52. Poesía más Poesía: Ernestina de Champourcín y Hernán Kozak

ERNESTINA DE CHAMPOURCÍN

BIOGRAFÍA

Ernestina Michels de Champourcín y Morán nació en Vitoria el 10 de julio de 1905. Era de familia católica y tradicionalista y con orígenes franceses y uruguayos.
Escribió prácticamente en todas las etapas de su vida. Normalmente su poesía se divide en estas tres fases:

  • poesía del amor humano (1905-1936)
  • poesía del amor divino (1936-1974)
  • poesía del amor sentido (1974-1991)

Recibió una educación esmerada con institutrices francesas e inglesas, llegando a hablar y escribir desde niña francés, inglés y castellano.
Desde pequeña escribía relatos breves y cuentos. A los doce años escribió en francés su primer poema.  Le encantaba inventar cuentos para narrarlos a las amigas.
A los 10 años ingresa en el colegio Sagrado Corazón y estudia el bachillerato elemental . Prepara el bachillerato superior en casa con profesores particulares. Aunque quería estudiar en la universidad, su padre se opuso y finalmente no accedió a estudios superiores. En aquel tiempo una alumna universitaria debía ir acompañada de su madre o de otra mujer adulta.

La lectura deVíctor Hugo, Lamartine, Musset, Vigny, Maeterlinck y Verlaine determinó que eligiera el francés para componer sus primeros esbozos líricos. Más tarde, leyó a San Juan de la Cruz, Sta Teresa de Jesús, Rubén Darío, , Concha Espina, Amado Nervo, Valle-Inclán y Juan Ramón Jiménez, que se convirtió en su poeta de referencia después de adentrarse en las páginas de Platero y yo.

En 1923 publica sus primeros poemas en revistas como Manantial, Cartagena Ilustrada o La libertad.
A los 21 años publicó su primer poemario “En silencio”, con influencias románticas y modernistas que dedicó a Juan Ramón Jiménez, del cual era una gran admiradora. Envía un ejemplar de su obra a Juan Ramón Jiménez, pero no recibe respuesta. Sin embargo, coincide con el poeta y su esposa Zenobia Camprubí en La Granja de San Ildefonso. El poeta la invita a participar en sus tertulias de poesía en las que conoció a Rafael Alberti, Federico García Lorca, Luis Cernuda, Jorge Guillén, Dámaso Alonso, Pedro Salinas, Emilio Prados, Vicente Aleixandre y a los poetas ingleses tanto de poesía clásica como moderna.
En 1928 Ernestina publicó Ahora, su segundo poemario
Fundó junto con María Maeztu, Concha Médez y otras el Liceo Femenino, primera organización femenina de la época para influir en cuestiones culturales y sociales. Ernestina era encargada de la sección de literatura.Fue la primera asociación femenina española cuyo fin era según sus estatutos “defender los intereses morales y materiales de la mujer, admitiendo, encauzando y desarrollando todas aqeullas iniciativas y actividades de índole exclusivamente económica, benéfica, artística, científica y literaria que redunden en su beneficio.”
Crearon en 1929 la Casa de los Niños, una guardería para hijos de mujeres trabajadoras.
Colaboró con distintos periódicos madrileños escribiendo a favor de la mujer

Ernestina (izquierda) con amigas.

En 1930 publica Canciones de Mar y Tierra y en 1931 su tercer poemario, La Voz en el viento. En las tertulias del Liceo Femeninose dieron cita todos los grandes intelectuales y artistas de la época. Era un centro con una gran vida social y una intensa actividad cultural. Fue amiga de la gran mayoría de escritores y artistas de la época. Junto a la profunda amistad y admiración que sentía hacia Juan Ramón Jiménez y Cenobia, frecuentaba la compañía y afecto de poetas como Concha Méndez y Altolaguirre, Emilio Prados y Rafael Alberti, etc. Entre el grupo de íntimos se encontraban Pilar Zubiaurre y Juan de la Encina. Estos le presentaron por primera vez a quien pasado cierto tiempo llegaría a ser su marido Juan José Domenchina, secretario del gabinete diplomático del Presidente de la República Manuel Azaña. Se casa con él en 1936. Gerardo Diego la seleccionó para su Antología de 1934. Solo se incluyeron los poemas de dos mujeres: Josefina de la Torre y Ernestina de Champourcin. El hecho de aparecer en esta antología consagró a Ernestina como poeta de Generación el 27. Gerardo Diego sufrió presiones para no incluirla en la obra antológica “Poesía española contemporánea”. Pero él la incluyó como miembro de su propia generación CuandoGerardo Diego le pidió para su Poesía Española Contemporánea un resumen de su poética, Ernestina se negó a definirse y contestóconaparente ligereza:“cuando todo el mundo define y se define causa un secreto placer mantenerse desdibujada entre los equívocos linderos de la vaguedad y la vagancia”. En el año 1936 publica su siguiente libro de poesía Cántico Inútil.

Desde el balcón de un cuarto piso de la calle Barquillo, Nº 23, Ernestina escucha los encendidos discursos de La Pasionaria, de Margarita Nelken, etc, pero también oye con horror el estruendo de las primeras bombas nacionales lanzadas sobre del Ministerio de la Guerra

Durante la Guerra Civil, Juan Ramón Jiménez y Zenobia, preocupados por los niños huérfanos o abandonados, fundaron una especie de comité denominado “Protección de Menores”. Ernestina se sumó a este trabajo, haciendo labores de enfermera. Proporcionaban amparo a los niños huérfanos o abandonados a causa de la contienda, y algo después, traslada sus servicios al hospital dirigido por Dolores Rivas Cherif, esposa de Azaña. Su labor humanitaria no impide a la poeta publicar su única novela, La casa de enfrente, donde reflexiona desde una perspectiva crítica sobre la educación que recibían las niñas de la burguesía.  inicia la redacción de una novela Mientras allí se muere, inconclusa por falta de final o por que ese final fue destruido por la autora. Debido a las ideas políticas de Domenchina, afiliado a Izquierda Republicana, y a sus cargos políticos, secretario del gabinete diplomático del Presidente de la República Manuel Azaña, el joven matrimonio tienen que iniciar el exilio. Se desplazan con el gobierno y el 5º Regimiento a Valencia. El viaje lo realizan con otros intelectuales, entre los que se encontraban los vascos Pilar Zubiaurre y Juan de la Encina. Más tarde a Barcelona y de la Ciudad Condal con el ejército nacional en los propios talones pasan a Francia. Residen durante tres meses en Toulouse, acogidos por el Comité de Ayuda a los Intelectuales Españoles. El exilio para Ernestina no fue ni doloroso y traumático como lo fue para Juan José Domenchina. De espíritu aventurero y amante de los viajes, la escritora tomó el destierro como un viaje de aquellos que imaginaba y narraba en su niñez. Con el tiempo termina enamorada de la gente y de la geografía de México. Una vez instalados en México, Juan José rechaza el trabajo de profesor al no sentirse ni preparado ni vocacionado. Enterado Cosío Villegas de la situación en que se encontraba el matrimonio, les ofrece colaborar con el Fondo de Cultura Económica en calidad de traductores. La primera obra que tradujo Ernestina para el F.C.E. fue una biografía de Voltaire. La traducción resultó tan del gusto del director, que se le abrieron todas las puertas y se le dieron todas las facilidades. Ella escogía los títulos que iba a traducir. Estos eran preferentemente históricos, literarios, sociológicos, etc. Colabora igualmente para editoriales como Centauro. U.T.H.A (Unión Tipográfica Hispanoamericana). Realiza una intensa labor. Su trabajo alcanza el medio centenar de títulos, significando su labor un puente cultural sólido que sirvió para empezar a despertar las dormidas cabezas de la España franquista. En forma de las traducciones en editoriales americanas empezaba a llegar la voz de los desterrados. Muchas de las traducciones de Ernestina de Champourcin siguen vigentes y reeditándose a pesar del tiempo transcurrido. En cuanto llegó a México quiso promover las actividades culturales y formativas entre las mujeres indígenas que vivían en el Distrito Federal, y animó a algunas mujeres intelectuales de allí a poner en marcha sus propias asociaciones y revistas literarias. Otra faceta de su actividad a favor del feminismo fue el apoyo que prestó, desde finales de los años veinte hasta el final de su vida, a las mujeres que buscaban su consejo para dedicarse a la poesía, y a las que invitaba no sólo a escribir, sino también a darse a conocer , involucrarse en la vida cultural, etc. Ernestina era poeta y como tal fue recibida en su nueva tierra de residencia. Sin embargo, el nuevo trabajo de traductora ahogó su voz poética durante más de quince años. Salvo contadas ocasiones y de forma más bien esporádica -sus colaboraciones en la revista Rueca serían la gran excepción- deja de lado su tarea poética. La vida en el exilio exigía una dedicación remunerada y las traducciones daban para vivir sólo cuando se trabajaba de manera intensa.

Ernestina con su marido, Juan José Domenchina.

En 1952 publica Presencia a oscuras. . El tema religioso llena a partir de ahora todas sus páginas poéticas. Este sentimiento de amparo divino se ve acrecentado en octubre de 1957 con la muerte de su marido. Van apareciendo sus siguientes libros: El nombre que me diste (1960),Cárcel de los sentidos(México, 1964), Hai-Kais espirituales (México, 1967), El nombre que me diste (México, 1966),Cartas cerradas, México, 1968) En 1972 comenzó su segundo exilio: regresó a España. Publica en ese mismo año Poemas del ser y del estar. Esta vuelta, en esta ocasión definitiva, le hace evocar los sentimientos y recuerdos de sus vivencias pasadas en la capital durante la guerra civil. Como especie de recuperación evocativa va recreando todas sus andanzas, inquietudes y sufrimientos. Nace así su libro Primer exilio, publicado en 1978. Por otra lado, sufre la gran decepción de un Madrid que no se parece nada a la ciudad de sus recuerdos. Comienza a hablar en sus obras del destierro espiritual del hombre. Para ella no existe exilio espacial o transtierro emocional, sino destierro espiritual. Estas experiencias íntimas se van concretando en su obra La pared transparente, en 1984. Le siguen títulos como Huyeron todas las islas (1988), Del vacío y sus dones (1993), Presencia del Pasado (1996) . Se expresa la ruptura física con los seres y cosas queridas pero con la fe y esperanza en la vida del más allá. Como vemos, a pesar de sus limitaciones físicas, como la sordera o la falta de visión, siguió trabajando, llegando a publicar ocho libros de poemas. En 1981 salió a la luz La ardilla y la rosa, un libro autobiográfico con el que rendía homenaje a Juan Ramón Jiménez. Ernestina de Champourcin recibió el PremioEuzkadi de Literatura en 1989. Se creó también en Vitoria el Certamen de Poesía Ernestina de Champourcin Recibió el Premio Mujer Progresista y la nominación al Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 1992, y la Medalla al Mérito Artístico  del Ayuntamiento de Madrid en 1997.

Murió el 27 de marzo 1999.

Ella diría acerca de la muerte:

Yo creo que morir es estar
es estarse por fin en lo absoluto
en lo definitivo…
Morir es una rosa
que se nos da de balde
un perfume cuajado
en un amor para siempre.

Ernestina de Champourcin representa una de las cimas poéticas de la denominada poesía pura; sin lugar a dudas, la más importante entre el grupo femenino de la generación del 27. Otra mujer poeta relegada a segundo o tercer plano por ser mujer en la generación del 27. 

Ernestina en el 1996.

POEMAS

Del libro En silencio (1926)

EN SILENCIO

Era un bello silencio, un silencio divino,
vibrante de pensares, tremante de emoción,
un silencio muy grave, de sentir peregrino,
un silencio muy quedo, con dejos de oración.
…………….
Cállate no respires, ni turbes el silencio
con el ritmo armonioso de un poema de amor;
cállate, que es muy tímido y frágil el silencio,
no rompas de este instante el filtro seductor.

Cállate y no pienses; a través del espacio,
cruza fugaz la estrella de una hermosa ilusión;
cállate, ¿no sientes su fulgor de topacio
encenderse en mi pecho y herir tu corazón?

Cállate; ya sé yo que tus labios murmuran
ternuras infinitas, creadas para mí;
cállate; sin hablar mil voces las susurran;
cállate; el silencio me acerca más a ti.
…………….
Era un silencio triste, un silencio lloroso,
un silencio muy puro de candor virginal,
un silencio sereno, vagamente amoroso,
que la bruma envolvía en su tenue cendal.

Del libro Ahora (1928)

APUNTES LÍRICOS 1

Goce íntimo y quedo en que el alma se admira
de su propia belleza:
minuto de egoísmo eterno como el mundo,
divina complacencia
de todo lo creado
al contemplarse mudo
en la múltiple esfera del corazón humano.
Delirante alegría
de palpar la consciencia que hace cierta la vida.
¡Silencioso placer de escucharse sin miedo
y arrancar a la nada nuestros propios secretos,
mientras huye la tierra, bulliciosa y maldita!

Del libro la Voz en el Tiempo (1931)

 MIRADA EN LIBERTAD

¡Mis ojos en el viento!
¿Qué mirarán mis ojos
ya sueltos en el aire?
Sujeto va el espacio
entre mis dos pupilas.

¡Yo, límite desnudo,
he de ceñirlo todo
hasta dejarlo inmóvil
en el eterno cáliz
de la perfecta rosa!

Límite justo y ciego,
no veré la belleza
que abrace mi contorno.
¡Por buscarla sembré
mis ojos en el viento!

De Cántico inútil en 1936
AMOR
Puliré mi belleza con los garfios del viento.
Seré tuya sin forma, hecha polvo de aire,
diluida en un cielo de planos invisibles.

Para ti quiero, amado, la posesión sin cuerpo,
el delirio gozoso de sentir que tu abrazo
solo ciñe rosales de pura eternidad.

Nunca podrás tenerme sin abrir tu deseo
sobre la desnudez que sella lo inefable,
ni encontrarás mis labios
mientras algo concreto enraíce tu amor…

¡Que tus manos inútiles acaricien estrellas!
No entorpezcan besándome la fuga de mi cuerpo.
¡Seré tuya en la piel hecha fuego de sol!

CARTA AL VACÍO

Es escribir a alguien
o lanzarse al silencio,
a nadar en lo oscuro,
a encender una llama
aunque ahoguen las dudas.
¿Carta a lo que no existe?
Hay buzones alados
que se disparan solos
y un correo sin pistas
ni trayecto seguro.

Eludir el camino
que todos conocemos.
Seguir hacia adelante
ruta de los que intentan
lo que nunca pensaron
y se sienten felices
porque hay algo distinto,
porque se desvanece
de pronto lo que sobra
y no existe el vacío
si queremos colmarlo.

GOTA A GOTA

Gota a gota
Hay algo -gota a gota-
que nos llena el vacío
¡Hondones del deseo!
¡Qué colmo de esperanzas!
El oleaje arrastra
caudales sin objeto
y hay muchos anaqueles
que ningún libro ocupa.
¿A dónde vamos, dime?
Aún nos quedan paisajes 
con frondas ignoradas
y orquídeas que navegan
en busca de su nombre.
Quisiéramos al fin la belleza absoluta
que rebosa verdad porque la luz es nueva.
Se borran las fechas
del momento incendiado,
pero nos grabarán
como inicial las sienes.
Es el fin o el principio
de las augustas ruinas circulares.
¿Se pierde o se gana?
Hay manos que triunfan
al quedarse vacías
y otras como puños
que no conservan nada.

AMBICIÓN

¡Quisiera ser viento!
Ráfaga tendida
que arrastra en su beso
el polvo y la nube,
la rosa, el lucero…
—No brisa apacible
que finge despechos
y siembra caricias—.
Yo quiero ser fuego,
volcán de aire rojo
que incendie el secreto
de todas las ramas
y todos los pechos;
aquilón desnudo,
huracán de acero,
fragua donde forjan
su actitud los cuerpos.
¡Cuando voy a ti,
quisiera ser viento
para arrebatarte
más allá del cielo!

TIEMPO DE MAR

El mar me pertenece
lo hago pasar entero
entre mis manos ávidas.
Lo acaricio le doy
la única mirada
sencilla que me queda
la que aún no han manchado
ni el miedo ni la muerte.

Mar limpio entre mis dedos
goteando esperanzas
porque sostiene aún
un velamen con brisa.

Mar de todos los mares
hoy contemplo en su espuma
otros mares antiguos:
aquel de mi primer
contacto con las playas
y el de aquellas lecturas
codiciosas e incómodas
bajo algún tamarindo.
y aquel otro del trópico
sin huellas de turistas
con esa pulpa tierna
que ofrece el cocotero.

Quiero olvidar aquí
lo que sucedió anoche.
el mar no tiene culpa.
Es dócil, mío, puro,
es un lebrel que lame
mis plantas mansamente.

ESTÁS

Y estás: en el vacío
y en la ausencia presente,
en la que es y vive
sin dejar de ser única
oquedad invisible
con raíces eternas.
No hay mundo que la llene
pero sí algo vivo
que la besa y la calma.

No quiero saber nada…
Ni de esa luz incierta
que retrocede vaga
ni de esa nube limpia
con perfiles de cuento.
Tampoco del magnolio
que quizá aún perfume
con su nieve insistente…
No saber, no soñar,
pero inventarlo todo.

LAXITUD

La tarde gris y triste me agobia ,
tengo sueño;
estiro lentamente
mis dos brazos abiertos
que se prenden al aire;
quieren cazar el tiempo,
aprisionarlo pronto,
robarle su secreto,
deshacer bruscamente sus límites estrechos.
Quiero llorar : no sé;
quiero reír: no puedo.
Los deseos
se estrellan contra la inexorable inercia
del silencio;
sobre mi corazón rueda grávido al peso
de la existencia toda.
Al fin me desperezo .
Logro romper el cerco
del malsano sopor,
pero apenas lo venzo
ya me toma a invadir
quedamente su tedio .
Luego …
Ya no sé más;
suspiro,
me paseo,
exprimo el tormento so
lagar de mi cerebro ,
destilo el elixir de su inquietud
en mi pecho …
Sujeto en mi memoria
repite el pensamiento ;
la tarde gris y triste me agobia ,
¡tengo sueño! .. ..

BÚSCAME EN TI

La flecha de mi vida
ha clavado sus rumbos en tu pecho
y esquivo entre tus brazos el acecho
de las cien rutas que mi paso olvida.
Despójame del ansia desmedida
que abrasaba mi espíritu en barbecho.
El roce de tus manos ha deshecho
la audacia de mi frente envanecida.
Navegaré en tus pulsos. Dicha inerte
del silencio total. Ávida muerte
donde renacen, tuyos, mis sentidos.
Ahoga entre tus labios mi tristeza ,
y esta inquietud punzante que ya empieza
a taladrar mi sien con sus latidos.

HUIDA

Inercia de la muerte . ¡Qué distancia
me aleja ya, segura, de lo human o!
Aquella rosa que murió en mi mano
será pronto recuerdo de fragancia .
Silencio de si lencios. En mi estancia
diluye su perfil lo cotidiano
y retorna sin hieles a su arcano
esa amargura que la vida escancia.
Nada será de todo lo que ha sido.
Voy a ofrecer al sello del olvido
mis párpados febriles y mis labios
que inmoviliza el rictu s de lo eterno.
j Quiero escapar indemne del infierno
que arde en la trama de tus besos sabios!

DISTANCIA

1
Estás ahí, Señor,
y no puedo acercarme …
Sé que estás, sé que eres .. .
Tu presencia me invade
irresistiblemente
y tengo que escaparme,
desoír tu llamada …
oscurecer tu imagen,
cuando mi ser entero
sólo quiere entregarse.
Perdón ame si huyo,
si me niego a mirarte.
¡Estás ahí, Señor,
y no puedo acercarme!

11
Tú me quieres así:
despojada de todo ,
sin lo mío y sin Ti .. .
obstinada en buscarte
y teniendo que huir
de tu sombra y tu huella.
Si me arrancas de mí,
no me niegues la gracia
de poderte seguir.

AMOR DE CADA INSTANTE…

amor de cada instante…
duro amor sin delicias: cadena cruz, cilicio,
gloria ausente, esperada,
gozo y tortura a un tiempo;
realidad de los siglos, gracias por ser y estar
en el nunca y el siempre.

Pues , mi ejercicio, ahora, es amarte en la ausencia,
y aferrarme a esta nada porque también es tuya
y beber ese polvo de soledad y vacío
que es Tu don del momento y Tu clara promesa.

Y por eso me obstino contra lo más cercano,
huyendo de lo fácil -metal a flor de agua-,
por Ti también me acojo a lo que nadie sabe.

Y así voy caminando por este desconcierto
oscuro y luminoso, por este amor amargo,
veteado de gloria…

NO QUIERO SABER NADA

No quiero saber nada…
Ni de esa luz incierta
que retrocede vaga
ni de esa nube limpia
con perfiles de cuento.
Tampoco del magnolio
que quizá aún perfume
con su nieve insistente…
No saber, no soñar,
pero inventarlo todo.

SÓLO ALLÍ

Tú no sabes qué lejos.
¡Nadie sabe qué lejos!
Encima de las nubes, detrás de las estrellas,
al fondo del abismo en que se arroja el día,
sobre el monte invisible donde duerme la luz.

Sólo allí podrá ser. Sólo allí tocaremos
la verdad que tortura nuestras frentes selladas.
Sólo allí se abrirán como flores de aurora
aquellas lentas noches de amor en desvarío.

Nuestras manos lo piden tendidas al espacio
en un sordo anhelar que no engendra clamores,
nuestras plantas lo exigen tercamente aferradas
a las huellas que el viento indómito destroza.

El horizonte huye robando a cada hora
la secreta delicia que presagia el milagro.
Hay briznas de prodigio en todos los instantes
y el mundo, ciego, arde con vibración de altar.

Arrodilla tu fuerza. No hay glorias presentidas.
Palpita en certidumbre la carne de los sueños.
Si acunas la belleza que tu fervor concibe
florecerá en tu muerte su exacta encarnación.

Te esperaré apoyada en la curva del cielo…
Te esperaré apoyada en la curva del cielo
y todas las estrellas abrirán para verte
sus ojos conmovidos.
Te esperaré desnuda.
Seis túnicas de luz resbalando ante ti
deshojarán el ámbar moreno de mis hombros.
Nadie podrá mirarme sin que azote sus párpados
un látigo de niebla.
Sólo tú lograrás ceñir en tus pupilas
mi sien alucinada
y mis manos que ofrecen su cáliz entreabierto
a todo lo inasible.
Te esperaré encendida.
Mi antorcha despejando la noche de tus labios
libertará por fin tu esencia creadora.
¡Ven a fundirte en mí!
El agua de mis besos, ungiéndote, dirá
tu verdadero nombre.

Y SE VA MARCHITANDO LA CAJA DE LAS ROSAS…

Y se va marchitando la caja de las rosas;
no tiene quien las saque y las lleve al camino.
Un airón de perfume se nos quiebra en las manos
mientras algo se muere y nace al mismo tiempo.
Se nos frustró la cita con aquella fragancia
de tan pura, invisible, ese ramo de brisa
que apenas huele a nada
y que agavilla en sí todo el amor del mundo.

Hay cosas que no son, pero que siguen siendo
gozo, nostalgia, fronda que nunca hemos plantado,
hermosura secreta que sólo fue latido.

A J.J. QUE AHORA CONTEMPLA, SIN DOLOR, ESE PAISAJE QUE AMÓ TANTO

Y te quise traer un ciprés de Castilla
que hundiera sus raíces hasta tocar tus huesos:
Castilla que cantaste y amaste con locura
cuando faltó a tus pies su barbecho fecundo.

Raíces en lo hondo; copa esbelta en el cielo.
No ese ciprés de Silos que Gerardo cantara,
sino un ciprés aún tierno que creciese a tu vera
señalando al que pase la ruta que seguiste.

Así todos verían al levantar los ojos,
que ya no estás ahí donde tu nombre queda,
porque el ciprés, cual índice de verdor y esperanza,
guiaría su vista a tu verdad inmutable.

¡Qué guardia de cipreses en la tarde de oro!
y me acordé de ti y de aquellos poemas;
y de los que, después, colmaste de ese Amor
que te acunó la muerte.
Yo te quise traer un ciprés de Castilla.
¿Para qué? me pregunto. ¡Si ya la tienes toda!

¿POR QUÉ HUYEN TODAS LAS ISLAS?

   I
¿Cómo huyen las islas?
¿A caballo del mar sobre frágil espuma?
¿O acaso en imposible persecución alada
soñándose inocentes colegialas del cielo?

¿Cómo huyen las islas? ¿De qué? ¿Por qué?
       ¿A dónde?
Y las veo partir una a una, perdidas
en un afán oscuro que las nace y las muere
prisioneras sin cárcel de algún destino incierto.

IV
Y quisiera ser isla, un signo que persigne
el mar y sus entornos,
la sorpresa flotante de un pedazo de yerba.
Estrellas como islas o islas como estrellas.

¡Es un sueño sagrado que viene de tan lejos!
La sarta de coral de insólitos jardines
que todos despreciaron.
Hombre o mujer sedientos y cerca el archipiélago:
una siembra inaudita de frutas prodigiosas
imantando una red de gemas increíbles.

  V
Y si las islas huyen quedarán mares solos
sin nada que los tense y los haga más firmes
o acequias desoladas sin un brazo de tierra
en donde hagan pie los que van a ahogarse.

No es verdad que las islas sean monólogos puros
como tampoco hay hombres que son islas completas.
Y la isla quería no ser isla, mezclarse
con el mar y los ríos y buscar a esas otras,
las de luz diferente,
las de flores distintas y cardos agresivos.

No hay matices que puedan aislar a las islas
ni tampoco a los hombres. El fondo es siempre el  mismo
como la rosa es rosa aunque abrace los muros
o se yerga señera.

Fuga precipitada de paisajes isleños,
con tallos fabulosos y cinturón de algas.
Y ese árbol asceta que un oro florecido tortura y acrisola.

Y también el anturio como escudo guerrero,
el hibisco en campanas de tinte evanescente,
y la catleya, sello de trances amorosos.

INSOMNIO

Es un ratón bohemio.
Cansado de roer
tantas flores de trapo
se ha perdido en la selva
de los cables eléctricos.

La noche no se acaba.
¿Quién se escurre en la sombra?
La plazuela no entiende
los balcones abiertos
las inquietas preguntas,
los ojos aterrados
por un ratón que salta.

En las cajas redondas
roen otros ratones.
Amanece; el obús
no hizo blanco en el puerto.

CIUDAD DESIERTA

Aquí no hay nada, nadie.
Entre tanto gentío
nadie va, nadie viene.
Sólo se toca el aire,
silencio en el bullicio,
vacío en la palabra
oquedad en el movimiento,
presencia sin personas.

Qué enredo de países,
de adverbios, de niveles,
qué maraña de puertas,
de nombres, de caminos.
¿Aquí, allí, adónde?
Hay letras encendidas
que duelen como llagas.
Es forzoso salir:
buscar alguna parte,
¿buscar qué?, un orificio
entre la masa amorfa,
un huequecillo tenue
con temblor de caricia,
una esquina con flores.

La mujer y los niños
miran hacia delante
y sonríen por algo
que no se les alcanza.
Decirles “aquí estoy”.
Decir “venid conmigo”.
Pero ¿adónde llevarlos
si no nos lleva nadie?

SUSURRO

No son esas palabras
metálicas y duras
las que abren caminos
y derriban los montes.
Las aguas pasarán
a través de otros cauces
más secretos, más hondos,
por otros arcaduces
que tú y yo sabemos.

No quieras violentar
la delicada urdimbre
de un tejido sutil
que un soplo rasgaría.
Esas palabras no.
Las que ya nadie oye,
la vibración secreta
de algún cuerpo entregado.

FUGA

Ha pulido tu amor
la copa de mi alma
con el roce fatal
de su deslumbramiento,
en el cándido prisma
de tan leves cristales
se diluye la gracia
de tu perfil eterno.
Ya casi no conozco
el radio que trazaba
en mi espejo sensible
la presión de tus dedos.
A fuerza de limarlo hiciste
de mi espíritu
un vidrio que cebrean
las púas del silencio.
Alerta al menor soplo
que hiere lo insondado,
-crisol estremecido
por las brisas astrales-,
como en un parapeto
se me escapa tu sombra,
tras la red que tejiste
enhebrando pensares.
Inexacta visión
de amplitud multiforme
oscilando en el aspa
fatal del Universo,
ya eres sólo una forma
que reviste mi antojo
en el vasto bullir
de su ritmo complejo.


CEPO

La tarde, flexible y larga,
se anudó estrechamente
al latir de mi garganta.
Suave, ligera,
¡cómo tiraba!
¡Qué sordo crujir de nervios
y de palabras!
Los pinos me hundieron sus agujas;
un embrollo de zarzas
tejió un collar ceñido
sobre mi piel tostada.
Ya la tarde se iba;
pero, cuánto apretaba.
Me arrastró hacia el mar
sujeta con los grillos
de la nube soñada…
¿El sol querría al morir
que yo le acompañara?

INSTANTE

Lentamente, en la paz otoñal se desliza
un pálido fantasma con blancura de flor;
el viento, suspirando los ecos del dolor,
se quiebra al resonar enfermo de una risa.
La hoja desprendida del árbol centenario
cruje como un misterio en la sombra dormida,
y se escucha el pisar doliente de la vida,
y la fuga del tiempo hacia el fúnebre osario.
Nace la eternidad al morir de las horas;
el silencio se cierra egoísta y secreto,
ahogando con sus velos al fantasma que llora.
En la quietud hostil hay un grave concierto;
la campana del mundo tenuemente desflora
la agonía sin fin de ese algo que ha muerto.

Del libro libro Primer Exilio (1978)

SI DERRIBAS EL MURO…

¡Si derribas el muro
qué gozo en todas partes!
¡Qué lazo de palabras
se sentirá en la tierra!
Y todo será nuevo,
como recién nacido…
Si derribas el muro
de todas las mentiras
¡Qué júbilo de amor
abierto sobre el mundo!
¡Qué horizonte sin nubes
en la curva del cielo!

Del libro La pared transparente 1984

LUZ EN LA MEMORIA I


…estas cosas que evoco (ya sin nada) de lo
que a mí me tuvo y fue tan mío
JUAN JOSÉ DOMENCHINA
¡Qué ganas de acercarme!
Sobre el mar ibas mudo,
alejado, a distancia,
como si una pared
adusta separase
esos destinos nuestros
tan juntos sin embargo.

Miré a mi alrededor
y todas las pupilas
se hundían en el surco
que devoraba el agua.
Un miedo de los ojos
esquivando otros ojos,
un afán de guardar
para sí aquel momento,

Vi una mano perdida
que buscaba otra mano,
retirándose luego
avergonzada, mustia.
Y seguimos así,
queriendo sin querer,
inmóviles y rígidos
con los labios sellados.

Del libro Del Vacío y sus Dones 1993

AL FINAL DE LA TARDE

Al final de la tarde
dime tú ¿qué nos queda?
El zumo del recuerdo
y la sonrisa nueva
de algo que no fue
y hoy se nos entrega.

Al final de la tarde
las rosas siguen lentas
abriéndose y cerrándose
sin caer aún en tierra.

Al final de la tarde
no vale lo que queda
sino el impulso mágico
de la verdad completa.

DE PRESENCIA DEL PASADO (1996)

 PARA CUÁNDO LA LLUVIA

¿Para cuándo la lluvia
y su gozo ahilado
a punto de estrenar su virginal salida
que nos bautiza siempre?
Para qué vida rota
y para qué paisaje o capullo emergente
hay razones que brillan
porque son más que eternas.
¿Para cuándo la lluvia
con su lujo de agua?
Nadie quiere evitar
la fusta cristalina,
su azote transparente que apacigua y refresca.
¿Para cuándo la lluvia si es que existe?

Te recomendamos ver el programa de televisión.

PRÓXIMO NÚMERO

27. Poesía más Poesía: Dylan Thomas y Manuel Menassa

DYLAN THOMAS

Biografía

Swansea, Gales es el lugar en el que Dylan Thomas nació el 27 de octubre de 1914. Hijo de una familia católica de clase media, dicen que de joven aprendió de su padre, a amar la literatura. Se encerraba durante horas a leer en la biblioteca de su casa, en la que estaban, completos, todos los grandes poetas en lengua inglesa. Leyó a Shakespeare, a Shelley, a Keats, a Byron. A todos los recitaba en voz alta Su precocidad se nota ya desde su infancia, a los 4 años es capaz de recitar de memoria Ricardo II de Shakespeare.
Su padre, David John Thomas (1876–1952), un escritor frustrado, graduado con honores de la Universidad de Aberystwyth y profesor de una escuela primaria (la Swansea Grammar School, donde estudió Dylan) vio en su hijo el enorme talento que estaba germinando e impulsó su formación.
Dylan Thomas completó su educación básica en una Grammar School de su Gales natal, escuela donde su padre ejercía la docencia, y conoció ya durante su infancia la poderosa atracción de la poesía. Florence, la madre hiperprotectora, moldeó a su manera a su ‘angelito’ de los bucles que nunca acabó de crecer. Nancy, su hermana, actriz frustrada, fue seguramente quien contagió la vis dramática a Dylan.
A los 16 años Thomas abandonó la escuela para convertirse, a instancias de su padre, en periodista del South Wales Evening Post. (Correo de la tarde del Sur de Gales) Es en esta publicación donde se desatan las dotes de escritor de Thomas. Redactó obituarios poéticamente, y críticas de cine y teatro donde no dejó títere con cabeza, despedazando a lo más granado de las tablas galesas de por aquel entonces.
Después de una ardua jornada de trabajo solía apagar su sed insaciable en el bar del Antelope Hotel o en el bar del Mermaid Hotel, donde escuchaba las historias de los marineros ingleses, mientras se embriagaba hasta la médula.Tras 18 meses de labor en el South Wales Evening Post abandonó el trabajo y. se unió a un grupo teatral en Mumbles llamado Little Theatre, (pequeño teatro) aunque prosiguió con su labor periodística de manera independiente.


Sin embargo, el periodismo no resultaría ser la meta de su destino, la poesía —su “oficio u hosco arte”— lo arrastraría definitivamente hacia sus dominios
Cuando acabó sus estudios de enseñanza media viajó a Londres, y un año más tarde aparecía su primer libro, Dieciocho poemas (1934), publicado después de ganar un premio organizado por la revista Sunday Referee.(arbitro de domingo) Tenía diecinueve años cuando se publicó, e incluía trece poemas escritos entre 1933 y 1934 y otros cinco compuestos de mayo a octubre de 1934.
Tras el éxito inesperado de 18 poemas (1934), el escritor británico Henry Treece le preguntó a Dylan Thomas entonces un apuesto muchacho de apenas veinte años, dónde estaba el secreto de su poesía. A mí no me interesa la poesía, respondió el galés, sino los poemas, y añadió una contundente verdad sobre sus alucinados versos: “Guardo una bestia, un ángel y un loco dentro de mí; mi búsqueda es saber cómo obran y mi problema es juzgarlos y vencerlos, derribarlos y elevarlos y que se expresen a sí mismos”.
La obra de Thomas no es copiosa, pero es de una calidad y una frescura inusitadas. Fueron cuatro los ámbitos literarios en los que incursionó: el cuento corto, el guion teatral, el guion para radio y cine, y, finalmente, la poesía. Es este último ámbito en el que más se le ha reconocido.

Dylan Thomas con su mujer Caitlin Thomas


La actividad de Thomas no cesa. Ya se había afincado en la capital inglesa, además de procurarse, mediante su poesía, un círculo de lectores y de amistades literarias. En 1936 contrae matrimonio con Caitlin MacNamara, al tiempo que publica su segundo libro Twenty-Five Poems, que no hace sino consolidar su reputación entre la crítica y los lectores. ). Si bien se dio a conocer como poeta con Dieciocho poemas (1934), a este le siguieron Veinticinco poemas (1936) y Mapa de amor (1939)
Con todo, las cosas no van bien económicamente. Sumido en una pobreza exasperante, el alcoholismo lo ha tomado por completo y es mediante la bebida como encuentra la lucidez que le permite crear las imágenes oscuras y delirantes que hicieron famosa su poesía.
Thomas publicó en Today, The Criterion (donde era director el escritor T. S. Eliot
Con estas publicaciones se consolidó como máximo representante del movimiento poético Nuevo Apocalipsis, que practicaba un tipo de poesía de evocación, de tono metafísico y con cierto fondo romántico, en el que Thomas adoptaba el papel de poeta-profeta.


Alcanzó su plenitud poética con el volumen MUERTES Y ENTRADAS (1946)
Autor de un volumen autobiográfico en el que defiende sus concepciones estéticas, Retrato del artista cachorro (1904), escribió además diversos guiones radiofónicos y cinematográficos
El lirismo apasionado y la musicalidad de la poesía de Thomas contrastan con el resto de la poesía de su tiempo, más preocupada por cuestiones sociales o por la mera experimentación modernista de la forma. Thomas evidencia en estos poemas la influencia del surrealismo inglés, y también recoge influencias de la tradición celta, bíblicas o bien símbolos sexuales.
Para Thomas “la poesía debe ser tan orgiástica y orgánica como la cópula, divisoria y unificadora, personal pero no privada, propagando al individuo en la masa y a la masa en el individuo”.
Hacia 1939 Europa empieza a vivir el horror de la Segunda Guerra Mundial. Dylan Thomas quiere alistarse, pero se le declara no apto para el combate (bajo el estatuto C3, que lo coloca en el último grupo susceptible de ser llamado a la guerra). Entonces empieza su carrera radiofónica, para la cual demostró un particular talento, especialmente como guionista y locutor. Realizó alrededor de 200 grabaciones para la BBC y escribió el guion de al menos cinco películas en 1942 auspiciadas por Strand Films (e.g.This Is Colour, New Towns For Old, These Are The Men and Our Country).
En la radio de la BBC su labor es el comentario de documentales cinematográficos, pero también tendría reservados otros proyectos, como el poema dramático Under Milk Wood (Bajo el bosque de leche, póstumo, 1954).


En 1946 aparece la que es considerada su obra cumbre Deaths and Entrances (Muertes y entradas).
Viaja a Estados Unidos donde incursiona en el guion de cine, que no llegará a ver en pantalla.
En 1952 se publica una recopilación de sus poemas entre 1934 y 1952 (Collected Poems. 1934-1952), por la que le otorgan el premio Foyle de poesía. En la compilación está incluido uno de sus más reconocidos poemas, Do not go gentle into that good night, NO ENTRES DÓCILMENTE EN ESA NOCHE QUIETA escrito como una elegía heterodoxa ante la muerte de su padre.


Mientras redactaba el guion de una obra de Ígor Stravinski, el 9 de noviembre de 1953 a las 12.40 horas, en el Hospital St. Vincent de Nueva York Thomas murió. Los primeros rumores sobre la causa de muerte de Thomas privilegiaron la versión de una hemorragia cerebral provocada por un supuesto suicidio, algunos dijeron que se había tratado de un asalto violento en las vías de la estación Van Cortlandt Park en la ciudad de Nueva York y otros sostuvieron que finalmente había logrado beber hasta morir ya que una joven danesa afirmó que un hombre bastante borracho le habló sobre la pérdida de su primer amor y le obsequió un libro antes de caer a las vías. Otra versión dice que fue mal medicado por un fallo médico, primero con ACTH, y luego con morfina endovenosa que le provocaron la muerte.
Se ha creído por mucho tiempo que Thomas arrastraba una fuerte depresión endógena debido a una trágica historia de amor que vivió en su juventud en Gales, pese a esto familiares y amigos nunca corroboraron la veracidad de la historia ni la existencia de la supuesta novia de Dylan, Rose Souther ni de su hija Esther Thomas Souther. En el análisis post-mortem, el patólogo encontró que la causa inmediata de muerte había sido una inflamación del cerebro causada por la carencia de oxígeno que acompaña a la neumonía.
Sus últimas palabras fueron “he bebido 18 vasos de whisky, creo que un record.

SU CASA NATAL.
Para «empezar por el principio», como Dylan Thomas recomendaba en ‘Bajo el bosque de leche, subimos las crujientes escaleras de la que fue su casa natal de Cwmdonkin Drive, donde pasó más de la mitad de su intensa vida, 39 años.
Demasiado viejo para figurar entre los ‘malditos’. Demasiado joven para besar la gloria con los ojos abiertos, aunque por ese camino iba el fenómeno literario que conquistó Nueva York en pleno siglo XX y desde su terruño en Gales, bebiéndoselo todo en la White Horse Tavern antes de que irrumpieran los chicos de la generación ‘beat’. Y antes también de que el trovador Robert Allen Zimmerman decidiera rebautizarse como Bob Dylan
Pero hagamos caso al poeta en su obra maestra de radioteatro, interpretada por él mismo o por su querido Richard Burton,
Empecemos por el ‘principio’ y escuchemos la verdadera historia de la casa natal de Dylan Marlais Thomas (Swansea, 27 de octubre de 1914) ahora que están a punto de cumplirse los cien años de su alumbramiento, en lo alto de una colina donde se domina su ciudad «fea y amable».
«Aquí escribió Dylan dos terceras partes de su producción lírica y no hay más que asomarse por las ventanas para encontrar decenas de referencias», certifica nuestro anfitrión, Matthew Hughes, 30 años, sentado en la habitación más pequeña de la casa: la guarida donde se forjó el pequeño gran poeta.
«Dylan tenía esa necesidad de aislarse para poder crear, aunque se pasara media vida socializando en los pubs, que era no sólo donde bebía sino donde captaba historias que aprovechaba para sus poemas y sus relatos». «Aunque durante mucho tiempo tuvo un pie en Londres, necesitaba volver constantemente a Swansea, a Gwoles, a Mumbles, a su geografía familiar, con el mar siempre en el horizonte. Fuera de Gales era incapaz de escribir: se pasó meses en Florencia y sólo pudo hilvanar un poema. Regresaba siempre por eso que en galés llaman ‘hiraeth’, y que es más fuerte que la nostalgia (entre la saudade portuguesa y la morriña gallega)».


El largo ‘principio’, fue esta casa donde vivió 23 años y donde rellenó frenéticamente los cuadernos de su adolescencia (que estos días se exhiben en el Dylan Thomas Center), bajo la mirada conspicua de sus particulares ídolos -de Shakespeare a Greta Garbo- y sobre la venerada biblioteca del padre. Allí se celebraba todos los miércoles por la noche el cónclave artístico y etílico de los ‘Kardomah boys’, la tribu cultural que puso a la destartalada y marinera Swansea en el mapa.
Dylan Thomas vivía aún en esta casa cuando publicó a los 20 años sus 18 poemas, su precoz apuesta por la poesía «orgiástica y orgánica», tan alejada de la poesía social como de los experimentos modernistas de su época. Cuesta imaginar que hace apenas unos años, este venerado templo de la literatura era una casa en ruinas.
El primer Dylan Thomas ha sobrevivido hasta nuestros días gracias a un voluntarioso ingeniero de estructuras, Geogg Haden, que ha puesto de su bolsillo más de 250.000 euros y miles de horas para reconstruirla hasta el mínimo detalle…
Como vecino de Swansea, Geogg Haden se sentía indignado por la falta de interés de las autoridades locales en preservar la memoria de su hijo ilustre. De modo que se puso manos a la obra, con la ayuda de un puñado de expertos que sacaron todos los detalles posibles de las cartas y los escritos de Dylan Thomas, más la colaboración inestimable de Emily Simpson, que trabajó durante años como ama de llaves de la familia.
Pero de todos los mitos que rodean a la figura Dylan Thomas hay uno que sigue siendo incontestable: su encuentro, en abril de 1936 y en un pub de Londres (The Wheatsheaf), con una bailarina irlandesa llamada Caitlin Macnamara, cuya visión del género masculino hasta la fecha se resumía en seis palabras: «Todos los hombres son unos bastardos».
Hubo hasta ocho mujeres que dejaron huella en la vida de Dylan Thomas: de su primer amor a su llegada a Londres, la poeta Pamela Hansford, a la última que lo vio consciente antes de morir en Nueva York, Elizabeth Reitell. Pero el poeta nunca dejó de amar a su manera a la madre de sus tres hijos, en ese peculiar triángulo en el que siempre estuvo la botella: «La nuestra no fue sólo una historia de amor, fue también una historia de alcohol»

Thomas con su madre, esposa e hijos.

Con ‘Veinticico poemas’, Dylan Thomas se afianza en el mundo literario de Londres. Con El mapa del amor y Retrato del artista cachorro, su fama salta al otro lado del Atlántico. Pero la poesía y los relatos no dan de comer, aunque su amplísima audiencia sea inaudita para un poeta «oscuro y galés». Sin un trabajo fijo al que aferrarse, ganándose la vida como conferenciante y con sus incursiones en la radio, Dylan Thomas pasa una larga década entre la espada y la pared. En Londres se siente como pez fuera del agua. Algo le obliga a volver imperiosamente a Gales, el único rincón donde se reconcilia el poeta interior.
A los Thomas, Dylan y Caitlin, hay que buscarles entonces tomando unas pintas en el pub del hotel Queens, o en The Bush Inn, o en el No Sign Bar a su paso por la amada/odiada Swansea. Poco a poco, y a pesar de las tribulaciones, la pareja va echando el ancla en Laugharne, un apacible pueblo costero con un cálido pub a la entrada que pasaría automáticamente a la Historia.
Durante los cinco últimos años de su vida, el pub del Browns Hotel fue casi como una prolongación del salón de su casa en el embarcadero. Allí leía el periódico, hacía los crucigramas, se interesaba por las apuestas de caballos y hacía esfuerzos por no beber más de la cuenta para no comprometer su jornada (que empezaba puntualmente después de comer, en el garaje que se habilitó como estudio y con vistas estuario del río Tâf).
Ya de atardecida, volvería con Caitlin, y entonces sí, entonces podía dar rienda suelta a su doble capacidad de absorción: por el hígado y por el tímpano. Todas esas voces entreoídas en el Browns Hotel confluirían en la gran voz radiofónica y ubicua de Bajo el bosque de leche, que discurre es ese Llareggub que es en realidad Laugharne y que tiene algo de Macondo galés.
Dylan Thomas echa raíces en su pueblo adoptivo, e instala a sus padres en The Pellican, escribe con la veleidad de sus años jóvenes (‘En el dormir campestre’) Pero el dinero apremia, y aunque le cuesta viajar, se deja seducir por las sirenas y parte rumbo a América, en febrero de 1950.
Allí cae en los brazos del ‘bourbon’ y del insomnio, perseguido por el fantasma de la fama y de las mujeres. Los cronistas de la época le acreditaron como «el mayor fenómeno literario de las islas británicas desde Charles Dickens».
De Nueva York a Los Ángeles, de Chicago a Florida, Thomas sintió una veneración que nunca había experimentado en su tierra. Volvió al cabo de dos años (esta vez con Caitlin como ángel custodio). Y repitió por tercera y cuarta vez en 1953, pese a los problemas de salud que arrastraba y el doble mazazo de las muertes de su hermana y de su padre.
«He tomado 18 whiskies seguidos y creo que un récord», dicen que dijo antes de perder la consciencia y morir en el hospital de St. Vincent’s de Nueva York.
Un docudrama de la BBC, ‘Poeta en Nueva York’, indaga precisamente en el cúmulo de trágicas circunstancias que provocaron su caída. En ‘Negligencia fatal: ¿quién mató a Dylan Thomas’, David N. Thomas (sin ninguna relación familiar con el poeta) asegura que la muerte pudo ser causada por una neumonía y por un «fallo médico».
En su discreta tumba en Lughane, marcada una cruz blanca, no hay siquiera sitio para un epitafio. A su manera, Dylan Thomas lo dejó escrito en vida: «’No entres dócilmente en esa buena noche,/ la vejez debería arder y delirar al final del día/ rabia, rabia contra la luz que muere’».

POEMAS

AL PRINCIPIO

Al principio era la estrella de tres puntas,
única sonrisa de luz a través de la cara vacía;
única rama de hueso a través del aire enraizado
la sustancia partida que fue la médula del sol primero;
y ardientes cifras en el curvo espacio
iban mezclando el cielo y el infierno en su ronda.

Al principio era la firma pálida,
trisílaba y estrellada como la sonrisa;
y vinieron después las huellas sobre el agua,
el sello de la cara acuñada en la luna;
la sangre que tocaba el árbol de la cruz y el cáliz
tocó la primera nube y en ella dejó un signo.

Al principio era el fuego ascendente
que encendía con una chispa las atmósferas,
chispa de ojos rojizos, chispa de triplicados ojos,
brusca como una flor;
se irguió la vida a chorros de los mares rodantes,
estalló en las raíces, arrancó de la tierra y la roca
los aceites secretos que impulsan la hierba.

Al principio era la palabra, la palabra
que de las sólidas bases de la luz
le sustrajo todas las letras al vacío;
y de las bases nubladas del aliento
la palabra fluyó, y al corazón tradujo
los primeros indicios de nacimiento y muerte.

Al principio era la mente secreta,
la mente estaba encarcelada y soldada al pensamiento
antes que la pendiente se bifurcara rumbo al sol;
antes que las venas se sacudieran en sus cedazos
se disparó la sangre y esparció hacia los vientos de la luz
la costilla original del amor.

                                            (de "18 poemas") 

VEO A LOS MUCHACHOS DEL VERANO

I
Veo a los muchachos del verano en su ruina
convertir en eriales los dorados rastrojos,
desdeñar las cosechas y congelar los suelos;
y allí, en su ardor, el invernal diluvio
de amores escarchados, persiguen a las niñas,
y echan en sus mareas los sacos de manzanas.

Los muchachos de luz en su locura, coagulan lo que tocan,
agrian la miel hirviente;
hurguetean los muñecos de escarcha en las colmenas;
allí en el sol, frígidas hebras
de oscuridad y duda, ellos nutren sus nervios
y el signo de la luna, nada es en sus vacíos.

Veo a los muchachos del verano en el vientre materno
rasgar hacia la luz la atmósfera del útero,
dividir noche y día con pulgares de duende;
allí, desde lo hondo, con sombras seccionadas
de sol y luna ellos pintan sus dársenas
mientras les pinta el sol los cascos de la frente.

Sé que de esos muchachos han de surgir hombres de nada
hechos por la transformación de las semillas,
o han de lisiar el aire saltando de sus llamas,
desde sus corazones, cuando el pulso candente
del amor y la luz estalle en sus gargantas.
Oh, ved el pulso del verano en el hielo.

II

Pero las estaciones deben ser desafiadas o se tambalearán
En algún cuarto de hora repicante
Donde, como una puntual muerte hacemos tintinear las estrellas
Esa noche en que el invierno soñoliento
Les tira de la negra lengua a las campanas
Y no se atreven a chistar siquiera
Los vientos de la luna y de la medianoche

Somos los oscuros negadores, exorcicemos a la muerte
En la mujer colmada de verano,
Arrojemos la vida musculosa de los amantes que se crispan,
Y de los muertos limpios que hace fluir el mar
Echemos al gusano de ojos brillantes en la linterna de Davy,
Y del vientre preñado quitemos el muñeco de paja.

Nosotros, muchachos del verano en esta red de cuatro vientos,
verdes por el hierro de las algas,
levantemos al bullicioso mar y arrojemos sus pájaros,
alcemos la bola del mundo llena de olas y espuma
para ahogar los desiertos con sus mareas
y trenzar los jardines del condado.

En primavera ornamentamos nuestra frente.
Vivan las bayas y la sangre,
y crucificamos a los alegres señores en los árboles;
Aquí el húmero músculo del amor se aja y muere,
aquí estalla un beso en una cantera sin amor,
Oh ved en los muchachos los polos de la promesa.

III
Yo os veo, muchachos del verano, en vuestra ruina.
El hombre en el desierto de su larva.
Y los muchachos son plenos y ajenos en la bolsa.
Soy el hombre que vuestro padre fue.
Somos hijos del pedernal y de la brea.
Oh, ved cómo se besan los polos que se cruzan.

Quise acrecentar la estatura de mi carne
hasta dejarla sin apariencia de hombre, en actitud de roca
erguida contra lo que amenace destrucción.
Una de esas montañas oscuras
que únicamente aclaran al crepúsculo,
y retenerte allí por un momento, ¡oh, sed de mis tinieblas!,
consumando nuestra unión en las alturas más solas,
en ese instante de contrición y aniquilamientos dinásticos
en que desaparece el último sol sobre las cumbres.

Quise entregarte mis vacíos
por donde a veces cruzan islas como veloces barcas
que a bordo llevan tripulación de nubes,
rojas espumas de calientes mostos
y ecuatorial repercutir de cánticos.
Yo soy el capitán de esas naves corsarias,
atormentadamente fugitivas.
¡Qué puede mi entusiasmo y qué mi espíritu
contra este mar de horror en que navego!
En las orillas crecen grupos de cocoteros y de plátanos
que dan al aire su explosión de vida.
Pero yo soy el capitán sombrío
que estandartes de cólera acaudilla.
Perdí mi amor más alto al desterrarte
lejos de mí a nocturnos archipiélagos,
y allá voy entre gritos de soberbia,
como barco sin brújula a estrellarme
contra los arrecifes de la muerte.

Tú pudieras alzarme a tu espejismo
donde abundan esteros y coronas.
Restituirme al centro de mis imaginaciones puras
y disminuir este clamor que me hace trepidar
como al zócalo de una metrópoli martirizada,
donde murieron vírgenes y atletas campeones.

A pesar de ti otro hermético mundo me llama.
A él subo a contemplar como un conquistador olvidado,
banderas derrotadas y llanuras ya sin ejércitos,
desde un monte casi humano que recibe
y transforma en insignia de su angustia,
la soledad del último sol sobre las cumbres.

A pesar de ti otro hermético mundo me nombra.
Yo lo escucho movilizarse en torno
de mi silencio andino,
con mi sagacidad de bestia acostumbrada
a oír la evolución de hundidas formas
y el ruido de las larvas apoderándose de los muertos.
Ese ha sido mi estrago: separarme
de lo más puro y explorar abismos,
para volver del fondo de mi infierno
con aridez de corrosivas marcas.
Acércate a mis líquidos derrumbes
y probarás la sal de las marismas.
Óyeme hablar y sentirás el vértigo
de las constelaciones que interrogo.
Mírame al centro de los ojos verdes
y encontrarás el odio del pantano.
No soy del orbe tuyo en que sazonan
continentes de trigos y naranjas.
Soy de la oscuridad, de lo más hondo
del frenético piso americano,
y si aclara en mi espíritu es con todos
los desórdenes y los desequilibrios
de un cielo huracanado cuando baja
el último sol sobre las cumbres.

Hay en mi alma trágico designio
que me enfrenta a las sombras y a las ruinas.
Mi resistencia fúnebre es más grande
si una noche de lágrimas me asiste
y un suelo cataclísmico me apoya.

De allí salgo a proclamar mi creencia en un Dios gigante
y bárbaro,
creador de la Fuerza y de hombres
que resisten el desplazamiento de una estrella
y el volumen de la mayor angustia combatiéndoles.
Hombres que pueden contemplarle de pie en las cordilleras
y entre relámpagos oírle.
Almas para la vida de las cúspides
y el trance agobiador de la hermosura.
Ese es mi Dios. Y cuando padezco y cuando amo;
cuando siento la oscuridad o la negación de la esperanza,
quisiera estremecerle con titánico alarido;
de soledad como la mía circundarle
y con nubes enormes invadirle.
Que no me oyera nunca suplicatorio,
sino móvil y enérgico y fecundo.
Atormentado sí porque deseo
mi victoria final contra el espacio,
y desaparecer como una imagen suya y semejanza;
sólo tal vez, humanamente solo,
como el último sol sobre las cumbres.

Aquí estoy con mi seguridad de caverna
alojando tu voz que te adelanta
como el rumor al salto de las olas.
Se van días y días y otros días y días,
y nada se ve de ti ni se oye ni se entiende.
Observo desde azules promontorios
por si algún signo amado te descubre.
Y es verdad. Allá vuelves de la ausencia
encendiendo los arcos ponentinos.
Tu ardor como la antorcha de luceros
que viven del hidrógeno y del calcio,
no palidece nunca ni se gasta.
Yo me incendio también para esperarte
y de fulgor galáctico me visto.
El instantáneo cruce de nuestras órbitas principia
y el alterno dolor de nuestros diálogos,
porque los dos no somos sino el grito
de las separaciones infinitas.

Te llamé desde un valle corporal y tranquilo, me dices.
Y respondo: en la noche cruzaban dinamismos eternos.
Era que yo te hablaba de una estirpe de vida, respondes.
Otro mundo de llamas existía, te digo de nuevo.
Pude ser el contacto más vital de tu sangre, me dices.
Y te digo otra vez: me agitaban dinamismos eternos.
Era yo que te hablaba del calor de la tierra, respondes.
Y te digo: cruzaban satélites y esplendores y sueños.
Era yo que pasaba convocándote al mundo, me dices.
Otro mundo de llamas existía, respondo de nuevo.
Con raíces de sangre yo te busco en la tierra, suplicas.
Con la sed del espíritu yo te aguardo en el tiempo.

                                                      (de "18 poemas") 

LA FUERZA QUE POR EL VERDE TALLO IMPULSA A LA FLOR

La fuerza que por el verde tallo impulsa a la flor
impulsa mis verdes años; la que marchita la raíz del árbol
es la que me destruye.
Y yo estoy mudo para decirle a la encorvada rosa
que la misma fiebre invernal dobla mi juventud.

La fuerza que impulsa el agua entre las rocas
impulsa mi roja sangre; la que seca los arroyos parlantes
vuelve cera los míos.
Y yo estoy mudo para contarle a mis venas
cómo la misma boca bebe del manantial de la montaña.

La mano que arremolina el agua del estanque
remueve las arenas; la que amarra las ráfagas del viento
iza mi vela de sudario.
Y yo estoy mudo para decirle al ahorcado
que el barro del verdugo está hecho de mi arcilla.

Los labios del tiempo sorben del manantial;
el amor gotea y se acumula, mas la sangre vertida
calmará sus pesares.
Y yo estoy mudo para decirle al viento en la intemperie
cómo ha trazado el tiempo un cielo entre los astros.
Y yo estoy mudo para decirle a la tumba de la amada
que en mi sábana avanza encorvado el mismo gusano.

                                            (de "18 poemas")

ROMPE LA LUZ DONDE NINGÚN SOL BRILLA

Rompe la luz donde ningún sol brilla;
donde ningún mar corre, las aguas del corazón
pujan en sus mareas;
y, espectros rotos con luciérnagas en sus cabezas,
las cosas de la luz
desfilan por la carne donde ninguna carne cubre los huesos.

Una vela en los muslos
calienta juventud y simiente y abrasa las semillas de la edad;
donde ninguna semilla palpita,
el fruto del hombre se desarruga en los astros,
brillante como un higo;
donde la cera no existe, muestra la vela sus cabellos.

Rompe el alba tras los ojos;
desde los polos del cráneo y el pie, las ráfagas de sangre
se deslizan como un mar;
ni cercados ni estacados los pozos del cielo
surten hacia la vara
que adivina en la sonrisa el petróleo de las lágrimas.

La noche en las cuencas ronda,
como luna de brea, el límite de los globos;
el día alumbra el hueso;
donde el frío no existe, desuella el vendaval
el manto del invierno;
la piel de la primavera está colgando de los párpados.

Rompe la luz en solares secretos,
en puntas de pensamiento donde los pensamientos huelen bajo la lluvia;
donde mueren las lógicas,
crece a través del ojo el secreto del suelo
y la sangre salta bajo el sol;
sobre las parcelas baldías el alba se detiene.

                                              (de"18 poemas") 

LA MANO QUE FIRMÓ EL PAPEL

La mano que firmó el papel derribó una ciudad;
cinco dedos soberanos tasaron el aliento,
duplicaron los muertos del orbe y diezmaron un país;
estos cinco reyes dieron muerte a un rey.

La mano poderosa se conduce al declive del hombro,
la articulación de los dedos se acalambra de tiza;
una pluma de ganso ha puesto fin al crimen
que puso fin al habla.

La mano que firmó el tratado engendró fiebres,
y creció la hambruna, y las langostas vinieron;
grande es la mano que domina al hombre
al vuelo de una firma.

Los cinco reyes cuentan los muertos pero no ablandan
la costra de la herida ni acarician el ceño;
una mano rige la piedad como otra mano rige el paraíso;
las manos no tienen lágrimas que verter.

                                           (De "25 poemas") 

Y LA MUERTE NO TENDRÁ PODER

Y la muerte no tendrá poder.
Desnudos los muertos, ellos serán uno
con el hombre del viento y la luna del oeste;
cuando los huesos descarnados limpios se dispersen,
astros tendrán por codo y pie;
aunque enloquezcan serán cuerdos,
resucitarán aunque se hundan en el mar;
aunque los amantes se pierdan quedará el amor;
y la muerte no tendrá poder.

Y la muerte no tendrá poder.
Bajo las envolturas del mar largamente tendidos
no morirán a la intemperie;
aun retorciéndose en el potro mientras ceden sus tendones,
atados a una rueda, no se romperán;
la fe en sus manos ha de partirse en dos
y los han de atravesar males unicornes;
escindidos los extremos, ellos no se quebrarán;
y la muerte no tendrá poder.

Y la muerte no tendrá poder.
Nunca más podrán chillar las gaviotas en su oído,
ni las olas romper rugientes en la orilla;
donde alentó una flor nunca más una flor
podrá erguir su cabeza a los golpes de lluvia;
aunque estén locos y muertos como piedras,
las cabezas de los personajes martillean entre las margaritas;
estallan bajo el sol hasta que el sol se apague,
y la muerte no tendrá poder

                                            (de “25 Poemas”)

HOY, ESTE INSECTO

Hoy, este insecto, y el mundo que respiro
ahora que mis símbolos han vencido al espacio,
al tiempo en los espectáculos urbanos y a la mitad
de ese tonto tiempo amado que gasto en empujar la frase,
en fábula y fe he partido el sentido,
soltado la guillotina, el doble rojo-sangre
de cola y cabeza, testigos de este
asesinato del Edén y de la verde génesis.

El insecto certero es la plaga de las fábulas.

El monstruo de este cuento, con membrana de sierpe
y ciego en sus anillos, se larga por el ardiente contorno,
mide su longitud contra el muro del jardín
y rompe su cascarón en el estupor del último principio;
un cocodrilo antes de la crisálida,
antes de la caída desde el amor el hueso volador del corazón,
esta pieza infantil, alada como un asno del Sabbat,
sopla sigilosa a Jericó sobre el Edén.

La fábula del insecto es la promesa certera.

Muerte: la muerte de Hamlet y los locos de pesadilla,
un molino de aire sobre un caballo de madera,
la bestia de Juan, la paciencia de Job y las patrañas de la
visión,
griega en el mar de Irlanda la voz inmortal:
“Amo a Adán, es infinito mi amor de locos,
no hay amante delator con un fin tan certero,
todos los enamorados de leyenda sobre un árbol de historias,
mi cruz de cuentos tras el fabuloso telón”.

                                         (de "25 poemas") 

OH, HAZME UNA MÁSCARA

Oh, hazme una máscara y un muro para resguardar de tus espías
de afilados ojos esmaltados y garras con gafas
el rapto y rebelión en los criaderos de mi rostro
una mordaza de árbol enmudecido para ocultarle al cándido enemigo
la lengua de bayoneta en este indefenso instrumento de rezos,
la boca presente, y el dulce soplo de la trompeta de las mentiras,
moldeado en vieja armadura y roble el semblante de un tonto
para escudar el cerebro destellante y embotar a los inquisidores,
y una pena de viudo lacrimoso colgando de las pestañas
para velar la belladona y dejar a los ojos secos percibir
cómo otros delatan las mentiras quejumbrosas de sus pérdidas
en la curva de la boca desnuda o en la risa sofocada en las mangas.

                                                (de "El mapa del amor") 

SIN TRABAJO DE PALABRAS

Sin trabajo de palabras desde hace ya tres meses flacos en la sangrienta
tripa del año de abundancia y en el gran monedero de mi cuerpo
reprendo amargamente a mi pobreza y mi oficio:
tomar para luego dar lo es todo, devolver lo que con hambre ha sido dado
resoplando las libras de maná desde el rocío hasta el cielo,
la adorable labia repercute en un pozo cegado y regresa.

Recoger para luego desprenderse de los tesoros del hombre es una muerte dulce
que arrastrará al final todas las monedas del aliento marcado
y contará los misterios tomados y abandonados en una mala oscuridad.

Rendirse ahora es pagar dos veces el alto precio del ogro.
Antiguos bosques de mi sangre, precipitaos a la nuez de los mares
si tomo para quemar o devolver este mundo que es de cada hombre el trabajo.

                                    (de "El mapa del amor") 

A ESTE LADO DE LA VERDAD (Para Llewelyn)

A este lado de la verdad,
no podrás ver, hijo mío
-rey de tus ojos azules
en el país cegador de la juventud-
que todo está deshecho,
bajo los cielos indiferentes,
de inocencia y de culpabilidad,
antes de que te animes a hacer
algún gesto de cabeza o corazón,
todo se congrega y se derrama
hacia la oscuridad envolvente
como el polvo de los muertos.

El bien y el mal, dos formas
de moverse por tu muerte
junto al mar demoledor
-rey de tu corazón en los días ciegos-,
se esfuman como el aliento,
van llorando a través de ti y de mí
y de las almas de todos los hombres
hacia la inocente oscuridad,
y la culpable oscuridad, y la muerte
buena, y la mala muerte, y entonces
en el elemento final
vuelan como la sangre de los astros,
como las lágrimas del sol,
como la simiente de la luna, basura
y fuego, la alada grandilocuencia
del cielo –rey de tus seis años-.
Y la perversa voluntad,
desde el principio de las plantas
y los animales y las aves,
agua y luz, la tierra y el cielo,
está echada antes de que tú te animes
y todos tus actos y tus palabras,
cada verdad, cada mentira,
mueran en un amor que no juzga.

                                  (De "Muertes y entradas") 

HUBO UN SALVADOR

Hubo un salvador
más raro que el radio,
más corriente que el agua, más cruel que la verdad;
los niños resguardados del sol
se congregaban en torno a esa lengua
para oír la nota de oro girando por su surco,
y presos de deseos encerraron sus ojos
en las cárceles y estudios de esas sonrisas sin llave.

Dice la voz de los niños
desde un desierto perdido:
hubo calma que hacer en esa segura inquietud,
cuando el hombre obstructor dañaba
a hombre, animal o pájaro
ocultamos nuestros miedos en ese aliento asesino,
silencio, silencio que hacer, cuando la tierra se alborotaba,
en las guaridas y asilos del tremendo clamor.

Hubo gloria que oír
en las iglesias de esas lágrimas,
suspirabas bajo el vello de ese brazo que pegaba,
oh, tú que no podías llorar
por los suelos la muerte de un hombre
pusiste tu lágrima de dicha en el diluvio celestial
y apoyaste tu rostro en una concha de nubes:
ahora en las tinieblas sólo estamos tú y yo.

Dos hermanos altivos y oscurecidos lloran,
encerrados en el invierno codo con codo,
por el inhóspito hueco de este año,
oh, nosotros que no pudimos despertar
ni un delgado suspiro al oír, cerca,
a la avaricia golpeando, incendiando al vecino,
sino que gemíamos y anidábamos en el muro celeste,
ahora rompemos una lágrima gigante por la ignorada caída,
por el marchitar de hogares
que no criaron nuestros huesos,
las muertes valientes de seres únicos pero nunca encontrados,
ahora vemos, en nuestra soledad,
nuestro propio polvo de auténticos extraños
cabalgar por las puertas de nuestra casa inexplorada.
Exiliados en nosotros alzamos el suave, sedoso y áspero amor
que sin puño ni brazo rompe todas las rocas.

                                                   (de Muertes y entradas)

CEREMONIA DESPUÉS DE UN BOMBARDEO INCENDIARIO

I
Mis yoes
los lamentadores
lamentémonos
entre los quemados en la calle a muerte incansable
por una niña de pocas horas
y su boca que heñía
chamuscada sobre el seno negro de la tumba
que la madre cavó, y por sus brazos llenos de incendios.

Comencemos
por cantar
cantemos
la oscuridad reincendiada hacia el principio
cuando la lengua presa asintió ciega
y una estrella se fragmentó
en los siglos de la niña
que mis yoes lamentamos ahora y que los milagros no pueden expiar.

Perdona
nos perdona
dónanos
tu muerte para que mis yoes los creyentes
la sostengamos en un diluvio inmenso
hasta que la sangre salte
y el polvo cante como un pájaro mientras
avientan las semillas y tu muerte crece por nuestro corazón.

Llorando
tu agonizante
llanto,
niña más allá del canto del gallo, junto a la calle
encogida por el fuego, salmodiamos el mar que vuela
en el cuerpo despojado.
La última luz dicha es el amor. Ay,
simiente de hijos en el vientre de una negra cáscara abandonada.

II

Yo no sé quién, si
Adán o Eva, el sacro, adornado becerro
o la cordera blanca
o la virgen escogida
acostada en su nieve
sobre el altar de Londres,
fue el primero en morir
en el ascua del pequeño cráneo,
oh, novia y novio
oh, Adán y Eva tendidos
juntos en la tregua
bajo el triste pecho de la lápida
blanca como esqueleto
del jardín del Edén.
Yo sé que la leyenda
de Adán y Eva no es ni por un segundo
silenciosa en mi oficio
sobre los infantes muertos
sobre la única
niña que fue sacerdote y siervos,
verbo, coro y lengua
en el ascua del pequeño cráneo,
que fue la caída en la noche de la sierpe
y fue la fruta como un sol,
hombre y mujer deshechos, el principio
desmoronándose atrás hacia la oscuridad
desnuda como los semilleros
del jardín del desierto.

III

En los tubos del órgano y las agujas
de catedrales luminosas,
en las bocas fundidas de veletas
que se rizan en círculos de doce vientos,
en el reloj muerto donde arde la hora
sobre la urna del sabbat
sobre la fosa enloquecida del alba
sobre el antro del sol y el tugurio del fuego
y las doradas aceras tendidas en réquiem,
en las calderas de la estatuaria,
en el pan de un trigal en llamas,
en el vino que arde como brandy,
las masas del mar
las misas del mar por debajo
de las masas del mar engendrador de infantes
estallan, en surtidor, y entran a pronunciar para siempre
gloria gloria gloria
el reino final y fulminante del trueno genésico.

                                       (de "Muertes y entradas") 

ENTRE LOS MUERTOS EN EL BOMBARDEO DEL ALBA HABÍA UN HOMBRE DE CIEN AÑOS

Al despertar el día sobre la guerra
él se vistió, salió y murió,
las cerraduras bostezaban sueltas y un estallido las esparció,
él cayo donde amaba, sobre el pavimento reventado de la acera
y los granos funerarios de un suelo de sacrificio.
Decidle a su calle postrada que él detuvo un sol
y que los cráteres de sus ojos brotaron en primavera y fuego
cuando todas las llaves se dispararon de sus cerraduras y sonaron.
Dejad de cavar por las cadenas de su canoso corazón.
La ambulancia celestial arrastrada por una herida
se congrega y espera a que retumbe la pala en la jaula.
Oh, apartad sus huesos de ese carro vulgar,
que la mañana vuela en las alas de su edad
y a la diestra del sol se posan cien ciguëñas.

                                ( De "Muertes y entradas" )

NO ENTRES DÓCILMENTE EN ESA NOCHE QUIETA

No entres dócilmente en esa noche quieta.
La vejez debería delirar y arder cuando se cierra el día;
Rabia, rabia, contra la agonía de la luz.

Aunque los sabios al morir entiendan que la tiniebla es justa,
porque sus palabras no ensartaron relámpagos
no entran dócilmente en esa noche quieta.

Los buenos, que tras la última inquietud lloran por ese brillo
con que sus actos frágiles pudieron danzar en una bahía verde
rabian, rabian contra la agonía de la luz.

Los locos que atraparon y cantaron al sol en su carrera
y aprenden, ya muy tarde, que llenaron de pena su camino
no entran dócilmente en esa noche quieta.

Los solemnes, cercanos a la muerte, que ven con mirada
deslumbrante
cuánto los ojos ciegos pudieron alegrarse y arder como
meteoros
rabian, rabian contra la agonía de la luz.

Y tú mi padre, allí, en tu triste apogeo
maldice, bendice, que yo ahora imploro con la vehemencia
de tus lágrimas.
No entres dócilmente en esa noche quieta.
Rabia, rabia contra la agonía de la luz.

                                                     (De "En el dormir campestre)

Te recomendamos ver el programa de televisión.

PRÓXIMO NÚMERO

23. Poesía más Poesía: Gabriela Mistral y Amelia Díez Cuesta

GABRIELA MISTRAL

BIOGRAFÍA

Gabriela Mistral es el seudónimo de Lucila María del Perpetuo Socorro Godoy Alcayaga, nació el 7 de abril de 1889 en Vicuña (Chile) y murió el 10 de enero de 1957 en Nueva York.
Era hija de un profesor de ascendencia diaguita (pueblos independientes que hablaban el cacán, del noroeste de Argentina), y de una modista de ascendencia vasca. Su padre abandonó el hogar cuando ella tenía tres años. Como fruto de otra relación que mantuvo su madre con otro hombre, nació su hermana Emelina Molina Alcayaga, que se iba a convertir en su profesora cuando fuera expulsada de la escuela por la directora acusada injustamente (contado por Gabriela Mistral en sus apariciones públicas). No la admitieron en ningún otro colegio por esta misma causa, y su hermana y su madre se dedicaron de su educación.
La influencia de su hermana resultó determinante en su decisión de dedicarse a la enseñanza, promoviendo un pensamiento pedagógico centrado en el desarrollo y la protección de los niños. Su carrera docente fue sumamente precoz.


A los 15 años de edad, en 1904, ya había sido nombrada ayudante en la Escuela de La Compañía Baja (en La Serena) y empezó a mandar colaboraciones al diario serenense El Coquimbo. Al año siguiente continuó escribiendo en él y en La Voz de Elqui, de Vicuña. Difundió sus primeros escritos, entre los cuales se cuentan “El perdón de una víctima”, “La muerte del poeta”, “Las lágrimas de la huérfana”, “Amor imposible” y “Horas sombrías”, publicados entre agosto de 1904 y septiembre de 1910.
Las lecturas que en ese entonces fascinaban a la autora incluían a Montaigne, Amado Nervo, Lugones, Tagore, Tolstoi, Máximo Gorki, Dostoievski, Rubén Darío y José María Vargas Vila.
En 1906 conoció a Romelio Ureta, un funcionario de ferrocarriles con el que inició una relación amorosa y se comprometió.
En 1908 se desempeñó como maestra en la localidad de La Cantera. Su ingreso en la Escuela Normal de Preceptoras de La Serena se vio frustrado debido a la resistencia que despertaron algunos poemas suyos en círculos conservadores locales, que los calificaron como “paganos” y “socialistas”.
A la par de sus escritos en versos, Gabriela Mistral escribía sobre compromiso y equidad social. Ya en su adolescencia cuestionaba la pobreza y la injusticia de los desposeídos. (ejm. al final: la tierra, hallazgo). En aquella época había un canon en los escritos de las mujeres, que hablaban del amor como campo de inclusión estética, de donde no debían salirse. Gabriela Mistral y Alfonsina Storni fueron innovadoras, haciendo posible hablar de otras temáticas, como la social.
En 1909 Romelio Ureta se suicida y Gabriela Mistral, profundamente conmovida, escribe en 1910 Los sonetos de la muerte.
En ese mismo año, en 1910, convalidó sus conocimientos y obtuvo el título oficial de «profesora de Estado», con lo que pudo ejercer la docencia en el nivel secundario.
Muy comprometida con la labor social, la política y la enseñanza, escribe artículos para la prensa donde abogaba por la enseñanza obligatoria.
Estas son algunas de sus reflexiones acerca de la enseñanza:

“Una de las mejores lecciones de pedagogía que he recibido, me ha sido dada por una avecilla (pecho-rojo). Estaba en el jardín y la madre le enseñaba a volar a sus pequeñitos. Uno de ellos quedaba en el nido y parecía que temía moverse. La madre fue a posarse a su lado, le dio alimento con su pico y lo forzó a levantarse. En seguida saltó sobre una rama vecina, invitándolo a seguirla… Que los instructores no pierdan de vista esta verdad: es preciso que siempre y a la vez, den y tomen, que aventajen y que sigan, que obren y dejen obrar”.

“Quien ha hecho clase lo sabe. Sabe que la hermosura es el aliado más leal de la virtud y que el maestro más reacio a la poesía se le hace pura poesía la clase cuando explica con altura… La pedagogía tiene su ápice, como toda ciencia, en la belleza perfecta: Esta, la escuela, es, por sobre todo, el reino de la belleza. El reino de la poesía insigne. Hasta el que no cree cantar, aquí está cantando sin saberlo”.

En 1914, en Chile, recibe el primer premio por Los Sonetos de la Muerte en Los Juegos Florales, que es una antigua celebración primaveral organiada por la Federación de Estudiantes de la Universidadde Chile. A partir de ahí utiliza el seudónimo de Gabriela Mistral en en homenaje a dos de sus poetas favoritos, el italiano Gabriele D’Annunzio y el occitano Frédéric Mistral. La poesía sombría ya apasionada de Gabriela Mistral comenzó a propagarse por toda la América del Sur. Hay cartas de amor intercambiadas con el escritor Magallanes Moure, que fue uno de los miembros del jurado de este certamen donde se convierte en una relación imposible para Gabriela Mistral,con convicciones católicas, dado que estaba casado. Diría: “Te adoro, Manuel. Todo mi vivir se concentra en este pensamiento y en este deseo: el beso que puedo darte y recibir de ti. ¡Y quizás -seguramente- ni pueda dártelo ni pueda recibirlo…! En este momento siento tu cariño con una intensidad tan grande que me siento incapaz del sacrificio de tenerte a mi lado y no besarte… Estoy muriéndome de amor frente a un hombre que no puede acariciarme…” Empezó a trabajar en distintas escuelas alrededor del país, como las de las ciudades de Traiguén, Punta Arenas, Antofagasta y Temuco. Opositó y ganó el puesto prestigioso de directora del Liceo № 6 de Santiago, pero los profesores no la recibieron bien, reprochándole su falta de estudios profesionales. Fue su alumno el joven Neftalí Reyes Basoalto (Pablo Neruda, de 16 años), a quien introdujo en la literatura rusa. Respecto a Pablo Neruda, Mistral escribiría casi al final de sus días: “Una vez me prohibieron desde allá (Chile), y por orden de González Videla recibir en el consulado a Neruda. Qué poco me conocen. Me hubiera muerto cerrándole la puerta de mi casa al amigo, al gran poeta y, por último, a un chileno perseguido y a quien en sus primeros pasos influí con lecturas que le seleccioné y que afirmaron su recio espíritu.Yo fui perseguida. Y cómo. También fui echada de revistas y diarios. Y lo serán muchos escritores que gritan las verdades. ¿Anonadarse o callar? ¡Semimuerte! Allá se persigue o se les hace sombra a los escritores mientras están vivos y son valientes. O se atreven a declarar sus ideas y sus anhelos”. En el año 1922 Gabriela fue llamada por el ministro de Educación de México, José Vasconcelos, para participar en la reforma educacional y en la fundación y organización de bibliotecas populares. Allí su labor fue la de cooperar en la creación de un nuevo estilo de educación. Sin embargo, México fue también la puerta de entrada al mundo indígena. En ese país se hará más fuerte su lazo con la causa indigenista.En sus contactos con la realidad indígena de México, Guatemala, Perú y otros países latinoamericanos había asumido su condición de mestiza (de india, decía ella), y el respeto por las culturas precolombinas -aztecas, mayas, quechuas y mapuches, entre otros- y por lo mismo, tenía una mirada crítica hacia el descubrimiento y la conquista de América, que calificaba de genocidio. Defendía el mestizaje y llamaba a asumirlo, cuestionando la inmigración europea. En eso también disentía de Unamuno, a quien admiraba. Gabriela criticaba los aspectos más negativos de la cultura y la dominación española, el exterminio, la explotación, el desprecio. Enaltecía, en cambio, el papel del idioma y la labor de la Iglesia cuando defendía a los indígenas, destacando a Fray Bartolomé de las Casas, a Vasco de Quiroga y a otros obispos y sacerdotes. Fue también en este año que apareció en New York Desolación  bajo el alero del Instituto de Las Españas, dirigido por el crítico literario español Federico de Onís. .Existe un fuerte predomino del sentimiento sobre el pensamiento, a la vez que una cercanía muy estrecha con lo religioso. Los temas que aparecen en este libro, bajo una profunda reivindicación del retorno a valores de una trascendente espiritualidad, giran en torno a la frustración amorosa, al dolor por la pérdida, la muerte, la infidelidad, la maternidad y el amor filial, todo ello envuelto en la reflexión adulta de la poetisa, que vivió el suicidio de su amado como una pérdida irreparable. A partir de esta publicación Gabriela Mistral adquirió reconocimiento y prestigio internacional siendo considerada como una de las mayores promesas de la literatura latinoamericana. También marca el inicio de una serie de publicaciones de la poetisa nacional en tierras extranjeras. En México se edita Lecturas para Mujeres en 1923 ,una selección de prosas y versos de diversos autores (Amado Nervo, Sor Juana Inés de la Cruz, Rubén Darío, Whalt Whitman, José Martí…) destinada al uso escolar a la que incorporó textos propios y un año más tarde en España se publica Ternura. Las composiciones “para niños” son el núcleo de su segundo libro, Ternura (1924), en el que se advierte la pureza expresiva propia de aquella lírica humana y sencilla que convivió con las vanguardias tras la liquidación del modernismo; una lírica generalmente inspirada en la naturaleza y que de hecho fue también abordada por algunos escritores vanguardistas, que con frecuencia conciliaron la experimentación con su interés por la poesía popular. Dedicado a su madre y hermana, está dividido en siete secciones: Canciones de Cuna, Rondas, Jugarretas, Cuenta-Mundo, Casi Escolares, Cuento y Anejo. Para el lector adulto, el conjunto viene a expresar la pérdida de la infancia, que es restituida, en parte, a través del lenguaje.

A finales de la década de 1930 círculos literarios de distintos países comenzaron a promover a Gabriela Mistral para el Premio Nobel de Literatura. El Presidente Pedro Aguirre Cerda y la escritora ecuatoriana Adelaida Velasco Galdós se mostraron interesados en respaldar su candidatura a través de la traducción de sus obras.
Conversaciones con Pedro Aguirre Cerda acerca de la necesidad de una Reforma Agraria -cuando éste aún se desempeñaba como profesor-, dieron origen al libro «El Problema Agrario» que el futuro Presidente de Chile le dedicó en 1929.

En 1930 publica Nubes blancas: poesías, y La oración de la maestra
En 1931 fue invitada por la Universidad de Puerto Rico para dictar conferencias. Viajó en aeroplano por las Antillas, el Caribe y los países centroamericanos. Visitó Santo Domingo, Cuba, Panamá, El Salvador, Costa Rica y Guatemala. Le otorgaron la Orquídea de Oro y La Flor del Espíritu Santo, las más altas insignias que la Escuela Normal de Institutoras de Panamá. La Universidad de Guatemala le concedió el grado de Doctor Honoris Causa.
Su carrera consular la inició en 1932 y fue la primera mujer chilena en desempeñar esa labor. Se declaró antifascista y no ejerció su función en Italia. Además Mussolini rechazaba las cónsules mujeres.
En el año 1933, en Puerto Rico, la Cámara de Representantes de la universidad la declaró Hija Adoptiva de la Isla. En julio de ese mismo año se traslada al consulado de Madrid. La precedía su fama como poeta e intelectual, y su capacidad de trabajo y experiencia funcionaria. En España se encontró con Pablo Neruda, alumno suyo en el Liceo de Temuco, nombrado cónsul en Barcelona.Neruda estimaba los Sonetos de la muerte hasta el punto de afirmar que “la magnitud de estos breves poemas no ha sido superada en nuestro idioma”.
Recibida con honores, Gabriela Mistral pronto se hizo un espacio junto a los principales escritores y pensadores, como Miguel de Unamuno, Juan Ramón Jiménez, José Ortega y Gasset, Pío Baroja, Eugenio D’Ors, José Bergamín y otros. También, y gracias a los oficios del embajador de Chile en Madrid, Carlos Morla Lynch, se relacionó con los jóvenes de la generación del 27 que estaban cambiando para bien la poesía española. conoció a Federico García Lorca y a Rafael Alberti y mostró notorias capacidades para su trabajo consular, que cumplió con eficiencia y orden. En la guerra civil, la horrorizaron las crueldades de ambos lados. Pero su corazón estuvo con los republicanos, que era el bando de sus amigos. Ayudó a los que pudo después de la derrota. Y antes, colaboró con niños vascos que debían ser salvados de la guerra.

El Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile, la trasladó de Madrid a Lisboa en el año 1935. Por Ley del Congreso chileno, promulgada el 04 de Septiembre, se le designó Cónsul de Elección con carácter vitalicio.
En 1936 asistió en París a una reunión del Comité de Publicaciones de la Colección Clásicos Iberoamericanos, con el propósito de formar un subcomité encargado de escribir un volumen de folclore chileno. El Instituto Internacional de Cooperación Intelectual (Colección Iberoamericana) publicó el volumen Folklore Chilien, con estudio y prólogo de Gabriela Mistral.
Después fue destinada a Oporto, dicen por opiniones contrarias a ciertos sectores españoles que se filtraron en la prensa.
Después la destinaron a a Guatemala, con el cargo de Cónsul General Honorario y Encargada de Negocios ad-interin.
En enero de 1938 estuvo en Montevideo, durante los cursos sudamericanos para profesores. Posteriormente, residió un breve tiempo en Chile, y le rindieron numerosos homenajes. Visitó Vicuña y Montegrande.
Hacia 1938 retornó a América Latina Dedicado a su madre, que había fallecido en 1929, escribió “Tala”, en 1938 en Buenos Aires.considerada una de sus obras más importantes, Gabriela Mistral inauguró una línea de expresión neorrealista que afirma valores del indigenismo, del americanismo y de las materias y esencias fundamentales del mundo. En los sesenta y cuatro poemas de este libro se produce una evolución temática y formal que será definitiva. Aunque en el arranque del libro el poema “Nocturno de los tejedores viejos” sólo insinuaba un renovado tratamiento fantástico, la sección Historias de loca esbozaba ya un nuevo acento que se consolidará en las siguientes, Materias y América, hasta alcanzar la plenitud de su expresión en la sección titulada Saudade, donde se encuentran piezas memorables como “Todas íbamos a ser reinas”, en la que la poetisa rememora la infancia junto a sus tres hermanas y evoca sus respectivos sueños, eternizados pese el paso del tiempo mediante un lenguaje a la vez humorístico y mágico, teñido también por momentos de un cierto tradicionalismo folclórico.

Casa donde vivía Gabriela Mistral en los Andes.


Donó el dinero obtenido con la venta de ese libro a las instituciones catalanas que albergaron niños vascos durante la Guerra Civil Española
En 1940-41 trasladó su consulado a Petrópolis, en Brasil. Se publicaron en esos años Antología de Gabriela Mistral, con selección propia de la autora y prólogo de Ismael Edwars Matte.
En 1943, a los 18 años, se había suicidado Yin Yin, Juan Miguel Godoy Mendoza, su sobrino al que había adoptado desde que este tenía cuatro años.
Recibe la noticia de que había ganado el Nobel de la literatura en 1945. La poeta será recordada toda la vida por ser la primera, y única, mujer latinoamericana en ganar un Premio Nobel. El galardón le fue otorgado, según el acta de la Academia sueca, “por su poesía lírica que, inspirada en emociones poderosas, ha hecho de su nombre un símbolo de las aspiraciones idealistas de todo el mundo latinoamericano” 

En 1946, conoció a Doris Dana, una escritora estadounidense, una relación que la acompañaría hasta el final de sus días. Sujeta a controversias públicas, Gabriela Mistral diría:
“De Chile, ni decir. Si hasta me han colgado ese tonto lesbianismo, y que me hiere de un cauterio que no sé decir. ¿Han visto tamaña falsedad? (…) No se desea volver a lugares del mundo donde se hace con los propios asuntos una novela policial. Yo no soy ningún dechado; tampoco una cosa extraordinaria. Yo soy una mujer como cualquier otra chilena”. (Escrito en su diario íntimo, publicado con el título “Bendita mi lengua sea”.

Doris Dana y Gabriela Mistral, Roslyn Harbor, USA, 1954

Neruda insiste, desde 1949, en invitarla a congresos de paz o cultura, celebrados en distintos países con el apoyo de la Unión Soviética para frenar la amenaza nuclear que representaba los Estados Unidos y rechaza la invitación de inaugurar y presidir al Congreso Continental de la Cultura que se realizó en Santiago en 1953 por el carárcter también partidista del mismo. Rechazó el premio Stalin

En Chile se le otorgó el Premio Nacional de Literatura en 1951. Galardón que viene coronado a nivel nacional en 1954 con Lagar, que corresponde al primer libro de toda su producción publicado en Chile antes que en el extranjero
En 1952 también se publica Los sonetos de la muerte y otros poemas elegíacos. Santiago: Philobiblion, 1952

Lagar (1954), la última que publicó en vida. En esta obra estarían presentes todas las muertes, las tristezas, las pérdidas y el sentimiento de su propio fin. Un profunda originalidad convive con la carga de tristeza y trascendencia que ya había impregnado parte de sus primeros escritos, culminando una temática presidida por la resignación cristiana y el encuentro con la naturaleza. .
Siguió su carrera diplomática y con ella sus numerosos viajes hasta su fallecimiento en Nueva York, en 1957.
En ese mismo año se publican Recados, contando a Chile. inconclusos. Santiago: Editorial del Pacífico, 1957.
Por deseo de la propia Mistral, sus restos fueron trasladados a Chile y fue enterrada en Montegrande: dejaba tras de sí algunas obras inéditas, para su publicación póstuma.

Recibiendo el Premio Nobel de Literatura

POEMAS

HAN DICHO

He dicho varias veces
y lo repito con muchísimo gusto
que este país debiera llamarse Lucila
de lo contrario que se llame Gabriela
debería volvérsela a querer
a releer
a ver
a compadecer
es una novia abierta al infinito
una viuda perpetua
una mamá que no se olvida nunca…

Nicanor Parra, 1989.

fuerte catarsis
en madrid titulo ternura
adopto a un medio sobrino,a los 18 años se suicido

LA TIERRA

Niño indio, si estás cansado, 
tú te acuestas sobre la Tierra, 
y lo mismo si estás alegre, 
hijo mío, juega con ella… 

Se oyen cosas maravillosas 
al tambor indio de la Tierra: 
se oye el fuego que sube y baja 
buscando el cielo, y no sosiega. 
Rueda y rueda, se oyen los ríos 
en cascadas que no se cuentan. 
Se oyen mugir los animales; 
se oye el hacha comer la selva. 
Se oyen sonar telares indios. 
Se oyen trillas, se oyen fiestas. 

Donde el indio lo está llamando, 
el tambor indio le contesta, 
y tañe cerca y tañe lejos, 
como el que huye y que regresa… 

Todo lo toma, todo lo carga 
el lomo santo de la Tierra: 
lo que camina, lo que duerme, 
lo que retoza y lo que pena; 
y lleva vivos y lleva muertos 
el tambor indio de la Tierra. 

Cuando muera, no llores, hijo: 
pecho a pecho ponte con ella, 
y si sujetas los alientos 
como que todo o nada fueras, 
tú escucharás subir su brazo 
que me tenía y que me entrega, 
y la madre que estaba rota 
tú la verás volver entera.

HALLAZGO del libro Poema de Chile

Me encontré a este niño 
cuando al campo iba: 
dormido lo he hallado 
en unas espigas… 

O tal vez ha sido 
cruzando la viña: 
al buscar un pámpano 
topé su mejilla… 

Y por eso temo, 
al quedar dormida, 
se evapore como 
la helada en las viñas…

SONETOS DE LA MUERTE

I

Del nicho helado en que los hombres te pusieron, 
te bajaré a la tierra humilde y soleada. 
Que he de dormirme en ella los hombres no supieron, 
y que hemos de soñar sobre la misma almohada. 

Te acostaré en la tierra soleada con una 
dulcedumbre de madre para el hijo dormido, 
y la tierra ha de hacerse suavidades de cuna 
al recibir tu cuerpo de niño dolorido. 

Luego iré espolvoreando tierra y polvo de rosas, 
y en la azulada y leve polvareda de luna, 
los despojos livianos irán quedando presos. 

Me alejaré cantando mis venganzas hermosas, 
¡porque a ese hondor recóndito la mano de ninguna 
bajará a disputarme tu puñado de huesos! 

II 

Este largo cansancio se hará mayor un día, 
y el alma dirá al cuerpo que no quiere seguir 
arrastrando su masa por la rosada vía, 
por donde van los hombres, contentos de vivir… 

Sentirás que a tu lado cavan briosamente, 
que otra dormida llega a la quieta ciudad. 
Esperaré que me hayan cubierto totalmente… 
¡y después hablaremos por una eternidad! 

Sólo entonces sabrás el por qué no madura, 
para las hondas huesas tu carne todavía, 
tuviste que bajar, sin fatiga, a dormir. 

Se hará luz en la zona de los sinos, oscura; 
sabrás que en nuestra alianza signo de astros había 
y, roto el pacto enorme, tenías que morir… 

III 

Malas manos tomaron tu vida desde el día 
en que, a una señal de astros, dejara su plantel 
nevado de azucenas. En gozo florecía. 
Malas manos entraron trágicamente en él… 

Y yo dije al Señor: ?«Por las sendas mortales 
le llevan. ¡Sombra amada que no saben guiar! 
¡Arráncalo, Señor, a esas manos fatales 
o le hundes en el largo sueño que sabes dar! 

»¡No le puedo gritar, no le puedo seguir! 
Su barca empuja un negro viento de tempestad. 
Retórnalo a mis brazos o le siegas en flor». 

Se detuvo la barca rosa de su vivir… 
¿Que no sé del amor, que no tuve piedad? 
¡Tú que vas a juzgarme, lo comprendes, Señor!

DESOLACIÓN (de su libro Desolación)

La bruma espesa, eterna, para que olvide dónde 
me ha arrojado la mar en su ola de salmuera. 
La tierra a la que vine no tiene primavera: 
tiene su noche larga que cual madre me esconde. 

El viento hace a mi casa su ronda de sollozos 
y de alarido, y quiebra, como un cristal, mi grito. 
Y en la llanura blanca, de horizonte infinito, 
miro morir intensos ocasos dolorosos. 

¿A quién podrá llamar la que hasta aquí ha venido 
si más lejos que ella sólo fueron los muertos? 
¡Tan sólo ellos contemplan un mar callado y yerto 
crecer entre sus brazos y los brazos queridos! 

Los barcos cuyas velas blanquean en el puerto 
vienen de tierras donde no están los que no son míos; 
sus hombres de ojos claros no conocen mis ríos 
y traen frutos pálidos, sin la luz de mis huertos. 

Y la interrogación que sube a mi garganta 
al mirarlos pasar, me desciende, vencida: 
hablan extrañas lenguas y no la conmovida 
lengua que en tierras de oro mi pobre madre canta. 

Miro bajar la nieve como el polvo en la huesa; 
miro crecer la niebla como el agonizante, 
y por no enloquecer no encuentro los instantes, 
porque la noche larga ahora tan solo empieza. 

Miro el llano extasiado y recojo su duelo, 
que viene para ver los paisajes mortales. 
La nieve es el semblante que asoma a mis cristales: 
¡siempre será su albura bajando de los cielos! 

Siempre ella, silenciosa, como la gran mirada 
de Dios sobre mí; siempre su azahar sobre mi casa; 
siempre, como el destino que ni mengua ni pasa, 
descenderá a cubrirme, terrible y extasiada.

 EL AMOR QUE CALLA

Si yo te odiara, mi odio te daría 
en las palabras, rotundo y seguro; 
pero te amo y mi amor no se confía 
a este hablar de los hombres, tan oscuro.
Tú lo quisieras vuelto en alarido, 
y viene de tan hondo que ha deshecho 
su quemante raudal, desfallecido, 
antes de la garganta, antes del pecho.
Estoy lo mismo que estanque colmado 
y te parezco un surtidor inerte. 
¡Todo por mi callar atribulado 
que es más atroz que el entrar en la muerte!

MIS LIBROS

    Libros, callados libros de las estanterías,
vivos en su silencio, ardientes en su calma;
libros, los que consuelan, terciopelos del alma,
y que siendo tan tristes nos hacen la alegría!
    Mis manos en el día de afanes se rindieron;
pero al llegar la noche los buscaron, amantes,
en el hueco del muro donde como semblantes
me miran confortándome aquellos que vivieron.
    ¡Biblia, mi noble Biblia, panorama estupendo,
en donde se quedaron mis ojos largamente,
tienes sobre los Salmos las lavas más ardientes
y en su río de fuego mi corazón enciendo!
    Sustentaste a mis gentes con tu robusto vino
y los erguiste recios en medio de los hombres,
y a mí me yergue de ímpetu sólo el decir tu nombre;
porque de ti yo vengo, he quebrado al Destino.
    Después de ti, tan sólo me traspasó los huesos
con su ancho alarido, el sumo Florentino.
A su voz todavía como un junco me inclino;
por su rojez de infierno, fantástica, atravieso.
    Y para refrescar en musgos con rocío
la boca, requemada en las llamas dantescas,
busqué las Florecillas de Asís, las siempre frescas.
¡Y en esas felpas dulces se quedó el pecho mío!
    Yo vi a Francisco, a Aquel fino como las rosas,
pasar por su campiña más leve que un aliento,
besando el lirio abierto y el pecho purulento,
por besar al Señor que duerme entre las cosas.
    ¡Poema de Mistral, olor a surco abierto
que huele en las mañanas, yo te aspiré embriagada!
Vi a Mireya exprimir la fruta ensangrentada
del amor, y correr por el atroz desierto.
    Te recuerdo también, deshecha de dulzuras,
verso de Amado Nervo, con pecho de paloma,
que me hiciste más suave la línea de la loma,
cuando yo te leía en mis mañanas puras.
    Nobles libros antiguos, de hojas amarillentas,
sois labios no rendidos de endulzar a los tristes,
sois la vieja amargura que nuevo manto viste:
¡desde Job hasta Kempis la misma voz doliente!
    Los que cual Cristo hicieron la Vía-Dolorosa,
apretaron el verso contra su roja herida,
y es lienzo de Verónica la estrofa dolorida;
¡todo libro es purpúreo como sangrienta rosa!
    ¡Os amo, os amo, bocas de los poetas idos,
que deshechas en polvo me seguís consolando,
y que al llegar la noche estáis conmigo hablando,
junto a la dulce lámpara, con dulzor de gemidos!
    De la página abierta aparto la mirada
¡oh muertos! y mi ensueño va tejiéndoos semblantes:
las pupilas febriles, los labios anhelantes
que lentos se deshacen en la tierra apretada.

LA MAESTRA RURAL

La Maestra era pura. «Los suaves hortelanos», decía, 
«de este predio, que es predio de Jesús, 
han de conservar puros los ojos y las manos, 
guardar claros sus óleos, para dar clara luz».

La Maestra era pobre. Su reino no es humano. 
(Así en el doloroso sembrador de Israel.) 
Vestía sayas pardas, no enjoyaba su mano 
¡y era todo su espíritu un inmenso joyel!

La Maestra era alegre. ¡Pobre mujer herida! 
Su sonrisa fue un modo de llorar con bondad. 
Por sobre la sandalia rota y enrojecida, 
tal sonrisa, la insigne flor de su santidad.

¡Dulce ser! En su río de mieles, caudaloso, 
largamente abrevaba sus tigres el dolor! 
Los hierros que le abrieron el pecho generoso 
¡más anchas le dejaron las cuencas del amor!

¡Oh, labriego, cuyo hijo de su labio aprendía 
el himno y la plegaria, nunca viste el fulgor 
del lucero cautivo que en sus carnes ardía: 
pasaste sin besar su corazón en flor!

Campesina, ¿recuerdas que alguna vez prendiste 
su nombre a un comentario brutal o baladí? 
Cien veces la miraste, ninguna vez la viste 
¡y en el solar de tu hijo, de ella hay más que de ti!

Pasó por él su fina, su delicada esteva, 
abriendo surcos donde alojar perfección. 
La albada de virtudes de que lento se nieva 
es suya. Campesina, ¿no le pides perdón?

Daba sombra por una selva su encina hendida 
el día en que la muerte la convidó a partir. 
Pensando en que su madre la esperaba dormida, 
a La de Ojos Profundos se dio sin resistir.

Y en su Dios se ha dormido, como un cojín de luna; 
almohada de sus sienes, una constelación; 
canta el Padre para ella sus canciones de cuna 
¡y la paz llueve largo sobre su corazón!

Como un henchido vaso, traía el alma hecha 
para volcar aljófares sobre la humanidad; 
y era su vida humana la dilatada brecha 
que suele abrirse el Padre para echar claridad.

Por eso aún el polvo de sus huesos sustenta 
púrpura de rosales de violento llamear. 
¡Y el cuidador de tumbas, como aroma, me cuenta, las 
plantas del que huella sus huesos, al pasar!

Imagen de la Tierra

No había visto antes la verdadera imagen de la Tierra. La Tierra tiene la actitud de una mujer con un hijo en los brazos, con sus criaturas (seres y frutos) en los anchos brazos. Voy conociendo el sentido maternal de todo. La montaña que me mira también es madre, y por las tardes la neblina juega como un niño en sus hombros y sus rodillas … Recuerdo ahora una quebrada del valle. Por su lecho profundo iba cantando una corriente, que las breñas hacían todavía invisible. Ya soy como la quebrada: siento cantar en mi hondura este pequeño arroyo, y le he dado mi carne por breña hasta que suba hacia la luz.

CANCION AMARGA

¡Ay! ¡Juguemos, hijo mío, 
a la reina con el rey! 

Este verde campo es tuyo. 
¿De quién más podría ser? 
Las oleadas de la alfalfa 
para ti se han de mecer. 

Este valle es todo tuyo. 
¿De quién más podría ser? 
Para que los disfrutemos 
los pomares se hacen miel. 

(¡Ay! ¡No es cierto que tiritas 
como el Niño de Belén 
y que el seno de tu madre 
se secó de padecer!) 

El cordero está espesando 
el vellón que he de tejer. 
Y son tuyas las majadas, 
¿De quién más podrían ser? 

Y la leche del establo 
que en la ubre ha de correr, 
y el manojo de las mieses 
¿de quién más podrían ser? 

(¡Ay! ¡No es cierto que tiritas 
como el Niño de Belén 
y que el seno de tu madre 
se secó de padecer!) 

¡Sí! ¡Juguemos, hijo mío, 
a la reina con el rey!

LA CASA

La mesa, hijo, está tendida 
en blancura quieta de nata, 
y en cuatro muros azulea, 
dando relumbres, la cerámica. 
Ésta es la sal, éste el aceite 
y al centro el Pan que casi habla. 
Oro más lindo que oro del Pan 
no está ni en fruta ni en retama, 
y da su olor de espiga y horno 
una dicha que nunca sacia. 
Lo partimos, hijito, juntos, 
con dedos duros y palma blanda, 
y tú lo miras asombrado 
de tierra negra que da flor blanca. 

Baja la mano de comer, 
que tu madre también la baja. 
Los trigos, hijo, son del aire, 
y son del sol y de la azada; 
pero este Pan «cara de Dios»(*) 
no llega a mesas de las casas. 
Y si otros niños no lo tienen, 
mejor, mi hijo, no lo tocaras, 
y no tomarlo mejor sería 
con mano y mano avergonzadas. 

Hijo, el Hambre, cara de mueca, 
en remolino gira las parvas, 
y se buscan y no se encuentran 
el Pan y el hambre corcovada. 
Para que lo halle, si ahora entra, 
el Pan dejemos hasta mañana; 
el fuego ardiendo marque la puerta, 
que el indio quechua nunca cerraba, 
¡y miremos comer al Hambre, 
para dormir con cuerpo y alma!

RONDA DE LA PAZ

A don Enrique Molina.

Las madres, contando batallas,
sentadas están al umbral.
Los niños se fueron al campo
la piña de pino a cortar.
Se han puesto a jugar a los ecos
al pie de su cerro alemán.
Los niños de Francia responden
sin rostro en el viento del mar.
Refrán y palabra no entienden,
mas luego se van a encontrar,
y cuando a los ojos se miren
el verse será adivinar.
Ahora en el mundo el suspiro
y el soplo se alcanza a escuchar
y a cada refrán las dos rondas
ya van acercándose más.
Las madres, subiendo la ruta
de olores que lleva al pinar,
llegando a la rueda se vieron
cogidas del viento volar…
Los hombres salieron por ellas
y viendo la tierra girar
y oyendo cantar a los montes,
al ruedo del mundo se dan.

HIMNO AL ARBOL

(A don José Vaconcelos)

Árbol hermano, que clavado 
por garfios pardos en el suelo, 
la clara frente has elevado 
en una intensa sed de cielo; 

hazme piadoso hacia la escoria 
de cuyos limos me mantengo, 
sin que se duerma la memoria 
del país azul de donde vengo. 

Árbol que anuncias al viandante 
la suavidad de tu presencia 
con tu amplia sombra refrescante 
y con el nimbo de tu esencia: 

haz que revele mi presencia, 
en las praderas de la vida, 
mi suave y cálida influencia 
de criatura bendecida. 

Árbol diez veces productor: 
el de la poma sonrosada, 
el del madero constructor, 
el de la brisa perfumada, 
el del follaje amparador; 

el de las gomas suavizantes 
y las resinas milagrosas, 
pleno de brazos agobiantes 
y de gargantas melodiosas: 

hazme en el dar un opulento 
¡para igualarte en lo fecundo, 
el corazón y el pensamiento 
se me hagan vastos como el mundo! 

Y todas las actividades 
no lleguen nunca a fatigarme: 
¡las magnas prodigalidades 
salgan de mí sin agotarme! 

Árbol donde es tan sosegada 
la pulsación del existir, 
y ves mis fuerzas la agitada 
fiebre del mundo consumir: 

hazme sereno, hazme sereno, 
de la viril serenidad 
que dio a los mármoles helenos 
su soplo de divinidad. 

Árbol que no eres otra cosa 
que dulce entraña de mujer, 
pues cada rama mece airosa 
en cada leve nido un ser: 

dame un follaje vasto y denso, 
tanto como han de precisar 
los que en el bosque humano, inmenso, 
rama no hallaron para hogar. 

Árbol que donde quiera aliente 
tu cuerpo lleno de vigor, 
levantarás eternamente 
el mismo gesto amparador: 

haz que a través de todo estado 
?niñez, vejez, placer, dolor? 
levante mi alma un invariado 
y universal gesto de amor!

ORACIÓN A LA MAESTRA

¡Señor! Tú que enseñaste, perdona que yo enseñe; que lleve el nombre de maestra, que Tú llevaste por la Tierra. 

Dame el amor único de mi escuela; que ni la quemadura de la belleza sea capaz de robarle mi ternura de todos los instantes. 

Maestro, hazme perdurable el fervor y pasajero el desencanto. Arranca de mí este impuro deseo de justicia que aún me turba, la mezquina insinuación de protesta que sube de mí cuando me hieren. No me duela la incomprensión ni me entristezca el olvido de las que enseñé. 

Dame el ser más madre que las madres, para poder amar y defender como ellas lo que no es carne de mis carnes. Dame que alcance a hacer de una de mis niñas mi verso perfecto y a dejarte en ella clavada mi más penetrante melodía, para cuando mis labios no canten más. 

Muéstrame posible tu Evangelio en mi tiempo, para que no renuncie a la batalla de cada día y de cada hora por él. 

Pon en mi escuela democrática el resplandor que se cernía sobre tu corro de niños descalzos. 

Hazme fuerte, aun en mi desvalimiento de mujer, y de mujer pobre; hazme despreciadora de todo poder que no sea puro, de toda presión que no sea la de tu voluntad ardiente sobre mi vida. 

¡Amigo, acompáñame! ¡Sostenme! Muchas veces no tendré sino a Ti a mi lado. Cuando mi doctrina sea más casta y más quemante mi verdad, me quedaré sin los mundanos; pero Tú me oprimirás entonces contra tu corazón, el que supo harto de soledad y desamparo. Yo no buscaré sino en tu mirada la dulzura de las aprobaciones. 

Dame sencillez y dame profundidad; líbrame de ser complicada o banal en mi lección cotidiana. 

Dame el levantar los ojos de mi pecho con heridas, al entrar cada mañana a mi escuela. Que no lleve a mi mesa de trabajo mis pequeños afanes materiales, mis mezquinos dolores de cada hora. 

Aligérame la mano en el castigo y suavízamela más en la caricia. ¡Reprenda con dolor, para saber que he corregido amando! 

Haz que haga de espíritu mi escuela de ladrillos. Le envuelva la llamarada de mi entusiasmo su atrio pobre, su sala desnuda. Mi corazón le sea más columna y mi buena voluntad más horas que las columnas y el oro de las escuelas ricas. 

Y, por fin, recuérdame desde la palidez del lienzo de Velázquez, que enseñar y amar intensamente sobre la Tierra es llegar al último día con el lanzazo de Longinos en el costado ardiente de amor.

NOCTURNO DE LOS TEJEDORES VIEJOS

Se acabaron los días divinos
de la danza delante del mar,
y pasaron las siestas del viento
con aroma de polen y sal,
y las otras en trigos dormidas
con nidal de paloma torcaz.
Tan lejanos se encuentran los años
de los panes de harina candela
disfrutados en mesa de pino,
que negamos, mejor, su verdad,
y decimos que siempre estuvieron
nuestras vidas lo mismo que están,
y vendernos la blanca memoria
que dejamos tendida al umbral.
Han llegado los días ceñidos
como el puño de Salmanazar.
Llueve tanta ceniza nutrida
que la carne es su propio sayal.
Retiraron los mazos de lino
y se escarda, sin nunca acabar,
un esparto que no es de los valles
porque es hebra de hilado metal.
Nos callamos las horas y el día
sin querer la faena nombrar,
cual se callan remeros muy pálidos
los tifones, y el boga, el caimán,
porque el nombre no nutra al destino,
y sin nombre, se pueda matar.
Pero cuando la frente enderézase
de la prueba que no han de apurar,
al mirarnos, los ojos se truecan
la palabra en el iris leal,
y bajamos los ojos de nuevo,
como el jarro al brocal contumaz,
desolados de haber aprendido
con el nombre la cifra letal.
Los precitos contemplan la llama
que hace dalias y fucsias girar;
los forzados, como una cometa,
bajan y alzan su “nunca jamás”.
Mas nosotros tan sólo tenemos,
para juego de nuestro mirar,
grecas lentas que dan nuestras manos,
golondrinas -al muro de cal,
remos negros que siempre jadean
y que nunca rematan el mar.
Prodigiosas las dulces espaldas
que se olvidan de se enderezar,
que obedientes cargaron los linos
y obedientes la leña mortal,
porque nunca han sabido de dónde
fueron hechas y a qué volverán.
¡Pobre cuerpo que todo ha aprendido
de sus padres José e Isaac,
y fantásticas manos leales,
las que tejen sin ver ni contar,
ni medir paño y paño cumplido,
preguntando si basta o si es más!
Levantando la blanca cabeza
ensayamos tal vez preguntar
de qué ofensa callada ofendimos
a un demiurgo al que se ha de aplacar,
como leños de holgura que odiasen
el arder, sin saberse apagar.
Humildad de tejer esta túnica
para un dorso sin nombre ni faz,
y dolor el que escucha en la noche
toda carne de Cristo arribar,
recibir el telar que es de piedra
y la Casa que es de eternidad.

LA OTRA

Una en mí maté: 
yo no la amaba. 

Era la flor llameando 
del cactus de montaña; 
era aridez y fuego; 
nunca se refrescaba. 

Piedra y cielo tenía 
a pies y a espadas 
y no bajaba nunca 
a buscar «ojos de agua». 

Donde hacía su siesta, 
las hierbas se enroscaban 
de aliento de su boca 
y brasa de su cara. 

En rápidas resinas 
se endurecía su habla, 
por no caer en linda 
presa soltada. 

Doblarse no sabía 
la planta de montaña, 
y al costado de ella, 
yo me doblaba… 

La dejé que muriese, 
robándole mi entraña. 
Se acabó como el águila 
que no es alimentada. 

Sosegó el aletazo, 
se dobló, lacia, 
y me cayó a la mano 
su pavesa acabada… 

Por ella todavía 
me gimen sus hermanas, 
y las gredas de fuego 
al pasar me desgarran. 

Cruzando yo les digo: 
Buscad por las quebradas 
y haced con las arcillas 
otra águila abrasada. 

Si no podéis, entonces, 
¡ay!, olvidadla. 
Yo la maté. ¡Vosotras 
también matadla!

UNA PALABRA

    Yo tengo una palabra en la garganta
y no la suelto, y no me libro de ella
aunque me empuja su empellón de sangre.
Si la soltase, quema el pasto vivo,
sangra al cordero, hace caer al pájaro.
    Tengo que desprenderla de mi lengua,
hallar un agujero de castores
o sepultarla con cal y mortero
porque no guarde como el alma el vuelo.
    No quiero dar señales de que vivo
mientras que por mi sangre vaya y venga
y suba y baje por mi loco aliento.
Aunque mi padre Job la dijo, ardiendo,
no quiero darle, no, mi pobre boca
porque no ruede y la hallen las mujeres
que van al río, y se enrede a sus trenzas
o al pobre matorral tuerza y abrase.
    Yo quiero echarle violentas semillas
que en una noche la cubran y ahoguen,
sin dejar de ella el cisco de una sílaba.
O rompérmela así, como la víbora
que por mitad se parte entre los dientes.
    Y volver a mi casa, entrar, dormirme,
cortada de ella, rebanada de ella,
y despertar después de dos mil días
recién nacida de sueño y olvido.
    ¡Sin saber ¡ay! que tuve una palabra
de yodo y piedra-alumbre entre los labios
ni poder acordarme de una noche,
de la morada en país extranjero,
de la celada y el rayo a la puerta
y de mi carne marchando sin su alma!

Te recomendamos ver el programa de televisión

PRÓXIMO NÚMERO

22. Poesía más Poesía: Paul Éluard y Magdalena Salamanca

PAUL ÉLUARD

BIOGRAFÍA

Su nombre era Eugène Grindel. Nació el 14 de diciembre de 1895 en Saint-Denis, Francia, hijo del contable Clément Grindel y de la modista Jeanne Grindel. El apellido Éluard lo adoptó de su abuela materna. Reside en Paris a partir de 1909, cursa estudios en la prestigiosa École Primaire Supérieure Colbert.
El joven Éluard abandonó sus estudios tras un diagnóstico de tuberculosis. Para mejorar su estado es internado entre 1912 y 1914 en un sanatorio en Davos, Suiza, comenzó allí a interesarse en la literatura. También en el amor: en ese centro de salud conoció a la rusa Elena Dimitrievna Diakonava (Gala), con quien se casó en 1917. En 1918 nació su hija Cécile.


El encuentro fue en Davos, Suiza, 1912: Elena Dimitrievna Diakonova (Gala) entra a un sanatorio aquejada por la tuberculosis. En medio de las paredes blancas ve a un hombre pasar con un libro en las manos. De pronto, surge una nueva fiebre que encela a la enfermedad y la vence. La bata de convalecencia se vuelve vestido de noche y Eugène Grindel luce como la encarnación del milagro. Él la mira, nota el libro en el regazo y la sala de estar se convierte en paraíso. Ambos sufren de un mal incurable, tan sujeto al cuerpo que no parece ser de este mundo.

Paul Eluard Gala y la hija de ambos Cecilia Eluard


Cuando el sueño juvenil se deshizo, Elena y Eugène fueron Gala y Paul.
Se sabe que Gala abandonó al poeta en 1930, luego de oficializar su romance clandestino con el pintor Salvador Dalí, que la convirtió de inmediato en su musa. Éluard comenzó una relación con una modelo del fotógrafo Man Ray y del pintor Pablo Picasso: Maria Benz, Nusch, como él la llamaba, que se convirtió en su esposa en 1934.

Paul Eluard con Maria Benz “Nusch”


Durante la Primera Guerra Mundial, Éluard trabajó como enfermero en el frente; de esa época proviene El deber y la inquietud. 1917 y Poemas para la Paz (1918)
Tras la guerra, con la mediación de su amigo y protector Jean Paulhan, conoció a André Breton, Tristan Tzara y Louis Aragon, a quienes los unía la pasión por las vanguardias políticas y estéticas. Paul Éluard fue durante los años difíciles del movimiento el fiel compañero de Bretón, de todos aquellos que intentaban dar salida entre las terribles presiones exteriores y las angustiosas crisis internas en que se perdían muchos elementos valiosos, como Jacques Prévert, Desnos, el mismo Aragón, Philippe Soupault, Roger Vitrac, Antonin Artaud. Firmó todos los documentos, panfletos, proclamas y manifiestos elaborados primero en “La Revolution surrealiste” y después en el “El surrealismo al servicio de la Revolucion” y en Minotaure. Su labor , por otra parte no demasiado entusiasta de la violencia, fue vista por Bretón de modo lúcido, quien dijo: “La participación de Éluard en la actividad del grupo, por constante que fuera, no dejaba de transparentar alguna reticencia: entre el surrealismo y la poesía, en el sentido tradicional de la expresión, es muy probable que fuera esta última la que se le apareciese como un fin, lo cual –desde el punto de vista surrealista –constituía una gran herejía (no hace falta decir, en efecto, que la estética que nosotros queríamos proscribir, entraba de nuevo plenamente por esta puerta).

Paul Eluard y André Breton

Que las intenciones de Éluard se mantenían al margen de los objetivos del “Manifiesto” se vio claramente en el “ruego que se publique” de su libro “Dessous d`une vie” o “La pirámide humana”, publicado en 1926 en el que se esforzaba por establecer una distinción formal entre el sueño, el texto automático y el poema “como consecuencia de una decisión bien definida”, me pareció en su conjunto ultrarretrógrada y en contradicción formal con el espíritu surrealista”. Evidentemente, esto no desmerece en nada las cualidades sensibles que sirvieron para imponer la personalidad de Éluard.“Una de las principales propiedades de la poesía es la de producir en los hipócritas una mueca que los desenmascara y permite juzgarlos… Porque ella tiende, con sus imágenes extralúcidas, sus imágenes claras como el agua de la montaña, evidentes como el agudo grito de los huevos rojos, a la comprensión perfecta de lo inhabitual y a su utilización contra los estragos de la explotación maligna de la estupidez y de cierta clase de sentido común. Porque ella milita por un nuevo régimen, el de la lógica identificación con la vida, no como una sombra, sino como un astro.
Mi orgullo consiste en no conocer más hombres que los que aman tanto como yo esta poesía específicamente subversiva, color de porvenir.”
En 1926 publica un libro de poemas consagratorio, Capital del dolor.

Algunos miembros del movimiento surrealista

En los años cuarenta, durante la Segunda Guerra Mundial, participa en la resistencia y se afilia al Partido Comunista francés. (Previamente, en los años veinte, ya había estado afiliado) y después de formar parte de la Resistencia en la ocupación nazi de París. Su adhesión al comunismo le llevó a enfrentamientos ideológicos y ruptura con algunos de sus excompañeros literarios del surrealismo, como Antonin Artaud o Robert Desnos, quienes se desvincularon de las ideas comunistas. Incluso Breton, que en principio simpatizó con los comunistas, tuvo discrepancias con Éluard tras continuar este último apoyando a Stalin, algo no compartido por el autor del “Manifiesto Surrealista”. También se distancia de sus compañeros surrealistas, como Breton y Robert Desnos, y escribe Poemas políticos y Poesía y verdad.
Los títulos más destacados de Éluard son “Capital Del Dolor” (1926), “La Inmaculada Concepción” (1930), co-escrito con André Breton, “Curso Natural” (1938) o “Poesía y Verdad (1942).


Dice André Bretón: “Independientemente del profundo deseo de acción revolucionaria que todos teníamos, todos los temas de exaltación característicos del surrealismo convergían en aquel momento en el amor… Los más hermosos poemas de Éluard, Desnos y Basson publicados en aquella época son poemas de amor. Esta concepción del amor, exaltada entre nosotros al máximo poseía una naturaleza capaz de hacer saltar todas las barreras…Lo que no se ha dicho, y que en mi opinión no deja de tener un gran interés, es que si, entonces, los surrealistas, considerados en conjunto, estuvieron de acuerdo teóricamente –y líricamente- en reconocer que en el amor electivo residía el más alto objetivo humano, e incluso era el que trascendía por encima de los demás, algunos de ellos distaban mucho de no desmerecer diariamente de tal idea… (Bretón)
Tras la muerte de Nusch, Éluard vive un período de duelo y abatimiento que concluye cuando conoce a su última pareja, Dominique, con quien se casa en 1951. A ella le dedica su último libro, “El fénix”.. del mismo el poema Nusch.

Paul Eluard y Pablo Picasso en 1937.

Murió a causa de una ataque al corazón el 18 de noviembre de 1952, en Charenton-Le-Pont. Tenía 56 años. Está enterrado en el cementerio de Père-Lachaise de París.

POEMAS

LA DAMA DE ROMBOS

Muy joven abrí mis brazos a la pureza. Sólo fue un palpitar de alas en el cielo de mi eternidad, un palpitar de corazón enamorado que late en los pechos conquistados. Ya no podía caer.
   Amante del amor. En verdad, la luz me ciega. Conservo la suficiente para mirar la noche, toda la noche, todas las noches.
   Todas las vírgenes son distintas. Siempre sueño con una  virgen.
   En la escuela se sienta en un banco delante de mí, con delantal negro. Cuando se vuelve para preguntarme por la solución de un problema, la inocencia de sus ojos me confunde de tal modo que apiadada de mi turbación, me rodea con sus brazos el cuello.
   Fuera de allí me abandona. Sube a un barco. Nos sentimos casi extraños uno a otro, pero es tanta su juventud que su beso no me sorprende.
   O bien, cuando está enferma, guardo su mano entre las mías hasta que llega la muerte, hasta que me despierto.
   Si acudo tanto más rápido a sus citas es porque temo no tener tiempo de llegar antes de que otros pensamientos me arrebaten a mí mismo.
   Cierta vez que el mundo estaba por acabar, lo ignoramos todo de nuestro amor. Ella buscó mis labios con movimientos lentos y acariciadores de la cabeza. Esa noche llegué a creer que la haría retornar al día.
  Y siempre es la misma confesión, la misma juventud, los mismos ojos puros, el mismo ademán ingenuo de sus brazos alrededor de mi cuello, la misma caricia,
La misma revelación
  Pero nunca es la misma mujer.    Las cartas dijeron que la encontraría en la vida aunque sin reconocerla.
  Amante del amor.

SUS OJOS SIEMPRE PUROS

Días de lentitud, días de lluvia,
días de espejos rotos y de agujas perdidas,
días de párpados cerrados al horizonte de los mares,
de horas iguales siempre, días de cautiverio.
Mi alma que brillaba aún sobre las hojas,
mi alma está, como el amor, desnuda.
La aurora que se olvida le hace besar su rostro
y contemplar su cuerpo obediente e inútil.
Pero yo vi los más bellos ojos del mundo,
dioses de plata que tenían zafiros en las manos, dioses completamente, pájaros en la tierra
y en el agua, los vi.
Sus alas son las mías, nada existe
sino su vuelo que sacude mi miseria,
vuelo de estrella y resplandor,
vuelo de tierra y piedra
sobre los ríos de sus alas.
Mi pensar sostenido por la vida y la muerte.

LA DE SIEMPRE, TODA

Si les digo que todo lo dejé
es porque ya no es ella de mi cuerpo,
nunca de eso me jacté,
no es verdad
y la bruma de fondo donde voy
no sabe nunca si he pasado.
Sólo yo puedo hablar
del abanico de su boca y del destello de sus ojos
sólo yo estoy rodeado
por ese espejo nulo donde el aire me cruza
y el aire tiene un rostro, un rostro enamorado,
un rostro amado, el tuyo,
ya ti sin nombre e ignorada por los otros,
el mar te dice: sobre mí, y el cielo; sobre mí,
los astros te adivinan, las nubes te imaginan
y la sangre esparcida en los mejores tiempos,
la sangre de la generosidad
te lleva con delicia.
Yo canto la alegría de cantarte,
y la alegría de tenerte o no tenerte,
el candor de esperarte, la ingenuidad de conocerte,
tú que suprimes el olvido, la espera y la ignorancia,
que suprimes la ausencia y que me das al mundo,
canto para cantar, te amo para cantar
ese misterio donde
tu amor me crea y se libera.
Eres pura, más pura todavía que yo.

LA CURVA DE TUS OJOS

La curva de tus ojos gira en mi corazón.
Una ronda de danza y de dulzura,
aureola del tiempo, niñez nocturna y firme,
y si no sé cuánto he vivido
es que tus ojos no me vieron siempre.
Hojas del día y musgo del rocío,
cañaveral del viento, sonrisas perfumadas,
alas que están cubriendo el mundo con su luz,
barcos cargados con el cielo y con el mar,
cazadores de ruidos, fuentes de los colores.
Perfume amanecido de un enjambre de auroras
que duerme siempre sobre la hierba de los astros,
como de la inocencia el día,
depende el mundo entero de tus ojos tan puros
y mi sangre circula en sus miradas.

LIBERTAD

Sobre mis cuadernos de colegial
Sobre el pupitre y los árboles
Sobre la arena sobre la nieve
Escribo tu nombre

Sobre todas las páginas leídas
Sobre todas las páginas en blanco
Piedra, sangre, papel o ceniza
Escribo tu nombre

Sobre las imágenes doradas
Sobre las armas de los belicosos
Sobre la corona de reyes
Escribo tu nombre

Sobre la selva y el desierto
Sobre los nidos sobre las retamas
Sobre el eco de mi infancia
Escribo tu nombre

Sobre las maravillas de las noches
Sobre el pan blanco de los días
Sobre las temporadas desposadas
Escribo tu nombre

Sobre todos mis trapos de azul
Sobre el estanque sol enmohecido
Sobre el lago luna viva
Escribo tu nombre

Sobre los campos sobre el horizonte
Sobre las alas de los pájaros
Y sobre el molino de las sombras
Escribo tu nombre

Sobre cada soplo de aurora
Sobre el mar en los barcos
Sobre la montaña lunática
Escribo tu nombre

Sobre la espuma de las nubes
Sobre los sudores de la tormenta
Sobre la lluvia gruesa e insípida
Escribo tu nombre

Sobre las formas que centellean
Sobre las campanas de los colores
Sobre la verdad física
Escribo tu nombre

Sobre las sendas despertadas
Sobre las carreteras desplegadas
Sobre los lugares que desbordan
Escribo tu nombre

Sobre la lámpara que se enciende
Sobre la lámpara que se apaga
Sobre mis casas reunidas
Escribo tu nombre

Sobre el fruto cortado en dos
Espejo y mi habitación
Sobre mi cama vacía
Escribo tu nombre

Sobre mi perro codicioso y tierno
Sobre sus orejas elaboradas
Sobre su pierna torpe
Escribo tu nombre

Sobre el trampolín de mi puerta
Sobre los objetos familiares
Sobre el mar del fuego bendito
Escribo tu nombre

Sobre toda carne concedida
Sobre la frente de mis amigos
Sobre cada mano que se tiende
Escribo tu nombre

Sobre el cristal de las sorpresas
Sobre los labios atentos
Bien sobre el silencio
Escribo tu nombre

Sobre mis refugios destruidos
Sobre mis faros aplastados
Sobre las paredes de mi problema
Escribo tu nombre

Sobre la ausencia sin deseos
Sobre la soledad desnuda
Sobre las marchas de la muerte
Escribo tu nombre

Sobre la salud vuelta de nuevo
Sobre el riesgo desaparecido
Sobre la esperanza sin recuerdos
Escribo tu nombre

Y por el poder de una palabra
Reinicio mi vida
Nací para conocerte
Para nombrarte
Libertad

NUSCH

Los sentimientos aparentes.
Ligereza del acercarse.
La cabellera de las caricias.

Sin preocupación, sin sospechas.
Tus ojos se entregan a lo que ven:
Son vistos porque ellos miran.

Confianza de cristal
entre dos espejos.
Tus ojos se pierden en la noche
para añadir el insomnio al deseo.

Versión de Luis A. Can

LA COSTUMBRE

Todas mis amiguitas son jibosas;
Ellas aman a su madre.
Todos mis animales son obligatorios,
Tienen patas de mueble
Y manos de ventana.
El viento se deforma,
Necesita un traje de medida,
Desmesurado.
He aquí por qué
Digo la verdad sin decirla.
De “Mourir de ne pas mourir”

Versión de Aldo Pellegrini

En abril de 1944, Paris todavía respiraba

Descendíamos hacia el río fiel: ni su ola ni nuestros ojos habían
                                                                                 abandonado a París.
No pequeña ciudad, sino ciudad infantil y maternal.
Ciudad que todo lo atraviesa, como un sendero de verano,
lleno de flores y de pájaros, como un beso profundo, lleno también
de niños sonrientes, y de madres frágiles.
No una ciudad en ruinas, sino una ciudad compleja, marcada por
                                                                                           su desnudez.

Ciudad entre nuestras muñecas como una atadura rota, entre nuestros
ojos como un ojo ya visto, ciudad repetida indefinidamente como un
                                                                                                        poema.
Ciudad siempre semejante a sí misma.
Vieja ciudad… Entre la ciudad y el hombre no había ni siquiera el espesor
                                                                                                    de un muro.
Ciudad de la transparencia, ciudad inocente.

Entre el hombre abandonado y la ciudad desierta, había más que
                                                                                                    el espesor de un espejo.
Sólo había una ciudad que presentaba los colores del hombre, tierra
                                                                                                 y carne, sangre y savia.

El día que juguetea en el agua, la noche que muere sobre la tierra.
El ritmo del aire puro es más fuerte que la guerra.
Ciudad con la mano tendida, y, entonces, todo mundo  ríe y todo mundo
                                                                                           goza. Ciudad ejemplar.

Nadie pudo saltar los puentes que nos conducían al sueño y del sueño
                                       a nuestros sueños y de nuestros sueños a la eternidad.
Ciudad perdurable, donde viví un día nuestra  victoria sobre la muerte.

Te amo
Te amo por todas las mujeres que no he conocido.
Te amo por todos los tiempos que no he vivido.
Por el olor del mar inmenso y el olor del pan caliente.
Por la nieve que se funde por las primeras flores.
Por los animales puros que el hombre no persigue.
Te amo por amar.
Te amo por todas las mujeres que no amo.
Quién me refleja sino tú misma me veo tan poco
sin ti no veo más que una planicie desierta.
Entre antes y ahora
están todas estas muertes que he sorteado sobre paja.
No he podido atravesar el muro de mi espejo.
Tuve que aprender la vida como se olvida
palabra por palabra
Te amo por tu sabiduría que no me pertenece.
Te amo contra todo lo que no es más que ilusión.
Por el corazón inmortal que no poseo
crees ser la duda y no eres sino razón.
Eres el sol que me sube a la cabeza
cuando estoy seguro de mí.

La Muerte, El Amor, La Vida

Creí que me rompería lo inmenso lo profundo
Con mi pena desnuda sin contacto sin eco
Me tendí en mi prisión de puertas vírgenes
Como un muerto sensato que había sabido morir
Un muerto coronado sólo de su nada
Me tendí sobre las olas absurdas del verano
Absorbido por amor a la ceniza
La soledad me pareció más viva que la sangre

Quería desunir la vida
Quería compartir la muerte con la muerte
Entregar mi corazón vacío a la vida
Borrarlo todo que no hubiera ni vidrio ni vaho
Nada delante nada detrás nada entero
Había eliminado el hielo de las manos juntas
Había eliminado la osamenta invernal
Del voto de vivir que se anula.
Tú viniste y se reanimó el fuego
Cedió la sombra el frío aquí abajo se llenó de estrellas
Y se cubrió la tierra
De tu carne clara y me sentí ligero
Viniste la soledad fue vencida
Tuve una guía sobre la tierra y supe
Dirigirme me sabía sin medida
Adelantaba ganaba tierra y espacio

Iba hacia iba sin fin hacia la luz
La vida tenía un cuerpo la esperanza tendía sus velas
Promisora de miradas confiadas para el alba
De la noche surgía una cascada se sueños

Los rayos de tus brazos entreabrían la niebla
El primer rocío humedecía tu boca
Deslumbrando reposo remplazaba el cansancio
Yo amaba el amor como en mis primeros días

Los campos están labrados las fábricas resplandecen
Y el trigo hace su nido en una enorme marea
Las mieses la vendimia tienen muchos testigos
Nada es singular ni simple
El mar está en los ojos del cielo o de la noche
El bosque da a los árboles seguridad
Y los muros de las casas tienen una piel común
Los caminos siempre se encuentran

Los hombres están hechos para entenderse
Para comprenderse para amarse
Tienen hijos que serán padres de los hombres
Tienen hijos sin fuego ni lugar
Que inventarán de nuevo a los hombres
Y la naturaleza y su patria
La de todos los hombres
La de todos los tiempos

No más compartir

Es la tarde de la locura, desnudo y limpio,
El espacio entre las cosas tiene la forma de mis palabras
La forma de las palabras de un desconocido,
De un vagabundo que desnuda su garganta
Y lacea los ecos.
Entre árboles y barreras,
Entre muros y mandíbulas,
Entre este gran pájaro tembloroso
Y la colina que le aplasta,
El espacio tiene la forma de mis miradas.
Mis ojos son inútiles,
El reino del polvo se ha acabado,
La cabellera del camino se ha puesto su rígido manto,
Ella no huye ya, yo no me muevo,
Todos los puentes están cortados, el cielo no pasará
Puedo dejar de vigilar.
El mundo se desprende de mi universo
Y, en el punto álgido de las batallas,
Cuando el tiempo de la sangre se marchita en mi cerebro,
Distingo la luz de esa claridad de hombre
Que es la mía,
Distingo el vértigo de la libertad,
La muerte del delirio,
El sueño del desvarío.
¡Oh reflejos míos! ¡Oh mis reflejos sangrientos!
 

LA VICTORIA DE GUERNICA, PAUL ÉLUARD


I
Bello mundo de miserias
De la noche y los campos
 
II
Rostros benignos en llamas rostros benignos en el fondo
Que rechazan la noche las injurias y los golpes
 
III
Rostros benignos para todo
He aquí el vacío que los fija
Su muerte servirá de ejemplo
 
IV
La muerte corazón derrumbado
 
V
Ellos los harán pagar el pan
El cielo la tierra el agua el sueño
Y la miseria
De su vida
 
VI
Ellos dijeron anhelar la benigna inteligencia
Ellos restringieron a los fuertes juzgaron a los locos
Practicaron la caridad partían un centavo en dos
Ellos saludaban a los cadáveres
Ellos derrochaban amabilidad
 
VII
Ellos persisten ellos se exceden ellos no son de nuestro mundo
 
VIII
Las mujeres los niños tienen el mismo tesoro
De hojas verdes de primaveras de leche pura
Intacto
En sus limpios ojos
 
IX
Las mujeres los niños tienen el mismo tesoro
En los ojos
Los hombres lo defienden como pueden
 
X
Las mujeres los niños tienen las mismas rosas rojas
En los ojos
Cada uno muestra su sangre
 
XI
El miedo y el coraje de vivir y de morir
La muerte tan difícil y tan fácil
 
XII
Hombres para quienes este tesoro fue cantado
Hombres para quienes este tesoro fue arruinado
 
XIII
Hombres reales por quienes la desesperanza
Alimenta el fuego devorador de la esperanza
Abramos juntos el último botón del porvenir
 
XIV
Parias la muerte la tierra y el horror
De nuestros enemigos tiene el color
Monótono de nuestra noche
Nosotros tendremos razón

(Traducción de Gabriela Astorga e Iván Cruz)

GUERNICA

Comentario para el film de Resnais, hecho a partir del cuadro de Picasso.
Guernica. Es una pequeña ciudad de Vizcaya, capital tradicional del País Vasco. Es allí donde se alzaba el Roble, símbolo sagrado de las tradiciones y de las libertades vascas. Guernica tiene sólo una importancia histórica y sentimental.
El 26 de abril de 1937, día de mercado, a primeras horas de la tarde, los aviones alemanes al servicio de Franco bombardearon Guernica durante tres horas y media, mediante varias escuadrillas que se iban relevando por turno. La ciudad fue incendiada y arrasada por completo. Hubo dos mil muertos, todos civiles. Este bombardeo tenía por finalidad experimentar los efectos combinados de las bombas explosivas y de las bombas incendiarias sobre una población civil.
Rostros resistentes al fuego, rostros resistentes al frío,
A las repulsas, a la noche, a las injurias, a los golpes,
Rostros resistentes a todo
Aquí está el vacío que os fija
Pobres rostros sacrificados
Vuestra muerte va a servir de ejemplo
La muerte con asombro en el corazón
Os han hecho pagar el pan
De vuestra vida
Os han hecho pagar el cielo, la tierra, el agua, el sueño
E incluso la miseria profunda
Amables actores, actores tan tristes pero tan dulces
Actores de un drama perpetuo
No habíais pensado en la muerte
El miedo y el valor de vivir y de morir
La muerte tan difícil y tan fácil

Las gentes de Guernica son gentes humildes. Viven en su ciudad desde hace mucho tiempo. Su vida se compone de una gota de riqueza y de una oleada de miseria. Quieren a sus hijos. Su vida se compone de infinidad de pequeñas alegrías y de una preocupación muy grande: la del mañana. Mañana, hay que comer y mañana hay que vivir. Hoy, se aguarda. Hoy, se trabaja.
Lo hemos leído todo bebiendo nuestro café: en algún lugar de Europa una legión de asesinos aplasta el hormiguero humano. Cuesta representarse a un niño reventado, una mujer decapitada, un hombre vomitando toda su sangre de golpe. España está lejos, está en nuestras fronteras. Una vez bebido el café hay que ir al trabajo. No hay tiempo para imaginar que algo sucede en otra parte. Y ahogamos nuestros remordimientos.
Mañana llegará la hora de sufrir el dolor y el miedo y la muerte.
Pero será demasiado tarde para abolir el crimen.
Las balas de las ametralladoras rematan a los moribundos
Las balas de las ametralladoras rematan a los moribundos.
Las balas de las ametralladoras juegan con los niños.
Mejor que el viento.
Por el hierro y por el fuego
Se aplasta al hombre como una mina
Se hunde como un puerto sin buques
Se hunde como un hogar sin fuego.
Las mujeres y los niños poseen el mismo tesoro
De hojas verdes de primavera y de leche pura
Y de duración
En sus ojos puros
Las mujeres y los niños poseen el mismo tesoro
En sus ojos
Los hombres lo defienden como pueden
Las mujeres, los niños, tienen las mismas rosas rojas
En sus ojos
Cada uno muestra su sangre
¡Pensar que tantos de nosotros temieron la tormenta!
Hoy está establecido que la tormenta era la vida
Pensar que tantos de nosotros tenían miedo de los relámpagos miedo del trueno
Que ingenuos éramos, el trueno es un ángel, los relámpagos son sus alas
Y no habíamos bajado nunca a lo profundo
Para no ver el horror de la naturaleza ardiendo
Hoy es el fin del mundo nuestro
Cada cual muestra su sangre
Definitivamente
Los niños adoptan un aire ausente
Y vamos a ser reducidos
A nuestra mínima expresión
Pensar que hubo lágrimas de placer
Y el hombre abría sus brazos a su mujer enamorada
Los niños consolados sollozaban riéndose
Los ojos de los muertos tienen la densidad del terror
Los ojos de los muertos tienen la delgadez de las tierras áridas
Las víctimas han bebido sus lágrimas
Como un veneno.
Pertrechados con casco, botas, correctos y buenos mozos, los aviadores sueltan sus bombas con aplicación.
En tierra se produce la catástrofe. El más grande de los filósofos dedicados al bien tiene que mirar dos veces antes de sacar de eso un sistema. Y es que, con el presente, son el pasado y el futuro los que se dispersan, una serie entera la que se rompe, que se consume, en un cráter. Es el recuerdo de la vida al que soplan apagándolo, como una vela.
Sobre los hombros, sangre, sobre la bestia, sangre
Una vendimia repugnante y más hedionda
Que los mismos verdugos, sin embargo, puros y limpios
Todos los ojos se revientan, todos los corazones se apagan
La tierra está fría como un muerto.

Ponéos a detener a un animal que huele la muerte. Ponéos pues a explicar a una madre la muerte de su hijo. Ponéos a inspirar confianza entre las llamas. ¿Cómo hacer entender que los grandes de este mundo tienen a los niños por enemigos y que atacan a una cuna como a una máquina de guerra? No hay más que una noche, es la de la guerra, hermana mayor de la miseria e hija de la muerte repugnante, enloquecedora.
Hombres por quienes este tesoro fue contado
Hombres por quienes este tesoro fue gastado

Pensad en la agonía de vuestra madre, de vuestros hermanos, de vuestros hijos, pensad en esta lucha que acaba con la vida, en la agonía de vuestros amores. Defendéos de los asesinos. Un niño, un anciano, se han arrancado el vientre por enorme horror de la vida en duelo con sí misma. Experimentan, de un solo golpe, para terminar de este modo, el absurdo de querer vivir.
Todo se torna barro, el sol ennegrece
Monumentos de angustia
Hermoso mundo de casuchas
De la mina y los campos
Hermanos míos hénos aquí transformados en carroñas
En esqueletos quebrados
La tierra gira en vuestras órbitas
Sois un desierto podrido
Y la muerte ha roto el equilibrio del tiempo.
Sois los sujetos de gusanos y cuervos.
Y fuiste sin embargo nuestra estremecida esperanza.

Bajo la madera del roble de Guernica, ha vuelto un hombre, que llevaba en sus brazos un cabrito balante y, en su corazón, una paloma. Canta para todos los demás hombres el canto puro de la rebelión que dice gracias al amor y dice no a la opresión. Las promesas ingenuas son las más sublimes. Dice que Guernica como Oradur y como Hiroshima son las capitales de la paz viviente. Su aniquilamiento deja oír una protesta más fuerte que el mismo terror.
Un hombre canta, un hombre espera. Y los aberrojos de sus dolores se alejan por el azul endurecido. Y las abejas de sus canciones han hecho sin embargo su miel en el corazón de los hombres.
¡Guernica! La inocencia vencerá al crimen.
¡Guernica!…

Te recomendamos ver el programa de televisión.

PRÓXIMO NÚMERO