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BIOGRAFÍA DEL POETA HERMANN HESSE
Nacido entre las brumas suaves del tiempo y las montañas, llegó al mundo con los ojos ya abiertos al misterio. Hijo de misioneros y pastores, creció entre libros sagrados, silencios antiguos y la melodía sutil de los bosques negros.
En su infancia, la luz tenía forma de palabra. Desde joven se rebeló contra los dogmas y los caminos rectos que le habían trazado. Su espíritu era como un río indomable. Su pluma lo condujo por senderos donde la literatura se convertía en espejo del alma. En obras como Demian, Siddhartha, El lobo estepario y El juego de los abalorios, Hermann Hesse no escribió historias: tejió caminos donde el lector puede encontrarse a sí mismo.
Herman Hesse fue un escritor de origen alemán aunque nacionalizado suizo, autor de novela y poesía, nació en Calw, en el entonces Reino de Wurtemberg, antiguo Imperio alemán, el 2 de julio de 1877. Moriría 85 años después en Montagnola, Suiza, el 9 de agosto de 1962. Era hijo de Johannes Hesse, de origen báltico alemán, misionero evangélico, escritor, lingüista y editor, y de Marie Hesse, que era ya viuda, y cuyo padre dirigía la Asociación de editores de Calw, en la que colaboraba el padre de Herman; ciudadano suizo de adopción.

Entre los cuatro y los diez años, Herman hizo los estudios primarios entre Suiza y Alemania, hasta que, en 1886, sus padres volvieron a Calw y donde matriculó en el Reallyzeum, una escuela pública, a la que asistió hasta los trece años, momento en que cambió a la Escuela de Latín de Göpingen, donde debía superar un examen obligatorio que le permitiría el acceso gratuito a los estudios de Teología, en la Fundación Evangélica «Tübinger Stift», que por entonces, era el objetivo que se le había marcado.
Desde la infancia, Hesse parecía testarudo y difícil de manejar para su familia. Su madre escribió en carta a su marido: “El pequeño tiene una vida en él, una fuerza increíble, una voluntad poderosa y, para sus cuatro años, una mente verdaderamente asombrosa. ¿Cómo puede expresar todo eso? Realmente roe mi vida, esta lucha interna contra su temperamento tiránico, su turbulencia apasionada. Dios debe moldear este espíritu orgulloso, entonces se convertirá en algo noble y magnífico, pero me estremezco al pensar en lo que podría llegar a ser esta persona joven y apasionada si su educación fuera falsa o débil «.
El joven Herman compartió el amor por la música con su madre, la música y la poesía eran valoradas en su familia, su madre escribía poesía y su padre era conocido por el uso del lenguaje tanto en sus sermones como en la redacción de tratados religiosos. Su primer modelo a seguir para convertirse en artista fue su medio hermano, Theo, quien ingresó en un conservatorio de música en 1885. Herman demostró una habilidad precoz para rimar, y entre 1889 y 1890 había decidido que quería ser un escritor. En el año 1891 fue seminarista en el seminario del monasterio evangélico de Maulbronn, del que huye al cabo de siete meses a causa de la rigidez educativa que le impedía, entre otras cosas, estudiar poesía: «seré poeta o nada», dice en su autobiografía.

En torno a sus 15 años eran continuos los conflictos con sus padres y su odisea por diversas escuelas e instituciones. Hesse entró en una fase depresiva e insinuó, en una carta de marzo de 1892, ideas suicidas: «quisiera partir como el sol en el ocaso», y en mayo hizo una tentativa de suicidio, por lo que lo ingresaron en el hospital neuroterapéutico de Stetten im Remstal. En octubre de 1892, Hesse fue dado de alta y los padres consiguieron que ingresara en el liceo de Cannstatt, que abandonaría al cabo de un año.

En el año 1893 comienza como aprendiz de librero, aunque dura poco tiempo. A continuación trabaja como ayudante de su padre. Entre los años 1894 y 1895 realiza prácticas de mecánico en la fábrica de relojes de torre Perrot en Calw, pero aquel monótono trabajo reforzó en él su deseo de volver a una actividad intelectual. Más tarde empezaría una nueva experiencia como librero donde trabaja como ayudante de clasificación y donde permanece ya que le permite leer. Después de cada jornada laboral de 12 horas, Hesse pasaba sus domingos leyendo. Hesse comenzó con la literatura teológica y luego leyó a Goethe, Lessing, Schiller y clásicos griegos. En esta época publica sus primeros poemas.
En 1898, Hesse tenía unos ingresos suficientes que le permitían ser económicamente independiente de sus padres. Durante este tiempo, se concentró en las obras de los románticos alemanes, incluida gran parte del trabajo de Clemens Brentano, Joseph Freiherr von Eichendorff, Friedrich Hölderlin y Novalis. En el año 1899 publica su primer libro, Canciones románticas. Más tarde también publicaría Horas de otoño.

Entre los años 1899 y 1903 se desempeñó como ayudante de librería el Basilea. Escribe sus primeros artículos y reseñas para un diario y también se suceden viajes por Suiza. En 1900, Hesse fue eximido del servicio militar obligatorio debido a una afección ocular. Esto, junto con los trastornos nerviosos y los dolores de cabeza persistentes, lo afectaron durante toda su vida. Un año más tarde viajará a Italia y ese mismo año encuentra un nuevo empleo, en otra librería de Basilea. Al mismo tiempo, aumentaron las ocasiones de publicar poemas y pequeños relatos literarios en revistas.

En 1902 muere su madre. Con 26 años, Hermann conoce en Basilea a Maria Bernoulli, nueve años mayor que él, que era fotográfa independiente y pertenecía a una famosa familia de matemáticos. Los dos realizan viajes juntos y se mueven por los círculos artísticos de Basilea. Hesse escribe a un amigo sobre Mia diciéndole que es una mujer que «al menos es mi par en cuanto a formación, experiencia de la vida e inteligencia, es mayor que yo y en todos los sentidos es una personalidad independiente y activa». En 1904, mientras que su padre, que desaprobaba su relación, estaba ausente el fin de semana. La pareja se establecería en Gaienhofen, en el lago de Constanza, tendrían tres hijos.
Su primera novela, «Peter Camenzind» (1904), fue un éxito de crítica e introdujo a los lectores en sus temas de la individualidad, la naturaleza y la búsqueda del sentido de la vida.
Durante su época de Gaienhofen, Hesse lleva una vida sencilla, vinculada a la naturaleza, traba amistad con numerosos artistas (entre otros con Othmar Schoeck) y colabora con muchas revistas. Nacen en estos años sus tres hijos y en 1910 publica la novela «Gertrud«. En 1911 es publicado «Unterwegs» («De camino«, poesías).
La relación con su esposa se va deteriorando. En 1911 parte para un largo viaje a Sri Lanka e Indonesia con su amigo pintor Hans Sturzenegger. También visitó otros países. Regresa enfermo y decepcionado. Sin embargo, el viaje dejó una fuerte huella en su obra literaria. Más tarde la familia se trasladaría a Berna donde ocupa la casa de su amigo pintor Albert Welti. Allí comienza su amistad con Romain Rolland. Al comienzo de la guerra, Hesse se ofrece como voluntario para servir, pero es declarado no apto para el servicio y se le asigna un servicio relacionado con el cuidado de prisioneros de guerra.
En el año 1916 la muerte de su padre, la incipiente esquizofrenia de su mujer y una seria enfermedad del hijo más pequeño, Martin, le provocan una crisis nerviosa. Recibe el primer tratamiento psicoterapéutico por J.B. Lang, un colaborador de C. G. Jung, durante una estancia de reposo en Sonnmatt, cerca de Lucerna. Tres años después, en 1919 se separa de su esposa. Ella y los hijos, que se van a vivir con amigos. Hesse desmonta su hogar de Berna y se traslada a Montagnola/Tessin, a Casa Camuzzi, donde vive doce años y donde ahora está su museo en Suiza.
Publica Demian. La historia de una juventud bajo el seudónimo de Emil Sinclair.

Este mismo año Hesse descubre la pintura. Empezó a pintar a partir de los cuarenta años, y su camino como artista plástico condujo de la terapia a la pasión. En cartas y artículos habló Hesse sobre la pintura y muchos amigos pintores formaban parte de los que le acompañaban en el camino. Y lo expresó en cartas a Felix Braun, 1917 «Mis pequeñas acuarelas son una especie de poesías o sueños, sólo proporcionan un lejano recuerdo de la ‘realidad’ y varían según los sentimientos y las necesidades personales (…), el hecho de que yo (…) sólo sea un aprendiz es algo que no olvido».
En esa época aparece en su vida la joven y atractiva cantante Ruth Wenger, que pasa los veranos en Carona con sus padres.
En el año 1920 publicó Poemas del pintor, diez poemas con dibujos en color. Publica El último verano de Klingsor, relato.
En 1921 sufre una crisis con ausencia de productividad durante casi año y medio entre la redacción de la primera y la segunda parte de Siddhartha, que publicará en 1922.
Se hace psicoanálisis con C.G. Jung.
En 1924 se casa con Ruth Wenger sin que por ello variase mucho su vida cotidiana. Ruth vivía sobre todo para sus muchos animales domésticos, perros, gastos y papagayos, lo que irritaba a Hesse cada vez más. La frecuente presencia de los suegros Wenger era para Hesse, por un lado, un alivio porque le liberaba de responsabilidad, pero por otro se iba sintiendo cada vez más superfluo. Pronto la pareja mostró síntomas de infelicidad.

En el año 1926 Hesse es elegido miembro extranjero para la Sección de Arte Poético en la Academia Prusiana de las Artes, de la que sale en 1931. Más tarde comienza una relación sentimental con Ninon Dolbin en Zurich, en un momento en el que ambos estaban transitando la eminente separación de sus correspondientes parejas. A continuación, Ninon visitó a Hesse en la Casa Camuzzi en Montagnola, para después trasladarse allí y quedar para siempre a su lado.
En 1927 publica El viaje a Nuremberg y El lobo estepario. Ese mismo año se divorcia de su esposa Ruth. En 1931 se casa con la historiadora de arte Ninon Dolbin. Con ella Hesse se traslada a la «Casa Hesse» en Montagnola, construida por su amigo y mecenas H. C. Bodmer y puesta a su disposición de por vida.

Como personaje público destacó porque desde el término de la Primera Guerra Mundial (1914-1918) asumió una manifiesta posición antibelicista que refrendó en la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), cuando denunció la persecución criminal de los nazis contra la población judía de Alemania y otras naciones de Europa.
Entre los años 1939 y 1945 las obras de Hesse se prohíben en Alemania.
En 1946 recibe el Premio Goethe. Ese mismo año, un año después de finalizada la Segunda Guerra Mundial, se le otorga el Premio Nobel de Literatura. Contaba entonces con 69 años, no asistió a la ceremonia de entrega realizada el 10 de noviembre.

Tras el desmoronamiento del nacionalsocialismo, donde Hesse estaba considerado un traidor a la patria y apenas podía ser editado, al mundo había que mostrarle un representante sin cargas y moralmente creíble del espíritu alemán y la cultura alemana.
Recibirá el título de Doctor honoris causa por la Universidad de Berna. También recibirá el Premio Wilhelm Raabe y el Premio de la Paz de los libreros alemanes.
Murió a los ochenta y cinco años en Montagnola, Suiza, mientras dormía. Fue el día 9 de agosto de 1962. Está enterrado en Collina d’Oro, Suiza.
El autor de novelas tan célebres como Bajo las ruedas (1906), Demián (1918), Siddharta (1922), El lobo estepario (1927) y Juego de abalorios (1931), fue también pintor expresionista, cuentista, poeta y ensayista especializado en el análisis de la antiquísima filosofía oriental hindú. Ha vendido más de 150 millones de ejemplares y ha sido traducida a más de 70 idiomas.
Su producción lírica, no abundante pero sí constante durante toda su vida, ha pasado mayormente desapercibida. Y esto, pese a que su narrativa es marcadamente introspectiva y anti-épica, un rasgo que delata ya por sí solo el genuino temple lírico del autor, más dado a los diálogos, las caracterizaciones y las descripciones que al relato de acciones propiamente dichas.

Hesse abordó de manera única la búsqueda interior del ser humano, el autodescubrimiento, la dualidad del alma y la necesidad de sentido en la existencia. Hesse defendió la individualidad frente a la masificación y el conformismo, proponiendo siempre la reconciliación del individuo consigo mismo y con el mundo. Su pensamiento influyó no solo en la literatura, sino también en movimientos culturales, filosóficos y espirituales del siglo XX, especialmente entre los jóvenes y en épocas de crisis social.

SELECCIÓN DE POEMAS DE HERMANN HESSE
EL POETA
Sólo para mí, solitario,
brillan las infinitas estrellas nocturnas,
murmuran los empedrados pozos su mágica canción,
sólo para mí, para mí tan sólo, para el solitario,
deambulan las cromadas sombras
al igual que las errantes y soñadoras nubes sobre el horizonte.
Ni un hogar ni el campo arado,
ni el bosque ni la caza ni profesión me fueron dados,
mío es tan sólo lo que a nadie pertenece,
mío es el violento arroyo tras el bosque velado,
mío el mar turbador,
mío el canto de pájaro de los niños que juegan,
las lágrimas y el sufrimiento de un enamorado solitario al atardecer.
Míos son también los templos de los dioses, mío es
el venerable pasado de los pequeños bosques.
Y no menos es el futuro
mi patria, la luminosa bóveda celeste:
a veces en nostálgico y alto vuelo mi alma se eleva
para contemplar el sagrado futuro de la humanidad,
para ver el amor, superador de la ley, el mutuo amor que se profesan los pueblos.
Me reencuentro con todos, tocados por la nobleza:
el campesino, el rey, el mercader, el incansable gremio marinero,
el pastor y el jardinero, todos ellos
agradecidos celebran la fiesta universal del futuro.
Al margen queda el poeta,
él, espectador solitario,
él, portador de los anhelos de la humanidad y pálida imagen;
el futuro, ese mundo ya colmado,
no necesita nada más.
Sobre su tumba se marchitan las coronas de flores,
y olvidado queda su recuerdo.
NINGUNO DE LOS LIBROS DE ESTE MUNDO…
Ninguno de los libros de este mundo
te aportará la felicidad,
pero secretamente te devuelven
a ti mismo.
Allí está todo lo que necesitas,
sol, luna y estrellas,
pues la luz que reclamas
habita en tu interior.
Ese saber que tú tanto buscaste
por bibliotecas resplandece
desde todas las lágrimas,
puesto que ese libro es tuyo ahora.
ESCALONES
Así como toda flor se enmustia y toda juventud cede a la edad,
así también florecen sucesivos los peldaños de la vida;
a su tiempo flora toda sabiduría, toda virtud,
mas no les es dado durar eternamente.
Es menester que el corazón, a cada llamamiento,
esté pronto al adiós y a comenzar de nuevo,
esté dispuesto a darse, animoso y sin duelos,
a nuevas y distintas ataduras.
En el fondo de cada comienzo hay un hechizo
que nos protege y nos ayuda a vivir.
Debemos ir serenos y alegres por la Tierra,
atravesar espacio tras espacio
sin aferrarnos a ninguno, cual si fuera una patria;
el espíritu universal no quiere encadenarnos:
quiere que nos elevemos, que nos ensanchemos
escalón tras escalón. Apenas hemos ganado intimidad
en un morada y en un ambiente, ya todo empieza a languidecer:
sólo quien está pronto a partir y peregrinar
podrá eludir la parálisis que causa la costumbre.
Aun la hora de la muerte acaso nos coloque
frente a nuevos espacios que debamos andar:
las llamadas de la vida no acabarán jamás para nosotros…
¡Ea, pues, corazón arriba! ¡Despídete estás curado!
ODA A HÖLDERLIN
Amigo de mi juventud, a ti vuelvo agradecido
de atardecer en atardecer, cuando entre los saúcos
en el jardín que duerme no suena más
que la fuente susurrante.
Ya nadie te conoce, amigo; en estos nuevos tiempos
muchos se han alejado del silente encanto de Grecia,
sin plegarias ni dioses,
y sin alborozo el pueblo camina sobre el polvo.
Pero en una secreta bandada de fervientes ensimismados
a los que Dios llenó el alma de añoranza
todavía resuenan las canciones
de tu arpa divina.
Cansados del trabajo regresamos prestos
a la extasiante noche de tu canto,
cuyas ondeantes alas nos protegen
con un sueño dorado.
Nuestra eterna nostalgia,
que nos conduce a los templos de los griegos,
más nos encanta con el ardor encendido de tu canción,
más dolorosamente arde en pos de aquellos sagrados tiempos pasados.
LOS INMORTALES
Hasta nosotros sube de los confines del mundo,
el anhelo febril de la vida;
con el lujo la miseria confundida,
vaho sangriento de mil fúnebres festines;
espasmos de deleite, afanes, espantos,
manos de criminales, de usureros, de santos.
La humanidad con sus ansias y temores,
a la vez que sus cálidos y pútridos olores,
transpira santidades y pasiones groseras,
se devora ella misma y devuelve después lo tragado,
incuba nobles artes y bélicas quimeras,
y adorna de ilusión la casa en llamas del pecado;
se retuerce y consume y degrada,
en los goces de feria de su mundo infantil,
a todos les resurge radiante y renovada,
y al final se les trueca en polvo vil.
Nosotros, en cambio,
vivimos las frías mansiones del éter cuajado de mil claridades;
sin horas ni días, sin sexos ni edades.
Y vuestros pecados y vuestras pasiones
y hasta vuestros crímenes nos son distracciones,
igual que el desfile de tantas estrellas por el firmamento.
Infinito y único es para nosotros el menor momento,
viendo silenciosos vuestras pobres vidas inquietas,
mirando en silencio girar los planetas,
gozamos del gélido invierno espacial.
Al dragón celeste nos une amistad perdurable;
es nuestra existencia serena inmutable,
nuestra eterna risa, serena y astral.
LA BELLEZA
La mitad de la belleza depende del paisaje;
y la otra mitad de la persona que la mira…
Los más brillantes amaneceres; los más románticos atardeceres;
los paraísos más increíbles;
se pueden encontrar siempre en el rostro de las personas queridas.
Cuando no hay lagos más claros y profundos que sus ojos;
cuando no hay grutas de las maravillas comparables con su boca;
cuando no hay lluvia que supere a su llanto;
ni sol que brille más que su sonrisa……
La belleza no hace feliz al que la posee;
sino a quien puede amarla y adorarla.
Por eso es tan lindo mirarse cuando esos rostros
se convierten en nuestros paisajes favoritos….
ESCRITO EN LA ARENA
Que lo hermoso y lo encantador
sea tan sólo aliento y tormenta,
que lo delicioso, lo maravilloso
y lo propicio no duren:
que las nubes, flores, pompas de jabón,
que los fuegos artificiales y las risas de los niños,
la mirada de una mujer en el espejo
y tantas cosas tan maravillosas
desaparezcan, apenas descubiertas,
que duren no más que un instante:
¡ah, eso lo sabemos con tristeza!
Lo duradero e inmóvil
no nos parece tan valioso:
piedras preciosas de fuego gélido,
pesada barra de oro reluciente;
las mismísimas estrellas,
que permanecen alejadas y extrañas, no nos resultan
semejantes a nosotros, seres transitorios:
no llegan a lo más profundo del alma.
Es como si lo hermoso y lo amable tendiera a la destrucción,
cerca siempre de la muerte,
y que lo más valioso, las notas musicales
que desde el nacimiento
corren y se extinguen,
son nada más que ligero aliento, torrentes, huida.
Y dolorosamente derribados por un leve soplo,
no permanecen más que el tiempo
que dura un latido;
sonido tras sonido, casi apenas entonados,
manan y se esfuman.
Y así se entrega a lo fugaz
lealmente nuestro corazón,
a la vida, a lo que surge de continuo,
y no a lo que, rígido, dura.
Muy pronto lo que permanece nos fatiga,
joyas, rocas y el cielo estrellado,
a nosotros, errantes del eterno cambio,
almas y pompas de jabón,
al tiempo unidos, y fugaces,
a quienes el rocío de una hoja rosa,
a quienes el cortejo de unas aves,
la muerte de las nubes,
el brillo de la nieve, el arco iris,
la mariposa voladora;
nosotros, a quienes el roce sonido
de una risa fugaz
nos parece una fiesta
o nos causa dolor.
Amamos cuanto nos es semejante, y entendemos
lo que el viento escribe sobre la arena.
ATARDECER SOLITARIO
Se tambalea en la vacía la botella y en el vaso
el brillo de la vela;
hace frío en la habitación.
Afuera cae la lluvia sobre la hierba.
Te tiendes de nuevo para descansar brevemente
avasallado por el frío y la tristeza.
El amanecer y el atardecer llegan de nuevo,
siempre vuelven:
tú, jamás.
DE NOCHE, CUANDO EL MAR ME ACUNA…
De noche, cuando el mar me acuna
y el resplandor pálido de las estrellas
reposa sobre sus amplias olas,
entonces me libero por completo
de toda actividad y de todo amor,
y permanezco en silencio, respiro con pureza,
solo, solo, acunado por el mar
que yace allí, frío y silencioso, con mil luces.
Entonces tengo que pensar en mis amigos,
y mi mirada se hunde en sus miradas,
y a cada uno le pregunto, en silencio, a solas:
“¿Sigues siendo mío?
¿Es mi tristeza también tu tristeza, mi muerte tu muerte?
¿Sientes de mi amor, de mi pena,
aunque sea un soplo, un eco?”
Y el mar me devuelve la mirada en calma, en silencio,
y sonríe: no.
Y no llega saludo ni respuesta desde ningún lugar.
QUÉ PESADOS SON LOS DÍAS
Qué pesados son los días.
No hay fuego que logre calentarme,
ni sol que ría conmigo.
Todo está desnudo,
todo frío e implacable,
y hasta las queridas y claras
estrellas miran con desolación,
desde que entendí, en lo más hondo,
que el amor puede morir.
SOBRE HIRSAU
Mientras descanso bajo los abedules
recuerdo tiempos ya pasados,
cuando con mi dolor adolescente
un mismo olor atravesaba el bosque.
En este lugar mismo, sobre el musgo,
tímido y ardoroso, yo soñaba
con una joven rubia y muy esbelta,
primera rosa para mi corona.
Pasado el tiempo envejeció mi sueño
y se alejó de mí. Mas otro sobrevino.
¡Cuánto hace ya que me dijera adiós!
¿Con quién se fue? ¿Quién fue?
Aún hoy no lo sé, solamente que era
graciosa, esbelta y rubia de cabellos.
UN SUEÑO
Salones que cruzamos con timidez,
un centenar de rostros que desconocemos…
Con lentitud, una tras otra,
las luces palidecen.
Allí cuando su brillo se hace gris
cuando se ciega con el atardecer,
un rostro me parece familiar,
la memoria del amor encuentra
conocidos los rostros
que antes fueron extraños.
Oigo nombres de padres,
hermanos, camaradas,
así como de héroes, de mujeres, poetas
que yo reverencié cuando muchacho.
Pero ninguno de ellos
me concede siquiera una mirada.
Como las llamas de una vela
se desvanecen en la nada
dejan en el entristecido corazón
sonidos de poemas olvidados,
oscuridad, lamentos
en torno de los días ya encauzados
en leyenda y en sueño
de una luz disfrutada alguna vez.
CAMINO TAN SEGUIDO, TARDE, POR LAS CALLES
Camino tan seguido, tarde, por las calles,
bajo la mirada, apuro el paso, lleno de temor,
porque de pronto, en silencio, podrías surgir
y tendría que mirar de frente tu dolor
con mis propios ojos,
mientras reclamas tu felicidad, que ya murió.
Lo sé, caminas más allá de mí, cada noche,
con pasos tímidos, en un vestido miserable,
y caminas por dinero, luciendo desdicha.
Tus zapatos recogen quién sabe qué suciedad,
el viento juega en tu pelo con lujurioso placer—
caminas, y caminas, y no encuentras hogar.
ESBOZOS
El viento del Otoño crepita frío entre los juncos secos,
envejecidos por el anochecer;
aleteando, las cornejas vuelan desde el sauce, tierra adentro.
Un viejo solitario se detiene un instante en una orilla,
siente el viento en sus cabellos, la noche y la nieve que se acercan,
desde la orilla en sombras mira la luz enfrente
donde entre nubes y lago la línea de la costa más lejana
todavía refulge en la cálida luz:
aúreo más allá, dichoso como el sueño y la poesía.
La mirada sostiene con firmeza en la fulgurante imagen,
piensa en la patria, recuerda sus buenos años,
ve palidecer el oro, lo ve extingirse,
se vuelve y, lentamente, se dirige
tierra adentro desde aquel sauce.
LOBO ESTEPARIO
Yo, lobo estepario, troto y troto,
la nieve cubre el mundo,
el cuervo aletea desde el abedul, pero nunca una liebre, nunca un ciervo.
¡Amo tanto a los ciervos!
¡Ah, si encontrase alguno!
Lo apresaría entre mis dientes y mis patas,
eso es lo más hermoso que imagino.
Para los afectivos tendría buen corazón,
devoraría hasta el fondo de sus tiernos perniles,
bebería hasta hartarme de su sangre rojiza,
y luego aullaría toda la noche, solitario.
Hasta con una liebre me conformaría.
El sabor de su cálida carne es tan dulce de noche.
¿Acaso todo, todo lo que pueda alegrar
una pizca la vida está lejos de mí?
El pelo de mi cola tiene ya un color gris,
apenas puedo ver con cierta claridad,
y hace años que murió mi compañera.
Ahora troto y sueño con ciervos,
troto y sueño con liebres,
oigo soplar el viento en noches invernales,
calmo con nieve mi garganta ardiente,
llevo al diablo hasta mi pobre alma.
MOMENTOS
Así como las flores se marchitan
y todo lo que es joven envejece,
florecen los momentos de la vida.
Florece así toda sabiduría
y todas las virtudes a su tiempo florecen,
mas ninguna puede durar por siempre.
El corazón siempre habrá de estar listo
para enfrentar adioses y comienzos,
para entregarse entero, con bravura
y sin duelo a los nuevos sentimientos,
cuando la vida así se lo exigiese.
Cada comienzo esconde en sí una magia
que nuestra vida alienta y la protege.
Con enormes zancadas de alegría
tenemos que cruzar por mil lugares
sin hacer de ninguno nuestra patria.
El benévolo espíritu del mundo
no nos quiere amarrados ni en cadenas,
él quiere alzarnos paso a paso, enormes.
EL MUNDO, NUESTRO SUEÑO
El mundo, nuestro sueño
Por la noche sueñas, sueñas
con ciudades, con personas,
monstruos, casas voladoras.
Todo, sabes, todo surge
de un sombrío rincón del alma,
son tu imagen, son tu obra,
todos tuyos, sueños son.
Ve a correr por tu ciudad,
anda en parques, callejones,
ve los rostros, nubarrones
y quedarás fascinado:
¡son tuyos, tú, su cantor!
Todo esto ante tus sentidos,
todo lo que vive y crece
todo es tuyo, en tu interior:
sueño que arrulla tu alma.
Te atraviesa eternamente,
te constriñe, te expande,
te hace orador, te hace oyente,
te hace dios, te hace demonio.
Obscuras hechicerías
de hace siglos olvidadas
hilan el sagrado engaño
y el mundo inconmensurable
de tu aliento toma vida.
LAMENTACIÓN
No nos ha sido concedido el ser. Solo somos río
que fácilmente adopta cualquier forma:
el día, la noche, la caverna y la catedral,
todo ello atravesamos, y a ello nos empuja la sed de ser.
Y así llenamos forma tras forma sin descanso,
aunque ninguna se convierte en nuestra patria, en la felicidad, en la necesidad,
siempre permanecemos en el camino, siempre huéspedes,
no nos llama el campo ni el arado, ni nos espera el alimento.
No sabemos qué piensa Dios de nosotros,
somos sus juguetes, barro en sus manos
mudable y manejable, que ni ríe ni llora,
que se moldea fácilmente, pero que nunca arde.
¡Por una vez helarse como la piedra! ¡Durar por una vez!
Por eso nuestra nostalgia permanece siempre viva,
pero resta aún un temible estremecimiento,
y nunca encontramos descanso en nuestro camino.
PENSANDO EN UN AMIGO POR LA NOCHE
En este año sombrío, el otoño llega temprano…
Camino solo por el campo de noche, la lluvia golpea,
el viento sacude mi sombrero… ¿Y tú? ¿Y tú, amigo mío?
Tal vez estás de pie -y ves la luna menguante
moverse en un pequeño arco sobre los bosques
y las fogatas del campamento, rojas en el valle negro.
Tal vez estás acostado en un campo de paja, durmiendo,
y el rocío cae frío sobre tu frente y tu chaqueta de combate.
Es posible que esta noche estés a caballo,
en el puesto más lejano, vigilando, con un fusil en la mano,
sonriendo, susurrándole a tu caballo exhausto.
Tal vez -me lo imagino una y otra vez- estás pasando la noche
como huésped en un castillo extraño con parque,
y escribes una carta a la luz de una vela, y de pronto
tocas unas teclas del piano junto a la ventana,
buscando un sonido…
-Y tal vez
ya estás en silencio, ya estás muerto, y el día
ya no brillará más en tus amados
ojos serios, y tu amada mano morena cuelga sin vida,
y tu frente blanca se ha abierto—Oh, si tan solo,
si tan solo, aquel último día, te hubiera mostrado, dicho
algo de mi amor, ese amor tan tímido para hablar.
Pero tú me conoces, lo sabes… y sonríes, asientes
esta noche frente a tu castillo extraño,
y asientes a tu caballo en el bosque empapado,
y asientes a tu sueño, sobre la dura paja ruidosa,
y piensas en mí, y sonríes.
Y tal vez,
tal vez algún día regreses de la guerra
y des un paseo conmigo una tarde,
y alguien hable de Longwy, Lieja, Dammerkirch,
y sonría con gravedad, y todo sea como antes,
y nadie diga una palabra de su inquietud,
de su inquietud y ternura por la noche en el campo,
de su amor. Y con un solo chiste
ahuyentes la preocupación, la guerra, las noches inquietas,
el relámpago fugaz de la tímida amistad humana,
hacia el fresco pasado que ya no volverá.
AL MUNDO PRIMITIVO…
Al mundo primitivo
no conducen senderos;
no se consuela nuestra alma
con ejércitos de estrellas,
no con río, bosque y mar.
Ni un árbol uno encuentra,
ni río ni animal
que penetre al corazón;
no encontrarás un consuelo
sino entre tus semejantes.
NIEBLA
¡Qué extraño es vagar en la niebla!
En soledad piedras y sotos.
No ve el árbol los otros árboles.
Cada uno está solo.
Lleno estaba el mundo de amigos
cuando aún mi cielo era hermoso.
Al caer ahora la niebla
los ha borrado a todos.
¡Qué extraño es vagar en la niebla!
Ningún hombre conoce al otro.
Vida y soledad se confunden.
Cada uno está solo.
DE VIAJE
No te desanimes, pronto llegará la noche,
cuando podamos ver la luna fresca reír en secreto
sobre el campo tenue,
y descansemos, tomados de la mano.
No te desanimes, pronto llegará el momento
en que podamos descansar. Nuestras pequeñas cruces quedarán
juntas, al borde claro del camino,
y lloverá, y nevará,
y los vientos irán y vendrán.
EL ESTÍO, CANSADO, INCLINA LA CABEZA
El estío, cansado, inclina la cabeza
para verse surgir, amarillo, del lago.
Hago mi camino cansado y polvoriento
por las alamedas en penumbra.
El viento titubea y corre entre los álamos.
A mis espaldas, el cielo empieza a enrojecer.
Delante de mí tengo el miedo de la noche.
Y crepúsculo. Y muerte.
Hago mi camino cansado y polvoriento,
y detenida y dudosa queda tras de mí
la juventud, que baja su hermosa cabeza
y se niega a acompañarme.
CRUJIDO DE UNA RAMA ROTA
Primera versión
Rama rota, que aún se balancea
hecha astillas, sin hojas ni corteza.
Año tras año veo cómo ondea,
crujiendo cuando el viento la atraviesa.
Así rechinan y crujen los huesos
del hombre que vivió una larga vida:
al encorvarse no lo quiebra el peso,
y apenas cruje si al viento trepida.
Me demoro escuchando tu tonada,
oh vieja rama reseca y nudosa:
se te escucha algo inquieta y fastidiada,
al crujir igual que yo, nerviosa.
HOJA MARCHITA
Toda flor desea su fruto,
todo amanecer se encamina al crepúsculo,
nada eterno hay en la tierra,
excepto la transformación y la fuga.
También el más bello verano
quiere sentir alguna vez el otoño y lo caduco.
Detente, hoja, sé paciente y silenciosa
cuando el viento desee llevarte.
Sigue jugando tu juego, no te detengas,
deja, tranquila, que las cosas ocurran.
Permite que el viento que te arranca
sople y te conduzca a casa.
¿ES ESTO TODO ENTONCES? ¿LOS BREVES DELIRIOS DE LAS FLORES…?
¿Es esto todo entonces? ¿Los breves delirios de las flores,
los colores suaves del prado brillante en verano,
la vasta cúpula azul del cielo, el canto de las abejas?
¿Es esto todo solamente
el sueño doliente de un dios,
el grito de fuerzas ciegas que claman por liberarse?
La línea lejana de las montañas,
que descansa con belleza y valentía bajo el azul,
¿también es solo una sacudida,
un espasmo salvaje de la naturaleza en fermento,
solo dolor, solo angustia, solo un tanteo sin sentido,
sin reposo, sin un solo movimiento bendito?
¡No! Déjame en paz, sueño impuro
del mundo que sufre.
La danza de insectos diminutos te arrulla en la luz del atardecer,
el canto de los pájaros te arrulla,
y una brisa fresca acaricia mi frente
como un consuelo.
¡Déjame en paz, vieja y desgastada pena humana!
Que todo sea dolor,
que todo sea sufrimiento, que sea miseria—
pero no esta hora dulce del verano,
ni el aroma del trébol rojo,
ni el placer hondo y tierno
que habita en mi alma.
ANTIQUÍSIMA IMAGEN DE BUDA EROSIONÁNDOSE EN EL BARRANCO DE UN BOSQUE JAPONÉS
Templado y demacrado por los dones
de las lluvias y heladas abundantes,
tus piadosas mejillas están verdes de musgo,
tus párpados caídos, silenciosos
se acercan al final, al dócil disolverse,
a la extinción de todo en lo informe sin límites.
Aún anuncian tus gestos derruidos
la nobleza de tu misión real,
y ahora busca en el fango, en la tierra, en la humedad,
el culmen de su significado;
será raíz mañana, rumor de la arboleda,
será agua espejeando el puro cielo,
ondulante en la hiedra, las algas, los helechos:
imagen de los cambios en la unidad eterna.
PÁGINA CON ESBOZOS
El viento del otoño cruje con frialdad entre las secas cañas,
ha envejecido con el anochecer;
tierra adentro, desde los sauces aletean cornejas.
Un viejo solitario descansa en una orilla,
siente el viento en su pelo, la noche y la nieve que se acercan,
desde la orilla en sombras mira la luz enfrente
donde entre nube y lago la línea de la costa más lejana
todavía refulge en la cálida luz:
un allende dorado, feliz como la poesía, como el sueño.
La mirada sostiene con firmeza el cuadro iluminado,
piensa en la patria y en los buenos años,
ve cómo el oro palidece y se extingue,
se aparta y lentamente
camina tierra adentro desde la salceda.
SIEMPRE HE ANDADO SIN META
Siempre he andado sin meta,
nunca deseé concederme descanso,
y mis caminos eternos me parecieron.
Comprendí al fin que caminaba en círculo,
y me sentí cansado del viaje:
toda mi vida cambió en aquel instante.
Errante voy hacia la meta,
pues bien sé que en cualquier camino
la Muerte me tiende su mano.
ENSEÑANZA
Algo más, algo menos, mi querido muchacho,
Las voces de los hombres son todas un engaño;
Sólo somos honestos cuando niños,
Y ya después en el sepulcro.
Yacemos luego junto a los que nos precedieron,
Sabios al fin y llenos de fría claridad,
Y, con huesos blancos, crujir hacemos la verdad,
Y alguno mentiría, otros preferirían una vez más vivir.
BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA
https://ciudadseva.com/autor/hermann-hesse/poemas/
https://atenas-diariodeabordo.blogspot.com/2021/05/herman-hesse-literatura-y-color-duelo-y.html
https://periodicodepoesia.unam.mx/hermann-hesse-y-emilio-uranga-cinco-traducciones-ineditas/
https://hablardepoesia.com.ar/2020/07/11/herman-hesse-7-poemas/
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