86. Poesía más Poesía: Gerardo Diego

GERARDO DIEGO

BIOGRAFÍA

Gerardo Diego Cendoya nació en Santander, Cantabria, el 3 de Octubre de 1896 y murió el 8 de julio 1987. Hijo de Manuel Diego Barquín y de Ángela Cendoya, propietarios de un comercio de tejidos en Santander. Tenía Gerardo Diego tres hermanos de un matrimonio anterior del padre, del que quedó viudo y otros tres del actual, donde él era el más pequeño. Vio morir a dos de sus hermanos y una hermana de tuberculosis.

Gerardo Diego indica en su autobiografía que sus padres confiaban en él y se iba a jugar con los niños más humildes del muelle de Santander, donde aprendió muchas picardías. También iba a casa habitualmente de la familia Menéndez Pelayo (escritor español, filólogo, crítico literario e historiador), con quien el padre tenía una amistad.


Muy aficionado a la Geografía, no sólo a la Física del globo, sino a la Cosmografía, recibió clases con Antonio Torres Tirado, autor de un gran mapa celeste visto en muchos techos de aulas y de gabinetes de institutos. Aprende solfeo, piano, y pintura estimulado por el crítico Narciso Alonso Cortés. Comenzó su afición literaria a los trece años, cuando entró en su clase. Se empezó a interesar por la retórica del libro de texto de Nicolás Latorre, que fue una revelación para él.
Tras la muerte de Menéndez Pelayo, comenzaron a construir una biblioteca, a la que acudía para encontrarse con el bibliotecario Marcelino y con Enrique Menéndez, donde mantenían grandes conversaciones. Enrique Menéndez fue uno de los primeros en conocer versos suyos.
Uno de los hermanos mayores de Gerardo Diego, le indicó que estudiara en Bilbao con los jesuitas (él estaba en la orden). Fue en la época de 1913-1916. Fue alumno de la universidad de Deusto, licenciándose en Filosofía y Letras. Uno de sus profesores Jesuítas, el padre Cabo, el más artista, le daba a leer libros de Villaespesa, Rubén Darío, Valle Inclán. Leía también a Unamuno, a clásicos y autores del siglo XIX.
Allí conoció a Juan Larrea. Comenta en su autobiografía que tenía una vocación literaria muy avanzada, escribía en verso y prosa, con gran destreza e imaginación y una gran pasión por el teatro. Dice que le debía muchísimo porque le abrió muchos horizontes. Ejerció una gran influencia en él. Se fueron a Madrid en el último trimestre para asistir como oyentes a las clases y poderse examinar. Esto ocurrió en 1916 y consiguió licenciarse. Asistió a la temporada taurina, los bailes rusos de Diaguilev en el Real. Stravinski estrenó el pájaro de fuego y Pertrushka. Vio todas las obras y se gastó todos sus ahorros en asistir al Real. Aquello fue para Gerardo Diego una gran revelación estética, a la vez que las relaciones literarias. Leía libros de Ramón Gómez de la Serna, de Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado…
En 1915 comenzó a escribir sus primeros versos, pero sin ningún propósito de publicarlos.
En 1917 obtiene un premio literario de la Editorial Calleja.
Fue en 1918 en el que arranca su decisión de dedicarse a la poesía. Contagiado por el estímulo de Larrea, comenzó a escribir todos los días.

Frecuenta el Ateneo, la tertulia itinerante ultraista de Rafael Cansinos Assens y la de Ramón Gómez de la Serna en el café de Pombo Comenzó a leer libros de Huidobro, revistas, y se entusiasmó con el creacionismo. En 1919 dio una conferencia en Santander acerca de La poesía nueva, que no estuvo exenta de polémica por hablar del Ultraísmo, movimiento poético representado por autores como Huidobro.

Le escribió una carta de saludo a Huidobro, quien le respondió muy amablemente y en el año 1922 le invitó a ir a París para pasar una temporada con él. Estuvo en septiembre en su casa de París y Normandía, donde tenía a la familia veraneando. Comenta que ni Eugenio Montes, ni Vicente Huidobro comprendían cómo el mismo día que escribía un poema de intención creacionista o algo ultraísta, escribiera también un soneto,un romance sentimental o una poesía a la Virgen María, cosa que a él le parecía normal y lo siguió practicando.

Entabló relaciones personales con Antonio Machado y con Juan Ramón Jiménez. Con Unamuno había tenido una relación como alumno. Las oposiciones que ganó en 1919 fueron a una cátedra que Antonio Machado abandonó, en Baeza. Las del año siguiente eran a Soria y Gijón. El número dos lo obtuvo Gerardo Diego, por lo que le tocó Soria. Ante el consejo de Antonio Machado que no dejara Soria, lo hizo y optó por Gijón, donde obtuvo su cátedra. Era el año 1920. En Soria estuvo hasta 1922. Con Antonio Machado entabló contacto porque le envió su libro de poesía El Romancero de la Novia, publicado en ese mismo año, que elogió e hizo incluso un artículo en el periódico hablando de él. Fue a verlo y también a Juan Ramón Jiménez.
En una tertulia donde León Felipe leía su libro Versos y oraciones del caminante, descubrió que se conocían, pues él había sido el boticario del barrio, llamado Felipe Camino, pero que había modificado por León Felipe. Conoció también, entre otros, a Alfonso Reyes, Díez-Canedo y Pedro Salinas.
En 1922 publica su primer poemario vanguardista: Imagen: poemas, con cubierta de Francisco Gutiérrez Cossío.

Gerardo Diego y Juan Larrea

En 1923 publica Soria: galería de estampas y efusiones. En Gijón conoció a Moreno Villa,un archivero bibliotecario que entre otras muchas cosas era crítico y poeta, enmarcado también en la Generación del 27 y que posteriormente se iría con él a Madrid, a la Residencia. Un día recibió una carta de Ortega y Gasset diciéndole que iba a fundar la revista Occidente y quería que colaborase con él. Primero salió una nota sobre el libro de Soria que acababa de editarse, y en el segundo o tercer número, apareció un ensayo de Gerardo Diego. Fue en 1923. Las primeras revistas en la que publicó fueron Revista Grial, Revista Castellana y las Vanguardistas Grecia, Reflector, Cervantes y Ultra 3. Dirigió en Santander dos importantes revistas del 27: Lola y Carmen. Conoce a los grandes autores de su generación: Salinas, Guillén, Lorca, Dámaso Alonso, Alberti 1924 publica Manual de Espumas que recibirá al año siguiente el Premio Nacional de Literatura ex aequo con Rafael Alberti y su Marinero en tierra.  Antonio Machado elogia su Manual de espumas. Aprovecha el importe del premio para viajar por Andalucía en 1925; el compositor Manuel de Falla, con quien se cartea, le sirve de guía por Granada; Publica Versos Humanos en 1925, dedicado a Jose María de Cossio (escritor y polígrafo español con el que tenía una gran amistad). Participa en la revista parisina que dirigen Juan Larrea y el gran poeta expresionista peruano César Vallejo. En 1926 Gerardo Diego organizó un homenaje a Góngora. En la biblioteca Menéndez Pelayo se pasaba los veranos leyendo sus obras y los comentarios de las mismas que tenía Marcelino. Nombraron a Alberti secretario para que se encargara de escribir cartas y recavar las adhesiones o las colaboraciones de los que interesaba que tomaran parte en el homenaje. Se sumó Dámaso Alonso, que se reveló como un crítico y un verdadero radiógrafo de la obra de Góngora, poniendo todos sus valores al descubierto. También Jose María de Cossío, Pedro Salinas, Federico García Lorca, Jorge Guillén, Antonio de Marichalar , Alfonso Reyes…Como invitados a colaborar como artistas: Juan Gris, Picasso y Manuel Ángeles Ortiz. Contaron también con la colaboración de Manuel de Falla con su música. Gerardo Diego publica una antología dentro del proyecto de publicaciones dedicadas a Góngora, publicadas por la Revista de Occidente en 1927. El proyecto inicial presentado por Gerardo Diego consistía en doce ediciones. Finalmente sólo se publicaron tres, además de su antología: Soledades ,editadas por Dámaso Alonso y Romances de Góngora editados por José María de Cossío. Tras el homenaje a Góngora, en 1927 proliferaron los homenajes poéticos al mismo, se agotaban las ediciones.. En 1928, en la revista de Gerardo Diego Carmen, le dedicaron en uno de sus números un homenaje a Fray Luis de Leon, en los que colaboraron todos (Alberti, Lorca, Salinas…) Junto con la revista Lola fueron dos de las más importantes de la generación del 27.  En 1928 viaja por Argentina y Uruguay, dando recitales-conciertos y conferencias, y en 1931 consigue el traslado al Instituto de Santander.

Publica en 1930 Viacrucis. 
Elaboró las dos versiones de la famosa antología Poesía española (la de 1932 y la de 1934) que dio a conocer a los autores de la Generación del 27 y donde incluyó a dos mujeres: Ernestina de Champourcín y Josefina de la Torre.

En 1932 publica en México dos libros: Fábula de Equis y Zeda y Poemas adrede. Fábula de Equis y Zeda es una espléndida parodia de las fábulas mitológicas, en homenaje a su homólogo Luis de Góngora. Compuestos mediante sextinas reales, los versos de este poemario constituyen un buen ejemplo de la poesía creacionista que alumbró Gerardo Diego en diversos momentos de su trayectoria poética. Es crítico musical de El Imparcial, y al año siguiente de La Libertad. En el año 1934 con una francesa, Germaine Marin, con la que tendrá seis hijos. En 1935 se llamó a Gerardo Diego desde el Ministerio de Estado para un puesto en la embajada de Filipinas:  «Usted lo que tiene que hacer es nada más que defender el español, demostrar que allí la gente entiende el español, hablarles en español y hacer todo lo posible por la cultura española». Se fue a Filipinas con Julio Palacios, que era ya académico de la Academia de Ciencias Exacta. En ese mismo año se traslada como catedrático al Instituto de Santander. La Guerra Civil estalla cuando se halla de vacaciones en Sentaraille (Francia) con la familia de su mujer,  Se instala en Toulouse y no regresa a Santander hasta su toma por el ejército nacional, en el verano de 1937. Finalizada la contienda civil y no solo la establecida entre poesía pura y poesía impura, se traslada al Instituto Beatriz Galindo de Madrid,en 1939 en el que permanecería hasta su jubilación en 1966. A parte de la cátedra, se dedicaba a dar conferencias, tanto literarias como poéticas, también conferencias-concierto, tocando el piano, indicando que eran años muy duros y que la retribución a los catedráticos era mínima. Aunque no se definió en el bando de la España Republicana, sí que reivindica la obra de Miguel Hernández en varios de sus artículos.


En 1940 imprime Ángeles de Compostela, un libro muy ambicioso en que las figuras centrales son los cuatro ángeles del Pórtico de la Gloria en la catedral de Santiago de Compostela, que representan las cuatro Postrimerías del hombre: muerte, juicio, infierno y gloria.
En 1941 publica Alondra de verdad, una colección de 42 sonetos y también publica el libro de poesía Romances.
En 1944 publica Iniciales y La sorpresa. Cancionero de Sentaraille,,

En 1947  le nombraron miembro de la Real Academia Española.
Vuelve a la vanguardia con Limbo (1951). Escribe numerosos textos en prosa para la radio.
En 1956 obtiene el Premio Nacional “José Antonio Primo de Rivera” por su obra Paisaje con Figuras.
En 1962 obtiene el Calderón de la Barca por su retablo escénico El cerezo y la palmera, su incursión en el teatro.
Se jubila en 1966.
En 1969 se estrenó en el Teatro Real de Madrid una Cantata sobre los Derechos Humanos que llevaba letra suya y música de Óscar Esplá.
En 1979, se le concedió el Premio Cervantes, el cual curiosamente resultó ser la única vez en que se premió a dos personas en un mismo año (el otro premiado fue el argentino Jorge Luis Borges).

Cena de la revista ‘Mediodía’ en homenaje a Gerardo Diego. Núñez de Herrera está de pie, el cuarto por la izquierda, con pajarita

Murió en Madrid de una bronquitis el 8 de julio de 1987, a los 90 años.

Su obra a partir de 1948 sigue proliferando como muestran sus publicaciones:

En 1948 Soria. Santander y Nueva cantiga de Santa María de la Arrixaca.
En 1949 Hasta siempre y La luna en el desierto y otros poemas. 
En 1951 Limbo. 
En 1952 Dos poemas (Versos divinos), Visitación de Gabriel Miró y segundo sueño: homenaje a Sor Juana Inés de la Cruz. 
En 1953 Biografía incompleta.
En 1954 Variación
!955 Amazona
1956 Égloga de Antonio Bienvenida, Paisaje con figuras y Papeles de Son Armadans, que fue premio Nacional de Literatura en ese año.
En 1958 Amor Solo yEvasión. Lírica Hispánica Caracas
En 1959 Canciones a Violante.
En 1961 Glosa a Villamediana, La rama, Santander y la Isla de los ratones
Sonetos a Violante, Sevilla, La Muestra, 1962.
En 1963 La Suerte o la muerte, Nocturnos de Chopen.
En 1964 El jándalo
En 1965 Poesía amorosa
En 1966 Odas Morales y Variación 2, clásico de todos los años
En 1967 Segunda antología de sus versos y la fundación del querer
En 1971 Versos divinos
En 1972 Cementerio Civil
En 1975 Carmen jubilar
En 1985 Cometa Errante, Decir de la Rioja y Gerardo Diego para niños.
Gerardo Diego es considerado una de las figuras más representativas de la Generación del 27, a la que agrupó por primera vez la célebre antología, que es casi como un manifiesto, y que encabezó el redescubrimiento de Góngora.

POEMAS

ELLA (DEL LIBRO EL ROMANCERO DE LA NOVIA)

¿No la conocéis? Entonces
imaginadla, soñadla.
¿Quién será capaz de hacer
el retrato de la amada?
              
Yo sólo podría hablaros
vagamente de su lánguida
figura, de su aureola
triste, profunda y romántica.
              
Os diría que sus trenzas
rizadas sobre la espalda
son tan negras que iluminan
en la noche. Que cuando anda,
              
no parece que se apoya,
flota, navega, resbala…
Os hablaría de un gesto
muy suyo…, de sus palabras,
              
a la vez desdén y mimo,
a un tiempo reproche y lágrimas,
distantes como en un éxtasis,
como en un beso cercanas…
              
Pero no: cerrad los ojos,
imaginadla, soñadla,
reflejada en el cambiante
espejo de vuestra alma.

AIRE, ( DEL LIBRO INICIALES)

Ya se apagaron los celestes fuegos.
Ahora el paisaje es como un gran latido,
palpita un manso anhelo de ternura
en su regazo lírico
en tanto que con gracia sosegada
se despereza el suelo estremecido.
El labio innumerable de la brisa
me acaricia solícito.

Juego de luces suave como un bálsamo,
el ámbito humedece de amarillo
temblor la luz difusa
del éxtasis muriente vespertino,
y en ella se disuelve
la que derrama tibio
el farol con su pulpa azucarada
y su aureola verdosa. Se oye el tímido
pestañear del lucero de la tarde,
solo en el infinito.

Es todo aéreo, frágil, luminoso.
Tosas las cosas son como suspiros
que del alma del mundo, tierna y grande,
se escapasen furtivos.

Y yo siento en mi alma cómo nacen
las alas milagrosas del espíritu.

AHOGO (DEL LIBRO IMAGEN)

Déjame hacer un árbol con tus trenzas.

Mañana me hallarán ahorcado
en el nudo celeste de tus venas.

Se va a casar la novia
del marinerito.

Haré una gran pajarita
con sus cartas cruzadas.
Y luego romperé
la luna de una pedrada.
Neurastenia, dice el doctor.

Gulliver a hundido todos los navíos.

Codicilo: dejo a mi novia
un puñal y una carcajada.

LUZ (DEL LIBRO IMAGEN)

A José Ortega y Gasset

Para librarnos del sol
abramos estos árboles
que brotaron anoche de mis venas
Una lluvia de abejas
se inmoviliza suspendida apenas

Los colores duermen
en la acequia ensordecida

Y las norias cantando ingenuidades
dan vueltas a la vida
Rápido
Rápido como un viaducto
ha cruzado un torbellino de naufragios
Todos reconocimos
quién la cabeza propia
quién un brazo
Y sin embargo
henos aquí magníficos
bajo el emparrado telegráfico
Henos aquí pulsando entre árbol y árbol
las siestas bien abiertas
desgarradas en lentos desperezos.
Cae un fresco granizo de murmullos
Elevemos la voz
más allá
de los muros

Todo era cierto
Los pordioseros se han vestido de fuego
vuelto al sur
se espulga
el viento que en su último raid
perdió todas sus plumas

Una pareja de robles
arrastra lentamente
al verano embriagado
que duerme sobre sombras verticales

Se ha agostado las catedrales
Y los mapas resecos
no pueden exprimir sus carreteras

Veremos la catástrofe
al resplandor de hoguera de las bayonetas

Una bandada de últimos jirones
transmigra hacia un oriente de leones

Lloremos

La fiesta perdió sus cuernos
que quedaron enredados en los cierzos

Y allá abajo
en el fondo del crepúsculo
que sueña en el pozo de su musgo

La luna adolescente
que disparó la flecha póstuma
ha dejado caer lacias sus cuerdas.

NOCTURNO (DEL LIBRO MANUAL DE ESPUMAS)

A Manuel Machado.

Están todas

También las que se encienden en las noches de moda

Nace del cielo tanto humo
que ha oxidado mis ojos

Son sensibles al tacto las estrellas
No sé escribir a máquina sin ellas

Ellas lo saben todo
Graduar el mar febril
y refrescar mi sangre con su nieve infantil

La noche ha abierto el piano
y yo las digo adiós con la mano

A ENRIQUE MENÉNDEZ (DE VERSOS HUMANOS)

Una humilde corona,
dulce Enrique Menéndez,
de eternas siempre vivas
quisiera entretejerte,

que sobre tu sepulcro
calladas balanceen
sus espigados tallos
al soplo del nordeste.

Tú que amabas las flores
de tu huerto obediente,
tu huerto que en tu ausencia
tristemente florece,

acéptame estas pocas
florecillas silvestres
regadas de mis lágrimas
entre mis manos leves.

Flores de cada día
que corté amargamente
de mis pobres jardines
efímeros y estériles,

flores de cada hora
que mi tierra me ofrece
para adornar altares,
para decorar sienes.

Y qué ara más bendita
que tu sepulcro agreste,
divina jaula triste
sin cantor que la alegre.

Y a qué sienes ceñir
corona de laureles
como a estar tuyas nuevas
que ya nunca encanecen.

Aquí, pues te las dejo
desmayadas y flébiles,
pero a nadie le digas
que hoy he venido a verte.

Los días van pasando.
Van pasando los mese.
Las flores y los pájaros
han vuelto y tú no vuelves.

Te arrancó de nosotros
la burladora muerte,
y desde entonces pisas
huertos siempre perennes.

Abajo, los poetas,
jardineros terrestres,
cantamos y cortamos
las flores del poniente.

Las del alba tú solo
las cosechas celeste,
del jardín de la vida
tras el mar de la muerte.

Te fuiste tú y seguimos
torpemente vivientes.
Qué vergüenza vivir
cuando los buenos mueren.

Toma estas flores tristes,
dulce Enrique Menéndez,
pero a nadie le digas
que hoy he venido a verte.

EL CIPRES DE SILOS (DEL LIBRO VERSOS HUMANOS)

A Ángel del Río

Enhiesto surtidor de sombra y sueño
que acongojas el cielo con tu lanza.
Chorro que a las estrellas casi alcanza
devanado a sí mismo en loco empeño.

Mástil de soledad, prodigio isleño,
flecha de fe, saeta de esperanza.
Hoy llegó a ti, riberas del Arlanza,
peregrina al azar, mi alma sin dueño.

Cuando te vi señero, dulce, firme,
qué ansiedades sentí de diluirme
y ascender como tú, vuelto en cristales,

como tú, negra torre de arduos filos,
ejemplo de delirios verticales,
mudo ciprés en el fervor de Silos.

IDILIO DEL ESTROPAJO (DEL LIBRO BIOGRAFÍA INCOMPLETA)

Aunque me siento por dentro de seda
estropajo seré hasta que me muera
Me enamoré de las vasijas y peroles
del hiero el cobre el barco
y de la piel de las esclavas negras
Me enamoré de la indecible inapelable
mejilla de los últimos maricas
de los cardos en flor y de los pétalos
de las estudiantiles amapolas
y de los hilos de la virgen y de los cabellos de ángel
pero mi tentación es desnudarme hasta la seda.

Yo sé lo que es trasmutación crisálida
el aroma del nardo se vuelve polvo de ladrillo
el abrazo de los amantes cola de cometa
la oración del almuédano ceniza de sauce
el sabor del aceite rosal de rosas y de espinas
pido alianza al jabón a los guantes de goma
al agua de los cubos cuando refleja el cielo
pido a Dios que me alivie este desvelo
Un niño de dos años me ha aprendido
su tercera palabra hoy. Me reza en letanía
Estropajo Estropajo
Sus labios son mi gloria
Estropajo Estropajo
Y tú dame la mano colegiala
no,no temas, no te haré daño
Yo sé besar tan delicadamente
como el agua que mana entre los berros
Sé besar como el verso en verdor de Garcilaso
aunque me vista de cilicio y de estropajo.

PASE DE PECHO ( DEL LIBRO LA SUERTE O LA MUERTE)

Entre un temporal deshecho
la gruesa nave embestía.
Al pasar por el estrecho
la plaza se estremecía.
Tú, erguido, firme, derecho,
faro en tu roca vigía,
larga el brazo, álzale al techo,
rompa la espuma bravía.
Y allá va el pase de pecho.
Fue la noche y ya es el día.

LOS ANGELES NOCTURNOS (DEL LIBRO ANGELES DE COMPOSTELA)

Y más ángeles, más, cumpliendo turnos:
los ángeles nombre de la vela,
ángeles en falange y centinela
ante el arca marmórica, nocturnos.

Son ángeles infantes, taciturnos,
plegada el ala que ya nunca vuela,
ángeles que custodian la cancela,
que defienden la guarda a los diurnos.

Todas las noches oye la basílica
rumores de una música dactílica,
alas de un mar unánime y redondo,

chocar de espadas, dragos y murciegos,
membranas, precipicios, uñas, fuegos.
Y el “¿Dónde estás?”. – “Aquí. Yo no me escondo.”

SONETO A VIOLANTE

Yo no sé hacer sonetos más que amando.
Brotan en mí, me nacen sin licencia.
Los hago o ellos me hacen, inocencia
de amor que se descubre. Tú esperando,
tú, mi Violante, un sueño acariciando
¿cómo quieres que yo no arda en vehemencia
y por catorce llamas de impaciencia
no exhale el alma que te está cantando?
Si yo he amado volcán, árbol y torre,
si te abraza y te abrasa y te recorre
hiedra envolvente y sangre surtidora,
si eres musa y mujer, pena y secreto,
te he de entregar celoso mi alfabeto
que de ti y de tus labios se enamora.

ESTE CIEGO LIRISMO (DEL LIBRO Biografía incompleta)

Este ciego lirismo que se arrastra palpando
que alarga sus antenas doloroso y elástico
este torpe lirismo cuajado cuerpo sólido
onerosa presencia de cristales truncados
este sordo lirismo mudo lirismo idiota
lirismo que se está que permanece impávido
sin saber del azul más de lo que le cuentan
roces de golondrinas y cuencas de rayos
ni del ojo del tigre más que la cifra bruta
de sus emisiones instantáneas
sin comprender apenas que es nivel de altitudes
donde empiezan las nieves perpetuas de la música
Este lirismo en fin inválido y tullido
soportando el terrible secreto de sus ansias
su pólvora de odios su pasión de metales
su choque de remoto terremoto
¿lo llevamos al cuello para hundirnos
en el pozo del vértigo sin límite
o para hacer posible el divino equilibrio
de esas alas de seres que
vuelan cantan traspapelan azotan?

A LA DISCIPLINA (DEL LIBRO ODAS MORALES )

A Jorge Guillén

Azota con ahínco
mis carnes temerosas y venales,
tú, mi lira de cinco
ramales desiguales,
sángrenme tus espinas y cristales.
¿Maestro yo? Vergüenza
de tanta trampa que hago y que deshago.
Toscaza ni Provenza
ni España de Santiago
vieron jamás tan falso prestimago.
Contigo me confieso
y acudo y me sacuden tus batanes
y de mirar no ceso
mis fealdades y afanes
en tus luises espejos y sanjuanes.
Ensáñate y castiga
mi verso con tu nervio y tu revuelta,
oh música que obliga,
oh línea pura, esbelta,
oh elegancia en el aire tan resuelta.
Después cuando al trabajo
torne de mi jornada humilde en prosa,
me verás en el tajo
dispuesto a más briosa
faena, oh disciplina, firme rosa.

AMOR,( DEL LIBRO FÁBULA DE EQUIS Y ZEDA)

Góngora 1927

            
Era el mes que aplicaba sus teorías
cada vez que un amor nacía en torno
cediendo dócil peso y calorías
cuándo por caridad ya para adorno
en beneficio de esos amadores
que hurtan siempre relámpagos y flores
              
Ella llevaba por vestido combo
un proyecto de arcángel en relieve
Del hombro al pie su línea exacta un rombo
que a armonizar con el clavel se atreve
A su paso en dos lunas o en dos frutos
se abrían los espacios absolutos
              
Amor amor obesidad hermana
soplo de fuelle hasta abombar las horas
y encontrarse al salir una mañana
que Dios es Dios sin colaboradoras
y que es azul la mano del grumete
-amor amor amor- de seis a siete
              
Así con la mirada en lo improviso
barajando en la mano alas remotas
iba el galán ladrándole el aviso
de plumas blancas casi gaviotas
por las calles que huelen a pintura
siempre buscando a ella en cuadratura
              
Y vedla aquí equipando en jabón tierno
globos que nunca han visto las espumas
vedla extrayendo de su propio invierno
la nieve en tiras la pasión en sumas
y en margaritas que pacerá el chivo
su porvenir listado en subjuntivo
              
Desde el plano sincero del diedro
que se queja al girar su arista viva
contempla el amador nivel de cedro
la amada que en su hipótesis estriba
y acariciando el lomo del instante
disuelve sus dos manos en menguante
              
«A ti la bella entre las iniciales
la más genuina en tinta verde impresa
a ti imposible y lenta cuando sales
tangente cuando el céfiro regresa
a ti envío mi amada caravana
larga como el amor por la mañana
              
Si tus piernas que vencen los compases
silencioso el resorte de sus grados
si más difícil que los cuatro ases
telegrama en tu estela de venados
mis geometrías y mi sed desdeñas
no olvides canjear mis contraseñas
              
Luna en el horno tibio de aburridas
bien inflada de un gas que silba apenas
contempla mis rodillas doloridas
así no estallen tus mejillas llenas
contempla y dime si hay otro infortunio
comparable al desdén y al plenilunio
              
Y tú inicial del más esbelto cuello
que a tu tacto haces sólida la espera
no me abandones no Yo haré un camello
del viento que en tus pechos desaltera
y para perseguir tu fuga en chasis
yo te daré un desierto y un oasis
              
Yo extraeré para ti la presuntuosa
raíz de la columna vespertina
Yo en fiel teorema de volumen rosa
te expondré el caso de la mandolina
Yo peces te traeré -entre crisantemos-
tan diminutos que los dos lloremos
              
Para ti el fruto de dos suaves nalgas
que al abrirse dan paso a una moneda
Para ti el arrebato de las algas
y el alelí de sálvese el que pueda
y los gusanos de pasar el rato
príncipes del azar en campeonato
              
Príncipes del azar Así el tecleo
en ritmo y luz de mecanografía
hace olvidar tu nombre y mi deseo
tu nombre que una estrella ama y enfría
Príncipes del azar gusanos leves
para pasar el rato entre las nieves
              
Pero tú voladora no te obstines
Para cantar de ti dame tu huella
La cruzaré de cuerdas de violines
y he de esperar que el sol se ponga en ella
Yo inscribiré en tu rombo mi programa
conocido del mar desde que ama»
              
Y resumiendo el amador su dicho
recogió los suspiros redondeles
y abandonando al humo del capricho
se dejó resbalar por dos rieles
Una sesión de circo se iniciaba
en la constelación decimoctava.

PENULTIMA ESTACION, DEL LIBRO VIACRUCIS

He aquí helados, cristalinos,
sobre el virginal regazo,
muertos ya para el abrazo,
aquellos miembros divinos.
Huyeron los asesinos.
Qué soledad sin colores.
Oh, Madre mía, no llores.
Cómo lloraba María.
La llaman desde aquel día
la Virgen de los Dolores.

¿Quién fue el escultor que pudo
dar morbidez al marfil?
¿Quién apuró su buril
en el prodigio desnudo?
Yo, Madre mía, fui el rudo
artífice, fui el profano
que modelé con mi mano
ese triunfo de la muerte
sobre el cual tu piedad vierte
cálidas perlas en vano.

ROMANCE DEL DUERO (DEL LIBRO SORIA)

Río Duero, río Duero,
nadie a acompañarte baja;
nadie se detiene a oír
tu eterna estrofa de agua.

Indiferente o cobarde,
la ciudad vuelve la espalda.
No quiere ver en tu espejo
su muralla desdentada.

Tú, viejo Duero, sonríes
entre tus barbas de plata,
moliendo con tus romances
las cosechas mal logradas.

Y entre los santos de piedra
y los álamos de magia
pasas llevando en tus ondas
palabras de amor, palabras.

Quién pudiera como tú,
a la vez quieto y en marcha,
cantar siempre el mismo verso
pero con distinta agua.

Río Duero, río Duero,
nadie a estar contigo baja,
ya nadie quiere atender
tu eterna estrofa olvidada,

sino los enamorados
que preguntan por sus almas
y siembran en tus espumas
palabras de amor, palabras.

VALLE INCLÁN (DEL LIBRO ANGELES DE COMPOSTELA)

Este gran Don Ramón que fuera ¿cuántas cosas?
Barbas de chivo, apóstol manco,
barquero de la Estigia, Bradomín de las rosas,
es ya un fantasma blanco, blanco.

Lo era ya casi en sus postreros días
de destierro en la Tierra.
Yo me acordaba alguna vez de Elías
y de Amandís Sin tiempo que por Bretaña yerra.
(Concavidad de siglos, un día de esperpento.
Vida y muerte, un compartimento.)

Porque hora es ya que Valle Inclán se aduene
de su pazo ultratumba de Barbanza,
y sobre el hombro mútil una la le pergeñe
el ángel de la binaventuranza.

Pues ya a su Compostela de humo se restituye,
a su Roma ecuestre regresa.
Su única mano que en la Lira influye
arpegios de sus barbas mesa.

Abridle una academia de sutiles dialectos,
puesto que allí el latín se parla santo y niño.
Repetidle, engañadle sus lienzos predilectos,
San Miguel in Excelsis, Trastevere, Trasmiño.

Para él una carroza que en baches no repare
ni en melindres de estrellas, y el auriga la orden;
“Un giro per il Pincio prima di ritornare
all’albergo”, y que en la esclavina el Zodiaco le borden.

Y así, blanco fantasma, con el salvoconducto
y sello del señor Santiago,
vuela por todo el arco del celeste acueducto,
chancea con el Torvo o falaga al Endriago.

Su humildad tan frágil, asombro de las mieses,
entre postrimerías se litigia y parcela.
Sus barbas y cabellos, ceniza hace unos meses,
no hay prodigio arácnido, espumas de la estela
patache caracol de ángeles coruñeses –
que guía – Vía Láctea – a Compostela.

AZUCENAS EN CAMISA (DEL LIBRO POEMAS ADREDE)

A Fernando Villalón

Venid a oír de rosas y azucenas
la alborotada esbelta risa
Venid a ver las rosas sin cadenas
las azucenas en camisa

Venid las amazonas del instinto
los caballeros sin espuelas
aquí al jardín injerto en laberinto
de girasoles y de bielas

Una música en níquel sustentada
cabellos curvos peina urgente
y hay sólo una mejilla acelerada
y una oropéndola que miente

Agria sazón la del febril minuto
todo picado de favores
cuando al jazmín le recomienda el luto
un ruiseñor de ruiseñores

Cuando el que vuelve de silbar a solas
el vals de «Ya no más Me muero»
comienza a perseguir por las corolas
la certidumbre del sombrero

No amigos míos Vuelva la armonía
y el bienestar de los claveles
Mi corazón amigos fue algún día
tierno galope de corceles

Quiero vivir La vida es nuevo estilo
grifo de amor grifo de llanto
Girafa del vivir Tu cuello en vilo
yo te estimulo y te levanto

Pasad jinetes leves de la aurora
hacia un oeste de violetas
Lejos de mí la trompa engañadora
y al ralantí vuestras corvetas

Toman las nubes a extremar sus bordes
más cada día decisivos
Y a su contacto puéblense de acordes
los dulces nervios electivos

Rozan mis manos dádivas agudas
lunas calientes y dichosas
Sabed que desde hoy andan desnudas
las azucenas y las rosas.

Te recomendamos ver el programa de televisión.

PRÓXIMO PROGRAMA

81. Poesía más Poesía: Luis Cernuda

LUIS CERNUDA

BIOGRAFÍA

LUIS CERNUDA BIDÓN nace en Sevilla un 21 de Septiembre de 1902. Hijo de padre militar, se educó en un ambiente de rígidos principios. Ya desde pequeño se enfrenta a unos valores familiares muy estrictos.
El poeta se inicia en el arte de la escritura en sus años en el bachillerato, pero su verdadero nacimiento literario se produce en la Universidad de Sevilla donde conocie a Pedro Salinas, que ejercía de profesor de literatura, y que le orientó en sus lecturas: Fray Luis de León, Herrera, Garcilaso, entre los clásicos españoles, pero también la poesía de Rimbaud o Mallarmé y, principalmente, la obra de André Gide.

Luis Cernuda: poemas, ensayos y cuentos | Poéticous


En 1925, tras licenciarse en Derecho, Juan Ramón Jiménez publica sus primeros poemas en Revista de Occidente. Se traslada a Madrid y es allí donde entra en contacto con el mundo intelectual y de esos contactos nace su primera obra, Perfil del aire (1927), en la línea de la poesía pura, que recibió pocas críticas y en su mayoría negativas. Ese fue su único trabajo literario enmarcado en la estética geométrica y purista entonces en boga, antes de que la fuerza barroca de Góngora y el surrealismo la rompieran y dieran lugar a una renovación absoluta de la poesía española del siglo XX. 
El acontecimiento generacional que les une fue la celebración del tricentenario de la muerte de Góngora, con unos actos en 1927 de reivindicación del poeta cordobés. Se oponen a los que no reconocían el talento de Góngora (actos contra la Academia). Celebran un homenaje en el ateneo sevillano, invitados por Ignacio Sánchez Mejías. A este acto Cernuda solo pudo asistir como público ya que no fue invitado como tal (de ahí que nuestro autor no aparezca en la foto de grupo hecha en ese evento ni en las posteriores caricaturas de la misma), hecho que produjo en el un gran descontento.
leer poema a Góngora

GÓNGORA

El andaluz envejecido que tiene gran razón para su orgullo,
El poeta cuya palabra lúcida es como diamante,
Harto de fatigar sus esperanzas por la corte,
Harto de su pobreza noble que le obliga
A no salir de casa cuando el día, sino al atardecer, ya que las sombras
Más generosas que los hombres, disimulan
En la común tiniebla parda de las calles
La bayeta caduca de su coche y el tafetán delgado de su traje;
Harto de pretender favores de magnates,
Su altivez humillada por el ruego insistente,
Harto de los años tan largos malgastados
En perseguir fortuna lejos de Córdoba la llana y de su muro excelso,
Vuelve al rincón nativo para morir tranquilo y silencioso.

Ya restituye el alma a soledad sin esperar de nadie
Si no es de su conciencia, y menos todavía
De aquel sol invernal de la grandeza
Que no atempera el frío del desdichado,
Y aprende a desearles buen viaje
A príncipes, virreyes, duques altisonantes,
Vulgo luciente no menos estúpido que el otro;
Ya se resigna a ver pasar la vida tal sueño inconsistente
Que el alba desvanece, a amar el rincón solo
Adonde conllevar paciente su pobreza,
Olvidando que tantos menos dignos que él, como la bestia ávida
Toman hasta saciarse la parte mejor de toda cosa,
Dejándole la amarga, el desecho del paria.

Pero en la poesía encontró siempre, no tan solo hermosura, sino ánimo,
La fuerza del vivir más libre y más soberbio,
Como un neblí que deja el puño duro para buscar las nubes
Traslúcidas de oro allá en el cielo alto.
Ahora al reducto último de su casa y su huerto le alcanzan todavía
Las piedras de los otros, salpicaduras tristes
Del aguachirle caro para las gentes
Que forman el común y como público son árbitro de gloria.
Ni aun esto Dios le perdonó en la hora de su muerte.

Decretado es al fin que Góngora jamás fuera poeta,
Que amó lo oscuro y vanidad tan solo le dictó sus versos.
Menéndez y Pelayo, el montañés henchido por sus dogmas,
No gustó de él y le condena con fallo inapelable.

Viva pues Góngora, puesto que así los otros
Con desdén le ignoraron, menosprecio
Tras del cual aparece su palabra encendida
Como estrella perdida en lo hondo de la noche,
Como metal insomne en las entrañas de la tierra.
Ventaja grande es que esté ya muerto
Y que de muerto cumpla los tres siglos, que así pueden
Los descendientes mismos de quienes le insultaban
Inclinarse a su nombre, dar premio al erudito,
Sucesor del gusano, royendo su memoria.
Mas él no transigió en la vida ni en la muerte
Y a salvo puso su alma irreductible.
Como demonio arisco que ríe entre negruras.
Y a salvo puso su alma irreductible.
Como demonio arisco que ríe entre negruras.

Gracias demos a Dios por la paz de Góngora vencido;
Gracias demos a Dios por la paz de Góngora exaltado;
Gracias demos a Dios, que supo devolverle [como hará con nosotros],
Nulo al fin, ya tranquilo, entre su nada.

La casa de Luis Cernuda | Blog Del tirador a la ciudad | EL PAÍS

Su siguiente obra intensificó aún más el clasicismo, pues Égloga, elegía, oda (1927-1928) es todo un homenaje a las formas cultivadas por Garcilaso de la Vega, precedido de un homenaje a Fray Luis de León, en un momento en que casi todos sus coetáneos se volcaban con Góngora. En estos tres largos poemas con métrica fija, Cernuda vuelve a tratar el tema de Eros y su tono sigue siendo lánguido y ocioso8, imbuido de tedio, aguardando a que la realidad cumpla con el deseo de un amor que aún no ha llegado.
En julio de 1928 muere su madre y, a finales de ese verano, Cernuda deja Sevilla. Tras un breve paso por Málaga se instala en Madrid, donde conoce al poeta Vicente Aleixandre. Gracias a Pedro Salinas marcha pronto a Toulouse para trabajar como lector de español durante un curso. Allí se refugió en el dandysmo para defenderse del ambiente mediocre de la ciudad y de las clases en la Universidad. Nunca sintió pasión por la labor docente.
En las vacaciones de Semana Santa de ese año viaja a París y queda prendado de sus calles, sus librerías y el surrealismo que por entonces cultivaban André Breton, Paul Éluard o Louis Aragon. A su regreso a Madrid trabaja en la librería de León Sánchez Cuesta y entabla amistad con Vicente Aleixandre y Federico García Lorca, participa en la legendaria antología elaborada por Gerardo Diego.
De su estancia en Francia surgió Un río, un amor (1929), influido por el surrealismo. Regresó a España en 1929, celebró la proclamación de la República e inició su carrera literaria con mayor fuerza. En 1931 escribe Los placeres prohibidos en el que depura el lenguaje surrealista y aparecen sus grandes temas: el amor, la rebelión, el deseo, la mentira, la libertad del cuerpo. En los versos de este libro de imponente belleza se destila la necesidad de huir del poeta. Donde habite el olvido (1934) es un libro desgarrador por la sinceridad con la que aborda el fracaso amoroso. 

Cernuda, el crítico implacable | Cultura | EL PAÍS
Con Vicente Aleixandre y Federico García Lorca.

VIEJA RIBERA


Tanto ha llovido desde entonces,
entonces, cuando los dientes no eran carne, sino días
pequeños como un río ignorante
a sus padres llamando porque siente sueño,
tanto ha llovido desde entonces,
que ya el paso se olvida en la cabeza.
Unos dicen que sí, otros dicen que no;
mas sí y no son dos alas pequeñas,
equilibrio de un cielo dentro de otro cielo,
como un amor está dentro de otro,
como el olvido está dentro del olvido.
Si el suplicio con ira pide fiestas
entre las noches más viriles,
no haremos otra cosa que apuñalar la vida,
sonreír ciegamente a la derrota,
mientras los años, muertos como un muerto,
abren su tumba de estrellas apagadas.
(Del libro Un río, un amor. 1929)

Remordimiento en traje de noche
Un hombre gris avanza por la calle de niebla;
No lo sospecha nadie. Es un cuerpo vacío;
vacío como pampa, como mar, como viento,
Desiertos tan amargos bajo un cielo implacable.

Es el tiempo pasado, y sus alas ahora
entre la sombra encuentran una pálida fuerza;
es el remordimiento, que de noche, dudando,
en secreto aproxima su sombra descuidada.

No estrechéis esa mano. La yedra altivamente
ascenderá cubriendo los troncos del invierno.
Invisible en la calma el hombre gris camina.
¿No sentís a los muertos? Mas la tierra está sorda.

(Del libro Un río, un amor 1929)

DIRÉ CÓMO NACISTEIS

Diré cómo nacisteis, placeres prohibidos,
Como nace un deseo sobre torres de espanto,
Amenazadores barrotes, hiel descolorida,
Noche petrificada a fuerza de puños,
Ante todos, incluso el más rebelde,
Apto solamente en la vida sin muros.

Corazas infranqueables, lanzas o puñales,
Todo es bueno si deforma un cuerpo;
Tu deseo es beber esas hojas lascivas
O dormir en esa agua acariciadora.
No importa;
Ya declaran tu espíritu impuro.

No importa la pureza, los dones que un destino
Levantó hacia las aves con manos imperecederas;
No importa la juventud, sueño más que hombre,
La sonrisa tan noble, playa de seda bajo la tempestad
De un régimen caído.

Placeres prohibidos, planetas terrenales,
Miembros de mármol con sabor de estío,
Jugo de esponjas abandonadas por el mar,
Flores de hierro, resonantes como el pecho de un hombre.

Soledades altivas, coronas derribadas,
Libertades memorables, manto de juventudes;
Quien insulta esos frutos, tinieblas en la lengua,
Es vil como un rey, como sombra de rey
Arrastrándose a los pies de la tierra
Para conseguir un trozo de vida.

No sabía los límites impuestos,
Límites de metal o papel,
Ya que el azar le hizo abrir los ojos bajo una luz tan alta,
Adonde no llegan realidades vacías,
Leyes hediondas, códigos, ratas de paisajes derruidos.

Extender entonces una mano
Es hallar una montaña que prohíbe,
Un bosque impenetrable que niega,
Un mar que traga adolescentes rebeldes.

Pero si la ira, el ultraje, el oprobio y la muerte,
Ávidos dientes sin carne todavía,
Amenazan abriendo sus torrentes,
De otro lado vosotros, placeres prohibidos,
Bronce de orgullo, blasfemia que nada precipita,
Tendéis en una mano el misterio.
Sabor que ninguna amargura corrompe,
Cielos, cielos relampagueantes que aniquilan.

Abajo, estatuas anónimas,
Sombras de sombras, miseria, preceptos de niebla;
Una chispa de aquellos placeres
Brilla en la hora vengativa.
Su fulgor puede destruir vuestro mundo.

(Del libro Los placeres prohibidos. 1931)

Adónde fueron despeñadas

¿Adónde fueron despeñadas aquellas cataratas,
tantos besos de amantes, que la pálida historia
con signos venenosos presenta luego al peregrino
sobre el desierto, como un guante
que olvidado pregunta por su mano?

Tú lo sabes, Corsario;
Corsario que se goza en tibios arrecifes,
cuerpos gritando bajo el cuerpo que les visita,
y sólo piensan en la caricia,
sólo piensan en el deseo,
como bloque de vida,
derretido lentamente por el frío de la muerte.

Otros cuerpos, Corsario, nada saben;
déjalos pues.
Vierte, viértete sobre mis deseos,
ahórcate en mis brazos tan jóvenes,
que con la vista ahogada,
con la voz última que aún broten mis labios,
diré amargamente cómo te amo.

(Del libro Los placeres prohibidos. 1931)

HE VENIDO PARA VER

He venido para ver semblantes
Amables como viejas escobas,
He venido para ver las sombras
Que desde lejos me sonríen.

He venido para ver los muros
En el suelo o en pie indistintamente,
He venido para ver las cosas,
Las cosas soñolientas por aquí.

He venido para ver los mares
Dormidos en cestillo italiano,
He venido para ver las puertas,
El trabajo, los tejados, las virtudes
De color amarillo ya caduco.

He venido para ver la muerte
Y su graciosa red de cazar mariposas,
He venido para esperarte
Con los brazos un tanto en el aire,
He venido no sé por qué;
Un día abrí los ojos: he venido.

Por ello quiero saludar sin insistencia
A tantas cosas más que amables:
Los amigos de color celeste,
Los días de color variable,
La libertad del color de mis ojos;

Los niñitos de seda tan clara,
Los entierros aburridos como piedras,
La seguridad, ese insecto
Que anida en los volantes de la luz.

Adiós, dulces amantes invisibles,
Siento no haber dormido en vuestros brazos.
Vine por esos besos solamente;
Guardad los labios por si vuelvo.

(Del libro Los placeres prohibidos. 1931)

Al proclamarse la República, la recibe con ilusión, y siempre se mostrará dispuesto a colaborar con todo lo que fuera buscar una España más tolerante, liberal y culta. Como ejemplo de esto último tenemos su participación en la Misiones Pedagógicas y Culturales que organiza el gobierno de la II República desde 1934 con las que recorrería parte del territorio español divulgando entre las capas desfavorecidas los cuadros más representativos del Museo del Prado o el teatro del Siglo de Oro junto a otros intelectuales y artistas como María Zambrano o Ramón Gaya.
En los períodos que permanecía en Madrid almorzaba a diario en casa de Manuel Altolaguirre y Concha Méndez, que se convirtieron en su nueva familia; participó en la revista Héroe, que imprimían ellos, y en la que publicaron Rosa Chacel o los poetas más relevantes del momento introducidos por Juan Ramón Jiménez; frecuentó la tertulia del diplomático chileno Carlos Morla Lynch.

Luis Cernuda junto a Rosa Chacel.


Estos años son también de compromiso y acción política: Cernuda se afilia al Partido Comunista por breve espacio de tiempo y colabora en revistas de marcado carácter izquierdista, como es el caso de El Heraldo o la revista Octubre, fundada por Rafael Alberti. Pero los primeros años treinta son también los del descubrimiento por parte de Cernuda de la obra de los poetas románticos alemanes (Novalis, Heine, Hölderlin).
Donde habite el olvido (1932-1933) es un poemario claramente romántico en su atmósfera lóbrega, que toma su título de una rima de Bécquer. También de romántico se califica a Invocaciones (1934-1935), un libro de plenitud en el que empieza a observarse el influjo que la poesía de Hölderlin tuvo sobre Cernuda.
Comenzó a traducir a Friedrich Hölderlin y a colaborar en Cruz y Raya, la revista lanzada por José Bergamín, quien en 1936 se decidió a publicar la primera edición de La Realidad y el Deseo, agrupando en un solo volumen toda la obra poética de Cernuda hasta ese momento. La realidad y el deseo (1924-1962) es el título de un poemario escrito por Luis Cernuda. Es el resumen de todas las poesías de Cernuda, se publicó por primera vez en 1936 con todas las letras que el escribió hasta entonces. Cuando se publicaban más ediciones se adicionaban las nuevas poesías y además libros impresos por separado. La edición final de la obra se publicó en México en 1962.
Sus compañeros de generación le organizaron un homenaje, en el que Federico García Lorca leyó un retrato elogioso de su amigo y el libro cosechó excelentes críticas. “No me equivoco. Lo que voy a decir es verdad y está en la conciencia de toda persona sensible. La aparición del libro La realidad y el deseo es una efemérides importantísima en la gloria y el paisaje de la literatura española. No me equivoco, porque para decir esto aquí yo he luchado a brazo partido con el libro, leyendo sin gana al acostarme, al levantarme; leyendo con dolor de cabeza, sacando ese poquito de odio que sentimos todos contra autores de obras perfectas; pero ha sido inútil. La realidad y el deseo me ha vencido con su perfección sin mácula, con su amorosa agonía encadenada, con su ira y sus piedras de sombra”.
Dice de él Federico García Lorca: “No habrá escritor en España, de la clase que sea, si es realmente escritor, manejador de palabras, que no quede admirado del encanto y refinamiento con que Luis Cernuda une los vocablos para crear su mundo poético propio; nadie que no se sorprenda de su efusiva lírica gemela de Bécquer y de su capacidad de mito, de transformación de elementos que surgen en el bellísimo poema El joven marino con la misma fuerza que en nuestros mejores poetas clásicos”.
Con el estallido de la Guerra Civil, Cernuda marchó a Francia junto a su buena amiga Concha de Albornoz para ayudar al padre de ésta, el político liberal Álvaro de Albornoz, en misiones diplomáticas. Tras el asesinato de Lorca, sin embargo, volvió a España para colaborar en la defensa de la República. Cernuda combatió esporádicamente en el frente de Guadarrama y que, cuando se trasladó a Valencia junto al gobierno de la República, participó de forma activa en la preparación del Segundo Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura, donde Juan Gil-Albert le presentó a Octavio Paz, y que luego se volvió a Madrid para seguir luchando desde cerca.

Homanaje a Luis Cernuda en 1936.
Banquete ofrecido a Luis Cernuda (presidiendo la mesa) en Los Galayos, entonces Casa Rojo, el 29 de abril de 1936. Sentados, de izquierda a derecha: Eugenio Imaz, (sin identificar), Helena Cortesina, Manuel Fontanals (oculto tras Cortesina), Santiago Ontañón, María Antonieta Agenaar, Concha Méndez, La Argentinita y J. E. Morena Báez. De pie, de izquierda a derecha: Vicente Aleixandre, Federico García Lorca, Pedro Salinas, Rafael Alberti, Pablo Neruda, José Bergamín, Manuel Altolaguirre, María Teresa León y Víctor María Cortezo. / Foto: Fundación FGL


En 1938 aceptó dar una conferencia en el Reino Unido y, al partir, no supo que nunca más volvería a pisar España. En el Reino Unido trabaja de lector de español en la Universidad de Glasgow, la Universidad de Cambridge y el Instituto Español de Londres. Ya no volvería más a España.
Allí profundizará en la lectura de los clásicos ingleses y descubrirá la obra de autores que le influirán poderosamente, caso de T.S. Elliot. El primer poemario publicado en el exilio es Las nubes (1937-1940), que en un principio iba a llamarse Elegías españolas, pues sin duda es un libro que trata de la guerra y el exilio, y que muestra un dolor sereno y reflexivo.

Biografia de Luis Cernuda

SOLILOQUIO DEL FARERO

Cómo llenarte, soledad,
Sino contigo misma.

De niño, entre las pobres guaridas de la tierra,
Quieto en ángulo oscuro,
Buscaba en ti, encendida guirnalda,
Mis auroras futuras y furtivos nocturnos,
Y en ti los vislumbraba,
Naturales y exactos, también libres y fieles,
A semejanza mía,
A semejanza tuya, eterna soledad.

Me perdí luego por la tierra injusta
Como quien busca amigos o ignorados amantes;
Diverso con el mundo,
Fui luz serena y anhelo desbocado,
Y en la lluvia sombría o en el sol evidente
Quería una verdad que a ti te traicionase,
Olvidando en mi afán
Cómo las alas fugitivas su propia nube crean.

Y al velarse a mis ojos
Con nubes sobre nubes de otoño desbordado
La luz de aquellos días en ti misma entrevistos,
Te negué por bien poco,
Por menudos amores ni ciertos ni fingidos,
Por quietas amistades de sillón y de gesto,
Por un nombre de reducida cola en un mundo fantasma,
Por los viejos placeres prohibidos,
Como los permitidos nauseabundos,
Útiles solamente para el elegante salón susurrado,
En bocas de mentira y palabras de hielo.

Por ti me encuentro ahora el eco de la antigua persona
Que yo fui,
Que yo mismo manché con aquellas juveniles traiciones;
Por ti me encuentro ahora, constelados hallazgos,
Limpios de otro deseo,
El sol, mi dios, la noche rumorosa,
La lluvia, intimidad de siempre,
El bosque y su alentar pagano,
El mar, el mar como su nombre hermoso;
Y sobre todos ellos,
Cuerpo oscuro y esbelto,
Te encuentro a ti, tú, soledad tan mía,
Y tú me das fuerza y debilidad
Como el ave cansada los brazos de piedra.

Acodado al balcón miro insaciable el oleaje,
oigo sus oscuras imprecaciones,
contemplo sus blancas caricias;
Y erguido desde cuna vigilante
Soy en la noche un diamante que gira advirtiendo
a los hombres
Por quienes vivo, aun cuando no los vea;
Y así, lejos de ellos,
Ya olvidados sus nombres, los amo en muchedumbres,
Roncas y violentas como el mar, mi morada,
Puras ante la espera de una revolución ardiente
O rendidas y dóciles, como el mar sabe serlo
Cuando toca la hora de reposo que su fuerza conquista.

Tú, verdad solitaria,
Transparente pasión, mi soledad de siempre,
Eres inmenso abrazo;
El sol, el mar,
La oscuridad, la estepa,
El hombre y el deseo,
La airada muchedumbre,
¿Qué son sino tú misma?

(Del libro Invocaciones 1934-1935)

Elegía española II

a Vicente Aleixandre

Ya la distancia entre los dos abierta
Se lleva es sufrimiento, como una nube
Rota en lluvia olvidada, y en la alegría,
Hermosa claridad desvanecida;
Nada altera entre tú, mi tierra, y yo.
Pobre palabra tuya, el invisible
Fluir de los recuerdos, sustentando
Almas con la verdad de tu alma pura.
Sin luchar contra ti ya asisto inerte
A la discordia estéril que te cubre,
Al viento de locura que te arrastra.
Tan sólo Dios verla sobre nosotros,
Árbitro inmemorial del odio eterno.

Tus pueblos han ardido y tus campos
Infecundos dan cosecha de hambre,
Rasga tu aire el ala de la muerte,
Tronchados como flores caen tus hombres
Hechos para el amor y la tarea;
Y aquellos que en la sombra suscitaron
La guerra, resguardados en la sombra,
Disfrutan su victoria. Tú en silencio,
Tierra, pasión única mía, lloras
Tu soledad, tu pena y tu vergüenza.

Fiel aún, extasiado como el pájaro
Que en primavera hacia su nido antiguo
Llegaba a ti y en ti dejaba el vuelo,
Con la atracción remota de un encanto
Ineludible, rosa del destino,
Mi espíritu se aleja de estas nieblas,
Canta su queja por tu cielo vasto,
Mientras el cuerpo queda vacilante,
Perdido, lejos entre sueño y vida,
Y oye el susurro lento de las horas.

Si nunca más pudieran estos ojos
Enamorados reflejar tu imagen.
Si nunca más pudiera por tus bosques,
El alma en paz caída en tu regazo,
Soñar el mundo aquel que yo pensaba
Cuando la triste juventud lo quiso.
Tú nada más, fuerte torre en ruinas,
Puedes poblar mi soledad humana,
Y esta ausencia de todo en ti se duerme.
Deja tu aire ir sobre mi frente,
Tu luz sobre mi pecho hasta la muerte,
Única gloria cierta que aún deseo

(Del libro Las nubes 1937-1940)

PEREGRINO

¿Volver? Vuelva el que tenga,
Tras largos años, tras un largo viaje,
Cansancio del camino y la codicia
De su tierra, su casa, sus amigos,
Del amor que al regreso fiel le espere.

Mas, ¿tú? ¿Volver? Regresar no piensas,
Sino seguir libre adelante,
Disponible por siempre, mozo o viejo,
Sin hijo que te busque, como a Ulises,
Sin Ítaca que aguarde y sin Penélope.

Sigue, sigue adelante y no regreses,
Fiel hasta el fin del camino y tu vida,
No eches de menos un destino más fácil,
Tus pies sobre la tierra antes no hollada,
Tus ojos frente a lo antes nunca visto.

(Del libro Desolación de la quimera 1956-1962)

1936

Recuérdalo tú y recuérdalo a otros,
Cuando asqueados de la bajeza humana,
Cuando iracundos de la dureza humana:
Este hombre solo, este acto solo, esta fe sola.
Recuérdalo tú y recuérdalo a otros.

En 1961 y en ciudad extraña,
Más de un cuarto de siglo
Después. Trivial la circunstancia,
Forzado tú a pública lectura,
Por ella con aquel hombre conversaste:
Un antiguo soldado
En la Brigada Lincoln.

Veinticinco años hace, este hombre,
Sin conocer tu tierra, para él lejana
Y extraña toda, escogió ir a ella
Y en ella, si la ocasión llegaba, decidió apostar su vida,
Juzgando que la causa allá puesta al tablero
Entonces, digna era
De luchar por la fe que su vida llenaba.

Que aquella causa aparezca perdida,
Nada importa;
Que tantos otros, pretendiendo fe en ella
Sólo atendieran a ellos mismos,
Importa menos.
Lo que importa y nos basta es la fe de uno.

Por eso otra vez hoy la causa te aparece
Como en aquellos días:
Noble y tan digna de luchar por ella.
Y su fe, la fe aquella, él la ha mantenido
A través de los años, la derrota,
Cuando todo parece traicionarla.
Mas esa fe, te dices, es lo que sólo importa.

Gracias, compañero, gracias
Por el ejemplo. Gracias porque me dices
Que el hombre es noble.
Nada importa que tan pocos lo sean:
Uno, uno tan sólo basta
Como testigo irrefutable
De toda la nobleza humana.
(Del libro Desolación de la quimera 1956-1962)

En 1940 comenzó a pasar los veranos en Oxford, relacionándose con otros republicanos exiliados, como Salvador de Madariaga, y a componer las prosas poéticas de Ocnos, en las que evocaba con más melancolía que nostalgia una infancia sevillana no tan desdichada como suele decirse.
Como quien espera el alba (1941-1944), título que refleja en parte la vaga esperanza de la derrota de los fascismos en la Segunda Guerra Mundial y sus repercusiones en España. 
En 1945 se trasladó a trabajar al Instituto Español de Londres, donde empezó a traducir a Shakespeare y se encontró con que sus poemas vertidos al inglés fueron rechazados para su publicación por T. S. Eliot, el poeta inglés vivo que más admiraba. En 1947 recibió una oferta de Concha de Albornoz para trabajar en una escuela de señoritas en Massachusetts, el Mount Holyoke College, y ese verano dejó sin aflicción el Reino Unido y marchó a Estados Unidos donde logra por fin la ansiada estabilidad económica.
Vivir sin estar viviendo (1944-1949), es un poemario que Cernuda termina ya al otro lado del Atlántico, en este período en el que se va haciendo cada vez más notorio el recuento y la proximidad de la vejez. Se trata de un libro de poemas largos, de tono reflexivo y sentencioso a la vez que conversacional, en el que el yo poético se desdobla en un tú para hablar consigo mismo.

A UN POETA FUTURO

No conozco a los hombres. Años llevo
de buscarles y huirles sin remedio.
¿No les comprendo? ¿O acaso les comprendo
demasiado? Antes que en estas formas
evidentes, de brusca carne y hueco,
súbitamente rotas por un resorte débil
si alguien apasionado les allega,
muertos en la leyenda les comprendo
mejor. Y regreso de ellos a los vivos,
fortalecido amigo solitario,
como quien va del manantial latente
al río que sin pulso desemboca.
No comprendo a los ríos. Con prisa errante pasan
desde la fuente al mar, en ocio atareado,
llenos de su importancia, bien fabril o agrícola;
la fuente, que es promesa, el mar sólo la cumple,
el multiforme mar, incierto y sempiterno.
Como en fuente lejana, en el futuro
duermen las formas posibles de la vida
en un sueño sin sueños, nulas e inconscientes,
prontas a reflejar la idea de los dioses.
Y entre los seres que serán un día
sueñas tu sueño, mi imposible amigo.
No comprendo a los hombres. Mas algo en mí responde
que te comprendería, lo mismo que comprendo
los animales, las hojas y las piedras,
compañeros de siempre silenciosos y fieles.
Todo es cuestión de tiempo en esta vida,
un tiempo cuyo ritmo no se acuerda,
por largo y vasto, al otro pobre ritmo
de nuestro tiempo humano corto y débil.
Si el tiempo de los hombres y el tiempo de los dioses
fuera uno, esta nota que en mí inaugura el ritmo,
unida con la tuya se acordaría en cadencia,
no callando sin eco entre el mudo auditorio.
Más no me cuido de ser desconocido
en medio de estos cuerpos casi contemporáneos,
vivos de modo diferente al de mi cuerpo
de tierra loca que pugna por ser ala
y alcanzar aquel muro del espacio
separando mis años de los tuyos futuros.
Sólo quiero mi brazo sobre otro brazo amigo,
que otros ojos compartan lo que miran los míos.
Aunque tú no sabrás con cuánto amor hoy busco
por ese abismo blanco del tiempo venidero
la sombra de tu alma, para aprender de ella
a ordenar mi pasión según nueva medida.
 Ahora, cuando me catalogan ya los hombres
bajo sus clasificaciones y sus fechas,
disgusto a unos por frío y a los otros por raro,
y en mi temblor humano hallan reminiscencias
muertas. Nunca han de comprender que si mi lengua
el mundo cantó un día, fue amor quien la inspiraba.
Yo no podré decirte cuánto llevo luchando
para que mi palabra no se muera
silenciosa conmigo, y vaya como un eco
a ti, como tormenta que ha pasado
y un son vago recuerda por el aire tranquilo.
Tú no conocerás cómo domo mi miedo
para hacer de mi voz mi valentía,
dando al olvido inútiles desastres
que pululan en torno y pisotean
la vida que serán y que yo casi he sido.
Porque presiento en este alejamiento humano
cuán míos habrán de ser los hombres venideros,
cómo esta soledad será poblada un día,
aunque sin mí, de camaradas puros a tu imagen.
Si renuncio a la vida es para hallarla luego
conforme a mi deseo, en tu memoria.
Cuando en hora tardía, aún leyendo
bajo la lámpara luego me interrumpo
para escuchar la lluvia, pesada tal borracho
que orina en la tiniebla helada de la calle,
algo débil en mí susurra entonces:
los elementos libres que aprisiona mi cuerpo
¿fueron sobre la tierra convocados
por esto sólo? ¿hay más? Y si lo hay ¿adónde
hallarlo? No conozco otro mundo si no es éste,
y sin ti es triste a veces. Ámame con nostalgia,
como a una sombra, como yo he amado
la verdad del poeta bajo nombres ya idos.
Cuando en días venideros, libre el hombre
del mundo primitivo a que hemos vuelto
de tiniebla y de horror, lleve el destino
tu mano hacia el volumen donde yazcan
olvidados mis versos, y lo abras,
yo sé que sentirás mi voz llegarte,
no de la letra vieja, mas del fondo
vivo en tu entraña, con un afán sin nombre
que tú dominarás. Escúchame y comprende.
En sus limbos mi alma quizá recuerde algo,
y entonces en ti mismo mis sueños y deseos
tendrán razón al fin, y habré vivido.

(De “Como quien espera el alba” 1941-1944)

EL INTRUSO

Como si equivocara el tiempo
Su trama de los días,
¿Vives acaso los de otro?
Extrañas ya la vida.

Lejos de ti, de la conciencia
Desacordada, el centro
Buscas afuera, entre las cosas
Presentes un momento.

Así de aquel amigo joven
Que fuiste ayer, aguardas
En vano ante el umbral de un sueño
La ilusa confianza.

Pero tu faz, en el alinde
De algún espejo, vieja,
Hosca, abstraída, te interrumpe
Tal la presencia ajena.

Hoy este intruso eres tú mismo,
Tú, como el otro antes,
Y con el cual sin gusto inicias
Costumbre a que se allane.

Para llegar al que no eres,
Quien no eres te guía,
Cuando el amigo es el extraño
Y la rosa es la espina.

(De “Vivir sin estar viviendo 1944-1949)

Tres viajes a México en 1949, 1950 y 1951 le hacen desear volver a vivir en una tierra donde se habla el español, en compañía del amplio exilio republicano refugiado allí gracias a la hospitalidad del presidente Lázaro Cárdenas. En 1951 es invitado por la revista Orígenes para dar conferencias en Cuba y amista con el escritor José Lezama Lima; además se reencuentra con María Zambrano.
Por fin consigue dejar su puesto y establecerse en México D.F. en 1952
De nuevo en casa de Concha Méndez, que ya se había separado de Altolaguirre, en el barrio de Coyoacán, junto a la hija y los nietos del matrimonio amigo y cerca de Octavio Paz y otros españoles desterrados como Emilio Prados, Max Aub o Tomás Segovia.
Comienza a dar clases en la universidad mexicana, gracias a Octavio Paz; y sigue escribiendo ensayos literarios y recibe su primer homenaje en España, en la revista Cántico, auspiciado, entre otros, por Pablo García Baena. Desde España no dejaba de llegarle un reconocimiento tardío, principalmente impulsado por Jaime Gil de Biedma y otros poetas de la llamada Generación del 50, y su poesía iba siendo cada vez más leída.
En el libro Con las horas contadas (1950-1956) continúa ese proceso reflexivo y depurador, en el que el estilo va haciéndose cada vez más comunicativo. Siguen las referencias culturales e históricas, el cansancio existencial, la amargura y la meditación poética.
En Desolación de la Quimera (1956-1962), título sacado de un verso de T. S. Eliot, Cernuda hace una especie de repaso final de todas las cuestiones que le preocuparon en vida, como si tuviera la certeza de que se trataría de su último poemario.
En 1959, con motivo del fallecimiento de Manuel Altolaguirre, se ocupa de editar las Poesías completas de su amigo y empieza a mantener correspondencia con jóvenes poetas españoles.
Pasó un curso como profesor invitado en San Francisco y otro en Los Ángeles, aunque siempre volviera a México; siguió escribiendo crítica literaria y terminó Desolación de la Quimera.
En los últimos tiempos su salud era delicada, un oftalmólogo le había recomendado que visitara a un cardiólogo, pero el poeta no lo hizo. Por no someterse a un examen médico no podía obtener un nuevo visado para Estados Unidos y en México había perdido la beca que le concediera el gran Alfonso Reyes. La mañana del 5 de noviembre de 1963, Paloma Altolaguirre, al ver que no bajaba, como era su costumbre, a desayunar, subió a su habitación y lo encontró muerto, víctima de un ataque cardíaco.

Epílogo

Playa de la Roqueta
Sobre la piedra, contra la nube,
Entre los aires estás, conmigo
Que invisible respiro amor en torno tuyo.
Mas no eres tú, sino tu imagen.

Tu imagen de hace años,
Hermosa como siempre, sobre el papel, hablándome,
Aunque tan lejos yo, de ti tan lejos hoy
En tiempo y en espacio.
Pero en olvido no, porque al mirarla,
Al contemplar tu imagen de aquel tiempo,
Dentro de mí la hallo y lo revivo.

Tu gracia y tu sonrisa,
Compañeras en días a la distancia, vuelven
Poderosas a mí, ahora que estoy,
Como otras tantas veces
Antes de conocerte, solo.

Un plazo fijo tuvo
Nuestro conocimiento y trato, como todo
En la vida, y un día, uno cualquiera,
Sin causa ni pretexto aparente,
Nos dejamos de ver. ¿Lo presentiste?
Yo sí, que siempre estuve presintiéndolo.

La tentación me ronda
De pensar, ¿para qué todo aquello:
El tormento de amar, antiguo como el mundo,
Que unos pocos instantes rescatar consiguen?
Trabajos del amor perdidos.

No. No reniegues de aquello,
Al amor no perjures.
Todo estuvo pagado, sí, todo bien pagado,
Pero valió la pena,
La pena del trabajo
De amor, que a pensar ibas hoy perdido.

En la hora de la muerte
(Si puede el hombre para ella
Hacer presagios, cálculos),
Tu imagen a mi lado
Acaso me sonría como hoy me ha sonreído,
Iluminando este existir oscuro y apartado
Con el amor, única luz del mundo.

(Del libro Desolación en la quimera, 1962)

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