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323 POESÍA MÁS POESÍA: WALLACE STEVENS

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BIOGRAFÍA DEL POETA WALLACE STEVENS

Wallace Stevens (Reading, Pensilvania, 2 de octubre de 1879 – Hartford, Connecticut, 2 de agosto de 1955) se destaca como un influyente poeta estadounidense, inmerso en el modernismo anglosajón del siglo XX.

Nació del matrimonio entre Garrett Barcalow Stevens, abogado, y Margaretha Catharina Zeller Stevens, antigua maestra de escuela. Fue el segundo de cinco hijos.

Nació en una familia acomodada y recibió una educación privilegiada. Estudió literatura en la Universidad de Harvard, donde fue editor de la revista literaria «The Harvard Advocate». Durante este tiempo, Stevens también comenzó a escribir poesía y desarrolló su propio estilo único.

En 1909, temporadas después de haber completado la carrera de Derecho en New York Law School, Wallace celebró su boda con Elsie Viola Rachel. Juntos trajeron al mundo, en 1924, a una niña a la cual bautizaron como Holly.

wallace stevens as choir boy 1893 - Poesia Online

Después de graduarse, Stevens trabajó en el campo del derecho y luego se convirtió en vicepresidente de una compañía de seguros en Hartford. Aunque pasó la mayor parte de su vida profesional en el mundo empresarial, nunca dejó de escribir poesía y publicó varios libros a lo largo de su carrera.

En 1922, escribió al director de una revista:
Evíteme, por favor, contar los datos biográficos. Soy abogado y vivo en Hartford. Estos hechos no son divertidos ni reveladores.

Su vida estuvo más estrechamente relacionada con el mundo de las compañías de seguros que con la literatura, ya que trabajó como abogado de seguros durante toda su vida.

Si bien pasó la mayor parte de su carrera profesional en el sector de seguros, su verdadera vocación como poeta no se manifestó plenamente hasta después de los 50 años, lo que lo convierte en un ejemplo notable de un poeta tardío. Esta transformación se ha destacado como un fenómeno poco común por el crítico Harold Bloom.

 

Wallace Stevens and Holly near their - Poesia Online
Junto a su hija Holly

Destacado poeta estadounidense del siglo XX, es considerado como uno de los principales representantes del modernismo. Pertenece al grupo de poetas que renovaron la poesía norteamericana del mencionado siglo. Contemporáneo de Ezra Pound, T.S. Eliot, William Carlos Williams, E.E. Cummings, Carl Sandburg, el reconocimiento a su poesía y genio fue tardío.

No siguió el camino de sus colegas que con su exilio voluntario llegaron a cultivar la leyenda de la generación perdida. Sintió como sus compañeros el deseo de ir a París y quiso estudiar algo relacionado con las humanidades. Pero su padre lo convenció para que permaneciera mejor en su país e ingresara en la escuela de leyes. Estados Unidos estaba entonces lejos de imaginar el desastre financiero de 1929; así pues, acorde con el optimismo de las primeras décadas del siglo, el joven Stevens se preparó para ser «alguien en la vida» dentro de la ortodoxa ética de su educación presbiteriana.

Todo sucedió tarde en su vida: empezó a publicar a la edad en que otros suman ya varios libros en sus bibliografías; tenía cuarenta y cuatro años en el momento de la aparición de su primer volumen de poemas Harmonium.

Wallace Stevens 1916. Courtesy Peter Hanchak - Poesia Online
Mantuvo perfectamente escindidas sus vidas de poeta y funcionario. Nunca participó activamente en la escena literaria de Norteamérica, ni tomó partido en las polémicas que tocaban las dos orillas del océano; fue en muchos sentidos la antípoda de Pound y Eliot.

Tuvo puntos de contacto con Williams en cuanto a rasgos biográficos, pero sus caminos poéticos tomaron rumbos muy distintos. Stevens, el exitoso hombre de negocios, cuyos compañeros jamás imaginaron su entrega a la poesía, regresaba todas las noches a su casa para ensayar una concepción de la poesía difícil de imaginar en alguien tan apartado de las páginas de crítica de las revistas literarias o del mundo académico.

La poesía de Stevens revela una profunda lectura de los poetas franceses que transformaron la poesía siglos pasados. Halló inspiración en Laforgue, asimiló la poesía de Corbière, Gauthier y Apollinaire. El simbolismo fue su escuela y el vástago de esta corriente: el imaginismo, dejaría una profunda huella en su práctica poética.

Stevens no podía concebir que el yo poético coincidiera con el yo empírico como fuente de poesía. Impuso una gran distancia entre sus sentimientos y la poesía.

Sus poemas nacían de una tensión entre su imaginación y las posibilidades del lenguaje poético. Quiso lograr una radical despersonalización de la poesía, y para que la poesía misma pudiera encarnar en palabras se inventó una máscara: la máscara del estilo.

No hubo en él como en Williams, la urgente necesidad de expresar la realidad inmediata. Pertenece a la estirpe de poetas que trató de pensar en términos puramente poéticos. Sus poemas expresan una complejidad que da pie a las glosas y las exégesis más desmesuradas.

Cultivó una ironía devastadora y que transgredió con frecuencia la lógica. Los poemas adquieren coherencia a través de un sistema propio de metáforas y la intención lúdica de su estilo se manifiesta con destacado acento en los títulos desconcertantes de los poemas, que pueden ser considerados como una respuesta a sus profundas dudas sobre la realidad percibida.

 

wallace stevens 1 - Poesia Online
Por ello la poesía llega a ser una realidad más tangible que se basta a sí misma. En un verso de un poema largo «La guitarra azul» dice que «La poesía es el tema del poema». Stevens expresó así su sólida fe en la poesía: «Cuando se ha abandonado toda fe en Dios, la poesía es ese principio vital que ocupa su lugar como redentora de vida.» Su poesía puede también entenderse como el conflicto entre la experiencia intelectual y la experiencia sensible. Esto lo aproxima a la pintura en cuanto a la esfera de las formas, proceso en el que se anula toda referencia anecdótica. El sustrato filosófico de su pensamiento poético provocó muchos malos entendidos. En una carta a un amigo, los reproches de ciertos críticos lo motivan a escribir:
“Es muy extraño que muy pocos reseñistas se den cuenta que uno escribe poesía porque uno desea hacerlo. La mayoría piensa que uno escribe poesía para imitar a Mallarmé o para sumarse a esta o aquella escuela. Es muy posible tener una idea del mundo que provoca una necesidad que nada puede satisfacer salvo la poesía y esto nada tiene que ver con otros poetas o con ninguna otra cosa.”

Stevens estaba lo suficientemente enterado para no ignorar que la poesía no puede expresar un sistema filosófico y compartía con Williams el credo que dice «no ideas sino la cosa misma», pero su verdadera preocupación fue el pensamiento y las impresiones: el acto intelectual de percibir las cosas.

En los poemas la imaginación está contenida, pero una corriente subterránea la desborda. Poesía en su más pura expresión. Pero hay un peligro: las voces de esas máscaras son huecas. En la poesía de Stevens el ruido del mundo quedó fuera, sólo le interesaba la comedia del arte y sus máscaras; sin embargo, la fuerte carga poética de sus textos se debe a que el lenguaje, a pesar de toda intención de pureza, es una creación humana.

Las vanguardias del siglo XIX que se proyectaron intensamente hacia las primeras décadas del siglo XX, son ahora la tradición de nuestra modernidad. Ya no es una proeza en nuestros días intentar la lectura de Stevens, sin embargo, entre nosotros sigue siendo un poeta cuasi-ignorado.

Pocos poetas hay tan despojados de biografía como Wallace Stevens, quien solía decir que los hechos en la vida de un poeta son harto vulgares. Y es verdad que nada hubo de extraordinario en su vida. Fue tan radical la separación entre la actividad del poeta y el alto ejecutivo que un socio de Stevens al leer en el periódico el obituario de éste, se sorprendió que se mencionara la actividad literaria del viejo Wally.

Ejerció la abogacía en Nueva York y formó parte de la Barra de Abogados de la misma ciudad. Desde 1916 hasta su muerte fue socio de la compañía de seguros Hartford Accident and Indemnity Company, de la que se convirtió en su vicepresidente en 1954.

Aunque la Universidad de Harvard, en donde había estudiado, le ofreció un puesto tras ganar el Pulitzer, Stevens, ya enfermo de cáncer, lo declinó y permaneció en Hartford hasta su muerte. Larga vida, biografía breve.  El conocido crítico Harold Bloom lo considera como un “poeta tardío” debido a que pasó inadvertido hasta los cincuenta años, cuando ya fue considerado por la crítica como uno de los mejores poetas estadounidenses vivos. En todo caso, no fue hasta después de su muerte cuando se reconoció su obra entre las más importantes del modernismo en lengua inglesa.

stevenswallacebio - Poesia Online
Para Stevens, «imaginación» no es equivalente a conciencia, como tampoco «realidad» se identifica con el mundo existente más allá de nuestra mente. La realidad es producto de la imaginación, la cual conforma el mundo. Así, la realidad es una actividad, no un concepto estático. Para dar sentido al mundo es preciso elaborar un punto de vista a través de un ejercicio de la imaginación. Pero no se trata de un estéril esfuerzo filosófico, sino del apasionado compromiso de otorgar a las cosas un orden y un significado.

Stevens sugiere que vivimos inmersos en una suerte de tensión entre las formas, a través de las cuales establecemos el mundo y las ideas ordenadas que nuestra imaginación propone. El mundo nos influye en toda esfera de actividad:
En su ensayo El valor de la imaginación («Imagination as Value»), afirma: «la verdad parece ser aquello que vivimos en conceptos de imaginación antes de que la razón lo haya fijado».
La imaginación es el mecanismo a través del cual inconscientemente conceptuamos las estructuras vitales, mientras que la razón es la forma en que elaboramos conscientemente dichos esquemas.

A lo largo de su carrera, Wallace Stevens logró importantes hitos que lo posicionaron como uno de los más influyentes poetas estadounidenses.

Su relación con la revista Poetry, una de las publicaciones literarias más prestigiosas de la época, marcó el inicio de su carrera poética. En 1914, la revista dio cabida al poema inaugural de Stevens, lo que le permitió ganar reconocimiento en el círculo literario.

Su primer libro, Harmonium, se publicó en 1923, y rápidamente se consolidó como una obra clave dentro de la poesía modernista. A lo largo de su vida, Stevens publicó varios libros que marcaron una huella profunda en la literatura estadounidense, entre los que destacan Ideas de orden (1935), El hombre con la guitarra azul (1937) y Las auroras de otoño (1950). Cada una de estas obras reflejó su evolución como poeta y su interés por explorar las complejidades de la existencia humana a través de una poesía que combinaba lo filosófico con lo lírico.

Ganador del Premio Pulitzer de Literatura en 1955. También recibió el premio Bollingen.

Sus Poemas completos (1954) recibieron el Premio Pulitzer y Opus Posthumous (1957) recoge algunos poemas inéditos.

Entre sus poemas más destacados figuran Le Monocle de Mon Oncle, El emperador de los helados, Mañana de domingo, Anécdota del cántaro, Peter Quince al teclado y Trece formas de mirar a un mirlo.

SELECCIÓN DE POEMAS DE WALLACE STEVENS

DEL MERO SER

-La palmera al final de la mente,
pasado el último pensamiento, se eleva
en la decoración de bronce,

un pájaro de dorado plumaje
en la palmera canta, sin significado humano,
sin sentimiento humano, un extranjero son.

Sabes entonces que él no es la razón
que nos hace felices o infelices.
Canta el pájaro. Sus plumas brillan.

La palmera se alza al borde del espacio.
El viento pasa lento por las ramas.
El plumaje del pájaro, forjado a fuego, queda colgando.

DE LAS AURORAS DE OTOÑO

I

Aquí es donde vive la serpiente, la sin cuerpo.
Su cabeza es aire. En cada cielo, por la noche,
debajo de su cola se abren ojos que nos miran.
¿O esto es otro culebrear fuera del huevo,
otra imagen al final de la caverna,
otra sin cuerpo para la vieja piel?
Aquí es donde vive la serpiente. Éste es su nido,
estos campos, estas colinas, estas teñidas distancias,
y los pinos encima, y a lo largo y al costado del mar.
Esto es forma engullendo lo informe,
piel relampagueando hacia desapariciones anheladas,
y el cuerpo de la serpiente relampagueando sin piel.
Ésta es la altura emergiendo y su base
estas luces pueden finalmente alcanzar un polo
en la semi-cerrada medianoche y encontrar la serpiente allí,
en otro nido, el amo del laberinto
de cuerpo y aire e imágenes y formas,
inexorablemente en posesión de la felicidad.
Éste es su veneno: que hemos de desconfiar
incluso de esto. Sus meditaciones en los helechos,
cuando se movía tan apenas para estar segura del sol,
nos hizo no menos seguros. Vimos en su cabeza,
anillada de negro sobre la roca, el animal moteado,
la hierba móvil, el Indio en su claro del bosque

II

Adiós a una idea… Una cabaña en pie,
abandonada, sobre una playa. Es blanca,
como de Costumbre o de acuerdo con
un tema ancestral o como consecuencia
de un rumbo infinito. Las flores contra el muro
son blancas, están mustias, una especie de marca
recordando, intentando recordar una blancura
que era diferente, otra cosa, el año pasado
o antes, no la blancura de una tarde al envejecer,
no sé si más fresca o más apagada, si de nube de invierno
o de cielo invernal, de un horizonte a otro.
El viento arrastra la arena por el suelo.
Aquí, ser visible es ser blanco,
es tener la solidez del blanco, la realización
de un extremista en un ejercicio…
Cambia la estación. Un viento frío congela la playa.
Sus largas líneas se hacen más largas, y vacías,
una oscuridad se acumula aunque no cae
y la blancura crece menos vívida en el muro.
El hombre que camina se vuelve sobre la arena con estupor.
Observa cómo el norte siempre engrandece el cambio,
con sus brillos helados, sus curvas rojiazules
y ráfagas de grandes ascuas, su verde polar,
el color del hielo, del fuego y de la soledad.

VIII

Siempre puede haber un tiempo de inocencia.
Nunca existe un lugar. O si no existe un tiempo,
si no es cosa de tiempo, ni de espacio,
existiendo, a solas, en su idea,
en el sentido contra la calamidad, no es por ello
menos real. Para el filósofo más frío y más anciano
hay o debe de haber un tiempo de inocencia
como puro principio. Su naturaleza es su fin,
que debería ser y no ser a un tiempo, una cosa
que estimula la piedad de un hombre piadoso,
como un libro al atardecer, hermoso pero falso.
Como un libro al alba, hermoso y verdadero.
Es como una cosa de éter que existe
casi como predicado. Pero existe,
existe, y es visible, existe, es.
Así, entonces, estas luces, no son un hechizo de luz,
un refrán caído de una nube, sino inocencia.
Inocencia de la tierra y no un signo falso
o un símbolo de malicia. Que participamos
de eso mismo, yacemos como niños en esta santidad,
como si, despiertos, yaciésemos en la quietud del sueño,
como si la madre inocente cantase en la oscuridad
de la habitación y en un acordeón ¡ apenas oído!,
crease el tiempo y el espacio en el que respirábamos…

Traducción de Jenaro Talens
Poesía reunida.

TRECE MANERAS DE MIRAR UN MIRLO

1
Entre veinte cerros nevados
lo único que se movía
era el ojo de un mirlo.

2
Yo era de tres pareceres,
como un árbol
en el que hay tres mirlos.

3
En el viento de otoño giraba el mirlo.
Tenía un papel muy breve en la pantomima.

4
Un hombre y una mujer
son uno.
Un hombre y una mujer y un mirlo
son uno.

5
Yo no sé si prefiero
la belleza de las inflexiones
o la belleza de las insinuaciones,
si el nido silbando
o después.

6
El hielo cubría el ventanal
de cristales bárbaros.
La sombra del mirlo
lo cruzaba de un lado a otro.
La fantasía
trazaba en la sombra
una causa indescifrable.

7
Oh, delgados hombres de Haddam,
¿por qué imagináis pájaros dorados?
¿No veis cómo el mirlo
anda entre los pies
de las mujeres que os rodean?

8
Conozco nobles acentos
e inevitables ritmos lúcidos;
pero también conozco
que el mirlo anda complicado
en lo que conozco.

9
Cuando el mirlo se perdió de vista
señaló el límite
de un círculo entre otros muchos.

10
Al ver mirlos
volar en la luz verde,
hasta los charlatanes de la eufonía
gritarían agudamente.

11
Viajaba por Connecticut
en un coche de cristal.
Una vez le entró el miedo,
por haber confundido
la sombra de su equipaje
con mirlos.

12
El río se mueve.
Estará volando el mirlo.

13
Toda la tarde fue de noche.
Nevaba,
iba a seguir nevando.
El mirlo se detuvo
en la rama del cedro.

Versión de Raúl Gustavo Aguirre

EL POEMA QUE OCUPÓ EL LUGAR DE UNA MONTAÑA

Allí estaba, palabra tras palabra,
el poema que ocupó el lugar de una montaña.

Él aspiraba de su oxígeno,
incluso cuando el libro yacía del revés sobre el polvo, en su mesa.

Le trajo a la memoria cómo necesitó
de algún lugar para seguir su rumbo,

cómo llegó a recomponer los pinos,
a trasladar las rocas, abrir camino entre las nubes,

para una perspectiva que sería perfecta,
donde él se consumase en una inexplicable consunción:

La exacta roca en donde sus inexactitudes
descubriesen, al fin, el panorama hacia el que había tendido,
donde pudiese yacer y, contemplando el mar,
reconocer su hogar, único y solitario.

 

 

LA MUJER AL SOL

Ocurre solamente que el movimiento y el calor
son como el calor y el movimiento de una mujer.

No es que exista ninguna imagen en el aire
ni el principio o el fin de una forma:

Hay un vacío. Pero la mujer en un oro sin hebras
nos quema con los cepillados de su traje

Y una disociada abundancia de ser,
más categórica por lo que ella es-

porque está desencarnada
llevando los olores de los campos de estío,

confesando el taciturno y aun así indiferente,
invisiblemente claro, único amor.

 

HOMUNCULUS ET LA BELLE ETOILE

En el mar de Vizcaya se adorna
la joven esmeralda, estrella de la tarde,
buena luz para los ebrios, las viudas, los poetas
y las damas próximas a casarse.
Por esta luz los peces salobres
se arquean en el mar como ramas de árboles,
mezclando muchos rumbos
hacia arriba, hacia abajo.
Qué plácida resulta una existencia
en la que esta esmeralda encanta a los filósofos,
hasta que negligentemente se inclinan
a bañar sus corazones en una luna tardía.
Sabiendo que pueden traer de vuelta el pensamiento
en la noche que ha de ser aún silenciosa,
reflejando esto o aquello,
antes del sueño.
Aun mejor será si, como escolares,
ellos piensan fuertemente en los puños oscuros
de capas voluminosas,
y se afeitan el cuerpo y la cabeza.
Puede bien ser que sus amantes
no sean flacos fantasmas huidizos.
Pueden después de todo ser frívolas,
fecundas,
exuberantemente bellas, ansiosas,
desde cuyo estar bajo las estrellas, en la margen del mar,
el íntimo bien de sus búsquedas
se vuelque en las más simples frases.
Es una buena luz, entonces,
para aquellos que conocen el Platón último,
tranquilizando con esta joya
los tormentos de la confusión.

Versión de Elilzabeth Azcona Cranwell

MAÑANA DE DOMINGO

I.
El placer de ir en bata, ya muy entrado el día,
el café y las naranjas, en una silla al sol,
la verde libertad del papagayo
sobre un tapiz se funden para disipar
el sagrado silencio de un sacrificio antiguo.
Ella sueña un instante y siente
la oscura intromisión de esa vieja catástrofe
como la calma se oscurece en las luces acuáticas.
Naranjas acres, y las brillantes alas
verdes parecen cosas que en un cortejo fúnebre
cruzan serpenteando un agua ancha, sin sonido.
El día es como un agua ancha, sin sonido,
silenciado por el paso de sus pies soñadores
por encima de océanos, hacia la silenciosa Palestina,
dominio de la sangre y el sepulcro.

IV.

Dice ella: «Me siento contenta cuando los pájaros al despertarse
y antes de alzar el vuelo, prueban la realidad
de neblinosos campos, con sus dulces preguntas;
pero cuando se han ido y sus cálidos campos
ya no regresan nunca, ¿dónde encontrar el paraíso?»
No existe guarida alguna para las profecías,
ni la vieja quimera del sepulcro,
tampoco el áureo subterráneo, ni melodiosa isla
en donde los espíritus vuelvan al hogar,
ni visionario sur, ni sombría palmera que haya perdurado
allá remota sobre alguna colina celestial
lo que el verde de abril; o que perdure
cuanto sus recuerdos de pájaros despiertos,
o su deseo de junio y del atardecer, anunciado
por la consunción del vuelo de la golondrina.

V
.Dice ella: «Sin embargo en la satisfacción aún siento
la falta de un deleite que jamás pereciese».
La muerte es madre de belleza; de ahí que sólo ella
pueda hacer realizables nuestros sueños
y nuestros deseos, aunque nos esparza
hojas de destrucción por los caminos,
el del negro dolor, los múltiples caminos
donde tañía el triunfo sus metálicos sones
o el amor susurraba apenas de ternura,
ella hace que el sauce tiemble al sol para aquellas muchachas
que solían sentarse y, abandonadas, contemplar la hierba
bajo sus pies. Induce a los muchachos
a amontonar las peras, las ciruelas maduras
sobre una fuente descuidada. Las muchachas las prueban
y apasionadamente se dispersan sobre las hojas en desorden.

VI

¿No habrá en el paraíso otro tipo de muerte?
¿No cae la fruta cuando madura, o cuelgan
las ramas siempre grávidas en el cielo perfecto,
inmutable, aunque tan parecido a nuestra tierra mortal,
con ríos como los nuestros, siempre en busca de mares
que nunca encuentran, de las mismas playas menguantes
que nunca tocan con un dolor inexpresable?
¿Por qué plantar allí el peral, sobre aquellos ribazos,
o perfumar las playas con el aroma del ciruelo?
¡Ay, que luzcan allí nuestros colores,
la trama sedosa de nuestros atardeceres,
y suenen las cuerdas de insípidos laúdes!…
La muerte es mística madre de belleza,
en cuyo seno ardiente inventamos
a nuestras madres terrenales, despiertas, esperando.

VII
.
Ágil y turbulento, un círculo de hombres
cantará entre la orgía de una mañana de verano
su borrascosa devoción al sol,
no como un dios, sino como podría ser un dios,
desnudo entre ellos, como fuente salvaje.
Su canto habrá de ser canto de paraíso,
salido de su sangre, de regreso al cielo;
y entrarán en su canto con cada una de las voces
el lago ventoso donde goza el señor,
arboles como serafines y colinas con ecos
que reverberan en coro hasta mucho después.
Ellos conocerán la amistad celestial
de los hombres que mueren y de la mañana de estío,
y el rocío sobre sus pies será el que muestre
de dónde vienen y hacia dónde van.

VIII
Ella escucha, sobre ese agua sin sonido,
cómo grita una voz: «La tumba en Palestina
no es Pórtico de espíritus que se demoren.
es tumba de Jesús, donde yació».
Vivimos en el viejo caos del sol,
o en la vieja dependencia del día y de la noche,
o en soledad de isla, libres y sin tutela
de esas anchas aguas de las que no podemos escapar.
Los ciervos recorren nuestros montes y la codorniz
silba en torno a nosotros sus espontáneos gritos;
dulces bayas maduran en el páramo,
y en el cielo aislado, cuando cae la tarde,
casuales bandadas de palomas describen
equívocas ondulaciones, al hundirse en la sombra
con las alas abiertas.

TATUAJE

La luz como una araña,
se arrastra por el agua.
Se arrastra sobre los bordes de la nieve.
Se arrastra debajo de tus párpados
y esparce allí sus telarañas;
sus dos telarañas.
Las telarañas de tus ojos
se pegaron
a tu carne y tus huesos
como la viga y tu hierba.
Hay hilos en tus ojos,
en la superficie del agua,
y en los bordes de la nieve

SOLILOQUIO FINAL DEL AMANTE INTERIOR

Luz, primera luz de la noche, como en un cuarto
en el que descansamos y, casi por nada, pensamos
que el mundo imaginado es bien esencial.

Este es, por tanto, el más intenso rendez-vous.
Es en esta idea en la que nos recogemos,
fuera de todas las indiferencias, en una sola cosa:

Dentro de una sola cosa, un solo chal
que nos abriga bien, pues somos pobres, un calor,
una luz, un poder, la milagrosa influencia.
Ahora, aquí, nos olvidamos el uno al otro y de nosotros,
sentimos la oscuridad de un orden, una totalidad,
un conocer, lo que arregló la cita,
dentro de su vital circunscripción, en la mente.
Decimos: Dios y la imaginación son uno.
La candela más alta, que alta ilumina lo oscuro…
Y fuera de esta luz, de esta mente central,
hacemos nuestra casa en el aire nocturno,
donde estar los dos juntos es lo suficiente.

Versión de Andrés Sánchez Robayna

PETER QUINCE AL CLAVECÍN

I

Así como mis dedos en las teclas
hacen música, así logra el sonido
hacer también su música en mi espíritu.
Música es sentimiento, no sonido;
y eso es exactamente lo que siento
en este cuarto, mientras te deseo
pensando en tu sombría seda azul:
la música. Como la melodía
que despertó Susana en los ancianos.
En una noche verde, tenue y cálida,
cuando ella se bañaba en su jardín,
los ancianos la espiaron y sintieron
latir las graves cuerdas de su ser,
embrujados acordes, y en su sangre
pulsar los pizzicatos de un Hosanna.

II
En aguas verdes, tibias, cristalinas,
Susana, recostada,
buscaba la delicia
del torrente,
y halló tan sólo
fantasías oscuras.
Suspiraba
por tanta melodía.
Se irguió en la orilla,
sintiendo un frío
desaliento,
sintiendo entre las hojas
el rocío
de un viejo sentimiento.
Caminó sobre el césped
temblando todavía.
La brisa parecía una doncella
de pies ligeros,
envolviéndola en lienzos
con ciertos titubeos.
Un suspiro en su mano
silenció las tinieblas.
Se volvió:
un címbalo estalló
y bramó el corno.

IV

La belleza es efímera en la mente:
el confuso bosquejo de un portal;
en la carne, no obstante, es inmortal.
El cuerpo muere; la belleza del cuerpo sobrevive;
así mueren las tardes, en su verde agonía:
un oleaje, que fluye todavía.
Así muere el jardín: consumado el pesar,
su apacible perfume da contento al capuz invernal.
Mueren así las doncellas,
para el naciente fasto de un coro virginal.
El aria de Susana rozó el teclado obsceno
de esos viejos canosos; pero ella, al escapar,
dejo al irónico rasguño de la Muerte su lugar;
en su inmortalidad, ahora, el aria suena
en la viola ideal de la memoria,
y hace un constante rito de la gloria

UNA POSTAL DESDE EL VOLCÁN

Los niños que recogen nuestros huesos
nunca sabrán que alguna vez fueron
tan rápidos como los zorros en el cerro;

y que en otoño, cuando las uvas
hacían más penetrante el aire con su olor
estos tenían un ser que respiraba escarcha;

y menos adivinarán que con nuestros huesos
dejamos mucho más, dejamos lo que aún es
la apariencia de las cosas, dejamos lo que sentíamos

en lo que veíamos. Las nubes primaverales soplan
sobre la mansión cerrada,
más allá de nuestra puerta y el cielo ventoso

clama una desesperanza literaria.
Conocimos durante mucho tiempo el aspecto de la mansión
y lo que decíamos se volvió

parte de lo que es… Los niños,
aún tejiendo aureolas en flor,
dirán nuestro discurso y nunca lo sabrán,

hablarán de la mansión que parece
como si quien vivió allí hubiera dejado atrás
un espíritu al asalto en los muros desnudos,

una casa inmunda en un mundo destruido
un jirón de sombras coronado de blanco,
manchado con el oro del sol opulento.

DOMINACIÓN DEL NEGRO

De noche, junto al fuego,
los colores de las matas
y de las hojas caídas
repitiéndose a sí mismas,
giraron en el cuarto
como las mismas hojas
que giran en el viento.
Sí: pero el color de los pesados abetos
venía a grandes trancos.
Y recordé el voceo de los pavos reales.

Los colores de sus colas
eran como esas mismas hojas
que giraban en el viento,
en el viento del crepúsculo.
Cayeron en el cuarto
igual como volaron de las ramas de los abetos
hacia el suelo.
Oí el voceo de los pavos reales.
¿Fue un voceo contra el crepúsculo
o contra las propias hojas
que giran en el viento,
que giran como las llamas
que giran en el fuego
que giran como las colas de los pavos reales
que giran en el ruidoso fuego
ruidoso como los abetos
llenos del voceo de los pavos reales
¿O fue un voceo contra los abetos?

Por la ventana,
vi cómo se aglomeraban los planetas
como esas mismas hojas
que giran en el viento.
Vi cómo llegaba la noche
Llegaba a grandes trancos como el color de los pesados abetos,
sentí miedo.
Y recordé el voceo de los pavos reales.

 

PRÓXIMO PROGRAMA JUEVES A LAS 22 HS (HORA ESPAÑOLA)

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