
VER EL PROGRAMA DE TELEVISIÓN DEDICADO A LA POETA MERCEDES PINTO
BIOGRAFÍA DE LA POETA MERCEDES PINTO
Mercedes Pinto fue una escritora, dramaturga, periodista y activista canaria cuya vida y obra representan a la mujer moderna dentro de la Edad de Plata de la cultura española.
Su importancia, tan sepultada en el olvido, en la historia cultural española e hispanoamericana es indiscutible. Desempeñó un papel como sujeto social totalmente activo.
Mercedes Pinto, una mujer cuya personalidad estuvo vinculada a un camino de lucha ideológica a favor de los avances sociales que permitieron a las mujeres de generaciones posteriores producir un lugar en el escenario de la II República Española, pertenece a la llamada Edad de Plata de la cultura española (principios del siglo XX hasta el estallido de la Guerra Civil en 1936). La opresión moral ejercida sobre la mujer en la sociedad que le tocó vivir a Mercedes, donde el ámbito de la mujer era el privado de la familia frente a la esfera de los público, le hicieron desarrollar una gran capacidad de reinvención. Su obra estuvo muy ligada a su propia experiencia vital, Nació en el seno de una familia culta y burguesa en San Cristóbal de La Laguna, Tenerife en 1883. Era hija de Ana María Armas Clós y el escritor Francisco María Pinto de la Rosa, que falleció cuando Mercedes contaba con dos años de edad. La figura de su madre jugó un papel importante en su vida. Dentro de los márgenes del hogar, tanto Mercedes como su hermana menor, Ana María, recibieron una instrucción educativa. En este ámbito, Mercedes se ganó el apelativo de “la anarquista” por sus ideas contrarias a los principios políticos, religiosos y sociales tradicionalmente instaurados.

Decía la autora: “Yo hacía sufrir a los míos. Mi mente excesivamente libre pensadora para las características familiares, mis preguntas continuas…mi afán de hacer cosas que los demás no hacían… Mi deseo de pasar por encima de lo acostumbrado con esta sola explicación: lo que no es malo, puede hacerse… frase que ponía los nervios de punta a madre, abuela y tías (¡familia de mujeres casi todas devotas, conservadoras, defensoras de la tradición…!)
Se la conocería pronto como “La Poetisa Canaria”, publicando cuentos, poemas en periódicos canarios. El poeta Antonio Zerolo, muy laureado en aquella época, recitó un poema de Mercedes Pinto dedicado a su padre en el Ateneo de La Laguna. A los catorce años ya recibe premios de poesía y de cuentos.
Tras el fallecimiento de su primer novio formal, conoce de la mano de su tío a Juan de Foronda y Cubilla, capitán de la Marina Mercante y catedrático de la Escuela Náutica de Canarias. Se precipita el casamiento tras el de su hermana menor, meses después. Tras la boda, el marido comienza a mostrar unos celos excesivos. Tiene brotes paranoicos y la vida de Mercedes se convierte en un continuo de maltrato, vejaciones y miedo durante diez años. Tienen tres hijos fruto de su matrimonio: Francisco, María de las Mercedes y Ana María.
Mercedes Pinto busca ayuda en su entorno más cercano para salvaguardar a su familia de la locura paterna, encontrándose con muros de incomprensión frente a una sociedad moralista. El segundo intento de suicidio de su marido provoca el conocimiento público de su enfermedad y en 1919 Mercedes acompaña a su marido a Madrid para ser ingresado en un sanatorio de Ciempozuelos para que recibiera tratamiento psiquiátrico. De vuelta a la isla, el hermano del marido reclama su alta y su regreso a Canarias, pero Mercedes, aterrada por la situación, se lleva a sus hijos y se instala en Madrid. Finalmente, el hermano consigue una orden de libertad sin estar restablecido, pero Mercedes recibe el apoyo del director del sanatorio, indicando que el enfermo abandona la clínica sin autorización de los especialistas. Aunque Mercedes Pinto consigue que la justicia vuelva a decretar el reingreso de Juan de Foronda, éste ya había regresado a Tenerife.
Mercedes decide permanecer en Madrid con sus hijos. En la ciudad se da conocer como escritora, relacionándose con Ortega y Gasset, Unamuno y con Carmen Burgos, conocida con el seudónimo de Colombine, de la que se hace muy amiga. Esta la adentra al feminismo y le hace ver que muchos de sus problemas están relacionados con la posición de la mujer. Mercedes Pinto publica en “Prensa Gráfica”, “Acción”, “Lecturas” , “ La Moda” y fue secretaria de la revista Los Ciegos. Publica también su primer libro Brisas de Tenerife.
Mercedes Pinto quiere continuar con los trámites para lograr una separación matrimonial, que tropezaba con la desigualdad legal y con la fuerte presión a la que estaban sometidas las mujeres que se veían obligadas a no abandonar al marido, sobre todo si este era considerado enfermo. Las leyes no le permitían el divorcio. Fue pionera en la protesta ante el maltrato y la exigencia de un divorció rápido para librarse de un marido paranoico. A muchas mujeres esta situación las conducía, sin ley que las amparase, a un irremediable final: arrebatarle la vida de la esposa.
El joven abogado que la ayudaba en su proceso de separación, Rubén Rojo, se convertiría en el compañero sentimental de Mercedes Pinto.

Él, es una novela autobiográfica publicada en 1926 por Mercedes Pinto. La historia describe mediante fragmentos y breves estampas que podrían considerarse cinematográficas, su matrimonio con un hombre paranoico y dañino que la maltrata a ella, física y psicológicamente. También ejerce su crueldad con los animales. Con la palabra Él, le da un giro irónico a la novela, señalando su egocentrismo. El hombre llega a gritarle y decir “¡Yo triunfaré y seré para las gentes como un dios!”. No puede demostrar que convive con un loco violento que no deja huellas. Arrastra graves trastornos emocionales, crueldad hacia quienes cree sus enemigos y tendencias suicidas . Hay un pasaje donde ella le anuncia el embarazo y él se queja porque es inoportuno y les acarreará más gastos.
Luis Buñuel trasladó la novela “Él” de Mercedes Pinto al cine, en 1953, con Arturo Córdova y Delia Garcés como protagonistas.
En esta novela incluía un texto sobre el divorcio como medida higiénica, que fue título de una conferencia que le costó el exilio en 1923. Carmen Burgos era por entonces presidenta de la Liga Internacional de Mujeres Ibéricas e Hispanoamericanas, y fue quien la invitó a dar aquella conferencia, que le cambió la vida. La pronunció en la Universidad Central de Madrid (la Complutense en la actualidad). Defendía el divorcio como un derecho fundamental para la libertad y dignidad de las mujeres. Indicó que el matrimonio sin amor ni respeto daña la salud mental y física, por lo que el divorcio funcionaba como una limpieza necesaria para la sociedad . Este discurso escandalizó a los sectores más conservadores de la época. Se armó tal revuelo, que el dictador Primo de Rivera decretó su destierro a Fernando Poo, en la entonces colonia española de Guinea. Al enterarse Mercedes Pinto, salió de España con su pareja y con los cuatros hijos que entonces tenía hacia el exilio en Uruguay. Durante el camino, en Lisboa, donde iba a partir en un barco que le llevaría a Uruguay, murió su hijo mayor, con quince años. Durante la travesía nacería el quinto hijo de Mercedes.
Mercedes Pinto estuvo en Uruguay casi ocho años, de 1924 a 1932, consiguió el divorcio de su primer marido y se casó con Rubén Rojo. El gran ingenio de Mercedes Pinto se muestra en una anécdota, donde ella acude a la redacción de la revista Mundo Uruguayo para solicitar un puesto de trabajo. El dueño de la revista, el señor Capurro, poniendo muchas objeciones, le pregunta si dominaba la lengua inglesa. Mercedes dice que sí, aunque desconocía por completo la lengua. El le da un cuento y un poema de la revista Pictorial Review con la promesa de aumentar su sueldo si el trabajo acaba siendo de su agrado. Al salir de la redacción, Mercedes Pinto, sorprendida, tropieza con el letrero de una academia que anunciaba un método rápido para aprender inglés. “Como autómata me dirigía hacia allá. Subí al segundo piso donde un señor bajito me preguntó si quería tomar clases.
- Pero deseo que me diga usted el asunto de este cuento y de este poema. Y lo señalé en la revista.
- -¿Que lo traduzca?
- No, respondí, que me lo cuente…lo lee usted y me lo explica en español.


La expresión de asombro del profesor no se me olvidará nunca. Se sentó el hombre, leyó el artículo y el poema y me “lo contó”, como le había pedido. Le pedí la cuenta – Diez pesos, respondió, incrédulo todavía. Le pagué y me fui con los asuntos en la memoria. Escribí, en efecto, un cuento sobre lo que me había contado el profesor (un amor…un collar…un robo). Lo firmé con el nombre del autor, añadiendo “traducción libre por Mercedes Pinto” y lo mismo en el poema. Lo entregué a los dos días y añadí otros artículos míos”.
Se dedicó a la política en el Partido Colorado, al periodismo y al teatro. Fue nombrada como la primera mujer oradora del gobierno urguayo y asesora pedagógica en las reformas educativas emprendidas en el país. Creó su propia compañía teatral, “la Compañía de Teatro de Arte Moderno”, en la que debutaron sus cuatro hijos. Tres de ellos acabaron siendo actores profesionales: Pituka de Foronda, en España y Rubén Rojo y Gustavo Rojo en México.
Mercedes Pinto también fundaría en su propio domicilio la Casa del Estudiante, emulando la madrileña Residencia de Estudiantes. Allí tuvo invitados ilustres como Rabindranath Tagore, Luigi Pirandello, Ramón Gómez de la Serna, Gregorio Martínez Sierra, Luis Jiménez de Asúa, Juana de Ibarbourou o Alfonsina Storni. Con Juana de Ibartbourou le unía una gran amistad. En opinión de Mercedes Pinto Ibarbourou seguía encadenada a las convenciones morales que la sociedad de la época destinaba a las mujeres:
“Y vino el momento en que nuestra amistad llegó a hacerse fraternal, porque conocer a Juana era conocer a una rosa que hablase, una paloma con voz, algo natural como el pan, el agua o la estrella, y de quien brotaba, sin embargo, la pena de ser como cualquier otra mujer, con casa, muebles, sirvientes…¡y un marido! Porque Juana era una esclava de los perjuicios de su familia y de la opinión pública. Yo me reía mientras ella se angustiaba pensando en “el qué dirán”.
Con el seudónimo de Sor Suplicio atendió un consultorio radiológico tan popular que cuando en abril de 1932 abandonó el país en el vapor Ciudad del Salto, los muelles del puerto se llenaron de miles de personas que la despedían emocionadas. Era toda una celebridad.

También lideró una sección de entrevistas a mujeres titulada “Una hora en los jardines del Urguguay, La Flor de Hoy”, al que luego se añadía el título de cada entrevistada, y que ella consideraría uno de sus logros más importantes hasta ese momento por la gran proyección que le dio en el país y por la difusión que garantizó a la actividad femenina uruguaya, donde escritoras, feministas, pedagogas, médicas, ingenieras o damas de la sociedad encontraba rasgos de importancia para sus lectores. Toma esta sección como un deber solidario con el resto de mujeres: “Ayudarnos unas a otras es lo que debemos hacer! Toda mujer que trate ¡fijaos bien!, que trate solamente aunque no llegara a conseguirlo, de sacudir las cadenas de la rutina de la incultura, y de la esclavitud moral en que la mayor parte de las mujeres viven, debe ser objeto de aliento, de ánimo y alabanza!”
Intervino también en la instauración de la “Asociación de Escritores Teatrales del Uruguay”, de la “Asociación Canaria” (de la que sería elegida presidenta y que contribuye, a su vez, en la publicación periódica Vida Canaria, de la cual sería directora) y la Asociación Republicana Española.
Además de sus intervenciones periódicas y culturales, Mercedes Pinto publica la mayor parte de sus obras en Uruguay. La compañía Concha Olona representa en el Teatro Novedades de Barcelona el drama Silencio (1929), La Poetisas (1930), una conferencia sobre las poetas uruguayas. Estrena su obra en el Teatro Solís de Montevideo Un señor…cualquiera y el poemario Cantos de de Muchos puertos (1931)
Residió después en Argentina, Paraguay, Bolivia… Mercedes Pinto recorre América dando conferencias e interviniendo en actividades políticas. En Chile residió dos años. Sumó sus fuerzas a los movimientos del país a favor de la obtención del voto electoral para las mujeres y participó en el proyecto de la ley del divorcio. Mercedes Pinto tuvo relación con Pablo Neruda y recordaría sus encuentros en el texto “Pablo Neruda, mi amigo”. Éste diría de ella: “Mercedes Pinto vive en el viento de la tempestad, con el corazón frente al aire, con la frente y las manos frente al aire, enérgicamente sola, urgentemente viva. Su cabeza se arrolla y desarrolla en palabras que la rodean como rizos, erigiéndose como gorgona vocal y eléctrica; segura de aciertos e invocaciones; temible y amable en su trágica vestidura de luz y llamas»
Mercedes publicó en Chile su segunda novela: Ella, también autobiográfica, donde habla de una mujer que superó obstáculos, que miró a los más débiles (las mujeres, los campesinos, los obreros, los analfabetos) y quiso compartir con ellos su fortaleza, que encontró piedras en el camino y las deshizo con su oratoria. Que fue pedagoga, poeta, dramaturga, locutora de radio, creadora de grupos de teatro, oradora, periodista. Que tenía un sentido del humor exquisito.
En 1935 se instala en Cuba, tenía previsto regresar desde allí a España, pero estalla aquí la guerra civil y se queda en la isla caribeña hasta 1943. Allí le ofrecen un puesto como Educadora de Conferencista y otro en la radio gubernamental y en la Cadena Azul, teniendo una gran acogida.
Realizó también una gran actividad política a favor de la II República Española, pero lo que le granjeó gran popularidad fueron sus programas radiofónicos desde los que extendió su ideario social a favor de la igualdad de derechos de las mujeres y sus activismo humanitario. Es significativa también la campaña que realizó Mercedes Pinto para que Cuba permitiera el desembarco de 930 judíos a bordo del barco San Luis: “Nos vemos todavía ante el aviso del diario “El País” de la Habana, anunciándome que el barco “San Luis” no podía desembarcar en el puerto su carga dolorosa de niños y mujeres en su mayoría, que huían de la espantosa carnicería nazi. Y tomando el micrófono de la estación de radio donde realizábamos nuestro diario trabajo, estuve ocho largas horas sin moverme, gritándole al gobierno, a las autoridades, al mundo entero, la injusticia, el crimen que significaba no permitir el desembarco de los refugiados a la barbarie fascista…”

Tras un largo proceso tuberculoso, Rubén Rojo, el marido de Mercedes Pinto, fallece, por lo que Mercedes Pinto y sus hijos Rubén y Gustavo Rojo y Pituka de Foronda se marchan a Mexico en el año 1943. Su hija, Pituka, fue contratada como protagonista en algunas películas del realizador mexicano El Indio Fernández. La vuelta ocasional de Mercedes Pinto en la década de los cincuenta fue facilitada por el éxito de su hija y sus dos hijos menores como actores célebres. En 1953 regresa a Tenerife, invitada por el Círculo de Bellas Artes para impartir una serie de conferencias. En 1969 publica en Madrid su último poemario: Más Alto que el Águila, una recopilación de los poemas publicados en Brisas del Teide y Cantos de muchos puertos.

En México continua desarrollando su actividad: literatura, prensa, su labor como conferenciante, radio y televisión. Alcanzó gran popularidad y logró un puesto como redactora en el diario Excelsior y en la revista Novedades, entre otros.
Luis Buñuel lleva al cine su novela El, lo que le reporta más atención pública.
Mercedes Pinto realiza sus dos únicas incursiones en el cine, debutando en la gran pantalla a sus 83 años. Su primera aparición tuvo lugar en una coproducción española y norteamericana en 1966: El coleccionista de cadáveres. Su hijo Rubén también participó. La segunda película en la que trabajó Mercedes fue “Días de viejo color,” del director Pedro Olea, donde apareció recitando sus propios poemas.


Mercedes siguió trabajando hasta el momento de su muerte, en 1976 a los noventa y tres años en la ciudad de México. El último texto que envió al diario Excelsior donde colaboraba, se publicaría una semana después de su muerte. En su tumba se colocaron los primeros versos de un poema que le había hecho Pablo Neruda,:
Mercedes Pinto vive en el viento la tempestad,
con el corazón frente al aire,
con la frente y las manos frente al aire,
enérgicamente sola, urgentemente viva.
(…)

Cristóbal de Castro Gutiérrez, escritor, dramaturgo y critico teatral español de la primera mitad del siglo XX le prologó a Mercedes Pinto el libro de poesías Brisas del Teide y dice, entre otras cosas: “El presente libro, lectoras, no es una exhibición pueril, ni una tentación de la Fama, ni siquiera una fácil coquetería lírica. Es, simplemente, un imperativo categórico, una misión.
Mercedes Pinto no escribe; suspira. Postrada por “el dulce mal” de Petrarca y Garcilaso, tiene el perfil fino y romántico de todas las enfermas de amor.
De ella puede decirse lo que dijo Zorrillla de Avellaneda:
Canta porque cantar es su destino
y el Destino es más fuerte que la Vida…
La vida, harto cruel para esta dama tinerfeña, pudo mil veces traspasar su corazón, pero nunca rendir su ánimo. “Que la porción alta y divina” yérguese en ella dura y firma como roca entre el oleaje”.
Alicia Llarena González es poeta e investigadora y se ha ocupado del rescate de su obra en 2001 a través del Cabildo de Gran Canaria y del Instituto Canario de la Mujer y señala que el olvido en que cayó Mercedes Pinto resulta sorprendente por, como bien indica Alicia Llarena:
“Fue tanta su popularidad en Hispanoamérica y tantos los méritos y reconocimientos que obtuvo de instituciones y gobiernos a lo largo de su vida, que el contraste entre su fama y el olvido en que estuvo relegada se multiplica. Además de novelista, poeta, autora de cuentos y obras de teatro, directora de su propia compañía artística, conferenciante y periodista, Mercedes Pinto trabajó en emisoras de radio y televisión, y en continentes y países muy distintos. Su actividad fue gigantesca, y sus dos pasiones ideológicas -el feminismo y la pedagogía la dotaron de un relevante magnetismo que calaba hondo en todos los sectores de la vida social: los estudiantes universitarios la aclamaban en Suramérica, los políticos más relevantes la requerían como oradora y apoyaban sus experiencias educativas, las mujeres veían en ella a una líder feminista y hombres de toda ideología llenaban los auditorios para escuchar sus modernas conferencias”.

Unas palabras para finalizar y también para continuar en el camino de la poesía, la cultura, la igualdad de derechos en estas palabras de Mercedes Pinto:
“Bajamos ahora este telón, como el de El Eterno femenino, gritando con palabras parecidas y unánime ideal: ¡Hay que cambiarlo todo, las costumbres, la indiferencia, las leyes, todo!”
BIBLIOGRAFIA
https://www.archiletras.com/poemassentidos/mercedes-pinto-mas-alla-de-lo-de-los-celos-y-el-divorcio/
https://ctxt.es/es/20220101/Culturas/38502/mercedes-pinto-el-el-divorcio-como-medida-higienica.htm
Cantos de Muchos Puertos, Mercedes Pinto. Edición Fran Garcerá. Colección Torremozas
Monólogo sobre textos de Mercedes Pinto:
SELECCIÓN DE POEMAS DE MERCEDES PINTO
¡NO LO DESPERTÉIS!
A Carmen de Burgos, << Colombine>>
(…y así lo dijo que eran sus deseos…)
Si me veis con los ojos cerrados tranquilo y durmiendo,
yo os suplico al pasar por mi lado no hagáis ningún ruido;
y si acaso mis pálidos labios están sonriendo,
despacito marchad y alejaos, ¡que siga dormido!
Que descanse y que duerma; ¡quién sabe
si a través de los tibios cendales de un sueño,
vuelvo a oír la Sonata dulcísima y grave
cuyas notas, rozando mi frente desrizan su ceño!
¡De Beethoven adagio sublime!, tus trágicas notas
sonarán en mi oído vibrando por dentro del alma,
y rodando cual lluvia celeste de mágicas gotas
caerán lentamente en el pecho… sin fuerzas… en calma…
Volverán a sonar triunfadoras sus notas de vida;
volverá a desgranarse en mi oído, cual rauda cascada,
la metálica escala que arranca una mano querida
desde el centro del piano, como una veloz carcajada.
Volverán a sonar los acordes solemnes y graves,
como grave y solemne es el trueno que sigue a los rayos,
y los dulces arpegios que ruedan tristones y suaves
cuyas últimas notas se acaban en largos desmayos.
Con los ojos del alma, dormido, veré claramente
<<su>> figura celeste y querida sentada ante el piano,
y otra vez sentiré que las teclas me hieren la frente
cuando la hice parar la Sonata besando su mano…
Si me veis con los ojos cerrados, tranquilo y durmiendo,
yo suplico al que pase a mi lado que no me despierte;
¡ojalá que mis pálidos labios estén sonriendo!
¡ojalá que este sueño durase la vida y la muerte!
(Del libro Brisas del Teide)
LA CASA VACÍA
Al final del camino se destaca su casa,
a la sombra de aquellos árboles centenarios
que nos dieron amparo en los días de Sol,
cuando todo era lumbre en redor de nosotros
y la tierra, candente del ardor del verano,
en los ojos ponía un velo de arrebol…
Fui por fin una tarde; traspasé los umbrales,
y al ver todo tan solo, tan obscuro y tan triste,
sentí un frío en las venas que me heló el corazón:
parecióme oír el ruido de una tela en las sombras,
y al asirme a la puerta de la casa querida,
con llamamiento lúgubre resonó el aldabón.
Fue un sonido espantoso en la casa vacía…
Llamada larga y triste como un hondo alarido…
Desolador lamento que nadie contestó…
Entonces vi en el fondo de los muros, alzarse
el fantasma adorado de su hermosa figura,
que envuelta en un sudario hasta mi se llegó,
y en un hálito frío de humedad y de muerte
el aroma mil veces aspirado en su cuerpo
esparcido en el aire mis sentidos turbó.
Me llenaron violentos, delirantes anhelos
de besarla de nuevo, de tenerla en mis brazos,
y extendiendo las manos, dije: <<¡Ven, que soy yo…!».
Y sentí que venía lentamente, y su mano
se apoyaba en mi nuca, y en mi médula el frío
intenso y doloroso, como un acero, entró…
Desde entonces, las gentes que no vieron su sombra
ni sintieron el frío de su mano, me dicen
que estoy loco… Yo les grito a esas gentes que no.
Yo les juro que «ella» en la casa vacía
con su mano aterida sujetó mi cerebro,
me dejó sin memoria, me durmió el corazón,
y dejándome sordo a otro extraño sonido,
sólo tengo en la mente su figura adorada
y el llamar estridente del lúgubre aldabón…
(Del libro Brisas del Teide)
LA PATRIA
Salí ayer de mi patria, y ni un temblor
estremeció mis párpados,
y el alma
permaneció tranquila y sosegada,
esperando, serena, un horizonte
con menos sombras…
Yo considero mi potente esfuerzo
como el del águila caudal, que huyese
de donde el cazador la persiguiera
y va a parar su vuelo
en una roca abrupta en lejanía
que nunca conociera.
Y aquél, será su nido,
y allí tendrá sus hijos,
y sobre aquella roca hospitalaria
creará sus amores y su patria…!
La patria es voz absurda
de tiempos medievales.
El estado del alma de los seres
dice cuál es la patria.
La patria es la que tiende
la mano al caminante;
la patria es aquel suelo
donde se encuentra redención y aliento,
la patria es una tierra,
cerca o lejana,
donde se enjugan lágrimas candentes
y se convierten en ardientes besos…!!
Lisboa
(Del libro Canto de Muchos Puertos)
REBELIÓN
Ven y dame tu mano, que en la mía
será como de bronce,
y así fundidas
romperemos el mundo, si en el mundo
vallas levantan manos enemigas.
Iremos muy erguidas las cabezas,
con Cupido en los brazos, hecho carne,
para decirles,
a los sordos y ciegos de la Vida,
que deshicimos torres de prejuicios
golpeando con las frentes en las piedras;
que quitamos las uñas a las garras
de los buitres rastreros,
y libertados,
hicimos mariposas con las hojas
de las leyes antiguas,
y juguetes a nuestro Cupidillo,
con las viejas argollas
de las cadenas de la Tierra…!
CUMBRE
Tengo un enorme orgullo de todas mis acciones
y venero los pasos que he dado en el camino.
Los admiro uno a uno,
me exalto al recordar,
y todos los daría de volver a empezar…
Es tanto lo que adhirió la gesta de mi vida,
que aquellos que la ignoran
me inspiran compasión.
Me desconocen —pienso, —mas si me conocieran,
las gentes me darían
hueco en su corazón…
Porque ignoran mi siembra de flores en las rocas;
las fuentes de agua clara que me dio el arenal…
La negación estéril perdió forma en mi mano,
y apagando el infierno
sembré un rubio trigal…!
Hoy descanso adorando mi recuerdo en las horas…
A las gentes procuro enseñar lo que “es ser…”
No miro más paisajes que el mar de las estrellas,
y no leo más libros que vidas ejemplares:
de Cristo y Mahatma Gandhi…
…de Simón Radowitzki y Sacha Yegulev…
MÁS ALTO QUE EL ÁGUILA
Si no te sientes águila, no quieras volar
con el pensamiento por encima de los abismos
León Tolstoy
Grilletes en los pies, venda en los ojos;
prohibidas la acción y la palabra;
en las puertas fortísimos cerrojos
y castigo ejemplar al que las abra…
No poder expresar con el acento
lo inmenso de un amor avasallante;
envejecer el cuerpo macilento
sin realizar tu anhelo un solo instante…
Todo eso puede, y mucho más, hacerte
el que sobre tu ser manda e impera;
¡siempre sobre la “mano”, por más fuerte,
ha de poder la “garra” de la fiera…!
Porque el cuerpo es esclavo; la materia
dócil se dobla al brazo del tirano;
por eso podredumbres y laceria
hacen su nido sobre el cuerpo humano…
Mas en esa materia hay un sagrario,
foco de luz espléndido y divino,
¡rayo de sol que cruza temerario
rasgando las tinieblas del camino…!
Se llama ese sagrario “el pensamiento”,
que quiere y que aborrece, el “alma”, en suma
¡libre como los pájaros y el viento!
¡cual se remonta el Sol sobre la bruma!
Podrán tu cuerpo aprisionar feroces,
tu boca amordazar como a las fieras,
¡pero no te podrán quitar los goces
de pensar y adorar lo que tú quieras!…
¡Bendito sea el pensamiento humano!
¡Por los siglos sin fin, bendito sea…!
¡que por cima del déspota inhumano
el espíritu, libre, vuela y crea…!
Y venciendo crueles opresores,
inmaculado siempre y siempre fuerte,
porque le dan más savia los dolores
y triunfa del martirio y de la muerte,
mientras la “garra” la materia oprime
y el cerebro con rabia pulveriza,
para matar la idea que redime
—vencida la materia en esta liza—,
el pensamiento escapa victorioso
y de espacios más grandes vuela en pos;
en un valiente impulso luminoso,
va más alto que el águila… ¡hasta Dios!
(Del libro Brisas del Teide)
FRAGMENTO DE LA NOVELA “EL”
El jardín me atraía.
Por las mañanas muy temprano y por las tardes, cuando caía el sol, me bajaba al jardín para regarlo y luego de rodillas sobre la yerba quitaba las hojitas secas de mis violetas. Cuidaba con amor a aquellas florecitas perfumadas que nadie descubría ni visitaba más que yo. No las corté jamás, ni hice más que hundir la cara entre las hojas húmedas para aspirar su olor. Allí olvidaba yo, allí descansaba, allí parecía que mi alma se refrescaba en un remanso de sosiego y paz… Pero una tarde Él descubrió mi retiro, y con las cejas enarcadas y el rostro reflejando desconfianza, subió los escalones de madera de una pequeña escalerilla que tenía para limpiar las enredaderas y estuvo largo rato observando los miradores vecinos.
De pronto desde la torrecita de un convento cercano sonó el toque del Ángelus y Él, prorrumpiendo en un “¡ah, ya!” mordaz y violentísimo, bajó la escalerilla rápidamente. Yo miré y comprobé que desde mi jardín se veía al fraile campanero como un muñeco lejano.
…y al día siguiente amanecieron arrancadas todas mis violetas…
TU NOMBRE
Lleve este libro el cierre de tu nombre sonoro,
extraño y presuntuoso como el broche de oro
que sujetase el manto de un magnate oriental.
De ese nombre de música y mil veces querido
que resuena incesante como un timbre en mi oído,
despertando mi alma del marasmo letal.
Este libro que tiene mis esencias mejores
quisiera deshojarlo, como si fueran flores,
al balcón de la vida pudiéndome asomar.
Que los versos volaran como lluvia bendita,
pero el broche, certero, a la frente proscrita
de aquellos que quisieron mi vida aniquilar.
(Del libro Brisas del Teide)
Y AQUELLA NOCHE
Y aquella noche, cuando giré
alrededor de mi cuarto arrastrada sobre
el suelo por mis largos cabellos para
realizar una vez más su invención
satánica, mi espíritu se alejó de mi
cuerpo, y dejando toda pesadumbre en
la materia pudo alejarse libre…”
ÉXODO
No quiero hablar de muertes,
de éxodos ni dolores;
no quiero hablar de penas;
no quiero hablar,
porque las llevo dentro de mí como una carga,
como una carga horrible y como un sello
que horadase inclemente mi alma.
Quiero cerrar con llaves
de férreas recidumbres,
el sarcófago frío
donde duermen sus sueños funerales
todas las ansias de mi triste vida.
Cuanto en el mundo amé, fue destrozado;
cuanto quise con fuerza, fue barrido
por el viento feroz de la desgracia;
miré a una flor, y se secó al instante;
miré al sol, y los negros nubarrones me quitaron su luz;
fui a beber agua en el limpio arroyuelo de la vida,
y lo sorbió la arena,
dejándome la sed en la garganta…
Y cuando en un corazón encontré amparo,
al apoyar el mío en su regazo,
se fue desmoronando poco a poco…
¡que era de arcilla…!
Por eso quiero descargar el alma
de tantas penas,
y cantar y reír
con las mejillas hundidas en las rosas de la huerta,
que absorban todas las lágrimas
que manen de mis ojos
como un rocío…
Por eso quiero retozar y bailar con las muchachas,
allá en el campo,
y taparme la cara con el velo de alguna novia,
y beber mucho vino,
que resbalando sobre mi falda
forme guirnaldas, flores y adornos,
sobre esta túnica que es mi mortaja…
¡Música, cantos, vino y guitarras!
¡Voces alegres, risas y baile!
Y cuando venga la negra idea de algún recuerdo,
pueda, borracha,
¡con las dos manos estrangularla…!
Isla de Tenerife
(Del libro Canto de Muchos Puertos)
FUE UNA MIRADA INCIERTA…
Fue una mirada incierta, que prendióse
de la primera sombra de la tarde,
y en el coche quedó como un destello
en las cortinas verdes…
Fueron tus ojos, los que yo buscaba
sobre la tierra en años de ansiedades,
y al encontrarme en aquel viaje frívolo,
con el reflejo de un mirar soñado,
doblé en el alma de todos mis orgullos,
bajé la mano a todas las piedades,
y esperé la caricia de tus ojos
con los míos, sumisos y cerrados…
En el Puerto de una emoción…
(Del libro Canto de Muchos Puertos)
PAISAJE INTERIOR
Un huerto de frailes…La Cárcel Modelo…
La calle pendiente, sin coches ni vías…
Aceras estrechas…
Chicos y vecinas
volcando hacia afuera
sus múltiples ruidos…
Por la doble fila de azoteas
el trozo de cielo azul o ceniza
surcado de nubes,
unas veces blancas
y otras veces grises…
Y el sol a cachitos
mostrando sus guiños
o una estrella sola sobre los tejados
como el vigilante
de la barriada…
Y en aquel pisito
estrecho y caliente,
donde el sol quemaba por fuera y por dentro,
tú y yo, prisioneros de nuestro cariño,
cerrados a todas las voces,
mirando las nubes
correr por el borde de nuestra azotea,
y asiendo la luna
con ágiles manos,
para hacernos fiestas con dedos de plata…
¡Calle madrileña
del barrio de Argüelles!
¡Símbolo preciso de nuestro cariño!
“La Cárcel, los frailes, el cielo y la tierra”…
¡Puntos cardinales de nuestros caminos!
¡Fuertes acicates que en nuestros destinos
nos proporcionaron altura y medida!
Tan corto el paisaje,
fue extenso en la ruta…
Si desde el alféizar
de los ventanales,
nos dieron las nubes ejemplo y aliento,
dentro de nosotros vibró el panorama,
y en la cinta larga
del kaleidescopio,
se pintó el miraje,
y sobre las cuerdas de la fantasía
¡sonó la canción…!
En el Puerto del destino…
(Del libro Canto de Muchos Puertos)
UNA CARTA
Hace un rato nos hemos separado
y al empezar la carta prometida
he dudado en llamar a usted “amigo”.
Pero ¿acaso es usted “amigo” mío…?
El día de hoy, que ya termina,
nos reunió a los dos por vez primera,
y fue usted a mi lado,
vara sutil que removió inconsciente
una tibias cenizas silenciosas,
que en un tiempo lejano
fueron rojizas llamas crepitantes…
¿Y a ese elemento turbador e inquieto
he de llamar “amigos”?
Siento en mi pecho el removerse lento
de mi oscuro rescoldo;
algo que vive y que perdura
se agita allí como un latir de pulso…
Tal vez no tenga muerto el corazón
tenaz en la defensa de sus fueros;
tal vez no fuera muerte, sino sólo un silencio
que envolvió como un manto la rotura del ídolo…
pero, de todos modos ¿está bien o está mal
ahondar en los escombros misteriosos
donde yace la Muerte o el Olvido…?
La mano turbadora de un silencio tan grave
¿puede llamarse “mano de un amigo”?…
Y sin embargo ¡qué calor tan grato
se extiende por mis venas
con este soplo que de afuera llega!
Esta carta que le escribo ahora
parece confortable llamarada
que entibia mis mejillas
y les da un color vivo
de otro tiempo…
Quisiera terminarla y no me atrevo;
el recuerdo golpea mi cerebro
como un niño detrás de una ventana,
y saltan en mi mesa,
-como desconcertadas figurillas de ensueño-
palabras escuchadas en épocas lejanas,
con los labios abiertos y los ojos cerrados;
promesas con sabor de higos maduros,
juramentos que revientan en los aires
como brasas candentes de leño verde…
presiones que los dedos contestan
débiles y sumisos,
y en las palabras cálidas y breves
un olor a canela… y a incienso…y a heno.
¿Qué locuras, verdad, amigo mío?
¡Por fin salió la frase! ¿Amigo? ¡Sea!
Abanico sutil de pluma suave
que agitaste el polvillo de mi vida:
mano nerviosa que apartaste arena
en busca del remanso de agua fina;
boca que tuviste el aliento necesario
para soplar sobre la piedra,
y el milagro súbito te dio en la frente,
ven otra vez, “amigo”…
y lo que dure la llama viva,
caliéntate,
y mientras corra el hilo de agua pura,
bébela,
y en tanto que esté fresca la rama en flor,
huélela…
que yo, al sentir la vida circular de nuevo,
extraeré para ti todo su aroma,
y siempre, siempre ¡te lo juro!
Te he de llamar “Amigo mío”.
Cádiz.
(Del libro Canto de Muchos Puertos)
DESILUSIÓN
iMariposa negra de la desilusión
que azotas la lámpara.„!
Mariposa inquieta, pegajosa y fuerte,
pasa los umbrales,
márchate a los campos,
cruza los caminos
y ve a otros hogares,
donde no haya tanto calor en la lámpara;
donde no costara tantas energías mantenerla clara…
donde no pusieran sangre de sus venas
para que avivara su luz…
donde no fue incendio vivo, inextinguible,
dentro de la alcoba…
donde no estuvieran siempre de rodillas
ante el fuego rojo de su llamarada…
iMarcha, mariposa!
Apaga las luces donde no hubo nadie
que avivar supiera la lámpara santa;
donde nadie supo dentro de la llama
colocar el alma…
Yo estoy hace tiempo
protegiendo siempre la luz de mis sueños
contra los revuelos de tus negras alas,
y con las dos manos cubriendo la llama
me quemo los huesos,
para que no llegue tu soplo maldito
a apagar mi lámpara…
Mariposa negra… ¿por qué no me dejas…?
¿Por qué no atraviesas el balcón abierto
sobre la urbe inmensa cubierta de sombras,
y dejas que brille la luz en mi casa…?
Lisboa.
(Del libro Canto de Muchos Puertos)
DESDE EI, AVIÓN
A mis hermanos todos
los emigrantes
Ya no hay largas distancias,
ya no hay mares azules y extensos
donde se ahogan los cantos perdidos
de los marineros.
Ya no existen montañas silentes
cerrando horizontes,
como negras murallas gigantes
que forman fronteras
y separan mundos…
Ya se acortan los caminos largos,
resecos y crueles,
por donde se alejan los seres queridos…
Ya todo está cerca:
el amor, la casa, y las cosas idas
que tanto quisimos.
Ya alienta en las almas
la clara videncia,
de que no hay distancias;
ya surge radioso el limpio horizonte
donde encuentren eco nuestros pensamientos,
donde los recuerdos se arraiguen gozosos,
presintiendo
iun mundo de renovaciones!
La ruta del cielo
nos abre el camino que creímos sueño,
y con la esperanza
en los labios fríos
decimos «adioses» pensando en la vuelta,
cara a las estrellas,
rumbo al claro puerto…
Y en el sueño rosa
de las ilusiones, ;madre, novia, casa! …
iYa no estamos lejos!
ila ruta celeste siempre estará abierta!
nos dormimos niños, soñando en un viaje,
cabalgando,
ien las verdes crestas de un fugaz relámpago!
Río de Janeiro.
(Del libro Canto de Muchos Puertos)
TU VOZ
Adiós, te dije aquella noche,
madre mía, la de los Ojos claros,
la de las manos largas y la frente con luz;
entre el humo del puerto
vi el rodar de tus lágrimas, y tus brazos en cruz,
Y en el chillar ardiente de las grúas negras
y el guiñar de los faros
en la noche caliente de las Islas,
quedó prendida tu voz,
y quedó también tu pañuelo blanco
que rasgaba las sombras
diciéndome «adiós»…
Después, el mar inacabable
en su eterno rodar,
costas, adiós, montañas… y otra vez el mar…
de noche, en las jarcias del barco
prendida tu voz,
y en la estela espumosa tu pañuelo blanco
diciéndome «adiós».
En la tierra, alimañas y vientos;
hambre, miseria, y más„.
también hombres tristes de corazón
que sufren por falta de un alma
que sepa cantar de la paz
la bendita canción.
Y yo en continuo torbellino, en lucha sin fin,
arrancando las piedras duras pata poder sembrar
mi jardín.. .
cuando de noche duermo en los rosales
que me costó tantos dolores sembrar,
tiendo hacia las Islas mi oído
y toda mi carne se pone a escuchar,
iOh, sí, madre mía!
A través de este río de plata que se hunde en el mar,
en los caracoles azules prendida,
aún suena tu voz,
y dilato sobre las sombras mis pupilas,
para ver cómo el lienzo blanco de tu pañuelo,
rompe las tinieblas que cubren el cielo, diciéndome
“¡Adiós!”…
Montevideo
(Del libro Canto de Muchos Puertos)
LLEGADA AL PUERTO
Detrás, allá en la proa, Ios emigrantes cantan
en todos los idiomas, portugués, italiano,
checoeslovaco, ruso…
La guitarra en manos de un alemán, nos llora
una música grave, con letra de Henri Heine,
y la gaita gallega canta una riveirana
que sacude las almas de media emigración.
En la sala resuena el piano estremecido
por la mano incansable del ruso Kosarinski,
y bailan las parejas rodando por el barco,
agitados los cuerpos con volteos de fiebre
y tremantes las almas de esperanza o temor…
Nosotros dos, solemnes, en la popa del barco,
miramos enlazados la estela plateada como huella fugaz,
y pensamos inquietos, «en esto» y «en aquello»,
en «lo que tal vez pase» y «en lo que pudo ser”…
Todas las horas trágicas, en las mentes tomaron
esa noche como una triste expresión de eco, —redivivo dolor—,
y jirones negros de odiseas pretéritas,
envolvían eI barco como un manto de sombras
largo, prieto y tenaz…
Los dolores calientes y hondos como heridas;
la Muerte con su rostro de ceniza
y su rítmico andar;
la Locura con sus ojos saltarines
Y las uñas de acero que van al corazón.
EI Egoísmo, feo, zurdo y ventrudo,
y el Orgullo hinchado y atrevido,
con su esposa del brazo, Doña Necedad,
todos los enemigos que me cercaron
rodearon el barco con ansiedad,
y revolvían en las aguas quietas,
gritándole recuerdos a mi dolor.
Pero entonces, tú hablaste influido por el momento
y yo apretada a ti, hablé, hablé también,
mientras daba la gaita la riveirana
y los ruidos del baile pugnaban
por alejar temores de la llegada al puerto…
Fondeaba la nave, y la estela cesó
haciendo un remolino de espumas, en que se hundía
el recuerdo y la frase, la música y la voz…
Los dos nos estrechamos más aún; América
estaba allí, entre un collar de luces
mostrándonos la rada con el gesto
de un ofrecido abrazo fraternal…
iAmérica! Gritamos, y en el llanto
que cayó sobre el mar,
fue el poso último, la última semilla
del árbol de la muerte. iLa última raíz!
Y en medio de las voces rusas y portuguesas,
italianas, polacas, de gris emigración,
nosotros dos, miramos a las olas oscuras
pareciéndonos ver en lo hondo de la sima
quedaban sepultados mi pena y tu temor.
¿Te acuerdas? Yo te dije: «iAquí se queda todo!»
Tú miraste a las olas y con gesto altanero
de maldición, cerraste con un signo
el sarcófago frío de la vida de ayer…
Levantamos las frentes. La ciudad se ofrecía,
y como sueño oscuro quedaban rezagadas
las penas, los anhelos, las gaitas y los fados,
las lágrimas, el piano y el ruso Kosarinski…
Y hoy te digo mirándote: «¿Te acuerdas?…»
Montevideo.
(Del libro Canto de Muchos Puertos)
FRAGMENTO DEL LIBRO ÉL
Pues bien, ¡anatema sobre vosotros los cobardes que no levantasteis la voz para defenderme! ¡Sobre vosotros y sobre vuestros hijos recaiga mi dolor —¡todo el amargo manantial de mi dolor!— y el hambre y la sed, y los insomnios torturantes, y todo el cruento palpitar de mis tremendas y apocalípticas horas de soledad!
Por los hombres cobardes abandonaré mi hogar y mi patria: por aquellos hombres miserables y ruines que se envolvieron el alma con túnica de mujerzuelas para recibir al infeliz demente con sonrisas melifluas, y lanzar a sus espaldas murmuraciones e intrigas miserables; perderé tal vez cuanto tuvo mi calor y fue mío. Por aquellos médicos que mintieron certificados de salud a un enfermo, cometiendo un acto delictivo, por no exponerse a las iras de Él, o a las de la «mano predestinada y trágica» que va tras Él, quedará tal vez mi fama en entredicho, y sobre las cabecitas de nuestros hijos flotará una sombra indecisa. Anatema, anatema sobre aquellos que impulsaron mi vida hacia caminos desconocidos; anatema sobre los que desarraigaron mis pies del adorado suelo en que nací… Anatema mil veces sobre los hombres ruines que no supieron levantar la voz viril para defender mi verdad. Y cuando los que yo adoro mueran lejos de mi lado y cuando el suspiro último de mi madre se exhale en la soledad, sin que sus ojos recojan la luz de los míos, el eterno anatema de mi alma enorme recaiga sobre los cobardes, los traidores, los malvados, que por no perder la amodorrante paz de su vivir, acallaron sus voces, contentándose con escuchar pacientes las alucinaciones de que el infeliz Él esmalta su existencia, y viendo maliciosos y pérfidos cómo mi porvenir se ensombrece, quedando sólo a la débil merced de mis manos.
Pero, ¡oh!, sociedad rastrera que haces esto conmigo, ¡no importa! Que en mi alma de mujer existe la semilla heroica que vuestros padres no pudieron sembraros y sobre la cadena de los dolores, tal vez el tiempo corone un día las sienes pálidas, que vosotros, indiferentes a mi agonía, ¡supisteis taladrar…!
CASCABELES
Escuchad ese ruido que se acerca;
esa música sonora que del lecho nos levanta
con sus sones triunfadores;
esos cantos alocados que se escapan de los pechos
rebosantes de canciones multiformes,
aprendidas en un año de silencio,
en un año de sopor…
Escuchad esas canciones;
esos sones de guitarras andariegas,
que ya tocan en la esquina de la calle,
ya se meten resonando dulcemente,
más allá, en el corazón… …
Esa dulce vidalita,
es igual a aquella otra que tocamos aquel día
en la guitarra
—compañera de caminos y de andanzas—
en la puerta del jardín de la ilusión
y las voces gritadoras,
que se escapan de aquel «bar»,
nos recuerdan otras voces
que allí fueran a olvidar, enloquecidas,
unas penas y un amor„,
Todo vuelve hasta nosotros,
empujado por la mano electrizante
que nos trae renovada la aventura y la inquietud.
De los cielos, de las nubes,
se desprenden cataratas de pequeñas lucecitas,
lluvias locas de confetti,
que parecen pedacitos de cristales de colores
de lejanos minaretes, que en los astros se rompieron
al estruendo impetuoso de este loco Carnaval;
y los arcos de papeles de las leves serpentinas,
van volando como frases pintorescas,
como rápidas miradas,
como súbitos destellos de pasión,
que se enredan un momento
y se rompen sujetando en un instante
otra mano, otro pie, otro corazón…
Málaga.
(Del libro Canto de Muchos Puertos)
DESDE EL MANICOMIO
No sé si l0 he soñado o si fue cierto…
Soñé que lo mataba cuando olvidó mi amor
y fue perjuro…
pero yo vi mis manos cuando me desperté,
y gotas rojas
de sangre derramaban por sus dedos…
Yo quise ir a la cárcel y al cadalso subir
gritando fuerte,
para que vieran las mujeres malas
y los hombres que pueden
no tener corazón,
¡cómo se mata, cuando nos roban nuestro amor primero,
y nos desgarra el corazón la mano
de algún traidor…!
Pero no me llevaron,
y encerráronme en cambio en este sitio,
donde cantan los tristes y sollozan
los que se creen reyes de la tierra;
donde agitan los áureos cascabeles
de sus gorros picudos,
hombres con las melenas desrizadas
y mujeres con las bocas torcidas y los ojos
llenos de lágrimas..
¿Es posible soñar que sea locura
el crimen que mis manos cometieron
y que mi mente concibió, anhelando
vengar mi engaño?
¿Y la sangre, y mis manos, y el gemido
que yo sentí, diciéndome tan bajo
que apenas pude oírlo:
—«Sólo a ti te he querido,
sólo tuyo
fue este corazón mío»…?
Pero yo lo maté;
yo estoy segura, aunque se burlen hoy mis carceleros,
que ellos no ven de noche, allá en mi celda,
cómo gotean mis dedos flacos, sangre roja y tibia
sobre mi cama,
y otra vez en la sombra su voz dice:
– “¡Sólo a ti! ¡Sólo tuyo..!”
Cádiz
(Del libro Canto de Muchos Puertos)
EL ENTIERRO DEL CORAZÓN
iDesgarrado, roto, exangüe,
por las uñas de las fieras y el humano vendaval
de pasiones y de luchas,
de aspiraciones quiméricas
y de eterno pelear,
traigo el corazón que un día
fue rosado, blando y mórbido,
como un brote, como un fruto,
como un globo de ígneo fuego que encendiera la ilusión!
iYa está roto! iYa está muerto!
¿Tienes tú, junto a la fuente,
un retiro solitario,
donde crezcan las oscuras,
largas, tristes
espadañas
y podremos enterrarlo en el húmedo rincón…?
Sé que allí no ha de llegarle
el rumor de los amores,
ni buscarán los amantes, el retiro húmedo y triste
para contarse sus cuitas
de pasión…
Porque este corazón mío,
que amó tanto,
iqué amó tanto!
sangraría aún bajo tierra
si sintiese eI estallido de los besos,
pues al ser maestro
en ellos fueron tantos los que dio
que el rumor de un beso ahora
turbaría
el reposo de la muerte en que anhela descansar…
Porque fue como una fruta,
blando y bueno,
este pobre corazón,
lo mordieron atrevidas, las pasiones,
y la sangre le chuparon con sus besos lacerantes,
y las venas le rompieron con sus trágicas mordidas,
simulando las caricias
que él sabía devolver…
Es preciso que lo entierres pronto
—ipronto!—
antes que pueda sentir el rumor de las caricias
que en el huerto
su pasión…
¡Reposa, reposa ya
corazón!
¡Que en el rincón de la fuente
donde crecen las oscuras, tristes, largas espadañas,
el amor no ha de buscarte,
y las aves agoreras, agrupadas sobre ti,
lanzarán sobre el que un día
fue un rosado y blando fruto,
triste canto funeral…!
Lisboa.
(Del libro Canto de Muchos Puertos)
ASPIRACIÓN
Camino de Luna, de calma,
de paz…
Camino sereno…
Y para mi esperanza
¿qué más?
Ir contigo en silencio,
en busca del mar…
Agitar de alas….
y de tiempo en tiempo, mirar
hacia atrás…
Las frentes de plata; la sombra
a los pies;
y de cuerdas nuevas
la red…
Buenos Aires.
(Del libro Canto de Muchos Puertos)
PRÓXIMO PROGRAMA JUEVES A LAS 22 HS (HORA ESPAÑOLA)

