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115. Poesía más Poesía: Miguel de Unamuno

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MIGUEL DE UNAMUNO

Biografía

Miguel de Unamuno y Jugo nació el 29 de septiembre de 1864 en Bilbao, ciudad que le vio nacer y en la que pasó su infancia y su adolescencia. Fue en Salamanca donde estableció su hogar, donde permaneció de forma casi ininterrumpida el resto de su vida, y donde murió la tarde del último día del año 1936, después de una intensa vida social, política, académica e de poeta.

Miguel de Unamuno Meurisse 1925 1 - Poesia Online


El padre de Unamuno, Félix de Unamuno se casó con su sobrina Salomé de Jugo con la que tuvo seis hijos de los que Miguel fue el tercero y el primer varón. Su padre era comerciante y la situación económica de la familia Unamuno era desahogada hasta su muerte en 1870, cuando Miguel tenía seis años. La muerte de su padre “condenaría a la familia a una vida austera, de apuros económicos”. Su padre, antes de establecerse definitivamente en Bilbao, había emigrado a Méjico y había amasado una pequeña fortuna de la que disfrutaba su familia. Además, el padre a su regreso trajo consigo una pequeña biblioteca que fue el primer contacto del pequeño Miguel con los libros, entre los que había de Historia, Derecho, Filosofía, Ciencias Sociales y Ciencias Generales.
Con nueve años, estalló la Segunda Guerra Carlista cuando se dispone a tomar su primera comunión, y casi sin saberlo, cobra también conciencia del hecho de la guerra civil”. Unamuno lo consideró “como el primer hecho significativo en su vida: la explosión, el 21 de febrero de 1874, sobre uno de los tejados cercanos a su casa, de una bomba carlista”.
En el bachillerato Unamuno estudió latín, geografía, historia, retórica, álgebra, aritmética, psicología, lógica, ética, etc. En el tercer curso de bachillerato fue cuando Miguel comenzó sus lecturas filosóficas. Por obligación de su profesor debían leer a Balmes y a Donoso Cortés, pero estos autores no satisfacían las inquietudes de Unamuno y comenzó a leer a Kant, Descartes, Hegel, Fichte y Newton, entre otros. Las lecturas de estos autores, de los libros de la pequeña biblioteca que dejó su padre y su propia inquietud intelectual, fueron poniendo las bases del trabajo de Unamuno como literato y pensador.
El viejo Bilbao de las siete calles, del que dice Unamuno en su obra De mi país que fue “mi mundo, mi verdadero mundo, la placenta de mi espíritu embrionario, el que fraguó la roca sobre que mi visión del universo posa”, y que retrató magistralmente en su primera novela Paz en la guerra (1897).
Unamuno terminó el bachillerato y partió hacia Madrid en 1880 para comenzar sus estudios universitarios, la carrera de Filosofía y Letras. Madrid fue otra de las ciudades que dejaron huella en Don Miguel.
Completó su carrera en Madrid y este fue el único periodo de su vida en el que Unamuno permaneció durante largo tiempo en la capital. Unamuno nunca accedió a asentarse en Madrid a pesar de que, incluso su amigo José Ortega y Gasset, siempre quiso que Unamuno estuviera en Madrid y optara a una cátedra en la corte. En sus años universitarios Unamuno aprendió alemán leyendo a Hegel y a Goethe en el Ateneo de Madrid. En este año de 1880 publicó su primer artículo periodístico titulado “La unión hace la fuerza” que apareció en El noticiero bilbaíno. La experiencia de Unamuno en la capital también fue decisiva en su vida por otro importante motivo, pues fue allí donde Unamuno dejó de acudir a misa.

miguel de unamuno 02 - Poesia Online

Advierte la importancia de la cultura anglosajona, centroeuropea y nórdica y sigue de cerca la literatura en lengua inglesa e italiana, cuando en España, las mejores cabezas son apenas tributarias y esclavas de la cultura francesa mal digerida. Y no es que desconozca esta cultura, simplemente la sitúa en su lugar entre otras igualmente importantes y trata con ella de poder a poder. Su dominio del griego y del latín clásicos. Como del árabe, hebreo y sánscrito, evidente en sus trabajos de lingüística, se une al perfecto manejo del francés, inglés, alemán, italiano, danés, portugués, gallego, catalán y aun del griego moderno y el milenario vascuence, que con su insuperable dominio del castellano más vivo le abren todas las puertas de la cultura universal.
Es uno de los hombres más culto de su época.

En 1883 hizo su examen de licenciatura, acabó la carrera y en 1884 se doctoró con una tesis titulada Crítica del problema sobre el origen y prehistoria de la raza vasca. Cuando leyó su tesis regresó a Bilbao el mismo año. La principal ocupación de Unamuno a su regreso a Bilbao fue la preparación de oposiciones. En esta época en su ciudad natal comenzó también la militancia socialista de Don Miguel. En 1889 Unamuno hizo su primer viaje al extranjero y visitó dos países, Italia y Francia. Decidida su entrega a la docencia, en el curso de estos años hizo hasta cinco oposiciones a cátedras de Enseñanza Media. Primero a una de Psicología, Lógica y Ética, y luego a otra de Metafísica, ésta de enseñanza superior. “Pero dada mi criterio de entonces en la materia y dada, sobre todo, la independencia del juicio que ya por aquella época era mi dote espiritual, fracasé y no pude sino fracasar, en ambas oposiciones. Quiero decir que me quedé sin ninguna de ambas cátedras. Y entonces decidí, aprovechando mis aficiones a lenguas, opositar a latín y griego. Y después de dos infructuosas oposiciones, a cátedras de latín logré al cabo ganar una cátedra de lengua griega”. obtuvo la plaza para la Cátedra de Griego de la Universidad de Salamanca de la que tomó posesión en junio de 1891. El 2 de octubre de ese mismo año regresó a Salamanca para comenzar las clases.
Antes de ganar las oposiciones, Unamuno había contraído matrimonio el 31 de enero del mismo año con Concha Lizarraga, con la que mantenía un noviazgo desde los doce años. Concha Lizarraga fue su primer amor y permaneció a su lado hasta que ella murió el 15 de mayo de 1934 en Salamanca. Doña Concha tuvo un papel muy importante en la vida de Don Miguel.
Entre sus apuros económicos, entre los desvelos y preocupaciones religiosas, mucho más importantes, en su trabajo de escritor, siempre la figura de aquella fiel compañera acude cada vez que el desánimo se apodera de Unamuno.

Miguel de Unamuno y su familia en Salamanca. - Poesia Online


Miguel de Unamuno tuvo nueve hijos con Doña Concha: Fernando, Pablo, Raimundín, Salomé, Felisa, José, María, Rafael y Ramón. Unamuno encontró en su hogar la paz y la alegría que en ocasiones le faltaban a causa de sus preocupaciones religiosas, académicas, políticas y sociales. “Junto a sus hijos y a su mujer encuentra algo de sosiego. Fuera, en la lucha, la polémica encarnizada en la universidad y en otros ámbitos de la vida local y nacional”.
Su hijo Raimundo —que nació el 7 de enero de 1896— y su temprana muerte en 1902 influyeron de manera profunda en Don Miguel que vivió muy de cerca su enfermedad: sufría de una meningitis que le produjo una hidrocefalia que resultó fatal. Don Miguel sufrió cada momento de los seis años que vivió su hijo junto a él y no le abandonó nunca, incluso tenía su cuna instalada en su despacho mientras trabajaba.

Unamuno ya estaba instalado en Salamanca con su familia desde 1891 y ejercía su labor docente de forma continua e intachable debido a la propia actitud de Don Miguel como profesor, “era puntual en sus clases y buen cumplidor de los deberes académicos. Recuerdos elogiosos de su magisterio han suscrito varios de sus discípulos”. Al mismo tiempo estaba escribiendo su primera gran obra dentro de la prolífica producción de Don Miguel que abarca numerosos géneros como la novela, la poesía, el teatro o el ensayo. En 1897 se publicó Paz en la guerra, novela centrada en la Segunda Guerra Carlista y en el sitio de Bilbao en 1874.
En el mismo año de la publicación de Paz en la guerra se produjo una experiencia en la vida de Unamuno que le llevó a sufrir su gran crisis religiosa de 1897.
Unamuno había caído en un cierto agnosticismo en su etapa de universitario en Madrid y esta crisis la interpretó como una especie de conversión, un principio para recuperar la fe que había perdido hacía ya años.
Fruto de esta crisis religiosa, Unamuno escribió y leyó en 1899 en el Ateneo de Madrid un ensayo titulado “Nicodemo el fariseo” que fue el primero de una obra que empezó a escribir y que, en un principio, tituló Meditaciones evangélicas pero que nunca llegó a terminar. No obstante, “el contenido de todas ellas, años más tarde, está refundido en Del sentimiento trágico de la vida”. En este texto, “Nicodemo el fariseo”, aparecen ya esbozadas algunas de las ideas capitales de la filosofía de Unamuno, como la idea del poder creador de la fe: “Cuando la razón me dice que no hay finalidad trascendente, la fe me contesta que debe haberla, y como debe haberla la habrá. Porque no consiste tanto la fe, señores, en crear lo que no vimos, cuanto en crear lo que no vemos. Sólo la fe crea”. “Nicodemo el fariseo” es el ensayo que mejor refleja el cambio que se dio en la religiosidad de Don Miguel a partir de la crisis de 1897, “estado que, representa mejor que ningún otro escrito”, y que “subsiste hasta el momento en que Unamuno descubre que ‘Dios es ateo’, es decir, hasta cuando comprende que no puede volver a la fe de la infancia que añora.


Durante esos primeros años en Salamanca Don Miguel acudía a sus clases, atendía a sus obligaciones familiares y docentes, al mismo tiempo que seguía publicando escritos que agitaban, de algún modo, la vida local de Salamanca y la vida nacional. Pero Unamuno siempre se negó a ser un dirigente político.
En una superficial aproximación a la vida cotidiana de Unamuno pudiera parecer que esta vida tranquila que llevaba en Salamanca era fiel reflejo de la propia actitud de Don Miguel pero él, lejos de desentenderse de los problemas que afectaban a España, seguía muy de cerca la vida nacional y la vida de la ciudad de Salamanca y de su universidad. De hecho, el 30 de octubre de 1900 Unamuno fue nombrado rector de la Universidad de Salamanca —después de no pocas polémicas entre los miembros del claustro— con el apoyo del alumnado pero sin el respaldo de la mayoría de aquél, que se había inclinado hacia el lado del rector saliente, Don Mamés Esperabé Lozano, y que no veía con buenos ojos el nombramiento de Unamuno. Don Miguel aún le dio más razones para su antipatía al hacerse cargo de la reorganización de la universidad y crear una cátedra de Filología comparada de latín y castellano que el mismo rector desempeñó. Emilio Salcedo narra de este modo el nombramiento del nuevo rector en su exhaustiva biografía de Don Miguel:
El acto es breve (…) De sí les dice que espera poder hacer algo, que lo creía posible y que la única manera de saberlo era comprobándolo al frente de la universidad. Terminó pidiendo leal colaboración (…) Al salir del aula, los estudiantes aclaman a Unamuno, le aplauden y piden a gritos que vaya al Paraninfo. Y allá van. El rector ya es Unamuno; el rector dirige a los estudiantes unas breves palabras (…) Y termina, contemplando el rostro de algunos de sus compañeros de claustro, presintiendo la dura lucha que se le avecina: “Huid de albergar en vuestra alma la envidia y la soberbia”.
Unamuno ocupó la rectoría hasta 1914, año en el que fue destituido por primera vez como máxima autoridad de la Universidad de Salamanca. Durante estos catorce años como rector, Unamuno publicó algunas de sus obras capitales. El mismo año de su nombramiento, Don Miguel escribió Tres ensayos (1900) que plantea el problema de la personalidad íntima, ya sea personal o colectiva. Dos años más tarde apareció Amor y pedagogía (1902) — novela a la que Unamuno había titulado originariamente Todo un hombre— y Paisajes (1902).

La gran variedad de temas de Unamuno y su uso de diferentes géneros iban haciéndose patentes en la producción de Don Miguel, pues el cambio de tono de sus obras es sorprendente: cómo pasa del tono de “subjetividad crítica, desnudez y arbitrariedad de Amor y pedagogía”, a la descripción de los diferentes paisajes que lleva a cabo en Paisajes. Estos lugares y paisajes que visitó se quedaban grabados en la retina de Don Miguel, en la memoria del artista que era Unamuno, en la mirada del hombre que usaba las palabras para describir el mundo, pero que también sabía pintarlo con los trazos de su lapicero de dibujar que tantas veces había utilizado en sus años de juventud. “El paisaje como asunto literario es género en el que Unamuno ha dejado marca personalísima”. Unamuno es capaz de escribir una novela, Amor y pedagogía en la que trata de caracterizar la filosofía, y un año más tarde publicar De mi país (1903), recopilación de artículos periodísticos que Don Miguel publicó en el diario bilbaíno El Nervión “sobre motivos costumbristas, aderezados con reflexiones sociológicas y literarias”.
En 1905 Unamuno publicó una de sus obras filosóficamente más relevantes, Vida de Don Quijote y Sancho, en la que se pueden encontrar algunas de sus tesis filosóficas más importes mediante comentarios a pasajes de la novela de Cervantes, de “nuestra Biblia nacional”, como le gustaba llamarla a Unamuno. Este ensayo sobre la obra de Cervantes supuso un nuevo motivo para alimentar aun más, a través de la escritura, el afán de inmortalidad de Don Miguel. Este “hambre de inmortalidad”— expresión que el propio Unamuno usa para acentuar el carácter instintivo que cree que posee en el ser humano el deseo de inmortalidad— “explica la atracción de figuras novelescas como las de Don Quijote y Sancho, llamados a no morir, portadores de alguna manera del espíritu creador”.
La producción literaria de Unamuno en estos catorce primeros años de rectorado fue muy prolífica. Después de Vida de Don Quijote y Sancho, Unamuno cambió de género y publicó en 1907 una obra que tituló Poesías. Al año siguiente escribió la obra en la que mejor recogió sus recuerdos pasados y que llevó por título Recuerdos de niñez y mocedad. En 1909, Unamuno volvió a cambiar de género y publicó dos obras teatrales, La esfinge y La difunta.

De la profusión. De Soliloquios y conversaciones:

Ahora, estoy recogiendo más datos de esta tragicomedia, de esta farsa fúnebre. Pensé primero hacer de ello un sainete; pero considerándolo mejor he decidido meterlo de cualquier manera, como Cervantes metió en su Quijote aquellas novelas que en él figuran, en una novela que estoy escribiendo para desquitarme de los quebraderos de cabeza que me da el embarazo de mi mujer.
Pero ¿te has metido a escribir una novela?
¿Y qué quieres que hiciese?
¿Y cuál es su argumento, si se puede saber?
Mi novela no tiene argumento, o mejor dicho, será el que vaya saliendo. El argumento se hace él solo.
¿Y cómo es eso?
Pues mire, un día de éstos que no sabía bien qué hacer, pero sentía ansia de hacer algo, una comezón muy íntima, un escarabajeo de la fantasía, me dije: voy a escribir una novela, pero voy a escribirla como se vive, sin saber lo que vendrá. Me senté, cogí unas cuartillas y empecé lo primero que se me ocurrió, si saber, lo que seguiría, sin plan alguno. Mis personajes se irán haciendo según obren y hablen, sobre todo según hablen; su carácter se irá formando poco a poco. Y a las veces su carácter, será el de no tenerlo.
Sí, como el mío
No sé. Ello irá saliendo. Yo me dejo llevar.

Convéncete, pues, de que meditas más y mejor escribiendo estas cosas como la que ahora te estás dirigiendo aquí a ti mismo, que no encerrándote en tu cuarto a eso que se llama meditar y no es sino divagar. La necesidad de dar a tu pensamiento expresión trasmisible es lo que le ata a proceso vivo y eficaz. Con la pluma en la mano es como mejor se te ocurren las cosas, y es porque entonces no piensas para ti mismo, sino que piensas para los demás. Pensar para sí mismo no es, en rigor, pensar, es perderse en vagas ensoñaciones como el que se pasea por los bodes del sopor contemplando las espirales del humo del cigarro. Pensar es pensar para los demás; pensar es una función social

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Unamuno ya era un escritor reconocido, capaz de abarcar numerosos temas en diversos géneros: había publicado ensayo, poesía, teatro y novela. Su producción de textos no cesó hasta el mismo año de su muerte. En 1910 vio la luz la colección de ensayos que Unamuno tituló Mi religión y otros ensayos breves que se caracteriza por la notable diversidad de temas que Unamuno trata: la religión, la verdad, la política, la cultura, la pornografía, la lujuria, la opinión pública, además de escribir sobre otros literatos y pensadores cuyas obras conoce como Ibsen o Kierkegaard, al que comenzó a leer en 1901 y que le sirvió de “compañero de su nueva trayectoria.
Unamuno continuaba con su infatigable labor escritora y en 1911 publicó tres obras: Rosario de sonetos líricos, Por tierras de Portugal y España y Soliloquios y conversaciones; y en 1912 otra colección de ensayos con un título que podría corresponder muy bien con el temperamento del propio Unamuno, Contra esto y aquello. Las cargas familiares y los compromisos que de ellas se derivaban obligaban a Unamuno a trabajar sin descanso: escribía numerosos artículos para diferentes diarios, pronunciaba conferencias en diversos lugares, además de escribir sus obras y cumplir puntualmente con su responsabilidad docente y su responsabilidad académica como máxima autoridad de la universidad.
El año 1913 fue un año notable dentro de la producción escrita de Don Miguel pues publicó nada menos que cuatro obras entre las que se encuentra la que se puede considerar la obra más genuinamente filosófica de Don Miguel: Del sentimiento trágico de la vida en los hombres y en los pueblos. Las otras tres obras que publicó Unamuno en 1913 corresponden, en primer lugar, a una colección de cuentos que recogió en un volumen y tituló El espejo de la muerte. Y, en segundo lugar, a dos obras teatrales que aparecieron con los títulos de La venda y La princesa doña Lambra que se publicaron juntas en un mismo volumen.
La obra Del sentimiento trágico de la vida está compuesta por nueve ensayos y un epílogo dedicado a Don Quijote en la tragicomedia europea contemporánea. En ella Unamuno recogió sus principales preocupaciones filosóficas agrupadas en torno al recurrente tema unamuniano de la inmortalidad humana. En esta obra es donde claramente se puede encontrar la síntesis de las inquietudes y cuestiones filosóficas de Unamuno en torno a la inmortalidad. En palabras de Julián Marías, “el tema de Unamuno (…) es, pues, el hombre en su integridad, que va de su nacimiento a su muerte, con su carne, su vida, su personalidad y, sobre todo, su afán de no morirse nunca”. En una carta a Pedro Jiménez Ilundain Unamuno dio noticia de esta obra que comenzó a publicar por entregas en 1911 y que más tarde reagrupó en su forma definitiva:
A la vez he enviado ya a La España moderna el primero de mis ensayos, bajo el título común de Del sentimiento trágico de la vida en los hombres y en los pueblos. Serán siete u ocho ensayos que luego constituirán un libro. En ellos he refundido mi Tratado del amor de Dios que, en la forma que lo planeé primero, me iba resultando irrealizable. Hay un ensayo dedicado a la lucha del Papado contra el sillonismo41, el modernismo, etc., justificándola en cierto modo. Y todo ello acaba estableciendo la filosofía de la incertidumbre y la desesperación. En el fondo algo pesimista.
En el verano de 1914, Unamuno llevó a su familia a pasar las vacaciones a Portugal, pero él debía regresar antes a Salamanca por los compromisos que le reclamaban allí. El 30 de agosto Don Miguel ya estaba en la ciudad castellana y se enteró de manera indirecta de su propia destitución:
En la Plaza Mayor cuelgan los periódicos locales unas carteleras en que dan avances de las noticias más salientes que van a publicar. Los titulares de la guerra europea llenan las planas de todos los diarios y la gente tiene avidez de noticias. Entre los telegramas de la guerra, la agencia de información lanza una bomba auténtica: Bergamín ha destituido al rector. Y Unamuno se entera bajo los soportales de la Plaza Mayor de Salamanca, en la cartelera de un periódico.
El año de la publicación de su famosa obra Niebla (1914), es también el año en el que comenzó una de las etapas más duras de Unamuno, la de los últimos veintidós años de su vida, que estuvo marcada por su primera destitución como rector y por la infatigable campaña política que emprendió Unamuno a partir de entonces. Este activismo político le llevó a sufrir un destierro que le alejó de su país y de su familia, además de una condena de dieciséis años de presidio en 1920 por injurias contra Alfonso XIII escritas en un artículo. El motivo que precipitó su destitución como rector fue el problema que tuvo Unamuno con las autoridades políticas por la convalidación del título de bachiller a un colombiano por el que el ministro Bergamín le reclamó. Unamuno contestó a Bergamín —que no profesaba una gran admiración por Unamuno— justificando la decisión que había tomado con arreglo a la ley vigente, pero parece que el tema no quedó zanjado en este cruce de notas entre el rector de Salamanca y el ministro Bergamín. De este modo, Unamuno perdió la rectoría por motivos que él mismo en un escrito público afirmó que aún desconocía en el momento de su destitución. Según sus propias explicaciones, él había actuado correctamente e hizo pública su disconformidad con la decisión que había tomado el gobierno y que consideraba absolutamente injusta.
Probablemente motivos políticos llevaron a Bergamín a tomar esta decisión, y el talante polémico y díscolo de Don Miguel no ayudara mucho a mantener la armonía entre las autoridades del gobierno y la propia autoridad de Unamuno en la universidad. Ferrater Mora interpreta el motivo de la destitución de Unamuno con estas palabras que bien pudieran caracterizar el propio talante político de Unamuno:
Esta destitución tuvo lugar en 1914 (…) y el motivo de ella fue precisamente la denuncia de la incompatibilidad entre la dedicación pedagógica y la política. Denuncia curiosa en un país donde más que en una gran mayoría de otros las fallas de la política son tan graves que es obra de caridad repararlas por todos los medios que se pueda entre ellos, por la pedagogía. Sobre todo cuando por “pedagogía” se entiende el trabajo a favor de la regeneración material y moral del país, el esfuerzo denodado para que el país se avive, labore, crea, sea.
A partir de su destitución Unamuno se involucró de forma más activa en cuestiones políticas. En mayo de 1927 Don Miguel participó como orador en el gran mitin de la izquierda celebrado en la plaza de toros de Madrid. Y en septiembre de ese mismo año fue elegido concejal en el Ayuntamiento de Salamanca. En 1920 Unamuno dio el salto a la política nacional y presentó su candidatura a las elecciones de diputados, además de presentarse en 1922 como candidato republicano a las Cortes. Pero antes de esta candidatura Unamuno estaba haciendo frente a sus problemas con la justicia causados todos por el mismo motivo: proferir injurias contra el rey Alfonso XIII. En una carta a Pedro Jiménez Ilundain lo explica el propio Unamuno:
Estoy sometido desde hace año y medio a tres procesos. Los tres en Valencia y los tres por supuestas injurias por escrito a S. M.; y estoy en libertad provisional, con obligación de presentarme en el Juzgado los días 1 y 15 de cada mes, con retención de la séptima parte del sueldo. Alcanzó el indulto; mas, para obtenerlo, he de someterme a juicio, y no quiero. No paso por esa farsa de que no retire el Fiscal la acusación, o más bien que retire en dos y acaso me condenen en el tercero y me indulten .
Los problemas con el gobierno y la justicia se agravaron más aún a partir del golpe de estado de Primo de Rivera —que se produjo el 13 de septiembre de 1923— que acabó por exasperar el talante luchador de Unamuno y que terminó con su condena a destierro.

El filósofo Miguel De Unamuno 1864 1936 junto con sus alumnos en Salamanca. - Poesia Online
El filósofo Miguel De Unamuno junto con sus alumnos en Salamanca.

Entretanto, Don Miguel seguía escribiendo y publicando. Desde 1917 hasta 1924 Unamuno publicó una docena de obras relevantes. Dentro de los ensayos y artículos editó tres obras: Ensayos (1916-1918), Sensaciones de Bilbao (1922) y Andanzas y visiones españolas (1922). Además no dejó de cultivar su faceta de novelista y escribió tres de sus novelas más populares: Abel Sánchez (1917), Tres novelas ejemplares y un prólogo (1920) y La tía Tula (1921). Tres obras poéticas corresponden también a esta etapa, entre las que se incluyen una de las obras en verso más importantes que escribió Unamuno: El Cristo de Velázquez (1920), además publicó Rimas de dentro (1923) y Teresa (1923). Por último, Unamuno escribió tres obras teatrales que tituló con diferentes nombres de mujer: Fedra (1921), Soledad (1921) y Raquel (1921).
Esta es la mejor prueba del espíritu infatigable de Don Miguel que no abandonó su profesión y su vocación como escritor a pesar de todos los problemas políticos en los que estaba involucrado. Unamuno seguía trabajando sin descanso por su familia y por su empeño en arreglar los problemas políticos y sociales de su país que le afectaban tanto como los problemas filosóficos y religiosos que le atormentaban. Unamuno llegó a obsesionarse con el estado de España, llegó a preocuparse de manera tal que no veía solución a los problemas que afectaban al país. En una carta a Ilundain, Unamuno expresa su falta de esperanza por encontrar alguna solución próxima:
Lo de aquí cada vez peor. Vivimos bajo un compacto y enorme nubarrón negro, preñado de pedrisco, que nos cubre todo el cielo, nos quita el sol, nos amaga con apedrearnos cualquier día. Yo me consumo en una expectativa incesante. El sentimiento de incertidumbre e inseguridad es general y continuo. Nadie sabe lo que va a pasar aquí. Y lo más terrible sería que no pasase nada.
Unamuno también participó de manera activa en la vida académica de la Universidad de Salamanca, pues a pesar de su destitución como rector de 1914, el 19 de noviembre de 1921 es nombrado decano de la Facultad de Letras y vicerrector y, a su vez, ejercía como rector en funciones. Dos años después Unamuno presentó su dimisión para ambos cargos pero fue confirmado en los puestos por la mayoría del claustro. Don Miguel seguía siendo una autoridad académica y moral en la propia universidad. Pero este activismo político de Unamuno y su perpetua crítica a las autoridades políticas —que ya se habían personalizado en la figura de Primo de Rivera después del golpe de estado— precipitaron los acontecimientos y el 20 de febrero de 1924 fue el día en el que la vida del entonces vicerrector dio un giro completo. Ese día el gobernador de Salamanca recibió del gobierno la orden de cesar a Unamuno de sus puestos en la universidad y la pena que le condenaba al destierro.
Esta noticia no pasó inadvertida de ningún modo y las protestas contra el destierro de Unamuno se extendieron por todo el país y por el extranjero, por todo el continente europeo y por Hispanoamérica. A pesar de ello, Unamuno tuvo que abandonar la península y el 10 de marzo de 1924 llegó a Fuerteventura, lugar elegido para el confinamiento de Don Miguel. Durante su estancia en la isla Unamuno recibía noticias de la península e incluso le visitaron algunas personas. Entre ellas se encontraba Henri Dumay que propuso a Don Miguel un plan de fuga desde la isla a París, al que Unamuno accedió después de no pocas dudas por abandonar definitivamente su país. El talante luchador de Unamuno contra la política nacional no cesó ni siquiera en su destierro. Unamuno continuó su lucha:
Desde Fuerteventura siguió hablando y escribiendo contra el dictador y contra el monarca, y cuando el director de Le Quotidien, donde Don Miguel colaboraba, le preparó la huida de la isla, partió de ésta hacia Francia para proseguir allá, sin momento de tregua, y en destierro voluntario, su oposición indomado.
Unamuno llegó a París el 28 de julio de 1924 pero su estancia en aquella ciudad era ya un destierro voluntario, porque antes de abandonar Fuerteventura había llegado a la isla el indulto del gobierno. Unamuno decidió exiliarse en Francia por propia voluntad, pues a pesar de ese indulto seguía manteniendo su postura contraria al régimen español. Este destierro, además de mantenerle lejos de su familia y de la ciudad de Salamanca que consideraba su hogar —ambas cosas entristecían profundamente a Don Miguel—, le costó su cátedra en Salamanca de la que fue despojado por no acudir a sus clases, después de treinta y cinco años en posesión de ella. Unamuno siguió escribiendo en París contra los políticos españoles pero no dejó de lado su tarea como novelista y fue en la capital francesa donde escribió Cómo se hace una novela (1925).
Unamuno ya no se sentía bien en París, dudaba si volver a España, entonces decidió abandonar París pero no regresó a su patria sino que tomó un tren y se quedó en Hendaya desde donde podía contemplar el País Vasco. En 1928 comenzó a colaborar con Eduardo Ortega y Gasset —hermano de José Ortega y Gasset— en la publicación de Hojas Libres, pequeña revista contra el régimen de Primo de Rivera que se difundía en España clandestinamente. Unamuno ya no pudo soportar más la lejanía de su familia y de su país y el 9 de marzo de 1930 atravesó a pie hasta España por el pueblo fronterizo guipuzcoano de Irún.
Unamuno tardó varios días en regresar a Salamanca, antes de eso fue de Irún a San Sebastián y de allí a Bilbao. En su camino a Salamanca se detuvo en Valladolid. Cuando por fin llegó a Salamanca su recibimiento fue apoteósico. Por fin volvía el rector. Unamuno tenía muchos enemigos pero mucha gente veía también en Don Miguel al rector, al hombre luchador, a aquel hombre que había sufrido pena de destierro y procesos judiciales por defender el país contra aquellos que él consideraba que llevaban el destino de España hacia un camino que no era el correcto.
Durante su estancia en tierras extrañas tampoco Unamuno dejó de producir. Durante su destierro escribió Sombras de sueño (1930) que es la adaptación de su obra de teatro Tulio Montalbán y Julio Macedo —que se publicó en 1927—, El hermano Juan o el mundo de teatro que se publicó en 1934. Las obras más importantes fruto de su experiencia en el destierro son Cómo se hace una novela (1925), los versos de De Fuerteventura a París (1925) —ambas publicadas en París—, y Romancero del destierro (1928). En 1925 en París, Unamuno también publicó La agonía del cristianismo.
La situación política en España cambió. El rey salió hacia el exilio y se proclamó la Segunda República. El propio Unamuno fue el encargado de anunciarla en Salamanca. En este año de 1931 no sólo el sistema político español cambió, también la situación de Unamuno volvió a normalizarse, volvió a parecerse a aquel estado de reconocimiento y de popularidad que dejó atrás el mismo día de su destierro. En 1931 Unamuno publicó otra novela que alcanzó gran reconocimiento, San Manuel Bueno, Mártir; y tres historias más.
Además Don Miguel fue nombrado “alcalde-presidente honorario” del primer ayuntamiento de la Segunda República en Salamanca. Y de nuevo Unamuno volvió a ocupar la rectoría que le habían arrebatado hacía diecisiete años. El 18 de abril de 1931, Unamuno fue nombrado de nuevo rector de la Universidad de Salamanca. Al mes siguiente se publicó en el periódico norteamericano The New York Times un artículo redactado por el propio Unamuno sobre la nueva situación política española. El año 1931 fue el gran regreso de Don Miguel como personaje público y reconocido no solo por la mayoría de la ciudad de Salamanca, sino también por todo el país y por muchos países del extranjero en los que las obras de Don Miguel ya habían empezado a ser traducidas, países como Francia e Italia, y en el continente americano, en el que Unamuno hacía ya años que colaboraba en algunos diarios como el argentino La Nación.
De hecho, en el año 1934, Unamuno fue nombrado Doctor Honoris Causa por la universidad francesa de Grenoble, y de nuevo en 1936, la Universidad de Oxford hizo lo propio y Don Miguel viajó hasta Inglaterra para acudir a su investidura. El propio gobierno volvía a reconocer el peso público de Don Miguel y el 27 de abril de 1931 le nombró presidente del Consejo de Instrucción Pública —cargo del que dimitió un año después, el 1 de mayo de 1932—, y en 1935, el Consejo de Ministros le nombró ciudadano de honor. Unamuno ya había entrado de nuevo en la vida política del país con todas sus esperanzas puestas en la nueva república de la que en los dos últimos años de su vida acabaría desilusionándose. Don Miguel seguía presente en la vida pública.

Miguel de Unamuno en La Flecha Salamanca en 1934 - Poesia Online

Jean Cassou —el traductor francés que Unamuno conoció en París— caracteriza el talante de Unamuno en el texto a modo de prólogo que escribió para la edición francesa de la primera publicación de Cómo se hace una novela, con las siguientes palabras:
Tal es la agonía de Don Miguel de Unamuno, hombre en lucha, en lucha consigo mismo, con su pueblo y contra su pueblo, hombre hostil, hombre de guerra civil, tribuno sin partidarios, hombre solitario, desterrado, salvaje, orador en el desierto, provocador, irreconciliable, enemigo de la nada y a quien la nada atrae y devora, desgarrado entre la vida y la muerte, muerto y resucitado a la vez, invencible y siempre vencido.
Participando de manera práctica también en la vida política Unamuno fue elegido diputado a Cortes por la ciudad de Salamanca. Acabó hastiado de los asuntos políticos y dejó de creer en la república que se estaba fraguando en el país y abandonó las Cortes.

Ferrater Mora resume con las siguientes palabras esta etapa agitada de Don Miguel en la vida política nacional:
Fue proclamado en 1935 ciudadano de honor de la República y recibió, entre grandes festejos, en 1934, la jubilación de su cátedra, nombrándosele simultáneamente rector perpetuo de Salamanca. Estas consagraciones marcaron el fin de una etapa turbulenta que todavía había perdurado en las Cortes Constituyentes donde sus discursos eran, al tiempo que orlados de doctrina, repletos de incisivos ataques.
En efecto, el 29 de septiembre de 1934 llegó el momento de dar la última clase de Don Miguel como profesor de la Universidad de Salamanca. Pero su jubilación no fue acogida como el retiro de cualquier profesor. El aula donde Don Miguel impartió su última lección se llenó, todos querían acudir a la última clase de Don Miguel, todos apreciaban al viejo catedrático luchador que había sido centro y figura de los treinta y cuatro últimos años de la Universidad. Se celebraron grandes fiestas en honor y, como homenaje a Don Miguel, se creó una cátedra con su nombre con la que Don Miguel poseía plena libertad para regentarla a su parecer.
Pero Unamuno volvió a levantarse y a rebelarse contra lo que no le parecía bien y denunció al gobierno de la República. Este levantamiento contra la autoridad produjo una nueva destitución, esta vez, el gobierno destituyó a Unamuno como rector perpetuo y anuló la creación de la cátedra que llevaba su nombre. En abril de 1936 Don Miguel ya estaba enfermo y distanciado de sus amistades por haber apoyado a los militares —que posteriormente se alzaron el 18 de julio de 1936—, aunque posteriormente fue repudiado en Salamanca por republicano. “El claustro unánimemente, decide retirar su confianza a Don Miguel de Unamuno y pedir al general Franco su destitución como rector perpetuo de Salamanca” que le destituyó el 22 de octubre mediante decreto.

58 - Poesia Online


En el mismo año de su muerte ocurrió un hecho que fue el máximo ejemplo del perpetuo talante crítico de Don Miguel con las autoridades políticas. Enfrentado ya con los militares, con el nuevo gobierno militar del general Franco, Unamuno fue protagonista de un enfrentamiento con el general Millán Astray. Se celebraba en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca un acto literario en conmemoración de la festividad de la raza. El acto era presidido por Miguel de Unamuno. A este acto acudió también la esposa del general Franco, Carmen Polo de Franco que tomó asiento a la derecha del rector, Don Miguel. El guión del acto se componía de diferentes discursos en torno al tema de la raza. Después de terminar todos los oradores, tomó la palabra Don Miguel para cerrar el acto, a pesar de que había anunciado que no lo haría. Unamuno sostenía en sus manos una cuartilla doblada con notas que había ido tomando a lo largo de las intervenciones de los anteriores oradores. Unamuno comenzó su intervención haciendo una dura crítica a la guerra civil con estas famosas palabras:
La nuestra es una guerra incivil. Nací arrullado por una guerra civil y sé lo que digo. Vencer no es convencer y hay que convencer, sobre todo, y no puede convencer el odio que no deja lugar para la compasión; el odio a la inteligencia.
Don Miguel continuó su discurso defendiendo a vascos y catalanes, remitiéndose a sus orígenes vascos. El general Millán Astray airado, golpeó violentamente la mesa e interrumpió el discurso de Don Miguel pronunciando unas palabras a favor del levantamiento militar, defendiendo a los soldados y terminó gritando “¡Mueran los intelectuales!, ¡Viva la muerte!”. Don Miguel, fiel a sus principios y a sus palabras, replicó dirigiéndose directamente al general. El espectáculo ya estaba servido, el público se escandalizó por lo que estaba aconteciendo, y comenzaron a abuchear a Don Miguel. La esposa de Franco entonces tomó del brazo a Unamuno y ayudada por su guardia personal consiguió sacar a Don Miguel del Paraninfo y llevarle hasta su casa. Este incidente le costó a Don Miguel los reproches y el ser repudiado por algunos sectores de la ciudad de Salamanca que lo tacharon de “rojo”, y de posicionarse en contra de España.
Aislado, repudiado por el gobierno y hastiado de tanta polémica, Unamuno decidió recluirse en su propia casa, decidió encerrarse voluntariamente y alejarse de la vida pública como forma de protesta. Don Miguel ya no recibió el nuevo año, murió de repente el último día del año 1936, año en el que la guerra civil que estalló trajo nuevos e importantes cambios que dividieron de nuevo la España que tanto había preocupado a Don Miguel.

POEMAS

CREDO POÉTICO

Piensa el sentimiento, siente el pensamiento,
que tus cantos tengan nidos en la tierra
y que, cuando en vuelo a los cielos suban,
tras las nubes no se pierdan.

Peso necesitan, en las alas peso,
la columna de humo, se disipa entera,
algo que no es música es la poesía,
la pesada sólo queda.

Lo pensado es, no lo dudes, lo sentido.
¿Sentimiento puro? Quien en ello crea
de la fuente den sentir nunca ha llegado
a la vida y honda vena.

No te cuides en exceso del ropaje,
de escultor y no de sastre es tu tarea,
no te olvides de que nunca más hermosa
que desnuda está la idea.

No el que un alma encarna en carne, ten presente,
no el que forma da a la idea es el poeta,
sino que es el que alma encuentra tras la carne,
tras la forma encuentra idea.

De las fórmulas la broza es lo que hace
que nos vele la verdad, torpe, la ciencia;
la desnudas con tus manos y tus ojos
gozarán de su belleza.

Busca líneas de desnudo, que, aunque trates
de envolvernos en lo vago de la niebla,
aun la niebla tiene líneas y se esculpe
ten, pues, ojos, no los pierdas.

Que tus cantos sean cantos esculpidos,
ancla en tierra mientras tanto que se elevan;
el lenguaje es, ante todo, pensamiento
y es pensada su belleza.

Sujetemos en verdades del espíritu
las entrañas de las formas pasajeras,
que la idea reine en todo soberana;
esculpamos, pues, la niebla.

LEER, LEER, LEER, VIVIR LA VIDA

Leer, leer, leer, vivir la vida
que otros soñaron.
Leer, leer, leer, el alma olvida
las cosas que pasaron.
Se quedan las que quedan, las ficciones,
las flores de la pluma,
las solas, las humanas creaciones,
el poso de la espuma.
Leer, leer, leer; ¿seré lectura
mañana también yo?
¿Seré mi creador, mi criatura,
seré lo que pasó?

ME DESTIERRO A LA MEMORIA

Me destierro a la memoria,
voy a vivir del recuerdo.
Buscadme, si me os pierdo,
en el yermo de la historia,

que es enfermedad la vida
y muero viviendo enfermo.
Me voy, pues, me voy al yermo
donde la muerte me olvida.

Y os llevo conmigo, hermanos,
para poblar mi desierto.
Cuando me creáis más muerto
retemblaré en vuestras manos.

Aquí os dejo mi alma-libro,
hombre-mundo verdadero.
Cuando vibres todo entero,
soy yo, lector, que en ti vibro.


CANCIONERO 242

Preso estuvo Colón,
preso Cervantes,
y no por los gigantes,
y Fray Luis de León
¡ay la Inquisición!
preso Quevedo
«¿nunca se ha de decir lo que se siente?»
quiero y no puedo.

España una prisión,
su entraña se resiente
y engendra la desidia,
la desidia la envidia.

¡Ay terrible llaneza,
española grandeza,
que allana la cabeza que se encumbre,
la que no se haga a la común costumbre!;
¡ay triste pesadumbre
del corazón castizo
con un amor de tierra quitadizo!

«La sombra de Caín» (dijo Machado)
del labrador
que quería por fuerza ser amado
conquistador.

¡Ay santísima gana!
derretida en galbana, que es desgana,
pues por tristes pasiones
no,
es que nos sale… de los corazones.

Mas al cabo ha llegado el estrambote,
cofradía estrambótica,
la que lleva por mote:
¡La Unión Patriótica!

CANCIONERO 99

¡Qué tontos se han vuelto todos!
No hacen sino repetir
las más viejas tonterías;
¡tal es nuestro porvenir!

Prosa, prosa, prosa, prosa,
y en prosa lo he de decir
por no callarme; callarme
me es lo mismo que morir.

Prosa pura que en pureza
da poesía sutil
sin rodeos ni metáforas
yendo derecha a su fin.

Prosa que se rinda al canto;
el canto le hará sufrir
el yugo del ritmo noble,
sin el cual es prosa vil.
Multiplicación y suma,
cantándolas aprendí,
mas no se aprende cantando
ni a restar ni a dividir.

10 de abril de 1928

CANCIONERO 68

No la acción, no la acción, antes el acto
no la Pasión, sino lo padecido;
religión y política son hechos.
¿Doctrinas? Dios me libre. Sucumbimos

a los tiranos que por burla torpe
de verdugos en jueces convertidos,
hacen sistema de la tiranía
y la bautizan nombre de fajismo.

No el acto puro, pura nadería
de filósofos que hacen los esbirros
y que pintan con éter en el éter éter,
como Jean Paul, el pobre, dijo.

Nada de puro, la pureza es mengua;
sin sales de la tierra y sus residuos
es impotable el agua destilada
e irrespirable puro el cielo mismo.

Dejaré a esos serviles mentecatos,
que prediquen la acción, el tío vivo,
y aquí a quijotear, que Don Quijote
no fue un puro doctor en quijotismo.

27 de marzo de 1928

CANCIONERO 97

–¿Qué me dices de mi España,
palomita mensajera,
que has cruzado por sus campos
camino de la frontera?

–Que la vi a vista de pájaro,
pues no vuelo a ras de tierra;
todo estaba tan tranquilo
como en un día de fiesta.

–¿Qué me dices, palomita?
¿Qué me dices, mensajera?
¿Quieres decir tan tranquilo
como en una hora de siesta?

–Huyo de los cazadores
ansiosos de una merienda;
no quiero que de mi pecho
hagan carne de escopeta.

–¿Y por eso es que no has visto
si la fiesta es más que siesta?
No sabes, mi palomita,
ni de la misa la media.

–No saber es lo que vale,
que el que sabe se enajena;
tradición es de palomas
la santísima inocencia.

–¿Y por qué traes en el pico,
palomita mensajera, 
esa ramita de oliva?
¿La mercaste en una feria?

–Lo que merqué fue aceituna
que se me ha caído a tierra,
y ahora no más que un recuerdo
es el ramito que queda.

–¿Recuerdo o señuelo? dime:
te has hecho refitolera;
estaba yo equivocado
pues sabes más de la cuenta.

–Mi sencillez ha aprendido
de la serpiente prudencia
y ha enseñado a la serpiente
sencillez como defensa.

–Pues, vuélvete, palomita,
vuelve al palomar y espera
que por sencilla y prudente
acabes en la cazuela.

9 de abril de 1928

CANCIONERO 307

«¿Qué es la verdad?»–y volvióse.
«¿La verdad? Un espantajo;
quede a Vargas el escéptico,
que es escriba, averiguarlo».

«No encuentro en él culpa alguna”;
luego se lavó las manos,
«chinchorrerías rabínicas
¡pobre pueblo soberano!»

«Orden, orden, salus pópuli
suprema lex esto, palo!
«Al palo con él, y déjenme
de una vez en paz, ¡marranos!»

«La autoridad ante todo
mi profesión es el mando,
la justicia es pura letra,
mera invención de letrados».

«Escrito queda lo escrito»,
dijo a lo Blas, el dogmático.
Era romano de raza
todo un patriota Pilatos.

31 de julio de 1928

De la profusión. De Soliloquios y conversaciones:

Ahora, estoy recogiendo más datos de esta tragicomedia, de esta farsa fúnebre. Pensé primero hacer de ello un sainete; pero considerándolo mejor he decidido meterlo de cualquier manera, como Cervantes metió en su Quijote aquellas novelas que en él figuran, en una novela que estoy escribiendo para desquitarme de los quebraderos de cabeza que me da el embarazo de mi mujer.
Pero ¿te has metido a escribir una novela?
¿Y qué quieres que hiciese?
¿Y cuál es su argumento, si se puede saber?
Mi novela no tiene argumento, o mejor dicho, será el que vaya saliendo. El argumento se hace él solo.
¿Y cómo es eso?
Pues mire, un día de éstos que no sabía bien qué hacer, pero sentía ansia de hacer algo, una comezón muy íntima, un escarabajeo de la fantasía, me dije: voy a escribir una novela, pero voy a escribirla como se vive, sin saber lo que vendrá. Me senté, cogí unas cuartillas y empecé lo primero que se me ocurrió, si saber, lo que seguiría, sin plan alguno. Mis personajes se irán haciendo según obren y hablen, sobre todo según hablen; su carácter se irá formando poco a poco. Y a las veces su carácter, será el de no tenerlo.
Sí, como el mío
No sé. Ello irá saliendo. Yo me dejo llevar.

Convéncete, pues, de que meditas más y mejor escribiendo estas cosas como la que ahora te estás dirigiendo aquí a ti mismo, que no encerrándote en tu cuarto a eso que se llama meditar y no es sino divagar. La necesidad de dar a tu pensamiento expresión trasmisible es lo que le ata a proceso vivo y eficaz. Con la pluma en la mano es como mejor se te ocurren las cosas, y es porque entonces no piensas para ti mismo, sino que piensas para los demás. Pensar para sí mismo no es, en rigor, pensar, es perderse en vagas ensoñaciones como el que se pasea por los bodes del sopor contemplando las espirales del humo del cigarro. Pensar es pensar para los demás; pensar es una función social


A MI BUITRE

Este buitre voraz de ceño torvo
que me devora las entrañas fiero
y es mi único constante compañero
labra mis penas con su pico corvo.

El día en que le toque el postrer sorbo
apurar de mi negra sangre, quiero
que me dejéis con él solo y señero
un momento, sin nadie como estorbo.

Pues quiero, triunfo haciendo mi agonía
mientras él mi último despojo traga,
sorprender en sus ojos la sombría

mirada al ver la suerte que le amaga
sin esta presa en que satisfacía
el hambre atroz que nunca se le apaga.

CASTILLA

Tú me levantas, tierra de Castilla,
en la rugosa palma de tu mano,
al cielo que te enciende y te refresca,
al cielo, tu amo,

Tierra nervuda, enjuta, despejada,
madre de corazones y de brazos,
toma el presente en ti viejos colores
del noble antaño.

Con la pradera cóncava del cielo
lindan en torno tus desnudos campos,
tiene en ti cuna el sol y en ti sepulcro
y en ti santuario.

Es todo cima tu extensión redonda
y en ti me siento al cielo levantado,
aire de cumbre es el que se respira
aquí, en tus páramos.

¡Ara gigante, tierra castellana,
a ese tu aire soltaré mis cantos,
si te son dignos bajarán al mundo
desde lo alto!

DOLOR COMÚN

Cállate, corazón, son tus pesares
de los que no deben decirse, deja
se pudran en tu seno; si te aqueja
un dolor de ti solo no acíbares

a los demás la paz de sus hogares
con importuno grito. Esa tu queja,
siendo egoísta como es, refleja
tu vanidad no más. Nunca separes

tu dolor del común dolor humano,
busca el íntimo aquel en que radica
la hermandad que te liga con tu hermano,

el que agranda la mente y no la achica;
solitario y carnal es siempre vano;
sólo el dolor común nos santifica.

EN HORAS DE INSOMNIO – Virginia

Me voy de aquí, no quiero más oírme;
de mi voz toda voz suéname a eco,
ya falta así de confesor, si peco
se me escapa el poder arrepentirme.

No hallo fuera de mí en que me afirme
nada de humano y me resulto hueco;
si esta cárcel por otra al fin no trueco
en mi vacío acabaré de hundirme.

Oh triste soledad, la del engaño
de creerse en humana compañía
moviéndose entre espejos, ermitaño.

He ido muriendo hasta llegar al día
en que espejo de espejos, soy me extraño
a mí mismo y descubro no vivía.

JUNTO A LA LAGUNA DEL CRISTO EN LA ALDEHUELA DE

Noche blanca en que el agua cristalina
duerme queda en su lecho de laguna
sobre la cual redonda llena luna
que ejército de estrellas encamina

vela, y se espeja una redonda encina
en el espejo sin rizada alguna;
noche blanca en que el agua hace de cuna
de la más alta y más honda doctrina.

Es un rasgón del cielo que abrazado
tiene en sus brazos la Naturaleza;
es un rasgón del cielo que ha posado

y en el silencio de la noche reza
la oración del amante resignado
sólo al amor, que es su única riqueza.

LA ORACIÓN DEL ATEO

Oye mi ruego Tú, Dios que no existes,
y en tu nada recoge estas mis quejas,
Tú que a los pobres hombres nunca dejas
sin consuelo de engaño. No resistes

a nuestro ruego y nuestro anhelo vistes.
Cuando Tú de mi mente más te alejas,
más recuerdo las plácidas consejas
con que mi ama endulzóme noches tristes.

¡Qué grande eres, mi Dios! Eres tan grande
que no eres sino Idea; es muy angosta
la realidad por mucho que se expande

para abarcarte. Sufro yo a tu costa,
Dios no existente, pues si Tú existieras
existiría yo también de veras.

NUESTRO SECRETO

No me preguntes más, es mi secreto,
secreto para mí terrible y santo;
ante él me velo con un negro manto
de luto de piedad; no rompo el seto

que cierra su recinto, me someto
de mi vida al misterio, el desencanto
huyendo del saber y a Dios levanto
con mis ojos mi pecho siempre inquieto.

Hay del alma en el fondo oscura sima
y en ella hay un fatídico recodo
que es nefando franquear; allá en la cima

brilla el sol que hace polvo al sucio lodo;
alza los ojos y tu pecho anima;
conócete, mortal, mas no del todo.

PASÁSTEIS COMO PASAN POR EL ROBLE

Pasásteis como pasan por el roble
las hojas que arrebata en primavera
pedrisco intempestivo;
pasásteis, hijos de mi raza noble,
vestida el alma de infantil eusquera,
pasásteis al archivo
de mármol funeral de una iglesia
que en el regazo recogido y verde
el Pirineo vasco
al tibio sol del monte se acurruca.

Abajo, el Bidasoa va y se pierde
en la mar; un peñasco
recoge de sus olas el gemido,
que pasan, tal las hojas rumorosas,
tal vosotros, oscuros
hijos sumisos del hogar henchido
de silenciosa tradición. Las fosas
que a vuestros huesos, puros,
blancos, les dan de última cuna lecho,
fosas que abrió el cañón en sorda guerra,
no escucharán el canto
de la materna lluvia que el helecho
deja caer en vuestra patria tierra
como celeste llanto…

No escucharán la esquila de la vaca
que en la ladera, al pie del caserío,
dobla su cuello al suelo,
ni a lo lejos la voz de la resaca
de la mar que amamanta a vuestro río
y es canto de consuelo.

Fuísteis como corderos, en los ojos
guardando la sonrisa dolorida
lágrimas del ocaso,
de vuestras madres el alma de hinojos,
¡y en la agonía de la paz la vida
rendísteis al acaso..!.

¿Por qué? ¿Por qué? Jamás esta pregunta
terrible torturó vuestra inocencia;
nacísteis… nadie sabe
por qué ni para qué… ara la yunta,
y el campo que ara es toda su conciencia,
y canta y vuela el ave…

¡Orhoit Gutaz! Pedís nuestro recuerdo
y una lección nos dais de mansedumbre;
calle el porqué…, vivamos
como habéis muerto, sin porqué, es lo cuerdo…
los ríos a la mar…, es la costumbre
y con ella pasamos…

EL CUERPO CANTA

El cuerpo canta;
la sangre aúlla;
la tierra charla;
la mar murmura;
el cielo calla
y el hombre escucha.

Sobre la palabra:
“La he estado mintiendo y he estado mintiendo. ¡Siempre es así! Todo es fantasía y no hay más que fantasía. El hombre en cuanto habla miente, y en cuanto se habla a sí mismo, es decir, en cuanto piensa sabiendo que piensa, se miente. No hay más verdad que la vida fisiológica. La palabra, este producto social, se ha hecho para mentir. Le he oído a nuestro filosofo que la verdad es, como la palabra, un producto social, lo que creen todos, y creyéndolo se entienden. Lo que es producto social es la mentira.”


LA SANGRE DE MI ESPÍRITU

La sangre de mi espíritu es mi lengua,
y mi patria es allí donde resuene
soberano su verbo, que no amengua
su voz por mucho que ambos mundos llene.

Ya Séneca la preludió aún no nacida
y en su austero latín ella se encierra;
Alfonso a Europa dio con ella vida.
Colón con ella redobló la Tierra.

Y esta mi lengua flota como el arca
de cien pueblos contrarios y distantes,
que las flores en ella hallaron brote,

de Juárez y Rizal, pues ella abarca
legión de razas, lengua en que a Cervantes
Dios le dio el Evangelio del Quijote.

AY, TRISTE ESPAÑA DE CAÍN

¡Ay, triste España de Caín, la roja
de sangre hermana y por la bilis gualda,
muerdes porque no comes, y en la espalda
llevas carga de siglos de congoja!

Medra machorra envidia en mente floja
—te enseñó a no pensar Padre Ripalda—
rezagada y vacía está tu falda
e insulto el bien ajeno se te antoja

Democracia frailuna con regüeldo
de refectorio y ojo al chafarote,
¡viva la Virgen!, no hace falta bieldo.

Gobierno de alpargata y de capote,
timba, charada, a fin de mes el sueldo,
y apedrear al loco Don Quijote.

Te recomendamos ver el programa de televisión.

PRÓXIMO NÚMERO

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