40. Poesía más Poesía: Walt Whitman

WALT WITHMAN

BIOGRAFÍA

Considerado como el padre de la moderna poesía estadounidense, su influencia ha sido amplia también fuera de ese país. Entre los escritores que se han visto marcados por su obra figuran Rubén Darío, Wallace Stevens, León Felipe, D.H. Lawrence, T.S. Eliot, Fernando Pessoa, Pablo de Rokha, Federico García Lorca, Hart Crane, Jorge Luis Borges, Pablo Neruda, Ernesto Cardenal, Allen Ginsberg o John Ashbery, entre otros.
El trabajo de Whitman rompe los cánones de la forma poética y es generalmente cercano a la prosa. Utilizó imágenes y símbolos inusuales en poesía como hojas podridas, ramitas de paja y escombros. También escribía abiertamente sobre la muerte y la sexualidad, incluyendo la prostitución. Es frecuentemente etiquetado como el padre del verso libre.
Whitman escribió en el prefacio de 1855 en Hojas de hierba: “La prueba de un poeta es que su país lo absorba sentimentalmente de la misma forma que él absorbió a su país”. Creía que había una vital y simbiótica relación entre el poeta y la sociedad, esta conexión está enfatizada especialmente en Canto a mí mismo gracias al uso de una poderosa primera persona narrativa. Como ejemplo del americano épico, se desvió del uso común de la figura del gran héroe y por el contrario asumió la identidad de la gente común. Hojas de hierba también responde al gran impacto que la reciente urbanización había tenido en las masas de los Estados Unidos.


Walter Whitman nació el 31 de mayo de 1819 en West Hills, un pueblo de Huntington (Long Island). Sus padres, Walter Whitman y Louisa Van Velsor, tenían creencias afines a los cuáqueros, una comunidad religiosa sin credo definido que pretende revivir el cristianismo primitivo. Hijo de madre holandesa y padre británico, fue el segundo de los nueve vástagos de una familia con escasos recursos económicos e inmediatamente fue apodado “Walt” con el fin de distinguirlo de su padre. A los cuatro años, Whitman se muda con su familia de West Hills a Brooklyn, viviendo en una serie de casas, en parte debido a malas inversiones. Whitman recordaría más tarde que su niñez fue un tiempo de escasez cuando no de infelicidad por las dificultades económicas de la familia. Sin embargo, vivió momentos felices como cuando, durante una celebración en Brooklyn del 4 de julio (Día de la Independencia de los Estados Unidos) de 1825, fue levantado en el aire y besado por el Marqués de Lafayette.
Pasó sólo ocasionalmente por la escuela y pronto tuvo que empezar a trabajar. A la edad de once años Whitman terminó sus estudios formales. Luego comenzó a trabajar para llevar dinero a su familia. Fue empleado de oficina para dos abogados y más tarde pasó a ser aprendiz en el semanario de Long Island The Patriot, editado por Samuel E. Clements. Allí Whitman aprendería sobre impresión y tipografía y también allí, por primera vez, escribiría composiciones sentimentales. Clements, el editor, se vio envuelto en una controversia cuando él y dos amigos más intentaron desenterrar el cuerpo de Elias Hicks, (un predicador cuáquero itinerante de Long Island, que estaba en contra de la esclavitud) para fabricar un molde de plástico con su cabeza. Poco después, dejaría The Patriot, posiblemente como resultado de esta polémica.


Al año siguiente Whitman trabajó para otra imprenta, Erastus Worthington, en Brooklyn. Su familia se mudó nuevamente a West Hills en la primavera, pero él se quedó en Brooklyn y tomó un trabajo en la tienda de Alden Spooner, editor del semanario The Long-Island Star. Mientras trabajaba allí, Whitman se convirtió en el patrón de la librería local, se unió a debates sociales sobre la ciudad, comenzó a asistir a representaciones teatrales y anónimamente publicó algunos de sus primeros poemas en el New York Mirror.
A la edad de dieciséis años, en mayo de 1835, abandonó el Star y también Brooklyn. Se mudó a la ciudad de Nueva York para trabajar como tipógrafo, aunque años más tarde no podría recordar dónde. Tuvo problemas para encontrar empleo, en parte por un grave incendio en la imprenta, y en parte por un colapso general de la economía que llevó al Pánico de 1837.
En mayo de 1836 se reunió con su familia, que vivía en Hempstead (Long Island). Enseñó intermitentemente en varias escuelas hasta la primavera de 1838, a pesar de no estar satisfecho siendo maestro. Después, regresó a Huntington (Nueva York) para fundar su propio periódico, The Long Islander. Trabajó simultáneamente de editor, periodista y distribuidor, llegando incluso a repartir personalmente la publicación.
Allí se despertó su afición por el periodismo, interés que le llevó a trabajar en varios diarios y revistas neoyorquinos. Al inicio de su carrera, también produjo una novela, Franklin Evans (1842). Fué nombrado director del Brooklyn Eagle en 1846, permaneciendo en el cargo sólo dos años debido a su disconformidad con la línea abiertamente pro-esclavista defendida por el periódico.
Su afición por la ópera (género que influyó enormemente en su obra poética) le permitió coincidir en una noche de estreno con un dirigente del periódico de Nueva Orleans Crescent, quien lo convenció para que dejara Nueva York y aceptase una oferta para trabajar en el diario en Nueva Orleans.
En 1848 durante el viaje hacia al Sur, tuvo la oportunidad de contemplar una realidad, la de provincias, para él totalmente desconocida y que, en definitiva, sería decisiva para su carrera futura. Por todo este conjunto de experiencias, cuando regresó a Nueva York unos meses después, abandonó el periodismo y se entregó por completo a la escritura.

Whitman aseguraba que tras competir durante diez años por “los premios usuales” –reconocimientos tradicionales–, decidió convertirse en poeta. En un comienzo experimentó con una variedad de géneros populares que apelaban a los gustos culturales de la época.
A principios de 1850, comenzó a escribir lo que se convertiría en Hojas de hierba, una colección poética que continuaría editando y revisando hasta su muerte. Intentó componer una épica americana única y utilizó el verso libre con una cadencia basada en la Biblia. Sobre el final de junio de 1855, sorprendió a sus hermanos con la ya impresa primera versión. George, uno de ellos, dijo: “No esperaba que valiese la pena leerlo” “basura profana y obscena” y al autor “un gil pretencioso”.
Él mismo pagó la publicación de su primera edición, que llevó a cabo en una imprenta local durante los tiempos de descanso de su trabajo comercial. Fueron impresas un total de 795 copias. De los 795 ejemplares de la tirada, Whitman vendió pocos y regaló la mayoría, uno de ellos a Ralph Waldo Emerson, importante figura de la escena literaria estadounidense y su primer admirador, quien escribió una carta de cinco halagadoras páginas a Whitman y habló sobre el libro de manera excelente a sus amigos. Su crítica, muy positiva, motivó a Whitman para seguir escribiendo, a pesar de su ruinosa situación económica y de la nula repercusión que, en general, habían tenido sus poemas. El libro fue una tentativa de tender los brazos hacia el ciudadano común con una épica americana.
La edición fue anónima y, sin embargo, ocupando la portada había un retrato suyo realizado por Samuel Hollyer. En el cuerpo del texto se llamaba a sí mismo “Walt Whitman, americano, uno de los duros, un cosmos, desordenado, carnal y sensual, no sentimental, no por encima de hombres o mujeres o aparte de ellos, no más modesto que inmodesto”. El libro recibió un gran apoyo por parte de Ralph Waldo Emerson.
El 11 de julio de 1855, unos pocos días después de que Hojas de hierba fuese publicado, el padre de Whitman falleció a la edad de 65 años.
En los meses consecutivos a la publicación de la primera edición de Hojas de hierba, las respuestas críticas comenzaron a centrarse en lo “ofensivo” de los temas sexuales más que en la poesía misma. A pesar de que la segunda edición estaba lista e impresa, el editor fue reticente a distribuirla. Al final esta edición salió a la venta con veinte poemas adicionales en agosto de 1856. Fue revisada y re-publicada en 1860, luego en 1867, y una cantidad notable de veces mientras duró la vida de Whitman. Varios famosos escritores admiraron su trabajo lo suficiente como para visitarle. Entre ellos se cuentan Bronson Alcott y el teórico Henry David Thoreau.
Durante las primeras publicaciones de Hojas de hierba, Whitman tuvo dificultades financieras y se vio forzado a trabajar otra vez como periodista, específicamente como editor en el Brooklyn’s Daily Times, comenzando en mayo de 1857. Revisaba los contenidos de los escritos, contribuía con críticas literarias y escribía editoriales. Abandonó el trabajo en 1859, no estando claro si fue despedido o decidió irse.
La noticia de que su hermano George había sido herido, al comienzo de la Guerra Civil o guerra de secesión, le impulsó a abandonar Nueva York para ir a verle a Fredericksburg. Más tarde se trasladó a Washington, donde, apesadumbrado por el sufrimiento de los soldados heridos, trabajó voluntariamente como ayudante de enfermería.

Walt Whitman y Peter Doyle.


Tras el fin de la guerra civil, se estableció en Washington y trabajó para la Administración. Allí publicó varios ensayos de contenido político, en los cuales defendía los ideales liberales y la democracia, pero rechazaba el materialismo que, a su juicio, impregnaba la vida y las aspiraciones de la sociedad estadounidense.
Whitman fue el primer poeta que experimentó las posibilidades del verso libre, sirviéndose para ello de un lenguaje sencillo y cercano a la prosa, a la vez que creaba una nueva mitología para la joven nación estadounidense, según los postulados del americanismo emergente. El individualismo, los relatos de sus propias experiencias, un tratamiento revolucionario del impulso erótico y la creencia en los valores universales de la democracia son los rasgos novedosos de su poética; en línea con el romanticismo del momento, propuso en su poesía una comunión entre los hombres y la naturaleza de signo cercano al panteísmo.
Tanto por sus temas como por la forma, la poesía de Whitman se alejaba de todo cuanto se entendía habitualmente por poético, aunque supo crear con los nuevos materiales momentos de hondo lirismo. Su influencia sería perceptible en las sucesivas generaciones líricas, tanto en su país (desde William Carlos Williams hasta Allen Ginsberg) como en otras literaturas (Rubén Darío o Federico García Lorca).
El poeta se refirió a temas políticos durante toda su vida. Apoyó la cláusula Wilmot que prohibía la esclavitud y se opuso a la extensión de la esclavitud, si bien fue muy crítico con el movimiento abolicionista.
En 1865 escribió el famoso poema O Captain! My Captain! (¡Oh, Capitán! ¡Mi Capitán!) en homenaje a Abraham Lincoln después de su asesinato.
Últimos años
Después de sufrir un accidente cerebrovascular en los albores de 1873, Whitman fue animado a mudarse desde Washington a Nueva Jersey junto a su hermano George y su madre, que ya estaba muy enferma y murió ese mismo año durante el mes de mayo. Ambos sucesos fueron difíciles para Whitman y lo dejaron deprimido. Se quedó en casa de sus hermanos hasta que pudo conseguir una casa propia. Sin embargo, antes de lograrlo, pasó un período brillante en la residencia de su hermano en Candem, donde también vivía su otro hermano Edward, inválido desde su nacimiento. Fue una época altamente productiva, publicando tres versiones más de Hojas de hierba, entre otras obras. También fue entonces cuando recibió la visita de Oscar Wilde y la del pintor Thomas Eakins.

En 1884, cuando su hermano y su nuera fueron forzados a mudarse por sus negocios, compró su propia casa en el número 328 de la calle Mickle, y comenzó a tener trato con Mary Oakes Davis, una vecina viuda de un capitán de marina. Ésta Se mudó junto a Whitman en febrero de 1885 para servir de ama de llaves como pago del alquiler. Llegó a la casa junto a su gato, un perro, dos tortugas, un canario y otros animales domésticos. Durante este período Whitman produjo varias ediciones más de Hojas de hierba (1876, 1881 y 1889.)
Mientras se aproximaba el fin del año 1891, preparó una edición final llamada comúnmente Del lecho de muerte. Escribió: “Hojas de hierba al fin completo, luego de treinta y tres años de mutilaciones, en todos los tiempos y humores de mi vida, en clima pobre y completo, en todas partes de la tierra, en paz y en guerra, joven y anciano”. Preparándose para su muerte hizo erigir un mausoleo de granito con forma de casa por unos cuatro mil dólares y lo visitó varias veces durante su construcción.
En su última semana de vida estaba muy débil como para manejar un cuchillo o un tenedor y escribió: “Sufro todo el tiempo. No tengo alivio, ninguna escapatoria: es monotonía – monotonía – monotonía en el dolor”
Whitman murió en marzo de 1892. Una autopsia reveló que sus pulmones habían disminuido a un octavo su capacidad normal de respiración, como resultado de una bronquitis pulmonar, y que un absceso del tamaño de un huevo en su pecho había bloqueado una de sus costillas. La causa de la muerte fue oficialmente “pleuresía en el lado izquierdo, contusión en el miembro derecho, tuberculosis general y nefritis parenquimatosa”.
Una vista pública de su cuerpo fue organizada en su casa de Camdem. Más de mil personas la visitaron en tres horas y según crónicas del suceso el ataúd de roble era prácticamente imposible de ver a causa de las flores y las guirnaldas que le fueron ofrendadas.
Cuatro días después de su muerte fue enterrado en su tumba ubicada en el cementerio de Harleigh en Camden. Se celebró luego una segunda ceremonia pública con amigos dando discursos, música en vivo y bebidas y su funeral se convirtió en un espectáculo público. Murió a los 72 años.
Un amigo de Whitman, el orador Robert Ingersoll, se encargó del discurso mortuorio. Más tarde los restos de los padres y los hermanos de Whitman y de sus familias fueron trasladados al mausoleo.
El estilo de vida vagabundo de Whitman fue adoptado por el movimiento beat y sus líderes como Allen Ginsberg o Jack Kerouac y también por los poetas antibelicistas Adrienne Rich y Gary Snyder.
Lawrence Ferlinghetti se contaba a sí mismo entre “los hijos rebeldes” de Whitman, y el título de su colección de 1961 Al partir de San Francisco es una deliberada referencia al famoso poema de Whitman Al partir de Paumanok.
El gran escritor argentino Jorge Luis Borges admiraba mucho a Whitman y más de una vez aclaró que se vio ampliamente influido por su literatura, cuando no obsesionado. En el prólogo a su libro El oro de los tigres, Borges sin embargo matiza: “Para un verdadero poeta, cada momento de la vida, cada hecho, debería ser poético, ya que profundamente lo es. Que yo sepa, nadie ha alcanzado hasta hoy esa alta vigilia. Browning y Blake se acercaron más que otro alguno; Whitman se lo propuso, pero sus deliberadas enumeraciones no siempre pasan de catálogos insensibles”. Más tarde Borges escribiría un poema dedicado a la memoria de Whitman, titulado Camden, 1892, lugar y fecha de su muerte.

POEMAS

“CANTO A MÍ MISMO” (Traducción de Jorge Luis Borges)

Yo me celebro y yo me canto,
Y todo cuanto es mío también es tuyo,
Porque no hay un átomo de mi cuerpo que no te pertenezca.
Indolente y ocioso convido a mi alma,
Me dejo estar y miro un tallo de hierba de verano.
Mi lengua, cada átomo de mi sangre, hechos con esta tierra, con este aire,
Nacido aquí, de padres cuyos padres nacieron aquí, lo mismo que sus padres,
Yo ahora, a los treinta y siete años de mi edad y con salud perfecta, comienzo,
Y espero no cesar hasta mi muerte.
Me aparto de las escuelas y de las sectas, las dejo atrás;
me sirvieron, no las olvido;
Soy puerto para el bien y para el mal, hablo sin cuidarme de riesgos,
Naturaleza sin freno con elemental energía.
Creo en ti, mi alma, el otro que soy no se rebajará ante ti,
Y tú no te rebajarás ante él.
Tiéndete en el pasto conmigo, desembaraza tu garganta,
No son palabras, ni música, ni versos lo que preciso, ni hábitos, ni
discursos ni aun los mejores,
Sólo quiero el arrullo, el susurro de tu voz suave.
Recuerdo cómo nos acostamos una mañana transparente de estío,
Cómo apoyaste la cabeza sobre mis caderas y la volviste a mí dulcemente,
Y abriste mi camisa sobre el pecho y hundiste tu lengua hasta tocar mi corazón desnudo,
Y te estiraste hasta tocarme la barba, y luego hasta tocarme los pies.
Velozmente se irguieron y me rodearon el conocimiento y la paz que
trascienden todas las discusiones de la tierra,
Y desde entonces sé que la mano de Dios ha sido prometida a la mía,
Y sé que el espíritu de Dios es hermano del mío,
Y que todos los hombres que han nacido son mis hermanos, y las
mujeres mis hermanas y mis amantes,
Y que el sostén de la creación es el amor,
Y que son innumerables las hojas rígidas o que se curvan en los campos,
Y las negras hormigas en las grietas bajo las hojas,
Y las mohosas costras del seto, las piedras hacinadas, el saúco, la
candelaria y la cizaña.
Soy el poeta del Cuerpo y soy el poeta del Alma,
Los goces del cielo están conmigo y los tormentos del infierno están conmigo,
Los primeros los injerto y los multiplico en mi ser, los últimos los
traduzco a un nuevo idioma.
Soy el poeta de la mujer no menos que el poeta del hombre,
Y digo que es tan grande ser mujer como ser hombre,
Y digo que nada es mayor que ser la madre de los hombres.
Entono el canto de la exaltación o de la soberbia,
Ya estamos hartos de plegarias y de zalanderías,
Muestro que el tamaño no es más que crecimiento.
¿Has dejado atrás a los otros? ¿Eres el presidente?
Es una bagatela, cada uno de los otros te alcanzará y seguirá adelante.
Soy el que camina con la tierra y creciente noche,
Llamo a la tierra y al mar que abraza la noche.
Abrázame, noche de senos desnudos, abrázame, noche magnética y fecunda,
Noche de los vientos del sur, noche de las estrellas grandes y escasas,
Noche serena que me llama, loca y desnuda noche de estío.
Sonríe, tierra voluptuosa de fresco aliento,
Tierra de los árboles dormidos y húmedos,
Tierra del sol que ya se ha ido, tierra de las montañas de cumbre nebulosa,
Tierra del cristalino fluir de la luna llena, apenas tocada de azul,
Tierra del brillo y de la sombra manchando la corriente del río,
Tierra del gris límpido de las nubes que resplandecen y se aclaran
para que yo no las vea,
Tierra yacente y extendida, rica tierra de azahares
Sonríe, porque llega tu amante.
Pródiga me has dado tu amor, te doy pues mi amor,
Mi apasionado amor indecible.
Walt Whitman, un cosmos, de Manhattan el hijo,
Turbulento, carnal, sensual, comiendo, bebiendo, engendrando,
Ni sentimental, ni sintiéndome superior a otros hombres y mujeres,
ni alejado de ellos,
No menos modesto que inmodesto.
¡Arrancad los cerrojos de las puertas!
¡Arrancad las puertas de los goznes!
El que degrada a otro me degrada,
Y todo lo que se dice o se hace vuelve a mí al fin.
A través de mí surge y surge la voluntad creadora, a través de mí, el
torrente y el índice.
Digo el primordial santo y seña, hago el signo de la democracia,
¡Por Dios! No aceptaré nada que no sea ofrecido a los demás
en iguales condiciones.
Muchas voces largo tiempo calladas brotan de mí,
Voces de las interminables generaciones de prisioneros y de esclavos,
Voces de los enfermos y de los inconsolables, de los ladrones y de los enanos,
Voces de ciclos de preparación y de crecimiento,
De los hilos que unen a las estrellas, y de los vientres, y de la
simiente paterna,
Y del derecho de aquellos a quienes oprimen los otros,
De los deformes, triviales, simples, tontos y despreciados,
De neblina en el aire, de escarabajos arrastrando bolas de estiércol.
Brotan de mí voces prohibidas,
Voces del sexo y del apetito, voces veladas y yo aparto el velo,
Voces indecentes clarificadas y transfiguradas por mí.
Yo me cubro la boca con la mano,
Me conservo tan puro en las entrañas como en la cabeza y en el corazón,
La cópula no es para mí más vergonzosa que la muerte.
Creo en la carne y en los apetitos,
Ver, oír, tocar, son milagros, y cada parte de mí es un milagro.
Divino soy por dentro y por fuera, y santifico todo lo que toco y me toca,
El aroma de estas axilas es más fino que las plegarias,
Esta cabeza es más que las iglesias, las biblias y todos los credos.
Si algo hay que yo venero más que las otras cosas, ese algo es la
extensión de mi cuerpo y cada una de sus partes,
Traslúcida arcilla de mi cuerpo, ¡tú lo serás!
Sombreados bordes y bases, ¡vosotros lo seréis!
Firme reja viril, ¡tú lo serás!
Tú, mi rica sangre, tú líquido lechoso, pálido extracto de mi vida.
Pecho que oprimes otros pechos, ¡tú lo serás!
¡Cerebro serán tus circunvoluciones ocultas!
Raíz lavada del junco oloroso, becada medrosa, nido recatado de los
huevos gemelos, ¡vosotros lo seréis!
Heno mezclado y revuelto de la cabeza, barba, cejas, ¡vosotros lo seréis!
Savia que goteas del arce, fibra del noble trigo, ¡vosotros lo seréis!
Sol generoso, ¡tú lo serás!
Nubes que ilumináis y oscurecéis mi rostro, ¡vosotros lo seréis!
Sudorosos arroyos y rocíos, ¡vosotros lo seréis!
Vientos que me rozáis, frotando contra mí vuestros genitales,
¡vosotros lo seréis!
Amplios campos musculares, ramas de encina, amoroso holgazán de
mi sendero tortuoso ¡vosotros lo seréis!
Manos que he tomado, rostros que he besado, mortal a quien toqué
alguna vez, ¡vosotros lo seréis!
Estoy enamorado de mí, hay tantas cosas en mí que son tan deliciosas,
Cada momento y todo lo que ocurre me llena de alegría,
No sé cómo se doblan mis tobillos, ni la causa del más leve de mis deseos,
Ni de la amistad que suscito, ni de las amistades que me devuelven.
Al subir por las escaleras me detengo a reflexionar si no estoy soñando,
La madreselva en la ventana me satisface más que la metafísica de los libros.
¡Contemplar el amanecer!
La escasa luz que va borrando las sombras inmensas y diáfanas,
El sabor del aire es grato a mi paladar.
Retoños del cambiante mundo ascienden silenciosos en un juego
inocente, fresco sudor,
Oblicuamente errando por todos lados.
Algo invisible está proyectando libidinosos dardos,
Torrentes de brillante zumo inundan el cielo.
La tierra por el cielo invadida, la cotidiana consumación de su boda,
El desafío del oriente sobre mi cabeza,
La burla mordaz: ¡Ya veremos quién es el amo!
Creo que una hoja de hierba no es menos que el camino recorrido por las estrellas,
Y que la hormiga es perfecta, y que también lo son el grano de
arena y el huevo del zorzal,
Y que la rana es una obra maestra, digna de las más altas,
Y que la zarzamora podría adornar los salones del cielo,
Y que la menor articulación de mi mano puede humillar a todas las máquinas,
Y que la vaca paciendo con la cabeza baja supera a todas las estatuas,
Y que un ratón es un milagro capaz de confundir a millones de incrédulos.
Siento que en mi ser se incorporan el gneis, el carbón, el musgo de
largos filamentos, las frutas, los granos, las raíces comestibles,
Y que estoy hecho de cuadrúpedos y de pájaros,
Y que puedo recuperar cuanto he dejado atrás,
Pero que puedo hacerlo volver cuando se me antoje.
En vano la timidez o la prisa,
En vano las rocas incandescentes arrojan sobre mí su antiguo calor,
En vano el mastodonte se oculta detrás del polvo de sus huesos,
En vano los objetos se alejan leguas y leguas y toman muchas formas,
En vano el mar se oculta en las cavernas donde tienen su guarida los monstruos,
En vano el buitre tiene por morada el cielo,
En vano la serpiente se desliza entre las lianas y los troncos,
En vano el arce busca las honduras recónditas de la selva,
En vano el cuervo marino tiende el vuelo hacia el norte,
hacia el Labrador,
Lo sigo velozmente, trepo al nido que está en la grieta del peñasco.
¿Quién es este salvaje amistoso y gárrulo?
¿Espera la civilización, o la ha dejado atrás y la ha dominado?
¿Es un hombre del sudoeste y ha sido criado a la intemperie? ¿Es un canadiense?
¿Viene de las tierras del Mississippi, de Iowa, de Oregon, de California?
¿De la montaña, de las praderas, de los bosques, o un marino del mar?
Dondequiera que vaya, los hombres y las mujeres lo desean y lo aceptan,
Quieren que los quiera, que los toque, que les hable, que se quede con ellos.
Obra sin ley, como los copos de nieve, sus palabras son simples
como la hierba, el pelo despeinado, risas e ingenuidad.
Lento el andar, comunes las facciones, emanando sencillez y modestia,
Brotan de un modo nuevo desde las puntas de los dedos,
Flotan en el aire con el olor de su cuerpo o de su aliento, salen de
la mirada de sus ojos.
Me ha tocado en suerte, lo sé, lo mejor del tiempo y del espacio;
nunca he sido medido y no seré medido jamás.
El viaje que emprendo es eterno (¡que todos me oigan!).
Mis signos son un capote contra la lluvia, fuertes zapatos y un
bastón cortado en el bosque,
En mi silla no sestean los amigos,
No tengo cátedra ni iglesia ni filosofía,
No llevo a ningún hombre a una mesa puesta, a la biblioteca, a la bolsa,
Pero a cada uno de vosotros, hombre o mujer, lo llevo a una cumbre,
Mi brazo izquierdo ciñe tu cintura,
Mi derecha señala los continentes y el gran camino.
Ni yo ni ningún otro puede andar por ti ese camino,
Eres tú quien debe andarlo.
No queda lejos, está a tu alcance,
Quizá estabas en él desde que naciste y no lo has sabido,
Quizá esté en todas partes, en mar y en tierra.
Échate tus prendas al hombro, hijo mío, y yo traeré las mías y apresurémonos;
Ciudades prodigiosas y naciones libres nos saldrán al paso.
Si te cansas, dame las dos cargas y apoya tu mano en mi cadera,
Y a su debido tiempo me devolverás el mismo servicio,
Porque ya emprendida la marcha nunca descansaremos.
Esta mañana, antes del alba, subí a una colina para mirar el cielo poblado,
Y le dije a mi alma: cuando abarquemos esos mundos, y el
conocimiento y el goce que encierran, ¿estaremos al fin hartos y satisfechos?
Y mi alma dijo: No, una vez alcanzados esos mundos proseguiremos el camino.
Tú también me interrogas y yo te escucho,
Contesto que no puedo contestar, tú mismo debes encontrar la respuesta.
Siéntate un momento, hijo mío,
Aquí tienes pan para comer y leche para que bebas,
Pero después de haber dormido y haber cambiado de ropa te beso
con el beso del adiós y te abro la puerta para que salgas.
Demasiado tiempo has perdido en sueños deleznables,
Ahora te quito la venda de los ojos,
Debes acostumbrarte al brillo de la luz y de cada momento de tu vida.
Demasiado tiempo has vadeado, asido a una tabla en la orilla,
Ahora quiero que seas un nadador, que te arrojes al mar, que
reaparezcas, que me hagas una seña, que grites y que agites el
agua con tus cabellos.
Dije que el alma no es más que el cuerpo,
Y dije que el cuerpo no es más que el alma,
Y que nada, ni Dios, es más que uno mismo,
Quien camina una milla sin amor, se dirige a su propio funeral
envuelto en su propia mortaja;
Y yo y tú, sin tener un centavo, podemos comprar lo más precioso de la tierra,
Y la mirada de unos ojos o una arveja en su vaina confunden la
sabiduría de todos los tiempos,
Y no hay oficio ni profesión en los cuales el joven que los sigue no
pueda ser un héroe,
Y no hay cosa tan frágil que no sea el eje de las ruedas del universo,
Y digo a cualquier hombre o mujer: que tu alma esté serena y en
paz ante millones de universos.
Y digo a la Humanidad: No hagas preguntas sobre Dios,
Porque yo que pregunto tantas cosas, no hago preguntas sobre Dios,
(No hay palabras capaces de expresar mi seguridad ante Dios y la muerte.)
Escucho y veo a Dios en cada cosa, pero no lo comprendo en lo más mínimo,
Ni comprendo cómo pueda existir algo más prodigioso que yo mismo.
¿Por qué desearía yo ver a Dios mejor que en este día?
Algo veo de Dios en cada hora de las veinticuatro y en cada uno de sus minutos,
En el rostro de los hombres y de las mujeres veo a Dios, y en mi propio rostro en el espejo;
Encuentro cartas de Dios tiradas por la calle y su firma en cada una,
Y las dejo donde están porque sé que dondequiera que vaya,
Otras llegarán puntualmente.

REDOBLES DE TAMBOR

¡Batid, batid, tambores! ¡Sonad, clarines, sonad!
Irrumpid como una fuerza implacable a través de
      puertas y ventanas,
Dispersad a los fieles en el templo solemne,
Entrad en la escuela en que el alumno estudia;
Perturbad la calma y la felicidad del novio con su
     prometida,
La paz del granjero que ara la tierra o cosecha el grano,
Redoblad con violencia, tambores, sonad estridentes,
    clarines.
¡Batid, batid, tambores! ¡Sonad, clarines, sonad!
Sobre el tránsito de las ciudades, sobre el rechinar de
    las ruedas en las calles;
¿Están las camas dispuestas para recibir a quienes
    dormirán en ellas?, nadie debe dormir en esas camas,
Ni comerciar los comerciantes durante el día… ¿acaso han
    de continuar los comisionistas y los especuladores?
¿Acaso han de continuar las pláticas de los que platicaban?
¿Acaso el cantante intentará cantar?
Entonces, vibrad con más fuerza aún, tambores, sonad
    más alto aún, clarines.
¡Batid, batid, tambores! ¡Sonad, clarines, sonad!
Sin parlamentos, sin deteneros a discutir con nadie,
Sin preocuparos por el tímido ni por el que llora o el
    que reza,
Sin preocuparos por la súplica del anciano al joven,
Acallad las voces de los niños, acallad los ruegos de las
    madres,
Agitad a los muertos en sus ataúdes mientras
    aguardan la carroza fúnebre,
Batid con fuerza, oh terribles tambores, sonad alto, clarines

NO TE DETENGAS

No te detengas.
No dejes que termine el día sin haber crecido un poco,
sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños.
No te dejes vencer por el desaliento.
No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte,
que es casi un deber.
No abandones las ansias de hacer de tu vida
algo extraordinario.
No dejes de creer que las palabras y las poesías
sí pueden cambiar el mundo.
Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.
Somos seres llenos de pasión.
La vida es desierto y oasis.
Nos derriba, nos lastima,
nos enseña,
nos convierte en protagonistas
de nuestra propia historia.
Aunque el viento sople en contra,
la poderosa obra continúa:
Tú puedes aportar una estrofa.
No dejes nunca de soñar,
porque en sueños es libre el hombre.

No caigas en el peor de los errores:
el silencio.
La mayoría vive en un silencio espantoso.
No te resignes.
Huye.
“Emito mis alaridos por los techos de este mundo”,
dice el poeta.
Valora la belleza de las cosas simples.
Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas,
pero no podemos remar en contra de nosotros mismos.
Eso transforma la vida en un infierno.
Disfruta del pánico que te provoca
tener la vida por delante.
Vívela intensamente,
sin mediocridad.
Piensa que en ti está el futuro
y encara la tarea con orgullo y sin miedo.
Aprende de quienes puedan enseñarte.
Las experiencias de quienes nos precedieron
de nuestros “poetas muertos”,
te ayudan a caminar por la vida.
La sociedad de hoy somos nosotros:
Los “poetas vivos”.
No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas…

POETAS FUTUROS (de Hojas de hierba)
(Poets to come)

¡Poetas del futuro! ¡Oradores, cantantes, músicos
futuros!
No es el presente el que me justifica ni el que asegura que
yo esté un día con vosotros,
Son ustedes, la raza nueva y autóctona, atlética, continental,
la mayor de cuantas son conocidas;
¡Arriba! Porque ustedes me justificarán.
Yo no hago más que
escribir una o dos palabras para el
futuro,
Sólo me adelanto un instante, para retornar luego a las
sombras.
Soy un hombre que, vagabundo, siempre sin hacer alto,
echo sobre ustedes una mirada al azar, y sigo,
Dejándoles la encomienda de probarla y definirla,
Aguardando de vosotros la realización de la magna obra.

VENIDO DE PAUMANOK (de Hojas de hierba)
(Starting From Paumanok)


1
Salido de la isla que tiene forma de pez, Paumanok, en que

he nacido,

Engendrado por todo un hombre, mi padre, y educado por
una madre perfecta,
Luego de haber errado por muchas tierras, amante de los
caminos populosos,
Morando en Manhattan, mi ciudad, o en las praderas sureñas,
Un soldado acampado, o partiendo con mi fusil al hombro,
o como minero en California,
O llevando una rústica existencia en mi casa, en los bosques
de Dakota, comiendo sólo carne y bebiendo agua de
los manantiales,
O retirado para meditar y cavilar en lo profundo de cualquier
caverna,
Donde, lejos del ruido mundano, transcurre el tiempo entre
éxtasis dichosos,
Teniendo en evidencia al generoso, al abundante Misuri,
contemplando al pujante Niágara,
Teniendo en evidencia las manadas de búfalos que pacen
en las praderas, el hirsuto bisonte de robusto pecho,
La apariencia de la tierra, las rocosas montañas, las flores
de mayo, las estrellas, la lluvia, la nieve que me
maravillan,
Habiendo estudiado los trinos del pájaro burlón y el vuelo
del gavilán de la montaña,
Habiendo escuchado al rayar el alba el pájaro incomparable,
el tordo, entre los cedros de los pantanos,
Solitario, cantando al Oeste, entono el himno de un Nuevo
Mundo.

CUANDO SUPE AL CAER EL DÍA ( de Hojas de Hierba)

Cuando supe al caer el día que mi nombre había
sido recibido con aplausos en el Capitolio, eso no bastó
para que tuviera una noche feliz,
Y cuando me embriagué, o cuando llevé a cabo mis planes,
tampoco fui feliz,
Pero el día en que al amanecer me levanté de la cama en
perfecta salud, fresco, cantando, aspirando el maduro
aliento del otoño,
Cuando vi la luna llena al oeste palidecer y desaparecer en
la luz de la mañana,
Cuando caminé solo por la playa, y me bañé desnudo,
riendo con las frescas aguas, y vi salir el sol,
Y cuando pensé que mi querido amigo, mi amante, estaba
ya de camino, oh, entonces fui feliz,
Oh, entonces cada aliento fue más dulce, y durante ese día
la comida me alimento mejor, y el hermoso día pasó bien,
Y el siguiente llegó con la misma alegría, y por la noche
llegó mi amigo,
Y esa noche cuando todo estaba en silencio oí las lentas
aguas alcanzando una y otra vez la playa,
Oí el silbante susurro del agua y la arena, como dirigido a
mí, como si quisiera felicitarme,
Pues mi gran amor estaba dormido a mi lado bajo la misma
manta en la noche fresca,
En el silencio de los rayos de la luna otoñal, su rostro
estaba vuelto hacia mí,
Y su brazo descansaba ligero sobre mi pecho—esa noche
fui feliz.

DE AFLIGIDOS RIOS RETENIDOS ( de Hojas de Hierba)

De afligidos ríos retenidos,
De aquello mío sin lo cual yo no sería nada,
De lo que he decidido hacer ilustre, aunque me quede solo
entre los hombres,
De mi propia voz resonante, cantando al falo,
Cantando el canto de la procreación,
Cantando la necesidad de soberbios niños y, en
consecuencia, de soberbios adultos,
Cantando el impulso muscular y la mezcla,
Cantando el canto de la compañera de cama, (¡oh,
irresistible anhelo!
¡Oh, para cada uno de nosotros la atracción del cuerpo
correspondiente!
¡Oh, para ti, quienquiera que seas, tu cuerpo
correspondiente! ¡oh, éste, tu mayor delicia!)
Del roer hambriento que me devora noche y día,
De momentos innatos, de dolores vergonzosos, cantándolos,
Buscando algo todavía no encontrado, aunque lo haya
buscado activamente durante muchos años,
Cantando el verdadero (canto del alma, caprichosa al azar,
Renaciente con la más vasta Naturaleza o entre los animales,
De eso, de ellos y de todo cuanto los acompaña, hablan mis poemas,
Del olor de las manzanas y de los limones, del
apareamiento de los pájaros,
De la humedad de los bosques, del lamer de las olas,
Del loco empuje de las olas sobre la tierra, a ellos canto,
Entonando alegremente la obertura, anticipando los compases,
La intimidad bienvenida, la visión del cuerpo perfecto,
El nadador que nada desnudo en la piscina, o flotando
inmóvil tendido de espaldas,
La forma femenina aproximándose, yo pensativo, sufriendo
tembloroso el amor de la carne,
Redacto la lista divina para mí, para ti o para cualquiera,
El rostro, los miembros, el índice de pies a cabeza, y lo que
ello suscita,
El delirio místico, la locura amorosa, el total abandono,
(Acércate, escucha en silencio lo que ahora te susurro,
Te amo, oh, soy todo tuyo,
Oh, huir tu y yo de la gente, alejarnos totalmente, libres, sin ley,
Dos gavilanes en el aire, dos peces en el mar no son más libres que nosotros;)
La furiosa tormenta atravesándome velozmente, yo
temblando de pasión,
El juramento de inseparabilidad de los dos, de la mujer que me
ama y a quien yo amo más que a mi vida,
pronunciando ese juramento,
(¡Oh, todo lo arriesgaría por ti!)
¡Oh, deja que me pierda si es preciso!
¡Oh, tu y yo! ¿qué nos importa lo que haga o piense la gente?
¿Qué es todo lo demás para nosotros? Solo gocemos el uno del otro
y agotémonos mutuamente si así ha de ser)
Del capitán, del piloto a quien rindo el barco,
Del general que me ordena, que ordena a todos, a quien pido permiso,
Del tiempo acelerando el programa, (en verdad he perdido demasiado tiempo,)
Del sexo, de la urdimbre y de la trama,
Del aislamiento, de las frecuentes quejas en soledad,
De tanta gente cerca, pero no la persona que necesito,
Del suave deslizarse de unas manos sobre mí, y de unos dedos penetrando
Mi pelo y mi barba,
Del largo beso insistente en la boca o en el pecho,
Del apretado abrazo que me embriaga a mí o a cualquier hombre, que
me rinde en exceso,
De lo que el esposo divino sabe, de la obra de la paternidad,
De la exultación, la victoria y el alivio de abrazo de la compañera en la noche,
De los poemas vivos en los ojos, de las manos, de las caderas y los pechos,
Del brazo tembloroso que se aferra,
De la curva que se encorva y del abrazo,
Del lado a lado la blanda colcha que se aparta,
De ella que no está dispuesta a dejarme marchar, y de mí tampoco
dispuesto a irme,
(Sólo un momento, oh tierna compañera que me esperas, y ya vuelvo,)
De la hora de las estrellas que brillan y del rocío que cae,
De la noche en que emerjo un momento y salgo volando,
Yo te celebro, acto divino, y a vosotros, hijos engendrados,
Y a vosotros, robustos lomos.

¡OH CAPITAN! ¡MI CAPITAN!

¡Oh capitán! ¡Mi capitán! Nuestro espantoso viaje ha terminado,
La nave ha salvado todos los escollos, hemos ganado el anhelado premio,
Próximo está el puerto, ya oigo las campanas y el pueblo entero que te aclama,
Siguiendo con sus miradas la poderosa nave, la audaz y soberbia nave;
Más ¡ay! ¡oh corazón! ¡mi corazón! ¡mi corazón!
No ves las rojas gotas que caen lentamente,
Allí, en el puente, donde mi capitán
Yace extendido, helado y muerto.

¡Oh capitán! ¡Mi capitán! Levántate para escuchar las campanas.
Levántate. Es por ti que izan las banderas. Es por ti que suenan los clarines.
Son para ti estos búcaros, y esas coronas adornadas.
Es por ti que en las playas hormiguean las multitudes,
Es hacia ti que se alzan sus clamores, que vuelven sus almas y sus rostros ardientes.
¡Ven capitán! ¡Querido padre!
¡Deja pasar mi brazo bajo tu cabeza!
Debe ser sin duda un sueño que yazgas sobre el puente.
Extendido, helado y muerto.

Mi capitán no contesta, sus labios siguen pálidos e inmóviles,
Mi padre no siente el calor de mi brazo, no tiene pulso ni voluntad,
La nave, sana y salva, ha arrojado el ancla, su travesía ha concluido.
¡La vencedora nave entra en el puerto, de vuelta de su espantoso viaje!
¡Oh playas, alegraos! ¡Sonad, campanas!
Mientras yo con dolorosos pasos
Recorro el puente donde mi capitán
Yace extendido, helado y muerto.

Te recomendamos ver el programa de televisión.

PRÓXIMO NÚMERO