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336. POESÍA MÁS POESÍA: THELMA NAVA

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BIOGRAFÍA DE LA POETA THELMA NAVA

THELMA NAVA, poeta mexicana, nace en Ciudad de México el 25 de noviembre de 1932 y muere en Castlegar, Columbia Británica, Canadá, 17 de agosto de 2019. Estudió Letras Modernas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y Literatura, Redacción y Estilo en el Centro Mexicano de Escritores (en la Casa del Lago), de donde derivó su primera obra Aquí te guardo yo.
Formó parte de los talleres literarios de Juan José Arreola y Tomás Segovia en la “Casa del Lago”, y de los del Centro Mexicano de Escritores e Instituto Francés de la América Latina.

Ha sido directora de Editorial Patria Grande y de Pájaro Cascabel; trabajadora del programa cultural del ISSSTE; cofundadora de la revista El Rehilete; y con Luis Mario Schneider y Armando Zárate fundó la revista Pájaro Cascabel (1962-1968) y la editorial del mismo nombre.

Colaboradora de Cuadernos del Viento, El Búho, El Cocodrilo Poeta, El Financiero, El Gallo Ilustrado, El Nacional, La Cultura en México, Metáfora, Novedades, Ovaciones, Pájaro Cascabel, Periódico de Poesía, Plural, Revista de Bellas Artes, Revista Universidad de México, Siempre!

Organizó conjuntamente con Sergio Mondragón y Margaret Randall, editores de la revista El Corno Emplumado, el Primer Encuentro Interamericano de Poetas, que se llevó a cabo del 6 al 13 de febrero en el Club de Periodistas de México. (1964).
Ejerció el periodismo cultural en el periódico El Día, en donde tuvo a su cargo la sección “Escaparate”. Realizó entrevistas, selecciones de poesía y notas críticas sobre poesía y teatro; reseñas de libros y revistas culturales. (1964-1965).
Participó en la dirección colectiva de las revistas Xilote (1969-1977) y Manatí (1974-1984) y La Brújula en el Bolsillo.
Con los escritores Juan de la Cabada, Eraclio Zepeda y Saúl Ibargoyen, integró la “Brigada Cultural Roque Dalton”. (1980-1982).
Tuvo una activa participación dentro del grupo de 36 poetas del programa de Acción cultural del ISSSTE que dieron charlas de poesía en todos los estados mexicanos. (1984-1986).

Participó en actividades de promoción de la cultura para maestros en la Universidad Pedagógica Nacional (1996-1997).
Thelma Nava ocupa un lugar sobresaliente dentro del panorama de la literatura de México. Siempre certera y versátil en el manejo del lenguaje, asume su condición de mujer comprometida con el mundo que le tocó vivir. Gran parte de su poesía desarrolla el asunto amoroso planteando atmósferas donde el amor es vehículo esencial para la salvación. Como afirma Alí Chumacero, su poesía se define “por el acierto de la imagen y el ágil vibrar de la palabra.”

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Estuvo cerca de los editores y colaboradores de la revista Metáfora y publicó su primera plaqueta de poesía Aquí te guardo yo (1957) en los Cuadernos del Cocodrilo que animaban, entre otros, Efraín Huerta, con quien se casó y a quien acompañó hasta su muerte. Y con el cual tuvo dos hijas, Thelma y Raquel, y dos nietas, hijas de Thelma: Varenka y Natalia.
Fue cofundadora de la revista El Rehilete, jefa de redacción y después directora de Pájaro Cascabel, miembro del consejo de redacción de Manatí y de la dirección colectiva de La brújula en el bolsillo. Durante algún tiempo ejerció el periodismo cultural en El Día y por esos años, en 1962, se hizo acreedora al “Premio de Poesía Ramón López Velarde” convocado por el periódico Ovaciones.

El poeta Dionicio Morales escribió sobre su obra: En sus inicios Thelma Nava mostró inclinación hacia los poemas amorosos escribiéndolos con una suerte de naturalidad arabesca y en los que resonaban los ecos de otras voces –muy natural en una obra primera–; aquí se vislumbran ya los enconados deseos de enterrar los manierismos sentimentales que malamente entintaban por aquella época la poesía escrita por mujeres en México –con las excepciones de Margarita Michelena, Pita Amor, Dolores Castro y Rosario Castellanos.

Thelma Nava y Efraín Huerta se casaron el 6 de septiembre de 1958.Fototeca MILENIO
Thelma Nava y Efraín Huerta se casaron el 6 de septiembre de 1958.Fototeca MILENIO

Por su natural talento poético y su perseverancia en conocer a los autores clásicos al mismo tiempo que leía las obras de los poetas mayores contemporáneos, su segunda publicación La orfandad del sueño (1964) es una obra precozmente madura, escrita en un solo poema dividido en VII cantos, marcada con luminosidad por el empleo de metáforas esplendentes que de ninguna manera desvirtúan o limitan el discurso amoroso, sino que lo consolidan abriéndolo a campos imaginativos más ricos.
Colibrí 50 (1966) reúne algunos poemas de amor inscritos dentro del tono de su publicación anterior. Las alegorías se van apacentando hasta conseguir una inflexión más directa, preñada de una mayor severidad; en otros poemas, al contrario, utiliza los versos largos, de amplia respiración, signo premonitorio de su obra futura. En la otra parte del libro hace un viaje, un repaso hacia las cosas escondidas o negadas que habitan “el otro yo” y que ella busca, encuentra y desnuda para el lector que no tenga miedo a reconocerse o descubrirse.

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Después de veinte años de silencio inexplicable publica El primer animal (1986). Este libro es un canto al hombre, al mundo que habita y a su estado inconsciente de gracia. Testimonio fiel de una honda manifestación de los sentidos. Inventario del caos, de la soledad en compañía, de ciudades reales e irreales que un día sembraron nuestros pasos en la tierra, relación de acciones cometidas contra el hombre por la inquina de otros hombres, silabario de fe despedazado en aras de una paz ciega: sueño y vigilia, premonición y viento. Thelma Nava sosiega, humaniza la realidad estremecedora y brutal convirtiéndola, a través de su palabra –dardo en el blanco perfecto–, en una piedra de toque donde nacen los aires libertarios de un mundo más habitable.

Presentación del libro El primer animal que realiza la propia Thelma:

Escribo poesía desde mi adolescencia. Este cotidiano ritual solitario era mi alimento secreto que, de alguna manera, me ayudaba a comprender el mundo. Sentarme a escribir poesía era como hurgar en el cofre del tesoro. Era, al mismo tiempo, como una anticipación al futuro.

Apresurar el tiempo sin darme cuenta. Era algo que simplemente ocurría. Me ocurría. Ejercida la poesía como algo prohibido y secreto, me hubiera parecido una traición compartirla con alguien. Así fuimos creciendo mi poesía y yo. Un día mostré unos poemas a una amiga periodista, quien generosamente publicó una selección ¡en un diario deportivo!

La poesía me ayudaba a desentrañar mi mundo y —como escribió Baudelaire—, a vivir y padecer en seres distintos a mí. Porque en la poesía hay pasión, ira, amor, ternura, queja, generosidad, imaginación, balbuceo y también, ¿por qué no?, alegría y juego; el descubrimiento de la seducción de las palabras, de la redondez de las metáforas, de la precisión de, las imágenes. La poesía es un mundo ilimitado a la medida de los sueños de cada poeta.

En mi poesía y en mi vida —que son una misma cosa-—, han sido definitivos poetas como César Vallejo, Kilke, Hólderlin, Lubicz Milocz, Carlos Pellicer y, por supuesto, Efraín Huerta.

Este libro es parte de mi biografía. Cualquier otro intento de explicación me parece innecesario, porque el lector encontrará en estos poemas algo más de mi de lo que yo pueda contarle. Finalmente diría, parafraseán dome, que voy a la poesía “como se va a la muerte o al amor, sin saber nada».

TN

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Obra

Aquí te guardo yo (1957)

La orfandad del sueño (1964)

Poèmes Choisis . Niza, Francia, Profils Poètiques des Pays Latins, 1965.

Colibrí 50 (1966)

El primer animal (1986)

El libro de los territorios (1992)

Material de Lectura. Antología (1992)

El verano y las islas (1998).

Paisajes interiores (2000)

El primer animal. Poesía reunida 1964-1995 (2000)

Los pasos circulares (2003)

Para volver al mar (2004)

 

Premios

Premio de Poesía Ramón López Velarde (1962)

Reconocimiento del Centro Cultural Aguadillano. Adscrito al Instituto de Cultura Puertorriqueña. 20 de noviembre de 1966.

Presea Rosario Castellanos (1993) y homenaje, en el marco del II Encuentro de Escritoras, organizado por el Instituto Chiapaneco de Cultura en 1993.

Homenaje del H. Ayuntamiento Constitucional de Chalco, Estado de México, en el marco del 4° Encuentro Nacional de Poetas. 19 de abril de 2001.

Homenaje “por su destacada labor y trayectoria incansable”. Delegación Cuauhtémoc. Dirección General de Desarrollo Social. D.F. 8 de marzo de 2002.

Reconocimiento del Grupo Cultural “Poetas en Construcción, A.C.”, por su “valiosa participación en la promoción y difusión de la cultura”. Cd. Nezahualcóyotl. 17 de agosto de 2002.

IV Premio Nezahualcóyotl “por su obra y trayectoria poética nacional e internacional”, otorgado por el H. Ayuntamiento del Municipio de Nezahualcoyótl, México, junio de 2005.

 

 

BIBILIOGRAFÍA CONSULTADA

https://materialdelectura.unam.mx/poesia-moderna/16-poesia-moderna-cat/324-175-thelma-nava?showall=1

Cinco poemas de Thelma Nava, en su memoria

https://poetryalquimia.org/2022/11/25/11-poemas-de-thelma-nava/

https://www.rdbitacoradevuelos.com.mx/2019/08/poesia-destino-de-palabras-y-otros.html

https://es.wikipedia.org/wiki/Thelma_Nava

https://cecilia.com.mx/nava.htm

 

SELECCIÓN DE POEMAS DE THELMA NAVA

IRREALIDAD

Nada es real
el amor está detrás de cualquier puerta (¿pero cuál?)
desconocido al que estuve a punto de hallar
tantas veces sin conseguirlo.
La mitad de mi vida lo he intentado.

Nada es real
mundo que se construye como una garra del sueño
higo inmaduro
soledad sola dicha
dicha repetida
(¿de qué color tienes los ojos esta mañana?)

Nada es real
el amor está detrás de cualquier puerta (¿pero cuál?)
Extiendo los brazos y te apreso
después desapareces.
Me has enseñado a sonreír
lejano
como si anduvieras en otro país, en otros sitios
donde no estoy

Nada es real
la sombra de nuestros deseos nos hace vivir, arder.
El amor es sucesión de despedidas, trenes,
aeropuertos.
Te pierdo y te encuentro en todas las ciudades,
en las plazas
siempre caminando a la orilla del mar.
Te pierdo en las palabras que no has dicho
amor nunca mío arrebatado prestado
(¿hasta cuándo?)

Nada es real
diciembre se lleva (¿o me trae?) tu imagen.
Sabes a nuevo
a cubierta de barco
a sales marinas
no recuerdo tu voz
(¿cómo es tu voz?)
y tú dices mi nombre
(¿quién me nombra?)

Nada es real
el amor está detrás de cualquier puerta
(¿pero cuál?)

 

ESBOZO PARA EMPEZAR UN AMOR

Certero, como el que apunta al corazón dorado de la uva
te aposentas en mí.
Preciso como el aire de junio,
la infatigable luz que se adormece en la tarde
o el grito del flamenco despedazando inútiles ocasos.

Por ti salgo a encender la pira de los sueños
y a cosechar gardenias imposibles.
Y las prendo a un pedazo de tronco fugitivo:
testimonio de ofrenda para el viento
–guerrero hecho de vidrio por el que se despeina
lánguidamente el árbol de un crepúsculo enfermo.

Porque llegas aquí,
porque estás en el bosque del prodigio, al comienzo
de una ternura más redonda que un disco de diamante
y más pura que el canto de un canario que tiembla
y se deshace al pie de una ventana de alcanfores.

Por eso, amigo mío, voy a pulir mis manos en tu rostro.

Porque estás aquí en ti yo creo
y creo en la llamarada de la tierra
y en el fulgor de un lago que te escucha
y se hace cada vez más transparente.
Quiero saberlo todo: lo que se esconde detrás de la violencia
de tus ojos, lo que hay bajo la cuerda tensa de tu piel.

Para decir el nombre de las cosas, la palabra precisa,
la que en ti permanezca, la que te diga buenos días
y te descubra el vuelo de la dicha, la orilla de los besos
circundados apenas por una lágrima cuidadosamente
amaestrada,
voy a iniciar la huida del silencio.

Antes que acabe el alba de seducirme con sus hojas de oro,
antes que el viejo árbol empiece a corretear a los conejos,
detendré la mirada en la resurrección de una esperanza
que se tienda a tu lado como un largo animal adormecido.

Del libro Colibrí 50 (1963-1964)

 

FÁBULA

“No probarás varón en 40 días” te dijeron.
Y habrás de recorrer la ciudad
con tu sangre guardada como ánfora de vino,
testimonio de estos días en que no dejas
abandonada tu tristeza
a la orilla de ninguna playa.

El viento no circula porque le está prohibido.
Te tiendes a la orilla de tus muslos
y ves pasar la vida y el sueño del inválido
y la loca carrera de la primavera
que todavía cree en la sombra del dios.

“No probarás varón en 40 días”
mujer de sangre dulce y tierna,
amarga y dolorida
como la voz del hambre.
No habrás de incrustarte en ninguna mirada
ni esperarás amanecer en compañía,
mujer que conoces el secreto del olor de la lluvia sobre la piedra
y la morada de los pájaros amigos de tu ventana.

Vencerás el plazo de la sangre enajenada,
recuperarás el cuerpo de nadie.
Recobrarás tus brazos
y tu voz de mujer
y tu amor de mujer sobre la tierra.

 

LAS SEÑALES

¿Acaso era necesario decir que las señales del amor
eran tan evidentes
como el sello que llevaba en la frente el acusado,
como la ola invisible lamiendo el ala de nuestro
corazón?
¿Acaso necesitábamos preguntarnos qué era lo que
nos acercaba y nos hacía rechazarnos,
serpientes agonizando en nuestro propio laberinto?

Todo nacía de madrugada, con la avidez del que
espera uno y otro día
en silencio la partida, la ruptura del círculo,
el imposible beso de la figura de barro que nos llama.

Todo nacía en verano, donde la realidad y el sueño
se confunden
cogidos de la mano del absurdo, de lo que no es
jamás regreso,
de la siempre partida hacia otra parte.

Día que aguardas el silencio de la luz construyéndote
y llegas atónito ante las puertas que te fueron
negadas.

 

LOS LOCOS

Los he visto de cerca, solemnes y magníficos,
poniéndose su cuerpo cada día
mientras les duele el cráneo desvestido.
Los he visto en la tierra, azotándose,
gusanitos de Dios sin esperanza.
Colgados de la vida,
con su domingo a cuestas que tarda en regresar
una semana.

Cerca del testimonio de mis ojos
los he visto extinguirse
o surgir de repente de los árboles –grupos de
lámparas mirando cómo los desentierran–
apretando en las manos su mendrugo.

Siniestros se destruyen quemándose los brazos
pedacito de ocote envenenado.
Les han dado de palos cruzándoles cadenas
y su cabeza es solamente
desatado concierto de campanas.

Giran extraños, imperfectos,
zopilotitos ciegos rodeando su esqueleto,
creciéndose hacia abajo
solitarios y débiles del mundo,
viciosos, sí,
descalzos
sin ojos o sin manos,
sin uñas o sin dientes.

Los he visto de cerca,
los he visto y me duelen
porque me pertenecen, porque los vivo míos.

 

COLIBRÍ 50

a Edmundo Valadés

1
No transcurre el tiempo
cuando la soledad del hombre está desierta
los actos cotidianos nos sitian
estrellas como estatuas apagadas
velan nuestro silencio

Acaso el roce de la música
suscita un movimiento un gesto
un pequeño deseo

2
El aire quema en ocasiones
nos sofoca su aliento bestial en los oídos
y entramos en el sueño
campanada luces
mar sin escalas
pescado de colores que se tragó pequeños peces
por hambriento
por sediento

y luego las horas vacías
las sin alcohol

sin amor
sin música
(dónde estás colibrí fatigado
que te has quedado mudo
habrá que comprar otro
y otro y otro)

Los cigarros se alargan
se acortan
terminados
interminables

3
Otra vez somos buenos
y sensatos
y amorosos
El hechizo se ha roto
Empieza el movimiento

 

PRESENCIA DE LAS ISLAS

Como un cortejo cabalgando a solas surgen de
la niebla.
¿Quién alimenta su esplendor que ninguna tempestad
oculta?
De las islas sube algo parecido al deseo.
Casa viviente en el mar
las islas
animales fantásticos
esperan su alimento de frutos silvestres
su ración de ostras.

Para mi corazón una isla iluminada con el brillo
del mar
una isla
como espada
atravesando la llanura marina
una isla
multiplicándose en su pequeña geografía
una isla
grito a solas
jardín para romper la monótona presencia del mar
la insoportable presencia
de una soledad frente a sí misma.

Allí
abajo
fruto
corteza en movimiento
la forma de las islas:
única tentación de los navíos.

 

LA CIUDAD INOCENTE

Ciudad, enorme templo sordo
Fayad Jamís

I
Ciudad antropófaga
¿por qué caminas en nosotros y te mueves como una
bestia que la sombra confunde?
Te desperezas en todos los habitantes que te
identifican en esa cierta debilidad por el otoño,
hábilmente disimulada.

Nada puedes hacer cuando te derriban el último
sueño y te construyen catedrales amarillas para
obligarte a no pensar en un pasado al que te
obstinas en aferrarte.

Inocente de todo mal,
desoída, muda y sorda, estatua que la tierra sepulta
a medias.
De todas partes llegan y te miran. Te acosan y tú
los escuchas como una loca que nada comprende.

¿Quién se atreve a acusarte de corruptora, tú,
enorme vientre de innumerables hijos que te
inventan un nombre, una emoción secreta,
una lágrima turbia?
Por el viento te mueves y pareces escuchar a los que
dejan todas sus armas al frente de la casa a los
que mueren de hambre y sed.

Dicen que tu pueblo es triste,
tristes tus habitantes de mesetas que no conocen
el mar.
Contra ti navegamos nuestros sueños de rojas
tortugas
nuestras túnicas de abandonados, nuestro siempre acceder
de cada día.
Hay tiempos para salir de ti y buscarte en los ojos
purísimos de otros días,
en los caminos emprendidos por nuestro corazón,
en el estallido de los cuerpos en la luz.

¿Por qué los que se van ya no regresan?

II
No somos ya los que nombran a las flores en la casa
de los grandes señores.
Perdida está la facultad del vaticinio.
No sabemos congregarnos más para atraer la lluvia y
alejar las desgracias
y la danza no es ya un elemento decisivo.
Tenemos sueño. Ahuyentamos la soledad de
cualquier modo,
alargamos la noche en los tobillos
inventamos la risa para bailar en la casa del absurdo.
Estamos solos y eso basta.
Más solos cada día, más ajenos de nuestro principio.

En ti, ciudad desierta
¿cuántos pueden decir que conocen verdaderamente
el amor?

 

DESTINO DE LAS PALABRAS

Navegamos los días
y las palabras viajan hasta darnos la mano
las palabras incendio
en los labios insomnes
las palabras incendio
festín de fuego para el solitario.

¿Qué destino para las palabras?
Se recomienza siempre y se vuelve
a la palabra primitiva
la que ata
y nos seduce
viva
temblorosa
cálida
como una mano en la espalda desnuda
o la tibieza de un cuerpo no besado.

 

MUJER INCONVENIENTE

Definitivamente no, señora mía,
usted no es la mujer que conviene a su marido.
Carece de imaginación
utiliza el gastado lenguaje de las mujeres de nuestros
abuelos.
Alterna las visitas a los supermercados con las telenovelas
y espera con la crema puesta la cuota semanaria del amor.
Y, sobre todo,
usted no sería capaz de compartir a su marido
como lo hago yo
tranquila y resignadamente con usted.

 

EN MÉXICO, DONDE TAMPOCO TU FUEGO PODRÁ EXTINGUIRSE

al Comandante Ernesto Che Guevara

Será porque hoy tu fotografía junto a mí
es una lámpara de fuego
y ha venido un poeta de España que persigue
tus pasos por la calle de Nápoles de la ciudad
de México.
Será porque duermes entre peces de tierra
y no hay una paloma sobre tu pecho
y tu espalda se ha quedado en silencio.
Porque estás un poco más cerca de nosotros
y una rosa de estaño aparece desnuda entre tus manos.
Será porque no tengo tu mancuernilla derecha
ni fui la maestra que habló contigo
a la que corregiste los acentos
en la pequeña escuela de Camiri.

Yo sólo soy una mujer que tiembla cuando dice
tu nombre.

Del libro Los pasos circulares

 

PARA QUIEN PRETENDA CONOCER A UN POETA

Es difícil conocer el corazón de un poeta.
A primera vista resulta fácil doblegarlo por la
vanidad
ensalzarle y hasta aprenderse de memoria unas
cuantas líneas suyas.
Caminar a su lado y sostener el mar con la mirada,
hablar de ciudades irreales,
adivinar su amor y sus costumbres,
su vida cotidiana, sus odios y rencores.
Penetrar el secreto de su técnica,
llegar a sus orígenes.

Pero ¿quién, bajo lluvia, es capaz, sabe realmente
cómo es por dentro ese cuerpo tembloroso, amoroso,
maldito, blasfemo o perseguido de un poeta?

 

ESTE HOMBRE QUE VA CRECIENDO EN MARTÍ

Este hombre que besa como si él fuera
a desplomarse
y arrebata imágenes a la tarde
este hombre que siembra sonrisas en mi piel
certeramente dispuesto a encontrar flores marinas
guarda cristales en la espalda como sueños
inventa soles
ama
y va creciendo en Martí siempre en Martí.

 

Tres poemas para Efraín Huerta

UNAS PEQUEÑAS: NOSTÁLGICAS PALABRAS AL PIE DE UNA FOTOGRAFÍA

Ella, con su sonrisa que todo lo desarma
hubiera sido sin lugar a dudas
una de tus mujeres predilectas.
El más joven amor
con sus rubios cabellos y su asombro.

Trataría de indagar tus secretos,
abriría tus ocultas cajitas de madera
como ahora toca tus amados cocodrilos.

No llegaste a conocer sus besos apretados.
Empezabas a amarla lejana todavía
cuando ella no hubiera sabido cómo
responder en tu idioma
a todas las historias que le hubieras contado.

Pero a pesar de eso
puedo verla sentada en tus rodillas
cubriéndola amorosa tu mirada
a ella, la rodeada de ternura
la pequeña
Varenka.

 

BALA EXPANSIVA

Nadie supo jamás su nombre, Efraín.
Con paso firme avanzó hacia ti y colocó en tu féretro
una rosa y una bala.
Hizo una brevísima guardia y se marchó por el sitio
por donde había llegado.

El hombre –salido apenas de la adolescencia–
dio en el blanco perfecto.

 

LOS FRUTOS COTIDIANOS

Cuchillito de plata
afila las entrañas
para que el que te vea huya
y deje de acosar tu casa

Defenderás lo tuyo
eso que fuiste construyendo lento
con amor cotidiano
esas palabras
y también los silencios
que sólo a ti pertenecen

Iridiscente
tu amor nos acompaña
nos alimenta como un alga marina.
El universo es tu morada
y tú eres la medida de todas las cosas
y las cosas son a tu medida

Las otras transcurrieron nomás
como el verano
un solo fruto dieron
en su tiempo.
Yo soy afortunada:
recogí las cosechas una a una
y el árbol no ha cesado de ofrecerme
en tu nombre los frutos cotidianos.

 

PALABRAS AL AMIGO SOLITARIO

A Tomás Mojarro

He aquí que estás y vives y nada es suficiente.
Un algo insoportable te domina
y la ciudad no cabe ya en tus manos.
Se te sube a la espalda,
regresa a tus zapatos.
Y piensas en el hijo que no tienes,
en la mujer amada que le falta a tu noche cada día.
Aquí estás, dividido,
doliéndote esa inconforme sangre que tú eres,
los huesos que tú eres sin desearlo
el salmo de un amor que no pediste,
la despiadada furia que aniquila tus buenas intenciones.
Aquí estás y aquí buscas
a uno más solitario que tú para entregarle
esa mitad de amor que te has guardado,
esa mitad de llanto que no lloras
y esa mitad de muerte que tú vives.

 

CANCIONES PARA EL CELEBRANTE

I
Espléndido animal, óyete resonar por la noche
como un tren que conoce el lugar de su destino.
No preguntes a nadie cuál es el sitio.
Para el que indaga no está reservada la respuesta.
¿Quién, celebrante, se atrevería a ponerse el olor del mar, la túnica de los desaparecidos?
El intérprete de los signos no era el elegido en la asamblea de los papagayos, en la ilustre casa del viento, único personaje real, señor de las almendras amargas.
No había reservaciones para ti
ni esa dicha con la que soñaste, incansable buscador
aullando desesperado, animal maldito y perseguido
que deja detrás suyo la pisada de la violencia
súbitamente extranjero de su piel.
Ríndete al acoso de lo imprevisto.

II
Tú no vas ahora a ninguna parte.
Las caricias del amor te anclan.
Eres una bandera llegada al término del viaje
y tu amor es más fuerte que el antiguo sobresalto
de no saber adónde habrás de librar la próxima batalla.
Caminas hacia otro cuerpo, hacia el temblor de otra sangre en tu sangre
donde vuelves a reconocerte.
Te levantas del lecho del amor, de la isla de tu cuerpo,
poblada de luces, de señales de un código que tú inventaste
para comunicarte con los que aún creen en la pureza.

III
Contra la costumbre de la soledad invento el mito.
Construyo los puentes ante los acontecimientos probables
y voy a la vida como se va a la muerte o al amor: sin saber nada.
Siempre son otros los que dicen las palabras más sabias.
Busco solamente la melodía secreta que ellos no escuchan
y rastreo por el olor del mar como un delfín hambriento.
Llueve sobre los rostros amados, sobre la piel del domador y la huella del látigo.
Llueve sobre la soledad de los objetos, sobre los bosques cercanos
donde tú cantas al corazón de la lluvia y me descubres.

 

EL PRIMER ANIMAL

Soy un torpe animal melancólico que a veces se alegra de la lluvia o la niebla
y mira pasar sus piernas en ocasiones extrañas dentro de su cuerpo
mientras gusta de encender la noche con el fruto de sus lamentaciones
y de vez en cuando
como un alto nombramiento conferido desde la infancia ama.
Soy un torpe animal que no se sacia
de buscar la ternura escondida en un vieja campana de barco,
en un poema leído a solas o en esa sensación elemental de tener hambre
o frío.
Soy simplemente un animal sencillo y primitivo desde mi origen,
cruel algunas veces y que gusta de ser largamente acariciado,
penetrado por un sol amoroso, rodeado por pequeñas y tiernas palabras.
Deseo la construcción de un mundo capaz de contenerme.
Mi naturaleza de animal me vuelve frágil, insumiso y violento
en las horas en que me pongo a jugar el juego de la vida.
Hago la luz y los silencios
y soy humano hasta donde mi capacidad me lo permite.
Porque soy primitivo vuelvo mis pisadas a la tierra,
el olor de la tierra que me ha enseñado siempre
a poder distinguir al enemigo, al que pisa distinto y habla diferente.
Soy dócil y sensible. Me gusta a veces comer granizo, beber café y
escuchar a Vivaldi.
Y viajan mis ojos por paisajes interiores y canto y mi sangre se aquieta.
Siento que soy el animal de todos los asombros:
el primer animal sobre la tierra.

Del libro El primer animal

 

PARA HABLAR DE LO QUE JAMÁS EXISTIÓ

No es que inesperadamente aparecieran allí
como palomas muertas tus palabras.
No fue tampoco el rumor de los trenes que jamás abordamos
en la estación secreta.
Era como la increíble sonrisa de un poeta loco
en el comienzo de la primavera
o una flor de cristal en el invierno.
Nunca los labios aprehendieron tu contorno
y se cansó la barca de esperarnos
para cruzar la llanura marina.
No conocí el sonido de tu piel bajo mi piel.
Todo se derrumbó, desapareció sin dejar huella
como el nombre de un país, de un territorio
que súbitamente ya no figura en el mapa.

 

EL SEDIENTO

Como el que quiere y no,
como el que llora lo que nunca ha tenido
y se golpea las alas
desbaratando tréboles inútiles.

Caminará derecho hasta su orilla,
se tenderá, de lado,
para que el sol así, le dé la espalda.
Y si la sombra llega,
si aún es tiempo,
le arrebate el perfil.
Escribirá un monólogo de tierra
en la sombra del viento.

Se hará muchas preguntas
pozo negro y vacío
cueva del agua,
ay
este
indefinible
corazón
mío.

 

ELLOS LLEGAN DE NOCHE

¿La poesía? Un caracol nocturno
en un rectángulo de agua.
José Lezama Lima

Los saqueadores atisban detrás de los espejos.
Oleajes transparentes asoman en la noche
tus conchas irisadas, caracoles ocultos, corales fantasmas.
Los pasos voluptuosos recogen las arenas nocturnas,
la intimidad de la palabra secuestrada.
Vienen y van navegantes de las altas mareas.
origen de la vida, gozo imperfecto.
No son ellos los oficiantes, los creadores de imágenes.
No volverán pero su huella en los tapices
te dará la certeza de su extraña presencia.

 

 

Lope de Vega 510
Primera evocación

a Efraín Huerta

REPENTINAMENTE

El desierto edificio
barca mecida bajo el ámbar de la tarde
sin paredes frontales que resguarden los sueños
ni ventanas que celebren el nacimiento de los días
es apenas una luz un parpadeo
un invisible reflejo en los espejos ausentes.

A pesar de todos los relojes
sagradamente habitan en ese paraíso conquistado
detrás del ojo que no puede mirarte-
todos los fuegos de tu espíritu
encendidos en tus días terrenales
y el esplendor del agua viva de tus manos.

Estás en esos recintos interiores
que algún día fueron nuestros
en las voces y silencios evocados
junto a los breves espacios de la dicha
donde renacen ahora tus poemas
como soles antiguos en la estación del viento.

 

 

POEMA 5

Hoy te podría decir que soy un vaso
de leche tibia para el insomne
o tal vez que llueve mucho.
Me pasaría la tarde hablando
de cosas triviales
como decir arroz o harina
o qué bien huelen tus cabellos.
Si estuvieras aquí
tal vez, hasta me atrevería
a decir que te amo.

¿Qué es lo que quieres que te diga
y adónde he de buscarte
coral de toda la esperanza terrestre
con que quiero aferrarme a tu presencia?
¿Qué voz es ésta que no escucho
desconocida en mí, de mí nacida,
qué voz es ésta y con qué labios
he de acallarla?

(*) extraídos de ALFORJA POESÍA

 

VEN

Ayúdame a insertar mi corazón en la tapa de este libro
enciclopedia donde en cualquier momento puedo leerte
manual de fórmulas para ahuyentar la tristeza
ven
ayúdame a olvidarte
a no seguir buscando
la mirada que pusiste en mi rostro
cada minuto diferente
ayúdame a olvidar nuestra hermosa soledad
de animales en celo
si tú me ayudas
te prometo no salir a buscarte en los espejos
o en el fondo de la taza de té.

(en El Corno Emplumado, Nº 18, Abril de 1966)

 

PARA NOMBRAR A ESPAÑA CON AMOR

País que venías a mi encuentro sin sospecharlo
(¿o era yo la que caminaba hacia ti?)
que estuvo siempre detrás del mar, con su aliento
de sal
y el deseo de la primera golondrina.
Es posible que un día me reconozca en ti, en tu olor de
semillas, en tus flores recién cortadas,
en tu morada donde la libertad me reciba como a un
huésped deseado.

Es posible.
¿Golpearía yo a tus puertas si no te amara?

 

CASI EL VERANO

Yo no digo que el sol, inaprehensible sueño de mi piel
entabla una demanda amorosa contra el latido del día.
Digo solamente que mi amor es un gajo desnudo
que se cubre con hojas de ruibarbo y jazmines embotellados.
Mi amor está desnudo y ha empezado a tatuar
corazones en el viento,
iconoclastas corazones dispensadores de azules albas.

Nunca la música ha cabalgado en potros más esbeltos.
Los antiguos pavorreales del verano han empezado
a mirarse desplegando sus arpas de colores.

A la luz del verano salta, canta, corazón.
El aire quiere dormirse junto a tu boca.
Tu corazón es una maquinaria secreta que me traga.
La lluvia nos conduce de la mano hasta el pan tierno de su
abrazo.
A sus puertas estamos. Sobrecogidos y aromados.

La mañana no quiere parecerse a ninguna.
En el viento cercano una palabra tiembla.
La niña ciega alcanza el sueño de la abeja.
En tanto que nosotros transcurrimos.

 

LA ORFANDAD DEL SUEÑO

para Efraín

La vita non e sogno. Vero l’uomo e
il suo spirito geloso del silenzio.
Dio del silenzio, apri la solitudine.
Quasimodo

I

Regreso de los sueños que se inclinan
cada noche a recoger violetas.
De tardes que se juran la lluvia a perpetuidad.
De palomas que se adelantan a los acontecimientos.
Regreso porque es preciso convencerse y mirar
que los atardeceres cambian siempre de sitio
y la lluvia no solamente se detiene en los labios.

Todos los días nos encontramos al pie de la sorpresa.
El viento dispersa sonrisas que surgen de la nada,
del lugar donde no crece ni una sola semilla
y la piedra no es más que piedra
colocada en la tierra.

Mi corazón te está buscando,
como la hormiga que recorre distancias
y se mete en la boca de la manzana.

Y la orfandad no cesa,
oh noche enemiga del alba de las doncellas
que no supieron tejer nunca
un velo nupcial.

De la góndola del sueño surges tú y agitas
la campana de plata
que no conoció la risa de un niño;
solidificas mi corazón y voy hacia tu encuentro
incendiada, como un salmo que vuela por los aires.

II

Todos los días te sacrifico un cordero de oro
surgido de los pies de hambrienta muchedumbre,
nacido del silencio de todos los caminos,
para dar libertad al ángel
de los santos misterios –guardián
de los enamorados que llegan a sus plantas
con la verdad en los ojos–.
Y tropiezo de pronto con un escudo de cobre,
al frente de la puerta iluminada.

Un muro de salamandras me protege
y te me pierdes repentinamente.
Te alejas como un barco en la neblina
y es preciso pagar un rescate de jazmines
para poder besarte en la garganta.

III

Una hebra de plata atraviesa el silencio de tus
párpados.
De tus manos durmiendo en mi cintura fatigada.
Evoco la tempestad
como un goloso pájaro que devora relámpagos
con demoníaco pizo rechazador de serpientes
emplumadas.

Surgen las estrellas a la vista de todos.
Y el mito es como un guante sin medida.
El colibrí en su celda, sacude su ala derecha.
Y nos pertenecemos
al amparo de un tulipán nocturno.

IV

Un halcón de madera me señala
dónde se inicia el movimiento de la luz,
en la torre que resguarda el verano.
Porque una sirena ha muerto sobre el agua,
las lámparas del llanto están de pie
y dialogan con las monedas de sus manos rotas.

V

En la túnica marina de cobre, todo sucumbe.
Empieza entonces la desbandada de tu sombra,
que rompe sus cinturones de raso y amaranto
y se desplaza por el viento,
como una botella enamorada.
Una cadena de luciérnagas asoma
de pronto a tus ojos que fulminan
la mariposa teñida de suspiros.

VI

Ya nada puede volver a ser lo mismo.
Se ha violado la cuerda de la noche.
Los sollozos mortales de los peces estremecen el aire.
La ballena ha perdido su sortija
y todo en derredor es orfandad.

VII

Alimentada en ti, permanezco custodiando
la niebla de tu cuerpo
para recuperarte al día siguiente,
a la orilla del sueño, catedral que nos conduce
al nacimiento de otra noche, otra noche.

Material de lectura

 

NEBLILÚNEA

I
¿Sabías que una muchacha desnuda canta como una
botella que se arroja al mar?
¿Lo sabías?
Escúchame cantar como a un árbol lacustre en el
centro de Neblilúnea,
a la orilla de tu sangre, en tu terrestre compañía.

Neblilúnea, la ciudad descubierta por nosotros
conoce tu pasado y el mío.
Buscada como a la casa de la infancia,
aguardándonos en nuestras palabras agazapadas,
Neblilúnea forma el nudo de la alianza y despierta a
los diosecillos y a los demonios de las aguas
y los vemos danzar y extender sus alas en juegos
irrepetibles.

II
Soy sólo lo que tu corazón desea, lo que busca en
silencio.
Repito tu nombre en la ciudad donde tu voz y tu
rostro permanecen.
Transparente ciudad de los patos salvajes, criatura
festiva de Occidente.

Todos los caminos conducían a ti.
Conocemos ahora la bondad de las aguas, la
humedad de la tierra
y la hojarasca vaticinadora de los sitios que aún no
recorremos juntos.

Estamos siempre en ti, vigilantes
cuando el amor y sus actos, palabras y silencios
son simples, como en todo comienzo.

 

VERANO EN LA CIUDAD

a la memoria de José Carlos Becerra

I

Los árboles nocturnos crecen de pronto sobre
nuestros pasos.
Cuando la luz descubre su presencia los desnuda y
los puebla de voces
las voces de la noche y sus amores.
El agua juega entonces con el agua y regresa a sí
misma
como un amor de siempre que retorna o un
estremecimiento recobrado.
A lo lejos el agua forma figuras y silencios.
La noche inventa juegos que el día no entiende ni
logra jamás recuperar
y nos devuelve a nuestro exilio.

Crece la noche como los besos en los labios
como la yerba crece,
los pasos y las formas de los cuerpos
el rumor y las voces de los cuerpos.
O nuestro corazón de pronto sorprendido.

Una pareja pasa sin mirar a nadie
en el instante en que un hombre en cualquier sitio
se entrega a lo desconocido.

La noche silenciosa abierta al olor del verano
suda viento y deseo bajo los rojos reflectores
cuando el amor y sus actos son sencillos como
en todo principio.

II
Lo profundo es el aire…
Jorge Guillén

He de nombrar a noche, la levedad del aire.
De lo que nadie habla, de lo que se respira
y aturde los sentidos
panteras de ojos húmedos
como el aire que duele inalcanzable
perseguido en la otra ciudad
en la antigua
la de nombre de piedra.

He de nombrar la luz que estalla bajo el sueño del
agua,
el aire que recorre todas las soledades
y atraviesa la mirada del vendedor de objetos
inútiles.

La mariposa gigantesca se pliega al árbol que la
posee en la sombra.
El vaivén de sus alas toca la eternidad y la destruye
mientras el árbol agotado jadea sueños como frutos.

El aire avanza lento, levanta olas de arena, lame
cuerpos que pasan.
Atrás quedan los pasos, inciertos, furtivos o firmes
pasos de quien camina la ciudad
seguro de amanecer en el sitio de siempre.

El aire levanta voces como sombras de agua,
las oculta detrás de cualquier puerta. Y sucumbe.

Se adormece en la noche.
Vivo Vivaldi asiste a la boda del aire.
Caminamos
navegantes de noches apretadas y ávidas
deshabitadas noches de muslos acechantes.
Lo sabemos
cualquier ciudad del mundo es solitaria
a las 4 de la madrugada.

III
Esa presencia de lo humano en la lluvia como una
jadeante respiración de amor,
esa presencia de la lluvia cuando llega el otoño.
En las manos aún el color de la tarde, la boca del
verano
delatándonos, habitantes silenciosos construyendo
el instante de las azoteas
en los suburbios donde el viento camina como por
su casa.

Canción del viento que se llevó la lluvia,
guitarra sola y silvestre, desnuda y sola para la hora
del amor, presencia urgente
en este sitio en que se muere a diario.

Labios febriles de pronto apaciguados. Luna del tigre
buscándonos, cercándonos.
Hombros estremecidos de veranos-tortuga.
Amor de la tierra que no conoció el mar, pero sí
el pie desnudo,
jamás la libertad, pero sí la palabra decisiva.

Las calles de esta ciudad ¿qué nombre tienen, qué
nuevos árboles, qué huellas de amor sobre su rostro?
Cerca de nuestra sangre, insomne rosa, el corazón
del hombre no descansa.

Estamos nuevamente en tus orígenes,
ciudad amada
para siempre indefensa bajo la lluvia.

 

PETICIÓN

Deja que mi rodilla te ame
igual que mi boca
igual que el resto de mi cuerpo.

 

NO TENEMOS PIEDAD

A Dionicio Morales

 

No tenemos piedad
de las manos que penden del sol,
del renacimiento del astro huérfano
que nos penetra en la piel
como una inmensa tela
sobre el corazón de la tristeza.

No tenemos piedad
de todos los besos dados
porque nos hemos olvidado
de volver al primero.

No somos nuestros enemigos.
Y estamos en el umbral de los ángeles
para encontrar de nuevo su sonrisa.

 

PRÓXIMO PROGRAMA JUEVES A LAS 22 HS (HORA ESPAÑOLA)

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