108. Poesía más Poesía: Luis de Góngora

LUIS DE GÓNGORA

Biografía

Luis de Góngora y Argote nació en Córdoba el 11 de Julio de 1561 y murió el 23 de mayo de 1627 a los sesensa y seis años. Considerado como el poeta más influyente del Siglo de Oro español, sigue marcando rumbos en la poesía contemporánea. Es el máximo exponente de la corriente literaria conocida como culteranismo o gongorismo. Su obra ha sido imitada en Europa y América a lo largo de los siglos. Es el primógenito de Don Francisco y Argote y doña Leonos de Góngora que tuvieron otros tres hijos más: Francisca, María y Juan. Nació en casa de su tío el racionero don Francisco de Góngora(el racionero es el encargado, el que dispone de parte de las rentas de la catedral). Su padre fue relegado en la herencia de un rico mayorazgo porque era hijo de un segundo matrimonio de padre. Se vio envuelto en un pleito cuando era niño contra su hermanastro por cuestiones de la herencia, pero lo perdió. Sólo consiguió una modesta concesión de alimentos. Licenciado en Salamanca, era un gran erudito y poseedor de una importante biblioteca. Gozaba de los favores del secretario de Carlos V, don Francisco de Eraso, que  lo distinguió con algunos nombramientos temporales como juez de residencia (con atribuciones de corregidor) en Madrid, Jaén y Andújar. Más tarde, este humilde jurisconsulto desempeñó para la Inquisición, en la ciudad de Córdoba, el cargo de juez de bienes confiscados, en parte porque se avivó el rumor de que la abuela de Góngora, doña Ana, era hija de un racionero de la catedral de Córdoba, fruto de encuentros extramatrimoniales, que a su vez era pariente de don Francisco de Eraso. La infancia de Luis de Góngora se fue desarrollando entre juegos, como los niños de su edad. Pero su talento hizo que, a la edad temprana de catorce años su tío Francisco de Góngora lo convirtiera en clérigo, sin tener en cuenta su vocación. A instancias de su tío fue enviado a estudiar a Salamanca. Se matriculó en la Facultad de Cánones en 1976 y continúa hasta 1579-1580 entre estudiantes de hijos de familias nobles y pudientes. En Salamanca fue donde Góngora fue desarrollando su vocación literaria. Conocía el latín y leía el italiano y el portugués e incluso llegó a escribir algún soneto en estas lenguas. La primera obra impresa de Góngora aparece en 1580 y es una canción.

Escribía ya en esta epóca composiciones, letrillas y romances llenos de humor e ingenio y músicos como Diego Gómez, Gabriel Díaz o Claudio de la Sablonara se interesaron en musicalizar estos poemas. Era ya un poeta muy culto, que incluso autores como Juan Rufo ,Cervantes Sor Juana Ines de la Cruz le admiraban. Juan Rufo en 1584 publicó frente a su poema la Austriada un soneto de Góngora.

En el Canto a Caliope en 1585 en La Galatea, Cervantes, elogia a Góngora: En don Luis de Góngora os ofrezco un vivo raro ingenio sin segundo; con sus obras me alegro y me enriquezco no sólo yo, mas todo el ancho mundo. En Viaje del Parnaso Cervantes escribió:

«Aquel que tiene de escribir la llave,
con gracia y agudeza en tanto extremo,
que su igual en el orbe no se sabe
es don Luis de Góngora, a quien temo
agraviar en mis cortas alabanzas,
aunque las suba al grado más supremo».

En 1585 hace un viaje a Córdoba, y escribe su primera obra maestra “Soneto a Córdoba”.
De su tío Francisco de Góngora hereda su ración en la Catedral y recibe las primeras órdenes mayores, ocupando diferentes cargos en el Cabildo ( Cuerpo o comunidad de eclesiásticos capitulares de una iglesia catedral o colegial). La condición clerical le servía a Luis de Góngora para cobrar sus rentas.
En 1587 ocupa la sede de Osio el obispo don Francisco Pacheco y somete a interrogaciones a los canónigos y racioneros, acusando entonces a Luis de Góngora de no asistir al coro, de vivir como un mozo y andar en cosas ligeras, en fiestas de toros, tratar con representantes de comedias, escribir copias profanas… En 1588 escribe la canción “De la Armada que fue a Inglaterra”. Góngora indica, con ironía, que no son suyas todas la letrillas que se le atribuyen y que prefiere ser condenado por liviano que por hereje.

De 1580 a 1587 Luis de Góngora escribe romances y sonetos cuyo tema principal es el amor y también utiliza la sátira, de carácter burlesco. En 1590 escribe la canción «En una fiesta que se hizo en Sevilla a San Hermenegildo», más patriótica que religiosa . En 1605 Pedro de Espinosa imprime una obra de antología poética: las Flores de poetas ilustres, incluye en su famosa antología 38 poemas de Luis de Góngora. Es el más representado. Contaba con un gran número de composiciones en esta época y su fama superaba a muchos de sus contemporáneos. A pesar de que no publicó en vida casi ninguna de sus obras poéticas, éstas corrieron de mano en mano y fueron muy leídas y comentadas.

Luis de Góngora de 1588 a 1602 comienza a escribir sus primera composiciones religiosas y sátiras a ríos y ciudades. También comienza a usar el soneto. De 1603 a 1606 sus composiciones toman un carácter cortesano, dedicadas a reyes y grandes señores y religioso. En los siguiente años, Luis de Góngora realiza viajes a comisiones del Cabildo en Palencia, Madrid, Salamanca, Cuenca, Valladolid, como parte de sus obligaciones de racionero que también alterna con la poesía. Se reunía en la Corte en un ambiente de escritores y un círculo clasista de elegidos. Se decepciona de las insidias de la Corte, cuyo sentido de la justicia difería de toda nobleza. La tristeza empaña sus días, también por los atropellos de los que no soportaban su superioridad poética ya reconocida en esa época. Inicia por estos años la enemistad con Francisco de Quevedo al cual acusó de imitar su poesía satírica bajo pseudónimo En la época fue tenido por maestro de la sátira, aunque no llegó a los extremos expresionistas de Quevedo ni a las negrísimas tintas de Juan de Tassis y Peralta. Se va de la la Corte de Madrid y se refugia en su heredad de Trassierra, en la Sierra de Córdoba, abandonándose a la escritura poética. Regresa con bastantes deudas, por lo que necesita de un mecenas. Recibe la protección del Marqués de Ayamonte, en 1607, al que dedica bellos sonetos. Pero el marqués muere ese mismo año. También tenía aspiraciones de acompañar al conde de Lemos en su destino como virrey de Nápoles pero se vio frustrado el empeño. En 1610 Luis de Góngora compone sobre la toma de Larache una canción, y a partir de ahí se inicia la segunda época de Góngora

En 1611, una vez que nombra coadjutor de su ración a su sobrino, obtiene mayor libertar para entregarse a sus proyectos literarios. Entre 1612 y 1613 trabaja en dos de sus poemas más extensos y ambiciosos: “Fábula de Polifemo y Galatea” y “Soledades”. Fábula de Polifemo y Galatea es la versión que Ovidio incluye en su Metamorfosis, donde la fábula comprende los versos 13750 a 13 897. Góngora introduce cambios esenciales que convierten en drama la ironía de Ovidio.

Soledades alcanzó una gran polémica por su oscuridad y afectación, y le creó una gran legión de seguidores, los denominados culteranos ( (Salvador Jacinto Polo de Medina, fray Hortensio Félix Paravicino, Francisco de Trillo y Figueroa, Gabriel Bocángel, el conde de Villamediana, sor Juana Inés de la Cruz, Pedro Soto de Rojas, Miguel Colodrero de Villalobos, Anastasio Pantaleón de Ribera…), y también enemigos, como el citado Francisco Quevedo, Lope de Vega, Lupercio Leonardo de Argensola y Bartolomé Leonardo de Argensola). Góngora dejó inconclusa la segunda soledad del poema. Era la primera vez que se utilizaba el género lírico para un poema tan extenso.

El Polifemo, las Soledades y el Panegírico al Duque de Lerma son los tres poemas centrales del gongorismo. Tuvo una gran influencia en la literatura española del siglo XVI y XVII, donde se concebía la lengua con libertad y flexibilidad en el empleo de recursos formales (hiperbaton, neologismos, ablativo absoluto…). Se capacitaba a la lengua de máxima capacidad expresiva, musicalidad y economía. Dámaso Alonso indicaría que es “la síntesis y condensación intensificada de los recursos líricos del renacimiento”. El gongorismo, que así se denomina a este estilo, es una manifestación del culteranismo, y su máximo exponente fue Góngora. El principal objetivo de esta corriente es impresionar a los sentidos a través de provocar sensaciones en diferentes estímulos.

En 1613 estos versos sería conocidos en Madrid, y leídos en cenáculos. Compone en 1613 también su pieza teatral Las firmezas de Isabela . También compuso La comedia Venatoria y el doctor Carlino.

En 1614 colabora Luis de Góngora con un romance a la beatificación de Santa Teresa de Córdoba. Comienza Góngora el Panegírico (discurso donde se alaba a alguien) al Duque de Lerma, don Francisco de Sandoval y Rojas, confiando en poder obtener los favores del aristócrata, primer ministro y valido del rey Felipe III.

En 1617, por indicación del duque de Lerma, se instala en la Corte, y Felipe III le concede una capellanía real, para la que necesitará ordenarse sacerdote. Sus pretensiones se vieron frustradas cuando tanto Lerma como Rodrigo Calderón (que era el valido del valido) perdieron el favor del Rey. Góngora incluso se niega a aceptar el final de sus pretensiones ni siquiera cuando pierde la Chantría de Cordoba que había reclamado . Con lo que sobrevivia en Córdoba, no podía hacerlo en Madrid, las rentas eran escasas para la Corte.

Sus tres poderosos amigos morirían poco tiempo después. En 1621 don Rodrigo Calderón, en el cadalso. En 1922 mueren asesinados el conde de Villamediana y el conde de Lemos por motivos políticos. Góngora buscará congraciarse con el nuevo en la Corte Conde Duque de Olivares , pero no goza de sus favores.
En esta éspoca, de 1617 a 1622 Luis de Góngora trabaja en obras de circunstancias y prosigue las de carácter religioso.

En 1625 fallece su administrador don Cristóbal Heredia, lo que le precipita a regresar a Córdoba. En una carta del 24 de marzo dictada, se confirma que el poeta está enfermo de esclerosis vascular. No puede ni escribir. En su testamento no incluye a sus familiares (se queja de su maltrato) y deja como heredera a su alma.

En esta última época, de 1623 a 1625, centró su producción literaria en escribir acerca de temas morales sobre el desengaño.

Fue pintado por Velázquez y entre sus características personales que comentaban algunos autores, se decía que era una personas sociable, jovial, habladora y amanta de los lujos, los juegos de cartas y la tauromaquia.

Murió en Córdoba el 23 de Mayo de 1627. Dejó señalado en su testamento ser enterrado junto a sus padre en la capilla de San Bartolomé, donde la Real Academia de Córdoba celebra anualmente una misa y un acto poético en su honor.

Indicar que Góngora en vida no publica ninguna de sus obras. Pasaron por numerosas manos en copias manuscritas que se coleccionaron y recopilaron en cancioneros, romanceros y antologías, publicadas con o sin su permiso. Góngora simbolizó para la generación del 27 el poeta por antonomasia, donde Gerardo Diego consiguió reunir a grandes autores de dicha generación (Federico García Lorca, Rafael Alberti, Vicente Aleixandre, Dámaso Alonso, Luis Cernuda, Jorge Guillén, Pedro Salinas…) en el tricentenario de Góngora en 1927, que supuso una explosión de entusiasmo. Se publicaron varias antologías de publicaciones dedicadas a Góngora y comenzaron a hacérsele homenajes. Dámaso Alonso fue un gran estudioso de su obra.

Como curiosidades, Luis de Góngora, ante las críticas de su obra por el estilo sobreadronado, decía: “Honra me ha causado hacerme oscuro a los ignorantes, que esa es la distinción de los hombres cultos”.

FUENTES:

Wikipedia

Cervantes virtual

Universitat Pompeu Fabra Barcelona

Personajes históricos

Quién fue Luis de Góngora | Vida, Obras y Curiosidades

POEMAS

SUENE LA TROMPA BÉLICA (CANCIÓN) 1580

             DE LAS LUSÍADAS DE LUIS DE CAMOES QUE TRADUJO LUIS DE TAPIA, NATURAL DE SEVILLA
 
Suene la trompa bélica
del castellano cálamo,
dándoles lustre y ser a las Lusíadas,
y con su rima angélica
5 en el celeste tálamo,
encumbre su valor sobre las Híadas,
Napeas y Hamadríadas:
con amoroso cántico
y espíritu poético
10 celebren nuestro bético
del Mauritano mar al mar Atlántico,
pues vuela su Calíope
desde el blanco francés al negro etíope.
 
Aquí la fuerza indómita
15  del Pacheco diestrísimo
descubre de su Rey el pecho y ánimo;
la India deja atónita
con su valor rarísimo,
y al Samorín soberbio, pusilánimo.
20 Muéstrase aquí magnánimo
Alburquerque y solícito,
capitán integérrimo,
que al amador misérrimo
crudamente castiga el hecho ilícito,
25 y a Goa y su poténcïa
dos veces la sujeta a su obediéncïa.
 
Almeida, que a los árabes
con la venganza hórrida
sus muros y edificios va talándoles,
30 y a los rumes y alárabes
debajo de la Tórrida
con valerosa espada domeñándoles,
y mayor pena dándoles
con el hijo belígero
35 que en el seno cambáïco
contra el moro y hebráïco
muere mostrando su furor armígero,
sirviéndole de túmulo
de mamelucos el sangriento cúmulo.
 
40   Cuanta pechos heróïcos
te dan fama clarífica,
oh Lusitania, por la tierra cálida,
tanta versos históricos
te dan gloria mirífica,
45  celebrando tu nombre y fuerza válida:
dígalo la Castálida,
que al soberano Tápïa
hizo que (más que en árboles,
en bronces, piedras, mármoles)
50  en su verso eternice su prosápïa,
dándole el odorífero
lauro, por premio del gran Dios Lucífero.

A JUAN RUFO, DE SU AUSTRIADA

Cantastes, Rufo, tan heroicamente
De aquel César novel la augusta historia,
Que está dudosa entre los dos la gloria
Y a cuál se deba dar ninguno siente.
 
Y así la Fama, que hoy de gente en gente
Quiere que de los dos la igual memoria
Del tiempo y del olvido haya victoria,
Ciñe de lauro a cada cual la frente.
 
Debéis con gran razón ser igualados,
Pues fuistes cada cual único en su arte:
Él solo en armas, vos en letras solo,
 
Y al fin ambos igualmente ayudados:
Él de la espada del sangriento Marte,
Vos de la lira del sagrado Apolo.

SONETO A CÓRDOBA

 
            ¡Oh excelso muro, oh torres coronadas
            de honor, de majestad, de gallardía!
            ¡Oh gran río, gran rey de Andalucía,
            de arenas nobles, ya que no doradas!
 
5          ¡Oh fértil llano, oh sierras levantadas,
            que privilegia el cielo y dora el día!
            ¡Oh siempre glorïosa patria mía,
            tanto por plumas cuanto por espadas!:
 
            si entre aquellas rüinas y despojos
10        que enriquece Genil y Dauro baña
            tu memoria no fue alimento mío,
 
            nunca merezcan mis ausentes ojos
            ver tu muro, tus torres y tu río,
            tu llano y sierra, ioh patria, oh flor de España!

A UN SUEÑO

Varia imaginación que, en mil intentos,
A pesar gastas de tu triste dueño
La dulce munición del blando sueño,
Alimentando vanos pensamientos,
Pues traes los espíritus atentos
Sólo a representarme el grave ceño
Del rostro dulcemente zahareño
(Gloriosa suspensión de mis tormentos),
El sueño (autor de representaciones),
En su teatro, sobre el viento armado,
Sombras suele vestir de bulto bello.
Síguele; mostraráte el rostro amado,
Y engañarán un rato tus pasiones
Dos bienes, que serán dormir y vello.

RAYA DORADO SOL, ORNA Y COLORA

Raya, dorado Sol, orna y colora
            del alto monte la lozana cumbre,
            sigue con agradable mansedumbre
            el rojo paso de la blanca Aurora;
 
5          suelta las riendas a Favonio y Flora,
            y usando al esparcir tu nueva lumbre
            tu generoso oficio y real costumbre,
            el mar argenta, las campañas dora,
 
            para que de esta vega el campo raso
10        borde, saliendo Flérida, de flores;
            mas si no hubiere de salir acaso,
 
            ni el monte rayes, ornes ni colores,
            ni sigas de la Aurora el rojo paso,
            ni el mar argentes ni los campos dores.

A FRANCISCO DE QUEVEDO

Anacreonte español, no hay quien os tope,
Que no diga con mucha cortesía,
Que ya que vuestros pies son de elegía,
Que vuestras suavidades son de arrope.

¿No imitaréis al terenciano Lope,
Que al de Belerofonte cada día
Sobre zuecos de cómica poesía
Se calza espuelas, y le da un galope?

Con cuidado especial vuestros antojos
Dicen que quieren traducir al griego,
No habiéndolo mirado vuestros ojos.

Prestádselos un rato a mi ojo ciego,
Porque a luz saque ciertos versos flojos,
Y entenderéis cualquier gregüesco luego.

SONETO AL MARQUES DE AYAMONTE

Alta esperanza, gloria del estado,
No sólo de Ayamonte mas de España,
Si quien me da su lira no me engaña,
A más os tiene el cielo destinado.

De vuestra Fama oirá el clarín dorado,
Émulo ya del Sol, cuanto el mar baña;
Que trompas hasta aquí han sido de caña
Las que memorias han solicitado.

Alma al tiempo dará, vida a la historia
Vuestro nombre inmortal ¡oh digno esposo
De beldad soberana y peregrina!

Corónense estos muros ya de gloria,
Que serán cuna y nido generoso
De sucesión real, si no divina.

DE LA TOMA DE LARACHE (1610)

Larache, aquel africano
fuerte, ya que no galán,
al glorioso San Germán,
rayo militar cristiano,
se encomendó, y no fue en vano,
pues cristianó luego al moro,
y por más pompa y decoro,
siendo su compadre él mismo,
diez velas llevó al baptismo
con muchos escudos de oro.
A la española el marqués
lo vistió, y dejar le manda
cien piezas que, aunque de Holanda,
cada una un bronce es.
Dellas les hizo después
a sus lienzos guarnición,
y viendo que era razón
que un lienzo espirase olores,
oliendo lo dejó a flores,
si mosquetes flores son.

FRAGMENTO DE FÁBULA DE POLIFEMO Y GALATEA

XIII

Ninfa, de Doris hija, la más bella          
adora, que vio el reino de la espuma.           
Galatea es su nombre, y dulce en ella           
el terno Venus de sus Gracias suma.       
Son una y otra luminosa estrella            
lucientes ojos de su blanca pluma;          
si roca de cristal no es de Neptuno,            
pavón de Venus es, cisne de Juno.           

XIV

Purpúreas rosas sobre Galatea    105       
la Alba entre lilios cándidos deshoja:          
duda el Amor cuál más su color sea,         
o púrpura nevada, o nieve roja.         
De su frente la perla es, eritrea,          
émula vana. El ciego dios se enoja,       
y, condenado su esplendor, la deja          
pender en oro al nácar de su oreja.         

XV

Invidia de las ninfas y cuidado         
de cuantas honra el mar deidades era;           
pompa del marinero niño alado       
que sin fanal conduce su venera.            
Verde el cabello, el pecho no escamado,         
ronco sí, escucha a Glauco la ribera            
inducir a pisar la bella ingrata,           
en carro de cristal, campos de plata.         

XVI

Marino joven, las cerúleas sienes,          
del más tierno coral ciñe Palemo,           
rico de cuantos la agua engendra bienes,            
del Faro odioso al promontorio extremo;         
mas en la gracia igual, si en los desdenes      
perdonado algo más que Polifemo,            
de la que, aún no le oyó, y, calzada plumas,            
tantas flores pisó como él espumas.         

XVII

Huye la ninfa bella; y el marino            
amante nadador, ser bien quisiera,        
ya que no áspid a su pie divino,            
dorado pomo a su veloz carrera;         
mas, ¿cuál diente mortal, cuál metal fino           
la fuga suspender podrá ligera          
que el desdén solicita? ¡Oh cuánto yerra         
delfín que sigue en agua corza en tierra!   

FRAGMENTO DE SOLEDADES

Soledad primera

Era del año la estación florida     
en que el mentido robador de Europa     
(media luna las armas de su frente,     
y el Sol todos los rayos de su pelo),       
luciente honor del cielo,  
en campos de zafiro pace estrellas,     
cuando el que ministrar podía la copa       
a Júpiter mejor que el garzón de Ida,       
náufrago y desdeñado, sobre ausente,        
lagrimosas de amor dulces querellas    
da al mar, que condolido,       
fue a las ondas, fue al viento      
el mísero gemido,       
segundo de Arïón dulce instrumento.     
Del siempre en la montaña opuesto pino     
al enemigo Noto,        
piadoso miembro roto,       
breve tabla, delfín no fue pequeño      
al inconsiderado peregrino,     
que a una Libia de ondas su camino      
fió, y su vida a un leño.       
Del Océano pues antes sorbido,      
y luego vomitado        
no lejos de un escollo coronado     
de secos juncos, de calientes plumas,      
alga todo y espumas,        
halló hospitalidad donde halló nido     
de Júpiter el ave.      
Besa la arena, y de la rota nave        
aquella parte poca   30    
que le expuso en la playa dio a la roca;        
que aun se dejan las peñas      
lisonjear de agradecidas señas.     
Desnudo el joven, cuanto ya el vestido      
Océano ha bebido,    35    
restituir le hace a las arenas;     
y al Sol lo extiende luego,     
que, lamiéndolo apenas      
su dulce lengua de templado fuego,      
lento lo embiste, y con süave estilo       
la menor onda chupa al menor hilo.      


No bien pues de su luz los horizontes,      
que hacían desigual, confusamente,      
montes de agua y piélagos de montes,        
desdorados los siente,   45    
cuando, entregado el mísero extranjero      
en lo que ya del mar redimió fiero,     
entre espinas crepúsculos pisando,      
riscos que aun igualara mal volando     
veloz, intrépida ala,    50    
menos cansado que confuso, escala.      
Vencida al fin la cumbre,       
del mar siempre sonante,        
de la muda campaña      
árbitro igual e inexpugnable muro,      
con pie ya más seguro       
declina al vacilante        
breve esplendor del mal distinta lumbre,        
farol de una cabaña     
que sobre el ferro está en aquel incierto     
golfo de sombras anunciando el puerto.      
«Rayos, les dice, ya que no de Leda     
trémulos hijos, sed de mi fortuna       
término luminoso.» Y recelando      
de invidïosa bárbara arboleda       
interposición, cuando       
de vientos no conjuración alguna,       
cual haciendo el villano        
la fragosa montaña fácil llano,     
atento sigue aquella     70    
(aun a pesar de las tinieblas bella,        
aun a pesar de las estrellas clara)     
piedra, indigna tïara,      
si tradición apócrifa no miente,        
de animal tenebroso, cuya frente        
carro es brillante de nocturno día:     
tal, diligente, el paso     
el joven apresura,      
midiendo la espesura        
con igual pie que el raso,      
fijo, a despecho de la niebla fría,     
en el carbunclo, Norte de su aguja,     
o el Austro brame, o la arboleda cruja.     
El can ya vigilante     
convoca, despidiendo al caminante,      
y la que desviada       
luz poca pareció, tanta es vecina,      
que yace en ella robusta encina,        
mariposa en cenizas desatada.   

COMEDIA VENATORIA (FRAGMENTO)

(Salen CAMILA y CINTIA.)
CAMILA Yo me espanto
cómo con tal herida corrio tanto.
CINTIA Tan ligero el corzo es,
que no da menos enojos
el seguillo con los ojos
que alcanzallo con los pies;
y así por mi cuenta hallo
que, si consientes decillo,
hizo más que tú en herillo,
la saeta en alcanzallo.
Mas quede el brazo contento,
Camila, pues que de hoy más,
aunque imposible, podrás
decir que has herido al viento;
y quede la mano ufana,
pues lo hirió de manera
que más herido no fuera
de la mano de Diana.
Pues de tal suerte corría
que, mientras se desangraba,
rastro hacer no dejaba
de la sangre que vertía;
porque, como viste y vi,
siguiéndole su derrota,
aquí dejaba una gota
y otra una legua de allí.
CAMILA Bien corrió el ciervo; mas baste,
Cintia, para encarecer
lo que le vimos correr,
decir que no le alcanzaste
tú, que en correr y saltar
tienes ligereza tanta,
que sin mojarte la planta
puedes correr sobre el mar,
y, aunque agora te fatigas,
correr y echar mil traveses
sobre levantadas mieses
sin inclinar sus espigas.
Y así, pues que te cansó
muy mucho como el corcillo,
mucho hice yo en herillo,
mucho la flecha voló.
FLORISCIO Por bien graciosa manera
se alaban ellas agora,
la una de cazadora,
y la otra de ligera.
SILVIO Aguardemos hasta ver
si tienen, en tal lugar,
Camila más que tirar
y Cintia más que correr.
CAMILA Pero, Cintia, si se nota,
bien salimos, por mi vida,
tú con la aljaba perdida
y yo con la cuerda rota.
CINTIA La aljaba se me ha perdido.
CAMILA Así lo puedes creer,
si no se quedó al correr
tras el corcillo herido.
CINTIA No sé cómo la perdí,
ni aun entiendo de qué suerte
rompiste tú una tan fuerte
cuerda de un tirón.
CAMILA Yo sí;
con tal fuerza y tan de veras
el arco quise flechar
por herillo, que juntar
hice las dos empulgueras:
él la flecha despidió,
y, queriendo abrirse cuanto
lo junté, como fue tanto,
la cuerda no lo sufrió.
CINTIA Tras de una fïera muy brava
yo no sé qué más se pierda
que, por herillo, una cuerda
y, por seguillo, una aljaba.
A buscallo quiero ir yo.
CAMILA Muy buena estaría la ida:
tú serías la perdida
en ir, y el aljaba no.
SILVIO Salgamos a consolalla,
que amor acá me remuerde.
FLORISCIO Aguarda.
CAMILA Aun lo que se pierde
en lo llano, no se halla;
cuanto más lo que perdiste
entre matas tan espesas.

CINTIA Muestras de alegre son esas.
CAMILA Y aun esas muestras de triste.
CINTIA No hay negallo, triste estoy.
CAMILA Pues, porque no lo estés más,
ten de ese hilo, y verás
cuán grande maestra soy
de torcer cuerdas. Ea, ten.
CINTIA No me detengas.
CAMILA Ea, acaba.
CINTIA Bien hallaré yo mi aljaba
desta suerte.
CAMILA Tuerce bien.
(Salen SILVIO y FLORISCIO.)
SILVIO ¡Mi Cintia!
FLORISCIO ¡Camila bella!
CAMILA Ay, ¿qué nos ha salteado?
SILVIO Quien escondido ha escuchado
de cada cual la querella.
CINTIA ¿Y della, que
habéis sentido,
o al menos de mi cuidado?
SILVIO Siento de él, que me ha cobrado
la aljaba que has hoy perdido.
CINTIA ¿Cómo así?
SILVIO Cintia hermosa,
sirviéndote de esta mía
y de este arco, que algún día
trujo tu mano envidiosa.
CINTIA El don, Silvio, es tan galano,
que en tomarlo anda ya cuerda,
puesto que la aljaba pierda
tal hombro, el arco tal mano.
Mas no se dirá de mí
que a los dos fui tan cruel,
a ti en desarmarte de él,
a él en quitarlo de ti.
FLORISCIO Pues sea de aqueste modo:
que si te da Silvio el suyo,
tú le des el arco tuyo;
ganarás tú, y él, y todo.
CINTIA De esa suerte lo haré,
por tu gusto y mi reposo.
SILVIO ¡O yo mil veces dichoso,
que tal merced alcancé!
CAMILA No sé, Cintia, qué te diga;
gana tenías de trocar.

PANEGÍRICO AL DUQUE DE LERMA

 
            I
 
            Si arrebatado merecí algún día
            tu dictamen, Euterpe, soberano,
            bese el corvo marfil hoy desta mía
            sonante lira tu divina mano;
5          émula de las trompas su armonía,
            el séptimo trïón de nieves cano,
            la adusta Libia, sorda aun más, lo sienta,
            que los áspides fríos que alimenta.
 
            II
 
            Oya el canoro hueso de la fiera,
10        pompa de sus orillas, la corriente
            del Ganges, cuya bárbara ribera
            baño es supersticioso del oriente;
            de venenosa pluma, si ligera,
            armado lo oya el Marañon valiente,
15        y débale a mis números, el mundo,
            del fénix de los Sandos un segundo.
 
            III
 
            Segundo en tiempo, sí, mas primer Sando
            en togado valor; dígalo armada
            de paz su diestra, díganlo trepando,
20        las ramas de Minerva, por su espada,
            bien que desnudos sus aceros, cuando
            cerviz rebelde o religión postrada
            obligan a su rey que tuerza, grave,
            al templo del bifronte dios la llave.
 
            IV
 
25        Este, pues, digno sucesor del claro
            Gómez Diego, del Marte cuya gloria
            a las alas hurtó, del tiempo avaro,
            cuantas le prestó plumas a la historia;
            este, a quien guardará mármoles Paro,
30        que informe el arte, anime la memoria,
            su primer cuna al Duero se la debe,
            si cristal no fue tanto cuna breve.

AMARRADO AL DURO BANCO

Amarrado al duro banco
De una galera turquesca,
Ambas manos en el remo
Y ambos ojos en la tierra,
Un forzado de Dragut
En la playa de Marbella
Se quejaba al ronco son
Del remo y de la cadena:
«¡Oh sagrado mar de España,
Famosa playa serena,
Teatro donde se han hecho
Cien mil navales tragedias!,
»Pues eres tú el mismo mar
Que con tus crecientes besas
Las murallas de mi patria,
Coronadas y soberbias,
»Tráeme nuevas de mi esposa,
Y dime si han sido ciertas
Las lágrimas y suspiros
Que me dice por sus letras;
»Porque si es verdad que llora
Mi captiverio en tu arena,
Bien puedes al mar del Sur
Vencer en lucientes perlas.
»Dame ya, sagrado mar,
A mis demandas respuesta,
Que bien puedes, si es verdad
Que las aguas tienen lengua,
»Pero, pues no me respondes,
Sin duda alguna que es muerta,
Aunque no lo debe ser,
Pues que vivo yo en su ausencia.
»¡Pues he vivido diez años
Sin libertad y sin ella,
Siempre al remo condenado
A nadie matarán penas!»
En esto se descubrieron
De la Religión seis velas,
Y el cómitre mandó usar
Al forzado de su fuerza.

MIENTRAS POR COMPETIR CON TU CABELLO

Mientras por competir con tu cabello
Oro bruñido al sol relumbra en vano,
Mientras con menosprecio en medio el llano
Mira tu blanca frente al lilio bello;

Mientras a cada labio, por cogello,
Siguen más ojos que al clavel temprano,
Y mientras triunfa con desdén lozano
Del luciente cristal tu gentil cuello,

Goza cuello, cabello, labio y frente,
Antes que lo que fue en tu edad dorada
Oro, lilio, clavel, cristal luciente,

No sólo en plata o vïola troncada
Se vuelva, más tú y ello juntamente
En tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada.

ÁNDEME YO CALIENTE

 Ándeme yo caliente
Y ríase la gente.
Traten otros del gobierno
Del mundo y sus monarquías,
Mientras gobiernan mis días
Mantequillas y pan tierno,
Y las mañanas de invierno
Naranjada y aguardiente,
 Y ríase la gente.
 Coma en dorada vajilla
El príncipe mil cuidados,
Cómo píldoras dorados;
Que yo en mi pobre mesilla
Quiero más una morcilla
Que en el asador reviente,
 Y ríase la gente.
 Cuando cubra las montañas
De blanca nieve el enero,
Tenga yo lleno el brasero
De bellotas y castañas,
Y quien las dulces patrañas
Del Rey que rabió me cuente,
Y ríase la gente.
 Busque muy en hora buena
El mercader nuevos soles;
Yo conchas y caracoles
Entre la menuda arena,
Escuchando a Filomena
Sobre el chopo de la fuente,
Y ríase la gente.
 Pase a media noche el mar,
Y arda en amorosa llama
Leandro por ver a su Dama;
Que yo más quiero pasar
Del golfo de mi lagar 
La blanca o roja corriente,
Y ríase la gente.
 Pues Amor es tan cruel,
Que de Píramo y su amada
Hace tálamo una espada,
Do se junten ella y él,
Sea mi Tisbe un pastel,
Y la espada sea mi diente,
Y ríase la gente

A CIERTA DAMA QUE SE DEJABA VENCER

Mientras Corinto, en lágrimas deshecho,
La sangre de su pecho vierte en vano,
Vende Lice a un decrépito indïano
Por cient escudos la mitad del lecho.

¿Quién, pues, se maravilla deste hecho,
Sabiendo que halla ya paso más llano,
La bolsa abierta, el rico pelicano,
Que el pelícano pobre, abierto el pecho?

Interés, ojos de oro como gato,
Y gato de doblones, no Amor ciego,
Que leña y plumas gasta, cient arpones

Le flechó de la aljaba de un talego.
¿Qué Tremecén no desmantela un trato,
Arrimándole al trato cient cañones?

VUELA PENSAMIENTO Y DILES

Vuela, pensamiento, y diles
A los ojos que te envío
Que eres mío.

Celosa el alma te envía
Por diligente ministro,
Con poderes de registro
Y con malicias de espía;
Trata los aires de día,
Pisa de noche las salas
Con tan invisibles alas
Cuanto con pasos sutiles.

Vuela, pensamiento, y diles
A los ojos que te envío
Que eres mío.

Tu vuelo con diligencia
Y silencio se concluya,
Antes que venzan la suya
Las condiciones de ausencia;
Que no hay fiar resistencia
De una fe de vidrio tal,
Tras de un muro de cristal,
Y batido de esmeriles.

Vuela, pensamiento, y diles
A los ojos que te envío
Que eres mío.

Mira que su casa escombros
De unos soldados fiambres,
Que perdonando a sus hambres
Amenazan a los hombres;
De los tales no te asombres,
Porque, aunque tuercen los tales
Mostachazos criminales,
Ciñen espadas civiles.

Vuela, pensamiento, y diles
A los ojos que te envío
Que eres mío.

Por tu honra y por la mía,
De esta gente la descartes,
Que le serán estos Martes
Más aciagos que el día;
Pues la lanza de Argalía
Es ya cosa averiguada
Que pudo más por dorada
Que por fuerte la de Aquiles.

Vuela, pensamiento, y diles
A los ojos que te envío
Que eres mío.

Si a músicos entrar dejas,
Ciertos serán mis enojos,
Porque aseguran los ojos
Y saltean las orejas;
Cuando ellos ajenas quejas
Canten, ronda, pensamiento,
Y la voz, no el instrumento
Les quiten tus alguaciles.

Vuela, pensamiento, y diles
A los ojos que te envío
Que eres mío.

A UN PINTOR FLAMENCO, MIENTRAS PINTABA SU RETRATO (1620)

Hurtas mi vulto y, cuanto más le debe
a tu pincel, dos veces peregrino,
de espíritu vivaz el breve lino
en las colores que sediento bebe,
vanas cenizas temo al lino breve,
que émulo del barro lo imagino,
a quien, ya etéreo fuese, ya divino,
vida le fió muda esplendor leve.
Belga gentil, prosigue al hurto noble;
que a su materia perdonará el fuego,
y el tiempo ignorará su contextura.
Los siglos que en sus hojas cuenta un roble,
árbol los cuenta sordo, tronco ciego;
quien más ve, quien más oye, menos dura.

A LOS CELOS

¡Oh niebla del estado más sereno,
Furia infernal, serpiente mal nacida!
¡Oh ponzoñosa víbora escondida
De verde prado en oloroso seno!
¡Oh entre el néctar de Amor mortal veneno,
Que en vaso de cristal quitas la vida!
¡Oh espada sobre mí de un pelo asida,
De la amorosa espuela duro freno!
¡Oh celo, del favor verdugo eterno!,
Vuélvete al lugar triste donde estabas,
O al reino (si allá cabes) del espanto;
Mas no cabrás allá, que pues ha tanto
Que comes de ti mesmo y no te acabas,
Mayor debes de ser que el mismo infierno.

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65. Poesía más Poesía: Gabriel Celaya

GABRIEL CELAYA

Biografía

Gabriel Celaya nació en Hernani, provincia de Guipúzcoa, en 1911. Su nombre completo es Rafael Gabriel Juan Múgica Celaya Leceta. Pero los chicos del pueblo le llamaban Cascabel “porque era un niño muy alegre, inventando juegos y cosas raras”, dice Celaya.
Los tres nombres que utilizó para escribir fueron combinaciones de su nombre real: Rafael Múgica, primero. Después, Juan Leceta, en tres libros. Y, por último y definitivamente, Gabriel Celaya cuando, según su mujer Amparo, quedó impresionado ante el comentario de quien dijo: “Qué maravilla los tres poetas que han salido en San Sebastián”.


A finales de los años 20 se traslada a Madrid para realizar los estudios de ingeniero industrial. Muy a su pesar, en tanto provenía de una familia industrial vasca que estaba empeñada en que él tenía que ser el director de la fábrica, entonces le impusieron ser ingeniero industrial, cosa que él no quería. Le habían dicho que si no quería estudiar tenía que entrar a trabajar en la fábrica y aprender con la práctica por eso prefirió venir a Madrid y estudiar ingeniería.

Gabriel Celaya, Ohlsson y Anselmo Carretero en la Residencia de Estudiantes.

Se alojó entre 1927 y 1935 en la residencia de estudiantes, una experiencia decisiva para él, donde descubre la cultura europea y el surrealismo y donde conoció a Federico García Lorca y a José Moreno Villa, entre otros. “Toda mi formación se la debo a la residencia de estudiantes”, dijo Celaya, de la que salió gente extraordinaria como Federico García Lorca, Luis Buñuel, Dalí, porque el ambiente era extraordinario. En la residencia había un gran ambiente intelectual y toda clase de facilidades. Recibía todas las revistas de Europa, cursos y conferencias de los intelectuales más importantes de Europa: Stravinski, Keiserlin, Valerié. Con una libertad absoluta, pero a la vez todo funcionaba con una disciplina maravillosa.
Durante un tiempo trabajó como gerente de la empresa de su familia, pero en realidad a él le ocupaban otras cosas. Sus nuevas relaciones en Madrid le hicieron inclinarse completamente hacia la poesía. Quería quedarse en Madrid y trabajar como periodista y lo tenía todo arreglado a finales del 35 año en que comenzó escribiendo el libro “Marea de silencio”.
En 1936 gana el Premio Centenario de Bécquer en el Liceum Club Femenino, con su libro “La soledad cerrada”. La sala estaba dirigida por mujeres tan importantes como Dolores Rivas Cherif (la mujer de Hazaña), María teresa León y Alma Angélico.


En palabras de Leopoldo de Luis: “La soledad cerrada” me sorprendió, es un libro de cierta inspiración alexendrinista dentro de un surrealismo muy bien asimilado por Rafael Múgica. El libro anterior suyo, “Marea del Silencio”, es más bien Juan Ramoniano. Después con la guerra civil nos alejamos mucho. Rafael queda en el País Vasco, yo estoy por Castilla y no tengo ninguna noticia suya.
“Los movimientos elementales” fue un acontecimiento en el panorama poético porque extrañó. Una revista tan progresista y tan partidaria de una poesía evolucionada como era Espadaña, pone en duda si el libro de Celaya era poesía. Porque con este libro Gabriel Celaya empieza a trastornar el panorama de la poesía española. Y no contento con eso y por sus contactos con el existencialismo, porque hay que aclarar que Gabriel Celaya era probablemente el poeta más culto de aquel entonces, el poeta más relacionado con la poesía extranjera, el poeta que leía más poetas de fuera de España y esto se nota en su obra, no solamente por su actividad traductora sino por su tendencia a una línea existencial que a los demás nos llevó más tiempo. Un poeta de gran riqueza intelectual y expresiva. Juan de Leceta se pierde un poco, pero continúa Gabriel Celaya y entra en una nueva dimensión de su obra que encabeza lo que luego se ha llamado “Poesía social”.
Con el estallido de la guerra civil todos los planes de Gabriel de convertirse en periodista se estropearon.
Luchó en el bando Republicano y estuvo preso en un campo de concentración de Palencia.
La posguerra fue horrible porque como todos sus planes habían acabado tuvo que volver a trabajar a la fábrica y los años del 40 al 46 son, según Gabriel, los peores de su vida.
Cuando sus amigos desaparecieron exiliados o muertos tras la guerra, quedó tremendamente abatido. Después de la guerra se sentía absolutamente perdido, todos sus amigos habían desaparecido, o los habían matado o estaban en el exilio. La poesía que se publicaba entonces no tenía nada que ver con la que él escribía y a pesar de seguir escribiendo, había renunciado completamente a publicar.
Desde el año 36 hasta el 46 no publicó absolutamente nada. Era un hombre completamente destruido, la fábrica no la podía aguantar, no sabía qué hacer y entonces escribía en Tentativas “yo creía que iba a ser el único libro de mi vida que publicaría y que luego me pegaría un tiro”.

Amparitxu y Gabriel Celaya.

Cuando en 1946 conoció a Amparo Gastón, se convertiría en una figura importantísima en la vida de Gabriel. “Ella me devolvió completamente la confianza en mí mismo”. Él vivía una vida burguesa mientras que ella era una trabajadora y su relación con ella le lleva a conocer problemas que hasta entonces le eran ajenos (el padre de Amparo estaba en la cárcel). Y se platea vivir con ella y de otra manera.
“A ella se le ocurrió montar una editorial de poesía. Dijo: mira si publicas tus libros por tu cuenta nadie los va a leer. Y tenía toda la razón. Pero si montamos una editorial de poesía y publicas los tuyos y los de otros… Montamos la editorial, buscó los suscriptores, hicimos ficheros recurriendo a otras revistas de poesía. Me ayudó en primer lugar a eso, salvó mi poesía, porque si no, yo no sería poeta ni nada, pero sobre todo salvó mi vida, me dio una confianza en mí mismo, me dio una alegría de vivir. Había una gran cantidad de revistas de poesía, nos pusimos en contacto con todos. Nos dieron el listado de sus suscriptores y con esos conseguimos los 400 suscriptores que nos bastaban para cubrir gastos”.

Gabriel Celaya, Blas de Otero, Asunción Carandell, Carlos Barral y J.A. Goytisolo


Junto a Amparo fundaron la colección de poesía Norte y abandonó la ingeniería y su cargo en la empresa familiar. Publicar como Rafael Múgica le estaba trayendo algunos problemas con su familia y con la empresa así que publicó tres libros como Juan de Leceta, que fue el momento de ruptura con la sociedad burguesa, con su familia y con el negocio. Esa ruptura en principio tomó un aire muy cínico y escandaloso, pero después quedó más reposadamente recogida por Gabriel Celaya.
La Colección de poesía “Norte” nace con el deseo de ser un vínculo de unión entre la poesía de la generación del 27, la del exilio y la europea. Consigue tomar contacto con sus antiguos amigos que quedaban vivos en México, y con Vicente Aleixandre, un gran amigo suyo.

En Madrid, J.M. Caballero Bonald, Gloria Fuertes, Gabriel Celaya, Ángel González, José A. Goytisolo y Manuel Vázquez Montalbán (1969).


La editorial publica a autores no publicados, aglutina a un grupo de escritores opuestos al régimen franquista y traduce a Rilke, Rimbaud, Éluard y Blake, cuando en plena autarquía en España, se había perdido todo contacto con la poesía extranjera. Publicaron libros de poetas italianos, alemanes, franceses, ingleses, todos muy conocidos pero que los jóvenes españoles no los conocían.
Siguiendo la trayectoria de otras colecciones como Espadaña y Cántico de las que Gabriel era lector.
Leopoldo de Luis y Cela fueron algunos de los poetas publicados en “Norte”.
A partir de entonces Gabriel vivirá junto a Amparo una vida modesta, escribiendo por las noches y compartiendo amistad con otros poetas de la posguerra.
“La Poesía no es un fin en sí. La Poesía es un instrumento, entre otros, para transformar el mundo”.
“La poesía es un arma cargada de futuro”. Son algunas premisas fundamentales de Rafael.
En 1956 gana el Premio de la Crítica por su libro “De claro en claro”. En 1963 el Premio Internacional Libera Stampa (italiano). En 1967 gana el Atalaya de Poesía y ese mismo año el Internacional Taormina.
Se presentó como candidato a las elecciones generales de 1977 por Guipúzcoa en la lista del Partido Comunista, en el que se dio de baja dos años después.
En 1986 le fue otorgado el Premio Nacional de las Letras Españolas.

Gabriel Celaya con Rafael Alberti.
En San Sebastián en 1988.


Falleció en 1991 en Madrid. Y sus cenizas fueron esparcidas por Hernani.
Su extensa obra poética se ha distinguido por su exploración de las posibilidades expresivas de la poesía. Con incursiones en el campo de la tradición vasca o de la física nuclear. Su poesía es catalogada especialmente como poesía social.
Escribió 55 libros de poesía, 12 de Ensayo, 6 de prosa y 2 de teatro.

Amparo Gastón y Gabriel Celaya.

POEMAS DE GABRIEL CELAYA

LO PURO ES DESMAYARSE EN DELICIAS SIN NOMBRE

Lo puro es desmayarse en delicias sin nombre,
cantar como una espuma de músicas vagas.
¡Oh amor que se va en cisnes líricos y blancos!
La brisa suspirando
pasa como una suave palidez desmayada.
Entre murmullo y sonrisa temblaba lo indeciso,
se movía entre música y palabra.
¡Delicia del instante fugitivo y sin cuerpo!
¡Dulcísima tristeza recordarlo flotando!
¡Oh amor, vuelo perdido!
Agua blanca cantando en los cauces más hondos;
dulcísima tristeza, pureza del desmayo,
amor, rubia delicia, brisa o música vaga.

                                    del libro Marea del silencio [(1932-1934) 1935] 

DEL LIBRO LA SOLEDAD CERRADA (1934)


41
Es la hora de las raíces y los perros amarillos.
El hombre se pone como una máscara su silencio;
se le llenan los ojos de yedra.
Es la hora de las raíces y los perros amarillos;
la hora en que blanquísimos caballos
pasan como escalofríos por el fondo de la niebla
Oigo como una ausencia que el misterio está muy cerca;
oigo como una música
que la noche vuelve la cabeza.
Es la hora de las raíces y los perros amarillos;
en su sala de cristal,
la luna llora con la cabeza entre las manos.
El hombre se pone como una máscara su silencio;
sueña en el fondo del agua.
Es la hora del escalofrío en los cuerpos desnudos,
la hora en que se llora el misterio que viene y que no viene;
la luna es el dolor de esa ausencia
ante los crueles y apretados dientes blancos de los hombres.
Es la hora de las raíces y los perros amarillos,
de las raíces transparentes en el fondo de las aguas,
de los perros locos huyendo
por salas grandes y blancas.
Es la hora del misterio que viene y que no viene,
la hora en que la noche huye del mar desnuda,
la hora en que de cada estatua se escapan todos los pájaros,
la hora de los párpados de plata,
la hora en que la luna murmura como un silencio:
nada.

42

En el fondo de la noche tiemblan las aguas de plata.
La luna es un grito muerto en los ojos delirantes.
Con su nimbo de silencio
pasan los sonámbulos de cabeza de cristal,
pasan como quien suspira,
pasan entre los hielos transparentes y verdes.

Es el momento de las rosas encarnadas y los puñales de acero
sobre los cuerpos blanquísimos del frío.

En el fondo de la noche tiembla el árbol del silencio;
los hombres gritan tan alto que sólo se oye a la luna.

Es el momento en que los niños se desmayan sobre los pianos,
el momento de las estatuas en el fondo transparente de las aguas,
el momento en que por fin todo parece posible.
En el fondo de la noche tiembla el árbol del silencio.
Decidme lo que habéis visto los que estabais con la cabeza vuelta
La quietud de esta hora es un silencio que escucha,
el silencio es el sigilo de la muerte que se acerca.

Decidme lo que habéis visto.
En el fondo de la noche
hay un escalofrío de cuerpos ateridos.

43

La brisa pasa como una música por el fondo de la tarde.
Yo soy un árbol de cristal bajo las aguas transparentes,
la mano del misterio que se mueve en el silencio.

Yo soy lo que se ignora:
el estremecimiento de luz que precede a la aparición de
las espadas;
yo soy eso, sólo eso;
yo espero lo que esperan
esos cinco hombres mudos, tristes, sentados en un salón
de terciopelo morado.

Al atardecer suenan clarines de oro.
Un león de llamas huye por el fondo del bosque;
la virgen de ojos verdes se cubre el rostro con las manos.
Es mi momento, el último momento:
cuando la luz rompe los cristales nada más tocarlos con la yema de los dedos;
cuando huye el pájaro encerrado en las blancas
clausuras de lo abstracto;
cuando uno de los hombres del salón morado dice a los otros:
«Ya no puede tardar.»
Es el último momento.
Me deslizo al filo de un silencio que casi es la muerte.
La virgen de los ojos verdes me muestra la más peligrosa de
sus sonrisas.
Es el último momento.
Estalla el oro morado del crepúsculo;
las raíces de la carne me duelen;
siento como un temblor que me hago transparente.
Es el último momento:
la muerte pasa muy cerca murmurando sus secretos;
es entonces
cuando las estatuas son el sueño del silencio
y los pianos
huelen como un niño muerto entre los lirios.

Es el último momento,
cuando da miedo volver la cabeza,
cuando parece que lo comprendemos todo y, sin embargo,
no sabemos nada;
cuando uno de los hombres del salón morado, quieto ante el balcón,
mira hacia el espejo con los ojos en blanco.

BIOGRAFÍA

No cojas la cuchara con la mano izquierda.
No pongas los codos en la mesa.
Dobla bien la servilleta.
Eso, para empezar.
Extraiga la raíz cuadrada de tres mil trescientos trece.
¿Dónde está Tanganika? ¿Qué año nació Cervantes?
Le pondré un cero en conducta si habla con su compañero.
Eso, para seguir.
¿Le parece a usted correcto que un ingeniero haga versos?
La cultura es un adorno y el negocio es el negocio.
Si sigues con esa chica te cerraremos las puertas.
Eso, para vivir.
No seas tan loco. Sé educado. Sé correcto.
No bebas. No fumes. No tosas. No respires.
¡Ay, sí, no respirar! Dar el no a todos los nos.
Y descansar: morir.

LA POESÍA ES UN ARMA CARGADA DE FUTURO

Cuando ya nada se espera personalmente exaltante, 
mas se palpita y se sigue más acá de la conciencia, 
fieramente existiendo, ciegamente afirmado, 
como un pulso que golpea las tinieblas, 
cuando se miran de frente 
los vertiginosos ojos claros de la muerte, 
se dicen las verdades: 
las bárbaras, terribles, amorosas crueldades. 
Se dicen los poemas 
que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados, 
piden ser, piden ritmo, 
piden ley para aquello que sienten excesivo. 
Con la velocidad del instinto, 
con el rayo del prodigio, 
como mágica evidencia, lo real se nos convierte 
en lo idéntico a sí mismo. 
Poesía para el pobre, poesía necesaria 
como el pan de cada día, 
como el aire que exigimos trece veces por minuto, 
para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica. 
Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan 
decir que somos quien somos, 
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno. 
Estamos tocando el fondo. 
Maldigo la poesía concebida como un lujo 
cultural por los neutrales 
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden. 
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse. 
Hago mías las faltas. Siento en mí a cuantos sufren 
y canto respirando. 
Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas 
personales, me ensancho. 
Quisiera daros vida, provocar nuevos actos, 
y cálculo por eso con técnica qué puedo. 
Me siento un ingeniero del verso y un obrero 
que trabaja con otros a España en sus aceros. 
Tal es mi poesía: poesía-herramienta 
a la vez que latido de lo unánime y ciego. 
Tal es, arma cargada de futuro expansivo 
con que te apunto al pecho. 
No es una poesía gota a gota pensada. 
No es un bello producto. No es un fruto perfecto. 
Es algo como el aire que todos respiramos 
y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos. 
Son palabras que todos repetimos sintiendo 
como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado. 
Son lo más necesario: lo que no tiene nombre. 
Son gritos en el cielo, y en la tierra son actos.

EDUCAR

Educar es lo mismo
que poner un motor a una barca…
Hay que medir, pensar, equilibrar…
y poner todo en marcha.
Pero para eso,
uno tiene que llevar en el alma
un poco de marino…
un poco de pirata…
un poco de poeta…
y un kilo y medio de paciencia concentrada.
Pero es consolador soñar,
mientras uno trabaja,
que ese barco, ese niño,
irá muy lejos por el agua.
Soñar que ese navío
llevará nuestra carga de palabras
hacia puertos distantes, hacia islas lejanas.
Soñar que, cuando un día
esté durmiendo nuestra propia barca,
en barcos nuevos seguirá
nuestra bandera enarbolada.

DE NOCHE

Voy a hablar del terror que no se piensa y ciega.
Voy a hablar de la muerte suspendida allí lejos.
Siempre miramos fijos. Más no vemos lo cierto.
O cerramos los ojos. Pero no estamos ciegos.
¿Qué es la muerte? Tan sólo la luz de lo sabido.
¿Y qué es eso, sabido? La luz sencillamente.
¿Y por qué nos asusta? Porque seguimos viendo
cómo sigue mirando cuando ya no la vemos.
de “Cantos y mitos”

ÉGLOGA 

Rubio, fuerte, manso,
triste sin melancolía
como el mediodía,
lento como la tierra,
toscas las manos que parten
el pan y abarcan el seno
maternal de Ceres,
Menalcas apacienta sus grandes vacas rojas
frente al mar: estupor
de luz en la inmensidad.
¡Oh mar, oh campo, oh bestias!
¡Oh siesta, pesadumbre
del cuerpo poderoso que, ahora, inerte,
se cubre como de una enfermedad de cantos
monótonos y vagos,
mientras la tierra sueña,
muge lenta
como una vaca triste que esperara
la fecunda inquietud de las estrellas,
la sagrada
palpitación escondida,
el amante
nocturno que no dice su nombre! 
de “El principio sin fin”

PRESAGIOS
3
SHIRIMIRI
La lluvia llueve.
   La lluvia canta.
La lluvia suma
   sin fin nostalgias.
¡Melancolía!
   Vida apagada.
Luz submarina,
   plata oxidada
de los espejos
   y las arañas.
Grutas secretas.
   Calles sin alma.
Pienso en mí mismo.
   No pienso nada.
Llueve igualando.
   Llueve constancia.
Tras los visillos
   una muchacha
está mirando
   algo que calla.
La lluvia sigue.
   La lluvia mansa.
Detrás presiento
   mi fuerza vasca,
la luz de origen
   contra la nada.
Trueno que truena,
   vida que arranca,
caballo negro
   sudando plata,
visto y no visto
   por mi nostalgia
Urtzi galopa
   por la montaña.
Rayo en la niebla,
   ronca llamada
del olvidado
   dios que hoy me arrastra
mientras la lluvia
   llueve sin alma.
de “Rapsodia Euskara”

CERCA Y LEJOS

Más allá del pecado,
indecible, te adoro,
y al buscar mis palabras
sólo encuentro unos besos.
En el pecho, en la nuca,
te quiero.
En el cáliz secreto,
te quiero.
Donde tu vientre es combo,
fugitiva tu espalda,
oloroso tu cuerpo,
te quiero.

CUÉNTAME CÓMO VIVES, CÓMO VAS MURIENDO

Cuéntame cómo vives;
dime sencillamente cómo pasan tus días,
tus lentísimos odios, tus pólvoras alegres
y las confusas olas que te llevan perdido
en la cambiante espuma de un blancor imprevisto.

Cuéntame cómo vives;
ven a mí, cara a cara;
dime tus mentiras (las mías son peores),
tus resentimientos (yo también los padezco),
y ese estúpido orgullo (puedo comprenderte).

Cuéntame cómo mueres;
nada tuyo es secreto:
la náusea del vacío (o el placer, es lo mismo);
la locura imprevista de algún instante vivo;
la esperanza que ahonda tercamente el vacío.

Cuéntame cómo mueres;
cómo renuncias -sabio-,
cómo -frívolo- brillas de puro fugitivo,
cómo acabas en nada
y me enseñas, es claro, a quedarme tranquilo.
de “Tranquilamente hablando, 1945

DE NOCHE

Y la noche se eleva como música en ciernes,
y las estrellas brillan temblando de extinguirse,
y el frío, el claro frío,
el gran frío del mundo,
la poca realidad de cuanto veo y toco,
el poco amor que encuentro,
me mueven a buscarte,
mujer, en cierto bosque de latidos calientes.
Sólo tú, dulce mía,
dulce en los olores de savia espesa y fuerte,
sin palabras, muy cerca, palpitando conmigo,
sólo tú eres real en un mundo fingido;
y te toco, y te creo,
y eres cálida y suave matriz de realidades,
amante, amparo, madre,
o peso de la tierra que sólo en ti acaricio,
o presencia que aún dura cuando cierro los ojos,
fuera de mí, tan bella.

HASTA LA MUERTE

En el paisaje oscuro
oigo tu voz, tu voz,
tu larga voz de espesas
caricias resbaladas,
mojadas y olorosas.
La noche me suspende
en un vuelo pausado
e, inmóvil, pone en vilo
lo que el hombre no entiende:
tu voz, tu voz querida
hundiéndome en lo ausente.
Uno cierra los ojos
(¡me da miedo mirarte!);
uno tiende las manos
-aves heridas y leves-,
y en sus raíces siente
que tú eres y no eres.

PORQUE SÍ

Pececito esquivo,
caballito que monto,
delicia que no nombro,
y quiero, quiero, quiero.
Cuando te beso, acierto;
cuando te toco, creo;
si te acaricio mido
mi infinito deseo.
Mas te prolongas lejos;
eres más, eres lo otro,
lo que nunca apreso
aunque te toco y beso.
Siempre un poco esquiva,
siempre resbalada,
tú, que nunca entiendo,
y quiero, quiero, quiero.

LA NOCHE ABIERTA

¡Ojo abierto de la noche sin mirada!
Más allá de lo humano encerrado en sí mismo,
en ti conciencia ciega, y hoy de pronto estrellada,
o la esplendidez de la noche reinante
y el ojo sin medida, la duración sin centro
y el mundo sin distancia de lo por fin abierto.
Todo está descubierto.
Todo de pronto esplende.
Comprendemos por fin que el mundo humanista
fue sólo un escondite que nos ocultaba
la velocidad, la gloria, la locura
de este esplendor que brota por fin del contacto con el Cosmos neutral,
con el mundo sin nombre, con el ojo ciego que mira sin vemos,
con la rapidez, ya sin luz, del sentido,
y al fin con lo completo del cero-cero-cero.

                                                                   de Cantos iberos [(1954) 1955] 

ESPAÑA EN MARCHA

NOSOTROS somos quien somos.
¡Basta de Historia y de cuentos!
¡Allá los muertos! Que entierren como Dios manda a sus
[muertos.
Ni vivimos del pasado,
ni damos cuerda al recuerdo.
Somos, turbia y fresca, un agua que atropella sus
[comienzos.
Somos el ser que se crece.
Somos un río derecho.
Somos el golpe temible de un corazón no resuelto.
Somos bárbaros, sencillos.
Somos a muerte lo ibero
que aún nunca logró mostrarse puro, entero y verdadero.
De cuanto fue nos nutrimos,
transformándonos crecemos
y así somos quienes somos golpe a golpe y muerto a
[muerto.
¡A la calle!, que ya es hora
de paseamos a cuerpo
y mostrar que, pues vivimos, anunciamos algo nuevo.
No reniego de mi origen,
pero digo que seremos
mucho más que lo sabido, los factores de un comienzo.

Españoles con futuro
y españoles que, por serlo,
aunque encarnan lo pasado no pueden darlo por bueno.
Recuerdo nuestros errores
con mala saña y buen viento.
Ira y luz, padre de España, vuelvo a arrancarte del sueño.
Vuelvo a decirte quién eres.
Vuelvo a pensarte, suspenso.
Vuelvo a luchar como importa y a empezar por lo que
[empiezo.
No quiero justificarte
como haría un leguleyo.
Quisiera ser un poeta y escribir tu primer verso.
España mía, combate
que atormentas mis adentros,
para salvarme y salvarte, con amor te deletreo.

LA IRRACIONAL ALEGRÍA

En la mañana clara, la risa de los dioses
retumba como un trueno.
El toro subterráneo levanta la cabeza
y los árboles tiemblan millonarios de hojas.
Tempestad transparente. ¡Azul! Y de repente
una leve sonrisa femenina, perdida,
condena al silencio los grandes poderes,
y parece que algo dice.
Pero no dice nada.

VOLVEREMOS AL LAGO

Volveremos al lago sin saber lo que somos,
dulcemente infinitos, mansamente perdidos,
mecidos por las aguas, y unidos, tan unidos
por el mundo sin nombre y el deseo sin forma
que ya nunca podremos decir qué nos une y separa.
¿Qué nos une? Poderes sagrados de la vida.
¿Qué se opone a lo cierto? ¿Qué quiere separamos?
Poderes encontrados de la vida creciente.
¿No somos lo real palpitante y abierto?
¿No somos la vida y el perpetuo comienzo?

de La soledad cerrada.

Se recomienda ver el programa de televisión Poesía más Poesía.

PRÓXIMO NÚMERO

38 Poesía más Poesía: Leopoldo de Luis

LEOPOLDO DE LUÍS

BIOGRAFÍA

Leopoldo Urrutia de Luis, más conocido como Leopoldo de Luis, nació en Córdoba el 11 de mayo de 1918. Año en que finalizó la Primera Guerra Mundial. Este año 2018 se cumple el centenario de su nacimiento.

Su padre era Alejandro Urrutia, un abogado e intelectual del grupo modernista cordobés, poeta republicano y amigo entre otros de Julio Romero de Torres. Su madre era Vicenta Luis Cea. Leopoldo firmaba sus obras después de la Guerra como de Luis, por ser Urrutia un apellido no grato para los sublevados del bando vencedor.

Al año de su nacimiento su familia se trasladó a Valladolid donde vivió hasta los 17 años. Año en que se trasladó a Madrid a finalizar el Bachillerato en el Liceo Francés y donde se licenciará en pedagogía. Vivió en la sección de menores de la Residencia de estudiantes y trabajó en una compañía de seguros privada.

Se alistó en el bando Republicano durante la Guerra Civil y entabló amistad con Miguel Hernández y León Felipe, German Bleiberg, Rafael Múgica (después Gabriel Celaya), entre otros. Terminó la guerra como capitán del estado mayor del general Escobar, en el frente de Extremadura. En la posguerra, entre 1939 y 1942 pasó por la cautividad en la Plaza de toros de ciudad Real y en el penal de Ocaña y estuvo en los batallones de trabajadores del franquismo en el campo de Gibraltar. En 1942 fue liberado. Recuperó su trabajo en la compañía de seguros de la que más tarde sería director y en 1944 se casó con María Gómez Sierra.

Es considerado un importante representante de la poesía española de la postguerra. “La voz más grave de la posguerra” en palabras de Dámaso Santos. Su obra poética se alternó con el ensayo y la crítica literaria. Colaboró con su poesía y su importante actividad crítico literaria en la mayoría de las revistas poéticas de la época como Garcilaso, Espadaña, Ínsula, Poesía Española, Cántico de Córdoba, Armadans y la Revista de Occidente. Una gran parte de su obra está consignada como Poesía social, en palabras de Miguel Losada “renuncia a la luna de los poetas mientras exista un niño sin pan y sin sonrisa”. Entre sus trabajos destaca un importante estudio sobre la poesía social española contemporánea. Con respecto a la poesía social decía: “No es lo mismo la poesía social que la poesía política ni que la poesía cívica. La poesía social se siente preocupada e inquieta por unos hechos humanos y reales y además corregibles. Pero no es capaz de darle solución. La poesía política cree que tiene la solución.

Mantuvo una larga amistad de 40 años con Vicente Aleixandre. Del que escribió su biografía. También escribió la biografía de Antonio Machado. Y estudios críticos sobre Miguel Hernández, de cuya obra es considerado un experto, y de autores de la Generación del 98 y la Generación del 27 a los que reconocía parte de su formación estética e incluso moral.

Su primera obra fue “Alba del hijo” que se publicó en 1946. Antes había realizado colaboraciones con Nuestra Bandera de Alicante y la Hoja del lunes de Madrid, y publicó un pequeño libro en 1937 donde se recogían poemas suyos y de Miguel Hernández sobre la guerra. En 1938 publicó el libro Romances con su nombre real Leopoldo Urrutia. Pero su primer libro se considera Alba del hijo, que es el primero que publica con el apellido de su madre. Esta obra fue seguida por Huésped de un tiempo sombrío, Juego limpio, La luz a nuestro lado, Del terror y la miseria. Y así hasta 38 títulos.

Fue Premio Nacional de Literatura por su obra “Igual que guantes grises” en 1979, reeditada por Grupo Cero en 2001. Y Premio Nacional de las Letras españolas en 2003. En 1999 recibió tres premios: el Premio León Felipe, el Premio Internacional de Poesía Miguel Hernández, Comunidad de Valencia, por su obra, y su libro, Generación del 98, publicado por la Editorial Grupo Cero, fue galardonado con el Primer Premio de Poesía de la Asociación Pablo Menassa de Lucía.

Con el recibimiento de este premio el poeta declarará: “En mi dilatada vida literaria he recibido algunos premios, unos mayores, otros menores, pero todos igualmente honrosos para mí. Recuerdo que el primero fue allá por los años 50, y éste es ahora, 40 años más tarde, pero resulta curioso que entre ambos, aquél primero y éste de hoy, haya algunas semejanzas. El de los años 50 llevaba el nombre de un poeta, Pedro Salinas; éste de hoy lleva el nombre de otro poeta, Pablo Menassa. Aquél era un poeta maduro que moría a los 60 años, éste de hoy es un poeta joven que muere a los 20. Si el primero me ayudó con su ejemplo y con su fervor poético, el de hoy me ayuda también con su muerte trágica y, desde luego, con la melancolía que viene también a unirse al mismo fervor poético. Además, el primero, Pedro Salinas, llegó a mí desde un país hispanoamericano, México; el Premio Pablo Menassa me llega de una Institución que se encuentra también, en cierto modo, enraizada en otro país hispanoamericano, la Argentina. Con los poemas de los años 50, yo me unía a la tierra, al aire, a la luz, a todo eso que une al hombre con la naturaleza; con los poemas de ahora, yo me siento solidario con mi tierra española en una de sus crisis públicas, y tanto políticas cuanto espirituales”.

Cabe mencionar un cuadernillo con una serie de poemas que Leopoldo de Luis escribió a colación de la muerte de su esposa y que recopiló y editó la Editorial Grupo Cero.

También recibió otros premios: En 2004 fue nombrado hijo predilecto de Andalucía. Medalla de Oro de Bellas Artes y de la Ciudad de Córdoba.

Leopoldo de Luis era un poeta muy culto, preocupado por los temas de la condición humana, de profundos principios éticos y una producción literaria excelente. Su poesía es calificada como poesía social y de testimonio.

En la entrevista que Carmen Salamanca le realizó en ocasión del Primer Premio de Poesía Pablo Menassa de Lucía, Leopoldo de Luís diría sobre la poesía: “Alguna vez la he definido como respirar por la herida. Entendamos herida como vivencia, como experiencia personal. La poesía nace de los sentimientos subjetivos, nace de la misma prosa de la vida, pero consiste en lograr que esos sentimientos y esa prosa trasciendan a valores estéticos mediante un lenguaje peculiar, una palabra cargada de contenido y una forma armónica y rigurosa. Todo ello debe ir envuelto en un ritmo que nace del propio poema, sin el cual la comunicatividad del poema puede frustrarse”.

“De todo y de todos es tributario el poeta. Cuanto le llega del mundo interior o del exterior le enriquece y le estimula. No sólo la belleza, porque también hay una estética de lo feo. El dolor suele ser más motivador que la alegría, como la duda es más fecunda que la fe. Pero, en último término, uno escribe de sus obsesiones, de sus preocupaciones. A mí, especialmente, me preocupa la condición humana, lo que somos y nuestros condicionamientos. Nuestra fisiología y nuestra psicología. De qué manera se enlazan el ser y el pensar. Por qué y cómo se alían la materia que resiste y la materia que insiste intelectualmente. Mente y materia, ¿no son, en el cuerpo humano, una misma cosa?

  En cuanto a la presencia en mí de otros poetas, no hay duda.
Todos los que he leído han tenido peso, en mayor o menor medida,
en mi formación. Cada vez que tomo la pluma están gravitando
sobre mi mano cuantos me precedieron. Quizá tendría que decir, con Borges, que me importa más lo que he leído que lo que he escrito, ya que importar quiere decir llevar dentro, y yo llevo dentro mis lecturas, en tanto que mis escritos ya están fuera.”

Celebración de las bodas de plata de Ángela Figuera, Madrid, 1959: de izda. a dcha., M.ª Luisa Madrilley, Amelia Figuera, Leopoldo de Luis, Gabriel Celaya, Amparo Gastón, Gabino A. Carriedo, Margarita González, Jesús G. Pacheco y Ángela Figuera ; de pie, Juan Ramón Figuera; sentado en primer plano, Julio Figuera
[archivo familiar]

“En un tiempo de guerras, de hambres, de injusticias como el mundo actual, en un tiempo enloquecido, la poesía es lo único que pone un poco de paz y de esperanza. Ya ve: estamos a punto de entrar en un nuevo siglo. En los anteriores, la Humanidad no ha sido capaz de eliminar tan graves lacras. Me temo que tampoco lo va a lograr en los venideros.
Pero siempre habrá un ser humano que enarbole desde la poesía una palabra de paz, de libertad, de protesta, de belleza, de amor. Esa es la esperanza. Como dice un verso del poeta Jorge Padrón, se le puede decir a la poesía: “sólo muere la mano que te escribe”.

En reflexiones sobre mi poesía de 1985 Leopoldo dirá: “para mí la poesía lírica es respirar por la herida”. No es la poesía solamente una forma de expresión sino la forma de expresar una entrañable realidad humana. “la poesía no suplanta nunca a la vida, sino que debe ser su compañera. Poesía como compañía de vida”. “Se puede vivir sin poesía, pero es perderse la mitad de su encanto. También se puede vivir sin amor, pero es perderse la otra mitad”. “La poesía es útil puede ayudar al hombre a comprender mejor el mundo”. “Pocas cosas me han proporcionado tanta fuerza moral como algunas poesías”. “De toda gran obra poética podemos salir mejores y más libres”. Y también dirá “soy un poeta que ha vivido intensamente su época, pero que no espera tener presencia dentro de unos años”. Y también insistiría en esta idea: “No hay verso libre, el verso como el hombre no es nunca del todo libre”.

Concibe “el poema como un objeto del lenguaje capaz de animarse a los transcendente”. Leopoldo de Luis se consideraba a sí mismo protestatario.

Amigo de Miguel Oscar Menassa, al que estimaba como “gran poeta cuya poesía torrencial y vivencial a la vez, a la vez imaginativa y realista, violenta y tierna, tiene una fabulosa capacidad de creación. Con la poesía de Menassa encontramos una especie de daga relajadora, una suerte de cuchillo o escalpelo que pasa sobre una carne raramente lírica, nos estimula desde sus páginas y además desarrolla una labor cultural de primer orden.”

Me detengo en estos detalles para que podamos comprender la naturaleza del poeta que dirige este programa, de la mano de un reconocido poeta como es nuestro homenajeado de hoy.

En una ocasión que Menassa le presentó a un joven integrante de los talleres de poesía Grupo Cero como el Maestro Leopoldo de Luis, cuando se ausentó el joven y de Luis y Menassa quedaron solos, Leopoldo le dijo a Miguel Oscar, “cuando estemos los dos juntos, el Maestro es usted”. Y en la presentación del libro Llantos del exilio, destacando el apartado vitalista y totalizador de la obra, afirma rememorando a Béquer, y exaltando las facetas pictóricas y literarias de Menassa: Poesía eres tú.

En una de sus cartas a Menassa le dijo que no se dejara influenciar por la poesía española”. Y en ocasión de un cumpleaños le escribiría:

CUMPLEAÑOS

Un año es como un torpe dromedario
y abrimos sobre él otro desierto.
Hemos venido en un camello muerto
sobre el que cabalgamos a diario.
¿Será cada año otra cabalgadura?
¿Cumplir años será algo más que un reto
o será ir descubriendo ese secreto
que nos espera tras la puerta oscura?
Cumplir años es como apostar fuerte
por la lenta derrota de la muerte
y ver que aún sigue abierta nuestra herida.
Miguel Oscar Menassa: todo empieza
de nuevo cuando juegas otra pieza
en el ajedrez rojo de la vida.

Miguel Oscar Menassa destaca de Leopoldo de Luis su generosidad.

En el acto de entrega del Primer Premio de Poesía Pablo Menassa de Lucía, que el poeta Leopoldo de Luis recibió de parte de la presidenta Olga de Lucía, el poeta afirmaba: “La poesía no termina, el poeta no es antorchero del fuego de la poesía, el poeta es el fuego mismo”.

Para terminar, una anécdota que el propio de Luis relata cuando le preguntan acerca de la utilidad de la poesía: “Acabo de viajar en un tren donde en el mismo vagón que yo viajaba un bastante numeroso grupo de deficientes mentales. Estas personas pasaron el viaje gritando sus incoherencias, manifestando sus obsesiones, balbuceando. Había unas enfermeras que las atendía y que procuraban dar cauce a estas incoherencias y armonizar un poco ese desconcierto de estas personas y yo no tenía más remedio que pensar si la poesía no es un poco como esas enfermeras que consiguen armonizar un poco las incoherencias que todo ser humano tiene, si la poesía no sirve para completar las muchísimas deficiencias psíquicas que cada uno tiene. Si no viene a salvarnos un poco de esos vacíos, de esas obsesiones. Porque la poesía hace suyos una serie de sueños y nos va revelando una serie de oscuridades y quizá es, por tanto, profundamente útil. Y esa poesía que consigue relacionarse con el espíritu de los demás puede ayudar poniendo un poco de luz en el mundo que está tan lleno de esos desajustes y manifestaciones tan dolorosas de la tragedia humana”.

Leopoldo de Luis falleció en Madrid el 20 de noviembre de 2005, a los 87 años de edad.

POEMAS

1946
De "Alba del hijo"

PRIMERA DEDICATORIA

SOMBRA apenas de vida. Imperceptible aliento.
Sólo vago aleteo de mi amor o latido.
Susurro que arrebata un milagroso viento
del árbol de mi sangre triste y estremecido.

Hálito débil, sombra tan sólo adivinada
en la oscura penumbra lejana de la vida,
donde el milagro es carne virgen de la mirada
y el misterio es el alba de la entraña dormida.

Pálpito de mis pulsos más allá de mí mismo.
Eco de mis latidos y sombra de mis tactos.
Proyección de mi vida hacia un nuevo heroísmo
por rutas indecibles y caminos exactos.

Proyección de mi vida, hoy sólo dulce peso.
Sólo extraño vahído por la materna frente.
Estagnación del aire suspirado del beso.
Perennidad de un sueño que nace diariamente.

Remanso de mi esfuerzo. Calma de mi arrebato.
Sosiego de mi frente. Silencio de mi grito.
Te presiento en el aire mudo de mi retrato,
jalón de mi entusiasmo, de mis angustias hito.

Ella, en la luminosa penumbra de su sueño,
ya te da dulces nombres con que vestir la rosa,
la ternísima rosa de tu cuerpo pequeño
que hoy llena esa penumbra del sueño luminosa.

Yo, te veo en mi torno, intuyo tu presencia,
mas tu al lado suspiro a precisar no acierto.
Te adivino en el gesto de su leve indolencia,
dulcemente cansado, vagamente despierto.

Te adivino en la sombra cárdena que sus ojos
agranda y hermosea de un fulgor fugitivo.
En la breve caricia de sus vestidos flojos
bajo el delgado aliento recientemente vivo.

¿Eres más que ese triste fulgor de sus pupilas?
¿Más que esa desvelada ansia de su ternura?
Como una clara sombra de realidad te afilas
y entre los sobresaltos la emoción se apresura.

El río de mi vida se ahíla y se adelgaza
para ser esa dulce gota de tu existencia
que desde el silencioso recinto nos emplaza
por este emocionado periplo de impaciencia

¿Cómo verás las cosas desde ese mundo interno,
tan ignoto aunque dentro de toda cosa viva?
Desde ese silencioso recinto tibio y tierno
donde cobra la sangre su voluntad creativa.

¿Cómo llamarte ahora que eres sólo una sombra,
un suspiro de vida interna, imperceptible?
¿Cómo llamarte si eres lo que sólo se nombra
con íntimas palabras de lenguaje indecible?

Huella de amor en prados de escondida ternura,
en ocultos jardines donde empieza la vida.
Mi corazón vestido con su emoción más pura
—sombra, temblor o hijo— te da su bienvenida.

1948
De "Huésped de un tiempo sombrío"

ESPERA

COMO tras de las losas fugitivas
donde el agua, corcel blanco, se aquieta
torna el campo a sus gracias primitivas
y la rosa a su línea o luz concreta.
Como tras del oscuro toro lento
que cornea la seda azul del alba
un claro mayoral de viento a viento
dorado va por la mañana malva.

Después del hielo de este invierno o llanto,
de este toro nocturno de amargura,
de este desnudo y dolorido canto,
de estas flores sin gracia ni hermosura,

sólo ese sol de la palabra espera
baña de luz el corazón cobarde,
sólo esa evocación de primavera
su rosa o fuego aquí en el pecho arde.

No es ya ni la esperanza, es solamente
una palabra o cuerda en la que suena
un eco de metal lejano, ausente,
bajo esta opaca y triste voz de arena.
Esperaré. Ya sé que en vano se hace,
como en vano la noche espera al día
que sólo al alcanzarlo, se deshace;
como es nada al llegar al mar la ría.
Canto mi soledad, álamo triste.
Lo que me abrasa canto, mientras muero.
¿Detrás del llanto un mundo nuevo existe?
Todos los días de mi edad espero.

1949
De "Los imposibles pájaros"

AUNQUE SIEGUE LA VOZ…

AUNQUE siegue la voz con que tu nombre
digo, tu nombre irá, como una hoguera
abrasando estos huesos y esta carne de hombre
con perpetuo verdor de primavera.

Aunque ciegue la herida de mis ojos
donde vive la luz de tus paisajes
en los del alma, de ceguera rojos,
siempre se estrellarán tus oleajes.

Aunque duela el silencio, como espada
fundida en lentas fraguas de amargura,
sonará esta verdad desesperada,
mordida tierra entre mi dentadura.

Sorda la voz, el sueño enarenado,
las pupilas, el alma, la garganta arañadas,
ronco, diré que hay en mi pecho, hincado,
un árbol que florece rosas ensangrentadas.

Respiro por la herida.
Por esta viva herida de mi muerte;
por esta mortal llaga de mi vida
que años y sueños y fracasos vierte.

Respiro por la herida este aire triste
empapado de humana pesadumbre.
Y un claro viento insiste
contra muros de tedio y de costumbre.

Pisando mi dolor, legiones de hombres pasan
ciegos, hacia esta misma hoguera mía.
¿Para siempre se salvan? ¿Para siempre se abrasan?
Yo sólo sé que busco mi verdad día a día.

1951
De "Los horizontes"

OSCUROS HOMBRES

OSCUROS hombres, vamos a la luz,
vamos a remontar los hoscos sueños.
Sé que lleváis irremediablemente
un tigre encadenado en vuestro pecho.
Pasivos agonistas de una vida
que sorda pasa y os escuece dentro
como un río de sal por vuestras venas,
como una roja ortiga en vuestro ceño.
Montón de soledades asediadas
por la injusticia, por el hambre, el miedo.
Solitarias angustias, hombres solos,
vamos, hacia la luz, a comprendernos.

Acaso la verdad, arriba, bate
sus alas cerca; abajo, acaso, lejos.
Acaso dentro de nosotros mismos
vuela, y llevamos nuestro propio cielo.

Tal vez amor. Tal vez se niegue el árbol
a florecer desde su pobre leño.
Absorto el hombre, estéril la ternura,
los ojos, puras fuentes, están secos.
Tal vez el corazón sólo es de tierra
y falta llanto para darle riego.
Tal vez si nos herimos las pupilas
liberadora lágrima alumbremos.

Oscuros hombres: vamos a la luz.
Solitarios alzáis vuestros silencios,
vuestro rencor, vuestra sombría nada,
vuestros helados y terribles fuegos.
A la impávida luz de la amargura
mirémonos: vamos a comprendernos.

1952
De "Elegía en otoño"

TRÁNSITO

Como la muda música del tiempo
suena tu paso próximo. Resbala
tu sombra cual los días en fluyente
transitar por mis surcos, como un agua.

Flotamos en el tiempo, en el continuo
ir del río. Nos lleva. Nos desgasta
lentamente. Nos suena honda en el pecho
la rota frialdad de su cascada.

Fuimos de abril. Teníamos
una luz inefable, como un ala.
Flor o pájaro o nombre
del amor, en el sueño y en la rama.

Fuimos también de mayo. Dulcemente
el mirar como un fruto se doraba
de presagios. Madura y entreabierta
la fresca pulpa en que el besar se abrasa.

El estío nos hizo arena ardiente,
carne encendida de besada playa
donde blancos caballos como espuma
por la sangre de agosto se abalanzan.
Como cuerpos de otoño nos amamos
bajo la luz dulcísima y dorada
y sentimos el cobre de noviembre
de hermosura sonar en nuestras almas.
Cuánto diciembre acude, cuánto enero
cerca el amor, la vida, la esperanza.
Por la nieve tus pasos cómo suenan
a rosas deshojadas.
Somos de tiempo. Soledad y tiempo
nos vuelven sombra y nada.

1954
De "El árbol y otros poemas"

LA CAJA DE MÚSICA

NOS sentimos sonar día tras día
en el silencio cóncavo del pecho.
Nos oímos la vida, resonancias
de música, de sueños,
de olvidadas, perdidas melodías,
de remotos, oscuros, tristes ecos.

Levantamos la tapa de la caja
con la memoria de insumisos dedos
y unas íntimas músicas oímos
remontando los años hacia dentro.

Rumorosos paisajes de armonía
que un niño cruza. Acentos
que dulcemente nos envuelven, manos
melodiosas. La luz en los almendros.
Las voces del verano. Aquellas tardes
que nos iban de carne y música vistiendo.

Oímos el amor como una hermosa
canción, ocultos árboles meciéndonos,
y unas lejanas flautas de nostalgia
sonando entre las cañas de los huesos.

Pautada luz de abril. Agosto en llamas.
Cobre de octubre. Otoño pone cerco
al corazón. Arroyos de noviembre.
Aguas huyentes en las que bebemos.

Cuán armoniosamente la esperanza
se hunde en la fronda de jardines secos
con su leve chascar de lento olvido
bajo los olmos cenicientos.

Música antigua.
Canción remota. Violines trémulos
que en repentinos llantos sueltan, rotas,
bajo los arcos de infundible hielo,
cuerdas heridas, venas musicales
donde la sangre pulsa sus lamentos.

¿Qué orquestas suenan?
¿Qué sones se armonizan, qué patéticos
tonos nos estremecen, qué invisibles
manos tañen los hondos instrumentos?

Y son las nuestras. Pasan
sobre pianos infantiles, viejos,
por quejumbrosas cajas, por metales
sensuales y frenéticos.

Son nuestras mismas manos
pálidamente azules por el tiempo
arrancándonos vida como notas
por escalas de lluvia y de recuerdo.

Esta caja de música del alma
se nos destapa lentamente dentro.
Nos sentimos sonar. Nos escuchamos
canción, música, ecos.

Acaso somos sólo nuestro propio sonido
con el que entre los años juega el viento.
Tal vez vivir no sea más que oírse
en la caja de música del tiempo.

1954
De "El padre"

LA PELEA

CRUELMENTE te callas, padre mío,
te sacudo con fuerza entre mis brazos.
Aunque te tengo siento que huyes como un río,
que de mí te deshaces a oscuros aletazos.

Como contra la vida golpeo contra el lecho
y te arranco estas ropas queriendo arrancar muerte,
queriendo arrancar vida contra el bosque del pecho
porque la roja rama del corazón liberte.

No te suelto. No puedes escaparte.
Con toda el alma clavo en ti mi dentadura.
Treinta años de mi vida tengo aquí de mi parte.
Contra tu muerte pongo mi ciega mordedura.

Quieres ensordecer, pero aunque sea.
Mi voz también contra el silencio lucha:
te sube por el cuerpo como una honda marea.
Dime que sí, que mi dolor se escucha.

Te callas ferozmente. Eres de roca.
O te haces sombra que invisible huya.
Te tengo aquí, al alcance de mi boca,
y ya no estás…

Te sales con la tuya.

1955
De "El extraño"

LA CONDENA

Aquí nos vemos nuevamente,
persiguiéndonos en la distancia.
No lo sabemos y llevamos
uno contra otro la mirada.

Oscuramente se alimenta
la luz injusta en nuestras brasas,
nos ilumina oscuramente
el turbio pozo de las lágrimas.

No lo sabemos. Y pasamos
como las fieras acosadas
desde la edad de una condena
hacia el llanto de una esperanza.

Y llevamos como una ortiga,
en nuestra carne la palabra,
la saliva irreconciliable
que por la sangre se adelanta.

No lo sabemos. Y vivimos
construyendo paredes, tapias,
tabiques, muros, que nos van
poco a poco tapiando el alma.

No lo sabemos. Y forjamos
cada día una nueva jaula.
Nos encontramos persiguiéndonos
sin saberlo. La vida pasa.

Nos trae, nos lleva, sordamente.
Tristemente. Nos abalanza.
No lo sabemos. Y el amor
no encuentra patria.

1957
De "Teatro Real"

A LUIS, EL CARPINTERO DE AL LADO DE MI CASA

Tú estás, Luis, trabajando tu madera,
dando artesana forma de instrumento
al pino azul, sacando de los troncos
los casi humanos y útiles objetos.

Tú con tu hacer fecundo, Luis. Tu sierra
y tu garlopa susurrante siento
tras la pared que nos separa. Escucho
en la materia vegetal tu empleo.
Oigo tus manos laboriosas mientras
labrar palabra verdadera intento,
desbrozar la palabra de sus ramas
secas, pulir el armonioso leño,
dar forma a esta materia que insumisa
en musical corteza oculta el hueso.

Esta materia en que trabajo apenas
suena bajo mi mano. En el silencio
tu vecindad se crece rumorosa.
Yo mis humildes materiales dejo
para escucharte. Pluma, papel, pobre
palabra que deshace el tiempo…
También quisiera yo lograr ahora
el seguro destino de tu esfuerzo,
el humano servicio de tu exacto
golpear. Un sencillo fin concreto
para los hombres. Como necesarios
utensilios, dejar palabras, versos,
sobre los que apoyar la vida. Como
lisas tablas de paz. Ser carpintero
de esas vivas maderas en que el hombre
ha de dejar su corazón, su peso,
reposando un instante. No es posible
cerrar oídos al sonoro ejemplo
de tu oficio artesano. No es posible
olvidar la materia en que ponemos
esta pasión diaria.

De las palabras crece un manifiesto
de sangre y de verdad. Una espera
de esa hermosa madera, cada día
trabajo contra el terco desaliento.

1957
De "Teatro real"

LA REPRESENTACIÓN

No se baja el telón. Alguien silencia,
no gesticula más, ha terminado.
Pero la función nunca. Los actores
repiten sus papeles ¿hasta cuándo?

Llegan en fila, gritan, se amontonan
o se persiguen por el escenario,
por el gran escenario, lloran, hablan,
se ríen, caen. La luz les hace extraños.

Monótonos repiten sus papeles:
viejísimos monólogos, no hay diálogos.
Cada cual clama por su propia herida.
Nadie escucha las voces del contrario.

Tartamudean torpes, trenzan torpes
hilos de voz, nudos de voz, de llanto;
o bien recitan de corrido, sueltan
su lengua de grotescos papagayos.

De cara a esta implacable batería
que los alumbra mortalmente, cardo
de luz que los araña, inician gestos
que se desploman tristes de sus labios.

Entre remotas muestras de fatiga
arrastran sus disfraces empolvados,
descoloridos, sus arcaicos trucos
que ensayan con mirada de cansancio.

Y van y vienen aturdidos, hoscos,
indiferentes, lentos, tropezando,
moviendo leves nubes de ceniza,
lloviendo un agua gris de sueño y llanto.

Súbitamente un fuego los conmueve,
los ciega. Se rechazan como hermanos.
Se desconocen, se odian, se abalanzan…
La luz sigue implacable contra sus rostros blancos.

¿Quién gobierna esta escena, quién apunta?
El director habrá tenido un fallo.
¿Nadie dirige, aquí, entre bastidores?
La luz, sólo la luz sigue alumbrando.

Hay un viejo traspunte que ahora nadie
ve, que nadie ha visto nunca, acaso.
Pero ya nadie atiende. Pasan, gritan,
desesperadamente alzan los brazos.

¿Quién mira a estos actores, quien escucha
sus voces repetidas, su viejo acento trágico?
Una gran sala en sombra, una gran noche,
una gran muerte enfrente.

No alcanzamos
a ver si hay en la sombra espectadores.
Sólo la luz, la luz sigue alumbrando.

1961
De "Juego limpio"

LA FRAGUA

Como el herrero contra el yunque día
a día el duro material trabaja,
tomo el metal oscuro de estos versos,
la sonora hoja azul de estas palabras,
las saco al rojo de mi lumbre, templo
su hierro sumergiéndolo en el agua
de mis ojos y busco una vez y otra
conseguir un acero de esperanza.

Todos vosotros golpeáis conmigo
en la misma materia cotidiana,
sonáis en este yunque, o soy quien suena
en vuestro golpear cada mañana,
como el hierro común en que las manos
de todos su seguro temple salvan,
y mi voz es tan sólo como una
mínima estrella que en el aire salta.

Pequeña estrella roja, breve esquirla
de luz. Golpeo. Golpead. Un ascua
puede encender, quiere encender. Su brillo
sueño que sea una sonrisa humana;
no llegará a ser rayo de alegría
pero algo más será que inútil lágrima.
Chispa menuda que del hierro oscuro
nace de pronto estremecida y clara.

Nuestro metal batimos. Nuestro acero
templamos. En la terca noche flagran
como constelaciones diminutas,
astros fugaces, luminosas patrias,
siderales espumas que las olas
de los sueños libertan y levantan
desde el fondo del pecho, golpe a golpe
del corazón, esa pequeña fragua.

1964
De "La luz a nuestro lado"

STRIP-TEASE

Llamita rosa en medio de la noche,
de una noche cuadrada, plena
de ojos que se anticipan a tus manos
sobre el pétalo grácil de tus prendas.
Llamita clara en medio de la noche
rítmicamente en alas de tus piernas
dibujando la línea de una música
que con distinta melodía suena,
que a ti te va sonando como a velos
en ascensión purísima e inversa
a la espuma del nylon y al encaje
musicalmente desceñidos, mientras
cobra cálidos tonos de lujuria
entre vaho rubio y humo violeta.
Llamita sola en medio de la noche
vacía de un oscuro lleno, hueca,
frente a la que amaneces solamente desnuda
como si fuese ante una isla desierta.
Pasas, miras, sonríes.
No ves. Tu rosa es una indiferencia
de música y perfume. Con la misma
facilidad rompe la primavera
sus vestidos oscuros de diciembre.
No estás desnuda, es que no estás apenas.
Estás entre tus cosas familiares,
junto a aquel dulce beso tras la puerta,
por la tarde en el campo o la lejana
niñez de breve pájaro en las trenzas.
Entre tanto la noche se desnuda
cuadrada en vaho y humo espesa,
frente a ti hace strip-tease, arroja falsas
vestiduras, caretas
diarias. Tras los ojos que recorren
los trayectos con gula de tus sedas
van surgiendo desnudos seres, gentes
van emergiendo en su feroz miseria.
El importante hombre de negocios
tras los que sus finanzas arruinaron. Presenta
el laureado general a sus soldados muertos.
El embajador rompe su chistera.
El probo funcionario
súbitamente piensa
en sus lejanas zapatillas. Todos
están desnudos. No se han dado cuenta
que están desnudos frente a ti, que pasas
vestida de inconsciencia.

Llamita triste en medio de la noche.
Todos contigo hacemos esa
verdad, ese strip-tease, ese despiece,
si nos miramos nada ya nos resta.

Nos quedamos desnudos en la noche,
somos el cuerpo azul de la tristeza
moviéndose en la noche solitaria
frente a los ojos huecos de una fiera
de pasión y de odio, somos seres
desamparados tras absurdas prendas
de falsas actitudes, de rencores,
de sueños que jamás se cumplen, ciegas
verdades que jamás se dicen,
justicias que jamás se encuentran,
sedes que no se sacian nunca,
credulidades que no son creencias,
credos que nadie cree…
Trajes,
camisas son de fuerza
del pobre loco que desnudo mira
la noche en torno suyo de la pena.

1970
De "Con los cinco sentidos"

OIGO LA VOZ

Oigo tu voz, puente sonoro
por el que entrar hacia tu mundo,
musical galería que conduce
hasta tu reino más oculto.

Suena tu voz, camino audible
por donde subes del profundo
pozo escondido, caracola por
la que tu corazón no es mudo.

Sé que vives por tu palabra,
sé que vivo porque la escucho.
La vida es voz que nos revela,
que nos saca de lo nocturno.

El hombre es vida que va haciéndose,
vida fluyente hacia el futuro,
vago proyecto enamorado
que en la palabra encuentra anuncio.

Oigo las voces de los otros,
casi sibilas, casi augurios.
Me oigo la voz con la que desde
mis soledades me pronuncio.

Palabra: chispa que me suelda
con quien me busca y con quien busco.
Cuerda sonora que nos une,
humana voz, humano nudo.

El corazón es como un río
y la palabra su acueducto.
Cuando suena más honda y grave
es porque habrá llovido mucho.

Oír: saber que entre nosotros
su nombre tiene cada uno,
que cuantos van al lado nuestro
no son fantasmas, no son humo.

Voz, palabra, significado,
realidad audible o escudo
frente al silencio de la nada:
esa mudez, ese sepulcro.

Háblame tú. Que en tu palabra
me llegue un hálito seguro,
que me cerciore realmente
de esta vida a que no renuncio.

1971
De "Reformatorio de adultos"
con "De aquí no se va nadie"

HACIENDO TRAZOS

A veces me entretengo haciendo trazos
sobre el papel. Las rayas
como flechas se cruzan en el aire
blanco de la cuartilla. Ráfagas
son, borrando ahora caminos
que decididamente roturaban.
Y me enmimismo tras el laberinto
de líneas que me arrastran
y voy perdiendo pie, voy sumergiéndome
en su terrible nada,
en su desconcertante paradigma
de desorientación o vida o racha
de destino. Me pierdo. Soy un ciego
sobre el papel, que es mi papel, mi carta
de navegar sin rumbo, mi retrato,
mi desesperación, mi historia hallada
y perdida de nuevo y para siempre
porque no soy sino una inútil raya
que viene y va, dibuja jeroglíficos
de dolor y amargura y esperanza
y abre precipitantes galerías
hacia el vacío y tuerce rápidamente.
Cae al abismo de una pena
tan absolutamente innecesaria
como las remontadas alegrías
que sin porqué de vez en vez escala.
No soy más que este absurdo, este dibujo
sin razón y sin causa.

Jamás completaré un solo rectángulo,
nunca estará la curva bien cerrada.
Mi vida entera es este lapicero
corriendo a un lado y otro, soy la marca
de un grafito tedioso; me revela
este ininteligible cardiograma.
No tengo rostro, ni figura, nadie
me reconoce, ni mi nombre habla
por mí. Soy solamente el zigzagueo
enrevesado, inútil de unas rayas
que una mano cruelmente ovillea
en una triste página.

1979
De "Igual que guantes grises"

LA PALABRA

LA libertad está aquí, en este hueco
sonoro,
en esta breve concha pronunciada.
Saberla, darle un orden, entenderla,
cuidarla como a madre o como a hija,
potenciar su fervor y su sentido,
vivificarla con la propia sangre,
sentarla en las rodillas de las gentes,
acunarla en el pecho hondo del pueblo,
templarla al sol rugoso de los campos,
airearla en las puras arboledas,
pasarla por las piedras ancestrales,
proyectarla a la lumbre de mañana,
dejarla que jadee entre fabriles
maquinismos, en tráfagos mineros,
asociarla al trabajo y a la pena,
a la rosa inicial de la alegría
y al gris rosario de las decepciones,
acompasar su música al latido
del corazón de todos, masticarla
como el pan que se suda, hacerla trago
de agua o de vino para sed y seca
garganta, convertirla en guante oscuro
para agarrar el hierro incandescente
del ansia de justicia, hacerla paño
para las cotidianas vestiduras,
dejarla recorrer como un zafiro
líquido entre los dientes defensores,
como un diamante blando y moldeable
mojarla entre los labios sensualmente.
Decirla y repetirla: pronunciarla.
Es el más subversivo y más humano
de los pronunciamientos.

1981
De "Entre cañones me miro"

LOS ENCUENTROS

NOS hemos encontrado con la pena.
Una mujer cruzando mudamente.
De pronto pareció que nos miraba
pero sus ojos lo indagaban todo
y hasta el fondo del mundo recorrían.

Nos hemos encontrado con el llanto.
Fuimos un poco de agua de su río
que traspasa la tierra de amargura
y mantiene los ojos como nubes
para sus torrenciales avenidas.

Nos hemos encontrado con el tedio.
Es una yedra antigua que carcome
la columna del tiempo y su constancia.
Se acogió alguna vez a las paredes
donde quisimos instaurar la rosa.

Nos hemos encontrado la injusticia
imponiendo su puño contrahecho,
sembrando sal, talando primaveras,
helando en nuestros labios las palabras.

Nos hemos encontrado con el perro
herido del rencor. Su piel quemaba.

Mas también encontramos la alegría,
niña un poco asustada, con sus ojos
como pequeños soles de verano.
De nuestra mano vino entre alamedas
que aún se mecen al aire del recuerdo.

Entre tantos encuentros tal vez fuese
más propio que escribiera:
nos hemos encontrado con la vida.

1983
De "Una muchacha mueve la cortina"

LA NADA DEMASIADO CERCA

La nada se ha acercado demasiado
y la he visto: era yo, mi mismo rostro,
los mismos ojos con que me contemplo
en el hielo de todas las mañanas.
Era mi sombra, mi silueta a media
altura gris y mi sumida boca.
La nada está tan cerca de mi mano
que la he tocado al apretar mi pecho.
Soy un rey Midas de otros exorcismos
y cuanto toco es nada de repente.
Porque la nada existe: se halla en
este presagio de fugaz impulso,
esta vaga presencia que se anula,
este borde, este filo de navaja
por donde me paseo silenciosamente,
mientras la nada me recorre.
La nada es mi raíz. Raíz de nada,
sustenta como a un árbol de vacío.
Soy el vacío de un árbol al viento
de la nada que brota inevitable
desde la presunción de ser yo mismo.
(Se me ha acercado tanto
que la he mirado, y era yo al espejo.)

1985
De "Del temor y la miseria"

LOS CUENTOS

“… y que el miedo del hombre
ha inventado todos los cuento

León Felipe

Un hombre en lo remoto de los siglos
debió de ver alguna noche el miedo.
Yo lo he sabido porque entre las sombras
de mi cuarto aún fulgir sus ojos siento.
Un hombre en lo remoto de los siglos
debió de estremecer de horror su cuerpo.
Yo lo he notado porque algunas veces
no sé por qué también yo me estremezco.
Un hombre en lo remoto de los siglos
debió de sollozar entre sus sueños.
Yo me percato porque muchas noches
de súbito llorando me despierto.
Un hombre en lo remoto de los siglos
debió perder su realidad, su peso.
Yo lo percibo porque me doy cuenta
de que no soy sino un extraño hueco.
Un hombre en lo remoto de los siglos
para tranquilizarse inventó un cuento.
Yo lo descubro porque día a día
repito sus historias sin quererlo.

1990
De "Reformatorio de adultos"

LO MISMO QUE CANSADOS

Todos somos lo mismo que cansados
leones. Entornamos los ojos. Pasa el tiempo
su látigo. Otro día. Lentamente
el circo estrecha el cerco.
Giró otra vez la vida en nuestro eje
un poco. Sostuvimos un momento
el mundo en nuestras manos. Un segundo
en nuestro hombro gravitó su peso.
Hubiera sido todo al fin posible
—todos somos gastados sueños—
pero la mano —la que un día
tocó el amor— no conquistó más que esto.
Por la ventana ves pasar ahora
la vieja historia o bien el nuevo cuento.

Todos somos una ventana
que da a la realidad, o da al espejo
de nuestra soledad tan repetida
como cada uno de nosotros. Dentro
se sublevan oscuras poblaciones,
se rebelan sombríos pueblos
ocultos. Nada grave. Todos somos
abortados pronunciamientos.
La tarde aplaca al sol, reduce brillos
y armoniza los desconciertos.

Estás cansado. Estamos. Somos todos
fatigados leones. Callan lejos
las máquinas. Cerrados los oficios,
se acurruca en la sombra gris el perro
de la costumbre. Todavía quedan
batallas por librar en el recuerdo.
Desde su fondo ascienden lodo, llanto,
sangre, como un día llovieron,
como llueve aún. Mientras, la luna
sobre nuestra cabeza. Ahora sabemos
que esas sencillas flores tan difíciles:
paz, libertad, justicia, en sus barbechos
no vamos a encontrarlas. Su materia
es esta misma costra oscura. Menos
mal. Otras lunas hay. Planetas
quedan para ahuyentar el miedo.
Fuera mejor no saber nada. Acaso
es la felicidad este silencio
de atardecer. Pobres protagonistas
de un repetido y trágico argumento.

1996
De "Casisonetos de la última tuerca"

EL ESPEJO

Miré mi rostro en el espejo: ¿ése
soy yo?, me pregunté. Y algo pasaba
por la luna, una sombra que empañaba,
que empaña mi cristal, aunque me pese.
Salí. Otra habitación. Unos instantes
contemplé las paredes como tumbas,
como sombrías y hondas catacumbas
que me volvieron al espejo de antes.
Y cuando volví a verme en el espejo
comprobé con asombro que el reflejo
de mi rostro era otro diferente.
¿Cuál de los dos seré? ¿O será acaso
que somos otro siempre, a cada paso,
y el verdadero yo siempre está ausente?

2000
De "Generación del 98"

DON RAMÓN DEL VALLE INCLÁN CAMBIA DE CABALGADURA

El fin de siglo vió pasar la máscara
de Valle Inclán, el esperpento vivo
del escritor de libros más hermosos
del reino modernista.

El Marqués de Bradomín era su hermano,
discípulos los dos del Aretino,
ambos sabían que lujuria es madre
del mundo y a la vez de la tristeza.

Aún recordaba a aquella Niña Chole
cuando en el año cinco se despide
de María Antonia en su jardín de invierno.
(Rubén Darío quiso dedicarle
un soneto autumnal).

Abandonada ya la hermosa cuadra
de caballos, ¿quién puede ahora negarle
la parda mula del noventayocho
para cruzar el viejo ruedo ibérico
con el trapo amarillo de la burla
y el esperpento rojo del sarcasmo?

Una comedia bárbara es la vida
o es un tablado loco,
según en qué montura se cabalgue.
En todo caso, siempre
hay un aroma de leyenda
que dolor y temor algo mitigan.
Y entre el deseo y la amargura
“el alma de la tarde se deshoja en el viento”.

LAS PALABRAS

No digas que son poco las palabras,
esos guantes que visten
los infinitos dedos del silencio,
esas manos cargadas de sentido
merced a su gamuza tan sonora
que hasta la soledad se vuelve humana
y salen desde el fondo de la tierra
las sílabas heridas o pequeños gusanos
que balbucen raíces y misterios.

No digas que son poco las palabras
porque no desintegran los refugios
del hambre o la injusticia. ¿Es poco el sol,
y tampoco derrota a la amargura?
¿Con qué si no con su manopla hablada
iban a usar el bisturí del miedo
para cortar el cáncer de la muda
indiferencia que nos hace bloques
solitarios, ajenos, inauditos?

Las teje densa urdimbre solidaria,
un hilo humano las hilvana y cose
y en su hueco sonoro soy fraterno.

DA MIEDO

Da miedo ver la luna silenciosa
que el hombre pisa como a muerto olvido
o muere en torno suyo hecho satélite
de hueso seco en un cósmico exilio.

Da miedo ver la noche en torno nuestro
grave propagación de un precipicio
en cuyo fondo duermen los cadáveres
de cada uno de nosotros mismos.

Da miedo ver el día por un cielo
donde el remoto pecho avanza ígneo
del sol que si amanece para todos
va a tener un reparto muy distinto.

Da miedo ver la vida manejada,
introducida en ciegos laberintos,
transfigurada en tiendas de disfraces,
manipulada por malabarismos.

Da miedo ver la gente por la calle,
dan miedo el hombre, la mujer, el niño
que van andando sin saberlo sobre
las grietas de inminentes cataclismos.

Da miedo abrir los ojos y ver fuera
y da miedo cerrarlos de egoísmo.

LA MANO

Toca mi mano. Apenas es un guante
para el amor y la desesperanza,
apenas en las cosas se afianza,
apenas palpa todo un breve instante.

Toca en mi mano esta sombría tela
para el ansia de asir tanta derrota,
apenas es una tenaza rota,
apenas una rosa que se hiela.

Toca mi mano enjuta de aire triste.
Por las llaves del tiempo aún se desliza
con ademán ansioso de herramienta.

Apenas es ya fragua que resiste
y debajo del guante de ceniza
oculta el hueso su amarilla afrenta.

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