115. Poesía más Poesía: Miguel de Unamuno

MIGUEL DE UNAMUNO

Biografía

Miguel de Unamuno y Jugo nació el 29 de septiembre de 1864 en Bilbao, ciudad que le vio nacer y en la que pasó su infancia y su adolescencia. Fue en Salamanca donde estableció su hogar, donde permaneció de forma casi ininterrumpida el resto de su vida, y donde murió la tarde del último día del año 1936, después de una intensa vida social, política, académica e de poeta.


El padre de Unamuno, Félix de Unamuno se casó con su sobrina Salomé de Jugo con la que tuvo seis hijos de los que Miguel fue el tercero y el primer varón. Su padre era comerciante y la situación económica de la familia Unamuno era desahogada hasta su muerte en 1870, cuando Miguel tenía seis años. La muerte de su padre “condenaría a la familia a una vida austera, de apuros económicos”. Su padre, antes de establecerse definitivamente en Bilbao, había emigrado a Méjico y había amasado una pequeña fortuna de la que disfrutaba su familia. Además, el padre a su regreso trajo consigo una pequeña biblioteca que fue el primer contacto del pequeño Miguel con los libros, entre los que había de Historia, Derecho, Filosofía, Ciencias Sociales y Ciencias Generales.
Con nueve años, estalló la Segunda Guerra Carlista cuando se dispone a tomar su primera comunión, y casi sin saberlo, cobra también conciencia del hecho de la guerra civil”. Unamuno lo consideró “como el primer hecho significativo en su vida: la explosión, el 21 de febrero de 1874, sobre uno de los tejados cercanos a su casa, de una bomba carlista”.
En el bachillerato Unamuno estudió latín, geografía, historia, retórica, álgebra, aritmética, psicología, lógica, ética, etc. En el tercer curso de bachillerato fue cuando Miguel comenzó sus lecturas filosóficas. Por obligación de su profesor debían leer a Balmes y a Donoso Cortés, pero estos autores no satisfacían las inquietudes de Unamuno y comenzó a leer a Kant, Descartes, Hegel, Fichte y Newton, entre otros. Las lecturas de estos autores, de los libros de la pequeña biblioteca que dejó su padre y su propia inquietud intelectual, fueron poniendo las bases del trabajo de Unamuno como literato y pensador.
El viejo Bilbao de las siete calles, del que dice Unamuno en su obra De mi país que fue “mi mundo, mi verdadero mundo, la placenta de mi espíritu embrionario, el que fraguó la roca sobre que mi visión del universo posa”, y que retrató magistralmente en su primera novela Paz en la guerra (1897).
Unamuno terminó el bachillerato y partió hacia Madrid en 1880 para comenzar sus estudios universitarios, la carrera de Filosofía y Letras. Madrid fue otra de las ciudades que dejaron huella en Don Miguel.
Completó su carrera en Madrid y este fue el único periodo de su vida en el que Unamuno permaneció durante largo tiempo en la capital. Unamuno nunca accedió a asentarse en Madrid a pesar de que, incluso su amigo José Ortega y Gasset, siempre quiso que Unamuno estuviera en Madrid y optara a una cátedra en la corte. En sus años universitarios Unamuno aprendió alemán leyendo a Hegel y a Goethe en el Ateneo de Madrid. En este año de 1880 publicó su primer artículo periodístico titulado “La unión hace la fuerza” que apareció en El noticiero bilbaíno. La experiencia de Unamuno en la capital también fue decisiva en su vida por otro importante motivo, pues fue allí donde Unamuno dejó de acudir a misa.

Advierte la importancia de la cultura anglosajona, centroeuropea y nórdica y sigue de cerca la literatura en lengua inglesa e italiana, cuando en España, las mejores cabezas son apenas tributarias y esclavas de la cultura francesa mal digerida. Y no es que desconozca esta cultura, simplemente la sitúa en su lugar entre otras igualmente importantes y trata con ella de poder a poder. Su dominio del griego y del latín clásicos. Como del árabe, hebreo y sánscrito, evidente en sus trabajos de lingüística, se une al perfecto manejo del francés, inglés, alemán, italiano, danés, portugués, gallego, catalán y aun del griego moderno y el milenario vascuence, que con su insuperable dominio del castellano más vivo le abren todas las puertas de la cultura universal.
Es uno de los hombres más culto de su época.

En 1883 hizo su examen de licenciatura, acabó la carrera y en 1884 se doctoró con una tesis titulada Crítica del problema sobre el origen y prehistoria de la raza vasca. Cuando leyó su tesis regresó a Bilbao el mismo año. La principal ocupación de Unamuno a su regreso a Bilbao fue la preparación de oposiciones. En esta época en su ciudad natal comenzó también la militancia socialista de Don Miguel. En 1889 Unamuno hizo su primer viaje al extranjero y visitó dos países, Italia y Francia. Decidida su entrega a la docencia, en el curso de estos años hizo hasta cinco oposiciones a cátedras de Enseñanza Media. Primero a una de Psicología, Lógica y Ética, y luego a otra de Metafísica, ésta de enseñanza superior. “Pero dada mi criterio de entonces en la materia y dada, sobre todo, la independencia del juicio que ya por aquella época era mi dote espiritual, fracasé y no pude sino fracasar, en ambas oposiciones. Quiero decir que me quedé sin ninguna de ambas cátedras. Y entonces decidí, aprovechando mis aficiones a lenguas, opositar a latín y griego. Y después de dos infructuosas oposiciones, a cátedras de latín logré al cabo ganar una cátedra de lengua griega”. obtuvo la plaza para la Cátedra de Griego de la Universidad de Salamanca de la que tomó posesión en junio de 1891. El 2 de octubre de ese mismo año regresó a Salamanca para comenzar las clases.
Antes de ganar las oposiciones, Unamuno había contraído matrimonio el 31 de enero del mismo año con Concha Lizarraga, con la que mantenía un noviazgo desde los doce años. Concha Lizarraga fue su primer amor y permaneció a su lado hasta que ella murió el 15 de mayo de 1934 en Salamanca. Doña Concha tuvo un papel muy importante en la vida de Don Miguel.
Entre sus apuros económicos, entre los desvelos y preocupaciones religiosas, mucho más importantes, en su trabajo de escritor, siempre la figura de aquella fiel compañera acude cada vez que el desánimo se apodera de Unamuno.


Miguel de Unamuno tuvo nueve hijos con Doña Concha: Fernando, Pablo, Raimundín, Salomé, Felisa, José, María, Rafael y Ramón. Unamuno encontró en su hogar la paz y la alegría que en ocasiones le faltaban a causa de sus preocupaciones religiosas, académicas, políticas y sociales. “Junto a sus hijos y a su mujer encuentra algo de sosiego. Fuera, en la lucha, la polémica encarnizada en la universidad y en otros ámbitos de la vida local y nacional”.
Su hijo Raimundo —que nació el 7 de enero de 1896— y su temprana muerte en 1902 influyeron de manera profunda en Don Miguel que vivió muy de cerca su enfermedad: sufría de una meningitis que le produjo una hidrocefalia que resultó fatal. Don Miguel sufrió cada momento de los seis años que vivió su hijo junto a él y no le abandonó nunca, incluso tenía su cuna instalada en su despacho mientras trabajaba.

Unamuno ya estaba instalado en Salamanca con su familia desde 1891 y ejercía su labor docente de forma continua e intachable debido a la propia actitud de Don Miguel como profesor, “era puntual en sus clases y buen cumplidor de los deberes académicos. Recuerdos elogiosos de su magisterio han suscrito varios de sus discípulos”. Al mismo tiempo estaba escribiendo su primera gran obra dentro de la prolífica producción de Don Miguel que abarca numerosos géneros como la novela, la poesía, el teatro o el ensayo. En 1897 se publicó Paz en la guerra, novela centrada en la Segunda Guerra Carlista y en el sitio de Bilbao en 1874.
En el mismo año de la publicación de Paz en la guerra se produjo una experiencia en la vida de Unamuno que le llevó a sufrir su gran crisis religiosa de 1897.
Unamuno había caído en un cierto agnosticismo en su etapa de universitario en Madrid y esta crisis la interpretó como una especie de conversión, un principio para recuperar la fe que había perdido hacía ya años.
Fruto de esta crisis religiosa, Unamuno escribió y leyó en 1899 en el Ateneo de Madrid un ensayo titulado “Nicodemo el fariseo” que fue el primero de una obra que empezó a escribir y que, en un principio, tituló Meditaciones evangélicas pero que nunca llegó a terminar. No obstante, “el contenido de todas ellas, años más tarde, está refundido en Del sentimiento trágico de la vida”. En este texto, “Nicodemo el fariseo”, aparecen ya esbozadas algunas de las ideas capitales de la filosofía de Unamuno, como la idea del poder creador de la fe: “Cuando la razón me dice que no hay finalidad trascendente, la fe me contesta que debe haberla, y como debe haberla la habrá. Porque no consiste tanto la fe, señores, en crear lo que no vimos, cuanto en crear lo que no vemos. Sólo la fe crea”. “Nicodemo el fariseo” es el ensayo que mejor refleja el cambio que se dio en la religiosidad de Don Miguel a partir de la crisis de 1897, “estado que, representa mejor que ningún otro escrito”, y que “subsiste hasta el momento en que Unamuno descubre que ‘Dios es ateo’, es decir, hasta cuando comprende que no puede volver a la fe de la infancia que añora.


Durante esos primeros años en Salamanca Don Miguel acudía a sus clases, atendía a sus obligaciones familiares y docentes, al mismo tiempo que seguía publicando escritos que agitaban, de algún modo, la vida local de Salamanca y la vida nacional. Pero Unamuno siempre se negó a ser un dirigente político.
En una superficial aproximación a la vida cotidiana de Unamuno pudiera parecer que esta vida tranquila que llevaba en Salamanca era fiel reflejo de la propia actitud de Don Miguel pero él, lejos de desentenderse de los problemas que afectaban a España, seguía muy de cerca la vida nacional y la vida de la ciudad de Salamanca y de su universidad. De hecho, el 30 de octubre de 1900 Unamuno fue nombrado rector de la Universidad de Salamanca —después de no pocas polémicas entre los miembros del claustro— con el apoyo del alumnado pero sin el respaldo de la mayoría de aquél, que se había inclinado hacia el lado del rector saliente, Don Mamés Esperabé Lozano, y que no veía con buenos ojos el nombramiento de Unamuno. Don Miguel aún le dio más razones para su antipatía al hacerse cargo de la reorganización de la universidad y crear una cátedra de Filología comparada de latín y castellano que el mismo rector desempeñó. Emilio Salcedo narra de este modo el nombramiento del nuevo rector en su exhaustiva biografía de Don Miguel:
El acto es breve (…) De sí les dice que espera poder hacer algo, que lo creía posible y que la única manera de saberlo era comprobándolo al frente de la universidad. Terminó pidiendo leal colaboración (…) Al salir del aula, los estudiantes aclaman a Unamuno, le aplauden y piden a gritos que vaya al Paraninfo. Y allá van. El rector ya es Unamuno; el rector dirige a los estudiantes unas breves palabras (…) Y termina, contemplando el rostro de algunos de sus compañeros de claustro, presintiendo la dura lucha que se le avecina: “Huid de albergar en vuestra alma la envidia y la soberbia”.
Unamuno ocupó la rectoría hasta 1914, año en el que fue destituido por primera vez como máxima autoridad de la Universidad de Salamanca. Durante estos catorce años como rector, Unamuno publicó algunas de sus obras capitales. El mismo año de su nombramiento, Don Miguel escribió Tres ensayos (1900) que plantea el problema de la personalidad íntima, ya sea personal o colectiva. Dos años más tarde apareció Amor y pedagogía (1902) — novela a la que Unamuno había titulado originariamente Todo un hombre— y Paisajes (1902).

La gran variedad de temas de Unamuno y su uso de diferentes géneros iban haciéndose patentes en la producción de Don Miguel, pues el cambio de tono de sus obras es sorprendente: cómo pasa del tono de “subjetividad crítica, desnudez y arbitrariedad de Amor y pedagogía”, a la descripción de los diferentes paisajes que lleva a cabo en Paisajes. Estos lugares y paisajes que visitó se quedaban grabados en la retina de Don Miguel, en la memoria del artista que era Unamuno, en la mirada del hombre que usaba las palabras para describir el mundo, pero que también sabía pintarlo con los trazos de su lapicero de dibujar que tantas veces había utilizado en sus años de juventud. “El paisaje como asunto literario es género en el que Unamuno ha dejado marca personalísima”. Unamuno es capaz de escribir una novela, Amor y pedagogía en la que trata de caracterizar la filosofía, y un año más tarde publicar De mi país (1903), recopilación de artículos periodísticos que Don Miguel publicó en el diario bilbaíno El Nervión “sobre motivos costumbristas, aderezados con reflexiones sociológicas y literarias”.
En 1905 Unamuno publicó una de sus obras filosóficamente más relevantes, Vida de Don Quijote y Sancho, en la que se pueden encontrar algunas de sus tesis filosóficas más importes mediante comentarios a pasajes de la novela de Cervantes, de “nuestra Biblia nacional”, como le gustaba llamarla a Unamuno. Este ensayo sobre la obra de Cervantes supuso un nuevo motivo para alimentar aun más, a través de la escritura, el afán de inmortalidad de Don Miguel. Este “hambre de inmortalidad”— expresión que el propio Unamuno usa para acentuar el carácter instintivo que cree que posee en el ser humano el deseo de inmortalidad— “explica la atracción de figuras novelescas como las de Don Quijote y Sancho, llamados a no morir, portadores de alguna manera del espíritu creador”.
La producción literaria de Unamuno en estos catorce primeros años de rectorado fue muy prolífica. Después de Vida de Don Quijote y Sancho, Unamuno cambió de género y publicó en 1907 una obra que tituló Poesías. Al año siguiente escribió la obra en la que mejor recogió sus recuerdos pasados y que llevó por título Recuerdos de niñez y mocedad. En 1909, Unamuno volvió a cambiar de género y publicó dos obras teatrales, La esfinge y La difunta.

De la profusión. De Soliloquios y conversaciones:

Ahora, estoy recogiendo más datos de esta tragicomedia, de esta farsa fúnebre. Pensé primero hacer de ello un sainete; pero considerándolo mejor he decidido meterlo de cualquier manera, como Cervantes metió en su Quijote aquellas novelas que en él figuran, en una novela que estoy escribiendo para desquitarme de los quebraderos de cabeza que me da el embarazo de mi mujer.
Pero ¿te has metido a escribir una novela?
¿Y qué quieres que hiciese?
¿Y cuál es su argumento, si se puede saber?
Mi novela no tiene argumento, o mejor dicho, será el que vaya saliendo. El argumento se hace él solo.
¿Y cómo es eso?
Pues mire, un día de éstos que no sabía bien qué hacer, pero sentía ansia de hacer algo, una comezón muy íntima, un escarabajeo de la fantasía, me dije: voy a escribir una novela, pero voy a escribirla como se vive, sin saber lo que vendrá. Me senté, cogí unas cuartillas y empecé lo primero que se me ocurrió, si saber, lo que seguiría, sin plan alguno. Mis personajes se irán haciendo según obren y hablen, sobre todo según hablen; su carácter se irá formando poco a poco. Y a las veces su carácter, será el de no tenerlo.
Sí, como el mío
No sé. Ello irá saliendo. Yo me dejo llevar.

Convéncete, pues, de que meditas más y mejor escribiendo estas cosas como la que ahora te estás dirigiendo aquí a ti mismo, que no encerrándote en tu cuarto a eso que se llama meditar y no es sino divagar. La necesidad de dar a tu pensamiento expresión trasmisible es lo que le ata a proceso vivo y eficaz. Con la pluma en la mano es como mejor se te ocurren las cosas, y es porque entonces no piensas para ti mismo, sino que piensas para los demás. Pensar para sí mismo no es, en rigor, pensar, es perderse en vagas ensoñaciones como el que se pasea por los bodes del sopor contemplando las espirales del humo del cigarro. Pensar es pensar para los demás; pensar es una función social

Unamuno ya era un escritor reconocido, capaz de abarcar numerosos temas en diversos géneros: había publicado ensayo, poesía, teatro y novela. Su producción de textos no cesó hasta el mismo año de su muerte. En 1910 vio la luz la colección de ensayos que Unamuno tituló Mi religión y otros ensayos breves que se caracteriza por la notable diversidad de temas que Unamuno trata: la religión, la verdad, la política, la cultura, la pornografía, la lujuria, la opinión pública, además de escribir sobre otros literatos y pensadores cuyas obras conoce como Ibsen o Kierkegaard, al que comenzó a leer en 1901 y que le sirvió de “compañero de su nueva trayectoria.
Unamuno continuaba con su infatigable labor escritora y en 1911 publicó tres obras: Rosario de sonetos líricos, Por tierras de Portugal y España y Soliloquios y conversaciones; y en 1912 otra colección de ensayos con un título que podría corresponder muy bien con el temperamento del propio Unamuno, Contra esto y aquello. Las cargas familiares y los compromisos que de ellas se derivaban obligaban a Unamuno a trabajar sin descanso: escribía numerosos artículos para diferentes diarios, pronunciaba conferencias en diversos lugares, además de escribir sus obras y cumplir puntualmente con su responsabilidad docente y su responsabilidad académica como máxima autoridad de la universidad.
El año 1913 fue un año notable dentro de la producción escrita de Don Miguel pues publicó nada menos que cuatro obras entre las que se encuentra la que se puede considerar la obra más genuinamente filosófica de Don Miguel: Del sentimiento trágico de la vida en los hombres y en los pueblos. Las otras tres obras que publicó Unamuno en 1913 corresponden, en primer lugar, a una colección de cuentos que recogió en un volumen y tituló El espejo de la muerte. Y, en segundo lugar, a dos obras teatrales que aparecieron con los títulos de La venda y La princesa doña Lambra que se publicaron juntas en un mismo volumen.
La obra Del sentimiento trágico de la vida está compuesta por nueve ensayos y un epílogo dedicado a Don Quijote en la tragicomedia europea contemporánea. En ella Unamuno recogió sus principales preocupaciones filosóficas agrupadas en torno al recurrente tema unamuniano de la inmortalidad humana. En esta obra es donde claramente se puede encontrar la síntesis de las inquietudes y cuestiones filosóficas de Unamuno en torno a la inmortalidad. En palabras de Julián Marías, “el tema de Unamuno (…) es, pues, el hombre en su integridad, que va de su nacimiento a su muerte, con su carne, su vida, su personalidad y, sobre todo, su afán de no morirse nunca”. En una carta a Pedro Jiménez Ilundain Unamuno dio noticia de esta obra que comenzó a publicar por entregas en 1911 y que más tarde reagrupó en su forma definitiva:
A la vez he enviado ya a La España moderna el primero de mis ensayos, bajo el título común de Del sentimiento trágico de la vida en los hombres y en los pueblos. Serán siete u ocho ensayos que luego constituirán un libro. En ellos he refundido mi Tratado del amor de Dios que, en la forma que lo planeé primero, me iba resultando irrealizable. Hay un ensayo dedicado a la lucha del Papado contra el sillonismo41, el modernismo, etc., justificándola en cierto modo. Y todo ello acaba estableciendo la filosofía de la incertidumbre y la desesperación. En el fondo algo pesimista.
En el verano de 1914, Unamuno llevó a su familia a pasar las vacaciones a Portugal, pero él debía regresar antes a Salamanca por los compromisos que le reclamaban allí. El 30 de agosto Don Miguel ya estaba en la ciudad castellana y se enteró de manera indirecta de su propia destitución:
En la Plaza Mayor cuelgan los periódicos locales unas carteleras en que dan avances de las noticias más salientes que van a publicar. Los titulares de la guerra europea llenan las planas de todos los diarios y la gente tiene avidez de noticias. Entre los telegramas de la guerra, la agencia de información lanza una bomba auténtica: Bergamín ha destituido al rector. Y Unamuno se entera bajo los soportales de la Plaza Mayor de Salamanca, en la cartelera de un periódico.
El año de la publicación de su famosa obra Niebla (1914), es también el año en el que comenzó una de las etapas más duras de Unamuno, la de los últimos veintidós años de su vida, que estuvo marcada por su primera destitución como rector y por la infatigable campaña política que emprendió Unamuno a partir de entonces. Este activismo político le llevó a sufrir un destierro que le alejó de su país y de su familia, además de una condena de dieciséis años de presidio en 1920 por injurias contra Alfonso XIII escritas en un artículo. El motivo que precipitó su destitución como rector fue el problema que tuvo Unamuno con las autoridades políticas por la convalidación del título de bachiller a un colombiano por el que el ministro Bergamín le reclamó. Unamuno contestó a Bergamín —que no profesaba una gran admiración por Unamuno— justificando la decisión que había tomado con arreglo a la ley vigente, pero parece que el tema no quedó zanjado en este cruce de notas entre el rector de Salamanca y el ministro Bergamín. De este modo, Unamuno perdió la rectoría por motivos que él mismo en un escrito público afirmó que aún desconocía en el momento de su destitución. Según sus propias explicaciones, él había actuado correctamente e hizo pública su disconformidad con la decisión que había tomado el gobierno y que consideraba absolutamente injusta.
Probablemente motivos políticos llevaron a Bergamín a tomar esta decisión, y el talante polémico y díscolo de Don Miguel no ayudara mucho a mantener la armonía entre las autoridades del gobierno y la propia autoridad de Unamuno en la universidad. Ferrater Mora interpreta el motivo de la destitución de Unamuno con estas palabras que bien pudieran caracterizar el propio talante político de Unamuno:
Esta destitución tuvo lugar en 1914 (…) y el motivo de ella fue precisamente la denuncia de la incompatibilidad entre la dedicación pedagógica y la política. Denuncia curiosa en un país donde más que en una gran mayoría de otros las fallas de la política son tan graves que es obra de caridad repararlas por todos los medios que se pueda entre ellos, por la pedagogía. Sobre todo cuando por “pedagogía” se entiende el trabajo a favor de la regeneración material y moral del país, el esfuerzo denodado para que el país se avive, labore, crea, sea.
A partir de su destitución Unamuno se involucró de forma más activa en cuestiones políticas. En mayo de 1927 Don Miguel participó como orador en el gran mitin de la izquierda celebrado en la plaza de toros de Madrid. Y en septiembre de ese mismo año fue elegido concejal en el Ayuntamiento de Salamanca. En 1920 Unamuno dio el salto a la política nacional y presentó su candidatura a las elecciones de diputados, además de presentarse en 1922 como candidato republicano a las Cortes. Pero antes de esta candidatura Unamuno estaba haciendo frente a sus problemas con la justicia causados todos por el mismo motivo: proferir injurias contra el rey Alfonso XIII. En una carta a Pedro Jiménez Ilundain lo explica el propio Unamuno:
Estoy sometido desde hace año y medio a tres procesos. Los tres en Valencia y los tres por supuestas injurias por escrito a S. M.; y estoy en libertad provisional, con obligación de presentarme en el Juzgado los días 1 y 15 de cada mes, con retención de la séptima parte del sueldo. Alcanzó el indulto; mas, para obtenerlo, he de someterme a juicio, y no quiero. No paso por esa farsa de que no retire el Fiscal la acusación, o más bien que retire en dos y acaso me condenen en el tercero y me indulten .
Los problemas con el gobierno y la justicia se agravaron más aún a partir del golpe de estado de Primo de Rivera —que se produjo el 13 de septiembre de 1923— que acabó por exasperar el talante luchador de Unamuno y que terminó con su condena a destierro.

El filósofo Miguel De Unamuno junto con sus alumnos en Salamanca.

Entretanto, Don Miguel seguía escribiendo y publicando. Desde 1917 hasta 1924 Unamuno publicó una docena de obras relevantes. Dentro de los ensayos y artículos editó tres obras: Ensayos (1916-1918), Sensaciones de Bilbao (1922) y Andanzas y visiones españolas (1922). Además no dejó de cultivar su faceta de novelista y escribió tres de sus novelas más populares: Abel Sánchez (1917), Tres novelas ejemplares y un prólogo (1920) y La tía Tula (1921). Tres obras poéticas corresponden también a esta etapa, entre las que se incluyen una de las obras en verso más importantes que escribió Unamuno: El Cristo de Velázquez (1920), además publicó Rimas de dentro (1923) y Teresa (1923). Por último, Unamuno escribió tres obras teatrales que tituló con diferentes nombres de mujer: Fedra (1921), Soledad (1921) y Raquel (1921).
Esta es la mejor prueba del espíritu infatigable de Don Miguel que no abandonó su profesión y su vocación como escritor a pesar de todos los problemas políticos en los que estaba involucrado. Unamuno seguía trabajando sin descanso por su familia y por su empeño en arreglar los problemas políticos y sociales de su país que le afectaban tanto como los problemas filosóficos y religiosos que le atormentaban. Unamuno llegó a obsesionarse con el estado de España, llegó a preocuparse de manera tal que no veía solución a los problemas que afectaban al país. En una carta a Ilundain, Unamuno expresa su falta de esperanza por encontrar alguna solución próxima:
Lo de aquí cada vez peor. Vivimos bajo un compacto y enorme nubarrón negro, preñado de pedrisco, que nos cubre todo el cielo, nos quita el sol, nos amaga con apedrearnos cualquier día. Yo me consumo en una expectativa incesante. El sentimiento de incertidumbre e inseguridad es general y continuo. Nadie sabe lo que va a pasar aquí. Y lo más terrible sería que no pasase nada.
Unamuno también participó de manera activa en la vida académica de la Universidad de Salamanca, pues a pesar de su destitución como rector de 1914, el 19 de noviembre de 1921 es nombrado decano de la Facultad de Letras y vicerrector y, a su vez, ejercía como rector en funciones. Dos años después Unamuno presentó su dimisión para ambos cargos pero fue confirmado en los puestos por la mayoría del claustro. Don Miguel seguía siendo una autoridad académica y moral en la propia universidad. Pero este activismo político de Unamuno y su perpetua crítica a las autoridades políticas —que ya se habían personalizado en la figura de Primo de Rivera después del golpe de estado— precipitaron los acontecimientos y el 20 de febrero de 1924 fue el día en el que la vida del entonces vicerrector dio un giro completo. Ese día el gobernador de Salamanca recibió del gobierno la orden de cesar a Unamuno de sus puestos en la universidad y la pena que le condenaba al destierro.
Esta noticia no pasó inadvertida de ningún modo y las protestas contra el destierro de Unamuno se extendieron por todo el país y por el extranjero, por todo el continente europeo y por Hispanoamérica. A pesar de ello, Unamuno tuvo que abandonar la península y el 10 de marzo de 1924 llegó a Fuerteventura, lugar elegido para el confinamiento de Don Miguel. Durante su estancia en la isla Unamuno recibía noticias de la península e incluso le visitaron algunas personas. Entre ellas se encontraba Henri Dumay que propuso a Don Miguel un plan de fuga desde la isla a París, al que Unamuno accedió después de no pocas dudas por abandonar definitivamente su país. El talante luchador de Unamuno contra la política nacional no cesó ni siquiera en su destierro. Unamuno continuó su lucha:
Desde Fuerteventura siguió hablando y escribiendo contra el dictador y contra el monarca, y cuando el director de Le Quotidien, donde Don Miguel colaboraba, le preparó la huida de la isla, partió de ésta hacia Francia para proseguir allá, sin momento de tregua, y en destierro voluntario, su oposición indomado.
Unamuno llegó a París el 28 de julio de 1924 pero su estancia en aquella ciudad era ya un destierro voluntario, porque antes de abandonar Fuerteventura había llegado a la isla el indulto del gobierno. Unamuno decidió exiliarse en Francia por propia voluntad, pues a pesar de ese indulto seguía manteniendo su postura contraria al régimen español. Este destierro, además de mantenerle lejos de su familia y de la ciudad de Salamanca que consideraba su hogar —ambas cosas entristecían profundamente a Don Miguel—, le costó su cátedra en Salamanca de la que fue despojado por no acudir a sus clases, después de treinta y cinco años en posesión de ella. Unamuno siguió escribiendo en París contra los políticos españoles pero no dejó de lado su tarea como novelista y fue en la capital francesa donde escribió Cómo se hace una novela (1925).
Unamuno ya no se sentía bien en París, dudaba si volver a España, entonces decidió abandonar París pero no regresó a su patria sino que tomó un tren y se quedó en Hendaya desde donde podía contemplar el País Vasco. En 1928 comenzó a colaborar con Eduardo Ortega y Gasset —hermano de José Ortega y Gasset— en la publicación de Hojas Libres, pequeña revista contra el régimen de Primo de Rivera que se difundía en España clandestinamente. Unamuno ya no pudo soportar más la lejanía de su familia y de su país y el 9 de marzo de 1930 atravesó a pie hasta España por el pueblo fronterizo guipuzcoano de Irún.
Unamuno tardó varios días en regresar a Salamanca, antes de eso fue de Irún a San Sebastián y de allí a Bilbao. En su camino a Salamanca se detuvo en Valladolid. Cuando por fin llegó a Salamanca su recibimiento fue apoteósico. Por fin volvía el rector. Unamuno tenía muchos enemigos pero mucha gente veía también en Don Miguel al rector, al hombre luchador, a aquel hombre que había sufrido pena de destierro y procesos judiciales por defender el país contra aquellos que él consideraba que llevaban el destino de España hacia un camino que no era el correcto.
Durante su estancia en tierras extrañas tampoco Unamuno dejó de producir. Durante su destierro escribió Sombras de sueño (1930) que es la adaptación de su obra de teatro Tulio Montalbán y Julio Macedo —que se publicó en 1927—, El hermano Juan o el mundo de teatro que se publicó en 1934. Las obras más importantes fruto de su experiencia en el destierro son Cómo se hace una novela (1925), los versos de De Fuerteventura a París (1925) —ambas publicadas en París—, y Romancero del destierro (1928). En 1925 en París, Unamuno también publicó La agonía del cristianismo.
La situación política en España cambió. El rey salió hacia el exilio y se proclamó la Segunda República. El propio Unamuno fue el encargado de anunciarla en Salamanca. En este año de 1931 no sólo el sistema político español cambió, también la situación de Unamuno volvió a normalizarse, volvió a parecerse a aquel estado de reconocimiento y de popularidad que dejó atrás el mismo día de su destierro. En 1931 Unamuno publicó otra novela que alcanzó gran reconocimiento, San Manuel Bueno, Mártir; y tres historias más.
Además Don Miguel fue nombrado “alcalde-presidente honorario” del primer ayuntamiento de la Segunda República en Salamanca. Y de nuevo Unamuno volvió a ocupar la rectoría que le habían arrebatado hacía diecisiete años. El 18 de abril de 1931, Unamuno fue nombrado de nuevo rector de la Universidad de Salamanca. Al mes siguiente se publicó en el periódico norteamericano The New York Times un artículo redactado por el propio Unamuno sobre la nueva situación política española. El año 1931 fue el gran regreso de Don Miguel como personaje público y reconocido no solo por la mayoría de la ciudad de Salamanca, sino también por todo el país y por muchos países del extranjero en los que las obras de Don Miguel ya habían empezado a ser traducidas, países como Francia e Italia, y en el continente americano, en el que Unamuno hacía ya años que colaboraba en algunos diarios como el argentino La Nación.
De hecho, en el año 1934, Unamuno fue nombrado Doctor Honoris Causa por la universidad francesa de Grenoble, y de nuevo en 1936, la Universidad de Oxford hizo lo propio y Don Miguel viajó hasta Inglaterra para acudir a su investidura. El propio gobierno volvía a reconocer el peso público de Don Miguel y el 27 de abril de 1931 le nombró presidente del Consejo de Instrucción Pública —cargo del que dimitió un año después, el 1 de mayo de 1932—, y en 1935, el Consejo de Ministros le nombró ciudadano de honor. Unamuno ya había entrado de nuevo en la vida política del país con todas sus esperanzas puestas en la nueva república de la que en los dos últimos años de su vida acabaría desilusionándose. Don Miguel seguía presente en la vida pública.

Jean Cassou —el traductor francés que Unamuno conoció en París— caracteriza el talante de Unamuno en el texto a modo de prólogo que escribió para la edición francesa de la primera publicación de Cómo se hace una novela, con las siguientes palabras:
Tal es la agonía de Don Miguel de Unamuno, hombre en lucha, en lucha consigo mismo, con su pueblo y contra su pueblo, hombre hostil, hombre de guerra civil, tribuno sin partidarios, hombre solitario, desterrado, salvaje, orador en el desierto, provocador, irreconciliable, enemigo de la nada y a quien la nada atrae y devora, desgarrado entre la vida y la muerte, muerto y resucitado a la vez, invencible y siempre vencido.
Participando de manera práctica también en la vida política Unamuno fue elegido diputado a Cortes por la ciudad de Salamanca. Acabó hastiado de los asuntos políticos y dejó de creer en la república que se estaba fraguando en el país y abandonó las Cortes.

Ferrater Mora resume con las siguientes palabras esta etapa agitada de Don Miguel en la vida política nacional:
Fue proclamado en 1935 ciudadano de honor de la República y recibió, entre grandes festejos, en 1934, la jubilación de su cátedra, nombrándosele simultáneamente rector perpetuo de Salamanca. Estas consagraciones marcaron el fin de una etapa turbulenta que todavía había perdurado en las Cortes Constituyentes donde sus discursos eran, al tiempo que orlados de doctrina, repletos de incisivos ataques.
En efecto, el 29 de septiembre de 1934 llegó el momento de dar la última clase de Don Miguel como profesor de la Universidad de Salamanca. Pero su jubilación no fue acogida como el retiro de cualquier profesor. El aula donde Don Miguel impartió su última lección se llenó, todos querían acudir a la última clase de Don Miguel, todos apreciaban al viejo catedrático luchador que había sido centro y figura de los treinta y cuatro últimos años de la Universidad. Se celebraron grandes fiestas en honor y, como homenaje a Don Miguel, se creó una cátedra con su nombre con la que Don Miguel poseía plena libertad para regentarla a su parecer.
Pero Unamuno volvió a levantarse y a rebelarse contra lo que no le parecía bien y denunció al gobierno de la República. Este levantamiento contra la autoridad produjo una nueva destitución, esta vez, el gobierno destituyó a Unamuno como rector perpetuo y anuló la creación de la cátedra que llevaba su nombre. En abril de 1936 Don Miguel ya estaba enfermo y distanciado de sus amistades por haber apoyado a los militares —que posteriormente se alzaron el 18 de julio de 1936—, aunque posteriormente fue repudiado en Salamanca por republicano. “El claustro unánimemente, decide retirar su confianza a Don Miguel de Unamuno y pedir al general Franco su destitución como rector perpetuo de Salamanca” que le destituyó el 22 de octubre mediante decreto.


En el mismo año de su muerte ocurrió un hecho que fue el máximo ejemplo del perpetuo talante crítico de Don Miguel con las autoridades políticas. Enfrentado ya con los militares, con el nuevo gobierno militar del general Franco, Unamuno fue protagonista de un enfrentamiento con el general Millán Astray. Se celebraba en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca un acto literario en conmemoración de la festividad de la raza. El acto era presidido por Miguel de Unamuno. A este acto acudió también la esposa del general Franco, Carmen Polo de Franco que tomó asiento a la derecha del rector, Don Miguel. El guión del acto se componía de diferentes discursos en torno al tema de la raza. Después de terminar todos los oradores, tomó la palabra Don Miguel para cerrar el acto, a pesar de que había anunciado que no lo haría. Unamuno sostenía en sus manos una cuartilla doblada con notas que había ido tomando a lo largo de las intervenciones de los anteriores oradores. Unamuno comenzó su intervención haciendo una dura crítica a la guerra civil con estas famosas palabras:
La nuestra es una guerra incivil. Nací arrullado por una guerra civil y sé lo que digo. Vencer no es convencer y hay que convencer, sobre todo, y no puede convencer el odio que no deja lugar para la compasión; el odio a la inteligencia.
Don Miguel continuó su discurso defendiendo a vascos y catalanes, remitiéndose a sus orígenes vascos. El general Millán Astray airado, golpeó violentamente la mesa e interrumpió el discurso de Don Miguel pronunciando unas palabras a favor del levantamiento militar, defendiendo a los soldados y terminó gritando “¡Mueran los intelectuales!, ¡Viva la muerte!”. Don Miguel, fiel a sus principios y a sus palabras, replicó dirigiéndose directamente al general. El espectáculo ya estaba servido, el público se escandalizó por lo que estaba aconteciendo, y comenzaron a abuchear a Don Miguel. La esposa de Franco entonces tomó del brazo a Unamuno y ayudada por su guardia personal consiguió sacar a Don Miguel del Paraninfo y llevarle hasta su casa. Este incidente le costó a Don Miguel los reproches y el ser repudiado por algunos sectores de la ciudad de Salamanca que lo tacharon de “rojo”, y de posicionarse en contra de España.
Aislado, repudiado por el gobierno y hastiado de tanta polémica, Unamuno decidió recluirse en su propia casa, decidió encerrarse voluntariamente y alejarse de la vida pública como forma de protesta. Don Miguel ya no recibió el nuevo año, murió de repente el último día del año 1936, año en el que la guerra civil que estalló trajo nuevos e importantes cambios que dividieron de nuevo la España que tanto había preocupado a Don Miguel.

POEMAS

CREDO POÉTICO

Piensa el sentimiento, siente el pensamiento,
que tus cantos tengan nidos en la tierra
y que, cuando en vuelo a los cielos suban,
tras las nubes no se pierdan.

Peso necesitan, en las alas peso,
la columna de humo, se disipa entera,
algo que no es música es la poesía,
la pesada sólo queda.

Lo pensado es, no lo dudes, lo sentido.
¿Sentimiento puro? Quien en ello crea
de la fuente den sentir nunca ha llegado
a la vida y honda vena.

No te cuides en exceso del ropaje,
de escultor y no de sastre es tu tarea,
no te olvides de que nunca más hermosa
que desnuda está la idea.

No el que un alma encarna en carne, ten presente,
no el que forma da a la idea es el poeta,
sino que es el que alma encuentra tras la carne,
tras la forma encuentra idea.

De las fórmulas la broza es lo que hace
que nos vele la verdad, torpe, la ciencia;
la desnudas con tus manos y tus ojos
gozarán de su belleza.

Busca líneas de desnudo, que, aunque trates
de envolvernos en lo vago de la niebla,
aun la niebla tiene líneas y se esculpe
ten, pues, ojos, no los pierdas.

Que tus cantos sean cantos esculpidos,
ancla en tierra mientras tanto que se elevan;
el lenguaje es, ante todo, pensamiento
y es pensada su belleza.

Sujetemos en verdades del espíritu
las entrañas de las formas pasajeras,
que la idea reine en todo soberana;
esculpamos, pues, la niebla.

LEER, LEER, LEER, VIVIR LA VIDA

Leer, leer, leer, vivir la vida
que otros soñaron.
Leer, leer, leer, el alma olvida
las cosas que pasaron.
Se quedan las que quedan, las ficciones,
las flores de la pluma,
las solas, las humanas creaciones,
el poso de la espuma.
Leer, leer, leer; ¿seré lectura
mañana también yo?
¿Seré mi creador, mi criatura,
seré lo que pasó?

ME DESTIERRO A LA MEMORIA

Me destierro a la memoria,
voy a vivir del recuerdo.
Buscadme, si me os pierdo,
en el yermo de la historia,

que es enfermedad la vida
y muero viviendo enfermo.
Me voy, pues, me voy al yermo
donde la muerte me olvida.

Y os llevo conmigo, hermanos,
para poblar mi desierto.
Cuando me creáis más muerto
retemblaré en vuestras manos.

Aquí os dejo mi alma-libro,
hombre-mundo verdadero.
Cuando vibres todo entero,
soy yo, lector, que en ti vibro.


CANCIONERO 242

Preso estuvo Colón,
preso Cervantes,
y no por los gigantes,
y Fray Luis de León
¡ay la Inquisición!
preso Quevedo
«¿nunca se ha de decir lo que se siente?»
quiero y no puedo.

España una prisión,
su entraña se resiente
y engendra la desidia,
la desidia la envidia.

¡Ay terrible llaneza,
española grandeza,
que allana la cabeza que se encumbre,
la que no se haga a la común costumbre!;
¡ay triste pesadumbre
del corazón castizo
con un amor de tierra quitadizo!

«La sombra de Caín» (dijo Machado)
del labrador
que quería por fuerza ser amado
conquistador.

¡Ay santísima gana!
derretida en galbana, que es desgana,
pues por tristes pasiones
no,
es que nos sale… de los corazones.

Mas al cabo ha llegado el estrambote,
cofradía estrambótica,
la que lleva por mote:
¡La Unión Patriótica!

CANCIONERO 99

¡Qué tontos se han vuelto todos!
No hacen sino repetir
las más viejas tonterías;
¡tal es nuestro porvenir!

Prosa, prosa, prosa, prosa,
y en prosa lo he de decir
por no callarme; callarme
me es lo mismo que morir.

Prosa pura que en pureza
da poesía sutil
sin rodeos ni metáforas
yendo derecha a su fin.

Prosa que se rinda al canto;
el canto le hará sufrir
el yugo del ritmo noble,
sin el cual es prosa vil.
Multiplicación y suma,
cantándolas aprendí,
mas no se aprende cantando
ni a restar ni a dividir.

10 de abril de 1928

CANCIONERO 68

No la acción, no la acción, antes el acto
no la Pasión, sino lo padecido;
religión y política son hechos.
¿Doctrinas? Dios me libre. Sucumbimos

a los tiranos que por burla torpe
de verdugos en jueces convertidos,
hacen sistema de la tiranía
y la bautizan nombre de fajismo.

No el acto puro, pura nadería
de filósofos que hacen los esbirros
y que pintan con éter en el éter éter,
como Jean Paul, el pobre, dijo.

Nada de puro, la pureza es mengua;
sin sales de la tierra y sus residuos
es impotable el agua destilada
e irrespirable puro el cielo mismo.

Dejaré a esos serviles mentecatos,
que prediquen la acción, el tío vivo,
y aquí a quijotear, que Don Quijote
no fue un puro doctor en quijotismo.

27 de marzo de 1928

CANCIONERO 97

–¿Qué me dices de mi España,
palomita mensajera,
que has cruzado por sus campos
camino de la frontera?

–Que la vi a vista de pájaro,
pues no vuelo a ras de tierra;
todo estaba tan tranquilo
como en un día de fiesta.

–¿Qué me dices, palomita?
¿Qué me dices, mensajera?
¿Quieres decir tan tranquilo
como en una hora de siesta?

–Huyo de los cazadores
ansiosos de una merienda;
no quiero que de mi pecho
hagan carne de escopeta.

–¿Y por eso es que no has visto
si la fiesta es más que siesta?
No sabes, mi palomita,
ni de la misa la media.

–No saber es lo que vale,
que el que sabe se enajena;
tradición es de palomas
la santísima inocencia.

–¿Y por qué traes en el pico,
palomita mensajera, 
esa ramita de oliva?
¿La mercaste en una feria?

–Lo que merqué fue aceituna
que se me ha caído a tierra,
y ahora no más que un recuerdo
es el ramito que queda.

–¿Recuerdo o señuelo? dime:
te has hecho refitolera;
estaba yo equivocado
pues sabes más de la cuenta.

–Mi sencillez ha aprendido
de la serpiente prudencia
y ha enseñado a la serpiente
sencillez como defensa.

–Pues, vuélvete, palomita,
vuelve al palomar y espera
que por sencilla y prudente
acabes en la cazuela.

9 de abril de 1928

CANCIONERO 307

«¿Qué es la verdad?»–y volvióse.
«¿La verdad? Un espantajo;
quede a Vargas el escéptico,
que es escriba, averiguarlo».

«No encuentro en él culpa alguna”;
luego se lavó las manos,
«chinchorrerías rabínicas
¡pobre pueblo soberano!»

«Orden, orden, salus pópuli
suprema lex esto, palo!
«Al palo con él, y déjenme
de una vez en paz, ¡marranos!»

«La autoridad ante todo
mi profesión es el mando,
la justicia es pura letra,
mera invención de letrados».

«Escrito queda lo escrito»,
dijo a lo Blas, el dogmático.
Era romano de raza
todo un patriota Pilatos.

31 de julio de 1928

De la profusión. De Soliloquios y conversaciones:

Ahora, estoy recogiendo más datos de esta tragicomedia, de esta farsa fúnebre. Pensé primero hacer de ello un sainete; pero considerándolo mejor he decidido meterlo de cualquier manera, como Cervantes metió en su Quijote aquellas novelas que en él figuran, en una novela que estoy escribiendo para desquitarme de los quebraderos de cabeza que me da el embarazo de mi mujer.
Pero ¿te has metido a escribir una novela?
¿Y qué quieres que hiciese?
¿Y cuál es su argumento, si se puede saber?
Mi novela no tiene argumento, o mejor dicho, será el que vaya saliendo. El argumento se hace él solo.
¿Y cómo es eso?
Pues mire, un día de éstos que no sabía bien qué hacer, pero sentía ansia de hacer algo, una comezón muy íntima, un escarabajeo de la fantasía, me dije: voy a escribir una novela, pero voy a escribirla como se vive, sin saber lo que vendrá. Me senté, cogí unas cuartillas y empecé lo primero que se me ocurrió, si saber, lo que seguiría, sin plan alguno. Mis personajes se irán haciendo según obren y hablen, sobre todo según hablen; su carácter se irá formando poco a poco. Y a las veces su carácter, será el de no tenerlo.
Sí, como el mío
No sé. Ello irá saliendo. Yo me dejo llevar.

Convéncete, pues, de que meditas más y mejor escribiendo estas cosas como la que ahora te estás dirigiendo aquí a ti mismo, que no encerrándote en tu cuarto a eso que se llama meditar y no es sino divagar. La necesidad de dar a tu pensamiento expresión trasmisible es lo que le ata a proceso vivo y eficaz. Con la pluma en la mano es como mejor se te ocurren las cosas, y es porque entonces no piensas para ti mismo, sino que piensas para los demás. Pensar para sí mismo no es, en rigor, pensar, es perderse en vagas ensoñaciones como el que se pasea por los bodes del sopor contemplando las espirales del humo del cigarro. Pensar es pensar para los demás; pensar es una función social


A MI BUITRE

Este buitre voraz de ceño torvo
que me devora las entrañas fiero
y es mi único constante compañero
labra mis penas con su pico corvo.

El día en que le toque el postrer sorbo
apurar de mi negra sangre, quiero
que me dejéis con él solo y señero
un momento, sin nadie como estorbo.

Pues quiero, triunfo haciendo mi agonía
mientras él mi último despojo traga,
sorprender en sus ojos la sombría

mirada al ver la suerte que le amaga
sin esta presa en que satisfacía
el hambre atroz que nunca se le apaga.

CASTILLA

Tú me levantas, tierra de Castilla,
en la rugosa palma de tu mano,
al cielo que te enciende y te refresca,
al cielo, tu amo,

Tierra nervuda, enjuta, despejada,
madre de corazones y de brazos,
toma el presente en ti viejos colores
del noble antaño.

Con la pradera cóncava del cielo
lindan en torno tus desnudos campos,
tiene en ti cuna el sol y en ti sepulcro
y en ti santuario.

Es todo cima tu extensión redonda
y en ti me siento al cielo levantado,
aire de cumbre es el que se respira
aquí, en tus páramos.

¡Ara gigante, tierra castellana,
a ese tu aire soltaré mis cantos,
si te son dignos bajarán al mundo
desde lo alto!

DOLOR COMÚN

Cállate, corazón, son tus pesares
de los que no deben decirse, deja
se pudran en tu seno; si te aqueja
un dolor de ti solo no acíbares

a los demás la paz de sus hogares
con importuno grito. Esa tu queja,
siendo egoísta como es, refleja
tu vanidad no más. Nunca separes

tu dolor del común dolor humano,
busca el íntimo aquel en que radica
la hermandad que te liga con tu hermano,

el que agranda la mente y no la achica;
solitario y carnal es siempre vano;
sólo el dolor común nos santifica.

EN HORAS DE INSOMNIO – Virginia

Me voy de aquí, no quiero más oírme;
de mi voz toda voz suéname a eco,
ya falta así de confesor, si peco
se me escapa el poder arrepentirme.

No hallo fuera de mí en que me afirme
nada de humano y me resulto hueco;
si esta cárcel por otra al fin no trueco
en mi vacío acabaré de hundirme.

Oh triste soledad, la del engaño
de creerse en humana compañía
moviéndose entre espejos, ermitaño.

He ido muriendo hasta llegar al día
en que espejo de espejos, soy me extraño
a mí mismo y descubro no vivía.

JUNTO A LA LAGUNA DEL CRISTO EN LA ALDEHUELA DE

Noche blanca en que el agua cristalina
duerme queda en su lecho de laguna
sobre la cual redonda llena luna
que ejército de estrellas encamina

vela, y se espeja una redonda encina
en el espejo sin rizada alguna;
noche blanca en que el agua hace de cuna
de la más alta y más honda doctrina.

Es un rasgón del cielo que abrazado
tiene en sus brazos la Naturaleza;
es un rasgón del cielo que ha posado

y en el silencio de la noche reza
la oración del amante resignado
sólo al amor, que es su única riqueza.

LA ORACIÓN DEL ATEO

Oye mi ruego Tú, Dios que no existes,
y en tu nada recoge estas mis quejas,
Tú que a los pobres hombres nunca dejas
sin consuelo de engaño. No resistes

a nuestro ruego y nuestro anhelo vistes.
Cuando Tú de mi mente más te alejas,
más recuerdo las plácidas consejas
con que mi ama endulzóme noches tristes.

¡Qué grande eres, mi Dios! Eres tan grande
que no eres sino Idea; es muy angosta
la realidad por mucho que se expande

para abarcarte. Sufro yo a tu costa,
Dios no existente, pues si Tú existieras
existiría yo también de veras.

NUESTRO SECRETO

No me preguntes más, es mi secreto,
secreto para mí terrible y santo;
ante él me velo con un negro manto
de luto de piedad; no rompo el seto

que cierra su recinto, me someto
de mi vida al misterio, el desencanto
huyendo del saber y a Dios levanto
con mis ojos mi pecho siempre inquieto.

Hay del alma en el fondo oscura sima
y en ella hay un fatídico recodo
que es nefando franquear; allá en la cima

brilla el sol que hace polvo al sucio lodo;
alza los ojos y tu pecho anima;
conócete, mortal, mas no del todo.

PASÁSTEIS COMO PASAN POR EL ROBLE

Pasásteis como pasan por el roble
las hojas que arrebata en primavera
pedrisco intempestivo;
pasásteis, hijos de mi raza noble,
vestida el alma de infantil eusquera,
pasásteis al archivo
de mármol funeral de una iglesia
que en el regazo recogido y verde
el Pirineo vasco
al tibio sol del monte se acurruca.

Abajo, el Bidasoa va y se pierde
en la mar; un peñasco
recoge de sus olas el gemido,
que pasan, tal las hojas rumorosas,
tal vosotros, oscuros
hijos sumisos del hogar henchido
de silenciosa tradición. Las fosas
que a vuestros huesos, puros,
blancos, les dan de última cuna lecho,
fosas que abrió el cañón en sorda guerra,
no escucharán el canto
de la materna lluvia que el helecho
deja caer en vuestra patria tierra
como celeste llanto…

No escucharán la esquila de la vaca
que en la ladera, al pie del caserío,
dobla su cuello al suelo,
ni a lo lejos la voz de la resaca
de la mar que amamanta a vuestro río
y es canto de consuelo.

Fuísteis como corderos, en los ojos
guardando la sonrisa dolorida
lágrimas del ocaso,
de vuestras madres el alma de hinojos,
¡y en la agonía de la paz la vida
rendísteis al acaso..!.

¿Por qué? ¿Por qué? Jamás esta pregunta
terrible torturó vuestra inocencia;
nacísteis… nadie sabe
por qué ni para qué… ara la yunta,
y el campo que ara es toda su conciencia,
y canta y vuela el ave…

¡Orhoit Gutaz! Pedís nuestro recuerdo
y una lección nos dais de mansedumbre;
calle el porqué…, vivamos
como habéis muerto, sin porqué, es lo cuerdo…
los ríos a la mar…, es la costumbre
y con ella pasamos…

EL CUERPO CANTA

El cuerpo canta;
la sangre aúlla;
la tierra charla;
la mar murmura;
el cielo calla
y el hombre escucha.

Sobre la palabra:
“La he estado mintiendo y he estado mintiendo. ¡Siempre es así! Todo es fantasía y no hay más que fantasía. El hombre en cuanto habla miente, y en cuanto se habla a sí mismo, es decir, en cuanto piensa sabiendo que piensa, se miente. No hay más verdad que la vida fisiológica. La palabra, este producto social, se ha hecho para mentir. Le he oído a nuestro filosofo que la verdad es, como la palabra, un producto social, lo que creen todos, y creyéndolo se entienden. Lo que es producto social es la mentira.”


LA SANGRE DE MI ESPÍRITU

La sangre de mi espíritu es mi lengua,
y mi patria es allí donde resuene
soberano su verbo, que no amengua
su voz por mucho que ambos mundos llene.

Ya Séneca la preludió aún no nacida
y en su austero latín ella se encierra;
Alfonso a Europa dio con ella vida.
Colón con ella redobló la Tierra.

Y esta mi lengua flota como el arca
de cien pueblos contrarios y distantes,
que las flores en ella hallaron brote,

de Juárez y Rizal, pues ella abarca
legión de razas, lengua en que a Cervantes
Dios le dio el Evangelio del Quijote.

AY, TRISTE ESPAÑA DE CAÍN

¡Ay, triste España de Caín, la roja
de sangre hermana y por la bilis gualda,
muerdes porque no comes, y en la espalda
llevas carga de siglos de congoja!

Medra machorra envidia en mente floja
—te enseñó a no pensar Padre Ripalda—
rezagada y vacía está tu falda
e insulto el bien ajeno se te antoja

Democracia frailuna con regüeldo
de refectorio y ojo al chafarote,
¡viva la Virgen!, no hace falta bieldo.

Gobierno de alpargata y de capote,
timba, charada, a fin de mes el sueldo,
y apedrear al loco Don Quijote.

Te recomendamos ver el programa de televisión.

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108. Poesía más Poesía: Luis de Góngora

LUIS DE GÓNGORA

Biografía

Luis de Góngora y Argote nació en Córdoba el 11 de Julio de 1561 y murió el 23 de mayo de 1627 a los sesensa y seis años. Considerado como el poeta más influyente del Siglo de Oro español, sigue marcando rumbos en la poesía contemporánea. Es el máximo exponente de la corriente literaria conocida como culteranismo o gongorismo. Su obra ha sido imitada en Europa y América a lo largo de los siglos. Es el primógenito de Don Francisco y Argote y doña Leonos de Góngora que tuvieron otros tres hijos más: Francisca, María y Juan. Nació en casa de su tío el racionero don Francisco de Góngora(el racionero es el encargado, el que dispone de parte de las rentas de la catedral). Su padre fue relegado en la herencia de un rico mayorazgo porque era hijo de un segundo matrimonio de padre. Se vio envuelto en un pleito cuando era niño contra su hermanastro por cuestiones de la herencia, pero lo perdió. Sólo consiguió una modesta concesión de alimentos. Licenciado en Salamanca, era un gran erudito y poseedor de una importante biblioteca. Gozaba de los favores del secretario de Carlos V, don Francisco de Eraso, que  lo distinguió con algunos nombramientos temporales como juez de residencia (con atribuciones de corregidor) en Madrid, Jaén y Andújar. Más tarde, este humilde jurisconsulto desempeñó para la Inquisición, en la ciudad de Córdoba, el cargo de juez de bienes confiscados, en parte porque se avivó el rumor de que la abuela de Góngora, doña Ana, era hija de un racionero de la catedral de Córdoba, fruto de encuentros extramatrimoniales, que a su vez era pariente de don Francisco de Eraso. La infancia de Luis de Góngora se fue desarrollando entre juegos, como los niños de su edad. Pero su talento hizo que, a la edad temprana de catorce años su tío Francisco de Góngora lo convirtiera en clérigo, sin tener en cuenta su vocación. A instancias de su tío fue enviado a estudiar a Salamanca. Se matriculó en la Facultad de Cánones en 1976 y continúa hasta 1579-1580 entre estudiantes de hijos de familias nobles y pudientes. En Salamanca fue donde Góngora fue desarrollando su vocación literaria. Conocía el latín y leía el italiano y el portugués e incluso llegó a escribir algún soneto en estas lenguas. La primera obra impresa de Góngora aparece en 1580 y es una canción.

Escribía ya en esta epóca composiciones, letrillas y romances llenos de humor e ingenio y músicos como Diego Gómez, Gabriel Díaz o Claudio de la Sablonara se interesaron en musicalizar estos poemas. Era ya un poeta muy culto, que incluso autores como Juan Rufo ,Cervantes Sor Juana Ines de la Cruz le admiraban. Juan Rufo en 1584 publicó frente a su poema la Austriada un soneto de Góngora.

En el Canto a Caliope en 1585 en La Galatea, Cervantes, elogia a Góngora: En don Luis de Góngora os ofrezco un vivo raro ingenio sin segundo; con sus obras me alegro y me enriquezco no sólo yo, mas todo el ancho mundo. En Viaje del Parnaso Cervantes escribió:

«Aquel que tiene de escribir la llave,
con gracia y agudeza en tanto extremo,
que su igual en el orbe no se sabe
es don Luis de Góngora, a quien temo
agraviar en mis cortas alabanzas,
aunque las suba al grado más supremo».

En 1585 hace un viaje a Córdoba, y escribe su primera obra maestra “Soneto a Córdoba”.
De su tío Francisco de Góngora hereda su ración en la Catedral y recibe las primeras órdenes mayores, ocupando diferentes cargos en el Cabildo ( Cuerpo o comunidad de eclesiásticos capitulares de una iglesia catedral o colegial). La condición clerical le servía a Luis de Góngora para cobrar sus rentas.
En 1587 ocupa la sede de Osio el obispo don Francisco Pacheco y somete a interrogaciones a los canónigos y racioneros, acusando entonces a Luis de Góngora de no asistir al coro, de vivir como un mozo y andar en cosas ligeras, en fiestas de toros, tratar con representantes de comedias, escribir copias profanas… En 1588 escribe la canción “De la Armada que fue a Inglaterra”. Góngora indica, con ironía, que no son suyas todas la letrillas que se le atribuyen y que prefiere ser condenado por liviano que por hereje.

De 1580 a 1587 Luis de Góngora escribe romances y sonetos cuyo tema principal es el amor y también utiliza la sátira, de carácter burlesco. En 1590 escribe la canción «En una fiesta que se hizo en Sevilla a San Hermenegildo», más patriótica que religiosa . En 1605 Pedro de Espinosa imprime una obra de antología poética: las Flores de poetas ilustres, incluye en su famosa antología 38 poemas de Luis de Góngora. Es el más representado. Contaba con un gran número de composiciones en esta época y su fama superaba a muchos de sus contemporáneos. A pesar de que no publicó en vida casi ninguna de sus obras poéticas, éstas corrieron de mano en mano y fueron muy leídas y comentadas.

Luis de Góngora de 1588 a 1602 comienza a escribir sus primera composiciones religiosas y sátiras a ríos y ciudades. También comienza a usar el soneto. De 1603 a 1606 sus composiciones toman un carácter cortesano, dedicadas a reyes y grandes señores y religioso. En los siguiente años, Luis de Góngora realiza viajes a comisiones del Cabildo en Palencia, Madrid, Salamanca, Cuenca, Valladolid, como parte de sus obligaciones de racionero que también alterna con la poesía. Se reunía en la Corte en un ambiente de escritores y un círculo clasista de elegidos. Se decepciona de las insidias de la Corte, cuyo sentido de la justicia difería de toda nobleza. La tristeza empaña sus días, también por los atropellos de los que no soportaban su superioridad poética ya reconocida en esa época. Inicia por estos años la enemistad con Francisco de Quevedo al cual acusó de imitar su poesía satírica bajo pseudónimo En la época fue tenido por maestro de la sátira, aunque no llegó a los extremos expresionistas de Quevedo ni a las negrísimas tintas de Juan de Tassis y Peralta. Se va de la la Corte de Madrid y se refugia en su heredad de Trassierra, en la Sierra de Córdoba, abandonándose a la escritura poética. Regresa con bastantes deudas, por lo que necesita de un mecenas. Recibe la protección del Marqués de Ayamonte, en 1607, al que dedica bellos sonetos. Pero el marqués muere ese mismo año. También tenía aspiraciones de acompañar al conde de Lemos en su destino como virrey de Nápoles pero se vio frustrado el empeño. En 1610 Luis de Góngora compone sobre la toma de Larache una canción, y a partir de ahí se inicia la segunda época de Góngora

En 1611, una vez que nombra coadjutor de su ración a su sobrino, obtiene mayor libertar para entregarse a sus proyectos literarios. Entre 1612 y 1613 trabaja en dos de sus poemas más extensos y ambiciosos: “Fábula de Polifemo y Galatea” y “Soledades”. Fábula de Polifemo y Galatea es la versión que Ovidio incluye en su Metamorfosis, donde la fábula comprende los versos 13750 a 13 897. Góngora introduce cambios esenciales que convierten en drama la ironía de Ovidio.

Soledades alcanzó una gran polémica por su oscuridad y afectación, y le creó una gran legión de seguidores, los denominados culteranos ( (Salvador Jacinto Polo de Medina, fray Hortensio Félix Paravicino, Francisco de Trillo y Figueroa, Gabriel Bocángel, el conde de Villamediana, sor Juana Inés de la Cruz, Pedro Soto de Rojas, Miguel Colodrero de Villalobos, Anastasio Pantaleón de Ribera…), y también enemigos, como el citado Francisco Quevedo, Lope de Vega, Lupercio Leonardo de Argensola y Bartolomé Leonardo de Argensola). Góngora dejó inconclusa la segunda soledad del poema. Era la primera vez que se utilizaba el género lírico para un poema tan extenso.

El Polifemo, las Soledades y el Panegírico al Duque de Lerma son los tres poemas centrales del gongorismo. Tuvo una gran influencia en la literatura española del siglo XVI y XVII, donde se concebía la lengua con libertad y flexibilidad en el empleo de recursos formales (hiperbaton, neologismos, ablativo absoluto…). Se capacitaba a la lengua de máxima capacidad expresiva, musicalidad y economía. Dámaso Alonso indicaría que es “la síntesis y condensación intensificada de los recursos líricos del renacimiento”. El gongorismo, que así se denomina a este estilo, es una manifestación del culteranismo, y su máximo exponente fue Góngora. El principal objetivo de esta corriente es impresionar a los sentidos a través de provocar sensaciones en diferentes estímulos.

En 1613 estos versos sería conocidos en Madrid, y leídos en cenáculos. Compone en 1613 también su pieza teatral Las firmezas de Isabela . También compuso La comedia Venatoria y el doctor Carlino.

En 1614 colabora Luis de Góngora con un romance a la beatificación de Santa Teresa de Córdoba. Comienza Góngora el Panegírico (discurso donde se alaba a alguien) al Duque de Lerma, don Francisco de Sandoval y Rojas, confiando en poder obtener los favores del aristócrata, primer ministro y valido del rey Felipe III.

En 1617, por indicación del duque de Lerma, se instala en la Corte, y Felipe III le concede una capellanía real, para la que necesitará ordenarse sacerdote. Sus pretensiones se vieron frustradas cuando tanto Lerma como Rodrigo Calderón (que era el valido del valido) perdieron el favor del Rey. Góngora incluso se niega a aceptar el final de sus pretensiones ni siquiera cuando pierde la Chantría de Cordoba que había reclamado . Con lo que sobrevivia en Córdoba, no podía hacerlo en Madrid, las rentas eran escasas para la Corte.

Sus tres poderosos amigos morirían poco tiempo después. En 1621 don Rodrigo Calderón, en el cadalso. En 1922 mueren asesinados el conde de Villamediana y el conde de Lemos por motivos políticos. Góngora buscará congraciarse con el nuevo en la Corte Conde Duque de Olivares , pero no goza de sus favores.
En esta éspoca, de 1617 a 1622 Luis de Góngora trabaja en obras de circunstancias y prosigue las de carácter religioso.

En 1625 fallece su administrador don Cristóbal Heredia, lo que le precipita a regresar a Córdoba. En una carta del 24 de marzo dictada, se confirma que el poeta está enfermo de esclerosis vascular. No puede ni escribir. En su testamento no incluye a sus familiares (se queja de su maltrato) y deja como heredera a su alma.

En esta última época, de 1623 a 1625, centró su producción literaria en escribir acerca de temas morales sobre el desengaño.

Fue pintado por Velázquez y entre sus características personales que comentaban algunos autores, se decía que era una personas sociable, jovial, habladora y amanta de los lujos, los juegos de cartas y la tauromaquia.

Murió en Córdoba el 23 de Mayo de 1627. Dejó señalado en su testamento ser enterrado junto a sus padre en la capilla de San Bartolomé, donde la Real Academia de Córdoba celebra anualmente una misa y un acto poético en su honor.

Indicar que Góngora en vida no publica ninguna de sus obras. Pasaron por numerosas manos en copias manuscritas que se coleccionaron y recopilaron en cancioneros, romanceros y antologías, publicadas con o sin su permiso. Góngora simbolizó para la generación del 27 el poeta por antonomasia, donde Gerardo Diego consiguió reunir a grandes autores de dicha generación (Federico García Lorca, Rafael Alberti, Vicente Aleixandre, Dámaso Alonso, Luis Cernuda, Jorge Guillén, Pedro Salinas…) en el tricentenario de Góngora en 1927, que supuso una explosión de entusiasmo. Se publicaron varias antologías de publicaciones dedicadas a Góngora y comenzaron a hacérsele homenajes. Dámaso Alonso fue un gran estudioso de su obra.

Como curiosidades, Luis de Góngora, ante las críticas de su obra por el estilo sobreadronado, decía: “Honra me ha causado hacerme oscuro a los ignorantes, que esa es la distinción de los hombres cultos”.

FUENTES:

Wikipedia

Cervantes virtual

Universitat Pompeu Fabra Barcelona

Personajes históricos

Quién fue Luis de Góngora | Vida, Obras y Curiosidades

POEMAS

SUENE LA TROMPA BÉLICA (CANCIÓN) 1580

             DE LAS LUSÍADAS DE LUIS DE CAMOES QUE TRADUJO LUIS DE TAPIA, NATURAL DE SEVILLA
 
Suene la trompa bélica
del castellano cálamo,
dándoles lustre y ser a las Lusíadas,
y con su rima angélica
5 en el celeste tálamo,
encumbre su valor sobre las Híadas,
Napeas y Hamadríadas:
con amoroso cántico
y espíritu poético
10 celebren nuestro bético
del Mauritano mar al mar Atlántico,
pues vuela su Calíope
desde el blanco francés al negro etíope.
 
Aquí la fuerza indómita
15  del Pacheco diestrísimo
descubre de su Rey el pecho y ánimo;
la India deja atónita
con su valor rarísimo,
y al Samorín soberbio, pusilánimo.
20 Muéstrase aquí magnánimo
Alburquerque y solícito,
capitán integérrimo,
que al amador misérrimo
crudamente castiga el hecho ilícito,
25 y a Goa y su poténcïa
dos veces la sujeta a su obediéncïa.
 
Almeida, que a los árabes
con la venganza hórrida
sus muros y edificios va talándoles,
30 y a los rumes y alárabes
debajo de la Tórrida
con valerosa espada domeñándoles,
y mayor pena dándoles
con el hijo belígero
35 que en el seno cambáïco
contra el moro y hebráïco
muere mostrando su furor armígero,
sirviéndole de túmulo
de mamelucos el sangriento cúmulo.
 
40   Cuanta pechos heróïcos
te dan fama clarífica,
oh Lusitania, por la tierra cálida,
tanta versos históricos
te dan gloria mirífica,
45  celebrando tu nombre y fuerza válida:
dígalo la Castálida,
que al soberano Tápïa
hizo que (más que en árboles,
en bronces, piedras, mármoles)
50  en su verso eternice su prosápïa,
dándole el odorífero
lauro, por premio del gran Dios Lucífero.

A JUAN RUFO, DE SU AUSTRIADA

Cantastes, Rufo, tan heroicamente
De aquel César novel la augusta historia,
Que está dudosa entre los dos la gloria
Y a cuál se deba dar ninguno siente.
 
Y así la Fama, que hoy de gente en gente
Quiere que de los dos la igual memoria
Del tiempo y del olvido haya victoria,
Ciñe de lauro a cada cual la frente.
 
Debéis con gran razón ser igualados,
Pues fuistes cada cual único en su arte:
Él solo en armas, vos en letras solo,
 
Y al fin ambos igualmente ayudados:
Él de la espada del sangriento Marte,
Vos de la lira del sagrado Apolo.

SONETO A CÓRDOBA

 
            ¡Oh excelso muro, oh torres coronadas
            de honor, de majestad, de gallardía!
            ¡Oh gran río, gran rey de Andalucía,
            de arenas nobles, ya que no doradas!
 
5          ¡Oh fértil llano, oh sierras levantadas,
            que privilegia el cielo y dora el día!
            ¡Oh siempre glorïosa patria mía,
            tanto por plumas cuanto por espadas!:
 
            si entre aquellas rüinas y despojos
10        que enriquece Genil y Dauro baña
            tu memoria no fue alimento mío,
 
            nunca merezcan mis ausentes ojos
            ver tu muro, tus torres y tu río,
            tu llano y sierra, ioh patria, oh flor de España!

A UN SUEÑO

Varia imaginación que, en mil intentos,
A pesar gastas de tu triste dueño
La dulce munición del blando sueño,
Alimentando vanos pensamientos,
Pues traes los espíritus atentos
Sólo a representarme el grave ceño
Del rostro dulcemente zahareño
(Gloriosa suspensión de mis tormentos),
El sueño (autor de representaciones),
En su teatro, sobre el viento armado,
Sombras suele vestir de bulto bello.
Síguele; mostraráte el rostro amado,
Y engañarán un rato tus pasiones
Dos bienes, que serán dormir y vello.

RAYA DORADO SOL, ORNA Y COLORA

Raya, dorado Sol, orna y colora
            del alto monte la lozana cumbre,
            sigue con agradable mansedumbre
            el rojo paso de la blanca Aurora;
 
5          suelta las riendas a Favonio y Flora,
            y usando al esparcir tu nueva lumbre
            tu generoso oficio y real costumbre,
            el mar argenta, las campañas dora,
 
            para que de esta vega el campo raso
10        borde, saliendo Flérida, de flores;
            mas si no hubiere de salir acaso,
 
            ni el monte rayes, ornes ni colores,
            ni sigas de la Aurora el rojo paso,
            ni el mar argentes ni los campos dores.

A FRANCISCO DE QUEVEDO

Anacreonte español, no hay quien os tope,
Que no diga con mucha cortesía,
Que ya que vuestros pies son de elegía,
Que vuestras suavidades son de arrope.

¿No imitaréis al terenciano Lope,
Que al de Belerofonte cada día
Sobre zuecos de cómica poesía
Se calza espuelas, y le da un galope?

Con cuidado especial vuestros antojos
Dicen que quieren traducir al griego,
No habiéndolo mirado vuestros ojos.

Prestádselos un rato a mi ojo ciego,
Porque a luz saque ciertos versos flojos,
Y entenderéis cualquier gregüesco luego.

SONETO AL MARQUES DE AYAMONTE

Alta esperanza, gloria del estado,
No sólo de Ayamonte mas de España,
Si quien me da su lira no me engaña,
A más os tiene el cielo destinado.

De vuestra Fama oirá el clarín dorado,
Émulo ya del Sol, cuanto el mar baña;
Que trompas hasta aquí han sido de caña
Las que memorias han solicitado.

Alma al tiempo dará, vida a la historia
Vuestro nombre inmortal ¡oh digno esposo
De beldad soberana y peregrina!

Corónense estos muros ya de gloria,
Que serán cuna y nido generoso
De sucesión real, si no divina.

DE LA TOMA DE LARACHE (1610)

Larache, aquel africano
fuerte, ya que no galán,
al glorioso San Germán,
rayo militar cristiano,
se encomendó, y no fue en vano,
pues cristianó luego al moro,
y por más pompa y decoro,
siendo su compadre él mismo,
diez velas llevó al baptismo
con muchos escudos de oro.
A la española el marqués
lo vistió, y dejar le manda
cien piezas que, aunque de Holanda,
cada una un bronce es.
Dellas les hizo después
a sus lienzos guarnición,
y viendo que era razón
que un lienzo espirase olores,
oliendo lo dejó a flores,
si mosquetes flores son.

FRAGMENTO DE FÁBULA DE POLIFEMO Y GALATEA

XIII

Ninfa, de Doris hija, la más bella          
adora, que vio el reino de la espuma.           
Galatea es su nombre, y dulce en ella           
el terno Venus de sus Gracias suma.       
Son una y otra luminosa estrella            
lucientes ojos de su blanca pluma;          
si roca de cristal no es de Neptuno,            
pavón de Venus es, cisne de Juno.           

XIV

Purpúreas rosas sobre Galatea    105       
la Alba entre lilios cándidos deshoja:          
duda el Amor cuál más su color sea,         
o púrpura nevada, o nieve roja.         
De su frente la perla es, eritrea,          
émula vana. El ciego dios se enoja,       
y, condenado su esplendor, la deja          
pender en oro al nácar de su oreja.         

XV

Invidia de las ninfas y cuidado         
de cuantas honra el mar deidades era;           
pompa del marinero niño alado       
que sin fanal conduce su venera.            
Verde el cabello, el pecho no escamado,         
ronco sí, escucha a Glauco la ribera            
inducir a pisar la bella ingrata,           
en carro de cristal, campos de plata.         

XVI

Marino joven, las cerúleas sienes,          
del más tierno coral ciñe Palemo,           
rico de cuantos la agua engendra bienes,            
del Faro odioso al promontorio extremo;         
mas en la gracia igual, si en los desdenes      
perdonado algo más que Polifemo,            
de la que, aún no le oyó, y, calzada plumas,            
tantas flores pisó como él espumas.         

XVII

Huye la ninfa bella; y el marino            
amante nadador, ser bien quisiera,        
ya que no áspid a su pie divino,            
dorado pomo a su veloz carrera;         
mas, ¿cuál diente mortal, cuál metal fino           
la fuga suspender podrá ligera          
que el desdén solicita? ¡Oh cuánto yerra         
delfín que sigue en agua corza en tierra!   

FRAGMENTO DE SOLEDADES

Soledad primera

Era del año la estación florida     
en que el mentido robador de Europa     
(media luna las armas de su frente,     
y el Sol todos los rayos de su pelo),       
luciente honor del cielo,  
en campos de zafiro pace estrellas,     
cuando el que ministrar podía la copa       
a Júpiter mejor que el garzón de Ida,       
náufrago y desdeñado, sobre ausente,        
lagrimosas de amor dulces querellas    
da al mar, que condolido,       
fue a las ondas, fue al viento      
el mísero gemido,       
segundo de Arïón dulce instrumento.     
Del siempre en la montaña opuesto pino     
al enemigo Noto,        
piadoso miembro roto,       
breve tabla, delfín no fue pequeño      
al inconsiderado peregrino,     
que a una Libia de ondas su camino      
fió, y su vida a un leño.       
Del Océano pues antes sorbido,      
y luego vomitado        
no lejos de un escollo coronado     
de secos juncos, de calientes plumas,      
alga todo y espumas,        
halló hospitalidad donde halló nido     
de Júpiter el ave.      
Besa la arena, y de la rota nave        
aquella parte poca   30    
que le expuso en la playa dio a la roca;        
que aun se dejan las peñas      
lisonjear de agradecidas señas.     
Desnudo el joven, cuanto ya el vestido      
Océano ha bebido,    35    
restituir le hace a las arenas;     
y al Sol lo extiende luego,     
que, lamiéndolo apenas      
su dulce lengua de templado fuego,      
lento lo embiste, y con süave estilo       
la menor onda chupa al menor hilo.      


No bien pues de su luz los horizontes,      
que hacían desigual, confusamente,      
montes de agua y piélagos de montes,        
desdorados los siente,   45    
cuando, entregado el mísero extranjero      
en lo que ya del mar redimió fiero,     
entre espinas crepúsculos pisando,      
riscos que aun igualara mal volando     
veloz, intrépida ala,    50    
menos cansado que confuso, escala.      
Vencida al fin la cumbre,       
del mar siempre sonante,        
de la muda campaña      
árbitro igual e inexpugnable muro,      
con pie ya más seguro       
declina al vacilante        
breve esplendor del mal distinta lumbre,        
farol de una cabaña     
que sobre el ferro está en aquel incierto     
golfo de sombras anunciando el puerto.      
«Rayos, les dice, ya que no de Leda     
trémulos hijos, sed de mi fortuna       
término luminoso.» Y recelando      
de invidïosa bárbara arboleda       
interposición, cuando       
de vientos no conjuración alguna,       
cual haciendo el villano        
la fragosa montaña fácil llano,     
atento sigue aquella     70    
(aun a pesar de las tinieblas bella,        
aun a pesar de las estrellas clara)     
piedra, indigna tïara,      
si tradición apócrifa no miente,        
de animal tenebroso, cuya frente        
carro es brillante de nocturno día:     
tal, diligente, el paso     
el joven apresura,      
midiendo la espesura        
con igual pie que el raso,      
fijo, a despecho de la niebla fría,     
en el carbunclo, Norte de su aguja,     
o el Austro brame, o la arboleda cruja.     
El can ya vigilante     
convoca, despidiendo al caminante,      
y la que desviada       
luz poca pareció, tanta es vecina,      
que yace en ella robusta encina,        
mariposa en cenizas desatada.   

COMEDIA VENATORIA (FRAGMENTO)

(Salen CAMILA y CINTIA.)
CAMILA Yo me espanto
cómo con tal herida corrio tanto.
CINTIA Tan ligero el corzo es,
que no da menos enojos
el seguillo con los ojos
que alcanzallo con los pies;
y así por mi cuenta hallo
que, si consientes decillo,
hizo más que tú en herillo,
la saeta en alcanzallo.
Mas quede el brazo contento,
Camila, pues que de hoy más,
aunque imposible, podrás
decir que has herido al viento;
y quede la mano ufana,
pues lo hirió de manera
que más herido no fuera
de la mano de Diana.
Pues de tal suerte corría
que, mientras se desangraba,
rastro hacer no dejaba
de la sangre que vertía;
porque, como viste y vi,
siguiéndole su derrota,
aquí dejaba una gota
y otra una legua de allí.
CAMILA Bien corrió el ciervo; mas baste,
Cintia, para encarecer
lo que le vimos correr,
decir que no le alcanzaste
tú, que en correr y saltar
tienes ligereza tanta,
que sin mojarte la planta
puedes correr sobre el mar,
y, aunque agora te fatigas,
correr y echar mil traveses
sobre levantadas mieses
sin inclinar sus espigas.
Y así, pues que te cansó
muy mucho como el corcillo,
mucho hice yo en herillo,
mucho la flecha voló.
FLORISCIO Por bien graciosa manera
se alaban ellas agora,
la una de cazadora,
y la otra de ligera.
SILVIO Aguardemos hasta ver
si tienen, en tal lugar,
Camila más que tirar
y Cintia más que correr.
CAMILA Pero, Cintia, si se nota,
bien salimos, por mi vida,
tú con la aljaba perdida
y yo con la cuerda rota.
CINTIA La aljaba se me ha perdido.
CAMILA Así lo puedes creer,
si no se quedó al correr
tras el corcillo herido.
CINTIA No sé cómo la perdí,
ni aun entiendo de qué suerte
rompiste tú una tan fuerte
cuerda de un tirón.
CAMILA Yo sí;
con tal fuerza y tan de veras
el arco quise flechar
por herillo, que juntar
hice las dos empulgueras:
él la flecha despidió,
y, queriendo abrirse cuanto
lo junté, como fue tanto,
la cuerda no lo sufrió.
CINTIA Tras de una fïera muy brava
yo no sé qué más se pierda
que, por herillo, una cuerda
y, por seguillo, una aljaba.
A buscallo quiero ir yo.
CAMILA Muy buena estaría la ida:
tú serías la perdida
en ir, y el aljaba no.
SILVIO Salgamos a consolalla,
que amor acá me remuerde.
FLORISCIO Aguarda.
CAMILA Aun lo que se pierde
en lo llano, no se halla;
cuanto más lo que perdiste
entre matas tan espesas.

CINTIA Muestras de alegre son esas.
CAMILA Y aun esas muestras de triste.
CINTIA No hay negallo, triste estoy.
CAMILA Pues, porque no lo estés más,
ten de ese hilo, y verás
cuán grande maestra soy
de torcer cuerdas. Ea, ten.
CINTIA No me detengas.
CAMILA Ea, acaba.
CINTIA Bien hallaré yo mi aljaba
desta suerte.
CAMILA Tuerce bien.
(Salen SILVIO y FLORISCIO.)
SILVIO ¡Mi Cintia!
FLORISCIO ¡Camila bella!
CAMILA Ay, ¿qué nos ha salteado?
SILVIO Quien escondido ha escuchado
de cada cual la querella.
CINTIA ¿Y della, que
habéis sentido,
o al menos de mi cuidado?
SILVIO Siento de él, que me ha cobrado
la aljaba que has hoy perdido.
CINTIA ¿Cómo así?
SILVIO Cintia hermosa,
sirviéndote de esta mía
y de este arco, que algún día
trujo tu mano envidiosa.
CINTIA El don, Silvio, es tan galano,
que en tomarlo anda ya cuerda,
puesto que la aljaba pierda
tal hombro, el arco tal mano.
Mas no se dirá de mí
que a los dos fui tan cruel,
a ti en desarmarte de él,
a él en quitarlo de ti.
FLORISCIO Pues sea de aqueste modo:
que si te da Silvio el suyo,
tú le des el arco tuyo;
ganarás tú, y él, y todo.
CINTIA De esa suerte lo haré,
por tu gusto y mi reposo.
SILVIO ¡O yo mil veces dichoso,
que tal merced alcancé!
CAMILA No sé, Cintia, qué te diga;
gana tenías de trocar.

PANEGÍRICO AL DUQUE DE LERMA

 
            I
 
            Si arrebatado merecí algún día
            tu dictamen, Euterpe, soberano,
            bese el corvo marfil hoy desta mía
            sonante lira tu divina mano;
5          émula de las trompas su armonía,
            el séptimo trïón de nieves cano,
            la adusta Libia, sorda aun más, lo sienta,
            que los áspides fríos que alimenta.
 
            II
 
            Oya el canoro hueso de la fiera,
10        pompa de sus orillas, la corriente
            del Ganges, cuya bárbara ribera
            baño es supersticioso del oriente;
            de venenosa pluma, si ligera,
            armado lo oya el Marañon valiente,
15        y débale a mis números, el mundo,
            del fénix de los Sandos un segundo.
 
            III
 
            Segundo en tiempo, sí, mas primer Sando
            en togado valor; dígalo armada
            de paz su diestra, díganlo trepando,
20        las ramas de Minerva, por su espada,
            bien que desnudos sus aceros, cuando
            cerviz rebelde o religión postrada
            obligan a su rey que tuerza, grave,
            al templo del bifronte dios la llave.
 
            IV
 
25        Este, pues, digno sucesor del claro
            Gómez Diego, del Marte cuya gloria
            a las alas hurtó, del tiempo avaro,
            cuantas le prestó plumas a la historia;
            este, a quien guardará mármoles Paro,
30        que informe el arte, anime la memoria,
            su primer cuna al Duero se la debe,
            si cristal no fue tanto cuna breve.

AMARRADO AL DURO BANCO

Amarrado al duro banco
De una galera turquesca,
Ambas manos en el remo
Y ambos ojos en la tierra,
Un forzado de Dragut
En la playa de Marbella
Se quejaba al ronco son
Del remo y de la cadena:
«¡Oh sagrado mar de España,
Famosa playa serena,
Teatro donde se han hecho
Cien mil navales tragedias!,
»Pues eres tú el mismo mar
Que con tus crecientes besas
Las murallas de mi patria,
Coronadas y soberbias,
»Tráeme nuevas de mi esposa,
Y dime si han sido ciertas
Las lágrimas y suspiros
Que me dice por sus letras;
»Porque si es verdad que llora
Mi captiverio en tu arena,
Bien puedes al mar del Sur
Vencer en lucientes perlas.
»Dame ya, sagrado mar,
A mis demandas respuesta,
Que bien puedes, si es verdad
Que las aguas tienen lengua,
»Pero, pues no me respondes,
Sin duda alguna que es muerta,
Aunque no lo debe ser,
Pues que vivo yo en su ausencia.
»¡Pues he vivido diez años
Sin libertad y sin ella,
Siempre al remo condenado
A nadie matarán penas!»
En esto se descubrieron
De la Religión seis velas,
Y el cómitre mandó usar
Al forzado de su fuerza.

MIENTRAS POR COMPETIR CON TU CABELLO

Mientras por competir con tu cabello
Oro bruñido al sol relumbra en vano,
Mientras con menosprecio en medio el llano
Mira tu blanca frente al lilio bello;

Mientras a cada labio, por cogello,
Siguen más ojos que al clavel temprano,
Y mientras triunfa con desdén lozano
Del luciente cristal tu gentil cuello,

Goza cuello, cabello, labio y frente,
Antes que lo que fue en tu edad dorada
Oro, lilio, clavel, cristal luciente,

No sólo en plata o vïola troncada
Se vuelva, más tú y ello juntamente
En tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada.

ÁNDEME YO CALIENTE

 Ándeme yo caliente
Y ríase la gente.
Traten otros del gobierno
Del mundo y sus monarquías,
Mientras gobiernan mis días
Mantequillas y pan tierno,
Y las mañanas de invierno
Naranjada y aguardiente,
 Y ríase la gente.
 Coma en dorada vajilla
El príncipe mil cuidados,
Cómo píldoras dorados;
Que yo en mi pobre mesilla
Quiero más una morcilla
Que en el asador reviente,
 Y ríase la gente.
 Cuando cubra las montañas
De blanca nieve el enero,
Tenga yo lleno el brasero
De bellotas y castañas,
Y quien las dulces patrañas
Del Rey que rabió me cuente,
Y ríase la gente.
 Busque muy en hora buena
El mercader nuevos soles;
Yo conchas y caracoles
Entre la menuda arena,
Escuchando a Filomena
Sobre el chopo de la fuente,
Y ríase la gente.
 Pase a media noche el mar,
Y arda en amorosa llama
Leandro por ver a su Dama;
Que yo más quiero pasar
Del golfo de mi lagar 
La blanca o roja corriente,
Y ríase la gente.
 Pues Amor es tan cruel,
Que de Píramo y su amada
Hace tálamo una espada,
Do se junten ella y él,
Sea mi Tisbe un pastel,
Y la espada sea mi diente,
Y ríase la gente

A CIERTA DAMA QUE SE DEJABA VENCER

Mientras Corinto, en lágrimas deshecho,
La sangre de su pecho vierte en vano,
Vende Lice a un decrépito indïano
Por cient escudos la mitad del lecho.

¿Quién, pues, se maravilla deste hecho,
Sabiendo que halla ya paso más llano,
La bolsa abierta, el rico pelicano,
Que el pelícano pobre, abierto el pecho?

Interés, ojos de oro como gato,
Y gato de doblones, no Amor ciego,
Que leña y plumas gasta, cient arpones

Le flechó de la aljaba de un talego.
¿Qué Tremecén no desmantela un trato,
Arrimándole al trato cient cañones?

VUELA PENSAMIENTO Y DILES

Vuela, pensamiento, y diles
A los ojos que te envío
Que eres mío.

Celosa el alma te envía
Por diligente ministro,
Con poderes de registro
Y con malicias de espía;
Trata los aires de día,
Pisa de noche las salas
Con tan invisibles alas
Cuanto con pasos sutiles.

Vuela, pensamiento, y diles
A los ojos que te envío
Que eres mío.

Tu vuelo con diligencia
Y silencio se concluya,
Antes que venzan la suya
Las condiciones de ausencia;
Que no hay fiar resistencia
De una fe de vidrio tal,
Tras de un muro de cristal,
Y batido de esmeriles.

Vuela, pensamiento, y diles
A los ojos que te envío
Que eres mío.

Mira que su casa escombros
De unos soldados fiambres,
Que perdonando a sus hambres
Amenazan a los hombres;
De los tales no te asombres,
Porque, aunque tuercen los tales
Mostachazos criminales,
Ciñen espadas civiles.

Vuela, pensamiento, y diles
A los ojos que te envío
Que eres mío.

Por tu honra y por la mía,
De esta gente la descartes,
Que le serán estos Martes
Más aciagos que el día;
Pues la lanza de Argalía
Es ya cosa averiguada
Que pudo más por dorada
Que por fuerte la de Aquiles.

Vuela, pensamiento, y diles
A los ojos que te envío
Que eres mío.

Si a músicos entrar dejas,
Ciertos serán mis enojos,
Porque aseguran los ojos
Y saltean las orejas;
Cuando ellos ajenas quejas
Canten, ronda, pensamiento,
Y la voz, no el instrumento
Les quiten tus alguaciles.

Vuela, pensamiento, y diles
A los ojos que te envío
Que eres mío.

A UN PINTOR FLAMENCO, MIENTRAS PINTABA SU RETRATO (1620)

Hurtas mi vulto y, cuanto más le debe
a tu pincel, dos veces peregrino,
de espíritu vivaz el breve lino
en las colores que sediento bebe,
vanas cenizas temo al lino breve,
que émulo del barro lo imagino,
a quien, ya etéreo fuese, ya divino,
vida le fió muda esplendor leve.
Belga gentil, prosigue al hurto noble;
que a su materia perdonará el fuego,
y el tiempo ignorará su contextura.
Los siglos que en sus hojas cuenta un roble,
árbol los cuenta sordo, tronco ciego;
quien más ve, quien más oye, menos dura.

A LOS CELOS

¡Oh niebla del estado más sereno,
Furia infernal, serpiente mal nacida!
¡Oh ponzoñosa víbora escondida
De verde prado en oloroso seno!
¡Oh entre el néctar de Amor mortal veneno,
Que en vaso de cristal quitas la vida!
¡Oh espada sobre mí de un pelo asida,
De la amorosa espuela duro freno!
¡Oh celo, del favor verdugo eterno!,
Vuélvete al lugar triste donde estabas,
O al reino (si allá cabes) del espanto;
Mas no cabrás allá, que pues ha tanto
Que comes de ti mesmo y no te acabas,
Mayor debes de ser que el mismo infierno.

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86. Poesía más Poesía: Gerardo Diego

GERARDO DIEGO

BIOGRAFÍA

Gerardo Diego Cendoya nació en Santander, Cantabria, el 3 de Octubre de 1896 y murió el 8 de julio 1987. Hijo de Manuel Diego Barquín y de Ángela Cendoya, propietarios de un comercio de tejidos en Santander. Tenía Gerardo Diego tres hermanos de un matrimonio anterior del padre, del que quedó viudo y otros tres del actual, donde él era el más pequeño. Vio morir a dos de sus hermanos y una hermana de tuberculosis.

Gerardo Diego indica en su autobiografía que sus padres confiaban en él y se iba a jugar con los niños más humildes del muelle de Santander, donde aprendió muchas picardías. También iba a casa habitualmente de la familia Menéndez Pelayo (escritor español, filólogo, crítico literario e historiador), con quien el padre tenía una amistad.


Muy aficionado a la Geografía, no sólo a la Física del globo, sino a la Cosmografía, recibió clases con Antonio Torres Tirado, autor de un gran mapa celeste visto en muchos techos de aulas y de gabinetes de institutos. Aprende solfeo, piano, y pintura estimulado por el crítico Narciso Alonso Cortés. Comenzó su afición literaria a los trece años, cuando entró en su clase. Se empezó a interesar por la retórica del libro de texto de Nicolás Latorre, que fue una revelación para él.
Tras la muerte de Menéndez Pelayo, comenzaron a construir una biblioteca, a la que acudía para encontrarse con el bibliotecario Marcelino y con Enrique Menéndez, donde mantenían grandes conversaciones. Enrique Menéndez fue uno de los primeros en conocer versos suyos.
Uno de los hermanos mayores de Gerardo Diego, le indicó que estudiara en Bilbao con los jesuitas (él estaba en la orden). Fue en la época de 1913-1916. Fue alumno de la universidad de Deusto, licenciándose en Filosofía y Letras. Uno de sus profesores Jesuítas, el padre Cabo, el más artista, le daba a leer libros de Villaespesa, Rubén Darío, Valle Inclán. Leía también a Unamuno, a clásicos y autores del siglo XIX.
Allí conoció a Juan Larrea. Comenta en su autobiografía que tenía una vocación literaria muy avanzada, escribía en verso y prosa, con gran destreza e imaginación y una gran pasión por el teatro. Dice que le debía muchísimo porque le abrió muchos horizontes. Ejerció una gran influencia en él. Se fueron a Madrid en el último trimestre para asistir como oyentes a las clases y poderse examinar. Esto ocurrió en 1916 y consiguió licenciarse. Asistió a la temporada taurina, los bailes rusos de Diaguilev en el Real. Stravinski estrenó el pájaro de fuego y Pertrushka. Vio todas las obras y se gastó todos sus ahorros en asistir al Real. Aquello fue para Gerardo Diego una gran revelación estética, a la vez que las relaciones literarias. Leía libros de Ramón Gómez de la Serna, de Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado…
En 1915 comenzó a escribir sus primeros versos, pero sin ningún propósito de publicarlos.
En 1917 obtiene un premio literario de la Editorial Calleja.
Fue en 1918 en el que arranca su decisión de dedicarse a la poesía. Contagiado por el estímulo de Larrea, comenzó a escribir todos los días.

Frecuenta el Ateneo, la tertulia itinerante ultraista de Rafael Cansinos Assens y la de Ramón Gómez de la Serna en el café de Pombo Comenzó a leer libros de Huidobro, revistas, y se entusiasmó con el creacionismo. En 1919 dio una conferencia en Santander acerca de La poesía nueva, que no estuvo exenta de polémica por hablar del Ultraísmo, movimiento poético representado por autores como Huidobro.

Le escribió una carta de saludo a Huidobro, quien le respondió muy amablemente y en el año 1922 le invitó a ir a París para pasar una temporada con él. Estuvo en septiembre en su casa de París y Normandía, donde tenía a la familia veraneando. Comenta que ni Eugenio Montes, ni Vicente Huidobro comprendían cómo el mismo día que escribía un poema de intención creacionista o algo ultraísta, escribiera también un soneto,un romance sentimental o una poesía a la Virgen María, cosa que a él le parecía normal y lo siguió practicando.

Entabló relaciones personales con Antonio Machado y con Juan Ramón Jiménez. Con Unamuno había tenido una relación como alumno. Las oposiciones que ganó en 1919 fueron a una cátedra que Antonio Machado abandonó, en Baeza. Las del año siguiente eran a Soria y Gijón. El número dos lo obtuvo Gerardo Diego, por lo que le tocó Soria. Ante el consejo de Antonio Machado que no dejara Soria, lo hizo y optó por Gijón, donde obtuvo su cátedra. Era el año 1920. En Soria estuvo hasta 1922. Con Antonio Machado entabló contacto porque le envió su libro de poesía El Romancero de la Novia, publicado en ese mismo año, que elogió e hizo incluso un artículo en el periódico hablando de él. Fue a verlo y también a Juan Ramón Jiménez.
En una tertulia donde León Felipe leía su libro Versos y oraciones del caminante, descubrió que se conocían, pues él había sido el boticario del barrio, llamado Felipe Camino, pero que había modificado por León Felipe. Conoció también, entre otros, a Alfonso Reyes, Díez-Canedo y Pedro Salinas.
En 1922 publica su primer poemario vanguardista: Imagen: poemas, con cubierta de Francisco Gutiérrez Cossío.

Gerardo Diego y Juan Larrea

En 1923 publica Soria: galería de estampas y efusiones. En Gijón conoció a Moreno Villa,un archivero bibliotecario que entre otras muchas cosas era crítico y poeta, enmarcado también en la Generación del 27 y que posteriormente se iría con él a Madrid, a la Residencia. Un día recibió una carta de Ortega y Gasset diciéndole que iba a fundar la revista Occidente y quería que colaborase con él. Primero salió una nota sobre el libro de Soria que acababa de editarse, y en el segundo o tercer número, apareció un ensayo de Gerardo Diego. Fue en 1923. Las primeras revistas en la que publicó fueron Revista Grial, Revista Castellana y las Vanguardistas Grecia, Reflector, Cervantes y Ultra 3. Dirigió en Santander dos importantes revistas del 27: Lola y Carmen. Conoce a los grandes autores de su generación: Salinas, Guillén, Lorca, Dámaso Alonso, Alberti 1924 publica Manual de Espumas que recibirá al año siguiente el Premio Nacional de Literatura ex aequo con Rafael Alberti y su Marinero en tierra.  Antonio Machado elogia su Manual de espumas. Aprovecha el importe del premio para viajar por Andalucía en 1925; el compositor Manuel de Falla, con quien se cartea, le sirve de guía por Granada; Publica Versos Humanos en 1925, dedicado a Jose María de Cossio (escritor y polígrafo español con el que tenía una gran amistad). Participa en la revista parisina que dirigen Juan Larrea y el gran poeta expresionista peruano César Vallejo. En 1926 Gerardo Diego organizó un homenaje a Góngora. En la biblioteca Menéndez Pelayo se pasaba los veranos leyendo sus obras y los comentarios de las mismas que tenía Marcelino. Nombraron a Alberti secretario para que se encargara de escribir cartas y recavar las adhesiones o las colaboraciones de los que interesaba que tomaran parte en el homenaje. Se sumó Dámaso Alonso, que se reveló como un crítico y un verdadero radiógrafo de la obra de Góngora, poniendo todos sus valores al descubierto. También Jose María de Cossío, Pedro Salinas, Federico García Lorca, Jorge Guillén, Antonio de Marichalar , Alfonso Reyes…Como invitados a colaborar como artistas: Juan Gris, Picasso y Manuel Ángeles Ortiz. Contaron también con la colaboración de Manuel de Falla con su música. Gerardo Diego publica una antología dentro del proyecto de publicaciones dedicadas a Góngora, publicadas por la Revista de Occidente en 1927. El proyecto inicial presentado por Gerardo Diego consistía en doce ediciones. Finalmente sólo se publicaron tres, además de su antología: Soledades ,editadas por Dámaso Alonso y Romances de Góngora editados por José María de Cossío. Tras el homenaje a Góngora, en 1927 proliferaron los homenajes poéticos al mismo, se agotaban las ediciones.. En 1928, en la revista de Gerardo Diego Carmen, le dedicaron en uno de sus números un homenaje a Fray Luis de Leon, en los que colaboraron todos (Alberti, Lorca, Salinas…) Junto con la revista Lola fueron dos de las más importantes de la generación del 27.  En 1928 viaja por Argentina y Uruguay, dando recitales-conciertos y conferencias, y en 1931 consigue el traslado al Instituto de Santander.

Publica en 1930 Viacrucis. 
Elaboró las dos versiones de la famosa antología Poesía española (la de 1932 y la de 1934) que dio a conocer a los autores de la Generación del 27 y donde incluyó a dos mujeres: Ernestina de Champourcín y Josefina de la Torre.

En 1932 publica en México dos libros: Fábula de Equis y Zeda y Poemas adrede. Fábula de Equis y Zeda es una espléndida parodia de las fábulas mitológicas, en homenaje a su homólogo Luis de Góngora. Compuestos mediante sextinas reales, los versos de este poemario constituyen un buen ejemplo de la poesía creacionista que alumbró Gerardo Diego en diversos momentos de su trayectoria poética. Es crítico musical de El Imparcial, y al año siguiente de La Libertad. En el año 1934 con una francesa, Germaine Marin, con la que tendrá seis hijos. En 1935 se llamó a Gerardo Diego desde el Ministerio de Estado para un puesto en la embajada de Filipinas:  «Usted lo que tiene que hacer es nada más que defender el español, demostrar que allí la gente entiende el español, hablarles en español y hacer todo lo posible por la cultura española». Se fue a Filipinas con Julio Palacios, que era ya académico de la Academia de Ciencias Exacta. En ese mismo año se traslada como catedrático al Instituto de Santander. La Guerra Civil estalla cuando se halla de vacaciones en Sentaraille (Francia) con la familia de su mujer,  Se instala en Toulouse y no regresa a Santander hasta su toma por el ejército nacional, en el verano de 1937. Finalizada la contienda civil y no solo la establecida entre poesía pura y poesía impura, se traslada al Instituto Beatriz Galindo de Madrid,en 1939 en el que permanecería hasta su jubilación en 1966. A parte de la cátedra, se dedicaba a dar conferencias, tanto literarias como poéticas, también conferencias-concierto, tocando el piano, indicando que eran años muy duros y que la retribución a los catedráticos era mínima. Aunque no se definió en el bando de la España Republicana, sí que reivindica la obra de Miguel Hernández en varios de sus artículos.


En 1940 imprime Ángeles de Compostela, un libro muy ambicioso en que las figuras centrales son los cuatro ángeles del Pórtico de la Gloria en la catedral de Santiago de Compostela, que representan las cuatro Postrimerías del hombre: muerte, juicio, infierno y gloria.
En 1941 publica Alondra de verdad, una colección de 42 sonetos y también publica el libro de poesía Romances.
En 1944 publica Iniciales y La sorpresa. Cancionero de Sentaraille,,

En 1947  le nombraron miembro de la Real Academia Española.
Vuelve a la vanguardia con Limbo (1951). Escribe numerosos textos en prosa para la radio.
En 1956 obtiene el Premio Nacional “José Antonio Primo de Rivera” por su obra Paisaje con Figuras.
En 1962 obtiene el Calderón de la Barca por su retablo escénico El cerezo y la palmera, su incursión en el teatro.
Se jubila en 1966.
En 1969 se estrenó en el Teatro Real de Madrid una Cantata sobre los Derechos Humanos que llevaba letra suya y música de Óscar Esplá.
En 1979, se le concedió el Premio Cervantes, el cual curiosamente resultó ser la única vez en que se premió a dos personas en un mismo año (el otro premiado fue el argentino Jorge Luis Borges).

Cena de la revista ‘Mediodía’ en homenaje a Gerardo Diego. Núñez de Herrera está de pie, el cuarto por la izquierda, con pajarita

Murió en Madrid de una bronquitis el 8 de julio de 1987, a los 90 años.

Su obra a partir de 1948 sigue proliferando como muestran sus publicaciones:

En 1948 Soria. Santander y Nueva cantiga de Santa María de la Arrixaca.
En 1949 Hasta siempre y La luna en el desierto y otros poemas. 
En 1951 Limbo. 
En 1952 Dos poemas (Versos divinos), Visitación de Gabriel Miró y segundo sueño: homenaje a Sor Juana Inés de la Cruz. 
En 1953 Biografía incompleta.
En 1954 Variación
!955 Amazona
1956 Égloga de Antonio Bienvenida, Paisaje con figuras y Papeles de Son Armadans, que fue premio Nacional de Literatura en ese año.
En 1958 Amor Solo yEvasión. Lírica Hispánica Caracas
En 1959 Canciones a Violante.
En 1961 Glosa a Villamediana, La rama, Santander y la Isla de los ratones
Sonetos a Violante, Sevilla, La Muestra, 1962.
En 1963 La Suerte o la muerte, Nocturnos de Chopen.
En 1964 El jándalo
En 1965 Poesía amorosa
En 1966 Odas Morales y Variación 2, clásico de todos los años
En 1967 Segunda antología de sus versos y la fundación del querer
En 1971 Versos divinos
En 1972 Cementerio Civil
En 1975 Carmen jubilar
En 1985 Cometa Errante, Decir de la Rioja y Gerardo Diego para niños.
Gerardo Diego es considerado una de las figuras más representativas de la Generación del 27, a la que agrupó por primera vez la célebre antología, que es casi como un manifiesto, y que encabezó el redescubrimiento de Góngora.

POEMAS

ELLA (DEL LIBRO EL ROMANCERO DE LA NOVIA)

¿No la conocéis? Entonces
imaginadla, soñadla.
¿Quién será capaz de hacer
el retrato de la amada?
              
Yo sólo podría hablaros
vagamente de su lánguida
figura, de su aureola
triste, profunda y romántica.
              
Os diría que sus trenzas
rizadas sobre la espalda
son tan negras que iluminan
en la noche. Que cuando anda,
              
no parece que se apoya,
flota, navega, resbala…
Os hablaría de un gesto
muy suyo…, de sus palabras,
              
a la vez desdén y mimo,
a un tiempo reproche y lágrimas,
distantes como en un éxtasis,
como en un beso cercanas…
              
Pero no: cerrad los ojos,
imaginadla, soñadla,
reflejada en el cambiante
espejo de vuestra alma.

AIRE, ( DEL LIBRO INICIALES)

Ya se apagaron los celestes fuegos.
Ahora el paisaje es como un gran latido,
palpita un manso anhelo de ternura
en su regazo lírico
en tanto que con gracia sosegada
se despereza el suelo estremecido.
El labio innumerable de la brisa
me acaricia solícito.

Juego de luces suave como un bálsamo,
el ámbito humedece de amarillo
temblor la luz difusa
del éxtasis muriente vespertino,
y en ella se disuelve
la que derrama tibio
el farol con su pulpa azucarada
y su aureola verdosa. Se oye el tímido
pestañear del lucero de la tarde,
solo en el infinito.

Es todo aéreo, frágil, luminoso.
Tosas las cosas son como suspiros
que del alma del mundo, tierna y grande,
se escapasen furtivos.

Y yo siento en mi alma cómo nacen
las alas milagrosas del espíritu.

AHOGO (DEL LIBRO IMAGEN)

Déjame hacer un árbol con tus trenzas.

Mañana me hallarán ahorcado
en el nudo celeste de tus venas.

Se va a casar la novia
del marinerito.

Haré una gran pajarita
con sus cartas cruzadas.
Y luego romperé
la luna de una pedrada.
Neurastenia, dice el doctor.

Gulliver a hundido todos los navíos.

Codicilo: dejo a mi novia
un puñal y una carcajada.

LUZ (DEL LIBRO IMAGEN)

A José Ortega y Gasset

Para librarnos del sol
abramos estos árboles
que brotaron anoche de mis venas
Una lluvia de abejas
se inmoviliza suspendida apenas

Los colores duermen
en la acequia ensordecida

Y las norias cantando ingenuidades
dan vueltas a la vida
Rápido
Rápido como un viaducto
ha cruzado un torbellino de naufragios
Todos reconocimos
quién la cabeza propia
quién un brazo
Y sin embargo
henos aquí magníficos
bajo el emparrado telegráfico
Henos aquí pulsando entre árbol y árbol
las siestas bien abiertas
desgarradas en lentos desperezos.
Cae un fresco granizo de murmullos
Elevemos la voz
más allá
de los muros

Todo era cierto
Los pordioseros se han vestido de fuego
vuelto al sur
se espulga
el viento que en su último raid
perdió todas sus plumas

Una pareja de robles
arrastra lentamente
al verano embriagado
que duerme sobre sombras verticales

Se ha agostado las catedrales
Y los mapas resecos
no pueden exprimir sus carreteras

Veremos la catástrofe
al resplandor de hoguera de las bayonetas

Una bandada de últimos jirones
transmigra hacia un oriente de leones

Lloremos

La fiesta perdió sus cuernos
que quedaron enredados en los cierzos

Y allá abajo
en el fondo del crepúsculo
que sueña en el pozo de su musgo

La luna adolescente
que disparó la flecha póstuma
ha dejado caer lacias sus cuerdas.

NOCTURNO (DEL LIBRO MANUAL DE ESPUMAS)

A Manuel Machado.

Están todas

También las que se encienden en las noches de moda

Nace del cielo tanto humo
que ha oxidado mis ojos

Son sensibles al tacto las estrellas
No sé escribir a máquina sin ellas

Ellas lo saben todo
Graduar el mar febril
y refrescar mi sangre con su nieve infantil

La noche ha abierto el piano
y yo las digo adiós con la mano

A ENRIQUE MENÉNDEZ (DE VERSOS HUMANOS)

Una humilde corona,
dulce Enrique Menéndez,
de eternas siempre vivas
quisiera entretejerte,

que sobre tu sepulcro
calladas balanceen
sus espigados tallos
al soplo del nordeste.

Tú que amabas las flores
de tu huerto obediente,
tu huerto que en tu ausencia
tristemente florece,

acéptame estas pocas
florecillas silvestres
regadas de mis lágrimas
entre mis manos leves.

Flores de cada día
que corté amargamente
de mis pobres jardines
efímeros y estériles,

flores de cada hora
que mi tierra me ofrece
para adornar altares,
para decorar sienes.

Y qué ara más bendita
que tu sepulcro agreste,
divina jaula triste
sin cantor que la alegre.

Y a qué sienes ceñir
corona de laureles
como a estar tuyas nuevas
que ya nunca encanecen.

Aquí, pues te las dejo
desmayadas y flébiles,
pero a nadie le digas
que hoy he venido a verte.

Los días van pasando.
Van pasando los mese.
Las flores y los pájaros
han vuelto y tú no vuelves.

Te arrancó de nosotros
la burladora muerte,
y desde entonces pisas
huertos siempre perennes.

Abajo, los poetas,
jardineros terrestres,
cantamos y cortamos
las flores del poniente.

Las del alba tú solo
las cosechas celeste,
del jardín de la vida
tras el mar de la muerte.

Te fuiste tú y seguimos
torpemente vivientes.
Qué vergüenza vivir
cuando los buenos mueren.

Toma estas flores tristes,
dulce Enrique Menéndez,
pero a nadie le digas
que hoy he venido a verte.

EL CIPRES DE SILOS (DEL LIBRO VERSOS HUMANOS)

A Ángel del Río

Enhiesto surtidor de sombra y sueño
que acongojas el cielo con tu lanza.
Chorro que a las estrellas casi alcanza
devanado a sí mismo en loco empeño.

Mástil de soledad, prodigio isleño,
flecha de fe, saeta de esperanza.
Hoy llegó a ti, riberas del Arlanza,
peregrina al azar, mi alma sin dueño.

Cuando te vi señero, dulce, firme,
qué ansiedades sentí de diluirme
y ascender como tú, vuelto en cristales,

como tú, negra torre de arduos filos,
ejemplo de delirios verticales,
mudo ciprés en el fervor de Silos.

IDILIO DEL ESTROPAJO (DEL LIBRO BIOGRAFÍA INCOMPLETA)

Aunque me siento por dentro de seda
estropajo seré hasta que me muera
Me enamoré de las vasijas y peroles
del hiero el cobre el barco
y de la piel de las esclavas negras
Me enamoré de la indecible inapelable
mejilla de los últimos maricas
de los cardos en flor y de los pétalos
de las estudiantiles amapolas
y de los hilos de la virgen y de los cabellos de ángel
pero mi tentación es desnudarme hasta la seda.

Yo sé lo que es trasmutación crisálida
el aroma del nardo se vuelve polvo de ladrillo
el abrazo de los amantes cola de cometa
la oración del almuédano ceniza de sauce
el sabor del aceite rosal de rosas y de espinas
pido alianza al jabón a los guantes de goma
al agua de los cubos cuando refleja el cielo
pido a Dios que me alivie este desvelo
Un niño de dos años me ha aprendido
su tercera palabra hoy. Me reza en letanía
Estropajo Estropajo
Sus labios son mi gloria
Estropajo Estropajo
Y tú dame la mano colegiala
no,no temas, no te haré daño
Yo sé besar tan delicadamente
como el agua que mana entre los berros
Sé besar como el verso en verdor de Garcilaso
aunque me vista de cilicio y de estropajo.

PASE DE PECHO ( DEL LIBRO LA SUERTE O LA MUERTE)

Entre un temporal deshecho
la gruesa nave embestía.
Al pasar por el estrecho
la plaza se estremecía.
Tú, erguido, firme, derecho,
faro en tu roca vigía,
larga el brazo, álzale al techo,
rompa la espuma bravía.
Y allá va el pase de pecho.
Fue la noche y ya es el día.

LOS ANGELES NOCTURNOS (DEL LIBRO ANGELES DE COMPOSTELA)

Y más ángeles, más, cumpliendo turnos:
los ángeles nombre de la vela,
ángeles en falange y centinela
ante el arca marmórica, nocturnos.

Son ángeles infantes, taciturnos,
plegada el ala que ya nunca vuela,
ángeles que custodian la cancela,
que defienden la guarda a los diurnos.

Todas las noches oye la basílica
rumores de una música dactílica,
alas de un mar unánime y redondo,

chocar de espadas, dragos y murciegos,
membranas, precipicios, uñas, fuegos.
Y el “¿Dónde estás?”. – “Aquí. Yo no me escondo.”

SONETO A VIOLANTE

Yo no sé hacer sonetos más que amando.
Brotan en mí, me nacen sin licencia.
Los hago o ellos me hacen, inocencia
de amor que se descubre. Tú esperando,
tú, mi Violante, un sueño acariciando
¿cómo quieres que yo no arda en vehemencia
y por catorce llamas de impaciencia
no exhale el alma que te está cantando?
Si yo he amado volcán, árbol y torre,
si te abraza y te abrasa y te recorre
hiedra envolvente y sangre surtidora,
si eres musa y mujer, pena y secreto,
te he de entregar celoso mi alfabeto
que de ti y de tus labios se enamora.

ESTE CIEGO LIRISMO (DEL LIBRO Biografía incompleta)

Este ciego lirismo que se arrastra palpando
que alarga sus antenas doloroso y elástico
este torpe lirismo cuajado cuerpo sólido
onerosa presencia de cristales truncados
este sordo lirismo mudo lirismo idiota
lirismo que se está que permanece impávido
sin saber del azul más de lo que le cuentan
roces de golondrinas y cuencas de rayos
ni del ojo del tigre más que la cifra bruta
de sus emisiones instantáneas
sin comprender apenas que es nivel de altitudes
donde empiezan las nieves perpetuas de la música
Este lirismo en fin inválido y tullido
soportando el terrible secreto de sus ansias
su pólvora de odios su pasión de metales
su choque de remoto terremoto
¿lo llevamos al cuello para hundirnos
en el pozo del vértigo sin límite
o para hacer posible el divino equilibrio
de esas alas de seres que
vuelan cantan traspapelan azotan?

A LA DISCIPLINA (DEL LIBRO ODAS MORALES )

A Jorge Guillén

Azota con ahínco
mis carnes temerosas y venales,
tú, mi lira de cinco
ramales desiguales,
sángrenme tus espinas y cristales.
¿Maestro yo? Vergüenza
de tanta trampa que hago y que deshago.
Toscaza ni Provenza
ni España de Santiago
vieron jamás tan falso prestimago.
Contigo me confieso
y acudo y me sacuden tus batanes
y de mirar no ceso
mis fealdades y afanes
en tus luises espejos y sanjuanes.
Ensáñate y castiga
mi verso con tu nervio y tu revuelta,
oh música que obliga,
oh línea pura, esbelta,
oh elegancia en el aire tan resuelta.
Después cuando al trabajo
torne de mi jornada humilde en prosa,
me verás en el tajo
dispuesto a más briosa
faena, oh disciplina, firme rosa.

AMOR,( DEL LIBRO FÁBULA DE EQUIS Y ZEDA)

Góngora 1927

            
Era el mes que aplicaba sus teorías
cada vez que un amor nacía en torno
cediendo dócil peso y calorías
cuándo por caridad ya para adorno
en beneficio de esos amadores
que hurtan siempre relámpagos y flores
              
Ella llevaba por vestido combo
un proyecto de arcángel en relieve
Del hombro al pie su línea exacta un rombo
que a armonizar con el clavel se atreve
A su paso en dos lunas o en dos frutos
se abrían los espacios absolutos
              
Amor amor obesidad hermana
soplo de fuelle hasta abombar las horas
y encontrarse al salir una mañana
que Dios es Dios sin colaboradoras
y que es azul la mano del grumete
-amor amor amor- de seis a siete
              
Así con la mirada en lo improviso
barajando en la mano alas remotas
iba el galán ladrándole el aviso
de plumas blancas casi gaviotas
por las calles que huelen a pintura
siempre buscando a ella en cuadratura
              
Y vedla aquí equipando en jabón tierno
globos que nunca han visto las espumas
vedla extrayendo de su propio invierno
la nieve en tiras la pasión en sumas
y en margaritas que pacerá el chivo
su porvenir listado en subjuntivo
              
Desde el plano sincero del diedro
que se queja al girar su arista viva
contempla el amador nivel de cedro
la amada que en su hipótesis estriba
y acariciando el lomo del instante
disuelve sus dos manos en menguante
              
«A ti la bella entre las iniciales
la más genuina en tinta verde impresa
a ti imposible y lenta cuando sales
tangente cuando el céfiro regresa
a ti envío mi amada caravana
larga como el amor por la mañana
              
Si tus piernas que vencen los compases
silencioso el resorte de sus grados
si más difícil que los cuatro ases
telegrama en tu estela de venados
mis geometrías y mi sed desdeñas
no olvides canjear mis contraseñas
              
Luna en el horno tibio de aburridas
bien inflada de un gas que silba apenas
contempla mis rodillas doloridas
así no estallen tus mejillas llenas
contempla y dime si hay otro infortunio
comparable al desdén y al plenilunio
              
Y tú inicial del más esbelto cuello
que a tu tacto haces sólida la espera
no me abandones no Yo haré un camello
del viento que en tus pechos desaltera
y para perseguir tu fuga en chasis
yo te daré un desierto y un oasis
              
Yo extraeré para ti la presuntuosa
raíz de la columna vespertina
Yo en fiel teorema de volumen rosa
te expondré el caso de la mandolina
Yo peces te traeré -entre crisantemos-
tan diminutos que los dos lloremos
              
Para ti el fruto de dos suaves nalgas
que al abrirse dan paso a una moneda
Para ti el arrebato de las algas
y el alelí de sálvese el que pueda
y los gusanos de pasar el rato
príncipes del azar en campeonato
              
Príncipes del azar Así el tecleo
en ritmo y luz de mecanografía
hace olvidar tu nombre y mi deseo
tu nombre que una estrella ama y enfría
Príncipes del azar gusanos leves
para pasar el rato entre las nieves
              
Pero tú voladora no te obstines
Para cantar de ti dame tu huella
La cruzaré de cuerdas de violines
y he de esperar que el sol se ponga en ella
Yo inscribiré en tu rombo mi programa
conocido del mar desde que ama»
              
Y resumiendo el amador su dicho
recogió los suspiros redondeles
y abandonando al humo del capricho
se dejó resbalar por dos rieles
Una sesión de circo se iniciaba
en la constelación decimoctava.

PENULTIMA ESTACION, DEL LIBRO VIACRUCIS

He aquí helados, cristalinos,
sobre el virginal regazo,
muertos ya para el abrazo,
aquellos miembros divinos.
Huyeron los asesinos.
Qué soledad sin colores.
Oh, Madre mía, no llores.
Cómo lloraba María.
La llaman desde aquel día
la Virgen de los Dolores.

¿Quién fue el escultor que pudo
dar morbidez al marfil?
¿Quién apuró su buril
en el prodigio desnudo?
Yo, Madre mía, fui el rudo
artífice, fui el profano
que modelé con mi mano
ese triunfo de la muerte
sobre el cual tu piedad vierte
cálidas perlas en vano.

ROMANCE DEL DUERO (DEL LIBRO SORIA)

Río Duero, río Duero,
nadie a acompañarte baja;
nadie se detiene a oír
tu eterna estrofa de agua.

Indiferente o cobarde,
la ciudad vuelve la espalda.
No quiere ver en tu espejo
su muralla desdentada.

Tú, viejo Duero, sonríes
entre tus barbas de plata,
moliendo con tus romances
las cosechas mal logradas.

Y entre los santos de piedra
y los álamos de magia
pasas llevando en tus ondas
palabras de amor, palabras.

Quién pudiera como tú,
a la vez quieto y en marcha,
cantar siempre el mismo verso
pero con distinta agua.

Río Duero, río Duero,
nadie a estar contigo baja,
ya nadie quiere atender
tu eterna estrofa olvidada,

sino los enamorados
que preguntan por sus almas
y siembran en tus espumas
palabras de amor, palabras.

VALLE INCLÁN (DEL LIBRO ANGELES DE COMPOSTELA)

Este gran Don Ramón que fuera ¿cuántas cosas?
Barbas de chivo, apóstol manco,
barquero de la Estigia, Bradomín de las rosas,
es ya un fantasma blanco, blanco.

Lo era ya casi en sus postreros días
de destierro en la Tierra.
Yo me acordaba alguna vez de Elías
y de Amandís Sin tiempo que por Bretaña yerra.
(Concavidad de siglos, un día de esperpento.
Vida y muerte, un compartimento.)

Porque hora es ya que Valle Inclán se aduene
de su pazo ultratumba de Barbanza,
y sobre el hombro mútil una la le pergeñe
el ángel de la binaventuranza.

Pues ya a su Compostela de humo se restituye,
a su Roma ecuestre regresa.
Su única mano que en la Lira influye
arpegios de sus barbas mesa.

Abridle una academia de sutiles dialectos,
puesto que allí el latín se parla santo y niño.
Repetidle, engañadle sus lienzos predilectos,
San Miguel in Excelsis, Trastevere, Trasmiño.

Para él una carroza que en baches no repare
ni en melindres de estrellas, y el auriga la orden;
“Un giro per il Pincio prima di ritornare
all’albergo”, y que en la esclavina el Zodiaco le borden.

Y así, blanco fantasma, con el salvoconducto
y sello del señor Santiago,
vuela por todo el arco del celeste acueducto,
chancea con el Torvo o falaga al Endriago.

Su humildad tan frágil, asombro de las mieses,
entre postrimerías se litigia y parcela.
Sus barbas y cabellos, ceniza hace unos meses,
no hay prodigio arácnido, espumas de la estela
patache caracol de ángeles coruñeses –
que guía – Vía Láctea – a Compostela.

AZUCENAS EN CAMISA (DEL LIBRO POEMAS ADREDE)

A Fernando Villalón

Venid a oír de rosas y azucenas
la alborotada esbelta risa
Venid a ver las rosas sin cadenas
las azucenas en camisa

Venid las amazonas del instinto
los caballeros sin espuelas
aquí al jardín injerto en laberinto
de girasoles y de bielas

Una música en níquel sustentada
cabellos curvos peina urgente
y hay sólo una mejilla acelerada
y una oropéndola que miente

Agria sazón la del febril minuto
todo picado de favores
cuando al jazmín le recomienda el luto
un ruiseñor de ruiseñores

Cuando el que vuelve de silbar a solas
el vals de «Ya no más Me muero»
comienza a perseguir por las corolas
la certidumbre del sombrero

No amigos míos Vuelva la armonía
y el bienestar de los claveles
Mi corazón amigos fue algún día
tierno galope de corceles

Quiero vivir La vida es nuevo estilo
grifo de amor grifo de llanto
Girafa del vivir Tu cuello en vilo
yo te estimulo y te levanto

Pasad jinetes leves de la aurora
hacia un oeste de violetas
Lejos de mí la trompa engañadora
y al ralantí vuestras corvetas

Toman las nubes a extremar sus bordes
más cada día decisivos
Y a su contacto puéblense de acordes
los dulces nervios electivos

Rozan mis manos dádivas agudas
lunas calientes y dichosas
Sabed que desde hoy andan desnudas
las azucenas y las rosas.

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PRÓXIMO PROGRAMA

81. Poesía más Poesía: Luis Cernuda

LUIS CERNUDA

BIOGRAFÍA

LUIS CERNUDA BIDÓN nace en Sevilla un 21 de Septiembre de 1902. Hijo de padre militar, se educó en un ambiente de rígidos principios. Ya desde pequeño se enfrenta a unos valores familiares muy estrictos.
El poeta se inicia en el arte de la escritura en sus años en el bachillerato, pero su verdadero nacimiento literario se produce en la Universidad de Sevilla donde conocie a Pedro Salinas, que ejercía de profesor de literatura, y que le orientó en sus lecturas: Fray Luis de León, Herrera, Garcilaso, entre los clásicos españoles, pero también la poesía de Rimbaud o Mallarmé y, principalmente, la obra de André Gide.

Luis Cernuda: poemas, ensayos y cuentos | Poéticous


En 1925, tras licenciarse en Derecho, Juan Ramón Jiménez publica sus primeros poemas en Revista de Occidente. Se traslada a Madrid y es allí donde entra en contacto con el mundo intelectual y de esos contactos nace su primera obra, Perfil del aire (1927), en la línea de la poesía pura, que recibió pocas críticas y en su mayoría negativas. Ese fue su único trabajo literario enmarcado en la estética geométrica y purista entonces en boga, antes de que la fuerza barroca de Góngora y el surrealismo la rompieran y dieran lugar a una renovación absoluta de la poesía española del siglo XX. 
El acontecimiento generacional que les une fue la celebración del tricentenario de la muerte de Góngora, con unos actos en 1927 de reivindicación del poeta cordobés. Se oponen a los que no reconocían el talento de Góngora (actos contra la Academia). Celebran un homenaje en el ateneo sevillano, invitados por Ignacio Sánchez Mejías. A este acto Cernuda solo pudo asistir como público ya que no fue invitado como tal (de ahí que nuestro autor no aparezca en la foto de grupo hecha en ese evento ni en las posteriores caricaturas de la misma), hecho que produjo en el un gran descontento.
leer poema a Góngora

GÓNGORA

El andaluz envejecido que tiene gran razón para su orgullo,
El poeta cuya palabra lúcida es como diamante,
Harto de fatigar sus esperanzas por la corte,
Harto de su pobreza noble que le obliga
A no salir de casa cuando el día, sino al atardecer, ya que las sombras
Más generosas que los hombres, disimulan
En la común tiniebla parda de las calles
La bayeta caduca de su coche y el tafetán delgado de su traje;
Harto de pretender favores de magnates,
Su altivez humillada por el ruego insistente,
Harto de los años tan largos malgastados
En perseguir fortuna lejos de Córdoba la llana y de su muro excelso,
Vuelve al rincón nativo para morir tranquilo y silencioso.

Ya restituye el alma a soledad sin esperar de nadie
Si no es de su conciencia, y menos todavía
De aquel sol invernal de la grandeza
Que no atempera el frío del desdichado,
Y aprende a desearles buen viaje
A príncipes, virreyes, duques altisonantes,
Vulgo luciente no menos estúpido que el otro;
Ya se resigna a ver pasar la vida tal sueño inconsistente
Que el alba desvanece, a amar el rincón solo
Adonde conllevar paciente su pobreza,
Olvidando que tantos menos dignos que él, como la bestia ávida
Toman hasta saciarse la parte mejor de toda cosa,
Dejándole la amarga, el desecho del paria.

Pero en la poesía encontró siempre, no tan solo hermosura, sino ánimo,
La fuerza del vivir más libre y más soberbio,
Como un neblí que deja el puño duro para buscar las nubes
Traslúcidas de oro allá en el cielo alto.
Ahora al reducto último de su casa y su huerto le alcanzan todavía
Las piedras de los otros, salpicaduras tristes
Del aguachirle caro para las gentes
Que forman el común y como público son árbitro de gloria.
Ni aun esto Dios le perdonó en la hora de su muerte.

Decretado es al fin que Góngora jamás fuera poeta,
Que amó lo oscuro y vanidad tan solo le dictó sus versos.
Menéndez y Pelayo, el montañés henchido por sus dogmas,
No gustó de él y le condena con fallo inapelable.

Viva pues Góngora, puesto que así los otros
Con desdén le ignoraron, menosprecio
Tras del cual aparece su palabra encendida
Como estrella perdida en lo hondo de la noche,
Como metal insomne en las entrañas de la tierra.
Ventaja grande es que esté ya muerto
Y que de muerto cumpla los tres siglos, que así pueden
Los descendientes mismos de quienes le insultaban
Inclinarse a su nombre, dar premio al erudito,
Sucesor del gusano, royendo su memoria.
Mas él no transigió en la vida ni en la muerte
Y a salvo puso su alma irreductible.
Como demonio arisco que ríe entre negruras.
Y a salvo puso su alma irreductible.
Como demonio arisco que ríe entre negruras.

Gracias demos a Dios por la paz de Góngora vencido;
Gracias demos a Dios por la paz de Góngora exaltado;
Gracias demos a Dios, que supo devolverle [como hará con nosotros],
Nulo al fin, ya tranquilo, entre su nada.

La casa de Luis Cernuda | Blog Del tirador a la ciudad | EL PAÍS

Su siguiente obra intensificó aún más el clasicismo, pues Égloga, elegía, oda (1927-1928) es todo un homenaje a las formas cultivadas por Garcilaso de la Vega, precedido de un homenaje a Fray Luis de León, en un momento en que casi todos sus coetáneos se volcaban con Góngora. En estos tres largos poemas con métrica fija, Cernuda vuelve a tratar el tema de Eros y su tono sigue siendo lánguido y ocioso8, imbuido de tedio, aguardando a que la realidad cumpla con el deseo de un amor que aún no ha llegado.
En julio de 1928 muere su madre y, a finales de ese verano, Cernuda deja Sevilla. Tras un breve paso por Málaga se instala en Madrid, donde conoce al poeta Vicente Aleixandre. Gracias a Pedro Salinas marcha pronto a Toulouse para trabajar como lector de español durante un curso. Allí se refugió en el dandysmo para defenderse del ambiente mediocre de la ciudad y de las clases en la Universidad. Nunca sintió pasión por la labor docente.
En las vacaciones de Semana Santa de ese año viaja a París y queda prendado de sus calles, sus librerías y el surrealismo que por entonces cultivaban André Breton, Paul Éluard o Louis Aragon. A su regreso a Madrid trabaja en la librería de León Sánchez Cuesta y entabla amistad con Vicente Aleixandre y Federico García Lorca, participa en la legendaria antología elaborada por Gerardo Diego.
De su estancia en Francia surgió Un río, un amor (1929), influido por el surrealismo. Regresó a España en 1929, celebró la proclamación de la República e inició su carrera literaria con mayor fuerza. En 1931 escribe Los placeres prohibidos en el que depura el lenguaje surrealista y aparecen sus grandes temas: el amor, la rebelión, el deseo, la mentira, la libertad del cuerpo. En los versos de este libro de imponente belleza se destila la necesidad de huir del poeta. Donde habite el olvido (1934) es un libro desgarrador por la sinceridad con la que aborda el fracaso amoroso. 

Cernuda, el crítico implacable | Cultura | EL PAÍS
Con Vicente Aleixandre y Federico García Lorca.

VIEJA RIBERA


Tanto ha llovido desde entonces,
entonces, cuando los dientes no eran carne, sino días
pequeños como un río ignorante
a sus padres llamando porque siente sueño,
tanto ha llovido desde entonces,
que ya el paso se olvida en la cabeza.
Unos dicen que sí, otros dicen que no;
mas sí y no son dos alas pequeñas,
equilibrio de un cielo dentro de otro cielo,
como un amor está dentro de otro,
como el olvido está dentro del olvido.
Si el suplicio con ira pide fiestas
entre las noches más viriles,
no haremos otra cosa que apuñalar la vida,
sonreír ciegamente a la derrota,
mientras los años, muertos como un muerto,
abren su tumba de estrellas apagadas.
(Del libro Un río, un amor. 1929)

Remordimiento en traje de noche
Un hombre gris avanza por la calle de niebla;
No lo sospecha nadie. Es un cuerpo vacío;
vacío como pampa, como mar, como viento,
Desiertos tan amargos bajo un cielo implacable.

Es el tiempo pasado, y sus alas ahora
entre la sombra encuentran una pálida fuerza;
es el remordimiento, que de noche, dudando,
en secreto aproxima su sombra descuidada.

No estrechéis esa mano. La yedra altivamente
ascenderá cubriendo los troncos del invierno.
Invisible en la calma el hombre gris camina.
¿No sentís a los muertos? Mas la tierra está sorda.

(Del libro Un río, un amor 1929)

DIRÉ CÓMO NACISTEIS

Diré cómo nacisteis, placeres prohibidos,
Como nace un deseo sobre torres de espanto,
Amenazadores barrotes, hiel descolorida,
Noche petrificada a fuerza de puños,
Ante todos, incluso el más rebelde,
Apto solamente en la vida sin muros.

Corazas infranqueables, lanzas o puñales,
Todo es bueno si deforma un cuerpo;
Tu deseo es beber esas hojas lascivas
O dormir en esa agua acariciadora.
No importa;
Ya declaran tu espíritu impuro.

No importa la pureza, los dones que un destino
Levantó hacia las aves con manos imperecederas;
No importa la juventud, sueño más que hombre,
La sonrisa tan noble, playa de seda bajo la tempestad
De un régimen caído.

Placeres prohibidos, planetas terrenales,
Miembros de mármol con sabor de estío,
Jugo de esponjas abandonadas por el mar,
Flores de hierro, resonantes como el pecho de un hombre.

Soledades altivas, coronas derribadas,
Libertades memorables, manto de juventudes;
Quien insulta esos frutos, tinieblas en la lengua,
Es vil como un rey, como sombra de rey
Arrastrándose a los pies de la tierra
Para conseguir un trozo de vida.

No sabía los límites impuestos,
Límites de metal o papel,
Ya que el azar le hizo abrir los ojos bajo una luz tan alta,
Adonde no llegan realidades vacías,
Leyes hediondas, códigos, ratas de paisajes derruidos.

Extender entonces una mano
Es hallar una montaña que prohíbe,
Un bosque impenetrable que niega,
Un mar que traga adolescentes rebeldes.

Pero si la ira, el ultraje, el oprobio y la muerte,
Ávidos dientes sin carne todavía,
Amenazan abriendo sus torrentes,
De otro lado vosotros, placeres prohibidos,
Bronce de orgullo, blasfemia que nada precipita,
Tendéis en una mano el misterio.
Sabor que ninguna amargura corrompe,
Cielos, cielos relampagueantes que aniquilan.

Abajo, estatuas anónimas,
Sombras de sombras, miseria, preceptos de niebla;
Una chispa de aquellos placeres
Brilla en la hora vengativa.
Su fulgor puede destruir vuestro mundo.

(Del libro Los placeres prohibidos. 1931)

Adónde fueron despeñadas

¿Adónde fueron despeñadas aquellas cataratas,
tantos besos de amantes, que la pálida historia
con signos venenosos presenta luego al peregrino
sobre el desierto, como un guante
que olvidado pregunta por su mano?

Tú lo sabes, Corsario;
Corsario que se goza en tibios arrecifes,
cuerpos gritando bajo el cuerpo que les visita,
y sólo piensan en la caricia,
sólo piensan en el deseo,
como bloque de vida,
derretido lentamente por el frío de la muerte.

Otros cuerpos, Corsario, nada saben;
déjalos pues.
Vierte, viértete sobre mis deseos,
ahórcate en mis brazos tan jóvenes,
que con la vista ahogada,
con la voz última que aún broten mis labios,
diré amargamente cómo te amo.

(Del libro Los placeres prohibidos. 1931)

HE VENIDO PARA VER

He venido para ver semblantes
Amables como viejas escobas,
He venido para ver las sombras
Que desde lejos me sonríen.

He venido para ver los muros
En el suelo o en pie indistintamente,
He venido para ver las cosas,
Las cosas soñolientas por aquí.

He venido para ver los mares
Dormidos en cestillo italiano,
He venido para ver las puertas,
El trabajo, los tejados, las virtudes
De color amarillo ya caduco.

He venido para ver la muerte
Y su graciosa red de cazar mariposas,
He venido para esperarte
Con los brazos un tanto en el aire,
He venido no sé por qué;
Un día abrí los ojos: he venido.

Por ello quiero saludar sin insistencia
A tantas cosas más que amables:
Los amigos de color celeste,
Los días de color variable,
La libertad del color de mis ojos;

Los niñitos de seda tan clara,
Los entierros aburridos como piedras,
La seguridad, ese insecto
Que anida en los volantes de la luz.

Adiós, dulces amantes invisibles,
Siento no haber dormido en vuestros brazos.
Vine por esos besos solamente;
Guardad los labios por si vuelvo.

(Del libro Los placeres prohibidos. 1931)

Al proclamarse la República, la recibe con ilusión, y siempre se mostrará dispuesto a colaborar con todo lo que fuera buscar una España más tolerante, liberal y culta. Como ejemplo de esto último tenemos su participación en la Misiones Pedagógicas y Culturales que organiza el gobierno de la II República desde 1934 con las que recorrería parte del territorio español divulgando entre las capas desfavorecidas los cuadros más representativos del Museo del Prado o el teatro del Siglo de Oro junto a otros intelectuales y artistas como María Zambrano o Ramón Gaya.
En los períodos que permanecía en Madrid almorzaba a diario en casa de Manuel Altolaguirre y Concha Méndez, que se convirtieron en su nueva familia; participó en la revista Héroe, que imprimían ellos, y en la que publicaron Rosa Chacel o los poetas más relevantes del momento introducidos por Juan Ramón Jiménez; frecuentó la tertulia del diplomático chileno Carlos Morla Lynch.

Luis Cernuda junto a Rosa Chacel.


Estos años son también de compromiso y acción política: Cernuda se afilia al Partido Comunista por breve espacio de tiempo y colabora en revistas de marcado carácter izquierdista, como es el caso de El Heraldo o la revista Octubre, fundada por Rafael Alberti. Pero los primeros años treinta son también los del descubrimiento por parte de Cernuda de la obra de los poetas románticos alemanes (Novalis, Heine, Hölderlin).
Donde habite el olvido (1932-1933) es un poemario claramente romántico en su atmósfera lóbrega, que toma su título de una rima de Bécquer. También de romántico se califica a Invocaciones (1934-1935), un libro de plenitud en el que empieza a observarse el influjo que la poesía de Hölderlin tuvo sobre Cernuda.
Comenzó a traducir a Friedrich Hölderlin y a colaborar en Cruz y Raya, la revista lanzada por José Bergamín, quien en 1936 se decidió a publicar la primera edición de La Realidad y el Deseo, agrupando en un solo volumen toda la obra poética de Cernuda hasta ese momento. La realidad y el deseo (1924-1962) es el título de un poemario escrito por Luis Cernuda. Es el resumen de todas las poesías de Cernuda, se publicó por primera vez en 1936 con todas las letras que el escribió hasta entonces. Cuando se publicaban más ediciones se adicionaban las nuevas poesías y además libros impresos por separado. La edición final de la obra se publicó en México en 1962.
Sus compañeros de generación le organizaron un homenaje, en el que Federico García Lorca leyó un retrato elogioso de su amigo y el libro cosechó excelentes críticas. “No me equivoco. Lo que voy a decir es verdad y está en la conciencia de toda persona sensible. La aparición del libro La realidad y el deseo es una efemérides importantísima en la gloria y el paisaje de la literatura española. No me equivoco, porque para decir esto aquí yo he luchado a brazo partido con el libro, leyendo sin gana al acostarme, al levantarme; leyendo con dolor de cabeza, sacando ese poquito de odio que sentimos todos contra autores de obras perfectas; pero ha sido inútil. La realidad y el deseo me ha vencido con su perfección sin mácula, con su amorosa agonía encadenada, con su ira y sus piedras de sombra”.
Dice de él Federico García Lorca: “No habrá escritor en España, de la clase que sea, si es realmente escritor, manejador de palabras, que no quede admirado del encanto y refinamiento con que Luis Cernuda une los vocablos para crear su mundo poético propio; nadie que no se sorprenda de su efusiva lírica gemela de Bécquer y de su capacidad de mito, de transformación de elementos que surgen en el bellísimo poema El joven marino con la misma fuerza que en nuestros mejores poetas clásicos”.
Con el estallido de la Guerra Civil, Cernuda marchó a Francia junto a su buena amiga Concha de Albornoz para ayudar al padre de ésta, el político liberal Álvaro de Albornoz, en misiones diplomáticas. Tras el asesinato de Lorca, sin embargo, volvió a España para colaborar en la defensa de la República. Cernuda combatió esporádicamente en el frente de Guadarrama y que, cuando se trasladó a Valencia junto al gobierno de la República, participó de forma activa en la preparación del Segundo Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura, donde Juan Gil-Albert le presentó a Octavio Paz, y que luego se volvió a Madrid para seguir luchando desde cerca.

Homanaje a Luis Cernuda en 1936.
Banquete ofrecido a Luis Cernuda (presidiendo la mesa) en Los Galayos, entonces Casa Rojo, el 29 de abril de 1936. Sentados, de izquierda a derecha: Eugenio Imaz, (sin identificar), Helena Cortesina, Manuel Fontanals (oculto tras Cortesina), Santiago Ontañón, María Antonieta Agenaar, Concha Méndez, La Argentinita y J. E. Morena Báez. De pie, de izquierda a derecha: Vicente Aleixandre, Federico García Lorca, Pedro Salinas, Rafael Alberti, Pablo Neruda, José Bergamín, Manuel Altolaguirre, María Teresa León y Víctor María Cortezo. / Foto: Fundación FGL


En 1938 aceptó dar una conferencia en el Reino Unido y, al partir, no supo que nunca más volvería a pisar España. En el Reino Unido trabaja de lector de español en la Universidad de Glasgow, la Universidad de Cambridge y el Instituto Español de Londres. Ya no volvería más a España.
Allí profundizará en la lectura de los clásicos ingleses y descubrirá la obra de autores que le influirán poderosamente, caso de T.S. Elliot. El primer poemario publicado en el exilio es Las nubes (1937-1940), que en un principio iba a llamarse Elegías españolas, pues sin duda es un libro que trata de la guerra y el exilio, y que muestra un dolor sereno y reflexivo.

Biografia de Luis Cernuda

SOLILOQUIO DEL FARERO

Cómo llenarte, soledad,
Sino contigo misma.

De niño, entre las pobres guaridas de la tierra,
Quieto en ángulo oscuro,
Buscaba en ti, encendida guirnalda,
Mis auroras futuras y furtivos nocturnos,
Y en ti los vislumbraba,
Naturales y exactos, también libres y fieles,
A semejanza mía,
A semejanza tuya, eterna soledad.

Me perdí luego por la tierra injusta
Como quien busca amigos o ignorados amantes;
Diverso con el mundo,
Fui luz serena y anhelo desbocado,
Y en la lluvia sombría o en el sol evidente
Quería una verdad que a ti te traicionase,
Olvidando en mi afán
Cómo las alas fugitivas su propia nube crean.

Y al velarse a mis ojos
Con nubes sobre nubes de otoño desbordado
La luz de aquellos días en ti misma entrevistos,
Te negué por bien poco,
Por menudos amores ni ciertos ni fingidos,
Por quietas amistades de sillón y de gesto,
Por un nombre de reducida cola en un mundo fantasma,
Por los viejos placeres prohibidos,
Como los permitidos nauseabundos,
Útiles solamente para el elegante salón susurrado,
En bocas de mentira y palabras de hielo.

Por ti me encuentro ahora el eco de la antigua persona
Que yo fui,
Que yo mismo manché con aquellas juveniles traiciones;
Por ti me encuentro ahora, constelados hallazgos,
Limpios de otro deseo,
El sol, mi dios, la noche rumorosa,
La lluvia, intimidad de siempre,
El bosque y su alentar pagano,
El mar, el mar como su nombre hermoso;
Y sobre todos ellos,
Cuerpo oscuro y esbelto,
Te encuentro a ti, tú, soledad tan mía,
Y tú me das fuerza y debilidad
Como el ave cansada los brazos de piedra.

Acodado al balcón miro insaciable el oleaje,
oigo sus oscuras imprecaciones,
contemplo sus blancas caricias;
Y erguido desde cuna vigilante
Soy en la noche un diamante que gira advirtiendo
a los hombres
Por quienes vivo, aun cuando no los vea;
Y así, lejos de ellos,
Ya olvidados sus nombres, los amo en muchedumbres,
Roncas y violentas como el mar, mi morada,
Puras ante la espera de una revolución ardiente
O rendidas y dóciles, como el mar sabe serlo
Cuando toca la hora de reposo que su fuerza conquista.

Tú, verdad solitaria,
Transparente pasión, mi soledad de siempre,
Eres inmenso abrazo;
El sol, el mar,
La oscuridad, la estepa,
El hombre y el deseo,
La airada muchedumbre,
¿Qué son sino tú misma?

(Del libro Invocaciones 1934-1935)

Elegía española II

a Vicente Aleixandre

Ya la distancia entre los dos abierta
Se lleva es sufrimiento, como una nube
Rota en lluvia olvidada, y en la alegría,
Hermosa claridad desvanecida;
Nada altera entre tú, mi tierra, y yo.
Pobre palabra tuya, el invisible
Fluir de los recuerdos, sustentando
Almas con la verdad de tu alma pura.
Sin luchar contra ti ya asisto inerte
A la discordia estéril que te cubre,
Al viento de locura que te arrastra.
Tan sólo Dios verla sobre nosotros,
Árbitro inmemorial del odio eterno.

Tus pueblos han ardido y tus campos
Infecundos dan cosecha de hambre,
Rasga tu aire el ala de la muerte,
Tronchados como flores caen tus hombres
Hechos para el amor y la tarea;
Y aquellos que en la sombra suscitaron
La guerra, resguardados en la sombra,
Disfrutan su victoria. Tú en silencio,
Tierra, pasión única mía, lloras
Tu soledad, tu pena y tu vergüenza.

Fiel aún, extasiado como el pájaro
Que en primavera hacia su nido antiguo
Llegaba a ti y en ti dejaba el vuelo,
Con la atracción remota de un encanto
Ineludible, rosa del destino,
Mi espíritu se aleja de estas nieblas,
Canta su queja por tu cielo vasto,
Mientras el cuerpo queda vacilante,
Perdido, lejos entre sueño y vida,
Y oye el susurro lento de las horas.

Si nunca más pudieran estos ojos
Enamorados reflejar tu imagen.
Si nunca más pudiera por tus bosques,
El alma en paz caída en tu regazo,
Soñar el mundo aquel que yo pensaba
Cuando la triste juventud lo quiso.
Tú nada más, fuerte torre en ruinas,
Puedes poblar mi soledad humana,
Y esta ausencia de todo en ti se duerme.
Deja tu aire ir sobre mi frente,
Tu luz sobre mi pecho hasta la muerte,
Única gloria cierta que aún deseo

(Del libro Las nubes 1937-1940)

PEREGRINO

¿Volver? Vuelva el que tenga,
Tras largos años, tras un largo viaje,
Cansancio del camino y la codicia
De su tierra, su casa, sus amigos,
Del amor que al regreso fiel le espere.

Mas, ¿tú? ¿Volver? Regresar no piensas,
Sino seguir libre adelante,
Disponible por siempre, mozo o viejo,
Sin hijo que te busque, como a Ulises,
Sin Ítaca que aguarde y sin Penélope.

Sigue, sigue adelante y no regreses,
Fiel hasta el fin del camino y tu vida,
No eches de menos un destino más fácil,
Tus pies sobre la tierra antes no hollada,
Tus ojos frente a lo antes nunca visto.

(Del libro Desolación de la quimera 1956-1962)

1936

Recuérdalo tú y recuérdalo a otros,
Cuando asqueados de la bajeza humana,
Cuando iracundos de la dureza humana:
Este hombre solo, este acto solo, esta fe sola.
Recuérdalo tú y recuérdalo a otros.

En 1961 y en ciudad extraña,
Más de un cuarto de siglo
Después. Trivial la circunstancia,
Forzado tú a pública lectura,
Por ella con aquel hombre conversaste:
Un antiguo soldado
En la Brigada Lincoln.

Veinticinco años hace, este hombre,
Sin conocer tu tierra, para él lejana
Y extraña toda, escogió ir a ella
Y en ella, si la ocasión llegaba, decidió apostar su vida,
Juzgando que la causa allá puesta al tablero
Entonces, digna era
De luchar por la fe que su vida llenaba.

Que aquella causa aparezca perdida,
Nada importa;
Que tantos otros, pretendiendo fe en ella
Sólo atendieran a ellos mismos,
Importa menos.
Lo que importa y nos basta es la fe de uno.

Por eso otra vez hoy la causa te aparece
Como en aquellos días:
Noble y tan digna de luchar por ella.
Y su fe, la fe aquella, él la ha mantenido
A través de los años, la derrota,
Cuando todo parece traicionarla.
Mas esa fe, te dices, es lo que sólo importa.

Gracias, compañero, gracias
Por el ejemplo. Gracias porque me dices
Que el hombre es noble.
Nada importa que tan pocos lo sean:
Uno, uno tan sólo basta
Como testigo irrefutable
De toda la nobleza humana.
(Del libro Desolación de la quimera 1956-1962)

En 1940 comenzó a pasar los veranos en Oxford, relacionándose con otros republicanos exiliados, como Salvador de Madariaga, y a componer las prosas poéticas de Ocnos, en las que evocaba con más melancolía que nostalgia una infancia sevillana no tan desdichada como suele decirse.
Como quien espera el alba (1941-1944), título que refleja en parte la vaga esperanza de la derrota de los fascismos en la Segunda Guerra Mundial y sus repercusiones en España. 
En 1945 se trasladó a trabajar al Instituto Español de Londres, donde empezó a traducir a Shakespeare y se encontró con que sus poemas vertidos al inglés fueron rechazados para su publicación por T. S. Eliot, el poeta inglés vivo que más admiraba. En 1947 recibió una oferta de Concha de Albornoz para trabajar en una escuela de señoritas en Massachusetts, el Mount Holyoke College, y ese verano dejó sin aflicción el Reino Unido y marchó a Estados Unidos donde logra por fin la ansiada estabilidad económica.
Vivir sin estar viviendo (1944-1949), es un poemario que Cernuda termina ya al otro lado del Atlántico, en este período en el que se va haciendo cada vez más notorio el recuento y la proximidad de la vejez. Se trata de un libro de poemas largos, de tono reflexivo y sentencioso a la vez que conversacional, en el que el yo poético se desdobla en un tú para hablar consigo mismo.

A UN POETA FUTURO

No conozco a los hombres. Años llevo
de buscarles y huirles sin remedio.
¿No les comprendo? ¿O acaso les comprendo
demasiado? Antes que en estas formas
evidentes, de brusca carne y hueco,
súbitamente rotas por un resorte débil
si alguien apasionado les allega,
muertos en la leyenda les comprendo
mejor. Y regreso de ellos a los vivos,
fortalecido amigo solitario,
como quien va del manantial latente
al río que sin pulso desemboca.
No comprendo a los ríos. Con prisa errante pasan
desde la fuente al mar, en ocio atareado,
llenos de su importancia, bien fabril o agrícola;
la fuente, que es promesa, el mar sólo la cumple,
el multiforme mar, incierto y sempiterno.
Como en fuente lejana, en el futuro
duermen las formas posibles de la vida
en un sueño sin sueños, nulas e inconscientes,
prontas a reflejar la idea de los dioses.
Y entre los seres que serán un día
sueñas tu sueño, mi imposible amigo.
No comprendo a los hombres. Mas algo en mí responde
que te comprendería, lo mismo que comprendo
los animales, las hojas y las piedras,
compañeros de siempre silenciosos y fieles.
Todo es cuestión de tiempo en esta vida,
un tiempo cuyo ritmo no se acuerda,
por largo y vasto, al otro pobre ritmo
de nuestro tiempo humano corto y débil.
Si el tiempo de los hombres y el tiempo de los dioses
fuera uno, esta nota que en mí inaugura el ritmo,
unida con la tuya se acordaría en cadencia,
no callando sin eco entre el mudo auditorio.
Más no me cuido de ser desconocido
en medio de estos cuerpos casi contemporáneos,
vivos de modo diferente al de mi cuerpo
de tierra loca que pugna por ser ala
y alcanzar aquel muro del espacio
separando mis años de los tuyos futuros.
Sólo quiero mi brazo sobre otro brazo amigo,
que otros ojos compartan lo que miran los míos.
Aunque tú no sabrás con cuánto amor hoy busco
por ese abismo blanco del tiempo venidero
la sombra de tu alma, para aprender de ella
a ordenar mi pasión según nueva medida.
 Ahora, cuando me catalogan ya los hombres
bajo sus clasificaciones y sus fechas,
disgusto a unos por frío y a los otros por raro,
y en mi temblor humano hallan reminiscencias
muertas. Nunca han de comprender que si mi lengua
el mundo cantó un día, fue amor quien la inspiraba.
Yo no podré decirte cuánto llevo luchando
para que mi palabra no se muera
silenciosa conmigo, y vaya como un eco
a ti, como tormenta que ha pasado
y un son vago recuerda por el aire tranquilo.
Tú no conocerás cómo domo mi miedo
para hacer de mi voz mi valentía,
dando al olvido inútiles desastres
que pululan en torno y pisotean
la vida que serán y que yo casi he sido.
Porque presiento en este alejamiento humano
cuán míos habrán de ser los hombres venideros,
cómo esta soledad será poblada un día,
aunque sin mí, de camaradas puros a tu imagen.
Si renuncio a la vida es para hallarla luego
conforme a mi deseo, en tu memoria.
Cuando en hora tardía, aún leyendo
bajo la lámpara luego me interrumpo
para escuchar la lluvia, pesada tal borracho
que orina en la tiniebla helada de la calle,
algo débil en mí susurra entonces:
los elementos libres que aprisiona mi cuerpo
¿fueron sobre la tierra convocados
por esto sólo? ¿hay más? Y si lo hay ¿adónde
hallarlo? No conozco otro mundo si no es éste,
y sin ti es triste a veces. Ámame con nostalgia,
como a una sombra, como yo he amado
la verdad del poeta bajo nombres ya idos.
Cuando en días venideros, libre el hombre
del mundo primitivo a que hemos vuelto
de tiniebla y de horror, lleve el destino
tu mano hacia el volumen donde yazcan
olvidados mis versos, y lo abras,
yo sé que sentirás mi voz llegarte,
no de la letra vieja, mas del fondo
vivo en tu entraña, con un afán sin nombre
que tú dominarás. Escúchame y comprende.
En sus limbos mi alma quizá recuerde algo,
y entonces en ti mismo mis sueños y deseos
tendrán razón al fin, y habré vivido.

(De “Como quien espera el alba” 1941-1944)

EL INTRUSO

Como si equivocara el tiempo
Su trama de los días,
¿Vives acaso los de otro?
Extrañas ya la vida.

Lejos de ti, de la conciencia
Desacordada, el centro
Buscas afuera, entre las cosas
Presentes un momento.

Así de aquel amigo joven
Que fuiste ayer, aguardas
En vano ante el umbral de un sueño
La ilusa confianza.

Pero tu faz, en el alinde
De algún espejo, vieja,
Hosca, abstraída, te interrumpe
Tal la presencia ajena.

Hoy este intruso eres tú mismo,
Tú, como el otro antes,
Y con el cual sin gusto inicias
Costumbre a que se allane.

Para llegar al que no eres,
Quien no eres te guía,
Cuando el amigo es el extraño
Y la rosa es la espina.

(De “Vivir sin estar viviendo 1944-1949)

Tres viajes a México en 1949, 1950 y 1951 le hacen desear volver a vivir en una tierra donde se habla el español, en compañía del amplio exilio republicano refugiado allí gracias a la hospitalidad del presidente Lázaro Cárdenas. En 1951 es invitado por la revista Orígenes para dar conferencias en Cuba y amista con el escritor José Lezama Lima; además se reencuentra con María Zambrano.
Por fin consigue dejar su puesto y establecerse en México D.F. en 1952
De nuevo en casa de Concha Méndez, que ya se había separado de Altolaguirre, en el barrio de Coyoacán, junto a la hija y los nietos del matrimonio amigo y cerca de Octavio Paz y otros españoles desterrados como Emilio Prados, Max Aub o Tomás Segovia.
Comienza a dar clases en la universidad mexicana, gracias a Octavio Paz; y sigue escribiendo ensayos literarios y recibe su primer homenaje en España, en la revista Cántico, auspiciado, entre otros, por Pablo García Baena. Desde España no dejaba de llegarle un reconocimiento tardío, principalmente impulsado por Jaime Gil de Biedma y otros poetas de la llamada Generación del 50, y su poesía iba siendo cada vez más leída.
En el libro Con las horas contadas (1950-1956) continúa ese proceso reflexivo y depurador, en el que el estilo va haciéndose cada vez más comunicativo. Siguen las referencias culturales e históricas, el cansancio existencial, la amargura y la meditación poética.
En Desolación de la Quimera (1956-1962), título sacado de un verso de T. S. Eliot, Cernuda hace una especie de repaso final de todas las cuestiones que le preocuparon en vida, como si tuviera la certeza de que se trataría de su último poemario.
En 1959, con motivo del fallecimiento de Manuel Altolaguirre, se ocupa de editar las Poesías completas de su amigo y empieza a mantener correspondencia con jóvenes poetas españoles.
Pasó un curso como profesor invitado en San Francisco y otro en Los Ángeles, aunque siempre volviera a México; siguió escribiendo crítica literaria y terminó Desolación de la Quimera.
En los últimos tiempos su salud era delicada, un oftalmólogo le había recomendado que visitara a un cardiólogo, pero el poeta no lo hizo. Por no someterse a un examen médico no podía obtener un nuevo visado para Estados Unidos y en México había perdido la beca que le concediera el gran Alfonso Reyes. La mañana del 5 de noviembre de 1963, Paloma Altolaguirre, al ver que no bajaba, como era su costumbre, a desayunar, subió a su habitación y lo encontró muerto, víctima de un ataque cardíaco.

Epílogo

Playa de la Roqueta
Sobre la piedra, contra la nube,
Entre los aires estás, conmigo
Que invisible respiro amor en torno tuyo.
Mas no eres tú, sino tu imagen.

Tu imagen de hace años,
Hermosa como siempre, sobre el papel, hablándome,
Aunque tan lejos yo, de ti tan lejos hoy
En tiempo y en espacio.
Pero en olvido no, porque al mirarla,
Al contemplar tu imagen de aquel tiempo,
Dentro de mí la hallo y lo revivo.

Tu gracia y tu sonrisa,
Compañeras en días a la distancia, vuelven
Poderosas a mí, ahora que estoy,
Como otras tantas veces
Antes de conocerte, solo.

Un plazo fijo tuvo
Nuestro conocimiento y trato, como todo
En la vida, y un día, uno cualquiera,
Sin causa ni pretexto aparente,
Nos dejamos de ver. ¿Lo presentiste?
Yo sí, que siempre estuve presintiéndolo.

La tentación me ronda
De pensar, ¿para qué todo aquello:
El tormento de amar, antiguo como el mundo,
Que unos pocos instantes rescatar consiguen?
Trabajos del amor perdidos.

No. No reniegues de aquello,
Al amor no perjures.
Todo estuvo pagado, sí, todo bien pagado,
Pero valió la pena,
La pena del trabajo
De amor, que a pensar ibas hoy perdido.

En la hora de la muerte
(Si puede el hombre para ella
Hacer presagios, cálculos),
Tu imagen a mi lado
Acaso me sonría como hoy me ha sonreído,
Iluminando este existir oscuro y apartado
Con el amor, única luz del mundo.

(Del libro Desolación en la quimera, 1962)

Te recomendamos ver el programa de televisión.

PRÓXIMO NÚMERO

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78. Poesía más Poesía: Rosa Chacel

ROSA CHACEL

BIOGRAFÍA

Rosa Clotilde Chacel Arimón  nació en Valladolid el 3 de junio de 1898 y falleció el 27 de julio de 1994 a la edad de 96 años. Fue una gran escritora española de la generación del 27. Hija de un funcionario estatal y una maestra, Rosa Cruz Arimón. Recibió clases a través de ella en casa, dado que en los primeros años tenía un salud delicada, una afección bronquial. En sus paseos, su padre solía recitarle poemas. Era Sobrina-nieta de José Zorrilla y el ambiente en casa era liberal. Ella dice que cuando su madre dejó de leerle los cuentos de Calleja y las mil y una noches, aprendió a leer los versos de Zorrilla y se los llegó a saber de memoria. También era una gran apasionada de Julio Verne y ávida lectora de autores como Victor Hugo, Walter Scott, Alejandro Dumas. Tomó clases de pintura y dibujo en 1906, interesada también por las creaciones artísticas.

A la edad de once años, en 1908, la familia se traslada a Madrid, al barrio de Maravillas, a vivir a casa de su abuela materna. Esta circunstancia va a dejar huella en su vida y su obra. Barrio de Maravillas es, precisamente, el título de la primera parte de su trilogía autobiográfica, de la que también formaron parte Acrópolis y Ciencias Naturales. Pasa por colegios dedicados a las labores, la Escuela de Artes y oficios. Cuando se abre la Escuela del Hogar y Profesional de la mujer, se matricula en 1915 en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando para estudiar escultura, materia que abandonaría en 1918. Fue alumna de Valle Inclán y Julio Romero de Torres. Allí se codea con gente artística e intelectualmente despierta de su generación, y tiene contacto también con intelectuales como Ramón Gómez de la Serna, Juan Ramón Jiménez o el propio Ortega y Gasset. Allí conoció a Timoteo Pérez Rubio, pintor con quien se casaría. En el Ateneo de Madrid leía muchísima filosofía, y acabó convirtiéndose en una de las intelectuales más cultas de su generación. María Zambrano comenta que le dijeron de Rosa Chacel que había una muchacha que hablaba de Nietzsche en el Ateneo, que tenia talento y belleza y el hado de un genio en su frente. Rosa Chacel frecuentó aquellos lugares que fueron epicentro de nuevas ideas, de polémicas y debates en pleno florecimiento de las vanguardias españolas, como el Ateneo de Madrid y la Residencia de Estudiantes; participó en las tertulias artísticas y literarias del café La Granja de Henar y el café Pombo, y publicó en revistas como La Esfera, Revista de Occidente, La Gaceta Literaria, Caballo verde para la poesía, y más adelante, en El mono azul y en Hora de España (con manifiestos y proclamas antifascistas). Convivió con algunas mujeres que, al igual que ella, formaron parte del ambiente cultural español del primer tercio del siglo XX, concretamente aquellas que pertenecieron al Grupo poético del 27 y las que desarrollaron su obra en torno a él: Concha Méndez, María Teresa León, Ernestina de Champourcin, María Zambrano o Maruja Mallo, entre otras.

Rosa Chacel lee a Ortega y Gasset, James Joyce y Sigmund Freud, que serán influencias principales para su primera novela.
A los veintitrés años de edad, fue invitada a pronunciar la que habría de ser la primera conferencia de la autora vallisoletana, titulada “La mujer y sus posibilidades”.


Hubo un debate a finales de los años veinte, sobre la diferencia y la relación entre los sexos que encendía la intelectualidad europea. que encuentra resonancia en las páginas de la Revista de Occidente: se editan, sobre este asunto, traducciones de ensayos de Simmel y Jung y contribuciones originales de Ortega, Gregorio Marañón, Pérez de Ayala y Ricardo Baeza, entre otros.En su conjunto, el debate volvía a proponer los términos de la conocida metafísica de los sexos: postulaba la existencia de dos «principios» opuestos y complementarios, lo masculino y lo femenino, como fundamentos ontológicos de la diferencia entre hombres y mujeres que determinaría sus respectivas psicologías y su posición y papel en la sociedad. Rosa Chacel escribió un ensayo titulado Esquema de los problemas prácticos actuales del amor, donde arropándose en la tesis de Scheler, refutó muchas de las ideas misóginas.
Chacel se convierte en discípula de Ortega y Gasset, a quien deslumbró por su perfecto conocimiento -verdaderamente extraño en una joven de su tiempo- de las obras de Nietzsche, Schopenhauer, Kant y Dostoievsky. También comienza a colaborar en la revista de Occidente y la Gaceta Literaria, las revistas más emblemáticas de la vanguardia
En 1921 se casa con Timoteo Pérez Rubio y viajan a Roma. El había obtenido una beca para estudiar en la Academia Española de allí. Tuvieron su único hijo en 1922.
Durante su estancia en Roma, Rosa Chacel envió su primer relato a España (publicado en la revista vanguardista Ultra bajo el título de “Las ciudades”) y concluyó su primera novela, Estación. Ida y vuelta en 1925. Su capítulo inicial fue publicado en la Revista de Occidente.
En 1927 regresa a Madrid.
Ortega y Gasset le encargó escribir una biografía de la amante de José de Espronceda, Teresa Mancha, para una colección llamada “Vidas extraordinarias del Siglo XIX”, y que, titulado Teresa , se acabó publicando en 1941 en Buenos Aires.
En 1933 se establece en Berlín, ciudad donde asiste a las primeras manifestaciones públicas contra el ascenso del nazismo. Se instaló en la misma residencia donde estaban alojados el poeta Rafael Alberti y su esposa María Teresa León -también escritora-, con los que pronto compartió afinidades estéticas e ideológicas. En Alemania trabó amistad también con el filólogo venezolano Angel Rosenbalt recomendado por Ortega y Gasset. Realizó conferencias que le aportaron un prestigio intelectual.

Rosa Chacel, de tertulia con Miguel Delibes y Rafael Alberti, en San Lorenzo de El Escorial, en el año 1991


De vuelta a Madrid, en los primeros meses de la guerra civil, se identifica con la causa del Frente Popular y se adhiere a sus programa, firmando el Manifiesto Fundacional de la Alianza de Intelectuales Antifascistas, trabajando como enfermera y sobre todo colaborando con las principales publicaciones republicanas. El Mono Azul y Hora de España.
Comprometida activamente con la ideología progresista, tuvo la iniciativa, entre otras muchas, de firmar un escrito de protesta por la detención y encarcelamiento del poeta Miguel Hernández, a la que se suscribieron también grandes autores como Alberti, Bergamín, Lorca, Cernuda y Altolaguirre

En 1936, Manuel Altolaguirre le publicó en la colección Héroe, su libro de sonetos A la orilla de un pozo, con prólogo escrito por Juan Ramón Jiménez

Rosa Chacel tiene que marchar de Madrid junto a su marido y su hijo a Valencia y luego a Cataluña, Francia, Suiza, Grecia. Finalmente se exilia con su familia a América, estableciéndose en Río de Janerio y Buenos aires. Su marido fue uno de los responsables de que se evacuaran los cuadros del Museo del Prado durante la Guerra Civil. Fruto de esos vaivenes y situaciones vitales escribiría posterioremente su diario Alcancía, Ida y Vuelta y Timoteo Pérez Rubio y sus retratos del jardin. En ellos, ella hace referencia a este periodo.
Durante la década de los cuarenta colabora en la Nación y en las revistas Sur, Realidad y Anales de Buenos Aires. Ejerce también su labor como traductora. Esto le proporciona una supervivencia económica e intelectual. Son años muy duros para la autora, en los que su extraordinaria capacidad literaria sobrevive en sus Diarios.
En 1959, gracias a una beca que le concede la Fundación Guggenheim, se traslada a Nueva York, en donde reanuda sus reflexiones sobre la cuestión de la mujer, que había iniciado treinta años atrás y que culmina en su grandioso ensayo Saturnal. Ej: “nuestra época aspira a la paz, lo que significa una indicustible feminización. Hace tiempo que algunos pensadores de categoría arrojaron, con apresuramiento profético esta acusación contra ella y acertaron: la profecía se cumplió pero llegó por un camino que no era el previsto. En primer lugar, ¿por qué es esta una grave acusación? Porque, según el criterio de hoy, indica preponderancia de una parte y anulación de otra; no es ésta la forma en que la profecía se cumplió. Claro está que la acusación no había sido, en realidad, de feminización, sino de afeminamiento. Este segundo término es el que indica un desequilibrio o inversión; pone las cosas cabeza abajo – la cabeza, la razón por los suelos – el otro, por el contrario, se convierte en suelo, en sustento de ella. El caso es que gravita sobre nuestro presente este colosal fenómeno, al que nada escapa.”
Allí conoce a Victoria Kent y comienzan una estrecha amistad.

Las mujeres de la Generación del 27: Ellas, el género neutro | Cultura | EL  MUNDO

Publica la novela que expertos han considerado la mejor de su obra literaria La sinrazón (1960) .
Al finalizar la beca, en noviembre de 1961 viaja a España, permaneciendo tan solo hasta mayo de 1963, regresando nuevamente a Brasil.
En 1973, tras conseguir una beca de creación por parte de la Fundación Juan March, destinada a terminar el barrio de Las Maravillas, vuelve a España, donde se instalará definitivamente en 1977, tras el fallecimiento de su marido. Comienza una época muy fecunda en la que se publican Novelas antes de tiempo, Versos prohibidos, Timoteo Pérez Rubio y sus retratos del jardín, Los títulos, Diarios, Acrópolis, Ciencias Naturales, Rabañaduras, La literatura es Secreto.
En 1978 publica su libro de poesía Versos prohibidos.
En esos años, se empezó a reconocer su figura y su obra: «¿Por qué habré de interesar a tantas doctoras y doctorandas —se preguntaba en esos años— en vez de tener verdaderos lectores, como se supone a todo escritor?»
También llegó a publicar su obra completa.
La Universidad de su Valladolid natal la hará Doctora Honoris Causa.
Fue Premio de la Crítica en 1976 por Barrio de Maravillas.
En 1979 su obra Memorias de Leticia Valle fue llevada a la pantalla por Antonio Pangua, con un reparto integrado por  Fernando Rey, Héctor Alterio y Esperanza Roy.
En 1987 se le otorga el Premio Nacional de las Letras.
En 1990 recibió el Premio Castilla y León de las Letras.
En 1993 Rosa Chacel asistió en Logroño a un congreso de especialistas en literatura centrado únicamente en su obra, y poco después, ante el agravamiento de sus problemas cardiorespiratorios, se vio forzada a ingresar en un hospital, hasta el que se desplazaron los reyes de España para hacerle entrega en persona de la Medalla de Oro de las Bellas Artes.

Con el poeta Octavio Paz.

El tema sobre la mujer fue objeto de continuas reflexiones a lo largo de su obra, siendo un importante enclave para la investigación de las relaciones de género. Además, fue objeto de sus principales preocupaciones en su actividad intelectual. Chacel luchó siempre por hacer participar a la mujer del pensamiento filosófico, científico, político y artístico de su época. Escribiría: «Si, como es sabido, las leyes que esclavizaron a la mujer durante siglos fueron escritas, y cumplidas, no es dudoso que los hombres que las escribieron -pues esto sí es cierto, la escribieron los hombres- contaban a todas horas con la existencia de unos seres humanos que no eran hombres y que tenían con ellos ¡tales, tan enormes, tan fundamentales e inesquivables, deseables y temibles relaciones!… que tenían que aguzar cláusulas en las leyes para no dejar que ellas anduviesen sueltas, para que no fuesen jamás ignoradas en sus posibles desmanes… Los desmanes es lo que se suele legislar. “
En su autobiografía indica:  “NO, NO, NO. No me dominarían, no me deformarían los vaticinios con de, en por, sin sobre, tras la mujer”.

También diría, en su prólogo de Estación de ida y vuelta:  “Mis dificultades en el mundo no han sido nunca literarias. Han sido, en realidad, dificultades sociales […] no supe desenvolverme como mujer sin una peseta. […] Ortega no me intimidaba intelectualmente […]. Pero el grupo de señores a su alrededor… “
Su prolífica obra se divide entonces en novela, cuento, poesía, biografía y diarios:

Novela 

  • Estación ida y vuelta (1930)
  • Teresa (1941)
  • Memorias de Leticia Valle (1945)
  • La Sinrazón (1960)
  • Barrio de Maravillas(1976)
  • Novelas antes de tiempo (1981)
  • Acrópolis (1984)
  • Ciencias naturales (1988)

Cuento 

  • Sobre el piélago (1952)
  • Ofrenda a una virgen loca (1961)
  • Icada, Nevda, Diada (1971)
  • Balaam y otros cuentos (1989)

Poesía 

  • A la orilla de un pozo (1936)
  • Versos prohibidos (1978)
  • Poesía (1931-1991) 

Biografía y diarios 

  • Desde el amanecer (1972)
  • Timoteo Pérez Rubio y sus retratos del jardín (1980)
  • Alcancía. Ida (1982)
  • Alcancía. Vuelta (1982)

Ensayo 

  • Poesía de la circunstancia. Cómo y porqué de la novela (1958)
  • La confesión (1971)
  • Saturnal (1972)
  • Los títulos (1981)
  • Rebañaduras (1986)
  • La lectura es secreto (1989)

Su editor la recuerda como “la mujer más inteligente y una de las personas más inteligentes que he conocido nunca. Lo era tanto que, sin saber inglés, tradujo de modo excelente a T.S.Eliot, basándose en sus conocimientos de otras lenguas y estudiando gramáticas y diccionarios”. Aunque su trabajo fue reconocido en esta época de su vida, su situación económica era acuciante. La pensión que cobraba en España no era suficiente para vivir. Con 86 años ella misma se encargaba de las labores de su pequeña casa alquilada en el paseo de la Habana.

Por parte del Ministerio de Cultura se intentó llegar a una solución para el problema económico y de ayuda de la escritora pero se quedó en eso, en intención. Rosa se marcha a vivir a Brasil con su hijo durante la última etapa de su vida, y regresa para fallecer a los 96 años en Madrid, el 27 de julio de 1994.

POEMAS

EN UN CORSÉ DE CÁLIDAS ENTRAÑAS, del libro A la Orilla de un pozo

A Paz González

En un corsé de cálidas entrañas
duerme una estrella, pasionaria o rosa,
y allí la casta Ester, la misteriosa
Cleopatra y otras cien reinas extrañas
con fieros gestos e indecibles mañas
anidan entre hiedra rumorosa.
Allí hierve el rubí que no reposa,
pulsan sus arpas mélicas arañas.
Allí en el cáliz de la noche umbría
sus perlas vierte el ruiseñor oscuro.
Allí sestea el fiel león del día.
En su escondido sésamo seguro
custodia el grifo de la fantasía
de hirviente manantial el fuego puro.

TÚ, DE LAS GRIETAS DUEÑA Y MORADORA…del libro A la Orilla de un pozo

                                                                        A Concha Albornoz

Tú, de las grietas dueña y moradora,
émula de la víbora argentina.
Tú, que el imperio esquivas de la endrina
y huyes del orto en la bisiesta hora.

Tú, que, cual la dorada tejedora
que en oscuro rincón torva rechina,
la vid no nutres, que al crisol declina
y sí, su sangre exprimes, sorbedora.

Vas, sin mancharte, entre la turba impura
hacia el lugar donde con noble traza,
la paloma amamanta a sus hijuelos.

Yo, en tanto, mientras la sangrienta, oscura
trepadora mis muros amenaza,
piso el fantasma que arde en mis desvelos.

CUANDO LA MAR ESTÉ BAJO TU ALMOHADA, del libro A la Orilla de un pozo

A Rafael Alberti

Cuando la mar esté bajo tu almohada
¡Alegría de turbas infantiles!
¡Triunfo de los egregios, varoniles
pámpanos que estremece la alborada!
Frutos dará la náyade dorada
que llamea en los ínclitos candiles
y en sus perlas de amor claros abriles
hervirán al compás de tu mirada.
¡Qué ventura te aguarda en el impacto
si alcanzar logras la divina orquesta!
Tu frente surtirá con el contacto
de la escondida nuez templada y presta
que a trompa airada vibrará en el acto.
¡La vida es gracia y el reir no cuesta!

EN EL INFIERNO HABÍA UN VIOLONCELLO del libro A la Orilla de un pozo

                                                                          A Musia Sackhaina

En el infierno había un violoncello
entre el café y el humo de pitillos
y cien aulas con libros amarillos
y nieve y sangre y barro por el suelo.

Pero tú, resguardada por el velo
de tus cristales de lucientes brillos,
pasabas, seria y pura, en los sencillos
compases de tu fe y de tu consuelo.

Algunas veces fuimos, de la mano,
por las venas del bosque y la corneja
cantó melancolía en nuestras almas,

si nos separa el Ábrego inhumano,
no llores mi amistad hoy que se aleja,
entrega al viento el talle de tus palmas.

SI EL ALCOTÁN ANIDA EN TUS CABELLOS del libro A la Orilla de un pozo

A María Teresa León

Si el alcotán anida en tus cabellos
y el Nilo azul se esconde en tu garganta,
si ves crecer del zinc la humilde planta
junto a tus senos o a tus ojos bellos,

no cierres el ocaso con los sellos
que el Occidente en tu testuz aguanta:
tiembla ante el cierzo y el nublado espanta.
Si oyes jazmines corre a través de ellos.

Yo sé bien que te escondes donde siguen
los hongos del delirio, impenitentes,
y que al cruzar su senda de delicias

mariposas nocturnas te persiguen,
se abren bajo tus pies simas ardientes
donde lloran cautivas tus caricias.

LA AUSENTE, del libro Versos Prohibidos

Nuevamente, detrás de cada tronco
muestra el puñal la ausente, ya olvidada.
La que creían muerta, vive, acecha
con su poder artero entre la sombra
de las horas que, aun lejos, merodean.

El palacio mirífico del hielo
va deshaciendo su firmeza en lágrimas
y se desploman sus invulnerables
salas, tan bienamadas del cilicio,
porque vuelve, y el vaho que se desprende
de sus ansiosos poros va infundiendo
una tácita ira. La borrasca
cuyos ojos prometen la centella,
posándose en los ámbitos arrulla
o abre su cola vesperal la calma.
Las aceradas lanzas de los astros,
implacables, se alargan punzadoras
y alas húmedas pasan, alas tibias,
alas negras, velludas, perfumadas.
Manos pasan, que oprimen impalpables,
que arrebatan o llaman al abismo
del verde imán que yace sobre el césped,
bajo el manto extendido de los cedros.

Ella vuelve, dejando la morada
donde el raptor oscuro la sujeta,
y el vello de la tierra se estremece
con desvelo febril. Su pie de rosa
incontenible, avanza y las murallas,
como de arcilla, empapan sus efluvios…

Rompe la paz, igual que el soplo frío
rompe el vaso de vidrio, con su aliento.

LA CULPA, del libro Versos Prohibidos


Tarde en el Zoo de La Plata

La culpa se levanta al caer de la tarde,
la oscuridad la alumbra,
el ocaso en su aurora…

Se empieza a oír la sombra desde lejos
cuando el cielo está limpio aún sobre los árboles
como una pampa verdeazul, intacta,
y el silencio recorre
los quietos laberintos de arrayanes.

Llegará el sueño: alerta está el insomnio.
Antes que caiga la cortina oscura,
gritad al menos, hombres,
como el pavón metálico que grazna su lamento
desgarrado en la rama de arraucaria.
Gritad con voces múltiples,
piad entre la enredadera,
entre las hiedras y rosales trepadores.
Buscad refugio en las glicinas
con los gorriones y zorzales
porque avanza la onda de la noche
y su ausencia de luz,
y su implacable huésped
de suaves pasos, el peligro…

MARIPOSA NOCTURNA, del libro Versos Prohibidos

¿Quién podría abrazarte, diosa oscura,
quién osaría acariciar tu cuerpo
o respirar el aire de la noche
por entre el pelo pardo de tu cara?…
¡Ah! ¿quién te enlazaría cuando pasas
sobre la frente como un soplo y zumba
la estancia sacudida por tu vuelo
y quién podría ¡sin morir! sentirte
temblar sobre los labios detenida
o reír en la sombra, descubierto,
cuando tu manto azota las paredes?…
¿Por qué venir a la mansión del hombre
si no se es de su carne ni se tiene
voz ni se puede comprender los muros?
¿Por qué traer la ciega noche extensa
que no cabe en el cáliz de los límites…
Desde el tácito aliento de la sombra
que la floresta tiende en las vertientes
-quebrada roca, imprevisible musgo-,
desde troncos o lazos de lianas,
desde la voz lasciva del silencio
vienen los ojos de tus alas lentas.
Da la datura su canción nocturna
que trasciende al compás que va la hiedra
ascendiendo hacia el talle de los árboles
cuando el crótalo arrastra sus anillos
y leves voces laten en gargantas
entre el cieno que nutre al lirio blanco
mirado por la noche intensamente…
Sobre montes velludos, sobre playas
donde las olas blancas se deshojan
la soledad tendida está a tu vuelo…
¿Por qué traes a la alcoba,
a la ventana abierta, confiada, el terror?…

LOS MARINEROS, del libro Versos prohibidos

Para Luis y Stanley

Ellos son los que viven sin nacer a la tierra:
no les sigáis con vuestros ojos,
vuestra mirada dura, nutrida de firmezas,
cae a sus pies como impotente llanto.
Ellos son los que viven en el líquido olvido,
oyendo sólo el corazón materno que les mece,
el pulso de la calma o la borrasca
como el misterio o canto de un ámbito entrañable.

NARCISO, del libro Versos Prohibidos

¿Dónde habitas, amor, en qué profundo
seno existes del agua o de mi alma?
Lejos, en tu sin fondo abismo verde,
a mi llamada pronto e infalible.
Nuestras frentes unánimes separa
frío, cruel cristal inexorable.
Zarzas de tus cabellos y los míos
tienden, en vano, a unir lindes fronteras.
Sobre el mío y tu cuello mantenido
un templo de distancia en dos columnas
silencio eterno guarda entre sus muros;
nuestro mutuo secreto, nuestro diálogo.
Silencio en que te adoro, en que te encierras,
recinto de silencio inaccesible
y lugar a la vez de nuestras citas.
¡Siglos espero frente a la cruenta
muralla dura que lamento inerme!
Eternidades entre nuestras bocas
a cien brisas y a cien vuelos de pájaro. 
¿Para qué pies que hollaban la pradera
jóvenes, blancos corzos corredores
si no me llevan hacia ti ni un punto?
¿Para qué brazos tallos de mis manos
si jamás alcanzarán a estrecharte?
¡Límpida, clara linfa temblorosa
jamás en nuestro abrazo aprisionada!
¿Para qué vida, en fin, si vida acaba
en el umbral de la mansión oscura
donde moras sin hálito, en el vidrio
que con mi aliento ni a empañar alcanzo?
¡Oh, sueño sin ensueño, muerte quieta
lecho para mi anhelo, eterno insomne!
¡Único al fin reposo de mis ojos
tu infinito vacío negro espejo!

EPÍSTOLA, del libro Versos Prohibidos

(A los perros de Atenas)
Un dios extraño acecha, con horrible garganta:
Ladrad, ladrad conmigo porque está oscuro en torno.
Las manos se perderán por la cañada negra
donde ¡inútil llevar vuestra nariz por guía!…
Un dios vendrá, increíble como un feto del miedo,
que no tendrá los muslos luminosos de Apolo
ni el costado aterido que transió la lanzada,
que no nos mandará su mensaje en centellas
ni contará en los diez dedos su ley escrita.
Yo os llamo porque sólo vuestra voz extrahumana
debe aullar. ¡Escarbad la tierra sobre el VERBO!
Solamente a vosotros es dada la elegía
que merece el insomnio cuando es la noche oscura,
cuando María pasa, llorando, en las tinieblas…

ODA AL HAMBRE

A nadie duela o pese esta cadena…
La mente, con temor iba abriendo los ojos
y ya sorbías tú las chispas sustanciales
que se unían, por ti, en un beso recóndito.
¡Oh virtud vigilante! ¡Oh nupcial luminaria!
Te obedece el rebaño de toda carne dócil..
Pero aquel que la perla de tu verdad alcanza
te eleva y te contempla, porque olvidarte es muerte,
porque en el paraíso que los párpados guardan,
en el edén secreto que los labios custodian
eres la primavera, el iris de la sangre.
Por ti el hombre abandona su soledad altiva
porque el cuerpo se pudre como un fruto cortado
sin el hilo granate con que tú lo encadenas,
le enlazas a las fuentes de potencia y dulzura.

ODA A LA ALEGRÍA, del libro Versos Prohibidos

Penetramos,
¡oh divina alegría! en tu santuario. 
Schiller
Tu santuario, ¡oh divina Alegría! se eleva
como la ola, espuma de agua sobre las aguas
del mar; arquitectura, cúpulas y arbotantes
de agua, sosteniendo a la ola, agua pura.
Así, tú, de ti misma te encrespas y susurras
soberana recubres, transportas y atropellas…
tu glorioso esplendor centellea en las playas,
en las mentes y alientos, en latidos y gritos.
Tu ímpetu te asemeja a la ola estruendosa.
La ola es un suspiro, una risa radiante,
espuma de poder rizada en espirales
que caen y se levantan: caen por su propia fuerza,
su caer es seguir para de nuevo alzarse,
es llevar mantenida la impecable voluta
de gloria geométrica –impulso y cumplimiento…
Así mismo es tu fórmula. En el crisol fundidas
van pregunta y respuesta, van petición y dádiva
fieles, indivisibles, rimando con la dicha.
Breve en tu eternidad ¡oh divina! en tu instante,
burbujas de la sangre alzan tu alcázar, súbitas.
Con llamas de la sangre inflaman tu edificio,
ígneas salas de luz rosada, primavera
de sangre en erección, en columnas y criptas
palpitantes, en sótanos en donde aún la risa
no es carcajada: es sólo tierno ovillo de sangre.
Tú, falena, aleteas ¡divina! en el plafón
de tu santuario, unánimes, galopan los caballos
con impulso gemelo. Luz roja de la sangre
tiñe sus blancos pechos, sus grupas afrodíticas.
El incienso, en tu templo, lanza aromas de triunfo
que escapan de las brasas en el botafumeiro
del corazón, que exulta y golpea los muros
con el ritmo del verso del himno a ti debido.
Canta y prodiga notas que del oro no tienen
más que el incorruptible sonido: cornucopia
que la sangre acuñada por el deseo esparce.
Tu santuario es aurora que despierta al dormido;
no hay que ir paso a paso hacia tu umbral, te ciernes
o te inflamas o estallas sobre el alma, y el alma
poseída por ti, está en ti y en sí misma…
Tu santuario, ¡oh divina alegría! se eleva
sobre la roca, torres, poterna y puente alzado
-la luz no reverbera ni hace temblar las líneas-.
Silueta que recorta la tijera de un niño
y pega en el espacio del ocaso verdoso
-turquesa exangüe, fija detrás del horizonte-
como ejercicio de hábil constructor parvular.
El recuerdo, artesano de inmarcesible infancia,
te edifica un santuario de neta lejanía,
de planos primitivos, sin ambiente, desnudos
arcos donde, al pasar, pliega el Ángel las alas.
Muro, adarve, atalaya, torre del homenaje
tu santuario ¡oh divina! ahora es fortaleza
inexpugnable –término trivial si roca fuese-,
inexorable, puesto que solamente es brillo
del diamante, del iceberg que flota como un templo
y los barcos se estrellan contra él, si pretenden
orar bajo su nave, que luz polar traspasa.
Como la ola es agua, también es agua el témpano
mas no ríe, reluce con prístina fijeza
en un mundo que niega a la vida el acceso.
Tu templo es el cristal, el prisma de carbono
purísimo, tan puro, tan duro, invulnerable
al golpe del martillo. Impasible a las lágrimas,
finge, como ellas, agua en quietud poliédrica.
Tú, lejos refulgente, eres, puesto que fuiste…
Pero la estrada asciende hacia ti, ángulo agudo
en que ruedan… rodamos los que jamás, jamás,
nunca jamás podremos llegar a los umbrales
de tu santuario, nunca penetrar en tu aurora.
¡Nunca jamás! y siempre recordando tu rostro
como un bien que tuvimos –la dracma inolvidable
que se busca a la luz de un candil de memoria.
¡Y no querer siquiera emprender el camino
hacia ti! ¡Y no dudar siquiera, gcx rata duda
oculta entre los velos de la desesperanza!
Y temer, ¡oh terror! que llegue al fin un día
en que, al oír tu nombre, pregunte: ¿De quién hablan? …

APOLO, del libro Versos prohibidos

Habitante de los anchos portales
donde el laurel de la sombra oculta el arpa de la araña,
donde las losas académicas,
donde las arcas y las llaves mudas,
donde el papel caído
recubre el polvo de frágil terciopelo.
¡El silencio dictado por tu mano,
la línea entre tus labios sostenida,
tu suprema nariz exhalando un aliento
como brisa en las praderas,
por gemelas vertientes recorriendo los valles de tu pecho,
y en torno a tus tobillos un espacio
pálido como el alba!
¡Eterna, eternamente un universo a imagen tuya!
Con la frente a la altura de tu plinto,
viniendo de aritméticas vacías como claustros,
de cielos oprimidos como flor entre páginas,
¡eternamente! dije, y desde entonces,
¡eternamente! digo.
Beso a mi voz, que expresa tu mandato,
la suelto y voy hacia ti, como paloma
obediente en su vuelo,
libre en la jaula de tu ley.
El trazo de tu norma, en el basalto
de mi inocencia oscura,
el paso de tu flecha ¡para siempre!
Y hasta el fin tu soberbia.
Sobre mí, solo eterno
tu mandato de luz, Verdad y Forma.

A TIMO

(Dedicatoria de Estación de ida y vuelta)
Recuerdos astillados, espinosos,
igual que aleve zarza polvorienta,
erizados en torno a la sangrienta
vaga masa de olvidos coagulosos…

Arenas de paciencia, tercos posos
de insoluble venganza cenicienta,
redadas de agonías, en cruenta
cuerda tejida de ayes anhelosos.

Iban con él unidos, se perdieron
en el confín donde el mirar expira,
donde, al nacer de nuevo, nos reclaman.

Males, estrellas o venenos fueron
entre el vapor que zozobrando gira
y en el vértice va que tiempo llaman.

EN EL CAMPO DE GUERRA, de Otros Poemas

Quedan charcos de sangre en el campo de guerra,
charcos donde las nubes evitan espejarse,
donde beben los cuervos y las liebres no osan,
donde las ranas lloran el inaudito engaño.
En el campo de guerra vaga una sombra y busca…
teme pisar su sangre y busca; es su propósito
plantar una columna en un espacio pulcro,
trazar una calzada teórica, ascendente…

Que la brisa dibuje alguna línea firme
sobre la noche negra, sólo en eso habrá en alba,
que el viento arranque el seco armazón de la hiedra,
que en su nido mediten los pájaros nocturnos,
y las blancas, de Venus, esponjen sus pechugas.

Sólo en esto habrá un alba sobre un dintel de mármol.
Un alba con tres faces, ecuánimes, sentada
sobre su propia luz, sobre su propia forma,
sobre su propio ser.

PENSAMIENTO, de Otros poemas

En su plantío están los pensamientos
como unánimes rostros expectantes,
al susurro del céfiro vibrantes,
a la luz del ardiente estío atentos.

Cráneos con huecas órbitas, exentos
del temor a no ser, perseverantes.
Negando negaciones aberrantes
de eternidad son notas o momentos.

Hoy que su noble nombre tanto brilla
escojo el de más cárdeno y profundo
color, suave matiz aterciopelado.

Y desde aquí, terruño de Castilla,
con el viento que pasa vagabundo
lo mando hacia el sepulcro de Machado.

Te recomendamos ver el programa de televisión.

PRÓXIMO NÚMERO

66. Poesía más Poesía: Josefina de la Torre

JOSEFINA DE LA TORRE MILLARES

BIOGRAFÍA

Josefina de la Torre, nacida en 1907 en el seno de una de las familias más importantes e influyentes de las Islas Canarias. Hija de Bernardo de la Torre y Comminges (hombre de negocios muy comprometido con el desarrollo de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria) y Francisca Millares Cubas (hija del historiador, novelista y músico Agustín Millares Torres). Disfrutó de una infancia rodeada de cultura. Fue la menor de seis hermanos y, junto con ellos, recibió una educación basada en las artes. Aprendió a tocar el piano, el violín y la guitarra y fue su tío, el barítono , el  Néstor de la Torre Comminges que descubrió la curiosa tesitura de su voz y la inició en clases de canto. Su abuelo Agustín Millares Torres había construido un pequeño teatrillo en su casa de Las Canteras, donde organizaba numerosas zarzuelas y obras teatrales en los que intervenían todos los miembros de la familia. Comenzó a escribir poesía a los siete años, y el primer poema que publicó fue a Benito Pérez Galdós, con motivo de su muerte, en La Jornada (Diario Liberal de Canarias) en 1920. También dedicó versos al poeta canario Alonso de Quesada.

Desde los trece años publicaba en revistas literarias como España, Alfar, Verso y prosa, La gaceta literaria y Azor, Fantasía. Su hermano Claudio, novelista y dramaturgo en auge, con el Premio Nacional de Literatura en 1923, es un referente para ella. De hecho, le acompañó a recibir el premio, y allí, en Madrid, tomó contacto con Pedro Salinas, Federico García Lorca, Rafael Alberti y otros intelectuales de la madrileña Residencia de Estudiantes. De estos y otros escritores vinculados a la llamada Generación del 27 recibe una notable influencia. Rafael Alberti le ha dedicado un poema.

Sobre todo Josefina habla del estudio de su primo el pintor Néstor de la Torre, donde confluían los poetas de esta generación y donde tuvo especial amistad con Federico García Lorca. Se organizaban recitales en el estudio del pintor y ella comenta que la acompañaba al piano Gustavo Durán, discípulo de Manuel de Falla y Joaquín Turina. Josefina llegó a publicar incluso un álbum de canciones rusas. Sus dotes como recitadora y excelente cantante le valen también algunas apariciones en la prensa nacional. Hemos de recordar que, además de su aptitud para el canto, Josefina tocaba el piano, el violín y la guitarra.

Josefina y su hermano Claudio crearon en 1927 el Teatro mínimo, en su casa de las Canteras, en las Canarias, que es el nombre con el que se conoce a una serie de representaciones que los hermanos comenzaron a organizar en periodos vacacionales en este teatrillo, y que se inaugura con la representación de la obra de Claudio El Viajero.

El primer libro de poemas de Josefina de la Torre, lo publicó en 1927 bajo el título Versos y estampas, prologado por Pedro Salinas, el cual le acuñó la definición de “muchacha-isla” para referirse a las resonancias marcadamente insulares de la poética de Josefina, las cuales con el tiempo se convertirían en el rasgo diferenciador de su poesía, dentro del conjunto de la Generación del 27. La autora le consideraba como uno de sus maestros. En el prólogo del libro versos y estampas, Pedro Salinas hace metáfora de Josefina de la Torre y su labor como poeta: “Trazaba el ave señera grandes círculos. No estuvo ya la isleta en el mar sereno del amanecer sino trasladada poseída segura, en el turbio ojo sanguinolento del águila. Iba descendiendo. Vio muchos árboles diferentes; y cobijada por uno de ellos la presa última e inesperada, dulce criatura sola, dormida. Plegó las alas; se abatió inerte, fatal, inevitable, aguzando las garras – en el resto del mundo, hora de de inspiración, hora de poesía, la esperaban en vano los poetas -, sobre la niña, sobre la isla – rodeada de agua por todas partes” .

Josefina de la Torre publicó numerosos poemas en revistas y antologías que después no han sido recogidos en sus poemarios propios ni sus antologías. En 1930 publica Poemas de la Isla, su segundo poemario: la insularidad es uno de los rasgos fundamentales para entender su poesía. Josefina de la Torre se va a situar entre dos corrientes: la primera de ellas va a ser el último modernismo canario, representado por Alonso Quesada, Saulo Torón y Tomás Morales. De ellos va a tomar el tono romántico, las descripciones narrativas y la forma de representar el mar en su esencia.

De la Torre va a estar muy influenciada por la Generación del 27. Junto a Ernestina de Champourcín, aparecieron, cómo únicas representantes femeninas de su generación en la antología de Gerardo Diego. Ella misma cuenta en la antología de Gerardo Diego, presentándose, como una mujer moderna: “Juego al tenis. Me encanta conducir mi auto, pero mi deporte predilecto es la natación”. Estas actividades caracterizaban la independencia de la mujer de aquella época.

Junto con su hermano Claudio, en 1931, se muda a los estudios franceses de la Paramount, donde empieza a interesarse y a colaborar en la actividad fílmica. Es contratada como actriz de doblaje, siendo su primera intervención en el doblaje de Un secuestro sensacional, de Alexandre Hall, donde dobla a la actriz Dorothea Wieck. Allí coincide con Luis Buñuel, que pone la voz a uno de los secuestradores del hijo de Miss Fanes. Vivió un romance con Luis Buñuel, pero, en palabras de Josefina, dice que como él estaba con otra persona, no continuaron la relación amorosa. Es también la actriz de doblaje de Marlene Dietrich.

En febrero de 1935 da un concierto, acompañada al piano por Cipriano Rivas Cherif, en el Teatro María Guerrero que se anuncia como “Concierto de 1900”. Ingresa en la Orquesta Sinfónica de Madrid, donde llegó a ser solista, y en la compañía de zarzuelas del maestro Sorozábal. Además de intérprete, Josefina de la Torre Millares compuso sus propias partituras. La más conocida lleva por título Puerto de mar.

Durante la guerra civil volvió a su ciudad natal. Josefina, que se quedó en España, supuso, además de las esperanzas truncadas de la II República, la pérdida de gran número de íntimos amigos poetas que se marcharon al exilio. Allí publicaría sus primeras novelas, algunas con estructura cinematográfica.

Fundó junto a su hermano Claudio y la mujer de este, Mercedes Ballesteros (la baronesa Alverta de Codorniz) la editorial la Novela Ideal, donde se publicaban novelas cortas de amor y misterio, como un medio de solventar la crisis económica que, tras la guerra, estaba afectando a su familia. Josefina de la Torre las firmaba bajo el seudónimo de Laura de Cominges.

En 1940, se convierte en primera actriz del Teatro Nacional María Guerrero, aunque también formará parte de prestigiosas compañías como las de Ismael Merlo, Amparo Soler Leal y Núria Espert. También llegó a ser actriz radiofónica durante largos años. Como actriz cinematográfica interpretó papeles importantes bajo las órdenes de su hermano Claudio de la Torre, así como de otros directores como Miguel Pereyra, Edgar Neville, José María Castellví.. Julio de Fletchner, etc. Su última intervención en el cine fue en la conocida serie de Televisión Española Anillos de oro (1983).

También ejerce como guionista, en la película Una herencia en París, dirigida por el mejicano Miguel Pereira. En esta ocasión, Josefina elabora el guion a partir de una novela suya titulada Tú eres él, por el que recibe un accésit en los premios del Sindicato Nacional del Espectáculo Años después publicará una novela, Memorias de una estrella, donde la protagonista es una actriz que abandona en pleno éxito “decepcionada” con un entorno que considera “frívolo” y “mezquino”. Josefina se vuelca de nuevo en el teatro y en la literatura. 

En 1944 se convirtió en primera actriz del Teatro Invisible de Radio Nacional. Al parecer, le habían ofrecido su dirección, pero ella se la cede a su hermano Claudio . Hasta 1957 desarrolla esta actividad, y luego pasará a formar parte de La Voz de Madrid, en Radio Madrid. En 1946 funda su propia compañía teatral, la Compañía de Comedias Josefina de la Torre, junto a Ramón Corroto, el que sería después su marido, con la dirección artística de su hermano Claudio de la Torre. También colaboró en otras compañías, hasta 1958, como Teatro de Cámara del teatro Español, Compañía de Teatro Nacional de Cámara y Ensayo (Teatro María Guerrero), Pequeño Teatro Dido y Teatro de Cámara T.O.A.R. Asimismo, en la década de los sesenta Josefina forma parte, entre otras, de las compañías de Amparo Soler Leal, Nuria Esper, María Fernanda D’Ocon y Vicente Parra.

En 1968 publica Marzo Incompleto, su tercer poemario. Con la publicación de Marzo incompleto (1968) se va a producir un cambio en su voz poética. En 1989 publica Medida del Tiempo, su último poemario. La muerte de su marido el actor Ramón Corroto, en 1980, se refleja en sus páginas. Treinta años más joven que ella, fue su gran amor y esposo. Habían estado casados tres años, después de una larga convivencia y tras un primer matrimonio con Braulio Pérez, gran pianista y dicen vividor, con el que le duró el matrimonio unos meses. Durante su juventud mantuvo también noviazgo con el médico ginecólogo grancanario Juan Guerra del Río, hermano del ministro republicano Rafael Guerra del Río, al que siempre le tuvo mucho afecto y cariño.

En uno de sus poemas del libro Medida del tiempo, se dirige a sus compañeros de la generación del 27, donde vemos cierto reproche en el silencio y el olvido al que la mantienen.

En la película Misterio en la marisma

Su, voz, como otras tantas poetas de su generación, quedó ensombrecida por los varones de la Generación del 27. Josefina aventuró que su propia naturaleza polifacética pudo contribuir a que no se le conozca bien: “Tal vez porque este país no perdona la bicefalia, y menos aún la multiplicidad de facetas, como es mi caso”.

En los últimos años de su vida, la poetisa Josefina de la Torre, que se definía así, como poetisa, pues, en su opinión, “es un término que se extinguirá conmigo”, afirmaba que “yo ya no estoy aquí; yo ya hace años que estoy cada vez más en mi isla, a la orilla de la playa de Las Canteras, donde pasé mi infancia y mi primera juventud, y cuyo mar y cuya luz son reconocibles en toda mi poesía.” Josefina de la Torre murió el 12 de julio de 2002 en Madrid, a la edad de 95 años. La prensa se hizo eco de la noticia, denominándola “La última superviviente de la Generación del 27”.

En 2007, con motivo del centenario de su nacimiento, se organizó la mayor exposición sobre su vida y su obra en la Casa-Museo Pérez Galdós en Las Palmas de Gran Canaria. Se reconoció entonces su poesía como el enlace perfecto entre el modernismo canario y la Generación del 27. Aunque su obra en verso es breve, ésta acoge algunas de las tendencias líricas más relevantes de la primera mitad del siglo XX. Heredera del Modernismo (fue discípula de Tomás Morales), se centró de lleno en la corriente de la “poesía pura” que imperaba en la literatura hispánica de la década de 1920.

En 2002 se publicó en EE.UU. una antología bilingüe de su obra (español e inglés).

En 2007, el Ministerio de Fomento bautizó al Sasemar 103, uno de sus aviones de patrulla marítima con su nombre, operado por la Sociedad de Salvamento y Seguridad Marítima.

POEMAS

A JOSEFINA DE LA TORRE, DE RAFAEL ALBERTI

Herida, sobre un toro desmandado,
salta la noche que la mar cimbrea.
¿Por dónde tú,
si ardiendo en la marea va,
vengador, mi can decapitado?
Rompe su frente
en el acantilado la aurora
y por el viento marinea.
¿Por dónde tú,
si el pabellón ondea, de luto, al alba,
el toro desanclado?
Se hacen las islas a la mar,
abriendo grietas de sangre
al hombro de las olas,
por restarte a sus armas, muerta o viva.

¡Qué ajena tú,
mi corazón cosiendo al delantal
de las riberas olas
con tu mastín al lado, pensativa!

POEMA A BENITO PÉREZ GALDÓS

Yo noté al levantarme
que el día era sombrío;
sentí una gran tristeza
dentro del pecho mío.
Presentí, entonces, algo,
Y mi hermana me dijo:
—¿Sabes, hermana, sabes?
Se ha muerto don Benito.
¡Don Benito! Aquel viejo
que estaba cieguito,
aquel que me gustaba
porque me daba el cariño.
—Hermana, hermana, hermana,
¿ha muerto don Benito?
Todos, todos, lloraban,
todos, todos, los míos.
Y hasta mi pluma ahora
al escribir, sin ruido,
es como si callara:
¡Ya murió don Benito!

DEL LIBRO VERSOS Y ESTAMPAS

I

Sobre la superficie
del mar encandilado
de las seis de la tarde,
saltan algunos peces
que dejan sobre el agua,
al caer, una onda.
Así, a trechos, bordado
el mar por esta aguja
parece que sonríe:
sonrisas que se ensanchan
y cierran lentamente;
sonreír de la orilla,
encaje de la falda
azul y transparente.

DEL LIBRO VERSOS Y ESTAMPAS

13
SOBRE el mar, bajo el cielo, blancas, densas,
vienen todas las velas desplegadas
en el aire, dorado y transparente.
Y en la proa, delgada como brisa,
la corona de espuma alborotada
es adorno rizado de su frente.

En la playa, de oros soleada,
las mujeres esperan a las barcas
con los ojos al mar, intensamente.
Y en el ramo de velas olorosas

brisa de mar, aroma de mariscos –
hay un anhelo cálido y creciente.

¡Cuánto diera por ver llegar un día
la barca con la blanca vela al viento
con rumbo hacia la orilla, desrizada;
y en pie en la proa – tijera de los mares –
a ti, todos mis sueños, presentido
con el azul del mar en la mirada !

DE POEMAS DE LA ISLA

Mi falda de tres volantes
y mi blusa desprendida,
qué bien me adornan andares
y brazos del aire libre.
¡Cómo se ondea mi falda
desde el volante primero
perseguida curva eléctrica
hasta la rodilla firme!
Y mi blusa desprendida
viento y calma, sol y sombra,
cómo juega y se persigue
desde el hombro a la cintura.
¡Ay qué me gusta mirarte
espejito biselado,
cristales de las esquinas,
gafas de los estudiantes!
¡Qué bien me veo pasar
remolino de las brisas
pequeña y grande, confusa
huella blanca en el asfalto!

DE POEMAS DE LA ISLA

Qué repetido deseo,
todo igual y siempre el mismo,
distinto y otro, inconsciente,
confundido y tan preciso,
se me va quedando dentro
escondido y dueño solo,
perdido y presente siempre.
Altas noches, muros largos,
patios de la madrugada.
Y mi deseo rodando
-número de circo- libre.
Una y otra vez, alerta
dando la voz en mis sienes,
centinela de mi pecho,
fiel compañero constante.
Qué repetido deseo
tan inseguro y tan firme,
ignorada certidumbre.
Distancia, viento y espacio

DE POEMAS DE LA ISLA

Si ha de ser, quiero que sea
de pronto. Cuando yo piense
en horizontes dormidos
y en el mar sobre la playa.
Si ha de ser, que me sorprenda
en mis mejores recuerdos
para hacer de su presencia
un solo signo en el aire.
Dormida no, ni despierta:
si ha de ser, quiero que sea.

DE POEMAS DE LA ISLA

CERCA. Palabra inutil.
Yo te busco
por donde llega mi distancia.
Cerca.
Seguro instante de sorpresas.
Dormido vuelo alzado
de mi, por mi.
Cerca.
Donde mi corazón te sienta:
pulso del mar,
tictac de la ausencia,
caminito seguro,
vaivén.
Cerca.
Donde la indecisión no deje
huella.
Donde palabra,
vuelta,
marque un signo seguro.
Cerca

DE POEMAS DE LA ISLA

LA luz dejó caer
su moneda redonda
y sobre la moneda
de luz, quedó mi mano
abierta a la limosna.
Alrededor la sombra
acarició el contorno
de las cosas dormidas.
Yo me sentía feliz
perdida, sin reflejos,
en las paredes libres.

Sólo mi mano atenta
desdoblaba segura
su única presencia.
El afilado borde
de luz sobre la sombra
sacrificó mi mano
en su bandeja intacta.
Una, dos, tres … inútil
péndulo de las horas.

LA TARDE, DE POEMAS DE LA ISLA

La tarde tiene sueño
y se acuesta en las copas de los árboles.
Se le apagan los ojos
de mirar a la calle
donde el día ha colgado sus horas
incansable.
La tarde tiene sueño
y se duerme mecida por los árboles.
El viento se la lleva
oscilando su sueño en el aire.

DE POEMAS DE LA ISLA

Yo las ví una sola tarde.
Y eran como bronce vivo
en el espacio constante.
Concentracion de si mismo,
fuerza loca de su sangre,
línea pura de sus manos
seguras en el instante.
Yo lo vi como lanzaba
el vuelo azul de su encaje
-venas libres y encendidas
de sus brazos incesantes-.
Y era fuerza su dominio,
firme gesto del alcance.
Manos que me estremecían
de ese miedo de encontrarse
y al borde de mis anillos
daban un filo cortante.
Yo las tuve en mis pupilas,
viril triunfo de su imagen
prisioneras de mis sienes,
mías, una sola tarde,

DE POEMAS DE LA ISLA

ESQUINA de la tarde se perdian
por la línea segura de tus brazos.
Firme perfil del aire, tu llevabas
enemigo seguro frente a frente.
Yo era implacable juez desde la proa
afilada y valiente de tu ritmo,
y la curva constante de tu brazo
repetida y distinta, cada vez
mas segura y presente en su dominio,
me cruzaba de impulsos la mirada.
Yo iba segura allí, frente a tus brazos
perseguidos de sol y de reflejos.
Desprendidas esquinas de la tarde
me marcaban la voz de tu presencia.

DE POEMAS DE LA ISLA

Mi falda de tres volantes
y mi blusa desprendida,
qué bien me adornan andares
y brazos del aire libre.
¡Cómo se ondea mi falda
desde el volante primero
perseguida curva eléctrica
hasta la rodilla firme!
Y mi blusa desprendida
viento y calma, sol y sombra,
cómo juega y se persigue
desde el hombro a la cintura.
¡Ay qué me gusta mirarte
espejito biselado,
cristales de las esquinas,
gafas de los estudiantes!
¡Qué bien me veo pasar
remolino de las brisas
pequeña y grande, confusa
huella blanca en el asfalto!

DE POEMAS DE LA ISLA

Pero no me dejes sola.
Dime palabras y ritmos
y gestos para el alcance
y voces acompasadas.
Pero no me dejes sola.
No es presencia ni vaivén
ni caminito seguro
ni ruedecitas del aire
ni luz, ni sol, ni mañana.
Es un presente, constante,
aquí, cerca, más, despierto,
vivo, alerta, repetido,
único instinto posible.
Dime tu palabra intacta
de luz repetida y libre.
Pero no me dejes sola.

TÚ EN EL ALTO BALCÓN

Tú en el alto balcón de tu silencio,
yo en la barca sin rumbo de mi daño,
los dos perdidos por igual camino,
tú esperando mi voz y yo esperando.

Esclavo tú del horizonte inútil,
encadenada yo de mi pasado.
Ni silueta de nave en tu pupila,
ni brújula y timón para mis brazos.

En pie en el alto barandal marino
tú aguardarías mi llegada en vano.
yo habría de llegar sobre la espuma
en el amanecer de un día blanco.

Pero el alto balcón de tu silencio
olvidó la señal para mi barco.
Y me perdí en la niebla de tu encuentro
–como un pájaro ciego– por los años.

LLEVABAS, DE POEMAS DE MARZO INCOMPLETO

Llevabas
en los pies arena blanca
de una playa desconocida.
Por eso
cuando a mí llegaste
no sentí tus pisadas.
Llevabas
en la voz desnuda
un compás de espera.
Por eso
cuando me hablaste
no pude medir tu voz.
Llevabas
en las manos abiertas
espuma blanca de aquel mar.
Por eso
de tu bienvenida
no pude conservar la huella.
Todo tú
venías en mi busca
y no pude reconocerte.
¡Arena blanca, compás de espera, espuma blanca!
¡Inquieto sueño de la verde orilla,
rizado de preguntas…!

ME BUSCO Y NO ME ENCUENTRO, DE POEMAS DE MARZO INCOMPLETO

Me busco y no me encuentro.
Rondo por las oscuridades paredes de mí misma,
interrogo al silencio y este torpe vacío
y no acierto en el eco de mis incertidumbres.
No me encuentro a mí misma.
Y ahora voy como dormida en las tinieblas,
tanteando la noche de todas las esquinas.
Y no pude ser tierra, ni esencia, ni armonía,
que son fruto, sonido, creación, universo.
No esta desalentado y lento desgranarse 
que convierte en preguntas todo cuanto es herida.
Y ronda por las sordas paredes de mí misma
esperando el momento de descubrir mi sombra.

DE POEMAS DE MARZO INCOMPLETO

Soñábamos un mundo fabuloso.
Juntos, hubiéramos sembrado campos,
construido fortalezas: vencedores,
porque oíamos ambos igual eco.
Hoy nuestros hijos ya serían hombres,
muchachas que sonrieran su esperanza.
Hijos de nuestro amor, árboles fuertes
a cuya sombra nos acogeríamos.
Jamás el mar hubiérase apartado
de mi contemplación, hija de la isla,
porque allá en su rincón, el mar antiguo
habríame esperado cada estío.
En las cuatro paredes de su cada
—aquella que en imagen yo habitara—,
hubiéramos vivido nuestras horas.
¡Qué jóvenes y fuertes los dos éramos!
Edad nueva, increíble, misteriosa,
que entonces parecíanos sencilla
y hoy la sueño, impalpable, ya perdida.

DE MEDIDA DEL TIEMPO

Mis amigos de entonces,
aquellos que leíais mis versos
y escuchabais mi música:
Luis, Jorge, Rafael,
Manuel, Gustavo…
¡y tantos otros ya perdidos!
Enrique, Pedro, Juan,
Emilio, Federico…
¿por qué este hueco entre las dos mitades?
Vosotros ayudasteis
a la blandura del que fue mi nido.
Yo me formé al calor
que con vuestras palabras me envolvía.
me hicisteis importante.
Con vuestro ejemplo,
me inventé una ambición
y tuve
vuelos, insospechados de gaviota.
Gaviota, sí,
porque fue el mar mi espejo
y reflejó mi infancia, mis septiembres…
¡Amigos que de mí hicisteis nombre!
A la mitad vertiente de mi vida
hoy os llamo.
¡Tendedme vuestras manos!
Yo me sentí nacer,
para luego rozar de los cimientos
la certera caricia.
Pero de pronto,
un día me cubrió lo indefinible,
algo sin cuerpo, sin olor, sin música…
y me sentí empujada,
cubierta de ceniza,
borrada con olvido.
¿Dónde estabáis vosotros, compañeros,
vuestras letras de molde, vuestro ingenio,
vuestra defensa
contra el desconocido ataque?
¡Oh, amigos!
Enrique, Pedro, Juan,
Emilio, Federico…
nombre que no responderán mi voz.
Manuel, Gustavo,
lejos…
Luis, Jorge, Rafael…
Que aunque el afán
vientos nos dé para encontrarnos,
ignoro en qué ciudad
y si llegará el día
en que vuelva a sentirme descubierta.

DESTINO

Destino,
¿qué nombre es el tuyo,
cruel y despiadado,
que te enfrentas, altivo,
a la humanidad?
Destino,
que nos niegas el pan y la sal,
que desafías a nuestras vidas,
a nuestros horizontes,
al latido de nuestras venas.
Destino implacable,
inconmovible,
dura piedra
contra la que nos estrellamos,
pobres seres indefensos,
con las ilusiones
colgando de nuestras heridas…
Destino inhumano
que nos marcas ferozmente.
Toro asesino
que nos ensartas en tus astas
como peleles, indefensos.
¿Qué nombre es el tuyo,
granítico,
cimiento indestructible
que barres nuestros latidos,
nuestras arterias?
Ignoto destino;
a ti te son adjudicadas
todas las culpas,
todos los latigazos que recibimos
los esclavos de este mundo.
¡Ah, Destino enemigo,
rival indefendible,
adversario tenaz!
Te quisiera de frente,
cara a cara,
mis puños en tu pecho
de atleta presuntuoso
y golpearte
con mi eterna pregunta:
¿por qué?
¿Por qué esta herida
sangrante y desvelada,
vacía de respuesta?
¡Oh, Destino!
Y una y otra vez
lanzar mis puños
contra tu inexpugnable fortaleza,
hasta sentir tu sangre, ¡sangre mía!,
caliente fuego
de mi mortal miseria.

ALLÍ JUNTO A LA CAMA

Allí, junto a la cama,
están tus gafas.
Sus cristales vacíos
son como dos lagunas sin orillas.
Las cojo entre mis manos
y las contemplo absorta.
Detrás están tus ojos,
los presiento,
ahondando la mirada,
y las apoyo con ternura sobre el pecho,
como si tu cabeza reposara.
Las beso.
Son tus ojos queridos
mirándome
a través de la ausencia.
Tus ojos tan vitales,
en tus últimos días apagados,
tristes, mudos,
que me miraban en silencio,
anegándome el alma
de contenidas lágrimas.

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65. Poesía más Poesía: Gabriel Celaya

GABRIEL CELAYA

Biografía

Gabriel Celaya nació en Hernani, provincia de Guipúzcoa, en 1911. Su nombre completo es Rafael Gabriel Juan Múgica Celaya Leceta. Pero los chicos del pueblo le llamaban Cascabel “porque era un niño muy alegre, inventando juegos y cosas raras”, dice Celaya.
Los tres nombres que utilizó para escribir fueron combinaciones de su nombre real: Rafael Múgica, primero. Después, Juan Leceta, en tres libros. Y, por último y definitivamente, Gabriel Celaya cuando, según su mujer Amparo, quedó impresionado ante el comentario de quien dijo: “Qué maravilla los tres poetas que han salido en San Sebastián”.


A finales de los años 20 se traslada a Madrid para realizar los estudios de ingeniero industrial. Muy a su pesar, en tanto provenía de una familia industrial vasca que estaba empeñada en que él tenía que ser el director de la fábrica, entonces le impusieron ser ingeniero industrial, cosa que él no quería. Le habían dicho que si no quería estudiar tenía que entrar a trabajar en la fábrica y aprender con la práctica por eso prefirió venir a Madrid y estudiar ingeniería.

Gabriel Celaya, Ohlsson y Anselmo Carretero en la Residencia de Estudiantes.

Se alojó entre 1927 y 1935 en la residencia de estudiantes, una experiencia decisiva para él, donde descubre la cultura europea y el surrealismo y donde conoció a Federico García Lorca y a José Moreno Villa, entre otros. “Toda mi formación se la debo a la residencia de estudiantes”, dijo Celaya, de la que salió gente extraordinaria como Federico García Lorca, Luis Buñuel, Dalí, porque el ambiente era extraordinario. En la residencia había un gran ambiente intelectual y toda clase de facilidades. Recibía todas las revistas de Europa, cursos y conferencias de los intelectuales más importantes de Europa: Stravinski, Keiserlin, Valerié. Con una libertad absoluta, pero a la vez todo funcionaba con una disciplina maravillosa.
Durante un tiempo trabajó como gerente de la empresa de su familia, pero en realidad a él le ocupaban otras cosas. Sus nuevas relaciones en Madrid le hicieron inclinarse completamente hacia la poesía. Quería quedarse en Madrid y trabajar como periodista y lo tenía todo arreglado a finales del 35 año en que comenzó escribiendo el libro “Marea de silencio”.
En 1936 gana el Premio Centenario de Bécquer en el Liceum Club Femenino, con su libro “La soledad cerrada”. La sala estaba dirigida por mujeres tan importantes como Dolores Rivas Cherif (la mujer de Hazaña), María teresa León y Alma Angélico.


En palabras de Leopoldo de Luis: “La soledad cerrada” me sorprendió, es un libro de cierta inspiración alexendrinista dentro de un surrealismo muy bien asimilado por Rafael Múgica. El libro anterior suyo, “Marea del Silencio”, es más bien Juan Ramoniano. Después con la guerra civil nos alejamos mucho. Rafael queda en el País Vasco, yo estoy por Castilla y no tengo ninguna noticia suya.
“Los movimientos elementales” fue un acontecimiento en el panorama poético porque extrañó. Una revista tan progresista y tan partidaria de una poesía evolucionada como era Espadaña, pone en duda si el libro de Celaya era poesía. Porque con este libro Gabriel Celaya empieza a trastornar el panorama de la poesía española. Y no contento con eso y por sus contactos con el existencialismo, porque hay que aclarar que Gabriel Celaya era probablemente el poeta más culto de aquel entonces, el poeta más relacionado con la poesía extranjera, el poeta que leía más poetas de fuera de España y esto se nota en su obra, no solamente por su actividad traductora sino por su tendencia a una línea existencial que a los demás nos llevó más tiempo. Un poeta de gran riqueza intelectual y expresiva. Juan de Leceta se pierde un poco, pero continúa Gabriel Celaya y entra en una nueva dimensión de su obra que encabeza lo que luego se ha llamado “Poesía social”.
Con el estallido de la guerra civil todos los planes de Gabriel de convertirse en periodista se estropearon.
Luchó en el bando Republicano y estuvo preso en un campo de concentración de Palencia.
La posguerra fue horrible porque como todos sus planes habían acabado tuvo que volver a trabajar a la fábrica y los años del 40 al 46 son, según Gabriel, los peores de su vida.
Cuando sus amigos desaparecieron exiliados o muertos tras la guerra, quedó tremendamente abatido. Después de la guerra se sentía absolutamente perdido, todos sus amigos habían desaparecido, o los habían matado o estaban en el exilio. La poesía que se publicaba entonces no tenía nada que ver con la que él escribía y a pesar de seguir escribiendo, había renunciado completamente a publicar.
Desde el año 36 hasta el 46 no publicó absolutamente nada. Era un hombre completamente destruido, la fábrica no la podía aguantar, no sabía qué hacer y entonces escribía en Tentativas “yo creía que iba a ser el único libro de mi vida que publicaría y que luego me pegaría un tiro”.

Amparitxu y Gabriel Celaya.

Cuando en 1946 conoció a Amparo Gastón, se convertiría en una figura importantísima en la vida de Gabriel. “Ella me devolvió completamente la confianza en mí mismo”. Él vivía una vida burguesa mientras que ella era una trabajadora y su relación con ella le lleva a conocer problemas que hasta entonces le eran ajenos (el padre de Amparo estaba en la cárcel). Y se platea vivir con ella y de otra manera.
“A ella se le ocurrió montar una editorial de poesía. Dijo: mira si publicas tus libros por tu cuenta nadie los va a leer. Y tenía toda la razón. Pero si montamos una editorial de poesía y publicas los tuyos y los de otros… Montamos la editorial, buscó los suscriptores, hicimos ficheros recurriendo a otras revistas de poesía. Me ayudó en primer lugar a eso, salvó mi poesía, porque si no, yo no sería poeta ni nada, pero sobre todo salvó mi vida, me dio una confianza en mí mismo, me dio una alegría de vivir. Había una gran cantidad de revistas de poesía, nos pusimos en contacto con todos. Nos dieron el listado de sus suscriptores y con esos conseguimos los 400 suscriptores que nos bastaban para cubrir gastos”.

Gabriel Celaya, Blas de Otero, Asunción Carandell, Carlos Barral y J.A. Goytisolo


Junto a Amparo fundaron la colección de poesía Norte y abandonó la ingeniería y su cargo en la empresa familiar. Publicar como Rafael Múgica le estaba trayendo algunos problemas con su familia y con la empresa así que publicó tres libros como Juan de Leceta, que fue el momento de ruptura con la sociedad burguesa, con su familia y con el negocio. Esa ruptura en principio tomó un aire muy cínico y escandaloso, pero después quedó más reposadamente recogida por Gabriel Celaya.
La Colección de poesía “Norte” nace con el deseo de ser un vínculo de unión entre la poesía de la generación del 27, la del exilio y la europea. Consigue tomar contacto con sus antiguos amigos que quedaban vivos en México, y con Vicente Aleixandre, un gran amigo suyo.

En Madrid, J.M. Caballero Bonald, Gloria Fuertes, Gabriel Celaya, Ángel González, José A. Goytisolo y Manuel Vázquez Montalbán (1969).


La editorial publica a autores no publicados, aglutina a un grupo de escritores opuestos al régimen franquista y traduce a Rilke, Rimbaud, Éluard y Blake, cuando en plena autarquía en España, se había perdido todo contacto con la poesía extranjera. Publicaron libros de poetas italianos, alemanes, franceses, ingleses, todos muy conocidos pero que los jóvenes españoles no los conocían.
Siguiendo la trayectoria de otras colecciones como Espadaña y Cántico de las que Gabriel era lector.
Leopoldo de Luis y Cela fueron algunos de los poetas publicados en “Norte”.
A partir de entonces Gabriel vivirá junto a Amparo una vida modesta, escribiendo por las noches y compartiendo amistad con otros poetas de la posguerra.
“La Poesía no es un fin en sí. La Poesía es un instrumento, entre otros, para transformar el mundo”.
“La poesía es un arma cargada de futuro”. Son algunas premisas fundamentales de Rafael.
En 1956 gana el Premio de la Crítica por su libro “De claro en claro”. En 1963 el Premio Internacional Libera Stampa (italiano). En 1967 gana el Atalaya de Poesía y ese mismo año el Internacional Taormina.
Se presentó como candidato a las elecciones generales de 1977 por Guipúzcoa en la lista del Partido Comunista, en el que se dio de baja dos años después.
En 1986 le fue otorgado el Premio Nacional de las Letras Españolas.

Gabriel Celaya con Rafael Alberti.
En San Sebastián en 1988.


Falleció en 1991 en Madrid. Y sus cenizas fueron esparcidas por Hernani.
Su extensa obra poética se ha distinguido por su exploración de las posibilidades expresivas de la poesía. Con incursiones en el campo de la tradición vasca o de la física nuclear. Su poesía es catalogada especialmente como poesía social.
Escribió 55 libros de poesía, 12 de Ensayo, 6 de prosa y 2 de teatro.

Amparo Gastón y Gabriel Celaya.

POEMAS DE GABRIEL CELAYA

LO PURO ES DESMAYARSE EN DELICIAS SIN NOMBRE

Lo puro es desmayarse en delicias sin nombre,
cantar como una espuma de músicas vagas.
¡Oh amor que se va en cisnes líricos y blancos!
La brisa suspirando
pasa como una suave palidez desmayada.
Entre murmullo y sonrisa temblaba lo indeciso,
se movía entre música y palabra.
¡Delicia del instante fugitivo y sin cuerpo!
¡Dulcísima tristeza recordarlo flotando!
¡Oh amor, vuelo perdido!
Agua blanca cantando en los cauces más hondos;
dulcísima tristeza, pureza del desmayo,
amor, rubia delicia, brisa o música vaga.

                                    del libro Marea del silencio [(1932-1934) 1935] 

DEL LIBRO LA SOLEDAD CERRADA (1934)


41
Es la hora de las raíces y los perros amarillos.
El hombre se pone como una máscara su silencio;
se le llenan los ojos de yedra.
Es la hora de las raíces y los perros amarillos;
la hora en que blanquísimos caballos
pasan como escalofríos por el fondo de la niebla
Oigo como una ausencia que el misterio está muy cerca;
oigo como una música
que la noche vuelve la cabeza.
Es la hora de las raíces y los perros amarillos;
en su sala de cristal,
la luna llora con la cabeza entre las manos.
El hombre se pone como una máscara su silencio;
sueña en el fondo del agua.
Es la hora del escalofrío en los cuerpos desnudos,
la hora en que se llora el misterio que viene y que no viene;
la luna es el dolor de esa ausencia
ante los crueles y apretados dientes blancos de los hombres.
Es la hora de las raíces y los perros amarillos,
de las raíces transparentes en el fondo de las aguas,
de los perros locos huyendo
por salas grandes y blancas.
Es la hora del misterio que viene y que no viene,
la hora en que la noche huye del mar desnuda,
la hora en que de cada estatua se escapan todos los pájaros,
la hora de los párpados de plata,
la hora en que la luna murmura como un silencio:
nada.

42

En el fondo de la noche tiemblan las aguas de plata.
La luna es un grito muerto en los ojos delirantes.
Con su nimbo de silencio
pasan los sonámbulos de cabeza de cristal,
pasan como quien suspira,
pasan entre los hielos transparentes y verdes.

Es el momento de las rosas encarnadas y los puñales de acero
sobre los cuerpos blanquísimos del frío.

En el fondo de la noche tiembla el árbol del silencio;
los hombres gritan tan alto que sólo se oye a la luna.

Es el momento en que los niños se desmayan sobre los pianos,
el momento de las estatuas en el fondo transparente de las aguas,
el momento en que por fin todo parece posible.
En el fondo de la noche tiembla el árbol del silencio.
Decidme lo que habéis visto los que estabais con la cabeza vuelta
La quietud de esta hora es un silencio que escucha,
el silencio es el sigilo de la muerte que se acerca.

Decidme lo que habéis visto.
En el fondo de la noche
hay un escalofrío de cuerpos ateridos.

43

La brisa pasa como una música por el fondo de la tarde.
Yo soy un árbol de cristal bajo las aguas transparentes,
la mano del misterio que se mueve en el silencio.

Yo soy lo que se ignora:
el estremecimiento de luz que precede a la aparición de
las espadas;
yo soy eso, sólo eso;
yo espero lo que esperan
esos cinco hombres mudos, tristes, sentados en un salón
de terciopelo morado.

Al atardecer suenan clarines de oro.
Un león de llamas huye por el fondo del bosque;
la virgen de ojos verdes se cubre el rostro con las manos.
Es mi momento, el último momento:
cuando la luz rompe los cristales nada más tocarlos con la yema de los dedos;
cuando huye el pájaro encerrado en las blancas
clausuras de lo abstracto;
cuando uno de los hombres del salón morado dice a los otros:
«Ya no puede tardar.»
Es el último momento.
Me deslizo al filo de un silencio que casi es la muerte.
La virgen de los ojos verdes me muestra la más peligrosa de
sus sonrisas.
Es el último momento.
Estalla el oro morado del crepúsculo;
las raíces de la carne me duelen;
siento como un temblor que me hago transparente.
Es el último momento:
la muerte pasa muy cerca murmurando sus secretos;
es entonces
cuando las estatuas son el sueño del silencio
y los pianos
huelen como un niño muerto entre los lirios.

Es el último momento,
cuando da miedo volver la cabeza,
cuando parece que lo comprendemos todo y, sin embargo,
no sabemos nada;
cuando uno de los hombres del salón morado, quieto ante el balcón,
mira hacia el espejo con los ojos en blanco.

BIOGRAFÍA

No cojas la cuchara con la mano izquierda.
No pongas los codos en la mesa.
Dobla bien la servilleta.
Eso, para empezar.
Extraiga la raíz cuadrada de tres mil trescientos trece.
¿Dónde está Tanganika? ¿Qué año nació Cervantes?
Le pondré un cero en conducta si habla con su compañero.
Eso, para seguir.
¿Le parece a usted correcto que un ingeniero haga versos?
La cultura es un adorno y el negocio es el negocio.
Si sigues con esa chica te cerraremos las puertas.
Eso, para vivir.
No seas tan loco. Sé educado. Sé correcto.
No bebas. No fumes. No tosas. No respires.
¡Ay, sí, no respirar! Dar el no a todos los nos.
Y descansar: morir.

LA POESÍA ES UN ARMA CARGADA DE FUTURO

Cuando ya nada se espera personalmente exaltante, 
mas se palpita y se sigue más acá de la conciencia, 
fieramente existiendo, ciegamente afirmado, 
como un pulso que golpea las tinieblas, 
cuando se miran de frente 
los vertiginosos ojos claros de la muerte, 
se dicen las verdades: 
las bárbaras, terribles, amorosas crueldades. 
Se dicen los poemas 
que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados, 
piden ser, piden ritmo, 
piden ley para aquello que sienten excesivo. 
Con la velocidad del instinto, 
con el rayo del prodigio, 
como mágica evidencia, lo real se nos convierte 
en lo idéntico a sí mismo. 
Poesía para el pobre, poesía necesaria 
como el pan de cada día, 
como el aire que exigimos trece veces por minuto, 
para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica. 
Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan 
decir que somos quien somos, 
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno. 
Estamos tocando el fondo. 
Maldigo la poesía concebida como un lujo 
cultural por los neutrales 
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden. 
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse. 
Hago mías las faltas. Siento en mí a cuantos sufren 
y canto respirando. 
Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas 
personales, me ensancho. 
Quisiera daros vida, provocar nuevos actos, 
y cálculo por eso con técnica qué puedo. 
Me siento un ingeniero del verso y un obrero 
que trabaja con otros a España en sus aceros. 
Tal es mi poesía: poesía-herramienta 
a la vez que latido de lo unánime y ciego. 
Tal es, arma cargada de futuro expansivo 
con que te apunto al pecho. 
No es una poesía gota a gota pensada. 
No es un bello producto. No es un fruto perfecto. 
Es algo como el aire que todos respiramos 
y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos. 
Son palabras que todos repetimos sintiendo 
como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado. 
Son lo más necesario: lo que no tiene nombre. 
Son gritos en el cielo, y en la tierra son actos.

EDUCAR

Educar es lo mismo
que poner un motor a una barca…
Hay que medir, pensar, equilibrar…
y poner todo en marcha.
Pero para eso,
uno tiene que llevar en el alma
un poco de marino…
un poco de pirata…
un poco de poeta…
y un kilo y medio de paciencia concentrada.
Pero es consolador soñar,
mientras uno trabaja,
que ese barco, ese niño,
irá muy lejos por el agua.
Soñar que ese navío
llevará nuestra carga de palabras
hacia puertos distantes, hacia islas lejanas.
Soñar que, cuando un día
esté durmiendo nuestra propia barca,
en barcos nuevos seguirá
nuestra bandera enarbolada.

DE NOCHE

Voy a hablar del terror que no se piensa y ciega.
Voy a hablar de la muerte suspendida allí lejos.
Siempre miramos fijos. Más no vemos lo cierto.
O cerramos los ojos. Pero no estamos ciegos.
¿Qué es la muerte? Tan sólo la luz de lo sabido.
¿Y qué es eso, sabido? La luz sencillamente.
¿Y por qué nos asusta? Porque seguimos viendo
cómo sigue mirando cuando ya no la vemos.
de “Cantos y mitos”

ÉGLOGA 

Rubio, fuerte, manso,
triste sin melancolía
como el mediodía,
lento como la tierra,
toscas las manos que parten
el pan y abarcan el seno
maternal de Ceres,
Menalcas apacienta sus grandes vacas rojas
frente al mar: estupor
de luz en la inmensidad.
¡Oh mar, oh campo, oh bestias!
¡Oh siesta, pesadumbre
del cuerpo poderoso que, ahora, inerte,
se cubre como de una enfermedad de cantos
monótonos y vagos,
mientras la tierra sueña,
muge lenta
como una vaca triste que esperara
la fecunda inquietud de las estrellas,
la sagrada
palpitación escondida,
el amante
nocturno que no dice su nombre! 
de “El principio sin fin”

PRESAGIOS
3
SHIRIMIRI
La lluvia llueve.
   La lluvia canta.
La lluvia suma
   sin fin nostalgias.
¡Melancolía!
   Vida apagada.
Luz submarina,
   plata oxidada
de los espejos
   y las arañas.
Grutas secretas.
   Calles sin alma.
Pienso en mí mismo.
   No pienso nada.
Llueve igualando.
   Llueve constancia.
Tras los visillos
   una muchacha
está mirando
   algo que calla.
La lluvia sigue.
   La lluvia mansa.
Detrás presiento
   mi fuerza vasca,
la luz de origen
   contra la nada.
Trueno que truena,
   vida que arranca,
caballo negro
   sudando plata,
visto y no visto
   por mi nostalgia
Urtzi galopa
   por la montaña.
Rayo en la niebla,
   ronca llamada
del olvidado
   dios que hoy me arrastra
mientras la lluvia
   llueve sin alma.
de “Rapsodia Euskara”

CERCA Y LEJOS

Más allá del pecado,
indecible, te adoro,
y al buscar mis palabras
sólo encuentro unos besos.
En el pecho, en la nuca,
te quiero.
En el cáliz secreto,
te quiero.
Donde tu vientre es combo,
fugitiva tu espalda,
oloroso tu cuerpo,
te quiero.

CUÉNTAME CÓMO VIVES, CÓMO VAS MURIENDO

Cuéntame cómo vives;
dime sencillamente cómo pasan tus días,
tus lentísimos odios, tus pólvoras alegres
y las confusas olas que te llevan perdido
en la cambiante espuma de un blancor imprevisto.

Cuéntame cómo vives;
ven a mí, cara a cara;
dime tus mentiras (las mías son peores),
tus resentimientos (yo también los padezco),
y ese estúpido orgullo (puedo comprenderte).

Cuéntame cómo mueres;
nada tuyo es secreto:
la náusea del vacío (o el placer, es lo mismo);
la locura imprevista de algún instante vivo;
la esperanza que ahonda tercamente el vacío.

Cuéntame cómo mueres;
cómo renuncias -sabio-,
cómo -frívolo- brillas de puro fugitivo,
cómo acabas en nada
y me enseñas, es claro, a quedarme tranquilo.
de “Tranquilamente hablando, 1945

DE NOCHE

Y la noche se eleva como música en ciernes,
y las estrellas brillan temblando de extinguirse,
y el frío, el claro frío,
el gran frío del mundo,
la poca realidad de cuanto veo y toco,
el poco amor que encuentro,
me mueven a buscarte,
mujer, en cierto bosque de latidos calientes.
Sólo tú, dulce mía,
dulce en los olores de savia espesa y fuerte,
sin palabras, muy cerca, palpitando conmigo,
sólo tú eres real en un mundo fingido;
y te toco, y te creo,
y eres cálida y suave matriz de realidades,
amante, amparo, madre,
o peso de la tierra que sólo en ti acaricio,
o presencia que aún dura cuando cierro los ojos,
fuera de mí, tan bella.

HASTA LA MUERTE

En el paisaje oscuro
oigo tu voz, tu voz,
tu larga voz de espesas
caricias resbaladas,
mojadas y olorosas.
La noche me suspende
en un vuelo pausado
e, inmóvil, pone en vilo
lo que el hombre no entiende:
tu voz, tu voz querida
hundiéndome en lo ausente.
Uno cierra los ojos
(¡me da miedo mirarte!);
uno tiende las manos
-aves heridas y leves-,
y en sus raíces siente
que tú eres y no eres.

PORQUE SÍ

Pececito esquivo,
caballito que monto,
delicia que no nombro,
y quiero, quiero, quiero.
Cuando te beso, acierto;
cuando te toco, creo;
si te acaricio mido
mi infinito deseo.
Mas te prolongas lejos;
eres más, eres lo otro,
lo que nunca apreso
aunque te toco y beso.
Siempre un poco esquiva,
siempre resbalada,
tú, que nunca entiendo,
y quiero, quiero, quiero.

LA NOCHE ABIERTA

¡Ojo abierto de la noche sin mirada!
Más allá de lo humano encerrado en sí mismo,
en ti conciencia ciega, y hoy de pronto estrellada,
o la esplendidez de la noche reinante
y el ojo sin medida, la duración sin centro
y el mundo sin distancia de lo por fin abierto.
Todo está descubierto.
Todo de pronto esplende.
Comprendemos por fin que el mundo humanista
fue sólo un escondite que nos ocultaba
la velocidad, la gloria, la locura
de este esplendor que brota por fin del contacto con el Cosmos neutral,
con el mundo sin nombre, con el ojo ciego que mira sin vemos,
con la rapidez, ya sin luz, del sentido,
y al fin con lo completo del cero-cero-cero.

                                                                   de Cantos iberos [(1954) 1955] 

ESPAÑA EN MARCHA

NOSOTROS somos quien somos.
¡Basta de Historia y de cuentos!
¡Allá los muertos! Que entierren como Dios manda a sus
[muertos.
Ni vivimos del pasado,
ni damos cuerda al recuerdo.
Somos, turbia y fresca, un agua que atropella sus
[comienzos.
Somos el ser que se crece.
Somos un río derecho.
Somos el golpe temible de un corazón no resuelto.
Somos bárbaros, sencillos.
Somos a muerte lo ibero
que aún nunca logró mostrarse puro, entero y verdadero.
De cuanto fue nos nutrimos,
transformándonos crecemos
y así somos quienes somos golpe a golpe y muerto a
[muerto.
¡A la calle!, que ya es hora
de paseamos a cuerpo
y mostrar que, pues vivimos, anunciamos algo nuevo.
No reniego de mi origen,
pero digo que seremos
mucho más que lo sabido, los factores de un comienzo.

Españoles con futuro
y españoles que, por serlo,
aunque encarnan lo pasado no pueden darlo por bueno.
Recuerdo nuestros errores
con mala saña y buen viento.
Ira y luz, padre de España, vuelvo a arrancarte del sueño.
Vuelvo a decirte quién eres.
Vuelvo a pensarte, suspenso.
Vuelvo a luchar como importa y a empezar por lo que
[empiezo.
No quiero justificarte
como haría un leguleyo.
Quisiera ser un poeta y escribir tu primer verso.
España mía, combate
que atormentas mis adentros,
para salvarme y salvarte, con amor te deletreo.

LA IRRACIONAL ALEGRÍA

En la mañana clara, la risa de los dioses
retumba como un trueno.
El toro subterráneo levanta la cabeza
y los árboles tiemblan millonarios de hojas.
Tempestad transparente. ¡Azul! Y de repente
una leve sonrisa femenina, perdida,
condena al silencio los grandes poderes,
y parece que algo dice.
Pero no dice nada.

VOLVEREMOS AL LAGO

Volveremos al lago sin saber lo que somos,
dulcemente infinitos, mansamente perdidos,
mecidos por las aguas, y unidos, tan unidos
por el mundo sin nombre y el deseo sin forma
que ya nunca podremos decir qué nos une y separa.
¿Qué nos une? Poderes sagrados de la vida.
¿Qué se opone a lo cierto? ¿Qué quiere separamos?
Poderes encontrados de la vida creciente.
¿No somos lo real palpitante y abierto?
¿No somos la vida y el perpetuo comienzo?

de La soledad cerrada.

Se recomienda ver el programa de televisión Poesía más Poesía.

PRÓXIMO NÚMERO

52. Poesía más Poesía: Ernestina de Champourcín y Hernán Kozak

ERNESTINA DE CHAMPOURCÍN

BIOGRAFÍA

Ernestina Michels de Champourcín y Morán nació en Vitoria el 10 de julio de 1905. Era de familia católica y tradicionalista y con orígenes franceses y uruguayos.
Escribió prácticamente en todas las etapas de su vida. Normalmente su poesía se divide en estas tres fases:

  • poesía del amor humano (1905-1936)
  • poesía del amor divino (1936-1974)
  • poesía del amor sentido (1974-1991)

Recibió una educación esmerada con institutrices francesas e inglesas, llegando a hablar y escribir desde niña francés, inglés y castellano.
Desde pequeña escribía relatos breves y cuentos. A los doce años escribió en francés su primer poema.  Le encantaba inventar cuentos para narrarlos a las amigas.
A los 10 años ingresa en el colegio Sagrado Corazón y estudia el bachillerato elemental . Prepara el bachillerato superior en casa con profesores particulares. Aunque quería estudiar en la universidad, su padre se opuso y finalmente no accedió a estudios superiores. En aquel tiempo una alumna universitaria debía ir acompañada de su madre o de otra mujer adulta.

La lectura deVíctor Hugo, Lamartine, Musset, Vigny, Maeterlinck y Verlaine determinó que eligiera el francés para componer sus primeros esbozos líricos. Más tarde, leyó a San Juan de la Cruz, Sta Teresa de Jesús, Rubén Darío, , Concha Espina, Amado Nervo, Valle-Inclán y Juan Ramón Jiménez, que se convirtió en su poeta de referencia después de adentrarse en las páginas de Platero y yo.

En 1923 publica sus primeros poemas en revistas como Manantial, Cartagena Ilustrada o La libertad.
A los 21 años publicó su primer poemario “En silencio”, con influencias románticas y modernistas que dedicó a Juan Ramón Jiménez, del cual era una gran admiradora. Envía un ejemplar de su obra a Juan Ramón Jiménez, pero no recibe respuesta. Sin embargo, coincide con el poeta y su esposa Zenobia Camprubí en La Granja de San Ildefonso. El poeta la invita a participar en sus tertulias de poesía en las que conoció a Rafael Alberti, Federico García Lorca, Luis Cernuda, Jorge Guillén, Dámaso Alonso, Pedro Salinas, Emilio Prados, Vicente Aleixandre y a los poetas ingleses tanto de poesía clásica como moderna.
En 1928 Ernestina publicó Ahora, su segundo poemario
Fundó junto con María Maeztu, Concha Médez y otras el Liceo Femenino, primera organización femenina de la época para influir en cuestiones culturales y sociales. Ernestina era encargada de la sección de literatura.Fue la primera asociación femenina española cuyo fin era según sus estatutos “defender los intereses morales y materiales de la mujer, admitiendo, encauzando y desarrollando todas aqeullas iniciativas y actividades de índole exclusivamente económica, benéfica, artística, científica y literaria que redunden en su beneficio.”
Crearon en 1929 la Casa de los Niños, una guardería para hijos de mujeres trabajadoras.
Colaboró con distintos periódicos madrileños escribiendo a favor de la mujer

Ernestina (izquierda) con amigas.

En 1930 publica Canciones de Mar y Tierra y en 1931 su tercer poemario, La Voz en el viento. En las tertulias del Liceo Femeninose dieron cita todos los grandes intelectuales y artistas de la época. Era un centro con una gran vida social y una intensa actividad cultural. Fue amiga de la gran mayoría de escritores y artistas de la época. Junto a la profunda amistad y admiración que sentía hacia Juan Ramón Jiménez y Cenobia, frecuentaba la compañía y afecto de poetas como Concha Méndez y Altolaguirre, Emilio Prados y Rafael Alberti, etc. Entre el grupo de íntimos se encontraban Pilar Zubiaurre y Juan de la Encina. Estos le presentaron por primera vez a quien pasado cierto tiempo llegaría a ser su marido Juan José Domenchina, secretario del gabinete diplomático del Presidente de la República Manuel Azaña. Se casa con él en 1936. Gerardo Diego la seleccionó para su Antología de 1934. Solo se incluyeron los poemas de dos mujeres: Josefina de la Torre y Ernestina de Champourcin. El hecho de aparecer en esta antología consagró a Ernestina como poeta de Generación el 27. Gerardo Diego sufrió presiones para no incluirla en la obra antológica “Poesía española contemporánea”. Pero él la incluyó como miembro de su propia generación CuandoGerardo Diego le pidió para su Poesía Española Contemporánea un resumen de su poética, Ernestina se negó a definirse y contestóconaparente ligereza:“cuando todo el mundo define y se define causa un secreto placer mantenerse desdibujada entre los equívocos linderos de la vaguedad y la vagancia”. En el año 1936 publica su siguiente libro de poesía Cántico Inútil.

Desde el balcón de un cuarto piso de la calle Barquillo, Nº 23, Ernestina escucha los encendidos discursos de La Pasionaria, de Margarita Nelken, etc, pero también oye con horror el estruendo de las primeras bombas nacionales lanzadas sobre del Ministerio de la Guerra

Durante la Guerra Civil, Juan Ramón Jiménez y Zenobia, preocupados por los niños huérfanos o abandonados, fundaron una especie de comité denominado “Protección de Menores”. Ernestina se sumó a este trabajo, haciendo labores de enfermera. Proporcionaban amparo a los niños huérfanos o abandonados a causa de la contienda, y algo después, traslada sus servicios al hospital dirigido por Dolores Rivas Cherif, esposa de Azaña. Su labor humanitaria no impide a la poeta publicar su única novela, La casa de enfrente, donde reflexiona desde una perspectiva crítica sobre la educación que recibían las niñas de la burguesía.  inicia la redacción de una novela Mientras allí se muere, inconclusa por falta de final o por que ese final fue destruido por la autora. Debido a las ideas políticas de Domenchina, afiliado a Izquierda Republicana, y a sus cargos políticos, secretario del gabinete diplomático del Presidente de la República Manuel Azaña, el joven matrimonio tienen que iniciar el exilio. Se desplazan con el gobierno y el 5º Regimiento a Valencia. El viaje lo realizan con otros intelectuales, entre los que se encontraban los vascos Pilar Zubiaurre y Juan de la Encina. Más tarde a Barcelona y de la Ciudad Condal con el ejército nacional en los propios talones pasan a Francia. Residen durante tres meses en Toulouse, acogidos por el Comité de Ayuda a los Intelectuales Españoles. El exilio para Ernestina no fue ni doloroso y traumático como lo fue para Juan José Domenchina. De espíritu aventurero y amante de los viajes, la escritora tomó el destierro como un viaje de aquellos que imaginaba y narraba en su niñez. Con el tiempo termina enamorada de la gente y de la geografía de México. Una vez instalados en México, Juan José rechaza el trabajo de profesor al no sentirse ni preparado ni vocacionado. Enterado Cosío Villegas de la situación en que se encontraba el matrimonio, les ofrece colaborar con el Fondo de Cultura Económica en calidad de traductores. La primera obra que tradujo Ernestina para el F.C.E. fue una biografía de Voltaire. La traducción resultó tan del gusto del director, que se le abrieron todas las puertas y se le dieron todas las facilidades. Ella escogía los títulos que iba a traducir. Estos eran preferentemente históricos, literarios, sociológicos, etc. Colabora igualmente para editoriales como Centauro. U.T.H.A (Unión Tipográfica Hispanoamericana). Realiza una intensa labor. Su trabajo alcanza el medio centenar de títulos, significando su labor un puente cultural sólido que sirvió para empezar a despertar las dormidas cabezas de la España franquista. En forma de las traducciones en editoriales americanas empezaba a llegar la voz de los desterrados. Muchas de las traducciones de Ernestina de Champourcin siguen vigentes y reeditándose a pesar del tiempo transcurrido. En cuanto llegó a México quiso promover las actividades culturales y formativas entre las mujeres indígenas que vivían en el Distrito Federal, y animó a algunas mujeres intelectuales de allí a poner en marcha sus propias asociaciones y revistas literarias. Otra faceta de su actividad a favor del feminismo fue el apoyo que prestó, desde finales de los años veinte hasta el final de su vida, a las mujeres que buscaban su consejo para dedicarse a la poesía, y a las que invitaba no sólo a escribir, sino también a darse a conocer , involucrarse en la vida cultural, etc. Ernestina era poeta y como tal fue recibida en su nueva tierra de residencia. Sin embargo, el nuevo trabajo de traductora ahogó su voz poética durante más de quince años. Salvo contadas ocasiones y de forma más bien esporádica -sus colaboraciones en la revista Rueca serían la gran excepción- deja de lado su tarea poética. La vida en el exilio exigía una dedicación remunerada y las traducciones daban para vivir sólo cuando se trabajaba de manera intensa.

Ernestina con su marido, Juan José Domenchina.

En 1952 publica Presencia a oscuras. . El tema religioso llena a partir de ahora todas sus páginas poéticas. Este sentimiento de amparo divino se ve acrecentado en octubre de 1957 con la muerte de su marido. Van apareciendo sus siguientes libros: El nombre que me diste (1960),Cárcel de los sentidos(México, 1964), Hai-Kais espirituales (México, 1967), El nombre que me diste (México, 1966),Cartas cerradas, México, 1968) En 1972 comenzó su segundo exilio: regresó a España. Publica en ese mismo año Poemas del ser y del estar. Esta vuelta, en esta ocasión definitiva, le hace evocar los sentimientos y recuerdos de sus vivencias pasadas en la capital durante la guerra civil. Como especie de recuperación evocativa va recreando todas sus andanzas, inquietudes y sufrimientos. Nace así su libro Primer exilio, publicado en 1978. Por otra lado, sufre la gran decepción de un Madrid que no se parece nada a la ciudad de sus recuerdos. Comienza a hablar en sus obras del destierro espiritual del hombre. Para ella no existe exilio espacial o transtierro emocional, sino destierro espiritual. Estas experiencias íntimas se van concretando en su obra La pared transparente, en 1984. Le siguen títulos como Huyeron todas las islas (1988), Del vacío y sus dones (1993), Presencia del Pasado (1996) . Se expresa la ruptura física con los seres y cosas queridas pero con la fe y esperanza en la vida del más allá. Como vemos, a pesar de sus limitaciones físicas, como la sordera o la falta de visión, siguió trabajando, llegando a publicar ocho libros de poemas. En 1981 salió a la luz La ardilla y la rosa, un libro autobiográfico con el que rendía homenaje a Juan Ramón Jiménez. Ernestina de Champourcin recibió el PremioEuzkadi de Literatura en 1989. Se creó también en Vitoria el Certamen de Poesía Ernestina de Champourcin Recibió el Premio Mujer Progresista y la nominación al Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 1992, y la Medalla al Mérito Artístico  del Ayuntamiento de Madrid en 1997.

Murió el 27 de marzo 1999.

Ella diría acerca de la muerte:

Yo creo que morir es estar
es estarse por fin en lo absoluto
en lo definitivo…
Morir es una rosa
que se nos da de balde
un perfume cuajado
en un amor para siempre.

Ernestina de Champourcin representa una de las cimas poéticas de la denominada poesía pura; sin lugar a dudas, la más importante entre el grupo femenino de la generación del 27. Otra mujer poeta relegada a segundo o tercer plano por ser mujer en la generación del 27. 

Ernestina en el 1996.

POEMAS

Del libro En silencio (1926)

EN SILENCIO

Era un bello silencio, un silencio divino,
vibrante de pensares, tremante de emoción,
un silencio muy grave, de sentir peregrino,
un silencio muy quedo, con dejos de oración.
…………….
Cállate no respires, ni turbes el silencio
con el ritmo armonioso de un poema de amor;
cállate, que es muy tímido y frágil el silencio,
no rompas de este instante el filtro seductor.

Cállate y no pienses; a través del espacio,
cruza fugaz la estrella de una hermosa ilusión;
cállate, ¿no sientes su fulgor de topacio
encenderse en mi pecho y herir tu corazón?

Cállate; ya sé yo que tus labios murmuran
ternuras infinitas, creadas para mí;
cállate; sin hablar mil voces las susurran;
cállate; el silencio me acerca más a ti.
…………….
Era un silencio triste, un silencio lloroso,
un silencio muy puro de candor virginal,
un silencio sereno, vagamente amoroso,
que la bruma envolvía en su tenue cendal.

Del libro Ahora (1928)

APUNTES LÍRICOS 1

Goce íntimo y quedo en que el alma se admira
de su propia belleza:
minuto de egoísmo eterno como el mundo,
divina complacencia
de todo lo creado
al contemplarse mudo
en la múltiple esfera del corazón humano.
Delirante alegría
de palpar la consciencia que hace cierta la vida.
¡Silencioso placer de escucharse sin miedo
y arrancar a la nada nuestros propios secretos,
mientras huye la tierra, bulliciosa y maldita!

Del libro la Voz en el Tiempo (1931)

 MIRADA EN LIBERTAD

¡Mis ojos en el viento!
¿Qué mirarán mis ojos
ya sueltos en el aire?
Sujeto va el espacio
entre mis dos pupilas.

¡Yo, límite desnudo,
he de ceñirlo todo
hasta dejarlo inmóvil
en el eterno cáliz
de la perfecta rosa!

Límite justo y ciego,
no veré la belleza
que abrace mi contorno.
¡Por buscarla sembré
mis ojos en el viento!

De Cántico inútil en 1936
AMOR
Puliré mi belleza con los garfios del viento.
Seré tuya sin forma, hecha polvo de aire,
diluida en un cielo de planos invisibles.

Para ti quiero, amado, la posesión sin cuerpo,
el delirio gozoso de sentir que tu abrazo
solo ciñe rosales de pura eternidad.

Nunca podrás tenerme sin abrir tu deseo
sobre la desnudez que sella lo inefable,
ni encontrarás mis labios
mientras algo concreto enraíce tu amor…

¡Que tus manos inútiles acaricien estrellas!
No entorpezcan besándome la fuga de mi cuerpo.
¡Seré tuya en la piel hecha fuego de sol!

CARTA AL VACÍO

Es escribir a alguien
o lanzarse al silencio,
a nadar en lo oscuro,
a encender una llama
aunque ahoguen las dudas.
¿Carta a lo que no existe?
Hay buzones alados
que se disparan solos
y un correo sin pistas
ni trayecto seguro.

Eludir el camino
que todos conocemos.
Seguir hacia adelante
ruta de los que intentan
lo que nunca pensaron
y se sienten felices
porque hay algo distinto,
porque se desvanece
de pronto lo que sobra
y no existe el vacío
si queremos colmarlo.

GOTA A GOTA

Gota a gota
Hay algo -gota a gota-
que nos llena el vacío
¡Hondones del deseo!
¡Qué colmo de esperanzas!
El oleaje arrastra
caudales sin objeto
y hay muchos anaqueles
que ningún libro ocupa.
¿A dónde vamos, dime?
Aún nos quedan paisajes 
con frondas ignoradas
y orquídeas que navegan
en busca de su nombre.
Quisiéramos al fin la belleza absoluta
que rebosa verdad porque la luz es nueva.
Se borran las fechas
del momento incendiado,
pero nos grabarán
como inicial las sienes.
Es el fin o el principio
de las augustas ruinas circulares.
¿Se pierde o se gana?
Hay manos que triunfan
al quedarse vacías
y otras como puños
que no conservan nada.

AMBICIÓN

¡Quisiera ser viento!
Ráfaga tendida
que arrastra en su beso
el polvo y la nube,
la rosa, el lucero…
—No brisa apacible
que finge despechos
y siembra caricias—.
Yo quiero ser fuego,
volcán de aire rojo
que incendie el secreto
de todas las ramas
y todos los pechos;
aquilón desnudo,
huracán de acero,
fragua donde forjan
su actitud los cuerpos.
¡Cuando voy a ti,
quisiera ser viento
para arrebatarte
más allá del cielo!

TIEMPO DE MAR

El mar me pertenece
lo hago pasar entero
entre mis manos ávidas.
Lo acaricio le doy
la única mirada
sencilla que me queda
la que aún no han manchado
ni el miedo ni la muerte.

Mar limpio entre mis dedos
goteando esperanzas
porque sostiene aún
un velamen con brisa.

Mar de todos los mares
hoy contemplo en su espuma
otros mares antiguos:
aquel de mi primer
contacto con las playas
y el de aquellas lecturas
codiciosas e incómodas
bajo algún tamarindo.
y aquel otro del trópico
sin huellas de turistas
con esa pulpa tierna
que ofrece el cocotero.

Quiero olvidar aquí
lo que sucedió anoche.
el mar no tiene culpa.
Es dócil, mío, puro,
es un lebrel que lame
mis plantas mansamente.

ESTÁS

Y estás: en el vacío
y en la ausencia presente,
en la que es y vive
sin dejar de ser única
oquedad invisible
con raíces eternas.
No hay mundo que la llene
pero sí algo vivo
que la besa y la calma.

No quiero saber nada…
Ni de esa luz incierta
que retrocede vaga
ni de esa nube limpia
con perfiles de cuento.
Tampoco del magnolio
que quizá aún perfume
con su nieve insistente…
No saber, no soñar,
pero inventarlo todo.

LAXITUD

La tarde gris y triste me agobia ,
tengo sueño;
estiro lentamente
mis dos brazos abiertos
que se prenden al aire;
quieren cazar el tiempo,
aprisionarlo pronto,
robarle su secreto,
deshacer bruscamente sus límites estrechos.
Quiero llorar : no sé;
quiero reír: no puedo.
Los deseos
se estrellan contra la inexorable inercia
del silencio;
sobre mi corazón rueda grávido al peso
de la existencia toda.
Al fin me desperezo .
Logro romper el cerco
del malsano sopor,
pero apenas lo venzo
ya me toma a invadir
quedamente su tedio .
Luego …
Ya no sé más;
suspiro,
me paseo,
exprimo el tormento so
lagar de mi cerebro ,
destilo el elixir de su inquietud
en mi pecho …
Sujeto en mi memoria
repite el pensamiento ;
la tarde gris y triste me agobia ,
¡tengo sueño! .. ..

BÚSCAME EN TI

La flecha de mi vida
ha clavado sus rumbos en tu pecho
y esquivo entre tus brazos el acecho
de las cien rutas que mi paso olvida.
Despójame del ansia desmedida
que abrasaba mi espíritu en barbecho.
El roce de tus manos ha deshecho
la audacia de mi frente envanecida.
Navegaré en tus pulsos. Dicha inerte
del silencio total. Ávida muerte
donde renacen, tuyos, mis sentidos.
Ahoga entre tus labios mi tristeza ,
y esta inquietud punzante que ya empieza
a taladrar mi sien con sus latidos.

HUIDA

Inercia de la muerte . ¡Qué distancia
me aleja ya, segura, de lo human o!
Aquella rosa que murió en mi mano
será pronto recuerdo de fragancia .
Silencio de si lencios. En mi estancia
diluye su perfil lo cotidiano
y retorna sin hieles a su arcano
esa amargura que la vida escancia.
Nada será de todo lo que ha sido.
Voy a ofrecer al sello del olvido
mis párpados febriles y mis labios
que inmoviliza el rictu s de lo eterno.
j Quiero escapar indemne del infierno
que arde en la trama de tus besos sabios!

DISTANCIA

1
Estás ahí, Señor,
y no puedo acercarme …
Sé que estás, sé que eres .. .
Tu presencia me invade
irresistiblemente
y tengo que escaparme,
desoír tu llamada …
oscurecer tu imagen,
cuando mi ser entero
sólo quiere entregarse.
Perdón ame si huyo,
si me niego a mirarte.
¡Estás ahí, Señor,
y no puedo acercarme!

11
Tú me quieres así:
despojada de todo ,
sin lo mío y sin Ti .. .
obstinada en buscarte
y teniendo que huir
de tu sombra y tu huella.
Si me arrancas de mí,
no me niegues la gracia
de poderte seguir.

AMOR DE CADA INSTANTE…

amor de cada instante…
duro amor sin delicias: cadena cruz, cilicio,
gloria ausente, esperada,
gozo y tortura a un tiempo;
realidad de los siglos, gracias por ser y estar
en el nunca y el siempre.

Pues , mi ejercicio, ahora, es amarte en la ausencia,
y aferrarme a esta nada porque también es tuya
y beber ese polvo de soledad y vacío
que es Tu don del momento y Tu clara promesa.

Y por eso me obstino contra lo más cercano,
huyendo de lo fácil -metal a flor de agua-,
por Ti también me acojo a lo que nadie sabe.

Y así voy caminando por este desconcierto
oscuro y luminoso, por este amor amargo,
veteado de gloria…

NO QUIERO SABER NADA

No quiero saber nada…
Ni de esa luz incierta
que retrocede vaga
ni de esa nube limpia
con perfiles de cuento.
Tampoco del magnolio
que quizá aún perfume
con su nieve insistente…
No saber, no soñar,
pero inventarlo todo.

SÓLO ALLÍ

Tú no sabes qué lejos.
¡Nadie sabe qué lejos!
Encima de las nubes, detrás de las estrellas,
al fondo del abismo en que se arroja el día,
sobre el monte invisible donde duerme la luz.

Sólo allí podrá ser. Sólo allí tocaremos
la verdad que tortura nuestras frentes selladas.
Sólo allí se abrirán como flores de aurora
aquellas lentas noches de amor en desvarío.

Nuestras manos lo piden tendidas al espacio
en un sordo anhelar que no engendra clamores,
nuestras plantas lo exigen tercamente aferradas
a las huellas que el viento indómito destroza.

El horizonte huye robando a cada hora
la secreta delicia que presagia el milagro.
Hay briznas de prodigio en todos los instantes
y el mundo, ciego, arde con vibración de altar.

Arrodilla tu fuerza. No hay glorias presentidas.
Palpita en certidumbre la carne de los sueños.
Si acunas la belleza que tu fervor concibe
florecerá en tu muerte su exacta encarnación.

Te esperaré apoyada en la curva del cielo…
Te esperaré apoyada en la curva del cielo
y todas las estrellas abrirán para verte
sus ojos conmovidos.
Te esperaré desnuda.
Seis túnicas de luz resbalando ante ti
deshojarán el ámbar moreno de mis hombros.
Nadie podrá mirarme sin que azote sus párpados
un látigo de niebla.
Sólo tú lograrás ceñir en tus pupilas
mi sien alucinada
y mis manos que ofrecen su cáliz entreabierto
a todo lo inasible.
Te esperaré encendida.
Mi antorcha despejando la noche de tus labios
libertará por fin tu esencia creadora.
¡Ven a fundirte en mí!
El agua de mis besos, ungiéndote, dirá
tu verdadero nombre.

Y SE VA MARCHITANDO LA CAJA DE LAS ROSAS…

Y se va marchitando la caja de las rosas;
no tiene quien las saque y las lleve al camino.
Un airón de perfume se nos quiebra en las manos
mientras algo se muere y nace al mismo tiempo.
Se nos frustró la cita con aquella fragancia
de tan pura, invisible, ese ramo de brisa
que apenas huele a nada
y que agavilla en sí todo el amor del mundo.

Hay cosas que no son, pero que siguen siendo
gozo, nostalgia, fronda que nunca hemos plantado,
hermosura secreta que sólo fue latido.

A J.J. QUE AHORA CONTEMPLA, SIN DOLOR, ESE PAISAJE QUE AMÓ TANTO

Y te quise traer un ciprés de Castilla
que hundiera sus raíces hasta tocar tus huesos:
Castilla que cantaste y amaste con locura
cuando faltó a tus pies su barbecho fecundo.

Raíces en lo hondo; copa esbelta en el cielo.
No ese ciprés de Silos que Gerardo cantara,
sino un ciprés aún tierno que creciese a tu vera
señalando al que pase la ruta que seguiste.

Así todos verían al levantar los ojos,
que ya no estás ahí donde tu nombre queda,
porque el ciprés, cual índice de verdor y esperanza,
guiaría su vista a tu verdad inmutable.

¡Qué guardia de cipreses en la tarde de oro!
y me acordé de ti y de aquellos poemas;
y de los que, después, colmaste de ese Amor
que te acunó la muerte.
Yo te quise traer un ciprés de Castilla.
¿Para qué? me pregunto. ¡Si ya la tienes toda!

¿POR QUÉ HUYEN TODAS LAS ISLAS?

   I
¿Cómo huyen las islas?
¿A caballo del mar sobre frágil espuma?
¿O acaso en imposible persecución alada
soñándose inocentes colegialas del cielo?

¿Cómo huyen las islas? ¿De qué? ¿Por qué?
       ¿A dónde?
Y las veo partir una a una, perdidas
en un afán oscuro que las nace y las muere
prisioneras sin cárcel de algún destino incierto.

IV
Y quisiera ser isla, un signo que persigne
el mar y sus entornos,
la sorpresa flotante de un pedazo de yerba.
Estrellas como islas o islas como estrellas.

¡Es un sueño sagrado que viene de tan lejos!
La sarta de coral de insólitos jardines
que todos despreciaron.
Hombre o mujer sedientos y cerca el archipiélago:
una siembra inaudita de frutas prodigiosas
imantando una red de gemas increíbles.

  V
Y si las islas huyen quedarán mares solos
sin nada que los tense y los haga más firmes
o acequias desoladas sin un brazo de tierra
en donde hagan pie los que van a ahogarse.

No es verdad que las islas sean monólogos puros
como tampoco hay hombres que son islas completas.
Y la isla quería no ser isla, mezclarse
con el mar y los ríos y buscar a esas otras,
las de luz diferente,
las de flores distintas y cardos agresivos.

No hay matices que puedan aislar a las islas
ni tampoco a los hombres. El fondo es siempre el  mismo
como la rosa es rosa aunque abrace los muros
o se yerga señera.

Fuga precipitada de paisajes isleños,
con tallos fabulosos y cinturón de algas.
Y ese árbol asceta que un oro florecido tortura y acrisola.

Y también el anturio como escudo guerrero,
el hibisco en campanas de tinte evanescente,
y la catleya, sello de trances amorosos.

INSOMNIO

Es un ratón bohemio.
Cansado de roer
tantas flores de trapo
se ha perdido en la selva
de los cables eléctricos.

La noche no se acaba.
¿Quién se escurre en la sombra?
La plazuela no entiende
los balcones abiertos
las inquietas preguntas,
los ojos aterrados
por un ratón que salta.

En las cajas redondas
roen otros ratones.
Amanece; el obús
no hizo blanco en el puerto.

CIUDAD DESIERTA

Aquí no hay nada, nadie.
Entre tanto gentío
nadie va, nadie viene.
Sólo se toca el aire,
silencio en el bullicio,
vacío en la palabra
oquedad en el movimiento,
presencia sin personas.

Qué enredo de países,
de adverbios, de niveles,
qué maraña de puertas,
de nombres, de caminos.
¿Aquí, allí, adónde?
Hay letras encendidas
que duelen como llagas.
Es forzoso salir:
buscar alguna parte,
¿buscar qué?, un orificio
entre la masa amorfa,
un huequecillo tenue
con temblor de caricia,
una esquina con flores.

La mujer y los niños
miran hacia delante
y sonríen por algo
que no se les alcanza.
Decirles “aquí estoy”.
Decir “venid conmigo”.
Pero ¿adónde llevarlos
si no nos lleva nadie?

SUSURRO

No son esas palabras
metálicas y duras
las que abren caminos
y derriban los montes.
Las aguas pasarán
a través de otros cauces
más secretos, más hondos,
por otros arcaduces
que tú y yo sabemos.

No quieras violentar
la delicada urdimbre
de un tejido sutil
que un soplo rasgaría.
Esas palabras no.
Las que ya nadie oye,
la vibración secreta
de algún cuerpo entregado.

FUGA

Ha pulido tu amor
la copa de mi alma
con el roce fatal
de su deslumbramiento,
en el cándido prisma
de tan leves cristales
se diluye la gracia
de tu perfil eterno.
Ya casi no conozco
el radio que trazaba
en mi espejo sensible
la presión de tus dedos.
A fuerza de limarlo hiciste
de mi espíritu
un vidrio que cebrean
las púas del silencio.
Alerta al menor soplo
que hiere lo insondado,
-crisol estremecido
por las brisas astrales-,
como en un parapeto
se me escapa tu sombra,
tras la red que tejiste
enhebrando pensares.
Inexacta visión
de amplitud multiforme
oscilando en el aspa
fatal del Universo,
ya eres sólo una forma
que reviste mi antojo
en el vasto bullir
de su ritmo complejo.


CEPO

La tarde, flexible y larga,
se anudó estrechamente
al latir de mi garganta.
Suave, ligera,
¡cómo tiraba!
¡Qué sordo crujir de nervios
y de palabras!
Los pinos me hundieron sus agujas;
un embrollo de zarzas
tejió un collar ceñido
sobre mi piel tostada.
Ya la tarde se iba;
pero, cuánto apretaba.
Me arrastró hacia el mar
sujeta con los grillos
de la nube soñada…
¿El sol querría al morir
que yo le acompañara?

INSTANTE

Lentamente, en la paz otoñal se desliza
un pálido fantasma con blancura de flor;
el viento, suspirando los ecos del dolor,
se quiebra al resonar enfermo de una risa.
La hoja desprendida del árbol centenario
cruje como un misterio en la sombra dormida,
y se escucha el pisar doliente de la vida,
y la fuga del tiempo hacia el fúnebre osario.
Nace la eternidad al morir de las horas;
el silencio se cierra egoísta y secreto,
ahogando con sus velos al fantasma que llora.
En la quietud hostil hay un grave concierto;
la campana del mundo tenuemente desflora
la agonía sin fin de ese algo que ha muerto.

Del libro libro Primer Exilio (1978)

SI DERRIBAS EL MURO…

¡Si derribas el muro
qué gozo en todas partes!
¡Qué lazo de palabras
se sentirá en la tierra!
Y todo será nuevo,
como recién nacido…
Si derribas el muro
de todas las mentiras
¡Qué júbilo de amor
abierto sobre el mundo!
¡Qué horizonte sin nubes
en la curva del cielo!

Del libro La pared transparente 1984

LUZ EN LA MEMORIA I


…estas cosas que evoco (ya sin nada) de lo
que a mí me tuvo y fue tan mío
JUAN JOSÉ DOMENCHINA
¡Qué ganas de acercarme!
Sobre el mar ibas mudo,
alejado, a distancia,
como si una pared
adusta separase
esos destinos nuestros
tan juntos sin embargo.

Miré a mi alrededor
y todas las pupilas
se hundían en el surco
que devoraba el agua.
Un miedo de los ojos
esquivando otros ojos,
un afán de guardar
para sí aquel momento,

Vi una mano perdida
que buscaba otra mano,
retirándose luego
avergonzada, mustia.
Y seguimos así,
queriendo sin querer,
inmóviles y rígidos
con los labios sellados.

Del libro Del Vacío y sus Dones 1993

AL FINAL DE LA TARDE

Al final de la tarde
dime tú ¿qué nos queda?
El zumo del recuerdo
y la sonrisa nueva
de algo que no fue
y hoy se nos entrega.

Al final de la tarde
las rosas siguen lentas
abriéndose y cerrándose
sin caer aún en tierra.

Al final de la tarde
no vale lo que queda
sino el impulso mágico
de la verdad completa.

DE PRESENCIA DEL PASADO (1996)

 PARA CUÁNDO LA LLUVIA

¿Para cuándo la lluvia
y su gozo ahilado
a punto de estrenar su virginal salida
que nos bautiza siempre?
Para qué vida rota
y para qué paisaje o capullo emergente
hay razones que brillan
porque son más que eternas.
¿Para cuándo la lluvia
con su lujo de agua?
Nadie quiere evitar
la fusta cristalina,
su azote transparente que apacigua y refresca.
¿Para cuándo la lluvia si es que existe?

Te recomendamos ver el programa de televisión.

PRÓXIMO NÚMERO

42. Poesía más Poesía: Gloria Fuertes y Helena Trujillo

GLORIA FUERTES

BIOGRAFÍA

Gloria Fuertes (1917-1998) Nació en Madrid, el 28 de julio de 1917 “en un parto muy laborioso en el que, si se descuida (su madre), muere para vivirme”, diría en unos versos de su poema autobiografía. Fue la menor de nueve hermanos de un hogar humilde. Su madre era modista y su padre portero.
A los tres años ya sabía leer y a los cinco escribía cuentos y los dibujaba. Luego los cosía con hilos para encuadernarlos. Sus primeras lecturas las componen el famoso TBO y los cuentos de Pinocho que editaba Calleja, ya que según ella manifestó en varias ocasiones le asustaba Blancanieves allí muerta, y le parecía un horror que en el cuento de Caperucita la abuela fuera devorada por el lobo. Por eso, su cuento preferido era Pinocho, y sus juguetes, los que encontraba por la calle.
De los 2 a los 14 años asiste a diversos colegios, entre ellos uno de monjas en la calle Mesón de Paredes, que ella recuerda en un poema: 

“Me llevaron a un colegio muy triste
donde una monja larga me tiraba pellizcos
porque en las letanías me quedaba dormida”.

Su madre la matriculó en el Instituto de Educación Profesional de la Mujer en todas las asignaturas propias de su sexo: Cocina, Bordados a mano y a máquina, Higiene y Fisiología, Puericultura, Corte y Confección, Taquigrafía y Mecanografía, pero ella no quería ser ni modista, como su madre, ni niñera, no quería servir a nadie, en todo caso quería servir a todos, así que también se matriculó en Gramática y Literatura. Su madre quería hacer de ella una esposa de provecho, que supiese bordar y cocinar y no entendía que su hija se matriculara en Gramática y Literatura y que sus aficiones fueran los deportes y la poesía. El lema de Gloria Fuertes, que dejó como legado en sus apontes es “si vales de verdad y quieres algo con todas tus ganas, sales adelante seguro.” Escribe sus primeros versos a los catorce años, en 1932 Niñez, Juventud, Vejez (leer)
En 1934, teniendo Gloria Fuertes diecisiete años, fallece su madre, y se emplea en una fábrica donde, a ratos perdidos, escribe poemas.

Durante la guerra empieza a trabajar de contable y de secretaria en la fábrica de Talleres Metalúrgicos, y entre cuenta y cuenta escribía cuentos y poemas. Aunque sus lecturas de juventud son los poemas de Bécquer, Rubén Darío y Gabriel y Galán, lo que más le influye a la hora de escribir es la llegada de la Guerra Civil. Esta experiencia dramática de la guerra agudizó su sentido de protesta. Cuando le preguntan por la guerra responde:
‒ Yo estaba sana pero el hombre y el hambre me dolían todos los días. Aunque    sin un rasguño de metralla, la guerra civil española me dejó en carne viva. Amanecí en la sección de quemados»

Gloria Fuertes con su madre y sus hermanos Jesús y Angelín

Era antibelicista (la Guerra Civil la marcó profundamente), ecologista cuando la defensa de la naturaleza no era una preocupación en la sociedad y feminista.  
En 1935 escribió su primer libro de poemas Isla Ignorada, (leer) aunque no lo publica hasta 1950.
Dio sus primeros recitales de poesía en Radio Madrid y Radio España. En esta época se movía por Madrid con una falda-pantalón y corbata en bicicleta, desde Lavapiés a la Calle Mayor para entregar sus cuentos y poesías en Escuela Española, y compraba libros a hurtadillas en la cuesta de Moyano.
En la Guerra Civil y Gloria Fuertes conoció a sus dos primeros amores. Representaban ambos bandos de la guerra y sufrió la pérdida de ambos. Su primera mor era un obrero y el segundo, de la tinchcera franquista, era un médico al que metieron en la cárcel, del que señalaba que le influyó mucho, por ser un hombre muy culto.
En 1939, como ella misma relataba, pasó de la oficina de hacer cuentas a una redacción para hacer cuentos.
Una vez acabada la guerra comienza a relacionarse con el mundo de las letras en revistas como Pelayos, o Chicos, Chicas y Chiquitito, estas últimas bajo la dirección de Consuelo Gil, donde publica cuentos de humor desde 1940 hasta 1955. Colabora como redactora en la revista infantil Maravillas, suplemento infantil del diario Arriba, portavoz de la Falange y dirigido por fray Justo Pérez de Urbel. Lo primero que publicó fueron unas aleluyas y unas historietas de una niña de 9 años llamada Coletas. También aquí presentó a Pelines, un niño de 6 años que llegó a ser más popular incluso que Coletas. Al principio ella misma dibujaba las historietas, pero pronto se hizo cargo de esta labor ilustradora Soravilla. Siguió publicando semanalmente cuentos, historietas y poesía para niños en esta revista hasta el año 1953.
Se estrenan diversas obras suyas de teatro infantil y poemas escenificados en varios teatros de Madrid.

1939 Verbena de San Antonio, con compañeros de la revista Maravillas

En 1942 conoce a Carlos Edmundo de Ory, al que le dedica el poema Delirio.Carlos Edmundo de Ory fue un poeta, ensayista, epigramista y traductor español, principal representante del postismo. Fue hijo del poeta modernista Eduardo de Ory Ya a finales de los años cuarenta entró en las tertulias del grupo literario denominado Postismo, un movimiento de posguerra que era lo más avanzado que podía proponer España estéticamente, bajo el régimen de Franco.Aunque nunca se sintió ligada a ningún movimiento y se definía como «autodidacta y poéticamente desescolarizada», la crítica ha unido su nombre a los movimientos literarios como la Generación del 50 y el Postismo. Con los de la Generación del 50 le une el haber publicado en esa época y el tipo de poesía de denuncia moral que hacía Celaya, Blas de Otero, José Hierro, García Nieto, Ángel Crespo o Buosoño entre otros cuyos temas son: la soledad, el dolor, la injusticia social, el amor, Dios, la muerte… Sin embargo, la principal diferencia entre Gloria Fuertes y estos poetas es que, aunque los poemas de ambos salen del dolor, del desamor y del amor, ni ellos ni los postistas supieron llegar al pueblo de la forma en que lo hacía Gloria Fuertes. Y es que ella decía que «antes de contar las sílabas, los poetas tienen que contar lo que pasa». Lo que no se puede negar es que en estos años sí surge una vertiente de la poesía española marcada por la queja más o menos explícita contra la opresión. Estuvo colaborando, además de junto con el ya mencionado Carlos Edmundo de Ory, con Eduardo Chicharro, Silvano Serseni, Ángel Crespo y Francisco Nieva, quien decía de Gloria Fuertes que era «un Prévert femenino que sonaba a Madrid, como la Piaf o Prévert sonaban a París».

En estos años se combinan perfectamente sus dos facetas creadoras: la infantil con la poesía social de adultos, y, para hacer ambos tipos de poesía, Gloria Fuertes analizaba su estado de ánimo y así actuaba: para escribir poesía infantil, «se hacía niño», tenía que estar contenta y graciosa, imaginativa, fantástica, idear un argumento que les hiciera gracia desde el primer momento y con un vocabulario sencillo; en cambio, si tenía algún problema, la poesía resultante era la del lector adulto.
Junto a Adelaida Lasantas, María Dolores de Pueblos y Acacia Uceta funda en 1947 el grupo femenino «Versos con faldas», que se dedica durante dos años a ofrecer lecturas y recitales por cafés y bares de Madrid. Fue un grupo tremendamente activo que organizaba lecturas de poesía y colabora en revistas como Rumbos, Poesía Española, con Gabino Alejandro Carriedo, o El pájaro de paja, dirigida por Ángel Crespo.
Gloria Fuertes fue una de las voces iniciales de la poesía femenina de posguerra con Carmen Conde y Ángela Figuera, entre otras.
En este mismo año obtiene el Primer Premio de «Letras para canciones» de Radio Nacional de España.
Fue fundadora y directora de la revista poética Arquero (1950-1954), junto a Antonio Gala, Rafael Mir y Julio Mariscal. En 1952 estrena su primera obra de teatro en verso Prometeo en el Teatro del Instituto de Cultura Hispánica y se publica Canciones para niños. En 1954 publica en Caracas Antología Poética y Poemas del suburbio, donde se refleja su solidaridad con las clases marginadas de la sociedad urbana, también aparece Aconsejo beber hilo en la colección Arquero y en Caracas Todo asusta (1958) con el que recibe la primera mención del Concurso Internacional de Poesía Lírica Hispana. Primer Premio de “Letras para canciones” de RNE, 1958
Por estos años publica la obra infantil Pirulí, y organiza la primera Biblioteca Infantil ambulante por pequeños pueblos, llevando libros adonde éstos no llegan por falta de dinero o por el analfabetismo que todavía existía en España.

En el rastro de Madrid


Recibe la Primera Mención del Concurso Internacional de Poesía Lírica Hispana, 1959
Entre 1955-1960 cursa estudios de Biblioteconomía e Inglés en el International Institute. Fue allí donde conoció al gran amor de su vida: la hispanista estadounidense Phyllis Turnbull, con la que mantuvo una relación durante quince años. Compartió piso con ella y con su otro amor de juventud, Chelo Sánchez. La escritora quemaba la noche de Madrid y con las ojeras de madrugada se iba a hacer guardia en una biblioteca pública, uno de sus oficios más felices. “Dios me hizo poeta y yo me hice bibliotecaria. Mi jefe era el libro, ¡yo era libre!”.
Fue Phyllis la que consiguió a la poeta un billete a Estados Unidos, gracias a una beca Fulbright, aunque muy pronto regresó a Soto del Real, donde ella y la norteamericana habían fundado una biblioteca ambulante. Fue, probablemente, su época más feliz. “Si la literatura está en decadencia es porque los escritores están demasiado tristes. Hacen falta más risas”, aseguraba Fuertes. Pero en 1971, un cáncer se llevaba al amor de su vida y Gloria no quiso reír más. No obstante, siguió adelante y adquirió una nueva filosofía: “La vida es una mierda de vaca de la que tenemos que hacer un pastel de manzana”

En la década de los 60 publica algunas de sus obras más conocidas: Que estás en la tierra (1962), Ni tiro, ni veneno, ni navaja, en 1965 con el que obtiene el Premio Guipúzcoa, Poeta de guardia, en 1968, uno de los mejor considerados por la crítica y Cómo atar los bigotes del tigre, en 1969 con el que consigue el accésit del Premio Vizcaya de Poesía:

Cangura para todo, en 1968, fue todo un éxito al obtener una mención de honor en el Premio Andersen de literatura infantil.

A partir de la década de los 70 Gloria empieza a vivir por y para la literatura. Publica Antología poética (1950-1969) en 1970.
En 1972 obtiene la beca de la Fundación Juan March para literatura infantil, y siguió publicando libros de cuentos como La pájara pinta, y La oca loca.
Un año más tarde aparece Sola en la sala, como testimonio de su propia soledad, de su insatisfacción amorosa. Dice que lo escribió estando por primera vez enferma, y que decía lo que tenía que decir «con la rapidez de un dardo, un navajazo, una caricia». También publica Cuando amas aprendes geografía, así como numerosos títulos infantiles: Don Pato y Don Pito, El camello cojito, Las tres reinas magas, entre otros…Su obra de teatro Las tres reinas magas, en la que Melchora, Gaspara y Baltasara asumen las tareas de sus maridos la noche de Reyes, se sigue representando en muchos colegios de España.
Se convierte en una prolífica poeta, y la poesía constituye el motor de su vida. Llega el momento de su antología titulada Obras incompletas(1975) donde reúne poemas de sus libros anteriores.
Comienza a colaborar activamente en diversos programas infantiles de TVE, como Un globo, dos globos, tres globos, del que compone hasta la sintonía, y La cometa blanca (a partir de 1982) convirtiéndose así definitivamente en la poeta de los niños y es que con los niños le gustaba enredar adivinanzas, pareados y juegos de palabras disparatados y ripios. Fue designada por el diario Pueblo como la «figura más popular».
Sigue publicando obras para adultos como Historia de Gloria: (amor, humor y desamor) y Mujer de verso en pecho, en 1995.
Los versos de Gloria Fuertes están llenos de frases hechas, de máximas y proverbios, registros infantiles, coloquialismos, con lo que ella juega ingeniosamente para darles un nuevo significado.Sabía que su actitud lúdica de desmontar y reinventar palabras llevaba a los niños a un mundo de fantasía y les provocaba la diversión, a través de esos pareados y rimas facilonas. Juega con el lenguaje como jugaría un niño: El libro loco de todo un poco, La ardilla y su pandilla, Coleta payasa, ¿qué pasa?, Don Pato y Don Pito, El hada acaramelada El abecedario de don Hilario, Pelines, Doña Pito Piturra… entre otros.

Su fama trasciende los límites de la literatura y Gloria es conocida como poeta y como personaje. Su peculiar voz es familiar en todos los hogares españoles de estos años. Su actividad es imparable: lecturas, recitales, homenajes… y constantes publicaciones.
El escritor Camilo José Cela la definió como; «una de las más luminosas voces poéticas españolas». Es más, en alguna ocasión le confesó que le «gustaría escribir para niños» como ella.
Con Miguel Oscar Menassa estableció una relación de amistad y se confesó una gran admiradora de él. Cuenta cómo, cuando leyó el libro El Oficio de Morir, le llamó a su casa para decírselo y le sentó en una silla que le había regalado Televisión Española, indicándole “esta sila es suya, no mía”, y agarró el libro El Oficio de Morir y empezó a mostrar pasajes del mismo, llegándole a preguntar ¿usted sufría mucho cuando escribía este libro?” “Yo no sufrí nada” le contésto Menassa. “Entonces, usted es un gran escritor”.
Acudía a recitales en la Escuela Grupo Cero y se maravillaba y sorprendía de cómo, en los talleres de Poesía, los poetas que se iban forjando tenían un estilo propio, cada uno diferente. Los alumnos de sus talleres escribían muy parecido a ella, como si fuesen una imitación.
Gloria decía que escribir para niños tenía una gran responsabilidad, ya que lo que pretende es despertar en ellos el amor por la vida, por la gente, las plantas, los animales, pero sin dejar el humor ni la fantasía porque la risa es muy necesaria y constantemente repetía que hay adultos que nunca han sido niños y son seres penosos. Sin pretenderlo, tuvo un gran afán pedagógico ya que consiguió que aprendiéramos la tabla de multiplicar, recitáramos los ríos de España o escribiéramos bien:

En 1997 publicó en la editorial Torremozas, Pecábamos como ángeles, una selección de su poesía amorosa en la que nos presenta su vertiente más apasionada y nos permite escuchar de cerca su corazón, que, entre bromas y verdades, tiene la rara virtud de emocionar siempre.

Cuando Gloria ya conocía la gravedad de su enfermedad le preguntaron que qué tal estaba y ella contestó «Estoy a solas con Dios y mi dolor», pero no estuvo sola ni un minuto, siempre había alguien con ella, incluso cuando murió el 27 de noviembre de 1998 estaba rodeada de sus amigos íntimos, los que siempre estuvieron ahí.

Cuando murió dejó cien millones de pesetas a la ciudad de los muchachos.
Si singular fue su manera de entender el mundo de las letras, también podemos decir que su peculiaridad la trasladó incluso a la muerte. Así, en su tumba, como ella quiso, puede leerse lo siguiente:

Gloria Fuertes. Poeta de Guardia. Ya creo que lo he dicho todo. Y que ya todo lo amé.”
En el año 2016, la aerolínea noruega Norwegian Air Shuttle la homenajeó incorporando su retrato a uno de sus Boeing 737-800. Aseguran que es una de las personalizaciones de sus aviones que más éxito han tenido. EN EL extranjero es una poeta fundamental de la posguerra española. En EEUU hay doce estudiosos especializados en ella y docenas de tesis doctorales
Gloria Fuertes es una de las principales voces de la poesía femenina de la segunda década del siglo pasado. Con un lenguaje sencillo, directo, sabe reflejar su amor a la infancia, a los humildes, a la vida, a la paz. Denuncia la injusticia social, impregnando sus poemas con un tinte de humor muy peculiar. Autora más apreciada y estudiada en el extranjero que en España, el paso del tiempo ha de colocarla en el lugar que, por la importancia de su obra literaria, le corresponde

La etiqueta de poeta de los niños- y su gran popularidad- eclipsaron a la escritora de denuncia, feminista, ecologista, pacifista y adelantada a su tiempo en una España en blanco y negro.

“Decía que quería ser popular no famosa porque escribía para el pueblo, para todos, no solo para los niños, de manera que el pueblo lo entendiera porque ella venía del pueblo”.

POEMAS

NIÑEZ, JUVENTUD Y VEJEZ

Nacer, vivir, crecer, saltar,
reír, chillar, mentir,
aprender, amar, estudiar,
brincar, jugar, correr,
reír, reír…¡niñez!

Hablar, pensar, cantar,
moverse, andar,
jugar a amar,
cambiarse de lugar,
sin quietud…¡juventud!

Sufrir, llorar, gemir,
sentir, pensar, no vivir,
quietud, resignación,
desolación…
tristeza, dejadez …¡vejez!

ISLA IGNORADA

Soy como esa isla que ignorada,
late acunada por árboles jugosos,
en el centro de un mar
que no me entiende,
rodeada de nada,
—sola sólo—.
Hay aves en mi isla relucientes,
y pintadas por ángeles pintores,
hay fieras que me miran dulcemente,
y venenosas flores.
Hay arroyos poetas
y voces interiores
de volcanes dormidos.
Quizá haya algún tesoro
muy dentro de mi entraña.
¡Quién sabe si yo tengo
diamante en mi montaña,
o tan sólo un pequeño
pedazo de carbón!
Los árboles del bosque de mi isla,
sois vosotros mis versos.
¡Qué bien sonáis a veces
si el gran músico viento
os toca cuando viene el mar que me rodea!
A esta isla que soy, si alguien llega,
que se encuentre con algo es mi deseo;
—manantiales de versos encendidos
y cascadas de paz es lo que tengo—.
Un nombre que me sube por el alma
y no quiere que llore mis secretos;
y soy tierra feliz —que tengo el arte
de ser dichosa y pobre al mismo tiempo—.
Para mí es un placer ser ignorada,
isla ignorada del océano eterno.
En el centro del mundo sin un libro
sé todo, porque vino un mensajero
y me dejó una cruz para la vida
—para la muerte me dejó un misterio.

AL BORDE

Soy alta;
en la guerra
llegué a pesar cuarenta kilos.
He estado al borde de la tuberculosis,
al borde de la cárcel,
al borde de la amistad,
al borde del arte,
al borde del suicidio,
al borde de la misericordia,
al borde de la envidia,
al borde de la fama,
al borde del amor,
al borde de la playa,
y, poco a poco, me fue dando sueño,
y aquí estoy durmiendo al borde,
al borde de despertar.

(En: Antología y poemas del suburbio, 1954)

AUTOBIO

Nadie me quiso tanto
como yo quise.
Siempre gané amando.
 
Soy medalla de oro
en saltos de ternura.
 
Nadie se enamoraba de mí
como yo me enamoraba
hasta enfermar
hasta padecer
hasta enloquecer.
 
—Alégrate Gloria,
que te pasa lo que a Dios,
que siempre nos quiere más
que lo que le queremos.
(En: Antología y poemas del suburbio, 1954)

A LOS QUE TRAGÓ LA TIERRA ANTES DE TIEMPO

A los que tragó la tierra antes de tiempo
(murieron de frío más que de bala)

Los abetos del bosque piden palomas,
de puntillas se empinan sobre las lomas,
a ver si vienen…
Los chopos del pradillo chopos dorados,
se empinan por si vuelven…
No vuelven los soldados.
Por tierras de Teruel
se quedaron helados.
El Ebro sabe mucho
de muchachos ahogados.
Y la tierra,
no sabía qué hacer
con tanto precoz muerto.
Y no os vale de nada que os recuerde
que queríais vivir.
¡Bien lo recuerdo!
(En: Mujer de verso en pecho, 1983)

CARTA

 Queridos pobres:

Recibí todas vuestras cartas,
las que no me habéis escrito llegaron,
por el aire que viene de las casas baratas,
por el aire que viene de la aldea,
por el aire que viene de la fábrica,
por el aire que viene de la mina,
por el aire que viene de la barca,
elegidos ciudadanos secillos, sé todo lo que os pasa.
   Los que tenéis oficio,
los que pisáis andamio,
los que con la herramienta os herís a lo tonto,
los que andáis por el agua de Valencia,
los que hacéis el arroz o los garbanzos,
los que dormís de día y por la noche
en la barca a cogernos el pescado.
   Recibí vuestras cartas labradores,
vendimiadores recibí vuestros salmos
y pescadores también vuestras noticias,
sé todo lo que hacéis y lo que os pasa siento,
quedo enterada de que algunos jornales han subido
y aún no os llega;
y os llego como sé el agua al cuello,
y la voz nunca os llega a no ser mía,
pero os llega el trabajo a la mañana
y la salud al cuerpo
y el hijo otra vez, enhorabuena.
   Yo no puedo de lo que me decís haceros nada.
Tan sólo recordaros que ya el hombre de libros está en ello,
que os dibuja mis pobres, que os entiende,
que se quiere ocupar de todo eso, que decís en vuestras cortas cartas,
y escribirán a los ministros.
   Y nada más por hoy pobres amigos,
lo mejor de la vida sois, lo que la alza.
También estáis vosotros los que vais a oficina,
los que vendéis verduras y los que hacéis las casas
los que guiáis los coches, los que regáis con agua,
pobres de mil oficios no estáis solos
aquí un poeta os canta,
luego vendrán más.

(En: Leopoldo de Luis, Poesía Social, Edic. Júcar, 1982) 

DESHACER LO INJUSTO

No sé escupir,
pero voy a aprender
para escupir sobre las tumbas
de todos los culpables de las guerras.
No tengo uñas,
pero quisiera tener garras
para atrapar desde mi altura a los hombres reptiles.
No tengo poder,
pero tengo la fuerza de los pueblos
que sufren.
No tengo cultura,
pero tengo el corazón sabio
de estar con los que no tienen nada.

(En: Mujer de verso en pecho, 1983)

EN RETAGUARDIA

Hago poco o no hago nada.
La gente se está matando
mientras yo escribo sentada.
Bien nutrida, mal amada.

Hago poco o no hago nada,
coso y curo mis balazos
bien herida, mal amada.

Me duele lo de los otros
pero no puedo hacer nada
porque el dolor de mi cuerpo
me tiene paralizada.

(Puede llamar a la puerta…
¡Si tuviera una llamada,
si me dijese “te quiero”…!)

Compañero, camarada,
yo también sufro injusticia
por amor encarcelada.
No me merezco ser líder,
lucho cómoda, sentada.

Hago poco o no hago nada.

Cambio vendas,
me preocupo de MI herida,
hay mucho plomo en mis alas,
no puedo volar al monte,
-¡por si llama!-

Dejadme sola en la sala.
Dejadme cumplir condena,
-bastante tengo desgracia,
la gente se está matando
mientras escribo sentada-,
bien herida, mal amada. 

(En: Proyecto de Librodisco en torno a la figura y obra de Gloria Fuertes)

NACÍ PARA POETA O PARA MUERTO…

Nací para poeta o para muerto,
escogí lo difícil
—supervivo de todos los naufragios—,
y sigo con mis versos,
vivita y coleando.
Nací para puta o payaso,
escogí lo difícil
—hacer reír a los clientes desahuciados—,
y sigo con mis trucos,
sacando una paloma del refajo.
Nací para nada o soldado,
y escogí lo difícil
—no ser apenas nada en el tablado—,
y sigo entre fusiles y pistolas
sin mancharme las manos.

ES INUTIL

Inútil que a estas fechas
nos empiece a dar pena de la rosa y el pájaro,
inútil que encendamos velas por los pasillos,
inútil que nos prohíban nada,
hablar, por ejemplo,
comer carne,
beber libros,
bajarnos sin pagar en el tranvía,
querer a varios seres,
fumar hierbas,
decir verdades,
amar al enemigo.
Inútil es que nos prohíban nada.
En los diarios vienen circulares,
papeles hay pegados en la esquina
que prohíben comer pájaros fritos.
¡Y no prohíben comer hombres asados
con dientes de metralla, comer hombres desnudos!
¿Por qué prohíben pájaros los mismos que consienten
ejecutar el séptimo y el quinto mandamiento?
Tampoco han prohibido los niños en Corea
y se los sigue el hombre comiendo en salsa blanca.
La “Protectora de Animales” está haciendo el ridículo.
Tampoco han prohibido comer las inocentes pescadillas,
los tiernos y purísimos corderos,
las melancólicas lubinas,
las perdices…
Y qué me dices
de “Mariquita Pérez”
que la compran abrigos de trescientas pesetas
habiendo tanta niña sin muñeca ni ropa.
Los enfermos trabajan,
los ancianos ejercen,
el opio en tal café puede comprarse,
la juventud se vende.
Todo esto está oficialmente permitido.
Comprended y pensad: nada se arregla
con tener “buenos sentimientos”,
hay que tener arranques
y ganas de gritar:
-¡Mientras haya guerras comeré pájaros fritos!

ES OBLIGATORIO

Es obligatorio tener mitos
y yo gustosa desobedezco,
gustosa me plancho las blusas,
cuando tengo tiempo,
porque antes es hablar con los amigos.
Es obligatorio presentarse con buenas ropas,
con buenas obras -no interesa tanto-.
Es obligatorio no asomarse a la ventanilla,
porque tienes que estar vivo si organizan la guerra.

Es obligatorio silenciar que hay tumultos,
porque pueden echarte del trabajo,
y si cantas verdades la celda te preparan,
te preparan el llanto, porque es obligatorio…
sufrir siendo persona,
guardar rencor,
adular al pedante,
llevar medias en los templos,
tener bastantes hijos,
volver mañana,
tener enemigos,
es obligatorio todo esto,
y encima te prohíben escupir en el suelo.

NO PERDAMOS EL TIEMPO

Si el mar es infinito y tiene redes,
si su música sale de la ola,
si el alba es roja y el ocaso verde,
si la selva es lujuria y la luna caricia,
si la rosa se abre y perfuma la casa,
si la niña se ríe y perfuma la vida,
si el amor va y me besa y me deja temblando.

¿Qué importancia tiene todo esto,
mientras haya en mi barrio una mesa sin patas,
un niño sin zapatos o un contable tosiendo,
un banquete de cáscaras,
un concierto de perros,
una ópera de sarna?

Debemos inquietarnos por curar las simientes,
por vendar corazones y escribir el poema
que a todos nos contagie.
Y crear esa frase que abrace todo el mundo;
los poetas debiéramos arrancar las espadas,
inventar más colores y escribir padrenuestros.
Ir dejando las risas en la boca del túnel,
y no decir lo inti1no, sino cantar al corro;
no cantar a la luna, no cantar a la novia,
no escribir unas décimas, no fabricar sonetos.

Debemos, pues sabemos, gritar al poderoso,
gritar eso que digo, que hay bastantes viviendo
debajo de las latas con lo puesto y aullando,
y madres que a sus hijos no peinan a diario,
y padres que madrugan y no van al teatro.
Adornar al humilde poniéndole en el hombro
                                            nuestro verso;
cantar al que no canta y ayudarle es lo sano.
Asediar usureros y con rara paciencia convencerles
                                            sin asco.

Trillar en la labranza, bajar a alguna mina;
ser buzo una semana, visitar los asilos,
las cárceles, las ruinas; jugar con los párvulos,
danzar en las leproserías.

Poetas, no perdamos el tiempo, trabajemos,
que al corazón le llega poca sangre.

ORACIÓN

Que estás en la tierra, Padre nuestro,
Que te siento en la púa del pino,
En el torso azul del obrero,
En la niña que borda curvada
La espalda, mezclando el hilo en el dedo.
Padre nuestro que estás en la tierra,
En el surco,
En el huerto,
 
En la mina,
En el puerto,
En el cine,
En el vino,
En la casa del médico.
Padre nuestro que estás en la tierra,
Donde tienes tu gloria y tu infierno
Y tu limbo; que estás en los cafés
Donde los pudientes beben su refresco.
Padre nuestro que estás en la tierra,
En un banco del Prado leyendo.
Eres ese viejo que da migas de pan a los pájaros del paseo.
 
Padre nuestro que estás en la tierra,
En la cigarra, en el beso,
En la espiga, en el pecho
De todos los que son buenos.
 
Padre que habitas en cualquier sitio,
Dios que penetras en cualquier hueco,
Tú que quitas la angustia, que estás en la tierra,
Padre nuestro que sí que te vemos
Los que luego hemos de ver,
Donde sea, o ahí en el cielo.

OS HABEIS FIJADO

En el frío que pasan las castañeras,
en lo viejas que son casi todas las catedrales,
en lo déspotas que son algunos,
en lo golfos que son los niños pobres,
en lo que hablan los ebanistas,
en lo vestida que va la mecanógrafa,
en lo caro que cuesta todo.
Yo tengo capricho por un amor nuevo,
y todos son de segunda mano,
y entre citas y flautas salen caros.
En el peligro que corren los albañiles,
tanto o más que los toreros y que los jefes de Estado.
¡Qué lástima, no os habéis fijado!
Y todo esto es peligroso,
muy peligroso para vuestros cómodos escondrijos.

SALE CARO SER POETA

Sale caro, señores, ser poeta.
La gente va y se acuesta tan tranquila
-que después del trabajo da buen sueño-.
Trabajo como esclavo llego a casa,
me siento ante la mesa sin cocina,
me pongo a meditar lo que sucede.
La duda me acribilla todo espanta ;
comienzo a ser comida por las sombras
las horas se me pasan sin bostezo
el dormir se me asusta se me huye
-escribiendo me da la madrugada-.
Y luego los amigos me organizan recitales,
a los que acudo y leo como tonta,
y la gente no sabe de esto nada.
Que me dejo la linfa en lo que escribo,
me caigo de la rama de la rima
asalto las trincheras de la angustia
me nombran su héroe los fantasmas,
me cuesta respirar cuando termino.
Sale caro señores ser poeta.

TODAVÍA HAY GENTE QUE AL VIENTO LE LLAMAN CÉFIRO…

Todavía hay gente que al viento le llama céfiro,
y hay quien a lo cursi lo llama poesía,
y a la Poesía, locura.
Todavía hay quien canta a la luna.
¡Yo canto a los hombres de la luna!
A los arrabales de la luna,
a los ríos de leche de la luna;
pero todavía hay gente que se asusta,
se asusta cuando una mujer se pone las botas
para pisar mejor el barro,
se asustan porque somos listos,
porque Dios está con nosotros;
ven que nos quemamos y no comprenden las llamas;
porque componemos canciones previsoras
y al avisar gritamos;
porque en nuestros versos
no hablamos de lo que siempre se habló en los versos:
las olas, la boca, los pájaros.
¿Quien dice que en nuestros versos no hay pájaros?
¿Qué son estos gritos si no aves heridas?
No amar lo caduco, lo seco, lo blando.
¡Los poetas amamos a la sangre!
A la sangre encerrada en la botella del cuerpo,
no a la sangre derramada por los campos,
ni a la sangre derramada por los celos,
por los jueces,
por los guerreros;
amamos a la sangre derramada en el cuerpo,
a la sangre feliz que ríe por las venas,
a la sangre que baila cuando damos un beso.
Cantamos al amor.
A lo fresco.
A lo puro.
¡Estamos hartos de cuentos!
¡Y que aprendan los ñoños que el viento es el viento!
Y que cuando se ama, se ama,
y que sólo es pecado el mal comportamiento.

ADIÓS MEMORIA ADIÓS

Quise olvidarte.
Más que eso,
necesité olvidarte.
Lo intenté.
Lo conseguí.
Fue tan intenso el deseo
que me pasé.
En mi cerebro hubo una fuga de neuronas
y ahora tampoco recuerdo otras cosas.
Sólo recuerdo
lo que sufrí el día de mi Primera Comunión
con los zapatos pequeños.
Lo que sufrí,
los tres años de la guerra civil,
lo que sufrí
cuando aprendí a nadar.
Pero no recuerdo lo reciente…
¿Dónde he puesto mis gafas?

AUTOBIOGRAFÍA

Gloria Fuertes nació en Madrid
a los dos días de edad,
pues fue muy laborioso el parto de mi madre
que si se descuida muere por vivirme.
A los tres años ya sabía leer
y a los seis ya sabía mis labores.
Yo era buena y delgada,
alta y algo enferma.
A los nueve años me pilló un carro
y a los catorce me pilló la guerra;
A los quince se murió mi madre, se fue cuando más falta me hacía.
Aprendí a regatear en las tiendas
y a ir a los pueblos por zanahorias.
Por entonces empecé con los amores,
-no digo nombres-,
gracias a eso, pude sobrellevar
mi juventud de barrio.
Quise ir a la guerra, para pararla,
pero me detuvieron a mitad del camino.
Luego me salió una oficina,
donde trabajo como si fuera tonta,
-pero Dios y el botones saben que no lo soy-.
Escribo por las noches
y voy al campo mucho.
Todos los míos han muerto hace años
y estoy más sola que yo misma.
He publicado versos en todos los calendarios,
escribo en un periódico de niños,
y quiero comprarme a plazos una flor natural
como las que le dan a Pemán algunas veces.
 

POESIA INFANTIL

DOÑA PITU PITURRA

Doña Pito Piturra
tiene unos guantes,
Doña Pito Piturra
muy elegantes.
 
Doña Pito Piturra
tiene un sombrero,
Doña Pito Piturra
con un plumero.
 
Doña Pito Piturra
tiene un zapato,
Doña Pito Piturra
le viene ancho.
 
Doña Pito Piturra
tiene toquillas,
Doña Pito Piturra
con tres polillas.
 
Doña Pito Piturra
tiene unos guantes,
Doña Pito Piturra
le están muy grandes.
 
Doña Pito Piturra
tiene unos guantes,
Doña Pito Piturra
¡lo he dicho antes!

VERSOS PARA LA ORTOGRAFIA

“A lavar ropa con uve,
alabar a Dios con be.
Huevo con hache y tomate,
apto de aptitud con pe.
Arroz se pone con leche
y sin hache, claro es.
Vino, con agua y con uve,
ceniza, gris y con ce,
turbante -gorro elegante-
y bisonte van con be.
En cambio va de ir, con uve,
pito y Pepito con pe,
hule y hierba van con hache,
hielo con hache también.
Diptongo rima con hongo,
y es muy difícil poner;
tiene una pe intercalada
entre la i y la te.
Diptongo rima con hongo
y es muy difícil poner.”
Pequena imitación miña, dedicada ós meus alumnos:
“Se cayó Yolanda ayer,
y yendo por la calzada.
Yo ya voy hoy por la acera
porque soy muy educada.”
Outro poema de Gloria Fuertes, que non so escribía para nenos, titulado “Niños de Somalia”:
“Yo como.
Tú comes.
Él come.
Nosotros comemos.
Vosotros coméis.
¡Ellos no!”

Canciones

Lo importante de un niño
no es que sea un empollón
y recite como un loro
sin entender la lección.
Lo importante de un gato
es que cumpla sus funciones
—no que sea blanco o negro—
sino que cace ratones.
Poesía de MI cara
En mi cara redondita
tengo ojos y nariz, 
y también una boquita 
para hablar y para reír.
 
Con mis ojos veo todo, 
con la nariz hago achís, 
con mi boca como como 
palomitas de maíz

DON PATO Y DON PITO
(cuento patoso)

Don Pato y don Pito
dan un paseíto.
—¡Qué suerte, don Pito,
me encontré este güito!
Y los dos le quiere
y los dos se hieren.
Y todos se extrañan
de ver que regañan.
Y mientras se zumban,
bailando la rumba…
Viene el dueño, otro patito,
y éste se lleva su güito.
¡No discutid, muchachitos,
no discutid por un güito,
para que nunca os suceda,
lo que a don Pato y don Pito!

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38 Poesía más Poesía: Leopoldo de Luis

LEOPOLDO DE LUÍS

BIOGRAFÍA

Leopoldo Urrutia de Luis, más conocido como Leopoldo de Luis, nació en Córdoba el 11 de mayo de 1918. Año en que finalizó la Primera Guerra Mundial. Este año 2018 se cumple el centenario de su nacimiento.

Su padre era Alejandro Urrutia, un abogado e intelectual del grupo modernista cordobés, poeta republicano y amigo entre otros de Julio Romero de Torres. Su madre era Vicenta Luis Cea. Leopoldo firmaba sus obras después de la Guerra como de Luis, por ser Urrutia un apellido no grato para los sublevados del bando vencedor.

Al año de su nacimiento su familia se trasladó a Valladolid donde vivió hasta los 17 años. Año en que se trasladó a Madrid a finalizar el Bachillerato en el Liceo Francés y donde se licenciará en pedagogía. Vivió en la sección de menores de la Residencia de estudiantes y trabajó en una compañía de seguros privada.

Se alistó en el bando Republicano durante la Guerra Civil y entabló amistad con Miguel Hernández y León Felipe, German Bleiberg, Rafael Múgica (después Gabriel Celaya), entre otros. Terminó la guerra como capitán del estado mayor del general Escobar, en el frente de Extremadura. En la posguerra, entre 1939 y 1942 pasó por la cautividad en la Plaza de toros de ciudad Real y en el penal de Ocaña y estuvo en los batallones de trabajadores del franquismo en el campo de Gibraltar. En 1942 fue liberado. Recuperó su trabajo en la compañía de seguros de la que más tarde sería director y en 1944 se casó con María Gómez Sierra.

Es considerado un importante representante de la poesía española de la postguerra. “La voz más grave de la posguerra” en palabras de Dámaso Santos. Su obra poética se alternó con el ensayo y la crítica literaria. Colaboró con su poesía y su importante actividad crítico literaria en la mayoría de las revistas poéticas de la época como Garcilaso, Espadaña, Ínsula, Poesía Española, Cántico de Córdoba, Armadans y la Revista de Occidente. Una gran parte de su obra está consignada como Poesía social, en palabras de Miguel Losada “renuncia a la luna de los poetas mientras exista un niño sin pan y sin sonrisa”. Entre sus trabajos destaca un importante estudio sobre la poesía social española contemporánea. Con respecto a la poesía social decía: “No es lo mismo la poesía social que la poesía política ni que la poesía cívica. La poesía social se siente preocupada e inquieta por unos hechos humanos y reales y además corregibles. Pero no es capaz de darle solución. La poesía política cree que tiene la solución.

Mantuvo una larga amistad de 40 años con Vicente Aleixandre. Del que escribió su biografía. También escribió la biografía de Antonio Machado. Y estudios críticos sobre Miguel Hernández, de cuya obra es considerado un experto, y de autores de la Generación del 98 y la Generación del 27 a los que reconocía parte de su formación estética e incluso moral.

Su primera obra fue “Alba del hijo” que se publicó en 1946. Antes había realizado colaboraciones con Nuestra Bandera de Alicante y la Hoja del lunes de Madrid, y publicó un pequeño libro en 1937 donde se recogían poemas suyos y de Miguel Hernández sobre la guerra. En 1938 publicó el libro Romances con su nombre real Leopoldo Urrutia. Pero su primer libro se considera Alba del hijo, que es el primero que publica con el apellido de su madre. Esta obra fue seguida por Huésped de un tiempo sombrío, Juego limpio, La luz a nuestro lado, Del terror y la miseria. Y así hasta 38 títulos.

Fue Premio Nacional de Literatura por su obra “Igual que guantes grises” en 1979, reeditada por Grupo Cero en 2001. Y Premio Nacional de las Letras españolas en 2003. En 1999 recibió tres premios: el Premio León Felipe, el Premio Internacional de Poesía Miguel Hernández, Comunidad de Valencia, por su obra, y su libro, Generación del 98, publicado por la Editorial Grupo Cero, fue galardonado con el Primer Premio de Poesía de la Asociación Pablo Menassa de Lucía.

Con el recibimiento de este premio el poeta declarará: “En mi dilatada vida literaria he recibido algunos premios, unos mayores, otros menores, pero todos igualmente honrosos para mí. Recuerdo que el primero fue allá por los años 50, y éste es ahora, 40 años más tarde, pero resulta curioso que entre ambos, aquél primero y éste de hoy, haya algunas semejanzas. El de los años 50 llevaba el nombre de un poeta, Pedro Salinas; éste de hoy lleva el nombre de otro poeta, Pablo Menassa. Aquél era un poeta maduro que moría a los 60 años, éste de hoy es un poeta joven que muere a los 20. Si el primero me ayudó con su ejemplo y con su fervor poético, el de hoy me ayuda también con su muerte trágica y, desde luego, con la melancolía que viene también a unirse al mismo fervor poético. Además, el primero, Pedro Salinas, llegó a mí desde un país hispanoamericano, México; el Premio Pablo Menassa me llega de una Institución que se encuentra también, en cierto modo, enraizada en otro país hispanoamericano, la Argentina. Con los poemas de los años 50, yo me unía a la tierra, al aire, a la luz, a todo eso que une al hombre con la naturaleza; con los poemas de ahora, yo me siento solidario con mi tierra española en una de sus crisis públicas, y tanto políticas cuanto espirituales”.

Cabe mencionar un cuadernillo con una serie de poemas que Leopoldo de Luis escribió a colación de la muerte de su esposa y que recopiló y editó la Editorial Grupo Cero.

También recibió otros premios: En 2004 fue nombrado hijo predilecto de Andalucía. Medalla de Oro de Bellas Artes y de la Ciudad de Córdoba.

Leopoldo de Luis era un poeta muy culto, preocupado por los temas de la condición humana, de profundos principios éticos y una producción literaria excelente. Su poesía es calificada como poesía social y de testimonio.

En la entrevista que Carmen Salamanca le realizó en ocasión del Primer Premio de Poesía Pablo Menassa de Lucía, Leopoldo de Luís diría sobre la poesía: “Alguna vez la he definido como respirar por la herida. Entendamos herida como vivencia, como experiencia personal. La poesía nace de los sentimientos subjetivos, nace de la misma prosa de la vida, pero consiste en lograr que esos sentimientos y esa prosa trasciendan a valores estéticos mediante un lenguaje peculiar, una palabra cargada de contenido y una forma armónica y rigurosa. Todo ello debe ir envuelto en un ritmo que nace del propio poema, sin el cual la comunicatividad del poema puede frustrarse”.

“De todo y de todos es tributario el poeta. Cuanto le llega del mundo interior o del exterior le enriquece y le estimula. No sólo la belleza, porque también hay una estética de lo feo. El dolor suele ser más motivador que la alegría, como la duda es más fecunda que la fe. Pero, en último término, uno escribe de sus obsesiones, de sus preocupaciones. A mí, especialmente, me preocupa la condición humana, lo que somos y nuestros condicionamientos. Nuestra fisiología y nuestra psicología. De qué manera se enlazan el ser y el pensar. Por qué y cómo se alían la materia que resiste y la materia que insiste intelectualmente. Mente y materia, ¿no son, en el cuerpo humano, una misma cosa?

  En cuanto a la presencia en mí de otros poetas, no hay duda.
Todos los que he leído han tenido peso, en mayor o menor medida,
en mi formación. Cada vez que tomo la pluma están gravitando
sobre mi mano cuantos me precedieron. Quizá tendría que decir, con Borges, que me importa más lo que he leído que lo que he escrito, ya que importar quiere decir llevar dentro, y yo llevo dentro mis lecturas, en tanto que mis escritos ya están fuera.”

Celebración de las bodas de plata de Ángela Figuera, Madrid, 1959: de izda. a dcha., M.ª Luisa Madrilley, Amelia Figuera, Leopoldo de Luis, Gabriel Celaya, Amparo Gastón, Gabino A. Carriedo, Margarita González, Jesús G. Pacheco y Ángela Figuera ; de pie, Juan Ramón Figuera; sentado en primer plano, Julio Figuera
[archivo familiar]

“En un tiempo de guerras, de hambres, de injusticias como el mundo actual, en un tiempo enloquecido, la poesía es lo único que pone un poco de paz y de esperanza. Ya ve: estamos a punto de entrar en un nuevo siglo. En los anteriores, la Humanidad no ha sido capaz de eliminar tan graves lacras. Me temo que tampoco lo va a lograr en los venideros.
Pero siempre habrá un ser humano que enarbole desde la poesía una palabra de paz, de libertad, de protesta, de belleza, de amor. Esa es la esperanza. Como dice un verso del poeta Jorge Padrón, se le puede decir a la poesía: “sólo muere la mano que te escribe”.

En reflexiones sobre mi poesía de 1985 Leopoldo dirá: “para mí la poesía lírica es respirar por la herida”. No es la poesía solamente una forma de expresión sino la forma de expresar una entrañable realidad humana. “la poesía no suplanta nunca a la vida, sino que debe ser su compañera. Poesía como compañía de vida”. “Se puede vivir sin poesía, pero es perderse la mitad de su encanto. También se puede vivir sin amor, pero es perderse la otra mitad”. “La poesía es útil puede ayudar al hombre a comprender mejor el mundo”. “Pocas cosas me han proporcionado tanta fuerza moral como algunas poesías”. “De toda gran obra poética podemos salir mejores y más libres”. Y también dirá “soy un poeta que ha vivido intensamente su época, pero que no espera tener presencia dentro de unos años”. Y también insistiría en esta idea: “No hay verso libre, el verso como el hombre no es nunca del todo libre”.

Concibe “el poema como un objeto del lenguaje capaz de animarse a los transcendente”. Leopoldo de Luis se consideraba a sí mismo protestatario.

Amigo de Miguel Oscar Menassa, al que estimaba como “gran poeta cuya poesía torrencial y vivencial a la vez, a la vez imaginativa y realista, violenta y tierna, tiene una fabulosa capacidad de creación. Con la poesía de Menassa encontramos una especie de daga relajadora, una suerte de cuchillo o escalpelo que pasa sobre una carne raramente lírica, nos estimula desde sus páginas y además desarrolla una labor cultural de primer orden.”

Me detengo en estos detalles para que podamos comprender la naturaleza del poeta que dirige este programa, de la mano de un reconocido poeta como es nuestro homenajeado de hoy.

En una ocasión que Menassa le presentó a un joven integrante de los talleres de poesía Grupo Cero como el Maestro Leopoldo de Luis, cuando se ausentó el joven y de Luis y Menassa quedaron solos, Leopoldo le dijo a Miguel Oscar, “cuando estemos los dos juntos, el Maestro es usted”. Y en la presentación del libro Llantos del exilio, destacando el apartado vitalista y totalizador de la obra, afirma rememorando a Béquer, y exaltando las facetas pictóricas y literarias de Menassa: Poesía eres tú.

En una de sus cartas a Menassa le dijo que no se dejara influenciar por la poesía española”. Y en ocasión de un cumpleaños le escribiría:

CUMPLEAÑOS

Un año es como un torpe dromedario
y abrimos sobre él otro desierto.
Hemos venido en un camello muerto
sobre el que cabalgamos a diario.
¿Será cada año otra cabalgadura?
¿Cumplir años será algo más que un reto
o será ir descubriendo ese secreto
que nos espera tras la puerta oscura?
Cumplir años es como apostar fuerte
por la lenta derrota de la muerte
y ver que aún sigue abierta nuestra herida.
Miguel Oscar Menassa: todo empieza
de nuevo cuando juegas otra pieza
en el ajedrez rojo de la vida.

Miguel Oscar Menassa destaca de Leopoldo de Luis su generosidad.

En el acto de entrega del Primer Premio de Poesía Pablo Menassa de Lucía, que el poeta Leopoldo de Luis recibió de parte de la presidenta Olga de Lucía, el poeta afirmaba: “La poesía no termina, el poeta no es antorchero del fuego de la poesía, el poeta es el fuego mismo”.

Para terminar, una anécdota que el propio de Luis relata cuando le preguntan acerca de la utilidad de la poesía: “Acabo de viajar en un tren donde en el mismo vagón que yo viajaba un bastante numeroso grupo de deficientes mentales. Estas personas pasaron el viaje gritando sus incoherencias, manifestando sus obsesiones, balbuceando. Había unas enfermeras que las atendía y que procuraban dar cauce a estas incoherencias y armonizar un poco ese desconcierto de estas personas y yo no tenía más remedio que pensar si la poesía no es un poco como esas enfermeras que consiguen armonizar un poco las incoherencias que todo ser humano tiene, si la poesía no sirve para completar las muchísimas deficiencias psíquicas que cada uno tiene. Si no viene a salvarnos un poco de esos vacíos, de esas obsesiones. Porque la poesía hace suyos una serie de sueños y nos va revelando una serie de oscuridades y quizá es, por tanto, profundamente útil. Y esa poesía que consigue relacionarse con el espíritu de los demás puede ayudar poniendo un poco de luz en el mundo que está tan lleno de esos desajustes y manifestaciones tan dolorosas de la tragedia humana”.

Leopoldo de Luis falleció en Madrid el 20 de noviembre de 2005, a los 87 años de edad.

POEMAS

1946
De "Alba del hijo"

PRIMERA DEDICATORIA

SOMBRA apenas de vida. Imperceptible aliento.
Sólo vago aleteo de mi amor o latido.
Susurro que arrebata un milagroso viento
del árbol de mi sangre triste y estremecido.

Hálito débil, sombra tan sólo adivinada
en la oscura penumbra lejana de la vida,
donde el milagro es carne virgen de la mirada
y el misterio es el alba de la entraña dormida.

Pálpito de mis pulsos más allá de mí mismo.
Eco de mis latidos y sombra de mis tactos.
Proyección de mi vida hacia un nuevo heroísmo
por rutas indecibles y caminos exactos.

Proyección de mi vida, hoy sólo dulce peso.
Sólo extraño vahído por la materna frente.
Estagnación del aire suspirado del beso.
Perennidad de un sueño que nace diariamente.

Remanso de mi esfuerzo. Calma de mi arrebato.
Sosiego de mi frente. Silencio de mi grito.
Te presiento en el aire mudo de mi retrato,
jalón de mi entusiasmo, de mis angustias hito.

Ella, en la luminosa penumbra de su sueño,
ya te da dulces nombres con que vestir la rosa,
la ternísima rosa de tu cuerpo pequeño
que hoy llena esa penumbra del sueño luminosa.

Yo, te veo en mi torno, intuyo tu presencia,
mas tu al lado suspiro a precisar no acierto.
Te adivino en el gesto de su leve indolencia,
dulcemente cansado, vagamente despierto.

Te adivino en la sombra cárdena que sus ojos
agranda y hermosea de un fulgor fugitivo.
En la breve caricia de sus vestidos flojos
bajo el delgado aliento recientemente vivo.

¿Eres más que ese triste fulgor de sus pupilas?
¿Más que esa desvelada ansia de su ternura?
Como una clara sombra de realidad te afilas
y entre los sobresaltos la emoción se apresura.

El río de mi vida se ahíla y se adelgaza
para ser esa dulce gota de tu existencia
que desde el silencioso recinto nos emplaza
por este emocionado periplo de impaciencia

¿Cómo verás las cosas desde ese mundo interno,
tan ignoto aunque dentro de toda cosa viva?
Desde ese silencioso recinto tibio y tierno
donde cobra la sangre su voluntad creativa.

¿Cómo llamarte ahora que eres sólo una sombra,
un suspiro de vida interna, imperceptible?
¿Cómo llamarte si eres lo que sólo se nombra
con íntimas palabras de lenguaje indecible?

Huella de amor en prados de escondida ternura,
en ocultos jardines donde empieza la vida.
Mi corazón vestido con su emoción más pura
—sombra, temblor o hijo— te da su bienvenida.

1948
De "Huésped de un tiempo sombrío"

ESPERA

COMO tras de las losas fugitivas
donde el agua, corcel blanco, se aquieta
torna el campo a sus gracias primitivas
y la rosa a su línea o luz concreta.
Como tras del oscuro toro lento
que cornea la seda azul del alba
un claro mayoral de viento a viento
dorado va por la mañana malva.

Después del hielo de este invierno o llanto,
de este toro nocturno de amargura,
de este desnudo y dolorido canto,
de estas flores sin gracia ni hermosura,

sólo ese sol de la palabra espera
baña de luz el corazón cobarde,
sólo esa evocación de primavera
su rosa o fuego aquí en el pecho arde.

No es ya ni la esperanza, es solamente
una palabra o cuerda en la que suena
un eco de metal lejano, ausente,
bajo esta opaca y triste voz de arena.
Esperaré. Ya sé que en vano se hace,
como en vano la noche espera al día
que sólo al alcanzarlo, se deshace;
como es nada al llegar al mar la ría.
Canto mi soledad, álamo triste.
Lo que me abrasa canto, mientras muero.
¿Detrás del llanto un mundo nuevo existe?
Todos los días de mi edad espero.

1949
De "Los imposibles pájaros"

AUNQUE SIEGUE LA VOZ…

AUNQUE siegue la voz con que tu nombre
digo, tu nombre irá, como una hoguera
abrasando estos huesos y esta carne de hombre
con perpetuo verdor de primavera.

Aunque ciegue la herida de mis ojos
donde vive la luz de tus paisajes
en los del alma, de ceguera rojos,
siempre se estrellarán tus oleajes.

Aunque duela el silencio, como espada
fundida en lentas fraguas de amargura,
sonará esta verdad desesperada,
mordida tierra entre mi dentadura.

Sorda la voz, el sueño enarenado,
las pupilas, el alma, la garganta arañadas,
ronco, diré que hay en mi pecho, hincado,
un árbol que florece rosas ensangrentadas.

Respiro por la herida.
Por esta viva herida de mi muerte;
por esta mortal llaga de mi vida
que años y sueños y fracasos vierte.

Respiro por la herida este aire triste
empapado de humana pesadumbre.
Y un claro viento insiste
contra muros de tedio y de costumbre.

Pisando mi dolor, legiones de hombres pasan
ciegos, hacia esta misma hoguera mía.
¿Para siempre se salvan? ¿Para siempre se abrasan?
Yo sólo sé que busco mi verdad día a día.

1951
De "Los horizontes"

OSCUROS HOMBRES

OSCUROS hombres, vamos a la luz,
vamos a remontar los hoscos sueños.
Sé que lleváis irremediablemente
un tigre encadenado en vuestro pecho.
Pasivos agonistas de una vida
que sorda pasa y os escuece dentro
como un río de sal por vuestras venas,
como una roja ortiga en vuestro ceño.
Montón de soledades asediadas
por la injusticia, por el hambre, el miedo.
Solitarias angustias, hombres solos,
vamos, hacia la luz, a comprendernos.

Acaso la verdad, arriba, bate
sus alas cerca; abajo, acaso, lejos.
Acaso dentro de nosotros mismos
vuela, y llevamos nuestro propio cielo.

Tal vez amor. Tal vez se niegue el árbol
a florecer desde su pobre leño.
Absorto el hombre, estéril la ternura,
los ojos, puras fuentes, están secos.
Tal vez el corazón sólo es de tierra
y falta llanto para darle riego.
Tal vez si nos herimos las pupilas
liberadora lágrima alumbremos.

Oscuros hombres: vamos a la luz.
Solitarios alzáis vuestros silencios,
vuestro rencor, vuestra sombría nada,
vuestros helados y terribles fuegos.
A la impávida luz de la amargura
mirémonos: vamos a comprendernos.

1952
De "Elegía en otoño"

TRÁNSITO

Como la muda música del tiempo
suena tu paso próximo. Resbala
tu sombra cual los días en fluyente
transitar por mis surcos, como un agua.

Flotamos en el tiempo, en el continuo
ir del río. Nos lleva. Nos desgasta
lentamente. Nos suena honda en el pecho
la rota frialdad de su cascada.

Fuimos de abril. Teníamos
una luz inefable, como un ala.
Flor o pájaro o nombre
del amor, en el sueño y en la rama.

Fuimos también de mayo. Dulcemente
el mirar como un fruto se doraba
de presagios. Madura y entreabierta
la fresca pulpa en que el besar se abrasa.

El estío nos hizo arena ardiente,
carne encendida de besada playa
donde blancos caballos como espuma
por la sangre de agosto se abalanzan.
Como cuerpos de otoño nos amamos
bajo la luz dulcísima y dorada
y sentimos el cobre de noviembre
de hermosura sonar en nuestras almas.
Cuánto diciembre acude, cuánto enero
cerca el amor, la vida, la esperanza.
Por la nieve tus pasos cómo suenan
a rosas deshojadas.
Somos de tiempo. Soledad y tiempo
nos vuelven sombra y nada.

1954
De "El árbol y otros poemas"

LA CAJA DE MÚSICA

NOS sentimos sonar día tras día
en el silencio cóncavo del pecho.
Nos oímos la vida, resonancias
de música, de sueños,
de olvidadas, perdidas melodías,
de remotos, oscuros, tristes ecos.

Levantamos la tapa de la caja
con la memoria de insumisos dedos
y unas íntimas músicas oímos
remontando los años hacia dentro.

Rumorosos paisajes de armonía
que un niño cruza. Acentos
que dulcemente nos envuelven, manos
melodiosas. La luz en los almendros.
Las voces del verano. Aquellas tardes
que nos iban de carne y música vistiendo.

Oímos el amor como una hermosa
canción, ocultos árboles meciéndonos,
y unas lejanas flautas de nostalgia
sonando entre las cañas de los huesos.

Pautada luz de abril. Agosto en llamas.
Cobre de octubre. Otoño pone cerco
al corazón. Arroyos de noviembre.
Aguas huyentes en las que bebemos.

Cuán armoniosamente la esperanza
se hunde en la fronda de jardines secos
con su leve chascar de lento olvido
bajo los olmos cenicientos.

Música antigua.
Canción remota. Violines trémulos
que en repentinos llantos sueltan, rotas,
bajo los arcos de infundible hielo,
cuerdas heridas, venas musicales
donde la sangre pulsa sus lamentos.

¿Qué orquestas suenan?
¿Qué sones se armonizan, qué patéticos
tonos nos estremecen, qué invisibles
manos tañen los hondos instrumentos?

Y son las nuestras. Pasan
sobre pianos infantiles, viejos,
por quejumbrosas cajas, por metales
sensuales y frenéticos.

Son nuestras mismas manos
pálidamente azules por el tiempo
arrancándonos vida como notas
por escalas de lluvia y de recuerdo.

Esta caja de música del alma
se nos destapa lentamente dentro.
Nos sentimos sonar. Nos escuchamos
canción, música, ecos.

Acaso somos sólo nuestro propio sonido
con el que entre los años juega el viento.
Tal vez vivir no sea más que oírse
en la caja de música del tiempo.

1954
De "El padre"

LA PELEA

CRUELMENTE te callas, padre mío,
te sacudo con fuerza entre mis brazos.
Aunque te tengo siento que huyes como un río,
que de mí te deshaces a oscuros aletazos.

Como contra la vida golpeo contra el lecho
y te arranco estas ropas queriendo arrancar muerte,
queriendo arrancar vida contra el bosque del pecho
porque la roja rama del corazón liberte.

No te suelto. No puedes escaparte.
Con toda el alma clavo en ti mi dentadura.
Treinta años de mi vida tengo aquí de mi parte.
Contra tu muerte pongo mi ciega mordedura.

Quieres ensordecer, pero aunque sea.
Mi voz también contra el silencio lucha:
te sube por el cuerpo como una honda marea.
Dime que sí, que mi dolor se escucha.

Te callas ferozmente. Eres de roca.
O te haces sombra que invisible huya.
Te tengo aquí, al alcance de mi boca,
y ya no estás…

Te sales con la tuya.

1955
De "El extraño"

LA CONDENA

Aquí nos vemos nuevamente,
persiguiéndonos en la distancia.
No lo sabemos y llevamos
uno contra otro la mirada.

Oscuramente se alimenta
la luz injusta en nuestras brasas,
nos ilumina oscuramente
el turbio pozo de las lágrimas.

No lo sabemos. Y pasamos
como las fieras acosadas
desde la edad de una condena
hacia el llanto de una esperanza.

Y llevamos como una ortiga,
en nuestra carne la palabra,
la saliva irreconciliable
que por la sangre se adelanta.

No lo sabemos. Y vivimos
construyendo paredes, tapias,
tabiques, muros, que nos van
poco a poco tapiando el alma.

No lo sabemos. Y forjamos
cada día una nueva jaula.
Nos encontramos persiguiéndonos
sin saberlo. La vida pasa.

Nos trae, nos lleva, sordamente.
Tristemente. Nos abalanza.
No lo sabemos. Y el amor
no encuentra patria.

1957
De "Teatro Real"

A LUIS, EL CARPINTERO DE AL LADO DE MI CASA

Tú estás, Luis, trabajando tu madera,
dando artesana forma de instrumento
al pino azul, sacando de los troncos
los casi humanos y útiles objetos.

Tú con tu hacer fecundo, Luis. Tu sierra
y tu garlopa susurrante siento
tras la pared que nos separa. Escucho
en la materia vegetal tu empleo.
Oigo tus manos laboriosas mientras
labrar palabra verdadera intento,
desbrozar la palabra de sus ramas
secas, pulir el armonioso leño,
dar forma a esta materia que insumisa
en musical corteza oculta el hueso.

Esta materia en que trabajo apenas
suena bajo mi mano. En el silencio
tu vecindad se crece rumorosa.
Yo mis humildes materiales dejo
para escucharte. Pluma, papel, pobre
palabra que deshace el tiempo…
También quisiera yo lograr ahora
el seguro destino de tu esfuerzo,
el humano servicio de tu exacto
golpear. Un sencillo fin concreto
para los hombres. Como necesarios
utensilios, dejar palabras, versos,
sobre los que apoyar la vida. Como
lisas tablas de paz. Ser carpintero
de esas vivas maderas en que el hombre
ha de dejar su corazón, su peso,
reposando un instante. No es posible
cerrar oídos al sonoro ejemplo
de tu oficio artesano. No es posible
olvidar la materia en que ponemos
esta pasión diaria.

De las palabras crece un manifiesto
de sangre y de verdad. Una espera
de esa hermosa madera, cada día
trabajo contra el terco desaliento.

1957
De "Teatro real"

LA REPRESENTACIÓN

No se baja el telón. Alguien silencia,
no gesticula más, ha terminado.
Pero la función nunca. Los actores
repiten sus papeles ¿hasta cuándo?

Llegan en fila, gritan, se amontonan
o se persiguen por el escenario,
por el gran escenario, lloran, hablan,
se ríen, caen. La luz les hace extraños.

Monótonos repiten sus papeles:
viejísimos monólogos, no hay diálogos.
Cada cual clama por su propia herida.
Nadie escucha las voces del contrario.

Tartamudean torpes, trenzan torpes
hilos de voz, nudos de voz, de llanto;
o bien recitan de corrido, sueltan
su lengua de grotescos papagayos.

De cara a esta implacable batería
que los alumbra mortalmente, cardo
de luz que los araña, inician gestos
que se desploman tristes de sus labios.

Entre remotas muestras de fatiga
arrastran sus disfraces empolvados,
descoloridos, sus arcaicos trucos
que ensayan con mirada de cansancio.

Y van y vienen aturdidos, hoscos,
indiferentes, lentos, tropezando,
moviendo leves nubes de ceniza,
lloviendo un agua gris de sueño y llanto.

Súbitamente un fuego los conmueve,
los ciega. Se rechazan como hermanos.
Se desconocen, se odian, se abalanzan…
La luz sigue implacable contra sus rostros blancos.

¿Quién gobierna esta escena, quién apunta?
El director habrá tenido un fallo.
¿Nadie dirige, aquí, entre bastidores?
La luz, sólo la luz sigue alumbrando.

Hay un viejo traspunte que ahora nadie
ve, que nadie ha visto nunca, acaso.
Pero ya nadie atiende. Pasan, gritan,
desesperadamente alzan los brazos.

¿Quién mira a estos actores, quien escucha
sus voces repetidas, su viejo acento trágico?
Una gran sala en sombra, una gran noche,
una gran muerte enfrente.

No alcanzamos
a ver si hay en la sombra espectadores.
Sólo la luz, la luz sigue alumbrando.

1961
De "Juego limpio"

LA FRAGUA

Como el herrero contra el yunque día
a día el duro material trabaja,
tomo el metal oscuro de estos versos,
la sonora hoja azul de estas palabras,
las saco al rojo de mi lumbre, templo
su hierro sumergiéndolo en el agua
de mis ojos y busco una vez y otra
conseguir un acero de esperanza.

Todos vosotros golpeáis conmigo
en la misma materia cotidiana,
sonáis en este yunque, o soy quien suena
en vuestro golpear cada mañana,
como el hierro común en que las manos
de todos su seguro temple salvan,
y mi voz es tan sólo como una
mínima estrella que en el aire salta.

Pequeña estrella roja, breve esquirla
de luz. Golpeo. Golpead. Un ascua
puede encender, quiere encender. Su brillo
sueño que sea una sonrisa humana;
no llegará a ser rayo de alegría
pero algo más será que inútil lágrima.
Chispa menuda que del hierro oscuro
nace de pronto estremecida y clara.

Nuestro metal batimos. Nuestro acero
templamos. En la terca noche flagran
como constelaciones diminutas,
astros fugaces, luminosas patrias,
siderales espumas que las olas
de los sueños libertan y levantan
desde el fondo del pecho, golpe a golpe
del corazón, esa pequeña fragua.

1964
De "La luz a nuestro lado"

STRIP-TEASE

Llamita rosa en medio de la noche,
de una noche cuadrada, plena
de ojos que se anticipan a tus manos
sobre el pétalo grácil de tus prendas.
Llamita clara en medio de la noche
rítmicamente en alas de tus piernas
dibujando la línea de una música
que con distinta melodía suena,
que a ti te va sonando como a velos
en ascensión purísima e inversa
a la espuma del nylon y al encaje
musicalmente desceñidos, mientras
cobra cálidos tonos de lujuria
entre vaho rubio y humo violeta.
Llamita sola en medio de la noche
vacía de un oscuro lleno, hueca,
frente a la que amaneces solamente desnuda
como si fuese ante una isla desierta.
Pasas, miras, sonríes.
No ves. Tu rosa es una indiferencia
de música y perfume. Con la misma
facilidad rompe la primavera
sus vestidos oscuros de diciembre.
No estás desnuda, es que no estás apenas.
Estás entre tus cosas familiares,
junto a aquel dulce beso tras la puerta,
por la tarde en el campo o la lejana
niñez de breve pájaro en las trenzas.
Entre tanto la noche se desnuda
cuadrada en vaho y humo espesa,
frente a ti hace strip-tease, arroja falsas
vestiduras, caretas
diarias. Tras los ojos que recorren
los trayectos con gula de tus sedas
van surgiendo desnudos seres, gentes
van emergiendo en su feroz miseria.
El importante hombre de negocios
tras los que sus finanzas arruinaron. Presenta
el laureado general a sus soldados muertos.
El embajador rompe su chistera.
El probo funcionario
súbitamente piensa
en sus lejanas zapatillas. Todos
están desnudos. No se han dado cuenta
que están desnudos frente a ti, que pasas
vestida de inconsciencia.

Llamita triste en medio de la noche.
Todos contigo hacemos esa
verdad, ese strip-tease, ese despiece,
si nos miramos nada ya nos resta.

Nos quedamos desnudos en la noche,
somos el cuerpo azul de la tristeza
moviéndose en la noche solitaria
frente a los ojos huecos de una fiera
de pasión y de odio, somos seres
desamparados tras absurdas prendas
de falsas actitudes, de rencores,
de sueños que jamás se cumplen, ciegas
verdades que jamás se dicen,
justicias que jamás se encuentran,
sedes que no se sacian nunca,
credulidades que no son creencias,
credos que nadie cree…
Trajes,
camisas son de fuerza
del pobre loco que desnudo mira
la noche en torno suyo de la pena.

1970
De "Con los cinco sentidos"

OIGO LA VOZ

Oigo tu voz, puente sonoro
por el que entrar hacia tu mundo,
musical galería que conduce
hasta tu reino más oculto.

Suena tu voz, camino audible
por donde subes del profundo
pozo escondido, caracola por
la que tu corazón no es mudo.

Sé que vives por tu palabra,
sé que vivo porque la escucho.
La vida es voz que nos revela,
que nos saca de lo nocturno.

El hombre es vida que va haciéndose,
vida fluyente hacia el futuro,
vago proyecto enamorado
que en la palabra encuentra anuncio.

Oigo las voces de los otros,
casi sibilas, casi augurios.
Me oigo la voz con la que desde
mis soledades me pronuncio.

Palabra: chispa que me suelda
con quien me busca y con quien busco.
Cuerda sonora que nos une,
humana voz, humano nudo.

El corazón es como un río
y la palabra su acueducto.
Cuando suena más honda y grave
es porque habrá llovido mucho.

Oír: saber que entre nosotros
su nombre tiene cada uno,
que cuantos van al lado nuestro
no son fantasmas, no son humo.

Voz, palabra, significado,
realidad audible o escudo
frente al silencio de la nada:
esa mudez, ese sepulcro.

Háblame tú. Que en tu palabra
me llegue un hálito seguro,
que me cerciore realmente
de esta vida a que no renuncio.

1971
De "Reformatorio de adultos"
con "De aquí no se va nadie"

HACIENDO TRAZOS

A veces me entretengo haciendo trazos
sobre el papel. Las rayas
como flechas se cruzan en el aire
blanco de la cuartilla. Ráfagas
son, borrando ahora caminos
que decididamente roturaban.
Y me enmimismo tras el laberinto
de líneas que me arrastran
y voy perdiendo pie, voy sumergiéndome
en su terrible nada,
en su desconcertante paradigma
de desorientación o vida o racha
de destino. Me pierdo. Soy un ciego
sobre el papel, que es mi papel, mi carta
de navegar sin rumbo, mi retrato,
mi desesperación, mi historia hallada
y perdida de nuevo y para siempre
porque no soy sino una inútil raya
que viene y va, dibuja jeroglíficos
de dolor y amargura y esperanza
y abre precipitantes galerías
hacia el vacío y tuerce rápidamente.
Cae al abismo de una pena
tan absolutamente innecesaria
como las remontadas alegrías
que sin porqué de vez en vez escala.
No soy más que este absurdo, este dibujo
sin razón y sin causa.

Jamás completaré un solo rectángulo,
nunca estará la curva bien cerrada.
Mi vida entera es este lapicero
corriendo a un lado y otro, soy la marca
de un grafito tedioso; me revela
este ininteligible cardiograma.
No tengo rostro, ni figura, nadie
me reconoce, ni mi nombre habla
por mí. Soy solamente el zigzagueo
enrevesado, inútil de unas rayas
que una mano cruelmente ovillea
en una triste página.

1979
De "Igual que guantes grises"

LA PALABRA

LA libertad está aquí, en este hueco
sonoro,
en esta breve concha pronunciada.
Saberla, darle un orden, entenderla,
cuidarla como a madre o como a hija,
potenciar su fervor y su sentido,
vivificarla con la propia sangre,
sentarla en las rodillas de las gentes,
acunarla en el pecho hondo del pueblo,
templarla al sol rugoso de los campos,
airearla en las puras arboledas,
pasarla por las piedras ancestrales,
proyectarla a la lumbre de mañana,
dejarla que jadee entre fabriles
maquinismos, en tráfagos mineros,
asociarla al trabajo y a la pena,
a la rosa inicial de la alegría
y al gris rosario de las decepciones,
acompasar su música al latido
del corazón de todos, masticarla
como el pan que se suda, hacerla trago
de agua o de vino para sed y seca
garganta, convertirla en guante oscuro
para agarrar el hierro incandescente
del ansia de justicia, hacerla paño
para las cotidianas vestiduras,
dejarla recorrer como un zafiro
líquido entre los dientes defensores,
como un diamante blando y moldeable
mojarla entre los labios sensualmente.
Decirla y repetirla: pronunciarla.
Es el más subversivo y más humano
de los pronunciamientos.

1981
De "Entre cañones me miro"

LOS ENCUENTROS

NOS hemos encontrado con la pena.
Una mujer cruzando mudamente.
De pronto pareció que nos miraba
pero sus ojos lo indagaban todo
y hasta el fondo del mundo recorrían.

Nos hemos encontrado con el llanto.
Fuimos un poco de agua de su río
que traspasa la tierra de amargura
y mantiene los ojos como nubes
para sus torrenciales avenidas.

Nos hemos encontrado con el tedio.
Es una yedra antigua que carcome
la columna del tiempo y su constancia.
Se acogió alguna vez a las paredes
donde quisimos instaurar la rosa.

Nos hemos encontrado la injusticia
imponiendo su puño contrahecho,
sembrando sal, talando primaveras,
helando en nuestros labios las palabras.

Nos hemos encontrado con el perro
herido del rencor. Su piel quemaba.

Mas también encontramos la alegría,
niña un poco asustada, con sus ojos
como pequeños soles de verano.
De nuestra mano vino entre alamedas
que aún se mecen al aire del recuerdo.

Entre tantos encuentros tal vez fuese
más propio que escribiera:
nos hemos encontrado con la vida.

1983
De "Una muchacha mueve la cortina"

LA NADA DEMASIADO CERCA

La nada se ha acercado demasiado
y la he visto: era yo, mi mismo rostro,
los mismos ojos con que me contemplo
en el hielo de todas las mañanas.
Era mi sombra, mi silueta a media
altura gris y mi sumida boca.
La nada está tan cerca de mi mano
que la he tocado al apretar mi pecho.
Soy un rey Midas de otros exorcismos
y cuanto toco es nada de repente.
Porque la nada existe: se halla en
este presagio de fugaz impulso,
esta vaga presencia que se anula,
este borde, este filo de navaja
por donde me paseo silenciosamente,
mientras la nada me recorre.
La nada es mi raíz. Raíz de nada,
sustenta como a un árbol de vacío.
Soy el vacío de un árbol al viento
de la nada que brota inevitable
desde la presunción de ser yo mismo.
(Se me ha acercado tanto
que la he mirado, y era yo al espejo.)

1985
De "Del temor y la miseria"

LOS CUENTOS

“… y que el miedo del hombre
ha inventado todos los cuento

León Felipe

Un hombre en lo remoto de los siglos
debió de ver alguna noche el miedo.
Yo lo he sabido porque entre las sombras
de mi cuarto aún fulgir sus ojos siento.
Un hombre en lo remoto de los siglos
debió de estremecer de horror su cuerpo.
Yo lo he notado porque algunas veces
no sé por qué también yo me estremezco.
Un hombre en lo remoto de los siglos
debió de sollozar entre sus sueños.
Yo me percato porque muchas noches
de súbito llorando me despierto.
Un hombre en lo remoto de los siglos
debió perder su realidad, su peso.
Yo lo percibo porque me doy cuenta
de que no soy sino un extraño hueco.
Un hombre en lo remoto de los siglos
para tranquilizarse inventó un cuento.
Yo lo descubro porque día a día
repito sus historias sin quererlo.

1990
De "Reformatorio de adultos"

LO MISMO QUE CANSADOS

Todos somos lo mismo que cansados
leones. Entornamos los ojos. Pasa el tiempo
su látigo. Otro día. Lentamente
el circo estrecha el cerco.
Giró otra vez la vida en nuestro eje
un poco. Sostuvimos un momento
el mundo en nuestras manos. Un segundo
en nuestro hombro gravitó su peso.
Hubiera sido todo al fin posible
—todos somos gastados sueños—
pero la mano —la que un día
tocó el amor— no conquistó más que esto.
Por la ventana ves pasar ahora
la vieja historia o bien el nuevo cuento.

Todos somos una ventana
que da a la realidad, o da al espejo
de nuestra soledad tan repetida
como cada uno de nosotros. Dentro
se sublevan oscuras poblaciones,
se rebelan sombríos pueblos
ocultos. Nada grave. Todos somos
abortados pronunciamientos.
La tarde aplaca al sol, reduce brillos
y armoniza los desconciertos.

Estás cansado. Estamos. Somos todos
fatigados leones. Callan lejos
las máquinas. Cerrados los oficios,
se acurruca en la sombra gris el perro
de la costumbre. Todavía quedan
batallas por librar en el recuerdo.
Desde su fondo ascienden lodo, llanto,
sangre, como un día llovieron,
como llueve aún. Mientras, la luna
sobre nuestra cabeza. Ahora sabemos
que esas sencillas flores tan difíciles:
paz, libertad, justicia, en sus barbechos
no vamos a encontrarlas. Su materia
es esta misma costra oscura. Menos
mal. Otras lunas hay. Planetas
quedan para ahuyentar el miedo.
Fuera mejor no saber nada. Acaso
es la felicidad este silencio
de atardecer. Pobres protagonistas
de un repetido y trágico argumento.

1996
De "Casisonetos de la última tuerca"

EL ESPEJO

Miré mi rostro en el espejo: ¿ése
soy yo?, me pregunté. Y algo pasaba
por la luna, una sombra que empañaba,
que empaña mi cristal, aunque me pese.
Salí. Otra habitación. Unos instantes
contemplé las paredes como tumbas,
como sombrías y hondas catacumbas
que me volvieron al espejo de antes.
Y cuando volví a verme en el espejo
comprobé con asombro que el reflejo
de mi rostro era otro diferente.
¿Cuál de los dos seré? ¿O será acaso
que somos otro siempre, a cada paso,
y el verdadero yo siempre está ausente?

2000
De "Generación del 98"

DON RAMÓN DEL VALLE INCLÁN CAMBIA DE CABALGADURA

El fin de siglo vió pasar la máscara
de Valle Inclán, el esperpento vivo
del escritor de libros más hermosos
del reino modernista.

El Marqués de Bradomín era su hermano,
discípulos los dos del Aretino,
ambos sabían que lujuria es madre
del mundo y a la vez de la tristeza.

Aún recordaba a aquella Niña Chole
cuando en el año cinco se despide
de María Antonia en su jardín de invierno.
(Rubén Darío quiso dedicarle
un soneto autumnal).

Abandonada ya la hermosa cuadra
de caballos, ¿quién puede ahora negarle
la parda mula del noventayocho
para cruzar el viejo ruedo ibérico
con el trapo amarillo de la burla
y el esperpento rojo del sarcasmo?

Una comedia bárbara es la vida
o es un tablado loco,
según en qué montura se cabalgue.
En todo caso, siempre
hay un aroma de leyenda
que dolor y temor algo mitigan.
Y entre el deseo y la amargura
“el alma de la tarde se deshoja en el viento”.

LAS PALABRAS

No digas que son poco las palabras,
esos guantes que visten
los infinitos dedos del silencio,
esas manos cargadas de sentido
merced a su gamuza tan sonora
que hasta la soledad se vuelve humana
y salen desde el fondo de la tierra
las sílabas heridas o pequeños gusanos
que balbucen raíces y misterios.

No digas que son poco las palabras
porque no desintegran los refugios
del hambre o la injusticia. ¿Es poco el sol,
y tampoco derrota a la amargura?
¿Con qué si no con su manopla hablada
iban a usar el bisturí del miedo
para cortar el cáncer de la muda
indiferencia que nos hace bloques
solitarios, ajenos, inauditos?

Las teje densa urdimbre solidaria,
un hilo humano las hilvana y cose
y en su hueco sonoro soy fraterno.

DA MIEDO

Da miedo ver la luna silenciosa
que el hombre pisa como a muerto olvido
o muere en torno suyo hecho satélite
de hueso seco en un cósmico exilio.

Da miedo ver la noche en torno nuestro
grave propagación de un precipicio
en cuyo fondo duermen los cadáveres
de cada uno de nosotros mismos.

Da miedo ver el día por un cielo
donde el remoto pecho avanza ígneo
del sol que si amanece para todos
va a tener un reparto muy distinto.

Da miedo ver la vida manejada,
introducida en ciegos laberintos,
transfigurada en tiendas de disfraces,
manipulada por malabarismos.

Da miedo ver la gente por la calle,
dan miedo el hombre, la mujer, el niño
que van andando sin saberlo sobre
las grietas de inminentes cataclismos.

Da miedo abrir los ojos y ver fuera
y da miedo cerrarlos de egoísmo.

LA MANO

Toca mi mano. Apenas es un guante
para el amor y la desesperanza,
apenas en las cosas se afianza,
apenas palpa todo un breve instante.

Toca en mi mano esta sombría tela
para el ansia de asir tanta derrota,
apenas es una tenaza rota,
apenas una rosa que se hiela.

Toca mi mano enjuta de aire triste.
Por las llaves del tiempo aún se desliza
con ademán ansioso de herramienta.

Apenas es ya fragua que resiste
y debajo del guante de ceniza
oculta el hueso su amarilla afrenta.

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