113. Poesía más Poesía: René Char

RENÉ CHAR

BIOGRAFÍA

René Émile Char nace el 14 de junio de 1907 en L’Isle-sur-Sorgue, en Provenza (Francia), era el menor de cuatro hijos de Emile Char, casado en segundas nupcias con Marie-Thérèse Rouget. Su padre era alcalde y director gerente de la yesería de Vaucluse. Pasó su infancia en Névons, la sustancial casa familiar donde también viven sus abuelos. En 1913 entra en la escuela y en 1917 es mordido por un perro rabioso siendo uno de los primeros en recibir la vacuna que acababa de inventar Pasteur. Su padre muere en 1918 de un cáncer de pulmón, dejando a la familia en unas condiciones económicas precarias.

En 1921 se hace amigo de Louis Courelle que era miembro del partido comunista que aparecerá en sus poemas como Augusto Abundancia. Char mide 192 cms y juega apasionadamente al rugby. Estudiará como interno en la escuela de Avignon, abandonándola en 1923 porque un profesor se burla de sus versos. Se marcha a Túnez. En 1925 estudia en L’École de Commerce de Marseille, donde lee Plutarco, François Villon, Racine, los románticos alemanes, Alfred de Vigny, Gérard de Nerval y Charles Baudelaire. Después de trabajar brevemente en Cavaillon, en 1927 realiza su servicio militar en la artillería en Nimes .

La lectura de Capital del dolor del poeta Paul Éluard despierta su vocación poética. En 1928 Char publica su primer libro, Las campanas sobre el corazón que recopila sus poemas escritos entre 1922 y 1926, pero que destruirá poco después. En otoño de 1929, Éluard, impresionado por la obra que le ha remitido Char, se desplaza a L’Isle-sur-Sorgue para conocerlo y traban una firme amistad; a finales de noviembre es Char quien viaja a París, donde conoce a André Breton, René Crevel, Georges Sadoul y a otros miembros del grupo surrealista, en el mismo momento que Desnos, Prévert y Queneau lo abandonan. Su “Profession de foi du sujet” fue publicada en diciembre en el duodécimo número de La Révolution surréaliste.

El 14 de febrero de 1930, los surrealistas saquean el Bar “Maldoror” en París, durante una pelea en la que Char es apuñalado en la ingle. Luego comparte con Éluard una vida libre y lujosa, y juntos conocen en mayo de 1930 a “Nush” (María Benz), una modelo que se va a vivir con ellos y se casa con Éluard en 1934. En julio de 1930, Aragón, Bretón, Char y Éluard fundan la revista Le Surrealism al servicio de la revolución. Char regresa regularmente a la Provenza y pasa el verano cerca de Cannes, y con Nusch y Éluard se embarca a Marsella, deteniéndose en Barcelona para alojarse en Cadaqués con Salvador Dalí y Gala.

En 1931, Char firma unos folletos surrealistas sobre la película La Edad de Oro, dirigida por Dalí y Buñuel, donde ataca las ligas de derecha y la situación política en España. Junto con varios amigos escritores (Louis Aragon, André Breton, Paul Eluard, etc.), ataca la Exposición Colonial de 1931, que describen como un “carnaval de esqueletos”.

Se casa con Georgette Goldstein en París en octubre de 1932, teniendo a Éluar como uno de los testigos. En enero de 1933, Char se queda brevemente en Berlín con Éluard y firma un folleto antifascista en marzo. De junio a octubre de 1933 la pareja se muda a Saumane.

Apenas viajó a lo largo de su vida, casi la totalidad de su vida se desarrolla entre Provenza y París, aunque hay algunos trayectos a Túnez en su adolescencia, a la España republicana a comienzo de los años 30, a Alemania, Suiza, Holanda y Argelia, donde viajó como dirigente de la Resistencia.

A lo largo de su carrera, el trabajo de Char aparece menudo con obras de arte de figuras notables, como Kandinsky , Picasso , Braque , Miró , Matisse y Vieira da Silva .

En 1934 publica El martillo sin dueño, de estilo surrealista y rico en imágenes exuberantes. Varios poemas incluidos en este volumen fueron musicados más tarde por Pierre Bouleze interpretados por primera vez en 1955.

En febrero de 1938 Char propone a Christian Zervos sus primeros escritos sobre los pintores, Corot y Courbet. Ese mismo año, se enamora de Greta Knutson, una pasión que dura hasta 1944, una pintora de origen sueco, ocho años mayor que él, que se separó de su marido Tristan Tzara el año anterior, y pasa el mes de agosto con ella en el Luberon en Maubec, donde comienza a escribir poemas impregnado de su presencia. Junto a ella descubre el Romanticismo alemán, y particularmente Hölderlin, así como la filosofía de Heidegger.

René Char y Albert Camus en L`Isle-sur-la-Sorgue en septiembre de 1949.

En lo sucesivo Char se aleja de los surrealistas y publica varios volúmenes de gran importancia, entre los que destaca A fuera la noche es gobernada (1938). “El surrealismo murió de la estúpida intolerancia de sus seguidores”.

En 1939, tras la invasión de Polonia por Hitler, es destinado a un regimiento de artillería en Alsacia. Tras quedar libre del servicio en 1940 se une a la Resistencia y destaca como capitán de maquís, se hará llamar capitán Alexandre. Allí aprende, según él mismo dice, “a amar ferozmente a sus semejantes”. Se niega a publicar nada durante la Ocupación, pero durante ella escribe las “Las hojas de Hipnos” (1943-1944), poemas en prosa que tratan sobre la resistencia. Se publican en 1946 y fueron un gran éxito.

En 1948 publica Furor y misterio, una de las cimas de la poesía europea, testimonio de guerra. El poeta reaparece como el gran poeta de la Resistencia.

El período de posguerra deja a Char profundamente pesimista sobre la situación política francesa e internacional y esa visión le acompañará hasta el final de su vida. El 9 de julio de 1949, se divorcia de Georgette Goldstein. De 1957 a 1987, René Char vive una gran historia de amor con la antropóloga Tina Jolas.

Durante las décadas de 1950 y 1960, a pesar de breves e infelices experiencias en el teatro y el cine, Char alcanza la plena madurez como poeta. En la década de 1960, se une a la batalla contra el estacionamiento de armas atómicas en Provenza . 

El poeta no retiene lo que descubre: una vez transcrito, lo pierde enseguida. En eso residen su novedad, su infinito y su peligro- escribió Char en La biblioteca está en llamas. Donde radica la originalidad y la fuerza de su poesía en su configuración estilística, la tendencia a la concisión, al aforismo y a las formas breves que exigen una enorme concentración expresiva 

Rene Char y Maritn Heiddeger

En 1955 conoce a Martin Heidegger, pensador sobre el que en 1966, 1968, y 1969 se celebran diversos seminarios en Thor, cerca de la localidad natal de René Char.

El diálogo creador con los grandes artistas plásticos, Henri Matisse, María Helena Vieira da Silva, Pablo Picasso, Zao Wu-Ki, resulta intenso en estos años. Su poesía va tomando cuerpo en volúmenes fundamentales: Indagación en la base y de la cima en 1955, La palabra en archipiélago en 1962, Tres disparos bajo los árboles en 1967, El desnudo perdido en 1971, Aromas cazadores en 1975, Cantos de la Balandrane en 1977, Ventanas durmientes y puerta que da al tejado en 1979.

El también escritor Maurice Blanchot señaló en cierta ocasión que la obra de Char es “una revelación poética. Su mundo es el mundo de la tierra, los árboles, los arroyos, los animales y la naturaleza, el incesante movimiento de aquello que, entre la creación y la muerte, es también una metáfora para expresar el futuro y aceptar la inminencia de la muerte, un rico lirismo que transmite las severas lecciones del moralista sobre los objetivos del ser humano”.

René Char y Pablo Ruiz Picasso.

René Char es un poeta difícil, conciso hasta lo hermético; se caracteriza por pequeñas o minúsculas composiciones en verso o en prosa, que a menudo podrían definirse como criptogramas líricos muy sugestivos, breves y austeros informes de pequeñas experiencias

La poesía, insólita y quinto elemento, siembra sus planetas en el cielo interior del hombre, escribió Char.

Otras obras importantes son El sol de las aguas (1951), Búsqueda de la base y de la cima (1955), Común Presencia (1964), Vuelta atrás (1966) y La noche talismánica (1972).

En 1978, después de una grave dolencia cardíaca, se instala definitivamente en su casa de Les Busclats de L’Isle-sur-Sorgue. En 1983 se convierte en el primer poeta vivo que ve publicadas sus obras completas en la prestigiosa Bibliothèque de la Pléiade.

MI HOJA VINOSA
Las palabras que han de surgir saben de nosotros lo que nosotros ignoramos de ellas. En un instante seremos el equipaje de una flota integrada por unidades indóciles, y su almirante, en el vendaval. Luego el altamar la tomará nuevamente, dejándonos con nuestros torrentes y nuestros alambres cubiertos de escarcha.

“La poesía ha procedido de la misma manera que el hombre de la prehistoria, quien se apasionó por el fuego en el que vio un beneficio y no un peligro”, le dijo René Char, en una entrevista de 1980, a la novelista France Huser.

Sobre el Premio Nobel diría “no me veo soltando un discurso delante de un rey, aunque me hubieran venido bien los 25 millones”. “Todavía tengo los pies mojados de surrealismo y en el surrealismo no se aceptaban premios”.

Lo buscaron, quisieron y admiraron algunos de los mayores creadores entre sus contemporáneos: Georges Braque, Albert Camus, Alberto Guiacometti, Nicolas de Staël o Martin Heidegger.

“Para mí uno poema no es bello, curioso, original o lo que se te ocurra. ES una cima de mí mismo. Algo duro, que no tiene necesidad de ser apreciado, admirado o saboreado. Lo que hace falta es que al leerlo, descienda dentro de ti.”

Fue nombrado Caballero de la Legión de Honor y Oficial de las Artes y las Letras. Recibió la Medalla de la Resistencia y la Cruz de Guerra.

René Char fallece en París el 19 de febrero de 1988.

POEMAS

DE FUROR Y MISTERIO (1938-1947)


LA ILUMINACIÓN DEL PENAL

Tu noche la quise tan corta que tu madrastra taciturna fue anciana antes de haber concebido los poderes correspondientes.

Soñé con ser a tu lado ese fugitivo armonioso de persona apenas indicada, con beneficio originado por carretera triste y por angélica. Nadie se atreve a retrasarlo.

La luz, de repente, se ha agolpado. Tras perder a todos los muertos que amaba, despido a esa perra la rosa, último ser vivo, verano distraído.

Soy el excluido y el colmado. Remátame, belleza planeadora, ebrios párpados mal cerrados. Cada herida saca a la ventana sus ojos de fénix despierto. La satisfacción de resolver canta y gime en el oro de la pared.

Todavía no es más que el viento del yugo.

Del libro LOS QUE PERMANECEN (1938-1944)

CANTO DEL RECHAZO

Comienzo del partisano

El poeta ha regresado a la nada del padre, será por largo tiempo. NO lo llaméis, vosotros que lo amáis. Si os parece que el ala de la golondrina se ha quedado sin espejo sobre la tierra, olvidad esa dicha. El que panificaba el sufrimiento ha dejado de ser visible en su letargo enrojecido.
¡Hagan la belleza y la verdad que muchos estéis presentes cuando las salvas de la liberación!

Del libro LOS QUE PERMANECEN (1938-1944)

PLEGAMIENTO

Cuán puro era, hermano mío, el testaferro de tu fracaso -oyendo estoy tus sollozos, tus imprecaciones. ¡Ay, vida transcrita de la vasta sal materna! El hombre de los dientes de hurón abrevaba su cenit en la tierra de las bodegas, el hombre con tez de traidor tumefacía por todas partes la bienamada belleza. Vieja sangre encorvada, gobernadora mía, hasta el terror hemos acechado el deshielo lunar de la náusea. Nos hemos atontado con paciencia salvaje; entretanto una lámpara que no conocíamos, que nos era inaccesible, mantenía despiertos el valor y el silencio.
Hacia su frontera, vida humillada, me dirijo ahora con el paso que prestan las certidumbres, consciente de que la verdad no precede necesariamente a la acción. Loca hermana de mi frase, sellada amante mía, te salvo de una mansión de escombros.
El sable bubónico cae de las manos del Monstruo cuando acaba el éxodo del tiempo de expresarse.

Del libro LOS QUE PERMANECEN (1938-1944)

LA LIBERTAD

Vino por esta línea blanca que puede significar la salida del alba
o la palmatoria del crepúsculo.
Pasó los arenales maquinales; pasó las cimas destripadas.
Fin de la renunciación de rostro cobarde, la santidad de la mentira, el alcohol del verdugo.
Su verbo no fue un ciego ariete sino la tela donde se inscribió mi aliento.
Detrás de la ausencia, con pasos que no la extraviaron, cisne sobre la herida, vino por esta línea blanca.

Del libro LOS QUE PERMANECEN (1938-1944)

POST-SCRIPTUM

Apartaos de mí, que paciente y sin boca me consumo en la espera;
A vuestros pies nací, pero me habéis perdido;
Mis fuegos necesitaron en exceso un reino propio;
Mi tesoro naufragó contra vuestro tajo.

El desierto, asilo para la única ascua suave,
No me ha nombrado nunca, no me ha devuelto nunca.

Apartaos de mí, que paciente y sin boca me consumo en la espera:
El trébol de la pasión es de hierro en mi mano.

En el estupor del aire donde se abren mis avenidas,
El tiempo podará poco a poco mi rostro
Como un caballo eterno, en la labor amargo.

Del libro LOS QUE PERMANECEN (1938-1944)

DEL LIBRO HOJAS DE HIPNOS (1943-1944)

2
No te demores en el curso de los resultados.
6
El esfuerzo del poeta se encamina a transformar viejos enemigos en leales adversarios, y todo mañana fértil depende del éxito de tal proyecto, sobre todo allí donde se abalanza, se enlaza, declina, es diezmada toda la gama de velas donde el viento de los continentes entrega su corazón al viento de los abismos.
8
Hay seres razonables que pierden hasta la noción de la duración probable de su vida, y su equilibrio cotidiano, cuando el ímpetu de propiedad hace que se les derrumbe el instinto de conservación. Se vuelven hostiles a los estremecimientos de la atmósfera y se someten sin trabas a las instancias de la mentira y el mal. Bajo una granizada maléfica se desmorona su miserable condición.
16
Me convenzo fácilmente, después de dos pruebas concluyentes, de que el ladrón que se introdujo entre nosotros sin que nos diéramos cuenta es irrecuperable. Rufián (y alardea de ello), maligno como una sabandija, flaquea ante el enemigo, chapoteando en la reseña del horror como puerco en el cieno. No se puede esperar nada, a no ser los disgustos más graves, de este parásito que va a la suya. Por añadidura, capaz de introducir aquí un sucio fluido.
Lo haré yo mismo.
19
El poeta no puede permanecer mucho tiempo en la estratosfera del Verbo. Debe acurrucarse en lágrimas nuevas y avanzar hacia adelante en su formación.
22
A LOS PRUDENTES: Nieva sobre el maquis, perpetuamente nos dan caza. Vosotros cuya casa no llora, con el amor aplastado por la avaricia, en la sucesión de las jornadas cálidas: la lumbre que os calienta no es sino una enfermera. Vuestro cáncer ha hablado. El país natal ya no tiene poderes.
26
El tiempo ya no está secundado por los relojes, cuyas agujas se entredevoran hoy sobre la esfera humana. El tiempo es atascadero, y el hombre se volverá esperma de atascadero.
30
Archiduc me confía que descubrió su verdad al unirse a la Resistencia. Hasta entonces era un actor de su vida, levantisco y desconfiado. La insinceridad lo envenenaba. Una acedía estéril, poco a poco, lo recubría. Hoy ama, se entrega, se compromete, camina desnudo, provoca. Aprecio mucho a este alquimista.
32
Un hombre sin defectos es una montaña sin grietas. No me interesa.
(Regla del zahorí y del inquieto).
35
Seréis una parte del sabor del futuro.
37
Revolución y contrarrevolución se disfrazan para volver a enfrentarse.
¡Franqueza que dura poco! Al combate delas águilas les sucede el combate de los pulpos. El genio humano, que cree haber descubierto las verdades formales, ahorma las verdades que matan como verdades que autorizan a matar. ¡Alarde de los grandes inspirados a redropelo en el frente del universo acorazado y jadeante! Mientras las neurosis colectivas se acusan en el ojo de los mitos y los símbolos, el hombre psíquico da suplicio a la vida sin que parezca costarle ni un remordimiento. La flor trazada, la flor repelente, gira sus pétalos negros en la carne loca del sol. ¿Dónde está, fuente? ¿Dónde, medicina? Economía, ¿cambiarás por fin?
39
Nos hallamos desgarrados entre la avidez de conocer y el desespero de haber conocido. El aguijón no renuncia a su escozor, ni nosotros a nuestra esperanza.
46
Virgen el acto, incluso cuando se repite.
83
El poeta, conservador de los infinitos rostros de lo viviente.
104
Sólo los ojos son todavía capaces de emitir un grito.
156
Acumula, y luego distribuye. Sé la parte del espejo del universo más densa, más útil y menos aparente.
158
En el presidio vulgar de los ladrones y los asesinos descubrimos, al evocarlas, alas adaptables, sonrisas sin rencor. El Hombre-con-el-puño-de-cáncer, el gran Homicida interno ha innovado a favor nuestro.
168
Resistencia no es sino esperanza. Como la luna de Hipnos, llena esta noche con todos sus gajos, mañana visión abierta al tránsito de los poemas.
180
Es la hora en que las ventanas se escapan de las casas para ir a encenderse al extremo del mundo donde va a despuntar nuestro mundo.
208
El hombre que no ve más que una fuente no conoce más que una tormenta. En él son contrariadas muchas posibilidades.

DE EL POEMA PULVERIZADO (1945-1947)

ARGUMENTO

¿Cómo vivir sin algo desconocido ante nosotros?
Los hombres de hoy quieren un poema a imagen de su vida, hecha con tan pocas atenciones, con tan escaso espacio, y abrasada por la intolerancia.
Porque ya no les está permitido actuar de modo supremo, en esa fatal preocupación por destruirse por medio de sus semejantes, porque su inerte riqueza los frena y los encadena, los hombres de hoy, debilitado el instinto, pierden, aunque se conserven vivos, hasta el polvo de sus nombres.
Nacido de la llamada del devenir y de la angustia de la retención, el poema, elevándose desde su pozo de barro y estrellas, dará testimonio casi en silencio de que no había nada en él que no existiera verdaderamente en otra parte, en ese rebelde y solitario mundo de las contradicciones.

Del libro EL POEMA PULVERIZADO (1945-1947)

HIMNO EN VOZ BAJA

La Hélade es la orilla desplegada de un mar genial desde donde se abalanzaron hacia la aurora el aliento del saber y el magnetismo de la inteligencia, preñando con igual fertilidad poderes que parecieron perpetuos. Es también, más allá un mapamundi de extrañas montañas: una cordillera de volcanes sonríe a la magia de los héroes, a la ternura serpentina de las diosas, guía el vuelo nupcial del hombre, por fin libre para saberse pájaro y perecer como tal; es la respuesta a todo, incluso al deterioro del nacimiento, incluso a los recodos del laberinto. Pero este suelo macizo hecho del diamante de la luz y la nieve, esta tierra imputrescible bajo los pies de su pueblo -victorioso sobre la muerte pero mortal por evidencia de pureza-, una razón extranjera intenta castigar su perfección, pretende ahogar el balbuceo de sus espigas.
Oh Grecia, espejo y cuerpo tres veces mártires, imaginarte es restablecerte. Tus sanadores se hallan entre tu pueblo, y tu salud en tu derecho. A tu sangre incalculable llamo, el único ser viviente para quien la libertad ha dejado de ser enfermiza, que me rompe la boca: ella con el silencio y yo con el grito.

Del libro EL POEMA PULVERIZADO (1945-1947)

HABITO UN DOLOR

No dejes el cuidado de gobernar tu corazón a esos raptos de ternura parientes del otoño, cuyo aspecto plácido y afable agonía adoptan. Precoz es el ojo para entrecerrarse. El sufrimiento sabe pocas palabras. Tú has de preferir acostarte sin carga: soñarás con el mañana y tu lecho te resultará ligero. Soñarás que tu casa no tiene cristales. Estás impaciente por unirte al viento, el viento que recorre un año en una sola noche. Otros cantarán la incorporación melodiosa, las carnes ya sólo personifican la hechicería del reloj de arena. Tú condenarás la gratitud que se repite. Más tarde, te identificarán con algún gigante disgregado, señor de lo imposible.
Y no obstante…
No has hecho más que aumentar el peso de tu noche. Has regresado a la pesca en las murallas, a la canícula sin verano. Estás furioso contra tu amor en el centro de una armonía que enloquece. Piensa en la casa perfecta que nunca verás ascender. ¿Para cuándo la cosecha del abismo? Pero le has reventado los ojos al león. Te parece ver cómo pasa la belleza por encima del espliego negro…
¿Qué te ha izado, una vez más, un poco más alto, sin convencerte?
No hay asiento puro.

Del libro EL POEMA PULVERIZADO (1945-1947)

JACQUEMARD Y JULIA

Antaño la hierba, a la hora en que los caminos de la tierra se reconciliaban en su ocaso, elevaba suavemente sus briznas y encendía sus claridades. Los caballeros del día nacían con la mirada de su amor y los castillos de sus bienamadas tenían tantas ventanas como tormentas leves lleva el abismo.
Antaño la hierba sabía mil divisas que no se contradecían. Era la providencia de los rostros bañados en lágrimas. Hechizaba a los animales, daba asilo al error. Su extensión era comparable al cielo que ha vencido el miedo del tiempo y adelgazado el dolor.
Antaño la hierba era buena con los locos y hostil hacia el verdugo. SE casaba con el umbral de siempre. Los juegos que inventaba tenían alas en la sonrisa (juegos absueltos e igualmente fugitivos). No era dura con ninguno de los que al perder el camino desean perderlo para siempre.
Antaño la hierba había establecido que la noche vale menos que su poder, que las fuentes no complican a placer su recorrido, que la semilla que se postra ya está a medias dentro del pico del pájaro. Antaño tierra y cielo se odiaban pero tierra y cielo vivían.
Transcurre la inextinguible sequía. El hombre es un extraño para la aurora. No obstante, persiguiendo a la vida que aún no puede ser imaginada, hay voluntades que se estremecen, murmullos que van a afrontarse y niños sanos y salvos que descubren.

Del libro EL POEMA PULVERIZADO (1945-1947)

FASTOS

El verano cantaba sobre su roca preferida cuando apareciste ante mí, el verano cantaba apartado de nosotros que éramos silencio, simpatía, libertad trsite, mar aún más que el mar cuya larga pala azul jugaba a nuestros pies.
El verano cantaba y tu corazón nadaba lejos de él. Yo besaba tu valentía, oía tu desasosiego. Senda por el absoluto de las olas hacia esos altos picos de espuma por donde cruzan virtudes asesinas para las manos que transportan nuestras casas. No éramos crédulos. Nos agasajaban.
Pasaron los años. Las tormentas murieron. El mundo se fue. Me dolía sentir que tu corazón justamente ya no me percibía. Te amaba. En mi ausencia de rostro y mi vacío de felicidad. Te amaba, cambiante en todo, fiel a ti.

De el libro EL MANANTIAL NARRATIVO (1947)

¡HICISTE BIEN EN MARCHARTE, ARTHUR RIMBAUD!

¡Hiciste bien en marcharte, Arthur Rimbaud! Tus dieciocho años refractarios a la amistad, a la malevolencia, a la tontería de los poetas de París igual que al ronroneo de abeja estéril de tu familia de las Ardenas, un poco loca: hiciste bien en esparcirlos para los vientos de alta mar, arrojándolos bajo la cuchilla de su guillotina precoz. Tuviste razón al abandonar el bulevar de los perezosos, los cafetines de los mealiras, cambiándolos por el infierno de las bestias, el trato con los espabilados y el saludo de los simples.
Este impulso absurdo del cuerpo y el alma, bala de cañón que alcanza su blanco y lo hace estallar, ¡esto sí que es la vida de un hombre! Uno no puede, al salir de la infancia, dedicarse a estrangular indefinidamente a su prójimo. Aunque los volcanes cambien poco de lugar, su lava recorre el gran vacío del mundo y le aporta virtudes que cantan en sus heridas.
¡Hiciste bien en marcharte, Arthur Rimbaud! Somos unos cuantos quienes, sin pruebas, creemos que la felicidad es posible contigo.

De el libro EL MANANTIAL NARRATIVO (1947)

JUEGA Y DUERME…

Juega y duerme, sed buena, aquí nuestros opresores no son severos.
Les gusta bromear o llevarnos del brazo
Al atravesar la peligrosa estación.
Sin duda el veneno se ha adormilado en ellos,
Hasta el punto de aflojarles el bárbaro humo.
Sin embargo, ¡cómo nos han hostigado hasta aquí, sed mía,
y forzado a vivir en el abandono de nuestro amor reducido a una mortal providencia!
Plantas aromáticas, ¿es por vosotras? O plantas todas que lucháis bajo un muro de sequedad, ¿es por vosotras? ¿O por las nubes en el ancho espacio, que se despiden de la columna?
En lo inmenso, ¿cómo adivinar?

¿Qué podemos emprender para deshacernos de estos tiranos, amiga mía?
Juega y duerme mientras yo sopeso nuestras posibilidades.
Pero si acudes en mi ayuda tendría que llevarte conmigo, y no quiero arriesgarte.
Así que permaneceremos un rato más… ¿Y quién podría tacharnos de cobardes?

De el libro Juega y duerme

DE RUBOR DE LOS MANANTIALES

XX
Parece que nacemos siempre a medio camino entre el comienzo y el fin del mundo. Crecemos en abierta rebelión casi tan furiosamente contra lo que nos arrastra como contra lo que nos retiene.

Del libro Rubor de los manantiales


LA ORILLA VIOLENTA

Dispuestas a unirse, a reconciliarse para la destrucción del cuerpo de nuestra casa,
Inmutables son las tempestades.

Una se alza sobre mis talones, cuando apenas la noche se disipa,
Exigente, sedentaria, segura de sí misma.
La otra, que gusta de huir, hace rodar hacia nosotros monstruos
hechos papilla y los proyectos humanos.

Antes de que comenzase la vigilia de los milenios
Los habitantes de Pascua supieron que sus escultores, que tallaban en la isla,
Estaban abriendo ante los muertos las puertas del mar.

Ya no tenemos muertos, ni espacio;
Ya no tenemos los mares ni las islas;
Y la sombra del reloj de arena sepulta la noche.
“Vuelva a vestirse. El siguiente.” Ésa es la orden.
Y el siguiente somos también nosotros.
Revolución de un astro modifica,
Con las manos que le añadimos.

Del libro AROMAS CAZADORES (1972-1975)

A LA ORILLA DEL RÍO

I.IRIS. 1º Nombre de una divinidad de la mitología griega, que era la mensajera de los dioses. Al desplegar su manto creaba el arco iris.
2º Nombre propio de mujer, del que los poetas se sirven para designar a una mujer amada o incluso a alguna dama cuyo nombre quieren ocultar.
3º Pequeño planeta.
II.IRIS. Nombre específico de una mariposa, apatura iris, la llamada tornasolada. Previene del visitante fúnebre.
III.IRIS. Los ojos azules, negros, verdes, son aquellos cuyo iris es azul, negro, verde.
IV.IRIS. Planta. Iris amarillo de los ríos.
…Iris plural, iris de Eros, iris de Lettera amorosa.

Del libro LA PALABRA EN ARCHIPIÉLAGO (1952-1960)

FRENTE DE LA ROSA

A pesar de la ventana abierta en el cuarto de la larga ausencia el aroma de la rosa sigue ligado al aliento que allí estuvo. Una vez más nos encontramos sin experiencia anterior, recién llegados, enamorados. ¡La rosa! El campo de sus avenidas orearía incluso la audacia de la muerte. No hay verja que se oponga. Resurge el deseo, dolor de nuestras frentes evaporadas.
Quien camina sobre la tierra de las lluvias no tiene nada que temer de la espina, en lugares cerrados u hostiles. Pero si se detiene y se recoge, ¡ay de él! Herido en lo más vivo vuela hecho cenizas, arquero recuperado por la belleza.

Del libro LA PALABRA EN ARCHIPIÉLAGO (1952-1960)

LA HABITACIÓN EN EL ESPACIO

Como el canto de la paloma torcaz cuando se avecina el chaparrón -se empolva el aire de lluvia, de placentero sol-, me despierto lavado, me derrito elevándome; vendimio el cielo novicio.
Contra ti acostado, tu libertad impulso. Soy un bloque de tierra que reclama su flor.
¿Hay garganta labrada con más luz que la tuya? ¡Preguntar es morir!
De tu suspiro el ala pone bozo en las hojas. El trazo de mi amor cierra y bebe tu fruto.
Existo en la gracia de tu rostro que mis tinieblas cubren de júbilo.
¡Y qué hermoso tu grito que me da tu silencio!

Del libro LA PALABRA EN ARCHIPIÉLAGO (1952-1960)

CANTO DE INSOMNIO (Fragmento)

Amor que desde lejos llamas,
Vendrá la Enamorada,
Gloria del verano, ¡oh frutos!
La flecha del sol traspasará el trébol desnudo,
Miniatura semejante al iris, la orquídea,
El más antiguo regalo de los prados al placer
Que la cascada instila, que la boca libera.

Me gustaría deslizarme en un bosque donde las plantas volvieran a cerrarse y abrazarse por detrás de nosotros; bosque muchas veces centenario, pero que todavía está por sembrar. Causa pesadumbre el haber pasado junto al fuego, en nuestra corta vida, con manos de pescador de esponjas. “Dos chispas, esas abuelas tuyas”, se mofa la viola del tiempo, sin compasión.

Mi elogio vuela en círculos sobre los rizos de tu frente, como un gavilán de pico recto.

¡Otoño! El parque diferencia bien sus árboles. Éste es tradicionalmente rojizo; aquél, que cierra el camino, una papilla de espinas. Ha llegado el petirrojo, simpático violero de los campos. Las gotas de su canto se desgranan contra el cristal de la ventana. Entre las hierbas del césped tiritan mágicos asesinatos de insectos. Escucha, mas sin oír.
A veces imagino que no estaría mal ahogarse en la superficie de un estanque donde ninguna barca se aventuraría. Luego, resucitar en la corriente de un torrente verdadero donde borbollarían tus colores.
Tiene que estallar lo que aprisiona esta ciudad donde te hallas retenida. Viento, viento, viento alrededor de los troncos y sobre las chozas.
He alzado los ojos a tu ventana. ¿Te lo has llevado todo? No es más que un copo qeu se derrite sobre mi párpado. Fea temporada en la que creemos echar de menos, proyectamos, en tanto que perdemos el ánimo.

Del libro LA PALABRA EN ARCHIPIÉLAGO (1952-1960)

LA BIBLIOTECA ESTÁ EN LLAMAS

A Georges Braque

Por la boca de este cañón está nevando. Teníamos el infierno en la cabeza. En el mismo instante, la primavera en la punta de los dedos. Son las andanadas de nuevo permitidas, la tierra enamorada, las hierbas exuberantes.

También el espíritu, como todo lo demás, ha temblado.

El águila está en futuro.

Toda acción que comprometa al alma, incluso si ésta lo ignora, tendrá como epílogo arrepentimiento o pesadumbre. Es menester consentir en ello.

¿Cómo vino a mí la escritura? Como plumón de pájaro contra mi ventana, en invierno. Al punto se levantó en el hogar una batalla de ascuas que todavía no ha concluido.

Sedosas ciudades de la mirada cotidiana, insertadas entre otras ciudades, de calles que trazamos nosotros solos, bajo el ala de relámpagos que responden a nuestros cuidados.

Todo en nosotros no debería ser sino fiesta jubilosa cuando algo que no hemos previsto, que no iluminamos, que va a hablar a nuestro corazón, por sus propios medios se cumple.

Sigamos lanzando nuestras sondas, hablando con voz igual, agrupando las palabras; acabaremos por hacer callar a todos esos perros, por lograr que se confundan con el herbazal, vigilándonos con ojo borroso mientras el viento borra su espalda.

El relámpago me parece largo.

Solamente mi semejante, la compañera o el compañero, puede despertarme de mi torpeza, desencadenar la poesía, arrojarme contra los límites del viejo desierto para que triunfe sobre él. Nadie más. Ni cielos, ni tierra privilegiada, ni cosas que nos estremecen. Antorcha, solamente bailo con él.

No es posible comenzar un poema sin una parcela de error acerca de sí mismo y el mundo, sin una brizna de inocencia en las primeras palabras.

En el poema, cada palabra o casi cada palabra ha de ser empleada en su sentido original. Algunas, desligándose, se vuelven plurivalentes. Las hay amnésicas. La constelación del Solitario está tendida.

La poesía me robará mi muerte.

¿Por qué poema pulverizado? Porque al cabo de su viaje hacia el País, tras la oscuridad prenatal y la dureza terrestre, la finitud del poema es luz, aportación del ser a la vida.

El poeta no retiene lo que descubre; habiéndolo transcrito, en seguida lo pierde. En eso radica su novedad, su infinito y su peligro.

Mi oficio es oficio de adelantado.

Nacemos con los hombres, morimos desconsolados entre los dioses.

La tierra que recibe la semilla está triste. La semilla que tanto va a arriesgar es feliz.

Hay una maldición que no se parece a ninguna otra. Parpadea con una especie de pereza, es de naturaleza afable, pone cara de rasgos tranquilizadores. Pero, una vez acabado el fingimiento, ¡qué nervio, qué inmediata carrera hacia el objetivo! Probablemente – pues que la sombra en la que construye es maligna, la región perfectamente secreta- se sustraiga a una denominación, sepa zafarse siempre a tiempo. Dibuja, en el velo celeste de algunos clarividentes, parábolas harto aterradoras.

Libros sin movimiento. Pero libros que se introducen con agilidad en nuestros días, deslizan en ellos una queja, abren bailes.

Cómo decir mi libertad, mi sorpresa, al cabo de mil rodeos: no hay fondo, no hay techo.

A veces la silueta de un caballo joven, de un niño lejano, avanza exploradora hacia mi frente y salta la barrera de mi cuidado. Entonces bajo los árboles la fuente vuelve a hablar.

Deseamos permanecer desconocidos para la curiosidad de aquellas que nos aman. Las amamos.

La luz tiene edad. La noche no. ¿Pero cuál fue el instante de esta fuente entera?

No tener varias muertes suspendidas y como cubiertas de nieve. No tener sino una, de buena arena. Y sin resurrección.

Detengámonos cerca de los seres que pueden renunciar a sus recursos, aunque no exista para ellos más que poco repliegue o ninguno. La espera excaba para ellos un insomnio vertiginoso. La belleza les pone un sombrero de flores.

Pájaros que confiáis en vuestra gracilidad, vuestro sueño peligroso a una hacina de cañas, cuando viene el frío, ¡cómo nos parecemos a vosotros!

Admiro las manos que colman y, para emparejar, para unir, el dedo que rechaza el dado.

Se me ocurre a veces que la corriente de nuestra vida es poco aprehensible, ya que sufrimos no solamente su facultad caprichosa, sino también el fácil movimiento de brazos y piernas que nos harían ir allí donde nos sentiríamos felices yendo, en la orilla anhelada, al encuentro de amores cuyas diferencias nos enriquecerían; este movimiento no se cumple, rápidamente decae hasta una imagen, como un perfume enfurecido sobre nuestro pensamiento.
Deseo, deseo sabio, no sacamos provecho de nuestras tinieblas sino a partir de ciertas soberanías verdaderas provistas de invisibles llamas, de invisibles cadenas que, revelándose paso a paso, nos hacen brillar.

La belleza hace su cama sublime completamente sola, extrañamente construye su renombre entre los seres humanos, a su lado pero apartada de ellos.
Sembremos las cañas y cultivemos la viña en las laderas a la orilla de las llagas de nuestro espíritu. Dedos crueles, manos precavidas, este chistoso lugar es propicio.

Quien inventa, al contrario de quien descubre, no añade a las cosas, no aporta a los seres sino máscaras, separaciones, una papilla de hierro.

¡Por fin toda la vida, cuando arranco la dulzura de tu verdad enamorada a tu profundidad!

Permaneced cerca de la nube. Velad cerca de la herramienta. Toda semilla es detestada.

Acción bienhechora de los hombres, ciertas mañanas estridentes. En el hormigueo del aire que delira asciendo, me encierro, insecto indevorado, seguido y perseguidor.

Frente a estas aguas, de formas duras, por las que pasan en ramilletes estallados todas las flores de la montaña verde, las Horas se desposan con los dioses.

Fresco sol cuyo bejuco soy.

De La biblioteca está en llamas y otros poemas

LA VIANDANTE DE SCEAUX

Mechones, según la mirada,
Deseo simple de palabra;
Juega, señorío del cuello
Con esa soberana boca,
Con esa hoguera encendida
Bajo la frente dominante.

Querría yo saber mentiros
Como el ascua a las cenizas,
Mechones, vuelo que no me oye
Sobre el teatro de un instante.

De La biblioteca está en llamas y otros poemas

RESTOS MORTALES Y MOZART

Al alba, una sola vez, la vieja despoblada nube rosa sobrevolará los ojos en lo sucesivo distantes, con toda la majestad de su lentitud libre; luego vendrá el frío, el ocupante inmenso, luego el tiempo que no tiene lugar.

Sobre la longitud de sus dos labios, en tierra común, de repente el allegro – desafío de este desecho sagrado- traspasa y refluye hacia los vivos, hacia la totalidad de hombres y mujeres que guardan luto por la patria interior y, errabundos para no ser semejantes, a través de Mozart, a probarse en secreto.

-Bienamada, cuando sueñas en voz alta y por ventura pronuncias mi nombre, tierno vencedor de nuestros pavores conjugados, de mi descrédito solitario, clara es la travesía de la noche.

De La biblioteca está en llamas y otros poemas

PARA UN PROMETEO SAXÍFRAGO

Tocando la mano eólica de Hölderlin

A Denise Naville

La realidad sin la energía dislocadora de la poesía, ¿en qué queda?
Dios había vivido demasiado poderosamente entre nosotros. Ya no lográbamos levantarnos y partir. Las estrellas, que fueron soberanas en su mirada, están muertas en nuestros ojos.
Las preguntas de los ángeles son las que han provocado la irrupción de los demonios. Nos clavaron al peñasco para golpearnos y para amarnos. De nuevo.
La única lucha acontece en las tinieblas. La victoria solamente se da en sus orillas.
Noble semilla, guerra y merced de mi prójimo, ante la sorda aurora te guardo con mi mendrugo, esperando ese día previsto de alta lluvia, de limo verde, que vendrá para los ardientes y para los obstinados.

Del libro Por encima del viento

LA GUADAÑA ALZADA

Cuando el boyero de los muertos con el bastón golpee,
Dedicad al verano mi color ya disperso.
Con mis puños morados asombrad a un niño.
Poned en sus mejillas mi lámpara y espigas.

Manantial que tiemblas en tu estrecho reducto,
Prodigarás mi ganancia a la sed de los campos.
Desde el húmedo helecho a la febril mimosa,
Entre el recién llegado y el que partió hace mucho,
El gesto de amar te dirá inclinándose:
“No hay lugar fuera de éste, en todas partes cunde la desgracia”.

De Por encima del viento

EN CAMINO

A Georges Blin
Esos incesantes y fosforescentes regueros de la muerte en uno mismo que leemos en los ojos de quienes nos aman, sin desear ocultárselos.

¿Es menester distinguir entre una muerte repelente y una muerte preparada por la mano de los genios? ¿Entre una muerte con rostro de bestia y una muerte con rostro de muerto?

Sólo podemos vivir en lo entreabierto, exactamente en la hermética línea divisoria de la sombra y la luz. Pero somos arrojados irresistiblemente hacia adelante. Todo nuestro ser presta ayuda y vértigo a este impulso.

La poesía es a la vez palabra y provocación silenciosa, desesperada de nuestro ser-exigente del advenimiento de una realidad que no tenga rival. Imputrescible, aquélla. No imperecedera; pues que arrostra los peligros de todos. Pero la única que visiblemente triunfa sobre la muerte material. Tal es la Belleza, la Belleza de altura, aparecida ya en los primeros tiempos de nuestro corazón, tan pronto irrisoriamente consciente como luminosamente avisado.

Lo que me hincha la simpatía, aquello que amo, al punto me causa casi tanto sufrimiento como aquello de lo que me aparto, resistiendo, en el misterio de mi corazón; preparativos velados por una lágrima.

Es la poesía quien traza la única firma al pie de la vida blanca. Y siempre entre nuestro corazón estallado y la cascada aparecida.

Para la aurora, la desgracia es el día que va a llegar; para el crepúsculo, la noche que engulle. Antaño fue posible encontrar gentes de aurora. Aquí estamos, acaso, en esta hora de caída. ¿Pero por qué moñudos como alondras?

Del libro Marcha

ANTONIN ARTAUD

No tengo la voz para elogiarte, gran hermano.
Si me agachara sobre tu cuerpo que la luz va a dispersar,
Tu risa me repelaría.
El corazón entre nosotros, durante lo que llamamos impropiamente
una bella tormenta,
Cae varias veces,
Mata, excava y quema,
Y renace más tarde en la suavidad del hongo.
No necesitas una pared de palabras para elevar tu verdad,
Ni volutas del mar para ungir tu profundidad,
Ni esta mano febril que nos rodea la muñeca,
Y ligeramente nos lleva a abatir un bosque
Del cual nuestras entrañas son la hacha.
Basta. Regresa al volcán.

Y nosotros,
Que lloremos, que asumamos tu relevo o preguntemos:
“¿Quién es Artaud?”, a esa espiga de dinamita de la cual ningún
grano se desprende,
Para nosotros, nada ha cambiado,
Nada, menos esa quimera muy viva del infierno que se
despide de nuestra angustia.

Traducción De Emilie Robert

HAMBRE ROJA

Estabas loca.

¡Qué lejos queda!

Moriste, con un dedo delante de los labios,
En noble movimiento,
Para atajar la efusión;
En el sol frío de un reparto verde.

Estabas tan hermosa que nadie se dio cuenta de tu muerte.
Más tarde, era de noche, te pusiste en camino conmigo.

Desnudez sin desconfianza.
Pechos podridos por tu corazón
A sus anchas en este mundo circunstancial,

Un hombre, que te había estrechado entre sus brazos,
Se sentó a la mesa.

Estate bien, no existes.

De Retorno río arriba

LA LIBERTAD

Vino por esta línea blanca que puede significar la salida del alba
o la palmatoria del crepúsculo.
Pasó los arenales maquinales; pasó las cimas destripadas.
Fin de la renunciación de rostro cobarde, la santidad de la mentira, el alcohol del verdugo.
Su verbo no fue un ciego ariete sino la tela donde se inscribió mi aliento.
Detrás de la ausencia, con pasos que no la extraviaron, cisne sobre la herida, vino por esta línea blanca.

Alta fuente
Siempre hacia a ti
Mas sin decírtelo
Hasta tu boca
amada.
Pero el instante que se va
Me nombra
Cualesquiera sean los rasgos
que yo adopte.

Favorita del aire, la calandria
No deja caer a tierra su canto,
Y por los trigos pasa el viento.

Acerco a la rosa
La punta de mi llama.
¡No ha gemido la espina!
Solo mi propio polvo
Puede gastarme.

De: «Cantos de la Balandrane»
Traducción de Jorge Riechmann

LA LUJURIA

El águila ve cómo se borran gradualmente las huellas de la memoria helada
La extensión de la soledad hace apenas visible la presa que huye
A través de cada una de las regiones
Donde uno mata donde a uno lo matan libremente
Presa insensible

Proyectada indistintamente
Más acá del deseo y más allá de la muerte

El soñador embalsamado en su camisa de fuerza
Rodeado de utensilios efímeros
Figuras que se desvanecen apenas formadas
Su revolución celebra la apoteosis de la vida que declina
La desaparición progresiva de las partes lamidas
La caída de los torrentes en la opacidad de las tumbas
Los sudores y malestares que anuncian el fuego central
Y finalmente el universo con todo su pecho atlético
Necrópolis fluvial
Después del diluvio de los rabdomantes

Ese fanático de las nubes
Tiene el poder sobrenatural
De desplazar a considerables distancias
Los paisajes habituales
De romper la armonía acumulada
De tomar irreconocibles los lugares fúnebres
Al día siguiente de los homicidios provechosos
Sin que la conciencia originaria
Se cubra con el deslizamiento purificador del suelo.

De: «El Martillo sin dueño»
Traducción de Aldo Pellegrini

TENEMOS

Nuestra palabra, en archipiélago, os ofrece -tras el dolor y el desastre- fresas que trae de las landas de la muerte, así como sus dedos calientes por haberlas buscado.
Tiranías sin delta, nunca iluminadas por el medio día, para vosotras somos el día envejecido; pero ignoráis que también somos el ojo voraz -aunque velado- del origen.
Crear un poema es tomar posesión de un más allá nucpcial que se encuentra muy dentro de esta vida, muy ligado a ella, y sin embargo próximo a las urnas de la muerte.
Es necesario establecerse en el exterior de uno mismo, a la orilla de las lágrimas y en la órbita del hambre, si queremos que se produzca algo fuera de lo común, destinado únicamente a nosotros.
Si la angustia que nos vacía abandonase su gruta helada, si la amante detuviese la lluvia de hormigas en nuestro corazón, volvería a comenzar el Canto.
Es el caos de una avalancha, dos piedras unidas en un salto pudieron amarse, desnudas en el espacio. Al agua de nieve que las acogió le sorprendió su espuma ardiente.
Seguramente el hombre fue la más loca promesa de las tinieblas: por eso somos tenebrosos, envidiosos y locos bajo el poderoso sol.
Ha comenzado la agonía de una tierra que era bella, ante la mirada de sus volatineras hermanas y en presencia de sus hijos insensatos.
*
Tenemos en nosotros inmensas extensiones que nunca llegaremos a recorrer, pero que son útiles para la aspereza de nuestros climas, y propicias tanto a nuestro despertar como a nuestra perdición.
¿Cómo arrojar a las tinieblas nuestro corazón anterior y su derecho de retorno?
La poesía es el fruto maduro que apretamos en la mano, con alborozo, en el instante mismo en que se nos muestra- tan incierto su porvenir- sobre el tallo cubierto de escarcha, en el cáliz de la flor.
Poesía, única ascensión de los hombres, a la que el sol de los muertos no puede ensombrecer en el infinito perfecto y burlesco.
*
Pues que un misterio más fuerte que la condena otorgaba inocencia a su corazón, plantaron un árbol en el Tiempo, se quedaron dormidos a su pie, y el Tiempo se llenó de afecto.

Del libro Marcha

EL INOFENSIVO

Lloro cuando el sol se pone porque te sustrae a mi vista y porque soy incapaz de llevarme bien con sus rivales nocturnos. Aunque esté bajo y ahora sin fiebre, imposible obrar contra su ocaso, suspender su eshoje, arranar todavía algún deseo a su fulgor moribundo. Al partir te diluye en su oscuridad igual que el limo del lecho se deslíe en el agua del torrente más allá de los escombros de las riberas destruidas. Dureza y blandura, de nervio tan diferente, causan entonces efectos similares. Dejo de recibir el himno de tu palabra; de repente ya no apareces íntegra a mi lado; lo que aprieta mi mano no es el huso nervioso de tu muñeca sino la rama hueca de un arbolillo cualquiera muerto y ya aserrado. Ya no se pone nombre a nada, sino al escalofrío. Es de noche. Los artificios que se encienden me sorprenden ciego.
No he llorado de verdad más que una sola vez. Al desaparecer, el sol había cercenado tu rostro. Tu cabeza había rodado a la zanja del cielo y yo ya no creía en el mañana.
¿Cuál es el hombre de la mañana, y cuál el de las tinieblas.

HAMBRE ROJA

Estabas loca.
¡Qué lejos queda!
Moriste, con un dedo delante de los labios,
En noble movimiento,
para atajar la efusión;
En el sol frío de un reparto verde.
Estabas tan hermosa que nadie se dio cuenta de tu muerte.
Más tarde, era de noche, te pusiste en camino conmigo.
Desnudez sin desconfianza,
Pechos podridos por tu cora´zon.
A sus anchas en este mundo circunstancial,
Un hombre, que te había estrechado entre sus brazos,
se sentó a la mesa.
Estate bien, no existes.

MARTHE

Marthe de quien estas paredes no pueden apoderarse, fuente donde se refleja mi monarquía solitaria, cómo podría olvidarte nunca si no tengo necesidad de recordarte: eres el presente que se acumula. Nos uniremos sin tener que abordarnos, que prevernos, igual que dos adormideras forman en el amor una anémona gigante.
No entraré en tu corazón para limitar su memoria. No retendré tu boca para impedirle entreabrirse al azul del aire y la sed de partir. Quiero ser para ti la libertad y el viento de la vida que atraviesa el umbral de siempre antes de que la noche se vuelva inencontrable.

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PRÓXIMO NÚMERO

87. Poesía más Poesía: Robert Desnos

ROBERT DESNOS

BIOGRAFÍA

Robert Pierre Desnos nació en París en el año de 1900. Su padre trabajaba en Les Halles, mercado parisino en el que era encargado de compra y venta de aves y caza. El ambiente popular, con sus olores, marcarían los poemas, de aquel muchacho que desde edad temprana tenía por norma escribir sus sueños. No brilló en lo estudios y por lo que parece su comportamiento en la escuela dejaba mucho que desear. Abandonó sus estudios a la edad de 16 años y se formó de forma autodidacta.

Robert Desnos, ce coeur qui haïssait la guerre | L'Humanité


Por aquella época se independiza de la familia y con el fin de buscarse la vida prueba diferentes trabajos: dependiente de droguería, traductor de prospectos farmacéuticos( dominaba, además de obviamente el francés, el inglés y el castellano); en 1919 trabaja como secretario de Jean de Bonnefou, escritor, conferenciante y periodista, cuya biblioteca sirvió para ampliar los horizontes lectores del joven Robert que a la vez contaba con bastante tiempo para dedicarse a la escritura. Fue por entonces cuando comenzó a publicar sus primeros textos en algunas revistas en aquellos tiempos en los que frecuentaba ciertos círculos anarquistas cuyo eje programático era la lucha contra la guerra y la defensa de la paz. 

File:Desnos communion.jpg


Sus primeros poemas, inspirados por los simbolistas franceses y por Apollinaire, se publicaron en 1918 en La Tribune des jeunes (La Tribuna de los Jóvenes), una revista socialista parisina.
En 1919 conoce al poeta Benjamin Péret que le introduce en el grupo dadaísta en París y le presenta a André Breton. Es en la casa de André y Simone Breton donde se realiza la primera sesión de sueño bajo hipnosis. Están presentes Crevel, Desnos, Drieu, Eluard y Gala, Morise, Man Ray. Las sesiones muy pronto se vuelven cotidianas: “Una epidemia de sueño se abatió sobre los surrealistas”, escribirá Aragon. Desnos se revela como un superdotado para el sueño, que impresiona a sus amigos e inventa el juego de la palabra lírica.
En 1920 es llamado a filas para cumplir el servicio militar y es enviado a Marruecos con las fuerzas de pacificación, allá permaneció dos años, la escritura ausente si bien algunos amigos de los nombrados le tenían al corriente de las novedades de los movimientos literarios que bullían en la capital del Sena.
En 1922 entabla amistad con algunos miembros del círculo surrealista, Paul Éluard, Soupault, que le reciben como representante de la nueva savia que podía animar el movimiento.
Participa en la revista vanguardista Le Trait d’union (El Guion). Mientras trabajaba como columnista del periódico Paris-Soir. Comienza a publicar sus primeras composiciones en la revista Littérature, es entonces cuando empieza a mostrar su extraordinaria capacidad simbiótica, versada en combinar, desde la escritura automática y los relatos oníricos, los temas y motivos más sugerentes de la antigüedad (como los de la mitología clásica) con otros ingredientes rigurosamente novedosos (como las técnicas y los personajes de los dibujos animados).
Interesado en la experimentación onírica propuesta por René Crevel (la inducción del sueño por hipnosis) y, en general, en los postulados estéticos de Marcel Duchamp (a quien consideraba su guía y mentor durante los primeros pasos de su andadura creativa), enseguida descolló como uno de los “durmientes” más inspirados, sobre todo cuando centró sus ensayos experimentales en la figura de la paronomasia (así, verbigracia, en su famosa obra titulada “Rose Sélavy”, escrita entre 1922 y 1923). En el número 7 de la revista Littérature, Desnos, muy impresionado por los juegos de palabras de Marcel Duchamp, publica 150 aforismos inspirados telepáticamente en Duchamp con el título de Rose Sélavy.
Participa en las sesiones de lectura automática, promovidas por los surrealistas destacando desde el principio como uno de los miembros más destacados. Destaca igualmente como hábil médium en las sesiones de espiritismo, tomando notas en estado adormecido-según cuenta- dictadas por algunos personajes imaginarios de Marcel Duchamp.

Dos surrealistas en acción: Man Ray y Robert Desnos durante la filmación de LEtoile du Mer (1927).
Man Ray y Robert Desnos durante la grabación de L’etoile de mer en 1927.


Breton le considera como un miembro “irremplazable y esencial” dentro del surrealismo; su actividad es prolífica: escribe , dibuja y se aficiona al cine mientras que establece nuevas relaciones ( Raymond Queneau y Man Ray, entre otros). Breton le confirmó como el «profeta del movimiento». Se convirtió Desnos en uno de los mejores exponentes de la estética surrealista, y uno de sus poemas (el titulado “A la misteriosa”) se constituyó en modelo y paradigma del tratamiento de la imagen poética propuesto por esta corriente.
El joven Desnos, que había nacido en una familia humilde y se había formado de manera autodidacta desde la adolescencia, publicando con solo 17 años, no tarda en hacer valer su talento para seducir a este grupo de artistas sumamente intelectualizados. Se convirtió posteriormente en uno de ellos. Hizo gran amistad con Pablo Picasso, Ernest Hemingway, Artaud y John Dos Passos, a la vez que se incrementaba su participación en asuntos políticos.

Georges Malkine, René Crevel, André de La Rivière, Robert Desnos, André Lasserre


Entre 1920 y 1930, publicaría más de ocho libros de poesía.
Louis Aragon, otro de los fundadores del movimiento surrealista lo recordó así: “En el café, en medio de la barahúnda de voces, en plena luz del día, y entre los codazos, Robert Desnos sólo necesita cerrar los ojos, y hablar, y entre las cervezas, los platitos y tazas, todo el lugar colapsa con un rugido profético… Deja que esos que cuestionan a este formidable durmiente le den un empujoncito y de inmediato la profecía, la voz de la magia, de la revelación, de la Revolución, el tono del fanático y del apóstol surge a la superficie. En otras circunstancias, Desnos, tan modesto como se presta a ese delirio, se hubiese convertido en el líder de una revolución, el fundador de una ciudad, el tribuno de un pueblo liberado. Él habla, él dibuja, él escribe.”
Desnos se enamora de la cantante de music hall Yvonne George que conocie en un music-hall parisino, pero resulta un amor imposible. Escribe diversas obras dedicadas a su amante, entre ellas los poemarios A la misteriosa, 1926 y Las tinieblas, 1927, así como el relato ¡La Libertad o el Amor!, 1927 y Diario de una aparición, 1927. Durante cinco años, el poeta estuvo realmente subyugado a esta mujer, con la que, sin embargo, nunca mantuvo relación romántica alguna. Yvonne George moriría en 1930 en un accidente y Desnos se dedica en cuerpo y alma a la carrera periodística.

Varios miembros del círculo surrealista ingresan en el partido comunista, él rechaza el ofrecimiento, sigue publicando y acude a La Habana en donde se celebra el Primer Congreso de la Prensa Latinoamericana, allá conoce a Alejo Carpentier a quien ayudará a salir de la isla, huyendo de la dictadura de Machado, para refugiarse en París.
  Definitivamente fue en 1929 cuando se da la separación entre Breton y Desnos, además de la cuestión del compromiso militante recién nombrado, la entrega profesional al periodismo fue otro de los motivos de ruptura, dedicación considerada por Breton como incompatible con la creatividad. Desnos y otros expulsados a los que se había unido Georges Bataille contra-atacan publicando un incendiario panfleto, Le cadavre en el que despellejan a Breton. Ese mismo año, 1930, continua publicando y conoce a Youki, una de las reinas de Montparnasse, esposa del pintor Fujita.

Desnos comienza su experiencia en el medio radiofónico (Radio Luxembourg y Poste Parisien) en programas en los que combina poesía y música. Escribe piezas de narrativa para niños, fundamentalmente para los hijos de sus amigos, y se convierte en crítico musical (música negra, jazz, blues, y…hasta coplas españolas). En 1930, publica The Night of Loveless Nights, poema lírico sobre la soledad, escrito con un estilo clásico, más parecido al de Baudelaire que al de Breton, y Corps et biens (Cuerpos y bienes), que recopila alguno de sus poemarios anteriores. 
A partir de entonces, deja durante algún tiempo el cultivo tradicional de la literatura para acercarse al mundo del cine en el que ya había entrado en 1927, en calidad de productor -junto con el fotógrafo estadounidense Man Ray- de la película L’etoile de mer – La estrella de mar. La película muestra a una pareja actuando a través de escenas fuera de foco. El resultado es una historia de corte onírico y componentes eróticos que transcurren a través de conceptos canónicamente surrealistas. El mismo Robert Desnos participa como actor.

La estrella de mar

La estrella de mar
Qué hermosa es
Después de todo
Si las flores fueran de cristal
Hermosa, hermosa como una flor de cristal
Hermosa como una flor de carne
¡No estoy soñando!
Hermosa como una flor de fuego
Muros de la Salud
Qué hermosa “era”
Qué hermosa “es”.

También se introduce en el periodismo (sobre todo, el radiofónico, para el que escribió algunos poemas como “La endecha de los fantasmas”, de 1933). Publicó entonces numerosos artículos y trabajos centrados en el cine, textos que le llevaron a convertirse en una de las grandes autoridades de esta disciplina artística entre los intelectuales de su tiempo. En 1966, la revista Cinéma reunió en una misma publicación todos los escritos dedicados por Robert Desnos al Séptimo Arte.

ÉTOILE DE MER POEME ROBERT DESNOS ŒIL MAN RAY - | POINT TO POINT STUDIO |  BLOG | HOME | ART | ∞


Con la llegada de los años 30, la guerra en España y el ascenso del nazismo en Alemania, Desnos da un giro a su vida y a su concepción de la poesía y el arte. Militó primero en el Frente Popular Antifascista (militancia que quedó plasmada en Las puertas batientes, de 1936), y posteriormente en la Resistencia francesa contra el dominio nazi, que le inspiró un nuevo tono poético manifiesto en Le veilleur du Pont-au-Change (1944) y Choix de poèmes (1946). Unos años antes había vuelto a los anaqueles de las librerías con un novedoso poemario, Fortunes (1942), en el que, desde un clasicismo formal extremo, desdeñaba las exageraciones vanguardistas comparándolas con los balbuceos propios de cualquier proceso de aprendizaje
En su apartamento de la calle Mazarine acoge a multitud de exiliados, organiza numerosos actos de solidaridad, como un homenaje a García Lorca en París, junto a Neruda y Jean Cassou—, y también de autocrítica, hasta el punto que al reseñar una antología de poesía francesa en la que él mismo estaba incluido, apunta: “Abrid este libro por cualquier página, incluso la que me corresponde a mí, y estad seguros de hallar vuestra correspondiente provisión de lágrimas, de sollozos, de melancolía, de desesperación… Esto no es una antología, es una empresa de pompas fúnebres.”.
Cuenta Louis Simpson, en “Modern Poets of France” que “en 1939 Desnos es llamado al servicio militar. Cuando los alemanes invaden Francia su regimiento, junto con el resto del ejército francés se entrega casi sin lucha. Después de un breve período como prisionero de guerra, consigue regresar a París y a Youki.

Les Années Elégantes — Youki Foujita & Robert Desnos
Youki Foujita y Robert Desnos


Entonces comienza su propia guerra contra los alemanes. Como miembro de la prensa pasaba información a sus contactos en la Resistencia. Daba discursos en bares. Escribe poemas contra los colaboracionistas, usando un nombre ficticio y éstos circulaban. Cada vez su entrega era mayor, en sus escritos abandona los tonos amorosos y oníricos que habían dominado en sus anteriores creaciones, va asomando con fuerza creciente el reflejo de la situación combatiente
En 1942, en aquellos oscuros tiempos, su acción es febril, no cesando en la ayuda a los refugiados de la guerra incivil del 36. Colabora con otros célebres escritores en la publicación de una antología en dos volúmenes presentando una amplia panorámica de la literatura europea, publicada, no sin riesgo, por las ejemplares y valientes Les Éditions de Minuit, “L´honneur des poètes”.
Dejó escrito:
Saludos a quienes duermen
Tras una dura jornada de trabajo clandestino,
Impresores, colocadores de bombas, descarriladores, pirómanos,
Distribuidores de folletos, contrabandistas, mensajeros,
Saludos a quienes resistís, niños de veinte años con sonrisas como primaveras,
Hombres viejos como puentes, robustos, retratos de las estaciones,
Os saludo al alba de una nueva mañana.

El 22 de febrero de 1944 es detenido y encarcelado por la Gestapo en su domicilio parisino. A pesar de que le habían avisado que una redada estaba en marcha y que irían a por él de manera inminente, no huyó para evitar seguras represalias a su compañera Youki. Tras los interrogatorios de rigor fue trasladado al campo de Compiège. A pesar de las peticiones de distintos escritores y personalidades para que no fuese deportado y las gestiones de su compañera, el 27 de abril formó parte de un convoy de mil setecientos hombres que fueron deportados. 

Robert Desnos/ Corps et Biens. O douleurs de l'amour! | by Godenkind |  Medium


Desnos es enviado a Buchenwald y desde allí a otros campos de concentración. En Auschwitz, en mayo de 1944, el poeta André Verder, que también estaba prisionero, vio a Desnos parado en la lluvia entre una multitud de hombres emaciados y muriendo de hambre. Los crematorios estaban humeando, y los guardias de las S.S. mientras pasaban decían: “Todos ustedes van a morir”. Verder vio a Desnos yendo de un grupo a otro. Tomando el brazo de un hombre, le leía las líneas de la mano. Entonces, dijo Verder, ocurrió un milagro. Desnos les habló a los hombres acerca de su futuro con tal confianza que todos se olvidaron de dónde estaban y sus rostros se iluminaron de esperanza.
Perdió la vida en el campo de prisioneros de Terezin, en Checoslovaquia, un día antes de que las tropas norteamericanas llegaran al recinto y dieran libertad a todos los apresados.
Está enterrado en el parisino Cementerio de Montparnasse.

POEMAS

Jamás otra que tú

Jamás otra que tú a pesar de las estrellas y las soledades
A pesar de las mutilaciones del árbol cuando cae la noche
Jamás otra que tú proseguirá su camino que es el mío.
Cuanto más te alejas más crece tu sombra
Jamás otra que tú saludará al mar al alba cuando cansado de errar, salido de los bosques tenebrosos y de las espesuras de ortigas me dirija hacia la espuma
Jamás otra que tú posará su mano sobre mi frente y mis ojos
Jamás otra que tú y niego la mentira y la infidelidad
La amarra de este navío anclado puedes cortarla
Jamás otra que tú
El águila prisionera en una jaula roe despacio los barrotes de cobre cubiertos de cardenillo.
¡Qué evasión!
Es un domingo marcado por el canto de los ruiseñores en el bosque de un verde tierno las niñas aburridas ante una jaula donde se agita un canario mientras en la calle solitaria el sol lentamente desplaza su delgada línea sobre la acera caliente
Nosotros cruzaremos otras líneas
Jamás jamás otra que tú
Y yo solo solo solo como la hiedra marchita de los jardines del arrabal solo como el vaso
Y tú jamás otra que tú

Traducción: Claire Deloupy

No, el amor no ha muerto

 No, el amor no ha muerto en este corazón estos ojos y esta
boca que proclamaba sus funerales empezados.
Escuchad, estoy harto de lo pintoresco y de los colores y del encanto.
Amo el amor, su ternura y su crueldad.
Mi amor no tiene más que un solo nombre, una sola forma.
Todo pasa. Bocas se pegan a esta boca.
Mi amor no tiene más que un nombre, una forma.
Y si algún día te acuerdas de él
Oh tú, forma y nombre de mi amor,
Un día en el mar entre América y Europa,
A la hora donde el rayo final de sol reverbera sobre la ondulada
superficie de las olas, o bien una noche de tormenta bajo un árbol
en el campo, o en un coche veloz,
Una mañana de primavera en el bulevar Malesherbes,
Un día de lluvia,
Al amanecer antes de acostarte,
Dime, lo ordeno a tu fantasma familiar, que fui el único que
te amo más y que es una pena que no lo hayas conocido.
Dime que no hay que extrañar las cosas: Ronsard antes que
yo y Baudelaire han cantado el lamento de viejas y muertas
que despreciaron el amor más puro.
Tú, cuando estés muerta,
Serás hermosa y todavía deseable.
Yo ya estaré muerto, enteramente encerrado en tu cuerpo
inmortal, en tu asombrosa imagen presente para siempre
entre las perpetuas maravillas de la vida y de la eternidad,
pero si vivo
Tu voz y su acento, tu mirada y sus rayos
El olor a ti y el de tus cabellos y muchas otras cosas vivirán aún en mí,
En mí que no soy Ronsard ni Baudelaire,
En mí que soy Robert Desnos y que, por haberte conocido y amado,
Valgo tanto como ellos.
Yo que soy Robert Desnos, para amarte
Y que no quiero ligar otra fama a mi memoria sobre la tierra despreciable.

De “A la misteriosa”

Como una mano que en el instante de la muerte y del naufragio

Como una mano que en el instante de la muerte y del naufragio
                     se levanta al modo de los rayos del sol poniente, así surgen
                     por todas partes tus miradas.
Quizá ya no haya tiempo, ya no haya tiempo para verme,
Pero la hoja que cae y la rueda que gira te dirán que nada
                     perdura en la tierra,
Salvo el amor,
Y de esto quiero convencerme.
Botes de salvamento de colores rojizos,
Tempestades en fuga,
Un vals anticuado que se llevan el tiempo y el viento por los
                     largos caminos del cielo.
Paisajes.
No quiero más abrazos que aquel al que aspiro,
Y muera el canto del gallo.
Como una mano que en el instante de la muerte se crispa, así
                    se oprime mi corazón.
Nunca he llorado desde que te conocí.
Quiero demasiado a mi amor para llorar.
Tú llorarás sobre mi tumba,
o yo sobre la tuya.
No será demasiado tarde.
Hasta mentiré. Diré que fuiste mi amante,
Y al final todo es tan absolutamente inútil,
A ti ya mí muy cerca nos espera la muerte.

Del libro “A la misteriorsa” (Corps et Biens)
Versión de Aldo Pellegrini

He soñado tanto contigo

He soñado tanto contigo que pierdes tu realidad.
  ¿Aún es tiempo de alcanzar ese cuerpo vivo y de besar en esa boca el nacimiento de la voz amada?
  He soñado tanto contigo que mis brazos acostumbrados, de tanto estrechar tu sombra, a cruzarse sobre mi pecho, no se adaptarían al contorno de tu cuerpo, quizás.
  Y ante la apariencia real de lo que me obsesiona y me gobierna desde hace días y años, me convertiría sin duda en una sombra.
  Oh balanzas sentimentales.
   He soñado tanto. contigo que ya no es tiempo sin duda de despertar. Duermo de pie, el cuerpo expuesto a todas las apariencias de la vida y del amor y tú, la única que hoy cuenta para mí, has de saber que me sería más difícil tocar tu frente y tus labios que los primeros labios y la primera frente que llegaran.
  He soñado tanto contigo, caminado tanto, hablado tanto, me he acostado tantas veces con tu fantasma que ya no me queda más quizá, y sin embargo, que ser fantasma entre los fantasmas, y cien veces más sombra que la sombra que se pasea y se paseará alegremente por el reloj de sol de tu vida.

Identidad de las imágenes

Lucho furiosamente contra animales y botellas
Desde hace poco tiempo quizá diez horas una después de otra
La hermosa nadadora que tenía miedo del coral esta mañana se despierta
El coral coronado de acebo llama a su puerta
¡Ah! otra vez el carbón siempre el carbón
Te conjuro carbón genio tutelar del sueño y de mi soledad
déjame déjame seguir hablando de la hermosa nadadora
que tenía miedo del coral
No dictamines más sobre este tema seductor de mis sueños
La hermosa nadadora descansaba en un lecho de encajes y de pájaros
Los vestidos sobre una silla al pie del lecho iluminados por los fulgores
los últimos fulgores del carbón
Llegado éste de las profundidades del cielo de la tierra y del mar
estaba orgulloso de su pico de coral y de sus grandes alas de crespón
Durante toda la noche él había seguido divergentes entierros hacia cementerios suburbanos
Había asistido a bailes en las embajadas y dejado su rastro en una hoja de helecho
de los vestidos de raso blanco
Se había erguido terrible en la proa de los navíos y los navíos no habían vuelto
Ahora agazapado en la chimenea acechaba el despertar de la espuma y el canto de las marmitas
Su paso resonante había turbado el silencio de las noches en las calles de adoquines sonoros
Carbón sonoro carbón amo del sueño carbón
Ah dime ¿dónde está la hermosa nadadora que tenía miedo del coral?
Pero precisamente la nadadora se ha vuelto a dormir
Y me quedo frente a frente con el fuego y me quedaré toda la noche para
interrogar al carbón con alas de tiniebla que insiste
en proyectar sobre mi camino monótono la sombra
de su humareda y el reflejo terrible de sus brasas
Carbón sonoro carbón despiadado carbón.

Versión de Aldo Pellegrini

iOh dolores del amor!

¡Oh dolores del amor!
Cuánto os necesito y cuánto os amo.
Mis ojos que se cierran sobre lágrimas imaginarias, mis manos que se tienden sin cesar hacia el vacío.
He soñado esta noche paisajes sin sentido y aventuras peligrosas tanto desde el punto de vista de la muerte como desde el punto de vista de la vida, que son también el punto de vista del amor.
Al despertar estabais presentes, oh dolores del amor, oh musas del desierto, oh musas exigentes.
Mi risa y mi alegría cristalizan a vuestro alrededor. Es vuestro colorete, son vuestros polvos de arroz, es vuestro carmín, es vuestro bolso de piel de serpiente, son vuestras medias de seda… y es también ese pequeño pliegue entre la oreja y la nuca, .en el nacimiento del cuello, es vuestro calzón de seda y vuestra fina blusa y vuestro abrigo de piel, vuestro vientre redondo es mi risa y mis alegrías vuestros pies y todas vuestras joyas.
En verdad, qué bien vestida vais, qué bien engalanada.
  Oh dolores del amor, ángeles exigentes, sabed que os imagino a imagen de mi amor, que os confundo con él…
  Oh dolores del amor, creados y vestidos por mí, os confundís con mi amor del que no conozco más que el ropaje y también los ojos, la voz, el rostro, las manos, el cabello, los dientes, los ojos…

Infinitivo

Morir ahí hermosa pavesa morir ahí
ver las nubes fundirse como la nieve y el eco
orígenes del sol y del blanco pobres como Job
no morir aún y ver durar la sombra
nacer con el fuego y no morir
abrazar y besar amor fugaz el cielo sin brillo
ganar las alturas abandonar la orilla
y quién sabe descubrir lo que amo
omitir  transmitir mi nombre a los años
reír en las horas tormentosas dormir al pie de un pino
gracias a las estrellas semejantes a un número
y morir lo que amo a orillas de las llamas.

De "Las tinieblas"
Traducción de "Claire Deloupy"

El poema a Florence

Como un ciego que al ir de camino hacia el límite
En la ciudad ruidosa tomada por la noche
Posa obstinadamente sobre las ventanillas
Sus ojos qué no ven hacia alados pañuelos

Como un raíl que brilla en la sombra del árbol
Como luz de un relámpago en los ojos amantes
Como cuchillo roto sobre un sexo de mármol
Como legislador que hablase a unos dementes

Una llama surgió para honrar a Florence
No aquella que tan alta de pronto en el camino
Levantó hasta la luna un grito de dolor
Sino la que ardió cuando en la hoguera las manos

alzadas como cinco puntas de estrella opaca
juraban que el mañana surgiría del hoy
Sino la que ardió en el camino de Santiago
Cuando la diosa huyó desnuda hacia el nadir

Sino aquella que ardió dentro de mi garganta
Cuando fugaz y pura imagen del amor
Surgiste te marchaste y el fuego de las fraguas
Enrojecía abetos y palacios y torres

Inscribo aquí tu nombre sin anónimos lutos
Donde amadas se hundieron en cuerpo y alma y bienes
Para honrar una noche en que —despojos últimos—
Como huesos echábamos recuerdos a los perros

Te fundes te retiras te hundes pero levanto
en esta orilla donde no alumbra fuego alguno
Ningún faro blanquea los barcos desahuciados
Ningún fanal de orilla llevado por los bueyes

Levanto sin embargo hoy tu rostro y tu risa
Tus ojos turbadores tu pecho y tus perfumes
En un gratuito olimpo con sombras que se miran
en un espejo roto pisado por los muertos

Para que si a las otras amantes les tocase
El turno de abismarse antes que a mí seas tú
La acogedora y la ilusoria embaucadora
la hermana de mis penas y la llama en mis dedos

Pues la ruta se rompe al borde del abismo
siento llegar el tiempo de morir los amigos
Las amantes de antaño las amantes de hoy
Veo llegar los días de artificio y crespones

Veo llegar los días de las empresas vanas
los días en que nadie comprenda estas palabras
Pero bebo goloso el llanto de las penas
aunque rompa mi vaso al eco de tus gritos

Bebo con alegría con chasquidos de lengua :
no viril y tónico y convido al festín
A todos los que amé. Con sus grilletes rotos
que compartan conmigo mi botín y mis sueños

¡Bebamos jubilosos! ¡Hasta caer cantemos!
Nuestras manos que sangran con cascos de botellas
No podrán abrazar mañana a las amantes.
Echaron los cerrojos al país de la magia.

Cuento de hadas

Había una vez y fueron tantas veces
un hombre que adoraba a una mujer.
Había una vez la vez fue muchas veces
que una mujer a un hombre idolatraba.
Había una vez lo fue muchas más veces
una mujer y un hombre que no amaban
o aquel o aquella que los adoraban.

Había una vez tal vez solo una vez
una mujer y un hombre que se amaban.

De "Conte de fées"

La primera calle a la derecha

Tú tomas la primera calle a la derecha
sigues el muelle
pasas el puente
golpeas la puerta de la casa.

El sol brilla
el río corre
en una ventana se estremece un tiesto de geranios

Un vehículo pasa por la otra orilla
te vuelves sobre el alegre paisaje
sin advertir que la puerta se ha abierto detrás de ti
la huésped está en el umbral
la casa está llena de sombras.

Pero sobre la mesa se advierte el reflejo
el reflejo del día sobre una fruta o una botella
sobre un plato de loza o sobre un mueble
y quedas allí sobre el umbral entre el
mundo lleno de semejantes a ti mismo
y tu soledad zumbadora
del mundo entero.

De "Antología Universal de la Poesía"

Destino arbitrario

Ahora llega el tiempo de las cruzadas.
Por las ventanas cerradas los pájaros se obstinan en hablar
como peces de acuario.
Junto al escaparate de una tienda
una bonita mujer sonríe.
Felicidad no eres sino lacre
y yo paso como un fuego fatuo.
Una multitud de guardianes persigue
a una mariposa inofensiva fugada del asilo.
Se torna en mis manos calzón de encaje
y tu carne se torna de águila
¡oh sueño mío cuando te acaricio!
Mañana habrá entierros gratuitos
ya no se resfriarán
hablarán el lenguaje de las flores
se iluminarán con luces hasta ahora desconocidas.
Pero hoy es hoy.
Siento que mi comienzo está próximo
semejante al trigo de junio.
Gendarmes ponedme las esposas.
Las estatuas vuelven la espalda sin obedecer.
En su zócalo inscribiría injurias y el nombre de mi
     peor enemigo.
Allá lejos en el océano entre dos aguas
un bello cuerpo de mujer hace retroceder a los tiburones.
Suben a la superficie para contemplarse en el aire
y no se atreven a morder esos senos
esos senos deliciosos.

De “C’est les bottes de sept lieues cette phrase Je me vois”

Los grandes días del poeta

Los discípulos de la luz sólo inventaron tinieblas apenas
  opacas. El río arrastra un diminuto cuerpo de mujer lo que
  es indicio de un final próximo.
La viuda vestida con ropas nupciales se equivoca de séquito. Todos llegaremos con atraso a nuestras tumbas.
Un navío de carne encalla en una playa pequeña. El timonel invita a los pasajeros a callarse.
Las olas esperan impacientes. i Más Cerca de Ti oh Dios mío!
El timonel invita a las olas a hablar. Estas hablan.
La noche ocluye sus frascos con estrellas y hace fortuna con  la exportación.
 Se construyen grandes tableros para vender ruiseñores. Pero
   no pueden satisfacer los deseos de la Reina de Siberia que quiere un ruiseñor blanco.
 Un comodoro inglés jura que no lo sorprenderán más recolectando salvia de noche entre los pies de las estatuas de sal.
 A propósito de esto una pequeña salera con Cerebos se endereza con dificultad sobre sus delgadas piernas.
 y derrama en mi plato todo lo que me queda por vivir.
 Lo bastante para salar el océano Pacífico.
 Pondréis en mi tumba un salvavidas.
 Porque uno nunca sabe.

La libertad o el amor, Cabaret Voltaire, pgs. 64-66.


“Yo me complacía contemplando el juego de su abrigo de piel en torno a su cuello, el roce del ribete con las medias de seda, la caricia intuida del forro sedoso en las caderas. De repente constaté la presencia de una cinta blanca alrededor de las pantorrillas. Ésta fue creciendo rápidamente, se deslizó hasta el suelo, y cuando llegué al lugar recogí el bombacho de fina batista. Cabía entero en una mano. Estaba impregnado del olor más íntimo de Louise Lame. Qué fabulosa ballena, qué prodigioso cachalote puede destilar un ámbar más perfumado. Oh pescadores perdidos en los fragmentos de la banquisa, que os dejaríais morir de emoción hasta caer en las olas glaciales cuando, una vez despedazado el monstruo y habiendo recogido cuidadosamente la grasa el aceite y las barbas para hacer corsés y paraguas, descubrís en el vientre abierto el cilindro de materia preciosa. ¡El bombacho de Louise Lame! ¡Qué universo! …

EL CEMENTERIO

Aquí estará mi tumba y no en otra parte: bajo estos tres árboles.
Recojo las primeras hojas de la primavera
Entre un zócalo de granito y una columna de mármol.
Recojo las primeras hojas de la primavera
Pero otras hojas se nutrirán con la feliz podredumbre
De este cuerpo que vivirá, si puede, cien mil años.
Pero otras hojas se nutrirán con la feliz podredumbre,
Pero otras hojas se ennegrecerán
Bajo la pluma de los que cuentan sus aventuras.
Pero otras hojas se ennegrecerán
Con una tinta más líquida que la sangre y el agua de las fuentes:
Testamentos no respetados, palabras perdidas más allá de los montes.
Con una tinta más líquida que la sangre y el agua de las fuentes,
¿Puedo defender mi memoria contra el olvido
Como una sepia que huye hasta perder la sangre, hasta perder el aliento?
¿Puedo defender mi memoria contra el olvido?

Revisión de la traducción:
Claire Deloupy

Morir ahí hermosa pavesa… 

Morir ahí hermosa pavesa, morir ahí,
ver las nubes fundirse como la nieve y el eco,
orígenes del sol y del blanco pobres como Job,
no morir aún y ver durar la sombra,
nacer con el fuego y no morir,
abrazar y besar, amor fugaz, el cielo sin brillo,
ganar las alturas, abandonar la orilla
y quién sabe descubrir lo que amo
omitir transmitir mi nombre a los años,
reír en las horas tormentosas, dormir al pie de un pino
gracias a las estrellas semejantes a un número
y morir lo que amo a orillas de las llamas.

Versión de Claire Deloupy

Los espacios del sueño

En la noche están naturalmente las siete maravillas
del mundo y la grandeza y lo trágico y el encanto.
Los bosques se tropiezan confusamente con las criaturas
legendarias escondidas en los matorrales.
Estás tú.

En la noche están los pasos del paseante
y los del asesino y los del guardia urbano
y la luz del farol y la linterna del trapero.
Estás tú.

En la noche pasan los trenes y los barcos
y el espejismo de los países donde es de día.
Los últimos alientos del crepúsculo
y los primeros estremecimientos del alba.
Estás tú.

Un aire de piano, el estallido de una voz.
Un portazo. Un reloj.
Y no solamente los seres y las cosas y los ruidos materiales.
Sino también yo que me persigo o sin cesar me adelanto.
Estás tú la inmolada, tú la que espero.

A veces extrañas figuras nacen
el momento del sueño y desaparecen.
Cuando cierro los ojos,
las floraciones fosforescentes aparecen
y se marchitan y renacen como fuego de artificios carnosos.
Países desconocidos que recorro en compañía de criaturas.
Estás tú sin duda, oh bella y discreta espía.

Y el alma palpable de la extensión.
Y los perfumes del cielo y de las estrellas
y el canto del gallo de hace 2000 años
y el grito del pavo real en los parques en llamas y besos.

Manos que se aprietan siniestramente en una luz descolorida
y ejes que chirrían sobre los caminos de espanto.
Estás tú sin duda a quien no conozco,
a quien conozco al contrario.

Pero que, presente en mis sueños,
te obstinas en dejarte adivinar en ellos sin aparecer.
Tú que permaneces inasible
en la realidad y en el sueño.

Tú que me perteneces por mi voluntad
de poseerte en ilusión
pero que no acercas tu rostro sino cuando mis ojos
se cierran tanto al sueño como a la realidad.

Tú que en despecho de una retórica fácil
donde la ola muere en la playa,
donde la corneja vuela entre las fábricas en ruinas,
donde la madera se pudre crujiendo bajo un sol de plomo.

Tú que estás en la base de mis sueños
y que sacudes mi alma llena de metamorfosis
y que me dejas tu guante cuando beso tu mano.
En la noche están las estrellas
y el movimiento tenebroso del mar, de los ríos,
de los bosques, de las ciudades, de las hierbas,
de los pulmones de millones y millones de seres.

En la noche están las maravillas del mundo.
En la noche no están los ángeles guardianes,
pero está el sueño.
En la noche estás tú.

En el día también.

Una hoja

 Erase una hoja, con sus lineas
Linea de la vida
Linea de la suerte
Linea del corazón
Erase una rama justo al borde de la hoja
Linea salvaje, símbolo de vida
Símbolo de suerte
Símbolo del corazón
Erase un árbol justo al borde de la rama
Un árbol digno de vida
Digno de suerte
Digno de corazón
Corazón grabado, perforado, reperforado
Un árbol que nadie ha visto jamas
Eranse raíces justo al borde del árbol
Raíces viñas de vida
Viñas de suerte
Viñas del corazón
Al borde de las raíces estaba la tierra
Solamente la tierra
La tierra redonda
Solamente la tierra a través del cielo
La tierra. 

Complainte De Robert Le Diable – Louis Aragon


Tu portais dans ta voix comme un chant de Nerval
Quand tu parlais du sang jeune homme singulier
Scandant la cruauté de tes vers réguliers
Le rire des bouchers t’escortait dans les Halles
Parmi les diables chargés de chair tu noyais
Je ne sais quels chagrins ou bien quels blue devils
Tu traînais au bal derrière l’Hôtel-de-Ville
Dans les ombres koscher d’un Quatorze-Juillet
Tu avais en ces jours ces accents de gageure
Que j’entends retentir à travers les années
Poète de vingt ans d’avance assassiné
Et que vengeaient déjà le blasphème et l’injure
Tu parcourais la vie avec des yeux royaux
Quand je t’ai rencontré revenant du Maroc
C’était un temps maudit peuplé de gens baroques
Qui jouaient dans la brumes à des jeux déloyaux
Debout sous un porche avec un cornet de frites
Te voilà par mauvais temps près de Saint-Merry
Dévisageant le monde avec effronterie
De ton regard pareil à celui d’Amphitrite
Enorme et palpitant d’une pâle buée
Et le sol à ton pied comme au sein nu l’écume
Se couvre de mégots de crachats de légumes
Dans les pas de la pluie et des prostituées
Et c’est encore toi sans fin qui te promènes
Berger des longs désirs et des songes brisés
Sous les arbres obscurs dans les Champs-Elysées
Jusqu’à l’épuisement de la nuit ton domaine
Oh la Gare de l’Est et le premier croissant
Le café noir qu’on prend près du percolateur
Les journaux frais les boulevards pleins de senteur
Les bouches du métro qui captent les passants
La ville un peu partout garde de ton passage
Une ombre de couleur à ses frontons salis
Et quand le jour se lève au Sacré-Coeur pâli
Quand sur le Panthéon comme un équarissage
Le crépuscule met ses lambeaux écorchés
Quand le vent hurle aux loups dessous le Pont-au-Change
Quand le soleil au Bois roule avec les oranges
Quand la lune s’assied de clocher en clocher
Je pense à toi Desnos qui partis de Compiègne
Comme un soir en dormant tu nous en fis récit
Accomplir jusqu’au bout ta propre prophétie
Là-bas où le destin de notre siècle saigne
Je pense à toi Desnos et je revois tes yeux
Qu’explique seulement l’avenir qu’ils reflètent
Sans cela d’où pourrait leur venir ô poète
Ce bleu qu’ils ont en eux et qui dément les cieux


Louis Aragon

CARTA A YOUKI

15 de julio de 1944

Mi amor,
Nuestro sufrimiento sería intolerable si no pudiésemos tomarlo como una enfermedad sentimental y pasajera. Nuestro encuentro hará nuestra vida hermosa por lo menos por treinta años. Por mi parte, estoy tomando un sorbo profundo de juventud y regresaré lleno de amor y de fuerza. Durante el trabajo un cumpleaños, mi cumpleaños, fue la ocasión para meditar largamente acerca de vos. ¿Te llegará esta carta a tiempo para tu cumpleaños? Me hubiese gustado darte cien mil cigarrillos americanos, una docena de vestidos de alta costura, un departamento en la rue de Seine, un automóvil, una pequeña casa en el bosque de Compiègne, la de la Belle Isle y un pequeño ramo de cuatro peniques. En mi ausencia, puedes ir y comprar las flores, yo te las pagaré, por supuesto. Lo demás te lo prometo para más adelante. Pero antes que nada, toma una buena botella de vino y piensa en mí. Espero que tus amigos no te dejen sola ese día. Les agradezco su devoción y su coraje. Recibí un paquete de Jean-Louis Barrault hace una semana. Bésalo en la mejilla por mí así como a Madeleine Renaud, ya que el paquete es una prueba de que mi carta ha arrivado. ¿Qué hay de nuevo con mis libros en la prensa? Tengo muchas ideas para poemas y novelas. Lamento no tener ni la liber
tad ni el tiempo de escribirlos. Puedes, sin embargo, decirle a Gallimard que tres meses después de mi regreso recibirán el manuscrito de una historia de amor en un género enteramente novedoso. Estoy cerrando por hoy.
Hoy, el 15 de julio, recibí cuatro cartas, de Barrault, Julia, Dr. Benet y Daniel. Agradeceles, y disculpame con ellos por no haber respondido. Tengo derecho a una carta por mes. Aún nada de tu mano, pero sí recibo noticias tuyas. Espero que esta carta sea como nuestra vida por venir. Mi amor, te beso tan tiernamente como la honorabilidad lo permite en una carta que debe pasar por la censura. Mil besos. ¿Recibiste el pequeño arcón que te envié al hotel de Compiègne?


Robert

Te recomendamos ver el programa de televisión.

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