134. Poesía más Poesía: Salvatore Quasimodo

SALVATORE QUASIMODO

BIOGRAFÍA

Nace el 20 de agosto de 1901 en Modica, Sicilia. Hijo de Gaetano Quasimodo y Clotilde Ragusa. Pasa su infancia en Roccalumera. Su padre, Gaetano Quasimodo, era jefe de estación de las Ferrovie dello Stato en Ragusa, localidad situada al sur de Sicilia, y recibe la orden de trasladarse a Messina para restaurar la red ferroviaria que quedó inhabilitada después del devastador terremoto del 28 de diciembre de 1908. Durante treinta y siete segundos la tierra del estrecho de Messina (que comprende la provincia de Messina y la de Reggio Calabria) se sacudió con una violencia tal que segó la vida de aproximadamente cien mil personas que fueron pilladas durante el sueño. Después del violento despertar a las cinco y veinte de la mañana, muchos de los que corrieron despavoridos buscando el cielo abierto de la playa para salvarse de morir aplastados por las edificaciones de la ciudad, sucumbirían minutos después, ahogados por grandes olas que se elevaron a una altura de casi diez metros en ambas orillas del Estrecho. Todo el dolor del mundo se concentró en Messina.

La familia Quasimodo llega a Messina tres días después de la catástrofe. Totò tenía siete años y en Messina vislumbró un paisaje lleno de tragedia y desolación. Ante la imposibilidad económica de poder rentar un espacio habitable, dado que por el temblor se habían encarecido los servicios y, sobre todo, las pocas viviendas que todavía quedaban de pie, la familia Quasimodo se vio obligada a vivir durante un buen tiempo en un vagón de carga estacionado en una vía fuera de uso.

Desde su casa-vagón, Totò presenció las ejecuciones populares, sin derecho a juicio, de aquellos ladronzuelos que eran atrapados en el acto mismo de cometer pillaje en las casas que habían sido abandonadas por sus dueños. La violencia de la tierra y la violencia de los hombres fueron sus primeras lecciones de vida.

Salvatore Quasimodo escribió sus primeros poemas a los diez años de edad. En el archivo personal del poeta, que guarda su hijo Alessandro, se conserva un cuaderno que reúne sus primerísimos poemas. Veintitrés textos en los que ya se advierte la sensación de vacío y desamparo en la condición humana. Esta desgarradura existencial permeará toda su obra y logrará su máxima expresión en el poema “Y de pronto anochece”, incluido en la antología Agua y Tierra (1920-1929).

En Messina, Salvatore se matriculará en el Instituto Técnico Matemático-Físico AM Jaci en el que se graduó en 1909 y tuvo la suerte de formarse con intelectuales como Francesco Satullo y Federico Rampullo, quienes lo acercaron a la poesía de san Agustín, los poetas franceses y la literatura rusa. Conocerá allí a Salvatore Pugliatti y Giorgio La Pira con quienes forma una amistad destinada a durar toda la vida. Con ellos fundaría el mensual «Nuovo Giornale Letterario» (que se publica de marzo a noviembre de 1917), en el que también colaboran Lionello Fiumi , Filippo de Pisis y Giuseppe Villaroel. La Pira será el motor que lo impulsará a adentrarse en el profundo conocimiento del latín y griego, camino que lo llevará a volverse un traductor excepcional de los líricos griegos y latinos.

Quasimodo a la edad de 3 años.


En 1919 se mudan a Roma, y allí se matricula en ingeniería en el Politécnico. Para procurarse el sustento hizo un poco de todo: dibujante técnico, empleado en una ferretería, geómetra en Reggio Calabria, Liguria, Sondrio y Milán. En esta última ciudad establece bases definitivas; le conceden, “per chiara fama” (reconocimiento a sus méritos literarios), la Cátedra de Literatura Italiana en el Conservatorio de Música “Giuseppe Verdi” ,donde ejercerá como profesor hasta cuatro meses antes de su muerte. En esa época se empieza a despertar en él el interés por el griego y el latín.

Salvatore Quasimodo y su familia.


En 1926 se traslada a Reggio Calabria donde es nombrado “topógrafo extraordinario” de ingeniería civil. Pasa los domingos en Messina en compañía de Pugliatti, La Pira, Vann’Antò y Glauco Natoli. Se casa con Bice Donetti.

Los poemas escritos entre 1917 y 1929 están recogidos en Agua y Tierra (Acque e terre), libro que sería sometido posteriormente a una profunda revisión por el autor. Allí están las líneas maestras de la poesía de Quasimodo.

En 1929, invitado por Elio Vittorini, que se había casado con la hermana de Quasimodo, se traslada a Florencia. Aquí conoce a poetas como Alessandro Bonsanti y Eugenio Montale. En 1930 toma un trabajo en el Cuerpo de Ingeniería Civil de Italia en Reggio Calabria y conoce a los hermanos Misefari, quienes lo animaron a seguir escribiendo.

Messina

Un importante período, entre 1929 y 1930, lo pasa en Florencia, donde se introduce en el ambiente de “Solaria”, revista de notable importancia en la historia de la literatura italiana; conoce personalmente figuras relevantes de la literatura, lo que le servirá de mucho en su ubicación definitiva en Milán.
1930, año de la edición, bien puede considerarse una fecha clave para el hermetismo. La polémica se inicia apenas el volumen aparece y se acentuará dos años después con la edición de Oboe sumergido (Oboe sommerso); se dice que nuestro poeta está influenciado por modelos estilísticos típicamente ungarettianos y por la “negación” de Eugenio Montale.
Quasimodo es un poeta de isla que llega a convertir aquella tierra en el “paraíso perdido” del hombre; como todo poeta que se precie, universaliza la “pequeña casa”, con todas las cosas que sus ojos vieron, desde las viviendas destruidas y los cadáveres y los soldados que fusilan saqueadores ante su sorpresa de niño refugiado en un vagón en una vía muerta, hasta las lecturas y recreación de la poesía griega y de los clásicos latinos.
Formado en los preceptos de los poetas clásicos, en sus primeros libros -Agua y tierra (1930), Oboe sumergido (1932), Y llega pronto la tarde (1942)- mostró una gran predilección por las formas concisas y herméticas, poniendo especial énfasis en la búsqueda de la palabra precisa y de los valores musicales. Temáticamente, estas composiciones se caracterizaban por una evocación nostálgica y conmovida de los paisajes de su tierra, Sicilia, entendida como lugar simbólico de una soñada serenidad.
En esta época también inicia su intensa actividad como traductor, que resultó determinante para la formación de su estilo lírico. Además de autores clásicos como Virgilio, Homero, Catulo, Sófocles o Esquilo, tradujo también a W. Shakespeare, P. Neruda, Molière o P. Eluard.


En 1931 fue trasladado a Imperia y luego a Génova, donde conoció a Camillo Sbarbaro y otras personalidades de la revista Circoli, con las que Quasimodo inició una fructífera colaboración.
En 1934 se trasladó a Milán, la ciudad que marcaría un giro particularmente significativo en su vida, no sólo artístico. Acogido con beneplácito en el grupo de “poder” se encontró en medio de una especie de sociedad literaria, que incluía a poetas, músicos, pintores, escultores.
En 1935 nace una hija extramatrimonial de la relación con Amelia Spezialetti. Un año después comienza la relación con la bailarina Maria Clementina Cumani.
En 1938 dimite de la ingeniería civil y empieza a trabajar como secretario de Cesare Zavattini, entonces director de las publicaciones periódicas Mondadori. Colabora con la revista hermética florentina «Letteratura».

HERMETISMO

En 1936 publica con G. Scheiwiller “Erato y Apolión”, con lo que concluye la fase hermética de su poesía. El hermetismo no es otra cosa que una reacción dolorosa de encerramiento en sí mismo, un planteamiento de rescate de los valores morales y la exigencia de una relación más profunda -en lo posible- entre arte y vida. Como muy bien lo señala G.Zagurrio, era ésta la única forma posible de heroísmo para la literatura en aquellos tiempos oscuros. El hermetismo procuraba reducir la vinculación del yo con los sucesos históricos para tratar de conquistar una libertad interior metahistórica. En el hermetismo encuentra la libertad, más allá de la máscara autoimpuesta.
En ese mismo año sale su primera gran antología “Poemas”, con un ensayo introductorio de Oreste Macri, que queda como uno de los aportes fundamentales de la crítica quasimodiana.
En 1940 publica Líricos griegos (Lirici greci), obra en la que reúne sus traducciones de los clásicos y que representará una etapa importante en su producción literaria, pues muestra en ella su interés en el acercamiento entre la poesía clásica y la contemporánea.
Se inscribe en el Partido Comunista del cual se alejará casi inmediatamente, aunque siempre se proclamará como un hombre de izquierdas.


Es nombrado profesor del Conservatorio de Milán en 1941, y en 1942 publica “Y de repente la noche” (Ed è subito sera), obra con la que alcanza un gran éxito, y en la que aparece recogida una antología de su producción poética hasta esa fecha.
Es en “Nueva poesía” (1936-1942) donde se puede señalar ya una aproximación definitiva, una casi identidad, entre Quasimodo y las traducciones-recreaciones que hace del griego. Aquí el paisaje se humaniza. Por lo demás, el propio poeta declaró que no estaba en su intención restituir a la poesía griega ritmos y formas originales, y sí revestir el canto de los antiguos de formas gratas a su concepción poética.
Durante la guerra, a pesar de mil dificultades, Quasimodo, siguió trabajando: sin dejar de escribir poesía, tradujo Carmina de Catulo, partes de la Odisea, La flor de las Geórgicas, el Evangelio según Juan y Epido Rey de Sófocles. Continuaría este trabajo como traductor en los años siguientes, en paralelo a su producción y con excelentes resultados, gracias a la experiencia refinada como escritor. Entre sus numerosas traducciones se cuentan obras de Ruskin, Esquilo, Shakespeare, Moliere, e incluso Cummings, Neruda, Aiken, Eurípides, Eluard (el último publicado póstumamente).
La experiencia de la guerra y de la ocupación alemana marca un giro decisivo en su poesía, ya que, convencido de que los poetas debían asumir un importante papel en la reconstrucción moral del hombre, se alejó paulatinamente del hermetismo y se abrió a una mayor sensibilidad humana y a la búsqueda de valores histórico-sociales.
En 1946 muere su esposa Bice Donetti.

EPITAFIO PARA BICE DONETTI

Con los ojos hacia la lluvia y los elfos de la noche,
está allí, en el campo número quince, en Musocco,
la mujer Emiliana que yo amé
en el tiempo triste de la juventud.
Hace poco fue sorprendida por la muerte
mientras miraba tranquila el viento del otoño
agitar las ramas de los plátanos y las hojas
desde su gris casa de la periferia.
Su rostro aún está vivo de sorpresa,
como sin duda lo estuvo en la infancia, deslumbrado
por el tragallamas alto sobre el carromato.
Oh tú, que pasas, empujado por otros muertos,
ante la fosa mil ciento sesenta,
detente un minuto a saludar
a la que nunca se lamentó del hombre
que aquí queda, odiado, con sus versos,
uno de tantos, obrero de sueños.

Del libro “La vida no es sueño”

Dos años más tarde se casa con Maria Cumani.


Comienza a colaborar con el semanario «Omnibus» del que es comisario de la columna de crítica teatral. En 1947 lanza su primera colección después de la guerra, “Día a día”, un libro que marca un punto de inflexión en su poesía. En 1949 publica “La vida no es un sueño”, siendo inspirado por el clima de la Resistencia.
En 1950 fue galardonado con el Premio San Babila y en 1953 con el Etna-Taormina junto con Dylan Thomas. En 1954 publica “El falso y verdadero verde”, un libro de la crisis, que comienza con una tercera fase de la poesía de Quasimodo, que refleja el clima político cambiante. El nuevo lenguaje se vuelve más complejo y más áspero. En 1958 viaja a la URSS en donde tiene un ataque al corazón, al que sigue una larga estancia en el hospital Botkin Moscú.

La última parte de su obra refleja un sentimiento intimista, consecuencia de cierta decepción ante la historia, y una clara conciencia de su propia soledad. A esta época pertenecen “La vida no es sueño” (1949), “El falso y verdadero verde” (1956), “La tierra incomparable” (1958), libros en los que el estilo se muestra más transparente y esencial pero lleno de sentido trágico y dramático. También “Deber y Haber” (Dare e avere, 1966), su última obra, que significa una especie de balance de vida y testamento espiritual.
Siendo uno de los grandes poetas italianos del siglo XX, suscita no pocas reticencias en quienes lo sitúan por debajo de autores como Ungaretti o Eugenio Montale. No fue ajeno a esta situación y escribió: “Ciertos críticos italianos mantienen hacia mí una actitud de reproche; aprobarían mis poemas si de ellos se quitara lo que consideran sobrante. Lo que consideran sobrante es precisamente la poesía”. La concesión del Premio Nobel de Literatura en 1959 contribuyó a escarbar en la herida de esta polémica. El 10 de diciembre de 1959, en Estocolmo, Salvatore Quasimodo recibe el premio.

El poeta es un inconformista y no ingresa en el cascarón de la civilización falsamente literaria, que está llena de torreones defensivos como en el tiempo de las Comunas. Él puede simular destruir sus formas, mientras en cambio realmente las continúa.

El poeta está confinado a las provincias con la boca rota por su propio trapecio silábico.

Al Nobel le siguieron muchos escritos y artículos sobre su obra, y un aumento de las traducciones. En 1960 la Universidad de Messina le otorga un doctorado honoris causa, además de la ciudadanía honoraria por el municipio. En este mismo año se separa de Maria Cumani.

Curzia Ferrari será otro de los amores de Salvatore Quasimodo. Se conocieron cuando el poeta acababa de recibir el premio Nobel y su relación duró, más o menos, seis años y terminó con su muerte. A los años de su unión, Ferrari, en 1970, dedicó el libro Una mujer y Quasimodo, publicado por Ferro Edizioni, donde traza un perfil en profundidad del Quasimodo-hombre.

Quasimodo con Curzia Ferrari

En sus últimos años el poeta realizó numerosos viajes a Europa y América, dando discursos públicos y conferencias públicas de sus poemas, que habían sido traducidos a varios idiomas extranjeros.
En junio de 1968, cuando estaba en Amalfi para un discurso, Quasimodo sufre una hemorragia cerebral. Muere unos días después en el hospital de Nápoles. Fue enterrado en el Cementerio monumental de Milán.
En su discurso al recoger el premio Nobel dijo sobre la condición de poeta que no representa el mundo a través de las palabras, no reproduce ni duplica, deja hablar a las cosas, a la vida, traduce el silencio del mundo. Y la inocencia, ella hará que sea posible esa representación a través de la armoniosa captura de las verdades de las cosas y de aquellas que la mente desbroza.


Su último trabajo, “Toma y daca” fue en el 1966: se trata de una colección en la que hace un balance de su propia vida, casi un testamento espiritual (el poeta moriría dos años después).


Además de su actividad poética desarrolló una importante labor de ensayista que le llevó a confeccionar las antologías “Lírica de amor italiana desde su origen a nuestros días” (1957) y “Poesía italiana de la posguerra” (1958). Sus ensayos críticos fueron publicados en el libro “El poeta y el político” (1960), que incluye el discurso que leyó cuando le entregaron el premio Nobel, mientras que en el volumen “Escritos sobre el teatro” (1961) se recogieron sus crónicas sobre el mundo del espectáculo aparecidas en la revista Tempo.

Eugenio Montale fue uno de los primeros en escribir sobre Quasimodo. En la revista “Pegaso” (No.3, Firenze, marzo de 1931), comentó del entonces recién aparecido Agua y tierra, que Quasimodo había pasado del artificio a la verdadera expresión y que, para él ,había en el libro la dignidad de una búsqueda que bien merecía reconocimiento.

Recogiendo el Premio Nobel de Literatura en 1959.

Dijo Quasimodo que un poeta, el nacimiento de un poeta, es siempre una amenaza para el orden establecido y en especial para las castas artísticas y literarias de cada época. Así se vera sometido a los juicios de los profesores, de los críticos con sus estándares estéticos, a los bien y mal pensantes. La maquinaria cultural le ignora. El poeta es la suma total de las “experiencias” de los hombres y mujeres de su tiempo. Su lenguaje no es ya el de la vanguardia, es el que ansían todos los desplazados en su dignidad de nómadas.
Hace de la lengua común su materia prima, su tesoro.
El espíritu auténticamente creativo esta siempre a merced de los lobos. El poeta esta solo, doblemente solo, pues no se doblega a dictámenes de la critica, ni del poder político ni de la moral imperante. El sólo es fiel al dolor del mundo, y a su esperanza.

Poesía y Política son antagónicas. El poeta se preocupa por el orden interior del ser humano; la política se preocupa de ordenar a los hombres.

Las obras de la poeta Premio Nobel de Literatura fueron traducidas a cuarenta idiomas y son estudiados en todos los países del mundo.

PREMIOS

En la década de 1950 Quasimodo gana los siguientes premios literarios: Premio San Babila (1950), Premio Etna-Taormina (1953), Premio Viareggio (1958) y, finalmente, el Premio Nobel de Literatura (1959). En 1960 y 1967 recibió títulos honoris causa de las Universidades de Messina y Oxford, respectivamente.

OBRAS

  • Aguas y tierras (1930)
  • Oboe sumergido (1932)
  • Erato y Apolión (1936)
  • Y de repente la noche (1942)
  • Nuevas poesías (1942)  
  • Día tras día (1947)
  • La vida no es sueño (1949)
  • La tierra incomparable (1958)
  • El poeta y el político (1960)
  • Deber y haber (1966)

POEMAS

LA PUERTA CERRADA

Viandante, que encontraste cerrada
la puerta de la ciudad extranjera,
que había florecido en tu pupila
como una cordillera de estrellas,
vuelve a tu pequeña tierra,
delimitada por la mar; lejana,
pero tan cerca de tu corazón.

Encierra en la sombra como en un sepulcro
los sueños de infinitas lejanías,
y cual estatua, rey en tu refugio,
arroja del inmaculado umbral
la púrpura nueva que cubre al antiguo harapiento
y abre sólo la puerta a tu madre.

La encontrarás en el rincón del templo,
donde, al atardecer, se detienen los pordioseros enfermos
a pedir su limosna de sol;
entre los tísicos y los leprosos
y los apestados de miembros maltrechos,
llámala en voz alta:

habrá una persona que se alzará entre ellos
y besarás las llagas de sus pies.

De Nocturnos del rey silencioso

Y DE PRONTO ANOCHECE

 Cada uno está solo sobre el corazón de la tierra
atravesado por un rayo de sol:
y de pronto anochece.

Del libro Agua y Tierra 1920-1929

SE OÍAN PASAR AÉREAS ESTACIONES

Una risa ambigua cortaba tu boca
para mí pleno sufrimiento,
un eco de maduras angustias
reverdecía si tocaba signos
oscuros de gozo para la carne.

Se oían pasar aéreas estaciones,
desnudez de las mañanas,
lábiles rayos chocándose.

Otro sol, del que viene
este peso de hablarme tácito.

Del libro Agua y Tierra 1920-1929

PALABRA

Tú ríes porque adelgazo sílaba tras sílaba
y curvo cielos, cerros, seto azul
que me cerca, y susurros de olmos
y voces de aguas medrosas;
que a la juventud engaño
con nubes y colores
que ahonda la luz.

Te conozco. En ti, completamente extraviada,
alza sus senos la belleza,
se ahueca en el dorso y con suave impulso
se dilata en el pubis temeroso,
y desciende en armonía de formas
a los pies bellos con diez conchas.

Mas he aquí que si te tomo,
para mí te conviertes en palabra, en tristeza.

De Oboe sumergido 1930-1932

COMPAÑERO

No sé qué luz en mí desadormeces:
elipse nupcial de blanco y de celeste
que en mí cae y se hunde. Tú eres,
al tocarme, piadoso nacimiento,
y en los silencios reúnes imágenes de infancia:
amorosísimos ojos de oveja apuñalada,
un perro que me mataron
y que fue un compañero arisco y feo
de secas paletillas.

Y yo amaba a aquel niño
más que a los otros; experto
en el juego de la rayuela y la billalda,
y siempre callado y sin sonrisa.

Crecíamos al aire libre de los altos cielos
recorriendo tierras y vaporosos planetas:
viajes misteriosos a la luz de un candil
y el sueño tardío me sumía absorto
en los cantos tranquilos de cada gallnero,
en el primer resonar de los zuecos, al lado del horno,
de las criadas a medio vestir.

Me has hecho llorar
y tu nombre la luz no me aclara,
sino aquella blancura de cordero
del corazón que enterré.

De Oboe sumergido 1930-1932

GARZA MUERTA

En el pantano caliente, hundida en el fango,
llena de insectos, me duele
una garza muerta.
Me consumo en voz y sonido;
temblando en débiles ecos
de tiempo en tiempo gime un soplo
olvidado.
Piedad, que no me halle
sin voces y sin rostros
en la memoria un día.

 Érato y Apolo (1932-1936)

EN LAS FRONDAS DE LOS SAUCES

¿Y cómo podíamos cantar
con el pie extranjero sobre el corazón,
entre los muertos abandonados en las plazas
sobre la hierba dura de hielo, ante el gemido
de cordero de los niños, ante el alarido negro
de la madre que iba a encontrar a su hijo
crucificado en el poste del telégrafo?
En las frondas de los sauces, como ex votos,
también nuestras liras estaban colgadas,
oscilaban levemente al triste viento.

De Día tras día (1947)

LA POESÍA

Una noche en que la nieve adormecía ángeles sobre las cumbres
y, sobre los tejados, derramaba crisantemos,
quizá, al lado de mi cuerpo frío, buscó calor,
desnuda como todas las canciones de los nómadas,
pura como todas las rosas de los huertos desconocidos,
donde las rugosas glebas y los búcaros de las flores blancas
ofrecen rocío a los pájaros sedientos.

Acaso, siempre había estado a mi alrededor,
en mi casa de frágil soñador,
abierta a las estrellas cenicientas
que desde el cielo traen los besos de los niños muertos sin amor.

Ahora, es como un incensario de ágata purísima
que arde entre las columnas de la habitación de amatista,
donde la hora matutina, huyendo de mis besos de Nocturno,
dejó el amor y el llanto de todos los caminos del mundo.

Arde, y el incienso es sonrisa de muchacha,
arde y el hachís es caricia de boca
sobre los pechos de una mujer perfecta.

En la hora en que las luciérnagas se encienden
sobre los vaporosos cristales de los castillos encantados,
y las canciones del sueño tienen cadencias de estrellas,
sumisamente, besándonos en los ojos,
recitamos el Cántico del sol,
nuestra plegaria del crepúsculo,
que nos abre las puertas azules del sueño.

Ella me enseñará a hablar en la oscuridad;
mis canciones no tienen sol,
como el rebaño que, sonando sus esquilas,
a las fuentes desciende con las cabezas inclinadas.

Besa el umbral de tu casa, h. 1920 (publicado en 1981). Traducción de Antonio Colinas.

PLEGARIA

Sé bueno, si quieres escuchar mi voz
y besa el umbral de tu casa.

Lleva dos lámparas, cálidas como el pecho de las golondrinas,
y, hacia la noche, cuando tu rostro tenga la penumbra del cielo,
abre la cancela de cristal de mi refugio azul
y, en silencio, arrímate a mí.

Te hablaré de mis sueños, que he dejado sobre los escalones,
detrás de las puertas cerradas y desconocidas,
de los sueños brotados de los jardines pobres,
sin cantos, en medio de las cicutas.

Luego, calla y regresa: la música que duerme bajo las mimosas
se despertará para ti, que has besado el umbral de tu casa.

Traducción de Antonio Colinas

MILÁN, AGOSTO DE 1943

En vano buscas entre el polvo,
pobre mano, la ciudad ha muerto.
Ha muerto, se oyó el último trueno
en el corazón del barrio viejo,
y el pájaro ha caído desde la antena,
allí arriba sobre el convento,
en donde cantaba, antes del crepúsculo.
No caven pozos en los patios,
ya no tienen sed los vivos.
No toquen a los muertos, tan rojos, tan hinchados:
déjenlos sobre la tierra de sus casas,
la ciudad está muerta, muerta.

LAMENTO POR EL SUR

La luna roja, el viento, tu color
de mujer del Norte, la llanura de nieve…
Mi corazón está ya en estas praderas,
en estas aguas anubladas por la niebla.
He olvidado el mar, la grave
caracola que soplan los pastores sicilianos,
las cantilenas de los carros a lo largo de los caminos
donde el algarrobo tiembla en el humo de los rastrojos,
he olvidado el paso de las garzas y las grullas
en el aire de las verdes altiplanicies
por las tierras y los ríos de Lombardía.
Pero el hombre grita en cualquier parte la suerte de una patria.
Ya nadie me llevará al sur.

Oh, el Sur está cansado de arrastrar muertos
a la orilla de las ciénagas de malaria,
está cansado de soledad, cansado de cadenas,
está cansado en su boca
de las blasfemias de todas las razas
que han gritado muerte con el eco de sus pozos,
que han bebido la sangre de su corazón.
Por eso sus hijos vuelven a los montes,
sujetan los caballos bajo mantas de estrellas,
comen flores de acacia a lo largo de las pistas
nuevamente rojas, aun rojas, aun rojas.
Ya nadie me llevará al Sur .

Y esta tarde cargada de invierno
es aún nuestra, y aquí te repito
mi absurdo contrapunto
de dulzuras y furores,
un lamento de amor sin amor.

Versión de Carlo Fabretti
Del libro "Aguas y tierras":

ENTRE LA LUZ Y EL VIENTO

Este silencio detenido en las calles,
este viento indolente que ahora se desliza
bajo, entre las muertas hojas , o se eleva
a los colores de las banderas extranjeras…
Acaso el ansia de decirte una palabra
antes de que aún se vuelva a cerrar el cielo
sobre otro día, acaso la inercia,
el más vil de nuestros males… La vida
no se halla en este tremendo y oscuro
latir del corazón, no es piedad
sino un juego de la sangre en el que la muerte
está en flor.

A TU LUMBRE NÁUFRAGA

Nazco a tu lumbre náufraga,
ocaso de aguas límpidas.

De hojas serenas arde
el aire consolado.

Desarraigado de los vivos,
corazón transitorio,
soy un límite vano.

Tu don tremendo
de palabras, Señor,
asiduamente pago.

Despiértame de entre los muertos:
cada uno ha tomado su tierra
y su mujer.

Tú me has mirado dentro,
en la oscuridad de las vísceras;
ninguno tiene mi desesperación
en su alma:

soy un hombre solo,
un solo infierno.

Del libro Erato e Apóllion

CONVALECENCIA

Siento amor convertirse en otra muerte
ignota para mí, pero más lenta,
que a menudo me empuja hacia sus formas.

Abandono de alga:
me busco en los oscuros acordes
de profundos despertares
en orillas densas de cielo.

El viento se injerta
dócil en mi sangre,
y es ya voz y naufragio,
manos que renacen:
manos entrelazadas o palma con palma unidas
en distendida renuncia.
Tiene miedo de ti
el corazón seco y doliente,
infancia imposeída.

Del libro "Oboe sumergido"

CANTO DE APOLO

Noche terrenal, en tu exiguo fuego
me complací alguna vez
y descendí entre los mortales.

Y vi al hombre
inclinado sobre el regazo de la amada
escuchándose nacer,
y transformarse entregado a la tierra,
las manos juntas,
abrasados los ojos y la mente.

Yo amaba. Frías eran las manos
de la criatura nocturna:
otros terrores acogía en el vasto lecho
donde al alba me despertó
un aleteo de palomas.

Luego el viento depositó hojas
sobre su cuerpo inmóvil;
se alzaron sombrías las aguas en los mares.

Amor mío, yo aquí me aflijo
sin muerte, solo.

De "Erato y Apolo"

SÍLABAS A ERATO

A ti se pliega el corazón en soledad,
exilio de oscuros sentidos
en el que transmuta y ama
lo que ayer parecía nuestro
y ahora está sepultado en la noche.

Semicírculos de aire resplandecen
en tu rostro; te me apareces
en el tiempo que la primera ansiedad aflige
y me vuelves blanco, lenta la boca
a la luz de la sonrisa.

Por tenerte te pierdo
y no me aflijo: todavía eres bella,
quieta en dulce posición de sueño:
serenidad de muerte extremo gozo.

De "Erato y Apolo"

CASI UN MADRIGAL

El girasol se vuelve a occidente
y ya se precipita el día en su
ojo en ruina y el aire del estío
se espesa y ya curva las hojas y el humo
de las fábricas. Se aleja con el sobrio
discurrir de las nubes y con crujidos de rayos
este último juego del cielo. Todavía,
y desde hace años, querida, nos detiene la mutación
de apretados árboles en el cerco
de los Navigli. Pero es siempre nuestro día,
y siempre aquel sol que desaparece
con el hilo de su rayo afectuoso.

No tengo ya recuerdos, no quiero recordar;
la memoria resurge de la muerte,
la vida no tiene fin. Cada día
es nuestro. Uno se detendrá para siempre,
y tú conmigo, cuando nos parezca tarde.
Aquí, al borde del canal, columpiando
los pies, como si fuésemos niños,
contemplamos el agua, las primeras ramas
en su color verde que se oscurece.
Y el hombre que en silencio se avecina
no esconde un cuchillo entre las manos,
sino una flor de geranio.

Del libro La vida no es un sueño 1946-1948

CARTA

Este silencio quieto en las calles,
este viento indolente, que se desliza
bajo entre las hojas muertas o asciende
hacia los colores de las insignias extranjeras…
tal vez el ansia de decirte una palabra
antes de que se cierre de nuevo el cielo
sobre otro día, tal vez la inercia,
nuestro mal más vil… La vida
no está en este tremendo, oscuro, latir
del corazón, no es piedad, no es más
que un juego de la sangre donde la muerte
está en flor. Oh mi dulce gacela,
te recuerdo aquel geranio encendido
sobre un muro acribillado de metralla.
¿O ahora ni siquiera la muerte consuela
ya a los vivos, la muerte por amor?

LAS MUERTAS GUITARRAS

Mi tierra está sobre los ríos fundida con el mar,
no existe otro lugar de voz tan lenta,
donde vagan mis pies
entre juncos sobrecargados de caracoles.
En verdad, es otoño: desgarradas en el viento
las muertas guitarras alzan sus cuerdas
sobre la boca negra y una mano agita los dedos
de fuego.
En el espejo de la luna
se peinan muchachas con pechos de naranja.

¿Quién llora? ¿Quién fatiga los caballos en el aire
rojo? Nos detendremos en esta orilla
a lo largo de urdimbres de hierba y tú, amor,
no me lleves delante de ese espejo
infinito: en él se contemplan muchachos
que cantan y árboles altísimos, y aguas.
¿Quién llora? Yo no, créeme, sobre los ríos
discurren exasperados chasquidos de un látigo,
los oscuros caballos y los relámpagos de azufre.
Yo no, mi raza posee cuchillos
que arden y lunas y heridas que queman.

De: «El falso y verdadero verde» – 1949-1955

AL PADRE

Donde sobre las aguas violeta
estaba Messina, entre cables rotos
y ruinas tú marchas entre vías
y cambios con tu gorro de gallo
isleño. El terremoto hierve
desde hace tres días, diciembre de huracanes
y mar envenenado. Nuestras noches caen
en los vagones de carga y nosotros, rebaño infantil,
contamos sueños polvorientos con los muertos
aplastados por hierros, mientras mordemos almendras
y guirnaldas de manzanas secas. La ciencia
del dolor puso verdad y aceros
en los juegos de las bajas llanuras de malaria
amarilla y terciaria hinchada de barro.
Tu paciencia
triste, delicada, nos robó el miedo,
fue lección de días unidos a la muerte
traicionada, al desprecio de los ladrones
apresados entre las ruinas y ajusticiados en la tiniebla
por la fusilería de los desembarcos, cuenta
de números bajos que resultaba exacta,
concéntrica, un balance de vida futura.
Tu gorro de sol bajaba y subía
en el poco espacio que siempre te han dado.
También a mí me midieron cada cosa
y he llevado tu nombre
un poco más allá del odio y de la envidia.
Ese rojo sobre tu cabeza era una mitra,
una corona con alas de águila.
Y ahora, en el águila de tus noventa años,
he querido hablar contigo, con tus señales
de partida coloreadas por la linterna
nocturnal y aquí desde una rueda
imperfecta del mundo,
sobre un cúmulo de muros cerrados,
lejos de los jazmines de Arabia
donde todavía estás, para decirte
lo que en un tiempo no pude -difícil afinidad
del pensamiento- para decirte, y no nos escuchan sólo
cigarras en los cruces, agaves lentiscos,
como el campesino dice a su señor:
“Besamos las manos”. Esto nada más.
Oscuramente fuerte es la vida.

HOMBRE DE MI TIEMPO

Hombre de mi tiempo, eres aún aquel
de la piedra y la honda. Estabas en la carlinga
con las alas malignas, los cuadrantes de muerte
-te vi- dentro del carro de fuego, en las horcas,
en las ruedas de tortura. Te vi: eras tú,
con la ciencia precisa dispuesta para el exterminio,
sin amor, sin Cristo. Has matado de nuevo,
como siempre, como tus padres mataron, como mataron
los animales que te vieron por vez primera,
y huele esta sangre como la de aquel día
en el que el hermano dijo a otro hermano:
“Vamos al campo”. Y aquel eco frío, tenaz,
llegó a ti, y llegó a tu jornada.
Olvidad, oh hijos, las nubes de sangre
que ascienden de la tierra, olvidad a los padres:
sus tumbas se hunden en el cenizal,
los pájaros negros, el viento, cubren sus corazones.

 Traducción: Marco Casavecchia

A UN POETA ENEMIGO

Sobre la arena de Gela color de la paja
me tendía de niño a la orilla del mar
antiguo de Grecia con muchos sueños en los puños
apretados y en el pecho. Allí Esquilo exiliado
midió versos y pasos desconsolados,
en aquel golfo árido el águila lo vio
y fue el último día. Hombre del Norte, que me quieres
mínimo o muerto para tu paz, espera:
la madre de mi padre tendrá cien años
en la nueva primavera. Espera: que yo mañana
no juegue con tu cráneo amarillo por las lluvias.

EPITAFIO PARA BICE DONETTI

Con los ojos hacia la lluvia y los elfos de la noche,
está allí, en el campo número quince, en Musocco,
la mujer Emiliana que yo amé
en el tiempo triste de la juventud.
Hace poco fue sorprendida por la muerte
mientras miraba tranquila el viento del otoño
agitar las ramas de los plátanos y las hojas
desde su gris casa de la periferia.
Su rostro aún está vivo de sorpresa,
como sin duda lo estuvo en la infancia, deslumbrado
por el tragallamas alto sobre el carromato.
Oh tú, que pasas, empujado por otros muertos,
ante la fosa mil ciento sesenta,
detente un minuto a saludar
a la que nunca se lamentó del hombre
que aquí queda, odiado, con sus versos,
uno de tantos, obrero de sueños.

Del libro "La vida no es sueño"

CARTA A LA MADRE

 “Mater dulcísima, ahora descienden las nieblas,
y el Naviglio embiste confuso contra los muelles,
los árboles se hinchan de agua, arden de nieve;
no estoy triste en el Norte: no estoy
en paz conmigo mismo, mas no espero
perdón de nadie, muchos me deben lágrimas
de hombre a hombre. Sé que no estás bien, que vives,
como todas las madres de los poetas, pobre
y con la justa medida de amor
a causa de tus hijos lejanos. Hoy soy yo
quien te escribe”. – Al fin, dirás, dos líneas
de aquel muchacho que huyó de noche con un abrigo corto
y algunos versos en el bolsillo. Pobre, tan generoso,
un día lo matarán en cualquier parte-.
“En verdad, lo recuerdo, fue en aquel gris andén
de trenes lentos que llevaban almendras y naranjas
a la desembocadura del Imera, el río lleno de urracas,
de sal, de eucaliptos. Más ahora te agradezco,
así lo deseo, la ironía que has puesto
sobre mis labios, mansa como la tuya.
Esa sonrisa me ha salvado de llantos y dolores.
Y no importa si ahora derramo lágrimas por ti,
por todos los que como tú esperan
y no saben que esperan. Ah, muerte amable,
no toques el reloj que en la cocina late sobre el muro,
toda mi infancia pasó sobre el esmalte
de su cuadrante, sobre sus flores pintadas:
no toques las manos, el corazón de los viejos.
Pero ¿acaso alguien responde? Oh piadosa muerte,
muerte honesta. Adiós, querida, adiós mi dulcísima mater.

(Versión de Alberto Girri y Carlos Viola Soto)

«AÚN SE OYE EL MAR»

Hace ya varias noches que aún se oye el mar,
leve, de aquí para allá, a lo largo de las lisas arenas.
Eco de una voz encerrada en la mente
que remonta desde el tiempo; y también este
asiduo lamento de las gaviotas: acaso
de los pájaros de la torre, que abril
impulsa hacia el llano. En otro tiempo,
con esa voz estabas a mi lado;
y quisiera que a ti también llegase,
ahora, un eco de mi memoria,
como el murmullo oscuro del mar.

De: «Día tras día», 1947
Traducción de Antonio Colinas

«AUSCHWITZ»

Allá abajo, amor, en Auschwitz, lejos
del Vístula, a lo largo de la llanura nórdica.
en un campo de muerte: fría, fúnebre,
la lluvia sobre la herrumbre de los postes
y los revoltijos de alambre de las cercas:
ni árboles ni pájaros en el aire gris
o en nuestro pensamiento, sino inercia
y dolor que la memoria abandona
a su silencio sin ironía o ira.
Tú no quieres elegías, lirismos: sólo
razones de nuestra suerte, aquí,
tú, tierna a los obstaculos de la mente,
insegura ante una presencia
clara de vida. Y la vida está aquí,
en cada negación que certeza parece:
aquí oiremos llorar al ángel, al monstruo,
nuestras horas futuras
golpear el más allá, que aquí está, eterno
y en movimiento, no en una imagen
ensoñada, de posible piedad.
Y aquí la metamorfosis, aquí los mitos.
Sin nombres de símbolos o de un dios,
son crónicas, lugares de la tierra,
son Auschwitz, amor. ¡De qué manera súbita
se mutaron en sombrío humo
los amados cuerpos de Alfeo y Aretusa!
De aquel infierno que se abría
con la blanca inscripción «El trabajo os hará libres»,
salió con continuidad el humo
de miles de mujeres empujadas afuera,
al alba de los tugurios contra el muro
del tiro al blanco o ahogadas gritando
misericordia al agua con sus bocas
de esqueleto bajo las lluvias de gas.
Tú las encontrarás, soldado, en tu
historia bajo formas de ríos, de animales,
¿o también eres tú ceniza de Auschwitz,
medalla de silencio?
Quedan largas trenzas encerradas en urnas
de cristal aún ceñidas por amuletos
e infinitas sombras de pequeños zapatos
y bufandas de hebreos, son reliquias
de un tiempo de sabiduría, de sapiencia
del hombre hecho a la medida de las armas,
son los mitos, nuestras metamorfosis.
Sobre los espacios en los que el amor y llanto
y piedad se marchitaron, bajo la lluvia,
allá abajo, se rebelaba un no dentro de nosotros,
un no a la muerte, muerta en Auschwitz,
para no repetirme desde aquella fosa
de cenizas, la muerte.

De: «El falso y verdadero verde» 1949-1955
Traducción de Antonio Colinas

TENGO FLORES Y DE NOCHE INVITO A LOS ÁLAMOS

Hospital de Sesto S. Giovanni, noviembre 1965

Mi sombra está sobre otro muro
de hospital. Tengo flores y de noche
invito a los álamos y a los plátanos del parque,
árboles de hojas caídas, no amarillas,
casi blancas. Las monjas irlandesas
no hablan nunca de muerte, parecen
movidas por el viento, no se maravillan
de ser jóvenes y gentiles: un voto
que se libera en las ásperas plegarias.
Me parece que soy un emigrante
que vela encerrado en sus cobijas,
tranquilo, por tierra. Tal vez muero siempre.
Pero escucho gustosamente las palabras de la vida
que jamás he entendido, me detengo
en largas hipótesis. Ciertamente no la podré eludir;
seré fiel a la vida y a la muerte
en cuerpo y espíritu
en cada dirección prevista, visible.
A intervalos algo me supera,
ligero, un tiempo paciente,
la absurda diferencia que corre
entre la muerte y la quimera
del latir del corazón.

De “Debe y Haber” 1959-1965

Te recomendamos ver el programa de televisión.

Bibliografía recomendada y textos de referencia:

PRÓXIMO PROGRAMA

133. Poesía más Poesía: Celedonio Flores

CELEDONIO ESTEBAN FLORES

BIOGRAFÍA

Celedonio Flores, también recordado como “El negro Cele” nació en Buenos Aires en 1896, en un barrio popular habitado por criollos e inmigrantes de diferentes orígenes. Sus padres fueron Manuel Ceferino Flores y Fermina Rueda.

El matrimonio Flores tuvo cinco hijos: Amelia, Celedonio, Manuel, Andrés y Héctor. Cuando el poeta tenía cuatro años, sus padres decidieron mudarse, a Villa Crespo donde el poeta creció entre los dialectos de los inmigrantes, la vida al aire libre y las peleas entre barras juveniles, que forjaron su cariz popular, querido y respetado por su facilidad para hablar bella y grácilmente y su sentido del humor. Influenciado por el suburbio ratificó la introducción del lunfardo en el tango.

Otra importante influencia para Celedonio fue su padre que era tipógrafo de oficio y en aquellos tiempos los obreros gráficos eran literariamente ilustrados.

Desde pequeño leyó mucho tomando como modelo a Rubén Darío y Leopoldo Lugones pero enmarcándose en el campo del arrabal y su lenguaje, inspirado por Evaristo Carriego y los elementos literarios que utiliza, hasta arribar al tango-canción introduciendo el lunfardo con talento y pasión y captando las peripecias y tics de la época. Almafuerte, Gabriela Mistral, Amado Nervio, Banchas, Belisario Roldán y Alfonsina Storni eran autores que apilaba junto a su cama.

Abandonó la carrera de Comercio para dedicarse a lo que más le gustaba: la música y la literatura, estudió violín en el conservatorio y pintura en la Escuela de Bellas Artes. Comenzó a descubrir que su vocación era el arte.

En los años 20 se convirtió en un poeta y letrista de gran popularidad, alcanzando la fama cuando envió al diario Última hora un poema titulado “Por la pinta” por el que recibió 5 pesos como retribución. El poema llegó a manos de Carlos Gardel. No sabía quien era ese tal Celedonio pero le encantó su poema y con su compañero de dúo José Razzano, le pusieron música creando el tango “Margot”. Así explica Celedonio cómo nació su amistad con Gardel:

—Te voy a contar… A esa edad en que se hacen versos, ensayé los míos. Quise escribirlos delicados, sutiles, finos… pero había grandes contras en aquel camino. ¿Cómo te ibas a tirar contra Amado Nervo o Rubén Darío? El naipe no daba pa’ tanto, hermano. Entonces, un día que estaba bien seco, en uno de esos días: en que uno sueña con la lotería sin tener el billete, me abrí de aquella parada elegante y escribí “Margot”. ¿Te acordás? Fue aquel tango que decía:

“…Y tu vieja, pobre vieja,
lava toda la semana
 pa’ poder parar la olla
con pobreza franciscana
en un triste conventillo
alumbrado a kerosén.
………………………………..
Ya no sos mi Margarita,
 ahora te llaman Margot…”

 “En un diario de la tarde salía en ese tiempo una sección en la cual publicaban colaboraciones premiando con cinco pesos la mejor. Y me tiré el lance. Cinco mangos hermano… ¿Te imaginás todo de pan y queso?… Bien: se publicó y salió premiado. A Gardel le gustó y me anduvo buscando. Por intermedio de un amigo común nos conocimos. Carlitos me pidió permiso para ponerle música. ¿Comprendés? Me pidió permiso… Y allí soldamos una amistad que subsiste en mí… y también, en él aunque se fue lejos…

Gardel grabó 27 temas de Celedonio, entre los que se encuentran uno de los mayores éxitos de su trayectoria “Mano a mano”. Otros de sus tangos más destacados son “Mala entraña”, “El bulín de la calle Ayacucho”, “Viejo Smoking”, “Malevito”, “Canchero” y “Pan”.

Carlos Gardel prefirió no grabar su tango “Corrientes y Esmeralda” porque la letra aludía a mujeres que soñaban con su pinta.

Así habla Celedonio de su gran amigo. Al año de cumplirse su muerte, en un homenaje radiotelefónico al que acudieron sus amigos más íntimos, entre ellos Leguisamo, el negro Flores lloró su amargura en estrofas como ésta:

“Se murió Carlitos, y allá en mi barriada
los puntos más bravos maldiciendo están…
Hay una tragedia en cada mirada,
hay una amenaza en cada ademán,
 hay un nudo horrible en cada garganta
y un incontenible ganas de llorar…”

Durante años escribió exclusivamente para Rosita Quiroga por razones comerciales pero con el paso de los años sus tangos comenzaron a formar parte de los repertorios de numerosos cantantes desde Ignacio Corsini y Alberto Gómenz a Edmundo Rivero y Julio Sosa, pasando por Goyeneche, Ángel Vargas y Floreal Ruiz.

“Lopecito”, Leguisamo, Alvarado y Esteban Celedonio Flores en un homenaje radiotelefónico a Gardel al cumplirse el primer aniversario de la muerte del Zorzal

Otras de sus letras que cosecharon éxitos fueron: “Muchacho”, “Viejo coche”, “Sentencia”, “Atenti pebeta”, “Pobre gallo bataraz”. “La musa mistonga”, grabado por Rosita Quiroga en 1926 fue la primera grabación que utilizó el sistema fonoeléctrico en Argentina.

Como poemarios publicó Cuando pasa el organito (1922) y Chapaleando (1929). Podemos encontrar una selección de su obra en Cancionero de Celedonio Flores, publicado en 1977.

Bajo el seudónimo de “Kid Cele” también se lanzó al cuadrilátero. En su juventud fue boxeador amateur de buen nivel:

—Iba yo a un colegio al que concurrían los hijos del ministro Joaquín V. González, y uno de ellos, Héctor, recibía lecciones de box de Willíe Gould. Entonces, en la Plaza Lavalle, hacíamos fintas a la salida de la escuela. Pero mi familia se mudó para Villa Crespo y abandoné mi “ring” de la plaza. Un día me dijeron si quería boxear en el Club Social América de mi nuevo barrio. Y fin. Allí me topé con Raúl Zampayo en diez rounds de dos minutos: nos dimos hasta hartarnos… y nos hicimos amigos. Pero unos amigos raros. Nos queríamos fuera del ring. Adentro, nos tirábamos al alma. Él, más peleador que yo, lo aventajaba en arte, en escuela, como se decía. Intervine de inmediato en el Campeonato de Aficionados de 1922 que se disputó en el viejo local de Universitario y en el debut le gané a Salvador Cataneo por puntos.

 — ¿En qué peso boxeabas?

—En el pluma… ¿De qué te reís?… Ahora peso el doble… ¡Qué macana!… Todos los sábados le digo a la patrona: “El lunes empiezo a hacer gimnasia…” Y aquí me tenés: esperando un lunes…

TANGO Y FOLKLORE ARGENTINO: Celedonio Esteban Flores

Con respecto a su vida sentimental se casó con Luisa Vince y se mudó a la localidad de Claypole, buscando una vida más sosegada y alejada de la noche porteña. Interrumpida, sin embargo, por sus trabajos en las radios porteñas, y sus giras por el interior del país con el cantante Carlos Acuña en compañía del guitarrista José María Aguilar. Cele oficiaba de presentador y recitador en los recitales de Acuña.

Celedonio Flores es uno de los integrantes de la primera línea de los poetas del tango junto a Homero Manzi, Enrique Santos Discépolo, Enrique Cadícamo y Homero Expósito. Su poesía se distingue por la creación de imágenes y metáforas, la inusitada riqueza verbal y su singular talento para constituir aforismos populares. Estudiaba el drama humano, se posesionaba con la vida de los personajes y de allí nacía su poesía. Su talento poético nace de una mirada singular sobre la realidad y una singular destreza para traducir en palabras esa mirada.

Los poemas de Celedonio padecieron la censura gubernamental sobre el tango por considerarlos obscenos por atentar contra la moral y las buenas costumbres y prohibiendo los términos en lunfardo y cualquier referencia social y moral que no coincidiera con las tesis defendidas por el gobierno que se instituyó tras el golpe militar de 1943. Se dice que la modificación de sus letras le amargó los últimos años de su vida. Cuando Perón levantó la censura sobre los tangos gracias a la gestión de Discépolo, Celediono no lo pudo disfrutar pues falleció joven a la edad de 50 años, en la ciudad de Buenos Aires en 1947.

Celedonio Flores vivió sus últimos años en el Claypole de la década del ‘40 a otro ritmo que la de la Capital Federal, enamorado de la vida simple de campo. “El negro Cele“, como se le llamaba, siempre fue más de vecinos y casa bajas que del anonimato y altos edificios.

Su obra poética fue de más de 350 títulos de los cuales muchos no fueron musicalizados. Fue incluido en la Antología de la Poesía Argentina de Raúl Gustavo Aguirre.

POEMAS

Mano a mano

Rechiflado en mi tristeza, te evoco y veo que has sido
en mi pobre vida paria sólo una buena mujer.
Tu presencia de bacana puso calor en mi nido,
fuiste buena, consecuente, y yo sé que me has querido
como no quisiste a nadie, como no podrás querer.

Se dio el juego de remanye cuando vos, pobre percanta,
gambeteabas la pobreza en la casa de pensión.
Hoy sos toda una bacana, la vida te ríe y canta,
Ios morlacos del otario los jugás a la marchanta
como juega el gato maula con el mísero ratón.

Hoy tenés el mate lleno de infelices ilusiones,
te engrupieron los otarios, las amigas y el gavión;
la milonga, entre magnates, con sus locas tentaciones,
donde triunfan y claudican milongueras pretensiones,
se te ha entrado muy adentro en tu pobre corazón.

Nada debo agradecerte, mano a mano hemos quedado;
no me importa lo que has hecho, lo que hacés ni lo que harás…
Los favores recibidos creo habértelos pagado
y, si alguna deuda chica sin querer se me ha olvidado,
en la cuenta del otario que tenés se la cargás.

Mientras tanto, que tus triunfos, pobres triunfos pasajeros,
sean una larga fila de riquezas y placer;
que el bacán que te acamala tenga pesos duraderos,
que te abrás de las paradas con cafishos milongueros
y que digan los muchachos: Es una buena mujer.
Y mañana, cuando seas descolado mueble viejo
y no tengas esperanzas en tu pobre corazón,
si precisás una ayuda, si te hace falta un consejo,
acordate de este amigo que ha de jugarse el pellejo
pa’ayudarte en lo que pueda cuando llegue la ocasión.

Margot

Se te embroca desde lejos, pelandruna abacanada,
que has nacido en la miseria de un convento de arrabal…
Porque hay algo que te vende, yo no sé si es la mirada,
la manera de sentarte, de mirar, de estar parada
o ese cuerpo acostumbrado a las pilchas de percal.
Ese cuerpo que hoy te marca los compases tentadores
del canyengue de algún tango en los brazos de algún gil,
mientras triunfa tu silueta y tu traje de colores,
entre el humo de los puros y el champán de Armenonville.

Son macanas, no fue un guapo haragán ni prepotente
ni un cafisho de averías el que al vicio te largó…
Vos rodaste por tu culpa y no fue inocentemente…
¡berretines de bacana que tenías en la mente
desde el día que un magnate cajetilla te afiló!

Yo recuerdo, no tenías casi nada que ponerte,
hoy usas ajuar de seda con rositas rococó,
¡me reviente tu presencia… pagaría por no verte…
si hasta el nombre te han cambiado como has cambiado de suerte:
ya no sos mi Margarita, ahora te llaman Margot!

Ahora vas con los otarios a pasarla de bacana
a un lujoso reservado del Petit o del Julien,
y tu vieja, ¡pobre vieja! lava toda la semana
pa’ poder parar la olla, con pobreza franciscana,
en el triste conventillo alumbrado a kerosén.

Noches de San Juan

Son las doce de la noche, se apagó la “fugata”
Que encendieron los purretes por ser noche de San Juan;
Ha quedado un rescoldito que hace una llamita a gatas,
Ya cubierto de ceniza que los vientos llevarán.
Hace un frío e’madona para andar a la intemperie,
Se atornilla el vigilante maldiciendo la estación,
A lo lejos ladra un perro y otro contesta al instante
Como ronda que pasara de un botón a otro botón.

La tristeza de la noche arrabalera
Se mete dentro del alma
Como el filo de un puñal.
Yo voy solo por la enladrillada acera
Con un verso a flor de labio
Y un recuerdo en la sesera
¡el recuerdo que me obliga a buscar la soledad!

Un muchacho de mi barrio toma el último tranvía
Y se viene para el centro a correr el espinel
Y en el viaje se ilusiona con programas de avería,
Con cotorros orientales y un cariño noble y fiel;
Va a tallar entre elemento de fulleros y matones,
A engrosa la caravana de bacanes de café,
A escuchar grandes hazañas de templados corazones
Que se juegan por un naipe o el amor de una mujer.

Se ilumina la puerta de una cantina
Que da paso a dos curdelas
Que abrazándose se van…
Y se pierden al doblar en una esquina
Canturreando torpemente:
Mientras yo doblo la frente
Y me hundo en la tristeza
De mi propia oscuridad.

Viejo Coche

Viejo coche, que cuando era
un muchacho calavera
de madrugada ocupé…
Si por pura fantasía
de la milonga salía
y a Palermo me tiré.

Eras nuevo y lustroso
y tu buen caballo brioso
por el centro te lució.
¡Viejo coche, quién diría,
que a la larga rodarías
como también rodé yo!

Te acordás de aquella noche
cochero que me quisiste,
qué contento te pusiste
porque un cariño encontré.
Y aquella otra que apenado
me dijiste: “Vea, niño,
hace un rato su cariño
en otro coche se fue”.

De mis pilchas, te pasaba
de aquellas que ya no usaba,
toda ropa de valor.
Si una fija me corría
muchas veces, si podía,
te llevaba un ganador.

Donde quiera que paraba
a tomar te convidaba
a mi lado un copetín.
Yo tenía mucho vento,
vos sabés que eso no es cuento
ni me dejarás mentir.

Y el pasado me ha quedado
como un recuerdo grabado
de mis éxitos de ayer.
¡Pero abierta está la herida
de la leyenda fngida
que me contó esa mujer!
Como vos, viejo cochero,
resignado sólo espero
lo que la suerte dirá.
Esperando que la vida
eche su última partida
para poderla copar.

Ya después en la carpeta,
al llegar la madrugada,
vos estabas de parada
para llevarme a dormir.
Y al tranco de tu caballo,
ya también viejo y cansado,
éramos naipes marcados
en el monte del vivir.

El Bulín de La Calle Ayacucho

El bulín de la calle ayacucho,
Que en mis tiempos de rana alquilaba,
El bulín que la barra buscaba
Pa caer por la noche a timbear,
El bulín donde tantos muchachos,
En su racha de vida fulera,
Encontraron marroco y catrera
Rechiflado, parece llorar.

El primus no me fallaba
Con su carga de aguardiente
Y habiendo agua caliente
El mate era allí señor.
No faltaba la guitarra
Bien encordada y lustrosa
Ni el bacán de voz gangosa
Con berretín de cantor.

El bulín de la calle ayacucho
Ha quedado mistongo y fulero:
Ya no se oye el cantor milonguero,
Engrupido, su musa entonar.
Y en el primus no bulle la pava
Que a la barra contenta reunía
Y el bacán de la rante alegría
Está seco de tanto llorar.

Cada cosa era un recuerdo
Que la vida me amargaba:
Por eso me la pasaba
Fulero, rante y tristón.

Los muchachos se cortaron
Al verme tan afligido
Y yo me quedé en el nido
Empollando mi aflicción.

Cotorrito mistongo, tirado
En el fondo de aquel conventillo,
Sin alfombras, sin lujo y sin brillo,
¡cuántos días felices pasé,
Al calor del querer de una piba
Que fue mía, mimosa y sincera …
¡y una noche de invierno, fulera,
Hasta el cielo de un vuelo se fue!

Viejo smoking

Campaneá cómo el cotorro va quedando despoblado
todo el lujo es la catrera compadreando sin colchón
y mirá este pobre mozo cómo ha perdido el estado,
amargado, pobre y flaco como perro de botón.

Poco a poco todo ha ido de cabeza p’al empeño
se dio juego de pileta y hubo que echarse a nadar…
Sólo vos te vas salvando porque pa’ mi sos un sueño
del que quiera Dios que nunca me vengan a despertar.

Viejo smocking de los tiempos
en que yo también tallaba…
¡Cuánta papusa garaba
en tus solapas lloró!
Solapas que con su brillo
parece que encandilaban
y que donde iba sentaban
mi fama de gigoló.

Yo no siento la tristeza de saberme derrotado
y no me amarga el recuerdo de mi pasado esplendor;
no me arrepiento del vento ni los años que he tirado,
pero lloro al verme solo, sin amigos, sin amor;

sin una mano que venga a llevarme una parada,
sin una mujer que alegre el resto de mi vivir…
¡Vas a ver que un día de éstos te voy a poner de almohada
y, tirao en la catrera, me voy a dejar morir!

Viejo smocking, cuántas veces
la milonguera más papa
el brillo de tu solapa
de estuque y carmín manchó
y en mis desplantes de guapo
¡cuántos llantos te mojaron!
¡cuántos taitas envidiaron
mi fama de gigoló!

Por qué canto así

Porque cuando pibe me acunaba en tangos
la canción materna que llamaba al sueño,
y escuché el rezongo de los bandoneones
bajo el emparrado de mi patio pobre.
Porque vi el desfile de las inclemencias
con mis pobres ojos de llorar abiertos,
y en aquella pieza de mis buenos viejos
tuvo la pobreza su mejor canción…

Y yo me hice en tangos,
me fui modelando en odio, en tristeza,
en las amarguras que da la pobreza,
en llantos de madres,
en las rebeldías del que es fuerte y tiene
que cruzar los brazos
cuando el hambre viene…
Y yo me hice en tangos,
porque es bravo, fuerte,
tiene algo de vida,
tiene algo de muerte…

Porque quise mucho, porque me engañaron,
y pasé la vida barajando sueños…
Porque soy un árbol que vivió sin flores,
porque soy un perro que no tiene dueño…
Porque tengo odios que nunca los digo,
porque cuando quiero me desangro en besos…
Porque quise mucho y no me han querido…
¡Por eso yo canto tan triste, por eso!

Malevito

Sos el mismo que allá por mi barrio
el botón dos por tres encaró,
porque había dicho al comisario
que piantarás de aquella sección.
Sos el mismo del negro pañuelo,
sos el mismo del saco cortón,
el del lustre aceitoso del pelo,
sos prepotente, haragán y matón.

Hoy parás en el Dominguez,
te vestís a la alta escuela,
jugás fuerte a la quiniela
y hasta San Carlos te vas.
Si caés a una carpeta
hacés temblar al banquero.
¡Parecés el Trust Joyero
por las joyas que cargás!

Cuando empiece a nevarte en el mate
y la línea entrés a perder,
si no has hecho como la hormiguita,
¡Malevito! Ahí te quiero ver,
sin amor, sin afecto, sin nada
que en el mundo te haga de puntal.
Malevito tal vez sea esa
la venganza del triste arrabal.

Canchero

Para el record de mi vida sos una fácil carrera
que yo me animo a ganarte sin emoción ni final.
Te lo bato pa’ que entiendas en esta jerga burrera
que vos sos una “potranca” para una “penca cuadrera”
y yo -¡che, vieja!- ya he sido relojiao pa’l Nacional…

Vos sabés que de purrete tuve pinta de ligero.
¡Era audaz, tenía clase, era guapo y seguidor!
Por la sangre de mi viejo salí bastante barrero
y en esa biaba de barrio figuré siempre primero
ganando muchos finales a fuerza de corazón.

El cariño de una mina que me llevaba doblao
en malicia y experiencia me sacó de perdedor.
Pero cuando estuve en peso y a la monta acostumbrado,
¡que te bata la percanta el juego que se le dio!

Ya, después, en la carpeta, empecé a probar fortuna
y muchas veces la suerte me fue amistosa y cordial…
Otras veces salí seco a chamuyar con la luna,
por las calles solitarias del sensiblero arrabal…

Me hice de aguante en la timba y corrido en la milonga,
desconfiao en la carpeta, lo mismo que en el amor…
Yo he visto venirse al suelo sin que nadie lo disponga
cien castillos de ilusiones, por una causa mistonga
y he visto llorar a guapos por mujeres como vos.

Ya ves, que por ese lado vas muerta con tu espamento…
Yo no quiero amor de besos, yo quiero amor de amistad.
Nada de palabras dulces, nada de mimos ni cuentos:
yo quiero una compañera pa’batirle lo que siento
y una mujer que aconseje con criterio y con bondad.

Corrientes Y Esmeralda

Amainaron guapos junto a tus ochavas
Cuando un cajetilla los calzó de cross
Y te dieron lustre las patotas bravas
Allá por el año… novecientos dos…

Esquina porteña, tu rante canguela
Se hace una melange de caña, gin fitz,
Pase inglés y monte, bacará y quiniela,
Curdelas de grappa y locas de pris.

El odeón se manda la real academia
Rebotando en tangos el viejo pigall,
Y se juega el resto la doliente anemia
Que espera el tranvía para su arrabal.

De esmeralda al norte, del lao de retiro,
Franchutas papusas caen en la oración
A ligarse un viaje, si se pone a tiro,
Gambeteando el lente que tira el botón.

En tu esquina un día, milonguita, aquella
Papirusa criolla que linnig mentó,
Llevando un atado de ropa plebeya
Al hombre tragedia tal vez encontró…

Te glosa en poemas carlos de la púa
Y el pobre contursi fue tu amigo fiel…
En tu esquina rea, cualquier cacatúa
Sueña con la pinta de carlos gardel.

Esquina porteña, este milonguero
Te ofrece su afecto más hondo y cordial.
Cuando con la vida esté cero a cero
Te prometo el verso más rante y canero
Para hacer el tango que te haga inmortal.

Muchacho

Muchacho que porque la suerte quiso
vivís en un primer piso
de un palacete central,
que pa’ vicios y placeres,
para farras y mujeres
disponés de un capital.
Muchacho
que no sabés el encanto
de haber derramado llanto
sobre un pecho de mujer;
y no sabés qué es secarse
en una timba y armarse
para volverse a meter;

que decís que un tango rante
no te hace perder la calma
y que no te llora el alma
cuando gime un bandoneón;
que si tenés sentimiento
lo tenés adormecido
pues todo lo has conseguido
pagando como un chabón.

Decime
si en tu vida pelandruna,
bajo la luz de la Luna
o si no bajo un farol,
no te has sentido poeta
y le has dicho a una pebeta
que ella es más linda que el Sol.

Decime
si conocés la armonía,
la dulce policromía
de las tardes de arrabal,
cuando van las fabriqueras
tentadoras y diqueras
bajo el sonoro percal…

Sentencia

La audiencia, de pronto se quedó en silencio:
de pie, como un roble,
con acento claro
hablaba el malevo.

Yo nací, señor juez, en el suburbio,
suburbio triste de la enorme pena,
en el fango social donde una noche
asentara su rancho la miseria.

De muchacho, no más, hurgué en el cieno
donde van a podrirse las grandezas…
¡Hay que ver, señor juez, cómo se vive
para saber después por qué se pena!

Un farol en una calle tristemente desolada
pone con la luz del foco su motivo de color…
El cariño de mi madre, mi viejecita adorada,
que por santa merecía, señor juez, ser venerada,
en la calle de mi vida fue como luz de farol.

Y piense si aquella noche, cuando oí que aquel malvado
escupió sobre sus canas el concepto bajo y cruel,
hombre a hombre, sin ventaja, por el cariño cegado,
por mi cariño de hijo, por mi cariño sagrado,
sin pensar, loco de rabia, como a un hombre lo maté.

Olvide usted un momento sus deberes
y deje hablar la voz de la conciencia…
Deme después, como hombre y como hijo,
los años de presidio que usted quiera…

Y si va a sentenciarme por las leyes,
aquí estoy pa’aguantarme la sentencia…
pero cuando oiga maldecir a su vieja,
¡es fácil, señor juez, que se arrepienta!

La audiencia, señores,
se ahogaba en silencio…
¡Llorando el malevo,
lloraba su pena
el alma del pueblo!

Cuando me entrés a fallar

He rodao como bolita de pebete arrabalero
y estoy fulero y cachuso por los golpes, ¿qué querés?
Cuantas veces con un cuatro a un envido dije ¡Quiero!…
y otra vez me fui a baraja y tenía treinta y tres.
Te conocí cuando entraba a fallarme la carpeta,
me ganaste con bondades poco a poco el corazón.
El hombre como el caballo, cuando ha llegado a la meta
afloja el tren de carrera y se hace manso y sobón.

Vos sos buena, no te alcanza ni el más mínimo reproche
y sos para mí una amiga desinteresada y leal,
una estrella en lo triste de mi noche,
una máscara de risa en mi pobre carnaval…
Vos me torciste la vida, te pusiste en mi camino
para alumbrarme con risas, con amor y con placer.
Y entré a quererte, por esa ley del destino
sin darme cuenta que estaba ya viejo para querer…

¿Viejo?…Porque tengo miedo que me sobrés en malicia.
¿Viejo?…Porque desconfío que me querés amurar.
Porque me estoy dando cuenta que fue mi vida ficticia
y porque tengo otro modo de ver y filosofar.
Sin embargo, todavía, si se me cuadra y me apuran
puedo mostrarle a cualquiera que sé hacerme respetar.
Te quiero como a mi madre, pero me sobra bravura
pa’hacerte saltar pa’arriba “Cuando me entrés a fallar”.

Atenti pebeta

Cuando estés en la vereda y te fiche un bacanazo,
vos hacete la chitrula y no te le deschavés;
que no manye que estás lista al primer tiro de lazo
y que por un par de leones bien planchados te perdés.

Cuando vengas para el centro, caminá junando el suelo,
arrastrando los fanguyos y arrimada a la pared,
como si ya no tuvieras ilusiones ni consuelo,
pues, si no, dicen los giles que te han echao a perder.

Si ves unos guantes patito, ¡rajales!;
a un par de polainas, ¡rajales también!
A esos sobretodos con catorce ojales
no les des bolilla, porque 1e perdés;
a esos bigotitos de catorce líneas
que en vez de bigote son un espinel…
¡atenti, pebeta!, seguí mi consejo:
yo soy zorro viejo y te quiero bien.

Abajate la pollera por donde nace el tobillo,
dejate crecer el pelo y un buen rodete lucí,
comprate un corsé de fierro con remaches y tornillos
y dale el olivo al polvo, a la crema y al carmín.
Tomá leche con vainillas o chocolate con churros,
aunque estés en el momento propiamente del vermut.
Después comprate un bufoso y, cachando al primer turro,
por amores contrariados le hacés perder la salud.

La Mariposa

No es que esté arrepentido
De haberte querido tanto;
Lo que me apena es tu olvido
Y tu traición
Me sume en amargo llanto.
¡si vieras! estoy tan triste
Que canto por no llorar…
Si para tu bien te fuiste
Para tu bien
Yo te debo perdonar.

Después de libar traidora
En el rosal de mi amor
Te marchas, engañadora,
Para buscar
El encanto de otra flor…
Y buscando la más pura,
La más linda de color,
La ciegas con tu hermosura

Para después
Engañarla con tu amor.

Aquella tarde que te vi
Tu estampa me gustó,
Pebeta de arrabal,
Y sin saber por qué yo te seguí
Y el corazón te di
Y fue tan sólo por mi mal.
Mirá si fue sincero mi querer
Que nunca imaginé
La hiel de tu traición…

¡qué solo y triste me quedé,
Sin amor y sin fe
Y derrotado el corazón!

Ten cuidado, mariposa,
De los sentidos amores…
No te cieguen los fulgores
De alguna falsa pasión
Perque entonces pagarás
Toda tu maldad,
Toda tu traición.

La Musa Mistonga

La musa mistonga de los arrabales,
La mistonga musa del raro lenguaje
Que abrevó en las aguas de los madrigales
Y al llegar al pueblo se tornó salvaje,
La que nada sabe de abates troveros
Que hilvanaron dulces endechas de amores
Pero que, por boca de sus cancioneros,
Conoce la vida de sus payadores.

La que nada sabe de los caballeros
De acción en las lides de los cintarazos,
Pero sabe casos de jugarse enteros
Un par de malevos a prueba de hachazos;
Que ignora la gloria de un día vivido
Bajo la fragante fronda de versalles,
Pero sale alegre cuando ha anochecido
A ver los muchachos jugar por las calles.

A ver cómo pasan felices parejas
Y se torna alegre la cara del ciego
Si escucha que hilvana sus canciones viejas
El buen organito que mentó carriego;
Que ignora la cuita de la princesita
Que pecó indiscreta con el rubio paje,
Pero que se apena porque milonguita
Ha dado un mal paso y llora su ultraje.

Que no se ha enterado que en una pavana
Se lucieron reyes de blasón y rango…
Su amigo, el malevo, hace filigranas
En el duro piso y al compás de un tango;
Al compás de un tango donde abreva ahora,
Para literarios implacables males,
En la suburbana paz evocadora,
La musa mistonga de los arrabales.

Íntima

En el chamuyo fácil sencillamente
Te dije mi amargura justa y sincera,
Esta pena que tengo continuamente
Golpeándome el tabique de la sesera.

No me gasté en aprontes porque mi labia
No sabe de encumbrada filosofía:
Te dije amargamente, pero sin rabia
Esta pena tan honda, pero tan mía.

Tal vez por sensiblera, por noble y buena
Te apenaste conmigo, luego serena
Me miraste a los ojos profundamente.
Y en un arranque noble porque fue humano
Sentí sinceramente no ser tu hermano
Y agradecerte el gesto mimosamente.

Lloró Como Una Mujer

Recitado:
Cotorro al gris. una mina
Ya sin chance por lo vieja
Que sorprenden a su garabo
En el trance de partir,
Una escena a lo melato
Y entre el llanto y una queja
Arrodillada ante su hombre
Así se lo oyó decir:

Me engrupiste bien debute con el cuento ‘e la tristeza,
Pues creí que te morías si te dejaba amurao…
Pegabas cada suspiro que hasta el papel de la pieza
Se descolaba de a poco hasta quedar descolgao.

Te dio por hacerte el loco y le pegaste al alpiste,
Te piantaron del laburo por marmota y por sobón…
Yo también al verte enfermo empecé a ponerme triste
Y entré a quererte, por sonsa, a fuerza de compasión.

Como quedaste en la vía y tu viejo, un pobre tano,
Era chivo con los cosos pelandrunes como vos,
Me pediste una ayuda entonces te di una mano
Alquilando un cotorrito por el centro pa’ los dos.

Allá como a la semana me mangaste pa’ cigarros,
Después pa’ cortarte el pelo y pa’ ir un rato al café;
Una vez que discutimos me tiraste con los tarros,
Que si no los gambeteo estaba lista, no sé…

Te empezó a gustar el monte y dejaste en la timba
Poco a poco la vergüenza, la decencia y la moral,
Como entró a escasear el vento me diste cada marimba
Que me dejaste de cama con vistas al hospital…

¿decime si yo no he sido para vos como una madre?
¿decime si yo merezco lo que me pensás hacer?

Bajó el bacán la cabeza y él, tan rana y tan compadre,
Besándole los cabellos lloró como una mujer.

Mala Entraña

Te criaste entre malevos,
Malandrines y matones,
Entre gente de avería
Desarrollaste tu acción;
Por tu estampa, en el suburbio
Florecieron los balcones,
Y lograste la conquista
De sensibles corazones
Con tu prestigio sentado
De buen mozo y de varón.

Mezcla rara de magnate
Nacido en el sabalaje,
Vos sos la calle florida
Que se vino al arrabal.
¡compadrito de mi esquina,
Que sólo cambió de traje!
Pienso, siempre que te veo
Tirándote a personaje,
Que sos mixto jaulero
Con berretín de zorzal.

Malandrín de la carpeta,
Te timbeaste de un biabazo
El caudal con que tu vieja
Pudo vivir todo un mes,
Impasible ante las fichas,
En las noches de escolaso
O en el circo de palermo,
Cuando a taco y a lonjazo
Te perdés por un pescuezo
La moneda que tenés.

Y es por eso que asentaste
Tu cartel de indiferente,
Insensible a los halagos
De la vida y al sufrir;
Se murió tu pobre madre,
Y en el mármol de tu frente
Ni una sombra, ni una arruga
Que deschavara, elocuente,
Que tu vieja no fue un perro,
Y que vos sabés sentir…

Pero al fin todo se acaba
En esta vida rastrera
Y se arruga el más derecho
Si lo tiran a doblar;
Vos, que sos más estirado
Que tejido de fiambrera,
Dios no quiera que te cache
La mala vida fulera,
Que si no, como un alambre,
Te voy a ver arrollar.

Si Se Salva El Pibe

Si se salva el pibe, si el pibe se salva
vas a ver la farra que vamos a dar
si Dios no permite que el pibe se vaya,
será fiesta patria en el arrabal.
Traeremos los pibes de todo el contorno
y así en una tarde repleta de sol
llenaremos toda la casa de adornos…
y daremos juntos las gracias a Dios…
No tienes que dejarlo salir con los muchachos,
en casa hay demasiado lugar para jugar,
ya ves lo que ha pasado, el muchachito bueno
cayó bajo las garras de la fatalidad.
Ya sé que tu no tienes ninguna culpa en esto,
no creas que es reproche, sino resignación,
si el pibe se nos salva, salvándose el muñeco,
verás como ésto, vieja, le sirve de lección.

Me contó mi madre que todos los chicos
tienen a su lado un ángel guardián.
Si así fuera cierto, el buen muchachito
por lindo y por santo, se debe salvar.
Y si Dios quisiera, llevárselo lejos…
parece que duerme, deja de llorar,
ya sabes que han dicho que no lo despierten,
si se salva el pibe, ¡si llega a sanar!

Pan

No encontramos nada.
Él sabe que tiene para largo rato,
la sentencia en fija lo va a hacer sonar,
así -entre cabrero, sumiso y amargo-
la luz de la aurora lo va a saludar.

Quisiera que alguno pudiera escucharlo
en esa elocuencia que las penas dan,
y ver si es humano querer condenarlo
por haber robado… ¡un cacho de pan!…

Sus pibes no lloran por llorar,
ni piden masitas,
ni chiches, ni dulces… ¡Señor!…
Sus pibes se mueren de frío
y lloran, habrientos de pan…
La abuela se queja de dolor,
doliente reproche que ofende a su hombría.
También su mujer,
escuálida y flaca,
con una mirada
toda la tragedia le ha dado a entender.

¿Trabajar?… ¿En dónde?… Extender la mano
pidiendo al que pasa limosna, ¿por qué?
Recibir la afrenta de un ¡perdone, hermano!
Él, que es fuerte y tiene valor y altivez.

Se durmieron todos, cachó la barreta,
se puso la gorra resuelto a robar…
¡Un vidrio, unos gritos! ¡Auxilio!… ¡Carreras!…
Un hombre que llora y un cacho de pan…

Pobre Gallo Bataraz

Carlos Gardel

No encontramos nada.
Pobre gallo bataraz,
se te está abriendo el pellejo.
Ya ni pa’ dar un consejo,
como dicen, te encontrás,
porque estás enclenque y viejo,
¡pobre gallo bataraz!

Pero en tus tiempos, cuidao
con hacer bulla en la siesta,
se te paraba la cresta
y había en la arena un finao.
Y siga nomás la fiesta
porque en tus tiempos, ¡cuidao!

Era de larga tu espuela
como cola de peludo.
Y a’más de ser entrañudo
eras guapo sin agüeria,
porque hasta el más corajudo
sintió terror por tu espuela.

Si en los días de domingo
había depositada,
ya estabas de madrugada
sobre el lomo de mi pingo.
Había que ver tu parada
pocas plumas el domingo.

Y si escaseaba la plata
o andaba medio tristón,
entre brinco y reculón,
me picabas la alpargata
como diciendo: Patrón,
ya sabe si anda sin plata.

Pobre gallo bataraz,
nunca te echaré al olvido.
Pimenton y maíz molido,
no te han de faltar jamás.
Porque soy agradecido,
¡pobre gallo bataraz!

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PRÓXIMO NÚMERO


131. Poesía más Poesía: Cecília Meireles

CECÍLIA MEIRELES

BIOGRAFÍA

Cecília Benevides de Carvalho Meireles, nacida el el 7 de noviembre de 1901 en Río de Janeiro, Brasil, fue una poetisa, maestra y periodista, cuya poesía lírica y altamente personal, a menudo simple pero con simbolismos complejos e imágenes, le valieron una posición importante en la literatura brasileña del siglo XX.
Huérfana a una edad temprana, su padre muere tres meses antes de su nacimiento y su madre cuando contaba dos años y medio, acabó siendo criada por su abuela materna, Jacinta, y por su ama de llaves, Pedrina. Tanto una como otra tuvieron una fuerte influencia en la vida profesional posterior de Cecília: la abuela, en el gusto por la lectura, y Pedrina por las canciones y leyendas folklóricas, que acabaron por formar parte del repertorio literario de la escritora.
De pequeña estudio violín, literatura e idiomas. Teorías y métodos educativos, música, folklore, las civilizaciones orientales, etc.


Comenzó su carrera en el magisterio con 17 años. Un año después publicó su primer libro de poemas, ”Espectro”.
Conoce, por entonces, al pintor portugués Fernando Correia Dias, radicado en Brasil desde antes de la Primera Guerra Mundial. Hombre afectado por profundas crisis depresivas y contrastantes estados anímicos, se casará con Cecilia Meireles en 1922 y compartirá con ella algunas de sus más ricas experiencias espirituales. De hecho, son suyas las interesantes ilustraciones que acompañan los textos de Nunca mais… e Poema dos poemas, libro aparecido en 1924.

Raiz de Xisto: Fernando Correia Dias e Cecília Meireles na Tertúlia do  Hotel Lamego
Fernando Correia Dias

El nacimiento de María Elvira, primera hija del matrimonio, constituyó un poderoso estímulo en la aproximación de Cecilia Meireles a la literatura infantil. A su labor docente y a su producción poética, añade entonces la escritora la elaboración de un libro que, poco después de su aparición, será adoptado oficialmente como texto de lectura en las escuelas. La obra se tituló Crianca, meu amor (Niño, mi amor. 1923) Nunca mais es también de 1923
A la primera María, siguieron dos más: María Matilde y María Fernanda, y las tres habrían de convertir a Cecilia Meireles en abuela de una numerosa descendencia. El tercer libro de poesía vino a luz poco después de nacer su tercera hija. Se tituló Baladas para El-Rei,( 1925) y también lo ilustró Fernando Correia Dias.

Por estos años se vinculó a los poetas modernistas de Río que publicaron Festa (1927-1929 y 1934-1935), haciendo que se interesara por la poesía portuguesa, cuyo simbolismo es bien diferente del francés gracias al concepto, intraducible, de saudade. El Modernismo de los poetas de Festa fue más equilibrado y meditativo que aquel postulado por los futuristas y vanguardistas de São Paulo y la Semana de Arte Moderna. El grupo modernista de Río ha sido descrito como «Tradicionalismo dinámico». Sus consignas incluían velocidade (velocidad en la expresión más que libertad formal), totalidade (ninguna forma de la realidad debía ser excluída), brasilidade (atención a la naturaleza y costumbres del Brasil) y universalidade (universalidad).

Como profesora opositó, en 1929, a la cátedra de Literatura de la Escuela Normal del Distrito Federal, quedando en segundo lugar. Su tesis defendía una modernización de la enseñanza, siguiendo los principios de la Escuela Nueva, entre los que destacaba que el trabajo del profesor debía ser realizado con amor y enfocado al desarrollo del niño y el valor de la libertad. Y que en la enseñanza primaria debía incluirse la música, la pintura, las artes. Y conducir a los niños en su aprendizaje, escucharlo, no someterlo. Abogaba también por una educación laica El tribunal examinador consideró muy osada su propuesta. Pero ella siguió defendiendo siempre los postulados de una educación más moderna y renovadora.

De 1930 a 1933, escribió artículos diarios sobre educación en el periódico Diário de Notícias. Y de 1941 a 1943 en el diario A Manhã (La Mañana). Siendo la primer mujer columnista de un periódico. El pensamiento de los educadores como Anísio Teixeira y Fernando de Azevedo encontró sucesivo eco en su columna periodística. Ya antes, bajo el título de Pedagogia de ministro, en el Diário de Notícias (del 30 de abril de 1931), había criticado duramente la política educativa que llevaba a cabo Francisco Campos, Ministro de Educación y Salud. En otros tres artículos en el mismo diario, continuó abundando en su crítica.

Su lucha por una educación de mayor calidad para su país la llevó a firmar en 1932 con otros grandes educadores brasileños, el manifiesto de la Nova Escola, y dos años después, en 1934, fue invitada por Anísio Teixeira, que a la sazón era director del departamento de Educación del Distrito Federal, para que desarrollase sus ideas educativas en el Centro de Cultura Infantil de Rio, y la creación de la biblioteca para niños, siendo ésta una experiencia piloto. Se puede considerar, por todo ello, a Cecília Meireles como una educadora militante.

El suicidio de su marido, en 1935, fue para ella terrible, teniendo que quedar de cabeza de familia criando a sus tres hijas. Pero también, porque en este mismo año, Anísio Teixeira tuvo que dimitir de su cargo, siendo sustituido por su enemigo político Francisco Campos, situación que le provocó a Cecília una gran inestabilidad profesional y educativa.
Tampoco estos problemas le impidieron seguir criticando duramente al gobierno de Getúlio Vargas, al que trataba claramente de dictador, como realmente lo era. Y Getúlio acabó cerrando en 1937 el Centro Cultural Infantil, con la disculpa de que en él había actividades subversivas, como la divulgación del libro de Mark Twain, “ Las aventuras de Tom Sawyer publicado en 1876, por sus supuestas ideas comunistas.
En 1934 dio conferencias sobre literatura brasileña en las universidades de Lisboa y Coimbra. Entre 1935 y 1937 enseñó literaturas luso-brasileñas, literaturas comparadas e historia y filosofía oriental en la recién fundada Universidad Federal de Río.
En 1937 aparece Viagem, después de catorce años de silencio poético y afirma a Cecilia como poeta. Es ahí donde comienza su madurez.

Cecília Meireles | Enciclopédia Itaú Cultural

En 1940 Meireles se casa con Heitor Vinícius da Silveira Grilo, profesor e ingeniero agrónomo, con quien tiene otra hija​.
Cecília inscribe su libro Viagem en un concurso de poesía de la Academia Brasileira de Letras. Concurrió al premio denominado Olavo Bi-lac, que ofrecía una buena cantidad de dinero. Ganó dicho premio, pero no profirió su discurso de agradecimiento, por haber sufrido censura por parte de algunos académicos.

En 1940 pasó a ser profesora de Literatura y Cultura Brasileña en la universidad Estadounidense de Texas. En los años siguientes continuó publicando otros muchos libros, casi sin tregua: Vaga Música (1942), Mar absoluto e Outros Poemas (1945), Retrato Natural (1949), Amor em Leonoreta (1951), Doze Noturnos de Holanda y O Aeronauta (1952) y Romanceiro da Inconfidência (1953), recapitula en éste último libro, considerado como histórico, los episodios que culminaron en la insurrección antiportuguesa de Vila Rica y en la ejecución de Tiradentes, líder del alzamiento, a fines del siglo XVIII.

Romanceiro da Inconfidencia nos entrega la memoria de los mártires de lo imposible.
Detrás de puertas cerradas, / y bajo encendidas velas, / entre sigilo y espías / / sucede la In-confidencia. / Y dice el Vicario al Poeta: / «Escríbeme aquella letra / / del versito de Virgilio…» / y le da papel y pluma / Y el Poeta al Vicario dice / con dramática prudencia: / / «Sean mis dedos cortados / antes que tal verso escriban…» / LIBERTAD, AUNQUE SEA TARDE, / se oye en torno a la mesa. / Y la bandera está viva / / y sube en la noche inmensa. / Y sus tristes inventores / ya son reos, pues osaron / hablar de la Libertad / (que nadie sabe qué sea). / … / Y la vecindad no duerme: // murmura, imagina, inventa. / No queda bandera escrita, / queda escrita la sentencia.

Paralelamente a sus Doze Noturnos, Cecilia Meireles compuso los Poemas escritos na India pero no los publicó hasta 1962. Tal vez la explicación del distanciamiento cronológico que separa la aparición de ambos textos se explique en parte si se atiende al hecho de que constituyen dos propuestas francamente antitéticas. El repertorio de claridades y transparencias que informa los Poemas se opone diametralmente a la opacidad sin pausa de los Doze Noturnos. Se diría, cotejándolos, que la intención fue contrastar al Oriente místico y el Occidente desacralizado en un violento contrapunto de logros y fracasos morales. Esta impresión se acentúa cuando se advierte la alta correspondencia entre paisaje natural y humano celebrada por los Poemas. La comunión del hombre y la naturaleza es allí arquetípica. Se trata, por eso, de una de las obras donde más intenso es el goce de los valores propugnados por el ideario de Cecilia Meireles y donde, en contraste con el mundo occidental, la India se recorta como sitio de alianza plena, casi sensual, entre lo secular y lo sagrado. Podría concluirse, en consecuencia, que la tardía edición de Poemas respondió al deseo de presentarlos a la manera de un último mensaje o conclusión lírica empeñada en señalar el camino necesario.

Cronológicamente, sin embargo, el libro final fue Solombra, difundido un año antes de su muerte, en 1963. Ya el título anticipa la atmósfera esencial en que la encontraremos al terminar su vida: la ambigüedad, el insalvable claroscuro. Por una parte, el intenso misticismo, el vivo, ardiente anhelo de trascendencia; por otra, el flujo sombrío del devenir, el vértigo de un tiempo que devora lo que toca en su transcurso. Es decir que esta última obra retoma las tradicionales disyuntivas de la identidad occidental de Cecilia Meireles como si con ella hubiera querido decirnos que era suya la trágica senda de su cultura. Sin identificarse con lo secular, no pudo, tampoco, ascender definitivamente a lo sagrado. La encontramos, pues, entre el sol y la sombra, Solombra, tierra de inciertas señales. Casi geométricamente se cierra la trayectoria de Cecilia Meireles. La vivencia absurda que orientara al Poema dos Poemas reaparece, asfixiante en Solombra. Allí está, también, la tajante disyuntiva entre el polo de la luz y el de la muerte y, por último, junto a la elegiaca celebración del canto como consuelo, reaparece, en cada uno de sus poemas, el sentimiento de que la vida es un destino incumplido (Santiago Kovadloff). A lo largo de todos esos años fue una “educadora andante”, recorriendo América.

En 1953 fue nombrada Doctora Honoris Causa por la Universidad de Nueva Delhi, donde viajó para participar en el acto. Todavía en el último año de su vida, 1964, publicó Ou isto, ou aquilo y Escolha seu sonho (O esto, o aquello y Escoja su sueño). Pero, con su salud muy debilitada, el 9 de noviembre de ese mismo año fallecía en su ciudad natal. El 6 de julio de 1932, en la revista Vida Prática de Rio había escrito:

Es necesario creer en el sueño.
Y salvarlo siempre. Para ser salvados.
Para dejar la frente radiosa de nuestra alegría
en el último canto, y en la última sombra,
donde otras vidas después
vengan un día a preguntar
las cosas que hoy nos estamos preguntando.

Gran parte de su trabajo se recoge en Obra poética (1958), en esta Antología Cecília no incluye sus tres primeros libros.
Varios de sus poemas han sido traducidos al inglés para antologías.

Dice de Cecília Meireles, Pedro Sevylla de Juana:

“Conocí a Cecília Meireles hace unos años, cinco o seis quizá. Desde entonces la tengo en mi altar literario. En aquel momento, después de las primeras lecturas, escribí: ¿Son los ojos, cielo sin fondo de nubes transparentes, de Cecília, lo importante para mí? ¿Lo es la mirada abierta y confiada, esos límites del Universo que ella alcanza? ¿Es el manantial inagotable de su sonrisa lo importante? Sí, porque su palabra simple y pura, surge en la mente armónica para expresar lo que ve su mirada; y para exponer lo recibido a través de todas las lenguas que entiende y habla. Sí, porque su rostro, y lo que el rostro revela del interior armónico, me entregan el estímulo necesario para profundizar en su obra. Para llegar más allá de su fértil imaginación, y de la fascinante facilidad de encantamiento.”

Del artículo La huella digital: “Una revista hacia Hispanoamérica” Por Luis Pablo Núñez extractamos:

Recordando la amistad entre estas dos escritoras, Cecília Meireles (1901-1964) y Gabriela Mistral (1889-1957), premio Nobel de Literatura en 1945, la Academia Chilena de la Lengua y la Academia Brasileira de Letras realizaron hace quince años una muy cuidada edición en la que poesía de una conversaba con la de la otra. Para ello, reimprimieron el ensayo que Cecília compuso sobre la vida y obra de Gabriela y sumaron el escrito por la chilena Adriana Valdés sobre Cecília, junto con una selección de poemas de una y otra poeta con su traducción confrontada al español o portugués, según correspondiera.

La edición bilingüe supone así un homenaje hacia la poesía de estas dos mujeres, que, más allá de la profunda religiosidad que impregna la obra de Mistral, compartieron una visión semejante de la vida y una misma profesión, pues ambas fueron maestras. Cada una ha sido reconocida en su respectivo país, como se puede ver al haber sido escogidas sus efigies para billetes de curso legal de Chile y Brasil.

Curiosidades Numismáticas: BILLETES CON (UNA) HISTORIA IV

De Revista Pesquisa. En el trabajo que suscribe Ana Paula Orlandi que titula: Mucho más allá de la poesía, expresa:
Hace 100 años, cuando en Brasil las mujeres ni siquiera podían votar, una joven de 19 años sobresalió por lo que, en su momento, fue tildado como “una osadía”. Sin pelos en la lengua, la muchacha, que oficiaba como secretaria de la asamblea fundacional de la Liga Femenina Brasileña, un grupo centrado en el debate de los derechos femeninos, no pudo contenerse y cuestionó los discursos de un obispo y un sacerdote en una ceremonia que se llevaba a cabo en el salón de la Asociación de Empleados de Comercio, en Río de Janeiro. “Esos religiosos, invitados por un grupo de católicas, generaron revuelo entre la audiencia al enumerar las penas en el infierno que algunas mujeres tendrían que saldar en caso de no avenirse a convertirse al catolicismo”, relata Valéria Lamego, investigadora visitante del Programa Avanzado de Cultura Contemporánea de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ). “En medio del tumulto, Cecília Meireles tomó la palabra y advirtió: ‘La Liga Femenina será una institución laica, recibirá a personas de todos los credos religiosos. Yo soy una librepensadora’.

La mujer que se describe en las líneas anteriores no condice para nada con la imagen frágil que suele adjudicársele. “De hecho, son pocos los que conocen su trayectoria, la de una mujer que siempre trajinó y bregó por sus ideas”, dice Lamego. “Ella no enarboló banderas políticas en su obra poética, pero sí fuera de ella”.

En las últimas cuatro décadas, al alumbrar aspectos poco conocidos de la vida y obra de la autora, estudiosas tales como Lamego y Ana Maria Domingues de Oliveira han concretado una contribución para deconstruir el estereotipo de quien fuera folclorista, dramaturga, crítica literaria, docente, periodista y traductora de autores extranjeros entre quienes se cuentan la británica Virginia Woolf ), el español Federico García Lorca), el indio Rabindranath Tagore Ibsen, Rilke, Anouilh y Maeterlinck.

Y también fue artista visual, tal como dan fe los dibujos que ilustran y que forman parte del libro intitulado Batuque, samba e macumba: Estudos de gesto e de ritmo 1926-1934, editado originalmente en 1983 por la editorial Funarte con el auspicio de una institución bancaria, y que tuvo una tercera reedición al final del año pasado que corrió por cuenta de Global Editora. “Además de ser una gran poeta, Cecília Meireles era una intelectual multifacética”, pondera Oliveira, docente jubilada de la Facultad de Ciencias y Letras de la Universidade Estadual Paulista (FCL-Unesp), campus de Assis. “Lamentablemente, quedó estigmatizada, incluso en el ámbito académico, como una ‘poeta etérea y ajena al mundo real’, que escribía ‘poesía femenina’, una cosa de menor importancia, siguiendo con el mismo punto de vista”.
Aún existe material no publicado y se dice que los derechos de autor que pertenecen a la familia interfieren en su publicación.

Templo Cultural Delfos: Cecília Meireles: batuque, samba e macumba

Invento: Cecília Meireles em Batuque, samba e macumba | Meireles, Samba,  Batuque

Premios recibidos

  • 1939 Premio de poesía Olavio Bilac, de la Academia Brasileña de Letras, por Viagem.
  • 1942 Socia honoraria del Real Gabinete Português de Leitura, en Río de Janeiro.
  • 1952 Oficial de la Orden del Mérito de Chile
  • 1953 Socia honoraria del Instituto Vasco da Gama, en Goa (India).
  • 1953 Doctora honoris causa, de la Universidad de Nueva Delhi
  • 1962 Premio por traducción en teatro, de la Asociación Paulista de Críticos de Arte.
  • 1963 Premio Jabuti, por la traducción de obra literaria del libro Poemas de Israel.
  • Premio Jabuti de poesía, por su libro Solombra

Otras páginas consultadas:

LaOtra Revista
Bs. Cuadernos hispanoamericanos Nº 463. Cecília Meireles “Entre lo secular y lo sagrado” por Santiago Kovadloff.
Quaderns de Versàlia IX de 2019. En colaboración con Banco Sabadell. Edición en portugués y catalán con algunos trabajos y traducciones en castellano.
“No pronuncies las palabras de los Hombres” Poemas de Cecilia Meireles por Pedro Casas Serra.
Revista Comillas por José Paz Rodriguez Universidad de Vigo

POEMAS

PRISIÓN

En esta ciudad
cuatro mujeres están en la cárcel.
Cuatro solamente
una en la celda que da al río,
una en la celda que da al monte,
otra en la celda que da a la iglesia,
y la última en la que da al cementerio
allá abajo.
Cuatro solamente.

Cuarenta mujeres en otra ciudad,
cuarenta por lo menos,
están en la cárcel.
Diez vueltas hacia las espumas,
diez hacia la movediza luna,
diez hacia piedras sin respuesta,
diez hacia engañosos espejos.
En celdas de aire, de agua, de vidrio
están presas cuarenta mujeres
cuarenta por lo menos, en aquella ciudad.

Cuatrocientas mujeres
cuatrocientas, digo, están presas
cien por odio, cien por amor,
cien por orgullo, cien por desprecio
en celdas de hierro, en celdas de fuego,
en celdas sin hierro y sin fuego, solamente
de dolor y silencio,
Cuatrocientas mujeres en otra ciudad
Cuatrocientas digo, están presas.

Cuatro mil mujeres en la cárcel,
y cuatro millones y ya no llevo la cuenta,
en ciudades que no se dicen,
en lugares que nadie sabe
están presas, lo están para siempre
sin ventana, sin esperanza,
unas vueltas hacia el presente,
otras hacia el pasado, y las otras
hacia el futuro, y el resto el resto,
sin futuro, pasado o presente
presas en la prisión giratoria,
presas en el delirio, en la sombra,
presas por otros y por sí mismas,
tan presas que nadie las suelta,
ni el rojizo rayo del sol
tampoco la golondrina azul de la luna
pueden llevar ningún recado
a la prisión donde las mujeres
se convierten en sal y muro.

Traducción de Heloísa Costa Milto
Del libro ESPECTROS 1919

ESPECTROS

En noches de tormenta
especialmemte
cuando afuera
el vendaval ruge
y del pelágico furioso
a la espantosa voz
los cielos responden y
sacuden todo.

Del alfarrábio que esta alma
ávida sondea
Buscando, agotada de tanto estudio
veo ante mí, a través de la
habitación silenciosa,
pasar lentmente,
en una vuelta lenta.

De ahí al cambio de luz
(Cualquier cosa que el viento
se desvanezca o el viento
cobre vida,
En largas sombras y
Esplendor del sol),
Fantasmas silenciosos de
otra época. La sugerencia de
la noche vivida. Dioses
demonios, monstruos,
reyes y hombres.

DE VIAGEM 1039

“EPIGRAMA CINCO”

Amo la gota de agua que se equilibra
en la hoja plana, temblando al viento.
En el océano del aire el universo entero
vibra en secreto y ella resiste en su aislamiento.
Su cristal simple contiene la forma,
en el instante incierto: pronto a caer,
pronto a quedar –límpido, exacto.
Y la hoja es un pequeño desierto
para la inmensidad del acto.

RETRATO

Yo no tenía este rostro de hoy,
tan calmo, tan triste, tan delgado,
ni estos ojos
tan vacíos,
ni este labio amargo.

Yo no tenía estas manos sin fuerza,
tan detenidas y frías y muertas;
yo no tenía este corazón
que ni se muestra.

Yo no advertí este cambio,
tan simple, tan cierto, tan fácil:
¿En qué espejo se perdió
mi imagen?

MOTIVO

Yo canto porque el instante existe
y ya mi vida está completa.
No soy alegre ni soy triste:
soy poeta.

Hermano de las cosas fugitivas,
no siento gozo ni tormento.
Atravieso noche y días
al viento.

Si derribo o si edifico,
si permanezco o me deshago
–no sé, no sé. No sé si quedo
o paso.

Sé que canto. Y la canción es todo.
Tiene sangre eterna el ala ritmada.
Y sé que un día estaré mudo:
–nada más.

PERSONAJE

Tu nombre me es casi indiferente
Y ni tu rostro ya me inquieta.
El arte de amar es exactamente
el de ser poeta.

Para pensar en ti, me basta
el propio amor que por ti siento:
Eres la idea, serena y casta,
nutrida del enigma del reflejo.

El lugar de tu presencia
es un desierto, entre diversidades:
pero en ese desierto es en el que piensa
la mirada de todas las saudades.

Mis sueños viajan rumbos tristes
Y, en su profundo universo,
Tú, sin forma y sin nombre, existes,
Silencioso, oscuro, disperso.

Todas las máscaras de la vida
Se inclinan hacia mi rostro,
en la alta noche desprotegida
en que experimento mi gozo.

Todas las manos venidas al mundo
desfallecen sobre mi pecho,
y escucho el sonido profundo
de un horizonte insatisfecho

¡Oh! ¡que se borre la boca, la risa,
el mirar de esos rostros precarios,
por el improbable paraíso
de los encuentros imaginarios!

¡Que nadie y que nada exista,
De cuando la sombra en mí descansa:
-yo busco lo que no se avista,
de entre los fantasmas de la esperanza!
Tu cuerpo, y tu rostro, y tu nombre,
tu corazón, tu existencia,
todo- el espacio evita y carcome:
y yo sólo conozco tu ausencia.

Yo sólo conozco lo que no veo.
Y, en ese abismo de mi sueño,
ajena a todo otro deseo,
me descompongo y arreglo.

  De VAGA MUSICA (1942)                                                                                    

REINVENCIÓN

La vida solo es posible
reinventada.

Avanza el sol por las campiñas
y pasa su mano dorada
sobre las aguas, sobre las hojas…
Ah! todo burbujas
que surgen de hondas piscinas
de ilusionismo… — nada más.

Pero la vida, la vida, la vida,
la vida sólo es posible
reinventada.

Viene la luna, viene, retira
las cadenas de mis brazos
Me proyecto por espacios
llenos de tu Figura.
Todo mentira! Mentira
de la luna, en la noche oscura.

No te encuentro, no te alcanzo…
Sólo— en el tiempo equilibrada,
del vaivén me desprendo
que más allá del tiempo me lleva.

Sola — en la tiniebla,
quedo: recibida y dada..
Porque la vida, la vida, la vida,
la vida solo es posible
reinventada.

DE MAR ABSOLUTO 1945

PRIMER MOTIVO DE LA ROSA

Te veo en seda y nácar,
y tan de rocío trémula,
que creo ver efímera,
toda la Belleza en lágrimas
por ser bella y ser frágil.

Mis ojos te ofrezco:
espejo para la imagen
que tendrás en mi verso,
cuando, después que pases,
jamás nadie te olvide.

Entonces, de seda y nácar,
toda de rocío trémula,
serás eterna. Y efímero
el rostro mío, en las lágrimas
de tu rocío…Y frágil.

“SEGUNDO MOTIVO DE LA ROSA

A Mario de Andrade

Por más que te celebre, no me escuchas,
aunque en forma y nácar te asemejes
a una concha, sonora, la musical oreja
que graba el mar en las íntimas volutas.

Te dejo en cristal, frente al espejo,
sin eco de cisternas o de grutas…
Ausencias y cegueras absolutas
brindas a las avispas y a las abejas,.

¡Y a quien te adora, oh sorda y silenciosa,
y ciega y hermosa e interminable rosa,
Que en tiempo, aroma y verso te transmutas!

Sin tierra ni estrellas brillas, presa
en mi sueño, insensible a la belleza
que lo eres sin saber, pues no me escuchas…

SORDINA

¿Quién toca el piano bajo la lluvia?
La tarde, turbia y despoblada.
¿De qué antigua, límpida música
recibo la reminiscencia apagada?

Mi vida en una poltrona
yace, ante la ventana abierta.
Veo árboles, nubes y la monótona
ruta del tiempo, descubierta.

Entre mis ojos descansados
y mis descansados oídos,
alguien coge con dedos pausados
ramos de son, descoloridos.
La lluvia interfiere en la música.
¡Tocan tan lejos El turbio día
mezcla piano, árbol y nubes,
y siglos de melancolía.

ESTIRPE ………….. 1953

Los mendigos mayores no dicen nada, no hacen nada.
Saben que es inútil y exhaustivo. Se dejan estar. Se dejan estar.
Déjanse estar al sol o a la lluvia, con el mismo aire de entero valor,
lejos del cuerpo que dejan en cualquier lugar.
Entretiénense en extender la vida por el pensamiento.
Si alguien habla, su voz huye como un pájaro que cae.
Y es de tal modo imprevista, innecesaria y sorprendente
que para oírla bien tal vez giman algún ay.
¡Oh, no gemían, no!… Los mendigos mayores son todos estoicos.
Pondrán su miseria junto a los jardines del mundo feliz
pero no quieren que, desde el otro lado, sepan de la extraña suerte
que los recorre como un río un país.
Los mendigos mayores viven fuera de la vida: se excluyeron.
Abren sueños y silencios y desnudos espacios a su alrededor.
Tienen su reino vacío, de altas estrellas que no cobijan.
Su mirar jamás mira y su boca no llama ni ríe.
Y su cuerpo no sufre ni goza. Y su mano no toma ni pide.
Y su corazón es una cosa que, si existiera, súbito olvidaría.
¡Ah!, los mendigos mayores son un pueblo que se va convirtiendo en piedra.
Ese pueblo, que es el mío.

De ROMANCE DE LA INCONFIDENCIA (1953)

ROMANCE VII o del negro de las catas mineras

Ya se oye cantar al negro
y aún ha de tardar el día.
¿Será al lucero del alba
con sus rayos de alegría?
¿Será por algún diamante,
ardiente en la aurora fría?

Ya se oye cantar al negro
por la agreste inmensidad.
Sus amos están durmiendo,
quién sabe qué soñarán.
Ojos clavados al suelo,
siempre espía el capataz.

Ya se oye cantar al negro.
¡Qué nostalgias por las sierras
El cuerpo, en aquellas aguas;
el alma, en lejanas tierras.
En cada vida de esclavo,
qué sordas, perdidas guerras.

Ya se oye cantar al negro.
¿Por dónde se encontrarán
esos diamantes sin mancha
que traen la libertad,
piedras cuyo corazón
—más que humano—es un fanal?

Ya se oye cantar al negro.
Llora neblinas el alba.
Piedra menuda no vale:
¡libertad, piedra granada
La tierra, toda movida…
El agua, toda tornada.

.. Dios del cielo ¿y es posible
tanto penar, para nada.

DE POEMAS DE LA INDIA

MULTITUD

Más que las ondas del largo océano
y que las nubes en los grandes vientos,
corre la multitud.
Más que el fuego en la floresta seca,
lumínicos, fluctuantes, deshilachados vestidos
resbalan sucesivamente
entre los pliegues, los lazos, las puntas sueltas
de los turbantes desordenados.
¿Adónde van presurosos los pasos, Bhai?
¿Hacia qué encuentro? ¿Hacia qué llamado?
¿En qué lugar, por qué motivo?
Bhai, nosotros, que parecemos inmóviles,
acaso estaremos también sin sentirlo
corriendo, corriendo así, Bhai, tan lejos,
sin querernos, sin sabernos dónde,
como agua, nube y fuego.
Bhai, ¿quién nos espera, quién nos recibirá,
quién tiene pena de nosotros,
erráticos, absurdos, ciegos,
derribados por las murallas del tiempo?

POBREZA

No descendía de columna o pórtico,
a pesar de tan viejo,
ni era de piedra,
áspero de arrugas;
ni de hierro,
aunque tan negro.
No era una escultura,
todavía que tan nítido,
seco,
moldeado en arrugas fundidas de polvo.
No era inventado, soñado,
acaso vivo, existente,
inmóvil testigo.
Casi imperceptible su voz
parecía cantar – parecía rezar
y suplicaba apenas.
El mundo tenía en sus ojos de ópalo.
Nadie le daba nada.
¿No veían? ¿No podían?
Pasaban. Pasábamos.
Las manos tenía unidas y al pedir,
bendecía.
Era un hombre tan antiguo
que parecía inmortal.
Tan pobre
que parecía divino.

TARDE AMARILLA Y AZUL

Entre pozos cavados en la tierra seca viajo.
En la amarilla tierra seca.
De un lado a otro, pozos y pozos.
Amarillos y azules saris,
hombres cubiertos de viejos mantos áureos,
dóciles niños morenos,
todo conexo a las vacas veneradas
que suben y bajan alrededor de los pozos.

Dorados campos solitarios,
largas y largas extensiones color mostaza.
¿Son flores?
Luna del crepúsculo abriendo en el cielo jardines aéreos,
delicadas nubes de ópalo.
Pozos y pozos, mujeres cargando ramos todavía con hojas,
árboles caminantes a lo largo de la tarde silenciosa.
Pasean los pavorreales luminosos y felices.
Caminan mansos los búfalos de cuernos encaracolados.
Caminan los búfalos junto a los hombres: una sola familia.
Y los camellos rojizos aparecen como colinas alzándose,
y atraviesan la última claridad del crepúsculo.
Todas las cosas del mundo:
hombres, flores, animales, agua, cielo…
¿Quién está cantando a lo lejos una pequeña tonada?
De la maleza exigua,
sale de repente una bandada de pájaros:
como fuego artificial de estrellas azules.
(Y el desierto se acerca).

MÚSICA

Tan lejos iba aquella música, Bhai,
y por más que la luz lunar brillase
no se sabía quién la tocaba ni en qué lugar.
Por los peldaños de aquella música, Bhai,
podía irse más allá del mundo, más allá de las formas,
del arabesco de estrellas por el cielo.
Quién tocaría entre la soledad, Bhai,
en la clara noche – toda azul como el dios Krishna
ajeno a todo, reclinado contra el mar.
Tan lejos iba la tenue música, Bhai,
una pequeña melodía era
tímida, triste, de dos o tres nítidos sonidos.
Tan frágil soplo en flauta rústica, Bhai,
– como la vida en nuestros labios provisorios…
– ¿amor? ¿Quejido, pensamiento? – nombres en el aire.
Él tocaba sin saber qué oído, Bhai,
podía haber acompañado ese instante
de presencia fugaz con delicada voz.
Tan lejos iba aquella música, Bhai,
¿con quién hablaba, entre el agua y la noche? ¿Y qué decía?
(De la vida a la muerte, ¿qué decimos, Bhai, y a quién?

DE CÁNTICOS 

CÁNTICO 13 – RENUÉVATE

Renuévate.
Renace en ti mismo.
Multiplica tus ojos, para ver más.
Multiplica tus brazos para sembrarlo todo.
Destruye los ojos que hayan visto.
Crea otros, para las visiones nuevas.
Destruye los brazos que hayan sembrado,
Para olvidarse de cosechar.
Sé siempre el mismo.
Siempre otro.
Pero siempre alto.
Siempre lejos.
Y dentro de todo.

CÁNTICO 15 – NO QUIERAS SER

No quieras ser.
No ambiciones.
No pongas límites a tu camino.
La Eternidad está muy lejos.
Y dentro de ella tú te mueves, eterno.
Se lo que viene y lo que va.
Sin forma.
Sin término.
Como una gran luz difusa.
Hija de ningún sol.

Te recomendamos ver el programa de televisión.

PRÓXIMO NÚMERO



130. Poesía más Poesía: Idea Vilariño

IDEA VILARIÑO

BIOGRAFÍA

Idea Vilariño nació en una familia de clase media y culta, en la que estaban presentes música y literatura. Su padre, Leandro Vilariño (1892-1944) fue un poeta cuyas obras no fueron editadas en vida. Idea (nacida Elena) Vilariño aseguraba que había comenzado a escribir antes, siquiera, de saber escribir; como quien aprende a leer escuchando cuentos, antes de saber que el juntar letras en un papel tiene un significado. Lo hizo de chiquita, en su Montevideo natal, donde también tocaba el violín. No obstante, su padre era poeta anarquista (de ahí, quizás, el compromiso político de la poeta, que hizo que llegara a rechazar una beca Guggenheim) y su madre una lectora voraz. Tuvieron Leandro y Josefina cinco hijos: Azul, Alma, Poema, Idea y Numen.
Perteneció a una familia de clase media y además culta, donde la música y la literatura estaban siempre presentes.

Son aquellos años de infancia los más felices de la autora y también los más olvidados, soterrados por la intensidad de todo lo que vino después. ¿Y qué vino? Poesía, por supuesto, siendo digna integrante de la Generación del 45; y pasión, muerta (en vida) de amor por Juan Carlos Onetti (1909-1994), al que dedicó muchos de sus poemas más desgarradores.
Poeta, crítica literaria, compositora de canciones, traductora, educadora. Es difícil decir cuál de estas facetas de su trayectoria influyó en más personas, antes de haber cumplido los treinta años era ya ampliamente conocida en el Río de la Plata por su talento en muchas de las disciplinas mencionadas. Durante la última mitad del siglo XX críticos y profesores de todo el mundo de habla hispana así como traductores de Austria, Brasil, Italia y Estados Unidos difundieron en abundancia su poesía.
Como educadora, fue profesora de Literatura de Enseñanza Secundaria desde 1952 hasta el golpe de estado en 1973. Luego de restaurado el sistema democrático, desde 1985 fue docente de Literatura uruguaya en el Departamento de Literaturas Uruguaya y Latinoamericana en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Universidad de la República.
Sus primeros poemas fueros escritos entre los 17 y los 21 años. En el 1945 se editó la que fue su primera obra, La suplicante, y apareció tan solo con su nombre.

En años siguientes sería reconocida internacionalmente y premiada con distintos galardones. Sus poemas están marcados por una experiencia íntima, intensa y angustiosa, muy coherente siempre. Un particular estilo que los expertos atribuyen a los continuos problemas de salud que la aquejaban y a su infancia.
Y es que la poetisa, desde una temprana edad padeció problemas de asma y un eccema que la obligaron a abandonar el núcleo familiar a los 16 años. Una fragilidad física que se extendió a lo emocional y que la dotó de una sensibilidad especial. El temprano fallecimiento de sus padres y de su hermano mayor tampoco ayudó y convirtió el duelo en una constante en su vida.

La enfermedad y la experiencia de la muerte de seres queridos le fue cercana; varios de sus familiares directos murieron tempranamente. En 1940 muere la madre, en 1944, el padre, y en 1945, su hermano mayor. El duelo ante la pérdida se vuelve una constante en su vida, que puede deducirse de la sola lectura de los versos y confirmarse conociendo su historia. El dolor, la soledad, la ausencia, también le son recurrentes y oscurecen muchos de sus años, aunque paradójicamente iluminan sus versos. Su sensibilidad, sumada a sus capacidades creativas y a un temperamento apasionado, origina ese yo poético tan intenso, que sostiene toda su obra.

Integró la generación de escritores de diversa índole que surgieron artísticamente desde 1945 a 1950 que fue llamada Generación del 45. En ella también pueden ubicarse a Juan Carlos Onetti, Mario Benedetti, Sarandy Cabrera, Carlos Martínez Moreno, Ángel Rama, Carlos Real de Azúa, Carlos Maggi, Alfredo Gravina, Mario Arregui, Amanda Berenguer, Humberto Megget, Emir Rodríguez Monegal, Gladys Castelvecchi y José Pedro Díaz, entre otros.

La Generación del 45 en ocasión de la visita de Juan Ramón Jiménez. De izquierda a derecha, parados: María Zulema Silva Vila, Manuel Arturo Claps, Carlos Maggi, María Inés Silva Vila, Juan Ramón Jiménez, Idea Vilariño, Emir Rodríguez Monegal, Ángel Rama. Sentados: José Pedro Díaz, Amanda Berenguer, Zenobia Camprubí, Ida Vitale, Elda Lago, Manuel Flores Mora.

«Era una mujer tan reprimida que por eso la pasión hizo en ella los estragos que hizo», explica la también uruguaya Cristina Peri Rossi (Montevideo, 1941), quien cree que «sus poemas fueron la tabla de salvación para no suicidarse». Peri Rossi y Vilariño fueron «colegas», que no amigas. «Nos respetábamos. No era nada comunicativa, era muy solitaria, fría, distante y reservada. Algo en ella me hacía pensar que no era muy dada a los sentimientos, porque siempre ponía una distancia como para protegerse», recuerda Peri Rossi.
Esa personalidad suya hizo que rompiera con la tradición de la poesía modernista en Uruguay, «con mucho adorno y metáfora». «Imprimió una intensidad, que es paralela a su despojamiento. Su vigor viene de la emoción directa, de ese enfrentamiento, despojado, con sus sentimientos», remata Cristina Peri Rossi.


Tenía, sin duda, gran conciencia de ser poeta. Desgarrada poeta del yo. En una entrevista que Mario Benedetti (1920-2009) le hizo en 1971 (fueron muy pocas las que concedió, oculta tras la celosía de sus versos), Vilariño recordó cómo una noche, en Cuba, se puso a leer sus propios poemas para saber quién era. Quizás fuera uno de los días que, en 1968, pasó en La Habana como jurado del Premio Casa de las Américas. Allí coincidió con Julio Cortázar, José Lezama Lima y Juan Marsé. El autor barcelonés la recuerda como «una mujer muy libre, muy a su aire», pero «muy amargada en el fondo, con una vida interior fuerte, muy intensa». Una tarde, estando en Trinidad, Vilariño no se presentaba y Marsé fue a buscarla al hotel. La encontró en su habitación, tumbada en la cama. «No tengo ganas de nada», le dijo, y le propuso que se pasaran la noche tomando tragos.

Fundación Mario Benedetti в Twitter: ""La aparición de Idea (Vilariño)  significó un hecho insólito en la poesía uruguaya (...) principalmente por  la desolada, sincera, patética visión del mundo que, transmitía esa voz
Idea Vilariño y Mario Benedetti


Participó en numerosos emprendimientos literarios. Estuvo concretamente entre los fundadores de la revista Clinamen, y Número, de peso entre 1945-1955 (por lo que conoció a Juan Ramón Jiménez); y se encontró entre los colaboradores de otras publicaciones como Marcha, La Opinión, Brecha, Asir, y Texto crítico.
Sus traducciones también han sido objeto de reconocimiento, llegando algunas de ellas (como las que realizó de obras de Shakespeare) a ser representadas en teatros de Montevideo.

En 1997 fue entrevistada por Rosario Peyrou y Pablo Rocca, de allí surgió el documental Idea, con dirección de Mario Jacob, que fuera estrenado en mayo de 1998.
Su obra ha sido traducida a varios idiomas, como el italiano, alemán y portugués.
“No sé qué es la poesía para mí. Es una forma de ser, de mi ser. Todo lo demás de mi vida son accidentes… La poesía no fue accidental. Mi poesía soy yo”, explicaba en una de las pocas entrevistas que dio en su vida, a Elena Poniatowska.

Pesimismo, sensibilidad, existencialismo, empatía, confesión… son los rasgos que marcan los versos despojados y desnudos de la poeta uruguaya, uno de los máximos exponentes de la Generación del 45 donde también brillaron los versos de Mario Benedetti e Ida Vitale, que condensó en una poesía limpia y desgarrada el dolor de una vida marcada por el amor, una tormentosa y pasional relación de varios lustros con su coetáneo Juan Carlos Onetti, y la muerte de buena parte de su familia.

“Vilariño tenía una gran capacidad para la empatía y una brújula moral muy fuerte. A través de su dolor personal podía empatizar con los demás”. (Valerie Miles).
Juan Ramón Jiménez, asiduo en aquellos años a esa generación, dijo de ella que estaba “enferma de dolor y soledad”, apunta Miles, que afirma que Vilariño “es una persona que ha experimentado lo que es el sufrimiento. Desde siempre tuvo muy cercana la idea de la muerte y la enfermedad. Entendía muy bien lo que es el dolor en carne propia”. Es por eso que según la editora “tenía una gran capacidad para la empatía y una brújula moral muy fuerte. A través de este dolor personal podía empatizar con el sentimiento de los demás, aunque siempre desde la distancia, pues se autoimpuso el aislamiento”.

Benedetti, Claps, Neruda, Rodríguez Monegal, Vilariño y Portela • © Tomada del libro Idea Vilariño: vida escrita

Estos temas, la asunción de la muerte, la finitud del amor, la intensidad de algunas rebeldías y del deseo, son el núcleo vertebrador de una poesía que destaca por el desgarro, la intimidad y un lenguaje, crudo, directo, una aparente sencillez espontánea que logra empatizar intensamente con el lector. Algo que logra, en palabras de Brenda Navarro, porque “escribe con las vísceras, no le importa descarnarse frente al lector. Aunque seguramente pensaba y corregía sus poemas, escribe mucho en caliente y eso que quiere sacar de sí desesperadamente, está ahí resonando. Es un dolor tan vivo que cualquiera podemos sentirlo como nuestro, porque sabemos que es algo que nos ha pasado o nos va a pasar.

Muchos de estos versos sencillos y desgarradores, capaces de describir en pocas palabras la existencia humana, los dedicó Vilariño al amor, un amor que si bien tiene en su obra momentos de dulzura aparece mayoritariamente retratado como perdido, doloroso y feroz, como ocurre con los poemas dedicados a Onetti.
Ambos escritores se conocieron a principios de los años 50, como refleja la dedicatoria que Onetti adjuntó a su novela Los adioses (1954) y la aparición de él en poemarios de Vilariño como Nocturnos (1955) y especialmente Poemas de amor (1957). Así comenzaron cuatro décadas de encuentros y desencuentros, ambos casados con otros desde mediados de los 70, que marcaron la pasional, oscura y tormentosa relación en la que, como afirmó la escritora al final de su vida, “sólo compartieron nueve noches”.

Creo que a Onetti el tango que más le gustaba era `Tus besos fueron  míos´"Fractura Expuesta | Sitio de tango y noticias culturales | Fractura  Expuesta | Sitio de tango y noticias culturales


Para Idea el amor era pasión o no era, como ella misma decía. Le gustaba mucho este amor torturado no buscaba la tranquilidad, sino el desgarramiento. Ya en sus diarios juveniles se aprecia a una mujer que buscaba esta pasión, este fundir el yo en el otro. Cuando esto ya no era posible el amor no le interesaba. Esto se vio plenamente en su relación con Onetti, un amor muy pasional, sí, pero tumultuoso, intranquilo, de dolor autoinfligido, de conquista”, explica Miles. “Para su poesía, completamente despojada y que buscaba siempre estar frente al abismo, iba muy bien, pero en vida la destrozó. Ella misma dijo en una entrevista que Onetti era el hombre que nunca debía haber conocido, que esa relación no fue buena para ella”.

Navarro afirma que su legado, más allá de su obra, reside en el ejemplo que da a las nuevas con el compromiso que tuvo desde joven con la cultura. “Fue una mujer que a los 30 años ya era reconocida y estuvo toda su vida cerca de las artes. En lo privado, destacaría su forma de hablar del dolor de estar viva, algo muy necesario en este momento que estamos viviendo. Su poesía nos introduce en temas y debates filosóficos que solemos evitar porque no son fáciles de digerir ni como personas ni como sociedad”.  Y, además, lo hace de un modo paulatino y elegante, pues como condensa Miles, “conseguir el nivel de desnudez que tienen sus poemas es altamente complicado. Tienen el efecto de que los lees y parecen una cosa muy limpia, pero poco a poco las ambigüedades inherentes en algo tan despojado empiezan a tener su efecto”, razona la editora. “Los poemas de Idea tienen una resonancia que dura mucho tiempo en el lector, que de pronto se encuentra pensando: ‘ah, pues a ver si lo que quería decir no era en realidad…’. Y de pronto el poema se ha transfigurado. Ahí reside la magia de su poesía, en que es algo vivo, palpitante. Sigue, como su legado, en la mente del lector mucho tiempo después”, concluye.

Vilariño también hizo hincapié en la composición, campo en el que se le conocen cuatro canciones emblemáticas que pertenecen a la música popular uruguaya, A una paloma, La canción y el poema, Los orientales y Ya me voy pa’ la guerrilla.

Idea Vilariño

Enrique Santos Discépolo (1901-1951) compuso una hermosa frase para definir el «tango». «Es una pensamiento triste, que se baila», dijo el músico y dramaturgo argentino. Lo hizo sin saber que esa definición, encerrada en apenas siete palabras, marcaría la vida de Idea Vilariño. La uruguaya, una de las autoras hispanoamericanas más importantes (y olvidadas) del siglo XX, bailó palabras que no eran sino sus sentimientos, siempre melancólicos, pese a su deseo de vivir. Vida y muerte enfrentados, para siempre, en la figura de una mujer que fue muchas cosas, pero sobre todo poeta. Se negaba a considerarse poetisa, una palabra cursi, cargada de debilidad y concesiones.

Escribió varios libros de ensayos, pero se la reconoce sobre todo por sus libros de poemas: No, Pobre mundo, Canciones y Poemas de amor son algunos de ellos. A partir de una entrevista con dos periodistas de su país, en 1998 se estrenó el documental Idea, con dirección de Mario Jacob, lo que acercó la poesía de Vilariño a las nuevas generaciones de lectores. En 2000, la editorial uruguaya Cal y Canto publicó su poesía completa. En 2004 obtuvo el premio Konex Mercosur a las letras y, cinco años después, falleció en Montevideo, su ciudad natal.

Libros

1945-La suplicante
1947-Cielo cielo
1951-Grupos simétricos en la poesía de Antonio Machado
1955-Nocturnos
1955-La rima en Herrera y Reissig
1957-Poemas de amor
1958-Grupos simétricos en poesía
1965-Las letras de tango
1966-Pobre mundo
1970-Poesía
1980-No
1981-El tango cantado
1993-Canciones
2000-Ya no será
2008 Poesía completa

Idea Vilariño y Juan Carlos Onetti

“Pensé pensé pensé y hoy ya no queda  más que esta pobre cosa destrozada.”
Idea Vilariño
“Cuando una mujer se siente amada totalmente, se entrega como una niña y es feliz siendo niña. Es el estado del amor.”
Juan Carlos Onetti
“Nacer significa la aceptación de un pacto monstruoso y, sin embargo, estar vivo es la única verdadera maravilla posible.”
Juan Carlos Onetti
Encuentros y desencuentros.

Además de las cartas y de las obras que se dedicaron mutuamente, se pueden rastrear múltiples testimonios de amigos y testigos, entrevistas e incluso rumores, que narran, reseñan, interpretan o suponen fragmentos de la historia amorosa entre Idea Vilariño y Juan Carlos Onetti.

Según el crítico español Antonio Muñoz Molina, en la obra de Vilariño “no hay paisaje exterior, ni explicaciones, ni adornos, ni nombres, sólo los amantes encerrados en esa habitación que será también la de la soledad y la espera, y la de un dolor demasiado cruel como para que lo designe la blanda palabra añoranza” (Muñoz Molina, 2008).


Y en efecto, la palabra añoranza resulta muy tibia y limitada para calificar la profundidad de las sensaciones, los sentimientos y el desgarramiento que nutren sus versos.
Respecto a la figura de Onetti, al igual que como sucedió con la de Vilariño, sus excentricidades, los imaginarios y las anécdotas de quienes lo conocían, establecen una maravillosa mezcla, para describirlo: incontables y divertidísimas anécdotas sobre las excentricidades, extravíos y ferocidades supuestas de Onetti en sus relaciones eróticas —sobre todo las que habían jalonado sus amores con la poeta Idea Vilariño— muchas de ellas sin duda exageradas o inventadas, pero que eran una prueba tangible de la fama de “escritor maldito” que ya se había ganado […] no podía imaginar que el autor de aquellas temerarias historias fuera el hombrecillo tímido hasta la mudez y ensimismado que temblaba como el azogue ante la idea de enfrentarse a un micrófono y que, salvo cuando hablaba de algún libro, pareciera ser el más desvalido de la creación. (Vargas Llosa, 2009: 52).

La timidez de Onetti y su nerviosismo ante auditorios o micrófonos coinciden con cierto retraimiento de Idea. Dos personalidades fuertes, grandes talentos creativos, mucha indecisión de Onetti, mucho sufrimiento de Vilariño, además de la intervención de muchos otros factores —en la vida de los dos— y otras distintas situaciones, ensombrecieron desde el inicio esa singular y abruptamente interrumpida historia de amor.

La misma Vilariño alude a ese momento en que Onetti la sedujo: “estaba seduciéndome a fondo con lo mejor de sí mismo y tanto que yo me quedé convencida de que aquello era la séptima maravilla. Esa misma noche me enamoré de él. Me enamoré, me enamoré, me enamoré.” (Vilariño, en Gilio y Domínguez, 1993: 114). Sin embargo, cuando Idea se descubre enamorada, racionalmente sabe que esa relación no funcionaría. Aunque se tenga certeza de las pocas posibilidades de una relación amorosa a futuro, no impide que alguien se entregue del todo a ese amor complicado y quizá imposible o poco duradero. Las grandes diferencias y la falta de entendimiento no detienen ni limitan dicha entrega:
Teníamos la relación más difícil y más imposible […] Es el último hombre de quien debí enamorarme porque éramos lo más imposible de ligar que había. Nunca entendió el ABC de mi vida, nunca me entendió como ser humano, como persona. Y así teníamos nuestros grandes desencuentros. Si yo hablaba de algo sumamente delicado él me salía con una barbaridad. Decía cosas que me hacían echarlo, imposibles de soportar. Todavía me pregunto por qué aguanté tanto, por qué volví tantas veces. Nos peleábamos y volvíamos a juntarnos, lo echaba, regresaba. Una noche me llamó desesperado para que fuera a verlo. Yo estaba con alguien que me amaba y lo dejé por ir a pasar una noche con él. Y recuerdo que lo único que hicimos fue ponernos de espalda, leyendo un libro él, y yo otro. A la mañana siguiente le agarré la cara y le dije: sos un burro Onetti, sos un perro, sos un camello. Y me fui. (Domínguez, 2009: 112-113).

POEMAS

Desnudez total

Ya en desnudez total
extraña ausencia
de procesos y fórmulas y métodos
flor a flor,
ser a ser,
aún con ciencia
y un caer en silencio y sin objeto.
La angustia ha devenido
apenas un sabor,
el dolor ya no cabe,
la tristeza no alcanza.
Una forma durando sin sentido,
un color,
un estar por estar
y una espera insensata.
Ya en desnudez total
sabiduría
definitiva, única y helada.
Luz a luz
ser a ser,
casi en amiba,
forma, sed, duración,
luz rechazada.
Amor Laura
Amor
desde la sombra
desde el dolor
amor
te estoy llamando
desde el pozo asfixiante del recuerdo
sin nada que me sirva ni te espere.
Te estoy llamando
amor
como al destino
como al sueño
a la paz
te estoy llamando
con la voz
con el cuerpo
con la vida
con todo lo que tengo
y que no tengo
con desesperación
con sed
con llanto
como si fueras aire
y yo me ahogara
como si fueras luz
y me muriera.
Desde una noche ciega
desde olvido
desde horas cerradas
en lo solo
sin lágrimas ni amor
te estoy llamando
como a la muerte
amor
como a la muerte.

Vive

Aquel amor
aquel
que tomé con la punta de los dedos
que dejé que olvidé
aquel amor
ahora
en unas líneas que
se caen de un cajón
está ahí
sigue estando
sigue diciéndome
está doliendo
está
todavía
sangrando.

Te estoy llamando

Amor
desde la sombra
desde el dolor
amor
te estoy llamando
desde el pozo asfixiante del recuerdo
sin nada que me sirva ni te espere.

Te estoy llamando
amor
como al destino
como al sueño
a la paz
te estoy llamando
con la voz
con el cuerpo
con la vida
con todo lo que tengo
y que no tengo
con desesperación
con sed
con llanto
como si fueras aire
y yo me ahogara
como si fueras luz
y me muriera.

Desde una noche ciega
desde olvido
desde horas cerradas
en lo solo
sin lágrimas ni amor
te estoy llamando
como a la muerte
amor
como a la muerte.

Callarse

Estoy temblando
está temblando el árbol desnudo y en espejos
cantando
y cantando está la luna
riendo
sin silencios
la lírica y romántica
flauta y en cielo en hoz
por vez primera
se abren su luz cereza y el estiércol.

No se pueden quejar ni las mañanas
ni el ardiente sopor que por lo estéril
no canto más no canto
ni puedo deshacer en primavera
ni negarla y beber
ni matar sin querer
ni andar a tientas
ya que el aire está duro
y hay monedas locuras
esperando
la marca del el agua
en desazón riendo
riéndose riendo.

Ah si encono si entonces
ya no quiero
ya no pude se pasa nunca alcanza
una ola se vaga la marea
se desconcierta así
y el sol no existe aquí más que en palabras
Pero en cambio en el cielo
caben muchas pero muchas. A veces
se molestan se muerden
en los labios.

Tal vez no era pensar

Tal vez no era pensar, la fórmula, el secreto,
sino darse y tomar perdida, ingenuamente,
tal vez pude elegir, o necesariamente,
tenía que pedir sentido a toda cosa.

Tal vez no fue vivir este estar silenciosa
y despiadadamente al borde de la angustia
y este terco sentir debajo de su música
un silencio de muerte, de abismo a cada cosa.

Tal vez debí quedarme en los amores quietos
que podrían llenar mi vida con un nombre
en vez de buscar al evadido del hombre,
despojado, sin alma, ser puro, esqueleto.

Tal vez no era pensar, la fórmula, el secreto.
sino amarse y amar, perdida, ingenuamente.

Tal vez pude subir como una flor ardiente
o tener un profundo destino de semilla
en vez de esta terrible lucidez amarilla
y de este estar de estatua con los ojos vacíos.

Tal vez pude doblar este destino mío
en música inefable. O necesariamente…

Ya no

Ya no será
ya no
no viviremos juntos
no criaré a tu hijo
no coseré tu ropa
no te tendré de noche
no te besaré al irme
nunca sabrás quién fui
por qué me amaron otros.

No llegaré a saber
por qué ni cómo nunca
ni si era de verdad
lo que dijiste que era
ni quién fuiste
ni qué fui para ti
ni cómo hubiera sido
vivir juntos
querernos
esperarnos
estar.

Ya no soy más que yo
para siempre y tú
ya
no serás para mí
más que tú. Ya no estás
en un día futuro
no sabré dónde vives
con quién
ni si te acuerdas.
No me abrazarás nunca
como esa noche
nunca.

No volverá a tocarte.

No te veré morir.

Lo que siento por ti

Lo que siento por ti es tan difícil.
No es de rosas abriéndose en el aire,
es de rosas abriéndose en el agua.

Lo que siento por ti. Esto que rueda
o se quiebra con tantos gestos tuyos
o que con tus palabras despedazas
y que luego incorporas en un gesto
y me invade en las horas amarillas
y me deja una dulce sed doblada.

Lo que siento por ti, tan doloroso
como pobre luz de las estrellas
que llega dolorida y fatigada.

Lo que siento por ti, y que sin embargo
anda tanto que a veces no te llega.

El mar no es más que un pozo

El mar no es más que un pozo de agua oscura,
los astros sólo son barro que brilla,
el amor, sueño, glándulas, locura,
la noche no es azul, es amarilla.

Los astros sólo son barro que brilla,
el mar no es más que un pozo de agua amarga,
la noche no es azul, es amarilla,
la noche no es profunda, es fría y larga.

El mar no es más que un pozo de agua amarga,
a pesar de los versos de los hombres,
el mar no es más que un pozo de agua oscura.

La noche no es profunda, es fría y larga;
a pesar de los versos de los hombres,
el amor, sueño, glándulas, locura.

El mar

Tan arduamente el mar,
tan arduamente,
el lento mar inmenso,
tan largamente en sí, cansadamente,
el hondo mar eterno.

Lento mar, hondo mar,
profundo mar inmenso…

Tan lenta y honda y largamente y tanto
insistente y cansado ser cayendo
como un llanto, sin fin,
pesadamente,
tenazmente muriendo…

Va creciendo sereno desde el fondo,
sabiamente creciendo,
lentamente, hondamente, largamente,
pausadamente,
mar,
arduo, cansado mar,
Padre de mi silencio.

Carta II

Estás lejos y al sur
allí no son las cuatro.

Recostado en tu silla
apoyado en la mesa del café
de tu cuarto
tirado en una cama
la tuya o la de alguien
que quisiera borrar
-estoy pensando en ti no en quienes buscan
a tu lado lo mismo que yo quiero-.
Estoy pensando en ti ya hace una hora
tal vez media
no sé.

Cuando la luz se acabe
sabré que son las nueve
estiraré la colcha
me pondré el traje negro
y me pasaré el peine.

Iré a cenar
es claro.

Pero en algún momento
me volveré a este cuarto
me tiraré en la cama
y entonces tu recuerdo
qué digo
mi deseo de verte
que me mires
tu presencia de hombre que me falta en la vida
se pondrán
como ahora te pones en la tarde
que ya es la noche
a ser
la sola única cosa
que me importa en el mundo.

Cuando compre un espejo para el baño…

Cuando compre un espejo para el baño
voy a verme la cara
voy a verme
pues qué otra manera hay decime
qué otra manera de saber quién soy.
Cada vez que desprenda la cabeza
del fárrago de libros y de hojas
y que la lleve hueca atiborrada
y la deje en reposo allí un momento
la miraré a los ojos con un poco
de ansiedad de curiosidad de miedo
o sólo con cansancio con hastío
con la vieja amistad correspondiente
o atenta y seriamente mirarme
como esa extraña vez-mis once años-
y me diré mirá ahí estás
seguro
pensaré no me gusta o pensaré
que esa cara fue la única posible
y me diré esa soy yo ésa es idea
y le sonreiré dándome ánimos.

El olvido

Cuando una boca suave boca dormida besa
como muriendo entonces,
a veces, cuando llega más allá de los labios
y los párpados caen colmados de deseo
tan silenciosamente como consiente el aire,
la piel con su sedosa tibieza pide noches
y la boca besada
en su inefable goce pide noches, también.

Ah, noches silenciosas, de oscuras lunas suaves,
noches largas, suntuosas, cruzadas de palomas,
en un aire hecho manos, amor, ternura dada,
noches como navíos…

Es entonces, en la alta pasión, cuando el que besa
sabe ah, demasiado, sin tregua, y ve que ahora
el mundo le deviene un milagro lejano,
que le abren los labios aún hondos estíos,
que su conciencia abdica,
que está por fin él mismo olvidado en el beso
y un viento apasionado le desnuda las sienes,
es entonces, al beso, que descienden los párpados,
y se estremece el aire con un dejo de vida,
y se estremece aún
lo que no es aire, el haz ardiente del cabello,
el terciopelo ahora de la voz, y, a veces,
la ilusión ya poblada de muertes en suspenso

Mediodía

Transparentes los aires, transparentes
la hoz de la mañana,
los blancos montes tibios, los gestos de las olas,
todo ese mar, todo ese mar que cumple
su profunda tarea,
el mar ensimismado,
el mar, a esa hora de miel en que el instinto
zumba como una abeja somnolienta…
Sol, amor, azucenas dilatadas, marinas,
Ramas rubias sensibles y tiernas como cuerpos,
vastas arenas pálidas.
Transparentes los aires, transparentes
las voces, el silencio.
A orillas del amor, del mar, de la mañana,
en la arena caliente, temblante de blancura,
cada uno es un fruto madurando su muerte.
 

Quiénes son quiénes son…

Alma, Azul, Poema, Numen
Quiénes son quiénes son
metidos en mi vida
imponiendo ternura
espectros como yo
momentáneos y vanos
iguales a las hojas que pudre cada otoño
y no dejan memoria.
Quiénes son quiénes son.
Son éstos y no otros
de antes de después
frutos de muerte son
sin remedio sin falta
irremisiblemente
antes o después
muertos
tan fugazmente cálidos alentando y erguidos
y amando
por qué no
amando sin pavor
sin conjugarse nunca
la otra alma el otro cuerpo
la otra efímera vida.
Quiénes son quiénes son.
Qué camada de muertos para el suelo que pisan
qué tierra entre la tierra mañana
y hoy en mí
qué fantasmas de tierra obligando mi amor.

Cuándo ya noches mías

Cuándo ya noches mías
ignoradas e intactas,
sin roces.
Cuándo aromas sin mezclas
inviolados.

Cuándo yo estrella fría
y no flor en un ramo de colores.

Y cuando ya mi vida,
mi ardua vida,
en soledad
como una lenta gota
queriendo caer siempre
y siempre sostenida
cargándose, llenándose
de sí misma, temblando,
apurando su brillo
y su retorno al río.

Ya sin temblor ni luz
cayendo oscuramente.

A un poeta

Pobre Rubén creíste
en todas esas cosas
gloria sexo poesía
a veces en América
y después te moriste
y ahí estás muerto
muerto

Pobre pobre Rubén
te rodeaste de mitos
de cisnes de Parises y de Grecias
de cargos y de deudas
de amigos sinvergüenzas.

Te engañaron te hicieron
el cuento te robaron
te robaron Rubén
–mira que fuiste tonto–
o bien no te pagaban
aunque a veces tú mismo
derrochaste tus pesos
con la embriaguez de un niño.

Y escribiste bobadas
por encargo por juego
y hasta por compromiso.
mira que fuiste tonto
casarte con Rosario
andar con presidentes
alternar con snobs
caer con cualquier pícaro.

No puedo respetarte
y ni siquiera ver
de dónde te brotaban
tus versos tus palabras
tu tremendo lirismo
tu canto tu increíble
belleza tu poesía.

No sé Rubén no sé
no sé pero brotaba
–ritmo canción tormenta
rio apacible sangre
dulce oscura que mana–

No sé. Acaso del pobre
corazón arrancado
–eso dicen–
o del pobre cerebro
que después disputaron
–eso dicen–
a punta de revólver.

No sé no sé Rubén
no sé pero qué hermosa
a veces tu poesía
qué grande qué valiente
o que honda qué humana
a veces tu poesía.

Vaya a saber. Tal vez
tú mismo no supieras.

(La Habana, 1966, leído en el Encuentro
con Rubén Darío, en Casa de las Américas)

Te recomendamos ver el programa de televisión.

PRÓXIMO NÚMERO


129. Poesía más Poesía: Julio Herrera y Reissig

JULIO HERRERA Y REISSIG

BIOGRAFÍA

Poeta uruguayo, considerado una de las cumbres del modernismo, y uno de “los cuatro delfines” y herederos de Rubén Darío, junto a Leopoldo Lugones, Amado. Nervo y Ricardo Jaimes Freyre.

Nació el 9 de enero de 1875 en Montevideo, entonces una capital de casi medio millón de habitantes. (No debemos olvidar, por cierto, ni a Lautréamont, ni a Jules Laforgue, a quienes el destino hizo nacer igualmente en Montevideo y a Delmira Agustini de su misma época, que vimos en un programa anterior).

Descendiente de una familia de abolengo patricio, su tío, Julio Herrera y Obes llegaría a ser presidente de la República del Uruguay. Sus padres, Manuel Herrera y Obes y Carlota Reissig, tuvieron nueve hijos y, en el momento de su nacimiento, su padre gozaba de buena posición económica fruto de importantes negocios por lo que nació y vivió durante sus primeros años en una mansión de los alrededores de la capital, en el barrio del Prado. A los cinco años, en 1880, se le descubre una grave arritmia coronaria congénita que afectará en adelante a su existencia.
Escribe:

¿Queréis saber de mi amistad primera? Pues bien: fue con la muerte.

En 1882 su padre sufrió un quebranto económico, lo que lo llevó a vender su participación en el Banco Herrera-Eastman y una parte de sus propiedades, con lo que la familia pasa a vivir en una casa de la ciudad de Montevideo. En este tiempo comienza sus estudios en el Colegio Lavalleja y a los trece años lo inscriben en el colegio salesiano del Cordón, donde estudia dos cursos, posteriormente pasa al colegio San Francisco. Es una época en la que ya empieza a mostrarse su gran poder imaginativo con episodios de ciclotimia.

Muere su abuelo Manuel Herrera y Obes en 1890 y al año siguiente su hermano Rafael,(cinco año mayor que él). En el mismo año, su tío, Julio Herrera y Obes, asume la presidencia de la República y, por su mediación, ocupa el primer cargo público en la Alcaidía de la Aduana, dos años después renunció por el agudizamiento de su enfermedad coronaria. En esa misma época cae enfermo de fiebres tifoideas y pasa la convalecencia en la estancia del general José Villar, ministro de su tío, en el departamento de Salto.

En 1895 José Pedro Massera, Director de la Inspección Nacional de Instrucción Pública, lo nombró su secretario adjunto, pero acabará renunciando a los dos años ante la indiferencia de Massera, escribiendo como desahogo «Cosas de aldea», texto en el que manifiesta su agravio y cierta megalomanía que da comienzo a su leyenda.
A partir de este momento su formación se basará en la lectura de los clásicos españoles, griegos y latinos, así como autores franceses de literatura y filosofía, Víctor Hugo, Lamartine, Musset y las ediciones de Mercure de France. La poesía se convierte así en el centro de su vida acentuando una inclinación que ya tenía desde los quince años.
Tras algún tanteo inicial, en abril de 1898 publica su poema «Miraje» con reminiscencias de Lamartine y Bécquer, pero que, aparecido con un elogio del crítico Samuel Blixen, se convierte en un  éxito que lo estimula para continuar escribiendo versos en la misma línea. Un año después tiene un escarceo en política al participar contra la unificación del Partido Colorado, pero pronto se dará cuenta de que su vida es la literatura.

En este mismo año, 1899, funda La Revista, periódico quincenal que dura once meses y en cuyo primer número evalúa negativamente el momento literario de su país y contribuye a la iniciación renovadora del modernismo, pues en ella se publicaron algunos poemas de Toribio Vidal Belo, como «Noche blanca», que denotaban el eco de Prosas profanas de Rubén Darío, apenas conocido entonces en Montevideo. Herrera lo destaca por su originalidad en su revista, hasta el punto de observarse una variación notable entre las opiniones de la primera y la segunda parte de su ensayo «Conceptos de crítica», uno de los cuatro textos en prosa que publica, junto con seis breves poemas, en La Revista. A través de Vidal Belo conoció a los poetas modernistas hispanoamericanos y a los simbolistas franceses, Darío y Julián del Casal, a Verlaine y Rodenbach. En estos años las nuevas corrientes ideológicas y estéticas finiseculares se concentran en Montevideo con la entrada de las ideas de Nietzsche, Kropotkin y Bakunin, así como los simbolistas Baudelaire, Rimbaud y Verlaine, ello contribuye al giro poético que se está produciendo. Pero fue su amistad con Roberto de las Carreras lo que decidió su cambio definitivo de orientación literaria. De las Carreras había llegado de París en 1898 con una buena cantidad de libros de poetas parnasianos y simbolistas e hizo de la provocación su propia existencia exhibiendo ideas anarquistas y proclamando el amor libre, con lo que capitalizó en el ambiente montevideano el emblema de la nueva literatura.

Se funda en el domicilio familiar, calle San José 119, El Cenáculo, antecedente de La Torre de los Panoramas.

En 1899, Cambio de domicilio familiar a la calle Cámaras 96, donde funda el Segundo Cenáculo, lugar de reunión de los jóvenes poetas montevideanos.
Conoce a Leopoldo Lugones a través del Consistorio del Gay Saber que dirigía Horacio Quiroga.
En abril de 1900 Roberto de las Carreras publicó Sueño de Oriente que envió a La Revista, y que Herrera leyó maravillado por su transgresión y atrevimiento. Julio fue a visitar a Roberto y éste lo recibió en la bañera y luego publicó una reseña sobre su obra en la que  decía: «Sueño de Oriente constituye la nota artística más anticonvencional posible dada en el pequeño teatro de nuestra literatura. Todo en él es nuevo, arrogante y sutil». A partir de este encuentro se hicieron amigos y adoptó también la misma actitud desafiante. 

La Revista dejó de publicarse en julio de 1900 al sufrir Herrera la más dura de las crisis cardiacas hasta el momento. El único remedio conocido era la morfina y a ella debió unir su vida, al mismo tiempo que usó sus efectos literariamente, y para elaborar su leyenda de poeta maldito.
Su enfermedad le impidió viajar y trabajar de modo convencional pero no fue un obstáculo para que se convirtiera en un personaje peculiar, un dandy de raíces baudelairianas, desde 1900 se sucedieron las veladas literarias en el ático de la mansión familiar en Montevideo, conocida como La Torre de los Panoramas a causa de las importantes vistas que desde allí se tenían al Río de la Plata. En estas reuniones empezó la evolución de su obra desde el romanticismo hacia la vanguardia modernista que lo convertiría póstumamente en una referencia obligada de la poesía latinoamericana de la época, junto a Leopoldo Lugones, Ricardo Jaimes Freyre y Salvador Diaz Mirón.

Junto a las discusiones literarias, en la Torre de los Panoramas se practica el espiritismo para invocar a los muertos del vecino cementerio central de Montevideo y se fuma opio. Sus dolencias, no tardaron en empujar a Herrera y Reissig al uso de estupefacientes.

“No soy un vicioso. Cuando tengo que escribir algún poema en el que necesito volcar todo mi ser, todo mi espíritu, toda mi alma, fumo opio, bebo éter y me doy inyecciones de morfina. Pero eso lo hago cuando tengo que trabajar. Los paraísos artificiales son para mí un oasis”, contaba Rubén Darío que su admirado Julio decía.
Nace su hija natural Soledad Luna que no reconocerá hasta dos años después.

La obra de Roberto de las Carreras, hoy día, no se valora más que dentro de la medianía, pero su actitud fue un estímulo constante para Herrera al introducir nuevas tendencias decadentistas. Ello explica su deslumbramiento y amistad, hasta el punto de que proyectaron textos conjuntos en los que se burlaban del ambiente de la ciudad a la que llamaban «la toldería de Tontovideo». Es entonces cuando se proponen escribir Los nuevos charrúas o Parentesco del hombre con el suelo o Tratado de la imbecilidad del país según el sistema de H. Spencer, del cual se conservan unos cientos de páginas que sólo se han podido publicar hace pocos años. Parte de este trabajo pasará al «Epílogo wagneriano a la Política de fusión».

Años después, en 1906, ambos poetas se enemistan por una polémica relacionada con el supuesto robo de una metáfora («el relámpago luz perla / que decora su sonrisa» de Herrera) cuyo origen podría rastrearse en la poesía de Quevedo y en la de Bécquer. Asunto tan absurdo encubría otro tipo de diferencias.

EN 1903 Conoce a Julieta de la Fuente que será su pareja hasta su muerte.


Para evitarle el servicio militar, su padre le busca un trabajo en el Censo de Buenos Aires, allí parte en 1904 donde compone una parte de Los éxtasis de la montaña, volviendo a Montevideo en 1905 donde reinicia su vida en la Torre de los Panoramas.
De 1902 a 1907 habrá de escribir la mayor parte de su obra, aunque solo unos 80 poemas habrán aparecido de forma dispersa en las publicaciones de la época. En mayo de 1907 fundó La Nueva Atlántida, «revista superior de altos estudios», que sólo alcanzó dos números ya que no contaba con la ayuda económica familiar. A la muerte de su padre en esa misma época se acentuó la desprotección del poeta que pasa a vivir esporádicamente en casa de su novia, Julieta de la Fuente, con lo que debió aceptar un trabajo en el periódico La Noche.

Retrato - Julio Herrera y Reissig
Julio Herrera y Reissig y su esposa Julieta de la Fuente (1910)

En julio de 1908 se casó con Julieta de la Fuente. Fallece días después su madre, Carlota Reissig, su hermano Alfredo enloquece, se acentúa aun más su indefensión e intenta negocios y empleos, como un comercio de vino francés, agente de la Compañía Nacional de Seguros La Uruguaya, y al final de su vida le conceden un empleo del Estado, el de subarchivero-bibliotecario del Departamento Nacional de Ingenieros, que no pudo asumir, ya que desde noviembre de 1909 hasta mediados de marzo de 1910 se agrava su enfermedad. Murió el 18 de marzo de 1910.

La obra principal de Julio Herrera y Reissig es fruto de los diez últimos años de su vida. En estos mismos años, Herrera funda un singular Cenáculo, y luego la célebre Torre de los Panoramas, que alcanzará su consagración dos años después, hacia 1903, como lugar de reunión y de distendida amistad. Lugar embellecido por la imaginación fue la sede de largas discusiones poéticas hasta convertirse en emblema de su poesía y del modernismo esteticista.

Torre de los Panoramas Vista frontal - Julio Herrera y Reissig
La Torre de los panoramas

La Torre era su lugar de trabajo en la azotea de la casa familiar, al que se subía por una escalera de caracol, allí se recitaban poemas, se cantaba y tocaba la guitarra. Por ella pasaron todos los literatos uruguayos de su tiempo, entre los que se pueden contar su auditorio e imitadores, como Juan Picón, Pablo Minelli González, autor de un libro Mujeres flacas (1904), Juan Mas y Pi, César Miranda (Pablo de Grecia) que publica Letanías simbólicas, también en 1904, Edmundo Montagne y Oscar Tiberio. Un lugar de reunión semejante era el Consistorio del Gay Saber de Horacio Quiroga donde en 1900 conoció a Leopoldo Lugones que recitó algunos sonetos de Los crepúsculos del jardín.
La única obra ordenada por el poeta es Los peregrinos de piedra que data de un año antes de su muerte, 1909.


De Herrera y Reissig fue a decir Neruda: “Si Rubén Darío es el rey indudable de la marmolería modernista, Julio del Uruguay arde en el fuego subterráneo y submarino, y su locura verbal no tiene parangón en nuestro idioma”.

En tanto que Alberti habría de definirlo como “un poeta pleno de aventuras, disconforme y audaz, virtudes hoy visiblemente perdidas en los últimos autores”.

Herrera y Reissig escribió ficción, ensayos políticos, traducciones y muchas otras obras, pero es fundamentalmente conocido y reconocido por su producción poética.

 Canto a Lamartine (1898)
 Las pascuas del tiempo (1902)
 Los maitines de la noche (1902)
 La vida (1903)
 Los parques abandonados (1902-1908)
 Los éxtasis de la montaña (1904-1907)
 Sonetos vascos (1908)
 Las clepsidras (1909)
 La torre de las esfinges (1909)
 Los peregrinos de piedra (1909)
 La torre de marfil

POEMAS

LA DICTADURA

¡Infame siempre ha sido tu reinado;
pues te abortó la sombra de los vicios
y tu trono se alzó sobre suplicios
y fue tu ley el yugo despreciado!

En banquetes de sangre te has cebado,
y bajo los satánicos auspicios
has fundado la serie de desquicios
que a nuestro patrio lábaro ha enlutado!

Tu razón fue una horca para el justo,
fue tu engendro la guerra fratricida
y tu oscuro estandarte el retroceso.

y tu único enemigo el sol augusto
que ilumina la escena del progreso:
¡la libertad! ¡la libertad querida!

¡ARRIBA!

En el fango maldito,
se revuelve enlutada la bandera
que tremoló en las Piedras y el Cerrito.
Besada por la pólvora altanera,
esa que al saludarla en su comienzo
simbolizando del civismo el vuelo
formó espirales de azulado incienso
que en flecos vaporosos llegó al cielo,

– – – – – – – – ¡la patria del ensueño!
a quien robó su azul el ancho Plata
y la bandera su color risueño
y su sol de flamígera escarlata;
sol que es un rayo para el vil tirano
y para el llanto de la patria un beso
sol que jamás se mancha en el pantano
sol que en el ojo del jaguar va impreso,

– – – – – – – – del jaguar iracundo
que dio su garra al pueblo de Cagancha
y su rugido, que ha asombrado al mundo,
cuando de la opresión, la impura mancha
sintió en su noble y elevada frente
donde arde el fuego de la inmensa entraña
donde la pura nieve refulgente
brilla como en la esplendida montaña!

¡Y bien! ¡Oh pueblo! hay fieras en tu seno
que visten galas de farsaica (*) idea,
como hay flores que esconden el veneno,
como se encuentra lodo que chispea;
son eso que tú aplaudes los primeros
¡ay! los que vivirán de tus despojos.
¡Son los oscuros cuervos agoreros
los mismos que te arrancarán los ojos!

II
¿Olvidarás tu historia?
¿No hay sol en tu bandera que te alumbre?
Nació mirándolo la patria gloria
como lo mira el cóndor de la cumbre.
Tú sabes que la libertad querida
costó ¡ay! regar las balas cual semillas
con la preciosa esencia de la vida
y hacer cien cementerios de cuchillas!

Esos espurios, falsos ciudadanos
para quienes la ley no tenía valla,
son los mismos que piden hoy tiranos
y se hacen aclamar por la canalla!
¡Son los mismos, los mismos, que en otrora

– – – – – – – – sin timidez alguna
despreciando la fuerza usurpadora,
lanzaban rayos desde una tribuna!

¡Los perseguidos por la fiera hirsuta
que iban buscando un extranjero techo,
aman la fiera, aman la fuerza bruta
piden el sacrificio del derecho;
como la turba hebraica, en negro día
gritó al ver a Jesús… ¡dadle suplicio!
y en la embriaguez infame de la orgia
¡que salga Barrabás! ¡que triunfe el vicio!

III
Poetas de mi tierra, en esta hora,
en esta horrenda hora de tormento
dejad que vuestra lira atronadora
la pulse el rayo y la remonte el viento
¡La inspiración del cráter ¡oh! cantores
es la que el cóndor majestuoso escucha;
el hombre pide arrullo en sus amores,
y rugidos de león desea en la lucha!
¡Que cada nota un anatema sea
contra los falsos ídolos del vicio
fabricados del cieno que se crea
en el bajo que ciñe el precipicio!
¡Proclamad la virtud, más luminosa
si más negra es la noche en que se enseña,
la virtud cuando cae es más hermosa
como el torrente cuando se despeña!

El sol de redención, el sol de Mayo
el que lució con San Martín y Artigas
tuvo un himno de luz en cada rayo
vibrando entre las hordas enemigas;
sol que en Caseros fulguró de encono
como el poeta de la luz sagrada
al fulminar el relajado trono
del que tuvo por ley ¡mísera espada!

IV

– – – – – – – – ¡Ese sol de victoria
que se eclipsó entre sangre de Quinteros
es con desprecio de su santa gloria
escupido por viles mazhorqueros .

– – – – – – – – – ¡Y esa bandera erguida
se enrosca avergonzada entorno al asta,
del hombre que la arrastra prostituida,
como diciendo: ¡histrión! detente… basta!

¡Oh! león de la Agraciada
¡Levántate y sacude la melena
fuego de redención es tu mirada
contra ese fuego es trapo una cadena!
¡Despedaza en tu garra el cetro impuro
con que se ciñe de ambición un beodo;
mas callo, que el castigo del perjuro
debe salir del lodo, sí, del lodo!

¡Calle la lira avergonzada, calle,
que en el momento en que la ley sucumba
cada oriental será un volcán que estalle,
un luchador saldrá de cada tumba!
¡De las gradas del mundo, las naciones
han de arrojar laureles a los bravos
que antes quieren pasar por fieros leones
y no ser despreciados como esclavos!

JULIO HERRERA Y REISSIG y sus “Pascuas del Tiempo” por Leopoldo de Luis

-Fragmento-

Fastuosos son los versos orquestales de estas “Pascuas del Tiempo”. Asombroso poeta de abigarrada cultura mitológica como un Góngora resurrecto. “Nada más apasionante que la poesía de este uruguayo fundamental, de este clásico de toda la poesía”, dejó dicho de él Pablo Neruda.
Sol en Sagitario, M.C.M.”. Esta fechación forma parte del retoricismo y la imaginación del poeta, porque Julio no viajó nunca a Europa. No cabe sino pensar que el talante ecuménico con que redacta la nómina de personajes convocados le inclinó a desear un punto céntrico, un ombligo de la cultura, y ninguno tan típico como París. Bien sabemos que el modernismo americano se esforzaba por mirar a las modas francesas.
En el primer canto, el poeta alude al tiempo como a un viejo patriarca de cuyas arrugas ha de salir el futuro.
El canto segundo describe una imaginaria fiesta de ultratumba, con los más variados personajes históricos como invitados, en una mezcla que olvida la historicidad.
En el tercero, es la retahíla de los meses lo que deambula y baila.
En el cuarto se alza la harmonía (escrita con h, claro) de la lira de Orfeo.
En el quinto, la zarabanda de un repertorio de horas que culmina en el canto seis.
En el siete, el más extenso, vuelven los meses a entretejer un himno, y en el último, figuras mitológicas llegan a la fiesta que se remata con un epílogo en cuatro versos de dieciséis sílabas.
La poesía modernista, con su creación de ritmos, desdoblando y ampliando la versificación, cobra en este poema de Herrera y Reissig un estadio delirante. Su lujo verbal, sus rimas que cantan y encantan, su sintaxis encaramada a la anáfora, el empleo de términos de tan singular brillo como de rareza de uso, el derroche de evocaciones que concitan protagonistas reales o supuestos, manifestándose en escenarios ya de gusto francés, ya de recreaciones helenas. Todo ello aleja la poesía de propuestas sentimentales, meditaciones o trascendencias, para instalarla en el ideal reino de la belleza. Pero es claro que la belleza puede alzarse como un valor rebelde. La belleza del arte, contra lo chabacano, la torpeza convencional y burda de la vieja burguesía. No se equivocaba el gran crítico Ricardo Gullón cuando, ante la elegancia de la estética modernista, decía que los cisnes y las princesas tenían sentido, lo que -según ha escrito el profesor Urrutia en su prólogo al libro de Juan Ramón Jiménez- puede interpretarse como deseo de elevación intelectual e idealista por encima de la vulgaridad.
Por si fuera poco, Herrera y Reissig introduce en sus elaborados versos un ingrediente irónico, con lo que se anticipa a la visión de un costado lúdico de la poesía manejada años después por los ultraístas.
Poesía como de ricos cortinajes y telas recamadas. Poesía de salones lujosos y adornos sensuales y tapices que evocan paisajes exóticos. Fuentes con ninfas, arquitectura de alhambras y mekas.
Espectros de rastros seculares. Borgia o Cleopatra; la Reina de Saba o Voltaire; la Pompadour o Santa Teresa; Atila o Byron.
Triunfo deslumbrante del movimiento que abre la poesía moderna en lengua española con el siglo que recién acaba. Por esas rutas transitó una pléyade renovadora e innovadora que merece recuerdo y gratitud. AJenaro Talens -poeta renovador él mismo- y a Luis Íñigo Madrigal les debemos este regalo, en manos de Biblioteca Nueva.

LAS PASCUAS DEL TIEMPO

I
SU MAJESTAD EL TIEMPO

El Viejo Patriarca,
                   Que todo lo abarca,
Se riza la barba de príncipe asirio;
Su nívea cabeza parece un gran lirio,
Parece un gran lirio la nívea cabeza del viejo Patriarca.
Su pálida frente es un mapa confuso:
La abultan montañas de hueso.
Que forman lo raro, lo inmenso, lo espeso
De todos los siglos del tiempo difuso.
Su frente de viejo ermitaño
Parece el desierto de todo lo antaño:
En ella han carpido la hora y el año,
Lo siempre empezado, lo siempre concluso,
Lo vago, lo ignoto, lo iluso, lo extraño,
Lo extraño y lo iluso…
Su pálida frente es un mapa confuso:
La cruzan arrugas, eternas arrugas,
Que son cual los ríos del vago país de lo abstruso
Cuyas olas, los años, se escapan en rápidas fugas.
¡Oh, las viejas, eternas arrugas;
Oh los surcos oscuros:
Pensamientos en formas de orugas
De donde saldrán los magníficos siglos futuros!

II
FIESTA POPULAR DE ULTRATUMBA

Un gran salón. Un trono. Cortinas. Graderías.
(Adonis ríe con Eros de algo que ha visto en Aspasia)
Las lunas de los espejos muestran sus pálidos días,
Y hay en el techo y la alfombra mil panoramas de Asia.
Las lámparas se consumen en amarillas lujurias,
Y las estufas se encienden en pubertades de fuego;
(Entran Sátiros, Gorgonas, Ménades, Ninfas y Furias;
Mientras recita unos versos el viejo patriarca griego.)
Unos pajes a la puerta visten dorado uniforme;
Cruzan la sala doncellas ornadas con velos blancos.
(Anuncian: están Goliat y una señora biforme
Que tiene la mitad pez, Barba Azul y sus dos zancos.)
Un buen Término se ríe de un efebo que se baña.
Todos tiemblan de repente. (Entra el Hércules nervudo)
Grita Petronio: ¡Falerno! Grita Luis Once: ¡Champaña!
(Grita un pierrot: ¡Menelao con un cuerno y un escudo!)
Todos ríen, sólo guardan seriedad Juno y – Mahoma,
El gran César y Pompeyo, Belisario y otros nobles
Que no fueron muy felices en el amor. Se oyen dobles
Funerarios: es la Parca que se asoma…
(Todos tiemblan) los más viejos rezan, se esconden,
              murmuran.
Safo le besa la mano. Se oye de pronto un gran ruido,
Es Venus que llega: todos se desvisten, tiemblan, juran,
Se arrojan al suelo y sólo se oye un inmenso rugido
De fiera hambrienta: los hombres se abalanzan a la diosa,
(Ya no hay nadie que esté en calma, todos perdieron el juicio) 
Todos la besan, la muerden, con una furia espantosa,
Y Adonis llora de rabia… En medio de ese desquicio
El Papa Borgia está orando (mientras pellizca a una niña),
Tan sólo un bardo protesta: Lamartine, con voz airada;
Para restaurar el orden se llamó a Marat. La niña
Duró un minuto y la escena vino a terminar en nada.
Con el ala en un talón entra Mercurio; profundo
Silencio halló el mensajero. El gran Voltaire guiñó un ojo
Como queriendo decir: ¡cuánto pedante en el mundo
Que piensa con los talones! (Juan lo miró de reojo.
Y un periodista que había se puso serio y muy rojo.)
Entra Aladino y su lámpara. Entran Cleopatra y Filipo.
Entra la Reina de Saba. Entran Salomón y Creso.
(Con las pupilas saltadas se abalanzó un burgués rico,
Un banquero perdió el habla y otro se puso muy tieso.)
“Mademoiselle Pompadour”, anuncia un paje. Mil notas
Vibran de pronto; los hombres aparecen con peluca,
(Un calvo aplaude, y de gozo brinca una vieja caduca)
Comienza el baile: pavanas, rondas, minués y gavotas.
Bailan Nemrod y Sansón, Anteo, Quirón y Eurito;
Bailan Julieta, Eloísa, Santa Teresa y Eulalia,
Y los centauros: Caumantes, Grineo, Medón y Clito;
(Hércules no; le ha prohibido bailar la celosa Onfalia.)
Entra Baco, de repente; todos gritan: ¡Vino, Vino;
(Borgoña, Italia y Oporto, Jerez, Chipre, Cognac, Caña,
Ginebra y hasta Aguardiente), viva el pámpano divino,
Vivan Noé y Edgard Poe, Byron, Verlaine y el Champaña!
Esto dicho, se abalanzan a un tonel. Un fraile obeso
Cayó, debido, sin duda (más que al vino) al propio peso.
Como sintieran calor Apuleyo y Anacreonte
Se bañaron en un cubo. Entra de pronto Caronte.
(Todos corren a ocultarse). No faltó algún moralista
Español (ya se supone) que los tratara de beodos,
El escándalo tomaba una proporción no vista,
Hasta que llegó Saturno, y, gritando de mil modos,
Dijo que de buenas ganas iba a comerlos a todos.
Hubo varios incidentes; (entra Atila y se hunde el piso;
Eolo apaga unas bujías; habla Dantón; se oye un trueno.)
En el vaso en que Galeno
Y Esculapio se sirvieron, ninguno servirse quiso.
Un estoico de veinte años, atacado por el asma,
Se hallaba lejos de todos. “Denle pronto este jarabe”.
Dijo Hipócrates, muy serio. Byron murmuró, muy grave:
“Aplicadle una mujer en forma de cataplasma”.
Una risa estrepitosa sonó en la sala. De rojo
Vestido un dandy gallardo, diole la mano al poeta
Que tal ocurrencia tuvo. (El gran Byron que era cojo,
Tanto como presumido, no abandonó su banqueta,
Y tuvo para Mefisto la inclinación más discreta.)
En esto hubo discusiones sobre cuál de los suicidas
Era más digno de gloria. Dijo Julieta; yo he sido
Una reina del Amor; hubiera dado mil vidas
Por juntarme a mi Romeo. Dijo Werther: yo he cumplido
Con un impulso sublime de personal arrogancia.
Hablaron Safo y Petronio, y hasta Judas el ahorcado,
Por fin habló el cocinero del famoso Rey de Francia,
El bravo Vatel: yo, dijo, con valor me he suicidado
Por cosas más importantes, ¡por no encontrar un pescado!
Todos soltaron la risa. (Grita un paje: está Morfeo.)
Todos callan, de repente… todos se quedan dormidos.
Se oyen profundos ronquidos.
(Entra en cuclillas un loco que se llama Devaneo.)

III
LLEGADA DE LOS MESES Y DE LAS HORAS

(Terpsícore puede más que Morfeo)
Saludando cortésmente a la buena Mamá Juno
(Son las XII de la noche, del mes doce a 31)
Entran: Junio, Julio, Agosto, Setiembre, Octubre y
        Noviembre.
Enero, Marzo y Abril, Mayo, Febrero y Diciembre.
Síguelos el Viejo Tiempo, con traje de soberano.
(El Patriarca de los Siglos a quien ninguno conoce.)
              Y tomadas de la mano,
Formando rueda y bailando la vieja danza del brinco:
La seis, la ocho, la nueve, la diez, la once, la doce,
La una, la dos, la cuatro, la tres, la siete y la cinco.
(Anuncian: está Terpsícore.) Todos despiertan y ríen:
El gran salón se ilumina con mil resplandores blancos;
Barba Azul corre en sus zancos;
Raras macabras armónicas los instrumentos deslíen,
Y sin que haya espiritistas saltan las mesas y bancos.
Byron, Tirteo y Quevedo se olvidan de que son cojos,
Rabelais y el gran Leopardi no saben ya sus defectos;
Homero y Milton se muestran, ambos, con grandes anteojos;
los cuerdos se vuelven locos y arlequines los proyectos.
(Por bailar a misia Parca también se le van los ojos.)

IV
RECEPCIÓN INSTRUMENTAL DEL GRAN POLÍGLOTO ORFEO

Cuentos de Harmonía
Entra el viejo Orfeo. Mil notas auroran
El aire de ruidos, mil notas confusas;
Suspiran las Musas, las Sirenas lloran;
Las Sirenas lloran, suspiran las Musas.
Misteriosas flautas, que modulan gritos
De bacantes ebrias, de hetairas locas,
Cantan las canciones de los tristes mitos;
de los besos muertos en las regias bocas.
Finas violas trinan los rondeles breves
Que en la danza regia dicen los encajes,
Las suaves y amables carcajadas leves
De las suaves sedas de los leves trajes.
Sistros marfilados hablan de las lidias
De los viejos reyes; de su real decoro;
De Judith y Esther cuentan las perfidias,
Los asesinatos de sus besos de oro.
Címbalos de plata cuentan las historias
De reinas de Saba; de sangrientas misas,
Y cascabelean las divinas glorias
De los viejos bardos y las pitonisas.
Suaves mandolinas desabrochan llantos
De Mignones ebrias y Lilís divinas,
Y hacen las historias, de crueles encantos
Y dulces venenos, de las Florentinas.
Cuernos y zampoñas, cobres y trompetas,
(Que tienen el triunfo dorado del Sol)
Aúllan y ladran y rujen y gritan,
(Los himnos más rojos en tono i bemol).
¡Hablando de guerras, de sangre, de atletas,
De incendios, de muertes y cosas que excitan!
Órganos tronantes murmuran canciones,
De mística, vaga, celeste harmonía,
Que hacen de las barbas de Jehová vellones
Para ornar la mesa de la eucaristía.
Discretos violines hacen historietas
De pies diminutos, escotes y talles;
De anillos traidores; de las Antonietas,
De los galanteos del regio Versalles.
Narran mil alegros, de collares ricos,
De aleves conquistas, de alcobas doradas:
Las conspiraciones de los abanicos
Y las aventuras de las estocadas.
Timbales y oboes, panderos y gaitas
Son gitanas tristes, ebrias bayaderas
Que dan el almíbar de las chirigaitas,
Sangre de cicutas, celos de panteras,
Que sugieren dramas de placer y llanto,
Risas y suspiros de Selikas locas,
Sollozos de Aída, ramos de amaranto,
Orgías de vasos, puñales y bocas.
Graves clavicordios, tristes violoncelos
Susurran amores de duques suicidas,
Y hablan en la lengua de los terciopelos,
Del vino que usaban las reinas queridas.
Guitarras sensibles, en raudos alegros,
Hablan de toreros, chulos y manolas;
Fingen las tormentas de los ojos negros,
Y hablan de los celos de las reinas Lolas.
Ríen con la risa del castañeteo,
Vuelan con el vuelo de la seguidilla,
Y hablan del hechizo que en el culebreo
Ponen las sultanas de la manzanilla.
Sugieren de pronto caderas ariscas,
Gestos que provocan, y ligas que atan;
¡Toros de lujurias, besos de odaliscas,
Canelas, mantillas y piernas que matan!…

V
LA GRAN SOIRÉE DE LA ELEGANCIA.
LA DANZA DE LOS MESES Y DE LAS HORAS GALANTERÍAS ETERNAS

Decoración: La sala semeja una floresta
Unos faunos sensuales persiguen a una driada,
Cantos de aves sinfónicas hace vibrar la orquesta.
(Pajes, Arqueros, Duendes y gente uniformada.)
Los Dioses del Olympo todos se hallan presentes.
(Emblemas, jeroglíficos, toisons, panoplias, cuernos)
Inmensa muchedumbre de silenciosas gentes;
Santos del Paraíso, reyes de los Infiernos.
El viejo Tiempo se halla sentado en su gran solio.
(Heraldos y sirenas, dragones, sagitarios)
A un lado el Laberinto y al otro el Capitolio.
La Parca está rezando sus credos funerarios.
Alcen contempla a Diana. Pan toca su bocina;
Un centauro y un sátiro se cuentan sus lujurias;
Hidras, peces biformes. (Plutón y Proserpina.)
Tritones y Oceánidas y Náyades y Furias.
Lohengrin y el Cisne. Cadmo transformando una piedra;
(Pontífices, Mikados, Sultanes, Caballeros)
Margarita en su rueca, Minos hiriendo a Fedra.
(Damas de corte, brujas, nobles y mosqueteros.)
Cristo y Mahoma charlan de asuntos de la tierra;
(Se alzan el Vaticano, la Alhambra, Meka y Roma)
Millones de esqueletos surgen en son de guerra,
Etcétera… Posdata: la Esfinge se desploma.
Aramis el noble, gentil bastonero,
Le pide su cetro magnífico a Ulises;
(Adornan la sala lujosas cariátides,
Regios artesones y un áureo florero
En el que hay hortensias, anémonas, lises,
Adelfas, orquídeas, lotos y clemátides)
Y ordena la danza. Las Hadas del Día,
Que son doce, se ponen en rueda.
(Hay espejos, luces, cuadros, pedrería,
Bibelots, Cupidos, oro, mármol, seda…)
Un reloj semeja la alfombra bordada;
(Ornan los tapices regias hipsipilas;
La Venus de Ictinius se muestra enflorada:
Lucen crisantemos, nelumbos y lilas.)
Hay aves exóticas. Exóticos frescos
Muestran con sus barbas a los Viejos Siglos.
(Hay fou-kousas, pieles, jaspes, arabescos,
Biscuits, kakemonos, dioses y vestiglos.)
Aramís sonríe con una señora
De ciertos remilgos de unas soberanas.
(Hay cenefas, biombos, telas de Bassora,
Consolas, estatuas, joyas, porcelanas.)
Las arañas forman chispeantes burbujas,
Burbujas inquietas de vinos dorados.
(Hay regios encajes de Chantilly y Brujas,
Panneaux deslumbrantes y flordelisados.)
Las damas ostentan aigrettes elegantes,
De plumas que fingen rizos de flambeau
(Los regios joyeles y polvos brillantes
Que ostentan las reinas de un bello Wateau.)
Hechiza en las faldas la seda argentada,
Y nieva la red de las finas puntillas.
(Las caladas medias de seda rosada
Brillan de celosas en las pantorrillas.)
Un bouquet de estrellas sus fulgores quiebra
En el encendido sol de los aceros;
Valiers recamados de ojos de culebra
Ornan la elegancia de los caballeros.
Irisados peces, raros colorines,
Fingen las soberbias condecoraciones;
Y gardenias blancas son los brodequines,
Y serpientes de oro son los cinturones.
Un obispo cuenta las cuentas de espuma
Que hay en una copa de fino Bohemia.
(Hay lacas, mosaicos, jarras de Satsuma
Divanes de Persia, sillas de Academia.)
Las Horas ostentan primorosos trajes,
Grandes abanicos, mágicas pelucas.
(Hay platos chinescos, cisnes y paisajes,
Gente armada, pajes y doncellas cucas.)
(Se oyen pasos). Entran con largos turbantes,
Emires, profetas y viejos Kalifas.
(Los pajes alcanzan sorbetes, picantes,
Café, arroz, tabaco, pipas y alcatifas.)

VI
CANTO DE LAS HORAS

Aramís ordena que los doce Meses
Formen en la rueda con las doce Horas.
Las Horas sonríen; los doce Condeses
Hacen reverencias para las señoras.
(Beaumarchais se acerca. La Vallière saluda,
La Chevreuse camina, Maintenon se sienta;
Sévigné pasea su espalda desnuda,
Mientras Guiche sonriendo su pasión le cuenta.)
Luis, Rey de primores, en un grupo alterna,
Dando a sus palabras caprichosos giros;
(Las enamoradas de su linda pierna
Le brindan miradas, risas y suspiros.)
Comienza la danza. Sus divinos vuelos
Emprenden las Horas: un iris de seda
Se cierne en la nube de los terciopelos,
Y en mágica urdimbre de flores se enreda.
Avispas de raros metales parecen,
Que cercan zumbando divinos panales,
Y raudas estrellas que saltan y crecen,
Siguiendo los ritmos de mil madrigales.
Prosigue la danza. Su baile ligero
Emprenden los Meses: una cabalgata
De arqueros celestes cruza el abejero
De tacos bordados y hebillas de plata.
Parecen falenas de volar extraño.
Bellos sagitarios de la diosa Iris,
Los doce Condeses del Reino del Año
Que rigen las riendas del potro de Osiris.
El viejo Patriarca
           que todo lo abarca
Se riza la barba de príncipe asirio;
Su nívea cabeza parece un gran lirio,
Su nívea cabeza de viejo Patriarca
Aramís ordena que las danzarinas
Cuenten sus historias. La orquesta acompaña.
(El Rey Luis escucha, tras unas cortinas,
El rondó de espuma del vino champaña.)
La menor, la Una, canta la primera:
“Yo he nacido en Grecia, yo he nacido en Nubia:
“Yo soy negra y blanca, triste o hechicera;
“Mi cabeza es negra, mi cabeza es rubia.
“Los insomnios tristes son de mis imperios,
“Y mis ojos queman con mirar profundo;
“Soy la negra bruja de los cementerios,
“La querida ardiente que ilumina el Mundo.
“Soy la Una, una nocturnal sombría
“Hija de la noche, maga de la Luna;
“Soy la Una, una lámpara del Día,
“Soy la negra Una, soy la blanca Una”.
La Dos: “Soy la hermana de la buena hermana
“Que contó su historias, y una es nuestra vida;
“El sultán del Día me nombró sultana;
“El cafre nocturno me hizo su querida”.
La Tres: “Soy el hada que sus oros labra
“En la adamantina villa de los astros,
“Y que adora al negro, raro, abracadabra
“Que por donde pasa deja negros rastros”.
La Cuatro: “Yo brillo cuando en los Estíos
“El Sol llega a Piscis y en Piscis se escuda;
“Yo beso y despierto los tiernos rocíos;
“Yo brillo en Enero cuando el Sol madruga”.
La Cinco: “Yo luzco, toda engalanada,
“Al pie del Castillo de prismas aéreos;
“Yo aclaro, yo azulo la inmensa mirada
“De los Capricornios y Acuarios etéreos”.
La Seis: “Soy el cisne del parque de Urano.
“Yo las Primaveras del azul enfloro;
“Yo pinto la mitra del Mago Verano.
“Y escribo en el cielo madrigales de oro”.
La Siete: “Yo ostento rodelas y tiaras
“De reyes del regio país Fantasía;
“Yo enseño brocados y túnicas raras,
“Yo soy la mimosa del Reino del Día”.
La Ocho: “Yo estrello con blancas avispas,
“De la bruja noche la oscura caverna;
“Yo soplo en la fragua de Dios, y mil chispas
“Bailan en el cielo la gavota eterna”.
La Nueve, la Diez y la Once. -Coro-“
Nosotras amamos la sombra y la lumbre;
“Reinas de azabache, codiciamos oro:
“Somos alegría; somos pesadumbre”.
Canta al fin la Doce: “Mi pupila ardiente
“Mira siempre fijo: mi pupila abrasa:
“Soy la más amante, soy la más vehemente,
“Soy la que atraviesa, soy la que traspasa.
“Soy la silenciaria, la de negras alas,
“La trasnochadora que las almas roe,
“La que tiene el brillo de las luces malas
“En que se inspiraron Baudelaire y Poe.
“El gato que vela y el ave nocturna
“Tienen mis siniestras vagas harmonías.
“Soy la que no duerme, soy la taciturna,
“Y mis ojos brillan las alevosías.
“Soy la que levanta las heladas losas,
“La de los puñales, la de los secretos;
“La de las macabras dentro de las fosas,
“La que cena y baila con los esqueletos.
“Richepin y Huysmans, los ebrios divinos,
“Me eligieron diosa de sus borracheras;
“Maeterlinck y Wilde y otros peregrinos,
“Me llamaron Reina de sus calaveras.
“Soy la Doce blanca: soy la Doce negra;
“Soy tristeza y sombra, resplandor y goce:
“La que todo abate, la que todo alegra:
“Soy la blanca Doce; soy la negra Doce”.
Un coro de aplausos atruena el espacio.
(Richelieu sonriendo se acerca a una dama.)
Pajes con bandejas llenan el palacio.
(Molière por un beso vende un epigrama.)
Resuenan los coros: “Amemos al Viejo Patriarca,
                                 que todo lo abarca;
Su frente de viejo ermitaño
Parece el desierto de todo lo antaño;
en ella han carpido la hora y el año,
Lo siempre empezado, lo siempre concluso,
Lo vago, lo ignoto, lo iluso, lo extraño,
                               lo extraño y lo iluso.”

VII CANTO DE LOS MESES

Aramís ordena que los danzarines
Cuenten sus historias. Comienza el andante;
Gimen los oboes, lloran los violines.
“Rabelais se ríe de un cuento picante.)
(Cien pajes anuncian: “Monsieur Sagitario,
Madame Virgo y Taurus con un unicornio;
Géminis y Cáncer, Piscis, Leo, Acuario,
Escorpión y Aries, Libra y Capricornio.)
Un pueblo de estrellas sus brillos expande;
La orquesta derrama torrentes de notas.
(Entran Quasimodo, Federico el Grande,
Y el rey Pulgarcillo con sus grandes botas.)
Canta el Rey Enero de circuncisiones,
De pascuas alegres, de reyes, de heraldos.
(Llueve blancos lirios, felicitaciones;
Confites, muñecos, ramos y aguinaldos.)
Liliput envía castañas de nieve,
Gulliver regala cartuchos de enanos;
El gorro de Enero golosinas llueve,
(Se besan las bocas, se juntan las manos.)
Febrero el alegre canta y payasea
Canciones borrachas, ebrias cavatinas.
(Arlequín solloza, Clown carnavalea;
Mil pierrots se abrazan con sus colombinas.)
Entra el Rey de Kioto con frac de adúcar.
Baco está dormido y un bufón lo roba;
Cenicienta muerde sus botas de azúcar;
(Napoleón es Jockey de un palo de escoba.)
Se anuncian Tom-Pouce. Montados en cebras,
Entran saludando Narciso y Pepino.
(Llueve cascabeles, diablos y culebras,
Botellas, harinas y affiches de vino.)
Marzo, Rey de Ayuno, canta la plegaria
De todas las témporas, hambres y abstinencias.
(Se ven: una ermita triste y solitaria,
Fray en la garita de las penitencias.)
Entra el Rey Otoño, de gris adornado,
Muy pálido y triste. (Llueve agua bendita);
El Otoño quiere llorar un pecado,
Y habla con el fraile que está en la garita.
“Cortaos el verde cabello” -le dice
El fraile al oído fingiendo congojas.
(Mueren Julia, Elena, Flora, Cleo y Bice)
Los árboles llueven su lluvia de hojas.
Los árboles lloran su calvicie blanca;
El Otoño llora; (llueve agua bendita.)
El Coiffeur aéreo las hojas arranca.
(Llora la campana de la triste ermita.)
Abril, el sagrado Rey de los olivos,
Canta el Evangelio de las buenas almas,
(Lucen en el ara los corderos vivos;
Se agitan pañuelos, túnicas y palmas.)
Abril, el sagrado Rey de los Calvarios,
Canta de suplicios y llagas divinas;
(Los frailes rezongan Patres y rosarios,
Y llueve vinagre, sudores y espinas.)
Abril, el sagrado Rey de los rituales,
Entona maitines de notas opacas;
(De pronto anochecen los claros vidriales,
Se apagan los lirios, ladran las matracas.)
El Rey Abril canta de Resurrecciones,
De la alegre danza de los incensarios;
(Las misas cantadas gritan sus canciones,
Y laten los pechos de los Campanarios.)
El Rey Abril canta su alegría suma,
Llamando a los fieles para sus convites;
(Las campanas bailan, el incienso fuma:
Llueve cera, cohetes, flores y confites.)
Mayo, el caminante de la buena ruta,
Canta los rastrillos, la sierra y el zoclo.
(San José fabrica trenzas de viruta;
San Isidro peina sus barbas de choclo.)
Junio, Rey de estufas, canta los rondeles
Que hacen cuando bailan, los raudos patines,
(Entra el rey Invierno, vestido de pieles,
Con blanco paraguas y blancos botines.)
Junio, el Rey más blanco de los doce Meses,
Canta el aleluya de los reyes místicos:
(Llueven lenguas rojas los Pentecosteses;
Corpus Christi llueve panes eucarísticos.)
Junio, el Rey más blanco, blanco néctar bebe;
Bebe blanca nieve; nieva blanca harina;
Toma blancas hostias; llueve leve nieve;
Canta las nevadas de la fe divina
El monarca Julio canta las concordias
De las caridades y visitaciones.
(San Vicente llora sus misericordias,
Y la Virgen llora sus revelaciones.)
Agosto, el furioso Rey de turbulencias,
Canta la sonata de los huracanes.
(Los ángeles juegan a las indulgencias:
Santa Rosa llora llanto de volcanes.)
El joven Setiembre trina las canciones
Que hablan de bohemias, flores y zagalas;
Que hablan de los bailes de los corazones,
Y los cuchicheos de las colegialas.
Setiembre, el mimado de las reinas rosas,
Echa en su casaca mágicos olores;
(Llora el Arco Iris flores, mariposas.
Ríe Primavera, ríen los amores.)
Ríen los amores, ríe Primavera;
(Llueve mariposas, flores peregrinas)
Los amores ríen en su real litera
Llevada por hadas y por golondrinas.
Octubre, el Rey dandy, canta de las blondas
Que en el aire dejan dulce de fragancia.
Del beso que ritman las formas redondas
Que atesoran opios y magias de Francia.
Noviembre se signa y hace funerales,
Y responsos mudos, de mudos misterios:
Noviembre es el mudo de los carnavales,
De los carnavales de los cementerios.
Noviembre, el Rey Negro del ceño fruncido,
Canta los lamentos de una viuda alouette;
A todos los santos les hace un cumplido,
cuando no lo espía Madame Squelette.
Noviembre a quien aman las negras Gorgonas,
Es Rey de cipreses y de golondrinas.
(Las bellas floristas le labran coronas;
Los sepultureros le piden propinas.)
Diciembre, el rey Fauno, canta barcarolas
Que elogian los raptos de blancas primicias,
Que hacen en la playa las lúbricas olas
Babeadas de besos y suaves caricias.
Diciembre el ardiente canta el ritornelo
De blancas Kermesses y fiestas del río
(Llueve brin, zaraza, sudores y hielo.
Vestido de rojo penetra el Estío.)
Diciembre el ardiente sus pasiones narra,
Y habla de indiscretos, suaves esperezos.
(Pulsa su bordona la inquieta cigarra,
Y el grillo armoniza collares de rezos.)
Diciembre, el alegre Rey de nacimientos,
Habla de pesebres, bueyes y cayados
(Los abuelos cuentan sus más lindos cuentos,
Y llueve pan dulce, castañas y helados.)
Alegres saludos y aplausos corteses
Vibran en los aires. (Una bella hazaña
Cuenta un duque. Ríen, amables, los Meses
Haciéndole gracias al noble Champaña.)
Resuenan los Coros:
“Amemos al viejo Patriarca
que todo lo abarca;
Su pálida frente es un mapa confuso;
La abultan montañas de hueso
Que forman lo raro, lo inmenso, lo espeso,
De todos los siglos del tiempo difuso.”

VIII
TERMINACIÓN DE LA FIESTA.
DESPEDIDAS Y QUEJAS. LLUEVE.
DESFILE DE LA CONCURRENCIA

Suenan galanteos y besos y adioses:
Se marchan los Papas de ceño fruncido.
Las Brujas, los Duendes de acento fingido,
Se marchan los Reyes, se marchan los Dioses,
Y todos se marchan… Ya todos se han ido…!
Pasaron volando las cuatro Estaciones,
Los bellos Ocasos, las bellas Auroras,
Endriagos, Quimeras, Esfinges, Dragones,
Hidras y Centauros y Furias traidoras
Y Gnomos y Faunos y Meses y Horas.
Se apagan las luces. El viejo Castillo
Se esfuma, se borra. Cuatro campanadas
Da el Reloj. (Sus botas perdió Pulgarcillo
Y una bruja loca lo lleva a la grupa.)
Negras Amazonas pasan a horcajadas
En palos de escoba; y el negro corrillo
De sombras eternas zumbando se agrupa…!
Zumbando se agrupa…!
(Llueve.) Los Ciclones tocan en sus flautas
Su inmenso silbido.
Los viejos Ciclones tocan en sus flautas,
las Sirenas lloran, las Ninfas se quejan.
(El viejo Patriarca se queda dormido.)
Pasan Unicornios, Monstruos y Argonautas…
Ya todos se han ido, ya todos se alejan,
Ya todos se alejan, ya todos se han ido…
Se quejan
se alejan…
se han ido…!

EPÍLOGO

Fuera: el trueno juega y corre con su inmenso monolito.
El huracán, monstruo asmático, lanza pavorosa tos;
los relámpagos alumbran, atraviesan lo infinito.
Como el fósforo encendido del gran cerebro de Dios!
Montmartre, Sol en Sagitario, M.C.M.

EL DESPERTAR

Alisia y Cloris abren de par en par la puerta
y torpes, con el dorso de la mano haragana,
restréganse los húmedos ojos de lumbre incierta,
por donde huyen los últimos sueños de la mañana. ..
La inocencia del día se lava en la fontana,
el arado en el surco vagaroso despierta,
y en torno de la casa rectoral, la sotana
del cura se pasea gravemente en la huerta…
Todo suspira y ríe. La placidez remota
de la montaña sueña celestiales rutinas.
El esquilón repite siempre su misma nota
de grillo de las cándidas églogas matutinas.
Y hacia la aurora sesgan agudas golondrinas
como flechas perdidas de la noche en la derrota.
El regreso

La tierra ofrece el ósculo de un saludo paterno
Pasta un mulo la hierba mísera del camino
y la montaña luce, al tardo sol de invierno,
como una vieja aldeana, su delantal de lino.

Un cielo bondadoso y un céfiro tierno…
La zagala descansa de codos bajo el pino,
y densos los ganados, con paso paulatino,
acuden a la música sacerdotal del cuerno.

Trayendo sobre el hombro leña para la cena,
el pastor, cuya ausencia no dura más de un día,
camina lentamente rumbo de la alquería.

Al verlo la familia le da la enhorabuena…
Mientras el perro, en ímpetus de lealtad amena,
describe coleando círculos de alegría.

ILUMINACIÓN CAMPESINA

Alternando a capricho el candor de sus prosas,     
Ruth sugiere a la cítara tan augustos momentos!     
y Fanor en su oboe de aterciopelamientos           
plañe bajo el ocaso de oro y de mariposas…       
                                                   
Ante el genio enigmático de la hora, sedientos     
de imposible y quimera, en el aire de rosas,       
ponen largo silencio sobre los instrumentos,       
para soñar la eterna música de las cosas.           
                                                   
Largas horas, en trance de eucarísticos miedos,     
amortiguan los ojos y se enlazan los dedos…       
«¡Dulce amigo!» ella gime. Y Fanor: «¡Oh mi amada!» 
                                                   
Y la noche inminente lame sus mansedumbres…       
De pronto, como bajo la varilla de un hado,         
fuegos, por todas partes, brotan sobre las cumbres. 

El consejo

El astrónomo, el vate y el mentor se han reunido…
La montaña recoge la polémica agreste;
y en el aire sonoro de campana celeste,
las tres voces retumban como un solo latido.

Conjeturan fiebrosos del principio escondido…
Luego el mago predice la miseria y la peste;
el poeta improvisa, mientras, vuelto al Oeste,
el astrónomo anuncia que en Hispania ha llovido.

Ebrios de la divina majestad del tramonto,
los discursos se agravan.,. Es ya noche. De pronto,
arde en fuga una estrella… interrogan sus rastros

cual mil ojos abiertos al Enigma Infinito:
se hace triple el silencio del consejo erudito…
Dedos entre la sombra se alzan hacia los astros.

Amor sádico

Ya no te amaba, sin dejar por eso
De amar la sombra de tu amor distante.
Ya no te amaba, y sin embargo el beso
De la repulsa nos unió un instante…
Agrio placer y bárbaro embeleso
Crispó mi faz, me demudó el semblante.
Ya no te amaba, y me turbé, no obstante,
Como una virgen en un bosque espeso.
Y ya perdida para siempre, al verte
Anochecer en el eterno luto,
-Mudo el amor, el corazón inerte-,
Huraño, atroz, inexorable, hirsuto…
Jamás viví como en aquella muerte,
nunca te amé como en aquel minuto!

Bromuro
Burlando con frecuencia el vasallaje
de la tutela familiar en juego,
nos dimos citas, a favor del ciego
azar, en el jardín, tras el follaje…
Frufrutó de aventura tu aéreo traje,
sugestivo de aromas y de espliego…
y evaporada entre mis brazos, luego,
soñaste mundos de arrebol y encaje…
Libres de la zozobra momentánea
-sin recelarnos de emergencia alguna-
en los breves silencios, oportuna
te abandonabas a mi fe espontánea;
y sobre un muro, al trascender, la luna
nos denunciaba en frágil instantánea.
El alba
Humean en la vieja cocina hospitalaria
los rústicos candiles… Madrugadora leña
infunden una sabrosa fragancia lugareña;
y el desayuno mima la vocación agraria…
Rebota en los collados la grita rutinaria
del boyero que a ratos deja la yunta y sueña…
Filis prepara el huso. Tetis, mientras ordeña,
ofrece a Dios la leche blanca de su plegaria.
Acongojando el valle con sus beatos nocturnos,
salen de los establos, lentos y taciturnos,
los ganados. La joven brisa se despereza…
Y como una pastora en piadoso desvelo,
con sus ojos de bruma, de la dulce pereza,
el Alba mira en éxtasis las estrellas del cielo.

EL SAUCE

A mitad de mi fausto galanteo,
Su paraguas de sedas cautelosas
La noche desplegó, y un lagrimeo
de estrellas, hizo hablar todas las cosas…

Erraban las Walkirias vaporosas
de la bruma, y en cósmico mareo
parecían bajar las nebulosas
al cercano redil del pastoreo…

En un abrazo de postrero arranque,
caímos en el ángulo del bote…

Y luego que llorando ante el estanque
tu invicta castidad se arrepentía,
¡el sauce, como un viejo sacerdote,
gravemente inclinado nos unía…

DESOLACIÓN ABSURDA

A Paul Minelly, francesamente.
Je serai ton cercueil,
aimable pestilence!…

Noche de tenues suspiros
platónicamente ilesos:
vuelan bandadas de besos
y parejas de suspiros;
ebrios de amor los céfiros
hinchan su leve plumón,
y los sauces en montón
obseden los camalotes
como torvos hugonotes
de una muda emigración.
Es la divina hora azul
en que cruza el meteoro,
como metáfora de oro
por un gran cerebro azul.
Una encantada Estambul
surge de tu guardapelo,
y llevan su desconsuelo
hacia vagos ostracismos
floridos sonambulismos
y adioses de terciopelo.
En este instante de esplín,
mi cerebro es como un piano
donde un aire wagneriano
toca el loco del esplín.
En el lírico festín
de la ontológica altura,
muestra la luna su dura
calavera torva y seca,
y hace una rígida mueca
con su mandíbula oscura.
El mar, como gran anciano,
lleno de arrugas y canas,
junto a las playas lejanas
tiene rezongos de anciano.
Hay en acecho una mano
dentro del tembladeral;
y la supersustancial
vía láctea se me finge
la osamenta de una Esfinge
dispersada en un erial.
Cantando la tartamuda
frase de oro de una flauta,
recorre el eco su pauta
de música tartamuda.
El entrecejo de Buda
hinca el barranco sombrío,
abre un bostezo de hastío
la perezosa campaña,
y el molino es una araña
que se agita en el vacío.
¡Deja que incline mi frente
en tu frente subjetiva,
en la enferma, sensitiva
media luna de tu frente,
que en la copa decadente
de tu pupila profunda,
beba el alma vagabunda
que me da ciencias astrales
en las horas espectrales
de mi vida moribunda!
¡Deja que rime unos sueños
en tu rostro de gardenia,
Hada de la neurastenia,
trágica luz de mis sueños!
Mercadera de beleños
llévame al mundo que encanta;
¡soy el genio de Atalanta
que en sus delirios evoca
el ecuador de tu boca
y el polo de tu garganta!
Con el alma hecha pedazos,
tengo un Calvario en el mundo;
amo y soy un moribundo,
tengo el alma hecha pedazos:
¡cruz me deparan tus brazos;
hiel tus lágrimas salinas;
tus diestras uñas, espinas
y dos clavos luminosos
los aleonados y briosos
ojos con que me fascinas!
¡Oh mariposa nocturna
de mi lámpara suicida,
alma caduca y torcida,
evanescencia nocturna;
linfática taciturna
de mi Nirvana opioso,
en tu mirar sigiloso
me espeluzna tu erotismo,
que es la pasión del abismo
por el Ángel Tenebroso!
(Es medianoche). Las ranas
torturan en su acordeón
un «piano» de Mendelssohn
que es un gemido de ranas;
habla de cosas lejanas,
un clamoreo sutil;
y con aire acrobatil
bajo la inquieta laguna,
hace piruetas la luna
sobre una red de marfil.
Juega el viento perfumado
con los pétalos que arranca,
una partida muy blanca
de un ajedrez perfumado;
pliega el arroyo en el prado
su abanico de cristal,
y genialmente anormal
finge el monte a la distancia
una gran protuberancia
del cerebro universal.
¡Vengo a ti, serpiente de ojos
que hunden crímenes amenos,
la de los siete venenos
en el iris de sus ojos;
beberán tus llantos rojos
mis estertores acerbos,
mientras los fúnebres cuervos,
reyes de las sepulturas,
velan como almas oscuras
de atormentados protervos!
¡Tú eres póstuma y marchita,
misteriosa flor erótica,
miliunanochesca, hipnótica,
flor de Estigia acre y marchita;
tú eres absurda y maldita,
desterrada del Placer,
la paradoja del ser
en el borrón de la Nada,
una hurí desesperada
del harem de Baudelaire!
¡Ven, declina tu cabeza
de honda noche delincuente
sobre mi tétrica frente,
sobre mi aciaga cabeza;
deje su indócil rareza
tu numen desolador,
que en el drama inmolador
de nuestros mudos abrazos
yo te abriré con mis brazos
un paréntesis de amor!

Tertulia lunática V

¡Oh negra flor de Idealismo!
¡Oh hiena de diplomacia
con bilis de aristocracia
y lepra azul de idealismo!…
Es un cáncer tu erotismo
de absurdidad taciturna,
y florece en mi saturna
fiebre de virus madrastros,
como un cultivo de astros
en la gangrena nocturna.
Te llevo en el corazón,
nimbada de mi sofisma,
como un siniestro aneurisma
que rompe mi corazón…
¡Oh Monstrua! Mi ulceración
en tu lirismo retoña,
y tu idílica zampoña
no es más que parasitaria
bordona patibularia
de mi celeste carroña!
¡Oh musical y suicida
tarántula abracadabra
de mi fanfarria macabra
y de mi parche suicida!…
¡Infame! En tu desabrida
rapacidad de perjura,
tu sugestión me sulfura
con el horrendo apetito
que aboca por el Delito
la tenebrosa locura!

Tertulia lunática VI

En un bostezo de horror,
tuerce el estero holgazán
su boca de Leviatán
tornasolada de horror…
Dicta el Sumo Redactor
a la gran Sombra Profeta,
y obsediendo la glorieta,
como una insana clavija,
rechina su idea fija
la turbadora veleta.
Ríe el viento confidente
con el vaivén de su cola
tersa de gato de Angola,
perfumada y confidente…
El mar inauditamente
se encoge de sumisión
y el faro vidente, en son
de taumaturgas hombrías,
traduce al torvo Isaías
hipnotizando un león.
Estira aplausos de ascua
la hoguera por los establos:
rabiosa erección de diablos
con tenedores en ascua…
Un brujo espanto de Pascua
de Marisápalo asedia,
y una espectral Edad Media
danza epilepsias abstrusas,
como un horror de Medusas
de la divina Comedia.
En una burla espantosa,
el túnel del terraplén
bosteza como Gwynplaine
su carcajada espantosa…
Hincha su giba la unciosa
cúpula, y con sus protervos
maleficios de hicocervos,
conjetura el santuario
el mito de un dromedario
carcomido por los cuervos.
Las cosas se hacen facsímiles
de mis alucinaciones
y son como asociaciones
simbólicas de facsímiles…
Entre humos inverosímiles
alinea el cañaveral,
con su apostura marcial
y sus penachos de gloria,
las armas de la victoria
en un vivac imperial.
Un arlequín tarambana
con un toc-toc insensato
el tonel de Fortunato
bate en mi sien tarambana…
Siento sorda la campana
que en mi pensamiento intuye;
en el eco que refluye
mi voz otra voz me nombra;
¡y hosco persigo en mi sombra
mi propia entidad que huye!
La realidad espectral
pasa a través de la trágica
y turbia linterna mágica
de mi razón espectral…
Saturno infunde el fatal
humor bizco de su influjo
y la luna en el reflujo
se rompe, fuga y se integra
como por la magia negra
de un escamoteo brujo.
En la cantera fantasma,
estampa Doré su mueca
fosca, saturniana y hueca,
de pesadilla fantasma…
En el cementerio pasma
la Muerte un zurdo can-can;
ladra en un perro Satán,
y un profesor rascahuesos
trabuca en hipos aviesos
el Carnaval de Schumann.

Nirvana crepuscular

Con su veste en color de serpentina,
reía la voluble Primavera…
Un billón de luciérnagas de fina
esmeralda, rayaba la pradera.
Bajo un aire fugaz de muselina,
todo se idealizaba, cual si fuera
el vago panorama, la divina
materialización de una quimera…
En consustaciación con aquel bello
nirvana gris de la Naturaleza,
te inanimaste… Una ideal pereza
mimó tu rostro de incitante vello,
y al son de mis suspiros, tu cabeza
durmiose como un pájaro en mi cuello!…

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PRÓXIMO NÚMERO

128. Poesía más Poesía: Emilio Adolfo Westphalen

EMILIO ADOLFO WESTPHALEN

BIOGRAFÍA

Emilio Adolfo Westphalen Milano, poeta, ensayista y promotor cultural peruano, nace en Lima el 15 de julio de 1911.
Hijo de Pedro Pablo Emilio von Westphalen Wimmer y de Hermenegilda Teresa Milano Barbagelata. Sus estudios básicos los realizó en el Colegio Alemán de Lima, donde disfrutó de la amistad de Martín Adán y Estuardo Núñez, futuro poeta y crítico literario respectivamente.
Conocía varios idiomas, además del propio: alemán, inglés, francés, italiano y portugués.
En 1928 ingresó en la Facultad de Letras de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM), después de un frustrado intento de ingreso a la Escuela de Ingeniería.
En 1932 culminan sus estudios universitarios y comienza a trabajar en la compañía minera Hochschild.
Se casa con la pintora Judith Westphalen (1922-1976) con la que tuvo dos hijas: Inés y Silvia Westphalen Ortiz.


Durante los años treinta formó parte, junto con César Moro y Xavier Abril, de un grupo poético surrealista que ejerció una importante labor renovadora en la lírica nacional.
En 1933, a los 22 años de edad, publica su primer libro Las ínsulas extrañas, que junto con Abolición de la muerte le reportan prestigio como poeta.
Westphalen dirigió la publicación surrealista El uso de la palabra (1939) y las revistas culturales Las moradas (1947-1949), Revista Nacional de Cultura (1964-1966) y Amaru (1967-1971).
Entre 1949 y 1956 fue traductor en la sede neoyorquina de la ONU; el mismo trabajo desempeñó luego en la sede de la FAO en Roma (1957-1963). De regresó al Perú ejerció la docencia en la Universidad de San Marco.


En 1971 fue designado agregado cultural de la embajada peruana en Italia, en la que estuvo hasta 1977, cuando fue trasladado con el mismo cargo a la embajada en México. En 1980 lo volvieron a designar agregado cultural, esta vez en la embajada en Lisboa hasta 1981.
Si bien la producción de Emilio Adolfo Westphalen está cronológicamente enmarcada en el contexto de las vanguardias, cabe destacar en ella una profunda vocación por la heterodoxia y por la singularidad estilística, que le llevó de una primera etapa revolucionaria heredera del simbolismo y compañera de ruta de la generación surrealista a una segunda donde esas influencias se subliman en una asombrosa recuperación del petrarquismo y del Siglo de Oro español.
De este modo, Westphalen consiguió apartarse del mero automatismo psíquico pregonado por algunos de sus contemporáneos y establecer un camino que inició con Las ínsulas extrañas (1933) y Abolición de la muerte (1935), dos poemarios de sólida estructura y brillantes imágenes que conforman su etapa más próxima al surrealismo, pero que también manifiestan la huella de autores como Rainer Maria Rilke, T. S. Eliot o Ezra Pound.
A la publicación de estos dos libros siguió un largo silencio de casi cuarenta años, que finalmente fue roto para permitir un retorno de iguales dimensiones estéticas pero que mostraba a un creador sutil y desencantado, que había marcado distancias frente a la supuesta magia de la poesía y el lenguaje. De ello dieron fe los importantes títulos de esta segunda y definitiva etapa, como Belleza de una espada clavada en la lengua (1980), Cuál es la risa (1989) o Falsos rituales y otras patrañas (1992). En Ha vuelto la diosa Ambarina (1988) homenajeó a su compatriota José María Eguren.
Su obra poética es breve, pero fundamental en la literatura en lengua española. Con afinidades con el movimiento surrealista, en colaboración con su amigo, el poeta y pintor peruano César Moro concretó la Primera exposición surrealista realizada en Lima en 1935. Muy cercano igualmente al renombrado escritor indigenista José María Arguedas impulsó su obra a través de sus revistas. Además de escribir un par de ensayos sobre su trayectoria, le dedicó uno de sus poemarios.
Fue, asimismo, un tenaz buscador de la excelencia artística que le valió el unánime reconocimiento de quienes trabajaron con él y de toda la comunidad literaria peruana.
Como ejemplo del reconocimiento dado a su obra, Octavio Paz, Premio Nobel de Literatura, al presentarlo en 1978 dijo de él: “Emilio Adolfo Westphalen es uno de los poetas más puramente poetas entre los que escriben en español. Su poesía no está contaminada de ideología ni de moral ni de teología. Poesía de poeta y no de profesor ni de predicador ni de inquisidor. Poesía que no juzga, sino que se asombra y nos asombra.”
Fallece en Lima como consecuencia de una neumonía a los 90 años de edad.

Emilio Westphalen obtiene el Premio Miguel Hernández de poesía (30-07-1998)
Carmen Gómez Torrevieja 31-07-1998
El poeta peruano Emilio Adolfo Westphalen, de 87 años, recibió anoche, visiblemente emocionado, el Premio Internacional de Poesía Miguel Hernández-Comunidad Valenciana, dotado con cinco millones de pesetas, de manos del presidente de la Generalitat Valenciana. El acto se celebró en la Sala-Museo San Juan de Dios, en Orihuela (Alicante), en el aniversario de la muerte del poeta oriolano que da nombre al galardón, creado este año.
Emilio Adolfo Westphalen se mostró ayer como un gran admirador de Miguel Hernández, de quien dijo: “Su palabra labrada como la de un orfebre fuerte y rotundo, como la del hombre pegado a la tierra”. Westphalen asistió al acto acompañado de su hija Inés, quien comentó: “Realmente ha sido una emoción grandísima para mi padre y para mí porque no pensaba que él tuviese ese reconocimiento estando en vida y para nosotros ha sido muy emocionante”. Su hija describe la poesía del autor peruano como “muy íntima” y afirma que su padre se siente muy identificado con la obra de Miguel Hernández.
Westphalen fue también impulsor de algunas de las más prestigiosas revistas y publicaciones literarias de los años cuarenta. Dirigió la revista Las moradas, donde además de su participación literaria y la del poeta César Moro, colaboraron escritores españoles e hispanoamericanos. La publicación incluía también las primeras traducciones de poetas de otros ámbitos, principalmente del francés.

Semana de Poesía Iberoamericana 15-07-1991
Fiesta Jarque Madrid
Son los hijos de Rubén Darío y Vicente Huidobro, que buscan un nuevo puente con España.
Los poetas Gonzalo Rojas (Chile, 1917), Álvaro Mutis (Colombia, 1923) Olga Orozco (Argentina, 1920), Emilio Adolfo Westphalen (Perú, 1911) y Francisco Matos Paoli (Puerto Rico, 1915) coinciden estos días en Madrid para participar a partir de hoy en la Semana de Poesía Iberoamericana, que se desarrollará en la Universidad de Salamanca. En Madrid leyeron el viernes sus poemas en una velada en el Palacio Real, organizada por el Patrimonio Nacional.

Álvaro Mutis, Emilio Adolfo Westphalen, Francisco Matos Paoli, Olga Orozco y Gonzalo Rojas.


Todos ellos son figuras ampliamente reconocidas de la literatura latinoamericana y el poder reunirlas ha dado pie a una confrontación de opiniones sobre la relación con España y entre las naciones hispanohablantes del continente americano. Es precisamente esta confrontación amistosa lo que pretende el encuentro de Salamanca, afirman los organizadores de las jornadas. La posibilidad de reactualizar un puente que ahora parece disiparse. La idea de la Semana Latinoamericana es, entre otras cosas, debatir el estado actual de la poesía en países de Iberoamérica para acercar la realidad de su movimiento a España. Este objetivo obligará a una reflexión sobre los lazos entre ambas experiencias ahora que parece tenderse nuevamente un puente.
Al encuentro asisten además otras generaciones de poetas, como son el caso de Víctor Redondo, de Argentina; Pedro Shimose, de Bolivia; Carlos Contramaestre y Eugenio Montejo, de Venezuela, y forman parte del debate en las mesas redondas filólogos como Alberto Madrid Letelier, Hilda Rojas, o catedráticos como Julio Vélez.
“Lo que se dice sobre el desconocimiento en España de la literatura latinoamericana es cierto y no es cierto”, dice Álvaro Mutis. “Por ejemplo, en Suramérica se había dejado un poco a la suerte y al azar la publicación de la obra de Westphalen, y este año la vemos reunida en una edición completa de una importante editorial española. Yo puedo decir lo mismo con respecto a mi obra. Sí se hacen publicaciones de poesía latinoamericana. Y algunos críticos españoles me han sorprendido por su conocimiento de la literatura latinoamericana. Lo que hay es un desconocimiento general del continente y de lo que somos, que me parece más grave, como desconocimiento”.


“Hay conocimiento de nombres aislados”, añade Olga Orozco. “De poetas que han impresionado por una razón o por otra, pero no hay una visión de conjunto. De la Argentina, por ejemplo, se han publicado en España libros de Enrique Molina, míos, creo que de Alberto Girri, pero Molinari, que es un poeta que estuvo muy unido a la generación del 27, es un poeta olvidado, cuando en Argentina tiene plena vigencia”. “Y el mismo Girondo, de quien sería urgente hacer una revisión”, dice Mutis. “Y de Eguren y Martín Adán, y el conocimiento de César Moro es muy relativo”, interviene Westphalen.

Alencart, Gonzalo Rojas, Carlos, Emilio Adolfo Westphalen, Hilda R May y Jacqueline Alencar, en Salamanca (1991)


“Pero, ¿por qué este afán de que nos conozcamos y de que nos quieran y nos conozcan en España?”, se pregunta Mutis. “La cultura no se hace así; hasta donde yo sé, nace en ínsulas extrañas, justamente”, en alusión a uno de los libros de Westphalen.
“Debe ser porque considerábamos que la publicación en España significaba la entrada en Europa. Y mucha gente supone que una vez reconocido en España no demora mucho en ser traducido a otros idiomas”. “Eso es un error completo”, afirma Mutis. “¿Qué relación ha habido entre España y Francia?” “En ocasiones se publican nuestras cosas antes en Francia que en España”, apunta Westphalen.
“Yo pienso que los encuentros y los desencuentros son importantes. Yo he publicado en España mis libros, pagándolos yo. El problema de Puerto Rico es, como dice Mutis, un problema de ínsulas extrañas. El aislamiento es casi total, no sólo con España, sino con Latinoamérica, e incluso con el Caribe, lo cual es insólito”, señala Francisco Matos Paoli. Gonzalo Rojas quiso puntualizar: “No me quejo para nada como chileno de la comunicación de la poesía de mi país con España. Sería abusivo decir que Huidobro, Neruda y otros poetas no están presentes aquí. Yo sí creo que es válido y estimulante dialogar. En 1958 me tocó poner en marcha unos ejercicios que se llamaron Imagen y realidad latinoamericana en Chile. Los encuentros y diálogos fueron muy estimulantes para todos, no para llevar adelante ningún proyecto socioeconómico; pero esta experiencia previa al boom, que es el negocio de los editores, fue fresca y lozana. Cierto es que después he estado en muchos congresos muy aburridos”. “Yo pienso que la poesía es una tarea esencialmente solitaria”, añade Westphalen. “A mí la isla me ha parecido siempre atractiva por lo misteriosa”, dice Olga Orozco, pero, naturalmente, prefiero la comunicación porque establece la posibilidad de un viaje en vivo”.
Lo único que diferencia al poeta de los demás es que tiene la capacidad de estar atento a cosas que ocurren en el fondo de uno mismo. Lo que el lenguaje hace con uno. Hay que tener una sensibilidad especial a las proyecciones emotivas del lenguaje. Eso es lo que hace el poeta, saber que el poema repercute sobre uno, su resonancia”, dice Westphalen, que anoche leyó una selección de sus poemas en la Residencia de Estudiantes. El autor de Belleza de una espada clavada en la lengua consideraba su obra poética prácticamente cerrada hasta hace unos años. “Esas cosas son una sorpresa para uno mismo. No es que uno decida, de repente, volver a escribir poesía; así como uno empezó a escribir en una época lo mismo sucede sin quererlo en otra. Cuando empecé, pues vino así, espontáneamente”. Al preguntarle si no siente ningún compromiso con la forma y la época, Westphalen responde con un gesto amplio: “En la mente tiene uno tantas cosas… y en el poema no es cuestión de escoger sino de dejarse llevar, y estar muy atento a no interrumpir y no añadir cosas externas… En lo que tiene que tener cuidado es en ver si la versión es la correcta. Uno no sabe lo que se quiere expresar, pero sabe que quien exige es el poema. El yo del poema no es nunca el yo del autor”.

PUBLICACIONES

Las ínsulas extrañas (1933)
Abolición de la muerte (1935)
Otra imagen deleznable (1980)
Arriba bajo el cielo (1982)
Máximas y mínimas de sapiencia pedestre (1982)
Nueva serie (1984)
Belleza de una espada clavada en la lengua (1986)
Ha vuelto la diosa ambarina (1988)
Cuál es la risa (1989)
Bajo las zarpas de la Quimera (1991)
Falsos rituales y otras patrañas (1999)
Poesía completa y ensayos escogidos (2004)
Ensayo
Poetas en la Lima de los años treinta (en Dos soledades, 1974)
La poesía los poemas los poetas (1995)
Escritos varios sobre arte y poesía (1996)

Ensayo
    Poetas en la Lima de los años treinta (en Dos soledades, 1974)
    La poesía los poemas los poetas (1995)
    Escritos varios sobre arte y poesía (1996)
 
Distinciones
    Premio Nacional de Literatura. 1977
    Orden del Sol. 1995
    Palmas Magisteriales. 1995
    Medalla José de la Riva-Agüero. 1997
    Premio Southern. 1997
    Premio Internacional de Poesía Miguel Hernández. 1998
Fue además doctor honoris causa de la Universidad Nacional de Ingeniería (1997) y de la de San Marcos (1999).

POEMAS

LA MAÑANA ALZA EL RÍO LA CABELLERA

La mañana alza el río la cabellera
Después la niebla la noche
El cielo los ojos
Me miran los ojos el cielo
Despertar sin vértebras sin estructura
La piel está en su eternidad
Se suaviza hasta perderse en la memoria
Existía no existía
Por el camino de los ojos por el camino del cielo
Qué tierno el estío llora en tu boca
Llueve gozo beatitud
El mar acerca su amor
Teme la rosa el pie la piel
El mar aleja su amor
el mar
Cuántas barcas
Las olas dicen amor
La niebla otra vez otra barca
Los remos el amor no se mueve
Sabe cerrar los ojos dormir el aire no los ojos
La ola alcanza los ojos
Duermen junto al río la cabellera
Sin peligro de naufragio en los ojos
Calma tardanza el cielo
O los ojos.
Fuego fuego fuego fuego
En el cielo cielo fuego cielo
Cómo rueda el silencio
Por sobre el cielo el fuego el amor el silencio
Qué suplicio baña la frente el silencio
Detrás de la ausencia mirabas sin fuego
Es ausencia noche
Pero los ojos el fuego
Caricia estío los ojos la boca
El fuego nace en la boca
El amor nace en los ojos el cielo el fuego
El fuego el amor el silencio

De Las ínsulas extrañas

UN ÁRBOL SE ELEVA…

Un árbol se eleva hasta el extremo de los cielos que lo
cobijan
Golpea con dispersa voz
El árbol contra el cielo contra el árbol
Es la lluvia encerrada en tan poco de espacio
Golpea contra el ánima
Golpea con las ramas la voz el dolor
No hagas tal fuerza por que te oigan
Yo te cedo mis dedos mis ramas
Así podrás raspar arañar gritar y no solamente llorar
Golpear con la voz
Pero tal levedad me hiere
Me desola
No te creía de tal ánimo
Y que no cabes en el espacio
Cómo golpea el árbol al árbol el árbol
Agua
Y navegan los rojos galeones por la gota de agua
En la gota de agua zozobran
Acaso golpea el tiempo
Otra gota
Agua
Las garganta de fuego agua agua
Matado por el fuego
La llamarada gigantesca
Maravilloso final
Muerto sin agua en el fuego
La mano arañaba el fuego
La mano
Y nada más que sangre agua
No sangre fuego último fuego
Definitivo fuego
Las gotas cuentan otra cosa
Nadie cuenta las gotas
Las lágrimas son de más perfecta forma
Su música más suave apagada
El rostro de una niña alumbra una lágrima con su luz
suave apagada
La lluvia llora en todo el espacio
Anega el alma su música
Golpea otra ánima sus hojas
Las gotas
Las ramas
Llora el agua
El tiempo se cuenta con las gotas el tiempo
La música dibuja el cielo
Camina sobre el agua la música
Golpea
El agua
Ya no tengo alma ya no tengo ramas ya no tengo agua
Otra gota

Aunque me ahogue
Ya no tengo alma
En la gota se ahogaron los valientes caballeros
Las hermosas damas
Los valientes cielos
Las hermosas almas
Ya no tengo alma
La música da traspiés
Nada salva al cielo o al alma
Nada salva la música la lluvia
Ya sabía que más allá del cielo de la música de lluvia
Ya
Crecen las ramas
Más allá
Crecen las damas
Las gotas ya saben caminar
Golpean
ya saben hablar
Las gotas
El alma agua hablar agua caminar gotas damas ramas
agua
Otra música alba de agua canta música agua de alba
Otra gota otra hoja
Crece el árbol
Otra hoja
Ya no cabe el alma en el árbol en el agua
Ya no cabe el agua en el alma en el cielo en el canto
en el agua
Otra alma
Y nada de alma
Hoja gotas ramas almas
Agua agua agua agua
Matado por el agua

De Las ínsulas extrañas

VINISTE A POSARTE…

Viniste a posarte sobre una hoja de mi cuerpo
Gota dulce y pesada como el sol sobre nuestras vidas
Trajiste olor de madera y ternura de tallo inclinándose
y alto velamen de mar recogiéndose en tu mirada
Trajiste paso leve de alba al irse
Y escanciado incienso de arboledas tremoladas en tus
manos
Bajaste de brisa en brisa como una ola asciende los días
Y al fin eras el quedado manantial rodando las flores
O las playas encaminándose a una querella sin motivo
Por decir si tu mano estuvo armoniosa en el tiempo
O si tu corazón era fruta de árbol o de ternura
O el estruendo callado del surtidor
O la voz baja de la dicha negándose y afirmándose
En cada diástole y sístole de permanencia y negación
Viniste a posarte sobre mi copa
Roja estrella y gorgorito completo
Viniste a posarte como la noche llama a las creaturas
O como el brazo termina su círculo y abarca el horario
completo
O como la tempestad retira los velos de su frente
Para mirar el mundo y no equivocar sus remos
Al levantar los muros y cerrar las cuevas
Has venido y no se me alcanza qué justeza equivocas
Para estarte sin levedad de huida y gravitación de
planeta
Orlado de madreselvas en la astrología infantil
Para estarte como la rosa hundida en los mares
O el barco anclado en nuestra conciencia
Para estarte sin dar el alto a los minutos subiendo las
jarcias
Y cayéndose siempre antes de tocar el timbre que llama
a la muerte
para estarte sitiada entre son de harpa y río de
escaramuza
Entre serpiente de aura y romero de edades
Entre lengua de solsticio y labios de tardada morosidad
acariciando
Has venido como la muerte ha de llegar a nuestros labios
Con la gozosa transparencia de los días sin fanal
De los conciertos de hojas de otoño y aves de verano
Con el contento de decir he llegado
Que se ve en la primavera al poner sus primeras manos
sobre las cosas
Y anudar la cabellera de las ciudades
Y dar vía libre a las aguas y canto libre a las bocas
De la muchacha al levantarse y del campo al recogerse
Has venido pesada como el rocío sobre las flores del
jarrón
Has venido para borrar tu venida
Estandarte de siglos clavado en nuestro pecho
Has venido nariz de mármol
Has venido ojos de diamante
Has venido labios de oro

De Abolición de la muerte

TE HE SEGUIDO

Te he seguido como nos persiguen los días
Con la seguridad de irlos dejando en el camino
De algún día repartir sus ramas
Por una mañana soleada de poros abiertos
Columpiándose de cuerpo a cuerpo
Te he seguido como a veces perdemos los pies
Para que una nueva aurora encienda nuestros labios
Y ya nada pueda negarse
Y ya todo sea un mundo pequeño rodando las
escalinatas
Y ya todo sea una flor doblándose sobre las escalinatas
Y ya todo sea una flor doblándose sobre la sangre
Y los remos hundiéndose más en las auras
Para detener el día y no dejarle pasar
Te he seguido como se olvidan los años
Cuando la orilla cambia de parecer a cada golpe
de viento
Y el mar sube más alto que el horizonte
Para no dejarme pasar
Te he seguido escondiéndome tras los bosques y
las ciudades
Llevando el corazón secreto y el talismán seguro
Marchando sobre cada noche con renacidas ramas
Ofreciéndome a cada ráfaga como la flor se tiende
en la onda
O las cabelleras ablandan sus mareas
Perdiendo mis pestañas en el sigilo de las alboradas
Al levantarse los vientos y doblegar los árboles y las
torres
Cayéndome de rumor en rumor
Como el día soporta nuestros pasos
Para después levantarme con el báculo del pastor
Y seguir las riadas que separan siempre
La vid que ya va a caer sobre nuestros hombros
Y la llevan cual un junco arrastrado por la corriente
Te he seguido por una sucesión de ocasos
Puestos en el muestrario de las tiendas
Te he seguido ablandándome de muerte
Para que no oyeras mis pasos
Te he seguido borrándome la mirada
Y callándome como el río al acercarse al abrazo
O la luna poniendo sus pies donde no hay respuesta
Y me he callado como si las palabras no me fueran a
llenar la vida
Y ya no me quedara más que ofrecerte
Me he callado porque el silencio pone más cerca los
labios
Porque sólo el silencio sabe detener a la muerte en los
umbrales
Porque sólo el silencio sabe darse a la muerte sin
reservas
Y así te sigo porque sé que más allá no has de pasar
Y en la esfera enrarecida caen los cuerpos por igual
Porque en mí la misma fe has de encontrar
Que hace a la noche seguir sin descanso al día
Ya que alguna vez le ha de coger y no le dejará
los dientes
Ya que alguna vez le ha de estrechar
Como la muerte estrecha a la vida
Te sigo como los fantasmas dejan de serlo
Con el descanso de verte torre de arena
Sensible al menor soplo u oscilación de los planetas
Pero siempre de pie y nunca más lejos
Que al otro lado de la mano

De Abolición de la muerte

HE DEJADO DESCANSAR…

He dejado descansar tristemente mi cabeza
En esta sombra que cae del ruido de tus pasos
Vuelta a la otra margen
Grandiosa como la noche para negarte
He dejado mis albas y los árboles arraigados en mi garganta
He dejado hasta la estrella que corría entre mis huesos
He abandonado mi cuerpo
Como el naufragio abandona las barcas
O como la memoria al bajar las mareas
Algunos ojos extraños sobre las playas
He abandonado mi cuerpo
Como un guante para dejar la mano libre
Si hay que estrechar la gozosa pulpa de una estrella
No me oyes más leve que las hojas
Porque me he librado de todas las ramas
Y ni el aire me encadena
Ni las aguas pueden contra mi sino
No me oyes venir más fuerte que la noche
Y las puertas que no resisten a mi soplo
Y las ciudades que callan para que no las aperciba
Y el bosque que se abre como una mañana
Que quiere estrechar el mundo entre sus brazos
Bella ave que has de caer en el paraíso
Ya los telones han caído sobre tu huida
Ya mis brazos han cerrado las murallas
Y las ramas inclinado para impedirte el paso
Corza frágil teme la tierra
Teme el ruido de tus pasos sobre mi pecho
Ya los cercos están enlazados
Ya tu frente ha de caer bajo el peso de mi ansia
Ya tus ojos han de cerrarse sobre los míos
Y tu dulzura brotarte como cuernos nuevos
Y tu bondad extenderse como la sombra que me rodea
Mi cabeza he dejado rodar
Mi corazón he dejado caer
Ya nada me queda para estar más seguro de alcanzarte
Porque llevas prisa y tiemblas como la noche
La otra margen acaso no he de alcanzar
Ya que no tengo manos que se cojan
De lo que está acordado para el perecimiento
ni pies que pesen sobre tanto olvido
De huesos muertos y flores muertas
La otra margen acaso no he de alcanzar
Si ya hemos leído la última hoja
Y la música ha empezado a trenzar la luz en que has de caer
Y los ríos te cierran el camino
Y las flores te llaman con mi voz
Rosa grande ya es hora de detenerte
El estío suena como un deshielo por los corazones
Y las alboradas tiemblan como los árboles al despertarse
las salidas están guardadas
Rosa grande ¿no has de caer?

De Abolición de la muerte

POR LA PRADERA DIMINUTA…

Por la pradera diminuta de una voz flotando en los aires
Con el peso liviano de los planetas lucidos por las flores
Entre las enseñas de los días desarraigados y a la deriva
Sobre una sucesión de mares labrados a maravilla
Con el canto de las aves como cauce y lecho de las barcas
Y la cola del pavorreal como nimbo de las más pequeñas
cosas
Los caracoles transparentes las algas de porcelana
Los dedos cercenados de los niños y los dedales nacidos
Bajo la corteza de los hongos entre los fangales
En la cabellera enredada de una niña en la vía láctea
En la entraña misma de la música pisando
Con el sol contra nuestros pechos ahondando
Dejando correr la sangre como un río bueno
Porque es la misma la que yo recibo y tú llevas
Y las mismas florestas resuenan en nuestros gritos
Y las mismas palomas reposan sobre nuestros ojos
Y las mismas flautas nos recorren para establecer nuestro
dominio
Volviendo las lunas sobre los caseríos
Y las serpientes sobre los bosques
Trayendo el cielo sobre nuestra ventura
Salpicando su espuma nuestras playas
Los árboles febriles continuando su vida en nuestras venas
Las alamedas inclinándose al compás de nuestros corazones
Tú como laguna y yo como el ojo
Que uno y otro se compenetran
Tal el árbol y la brisa tal el sueño y el mundo
De la noche cogiendo la profundidad y del día la extensión
A qué cuevas huyendo contra tanto resplandor
Día que nunca te mueves cielo que por nosotros caminas
Ríos que no sabéis herir y barcas que se agolpan en
nuestras entrañas
Las bocas flotan como los signos del zodíaco
Los brazos se entrecruzan como flores sobre las aguas
Las frentes siguen las corrientes y los ojos nada separan
Es la gloria llameante que descansa en nuestros cuerpos
Levantando sobre el combate atroz de la tiniebla y la luz
La enseña de la santa compañía y las miradas quietas
Es la gloria caída a nuestros pies
Es el triunfo llagado como un crepúsculo subterráneo
Cambiando de estación en el corazón del azogue
Como una rosa ahogada entre nuestros brazos
O como el mar naciendo de tus labios

De Abolición de la muerte

MUNDO MÁGICO

Tengo que darles una noticia negra y definitiva
Todos ustedes se están muriendo
Los muertos la muerte de ojos blancos las muchachas de ojos rojos
Volviéndose jóvenes las muchachas las madres todos mis amorcitos
Yo escribía
Dije amorcitos
Digo que escribía una carta
Una carta una carta infame
Pero dije amorcitos
Estoy escribiendo una carta
Otra será escrita mañana
Mañana estarán ustedes muertos
La carta intacta la carta infame también está muerta
Escribo siempre y no olvidaré tus ojos rojos
Tus ojos inmóviles tus ojos rojos
Es todo lo que puedo prometer
Cuando fui a verte tenía un lápiz y escribí sobre tu puerta
Esta es la casa de las mujeres que se están muriendo
Las mujeres de ojos inmóviles las muchachas de ojos rojos
Mi lápiz era enano y escribía lo que yo quería
Mi lápiz enano mi querido lápiz de ojos blancos
Pero una vez lo llamé el peor lápiz que nunca tuve
No oyó lo que dije no se enteró
Sólo tenía ojos blancos
Luego besé sus ojos blancos y él se convirtió en ella
Y la desposé por sus ojos blancos y tuvimos muchos hijos
Mis hijos o sus hijos
Cada uno tiene un periódico para leer
Los periódicos de la muerte que están muertos
Sólo que ellos no saben leer
No tienen ojos ni rojos ni inmóviles ni blancos
Siempre estoy escribiendo y digo que todos ustedes se están muriendo
Pero ella es el desasosiego y no tiene ojos rojos
Ojos rojos ojos inmóviles
Bah no la quiero

De Belleza de una espada clavada en la lengua

CIUDAD ESCONDIDA

Ciudad escondida entre los labios
Ventura o tempestad o torrente
Ciudad igual a una corriente de aire
Entre una hoja de afeitar y una pestaña abandonada

Irreconciliablemente

Irreconciliablemente unidos
Al borde de la desesperación
Cambiando tarjetas de visita

De Belleza de una espada clavada en la lengua

LIBRE

En el juego,
Breve como lo infinito,
Del amor y la vida,
Del amor y la muerte,
Miradas, movimientos,
Caricias, voces
Van tejiendo una tela sutil,
Red de hilos de fuego,
Leve como el calor de la vida,
Apretada como el colmenar
De la sangre.
 
Enclaustrado
El preso dichoso,
Oruga indistinta
De su manto impalpable,
Se sumerge en el tiempo,
Se ovilla en el espacio,
Libre como el ave
Presa en su canto,
Grito que violenta la vida
Y la conduce, fulmíneo, a la muerte.

De Belleza de una espada clavada en la lengua

EL MAR EN LA CIUDAD

¿Es éste el mar que se arrastra por los campos,
Que rodea los muros y las torres,
Que levanta manos como olas
Para avistar de lejos su presa o su diosa?
 
¿Es éste el mar que tímida, amorosamente
Se pierde por callejas y plazuchas,
Que invade jardines y lame pies
Y labios de estatuas rotas, caídas?
 
No sé oye otro rumor que el borboteo
Del agua deslizándose por sótanos
Y alcantarillas, llevando levemente
En peso hojas, pétalos, insectos.
 
¿Qué busca el mar en la ciudad desierta,
Abandonada aun por gatos y perros,
Acalladas todas sus fuentes,
Mudos los tenues campanarios?
 
La ronda inagotable prosigue,
El mar enarca el lomo y repite
Su canción, emisario de la vida
Devorando todo lo muerto y putrefacto.
 
El mar, el tierno mar, el mar de los orígenes,
Recomienza el trabajo viejo:
Limpiar los estragos del mundo,
Cubrirlo todo con una rosa dura y viva.

De Belleza de una espada clavada en la lengua

PARÁBOLA

 Es difícil percibir lo que una caldera de cobre, alta uno o dos pisos o cuadras, puede contener de sólido, de viscoso o de relleno. Al probar con los nudillos desde fuera el metal opaco y levemente caldeado, se escucha un arrastrarse lánguido de relentes históricos, de premoniciones atrasadas, el usual revoltijo de acaecidos imposibles, todo lo situable antes del ser o después de él. En la baraúnda se engañaría uno si pretendiera establecer el equilibrio más precario entre despeñadero de cataratas líricas y refugio en la más desolada certeza existencial y metafísica. No habrá entonces sino que cerrar los ojos y esperar que la caldera ofrezca al explotar el mirífico espectáculo de una nube espesa e inagotable de transparentes libélulas zumbonas.

De Máximas y mínimas de sapiencia pedrestre

El tren se ha detenido en el silencio opaco y sin ecos de la noche anónima. Es la llegada a término – No sé reanudarán ya más ni agitación ni bullicio ni carcoma.

BARCA DE SUEÑO

Vamos en barca con Juliana. La barca es pequeña -Juliana más grande. Sus piernas se mueven en el agua. La barca pasa por encima y por debajo del agua. Juliana ríe. Se tapa la vulva con la mano. Son lo mismo la barca y Juliana.

De Amago de poema -de lampo- de nada

SOBRESALTO Y DESLUMBRAMIENTO

Inverosímil rostro radiante – vecino tanto como aquel adivinado en actos o ensueños de amor – surge de pronto del torbellino y agolpamiento de gente por calles y plazas – más bello que cresta de ola absorbiendo todo espacio al redor. (Nada – lo sabes – sólo mil años de castigo sin perdón a quien pierda semejante joya en la vorágine).

De Amago de poema -de lampo- de nada

SALIDO DE MADRE

¿Es cierto que ya no sabes
A dónde vas ni qué quieres?
Te zampas las moscas racimos
Culebras de piel de rosa
Rimeros de piel silvestre.
Hierve el agua en tu garganta
Cascas lo que encuentras
Y nada te repleta.
Requintas apedreas desgarras
Has perdido compostura y camino.
Río -me dueles en los ojos y el vientre.
¿Qué te haría la madre
Que así deliras y destruyes
Mi pueblo mi casa
Te llevas el borrico pardo
La palmera sin sombra
El cementerio completo?
¿Eres río sin madre
O mar recién parido
Estirándote lo más que dé
Tu hambre y tu codicia?
Río -vuelve a ser río
No te quiero tan grande.

De Amago de poema -de lampo- de nada

Cuánta tranquila llama viva en los rostros de esa mujer y ese hombre jóvenes recostados sobre el sarcófago en la tumba etrusca. Tanta reposada serenidad y apenas esbozada elegancia en el gesto de levantar la Copa para el brindis – ¿por la vida vivida -por la ensoñada o – acaso (tímida hipótesis) -por la vida incipiente – la aurora cercana?

De Ha vuelto la diosa ambarina

En el Gran Teatro del Mundo se ha dado fin a la enésima representación del Gran Teatro del Mundo.
Una tibia y terrosa niebla se ha apropiado está vez de todos los rincones de todos los humores de todos los horizontes.
Asfixia y ceguera paralizan a actores y espectadores que son todos espectadores y actores.
Alguien acude a la alarma -que no funciona. Otro tira de un telón desaparecido. El Gran Teatro del Mundo ha dejado de ser Mundo de ser Teatro de ser Grande.
Visible resta apenas diminuto boliche oscuro -que cuervo u otra ave de mal agüero- se zampará por equívoco.

De Ha vuelto la diosa ambarina

Por magia o sabiduría -arcana o burlona- se crearon mundos de esplendor y de miseria. Fueron enseguida entremezclados conforme a la ley de improbabilidades. Repartición semejante de bienes y entuertos no ofende en modo alguno la justicia más estricta y exigente.

Súbito e irresistible deseo de morder labios jugosos coralinos húmedos -de hincar pausadamente (pero fuertemente -pero implacablemente) los dientes en boca entreabierta. Sentir ahogarse en la propia garganta el grito de sorpresa- de dolor- de goce de quien comparte tal acción propiciatoria y desconsagrante.
Rito alucinado -pero instante más vívido que cualquier imagen deshojada del olvido.

De Ha vuelto la diosa ambarina

Te recomendamos ver el programa de televisión.

PRÓXIMO NÚMERO

126. Poesía más Poesía: Enrique Cadícamo

ENRIQUE CADÍCAMO, POETA DEL TANGO

BIOGRAFÍA  

En 1880 Ángel Cadícamo, de 25 años, su esposa, Hortensia Luzzi, de 21, y su primer hijo de cuatro, Antonio, llegaron a Buenos Aires desde San Demetrio Corone (Cosenza, Italia). Después de un tiempo en la ciudad, la familia con su recién llegada, María Laura, emigraron al pueblo de General Rodríguez, donde el señor Cadícamo comenzó a trabajar como mayordomo de estancia. Allí, nacieron María, José María y dos niños más que fallecieron poco después de su nacimiento. La familia se mudó más tarde al pueblo de Luján, donde en esta ocasión el cabeza de familia montó una pequeña empresa dedicada a delimitar los terrenos de la zona. Durante los cinco años que vivieron en esta localidad, nacieron otras tres niñas más: María Adela, Amalia Rosalía y Herminia Verónica.
La familia regresó al pueblo de General Martín Rodríguez donde Don Ángel volvió a trabajar como mayordomo en la estancia de los Maireles, donde a las ocho de la mañana del 15 de julio de 1900, nació DOMINGO ENRIQUE CADÍCAMO, décimo y último hijo del matrimonio italiano. En 1905 volvieron a Luján, donde compraron una hermosa casona céntrica. 
El pequeño Enrique, que por entonces era llamado Domingo, aprendió a leer con sus hermanas María Adela y Herminia Verónica; lo que le permitió entrar directamente al segundo grado del colegio. En 1910, la familia Cadícamo se mudó al barrio de Flores en Buenos Aires donde Domingo completó sus estudios primarios y luego cursaría el nivel medio.


En 1919 comenzó trabajar como escribiente, copiando escritos, pasándolos a limpio y escribiendo al dictado, en el Archivo del Consejo Nacional de Educación. Allí entabló amistad con Leopoldo Lugones, Héctor Pedro Blomberg, Manuel Gálvez y Enrique Banchs, entre otros hombres de letras. Junto a él trabajaba Pablo Suero, un dramaturgo, periodista y crítico teatral que fue el primero que lo animó para que continuara en la senda de la poesía popular, después de que le diera a leer la letra Pompas, que cuatro años más tardes se convertiría en su primer tango con música adaptada por el pianista Roberto Emilio Goyeneche, tío del polaco Goyeneche, y que fue estrenado por Carlos Gardel.
Su padre, no llegó a escuchar su primer tango pues falleció en 1923 en un accidente de tráfico. Goyeneche falleció poco antes de la primera grabación, por lo que el título original Pompas fue cambiado por el de Pompas de jabón por su coincidencia con las pompas fúnebres.
Pompas de jabón fue grabado por Gardel en España, el 27 de diciembre de 1925, con el acompañamiento de José Ricardo y en sistema eléctrico, dado que en España se conoció ese sistema meses antes de instalarse en Buenos Aires.

Carlos Gardel y Enrique Cadícamo.

En 1928 comenzó la colaboración entre Cadícamo y Juan Carlos Cobián con el tema – Vení, vení –, para la que Cadícamo viajó a Europa a bordo del vapor Conte Rosso. Junto con Cobián formaron una pareja creativa excepcional, que dejó tangos memorables. Pasó seis meses en Barcelona y París donde asistió al debut de Gardel en el cabaret Florida.

Así narra su primer encuentro con Gardel en París:

“¡Cómo no recordarlo! Fue en enero de 1929. La misma noche que llegué, lo primero que hice fue ir a escucharlo. No sabía dónde cantaba, pero no era difícil averiguarlo. Por aquel entonces El Garrón tenía más de consulado argentino que de cabaret y tomando un taxi allí me fui (…) Después de aguantar los abrazos de los argentinos que allí estaban, pregunté dónde cantaba Carlitos y acompañándome varios fuimos al Florida. Fue una emoción grande encontrar así de golpe a Gardel cantando en París. Escuchándolo le parecía a uno mentira estar tan lejos de Buenos Aires”.

Otras letras interpretadas por Gardel fueron Muñeca brava, Cruz de palo, De todo te olvidas… En menos de ocho años, “El Zorzal”, como llamaban a Carlos Gardel, le grabó 23 temas. “Che papusa, oí” de 1927. “Anclao en París” que fue escrita por Cadícamo en Barcelona, en 1931 y se la remitió a Garlos Gardel, que por entonces se hallaba en Niza. Guillermo Barbieri, uno de los guitarristas del cantor, le puso música y Gardel la grabó poco después.  También fue el autor del último tango que Gardel grabó en Argentina, antes de emprender su última gira, “Madame Ivonne”, grabado el 6 de noviembre de 1933.

Después de su primer viaje a Europa, Cadícamo regresó a Buenos Aires y renunció a su trabajo puesto que “ganaba por semana cuatro veces más de lo que cobraba mensualmente en el Archivo”. Por aquel entonces, ya tenía más de 50 temas grabados, entre los cuales sobresalen Aquellas farras, Che Bartolo, Compadrón o Ramona).
Leer primera ronda de poemas

En 1930 viajó nuevamente a Europa coincidió en el barco con la compañía de revistas del Teatro Sarmiento que venía a debutar en el Teatro de la Zarzuela de Madrid. Entre su elenco se hallaban: Sofía Bozán con sus hermanas Haydée y Elena, Pedro Quartucci, Gloria Guzmán y María Esther Gamas. También iban a bordo Gerardo Matos Rodríguez, Cátulo Castillo y Roberto Maida.
Meses más tarde, Enrique volvió a Buenos Aires donde continuó cosechando éxitos.
Sin abandonar el teatro, se inició como cineasta.
En 1936 llegó a Río de Janeiro acompañado por “El Oriental” José Razzano y Charlo, y entre las representaciones él leía sus poemas. En ese viaje escribió los versos Ave de paso, musicalizados por Charlo.
En 1937 viajó a Nueva York con su inseparable amigo y colaborador Juan Carlos Cobián donde permanecieron más de un año, haciendo historia en la bohemia norteamericana.
Entre los años 40 y 45, ante la insistencia de sus colegas, formó parte del directorio de SADAIC.
Su madre falleció en 1942, a los 83 años, en Barrio Flores. Y en el año 53 muere su gran amigo Juan Carlos Cobián.

Con respecto a su vida sentimental, durante el rodaje de su película La historia del tango le llamó la atención una señorita que intervenía en una escena, bailando un tango. El destino volvió a unirles en la década del 40 cuando Enrique acompañó a su amigo Miguel Juárez Celman a la escuela de danzas de Otto Werber. “En este vivero de bailarinas (…) descubro aquel rostro que un año atrás me había atraído extrañamente (…) De una sola mirada pude abarcar de cerca su luminosa juventud…”, diría el poeta, refiriéndose a Nelly Ricciar (que sería más tarde integrante de la pareja de danzas Nelly & Nelson) con quien mantuvo un largo noviazgo que en 1961 terminó en matrimonio. En mayo del 62 partieron de luna de miel por diferentes países de Europa durante más de un año. 

Enrique Cadicamo con su señora Nelly


A su vuelta a Buenos Aires, nació Mónica María, única hija del matrimonio, sobre la que Enrique Cadícamo solía decir que era su mejor tango.
Sobres sus viajes destacar que desde su juventud viajó a Uruguay, en el 32 en compañía de Tita Merello y Charlo. En 1978 viajó a Japón como representante de SADAIC. Una vez regresado a Argentina viajó Estados Unidos exclusivamente para comprarle a su hija un moderno instrumento musical. Pocos meses más tarde partieron los tres hacia Nueva York, Orlando y otras ciudades norteamericanas. En 1986 la familia viajó a Tokio, donde Mónica que se había iniciado como cantante de tangos en varios programas de TV fue contratada por dos meses en un lujoso hotel, con el acompañamiento del cuarteto de Omar Valente.
Fuera de estos grandes viajes su vida cotidiana se desarrollaba entre Buenos Aires y Mar del Plata, donde compraron un chalet de veraneo cerca de su amigo Julio De Caro.
Autor de más de 1200 temas entre tangos, valses, milongas, fox-trots, polkas y candombes, entre otros ritmos, Enrique Domingo Cadícamo fue uno de los poetas del tango más importantes y más prolífico. Abordó cuanto tema imaginable para ser cantado y en todos los ritmos. Defendió el 2×4 original, al que diferenciaba por lejos de los nuevos sonidos.

Usó los pseudónimos Rosendo Luna y Yino Luzzi. En 1926 escribió su primer libro de versos “Canciones grises”. Seguido por otros dos poemarios “La luna del bajo fondo” de 1940 y “Viento que lleva y trae” de 1945. En 1969 escribió la novela “Café de camareras” y en 1972, un libro de recuerdos “El desconocido Juan Carlos Cobián”.

En teatro escribió Así nos paga la vida —en colaboración con Wally Zenner—; La Baba del Diablo, El Romance de Dos Vagos, El Cantor de Buenos Aires y La Epopeya del Tango.

Para el cine dirigió y escribió las películas Virgencita de Pompeya, Noches cariocas y Nace un campeón. Fue guionista de Noches cariocas (1935), Galería de esperanzas (Chingolo) (1934) e intérprete en Al corazón (1995), Gardel, el alma que canta (1985) y El canto cuenta su historia (1976). Aportó música a la película La fuga (1937).
Enrique Cadícamo no era hombre de soportar presiones. Cuando fue citado por un funcionario de la Dirección de Cultura que objetaba la letra de “Los mareados”, el poeta se sentó frente a una máquina de escribir y redactó algunas estrofas que sometió a consideración del funcionario. «¿Así le gusta?», preguntó. «Esto está mejor», contestó el censor, a lo que Cadícamo rompiendo en pedazos lo que acababa de escribir, le contestó: «Pues sepa que esto es una porquería».

““Los mareados” resurge en su forma auténtica en el año 1949 cuando los poetas y músicos que trataban de sobrellevar esa situación insostenible, solicitaron una entrevista al Presidente de la Nación, entonces el General Juan Domingo Perón. La audiencia fue concedida el 25 de marzo de 1949. Encabezada por Homero Manzi, la delegación estaba integrada entre otros, por Francisco Canaro, Aníbal Troilo, José Razzano, Charlo, Enrique Cadícamo, Alberto Vaccarezza y Lito Bayardo.

Enrique Cadícamo junto a Edmundo Rivero

Todo fue muy rápido e informal. Perón los saludó y dirigiéndose a Vaccarezza le preguntó: «¿Cómo esta Don Alberto? Es cierto que lo afanaron en un bondi?». La prohibición quedó levantada con esta simple expresión del Presidente. No hacía falta nada más. Ni leyes ni decretos. A partir de entonces “Los mareados” retornó a la auténtica versión de Cadícamo en la interpretación de los más afamadas orquestas y cantores.”

Carlos Gardel le grabó “Pompas de jabón”, “Yo te perdono”, “Anclao en París”, “El que atrasó el reloj”, “Cruz de palo” y “La novia ausente” (Guillermo Barbieri); “Compadrón” y “Muñeca brava” (Luis Visca); “Che Bartolo”, “Vieja recova” y “Dos en uno” (Rodolfo Sciammarella); “La reina del tango” (Rafael Iriarte); “Che papusa oí” (Gerardo Matos Rodríguez); “Al mundo le falta un tornillo” (José María Aguilar); “Pituca” (Rogelio Ferreyra); “De todo te olvidas” (Salvador Merico); “Aquellas farras” (Roberto Firpo); “Callejera” (Fausto Frontera); “Madame Ivonne” (Eduardo Pereyra) y los temas norteamericanos “Ramona” (Wayne); “La divina dama” (Shilkret) y “Yo nací para ti, tú serás para mí” (Brown).

Sus tangos también fueron interpretados por otros grandes como Agustín Magaldi, Rosita Quiroga, Libertad Lamarque, Alberto Gómez, Alberto Vila, Charlo, Ignacio Corsini hasta Roberto Goyeneche y Guillermo Barbieri interpretaron e hicieron de sus letras grandes éxitos: “Se fue la pobre viejita” y “Del pasado” (Magaldi-Noda); “Gran señor”, “Traje de novia”; “Cortando camino”, “Tradición” (Frontera); “Sin hilo en el carretel” y “Nunca tuvo novio” (Agustín Bardi); “Yo tan sólo veinte años tenía” y “Luna de Arrabal” (Julio César Sanders); “Apología Tanguera” (Rosita Quiroga); “Picaflor” (Enrique Maciel); “Pa’ mí es igual” (Lucio Demare-Roberto Fugazot); “Tus manos”, “Olvidao” (Barbieri); “Santa milonguita” (Enrique Delfino); “Hambre”, “Rubí”, “Piropos”, “A pan y agua”, “La casita de mis viejos”, “Nostalgias”, “Los dopados”, “Shusheta”, “Niebla del riachuelo” (Cobián); “El cantor de Buenos Aires” (Cobián-Ballerini); “Mi gitana” (Juan José Guichandut); “Guitarra que llora” (Oscar Alemán); “Plata y nada más” y “Voy pa’ viejo” (Miguel Caló); “Ensueños” (Luis Brighenti); “Desvelo” (Eduardo Bonessi); “Son cosas del bandeoneón”, “Tengo mil novias”, “En la buena y en la mala”, “Llorar por una mujer”, “Lagrimitas de mi corazón”, “Que tilín, que tilón”, “Jarangón” (Enrique Rodríguez); “Tres esquinas” (Alfredo Attadía-Angel D’Agostino) y “El morocho y el oriental” (Angel D’Agostino); “Colombina” (Julio De Caro); “A quién le puede importar” y “Copas, amigos y besos” (Mariano Mores); “Rondando tu esquina”, “Vas muerto con tu disfraz”, “No hay tierra como la mía”, “Ave de paso”, “Y aquel cariño se fue”, “La barranca”, “De cariño nadie sabe nada” (Charlo); “Por la vuelta” (José Tinelli); “Melodía oriental (Robero Zerrillo-Juan Carlos Howard); “Trovador mazorquero” (Howard); “Pa’ que bailen los muchachos” y “Garúa” (Anibal Troilo); “El vals del ayer” (Kramer); “La romanina” (Di Lázzaro); “Rouge” (Ricardo Malerva); “En un pueblito de España” (Wayne); “Berretín” (Pedro Laurenz); “Otro trago” (Iriarte); “Cuando tallan los recuerdos” (Rafael Rossi); “Noche de estrellas” y “Noches de invierno” (José Luis Padula); “El llorón” (Maglio); “Sentimiento malevo” (Antonio Buglione); y también “Milonga, ¿por qué llorás?”, “Tres amigos”, “El cuarteador”, “Pocas palabras”, “Del ambiente”, “Boedo y San Juan”, “Pasado florido”, “El trompito”, “Sollozos de bandoneón”, “La luz de un Fósforo”, “Hojarasca”, “¡Que pare el baile!”, “Chanta cuatro”, “Notas de bandoneón”, “Mientras gime el bandoneón”, “Orgullo tanguero”, “Dice un refrán”, “El campeón”, “Se llamaba Eduardo Arolas”, “Palais de Glace”, “Y qué más”, “El bar de Rosendo”, “Mi vida”, “Barajando recuerdos”, “Chiquita”, “La calle sin sueño”, “Ja ja ja”, “Pico de oro”, “Si la llegaran a ver”, “La biaba de un beso”, “El último guapo”, “Viejas alegrías”, “Bajo los puentes de París”, “Me la diste chanta”, “¡Quién te ve!”, “Mocito rana”, “Invierno”, “Por un beso de amor”, “De a traición”, “Melancólico gotán”, “Naipe”.

Cadícamo gozó de una salud de hierro hasta el final de su vida desarrollando una actividad dinámica e impulsando proyectos, decía “No es cierto eso de que todo tiempo pasado fue mejor. Hoy la ciudad, la vida, son mejores que antes”. Sin embargo, también fue un férreo defensor de conservar la tradición del tango. Decía: «No estoy de acuerdo para nada con la llamada vanguardia del tango. Vanguardia es lo primero que cae en la línea de fuego. En un combate la vanguardia es la que va adelante. En el tango hay algo parecido. La vanguardia del tango es lo primero que cae ante la indiferencia de todos los que conocen lo que es el tango.

“El tango es una raíz popular, como otros ritmos en otras partes del mundo que no han cambiado ni han desvirtuado, que no le han puesto otro ropaje. ¿Se puede modernizar el cante jondo? Sería un disparate. ¿Por qué? Porque es de raíz popular, mora, española. Todo lo que sea progreso me encanta, pero en algunas cosas no tiene sentido. Que lo hagan en las máquinas, en las computadoras, que lo hagan en los espectáculos. En esto no.”

“El tango es una cosa muy humilde, muy sencilla. Lo tocaban tipos que no tenían preparación académica musical como Ángel Villoldo, Eduardo Arolas, Enrique Delfino. Era un sentimiento que valía más que toda la parte ortodoxa que pudiera tener la partitura. Al tango hay que dejarlo como está. Es una cosa nuestra, es un paisaje que quedó de antes. El tango ya quedó. Es imposible hablar de un tango que venga.”

“Hay que aconsejar a la gente joven de que el tango no necesita de ninguna manera el cambio de ropa. Es una cosa que quedó, que hay que tocarla tal cual es.”

Horacio Salgan, Ernique Cadicamo, Francisco De Caro y Enrique Mario Francini en 1965

«No he dicho que se esté poniendo un dique a todo lo que quiera desarrollarse dentro de la música del tango. Al contrario. Me gustaría ver una larga lista de autores nuevos que hagan éxitos o que hayan hecho éxitos. Me encantaría porque entonces uno piensa que algo ha hecho durante tantos años, que uno ha servido para que después se sigan haciendo.”

«¿Cómo nació “Muñeca brava”? Esos tangos eran caricaturas, tomándole un poquito el pelo a alguien. Era el ambiente social para ese tipo de tango. Eran pequeñas críticas a las muchachas del ambiente nocturno de los cabarets de Buenos Aires en el que andábamos. Las letras tenían autenticidad, eran hechas para algo. “Muñeca brava” lo hice cuando entró el General José Félix Uriburu en la revolución (septiembre de 1930), que fue el primer escalón para hacer cien revoluciones. Después salió un tango mío que se llamaba “Al mundo le falta un tornillo”. El autor tiene que pintar el momento que está viviendo el país. Debe aportar con algo a la historia de la ciudad en tal época. El aporte del artista, del músico, del compositor, es el resultado de un cuadro hecho de Buenos Aires.”

“Yo no descarto la posibilidad que vuelva el tango con esencia. Si hay estudiosos que digan a ver por qué fue que Cobián, por qué Delfino y todos los revolucionarios del tango dejaron la parte auténtica. A ver por qué fue. Hay que estudiar y entonces sí pueden hacer un tango 1986 y, llegado el momento, darle el cariz, lo que es tango.”

“El tango es lo más sencillo, es pulsación, es fuerza, es una emoción interna que usted tira en las teclas y saca efecto. No es alarde, eso es otra cosa.”

“En esa época cada uno tenía su estilo. Cobián, Delfino, el Negro Flores tenían su estilo propio. ¡Qué decencia tenían los músicos de esa época! Ellos mismos se decían yo no me quiero parecer a otro y hacían tango de verdad.”

“Eran tiempos en que se decían los tangos. El tango tiene una personalidad que no se aprende en los conservatorios. Cada cantante tiene que poner lo que siente y si no lo siente, que lo largue. El tango es lo más difícil para cantar. Cuando viene un cantante atropellando, con una voz que se la quiere sacar porque no la tiene en ninguna parte, ahí hay que escapar. Ángel Vargas tenía una voz chiquitita y cantaba maravillosamente. Fiorentino no tenía voz pero la emoción, el gusto por el tango era lo que lo hacía cantar”.

“Éxito es andar por la calle escuchando que la gente silba un tango de uno. Esa es la mayor gloria para un autor. Aunque el que silba no sepa el nombre ni quién lo hizo. Hoy no hay un éxito desde hace muchos años.”

Con respecto al universo femenino en la obra de Cadícamo están presentes los extremos conceptuales sobre la mujer en el tango. La mina que seduce al varón pero que lo rechaza, porque elige una vida fácil, de lujos y placeres, y su antítesis, la viejita (la madre), una mujer siempre buena y sagrada que lo apaña en la desgracia y le da un cariño sublime. En el medio, matices y combinaciones que simbolizan lo inalcanzable o el amor perdido, tema universal de la condición humana que nos sigue conmoviendo.
Leer tercera ronda de poemas

El 19 de octubre de 1999, debido a una descompensación renal tuvo que ser internado en una clínica de Buenos Aires durante un par de días, lo que le impidió asistir al homenaje que esa misma noche se le realizó en el gran Teatro Cervantes. Anteriormente sólo había sido hospitalizado en dos ocasiones, una en 1908, por el mismo motivo y otra en 1950 por una operación de hernia.
El 25 de octubre de 1999 volvió a ser internado, esta vez en la Fundación Favaloro, donde permaneció hasta el 14 de noviembre. Allí se mantuvo ocupado en el disco “Cadícamo 2000”, donde reunió algunos de sus tangos inéditos. Su última publicación fue el prólogo del libro “Tango” del fotógrafo Aldo Sessa.
Retornó de nuevo al hospital y el 3 de diciembre a las 10 y 30 de la mañana su corazón dejó de latir, casi a los 100 años.
Entre muchos galardones que recibió se incluye el Premio Konex de Platino en 1985 (otorgado por la Fundación Konex) como el mejor Autor de Tango de la década en Argentina.  Recibió también el Konex al Mérito en 1984 en la disciplina Testimonial.
Fue declarado Ciudadano Ilustre de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires en 1987 y en 1996 fue distinguido como Personalidad Emérita de la Cultura Argentina.

POEMAS:

Pompas de jabón

Tango 1925
Música: Roberto Goyheneche
Letra: Enrique Cadícamo
 
Pebeta de mi barrio, papa, papusa,
que andás paseando en auto con un bacán,
que te has cortado el pelo como se usa,
y que te lo has teñido color champán.
Que en lo peringundines de frac y fuelle
bailás luciendo cortes de cotillón
y que a las milongueras, por darles dique,
al irte con tu “camba”, batís “allón”.

Hoy tus pocas primaveras
te hacen soñar en la vida
y en la ronda pervertida
del nocturno jarandón,
pensá en aristocracias
y derrochás tus abriles…
¡Pobre mina, que entre giles,
te sentís Mimí Pinsón…!

Pensá, pobre pebeta, papa, papusa,
que tu belleza un día se esfumará,
y que como todas las flores que se marchitan
tus locas ilusiones se morirán.
El “mishé” que te mima con sus morlacos
el día menos pensado se aburrirá
y entonces como tantas flores de fango,
irás por esas calles a mendigar…

Triunfás porque sos apenas
embrión de carne cansada
y porque tu carcajada
es dulce modulación.
Cuando implacables, los años,
te inyecten sus amarguras…
ya verás que tus locuras
fueron pompas de jabón

Vení vení

Tango
Música: Juan Carlos Cobián
Letra: Enrique Cadícamo
 
Yo te amé como ninguna te ha de amar
y en la alegre misiadura del bulín.
fue tu encanto milonguero de arrabal.
un sol que iluminó mi loco berretín.
Florecieron en tu fueye rezongón
la voz dulce con los besos que te di
y en el polvo de mi negro metejón
te fuiste y me robaste el corazón.

Vení, vení, no seas así
a vos te sobra corazón.
Seré mejor de lo que fui,
dale, dale que vos tenes razón.
Pero vení, vení no seas así,
no debe haber rencor entre los dos.
Volvé de nuevo, amor, a aquel bulín,
lo que pasó, pasó.

Me preguntan mis amigas del café,
si me ven tomar un trago de licor,
dónde está todo tu orgullo de mujer
qué fácil es decir largalo y se acabó.
Yo te amé, como ninguna te ha de amar,
y en la alegre misiadura del bulín,
fue tu encanto milonguero de arrabal
un sol que iluminó mi loco berretín.

Aquellas farras (Argañaraz)

Tiempos viejos y compadres 
de mi vida cadenera 
que ya no volverán 
mis años a gozar. 
Qué habrá sido de esa barra, 
bravucona y trensillera, 
que tanto dio que hablar 
por su guapear.
Adiós, amigos de entonces, 
ya estamos viejos de tanto andar.
Marcando una candombeada 
fue luciendo medias lunas 
y entre cortes y quebradas 
iba el tango provocador. 
Me acuerdo de aquellas farras 
que entre fueyes dormilones, 
rimaban los corazones 
un pasaje sentimental.
Siglo de oro de ese tiempo 
en que el ñato Monteagudo, 
borracho de pernod, 
se quiso suicidar. 
Y del loco Puentecito 
y del viejito Lozano 
No los he vuelto a ver, 
¿dónde andarán?
Adiós, amigos de entonces, 
ya estamos viejos de tanto andar.

Cruz de palo

Tango 1929
Música: Guillermo Barbieri
Letra: Enrique Cadícamo
 
Juntito al arroyo, besao por los sauces
y poblao de flores, de esmalte y de luz,
sin letras, crespones ni nombres tallados
se alzan junto a un sauce dos palos en cruz.
Una sepultura que “entuavía” el cardo
no pudo cercarla, y en donde el “chus-chus”
de alguna lechuza se escucha, agorera,
sobre la cimera de esa vieja cruz.

El sauce le llora un Ave María;
el boyero, en cada chiflido que da,
acaso le quiere rezar un bendito
junto con las quejas que entona el sabia…
Dicen los más viejos, haciéndose cruces,
que al pasar de noche por ese lugar
oyen que se quejan los ñacurutuces
de un modo tan fiero que hasta hace temblar…

(recitado)
Y en las noches malas, cuando enrieda el viento
su vago lamento en el saucedal,
por la cruz de palo una luz camina,
que corre y que vuela por el pastizal.

Pa’ un “Día de Dijuntos” de hace varios años
se llegó una moza juntito a la cruz;
la cabeza envuelta en negro rebozo,
los ojos llorosos, tristes y sin luz.
¡Qué frío, canejo, sentirán los muertos…!
Pues la moza aquella se le arrodilló,
lloró cuanto quiso, besuqueó la tumba,
le dijo “hasta pronto”, pero no volvió.

De todo te olvidas (Cabeza de novia)

Tango 1929
Música: Salvador Merico
Letra: Enrique Cadícamo
 
De un tiempo a esta parte, muchacha, te noto
más pálida y triste… Decí ¿qué tenés?
Tu carita tiene el blancor del loto
y yo, francamente, chiquita, no sé…
¿Qué pena te embarga? ¿Por qué ya no ríes
con ese derroche de plata y cristal?
Tu boquita, donde sangraron rubíes,
hoy muestra una mueca, trasuntando un mal…

El piano está mudo.
Tus ágiles manos
no arrancan el tema
del tango tristón…
A veces te encuentro
un poco amargada,
llorando, encerrada,
en la habitación.
Y he visto, extrañando,
que muy a menudo,
“de todo te olvidas”,
cabeza de novia,
¡nimbada de amor!

¿Qué es lo que te pasa? Cuéntame; te ruego
que me confidencias tu preocupación…
Acaso tu pena es la que Carriego,
rimando cuartetas, a todos contó.
“De todo te olvidas, cabeza de novia”,
pensando en el chico que en tu corazón
dejó con sus besos sus credos amantes,
como un ofertorio de dulce pasión…

Che Bartolo

Tango 1928
Música: Rodolfo Sciammarella
Letra: Enrique Cadícamo
 
Gran vivillo de aspamento, malandrín de meta y ponga
atajate este ponchazo que te voy a sacudir,
no es que quiera deschavarte por cantar una milonga
si no porque con tus brillos vos no me vas a engrupir.
Che, bacán de rango mishio, te diré que algo me alegra,
relojearte entre la mersa que la va de Tabarís.
A vos te llaman los giles el marqués de Boccanegra
como a mi me baten “Chorro”, “El herrero” o “El perdiz”.

Che, Bartolo…
batí si te has vuelto colo
pa’ quererte disfrazar.
Boccanegra…
hay que ver cuál es la suegra
que a vos te podrá aguantar.
Vos de negro,
tenés sólo tu prontuario
que no sé cómo escondés.
Che, Bartolo…
como reo yo te pido
que dejés el apellido
de aquel noble genovés.

Si el monóculo insolente te da un aire bacanejo
y ese empilche tan debute te barniza de marqués,
no la va del mismo modo el curdela de tu viejo
que entre gente de boliche va arrastrando su vejez.
Yo no sé con qué ganzúa has abierto ese agujero
que los reos de mi rango le llamamos “sociedad”,
pa’ mi que te equivocaste, la de “negros candomberos”
es la socieda’ indicada donde podés alternar.

Compadrón

Tango 1927
Música: Luis Visca
Letra: Enrique Cadícamo
 
Compadrito a la violeta,
si te viera Juan Malevo
qué calor te haría pasar.
No tenés siquiera un cacho
de ese barro chapaleado
por los mozos del lugar.
El escudo de los guapos
no te cuenta entre sus gules
por razones de valer.
Tus ribetes de compadre
te engrupieron, no lo dudes.
¡Ya sabrás por qué!

Compadrón
prontuariado de vivillo
entre los amigotes que te siguen,
sos pa’ mí, aunque te duela,
compadre sin escuela, retazo de bacán.
Compadrón,
cuando quedes viejo y solo (¡Colo!)
y remanyes tu retrato (¡Gato!),
notarás que nada has hecho…
Tu berretín deshecho
verás desmoronar.

En la timba de la vida
sos un punto sin arrastre
sobre el naipe salidor,
y en la cancha de este mundo
sos un débil pa’l biabazo,
el chamuyo y el amor.
Aunque busques en tu verba
pintorescos contraflores
pa’ munirte de cachet,
yo me digo a la sordina
¡Dios te ayude, compadrito
de papel maché!

Che papusa oí

Tango 1927
Música: Gerardo Matos Rodríguez
Letra: Enrique Cadícamo
 
Muñeca, muñequita que hablás con zeta
y que con gracia posta batís mishé;
que con tus aspavientos de pandereta
sos la milonguerita de más chiqué;
trajeada de bacana, bailás con corte
y por raro snobismo tomás prissé,
y que en auto camba, de sur a norte,
paseás como una dama de gran cachet.

Che papusa, oí
los acordes melodiosos que modula el bandoneón;
Che papusa, oí
los latidos angustiosos de tu pobre corazón;
Che papusa, oí
cómo surgen de este tango los pasajes de tu ayer…
Si entre el lujo del ambiente
hoy te arrastra la corriente,
mañana te quiero ver…

Milonguerita linda, papusa y breva,
con ojos picarescos de pippermint,
de parla afranchutada, pinta maleva
y boca pecadora color carmín,
engrupen tus alhajas en la milonga
con regio faroleo brillanteril
y al bailar esos tangos de meta y ponga
volvés otario al vivo y al rana gil.

Ramona

Vals
Música: Mabel Wayne
Letra: Enrique Cadícamo
 
Sueña muchacha con ese amor
que en tu corazón
se vino a ocultar…
Sueña muchacha con el dolor
que quiere asaltar
tu belleza en flor.

¡Ramona!,
si sientes en tu corazón
las suaves caricias
de una gran pasión,
entorna tus ojos
y entre tules deja flotar
las rosas fragantes
primaveras de tu ilusión.

¡Ramona!,
tus labios sienten palpitar
arpegios sublimes
de un dulce besar…
¡Ramona!,
teje la malla de tu suspirar,
que es dulce,
muy dulce, soñar…

Sueña muchacha con ese amor
que en tu corazón
se vino a ocultar…
Sueña muchacha con el dolor
que quiere asaltar
tu belleza en flor.

¡Ramona!,
yo sé que un día has de lograr
los sueños azules
que hoy ves aletear…
¡Ramona!
¡Ah… Ramona!
si pudiera yo, como tú,
hacer de mis años
gratos sueños de juventud…

Es triste,
la vida pasa y se va,
como una caricia
que se ve esfumar.
¡Ramona!,
a la ventana de tu ensonación,
Ramona…
¡tu príncipe irá!

Anclao en París

Tango 1931
Música: Guillermo Barbieri
Letra: Enrique Cadícamo
 
Tirao por la vida de errante bohemio
estoy, Buenos Aires, anclao en París.
Cubierto de males, bandeado de apremio,
te evoco desde este lejano país.
Contemplo la nieve que cae blandamente
desde mi ventana, que da al bulevar
las luces rojizas, con tono muriente,
parecen pupilas de extraño mirar.

Lejano Buenos Aires ¡qué lindo que has de estar!
Ya van para diez años que me viste zarpar…
Aquí, en este Montmartre, fobourg sentimental,
yo siento que el recuerdo me clava su puñal.

¡Cómo habrá cambiado tu calle Corrientes..!
¡Suipacha, Esmeralda, tu mismo arrabal..!
Alguien me ha contado que estás floreciente
y un juego de calles se da en diagonal…
¡No sabes las ganas que tengo de verte!
Aquí estoy varado, sin plata y sin fe…
¡Quién sabe una noche me encane la muerte
y, chau Buenos Aires, no te vuelva a ver!

2ª RONDA:

Cuando miran tus ojos

Vals
Música: José María Aguilar
Letra: Enrique Cadícamo
 
Tus ojos han quedado grabados en los míos,
sus dulces brujerías volcaron al mirar,
hay luz en tus pupilas de todos los estíos,
lucero que en mis noches los veo parpadear.
Heraldos de pasiones, rutilan como extrañas
luciérnagas que llevan la llama del amor…
Tesoros custodiados por sedosas pestañas…
teorías impregnadas de ensueño arrobador.

¿Gitanos son acaso por sus destellos, dime?
¿O son los de una mora presa del español?
Es algo tu mirada que mata o que redime,
que hiere si se mira corno encandila el sol…
Puñales que en las luchas se yerguen iracundos
buscando al pobre pecho con ansias de clavar.
Ensartan corazones, los dejan moribundos…
¡Ah!… Espejos donde el alma se asoma a coquetear.

Si entornan sus pupilas, la luz que los anima
se pierde entre los astros y la constelación
adquiere nuevos brillos… Aunque mi pecho gima
por verlos siempre abiertos, yo doy mi corazón.
Pues ellos van contando las horas venturosas
que pasan a mi lado rimando una canción,
sus párpados abiertos son pétalos de rosas
que ofrecen dos luceros a mi desolación.

Luna de arrabal

Vals 1934
Música: Julio César Sanders
Letra: Enrique Cadícamo
 
Muchachos, hoy que es noche clara y estival
invito a todos la barriada a recorrer,
hay mucha luz y es que: la luna de arrabal
nos acompaña par las calles como ayer,
es media noche, ella duerme y su balcón
entornado me espera que llegue…
junto al gemir del diapasón
yo quiero alzar sentimental
la serenata de mi amigo el corazón…

Y entonces al oír la introducción
del valsecito criollo y pasional
dormida su belleza angelical
nombrándome, despertará…
Su pecho de emoción ha de latir
sus ojos de otro azul se vestirán
y se pondrá la noche
sus galas embrujados
y tú, mi dulce amada,
temblarás…

Muchachos, vamos que la luna quiere oír
la serenata pintoresca de arrabal…
la noche es tibia, duerme el barrio y es zafir
el cielo lleno de estrellitas de cristal…
¡Muchachos pronto! que es tan bello saludar
a la novia que duerme inocente…
Las dedos en el diapasón
con un “allegro” arrancarán
y entonces mi alma subirá a su balcón…

Tres esquinas

Tango 1941
Música: Ángel D’Agostino / Alfredo Attadía
Letra: Enrique Cadícamo
 
Yo soy del barrio de Tres Esquinas,
viejo baluarte de un arrabal
donde florecen como glicinas
las lindas pibas de delantal.
Donde en la noche tibia y serena
su antiguo aroma vuelca el malvón
y bajo el cielo de luna llena
duermen las chatas del corralón.

Soy de ese barrio de humilde rango,
yo soy el tango sentimental.
Soy de ese barrio que toma mate
bajo la sombra que da el parrral.
En sus ochavas compadrié de mozo,
tiré la daga por un loco amor,
quemé en los ojos de una maleva
la ardiente ceba de mi pasión.

Nada hay más lindo ni más cmpadre
que mi suburbio murmurador,
con los chimentos de las comadres
y los piropos del Picaflor.
Vieja barriada que fue estandarte
de mis arrojos de juventud…
Yo soy del barrio que vive aparte
en este siglo de Neo-Lux.

Niebla del Riachuelo

Tango 1937
Música: Juan Carlos Cobián
Letra: Enrique Cadícamo
 
Turbio fondeadero donde van a recalar,
barcos que en el muelle para siempre han de quedar…
Sombras que se alargan en la noche del dolor;
náufragos del mundo que han perdido el corazón…
Puentes y cordajes donde el viento viene a aullar,
barcos carboneros que jamás han de zarpar…
Torvo cementerio de las naves que al morir,
sueñan sin embargo que hacia el mar han de partir…

¡Niebla del Riachuelo!..
Amarrado al recuerdo
yo sigo esperando…
¡Niebla del Riachuelo!…
De ese amor, para siempre,
me vas alejando…
Nunca más volvió,
nunca más la vi,
nunca más su voz nombró mi nombre junto a mí…
esa misma voz que dijo: “¡Adiós!”.

Sueña, marinero, con tu viejo bergantín,
bebe tus nostalgias en el sordo cafetín…
Llueve sobre el puerto, mientras tanto mi canción;
llueve lentamente sobre tu desolación…
Anclas que ya nunca, nunca más, han de levar,
bordas de lanchones sin amarras que soltar…
Triste caravana sin destino ni ilusión,
como un barco preso en la “botella del figón”…

Pa’ que bailen los muchachos

Tango 1942
Música: Aníbal Troilo
Letra: Enrique Cadícamo
 
Pa’ que bailen los muchachos
via’ tocarte, bandoneón.
¡La vida es una milonga!
Bailen todos, compañeros,
porque el baile es un abrazo:
Bailen todos, compañeros,
que este tango lleva el paso.
Entre el lento ir y venir
del tango va
la frase dulce.
Y ella baila en otros brazos,
prendida, rendida,
por otro amor.

No te quejes, bandoneón,
Que me duele el corazón.
Quien por celos va sufriendo
su cariño va diciendo.

No te quejes, bandoneón,
que esta noche toco yo.
Pa’ que bailen los muchachos
hoy te toco, bandoneón.
¡La vida es una milonga!

Ella fue como una madre,
ella fue mi gran cariño…
nos abrimos y no sabe
que hoy la lloro como un niño…
Quién la va a saber querer
con tanto amor,
como la quise.
Pobre amiga, pobre piba,
¡qué ganas más locas
de irte a buscar!

Pa’ que bailen los muchachos
via’ tocarte, bandoneón.
¡La vida es una milonga!

Los mareados

Tango 1942
Música: Juan Carlos Cobián
Letra: Enrique Cadícamo
 
Rara..
como encendida
te hallé bebiendo
linda y fatal…
Bebías
y en el fragor del champán,
loca, reías por no llorar…
Pena
Me dio encontrarte
pues al mirarte
yo vi brillar
tus ojos
con un eléctrico ardor,
tus bellos ojos que tanto adoré…

Esta noche, amiga mía,
el alcohol nos ha embriagado…
¡Qué importa que se rían
y nos llamen los mareados!
Cada cual tiene sus penas
y nosotros las tenemos…
Esta noche beberemos
porque ya no volveremos
a vernos más…

Hoy vas a entrar en mi pasado,
en el pasado de mi vida…
Tres cosas lleva mi alma herida:
amor… pesar… dolor…
Hoy vas a entrar en mi pasado
y hoy nuevas sendas tomaremos…
¡Qué grande ha sido nuestro amor!…
Y, sin embargo, ¡ay!,
mirá lo que quedó…

Garúa

Tango 1943
Música: Aníbal Troilo
Letra: Enrique Cadícamo
 
¡Qué noche llena de hastío y de frío!
El viento trae un extraño lamento.
¡Parece un pozo de sombras la noche
y yo en la sombra camino muy lento.!
Mientras tanto la garúa
se acentúa
con sus púas
en mi corazón…

En esta noche tan fría y tan mía
pensando siempre en lo mismo me abismo
y aunque quiera arrancarla,
desecharla
y olvidarla
la recuerdo más.

¡Garúa!
Solo y triste por la acera
va este corazón transido
con tristeza de tapera.
Sintiendo tu hielo,
porque aquella, con su olvido,
hoy le ha abierto una gotera.
¡Perdido!
Como un duende que en la sombra
más la busca y más la nombra…
Garúa… tristeza…
¡Hasta el cielo se ha puesto a llorar!

¡Qué noche llena de hastío y de frío!
No se ve a nadie cruzar por la esquina.
Sobre la calle, la hilera de focos
lustra el asfalto con luz mortecina.
Y yo voy, como un descarte,
siempre solo,
siempre aparte,
recordándote.
Las gotas caen en el charco de mi alma
hasta los huesos calados y helados
y humillando este tormento
todavía pasa el viento
empujándome.

Shusheta

Tango 1944
Música: Juan Carlos Cobián
Letra: Enrique Cadícamo
 
Toda la calle Florida lo vio
con sus polainas, galera y bastón…

Dicen que fue, allá por su juventud,
un gran Don Juan del Buenos Aires de ayer.
Engalanó la puerta del Jockey Club
y en el ojal siempre llevaba un clavel.

Toda la calle Florida lo vio
con sus polainas, galera y bastón.

Apellido distinguido,
gran señor en las reuniones, 
por las damas suspiraba
y conquistaba
sus corazones.
Y en las tardes de Palermo
en su coche se paseaba
y en procura de un encuentro
iba el porteño
conquistador.

Ah, tiempos del Petit Salón…
Cuánta locura juvenil…
Ah, tiempo de la 
sección Champán Tango
del “Armenonville”.

Todo pasó como un fugaz
instante lleno de emoción…
Hoy sólo quedan
recuerdos de tu corazón…Toda la calle Florida lo vio
con sus polainas, galera y bastón.

Tres amigos

Tango 1944
Música: Enrique Cadícamo
Letra: Enrique Cadícamo
 
De mis páginas vividas, siempre llevo un gran recuerdo
mi emoción no las olvida, pasa el tiempo y más me acuerdo.
Tres amigos siempre fuimos
en aquella juventud…
Era el trío más mentado
que pudo haber caminado
por esas calles del sur.

¿Dónde andarás, Pancho Alsina?
¿Dónde andarás, Balmaceda?
Yo los espero en la esquina
de Suárez y Necochea…
Hoy… ninguno acude a mi cita.
Ya… mi vida toma el desvío.
Hoy… la guardia vieja me grita:
“¿Quién… ha dispersado aquel trío?”
Pero yo igual los recuerdo
mis dos amigos de ayer…

Una vez, allá en Portones, me salvaron de la muerte.
Nunca faltan encontrones cuando un pobre se divierte.
Y otra vez, allá en Barracas,
esa deuda les pagué…
Siempre juntos nos veían…
Esa amistad nos tenía
atados siempre a los tres.

Nostalgias

Tango 1936
Música: Juan Carlos Cobián
Letra: Enrique Cadícamo
 
Quiero emborrachar mi corazón
para apagar un loco amor
que más que amor es un sufrir…
Y aquí vengo para eso,
a borrar antiguos besos
en los besos de otras bocas…
Si su amor fue “flor de un día”
¿porqué causa es siempre mía
esa cruel preocupación?
Quiero por los dos mi copa alzar
para olvidar mi obstinación
y más la vuelvo a recordar.

Nostalgias
de escuchar su risa loca
y sentir junto a mi boca
como un fuego su respiración.
Angustia
de sentirme abandonado
y pensar que otro a su lado
pronto… pronto le hablará de amor…
¡Hermano!
Yo no quiero rebajarme,
ni pedirle, ni llorarle,
ni decirle que no puedo más vivir…
Desde mi triste soledad veré caer
las rosas muertas de mi juventud.

Gime, bandoneón, tu tango gris,
quizá a ti te hiera igual
algún amor sentimental…
Llora mi alma de fantoche
sola y triste en esta noche,
noche negra y sin estrellas…
Si las copas traen consuelo
aquí estoy con mi desvelo
para ahogarlos de una vez…
Quiero emborrachar mi corazón
para después poder brindar
“por los fracasos del amor”…

Al mundo le falta un tornillo

Tango 1933
Música: José María Aguilar
Letra: Enrique Cadícamo
 
Todo el mundo está en la estufa,
Triste, amargao y sin garufa,
neurasténico y cortao…
Se acabaron los robustos,
si hasta yo, que daba gusto,
¡cuatro kilos he bajao!
Hoy no hay guita ni de asalto
y el puchero está tan alto
que hay que usar el trampolín.
Si habrá crisis, bronca y hambre,
que el que compra diez de fiambre
hoy se morfa hasta el piolín.

Hoy se vive de prepo
y se duerme apurao.
Y la chiva hasta a Cristo
se la han afeitao…
Hoy se lleva a empeñar
al amigo más fiel,
nadie invita a morfar…
todo el mundo en el riel.
Al mundo le falta un tornillo
que venga un mecánico…
¿Pa’ qué, che viejo? 
Pa’ ver si lo puede arreglar.

¿Qué sucede?… ¡mama mía!
Se cayó la estantería
o San Pedro abrió el portón.
La creación anda a las piñas
y de pura arrebatiña
apoliya sin colchón.
El ladrón es hoy decente
a la fuerza se ha hecho gente,
va no encuentra a quién robar.
Y el honrao se ha vuelto chorro
porque en su fiebre de ahorro
él se “afana” por guardar.
Al mundo le falta un tornillo,
que venga un mecánico.
pa’ ver si lo puede arreglar.

La casita de mis viejos

Tango 1932
Música: Juan Carlos Cobián
Letra: Enrique Cadícamo
 
Barrio tranquilo de mi ayer,
como un triste atardecer,
a tu esquina vuelvo viejo…
Vuelvo más viejo,
la vida me ha cambiado…
en mi cabeza un poco de plata
me ha dejado.
Yo fui viajero del dolor
y en mi andar de soñador
comprendí mi mal de vida,
y cada beso lo borré con una copa,
las mujeres siempre son las que matan la ilusión.
(en un juego de ilusión repartí mi corazón.)

Vuelvo vencido a la casita de mis viejos,
cada cosa es un recuerdo que se agita en mi memoria,
mis veinte abriles me llevaron lejos…
locuras juveniles, la falta de consejo.
Hay en la casa un hondo y cruel silencio huraño,
y al golpear, como un extraño,
me recibe el viejo criado…
Habré cambiado totalmente, que el anciano por la voz
tan sólo me reconoció.

Pobre viejita la encontré
enfermita; yo le hablé
y me miró con unos ojos…
Con esos ojos
nublados por el llanto
como diciéndome porqué tardaste tanto…
Ya nunca más he de partir
y a tu lado he de sentir
el calor de un gran cariño…
Sólo una madre nos perdona en esta vida,
es la única verdad,
es mentira lo demás.

Callejera

Tango 1929
Música: Fausto Frontera
Letra: Enrique Cadícamo
 
Cuando apurada pasás
rumbo quién sabe a qué parte,
haciendo lucir con arte
tu silueta al caminar,
va diciendo ese taquear
que tenés de milonguera:
“Callejera… Calle]era…
¿a dónde irás a parar?”

Esos trajes que empilchás
no concuerdan con tu cuna,
pobre mina pelandruna
hecha de seda y percal.
En fina copa e’ cristal
hoy tomás ricos licores,
y entre tantos resplandores
se encandiló tu arrabal.

Callejera,
que taqueás de Sur a Norte,
dando dique con el corte
de ese empilche que llevás.
Callejera,
vos también sos Milonguita
y en el fondo de tu almita
una pena sepultás.

Triunfa tu gracia, yo sé,
y en los rondines nocheros
sos de los muebles diqueros
el que da más relumbrón.
Despilfarrás tentación,
pero también, callejera,
cuando estés vieja y fulera
tendrás muerto el corazón.

Seguí nomás, deslizá
tus abriles por la vida,
fascinada y engrupida
por las luces del Pigall,
que cuando empiece a tallar
el invierno de tu vida
notarás arrepentida
que has vivido un carnaval.

Muñeca brava

Tango 1929
Música: Luis Visca
Letra: Enrique Cadícamo
 
Che madam que parlás en francés
y tirás ventolín a dos manos,
que escabiás copetín bien frapé
y tenés gigoló bién bacán…
Sos un biscuit 
de pestañas muy arqueadas…
Muñeca brava 
bien cotizada.
¡Sos del Trianón… 
del Trianón de Villa Crespo…
Milonguerita,
juguete de ocasión…

Tenés un camba que te hacen gustos
y veinte abriles que son diqueros,
y muy repleto tu monedero
pa´ patinarlo de Norte a Sud…
Te baten todos Muñeca Brava
porque a los giles mareás sin grupo,
pa´ mi sos siempre la que no supo
guardar un cacho de amor y juventud.

Campaneá la ilusión que se va
y embrocá tu silueta de rango,
y si el llanto te viene a buscar
escurrí tu dolor y reí…
Meta champán que la vida se te escapa,
Muñeca Brava, flor de pecado…
Cuando llegués 
al final de tu carrera,
tus primaveras
verás languidecer

La reina del tango

Tango 1928
Música: Rafael Iriarte
Letra: Enrique Cadícamo
 
Flor de noche que al sordo fragor
del champán descorchado triunfás,
reina loca que un juego de amor
lentamente, bailando, trenzás.
Tu compás es el ritmo sensual
que en la alfombra retuerce el gotán
y tu pinta elegante y teatral
se muestra orgullosa junto a tu bacán.

Sos reina del tango,
papusa ruflera,
la ciencia canera
de saber bailar
prendió una diadema
de rante nobleza
sobre tu cabeza
reina del gotán.
Tiembla en tus caderas
la música rea,
es la melopea
que a tu corazón
muy a la sordina
le hace un contracanto
que aumenta el quebranto
de tu perdición.

El gotán se te fue al corazón
como un dulce chamuyo de amor
y es por eso que en esta canción
encontrarás alegría y dolor.
Che, milonga, seguí el jarandón,
meta baile con corte y champán,
ya un noche tendrás que bailar
el tango grotesco del Juicio Final.


Hoy es tarde

Tango
Música: Juan Carlos Howard
Letra: Enrique Cadícamo
 
Porque sé lo que sufriste,
porque sé lo que he sufrido…
Yo sé bien que me quisiste
y también que te he querido…
A mi lado no tuviste esplendor…
Yo era pobre y no te daba más que amor…
Mas… tus veinte primaveras…
eran joyas verdaderas… corazón…

Alma mía…
no era lujo, ni las sedas, ni el dinero…
Alma mía…
que a mis brazos te arrojaron traicioneros…
Fue tu amor… fue tu inocencia
que brotó como una flor…
Con mis versos vos soñabas que eras rica…
Qué importaba todo el oro
en aquella pieza chica…
Cariñito…
que pobreza más injusta yo te he dado…
pero amar en la miseria
no es pecado… corazón…
Y hoy, que lujos y dinero puedo darte,
esta vida puso aparte
nuestro sueño… nuestro amor…

Yo no sé por qué senderos…
Yo no sé por qué camino…
En qué extraños remolinos
nos perdimos para siempre…
Sólo sé que comprendiendo tu valor…
te dejé para salvarte, pobre amor..
La miseria es cosa fuerte,
Merecías mejor suerte… Corazón…

Por la vuelta

Tango 1937
Música: José Tinelli
Letra: Enrique Cadícamo
 
¡Afuera es noche y llueve tanto!…
Ven a mi lado, me dijiste,
hoy tu palabra es como un manto…
un manto grato de amistad…
Tu copa es ésta, y la llenaste.
Bebamos juntos, viejo amigo,
dijiste mientras levantabas
tu fina copa de champán…

La historia vuelve a repetirse,
mi muñequita dulce y rubia,
el mismo amor… la misma lluvia…
el mismo, el mismo loco afán…
¿Te acuerdas? Hace justo un año
nos separamos sin un llanto…
Ninguna escena, ningún daño…
Simplemente fue un “Adiós”
inteligente de los dos…

Tu copa es ésta, y nuevamente
los dos brindamos “por la vuelta”.
Tu boca roja y oferente
bebió en el fino bacarát…
Después, quizá mordiendo un llanto,
quedate siempre, me dijiste…
Afuera es noche y llueve tanto,
… y comenzaste a llorar…

No vendrá

Tango 1945
Música: Enrique Cadícamo
Letra: Enrique Cadícamo
 
Esperaré otro rato y veré
por qué demoró…
Quiero creer
que este nuevo querer
es mi gran amor.
Por no estar tan solo y esperar
fumaré otro cigarrillo más.
Pero algo hay que me hace pensar
que no vendrá…

No vendrá.
Bien lo sé que ella no vendrá.
Y aunque esperar ya no quiero
otro rato más la espero.
No vendrá… Pero igual pensando en ella estoy.
Ya por hoy no la veré
me lo dice la postrer
campanada de un reloj.

Yo presentí que no iba a venir
cuando ayer se fue.
Triste quedó, suspirando sonrió,
y me dijo así:
“Tengo miedo de quererte… ¡amor!
¡Tengo miedo de sufrir por ti!”
Y ese temor, lo confieso, mi bien,
que era de los dos.

La novia ausente

Tango 1933
Música: Guillermo Barbieri
Letra: Enrique Cadícamo
 
A veces repaso mis horas aquellas
cuando era estudiante y tú eras la amada
que con tus sonrisas repartías estrellas
a todos los mozos de aquella barriada.
¡Ah! las noches tibias… ¡Ah! la fantasía
de nuestra veintena de abriles felices,
cuando solamente tu risa se oía
y yo no tenía mis cabellos grises.

Íbamos del brazo
y tú suspirabas
porque muy cerquita
te decía: “Mi bien…
¿ves como la luna
se enreda en los pinos
y su luz de plata
te besa en la sien?”
Al raro conjuro
de noche y reseda
temblaban las hojas
del parque, también,
y tú me pedías
que te recitara 
esta “Sonatina”
que soñó Rubén:
(Recitado:)
“¡La princesa está triste! ¿Qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa.
Que ha perdido la risa, que ha perdido el color…
La princesa está pálida en su silla de oro,
está mudo el teclado de su clave sonoro
y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor.”

¿Qué duendes lograron lo que ya no existe?
¿Qué mano huesuda fue hilando mis males?
¿Y qué pena altiva hoy me ha hecho tan triste,
triste como el eco de las catedrales?
¡Ah!… ya sé, ya sé… Fue la novia ausente,
aquella que cuando estudiante, me amaba.
Que al morir, un beso le dejé en la frente
porque estaba fría, porque me dejaba.

Dolor milonguero

Tango
Música: Juan Carlos Cobián
Letra: Enrique Cadícamo
 
Medianoche porteña,
sol de cabaret en la sala,
vista el tango su gala
y entre copas mi alma sueña.
Aquí, solo en mi mesa,
siento que un recuerdo ha cruzado
y del fondo embrujado
de esta copa que emborracha,
sube el dolor y remacha,
en mi corazón, un amor de ayer.

Tango que suena tristón,
la gente baila y se ríe.
Pena que en mi corazón,
cuando más honda, sonríe.
Quiero beber y al beber reír,
hundir este dolor milonguero.
Ven bailarina, a mi mesa,
que tengo tristeza por una mujer.

Ven a beber que estoy muy solo,
ven, buena amiga, flor nochera.
Yo soy un triste calavera,
vos, una más en el vaivén.
Ven a embriagarte yo te invito,
tal vez también tengas tus penas,
tus ojos dicen que sos buena.
Ven, magadalena del loco cabaret.

La luz de un fósforo

Tango 1943
Música: Alberto Suárez Villanueva
Letra: Enrique Cadícamo
 
Nos encontramos, tú y yo,
y a conversar
nos detuvimos.
Un algo raro tenías
cuando callabas,
cuando reías…
La esgrima sentimental
al fin surgió
la tarde aquella.
Después… ¡qué poco quedó!
El viento todo lo llevó…

La luz de un fósforo fue
nuestro amor pasajero.
Duró tan poco… lo sé…
como el fulgor
que da un lucero…
La luz de un fósforo fue,
nada más,
nuestro idilio.
Otra ilusión que se va
del corazón
y que no vuelve más.

En todo, siempre el color
es del cristal
con que se mira.
De rosa, yo te veía,
cuando callabas,
cuando reías.
Después, con otro cristal,
cambió el color
y ya no eras…
La vida es toda ilusión
y un prisma es el corazón.

Madame Ivonne

Tango 1933
Música: Eduardo Pereyra
Letra: Enrique Cadícamo

 
Mamuasel Ivonne era una pebeta
que en el barrio posta de viejo Montmartre,
con su pinta brava de alegre griseta
animó la fiesta de Les Quatre Arts.
Era la papusa del barrio latino
que supo a los puntos del verso inspirar…
Pero fue que un día llego un argentino
y a la francesita la hizo suspirar.

Madame Ivonne,
la Cruz del Sur fue como el sino,
Madame Ivonne,
fue como el sino de tu suerte…
Alondra gris,
tu dolor me conmueve,
tu pena es de nieve…
Madame Ivonne…

Han pasado diez años que zarpó de Francia,
Mamuasel Ivonne hoy solo es Madam…
La que va a ver que todo quedó en la distancia
con ojos muy tristes bebe su champán.
Ya no es la papusa del Barrio Latino,
ya no es la mistonga florcita de lis,
ya nada le queda… Ni aquel argentino
que entre tango y mate la alzó de París

FUENTES:

https://es.wikipedia.org/wiki/Enrique_Cad%C3%ADcamohttps://www.infobae.com/cultura/2019/12/03/enrique-cadicamo-el-compositor-de-los-1200-tangos-que-admiraba-gardel/

https://www.todotango.com/creadores/ficha/37/Enrique-Cadicamo

https://cadicamo.es.tlhttps://www.todotango.com/historias/cronica/218/Cadicamo-«Al-tango-hay-que-dejarlo-como-esta»-/

Te recomendamos ver el programa de televisión.

PRÓXIMO PROGRAMA

125. Poesía más Poesía: Noémia de Sousa

NOÉMIA DE SOUSA

Biografía

Carolina Noémia Abranches de Sousa Soares nació el 26 de septiembre de 1926 en Catembe, al otro lado de la bahía de Maputo, capital de Mozambique, en África oriental. Llamada anteriormente hasta el 13 de marzo de 1976 Lourenço Marques en honor al explorador portugués del mismo nombre.

Noémia murió en Cascais, municipio al oeste de Lisboa, Portugal, en 2002.

En Mozambique se practicó muy pronto la esclavitud por parte de jefes tribales, africanos, comerciantes árabes, y colonos portugueses. Como dato, entre 1500 y 1800 casi un millón de personas fueron vendidas como esclavos. En las décadas de 1920 y 1930 los colonos instauran un sistema racial donde se separaban a los africanos asimilados, que recibieron las bases de la educación para poder ocupar sitios en la administración, de otros indigenas privados de derechos y sometidos a trabajo forzado. Esto fue abolido en 1962.

El padre de Noémia era originario de una familia portuguesa-afro-goa en la isla de Mozambique y la madre nació en Bela Vista, más allá de Catembe, en Mozambique, también hija de un alemán (Max Bruheim), cazador y comerciante.

A la edad de cuatro años, Noémia aprendió a leer. Su padre, que era funcionario y vivía con ideales de progreso le enseñó. La mayoría de los mozambiqueños, africanos, e incluso de los portugueses, tenían un 40% de analfabetización.
Noémia vivió en Catembe hasta los seis años, cuando se mudó a la ciudad de Lourenço Marques. Dos años después, su padre murió. La madre tuvo dificultades para mantener a sus seis hijos, dos de los cuales estudiaban en Portugal, con la ayuda de su tía paterna.
A los 16 años, Noémia tuvo que empezar a trabajar. Durante el día trabajaba y por la noche iba a la Escuela Técnica, donde asistía al curso de oficios.

Ella de su infancia, diría:

Aquella casa de madera, con una gran baranda tipo colonial, era un punto de partida, un lugar de encuentro… Aquella casa me marcó para el resto de mi vida. Mi padre era un intelectual y mi madre era casi analfabeta, pero tenía toda la riqueza de una cultura… En aquella casa podías encontrar a intelectuales o al pueblo…. aquellas mujeres que sabían que allí vivía Milidansa (el nombre de mi madre), que a su vez era hija de Belenguana, de Maputo, y en la casa de la hija de Belenguana habían de ser acogidas. Comencé a escribir poesía como un hecho no planificado. Sucedió porque, al fin y al cabo, en nuestra sociedad todo reposaba sobre la mujer. La mujer era la esclava del esclavo y vivía de ese modo en la sociedad. Con todo, ella ejercía influencia en la sociedad, porque ella era la que criaba a los niños, era el centro de la familia y, sobre todo, era sobrecargada de trabajo. Yo sentí mucho eso. Vivía en mi casa con muchos hermanos, primos y otros familiares, mucha gente en casa y todo giraba alrededor de mi madre, viuda. Perdí a mi padre a los 8 años y era la más chica de seis hermanos. Y ella era el padre y la madre de la familia. Y no era la única…

Comenzó con la escritura de manera precoz. Practicaba haciendo papeles de pared con sus hermanos. Noémia fue invitada a colaborar para el diario de la Mocidade Portuguesa. La invitación le llegó a través de su hermano Nuno, que tenía un amigo llamado Antero, quien formaba parte del grupo que editaba el periódico, bajo la dirección del poeta Virgílio de Lemos. Aceptó la invitación y provocó un alboroto. Escribió “Poema a mi hermano negro” y firmó con las letras NS. En aquella época colonial, escribir un poema así indicaba tener un gran valor. Noémia sabía que no la podían descubrir, así que utilizó seudónimos. Primero firmó con NS y luego empezó a firmar bajo el nombre de Vera Micaia.

En ese momento, estaba el proyecto “Itinerário”, donde colaboraron muchos de los poetas que consagrarían años después el periodo anterior a la independencia de Mozambique. Cassiano Caldas, funcionario del CFM estaba relacionado con ese proyecto y a través de él tuvo contacto con Noémia de Sousa. Le presentó la revista Vértice. Fue en esa revista donde Noémia leyó por primera vez la poesía de Nicolás Guillén, poeta cubano.

Luego leyó muchos libros sobre la vida de los estadounidenses negros en traducción brasileña y vio que había similitudes entre lo que les sucedía a los estadounidenses negros y los mozambiqueños negros. Cassiano Caldas también le regaló libros de escritores neorrealistas portugueses.

Noémia comenzó a tener conversaciones con otros jóvenes que se destacaron por las artes y las letras en Mozambique, como por ejemplo Ruy Guerra y Ricardo Rangel, entre otros. João Mendes, hermano del escritor Orlando Mendes, reunió a jóvenes y utopías, ayudando a construir una nueva realidad, lejos de la estratificación racial. Eran jóvenes de Mafalala (barrio que es el corazón cultural de Maputo).

Noémia de Sousa, al corriente de los movimientos negros americanos (Black Renaissance, Indigenismo haitiano y Negrismo cubano, entre otros), dado que dominaba el inglés y el francés, escribe todos sus poemas (conocidos hasta hoy) entre 1948 y 1951. Está influenciada por el Neorrealismo y, a partir de 1950, por la Négritude.

Con José Craveirinha, su compatriota del barrio de Mafalala, Noémia creó el movimiento Negritude. La exaltación de los valores africanos contra el racismo en la metrópoli fue el punto común de sus producciones intelectuales. En la poesía “Súplica”, Noémia sintetiza diciendo que el mundo es un tablero de ajedrez. En otras palabras, es una lucha entre negros y blancos.

Noémia inició su colaboración con “O Brado Africano” (“El rugido africano”), un semanario bilingüe en portugués y ronga (dialecto de Mozambique) en el que muchos de los escritores de Mozambique publicaron por primera vez sus trabajos, cuando se estaba completando el proyecto de la Asociación Africana, recaudando dinero para ella. También escribiría en otros diarios y revistas como “Msaho”, “Mensagem” (en Luanda), “Noticias de Blockade” (en Oporto), “Mozambique 58”, entre otras publicaciones mozambiqueñas y extranjeras.

Siempre prefirió publicar sus poemas en periódicos, semanarios, revistas, folletos políticos… Para ella publicar sus poemas de forma esparcida suponía que llegaran a manos de los mozambiqueños negros, a los que quería despertar y abrir los ojos. Quería que sus poemas fueran fotocopiados, sueltos, de mano en mano. De hecho, su obra tuvo una amplia difusión de forma manuscrita y policopiada , llegando a ejercer una influencia vital en la formación de la conciencia nacional de Mozambique. Siempre pretendió que su pueblo se moviera. Sobre todo, afirmó ser africana y estaba fuertemente comprometida con la difusión de los valores culturales de Mozambique. Su influjo llegó a alcanzar otras áreas africanas, principalmente de habla portuguesa. Para ella no tenía sentido reunir en un libro su producción.

Hay críticos que la juzgaron como una poeta menor, tanto por la falta de consideración de las mujeres escritoras en África como por el hecho de su menor volumen de publicaciones que otros autores. Pero sus escritos siempre han encontrado un lugar en las colecciones de poemas de las antologías africanas como “Cuaderno de poesía negra de expresión portuguesa”, en 1953” y en 1964 “Poesía en Mozambique”.

Fundadora de una extensión de la MUD (vinculada al Partido Comunista de Portugal), no formó parte de la lucha armada, pero sus poemas comprendieron un enfrentamiento entre la cultura de los vivos y la cultura de los muertos en vida, como su poema “Deja pasar a mi pueblo”.

Noémia de Sousa había participado en las actividades de la MUD-Juvenil y repartido panfletos con João Mendes, escrito cartas subversivas y artículos recortados por los censores. El asedio se estaba intensificando. En 1951 por estas acciones, Noémia de Sousa no escapó de las garras de la Policía Internacional y de Defensa del Estado (PIDE). Fue detenida y en ese mismo año tuvo que exiliarse a Portugal. También le valió la deportación a Joao Mendes. Noemia de Sousa habla de él en sus poemas.

Un joven mozambiqueño, Eduardo Civambo Mondlane, motivó una fuerte expresión de solidaridad en Sudáfrica, al no concedérsele la prórroga del visado de residencia temporal. El gobierno le impidió continuar sus estudios en la Universidad de Witswalerand y escribió a Noémia de Sousa animándola. Ella desembarcaba en Lisboa con la “generación de la utopía”. Noémia convivió con los más conocidos intelectuales africanos en Portugal que sustentaron la base de los movimientos de liberación de cada país. En Portugal trabajó como traductora en las agencias de noticias Reuters y Lusa. Aquí adoptó el pseudónimo de Vera Micaia.

Joaquim Chissano y Noémia de Sousa

Reseñar que en su vida europea no se europeizó, sino que se desplazó de escenario.

Se trasladaría después en 1964 a Francia donde, de hecho, Noémia buscaría refugio de la dictadura al Estado Novo, con una hija a la espalda, Virgínia Soares (o más bien, Gina). Cruzó la frontera, escaló los Pirineos y logró la libertad. Se había casado en 1962 con el poeta Gualter Soares. Noémia de Sousa permaneció en París trabajando en la embajada de Marruecos hasta 1973, año en que decidió regresar a Portugal, para cubrir una vacante en la agencia Reuters.

El 25 de junio de 1975 Mozambique celebra la independencia. Noémia de Sousa se encontraba en su casa en Portugal, en Algés, en compañía de los legendarios futbolistas Eusébio da Silva Ferreira e Hilário da Conceição y sus mujeres y confesó haberle molestado este hecho, que no la hubiesen invitado . Ella se había unido anteriormente al Frente de Liberación de Mozambique (Frelimo) pero luego se fue.

Pero sus poemas se habían hecho virales en el país. Se estudiaron en las escuelas del Frente de Liberación de Mozambique durante la Lucha Armada. A partir de la Independencia de Mozambique su obra poética comenzó a estudiarse en las escuelas de allí. Noémia de Sousa ya era un mito. Su legado había sido recuperado por poetas de otros países como Angola, Cabo Verde, Guinea-Bissau, S. Tomé y Príncipe.

En 1984, Noémia de Sousa regresó a Mozambique y visitó su casa en Catembe. La época de los ochenta se caracterizaría por una época de hambruna. Finalmente, Noémia de Sousa accedió a la publicación en 2001 por parte de la Asociación de Escritores de Mozambique del libro “Sangue Negro”. El libro reúne 49 poemas de Noémia de Sousa, escritos entre 1949 y 1952. Noémia no los releyó ni corrigió, por lo que quedaron en la versión original.

José Craveirinha y Noémia de Sousa

Aunque comenzó a escribir de muy joven, pasó muchos años sin hacerlo y sólo retomó la poesía tras la muerte de Samora Machel, presidente de Mozambique (1975-86). El 4 de diciembre de 2002 Noémia de Sousa murió en Cascais, ciudad portuguesa.

Fue pionera de la poesía de su país, está considerada como una de las más grandes poetisas de África. Su producción poética tuvo un gran alcance, influyendo en toda una generación de escritores y poetas. En su poesía se reflejan sus raíces africanas y la exaltación de África y sus valores, junto con la protesta, la denuncia de la esclavitud, la cosificación del hombre africano por los poderes coloniales, los deseos de revuelta y esperanza de cambio.

La forma de resistencia y lucha contra la ocupación europea se hizo a través de la territorialidad y hubo que improvisar una identidad nacional que fuese útil para enfrentarse a la ocupación. En este proceso de conformación nacional la figura de Sousa adquiere una gran relevancia A través de su poesía ejercerá una profunda influencia en los intelectuales africanos que harían importantes propuestas de actuación en Mozambique que van desde planes educativos hasta programas de salud pública. El Neo-realismo presente en su poesía está reescrito desde una mirada nueva atravesada por el movimiento de la Negritud. Denuncia de la falta de empatía por parte del “branco egoísmo” occidental, encontramos también el orgullo de quien conoce ambas culturas en profundidad. Se le llamó la “madre de los poetas mozambiqueños”. Aunque se la ha comparado con Aimé Cesaire, el poeta de la negritud, Noémia de Sousa es otra cosa. Su poesía no es estrictamente militante ni existencial; ella fue la voz de la conciencia nacional cuando Mozambique todavía no existía como país independiente ni como identidad unitaria. Noémia vivió dolorosamente en su tierra, en un pueblo que rodeaba a la actual capital y que estaba integrado por gente de varias etnias y lenguas, un lugar que para ella simbolizaba “el país que no existe”. Ella proclamaba el respeto del otro, el derecho a la dignidad de los negros, el acceso a la educación y la cultura. Noémia también simbolizó la ruptura con la literatura colonial.

Noémia de Sousa y Alda Graça

En la figura de Noémia de sousa se articulaban las grandes exclusiones que ha construido la cultura occidental: ser mujer, negra y mozambiqueña (por la exclusión colonial). Conoció a “medio mundo” en Africa, donde vivió algunos de los momentos más importantes de la historia del continente y se relacionó con muchos de los luchadores de la independencia que, más tarde, ocuparon lugares destacados en sus respectivos países, ya libres del yugo colonial..

POEMAS

CANCIÓN FRATERNA

Hermano negro de voz caliente
la mirada magoada,
dime:
¿Qué siglos de esclavitud
generaron tu voz doliente?
¿Quién puso el misterio y el dolor
en cada palabra tuya?
¿Y la humilde resignación
en tu triste canción?
¿Y el pozo de la melancolía
en el fondo de tu mirada?

¿Fue la vida?¿la desesperación? ¿el miedo?
Me dice aquí, en secreto,
hermano negro.

Porque tu canción es sufrimiento
y tu voz, sentimiento
y la magia,
hay en ella la nostalgia
de la libertad perdida,
la muerte de las emociones prohibidas,
y la nostalgia de todo lo que fue tuyo
y ya no lo es.

Me dice, hermano negro,
que la hizo así …
¿Fue la vida?¿la desesperación?¿el miedo?

Pero incluso encadenado, hermano,
¡qué extraño hechizo tuyo!
Tu voz doliente lloró
de dolor y de nostalgia,
gritó de esclavitud y vino a murmurar a mi alma en herida
que tu triste canción dolorida
no es sólo tuya, hermano de voz de terciopelo
y ojos de luna …
Vino, de manso murmurar
que tu canción es mía.

SÚPLICA

¡Quítennos todo,
pero déjennos la música!
¡Quítennos la tierra en que nacimos,
donde crecimos
y donde descubrimos por primera vez
que el mundo es así:
un tablero de ajedrez…
Quítennos la luz del sol que nos calienta,
su lírica de xingombela
en las noches mulatas
de la selva mozambicana
(esa luna que nos sembró en el corazón
la poesía que encontramos en la vida),
quítennos la choza — la humilde barraca
donde vivimos y amamos,
quítennos la machamba que nos da el pan,
quítennos el calor del fuego
(que nos es casi todo)
¡pero no nos quiten la música!
Pueden desterrarnos,
llevarnos a tierras lejanas,
Vendernos como mercancía, encadenarnos
a la tierra, de sol a luna y de luna a sol,
¡pero siempre seremos libres
si nos dejaran la música!
¡Allí donde estuviera nuestra canción
aun esclavos, señores seremos;
y aun muertos, viviremos,
y en nuestro lamento esclavo
estará la tierra donde nacimos,
la luz de nuestro sol,
la luna de los xingombelas,
el calor de fuego,
la choza que vivimos,
la machamba que nos da el pan!
Y todo de nuevo será nuestro,
aun con cadenas en los pies
y aun azotes en la espalda…
¡Y nuestra queja
será una liberación
derramada en nuestro canto!
—Por eso pedimos,
de rodillas pedimos:
¡Quítennos todo…
pero no nos quiten la vida,
no se lleven nuestra música!

LECCIÓN

Le enseñaron en la misión,
Cuando era pequeñito:
“Somos todos hijos de Dios; cada hombre
es hermano de otro hombre.

Le dijeron esto en la misión,
cuando era pequeñito.
naturalmente,
no se quedó siempre niño:
creció, aprendió a contar y a leer
y comenzó a conocer
mejor esta mujer vendida
̶ que es la vida
de todos los desgraciados.

Y entonces, una vez, inocentemente,
dijo a un hombre y le dijo: “Hermano …”
Pero el hombre pálido le fulminó duramente
con sus ojos llenos de odio
y le respondió: “Negro”.

POEMA PARA UN AMOR FUTURO

Un día, no sé cuándo ni dónde,
de las brumas grises del futuro,
aparecerá, envuelto en misterio y magia,
el hombre que amaré.
No será un héroe de libros de fantasía, un
príncipe ruso,
un actor de cine
o un millonario con saldo bancario.
No.
El hombre al que amaré
será como yo, en el fondo.
Tus manos, como las mías,
estarán callosas de día a día
y tus ojos tendrán reflejos de acero
como los míos.
Tu alma será mi hermana
con la misma angustia y el mismo amor,
con el mismo odio frío y la misma esperanza.
Y de su cuello se suspenderá, como el mío,
el marfil del mismo amuleto.
Ah, será humano, como yo,
y de la misma savia generosa.
Completamente humano y verdadero,
sólo entonces podré amarlo.
Y sólo será perfecto cuando nuestra condición lo permita,
para que en la vida seamos lo que ella nos pide:
compañeros,
juntos en la misma barricada,
luchando en un mismo ideal.
Ah, sí,
cuando la paz descienda sobre el campo de batalla,
finalmente podré
entregarme por completo.
Mi alma, finalmente,
podrá llenarse como una caracola, con la música de la luz de la luna
y el murmullo del mar.
Y mi cuerpo, lleno de ansias, se
abrirá al arado de tu deseo,
a la semilla de tu amor.
Entonces seré la hermana gemela de la Tierra,
llevando en mí el misterio de la vida,
campo abierto a la lluvia benéfica
y al sol fecundo de su amor.
Y cuando el milagro me sea hecho,
cuando mi grito de muerte
llegue a la máxima victoria de la vida,
entonces estaré completo.
Pero solo después de que la paz descendiera sobre mi campo de lucha,
antes de eso, no.
Más bien, seremos compañeros en el mismo trabajo,
trabajadores que construyen nuestro mundo.
Por eso, amor que no conozco, no
me pidas nada más hasta que el trabajo esté terminado.
Mientras dure,
no puedo ser tuyo por completo,
porque me entregué,
de una pieza, a este sueño que todo se desmorona.
Para ti, solo se irán los breves momentos de tregua,
el calor que sobró del fuego de todos.
Pero cuando
llegue la noche inhumana, la mañana que construimos, uno al lado del otro,
cuando nuestra Madre África nos extienda sus muñecas libres
cuando la calma descienda sobre la casa que construimos,
entonces seguiremos, a la clara luz de este maravilloso Sol,
nuestro destino natural del Hombre y Mujeres
y su llanto de muerte,
nuestros hijos podrán nacer entonces,
en un mundo de justicia.
……………………………… ..
Por mi amor futuro, que me completará,
por este amor lejano
escribí este poema.
¿Puedes leerlo algún día, amor que no sé?
cuando te apareces, envuelto en misterio,
y mi alma y mi cuerpo
palpitan con el reconocimiento, ¡eres tú!
Deja que el que amo me lea
y me lea, en este poema que te escribí.

JUSTIFICACIÓN

Si nuestro rincón negro es simultáneamente
aburrido y amenazador como el mar
en noches tranquilas;
si nuestra voz es ronca y áspera
solo abriéndose en gritos de rebelión;
si nuestra poesía es a la vez amarga y dulce
como jugo de nhantsumas silvestres;
si nuestra mirada es profunda y profunda
rompiendo impávido a la luz del día;
si están deformados y agrietados nuestros pies planos
andar por senderos ingratos;
si nuestra alma estuviera cerrada a la alegría
y solo los anfitriones odian y se rebelan

No nos culpes, hermano de las calles de la ciudad.
Que entre nosotros y el sol se han interpuesto
feos barrotes de la esclavitud,
barras negras y cerradas para evitar que tuestemos
de verdadera felicidad,
¡Pero ahí, hermano que viene de las calles de la ciudad!
Nuestro firme sentido de la justicia, nuestra indomable voluntad de nacer
nuestra común miseria vestida con bolsas rotas y sucias,
nuestra propia esclavitud
será el calor y la antorcha que se derretirá
para siempre las gruesas columnas que nos cebraban toda nuestra vida
y quitó todo el estilo de vida dulce e inexpresable.

¿POR QUÉ?

¿Por qué las acechan de repente?
¿florece flores de sangre?
¿Por qué las noches ya no son tranquilas y dulces,
por qué ahora se cargan de electricidad
y largas, largas?
Ah, por qué los negros ya no gimen,
por la noche,
¿Por qué los negros gritan,
gritan a la luz del día?

MAGAÍÇA

La mañana azul y oro de los folletos publicitarios
y que,
entontecido todo por la algazarra
incomprensible de los blancos de la estación
y por el resfriado trepidante de los trenes,
su corazón apretado en la angustia de lo desconocido
su muggle de harapos
cargando el ansia enorme, tejida
de los sueños insatisfechos del mamparra.

Y un día,
el tren volvió arfando, arfando …
¡oh Nhanisse, volvió!
Y con él, maga,
de sobre todo, bufanda y media listrada
es un ser desplazado,
envuelto en ridículo.

A la espalda – ah, donde te quedó el muggle de sueños, magaíca? –
traes las maletas llenas del falso brillo
de los restos de la falsa civilización del compuesto del Rand.
Y en la mano,
Magaira aturdida encendió el candelero,
a la cata de las ilusiones perdidas,
de la juventud y de la salud que quedaron sepultadas,
en las minas de Jone …
La juventud y la salud,
las ilusiones perdidas
que brillarán como astros en el escote de cualquier señora
en las noches deslumbrantes de cualquier ciudad.

SI QUIERES CONOCERME

Ah, ella es quien soy:
cuencas vacías de los ojos desesperadas por poseer vida.
Una boca cortada por heridas de angustia.
Levantada como para implorar y amenazar. 
Cuerpo tatuado con cicatrices visibles e invisibles.
Por los duros azotes de la esclavitud.
Torturado y magnífico,
orgulloso y místico.
África de pies a cabeza,
-ah, ella es quien soy!

Si quieres entenderme,
ven y inclínate sobre mi alma africana,
en los gemidos de los negros en los muelles,
en las frenéticas danzas de los chopes,
en la rebeldía de los shaganas,
en la extraña melancolía que se evapora de
una canción nativa, a la noche …

Y no me preguntes nada más,
si realmente deseas conocerme …
Porque no soy más que un caparazón de carne
en el que se congeló la revuelta de África.
Su grito se llenó de esperanza.

SANGRE NEGRA

¡Oh mi África misteriosa y natural,
mi virgen violada,
¡mi madre!

Como yo andaba hace tanto desterrada,
de ti alejada
distante y egocéntrica
por estas calles de la ciudad!
embarazadas de extranjeros

¡Mi Madre, perdona!

Como si yo pudiera vivir así,
de esta manera, eternamente,
ignorando la caricia fraterna
de mi luna de miel
(mi principio y mi fin) …
Como si no existiera más allá
de los cines y de los cafés, la ansiedad
de tus horizontes extraños, por desentrañar …
Como si tus macizos cacimbados
no cantaran en sordina su libertad,
las aves más bellas, cuyos nombres son misterios todavía cerrados!

Como si tus hijos -regias estatuas sin par -,
altivos, en bronce tallados,
endurecido en el fuego infernal
de tu sol causante, tropical,
como si tus hijos intemeratos, sobre todo luchando,
a la tierra atados,
como esclavos, trabajando,
que, amando, cantando
¡mis hermanos no fueran!

¡Oh mi Madre África, Ngoma pagana,
En la actualidad,
mística, sortílega – perdona!

A tu hija trasbordada,
te abre y perdona.

¡Que la fuerza de tu savia vence todo!
Y nada más fue necesario, que el hechizo impar
de tus tantán de guerra llamando,
dundundundundun – tãtã – dundundundun – tãtã
nada más que la locura elemental
de tus batuques bárbaros, terriblemente bellos …

para que vibre
para que yo grite,
para que yo sienta, funda, en la sangre, tu voz, Madre!

Y vencida, reconociera nuestros eslabones …
y regresar a mi origen milenario.
Madre, mi Madre África
de las canciones esclavas a la luz de la luna,
no puedo, no puedo repudiar
la sangre negra, la sangre bárbara que me has legado …
Porque en mí, en mi alma, en mis nervios,
es más fuerte que todo,
yo vivo, yo sufro, río a través de él, Madre!

MI DOLOR

La
misma angustia duele
en el alma de nuestros cuerpos de
cerca y de lejos.

Y el negro que gritó
es el dolor que no se vendió
ni siquiera cuando el sol se perdió
en los muros de la cárcel.

AFORISMO

Había una hormiga
compartiendo aislamiento conmigo
y comiendo juntos.

Éramos iguales
con dos diferencias:

no la interrogaban
y la podían pisar descuidadamente.

Pero ambos
pudieron ponernos en el camino intencionalmente
pero no pudieron
arrodillarnos.

GRANO DE ARENA

Un solo grano de arena
nunca imaginé que
pesara tanto …


Testifico
en el clásico ritual
de nuestra despedida
constreñidos terrones
a las mancheias.

EN LUGAR DE LÁGRIMAS

Solo un llanto seco lo
pone en la cúspide de mi dolor
el pico más intenso del duelo.

Lamentablemente NUNCA
En el miedo instintivo de las calles María vaciló en las aceras hasta que no sintió el presagio fugaz . El contorno de sombras en el borde de un más allá: el asfalto fatal de la calle desafortunadamente ya no la intimida. Una vez que se cumplió el triste anuncio, lamentablemente estaba cruzando una avenida sin riesgo intimida el espíritu de María.

Me encantaría ver a
María todavía asustada
y nunca me gusta después,
cuando ya nada la intimida.

SACRARIO

Ausencia del cuerpo.
Amor absoluto.

Anfitriones del Sol.
Lluvia.
De arena.
Y golondrinas
batiendo sus alas
sobre el hombro gris consternado
de una nube.

Y un tocado
tu tabernáculo
vigilando.

TE DEUM (A TI DIOS)

 opresivo
intranquilidad
en el carril de bronce.

Libreto
de mil cactus
en silencio abstenerse de los desiertos.

Doblar las
campanas
en un solemne Te Deum
de gracias por María.

TEJIDOS DE MEMORIA

En la aburrida melancolía del techo,
bobinas de telaraña bordean la soledad
mientras suaves susurros de sombra
en el mutismo brillante del espejo
recitan estrofas de polvo.

NUESTRA HERMANA LUNA

Una dulce hermanita que nos cubre
todos con calidez y ternura
de tu cariño …
que derrama toda su claridad
sobre nuestras tristes cabezas inclinadas
y, como un hechizo fuerte y misterioso,
ahuyenta las rabias profundas y dolorosas
de revueltas,
con tu cálida caricia de terciopelo …
tu enorme mano,
blanco brillante, nos da todo.
Y bajo tu poderoso hechizo, nos calmamos.
Y poco a poco, momento a momento,
Dejando ir …
Cerrando nuestros ojos pacientes para esperar
Ahora podemos ir al mar
Detenido de nuestros sueños cansados …
¡E incluso podemos cantar!
Incluso podemos cantar nuestro lamento …
Con ojos dentro, dentro de nosotros
Nos sentimos humanos de nuevo
Somos nosotros de nuevo
Y no animales salvajes y ciegos aguijoneados …
Sí. Cantamos con amor
La luna amiga que es nuestra hermana.

Aunque nos digan que no,
lo sentimos en lo profundo del corazón …
(que bien vemos
que en su ancha carita de leche hay suaves sonrisas de dulzura
para nosotros, tus hermanos …)
simplemente no entendemos
como es que siendo nuestra hermana tan blanca,
puede ser tan completamente cristiano,
si somos tan negros, tan negros,
como la noche oscura más solitaria y desoladora …

RUEGO

¿Quién estranguló la voz cansada
de mi hermana de la selva?

De pronto su llamado a la acción
se perdió en el fluir infinito de la noche y el día.
Ya no llega hasta mi cada mañana,
exhausta tras el largo viaje,
ahogada milla tras milla
en el eterno grito: ¡Macala!

No, ya no viene más, húmeda todavía de rocío,
maniatada con niños y con sumisión…
Un hijo a la espalda, otro en el vientre
¡siempre, siempre, siempre!
Y un rostro todo contenido en una mirada suave,
cada vez que recuerdo esa mirada
siento que mi carne y mi sangre se hinchan trémulas,
latiendo ante afinidades y revelaciones…
Pero ¿quién ha impedido que su inconmensurable mirada
nutriera mi hambre profunda de camaradería
que nunca podrá satisfacer mi pobre mesa?

“Io mame” ¿quién pudo silenciar de un tiro
la noble voz de mi hermana de la selva?
¿Qué mezquino y brutal látigo de rinoceronte
la azotó hasta matarla?

—En mi jardín florece la siringa.
Pero con un presagio maligno en su flor purpúrea,
en su intenso inhumano perfume;
y el verano aguarda que el hijo de mi hermana
descanse en él…
En vano, en vano,
Un chirico canta y canta posado entre los juncos,
por el niñito de mi hermana perdida,
víctima de los nebulosos amaneceres de la selva.
Ay, yo sé, yo sé: al final había un resplandor
de despedida en esos dulces ojos,
y su voz llegó como un murmullo ronco,
trágico y desesperado….

Oh África, patria mía, respóndeme:
¿Qué le hicieron a mi hermana de la selva,
que ya no viene más a la ciudad con sus eternos retoños
(uno a la espalda, otro en el vientre)
y su eterno pregón de carbonera?
¡Oh África, patria mía,
tú al menos no renegarás de mi heroica hermana,
ella vivirá en el altivo memorial de tus brazos!

A BILLIE HOLIDAY, CANTORA

 
Era de noche y en la habitación aprisionada por la oscuridad
solo había entrado la luna, taimadamente,
para derramarse en el piso.
Soledad. Soledad. Soledad.
 
Y entonces,
tu voz, hermana mía americana,
vino del aire, de la nada, nacida en la misma oscuridad…
Extraña, profunda, caliente,
traspasada por la soledad.
 
Y así empezaba la canción:
“Into each heart some rain must fall…”
Empezaba así
y solo había melancolía
de principio a fin,
como si tus días no tuvieran sol
y tu alma, ahí, sin alegría…
 
Tu voz hermana, en su trágico sentimentalismo,
bajando y subiendo,
llorando para luego, aún trémula, empezar a reír,
cantando con tu inglés negro arrastrado
los singulares “blues”, con un fatalismo
racial que duele,
tu voz, no sé por qué magia extraña,
arrastró a mi soledad por grandes distancias…
 
¡En la habitación oscura, ya no estaba sola!
Con tu voz, hermana americana, llegó
todo mi pueblo esclavizado sin piedad
por este largo mundo, viviendo con miedo, receloso
de todo y de todos…
Mi pueblo ayudando a erigir imperios
y siendo excluido de la victoria…
Viviendo segregado una vida ingloria,
de proscripto, de criminal…
 
Mi pueblo transportando a la música, la poesía,
sus complejos, su tristeza innata, su insatisfacción…
 
Billie Holiday, hermana mía americana,
siempre seguí cantando, con tu estilo amargo
los “blues” eternos de nuestro pueblo desgraciado…
Siempre seguí cantando, cantando, siempre cantando,
¡Hasta que la humanidad egoísta nos escuche en tu voz,
 
y gire los ojos hacia nosotros,
pero con fraternidad y comprensión!

DEJA QUE PASE MI PUEBLO

Noche tibia en Mozambique
Y sonidos remotos de marimbas llegan hasta aquí
– ciertos y constantes –
provenientes de no sé dónde.
En mi casa de madera y cinc
abro el radio y me dejo llevar…
pero las voces de América remueven mi alma y mis nervios.
Y Robenson y Marian me cantan
spirituals negros de Harlem.
“Let my people go!”
-¡oh, deja que pase mi pueblo,
deja que pase mi pueblo!-
dicen.
Y abro los ojos y ya no puedo dormir.
Adentro mío, suenan Anderson y Paul
y no son dulces voces de agitación.
“Let my people go”!

Nerviosamente,
me siento en la mesa y escribo…
Adentro mío,
deja que pase mi pueblo,
“oh, let my people go…”
Y ya no soy más que un instrumento
de mi sangre en un torbellino
con la ayuda de Marian
con su voz profunda: ¡mi hermana!

Escribo…
En mi mesa apoyan sus brazos bultos familiares.
Mi madre con sus manos curtidas y el rostro cansado
y revueltas, dolores, humillaciones,
tatúan de negro el papel blanco virgen.
Y Paulo, a quien no conozco,
pero es de la misma sangre y la misma savia amada de Mozambique,
de miserias, ventanas enrejadas, adioses de magaíças (*),
y algodón, mi inolvidable compañero blanco.
Y Zé -mi hermano- y Saúl,
y vos, Amigo de dulce mirada azul,
que agarrás mi mano y me obligás a escribir
con la hiel de la revuelta.
Todos se apoyan en mis hombros,
mientras escribo, a lo largo de la noche,
con Marian y Robeson vigilando a través del ojo iluminado del radio:
“Let my people go,
Oh, let my people go!”

Y mientras lleguen de Harlem
voces lamentando
y mis bultos familiares sigan visitándome
en las largas noches de insomnio,
no me dejaré llevar por la música fútil
de los valses de Strauss.
Escribiré, escribiré,
con Robeson y Marian gritando conmigo:
Let my people go,
¡OH, DEJA QUE PASE MI PUEBLO!

ÁBRANNOS LA PUERTA, COMPAÑEROS

Ay, ábrannos la puerta,
ábranla rápido, compañeros,
que afuera andan el miedo, el frío, el hambre,
y hay rocío, hay oscuridad y bruma…
¡Somos un ejército entero,
todo un ejército numeroso,
que les pide comprensión, compañeros!

Y la puerta sigue cerrada…

Nuestras recias manos negras
de talle grosero,
nuestras manos de dibujos rudos y ansiosos
ya se cansaron de tanto golpear en vano…

Ay, compañeros,
abandonen por un momento la mansedumbre
estancada del comodismo gregario,
¡Y vengan!
Si no es así,
los invitamos a tirar,
sin siquiera moverse,
la llave mágica que tanto codiciamos…
La aceptaremos igual
Si nos humillan entregándola con desdén.

Lo que importa
es que no nos dejen morir
miserables y congelados
afuera, en la noche fría poblada de xipócués…

“Lo que importa
Es que nos abran la puerta.”

PATRÓN

¡Patrón, patrón, oh, patrón mío!
¿Por qué me pegás, sin lástima,
con tus ojos duros y hostiles,
con tus palabras que hieren como flechas,
con todo tu aire rico en desprecio censurador
por mis actos forzosamente serviles,
e incluso con la bofetada humillante de tu mano?
¿Pero por qué, oh, patrón? Contame:
¿Qué te hice?
(¿Fue haber nacido así con este color?)

Patrón, no sé nada… Como ves
a mi nada me enseñaron,
solo a odiar y obedecer…
¡Solo obedecer y odiar, sí!
¡Pero cuando hablo, patrón, te reís!
Y también se ríe aquel señor
patrón Manuel Soares del Rádio Clube…
Yo no me explico tu portugués,
patrón, pero conozco mi landim,
que es una lengua tan bella
y tan digna como la tuya, patrón…
¡En mi corazón no hay otra mejor,
tan suave y tan delicada como ella!
¿Entonces por qué te reís de mi?

¡Ah, patrón, yo levanté
esta tierra mestiza de Mozambique
con la fuerza de mi amor,
con el sudor de mi sacrificio,
con los músculos de mi voluntad!
¡Yo la levanté, patrón,
Piedra por piedra, casa por casa,
árbol por árbol, ciudad por ciudad,
con alegría y con dolor!
¡Yo la levanté!

Y si tu cerebro no me cree,
preguntale a tu casa quién fabricó cada ladrillo,
quién se subió a los andamios,
quién ahora la limpia y tanto la embellece,
quién la trapea, la barre y la encera…
Además, preguntale a las acacias rojas y sensuales
quién las plantó y las regó,
y, más tarde, las podó…
Preguntale a todas las largas calles ciudadanas,
Simétricas y negras y resplandecientes
Quién les pasó el alquitrán,
indiferente a la malanga de sol infernal…
Y también preguntá quién las barrerá,
mañana temprano, con la cacimba que cubre todo…
Preguntá quién se muere en el muelle,
día a día, todos los días,
para resucitar en una canción…
Y quién es el esclavo en las plantaciones de sisal
y de algodón,
en este vasto Mozambique…
El sisal y el algodón que serán “pondos” para vos
y no para mi, patrón mío….
Y el sudor es mío,
el dolor es mío,
el sacrificio es mío,
la tierra es mía
¡Y mío también es el cielo!

¡Y me pegás, patrón!
Me pegás…
Y mi sangre se propaga, hasta ser un mar…
Patrón, cuidado,
que un mar de sangre es capaz de ahogar
todo… ¡también ahogarte a vos, patrón!
También a vos…

NUESTRA VOZ

Nuestra voz se irguió consciente y bárbara
sobre el blanco egoísmo de los hombres
sobre la indiferencia asesina de todos.
Nuestra voz mojada por la cacimba del sertón
nuestra voz ardiente como el sol de las malangas
nuestra voz atabaque llamando
nuestra voz lanza de Maguiguana
nuestra voz, hermano,
nuestra voz traspasó la atmósfera conformista de la ciudad
y la revolucionó
la arrastró como un ciclón de conocimiento.

Y despertó remordimientos de ojos amarillos de hiena
y con ella se escurrieron sudores fríos de condenados
y encendió luces de esperanza en almas sombrías de desesperados…

¡Nuestra voz, hermano!
Nuestra voz, atabaque llamando.

Nuestra voz luna llena en la noche oscura de la desesperanza
muestra voz faro en el mar tempestuoso
nuestra voz limando los barrotes, barrotes seculares
¡Nuestra voz, hermano! ¡Nuestra voz miles,
nuestra voz millones de voces llamando!

Nuestra voz gimiendo, sacudiendo bolsas inmundas,
nuestra voz gorda de miseria,
nuestra voz arrastrando grilletes,
nuestra voz nostálgica de ímpis,
nuestra voz África
nuestra voz cansada de la masturbación de los batuques de la guerra
¡Nuestra voz negra gritando, gritando, gritando!
Nuestra voz que descubrió lo profundo,
donde croan las ranas,
la amargura inmensa, inexplicable, enorme como el mundo,
de la simple palabra ESCLAVITUD:
Nuestra voz gritando sin cesar,
nuestra voz señalando caminos,
nuestra voz xipalapala
nuestra voz atabaque llamando,
¡Nuestra voz, hermano!
¡Nuestra voz millones de voces clamando, clamando, clamando!

NEGRA


Personas extrañas con los ojos llenos de otros mundos
querían cantarles tus encantos
solo desde profundos misterios,
delirios y brujería …
Tus profundos encantos de África.

Pero no pudieron.
En sus canciones formales y de encaje,
ausente de emoción y sinceridad,
cae lejos, inalcanzable,
virgen de contactos más profundos.
Y te enmascaraban como una esfinge de ébano, un amante sensual, un
jarrón etrusco, exotismo tropical,
demencia, atracción, crueldad,
animalidad, magia …
y no sabemos cuántas otras palabras llamativas y vacías.

En sus esquinas formales de encaje todo
era negro …
excepto tú.

Y afortunadamente.
Menos mal que nos dejaron
con la misma sangre, los mismos nervios, la misma carne, el alma, el
sufrimiento,
la gloria única y sentida de cantar
con emoción verdadera y radical,
la gloria conmovedora del canto, todo arrugado,
moldeado, fundido en esta sílaba. inmensa y luminosa: MADRE

VOCABULARIO

cubata: choza de africanos negros
machamba: tierra agrícola para producción familiar
magaça: antiguo nombre dado a los emigrantes mozambiqueños que iban a trabajar en las minas de Sudáfrica
mamparra: palabra despectiva para el emigrante mozambiqueño que iba a trabajar en las minas de Sudáfrica
xingombela: danza tradicional del sur de Mozambique.

Te recomendamos ver el programa de televisión.

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FUENTES

https://www.infopedia.pt/apoio/artigos/$noemia-de-sousa

https://www.revistatransas.com/2017/10/07/cinco-decadas-de-poesia-recuperada-en-sangue-negro-2001-de-noemia-de-sousa-espanol/

https://www.escritas.org/pt/noemia-de-sousa

http://www.ikuska.com/Africa/Historia/biografias/s/sousa_noemia.htm

https://poetassigloveintiuno.blogspot.com/2010/11/1785-noemia-de-sousa.html

https://www.facebook.com/kalungadoc/posts/1782725838448745/

Revista Alabe

http://revistaalabe.com/index/alabe/article/view/165/130

LA FOGATA

http://www.lafogata.org/libros/li_ultimo.htm

https://es.wikipedia.org/wiki/No%C3%A9mia_de_Sousa

https://www.biografia.co.mz/index.php/en/cultura/205-notas-sobre-noemia-de-sousa

124. Poesía más Poesía: Jaime Sabines

JAIME SABINES

BIOGRAFÍA

Jaime Sabines nació en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas (México), el 25 de marzo de 1926. Sus padres fueron Julio Sabines, de origen libanés, y Luz Gutiérrez, chiapaneca. Tuvo dos hermanos, Juan y Jorge, el primero de los cuales fue una especie de figura tutelar para él.


Doña Luz pertenecía a la aristocracia y era sobrina nieta de Joaquín Miguel Gutiérrez, de quien la ciudad de Tuxtla Gutiérrez tomó su apellido. El padre de Sabines, en cambio, salió de Líbano en 1902, rumbo a Cuba, a la edad de doce años, a donde llegó luego de una larga travesía. El mayor Sabines vivió en Cuba, desde donde viajó a México después de trabajar en Nueva Orleans y formar parte del equipo que construyó el Canal de Panamá.

Ya radicado en México ingresó como teniente en el ejército, en Mérida, Yucatán, justo en los albores de la Revolución mexicana. De Mérida pasó a Chiapas, en 1914, con la división 21, bajo el mando de Venustiano Carranza; ahí se convirtió en capitán primero de la División de Jesús Castro. En ese tiempo conoció a la que sería la madre del poeta; se casó con ella en 1915 y con esto abandonó su carrera militar, afincándose con su mujer en Tuxtla Gutiérrez.
Aunque el mayor Sabines no era un hombre de gran cultura, contaba con una filosofía importante de vida gracias a los avatares que había padecido a lo largo de su existencia, llegando a estar cerca de la muerte cuando quisieron fusilarlo. No era culto, pero le leyó a Sabines un libro que lo marcaría para siempre: Las mil y una noches. Se lo leía de noche y siempre procuraba dejar en suspenso la lectura, para entonces mantener viva la curiosidad para la siguiente velada.
Cuando el padre de Sabines compró un pequeño rancho a las afueras de Tuxtla Gutiérrez, la vida del futuro poeta se transformó radicalmente, pues ese cambio significó el encuentro de un elemento que perviviría en su poesía: la naturaleza. Sabines se bañó en el río Sabinal, ordeñó vacas, corrió libremente por el campo entre árboles y pájaros, respiró aire puro y fresco. Pero esta libertad terminó cuando el rancho fue vendido y la familia decidió trasladarse a la ciudad de México, donde Sabines inició sus cursos de secundaria. El contraste entre lo citadino y lo rural tendría una profunda marca en la obra poética de Jaime Sabines y esto se vería reflejado en obras como Diario semanario y poemas en prosa –un canto a la ciudad– o en Horal –un canto a la vida campestre y rural, a la naturaleza paradisiaca de su natal Chiapas.

Jaime Sabines: No es que muera de amor‏ | Las Tres y Un Cuarto


Jaime Sabines terminó el primer año de secundaria en  la ciudad de México y volvió, para fortuna suya, a Tuxtla Gutiérrez, donde continuó sus estudios, siempre demostrando una memoria prodigiosa, gracias a la cual había logrado memorizar la historia de México cuando cursó el cuarto año de primaria. Su gran hazaña fue aprenderse los nombres de los reyes chichimecas. Esta memoria fotográfica convirtió al pequeño Sabines en el declamador de la familia y de la escuela, donde siempre estuvo presto para recitar en festividades cívicas o patrióticas.
En 1935, Tuxtla Gutiérrez tenía unos 18 mil habitantes. Todo el pueblo era una sola familia, de ahí que su encuentro con la ciudad cambiara su forma de ver la realidad y, por supuesto, de escribir poesía. Fue durante su etapa de declamador que también ingresó en el ámbito de la escritura, especialmente de poemas. Sus primeros títulos fueron “Ruego inútil”, “A la bandera” y “Primaveral”, que publicó en periódicos estudiantiles, uno de los cuales (El estudiantil) había sido dirigido por él mismo. No tenía más fuentes que los libros, pues al pueblo no llegaban obras de teatro, óperas ni ningún otro tipo de expresión artística.

Visiones del amor: Jaime Sabines - Zenda


Sería ya en su viaje a la ciudad de México que el mundo literario se abriría de par en par para el joven Sabines. El ambiente que imperaba en la gran urbe en ese momento estaba marcado por ideas nacionalistas y cosmopolitas, además de la influencia que tenían en todo el orbe la Segunda Guerra Mundial y la división del mundo en las facciones capitalista y socialista. En el ambiente cultural de la capital del país predominaba todavía la influencia de algunos miembros del Ateneo de la Juventud, el magisterio del grupo Contemporáneos y, sin duda, la presencia cultural de Octavio Paz y su generación, que impulsaban, por un lado, ideas nacionalistas y revolucionarias –todavía venidas de la Revolución mexicana– y, por otro, también cosmopolitas –que habían llegado vía las vanguardias poéticas, principalmente de Francia, generadas alrededor del círculo de Jean Paul Sartre y Albert Camus, que tanta influencia tendrían en los escritores de la generación del Boom latinoamericano, por lo menos en tres de ellos: Mario Vargas Llosa, Gabriel García Márquez y Guillermo Cabrera Infante, quienes ya para entonces creaban una obra importante de rescate de la cultura e identidad latinoamericanas, como no se había visto antes a escala internacional. Un nuevo lenguaje, una nueva dicción que pretendía un mensaje claro y que tomaba en cuenta al lector empezó a gestarse en estas generaciones, de la que formó parte Jaime Sabines y en la que se inscribió su propia poesía: coloquial, sencilla, dialógica.
Jaime Sabines llegó a la ciudad de México con la firme intención de estudiar medicina. Ingresó a la facultad pero pronto se sintió defraudado al darse cuenta que los grandes descubrimientos no sucedían de la noche a la mañana sino que, para conseguirlos, debía sentarse detrás de un microscopio por décadas y esperar el milagro. Estudió durante tres años, viviendo en un pequeño apartamento de condiciones precarias ubicado en el número 43 de la calle Belisario Domínguez. Cuando ya no resistió, aprovechó uno de los viajes que hizo a Chiapas para hablar con su padre; lo hizo nervioso, pues pensó que su padre lo reprendería. Sin embargo, su sorpresa fue enorme cuando su papá le dijo que no debía preocuparse, que si no le gustaba medicina la dejara; igualmente, le dijo que lamentaba que hubiera tenido que aguantar tanto tiempo para decírselo.

Entonces, al volver a México en 1949, se mudó a la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, donde desde el primer momento se sintió en su hábitat natural. Ahí conoció a los que serían sus compañeros de generación literaria y a otros maestros que serían clave para su formación, como Eduardo Nicol y José Gaos, quien fuera alumno de José Ortega y Gasset y quien le enseñaría todo lo que tendría que ver con la filosofía existencialista, tan en boga en Europa en ese momento. La filosofía existencialista (especialmente la de línea sartreana y heideggeriana) sería de gran influencia para Sabines en su formación como poeta, siendo él mismo por naturaleza un poeta existencial, vital; de tal forma que todo lo que tuviera relación con las grandes pasiones, obsesiones y sufrimientos del hombre en relación con su entorno no le serían ajenos. Su entrañable amigo Toni Borges, por ejemplo, murió a causa de un accidente en avión y Sabines debió ir a reconocerlo, situación que le impactó tanto que inspiró su primer poema sobre la muerte (“Introducción a la muerte”), tema que, junto al amor y el tiempo, sería una constante de su obra poética.
Mientras conocía a sus compañeros de generación (como Rosario Castellanos, Eduardo Lizalde, Tomás Segovia, Rubén Bonifaz Nuño), también empezó a adentrarse en los poetas que lo marcarían para siempre: Pablo Neruda y César Vallejo. Mientras los románticos y modernistas mexicanos (Ramón López Velarde, Amado Nervo, Manuel Gutiérrez Nájera) le parecían muy lejanos a su propia sentimentalidad, Neruda y Vallejo –ambos impulsores de la corriente coloquialista en Latinoamérica– le eran cercanos y los sentía dentro de su mismo universo emocional, de forma que influyeron en él más de lo que incluso el propio Sabines reconoció. Época de soledad, descubrimiento, encuentro desenfrenado con la pasión por la poesía…

Por estos mismos días Sabines conoció a quien se convertirá en la mujer de su vida: Josefa Rodríguez Zebadúa, Chepita, quien también era chiapaneca y entonces estudiaba odontología. Desde ese día de 1946 que se encontraron por la calle jamás se separarían. La lectura fundamental de esta época fue, de entre todas, la Biblia, que Sabines leyó profusamente. No hizo de ella una interpretación puramente religiosa, sino más bien humana, en la versión de Casidoro de Reyna. La filosofía perenne, de Aldous Huxley, igualmente fue un libro fundamental.

WikiMexico - Jaime Sabines y el amor
Josefa Rodríguez Zebadúa y Jaime Sabines en 1953.Fotografía tomada de Jaime Sabines “Los amorosos: Cartas a Chepita”, México, Joaquín Mortiz, 2009.

Mientras estudiaba en la Facultad de Filosofía y Letras, vivió en la emblemática calle Cuba, que tendría muchas connotaciones para él. Era la calle de la perdición, pues abajo había dos bares y un teatro, a los que asistía luego de volver de la universidad.
Haber estado entre escritores y poetas de relevancia, incluso dramaturgos, le dio a Sabines una certeza: necesitaba rigor si quería ser un gran poeta, pues la complacencia que vivió mientras residió en Tuxlta, donde ya todos fácilmente le llamaban “vate” o “poeta”, no le serviría para nada. Fue entre estos escritores que se acercó a un radio más amplio de autores (Federico García Lorca, Rafael Alberti, León Felipe, Juan Ramón Jiménez) y de libros que fueron decisivos en su formación, como el propio Ulises, de James Joyce. Sabines cuenta que leyó el Ulises de una sola sentada, en tres días que permaneció encerrado en casa. Joyce, más que todo, le dio a Sabines –según cuenta– la libertad. Lo hizo sentirse dueño de sí mismo, capaz de expresar lo que quisiera y de la forma que quisiera, lo que le ayudó a encontrarse con su propia voz, que resultaría una voz muy personal y genuina, fácilmente reconocible y difícilmente imitable.

Su obra, aunque con resonancia continental, poco se conoce fuera de México, pero esto no niega que su poesía ocupe un lugar de privilegio en la tradición poética de lengua española. Estilísticamente, Sabines perteneció, dentro del imaginario puramente latinoamericano, a la vertiente poética denominada “coloquialista” o “conversaciones” –en la que también podrían clasificarse poetas como Juan Gelman (Argentina), Ernesto Cardenal (Nicaragua), Roque Dalton (El Salvador), Mario Benedetti (Uruguay), Pedro Mir (República Dominicana) y Roberto Fernández Retamar (Cuba)–; cuyo momento de mayor importancia se dio en la década de los cincuenta y sesenta del siglo xx, época histórica que coincidió no sólo con el triunfo de la Revolución cubana –primer proyecto comunista en Latinoamérica–, sino también con las dictaduras que retardaron la evolución democrática de los países latinoamericanos. La Revolución cubana dejó una impronta considerable en Sabines, sobre la cual escribiría un poema en el que graba las impresiones que le dejó su visita a la isla, a la que lo ligaban lazos sentimentales y filiales. Dentro de la tradición poética mexicana, Jaime Sabines se inscribe en una poesía de tono popular, contraria a la vertiente culta hegemónica del tiempo que le tocó escribir, misma que impulsaba Octavio Paz a través de su grupo Talle.

Para entender a Jaime Sabines hay que poner su obra y su vida en una misma dirección, pues están estrechamente relacionadas. Una crónica vital acompañada de un recorrido bibliográfico y una descripción de su contexto histórico (social, cultural y político) podrá dibujar el perfil de un poeta que, como pocos, supo conciliar su concepción ética con su propuesta estética, esto es, la congruencia entre su pragmática moral y el ejercicio de su vocación poética, que mantuvo a lo largo de su vida.
Jaime García Ascot resume así sus ideas sobre Sabines:
El joven Sabines formaba parte de un círculo literario que se reunía una vez por semana en casa de Efrén Hernández y que estaba integrado por otros escritores como Juan José Arreola, Juan Rulfo y Guadalupe Amor. Esto encuentros dotaron a Sabines de madurez creativa, disciplina y perseverancia, además del rigor lectivo que lo hizo adentrarse en el conocimiento de la tradición lírica nacional, desde los poetas coetáneos hasta los pertenecientes a épocas anteriores (los románticos decimonónicos, los miembros del Ateneo de laJuventud, los Contemporáneos, las propias vanguardias). Sabines leía y escribía profusamente hasta altas horas de la noche en su habitación de la calle Cuba.
En una de aquellas madrugadas surgió el libro que le daría a Sabines un lugar en el canon poético nacional: Horal. En esta colección de dieciocho poemas está concentrado todo el universo poético de Jaime Sabines; en ésta se aprecia los temas que el poeta desplegaría después en sus siguientes libros: el amor, la muerte, la soledad, el tiempo, Dios.
En este texto, además, se vislumbraba ya su propio estilo: coloquial, íntimo, como si se tratara de una confesión hecha en una cena entre amigos. Horal fue publicado en 1950 y de inmediato se convirtió en la bandera no sólo de una generación, sino también de todo un tipo de sentimentalidad mexicana: la poesía se convertía en una interlocutora real, salía a la calle y nos hablaba de la calle; su mensaje era claro y sencillo, y se dirigía al corazón. Horal empezaba con el siguiente breve poema que ahora forma parte del imaginario popular mexicano:

El mar se mide por olas, el cielo por alas,
nosotros por lágrimas.
El aire descansa en las hojas,
el agua en los ojos,
nosotros en nada.
Parece que sales y soles,
nosotros y nada…

LA CAMA (poem) - Jaime Sabines - Mexico - Poetry International

Jaime García Ascot resume así sus ideas sobre Sabines:
El genio poético de Sabines parece consistir en dejar ante nosotros, a cada instante, no la forma admirable con que nos revela el sentimiento, sino el sentimiento mismo, como si de siempre hubiera estado necesariamente ligado a esas palabras precisas, a ese extraordinario descubrimiento del vocablo natural que preside su obra.

“Los amorosos”. Este poema es su estética y su ética. Más que eso: es su filosofía de vida. En los versos últimos se nos da noticia de la percepción que Sabines tenía del sentido de la existencia humana. Cuando escribe que los amorosos “se van llorando, llorando la hermosa vida”, no hace sino afirmar que la vida, para él, es ese gozo doloroso o ese dolor gozoso que se tiene que padecer y disfrutar desde que se nace hasta que se muere. Que la vida no es pura felicidad ni puro dolor, que ni siquiera es dolor y felicidad alternativamente, sino que al mismo tiempo se sufre y se goza, y que en ello radica su esencia.


Un año después de haber publicado Horal (1950) y La señal (1951), Sabines regresó a Tuxtla Gutiérrez. En 1953 se casó con Chepita y, para sostenerse, se hizo cargo de una tienda de telas de su hermano Juan, llamada “El modelo”. El poeta que había ganado cierta fama en la capital del país y se había hecho de un círculo literario importante, ahora tenía que estar detrás de un mostrador midiendo y vendiendo telas.El matrimonio tuvo cuatro hijos: Julio, Jazmín, Julieta y Judiht.
En ese habitar hostil, no obstante, el poeta escribió uno de sus libros más celebrados y jubilosos: Tarumba (1956). En una entrevista que le concedió a Javier Molina, el propio Sabines rememoró el surgimiento de tal obra:
Era el joven poeta que regresaba a la provincia después de haber publicado ya dos libros, con cierto prestigio y obligado a trabajar en esos menesteres. Y entonces la provincia resultó para mí un medio hostil, pero con una hostilidad diferente a la que había experimentado en la ciudad de México, cuando llegué a estudiar ocho años antes.
…En provincia la hostilidad es diferente, la hostilidad de la rutina, del trabajo obligatorio, de la mediocridad del ambiente, de los elogios fáciles. Esa costumbre de llamar poeta, o vate, sin saber si has crecido. Ésa era la hostilidad en 1953 y años siguientes, que está muy clara en los mismos textos de Tarumba.
Entonces te sientes asfixiado, oprimido, limitado; Tarumba no es más que una protesta, casi fisiológica, contra el ambiente.
…Cuando yo lo escribí se lo mandé a dos o tres amigos míos aquí en México, en cuya capacidad crítica confiaba yo mucho. Y noté que lo recibían con displicencia y me mandaban opiniones como muy consideradas y muy paternales, que me demostraban a ciencia cierta que no les había gustado.
Y te digo, un acto de fe porque yo sí creía en Tarumba. Sabía que era tal vez mi primer poema integrado, completo, cuya novedad sacaba de quicio a uno de mis amigos más entusiastas. Un día llegó a Tuxtla don Pedro Garfias, le leí los originales. Solamente él me confirmó aquella confianza que yo tenía en Tarumba. Es el primer gran poema que escribe usted, me dijo. Fue Tarumba pues un acto de afirmación de uno mismo en el mundo, y creo que lo sigue siendo para todos los jóvenes: aquí estoy, estoy plantado en el mundo, a pesar de los vendavales y las tormentas.[5]
Con Tarumba Sabines reafirmó la convicción de que la poesía no sólo no te hacía diferente a los demás sino, por encima de todo, que tenía que acercarte a los demás, fundirse en los otros, porque su concepción del hombre consistía en que éste era una isla, todos los hombres islas o soledades que van al encuentro de otras islas, otros hombres, para acabar con su soledad.

Con esa filosofía de la vida y del arte, Sabines regresó a la ciudad de México en 1959. Era otro ya. Tenía en su haber una sólida obra, aunque escasa, y ahora la convicción de que debía trabajar como hombre para ganarse el sustento. En la ciudad de México se hizo cargo de un negocio familiar de venta de alimentos para animales, llamado “Sahnos” (Sabines Hermanos). De esta experiencia recorriendo 150 kilómetros diarios nació Diario semanario y poemas en prosa en 1961. Esta obra fue el primer gran canto a la ciudad de Sabines y un contrapunto para sus libros anteriores, llenos de la naturaleza chiapaneca.
Un libro que era a la vez el diario de un hombre común y corriente que dejaba en esas páginas su testimonio, el testimonio de un hombre que no sabía que era un gran poeta y de un poeta que parecía no saber tampoco que era un gran hombre, y no porque estuvieran alejado el uno (el hombre) del otro (el poeta), sino porque estaban tan fundidos que eran una y la misma cosa. Por eso, Sabines escribió:
Se dice, se rumora, afirman en los salones, en las fiestas, alguien o algunos enterados, que Jaime Sabines es un gran poeta. O cuando menos un buen poeta. O un poeta decente, valioso. O simplemente, pero realmente, un poeta.
Le llega la noticia a Jaime y éste se alegra: ¡qué maravilla! ¡Soy un poeta! ¡Soy un poeta importante! ¡Soy un gran poeta!
Convencido, sale a la calle, o llega a la casa, convencido. Pero en la calle nadie, y en la casa menos: nadie se da cuenta de que es un poeta. ¿Por qué los poetas no tienen una estrella en la frente, o un resplandor visible, o un rayo que les salga de las orejas?
¡Dios mío!, dice Jaime. Tengo que ser papá o marido, o trabajar en la fábrica como otro cualquiera, o andar, como cualquiera, de peatón.
¡Eso es!, dice Jaime. No soy un poeta: soy un peatón.
Y esta vez se queda echado en la cama con una alegría dulce y tranquila.[9]
Fue en 1961 cuando le avisaron a Sabines que su padre tenía cáncer; le detectaron un tumor en el pulmón del tamaño de una bola de billar. Lo operaron de urgencia un 15 de junio de ese mismo año; luego de la cirugía lo llevaron a Acapulco para su recuperación, pero recayó y su agonía duró tres largos meses. Durante este tiempo, Sabines escribió el poema más importante de toda su obra: Algo sobre la muerte del mayor Sabines, que no publicaría sino hasta 1973. Un largo poema desesperado, desgarrador y que pone al lector frente al delirio del acabamiento y la certeza de nuestra –un día– inevitable desaparición.
Sabines nos cuenta, a su vez, el proceso de su dolorosa escritura:
El poema fue escrito en el curso precisamente de la enfermedad de mi padre. Fue iniciado cuando los médicos nos dijeron que tenía cáncer. Entonces, bajo la presión tremenda de la imposibilidad de curarlo, fui testigo impotente y destruido de la muerte que se le aproximaba. El poema fue escrito durante esos días, y cuando digo “Ayer se murió mi padre”, fue que ayer lo enterramos. Casi todo el final de la primera parte, que está en Recuento de poemas, fue escrito diariamente: toda esa serie de sonetos. León Felipe me decía que a él le parecía estupendo el poema, pero que no se explicaba por qué había escrito esos sonetos. Yo le decía que los sonetos fueron escritos precisamente porque su forma era una forma establecida; y que yo recurrí a ella para concretar mi emoción. Esos ocho o diez sonetos fueron escritos día tras día, uno tras otro. La forma soneto era para mí un vaso para contener la emoción, porque si no, no hubiera escrito nada; sobre todo en aquellos primeros días en que yo sentía su muerte como mi muerte.


[…] Entre la primera parte que apareció publicada en Recuento de poemas, y la segunda que es de dos años y medio después de la muerte de mi padre, yo seguí insistiendo en el tema; o mejor dicho, el tema siguió insistiendo en mí. Después de que desalojé la emoción inmediata –digamos, el Viejo murió en octubre y yo escribí todo lo que consta en la primera parte de Recuento durante noviembre y diciembre–, al año siguiente yo seguí escribiendo periódicamente cada ocho, diez o quince días, pero ya con cierta vergüenza de mí mismo, de seguir escribiendo sobre aquello. Hasta que un día, casi dos años después, me dije: es necesario enfrentarme, seguir pero ya sin vergüenza y terminar el poema. Entonces destruí todos los poemas que había escrito durante ese lapso de indecisión y en ocho días escribí la segunda parte. Entonces sí ya me sentí colmado, liberado.

Sabines, el poeta que demostró que el amor eterno sí existe 4

Después de emerger de ese infierno y esa catarsis que significaron la escritura de Algo sobre la muerte del mayor Sabines, el poeta volvió a las aguas mansas de los versos con Yuria, que escribió luego de visitar Cuba en 1965, país que le traía un sinfín de connotaciones sentimentales en más de un sentido. No sólo representaba la Revolución cubana, el comunismo, la gran oleada izquierdista de Latinoamérica, sino también las remembranzas de su padre que había vivido ahí. Sabines no pudo librarse de incursionar en el poema social. Escribió un poema dedicado a Cuba y con éste, como pocos críticos lo han visto, se insertó en el gran río de la poesía social latinoamericana.

En 1966 murió su madre, Doña Luz, y entonces Sabines no tuvo más remedio que volver al tema de la muerte en un libro que apareció en 1972: Maltiempo. Esta vez, sin embargo, prefirió un tono menos oscuro; en cambio, más luminoso. No quería volver a la queja, al llanto, al grito de dolor. Malkah Rabell describe así la propuesta sabiniana:
Doña Luz, que forma parte del libro Maltiempo (1972), no deja de ser una reflexión filosófica ante la vida. Además, el libro habla de la cotidianidad, del cadáver de su gato, del viaje a la luna, del ’68. No se trata de poesía de intensidad sino de ideas, de trucos, de inteligencia y malicia poética, explica el autor. Dos años más tarde de esta publicación, en 1974, recibió el Premio Xavier Villaurrutia.
Maltiempo, el más bello canto a la madre, a su madre, y no a esa absurda imagen de la “madre universal” que trata de envolver “comercialmente” a todas las progenitoras del mundo, en el mismo halo. Aunque Freud, el máximo enemigo de la idealización materna, él, que arrojó su imagen del pedestal milenario –una destrucción quizá definitiva–, no dejó de insistir que no obstante todos sus rasgos negativos, la madre es el único ser que nos entrega su amor gratuito, sin pedir nada a cambio.[13]
Por eso los poemas a su madre son transparentes, frágiles, delgados y sencillos. Esta estética se ve reflejada cuando escribe: “Acabo de desenterrar a mi madre, muerta hace tiempo. Y lo que desenterré fue una caja de rosas: frescas, fragantes, como si hubieran estado en un invernadero”.

Sabines ya no escribiría después un poema de la altura de Horal, Tarumba o Algo sobre la muerte del mayor Sabines, que se constituirían como sus tres libros fundamentales. Luego de estas tres colecciones de poemas, la obra de Sabines fue encontrando lo que el poeta siempre anheló: “el pudor necesario del silencio”. Desde entonces escribió poco, hasta prácticamente dejar de escribir en los últimos años, que fueron ya de homenajes y elogios al poeta consolidado y popular. Sabines llegó a reunir a más de cinco mil personas en sus lecturas poéticas.


En 1976 y 1979 fue diputado federal por Chiapas y en 1988 fue elegido diputado por el Distrito Federal.

Imagen
El escritor Mario del Valle y la traductora Maricela Terán con el poeta Jaime Sabines en su casa de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, 1981. Foto Julio Sabines.

Su final se acercó cuando se fracturó el fémur izquierdo el 12 de noviembre de 1989. Luego de varias operaciones sin éxito este accidente lo dejó postrado en una silla de ruedas. Tenía que levantarse de la cama usando cadenas para impulsarse. Uno de sus últimos poemas que escribió fue “Me encanta Dios”, con el que prácticamente cerraba toda su obra, en una especie de unión con la divinidad, por la cual nunca se sintió subyugado. Sabines es hoy por hoy el poeta popular más importante del siglo xx mexicano. Como lo dijo José Emilio Pacheco: “Sabines se equivoca como todos, pero acierta como pocos”.
Uno de los mejores poetas contemporáneos de nuestra lengua. Muy pronto desde su primer libro, encontró su voz,. Una voz inconfundible”: Octavio Paz
Uno de los poetas fundamentales, no sólo de México sino de Hispanoamérica y la lengua castellana.” Mario Benedetti.
El gran inconforme, el dueño de una rebelión auténtica”. Carlos Monsiváis.

Fallece el 19 de marzo de 1999 en Ciudad de Méjico.
La dimensión real de la poesía de Jaime Sabines en el contexto de la lengua española todavía está por desvelarse.
Jaime Sabines tuvo el honor de recibir en vida estos premios y reconocimientos entre los que podemos nombrar:

  • Premio Chiapas en 1959.
  • Beca del Centro Mexicano de Escritores en 1964.
  • Recibió el Premio Xavier Villaurrutia por Maltiempo en 1973.
  • Premio Nacional de Ciencias y Artes en el área de Lingüística y Literatura en 1983.
  • Presea de la Ciudad de México en 1991.
  • Medalla Belisario Domínguez en 1994.
  • Premio de Mazatlán de Literatura con Pieces of Shadow.1996
  • Premio Juchimán de Plata en 1986.
  • Premio Elias Saurasky en 1982.
El Universal - Cultura - Recuerda Conaculta a Jaime Sabines a sus 86 años

BIBLIOGRAFÍA

Enciclopedia de la Literatura de México
RECUENTO DE POEMAS 1950-1993 . Edición de J.G.S Colección Visor de Poesía

POEMAS

LA CAÍDA

Estoy como vacío
Quisiera hablar, hablar, pero no puedo,
no puedo conmigo.
Una mujer que busco, que no existe,
que existe a todas horas; un antiguo
cansancio; un diario despertar
medio aburrido.
Quisiera hablar, decir: esto que es mío,
Que nunca tengo en mì, esto que asiste
a la noche en mis ojos, mi corazón dormido,
y la tristeza que no saber las cosas,
ser padre de algún hijo sin padre,
ser hijo de unos padres sin hijos.
Esto que vive en mí, esto que muere
duras muertes conmigo,
el manantial de gracia, el agua de pecado
que me deja tranquilo.
Fuego de la purísima concepción, poesía,
bochorno de mi amigo,
sálvame de mí mismo.
Yo soy la tierra ronca, el apretado
yunque en el que cae tu martillo,
me soporto, te espero, ayúdame
a hablar limpio.
Ayúdame a ser solo,
y a ser sólo moneda que en bolsillos
de pobres socorra el agua fresca.
el pan bendito.
Dueña de la esperanza,
paloma del principio,
recógeme los ojos,
levántame del grito.
Yo soy sólo la sombra
que madura en un vientre desconocido.

Y estoy aquí, sí estoy,
a pesar de mí mismo,
alucinado y torpe,
airado y sin memoria- y sin olvido-
igual que si colgara de mis manos
clavadas sobre un muro carcomido.

Mira el odiado llanto,
mira este mudo llanto embrutecido,
sacúdelo del árbol de mis ojos,
arráncalo del pecho sacudido,
no me dejes raíces de congoja
abriéndome el oído,
no quede en mí un amante,
ni un luchador, ni un místico.

Señora de la luz, te mando, te suplico,
óyeme hablar sin voz,
oye lo que no he dicho;
con este amor te amo,
con éste te maldigo,
tengo en la espalda rota
roto un cuchillo.

Yo soy, no soy, no he sido
más que un lugar vacío,
un lugar al que llegan de repente
mi cuerpo y tu delirio
y una apagada voz que nos aprende
como un castigo.

He aquí tu mar de ausencia,
he aquí tu mar de siglos,
mi sangre arrodillada
sobre un madero hundido,
y el brazo de mi angustia
saliendo al aire tibio.

A ESTAS HORAS, AQUÍ

Habría que bailar ese danzón que tocan en el cabaret de abajo,
dejar mi cuarto encerrado
y bajar a bailar entre borrachos.
Uno es un tonto en una cama acostado,
sin mujer, aburrido, pensando,
sólo pensando.
No tengo “hambre de amor”, pero no quiero
pasar todas las noches embrocado
mirándome los brazos,
o, apagada la luz, trazando líneas con la luz del cigarro.
Leer, o recordar,
o sentirme tufos de literato,
o esperar algo.
Habría que bajar a una calle desierta
y con las manos en la bolsas, despacio,
caminar con mis pies e irles diciendo:
uno, dos, tres, cuatro…
Este cielo de México es oscuro,
lleno de gatos,
con estrellas miedosas
y con el aire apretado.
(Anoche, sin embargo, había llovido
y era fresco, amoroso, delgado.)
Hoy habría que pasármela llorando
en una acera húmeda, al pie de un árbol,
o esperar un tranvía escandaloso
para gritar con fuerzas, bien alto.
Si yo tuviera un perro podría acariciarlo.
Si yo tuviera un hijo le enseñaría mi retrato
o le diría un cuento
que no dijera nada, pero que fuera largo.
Yo ya no quiero, no, yo ya no quiero
seguir todas las noches vigilando
cuándo voy a dormirme, cuándo.
Yo lo que quiero es que pase algo,
que me muera de veras
o que de veras esté fastidiado,
o cuando menos que se caiga el techo
de mi casa un rato.

La jaula que me cuente sus amores con el canario.
La pobre luna, a la que todavía le cantan los gitanos,
y la dulce luna de mi armario,
que me digan algo,
que me hablen en metáforas, como dicen que hablan,
este vino es amargo,
bajo la lengua tengo un escarabajo.

¡Qué bueno que se quedara mi cuarto
toda la noche solo,
hecho un tonto, mirando!

De El Mundo y Recuento de poemas

DICE EL RADIO QUE LOS ESTADOS UNIDOS le piden explicaciones a México por eso de su apoyo moral a Cuba

Hoy, 8 de Julio de 1960

¡Qué pequeño gran país estos Estados Unidos!
¡Cómo han crecido y crecido para hacerse pequeños! Acorralados por todas partes, no saben
qué hacer, y cuando hacen algo lo hacen con torpeza. Dan de manotazos tontamente, se ponen serios, amenazan; o sonríen, halagan, para atraerse simpatías.
A este rascacielos de los Estados Unidos le han puesto demasiados pisos para sus escasos cimientos.¡Quién sabe a cuántos va a aplastar en su caída! Pero esta hermosa Cuba de hoy,atacada de tan divina locura, enferma de su libertad, aguantará la historia. ¡Y qué bueno que si miró de México el plan y la cordura, le esté enseñando a México el arrojo y la insensatez!
Porque ante la política de la fuerza de los Estados Unidos, sólo la política del atrevimiento puede enfrentarse .¡De la antigüedad van a venir los dioses, y del porvenir los hombres, en ayuda de la osada Cuba!.

TE QUIERO A LAS DIEZ DE LA MAÑANA

Te quiero a las diez de la mañana, y a las once, y a las doce del día. Te quiero con toda mi alma y con todo mi cuerpo, a veces, en las tardes de lluvia. Pero a las dos de la tarde, o a las tres, cuando me pongo a pensar en nosotros dos, y tú piensas en la comida o en el trabajo diario, o en las diversiones que no tienes, me pongo a odiarte sordamente, con la mitad del odio que guardo para mí.

Luego vuelvo a quererte, cuando nos acostamos y siento que estás hecha para mí, que de algún modo me lo dicen tu rodilla y tu vientre, que mis manos me convencen de ello, y que no hay otro lugar en donde yo me venga, a donde yo vaya, mejor que tu cuerpo. Tú vienes toda entera a mi encuentro, y los dos desaparecemos un instante, nos metemos en la boca de Dios, hasta que yo te digo que tengo hambre o sueño.

Todos los días te quiero y te odio irremediablemente. Y hay días también, hay horas, en que no te conozco, en que me eres ajena como la mujer de otro. Me preocupan los hombres, me preocupo yo, me distraen mis penas. Es probable que no piense en ti durante mucho tiempo. Ya ves. ¿Quién podría quererte menos que yo, amor mío?

TENGO LAS AMIGDALAS MADURAS

TENGO LAS AMIGDALAS MADURAS, los bronquios repletos de esperma de gripe, el cuerpo sumergido en la fiebre, la sangre doliéndome por todos lados, y de oreja a oreja la cuchillada que no me deja hablar.
Por horas enteras no he pensado en nada. Me he puesto a dar vueltas, a estirarme, a quejarme, a echar afuera un poco de dolor. No he fumado, ni he leído, ni he deseado otra cosa que salir del potro.
Luego empiezan a brotar semillas en la enfermedad, como en un almácigo. Es una erupción del alma por todos los poros de la piel. Como brota la alegría de ciertas músicas, de ciertos contactos, de algunos atardeceres, del corazón silencioso de algunas palabras

¿Qué otra cosa sino el deseo es la vida?
Sólo la mano del deseo, solo su aire fresco y estremecido, recorriéndonos, levantándonos a vivir.
A la hora precisa con esa urgencia de la mañana con ese deleite prolongado de la visión exclusiva, sólo el deseo nos despierta a soñar.

¿EN QUÉ CALLEJÓN?

¿En qué callejón, a qué horas obscuras, está la casa del placer? Fantasmas deshechos salen en la madrugada a buscar un carro con los últimos centavos en la bolsa.

Las luces quebradas y el parpadeo de la sangre empiezan a localizar el sueño.

En ese instante llega al corazón la culpa.

Estírate o retuércete. Estás en el asador, sobre las brasas, para el hambre que tiene Dios este día.

Almas perdidas en los subterráneos terrestres, conjuradas por el agua vegetal, estranguladas por la asfixia de los rincones ciegos, sacan sus brazos al aire de la calle, a flor de asfalto, por entre las ruedas y las gentes.

Y empieza a caer una llovizna de pelos y ceniza sobre la ciudad, y un olor quemado se arrastra en las banquetas,trepa a las paredes igual que una sombra

NO ES QUE MUERA DE AMOR, muero de ti.

Muero de ti, amor, de amor de ti,
de urgencia mía de mi piel de ti,
de mi alma, de ti y de mi boca
y del insoportable que yo soy sin ti.
Muero de ti y de mi, muero de ambos,
de nosotros, de ese,
desgarrado, partido,
me muero, te muero, lo morimos.

Morimos en mi cuarto en que estoy solo,
en mi cama en que faltas,
en la calle donde mi brazo va vacío,
en el cine y los parques, los tranvías,
los lugares donde mi hombro
acostumbra tu cabeza
y mi mano tu mano
y todo yo te sé como yo mismo.

Morimos en el sitio que le he prestado al aire
para que estés fuera de mí,
y en el lugar en que el aire se acaba
cuando te echo mi piel encima
y nos conocemos en nosotros,
separados del mundo, dichosa, penetrada,
y cierto , interminable.

Morimos, lo sabemos, lo ignoran, nos morimos
entre los dos, ahora, separados,
del uno al otro, diariamente,
cayéndonos en múltiples estatuas,
en gestos que no vemos,
en nuestras manos que nos necesitan.

Nos morimos, amor, muero en tu vientre
que no muerdo ni beso,
en tus muslos dulcísimos y vivos,
en tu carne sin fin, muero de máscaras,
de triángulos oscuros e incesantes.
Muero de mi cuerpo y de tu cuerpo,
de nuestra muerte ,amor, muero, morimos.
En el pozo de amor a todas horas,
inconsolable, a gritos,
dentro de mi, quiero decir, te llamo,
te llaman los que nacen, los que vienen
de atrás, de ti, los que a ti llegan.
Nos morimos, amor, y nada hacemos
sino morirnos más, hora tras hora,
y escribirnos y hablarnos y morirnos.

CASIDA DE LA TENTADORA

Todos te desean pero ninguno te ama.
Nadie puede quererte, serpiente,
porque no tienes amor,
porque estás seca como la paja seca
y no das fruto.
Tienes el alma como la piel de los viejos.
Resígnate. No puedes hacer más
sino encender las manos de los hombres
y seducirlos con las promesas de tu cuerpo.
Alégrate. En esa profesión del deseo
nadie como tú para simular inocencia
y para hechizar con tus ojos inmensos.

PARÉNTESIS

2
Apenas mayordomo de mis penas,
capitán de fantasmas, me extravío,
me pido entre mis canas y mis venas,
y me ahogo de mí, a pesar mío.

En punto de la hora en que me suenas,
tiempo de estar, estoy y me confío,
y me llenas de arena y me rellenas
de amor y de odio el corazón baldío.

¿Qué hago yo con mis huesos a esta hora?
Desnudo de mi piel y de mi pelo
a media calle estoy llora que llora:

me mira el sol y me contempla el cielo,
me sacude la hormiga trepadora
y me sube hasta el alma el desconsuelo.

De TLATELOLCO 68

-I-

Nadie sabe el número exacto de los muertos,
ni siquiera los asesinos,
ni siquiera el criminal.
(Ciertamente, ya llegó a la historia
este hombre pequeño por todas partes,
incapaz de todo menos del rencor.)

Tlatelolco será mencionado en los años que vienen
como hoy hablamos de Río Blanco y Cananea,
pero esto fue peor,
aquí han eran mujeres y niños, estudiantes,
jovencitos de quince años,
una muchacha que iba al cine,
una criatura en el vientre de su madre,
todos barridos, certeramente acribillados
por la metralla del Orden y la Justicia Social.

A los tres días, el ejército era la víctima de los
desalmados,
y el pueblo se aprestaba jubiloso
a celebrar las Olimpiadas, que darían gloria a México.

-2-

El crimen está allí,
cubierto de hojas de periódicos,
con televisores, con radios, con banderas olímpicas.

El aire denso, inmóvil,
el terror, la ignominia.
Alrededor las voces, el tránsito, la vida.
Y el crimen está allí.

-3-

Habría que lavar no sólo el piso: la memoria.
Habría que quitarles los ojos a los que vimos,
asesinar también a los deudos,
que nadie llore, que no haya más testigos.
Pero la sangre echa raíces
y crece como un árbol en el tiempo.
la sangre en el cemento, en las paredes,
en una enredadera: nos salpica,
nos moja de vergüenza, de vergüenza, de vergüenza.

Las bocas de los muertos nos escupen
una perpetua sangre quieta.

-4-

Confiaremos en la mala memoria de la gente,
ordenaremos los restos,
perdonaremos a los sobrevivientes,
daremos libertad a los encarcelados,
seremos generosos, magnánimos y prudentes.

Nos han metido las ideas exóticas como una lavativa,
pero instauramos la paz,
consolidamos las instituciones;
los comerciantes están con nosotros,
los banqueros, los políticos auténticamente mexicanos,
los colegios particulares,
las personas respetables.
Hemos destruido la conjura,
aumentamos nuestro poder:
ya no nos caeremos de la cama
porque tendremos dulces sueños.

Tenemos secretarios de estado capaces
de transformar la mierda en esencias aromáticas,
diputados y senadores alquimistas,
líderes inefables, chulísimos,
un tropel de putos espirituales
enarbolando nuestra bandera gallardamente.

Aquí no ha pasado nada.
Comienza nuestro reino.

-5-

En las planchas de la Delegación están los cadáveres.
Semidesnudos, fríos, agujereados,
algunos con el rostro de un muerto.
Afuera, la gente se amontona, se impacienta,
espera no encontrar el suyo:
“Vaya usted a buscar a otra parte.”

-6-

La juventud es el tema
dentro de la Revolución.
El Gobierno apadrina a los héroes.
El peso mexicano está firme
y el desarrollo del país es ascendente.
Siguen las tiras cómicas y los bandidos en la televisión.
Hemos demostrado al mundo que somos capaces,
respetuosos, hospitalarios, sensibles
(¡Qué Olimpiada maravillosa!),
y ahora vamos a seguir con el “Metro”
porque el progreso no puede detenerse.

Las mujeres, de rosa,
los hombres, de azul cielo,
desfilan los mexicanos en la unidad gloriosa
que construye la patria de nuestros sueños.

LA SENSATEZ Y LA CORDURA

La sensatez y la cordura, hijas del temor y la costumbre,
no han convencido a mi corazón con sus dulces palabras.
La prudencia es una puta vieja y flaca que baila, tentadora, delante de los ciegos.
Cautiva a los ancianos, comodida, seduce a los cansados y a los enfermos.
Mi corazón sólo ama el riesgo.

Del libro Horal

LOS AMOROSOS

Los amorosos callan.
El amor es el silencio más fino,
el más tembloroso, el más insoportable.
Los amorosos buscan,
los amorosos son los que abandonan,
son los que cambian, los que olvidan.
Su corazón les dice que nunca han de encontrar,
no encuentran, buscan.

Los amorosos andan como locos
porque están solos, solos, solos,
entregándose, dándose a cada rato,
llorando porque no salvan al amor.
Les preocupa el amor. Los amorosos
viven al día, no pueden hacer más, no saben.
Siempre se están yendo,
siempre, hacia alguna parte.
Esperan,
no esperan nada, pero esperan.
Saben que nunca han de encontrar.
El amor es la prórroga perpetua,
siempre el paso siguiente, el otro, el otro.
Los amorosos son los insaciables,
los que siempre -¡que bueno!- han de estar solos.

Los amorosos son la hidra del cuento.
Tienen serpientes en lugar de brazos.
Las venas del cuello se les hinchan
también como serpientes para asfixiarlos.
Los amorosos no pueden dormir
porque si se duermen se los comen los gusanos.

En la oscuridad abren los ojos
y les cae en ellos el espanto.

Encuentran alacranes bajo la sábana
y su cama flota como sobre un lago.

Los amorosos son locos, sólo locos,
sin Dios y sin diablo.
Los amorosos salen de sus cuevas
temblorosos, hambrientos,
a cazar fantasmas.
Se ríen de las gentes que lo saben todo,
de las que aman a perpetuidad, verídicamente,
de las que creen en el amor
como una lámpara de inagotable aceite.
Los amorosos juegan a coger el agua,
a tatuar el humo, a no irse.
Juegan el largo, el triste juego del amor.
Nadie ha de resignarse.
Dicen que nadie ha de resignarse.
Los amorosos se avergüenzan de toda conformación.
Vacíos, pero vacíos de una a otra costilla,
la muerte les fermenta detrás de los ojos,
y ellos caminan, lloran hasta la madrugada
en que trenes y gallos se despiden dolorosamente.
Les llega a veces un olor a tierra recién nacida,
a mujeres que duermen con la mano en el sexo,
complacidas,
a arroyos de agua tierna y a cocinas.
Los amorosos se ponen a cantar entre labios
una canción no aprendida,
y se van llorando, llorando,
la hermosa vida

MISS X

Miss X, sí, la menuda Miss Equis,
llegó, por fin, a mi esperanza:
alrededor de sus ojos,
breve, infinita, sin saber nada.
Es ágil y limpia como el viento
tierno de la madrugada,
alegre y suave y honda
como la yerba bajo el agua.
Se pone triste a veces
con esa tristeza mural que en su cara
hace ídolos rápidos
y dibuja preocupados fantasmas.
Yo creo que es como una niña
preguntándole cosas a una anciana,
como un burrito atolondrado
entrando a una ciudad, lleno de paja.
Tiene también una mujer madura
que le asusta de pronto la mirada
y se le mueve dentro y le deshace
a mordidas de llanto las entrañas.
Miss X, sí, la que me ríe
y no quiere decir cómo se llama,
me ha dicho ahora, de pie sobre su sombra,
que me ama pero que no me ama.
Yo la dejo que mueva la cabeza
diciendo no y no, que así me cansa,
y mi beso en su mano le germina
bajo la piel en paz semilla de alas.

Ayer la luz estuvo
todo el día mojada,
y Miss X salió con una capa
sobre sus hombros, leve, enamorada.
Nunca ha sido tan niña, nunca
amante en el tiempo tan amada.
El pelo le cayó sobre la frente,
sobre sus ojos, mi alma.
La tomé de la mano, y anduvimos
toda la tarde de agua.

¡Ah, Miss X, Miss X, escondida
flor del alba!

Usted no la amará, señor, no sabe.
Yo la veré mañana.

DEL LIBRO La señal de 1951 y Recuento de Poemas 1959-1993

EL DIABLO Y YO NOS ENTENDEMOS

como dos viejos amigos.
A veces se hace mi sombra,
va a todas partes conmigo.
Se me trepa a la nariz
y me la muerde
y la quiebra con sus dientes finos.
Cuando estoy en la ventana
me dice ¡brinca!
detrás del oído.
Aquí en la cama se acuesta
a mis pies como un niño
y me ilumina el insomnio
con luces de artificio.
Nunca se está quieto.
Anda como un maldito,
como un loco, adivinando
cosas que no me digo.
Quien sabe qué gotas pone
en mis ojos, que me miro
a veces cara de diablo
cuando estoy distraído.
De vez en cuando me toma
los dedos mientras escribo.
Es raro y simple. Parece
a veces arrepentido.
El pobre no sabe nada
de sí mismo.
Cuando soy santo me pongo
a murmurarle al oído
y lo mareo y me desquito.
Pero después de todo
somos amigos
y tiene una ternura como un membrillo
y se siente solo el pobrecito.

De TARUMBA

A la casa del día

A la casa del día entran gentes y cosas,
yerbas de mal olor, caballos desvelados,
aires con música, maniquíes iguales a muchachas;
entramos tú, Tarumba, y yo,
Entra la danza. Entra el sol. Un agente de seguros de vida
y un Poeta.
Un policía.
Todos vamos a vendernos, Tarumba.

En este pueblo

En este pueblo, Tarumba,
miro a todas las gentes todos los días.
Somos una familia de grillos.
Me canso.
Todo lo sé, lo adivino, lo siento.
Conozco los matrimonios, los adulterios,
las muertes.
Sé cuándo el poeta grillo quiere cantar,
cuándo bajan los zopilotes al mercado,
cuándo me voy a morir yo.
Sé quiénes, a qué horas, cómo lo hacen,
curarse en las cantinas,
besarse en los cines,
menstruar,
llorar, dormir, lavarse las manos.
Lo único que no sé es cuándo nos iremos,
Tarumba, por un subterráneo,
al mar.

¿QUÉ PUTAS PUEDO?

¿Qué putas puedo hacer con mi rodilla,
con mi pierna tan larga y tan flaca,
con mis brazos, con mi lengua,
con mis flacos ojos?
¿Qué puedo hacer en este remolino
de imbéciles de buena voluntad?
¿Qué puedo con inteligentes podridos
y con dulces niñas que no quieren hombre sino poesía?
¿Qué puedo entre los poetas uniformados
por la academia o por el comunismo?
¿Qué, entre vendedores o políticos
o pastores de almas?
¿Qué putas puedo hacer, Tarumba,
si no soy santo, ni héroe, ni bandido,
ni adorador del arte,
ni boticario,
ni rebelde?
¿Qué puedo hacer si puedo hacerlo todo
y no tengo ganas sino de mirar y mirar.

ALGO SOBRE LA MUERTE DEL MAYOR SABINES 1973

III

Siete caídas sufrió el elote de mi mano
antes de que mi hambre lo encontrara,
siete veces mil veces he muerto
y estoy risueño como en el primer día.
Nadie dirá: no supo de la vida
más que los bueyes, ni menos que las golondrinas.
Yo siempre he sido el hombre, amigo fiel del perro,
hijo de Dios desmemoriado,
hermano del viento.
¡A la chingada las lágrimas!,dije,
y me puse a llorar
como se ponen a parir.
Estoy descalzo, me gusta pisar el agua y las piedras,
las mujeres, el tiempo,
me gusta pisar la yerba que crecerá sobre mi tumba
(si es que tengo una tumba algún día).
Me gusta mi rosal de cera
en el jardín que la noche visita.
Me gustan mis abuelos de Totomoste
y me gustan mis zapatos vacíos
esperándome como el día de mañana.
¡A la chingada la muerte!, dije,
sombra de mi sueño,
perversión de los ángeles,
y me entregué a morir
como una piedra al río,
como un disparo al vuelo de los pájaros.

           V

De las nueve de la noche en adelante,
viendo televisión y conversando
estoy esperando la muerte de mi padre.
Desde hace tres meses, esperando.
En el trabajo y en la borrachera,
en la cama sin nadie y en el cuarto de niños,
en su dolor tan lleno y derramado,
su no dormir, su queja y su protesta,
en el tanque de oxígeno y las muelas
del día que amanece, buscando la esperanza.

Mirando su cadáver en los huesos
que es ahora mi padre,
e introduciendo agujas en las escasas venas,
tratando de meterle la vida, de soplarle
en la boca el aire…

(Me avergüenzo de mí hasta los pelos
por tratar de escribir estas cosas.
¡Maldito el que crea que esto es un poema!)

Quiero decir que no soy enfermero,
padrote de la muerte,
orador de panteones, alcahuete,
pinche de Dios, sacerdote de penas.
Quiero decir que a mí me sobre el aire…

            XII

Morir es retirarse, hacerse a un lado,
ocultarse un momento, estarse quieto,
pasar el aire de una orilla a nado
y estar en todas partes en secreto.

Morir es olvidar, ser olvidado,
refugiarse desnudo en el discreto
calor de Dios, y en su cerrado
puño, crecer igual que un feto.

Morir es encenderse bocabajo
hacia el humo y el hueso y la caliza
y hacerse tierra y tierra con trabajo.

Apagarse es morir, lento y aprisa
tomar la eternidad como a destajo
y repartir el alma en la ceniza.

SEGUNDA PARTE

            III

Sigue el mundo su paso, rueda el tiempo
y van y vienen máscaras.
Amanece el dolor un día tras otro,
nos rodeamos de amigos y fantasmas,
parece a veces que un alambre estira
la sangre, que una flor estalla,
que el corazón da frutas, y el cansancio
canta.

Embrocados, bebiendo en la mujer y el trago,
apostando a crecer como las plantas,
fijos, inmóviles, girando
en la invisible llama.
Y mientras tú, el fuerte, el generoso,
el limpio de mentiras y de infamias,
guerrero de la paz, juez de victorias
-cedro del Líbano, robledal de Chiapas-
te ocultas en la tierra, te remontas
a tu raíz obscura y desolada

            -IV   
 Un año o dos o tres,

te da lo mismo.
¿Cuál reloj en la muerte?, ¿qué campana
incesante, silenciosa, llama y llama?
¿qué subterránea voz no pronunciada?
¿qué grito hundido, hundiéndose, infinito
de los dientes atrás, en la garganta
aérea, flotante, pare escamas?

¿Para esto vivir? ¿para sentir prestados
los brazos y las piernas y la cara,
arrendados al hoyo, entretenidos
los jugos en la cáscara?
¿para exprimir los ojos noche
a noche en el temblor obscuro de la cama,
remolino de quietas transparencias,
descendimiento de la náusea?

¿Para esto morir?
¿para inventar el alma,
el vestido de Dios, la eternidad, el agua
del aguacero de la muerte, la esperanza?
¿morir para pescar?
¿para atrapar con su red a la araña?

Estás sobre la playa de algodones
y tu marca de sombras sube y baja.

De YURíA (1967)

CUBA 65

              -2-

«Hambre y sed de justicia»
¿es más que sólo el hambre y la sed?

¿De dónde un pueblo entero se aprieta la barriga
por que sí?
¿de qué raíz de rencor,
de cuánta injuria,
de cuánta revancha detenida,
de cuántos sueños postergados
surge la fuerza de hoy?

Porque es necesario decir esto:
para acabar con la Cuba socialista
hay que acabar con seis millones de cubanos,
hay que arrasar a Cuba con una guataca inmensa
o echarle encima todas las bombas atómicas y los diablos.

(Señor Presidente Johnson:
hundamos a Cuba
porque la isla de Cuba navega peligrosamente
alrededor de América.)

          -3-

¿Quién es Fidel?, me dicen,
y yo no lo conozco.

Una noche en el malecón una muchacha que estaba conmigo
dio de gritos palmoteando: «ahí va Fidel,
ahí va Fidel», y yo vi pasar tres carros.

Otra vez, en un partido de pelota,
la gente le gritaba:
«no seas maleta, Fidel»
como quien le habla a un hermano.
«Vino Fidel y dijo…», dice el guajiro.
El obrero dice: Vino Fidel.

Yo he sacado en conclusión de todo esto
que Fidel es un duende cubano.
Tiene el don de la ubicuidad,
está en la escuela y en el campo,
en la junta de ministros y en el bohío serrano
entre las cañas y los plátanos.
En realidad, Fidel es el nombre
del viento que levanta a cada cubano.

                 -4-

Estoy harto de la palabra revolución
pero algo pasa en Cuba.
No es parto sin dolor, es parto entero,
convulso, alucinante.
Se han quebrado familias, se separan
los que no quieren ver ni ser testigos,
los lastimados y los impotentes.
¿Por qué mi tío Ramón, con sus ochenta,
quiere morir en Cuba
con hijos en Miami y otros hijos
de Colón a La Habana?
¿por qué cantan los niños
cuando van al trabajo, entre clases y clases?
(Un domingo, en Cienfuegos,
en un camión, temprano,
los vi salir al campo,
y era como si Cuba amaneciera
en sus risas y cantos.)
¿Por qué estudian América y Celeste
y otras recamareras, en el hotel, a diario?
¿por qué el libro se ha vuelto de pronto
bueno como el boniato?
Es verdad que han partido,
arando el mar, gusanos,
y hombres y mujeres han partido
y, ciertos o engañados,
violentos o perdidos o espantados,
han partido, se han ido -oscurecido-
a un porvenir que espera mutilado.
Cuba de pie, de frente,
de corazón, entera,
Cuba de pie ha quedado.

Cuba rodeada de enemigos,
Cuba sola en el mar,
Cuba ha quedado.

-20-

DE MALTIEMPO (1972)

DOÑA LUZ

XVII

Lloverás en el tiempo de lluvia,
harás calor en el verano,
harás frío en el atardecer.
Volverás a morir otras mil veces.

Florecerás cuando todo florezca.
No eres nada, nadie, madre.

De nosotros quedará la misma huella,
la semilla del viento en el agua,
el esqueleto de las hojas en la tierra.
Sobre las rocas, el tatuaje de las sombras,
en el corazón de los árboles la palabra amor.

No somos nada, nadie, madre.
Es inútil vivir
pero es más inútil morir.

De AUTONECROLOGÍA

CANTEMOS AL DINERO

Cantemos al dinero
con el espíritu de la navidad cristiana.
No hay nada más limpio que el dinero,
ni más generoso, ni más fuerte.
El dinero abre todas las puertas;
es la llave de la vida jocunda,
la vara del milagro,
el instrumento de la resurrección.
Te da lo necesario y lo innecesario
el pan y la alegría.
Si tu mujer está enferma puedes curarla,
si es una bestia puedes pagar para que la maten.
El dinero te lava las manos
de la injusticia y el crimen,
te aparta del trabajo,
te absuelve de vivir.
Puedes ser como eres con el dinero en la bolsa,
el dinero es la libertad.
Si quieres una mujer y otra y otra, cómpralas,
si quieres una isla, cómprala,
si quieres una multitud, cómprala.
(Es el verbo más limpio de la lengua: comprar.)
Yo tengo dinero quiere decir me tengo.
Soy mío y soy tuyo
en este maravilloso mundo sin resistencias.
Dar dinero es dar amor.

¡Aleluya, creyentes,
uníos en la adoración del calumniado becerro de oro
y que las hermosas ubres de su madre nos amamanten!

Te recomendamos ver el programa de televisión.

PRÓXIMO PROGRAMA

123. Poesía más Poesía: Baldomero Fernández Moreno

BALDOMERO FERNÁNDEZ MORENO

BIOGRAFÍA

Baldomero Eugenio Otto Fernández Moreno nació el 15 de noviembre de 1886 en el barrio de Montserrat, ubicado en la ciudad de Buenos Aires. Fue el primogénito del comerciante español Baldomero Fernández, oriundo de Bárcena de Cicero, Cantabria y de Amelia Moreno, ciudadana española, nacida en Bocígano, Guadalajara.
A los 6 años, partió con su familia a Bárcena de Cícero. Teniendo 11 años, su padre regresó a Buenos Aires y entre 1898 y 1899 vivió en Madrid en la casa de unos tíos.
Posteriormente, se trasladó de Barcelona rumbo a Buenos Aires en el Cataluña, reuniéndose en Montevideo con su padre y su tío, el médico cirujano Avelino Gutiérrez, Profesor Titular de Anatomía de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires y Director del Hospital Español de Buenos Aires.
Tras cursar los primeros dos años de estudios secundarios en el Liceo Ibérico Platense, en 1902 pasó al Colegio Nacional de Buenos Aires (momentáneamente llamado Colegio Nacional Central), donde se graduaría, y al que le dedicaría años más tarde la Elegía al Colegio Nacional Central.
En esos años escribió sus primeros poemas. Influenciado por Avelino Gutiérrez y el médico español José María Carrera, en 1904, con 17 años, ingresó a la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires.
Dos años después, en 1906, efectuó prácticas en la Asistencia Pública en la ciudad de La Plata y entre 1910 y 1914, a los 24 y 28 años, en el Hospital Español. Por aquellos años publicó algunos versos en El Diario Español.


En 1912 se doctoró con su tesis Tratamiento de las Fístulas y Artritis Tuberculosas por la Pasta de Sub-Nitrato de Bismuto, apadrinada por el doctor Ángel Gutiérrez, Jefe del Servicio de Ginecología y Cirugía General de Mujeres del Hospital Español y dedicada a su familia, al Director del Hospital Español José Badía y a Avelino Gutiérrez.
Ese mismo año, se estableció en la ciudad de Chascomús, donde ejerció la medicina. En octubre visitó la ciudad el poeta Belisario Roldán, quien lo recomendó al médico Fernando Álvarez, hermano de José Sixto Álvarez (alias Fray Mocho), el director de la revista Caras y Caretas, pero las poesías que envió no fueron publicadas. Dos años después se mudó a Catriló, provincia de La Pampa.
Luego de unos meses regresó a Buenos Aires. Allí siguió escribiendo y realizando su labor como médico en el barrio de Floresta.

En 1915, con la ayuda de su amigo Nicanor Newton, editó su primer libro, Las iniciales del misal, dedicado a Rubén Darío. Un año después, publicó Intermedio provinciano y Ciudad. En 1917 tuvo una breve estadía en Huanguelén, provincia de Buenos Aires.
En enero de 1919 se casó con Dalmira del Carmen López de Osornio, Negrita, oriunda de Chascomús y el 26 de noviembre nació su primer hijo, César, que inspiraría su libro El hijo.
En 1920 regresó a Buenos Aires y trabajó en el Servicio de Dermatología del Hospital Español, dirigido por el doctor Pedro Baliña, pero en 1924, a los 38 años y tras 20 años en la profesión, abandonó la práctica de la medicina para dedicarse a la poesía. En 1926 nació su hija Dalmira, que moriría al año.
En noviembre de 1928, teniendo 42 años, integró la primera Comisión Directiva de la Sociedad Argentina de Escritores. Continuó escribiendo y trabajando como profesor de literatura en el Colegio Nacional Mariano Moreno y de historia en la Escuela Nacional de Comercio Nº4.
En 1936, (50 años) publicó su libro Romance a mis chapas de médico.
Su tercer hijo, Ariel, falleció a los 10 años por difteria en 1937. Este trágico hecho lo sume en un cuadro de depresión que se refleja en su libro Penumbra, publicado ese mismo año.
En 1938 (52 años), obtuvo el Premio Nacional de Poesía por Dos poemas, Romances y Seguidillas.
Tuvo dos hijos más, Manrique y Clara, y el 30 de mayo de 1945 nació su primera nieta, Marcela, primogénita de su hijo César, que inspiraría el Libro de Marcela (1946).

De todas maneras, la depresión no lo había abandonado: entre 1942 y 1946 había concurrido a una clínica psiquiátrica de Floresta, permaneciendo internado algún tiempo, pero su situación empeoró.
En 1949 tuvo un primer accidente cerebrovascular. Finalmente, el 7 de junio de 1950, (a los 64 años) sufrió un segundo ACV que le ocasionó la muerte, en su casa ubicada en la calle Francisco Bilbao 2384, en el barrio de Flores de la ciudad de Buenos Aires. Fue sepultado en el cementerio de la ciudad de Chascomús.

Fernández Moreno siempre tiene presente el recuerdo de España y de Cantabria, la tierra de sus padres. Uno de sus libros más significativos, es Aldea española (1925), donde canta al pueblo donde pasó varios años de su vida. También expresa sus vivencias infantiles en La patria desconocida (1943). Orgulloso de ser argentino y español, solía decir que era: “Indiano en Trasmiera, comarca de Cantabria, y gallego en la Pampa”.

En su honor, fueron nombradas una calle de Buenos Aires (a pocas cuadras de su residencia definitiva), una de las estaciones del ferrocarril Urquiza, la Escuela de Comercio N° 4 (donde fue profesor de literatura), la escuela primaria N° 39 de la localidad bonaerense de Moreno y la escuela primaria N° 32 de la ciudad de Chivilcoy, provincia de Buenos Aires.
Tiene dedicado en Santander un busto ubicado en uno de los bancos de la avenida de Reina Victoria que fue descubierto por el embajador de Argentina, José Campano, con la siguiente dedicatoria: «Poeta argentino, cantor de la Montaña. Ofrenda del Centro Montañés de Buenos Aires al Instituto Cultura Hispánica de Santander». A lo largo del respaldo del banco está grabado el siguiente fragmento poético:
«… un parlar montañés de viejecita bruja
que narra una conseja mientras mueve la aguja
el mismo que ennoblece, hermano, mi cantar».
Fernández Moreno 1915

····· EL ECO DE CANTABRIA ····· : 2019


En 1986 el Ayuntamiento cántabro de Bárcena de Cicero descubrió un busto de madera de ébano de Baldomero Fernández, obra de Samuel Ontarria, en reconocimiento por la labor difusora que en Argentina realizó de este municipio, poniendo su nombre al Centro de Salud de la localidad.
Fernández Moreno dio su propia versión de una poesía ciudadana y porteña; con su primer libro, Las iniciales del misal (1915), obra ya madura, señaló un alejamiento de las características más ostentosas del modernismo hispanoamericano y argentino (Rubén Darío, Leopoldo Lugones) a favor de una lírica llana, realista, sin patetismo ni delectación metafórica, lo que se denominó sencillismo. Éste, logrado por la disciplina que se impuso, le dio un curioso aire clásico en la forma y de modernidad en la inquietud espiritual que transmitía su contenido.


El sencillismo no puede ser entendido como un movimiento literario en el sentido tradicional del término, aun cuando otros escritores, como Alfredo Bufano, Pedro Herreros y Miguel Camino, hayan seguido y profundizado esta tendencia poética.
En líneas generales, el sencillismo es una forma de observar y apreciar la realidad en las cosas cotidianas y sencillas, sustrayéndolas al intento de profundizar en aspectos abstractos y utilizando un lenguaje sin florilegios eruditos.
La crítica literaria ha destacado el hallazgo por parte de Fernández Moreno de un camino auténtico y propio dentro de la poesía argentina, con una inflexión singular y espontánea.
La naturalidad, que es una de las notas más características de sus poemas, se percibe en la falta de esfuerzo con que parecen haber sido escritos sus versos, a la manera de transcripciones del habla cotidiana. Sus versos son cuidados y sencillos. Tenía un especial cuidado de la palabra, una lírica permanentemente emotiva.
No hacía distinción entre una realidad poética y otra que no lo fuera. Siempre consideró que si el hombre se permite ser poeta, todo lo que mira puede transmutarlo en poesía. Consideraba que podía ser poesía tanto una mata de hierba como una vereda en la ciudad o en el campo, un molino, o las vísceras del cuerpo humano.

A pesar de ello, la obra de Fernández Moreno posee una fuerte influencia tanto del realismo como del impresionismo y el expresionismo. Se ha destacado en su estilo la singular alternancia entre las visiones subjetivas y las descripciones objetivas del mundo externo.
Fernández Moreno puede ser visto en este sentido como el poeta que preludia el cambio de dirección que impondrán las vanguardias en la escena rioplatense.
Entre sus obras figuran Intermedio provinciano (1916), Ciudad (1917), Por el amor y por ella (1918), Campo argentino (1919), Versos de Negrita (1920), Nuevos poemas (1921), Canto de amor, de luz y de agua (1922), Mil novecientos veintidós (1922), El hogar en el campo (1923), Aldea española (1925), El hijo (1926), Décimas (1928), Último cofre de Negrita (1929), Sonetos (1929), Cuadernillos de verano (1931), Dos poemas (1935), Seguidillas (1936), Romances (1936), Continuación (1938), Yo médico, yo catedrático (1941), Buenos Aires (1941), San José de Flores (1943) y La mariposa y la viga (1947).
En 1941 preparó una Antología de sus versos que sería ampliada en sucesivas ediciones. Póstumamente apareció la sexta edición, organizada por sus hijos, que incluía composiciones de Penumbra (1951), junto con otras adiciones y retoques en el plan primitivo.
Baldomero Fernández Moreno fue además un excelente prosista, según lo que de él conocemos: La patria desconocida (1943) y La mariposa y la viga (1947), pues no toda su producción está recogida aún; el culto del aforismo caracteriza sus páginas, de un castellano elaborado con pretensiones extralocales concienzudamente maduradas. En 1952, Arturo Berenguer pronunció una conferencia en Madrid con el tema Fernández Moreno, poeta español y argentino.
Su hijo César Fernández Moreno fue también un destacado poeta y ensayista.
Autores seguidores de su obra
Tanto Jorge Luis Borges como Ezequiel Martínez Estrada han examinado la mirada poética de Baldomero para captar la realidad urbana o rural.
Según Borges, Buenos Aires fue «vista para siempre» en algunos de sus versos. Examinó al autor citando este breve poema, que por su paradigmática y mágica sencillez, nos descubre la provincia y la pampa en breves trazos:

Ocre y abierto en huellas, el camino
separa opacamente los sembrados.
Lejos, la margarita de un molino.

Ezequiel Martínez Estrada, autor de Radiografía de la pampa, dedicó páginas al poeta, en las cuales lo señala como «el primer autor que en nuestro medio focaliza en el centro de su obra, sin preocuparse del mundo literario que lo circunda». Fernández Moreno —expresa— es al mismo tiempo el poeta de Buenos Aires y el de nuestros campos y pueblos.
Otro de los que se sintieron inspirados por su obra fue Mario Benedetti, que sin rubor declaró que fue como su maestro, aún sin conocerlo, pero su obra se le presentó reveladora para la poesía que él buscaba.
Leopoldo Lugones también fue admirador de su obra, por los temas que abarcó.


Premios y distinciones:

  • Premio Nacional de Poesía (1938)
  • Gran Premio de Honor de la SADE (1949)
  • Fue académico de número de la Academia Argentina de Letras, donde ocupó el sillón n.º 12: «Ricardo Gutiérrez».

POEMAS

Al caminar parece que crujieran

Al caminar parece que crujieran
las hojas de la noche y sus cristales.
Es tu hombro, tu pecho, tus rodillas
deshaciendo, esponjando, tu impermeable.
Tu impermeable te ciñe totalmente,
si llevas algo más nadie lo sabe…
Es un cilicio hecho de pliegues duros
sobre la rosa de tu cuerpo suave.

Dulce amor de pasillos, dulce amor de rincones
Dulce amor de pasillos, dulce amor de rincones,
cuando ya es una bruma el aliento deshecho.
Sentir sobre mi pecho la amplitud de tu pecho
y como dos deditos pequeños tus pezones.
Y bajar la escalera trémulo de deseo
aprovechando el último peldaño para verte.
Hasta que el frío dé cuenta de mi deseo.
(El frío no podrá y no sé si la muerte…)

Donde tenía la ciudad guardada

“¿Donde tenía la ciudad guardada
esta espada de plata refulgente
desenvainada repentinamente
y a los cielos azules asestada?

Ahora puede lanzarse la mirada
harta de andar rastrera y penitente
piedra arriba hacia el Sol omnipotente
y descender espiritualizada.

Rayo de luna o desgarrón de viento
en símbolo cuajado y monumento
índice, surtidor, llama, palmera.

La estrella arriba y la centella abajo,
que la idea, el ensueño y el trabajo
giren a tus pies, devanadera”

Amantes

Ved en sombras el cuarto, y en el lecho
desnudos, sonrosados, rozagantes,
el nudo vivo de los dos amantes
boca con boca y pecho contra pecho.

Se hace más apretado el nudo estrecho,
bailotean los dedos delirantes,
suspéndese el aliento unos instantes…
y he aquí el nudo sexual deshecho.

Un desorden de sábanas y almohadas,
dos pálidas cabezas despeinadas,
una suelta palabra indiferente,

un poco de hambre, un poco de tristeza,
un infantil deseo de pureza
y un vago olor cualquiera en el ambiente.

Mudable como el tiempo es tu mejilla

Mudable como el tiempo es tu mejilla,
o arde como una tarde del estío
o hiela, o poco menos, si hace frío;
pero ardiente o helada es maravilla.
Deja que acerque mi cansada arcilla
al pétalo de amor que llamo mío,
mientras corre mi brazo como un río
por tu cuello, delgada torrecilla.
Calor o frío, llamarada o nieve,
no me importa un instante su mudanza,
que a ocultos nervios nada más se debe.
Tu corazón es nido de templanza
y grave su latido al par que leve.
Y si no, que lo diga mi esperanza.

Una estrella

Fue preciso que el sol se ocultara sangriento,
que se fueran las nubes, que se calmara el viento.
que se pusiese el cielo tranquilo como un raso
para que aquella gota de luz se abriese paso.
Era apenas un punto en el cielo amatista,
casi menos que un punto, creación de vista.
Tuvo aún que esperar apretada en capullo
a que se hiciese toda la sombra en torno suyo.
Entonces se agrandó, se abrió como una flor,
una férvida plata cuajóse en su interior
y embriagada de luz empezó a parpadear…
No tenía otra cosa que hacer más que brillar.

Anoche había barras de luz en tu persiana

Anoche había barras de luz en tu persiana
y alcé hacia ti los ojos en actitud de ruego,
como diciendo: Abre, señora castellana…
Y me perdí en la calle, triste y oblicuo, luego.
En esa luz naufragan tus ojos lentamente,
verdes como la flor más allá de la mar:
tus manos, dedo a dedo, sueño a sueño tu frente.
Ya es una misma cosa el rezar y el soñar.

Penumbra

Nunca podrás ver nada claramente:
todo es zarzal, espinas y maraña.
En vano gastarás toda tu maña
contra el dorado pájaro latente.

Errado el tiro, vuelves bruscamente
el arma hacia otro lado, mas te engaña
la jugada de sol que el árbol baña.
Te vuelves loco y lloras tristemente.

Todo del tonel sale de la vida
tosco, deforme y dando tropezones.
Dejas pasar los años y su herida,

y cuando quieras darte explicaciones
ni te sirvió la espuela ni la brida:
un pétalo fue más que tus razones.
Versos a un montón de basuras

Canto a este montoncito de basuras
junto a esta vieja tapia de ladrillos,
avergonzado y triste, en la tiña tundente
que ralea la hierba del terreno baldío.
Es un breve montón…
No puede ser muy grande con tan pobres vecinos.
Un trozo de puntilla, unas pajas de escoba,
un bote se sardinas, un mendrugo roído
y una peladura larga de naranja
que se desenrolla como un áureo rizo…
Es un breve montón…
No puede ser muy grande con tan pobres vecinos.
Una lata de restos de una cena opulenta
es más que un mes aquí de desperdicios…
Para tener de todo, hasta tienen miseria,
en mayor cantidad que los pobres, los ricos.

Aromas

Cuando regreso a casa no me lavo las manos
si es que he estado contigo un instante no más,
el aroma retengo que tú dejas en ellas
como una joya vaga o una flor ideal.
Por aquí huelo a rosas y por allá a jazmines,
alientos de tus ropas, auras de tu beldad,
aproximo una silla y me siento a la mesa
y sabe a ti y a trigo el bocado de pan.
Y todo el mundo ignora por qué huelo mis manos
o las miro a menudo con tanta suavidad,
o las alzo a la luna bajo las arboledas
como si fueran dignas de hundirse en tu cristal.
Y así hasta media noche cuando vuelvo rendido
pegado a las fachadas y me voy a acostar,
entonces tengo envidia del agua que las lava
y que, con tu perfume, da un suspiro y se va.

Poco a poco se hace la luz en tu vestido

V
Poco a poco se hace la luz en tu vestido,
la noche de tu traje se disuelve en la aurora.
La primavera próxima te regala su flora,
su ligereza el aire y el agua su latido.
LXX
Profunda, ardiente, plástica, flexible,
casi palpable como miel sonora,
más que sobre tus ojos o tus labios,
sobre tu voz, te reconstruyo toda…
VI
La ciudad, que ya empieza, alondra blanca, a amarte
te dibuja la cara, y más te la ilumina,
con pinceles mimosos, con delicado arte
como nunca lo haría la acuarela más fina.
Y te pinta de azul y de verde y de rosa
según sea el aviso que surge a nuestro paso.
Te desmaterializa, te torna mariposa,
como ninguna aurora, como ningún ocaso.
XII
Sólo con apoyar el codo en una mesa,
acordarme de ti y mirar al vacío
y ver brillar en él tu cabellera espesa
que a veces es un lago y a veces es un río,
me lleno de palabras, me lleno de ternura,
primaveral manzano en mitad del invierno.
Pero hay que soñar poco y escribir con mesura
que se trata de ti, es decir de lo eterno.
LV
Adoro tu manera menudita y brumosa,
hecha de pizcas grises y dorados reflejos,
de oscurecer el sol y de velar la rosa,
de mirar a los pies, y mirar a lo lejos.
Me gusta verte quieta, fundida en el paisaje,
maraña de ladrillo, de sauces y de río,
inmóvil en la hoja lóbrega de tu traje….
fundida en el paisaje pero al costado mío.
LXXXII
El cuello se te llena, amor, de corazones
si rozo tus mejillas. Como un agua palpita.
Traduce dulcemente todas tus sensaciones
con una precisión admirable, infinita.
Detrás está la noche y los ramos copiosos
y mi brazo, y en él, tu cabeza perdida.
Los ojos apacibles se tornan dolorosos
y no sé si te vas o vuelves a la vida.

Soneto de tus vísceras

Harto ya de alabar tu piel dorada,
tus externas y muchas perfecciones,
canto al jardín azul de tus pulmones
y a tu tráquea elegante y anillada.
Canto a tu masa intestinal rosada,
al bazo, al páncreas, a los epiplones,
al doble filtro gris de tus riñones
y a tu matriz profunda y renovada.
Canto al tuétano dulce de tus huesos,
a la linfa que embebe tus tejidos,
al acre olor orgánico que exhalas.
Quiero gastar tus vísceras a besos,
vivir dentro de ti con mis sentidos…
Yo soy un sapo negro con dos alas.

Ausencia

Es menester que vengas,
mi vida, con tu ausencia, se ha deshecho,
y torno a ser el hombre abandonado
que antaño fui, mujer, y tengo miedo.

¡Qué sabia dirección la de tus manos!
¡Qué alta luz la de tus ojos negros!
Trabajar a tu lado, ¡qué alegría!;
descansar a tu lado, ¡qué sosiego!

Desde que tú no estás no sé cómo andan
las horas de comer y las del sueño,
siempre de mal humor y fatigado,
ni abro los libros ya, ni escribo versos.

Algunas estrofillas se me ocurren
e indiferente, al aire las entrego.
Nadie cambia mi pluma si está vieja
ni pone tinta fresca en el tintero,
un polvillo sutil cubre los muebles
y el agua se ha podrido en los floreros.

No tienen para mí ningún encanto
a no ser los marchitos del recuerdo,
los amables rincones de la casa,
y ni salgo al jardín, ni voy al huerto.
Y eso que una violenta Primavera
ha encendido las rosas en los cercos
y ha puesto tantas hojas en los árboles
que encontrarías el jardín pequeño.

Hay lilas de suavísimos matices
y pensamientos de hondo terciopelo,
pero yo paso al lado de las flores
caída la cabeza sobre el pecho,
que hasta las flores me parecen ásperas
acostumbrado a acariciar tu cuerpo.

Me consumo de amor inútilmente
en el antiguo, torneado lecho,
en vano estiro mis delgados brazos,
tan sólo estrujo sombras en mis dedos…

Es menester que vengas;
mi vida, con tu ausencia, se ha deshecho.
Ya sabes que sin ti no valgo nada,
que soy como una viña por el suelo,
¡álzame dulcemente con tus manos
y brillarán al sol racimos nuevos.

Presentación

Esta que viene aquí toda vestida
de un traje blanco y un negro sombrero
tiene la obligación de mi sendero
y las rosas y espinas de mi vida.

Porque una noche el ánima afligida,
mustia de soledad, dijo: Te quiero.
Hace ya mucho tiempo que te espero
con una mano lánguida extendida.

Era una rara orquesta de violines,
era un pasar de extraños bailarines,
era un degüello de camelias rosas

bajo tus finas manos temblorosas.
¡Era que el corazón se me moría
de tanto, amada, como te quería!

El poeta y la calle

Madre, no me digas:
—Hijo, quédate…,
cena con nosotros
y duerme después…
Cuando eras pequeño
daba gusto ver
tu cara redonda,
tu rosada tez…
Yo a Dios le rogaba
una y otra vez:
que nunca se enferme
que viva años cien;
robusto, rosado,
gallardo doncel
le vean mis ojos
allá en la vejez.
Que no tenga ese aire
de los hombres que
se pasan la noche
de café en café…
Dios me ha castigado.
¡Él sabrá por qué!—
Madre, no me digas:
—Hijo, quédate…—
La calle me llama
y a la calle iré…
Yo tengo una pena
de tan mal jaez
que ni tu ni nadie
puede comprender,
y en medio de la calle
¡me siento tan bien!
¿Qué cuál es mi pena?
¡Ni yo sé cuál es!
Pero ella me obliga
a irme, a correr,
hasta de cansancio
rendido caer…
La calle me llama
y obedeceré…
Cuando pongo en ella
los ligeros pies,
me lleno de rimas
sin saber por qué…
La calle, la calle,
¡loco cascabel!
La noche, la noche,
¡qué dulce embriaguez!
El poeta, la calle y la noche,
se quieren los tres…
La calle me llama,
la noche también…
Hasta luego, madre,
¡voy a florecer!

Contemplación del beso

Debe el beso venir desde la hondura
de una cabeza baja y atraída
en la penumbra gris desvanecida
mientras un viento vuele de frescura.
Boca entreabierta, elástica, madura,
que en el atardecer se haga una herida.
Toda ella roja de profunda vida
con un signo mortal: la dentadura.
Verlo avanzar después muy lentamente
como un ascua encendida o roja estrella
y detenerlo, ay, súbitamente.
Contemplarlo en deliquio y miel de abella,
huir la boca por rozar la frente
y a ella volver para morir en ella.
 
Setenta balcones y ninguna flor
Setenta balcones hay en esta casa,
setenta balcones y ninguna flor.
¿A sus habitantes, Señor, qué les pasa?
¿Odian el perfume, odian el color?

La piedra desnuda de tristeza agobia,
¡Dan una tristeza los negros balcones!
¿No hay en esta casa una niña novia?
¿No hay algún poeta bobo de ilusiones?
¿Ninguno desea ver tras los cristales
una diminuta copia de jardín?
¿En la piedra blanca trepar los rosales,
en los hierros negros abrirse un jazmín?

Si no aman las plantas no amarán el ave,
no sabrán de música, de rimas, de amor.
Nunca se oirá un beso, jamás se oirá un clave…
¡Setenta balcones y ninguna flor!

Tráfago

Me he detenido enfrente del Congreso,
y en medio del urbano torbellino,
he soñado en un rústico camino
y me he sentido el corazón opreso.

Una tranquera floja, un monte espeso,
el girar perezoso de un molino,
la charla familiar de algún vecino,
¿no valen algo más que todo eso?

Se ahogaban en la esquina algunas flores;
a formidables tajos de colores,
abríase el asfalto humedecido
como esbozando trágica sonrisa.

¡Quién va a fijarse en mí, si hay tanta prisa!
¡Quién va a escuchar mi voz, si hay tanto ruido!

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