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100. Poesía más Poesía: Celebramos el 100

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NORMA MENASSA

Hemos llegado al número 100 y esto merece un homenaje y una y una explicación. Nuestro interés fue inundar el mundo con poesía y cada vez, escuchando una voz diferente, que son los 100 poetas que han desfilado en nuestros encuentros, que se transmiten en las redes y también, en impresión, en papel de la Revista Poesía más Poesía.

Conformamos un grupo con 6 mujeres amantes de la poesía, Menassa es el Director que nos trazó el camino por el que nos atreveríamos, para entender que la cultura, es sólo el espíritu de una comunidad que se manifiesta y evoluciona como cualquier organismo vivo, como todo organismo vivo, está expuesta a ley de la evolución de la muerte.

La consigna tal vez fue un verso de Menassa, donde dice: “Cuando todo está destruido, la única posibilidad es poética.”

Esa vida contenida, reprimida, ese silencio, no deja de palpitar y a veces hace surgir en cada uno, una sorda rebelión al mundo que lo rodea, el mundo de hoy, que el poeta vive como un mundo absurdo, la mayoría de las veces.

Vivimos el, predominio de una civilización tecnológica y, esto es lo opuesto a la cultura, esencialmente espontáneo y discriminado. Se elimina el elemento fundamental de vida, que es la espontaneidad y sin la espontaneidad, no hay cultura.

Cada individuo, cualquiera que sea su nivel, presenta particularidades que no son absorbidas por la cultura mayoritaria que se le ofrece, de modo que la cultura de masas, es un alimento que deja hambrienta a la misma masa, ese hombre de la multitud, ese ser anónimo tiene también necesidad de expresarse.

La poesía es la reflexión de las cosas en el hombre, pero al mismo tiempo, la, reflexión del hombre en las cosas. Así se establece una verdadera corriente, que va del mundo al hombre y del hombre al mundo; y esta corriente de doble signo, es la vida misma, pues para el poeta conocer y vivir, es la misma cosa, por poéticamente vivir significa el velo de correr, el velo de lo desconocido.

Todo conocimiento poético del mundo, implica siempre un conocimiento del hombre, Baudelaire dice: “El poeta goza de ese incomparable privilegio, puede ser el mismo y otro.” Y también lo dijo Rimbaud en una llamada Carta del vidente, donde proclama: “Yo es otro.” _ que en este recorrido que hemos realizado hasta hoy, el poeta se encuentra en un estado de trance, en el que realmente lo universal, se expresa a través de lo individual, hay un estado de evidencia, un estado de conocimiento total, más allá de las contingencias del tiempo y el espacio. Y en ese momento que el poeta quede, en una situación de apartamiento, con respecto a los demás hombres, se convierte en un solitario, pero no es la soledad el destino del poesía, sino la comunidad con los otros hombres, el lenguaje poético, es el lenguaje de la verdadera comunicación.

Blake dijo: Dijo: “Así como todos los hombres son semejantes por su forma exterior, lo mismo y con la misma variedad infinita, son semejantes en el genio poético.”

Lautréamont más tarde dirá: “La poesía debe ser hecha por todos, no por uno. La poesía está en todas partes, como un profundo y palpitante corazón de realidad que late al unísono con nuestro propio corazón.”

No hay hombre más __, por más insignificante que sea, que no oculte en fondo se si a un poeta. La belleza existe en todas partes, no hay nada en la naturaleza, que este exento de poesía, aunque esto no resulte visible para todo el mundo, la realidad no existe, si no hay hombre que la contemple.Entran así un elemento que forma parte de las cosas, con el sentido poético del hombre.

En la percepción poética, el hombre se proyecta fuera de sí mismo, abandona su yo para ir al encuentro de las cosas, se produce una verdadera posesión de la realidad; es una percepción activa y por lo tanto, el conocimiento poético es, aunque parezca absurdo, más real que el llamado conocimiento práctico, el cual el poeta desconfía.

Sabe, que detrás de esa realidad, se oculta otra realidad, menos variable, una realidad permanente y así es como se adquiere el acceso al conocimiento de lo permanente, la realidad y el hombre son permanentes, pero se transforman sin cesar, el espíritu poético capta esta fatalidad de transformarse. Representa una verdadera comunión con el espíritu de las cosas. Lo permanente no significa lominmovil, sino significa simplemente, lo que no cesa.

Es lo que nos mostraron los 100 poetas, que hemos estudiado en este ciclo, que no cesa porque así es el mandato de la poesía y porque continuaremos conociéndolos en números que ya vendrán. Esto, sólo es un punto y coma que hemos puesto en este camino, para dejar sentado que la idea de lo efímero de todas las cosas, que se hace sentir en buena parte de la obra de esas antenas suprasensible, que son los poetas, está estrechamente ligado a lo permanente, como lomdemuestra este recorrido que hemos hecho de 100 voces diferentes, dando cuenta, que siempre existe una posibilidad de permanecer y que esa posibilidad, es poética.

Fue una tarea beneficiosa para nosotras, inducida por nuestro director, que es el Poeta Miguel Oscar Menassa, que nos permitió entrar en ese mundo y comprenderlo y la intención es entregar la poesía, al mundo entero en su impureza, porque la pureza, no tienen en ella ningún sentido, ya que arrastra lo _ del hombre que asume esa posición de vivir poéticamente, es decir, vivir hasta su extremo límite, la plenitud esencial de la condición humana.

VIRGINIA VALDOMINOS

Celebramos el número 100 de Poesía más poesía, nuestro programa de televisión estrella y una revista audiovisual mundial.

Poesía más poesía cumple 100 programas y queremos celebrarlo, recordando lo celebrado, gozando de las cifras de lo conseguido, con la algarabía de lo femenino liderada por el trabajo y el proyecto grupal que representa el Poeta Miguel Oscar Menassa y su escritura revolucionaria.

Hemos traído a nuestro programa a 95 grandes poetas, estudiado sus biografías y leído una selección de algunos de sus mejores poemas. Nos han prestado el camino para caminar el nuestro y su poesía nos ha forjado cada semana, con el yunque de la palabra, Raúl González Tuñón, a Vicente Aleixandre, Henrique Molina, Alejandra Pizarnik, Cesar Vallejo, Carilda Oliver Labra, Federico García Lorca, Germán Pardo García, Miguel Oscar Menassa, Vladimir Maiakouski, Vicente Huidobro, Cesare Pavese, Ezra Pound, Saint-Jhon Perse, Damaso Alons, Olga Orozco, Juan Elio Ortíz, Octavio Paz, José Portogalo, Rafael Alberti, Paul Lenoir, Eugenio Mortale, Jacques Prévert, Thomas Eliot, Dylan Thomas, Gioconda Belli, Ruben Dario, Rosalía de Castro, Sergei Esenin, Alma Fuerte, Tristan Tzara, Nazim Hikment, Sor Juana Inés de La Cruz, Pedro Salinas, Louis Aragón, Leopoldo Luis, Amtonio Machado, Walt Whitman, Arthur Rimbau, Gloria Fuertes, Guillaume Apollinaire, Lawrence Ferlinghetti, Johan Wolfgang Von Goethe, Jorge Luis Borges, Juan Ramón Jiménez, Oliverio Girondo, Pablo Neruda, Allen Ginsberg, Francisco de Quevedo, Ernestina de Champourcín, José Martí, Miguel Hernández, Carmen Conde, Fernando Pessoa, Charles Bukouski, Mao Tse Tung, Paul Celan, Leó Felipe, Beltorld Brencht, Edgar Bayly, Giuseppe Ungaretti, Baise Cendras, Gabriel Celaya, Alfoncina Storni, Josefina de La Torre, Aleksandr Purshkin, Nicolás Guillen, William Shakespeare, Friedrich Hölderlin, Jorge Guillen, Gonzalo Rojas, José Lezama Lima, Cayo Valerio Catulo, Pietro Aretino, David H. Lawrence, Rosa Chacel, Francisco Urondo, Stéphane Mallarmé, Luis Cernuda, Charles Baudelaire, Samuel Backett, André Breton, Gustavo Adolfo Bécquer, Gerardo Diego, Robert Desnos, Antonine Artau,Víctor Hugo, Jacobo Fijman, Juana de Ibarbourou, Juan Jacobo Bajarlía, Constantino Cavafis y Mario Trejo.

También nos han acompañado 35 jóvenes de los Talleres de poesía Grupo Cero, que en su proceso de construcción como poetas, están demostrando que cualquier persona puede escribir, si realiza un trabajo de manera continuada y con compromiso de permanencia, el mismo que en muchos casos, les ha llevado a repetir como invitados en el programa para leer sus producciones inéditas, lo que ha sido aliento para sus nuevas publicaciones.

Podríamos decir, que el engranaje de la máquina en su giro, ha transformado la materia en el proceso de producción poética, resultando apropiaciones de la página, que la literatura ha seleccionado a lo largo de los siglos en nuestro rescate.

Grandes pensamientos o un pensamiento, según se mire en fragmentos diferenciados por la fuerza de trabajo del poeta, la originalidad en la combinación de palabras, la libertad con que se deja atrapar por el torrente lumínico, la valentía para romper con lo establecido, culto, suprasensitivo con la ideología, haciendo papilla los sentidos y el furor con que denuncia una realidad social.

En el paroxismo de nuestra inquietud poética, ha llegado la civilización humana y la historia de la humanidad, a repetir historias significantes para el alumbrado de las vías fértiles, por donde avanzamos diferenciándolas de las malas hierbas.

Hemos tenido el honor de contar con la presencia del Director de la Escuela, Miguel Oscar Menassa en 15 programas y con la serenidad de sus versos y muchos más, diamantes para un hombre que durante siglos, podrá mirar con otros ojos sus propia historia de deseos; poeta maldito para lo que se petrifica y a la vez, la vida más normal de todas las examinadas. Nos ha aportado su sabiduría presencial y la puntuación necesaria en los momentos iniciales del programa, sobre los aspectos críticos del poeta, así como la diferencia entre la vida del hombre y su escritura.

Compusimos programas con la poesía de Menassa, leímos biografías fragmentarias de su polifacética capacidad artística, adoquinando, sin saberlo o sabiendo para nosotras el camino hacia la perfección de la letra, que siendo estética es tan compleja para caer después en la cuenta que nunca nos pertenecerá, que son préstamos que ella nos deja en las manos por un tiempo en que ella da nuestras almas su cara del mil rostros y nos inunda de la verdadera historia de los pueblos y la caricia del universo.

Gracias compañeras, porque este gran camino grupal, ha tendido puentes entre nosotros a extraños territorios inadvertidos e inabarcables, cuyo fin es entre hombres y mujeres, puntos cardinales de la humanidad, que alientan el paso del caminante múltiple y plural sobre la tierra. Cada una de nosotras, hemos preparado un estudio biográfico, de al menos 12 poetas y menos leído versos entregados como un mandato social, por quienes no nos conocieron pero sabían de nosotras.

Hemos compartido el trabajo de la poesía con el mayor de los amores, la pasión y la denuncia social de las mujeres del siglo 21. Tenemos pruebas, hemos hecho el trabajo, ahora nos toca congratularnos porque la congratulación es también necesaria para saber de dónde venimos y quiénes somos, trabajadoras del alma y de la palabra, discípulas del poeta Miguel Oscar Menassa, seguimos depurando nuestra belleza con un cristal que no se rompe, poesía más poesía.

SELECCIÓN DE POEMAS DE ESTOS 100 PRIMEROS NÚMEROS

EL ALMA TENÍAS, DE PEDRO SALINAS

El alma tenías
tan clara y abierta,
que yo nunca pude
entrarme en tu alma.

Busqué los atajos
angostos, los pasos
altos y difíciles…

A tu alma se iba
por caminos anchos.

Preparé alta escala
—soñaba altos muros
guardándote el alma—
pero el alma tuya
estaba sin guarda
de tapial ni cerca.

Te busqué la puerta
estrecha del alma,
pero no tenía,
de franca que era,
entradas tu alma.

¿En dónde empezaba?
¿Acababa, en dónde?

Me quedé por siempre
sentado en las vagas
lindes de tu alma.

TU VIVES SIEMPRE DE TUS ACTOS, DE PEDRO SALINAS

Tú vives siempre en tus actos.
Con la punta de tus dedos
pulsas el mundo, le arrancas
auroras, triunfos, colores,
alegrías: es tu música.
La vida es lo que tú tocas.

De tus ojos, sólo de ellos,
sale la luz que te guía
los pasos. Andas
por lo que ves. Nada más.

Y si una duda te hace
señas a diez mil kilómetros,
lo dejas todo, te arrojas
sobre proas, sobre alas,
estás ya allí; con los besos,
con los dientes la desgarras:
ya no es duda.
Tú nunca puedes dudar.

Porque has vuelto los misterios
del revés. Y tus enigmas,
lo que nunca entenderás,
son esas cosas tan claras:
la arena donde te tiendes,
la marcha de tu reloj
y el tierno cuerpo rosado
que te encuentras en tu espejo
cada día al despertar,
y es el tuyo. Los prodigios
que están descifrados ya.

Y nunca te equivocaste,
más que una vez, una noche
que te encaprichó una sombra
-la única que te ha gustado-.
Una sombra parecía.
Y la quisiste abrazar.
Y era yo.”

ME VIENE, HAY DÍAS, DE CÉSAR VALLEJO

Me viene, hay días, una gana ubérrima, política,
de querer, de besar al cariño en sus dos rostros,
y me viene de lejos un querer
demostrativo, otro querer amar, de grado o fuerza,
al que me odia, al que rasga su papel, al muchachito,
a la que llora por el que lloraba,
al rey del vino, al esclavo del agua,
al que ocultóse en su ira,
al que suda, al que pasa, al que sacude su persona en mi alma.

Y quiero, por lo tanto, acomodarle
al que me habla, su trenza; sus cabellos, al soldado;
su luz, al grande; su grandeza, al chico.

Quiero planchar directamente
un pañuelo al que no puede llorar
y, cuando estoy triste o me duele la dicha,
remendar a los niños y a los genios.

Quiero ayudar al bueno a ser su poquillo de malo
y me urge estar sentado
a la diestra del zurdo, y responder al mudo,
tratando de serle útil en
lo que puedo, y también quiero muchísimo
lavarle al cojo el pie,
y ayudarle a dormir al tuerto próximo.

¡Ah querer, éste, el mío, éste, el mundial,
interhumano y parroquial, provecto!

Me viene a pelo,
desde el cimiento, desde la ingle pública,
y, viniendo de lejos, da ganas de besarle
la bufanda al cantor,
y al que sufre, besarle en su sartén,
al sordo, en su rumor craneano, impávido;
al que me da lo que olvidé en mi seno,
en su Dante, en su Chaplin, en sus hombros.

Quiero, para terminar,
cuando estoy al borde célebre de la violencia
o lleno de pecho el corazón, querría
ayudar a reír al que sonríe,
ponerle un pajarillo al malvado en plena nuca,
cuidar a los enfermos enfadándolos,
comprarle al vendedor,
ayudarle a matar al matador —cosa terrible—
y quisiera yo ser bueno conmigo
en todo.

TESTIMONIOS, GERMÁN PARDO GARCÍA

Nos oponemos a los grandes bosques
que extienden sus tentáculos silvícolas
y chupan sangre del jardín obrero.

Somos de una familia de luciérnagas
que encienden sus fugaces farolillos
al pie de las manzanas y duraznos.

Daremos testimonio contra el tigre
destazador de las joviales cabras,
y contra las serpientes invasoras
que lanzan de los ríos y lagunas
a las pequeñas ranas campesinas.

Comprendemos la pena de los nidos,
donde en cada polluelo ya se escucha
la escala musical adolescente.

Y el pan que en nuestra casa no tocamos
y limpio y sin ultraje permanece,
es para esa ternura proletaria
del indio que les da a sus alimentos,
mientras suenan las flautas de carrizo,
la morena sazón del abandono.

El día en que las últimas alondras
alcen un tribunal contra las fieras,
acudiremos con la ley agreste,
con los rurales códigos escritos
por el gorrión en hojas de centeno,
contra el sol y la lluvia, contra el frío,
la desnudez el hambre y el despojo,
porque hemos visto a las pesadas águilas
devorar su salario al colibrí.

TUS MANOS Y LA MENTIRA, DE NAZIM HIKMET

Graves como las piedras,
Tristes como canciones de presidio,
Pesadas y macizas como bestias de carga,
Tus manos se parecen
al rostro endurecido
de los niños hambrientos.

Ágiles, laboriosas como abejas,
Pródigas como ubres desbordantes de leche,
Intrépidas lo mismo que la naturaleza,
Bajo su dura piel, tus manos guardan
la amistad y el afecto.

No está nuestro planeta sostenido
por los cuernos de un buey:
Tus manos lo sostienen…

¡Qué hombres, nuestros hombres!
Los mantienen a fuerza de mentiras,
Siendo que andan hambrientos,
Faltos de carne y pan,
Y dejan este mundo, al que cargan de frutos,
Sin poder verlos en la mesa propia
ni siquiera una vez.

¡Qué hombres, nuestros hombres!
Sobre todo los de Asia, los de África,
del medio Oriente, del Cercano Oriente,
los de las tantas islas del Pacífico
y los de mi país,
es decir, mucho más del setenta por ciento
de los hombres del mundo:
Están adormecidos, están viejos,
Siendo listos y jóvenes como lo son sus manos…

¡Qué hombres, nuestros hombres!
Ustedes, mis hermanos de América o Europa,
Tan alertas y audaces,
A quienes, sin embargo, los aturden
lo mismo que a sus manos,
Y les mienten,
y los hacen marchar…

¡Qué hombres, nuestros hombres!
Si mienten las antenas de las radios,
Si mienten las enormes rotativas,
Si miente el libro y mienten los afiches,
Si mienten los anuncios de los diarios,
Si mienten las desnudas piernas de las muchachas
en el teatro y en el cine,
Si hasta mienten las canciones de cuna,
Si miente el sueño, si el pecado miente,
Si miente el violinista de la boite,
Si miente el plenilunio
en las noches sin ninguna esperanza,
Si mienten la palabra,
el color y la voz,
Si miente el que te explota,
el que explota tus manos,
Si todo el mundo y todas, todas las cosas mienten,
a excepción de tus manos,
Es para que tus manos siempre sean
dóciles como arcilla,
ciegas como la noche,
idiotas como el perro del pastor,
Y para que jamás se subleven tus manos

Y para que no acabe jamás tanta injusticia
-Ideal del traficante-
Sobre este mundo nuestro,
este mundo mortal
Donde poder vivir
sería lo mejor.

TRABAJAR CANSA, CESARE PAVESE

Los dos, tendidos sobre la hierba, vestidos, se miran
a la cara
entre los tallos delgados: la mujer le muerde los
cabellos
y después muerde la hierba. Entre la hierba, sonríe
turbada.
Coge el hombre su mano delgada y la muerde
y se apoya en su cuerpo. Ella le echa, haciéndole dar
tumbos.
La mitad de aquel prado queda, así, enmarañada.
La muchacha, sentada, se acicala el peinado
y no mira al compañero, tendido, con los ojos
abiertos.

Los dos, ante una mesita, se miran a la cara
por la tarde y los transeúntes no cesan de pasar.
De vez en cuando, les distrae un color más alegre.
De vez en cuando, él piensa en el inútil día
de descanso, dilapidado en acosar a esa mujer
que es feliz al estar a su vera y mirarle a los ojos.
Si con su piel le toca la pierna, bien sabe
que mutuamente se envían miradas de sorpresa
y una sonrisa, y que la mujer es feliz. Otras mujeres
que pasan
no le miran el rostro, pero esta noche por lo menos
se desnudarán con un hombre. O es que acaso las
mujeres
sólo aman a quien malgasta su tiempo por nada.

Se han perseguido todo el día y la mujer tiene aún la
mejillas
enrojecidas por el sol. En su corazón le guarda
gratitud.
Ella recuerda un besazo rabioso intercambiado en un
bosque,
interrumpido por un rumor de pasos, y que todavía
le quema.
Estrecha consigo el verde ramillete -recogido de la
roca
de una cueva- de hermoso adianto y envuelve al
compañero
con una mirada embelesada. Él mira fijamente la
maraña
de tallos negruzcos entre el verde tembloroso
y vuelve a asaltarle el deseo de otra maraña
-presentida en el regazo del vestido claro-
y la mujer no lo advierte. Ni siquiera la violencia
le sirve, porque la muchacha, que le ama, contiene
cada asalto con un beso y le coge las manos.
Pero esta noche, una vez la haya dejado, sabe dónde
irá:
volverá a casa, atolondrado y derrengado,
pero saboreará por lo menos en el cuerpo saciado
la dulzura del sueño sobre el lecho desierto.
Solamente -y esta será su venganza- se imaginará
que aquel cuerpo de mujer que hará suyo
será, lujurioso y sin pudor alguno, el de ella.

LA LLUVIA, DE JORGE LUIS BORGES

Bruscamente la tarde se ha aclarado
Porque ya cae la lluvia minuciosa.
Cae o cayó. La lluvia es una cosa
Que sin duda sucede en el pasado.

Quien la oye caer ha recobrado
El tiempo en que la suerte venturosa
Le reveló una flor llamada rosa
Y el curioso color del colorado.

Esta lluvia que ciega los cristales
Alegrará en perdidos arrabales
Las negras uvas de una parra en cierto

Patio que ya no existe. La mojada
Tarde me trae la voz, la voz deseada,
De mi padre que vuelve y que no ha muerto.

UN CIEGO, JORGE LUIS BORGES

No sé cuál es la cara que me mira
cuando miro la cara del espejo;
no sé qué anciano acecha en su reflejo
con silenciosa y ya cansada ira.

Lento en mi sombra, con la mano exploro
mis invisibles rasgos. Un destello
me alcanza. He vislumbrado tu cabello
que es de ceniza o es aún de oro.

Repito que he perdido solamente
la vana superficie de las cosas.
El consuelo es de Milton y es valiente,

Pero pienso en las letras y en las rosas.
Pienso que si pudiera ver mi cara
sabría quién soy en esta tarde rara.

LA MANO, EDGAR BAYLEY

Algo va a surgir de esa mano
no retengas ni su amor ni su odio
deja que hable esa mano
que escriba torpemente en la noche
deja que recuerde
que se pierda entre las sábanas
entre las hojas y las calles
que se pierda balbuceando
y que destruya los puentes del saludo
deja que diga no
y que la odien y la expulsen
deja que no escriba
que se mate poco a poco
que ennegrezca con el agua tibia del vicio
que se calle o hable sin sentido
Deja a esa mano estar
mano inservible
desahuciada
odiosa
mano para el martirio de los otros
para robar
para implorar clemencia a los cobardes
mano infidente
mano sin piedad
ni gracia
ni alegría
mano de verdugo
de holgazán
innoble
blanda
mano de firmar sentencias
mano de condenar
mano escondida
aleve
mano de traicionar
de mentir
de estar borracho
¿Pero esta mano indigna sucia
no buscará en la noche algún saludo
alguna señal de Dios o de la calle?
Porque esta mano viene de lejos
desde antiguo
mano de hombre
de rufián
menesterosa
mano de equivocar
de estar callado
mano imposible de cortar
mano regenerada
mano infinita renacida
mano infame
pero mano de esperar
mano de imaginar
mano de acompañar la noche
mano para volver
Algo va a surgir de esa mano
no las condenes
deja que abra sus dedos
que suelte su envoltorio
su dinero
la terrible noticia
el telegrama de felicitación
Ha de llegar la señal
poco a poco
algún saludo
y la mano hablará por fin
hará surgir el fuego de las sombras
cantará
sencillamente cantará
La mano fue antes árbol
estrella
viento
la mano movió compuertas y señaló caminos
la mano empuñó el timón y cerró los párpados desvelados
la mano abrió las tinieblas
y tuvo sed de amor: inventó signos
saludó
fue serena
tuvo reflexiones sensatas
consoló y acompañó el llanto de los otros
y la mano sencilla sufriente
se hizo una sola cosa con todos los desesperados
la mano celeste
inventora del juego y la herramienta
invasora del aire y de la espera del hombre
mano muda
mano sin solución
mano nueva y eterna como el camino
y las llaves del sueño y del canto
mano real
hermana
agresiva
impotente
mano donante
enamorada
mano de luz
nocturna
imperativa
mano del mundo
del día
del comienzo.

GUÁRDAME EL TIEMPO, CARILDA OLIVER LABRA

Vuelves a renovarme el don perpetuo.
Otra vez eres ése
que me enseñó las señales del alba,
el que salvó una hormiga en el borde del vaso.

Vuelves para pedirme que reúna
la corte de los gatos,
que te ampare de aquel golpe en la nuca,
que te dé mi tristeza como un sorbo,
que te recorte alguna uña,
que me moje de ti,
que te alcance el café,
que no oscurezca,
que me case contigo esta noche otra vez.

Se nos quedaron muchas cosas sin hablar,
Necesitamos una cita,
porque
¿a quién le doy tantas caricias
que sobraron,
aquellas que olvidé ponerte sobre el pecho?
¿A quién le cuento
que he planchado, creyendo que era tela,
tu perfil de muchacho?

¿A quién convido ahora con mis piernas
y le enseño el jazmín que nació anoche,
y le pongo una abeja a que lo pique,
y le saludo la inocencia?

¿A quién le miento y juro,
a quién le tiro un pan contra la oreja,
a quién le digo que lo odio,
y luego, que lo amo?

¿A quién le digo hijo,
y me lo paso por dentro como un trapo?
Sé bien que estás metido en nuestros átomos,
que te mueves en ese aire que espantó estas páginas
que observas desde los retratos,
que te has caído hoy contra mi pecho
y para que seamos uno solo
hasta este propio corazón
me lo has parado;
sé que estoy muerta
soñando que te busco por el cuarto.

Guárdame el tiempo.
Guárdamelo.
Estoy segura de que puedes.
Así no ha de caer la luna
ni tendrás que morirte en la mañana
y el jueves será eterno
y te besaré siempre como el veinticuatro
de septiembre
de mil novecientos ochenta y uno.
Guárdame el tiempo,
guárdamelo.

¡Qué no pase ni un minuto,
que nada ciego nazca,
que no se invente un aparato de tortura
ni estalle otra contienda contra el hombre;
que no cacen más pájaros,
que no se malogre la pureza,
que vuelvas
a ser
y aquel esplendor tuyo se mezcle, poderoso,
a mis harapos!

Guárdame el tiempo,
guárdamelo.
Te lo pido con rabia,
con ternura,
con todo lo que no es palabra.

Para que siempre seamos lo estupendo:
hombre y mujer
girando,
nueva especie del mundo;
ya casi un milagro.

Pues me han salido en la cara tus ojos
y a ti en el rostro mi boca,
y no sé cuando te miro si eres tú quien me mira
ni cuando tú me besas
si soy yo quien te ha besado.

LO DIGO ANTES DE QUE ME LO PREGUNTEN, MIGUEL OSCAR MENASSA

El hombre actual sólo desea
tener un arma
más poderosa que el enemigo.
El hombre actual quiere ser Dios
mas no consigue tanto.

Para imponer el bien utiliza el mal,
todo lo perverso, los asesinatos.

Para imponer el bien olvida la belleza
y con la libertad hace una bandera
para luchar contra la libertad.

Vivo un poco impresionado
y, sin ser pesimista, puedo asegurar
que el hombre ya no puede dormir,
lo persiguen aviones incendiarios,
mapas extravagantes de ciudades
secretamente ocultas en la piedra.

Lo persigue el aliento de un tigre,
debajo de las sábanas, en el aire.

Lo persigue su odio, el odio de las víctimas
y no puede dormir porque en las noches,
el odio de los asesinos lo persigue.

Y nunca está tranquilo
ni cuando come, ni cuando vomita.

A veces está tranquilo con su amada,
atravesando el domingo en sobremesa
y desde la televisión, previo consenso,
le envían un misil súper-inteligente
que sólo mata niños jugando en la vereda
o madres distraídas en el supermercado
o a los pobres ancianos en la silla de ruedas.

De "Al sur de Europa", 2002

EN EL HUERTO, DE VICTOR HUGO

Por cerezas garrafales
Íbamos juntos al huerto.
Con sus brazos de alabastro
Escalaba los cerezos,
Y montábase en las ramas,
Que se doblaban al peso.
Yo subía detrás de ella
Y mis ojos indiscretos
Su blanca pierna seguían,
Y ella cantando y riendo,
Les decía con sus ojos
A los míos: -¡Estad quietos!
Luego hacia mí se inclinaba,
En los dientes ya trayendo
Suspendida una cereza;
Y yo mi boca de fuego
Sobre su boca posaba;
Y ella, siempre sonriendo,

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Me dejaba la cereza
Y se llevaba mi beso.

EL DURMIENTE DEL VALLE, DE ARTHUR RIMBAUD

Es un claro del bosque donde canta un río
Cuelgan alocadamente de las hierbas harapos
De plata; donde el sol de la altiva montaña
Luce: es un pequeño valle espumoso de luz.
Un soldado, joven, boquiabierto, cabeza desnuda
La nuca bañada en el frescor azul,
Duerme; está tumbado en la hierba, bajo el cielo,
Pálido en su verde lecho donde llueve la luz.
Los pies en los gladiolos, duerme. Sonriendo como
sonreiría un niño enfermo, se echa un sueño:
Naturaleza, mécelo cálidamente: tiene frío.
Ya no le estremecen los perfumes;
Duerme en el sol, la mano sobre el pecho,
Tranquilo. Tiene dos agujeros rojos en el costado derecho.

UNIÓN LIBRE, DE ARTHUR RIMBAUD

Mi mujer con cabellera de llamaradas de leño
Con pensamientos de centellas de calor
Con talle de reloj de arena
Mi mujer con talle de nutria entre los dientes de un tigre
Mi mujer con boca de escarapela y de ramilletes de estrellas
de última magnitud
Con dientes de huellas de ratón blanco sobre la tierra blanca
Con lengua de ámbar y de vidrio frotado
Mi mujer con lengua de hostia apuñalada
Con lengua de muñeca que abre y cierra los ojos
Con lengua de piedra increíble
Mi mujer con pestañas de palotes escritos por un niño
Con cejas de borde de nido de golondrina
Mi mujer con sienes de pizarra de techo de invernadero
Y de cristales empañados
Mi mujer con hombros de champaña
Y de fuente con cabezas de delfines bajo el hielo
Mi mujer con muñecas de cerillas
Mi mujer con dedos de azar y de as de corazon
Con dedos de heno segado
Mi mujer con axilas de marta y de bellotas
De noche de San Juan
De ligustro y de nido de escalarias
Con brazos de espuma de mar y de esclusa
Y de combinación de trigo y molino
Mi mujer con piernas de cohete
Con movimientos de relojería y desesperación
Mi mujer con pantorillas de médula de sáuco
Mi mujer con pies de iniciales
Con pies de manojos de llaves con pies de pájaros en el momento de beber
Mi mujer con cuello de cebada sin pulir
Mi mujer con garganta de Valle de oro
De cita en el lecho mismo del torrente
Con senos nocturnos
Mi mujer con senos de montículo marino
Mi mujer con senos de crisol de rubíes
Con senos de espectro de la rosa bajo el rocío
Mi mujer con vientre de apertura de abanico de los días
Con vientre de garra gigante
Mi mujer con espalda de pájaro que huye en el vuelo vertical
Con espalda de azogue
Con espalda de luz
Con nuca de canto rodado y de tiza mojada
Y de caída de un vaso en el que acaban de beber
Mi mujer con caderas de barquilla
Con caderas de lustro y de plumas de flecha
Y de canutos de pluma de pavo real blanco
De balanza insensible
Mi mujer con nalgas de greda y amianto
Mi mujer con nalgas de lomo de cisne
Mi mujer con nalgas de primavera
Con sexo de gladiolo
Mi mujer con sexo de yacimiento aurífero y de ornitorrinco
Mi mujer con sexo de alga y de viejos bombones
Mi mujer con sexo de espejo
Mi mujer con ojos llenos de lágrimas
Con ojos de panoplia violeta de aguja imantada
Mi mujer con ojos de pradera
Mi mujer con ojos de agua para beber en prisión
Mi mujer con ojos de bosque eternamente bajo el hacha
Con ojos de nivel de agua de nivel de aire de tierra y de fuego.

¿DÓNDE ESTARÁ EL AMOR?, DE ARTHUR RIMBAUD

Cuántas veces dibujé
la esquina
donde nunca llegaste
y te busqué
por los salones
y fui ladrón
para buscarte entre las sombras
y hubiera sido capaz de matar
si alguien me hubiese dicho
que en ese gesto te encontraba.
Fui solo y fui muchos.

Todos los cuerpos
fueron investigados
palmo a palmo.

Todas las máscaras
fueron arrasadas
para buscarte
en el centro de la verdad
y tampoco estabas.

Te busqué entre los pobres
entre las espesas capas del dolor
entre entrañas y sucios alcoholes
en el propio asco de la vida.

Después no te busqué más
encontré otras palabras.

DIRÉ CÓMO NACISTEIS, DE ARTHUR RIMBAUD

Diré cómo nacisteis, placeres prohibidos,
Como nace un deseo sobre torres de espanto,
Amenazadores barrotes, hiel descolorida,
Noche petrificada a fuerza de puños,
Ante todos, incluso el más rebelde,
Apto solamente en la vida sin muros.

Corazas infranqueables, lanzas o puñales,
Todo es bueno si deforma un cuerpo;
Tu deseo es beber esas hojas lascivas
O dormir en esa agua acariciadora.
No importa;
Ya declaran tu espíritu impuro.

No importa la pureza, los dones que un destino
Levantó hacia las aves con manos imperecederas;
No importa la juventud, sueño más que hombre,
La sonrisa tan noble, playa de seda bajo la tempestad
De un régimen caído.

Placeres prohibidos, planetas terrenales,
Miembros de mármol con sabor de estío,
Jugo de esponjas abandonadas por el mar,
Flores de hierro, resonantes como el pecho de un hombre.

Soledades altivas, coronas derribadas,
Libertades memorables, manto de juventudes;
Quien insulta esos frutos, tinieblas en la lengua,
Es vil como un rey, como sombra de rey
Arrastrándose a los pies de la tierra
Para conseguir un trozo de vida.

No sabía los límites impuestos,
Límites de metal o papel,
Ya que el azar le hizo abrir los ojos bajo una luz tan alta,
Adonde no llegan realidades vacías,
Leyes hediondas, códigos, ratas de paisajes derruidos.

Extender entonces una mano
Es hallar una montaña que prohíbe,
Un bosque impenetrable que niega,
Un mar que traga adolescentes rebeldes.

Pero si la ira, el ultraje, el oprobio y la muerte,
Ávidos dientes sin carne todavía,
Amenazan abriendo sus torrentes,
De otro lado vosotros, placeres prohibidos,
Bronce de orgullo, blasfemia que nada precipita,
Tendéis en una mano el misterio.
Sabor que ninguna amargura corrompe,
Cielos, cielos relampagueantes que aniquilan.

Abajo, estatuas anónimas,
Sombras de sombras, miseria, preceptos de niebla;
Una chispa de aquellos placeres
Brilla en la hora vengativa.
Su fulgor puede destruir vuestro mundo.

AUTUMNAL, DE ARTHUR RIMBAUD

Eros, vita, lumen

En las pálidas tardes
yerran nubes tranquilas
en el azul; en las ardientes manos
se posan las cabezas pensativas.
¡Ah los suspiros! ¡Ah los dulces sueños!
¡Ah las tristezas íntimas!
¡Ah el polvo de oro que en el aire flota,
tras cuyas ondas trémulas se miran
los ojos tiernos y húmedos,
las bocas inundadas de sonrisas,
las crespas cabelleras
y los dedos de rosa que acarician!
*
En las pálidas tardes
me cuenta un hada amiga
las historias secretas
llenas de poesía;
lo que cantan los pájaros,
lo que llevan las brisas,
lo que vaga las nieblas,
lo que sueñan las niñas.
*
Una vez sentí el ansia
de una sed infinita.
Dije al hada amorosa:
–Quiero en el alma mía
tener la inspiración honda, profunda,
inmensa: luz, calor, aroma, vida.
Ella me dijo: ¡Ven! con el acento
con que hablaría un arpa. En él había
un divino aroma de esperanza.
¡Oh, sed del ideal!
*
Sobre la cima
de un monte, a media noche,
me mostró las estrellas encendidas.
Era un jardín de oro
con pétalos de llama que titilan.
Exclamé: –¡Más!…
*
La aurora
vino después. La aurora sonreía,
con la luz en la frente,
como la joven tímida
que abre la reja, y la sorprenden luego
ciertas curiosas, mágicas pupilas.
Y dije: ¡Más!… Sonriendo
la celeste hada amiga
prorrumpió: –¡Y bien!… ¡Las flores!
*
Y las flores
estaban frescas, lindas,
empapadas de olor: la rosa virgen,
la blanca margarita,
la azucena gentil, y las volúbilis
que cuelgan de la rama estremecida.
Y dije: –¡Más!…
*
El viento
arrastraba rumores, ecos, risas,
murmullos misteriosos, aleteos,
músicas nunca oídas.
El hada entonces me llevó hasta el velo
que nos cubre las ansias infinitas,
la inspiración profunda,
y el alma de las liras.
Y lo rasgó. Y allí todo era aurora.
En el fondo se veía
un bello rostro de mujer.
*
¡Oh, nunca
Piérides, diréis las sacras dichas
que en el alma sintiera!
Con su vaga sonrisa:
¿Más? dijo el hada. Y yo tenía entonces,
clavadas las pupilas
en el azul; y en mis ardientes manos
se posó mi cabeza pensativa.

TUMULTO, DE ARTHUR RIMBAUD

Me trepan los insultos -mareas numerosas-
como trepan los hijos al cariño de un hombre.
Tengo las ansias llenas de ganarme en un grito.
Grito: ¡La vida es nuestra! y abro los horizontes.

Puertas de bronce viejo, de hierro remachado,
caerán cuando se agrupen las voces en un puño.
Hombres desvencijados, de espaldas a la vida:
así dancen las balas no serán de este mundo.

A los calvos de ideas, con sangre de pantano,
a los viejos que ensucian las palabras más altas,
les hago una advertencia: conmigo están los brazos
de aquellos que arrancaron de sus ojos las lágrimas.

La humildad -ese viejo mascarón- no hará suya
nuestra carne que es nudo de un clamor que echa ramas
y en sus climas oscuros, como a un árbol raíces,
nutren de savia pura los cuencos de su entraña.

Y ¡guay! del que esté en contra de nosotros, los pobres,
esos ríos de sangre, silenciosos y lentos,
que bajan hasta el pozo más hondo de la tierra,
que suben hasta el límite más alto de los cielos.

La vida es de nosotros los que hacemos la vida
a gotas de sudor, de ímpetu, de fuerza
y que jamás o nunca tenemos una cama
donde cavar la hondura de un vientre en primavera.

Nos vejan, nos explotan, nos reducen a cero,
si agitamos un grito de protesta nos castran.
Nos orinan la baba de un exiguo salario
y nos cuadran en leyes como a burros de carga.

Y hablan de La Piedad, de La Bondad, del Arte,
sacerdotes, artistas, profesores, poetas,
los que en nombre del pueblo se erigen en vigías,
¡esos hijos de puta con almuerzo y con cena!

Ah señor Jesucristo: no queremos tus frases
-panes sin levadura-, magníficas, humanas,
que no son más que frases pero que nos inhiben
y destapan, astutas, nuestros poros de lágrimas.

No queremos tus frases. Yo que vengo de abajo
y que anduve entre obreros con hambre y manos sucias,
que sé lo que es el mundo, este mundo de mierda,
te lo digo derecho: tus palabras son putas.

Al carajo con todas las parábolas bellas.
Al carajo con todos los escrúpulos sordos.
Presentemos las armas proletarios del mundo
y a tiro limpio, firmes, vaciémosles los ojos.

La vida es de nosotros, los que hacemos la vida
a gotas de sudor, de ímpetu, de fuerza,
y que jamás o nunca tenemos una cama
donde cavar la hondura de un vientre en primavera.

LLEGÓ LA POESÍA Y ME DIJO, DE ARTHUR RIMBAUD

Un sí o, bien, un no, me hicieron
abrir nuevos caminos, abandonar caminos.

Hasta que topé, una noche, con la Poesía
me la pasaba volando de un lado para otro
según el capricho de mis tiernas amadas
que del amor, sólo sabían hacer el amor.

La Poesía me dijo con solvencia:
Para vivir, un hombre, no necesita volar
menos aún de un lado para otro tras su amada.
Un hombre debe tener los pies a la altura de los pies.

El alma al alcance de una breve caricia,
el sol sobre la tierra a la hora del sol,
el cuerpo y la palabra cual ríos disponibles
y a la noche algún sueño, una historia de amor.

Un hombre tiene todas sus esperanzas en el hombre.
Un hombre tiene como bandera la libertad.
Le da agua al sediento y lucha por un trozo de pan
y ama, hace como que ama pero no sabe amar.

Un hombre, dijo la Poesía, con severidad,
un hombre sabe que morirá y no le importa.
Sabe que muere cuando escribe y, sin embargo, escribe.
Sabe que cada amor le mata y, sin embargo, se enamora.

Un hombre, le dije, ambiciona volar
y aunque no pueda no le importa.
Ambiciona volar, ama la ilusión de volar.
Sentir en ese instante que algún día…

Un hombre, Poesía, es capaz de matar,
es capaz de comerse el corazón amado,
quitarse de la boca con asco un beso de amor
y amar, de sus cautivos amantes, el dinero.

También una tarde cualquiera un hombre
se deja acariciar por una brisa, un aire,
un sentimiento lo golpea en el pecho
y el pobre hombre cayendo se enamora.

Y hace como si tuviera sangre en las venas
y salta y corre y se acaricia con frenesí
y quiere entregarse, totalmente, por amor
y, ahí, viene la policía y lo encarcelan.

¿Me sigues, Poesía? Del hombre hablamos.
Es capaz de morir por ideales falsos
capaz de hacer la guerra por casi nada
dejar morir su otra mitad, en silencio.

Se mete en el centro del volcán y lo desafía.
Quiere atravesar los océanos con su cuerpo,
tocar la inmensidad, el cielo con sus versos
agujerear el vientre de la montaña, la piedra.

El hombre quiere llegar con sus latidos
al centro desconocido de la tierra,
a la vida íntima de todos sus amantes,
quiere llegar, al corazón de las cosas.

Y se enamora, Poesía,
y se pudre como una flor al sol
cuando alguien se muere o lo abandona.

Ver el programa de televisión donde festejamos el programa número 100.

PRÓXIMO PROGRAMA JUEVES A LAS 22 HS (HORA ESPAÑOLA)

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