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339. POESÍA MÁS POESÍA: JORGE BOCCANEGA

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Tabla Contenido de Lectura

BIOGRAFÍA DEL POETA JORGE BOCCANERA

Como punto de partida se va a ubicar el mismo en el espacio silencioso de un pueblo instalado en las cercanías de Bahía Blanca, Argentina, provincia de Buenos Aires, tierra que los indios bautizaron “huecubú mapú” país del diablo, y que antes de denominarse Ingeniero White tuvo el nombre de Puerto de la Esperanza: “Seguro que esa atmósfera de pescadores, carnaval, ambiente de cabaret, grescas de marineros, gente con la errancia a cuestas, me marcó” dice.

A los 10 años el puerto quedó lejos, y se acercó al centro de Buenos Aires, sintiendo ese primer desplazamiento en carne propia. Su aventura fue entonces internarse en los baldíos de la provincia de Buenos Aires, para jugar en un espacio salvaje, sin nombre, que aprieta la mano urbana.

Después vino la escuela industrial y, entre bobinas, mamelucos, y soldadores, vino la lectura de Walt Whitman, Pablo Neruda, Adolfo Becquer, y Raúl González Tuñón. En 1972 teniendo 20 años, se rodea de otros jóvenes poetas y junto a Oscar Fernando García, Vicente Muleiro, Adrián Desiderato, Carmen Colombo y otros, funda el grupo El Ladrillo que estará apadrinado por la poeta Olga Orozco.

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“El Ladrillo era en esencia un encuentro de jóvenes “motorizados por la búsqueda y el cuestionamiento; vale decir la experimentación formal y la interpelación constante a la realidad” afirma el mismo.

En esos momentos en Argentina se estaba gestando el golpe militar y crecía la triple A que sería la encargada de realizar el Plan Cóndor, mientras ellos estaban apostando a la diversidad de la frecuentación, la lectura y publicación de poetas más tarde desaparecidos, como Roberto Santoro, y Carlos Higa, y hasta las charlas personales con Cátulo Castillo y Agustín Cuzzani.

A fines de 1973, aún con el uniforme del servicio militar, Boccanera sale de los talleres gráficos “Diosgraf” de Lanús, con su primer libro bajo el brazo: Los espantapájaros suicidas, conjunto de poemas donde el registro coloquial, se cruza con imágenes oníricas en ámbitos puramente urbanos.

Entre los integrantes de El Ladrillo, hay una escena imborrable, es aquella en que en medio de una noche lluviosa de 1975, el poeta Juan Gelman, buscado y clandestino, golpea la puerta de una pensión en la calle Paraguay para conversar sobre poesía y política con un grupo de poetas jóvenes.

La presencia de esta voz, dejará mucha resonancia en Boccanera, cristalizada en un largo ensayo que el hombre de mar le dedica bajo el título Confiar en el misterio, Viaje por la poesía de Juan Gelman.
El país se ensombrece con el golpe militar y en ese año 1976, el poeta recibe por su segundo libro Contraseña, el premio de Casa de las Américas.

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La noticia comienza a correr y se hace pública, a esto se suma su militancia en el campo gremial y político, el costo que debe pagar es el exilio al que parte en junio de 1976. Su destino es México.
“Viajando me hice otro”, dice cuando se confiesa desde México, donde la máquina de escribir no para un momento, entre poemas, cartas, redacción de cables y noticias y declaraciones denunciando la dictadura argentina.

Siendo el más joven, integra un grupo de amistad e intercambio intelectual con Humberto Constantini, Pedro Orgambide, David Viñas, y otros. Con ellos fundará el sello Tierra del Fuego, una editorial que luego de tres libros publicados y otros tanto en proceso, llegará a su fin con el regreso de la democracia argentina y la vuelta a casa de varios de sus fundadores.

En ese “hacerse otro”, Boccanera fue capaz de dar vuelta la moneda del exilio y descubrirle una cara menos dolorosa al destierro: la solidaridad entre los hombres. Entre tanto se mete en el estudio de la literatura vanguardista latinoamericana y difunde a sus más altos exponentes, nicaragüenses, mexicanos, uruguayos, cubanos, guatemaltecos, ecuatorianos.

Al mismo tiempo crea un conjunto de poemas para ser cantados, canciones y así comienzan a dar vueltas populares algunas de sus letras.

A los comienzos de 1984, instalada de nuevo la democracia, regresa a Buenos Aires, y da los últimos toques a su siguiente libro Polvo para Morder que se edita en Buenos Aires.
En 1991 se edita en Costa Rica (país donde vivió 8 años, y dónde el poeta se instala luego de abandonar una vez más Buenos Aires, Sordomuda.

Jorge Boccanera Osvaldo Pugliese Pedro Gaeta y amigos. Foto del archivo personal de Jorge Boccanera - Poesia Online
Jorge Boccanera, Osvaldo Pugliese, Pedro Gaeta y amigos. Foto del archivo personal de Jorge Boccanera.

 

A la luz de su obra, Boccanera pertenece a la estirpe que el inglés Laurence Sterne bautizó como viajero sentimental, es decir aquellos hombres que son impulsados al desplazamiento por todo lo que inviste al mundo y que, en lugar de contar situaciones insólitas, revelan en el viaje el único viaje posible: el compromiso con la vida.

Todo esto está extraído del prólogo de Lautaro Ortiz, nacido en 1973, que ejerce como periodista en distintos medios nacionales y extranjeros y que prologó MARIMBA Antología personal de Jorge Boccanera publicado en Ediciones Colihue de Buenos Aires. 2006.

Luego de haberse formado académicamente, trabajó como profesor de literatura y de periodismo en diversas universidades de su país. Dirigió durante quince años, la cátedra de Poesía Latinoamericana de la UNSAM (Universidad Nacional de General San Martín), en el Gran Buenos Aires.

Impartió clases, cursos y charlas magistrales de literatura (España), Universidad Nacional de Colombia, Universidad de El Salvador y en la Universidad de Concepción (Chile) y periodismo en la Universidad de Costa Rica, Universidad Nacional de Lomas de Zamora, Universidad Nacional de General San Martín (Argentina), Universidad de Salamanca.

Jorge Boccanera y Silvio Rodriguez - Poesia Online
Jorge Boccanera y Silvio Rodríguez

 

Con respecto al periodismo, ocupó el puesto de Jefe de redacción de distintos periódicos, al menos uno de cada país que visitó.

Fue jefe de redacción de los semanarios: Crisis, de Argentina, Plural, de México, Aportes, de Costa Rica, y editor del suplemento cultural Forja de la Universidad de Costa Rica. Escribe la columna semanal «Diálogos con Jorge Boccanera» en el Suplemento Literario Télam de la agencia de noticias del Estado argentino.

Actualmente trabaja como columnista y es director de Nómada, una publicación de interés cultural.

Desde el año 1997, vive en Buenos Aires, desde donde dirigió de 1998 a 2004 la colección de poesía de la editorial argentina Colihue.

Como escritor, ha cultivado la crónica, el ensayo y la poesía, siendo este último género el que más fama le ha dado. A lo largo de su carrera, ha recibido numerosos premios a nivel internacional y su obra se ha traducido a varios idiomas.

Algunos de sus poemarios son «Noticias de una mujer cualquiera«, «Música de fagot y piernas de Victoria» y «Bestias en un hotel de paso«.

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Con respecto al Arte:

Compuso canciones con varios músicos como Raúl Carnota, Alejandro del Prado, Litto Nebbia, Carlos Nahuel de Peralta, Marcelo Boccanera y Adrián Goizueta.

Estos temas fueron interpretados, además de los artistas mencionados, por Mercedes Sosa, Silvio Rodríguez, el Quinteto Tiempo, Lilia Vera, Diego Massimini, Luis Enrique Mejía Godoy, Pancho Cabral y el Grupo Saloma, entre otros.

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Junto al diseñador argentino Jorge Sposari presentó en galerías de Buenos Aires, entre 1977 y 1983, las muestras de poesía gráfica «Afichemas» y «Poesía para ver».

Textos suyos integraron en 2014 la exposición fotográfica de Sposari, «Las Otras Catrinas», Jalisco, México.

En 1987 conduce junto a Litto Nebbia el programa «Los Trenes de la Noche» para Radio Nacional, Argentina.

Trabajó junto al cineasta Eduardo Mignogna, en 1998, en el documental García Lorca en el Río de la Plata, para la TV Española.

Con respecto a sus actividades docentes:
Profesor en los Cursos Libres de la Universidad de Costa Rica.
En Argentina impartió cursos de periodismo en la Universidad Nacional de Lomas de Zamora.
Coordinó la Cátedra Abierta de Poesía Latinoamericana en la Universidad Nacional de General San Martín (Argentina).
En el 2006 dio una Conferencia Magistral en la Universidad de Salamanca sobre la obra del poeta Juan Gelman, a propósito de habérsele adjudicado el premio iberoamericano de poesía “Reina Sofía”.
Dio charlas en TEA, escuela de periodismo de Buenos Aires, Argentina.
Dio lecturas e impartió talleres, charlas y seminarios en diversas localidades de Buenos Aires, y en las provincias de Misiones, Ushuaia, San Luis, Neuquén, Santa Fe, Chubut, Córdoba, Entre Ríos y Mendoza.
Invitado a festivales internacionales de poesía y eventos culturales realizados en México, Francia, Uruguay, Cuba, Japón, Nicaragua, Ecuador, Grecia, Perú, Honduras, El Salvador, Venezuela, Paraguay y República Dominicana.
Participó como jurado en concursos de poesía realizados en España, Chile, Panamá, México, Ecuador, Nicaragua, Argentina, Costa Rica, Cuba y Colombia.

Con su esposa Yanet Casa Azul Museo Frida Kahlo Mexico foto de Pascual Borzelli Iglesias - Poesia Online
Con su esposa Yanet Casa Azul Museo Frida Kahlo México foto de Pascual Borzelli Iglesias

Reconocimientos:

Primera Mención concurso “Pablo Neruda”, revista Encuentro, Buenos Aires, 1974.
Premio de poesía «Casa de las Américas». La Habana, Cuba, 1976.
Premio Nacional de Poesía Joven. Lagos de Moreno, Jalisco, México, 1977.
Premio de Poesía Querétaro, México, 1978.
Primera Mención Premio “Caballo Verde para la Poesía”, Universidad Veracruzana, México, 1979.
En 1982 su obra Arrabal Amargo fue una de las piezas seleccionadas entre cuatrocientos trabajos participantes, para ser exhibida en la sala Margarita Xingú, dentro del ciclo Teatro Abierto.
Primer Finalista del Premio Hispanoamericano Lya Kostakovsky de Ensayo de Literatura Hispánica por su libro Luis Cardoza y Aragón: Sólo venimos a soñar, con un jurado integrado por Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes y Eduardo Galeano, México,1994.
Obtuvo la Beca del Fondo Nacional de las Artes por su investigación sobre las vanguardias poéticas entre 1920-1930 en Hispanoamérica, Buenos Aires, 1997.

* Recibió, en el homenaje al 20 Aniversario de Abuelas de Plaza de Mayo, uno de sus pañuelos emblemáticos de manos de la entonces secretaria de Abuelas, Alba Lanzilloto; Centro Cultural General San Martín, Buenos Aires, 1997
* Premio “Del periodismo, la comunicación, el arte y la vida”, escuela TEA, “Al Maestro con Cariño”, Buenos Aires, 2007.
* Premio Internacional de Poesía «Camaiore», Italia, 2008.
*Premio de poesía Casa de América, España, 2008.
* Segundo Premio Municipal por el libro Palma Real, Buenos Aires, Argentina,2008.
* Gran Premio de Honor de la Fundación Argentina para la Poesía, Buenos Aires, 2012.
* Premio Internacional de Poesía Ramón López Velarde, Universidad de Zacatecas, México, 2012.
* Premio a la Trayectoria “Rosa de Cobre”, Biblioteca Nacional, Buenos Aires, 2014.
* Premio a la trayectoria: “Poetas del Mundo Latino”, México, 2016.
* Reconocimiento a la obra, Encuentro Internacional de Poetas “Paralelo Cero”, Ecuador, 2018.
* Premio Honorífico «José Lezama Lima», Casa de las Américas, Cuba, 2020.
* Premio «Eduardo Pavlovsky, por la construcción de memoria a través de la cultura». Otorgado por la Secretaría de Derechos Humanos, el Ministerio de Justicia y el Ministerio de Cultura de Argentina, 2023.
* Premio Konex, 2024 Letras – Poesíaː Quinquenio 2014-2018.

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Boccanera, en la inauguración del Premio Casa de las Américas (Cuba, 2022).

SELECCIÓN DE POEMAS DE JORGE BOCCANERA

 

SUMA                                     

Los días no contaban para mí,
bastaba la palabra.
Yo escuchaba en cuclillas cómo alguna palabra
conversaba con otra.
No contaban los días.
Pero extravié palabras y los días me siguieron de
cerca con sus largos abrigos.
Yo iba mirando el suelo.
«Ese no cuenta el cuento», vaticinaron unos.
Yo no escuchaba a nadie, yo contaba con ellas.
Los días fueron como trapos mojados en los pies.
Habité días feroces porque perdí palabras.
Eran contadas y eran, al fin, las que contaban
El tiempo es implacable.
El que pierde palabras tiene los días contados

 

ARDER                                    

Cuando nos besamos trituramos un ángel.
Su última voluntad será nuestro deseo.
Tiempo habrá para escupir sus vidrios de colores,
su sombrero de plumas,
barajas manoseadas por tahúres y ahora

hay que hacerlo entrar,
ofrecerle licor (que él viene de morirse),
acercarle una silla (que lee en la oscuridad).

Dirá sus baratijas,
su forma de guiarnos al secreto de la vieja
estación.
Dirá que el vino está hecho de hojas secas,
que puede hacer un fuego con tu rostro y el mío.
(Ni un centavo de luz a su trabajo).

Cuando nos besamos desollamos un ángel,
un condenado a muerte que va a resucitar en
otras bocas.
No tengas lástima por él, sólo hay que hincar el
diente
y triturar al ángel.
Abrir tus piernas blancas y darle sepultura.

 

NOTICIAS DE UNA MUJER CUALQUIERA

           
entramos a la pieza casi sin reconocernos
sus ojos eran pactos de ternura y violencia
yo la miraba todo el tiempo
habrá pensado en mi cansancio
habrá pensado -está borracho-
habrá pensado en irse pronto
habrá pensado tantas cosas

me acerqué a sus dos manos
sin dejar de mirarla
desde mi soledad hasta su boca
habrá pensado en enojarse
habrá pensado -no es un hombre-
habrá pensado ¿en qué quedamos?
habrá pensado tantas cosas

cuando entró el sol cuando se fue
desde mi boca hasta su adiós
y aún en el viaje de regreso
habrá pensado tantas cosas
habrá pensado tantas cosas.

 

DESAPARECIDO II                                            

Yo no soy y soy ninguna parte.
Yo no puedo y lo que puedo es nada.
Yo no estoy.
Apenas una sílaba pero en verdad más nada,
un tiempo ayer, ceniza,
viento por todas partes. No entro ni salgo, yo
no digo buenasnoches, no beso, no utilizo

sombrero
Porque jamás y soy ninguna parte.

Se terminó –dijo la vida de un portazo- y yo
no vuelvo. Y cuando vuelvo quedo a mitad del

camino.
No puedo. Y si pudiera es casi o menos que eso.
Apenas una fecha en el papel ajado de tus labios.

Allá van las barajas de mano en mano y estos
dados de sangre rodando a la deriva.
Yo sueño si me sueñan.
Pero a veces escucho. Hay una voz,
me sabe de memoria.

 

XVII                                                    

Alguien ha entrado al mar como a una casa,
humaredas de espuma le entorpecen el habla,
lo ciegan,
llenan su corazón de harina negra.

Si el pescador era propiedad de la tierra
el ahogado pertenece al mar,
y es inútil disputarle a las aguas esas verdad

pesada.

Como el rostro del que entró para siempre
al espejo del agua,
en un país que desconoce.

La memoria es a veces como una piedra enorme
en los brazos de un niño.

 

X                                                       

¿Será posible el sur?

¿Será posible

tanta bala perdida al corazón del pueblo,

tanta madre metida en la palabra loca y toda

la memoria en una cárcel?

 

¿Será posible el sur?

¿Será posible

tanto invierno caído sobre el último rostro de mi

hermano, tanto salario escaso riendo con descaro

en el plato vacío y el verdugo esperando?

 

Mi territorio de una vez

Gira en la oscuridad de esa pregunta.

¿Será posible el sur?

 

Si se viese al espejo

¿se reconocería?

 

V                                                    

¿Y las palabras?
funeral, silencio.
El cielo es una esponja que devora los pájaros.
¿Y las palabras?
Como arrumbadas ellas,
como escombros,
como montón o nada que decir,
como basura humeando.
¿Y las palabras?
Unas: como un altar de clavos.
Otras: como luto en las mangas.
Como rotas de amor y para siempre.
Una bestia emplumada mete su hocico, escarba,
pero ellas arrumbadas como huesos pelados o
nada que decir.
¿Quién arriesgará un ala?
¿Quién meterá su lengua sin temor a una herida?

 

ENVÍOS                                          

Todo lo que se da llega a destiempo.
No existe otra manera.
Entre el ojo y la mano hay un abismo.
Entre el quiero y el puedo hay un ahogado.
Un país que asoma su cabeza deforme en una
carta,
y va a darse a destiempo, nada es lo que
esperabas.
Y lo que llega envuelto en papel de regalo se irá
sucio de odio.
Bailamos entre los escombros de una cita.
Dibujamos una taza de café en el desierto.
Vivimos de sumar y de restar:
lo que te da el amor, lo que te quita el miedo.
Al final nos entregan los huesos de un perfume.

Aun así persistimos.
En alguna montaña vive un pez resbaloso.
Entre números rotos se desliza una estrella.

 

HISTORIETA                                            

La niña abre el baúl y una mano le echa tierra en los

ojos.
Ella dice: ¡qué hermoso paisaje!
Ahora mezcla pinturas,
revuelve los vestidos de tías adornadas con juegos de

palabras.
Se amorata, se luce angelical, gira mangosta, novia

de esparadrapo,
se mira en los espejos que trabajan sin que nadie los

mire.
En este último cuadro la niña se pinta y se despinta,

aparece y se borra.
Yo cierro el libro de cuentos infantiles pensando que

mi lengua es esa niña Sordomuda,
probándose vestidos a la hora en que los demás
duermen.

 

NACIMIENTO                             

                a mi hijo, Roberto Nicolás

 

En la intimidad de otro cuerpo ha levantado su

pequeña tienda.

Kilómetros de arena en su ceguera, pero ninguna

estrella.

Aletas que se arrastran en un cielo sin dios,

osamentas de peces lo rodean,

algas que condecoran su cintura.

 

Y aquellos limosneros que llaman Reyes Magos

intentan confundirlo.

Ofrecen una almohada de piedra para él,

una mordaza,

leche de los mil diablos para él,

pesan su corazón anfibio.

 

En las redes del vientre posó sus manos inseguras.

Vio pudrirse la carne de su ángel anterior.

No tiene nombre aún y ha soñado su rostro

sumergido en el llanto.

 

Ha levantado su pequeña tienda en un cielo que ruge

con sus olas de polvo.

Y aquellos limosneros: cada escama una perla,

corales de oro ofrecen.

 

Pero él avanza, quita

los algodones de las bocas del miedo,

pregunta el paradero de Yazmín,

brinda por mí.

—Hoy no sé nada y viene mi pariente—

 

¿Cómo he de recibirte Señor de las Tormentas

si no es desnudo, armado hasta los dientes, loco

de vergüenza?

 

Ahora no pido nada,

cualquier dulce palabra puede ser un insulto,

una canción de cuna puede ser un harapo

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porque él ha levantado ya su pequeña tienda.

 

EL PELUQUERO                       

 Asentaba navajas en un listón de cuero,

porque era su trabajo arrancarle a los rostros sus
animales muertos.
Hacía barba y bigote para el espejo atestado de gente.
Su navaja pulía aquélla superficie,
rasuraba los rostros del espejo y haciendo su trabajo
afeitaba al espejo.

Era más chico que un tarro de gomina Brancato mi

abuelo,
pero una cabeza más alto que la muerte.
Invitaba al cliente sacudiendo una toalla
y el cliente ocupaba aquél sillón Dossetti de madera
y entraba en el espejo.
El estilista hablaba solamente con su tijera
y cuando ella por fin tenía la lengua despegada hacia

un lado el decía: «servido».

Mi abuelo maquillaba al espejo con estrellas de talco

y usaba un pulcro saco blanco.
La muerte -que también es prolija- le envidiaba su colección

de peines.

Un día la muerte, que hojeaba una revista deportiva,

dijo: “me toca a mí”.
Y ocupó aquél sillón, despatarrada y con un remolino

en la cabeza.
“Tiene un pelo difícil”, dijo sin voz mi abuelo.
Después, la muerte asentó su navaja y haciendo su

trabajo, ¿rasuraba al espejo?
El peluquero se marchó bajo un cielo cualquiera con

estrellas de talco.
El espejo se pasó la mano por la cara afeitada,
suave, como un recién nacido.

 

 CORRÍA EL AÑO 1917                         

Magro, cetrino, casi hierático, me pareció
un árbol deshojado. Su traje era oscuro
como su piel oscura.

Ciro Alegría

 

Un Santiago de Chuco de labios apretados lo ve
pasar y dice: como si la victoria y la derrota
comieran de su plato y dice: como un hueso
escarbando en el habla de nadie, ¿y tanto así?

Pasa un zumbido un triste alguna capa un capellán
un globo sin su niño un ala que saluda las tardes
son iguales aquí pasa Vallejo navegando en el polvo
de las demoliciones.

Como si la victoria (se lo dije) como si la
derrota (¿no le digo?) comieran de su plato y
él escupiera el plato porque un dedo de sangre
va abriéndole los ojos porque hay un aguacero
que se lo lleva todo.

Pasa el maestro de escuela por las calles vacías.
Una mano cortada lo lleva de la mano.

 

PENA DE MUERTE                                 

Rostros que yo extravié, ¡nunca reposen!

Ámense en la ceniza, enrólense en la ira,

ofrezcan recompensa, exijan mi cabeza,

maldigan a mis hijos a y a los hijos de ellos.

Subrepticiamente dejen una bala en mi plato,

debajo de mi almohada, entre fotografías.

Navaja y gran coraje en su oración de sangre,

pero nunca reposen.

Yo los rocé en un sueño sin querer

y les prometí asuntos, no hay perdón.

Hay que tener paciencia, yo sé que

alguna vez seré sombra de sus sombras,

seré miedo en sus miedos

y habrá látigos duros: la palabra Yasmín.

 

 

EXILIO                               

      Expulsados de la selva del sur de Sumatra

      por los hombres que vienen a poblarla, 130

      elefantes emprendieron hoy una larga marcha

     de 35 días hacia la nueva ciudad que les fue

     asignada.

 

No hay sitio para los elefantes.

Ayer los expulsaron de la selva en Sumatra, mañana alguien les impedirá la entrada al Unión Bar.

Yo integro esa manada hacia Lebong Hitam,

yo sigo a la hembra guía,

cargo con la joroba de todas mis valijas sobre las

cuatro patas del infierno.

 

Llegarán a destino –dijo un diario en Yakarta.

Los colmillos embisten telarañas de niebla.

Llegarán a destino,

viejas empalizadas que sucumben bajo mareas de carne.

Llegarán -dijo el diario.

 

Más la estampida cruza por suelos pantanosos

y mi patria –la mía- es sólo esta manada de elefantes

que ha extraviado su rumbo.

 

¡Guarde celosamente la selva impenetrable este ulular

de bestias!

Tambores y petardos, acompañan.

Algo de todo el polvo que levantan, es mío.

 

 

EL ÁNGEL DE LA MUERTE                      

Oigo pasos ¿será la boca de tiznar y el navajazo
en pleno rostro?
Así te acechan como ¿será la antorcha de otra voz
que va sobre la tuya?
Escucho pasos y ¿será el escupitajo en la tela de
araña de tu infancia?
Así te azuzan como ¿será la cruz al rojo en tu
mejilla?
Oigo pasos cerca de ¿será como esos guantes
rozando tu estación?

En la memoria hay una puerta rota.
Los sueños son distintos y el final es el mismo:
el asesino que te besa.

 

SUMA                                               

Los días no contaban para mí,
bastaba la palabra.
Yo escuchaba en cuclillas cómo alguna palabra
conversaba con otra.
No contaban los días.
Pero extravié palabras y los días me siguieron de
cerca con sus largos abrigos.
Yo iba mirando el suelo.
«Ese no cuenta el cuento», vaticinaron unos.
Yo no escuchaba a nadie, yo contaba con ellas.
Los días fueron como trapos mojados en los pies.
Habité días feroces porque perdí palabras.
Eran contadas y eran, al fin, las que contaban
El tiempo es implacable.
El que pierde palabras tiene los días contados.

 

TELENOVELA        

                                  
Sordomuda
yo cargo las valijas, yo compro los boletos,
y soy tu catador, el señor de las flores,
tu pareja de baile en el salón Colonia de México D.F.

Yo soy tu lazarillo y te compro historietas y soy
tu guitarrista, el chofer de tu almohada,
a veces el jinete, a veces el caballo.

Mudita de mi alma yo te elijo perfumes y te
exhibo como el Príncipe Orsini al luchador
Jacob, «La Bestia», en un cine mugriento.

Y soy el del retrato, tu instructor, tu pupilo, el
cara de payaso, un pasajero en tu sudor
apenas, Sordomuda, el que reza en tu
cuerpo.

 

ILUSIÓN    

                                     
Está dormida, sueña, sus párpados esconden un
aplauso cerrado, un puñal de hojalata, un
castillo de mimbre.
Seguro que en su sueño alguien está soplando un
almohadón de plumas y ella viaja y visita.
Los 33 Billares o El Blanquita
(Hoy: Los Imperio, Ana Libia, Los Tres Ases,
Paco Miller y su muñeco don Roque),
y trae una botella en cada mano.

-Ahora está soñando. ¿Con quién sueña? ¿Lo
            sabes?
-Nadie lo sabe.
-Sueña contigo. Y si dejara de soñar, ¿qué sería
            de tí?
-No lo sé.
-Desaparecerías. Eres una figura de su sueño. Si
            se despertara ese Rey te apagarías como
            una vela.

Pero ella está borracha y lo que sueña es tan
vertiginoso que no puedo seguirla.
Habrá que adivinar, mis ojos fijos en su cuerpo
que se estremece,
se sacude,
que respinga,
que tiembla,
como una telaraña en la cuna vacía.

 

ELLA                                       

Viene despacio
entra
tropieza con mi tos
con mi costumbre de dejar la nuca
en cualquier parte
viene despacio
ordena mis silencios
desata las palabras necesarias
recibe la correspondencia de mis ojos
viene despacio
a tender sus manteles de ternura
viene despacio
apenas echa humo para no despertarme
se abre paso entre vasos arrojados al día
retratos de mujeres
noches de bronca y noches de ginebra
viene despacio
con su enchape celeste subiéndose a mis mástiles
viene despacio
entra
se arrodilla al borde de mi alma
y junta los fragmentos de mi risa
después… se vuela azul como la tarde.

ESPEJITO DE MANO     

               

Mírate bien, hoy eres
una cara de trapo al fondo del aljibe,
un perfil oxidado que ondea bajo el agua.
Te advertí, te lo dije,
el espejo, ese imbécil, compra muebles usados
y trabaja en el rostro con cuchillos sin filo.
Mírate bien, hoy somos
el ladrido del viento, te advertí, te lo dije,
es un sepulturero que cobra como artista.
Seguro ya te olió.
Su corazón helado
vende casas de polvo en los despeñaderos.
Mírate bien, hoy eres
un hospicio, un extraño,
reverso de una imagen que se repite y dice :
uno de los dos está muerto.

 

LUGAR                                              

Lugar, es el nombre del animal más grande de la tierra.
Hay quienes aprovechan su sombra y no saben que existe.
O beben su saliva y lo confunden con un río.
O duermen en los huecos que dejan sus pezuñas en la tierra
y piensan que la tierra es así.
Los exiliados cargan sus pedazos de tiempo.
Otros clavan zapatos en el barro.
Hay ciegos que cambiaron la vista de la certidumbre.
Algún dios carpintero que fabricaba muebles repite
la sentencia :
‘Un lugar para cada cosa y cada cosa en su lugar”.
Pero los desaparecidos ¿ dónde están ?
Si el nombre que los nombra parece un chupadero.
Todo es ajeno aquí
Somos los extranjeros de un lugar que era nuestro.
El deseo escribe en un libro sin hojas.
Alguien se prende fuego envuelto en un secreto.
Hay quienes buscan que el amor les corrija la rabia.
Otros rezan, divisan un lugar después de este lugar.
Está el que desespera :
“si ese animal ocupa tanto espacio, ¿por qué no puedo verlo?
Unos pocos eligen atravesar un sueño para llegar a un sueño.
¡Ah, si el silencio dijera sus lugares!
Ahora, cada baldosa es un campo de caza.
En días por venir, alguien
escarbará en las preguntas hasta desenterrar un fémur,
algún diente de lo que fue un lugar.
Pero no en esta casa con un piso de viento.
Aquí nadie se mueve, ha llegado el gran día.
Reparten un desierto entre todos los hombres.

 

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