71. Poesía más Poesía: Johann C. Friedrich Hölderlin

JOHANN CHRISTIAN FRIEDRICH HÖLDERLIN

Biografía

Johann Christian Friedrich Hölderlin es una de las cumbres de la lírica alemana de todos los tiempos. 
La poesía de Hölderlin, a un tiempo lírica, reflexiva, filosófica y mítica, clásica e innovadora, musical y profunda, no ha cesado de propagarse y de ser estudiada y admirada.
Su literatura contiene una creación profética. Su obra es la precursora del estilo rítmico de Nietzsche, de la lírica de Verlaine y Baudelaire, de todo lo que hoy pugna por encontrar la más moderna poesía.
Para Hölderlin, cuya norma será siempre la Naturaleza, el Estado es un sistema maquínico que se opone violentamente al orden armónico natural. Y aunque en ocasiones el poeta reconozca la dificultad o incluso la imposibilidad de sustituir tal orden en términos históricos y, en consecuencia, de liberarse completamente de la maquinaria estatal, jamás cambiará su negativa valoración del Estado.
Hölderlin era un crítico radical de los nuevos modos de alienación generados por la recién nacida sociedad burguesa. Y, en este aspecto, puede ser considerado un precursor de la crítica socialista.
El modelo para enjuiciar la nueva sociedad burguesa no es otro que la Atenas de la época clásica. Atenas es una comunidad de hombres libres fuertemente vinculados por lazos sagrados de sociabilidad. En cierto modo, el opuesto absoluto de la sociedad mercantil que contempla a los hombres como individuos, como átomos perfectamente intercambiables.
Anti-estatismo, anti-burguesismo y republicanismo o democratismo radical son, rasgos esenciales del pensamiento político de Hölderlin. Todos ellos hacen de él, no un liberal, sino un libertario.
Considera el símbolo de lo femenino como belleza que se desprende de la naturaleza, y amar como continuación de la armonía con esa naturaleza y respeto hacia el orden del universo.

Johann Christian Friedrich Hölderlin nació en Lauffen (Alemania) el 20 de marzo de 1770 y falleció en Tubinga, Württemberg, el 7 de junio de 1843. A los (73 AÑOS)
Su padre, administrador del seminario protestante de Lauffen, murió cuando el sólo tenía dos años de edad. Al morir su padre, su madre, hija de un pastor evangélico, se casa en segundas nupcias teniendo 26 años, con Johann Christoph Gock, consejero municipal de Nürtingen, que muere 5 años después, y donde Hölderlin se crió junto con su hermana y su hermanastro.
En 1784 ingresó en un colegio preparatorio para el seminario, en Denkendorf, estudia hebreo, latín y griego, y descubre a sus primeros poetas, Klopstock y Schiller, escribe allí sus primeros poemas.
En 1876 ingresa, junto con el resto de su clase, en el seminario de Maulbronn. Allí hace amistad con Inmanuel Nast y se enamora de su prima, Luise Nast, hija del administrador del seminario. Continua con sus lecturas, Klopstock y Schiller, a las que se añaden Schbart, Young, Wieland y sobre todo Ossian.
En 1788 entró como becario en el seminario de Tubinga para estudiar teología, rompe con Luise Nast y se enamora de la hija de un profesor, Elise Lebret, aunque por poco tiempo. Con sus amigos funda una “Liga de los poetas”.

En 1789, cuatro meses después del estallido de la revolución francesa, el duque Carlos Eugenio, a cuya jurisdicción pertenece el seminario, advierte a los estudiantes, entre los cuales hay corrientes de republicanismo, que se atengan al más severo orden y legalidad.
Los seminaristas leen a Kant y a Rousseau y se entusiasman con la revolución francesa. Entre sus compañeros están Hegel y Schelling, con los que Holderlin hace amistad a partir de 1791
Holderlin lee a Platón, y su mente se aparta cada vez más de la fe protestante, al tiempo que se afirma su vocación poética.
Compone numerosos poemas, entre ellos los llamados Himnos de Tubinga, bajo la influencia de Schiller, pero con un tono ya personal.
En 1793, cumplidos los 23 años, sale del seminario provisto de la licencia que le permite ejercer el ministerio evangélico. Pero en contra de la opinión de su madre, decide no ejercer su carrera y emplearse como preceptor para sobrevivir económicamente.
Holderlin, recomendado por sus amigos Staudlin y Hegel, visita a Schiller, famoso ya en toda Alemania a los 34 años, y éste le consigue una plaza de preceptor para ocuparse del hijo de Charlotte von Kalb. En 1794 acompaña a su alumno en un viaje a Weimar, y empieza a trabajar en el Hiperión.
Pronto debe abandonar su puesto de preceptor, dada la imposibilidad de influir realmente sobre su alumno, y se instala en Jena, uno de los principales centros intelectuales del país, donde asiste a los cursos de Fichte. En noviembre Shiller le publica un fragmento de Hiperión en su revista Thalia.
Al año siguiente, falto de recursos, debe volver a la casa de su madre y allí sigue trabajando en Hiperión. Su amigo Sinclair le consigue un trabajo en Frankfurt, en casa del banquero Gontard, nuevamente para ocuparse de los niños. La esposa, Sussete Gontard, casada desde hacía 10 años y madre de 4 hijos, se convierte en su gran amor a la que llamará Diótima en su obra.
En el año 1796, entonces viaja a Frankfurt para trabajar como preceptor de los hijos del banquero Gontard, enamorándose de la mujer de éste, Susette Gontard, que fue la figura inspiradora de Diotima, “la muchacha griega” de sus poemas y de su novela Hyperion (1797-1799). Susette, la esposa de Gontard, mujer al parecer de gran belleza y sensibilidad, habría de convertirse en su gran amor; tanto en sus poemas como en el Hiperión se referiría a ella con el nombre de «Diotima». En ella personifica las más sublimes aspiraciones de su espíritu, en ella se encarna su amor a la alegría, su amor a la bondad sin disimulo, su amor a la belleza. La busca. La encuentra. La pierde luego y llora por ella.
Su amor fue correspondido, y el poeta describió su relación en una carta como «una eterna, feliz y sagrada amistad». La encarnación de ese símbolo de trascendencia que es la mujer esta encarnado en la joven Susette Gontard. La contemplación de sus dones es para el personaje un regalo de los dioses:…“no he conocido a nadie tan carente de necesidades, tan divinamente sobrio” dice en Hiperión, II.2)
Diótima es el amor, y el amor significa esa posibilidad de redención, de transfiguración, de retorno, de armonía con el otro y con el todo. Porque el poeta en su infatigable lucha de volver a los orígenes desea retornar a lo semejante, y el amor es aquello en donde lo semejante se une a lo semejante, la alianza que une a todos los seres en la plenitud. El amor eterno representa la alianza que une a todos los seres en el origen, y el amor es símbolo del origen ya que, engendró al mundo y es por tanto, sagrado.
En 1797 es visitado por Hegel, a quien ha conseguido un puesto de trabajo en Frankfurt. En agosto, tiene el último encuentro con Goethe, a quien había conocido con anterioridad en Weimar por intermedio de Schiller. Goethe no tendrá nunca mucha estima por la obra de Holderlin.
A pesar de su trabajo y de los viajes que debió efectuar con la familia Gontard a causa de la guerra, fue una época de intensa actividad literaria, y en 1799 finalizó su novela epistolar Hiperión.
En septiembre de 1798 tuvo que abandonar la casa de los Gontard, después de vivir una penosa escena con el marido de Susette. Se entrevistó varias veces en secreto con ella, hasta que se trasladó a Homburg por consejo de su amigo Isaak von Sinclair.
Solicita a Schiller ayuda para encontrar un puesto de profesor en la Universidad de Jena pero no tiene suerte.
Emprendió entonces su tragedia La muerte de Empédocles e intentó lanzar una revista intelectual y literaria, que fracasó. En 1800 fue invitado a Stuttgart, donde tuvo tiempo para dedicarse a la poesía y traducir a Píndaro, que ejercería una gran influencia sobre sus himnos.
A finales del año aceptó otro puesto como preceptor en Hauptwil, Suiza; se ignora por qué razones abandonó su trabajo en abril de 1801, y volvió con su madre, a Nütingen, hasta enero de 1802, cuando obtuvo un cargo en casa del cónsul de Hamburgo en Burdeos, pero a los pocos meses abandona su puesto, a partir de allí trabajó ininterrumpidamente en su obra poética. Tras dejar su trabajo en Burdeos visita París, y desde allí se dirige a casa de sus amigos en Stuttgart. En el mes de julio recibirá una carta de su amigo Sinclair comunicándole la muerte de Susette Gontard, en Frankfurt. Holderlin tardará casi un mes en llegar, andando, a casa de su madre. En Nütingen, su aspecto es casi irreconocible. El explicará de sí mismo que fue “Golpeado por Apolo”.
En ese mismo año sufre el primero de sus ataques de esquizofrenia.
Desde 1802, aquejado por los primeros síntomas de una grave esquizofrenia, regresó a Tübingen. Como sus crisis mentales se hicieran cada vez más frecuentes, en 1806 fue internado en una clínica de Tubinga, sin que se produjera mejoría en su estado. Sus síntomas eran una gran agitación motora, y sobre todo, una incontrolable e ininteligible verborrea. Tras un período de gran violencia, su trastorno mental pareció remitir. Sinclair lo llevó de viaje a Ratisbona y Ulm y, a la vuelta, escribió El único y Patmos, dos de sus obras maestras. Por influencia de su amigo obtuvo la plaza de bibliotecario de la corte, en el palacio del landgrave de Homburg.
Hacia 1806 la locura alcanza en él su estado final. Un ebanista de la misma ciudad, entusiasmado por la lectura del Hiperión, lo acogió en su casa en 1807. Su madre se hacía cargo de todos los gastos de su manutención. Allí permaneció hasta su muerte, en unas condiciones de locura pacífica.
En Tubinga, su habitación estaba en una vieja torre, en la orilla del Neckar, donde escribía versos incomprensibles firmados con los nombres de “Scardanelli”, “Scaliger Rosa”, ó “Buonarotti”
Los poemarios editados por Ludwig Uhland y Christoph Theodor Schwab en 1826 (y también, póstumamente, las Obras completas publicadas por Schwab en 1846) incluyen algunos de los inquietantes textos escritos durante la apacible demencia del autor, que él gustaba atribuir a un alter ego al que llamaba Scardanelli. A finales del siglo XIX la obra del poeta alemán fue recuperada y ensalzada por los simbolistas, a través de los cuales ha venido ejerciendo una influencia creciente en las letras europeas
La obra de Hölderlin tiene en su eje central el intento de hallar el sentido y esencia de la lírica en los momentos históricos convulsos que le tocó vivir.


Su obra

Los juveniles Himnos (1793), en los que canta a la belleza, la libertad y el genio de la adolescencia, sufren aún la influencia de Schiller y ensalzan los “ideales de la humanidad”.
Las Elegías (1793), sobre todo “Grecia” y El destino”, son ya un lamento por lo desaparecido e incluyen una propuesta fundamental en Hölderlin: el impulso hacia un nuevo helenismo.
Hiperión (1797-1799) es un texto a mitad de camino entre la novela epistolar y la llamada “de iniciación”, que comparte también las características confesionales de un diario íntimo y anticipa múltiples aspectos de la sensibilidad romántica.
A partir de 1797 el poeta escribió los fragmentos de Empédocles, su única incursión en la dramaturgia, que debía ser una tragedia clásica que trabajó en múltiples versiones. Su protagonista encarna para él al poeta y visionario en quien se refleja la armonía inherente a la unicidad total, y la serenidad que acompaña a la maduración para la muerte.
Las Poesías (1799) aparecieron mayoritariamente en el Musenalmanach de Schiller y en el Taschenbuch für Frauenzimmer von Bildung, y son formalmente clásicas y hasta deliberadamente arcaicas en ocasiones.
Las colecciones conocidas como Lírica tardía contienen los poemas escritos entre 1801 y 1808, y se publicaron en vida del autor.

Con respecto a su enfermedad

—Hölderlin no estaba loco—; así rezaba la pintada en trazos negros que durante años pudo leerse sobre la pared amarilla a la entrada de la célebre torre de Hölderlin, en Tubinga. En el bonito edificio semicircular rodeado de sauces, a la orilla del Neckar, el poeta pasó recluido la segunda mitad de su vida. La versión oficial dice que “perdió la razón” con 36 años; a partir de entonces se transformó en un anciano prematuro y, alejado de sus familiares, vivió de la caridad del ebanista Zimmer, un devoto lector del Hiperión, acaso el libro más hermoso de la literatura alemana.
En la torre lo visitaban los escasos entusiastas que reconocieron su genialidad, y seguían confiando en ella. Hölderlin los agasajaba con pequeños poemas, simples, rotundos.
Locura o no, lo cierto es que la vida trató mal a Hölderlin, quien se empeñó en ser solo poeta, en un tiempo en que esto era un suicidio. Dotado de singular talento artístico, fue además un idealista anticonvencional, un enamorado del amor y un amigo de la libertad cuando tanto el uno como la otra languidecían cargados de cadenas. Las circunstancias históricas adversas y su propio carácter precipitaron su destino.
Sí, quizás el joven Hölderlin tuvo la cabeza llena de pájaros. La Grecia clásica idealizada era su sueño; héroes, heroínas y filósofos, sus ejemplos a imitar; ¡y los ideales de la Revolución Francesa! Todo ello chocaba sobremanera en una Alemania casi feudal, sometida a déspotas e implicada en las guerras napoleónicas.
La obra lírica de Hölderlin, a veces hermética, ha gozado del fervor y admiración de muchos escritores del siglo XX, como podemos comprobar en la obra de los poetas de la generación del 27, principalmente en la de Cernuda. Y como dijo el poeta alemán: “El lenguaje es el bien más precioso y a la vez el más peligroso que se ha dado al hombre”.
“Hölderlin, con fidelidad admirable –nos dijo Luis Cernuda- no fue sino aquello a que su destino le llamaba: un poeta. Pero ahí nadie le ha superado en su país, ni en otro país cualquiera”. Buena parte de sus mejores poemas, caracterizados por un peculiar contraste entre pureza técnica e inspiración fueron escritos entre la locura y la razón en la que siempre vivió. Está considerado el principal representante del prerromanticismo alemán y uno de los líricos más grandes de todos los tiempos.

POEMAS

«El hombre es un dios cuando sueña y un mendigo cuando reflexiona». (F. Hölderlin)
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De HIPERION – FRAGMENTO

¿Pretendéis que me apacigüe? ¿Que domine
este amor ardiente y gozoso, este impulso
hacia la verdad suprema’
¿Que cante mi canto del cisne al borde del sepulcro donde os complacéis en encerrarnos vivos
¡Perdonadme!,
mas no obstante el poderoso impulso que lo arrastra
el oleaje surgente de la vida hierve impaciente en su angosto lecho
hasta el día en que descansar en su mar natal.
La viña desdeña los frescos valles,
los afortunados jardines de la Hesperia sólo dan frutos de oro bajo el ardor del relámpago que penetra como flecha el corazón de la tierra.
¿Por qué moderar el fuego de mi almanaque que se abrasa bajo el yugo de esta edad de bronce?
¿Por qué, débiles corazones, querer sacarme mi elemento de fuego, a mí que sólo puedo vivir en el combate?
La vida no está dedicada a la muerte, ni al letargo el dios que nos inflama.
El sublime genio que nos llega del Éter no nació para el yugo.
Baja hacia nosotros, se sumerge, se baña en el torrente del siglo;
y dichosa, la náyade arrastra por un momento al nadador,
que muy pronto se sumerge, su cabeza ceñida de luces.
¡Renunciad al placer de rebajar lo grande!
¡No habléis de vuestra felicidad!
¡No plantéis el cedro en vuestros potes de arcilla!
¡No toméis al Espíritu por vuestro siervo!
¡No intentéis detener los corceles del sol y dejad que las estrellas prosigan su trayecto!
¡Y a mí, no me aconsejéis que me someta, no pretendáis que sirva a los esclavos!
Y si no podéis soportar la hermosura, hacedle una guerra abierta, eficaz.
Antaño se clavaba en la cruz al inspirado, hoy lo asesinan con juiciosos e insinuantes consejos.
¡Cuántos habéis logrado someter al imperio de la necesidad!
¡Cuántas veces retuvisteis al arriesgado juerguista en la playa
cuando iba a embarcarse lleno de esperanza para las iluminadas orillas del Oriente
!Es inútil: esta época estéril no me retendrá.
Mi siglo es para mí un azote.
Yo aspiro a los campos verdes de la vida y al cielo del entusiasmo.
¡Enterrad, oh muertos, a vuestros muertos, celebrad la labor del hombre, e insultadme.
Pero en mí madura, tal como mi corazón lo quiere, la bella, la vida Naturaleza!

HIPERION***

¡Ah, cuántas palabras huecas y cuántas extravagancias se han dicho!
Sin embargo, todo nace del deseo y todo acaba en la paz.
Como riñas entre amantes son las disonancias del mundo.
En la disputa está latente la reconciliación,
y todo lo que se separa vuelve a encontrarse.
Las arterias se dividen, pero vuelven al corazón y todo es una única, eterna y ardiente vida».

“Sólo de vez en cuando puedo hablar un par de palabras sobre ella. Necesito olvidar todo lo que ella es, si debo hablar de ella.
Tengo que fingirme como que vivió en tiempos antiguos,
como si supiera algo de ella por una narración,
si no quiero ser apresado por su retrato viviente
y consumirme en el éxtasis y en el dolor,
si no quiero morir la muerte de la alegría por ella
y por ella la muerte del dolor.

¿No era ella para mí?
Decidme hermanas del destino, ¿no era ella para mí?
¡A las fuentes puras pongo por testigos, y a los árboles inocentes que nos escucharon, y a la luz del día, y al Éter!
¿No era ella para mí? ¿No estaba unida a mí en cada nota de la vida?

¿Dónde está el ser que fuera tan capaz de conocerla como el mío?
¿En qué espejo se juntaban como en mí los rayos de aquella luz?
¿No tembló de alegría ante su propio esplendor cuando por primera vez lo descubrió en mi alegría?
¡Ah! ¿dónde está el corazón que, como el mío,
le diera su plenitud y la recibiera de ella,
que hubiera estado allí sólo para proteger el suyo,
como hacen las pestañas con el ojo?

No éramos sino una flor,
y nuestras almas vivían una en otra como la flor cuando ama
y oculta sus tiernas alegrías en su cerrado cáliz”.

EL ESPÍRITU DEL TIEMPO

La vida es la tarea del hombre en este mundo,
y así como los años pasan, así como los tiempos hacia lo más
       alto avanzan,
así como el cambio existe, así
en el paso de los años se alcanza la permanencia;
la perfección se logra en esta vida
acomodándose a ella la noble ambición de los hombres.
 

La despedida

¿Queríamos separarnos? ¿Era lo justo y lo sabio?
¿Por qué nos asustaría la decisión como si fuéramos
                                                           a cometer un crimen?
¡Ah! poco nos conocemos,
pues un dios manda en nosotros.

¿Traicionar a ese dios? ¿Al que primero nos infundió
el sentido y nos infundió la vida, al animador,
al genio tutelar de nuestro amor?
Eso, eso yo no lo hubiera permitido.

Pero el mundo se inventa otra carencia,
otro deber de honor, otro derecho, y la costumbre
nos va gastando el alma
día tras día disimuladamente.

Bien sabía yo que como el miedo monstruoso y arraigado
separa a los dioses y a los hombres,
el corazón de los amantes, para expiarlo,
debe ofrendar su sangre y perecer.

¡Déjame callar! Y desde ahora, nunca me obligues a
                                                                              contemplar
este suplicio, así podré marchar en paz
hacia la soledad,
¡y que este adiós aún nos pertenezca!

Ofréceme tú misma el cáliz, beba yo tanto
del sagrado filtro, tanto contigo de la poción letea,
que lo olvidemos todo
amor y odio!

Yo partiré. ¡Tal vez dentro de mucho tiempo
vuelva a verte, Diotima! Pero el deseo ya se habrá
                                                                              desangrado
entonces, y apacibles
como bienaventurados
nos pasearemos, forasteros, el uno cerca al otro
                                                                           conversando,
divagando, soñando, hasta que este mismo paraje del
                                                                                        adiós
rescate nuestras almas del olvido
y dé calor a nuestro corazón.

Entonces volveré a mirarte sorprendido, escuchando
                                                                            como otrora
el dulce canto, las voces, los acordes del laúd,
y más allá del arroyo la azucena dorada
exhalará hacia nosotros su fragancia.

Versión de Helena Araújo

El consenso público

¿No es más bella la vida de mi corazón
desde que amo? ¿Por qué me distinguíais más
cuando yo era más arrogante y arisco,
más locuaz y más vacío?

¡Ah! La muchedumbre prefiere lo que se cotiza,
las almas serviles sólo respetan lo violento.
Únicamente creen en lo divino
aquellos que también lo son.

Grecia

Tanto vale el hombre y tanto vale el esplendor de la vida,
los hombres a menudo son amos de la naturaleza,
para ellos la tierra hermosa no está escondida,
sino que con dulzura se desnuda mañana y tarde.

Los campos abiertos son como los días de la siega,
alrededor se extiende espiritual la vieja Leyenda,
una vida nueva vuelve siempre a nuestra humanidad,
y el año se inclina aún una vez silenciosamente.
Versión de Vicente Huidobro

Diotima

Ven y apacíguame, tú que supiste calmar elementos,
         luz de las musas celestes, del caos el siglo,
guía la lucha feroz con celestial armonía,
         hasta ver en el pecho mortal lo disperso agruparse,
y la antigua índole humana, tranquila, valiente,
          ver serena del vórtice del tiempo, y fuerte, surgir.
¡Vuélve al alma indigente del pueblo, radiante belleza!
          ¡Torna a la hóspite mesa, y al templo torna otra vez!
Pues que Diotima vive, como leve brote de invierno,
          y aunque rica en su espíritu propio, busca la luz.
Pero ya el sol del espíritu, ya el bello mundo se oculta,
          y en la noche glacial sólo hay fragor de huracanes.

Versión de Federico Gorbea

CUANDO YO ERA NIÑO

Cuando yo era niño
un dios solía salvarme
del griterío y la cólera de los hombres;
entonces jugaba tranquilo y bueno,
con las flores del bosque
y las brisas del cielo
jugaban conmigo (…)
 
Me daba la bienvenida
la armonía del bosque
y aprendía a amar entre las flores.
He crecido en los brazos de los dioses.

Versión de Otto de Greiff

A LAS PARCAS

Un verano y un otoño más os pido, Poderosas,
para que pueda madurar mi canto,
y así, saciado con tan dulce juego,
mi corazón se llegue hasta morir.

El alma que aquí abajo fue frustrada
no hallará reposo, ni en el Orco,
pero si logro plasmar lo más querido
y sacro ante todo, la poesía,

entonces sonreiré satisfecho a las feroces
sombras, aunque debiera dejar
en el umbral mi voz. Un solo día
habré vivido como los dioses. Y eso basta.

EL ARCHIPIÉLAGO- (Fragmento)

¿Vuelven las grullas hacia ti?, ¿y dirigen de nuevo hacia tus orillas su rumbo las naves?, ¿acarician brisas propicias tus olas tranquilas?, y solea el delfín sus lomos a la nueva luz, atraído desde lo profundo?
¿Florece Jonia?, ¿es ya tiempo?, pues siempre en primavera, cuando a los vivientes se les renueva el corazón y despierta en el hombre el primer amor y el recuerdo de los tiempos dorados,
¡Vengo yo a ti, anciano, y te saludo en su silencio!
¡Siempre, poderosos!, vives todavía y descansas a la sombra de tus montañas, como entonces; con brazos de muchacho ciñes todavía a tu tierra querida, y de tus hijas, ¡Oh, padre!,
De tus islas, de las florecientes, ninguna se ha perdido todavía.
Creta se yergue y Salamina verdea; alboreada de laureles, florecida de rayos, levanta Delos a la hora del amanecer, entusiasmada, su cabeza; Tenos y Chíos abundan en frutos purpúreos; de las embriagadas colinas mana el vino de Chipre, y en Calauria se precipitan arroyos de plata, como entonces, en las viejas aguas del padre.
Todas ellas viven todavía, las madres de los héroes, las islas, floreciendo de año en año, y cuando, a veces, desatada del abismo, la llama de la noche, la tormenta inferior, conmovía alguna de las islas graciosas, que, moribunda, se sumergía en tu seno,
Tú, divino, tú, perdurabas, ¿pues es tanto lo que ha nacido y se ha hundido en tus oscuras profundidades!

Traducción de Luis Díez del Corral

De Hiperión o el Eremita en Grecia

(fragmento de la carta de HIPERIÓN A BELARMINO)

De la belleza espiritual de los atenienses se derivaba también su necesario sentido de libertad. “El ateniense no puede soportar lo arbitrario porque su naturaleza divina, no admite ser importunada; no puede soportar la legalidad en todo porque tampoco siente que sea necesaria en todo.
“Bueno”, me interrumpió alguien, “eso le entiendo, pero cómo ese pueblo poético y religioso pudo ser a la vez también un pueblo filosófico, eso es lo que no veo”
“Pues sin poesía no hubiera sido nunca un pueblo filosófico”, dije.
“Que tiene que ver la filosofía” me respondió, “Que tiene que ver la fría excelsitud de esa ciencia con la poesía?
“La poesía, dije seguro de lo que decía, “es el principio y el fin de esa ciencia. Como Minerva de la cabeza de Júpiter, mana esa ciencia de la poesía de un ser infinitamente divino. Y así confluye al fin también en ello lo que hay de incompatible en la misteriosa fuente de la poesía”
“Que hombre más paradójico”, exclamó Diótima, y sin embargo, creo que le sigo. De todas formas, os habéis apartado del tema. Estábamos hablando de Atenas.

De Hiperión o el eremita en Grecia
(fragmento de la carta de Hiperión a Belarmino)

¡ Que cambie todo a fondo! ¡Que de las raíces de la humanidad surja el nuevo mundo! ¡Que una nueva deidad reine sobre los hombres, que un nuevo futuro se abra ante ellos!
En el taller, en las casas, en las asambleas, en los templos, ¡que cambie todo en todas partes!
Pero todavía tengo que viajar para aprender. Soy un artista, pero no estoy adiestrado. Formo mi espíritu, pero aún no sé conducir mi mano…
Yo callé un rato. Rebosaba de inexpresable alegría.
“¿Es posible, pues la satisfacción entre la decisión y el acto? Acabé por decir, “ hay un reposo antes de la victoria?”
“Hay el reposo del héroe” dijo Diótima, “hay decisiones que, como palabras divinas, son al mismo tiempo mandato y realización, y así es la tuya”.

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PRÓXIMO NÚMERO

45. Poesía más Poesía: Goethe

JOHANN WOLFGANG VON GOETHE

BIOGRAFÍA

Goethe nace en Fráncfort del Meno, Alemania, “el 28 de agosto de 1749, a medio día, en el momento mismo en el que el reloj daba las 12”. Vino al mundo “como muerto”, y solo con gran trabajo se consiguió que viera la luz.

Hijo de un abogado y consejero imperial y de la hija de un antiguo burgomaestre de Fráncfort. Su padre se alejó de la vida pública para educar a sus hijos, personalmente. Su premisa era que no había que perder tiempo.
Goethe tenía una hermana, nacida un año después de él.

En sus “Memorias” Goethe cuenta el ambiente en el que vivía cuando niño y en el que empieza a forjarse su persona. Padre ordenado y metódico, madre sensible, abuela sosegada, sensación de armonía y de la existencia bella. La ciudad de Francfort, proporcionaba un clima de moderación y equilibrio entre emoción e intelecto y serenidad en el niño y el joven Goethe, sin que nada obstaculizara el crecimiento del hombre que estaba llamado a ser.

En “Un recuerdo infantil de Goethe en Poesía y Verdad”, Freud analiza un suceso que Goethe relata situado en su primera infancia del cual parece haber conservado un recuerdo personal. En él, el niño Goethe, animado por los tres hermanos Ochsenstein, hijos del difunto alcalde que vivía enfrente, una hermosa tarde en que la casa estaba silenciosa y tranquila y que él jugaba con sus platos, sus pucheros y otros cacharros, tiró uno a la calle divirtiéndose mucho verlo estrellarse ruidosamente contra el suelo. Animado por sus observadores que palmoteaban alegremente y gritaban ¡más, más! tiró todos los platitos, las cazuelitas, los pucheritos, que fueron a estrellarse contra el suelo, después de lo cual y ante los vítores de sus maliciosos instigadores, corrió a la cocina y fue agarrando los platos de loza según los podía alcanzar del vasar y lanzándolos al vacío en un espectáculo extremadamente gozoso y como aquellos señores no se daban nunca por satisfechos acabó con toda la vajilla que pudo encontrar. Cuando llegó alguien que pudiera detener el juego ya era demasiado tarde.

El propio Goethe asegura que “cuando intentamos recordar lo que en nuestra primera infancia nos sucedió nos exponemos muchas veces a confundir lo que otras personas nos han dicho con lo que debemos realmente a nuestra experiencia y a nuestras observaciones personales”, pero lo que aún no sabía era que ese recuerdo sería objeto de análisis de Sigmund Freud en 1917 que ayudándose del instrumento psicoanalítico y de los resultados derivados del psicoanálisis de dos pacientes que habían tenido recuerdos encubridores equivalentes, confirman que la irritación del niño ante la aparición esperada o acaecida de un competidor por el amor de sus padres se manifiesta en el acto de arrojar objetos por la ventana, así como en otros actos de “maldad” o de manía destructora. Y retomando el recuerdo de Goethe y situándolo en el lugar correspondiente de Poesía y Verdad obtiene la siguiente interpretación del poeta: “He sido un hombre de suerte; el Destino me conservó la vida, aunque vine al mundo como muerto. En cambio, suprimió a mis hermanos para que no tuviera yo que compartir con ellos el cariño de mi madre”. Y luego continúa el proceso mental pasando al recuerdo de otra persona muerta en aquella temprana época: la abuela que vivía como un espíritu silencioso en otra habitación de la casa. Y también añade Freud que “cuando alguien ha sido el favorito indiscutible de su madre, conserva a través de toda la vida aquella seguridad conquistadora, aquella confianza en el éxito que muchas veces basta eliminar para lograrlo. Y así Goethe hubiera podido encabezar su biografía con una observación como esta “Toda mi fuerza tiene su raíz en mi relación con mi madre”.

Goethe estuvo en contacto desde muy joven con el patriarcado urbano y la vida política. Comenzó a interesarse por la literatura, el dibujo, la pintura y las obras dramáticas de sus contemporáneos. Fue titiritero, actor. Dicen que tenía una inteligencia superdotada y que esto, sumado a su gran curiosidad, hizo que se interesara por prácticamente todas las artes y todo el conocimiento.

Johann Joseph Schmeller, Goethe en su estudio dictando a su secretario John (1834). © Klassik Stiftung Weimar, Herzogin Anna Amalia Bibliothek.
Johann Joseph Schmeller, Goethe en su estudio dictando a su secretario John (1834). © Klassik Stiftung Weimar, Herzogin Anna Amalia Bibliothek.

Escribió poesía, novela, teatro, ensayo, tratados científicos; como científico, realizó aportaciones a la geología, la química, la osteología, descubriendo el hueso intermaxilar y la óptica formulando la teoría del color (centra sus estudios en el color desde la percepción humana, critica la teoría newtoniana, Newton decía que la luz blanca se componía de distintos colores y Goethe consideraba el color como el resultado de la interacción de la luz y la oscuridad). Era un ejemplo ejemplar de la combinación de arte y ciencia (hombre del renacimiento o un pluriempleado del arte y de las ciencias, como diría Menassa de sí mismo). Ciencia y arte “lo que mantiene íntimamente unida a la naturaleza” dirá Goethe en Fausto.

Goethe comenzó sus estudios de Derecho en Leipzig en 1765 y los interrumpió en 1768 por una enfermedad grave, retomándolos en 1770 en Estrasburgo y terminándolos al año siguiente. Durante ese descanso escribió sus primeros poemas.

Pero, ubiquemos a Goethe en la historia de la literatura y de la poesía:

El Siglo de Oro español abarcó desde 1492 (fin de la reconquista; descubrimiento de América, publicación de la Gramática castellana de Nebrija) a 1681 la muerte de Calderón de la Barca es considerada el fin del Siglo de Oro Español de las artes y las letras.

El Neoclasicismo en Europa fue de mediados del S. XVIII a principios del siglo XIX, cuando comienza el romanticismo. Se basaba en los preceptos ilustrados de la tradición inglesa y alemana, especialmente. Y aspiraba a restaurar el gusto y normas del clasicismo.

Christoph Heinrich Kolbe, Goethe en el golfo de Nápoles (1826). © 2019 by Jan-Peter Kasper.
Christoph Heinrich Kolbe, Goethe en el golfo de Nápoles (1826). © 2019 by Jan-Peter Kasper.

La teoría y la práctica literaria debían seguir los modelos y normas establecidos por los principales escritores griegos y romanos. Pretendía reemplazar la sensualidad y trivialidad del rococó por un estilo lógico y austero. Los movimientos revolucionarios lo adoptaban como estilo oficial porque relacionaban la democracia con la antigua Grecia y la República Romana.

En 1780 se había proclamado la independencia de EEUU y los libros franceses de Montesquieu, Voltaire y Rousseau llegaban a las colonias hispánicas. Después vino la Revolución Francesa (1799) y la literatura tenía una función moral. Los personajes debían ser inmóviles y comportarse de la misma manera de principio a fin, respetando las leyes morales de la sociedad. De función moral y didáctica para agradar y conmover al público, al arte como una síntesis entre lo bello y lo útil.

A finales del SXVIII – principios del XIX nace el Romanticismo como reacción a la Ilustración y al neoclasicismo. Se originó en Alemania e Inglaterra y se extendió a todos los países de Europa. Daba prioridad a los sentimientos. Su máximo apogeo se produjo entre 1800 y 1850, rompiendo con las reglas estereotipadas del neoclasicismo y en búsqueda constante de la libertad.

Goethe influyó profundamente en el romanticismo. Herder, del que fue su discípulo, le descubrió a Shakespeare y le liberó del neoclasicismo francés y de la Ilustración y el racionalismo alemán.

Ambos redactaron el manifiesto fundador del movimiento ‘Sturm und Drang’ (Tempestad e ímpetu) que se considera el preludio del romanticismo en Alemania. Este movimiento concedía a los artistas libertad de expresión de la subjetividad individual y de la emoción. La última figura importante de este movimiento es Schiller, cuyas obras tempranas también se consideran un preludio del romanticismo. Este movimiento también tuvo su impacto en la música (Bach es uno de sus representantes) y en todo el arte.

El Prometeo de Goethe enfrenta al genio creador, rebelde e independiente, contra todo lo representado por la Ilustración.

Se enamoró de Charlotte Buff, novia prometida de su colega abogado en prácticas como él. Y cuando otro abogado dolido por un amor no correspondido se suicidó, Goethe unió ambas historias para escribir “Las penas del joven Werther”, que dicen que fue tan exitoso que suscitó una cadena de suicidios entre los adolescentes desencantados.

Intentó abrir un despacho de abogados y en 1775 se compromete con la hija de un banquero. Pero las diferencias sociales y de estilo de vida de ambas familias dieron al traste con el compromiso y ese mismo año empieza a trabajar en la corte, dicen que huyendo en parte del ejercicio de la abogacía y en parte del ambiente creado en torno al compromiso sentimental con la hija del banquero

Estuvo al servicio del heredero Carlos Augusto y fijó su residencia en Weimar donde vivirá hasta su muerte. Durante este periodo al servicio del heredero abandonó la literatura por 10 años, pero pasó a tener una especial consideración en la corte, como una especie de ministro supremo, y dirigió la Biblioteca ducal.

Se relacionó con figuras como Napoleón Bonaparte, Schopenhauer o Beethoven.

Influenció en importantes escritores, compositores, pensadores y artistas entre ellos Freud. Era uno de los poetas de referencia de Freud junto con Schiller. Y es uno de los poetas más citados por Freud.

En 1780 entra en la masonería En la celebración de su 50 aniversario como masón, compuso un poema titulado “Para fiesta de San Juan de 1830”.

La influencia de la masonería sobre Goethe fue importante para la escritura de Fausto, una de sus grandes obras. Fue retocada durante 17 años, desde 1773 hasta 1790 y en ella se narra la historia de un hombre que hace un pacto con el diablo a cambio de ciertos favores, el conocimiento ilimitado y los placeres mundanos.

Retrato de Goethe, por Johann Heinrich Wilhelm Tischbein.

Goethe fue encargado del teatro de la corte de Weimar, haciendo representar obras de Calderón de la Barca y de Shakespeare. Y por esta época empezó a cartearse con Schiller. Gracias a Goethe, Weimar se convirtió en el centro cultural de Alemania. Allí escribió grandes poemas y obras ambiciosas.

Se casó con Christiane Vulpius, lo que no fue muy bien visto por la alta burguesía, aunque algunos progresistas de la aristocracia aceptaron el matrimonio y continuaron reuniéndose con el poeta. Tuvieron un hijo. Y Christiane sufrió cuatro abortos (se cree que por incompatibilidad de grupos sanguíneos).

RELACIÓN CON SHCHILLER

Goethe y Schiller fueron grandes amigos entre 1794 y 1805, año en que Schiller murió prematuramente. Goethe decía “una potencia superior hizo posible mi unión con Schiller” y Schiller, por su parte, decía: “ante la excelencia no cabe más que el amor”. Su amistad fue una de las más fecundas de la historia de la literatura. De su colaboración nacieron obras coo Wallensteir y la doncella de Orleans de Schiller o Wihelm Meister y Hermann y Dorothea, de Goethe. Y varias revistas Die Horen, Musen-Almanach y Propyläen, y la escritura de epigramas.

Y aunque hasta entonces su relación no había existido como tal e incluso se habían tratado, los dos grandes y famosos, con ironía y rechazo, cuando se conocieron personalmente, se dieron cuenta de que eran almas gemelas.
Cuando Schiller murió, Goethe manifestó: “He perdido a un amigo y con él, la mitad de mi existencia”.

Goethe junto con Schiller llevaron a la cultura europea a su más lograda expresión. A Goethe se le considera el más grande hombre de las letras alemanas y europeas por sus obras Fausto, Poesía y verdad, y Wilhelm Meister, calificada por Schopenhauer como una de las 4 mejores novelas jamás escritas.

Muchos jóvenes quisieron conocerle en persona. Algunos críticos lo consideran hoy el hombre más ilustrado de la humanidad. Hay un instituto que lleva su nombre que se encarga de difundir la cultura alemana por todo el mundo. Y el premio Goethe de Francfort del Meno es un premio literario alemán de alto prestigio nombrado en honor de Goethe, que se entrega cada tres años en la actualidad. Sigmund Freud fue galardonado con el Premio Goethe en el año 1930.

Goethe murió en 1832 en Weimar. Vivió 83 años.

FRASES DE GOETHE

  • El hombre más feliz del mundo es aquel que sepa reconocer los méritos de los demás y pueda alegrarse del bien ajeno como si fuera propio.
  • No basta saber, se debe también aplicar. No es suficiente querer, se debe también hacer.
  • El hombre está hecho por sus creencias. Como él cree, así es.
  • Sólo hay dos legados duraderos que podemos esperar dar a nuestros hijos. Uno de ellos son raíces, el otro, alas.
  • Las hipótesis son andamios que se colocan ante el edificio y se quitan al término de las obras. Son imprescindibles para el albañil, que sin embargo no debe tomar al andamio por el edificio
  • No podemos modelar a nuestros hijos según nuestros deseos, debemos estar con ellos y amarlos como Dios nos los ha entregado
  • La magia es creer en ti mismo: si puedes hacer eso puedes hacer cualquier cosa.
  • La venganza más cruel es el desprecio de toda venganza posible.
  • Al entrar en contacto con un color determinado, éste se sincroniza de inmediato con el espíritu humano, produciendo un efecto decidido e importante en el estado de ánimo.
  • La vida pertenece a los vivos, y el que vive debe estar preparado para los cambios.
  • A veces nuestro destino semeja un árbol frutal en invierno. ¿Quién pensaría que esas ramas reverdecerán y florecerán? Mas esperamos que así sea y sabemos que así será.
  • Trata a un hombre tal como es, y seguirá siendo lo que es; trátalo como puede y debe ser y se convertirá en lo que puede y debe ser.
  • Todo el mundo quiere ser alguien; nadie quiere crecer.
  • La noche es la mitad de la vida, y la mejor mitad.
  • Es un gran error creerse más de lo que uno es, o menos de lo que uno vale.
  • Los malentendidos y la negligencia crean más confusión en el mundo que el engaño y la maldad. En todo caso, estos dos últimos son muchos menos frecuentes.
  • Quien en nombre de la libertad renuncia a ser el que tiene que ser, es un suicida en pie.
  • La libertad como la vida, sólo la merece quien sabe conquistarla todos los días.
  • Si cada uno limpia su acera, la calle estará limpia.
  • Peligroso es el hombre que no tiene nada que perder.
  • La más bella metempsicosis es aquella en que nos vemos aparecer de nuevo en otros.
  • Lo importante no es hacer cosas nuevas sino hacerlas como si nunca nadie las hubiera hecho antes.
  • Sea lo que sea que puedas o sueñes que puedas, comiénzalo. El atrevimiento posee genio, poder y magia. Comiénzalo ahora.
  • Es gran virtud del hombre sereno oír todo lo que censuran contra él para corregir lo que sea verdad y no alterarse por lo que sea mentira.

POEMAS

PARA EL VEINTICINCO DE OCTUBRE DE 1828

Si quieres vivir bien y solazarte,
del pasado no debes preocuparte,
y si algún menoscabo padecieres,
no te apures y sigue en tus quehaceres.
Despierta en la mañana cada día,
cual un recién nacido, y sin porfía,
aguarda que él te trace su dictado,
que cada día tiene su cuidado.
Aunque tu propia obra te complazca,
harás por apreciar lo que a otros plazca;
procura sobre todo a nadie odiar
y deja que Dios ponga lo demás.


Fija el poeta los ojos en el vulgo
y ve a los hombres, presa de sí mismos,
tan pronto alegres como tristes, mustios,
pero el poeta persigue su designio.
Para lograrlo, su camino propio
de seguir trata y se lo muestra el prójimo:
luego baja la frente ante su sino.


Mocito, señala a tiempo
alto blanco a tu saeta;
que las Musas acompañan,
mas no guían al poeta.

FRONTERAS DE LA HUMANIDAD

Cuando el Padre sagrado,
el Padre primigenio,
con su mano confiada
desde nubes errantes
siembra sobre la tierra
rayos de bendición,
yo beso de su túnica
el borde más lejano,
con temblor infantil
siempre fiel en su pecho.
Porque no debería
ponerse ningún hombre
al lado de los dioses.
Y si alguien se elevara
hasta que sus cabellos
tocasen las estrellas,
no apoyaría en nada
sus inseguros pies
y con él jugarían
las nubes y los vientos.
Si, con sus coyunturas
medulosas y firmes
se yergue en la perenne
tierra bien cimentada,
no se eleva a la altura,
y tan sólo se logra
comparar a la encina
o a la viña fecunda.
¿Qué es lo que diferencia
a los dioses y al hombre?
Que delante de aquéllos
se mueven muchas olas,
una eterna corriente.
Y a nosotros nos alza,
nos envuelve una ola,
y en ella nos hundimos.

Un diminuto cerco
limita nuestra vida;
muchas generaciones
se suceden, perennes,
siguiendo la cadena
sin fin de su existencia.

Traducción: José Mª Valverde

CONSIDERACIÓN

¿Qué debe el hombre pedir?
¿Es mejor estar tranquilo?
¿Con gran ahínco aferrarse?
¿O es preferible impulsarse?
¿Debe construirse una choza?
¿Debe vivir bajo tiendas?
¿Debe confiar en las rocas?
Incluso las rocas tiemblan.

No a todos les va lo mismo.
Mire cada cual lo que haga
y mire dónde vivir.
Quien está en pie, que no caiga.

AL COCHERO CRONOS

¡Date prisa, Cronos!
¡Sigue el trote estrepitoso!
Cuesta abajo va el camino.
Los ojos me nubla el vértigo
que me da tu lento paso.
¿Qué importan piedras y raíces?
¡Aunque a trancas y barrancas,
vamos raudos a la vida!

Reaparece luego el paso
esforzado que, asfixiante,
nos conduce cuesta arriba.
¡Fuera, inercia! ¡A la cima
vamos con afán y confianza!

En lo alto: espléndida vista
que de montaña a montaña
abarca la vida toda,
y el eterno espíritu encima
nos presagia vida eterna.

Te seduce la sombra
de un alero allá al lado
y la mirada de aquella muchacha
del umbral que promete refrescarte.
¡Reanímate! Dame, niña,
esa bebida espumosa
y esa mirada tan sana y amable.

¡Abajo, pues, más deprisa!
Mirad, el sol ya se pone.
Antes de que sea yo un viejo, y me envuelva
la neblina del pantano,
y me crujan la boca desdentada
y los huesos temblorosos:

¡ebrio del último rayo,
llévame, oh mar de fuego,
al ojo espumante! ¡Llévame,
deslumbrado y tambaleante,
a la puerta nocturna del infierno!

Cochero, haz sonar tu trompa,
aviva el trote sonoro,
para que oiga el Orco que viene un príncipe,
y de sus asientos se alcen
abajo los poderosos.

ANTE EL TRIBUNAL

De quién lo he tenido, no os lo diré,
el hijo que llevo en el vientre.
Qué asco, escupís, ¡vaya una ramera!
Soy, empero, mujer honesta.

Con quién me junté, yo no os lo diré:
es mi amado amable y bueno.
Él lleva un collar que es de oro en el cuello
y lleva de paja sombrero.

Si hay que aguantar las burlas y la mofa,
ya las soportaré yo sola.
Pues él me conoce, yo lo conozco,
y Dios también lo sabe todo.

Escuchad, señor cura y señor juez,
dejadme por favor en paz.
Es mi hijo y mi hijo será eternamente:
vosotros no me daréis más.

PROMETEO

¡Cubre tu cielo, Zeus,
de nubes vaporosas!
¡Dedícate, como un mozo
que corta flores de cardo,
a los robles y cimas de los montes!
Pero déjame mi tierra,
la choza que no has construido
y también mi hogar
por cuyo fuego
me envidias.

Nada más pobre conozco
bajo el sol, oh dioses, que a vosotros.
Mezquinos, alimentáis
vuestra majestad
con los tributos que son las ofrendas
y el hálito de los rezos;
y moriríais de hambre si no fueran
locos llenos de esperanza
los niños y los mendigos.

Cuando era un niño
y todo en mí confusión,
mis ojos desorientados
miraban al sol cual si más allá
hubiera oídos para oír mi queja
y un corazón como el mío,
capaz de apiadarse del angustiado.

¿Quién me ayudó
contra la arrogancia de los titanes?
¿Quién me salvó de la muerte
y de la esclavitud?
¿No lo has hecho todo tú,
corazón sagrado y ardiente?
Ardoroso, joven, bueno,
¿no diste las gracias, engañado,
por salvarte, a quien arriba dormía?

¿Honrarte, yo? ¿Por qué?
¿Has calmado el sufrimiento
de quien vive abrumado?
¿Has enjugado las lágrimas
de la persona angustiada?

¿No me han forjado y hecho hombre
el tiempo todopoderoso
y el eterno destino,
amos míos como tuyos?

¿Creías acaso
que debía odiar la vida,
refugiarme en el desierto,
pues no florecían los sueños todos
de la aurora adolescente?

Aquí estoy formando a hombres
a mi semejanza e imagen;
a una estirpe que se me parezca,
que sufra, que llore,
que goce y se alegre
y, como yo,
no te respete.

LA DANZA MACABRA

En medio de la noche el campanero
del campo santo los sepulcros fisga;
cual si fuera de día todo reluce,
que todo el plenilunio lo ilumina.
Remuévese una tumba, luego otra,
y una mujer primero, luego un hombre,
en sus blancos sudarios se divisan.
Tiemblan después todas las tumbas; salen
de ellas sus descarnados moradores;
pobres y ricos, jóvenes y viejos,
y empiezan por danzar con paso torpe.
Los sudarios estórbanlos; sin pizca
de pudor los arrojan, y ligeros
siguen su baile en zarabanda informe.

Levanta ésta la pierna, mueve el otro
las caderas haciendo mil visajes;
arman un seco y estridente ruido,
cual si troncos y tajos aserrasen.
Ante tal grotesquez ríe el campanero;
y el tentador sugiérele esta idea:
“¡Ponte un sudario y mézclate en el baile!”

¡Dicho y hecho! Al punto nuestro hombre
desciende al campo santo, que la luna
cada vez ilumina con más fuerza,
dejando ver aquella danza absurda.
Pero de pronto párase la zambra,
y puestos sus sudarios nuevamente,
todos bajo la tierra se sepultan.

Sólo uno queda que, con torpe paso,
dando tumbos, las tumbas examina,
y es que el pobre perdiera su sudario,
y buscándolo anda a toda prisa.
Encamínase raudo hacia la torre;
mas retrocede, que de allí lo espanta
la cruz de hierro que en su puerta brilla.

Tras de aquélla respira el campanero;
sube las escaleras afanoso;
mas el espectro, raudo se encarama
por los salientes de aquel muro gótico.
¡Ya llegó a la techumbre! Y con sus largas
patas de araña al campanero incauto
sigue y persigue en apremiante acoso.

Huye aquél, aterrado, y ya contrito
del robo del sudario, ahora quisiera
devolvérselo…, sí pero el cuitado
engánchase en un garfio…, abajo rueda
y se acabó… La luna palidece,
el reloj de la torre da la una,
y contra el suelo un cuerpo da y se estrella.

PROBLEMA

¿Por qué todo ha de ser tan enigmático?
Voluntad y poder aquí están juntos;
quiere la voluntad, y apercibido
está el poder para servirla al punto;
mas, ¿qué pasa? ¡Pues mirad, el tiempo largo
entre ambos se interpone inoportuno!
¡Ved ahí por qué unido se sostiene!
¡Y ved también por qué se quiebra el mundo!

CANCIÓN DEL ARPISTA

Quien nunca con lágrimas mojó el pan,
quien nunca pasó las noches dolientes
sentado, llorando, sobre su cama,
no os conoce, celestiales poderes.
Nos hacéis entrar dentro de la vida,
dejáis que una culpa contraiga el pobre,
luego lo abandonáis a la desdicha:
pues se venga toda culpa en este orbe.

LOS ORIGINALES

Dice un quídam: “Yo, señores,
no soy de ninguna escuela;
ni hay muerto al que algo le deba.”
Lo cual, si yo entiendo bien,
viene a decir, a la letra:
“Soy necio a nativitate
sin que nadie culpa tenga.”

HUMILDAD

Cuando de los maestros veo las obras,
veo lo que hicieron, y ahí se tiene en pie;
cuando, en cambio, contemplo mis chapuzas,
tan sólo aprecio lo que debí hacer.

SÍMBOLO

Del albañil las andanzas
a la vida se asemejan,
y su esfuerzo es comparable
a los afanes del hombre
sobre la haz de la tierra.

El porvenir encubre
dolores y alegrías.
Paso a paso, marchamos
hacia delante siempre,
sin que el temor nos rinda.

Allá, a lo lejos, muéstrase
imponente una cúpula,
sobre la cual arriba
reposan las estrellas,
y abajo, en paz, las tumbas.

Miradla atentos; veréis
cómo erráticos temblores
y hondos, graves sentimientos,
en el pecho de los héroes
se despiertan al momento.

Mas no haya temor que arriba
están llamándoos las voces
de los genios y maestros:
”No perdáis tiempo, mortales;
servid al bien con denuedo.”

Aquí, en silencio perenne,
téjense bellas coronas,
que habrían de ceñir las sienes
de quien por el bien labora.
¡Ánimo, pues, y a la obra!

CONTEMPLANDO EL CRÁNEO DE SHILLER

En el osario contemplar yo pude
de calaveras el montón ingente;
y el pasado evoqué; ya cano y frío.
En montón apilados, allí estaban
estrechamente unidos los que antaño
mortalmente se odiaron,
y aquellos huesos que chocaron fieros
unos con otros en tremendas luchas,
ahora quietos y mansos reposaban
al lado unos de otros sin protesta.
¡Omóplatos dispersos! Lo que otrora
llevaran sobre sí nadie ya inquiere,
ni nadie fija su atención en esos
miembros en vida bellamente activos;
en esas manos y esos pies ahora
de su vital encaje separados.
Pero también falaz vuestro reposo
es, ¡oh huesos cansados!, en la fosa;
que vuestra paz, turbando nuevamente
de la fosa a la luz del día os exhuman,
sin que de esas mondadas calaveras
nadie haga aprecio, indiferente al noble
cerebro que otro tiempo albergar pudo.
Mas para mí, iniciado, ese mensaje,
cuyo sacro sentido permanece
para los más herméticos, está claro;
y que al mirar aquella muchedumbre
de mondas calaveras, una extraña,
que entre todas hermosa descollaba,
ante mis ojos fulguró la clave
del misterioso enigma, y entre tanta
muchedumbre de rígida osamenta,
y aquellas lobregueces y estrechuras,
tan holgado sentíme y tan caliente
cual si sobre la muerte su raudal
un venero de vida audaz lanzase.
¡Con qué secreto hechizo cautivaba
aquella bella forma mis sentidos!
¡Aquel vestigio de una idea divina,
que fiel aún conservaba! Arrebatado
sentíame hacia ese piélago incansable
que sin cesar arroja hacia esas playas
de la vida dechados superiores.
¡Oh vaso misterioso! ¡Manantío
de oráculos profundos, cuán ufano
de tenerte en mi mano me sentía,
de poderte sacar devotamente
de aquella lobreguez, inapreciable
tesoro, a la luz del claro día
poderte contemplar sin traba alguna!
¿Qué más el hombre ambicionar podría
en este mundo, qué merced más alta,
que esta revelación del Dios-Natura?
Percibir del espíritu la fuerza
que estable en él por siempre se vincula
y ver con qué fuerza se mantiene
la reacción del espíritu a lo largo
de ese flujo y reflujo de los tiempos.

LAMENTO INICIAL

¡Qué raro parece escrito
un balbuceo apasionado!
Tengo que ir de casa en casa
las hojas sueltas buscando.
Cosas que en la vida andaban
distanciadas largo espacio,
juntas bajo un mismo techo,
el lector halla ahora a mano.
Mas no te inquiete tu culpa,
termina el librito, rápido;
lleno está el mundo de absurdos,
¿cómo tú no habrías de estarlo?

EL REY DE LOS SILFOS

¿Quién tan tarde cabalga en la ventosa noche?
Un padre con su hijo, a lomos del corcel;
bien cogido lo lleva en sus brazos seguro
y caliente al recaudo de su regazo fiel.

-Hijo mío, ¿por qué escondes así triste tu rostro?

¿Es que el rey de los silfos, oh padre, tú no ves?
¿De los silfos el rey con su corona y su manto?

¡Es la bruma, hijo mío, quien eso te hace ver!

.¡Oh lindo niño, anda, ven conmigo ligero!
Verás que alegres juegos allí te enseñaré
¡y qué flores tan raras en mi orilla florecen,
y qué doradas vestes mi madre sabe hacer!

-Padre mío, padre mío, ¿no oyes tú las promesas
con que el rey de los silfos me pretende atraer?
-No hagas caso, hijo mío, que es el cierzo que agita
de la agostada fronda del bosque la aridez.

.Lindo niño, ¿no quieres venir a mi palacio?
Te aguardan mis hermosas hijas bajo el dintel.
Por turno en la alta noche arrullarán tu sueño
y tus danzas y cantos sabrán entretejer.

Padre mío, padre mío, ¿no ves allá en la sombra
las hijas del monarca bellas resplandecer?

Hijo mío, no hagas caso, es la vaga espesura;
no hay nada sino eso, que lo distingo bien.

Lindo niño, me encanta tu belleza divina;
si no vienes de grado, la fuerza emplearé.

-¡Padre mío, padre mío, mira cómo me coge;
daño me hacen sus manos; padre, defiéndeme!

Siente temor el padre y su bridón aguija;
contra su pecho aprieta al lloroso doncel;
de su casona el atrio por fin alcanzar logra.
Mira, y muerto al instante entre sus brazos le ve.

INCONSTANCIA

En el bullente arroyo, entre sus aguas claras,
me zambullo; los brazos a las ondas
que vienen a mi encuentro, tiendo alegre,
y en mi pecho nostálgico se estrellan…
ávidamente; pero luego, esquivas,
siguen el curso de la linfa rauda;
tras una viene otra, y al dejarme
me hacen sentir el exquisito goce
del placer alternado, siempre nuevo.
No seas, ¡Oh joven!, necio; nunca llores
inútilmente de la triste vida
esas alegres horas que pasaron;
¡cuando, voluble, una mujer te olvide,
no te apures, y aguarda a la siguiente;
que aún más sabroso que de la primera
amada es de la segunda el beso!

INSOLENTE Y ALEGRE

Los tormentos de amor mi alma rehúsa.
Grato pesar, dulce dolor;
de nada saber yo quiero,
todo me inspira aversión,
salvo esos ojos ardientes
y esos besos de pasión.
¡Quédese para los perros
aceptar con sumisión
goce con pena mezclado!
Yo soy de otra condición.
A mí has de darme, muchacha,
placer sólo y diversión,
sin mezcla de pena alguna
que acibare su dulzor.

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