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324 POESÍA MÁS POESÍA: VIRGINIA BRINDIS DE SALAS

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BIOGRAFÍA DE LA POETA VIRGINIA BRINDIS DE SALAS

Virginia Brindis de Salas, cuyo nombre original era Iris Virginia Salas nació en Montevideo (Uruguay) en 1908 y murió en Argentina en 1958. Fue escritora, periodista y activista. Su obra fue publicada entre 1930 y 1950, cuando surgió un movimiento literario, social y político de enorme importancia para la historia afrodescendiente de Uruguay.

Brindis de Salas es la primera y única poeta negra, quizás, de Uruguay y posiblemente en América Latina,que publicó un libro lleno de rebeldía, conciencia revelada y alerta, para mostrar su posición de lucha por la visibilidad, la dignidad y la afirmación cultural de los pueblos afrodescendientes en la región. Su obra incorpora a la poesía uruguaya la perspectiva de una mujer afrodescendiente. De orígenes humildes, era hija de José Salas y María Blanca Rodríguez. En la época, había una marcada invisibilización de las poblaciones negras e indígenas.

Tomó el nombre de Virginia Brindis de Salas para sus obras por su filiación con dos figuras célebres de la diáspora africana en América del sur: el músico cubano Claudio Brindis de Salas y el payador argentino Gabino Ezeiza. Esta decisión causó controversia, dado que esta relación genealógica nunca ha sido documentada, alimentando una atmósfera de misterio en torno a su figura. Pero en una charla impartida por Virginia Brindis de Salas habló de ellos como “mis dos tíos ilustres”, “los grandes hombres de mi sangre y de mi raza” ensalzando la gran labor de los mismos en la historia y destacando su herencia para la comunidad. Alcanzaron un gran reconocimiento artístico pero pasaron de la fama a la miseria y fueron olvidados y abandonados.

Virginia Brindis de Salas - Poesia Online
Su primer poema “Mi corazón” lo publicó en el dirario “If Acción” de la ciudad de Melo, Montevideo, firmado como Iris Virginia Salas. Luego tomaría el nombre Virginia Brindis de Salas.

Virginia fue económicamente independiente, trabajó en el Servicio de Oceanografía y Pesca (soyp) y la empresa estatal Ose. Mujer ardiente, con una personalidad muy abierta y libre, madre soltera, artista y amiga de los “negros ustes”, que eran antagónicos a los intelectuales.

Durante las décadas de 1930 y 1940, Brindis de Salas fue parte activa de un renacimiento cultural negro en Uruguay, en el que convergieron influencias del panafricanismo (movimiento político, filosófico y social que promueve la solidaridad, unidad y cooperación de los pueblos de África y su diáspora afrodescendiente en todo el mundo), el garveyismo (corriente nacionalista negra y panafricana fundada por el jamaicano Marcus Garvey), el Renacimiento de Harlem (renacimiento intelectual y cultural de la música, danza, arte, moda, literatura, teatro política afroamericana centrado en Harlem) y el movimiento de la Negritud. Fue miembro del Círculo de Intelectuales, Artistas, Periodistas y Escritores Negros (CIAPEN) y colaboradora en la revista Nuestra Raza, una publicación fundamental para la expresión de las comunidades afrodescendientes uruguayas, junto con Pilar Eustaquio Barrios, otro activista y escritor afrouruguayo, militante del Partido Autóctono Negro (PAN). Esta revista tuvo una gran trascendencia para la comunidad. Pero Brindis de Sala también fue cuestionada por su propio colectivo: actualmente, en la Biblioteca Digital, que contiene todos los archivos de la revista “Nuestra Raza”, hay extensas publicaciones y homenajes a poetas del círculo de Virginia, pero no figuran archivos de ella.

Virginia participó también en la fundación del Partido Autóctono Negro, un proyecto político que reflejaba el deseo de autonomía y reconocimiento de los afrodescendientes. Ella incorporó la voz negra, omitida y excluida de la tradición popular indio-gaucho, en una sociedad letrada de blancos y colonizadores y de una literatura femenina influenciada por lo romántico y sentimental. Reacciona así contra una literatura de color y género y ataca la sociedad industrial. Denuncia y critica un sistema y unas formas de operar que discriminan a la mujer por ser mujer y al negro por ser negro. Fue una referente feminista.

Su poesía encarna una escritura consciente de su lugar como mujer negra en una sociedad estructurada por la desigualdad racial. Su palabra es combativa, lírica y política a la vez, diferenciándose así de las representaciones folklorizadas o hipersexualizadas de las mujeres negras, idealizando el papel de la maternidad, que predominaban en la literatura criolla de la época. Virginia Brindis de Salas escribió desde un lugar de orgullo y afirmación identitaria, alejándose de la idealización de la maternidad negra o la subordinación cultural. Su poesía denuncia la pobreza, la discriminación y el silenciamiento, posicionándose como una voz rebelde que se atreve a decir lo que otros callan, destacando las luchas de los pobres. A través de su escritura desafió las estructuras literarias tradicionales, tanto en lo estético como en lo ideológico. Esto era peligroso en Uruguay debido a las crecientes tensiones internacionales durante la Guerra Fría y la inestabilidad económica interna. Por ello su obra fue muy ignorada por la crítica oficial uruguaya, a día de hoy poco se habla de ella, a pesar de haber sido reconocida por figuras como Gabriela Mistral, Nicolás Guillén y Juana de Ibarbourou… Las dos hijas de Virginia cuentan que su madre había establecido una gran amistad con Ibarbourou, y que vivían al lado de su casa, en la calle 8 de Octubre. Nicolás Guillén, en su visita a Uruguay en 1947, fue recibido por ella en casa de Brindis de Salas. Como evidencia de esto, en su libro Páginas Vueltas dice Guillén: “Con una gentileza no exenta de ingenuidad y ternura me ofreció una pequeña recepción en su casa, que en realidad me emocionó”.

 

Según cuentan los familiares de Brindis de Salas, tras la publicación de Cien Cárceles de Amor, la primera dama de la República de Argentina, María Eva Duarte de Perón, lectora de su obra, contacta con ella y, en uno de sus viajes a Buenos Aires, de la mano de Eva Perón, participa en radio. Florencia García, docente de literatura en Uruguay, reseña esto en un artículo en una revista del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay, señalando además que probablemente no haya rastros ni se tenga acceso de muchas otras reseñas y acontecimientos importantes. Fue a partir de dos mujeres, la periodista Isabel Oronoz de Montevideo y la cantante Patricia Robaina de Cerro Largo, que decidieron iluminar y dar visibilidad a esta poeta afro que redescrubieron y comenzaron a dar visibilidad.

Algunos críticos y parte del círculo de intelectuales de la época, incluso cuestionaron, pusieron en tela de juicio la autoría de sus poemas, atribuyéndolos a otros escritores como Julio Guadalupe, lo que fue refutado por estudios posteriores, como los del investigador Marvin Lewis. El escritor y periodista Alberto Britos la excluyó de las “Primeras antologías de poesía afrodescendientes de Uruguay”.

Su poesía fue reunida en los libros Pregón de la Marimorena, en 1946, por la Sociedad Cultural Editora Indoamericana y reeditado en 1952 y Cien Cárceles de amor, en 1949. Cantos de lejanía es otra de sus obras inéditas que no tiene registros actuales y que Virginia Brindis de Salas estaba componiendo antes de morir.

Pregón de Marimorena es una composición lírica que incorpora a la literatura uruguaya la perspectiva de mujer afrodescendiente en convivencia con una sociedad blanca y colonizada. Para el personaje y para la autora la voz tiene gran importancia y significación. Pregón es la promulgación en voz alta, en lugares públicos, de determinados asuntos y cuestiones que son interés de muchos. Marimorena, el personaje, es una mujer pobre, negra y analfabeta que trabaja como pregón de la industria y que, a su vez, es la promulgación de la voz de Virginia Brindis de Salas. Se enmarca dentro del realismo, que tiene como característica la reproducción de fenómenos externos como un espejo de la realidad. La obra, por su estructura (baladas, pregones, tangos y cantos) guarda relación con la concepción de la música como liberación. Es la voz del pueblo pero también de toda la raza afro.

La intelectual, la mujer que escribe y padece, no tiene miedo. Denuncia: «Qué saben los “redactores” / cómo se vende un diario, / políticos o “doctores” / después del abecedario?» y el costo de estos, entre otros versos: «Oigan políticos, / periodistas, / que aquí hacen gordas sus vistas; / pues miren cómo ha vivido / Marimorena, / señores tan egoístas, / que nada nunca les ha pedido», fueron, en cierta medida, silenciados y oprimidos por una tradición literaria selectiva y audaz en su imagen.

Su poema Tango fue traducido al alemán en 1954, extendiéndose más allá de su país natal.

A través de sus textos hay una reacción al materialismo de la sociedad industrial y una búsqueda interior y colectiva de la libertad. En el poema «Prez para los niños sin canto» trae la imagen de un tablero de ajedrez, los niños blancos vecinos con un «andrajoso patio» y los «niños de mi raza», que juegan en un patio sin hamacas ni muñecos. De igual manera, destaca la pobreza y el hambre en «El pan legendario». Allí describe al pan como algo que se fabrica en leyendas y no en panaderías. En uno de sus versos se refiere a los «hogares proletarios», se interpreta que puede evidenciar cierta influencia del Manifiesto comunista (1848), de los filósofos y sociólogos Karl Marx y Friedrich Engel. En su vida personal y composición artística, Virginia siempre demostró una actitud política y militante muy activa.

En Cien Cárceles de Amor destaca la influencia modernista y realista, con referencias al mundo sensorial, la naturaleza, el simbolismo de las aves como liberación y en otros de prisión. En el poema “Abuelito Mon”, elogiado por la poeta Gabriela Mistral, hay un salto, un retorno a la Virginia Brindis de Salas realista y cruda. Una vuelta a la realidad, la industrialización y al capitalismo del “yanqui” blanco.

Su última obra, Cantos de lejanía, permanece inédita y posiblemente perdida.

Virginia Brindis de Salas falleció el 6 de abril de 1958 en Buenos Aires, Argentina. Tenía cuarenta y nueve años. Su legado continúa siendo redescubierto y reivindicado por nuevas generaciones de estudiosos y artistas, que ven en su palabras semilla de dignidad, conciencia y belleza insurrecta.

En la década de 1990, hubo un resurgimiento del interés por las contribuciones de los afrolatinos a las culturas nacionales más amplias de América Latina. Se publicó una importante antología que muestra la obra de escritores negros del hemisferio occidental, que incluye algunas de Virginia de Salas.

 

CARTA DE GABRIELA MISTRAL A VIRGINIA B. DE SALAS

San Francisco de California. Los Ángeles.

Querida Virginia:

Un largo silencio se ha prolongado entre Ud. y yo; siempre recuerdo, nuestra
amistad nacida en Argentina, querida hermana en triunfos y en el dolor; luego
de darme una fiesta espiritual con su precioso y valioso Pregón de Marimorena,
que llegó hasta este rincón sus dos poemas del próximo segundo libro titulado
“Cien cárceles de amor”. Mi corazón y el sueño de Abuelo Mon, la elevan a las
alturas de la fama como su padre, en la pintura, como sus tíos en el violín y en
la guitarra.

Le auguro éxitos y sé que nada la hará cambiar de rutas: cante querida Virginia
que Ud. es la única y la figura entre su raza del Uruguay; en los Ángeles
se conoce su poesía, en el Oeste ¿No canta más romanzas y lamentos?

Yo la he recomendado para unos artistas que viajan hacia esas playas, quizás
Ud. pueda crear algo para el cine; le envío un recuerdo por intermedio de
mis amigos y le digo: que vendrá Ud. un día en aras de su triunfo, a Los
Ángeles; lo mismo que los chilenos, la queremos de corazón como a Juana de
América, a Zarrilli, a Manuel de Castro y Ortiz Saralegui, y muchos otros
queridos uruguayos.

Por amigos diplomáticos sé de Ud., de sus tareas, y quiera Dios que este libro
sea la llave que abra el cofre de dicha a la única negra valiente y decidida
que yo conozco en el Uruguay.

Un abrazo grande como mi afecto.

Gabriela Mistral

 

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

https://www.bibliotecanacional.gov.co/es-co/colecciones/biblioteca-digital/poemas-y-cantos/Paginas/01-poemas.html?id_poeta=Virginia_Brindis

https://acsunuruguaynegro.blogspot.com/2022/07/quien-fue-virginia-brindis-de-sala.html

https://www.gub.uy/ministerio-educacion-cultura/comunicacion/publicaciones/r-m-revista-periodismo-cultural/r-m-revista-digital-periodismo-3

https://horizontefemenino.blogspot.com/2025/06/virginia-brindis-1908-1958.html

La poesía de Virginia Brindis de Salas

https://www.gub.uy/ministerio-educacion-cultura/comunicacion/publicaciones/r-m-revista-periodismo-cultural/r-m-revista-digital-periodismo-3

 

SELECCIÓN DE POEMAS DE VIRGINIA BRINDIS DE SALAS

TANGO NÚMERO UNO

Turbación de cuerpos adheridos,
el cadáver de una noche.
Ayer tambor,
hoy danza;
tenue langor,
alabanza.
Tambora
agitada en el solar,
sonora
tambora chás chás.
El puñal del violín
se clava en el alma del piano
Rueda de gallo,
tribu
en el ostracismo.
Ay Don Rafael de Sobremonte
¿quién los junta?
¿quién junta,
quién vio tantos negros juntos
alrededor de un tambor?
¡Ay Don Rafael de Sobremonte!
Tango
tango, tango, tango.

¿Quién junta,
quién los junta
quién junta la música y el danzón,
al hombre y la mujer
pies y pecho?
Ídolo bandoneón

Del libro Pregón de Marimorena

TANGO NÚMERO TRES

Guitarra,
bandurria,
teñidas de vino.

Los lupanares del puerto
sus hangares os han abierto.

Entre el vaho de los alcoholes
que hieden los marinantes
borrachos de cinco soles,
bandurria,
guitarra:
el pulpo de

nuestra música
al trashumante desgarra.

Guitarra,
bandurria,
que habéis bebido tanto!

Alma de barrio pobre,
alma de sotabanco,
quiénes os pulsan
se conforman
con unos míseros cobres.

Tango
que das tristura
al café cosmopolita.

Músicos errabundos
te llevan sobre sus hombros,
por todos los caminos.
Guitarra y bandurria
dos pipas de vino.

Del libro Pregón de Marimorena

PREGÓN NÚMERO DOS

A las seis de la mañana
por las calles de la ciudad
gira una voz por el aire;
pregón de Marimorena.

¿Qué noticias, qué noticias
del mundo trae la prensa?

A las cinco de la tarde;
pregón de Marimorena
como campana sonora
de los barrios populares;
pregón de Marimorena!

¿Quién te dio morena vieja
esa hermosa gritería
que sale de tus pulmones
agitando noche y día
del mundo las sensaciones?

Pregonera de esperanzas
con los diarios bajo el brazo;
dos vintenes y una chanza
que tú olvidas calle abajo.

La noche de los suburbios
en tu mente es rediviva;
danzan corazones turbios
para que otros vivan.

Qué saben los “redactores”
cómo se vende un diario,
políticos o “doctores”
después del abecedario?

Tú, negra, analfabeta,
Marimorena,
día a día, jeta a jeta,
las calles llenas
con pregones sandungueros:
en la mañana primero
y por la tarde después
durante los treinta días
o treinta y uno del mes.

No hay sol que te arredre nunca,
ni lluvia que te aglutine,
y si se empapa tu nuca
o chapotean tus botines,
vas adelante y pregonando
como heraldo en los mítines
y es un concierto tu anuncio
de todos los diarios juntos.

Cuando un señor de la prensa
pase a tu lado y te oiga
que no se escape de esta
y tus pregones desoiga:
para cuando tú no puedas
gritar el diario que escribe
pues sin el pan te quedas
y a ti nadie se suscribe.

Dile que en las columnas
del diario que ellos fabrican
pueden reclamar sin duda
jubilación para el canillita.

Pues pan para el que trabaja
y que trabajó en su vida
y que bregue por la caja
en la cámara en seguida;
y que siempre lo recuerde
que pioneros de la industria
—la industria del periodismo—
son todos los pregoneros
que como tú hacen lo mismo.

Oigan políticos,
periodistas,
que aquí hacen gordas sus vistas;
pues miren cómo ha vivido
Marimorena,
señores tan egoístas,
que nada nunca les ha pedido.

Pregón, tu pregón pregonera
de toda la prensa diaria,
Marimorena, morena
de mirada estrafalaria.
Tú haces más que las rotativas
y más que las linotipos
que cantan en los talleres.

¿Qué harían tantos obreros
si su labor no vendieras?
¿Qué harían con el tiraje
sin tu pregón solidario?
Administradores y empleados
y otros cómodos sentados?

Por dos vintenes un diario,
Marimorena,
camino de su sudario.

Del libro Pregón de Marimorena

A LA RIBERA AMERICANA

Cuántos años vieron mojar mis pies
las aguas salitrosas
que bordan la ribera americana.

La carne de mi cuerpo
bañada en agua hermana,
bautismo de este río
que como mar se ensancha
para buscar en la ribera
de América, su senda ancha.

Cuántos barcos al pasar por el ancón
y por la playa
abrieron, desmesurados,
grandes ojos
y entre el cantar de marineros en su borda
a toda la ribera del itsmo saludaron.

Mi piel quemada, que besar quisieron,
ebria de soles matinales
se ha sumergido mar adentro
saturada de sales
y de encuentros.

Vamos por la ribera
de esta América indígena y mulata
en pos de la vereda
que todo lo mata.

El pecho fuerte y los brazos siempre abiertos;
macho y hembra;
multitud, barcos y puertos;
y una bandera de un solo color
hinchada al viento;
y las gentes en los barcos
a babor y estribor
con sus torsos desnudos
teñidos de sangre por escudo.

Que el pecho inflame
la paz redentora
y diga a todos: id ahora;
que nuestra sangre se derrame
sin demora.

Hijos del suelo americano
blancos y negros hermanados;
tomad mi cuerpo,
gustad el sabor de mi carne morena;
quebrad el espasmo de la gruta del miedo
que vuestra carne encierra!

Sed nuevos prometeos;
venir como Espartaco
que América en su nervio
desata sus canciones
que dicen los deseos
de un mundo amplio, nuevo,
sus nuevas rebeliones!

Quiero posar mi pie moreno
en la ribera de los lares
de América infinita
y verla que del suelo
se levanta
en sus talleres,
sus fábricas,
sus minas
y de un formidable pulmón
de voces femeninas,
que aprieta el fuelle
con manos masculinas,
oír la canción en los caminos y en los muelles,
plena de redención!

Del libro Pregón de Marimorena

 

ES VERDAD, SÍ SEÑOR

¿Que yo soñé en los caminos
como Antonio y Federico
y Nicolás del Caribe
y Palés de Puerto Rico?

Es verdad, sí señor;
si señor, es verdad.

Un camarada de ensueños
a nadie le quita nada;
vivir y ansiar no es beleño,
ni menos ser camarada.

Es verdad, sí señor;
sí señor, es verdad.

¿Que en Cuba bailan el son
y en España el fandanguillo?
¿Aquí el tango dormilón
y el guarapo en Puerto Rico?

Sí señor, es verdad;
es verdad, si señor.

Hoy los hombres trabajando
se asemejan a gladiadores
pues se lo pasan luchando
con patronos y mediadiores.

Sí señor, es verdad;
es verdad, sí señor.

Las leyes son aceptadas
y puestas así en vigencia;
mejor estarían archivadas,
si es la misma consecuencia.

Sí, señor, es verdad.
Es verdad, sí señor.

Que vaya y coma pescado
cuando la carne le falta;
sea el gula bien loado
mientras el hambre asalta.

Es verdad, sí señor;
sí señor, es verdad.

Qué capricho el de los hombres
que dominan las finanzas:
“pero, si aquí no hay pobres,
todos criamos buena panza”.

Lo dice sin un dolor
un político y “dotor”.

Hay quien vive para comer
y quien come para vivir;
quien ve para creer
y quien lucha para sufrir.

Es verdad, sí señor;
sí señor, es verdad.

¿Que yo soñé en los caminos
con Antonio y Federico
Y Nicolás del Caribe
y Palés de Puerto Rico?

Es verdad, sí señor;
sí señor, es verdad.

Del libro Pregón de Marimorena

 

LA HORA DE LA TIERRA EN QUE TU DUERMES

(A los escritores del Uruguay)

La hora ciega a los otros
que viven del otro lado.
Amigo, quítate la venda
quítate la venda
que a ti te ciega en este,
quítate la venda.

Es hora de dejar libres
pasiones y ocios mentales.
Amigo bulle mi sangre
mientras la tuya se estanca;
quítate la venda, quítate.

La hora sangró la tierra,
fortalece una simiente;
¿qué cosecharán tus manos,
tus dos manos bien inertes?

Ay, ven por el cuesta arriba
que fácil es cuesta abajo
ir llevado por el viento
del triunfador justiciero.

Buscar perlas en la luna
en su luz anacarada
baja tu vista a la tierra
que ella da luz escarlata.

Busca el lirio entre los vientos
que amortaja las montañas;
con tu cuerpo en sus entrañas
muerto un cuerpo mil y un muerto.

Es la hora del de abajo
y aquí no hay napoleones
ni dianas abanderadas
donde rugieron cañones
y socavaron la tierra
cientos de miles de bombas
desprendidas en los aviones.

¿Dónde están los sentimientos?
Allá en los ríos que sangre
se echó a correr por su cuencas.
Corre el vocablo en el viento.

Quítate la venda, quítate;
quítate la venda de tus ojos.

No dejes morir tu mente
que idealizó el pensamiento;
la hora trae su angustia
por mar y aire, ya es tiempo.

Quítate la venda, quítate.

Amigo todo es materia
y ella golpea a la puerta
de tu corazón herido
en esta hora tan cierta.

Del libro Pregón de Marimorena

 

EL PAN LEGENDARIO

¡Oh pan que comer no te dejas
y pareces un producto
que fabrícase en leyendas
y no en las panaderías.

A lo mejor hilera humana
de dientes le apeteces.
Qué hermoso tú pareces
oh pan entre esos dientes!

Eres mejor amado,
eres mejor comido,
eres bien masticado
y mejor digerido.

Porque tú nunca sobras
y te echan muy de menos
aunque no siempre, a veces,
en mesas aritméticas
de hogares proletarios.

Los niños bien saben
el sabor que tú tienes.
Y a sus progenitores
sudor y fatigas les cuestas;
muchas cuestas
que son un cuesta arriba.

Provienen de la espiga
que nace en tierra firme,
de una hermosa semilla
que plantó el hombre humilde.

Después vas al molino
donde pisan el grano
que queda convertido
en alba harina
que va hacia las bateas
de las panaderías.

Tú haces vibrar el canto
más dulce en las poleas
de los esclavos blancos.

Después entras al horno;
tu júbilo es de un día
que duras o no duras
en las estanterías.

Esperando te quedas
para ir a las mesas
hasta que unas monedas
te llevan con sorpresa.

Del libro Pregón de Marimorena

MADRIGAL

Tú miras mi carne morena
con ojos que son dos ascuas;
quisiera ser una fuente
donde escancies sed de ansias.

Quiero quemar la sangre
de mis venas en el trópico
de tu frenesí trashumante.

Del libro Pregón de Marimorena

 

PREZ PARA LOS NIÑOS SIN CANTO

La miasma sube el tono
en el viejo conventillo.

Entre vahos y ratas
los niños de mi raza
están jugando “a gatas”-

Los “blancos” del vecino
del andrajoso patio
se acercan a mis niños
y allí están hermanadas
dos “razas” sin cariño.

Forman un corro alegre
de vocecitas tiernas.
Sus caras a la vez
parecen un tablero
humano de ajedrez.

Se semejan a esos patios
de las viejas casonas
el piso blanco y negro
que así visten austeros
los más amplios mosaicos.

Allí están mis niños,
ellos son los más pobres.

En ese patio inmundo
todo destartalado
no hay hamacas, ni muñecos…

Si en sus cuartuchos viejos
escasea el pan seco!

Quiero la cabecita
besar del niño negro
y darle así mi tierno
calor. Que circule su sangre
en este amargo invierno.

Del libro Pregón de Marimorena

CRISTO NEGRO

Metralla contra metralla
“que amor con amor se paga”.
¿Un camello? Ojo por ojo;
¿a qué parábola del cielo?

Cristo negro manoseado
por la audacia y por la fuerza,
dejarás tu mansedumbre
de cordero y tu vergüenza.

Y fuerza contra la fuerza
ruede el látigo por tierra,
quita la hiel y tu miedo;
caiga piedra sobre piedra.

Sangre y llaga mucho enseñan.
Mejor amo en la Justicia
que las lágrimas del valle
del esclavo venerable.

Como al lirio le trajeron
a la tierra, a ti te dieron:
en el pecho, en las mejillas,
del señoreo mancillas.

Metralla contra metralla
“que amor con amor se paga”.

Del libro Pregón de Marimorena

PREGON NUMERO UNO

Toma mi verso
Marimorena

yo sé que lo has de beber
como una copa de alcohol,
a cambio de él
quiero tu angustia
Marimorena.

Quiero tu angustia,
quiero tu pena,
toda tu pena
y el tajo de tu boca
cuando ríes
como una loca
Marimorena,
toda ebria
más que de vino,
de miseria.

Tu voz,

que nunca arrulló
a tus hijos
ni a tus nietos
y es voz de paria
arrulla mimosamente
toda la prensa diaria.

Y no hay quien te haga callar
por dos vintenes un diario
no hay quien deje de comprar
para aliviar tu sudario.

Déjame ver tu cara

Marimorena,

que la atención acapara

causando lástima y pena.

Cuánto te deben

Marimorena,

esos que escriben
y que tú pagas

con tus vintenes,

con tus pregones,

por la mañana

y por la tarde

miles de veces;

en cambio tú

pagas con creces;

su periodismo,

su propaganda politiquera

todas sus lacras, su egoísmo,

sus fementidas torpes carreras.

Marimorena

todos los días vende los diarios;
tiene una pena
Marimorena
y es su sudario.

Del libro Pregón de Marimorena

HUÉSPED EN POLVO

Esto que lo rodea,
esto que en la distancia tiene su primitiva,
su inevitable fuerza;
esto que ya te sale de tu cuerpo,
esto que no te sale de tu cuerpo,
esto que sale a tiempo de planetas antiguos;
esto que viene sin horario, furioso y desatado,
esto que viene siempre
levantado de clima de animal y de ángel,
y a veces,
de lágrimas de viaje,
y a ratos,
de caprichos; de algo
que siendo lo accesorio se levanta y de súbito
te resume distancias,
como si de repente se escuchara en su gota
conversación de siglos.

Pero a veces,
tú lo dejas caer como piedra,
como una piedra simple,
esto que casi siempre no se cae como cosa
de física inocente …

Esto que tiene a veces palabras en latín,
olor de incienso alto,
esto que cabe a veces en un anillo serio.

Del libro Cien Cárceles de Amor

 

HUÉSPED DE YODO

Todavía este viento. No para los veleros.
Sí para los que ha tiempo te navegan los ojos.
Allá los barcos fijos a los pies del océano;
allá con sus costillas de ballena sin carne
como un bosque desnudo. Todo barco que muere
se envuelve con la misma esmeralda rabiosa.

Ya no podrás volver (usan tus pies ciudades).
Además, ya conoces los árboles del agua,
los que un día te hicieron presentir en el fondo
que existe alguna cosa que hace versos, la cosa
que no es hombre y le pone jardines a los peces.

Sabemos que tu oficio fué pescador de perlas.
Sabemos que tu brazo se alargó como un grito
que algo buscas en el agua. Sin embargo, tus ojos
caen con un retazo de campana temible.

Pero el mapa, ese mapa. ¿Tú ves bien ese mapa?
Aquí la tierra grande como un grito de pan.
Y este viento, ¿lo sientes? No es el viento marino,
huele más bien a manos, huele más bien a piernas.

Un continente es fácil. Es lo fijo tan fácil
que casi no se nubla… Tacto siempre, ¿qué más?
Tu sonrisa de piedra y un poco de tierra
y otro poco de mar. (Tu quietad hace leguas).

Sabemos que tu oficio fue pescador de perlas.
Sin embargo, tú nunca dices cosas bonitas.
¿Será porque en tu llaga Dios se te está pudriendo?

Del libro Cien Cárceles de Amor

 

NEGROS…

Alarde de dientes blancos
Elevándose en la roja pulpa de las sandías.
Hombres que cantan y cantan sus penas,
Con el alma asomada a la boca.
Entre los cañaverales
El ojo avizor del hombre blanco
Al final,
A la noche hosca …
La oscurece el bongó.

Del libro Cien Cárceles de Amor

 

HAY ALGO EN MIS VENAS

Vuelvo y me digo: la raíz es del hombre;
debe haber otra vez algo en mis venas,
reconociéndolo todo, penetrándolo todo,
como un largo puñal vestido de palabra.
Yo siento que me duele la piedra sin tocarme.
Aquí la fuga es mía, la disgregada cosa.
Hacedme herida, tiempo; golpeadme, tiempo, el sueño
que por mi herida sale, la estatua de mi silencio.
Algo tendré que busco los pétalos obreros.
¿Tendré altura de rosa? ¿No mediré ya el viento?
Alguien busca y encuentra por mis perdidas venas
la familia de luces que la epidermis calla.
Estos huesos que siempre los muevo, dirigen
si el armazón no fuera de una palabra, un (hambre)
si la mano en la sombra.

Del libro Cien Cárceles de Amor

NEGROS…

Alarde de dientes blancos
Elevándose en la roja pulpa de las sandías.
Hombres que cantan y cantan sus penas,
Con el alma asomada a la boca.
Entre los cañaverales
El ojo avizor del hombre blanco
Al final,
A la noche hosca …
La oscurece el bongó.

Del libro Cien Cárceles de Amor

 

¿RAZA?

Y aquí tienes la fecha: todo lo que tú viste
leve como la sombra. Todo lo que tú viste
dormido sobre piedras, sobre estatuas salvajes,
sobre las que tu frente prolongaba caminos,
pero caminos grandes; nada de los que a veces
peregrinan a sombra la palabra más pura;
nada de los caminos que ponen en las manos
metales que deslumbran y oscurecen al hombre.

Tú traes tu viajero, casi junto a las venas,
y tan cerca del lirio, y tan cerca del asno
no eres objeto siempre (la piedra lo sabe),
mas no importa que ignore, son así las ciudades.
Oye la tierra a veces sus cabellos de vidrio.
El agua de tus ojos también le llega limpia.
Aquí la carne sabe a tierra buena.
Aquí no engaña el verde que mastica el cordero,
ni aquel que sube a veces por los ojos del ario (*) ;
todo tiene la fuerza de mansedumbre tuya,
y todo tiene un poco de azul como aquel pozo.

Ya ves que el cielo a veces se derrite y te dice
que todo es para el ciego cosechero de trigo,
que todo es para el padre que hace gritos sin ropa,
que todo es para el diente que encanece el instinto,
que todo es para el mudo que se trae en las manos
un retazo de monte, y otro poco de cielo …

Todo aquello te pone más fácil y más claro,
y te sube a la voz, tan precisa, tan justa;
esto y lo que no saben los metales que compran,
hay un metal que habla con la voz que lo afila.

Tú que tienes las manos tan justamente limpias
que se te llenan siempre de ojos municipales;
tú que llevas los dedos tan simplemente abiertos
lo mismo que diez frutos que ante el filo maduran;
es que siempre en el aire primitivo del hombre
oigo gritos de piedras, rumores tan antiguos
que pueden ser de ahora, cuando el aire es de bala.

Sin embargo, no tienes una tierra con cielo,
no la tienen tus manos, y tiene tu grito.
El tamaño que tiene pequeñeces de carne
te echa al aire la sangre, y así quiere crecer,
y así quiere de aquello … Siendo la carne tierra
que no quiere ser baja cuando quiere ser hombre,
¡cuando quiere ser hombre!

Tú vienes de las nieblas igual que el Continente.

(*) Amo en africano.

Del libro Cien Cárceles de Amor

PREGÓN NUMERO TRES

Díscola.

Qué díscola es,
qué díscola es
una página de diario;
díscolas

qué díscolas son
qué díscolas son
también dieciséis.

El plomo se mecha
y el tac, tac, tac!
de la máquina que escribe
da la línea pronto y hecha;
después la rotativa imprime
con el velamen tendido
del papel abobinado,
extendido y obstinado;
y rugen los motores
sin penas ni dolores:

Yuhu hu hú,
yuhu hu hú,
yuhu hu hú,
yuhu hu hú,
yuhu hu hú,
yuhu hu hú!

Yuhum
Cuántos hombres

que cargan y descargan

sudados

y sucios de tinta
entre perniciosos vahos.

Arriba

las linotipos,
abajo

las rotativas;
por allá, por otro lado,
hacia el ascensor
un hombre cargado:
un peón,
un peón;
el carguero
es un obrero
de la expedición.

Corre que corre
por el tren
a la estación

un peón, otro peón y otro peón
de la expedición,
corre que corre
a la estación.

Es que así marchan los diarios a la campaña;
por unos vintenes
ay cuánta gente se daña.

A toda hora salen los trenes,
para campaña.

 

A las seis de la mañana
ruge en la calle un pregón;

¡ ah, pregón,
qué pregón!

Cuando la gente va al trabajo;

es una canción

que siempre oye el de abajo

camino de su jornada;

y es un atajo

para el hundimiento

de su sentimiento

para el hundimiento

de su pensamiento;

es un atajo

cuando la gente marcha al trabajo.

Las poleas
dicen su pregón;
la ralea

del proletariado
deja su jergón
para cantar su
cotidiano pregón.

Díscola.
Qué díscola es,

una página, de diario

que el canillita ofrece

con su pregón extraordinario.

Y Mari Marimorena
qué Mari con su pregón;
¡qué antena!

Y Mari Marimorena
qué Mari con su canción,
¡tan ajena!

Y Mari Marimorena
Que Mari predisposición;
¡franca y plena!

Y Mari Marimorena;
qué Mari mezcla de sol,
¡y luna llena!

Y Mari Marimorena;
qué Mari de triste voz
ay qué pena!

Y Mari Marimorena
qué Mari que no logró
aún su cena!

Del libro Pregón de Marimorena

 

ABUELITO MOM

Me cabe el cañaveral
en cuatro dedos de ron.
Poco paga el yanqui ya
por este millón de cañas
que el negro sembró y cortó.
Mas no me trago este trago,
porque es trago de sudor.

Aquí el borracho es marino,
pero si se pone a andar
se ve que es de tierra el mar.
La ola suelta de un trago
aquí siempre es de huracán.

Mas si aquello va al hocico
con el instinto del cacho,
es que el ron siempre al borracho
le quema primero el pico.

Y por el pico esta vez
no es mi tufo el que echaré;
le voy a tirar al rico
desde aquí toda mi sed.

Cantando tal vez no pueda
pasar algodón de seda …
Mas como quiero cantar
bien claro, me voy a echar
todo el Caribe en un trago.
Y este viaje yo no pago
si ya el viajero es el mar.
Y mataré con mi boca
lo que con balas no mato.

Si un hombre cuerdo es barato,
que se me baje a los pies
el trago que no me achata,
que calientes de bachatas
con mis pies quiero esta vez
un idioma hablar que diga
que el ron no está en mi barriga,
que bajo este sol mulato
el ron no está en mis zapatos,
pero que también sin fiesta
si está el yanqui, se me junta
el ron en aquella punta
con la que mi potro vuela,
porque ante el yanqui borracho
se me emborracha la espuela.

Es que poco o mucho ya
me saco lo mío hoy;
me lo saco, porque el mar,
aunque se pone a golpear
puertos que de aquí no son,
siempre con mañas de ron
¡qué criollo camina el mar!

Me saco este grito hoy,
me saco este hueso ya;
¡que como en olas van rumbas
nunca estará yanqui el mar!

Pero como el negro suelta
agua – triste como yo.
Mientras el yanqui en el bar
duerme su siesta de ron.
Este trago no me trago
por ser trago de sudor.

Del libro Cien Cárceles de Amor

 

LA CONGA (CANTO)

Tamborilero bate,
bate la lonja, lonjá.

Deja correr el río
que se desagua en tu frente.

Dale negra, dale ya
que es la conga del solar.

Tamborilero bate,
bate la lonja» lonjá.

Mira que hermosa figura
hace la niña al danzar;
su cabellera teñida
parece espuma en el mar.

De ese meneo
de su mareo
un marinero
en un temporal.

¡Jesús, María, barbaridad
Pollera

enagua,

agita en el aire
el remolino de su danzar.

Rubia la niña
pálida y grácil
como una vela
de catedral.

Como la llama
rutila en vano,

¡ Cristo!,
sus manos
quieren hundirse
por todo el aire
buscando el fuego
que a ella le quema
pies, sangre y venas
y su cabeza ya trastornada
gira y más gira
toda embotada
en las sincopadas
de su danzar.

¡Mira qué cara
negra Manuela!

Mira qué cara
pone la niña
junto a la conga
y a los congueros;
los tamboreros
en ella dibujan
las contracciones,
sus expresiones,
que hacen sumisa
a esa “pobre niña”
girar danzando
como una noria
en el vendaval.

Negra Manuela,
mira a tu amita;
va doblegada
en un tumulto
de saxofones.

Está embriagada
como con jora (1)
y adobada
está de canela,
jengibre

aroma de selva en flor.

Si hasta parece su cabellera

que al entrar era
rubia, sedeña

en croquiñol

estar teñida

en aros de humo

cuando conturba

todo su cuerpo;

sus prominencias sobresalientes

del pecho al vientre

que trecho a trecho

recorren libres:

estar al acecho
del duro diente
del apetito.

¡Negra Manuela,
mira la conga
cuando la niña
tu amita danza!

Toda deshecha
tira su carne
que a los costados
se balancea . . .

¡Mira la niña!

Quién no lo crea
oiga los parches
batir por ella
lejos del suelo
de la manigua.

Oiga los parches batir por ella.

¡Bah!, si supiera
en su forma ambigua
que ella de negra
quiere vestirse,
oler a grajo
y a noche ardiente;
toda sedienta
toda ferviente
junto a la conga
y a los congueros;
junto a la lonja
a los tamboreros;
toda inconsciente
toda resuelta.

¡Hasta la cara
se le da vuelta!
Con estridencia
da la trompeta
ritmo y cadencia.

Baila tu amita,
negra Manuela.

Se van las luces
ya de la noche.

Ay, y la llevan
negra Manuela
hasta su casa:
en parigüela!

(1)jugo de palmera

Del libro Pregón de Marimorena

 

ALELUYA (CANTO)

Coro redentor que clamas
desde Las Antillas
hasta el Plata
y el río como mar
exclama :

¡Aleluya!
Pueblo americano
yo soy tuya,
nací en ti
pues por ti voy y digo así:

¡ Aleluya !
Qué de gente
hay en la calle,
y no hay nadie
que silencio
guarde.
¡ Aleluya !

Son muchos

los que van a trabajar
y muchos son también
los que apenas comen
y quisieran cantar:

¡Aleluya!

Piernas

para caminar yo tengo
que no se detendrán
yo voy y vengo sin cesar.

¡Aleluya!

Yo negra,

tú blanca, mujer americana
la misma sopa
habremos de comer
durante días y semanas;
lo mismo tú, mujer
de Europa,

has de comer igual que yo
la misma sopa,
y tendrás la misma fe
y la misma ropa
y has de beber tu vino,
en igual copa.

¡Aleluya,!

Qué de gente
habrá en las calles
cuando salgan a batir
los parches de los pechos
por el aire.

¡ Aleluya!

Porque mi corazón
es miel y blanda cera
pecho ha de ser herido
hasta que muera

y mientras sueño, espera y desespero,
y en cárceles de amor
muriendo, muero.

Del libro Pregón de Marimorena

SEMBLANZA

¿De dónde provienes tú
pasionable y exaltada?

Tu sangre vio los ardores
de la Nigeria expectante.

Convada

y de ébano arrogante
el mapa de tu mirada.

Tus axilas aromadas
vegetación de la seiba.

Paso de culebra
tus caderas,
muchacha negra.

Del libro Pregón de Marimorena

MIS DOS TÍOS

Voy a hablar brevemente, pues el tratamiento ocular que me trae a Buenos Aires, me impone un re poso a mis ojos que me sustrae por ahora, casi completamente a mi amada tarea de escribir, por último, no quiero dejar de hablar de dos hombres de mi raza y de mi sangre, que en esta gran ciudad magnífica, tuvieron su corona de gloria y su cruz de martirio: Claudio Brindis de Sala, el gran violinista y Gabino Ezeiza, el extraordinario payador, el lírico puro, que hizo de su inspiración unida a la voz sonora de la guitarra, una conmovida devoción nacional. Ofrezco la emoción de estas evocaciones, a mis amigos bonaerenses. Es un pu ñado de margaritas orientales; de margaritas punzó, como en la dulce y adorable canción de Fernán Silva Valdés, nuestro bardo ilustre, ahora tan enfermo, des dichadamente. Tan enfermo que, con humildad y asombro uno le gritaría a la Divinidad: ¿Es posible que sufran los dioses? Y la voz de la historia, esa tremenda voz de tan verídicos acentos, me contesta ría, como siempre :

Sí: por eso murió en el dolor y la miseria aquel ser de excepción que en su época fué llamado “el Paganini negro”, por su arte y el “Apolo de ébano” por su escultural y viril belleza. Por eso terminó casi de igual modo sus días Gabino Ezeiza, el triunfal cantor que electrizaba a las masas gauchas y populares, con su verbo romántico de iluminada gestación. Yo siento en el pecho, cuando hablo de estos dos hombres ilustres que me legaron su sangre, un orgullo doliente, una ternura expectante, porque quisiera enfrentarme con sus sombras y preguntarles mi sino.

Claudio Brindis de Sala nació en Cuba, la isla maravillosa de Martí, el héroe y el santo, libertó le gándole su gran código de justicia y democracia, que ha adoptado todo el continente. No tuvo cuna de es clavo ni de pobre. Todo le sonrió en la vida. Los públicos europeos y americanos lo aclamaron en apoteosis inolvidables; fue amado, fue rico, fue célebre.

Cuando se rompió su estrella, en uno de sus cataclismos del destino que parecen repercutir en el ritmo eterno de las esferas, vagó mísero y olvidado por este mismo Buenos Aires, que un día tuviera para él todos los mimos del éxito, todo el esplendor de la fama, toda la magnificencia que se concede a los que conquistan la victoria. El Paganini negro, murió oscuramente y miserablemente. Pero su sombra posee la riqueza indestructible de la gloria.
Gabino Ezeiza amó su tierra argentina con una inmensa pasión de buen hijo. Cotidianamente era el objeto de sus improvisaciones y era la patria amada, como una novia que en la vidalita o la décima, fuese exaltada con supremo amor.

Los grandes hombres de mi sangre y de mi raza, señores. Esta raza de tan grandes valores morales, que cuando se quiere hablar d« fidelidad y nobleza, a ella se recurre y cuando se necesita recordar el coraje desbordante o sufrido, ella es también un exacto punto de referencia. Al evocar a estos dos negros ilustres y líricos, cómo me lleno de esperanza en el porvenir y cómo pienso en la conquista lenta y segura de la liberación de la raza. Algún día, Africa, su cuna, resplandecerá por ella. Bien sabemos como en Estados Unidos la colectividad es ya una fuerza positiva y creciente, con grandes cerebros científicos y crea dores. Sobre ese fragmento de humanidad que he cha como si renovase día a día la hazaña de los titanes, Marian Henderson, como un ruiseñor divino, da su canto, eleva su trino inmortal.
Negros de todo el mundo; negros de América, negros de Europa; ¡oh! fuerte y querido Rene Marán!, no olvidéis dos glorias que si me pertenecen a mi por herencia de sangre, os pertenecen también a todos por herencia de raza: Claudio Brindis de Sala el magnífico; Gabino Ezeiza, el célebre. Yo me inclino reverente ante sus sombras inmortales!…

Virginia Brindis de Salas

 

SOMBRAS

(A los marinos de la Unión, Soviética; de Estados Unidos, China y Francia Liberada e Inglaterra, que cayeron para siempre en todos los mares del mundo por la libertad.)

Rostros sin un a mueca
con manchas escarlatas
van y vienen en la noche
más densa del siglo veinte

Labios sin una queja
en alas de blanda muerte ;
bólidos surcando el cielo
zahiriendo al “Padre Eterno”.

Cuerpos convulsos, magros;
bocas sin un sonido,
ojos que miran siempre
hacia la noche aguda.

Pies y manos que molieron
los días en los talleres
se detienen, se detienen
crispados en duros sueño.

Yo sé que hubo un día
en el campo, en las ciudades,
remolinos de quimeras
en los hombres que se fueron.

Como yo se ilusionaron
y miráronse a los ojos
cara a cara con sus dones
como en aguas de un estanque.

El mar al piélago arrastra
sus pobres humanidades;
y en la tierra socavada
de a centenares se pudren.

Cuando veas una sombra

en mitad de tu camino

y te hable, no te asuste

que no es fantasma, es un hombre.

Del libro Pregón de Marimorena

 

LA CRIADA DE COLOR

A pesar de su risa estridente que alegra,
El rostro de la negra,
Fulge de sus pupilas un no se qué de origen:
Con ese primitivo mirar y su aborigen
Que en su piel de color su raza integra;
Y hace pensar en tribus y esclavos que se rigen
Por el servil recato de timidez sumida,
En angustia y zozobra de miserable vida
De quienes se lo exigen . ..
Con una resignada paciencia que obedece,
A todo ese mandato de rigor que estremece
Sentimientos muy hondos que vibran un latido,
Sobre el pecho cansado de sentirse oprimido .. .
Anhelos que fracasan entre tantos ultrajes
Como reminiscencias de aquellas selvas vírgenes:
Ocultas en frondosa fecundidad de bosques.

Por entre los paisajes
Sobre tierras salvajes
Verde aceituna y ocres …

La risa agudizada sobre sus dientes blancos,
Guarda en lo más profundo castigos de otra raza;
Como pasión ferviente de querer libertarse,
Del ímpetu despótico con que se le rebaja.

Cuando hasta se le ultraja,
Y tiene que humillarse
Con la cabeza baja!!!

Por eso es que en su risa como grito estridente.
Hay recuerdos remotos del Pasado al Presente.

Y ahí se “desencaja”
Fuera de todo ambiente:

Y evoca los vestigios de ahogadas rebeldías,
Que curvan reverencias como de servidumbres,
Agrietando su rostro que hasta padece y se aja.

Mientras se resquebraja
Con débil pesadumbre,

Es la amarga tortura de tener miedo al ¡amo!!!

Del libro Cien Cárceles de Amor

 

NEGRO: SIEMPRE TRISTE

Tristezas de negros
tu canto es dolor, silencio,
humildad.
No cruces los brazos;
los negros no deben cruzarlos
jamás.
Tus antepasados los cruzaron ya…
Por temor al amor, por esclavitud
negro triste olvida…
Los buques negreros, aquellas sentinas oscuras
del barco, horrores, el hambre,
azotes sufridos, olvídalo todo;
que lentamente viene, la ansiada libertad!

Yo negra soy
Porque tengo la piel negra
¡Esclava no!…
Yo nací de vientre libre.
Badagris Badagris, dictador
de la puñalada y el veneno.
Espíritu vuelto de los cañaverales
del Tafiá, Padre, del rencor
y de la ira,
negro: implora al
Legbá, Dembolá, Uedó, Avidá.
Yo negra soy,
porque tengo la piel negra.
¡Esclava no!…

 

INMÓVIL

Hay algo,
hay algo tuyo aquí…
pero no,
yo no quiero mirarlo,
la mirada lo rompe.

Aquí tengo lo más visible tuyo,
tus manos.
Pero tus manos, para decir las cosas,
más que para tocarlas.
Hay algo más,
tu frente,
tú misma,
sí, te alejas, huyes!…

Casi nunca estás contigo.

Del libro Cien Cárceles de Amor

 

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