10 Poesía más Poesía: Vicente Huidobro y Miguel Oscar Menassa

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VICENTE HUIDOBRO

Vicente García-Huidobro Fernández (Santiago, 1893 – Cartagena, Chile, 1948) Poeta chileno fundador del Creacionismo, movimiento poético vanguardista. Fue además uno de los impulsores de la poesía de vanguardia en América Latina.

Vicente Huidobro nació en el seno de una familia de la elite oligárquica, vinculada a la gran propiedad agrícola, a la banca y a la política. Cursó la enseñanza primaria con institutrices privadas y la secundaria en el Colegio de San Ignacio de la Compañía de Jesús. Aunque fue crítico con la enseñanza jesuítica, tomó de ella una postura elitista ante la vida.

Vicente Huidobro de niño

Desde su juventud realizó frecuentes viajes por Europa, que le valieron un profundo enriquecimiento cultural y una depuración de sus gustos estéticos. Particularmente intenso desde la experiencia intelectual fue el largo período en que residió en París, ciudad a la que llegó en 1916, en pleno desarrollo de la Primera Guerra Mundial.
En la capital francesa conoció a literatos y artistas como Picasso, Juan Gris, Max Jacob y Joan Miró, entre otras figuras de la cultura del momento. Escribió en revistas literarias junto a poetas como Apollinaire, Pierre Reverdy, Tristán Tzara, André Breton y Louis Aragon; es decir, lo más granado de la poesía francesa del momento.


En 1927, en Nueva York, Huidobro sólo andaba en antros modernos con Chaplin o Gloria Swanson. Acaso ello era ser moderno igual que ser amigo en París del dadaísta Tristan Tzara, de René Crevel, de nuestro Larrea o del músico Erik Satie…
Pero Huidobro (cuyo primer libro, todavía modernista, se editó en Chile en 1911, Ecos del alma) había estado en Madrid antes o a la vez con esta vanguardia ultraísta, Cansinos-Assens, el poeta de los mil años, Gerardo Diego, tan nuevo entonces, Guillermo de Torre
Desde su revista Creación (1921), Huidobro -muy amante de polémicas- discutió con Gerardo Diego por ver quién era el padre del Creacionismo, el verdadero ismo huidobriano. Diego (como Neruda o Alberti, estos muy lejanos a Huidobro) hicieron una obra muy plural, con muchos registros, donde la imagen por la imagen y su subsuelo irracionalista es sólo uno de los palos. Sin embargo Huidobro -que nunca se sintió surrealista- es el verdadero rey de la imagen concatenada prodigiosamente, en español o francés.
La revista Renacimiento sacó la Poesía última de Huidobro, la que escribió en Chile huyendo de la II Guerra Europea. Si uno lee Ciudadano del olvido (1941), casi su último y gran libro, no se encuentra el desengaño como a veces se dice, sino un tono elegíaco en plenitud creacionista. Por ejemplo: “Un perfume salta de su color para darse a la niña”. ¿Cabe creacionismo mayor?


Desde sus juveniles Poemas árticos o en francés Tour Eiffel (1918) hasta el final chileno con 54 años, Huidobro fue sólo la pura modernidad del prestidigitador que se saca imágenes de todos lados. Incluso para su epitafio: “Aquí yace el poeta Vicente Huidobro./ Abrid la tumba./ Al fondo de esta tumba se ve el mar”.

Además a Huidobro le tocó hacer Altazor o el viaje en paracaídas que publicó en 1931 con un retrato de Picasso. Pero Altazor se estaba haciendo desde 1926 como mínimo. Es curioso, Huidobro, Larrea y el ecuatoriano Gangotena publicaron bastante en francés, un regalo a la época que apenas les ha servido. Su furor y fervor son en español. Y Huidobro fue el gran imaginero, el creacionista volatinero en estado puro: “Somos alas caídas del cuerpo tenebroso del tiempo”. Huidobro: rica modernidad sin quiebro.

Alrededor de 1930 fue cuando dio los toques finales a sus dos obras cumbres, dos poemarios que desde el momento mismo de su aparición estaban llamados a situarse en los puestos cimeros de la literatura universal. Por aquel entonces, Huidobro estaba en el apogeo de su fama, y gozaba del éxito obtenido por su novela fílmica Mío Cid Campeador (1929), en la que el propio poeta (que alardeaba de ser descendiente de Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador) identificaba su relación amorosa con Ximena Amunátegui como una reencarnación moderna de la pareja formada por El Cid y Doña Jimena.
La peripecia que había dado lugar a esta unión no puede ser más rocambolesca: en 1925, coincidiendo con su regreso a Chile y su fracaso en el intento de tomar parte activa en la política de su país, el gran poeta había conocido a Ximena, una joven estudiante de quince años de edad, por la que abandonó a su mujer (con la que llevaba casado más de quince años) y a sus hijos. Ximena no sólo era menor de edad, sino hija de un poderoso prócer chileno, quien se opuso tajantemente a su unión con el poeta. Huidobro marchó entonces a París, cerró la casa de Montmartre donde había residido con su familia y se trasladó a Nueva York, donde cosechó algún éxito como escritor de guiones cinematográficos.
Pero en 1928, cuando Ximena Amunátegui acababa de alcanzar la mayoría de edad, el poeta viajó a Chile, la raptó a la salida del Liceo y se marchó de nuevo a París, en donde la feliz pareja se instaló en el barrio de Montparnasse. Fueron aquellos unos años de plenitud amorosa y creativa para el poeta, quien, después del mencionado éxito de su versión del Cid, decidió retomar un largo y ambicioso proyecto en el que había empezado a trabajar diez años antes. Se trata de Altazor o el viaje en paracaídas, un poema mayor en siete cantos que narra la caída del hombre y el encuentro con la mujer, con la poesía. Junto con Temblor de cielo (acabado también por aquellas fechas), es la obra cumbre del Creacionismo y el mayor legado de Huidobro a la poesía.
Después de que las corrientes estéticas hayan virado por centenares de derroteros diferentes, el valor poético de Altazor y Temblor de cielo sigue siendo incalculable. Bien es cierto que una parte de la crítica sólo ve en Huidobro una especie de ingenioso prestidigitador que juega con las palabras como si de objetos malabares se tratasen, sin conseguir dar a sus composiciones sentido alguno; pero la mayoría de los estudiosos del fenómeno poético aún se deslumbra con las imágenes, la vivacidad, la invención y la heterodoxia inconformista y novedosa de este gran rebelde de las letras hispanas, quien supo mantener su vigor creacionista hasta en el epitafio que dejó escrito para su lápida: “Abrid esta tumba: al fondo se ve el mar”.

En 1933 Huidobro retornó de nuevo a su país. , antes de retornar a Santiago. Dijo: “Si no hiciera al menos una locura al año, creo que me volvería loco”. En esta ocasión volvió a desplegar una energía incansable fundando revistas tales como Pro, Vital, Primero de Mayo y Total. El año 1934 fue particularmente fecundo, pues publicó Cagliostro, a la que definió como novela-filme y que recibió un premio en un concurso de guiones celebrado en Hollywood, y La próxima historia que pasó en poco tiempo más, novela futuróloga en la que reflexionaba sobre la sociedad tecnocratizada que ya se estaba vislumbrando. En Papá o El diario de Alicia Mir introdujo referencias autobiográficas; En la luna, guiñol en cuatro actos y trece cuadros, posee una clara intencionalidad política.
Entre 1935 y 1938 polemizó con Pablo Neruda y estuvo en España durante la Guerra Civil. Regresó a Chile en 1938, donde continuó su incansable labor creadora publicando ese mismo año la novela Sátiro o El poder de las palabras. Se trata de una novela de gran penetración psicológica. Junto con otros autores como Braulio Arenas y Fernando Alegría colaboró en la revista Multitud; recopiló antiguos poemas dispersos de 1923 en Ver y palpar y El ciudadano del olvido, ambos libros dados a conocer en 1941 y considerados como obras fundamentales en su creación poética.
A finales de la Segunda Guerra Mundial regresó a Europa para alistarse con el ejército francés, con el que participó en las últimas batallas y obtuvo el grado de capitán. Entonces su figura comenzaba a ser una leyenda en Chile, donde en 1945 se publicó una Antología. Su experiencia bélica le dejó una herida que no llegó nunca a curar y que lo condujo a la muerte cuando estaba de vuelta en su país natal, falleciendo a orillas del mar en Cartagena, el 2 de enero de 1948.
Su hija Manuela se preocupó de sacar a la luz las últimas creaciones de su padre en el mismo año de su muerte publicando Últimos poemas. Siguieron diversas ediciones y reediciones de sus obras; todavía en 1993 José A. de la Fuente editaba Vicente Huidobro: Textos inéditos y dispersos.

Vicente Huidobro con su esposa, Manuela Portales Bello, y sus hijos

POEMAS

ARTE POÉTICA

 Que el verso sea como una llave
Que abra mil puertas.
Una hoja cae; algo pasa volando;
Cuanto miren los ojos creado sea,
Y el alma del oyente quede temblando.
Inventa mundos nuevos y cuida tu palabra;
El adjetivo, cuando no da vida, mata.
Estamos en el ciclo de los nervios.
El músculo cuelga,
como recuerdo, en los museos;
mas no por eso tenemos menos fuerza:
El vigor verdadero
Reside en la cabeza.
Por qué cantáis la rosa, ¡oh Poetas!
Hacedla florecer en el poema ;

                                                        de El espejo de Agua, 1916

NOCHE

Sobre la nieve se oye resbalar la noche
La canción caía de los árboles
Y tras la niebla daban voces
De una mirada encendí mi cigarro
Cada vez que abro los labios
Inundo de nubes el vacío
En el puerto
Los mástiles están llenos de nidos
Y el viento
gime entre las alas de los pájaros
las olas mecen el navío muerto
Yo en la orilla silbando
Miro la estrella que humea entre mis dedos
de Poemas árticos,1918

PAQUEBOT

 He visto una mujer hermosa
 Sobre el mar del Norte
Todas las aguas eran su cabellera
Y en su mirada vuelta hacia las playas
Un pájaro silbaba
               Las olas truenan tan roncas
               Que mis cabellos han caído
Recostada sobre la lejanía
Su vientre y su pecho no latían
Sin embargo sus lágrimas vivían
Inclinado sobre mis días
                 Bajo tres soles
Miraba allá lejos
El paquebot errante que cortó en dos el horizonte
 de Poemas árticos, 1918

AEROPLANO

Una cruz
         se ha venido al suelo
Un grito quebró las ventanas
Y todos se inclinan
         sobre el último aeroplano
El viento
         que había limpiado el aire
naufragó en las primeras olas
La vibración
          persiste aún
                  sobre las nubes
Y el tambor
             llama a alguien
que nadie conoce
Palabras
tras los árboles
La linterna que alguien agitaba
               era una bandera
Alumbra tanto como el sol
Pero los gritos que atraviesan los techos
                 no son de rebeldía
A pesar de los muros que sepultan
                  LA CRUZ DEL SUR
Es el único avión
                  que subsiste
  de Horizon carré, 1917

LAS CIUDADES DE HALALÍ

En las ciudades
Hablan
          Hablan
Pero nadie dice nada
La tierra desnuda aún rueda
Y hasta las piedras gritan
Soldados vestidos de nubes azules
El cielo envejece entre las manos
Y la canción en la trinchera
Los trenes se alejan por sobre cuerdas paralelas
Lloran en todas las estaciones
El primer muerto ha sido un poeta
Se vio escapar un pájaro de su herida
El aeroplano blanco de nieve
Gruñe entre las palomas del atardecer
Un día
se había perdido en el humo de los cigarros
Nublados de las usinas
Nublados del cielo
Es un espejismo
Las heridas de los aviadores sangran en todas las estrellas
Un grito de angustia
Se ahogó en medio de la bruma
Y un niño arrodillado
Alza las manos
TODAS LAS MADRES DEL MUNDO LLORAN
de Halali, 1918

ALATAZOR

              Prefacio

Nací a los treinta y tres años, el día de la muerte de Cristo; nací en el Equinoccio,     bajo las hortensias y los aeroplanos del calor.
Tenía yo un profundo mirar de pichón, de túnel y de automóvil               
sentimental. Lanzaba suspiros de acróbata.
Mi padre era ciego y sus manos eran más admirables que la noche.               
Amo la noche, sombrero de todos los días.
La noche, la noche del día, del día al día siguiente.               
Mi madre hablaba como la aurora y como los dirigibles que van a caer. Tenía
cabellos color de bandera y ojos llenos de navíos lejanos.
Una tarde cogí mi paracaídas y dije: «Entre una estrella y dos golondrinas». He aquí la muerte que se acerca como la tierra al globo que cae.
Mi madre bordaba lágrimas desiertas en los primeros arcos iris.               
Y ahora mi paracaídas cae de sueño en sueño por los espacios de la muerte.               
El primer día encontré un pájaro desconocido que me dijo: «Si yo fuera dromedario
no tendría sed. ¿Qué hora es?» Bebió las gotas de rocío de mis cabellos, me lanzó
tres miradas y media y se alejó diciendo: «Adiós», con su pañuelo soberbio. Hacia las dos, aquel día, encontré un  precioso aeroplano, lleno de escamas y
caracoles. Buscaba un rincón del cielo donde guarecerse de la lluvia.
Allá lejos, todos los barcos anclados, en la tinta de la aurora. De pronto, comenzaron a desprenderse, uno a uno, arrastrando como pabellón jirones de aurora incontestable.               
Junto con marcharse los últimos, la aurora desapareció tras algunas olas
desmesuradamente infladas.               
Entonces oí hablar al Creador, sin nombre, que es un simple hueco en el vacío,
hermoso como un ombligo.
«Hice un gran ruido y este ruido formó el océano y las olas del océano».               
Este ruido irá siempre pegado a las olas del mar y las olas del mar irán siempre
pegadas a él, como los sellos en las tarjetas postales.
Después tejí un largo bramante de rayos luminosos para coser los días uno a uno; los días que tienen un oriente legítimo o reconstituido, pero indiscutible.
Después tracé la geografía de la tierra y las líneas de la mano.               
Después bebí un poco de coñac (a causa de la hidrografía).
Después creé la boca y los labios de la boca, para aprisionar las sonrisas equívocas, y los dientes de la boca, para violar las groserías que nos vienen a la boca.
«Creé la lengua de la boca que los hombres desviaron de su rol, haciéndola aprender a hablar… a ella, ella, la bella nadadora, desviada para siempre de su rol
acuático y puramente acariciador».               
Mi paracaídas empezó a caer vertiginosamente. Tal es la fuerza de atracción de la
muerte y del sepulcro abierto.               
Podéis creerlo, la tumba tiene más poder que los ojos de la amada. La tumba abierta
con todos sus imanes. Y esto te lo digo a ti, a ti que cuando sonríes haces pensar
en el comienzo del mundo.               
Mi paracaídas se enredó con una estrella apagada que seguía su órbita
concienzudamente, como si ignorara la inutilidad de sus esfuerzos.
Y aprovechando este reposo bien ganado, comencé a llenar con profundos
pensamientos las casillas de mi tablero:               
«Los verdaderos poemas son incendios. La poesía se propaga por todas partes,
iluminando sus consumaciones con estremecimientos de placer o de agonía».
«Se debe escribir en una lengua que no sea materna».               
«Los cuatro puntos cardinales son tres; el sur y el norte».
«Un poema es una cosa que será».               
«Un poema es una cosa que nunca es, pero que debiera ser».
«Un poema es una cosa que nunca ha sido, que nunca podrá ser».               
«Huye del sublime externo si no quieres morir aplastado por el viento».               
«Si yo, no hiciera al menos una locura por año, me volvería loco».               
Tomo mi paracaídas, y del borde de mi estrella en marcha me lanzo a la atmósfera
del último suspiro.               
Ruedo interminablemente sobre las rocas de los sueños, ruedo entre las nubes de la
muerte.               
Encuentro a la Virgen sentada en una rosa, y me dice:
«Mira mis manos: son transparentes como las bombillas eléctricas. ¿Ves los
filamentos de donde corre la sangre de mi luz intacta?»
«Mira mi aureola. Tiene algunas saltaduras, lo que prueba mi ancianidad».               
«Soy la Virgen, la Virgen sin mancha de tinta humana, la única que no lo sea a
medias, y soy la capitana de las otras once mil que estaban en verdad demasiado restauradas».               
«Hablo una lengua que llena los corazones según la ley de las nubes comunicantes».     
«Digo siempre adiós, y me quedo».
«Ámame, hijo mío, pues adoro tu poesía y te enseñaré proezas aéreas».               
«Tengo tanta necesidad de ternura, besa mis cabellos, los he lavado esta mañana en
las nubes del alba y ahora quiero dormirme sobre el colchón de la neblina
intermitente».               
«Mis miradas son un alambre en el horizonte para el descanso de las golondrinas.    «Ámame».
Me puse de rodillas en el espacio circular y la Virgen se elevó y vino a sentarse en mi paracaídas.               
Me dormí y recité entonces mis más hermosos poemas.
Las llamas de mi poesía secaron los cabellos de la Virgen, que me dijo gracias y se
alejó, sentada sobre su rosa blanca.
Y heme aquí, solo, como el pequeño huérfano de los naufragios anónimos.               
Ah, qué hermoso… qué hermoso.
Veo las montañas, los ríos, las selvas, el mar, los barcos, las flores y los caracoles.  Veo la noche y el día y el eje en que se juntan.
Ah, ah, soy Altazor, el gran poeta, sin caballo que coma alpiste, ni caliente su
garganta con claro de luna,  sino con mi pequeño paracaídas como un quitasol
sobre los planetas.               
De cada gota del sudor de mi frente hice nacer astros, que os dejo la tarea de bautizar como a botellas de vino.               
Lo veo todo, tengo mi cerebro forjado en lenguas de profeta.
La montaña es el suspiro de Dios, ascendiendo en termómetro hinchado hasta tocar
los pies de la amada.               
Aquel que todo lo ha visto, que conoce todos los secretos sin ser Walt Whitman,
pues jamás he tenido una barba blanca como las bellas enfermeras y los arroyos helados.               
Aquel que oye durante la noche los martillos de los monederos falsos, que son
solamente astrónomos activos.
Aquel que bebe el vaso caliente de la sabiduría después del diluvio obedeciendo a las pajamas y que conoce la ruta de la fatiga, la estela hirviente que dejan los
barcos.               
Aquel que conoce los almacenes de recuerdos y de bellas estaciones olvidadas.               
Él, el pastor de aeroplanos, el conductor de las noches extraviadas y de los
ponientes amaestrados hacia los polos únicos.
Su queja es semejante a una red parpadeante de aerolitos sin testigo.               
El día se levanta en su corazón y él baja los párpados para hacer la noche del reposo agrícola.               
Lava sus manos en la mirada de Dios, y peina su cabellera como la luz y la cosecha de esas flacas espigas de la lluvia satisfecha.
Los gritos se alejan como un rebaño sobre las lomas cuando las estrellas duermen
después de una noche de trabajo continuo.
El hermoso cazador frente al bebedero celeste para los pájaros sin corazón.               
Sé triste tal cual las gacelas ante el infinito y los meteoros, tal cual los desiertos      sin mirajes.               
Hasta la llegada de una boca hinchada de besos para la vendimia del destierro.               
Sé triste, pues ella te espera en un rincón de este año que pasa.               
Está quizá al extremo de tu canción próxima y será bella como la cascada en libertad y rica como la línea ecuatorial.
Sé triste, más triste que la rosa, la bella jaula de nuestras miradas y de las abejas      sin experiencia.               
La vida es un viaje en paracaídas y no lo que tú quieres creer.
Vamos cayendo, cayendo de nuestro cenit a nuestro nadir, y dejamos el aire
manchado de sangre para que se envenenen los que vengan mañana a respirarlo.               
Adentro de ti mismo, fuera de ti mismo, caerás del cenit al nadir porque ése es tu
destino, tu miserable destino. Y mientras de más alto caigas, más alto será el
rebote, más larga tu duración en la memoria de la piedra.
Hemos saltado del vientre de nuestra madre o del borde de una estrella y vamos
cayendo.               
Ah mi paracaídas, la única rosa perfumada de la atmósfera, la rosa de la muerte,
despeñada entre los astros de la muerte.
¿Habéis oído? Ése es el ruido siniestro de los pechos cerrados.               
Abre la puerta de tu alma y sal a respirar al lado afuera. Puedes abrir con un suspiro
la puerta que haya cerrado el huracán.
Hombre, he ahí tu paracaídas, maravilloso como el vértigo.               
Poeta, he ahí tu paracaídas, maravilloso como el imán del abismo.               
Mago, he ahí tu paracaídas que una palabra tuya puede convertir en un parasubidas
maravilloso como el relámpago que quisiera cegar al creador.
¿Qué esperas?
Más he ahí el secreto del Tenebroso que olvidó sonreír.               
Y el paracaídas aguarda amarrado a la puerta como el caballo de la fuga
interminable.               
              

Vicente Huidobro con Picasso y Miró

              
              Canto I

Altazor ¿por qué perdiste tu primera serenidad?               
¿Qué ángel malo se paró en la puerta de tu sonrisa
Con la espada en la mano?               
¿Quién sembró la angustia en las llanuras de tus ojos como el adorno de un dios?               
¿Por qué un día de repente sentiste el terror de ser?
Y esa voz que te gritó vives y no te ves vivir               
¿Quién hizo converger tus pensamientos al cruce de todos los vientos del dolor?               
Se rompió el diamante de tus sueños en un mar de estupor
Estás perdido Altazor               
Solo en medio del universo
Solo como una nota que florece en las alturas del vacío               
No hay bien no hay mal ni verdad ni orden ni belleza
¿En dónde estás Altazor?               

La nebulosa de la angustia pasa como un río
Y me arrastra según la ley de las atracciones               
La nebulosa en olores solidificada huye su propia soledad
Siento un telescopio que me apunta como un revólver               
La cola de un cometa me azota el rostro y pasa relleno de eternidad               
Buscando infatigable un lago quieto en donde refrescar su tarea ineludible               
Altazor morirás. Se secará tu voz y será invisible
La tierra seguirá girando sobre su órbita precisa               
Temerosa de un traspiés como el equilibrista sobre el alambre que ata
      las miradas del pavor
En vano buscas ojo enloquecido
No hay puerta de salida y el viento desplaza los planetas               
Piensas que no importa caer eternamente si se logra escapar
¿No ves que vas cayendo ya?               
Limpia tu cabeza de prejuicio y moral
Y si queriendo alzarte nada has alcanzado               
Déjate caer sin parar tu caída sin miedo al fondo de la sombra
Sin miedo al enigma de ti mismo               
Acaso encuentres una luz sin noche
Perdida en las grietas de los precipicios               

Cae
Cae eternamente               
Cae al fondo del infinito
Cae al fondo del tiempo
Cae al fondo de ti mismo               
Cae lo más bajo que se pueda caer
Cae sin vértigo
A través de todos los espacios y todas las edades               
A través de todas las almas de todos los anhelos y todos los naufragios               
Cae y quema al pasar los astros y los mares
Quema los ojos que te miran y los corazones que te aguardan               
Quema el viento con tu voz
El viento que se enreda en tu voz
Y la noche que tiene frío en su gruta de huesos               

Cae en infancia
Cae en vejez
Cae en lágrima
Cae en risas               
Cae en música sobre el universo
Cae de tu cabeza a tus pies
Cae de tus pies a tu cabeza               
Cae del mar a la fuente
Cae al último abismo del silencio
Como el barco que se hunde apagando sus luces               

Todo se acabó
El mar antropófago golpea la puerta de las rocas despiadadas               
Los perros ladran a las horas que se mueren
Y el cielo escucha el paso de las estrellas que se alejan               
Estás solo
Y vas a la muerte derecho como un iceberg que se desprende del polo               
Cae la noche buscando su corazón en el océano
La mirada se agranda como los torrentes               
Y en tanto que las olas se dan vuelta
La luna niño de luz se escapa de alta mar               
Mira este cielo lleno
Más rico que los arroyos de las minas
Cielo lleno de estrellas que esperan el bautismo               
Todas esas estrellas salpicaduras de un astro de piedra lanzado en las aguas eternas               
No saben lo que quieren ni si hay redes ocultas más allá
Ni qué mano lleva las riendas               
Ni qué pecho sopla el viento sobre ellas
Ni saben si no hay mano y no hay pecho               
Las montañas de pesca
Tienen la altura de mis deseos
Y yo arrojo fuera de la noche mis últimas angustias               
Que los pájaros cantando dispersan por el mundo

Reparad el motor del alba               
En tanto me siento al borde de mis ojos
Para asistir a la entrada de las imágenes               

Soy yo Altazor
Altazor
Encerrado en la jaula de su destino               
En vano me aferro a los barrotes de la evasión posible
Una flor cierra el camino               
Y se levantan como la estatua de las llamas
La evasión imposible               
Más débil marcho con mis ansias
Que un ejército sin luz en medio de emboscadas               
Abrí los ojos en el siglo
En que moría el cristianismo
Retorcido en su cruz agonizante               
Ya va a dar el último suspiro
¿Y mañana qué pondremos en el sitio vacío?               
Pondremos un alba o un crepúsculo
¿Y hay que poner algo acaso?               
La corona de espinas
Chorreando sus últimas estrellas se marchita               
Morirá el cristianismo que no ha resuelto ningún problema
Que sólo ha enseñado plegarias muertas               
Muere después de dos mil años de existencia
Un cañoneo enorme pone punto final a la era cristiana               
El Cristo quiere morir acompañado de millones de almas
Hundirse con sus templos               
Y atravesar la muerte con un cortejo inmenso
Mil aeroplanos saludan la nueva era               
Ellos son los oráculos y las banderas

Hace seis meses solamente               
Dejé la ecuatorial recién cortada
En la tumba guerrera del esclavo paciente               
Corona de piedad sobre la estupidez humana
Soy yo que estoy hablando en este año de 1919               
Es el invierno
Ya la Europa enterró todos sus muertos
Y un millar de lágrimas hacen una sola cruz de nieve               
Mirad esas estepas que sacuden las manos
Millones de obreros han comprendido al fin               
Y levantan al cielo sus banderas de aurora
Venid venid os esperamos porque sos la esperanza               
La única esperanza
La última esperanza

Soy yo Altazor el doble de mí mismo               
El que se mira obrar y se ríe del otro frente a frente
El que cayó de las alturas de su estrella               
Y viajó veinticinco años
Colgado al paracaídas de sus propios prejuicios               
Soy yo Altazor el del ansia infinita
Del hambre eterno y descorazonado               
Carne labrada por arados de angustia
¿Cómo podré dormir mientras haya adentro tierras desconocidas?               
Problemas
Misterios que se cuelgan a mi pecho
Estoy solo
La distancia que va de cuerpo a cuerpo               
Es tan grande como la que hay de alma a alma
Solo
Solo               
      Solo
Estoy solo parado en la punta del año que agoniza
El universo se rompe en olas a mis pies               
Los planetas giran en torno a mi cabeza
Y me despeinan al pasar con el viento que desplazan               
Sin dar un respuesta que llene los abismos
Ni sentir este anhelo fabuloso que busca en la fauna del cielo               
Un ser materno donde se duerma el corazón
Un lecho a la sombra del torbellino de enigmas               
Una mano que acaricie los latidos de la fiebre
Dios diluido en la nada y el todo               
Dios todo y nada
Dios en las palabras y en los gestos
Dios mental               
Dios aliento
Dios joven Dios viejo
Dios pútrido
      lejano y cerca
Dios amasado a mi congoja
Sigamos cultivando en el cerebro las tierras del error               
Sigamos cultivando las tierras veraces en el pecho
Sigamos
Siempre igual como ayer mañana y luego y después               
No
No puede ser Cambiemos nuestra suerte
Quememos nuestra carne en los ojos del alba               
Bebamos la tímida lucidez de la muerte
La lucidez polar de la muerte               
Canta el caos al caos que tiene pecho de hombre
Llora de eco en eco por todo el universo               
Rodando con sus mitos entre alucinaciones
Angustia de vacío en alta fiebre               
Amarga conciencia del vano sacrificio
De la experiencia inútil del fracaso celeste               
Del ensayo perdido
Y aún después que el hombre haya desaparecido               
Que hasta su recuerdo se queme en la hoguera del tiempo
Quedará un gusto a dolor en la atmósfera terrestre               
Tantos siglos respirada por miserables pechos plañideros
Quedará en el espacio la sombra siniestra               
De una lágrima inmensa
Y una voz perdida aullando desolada
Nada nada nada               
No
No puede ser
Consumamos el placer
Agotemos la vida en la vida               
Muera la muerte infiltrada de rapsodias langorosas
Infiltrada de pianos tenues y banderas cambiantes como crisálidas               
Las rocas de la muerte se quejan al borde del mundo
El viento arrastra sus florescencias amargas               
Y el desconsuelo de las primaveras que no pueden nacer
Todas son trampas               
      trampas del espíritu
Transfusiones eléctricas de sueño y realidad
Oscuras lucideces de esta larga desesperación petrificada en soledad               
Vivir vivir en tinieblas
Entre cadenas de anhelos tiránicos collares de gemidos               
Y un eterno viajar en los adentros de sí mismo
Con dolor de límites constantes y vergüenza de ángel estropeado               
Burla de un dios nocturno
Rodar rodar rotas las antenas en medio del espacio               
Entre mares alados y auroras estancadas

Yo estoy aquí de pie ante vosotros               
En nombre de una idiota ley proclamadora
De la conservación de las especies               
Inmunda ley
Villana ley arraigada a los sexos ingenuos
Por esa ley primera trampa de la inconciencia               
El hombre se desgarra
Y se rompe en aullidos mortales por todos los poros de su tierra               
Yo estoy aquí de pie entre vosotros
Se me caen las ansias al vacío               
Se me caen los gritos a la nada
Se me caen al caos las blasfemias               
Perro del infinito trotando entre astros muertos
Perro lamiendo estrellas y recuerdos de estrella               
Perro lamiendo tumbas
Quiero la eternidad como una paloma en mis manos               

Todo ha de alejarse en la muerte esconderse en la muerte
Yo tú él nosotros vosotros ellos               
Ayer hoy mañana
Pasto en las fauces del insaciable olvido
Pasto para la rumia eterna del caos incansable               
Justicia ¿qué has hecho de mí Vicente Huidobro?
Se me cae el dolor de la lengua y las alas marchitas               
Se me caen los dedos muertos uno a uno
¿Qué has hecho de mi voz cargada de pájaros en el atardecer               
La voz que me dolía como sangre?
Dadme el infinito como una flor para mis manos               

Seguir
No. Basta ya
Seguir cargado de mundos de países de ciudades               
Muchedumbres aullidos
Cubierto de climas hemisferios ideas recuerdos               
Entre telarañas de sepulcros y planetas conscientes
Seguir del dolor al dolor del enigma al enigma               
Del dolor de la piedra al dolor de la planta
Porque todo es dolor               
Dolor de batalla y miedo de no ser
Lazos de dolor atan la tierra al cielo las aguas a la tierra               
Y los mundos galopan en órbitas de angustia
Pensando en la sorpresa               
La latente emboscada en todos los rincones del espacio
Me duelen los pies como ríos de piedra               
¿Qué has hecho de mis pies?
¿Qué has hecho de esta bestia universal               
De este animal errante?
Esta rata en delirio que trepa las montañas               
Sobre un himno boreal o alarido de tierra
Sucio de tierra y llanto               
      de tierra y sangre
Azotado de espinas y los ojos en cruz
La conciencia es amargura               
La inteligencia es decepción
Solo en las afueras de la vida
Se puede plantar una pequeña ilusión               

Ojos ávidos de lágrimas hirviendo
Labios ávidos de mayores lamentos               
Manos enloquecidas de palpar tinieblas
Buscando más tinieblas               
Y esta amargura que se pasea por los huesos
Y este entierro en mi memoria               
Este entierro que se alarga en mi memoria
Este largo entierro que atraviesa todos los días mi memoria               
Seguir
No
Que se rompa el andamio de los huesos
Que se derrumben las vigas del cerebro               
Y arrastre el huracán los trozos a la nada al otro lado
En donde el viento azota a Dios               
En donde aún resuene mi violín gutural
Acompañando el piano póstumo del Juicio Final               

Eres tú tú el ángel caído
La caída eterna sobre la muerte               
La caída sin fin de muerte en muerte
Embruja el universo con tu voz               
Aférrate a tu voz embrujador del mundo
Cantando como un ciego perdido en la eternidad               
Anda en mi cerebro una gramática dolorosa y brutal
La matanza continua de conceptos internos               
Y una última aventura de esperanzas celestes
Un desorden de estrellas imprudentes               
Caídas de los sortilegios sin refugio
Todo lo que se esconde y nos incita con imanes fatales               
Lo que se esconde en las frías regiones de lo invisible
O en la ardiente tempestad de nuestro cráneo               

La eternidad se vuelve sendero de flor
Para el regreso de espectros y problemas               
Para el mirage sediento de las nuevas hipótesis
Que rompen el espejo de la magia posible
              
Liberación, ¡Oh! si liberación de todo
De la propia memoria que nos posee               
De las profundas vísceras que saben lo que saben
A causa de estas heridas que nos atan al fondo               
Y nos quiebran los gritos de las alas

La magia y el ensueño liman los barrotes               
La poesía llora en la punta del alma
Y acrece la inquietud mirando nuevos muros               
Alzados de misterio en misterio
Entre minas de mixtificación que abren sus heridas               
Con el ceremonial inagotable del alba conocida
Todo en vano
Dadme la llave de los sueños cerrados               
Dadme la llave del naufragio
Dadme una certeza de raíces en horizonte quieto               
Un descubrimiento que no huya a cada paso
O dadme un bello naufragio verde               
Un milagro que ilumine el fondo de nuestros mares íntimos
Como el barco que se hunde sin apagar sus luces               
Liberado de este trágico silencio entonces
En mi propia tempestad               
Desafiaré al vacío
Sacudiré la nada con blasfemias y gritos
Hasta que caiga un rayo de castigo ansiado               
Trayendo a mis tinieblas el clima del paraíso

¿Por qué soy prisionero de esta trágica busca?               
¿Qué es lo que me llama y se esconde
Me sigue me grita por mi nombre               
Y cuando vuelvo el rostro y alargo las manos de los ojos
Me echa encima una niebla tenaz como la noche de los astros ya muertos?               
Sufro me revuelco en la angustia
Sufro desde que era nebulosa               
Y traigo desde entonces este dolor primordial en las células
Este peso en las alas               
Esta piedra en el canto
Dolor de ser isla
Angustia subterránea               
Angustia cósmica
Poliforme angustia anterior a mi vida
Y que la sigue como una marcha militar               
Y que irá más allá
Hasta el otro lado de la periferia universal               

Consciente
Inconsciente
Deforme
Sonora
Sonora como el fuego               
El fuego que me quema el carbón interno y el alcohol de los ojos
              
Soy una orquesta trágica
Un concepto trágico
Soy trágico como los versos que punzan en las sienes y no pueden salir               
Arquitectura fúnebre
Matemática fatal y sin esperanza alguna
Capas superpuestas de dolor misterioso               
Capas superpuestas de ansias mortales
Subsuelos de intuiciones fabulosas               

Siglos siglos que vienen gimiendo en mis venas
Siglos que se balancean en mi canto               
Que agonizan en mi voz
Porque mi voz es solo canto y sólo puede salir en canto               
La cuna de mi lengua se metió en el vacío
Anterior a los tiempos               
Y guardará eternamente el ritmo primero
El ritmo que hace nacer los mundos               
Soy la voz del hombre que resuena en los cielos
Que reniega y maldice               
Y pide cuentas de por qué y para qué

Soy todo el hombre
El hombre herido por quién sabe quién               
Por una flecha perdida del caos
Humano terreno desmesurado
Sí desmesurado y lo proclamo sin miedo               
Desmesurado porque no soy burgués ni raza fatigada
Soy bárbaro tal vez               
Desmesurado enfermo
Bárbaro limpio de rutinas y caminos marcados               
No acepto vuestras sillas de seguridades cómodas
Soy el ángel salvaje que cayó una mañana               
En vuestras plantaciones de preceptor
Poeta
Antipoeta
Culto               
Anticulto
Animal metafísico cargado de congojas
Animal espontáneo directo sangrando sus problemas               
Solitario como una paradoja
Paradoja fatal
Flor de contradicciones bailando un fox-trot               
Sobre el sepulcro de Dios
Sobre el bien y el mal
Soy un pecho que grita y un cerebro que sangra               
Soy un temblor de tierra
Los sismógrafos señalan mi paso por el mundo               

Crujen las ruedas de la tierra
Y voy andando a caballo en mi muerte               
Voy pegado a mi muerte como un pájaro al cielo
Como una fecha en el árbol que crece               
Como el nombre en la carta que envío
Voy pegado a mi muerte
Voy por la vida pegado a mi muerte               
Apoyado en el bastón de mi esqueleto

El sol nace en mi ojo derecho y se pone en mi ojo izquierdo               
En mi infancia una infancia ardiente como un alcohol
Me sentaba en los caminos de la noche               
A escuchar la elocuencia de las estrellas
Y la oratoria del árbol               
Ahora la indiferencia nieva en la tarde de mi alma
Rómpanse en espigas las estrellas               
Pártase la luna en mil espejos
Vuelva el árbol al nido de su almendra               
Sólo quiero saber por qué
Por qué
Por qué
Soy protesta y araño el infinito con mis garras               
Y grito y gimo con miserables gritos oceánicos
El eco de mi voz hacer tronar el caos               

Soy desmesurado cósmico
Las piedras las plantas las montañas               
Me saludan Las abejas las ratas
Los leones y las águilas
Los astros los crepúsculos las albas               
Los ríos y las selvas me preguntan
¿Qué tal cómo está usted?
Y mientras los astros y las olas tengan algo que decir               
Será por mi boca que hablarán a los hombres

Que Dios sea Dios               
O Satán sea Dios
O ambos sean miedo nocturna ignorancia
Lo mismo da               
Que sea la Vía Láctea
O una procesión que asciende en pos de la verdad               
Hoy me es igual
Traedme una hora que vivir
Traedme un amor pescado por la oreja               
Y echadlo aquí a morir ante mis ojos
Que yo caiga por el mundo a toda máquina               
Que yo corra por el universo a toda estrella
Que me hunda o me eleve               
Lanzado sin piedad entre planetas y catástrofes
Señor Dios si tú existes es a mí a quien lo debes               

Matad la horrible duda
Y la espantosa lucidez
Hombre con los ojos abiertos en la noche               
Hasta el fin de los siglos
Enigma asco de los instintos contagiosos               
Como las campanas de la exaltación
Pajarero de luces muertas que andan con pies de espectro               
Con los pies indulgentes del arroyo
Que se llevan las nubes y cambia de país               

En el tapiz del cielo se juega nuestra suerte
Allí donde mueren las horas               
El pesado cortejo de las horas que golpean el mundo
Se juega nuestra alma               
Y la suerte que se vuela todas las mañanas
Sobre las nubes con los ojos llenos de lágrimas               
Sangra la herida de las últimas creencias
Cuando el fusil desconsolado del humano refugio               
Descuelga los pájaros del cielo
Mírate allí animal eterno desnudo de nombre               
Junto al abrevadero de tus límites propios
Bajo el alba benigna               
Que zurce el tejido de las mareas
Mira a lo lejos viene la cadena de hombres               
Saliendo de la usina de ansias iguales
Mordidos por la misma eternidad               
Por el mismo huracán de vagabundas fascinaciones
Cada uno trae su palabra informe               
Y los pies atados a su estrella propia
Las máquinas avanzan en la noche del diamante fatal               
Avanza el desierto con sus olas sin vida
Pasan las montañas pasan los camellos               
Como la historia de las guerras antiguas
Allá va la cadena de hombres entre fuegos ilusos               
Hacia el párpado tumbal

Después de mi muerte un día
El mundo será pequeño a las gentes               
Plantarán continentes sobre los mares
Se harán islas en el cielo               
Habrá un gran puente de metal en torno de la tierra
Como los anillos construidos en Saturno               
Habrá ciudades grandes como un país
Gigantescas ciudades del porvenir               
En donde el hombre-hormiga será una cifra
Un número que se mueve y sufre y baila               
(Un poco de amor a veces como un arpa que hace olvidar la vida)
Jardines de tomates y repollos               
Los parques públicos plantados de árboles frutales
No hay carne que comer el planeta es estrecho               
Y las máquinas mataron el último animal
Árboles frutales en todos los caminos               
Lo aprovechable sólo lo aprovechable
Ah la hermosa vida que preparan las fábricas               
La horrible indiferencia de los astros sonrientes
Refugio de la música               
Que huye de las manos de los últimos ciegos

Angustia angustia de lo absoluto y de la perfección               
Angustia desolada que atraviesa las órbitas perdidas
Contradictorios ritmos quiebran el corazón               
En mi cabeza cada cabello piensa otra cosa

Un hastío invade el hueco que va del alba al poniente               
Un bostezo color mundo y carne
Color espíritu avergonzado de irrealizables cosas               
Lucha entre la piel y el sentimiento de una dignidad bebida y no otorgada               
Nostalgia de ser barro y piedra o Dios
Vértigo de la nada cayendo de sombra en sombra               
Inutilidad de los esfuerzos fragilidad del sueño

Ángel expatriado de la cordura               
¿Por qué hablas Quién te pide que hables?
Revienta pesimista más revienta en silencio               
Cómo se reirán los hombres de aquí a mil años
Hombre perro que aúllas a tu propia noche               
Delincuente de tu alma
El hombre de mañana se burlará de ti
Y de tus gritos petrificados goteando estalactitas               
¿Quién eres tú habitante de este diminuto cadáver estelar?
¿Qué son tus náuseas de infinito y tu ambición de eternidad?               
Átomo desterrado de sí mismo con puertas y ventanas de luto
¿De dónde vienes a dónde vas?               
¿Quién se preocupa de tu planeta?
Inquietud miserable
Despojo del desprecio que por ti sentiría               
Un habitante de Betelgeuse
Veintinueve millones de veces más grande que tu sol               

Hablo porque soy protesta insulto y mueca de dolor
Sólo creo en los climas de la pasión               
Sólo deben hablar los que tienen el corazón clarividente
La lengua a alta frecuencia               
Buzos de la verdad y la mentira
Cansados de pasear sus linternas en los laberintos de la nada               
En la cueva de alternos sentimientos
El dolor es lo único eterno               
Y nadie podrá reír ante el vacío
¿Qué me importa la burla del hombre-hormiga               
Ni la del habitante de otros astros más grandes?
Y yo no sé de ellos ni ellos saben de mí               
Yo sé de mi vergüenza de la vida de mi asco celular
De la mentira abyecta de todo cuanto edifican los hombres               
Los pedestales de aire de sus leyes e ideales

Dadme, dadme pronto un llano de silencio               
Un llano despoblado como los ojos de los muertos

¿Robinsón por qué volviste de tu isla?               
De la isla de tus obras y tus sueños privados
La isla de ti mismo rica de tus actos               
Sin leyes ni abdicación ni compromisos
Sin control de ojo intruso               
Ni mano extraña que rompa los encantos
¿Robinsón cómo es posible que volvieras de tu isla?               

Malhaya el que mire con ojos de muerte
Malhaya el que vea el resorte que todo lo mueve               
Una borrasca dentro de la risa
Una agonía de sol adentro de la risa               
Matad al pesimista de pupila enlutada
Al que lleva un féretro en el cerebro               
Todo es nuevo cuando se mira con ojos nuevos
Oigo una voz idiota entre algas de ilusión               
Boca parasitaria aún de la esperanza

Idos lejos de aquí restos de playas moribundas               
Mas si buscáis descubrimientos
Tierras irrealizables más allá de los cielos               
Vegetante obsesión de musical congoja
Volvamos al silencio
Restos de playas fúnebres               
¿A qué buscáis el faro poniente
Vestido de su propia cabellera               
Como la reina de los circos?
Volvamos al silencio
Al silencio de las palabras que vienen del silencio               
Al silencio de las hostias donde se mueren los profetas
Con la llaga del flanco               
Cauterizada por algún relámpago

Las palabras con fiebre y vértigo interno               
Las palabras del poeta dan un mareo celeste
Dan una enfermedad de nubes               
Contagioso infinito de planetas errantes
Epidemia de rosas en la eternidad               

Abrid la boca para recibir la hostia de la palabra herida
La hostia angustiada y ardiente que me nace no se sabe dónde               
Que viene de más lejos que mi pecho
La catarata delicada de oro en libertad               
Correr de río sin destino como aerolitos al azar
Una columna se alza en la punta de la voz               
Y la noche se sienta en la columna

Yo poblaré para mil años los sueños de los hombres               
Y os daré un poema lleno de corazón
En el cual me despedazaré por todos lados               

Una lágrima caerá de unos ojos
Como algo enviado sobre la tierra               
Cuando veas como una herida profetiza
Y reconozcas la carne desgraciada               
El pájaro cegado en la catástrofe celeste
Encontrado en mi pecho solitario y sediento               
En tanto yo me alejo tras los barcos magnéticos
Vagabundo como ellos               
Y más triste que un cortejo de caballos sonámbulos

Hay palabras que tienen sombra de árbol               
Otras que tienen atmósfera de astros
Hay vocablos que tienen fuego de rayos               
Y que incendian donde caen
Otros que se congelan en la lengua y se rompen al salir               
Como esos cristales helados y fatídicos
Hay palabras con imanes que atraen los tesoros del abismo               
Otras que se descargan como vagones sobre el alma
Altazor desconfía de las palabras               
Desconfía del ardid ceremonioso
Y de la poesía
Trampas
      Trampas de luz y cascadas lujosas
Trampas de perla y de lámpara acuática               
Anda como los ciegos con sus ojos de piedra
Presintiendo el abismo a todo paso               

Mas no temas de mí que mi lenguaje es otro
No trato de hacer feliz ni desgraciado a nadie               
Ni descolgar banderas de los pechos
Ni dar anillos de planetas               
Ni hacer satélites de mármol en torno a un talismán ajeno
Quiero darte una música de espíritu               
Música mía de esta cítara plantada en mi cuerpo
Música que hace pensar en el crecimiento de los árboles               
Y estalla en luminarias dentro del sueño.
Yo hablo en nombre de un astro por nadie conocido               
Hablo en una lengua mojada en mares no nacidos
Con una voz llena de eclipses y distancias               
Solemne como un combate de estrellas o galeras lejanas
Una voz que se desfonda en la noche de las rocas               
Una voz que da la vista a los ciegos atentos
Los ciegos escondidos al fondo de las casas               
Como al fondo de sí mismos

Los veleros que parten a distribuir mi alma por el mundo               
Volverán convertidos en pájaros
Una hermosa mañana alta de muchos metros               
Alta como el árbol cuyo fruto es el sol
Una mañana frágil y rompible               
A la hora en que las flores se lavan la cara
Y los últimos sueños huyen por las ventanas               

Tanta exaltación para arrastrar los cielos a la lengua
El infinito se instala en el nido del pecho               
Todo se vuelve presagio
      ángel entonces
El cerebro se torna sistro revelador
Y la hora huye despavorida por los ojos               
Los pájaros grabados en el cenit no cantan
El día se suicida arrojándose al mar               
Un barco vestido de luces se aleja tristemente
Y al fondo de las olas un pez escucha el paso de los hombres               

Silencio la tierra va a dar a luz un árbol
La muerte se ha dormido en el cuello de un cisne               
Y cada pluma tiene un distinto temblor
Ahora que Dios se sienta sobre la tempestad               
Que pedazos de cielos caen y se enredan en la selva
Y que el tifón despeina las barbas del pirata               

Silencio la tierra va a dar a luz un árbol
Tengo cartas secretas en la caja del cráneo               
Tengo un carbón doliente en el fondo del pecho
Y conduzco mi pecho a la boca               
Y la boca a la puerta del sueño

El mundo se me entra por los ojos               
Se me entra por las manos se me entra por los pies
Me entra por la boca y se me sale               
En insectos celestes o nubes de palabras por los poros
Silencio la tierra va a dar a luz un árbol               
Mis ojos en la gruta de la hipnosis
Mastican el universo que me atraviesa como un túnel               
Un escalofrío de pájaro me sacude los hombros
Escalofrío de alas y olas interiores               
Escalas de olas y alas en la sangre
Se rompen las amarras de las venas               
Y se salta afuera de la carne
Se sale de las puertas de la tierra               
Entre palomas espantadas

Habitante de tu destino
¿Por qué quieres salir de tu destino?               
¿Por qué quieres romper los lazos de tu estrella
Y viajar solitario en los espacios               
Y caer a través de tu cuerpo de tu cenit a tu nadir?

No quiero ligaduras de astro ni de viento               
Ligaduras de luna buenas son para el mar y las mujeres
Dadme mis violines de vértigo insumiso               
Mi libertad de música escapada
No hay peligro en la noche pequeña encrucijada               
Ni enigma sobre el alma
La palabra electrizada de sangre y corazón               
Es el gran paracaídas y el pararrayos de Dios

Habitante de tu destino               
Pegado a tu camino como roca
Viene la hora del sortilegio resignado               
Abre la mano de tu espíritu
El magnético dedo
En donde el anillo de la serenidad adolescente               
Se posará cantando como el canario pródigo
Largos años ausente               
Silencio
      Se oye el pulso del mundo como nunca pálido
La tierra acaba de alumbrar un árbol               
              

Vicente Huidobro en Nueva York acompañado por modelos femeninas

                   Canto II

Mujer el mundo está amueblado por tus ojos               
Se hace más alto el cielo en tu presencia
La tierra se prolonga de rosa en rosa               
Y el aire se prolonga de paloma en paloma

Al irte dejas una estrella en tu sitio               
Dejas caer tus luces como el barco que pasa
Mientras te sigue mi canto embrujado               
Como una serpiente fiel y melancólica
Y tú vuelves la cabeza detrás de algún astro               

¿Qué combate se libra en el espacio?
Esas lanzas de luz entre planetas               
Reflejo de armaduras despiadadas
¿Qué estrella sanguinaria no quiere ceder el paso?               
En dónde estás triste noctámbula
Dadora de infinito
Que pasea en el bosque de los sueños               

Heme aquí perdido entre mares desiertos
Solo como la pluma que se cae de un pájaro en la noche               
Heme aquí en una torre de frío
Abrigado del recuerdo de tus labios marítimos               
Del recuerdo de tus complacencias y de tu cabellera
Luminosa y desatada como los ríos de montaña               
¿Irías a ser ciega que Dios te dio esas manos?
Te pregunto otra vez               

El arco de tus cejas tendido para las armas de los ojos
Te hablan por mí las olas de pájaros sin cielo               
Te habla por mí el color de los paisajes sin viento
Te habla por mí el rebaño de ovejas taciturnas               
Dormido en tu memoria
Te habla por mí el arroyo descubierto
La hierba sobreviviente atada a la aventura               
Aventura de luz y sangre de horizonte
Sin más abrigo que una flor que se apaga               
Si hay un poco de viento

Las llanuras se pierden bajo tu gracia frágil               
Se pierde el mundo bajo tu andar visible
Pues todo es artificio cuando tú te presentas               
Con tu luz peligrosa
Inocente armonía sin fatiga ni olvido
Elemento de lágrima que rueda hacia adentro               
Construido de miedo altivo y de silencio
Haces dudar al tiempo               
Y al cielo con instintos de infinito
Lejos de ti todo es mortal               
Lanzas la agonía por la tierra humillada de noches
Sólo lo que piensa en ti tiene sabor a eternidad               

He aquí tu estrella que pasa
Con tu respiración de fatigas lejanas               
Con tus gestos y tu modo de andar
Con el espacio magnetizado que te saluda               
Que nos separa con leguas de noche

Sin embargo te advierto que estamos cosidos               
A la misma estrella
Estamos cosidos por la misma música tendida               
De uno a otro
Por la misma sombra gigante agitada como árbol
Seamos ese pedazo de cielo               
Ese trozo en que pasa la aventura misteriosa
La aventura del planeta que estalla en pétalos de sueño               

En vano tratarías de evadirte de mi voz
Y de saltar los muros de mis alabanzas               
Estamos cosidos por la misma estrella
Estás atada al ruiseñor de las lunas               
Que tiene un ritual sagrado en la garganta
Qué me importan los signos de la noche               
Y la raíz y el eco funerario que tengan en mi pecho
Qué me importa el enigma luminoso               
Los emblemas que alumbran el azar
Y esas islas que viajan por el caos sin destino a mis ojos               
Qué me importa ese miedo de flor en el vacío
Qué me importa el nombre de la nada               
El nombre del desierto infinito
O de la voluntad o del azar que representan               
Y si en ese desierto cada estrella es un deseo de oasis
O banderas de presagio y de muerte               

Tengo una atmósfera propia en tu aliento
La fabulosa seguridad de tu mirada con sus constelaciones íntimas               
Con su propio lenguaje de semilla
Tu frente luminosa como un anillo de Dios               
Más firme que todo en la flora del cielo
Sin torbellinos de universo que se encabrita               
Como un caballo a causa de su sombra en el aire

Te pregunto otra vez               
¿Irías a ser muda que Dios te dio esos ojos?

Tengo en voz tuya para toda defensa               
Esa voz que sale de ti en latidos de corazón
Esa voz en que cae la eternidad               
Y se rompe en pedazos de esferas fosforescentes
¿Qué sería la vida si no hubieras nacido?               
Un cometa sin manto muriéndose de frío

Te hallé como una lágrima en un libro olvidado               
Con tu nombre sensible desde antes en mi pecho
Tu nombre hecho del ruido de palomas que se vuelan               
Traes en ti el recuerdo de otras vidas más altas
De un Dios encontrado en alguna parte               
Y al fondo de ti misma recuerdas que eras tú
El pájaro de antaño en la clave del poeta               

Sueño en un sueño sumergido
La cabellera que se ata hace el día               
La cabellera al desatarse hace la noche
La vida se contempla en el olvido               
Sólo viven tus ojos en el mundo
El único sistema planetario sin fatiga               
Serena piel anclada en las alturas
Ajena a toda red y estratagema               
En su fuerza de luz ensimismada
Detrás de ti la vida siente miedo               
Porque eres la profundidad de toda cosa
El mundo deviene majestuoso cuando pasas               
Se oyen caer lágrimas del cielo
Y borras en el alma adormecida               
La amargura de ser vivo
Se hace liviano el orbe en las espaldas               

Mi alegría es oír el ruido del viento en tus cabellos
(Reconozco ese ruido desde lejos)               
Cuando las barcas zozobran y el río arrastra troncos de árbol
Eres una lámpara de carne en la tormenta               
Con los cabellos a todo viento
Tus cabellos donde el sol va a buscar sus mejores sueños               
Mi alegría es mirarte solitaria en el diván del mundo

Como la mano de una princesa soñolienta               
Con tus ojos que evocan un piano de olores
Una bebida de paroxismos               
Una flor que está dejando de perfumar
Tus ojos hipnotizan la soledad               
Como la rueda que sigue girando después de una catástrofe
Mi alegría es mirarte cuando escuchas               
Ese rayo de luz que camina hacia el fondo del agua
Y te quedas suspensa largo rato               
Tantas estrellas pasadas por el harnero del mar
Nada tiene entonces semejante emoción               
Ni un mástil pidiendo viento
Ni un aeroplano ciego palpando el infinito               
Ni la paloma demacrada dormida sobre un lamento
Ni el arco iris con las alas selladas               
Más bello que la parábola de un verso
La parábola tendida en puente nocturno de alma a alma               

Nacida en todos los sitios donde pongo los ojos
Con la cabeza levantada               
Y todo el cabello al viento
Eres más hermosa que el relincho de un potro en la montaña               
Que la sirena de un barco que deja escapar toda su alma
Que un faro en la neblina buscando a quien salvar               
Eres más hermosa que la golondrina atravesada por el viento
Eres el ruido del mar en verano               
Eres el ruido de una calle populosa llena de admiración

Mi gloria está en tus ojos               
Vestida del lujo de tus ojos y de su brillo interno
Estoy sentado en el rincón más sensible de tu mirada               
Bajo el silencio estético de inmóviles pestañas
Viene saliendo un augurio del fondo de tus ojos               
Y un viento de océano ondula tus pupilas

Nada se compara a esa leyenda de semillas que deja tu presencia               
A esa voz que busca un astro muerto que volver a la vida
Tu voz hace un imperio en el espacio               
Y esa mano que se levanta en ti como si fuera a colgar soles en el aire               
Y ese mirar que escribe mundos en el infinito
Y esa cabeza que se dobla para escuchar un murmullo en la eternidad               
Y ese pie que es la fiesta de los caminos encadenados
Y esos párpados donde vienen a vararse las centellas del éter               
Y ese beso que hincha la proa de tus labios
Y esa sonrisa como un estandarte al frente de tu vida               
Y ese secreto que dirige las mareas de tu pecho
Dormido a la sombra de tus senos               

Si tú murieras
Las estrellas a pesar de su lámpara encendida               
Perderían el camino
¿Qué sería del universo?

Huidobro y el poeta Gerardo Diego

LA POESÍA ES UN ATENTADO CELESTE

Yo estoy ausente pero en el fondo de esta ausencia
Hay la espera de mí mismo
Y esta espera es otro modo de presencia
La espera de mi retorno
Yo estoy en otros objetos
Ando en viaje dando un poco de mi vida
A ciertos árboles y a ciertas piedras
Que me han esperado muchos años
Se cansaron de esperarme y se sentaron
Yo no estoy y estoy
Estoy ausente y estoy presente en estado de espera
Ellos querrían mi lenguaje para expresarse
Y yo querría el de ellos para expresarlos
He aquí el equívoco el atroz equívoco
Angustioso lamentable
Me voy adentrando en estas plantas
Voy dejando mis ropas
Se me van cayendo las carnes
Y mi esqueleto se va revistiendo de cortezas
Me estoy haciendo árbol Cuántas cosas me he ido convirtiendo en
                                                                                    [otras  cosas…
Es doloroso y lleno de ternura
Podría dar un grito pero se espantaría la transubstanciación
Hay que guardar silencio Esperar en silencio


de Últimos poemas, 1948
Vicente Huidobro soldado en 1944.

MONUMENTO AL MAR

Paz sobre la constelación cantante de las aguas
Entrechocadas como los hombros de la multitud
Paz en el mar a las olas de buena voluntad
Paz sobre la lápida de los naufragios
Paz sobre los tambores del orgullo y las pupilas tenebrosas
Y si yo soy el traductor de las olas
Paz también sobre mí.
He aquí el molde lleno de trizaduras del destino
El molde de la venganza
Con sus frases iracundas despegándose de los labios
He aquí el molde lleno de gracia
Cuando eres dulce y estás allí hipnotizado por las estrellas
He aquí la muerte inagotable desde el principio del mundo
Porque un día nadie se paseará por el tiempo
Nadie a lo largo del tiempo empedrado de planetas difuntos
Este es el mar
El mar con sus olas propias
Con sus propios sentidos
El mar tratando de romper sus cadenas
Queriendo imitar la eternidad
Queriendo ser pulmón o neblina de pájaros en pena
O el jardín de los astros que pesan en el cielo
Sobre las tinieblas que arrastramos
O que acaso nos arrastran
Cuando vuelan de repente todas las palomas de la luna
Y se hace más oscuro que las encrucijadas de la muerte
El mar entra en la carroza de la noche
Y se aleja hacia el misterio de sus parajes profundos
Se oye apenas el ruido de las ruedas
Y el ala de los astros que penan en el cielo
Este es el mar
Saludando allá lejos la eternidad
Saludando a los astros olvidados
Y a las estrellas conocidas.
Este es el mar que se despierta como el llanto de un niño
El mar abriendo los ojos y buscando el sol con sus pequeñas
                                                             /manos temblorosas
El mar empujando las olas
Sus olas que barajan los destinos
Levántate y saluda el amor de los hombres
Escucha nuestras risas y también nuestro llanto
Escucha los pasos de millones de esclavos
Escucha la protesta interminable
De esa angustia que se llama hombre
Escucha el dolor milenario de los pechos de carne
Y la esperanza que renace de sus propias cenizas cada día.
También nosotros te escuchamos
Rumiando tantos astros atrapados en tus redes
Rumiando eternamente los siglos naufragados
También nosotros te escuchamos
Cuando te revuelcas en tu lecho de dolor
Cuando tus gladiadores se baten entre sí
Cuando tu cólera hace estallar los meridianos
O bien cuando te agitas como un gran mercado en fiesta
O bien cuando maldices a los hombres
O te haces el dormido
Tembloroso en tu gran telaraña esperando la presa.
Lloras sin saber por qué lloras
Y nosotros lloramos creyendo saber por qué lloramos
Sufres sufres como sufren los hombres
Que oiga rechinar tus dientes en la noche
Y te revuelques en tu lecho
Que el insomnio no te deje calmar tus sufrimientos
Que los niños apedreen tus ventanas
Que te arranquen el pelo
Tose tose revienta en sangre tus pulmones
Que tus resortes enmohezcan
Y te veas pisoteado como césped de tumba
Pero soy vagabundo y tengo miedo que me oigas
Tengo miedo de tus venganzas
Olvida mis maldiciones y cantemos juntos esta noche
Hazte hombre te digo como yo a veces me hago mar
Olvida los presagios funestos
Olvida la explosión de mis praderas
Yo te tiendo las manos como flores
Hagamos las paces te digo
Tú eres el más poderoso
Que yo estreche tus manos en las mías
Y sea la paz entre nosotros
Junto a mi corazón te siento
Cuando oigo el gemir de tus violines
Cuando estás ahí tendido como el llanto de un niño
Cuando estás pensativo frente al cielo
Cuando estás dolorido en tus almohadas
Cuando te siento llorar detrás de mi ventana
Cuando lloramos sin razón como tú lloras
He aquí el mar
El mar donde viene a estrellarse el olor de las ciudades
Con su regazo lleno de barcas y peces y otras cosas alegres
Esas barcas que pescan a la orilla del cielo
Esos peces que escuchan cada rayo de luz
Esas algas con sueños seculares
Y esa ola que canta mejor que las otras
He aquí el mar
El mar que se estira y se aferra a sus orillas
El mar que envuelve las estrellas en sus olas
El mar con su piel martirizada
Y los sobresaltos de sus venas
Con sus días de paz y sus noches de histeria
Y al otro lado qué hay al otro lado
Qué escondes mar al otro lado
El comienzo de la vida largo como una serpiente
O el comienzo de la muerte más honda que tú mismo
Y más alta que todos los montes
Qué hay al otro lado
La milenaria voluntad de hacer una forma y un ritmo
O el torbellino eterno de pétalos tronchados
He ahí el mar
El mar abierto de par en par
He ahí el mar quebrado de repente
Para que el ojo vea el comienzo del mundo
He ahí el mar
De una ola a la otra hay el tiempo de la vida
De sus olas a mis ojos hay la distancia de la muerte

 de Últimos Poemas Póstumo, 1948

MIGUEL OSCAR MENASSA


Miguel Oscar Menassa brinda el perfil de un hombre del Renacimiento. El arte de la suprema sencillez, el código que puede ser compartido por una gran mayoría es fruto de una trayectoria tras la cual se adivina el optimismo trágico de un creador singular. Sus producciones le colocan en la vanguardia del pensamiento contemporáneo.
Además de sus múltiples ocupaciones y actividades, Miguel Oscar Menassa es un autor prolífico. Desde 1961, fecha en que aparece su primer libro, Pequeña historia, ha publicado casi todos los géneros literarios: poesía, novela, ensayo, textos científicos de investigación y divulgación, guión cinematográfico, aforismos, canciones… Aunque Menassa es, fundamentalmente, poeta.
Después de 56 años desde su primer libro, con semejante intensidad, parecería que ya nada puede sorprendernos en su escritura, pero no es así.
Ha tratado prácticamente todos los temas que atañen al ser humano y lo ha hecho con múltiples enfoques, sin olvidar nunca los dos pilares que articulan su imaginario de escritor: la poesía y el psicoanálisis.
Por eso, la escuela de psicoanálisis que dirige en Madrid desde hace 36 años, se llama Escuela de Psicoanálisis y Poesía Grupo Cero, una unión que cabalga sobre la meseta castellana desde 1976, año en que Menassa aterriza en Madrid procedente de Buenos Aires.
Acostumbrados nos tiene Menassa a malabarismos en la cuerda floja, saltos y caídas en el tirabuzón sangrante de la poesía, mientras el público tiembla con el corazón en un puño. Acostumbrados a morir de risa con la simple mueca del payaso que nos habita y, también, a vivir del llanto derramado en manos ausentes.
Y es que, aunque sepamos que para el poeta, Ella siempre es la poesía, ¿qué mujer puede resistir la tentación de vestirse con ciertas frases, colarse entre versos hasta sentir que son la propia piel, que esas palabras fueron escritas para una misma, reina del universo en ese instante? Y entonces, no hay duda: yo soy ella.
Y ¿qué hombre no sostuvo entre sus brazos el deseo incandescente de ella, palabra sin medida, ella sublime encandilada rendida de amor en el abrazo? ¿Qué hombre no verá nacer, en estos poemas, dimensiones impensables de su propio hombre masculino?
Antonio Machado aconsejó: “Da doble luz a tu verso,/ para ser leído de frente/ y al sesgo.” En la poesía de Menassa, el sesgo alcanza dimensiones impensables. O, lo que es lo mismo, su escritura abre infinitos sentidos a lo humano.
Como él mismo ha escrito en su libro Aforismos y decires: “La poesía es de todos, y darme cuenta de esto me hará bien”.
Menassa es jinete y caballo, ráfaga y viento, sol y reflejo, e impregna el mundo con su canto; un pensamiento, una ideología, una luz para aquellos que, hoy día, podemos gozar de su obra.

Carmen Salamanca

Miguel Oscar Menassa con el alcalde de Madrid Enrique Tierno Galván.
En uno de sus recitales de poesía
En la Asociación de Escritores y Artistas Españoles junto a Emilio Porta, Vicesecretario de la Asociación de Escritores y Artistas Españoles y la médico y psicoanalista Alejandra Menassa.

Adolescente pescador

Adolescente pescador de enamoradas viejas
gran pescador de trufas
de muchachas alegres como el sol
de alguna fija para jugarse el alma.
Yo, gran cazador
gran manejador de redes solitarias
de redes para la soledad
de redes especiales
para cazar
tímidos corazones.

Cansado de ver morir
caliente
tanta gente
un verano de tarde
por los jardines públicos
por las calles públicas
por los baños públicos
puse mis redes silenciosas.

Después me dije
el tiempo es necesario
me aconsejé
tomar café sin ninguna leche
todas las mañanas.
Me aconsejé sentarme
le dije a una mujer
que se sentara al lado mío.
Tu culo fresco
le dije
sobre la tierra fresca.

Nos dimos un gran beso de amor.

Ella me dijo sus maneras de entretener la soledad.
Mostrar sus piernas o moverlas
según el frío o nuestras costumbres,
sentarnos al lado de un hombre
y dejarnos tocar
hasta sentir la necesidad de ser madres.
A veces, se entiende,
vendemos perlas a los hombres
alocados, perdidos en el sol.
Perlas orientales
perlas blancas de amor
pedacitos de perlas, dispuestas
generalmente sobre nuestro vientre
perlas, en fin, en forma de collares a dos vueltas
para estrangular mejor
si
me dijo
perlas violentas

De "22 poemas y la máquina electrónica o cómo desesperar a los ejecutivos"

EL HOMBRE Y YO
¿Qué quiere decir yo soy un hombre cuando soy yo el que habla?

11-
Nada nos será dado de la libertad
sin arrancarla de nuestros corazones.
Sexo que no consiguió
sino el poema.
Locura que brilló,
sólo un instante.
Fueron palabras
todos mis odios,
todos mis amores,
el sexo y la locura
fueron palabras
hasta la libertad,
sólo palabras.

15 -.
Ella en mí
se encontraba y desaparecía
mas cuando asentaba su poder
sobre mí, estaba todo el tiempo
pero invisible
y no era que el sexo se podía
o no se podía
o que la libertad se permitiese
o no se permitiese.
Sexo, locura y libertad,
tienen en común
cuando se dejan caer
sobre los hombres,
cuando consiguen
invadir sus células,
cuando penetran
por su respiración,
cuando contaminan
todos sus decires,
lo hacen con tal fuerza,
con tal soberbia ganadora,
que el hombre,
el hombre poderoso,
el de las armas hasta el corazón,
cual leve mariposa,
es capaz de morir,
libre, enamorado,
y totalmente loco.
Y la mujer que todo aprende,
aunque no diga nada,
y que no quiere morir
aunque se muera,
decide vivir libre,
enamorada y loca
aunque nadie
se lo permita o quiera.

16
La niña que se pasa todo el día
creando nuevas realidades
con sus fantasías.
Tierno niño que espera
con fervor, algún día,
quedar embarazado.
Mujeres que, después
hasta la muerte
se pasan todo el tiempo
lamentándose,
no haber tenido un hijo.
Hombres que se dan cuenta,
tal vez, un poco tarde,
que para poder tener un hijo
tienen que amar, primero,
a una mujer.

17
Ella quiere
y no quiere todo el tiempo.
Él quiere siempre
o no quiere nunca.
Es imposible una foto con los dos y,
sin embargo, se casan, viven juntos,
tienen algunos hijos,
se enferman y se mueren,
los dos el mismo día,
casi a la misma hora,
pero nadie puede decir
que se hayan conocido.

18
En mí viven:
un trabajador asalariado,
una mujer obrera,
un niño abandonado
y la embarazada suicida
que se mató
porque no pudo aceptar,
de ninguna manera,
haberse dejado penetrar
por líquidos extraños.

Y el dictador
soberbio y despiadado
que me obliga
todo el tiempo a matar,
enajenar,
despedazar o pervertir,
todo lo que no piensa
como piensa él.
Y después en el mundo
sólo viven sus sueños.
Esos días,
cuando el tirano me doblega,
no existe la belleza,
ni el rubí, ni la flor,
ni el amor, ni el odio,
ni siquiera el poema.
Todo el goce,
todo el placer que existe,
nadie puede gozarlo
sólo el tirano.
Y para mí,
sólo queda soñar,
soñar, intensamente,
que algún día,
cuando el tirano muera,
podré vivir en libertad,
conocer el amor
pero ya será tarde:
si espero,
para sentirme libre,
que el tirano muera,
al morir el tirano
me daré cuenta
que el tirano
soy yo.

21
Tengo, también, conmigo,
la pordiosera joven
que no quiere,
por nada del mundo, trabajar
y el médico comprensivo
que vive, intensamente,
todas las enfermedades,
aun las que no existen,
y una bujía loca
que se enciende y se apaga,
sin tener en cuenta las estaciones
ni mis estados de ánimo,
ni las guerras.
A veces,
cuando intento amar
en las penumbras
la bujía se enciende
iluminando todo con locura.
Lo que quería ser secreto,
se hace público y, tampoco,
nadie le encuentra explicación.

22
Y, a veces,
soy la mujer sembradora
de todas mis desgracias,
de todos mis fracasos.
Quiero que alguien me ame
pero no quiero amar,
quiero vivir como una reina
pero no tengo rey
y cuando me empobrezco
por haber creído
tener lo que no había
y no tenía nadie,
quiero que el mundo todo,
sostenga mi locura
que es, precisamente,
vivir sola en el mundo
y cuando mi amado
venga a preguntarme
qué hice
con nuestro amor grandioso
yo le diré: no me di cuenta,
no me di cuenta
que lo nuestro era amor,
no me di cuenta
que las plantas se riegan,
no me di cuenta
que un bebé necesita
el calor de una piel
y ser amamantado.
No me di cuenta
que el amor no existe
a menos que lo hagamos.
No me di cuenta,
y esto lo más terrible,
que nuestra poesía
era poesía.
Y tuve envidia
de todo lo que crecía
y hubo días terribles,
desconcertantes,
donde llegué a envidiar
el crecimiento
de tus blancos cabellos,
de tus uñas.
Y, después, tu ropa,
tu elegancia al hablar
la manera
en que otras mujeres te saludaban,
el modo libertario de utilizar el dinero
que ganabas en tus horas de trabajo.
Todo me parecía indigno para mí.
Cuando me dabas algo de dinero
que, por otra parte, nunca fue tanto,
lo tiraba
y ese día me quedaba sin comer
pero mis manos seguían limpias.
Y cuando gozaba
sexualmente en tu presencia,
me mutilaba,
entorpecía mi cerebro,
en lugar de gozar
me ponía celosa y deliraba.
Te perseguía,
me salían granitos en el culo
para avergonzarte
de lo que habías hecho.
Cualquier detalle sin importancia
en la cocina
o en el baño
o sobre la mesita de noche
o una fotografía antigua
donde sonreías,
todo lo utilizaba
para hostigarte con mis delirios
y, a decir verdad, me gustaba,
me hacía gozar
verte enfurecido con mis cosas
y a pesar
que siempre tuve miedo
que un día me mataras
yo gozaba con eso:
hacerte enfurecer.
Una alegría honda, nunca vista,
invadía mi ser cuando mis palabras
rompían el pedestal que te sostenía
y tú, caías, humanamente hablando,
en mi boca y eso,
era para mí, todo el amor.

23
Hombres de mí,
mujeres de mí,
niños y ancianos de mí,
vida y muerte de mí,
os convoco al poema.
El poema es, también,
el aire que corre.
La vida plena
nunca es el poema
pero la corteza
dura de un recuerdo
que se rompe
al hablar y se disuelve
es poesía
si la dejo fluir
como una ausencia,
como una voz sonora
que nunca fue.
Y el amanecer
es poesía cuando el sol
surge desde los senos
ardientes de mi amada
y hasta los senos
de la amada nocturna son poesía
cuando su desnudez
entrelaza lo humano y lo divino.

24
Sexo de fuego
que se fue haciendo agua,
agua molida a palos
que se fue haciendo amor.
Además, la poesía tiene el don
de combinar, alegremente,
lo bello con lo feo,
lo muerto con lo vivo,
el dolor con la risa,
el corazón ardiente
de una noche de fiesta
con la serpiente alada
que no puede morir.
La poesía es capaz
de combinar el astro sol
con la soberbia
de un candil apagado
y cuando todo oscurece,
el mundo dice muerte
pero la inaudita poesía
puede combinar
oscuridad con nacimiento,
noche cerrada
con comienzo del baile
y negro, negrísimo,
requetenegro
con rojo carmesí,
sexo y locura.
Y si alguien nos dijera
que hay algo
más negro que lo negro,
yo le diré: mi amor,
mi poesía,
la muerte de lo negro
no es la muerte,
es una época sin luz,
es Goya.

25

Hay en mí un pintor
que no le teme a nada
ni a hombres ni a mujeres
ni a color alguno
ni a trazos, ni a distancias,
ni a figuras lejanas
ni al rutilante negro de la muerte.
Mi verdadera revolución
acontece en el lienzo,
cuando un color que no se debe
se mezcla, con belleza,
con un color que no se puede.

Y hay tardes brutales
donde soy
el pobre hombre
que cuenta su dinero
y se acerca mi mujer,
me besa dulcemente
y yo le digo, 500, 500, 500,
ella se separa de mí,
bruscamente,
y me dice:
eres siempre el mismo,
y yo le digo:
500, 500, 500
y le pego
con las dos manos
al mismo tiempo
hasta hacerla sangrar.
Ella me escupe
su sangre a los ojos
y me enceguece
y me grita:
cornudo,
cornudo,
cornudo
y yo,
mientras intento matarla,
le digo: 500, 500, 500.

27
Después, el hombre
de los negocios importantes,
de los triunfos
que nunca se realizan.
A veces
su afán de sobresalir
es tan exagerado
que de tanto no hacer
ningún negocio
y no triunfar en nada
se mata
o se pervierte
y así, se hace notar.
Y al mirarse al espejo
y sin salir, nunca más,
de su celda,
se siente un hombre
de negocios,
un triunfador.

29
Mujeres que preferían
el castigo a la libertad.
Ancianos que esperaban
ser cuidados
por sus seres amados.
Niños que,
si su mamá no les daba
de comer en la boca,
no comían.
Jóvenes que se mutilaban
para ser sabios
antes de tiempo.

31
Yo soy
el profesor de matemáticas
que no sabe sumar,
la luz desgarradora de un rayo,
vencido, sin tormenta,
el porvenir sin hombre,
el amor sin mujer,
el cielo totalmente azul
y sin estrellas, apagado.
Soy, al mismo tiempo,
eso que permanece
y esa nada que sobra.
La risa del canalla
y un cuerpo abandonado.
El mismo canalla llorando,
desesperadamente,
al darse cuenta
que el cuerpo abandonado
es su madre.

32
Y la mujer
que llora todo el tiempo,
porque quiere bendecir
la tierra con su llanto
y quiere bendecir
todos los papeles escritos
con su llanto.
Y llora sin parar,
nieve o memoria
y tan soberbio el llanto
que llega hasta el orgasmo.
Llanto desafinado, entonces,
lágrimas saltando con fervor,
músculos endurecidos
cerca del estallido,
sangre marcando el compás
a velocidades supersónicas.
Carne y basura,
símbolo y cielo
estallando al unísono,
mas sin que nadie
pueda constatarlo.
Ni ella misma
es capaz de decir:
lágrima o sueño,
burbuja o realidad,
perfecto manantial
que fluye permanente
o goteo interminable
de un grifo imperfecto,
que sin saber
nada del agua la retiene.
Como me pasa a mí con la mujer,
a veces,
sin saber nada de ella
quiero que sea mía,
sin conocer
los secretos de su piel,
quiero que el goce
nazca en ella
haciendo
el ademán de acariciarla
y Ella
la que nadie pudo conocer,
ni aún
tratándose del viento o Dios,
decide que el cantor
ha de tener su presa
y Ella misma se ofrece
cual liebre hipnotizada
y entrega su cabeza
para que se la corte
y en ese gesto
Ella, es San Juan Bautista
y yo, soy la putita
que baila y asesina.

34
Hay en mí
un soldado de la libertad,
que es el mismo soldado
que defiende mi pan,
el mismo
que se enamora antes de partir.
Un soldado en plena libertad
con un pan en sus manos
y enamorado,
no hará la guerra, no,
ni matará
a nadie por la espalda
ni violará,
ni robará al vencido
y, entonces,
ya no será soldado
y terminará
sus días en la cárcel
por haberse negado a matar
a niños desarmados
jugando en la vereda
y, después, en la cárcel
alguien lo matará
algún superior,
algún compañero,
por traidor.

35
Y hoy,
en estos días del año 2002,
hay un hombre en mí
que al levantarse dice:
La poesía la harán otros,
otros harán todo el trabajo
otros,
comida y agua, proveerán:
Yo, mientras tanto,
romperé la baraja.
Ya sin destino
por haberlo hecho
tocaré con mis versos
el centro de lo negro
y lloraré
por el alma que no pude tener.
Otros harán la guerra y el amor
otros harán la locura y el tiempo
yo, mientras tanto,
seré mi propia creación.
36
He de morir un día
y un día he de vivir
y cuando mis manos
pierdan la alegría
morirá un poeta.
Y es una casa limpia
lo que ambiciono
para el lejano y cercano
día de mi muerte.
Una casa vacía,
sin puertas,
sin ventanas,
sin nadie
que quiera tomar el sol, el aire.
Mis seres queridos
preparando la fiesta
y a mi lado
dejándome morir,
el rugido inmortal
de los cien mil poetas
que hicieron de mi vida
este cantar.

Poemas extraídos del libro “El hombre y yo” de Miguel Oscar Menassa (2005)

Se recomienda ver el programa de televisión Poesía más Poesía con la presencia del poeta Miguel Oscar Menassa y director del programa.

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