126. Poesía más Poesía: Enrique Cadícamo

ENRIQUE CADÍCAMO, POETA DEL TANGO

BIOGRAFÍA  

En 1880 Ángel Cadícamo, de 25 años, su esposa, Hortensia Luzzi, de 21, y su primer hijo de cuatro, Antonio, llegaron a Buenos Aires desde San Demetrio Corone (Cosenza, Italia). Después de un tiempo en la ciudad, la familia con su recién llegada, María Laura, emigraron al pueblo de General Rodríguez, donde el señor Cadícamo comenzó a trabajar como mayordomo de estancia. Allí, nacieron María, José María y dos niños más que fallecieron poco después de su nacimiento. La familia se mudó más tarde al pueblo de Luján, donde en esta ocasión el cabeza de familia montó una pequeña empresa dedicada a delimitar los terrenos de la zona. Durante los cinco años que vivieron en esta localidad, nacieron otras tres niñas más: María Adela, Amalia Rosalía y Herminia Verónica.
La familia regresó al pueblo de General Martín Rodríguez donde Don Ángel volvió a trabajar como mayordomo en la estancia de los Maireles, donde a las ocho de la mañana del 15 de julio de 1900, nació DOMINGO ENRIQUE CADÍCAMO, décimo y último hijo del matrimonio italiano. En 1905 volvieron a Luján, donde compraron una hermosa casona céntrica. 
El pequeño Enrique, que por entonces era llamado Domingo, aprendió a leer con sus hermanas María Adela y Herminia Verónica; lo que le permitió entrar directamente al segundo grado del colegio. En 1910, la familia Cadícamo se mudó al barrio de Flores en Buenos Aires donde Domingo completó sus estudios primarios y luego cursaría el nivel medio.


En 1919 comenzó trabajar como escribiente, copiando escritos, pasándolos a limpio y escribiendo al dictado, en el Archivo del Consejo Nacional de Educación. Allí entabló amistad con Leopoldo Lugones, Héctor Pedro Blomberg, Manuel Gálvez y Enrique Banchs, entre otros hombres de letras. Junto a él trabajaba Pablo Suero, un dramaturgo, periodista y crítico teatral que fue el primero que lo animó para que continuara en la senda de la poesía popular, después de que le diera a leer la letra Pompas, que cuatro años más tardes se convertiría en su primer tango con música adaptada por el pianista Roberto Emilio Goyeneche, tío del polaco Goyeneche, y que fue estrenado por Carlos Gardel.
Su padre, no llegó a escuchar su primer tango pues falleció en 1923 en un accidente de tráfico. Goyeneche falleció poco antes de la primera grabación, por lo que el título original Pompas fue cambiado por el de Pompas de jabón por su coincidencia con las pompas fúnebres.
Pompas de jabón fue grabado por Gardel en España, el 27 de diciembre de 1925, con el acompañamiento de José Ricardo y en sistema eléctrico, dado que en España se conoció ese sistema meses antes de instalarse en Buenos Aires.

Carlos Gardel y Enrique Cadícamo.

En 1928 comenzó la colaboración entre Cadícamo y Juan Carlos Cobián con el tema – Vení, vení –, para la que Cadícamo viajó a Europa a bordo del vapor Conte Rosso. Junto con Cobián formaron una pareja creativa excepcional, que dejó tangos memorables. Pasó seis meses en Barcelona y París donde asistió al debut de Gardel en el cabaret Florida.

Así narra su primer encuentro con Gardel en París:

“¡Cómo no recordarlo! Fue en enero de 1929. La misma noche que llegué, lo primero que hice fue ir a escucharlo. No sabía dónde cantaba, pero no era difícil averiguarlo. Por aquel entonces El Garrón tenía más de consulado argentino que de cabaret y tomando un taxi allí me fui (…) Después de aguantar los abrazos de los argentinos que allí estaban, pregunté dónde cantaba Carlitos y acompañándome varios fuimos al Florida. Fue una emoción grande encontrar así de golpe a Gardel cantando en París. Escuchándolo le parecía a uno mentira estar tan lejos de Buenos Aires”.

Otras letras interpretadas por Gardel fueron Muñeca brava, Cruz de palo, De todo te olvidas… En menos de ocho años, “El Zorzal”, como llamaban a Carlos Gardel, le grabó 23 temas. “Che papusa, oí” de 1927. “Anclao en París” que fue escrita por Cadícamo en Barcelona, en 1931 y se la remitió a Garlos Gardel, que por entonces se hallaba en Niza. Guillermo Barbieri, uno de los guitarristas del cantor, le puso música y Gardel la grabó poco después.  También fue el autor del último tango que Gardel grabó en Argentina, antes de emprender su última gira, “Madame Ivonne”, grabado el 6 de noviembre de 1933.

Después de su primer viaje a Europa, Cadícamo regresó a Buenos Aires y renunció a su trabajo puesto que “ganaba por semana cuatro veces más de lo que cobraba mensualmente en el Archivo”. Por aquel entonces, ya tenía más de 50 temas grabados, entre los cuales sobresalen Aquellas farras, Che Bartolo, Compadrón o Ramona).
Leer primera ronda de poemas

En 1930 viajó nuevamente a Europa coincidió en el barco con la compañía de revistas del Teatro Sarmiento que venía a debutar en el Teatro de la Zarzuela de Madrid. Entre su elenco se hallaban: Sofía Bozán con sus hermanas Haydée y Elena, Pedro Quartucci, Gloria Guzmán y María Esther Gamas. También iban a bordo Gerardo Matos Rodríguez, Cátulo Castillo y Roberto Maida.
Meses más tarde, Enrique volvió a Buenos Aires donde continuó cosechando éxitos.
Sin abandonar el teatro, se inició como cineasta.
En 1936 llegó a Río de Janeiro acompañado por “El Oriental” José Razzano y Charlo, y entre las representaciones él leía sus poemas. En ese viaje escribió los versos Ave de paso, musicalizados por Charlo.
En 1937 viajó a Nueva York con su inseparable amigo y colaborador Juan Carlos Cobián donde permanecieron más de un año, haciendo historia en la bohemia norteamericana.
Entre los años 40 y 45, ante la insistencia de sus colegas, formó parte del directorio de SADAIC.
Su madre falleció en 1942, a los 83 años, en Barrio Flores. Y en el año 53 muere su gran amigo Juan Carlos Cobián.

Con respecto a su vida sentimental, durante el rodaje de su película La historia del tango le llamó la atención una señorita que intervenía en una escena, bailando un tango. El destino volvió a unirles en la década del 40 cuando Enrique acompañó a su amigo Miguel Juárez Celman a la escuela de danzas de Otto Werber. “En este vivero de bailarinas (…) descubro aquel rostro que un año atrás me había atraído extrañamente (…) De una sola mirada pude abarcar de cerca su luminosa juventud…”, diría el poeta, refiriéndose a Nelly Ricciar (que sería más tarde integrante de la pareja de danzas Nelly & Nelson) con quien mantuvo un largo noviazgo que en 1961 terminó en matrimonio. En mayo del 62 partieron de luna de miel por diferentes países de Europa durante más de un año. 

Enrique Cadicamo con su señora Nelly


A su vuelta a Buenos Aires, nació Mónica María, única hija del matrimonio, sobre la que Enrique Cadícamo solía decir que era su mejor tango.
Sobres sus viajes destacar que desde su juventud viajó a Uruguay, en el 32 en compañía de Tita Merello y Charlo. En 1978 viajó a Japón como representante de SADAIC. Una vez regresado a Argentina viajó Estados Unidos exclusivamente para comprarle a su hija un moderno instrumento musical. Pocos meses más tarde partieron los tres hacia Nueva York, Orlando y otras ciudades norteamericanas. En 1986 la familia viajó a Tokio, donde Mónica que se había iniciado como cantante de tangos en varios programas de TV fue contratada por dos meses en un lujoso hotel, con el acompañamiento del cuarteto de Omar Valente.
Fuera de estos grandes viajes su vida cotidiana se desarrollaba entre Buenos Aires y Mar del Plata, donde compraron un chalet de veraneo cerca de su amigo Julio De Caro.
Autor de más de 1200 temas entre tangos, valses, milongas, fox-trots, polkas y candombes, entre otros ritmos, Enrique Domingo Cadícamo fue uno de los poetas del tango más importantes y más prolífico. Abordó cuanto tema imaginable para ser cantado y en todos los ritmos. Defendió el 2×4 original, al que diferenciaba por lejos de los nuevos sonidos.

Usó los pseudónimos Rosendo Luna y Yino Luzzi. En 1926 escribió su primer libro de versos “Canciones grises”. Seguido por otros dos poemarios “La luna del bajo fondo” de 1940 y “Viento que lleva y trae” de 1945. En 1969 escribió la novela “Café de camareras” y en 1972, un libro de recuerdos “El desconocido Juan Carlos Cobián”.

En teatro escribió Así nos paga la vida —en colaboración con Wally Zenner—; La Baba del Diablo, El Romance de Dos Vagos, El Cantor de Buenos Aires y La Epopeya del Tango.

Para el cine dirigió y escribió las películas Virgencita de Pompeya, Noches cariocas y Nace un campeón. Fue guionista de Noches cariocas (1935), Galería de esperanzas (Chingolo) (1934) e intérprete en Al corazón (1995), Gardel, el alma que canta (1985) y El canto cuenta su historia (1976). Aportó música a la película La fuga (1937).
Enrique Cadícamo no era hombre de soportar presiones. Cuando fue citado por un funcionario de la Dirección de Cultura que objetaba la letra de “Los mareados”, el poeta se sentó frente a una máquina de escribir y redactó algunas estrofas que sometió a consideración del funcionario. «¿Así le gusta?», preguntó. «Esto está mejor», contestó el censor, a lo que Cadícamo rompiendo en pedazos lo que acababa de escribir, le contestó: «Pues sepa que esto es una porquería».

““Los mareados” resurge en su forma auténtica en el año 1949 cuando los poetas y músicos que trataban de sobrellevar esa situación insostenible, solicitaron una entrevista al Presidente de la Nación, entonces el General Juan Domingo Perón. La audiencia fue concedida el 25 de marzo de 1949. Encabezada por Homero Manzi, la delegación estaba integrada entre otros, por Francisco Canaro, Aníbal Troilo, José Razzano, Charlo, Enrique Cadícamo, Alberto Vaccarezza y Lito Bayardo.

Enrique Cadícamo junto a Edmundo Rivero

Todo fue muy rápido e informal. Perón los saludó y dirigiéndose a Vaccarezza le preguntó: «¿Cómo esta Don Alberto? Es cierto que lo afanaron en un bondi?». La prohibición quedó levantada con esta simple expresión del Presidente. No hacía falta nada más. Ni leyes ni decretos. A partir de entonces “Los mareados” retornó a la auténtica versión de Cadícamo en la interpretación de los más afamadas orquestas y cantores.”

Carlos Gardel le grabó “Pompas de jabón”, “Yo te perdono”, “Anclao en París”, “El que atrasó el reloj”, “Cruz de palo” y “La novia ausente” (Guillermo Barbieri); “Compadrón” y “Muñeca brava” (Luis Visca); “Che Bartolo”, “Vieja recova” y “Dos en uno” (Rodolfo Sciammarella); “La reina del tango” (Rafael Iriarte); “Che papusa oí” (Gerardo Matos Rodríguez); “Al mundo le falta un tornillo” (José María Aguilar); “Pituca” (Rogelio Ferreyra); “De todo te olvidas” (Salvador Merico); “Aquellas farras” (Roberto Firpo); “Callejera” (Fausto Frontera); “Madame Ivonne” (Eduardo Pereyra) y los temas norteamericanos “Ramona” (Wayne); “La divina dama” (Shilkret) y “Yo nací para ti, tú serás para mí” (Brown).

Sus tangos también fueron interpretados por otros grandes como Agustín Magaldi, Rosita Quiroga, Libertad Lamarque, Alberto Gómez, Alberto Vila, Charlo, Ignacio Corsini hasta Roberto Goyeneche y Guillermo Barbieri interpretaron e hicieron de sus letras grandes éxitos: “Se fue la pobre viejita” y “Del pasado” (Magaldi-Noda); “Gran señor”, “Traje de novia”; “Cortando camino”, “Tradición” (Frontera); “Sin hilo en el carretel” y “Nunca tuvo novio” (Agustín Bardi); “Yo tan sólo veinte años tenía” y “Luna de Arrabal” (Julio César Sanders); “Apología Tanguera” (Rosita Quiroga); “Picaflor” (Enrique Maciel); “Pa’ mí es igual” (Lucio Demare-Roberto Fugazot); “Tus manos”, “Olvidao” (Barbieri); “Santa milonguita” (Enrique Delfino); “Hambre”, “Rubí”, “Piropos”, “A pan y agua”, “La casita de mis viejos”, “Nostalgias”, “Los dopados”, “Shusheta”, “Niebla del riachuelo” (Cobián); “El cantor de Buenos Aires” (Cobián-Ballerini); “Mi gitana” (Juan José Guichandut); “Guitarra que llora” (Oscar Alemán); “Plata y nada más” y “Voy pa’ viejo” (Miguel Caló); “Ensueños” (Luis Brighenti); “Desvelo” (Eduardo Bonessi); “Son cosas del bandeoneón”, “Tengo mil novias”, “En la buena y en la mala”, “Llorar por una mujer”, “Lagrimitas de mi corazón”, “Que tilín, que tilón”, “Jarangón” (Enrique Rodríguez); “Tres esquinas” (Alfredo Attadía-Angel D’Agostino) y “El morocho y el oriental” (Angel D’Agostino); “Colombina” (Julio De Caro); “A quién le puede importar” y “Copas, amigos y besos” (Mariano Mores); “Rondando tu esquina”, “Vas muerto con tu disfraz”, “No hay tierra como la mía”, “Ave de paso”, “Y aquel cariño se fue”, “La barranca”, “De cariño nadie sabe nada” (Charlo); “Por la vuelta” (José Tinelli); “Melodía oriental (Robero Zerrillo-Juan Carlos Howard); “Trovador mazorquero” (Howard); “Pa’ que bailen los muchachos” y “Garúa” (Anibal Troilo); “El vals del ayer” (Kramer); “La romanina” (Di Lázzaro); “Rouge” (Ricardo Malerva); “En un pueblito de España” (Wayne); “Berretín” (Pedro Laurenz); “Otro trago” (Iriarte); “Cuando tallan los recuerdos” (Rafael Rossi); “Noche de estrellas” y “Noches de invierno” (José Luis Padula); “El llorón” (Maglio); “Sentimiento malevo” (Antonio Buglione); y también “Milonga, ¿por qué llorás?”, “Tres amigos”, “El cuarteador”, “Pocas palabras”, “Del ambiente”, “Boedo y San Juan”, “Pasado florido”, “El trompito”, “Sollozos de bandoneón”, “La luz de un Fósforo”, “Hojarasca”, “¡Que pare el baile!”, “Chanta cuatro”, “Notas de bandoneón”, “Mientras gime el bandoneón”, “Orgullo tanguero”, “Dice un refrán”, “El campeón”, “Se llamaba Eduardo Arolas”, “Palais de Glace”, “Y qué más”, “El bar de Rosendo”, “Mi vida”, “Barajando recuerdos”, “Chiquita”, “La calle sin sueño”, “Ja ja ja”, “Pico de oro”, “Si la llegaran a ver”, “La biaba de un beso”, “El último guapo”, “Viejas alegrías”, “Bajo los puentes de París”, “Me la diste chanta”, “¡Quién te ve!”, “Mocito rana”, “Invierno”, “Por un beso de amor”, “De a traición”, “Melancólico gotán”, “Naipe”.

Cadícamo gozó de una salud de hierro hasta el final de su vida desarrollando una actividad dinámica e impulsando proyectos, decía “No es cierto eso de que todo tiempo pasado fue mejor. Hoy la ciudad, la vida, son mejores que antes”. Sin embargo, también fue un férreo defensor de conservar la tradición del tango. Decía: «No estoy de acuerdo para nada con la llamada vanguardia del tango. Vanguardia es lo primero que cae en la línea de fuego. En un combate la vanguardia es la que va adelante. En el tango hay algo parecido. La vanguardia del tango es lo primero que cae ante la indiferencia de todos los que conocen lo que es el tango.

“El tango es una raíz popular, como otros ritmos en otras partes del mundo que no han cambiado ni han desvirtuado, que no le han puesto otro ropaje. ¿Se puede modernizar el cante jondo? Sería un disparate. ¿Por qué? Porque es de raíz popular, mora, española. Todo lo que sea progreso me encanta, pero en algunas cosas no tiene sentido. Que lo hagan en las máquinas, en las computadoras, que lo hagan en los espectáculos. En esto no.”

“El tango es una cosa muy humilde, muy sencilla. Lo tocaban tipos que no tenían preparación académica musical como Ángel Villoldo, Eduardo Arolas, Enrique Delfino. Era un sentimiento que valía más que toda la parte ortodoxa que pudiera tener la partitura. Al tango hay que dejarlo como está. Es una cosa nuestra, es un paisaje que quedó de antes. El tango ya quedó. Es imposible hablar de un tango que venga.”

“Hay que aconsejar a la gente joven de que el tango no necesita de ninguna manera el cambio de ropa. Es una cosa que quedó, que hay que tocarla tal cual es.”

Horacio Salgan, Ernique Cadicamo, Francisco De Caro y Enrique Mario Francini en 1965

«No he dicho que se esté poniendo un dique a todo lo que quiera desarrollarse dentro de la música del tango. Al contrario. Me gustaría ver una larga lista de autores nuevos que hagan éxitos o que hayan hecho éxitos. Me encantaría porque entonces uno piensa que algo ha hecho durante tantos años, que uno ha servido para que después se sigan haciendo.”

«¿Cómo nació “Muñeca brava”? Esos tangos eran caricaturas, tomándole un poquito el pelo a alguien. Era el ambiente social para ese tipo de tango. Eran pequeñas críticas a las muchachas del ambiente nocturno de los cabarets de Buenos Aires en el que andábamos. Las letras tenían autenticidad, eran hechas para algo. “Muñeca brava” lo hice cuando entró el General José Félix Uriburu en la revolución (septiembre de 1930), que fue el primer escalón para hacer cien revoluciones. Después salió un tango mío que se llamaba “Al mundo le falta un tornillo”. El autor tiene que pintar el momento que está viviendo el país. Debe aportar con algo a la historia de la ciudad en tal época. El aporte del artista, del músico, del compositor, es el resultado de un cuadro hecho de Buenos Aires.”

“Yo no descarto la posibilidad que vuelva el tango con esencia. Si hay estudiosos que digan a ver por qué fue que Cobián, por qué Delfino y todos los revolucionarios del tango dejaron la parte auténtica. A ver por qué fue. Hay que estudiar y entonces sí pueden hacer un tango 1986 y, llegado el momento, darle el cariz, lo que es tango.”

“El tango es lo más sencillo, es pulsación, es fuerza, es una emoción interna que usted tira en las teclas y saca efecto. No es alarde, eso es otra cosa.”

“En esa época cada uno tenía su estilo. Cobián, Delfino, el Negro Flores tenían su estilo propio. ¡Qué decencia tenían los músicos de esa época! Ellos mismos se decían yo no me quiero parecer a otro y hacían tango de verdad.”

“Eran tiempos en que se decían los tangos. El tango tiene una personalidad que no se aprende en los conservatorios. Cada cantante tiene que poner lo que siente y si no lo siente, que lo largue. El tango es lo más difícil para cantar. Cuando viene un cantante atropellando, con una voz que se la quiere sacar porque no la tiene en ninguna parte, ahí hay que escapar. Ángel Vargas tenía una voz chiquitita y cantaba maravillosamente. Fiorentino no tenía voz pero la emoción, el gusto por el tango era lo que lo hacía cantar”.

“Éxito es andar por la calle escuchando que la gente silba un tango de uno. Esa es la mayor gloria para un autor. Aunque el que silba no sepa el nombre ni quién lo hizo. Hoy no hay un éxito desde hace muchos años.”

Con respecto al universo femenino en la obra de Cadícamo están presentes los extremos conceptuales sobre la mujer en el tango. La mina que seduce al varón pero que lo rechaza, porque elige una vida fácil, de lujos y placeres, y su antítesis, la viejita (la madre), una mujer siempre buena y sagrada que lo apaña en la desgracia y le da un cariño sublime. En el medio, matices y combinaciones que simbolizan lo inalcanzable o el amor perdido, tema universal de la condición humana que nos sigue conmoviendo.
Leer tercera ronda de poemas

El 19 de octubre de 1999, debido a una descompensación renal tuvo que ser internado en una clínica de Buenos Aires durante un par de días, lo que le impidió asistir al homenaje que esa misma noche se le realizó en el gran Teatro Cervantes. Anteriormente sólo había sido hospitalizado en dos ocasiones, una en 1908, por el mismo motivo y otra en 1950 por una operación de hernia.
El 25 de octubre de 1999 volvió a ser internado, esta vez en la Fundación Favaloro, donde permaneció hasta el 14 de noviembre. Allí se mantuvo ocupado en el disco “Cadícamo 2000”, donde reunió algunos de sus tangos inéditos. Su última publicación fue el prólogo del libro “Tango” del fotógrafo Aldo Sessa.
Retornó de nuevo al hospital y el 3 de diciembre a las 10 y 30 de la mañana su corazón dejó de latir, casi a los 100 años.
Entre muchos galardones que recibió se incluye el Premio Konex de Platino en 1985 (otorgado por la Fundación Konex) como el mejor Autor de Tango de la década en Argentina.  Recibió también el Konex al Mérito en 1984 en la disciplina Testimonial.
Fue declarado Ciudadano Ilustre de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires en 1987 y en 1996 fue distinguido como Personalidad Emérita de la Cultura Argentina.

POEMAS:

Pompas de jabón

Tango 1925
Música: Roberto Goyheneche
Letra: Enrique Cadícamo
 
Pebeta de mi barrio, papa, papusa,
que andás paseando en auto con un bacán,
que te has cortado el pelo como se usa,
y que te lo has teñido color champán.
Que en lo peringundines de frac y fuelle
bailás luciendo cortes de cotillón
y que a las milongueras, por darles dique,
al irte con tu “camba”, batís “allón”.

Hoy tus pocas primaveras
te hacen soñar en la vida
y en la ronda pervertida
del nocturno jarandón,
pensá en aristocracias
y derrochás tus abriles…
¡Pobre mina, que entre giles,
te sentís Mimí Pinsón…!

Pensá, pobre pebeta, papa, papusa,
que tu belleza un día se esfumará,
y que como todas las flores que se marchitan
tus locas ilusiones se morirán.
El “mishé” que te mima con sus morlacos
el día menos pensado se aburrirá
y entonces como tantas flores de fango,
irás por esas calles a mendigar…

Triunfás porque sos apenas
embrión de carne cansada
y porque tu carcajada
es dulce modulación.
Cuando implacables, los años,
te inyecten sus amarguras…
ya verás que tus locuras
fueron pompas de jabón

Vení vení

Tango
Música: Juan Carlos Cobián
Letra: Enrique Cadícamo
 
Yo te amé como ninguna te ha de amar
y en la alegre misiadura del bulín.
fue tu encanto milonguero de arrabal.
un sol que iluminó mi loco berretín.
Florecieron en tu fueye rezongón
la voz dulce con los besos que te di
y en el polvo de mi negro metejón
te fuiste y me robaste el corazón.

Vení, vení, no seas así
a vos te sobra corazón.
Seré mejor de lo que fui,
dale, dale que vos tenes razón.
Pero vení, vení no seas así,
no debe haber rencor entre los dos.
Volvé de nuevo, amor, a aquel bulín,
lo que pasó, pasó.

Me preguntan mis amigas del café,
si me ven tomar un trago de licor,
dónde está todo tu orgullo de mujer
qué fácil es decir largalo y se acabó.
Yo te amé, como ninguna te ha de amar,
y en la alegre misiadura del bulín,
fue tu encanto milonguero de arrabal
un sol que iluminó mi loco berretín.

Aquellas farras (Argañaraz)

Tiempos viejos y compadres 
de mi vida cadenera 
que ya no volverán 
mis años a gozar. 
Qué habrá sido de esa barra, 
bravucona y trensillera, 
que tanto dio que hablar 
por su guapear.
Adiós, amigos de entonces, 
ya estamos viejos de tanto andar.
Marcando una candombeada 
fue luciendo medias lunas 
y entre cortes y quebradas 
iba el tango provocador. 
Me acuerdo de aquellas farras 
que entre fueyes dormilones, 
rimaban los corazones 
un pasaje sentimental.
Siglo de oro de ese tiempo 
en que el ñato Monteagudo, 
borracho de pernod, 
se quiso suicidar. 
Y del loco Puentecito 
y del viejito Lozano 
No los he vuelto a ver, 
¿dónde andarán?
Adiós, amigos de entonces, 
ya estamos viejos de tanto andar.

Cruz de palo

Tango 1929
Música: Guillermo Barbieri
Letra: Enrique Cadícamo
 
Juntito al arroyo, besao por los sauces
y poblao de flores, de esmalte y de luz,
sin letras, crespones ni nombres tallados
se alzan junto a un sauce dos palos en cruz.
Una sepultura que “entuavía” el cardo
no pudo cercarla, y en donde el “chus-chus”
de alguna lechuza se escucha, agorera,
sobre la cimera de esa vieja cruz.

El sauce le llora un Ave María;
el boyero, en cada chiflido que da,
acaso le quiere rezar un bendito
junto con las quejas que entona el sabia…
Dicen los más viejos, haciéndose cruces,
que al pasar de noche por ese lugar
oyen que se quejan los ñacurutuces
de un modo tan fiero que hasta hace temblar…

(recitado)
Y en las noches malas, cuando enrieda el viento
su vago lamento en el saucedal,
por la cruz de palo una luz camina,
que corre y que vuela por el pastizal.

Pa’ un “Día de Dijuntos” de hace varios años
se llegó una moza juntito a la cruz;
la cabeza envuelta en negro rebozo,
los ojos llorosos, tristes y sin luz.
¡Qué frío, canejo, sentirán los muertos…!
Pues la moza aquella se le arrodilló,
lloró cuanto quiso, besuqueó la tumba,
le dijo “hasta pronto”, pero no volvió.

De todo te olvidas (Cabeza de novia)

Tango 1929
Música: Salvador Merico
Letra: Enrique Cadícamo
 
De un tiempo a esta parte, muchacha, te noto
más pálida y triste… Decí ¿qué tenés?
Tu carita tiene el blancor del loto
y yo, francamente, chiquita, no sé…
¿Qué pena te embarga? ¿Por qué ya no ríes
con ese derroche de plata y cristal?
Tu boquita, donde sangraron rubíes,
hoy muestra una mueca, trasuntando un mal…

El piano está mudo.
Tus ágiles manos
no arrancan el tema
del tango tristón…
A veces te encuentro
un poco amargada,
llorando, encerrada,
en la habitación.
Y he visto, extrañando,
que muy a menudo,
“de todo te olvidas”,
cabeza de novia,
¡nimbada de amor!

¿Qué es lo que te pasa? Cuéntame; te ruego
que me confidencias tu preocupación…
Acaso tu pena es la que Carriego,
rimando cuartetas, a todos contó.
“De todo te olvidas, cabeza de novia”,
pensando en el chico que en tu corazón
dejó con sus besos sus credos amantes,
como un ofertorio de dulce pasión…

Che Bartolo

Tango 1928
Música: Rodolfo Sciammarella
Letra: Enrique Cadícamo
 
Gran vivillo de aspamento, malandrín de meta y ponga
atajate este ponchazo que te voy a sacudir,
no es que quiera deschavarte por cantar una milonga
si no porque con tus brillos vos no me vas a engrupir.
Che, bacán de rango mishio, te diré que algo me alegra,
relojearte entre la mersa que la va de Tabarís.
A vos te llaman los giles el marqués de Boccanegra
como a mi me baten “Chorro”, “El herrero” o “El perdiz”.

Che, Bartolo…
batí si te has vuelto colo
pa’ quererte disfrazar.
Boccanegra…
hay que ver cuál es la suegra
que a vos te podrá aguantar.
Vos de negro,
tenés sólo tu prontuario
que no sé cómo escondés.
Che, Bartolo…
como reo yo te pido
que dejés el apellido
de aquel noble genovés.

Si el monóculo insolente te da un aire bacanejo
y ese empilche tan debute te barniza de marqués,
no la va del mismo modo el curdela de tu viejo
que entre gente de boliche va arrastrando su vejez.
Yo no sé con qué ganzúa has abierto ese agujero
que los reos de mi rango le llamamos “sociedad”,
pa’ mi que te equivocaste, la de “negros candomberos”
es la socieda’ indicada donde podés alternar.

Compadrón

Tango 1927
Música: Luis Visca
Letra: Enrique Cadícamo
 
Compadrito a la violeta,
si te viera Juan Malevo
qué calor te haría pasar.
No tenés siquiera un cacho
de ese barro chapaleado
por los mozos del lugar.
El escudo de los guapos
no te cuenta entre sus gules
por razones de valer.
Tus ribetes de compadre
te engrupieron, no lo dudes.
¡Ya sabrás por qué!

Compadrón
prontuariado de vivillo
entre los amigotes que te siguen,
sos pa’ mí, aunque te duela,
compadre sin escuela, retazo de bacán.
Compadrón,
cuando quedes viejo y solo (¡Colo!)
y remanyes tu retrato (¡Gato!),
notarás que nada has hecho…
Tu berretín deshecho
verás desmoronar.

En la timba de la vida
sos un punto sin arrastre
sobre el naipe salidor,
y en la cancha de este mundo
sos un débil pa’l biabazo,
el chamuyo y el amor.
Aunque busques en tu verba
pintorescos contraflores
pa’ munirte de cachet,
yo me digo a la sordina
¡Dios te ayude, compadrito
de papel maché!

Che papusa oí

Tango 1927
Música: Gerardo Matos Rodríguez
Letra: Enrique Cadícamo
 
Muñeca, muñequita que hablás con zeta
y que con gracia posta batís mishé;
que con tus aspavientos de pandereta
sos la milonguerita de más chiqué;
trajeada de bacana, bailás con corte
y por raro snobismo tomás prissé,
y que en auto camba, de sur a norte,
paseás como una dama de gran cachet.

Che papusa, oí
los acordes melodiosos que modula el bandoneón;
Che papusa, oí
los latidos angustiosos de tu pobre corazón;
Che papusa, oí
cómo surgen de este tango los pasajes de tu ayer…
Si entre el lujo del ambiente
hoy te arrastra la corriente,
mañana te quiero ver…

Milonguerita linda, papusa y breva,
con ojos picarescos de pippermint,
de parla afranchutada, pinta maleva
y boca pecadora color carmín,
engrupen tus alhajas en la milonga
con regio faroleo brillanteril
y al bailar esos tangos de meta y ponga
volvés otario al vivo y al rana gil.

Ramona

Vals
Música: Mabel Wayne
Letra: Enrique Cadícamo
 
Sueña muchacha con ese amor
que en tu corazón
se vino a ocultar…
Sueña muchacha con el dolor
que quiere asaltar
tu belleza en flor.

¡Ramona!,
si sientes en tu corazón
las suaves caricias
de una gran pasión,
entorna tus ojos
y entre tules deja flotar
las rosas fragantes
primaveras de tu ilusión.

¡Ramona!,
tus labios sienten palpitar
arpegios sublimes
de un dulce besar…
¡Ramona!,
teje la malla de tu suspirar,
que es dulce,
muy dulce, soñar…

Sueña muchacha con ese amor
que en tu corazón
se vino a ocultar…
Sueña muchacha con el dolor
que quiere asaltar
tu belleza en flor.

¡Ramona!,
yo sé que un día has de lograr
los sueños azules
que hoy ves aletear…
¡Ramona!
¡Ah… Ramona!
si pudiera yo, como tú,
hacer de mis años
gratos sueños de juventud…

Es triste,
la vida pasa y se va,
como una caricia
que se ve esfumar.
¡Ramona!,
a la ventana de tu ensonación,
Ramona…
¡tu príncipe irá!

Anclao en París

Tango 1931
Música: Guillermo Barbieri
Letra: Enrique Cadícamo
 
Tirao por la vida de errante bohemio
estoy, Buenos Aires, anclao en París.
Cubierto de males, bandeado de apremio,
te evoco desde este lejano país.
Contemplo la nieve que cae blandamente
desde mi ventana, que da al bulevar
las luces rojizas, con tono muriente,
parecen pupilas de extraño mirar.

Lejano Buenos Aires ¡qué lindo que has de estar!
Ya van para diez años que me viste zarpar…
Aquí, en este Montmartre, fobourg sentimental,
yo siento que el recuerdo me clava su puñal.

¡Cómo habrá cambiado tu calle Corrientes..!
¡Suipacha, Esmeralda, tu mismo arrabal..!
Alguien me ha contado que estás floreciente
y un juego de calles se da en diagonal…
¡No sabes las ganas que tengo de verte!
Aquí estoy varado, sin plata y sin fe…
¡Quién sabe una noche me encane la muerte
y, chau Buenos Aires, no te vuelva a ver!

2ª RONDA:

Cuando miran tus ojos

Vals
Música: José María Aguilar
Letra: Enrique Cadícamo
 
Tus ojos han quedado grabados en los míos,
sus dulces brujerías volcaron al mirar,
hay luz en tus pupilas de todos los estíos,
lucero que en mis noches los veo parpadear.
Heraldos de pasiones, rutilan como extrañas
luciérnagas que llevan la llama del amor…
Tesoros custodiados por sedosas pestañas…
teorías impregnadas de ensueño arrobador.

¿Gitanos son acaso por sus destellos, dime?
¿O son los de una mora presa del español?
Es algo tu mirada que mata o que redime,
que hiere si se mira corno encandila el sol…
Puñales que en las luchas se yerguen iracundos
buscando al pobre pecho con ansias de clavar.
Ensartan corazones, los dejan moribundos…
¡Ah!… Espejos donde el alma se asoma a coquetear.

Si entornan sus pupilas, la luz que los anima
se pierde entre los astros y la constelación
adquiere nuevos brillos… Aunque mi pecho gima
por verlos siempre abiertos, yo doy mi corazón.
Pues ellos van contando las horas venturosas
que pasan a mi lado rimando una canción,
sus párpados abiertos son pétalos de rosas
que ofrecen dos luceros a mi desolación.

Luna de arrabal

Vals 1934
Música: Julio César Sanders
Letra: Enrique Cadícamo
 
Muchachos, hoy que es noche clara y estival
invito a todos la barriada a recorrer,
hay mucha luz y es que: la luna de arrabal
nos acompaña par las calles como ayer,
es media noche, ella duerme y su balcón
entornado me espera que llegue…
junto al gemir del diapasón
yo quiero alzar sentimental
la serenata de mi amigo el corazón…

Y entonces al oír la introducción
del valsecito criollo y pasional
dormida su belleza angelical
nombrándome, despertará…
Su pecho de emoción ha de latir
sus ojos de otro azul se vestirán
y se pondrá la noche
sus galas embrujados
y tú, mi dulce amada,
temblarás…

Muchachos, vamos que la luna quiere oír
la serenata pintoresca de arrabal…
la noche es tibia, duerme el barrio y es zafir
el cielo lleno de estrellitas de cristal…
¡Muchachos pronto! que es tan bello saludar
a la novia que duerme inocente…
Las dedos en el diapasón
con un “allegro” arrancarán
y entonces mi alma subirá a su balcón…

Tres esquinas

Tango 1941
Música: Ángel D’Agostino / Alfredo Attadía
Letra: Enrique Cadícamo
 
Yo soy del barrio de Tres Esquinas,
viejo baluarte de un arrabal
donde florecen como glicinas
las lindas pibas de delantal.
Donde en la noche tibia y serena
su antiguo aroma vuelca el malvón
y bajo el cielo de luna llena
duermen las chatas del corralón.

Soy de ese barrio de humilde rango,
yo soy el tango sentimental.
Soy de ese barrio que toma mate
bajo la sombra que da el parrral.
En sus ochavas compadrié de mozo,
tiré la daga por un loco amor,
quemé en los ojos de una maleva
la ardiente ceba de mi pasión.

Nada hay más lindo ni más cmpadre
que mi suburbio murmurador,
con los chimentos de las comadres
y los piropos del Picaflor.
Vieja barriada que fue estandarte
de mis arrojos de juventud…
Yo soy del barrio que vive aparte
en este siglo de Neo-Lux.

Niebla del Riachuelo

Tango 1937
Música: Juan Carlos Cobián
Letra: Enrique Cadícamo
 
Turbio fondeadero donde van a recalar,
barcos que en el muelle para siempre han de quedar…
Sombras que se alargan en la noche del dolor;
náufragos del mundo que han perdido el corazón…
Puentes y cordajes donde el viento viene a aullar,
barcos carboneros que jamás han de zarpar…
Torvo cementerio de las naves que al morir,
sueñan sin embargo que hacia el mar han de partir…

¡Niebla del Riachuelo!..
Amarrado al recuerdo
yo sigo esperando…
¡Niebla del Riachuelo!…
De ese amor, para siempre,
me vas alejando…
Nunca más volvió,
nunca más la vi,
nunca más su voz nombró mi nombre junto a mí…
esa misma voz que dijo: “¡Adiós!”.

Sueña, marinero, con tu viejo bergantín,
bebe tus nostalgias en el sordo cafetín…
Llueve sobre el puerto, mientras tanto mi canción;
llueve lentamente sobre tu desolación…
Anclas que ya nunca, nunca más, han de levar,
bordas de lanchones sin amarras que soltar…
Triste caravana sin destino ni ilusión,
como un barco preso en la “botella del figón”…

Pa’ que bailen los muchachos

Tango 1942
Música: Aníbal Troilo
Letra: Enrique Cadícamo
 
Pa’ que bailen los muchachos
via’ tocarte, bandoneón.
¡La vida es una milonga!
Bailen todos, compañeros,
porque el baile es un abrazo:
Bailen todos, compañeros,
que este tango lleva el paso.
Entre el lento ir y venir
del tango va
la frase dulce.
Y ella baila en otros brazos,
prendida, rendida,
por otro amor.

No te quejes, bandoneón,
Que me duele el corazón.
Quien por celos va sufriendo
su cariño va diciendo.

No te quejes, bandoneón,
que esta noche toco yo.
Pa’ que bailen los muchachos
hoy te toco, bandoneón.
¡La vida es una milonga!

Ella fue como una madre,
ella fue mi gran cariño…
nos abrimos y no sabe
que hoy la lloro como un niño…
Quién la va a saber querer
con tanto amor,
como la quise.
Pobre amiga, pobre piba,
¡qué ganas más locas
de irte a buscar!

Pa’ que bailen los muchachos
via’ tocarte, bandoneón.
¡La vida es una milonga!

Los mareados

Tango 1942
Música: Juan Carlos Cobián
Letra: Enrique Cadícamo
 
Rara..
como encendida
te hallé bebiendo
linda y fatal…
Bebías
y en el fragor del champán,
loca, reías por no llorar…
Pena
Me dio encontrarte
pues al mirarte
yo vi brillar
tus ojos
con un eléctrico ardor,
tus bellos ojos que tanto adoré…

Esta noche, amiga mía,
el alcohol nos ha embriagado…
¡Qué importa que se rían
y nos llamen los mareados!
Cada cual tiene sus penas
y nosotros las tenemos…
Esta noche beberemos
porque ya no volveremos
a vernos más…

Hoy vas a entrar en mi pasado,
en el pasado de mi vida…
Tres cosas lleva mi alma herida:
amor… pesar… dolor…
Hoy vas a entrar en mi pasado
y hoy nuevas sendas tomaremos…
¡Qué grande ha sido nuestro amor!…
Y, sin embargo, ¡ay!,
mirá lo que quedó…

Garúa

Tango 1943
Música: Aníbal Troilo
Letra: Enrique Cadícamo
 
¡Qué noche llena de hastío y de frío!
El viento trae un extraño lamento.
¡Parece un pozo de sombras la noche
y yo en la sombra camino muy lento.!
Mientras tanto la garúa
se acentúa
con sus púas
en mi corazón…

En esta noche tan fría y tan mía
pensando siempre en lo mismo me abismo
y aunque quiera arrancarla,
desecharla
y olvidarla
la recuerdo más.

¡Garúa!
Solo y triste por la acera
va este corazón transido
con tristeza de tapera.
Sintiendo tu hielo,
porque aquella, con su olvido,
hoy le ha abierto una gotera.
¡Perdido!
Como un duende que en la sombra
más la busca y más la nombra…
Garúa… tristeza…
¡Hasta el cielo se ha puesto a llorar!

¡Qué noche llena de hastío y de frío!
No se ve a nadie cruzar por la esquina.
Sobre la calle, la hilera de focos
lustra el asfalto con luz mortecina.
Y yo voy, como un descarte,
siempre solo,
siempre aparte,
recordándote.
Las gotas caen en el charco de mi alma
hasta los huesos calados y helados
y humillando este tormento
todavía pasa el viento
empujándome.

Shusheta

Tango 1944
Música: Juan Carlos Cobián
Letra: Enrique Cadícamo
 
Toda la calle Florida lo vio
con sus polainas, galera y bastón…

Dicen que fue, allá por su juventud,
un gran Don Juan del Buenos Aires de ayer.
Engalanó la puerta del Jockey Club
y en el ojal siempre llevaba un clavel.

Toda la calle Florida lo vio
con sus polainas, galera y bastón.

Apellido distinguido,
gran señor en las reuniones, 
por las damas suspiraba
y conquistaba
sus corazones.
Y en las tardes de Palermo
en su coche se paseaba
y en procura de un encuentro
iba el porteño
conquistador.

Ah, tiempos del Petit Salón…
Cuánta locura juvenil…
Ah, tiempo de la 
sección Champán Tango
del “Armenonville”.

Todo pasó como un fugaz
instante lleno de emoción…
Hoy sólo quedan
recuerdos de tu corazón…Toda la calle Florida lo vio
con sus polainas, galera y bastón.

Tres amigos

Tango 1944
Música: Enrique Cadícamo
Letra: Enrique Cadícamo
 
De mis páginas vividas, siempre llevo un gran recuerdo
mi emoción no las olvida, pasa el tiempo y más me acuerdo.
Tres amigos siempre fuimos
en aquella juventud…
Era el trío más mentado
que pudo haber caminado
por esas calles del sur.

¿Dónde andarás, Pancho Alsina?
¿Dónde andarás, Balmaceda?
Yo los espero en la esquina
de Suárez y Necochea…
Hoy… ninguno acude a mi cita.
Ya… mi vida toma el desvío.
Hoy… la guardia vieja me grita:
“¿Quién… ha dispersado aquel trío?”
Pero yo igual los recuerdo
mis dos amigos de ayer…

Una vez, allá en Portones, me salvaron de la muerte.
Nunca faltan encontrones cuando un pobre se divierte.
Y otra vez, allá en Barracas,
esa deuda les pagué…
Siempre juntos nos veían…
Esa amistad nos tenía
atados siempre a los tres.

Nostalgias

Tango 1936
Música: Juan Carlos Cobián
Letra: Enrique Cadícamo
 
Quiero emborrachar mi corazón
para apagar un loco amor
que más que amor es un sufrir…
Y aquí vengo para eso,
a borrar antiguos besos
en los besos de otras bocas…
Si su amor fue “flor de un día”
¿porqué causa es siempre mía
esa cruel preocupación?
Quiero por los dos mi copa alzar
para olvidar mi obstinación
y más la vuelvo a recordar.

Nostalgias
de escuchar su risa loca
y sentir junto a mi boca
como un fuego su respiración.
Angustia
de sentirme abandonado
y pensar que otro a su lado
pronto… pronto le hablará de amor…
¡Hermano!
Yo no quiero rebajarme,
ni pedirle, ni llorarle,
ni decirle que no puedo más vivir…
Desde mi triste soledad veré caer
las rosas muertas de mi juventud.

Gime, bandoneón, tu tango gris,
quizá a ti te hiera igual
algún amor sentimental…
Llora mi alma de fantoche
sola y triste en esta noche,
noche negra y sin estrellas…
Si las copas traen consuelo
aquí estoy con mi desvelo
para ahogarlos de una vez…
Quiero emborrachar mi corazón
para después poder brindar
“por los fracasos del amor”…

Al mundo le falta un tornillo

Tango 1933
Música: José María Aguilar
Letra: Enrique Cadícamo
 
Todo el mundo está en la estufa,
Triste, amargao y sin garufa,
neurasténico y cortao…
Se acabaron los robustos,
si hasta yo, que daba gusto,
¡cuatro kilos he bajao!
Hoy no hay guita ni de asalto
y el puchero está tan alto
que hay que usar el trampolín.
Si habrá crisis, bronca y hambre,
que el que compra diez de fiambre
hoy se morfa hasta el piolín.

Hoy se vive de prepo
y se duerme apurao.
Y la chiva hasta a Cristo
se la han afeitao…
Hoy se lleva a empeñar
al amigo más fiel,
nadie invita a morfar…
todo el mundo en el riel.
Al mundo le falta un tornillo
que venga un mecánico…
¿Pa’ qué, che viejo? 
Pa’ ver si lo puede arreglar.

¿Qué sucede?… ¡mama mía!
Se cayó la estantería
o San Pedro abrió el portón.
La creación anda a las piñas
y de pura arrebatiña
apoliya sin colchón.
El ladrón es hoy decente
a la fuerza se ha hecho gente,
va no encuentra a quién robar.
Y el honrao se ha vuelto chorro
porque en su fiebre de ahorro
él se “afana” por guardar.
Al mundo le falta un tornillo,
que venga un mecánico.
pa’ ver si lo puede arreglar.

La casita de mis viejos

Tango 1932
Música: Juan Carlos Cobián
Letra: Enrique Cadícamo
 
Barrio tranquilo de mi ayer,
como un triste atardecer,
a tu esquina vuelvo viejo…
Vuelvo más viejo,
la vida me ha cambiado…
en mi cabeza un poco de plata
me ha dejado.
Yo fui viajero del dolor
y en mi andar de soñador
comprendí mi mal de vida,
y cada beso lo borré con una copa,
las mujeres siempre son las que matan la ilusión.
(en un juego de ilusión repartí mi corazón.)

Vuelvo vencido a la casita de mis viejos,
cada cosa es un recuerdo que se agita en mi memoria,
mis veinte abriles me llevaron lejos…
locuras juveniles, la falta de consejo.
Hay en la casa un hondo y cruel silencio huraño,
y al golpear, como un extraño,
me recibe el viejo criado…
Habré cambiado totalmente, que el anciano por la voz
tan sólo me reconoció.

Pobre viejita la encontré
enfermita; yo le hablé
y me miró con unos ojos…
Con esos ojos
nublados por el llanto
como diciéndome porqué tardaste tanto…
Ya nunca más he de partir
y a tu lado he de sentir
el calor de un gran cariño…
Sólo una madre nos perdona en esta vida,
es la única verdad,
es mentira lo demás.

Callejera

Tango 1929
Música: Fausto Frontera
Letra: Enrique Cadícamo
 
Cuando apurada pasás
rumbo quién sabe a qué parte,
haciendo lucir con arte
tu silueta al caminar,
va diciendo ese taquear
que tenés de milonguera:
“Callejera… Calle]era…
¿a dónde irás a parar?”

Esos trajes que empilchás
no concuerdan con tu cuna,
pobre mina pelandruna
hecha de seda y percal.
En fina copa e’ cristal
hoy tomás ricos licores,
y entre tantos resplandores
se encandiló tu arrabal.

Callejera,
que taqueás de Sur a Norte,
dando dique con el corte
de ese empilche que llevás.
Callejera,
vos también sos Milonguita
y en el fondo de tu almita
una pena sepultás.

Triunfa tu gracia, yo sé,
y en los rondines nocheros
sos de los muebles diqueros
el que da más relumbrón.
Despilfarrás tentación,
pero también, callejera,
cuando estés vieja y fulera
tendrás muerto el corazón.

Seguí nomás, deslizá
tus abriles por la vida,
fascinada y engrupida
por las luces del Pigall,
que cuando empiece a tallar
el invierno de tu vida
notarás arrepentida
que has vivido un carnaval.

Muñeca brava

Tango 1929
Música: Luis Visca
Letra: Enrique Cadícamo
 
Che madam que parlás en francés
y tirás ventolín a dos manos,
que escabiás copetín bien frapé
y tenés gigoló bién bacán…
Sos un biscuit 
de pestañas muy arqueadas…
Muñeca brava 
bien cotizada.
¡Sos del Trianón… 
del Trianón de Villa Crespo…
Milonguerita,
juguete de ocasión…

Tenés un camba que te hacen gustos
y veinte abriles que son diqueros,
y muy repleto tu monedero
pa´ patinarlo de Norte a Sud…
Te baten todos Muñeca Brava
porque a los giles mareás sin grupo,
pa´ mi sos siempre la que no supo
guardar un cacho de amor y juventud.

Campaneá la ilusión que se va
y embrocá tu silueta de rango,
y si el llanto te viene a buscar
escurrí tu dolor y reí…
Meta champán que la vida se te escapa,
Muñeca Brava, flor de pecado…
Cuando llegués 
al final de tu carrera,
tus primaveras
verás languidecer

La reina del tango

Tango 1928
Música: Rafael Iriarte
Letra: Enrique Cadícamo
 
Flor de noche que al sordo fragor
del champán descorchado triunfás,
reina loca que un juego de amor
lentamente, bailando, trenzás.
Tu compás es el ritmo sensual
que en la alfombra retuerce el gotán
y tu pinta elegante y teatral
se muestra orgullosa junto a tu bacán.

Sos reina del tango,
papusa ruflera,
la ciencia canera
de saber bailar
prendió una diadema
de rante nobleza
sobre tu cabeza
reina del gotán.
Tiembla en tus caderas
la música rea,
es la melopea
que a tu corazón
muy a la sordina
le hace un contracanto
que aumenta el quebranto
de tu perdición.

El gotán se te fue al corazón
como un dulce chamuyo de amor
y es por eso que en esta canción
encontrarás alegría y dolor.
Che, milonga, seguí el jarandón,
meta baile con corte y champán,
ya un noche tendrás que bailar
el tango grotesco del Juicio Final.


Hoy es tarde

Tango
Música: Juan Carlos Howard
Letra: Enrique Cadícamo
 
Porque sé lo que sufriste,
porque sé lo que he sufrido…
Yo sé bien que me quisiste
y también que te he querido…
A mi lado no tuviste esplendor…
Yo era pobre y no te daba más que amor…
Mas… tus veinte primaveras…
eran joyas verdaderas… corazón…

Alma mía…
no era lujo, ni las sedas, ni el dinero…
Alma mía…
que a mis brazos te arrojaron traicioneros…
Fue tu amor… fue tu inocencia
que brotó como una flor…
Con mis versos vos soñabas que eras rica…
Qué importaba todo el oro
en aquella pieza chica…
Cariñito…
que pobreza más injusta yo te he dado…
pero amar en la miseria
no es pecado… corazón…
Y hoy, que lujos y dinero puedo darte,
esta vida puso aparte
nuestro sueño… nuestro amor…

Yo no sé por qué senderos…
Yo no sé por qué camino…
En qué extraños remolinos
nos perdimos para siempre…
Sólo sé que comprendiendo tu valor…
te dejé para salvarte, pobre amor..
La miseria es cosa fuerte,
Merecías mejor suerte… Corazón…

Por la vuelta

Tango 1937
Música: José Tinelli
Letra: Enrique Cadícamo
 
¡Afuera es noche y llueve tanto!…
Ven a mi lado, me dijiste,
hoy tu palabra es como un manto…
un manto grato de amistad…
Tu copa es ésta, y la llenaste.
Bebamos juntos, viejo amigo,
dijiste mientras levantabas
tu fina copa de champán…

La historia vuelve a repetirse,
mi muñequita dulce y rubia,
el mismo amor… la misma lluvia…
el mismo, el mismo loco afán…
¿Te acuerdas? Hace justo un año
nos separamos sin un llanto…
Ninguna escena, ningún daño…
Simplemente fue un “Adiós”
inteligente de los dos…

Tu copa es ésta, y nuevamente
los dos brindamos “por la vuelta”.
Tu boca roja y oferente
bebió en el fino bacarát…
Después, quizá mordiendo un llanto,
quedate siempre, me dijiste…
Afuera es noche y llueve tanto,
… y comenzaste a llorar…

No vendrá

Tango 1945
Música: Enrique Cadícamo
Letra: Enrique Cadícamo
 
Esperaré otro rato y veré
por qué demoró…
Quiero creer
que este nuevo querer
es mi gran amor.
Por no estar tan solo y esperar
fumaré otro cigarrillo más.
Pero algo hay que me hace pensar
que no vendrá…

No vendrá.
Bien lo sé que ella no vendrá.
Y aunque esperar ya no quiero
otro rato más la espero.
No vendrá… Pero igual pensando en ella estoy.
Ya por hoy no la veré
me lo dice la postrer
campanada de un reloj.

Yo presentí que no iba a venir
cuando ayer se fue.
Triste quedó, suspirando sonrió,
y me dijo así:
“Tengo miedo de quererte… ¡amor!
¡Tengo miedo de sufrir por ti!”
Y ese temor, lo confieso, mi bien,
que era de los dos.

La novia ausente

Tango 1933
Música: Guillermo Barbieri
Letra: Enrique Cadícamo
 
A veces repaso mis horas aquellas
cuando era estudiante y tú eras la amada
que con tus sonrisas repartías estrellas
a todos los mozos de aquella barriada.
¡Ah! las noches tibias… ¡Ah! la fantasía
de nuestra veintena de abriles felices,
cuando solamente tu risa se oía
y yo no tenía mis cabellos grises.

Íbamos del brazo
y tú suspirabas
porque muy cerquita
te decía: “Mi bien…
¿ves como la luna
se enreda en los pinos
y su luz de plata
te besa en la sien?”
Al raro conjuro
de noche y reseda
temblaban las hojas
del parque, también,
y tú me pedías
que te recitara 
esta “Sonatina”
que soñó Rubén:
(Recitado:)
“¡La princesa está triste! ¿Qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa.
Que ha perdido la risa, que ha perdido el color…
La princesa está pálida en su silla de oro,
está mudo el teclado de su clave sonoro
y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor.”

¿Qué duendes lograron lo que ya no existe?
¿Qué mano huesuda fue hilando mis males?
¿Y qué pena altiva hoy me ha hecho tan triste,
triste como el eco de las catedrales?
¡Ah!… ya sé, ya sé… Fue la novia ausente,
aquella que cuando estudiante, me amaba.
Que al morir, un beso le dejé en la frente
porque estaba fría, porque me dejaba.

Dolor milonguero

Tango
Música: Juan Carlos Cobián
Letra: Enrique Cadícamo
 
Medianoche porteña,
sol de cabaret en la sala,
vista el tango su gala
y entre copas mi alma sueña.
Aquí, solo en mi mesa,
siento que un recuerdo ha cruzado
y del fondo embrujado
de esta copa que emborracha,
sube el dolor y remacha,
en mi corazón, un amor de ayer.

Tango que suena tristón,
la gente baila y se ríe.
Pena que en mi corazón,
cuando más honda, sonríe.
Quiero beber y al beber reír,
hundir este dolor milonguero.
Ven bailarina, a mi mesa,
que tengo tristeza por una mujer.

Ven a beber que estoy muy solo,
ven, buena amiga, flor nochera.
Yo soy un triste calavera,
vos, una más en el vaivén.
Ven a embriagarte yo te invito,
tal vez también tengas tus penas,
tus ojos dicen que sos buena.
Ven, magadalena del loco cabaret.

La luz de un fósforo

Tango 1943
Música: Alberto Suárez Villanueva
Letra: Enrique Cadícamo
 
Nos encontramos, tú y yo,
y a conversar
nos detuvimos.
Un algo raro tenías
cuando callabas,
cuando reías…
La esgrima sentimental
al fin surgió
la tarde aquella.
Después… ¡qué poco quedó!
El viento todo lo llevó…

La luz de un fósforo fue
nuestro amor pasajero.
Duró tan poco… lo sé…
como el fulgor
que da un lucero…
La luz de un fósforo fue,
nada más,
nuestro idilio.
Otra ilusión que se va
del corazón
y que no vuelve más.

En todo, siempre el color
es del cristal
con que se mira.
De rosa, yo te veía,
cuando callabas,
cuando reías.
Después, con otro cristal,
cambió el color
y ya no eras…
La vida es toda ilusión
y un prisma es el corazón.

Madame Ivonne

Tango 1933
Música: Eduardo Pereyra
Letra: Enrique Cadícamo

 
Mamuasel Ivonne era una pebeta
que en el barrio posta de viejo Montmartre,
con su pinta brava de alegre griseta
animó la fiesta de Les Quatre Arts.
Era la papusa del barrio latino
que supo a los puntos del verso inspirar…
Pero fue que un día llego un argentino
y a la francesita la hizo suspirar.

Madame Ivonne,
la Cruz del Sur fue como el sino,
Madame Ivonne,
fue como el sino de tu suerte…
Alondra gris,
tu dolor me conmueve,
tu pena es de nieve…
Madame Ivonne…

Han pasado diez años que zarpó de Francia,
Mamuasel Ivonne hoy solo es Madam…
La que va a ver que todo quedó en la distancia
con ojos muy tristes bebe su champán.
Ya no es la papusa del Barrio Latino,
ya no es la mistonga florcita de lis,
ya nada le queda… Ni aquel argentino
que entre tango y mate la alzó de París

FUENTES:

https://es.wikipedia.org/wiki/Enrique_Cad%C3%ADcamohttps://www.infobae.com/cultura/2019/12/03/enrique-cadicamo-el-compositor-de-los-1200-tangos-que-admiraba-gardel/

https://www.todotango.com/creadores/ficha/37/Enrique-Cadicamo

https://cadicamo.es.tlhttps://www.todotango.com/historias/cronica/218/Cadicamo-«Al-tango-hay-que-dejarlo-como-esta»-/

Te recomendamos ver el programa de televisión.

PRÓXIMO PROGRAMA