VER EL PROGRAMA DE TELEVISIÓN DEDICADO AL POETA MANUEL MACHADO
BIOGRAFÍA DEL POETA MANUEL MACHADO
Manuel Machado (1874/1947) fue un poeta y dramaturgo español, destacado representante del modernismo y hermano mayor de Antonio Machado.
Manuel Machado Ruiz nació el 29 de agosto de 1874 en Sevilla, hijo de Antonio Machado Álvarez, escritor y folclorista, y Ana Ruiz Hernández. Fue el mayor de varios hermanos, entre ellos el poeta Antonio Machado y el pintor José Machado. Su infancia transcurrió en Sevilla, en un ambiente familiar afectuoso y culturalmente rico, hasta que la familia se trasladó a Madrid en 1883, donde Manuel continuó su educación en la Institución Libre de Enseñanza, dirigida por Francisco Giner de los Ríos. Posteriormente obtuvo el bachillerato y la licenciatura en Filosofía y Letras por la Universidad de Sevilla en 1897.

En 1910 contrajo matrimonio con su prima Eulalia Cáceres, mujer profundamente religiosa. Durante su vida mantuvo una estrecha relación con su hermano Antonio, compartiendo intereses literarios y estancias en París, donde Manuel trabajó como traductor y entró en contacto con la poesía simbolista francesa y escritores como Rubén Darío, Pío Baroja y André Gide.

Manuel Machado comenzó su carrera literaria colaborando en revistas como La Caricatura y publicando sus primeros poemarios Tristes y alegres (1894) y Etcétera (1895). Influenciado por Rubén Darío y el simbolismo francés, se consolidó como figura del modernismo español con obras como Alma (1902), Caprichos (1905) y La fiesta nacional (1906),. Más adelante, buscó un estilo más personal y andalucista, reflejado en Cante hondo (1912) y Sevilla y otros poemas (1920),. También escribió teatro junto a su hermano, destacando obras como Desdichas de la fortuna (1926), La Lola se va a los puertos (1929) y La duquesa de Benamejí (1930).

Su obra combina el gusto modernista con motivos populares y andaluces, incorporando romances, cuartetos, sonetos y versos largos denominados “soleariyas”. Fue un divulgador del flamenco y de la cultura andaluza, integrando la tradición con un enfoque cosmopolita. Durante la Guerra Civil española colaboró con la propaganda nacionalista y fue elegido miembro de la Real Academia Española en 1938.

Manuel Machado falleció el 19 de enero de 1947 en Madrid. Su obra literaria dejó una huella significativa en la poesía modernista española, destacando por su capacidad de fusionar la tradición andaluza con influencias europeas y por su estrecha relación artística con su hermano Antonio Machado. Su legado incluye tanto poesía lírica como teatro, consolidándolo como una figura central del modernismo y la cultura española del siglo XX.

SELECCIÓN DE POEMAS DE MANUEL MACHADO
LA COPLA
Hasta que el pueblo las canta,
las coplas, coplas no son,
y cuando las canta el pueblo,
ya nadie sabe el autor.
Tal es la gloria, Guillén,
de los que escriben cantares:
oír decir a la gente
que no los ha escrito nadie.
Procura tú que tus coplas
vayan al pueblo a parar,
aunque dejen de ser tuyas
para ser de los demás.
Que, al fundir el corazón
en el alma popular,
lo que se pierde de nombre
se gana de eternidad.
ADELFOS
Yo soy como las gentes que a mi tierra vinieron
-soy de la raza mora, vieja amiga del sol-,
que todo lo ganaron y todo lo perdieron.
Tengo el ama de nardo del árabe español.
Mi voluntad se ha muerto una noche de luna
en que era muy hermoso no pensar ni querer…
Mi ideal es tenderme, sin ilusión ninguna…
De cuando en cuando un beso y un nombre de mujer.
En mi alma, hermana de la tarde, no hay contornos…
y la rosa simbólica de mi única pasión
es una flor que nace en tierras ignoradas
y que no tiene aroma, ni forma, ni color.
Besos, ¡pero no darlos! Gloria… ¡la que me deben!
¡Que todo como un aura se venga para mí!
Que las olas me traigan y las olas me lleven
y que jamás me obliguen el camino a elegir.
¡Ambición!, no la tengo. ¡Amor!, no lo he sentido.
No ardí nunca en un fuego de fe ni gratitud.
Un vago afán de arte tuve… Ya lo he perdido
Ni el vicio me seduce, ni adoro la virtud.
De mi alta aristocracia dudar jamás se pudo.
No se ganan, se heredan elegancia y blasón…
Pero el lema de casa, el mote del escudo,
es una nube vaga que eclipsa un vano sol.
Nada os pido. Ni os amo ni os odio. Con dejarme
lo que hago por vosotros hacer podéis por mí…
¡Que la vida se tome la pena de matarme,
ya que yo no me tomo la pena de vivir!…
Mi voluntad se ha muerto una noche de luna
en que era muy hermoso no pensar ni querer…
De cuando en cuando un beso, sin ilusión ninguna.
¡El beso generoso que no he de devolver!
ANTONIO, EN LOS ACENTOS DE CLEOPATRA ENCANTADO…
A Ramón del Valle Inclán
Antonio, en los acentos de Cleopatra encantado,
la copa de oro olvida que está de néctar llena.
Y, creyente en los sueños que evoca la sirena,
toda en los ojos tiene su alma de soldado.
La reina, hoja tras hoja, deshojando sus flores,
en la copa de Antonio las deja dulcemente…
Y prosigue su cuento de batallas y amores,
aprendido en las magas tradiciones de Oriente…
Detiénese… Y Antonio ve su copa olvidada…
Mas pone ella la mano sobre el borde de oro,
y, sonriendo, lenta hacia sí la retira…
Después, siempre a los ojos del guerrero asomada,
sella sus gruesos labios con un beso sonoro…
Y da la copa a un siervo, que la bebe y expira…
Cabe la vida entera en un soneto
empezado con lánguido descuido,
y, apenas iniciado, ha transcurrido
la infancia, imagen del primer cuarteto.
Llega la juventud con el secreto
de la vida, que pasa inadvertido,
y que se va también, que ya se ha ido,
antes de entrar en el primer terceto.
Maduros, a mirar a ayer tornamos
añorantes y, ansiosos, a mañana,
y así el primer terceto malgastamos.
Y cuando en el terceto último entramos,
es para ver con experiencia vana
que se acaba el soneto… Y que nos vamos.
CASTILLA
El ciego sol se estrella
en las duras aristas de las armas,
llaga de luz los petos y espaldares
y flamea en las puntas de las lanzas.
El ciego sol, la sed y la fatiga
Por la terrible estepa castellana,
al destierro, con doce de los suyos
-polvo, sudor y hierro- el Cid cabalga.
Cerrado está el mesón a piedra y lodo.
Nadie responde… Al pomo de la espada
y al cuento de las picas el postigo
va a ceder ¡Quema el sol, el aire abrasa!
A los terribles golpes
de eco ronco, una voz pura, de plata
y de cristal, responde… Hay una niña
muy débil y muy blanca
en el umbral. Es toda
ojos azules, y en los ojos. lágrimas.
Oro pálido nimba
su carita curiosa y asustada.
“Buen Cid, pasad. El rey nos dará muerte,
arruinará la casa
y sembrará de sal el pobre campo
que mi padre trabaja…
Idos. El cielo os colme de venturas…
¡En nuestro mal, oh Cid, no ganáis nada!”
Calla la niña y llora sin gemido…
Un sollozo infantil cruza la escuadra
de feroces guerreros,
y una voz inflexible grita: “¡En marcha!”
El ciego sol, la sed y la fatiga…
Por la terrible estepa castellana,
al destierro, con doce de los suyos
-polvo, sudor y hierro- el Cid cabalga.
LAS MUJERES DE ROMERO DE TORRES
Rico pan de esta carne morena, moldeada
en un aire caricia de suspiro y aroma…
Sirena encantadora y amante fascinada,
los cuellos enarcados, de sierpe o de paloma…
Vuestros nombres, de menta y de ilusión sabemos:
Carmen, Lola, Rosario… Evocación del goce,
Adela… Las Mujeres que todos conocemos,
que todos conocemos ¡y nadie las conoce!
Naranjos, limoneros, jardines, olivares,
lujuria de la tierra, divina y sensual,
que vigila la augusta presencia del ciprés.
En este fondo, esencia de flores y cantares,
os fijó para siempre el pincel inmortal
de nuestro inenarrable Leonardo cordobés.

MARIPOSA NEGRA
A Rubén Darío
La hora cárdena… La tarde
los velos se va quitando…
El velo de oro…, el de plata.
La hora cárdena…
«Aún es temprano».
«Nada veo sino el polvo
del camino…»
«Aún es temprano».
«¿Gritaron, madre?»
«No, hija;
nadie habló… ¿Lloras?…»
«Lo blanco
del camino que contemplo
las lágrimas me ha saltado…»
«No es eso…»
«Yo no sé, madre».
«Él vendrá, que aún es temprano».
«Madre, el humo se está quieto,
las nubes parecen mármol…,
y los árboles diríase,
que tienden abiertos brazos».
Un mendigo horrible pasa,
y hacia el castillo ha mirado.
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Una negra mariposa
revolotea en el cuarto.
La hora cárdena… La tarde
los velos se va quitando…
El velo de oro, el de plata…,
el de celajes violados.
… Y el sol va a caer allá lejos,
guerrero herido en el campo.
¡Mal hayan los servidores
que sin su señor tornaron,
los que con él se partieron
y traen, sin él, su caballo!
OCASO
Era un suspiro lánguido y sonoro
la voz del mar aquella tarde… El día,
no queriendo morir, con garras de oro
de los acantilados se prendía.
Pero su seno el mar alzó potente,
y el sol, al fin, como en soberbio lecho,
hundió en las olas la dorada frente,
en una brasa cárdena deshecho.
Para mi pobre cuerpo dolorido,
para mi triste alma lacerada,
para mi yerto corazón herido,
para mi amarga vida fatigada…
¡el mar amado, el mar apetecido,
el mar, el mar, y no pensar nada…!
LA CANCIÓN DEL PRESENTE
No sé odiar, ni amar tampoco.
Y en mi vida inconsecuente,
amo, a veces, como un loco
u odio de un modo insolente.
Pero siempre dura poco
lo que quiero y lo que no…
¡Qué sé yo!
Ni me importa…
Alegre es la vida. Y corta,
pasajera.
Y es absurdo,
y es antipático y zurdo
complicarla
con un ansia de verdad
duradera
y expectante.
¿Luego?… ¡Ya!
La verdad será cualquiera.
Lo precioso es el instante
que se va.
EL QUERER
En tu boca roja y fresca
beso, y mi sed no se apaga,
que en cada beso quisiera
beber entera tu alma.
Me he enamorado de ti
y es enfermedad tan mala,
que ni la muerte la cura,
¡bien lo saben los que aman!
Loco me pongo si escucho
el ruido de tu charla,
y el contacto de tu mano
me da la vida y me mata.
Yo quisiera ser el aire
que toda entera te abraza,
yo quisiera ser la sangre
que corre por tus entrañas.
Son las líneas de tu cuerpo
el modelo de mis ansias,
el camino de mis besos
y el imán de mis miradas.
Siento al ceñir tu cintura
una duda que me mata
que quisiera en un abrazo
todo tu cuerpo y tu alma.
Estoy enfermo de ti,
de curar no hay esperanza,
que en la sed de este amor loco
tu eres mi sed y mi agua.
Maldita sea la hora
en que contemplé tu cara,
en que vi tus ojos negros
y besé tus labios grana.
Maldita sea la sed
y maldita sea el agua,
maldito sea el veneno
que envenena y que no mata.
En tu boca roja y fresca
beso, y mi sed no se apaga,
que en cada beso quisiera
beber entera tu alma.
RETRATO
Esta es mi cara y ésta es mi alma: leed.
Unos ojos de hastío y una boca de sed…
Lo demás, nada… Vida… Cosas… Lo que se sabe…
Calaveradas, amoríos… Nada grave,
Un poco de locura, un algo de poesía,
una gota del vino de la melancolía…
¿Vicios? Todos. Ninguno… Jugador, no lo he sido;
ni gozo lo ganado, ni siento lo perdido.
Bebo, por no negar mi tierra de Sevilla,
media docena de cañas de manzanilla.
Las mujeres… – sin ser un tenorio, ¡eso no! -,
tengo una que me quiere y otra a quien quiero yo.
Me acuso de no amar sino muy vagamente
una porción de cosas que encantan a la gente…
La agilidad, el tino, la gracia, la destreza,
más que la voluntad, la fuerza, la grandeza…
Mi elegancia es buscada, rebuscada. Prefiero,
a olor helénico y puro, lo «chic» y lo torero.
Un destello de sol y una risa oportuna
amo más que las languideces de la luna
Medio gitano y medio parisién – dice el vulgo -,
Con Montmartre y con la Macarena comulgo…
Y antes que un tal poeta, mi deseo primero
hubiera sido ser un buen banderillero.
Es tarde… Voy de prisa por la vida. Y mi risa
es alegre, aunque no niego que llevo prisa.
CANTARES
Vino, sentimiento, guitarra y poesía
hacen los cantares de la patria mía.
Cantares…
Quien dice cantares dice Andalucía.
A la sombra fresca de la vieja parra,
un mozo moreno rasguea la guitarra…
Cantares…
Algo que acaricia y algo que desgarra.
La prima que canta y el bordón que llora…
Y el tiempo callado se va hora tras hora.
Cantares…
Son dejos fatales de la raza mora.
No importa la vida, que ya está perdida,
y, después de todo, ¿qué es eso, la vida?…
Cantares…
Cantando la pena, la pena se olvida.
Madre, pena, suerte, pena, madre, muerte,
ojos negros, negros, y negra la suerte…
Cantares…
En ellos el alma del alma se vierte.
Cantares. Cantares de la patria mía,
quien dice cantares dice Andalucía.
Cantares…
No tiene más notas la guitarra mía.
CANTE HONDO
A todos nos han cantado
en una noche de juerga
coplas que nos han matado…
Corazón, calla tu pena;
a todos nos han cantado
en una noche de juerga.
Malagueñas, soleares
y seguiriyas gitanas…
Historias de mis pesares
y de tus horitas malas.
Malagueñas, soleares
y seguiriyas gitanas…
Es el saber popular,
que encierra todo el saber:
que es saber sufrir, amar,
morirse y aborrecer.
Es el saber popular,
que encierra todo el saber.
JARDIN SIN JARDINERO
Jardín sin jardinero!
¡Viejo jardín,
viejo jardín sin alma,
jardín muerto! Tus árboles
no agita el viento.
En el estanque, el agua
yace podrida. ¡Ni una onda!
El pájaro no se posa en tus ramas.
La verdinegra sombra
de tus hiedras contrasta
con la triste blancura
de tus veredas áridas…
¡Jardín, jardín! ¿Qué tienes?
¡Tu soledad es tanta,
que no deja poesía a tu tristeza!
¡Llegando a ti, se muere la mirada!
Cementerio sin tumbas…
Ni una voz, ni recuerdos, ni esperanza.
¡Jardín sin jardinero!
¡Viejo jardín,
viejo jardín sin alma!
LA COPLA ANDALUZA
Del placer que irrita,
y el amor, que ciega,
escuchad la canción, que recoge
la noche morena.
La noche sultana,
la noche andaluza,
que estremece la tierra y la carne
de aroma y lujuria.
Bajo el plenilunio,
como lagrimones,
Como goterones, sus cálidas notas
llueven los bordones.
Son melancolía
sonora, son ayes
de las otras cuerdas heridas, punzadas,
las notas vibrantes.
Y en el aire, húmedo
de aroma y lujuria,
levanta su vuelo —paloma rafeña—
la copla andaluza.
Dice de ojos negros
y de rojos labios,
de venganza, de olvido, de ausencia,
de amor y de engaño…
Y de desengaño.
De males y bienes,
de esperanza, de celos…, de cosas
de hombres y mujeres.
Y brota en los labios
soberbia y sencilla,
como brotan el agua en la fuente,
la sangre en la herida.
Y allá va en la noche,
paloma rafeña,
a decir la verdad a lo lejos,
triste, clara y bella.
Del placer, que irrita,
y el amor, que ciega,
escuchad la canción, que recoge
la noche morena.
SOLEARES
Vete, tonta, que es igual…
Tú eres moneda que rueda,
y a la mano te vendrás.
No hay mentira en el querer:
que te quise, era verdad…;
que no te quiero, también.
Tonto es el que mira atrás…
Mientras hay camino alante,
el caso es andar y andar.
No sé si eres mala o buena:
deja que te mire bien,
que para eso es la moneda.
Toíto es hasta acostumbrarse:
cariño le toma el preso
a las rejas de la cárcel.
No tengo amigo ninguno.
Penas son las que yo tengo:
con mis penitas me junto.
La veredita es la misma…
pero el queré es cuesta abajo,
y el olvidar, cuesta arriba.
Me va faltando el sentío:
cuando estoy alegre, lloro;
cuando estoy triste, me río.
¡Quién lo había de pensar
que por aquel caminito
se llegaba a este lugar!
Yo te he querío a ti siempre
con los reaños del alma
y con fatigas de muerte.
Los gitanos, los gitanos….
hoy se mercan un vestío,
mañana van a empeñarlo.
Por mí no se sabrá ná…
Aquel que tiene de sobra,
no se tiene que alabar.
La mujé es como la fruta:
si no la cortan, se cae
en cuanto que está madura.
Tengo un querer y una pena:
la pena quiere que viva;
el querer quiere que muera.
Fatigas; pero no tantas.
Que, a fuerza de muchos golpes,
hasta el hierro se quebranta.
El que quiera, no lo diga:
haga como que no quiere,
y aprenda a pasar fatigas.
Al cielo no miro yo
porque me miro en tus ojos,
que son del mismo color.
Por acercarme a tu vera,
con gusto iría pisando
cuchillos y bayonetas.
Considera, compañero,
que en el mundo hay bueno y malo
Pero más malo que bueno.
¿De qué me sirve dejarte,
si dondequiera que miro
te me pones por delante?
En mis sueños te llamaba…
Como no me respondías,
llorando me despertaba.
Tú eres la estrella del Norte:
la primerita que sale;
la última que se esconde.
Entienda usté a las mujeres.
Si lo quieren, no lo dicen;
si lo dicen, no lo quieren.
Tu calle, ya no es tu calle:
que es una calle cualquiera,
camino de cualquier parte.
¡Pobrecito del que espera!
¡Que entre el ayer y el mañana
se va muriendo de pena!
YO, POETA DECADENTE
Yo, poeta decadente,
español del siglo veinte,
que los toros he elogiado,
y cantado
las golfas y el aguardiente…,
y la noche de Madrid,
y los rincones impuros,
y los vicios más oscuros
de estos bisnietos del Cid:
de tanta canallería
harto estar un poco debo;
ya estoy malo, y ya no bebo
lo que han dicho que bebía.
Porque ya
una cosa es la poesía
y otra cosa lo que está
grabado en el alma mía…
Grabado, lugar común.
Alma, palabra gastada.
Mía… No sabemos nada.
Todo es conforme y según.
LOS DÍAS SIN SOL
A M. Leo Rouanet
El lobo blanco del invierno,
el lobo blanco viene,
con los feroces ojos inyectados
en sangre helada, fijos y crueles.
¡Maldito lobo invierno, que te llevas
los viejos y los débiles!
¡Reunámonos, que todos
tengan una familia,
un libro y fuego alegre!
Y mientras, fuera, el hacha
el tronco seco hiende,
que será rojo en el hogar, cerremos
la puerta y el balcón… ¡Dios no nos quiere!
¡Tregua! Seamos amigos…
La tibia paz entre nosotros reine
en torno de la lámpara, que esparce
la tranquila poesía del presente.
Y tú, mi amada, cuyos rojos labios
son ya la sola flor, dámelos…, ¡quiéreme!…
¡Que el lobo blanco del invierno
el lobo blanco viene!
EL POETA DE “ADELFOS” DICE AL FIN
Ya el pobre corazón eligió su camino.
Ya a los vientos no oscila, ya a las olas no cede,
al azar no suspira, ni se entrega al Destino…
Ahora sabe querer, y quiere lo que puede.
Renunció al imposible y al sin querer divino.

PRÓXIMO PROGRAMA JUEVES A LAS 22 HS (HORA ESPAÑOLA)

