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330. POESÍA MÁS POESÍA: AMELIA ROSSELLI

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BIOGRAFÍA DE LA POETA AMELIA ROSSELLI

(París, 1930 – Roma, 1996) fue una poeta italiana. Hija de una activista política inglesa y un héroe de la resistencia antifascista, su padre y su tío fueron asesinados en 1937 por La Cagoule, el servicio secreto del régimen fascista, mientras vivían en el exilio en Francia. Entonces comenzó el éxodo familiar, en Inglaterra y en Estados Unidos. Rosselli regresaría a Italia en 1946. Fue Pier Paolo Pasolini quien descubrió la poesía de Rosselli, publicando en la revista literaria Il Menabò, en 1963, veinticuatro de sus poemas y definiendo su escritura poética como «escritura de lapsus». Rosselli pasó su vida dedicada al estudio de la composición, la música y la etnomusicología, y participó de la vida cultural de la Italia de posguerra como poeta y traductora. Su extraordinaria producción literaria, muy experimental, incluye poemas y prosa en inglés, francés e italiano.

i fratelli rosselli e amelia - Poesia Online
Amelia y su hermano, junto a su padre y su tío.

Es una reconocida traductora al italiano de poetas como Emily Dickinson o Sylvia Plath.

Establecida en Roma tras la Segunda Guerra Mundial, en su escritura toman cuerpo sus experiencias de exilio, su compromiso feminista y su vocación experimental.

Su vida sufrió innumerables turbulencias en la infancia. Su padre, un líder antifascista italiano, murió asesinado en un atentado en París, organizado por la policía secreta de Mussolini. Su madre fue una activista política inglesa que luchó en pro de los derechos de las mujeres. El caso es que durante su infancia y su juventud padeció los rigores de una vida errante (París, Londres, Florencia) y casi clandestina; rigores que influyeron de forma determinante en su vida y su poesía. Esta errancia le procuró la posibilidad de comunicarse en tres idiomas, en los cuales escribió sus primeros poemas.

Por lo que respecta a su poesía, la influencia que ejerció sobre ella la poesía hermética en sus comienzos como poeta, especialmente la de Montale, pero también la de Zanzotto, se dejará sentir a lo largo de su obra. Fue sin embargo Pier Paolo Passolini quien le ofreció la primera oportunidad de publicar. Fue en 1963 y los veinticuatro poemas seleccionados pronto fueron elogiados por la crítica italiana por su innovación estilística y su manera de fracturar el lenguaje común, desplegando un abanico de sentidos mucho más amplio que el del lenguaje meramente informativo.

Rocco Scotellaro con Amelia Rosselli nel 1950 - Poesia Online
Rocco Scotellaro con Amelia Rosselli en 1950.

Serie ospedaliera, titulado en esta versión realizada por el traductor Carlos Vitale como Sin paraíso fuimos (tomado de un verso de la autora), fue escrito en quince días durante uno de sus frecuentes ingresos hospitalarios y Amelia Rosselli obtuvo con dicho libro el Premio Argentario de 1969. Si pudiéramos hablar de un hilo conductor o argumentativo, diríamos que se describe, con toda la destreza elíptica imaginable, la historia de dos amantes presas de un destino trágico: «Tú no estabas muerto; estabas solamente vivo/ bañando mis labios de suplicantes/ limosnas, extendiendo parcas mentiras/ estilo bergsoniano sobre mi vida una cristalina/ relajación. Mientras comías coles/ de caballo». Solo estos pocos versos —aunque los hay mucho más explícitos— bastan para comprobar además su peculiar sintaxis, comprometida siempre con la experimentación formal y lingüística. De hecho, la propia poeta era consciente de la incomunicabilidad casi involuntaria que gobernaba su poesía. Ella misma la definió como «poesía catatónica».

A pesar de que Sin paraíso fuimos es un libro, como hemos dicho, de orientación amorosa, el amor siempre está puesto en cuarentena: «Las rocas incuban serpientes que corrigen/ este idilio naciente». La fugacidad de la dicha y del instante pleno, el temor a la pérdida, la obsesión por no dejar escapar ningún fragmento de la experiencia hacen de ese amor algo asfixiante y enfermizo (Amelia Rosselli convivió con problemas mentales durante toda su existencia y fue asidua de las consultas psicoanalíticas) que confirma la visión trágica de la existencia que acompañó siempre a Rosselli.

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Acaso su lucha con el lenguaje provenga de esa necesidad de indagar en la realidad desde una perspectiva diferente a lo común, desde la exploración de su propia intimidad. La fractura interior de un yo acosado por los fantasmas del pasado se traslada a la escritura mediante imágenes abstractas de una ambigüedad abrumadora: «Relincho de chocolate tú abres/ mis venas al olor del/ analgésico que urge y/ y llena, mi sangre de/ pompas azules» y con una riqueza metafórica sorprendente: «De otro modo ante cualquier ráfaga de viento/ estarías allí, en el ahorcamiento, rico en tus sustratos/ tan ricos de metáforas». Como se puede apreciar, a Rosselli no le asustan las repeticiones ni la puntuación irregular porque presta igual atención a la musicalidad de la palabra, o incluso más, a la conquista de un sentido: «La música de todos modos hace su papel/ y en el entendimiento de ella reside/ mi pasión que retorciéndose/ pinto igualmente espantada por el duelo/ y sus grandes ojos y de la canción».

Amelia Rosselli 8 Foto di Ignani - Poesia Online

SELECCIÓN DE POEMAS DE AMELIA ROSSELLI

LA LIBÉLULA (fragmento)

La santidad de los santos padres era algo tan
mudable que yo decidí apartar cualquier duda
de mi cabeza por desgracia demasiado clara y dar
el salto hacia un adiós aún más arriesgado. Y fue
entonces
cuando la santa sede se tomó la molestia de saltar
los fosos, no sé cómo, pero me dejó alucinada.
Y fue entonces cuando los miserables despojos de
nuestros muertos
rimaron en el todo en un retumbar iracundo,
oh yo canto por las calles pero sólo el santo padre
sabe adónde conducirá todo esto. Y tú las santas
molestias llevarás de rosillas hasta ese confesor tuyo
y él te dará a ti esa bendita bendición
que yo desearía que fuese de pan y de aceite. Así que
como decíamos yo estaba tendida sobre la hierba
pútrida
y las canciones de amor sobrevolaban mi cabeza
aquejada de amor, y mascullaba tempestades y
plegarias, y todas las luces del santo padre estaban
encendidas. Sí, la santa sede mascullaba canciones
pueriles también ella y todos los automóviles de los
artistas más ricos eran acogidos dentro de sus muros;
oh desdén, ni siquiera el cauto examen de conciencia
logra
que podamos disimular nuestros más fangosos
defectos
como por ejemplo el desvarío de los manoseados
versos o el lagrimeo sobre los muros inclinados de
nuestras
ambiciones: colores aromáticos, de cera, remarcados
en el aromático establo de los gourmets. Pero ningún
odio preparo en mi cocina excepto
la cansada bestia oculta. Y si el mar que
fue aquella lejana bestia oculta me preguntara
qué ha sido de mi deseo desmesurado, le respondería
pero déjame tranquila, estoy más que harta de
tus demoras. Pero él sabe mejor que yo cuáles
son las virtudes del ser humano. Yo le digo que más
feliz es la tarántula en su propio jardín,
él me contesta pero tú no sabes capturar. Las riendas
se me escapan si no respeto el poder de la
racionalidad lo sé tú lo sabes lo saben algunos pero
de la misma manera la querida tienda de los
descontentos a veces
perfora también mis sueños. Y tú lo sabes. Y yo
lo sé pero todavía llevo a la vanguardia a cuestas
sobre mis hombros y ríe y escupe como una vieja
bruja, y ni siquiera sé dónde tengo que
coger el tranvía que acrecienta tus sueños,
y mis estrellas. Pero tú ves que yo también he perdido
la irisada gracia de quien sabe pasar por encima
de esas menudencias. Debo comer. Tú debes correr.
Yo debo levantarme. Tú debes correr con el rabo
colgando.
Yo me levanto, tú extiendes los brazos en un largo
penoso adiós, con la sonrisa rígida y forzada en
tu boca más bien poco atractiva. ¿Y qué es esa
luz de la verdad cuando ironizas? Nada más
que esa pobre prensa obtuviste de mi corazón herido.
Ya nunca sabré mirarte a la cara; lo que
deseaba decir se ha marchado por la ventana,
lo que tú eras era otro batallón contra el que
ya soy incapaz de enfrentarme; ¿entonces qué nueva
libertad
buscas entre las cansadas palabras? No la blanda
ternura
de quien está en casa bien protegido entre sus altas
paredes y piensa en sí mismo. No el cansado
descuido
del gigante que sabe que no puede rimar nada más
que dentro
del círculo cerrado de sus apesadumbrados conocidos;
la luz es un premio de Dios, y él prefirió venderla
antes que verla sucia entre las manos descuidadas.

* Fragmento de La libélula (Sexto Piso, 2015). Traducción del italiano de Esperanza Ortega Martínez

VARIACIONES BÉLICAS

No te miraré a la cara de cerca, ni desde
aquel lejano pliegue en la colina lo llamas
tu experiencia quemada. Lleno de remordimiento
sigues vivo, yo me quemo en un ardor que no
puede sonreírse. Y las alegres terrazas de la invernal
pelea de viento, granizo y hálito de mezclada
primavera van a arar el suelo con su línea cruel. Yo
miraré mientras tanto cómo lloras, por los valles
del momento que no disfrutaste, la oración arroja todo
en los trapos sucios del que huye: reza: sarcástica
te pongo al nivel del suelo raso de la rosa ciudad de la que
conoces tú solo el ardor salvado que tu vileza
intercambió.
Si el alma pierde su don entonces pierde terreno, si el infierno
es algo real, entonces en mi alma renace la Abisinia.
Si el alba decide morir, entonces el río de nuestras
lágrimas se ensancha, y la voz de Dios se queda contemplada.
Si el alma es la timidez de los sentidos, entonces el amor es una
ciencia que se entrega al primero que pasa. Si el alma vende su
equipaje entonces la tinta es paraíso. Si el alma
desciende de su pedestal, la tierra muere.

Contemplo los pájaros que cantan pero mi alma está
triste como soldado en guerra.

Por tu piel olivácea, por tu mandíbula colgante
por esas dientes tuyas virginales por tus pelos oscuros por tu
amor imposible por tu sangre oliváceo y la
mandíbula inferior colgante por la administración de bienes
que no aconseja armonías diversas, por el amor y el misterio
por tu voracidad y por la mía por sondear tú abismos
imposibles por mis delirios de grandeza por fortalecerte
tú por mi debilidad por caer tú y por levantarte
siempre se llamará quimera el breve viaje realizado a las
estrellas.
Porque no espero volver nunca a la ciudad de las bellezas
heme aquí volviendo en mí misma. Porque no espero volver
nunca a encontrarme, heme aquí de vuelta entre muros. Los muros sólidos
e ignaros encierran al prisionero.

Traducción de Ruth Miguel Franco

IMPROMPTU

Creándoselo, el futuro, en modo
ingenioso, lo limpié del horror
vacío de un traidor vacío, que había
fingido ser trasvase de una verdad
eterna, que si no se va yo no
puedo seguir entre los vivos
siendo la mecha o amenaza que soñabais
que yo era, sino tierno cura en su lugar,
de tierna, pequeña burguesía
de luto, mientras todo se parece
a este llanto de luto
y duradero fue el verano en este
campo de luto, mientras el amarillo
solo era gris- amarillo pintado
como en la tierra y color irreal
se tomaba incluso libertades como
estarse allí tumbado en la tierra. Cuando
con las rodillas ya no dobladas por la
melancolía alcancé al juglar
campo de hierba aliento y grano en
abundancia es casi como si lo hubiera
pintado yo, ese campo, todos creen que
es paz y en realidad es victoria.
Corre sobre el filo la noticia o es
solo mío, el campo, el grano
la tierra oculta a los turcos o
son los tallos qué palabra tan fina
y culta me inspiran realidades que vagabundean
de una tasca a otra.

Traducción de Ruth Miguel Franco

DOCUMENTO

justo antes de tener que irme escribí
por eso dando la espalda a la promesa
cosas muchas bonitas que solo tú con tu
cara infantil de niño obligado
a ser valiente me puedes señalar.
Sí, escribí finalmente cosas bonitas, todas
para ti – no había público menos atento.
Oxígeno en mis cortinas, eres tú, el que
arañas mi puerta de entrada, el que
curas mi misterioso no ir
no poder ir en modo alguno con
los otros. ¿Cómo lo haces? Me vigilas y
en el paso que nos une hay sobre todo
quintaesencia de Dios; su delirar
si no lo que se dice de amor de algo más
grande: tu cuerpo tu mente y
tus músculos todos agotados: por
un mensaje que quedó allí en el vacío
como si a la sombra no le llevase un mensaje
inaugural el inquilino que yo soy: tu
hija, en un bosque petrificado.
No te acuerdas de mis playas doradas, si como pienso yo
te asomas hostil a los balcones, sin ver nada
que no sea tu mente, que casi nunca escribe
cosas bellas. De otro modo con cada ráfaga de aire
estarías allí, en el ahorcamiento, rico en esos sustratos
tuyos tan ricos en metáforas.
Y luego ves el cielo azul, que se colorea a tu pesar
que se asoma también, asistiéndote, atendiéndote,
mientras bordas con la musa, otras pequeñas astucias
o el naufragar. Y es dulce el naufragar en este
sueño tan trastornado, y es dulce el no pensar
en nada que no sea la manía de ver, tocar, sentir
oler tu pleno descanso.
Luego tocas el pie, lo giras hacia el olfato, lo
coges con la mano y te acercas, a una señal en el segmento
que asoma entre las rocas, que al cubrirte las casas
hacen fortaleza, en tu pequeño pueblo, que se entretiene
casi inocentemente, tanto has criado al toro.
Y lo impulsas, el pie, hacia una puerta abierta y le das
la bienvenida a las señoras (al hombre no le das
la mano), y luego vuelves a bajar, por plazas desnudas
por tierras de nadie, callejas ensanchadas por la
lluvia, que tú no logras ver por lo seco que está el cielo
sin vigilancia bajas aún te acompaña la hora
que es mezcla de suerte y de cómo haces que cada
sollozo sea otra existencia.

LAS FLORES CRECEN COMO DONES

Las flores crecen como dones y después
se dilatan
una vigilancia aguda las silencia
no cansarse jamás de los dones.
El mundo es un diente arrancado
no me pregunten por qué
hoy tengo tantos años
la lluvia es estéril.
Buscando las semillas destruidas
Eras la unión marchita que buscaba
Robar el corazón de otro para después
usarlo.
La esperanza es un daño quizás definitivo
las monedas resuenan crudas en
mármol
de la mano.
Convencía al monstruo de que se
Escondiera
En los cuartos limpios de un albergue
Imaginario
Había en el bosque pequeñas víboras
embalsamadas.
Me disfracé de cura de la poesía
Pero para la vida estaba muerta
Las vísceras que se pierden
en el barullo
mueres barrido por la ciencia.
El mundo es sutil y plano:
Deambulan allí pocos elefantes, obtusos.

 

PERDÓNAME, PERDÓNAME, PERDÓNAME

Perdóname, perdóname, perdóname.
Te amo, re hubiera amado, te amo.
Tengo el amor más sorprendido por ti
Lo más sorprendido que puedas imaginar.
Te amo, te adoro y te venero.
Te busco en todos los pinares.
Te encuentro en cada rincón
Y tuya es la vida que he perdido.
Al perderlo te he entendido al perderlo
Te sorprendí perdiéndolo vi
¡cita! El otro lado del bosque de pinos
Estaba tan oscuro, solitario, ruinoso.
Ser como tú no es tan fácil.
Te amo, te amo, te amo.
Caí en la red del mal
Mis manos están manchadas de tinta
Para amarte en el mal.
Cristo no tuvo un plan tan fácil
en la mente luchando por la desilusión
Cristo tenía la espada y la vaina con él
No tuve ninguna sorpresa.
No hay franqueza en tus ojos
la benevolencia era tan rara
intercambiando golpes con mi amo
pero te hubiera encontrado.
¿Te quiero? Te amaría muchas cosas
En el cielo y en el prado recuerdan
Amor que huye, que huye
detrás de las casas.
Detrás de cada fachada ve eso
Que nunca quise saber; detrás
Cada fachada ve
Lo que no hay hoy
Mi orina fresca se esparce
¡Tus pies y el sol bailan¡ ¡danza¡ ¡danza¡- fuera
La ventana nunca querrá
Cerca para aquellos que tienen un vientre plano. Análisis sonriente
Se unirá- pero ¡yo bailo¡ ¡danza¡ ileso porque
El sol baila, porque la vida es femenina en las plantaciones
sin cultivar si lo sabes. Un tonto de ébano se movió mucho
cupido en su
firmeza; ¡girar¡ ¡ronda¡ ¡como tres gracias alrededor de su punto
del olvido!

 

HAY COMO UN DOLOR EN LA HABITACIÓN

Hay como un dolor en la habitación, está
superado en parte: pero vence el peso
de los objetos, su significación de
peso y pérdida.
Hay como un rojo en el árbol, pero es
El naranja de la base de la lámpara
Comprada en lugares que no quiero recordar
Porque ellos también pesan.
Como nada puedo saber de tu hambre
Precisa en el querer
En las estilizadas fuentes
bien puede situarse al revés de un destino
de hombres separados por un oblicuo sonido.

 

DE ALIVIO EN ALIVIO

Alivio tras alivio, las rayas blancas los papeles blancos
un alivio, pasando por una bicicleta nueva
con lejía que rocía el cementerio.
Alivio tras alivio con la chaqueta blanca que sobresale pardusca
sobre el abismo, aparador con tatuajes y teléfonos alineados mientras
esperaba el Honorable Rivulini me desabrochaba.
Telégrafo de casa en casa, una bicicleta extra, por favor, si puede
empujar de alguna manera. De alivio en alivio empujas mi bicicleta
amarilla, mi fumar transitivo. Alivio tras alivio todos
los papeles esparcidos por el suelo o sobre la mesa, suave al creer
que el futuro me espera.
¡Qué futuro me espera¡ que el futuro me espera
Bíblica en su grandeza, no encontré un destino retorcido
Haciendo las rondas de los camineros.

 

UN SOL CELESTE

Un sol celeste, una rociadura de grumos de cristal
Mañana temprano, la luz no se ha apagado: barrios rebosantes
De senilidad: la lavandera con el cesto pero sus hombros
Tiemblan ¡Delicada tranquilidad en pequeñas dosis! Rojo
El malestar, si tu cabeza dormita.

 

PROPONGO UN ENCUENTRO CON LA CALAVERA

Propongo un encuentro con la calavera
mantengo firme y constante
un desafío a la calavera
encerrada en la fe imposible
el amor propio de las bestias.
Cada día de su existencia inexplicable
palabras mudas en fila.

 

DURANTE TODO EL INVIERNO

» Durante todo el invierno que fue como hielo entre
tus brazos yo huía desolada por una vasta, grande
llanura color ámbar. No era por celos que se desvanecían
entre las grandes sombras de los rascacielos; no era el
hielo por lo que yo despreciaba al amigo. Dibujaba
atentamente grandes triunfos que
también desaparecían al primer vano amanecer.
El sol era quizás tu
sagaz y sádica sombra, tu mano rebosaba de sombras
y tus ojos simulaban el hurto, la sal
y los triunfos.
Deteniéndome en las aceras miraba atentamente
moverse el río. ¡No estaba claro que la
ciudad quisiera vengarse! »

 

LA LIBÉLULA (FRAGMENTO)

Él instaba a una nueva relación de placer,
él corría a los pechos de la mujer amada. ¡Resuenan
en mí
las enseñanzas de los antepasados y viejos ancestros
como en los huecos
de las escaleras! ¿De qué sirve que sea un pelele de paja
si tú no vienes con la horquilla a moverme? ¿Si
tú no vienes con las pinzas a moverme? ¿Con
las pinzas del ímpetu a solicitarme, a moverme,
a desposarme? En toda la luz del sol en toda
la oblicua luz del sol en toda la caridad, en
toda la vida de la nación, en todos los puebluchos
inaccesibles, en todo el mundo putrefacto, existe
un solo yo, existe un solo tú, –existe la caridad.
Fluye entre tú y yo en lo sumergido un resplandor
que deforma, un resplandor que deforma cualquier
pasada
experiencia y la distorsiona con un frasear ondulante,
tortuoso, inexperto, ¡expertísimo lenguaje
de la adolescencia! ¡Dificilísima lengua del pobre!
¡incandescente muro del solitario! extirpados
intentos
canibalescos, oh la sucesión de las divisiones fuera
de tiempo. Disipa tú si quieres esta débil
vida que no se queja. Que resiste. Disipa
tú el pudor de mi virginidad; disipa tú
la entrega del cuerpo al enemigo. Disipa mi imagen,
disipa el remo que golpea la rama desprendida.
Disipa tú si quieres esta disipada vida disipa
mis incoherentes razones, disipa el número
tan elevado de demandas que me hacen agonizar:
disipa el horror, convierte el horror en bien. Disipa
tú si quieres esta débil vida que se queja,
pero yo no te encuentro, y no me atrevo a disiparme.
Disipa
tú, si puedes, si sabes, si tienes tiempo
y ganas, si viene al caso, si es posible, si
no te quejas débilmente, esta vida mía que
no se queja. Disipa la montaña que me impide
verte o avanzar; nada se puede disipar
que ya no se haya agotado. Disipa tú si
quieres esta débil vida mía que se deja fascinar por
cada pasaje de débil belleza; disipa tú
si quieres este fascinarse mío, –disipa tú
si quieres mi eterna búsqueda de lo bello y
de lo bueno y de sus parásitos. Disipa tú si puedes
mi infantilismo; disipa tú si quieres,
o puedes, mi fascinación por ti, que no ha acabado:
mi sueño de ti que por fuerza tienes que ayudar,
a disminuir. Disipa si puedes la fuerza que
me ata a ti: disipa el horror que me hace volver
a ti. Deja que el ardor se vuelva misericordia,
deja que el valor se descomponga en minúsculos
átomos, deja que el invierno se estire presuntuoso en
sus bodegas, deja que la primavera se lleve la
semilla de la indolencia, deja que el verano arda
impetuoso e incauto; deja que regrese el invierno
maltrecho y rechinante, déjalo todo, –vuelve
a mí; deja que el invierno repose sobre el cauce
seco del río, déjalo todo y regresa a la
noche delicada de mis manos. Deja el sabor
de la gloria para los demás, deja que se desahogue el
huracán.
Deja la inocencia y regresa a la oscuridad, deja
el encuentro y regresa a la luz. Deja los ornamentos
que ocultan el sacramento, deja la demora
que arruina la tarde. Deja, vuelve, paga,
deshaz la luz, deshaz la noche y el encuentro, deja
nidos de esperanzas, y vuelve a la oscuridad, deja creer
que la luz es un eterno parangón.

 

 

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