52. Poesía más Poesía: Ernestina de Champourcín y Hernán Kozak

ERNESTINA DE CHAMPOURCÍN

BIOGRAFÍA

Ernestina Michels de Champourcín y Morán nació en Vitoria el 10 de julio de 1905. Era de familia católica y tradicionalista y con orígenes franceses y uruguayos.
Escribió prácticamente en todas las etapas de su vida. Normalmente su poesía se divide en estas tres fases:

  • poesía del amor humano (1905-1936)
  • poesía del amor divino (1936-1974)
  • poesía del amor sentido (1974-1991)

Recibió una educación esmerada con institutrices francesas e inglesas, llegando a hablar y escribir desde niña francés, inglés y castellano.
Desde pequeña escribía relatos breves y cuentos. A los doce años escribió en francés su primer poema.  Le encantaba inventar cuentos para narrarlos a las amigas.
A los 10 años ingresa en el colegio Sagrado Corazón y estudia el bachillerato elemental . Prepara el bachillerato superior en casa con profesores particulares. Aunque quería estudiar en la universidad, su padre se opuso y finalmente no accedió a estudios superiores. En aquel tiempo una alumna universitaria debía ir acompañada de su madre o de otra mujer adulta.

La lectura deVíctor Hugo, Lamartine, Musset, Vigny, Maeterlinck y Verlaine determinó que eligiera el francés para componer sus primeros esbozos líricos. Más tarde, leyó a San Juan de la Cruz, Sta Teresa de Jesús, Rubén Darío, , Concha Espina, Amado Nervo, Valle-Inclán y Juan Ramón Jiménez, que se convirtió en su poeta de referencia después de adentrarse en las páginas de Platero y yo.

En 1923 publica sus primeros poemas en revistas como Manantial, Cartagena Ilustrada o La libertad.
A los 21 años publicó su primer poemario “En silencio”, con influencias románticas y modernistas que dedicó a Juan Ramón Jiménez, del cual era una gran admiradora. Envía un ejemplar de su obra a Juan Ramón Jiménez, pero no recibe respuesta. Sin embargo, coincide con el poeta y su esposa Zenobia Camprubí en La Granja de San Ildefonso. El poeta la invita a participar en sus tertulias de poesía en las que conoció a Rafael Alberti, Federico García Lorca, Luis Cernuda, Jorge Guillén, Dámaso Alonso, Pedro Salinas, Emilio Prados, Vicente Aleixandre y a los poetas ingleses tanto de poesía clásica como moderna.
En 1928 Ernestina publicó Ahora, su segundo poemario
Fundó junto con María Maeztu, Concha Médez y otras el Liceo Femenino, primera organización femenina de la época para influir en cuestiones culturales y sociales. Ernestina era encargada de la sección de literatura.Fue la primera asociación femenina española cuyo fin era según sus estatutos “defender los intereses morales y materiales de la mujer, admitiendo, encauzando y desarrollando todas aqeullas iniciativas y actividades de índole exclusivamente económica, benéfica, artística, científica y literaria que redunden en su beneficio.”
Crearon en 1929 la Casa de los Niños, una guardería para hijos de mujeres trabajadoras.
Colaboró con distintos periódicos madrileños escribiendo a favor de la mujer

Ernestina (izquierda) con amigas.

En 1930 publica Canciones de Mar y Tierra y en 1931 su tercer poemario, La Voz en el viento. En las tertulias del Liceo Femeninose dieron cita todos los grandes intelectuales y artistas de la época. Era un centro con una gran vida social y una intensa actividad cultural. Fue amiga de la gran mayoría de escritores y artistas de la época. Junto a la profunda amistad y admiración que sentía hacia Juan Ramón Jiménez y Cenobia, frecuentaba la compañía y afecto de poetas como Concha Méndez y Altolaguirre, Emilio Prados y Rafael Alberti, etc. Entre el grupo de íntimos se encontraban Pilar Zubiaurre y Juan de la Encina. Estos le presentaron por primera vez a quien pasado cierto tiempo llegaría a ser su marido Juan José Domenchina, secretario del gabinete diplomático del Presidente de la República Manuel Azaña. Se casa con él en 1936. Gerardo Diego la seleccionó para su Antología de 1934. Solo se incluyeron los poemas de dos mujeres: Josefina de la Torre y Ernestina de Champourcin. El hecho de aparecer en esta antología consagró a Ernestina como poeta de Generación el 27. Gerardo Diego sufrió presiones para no incluirla en la obra antológica “Poesía española contemporánea”. Pero él la incluyó como miembro de su propia generación CuandoGerardo Diego le pidió para su Poesía Española Contemporánea un resumen de su poética, Ernestina se negó a definirse y contestóconaparente ligereza:“cuando todo el mundo define y se define causa un secreto placer mantenerse desdibujada entre los equívocos linderos de la vaguedad y la vagancia”. En el año 1936 publica su siguiente libro de poesía Cántico Inútil.

Desde el balcón de un cuarto piso de la calle Barquillo, Nº 23, Ernestina escucha los encendidos discursos de La Pasionaria, de Margarita Nelken, etc, pero también oye con horror el estruendo de las primeras bombas nacionales lanzadas sobre del Ministerio de la Guerra

Durante la Guerra Civil, Juan Ramón Jiménez y Zenobia, preocupados por los niños huérfanos o abandonados, fundaron una especie de comité denominado “Protección de Menores”. Ernestina se sumó a este trabajo, haciendo labores de enfermera. Proporcionaban amparo a los niños huérfanos o abandonados a causa de la contienda, y algo después, traslada sus servicios al hospital dirigido por Dolores Rivas Cherif, esposa de Azaña. Su labor humanitaria no impide a la poeta publicar su única novela, La casa de enfrente, donde reflexiona desde una perspectiva crítica sobre la educación que recibían las niñas de la burguesía.  inicia la redacción de una novela Mientras allí se muere, inconclusa por falta de final o por que ese final fue destruido por la autora. Debido a las ideas políticas de Domenchina, afiliado a Izquierda Republicana, y a sus cargos políticos, secretario del gabinete diplomático del Presidente de la República Manuel Azaña, el joven matrimonio tienen que iniciar el exilio. Se desplazan con el gobierno y el 5º Regimiento a Valencia. El viaje lo realizan con otros intelectuales, entre los que se encontraban los vascos Pilar Zubiaurre y Juan de la Encina. Más tarde a Barcelona y de la Ciudad Condal con el ejército nacional en los propios talones pasan a Francia. Residen durante tres meses en Toulouse, acogidos por el Comité de Ayuda a los Intelectuales Españoles. El exilio para Ernestina no fue ni doloroso y traumático como lo fue para Juan José Domenchina. De espíritu aventurero y amante de los viajes, la escritora tomó el destierro como un viaje de aquellos que imaginaba y narraba en su niñez. Con el tiempo termina enamorada de la gente y de la geografía de México. Una vez instalados en México, Juan José rechaza el trabajo de profesor al no sentirse ni preparado ni vocacionado. Enterado Cosío Villegas de la situación en que se encontraba el matrimonio, les ofrece colaborar con el Fondo de Cultura Económica en calidad de traductores. La primera obra que tradujo Ernestina para el F.C.E. fue una biografía de Voltaire. La traducción resultó tan del gusto del director, que se le abrieron todas las puertas y se le dieron todas las facilidades. Ella escogía los títulos que iba a traducir. Estos eran preferentemente históricos, literarios, sociológicos, etc. Colabora igualmente para editoriales como Centauro. U.T.H.A (Unión Tipográfica Hispanoamericana). Realiza una intensa labor. Su trabajo alcanza el medio centenar de títulos, significando su labor un puente cultural sólido que sirvió para empezar a despertar las dormidas cabezas de la España franquista. En forma de las traducciones en editoriales americanas empezaba a llegar la voz de los desterrados. Muchas de las traducciones de Ernestina de Champourcin siguen vigentes y reeditándose a pesar del tiempo transcurrido. En cuanto llegó a México quiso promover las actividades culturales y formativas entre las mujeres indígenas que vivían en el Distrito Federal, y animó a algunas mujeres intelectuales de allí a poner en marcha sus propias asociaciones y revistas literarias. Otra faceta de su actividad a favor del feminismo fue el apoyo que prestó, desde finales de los años veinte hasta el final de su vida, a las mujeres que buscaban su consejo para dedicarse a la poesía, y a las que invitaba no sólo a escribir, sino también a darse a conocer , involucrarse en la vida cultural, etc. Ernestina era poeta y como tal fue recibida en su nueva tierra de residencia. Sin embargo, el nuevo trabajo de traductora ahogó su voz poética durante más de quince años. Salvo contadas ocasiones y de forma más bien esporádica -sus colaboraciones en la revista Rueca serían la gran excepción- deja de lado su tarea poética. La vida en el exilio exigía una dedicación remunerada y las traducciones daban para vivir sólo cuando se trabajaba de manera intensa.

Ernestina con su marido, Juan José Domenchina.

En 1952 publica Presencia a oscuras. . El tema religioso llena a partir de ahora todas sus páginas poéticas. Este sentimiento de amparo divino se ve acrecentado en octubre de 1957 con la muerte de su marido. Van apareciendo sus siguientes libros: El nombre que me diste (1960),Cárcel de los sentidos(México, 1964), Hai-Kais espirituales (México, 1967), El nombre que me diste (México, 1966),Cartas cerradas, México, 1968) En 1972 comenzó su segundo exilio: regresó a España. Publica en ese mismo año Poemas del ser y del estar. Esta vuelta, en esta ocasión definitiva, le hace evocar los sentimientos y recuerdos de sus vivencias pasadas en la capital durante la guerra civil. Como especie de recuperación evocativa va recreando todas sus andanzas, inquietudes y sufrimientos. Nace así su libro Primer exilio, publicado en 1978. Por otra lado, sufre la gran decepción de un Madrid que no se parece nada a la ciudad de sus recuerdos. Comienza a hablar en sus obras del destierro espiritual del hombre. Para ella no existe exilio espacial o transtierro emocional, sino destierro espiritual. Estas experiencias íntimas se van concretando en su obra La pared transparente, en 1984. Le siguen títulos como Huyeron todas las islas (1988), Del vacío y sus dones (1993), Presencia del Pasado (1996) . Se expresa la ruptura física con los seres y cosas queridas pero con la fe y esperanza en la vida del más allá. Como vemos, a pesar de sus limitaciones físicas, como la sordera o la falta de visión, siguió trabajando, llegando a publicar ocho libros de poemas. En 1981 salió a la luz La ardilla y la rosa, un libro autobiográfico con el que rendía homenaje a Juan Ramón Jiménez. Ernestina de Champourcin recibió el PremioEuzkadi de Literatura en 1989. Se creó también en Vitoria el Certamen de Poesía Ernestina de Champourcin Recibió el Premio Mujer Progresista y la nominación al Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 1992, y la Medalla al Mérito Artístico  del Ayuntamiento de Madrid en 1997.

Murió el 27 de marzo 1999.

Ella diría acerca de la muerte:

Yo creo que morir es estar
es estarse por fin en lo absoluto
en lo definitivo…
Morir es una rosa
que se nos da de balde
un perfume cuajado
en un amor para siempre.

Ernestina de Champourcin representa una de las cimas poéticas de la denominada poesía pura; sin lugar a dudas, la más importante entre el grupo femenino de la generación del 27. Otra mujer poeta relegada a segundo o tercer plano por ser mujer en la generación del 27. 

Ernestina en el 1996.

POEMAS

Del libro En silencio (1926)

EN SILENCIO

Era un bello silencio, un silencio divino,
vibrante de pensares, tremante de emoción,
un silencio muy grave, de sentir peregrino,
un silencio muy quedo, con dejos de oración.
…………….
Cállate no respires, ni turbes el silencio
con el ritmo armonioso de un poema de amor;
cállate, que es muy tímido y frágil el silencio,
no rompas de este instante el filtro seductor.

Cállate y no pienses; a través del espacio,
cruza fugaz la estrella de una hermosa ilusión;
cállate, ¿no sientes su fulgor de topacio
encenderse en mi pecho y herir tu corazón?

Cállate; ya sé yo que tus labios murmuran
ternuras infinitas, creadas para mí;
cállate; sin hablar mil voces las susurran;
cállate; el silencio me acerca más a ti.
…………….
Era un silencio triste, un silencio lloroso,
un silencio muy puro de candor virginal,
un silencio sereno, vagamente amoroso,
que la bruma envolvía en su tenue cendal.

Del libro Ahora (1928)

APUNTES LÍRICOS 1

Goce íntimo y quedo en que el alma se admira
de su propia belleza:
minuto de egoísmo eterno como el mundo,
divina complacencia
de todo lo creado
al contemplarse mudo
en la múltiple esfera del corazón humano.
Delirante alegría
de palpar la consciencia que hace cierta la vida.
¡Silencioso placer de escucharse sin miedo
y arrancar a la nada nuestros propios secretos,
mientras huye la tierra, bulliciosa y maldita!

Del libro la Voz en el Tiempo (1931)

 MIRADA EN LIBERTAD

¡Mis ojos en el viento!
¿Qué mirarán mis ojos
ya sueltos en el aire?
Sujeto va el espacio
entre mis dos pupilas.

¡Yo, límite desnudo,
he de ceñirlo todo
hasta dejarlo inmóvil
en el eterno cáliz
de la perfecta rosa!

Límite justo y ciego,
no veré la belleza
que abrace mi contorno.
¡Por buscarla sembré
mis ojos en el viento!

De Cántico inútil en 1936
AMOR
Puliré mi belleza con los garfios del viento.
Seré tuya sin forma, hecha polvo de aire,
diluida en un cielo de planos invisibles.

Para ti quiero, amado, la posesión sin cuerpo,
el delirio gozoso de sentir que tu abrazo
solo ciñe rosales de pura eternidad.

Nunca podrás tenerme sin abrir tu deseo
sobre la desnudez que sella lo inefable,
ni encontrarás mis labios
mientras algo concreto enraíce tu amor…

¡Que tus manos inútiles acaricien estrellas!
No entorpezcan besándome la fuga de mi cuerpo.
¡Seré tuya en la piel hecha fuego de sol!

CARTA AL VACÍO

Es escribir a alguien
o lanzarse al silencio,
a nadar en lo oscuro,
a encender una llama
aunque ahoguen las dudas.
¿Carta a lo que no existe?
Hay buzones alados
que se disparan solos
y un correo sin pistas
ni trayecto seguro.

Eludir el camino
que todos conocemos.
Seguir hacia adelante
ruta de los que intentan
lo que nunca pensaron
y se sienten felices
porque hay algo distinto,
porque se desvanece
de pronto lo que sobra
y no existe el vacío
si queremos colmarlo.

GOTA A GOTA

Gota a gota
Hay algo -gota a gota-
que nos llena el vacío
¡Hondones del deseo!
¡Qué colmo de esperanzas!
El oleaje arrastra
caudales sin objeto
y hay muchos anaqueles
que ningún libro ocupa.
¿A dónde vamos, dime?
Aún nos quedan paisajes 
con frondas ignoradas
y orquídeas que navegan
en busca de su nombre.
Quisiéramos al fin la belleza absoluta
que rebosa verdad porque la luz es nueva.
Se borran las fechas
del momento incendiado,
pero nos grabarán
como inicial las sienes.
Es el fin o el principio
de las augustas ruinas circulares.
¿Se pierde o se gana?
Hay manos que triunfan
al quedarse vacías
y otras como puños
que no conservan nada.

AMBICIÓN

¡Quisiera ser viento!
Ráfaga tendida
que arrastra en su beso
el polvo y la nube,
la rosa, el lucero…
—No brisa apacible
que finge despechos
y siembra caricias—.
Yo quiero ser fuego,
volcán de aire rojo
que incendie el secreto
de todas las ramas
y todos los pechos;
aquilón desnudo,
huracán de acero,
fragua donde forjan
su actitud los cuerpos.
¡Cuando voy a ti,
quisiera ser viento
para arrebatarte
más allá del cielo!

TIEMPO DE MAR

El mar me pertenece
lo hago pasar entero
entre mis manos ávidas.
Lo acaricio le doy
la única mirada
sencilla que me queda
la que aún no han manchado
ni el miedo ni la muerte.

Mar limpio entre mis dedos
goteando esperanzas
porque sostiene aún
un velamen con brisa.

Mar de todos los mares
hoy contemplo en su espuma
otros mares antiguos:
aquel de mi primer
contacto con las playas
y el de aquellas lecturas
codiciosas e incómodas
bajo algún tamarindo.
y aquel otro del trópico
sin huellas de turistas
con esa pulpa tierna
que ofrece el cocotero.

Quiero olvidar aquí
lo que sucedió anoche.
el mar no tiene culpa.
Es dócil, mío, puro,
es un lebrel que lame
mis plantas mansamente.

ESTÁS

Y estás: en el vacío
y en la ausencia presente,
en la que es y vive
sin dejar de ser única
oquedad invisible
con raíces eternas.
No hay mundo que la llene
pero sí algo vivo
que la besa y la calma.

No quiero saber nada…
Ni de esa luz incierta
que retrocede vaga
ni de esa nube limpia
con perfiles de cuento.
Tampoco del magnolio
que quizá aún perfume
con su nieve insistente…
No saber, no soñar,
pero inventarlo todo.

LAXITUD

La tarde gris y triste me agobia ,
tengo sueño;
estiro lentamente
mis dos brazos abiertos
que se prenden al aire;
quieren cazar el tiempo,
aprisionarlo pronto,
robarle su secreto,
deshacer bruscamente sus límites estrechos.
Quiero llorar : no sé;
quiero reír: no puedo.
Los deseos
se estrellan contra la inexorable inercia
del silencio;
sobre mi corazón rueda grávido al peso
de la existencia toda.
Al fin me desperezo .
Logro romper el cerco
del malsano sopor,
pero apenas lo venzo
ya me toma a invadir
quedamente su tedio .
Luego …
Ya no sé más;
suspiro,
me paseo,
exprimo el tormento so
lagar de mi cerebro ,
destilo el elixir de su inquietud
en mi pecho …
Sujeto en mi memoria
repite el pensamiento ;
la tarde gris y triste me agobia ,
¡tengo sueño! .. ..

BÚSCAME EN TI

La flecha de mi vida
ha clavado sus rumbos en tu pecho
y esquivo entre tus brazos el acecho
de las cien rutas que mi paso olvida.
Despójame del ansia desmedida
que abrasaba mi espíritu en barbecho.
El roce de tus manos ha deshecho
la audacia de mi frente envanecida.
Navegaré en tus pulsos. Dicha inerte
del silencio total. Ávida muerte
donde renacen, tuyos, mis sentidos.
Ahoga entre tus labios mi tristeza ,
y esta inquietud punzante que ya empieza
a taladrar mi sien con sus latidos.

HUIDA

Inercia de la muerte . ¡Qué distancia
me aleja ya, segura, de lo human o!
Aquella rosa que murió en mi mano
será pronto recuerdo de fragancia .
Silencio de si lencios. En mi estancia
diluye su perfil lo cotidiano
y retorna sin hieles a su arcano
esa amargura que la vida escancia.
Nada será de todo lo que ha sido.
Voy a ofrecer al sello del olvido
mis párpados febriles y mis labios
que inmoviliza el rictu s de lo eterno.
j Quiero escapar indemne del infierno
que arde en la trama de tus besos sabios!

DISTANCIA

1
Estás ahí, Señor,
y no puedo acercarme …
Sé que estás, sé que eres .. .
Tu presencia me invade
irresistiblemente
y tengo que escaparme,
desoír tu llamada …
oscurecer tu imagen,
cuando mi ser entero
sólo quiere entregarse.
Perdón ame si huyo,
si me niego a mirarte.
¡Estás ahí, Señor,
y no puedo acercarme!

11
Tú me quieres así:
despojada de todo ,
sin lo mío y sin Ti .. .
obstinada en buscarte
y teniendo que huir
de tu sombra y tu huella.
Si me arrancas de mí,
no me niegues la gracia
de poderte seguir.

AMOR DE CADA INSTANTE…

amor de cada instante…
duro amor sin delicias: cadena cruz, cilicio,
gloria ausente, esperada,
gozo y tortura a un tiempo;
realidad de los siglos, gracias por ser y estar
en el nunca y el siempre.

Pues , mi ejercicio, ahora, es amarte en la ausencia,
y aferrarme a esta nada porque también es tuya
y beber ese polvo de soledad y vacío
que es Tu don del momento y Tu clara promesa.

Y por eso me obstino contra lo más cercano,
huyendo de lo fácil -metal a flor de agua-,
por Ti también me acojo a lo que nadie sabe.

Y así voy caminando por este desconcierto
oscuro y luminoso, por este amor amargo,
veteado de gloria…

NO QUIERO SABER NADA

No quiero saber nada…
Ni de esa luz incierta
que retrocede vaga
ni de esa nube limpia
con perfiles de cuento.
Tampoco del magnolio
que quizá aún perfume
con su nieve insistente…
No saber, no soñar,
pero inventarlo todo.

SÓLO ALLÍ

Tú no sabes qué lejos.
¡Nadie sabe qué lejos!
Encima de las nubes, detrás de las estrellas,
al fondo del abismo en que se arroja el día,
sobre el monte invisible donde duerme la luz.

Sólo allí podrá ser. Sólo allí tocaremos
la verdad que tortura nuestras frentes selladas.
Sólo allí se abrirán como flores de aurora
aquellas lentas noches de amor en desvarío.

Nuestras manos lo piden tendidas al espacio
en un sordo anhelar que no engendra clamores,
nuestras plantas lo exigen tercamente aferradas
a las huellas que el viento indómito destroza.

El horizonte huye robando a cada hora
la secreta delicia que presagia el milagro.
Hay briznas de prodigio en todos los instantes
y el mundo, ciego, arde con vibración de altar.

Arrodilla tu fuerza. No hay glorias presentidas.
Palpita en certidumbre la carne de los sueños.
Si acunas la belleza que tu fervor concibe
florecerá en tu muerte su exacta encarnación.

Te esperaré apoyada en la curva del cielo…
Te esperaré apoyada en la curva del cielo
y todas las estrellas abrirán para verte
sus ojos conmovidos.
Te esperaré desnuda.
Seis túnicas de luz resbalando ante ti
deshojarán el ámbar moreno de mis hombros.
Nadie podrá mirarme sin que azote sus párpados
un látigo de niebla.
Sólo tú lograrás ceñir en tus pupilas
mi sien alucinada
y mis manos que ofrecen su cáliz entreabierto
a todo lo inasible.
Te esperaré encendida.
Mi antorcha despejando la noche de tus labios
libertará por fin tu esencia creadora.
¡Ven a fundirte en mí!
El agua de mis besos, ungiéndote, dirá
tu verdadero nombre.

Y SE VA MARCHITANDO LA CAJA DE LAS ROSAS…

Y se va marchitando la caja de las rosas;
no tiene quien las saque y las lleve al camino.
Un airón de perfume se nos quiebra en las manos
mientras algo se muere y nace al mismo tiempo.
Se nos frustró la cita con aquella fragancia
de tan pura, invisible, ese ramo de brisa
que apenas huele a nada
y que agavilla en sí todo el amor del mundo.

Hay cosas que no son, pero que siguen siendo
gozo, nostalgia, fronda que nunca hemos plantado,
hermosura secreta que sólo fue latido.

A J.J. QUE AHORA CONTEMPLA, SIN DOLOR, ESE PAISAJE QUE AMÓ TANTO

Y te quise traer un ciprés de Castilla
que hundiera sus raíces hasta tocar tus huesos:
Castilla que cantaste y amaste con locura
cuando faltó a tus pies su barbecho fecundo.

Raíces en lo hondo; copa esbelta en el cielo.
No ese ciprés de Silos que Gerardo cantara,
sino un ciprés aún tierno que creciese a tu vera
señalando al que pase la ruta que seguiste.

Así todos verían al levantar los ojos,
que ya no estás ahí donde tu nombre queda,
porque el ciprés, cual índice de verdor y esperanza,
guiaría su vista a tu verdad inmutable.

¡Qué guardia de cipreses en la tarde de oro!
y me acordé de ti y de aquellos poemas;
y de los que, después, colmaste de ese Amor
que te acunó la muerte.
Yo te quise traer un ciprés de Castilla.
¿Para qué? me pregunto. ¡Si ya la tienes toda!

¿POR QUÉ HUYEN TODAS LAS ISLAS?

   I
¿Cómo huyen las islas?
¿A caballo del mar sobre frágil espuma?
¿O acaso en imposible persecución alada
soñándose inocentes colegialas del cielo?

¿Cómo huyen las islas? ¿De qué? ¿Por qué?
       ¿A dónde?
Y las veo partir una a una, perdidas
en un afán oscuro que las nace y las muere
prisioneras sin cárcel de algún destino incierto.

IV
Y quisiera ser isla, un signo que persigne
el mar y sus entornos,
la sorpresa flotante de un pedazo de yerba.
Estrellas como islas o islas como estrellas.

¡Es un sueño sagrado que viene de tan lejos!
La sarta de coral de insólitos jardines
que todos despreciaron.
Hombre o mujer sedientos y cerca el archipiélago:
una siembra inaudita de frutas prodigiosas
imantando una red de gemas increíbles.

  V
Y si las islas huyen quedarán mares solos
sin nada que los tense y los haga más firmes
o acequias desoladas sin un brazo de tierra
en donde hagan pie los que van a ahogarse.

No es verdad que las islas sean monólogos puros
como tampoco hay hombres que son islas completas.
Y la isla quería no ser isla, mezclarse
con el mar y los ríos y buscar a esas otras,
las de luz diferente,
las de flores distintas y cardos agresivos.

No hay matices que puedan aislar a las islas
ni tampoco a los hombres. El fondo es siempre el  mismo
como la rosa es rosa aunque abrace los muros
o se yerga señera.

Fuga precipitada de paisajes isleños,
con tallos fabulosos y cinturón de algas.
Y ese árbol asceta que un oro florecido tortura y acrisola.

Y también el anturio como escudo guerrero,
el hibisco en campanas de tinte evanescente,
y la catleya, sello de trances amorosos.

INSOMNIO

Es un ratón bohemio.
Cansado de roer
tantas flores de trapo
se ha perdido en la selva
de los cables eléctricos.

La noche no se acaba.
¿Quién se escurre en la sombra?
La plazuela no entiende
los balcones abiertos
las inquietas preguntas,
los ojos aterrados
por un ratón que salta.

En las cajas redondas
roen otros ratones.
Amanece; el obús
no hizo blanco en el puerto.

CIUDAD DESIERTA

Aquí no hay nada, nadie.
Entre tanto gentío
nadie va, nadie viene.
Sólo se toca el aire,
silencio en el bullicio,
vacío en la palabra
oquedad en el movimiento,
presencia sin personas.

Qué enredo de países,
de adverbios, de niveles,
qué maraña de puertas,
de nombres, de caminos.
¿Aquí, allí, adónde?
Hay letras encendidas
que duelen como llagas.
Es forzoso salir:
buscar alguna parte,
¿buscar qué?, un orificio
entre la masa amorfa,
un huequecillo tenue
con temblor de caricia,
una esquina con flores.

La mujer y los niños
miran hacia delante
y sonríen por algo
que no se les alcanza.
Decirles “aquí estoy”.
Decir “venid conmigo”.
Pero ¿adónde llevarlos
si no nos lleva nadie?

SUSURRO

No son esas palabras
metálicas y duras
las que abren caminos
y derriban los montes.
Las aguas pasarán
a través de otros cauces
más secretos, más hondos,
por otros arcaduces
que tú y yo sabemos.

No quieras violentar
la delicada urdimbre
de un tejido sutil
que un soplo rasgaría.
Esas palabras no.
Las que ya nadie oye,
la vibración secreta
de algún cuerpo entregado.

FUGA

Ha pulido tu amor
la copa de mi alma
con el roce fatal
de su deslumbramiento,
en el cándido prisma
de tan leves cristales
se diluye la gracia
de tu perfil eterno.
Ya casi no conozco
el radio que trazaba
en mi espejo sensible
la presión de tus dedos.
A fuerza de limarlo hiciste
de mi espíritu
un vidrio que cebrean
las púas del silencio.
Alerta al menor soplo
que hiere lo insondado,
-crisol estremecido
por las brisas astrales-,
como en un parapeto
se me escapa tu sombra,
tras la red que tejiste
enhebrando pensares.
Inexacta visión
de amplitud multiforme
oscilando en el aspa
fatal del Universo,
ya eres sólo una forma
que reviste mi antojo
en el vasto bullir
de su ritmo complejo.


CEPO

La tarde, flexible y larga,
se anudó estrechamente
al latir de mi garganta.
Suave, ligera,
¡cómo tiraba!
¡Qué sordo crujir de nervios
y de palabras!
Los pinos me hundieron sus agujas;
un embrollo de zarzas
tejió un collar ceñido
sobre mi piel tostada.
Ya la tarde se iba;
pero, cuánto apretaba.
Me arrastró hacia el mar
sujeta con los grillos
de la nube soñada…
¿El sol querría al morir
que yo le acompañara?

INSTANTE

Lentamente, en la paz otoñal se desliza
un pálido fantasma con blancura de flor;
el viento, suspirando los ecos del dolor,
se quiebra al resonar enfermo de una risa.
La hoja desprendida del árbol centenario
cruje como un misterio en la sombra dormida,
y se escucha el pisar doliente de la vida,
y la fuga del tiempo hacia el fúnebre osario.
Nace la eternidad al morir de las horas;
el silencio se cierra egoísta y secreto,
ahogando con sus velos al fantasma que llora.
En la quietud hostil hay un grave concierto;
la campana del mundo tenuemente desflora
la agonía sin fin de ese algo que ha muerto.

Del libro libro Primer Exilio (1978)

SI DERRIBAS EL MURO…

¡Si derribas el muro
qué gozo en todas partes!
¡Qué lazo de palabras
se sentirá en la tierra!
Y todo será nuevo,
como recién nacido…
Si derribas el muro
de todas las mentiras
¡Qué júbilo de amor
abierto sobre el mundo!
¡Qué horizonte sin nubes
en la curva del cielo!

Del libro La pared transparente 1984

LUZ EN LA MEMORIA I


…estas cosas que evoco (ya sin nada) de lo
que a mí me tuvo y fue tan mío
JUAN JOSÉ DOMENCHINA
¡Qué ganas de acercarme!
Sobre el mar ibas mudo,
alejado, a distancia,
como si una pared
adusta separase
esos destinos nuestros
tan juntos sin embargo.

Miré a mi alrededor
y todas las pupilas
se hundían en el surco
que devoraba el agua.
Un miedo de los ojos
esquivando otros ojos,
un afán de guardar
para sí aquel momento,

Vi una mano perdida
que buscaba otra mano,
retirándose luego
avergonzada, mustia.
Y seguimos así,
queriendo sin querer,
inmóviles y rígidos
con los labios sellados.

Del libro Del Vacío y sus Dones 1993

AL FINAL DE LA TARDE

Al final de la tarde
dime tú ¿qué nos queda?
El zumo del recuerdo
y la sonrisa nueva
de algo que no fue
y hoy se nos entrega.

Al final de la tarde
las rosas siguen lentas
abriéndose y cerrándose
sin caer aún en tierra.

Al final de la tarde
no vale lo que queda
sino el impulso mágico
de la verdad completa.

DE PRESENCIA DEL PASADO (1996)

 PARA CUÁNDO LA LLUVIA

¿Para cuándo la lluvia
y su gozo ahilado
a punto de estrenar su virginal salida
que nos bautiza siempre?
Para qué vida rota
y para qué paisaje o capullo emergente
hay razones que brillan
porque son más que eternas.
¿Para cuándo la lluvia
con su lujo de agua?
Nadie quiere evitar
la fusta cristalina,
su azote transparente que apacigua y refresca.
¿Para cuándo la lluvia si es que existe?

Te recomendamos ver el programa de televisión.

PRÓXIMO NÚMERO

33. Poesía más Poesía: Tristan Tzara y Antonia López

TRISTÁN TZARA

Biografía


(Samuel Rosenstock; Moinesti, Rumania, 1896 – París, 1963) Poeta francés de origen rumano. Fue el principal impulsor del grupo Dadá, movimiento de vanguardia surgido en Zurich durante la Primera Guerra Mundial que se proponía expresar su oposición al orden establecido mediante la ruptura con la lógica del lenguaje, en cuanto que elemento sustentador del sistema social.

Tzara se nutrió de muchos artistas y movimientos. Desde el dadaísmo al surrealismo. De personalidad discreta y agitada, vivió en su casa en Francia casi toda su vida. Fue uno de los autores más importantes del movimiento dadaísta, que fundó junto con Jean Arp y Hugo Ball, una corriente artística de vanguardia totalmente revolucionaria en el sentido de que buscó romper con todos los parámetros establecidos a lo largo de la extensión de la historia del arte occidental, tanto que hoy día es catalogada como “antiarte”.
El dadaísmo fue una especie de padre fundador para gran cantidad de movimientos artísticos, entre ellos el surrealismo, el estridentismo, y en cierta medida el Arte Pop de los años 60’s.

Tristan Tzara Victor Brauner Marcel Janco M. H. Maxy Arthur Segal

Desde Rumanía a París, pasando por Zúrich
La llegada a Zúrich en 1915 para continuar sus estudios de Filosofía y Letras supuso para él una ruptura con el panorama artístico anterior. A los 21 años hablaba rumano, inglés y francés, y pronto comenzó a codearse con artistas de todo el mundo que huían de la Primera Guerra Mundial -Emmy Hennings, Hans Arp o Marcel Janco entre otros-.


Al año siguiente, el artista Hugo Ball creó el Cabaret Voltaire, de donde nació la corriente dadaísta, que cuestionaba la realidad imperante.
Es así que en ese Zurich de 1916 se origina el movimiento dadaísta, durante
la I Guerra Mundial. Ese Zurich de oscuras callejuelas y ruidosos tugurios acogen a una nutrida flota de personajes irregulares: emigrados políticos, jóvenes renuentes a enrolarse por objeción de conciencia, agentes secretp, artistas, literatos, poetas exiliados.

TZARA TRAS SU ACLAMADA LLEGADA AL PARÍS PRESURREALISTA LEYENDO UN MANIFIESTO EN LAS PUERTAS DE LA IGLESIA DE ST. JULIEN LE PAUVRE 1921 FOTOGRAFÍA BIBLIOTHÈQUE LITTÉRAIRE JACQUES DOUCET


En el número 1 de la Spielgasse estaba situado el “Cabaret Voltaire” donde DADA se dio a conocer al mundo; enfrente, en el nº 12, vivían Lenin y Krupskaia. Por las tardes Lenin jugaba al ajedrez en la acera con Tzara, Arp y Schvitters. Por las noches, éstos y unos cuantos amigos más se entregaban en el “Cabaret Voltaire” a la rebelión espiritual, que poco después sacudiría el mundo entero, iniciada por el rumano Tzara contra una sociedad responsable de haber transformado a Europa en una inmensa carnicería.
DADA es el primer movimiento espiritual que encuentra su libertad en la práctica constante y deliberada de negarlo todo. La destrucción es la única acción purificadora. La plenitud del individuo se afirma, según los dadaístas a través de un estado de locura agresiva y completa contra el mundo. Derruir, desechar, barrer, limpiar, combatir contra todo y contra todos, incluso contra DADA, tal es el tema renovador que alienta en cada uno de estos manifiestos.

Ezra Pound Tristan Tzara Man Ray Kiki Ray y otros en el Jockey Club de Paris en 1923


Los primeros textos dadaístas fueron: La Première Aventure céleste de Monsieur Antipyrine (“La primera aventura celestial del señor Antipirina”, 1916) y Vingt-cinq poèmes (“Veinticinco Poemas”, 1918), así como los manifiestos del movimiento: Sept manifestes Dada (“Siete manifiestos dadá”, 1924).
El enemigo cañoneaba sobre Zurich y Tzara llegó a la conclusión de que había que liberar también aquel libro gordo del diccionario, que era como un esclavo negro con tatuaje de idiomas. “.
Tristán Tzara estaba en el cabaret Voltaire, eses pequeño café, tratando de inventar el mundo o, al menos, de inventar el lenguaje. En este café fue donde Tzara inventó la manera de escribir el poema del dadaísmo mirando por las páginas amarillas de la guía de teléfonos. Tristán Tzara echaba todas las palabras del diccionario, un día sí y otro también, y luego auspiciaba el resultado mirando las palabras por el suelo.
O sea, que empezó a escribir desordenadamente, con todo el cuidado que eso requiere para no recaer en el orden académico y aburrido, en un sentido común que ya no era posible tras el sinsentido de la guerra.
Con aquellos manuscritos sugeridores y primitivos se fue a París y enseguida tuvo en torno a los vanguardistas franceses, que también andaban buscando un orden nuevo, o mejor un desorden, para las ideas, la poesía y la prosa. Es cuando empieza a sugerirse el surrealismo, como plenitud oscura y sagrada del peleador dadaísmo.


Del mismo modo que Apollinaire había tenido escondida en su casa a la Gioconda, estos vanguardistas le pintaron bigotes a la famosa dama de Leonardo. Es evidente que las vanguardias querían hacer algo distinto con la Gioconda porque el Renacimiento les pesaba demasiado, era la catedral de la modernidad que no conseguía hundir ninguna guerra. El surrealista Picabia pinta “La Santa Virgen” mediante unos cuantos tachones en negro. Digamos que la Virgen y la Gioconda son las dos madres, en religioso y en laico, del mundo que estaba viniendo. Los vanguardistas no querían destruirlas, pero sí transformarlas en otra cosa.
En París, cuna de artistas escribiría los manifiestos del dadaísmo, intervendría en coloquios intelectuales y se codearía con los artistas del momento. Por esa época entra en contacto con André Bretón, Louis Aragón, Philippe Soupault y Paul Éluard, el grupo de la revista Littérature, que poco después protagonizarían otro movimiento de vanguardia, el surrealismo, al que Tzara no se adhirió.
Siguió a la cabeza de la estética DADA, la cual fue impregnándose de un tono más militante, a la par que crecía la implicación política de Tzara (en 1936 se afilió al Partido Comunista y durante la Segunda Guerra Mundial participó en la Resistencia francesa).
En París organizó, con sus compañeros de movimiento, espectáculos callejeros plenos de absurdismo para épater le bourgeois, “escandalizar a la burguesía”, y dio un poderoso impulso a la escena dadaísta
Hacia fines de 1929 se embarca en el recién inaugurado movimiento surrealista de André Bretón, Louis Aragon y otros autores; dedica grandes esfuerzos a intentar conciliar las doctrinas filosóficas nihilistas y sofisticadas del movimiento con su propia afiliación marxista.

1933 Tristán Tzara, Paul Éluard, André Breton, Jean Arp, Salvador Dalí, Yves Tanguy, Max Ernst,y René Crevel.


Cuando André Bretón dijo que él era el padre del surrealismo, Tzara lo negó. Entretanto, conoció a la que se convertiría su mujer, la pintora sueca Greta Knutson, y se iría a vivir con ella al barrio parisino de Montmartre.
Participa activamente en el desarrollo de los métodos de escritura automática, entre ellos el collage y el cadáver exquisito. De esa época data su libro L’Homme approximatif (“El hombre aproximativo”, 1931).
Durante la II Guerra Mundial se incorporó a la resistencia francesa; tras obtener la ciudadanía en 1947, se afilió al Partido Comunista Francés. Su militancia se extendería hasta 1956, cuando, tras la invasión de Hungría por las tropas soviéticas para apagar la revuelta popular, se apartó del partido. Su obra de la época es característicamente compleja, aunque más convencional que en su juventud; en ella destacan Parler seul (“Hablar solo”, 1950) y La face intérieure (“El rostro interior”, 1953). Tras la experiencia de la guerra, la poesía de Tzara tomó un cariz más intimista y reflexivo (La huída, 1947; El rostro interior, 1954; La rosa y el perro, 1958), si bien conservó siempre la espontaneidad y arbitrariedad en el manejo de las palabras, creando imágenes ilógicas que se aproximan, en el producto final, al surrealismo, se separa de éste por su concepción originaria y por la fuerza y vitalidad que anima su expresión, que es expresión de una individualidad que se afirma en un universo poético autónomo.

Etapa surrealista

Eran los últimos días de la Guerra Europea y el mundo se preparaba para hacer algo con la paz que aún no había llegado.
El dadaísmo es algo así como la prehistoria o la primera floración de setas en lo que luego sería el surrealismo. La época del surrealismo comenzó para el artista en 1929. Después de cinco años de silencio, logró reconciliarse con Bretón y el género. Durante los 10 años siguientes, el artista se convirtió en un gran coleccionista, en tanto que amigos como Joan Miró o Pablo Picasso, ilustraban sus libros.
Confraternizados dadaístas y surrealistas, presentan una nómina en la que están Tzara, Picabia, Aragón, Soupault, Bretón y otros componentes de la primera hora. Por entonces, Soupault era uno de los genios más evidentes de la revolución literaria, y llega a escribir hallazgos como éste: “Un sobre desgarrado agranda mi cuarto”.
Tienen un lema colectivo que les ayuda mucho: “Después de nosotros, la blenorragia”. A Tzara le escriben esto por las tapias: “Tzara, loco virgen”. A esta pintada anónima añadiría Picabia: “Tristán Tzara es un idiota virgen”.

Tristan Tzara retratado por Man Ray


En el acervo que nos han dejado hay milagros como éste: “Toda comparación poética debe ser concisa como la declaración de amor de un rey”. Han inventado ya las lágrimas de níquel y aquello de que la idiotez es el saturnismo de los matemáticos. O esto otro más festivo: “La cola del diablo es una bicicleta”. Así, “las más magníficas puertas son aquellas detrás de las que se dice abrid en nombre de la ley”.
Bastardos del pasado, no descartan a Descartes y explican “no quiero saber siquiera si ha habido hombres antes de mí”.
Pero el surrealismo tuvo más fascinación aglutinadora que DADA y, por otra parte, aquello empezaba a ser comercial.
Fue un teórico radical, poeta y rumano. No es fácil explicar a Tzara; fue un hombre de mundo y de las artes que premió el caos frente al orden, para romper todos los moldes Es decir, mantuvo posiciones contrarias a la utilización de la estética por los distintos poderes, no produjo objetos utilizables en el mercado del arte, y era un extranjero en la Francia de las entreguerras. No se trata de una “escritura automática” tal como proponía André Bretón, sino de una técnica textual que reelabora discursos preexistentes, introduciendo en la cadena de la frase distorsiones, y sobre todo sustituyendo adjetivos o sustantivos.
La eliminación de las mayúsculas y de todos los signos de puntuación completa el efecto de extrañeza y sorpresa.
Tristán Tzara pasea solitario por París pensando en volverse a su Zurich provinciano y pinariego. A decir verdad Tzara era un rumano creativo que tenía una gran casa en París. Va a escribir un libro de mil páginas. Su mujer es una delgada y bien dibujada sueca. Tienen un niño, pero naturalmente no lo enseñan jamás.
Declarado antifascista, llegó a formar parte de la Asociación de escritores y artistas revolucionarios en 1935, y fue en el mismo año cuando decidió dejar de formar parte del grupo de los surrealistas.
Durante el periodo de entreguerras estuvo muy ligado a España. La Guerra Civil le causó un fuerte impacto. Pisó territorio español hasta en tres ocasiones para hablar en coloquios al lado de los republicanos y la muerte de Federico García Lorca le desoló de tal manera que le dedicó varios poemas..
“En los últimos años, cuando volvió a Paris, consiguió la nacionalidad y se adhirió al Partido Comunista, aunque rompería con él por no estar de acuerdo con la represión soviética en Budapest”, explican sus críticos.
El dadaísmo es el primer esnobismo de postguerra, pues Tzara era rico, brillante y snob. Tzara tiene una frase de despedida definitiva de la literatura y de la gente: “Vuestra enfermedad es un libro”. De entre las obras en prosa de Tristán Tzara merecen destacarse El hombre aproximativo (1931), Donde beben los lobos (1933) y los ensayos Siete manifiestos dadá (1924) y El surrealismo y la posguerra (1947).
Murió en diciembre de 1963 en París, y fue enterrado en el cementerio de Montparnasse.

El grupo dada, 1922. Cortesía MAMCS

Su obra:

MANIFIESTO DADA DE 1918

Yo escribo un manifiesto y no quiero nada, digo sin embargo ciertas cosas y estoy por principio contra los manifiestos, como también estoy contra los principios (decilitros para el valor moral de toda frase —-demasiada comodidad; la aproximación fue inventada por los impresionistas). — Yo escribo este manifiesto para mostrar que pueden ejecutarse juntas las acciones opuestas, en una sola y fresca respiración,; yo estoy en contra de la acción; a favor de la continua contradicción, y también de la afirmación, no estoy ni a favor ni en contra y no lo explico porque odio el sentido común.

La obra de arte no debe de ser la belleza en sí misma, o está muerta; ni alegre ni triste, ni clara ni oscura, regocijar o maltratar a la individualidades sirviéndoles pasteles de las aureolas santas o los sudores de una carrera arqueada a través de las atmósferas, Una obra de arte jamás es bella, por decreto, objetivamente, para todos. La crítica es por lo tanto inútil, no existe más que subjetivamente, para cada uno y sin el menor carácter de generalidad.
El arte no tiene la importancia que nosotros, centuriones de la mente, le prodigamos desde hace siglos. El arte no aflige a nadie y aquellos que sepan interesarse por el recibirán caricias y una buena ocasión para poblar el país de su conversación. El arte es algo privado, el artista lo hace para sí mismo; la obra comprensible es producto de periodista, y pues que se me antoja en este momento mezclar a ese monstruo con colores de aceites: tubo de papel que imita metal que uno aprieta y automáticamente vierte odio, cobardía, villanía. El artista, el poeta se regocija del veneno de la masa condensada en un jefe de sección de esta industria, es feliz cuando se lo injuria: prueba de su inmutabilidad. El autor, el artista alabado por los periódicos, comprueba la comprensión de su obra: miserable forro de un abrigo con utilidad pública; andrajos que cubren la brutalidad, meados colaborando al calor de un animal que cobija bajos instintos. Fofa e insípida carne que se multiplica con la ayuda de los microbios tipográficos.
Conócete es una utopía, pero más aceptable pues hay un contenido de maldad en ella. Ninguna piedad. Luego de la matanza nos queda la esperanza de una humanidad pacificada. Y hablo todo el tiempo de mí, puesto que no quiero convencer, no tengo derecho a arrastrar a otros a mi corriente, no obligo a nadie a seguirme y todo el mundo hace su arte a su manera, si es que conoce la alegría que sube en flechas hacia las capas astrales, o aquella que desciende a las minas de flores de cadáveres y espasmos fértiles. Estalactitas: buscarlas por doquier, en los pesebres agrandados por el dolor, en los ojos blancos como liebres de los ángeles. Así nació DADA de una necesidad de independencia, de desconfianza para la comunidad. Aquellos que nos pertenecen conservan su libertad. No reconocemos ninguna teoría. Estamos hartos de las academias cubistas y futuristas: laboratorios de ideas formales. ¿Es que se hace arte para ganar dinero y acaricias a los gentiles burgueses?
Yo se lo digo: no hay comienzo y nosotros no temblamos, no somos sentimentales. Nosotros desgarramos, viento furioso, la ropa de las nubes y las plegarias, y preparamos el gran espectáculo del desastre, el incendio, la descomposición. Preparemos la supresión del duelo y reemplacemos las lágrimas con sirenas tendidas de un continente a otro. Pabellones de júbilo intenso y viudos de la tristeza de la ponzoña. DADA es la insignia de la abstracción; la publicidad y los negocios también son elementos poéticos.

POEMAS

PARA HACER UN POEMA DADAISTA.

Coja un periódico.
Coja unas tijeras.
Escoja en el periódico un artículo de la longitud que cuenta a darle a su poema.
Recorte el artículo.
Recorte en seguida con cuidado cada una de las palabras que forman el artículo y métalas en una bolsa.
Agítela suavemente.
Ahora saque cada recorte uno tras otro.
Copien concienzudamente en el orden en que hayan salido de la bolsa.
El poema se parecerá a usted.
Y es usted un escritor infinitamente original y de una sensibilidad hechizante, aunque incomprendida del vulgo.

Si hubieses sido costurera o no, esto no me importa…

Si hubieses sido costurera o no, esto no me importa
Amor provinciano al tanto con la vida literaria
Tu alma es tan pura y bien informada -esta es
la parte principal para el canto sentimental
Amor repartido entre visitas con discusiones y charlas
Esperaba que te dijera con dicción mi declaración
que encuentre el instante propicio para comparaciones adecuadas
versificadas según antiguas reglas como las flores del jardín
Te has engañado te has engañado, lo esperado no se ha cumplido
Pensabas que me avergüenzo de empezar con un trémolo de mandolinas
Si supieras lo que pasó -estoy enamorado solamente de ti
Nos hemos buscado y estoy muy Contento de habernos amado sin principio y sin fin
La primavera se pasea en carroza, yo vengo a caballo
Cantante de nuevas cuerdas del campo y traigo al perro el ladrillo del atardecer
que recibe a su rey vencedor con flores y mozas

                                                          Versión de Darie Novácenau

La canción de la novia

Amado mío se acerca el desierto
Aparta resoplando la arena ardiente
Siento cómo se aferran las garras de la quemadura
en el gris de la roca del alma

¡Oh! Amado mío, junta tus manos al rezar
escucha cómo zumba el fin en los oídos
espera que se te escurra la sangre del anochecer de tu boca
y los recuerdos te muerdan el cuerpo
los recuerdos con olor íntimo de escondites remotos

En los llantos del atardecer se ha apagado la luz de tu boca
La sombra del bosque sigue vibrando
Hago del corazón sendero para tus dolores, muñeca
Mi corazón con tantas bellas manchas
Con bordes de heridas como los vestidos de las mozas
y arcoiris de ceniza

La flor de los faroles se ha marchitado
Se le ha doblado el tallo en la humedad de la oscuridad
La luna se ha encerrado por encima de las nubes
como el corazón de la abadesa en la antigüedad de un monasterio
Te he encerrado yo también en la noche del cementerio
donde vuelan pájaros de hierro
frágil amor arrancado en silencio de una lápida de una azucena tímida
los árboles son crisantemos de hielo
y tú te has helado en el cielo al lado de una bella oración.

                                   Versión de Darie Novácenau

Amiga

Mamie, no comprenderás pero escucha
el dolor no me lo puedo llorar en un pañuelo
Las palabras son graves como una procesión de reyes
para tu alma con lagos secos y tristes.

Te he llamado con mucho amor
Tus senos son flores sin tiestos
y punzan frambuesas con sabor de leche
la almohada nube traspasada por la noche

En tu cabello hay cáscaras de naranja, en el deseo manada de caballos
En tus ojos hay sol, en los labios ganas de comer
La carne huele a hierba después de llover
durazno maduro, miel de mayo y frescura

Te compraré sin falta pendientes
de los joyeros judíos
Te daré semillas de flores raras
para enriquecer tus gatos literarios

¿Quieres? Acaríciame, arrúllame
se me ha muerto la novia
Pregúntame quién era
y dime cuándo te vas

Mamie, no comprenderás
pero es cosa bella estar en un poema
Has entrado como un insecto florido en
mi cuerpo con moho y aperos de fragua

                            Versión de Darie Novácenau

Del hombre aproximativo

I

domingo profundo tapadera sobre el hervor de la sangre
semanario peso acurrucado en sus músculos
caído en el interior de sí mismo reencontrado
las campanas suenan sin razón y nosotros también
sonad campanas sin razón y nosotros también
nosotros nos alegramos al ruido de las cadenas
que haremos sonar en nosotros con las campanas
*
cual en este lenguaje que nos azota nos sobresaltamos
con la luz
nuestros nervios son látigos entre las manos del tiempo
y la duda viene con una sola ola incolora
atornillándose, comprimiéndose aplastándose en nosotros
como el papel estrujado del embalaje deshecho
obsequio de otra edad a los deslizamientos de los peces amargos
*
las campanas suenan sin razón y nosotros también
los ojos de las frutas nos miran atentamente
y todas nuestras acciones son controladas no hay nada oculto
el agua del río ha lavado tanto su lecho
transporta a los dos hijos de las miradas que han arrastrado
los pies de los muros en los brazos degastados de la vida
abierto al fondo de las viejas variantes
y desatadas las fuentes de las lágrimas prisioneras
las fuentes sujetas a los cotidianos ahogos
las miradas que agarran con manos desechadas
el claro producto del día o la ensombrecida aparición
que dan la cuidadosa riqueza de la sonrisa
atornillada como una flor en el ojal de la mañana
los que solicitan el alimento o la voluptuosidad
los realizadores que reciben eléctricas vibraciones los sobresaltos
las aventuras el fuego la certidumbre o la esclavitud
las miradas que se han arrastrado a lo largo de discretas tormentas
han consumido los adoquines de las ciudades y expiado
muchas bajezas en las limosnas
se siguen cerradas alrededor de las cintas de agua
y corren hacia los mares llevándose en su peso
las humanas basuras y sus milagros

el agua del río ha lavado tanto su lecho
que también la luz resbala en la onda lisa
y cae al fondo con el sordo golpe de las piedras
las campanas suenan sin razón y nosotros también
los cuidados que llevamos con nosotros
*
que son nuestras ropas interiores
que nos ponemos todas las mañanas
que la noche deshace con manos de sueño
adornadas de inútiles jeroglíficos metálicos
purificados en el baño de paisajes circulares
en las ciudades preparadas a la carnaza al sacrificio
cerca de los mares a los balanceos de perspectivas
en las montañas a las inquietas severidades
en los pueblos a las dolorosas negligencias
la mano que pesa sobre la cabeza
las campanas suenan sin razón y nosotros también
partimos con las partidas llegamos con las llegadas
partimos con las partidas llegamos cuando los demás parten
sin razón un poco secos un poco duros severos
pan alimento más pan que acompaña
la canción sabrosa en la gama de la lengua
los colores descargan sus pesos y piensan
y piensan o gritan y quedan y se alimentan
de frutos ligeros como el humo
quien piensa en el calor que arruga la palabra
palabra de su hueso el sueño que se llama nosotros

                                    *

las campanas suenan sin razón y nosotros también
marchamos para escapar al hormiguero de las carreteras
con un frasco de paisaje una enfermedad una sola
una sola enfermedad cultivamos la muerte
sé que llevo la melodía en mí y no he tenido miedo
llevo la muerte y si muerto es la muerte
que me llevará en sus brazos imperceptibles
finos y ligeros como el olor de la hierba rala
finos y ligeros como la partida sin causa
sin amargor sin dudas sin regreso sin
las campanas suenan sin razón y nosotros también
porqué buscar el cabo de la cadena que nos une a la cadena
sonad campanas sin razón y nosotros también
haremos sonar en nosotros los vasos rotos
las monedas auténticas mezcladas a las falsas monedas
los restos de las fiestas rotas en risas y en tempestad
a cuyas puertas podrían abrirse los abismos
las tumbas de aire los molinos trituradores los huesos árticos
esas fiestas que nos transportan las cabezas al cielo
y escupen en nuestros músculos la noche de plomo fundido

                                          *    

yo hablo de lo que hablo que hablo yo estoy solo

no soy nada más que un pequeño ruido tengo muchos ruidos en mí
un ruido helado, arrugado en la encrucijada tirado sobre la acera húmeda
a los pies de los hombres atormentados corriendo con sus muertos
alrededor de la muerte que extiende sus brazos
sobre el cuadrante de la hora sola viviente al sol
el soplo oscuro de la noche que se espesa
y a lo largo de las venas cantan las flautas marinas
transportadas sobre las octavas de los lechos de diversas existencias
las vidas se repiten hacia el infinito hasta la delgadez atómica
y en alto tan alto que nosotros no podemos ver
y con estas vidas al costado que no queremos
el ultra violeta de tantas vías paralelas
las que nosotros habríamos podido prender
esas por las cuales habríamos podido no venir al mundo
o estar ya en camino desde largo tiempo tanto tiempo
que se habría olvidado y la época y la tierra que nos
habría chupado la carne
sales y metales límpidos al fondo de los pocos

                                  *

pienso en el calor que arruga la palabra
alrededor de su hueso el sueño que se llama nosotros.

Dudas

-He sacado el antiguo sueño de la caja como sacas tú el sombrero
cuando te pones el traje de muchos botones
cuando agarras el conejo por las orejas
cuando regresas de cacería
como eliges la flor de la maleza
y al amigo de entre los cortesanos.

Mira lo que me pasó
cuando llegó la noche lentamente como una cucaracha
buena para muchos como remedio, cuando enciendo
en el alma el fuego de los versos
me acosté. El sueño es el jardín preparado para las dudas
no sabes lo que es verdad, lo que no lo es
te parece que es un ladrón y lo fusilas
y después te comunican que ha sido un soldado
así ocurrió conmigo exactamente
por esto te llamé para decirme -sin error
lo que es verdad- lo que no lo es

Viaje

Derrúmbate casa tardía
sobre la tumba de una muchacha;
por el humo lentamente deshilachado
por el cielo manchado y por las gallinas presurosas
la lluvia nos envía señales
quisieras encontrar pobres con canas para darles limosna
Tus ojos son demasiado grandes, tus labios están fríos
Preguntas raras veces al espejo si eres de su agrado
Aquí hay cuatro hombres decididos a irse
hacia cuatro lugares desconocidos
En el camino hay plantaciones de amapolas, hay chopos por relámpagos
Hay puentes echados sobre ríos imperiales
sobre arena amarilla como el azufre donde no crecen
ni las malas hierbas en las faldas de las montañas hay aldeas nuevas y limpias
con aves en el corral, con frutas en los jardines
con campanarios, molinos de viento, patios de terratenientes
al borde de la tierra las colinas están rotas
hay trilladoras y graneros con cereales
En la pequeña estación donde bajaremos nosotros solos
nos está esperando el viejo cochero
me preguntarás por aldeas y ventas en el camino
por cosas a las que no te contestaré porque no lo sé
Viviremos en una casa con tejado de junco
en el que anidan las cigüeñas
recibiremos huéspedes, visitaremos al alcalde, la escuela
haremos colección con los insectos del cielo
En nuestro bosque hay osos, ardillas, ciervos.
La casa del guardabosques está vacía desde ahí veremos toda la aldea
y esperaremos el correo de Dumbraveni.
Estoy viajando, sin fin,  en este tren con una enferma de nervios
como no se salva uno de la profundidad de las ciénagas y de las malas hierbas.

He sembrado en tu cuerpo, amada, la flor…

He sembrado en tu cuerpo, amada, la flor
que esparcirá pétalos sobre tu cuello, mejillas y manos
y hará brotar mañana tus senos –primavera
Me gustan las cejas y tus ojos con destello de metales
y los brazos que ondulan como las serpientes, las olas, el mar
De tu cuerpo quisiera levantar palacios, arquitectónicos jardines
y terrenales paraísos monumentales
Quiero enterrarme en sus tierras cuando me muera
Quiero enterrarme en tu carne cuando me muera
En tu cabello siento el olor de los racimos de naranjas
En tus ojos anublados veo sol y en los labios ganas de comer
Con tus dientes querrás Cortar carne del alma
querrás cambiar las uñas en garras
Quisiera morder tus senos como muerden el pan
Los hambrientos que mendigan monedas en la calle
Quisiera que florecieran en tus miradas jardines arquitectónicos
Alinear tu pensar a los sueños terrenales, mamie.

                               Versión de Darie Novácenau

Inscripción sobre un sepulcro

Y sentía tu alma pulcra y triste
como sientes la luna que se desliza calladamente
     detrás de los visillos corridos.
Y sentía tu alma pobre y encogida,
como un mendigo, con la mano tendida delante de la puerta,
     sin atreverse a llamar y entrar,
y sentía tu alma frágil y humilde
como una lágrima vacilando en el borde de los párpados,
y sentía tu alma ceñida y húmeda por el dolor
como un pañuelo en la mano en el cual gotean lágrimas,
y hoy, cuando mi alma quiere perderse en la noche,
solamente tu recuerdo lo detiene
con invisibles dedos de fantasma

 Versión de Darie Novácenau

Introducción a Don Quijote

Trote de caballo ágil y veloz me ha sido la vida
He sabido recorrer todo el mundo
Solamente una muchacha ha sido mi amor
y he dormido hasta muy tarde en las mañanas
El viejo caballo se ha disipado en pedazos
que serán roídos por gusanos y ratones
Mi amor: he aquí la sabiduría que no está en los libros
Quédate callada junto a la mesa y sigue cosiendo
Yo te diré lo que te está esperando de ahí en adelante
Siga cosiendo mi pensamiento en un vestido de seda
hasta que te duelan los ojos -y serás novia
hasta que mi pensamiento será libre.

Tristeza doméstica

I
En la semilla de la azucena
te enterré serenamente
nos hemos amado en campanarios arruinados
los años se destraman
como los encajes viejos.
Te estoy buscando en todas partes Señor
pero tú sabes que es poca cosa
te enterré en un mes de noviembre
cuando pasaban las alumnas para almorzar
pero no sabían que estabas en el carruaje
porque habrían llorado.

Como se vienen abajo los diques vencidos
dejando caer el dolor en los padres
de papel, tu carne vieja
¿cómo tiene que ser? -amarilla y triste
y te amé dentro del violín de los buenos modales.

El otoño extendió sobre el país la llaga
se desabotonó lentamente los pechos
y se abrirá más el vestido
como el violín del barco destrozado por los dueños
abrirá en el cuerpo de sangre la carne
que me está llamando.

Nos hemos paseado tantas veces por el malecón
bajo el viento que trae barcos pintados de cal
y clava en la ceniza de los pulmones el gancho
pero el malecón es un sendero del caracol
que habita en el corazón del Señor.

Mis pensamientos se van –como ovejas al pasto- sin fin
Lloran en la flauta por las llanuras tristes fragmentos de biografía
Me ahogo en la desesperanza de los fenómenos sísmicos
y por las calles huye el viento cual perro apedreado

II
Los astrólogos tienen encuentros secretos
dentro de un cuarto del emperador como panal de miel
donde construyen sucesos anticipados al futuro
para convertir el amor en dolor.

III

El caballo engulle la serpiente de la noche
el jardín se puso medallas de emperador
estrellado traje de novia –deja
que te mate en los infinitos, durante la noche, la carne fiel

la loca de la aldea incuba hazmerreíres para el palacio.

                                               Versión de Darie Novácena

ANTONIA LÓPEZ

Antonia López (Madrid, 1967)

Licenciada en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid.
Correctora de estilo y profesora de Lengua castellana y Literatura en el colegio cooperativa Lagomar (Valdemoro).

Desde el año 2008 es integrante del taller de Poesía coordinado por la poeta Carmen Salamanca Gallego en la Escuela de Psicoanálisis y Poesía Grupo Cero en Madrid.

Ha publicado dos libros de Poesía en la Editorial Grupo Cero:

Puentes Invisibles (2012)
Llámalo Equis (2016)

Selección de PUENTES INVISIBLES

LA PRIMERA VEZ

La primera vez
fonemas irrepetibles,
voces erráticas,
alfabetos incipientes
no se dejaban atrapar
en piedras talladas.

La primera vez
fueron necesarios
unos pies sólidos
y un esqueleto blando
para perpetuar esta vida
en construcción.

CRÓNICA DE LA FERIA

A la Editorial Grupo Cero

Quisiera decir,
por el placer de contar,
que cincuenta años hacen
una pequeña historia.

Escribiendo canciones
y graffitis en el cielo,
manos forasteras
cubren mi traje jardín
de otras pasiones.

Creciendo, nuevamente,
entre pieles y letras,
mi alma te busca y te nombra
en el revés del pájaro.

Tú, dejas huellas en el agua.
Yo, me evaporo.

LA ESTRUCTURA

La estructura de las cosas
es el pretexto que llena su vacío.

Hay que poner radios a las ruedas
que el viento hace girar.

Hay que limitar las calles con aceras,
para no caer en sus grietas,
para que los sueños desbocados
no se adelanten a las sirenas del canto.

Pero llegan igual esas noches,
sin cuento de Sherezade,
de cielos desarbolados,
de palabras rotas, y almas
caídas del andamio.

MILLONES DE PERSONAS

Destinadas a no conocerse,
millones de personas,
de común acuerdo,
se abrazan por estadística
y escriben las páginas
de un expediente ciego.

Por asuntos generales
de destino incierto,
millones de personas,
civilmente registradas,
ignoran la letra inicial
del nombre que cifra su dolor.

COMO SI FUESE A MORIR

Golpes bajos caen desde lo más alto.

Las palabras, como sacudidas eléctricas,
entumecen los músculos,
paralizan las articulaciones.

Las tejas dejan paso a la gotera,
las paredes chillan por sus grietas.
Extenuados por los embates del tiempo,
algunos libros se desencuadernan.

No quedan ya entrañas en la casa.

Al asilo del último atardecer,
como si fuese a morir,
un buitre carroñero me cede sus alas.

LEJANOS RUISEÑORES

No esperamos su canto,
pero cuando se alejan,
algo ocurre, inesperado.

No les basta nuestro pan,
ni el agua que les damos.
Nada sacia su sed.

Antes de alejarse,
nos dejan su canto.
Nadie abandona su lugar.

EN MEDIO DEL PECHO

Bajo un montón de piel desollada,
trinchera para el eco del espanto,
palpita un tambor callado.

Tras el goteo incesante del tiempo
en la espesa charca del silencio,
en medio del pecho
despierta el canto.

QUÉ ES UN POETA

El poeta se vierte en otras voces
y no queda atrapado en su silencio.

El poeta hace que una palabra sola,
en un solo verso, nunca recorra
un solo camino.

El poeta tuvo que robar
a los dioses para escribir,
pero no con letras de fuego,
sino para que su tinta
se hiciera ignífuga.

El poeta es un jugador
que nunca pierde,
porque nada ha de ganar.

El poeta es ese viajero
que sube a ningún tren.
Tal vez sea ese su destino.

Selección de LLÁMALO EQUIS

A VER QUÉ PASA

Ahora que no llegan de lejos
frases que mataban el día,
antiguas letanías que enfangaran tus oídos.

Ahora que la luz del día
ha cubierto con su lienzo
viejos enseres de tu alma,
y tu cuerpo se derrama en
páginas nuevas, desleído.

Dime si acaso has llegado a ver
qué pasa en tu corazón, de nuevo,
ahora que marca sus propios pasos.

ENTRE PAPELES Y ALBATROS

Vuelan de noche los enigmas
bajo los vértices del albatros.
Son esos restos de búsqueda
que se abismaron en el mar,
inmensa lágrima almibarada.
Enormes serpientes marinas
se enroscan para preguntar:
¿qué hora te conduce?
Busco la respuesta entre los pliegues
de una página que entre mis manos,
ahora, se hace ceniza.

YO ME PREGUNTO

Yo me pregunto por el temblor de la tierra
soportando el peso inaudible de la huella.
Yo me pregunto por la mano que no escribe
y es el apoyo de esta otra mano que tiembla.
Abismada en el inmenso regazo de la vida,
yo me pregunto por el destino de esta voz
cuando comience a impregnarse de memoria.

ARQUETIPOS INSINUANTES

Tomó del espejo una verdad estática
que cupiese en la veta de una piedra
cuyos contornos perfilara el tiempo.

Con la cadencia insinuante del viento,
hizo el movimiento preciso,
dio la espalda a unos ojos detenidos
y se puso a caminar.

LOS GIGANTES CESAN SU COMBATE


Sus primeras armas fueron
sembrar el miedo y el odio.
Bajo diferentes formas: piedra,
hierro, pólvora o veneno,
se acomodaron a sus manos,
y fueron sus gargantas
catapulta de blasfemias.
Demasiada sangre y ninguna letra.
No dejaron nada por escrito.
Su peor enemigo: el olvido.

EN  LA HIERBA REPOSAS


Bajo el vuelo de las horas tardías,
tras el toque de silencio, que solo
los pájaros tienen que obedecer,
viejos pactos vegetales se anudan
entre tus dedos.
 
Con la cabeza erguida, sin munición
en los ojos, porque el rencor en ellos
siempre acabó siendo pólvora mojada,
en la hierba reposas y no estás muerto.

 DONDE QUEDARA TU SONRISA

Detenida, como mueca de una lejana fotografía,
tu sonrisa es un rito haciendo mella en la piel.
Una marca a fuego para hacerle frente al viento,
una abertura donde se filtran el elixir y el veneno
que la vida agria y dulce derrama hasta el límite
de sus comisuras. Y es también un río que fluye
blando entre un lecho de palabras que continúa
su destino hasta la última piedra.
Tu empeño fue dejar todo lo que fuiste
en el lugar donde quedara tu sonrisa.

INÉDITOS

Te recomendamos ver el programa de televisión.

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27. Poesía más Poesía: Dylan Thomas y Manuel Menassa

DYLAN THOMAS

Biografía

Swansea, Gales es el lugar en el que Dylan Thomas nació el 27 de octubre de 1914. Hijo de una familia católica de clase media, dicen que de joven aprendió de su padre, a amar la literatura. Se encerraba durante horas a leer en la biblioteca de su casa, en la que estaban, completos, todos los grandes poetas en lengua inglesa. Leyó a Shakespeare, a Shelley, a Keats, a Byron. A todos los recitaba en voz alta Su precocidad se nota ya desde su infancia, a los 4 años es capaz de recitar de memoria Ricardo II de Shakespeare.
Su padre, David John Thomas (1876–1952), un escritor frustrado, graduado con honores de la Universidad de Aberystwyth y profesor de una escuela primaria (la Swansea Grammar School, donde estudió Dylan) vio en su hijo el enorme talento que estaba germinando e impulsó su formación.
Dylan Thomas completó su educación básica en una Grammar School de su Gales natal, escuela donde su padre ejercía la docencia, y conoció ya durante su infancia la poderosa atracción de la poesía. Florence, la madre hiperprotectora, moldeó a su manera a su ‘angelito’ de los bucles que nunca acabó de crecer. Nancy, su hermana, actriz frustrada, fue seguramente quien contagió la vis dramática a Dylan.
A los 16 años Thomas abandonó la escuela para convertirse, a instancias de su padre, en periodista del South Wales Evening Post. (Correo de la tarde del Sur de Gales) Es en esta publicación donde se desatan las dotes de escritor de Thomas. Redactó obituarios poéticamente, y críticas de cine y teatro donde no dejó títere con cabeza, despedazando a lo más granado de las tablas galesas de por aquel entonces.
Después de una ardua jornada de trabajo solía apagar su sed insaciable en el bar del Antelope Hotel o en el bar del Mermaid Hotel, donde escuchaba las historias de los marineros ingleses, mientras se embriagaba hasta la médula.Tras 18 meses de labor en el South Wales Evening Post abandonó el trabajo y. se unió a un grupo teatral en Mumbles llamado Little Theatre, (pequeño teatro) aunque prosiguió con su labor periodística de manera independiente.


Sin embargo, el periodismo no resultaría ser la meta de su destino, la poesía —su “oficio u hosco arte”— lo arrastraría definitivamente hacia sus dominios
Cuando acabó sus estudios de enseñanza media viajó a Londres, y un año más tarde aparecía su primer libro, Dieciocho poemas (1934), publicado después de ganar un premio organizado por la revista Sunday Referee.(arbitro de domingo) Tenía diecinueve años cuando se publicó, e incluía trece poemas escritos entre 1933 y 1934 y otros cinco compuestos de mayo a octubre de 1934.
Tras el éxito inesperado de 18 poemas (1934), el escritor británico Henry Treece le preguntó a Dylan Thomas entonces un apuesto muchacho de apenas veinte años, dónde estaba el secreto de su poesía. A mí no me interesa la poesía, respondió el galés, sino los poemas, y añadió una contundente verdad sobre sus alucinados versos: “Guardo una bestia, un ángel y un loco dentro de mí; mi búsqueda es saber cómo obran y mi problema es juzgarlos y vencerlos, derribarlos y elevarlos y que se expresen a sí mismos”.
La obra de Thomas no es copiosa, pero es de una calidad y una frescura inusitadas. Fueron cuatro los ámbitos literarios en los que incursionó: el cuento corto, el guion teatral, el guion para radio y cine, y, finalmente, la poesía. Es este último ámbito en el que más se le ha reconocido.

Dylan Thomas con su mujer Caitlin Thomas


La actividad de Thomas no cesa. Ya se había afincado en la capital inglesa, además de procurarse, mediante su poesía, un círculo de lectores y de amistades literarias. En 1936 contrae matrimonio con Caitlin MacNamara, al tiempo que publica su segundo libro Twenty-Five Poems, que no hace sino consolidar su reputación entre la crítica y los lectores. ). Si bien se dio a conocer como poeta con Dieciocho poemas (1934), a este le siguieron Veinticinco poemas (1936) y Mapa de amor (1939)
Con todo, las cosas no van bien económicamente. Sumido en una pobreza exasperante, el alcoholismo lo ha tomado por completo y es mediante la bebida como encuentra la lucidez que le permite crear las imágenes oscuras y delirantes que hicieron famosa su poesía.
Thomas publicó en Today, The Criterion (donde era director el escritor T. S. Eliot
Con estas publicaciones se consolidó como máximo representante del movimiento poético Nuevo Apocalipsis, que practicaba un tipo de poesía de evocación, de tono metafísico y con cierto fondo romántico, en el que Thomas adoptaba el papel de poeta-profeta.


Alcanzó su plenitud poética con el volumen MUERTES Y ENTRADAS (1946)
Autor de un volumen autobiográfico en el que defiende sus concepciones estéticas, Retrato del artista cachorro (1904), escribió además diversos guiones radiofónicos y cinematográficos
El lirismo apasionado y la musicalidad de la poesía de Thomas contrastan con el resto de la poesía de su tiempo, más preocupada por cuestiones sociales o por la mera experimentación modernista de la forma. Thomas evidencia en estos poemas la influencia del surrealismo inglés, y también recoge influencias de la tradición celta, bíblicas o bien símbolos sexuales.
Para Thomas “la poesía debe ser tan orgiástica y orgánica como la cópula, divisoria y unificadora, personal pero no privada, propagando al individuo en la masa y a la masa en el individuo”.
Hacia 1939 Europa empieza a vivir el horror de la Segunda Guerra Mundial. Dylan Thomas quiere alistarse, pero se le declara no apto para el combate (bajo el estatuto C3, que lo coloca en el último grupo susceptible de ser llamado a la guerra). Entonces empieza su carrera radiofónica, para la cual demostró un particular talento, especialmente como guionista y locutor. Realizó alrededor de 200 grabaciones para la BBC y escribió el guion de al menos cinco películas en 1942 auspiciadas por Strand Films (e.g.This Is Colour, New Towns For Old, These Are The Men and Our Country).
En la radio de la BBC su labor es el comentario de documentales cinematográficos, pero también tendría reservados otros proyectos, como el poema dramático Under Milk Wood (Bajo el bosque de leche, póstumo, 1954).


En 1946 aparece la que es considerada su obra cumbre Deaths and Entrances (Muertes y entradas).
Viaja a Estados Unidos donde incursiona en el guion de cine, que no llegará a ver en pantalla.
En 1952 se publica una recopilación de sus poemas entre 1934 y 1952 (Collected Poems. 1934-1952), por la que le otorgan el premio Foyle de poesía. En la compilación está incluido uno de sus más reconocidos poemas, Do not go gentle into that good night, NO ENTRES DÓCILMENTE EN ESA NOCHE QUIETA escrito como una elegía heterodoxa ante la muerte de su padre.


Mientras redactaba el guion de una obra de Ígor Stravinski, el 9 de noviembre de 1953 a las 12.40 horas, en el Hospital St. Vincent de Nueva York Thomas murió. Los primeros rumores sobre la causa de muerte de Thomas privilegiaron la versión de una hemorragia cerebral provocada por un supuesto suicidio, algunos dijeron que se había tratado de un asalto violento en las vías de la estación Van Cortlandt Park en la ciudad de Nueva York y otros sostuvieron que finalmente había logrado beber hasta morir ya que una joven danesa afirmó que un hombre bastante borracho le habló sobre la pérdida de su primer amor y le obsequió un libro antes de caer a las vías. Otra versión dice que fue mal medicado por un fallo médico, primero con ACTH, y luego con morfina endovenosa que le provocaron la muerte.
Se ha creído por mucho tiempo que Thomas arrastraba una fuerte depresión endógena debido a una trágica historia de amor que vivió en su juventud en Gales, pese a esto familiares y amigos nunca corroboraron la veracidad de la historia ni la existencia de la supuesta novia de Dylan, Rose Souther ni de su hija Esther Thomas Souther. En el análisis post-mortem, el patólogo encontró que la causa inmediata de muerte había sido una inflamación del cerebro causada por la carencia de oxígeno que acompaña a la neumonía.
Sus últimas palabras fueron “he bebido 18 vasos de whisky, creo que un record.

SU CASA NATAL.
Para «empezar por el principio», como Dylan Thomas recomendaba en ‘Bajo el bosque de leche, subimos las crujientes escaleras de la que fue su casa natal de Cwmdonkin Drive, donde pasó más de la mitad de su intensa vida, 39 años.
Demasiado viejo para figurar entre los ‘malditos’. Demasiado joven para besar la gloria con los ojos abiertos, aunque por ese camino iba el fenómeno literario que conquistó Nueva York en pleno siglo XX y desde su terruño en Gales, bebiéndoselo todo en la White Horse Tavern antes de que irrumpieran los chicos de la generación ‘beat’. Y antes también de que el trovador Robert Allen Zimmerman decidiera rebautizarse como Bob Dylan
Pero hagamos caso al poeta en su obra maestra de radioteatro, interpretada por él mismo o por su querido Richard Burton,
Empecemos por el ‘principio’ y escuchemos la verdadera historia de la casa natal de Dylan Marlais Thomas (Swansea, 27 de octubre de 1914) ahora que están a punto de cumplirse los cien años de su alumbramiento, en lo alto de una colina donde se domina su ciudad «fea y amable».
«Aquí escribió Dylan dos terceras partes de su producción lírica y no hay más que asomarse por las ventanas para encontrar decenas de referencias», certifica nuestro anfitrión, Matthew Hughes, 30 años, sentado en la habitación más pequeña de la casa: la guarida donde se forjó el pequeño gran poeta.
«Dylan tenía esa necesidad de aislarse para poder crear, aunque se pasara media vida socializando en los pubs, que era no sólo donde bebía sino donde captaba historias que aprovechaba para sus poemas y sus relatos». «Aunque durante mucho tiempo tuvo un pie en Londres, necesitaba volver constantemente a Swansea, a Gwoles, a Mumbles, a su geografía familiar, con el mar siempre en el horizonte. Fuera de Gales era incapaz de escribir: se pasó meses en Florencia y sólo pudo hilvanar un poema. Regresaba siempre por eso que en galés llaman ‘hiraeth’, y que es más fuerte que la nostalgia (entre la saudade portuguesa y la morriña gallega)».


El largo ‘principio’, fue esta casa donde vivió 23 años y donde rellenó frenéticamente los cuadernos de su adolescencia (que estos días se exhiben en el Dylan Thomas Center), bajo la mirada conspicua de sus particulares ídolos -de Shakespeare a Greta Garbo- y sobre la venerada biblioteca del padre. Allí se celebraba todos los miércoles por la noche el cónclave artístico y etílico de los ‘Kardomah boys’, la tribu cultural que puso a la destartalada y marinera Swansea en el mapa.
Dylan Thomas vivía aún en esta casa cuando publicó a los 20 años sus 18 poemas, su precoz apuesta por la poesía «orgiástica y orgánica», tan alejada de la poesía social como de los experimentos modernistas de su época. Cuesta imaginar que hace apenas unos años, este venerado templo de la literatura era una casa en ruinas.
El primer Dylan Thomas ha sobrevivido hasta nuestros días gracias a un voluntarioso ingeniero de estructuras, Geogg Haden, que ha puesto de su bolsillo más de 250.000 euros y miles de horas para reconstruirla hasta el mínimo detalle…
Como vecino de Swansea, Geogg Haden se sentía indignado por la falta de interés de las autoridades locales en preservar la memoria de su hijo ilustre. De modo que se puso manos a la obra, con la ayuda de un puñado de expertos que sacaron todos los detalles posibles de las cartas y los escritos de Dylan Thomas, más la colaboración inestimable de Emily Simpson, que trabajó durante años como ama de llaves de la familia.
Pero de todos los mitos que rodean a la figura Dylan Thomas hay uno que sigue siendo incontestable: su encuentro, en abril de 1936 y en un pub de Londres (The Wheatsheaf), con una bailarina irlandesa llamada Caitlin Macnamara, cuya visión del género masculino hasta la fecha se resumía en seis palabras: «Todos los hombres son unos bastardos».
Hubo hasta ocho mujeres que dejaron huella en la vida de Dylan Thomas: de su primer amor a su llegada a Londres, la poeta Pamela Hansford, a la última que lo vio consciente antes de morir en Nueva York, Elizabeth Reitell. Pero el poeta nunca dejó de amar a su manera a la madre de sus tres hijos, en ese peculiar triángulo en el que siempre estuvo la botella: «La nuestra no fue sólo una historia de amor, fue también una historia de alcohol»

Thomas con su madre, esposa e hijos.

Con ‘Veinticico poemas’, Dylan Thomas se afianza en el mundo literario de Londres. Con El mapa del amor y Retrato del artista cachorro, su fama salta al otro lado del Atlántico. Pero la poesía y los relatos no dan de comer, aunque su amplísima audiencia sea inaudita para un poeta «oscuro y galés». Sin un trabajo fijo al que aferrarse, ganándose la vida como conferenciante y con sus incursiones en la radio, Dylan Thomas pasa una larga década entre la espada y la pared. En Londres se siente como pez fuera del agua. Algo le obliga a volver imperiosamente a Gales, el único rincón donde se reconcilia el poeta interior.
A los Thomas, Dylan y Caitlin, hay que buscarles entonces tomando unas pintas en el pub del hotel Queens, o en The Bush Inn, o en el No Sign Bar a su paso por la amada/odiada Swansea. Poco a poco, y a pesar de las tribulaciones, la pareja va echando el ancla en Laugharne, un apacible pueblo costero con un cálido pub a la entrada que pasaría automáticamente a la Historia.
Durante los cinco últimos años de su vida, el pub del Browns Hotel fue casi como una prolongación del salón de su casa en el embarcadero. Allí leía el periódico, hacía los crucigramas, se interesaba por las apuestas de caballos y hacía esfuerzos por no beber más de la cuenta para no comprometer su jornada (que empezaba puntualmente después de comer, en el garaje que se habilitó como estudio y con vistas estuario del río Tâf).
Ya de atardecida, volvería con Caitlin, y entonces sí, entonces podía dar rienda suelta a su doble capacidad de absorción: por el hígado y por el tímpano. Todas esas voces entreoídas en el Browns Hotel confluirían en la gran voz radiofónica y ubicua de Bajo el bosque de leche, que discurre es ese Llareggub que es en realidad Laugharne y que tiene algo de Macondo galés.
Dylan Thomas echa raíces en su pueblo adoptivo, e instala a sus padres en The Pellican, escribe con la veleidad de sus años jóvenes (‘En el dormir campestre’) Pero el dinero apremia, y aunque le cuesta viajar, se deja seducir por las sirenas y parte rumbo a América, en febrero de 1950.
Allí cae en los brazos del ‘bourbon’ y del insomnio, perseguido por el fantasma de la fama y de las mujeres. Los cronistas de la época le acreditaron como «el mayor fenómeno literario de las islas británicas desde Charles Dickens».
De Nueva York a Los Ángeles, de Chicago a Florida, Thomas sintió una veneración que nunca había experimentado en su tierra. Volvió al cabo de dos años (esta vez con Caitlin como ángel custodio). Y repitió por tercera y cuarta vez en 1953, pese a los problemas de salud que arrastraba y el doble mazazo de las muertes de su hermana y de su padre.
«He tomado 18 whiskies seguidos y creo que un récord», dicen que dijo antes de perder la consciencia y morir en el hospital de St. Vincent’s de Nueva York.
Un docudrama de la BBC, ‘Poeta en Nueva York’, indaga precisamente en el cúmulo de trágicas circunstancias que provocaron su caída. En ‘Negligencia fatal: ¿quién mató a Dylan Thomas’, David N. Thomas (sin ninguna relación familiar con el poeta) asegura que la muerte pudo ser causada por una neumonía y por un «fallo médico».
En su discreta tumba en Lughane, marcada una cruz blanca, no hay siquiera sitio para un epitafio. A su manera, Dylan Thomas lo dejó escrito en vida: «’No entres dócilmente en esa buena noche,/ la vejez debería arder y delirar al final del día/ rabia, rabia contra la luz que muere’».

POEMAS

AL PRINCIPIO

Al principio era la estrella de tres puntas,
única sonrisa de luz a través de la cara vacía;
única rama de hueso a través del aire enraizado
la sustancia partida que fue la médula del sol primero;
y ardientes cifras en el curvo espacio
iban mezclando el cielo y el infierno en su ronda.

Al principio era la firma pálida,
trisílaba y estrellada como la sonrisa;
y vinieron después las huellas sobre el agua,
el sello de la cara acuñada en la luna;
la sangre que tocaba el árbol de la cruz y el cáliz
tocó la primera nube y en ella dejó un signo.

Al principio era el fuego ascendente
que encendía con una chispa las atmósferas,
chispa de ojos rojizos, chispa de triplicados ojos,
brusca como una flor;
se irguió la vida a chorros de los mares rodantes,
estalló en las raíces, arrancó de la tierra y la roca
los aceites secretos que impulsan la hierba.

Al principio era la palabra, la palabra
que de las sólidas bases de la luz
le sustrajo todas las letras al vacío;
y de las bases nubladas del aliento
la palabra fluyó, y al corazón tradujo
los primeros indicios de nacimiento y muerte.

Al principio era la mente secreta,
la mente estaba encarcelada y soldada al pensamiento
antes que la pendiente se bifurcara rumbo al sol;
antes que las venas se sacudieran en sus cedazos
se disparó la sangre y esparció hacia los vientos de la luz
la costilla original del amor.

                                            (de "18 poemas") 

VEO A LOS MUCHACHOS DEL VERANO

I
Veo a los muchachos del verano en su ruina
convertir en eriales los dorados rastrojos,
desdeñar las cosechas y congelar los suelos;
y allí, en su ardor, el invernal diluvio
de amores escarchados, persiguen a las niñas,
y echan en sus mareas los sacos de manzanas.

Los muchachos de luz en su locura, coagulan lo que tocan,
agrian la miel hirviente;
hurguetean los muñecos de escarcha en las colmenas;
allí en el sol, frígidas hebras
de oscuridad y duda, ellos nutren sus nervios
y el signo de la luna, nada es en sus vacíos.

Veo a los muchachos del verano en el vientre materno
rasgar hacia la luz la atmósfera del útero,
dividir noche y día con pulgares de duende;
allí, desde lo hondo, con sombras seccionadas
de sol y luna ellos pintan sus dársenas
mientras les pinta el sol los cascos de la frente.

Sé que de esos muchachos han de surgir hombres de nada
hechos por la transformación de las semillas,
o han de lisiar el aire saltando de sus llamas,
desde sus corazones, cuando el pulso candente
del amor y la luz estalle en sus gargantas.
Oh, ved el pulso del verano en el hielo.

II

Pero las estaciones deben ser desafiadas o se tambalearán
En algún cuarto de hora repicante
Donde, como una puntual muerte hacemos tintinear las estrellas
Esa noche en que el invierno soñoliento
Les tira de la negra lengua a las campanas
Y no se atreven a chistar siquiera
Los vientos de la luna y de la medianoche

Somos los oscuros negadores, exorcicemos a la muerte
En la mujer colmada de verano,
Arrojemos la vida musculosa de los amantes que se crispan,
Y de los muertos limpios que hace fluir el mar
Echemos al gusano de ojos brillantes en la linterna de Davy,
Y del vientre preñado quitemos el muñeco de paja.

Nosotros, muchachos del verano en esta red de cuatro vientos,
verdes por el hierro de las algas,
levantemos al bullicioso mar y arrojemos sus pájaros,
alcemos la bola del mundo llena de olas y espuma
para ahogar los desiertos con sus mareas
y trenzar los jardines del condado.

En primavera ornamentamos nuestra frente.
Vivan las bayas y la sangre,
y crucificamos a los alegres señores en los árboles;
Aquí el húmero músculo del amor se aja y muere,
aquí estalla un beso en una cantera sin amor,
Oh ved en los muchachos los polos de la promesa.

III
Yo os veo, muchachos del verano, en vuestra ruina.
El hombre en el desierto de su larva.
Y los muchachos son plenos y ajenos en la bolsa.
Soy el hombre que vuestro padre fue.
Somos hijos del pedernal y de la brea.
Oh, ved cómo se besan los polos que se cruzan.

Quise acrecentar la estatura de mi carne
hasta dejarla sin apariencia de hombre, en actitud de roca
erguida contra lo que amenace destrucción.
Una de esas montañas oscuras
que únicamente aclaran al crepúsculo,
y retenerte allí por un momento, ¡oh, sed de mis tinieblas!,
consumando nuestra unión en las alturas más solas,
en ese instante de contrición y aniquilamientos dinásticos
en que desaparece el último sol sobre las cumbres.

Quise entregarte mis vacíos
por donde a veces cruzan islas como veloces barcas
que a bordo llevan tripulación de nubes,
rojas espumas de calientes mostos
y ecuatorial repercutir de cánticos.
Yo soy el capitán de esas naves corsarias,
atormentadamente fugitivas.
¡Qué puede mi entusiasmo y qué mi espíritu
contra este mar de horror en que navego!
En las orillas crecen grupos de cocoteros y de plátanos
que dan al aire su explosión de vida.
Pero yo soy el capitán sombrío
que estandartes de cólera acaudilla.
Perdí mi amor más alto al desterrarte
lejos de mí a nocturnos archipiélagos,
y allá voy entre gritos de soberbia,
como barco sin brújula a estrellarme
contra los arrecifes de la muerte.

Tú pudieras alzarme a tu espejismo
donde abundan esteros y coronas.
Restituirme al centro de mis imaginaciones puras
y disminuir este clamor que me hace trepidar
como al zócalo de una metrópoli martirizada,
donde murieron vírgenes y atletas campeones.

A pesar de ti otro hermético mundo me llama.
A él subo a contemplar como un conquistador olvidado,
banderas derrotadas y llanuras ya sin ejércitos,
desde un monte casi humano que recibe
y transforma en insignia de su angustia,
la soledad del último sol sobre las cumbres.

A pesar de ti otro hermético mundo me nombra.
Yo lo escucho movilizarse en torno
de mi silencio andino,
con mi sagacidad de bestia acostumbrada
a oír la evolución de hundidas formas
y el ruido de las larvas apoderándose de los muertos.
Ese ha sido mi estrago: separarme
de lo más puro y explorar abismos,
para volver del fondo de mi infierno
con aridez de corrosivas marcas.
Acércate a mis líquidos derrumbes
y probarás la sal de las marismas.
Óyeme hablar y sentirás el vértigo
de las constelaciones que interrogo.
Mírame al centro de los ojos verdes
y encontrarás el odio del pantano.
No soy del orbe tuyo en que sazonan
continentes de trigos y naranjas.
Soy de la oscuridad, de lo más hondo
del frenético piso americano,
y si aclara en mi espíritu es con todos
los desórdenes y los desequilibrios
de un cielo huracanado cuando baja
el último sol sobre las cumbres.

Hay en mi alma trágico designio
que me enfrenta a las sombras y a las ruinas.
Mi resistencia fúnebre es más grande
si una noche de lágrimas me asiste
y un suelo cataclísmico me apoya.

De allí salgo a proclamar mi creencia en un Dios gigante
y bárbaro,
creador de la Fuerza y de hombres
que resisten el desplazamiento de una estrella
y el volumen de la mayor angustia combatiéndoles.
Hombres que pueden contemplarle de pie en las cordilleras
y entre relámpagos oírle.
Almas para la vida de las cúspides
y el trance agobiador de la hermosura.
Ese es mi Dios. Y cuando padezco y cuando amo;
cuando siento la oscuridad o la negación de la esperanza,
quisiera estremecerle con titánico alarido;
de soledad como la mía circundarle
y con nubes enormes invadirle.
Que no me oyera nunca suplicatorio,
sino móvil y enérgico y fecundo.
Atormentado sí porque deseo
mi victoria final contra el espacio,
y desaparecer como una imagen suya y semejanza;
sólo tal vez, humanamente solo,
como el último sol sobre las cumbres.

Aquí estoy con mi seguridad de caverna
alojando tu voz que te adelanta
como el rumor al salto de las olas.
Se van días y días y otros días y días,
y nada se ve de ti ni se oye ni se entiende.
Observo desde azules promontorios
por si algún signo amado te descubre.
Y es verdad. Allá vuelves de la ausencia
encendiendo los arcos ponentinos.
Tu ardor como la antorcha de luceros
que viven del hidrógeno y del calcio,
no palidece nunca ni se gasta.
Yo me incendio también para esperarte
y de fulgor galáctico me visto.
El instantáneo cruce de nuestras órbitas principia
y el alterno dolor de nuestros diálogos,
porque los dos no somos sino el grito
de las separaciones infinitas.

Te llamé desde un valle corporal y tranquilo, me dices.
Y respondo: en la noche cruzaban dinamismos eternos.
Era que yo te hablaba de una estirpe de vida, respondes.
Otro mundo de llamas existía, te digo de nuevo.
Pude ser el contacto más vital de tu sangre, me dices.
Y te digo otra vez: me agitaban dinamismos eternos.
Era yo que te hablaba del calor de la tierra, respondes.
Y te digo: cruzaban satélites y esplendores y sueños.
Era yo que pasaba convocándote al mundo, me dices.
Otro mundo de llamas existía, respondo de nuevo.
Con raíces de sangre yo te busco en la tierra, suplicas.
Con la sed del espíritu yo te aguardo en el tiempo.

                                                      (de "18 poemas") 

LA FUERZA QUE POR EL VERDE TALLO IMPULSA A LA FLOR

La fuerza que por el verde tallo impulsa a la flor
impulsa mis verdes años; la que marchita la raíz del árbol
es la que me destruye.
Y yo estoy mudo para decirle a la encorvada rosa
que la misma fiebre invernal dobla mi juventud.

La fuerza que impulsa el agua entre las rocas
impulsa mi roja sangre; la que seca los arroyos parlantes
vuelve cera los míos.
Y yo estoy mudo para contarle a mis venas
cómo la misma boca bebe del manantial de la montaña.

La mano que arremolina el agua del estanque
remueve las arenas; la que amarra las ráfagas del viento
iza mi vela de sudario.
Y yo estoy mudo para decirle al ahorcado
que el barro del verdugo está hecho de mi arcilla.

Los labios del tiempo sorben del manantial;
el amor gotea y se acumula, mas la sangre vertida
calmará sus pesares.
Y yo estoy mudo para decirle al viento en la intemperie
cómo ha trazado el tiempo un cielo entre los astros.
Y yo estoy mudo para decirle a la tumba de la amada
que en mi sábana avanza encorvado el mismo gusano.

                                            (de "18 poemas")

ROMPE LA LUZ DONDE NINGÚN SOL BRILLA

Rompe la luz donde ningún sol brilla;
donde ningún mar corre, las aguas del corazón
pujan en sus mareas;
y, espectros rotos con luciérnagas en sus cabezas,
las cosas de la luz
desfilan por la carne donde ninguna carne cubre los huesos.

Una vela en los muslos
calienta juventud y simiente y abrasa las semillas de la edad;
donde ninguna semilla palpita,
el fruto del hombre se desarruga en los astros,
brillante como un higo;
donde la cera no existe, muestra la vela sus cabellos.

Rompe el alba tras los ojos;
desde los polos del cráneo y el pie, las ráfagas de sangre
se deslizan como un mar;
ni cercados ni estacados los pozos del cielo
surten hacia la vara
que adivina en la sonrisa el petróleo de las lágrimas.

La noche en las cuencas ronda,
como luna de brea, el límite de los globos;
el día alumbra el hueso;
donde el frío no existe, desuella el vendaval
el manto del invierno;
la piel de la primavera está colgando de los párpados.

Rompe la luz en solares secretos,
en puntas de pensamiento donde los pensamientos huelen bajo la lluvia;
donde mueren las lógicas,
crece a través del ojo el secreto del suelo
y la sangre salta bajo el sol;
sobre las parcelas baldías el alba se detiene.

                                              (de"18 poemas") 

LA MANO QUE FIRMÓ EL PAPEL

La mano que firmó el papel derribó una ciudad;
cinco dedos soberanos tasaron el aliento,
duplicaron los muertos del orbe y diezmaron un país;
estos cinco reyes dieron muerte a un rey.

La mano poderosa se conduce al declive del hombro,
la articulación de los dedos se acalambra de tiza;
una pluma de ganso ha puesto fin al crimen
que puso fin al habla.

La mano que firmó el tratado engendró fiebres,
y creció la hambruna, y las langostas vinieron;
grande es la mano que domina al hombre
al vuelo de una firma.

Los cinco reyes cuentan los muertos pero no ablandan
la costra de la herida ni acarician el ceño;
una mano rige la piedad como otra mano rige el paraíso;
las manos no tienen lágrimas que verter.

                                           (De "25 poemas") 

Y LA MUERTE NO TENDRÁ PODER

Y la muerte no tendrá poder.
Desnudos los muertos, ellos serán uno
con el hombre del viento y la luna del oeste;
cuando los huesos descarnados limpios se dispersen,
astros tendrán por codo y pie;
aunque enloquezcan serán cuerdos,
resucitarán aunque se hundan en el mar;
aunque los amantes se pierdan quedará el amor;
y la muerte no tendrá poder.

Y la muerte no tendrá poder.
Bajo las envolturas del mar largamente tendidos
no morirán a la intemperie;
aun retorciéndose en el potro mientras ceden sus tendones,
atados a una rueda, no se romperán;
la fe en sus manos ha de partirse en dos
y los han de atravesar males unicornes;
escindidos los extremos, ellos no se quebrarán;
y la muerte no tendrá poder.

Y la muerte no tendrá poder.
Nunca más podrán chillar las gaviotas en su oído,
ni las olas romper rugientes en la orilla;
donde alentó una flor nunca más una flor
podrá erguir su cabeza a los golpes de lluvia;
aunque estén locos y muertos como piedras,
las cabezas de los personajes martillean entre las margaritas;
estallan bajo el sol hasta que el sol se apague,
y la muerte no tendrá poder

                                            (de “25 Poemas”)

HOY, ESTE INSECTO

Hoy, este insecto, y el mundo que respiro
ahora que mis símbolos han vencido al espacio,
al tiempo en los espectáculos urbanos y a la mitad
de ese tonto tiempo amado que gasto en empujar la frase,
en fábula y fe he partido el sentido,
soltado la guillotina, el doble rojo-sangre
de cola y cabeza, testigos de este
asesinato del Edén y de la verde génesis.

El insecto certero es la plaga de las fábulas.

El monstruo de este cuento, con membrana de sierpe
y ciego en sus anillos, se larga por el ardiente contorno,
mide su longitud contra el muro del jardín
y rompe su cascarón en el estupor del último principio;
un cocodrilo antes de la crisálida,
antes de la caída desde el amor el hueso volador del corazón,
esta pieza infantil, alada como un asno del Sabbat,
sopla sigilosa a Jericó sobre el Edén.

La fábula del insecto es la promesa certera.

Muerte: la muerte de Hamlet y los locos de pesadilla,
un molino de aire sobre un caballo de madera,
la bestia de Juan, la paciencia de Job y las patrañas de la
visión,
griega en el mar de Irlanda la voz inmortal:
“Amo a Adán, es infinito mi amor de locos,
no hay amante delator con un fin tan certero,
todos los enamorados de leyenda sobre un árbol de historias,
mi cruz de cuentos tras el fabuloso telón”.

                                         (de "25 poemas") 

OH, HAZME UNA MÁSCARA

Oh, hazme una máscara y un muro para resguardar de tus espías
de afilados ojos esmaltados y garras con gafas
el rapto y rebelión en los criaderos de mi rostro
una mordaza de árbol enmudecido para ocultarle al cándido enemigo
la lengua de bayoneta en este indefenso instrumento de rezos,
la boca presente, y el dulce soplo de la trompeta de las mentiras,
moldeado en vieja armadura y roble el semblante de un tonto
para escudar el cerebro destellante y embotar a los inquisidores,
y una pena de viudo lacrimoso colgando de las pestañas
para velar la belladona y dejar a los ojos secos percibir
cómo otros delatan las mentiras quejumbrosas de sus pérdidas
en la curva de la boca desnuda o en la risa sofocada en las mangas.

                                                (de "El mapa del amor") 

SIN TRABAJO DE PALABRAS

Sin trabajo de palabras desde hace ya tres meses flacos en la sangrienta
tripa del año de abundancia y en el gran monedero de mi cuerpo
reprendo amargamente a mi pobreza y mi oficio:
tomar para luego dar lo es todo, devolver lo que con hambre ha sido dado
resoplando las libras de maná desde el rocío hasta el cielo,
la adorable labia repercute en un pozo cegado y regresa.

Recoger para luego desprenderse de los tesoros del hombre es una muerte dulce
que arrastrará al final todas las monedas del aliento marcado
y contará los misterios tomados y abandonados en una mala oscuridad.

Rendirse ahora es pagar dos veces el alto precio del ogro.
Antiguos bosques de mi sangre, precipitaos a la nuez de los mares
si tomo para quemar o devolver este mundo que es de cada hombre el trabajo.

                                    (de "El mapa del amor") 

A ESTE LADO DE LA VERDAD (Para Llewelyn)

A este lado de la verdad,
no podrás ver, hijo mío
-rey de tus ojos azules
en el país cegador de la juventud-
que todo está deshecho,
bajo los cielos indiferentes,
de inocencia y de culpabilidad,
antes de que te animes a hacer
algún gesto de cabeza o corazón,
todo se congrega y se derrama
hacia la oscuridad envolvente
como el polvo de los muertos.

El bien y el mal, dos formas
de moverse por tu muerte
junto al mar demoledor
-rey de tu corazón en los días ciegos-,
se esfuman como el aliento,
van llorando a través de ti y de mí
y de las almas de todos los hombres
hacia la inocente oscuridad,
y la culpable oscuridad, y la muerte
buena, y la mala muerte, y entonces
en el elemento final
vuelan como la sangre de los astros,
como las lágrimas del sol,
como la simiente de la luna, basura
y fuego, la alada grandilocuencia
del cielo –rey de tus seis años-.
Y la perversa voluntad,
desde el principio de las plantas
y los animales y las aves,
agua y luz, la tierra y el cielo,
está echada antes de que tú te animes
y todos tus actos y tus palabras,
cada verdad, cada mentira,
mueran en un amor que no juzga.

                                  (De "Muertes y entradas") 

HUBO UN SALVADOR

Hubo un salvador
más raro que el radio,
más corriente que el agua, más cruel que la verdad;
los niños resguardados del sol
se congregaban en torno a esa lengua
para oír la nota de oro girando por su surco,
y presos de deseos encerraron sus ojos
en las cárceles y estudios de esas sonrisas sin llave.

Dice la voz de los niños
desde un desierto perdido:
hubo calma que hacer en esa segura inquietud,
cuando el hombre obstructor dañaba
a hombre, animal o pájaro
ocultamos nuestros miedos en ese aliento asesino,
silencio, silencio que hacer, cuando la tierra se alborotaba,
en las guaridas y asilos del tremendo clamor.

Hubo gloria que oír
en las iglesias de esas lágrimas,
suspirabas bajo el vello de ese brazo que pegaba,
oh, tú que no podías llorar
por los suelos la muerte de un hombre
pusiste tu lágrima de dicha en el diluvio celestial
y apoyaste tu rostro en una concha de nubes:
ahora en las tinieblas sólo estamos tú y yo.

Dos hermanos altivos y oscurecidos lloran,
encerrados en el invierno codo con codo,
por el inhóspito hueco de este año,
oh, nosotros que no pudimos despertar
ni un delgado suspiro al oír, cerca,
a la avaricia golpeando, incendiando al vecino,
sino que gemíamos y anidábamos en el muro celeste,
ahora rompemos una lágrima gigante por la ignorada caída,
por el marchitar de hogares
que no criaron nuestros huesos,
las muertes valientes de seres únicos pero nunca encontrados,
ahora vemos, en nuestra soledad,
nuestro propio polvo de auténticos extraños
cabalgar por las puertas de nuestra casa inexplorada.
Exiliados en nosotros alzamos el suave, sedoso y áspero amor
que sin puño ni brazo rompe todas las rocas.

                                                   (de Muertes y entradas)

CEREMONIA DESPUÉS DE UN BOMBARDEO INCENDIARIO

I
Mis yoes
los lamentadores
lamentémonos
entre los quemados en la calle a muerte incansable
por una niña de pocas horas
y su boca que heñía
chamuscada sobre el seno negro de la tumba
que la madre cavó, y por sus brazos llenos de incendios.

Comencemos
por cantar
cantemos
la oscuridad reincendiada hacia el principio
cuando la lengua presa asintió ciega
y una estrella se fragmentó
en los siglos de la niña
que mis yoes lamentamos ahora y que los milagros no pueden expiar.

Perdona
nos perdona
dónanos
tu muerte para que mis yoes los creyentes
la sostengamos en un diluvio inmenso
hasta que la sangre salte
y el polvo cante como un pájaro mientras
avientan las semillas y tu muerte crece por nuestro corazón.

Llorando
tu agonizante
llanto,
niña más allá del canto del gallo, junto a la calle
encogida por el fuego, salmodiamos el mar que vuela
en el cuerpo despojado.
La última luz dicha es el amor. Ay,
simiente de hijos en el vientre de una negra cáscara abandonada.

II

Yo no sé quién, si
Adán o Eva, el sacro, adornado becerro
o la cordera blanca
o la virgen escogida
acostada en su nieve
sobre el altar de Londres,
fue el primero en morir
en el ascua del pequeño cráneo,
oh, novia y novio
oh, Adán y Eva tendidos
juntos en la tregua
bajo el triste pecho de la lápida
blanca como esqueleto
del jardín del Edén.
Yo sé que la leyenda
de Adán y Eva no es ni por un segundo
silenciosa en mi oficio
sobre los infantes muertos
sobre la única
niña que fue sacerdote y siervos,
verbo, coro y lengua
en el ascua del pequeño cráneo,
que fue la caída en la noche de la sierpe
y fue la fruta como un sol,
hombre y mujer deshechos, el principio
desmoronándose atrás hacia la oscuridad
desnuda como los semilleros
del jardín del desierto.

III

En los tubos del órgano y las agujas
de catedrales luminosas,
en las bocas fundidas de veletas
que se rizan en círculos de doce vientos,
en el reloj muerto donde arde la hora
sobre la urna del sabbat
sobre la fosa enloquecida del alba
sobre el antro del sol y el tugurio del fuego
y las doradas aceras tendidas en réquiem,
en las calderas de la estatuaria,
en el pan de un trigal en llamas,
en el vino que arde como brandy,
las masas del mar
las misas del mar por debajo
de las masas del mar engendrador de infantes
estallan, en surtidor, y entran a pronunciar para siempre
gloria gloria gloria
el reino final y fulminante del trueno genésico.

                                       (de "Muertes y entradas") 

ENTRE LOS MUERTOS EN EL BOMBARDEO DEL ALBA HABÍA UN HOMBRE DE CIEN AÑOS

Al despertar el día sobre la guerra
él se vistió, salió y murió,
las cerraduras bostezaban sueltas y un estallido las esparció,
él cayo donde amaba, sobre el pavimento reventado de la acera
y los granos funerarios de un suelo de sacrificio.
Decidle a su calle postrada que él detuvo un sol
y que los cráteres de sus ojos brotaron en primavera y fuego
cuando todas las llaves se dispararon de sus cerraduras y sonaron.
Dejad de cavar por las cadenas de su canoso corazón.
La ambulancia celestial arrastrada por una herida
se congrega y espera a que retumbe la pala en la jaula.
Oh, apartad sus huesos de ese carro vulgar,
que la mañana vuela en las alas de su edad
y a la diestra del sol se posan cien ciguëñas.

                                ( De "Muertes y entradas" )

NO ENTRES DÓCILMENTE EN ESA NOCHE QUIETA

No entres dócilmente en esa noche quieta.
La vejez debería delirar y arder cuando se cierra el día;
Rabia, rabia, contra la agonía de la luz.

Aunque los sabios al morir entiendan que la tiniebla es justa,
porque sus palabras no ensartaron relámpagos
no entran dócilmente en esa noche quieta.

Los buenos, que tras la última inquietud lloran por ese brillo
con que sus actos frágiles pudieron danzar en una bahía verde
rabian, rabian contra la agonía de la luz.

Los locos que atraparon y cantaron al sol en su carrera
y aprenden, ya muy tarde, que llenaron de pena su camino
no entran dócilmente en esa noche quieta.

Los solemnes, cercanos a la muerte, que ven con mirada
deslumbrante
cuánto los ojos ciegos pudieron alegrarse y arder como
meteoros
rabian, rabian contra la agonía de la luz.

Y tú mi padre, allí, en tu triste apogeo
maldice, bendice, que yo ahora imploro con la vehemencia
de tus lágrimas.
No entres dócilmente en esa noche quieta.
Rabia, rabia contra la agonía de la luz.

                                                     (De "En el dormir campestre)

Te recomendamos ver el programa de televisión.

PRÓXIMO NÚMERO

22. Poesía más Poesía: Paul Éluard y Magdalena Salamanca

PAUL ÉLUARD

BIOGRAFÍA

Su nombre era Eugène Grindel. Nació el 14 de diciembre de 1895 en Saint-Denis, Francia, hijo del contable Clément Grindel y de la modista Jeanne Grindel. El apellido Éluard lo adoptó de su abuela materna. Reside en Paris a partir de 1909, cursa estudios en la prestigiosa École Primaire Supérieure Colbert.
El joven Éluard abandonó sus estudios tras un diagnóstico de tuberculosis. Para mejorar su estado es internado entre 1912 y 1914 en un sanatorio en Davos, Suiza, comenzó allí a interesarse en la literatura. También en el amor: en ese centro de salud conoció a la rusa Elena Dimitrievna Diakonava (Gala), con quien se casó en 1917. En 1918 nació su hija Cécile.


El encuentro fue en Davos, Suiza, 1912: Elena Dimitrievna Diakonova (Gala) entra a un sanatorio aquejada por la tuberculosis. En medio de las paredes blancas ve a un hombre pasar con un libro en las manos. De pronto, surge una nueva fiebre que encela a la enfermedad y la vence. La bata de convalecencia se vuelve vestido de noche y Eugène Grindel luce como la encarnación del milagro. Él la mira, nota el libro en el regazo y la sala de estar se convierte en paraíso. Ambos sufren de un mal incurable, tan sujeto al cuerpo que no parece ser de este mundo.

Paul Eluard Gala y la hija de ambos Cecilia Eluard


Cuando el sueño juvenil se deshizo, Elena y Eugène fueron Gala y Paul.
Se sabe que Gala abandonó al poeta en 1930, luego de oficializar su romance clandestino con el pintor Salvador Dalí, que la convirtió de inmediato en su musa. Éluard comenzó una relación con una modelo del fotógrafo Man Ray y del pintor Pablo Picasso: Maria Benz, Nusch, como él la llamaba, que se convirtió en su esposa en 1934.

Paul Eluard con Maria Benz “Nusch”


Durante la Primera Guerra Mundial, Éluard trabajó como enfermero en el frente; de esa época proviene El deber y la inquietud. 1917 y Poemas para la Paz (1918)
Tras la guerra, con la mediación de su amigo y protector Jean Paulhan, conoció a André Breton, Tristan Tzara y Louis Aragon, a quienes los unía la pasión por las vanguardias políticas y estéticas. Paul Éluard fue durante los años difíciles del movimiento el fiel compañero de Bretón, de todos aquellos que intentaban dar salida entre las terribles presiones exteriores y las angustiosas crisis internas en que se perdían muchos elementos valiosos, como Jacques Prévert, Desnos, el mismo Aragón, Philippe Soupault, Roger Vitrac, Antonin Artaud. Firmó todos los documentos, panfletos, proclamas y manifiestos elaborados primero en “La Revolution surrealiste” y después en el “El surrealismo al servicio de la Revolucion” y en Minotaure. Su labor , por otra parte no demasiado entusiasta de la violencia, fue vista por Bretón de modo lúcido, quien dijo: “La participación de Éluard en la actividad del grupo, por constante que fuera, no dejaba de transparentar alguna reticencia: entre el surrealismo y la poesía, en el sentido tradicional de la expresión, es muy probable que fuera esta última la que se le apareciese como un fin, lo cual –desde el punto de vista surrealista –constituía una gran herejía (no hace falta decir, en efecto, que la estética que nosotros queríamos proscribir, entraba de nuevo plenamente por esta puerta).

Paul Eluard y André Breton

Que las intenciones de Éluard se mantenían al margen de los objetivos del “Manifiesto” se vio claramente en el “ruego que se publique” de su libro “Dessous d`une vie” o “La pirámide humana”, publicado en 1926 en el que se esforzaba por establecer una distinción formal entre el sueño, el texto automático y el poema “como consecuencia de una decisión bien definida”, me pareció en su conjunto ultrarretrógrada y en contradicción formal con el espíritu surrealista”. Evidentemente, esto no desmerece en nada las cualidades sensibles que sirvieron para imponer la personalidad de Éluard.“Una de las principales propiedades de la poesía es la de producir en los hipócritas una mueca que los desenmascara y permite juzgarlos… Porque ella tiende, con sus imágenes extralúcidas, sus imágenes claras como el agua de la montaña, evidentes como el agudo grito de los huevos rojos, a la comprensión perfecta de lo inhabitual y a su utilización contra los estragos de la explotación maligna de la estupidez y de cierta clase de sentido común. Porque ella milita por un nuevo régimen, el de la lógica identificación con la vida, no como una sombra, sino como un astro.
Mi orgullo consiste en no conocer más hombres que los que aman tanto como yo esta poesía específicamente subversiva, color de porvenir.”
En 1926 publica un libro de poemas consagratorio, Capital del dolor.

Algunos miembros del movimiento surrealista

En los años cuarenta, durante la Segunda Guerra Mundial, participa en la resistencia y se afilia al Partido Comunista francés. (Previamente, en los años veinte, ya había estado afiliado) y después de formar parte de la Resistencia en la ocupación nazi de París. Su adhesión al comunismo le llevó a enfrentamientos ideológicos y ruptura con algunos de sus excompañeros literarios del surrealismo, como Antonin Artaud o Robert Desnos, quienes se desvincularon de las ideas comunistas. Incluso Breton, que en principio simpatizó con los comunistas, tuvo discrepancias con Éluard tras continuar este último apoyando a Stalin, algo no compartido por el autor del “Manifiesto Surrealista”. También se distancia de sus compañeros surrealistas, como Breton y Robert Desnos, y escribe Poemas políticos y Poesía y verdad.
Los títulos más destacados de Éluard son “Capital Del Dolor” (1926), “La Inmaculada Concepción” (1930), co-escrito con André Breton, “Curso Natural” (1938) o “Poesía y Verdad (1942).


Dice André Bretón: “Independientemente del profundo deseo de acción revolucionaria que todos teníamos, todos los temas de exaltación característicos del surrealismo convergían en aquel momento en el amor… Los más hermosos poemas de Éluard, Desnos y Basson publicados en aquella época son poemas de amor. Esta concepción del amor, exaltada entre nosotros al máximo poseía una naturaleza capaz de hacer saltar todas las barreras…Lo que no se ha dicho, y que en mi opinión no deja de tener un gran interés, es que si, entonces, los surrealistas, considerados en conjunto, estuvieron de acuerdo teóricamente –y líricamente- en reconocer que en el amor electivo residía el más alto objetivo humano, e incluso era el que trascendía por encima de los demás, algunos de ellos distaban mucho de no desmerecer diariamente de tal idea… (Bretón)
Tras la muerte de Nusch, Éluard vive un período de duelo y abatimiento que concluye cuando conoce a su última pareja, Dominique, con quien se casa en 1951. A ella le dedica su último libro, “El fénix”.. del mismo el poema Nusch.

Paul Eluard y Pablo Picasso en 1937.

Murió a causa de una ataque al corazón el 18 de noviembre de 1952, en Charenton-Le-Pont. Tenía 56 años. Está enterrado en el cementerio de Père-Lachaise de París.

POEMAS

LA DAMA DE ROMBOS

Muy joven abrí mis brazos a la pureza. Sólo fue un palpitar de alas en el cielo de mi eternidad, un palpitar de corazón enamorado que late en los pechos conquistados. Ya no podía caer.
   Amante del amor. En verdad, la luz me ciega. Conservo la suficiente para mirar la noche, toda la noche, todas las noches.
   Todas las vírgenes son distintas. Siempre sueño con una  virgen.
   En la escuela se sienta en un banco delante de mí, con delantal negro. Cuando se vuelve para preguntarme por la solución de un problema, la inocencia de sus ojos me confunde de tal modo que apiadada de mi turbación, me rodea con sus brazos el cuello.
   Fuera de allí me abandona. Sube a un barco. Nos sentimos casi extraños uno a otro, pero es tanta su juventud que su beso no me sorprende.
   O bien, cuando está enferma, guardo su mano entre las mías hasta que llega la muerte, hasta que me despierto.
   Si acudo tanto más rápido a sus citas es porque temo no tener tiempo de llegar antes de que otros pensamientos me arrebaten a mí mismo.
   Cierta vez que el mundo estaba por acabar, lo ignoramos todo de nuestro amor. Ella buscó mis labios con movimientos lentos y acariciadores de la cabeza. Esa noche llegué a creer que la haría retornar al día.
  Y siempre es la misma confesión, la misma juventud, los mismos ojos puros, el mismo ademán ingenuo de sus brazos alrededor de mi cuello, la misma caricia,
La misma revelación
  Pero nunca es la misma mujer.    Las cartas dijeron que la encontraría en la vida aunque sin reconocerla.
  Amante del amor.

SUS OJOS SIEMPRE PUROS

Días de lentitud, días de lluvia,
días de espejos rotos y de agujas perdidas,
días de párpados cerrados al horizonte de los mares,
de horas iguales siempre, días de cautiverio.
Mi alma que brillaba aún sobre las hojas,
mi alma está, como el amor, desnuda.
La aurora que se olvida le hace besar su rostro
y contemplar su cuerpo obediente e inútil.
Pero yo vi los más bellos ojos del mundo,
dioses de plata que tenían zafiros en las manos, dioses completamente, pájaros en la tierra
y en el agua, los vi.
Sus alas son las mías, nada existe
sino su vuelo que sacude mi miseria,
vuelo de estrella y resplandor,
vuelo de tierra y piedra
sobre los ríos de sus alas.
Mi pensar sostenido por la vida y la muerte.

LA DE SIEMPRE, TODA

Si les digo que todo lo dejé
es porque ya no es ella de mi cuerpo,
nunca de eso me jacté,
no es verdad
y la bruma de fondo donde voy
no sabe nunca si he pasado.
Sólo yo puedo hablar
del abanico de su boca y del destello de sus ojos
sólo yo estoy rodeado
por ese espejo nulo donde el aire me cruza
y el aire tiene un rostro, un rostro enamorado,
un rostro amado, el tuyo,
ya ti sin nombre e ignorada por los otros,
el mar te dice: sobre mí, y el cielo; sobre mí,
los astros te adivinan, las nubes te imaginan
y la sangre esparcida en los mejores tiempos,
la sangre de la generosidad
te lleva con delicia.
Yo canto la alegría de cantarte,
y la alegría de tenerte o no tenerte,
el candor de esperarte, la ingenuidad de conocerte,
tú que suprimes el olvido, la espera y la ignorancia,
que suprimes la ausencia y que me das al mundo,
canto para cantar, te amo para cantar
ese misterio donde
tu amor me crea y se libera.
Eres pura, más pura todavía que yo.

LA CURVA DE TUS OJOS

La curva de tus ojos gira en mi corazón.
Una ronda de danza y de dulzura,
aureola del tiempo, niñez nocturna y firme,
y si no sé cuánto he vivido
es que tus ojos no me vieron siempre.
Hojas del día y musgo del rocío,
cañaveral del viento, sonrisas perfumadas,
alas que están cubriendo el mundo con su luz,
barcos cargados con el cielo y con el mar,
cazadores de ruidos, fuentes de los colores.
Perfume amanecido de un enjambre de auroras
que duerme siempre sobre la hierba de los astros,
como de la inocencia el día,
depende el mundo entero de tus ojos tan puros
y mi sangre circula en sus miradas.

LIBERTAD

Sobre mis cuadernos de colegial
Sobre el pupitre y los árboles
Sobre la arena sobre la nieve
Escribo tu nombre

Sobre todas las páginas leídas
Sobre todas las páginas en blanco
Piedra, sangre, papel o ceniza
Escribo tu nombre

Sobre las imágenes doradas
Sobre las armas de los belicosos
Sobre la corona de reyes
Escribo tu nombre

Sobre la selva y el desierto
Sobre los nidos sobre las retamas
Sobre el eco de mi infancia
Escribo tu nombre

Sobre las maravillas de las noches
Sobre el pan blanco de los días
Sobre las temporadas desposadas
Escribo tu nombre

Sobre todos mis trapos de azul
Sobre el estanque sol enmohecido
Sobre el lago luna viva
Escribo tu nombre

Sobre los campos sobre el horizonte
Sobre las alas de los pájaros
Y sobre el molino de las sombras
Escribo tu nombre

Sobre cada soplo de aurora
Sobre el mar en los barcos
Sobre la montaña lunática
Escribo tu nombre

Sobre la espuma de las nubes
Sobre los sudores de la tormenta
Sobre la lluvia gruesa e insípida
Escribo tu nombre

Sobre las formas que centellean
Sobre las campanas de los colores
Sobre la verdad física
Escribo tu nombre

Sobre las sendas despertadas
Sobre las carreteras desplegadas
Sobre los lugares que desbordan
Escribo tu nombre

Sobre la lámpara que se enciende
Sobre la lámpara que se apaga
Sobre mis casas reunidas
Escribo tu nombre

Sobre el fruto cortado en dos
Espejo y mi habitación
Sobre mi cama vacía
Escribo tu nombre

Sobre mi perro codicioso y tierno
Sobre sus orejas elaboradas
Sobre su pierna torpe
Escribo tu nombre

Sobre el trampolín de mi puerta
Sobre los objetos familiares
Sobre el mar del fuego bendito
Escribo tu nombre

Sobre toda carne concedida
Sobre la frente de mis amigos
Sobre cada mano que se tiende
Escribo tu nombre

Sobre el cristal de las sorpresas
Sobre los labios atentos
Bien sobre el silencio
Escribo tu nombre

Sobre mis refugios destruidos
Sobre mis faros aplastados
Sobre las paredes de mi problema
Escribo tu nombre

Sobre la ausencia sin deseos
Sobre la soledad desnuda
Sobre las marchas de la muerte
Escribo tu nombre

Sobre la salud vuelta de nuevo
Sobre el riesgo desaparecido
Sobre la esperanza sin recuerdos
Escribo tu nombre

Y por el poder de una palabra
Reinicio mi vida
Nací para conocerte
Para nombrarte
Libertad

NUSCH

Los sentimientos aparentes.
Ligereza del acercarse.
La cabellera de las caricias.

Sin preocupación, sin sospechas.
Tus ojos se entregan a lo que ven:
Son vistos porque ellos miran.

Confianza de cristal
entre dos espejos.
Tus ojos se pierden en la noche
para añadir el insomnio al deseo.

Versión de Luis A. Can

LA COSTUMBRE

Todas mis amiguitas son jibosas;
Ellas aman a su madre.
Todos mis animales son obligatorios,
Tienen patas de mueble
Y manos de ventana.
El viento se deforma,
Necesita un traje de medida,
Desmesurado.
He aquí por qué
Digo la verdad sin decirla.
De “Mourir de ne pas mourir”

Versión de Aldo Pellegrini

En abril de 1944, Paris todavía respiraba

Descendíamos hacia el río fiel: ni su ola ni nuestros ojos habían
                                                                                 abandonado a París.
No pequeña ciudad, sino ciudad infantil y maternal.
Ciudad que todo lo atraviesa, como un sendero de verano,
lleno de flores y de pájaros, como un beso profundo, lleno también
de niños sonrientes, y de madres frágiles.
No una ciudad en ruinas, sino una ciudad compleja, marcada por
                                                                                           su desnudez.

Ciudad entre nuestras muñecas como una atadura rota, entre nuestros
ojos como un ojo ya visto, ciudad repetida indefinidamente como un
                                                                                                        poema.
Ciudad siempre semejante a sí misma.
Vieja ciudad… Entre la ciudad y el hombre no había ni siquiera el espesor
                                                                                                    de un muro.
Ciudad de la transparencia, ciudad inocente.

Entre el hombre abandonado y la ciudad desierta, había más que
                                                                                                    el espesor de un espejo.
Sólo había una ciudad que presentaba los colores del hombre, tierra
                                                                                                 y carne, sangre y savia.

El día que juguetea en el agua, la noche que muere sobre la tierra.
El ritmo del aire puro es más fuerte que la guerra.
Ciudad con la mano tendida, y, entonces, todo mundo  ríe y todo mundo
                                                                                           goza. Ciudad ejemplar.

Nadie pudo saltar los puentes que nos conducían al sueño y del sueño
                                       a nuestros sueños y de nuestros sueños a la eternidad.
Ciudad perdurable, donde viví un día nuestra  victoria sobre la muerte.

Te amo
Te amo por todas las mujeres que no he conocido.
Te amo por todos los tiempos que no he vivido.
Por el olor del mar inmenso y el olor del pan caliente.
Por la nieve que se funde por las primeras flores.
Por los animales puros que el hombre no persigue.
Te amo por amar.
Te amo por todas las mujeres que no amo.
Quién me refleja sino tú misma me veo tan poco
sin ti no veo más que una planicie desierta.
Entre antes y ahora
están todas estas muertes que he sorteado sobre paja.
No he podido atravesar el muro de mi espejo.
Tuve que aprender la vida como se olvida
palabra por palabra
Te amo por tu sabiduría que no me pertenece.
Te amo contra todo lo que no es más que ilusión.
Por el corazón inmortal que no poseo
crees ser la duda y no eres sino razón.
Eres el sol que me sube a la cabeza
cuando estoy seguro de mí.

La Muerte, El Amor, La Vida

Creí que me rompería lo inmenso lo profundo
Con mi pena desnuda sin contacto sin eco
Me tendí en mi prisión de puertas vírgenes
Como un muerto sensato que había sabido morir
Un muerto coronado sólo de su nada
Me tendí sobre las olas absurdas del verano
Absorbido por amor a la ceniza
La soledad me pareció más viva que la sangre

Quería desunir la vida
Quería compartir la muerte con la muerte
Entregar mi corazón vacío a la vida
Borrarlo todo que no hubiera ni vidrio ni vaho
Nada delante nada detrás nada entero
Había eliminado el hielo de las manos juntas
Había eliminado la osamenta invernal
Del voto de vivir que se anula.
Tú viniste y se reanimó el fuego
Cedió la sombra el frío aquí abajo se llenó de estrellas
Y se cubrió la tierra
De tu carne clara y me sentí ligero
Viniste la soledad fue vencida
Tuve una guía sobre la tierra y supe
Dirigirme me sabía sin medida
Adelantaba ganaba tierra y espacio

Iba hacia iba sin fin hacia la luz
La vida tenía un cuerpo la esperanza tendía sus velas
Promisora de miradas confiadas para el alba
De la noche surgía una cascada se sueños

Los rayos de tus brazos entreabrían la niebla
El primer rocío humedecía tu boca
Deslumbrando reposo remplazaba el cansancio
Yo amaba el amor como en mis primeros días

Los campos están labrados las fábricas resplandecen
Y el trigo hace su nido en una enorme marea
Las mieses la vendimia tienen muchos testigos
Nada es singular ni simple
El mar está en los ojos del cielo o de la noche
El bosque da a los árboles seguridad
Y los muros de las casas tienen una piel común
Los caminos siempre se encuentran

Los hombres están hechos para entenderse
Para comprenderse para amarse
Tienen hijos que serán padres de los hombres
Tienen hijos sin fuego ni lugar
Que inventarán de nuevo a los hombres
Y la naturaleza y su patria
La de todos los hombres
La de todos los tiempos

No más compartir

Es la tarde de la locura, desnudo y limpio,
El espacio entre las cosas tiene la forma de mis palabras
La forma de las palabras de un desconocido,
De un vagabundo que desnuda su garganta
Y lacea los ecos.
Entre árboles y barreras,
Entre muros y mandíbulas,
Entre este gran pájaro tembloroso
Y la colina que le aplasta,
El espacio tiene la forma de mis miradas.
Mis ojos son inútiles,
El reino del polvo se ha acabado,
La cabellera del camino se ha puesto su rígido manto,
Ella no huye ya, yo no me muevo,
Todos los puentes están cortados, el cielo no pasará
Puedo dejar de vigilar.
El mundo se desprende de mi universo
Y, en el punto álgido de las batallas,
Cuando el tiempo de la sangre se marchita en mi cerebro,
Distingo la luz de esa claridad de hombre
Que es la mía,
Distingo el vértigo de la libertad,
La muerte del delirio,
El sueño del desvarío.
¡Oh reflejos míos! ¡Oh mis reflejos sangrientos!
 

LA VICTORIA DE GUERNICA, PAUL ÉLUARD


I
Bello mundo de miserias
De la noche y los campos
 
II
Rostros benignos en llamas rostros benignos en el fondo
Que rechazan la noche las injurias y los golpes
 
III
Rostros benignos para todo
He aquí el vacío que los fija
Su muerte servirá de ejemplo
 
IV
La muerte corazón derrumbado
 
V
Ellos los harán pagar el pan
El cielo la tierra el agua el sueño
Y la miseria
De su vida
 
VI
Ellos dijeron anhelar la benigna inteligencia
Ellos restringieron a los fuertes juzgaron a los locos
Practicaron la caridad partían un centavo en dos
Ellos saludaban a los cadáveres
Ellos derrochaban amabilidad
 
VII
Ellos persisten ellos se exceden ellos no son de nuestro mundo
 
VIII
Las mujeres los niños tienen el mismo tesoro
De hojas verdes de primaveras de leche pura
Intacto
En sus limpios ojos
 
IX
Las mujeres los niños tienen el mismo tesoro
En los ojos
Los hombres lo defienden como pueden
 
X
Las mujeres los niños tienen las mismas rosas rojas
En los ojos
Cada uno muestra su sangre
 
XI
El miedo y el coraje de vivir y de morir
La muerte tan difícil y tan fácil
 
XII
Hombres para quienes este tesoro fue cantado
Hombres para quienes este tesoro fue arruinado
 
XIII
Hombres reales por quienes la desesperanza
Alimenta el fuego devorador de la esperanza
Abramos juntos el último botón del porvenir
 
XIV
Parias la muerte la tierra y el horror
De nuestros enemigos tiene el color
Monótono de nuestra noche
Nosotros tendremos razón

(Traducción de Gabriela Astorga e Iván Cruz)

GUERNICA

Comentario para el film de Resnais, hecho a partir del cuadro de Picasso.
Guernica. Es una pequeña ciudad de Vizcaya, capital tradicional del País Vasco. Es allí donde se alzaba el Roble, símbolo sagrado de las tradiciones y de las libertades vascas. Guernica tiene sólo una importancia histórica y sentimental.
El 26 de abril de 1937, día de mercado, a primeras horas de la tarde, los aviones alemanes al servicio de Franco bombardearon Guernica durante tres horas y media, mediante varias escuadrillas que se iban relevando por turno. La ciudad fue incendiada y arrasada por completo. Hubo dos mil muertos, todos civiles. Este bombardeo tenía por finalidad experimentar los efectos combinados de las bombas explosivas y de las bombas incendiarias sobre una población civil.
Rostros resistentes al fuego, rostros resistentes al frío,
A las repulsas, a la noche, a las injurias, a los golpes,
Rostros resistentes a todo
Aquí está el vacío que os fija
Pobres rostros sacrificados
Vuestra muerte va a servir de ejemplo
La muerte con asombro en el corazón
Os han hecho pagar el pan
De vuestra vida
Os han hecho pagar el cielo, la tierra, el agua, el sueño
E incluso la miseria profunda
Amables actores, actores tan tristes pero tan dulces
Actores de un drama perpetuo
No habíais pensado en la muerte
El miedo y el valor de vivir y de morir
La muerte tan difícil y tan fácil

Las gentes de Guernica son gentes humildes. Viven en su ciudad desde hace mucho tiempo. Su vida se compone de una gota de riqueza y de una oleada de miseria. Quieren a sus hijos. Su vida se compone de infinidad de pequeñas alegrías y de una preocupación muy grande: la del mañana. Mañana, hay que comer y mañana hay que vivir. Hoy, se aguarda. Hoy, se trabaja.
Lo hemos leído todo bebiendo nuestro café: en algún lugar de Europa una legión de asesinos aplasta el hormiguero humano. Cuesta representarse a un niño reventado, una mujer decapitada, un hombre vomitando toda su sangre de golpe. España está lejos, está en nuestras fronteras. Una vez bebido el café hay que ir al trabajo. No hay tiempo para imaginar que algo sucede en otra parte. Y ahogamos nuestros remordimientos.
Mañana llegará la hora de sufrir el dolor y el miedo y la muerte.
Pero será demasiado tarde para abolir el crimen.
Las balas de las ametralladoras rematan a los moribundos
Las balas de las ametralladoras rematan a los moribundos.
Las balas de las ametralladoras juegan con los niños.
Mejor que el viento.
Por el hierro y por el fuego
Se aplasta al hombre como una mina
Se hunde como un puerto sin buques
Se hunde como un hogar sin fuego.
Las mujeres y los niños poseen el mismo tesoro
De hojas verdes de primavera y de leche pura
Y de duración
En sus ojos puros
Las mujeres y los niños poseen el mismo tesoro
En sus ojos
Los hombres lo defienden como pueden
Las mujeres, los niños, tienen las mismas rosas rojas
En sus ojos
Cada uno muestra su sangre
¡Pensar que tantos de nosotros temieron la tormenta!
Hoy está establecido que la tormenta era la vida
Pensar que tantos de nosotros tenían miedo de los relámpagos miedo del trueno
Que ingenuos éramos, el trueno es un ángel, los relámpagos son sus alas
Y no habíamos bajado nunca a lo profundo
Para no ver el horror de la naturaleza ardiendo
Hoy es el fin del mundo nuestro
Cada cual muestra su sangre
Definitivamente
Los niños adoptan un aire ausente
Y vamos a ser reducidos
A nuestra mínima expresión
Pensar que hubo lágrimas de placer
Y el hombre abría sus brazos a su mujer enamorada
Los niños consolados sollozaban riéndose
Los ojos de los muertos tienen la densidad del terror
Los ojos de los muertos tienen la delgadez de las tierras áridas
Las víctimas han bebido sus lágrimas
Como un veneno.
Pertrechados con casco, botas, correctos y buenos mozos, los aviadores sueltan sus bombas con aplicación.
En tierra se produce la catástrofe. El más grande de los filósofos dedicados al bien tiene que mirar dos veces antes de sacar de eso un sistema. Y es que, con el presente, son el pasado y el futuro los que se dispersan, una serie entera la que se rompe, que se consume, en un cráter. Es el recuerdo de la vida al que soplan apagándolo, como una vela.
Sobre los hombros, sangre, sobre la bestia, sangre
Una vendimia repugnante y más hedionda
Que los mismos verdugos, sin embargo, puros y limpios
Todos los ojos se revientan, todos los corazones se apagan
La tierra está fría como un muerto.

Ponéos a detener a un animal que huele la muerte. Ponéos pues a explicar a una madre la muerte de su hijo. Ponéos a inspirar confianza entre las llamas. ¿Cómo hacer entender que los grandes de este mundo tienen a los niños por enemigos y que atacan a una cuna como a una máquina de guerra? No hay más que una noche, es la de la guerra, hermana mayor de la miseria e hija de la muerte repugnante, enloquecedora.
Hombres por quienes este tesoro fue contado
Hombres por quienes este tesoro fue gastado

Pensad en la agonía de vuestra madre, de vuestros hermanos, de vuestros hijos, pensad en esta lucha que acaba con la vida, en la agonía de vuestros amores. Defendéos de los asesinos. Un niño, un anciano, se han arrancado el vientre por enorme horror de la vida en duelo con sí misma. Experimentan, de un solo golpe, para terminar de este modo, el absurdo de querer vivir.
Todo se torna barro, el sol ennegrece
Monumentos de angustia
Hermoso mundo de casuchas
De la mina y los campos
Hermanos míos hénos aquí transformados en carroñas
En esqueletos quebrados
La tierra gira en vuestras órbitas
Sois un desierto podrido
Y la muerte ha roto el equilibrio del tiempo.
Sois los sujetos de gusanos y cuervos.
Y fuiste sin embargo nuestra estremecida esperanza.

Bajo la madera del roble de Guernica, ha vuelto un hombre, que llevaba en sus brazos un cabrito balante y, en su corazón, una paloma. Canta para todos los demás hombres el canto puro de la rebelión que dice gracias al amor y dice no a la opresión. Las promesas ingenuas son las más sublimes. Dice que Guernica como Oradur y como Hiroshima son las capitales de la paz viviente. Su aniquilamiento deja oír una protesta más fuerte que el mismo terror.
Un hombre canta, un hombre espera. Y los aberrojos de sus dolores se alejan por el azul endurecido. Y las abejas de sus canciones han hecho sin embargo su miel en el corazón de los hombres.
¡Guernica! La inocencia vencerá al crimen.
¡Guernica!…

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