fray en la garita de las penitencias.)
Entra el Rey Otoño, de gris adornado,
Muy pálido y triste. (Llueve agua bendita);
El Otoño quiere llorar un pecado,
Y habla con el fraile que está en la garita.
“Cortaos el verde cabello” -le dice
El fraile al oído fingiendo congojas.
(Mueren Julia, Elena, Flora, Cleo y Bice)
Los árboles llueven su lluvia de hojas.
Los árboles lloran su calvicie blanca;
El Otoño llora; (llueve agua bendita.)
El Coiffeur aéreo las hojas arranca.
(Llora la campana de la triste ermita.)
Abril, el sagrado Rey de los olivos,
Canta el Evangelio de las buenas almas,
(Lucen en el ara los corderos vivos;
Se agitan pañuelos, túnicas y palmas.)
Abril, el sagrado Rey de los Calvarios,
Canta de suplicios y llagas divinas;
(Los frailes rezongan Patres y rosarios,
Y llueve vinagre, sudores y espinas.)
Abril, el sagrado Rey de los rituales,
Entona maitines de notas opacas;
(De pronto anochecen los claros vidriales,
Se apagan los lirios, ladran las matracas.)
El Rey Abril canta de Resurrecciones,
De la alegre danza de los incensarios;
(Las misas cantadas gritan sus canciones,
Y laten los pechos de los Campanarios.)
El Rey Abril canta su alegría suma,
Llamando a los fieles para sus convites;
(Las campanas bailan, el incienso fuma:
Llueve cera, cohetes, flores y confites.)
Mayo, el caminante de la buena ruta,
Canta los rastrillos, la sierra y el zoclo.
(San José fabrica trenzas de viruta;
San Isidro peina sus barbas de choclo.)
Junio, Rey de estufas, canta los rondeles
Que hacen cuando bailan, los raudos patines,
(Entra el rey Invierno, vestido de pieles,
Con blanco paraguas y blancos botines.)
Junio, el Rey más blanco de los doce Meses,
Canta el aleluya de los reyes místicos:
(Llueven lenguas rojas los Pentecosteses;
Corpus Christi llueve panes eucarísticos.)
Junio, el Rey más blanco, blanco néctar bebe;
Bebe blanca nieve; nieva blanca harina;
Toma blancas hostias; llueve leve nieve;
Canta las nevadas de la fe divina
El monarca Julio canta las concordias
De las caridades y visitaciones.
(San Vicente llora sus misericordias,
Y la Virgen llora sus revelaciones.)
Agosto, el furioso Rey de turbulencias,
Canta la sonata de los huracanes.
(Los ángeles juegan a las indulgencias:
Santa Rosa llora llanto de volcanes.)
El joven Setiembre trina las canciones
Que hablan de bohemias, flores y zagalas;
Que hablan de los bailes de los corazones,
Y los cuchicheos de las colegialas.
Setiembre, el mimado de las reinas rosas,
Echa en su casaca mágicos olores;
(Llora el Arco Iris flores, mariposas.
Ríe Primavera, ríen los amores.)
Ríen los amores, ríe Primavera;
(Llueve mariposas, flores peregrinas)
Los amores ríen en su real litera
Llevada por hadas y por golondrinas.
Octubre, el Rey dandy, canta de las blondas
Que en el aire dejan dulce de fragancia.
Del beso que ritman las formas redondas
Que atesoran opios y magias de Francia.
Noviembre se signa y hace funerales,
Y responsos mudos, de mudos misterios:
Noviembre es el mudo de los carnavales,
De los carnavales de los cementerios.
Noviembre, el Rey Negro del ceño fruncido,
Canta los lamentos de una viuda alouette;
A todos los santos les hace un cumplido,
cuando no lo espía Madame Squelette.
Noviembre a quien aman las negras Gorgonas,
Es Rey de cipreses y de golondrinas.
(Las bellas floristas le labran coronas;
Los sepultureros le piden propinas.)
Diciembre, el rey Fauno, canta barcarolas
Que elogian los raptos de blancas primicias,
Que hacen en la playa las lúbricas olas
Babeadas de besos y suaves caricias.
Diciembre el ardiente canta el ritornelo
De blancas Kermesses y fiestas del río
(Llueve brin, zaraza, sudores y hielo.
Vestido de rojo penetra el Estío.)
Diciembre el ardiente sus pasiones narra,
Y habla de indiscretos, suaves esperezos.
(Pulsa su bordona la inquieta cigarra,
Y el grillo armoniza collares de rezos.)
Diciembre, el alegre Rey de nacimientos,
Habla de pesebres, bueyes y cayados
(Los abuelos cuentan sus más lindos cuentos,
Y llueve pan dulce, castañas y helados.)
Alegres saludos y aplausos corteses
Vibran en los aires. (Una bella hazaña
Cuenta un duque. Ríen, amables, los Meses
Haciéndole gracias al noble Champaña.)
Resuenan los Coros:
“Amemos al viejo Patriarca
que todo lo abarca;
Su pálida frente es un mapa confuso;
La abultan montañas de hueso
Que forman lo raro, lo inmenso, lo espeso,
De todos los siglos del tiempo difuso.”

VIII
TERMINACIÓN DE LA FIESTA.
DESPEDIDAS Y QUEJAS. LLUEVE.
DESFILE DE LA CONCURRENCIA

Suenan galanteos y besos y adioses:
Se marchan los Papas de ceño fruncido.
Las Brujas, los Duendes de acento fingido,
Se marchan los Reyes, se marchan los Dioses,
Y todos se marchan… Ya todos se han ido…!
Pasaron volando las cuatro Estaciones,
Los bellos Ocasos, las bellas Auroras,
Endriagos, Quimeras, Esfinges, Dragones,
Hidras y Centauros y Furias traidoras
Y Gnomos y Faunos y Meses y Horas.
Se apagan las luces. El viejo Castillo
Se esfuma, se borra. Cuatro campanadas
Da el Reloj. (Sus botas perdió Pulgarcillo
Y una bruja loca lo lleva a la grupa.)
Negras Amazonas pasan a horcajadas
En palos de escoba; y el negro corrillo
De sombras eternas zumbando se agrupa…!
Zumbando se agrupa…!
(Llueve.) Los Ciclones tocan en sus flautas
Su inmenso silbido.
Los viejos Ciclones tocan en sus flautas,
las Sirenas lloran, las Ninfas se quejan.
(El viejo Patriarca se queda dormido.)
Pasan Unicornios, Monstruos y Argonautas…
Ya todos se han ido, ya todos se alejan,
Ya todos se alejan, ya todos se han ido…
Se quejan
se alejan…
se han ido…!

EPÍLOGO

Fuera: el trueno juega y corre con su inmenso monolito.
El huracán, monstruo asmático, lanza pavorosa tos;
los relámpagos alumbran, atraviesan lo infinito.
Como el fósforo encendido del gran cerebro de Dios!
Montmartre, Sol en Sagitario, M.C.M.

EL DESPERTAR

Alisia y Cloris abren de par en par la puerta
y torpes, con el dorso de la mano haragana,
restréganse los húmedos ojos de lumbre incierta,
por donde huyen los últimos sueños de la mañana. ..
La inocencia del día se lava en la fontana,
el arado en el surco vagaroso despierta,
y en torno de la casa rectoral, la sotana
del cura se pasea gravemente en la huerta…
Todo suspira y ríe. La placidez remota
de la montaña sueña celestiales rutinas.
El esquilón repite siempre su misma nota
de grillo de las cándidas églogas matutinas.
Y hacia la aurora sesgan agudas golondrinas
como flechas perdidas de la noche en la derrota.
El regreso

La tierra ofrece el ósculo de un saludo paterno
Pasta un mulo la hierba mísera del camino
y la montaña luce, al tardo sol de invierno,
como una vieja aldeana, su delantal de lino.

Un cielo bondadoso y un céfiro tierno…
La zagala descansa de codos bajo el pino,
y densos los ganados, con paso paulatino,
acuden a la música sacerdotal del cuerno.

Trayendo sobre el hombro leña para la cena,
el pastor, cuya ausencia no dura más de un día,
camina lentamente rumbo de la alquería.

Al verlo la familia le da la enhorabuena…
Mientras el perro, en ímpetus de lealtad amena,
describe coleando círculos de alegría.

ILUMINACIÓN CAMPESINA

Alternando a capricho el candor de sus prosas,     
Ruth sugiere a la cítara tan augustos momentos!     
y Fanor en su oboe de aterciopelamientos           
plañe bajo el ocaso de oro y de mariposas…       
                                                   
Ante el genio enigmático de la hora, sedientos     
de imposible y quimera, en el aire de rosas,       
ponen largo silencio sobre los instrumentos,       
para soñar la eterna música de las cosas.           
                                                   
Largas horas, en trance de eucarísticos miedos,     
amortiguan los ojos y se enlazan los dedos…       
«¡Dulce amigo!» ella gime. Y Fanor: «¡Oh mi amada!» 
                                                   
Y la noche inminente lame sus mansedumbres…       
De pronto, como bajo la varilla de un hado,         
fuegos, por todas partes, brotan sobre las cumbres. 

El consejo

El astrónomo, el vate y el mentor se han reunido…
La montaña recoge la polémica agreste;
y en el aire sonoro de campana celeste,
las tres voces retumban como un solo latido.

Conjeturan fiebrosos del principio escondido…
Luego el mago predice la miseria y la peste;
el poeta improvisa, mientras, vuelto al Oeste,
el astrónomo anuncia que en Hispania ha llovido.

Ebrios de la divina majestad del tramonto,
los discursos se agravan.,. Es ya noche. De pronto,
arde en fuga una estrella… interrogan sus rastros

cual mil ojos abiertos al Enigma Infinito:
se hace triple el silencio del consejo erudito…
Dedos entre la sombra se alzan hacia los astros.

Amor sádico

Ya no te amaba, sin dejar por eso
De amar la sombra de tu amor distante.
Ya no te amaba, y sin embargo el beso
De la repulsa nos unió un instante…
Agrio placer y bárbaro embeleso
Crispó mi faz, me demudó el semblante.
Ya no te amaba, y me turbé, no obstante,
Como una virgen en un bosque espeso.
Y ya perdida para siempre, al verte
Anochecer en el eterno luto,
-Mudo el amor, el corazón inerte-,
Huraño, atroz, inexorable, hirsuto…
Jamás viví como en aquella muerte,
nunca te amé como en aquel minuto!

Bromuro
Burlando con frecuencia el vasallaje
de la tutela familiar en juego,
nos dimos citas, a favor del ciego
azar, en el jardín, tras el follaje…
Frufrutó de aventura tu aéreo traje,
sugestivo de aromas y de espliego…
y evaporada entre mis brazos, luego,
soñaste mundos de arrebol y encaje…
Libres de la zozobra momentánea
-sin recelarnos de emergencia alguna-
en los breves silencios, oportuna
te abandonabas a mi fe espontánea;
y sobre un muro, al trascender, la luna
nos denunciaba en frágil instantánea.
El alba
Humean en la vieja cocina hospitalaria
los rústicos candiles… Madrugadora leña
infunden una sabrosa fragancia lugareña;
y el desayuno mima la vocación agraria…
Rebota en los collados la grita rutinaria
del boyero que a ratos deja la yunta y sueña…
Filis prepara el huso. Tetis, mientras ordeña,
ofrece a Dios la leche blanca de su plegaria.
Acongojando el valle con sus beatos nocturnos,
salen de los establos, lentos y taciturnos,
los ganados. La joven brisa se despereza…
Y como una pastora en piadoso desvelo,
con sus ojos de bruma, de la dulce pereza,
el Alba mira en éxtasis las estrellas del cielo.

EL SAUCE

A mitad de mi fausto galanteo,
Su paraguas de sedas cautelosas
La noche desplegó, y un lagrimeo
de estrellas, hizo hablar todas las cosas…

Erraban las Walkirias vaporosas
de la bruma, y en cósmico mareo
parecían bajar las nebulosas
al cercano redil del pastoreo…

En un abrazo de postrero arranque,
caímos en el ángulo del bote…

Y luego que llorando ante el estanque
tu invicta castidad se arrepentía,
¡el sauce, como un viejo sacerdote,
gravemente inclinado nos unía…

DESOLACIÓN ABSURDA

A Paul Minelly, francesamente.
Je serai ton cercueil,
aimable pestilence!…

Noche de tenues suspiros
platónicamente ilesos:
vuelan bandadas de besos
y parejas de suspiros;
ebrios de amor los céfiros
hinchan su leve plumón,
y los sauces en montón
obseden los camalotes
como torvos hugonotes
de una muda emigración.
Es la divina hora azul
en que cruza el meteoro,
como metáfora de oro
por un gran cerebro azul.
Una encantada Estambul
surge de tu guardapelo,
y llevan su desconsuelo
hacia vagos ostracismos
floridos sonambulismos
y adioses de terciopelo.
En este instante de esplín,
mi cerebro es como un piano
donde un aire wagneriano
toca el loco del esplín.
En el lírico festín
de la ontológica altura,
muestra la luna su dura
calavera torva y seca,
y hace una rígida mueca
con su mandíbula oscura.
El mar, como gran anciano,
lleno de arrugas y canas,
junto a las playas lejanas
tiene rezongos de anciano.
Hay en acecho una mano
dentro del tembladeral;
y la supersustancial
vía láctea se me finge
la osamenta de una Esfinge
dispersada en un erial.
Cantando la tartamuda
frase de oro de una flauta,
recorre el eco su pauta
de música tartamuda.
El entrecejo de Buda
hinca el barranco sombrío,
abre un bostezo de hastío
la perezosa campaña,
y el molino es una araña
que se agita en el vacío.
¡Deja que incline mi frente
en tu frente subjetiva,
en la enferma, sensitiva
media luna de tu frente,
que en la copa decadente
de tu pupila profunda,
beba el alma vagabunda
que me da ciencias astrales
en las horas espectrales
de mi vida moribunda!
¡Deja que rime unos sueños
en tu rostro de gardenia,
Hada de la neurastenia,
trágica luz de mis sueños!
Mercadera de beleños
llévame al mundo que encanta;
¡soy el genio de Atalanta
que en sus delirios evoca
el ecuador de tu boca
y el polo de tu garganta!
Con el alma hecha pedazos,
tengo un Calvario en el mundo;
amo y soy un moribundo,
tengo el alma hecha pedazos:
¡cruz me deparan tus brazos;
hiel tus lágrimas salinas;
tus diestras uñas, espinas
y dos clavos luminosos
los aleonados y briosos
ojos con que me fascinas!
¡Oh mariposa nocturna
de mi lámpara suicida,
alma caduca y torcida,
evanescencia nocturna;
linfática taciturna
de mi Nirvana opioso,
en tu mirar sigiloso
me espeluzna tu erotismo,
que es la pasión del abismo
por el Ángel Tenebroso!
(Es medianoche). Las ranas
torturan en su acordeón
un «piano» de Mendelssohn
que es un gemido de ranas;
habla de cosas lejanas,
un clamoreo sutil;
y con aire acrobatil
bajo la inquieta laguna,
hace piruetas la luna
sobre una red de marfil.
Juega el viento perfumado
con los pétalos que arranca,
una partida muy blanca
de un ajedrez perfumado;
pliega el arroyo en el prado
su abanico de cristal,
y genialmente anormal
finge el monte a la distancia
una gran protuberancia
del cerebro universal.
¡Vengo a ti, serpiente de ojos
que hunden crímenes amenos,
la de los siete venenos
en el iris de sus ojos;
beberán tus llantos rojos
mis estertores acerbos,
mientras los fúnebres cuervos,
reyes de las sepulturas,
velan como almas oscuras
de atormentados protervos!
¡Tú eres póstuma y marchita,
misteriosa flor erótica,
miliunanochesca, hipnótica,
flor de Estigia acre y marchita;
tú eres absurda y maldita,
desterrada del Placer,
la paradoja del ser
en el borrón de la Nada,
una hurí desesperada
del harem de Baudelaire!
¡Ven, declina tu cabeza
de honda noche delincuente
sobre mi tétrica frente,
sobre mi aciaga cabeza;
deje su indócil rareza
tu numen desolador,
que en el drama inmolador
de nuestros mudos abrazos
yo te abriré con mis brazos
un paréntesis de amor!

Tertulia lunática V

¡Oh negra flor de Idealismo!
¡Oh hiena de diplomacia
con bilis de aristocracia
y lepra azul de idealismo!…
Es un cáncer tu erotismo
de absurdidad taciturna,
y florece en mi saturna
fiebre de virus madrastros,
como un cultivo de astros
en la gangrena nocturna.
Te llevo en el corazón,
nimbada de mi sofisma,
como un siniestro aneurisma
que rompe mi corazón…
¡Oh Monstrua! Mi ulceración
en tu lirismo retoña,
y tu idílica zampoña
no es más que parasitaria
bordona patibularia
de mi celeste carroña!
¡Oh musical y suicida
tarántula abracadabra
de mi fanfarria macabra
y de mi parche suicida!…
¡Infame! En tu desabrida
rapacidad de perjura,
tu sugestión me sulfura
con el horrendo apetito
que aboca por el Delito
la tenebrosa locura!

Tertulia lunática VI

En un bostezo de horror,
tuerce el estero holgazán
su boca de Leviatán
tornasolada de horror…
Dicta el Sumo Redactor
a la gran Sombra Profeta,
y obsediendo la glorieta,
como una insana clavija,
rechina su idea fija
la turbadora veleta.
Ríe el viento confidente
con el vaivén de su cola
tersa de gato de Angola,
perfumada y confidente…
El mar inauditamente
se encoge de sumisión
y el faro vidente, en son
de taumaturgas hombrías,
traduce al torvo Isaías
hipnotizando un león.
Estira aplausos de ascua
la hoguera por los establos:
rabiosa erección de diablos
con tenedores en ascua…
Un brujo espanto de Pascua
de Marisápalo asedia,
y una espectral Edad Media
danza epilepsias abstrusas,
como un horror de Medusas
de la divina Comedia.
En una burla espantosa,
el túnel del terraplén
bosteza como Gwynplaine
su carcajada espantosa…
Hincha su giba la unciosa
cúpula, y con sus protervos
maleficios de hicocervos,
conjetura el santuario
el mito de un dromedario
carcomido por los cuervos.
Las cosas se hacen facsímiles
de mis alucinaciones
y son como asociaciones
simbólicas de facsímiles…
Entre humos inverosímiles
alinea el cañaveral,
con su apostura marcial
y sus penachos de gloria,
las armas de la victoria
en un vivac imperial.
Un arlequín tarambana
con un toc-toc insensato
el tonel de Fortunato
bate en mi sien tarambana…
Siento sorda la campana
que en mi pensamiento intuye;
en el eco que refluye
mi voz otra voz me nombra;
¡y hosco persigo en mi sombra
mi propia entidad que huye!
La realidad espectral
pasa a través de la trágica
y turbia linterna mágica
de mi razón espectral…
Saturno infunde el fatal
humor bizco de su influjo
y la luna en el reflujo
se rompe, fuga y se integra
como por la magia negra
de un escamoteo brujo.
En la cantera fantasma,
estampa Doré su mueca
fosca, saturniana y hueca,
de pesadilla fantasma…
En el cementerio pasma
la Muerte un zurdo can-can;
ladra en un perro Satán,
y un profesor rascahuesos
trabuca en hipos aviesos
el Carnaval de Schumann.

Nirvana crepuscular

Con su veste en color de serpentina,
reía la voluble Primavera…
Un billón de luciérnagas de fina
esmeralda, rayaba la pradera.
Bajo un aire fugaz de muselina,
todo se idealizaba, cual si fuera
el vago panorama, la divina
materialización de una quimera…
En consustaciación con aquel bello
nirvana gris de la Naturaleza,
te inanimaste… Una ideal pereza
mimó tu rostro de incitante vello,
y al son de mis suspiros, tu cabeza
durmiose como un pájaro en mi cuello!…

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PRÓXIMO NÚMERO

128. Poesía más Poesía: Emilio Adolfo Westphalen

EMILIO ADOLFO WESTPHALEN

BIOGRAFÍA

Emilio Adolfo Westphalen Milano, poeta, ensayista y promotor cultural peruano, nace en Lima el 15 de julio de 1911.
Hijo de Pedro Pablo Emilio von Westphalen Wimmer y de Hermenegilda Teresa Milano Barbagelata. Sus estudios básicos los realizó en el Colegio Alemán de Lima, donde disfrutó de la amistad de Martín Adán y Estuardo Núñez, futuro poeta y crítico literario respectivamente.
Conocía varios idiomas, además del propio: alemán, inglés, francés, italiano y portugués.
En 1928 ingresó en la Facultad de Letras de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM), después de un frustrado intento de ingreso a la Escuela de Ingeniería.
En 1932 culminan sus estudios universitarios y comienza a trabajar en la compañía minera Hochschild.
Se casa con la pintora Judith Westphalen (1922-1976) con la que tuvo dos hijas: Inés y Silvia Westphalen Ortiz.


Durante los años treinta formó parte, junto con César Moro y Xavier Abril, de un grupo poético surrealista que ejerció una importante labor renovadora en la lírica nacional.
En 1933, a los 22 años de edad, publica su primer libro Las ínsulas extrañas, que junto con Abolición de la muerte le reportan prestigio como poeta.
Westphalen dirigió la publicación surrealista El uso de la palabra (1939) y las revistas culturales Las moradas (1947-1949), Revista Nacional de Cultura (1964-1966) y Amaru (1967-1971).
Entre 1949 y 1956 fue traductor en la sede neoyorquina de la ONU; el mismo trabajo desempeñó luego en la sede de la FAO en Roma (1957-1963). De regresó al Perú ejerció la docencia en la Universidad de San Marco.


En 1971 fue designado agregado cultural de la embajada peruana en Italia, en la que estuvo hasta 1977, cuando fue trasladado con el mismo cargo a la embajada en México. En 1980 lo volvieron a designar agregado cultural, esta vez en la embajada en Lisboa hasta 1981.
Si bien la producción de Emilio Adolfo Westphalen está cronológicamente enmarcada en el contexto de las vanguardias, cabe destacar en ella una profunda vocación por la heterodoxia y por la singularidad estilística, que le llevó de una primera etapa revolucionaria heredera del simbolismo y compañera de ruta de la generación surrealista a una segunda donde esas influencias se subliman en una asombrosa recuperación del petrarquismo y del Siglo de Oro español.
De este modo, Westphalen consiguió apartarse del mero automatismo psíquico pregonado por algunos de sus contemporáneos y establecer un camino que inició con Las ínsulas extrañas (1933) y Abolición de la muerte (1935), dos poemarios de sólida estructura y brillantes imágenes que conforman su etapa más próxima al surrealismo, pero que también manifiestan la huella de autores como Rainer Maria Rilke, T. S. Eliot o Ezra Pound.
A la publicación de estos dos libros siguió un largo silencio de casi cuarenta años, que finalmente fue roto para permitir un retorno de iguales dimensiones estéticas pero que mostraba a un creador sutil y desencantado, que había marcado distancias frente a la supuesta magia de la poesía y el lenguaje. De ello dieron fe los importantes títulos de esta segunda y definitiva etapa, como Belleza de una espada clavada en la lengua (1980), Cuál es la risa (1989) o Falsos rituales y otras patrañas (1992). En Ha vuelto la diosa Ambarina (1988) homenajeó a su compatriota José María Eguren.
Su obra poética es breve, pero fundamental en la literatura en lengua española. Con afinidades con el movimiento surrealista, en colaboración con su amigo, el poeta y pintor peruano César Moro concretó la Primera exposición surrealista realizada en Lima en 1935. Muy cercano igualmente al renombrado escritor indigenista José María Arguedas impulsó su obra a través de sus revistas. Además de escribir un par de ensayos sobre su trayectoria, le dedicó uno de sus poemarios.
Fue, asimismo, un tenaz buscador de la excelencia artística que le valió el unánime reconocimiento de quienes trabajaron con él y de toda la comunidad literaria peruana.
Como ejemplo del reconocimiento dado a su obra, Octavio Paz, Premio Nobel de Literatura, al presentarlo en 1978 dijo de él: “Emilio Adolfo Westphalen es uno de los poetas más puramente poetas entre los que escriben en español. Su poesía no está contaminada de ideología ni de moral ni de teología. Poesía de poeta y no de profesor ni de predicador ni de inquisidor. Poesía que no juzga, sino que se asombra y nos asombra.”
Fallece en Lima como consecuencia de una neumonía a los 90 años de edad.

Emilio Westphalen obtiene el Premio Miguel Hernández de poesía (30-07-1998)
Carmen Gómez Torrevieja 31-07-1998
El poeta peruano Emilio Adolfo Westphalen, de 87 años, recibió anoche, visiblemente emocionado, el Premio Internacional de Poesía Miguel Hernández-Comunidad Valenciana, dotado con cinco millones de pesetas, de manos del presidente de la Generalitat Valenciana. El acto se celebró en la Sala-Museo San Juan de Dios, en Orihuela (Alicante), en el aniversario de la muerte del poeta oriolano que da nombre al galardón, creado este año.
Emilio Adolfo Westphalen se mostró ayer como un gran admirador de Miguel Hernández, de quien dijo: “Su palabra labrada como la de un orfebre fuerte y rotundo, como la del hombre pegado a la tierra”. Westphalen asistió al acto acompañado de su hija Inés, quien comentó: “Realmente ha sido una emoción grandísima para mi padre y para mí porque no pensaba que él tuviese ese reconocimiento estando en vida y para nosotros ha sido muy emocionante”. Su hija describe la poesía del autor peruano como “muy íntima” y afirma que su padre se siente muy identificado con la obra de Miguel Hernández.
Westphalen fue también impulsor de algunas de las más prestigiosas revistas y publicaciones literarias de los años cuarenta. Dirigió la revista Las moradas, donde además de su participación literaria y la del poeta César Moro, colaboraron escritores españoles e hispanoamericanos. La publicación incluía también las primeras traducciones de poetas de otros ámbitos, principalmente del francés.

Semana de Poesía Iberoamericana 15-07-1991
Fiesta Jarque Madrid
Son los hijos de Rubén Darío y Vicente Huidobro, que buscan un nuevo puente con España.
Los poetas Gonzalo Rojas (Chile, 1917), Álvaro Mutis (Colombia, 1923) Olga Orozco (Argentina, 1920), Emilio Adolfo Westphalen (Perú, 1911) y Francisco Matos Paoli (Puerto Rico, 1915) coinciden estos días en Madrid para participar a partir de hoy en la Semana de Poesía Iberoamericana, que se desarrollará en la Universidad de Salamanca. En Madrid leyeron el viernes sus poemas en una velada en el Palacio Real, organizada por el Patrimonio Nacional.

Álvaro Mutis, Emilio Adolfo Westphalen, Francisco Matos Paoli, Olga Orozco y Gonzalo Rojas.


Todos ellos son figuras ampliamente reconocidas de la literatura latinoamericana y el poder reunirlas ha dado pie a una confrontación de opiniones sobre la relación con España y entre las naciones hispanohablantes del continente americano. Es precisamente esta confrontación amistosa lo que pretende el encuentro de Salamanca, afirman los organizadores de las jornadas. La posibilidad de reactualizar un puente que ahora parece disiparse. La idea de la Semana Latinoamericana es, entre otras cosas, debatir el estado actual de la poesía en países de Iberoamérica para acercar la realidad de su movimiento a España. Este objetivo obligará a una reflexión sobre los lazos entre ambas experiencias ahora que parece tenderse nuevamente un puente.
Al encuentro asisten además otras generaciones de poetas, como son el caso de Víctor Redondo, de Argentina; Pedro Shimose, de Bolivia; Carlos Contramaestre y Eugenio Montejo, de Venezuela, y forman parte del debate en las mesas redondas filólogos como Alberto Madrid Letelier, Hilda Rojas, o catedráticos como Julio Vélez.
“Lo que se dice sobre el desconocimiento en España de la literatura latinoamericana es cierto y no es cierto”, dice Álvaro Mutis. “Por ejemplo, en Suramérica se había dejado un poco a la suerte y al azar la publicación de la obra de Westphalen, y este año la vemos reunida en una edición completa de una importante editorial española. Yo puedo decir lo mismo con respecto a mi obra. Sí se hacen publicaciones de poesía latinoamericana. Y algunos críticos españoles me han sorprendido por su conocimiento de la literatura latinoamericana. Lo que hay es un desconocimiento general del continente y de lo que somos, que me parece más grave, como desconocimiento”.


“Hay conocimiento de nombres aislados”, añade Olga Orozco. “De poetas que han impresionado por una razón o por otra, pero no hay una visión de conjunto. De la Argentina, por ejemplo, se han publicado en España libros de Enrique Molina, míos, creo que de Alberto Girri, pero Molinari, que es un poeta que estuvo muy unido a la generación del 27, es un poeta olvidado, cuando en Argentina tiene plena vigencia”. “Y el mismo Girondo, de quien sería urgente hacer una revisión”, dice Mutis. “Y de Eguren y Martín Adán, y el conocimiento de César Moro es muy relativo”, interviene Westphalen.

Alencart, Gonzalo Rojas, Carlos, Emilio Adolfo Westphalen, Hilda R May y Jacqueline Alencar, en Salamanca (1991)


“Pero, ¿por qué este afán de que nos conozcamos y de que nos quieran y nos conozcan en España?”, se pregunta Mutis. “La cultura no se hace así; hasta donde yo sé, nace en ínsulas extrañas, justamente”, en alusión a uno de los libros de Westphalen.
“Debe ser porque considerábamos que la publicación en España significaba la entrada en Europa. Y mucha gente supone que una vez reconocido en España no demora mucho en ser traducido a otros idiomas”. “Eso es un error completo”, afirma Mutis. “¿Qué relación ha habido entre España y Francia?” “En ocasiones se publican nuestras cosas antes en Francia que en España”, apunta Westphalen.
“Yo pienso que los encuentros y los desencuentros son importantes. Yo he publicado en España mis libros, pagándolos yo. El problema de Puerto Rico es, como dice Mutis, un problema de ínsulas extrañas. El aislamiento es casi total, no sólo con España, sino con Latinoamérica, e incluso con el Caribe, lo cual es insólito”, señala Francisco Matos Paoli. Gonzalo Rojas quiso puntualizar: “No me quejo para nada como chileno de la comunicación de la poesía de mi país con España. Sería abusivo decir que Huidobro, Neruda y otros poetas no están presentes aquí. Yo sí creo que es válido y estimulante dialogar. En 1958 me tocó poner en marcha unos ejercicios que se llamaron Imagen y realidad latinoamericana en Chile. Los encuentros y diálogos fueron muy estimulantes para todos, no para llevar adelante ningún proyecto socioeconómico; pero esta experiencia previa al boom, que es el negocio de los editores, fue fresca y lozana. Cierto es que después he estado en muchos congresos muy aburridos”. “Yo pienso que la poesía es una tarea esencialmente solitaria”, añade Westphalen. “A mí la isla me ha parecido siempre atractiva por lo misteriosa”, dice Olga Orozco, pero, naturalmente, prefiero la comunicación porque establece la posibilidad de un viaje en vivo”.
Lo único que diferencia al poeta de los demás es que tiene la capacidad de estar atento a cosas que ocurren en el fondo de uno mismo. Lo que el lenguaje hace con uno. Hay que tener una sensibilidad especial a las proyecciones emotivas del lenguaje. Eso es lo que hace el poeta, saber que el poema repercute sobre uno, su resonancia”, dice Westphalen, que anoche leyó una selección de sus poemas en la Residencia de Estudiantes. El autor de Belleza de una espada clavada en la lengua consideraba su obra poética prácticamente cerrada hasta hace unos años. “Esas cosas son una sorpresa para uno mismo. No es que uno decida, de repente, volver a escribir poesía; así como uno empezó a escribir en una época lo mismo sucede sin quererlo en otra. Cuando empecé, pues vino así, espontáneamente”. Al preguntarle si no siente ningún compromiso con la forma y la época, Westphalen responde con un gesto amplio: “En la mente tiene uno tantas cosas… y en el poema no es cuestión de escoger sino de dejarse llevar, y estar muy atento a no interrumpir y no añadir cosas externas… En lo que tiene que tener cuidado es en ver si la versión es la correcta. Uno no sabe lo que se quiere expresar, pero sabe que quien exige es el poema. El yo del poema no es nunca el yo del autor”.

PUBLICACIONES

Las ínsulas extrañas (1933)
Abolición de la muerte (1935)
Otra imagen deleznable (1980)
Arriba bajo el cielo (1982)
Máximas y mínimas de sapiencia pedestre (1982)
Nueva serie (1984)
Belleza de una espada clavada en la lengua (1986)
Ha vuelto la diosa ambarina (1988)
Cuál es la risa (1989)
Bajo las zarpas de la Quimera (1991)
Falsos rituales y otras patrañas (1999)
Poesía completa y ensayos escogidos (2004)
Ensayo
Poetas en la Lima de los años treinta (en Dos soledades, 1974)
La poesía los poemas los poetas (1995)
Escritos varios sobre arte y poesía (1996)

Ensayo
    Poetas en la Lima de los años treinta (en Dos soledades, 1974)
    La poesía los poemas los poetas (1995)
    Escritos varios sobre arte y poesía (1996)
 
Distinciones
    Premio Nacional de Literatura. 1977
    Orden del Sol. 1995
    Palmas Magisteriales. 1995
    Medalla José de la Riva-Agüero. 1997
    Premio Southern. 1997
    Premio Internacional de Poesía Miguel Hernández. 1998
Fue además doctor honoris causa de la Universidad Nacional de Ingeniería (1997) y de la de San Marcos (1999).

POEMAS

LA MAÑANA ALZA EL RÍO LA CABELLERA

La mañana alza el río la cabellera
Después la niebla la noche
El cielo los ojos
Me miran los ojos el cielo
Despertar sin vértebras sin estructura
La piel está en su eternidad
Se suaviza hasta perderse en la memoria
Existía no existía
Por el camino de los ojos por el camino del cielo
Qué tierno el estío llora en tu boca
Llueve gozo beatitud
El mar acerca su amor
Teme la rosa el pie la piel
El mar aleja su amor
el mar
Cuántas barcas
Las olas dicen amor
La niebla otra vez otra barca
Los remos el amor no se mueve
Sabe cerrar los ojos dormir el aire no los ojos
La ola alcanza los ojos
Duermen junto al río la cabellera
Sin peligro de naufragio en los ojos
Calma tardanza el cielo
O los ojos.
Fuego fuego fuego fuego
En el cielo cielo fuego cielo
Cómo rueda el silencio
Por sobre el cielo el fuego el amor el silencio
Qué suplicio baña la frente el silencio
Detrás de la ausencia mirabas sin fuego
Es ausencia noche
Pero los ojos el fuego
Caricia estío los ojos la boca
El fuego nace en la boca
El amor nace en los ojos el cielo el fuego
El fuego el amor el silencio

De Las ínsulas extrañas

UN ÁRBOL SE ELEVA…

Un árbol se eleva hasta el extremo de los cielos que lo
cobijan
Golpea con dispersa voz
El árbol contra el cielo contra el árbol
Es la lluvia encerrada en tan poco de espacio
Golpea contra el ánima
Golpea con las ramas la voz el dolor
No hagas tal fuerza por que te oigan
Yo te cedo mis dedos mis ramas
Así podrás raspar arañar gritar y no solamente llorar
Golpear con la voz
Pero tal levedad me hiere
Me desola
No te creía de tal ánimo
Y que no cabes en el espacio
Cómo golpea el árbol al árbol el árbol
Agua
Y navegan los rojos galeones por la gota de agua
En la gota de agua zozobran
Acaso golpea el tiempo
Otra gota
Agua
Las garganta de fuego agua agua
Matado por el fuego
La llamarada gigantesca
Maravilloso final
Muerto sin agua en el fuego
La mano arañaba el fuego
La mano
Y nada más que sangre agua
No sangre fuego último fuego
Definitivo fuego
Las gotas cuentan otra cosa
Nadie cuenta las gotas
Las lágrimas son de más perfecta forma
Su música más suave apagada
El rostro de una niña alumbra una lágrima con su luz
suave apagada
La lluvia llora en todo el espacio
Anega el alma su música
Golpea otra ánima sus hojas
Las gotas
Las ramas
Llora el agua
El tiempo se cuenta con las gotas el tiempo
La música dibuja el cielo
Camina sobre el agua la música
Golpea
El agua
Ya no tengo alma ya no tengo ramas ya no tengo agua
Otra gota

Aunque me ahogue
Ya no tengo alma
En la gota se ahogaron los valientes caballeros
Las hermosas damas
Los valientes cielos
Las hermosas almas
Ya no tengo alma
La música da traspiés
Nada salva al cielo o al alma
Nada salva la música la lluvia
Ya sabía que más allá del cielo de la música de lluvia
Ya
Crecen las ramas
Más allá
Crecen las damas
Las gotas ya saben caminar
Golpean
ya saben hablar
Las gotas
El alma agua hablar agua caminar gotas damas ramas
agua
Otra música alba de agua canta música agua de alba
Otra gota otra hoja
Crece el árbol
Otra hoja
Ya no cabe el alma en el árbol en el agua
Ya no cabe el agua en el alma en el cielo en el canto
en el agua
Otra alma
Y nada de alma
Hoja gotas ramas almas
Agua agua agua agua
Matado por el agua

De Las ínsulas extrañas

VINISTE A POSARTE…

Viniste a posarte sobre una hoja de mi cuerpo
Gota dulce y pesada como el sol sobre nuestras vidas
Trajiste olor de madera y ternura de tallo inclinándose
y alto velamen de mar recogiéndose en tu mirada
Trajiste paso leve de alba al irse
Y escanciado incienso de arboledas tremoladas en tus
manos
Bajaste de brisa en brisa como una ola asciende los días
Y al fin eras el quedado manantial rodando las flores
O las playas encaminándose a una querella sin motivo
Por decir si tu mano estuvo armoniosa en el tiempo
O si tu corazón era fruta de árbol o de ternura
O el estruendo callado del surtidor
O la voz baja de la dicha negándose y afirmándose
En cada diástole y sístole de permanencia y negación
Viniste a posarte sobre mi copa
Roja estrella y gorgorito completo
Viniste a posarte como la noche llama a las creaturas
O como el brazo termina su círculo y abarca el horario
completo
O como la tempestad retira los velos de su frente
Para mirar el mundo y no equivocar sus remos
Al levantar los muros y cerrar las cuevas
Has venido y no se me alcanza qué justeza equivocas
Para estarte sin levedad de huida y gravitación de
planeta
Orlado de madreselvas en la astrología infantil
Para estarte como la rosa hundida en los mares
O el barco anclado en nuestra conciencia
Para estarte sin dar el alto a los minutos subiendo las
jarcias
Y cayéndose siempre antes de tocar el timbre que llama
a la muerte
para estarte sitiada entre son de harpa y río de
escaramuza
Entre serpiente de aura y romero de edades
Entre lengua de solsticio y labios de tardada morosidad
acariciando
Has venido como la muerte ha de llegar a nuestros labios
Con la gozosa transparencia de los días sin fanal
De los conciertos de hojas de otoño y aves de verano
Con el contento de decir he llegado
Que se ve en la primavera al poner sus primeras manos
sobre las cosas
Y anudar la cabellera de las ciudades
Y dar vía libre a las aguas y canto libre a las bocas
De la muchacha al levantarse y del campo al recogerse
Has venido pesada como el rocío sobre las flores del
jarrón
Has venido para borrar tu venida
Estandarte de siglos clavado en nuestro pecho
Has venido nariz de mármol
Has venido ojos de diamante
Has venido labios de oro

De Abolición de la muerte

TE HE SEGUIDO

Te he seguido como nos persiguen los días
Con la seguridad de irlos dejando en el camino
De algún día repartir sus ramas
Por una mañana soleada de poros abiertos
Columpiándose de cuerpo a cuerpo
Te he seguido como a veces perdemos los pies
Para que una nueva aurora encienda nuestros labios
Y ya nada pueda negarse
Y ya todo sea un mundo pequeño rodando las
escalinatas
Y ya todo sea una flor doblándose sobre las escalinatas
Y ya todo sea una flor doblándose sobre la sangre
Y los remos hundiéndose más en las auras
Para detener el día y no dejarle pasar
Te he seguido como se olvidan los años
Cuando la orilla cambia de parecer a cada golpe
de viento
Y el mar sube más alto que el horizonte
Para no dejarme pasar
Te he seguido escondiéndome tras los bosques y
las ciudades
Llevando el corazón secreto y el talismán seguro
Marchando sobre cada noche con renacidas ramas
Ofreciéndome a cada ráfaga como la flor se tiende
en la onda
O las cabelleras ablandan sus mareas
Perdiendo mis pestañas en el sigilo de las alboradas
Al levantarse los vientos y doblegar los árboles y las
torres
Cayéndome de rumor en rumor
Como el día soporta nuestros pasos
Para después levantarme con el báculo del pastor
Y seguir las riadas que separan siempre
La vid que ya va a caer sobre nuestros hombros
Y la llevan cual un junco arrastrado por la corriente
Te he seguido por una sucesión de ocasos
Puestos en el muestrario de las tiendas
Te he seguido ablandándome de muerte
Para que no oyeras mis pasos
Te he seguido borrándome la mirada
Y callándome como el río al acercarse al abrazo
O la luna poniendo sus pies donde no hay respuesta
Y me he callado como si las palabras no me fueran a
llenar la vida
Y ya no me quedara más que ofrecerte
Me he callado porque el silencio pone más cerca los
labios
Porque sólo el silencio sabe detener a la muerte en los
umbrales
Porque sólo el silencio sabe darse a la muerte sin
reservas
Y así te sigo porque sé que más allá no has de pasar
Y en la esfera enrarecida caen los cuerpos por igual
Porque en mí la misma fe has de encontrar
Que hace a la noche seguir sin descanso al día
Ya que alguna vez le ha de coger y no le dejará
los dientes
Ya que alguna vez le ha de estrechar
Como la muerte estrecha a la vida
Te sigo como los fantasmas dejan de serlo
Con el descanso de verte torre de arena
Sensible al menor soplo u oscilación de los planetas
Pero siempre de pie y nunca más lejos
Que al otro lado de la mano

De Abolición de la muerte

HE DEJADO DESCANSAR…

He dejado descansar tristemente mi cabeza
En esta sombra que cae del ruido de tus pasos
Vuelta a la otra margen
Grandiosa como la noche para negarte
He dejado mis albas y los árboles arraigados en mi garganta
He dejado hasta la estrella que corría entre mis huesos
He abandonado mi cuerpo
Como el naufragio abandona las barcas
O como la memoria al bajar las mareas
Algunos ojos extraños sobre las playas
He abandonado mi cuerpo
Como un guante para dejar la mano libre
Si hay que estrechar la gozosa pulpa de una estrella
No me oyes más leve que las hojas
Porque me he librado de todas las ramas
Y ni el aire me encadena
Ni las aguas pueden contra mi sino
No me oyes venir más fuerte que la noche
Y las puertas que no resisten a mi soplo
Y las ciudades que callan para que no las aperciba
Y el bosque que se abre como una mañana
Que quiere estrechar el mundo entre sus brazos
Bella ave que has de caer en el paraíso
Ya los telones han caído sobre tu huida
Ya mis brazos han cerrado las murallas
Y las ramas inclinado para impedirte el paso
Corza frágil teme la tierra
Teme el ruido de tus pasos sobre mi pecho
Ya los cercos están enlazados
Ya tu frente ha de caer bajo el peso de mi ansia
Ya tus ojos han de cerrarse sobre los míos
Y tu dulzura brotarte como cuernos nuevos
Y tu bondad extenderse como la sombra que me rodea
Mi cabeza he dejado rodar
Mi corazón he dejado caer
Ya nada me queda para estar más seguro de alcanzarte
Porque llevas prisa y tiemblas como la noche
La otra margen acaso no he de alcanzar
Ya que no tengo manos que se cojan
De lo que está acordado para el perecimiento
ni pies que pesen sobre tanto olvido
De huesos muertos y flores muertas
La otra margen acaso no he de alcanzar
Si ya hemos leído la última hoja
Y la música ha empezado a trenzar la luz en que has de caer
Y los ríos te cierran el camino
Y las flores te llaman con mi voz
Rosa grande ya es hora de detenerte
El estío suena como un deshielo por los corazones
Y las alboradas tiemblan como los árboles al despertarse
las salidas están guardadas
Rosa grande ¿no has de caer?

De Abolición de la muerte

POR LA PRADERA DIMINUTA…

Por la pradera diminuta de una voz flotando en los aires
Con el peso liviano de los planetas lucidos por las flores
Entre las enseñas de los días desarraigados y a la deriva
Sobre una sucesión de mares labrados a maravilla
Con el canto de las aves como cauce y lecho de las barcas
Y la cola del pavorreal como nimbo de las más pequeñas
cosas
Los caracoles transparentes las algas de porcelana
Los dedos cercenados de los niños y los dedales nacidos
Bajo la corteza de los hongos entre los fangales
En la cabellera enredada de una niña en la vía láctea
En la entraña misma de la música pisando
Con el sol contra nuestros pechos ahondando
Dejando correr la sangre como un río bueno
Porque es la misma la que yo recibo y tú llevas
Y las mismas florestas resuenan en nuestros gritos
Y las mismas palomas reposan sobre nuestros ojos
Y las mismas flautas nos recorren para establecer nuestro
dominio
Volviendo las lunas sobre los caseríos
Y las serpientes sobre los bosques
Trayendo el cielo sobre nuestra ventura
Salpicando su espuma nuestras playas
Los árboles febriles continuando su vida en nuestras venas
Las alamedas inclinándose al compás de nuestros corazones
Tú como laguna y yo como el ojo
Que uno y otro se compenetran
Tal el árbol y la brisa tal el sueño y el mundo
De la noche cogiendo la profundidad y del día la extensión
A qué cuevas huyendo contra tanto resplandor
Día que nunca te mueves cielo que por nosotros caminas
Ríos que no sabéis herir y barcas que se agolpan en
nuestras entrañas
Las bocas flotan como los signos del zodíaco
Los brazos se entrecruzan como flores sobre las aguas
Las frentes siguen las corrientes y los ojos nada separan
Es la gloria llameante que descansa en nuestros cuerpos
Levantando sobre el combate atroz de la tiniebla y la luz
La enseña de la santa compañía y las miradas quietas
Es la gloria caída a nuestros pies
Es el triunfo llagado como un crepúsculo subterráneo
Cambiando de estación en el corazón del azogue
Como una rosa ahogada entre nuestros brazos
O como el mar naciendo de tus labios

De Abolición de la muerte

MUNDO MÁGICO

Tengo que darles una noticia negra y definitiva
Todos ustedes se están muriendo
Los muertos la muerte de ojos blancos las muchachas de ojos rojos
Volviéndose jóvenes las muchachas las madres todos mis amorcitos
Yo escribía
Dije amorcitos
Digo que escribía una carta
Una carta una carta infame
Pero dije amorcitos
Estoy escribiendo una carta
Otra será escrita mañana
Mañana estarán ustedes muertos
La carta intacta la carta infame también está muerta
Escribo siempre y no olvidaré tus ojos rojos
Tus ojos inmóviles tus ojos rojos
Es todo lo que puedo prometer
Cuando fui a verte tenía un lápiz y escribí sobre tu puerta
Esta es la casa de las mujeres que se están muriendo
Las mujeres de ojos inmóviles las muchachas de ojos rojos
Mi lápiz era enano y escribía lo que yo quería
Mi lápiz enano mi querido lápiz de ojos blancos
Pero una vez lo llamé el peor lápiz que nunca tuve
No oyó lo que dije no se enteró
Sólo tenía ojos blancos
Luego besé sus ojos blancos y él se convirtió en ella
Y la desposé por sus ojos blancos y tuvimos muchos hijos
Mis hijos o sus hijos
Cada uno tiene un periódico para leer
Los periódicos de la muerte que están muertos
Sólo que ellos no saben leer
No tienen ojos ni rojos ni inmóviles ni blancos
Siempre estoy escribiendo y digo que todos ustedes se están muriendo
Pero ella es el desasosiego y no tiene ojos rojos
Ojos rojos ojos inmóviles
Bah no la quiero

De Belleza de una espada clavada en la lengua

CIUDAD ESCONDIDA

Ciudad escondida entre los labios
Ventura o tempestad o torrente
Ciudad igual a una corriente de aire
Entre una hoja de afeitar y una pestaña abandonada

Irreconciliablemente

Irreconciliablemente unidos
Al borde de la desesperación
Cambiando tarjetas de visita

De Belleza de una espada clavada en la lengua

LIBRE

En el juego,
Breve como lo infinito,
Del amor y la vida,
Del amor y la muerte,
Miradas, movimientos,
Caricias, voces
Van tejiendo una tela sutil,
Red de hilos de fuego,
Leve como el calor de la vida,
Apretada como el colmenar
De la sangre.
 
Enclaustrado
El preso dichoso,
Oruga indistinta
De su manto impalpable,
Se sumerge en el tiempo,
Se ovilla en el espacio,
Libre como el ave
Presa en su canto,
Grito que violenta la vida
Y la conduce, fulmíneo, a la muerte.

De Belleza de una espada clavada en la lengua

EL MAR EN LA CIUDAD

¿Es éste el mar que se arrastra por los campos,
Que rodea los muros y las torres,
Que levanta manos como olas
Para avistar de lejos su presa o su diosa?
 
¿Es éste el mar que tímida, amorosamente
Se pierde por callejas y plazuchas,
Que invade jardines y lame pies
Y labios de estatuas rotas, caídas?
 
No sé oye otro rumor que el borboteo
Del agua deslizándose por sótanos
Y alcantarillas, llevando levemente
En peso hojas, pétalos, insectos.
 
¿Qué busca el mar en la ciudad desierta,
Abandonada aun por gatos y perros,
Acalladas todas sus fuentes,
Mudos los tenues campanarios?
 
La ronda inagotable prosigue,
El mar enarca el lomo y repite
Su canción, emisario de la vida
Devorando todo lo muerto y putrefacto.
 
El mar, el tierno mar, el mar de los orígenes,
Recomienza el trabajo viejo:
Limpiar los estragos del mundo,
Cubrirlo todo con una rosa dura y viva.

De Belleza de una espada clavada en la lengua

PARÁBOLA

 Es difícil percibir lo que una caldera de cobre, alta uno o dos pisos o cuadras, puede contener de sólido, de viscoso o de relleno. Al probar con los nudillos desde fuera el metal opaco y levemente caldeado, se escucha un arrastrarse lánguido de relentes históricos, de premoniciones atrasadas, el usual revoltijo de acaecidos imposibles, todo lo situable antes del ser o después de él. En la baraúnda se engañaría uno si pretendiera establecer el equilibrio más precario entre despeñadero de cataratas líricas y refugio en la más desolada certeza existencial y metafísica. No habrá entonces sino que cerrar los ojos y esperar que la caldera ofrezca al explotar el mirífico espectáculo de una nube espesa e inagotable de transparentes libélulas zumbonas.

De Máximas y mínimas de sapiencia pedrestre

El tren se ha detenido en el silencio opaco y sin ecos de la noche anónima. Es la llegada a término – No sé reanudarán ya más ni agitación ni bullicio ni carcoma.

BARCA DE SUEÑO

Vamos en barca con Juliana. La barca es pequeña -Juliana más grande. Sus piernas se mueven en el agua. La barca pasa por encima y por debajo del agua. Juliana ríe. Se tapa la vulva con la mano. Son lo mismo la barca y Juliana.

De Amago de poema -de lampo- de nada

SOBRESALTO Y DESLUMBRAMIENTO

Inverosímil rostro radiante – vecino tanto como aquel adivinado en actos o ensueños de amor – surge de pronto del torbellino y agolpamiento de gente por calles y plazas – más bello que cresta de ola absorbiendo todo espacio al redor. (Nada – lo sabes – sólo mil años de castigo sin perdón a quien pierda semejante joya en la vorágine).

De Amago de poema -de lampo- de nada

SALIDO DE MADRE

¿Es cierto que ya no sabes
A dónde vas ni qué quieres?
Te zampas las moscas racimos
Culebras de piel de rosa
Rimeros de piel silvestre.
Hierve el agua en tu garganta
Cascas lo que encuentras
Y nada te repleta.
Requintas apedreas desgarras
Has perdido compostura y camino.
Río -me dueles en los ojos y el vientre.
¿Qué te haría la madre
Que así deliras y destruyes
Mi pueblo mi casa
Te llevas el borrico pardo
La palmera sin sombra
El cementerio completo?
¿Eres río sin madre
O mar recién parido
Estirándote lo más que dé
Tu hambre y tu codicia?
Río -vuelve a ser río
No te quiero tan grande.

De Amago de poema -de lampo- de nada

Cuánta tranquila llama viva en los rostros de esa mujer y ese hombre jóvenes recostados sobre el sarcófago en la tumba etrusca. Tanta reposada serenidad y apenas esbozada elegancia en el gesto de levantar la Copa para el brindis – ¿por la vida vivida -por la ensoñada o – acaso (tímida hipótesis) -por la vida incipiente – la aurora cercana?

De Ha vuelto la diosa ambarina

En el Gran Teatro del Mundo se ha dado fin a la enésima representación del Gran Teatro del Mundo.
Una tibia y terrosa niebla se ha apropiado está vez de todos los rincones de todos los humores de todos los horizontes.
Asfixia y ceguera paralizan a actores y espectadores que son todos espectadores y actores.
Alguien acude a la alarma -que no funciona. Otro tira de un telón desaparecido. El Gran Teatro del Mundo ha dejado de ser Mundo de ser Teatro de ser Grande.
Visible resta apenas diminuto boliche oscuro -que cuervo u otra ave de mal agüero- se zampará por equívoco.

De Ha vuelto la diosa ambarina

Por magia o sabiduría -arcana o burlona- se crearon mundos de esplendor y de miseria. Fueron enseguida entremezclados conforme a la ley de improbabilidades. Repartición semejante de bienes y entuertos no ofende en modo alguno la justicia más estricta y exigente.

Súbito e irresistible deseo de morder labios jugosos coralinos húmedos -de hincar pausadamente (pero fuertemente -pero implacablemente) los dientes en boca entreabierta. Sentir ahogarse en la propia garganta el grito de sorpresa- de dolor- de goce de quien comparte tal acción propiciatoria y desconsagrante.
Rito alucinado -pero instante más vívido que cualquier imagen deshojada del olvido.

De Ha vuelto la diosa ambarina

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PRÓXIMO NÚMERO

127. Poesía más Poesía: Evgueni Evtushenko

EVGUENI EVTUSHENKO

Biografía

Evgueni o Yevgueni Aleksándrovich Gangnus nació el 18 de julio de 1932 en Siberia, en la estación ferrocarril Zima, una pequeña y lejana estación de Siberia, cerca del lago Baikal. La familia Evtushenko es de origen ucraniano.
Hijo de Aleksandr Rudólfovich Gangnus, geólogo de origen alemán del Báltico, también escribía poesía, y Zinaída Yermoláievna Yevtushenko, geóloga y cantante.

Al año siguiente de su nacimiento, en 1933, la familia se instala en Moscú, en la casa del abuelo paterno. Después del comienzo de la guerra contra la Alemania nazi, en 1941, Evgueni es evacuado con su abuela a Zima.


Obtuvo el apellido con el que se haría famoso en 1944 cuando su madre, de regreso de la evacuación en Zima, le cambia el apellido por el suyo de soltera. Fue al hacer ese trámite que conscientemente lo registraron como nacido en 1933 con el fin de evitarse las complicaciones que hubiera significado obtener el salvoconducto necesario para todas las personas a partir de los 12 años de edad.

Su bisabuelo, campesino de la región de Zhitomir, fue deportado por haber “lanzado el gallo rojo” a su señor feudal. Según Evtuchenko en su libro Autobiografía precoz, en ruso popular lanzar el gallo rojo significa incendiar. Esa parece la clave de su irresistible impulso cada vez que se encontraba con un hombre con mentalidad de señor feudal: “siento el ardiente deseo del incendiario…”

“La Revolución era la religión de mi familia. Mi abuelo, Ermolai Evtushenko, simple soldado durante la Primera Guerra Mundial, semi-analfabeto, se convirtió en uno de los principales inspiradores y organizadores del movimiento revolucionario campesino en los Urales y en la Siberia oriental. Después de la victoria de los nuestros en la guerra civil, fue a la Academia Militar Roja en Moscú, de ahí salió General de brigada. Se le confió un puesto importante: comandante en jefe adjunto de la artillería de la República Rusa. En 1938 vi por última vez a mi abuelo. Lo detuvieron por alta traición”.

Mi padre y mi madre eran seres opuestos, terminaron por divorciarse. Se conocieron cuando eran estudiantes. Los hijos de los obreros y de los campesinos eran admitidos con prioridad en las universidades. Era una reacción natural contra las injusticias de la época zarista, durante la cual la educación fue privilegio de los ricos. Nuevas injusticias, no obstante, fueron cometidas. Los hijos de intelectuales, como mi padre, tuvieron una vida dura. Mi padre fue acusado una vez, en el curso de una reunión de las juventudes comunistas, de tener tendencias burguesas por usar corbata.

Esto no le impidió unirse con una muchacha frágil, proletaria, que llevó a los extremos sus principios revolucionarios. Mi madre usaba siempre botas de militante y una camisa de hombre bordada, la “kosovorotka”. Originaria de Siberia, no tenía la preparación cultural de mi padre, pero sabía lo que es la tierra y lo que es el trabajo.

Mi padre me inculcó el amor a los libros desde mi primera infancia y mi madre me enseñó a amar la tierra y el trabajo. Creo que permaneceré siempre medio intelectual y medio campesino. Él tenía una notable memoria, sabía muchos poemas y podía leerlos tan bien como recitarlos. Le gustaban mucho Lermontov y Goethe, Edgar Poe y Kiplin. Gracias a él a la edad de seis años Evgueni ya sabía leer y escribir, a los ocho años ya leía de su biblioteca a Dumas y Flaubert, Schiller y Balzac, Dante y Maupassant, Tolstoi y Boccaccio, Shakespeare y Gaidar, London y Cervantes.


“Vivía en un mundo de ilusiones, sin nada ni nadie a mi alrededor. No me di cuenta siquiera que mis padres se habían separado.”

“Mis padres me llevaban a las manifestaciones de obreros en la Plaza Roja, y le pedía a mi padre que me alzara sobre sus hombros para poder ver a Stalin… Alzado sobre las cabezas de la inmensa multitud, agitaba con fuerza una banderita roja y creía que Stalin me miraba y me respondía personalmente”.

En otoño de 1941 fue evacuado de Moscú a Siberia con otros niños de su edad. Viajó más de un mes en un convoy de sesenta vagones llenos de mujeres y niños. En dirección opuesta, hacia el frente, rodaban transportes llenos de armas y soldados. Ya no encontraba sus cascos y fusiles bellos. Ya no creía que estuvieran alegres de ir a batirse. Los sufrimientos habían dejado de ser para él exclusivamente de los personajes de los libros.

Comprendió, en el curso de la guerra, que la patria no es un término geográfico o literario, sino la imagen de hombres vivos. Trabajó en la cosecha y en un aserradero, recogió hierbas medicinales para los heridos. Comenzó también a escribir. Primero, prosa. En esa época era muy difícil conseguir papel. Un cuaderno escolar valía lo que un kilo de mantequilla, entonces robó de casa de su abuela dos volúmenes de obras de Marx y Engels y, en el curso de un año, llenó todos los espacios no impresos. Trató de escribir una novela. Al descubrirlo, mi abuela le perdonó y le dijo: “Ahora toda tu vida serás un marxista convencido.”

Vivía solo en Moscú, en un apartamento vacío. Su padre estaba lejos, se había vuelto a casar y tenía dos hijos. Su madre abandonó su ocupación de geóloga y se convirtió en cantante que hacía giras por el frente. Desde el inicio de la guerra hasta diciembre de 1943, actuó en los frentes, enfermó gravemente de tifus y pasó varios meses en un hospital de Chita. Tras recuperarse en 1944, se desempeñó como jefa de la Casa de Cultura de Zimin de los trabajadores ferroviarios, y a fines de julio de 1944 regresó a Moscú, con su hijo. En los años siguientes, trabajó en la All-Union Touring and Concert Association y en la Filarmónica de Moscú como directora de obras musicales para niños, hasta su jubilación en 1977.

La madre estaba muy preocupada por su hijo. Su curiosidad por la vida le impulsaba hacia las aventuras más inverosímiles. Tenía un carácter difícil. En un momento dado, se hizo de amigos entre los ladrones profesionales. En otro, se lio con hombres del mercado negro de libros. Pero, siempre, la intervención providencial de su madre que le sacó a tiempo del mal paso.

En casa, en cuanto estaba solo, dejaba sus cuadernos escolares para escribir poemas, reflejos de otra vida en su imaginación. Dejaba de escribir solamente cuando su mano se entumecía. Su madre no quería a ningún precio que fuera poeta. Estaba convencida de que el poeta es un ser atormentado. Sin embargo, finalmente se alegraría más adelante con las visitas a su hijo de otros poetas como Vladimir Sokolov, Yevgeny Vinokurov, Grigory Pozhenyan, Bella Akhmadulina, Mikhail Roshchin, entre otros
.

Poet Yevgeny Yevtushenko at his party.

“Amo a mi pueblo porque soy ruso y soy revolucionario. Lo amo porque no cayó en el cinismo, porque no ha perdido la fe en la limpieza inicial de la idea revolucionaria, a pesar de la suciedad que lo ofendió”.

En la escuela, adquirió fama de rebelde al punto que le enviaron a una escuela especial para alumnos difíciles en la que siendo acusado de robar el registro de calificaciones fue expulsado a los 15 años. Trató de ocultárselo a su madre, pero cuando ésta se enteró y le insistió para que pidiera perdón, el niño huyó de casa en el techo de un vagón hasta Kazajstán, en busca de su padre. Allí se convirtió en peón de la expedición geológica donde trabajaba su padre.

De regreso junto a su madre, el joven contó sus aventuras y mostró el dinero que había ganado y su decisión de comprarse una máquina de escribir.

El fútbol fue otra de las pasiones del poeta. En la noche escribía versos, durante el día jugaba al fútbol en los patios o terrenos baldíos. Jugaba de portero y llegaron a ofrecerle una prueba que luego el muchacho malogró por una borrachera.

En el diario El deporte soviético conoció a Nikolai Alexándrovich Tarasov que creyó en las posibilidades poéticas del muchacho y, junto con Volodia Barlas, fueron los tutores poéticos del joven. El 4 de junio de 1949 aparece publicado por primera vez un poema suyo: se trata de Dos deportes. Gracias a Tarasov, Evtushenko se convierte en el cronista poético regular.

Tres años más tarde sale su primer poemario: Los exploradores del porvenir y ese mismo año de 1952 es aceptado en la Unión de Escritores Soviéticos, convirtiéndose en su miembro más joven. Estudió en el Instituto de Literatura Maksim Gorki de Moscú (1952-1954), del que fue expulsado por apoyar la novela de Vladímir Dudíntsev, No solo de pan vive el hombre.

Evtushenko no vivió el periodo de la Rusia revolucionaria durante la Primera Guerra Mundial y era apenas un niño cuando tuvo lugar la persecución y represión a los opositores del régimen estalinista.

El 5 de marzo de 1953 muere Stalin.

“No llegaba a imaginármelo muerto. Formaba parte de mí mismo y no comprendía de qué manera podríamos separarnos.”

Rusia entera lloró. Diría que Stalin quiso aparecer como el continuador de la obra de Lenin. Mintió a los otros tanto como a sí mismo. Era lo contrario de Lenin. Para Lenin “El comunismo debe estar al servicio de los hombres”. Para Stalin “Todos los hombres deben estar al servicio del comunismo”.
“El día del entierro marcó un cambio en nuestras vidas, nos dimos cuenta que ya nadie pensaba por nosotros.”

“Aprendí a juzgar más severamente a aquellos que, en nombre del supuesto interés del pueblo, se abrían paso a codazos en la vida y sacrificaban sin piedad a los otros hombres.”


Siempre mantuvo cierta actitud rebelde hacia la burocracia. Fue expulsado de la Liga Comunista Juvenil por “individualista”. Se opuso a la aplicación estricta del realismo socialista, aunque no se alejó de los parámetros culturales de la sociedad comunista.

Pushkin, el gran poeta ruso, durante su tiempo vendía apenas tres mil ejemplares de sus obras. Cada libro costaba mucho y solo los aristócratas podían leer. Para los años de la revolución de 1917, el setenta por ciento de los rusos era analfabeta. Vladimir Maiakovski realizó una revolución, al inclinar al pueblo hacia la poesía, leyéndole en estadios y plazas. Sus libros alcanzaron tiradas de veinticinco a treinta mil ejemplares. Pasternak solo pudo vender dos mil libros, siendo más complicado que Maiakovski. Este, con su poesía, hizo más primitivo el lenguaje de una manera adrede, para ser más comprensible a las masas.
De ellos aprendió que el poeta tiene que ser más adelantado que el pueblo para elevar la cultura.

“Nosotros, mi generación, quisimos renovar la tradición de Maiakovski sacando la poesía a los estadios. Cuando organizamos el recital de poesía de 1955, en la Plaza Maiakovski, se congregaron treinta y cinco mil personas. Nuestra generación escribía poemas dirigidos a las masas, pero ya no era necesario bajar el nivel sino elevarnos al nivel de las masas. Es lo que ha pasado con Pasternak: cuando vivió era leído por una élite, ahora los obreros lo leen, lo entienden.”

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Sus trabajos comenzaron a publicarse en periódicos literarios y revistas. A pesar de que su primera colección de poemas obtuviera el beneplácito oficial, recibió críticas por sus peticiones de mayor libertad intelectual. Su poema épico, Zima Junction (Estación Zima, 1956), fue condenado por el régimen. Una reacción muy similar provocó la publicación en 1961 de Babi Yar, un ataque contra el exterminio de unos 34.000 judíos ucranianos por parte de los nazis.

Muchos críticos no entendieron y no aceptaron su obra.

Junto con Andréi Voznesenski, Róbert Rozhdéstvenski y Bella Ajmadúlina, Evtushenko fue uno de los ídolos de la generación de los sesenta y citas de sus obras se transformaron en frases proverbiales, por ejemplo, “Un poeta en Rusia es más que un poeta”.

Formó parte de la llamada poesía de los estadios, esa que llenaba arenas deportivas con sus versos. Fue ídolo de masas. Cultivó una poesía social dirigida principalmente a la juventud anhelante de cambios profundos en la Unión Soviética. Sus recitales en plazas y toda clase de espacios públicos convocaban a millares de oyentes. Quería reunir en la poesía rusa el vigor de Vladímir Maiakovski y la ternura de Borís Pasternak.

A mediados de los años sesenta publicó varios poemas que causaron una gran resonancia en la sociedad. Uno de ellos se llama “Los tanques están marchando en Praga”. Por tal trabajo, el autor podría terminar fácilmente tras las rejas o en un hospital psiquiátrico, lo que a menudo les sucedía a aquellos cuyo trabajo no se correspondía con la ideología oficial.

Sin embargo, Evtushenko no fue perseguido. Sus libros no fueron prohibidos. Continuó publicando, viajó por toda la Unión Soviética e incluso en los años 70 visitó el extranjero más de una vez. Al mismo tiempo, apoyó a escritores disidentes, a pesar de las críticas.

Lenó dos veces el Teatro del Kremlin con 6.500 personas. Igualmente leyó en muchas partes del mundo ante miles de personas. El mismo ha dicho: “Yo soy un escritor para esos que no lo son”. En sus veladas llegan salones llenos de oyentes.

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Viajó a más de 94 países y su obra ha sido traducida a 72 lenguas.

Fue amigo de Pablo Neruda, Max Ernst, Henry Moore, Federico Fellini, T.S. Elliot, William Golding, John Steinbeck, Pablo Picasso y Gabriel García Márquez.

El poeta pudo visitar, por fin, su deseada España en 1966 gracias a la intermediación del Dr. Okasha que convenció al embajador español en Egipto, durante un viaje de Evtushenko en El Cairo, para que le diera un visado sin consultar con Madrid.

Con Pablo Ruiz Picasso.

En su libro ¡Escuchadme ciudadanos! Versos y poemas entre 1959-1964, escribe Evgueni en el prólogo:

“En mi infancia, como muchos niños rusos, yo llevaba una gorrita azul con borla roja, se llamaba gorra española. En España tenía lugar la guerra civil y nosotros soñábamos con ellas. En trenes y barcos, la policía pillaba a jóvenes polizones que intentaban llegar secretamente a España para luchar en las Brigadas Internacionales. Sin haber estado una sola vez en España, sentía nostalgia de ella como muchos chicos de mi edad. Don Quijote, de Cervantes, fue el libro preferido de Maiakovski en su infancia. Los rusos amantes de la verdad, los idealistas, fueron nuestros quijotes. En nuestras bibliotecas, Lope de Vega, Quevedo, Machado, Alarcón, Valera, Galdós, Blasco Ibáñez, Unamuno, Baroja, Valle Inclán, se convirtieron en algo querido y familiar. Lorca, brillantemente traducido al ruso, continua siendo uno de los poetas predilectos.”

“Aprendí el idioma español en América Latina, y allí España se convirtió en algo muy querido para mí. En América Latina no sólo hablaba en español, sino que pensaba en español, escribí algunos versos en ese idioma.”

“En muchos países he conocido hombres fabricados en serie. En España no existen ni dos españoles que sean iguales. Este país es un verdadero tesoro para los escritores.”

Evtushenko ha sido también director de cine. Ha escrito y dirigido dos películas: Kindergarden (1982) y Los funerales de Stalin (1990), esta última con Vanesaa Redgrave y Claus Maria Brandauer. También escribió el guión para la película rusa-cubana Soy Cuba (1964).

Su primera novela fue Siberia tierra de bayas (1982), más adelante aparece Ardabiola, una fantasía sobre una planta con poderes curativos (1984). No te mueras antes que estés muerto (1995) está basada en el fallido golpe de estado de 1991 en Rusia. Fresas salvajes (1984) es una evocación poética de los campesinos rusos de la región rural de su nativa Siberia.

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Solo los idiotas pueden ser completamente felices, absolutamente felices: cuando hay tanto sufrimiento alrededor no hay derecho a ser totalmente feliz: es inmoral ser completamente feliz.

De tiempo atrás me atormentaba el problema del antisemitismo y había querido consagrarle un poema. Pero mi intención no se transformó en acto hasta después de mi viaje a Kiev y la visita a ese lugar terrible donde las S.S. fusilaron a millones de judíos inocentes: hombres, mujeres y niños. El mismo día de mi regreso a Moscú, escribí Babi Yar.
El poema se publicó en Literaturnaia Gazetta, se vendió en ese día con una rapidez fulminante. La misma noche recibí telegramas de felicitación que en su mayor parte procedían de desconocidos. A los dos días el diario Literatura y Vida publicó un poema de Alexis Markov escrito en respuesta a Babi Yar. Sus versos me trataban de pigmeo que calumnia a su pueblo.
Una mañana me visitaron dos jóvenes altísimos y de hombros impresionantes. SE mostraron tímidos y me dijeron casi balbuceando: Camarada Evtushenko, al saber que usted estaba amenazado por su poema Babi Yar, la Asamblea General de los Komsomoles del Instituto A nos ha encargado protegerlo.
De treinta mil cartas que recibí, sólo treinta eran de antisemitas.


“Creo que hace falta estar ciego para no ver los gigantescos cambios producidos en nuestro país después de la muerte de Stalin. Evocar el pasado es, para nosotros, pensar en nuestro porvenir.”

Dejando al margen otras manifestaciones de su actividad artística (cine, teatro…), su obra literaria es copiosa. Ha publicado más de 60 libros de poemas, novelas, ensayos… En su obra se cruzan los temas políticos, amorosos y sociales.

Toda su vida, Yevtushenko se vistió de manera inusual, dando preferencia a las chaquetas, camisas y corbatas, coloridas, de colores brillantes. Según la explicación de Evgeny Aleksandrovich, tal adicción provino de la infancia siberiana de los años de la guerra, en contraste con las chaquetas acolchadas negras con números en la espalda, en las que se vestían prisioneros sombríos, marchando en interminables columnas hacia los campos de prisioneros, y los abrigos polvorientos y terrosos de los vohrovitas que los acompañaban.

Se casó en cuatro ocasiones: con la poetisa Bela Akhmadulina en 1954, con Galina Sókol-Lukónina en 1961, con la irlandesa Joan Butler en 1978 y con María Nóvikova en 1987. Tiene 5 hijos varones.

En 1989 Evtushenko fue elegido diputado del Soviet Supremo de la URSS.

En 1991 llegó a la Universidad de Tulsa, Oklahoma con su familia y ahora vive en los Estados Unidos y Rusia. En los estados Unidos compuso y publicó una obra fundamental en inglés, Las estrofas del siglo (más que 1000 páginas, y más de 875 poetas) (1993).

En 1994 se bautizó con su nombre a un planeta menor —4243 Evtushenko—, descubierto por los astrónomos de Crimea el 6 de mayo de 1978.

En el campo docente, además de ejercer el profesorado en las universidades de Pittsburgh y Santo Domingo, fue nombrado miembro honorario de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo y de la Academia Estadounidense de las Artes y las Letras. También ha ocupado un puesto en la Academia Europea de Ciencias y Artes.

En 2007, el complejo deportivo Olimpiyskiy acogió el estreno de la ópera rock del compositor Gleb May, The White Snows Fall, basada en los versos de Evgeny Evtushenko.

En 2013 comienza el deterioro de su salud, a pesar de ello siguió ofreciendo más de 40 recitales por toda Rusia.

Evtushenko planeaba realizar una gira por las ciudades de Rusia, Bielorrusia y Kazajstán para celebrar su cumpleaños. Días antes de su fallecimiento pidió ser enterrado en Rusia, en el pueblo de escritores Peredelkino, junto a la tumba de Boris Pasternak, el premio Nobel y autor de Doctor Zhivago, así como que se llevaran adelante los proyectos de una velada en el Gran Salón del Conservatorio y una actuación en el Palacio del Kremlin, aunque él ya no estuviera.

Murió el 1 de abril de 2017 a los 84 años rodeado de las personas más cercanas en una clínica de Tulsa, Oklahoma, Estados Unidos, donde el poeta vivía con su familia y se dedicaba a la docencia universitaria desde 1991.

El Palacio Estatal del Kremlin acogió una actuación musical y poética “Si hay Rusia, entonces estaré yo”, en la que los poemas de Evtushenko serán recitados por famosos actores de teatro y cine. 

Premios y condecoraciones

  • Orden de la Insignia de Honor, 1969 (URSS)
  • Orden de la Bandera Roja del Trabajo, 1983 (URSS)
  • Premio Estatal de la URSS 1984 por Mamá y la bomba de neutrones”
  • Orden de la Amistad de los Pueblos, 1993 (lo rechazó en señal de protesta contra la guerra en Chechenia) (Rusia)
  • Orden Leyenda Viva, 2003 (Ucrania)
  • Orden de Honor, 2003 (Georgia)
  • Premio Tsárskoye Seló 2003 (Rusia)
  • Premio Fregene de Literatura 1981 (Italia)
  • Academia SIMBA (Italia) 1984
  • Premio Titsián Tabidze (Georgia)
  • Premio Jānis Rainis (Letonia)
  • Premio Enturia (Italia)
  • Premio Triada (Italia)
  • Premio Walt Whitman (EE.UU)
  • Premio Aquila 2002 (Italia)
  • Premio Grinzane Cavour 2005 (Italia)
  • Comendador de la Orden de Bernardo O’Higgins 2009 (Chile)
  • Premio Estatal de la Federación de Rusia 2009
  • Premio Poeta 2013 (Rusia)
  • Premio alla carriera. Festival Virgilio 2016 (Italia)

POEMAS

La miel

Voy a contarles algo de la miel.
Alguno se dará por aludido.
Mas no importa que alguien no comprenda
que se refiere a él.
Escuchad
…………..esta historia de la miel.
En el cuarenta y uno,
………………………….en Tchistopol,
año sin pan ni sol,
en el mercado
………………..nevado
………………………..sacaron un tonel,
un enorme tonel
…………………..de miel.
Era un canalla el vendedor,
un negociante del dolor.
Y el dolor formó cola,
sencillo,
………..amargo,
………………….desvalido.
No cobraba en dinero,
………………………….sino en jerseys,
en relojes
…………..o en cortes de traje.
Su mano ensortijada de entendido
despreciaba con gestos harapos evidentes.
Todo lo examinaba a la luz, atentamente.
Mientras con una mano un pintor viejo
desataba el cordón de sus zapatos,
con la otra
……………tendía una botella.
Miró caer la espesa miel en ella,
sin protestar, curvado,
y luego, con su miel,
………………………..preciada mercancía,
se alejó por la nieve en calcetines remendados.
Formando un cerco de miradas frías,
mujeres de oficiales y soldados
esperaban de pie con tarros y con vasos,
silenciosas y tensas.
Y una niña,
……………con mano transparente,
como en un sueño extraño,
tendía una copa diminuta
con un anillo de mamá en el fondo.
De pronto se acercó
………………………..el ruido de un trineo
de costados ornados con rosas.
Poniendo un ceño en su importante frente,
se bajó del trineo un hombre
…………………………………..alto,
………………………………………..imponente.
Tan solemne
……………….como un retrato
……………………………………desde el marco,
sin una sombra de pesar, habló:
“Dame todo el tonel.
………………………….Te pagaré en alfombras.
Date prisa, buen hombre.
Ya nos pondremos de acuerdo después.
Ayudad a subirlo, hermanos. Venga”.
Y se marcharon juntos.
Ellos siempre se pondrán de acuerdo.
Quedó la cola inmóvil y sombría
como si aquello nada le importase.
Y el anillo cayó de la copita
al surco que el trineo había dejado…

¡Qué muerto está ya aquel cuarenta y uno,
año de penas y de retiradas!
Aún vive, sin embargo,
…………………………..aquel goloso de miel,
ha vivido hasta hoy, y dulcemente.
Cuando muestra con aire sosegado
su tripa bien henchida,
cuando mira el reloj,
cuando el bigote satisfecho se acaricia,
yo recuerdo aquel año,
recuerdo aquella miel.
Aquella miel que, entonces,
………………………………….de ese mismo bigote,
abundante escurría.
Jamás podrá limpiárselos
……………………………….de miel,
siempre
…………le escurrirá
………………………..de los bigotes.

Del libro "Ternura", 1962
(Versión de Jesús López Pacheco sobre la traducción directa del ruso de Natalia Ivanova)

La llamada del urogallo

La caza no es la caza.
Pero ¿qué es? Tampoco yo lo sé. Es algo
que no podemos comprender nosotros solos.
Aún a pesar de haber leído muchos libros,
nos llama el gran rito ancestral de los antepasados,
rebelde y poderoso.

Deja mezquinas riñas, peleas sin sentido,
y corre al bosque a la llamada del urogallo.
Acecha inmóvil en la noche, tenso como un muelle.
Deja que te penetren rumores y ruidos,
murmullos de aves, quejas y chasquidos,
todo el temblor del cielo y de la tierra.

Después, el cielo empezará a clarear
como santificado misteriosamente.
Tras las oscuras ramas despeinadas,
enrojeciéndose despacio, sonará,
primero tímido, muy leve, un toc-toc,
como el ruido de una uña golpeando una petaca.

Toc-toc: el primer paso todavía tímido.
Toc-toc: más decidido ya, el segundo.
Toc-toc: se lanza entre los árboles caídos.
Toc-toc: por entre los arbustos, como un loco.
Toc-toc: y se calla, y tú quedas inmóvil,
muy cerca del invisible urogallo.

Pero de nuevo toc-toc, un crujido, un susurro,
y tú te hundes en el barro podrido,
y no te limpias la sangre de las picaduras de mosquitos,
como si allí, desesperadamente, oyeses el reclamo
de ese yo desconocido
que añora a tu persona, desdoblado.

Ves algo ya, distingues en un claro,
entre pinos, un resplandor oscuro.
Un salto, y el altivo señor del bosque
surge ante ti contra la luz naranja.
Doblando ramas a su paso, con plumas de carbón,
como una luna negra brilla el urogallo.

Gruñe, despliega su cola,
emite un susurro sibilante,
mueve el cuello, satisfecho,
y lanza el canto de sí mismo.
Tú estás de pie, desconcertado…
Y las manos, heladas, temblorosas,
alzan sin darse cuenta la escopeta.

Pero a él no le preocupa la escopeta.
Lanza su anuncio en dulces convulsiones.
Se agita susurrando. Hierve en él
el generoso don de la naturaleza.
Y tú disparas. Y al hacerlo, sientes
que ese prodigio
matándolo lo puedes conservar.

Así la voz de nuestra sangre nos empuja
a la llamada del amor. Nos lanza sobre unos labios
para hacerlos totalmente nuestros.
Pero en vano queremos conservar el amor.
Al irrumpir en la sagrada esencia del misterio,
lo único que hacemos es matarlo.

Así nos lleva hacia vosotros,
lienzo, barro, papel, un loco impulso,
para conservar la belleza de la naturaleza.
Pintamos, esculpimos o cantamos, pero al hacerlo,
lo único que hacemos es matarla.
Y el impotente esfuerzo nos cubre de sudor.

¿Por qué estás triste, cazador afortunado,
igual que un delincuente detenido,
cuando desciendes por la arena hacia el río
arrastrando las botas, en silencio,
con la escopeta absurda sobre el hombro
y en la mano el misterio muerto?

Del libro "La lancha de enlace", 1966
(Versión de Jesús López Pacheco sobre la traducción directa del ruso de Natalia Ivanova)
Evgeny Evtushenko y Bella Akhmadulina

Me sucede

A Bella Achmadúlina

Me sucede
que ya no viene a verme el viejo amigo,
pero en molesta algarabía viene
gente distinta a quien no necesito.
Y también él
se va con gente hueca
sin ir a ningún sitio.
Ninguno de los dos lo comprendemos,
pero los dos sufrimos.
Me sucede
que no me viene a ver la que yo necesito,
para poner sus manos en mis hombros
y arrebatarme a otra y llevarme consigo.
Y ella,
por Dios, decidme,
¿sobre qué hombros pondrá sus manos ella?
Aquella a la que me robaron
se vengará robando ella también.
Acaso no lo haga todavía,
acaso luche aún consigo misma,
pero, al final, sin darse apenas cuenta,
se sentirá por alguien atraída.
¡Cuántos lazos inútiles,
nerviosos,
irritantes!
¡Y cuántas vanas
amistades!
¿A dónde escaparé de todo esto?
¡Ven, quien quiera que seas,
ven
y rompe
la unión de las personas extrañas,
la desunión
de las almas hermanas!

Del libro Saludando con la mano

Los Herederos de Stalin

Callado estaba el mármol.
Destellante y callado continuaba el cristal.
La guardia allí callada
frente al bronceado viento.
Pero el féretro humeaba
como si alguien respirase dentro.
Del Mausoleo fueron sacándole despacio,
las bayonetas iban rozándole al salir.
Y él guardaba silencio,
también él continuaba en silencio,
¡un silencio terrible!
Sombríamente apretando su puño embalsamado,
el ojo vivo en las rendijas del ataúd,
yace este hombre que se finge muerto.
Quiere saber los nombres
de quienes lo han sacado,
los jóvenes reclutas
del Riazán y de Kursk;
quiere emprender la huida,
cobrar fuerzas de nuevo
y que estos insensatos
sepan bien quién es él.
Algo había planeado;
sigue esperando su hora.
Yo pido a mi gobierno que refuerce la guardia,
que duplique
y triplique
fuertemente la guardia
en la tumba de tierra donde Stalin está
para impedir que Stalin se levante de ella
a imponer el pasado otra vez.
Creo que en su ataúd
hay un teléfono
y a alguien Stalin comunica sus órdenes.
Pero ¿hasta dónde el cable se extiende allí?
No, no está vencido Stalin.
Él piensa que la muerte es superable.
Un día
lo sacamos del mismo mausoleo,
mas, de sus herederos, ¿cómo sacar a Stalin?
Algunos herederos cultivan su jardín,
piensan, en su retiro, que será temporal.
Otros le atacan desde la tribuna,
y por la noche
sueñan con sus tiempos,
con él.
Puntuales de su régimen,
desprecian nuestros tiempos
cuando están llenos los estadios,
donde los poetas recitan sus versos
y están vacíos todos los campos de prisión.
La patria me ordena que no me tranquilice.
Hay quien me dice: “Calma”
y no sé estar tranquilo,
pues mientras haya herederos de Stalin
en la tierra
yo pensaré que en el mausoleo sigue Stalin.

(Traducción de Herberto Padilla)

Monólogo de los beatniks

¡Cómo nos ha engañado nuestro siglo veinte!
Al tributo de la mentira nos obligaron.
Como leves villanos, las ideas
al soplo de la vida se volaron.

Como en la burla encuentran defensa los chiquillos,
refugio en la ironía nosotros encontramos,
una ironía que, sin ocultarla,
tampoco la ostentamos.

Igual que una muralla o una presa,
de la mentira el agua contenía,
y las manos reían, aplaudiendo,
y al caminar, los pies se sonreían.

Fuimos tema de libros y de films,
dejamos que escribieran idioteces,
pero el derecho a ironizar de todo
nos lo hemos reservado, aunque prudentemente.

Nuestra norma de vida fue el desprecio
y así subimos.
Mas aquella ironía que un tiempo nos salvaba,
hoy es nuestro asesino.

Amamos con hipocreía, con cautela.
A medias entregamos, cobardes, la amistad.
Y este presente nuestro nos parece
el pasado con un hábil disfraz.

Vagamos por la vida. Y en la historia
estamos, como Fausto, de antemano juzgados.
Y la ironía, en la sonrisa de Mefistófeles,
es nuestra sombra, siempre a nuestro lado.

En vano la intentamos apartar:
ni detrás ni delante hay ya salidas.
Ironía: nuestra alma te vendimos
y a cambio no nos diste a Margarita.

Nos enterraste en vida.
Nuestro amargo saber la impotencia destila.
Y esta cansada ironía nuestra
sobre nosotros mismos ironiza.

Del libro Ternura

Adiós, Bandera Roja, nuestra

Adiós, Bandera Roja nuestra.
Descendiste del techo del Kremlin
no tan orgullosa
ni tan diestramente
como hace muchos años te izaste
sobre el destrozado Reichstag,
humeante como la última bocanada de Hitler.

Adiós, Bandera Roja nuestra.
Fuiste nuestro hermano y nuestro enemigo.
Fuiste el camarada del soldado en las trincheras,
fuiste la esperanza de la Europa cautiva.
Pero, como una cortina roja, tras de ti ocultabas al gulag
repleto de cadáveres helados.
¿Por qué lo hiciste,
Bandera Roja nuestra?

Adiós, Bandera Roja nuestra.
Acuéstate.
Reposa.
Recordaremos a todas las víctimas
engañadas por tu dulce susurro rojo
que sedujo a millones a seguirte como corderos
camino al matadero.
Pero te recordaremos
porque no fuiste tú menos engañada.

Adiós, Bandera Roja nuestra.
¿Acaso fuiste sólo un trapo romántico?
Estás ensangrentada
y con nuestra sangre te arrancamos
de nuestras almas.
Por eso no podemos arrancarnos
las lágrimas de los enrojecidos ojos,
porque tú ferozmente
golpeaste nuestras pupilas
con tus pesadas borlas doradas.

Adiós, Bandera Roja nuestra.
Obtusamente dimos
nuestro primer paso a la libertad
sobre tu seda herida
y sobre nosotros mismos
divididos por el odio y la envidia.
¡Eh, muchedumbre,
no pisoteen de nuevo en el fango
los ya quebrados lentes del doctor Zhivago!

Adiós, Bandera Roja nuestra.
Abre con fuerza el puño
que te aprisionó.
Trata de ondear algo rojo sobre la guerra civil
cuando los canallas intenten arrebatar
de nuevo tu pabellón,
o sólo los desahuciados
formen fila en busca de esperanza.

Adiós, Bandera Roja nuestra.
Te despliegas hacia nuestros sueños.
Ya no eres más
que una escuálida franja roja
en nuestra bandera rusa tricolor
En las inocentes manos de la blancura
en las inocentes manos del azul,
quizás aun tu color rojo
pueda ser lavado de la sangre que has vertido.

Adiós, Bandera Roja nuestra.
Cuidado nuestra nueva tricolor.
Cuidado con los tahúres de banderas
que quieren estrujarte entre sus dedos grasientos.
Pudiera ser que a ti también te
deparen igual sentencia
que a tu hermana roja:
ser asesinada por nuestras propias balas
que devoran tu seda como polillas de plomo?
Adiós, Bandera Roja nuestra.
En nuestra ingenua infancia
mas al Ejército Rojo y al Ejército Blanco
Nacimos en un país que ya no existe.

Pero en aquella Atlántida estuvimos vivos y fuimos amados.
Tú, Bandera Roja nuestra, yaces en el charco de un mercado.
Prostituidos mercaderes te venden por divisas
Dólares, francos, yenes.
Yo no tomé el Palacio de Invierno del zar.
Ni asalté el Reichstag de Hitler.
Ni soy lo que llamarías un comunista.
Pero te acaricio, Bandera Roja, y lloro.

Cae la nieve pura

para A.W. Bouis

Cae la nieve pura como
si resbalara por hilos.
Quisiera vivir, vivir
pero sé que no es posible.

Algunas almas se pierden
sin huella en la lejanía,
suben, suben hacia el cielo
como hace la nieve pura.

La nieve pura se disuelve…
yo también desapareceré…
No me preocupa la muerte,
nadie vive eternamente.

No creo en esos milagros.
No soy ni nieve ni estrella,
yo jamás volveré a ser
jamás, jamás, nunca más.

Y pienso yo, pecador:
¿Qué hiciste con tu existencia?
En su torbellino, ¿qué
amaste más que la vida?

Quise con mi sangre a Rusia
como el tuétano de mis huesos,
quise sus ríos creciendo
y debajo de los hielos.

Quise el humo de sus casas,
el aire de sus pinares,
amé a Chejov, Pushkin
y a sus gloriosos ancianos.

Si tuve mis contratiempos,
fue sin lamentarlos mucho.
Qué importa si viví locamente,
por Rusia fue que viví.

Dolorido de esperanzas
(lleno de oculta inquietud),
creo que tal vez un poco
también yo he ayudado a Rusia.

Aunque a mí Rusia me olvide
cuando el tiempo se devane,
el caso es que Rusia viva
para siempre, eternamente.

Cae la nieve pura, cae
como caía en los tiempos
de Pushkin, de Chejov,
como caerá cuando muera…

Cae la nieve, cae la nieve
con cegadora blancura,
borrando todas las huellas,
las que yo dejo y las otras…

Nadie vive eternamente,
pero tengo una esperanza:
si Rusia vive, es decir
que yo también viviré.

Versión de Rafael Alberti y María Teresa León

Extranjero

(“sobre nosotros pasaba Mercurio, una estrella extranjera…”) M. Svetlov

En el puerto de Arkangel
hay barcos extranjeros,
tristezas extranjeras,
destinos extranjeros.

Moreno como un grajo,
tú lloras, marinero griego,
hasta el amanecer, bajo la noche blanca
al pie de la estatua de Pedro.

Pero no es extranjera
tu forma de llorar
y de enjugarte el llanto con el puño sucio
en el jardín lleno de polvo de la ciudad.

¿Te ha insultado el patrón?
¿Bebiste mucho vodka?
¿Ha muerto alguien a quien tú querías?
¿O lloras sin saber por lo que lloras?

¿Qué te ha pasado?
Marinero griego, ¿qué te ha pasado?
Te pasa
que tú también eres un ser humano.

Y te entran náuseas cuando
alguno te pregunta,
ajeno a tu dolor,
si vendes calcetines de espuma.

Y, amargamente, miras
a ese degenerado cubierto de granos
-mas sin pedirle comprensión-
que pone cinco rublos en tu mano.

Pero, un poco bebido, con sus cejas canosas
y la cara de cobre, de alguna nave rusa
un maquinista llega
que igual que el griego está lleno de angustia.

A su lado se sienta el maquinista:
“Eh, amigo, ¡quieres un trago?”
Y en la pelliza, silenciosamente,
hunde su ruda mano.

Triste y serio, la botella de vodka,
intérprete mundial, de su bolsillo saca,
y contra el banco, golpeándolo,
un buen arenque ahumado ablanda.

Beben sentados en silencio.
Mirando hacia lo lejos, están juntas
en un abrazo la tristeza griega
y la tristeza rusa…”

(Del libro Entre la ciudad sí y la ciudad no)

Mi peruanita

A la hora en que mueren los periódicos
y se convierten en basura nocturna,
un perro con un trozo de galleta entre los dientes
se detiene y me acecha.
A la hora en que resucitan todos los bajos instintos
que se esconden hipócritamente durante el día,
a la hora en que los choferes me gritan: “¡Eh, gringo!,
¿quieres una peruanita? ¡Vamos, yo te llevo!”
A la hora en que la oficina de correos está cerrada,
y solamente el telégrafo no duerme,
un muchacho, envuelto en su poncho,
dormita apretado a la estatua de algún héroe.
A la hora en que las prostitutas y las musas
se pintarrajean la cara,
a la hora en que se imprimen las basuras de mañana
con grandes titulares en primera plana,
a la hora en que todo es visible o invisible,
sin ir o venir a fiesta alguna,
deambulo por la avenida Lima,
como por un cementerio de noticias.
Llena de escupitajos y cáscaras de naranja,
la calle apesta como una letrina,
pero, miren allá: una figura humana
se mueve entre un montón de periódicos.
Esta anciana, acurrucada en medio del silencio,
y que no culpa a nadie de nada,
se ha hecho un poncho
con las noticias de ayer.
Cubierta hasta las orejas
por todos los lados para escapar del frío,
que los diarios sean de derecha o izquierda
da lo mismo si le ofrecen un poco de calor.
Envuelta hasta los tobillos en escándalos,
intrigas y partidos de fútbol,
bajo las piernas de la modelo Twiggy
asoman sus propios pies desnudos.
Limusinas, submarinos y cohetes,
ya botados a la calle, se pegan al asfalto;
sobre los hombros de la campesina pesan
las carreras de caballos, los yates, los stripteases y los banquetes.
Y una llama blanca ante un escaparate
observa con tristeza detrás de los cristales
la sangre todavía caliente
en una foto que la anciana tiene sobre los hombros.
Bajo la basura del mercado mundial
sin saber ni entender nada de aquello,
como una llama acosada, esta india escudriña.
Madre dolorosa de la humanidad.
La injusticia la ha doblado,
la prensa toda la ha aplastado
y, como una escultura viva, ella es
la verdad del mundo bajo un montón de mentiras.
¡Oh, llama blanca del escaparate!,
acurrúcate en su pecho ahuecado,
libérala de toda la basura,
llévatela a la Sierra Blanca.
Como representante del Gran Poder destruido
ante su rostro atormentado,
un rostro marcado de profundas arrugas,
me inclino igual que un hijo silencioso.
El mayor poder del mundo
—el alma humana—,
respirando apenas, ha buscado locamente
su refugio bajo los harapos.
“Una chica peruana”, me gritan
los taxistas, pero yo no respondo.
No quiero decirles
que ya encontré a mi peruanita.

(Poema escrito originalmente en español)

Las fronteras

En cada poste fronterizo
hay algo inseguro.
Cada uno de éstos
añora hojas y flores.
Dicen
que el peor castigo para un árbol
es convertirse en un poste de frontera.
Los pájaros que se detienen a descansar
sobre estos postes
no pueden imaginar
en qué tipo de árboles se han posado.
Supongo
que al principio fue la gente quien inventó las fronteras
y luego las fronteras inventaron la policía,
los ejércitos y guardas fronterizos.
Las fronteras inventaros
a los aduaneros, los pasaportes y otras mierdas.
Gracias a Dios,
tenemos invisibles hilos y filamentos
nacidos de hilos de sangre
de los clavos en las palmas de Cristo.
Estos hilos luchan hasta el fin,
destrozando la alambrada,
guiando al amor a juntarse con el amor
y a la angustia a unirse con la angustia.
Y una lágrima,
que se evaporó en algún sitio del Paraguay,
caerá como un copo de nieve
sobre la helada mejilla de un esquimal.
Y un pesado rascacielos de Nueva York,
a golpes de neón,
deplorando el olvidado olor de los campos labrados
sueña tan sólo con abrazar una solitaria torre del Kremlin,
pero lamentablemente eso no se puede.
La Cortina de Hierro,
haciendo chirriar tristemente su oxidado cerebro,
probablemente piensa:
“Oh, si yo no fuera una frontera,
si alegres manos me empujaran a un lado
y construyeran con mis restos sangrantes
carruseles, kindergartens y escuelas”.
En mis más oscuros sueños veo
mi antepasado prehistórico:
coleccionaba calaveras como trofeos
en la sombría bóveda de su cueva,
y con la punta ensangrentada de una lanza de piedra
marcó así la primera frontera
sobre la faz de la tierra.
Ésa era una colina de calaveras.
Hoy ha crecido hasta hacerse un Éverest.
La tierra se transformó
y se convirtió en un gigantesco cementerio.
Mientras haya fronteras
todos estaremos en la prehistoria.
La verdadera historia comenzará
cuando todas las fronteras se hayan borrado.
La tierra aún tiene cicatrices,
mutilada por las marcas de la guerra.
Hoy matar se ha convertido en un arte,
mientras que en un tiempo tan sólo era un comercio.
De todos aquellos miles de fronteras
tan sólo hemos perdido la humana,
la frontera entre el bien y el mal.
Pero mientras tengamos hilos invisibles
uniendo a cada ser
con millones de seres,
no habrá verdaderos Estados superpoderosos.
Cualquier alma frágil sobre esta tierra
es el verdadero superpoder.
Mi gobierno
es la familia total del hombre, todos a un tiempo.
Cada mendigo es mi mariscal,
me da órdenes.
Soy un racista,
reconozco sólo una raza:
la raza de todas las razas.
¡Qué extraña es la palabra extranjero!
Tengo cuatro billones y medio de líderes.
Y bailo mi danza rusa,
mi danza desafiante de la muerte,
sobre los hilos invisibles
con que se unen todos los desunidos.

(Poema escrito originalmente en español)

Babi Yar

No existe monumento en Babi Yar;
sólo la agria ladera. Y tengo miedo.
Hoy me siento un judío en el desierto
que de Egipto escapó. Me crucifican
y mis manos conservan los estigmas.
Me parece ser Dreyfus, condenado,
al que juzgan, escupen, encarcelan;
pero de pie resiste la calumnia
y el grito filisteo. Con la punta
de sus sombrillas en mi rostro vejan
mi indefensión mujeres que se acercan
con vestidos de encaje de Bruselas.

O también soy un niño en Bielostok.
De pronto estalla el pogromo.
La sangre derramada cubre el suelo.
Los que huelen a vodka y a cebolla
salen de la taberna y gritan todos:

“Mata judíos: salvarás a Rusia”.
Un tendero se ensaña con mi madre.
Otro hombre me patea. En vano rezo
plegarias que se pierden en la nada.

Me siento dentro
de la piel de Anna Frank que es transparente
como un ramo de abril.
No hacen falta palabras. Siento amor
y sólo necesito que uno a otra
nos miremos de frente.
Separados del cielo y el follaje.

Solamente podemos abrazarnos
en este cuarto a oscuras.
Quiero besarte una vez más, acércate.
Ya vienen. Nada temas: el rumor
es de la primavera que se anuncia
y del témpano roto en el deshielo.

Y en torno a Babi Yar suena la hierba
que ha crecido salvaje desde entonces.
Los árboles nos juzgan. Todo grita
pero el grito está hecho de silencio.
Al descubrirme observo mi cabello.
También ha encanecido. También grito
por los miles de muertos inocentes
masacrados aquí. En cada anciano
y en cada niño al que mataron muero.

Pueblo ruso, mi pueblo: te conozco.
Tú no odias ni razas ni naciones.
Manos viles trataron de infamarte
al usurpar tu nombre y al llamarse
“Unión del Pueblo Ruso”.** No perdono.
Que La Internacional llene los aires
cuando el último
antisemita yazga bajo la tierra.
No soy judío. Como si lo fuera,
me odian todos aquéllos.
Por su odio
soy y seré un verdadero ruso.

Del libro "Adiós bandera roja"
Babi Yar o Babiy Yar es un barranco en las proximidades de Kiev. 
En dos días de septiembre de 1941 más de treinta y cinco mil judíos fueron asesinados allí por las tropas nazis.

Los dueños de la cólera

Siglo Veinte
que engendraste el Satélite:
dolor y niebla en ti
no tienen límites.

Eres un siglo
de nobleza y de miedo,
siglo asesino de tus propias ideas,
mira, mira a esos jóvenes:
son dueños de la cólera.

¡Cómo pesa su cólera
y su mirada, su desprecio!
Desprecian partidos y gobiernos,
desprecian a la Iglesia
y a los falsos profetas
desprecian a la mujer
y al implacable rostro
de la tierra
y hasta al desprecio de su propio desprecio.
Para ellos, el siglo no es un padre
sino un padrastro cruel.
Todo para ellos es disgusto
y se exasperan.
Hay inquietantes, negros fermentos
en los muelles del Hudson,
en los muelles del Tíber,
del Sena,
del Támesis,
en todas partes esos jóvenes
van a pasear su tedio.

Son crueles,
holgazanes,
excéntricos,
extraños ante el tiempo en que navegan.
Comprendo qué rechazan;
pero ignoro
qué es lo que están buscando, qué desean.
Lanzar gritos de injuria sin descanso,
¿será su nuevo credo?
En este instante,
aquí desde Moscú,
como hombre, simplemente,
ofrezco estas palabras:
yo también grito de cólera;
pero mi grito no es como el de ustedes,
grito sin esperanza,
porque tengo fe en mi país.
Si gritamos de cólera,
mis amigos y yo tenemos el orgullo
de librar la batalla
para hallar la verdad.
Y a ustedes, allá lejos,
¿la verdad les importa?
Por el mundo vagan ociosos los muchachos,
vagan por las tierras de América.

Siglo Veinte
que engendraste el satélite:
arráncalos de la sombra y de la incertidumbre.

Logra que tengan fe
en la justicia
en la bondad.

Son tus hijos,
y con ellos
tienes que mostrarte piadoso.
Siglo veinte,
¿me has escuchado?
¡Ayúdalos!

Bodas

A Mézirov

¡Bodas del tiempo de guerra!
Falaz intimidad,
frases insinceras para tranquilizarle
de que no le matarán.

Por una carretera nevada, invernal,
contra el viento que pega fuerte,
corro hacia la boda
que a toda prisa se celebra
en el pueblo vecino.
Bamboleándome
con un mechón sobre la frente,
entro,
famoso bailarín,
en la izbá llena de alboroto.
Vestido de fiesta,
lleno de turbación,
está sentado
entre amigos y parientes
el novio movilizado.
Y junto a él, Viera, la novia.
Dentro de un par de días
él se pondrá un capote gris
y partirá para el frente.
Por tierras extranjeras
avanzará con el fusil
y acaso caerá
bajo una bala alemana…
La cerveza espumea en el vaso,
pero él no puede beberla.
Acaso la primera noche
será para ellos
la última.
El novio mira en torno suyo angustiado
y desesperadamente
me grita por encima de la mesa:
¡Venga, a bailar!
Todos olvidan la bebida
y empiezan a mirarme:
me contorsiono ante ellos,
haciendo cantar a los hierros de mis zapatos.
Taconeo
y arrastro las puntas
sobre la tarima.
Silbo,
bato palmas
y me disparo en un salto
hacia el techo.
El aire
se llena
de gritos,
beben rusos y yakutos,
y por el rostro de la novia
se deslizan
lágrimas de fuego.
Estoy ya cansado,
me falta el aliento…
¡Baila!
gritan excitados,
y yo continúo la danza…

Tengo los pies acorchados,
cuando regreso a casa,
pero
unos borrachos
me invitan a otra boda.
A regañadientes, mi madre
me da el permiso, y yo
de nuevo estoy en un banquete
tijereteando con las piernas,
bailando ante la mesa
la prisiadka.
La novia llora
amargamente.
Se deshacen en lágrimas
los amigos.
Tengo miedo.
No estoy para bailes,
pero no se puede
dejar de bailar.

El mar

El tren Moscú-Sujumi se iba hundiendo en las montañas.
Ya hablábamos del mar. Ya los estudiantes en los asientos vecinos
abandonaban su juego de ajedrez y el juego de naipes.
En el pasillo se amontonaban los que miraban por las ventanillas:
“¡En un instante va a aparecer el mar!”.

Algunos viajeros apoyándose en los hombros de sus camaradas
recordaban su encuentro con el mar.
Para mí, en los museos, en las habitaciones,
el mar estaba suspendido en un marco y cubierto por un vidrio.

Antes nunca lo había visto sino pintado.
Jamás lo conocí sino a través de los libros.
Toqué de nuevo la mano de mi vecino y obstinadamente le seguí preguntando:
“Dime por favor, ¿está muy cerca? ¿Cómo es?”.
“Paciencia muchacho, tú mismo vas a verlo en un instante!

De pronto en un vaivén que hizo el tren entró a un inmenso espacio
e inmediatamente no hubo nada más en el mundo.
No quedó nada alrededor de mí: únicamente el mar.

Todo se transformó en silencio salvo su rumor.
Recordé de repente que así me había pasado antes.
Sí, el mismo sentimiento pero ahora era mucho más intenso
cuando yo ni siquiera había saboreado el amor
que únicamente conocía a través de los libros.

Reprochándole al amor su indiferencia
acosé a mis amigos con preguntas: “Díganme,
¿Está muy cerca? ¿Y cómo es?” “¡Ten paciencia!,
¡Ya lo conocerás por ti mismo”.

Así me pasó con el mar al igual que con el amor:
cuando él entró en mi vida entonces desapareció todo,
solamente él existió en el mundo y desde ese momento
ya no pude oír nada más que sus únicas palabras.

(1952)

Casi al final

Es demasiado temprano para decir mi última palabra:
hablo casi al final,
como un antepasado medio borroso
arrastrando mi cuerpo entre dos eras.
Soy
una casual migaja,
una semilla de manzana de este siglo
que no ha dejado sobrantes.
La historia me estranguló,
me carcomió,
pero no me tragó.
Casi al final:
Soy
una agrietada pero exacta
y viviente máscara funeraria de la evacuación de tiempos de guerra,
y para ser reconocido
no necesito marbete.
En una ventisca fui esculpido
por las mohosas manos del Transiberiano:
los raspantes amortiguadores de los carros del tren.
Casi al final:
Con jadeos escabrosos como el escondite del diablo
caminé como un hijo del infierno.
Cada pierna palpitante tronaba en la escarcha
como una tubería congelada,
y el “escondite del diablo” creció entre los míos
y no se desprendería,
y batallando salvé mi espinazo,
frágil pero irrompible.
Casi al final:
Una vez lloré
a la sombra de dispersas ramas a la orilla del camino,
apoyé mi cabeza
contra el letrero rojo y amarillo de No Cruce,
y todo lo que trataron de atragantarme,
en sus glotones banquetes,
lo vomité de mis entrañas,
volteándolas hacia afuera.
Casi al final:
la historia bailó muchas veces sobre mí
con botas enlodadas y zapatillas de ballet.
No estuve en escena,
yo fui la escena en la sangre de mi época,
en el vómito de esta era,
y todo lo que en mi vida
te pareció no ser de mi sangre,
sino tan sólo sed de renombre,
no dudo
de que algún día lo consideres actos de heroísmo.
Casi al final:
soy tan sólo la plebeya voz de los que no tienen voz,
soy tan sólo la desvanecida huella de los que no tienen
huella.

Soy las cenizas medio disipadas
de la desconocida novela de alguien.
En tus respetables salones de recepción,
soy el embajador de todos los callejones sin salida.
Soy un fantasma de barracas y tablados,
mercados de chinches,
piojos,
pulgas
y guaridas de ladrones.
Casi al final:
La mitad de mi vida
la he pasado buscando desesperado con un encorvado tenedor aunque
fuera tan sólo una insinuación de carne
en chuletas de cantina.
Una vez, antes de cumplir diez años,
juré por mi madre a gritos
frente a mi tía horrorizada.
Vendré hacia mis sucesores
como con las charreteras de Lermontov,
con las manos policiales sobre mis hombros,
con su cortés sugerencia:
“¡Andando, amiguito!”
Casi al final:
Soy
de la misma edad en todas las edades.
Soy
el campesino de todos los campos,
aun los de lejanas galaxias.
Como un indio con los mohosos grilletes de Colón,
antes de mi muerte gritará con estrépito:
“¡Fukú!”,
ante aquellos tiranos falsamente inmortales.
Casi al final:
Un poeta, hoy,
como una moneda de Pedro el Grande,
se ha vuelto algo verdaderamente raro.
Incluso asusta a sus vecinos sobre el planeta.
Pero encontraré entendimiento entre mis sucesores
de un modo o de otro.
Casi cándido.
Casi muerto.
Casi al final.

Rumor de pasos y murmullos

Rumor de pasos y murmullos
en el vagón. Alguien cede un asiento.
Hay un leve temblor en las piezas
del ajedrez. Yo escribo en silencio.

Recuerdo el atardecer
de un día que aún es hoy,
y, a mi lado, el ritmo lento
de una respiración.

No viniste hacia mí con alegría
que apenas si has podido conocer,
sino por la común monotonía
que a ambos nos unía en la mudez.

Desesperdamente, a mi viniste,
consciente de tu alegre aire forzado,
dejando tu pasado tras la puerta
para volver a entrar en el pasado.

Con fingida sonrisa,
y en tus entrañas, llanto,
un hueso de aceituna
me ofrecieron tus labios.

Nos arrojamos infinitamente
hacia el fondo irreal de un nuevo día,
queriendo hacer de nuestras dos tristezas
una sola alegría.

Pero ahora estoy en la litera alta
con un cuaderno verde.
Y el hueso de aceituna
mi boca aún lo siente.

Voy huyendo de todo lo insondable
como si alguna cosa no lo fuera.
Huyo de no tener ningún hogar,
aunque su falta mi destino sea.

Y tú, en otro tren,
huyes hacia otras tierras.
Tú, que has llegado tarde,
perdona a quien también tarde a ti llega.

Mis recuerdos aún
hacen que me estremezca.
Cantan en mí como cantaban
las niñas en la iglesia.

Y recuerdo un profético cuadro,
que lo será por todos los siglos:
sobre el mundo y sobre la eternidad
unas manos tendiéndose a otras manos.

El artista sintió su tormento.
Él las acercó todo lo que pudo.
Más siempre hay un punto de distancia
entre los dedos de mujer y hombre.

Lo que les ha ocurrido a otros antes,
a nootros también nos ha ocurrido.
Nuestras jmanos se acercan en tensión
y son las yemas de los dedos, gritos.

Tensos sobre un abismo
donde el silencio solamente existe,
nuestras dos pobres manos
jamás podrán unirse”

Del libro Entre la ciudad sí y la ciudad no

TRES MINUTOS DE VERDAD

A la memoria del héroe nacional cubano José Antonio Echevarria, cuyo nombre clandestino era “Manzana”. 

 Vivía un muchacho llamado “Manzana”
con los ojos tan puros como un manantial
y el alma tan ruidosa
                                             como una buhardilla
atestada de lienzos, guitarras y palomas.
Le gustaban las mazorcas de maíz,
el béisbol,
              los niños,
                              los árboles,
                                                 los pájaros,
y, entre el enloquecido vaivén de la pachanga,
el azar de encontrar dos milagros con pestañas.

Pero en el muchacho llamado “Manzana”,
tan parecido a un niño, comenzaba a sonar
la campanilla de la severidad
ante la falsedad y la mentira.

Y la mentira en Cuba tenía muchas máscaras.
Bailaba en todos los salones,
y en el coche del presidente iba
sentada
          como ama y señora.
Hablaba la mentira por todos los periódicos.
Y desde la mañana, enfurecida,
mezclándose
                    a veces
                              con el rock and roll,
la mentira gritaba
                         por los altavoces
                                              de las radios.

Y el muchacho llamado “Manzana”,
no por la gloria,
                         sino por el bien de todos, simplemente,
para que toda Cuba supiera la verdad,
con sus amigos decidió ocupar la emisora.

Pistola en mano,
                         apareció de pronto,
le arrancó a los cantantes el micrófono,
y fue su voz la voz de Cuba, del valor y la fe
diciendo a todo el pueblo la verdad.
¡Tres minutos tan sólo!
                                      ¡Nada más tres minutos!
Y se escuchó un disparo…
                                          Después, sólo silencio.

La bala batistiana puso punto
a aquel discurso que no pudo terminar.
Y de nuevo, puntual, sonó el rock and roll,
y él,
                 ya invencible,
él, que había dado su vida por tres minutos de verdad,
yacía con un rostro joven y feliz…

Me dirijo a los jóvenes del mundo:
cuando en algún país gobierna la mentira,
cuando la prensa miente sin descanso,
recuerda tú a “Manzana”,
                                          juventud.

Así hay que vivir,
                          sin divertirse inútilmente.
Ir a la muerte,
                       dejando la vida cómoda,
                                                                tranquila,
para decir,
                 aunque sólo sea tres minutos,
                                                                la verdad.
¡Aunque sólo sea tres minutos!
                                   ¡Después, que venga la muerte!

Te recomendamos ver el programa de televisión.

Fuentes:

https://www.biografiasyvidas.com/biografia/y/yevtushenko.htm

https://www.airesdelibertad.com/t25306-yevgeny-yevtushenko

https://www.festivaldepoesiademedellin.org/es/Revista/ultimas_ediciones/86_87/yevtushenko.html

http://amediavoz.com/yevtushenko.htm#A%C3%BAn%20todas%20sus%20l%C3%A1grimas

https://es.odkurzacze.info/1449-evgeny-evtushenko-biography-news-photo.html

https://coppershop.ru/es/moda/poet-evtushenko-biografiya-lichnaya-zhizn-evgenii-evtushenko-neizvestnye-fakty.html

PRÓXIMO NÚMERO


126. Poesía más Poesía: Enrique Cadícamo

ENRIQUE CADÍCAMO, POETA DEL TANGO

BIOGRAFÍA  

En 1880 Ángel Cadícamo, de 25 años, su esposa, Hortensia Luzzi, de 21, y su primer hijo de cuatro, Antonio, llegaron a Buenos Aires desde San Demetrio Corone (Cosenza, Italia). Después de un tiempo en la ciudad, la familia con su recién llegada, María Laura, emigraron al pueblo de General Rodríguez, donde el señor Cadícamo comenzó a trabajar como mayordomo de estancia. Allí, nacieron María, José María y dos niños más que fallecieron poco después de su nacimiento. La familia se mudó más tarde al pueblo de Luján, donde en esta ocasión el cabeza de familia montó una pequeña empresa dedicada a delimitar los terrenos de la zona. Durante los cinco años que vivieron en esta localidad, nacieron otras tres niñas más: María Adela, Amalia Rosalía y Herminia Verónica.
La familia regresó al pueblo de General Martín Rodríguez donde Don Ángel volvió a trabajar como mayordomo en la estancia de los Maireles, donde a las ocho de la mañana del 15 de julio de 1900, nació DOMINGO ENRIQUE CADÍCAMO, décimo y último hijo del matrimonio italiano. En 1905 volvieron a Luján, donde compraron una hermosa casona céntrica. 
El pequeño Enrique, que por entonces era llamado Domingo, aprendió a leer con sus hermanas María Adela y Herminia Verónica; lo que le permitió entrar directamente al segundo grado del colegio. En 1910, la familia Cadícamo se mudó al barrio de Flores en Buenos Aires donde Domingo completó sus estudios primarios y luego cursaría el nivel medio.


En 1919 comenzó trabajar como escribiente, copiando escritos, pasándolos a limpio y escribiendo al dictado, en el Archivo del Consejo Nacional de Educación. Allí entabló amistad con Leopoldo Lugones, Héctor Pedro Blomberg, Manuel Gálvez y Enrique Banchs, entre otros hombres de letras. Junto a él trabajaba Pablo Suero, un dramaturgo, periodista y crítico teatral que fue el primero que lo animó para que continuara en la senda de la poesía popular, después de que le diera a leer la letra Pompas, que cuatro años más tardes se convertiría en su primer tango con música adaptada por el pianista Roberto Emilio Goyeneche, tío del polaco Goyeneche, y que fue estrenado por Carlos Gardel.
Su padre, no llegó a escuchar su primer tango pues falleció en 1923 en un accidente de tráfico. Goyeneche falleció poco antes de la primera grabación, por lo que el título original Pompas fue cambiado por el de Pompas de jabón por su coincidencia con las pompas fúnebres.
Pompas de jabón fue grabado por Gardel en España, el 27 de diciembre de 1925, con el acompañamiento de José Ricardo y en sistema eléctrico, dado que en España se conoció ese sistema meses antes de instalarse en Buenos Aires.

Carlos Gardel y Enrique Cadícamo.

En 1928 comenzó la colaboración entre Cadícamo y Juan Carlos Cobián con el tema – Vení, vení –, para la que Cadícamo viajó a Europa a bordo del vapor Conte Rosso. Junto con Cobián formaron una pareja creativa excepcional, que dejó tangos memorables. Pasó seis meses en Barcelona y París donde asistió al debut de Gardel en el cabaret Florida.

Así narra su primer encuentro con Gardel en París:

“¡Cómo no recordarlo! Fue en enero de 1929. La misma noche que llegué, lo primero que hice fue ir a escucharlo. No sabía dónde cantaba, pero no era difícil averiguarlo. Por aquel entonces El Garrón tenía más de consulado argentino que de cabaret y tomando un taxi allí me fui (…) Después de aguantar los abrazos de los argentinos que allí estaban, pregunté dónde cantaba Carlitos y acompañándome varios fuimos al Florida. Fue una emoción grande encontrar así de golpe a Gardel cantando en París. Escuchándolo le parecía a uno mentira estar tan lejos de Buenos Aires”.

Otras letras interpretadas por Gardel fueron Muñeca brava, Cruz de palo, De todo te olvidas… En menos de ocho años, “El Zorzal”, como llamaban a Carlos Gardel, le grabó 23 temas. “Che papusa, oí” de 1927. “Anclao en París” que fue escrita por Cadícamo en Barcelona, en 1931 y se la remitió a Garlos Gardel, que por entonces se hallaba en Niza. Guillermo Barbieri, uno de los guitarristas del cantor, le puso música y Gardel la grabó poco después.  También fue el autor del último tango que Gardel grabó en Argentina, antes de emprender su última gira, “Madame Ivonne”, grabado el 6 de noviembre de 1933.

Después de su primer viaje a Europa, Cadícamo regresó a Buenos Aires y renunció a su trabajo puesto que “ganaba por semana cuatro veces más de lo que cobraba mensualmente en el Archivo”. Por aquel entonces, ya tenía más de 50 temas grabados, entre los cuales sobresalen Aquellas farras, Che Bartolo, Compadrón o Ramona).
Leer primera ronda de poemas

En 1930 viajó nuevamente a Europa coincidió en el barco con la compañía de revistas del Teatro Sarmiento que venía a debutar en el Teatro de la Zarzuela de Madrid. Entre su elenco se hallaban: Sofía Bozán con sus hermanas Haydée y Elena, Pedro Quartucci, Gloria Guzmán y María Esther Gamas. También iban a bordo Gerardo Matos Rodríguez, Cátulo Castillo y Roberto Maida.
Meses más tarde, Enrique volvió a Buenos Aires donde continuó cosechando éxitos.
Sin abandonar el teatro, se inició como cineasta.
En 1936 llegó a Río de Janeiro acompañado por “El Oriental” José Razzano y Charlo, y entre las representaciones él leía sus poemas. En ese viaje escribió los versos Ave de paso, musicalizados por Charlo.
En 1937 viajó a Nueva York con su inseparable amigo y colaborador Juan Carlos Cobián donde permanecieron más de un año, haciendo historia en la bohemia norteamericana.
Entre los años 40 y 45, ante la insistencia de sus colegas, formó parte del directorio de SADAIC.
Su madre falleció en 1942, a los 83 años, en Barrio Flores. Y en el año 53 muere su gran amigo Juan Carlos Cobián.

Con respecto a su vida sentimental, durante el rodaje de su película La historia del tango le llamó la atención una señorita que intervenía en una escena, bailando un tango. El destino volvió a unirles en la década del 40 cuando Enrique acompañó a su amigo Miguel Juárez Celman a la escuela de danzas de Otto Werber. “En este vivero de bailarinas (…) descubro aquel rostro que un año atrás me había atraído extrañamente (…) De una sola mirada pude abarcar de cerca su luminosa juventud…”, diría el poeta, refiriéndose a Nelly Ricciar (que sería más tarde integrante de la pareja de danzas Nelly & Nelson) con quien mantuvo un largo noviazgo que en 1961 terminó en matrimonio. En mayo del 62 partieron de luna de miel por diferentes países de Europa durante más de un año. 

Enrique Cadicamo con su señora Nelly


A su vuelta a Buenos Aires, nació Mónica María, única hija del matrimonio, sobre la que Enrique Cadícamo solía decir que era su mejor tango.
Sobres sus viajes destacar que desde su juventud viajó a Uruguay, en el 32 en compañía de Tita Merello y Charlo. En 1978 viajó a Japón como representante de SADAIC. Una vez regresado a Argentina viajó Estados Unidos exclusivamente para comprarle a su hija un moderno instrumento musical. Pocos meses más tarde partieron los tres hacia Nueva York, Orlando y otras ciudades norteamericanas. En 1986 la familia viajó a Tokio, donde Mónica que se había iniciado como cantante de tangos en varios programas de TV fue contratada por dos meses en un lujoso hotel, con el acompañamiento del cuarteto de Omar Valente.
Fuera de estos grandes viajes su vida cotidiana se desarrollaba entre Buenos Aires y Mar del Plata, donde compraron un chalet de veraneo cerca de su amigo Julio De Caro.
Autor de más de 1200 temas entre tangos, valses, milongas, fox-trots, polkas y candombes, entre otros ritmos, Enrique Domingo Cadícamo fue uno de los poetas del tango más importantes y más prolífico. Abordó cuanto tema imaginable para ser cantado y en todos los ritmos. Defendió el 2×4 original, al que diferenciaba por lejos de los nuevos sonidos.

Usó los pseudónimos Rosendo Luna y Yino Luzzi. En 1926 escribió su primer libro de versos “Canciones grises”. Seguido por otros dos poemarios “La luna del bajo fondo” de 1940 y “Viento que lleva y trae” de 1945. En 1969 escribió la novela “Café de camareras” y en 1972, un libro de recuerdos “El desconocido Juan Carlos Cobián”.

En teatro escribió Así nos paga la vida —en colaboración con Wally Zenner—; La Baba del Diablo, El Romance de Dos Vagos, El Cantor de Buenos Aires y La Epopeya del Tango.

Para el cine dirigió y escribió las películas Virgencita de Pompeya, Noches cariocas y Nace un campeón. Fue guionista de Noches cariocas (1935), Galería de esperanzas (Chingolo) (1934) e intérprete en Al corazón (1995), Gardel, el alma que canta (1985) y El canto cuenta su historia (1976). Aportó música a la película La fuga (1937).
Enrique Cadícamo no era hombre de soportar presiones. Cuando fue citado por un funcionario de la Dirección de Cultura que objetaba la letra de “Los mareados”, el poeta se sentó frente a una máquina de escribir y redactó algunas estrofas que sometió a consideración del funcionario. «¿Así le gusta?», preguntó. «Esto está mejor», contestó el censor, a lo que Cadícamo rompiendo en pedazos lo que acababa de escribir, le contestó: «Pues sepa que esto es una porquería».

““Los mareados” resurge en su forma auténtica en el año 1949 cuando los poetas y músicos que trataban de sobrellevar esa situación insostenible, solicitaron una entrevista al Presidente de la Nación, entonces el General Juan Domingo Perón. La audiencia fue concedida el 25 de marzo de 1949. Encabezada por Homero Manzi, la delegación estaba integrada entre otros, por Francisco Canaro, Aníbal Troilo, José Razzano, Charlo, Enrique Cadícamo, Alberto Vaccarezza y Lito Bayardo.

Enrique Cadícamo junto a Edmundo Rivero

Todo fue muy rápido e informal. Perón los saludó y dirigiéndose a Vaccarezza le preguntó: «¿Cómo esta Don Alberto? Es cierto que lo afanaron en un bondi?». La prohibición quedó levantada con esta simple expresión del Presidente. No hacía falta nada más. Ni leyes ni decretos. A partir de entonces “Los mareados” retornó a la auténtica versión de Cadícamo en la interpretación de los más afamadas orquestas y cantores.”

Carlos Gardel le grabó “Pompas de jabón”, “Yo te perdono”, “Anclao en París”, “El que atrasó el reloj”, “Cruz de palo” y “La novia ausente” (Guillermo Barbieri); “Compadrón” y “Muñeca brava” (Luis Visca); “Che Bartolo”, “Vieja recova” y “Dos en uno” (Rodolfo Sciammarella); “La reina del tango” (Rafael Iriarte); “Che papusa oí” (Gerardo Matos Rodríguez); “Al mundo le falta un tornillo” (José María Aguilar); “Pituca” (Rogelio Ferreyra); “De todo te olvidas” (Salvador Merico); “Aquellas farras” (Roberto Firpo); “Callejera” (Fausto Frontera); “Madame Ivonne” (Eduardo Pereyra) y los temas norteamericanos “Ramona” (Wayne); “La divina dama” (Shilkret) y “Yo nací para ti, tú serás para mí” (Brown).

Sus tangos también fueron interpretados por otros grandes como Agustín Magaldi, Rosita Quiroga, Libertad Lamarque, Alberto Gómez, Alberto Vila, Charlo, Ignacio Corsini hasta Roberto Goyeneche y Guillermo Barbieri interpretaron e hicieron de sus letras grandes éxitos: “Se fue la pobre viejita” y “Del pasado” (Magaldi-Noda); “Gran señor”, “Traje de novia”; “Cortando camino”, “Tradición” (Frontera); “Sin hilo en el carretel” y “Nunca tuvo novio” (Agustín Bardi); “Yo tan sólo veinte años tenía” y “Luna de Arrabal” (Julio César Sanders); “Apología Tanguera” (Rosita Quiroga); “Picaflor” (Enrique Maciel); “Pa’ mí es igual” (Lucio Demare-Roberto Fugazot); “Tus manos”, “Olvidao” (Barbieri); “Santa milonguita” (Enrique Delfino); “Hambre”, “Rubí”, “Piropos”, “A pan y agua”, “La casita de mis viejos”, “Nostalgias”, “Los dopados”, “Shusheta”, “Niebla del riachuelo” (Cobián); “El cantor de Buenos Aires” (Cobián-Ballerini); “Mi gitana” (Juan José Guichandut); “Guitarra que llora” (Oscar Alemán); “Plata y nada más” y “Voy pa’ viejo” (Miguel Caló); “Ensueños” (Luis Brighenti); “Desvelo” (Eduardo Bonessi); “Son cosas del bandeoneón”, “Tengo mil novias”, “En la buena y en la mala”, “Llorar por una mujer”, “Lagrimitas de mi corazón”, “Que tilín, que tilón”, “Jarangón” (Enrique Rodríguez); “Tres esquinas” (Alfredo Attadía-Angel D’Agostino) y “El morocho y el oriental” (Angel D’Agostino); “Colombina” (Julio De Caro); “A quién le puede importar” y “Copas, amigos y besos” (Mariano Mores); “Rondando tu esquina”, “Vas muerto con tu disfraz”, “No hay tierra como la mía”, “Ave de paso”, “Y aquel cariño se fue”, “La barranca”, “De cariño nadie sabe nada” (Charlo); “Por la vuelta” (José Tinelli); “Melodía oriental (Robero Zerrillo-Juan Carlos Howard); “Trovador mazorquero” (Howard); “Pa’ que bailen los muchachos” y “Garúa” (Anibal Troilo); “El vals del ayer” (Kramer); “La romanina” (Di Lázzaro); “Rouge” (Ricardo Malerva); “En un pueblito de España” (Wayne); “Berretín” (Pedro Laurenz); “Otro trago” (Iriarte); “Cuando tallan los recuerdos” (Rafael Rossi); “Noche de estrellas” y “Noches de invierno” (José Luis Padula); “El llorón” (Maglio); “Sentimiento malevo” (Antonio Buglione); y también “Milonga, ¿por qué llorás?”, “Tres amigos”, “El cuarteador”, “Pocas palabras”, “Del ambiente”, “Boedo y San Juan”, “Pasado florido”, “El trompito”, “Sollozos de bandoneón”, “La luz de un Fósforo”, “Hojarasca”, “¡Que pare el baile!”, “Chanta cuatro”, “Notas de bandoneón”, “Mientras gime el bandoneón”, “Orgullo tanguero”, “Dice un refrán”, “El campeón”, “Se llamaba Eduardo Arolas”, “Palais de Glace”, “Y qué más”, “El bar de Rosendo”, “Mi vida”, “Barajando recuerdos”, “Chiquita”, “La calle sin sueño”, “Ja ja ja”, “Pico de oro”, “Si la llegaran a ver”, “La biaba de un beso”, “El último guapo”, “Viejas alegrías”, “Bajo los puentes de París”, “Me la diste chanta”, “¡Quién te ve!”, “Mocito rana”, “Invierno”, “Por un beso de amor”, “De a traición”, “Melancólico gotán”, “Naipe”.

Cadícamo gozó de una salud de hierro hasta el final de su vida desarrollando una actividad dinámica e impulsando proyectos, decía “No es cierto eso de que todo tiempo pasado fue mejor. Hoy la ciudad, la vida, son mejores que antes”. Sin embargo, también fue un férreo defensor de conservar la tradición del tango. Decía: «No estoy de acuerdo para nada con la llamada vanguardia del tango. Vanguardia es lo primero que cae en la línea de fuego. En un combate la vanguardia es la que va adelante. En el tango hay algo parecido. La vanguardia del tango es lo primero que cae ante la indiferencia de todos los que conocen lo que es el tango.

“El tango es una raíz popular, como otros ritmos en otras partes del mundo que no han cambiado ni han desvirtuado, que no le han puesto otro ropaje. ¿Se puede modernizar el cante jondo? Sería un disparate. ¿Por qué? Porque es de raíz popular, mora, española. Todo lo que sea progreso me encanta, pero en algunas cosas no tiene sentido. Que lo hagan en las máquinas, en las computadoras, que lo hagan en los espectáculos. En esto no.”

“El tango es una cosa muy humilde, muy sencilla. Lo tocaban tipos que no tenían preparación académica musical como Ángel Villoldo, Eduardo Arolas, Enrique Delfino. Era un sentimiento que valía más que toda la parte ortodoxa que pudiera tener la partitura. Al tango hay que dejarlo como está. Es una cosa nuestra, es un paisaje que quedó de antes. El tango ya quedó. Es imposible hablar de un tango que venga.”

“Hay que aconsejar a la gente joven de que el tango no necesita de ninguna manera el cambio de ropa. Es una cosa que quedó, que hay que tocarla tal cual es.”

Horacio Salgan, Ernique Cadicamo, Francisco De Caro y Enrique Mario Francini en 1965

«No he dicho que se esté poniendo un dique a todo lo que quiera desarrollarse dentro de la música del tango. Al contrario. Me gustaría ver una larga lista de autores nuevos que hagan éxitos o que hayan hecho éxitos. Me encantaría porque entonces uno piensa que algo ha hecho durante tantos años, que uno ha servido para que después se sigan haciendo.”

«¿Cómo nació “Muñeca brava”? Esos tangos eran caricaturas, tomándole un poquito el pelo a alguien. Era el ambiente social para ese tipo de tango. Eran pequeñas críticas a las muchachas del ambiente nocturno de los cabarets de Buenos Aires en el que andábamos. Las letras tenían autenticidad, eran hechas para algo. “Muñeca brava” lo hice cuando entró el General José Félix Uriburu en la revolución (septiembre de 1930), que fue el primer escalón para hacer cien revoluciones. Después salió un tango mío que se llamaba “Al mundo le falta un tornillo”. El autor tiene que pintar el momento que está viviendo el país. Debe aportar con algo a la historia de la ciudad en tal época. El aporte del artista, del músico, del compositor, es el resultado de un cuadro hecho de Buenos Aires.”

“Yo no descarto la posibilidad que vuelva el tango con esencia. Si hay estudiosos que digan a ver por qué fue que Cobián, por qué Delfino y todos los revolucionarios del tango dejaron la parte auténtica. A ver por qué fue. Hay que estudiar y entonces sí pueden hacer un tango 1986 y, llegado el momento, darle el cariz, lo que es tango.”

“El tango es lo más sencillo, es pulsación, es fuerza, es una emoción interna que usted tira en las teclas y saca efecto. No es alarde, eso es otra cosa.”

“En esa época cada uno tenía su estilo. Cobián, Delfino, el Negro Flores tenían su estilo propio. ¡Qué decencia tenían los músicos de esa época! Ellos mismos se decían yo no me quiero parecer a otro y hacían tango de verdad.”

“Eran tiempos en que se decían los tangos. El tango tiene una personalidad que no se aprende en los conservatorios. Cada cantante tiene que poner lo que siente y si no lo siente, que lo largue. El tango es lo más difícil para cantar. Cuando viene un cantante atropellando, con una voz que se la quiere sacar porque no la tiene en ninguna parte, ahí hay que escapar. Ángel Vargas tenía una voz chiquitita y cantaba maravillosamente. Fiorentino no tenía voz pero la emoción, el gusto por el tango era lo que lo hacía cantar”.

“Éxito es andar por la calle escuchando que la gente silba un tango de uno. Esa es la mayor gloria para un autor. Aunque el que silba no sepa el nombre ni quién lo hizo. Hoy no hay un éxito desde hace muchos años.”

Con respecto al universo femenino en la obra de Cadícamo están presentes los extremos conceptuales sobre la mujer en el tango. La mina que seduce al varón pero que lo rechaza, porque elige una vida fácil, de lujos y placeres, y su antítesis, la viejita (la madre), una mujer siempre buena y sagrada que lo apaña en la desgracia y le da un cariño sublime. En el medio, matices y combinaciones que simbolizan lo inalcanzable o el amor perdido, tema universal de la condición humana que nos sigue conmoviendo.
Leer tercera ronda de poemas

El 19 de octubre de 1999, debido a una descompensación renal tuvo que ser internado en una clínica de Buenos Aires durante un par de días, lo que le impidió asistir al homenaje que esa misma noche se le realizó en el gran Teatro Cervantes. Anteriormente sólo había sido hospitalizado en dos ocasiones, una en 1908, por el mismo motivo y otra en 1950 por una operación de hernia.
El 25 de octubre de 1999 volvió a ser internado, esta vez en la Fundación Favaloro, donde permaneció hasta el 14 de noviembre. Allí se mantuvo ocupado en el disco “Cadícamo 2000”, donde reunió algunos de sus tangos inéditos. Su última publicación fue el prólogo del libro “Tango” del fotógrafo Aldo Sessa.
Retornó de nuevo al hospital y el 3 de diciembre a las 10 y 30 de la mañana su corazón dejó de latir, casi a los 100 años.
Entre muchos galardones que recibió se incluye el Premio Konex de Platino en 1985 (otorgado por la Fundación Konex) como el mejor Autor de Tango de la década en Argentina.  Recibió también el Konex al Mérito en 1984 en la disciplina Testimonial.
Fue declarado Ciudadano Ilustre de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires en 1987 y en 1996 fue distinguido como Personalidad Emérita de la Cultura Argentina.

POEMAS:

Pompas de jabón

Tango 1925
Música: Roberto Goyheneche
Letra: Enrique Cadícamo
 
Pebeta de mi barrio, papa, papusa,
que andás paseando en auto con un bacán,
que te has cortado el pelo como se usa,
y que te lo has teñido color champán.
Que en lo peringundines de frac y fuelle
bailás luciendo cortes de cotillón
y que a las milongueras, por darles dique,
al irte con tu “camba”, batís “allón”.

Hoy tus pocas primaveras
te hacen soñar en la vida
y en la ronda pervertida
del nocturno jarandón,
pensá en aristocracias
y derrochás tus abriles…
¡Pobre mina, que entre giles,
te sentís Mimí Pinsón…!

Pensá, pobre pebeta, papa, papusa,
que tu belleza un día se esfumará,
y que como todas las flores que se marchitan
tus locas ilusiones se morirán.
El “mishé” que te mima con sus morlacos
el día menos pensado se aburrirá
y entonces como tantas flores de fango,
irás por esas calles a mendigar…

Triunfás porque sos apenas
embrión de carne cansada
y porque tu carcajada
es dulce modulación.
Cuando implacables, los años,
te inyecten sus amarguras…
ya verás que tus locuras
fueron pompas de jabón

Vení vení

Tango
Música: Juan Carlos Cobián
Letra: Enrique Cadícamo
 
Yo te amé como ninguna te ha de amar
y en la alegre misiadura del bulín.
fue tu encanto milonguero de arrabal.
un sol que iluminó mi loco berretín.
Florecieron en tu fueye rezongón
la voz dulce con los besos que te di
y en el polvo de mi negro metejón
te fuiste y me robaste el corazón.

Vení, vení, no seas así
a vos te sobra corazón.
Seré mejor de lo que fui,
dale, dale que vos tenes razón.
Pero vení, vení no seas así,
no debe haber rencor entre los dos.
Volvé de nuevo, amor, a aquel bulín,
lo que pasó, pasó.

Me preguntan mis amigas del café,
si me ven tomar un trago de licor,
dónde está todo tu orgullo de mujer
qué fácil es decir largalo y se acabó.
Yo te amé, como ninguna te ha de amar,
y en la alegre misiadura del bulín,
fue tu encanto milonguero de arrabal
un sol que iluminó mi loco berretín.

Aquellas farras (Argañaraz)

Tiempos viejos y compadres 
de mi vida cadenera 
que ya no volverán 
mis años a gozar. 
Qué habrá sido de esa barra, 
bravucona y trensillera, 
que tanto dio que hablar 
por su guapear.
Adiós, amigos de entonces, 
ya estamos viejos de tanto andar.
Marcando una candombeada 
fue luciendo medias lunas 
y entre cortes y quebradas 
iba el tango provocador. 
Me acuerdo de aquellas farras 
que entre fueyes dormilones, 
rimaban los corazones 
un pasaje sentimental.
Siglo de oro de ese tiempo 
en que el ñato Monteagudo, 
borracho de pernod, 
se quiso suicidar. 
Y del loco Puentecito 
y del viejito Lozano 
No los he vuelto a ver, 
¿dónde andarán?
Adiós, amigos de entonces, 
ya estamos viejos de tanto andar.

Cruz de palo

Tango 1929
Música: Guillermo Barbieri
Letra: Enrique Cadícamo
 
Juntito al arroyo, besao por los sauces
y poblao de flores, de esmalte y de luz,
sin letras, crespones ni nombres tallados
se alzan junto a un sauce dos palos en cruz.
Una sepultura que “entuavía” el cardo
no pudo cercarla, y en donde el “chus-chus”
de alguna lechuza se escucha, agorera,
sobre la cimera de esa vieja cruz.

El sauce le llora un Ave María;
el boyero, en cada chiflido que da,
acaso le quiere rezar un bendito
junto con las quejas que entona el sabia…
Dicen los más viejos, haciéndose cruces,
que al pasar de noche por ese lugar
oyen que se quejan los ñacurutuces
de un modo tan fiero que hasta hace temblar…

(recitado)
Y en las noches malas, cuando enrieda el viento
su vago lamento en el saucedal,
por la cruz de palo una luz camina,
que corre y que vuela por el pastizal.

Pa’ un “Día de Dijuntos” de hace varios años
se llegó una moza juntito a la cruz;
la cabeza envuelta en negro rebozo,
los ojos llorosos, tristes y sin luz.
¡Qué frío, canejo, sentirán los muertos…!
Pues la moza aquella se le arrodilló,
lloró cuanto quiso, besuqueó la tumba,
le dijo “hasta pronto”, pero no volvió.

De todo te olvidas (Cabeza de novia)

Tango 1929
Música: Salvador Merico
Letra: Enrique Cadícamo
 
De un tiempo a esta parte, muchacha, te noto
más pálida y triste… Decí ¿qué tenés?
Tu carita tiene el blancor del loto
y yo, francamente, chiquita, no sé…
¿Qué pena te embarga? ¿Por qué ya no ríes
con ese derroche de plata y cristal?
Tu boquita, donde sangraron rubíes,
hoy muestra una mueca, trasuntando un mal…

El piano está mudo.
Tus ágiles manos
no arrancan el tema
del tango tristón…
A veces te encuentro
un poco amargada,
llorando, encerrada,
en la habitación.
Y he visto, extrañando,
que muy a menudo,
“de todo te olvidas”,
cabeza de novia,
¡nimbada de amor!

¿Qué es lo que te pasa? Cuéntame; te ruego
que me confidencias tu preocupación…
Acaso tu pena es la que Carriego,
rimando cuartetas, a todos contó.
“De todo te olvidas, cabeza de novia”,
pensando en el chico que en tu corazón
dejó con sus besos sus credos amantes,
como un ofertorio de dulce pasión…

Che Bartolo

Tango 1928
Música: Rodolfo Sciammarella
Letra: Enrique Cadícamo
 
Gran vivillo de aspamento, malandrín de meta y ponga
atajate este ponchazo que te voy a sacudir,
no es que quiera deschavarte por cantar una milonga
si no porque con tus brillos vos no me vas a engrupir.
Che, bacán de rango mishio, te diré que algo me alegra,
relojearte entre la mersa que la va de Tabarís.
A vos te llaman los giles el marqués de Boccanegra
como a mi me baten “Chorro”, “El herrero” o “El perdiz”.

Che, Bartolo…
batí si te has vuelto colo
pa’ quererte disfrazar.
Boccanegra…
hay que ver cuál es la suegra
que a vos te podrá aguantar.
Vos de negro,
tenés sólo tu prontuario
que no sé cómo escondés.
Che, Bartolo…
como reo yo te pido
que dejés el apellido
de aquel noble genovés.

Si el monóculo insolente te da un aire bacanejo
y ese empilche tan debute te barniza de marqués,
no la va del mismo modo el curdela de tu viejo
que entre gente de boliche va arrastrando su vejez.
Yo no sé con qué ganzúa has abierto ese agujero
que los reos de mi rango le llamamos “sociedad”,
pa’ mi que te equivocaste, la de “negros candomberos”
es la socieda’ indicada donde podés alternar.

Compadrón

Tango 1927
Música: Luis Visca
Letra: Enrique Cadícamo
 
Compadrito a la violeta,
si te viera Juan Malevo
qué calor te haría pasar.
No tenés siquiera un cacho
de ese barro chapaleado
por los mozos del lugar.
El escudo de los guapos
no te cuenta entre sus gules
por razones de valer.
Tus ribetes de compadre
te engrupieron, no lo dudes.
¡Ya sabrás por qué!

Compadrón
prontuariado de vivillo
entre los amigotes que te siguen,
sos pa’ mí, aunque te duela,
compadre sin escuela, retazo de bacán.
Compadrón,
cuando quedes viejo y solo (¡Colo!)
y remanyes tu retrato (¡Gato!),
notarás que nada has hecho…
Tu berretín deshecho
verás desmoronar.

En la timba de la vida
sos un punto sin arrastre
sobre el naipe salidor,
y en la cancha de este mundo
sos un débil pa’l biabazo,
el chamuyo y el amor.
Aunque busques en tu verba
pintorescos contraflores
pa’ munirte de cachet,
yo me digo a la sordina
¡Dios te ayude, compadrito
de papel maché!

Che papusa oí

Tango 1927
Música: Gerardo Matos Rodríguez
Letra: Enrique Cadícamo
 
Muñeca, muñequita que hablás con zeta
y que con gracia posta batís mishé;
que con tus aspavientos de pandereta
sos la milonguerita de más chiqué;
trajeada de bacana, bailás con corte
y por raro snobismo tomás prissé,
y que en auto camba, de sur a norte,
paseás como una dama de gran cachet.

Che papusa, oí
los acordes melodiosos que modula el bandoneón;
Che papusa, oí
los latidos angustiosos de tu pobre corazón;
Che papusa, oí
cómo surgen de este tango los pasajes de tu ayer…
Si entre el lujo del ambiente
hoy te arrastra la corriente,
mañana te quiero ver…

Milonguerita linda, papusa y breva,
con ojos picarescos de pippermint,
de parla afranchutada, pinta maleva
y boca pecadora color carmín,
engrupen tus alhajas en la milonga
con regio faroleo brillanteril
y al bailar esos tangos de meta y ponga
volvés otario al vivo y al rana gil.

Ramona

Vals
Música: Mabel Wayne
Letra: Enrique Cadícamo
 
Sueña muchacha con ese amor
que en tu corazón
se vino a ocultar…
Sueña muchacha con el dolor
que quiere asaltar
tu belleza en flor.

¡Ramona!,
si sientes en tu corazón
las suaves caricias
de una gran pasión,
entorna tus ojos
y entre tules deja flotar
las rosas fragantes
primaveras de tu ilusión.

¡Ramona!,
tus labios sienten palpitar
arpegios sublimes
de un dulce besar…
¡Ramona!,
teje la malla de tu suspirar,
que es dulce,
muy dulce, soñar…

Sueña muchacha con ese amor
que en tu corazón
se vino a ocultar…
Sueña muchacha con el dolor
que quiere asaltar
tu belleza en flor.

¡Ramona!,
yo sé que un día has de lograr
los sueños azules
que hoy ves aletear…
¡Ramona!
¡Ah… Ramona!
si pudiera yo, como tú,
hacer de mis años
gratos sueños de juventud…

Es triste,
la vida pasa y se va,
como una caricia
que se ve esfumar.
¡Ramona!,
a la ventana de tu ensonación,
Ramona…
¡tu príncipe irá!

Anclao en París

Tango 1931
Música: Guillermo Barbieri
Letra: Enrique Cadícamo
 
Tirao por la vida de errante bohemio
estoy, Buenos Aires, anclao en París.
Cubierto de males, bandeado de apremio,
te evoco desde este lejano país.
Contemplo la nieve que cae blandamente
desde mi ventana, que da al bulevar
las luces rojizas, con tono muriente,
parecen pupilas de extraño mirar.

Lejano Buenos Aires ¡qué lindo que has de estar!
Ya van para diez años que me viste zarpar…
Aquí, en este Montmartre, fobourg sentimental,
yo siento que el recuerdo me clava su puñal.

¡Cómo habrá cambiado tu calle Corrientes..!
¡Suipacha, Esmeralda, tu mismo arrabal..!
Alguien me ha contado que estás floreciente
y un juego de calles se da en diagonal…
¡No sabes las ganas que tengo de verte!
Aquí estoy varado, sin plata y sin fe…
¡Quién sabe una noche me encane la muerte
y, chau Buenos Aires, no te vuelva a ver!

2ª RONDA:

Cuando miran tus ojos

Vals
Música: José María Aguilar
Letra: Enrique Cadícamo
 
Tus ojos han quedado grabados en los míos,
sus dulces brujerías volcaron al mirar,
hay luz en tus pupilas de todos los estíos,
lucero que en mis noches los veo parpadear.
Heraldos de pasiones, rutilan como extrañas
luciérnagas que llevan la llama del amor…
Tesoros custodiados por sedosas pestañas…
teorías impregnadas de ensueño arrobador.

¿Gitanos son acaso por sus destellos, dime?
¿O son los de una mora presa del español?
Es algo tu mirada que mata o que redime,
que hiere si se mira corno encandila el sol…
Puñales que en las luchas se yerguen iracundos
buscando al pobre pecho con ansias de clavar.
Ensartan corazones, los dejan moribundos…
¡Ah!… Espejos donde el alma se asoma a coquetear.

Si entornan sus pupilas, la luz que los anima
se pierde entre los astros y la constelación
adquiere nuevos brillos… Aunque mi pecho gima
por verlos siempre abiertos, yo doy mi corazón.
Pues ellos van contando las horas venturosas
que pasan a mi lado rimando una canción,
sus párpados abiertos son pétalos de rosas
que ofrecen dos luceros a mi desolación.

Luna de arrabal

Vals 1934
Música: Julio César Sanders
Letra: Enrique Cadícamo
 
Muchachos, hoy que es noche clara y estival
invito a todos la barriada a recorrer,
hay mucha luz y es que: la luna de arrabal
nos acompaña par las calles como ayer,
es media noche, ella duerme y su balcón
entornado me espera que llegue…
junto al gemir del diapasón
yo quiero alzar sentimental
la serenata de mi amigo el corazón…

Y entonces al oír la introducción
del valsecito criollo y pasional
dormida su belleza angelical
nombrándome, despertará…
Su pecho de emoción ha de latir
sus ojos de otro azul se vestirán
y se pondrá la noche
sus galas embrujados
y tú, mi dulce amada,
temblarás…

Muchachos, vamos que la luna quiere oír
la serenata pintoresca de arrabal…
la noche es tibia, duerme el barrio y es zafir
el cielo lleno de estrellitas de cristal…
¡Muchachos pronto! que es tan bello saludar
a la novia que duerme inocente…
Las dedos en el diapasón
con un “allegro” arrancarán
y entonces mi alma subirá a su balcón…

Tres esquinas

Tango 1941
Música: Ángel D’Agostino / Alfredo Attadía
Letra: Enrique Cadícamo
 
Yo soy del barrio de Tres Esquinas,
viejo baluarte de un arrabal
donde florecen como glicinas
las lindas pibas de delantal.
Donde en la noche tibia y serena
su antiguo aroma vuelca el malvón
y bajo el cielo de luna llena
duermen las chatas del corralón.

Soy de ese barrio de humilde rango,
yo soy el tango sentimental.
Soy de ese barrio que toma mate
bajo la sombra que da el parrral.
En sus ochavas compadrié de mozo,
tiré la daga por un loco amor,
quemé en los ojos de una maleva
la ardiente ceba de mi pasión.

Nada hay más lindo ni más cmpadre
que mi suburbio murmurador,
con los chimentos de las comadres
y los piropos del Picaflor.
Vieja barriada que fue estandarte
de mis arrojos de juventud…
Yo soy del barrio que vive aparte
en este siglo de Neo-Lux.

Niebla del Riachuelo

Tango 1937
Música: Juan Carlos Cobián
Letra: Enrique Cadícamo
 
Turbio fondeadero donde van a recalar,
barcos que en el muelle para siempre han de quedar…
Sombras que se alargan en la noche del dolor;
náufragos del mundo que han perdido el corazón…
Puentes y cordajes donde el viento viene a aullar,
barcos carboneros que jamás han de zarpar…
Torvo cementerio de las naves que al morir,
sueñan sin embargo que hacia el mar han de partir…

¡Niebla del Riachuelo!..
Amarrado al recuerdo
yo sigo esperando…
¡Niebla del Riachuelo!…
De ese amor, para siempre,
me vas alejando…
Nunca más volvió,
nunca más la vi,
nunca más su voz nombró mi nombre junto a mí…
esa misma voz que dijo: “¡Adiós!”.

Sueña, marinero, con tu viejo bergantín,
bebe tus nostalgias en el sordo cafetín…
Llueve sobre el puerto, mientras tanto mi canción;
llueve lentamente sobre tu desolación…
Anclas que ya nunca, nunca más, han de levar,
bordas de lanchones sin amarras que soltar…
Triste caravana sin destino ni ilusión,
como un barco preso en la “botella del figón”…

Pa’ que bailen los muchachos

Tango 1942
Música: Aníbal Troilo
Letra: Enrique Cadícamo
 
Pa’ que bailen los muchachos
via’ tocarte, bandoneón.
¡La vida es una milonga!
Bailen todos, compañeros,
porque el baile es un abrazo:
Bailen todos, compañeros,
que este tango lleva el paso.
Entre el lento ir y venir
del tango va
la frase dulce.
Y ella baila en otros brazos,
prendida, rendida,
por otro amor.

No te quejes, bandoneón,
Que me duele el corazón.
Quien por celos va sufriendo
su cariño va diciendo.

No te quejes, bandoneón,
que esta noche toco yo.
Pa’ que bailen los muchachos
hoy te toco, bandoneón.
¡La vida es una milonga!

Ella fue como una madre,
ella fue mi gran cariño…
nos abrimos y no sabe
que hoy la lloro como un niño…
Quién la va a saber querer
con tanto amor,
como la quise.
Pobre amiga, pobre piba,
¡qué ganas más locas
de irte a buscar!

Pa’ que bailen los muchachos
via’ tocarte, bandoneón.
¡La vida es una milonga!

Los mareados

Tango 1942
Música: Juan Carlos Cobián
Letra: Enrique Cadícamo
 
Rara..
como encendida
te hallé bebiendo
linda y fatal…
Bebías
y en el fragor del champán,
loca, reías por no llorar…
Pena
Me dio encontrarte
pues al mirarte
yo vi brillar
tus ojos
con un eléctrico ardor,
tus bellos ojos que tanto adoré…

Esta noche, amiga mía,
el alcohol nos ha embriagado…
¡Qué importa que se rían
y nos llamen los mareados!
Cada cual tiene sus penas
y nosotros las tenemos…
Esta noche beberemos
porque ya no volveremos
a vernos más…

Hoy vas a entrar en mi pasado,
en el pasado de mi vida…
Tres cosas lleva mi alma herida:
amor… pesar… dolor…
Hoy vas a entrar en mi pasado
y hoy nuevas sendas tomaremos…
¡Qué grande ha sido nuestro amor!…
Y, sin embargo, ¡ay!,
mirá lo que quedó…

Garúa

Tango 1943
Música: Aníbal Troilo
Letra: Enrique Cadícamo
 
¡Qué noche llena de hastío y de frío!
El viento trae un extraño lamento.
¡Parece un pozo de sombras la noche
y yo en la sombra camino muy lento.!
Mientras tanto la garúa
se acentúa
con sus púas
en mi corazón…

En esta noche tan fría y tan mía
pensando siempre en lo mismo me abismo
y aunque quiera arrancarla,
desecharla
y olvidarla
la recuerdo más.

¡Garúa!
Solo y triste por la acera
va este corazón transido
con tristeza de tapera.
Sintiendo tu hielo,
porque aquella, con su olvido,
hoy le ha abierto una gotera.
¡Perdido!
Como un duende que en la sombra
más la busca y más la nombra…
Garúa… tristeza…
¡Hasta el cielo se ha puesto a llorar!

¡Qué noche llena de hastío y de frío!
No se ve a nadie cruzar por la esquina.
Sobre la calle, la hilera de focos
lustra el asfalto con luz mortecina.
Y yo voy, como un descarte,
siempre solo,
siempre aparte,
recordándote.
Las gotas caen en el charco de mi alma
hasta los huesos calados y helados
y humillando este tormento
todavía pasa el viento
empujándome.

Shusheta

Tango 1944
Música: Juan Carlos Cobián
Letra: Enrique Cadícamo
 
Toda la calle Florida lo vio
con sus polainas, galera y bastón…

Dicen que fue, allá por su juventud,
un gran Don Juan del Buenos Aires de ayer.
Engalanó la puerta del Jockey Club
y en el ojal siempre llevaba un clavel.

Toda la calle Florida lo vio
con sus polainas, galera y bastón.

Apellido distinguido,
gran señor en las reuniones, 
por las damas suspiraba
y conquistaba
sus corazones.
Y en las tardes de Palermo
en su coche se paseaba
y en procura de un encuentro
iba el porteño
conquistador.

Ah, tiempos del Petit Salón…
Cuánta locura juvenil…
Ah, tiempo de la 
sección Champán Tango
del “Armenonville”.

Todo pasó como un fugaz
instante lleno de emoción…
Hoy sólo quedan
recuerdos de tu corazón…Toda la calle Florida lo vio
con sus polainas, galera y bastón.

Tres amigos

Tango 1944
Música: Enrique Cadícamo
Letra: Enrique Cadícamo
 
De mis páginas vividas, siempre llevo un gran recuerdo
mi emoción no las olvida, pasa el tiempo y más me acuerdo.
Tres amigos siempre fuimos
en aquella juventud…
Era el trío más mentado
que pudo haber caminado
por esas calles del sur.

¿Dónde andarás, Pancho Alsina?
¿Dónde andarás, Balmaceda?
Yo los espero en la esquina
de Suárez y Necochea…
Hoy… ninguno acude a mi cita.
Ya… mi vida toma el desvío.
Hoy… la guardia vieja me grita:
“¿Quién… ha dispersado aquel trío?”
Pero yo igual los recuerdo
mis dos amigos de ayer…

Una vez, allá en Portones, me salvaron de la muerte.
Nunca faltan encontrones cuando un pobre se divierte.
Y otra vez, allá en Barracas,
esa deuda les pagué…
Siempre juntos nos veían…
Esa amistad nos tenía
atados siempre a los tres.

Nostalgias

Tango 1936
Música: Juan Carlos Cobián
Letra: Enrique Cadícamo
 
Quiero emborrachar mi corazón
para apagar un loco amor
que más que amor es un sufrir…
Y aquí vengo para eso,
a borrar antiguos besos
en los besos de otras bocas…
Si su amor fue “flor de un día”
¿porqué causa es siempre mía
esa cruel preocupación?
Quiero por los dos mi copa alzar
para olvidar mi obstinación
y más la vuelvo a recordar.

Nostalgias
de escuchar su risa loca
y sentir junto a mi boca
como un fuego su respiración.
Angustia
de sentirme abandonado
y pensar que otro a su lado
pronto… pronto le hablará de amor…
¡Hermano!
Yo no quiero rebajarme,
ni pedirle, ni llorarle,
ni decirle que no puedo más vivir…
Desde mi triste soledad veré caer
las rosas muertas de mi juventud.

Gime, bandoneón, tu tango gris,
quizá a ti te hiera igual
algún amor sentimental…
Llora mi alma de fantoche
sola y triste en esta noche,
noche negra y sin estrellas…
Si las copas traen consuelo
aquí estoy con mi desvelo
para ahogarlos de una vez…
Quiero emborrachar mi corazón
para después poder brindar
“por los fracasos del amor”…

Al mundo le falta un tornillo

Tango 1933
Música: José María Aguilar
Letra: Enrique Cadícamo
 
Todo el mundo está en la estufa,
Triste, amargao y sin garufa,
neurasténico y cortao…
Se acabaron los robustos,
si hasta yo, que daba gusto,
¡cuatro kilos he bajao!
Hoy no hay guita ni de asalto
y el puchero está tan alto
que hay que usar el trampolín.
Si habrá crisis, bronca y hambre,
que el que compra diez de fiambre
hoy se morfa hasta el piolín.

Hoy se vive de prepo
y se duerme apurao.
Y la chiva hasta a Cristo
se la han afeitao…
Hoy se lleva a empeñar
al amigo más fiel,
nadie invita a morfar…
todo el mundo en el riel.
Al mundo le falta un tornillo
que venga un mecánico…
¿Pa’ qué, che viejo? 
Pa’ ver si lo puede arreglar.

¿Qué sucede?… ¡mama mía!
Se cayó la estantería
o San Pedro abrió el portón.
La creación anda a las piñas
y de pura arrebatiña
apoliya sin colchón.
El ladrón es hoy decente
a la fuerza se ha hecho gente,
va no encuentra a quién robar.
Y el honrao se ha vuelto chorro
porque en su fiebre de ahorro
él se “afana” por guardar.
Al mundo le falta un tornillo,
que venga un mecánico.
pa’ ver si lo puede arreglar.

La casita de mis viejos

Tango 1932
Música: Juan Carlos Cobián
Letra: Enrique Cadícamo
 
Barrio tranquilo de mi ayer,
como un triste atardecer,
a tu esquina vuelvo viejo…
Vuelvo más viejo,
la vida me ha cambiado…
en mi cabeza un poco de plata
me ha dejado.
Yo fui viajero del dolor
y en mi andar de soñador
comprendí mi mal de vida,
y cada beso lo borré con una copa,
las mujeres siempre son las que matan la ilusión.
(en un juego de ilusión repartí mi corazón.)

Vuelvo vencido a la casita de mis viejos,
cada cosa es un recuerdo que se agita en mi memoria,
mis veinte abriles me llevaron lejos…
locuras juveniles, la falta de consejo.
Hay en la casa un hondo y cruel silencio huraño,
y al golpear, como un extraño,
me recibe el viejo criado…
Habré cambiado totalmente, que el anciano por la voz
tan sólo me reconoció.

Pobre viejita la encontré
enfermita; yo le hablé
y me miró con unos ojos…
Con esos ojos
nublados por el llanto
como diciéndome porqué tardaste tanto…
Ya nunca más he de partir
y a tu lado he de sentir
el calor de un gran cariño…
Sólo una madre nos perdona en esta vida,
es la única verdad,
es mentira lo demás.

Callejera

Tango 1929
Música: Fausto Frontera
Letra: Enrique Cadícamo
 
Cuando apurada pasás
rumbo quién sabe a qué parte,
haciendo lucir con arte
tu silueta al caminar,
va diciendo ese taquear
que tenés de milonguera:
“Callejera… Calle]era…
¿a dónde irás a parar?”

Esos trajes que empilchás
no concuerdan con tu cuna,
pobre mina pelandruna
hecha de seda y percal.
En fina copa e’ cristal
hoy tomás ricos licores,
y entre tantos resplandores
se encandiló tu arrabal.

Callejera,
que taqueás de Sur a Norte,
dando dique con el corte
de ese empilche que llevás.
Callejera,
vos también sos Milonguita
y en el fondo de tu almita
una pena sepultás.

Triunfa tu gracia, yo sé,
y en los rondines nocheros
sos de los muebles diqueros
el que da más relumbrón.
Despilfarrás tentación,
pero también, callejera,
cuando estés vieja y fulera
tendrás muerto el corazón.

Seguí nomás, deslizá
tus abriles por la vida,
fascinada y engrupida
por las luces del Pigall,
que cuando empiece a tallar
el invierno de tu vida
notarás arrepentida
que has vivido un carnaval.

Muñeca brava

Tango 1929
Música: Luis Visca
Letra: Enrique Cadícamo
 
Che madam que parlás en francés
y tirás ventolín a dos manos,
que escabiás copetín bien frapé
y tenés gigoló bién bacán…
Sos un biscuit 
de pestañas muy arqueadas…
Muñeca brava 
bien cotizada.
¡Sos del Trianón… 
del Trianón de Villa Crespo…
Milonguerita,
juguete de ocasión…

Tenés un camba que te hacen gustos
y veinte abriles que son diqueros,
y muy repleto tu monedero
pa´ patinarlo de Norte a Sud…
Te baten todos Muñeca Brava
porque a los giles mareás sin grupo,
pa´ mi sos siempre la que no supo
guardar un cacho de amor y juventud.

Campaneá la ilusión que se va
y embrocá tu silueta de rango,
y si el llanto te viene a buscar
escurrí tu dolor y reí…
Meta champán que la vida se te escapa,
Muñeca Brava, flor de pecado…
Cuando llegués 
al final de tu carrera,
tus primaveras
verás languidecer

La reina del tango

Tango 1928
Música: Rafael Iriarte
Letra: Enrique Cadícamo
 
Flor de noche que al sordo fragor
del champán descorchado triunfás,
reina loca que un juego de amor
lentamente, bailando, trenzás.
Tu compás es el ritmo sensual
que en la alfombra retuerce el gotán
y tu pinta elegante y teatral
se muestra orgullosa junto a tu bacán.

Sos reina del tango,
papusa ruflera,
la ciencia canera
de saber bailar
prendió una diadema
de rante nobleza
sobre tu cabeza
reina del gotán.
Tiembla en tus caderas
la música rea,
es la melopea
que a tu corazón
muy a la sordina
le hace un contracanto
que aumenta el quebranto
de tu perdición.

El gotán se te fue al corazón
como un dulce chamuyo de amor
y es por eso que en esta canción
encontrarás alegría y dolor.
Che, milonga, seguí el jarandón,
meta baile con corte y champán,
ya un noche tendrás que bailar
el tango grotesco del Juicio Final.


Hoy es tarde

Tango
Música: Juan Carlos Howard
Letra: Enrique Cadícamo
 
Porque sé lo que sufriste,
porque sé lo que he sufrido…
Yo sé bien que me quisiste
y también que te he querido…
A mi lado no tuviste esplendor…
Yo era pobre y no te daba más que amor…
Mas… tus veinte primaveras…
eran joyas verdaderas… corazón…

Alma mía…
no era lujo, ni las sedas, ni el dinero…
Alma mía…
que a mis brazos te arrojaron traicioneros…
Fue tu amor… fue tu inocencia
que brotó como una flor…
Con mis versos vos soñabas que eras rica…
Qué importaba todo el oro
en aquella pieza chica…
Cariñito…
que pobreza más injusta yo te he dado…
pero amar en la miseria
no es pecado… corazón…
Y hoy, que lujos y dinero puedo darte,
esta vida puso aparte
nuestro sueño… nuestro amor…

Yo no sé por qué senderos…
Yo no sé por qué camino…
En qué extraños remolinos
nos perdimos para siempre…
Sólo sé que comprendiendo tu valor…
te dejé para salvarte, pobre amor..
La miseria es cosa fuerte,
Merecías mejor suerte… Corazón…

Por la vuelta

Tango 1937
Música: José Tinelli
Letra: Enrique Cadícamo
 
¡Afuera es noche y llueve tanto!…
Ven a mi lado, me dijiste,
hoy tu palabra es como un manto…
un manto grato de amistad…
Tu copa es ésta, y la llenaste.
Bebamos juntos, viejo amigo,
dijiste mientras levantabas
tu fina copa de champán…

La historia vuelve a repetirse,
mi muñequita dulce y rubia,
el mismo amor… la misma lluvia…
el mismo, el mismo loco afán…
¿Te acuerdas? Hace justo un año
nos separamos sin un llanto…
Ninguna escena, ningún daño…
Simplemente fue un “Adiós”
inteligente de los dos…

Tu copa es ésta, y nuevamente
los dos brindamos “por la vuelta”.
Tu boca roja y oferente
bebió en el fino bacarát…
Después, quizá mordiendo un llanto,
quedate siempre, me dijiste…
Afuera es noche y llueve tanto,
… y comenzaste a llorar…

No vendrá

Tango 1945
Música: Enrique Cadícamo
Letra: Enrique Cadícamo
 
Esperaré otro rato y veré
por qué demoró…
Quiero creer
que este nuevo querer
es mi gran amor.
Por no estar tan solo y esperar
fumaré otro cigarrillo más.
Pero algo hay que me hace pensar
que no vendrá…

No vendrá.
Bien lo sé que ella no vendrá.
Y aunque esperar ya no quiero
otro rato más la espero.
No vendrá… Pero igual pensando en ella estoy.
Ya por hoy no la veré
me lo dice la postrer
campanada de un reloj.

Yo presentí que no iba a venir
cuando ayer se fue.
Triste quedó, suspirando sonrió,
y me dijo así:
“Tengo miedo de quererte… ¡amor!
¡Tengo miedo de sufrir por ti!”
Y ese temor, lo confieso, mi bien,
que era de los dos.

La novia ausente

Tango 1933
Música: Guillermo Barbieri
Letra: Enrique Cadícamo
 
A veces repaso mis horas aquellas
cuando era estudiante y tú eras la amada
que con tus sonrisas repartías estrellas
a todos los mozos de aquella barriada.
¡Ah! las noches tibias… ¡Ah! la fantasía
de nuestra veintena de abriles felices,
cuando solamente tu risa se oía
y yo no tenía mis cabellos grises.

Íbamos del brazo
y tú suspirabas
porque muy cerquita
te decía: “Mi bien…
¿ves como la luna
se enreda en los pinos
y su luz de plata
te besa en la sien?”
Al raro conjuro
de noche y reseda
temblaban las hojas
del parque, también,
y tú me pedías
que te recitara 
esta “Sonatina”
que soñó Rubén:
(Recitado:)
“¡La princesa está triste! ¿Qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa.
Que ha perdido la risa, que ha perdido el color…
La princesa está pálida en su silla de oro,
está mudo el teclado de su clave sonoro
y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor.”

¿Qué duendes lograron lo que ya no existe?
¿Qué mano huesuda fue hilando mis males?
¿Y qué pena altiva hoy me ha hecho tan triste,
triste como el eco de las catedrales?
¡Ah!… ya sé, ya sé… Fue la novia ausente,
aquella que cuando estudiante, me amaba.
Que al morir, un beso le dejé en la frente
porque estaba fría, porque me dejaba.

Dolor milonguero

Tango
Música: Juan Carlos Cobián
Letra: Enrique Cadícamo
 
Medianoche porteña,
sol de cabaret en la sala,
vista el tango su gala
y entre copas mi alma sueña.
Aquí, solo en mi mesa,
siento que un recuerdo ha cruzado
y del fondo embrujado
de esta copa que emborracha,
sube el dolor y remacha,
en mi corazón, un amor de ayer.

Tango que suena tristón,
la gente baila y se ríe.
Pena que en mi corazón,
cuando más honda, sonríe.
Quiero beber y al beber reír,
hundir este dolor milonguero.
Ven bailarina, a mi mesa,
que tengo tristeza por una mujer.

Ven a beber que estoy muy solo,
ven, buena amiga, flor nochera.
Yo soy un triste calavera,
vos, una más en el vaivén.
Ven a embriagarte yo te invito,
tal vez también tengas tus penas,
tus ojos dicen que sos buena.
Ven, magadalena del loco cabaret.

La luz de un fósforo

Tango 1943
Música: Alberto Suárez Villanueva
Letra: Enrique Cadícamo
 
Nos encontramos, tú y yo,
y a conversar
nos detuvimos.
Un algo raro tenías
cuando callabas,
cuando reías…
La esgrima sentimental
al fin surgió
la tarde aquella.
Después… ¡qué poco quedó!
El viento todo lo llevó…

La luz de un fósforo fue
nuestro amor pasajero.
Duró tan poco… lo sé…
como el fulgor
que da un lucero…
La luz de un fósforo fue,
nada más,
nuestro idilio.
Otra ilusión que se va
del corazón
y que no vuelve más.

En todo, siempre el color
es del cristal
con que se mira.
De rosa, yo te veía,
cuando callabas,
cuando reías.
Después, con otro cristal,
cambió el color
y ya no eras…
La vida es toda ilusión
y un prisma es el corazón.

Madame Ivonne

Tango 1933
Música: Eduardo Pereyra
Letra: Enrique Cadícamo

 
Mamuasel Ivonne era una pebeta
que en el barrio posta de viejo Montmartre,
con su pinta brava de alegre griseta
animó la fiesta de Les Quatre Arts.
Era la papusa del barrio latino
que supo a los puntos del verso inspirar…
Pero fue que un día llego un argentino
y a la francesita la hizo suspirar.

Madame Ivonne,
la Cruz del Sur fue como el sino,
Madame Ivonne,
fue como el sino de tu suerte…
Alondra gris,
tu dolor me conmueve,
tu pena es de nieve…
Madame Ivonne…

Han pasado diez años que zarpó de Francia,
Mamuasel Ivonne hoy solo es Madam…
La que va a ver que todo quedó en la distancia
con ojos muy tristes bebe su champán.
Ya no es la papusa del Barrio Latino,
ya no es la mistonga florcita de lis,
ya nada le queda… Ni aquel argentino
que entre tango y mate la alzó de París

FUENTES:

https://es.wikipedia.org/wiki/Enrique_Cad%C3%ADcamohttps://www.infobae.com/cultura/2019/12/03/enrique-cadicamo-el-compositor-de-los-1200-tangos-que-admiraba-gardel/

https://www.todotango.com/creadores/ficha/37/Enrique-Cadicamo

https://cadicamo.es.tlhttps://www.todotango.com/historias/cronica/218/Cadicamo-«Al-tango-hay-que-dejarlo-como-esta»-/

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PRÓXIMO PROGRAMA

125. Poesía más Poesía: Noémia de Sousa

NOÉMIA DE SOUSA

Biografía

Carolina Noémia Abranches de Sousa Soares nació el 26 de septiembre de 1926 en Catembe, al otro lado de la bahía de Maputo, capital de Mozambique, en África oriental. Llamada anteriormente hasta el 13 de marzo de 1976 Lourenço Marques en honor al explorador portugués del mismo nombre.

Noémia murió en Cascais, municipio al oeste de Lisboa, Portugal, en 2002.

En Mozambique se practicó muy pronto la esclavitud por parte de jefes tribales, africanos, comerciantes árabes, y colonos portugueses. Como dato, entre 1500 y 1800 casi un millón de personas fueron vendidas como esclavos. En las décadas de 1920 y 1930 los colonos instauran un sistema racial donde se separaban a los africanos asimilados, que recibieron las bases de la educación para poder ocupar sitios en la administración, de otros indigenas privados de derechos y sometidos a trabajo forzado. Esto fue abolido en 1962.

El padre de Noémia era originario de una familia portuguesa-afro-goa en la isla de Mozambique y la madre nació en Bela Vista, más allá de Catembe, en Mozambique, también hija de un alemán (Max Bruheim), cazador y comerciante.

A la edad de cuatro años, Noémia aprendió a leer. Su padre, que era funcionario y vivía con ideales de progreso le enseñó. La mayoría de los mozambiqueños, africanos, e incluso de los portugueses, tenían un 40% de analfabetización.
Noémia vivió en Catembe hasta los seis años, cuando se mudó a la ciudad de Lourenço Marques. Dos años después, su padre murió. La madre tuvo dificultades para mantener a sus seis hijos, dos de los cuales estudiaban en Portugal, con la ayuda de su tía paterna.
A los 16 años, Noémia tuvo que empezar a trabajar. Durante el día trabajaba y por la noche iba a la Escuela Técnica, donde asistía al curso de oficios.

Ella de su infancia, diría:

Aquella casa de madera, con una gran baranda tipo colonial, era un punto de partida, un lugar de encuentro… Aquella casa me marcó para el resto de mi vida. Mi padre era un intelectual y mi madre era casi analfabeta, pero tenía toda la riqueza de una cultura… En aquella casa podías encontrar a intelectuales o al pueblo…. aquellas mujeres que sabían que allí vivía Milidansa (el nombre de mi madre), que a su vez era hija de Belenguana, de Maputo, y en la casa de la hija de Belenguana habían de ser acogidas. Comencé a escribir poesía como un hecho no planificado. Sucedió porque, al fin y al cabo, en nuestra sociedad todo reposaba sobre la mujer. La mujer era la esclava del esclavo y vivía de ese modo en la sociedad. Con todo, ella ejercía influencia en la sociedad, porque ella era la que criaba a los niños, era el centro de la familia y, sobre todo, era sobrecargada de trabajo. Yo sentí mucho eso. Vivía en mi casa con muchos hermanos, primos y otros familiares, mucha gente en casa y todo giraba alrededor de mi madre, viuda. Perdí a mi padre a los 8 años y era la más chica de seis hermanos. Y ella era el padre y la madre de la familia. Y no era la única…

Comenzó con la escritura de manera precoz. Practicaba haciendo papeles de pared con sus hermanos. Noémia fue invitada a colaborar para el diario de la Mocidade Portuguesa. La invitación le llegó a través de su hermano Nuno, que tenía un amigo llamado Antero, quien formaba parte del grupo que editaba el periódico, bajo la dirección del poeta Virgílio de Lemos. Aceptó la invitación y provocó un alboroto. Escribió “Poema a mi hermano negro” y firmó con las letras NS. En aquella época colonial, escribir un poema así indicaba tener un gran valor. Noémia sabía que no la podían descubrir, así que utilizó seudónimos. Primero firmó con NS y luego empezó a firmar bajo el nombre de Vera Micaia.

En ese momento, estaba el proyecto “Itinerário”, donde colaboraron muchos de los poetas que consagrarían años después el periodo anterior a la independencia de Mozambique. Cassiano Caldas, funcionario del CFM estaba relacionado con ese proyecto y a través de él tuvo contacto con Noémia de Sousa. Le presentó la revista Vértice. Fue en esa revista donde Noémia leyó por primera vez la poesía de Nicolás Guillén, poeta cubano.

Luego leyó muchos libros sobre la vida de los estadounidenses negros en traducción brasileña y vio que había similitudes entre lo que les sucedía a los estadounidenses negros y los mozambiqueños negros. Cassiano Caldas también le regaló libros de escritores neorrealistas portugueses.

Noémia comenzó a tener conversaciones con otros jóvenes que se destacaron por las artes y las letras en Mozambique, como por ejemplo Ruy Guerra y Ricardo Rangel, entre otros. João Mendes, hermano del escritor Orlando Mendes, reunió a jóvenes y utopías, ayudando a construir una nueva realidad, lejos de la estratificación racial. Eran jóvenes de Mafalala (barrio que es el corazón cultural de Maputo).

Noémia de Sousa, al corriente de los movimientos negros americanos (Black Renaissance, Indigenismo haitiano y Negrismo cubano, entre otros), dado que dominaba el inglés y el francés, escribe todos sus poemas (conocidos hasta hoy) entre 1948 y 1951. Está influenciada por el Neorrealismo y, a partir de 1950, por la Négritude.

Con José Craveirinha, su compatriota del barrio de Mafalala, Noémia creó el movimiento Negritude. La exaltación de los valores africanos contra el racismo en la metrópoli fue el punto común de sus producciones intelectuales. En la poesía “Súplica”, Noémia sintetiza diciendo que el mundo es un tablero de ajedrez. En otras palabras, es una lucha entre negros y blancos.

Noémia inició su colaboración con “O Brado Africano” (“El rugido africano”), un semanario bilingüe en portugués y ronga (dialecto de Mozambique) en el que muchos de los escritores de Mozambique publicaron por primera vez sus trabajos, cuando se estaba completando el proyecto de la Asociación Africana, recaudando dinero para ella. También escribiría en otros diarios y revistas como “Msaho”, “Mensagem” (en Luanda), “Noticias de Blockade” (en Oporto), “Mozambique 58”, entre otras publicaciones mozambiqueñas y extranjeras.

Siempre prefirió publicar sus poemas en periódicos, semanarios, revistas, folletos políticos… Para ella publicar sus poemas de forma esparcida suponía que llegaran a manos de los mozambiqueños negros, a los que quería despertar y abrir los ojos. Quería que sus poemas fueran fotocopiados, sueltos, de mano en mano. De hecho, su obra tuvo una amplia difusión de forma manuscrita y policopiada , llegando a ejercer una influencia vital en la formación de la conciencia nacional de Mozambique. Siempre pretendió que su pueblo se moviera. Sobre todo, afirmó ser africana y estaba fuertemente comprometida con la difusión de los valores culturales de Mozambique. Su influjo llegó a alcanzar otras áreas africanas, principalmente de habla portuguesa. Para ella no tenía sentido reunir en un libro su producción.

Hay críticos que la juzgaron como una poeta menor, tanto por la falta de consideración de las mujeres escritoras en África como por el hecho de su menor volumen de publicaciones que otros autores. Pero sus escritos siempre han encontrado un lugar en las colecciones de poemas de las antologías africanas como “Cuaderno de poesía negra de expresión portuguesa”, en 1953” y en 1964 “Poesía en Mozambique”.

Fundadora de una extensión de la MUD (vinculada al Partido Comunista de Portugal), no formó parte de la lucha armada, pero sus poemas comprendieron un enfrentamiento entre la cultura de los vivos y la cultura de los muertos en vida, como su poema “Deja pasar a mi pueblo”.

Noémia de Sousa había participado en las actividades de la MUD-Juvenil y repartido panfletos con João Mendes, escrito cartas subversivas y artículos recortados por los censores. El asedio se estaba intensificando. En 1951 por estas acciones, Noémia de Sousa no escapó de las garras de la Policía Internacional y de Defensa del Estado (PIDE). Fue detenida y en ese mismo año tuvo que exiliarse a Portugal. También le valió la deportación a Joao Mendes. Noemia de Sousa habla de él en sus poemas.

Un joven mozambiqueño, Eduardo Civambo Mondlane, motivó una fuerte expresión de solidaridad en Sudáfrica, al no concedérsele la prórroga del visado de residencia temporal. El gobierno le impidió continuar sus estudios en la Universidad de Witswalerand y escribió a Noémia de Sousa animándola. Ella desembarcaba en Lisboa con la “generación de la utopía”. Noémia convivió con los más conocidos intelectuales africanos en Portugal que sustentaron la base de los movimientos de liberación de cada país. En Portugal trabajó como traductora en las agencias de noticias Reuters y Lusa. Aquí adoptó el pseudónimo de Vera Micaia.

Joaquim Chissano y Noémia de Sousa

Reseñar que en su vida europea no se europeizó, sino que se desplazó de escenario.

Se trasladaría después en 1964 a Francia donde, de hecho, Noémia buscaría refugio de la dictadura al Estado Novo, con una hija a la espalda, Virgínia Soares (o más bien, Gina). Cruzó la frontera, escaló los Pirineos y logró la libertad. Se había casado en 1962 con el poeta Gualter Soares. Noémia de Sousa permaneció en París trabajando en la embajada de Marruecos hasta 1973, año en que decidió regresar a Portugal, para cubrir una vacante en la agencia Reuters.

El 25 de junio de 1975 Mozambique celebra la independencia. Noémia de Sousa se encontraba en su casa en Portugal, en Algés, en compañía de los legendarios futbolistas Eusébio da Silva Ferreira e Hilário da Conceição y sus mujeres y confesó haberle molestado este hecho, que no la hubiesen invitado . Ella se había unido anteriormente al Frente de Liberación de Mozambique (Frelimo) pero luego se fue.

Pero sus poemas se habían hecho virales en el país. Se estudiaron en las escuelas del Frente de Liberación de Mozambique durante la Lucha Armada. A partir de la Independencia de Mozambique su obra poética comenzó a estudiarse en las escuelas de allí. Noémia de Sousa ya era un mito. Su legado había sido recuperado por poetas de otros países como Angola, Cabo Verde, Guinea-Bissau, S. Tomé y Príncipe.

En 1984, Noémia de Sousa regresó a Mozambique y visitó su casa en Catembe. La época de los ochenta se caracterizaría por una época de hambruna. Finalmente, Noémia de Sousa accedió a la publicación en 2001 por parte de la Asociación de Escritores de Mozambique del libro “Sangue Negro”. El libro reúne 49 poemas de Noémia de Sousa, escritos entre 1949 y 1952. Noémia no los releyó ni corrigió, por lo que quedaron en la versión original.

José Craveirinha y Noémia de Sousa

Aunque comenzó a escribir de muy joven, pasó muchos años sin hacerlo y sólo retomó la poesía tras la muerte de Samora Machel, presidente de Mozambique (1975-86). El 4 de diciembre de 2002 Noémia de Sousa murió en Cascais, ciudad portuguesa.

Fue pionera de la poesía de su país, está considerada como una de las más grandes poetisas de África. Su producción poética tuvo un gran alcance, influyendo en toda una generación de escritores y poetas. En su poesía se reflejan sus raíces africanas y la exaltación de África y sus valores, junto con la protesta, la denuncia de la esclavitud, la cosificación del hombre africano por los poderes coloniales, los deseos de revuelta y esperanza de cambio.

La forma de resistencia y lucha contra la ocupación europea se hizo a través de la territorialidad y hubo que improvisar una identidad nacional que fuese útil para enfrentarse a la ocupación. En este proceso de conformación nacional la figura de Sousa adquiere una gran relevancia A través de su poesía ejercerá una profunda influencia en los intelectuales africanos que harían importantes propuestas de actuación en Mozambique que van desde planes educativos hasta programas de salud pública. El Neo-realismo presente en su poesía está reescrito desde una mirada nueva atravesada por el movimiento de la Negritud. Denuncia de la falta de empatía por parte del “branco egoísmo” occidental, encontramos también el orgullo de quien conoce ambas culturas en profundidad. Se le llamó la “madre de los poetas mozambiqueños”. Aunque se la ha comparado con Aimé Cesaire, el poeta de la negritud, Noémia de Sousa es otra cosa. Su poesía no es estrictamente militante ni existencial; ella fue la voz de la conciencia nacional cuando Mozambique todavía no existía como país independiente ni como identidad unitaria. Noémia vivió dolorosamente en su tierra, en un pueblo que rodeaba a la actual capital y que estaba integrado por gente de varias etnias y lenguas, un lugar que para ella simbolizaba “el país que no existe”. Ella proclamaba el respeto del otro, el derecho a la dignidad de los negros, el acceso a la educación y la cultura. Noémia también simbolizó la ruptura con la literatura colonial.

Noémia de Sousa y Alda Graça

En la figura de Noémia de sousa se articulaban las grandes exclusiones que ha construido la cultura occidental: ser mujer, negra y mozambiqueña (por la exclusión colonial). Conoció a “medio mundo” en Africa, donde vivió algunos de los momentos más importantes de la historia del continente y se relacionó con muchos de los luchadores de la independencia que, más tarde, ocuparon lugares destacados en sus respectivos países, ya libres del yugo colonial..

POEMAS

CANCIÓN FRATERNA

Hermano negro de voz caliente
la mirada magoada,
dime:
¿Qué siglos de esclavitud
generaron tu voz doliente?
¿Quién puso el misterio y el dolor
en cada palabra tuya?
¿Y la humilde resignación
en tu triste canción?
¿Y el pozo de la melancolía
en el fondo de tu mirada?

¿Fue la vida?¿la desesperación? ¿el miedo?
Me dice aquí, en secreto,
hermano negro.

Porque tu canción es sufrimiento
y tu voz, sentimiento
y la magia,
hay en ella la nostalgia
de la libertad perdida,
la muerte de las emociones prohibidas,
y la nostalgia de todo lo que fue tuyo
y ya no lo es.

Me dice, hermano negro,
que la hizo así …
¿Fue la vida?¿la desesperación?¿el miedo?

Pero incluso encadenado, hermano,
¡qué extraño hechizo tuyo!
Tu voz doliente lloró
de dolor y de nostalgia,
gritó de esclavitud y vino a murmurar a mi alma en herida
que tu triste canción dolorida
no es sólo tuya, hermano de voz de terciopelo
y ojos de luna …
Vino, de manso murmurar
que tu canción es mía.

SÚPLICA

¡Quítennos todo,
pero déjennos la música!
¡Quítennos la tierra en que nacimos,
donde crecimos
y donde descubrimos por primera vez
que el mundo es así:
un tablero de ajedrez…
Quítennos la luz del sol que nos calienta,
su lírica de xingombela
en las noches mulatas
de la selva mozambicana
(esa luna que nos sembró en el corazón
la poesía que encontramos en la vida),
quítennos la choza — la humilde barraca
donde vivimos y amamos,
quítennos la machamba que nos da el pan,
quítennos el calor del fuego
(que nos es casi todo)
¡pero no nos quiten la música!
Pueden desterrarnos,
llevarnos a tierras lejanas,
Vendernos como mercancía, encadenarnos
a la tierra, de sol a luna y de luna a sol,
¡pero siempre seremos libres
si nos dejaran la música!
¡Allí donde estuviera nuestra canción
aun esclavos, señores seremos;
y aun muertos, viviremos,
y en nuestro lamento esclavo
estará la tierra donde nacimos,
la luz de nuestro sol,
la luna de los xingombelas,
el calor de fuego,
la choza que vivimos,
la machamba que nos da el pan!
Y todo de nuevo será nuestro,
aun con cadenas en los pies
y aun azotes en la espalda…
¡Y nuestra queja
será una liberación
derramada en nuestro canto!
—Por eso pedimos,
de rodillas pedimos:
¡Quítennos todo…
pero no nos quiten la vida,
no se lleven nuestra música!

LECCIÓN

Le enseñaron en la misión,
Cuando era pequeñito:
“Somos todos hijos de Dios; cada hombre
es hermano de otro hombre.

Le dijeron esto en la misión,
cuando era pequeñito.
naturalmente,
no se quedó siempre niño:
creció, aprendió a contar y a leer
y comenzó a conocer
mejor esta mujer vendida
̶ que es la vida
de todos los desgraciados.

Y entonces, una vez, inocentemente,
dijo a un hombre y le dijo: “Hermano …”
Pero el hombre pálido le fulminó duramente
con sus ojos llenos de odio
y le respondió: “Negro”.

POEMA PARA UN AMOR FUTURO

Un día, no sé cuándo ni dónde,
de las brumas grises del futuro,
aparecerá, envuelto en misterio y magia,
el hombre que amaré.
No será un héroe de libros de fantasía, un
príncipe ruso,
un actor de cine
o un millonario con saldo bancario.
No.
El hombre al que amaré
será como yo, en el fondo.
Tus manos, como las mías,
estarán callosas de día a día
y tus ojos tendrán reflejos de acero
como los míos.
Tu alma será mi hermana
con la misma angustia y el mismo amor,
con el mismo odio frío y la misma esperanza.
Y de su cuello se suspenderá, como el mío,
el marfil del mismo amuleto.
Ah, será humano, como yo,
y de la misma savia generosa.
Completamente humano y verdadero,
sólo entonces podré amarlo.
Y sólo será perfecto cuando nuestra condición lo permita,
para que en la vida seamos lo que ella nos pide:
compañeros,
juntos en la misma barricada,
luchando en un mismo ideal.
Ah, sí,
cuando la paz descienda sobre el campo de batalla,
finalmente podré
entregarme por completo.
Mi alma, finalmente,
podrá llenarse como una caracola, con la música de la luz de la luna
y el murmullo del mar.
Y mi cuerpo, lleno de ansias, se
abrirá al arado de tu deseo,
a la semilla de tu amor.
Entonces seré la hermana gemela de la Tierra,
llevando en mí el misterio de la vida,
campo abierto a la lluvia benéfica
y al sol fecundo de su amor.
Y cuando el milagro me sea hecho,
cuando mi grito de muerte
llegue a la máxima victoria de la vida,
entonces estaré completo.
Pero solo después de que la paz descendiera sobre mi campo de lucha,
antes de eso, no.
Más bien, seremos compañeros en el mismo trabajo,
trabajadores que construyen nuestro mundo.
Por eso, amor que no conozco, no
me pidas nada más hasta que el trabajo esté terminado.
Mientras dure,
no puedo ser tuyo por completo,
porque me entregué,
de una pieza, a este sueño que todo se desmorona.
Para ti, solo se irán los breves momentos de tregua,
el calor que sobró del fuego de todos.
Pero cuando
llegue la noche inhumana, la mañana que construimos, uno al lado del otro,
cuando nuestra Madre África nos extienda sus muñecas libres
cuando la calma descienda sobre la casa que construimos,
entonces seguiremos, a la clara luz de este maravilloso Sol,
nuestro destino natural del Hombre y Mujeres
y su llanto de muerte,
nuestros hijos podrán nacer entonces,
en un mundo de justicia.
……………………………… ..
Por mi amor futuro, que me completará,
por este amor lejano
escribí este poema.
¿Puedes leerlo algún día, amor que no sé?
cuando te apareces, envuelto en misterio,
y mi alma y mi cuerpo
palpitan con el reconocimiento, ¡eres tú!
Deja que el que amo me lea
y me lea, en este poema que te escribí.

JUSTIFICACIÓN

Si nuestro rincón negro es simultáneamente
aburrido y amenazador como el mar
en noches tranquilas;
si nuestra voz es ronca y áspera
solo abriéndose en gritos de rebelión;
si nuestra poesía es a la vez amarga y dulce
como jugo de nhantsumas silvestres;
si nuestra mirada es profunda y profunda
rompiendo impávido a la luz del día;
si están deformados y agrietados nuestros pies planos
andar por senderos ingratos;
si nuestra alma estuviera cerrada a la alegría
y solo los anfitriones odian y se rebelan

No nos culpes, hermano de las calles de la ciudad.
Que entre nosotros y el sol se han interpuesto
feos barrotes de la esclavitud,
barras negras y cerradas para evitar que tuestemos
de verdadera felicidad,
¡Pero ahí, hermano que viene de las calles de la ciudad!
Nuestro firme sentido de la justicia, nuestra indomable voluntad de nacer
nuestra común miseria vestida con bolsas rotas y sucias,
nuestra propia esclavitud
será el calor y la antorcha que se derretirá
para siempre las gruesas columnas que nos cebraban toda nuestra vida
y quitó todo el estilo de vida dulce e inexpresable.

¿POR QUÉ?

¿Por qué las acechan de repente?
¿florece flores de sangre?
¿Por qué las noches ya no son tranquilas y dulces,
por qué ahora se cargan de electricidad
y largas, largas?
Ah, por qué los negros ya no gimen,
por la noche,
¿Por qué los negros gritan,
gritan a la luz del día?

MAGAÍÇA

La mañana azul y oro de los folletos publicitarios
y que,
entontecido todo por la algazarra
incomprensible de los blancos de la estación
y por el resfriado trepidante de los trenes,
su corazón apretado en la angustia de lo desconocido
su muggle de harapos
cargando el ansia enorme, tejida
de los sueños insatisfechos del mamparra.

Y un día,
el tren volvió arfando, arfando …
¡oh Nhanisse, volvió!
Y con él, maga,
de sobre todo, bufanda y media listrada
es un ser desplazado,
envuelto en ridículo.

A la espalda – ah, donde te quedó el muggle de sueños, magaíca? –
traes las maletas llenas del falso brillo
de los restos de la falsa civilización del compuesto del Rand.
Y en la mano,
Magaira aturdida encendió el candelero,
a la cata de las ilusiones perdidas,
de la juventud y de la salud que quedaron sepultadas,
en las minas de Jone …
La juventud y la salud,
las ilusiones perdidas
que brillarán como astros en el escote de cualquier señora
en las noches deslumbrantes de cualquier ciudad.

SI QUIERES CONOCERME

Ah, ella es quien soy:
cuencas vacías de los ojos desesperadas por poseer vida.
Una boca cortada por heridas de angustia.
Levantada como para implorar y amenazar. 
Cuerpo tatuado con cicatrices visibles e invisibles.
Por los duros azotes de la esclavitud.
Torturado y magnífico,
orgulloso y místico.
África de pies a cabeza,
-ah, ella es quien soy!

Si quieres entenderme,
ven y inclínate sobre mi alma africana,
en los gemidos de los negros en los muelles,
en las frenéticas danzas de los chopes,
en la rebeldía de los shaganas,
en la extraña melancolía que se evapora de
una canción nativa, a la noche …

Y no me preguntes nada más,
si realmente deseas conocerme …
Porque no soy más que un caparazón de carne
en el que se congeló la revuelta de África.
Su grito se llenó de esperanza.

SANGRE NEGRA

¡Oh mi África misteriosa y natural,
mi virgen violada,
¡mi madre!

Como yo andaba hace tanto desterrada,
de ti alejada
distante y egocéntrica
por estas calles de la ciudad!
embarazadas de extranjeros

¡Mi Madre, perdona!

Como si yo pudiera vivir así,
de esta manera, eternamente,
ignorando la caricia fraterna
de mi luna de miel
(mi principio y mi fin) …
Como si no existiera más allá
de los cines y de los cafés, la ansiedad
de tus horizontes extraños, por desentrañar …
Como si tus macizos cacimbados
no cantaran en sordina su libertad,
las aves más bellas, cuyos nombres son misterios todavía cerrados!

Como si tus hijos -regias estatuas sin par -,
altivos, en bronce tallados,
endurecido en el fuego infernal
de tu sol causante, tropical,
como si tus hijos intemeratos, sobre todo luchando,
a la tierra atados,
como esclavos, trabajando,
que, amando, cantando
¡mis hermanos no fueran!

¡Oh mi Madre África, Ngoma pagana,
En la actualidad,
mística, sortílega – perdona!

A tu hija trasbordada,
te abre y perdona.

¡Que la fuerza de tu savia vence todo!
Y nada más fue necesario, que el hechizo impar
de tus tantán de guerra llamando,
dundundundundun – tãtã – dundundundun – tãtã
nada más que la locura elemental
de tus batuques bárbaros, terriblemente bellos …

para que vibre
para que yo grite,
para que yo sienta, funda, en la sangre, tu voz, Madre!

Y vencida, reconociera nuestros eslabones …
y regresar a mi origen milenario.
Madre, mi Madre África
de las canciones esclavas a la luz de la luna,
no puedo, no puedo repudiar
la sangre negra, la sangre bárbara que me has legado …
Porque en mí, en mi alma, en mis nervios,
es más fuerte que todo,
yo vivo, yo sufro, río a través de él, Madre!

MI DOLOR

La
misma angustia duele
en el alma de nuestros cuerpos de
cerca y de lejos.

Y el negro que gritó
es el dolor que no se vendió
ni siquiera cuando el sol se perdió
en los muros de la cárcel.

AFORISMO

Había una hormiga
compartiendo aislamiento conmigo
y comiendo juntos.

Éramos iguales
con dos diferencias:

no la interrogaban
y la podían pisar descuidadamente.

Pero ambos
pudieron ponernos en el camino intencionalmente
pero no pudieron
arrodillarnos.

GRANO DE ARENA

Un solo grano de arena
nunca imaginé que
pesara tanto …


Testifico
en el clásico ritual
de nuestra despedida
constreñidos terrones
a las mancheias.

EN LUGAR DE LÁGRIMAS

Solo un llanto seco lo
pone en la cúspide de mi dolor
el pico más intenso del duelo.

Lamentablemente NUNCA
En el miedo instintivo de las calles María vaciló en las aceras hasta que no sintió el presagio fugaz . El contorno de sombras en el borde de un más allá: el asfalto fatal de la calle desafortunadamente ya no la intimida. Una vez que se cumplió el triste anuncio, lamentablemente estaba cruzando una avenida sin riesgo intimida el espíritu de María.

Me encantaría ver a
María todavía asustada
y nunca me gusta después,
cuando ya nada la intimida.

SACRARIO

Ausencia del cuerpo.
Amor absoluto.

Anfitriones del Sol.
Lluvia.
De arena.
Y golondrinas
batiendo sus alas
sobre el hombro gris consternado
de una nube.

Y un tocado
tu tabernáculo
vigilando.

TE DEUM (A TI DIOS)

 opresivo
intranquilidad
en el carril de bronce.

Libreto
de mil cactus
en silencio abstenerse de los desiertos.

Doblar las
campanas
en un solemne Te Deum
de gracias por María.

TEJIDOS DE MEMORIA

En la aburrida melancolía del techo,
bobinas de telaraña bordean la soledad
mientras suaves susurros de sombra
en el mutismo brillante del espejo
recitan estrofas de polvo.

NUESTRA HERMANA LUNA

Una dulce hermanita que nos cubre
todos con calidez y ternura
de tu cariño …
que derrama toda su claridad
sobre nuestras tristes cabezas inclinadas
y, como un hechizo fuerte y misterioso,
ahuyenta las rabias profundas y dolorosas
de revueltas,
con tu cálida caricia de terciopelo …
tu enorme mano,
blanco brillante, nos da todo.
Y bajo tu poderoso hechizo, nos calmamos.
Y poco a poco, momento a momento,
Dejando ir …
Cerrando nuestros ojos pacientes para esperar
Ahora podemos ir al mar
Detenido de nuestros sueños cansados …
¡E incluso podemos cantar!
Incluso podemos cantar nuestro lamento …
Con ojos dentro, dentro de nosotros
Nos sentimos humanos de nuevo
Somos nosotros de nuevo
Y no animales salvajes y ciegos aguijoneados …
Sí. Cantamos con amor
La luna amiga que es nuestra hermana.

Aunque nos digan que no,
lo sentimos en lo profundo del corazón …
(que bien vemos
que en su ancha carita de leche hay suaves sonrisas de dulzura
para nosotros, tus hermanos …)
simplemente no entendemos
como es que siendo nuestra hermana tan blanca,
puede ser tan completamente cristiano,
si somos tan negros, tan negros,
como la noche oscura más solitaria y desoladora …

RUEGO

¿Quién estranguló la voz cansada
de mi hermana de la selva?

De pronto su llamado a la acción
se perdió en el fluir infinito de la noche y el día.
Ya no llega hasta mi cada mañana,
exhausta tras el largo viaje,
ahogada milla tras milla
en el eterno grito: ¡Macala!

No, ya no viene más, húmeda todavía de rocío,
maniatada con niños y con sumisión…
Un hijo a la espalda, otro en el vientre
¡siempre, siempre, siempre!
Y un rostro todo contenido en una mirada suave,
cada vez que recuerdo esa mirada
siento que mi carne y mi sangre se hinchan trémulas,
latiendo ante afinidades y revelaciones…
Pero ¿quién ha impedido que su inconmensurable mirada
nutriera mi hambre profunda de camaradería
que nunca podrá satisfacer mi pobre mesa?

“Io mame” ¿quién pudo silenciar de un tiro
la noble voz de mi hermana de la selva?
¿Qué mezquino y brutal látigo de rinoceronte
la azotó hasta matarla?

—En mi jardín florece la siringa.
Pero con un presagio maligno en su flor purpúrea,
en su intenso inhumano perfume;
y el verano aguarda que el hijo de mi hermana
descanse en él…
En vano, en vano,
Un chirico canta y canta posado entre los juncos,
por el niñito de mi hermana perdida,
víctima de los nebulosos amaneceres de la selva.
Ay, yo sé, yo sé: al final había un resplandor
de despedida en esos dulces ojos,
y su voz llegó como un murmullo ronco,
trágico y desesperado….

Oh África, patria mía, respóndeme:
¿Qué le hicieron a mi hermana de la selva,
que ya no viene más a la ciudad con sus eternos retoños
(uno a la espalda, otro en el vientre)
y su eterno pregón de carbonera?
¡Oh África, patria mía,
tú al menos no renegarás de mi heroica hermana,
ella vivirá en el altivo memorial de tus brazos!

A BILLIE HOLIDAY, CANTORA

 
Era de noche y en la habitación aprisionada por la oscuridad
solo había entrado la luna, taimadamente,
para derramarse en el piso.
Soledad. Soledad. Soledad.
 
Y entonces,
tu voz, hermana mía americana,
vino del aire, de la nada, nacida en la misma oscuridad…
Extraña, profunda, caliente,
traspasada por la soledad.
 
Y así empezaba la canción:
“Into each heart some rain must fall…”
Empezaba así
y solo había melancolía
de principio a fin,
como si tus días no tuvieran sol
y tu alma, ahí, sin alegría…
 
Tu voz hermana, en su trágico sentimentalismo,
bajando y subiendo,
llorando para luego, aún trémula, empezar a reír,
cantando con tu inglés negro arrastrado
los singulares “blues”, con un fatalismo
racial que duele,
tu voz, no sé por qué magia extraña,
arrastró a mi soledad por grandes distancias…
 
¡En la habitación oscura, ya no estaba sola!
Con tu voz, hermana americana, llegó
todo mi pueblo esclavizado sin piedad
por este largo mundo, viviendo con miedo, receloso
de todo y de todos…
Mi pueblo ayudando a erigir imperios
y siendo excluido de la victoria…
Viviendo segregado una vida ingloria,
de proscripto, de criminal…
 
Mi pueblo transportando a la música, la poesía,
sus complejos, su tristeza innata, su insatisfacción…
 
Billie Holiday, hermana mía americana,
siempre seguí cantando, con tu estilo amargo
los “blues” eternos de nuestro pueblo desgraciado…
Siempre seguí cantando, cantando, siempre cantando,
¡Hasta que la humanidad egoísta nos escuche en tu voz,
 
y gire los ojos hacia nosotros,
pero con fraternidad y comprensión!

DEJA QUE PASE MI PUEBLO

Noche tibia en Mozambique
Y sonidos remotos de marimbas llegan hasta aquí
– ciertos y constantes –
provenientes de no sé dónde.
En mi casa de madera y cinc
abro el radio y me dejo llevar…
pero las voces de América remueven mi alma y mis nervios.
Y Robenson y Marian me cantan
spirituals negros de Harlem.
“Let my people go!”
-¡oh, deja que pase mi pueblo,
deja que pase mi pueblo!-
dicen.
Y abro los ojos y ya no puedo dormir.
Adentro mío, suenan Anderson y Paul
y no son dulces voces de agitación.
“Let my people go”!

Nerviosamente,
me siento en la mesa y escribo…
Adentro mío,
deja que pase mi pueblo,
“oh, let my people go…”
Y ya no soy más que un instrumento
de mi sangre en un torbellino
con la ayuda de Marian
con su voz profunda: ¡mi hermana!

Escribo…
En mi mesa apoyan sus brazos bultos familiares.
Mi madre con sus manos curtidas y el rostro cansado
y revueltas, dolores, humillaciones,
tatúan de negro el papel blanco virgen.
Y Paulo, a quien no conozco,
pero es de la misma sangre y la misma savia amada de Mozambique,
de miserias, ventanas enrejadas, adioses de magaíças (*),
y algodón, mi inolvidable compañero blanco.
Y Zé -mi hermano- y Saúl,
y vos, Amigo de dulce mirada azul,
que agarrás mi mano y me obligás a escribir
con la hiel de la revuelta.
Todos se apoyan en mis hombros,
mientras escribo, a lo largo de la noche,
con Marian y Robeson vigilando a través del ojo iluminado del radio:
“Let my people go,
Oh, let my people go!”

Y mientras lleguen de Harlem
voces lamentando
y mis bultos familiares sigan visitándome
en las largas noches de insomnio,
no me dejaré llevar por la música fútil
de los valses de Strauss.
Escribiré, escribiré,
con Robeson y Marian gritando conmigo:
Let my people go,
¡OH, DEJA QUE PASE MI PUEBLO!

ÁBRANNOS LA PUERTA, COMPAÑEROS

Ay, ábrannos la puerta,
ábranla rápido, compañeros,
que afuera andan el miedo, el frío, el hambre,
y hay rocío, hay oscuridad y bruma…
¡Somos un ejército entero,
todo un ejército numeroso,
que les pide comprensión, compañeros!

Y la puerta sigue cerrada…

Nuestras recias manos negras
de talle grosero,
nuestras manos de dibujos rudos y ansiosos
ya se cansaron de tanto golpear en vano…

Ay, compañeros,
abandonen por un momento la mansedumbre
estancada del comodismo gregario,
¡Y vengan!
Si no es así,
los invitamos a tirar,
sin siquiera moverse,
la llave mágica que tanto codiciamos…
La aceptaremos igual
Si nos humillan entregándola con desdén.

Lo que importa
es que no nos dejen morir
miserables y congelados
afuera, en la noche fría poblada de xipócués…

“Lo que importa
Es que nos abran la puerta.”

PATRÓN

¡Patrón, patrón, oh, patrón mío!
¿Por qué me pegás, sin lástima,
con tus ojos duros y hostiles,
con tus palabras que hieren como flechas,
con todo tu aire rico en desprecio censurador
por mis actos forzosamente serviles,
e incluso con la bofetada humillante de tu mano?
¿Pero por qué, oh, patrón? Contame:
¿Qué te hice?
(¿Fue haber nacido así con este color?)

Patrón, no sé nada… Como ves
a mi nada me enseñaron,
solo a odiar y obedecer…
¡Solo obedecer y odiar, sí!
¡Pero cuando hablo, patrón, te reís!
Y también se ríe aquel señor
patrón Manuel Soares del Rádio Clube…
Yo no me explico tu portugués,
patrón, pero conozco mi landim,
que es una lengua tan bella
y tan digna como la tuya, patrón…
¡En mi corazón no hay otra mejor,
tan suave y tan delicada como ella!
¿Entonces por qué te reís de mi?

¡Ah, patrón, yo levanté
esta tierra mestiza de Mozambique
con la fuerza de mi amor,
con el sudor de mi sacrificio,
con los músculos de mi voluntad!
¡Yo la levanté, patrón,
Piedra por piedra, casa por casa,
árbol por árbol, ciudad por ciudad,
con alegría y con dolor!
¡Yo la levanté!

Y si tu cerebro no me cree,
preguntale a tu casa quién fabricó cada ladrillo,
quién se subió a los andamios,
quién ahora la limpia y tanto la embellece,
quién la trapea, la barre y la encera…
Además, preguntale a las acacias rojas y sensuales
quién las plantó y las regó,
y, más tarde, las podó…
Preguntale a todas las largas calles ciudadanas,
Simétricas y negras y resplandecientes
Quién les pasó el alquitrán,
indiferente a la malanga de sol infernal…
Y también preguntá quién las barrerá,
mañana temprano, con la cacimba que cubre todo…
Preguntá quién se muere en el muelle,
día a día, todos los días,
para resucitar en una canción…
Y quién es el esclavo en las plantaciones de sisal
y de algodón,
en este vasto Mozambique…
El sisal y el algodón que serán “pondos” para vos
y no para mi, patrón mío….
Y el sudor es mío,
el dolor es mío,
el sacrificio es mío,
la tierra es mía
¡Y mío también es el cielo!

¡Y me pegás, patrón!
Me pegás…
Y mi sangre se propaga, hasta ser un mar…
Patrón, cuidado,
que un mar de sangre es capaz de ahogar
todo… ¡también ahogarte a vos, patrón!
También a vos…

NUESTRA VOZ

Nuestra voz se irguió consciente y bárbara
sobre el blanco egoísmo de los hombres
sobre la indiferencia asesina de todos.
Nuestra voz mojada por la cacimba del sertón
nuestra voz ardiente como el sol de las malangas
nuestra voz atabaque llamando
nuestra voz lanza de Maguiguana
nuestra voz, hermano,
nuestra voz traspasó la atmósfera conformista de la ciudad
y la revolucionó
la arrastró como un ciclón de conocimiento.

Y despertó remordimientos de ojos amarillos de hiena
y con ella se escurrieron sudores fríos de condenados
y encendió luces de esperanza en almas sombrías de desesperados…

¡Nuestra voz, hermano!
Nuestra voz, atabaque llamando.

Nuestra voz luna llena en la noche oscura de la desesperanza
muestra voz faro en el mar tempestuoso
nuestra voz limando los barrotes, barrotes seculares
¡Nuestra voz, hermano! ¡Nuestra voz miles,
nuestra voz millones de voces llamando!

Nuestra voz gimiendo, sacudiendo bolsas inmundas,
nuestra voz gorda de miseria,
nuestra voz arrastrando grilletes,
nuestra voz nostálgica de ímpis,
nuestra voz África
nuestra voz cansada de la masturbación de los batuques de la guerra
¡Nuestra voz negra gritando, gritando, gritando!
Nuestra voz que descubrió lo profundo,
donde croan las ranas,
la amargura inmensa, inexplicable, enorme como el mundo,
de la simple palabra ESCLAVITUD:
Nuestra voz gritando sin cesar,
nuestra voz señalando caminos,
nuestra voz xipalapala
nuestra voz atabaque llamando,
¡Nuestra voz, hermano!
¡Nuestra voz millones de voces clamando, clamando, clamando!

NEGRA


Personas extrañas con los ojos llenos de otros mundos
querían cantarles tus encantos
solo desde profundos misterios,
delirios y brujería …
Tus profundos encantos de África.

Pero no pudieron.
En sus canciones formales y de encaje,
ausente de emoción y sinceridad,
cae lejos, inalcanzable,
virgen de contactos más profundos.
Y te enmascaraban como una esfinge de ébano, un amante sensual, un
jarrón etrusco, exotismo tropical,
demencia, atracción, crueldad,
animalidad, magia …
y no sabemos cuántas otras palabras llamativas y vacías.

En sus esquinas formales de encaje todo
era negro …
excepto tú.

Y afortunadamente.
Menos mal que nos dejaron
con la misma sangre, los mismos nervios, la misma carne, el alma, el
sufrimiento,
la gloria única y sentida de cantar
con emoción verdadera y radical,
la gloria conmovedora del canto, todo arrugado,
moldeado, fundido en esta sílaba. inmensa y luminosa: MADRE

VOCABULARIO

cubata: choza de africanos negros
machamba: tierra agrícola para producción familiar
magaça: antiguo nombre dado a los emigrantes mozambiqueños que iban a trabajar en las minas de Sudáfrica
mamparra: palabra despectiva para el emigrante mozambiqueño que iba a trabajar en las minas de Sudáfrica
xingombela: danza tradicional del sur de Mozambique.

Te recomendamos ver el programa de televisión.

PRÓXIMO NÚMERO

FUENTES

https://www.infopedia.pt/apoio/artigos/$noemia-de-sousa

https://www.revistatransas.com/2017/10/07/cinco-decadas-de-poesia-recuperada-en-sangue-negro-2001-de-noemia-de-sousa-espanol/

https://www.escritas.org/pt/noemia-de-sousa

http://www.ikuska.com/Africa/Historia/biografias/s/sousa_noemia.htm

https://poetassigloveintiuno.blogspot.com/2010/11/1785-noemia-de-sousa.html

https://www.facebook.com/kalungadoc/posts/1782725838448745/

Revista Alabe

http://revistaalabe.com/index/alabe/article/view/165/130

LA FOGATA

http://www.lafogata.org/libros/li_ultimo.htm

https://es.wikipedia.org/wiki/No%C3%A9mia_de_Sousa

https://www.biografia.co.mz/index.php/en/cultura/205-notas-sobre-noemia-de-sousa