129. Poesía más Poesía: Julio Herrera y Reissig

JULIO HERRERA Y REISSIG

BIOGRAFÍA

Poeta uruguayo, considerado una de las cumbres del modernismo, y uno de “los cuatro delfines” y herederos de Rubén Darío, junto a Leopoldo Lugones, Amado. Nervo y Ricardo Jaimes Freyre.

Nació el 9 de enero de 1875 en Montevideo, entonces una capital de casi medio millón de habitantes. (No debemos olvidar, por cierto, ni a Lautréamont, ni a Jules Laforgue, a quienes el destino hizo nacer igualmente en Montevideo y a Delmira Agustini de su misma época, que vimos en un programa anterior).

Descendiente de una familia de abolengo patricio, su tío, Julio Herrera y Obes llegaría a ser presidente de la República del Uruguay. Sus padres, Manuel Herrera y Obes y Carlota Reissig, tuvieron nueve hijos y, en el momento de su nacimiento, su padre gozaba de buena posición económica fruto de importantes negocios por lo que nació y vivió durante sus primeros años en una mansión de los alrededores de la capital, en el barrio del Prado. A los cinco años, en 1880, se le descubre una grave arritmia coronaria congénita que afectará en adelante a su existencia.
Escribe:

¿Queréis saber de mi amistad primera? Pues bien: fue con la muerte.

En 1882 su padre sufrió un quebranto económico, lo que lo llevó a vender su participación en el Banco Herrera-Eastman y una parte de sus propiedades, con lo que la familia pasa a vivir en una casa de la ciudad de Montevideo. En este tiempo comienza sus estudios en el Colegio Lavalleja y a los trece años lo inscriben en el colegio salesiano del Cordón, donde estudia dos cursos, posteriormente pasa al colegio San Francisco. Es una época en la que ya empieza a mostrarse su gran poder imaginativo con episodios de ciclotimia.

Muere su abuelo Manuel Herrera y Obes en 1890 y al año siguiente su hermano Rafael,(cinco año mayor que él). En el mismo año, su tío, Julio Herrera y Obes, asume la presidencia de la República y, por su mediación, ocupa el primer cargo público en la Alcaidía de la Aduana, dos años después renunció por el agudizamiento de su enfermedad coronaria. En esa misma época cae enfermo de fiebres tifoideas y pasa la convalecencia en la estancia del general José Villar, ministro de su tío, en el departamento de Salto.

En 1895 José Pedro Massera, Director de la Inspección Nacional de Instrucción Pública, lo nombró su secretario adjunto, pero acabará renunciando a los dos años ante la indiferencia de Massera, escribiendo como desahogo «Cosas de aldea», texto en el que manifiesta su agravio y cierta megalomanía que da comienzo a su leyenda.
A partir de este momento su formación se basará en la lectura de los clásicos españoles, griegos y latinos, así como autores franceses de literatura y filosofía, Víctor Hugo, Lamartine, Musset y las ediciones de Mercure de France. La poesía se convierte así en el centro de su vida acentuando una inclinación que ya tenía desde los quince años.
Tras algún tanteo inicial, en abril de 1898 publica su poema «Miraje» con reminiscencias de Lamartine y Bécquer, pero que, aparecido con un elogio del crítico Samuel Blixen, se convierte en un  éxito que lo estimula para continuar escribiendo versos en la misma línea. Un año después tiene un escarceo en política al participar contra la unificación del Partido Colorado, pero pronto se dará cuenta de que su vida es la literatura.

En este mismo año, 1899, funda La Revista, periódico quincenal que dura once meses y en cuyo primer número evalúa negativamente el momento literario de su país y contribuye a la iniciación renovadora del modernismo, pues en ella se publicaron algunos poemas de Toribio Vidal Belo, como «Noche blanca», que denotaban el eco de Prosas profanas de Rubén Darío, apenas conocido entonces en Montevideo. Herrera lo destaca por su originalidad en su revista, hasta el punto de observarse una variación notable entre las opiniones de la primera y la segunda parte de su ensayo «Conceptos de crítica», uno de los cuatro textos en prosa que publica, junto con seis breves poemas, en La Revista. A través de Vidal Belo conoció a los poetas modernistas hispanoamericanos y a los simbolistas franceses, Darío y Julián del Casal, a Verlaine y Rodenbach. En estos años las nuevas corrientes ideológicas y estéticas finiseculares se concentran en Montevideo con la entrada de las ideas de Nietzsche, Kropotkin y Bakunin, así como los simbolistas Baudelaire, Rimbaud y Verlaine, ello contribuye al giro poético que se está produciendo. Pero fue su amistad con Roberto de las Carreras lo que decidió su cambio definitivo de orientación literaria. De las Carreras había llegado de París en 1898 con una buena cantidad de libros de poetas parnasianos y simbolistas e hizo de la provocación su propia existencia exhibiendo ideas anarquistas y proclamando el amor libre, con lo que capitalizó en el ambiente montevideano el emblema de la nueva literatura.

Se funda en el domicilio familiar, calle San José 119, El Cenáculo, antecedente de La Torre de los Panoramas.

En 1899, Cambio de domicilio familiar a la calle Cámaras 96, donde funda el Segundo Cenáculo, lugar de reunión de los jóvenes poetas montevideanos.
Conoce a Leopoldo Lugones a través del Consistorio del Gay Saber que dirigía Horacio Quiroga.
En abril de 1900 Roberto de las Carreras publicó Sueño de Oriente que envió a La Revista, y que Herrera leyó maravillado por su transgresión y atrevimiento. Julio fue a visitar a Roberto y éste lo recibió en la bañera y luego publicó una reseña sobre su obra en la que  decía: «Sueño de Oriente constituye la nota artística más anticonvencional posible dada en el pequeño teatro de nuestra literatura. Todo en él es nuevo, arrogante y sutil». A partir de este encuentro se hicieron amigos y adoptó también la misma actitud desafiante. 

La Revista dejó de publicarse en julio de 1900 al sufrir Herrera la más dura de las crisis cardiacas hasta el momento. El único remedio conocido era la morfina y a ella debió unir su vida, al mismo tiempo que usó sus efectos literariamente, y para elaborar su leyenda de poeta maldito.
Su enfermedad le impidió viajar y trabajar de modo convencional pero no fue un obstáculo para que se convirtiera en un personaje peculiar, un dandy de raíces baudelairianas, desde 1900 se sucedieron las veladas literarias en el ático de la mansión familiar en Montevideo, conocida como La Torre de los Panoramas a causa de las importantes vistas que desde allí se tenían al Río de la Plata. En estas reuniones empezó la evolución de su obra desde el romanticismo hacia la vanguardia modernista que lo convertiría póstumamente en una referencia obligada de la poesía latinoamericana de la época, junto a Leopoldo Lugones, Ricardo Jaimes Freyre y Salvador Diaz Mirón.

Junto a las discusiones literarias, en la Torre de los Panoramas se practica el espiritismo para invocar a los muertos del vecino cementerio central de Montevideo y se fuma opio. Sus dolencias, no tardaron en empujar a Herrera y Reissig al uso de estupefacientes.

“No soy un vicioso. Cuando tengo que escribir algún poema en el que necesito volcar todo mi ser, todo mi espíritu, toda mi alma, fumo opio, bebo éter y me doy inyecciones de morfina. Pero eso lo hago cuando tengo que trabajar. Los paraísos artificiales son para mí un oasis”, contaba Rubén Darío que su admirado Julio decía.
Nace su hija natural Soledad Luna que no reconocerá hasta dos años después.

La obra de Roberto de las Carreras, hoy día, no se valora más que dentro de la medianía, pero su actitud fue un estímulo constante para Herrera al introducir nuevas tendencias decadentistas. Ello explica su deslumbramiento y amistad, hasta el punto de que proyectaron textos conjuntos en los que se burlaban del ambiente de la ciudad a la que llamaban «la toldería de Tontovideo». Es entonces cuando se proponen escribir Los nuevos charrúas o Parentesco del hombre con el suelo o Tratado de la imbecilidad del país según el sistema de H. Spencer, del cual se conservan unos cientos de páginas que sólo se han podido publicar hace pocos años. Parte de este trabajo pasará al «Epílogo wagneriano a la Política de fusión».

Años después, en 1906, ambos poetas se enemistan por una polémica relacionada con el supuesto robo de una metáfora («el relámpago luz perla / que decora su sonrisa» de Herrera) cuyo origen podría rastrearse en la poesía de Quevedo y en la de Bécquer. Asunto tan absurdo encubría otro tipo de diferencias.

EN 1903 Conoce a Julieta de la Fuente que será su pareja hasta su muerte.


Para evitarle el servicio militar, su padre le busca un trabajo en el Censo de Buenos Aires, allí parte en 1904 donde compone una parte de Los éxtasis de la montaña, volviendo a Montevideo en 1905 donde reinicia su vida en la Torre de los Panoramas.
De 1902 a 1907 habrá de escribir la mayor parte de su obra, aunque solo unos 80 poemas habrán aparecido de forma dispersa en las publicaciones de la época. En mayo de 1907 fundó La Nueva Atlántida, «revista superior de altos estudios», que sólo alcanzó dos números ya que no contaba con la ayuda económica familiar. A la muerte de su padre en esa misma época se acentuó la desprotección del poeta que pasa a vivir esporádicamente en casa de su novia, Julieta de la Fuente, con lo que debió aceptar un trabajo en el periódico La Noche.

Retrato - Julio Herrera y Reissig
Julio Herrera y Reissig y su esposa Julieta de la Fuente (1910)

En julio de 1908 se casó con Julieta de la Fuente. Fallece días después su madre, Carlota Reissig, su hermano Alfredo enloquece, se acentúa aun más su indefensión e intenta negocios y empleos, como un comercio de vino francés, agente de la Compañía Nacional de Seguros La Uruguaya, y al final de su vida le conceden un empleo del Estado, el de subarchivero-bibliotecario del Departamento Nacional de Ingenieros, que no pudo asumir, ya que desde noviembre de 1909 hasta mediados de marzo de 1910 se agrava su enfermedad. Murió el 18 de marzo de 1910.

La obra principal de Julio Herrera y Reissig es fruto de los diez últimos años de su vida. En estos mismos años, Herrera funda un singular Cenáculo, y luego la célebre Torre de los Panoramas, que alcanzará su consagración dos años después, hacia 1903, como lugar de reunión y de distendida amistad. Lugar embellecido por la imaginación fue la sede de largas discusiones poéticas hasta convertirse en emblema de su poesía y del modernismo esteticista.

Torre de los Panoramas Vista frontal - Julio Herrera y Reissig
La Torre de los panoramas

La Torre era su lugar de trabajo en la azotea de la casa familiar, al que se subía por una escalera de caracol, allí se recitaban poemas, se cantaba y tocaba la guitarra. Por ella pasaron todos los literatos uruguayos de su tiempo, entre los que se pueden contar su auditorio e imitadores, como Juan Picón, Pablo Minelli González, autor de un libro Mujeres flacas (1904), Juan Mas y Pi, César Miranda (Pablo de Grecia) que publica Letanías simbólicas, también en 1904, Edmundo Montagne y Oscar Tiberio. Un lugar de reunión semejante era el Consistorio del Gay Saber de Horacio Quiroga donde en 1900 conoció a Leopoldo Lugones que recitó algunos sonetos de Los crepúsculos del jardín.
La única obra ordenada por el poeta es Los peregrinos de piedra que data de un año antes de su muerte, 1909.


De Herrera y Reissig fue a decir Neruda: “Si Rubén Darío es el rey indudable de la marmolería modernista, Julio del Uruguay arde en el fuego subterráneo y submarino, y su locura verbal no tiene parangón en nuestro idioma”.

En tanto que Alberti habría de definirlo como “un poeta pleno de aventuras, disconforme y audaz, virtudes hoy visiblemente perdidas en los últimos autores”.

Herrera y Reissig escribió ficción, ensayos políticos, traducciones y muchas otras obras, pero es fundamentalmente conocido y reconocido por su producción poética.

 Canto a Lamartine (1898)
 Las pascuas del tiempo (1902)
 Los maitines de la noche (1902)
 La vida (1903)
 Los parques abandonados (1902-1908)
 Los éxtasis de la montaña (1904-1907)
 Sonetos vascos (1908)
 Las clepsidras (1909)
 La torre de las esfinges (1909)
 Los peregrinos de piedra (1909)
 La torre de marfil

POEMAS

LA DICTADURA

¡Infame siempre ha sido tu reinado;
pues te abortó la sombra de los vicios
y tu trono se alzó sobre suplicios
y fue tu ley el yugo despreciado!

En banquetes de sangre te has cebado,
y bajo los satánicos auspicios
has fundado la serie de desquicios
que a nuestro patrio lábaro ha enlutado!

Tu razón fue una horca para el justo,
fue tu engendro la guerra fratricida
y tu oscuro estandarte el retroceso.

y tu único enemigo el sol augusto
que ilumina la escena del progreso:
¡la libertad! ¡la libertad querida!

¡ARRIBA!

En el fango maldito,
se revuelve enlutada la bandera
que tremoló en las Piedras y el Cerrito.
Besada por la pólvora altanera,
esa que al saludarla en su comienzo
simbolizando del civismo el vuelo
formó espirales de azulado incienso
que en flecos vaporosos llegó al cielo,

– – – – – – – – ¡la patria del ensueño!
a quien robó su azul el ancho Plata
y la bandera su color risueño
y su sol de flamígera escarlata;
sol que es un rayo para el vil tirano
y para el llanto de la patria un beso
sol que jamás se mancha en el pantano
sol que en el ojo del jaguar va impreso,

– – – – – – – – del jaguar iracundo
que dio su garra al pueblo de Cagancha
y su rugido, que ha asombrado al mundo,
cuando de la opresión, la impura mancha
sintió en su noble y elevada frente
donde arde el fuego de la inmensa entraña
donde la pura nieve refulgente
brilla como en la esplendida montaña!

¡Y bien! ¡Oh pueblo! hay fieras en tu seno
que visten galas de farsaica (*) idea,
como hay flores que esconden el veneno,
como se encuentra lodo que chispea;
son eso que tú aplaudes los primeros
¡ay! los que vivirán de tus despojos.
¡Son los oscuros cuervos agoreros
los mismos que te arrancarán los ojos!

II
¿Olvidarás tu historia?
¿No hay sol en tu bandera que te alumbre?
Nació mirándolo la patria gloria
como lo mira el cóndor de la cumbre.
Tú sabes que la libertad querida
costó ¡ay! regar las balas cual semillas
con la preciosa esencia de la vida
y hacer cien cementerios de cuchillas!

Esos espurios, falsos ciudadanos
para quienes la ley no tenía valla,
son los mismos que piden hoy tiranos
y se hacen aclamar por la canalla!
¡Son los mismos, los mismos, que en otrora

– – – – – – – – sin timidez alguna
despreciando la fuerza usurpadora,
lanzaban rayos desde una tribuna!

¡Los perseguidos por la fiera hirsuta
que iban buscando un extranjero techo,
aman la fiera, aman la fuerza bruta
piden el sacrificio del derecho;
como la turba hebraica, en negro día
gritó al ver a Jesús… ¡dadle suplicio!
y en la embriaguez infame de la orgia
¡que salga Barrabás! ¡que triunfe el vicio!

III
Poetas de mi tierra, en esta hora,
en esta horrenda hora de tormento
dejad que vuestra lira atronadora
la pulse el rayo y la remonte el viento
¡La inspiración del cráter ¡oh! cantores
es la que el cóndor majestuoso escucha;
el hombre pide arrullo en sus amores,
y rugidos de león desea en la lucha!
¡Que cada nota un anatema sea
contra los falsos ídolos del vicio
fabricados del cieno que se crea
en el bajo que ciñe el precipicio!
¡Proclamad la virtud, más luminosa
si más negra es la noche en que se enseña,
la virtud cuando cae es más hermosa
como el torrente cuando se despeña!

El sol de redención, el sol de Mayo
el que lució con San Martín y Artigas
tuvo un himno de luz en cada rayo
vibrando entre las hordas enemigas;
sol que en Caseros fulguró de encono
como el poeta de la luz sagrada
al fulminar el relajado trono
del que tuvo por ley ¡mísera espada!

IV

– – – – – – – – ¡Ese sol de victoria
que se eclipsó entre sangre de Quinteros
es con desprecio de su santa gloria
escupido por viles mazhorqueros .

– – – – – – – – – ¡Y esa bandera erguida
se enrosca avergonzada entorno al asta,
del hombre que la arrastra prostituida,
como diciendo: ¡histrión! detente… basta!

¡Oh! león de la Agraciada
¡Levántate y sacude la melena
fuego de redención es tu mirada
contra ese fuego es trapo una cadena!
¡Despedaza en tu garra el cetro impuro
con que se ciñe de ambición un beodo;
mas callo, que el castigo del perjuro
debe salir del lodo, sí, del lodo!

¡Calle la lira avergonzada, calle,
que en el momento en que la ley sucumba
cada oriental será un volcán que estalle,
un luchador saldrá de cada tumba!
¡De las gradas del mundo, las naciones
han de arrojar laureles a los bravos
que antes quieren pasar por fieros leones
y no ser despreciados como esclavos!

JULIO HERRERA Y REISSIG y sus “Pascuas del Tiempo” por Leopoldo de Luis

-Fragmento-

Fastuosos son los versos orquestales de estas “Pascuas del Tiempo”. Asombroso poeta de abigarrada cultura mitológica como un Góngora resurrecto. “Nada más apasionante que la poesía de este uruguayo fundamental, de este clásico de toda la poesía”, dejó dicho de él Pablo Neruda.
Sol en Sagitario, M.C.M.”. Esta fechación forma parte del retoricismo y la imaginación del poeta, porque Julio no viajó nunca a Europa. No cabe sino pensar que el talante ecuménico con que redacta la nómina de personajes convocados le inclinó a desear un punto céntrico, un ombligo de la cultura, y ninguno tan típico como París. Bien sabemos que el modernismo americano se esforzaba por mirar a las modas francesas.
En el primer canto, el poeta alude al tiempo como a un viejo patriarca de cuyas arrugas ha de salir el futuro.
El canto segundo describe una imaginaria fiesta de ultratumba, con los más variados personajes históricos como invitados, en una mezcla que olvida la historicidad.
En el tercero, es la retahíla de los meses lo que deambula y baila.
En el cuarto se alza la harmonía (escrita con h, claro) de la lira de Orfeo.
En el quinto, la zarabanda de un repertorio de horas que culmina en el canto seis.
En el siete, el más extenso, vuelven los meses a entretejer un himno, y en el último, figuras mitológicas llegan a la fiesta que se remata con un epílogo en cuatro versos de dieciséis sílabas.
La poesía modernista, con su creación de ritmos, desdoblando y ampliando la versificación, cobra en este poema de Herrera y Reissig un estadio delirante. Su lujo verbal, sus rimas que cantan y encantan, su sintaxis encaramada a la anáfora, el empleo de términos de tan singular brillo como de rareza de uso, el derroche de evocaciones que concitan protagonistas reales o supuestos, manifestándose en escenarios ya de gusto francés, ya de recreaciones helenas. Todo ello aleja la poesía de propuestas sentimentales, meditaciones o trascendencias, para instalarla en el ideal reino de la belleza. Pero es claro que la belleza puede alzarse como un valor rebelde. La belleza del arte, contra lo chabacano, la torpeza convencional y burda de la vieja burguesía. No se equivocaba el gran crítico Ricardo Gullón cuando, ante la elegancia de la estética modernista, decía que los cisnes y las princesas tenían sentido, lo que -según ha escrito el profesor Urrutia en su prólogo al libro de Juan Ramón Jiménez- puede interpretarse como deseo de elevación intelectual e idealista por encima de la vulgaridad.
Por si fuera poco, Herrera y Reissig introduce en sus elaborados versos un ingrediente irónico, con lo que se anticipa a la visión de un costado lúdico de la poesía manejada años después por los ultraístas.
Poesía como de ricos cortinajes y telas recamadas. Poesía de salones lujosos y adornos sensuales y tapices que evocan paisajes exóticos. Fuentes con ninfas, arquitectura de alhambras y mekas.
Espectros de rastros seculares. Borgia o Cleopatra; la Reina de Saba o Voltaire; la Pompadour o Santa Teresa; Atila o Byron.
Triunfo deslumbrante del movimiento que abre la poesía moderna en lengua española con el siglo que recién acaba. Por esas rutas transitó una pléyade renovadora e innovadora que merece recuerdo y gratitud. AJenaro Talens -poeta renovador él mismo- y a Luis Íñigo Madrigal les debemos este regalo, en manos de Biblioteca Nueva.

LAS PASCUAS DEL TIEMPO

I
SU MAJESTAD EL TIEMPO

El Viejo Patriarca,
                   Que todo lo abarca,
Se riza la barba de príncipe asirio;
Su nívea cabeza parece un gran lirio,
Parece un gran lirio la nívea cabeza del viejo Patriarca.
Su pálida frente es un mapa confuso:
La abultan montañas de hueso.
Que forman lo raro, lo inmenso, lo espeso
De todos los siglos del tiempo difuso.
Su frente de viejo ermitaño
Parece el desierto de todo lo antaño:
En ella han carpido la hora y el año,
Lo siempre empezado, lo siempre concluso,
Lo vago, lo ignoto, lo iluso, lo extraño,
Lo extraño y lo iluso…
Su pálida frente es un mapa confuso:
La cruzan arrugas, eternas arrugas,
Que son cual los ríos del vago país de lo abstruso
Cuyas olas, los años, se escapan en rápidas fugas.
¡Oh, las viejas, eternas arrugas;
Oh los surcos oscuros:
Pensamientos en formas de orugas
De donde saldrán los magníficos siglos futuros!

II
FIESTA POPULAR DE ULTRATUMBA

Un gran salón. Un trono. Cortinas. Graderías.
(Adonis ríe con Eros de algo que ha visto en Aspasia)
Las lunas de los espejos muestran sus pálidos días,
Y hay en el techo y la alfombra mil panoramas de Asia.
Las lámparas se consumen en amarillas lujurias,
Y las estufas se encienden en pubertades de fuego;
(Entran Sátiros, Gorgonas, Ménades, Ninfas y Furias;
Mientras recita unos versos el viejo patriarca griego.)
Unos pajes a la puerta visten dorado uniforme;
Cruzan la sala doncellas ornadas con velos blancos.
(Anuncian: están Goliat y una señora biforme
Que tiene la mitad pez, Barba Azul y sus dos zancos.)
Un buen Término se ríe de un efebo que se baña.
Todos tiemblan de repente. (Entra el Hércules nervudo)
Grita Petronio: ¡Falerno! Grita Luis Once: ¡Champaña!
(Grita un pierrot: ¡Menelao con un cuerno y un escudo!)
Todos ríen, sólo guardan seriedad Juno y – Mahoma,
El gran César y Pompeyo, Belisario y otros nobles
Que no fueron muy felices en el amor. Se oyen dobles
Funerarios: es la Parca que se asoma…
(Todos tiemblan) los más viejos rezan, se esconden,
              murmuran.
Safo le besa la mano. Se oye de pronto un gran ruido,
Es Venus que llega: todos se desvisten, tiemblan, juran,
Se arrojan al suelo y sólo se oye un inmenso rugido
De fiera hambrienta: los hombres se abalanzan a la diosa,
(Ya no hay nadie que esté en calma, todos perdieron el juicio) 
Todos la besan, la muerden, con una furia espantosa,
Y Adonis llora de rabia… En medio de ese desquicio
El Papa Borgia está orando (mientras pellizca a una niña),
Tan sólo un bardo protesta: Lamartine, con voz airada;
Para restaurar el orden se llamó a Marat. La niña
Duró un minuto y la escena vino a terminar en nada.
Con el ala en un talón entra Mercurio; profundo
Silencio halló el mensajero. El gran Voltaire guiñó un ojo
Como queriendo decir: ¡cuánto pedante en el mundo
Que piensa con los talones! (Juan lo miró de reojo.
Y un periodista que había se puso serio y muy rojo.)
Entra Aladino y su lámpara. Entran Cleopatra y Filipo.
Entra la Reina de Saba. Entran Salomón y Creso.
(Con las pupilas saltadas se abalanzó un burgués rico,
Un banquero perdió el habla y otro se puso muy tieso.)
“Mademoiselle Pompadour”, anuncia un paje. Mil notas
Vibran de pronto; los hombres aparecen con peluca,
(Un calvo aplaude, y de gozo brinca una vieja caduca)
Comienza el baile: pavanas, rondas, minués y gavotas.
Bailan Nemrod y Sansón, Anteo, Quirón y Eurito;
Bailan Julieta, Eloísa, Santa Teresa y Eulalia,
Y los centauros: Caumantes, Grineo, Medón y Clito;
(Hércules no; le ha prohibido bailar la celosa Onfalia.)
Entra Baco, de repente; todos gritan: ¡Vino, Vino;
(Borgoña, Italia y Oporto, Jerez, Chipre, Cognac, Caña,
Ginebra y hasta Aguardiente), viva el pámpano divino,
Vivan Noé y Edgard Poe, Byron, Verlaine y el Champaña!
Esto dicho, se abalanzan a un tonel. Un fraile obeso
Cayó, debido, sin duda (más que al vino) al propio peso.
Como sintieran calor Apuleyo y Anacreonte
Se bañaron en un cubo. Entra de pronto Caronte.
(Todos corren a ocultarse). No faltó algún moralista
Español (ya se supone) que los tratara de beodos,
El escándalo tomaba una proporción no vista,
Hasta que llegó Saturno, y, gritando de mil modos,
Dijo que de buenas ganas iba a comerlos a todos.
Hubo varios incidentes; (entra Atila y se hunde el piso;
Eolo apaga unas bujías; habla Dantón; se oye un trueno.)
En el vaso en que Galeno
Y Esculapio se sirvieron, ninguno servirse quiso.
Un estoico de veinte años, atacado por el asma,
Se hallaba lejos de todos. “Denle pronto este jarabe”.
Dijo Hipócrates, muy serio. Byron murmuró, muy grave:
“Aplicadle una mujer en forma de cataplasma”.
Una risa estrepitosa sonó en la sala. De rojo
Vestido un dandy gallardo, diole la mano al poeta
Que tal ocurrencia tuvo. (El gran Byron que era cojo,
Tanto como presumido, no abandonó su banqueta,
Y tuvo para Mefisto la inclinación más discreta.)
En esto hubo discusiones sobre cuál de los suicidas
Era más digno de gloria. Dijo Julieta; yo he sido
Una reina del Amor; hubiera dado mil vidas
Por juntarme a mi Romeo. Dijo Werther: yo he cumplido
Con un impulso sublime de personal arrogancia.
Hablaron Safo y Petronio, y hasta Judas el ahorcado,
Por fin habló el cocinero del famoso Rey de Francia,
El bravo Vatel: yo, dijo, con valor me he suicidado
Por cosas más importantes, ¡por no encontrar un pescado!
Todos soltaron la risa. (Grita un paje: está Morfeo.)
Todos callan, de repente… todos se quedan dormidos.
Se oyen profundos ronquidos.
(Entra en cuclillas un loco que se llama Devaneo.)

III
LLEGADA DE LOS MESES Y DE LAS HORAS

(Terpsícore puede más que Morfeo)
Saludando cortésmente a la buena Mamá Juno
(Son las XII de la noche, del mes doce a 31)
Entran: Junio, Julio, Agosto, Setiembre, Octubre y
        Noviembre.
Enero, Marzo y Abril, Mayo, Febrero y Diciembre.
Síguelos el Viejo Tiempo, con traje de soberano.
(El Patriarca de los Siglos a quien ninguno conoce.)
              Y tomadas de la mano,
Formando rueda y bailando la vieja danza del brinco:
La seis, la ocho, la nueve, la diez, la once, la doce,
La una, la dos, la cuatro, la tres, la siete y la cinco.
(Anuncian: está Terpsícore.) Todos despiertan y ríen:
El gran salón se ilumina con mil resplandores blancos;
Barba Azul corre en sus zancos;
Raras macabras armónicas los instrumentos deslíen,
Y sin que haya espiritistas saltan las mesas y bancos.
Byron, Tirteo y Quevedo se olvidan de que son cojos,
Rabelais y el gran Leopardi no saben ya sus defectos;
Homero y Milton se muestran, ambos, con grandes anteojos;
los cuerdos se vuelven locos y arlequines los proyectos.
(Por bailar a misia Parca también se le van los ojos.)

IV
RECEPCIÓN INSTRUMENTAL DEL GRAN POLÍGLOTO ORFEO

Cuentos de Harmonía
Entra el viejo Orfeo. Mil notas auroran
El aire de ruidos, mil notas confusas;
Suspiran las Musas, las Sirenas lloran;
Las Sirenas lloran, suspiran las Musas.
Misteriosas flautas, que modulan gritos
De bacantes ebrias, de hetairas locas,
Cantan las canciones de los tristes mitos;
de los besos muertos en las regias bocas.
Finas violas trinan los rondeles breves
Que en la danza regia dicen los encajes,
Las suaves y amables carcajadas leves
De las suaves sedas de los leves trajes.
Sistros marfilados hablan de las lidias
De los viejos reyes; de su real decoro;
De Judith y Esther cuentan las perfidias,
Los asesinatos de sus besos de oro.
Címbalos de plata cuentan las historias
De reinas de Saba; de sangrientas misas,
Y cascabelean las divinas glorias
De los viejos bardos y las pitonisas.
Suaves mandolinas desabrochan llantos
De Mignones ebrias y Lilís divinas,
Y hacen las historias, de crueles encantos
Y dulces venenos, de las Florentinas.
Cuernos y zampoñas, cobres y trompetas,
(Que tienen el triunfo dorado del Sol)
Aúllan y ladran y rujen y gritan,
(Los himnos más rojos en tono i bemol).
¡Hablando de guerras, de sangre, de atletas,
De incendios, de muertes y cosas que excitan!
Órganos tronantes murmuran canciones,
De mística, vaga, celeste harmonía,
Que hacen de las barbas de Jehová vellones
Para ornar la mesa de la eucaristía.
Discretos violines hacen historietas
De pies diminutos, escotes y talles;
De anillos traidores; de las Antonietas,
De los galanteos del regio Versalles.
Narran mil alegros, de collares ricos,
De aleves conquistas, de alcobas doradas:
Las conspiraciones de los abanicos
Y las aventuras de las estocadas.
Timbales y oboes, panderos y gaitas
Son gitanas tristes, ebrias bayaderas
Que dan el almíbar de las chirigaitas,
Sangre de cicutas, celos de panteras,
Que sugieren dramas de placer y llanto,
Risas y suspiros de Selikas locas,
Sollozos de Aída, ramos de amaranto,
Orgías de vasos, puñales y bocas.
Graves clavicordios, tristes violoncelos
Susurran amores de duques suicidas,
Y hablan en la lengua de los terciopelos,
Del vino que usaban las reinas queridas.
Guitarras sensibles, en raudos alegros,
Hablan de toreros, chulos y manolas;
Fingen las tormentas de los ojos negros,
Y hablan de los celos de las reinas Lolas.
Ríen con la risa del castañeteo,
Vuelan con el vuelo de la seguidilla,
Y hablan del hechizo que en el culebreo
Ponen las sultanas de la manzanilla.
Sugieren de pronto caderas ariscas,
Gestos que provocan, y ligas que atan;
¡Toros de lujurias, besos de odaliscas,
Canelas, mantillas y piernas que matan!…

V
LA GRAN SOIRÉE DE LA ELEGANCIA.
LA DANZA DE LOS MESES Y DE LAS HORAS GALANTERÍAS ETERNAS

Decoración: La sala semeja una floresta
Unos faunos sensuales persiguen a una driada,
Cantos de aves sinfónicas hace vibrar la orquesta.
(Pajes, Arqueros, Duendes y gente uniformada.)
Los Dioses del Olympo todos se hallan presentes.
(Emblemas, jeroglíficos, toisons, panoplias, cuernos)
Inmensa muchedumbre de silenciosas gentes;
Santos del Paraíso, reyes de los Infiernos.
El viejo Tiempo se halla sentado en su gran solio.
(Heraldos y sirenas, dragones, sagitarios)
A un lado el Laberinto y al otro el Capitolio.
La Parca está rezando sus credos funerarios.
Alcen contempla a Diana. Pan toca su bocina;
Un centauro y un sátiro se cuentan sus lujurias;
Hidras, peces biformes. (Plutón y Proserpina.)
Tritones y Oceánidas y Náyades y Furias.
Lohengrin y el Cisne. Cadmo transformando una piedra;
(Pontífices, Mikados, Sultanes, Caballeros)
Margarita en su rueca, Minos hiriendo a Fedra.
(Damas de corte, brujas, nobles y mosqueteros.)
Cristo y Mahoma charlan de asuntos de la tierra;
(Se alzan el Vaticano, la Alhambra, Meka y Roma)
Millones de esqueletos surgen en son de guerra,
Etcétera… Posdata: la Esfinge se desploma.
Aramis el noble, gentil bastonero,
Le pide su cetro magnífico a Ulises;
(Adornan la sala lujosas cariátides,
Regios artesones y un áureo florero
En el que hay hortensias, anémonas, lises,
Adelfas, orquídeas, lotos y clemátides)
Y ordena la danza. Las Hadas del Día,
Que son doce, se ponen en rueda.
(Hay espejos, luces, cuadros, pedrería,
Bibelots, Cupidos, oro, mármol, seda…)
Un reloj semeja la alfombra bordada;
(Ornan los tapices regias hipsipilas;
La Venus de Ictinius se muestra enflorada:
Lucen crisantemos, nelumbos y lilas.)
Hay aves exóticas. Exóticos frescos
Muestran con sus barbas a los Viejos Siglos.
(Hay fou-kousas, pieles, jaspes, arabescos,
Biscuits, kakemonos, dioses y vestiglos.)
Aramís sonríe con una señora
De ciertos remilgos de unas soberanas.
(Hay cenefas, biombos, telas de Bassora,
Consolas, estatuas, joyas, porcelanas.)
Las arañas forman chispeantes burbujas,
Burbujas inquietas de vinos dorados.
(Hay regios encajes de Chantilly y Brujas,
Panneaux deslumbrantes y flordelisados.)
Las damas ostentan aigrettes elegantes,
De plumas que fingen rizos de flambeau
(Los regios joyeles y polvos brillantes
Que ostentan las reinas de un bello Wateau.)
Hechiza en las faldas la seda argentada,
Y nieva la red de las finas puntillas.
(Las caladas medias de seda rosada
Brillan de celosas en las pantorrillas.)
Un bouquet de estrellas sus fulgores quiebra
En el encendido sol de los aceros;
Valiers recamados de ojos de culebra
Ornan la elegancia de los caballeros.
Irisados peces, raros colorines,
Fingen las soberbias condecoraciones;
Y gardenias blancas son los brodequines,
Y serpientes de oro son los cinturones.
Un obispo cuenta las cuentas de espuma
Que hay en una copa de fino Bohemia.
(Hay lacas, mosaicos, jarras de Satsuma
Divanes de Persia, sillas de Academia.)
Las Horas ostentan primorosos trajes,
Grandes abanicos, mágicas pelucas.
(Hay platos chinescos, cisnes y paisajes,
Gente armada, pajes y doncellas cucas.)
(Se oyen pasos). Entran con largos turbantes,
Emires, profetas y viejos Kalifas.
(Los pajes alcanzan sorbetes, picantes,
Café, arroz, tabaco, pipas y alcatifas.)

VI
CANTO DE LAS HORAS

Aramís ordena que los doce Meses
Formen en la rueda con las doce Horas.
Las Horas sonríen; los doce Condeses
Hacen reverencias para las señoras.
(Beaumarchais se acerca. La Vallière saluda,
La Chevreuse camina, Maintenon se sienta;
Sévigné pasea su espalda desnuda,
Mientras Guiche sonriendo su pasión le cuenta.)
Luis, Rey de primores, en un grupo alterna,
Dando a sus palabras caprichosos giros;
(Las enamoradas de su linda pierna
Le brindan miradas, risas y suspiros.)
Comienza la danza. Sus divinos vuelos
Emprenden las Horas: un iris de seda
Se cierne en la nube de los terciopelos,
Y en mágica urdimbre de flores se enreda.
Avispas de raros metales parecen,
Que cercan zumbando divinos panales,
Y raudas estrellas que saltan y crecen,
Siguiendo los ritmos de mil madrigales.
Prosigue la danza. Su baile ligero
Emprenden los Meses: una cabalgata
De arqueros celestes cruza el abejero
De tacos bordados y hebillas de plata.
Parecen falenas de volar extraño.
Bellos sagitarios de la diosa Iris,
Los doce Condeses del Reino del Año
Que rigen las riendas del potro de Osiris.
El viejo Patriarca
           que todo lo abarca
Se riza la barba de príncipe asirio;
Su nívea cabeza parece un gran lirio,
Su nívea cabeza de viejo Patriarca
Aramís ordena que las danzarinas
Cuenten sus historias. La orquesta acompaña.
(El Rey Luis escucha, tras unas cortinas,
El rondó de espuma del vino champaña.)
La menor, la Una, canta la primera:
“Yo he nacido en Grecia, yo he nacido en Nubia:
“Yo soy negra y blanca, triste o hechicera;
“Mi cabeza es negra, mi cabeza es rubia.
“Los insomnios tristes son de mis imperios,
“Y mis ojos queman con mirar profundo;
“Soy la negra bruja de los cementerios,
“La querida ardiente que ilumina el Mundo.
“Soy la Una, una nocturnal sombría
“Hija de la noche, maga de la Luna;
“Soy la Una, una lámpara del Día,
“Soy la negra Una, soy la blanca Una”.
La Dos: “Soy la hermana de la buena hermana
“Que contó su historias, y una es nuestra vida;
“El sultán del Día me nombró sultana;
“El cafre nocturno me hizo su querida”.
La Tres: “Soy el hada que sus oros labra
“En la adamantina villa de los astros,
“Y que adora al negro, raro, abracadabra
“Que por donde pasa deja negros rastros”.
La Cuatro: “Yo brillo cuando en los Estíos
“El Sol llega a Piscis y en Piscis se escuda;
“Yo beso y despierto los tiernos rocíos;
“Yo brillo en Enero cuando el Sol madruga”.
La Cinco: “Yo luzco, toda engalanada,
“Al pie del Castillo de prismas aéreos;
“Yo aclaro, yo azulo la inmensa mirada
“De los Capricornios y Acuarios etéreos”.
La Seis: “Soy el cisne del parque de Urano.
“Yo las Primaveras del azul enfloro;
“Yo pinto la mitra del Mago Verano.
“Y escribo en el cielo madrigales de oro”.
La Siete: “Yo ostento rodelas y tiaras
“De reyes del regio país Fantasía;
“Yo enseño brocados y túnicas raras,
“Yo soy la mimosa del Reino del Día”.
La Ocho: “Yo estrello con blancas avispas,
“De la bruja noche la oscura caverna;
“Yo soplo en la fragua de Dios, y mil chispas
“Bailan en el cielo la gavota eterna”.
La Nueve, la Diez y la Once. -Coro-“
Nosotras amamos la sombra y la lumbre;
“Reinas de azabache, codiciamos oro:
“Somos alegría; somos pesadumbre”.
Canta al fin la Doce: “Mi pupila ardiente
“Mira siempre fijo: mi pupila abrasa:
“Soy la más amante, soy la más vehemente,
“Soy la que atraviesa, soy la que traspasa.
“Soy la silenciaria, la de negras alas,
“La trasnochadora que las almas roe,
“La que tiene el brillo de las luces malas
“En que se inspiraron Baudelaire y Poe.
“El gato que vela y el ave nocturna
“Tienen mis siniestras vagas harmonías.
“Soy la que no duerme, soy la taciturna,
“Y mis ojos brillan las alevosías.
“Soy la que levanta las heladas losas,
“La de los puñales, la de los secretos;
“La de las macabras dentro de las fosas,
“La que cena y baila con los esqueletos.
“Richepin y Huysmans, los ebrios divinos,
“Me eligieron diosa de sus borracheras;
“Maeterlinck y Wilde y otros peregrinos,
“Me llamaron Reina de sus calaveras.
“Soy la Doce blanca: soy la Doce negra;
“Soy tristeza y sombra, resplandor y goce:
“La que todo abate, la que todo alegra:
“Soy la blanca Doce; soy la negra Doce”.
Un coro de aplausos atruena el espacio.
(Richelieu sonriendo se acerca a una dama.)
Pajes con bandejas llenan el palacio.
(Molière por un beso vende un epigrama.)
Resuenan los coros: “Amemos al Viejo Patriarca,
                                 que todo lo abarca;
Su frente de viejo ermitaño
Parece el desierto de todo lo antaño;
en ella han carpido la hora y el año,
Lo siempre empezado, lo siempre concluso,
Lo vago, lo ignoto, lo iluso, lo extraño,
                               lo extraño y lo iluso.”

VII CANTO DE LOS MESES

Aramís ordena que los danzarines
Cuenten sus historias. Comienza el andante;
Gimen los oboes, lloran los violines.
“Rabelais se ríe de un cuento picante.)
(Cien pajes anuncian: “Monsieur Sagitario,
Madame Virgo y Taurus con un unicornio;
Géminis y Cáncer, Piscis, Leo, Acuario,
Escorpión y Aries, Libra y Capricornio.)
Un pueblo de estrellas sus brillos expande;
La orquesta derrama torrentes de notas.
(Entran Quasimodo, Federico el Grande,
Y el rey Pulgarcillo con sus grandes botas.)
Canta el Rey Enero de circuncisiones,
De pascuas alegres, de reyes, de heraldos.
(Llueve blancos lirios, felicitaciones;
Confites, muñecos, ramos y aguinaldos.)
Liliput envía castañas de nieve,
Gulliver regala cartuchos de enanos;
El gorro de Enero golosinas llueve,
(Se besan las bocas, se juntan las manos.)
Febrero el alegre canta y payasea
Canciones borrachas, ebrias cavatinas.
(Arlequín solloza, Clown carnavalea;
Mil pierrots se abrazan con sus colombinas.)
Entra el Rey de Kioto con frac de adúcar.
Baco está dormido y un bufón lo roba;
Cenicienta muerde sus botas de azúcar;
(Napoleón es Jockey de un palo de escoba.)
Se anuncian Tom-Pouce. Montados en cebras,
Entran saludando Narciso y Pepino.
(Llueve cascabeles, diablos y culebras,
Botellas, harinas y affiches de vino.)
Marzo, Rey de Ayuno, canta la plegaria
De todas las témporas, hambres y abstinencias.
(Se ven: una ermita triste y solitaria,
Fray en la garita de las penitencias.)
Entra el Rey Otoño, de gris adornado,
Muy pálido y triste. (Llueve agua bendita);
El Otoño quiere llorar un pecado,
Y habla con el fraile que está en la garita.
“Cortaos el verde cabello” -le dice
El fraile al oído fingiendo congojas.
(Mueren Julia, Elena, Flora, Cleo y Bice)
Los árboles llueven su lluvia de hojas.
Los árboles lloran su calvicie blanca;
El Otoño llora; (llueve agua bendita.)
El Coiffeur aéreo las hojas arranca.
(Llora la campana de la triste ermita.)
Abril, el sagrado Rey de los olivos,
Canta el Evangelio de las buenas almas,
(Lucen en el ara los corderos vivos;
Se agitan pañuelos, túnicas y palmas.)
Abril, el sagrado Rey de los Calvarios,
Canta de suplicios y llagas divinas;
(Los frailes rezongan Patres y rosarios,
Y llueve vinagre, sudores y espinas.)
Abril, el sagrado Rey de los rituales,
Entona maitines de notas opacas;
(De pronto anochecen los claros vidriales,
Se apagan los lirios, ladran las matracas.)
El Rey Abril canta de Resurrecciones,
De la alegre danza de los incensarios;
(Las misas cantadas gritan sus canciones,
Y laten los pechos de los Campanarios.)
El Rey Abril canta su alegría suma,
Llamando a los fieles para sus convites;
(Las campanas bailan, el incienso fuma:
Llueve cera, cohetes, flores y confites.)
Mayo, el caminante de la buena ruta,
Canta los rastrillos, la sierra y el zoclo.
(San José fabrica trenzas de viruta;
San Isidro peina sus barbas de choclo.)
Junio, Rey de estufas, canta los rondeles
Que hacen cuando bailan, los raudos patines,
(Entra el rey Invierno, vestido de pieles,
Con blanco paraguas y blancos botines.)
Junio, el Rey más blanco de los doce Meses,
Canta el aleluya de los reyes místicos:
(Llueven lenguas rojas los Pentecosteses;
Corpus Christi llueve panes eucarísticos.)
Junio, el Rey más blanco, blanco néctar bebe;
Bebe blanca nieve; nieva blanca harina;
Toma blancas hostias; llueve leve nieve;
Canta las nevadas de la fe divina
El monarca Julio canta las concordias
De las caridades y visitaciones.
(San Vicente llora sus misericordias,
Y la Virgen llora sus revelaciones.)
Agosto, el furioso Rey de turbulencias,
Canta la sonata de los huracanes.
(Los ángeles juegan a las indulgencias:
Santa Rosa llora llanto de volcanes.)
El joven Setiembre trina las canciones
Que hablan de bohemias, flores y zagalas;
Que hablan de los bailes de los corazones,
Y los cuchicheos de las colegialas.
Setiembre, el mimado de las reinas rosas,
Echa en su casaca mágicos olores;
(Llora el Arco Iris flores, mariposas.
Ríe Primavera, ríen los amores.)
Ríen los amores, ríe Primavera;
(Llueve mariposas, flores peregrinas)
Los amores ríen en su real litera
Llevada por hadas y por golondrinas.
Octubre, el Rey dandy, canta de las blondas
Que en el aire dejan dulce de fragancia.
Del beso que ritman las formas redondas
Que atesoran opios y magias de Francia.
Noviembre se signa y hace funerales,
Y responsos mudos, de mudos misterios:
Noviembre es el mudo de los carnavales,
De los carnavales de los cementerios.
Noviembre, el Rey Negro del ceño fruncido,
Canta los lamentos de una viuda alouette;
A todos los santos les hace un cumplido,
cuando no lo espía Madame Squelette.
Noviembre a quien aman las negras Gorgonas,
Es Rey de cipreses y de golondrinas.
(Las bellas floristas le labran coronas;
Los sepultureros le piden propinas.)
Diciembre, el rey Fauno, canta barcarolas
Que elogian los raptos de blancas primicias,
Que hacen en la playa las lúbricas olas
Babeadas de besos y suaves caricias.
Diciembre el ardiente canta el ritornelo
De blancas Kermesses y fiestas del río
(Llueve brin, zaraza, sudores y hielo.
Vestido de rojo penetra el Estío.)
Diciembre el ardiente sus pasiones narra,
Y habla de indiscretos, suaves esperezos.
(Pulsa su bordona la inquieta cigarra,
Y el grillo armoniza collares de rezos.)
Diciembre, el alegre Rey de nacimientos,
Habla de pesebres, bueyes y cayados
(Los abuelos cuentan sus más lindos cuentos,
Y llueve pan dulce, castañas y helados.)
Alegres saludos y aplausos corteses
Vibran en los aires. (Una bella hazaña
Cuenta un duque. Ríen, amables, los Meses
Haciéndole gracias al noble Champaña.)
Resuenan los Coros:
“Amemos al viejo Patriarca
que todo lo abarca;
Su pálida frente es un mapa confuso;
La abultan montañas de hueso
Que forman lo raro, lo inmenso, lo espeso,
De todos los siglos del tiempo difuso.”

VIII
TERMINACIÓN DE LA FIESTA.
DESPEDIDAS Y QUEJAS. LLUEVE.
DESFILE DE LA CONCURRENCIA

Suenan galanteos y besos y adioses:
Se marchan los Papas de ceño fruncido.
Las Brujas, los Duendes de acento fingido,
Se marchan los Reyes, se marchan los Dioses,
Y todos se marchan… Ya todos se han ido…!
Pasaron volando las cuatro Estaciones,
Los bellos Ocasos, las bellas Auroras,
Endriagos, Quimeras, Esfinges, Dragones,
Hidras y Centauros y Furias traidoras
Y Gnomos y Faunos y Meses y Horas.
Se apagan las luces. El viejo Castillo
Se esfuma, se borra. Cuatro campanadas
Da el Reloj. (Sus botas perdió Pulgarcillo
Y una bruja loca lo lleva a la grupa.)
Negras Amazonas pasan a horcajadas
En palos de escoba; y el negro corrillo
De sombras eternas zumbando se agrupa…!
Zumbando se agrupa…!
(Llueve.) Los Ciclones tocan en sus flautas
Su inmenso silbido.
Los viejos Ciclones tocan en sus flautas,
las Sirenas lloran, las Ninfas se quejan.
(El viejo Patriarca se queda dormido.)
Pasan Unicornios, Monstruos y Argonautas…
Ya todos se han ido, ya todos se alejan,
Ya todos se alejan, ya todos se han ido…
Se quejan
se alejan…
se han ido…!

EPÍLOGO

Fuera: el trueno juega y corre con su inmenso monolito.
El huracán, monstruo asmático, lanza pavorosa tos;
los relámpagos alumbran, atraviesan lo infinito.
Como el fósforo encendido del gran cerebro de Dios!
Montmartre, Sol en Sagitario, M.C.M.

EL DESPERTAR

Alisia y Cloris abren de par en par la puerta
y torpes, con el dorso de la mano haragana,
restréganse los húmedos ojos de lumbre incierta,
por donde huyen los últimos sueños de la mañana. ..
La inocencia del día se lava en la fontana,
el arado en el surco vagaroso despierta,
y en torno de la casa rectoral, la sotana
del cura se pasea gravemente en la huerta…
Todo suspira y ríe. La placidez remota
de la montaña sueña celestiales rutinas.
El esquilón repite siempre su misma nota
de grillo de las cándidas églogas matutinas.
Y hacia la aurora sesgan agudas golondrinas
como flechas perdidas de la noche en la derrota.
El regreso

La tierra ofrece el ósculo de un saludo paterno
Pasta un mulo la hierba mísera del camino
y la montaña luce, al tardo sol de invierno,
como una vieja aldeana, su delantal de lino.

Un cielo bondadoso y un céfiro tierno…
La zagala descansa de codos bajo el pino,
y densos los ganados, con paso paulatino,
acuden a la música sacerdotal del cuerno.

Trayendo sobre el hombro leña para la cena,
el pastor, cuya ausencia no dura más de un día,
camina lentamente rumbo de la alquería.

Al verlo la familia le da la enhorabuena…
Mientras el perro, en ímpetus de lealtad amena,
describe coleando círculos de alegría.

ILUMINACIÓN CAMPESINA

Alternando a capricho el candor de sus prosas,     
Ruth sugiere a la cítara tan augustos momentos!     
y Fanor en su oboe de aterciopelamientos           
plañe bajo el ocaso de oro y de mariposas…       
                                                   
Ante el genio enigmático de la hora, sedientos     
de imposible y quimera, en el aire de rosas,       
ponen largo silencio sobre los instrumentos,       
para soñar la eterna música de las cosas.           
                                                   
Largas horas, en trance de eucarísticos miedos,     
amortiguan los ojos y se enlazan los dedos…       
«¡Dulce amigo!» ella gime. Y Fanor: «¡Oh mi amada!» 
                                                   
Y la noche inminente lame sus mansedumbres…       
De pronto, como bajo la varilla de un hado,         
fuegos, por todas partes, brotan sobre las cumbres. 

El consejo

El astrónomo, el vate y el mentor se han reunido…
La montaña recoge la polémica agreste;
y en el aire sonoro de campana celeste,
las tres voces retumban como un solo latido.

Conjeturan fiebrosos del principio escondido…
Luego el mago predice la miseria y la peste;
el poeta improvisa, mientras, vuelto al Oeste,
el astrónomo anuncia que en Hispania ha llovido.

Ebrios de la divina majestad del tramonto,
los discursos se agravan.,. Es ya noche. De pronto,
arde en fuga una estrella… interrogan sus rastros

cual mil ojos abiertos al Enigma Infinito:
se hace triple el silencio del consejo erudito…
Dedos entre la sombra se alzan hacia los astros.

Amor sádico

Ya no te amaba, sin dejar por eso
De amar la sombra de tu amor distante.
Ya no te amaba, y sin embargo el beso
De la repulsa nos unió un instante…
Agrio placer y bárbaro embeleso
Crispó mi faz, me demudó el semblante.
Ya no te amaba, y me turbé, no obstante,
Como una virgen en un bosque espeso.
Y ya perdida para siempre, al verte
Anochecer en el eterno luto,
-Mudo el amor, el corazón inerte-,
Huraño, atroz, inexorable, hirsuto…
Jamás viví como en aquella muerte,
nunca te amé como en aquel minuto!

Bromuro
Burlando con frecuencia el vasallaje
de la tutela familiar en juego,
nos dimos citas, a favor del ciego
azar, en el jardín, tras el follaje…
Frufrutó de aventura tu aéreo traje,
sugestivo de aromas y de espliego…
y evaporada entre mis brazos, luego,
soñaste mundos de arrebol y encaje…
Libres de la zozobra momentánea
-sin recelarnos de emergencia alguna-
en los breves silencios, oportuna
te abandonabas a mi fe espontánea;
y sobre un muro, al trascender, la luna
nos denunciaba en frágil instantánea.
El alba
Humean en la vieja cocina hospitalaria
los rústicos candiles… Madrugadora leña
infunden una sabrosa fragancia lugareña;
y el desayuno mima la vocación agraria…
Rebota en los collados la grita rutinaria
del boyero que a ratos deja la yunta y sueña…
Filis prepara el huso. Tetis, mientras ordeña,
ofrece a Dios la leche blanca de su plegaria.
Acongojando el valle con sus beatos nocturnos,
salen de los establos, lentos y taciturnos,
los ganados. La joven brisa se despereza…
Y como una pastora en piadoso desvelo,
con sus ojos de bruma, de la dulce pereza,
el Alba mira en éxtasis las estrellas del cielo.

EL SAUCE

A mitad de mi fausto galanteo,
Su paraguas de sedas cautelosas
La noche desplegó, y un lagrimeo
de estrellas, hizo hablar todas las cosas…

Erraban las Walkirias vaporosas
de la bruma, y en cósmico mareo
parecían bajar las nebulosas
al cercano redil del pastoreo…

En un abrazo de postrero arranque,
caímos en el ángulo del bote…

Y luego que llorando ante el estanque
tu invicta castidad se arrepentía,
¡el sauce, como un viejo sacerdote,
gravemente inclinado nos unía…

DESOLACIÓN ABSURDA

A Paul Minelly, francesamente.
Je serai ton cercueil,
aimable pestilence!…

Noche de tenues suspiros
platónicamente ilesos:
vuelan bandadas de besos
y parejas de suspiros;
ebrios de amor los céfiros
hinchan su leve plumón,
y los sauces en montón
obseden los camalotes
como torvos hugonotes
de una muda emigración.
Es la divina hora azul
en que cruza el meteoro,
como metáfora de oro
por un gran cerebro azul.
Una encantada Estambul
surge de tu guardapelo,
y llevan su desconsuelo
hacia vagos ostracismos
floridos sonambulismos
y adioses de terciopelo.
En este instante de esplín,
mi cerebro es como un piano
donde un aire wagneriano
toca el loco del esplín.
En el lírico festín
de la ontológica altura,
muestra la luna su dura
calavera torva y seca,
y hace una rígida mueca
con su mandíbula oscura.
El mar, como gran anciano,
lleno de arrugas y canas,
junto a las playas lejanas
tiene rezongos de anciano.
Hay en acecho una mano
dentro del tembladeral;
y la supersustancial
vía láctea se me finge
la osamenta de una Esfinge
dispersada en un erial.
Cantando la tartamuda
frase de oro de una flauta,
recorre el eco su pauta
de música tartamuda.
El entrecejo de Buda
hinca el barranco sombrío,
abre un bostezo de hastío
la perezosa campaña,
y el molino es una araña
que se agita en el vacío.
¡Deja que incline mi frente
en tu frente subjetiva,
en la enferma, sensitiva
media luna de tu frente,
que en la copa decadente
de tu pupila profunda,
beba el alma vagabunda
que me da ciencias astrales
en las horas espectrales
de mi vida moribunda!
¡Deja que rime unos sueños
en tu rostro de gardenia,
Hada de la neurastenia,
trágica luz de mis sueños!
Mercadera de beleños
llévame al mundo que encanta;
¡soy el genio de Atalanta
que en sus delirios evoca
el ecuador de tu boca
y el polo de tu garganta!
Con el alma hecha pedazos,
tengo un Calvario en el mundo;
amo y soy un moribundo,
tengo el alma hecha pedazos:
¡cruz me deparan tus brazos;
hiel tus lágrimas salinas;
tus diestras uñas, espinas
y dos clavos luminosos
los aleonados y briosos
ojos con que me fascinas!
¡Oh mariposa nocturna
de mi lámpara suicida,
alma caduca y torcida,
evanescencia nocturna;
linfática taciturna
de mi Nirvana opioso,
en tu mirar sigiloso
me espeluzna tu erotismo,
que es la pasión del abismo
por el Ángel Tenebroso!
(Es medianoche). Las ranas
torturan en su acordeón
un «piano» de Mendelssohn
que es un gemido de ranas;
habla de cosas lejanas,
un clamoreo sutil;
y con aire acrobatil
bajo la inquieta laguna,
hace piruetas la luna
sobre una red de marfil.
Juega el viento perfumado
con los pétalos que arranca,
una partida muy blanca
de un ajedrez perfumado;
pliega el arroyo en el prado
su abanico de cristal,
y genialmente anormal
finge el monte a la distancia
una gran protuberancia
del cerebro universal.
¡Vengo a ti, serpiente de ojos
que hunden crímenes amenos,
la de los siete venenos
en el iris de sus ojos;
beberán tus llantos rojos
mis estertores acerbos,
mientras los fúnebres cuervos,
reyes de las sepulturas,
velan como almas oscuras
de atormentados protervos!
¡Tú eres póstuma y marchita,
misteriosa flor erótica,
miliunanochesca, hipnótica,
flor de Estigia acre y marchita;
tú eres absurda y maldita,
desterrada del Placer,
la paradoja del ser
en el borrón de la Nada,
una hurí desesperada
del harem de Baudelaire!
¡Ven, declina tu cabeza
de honda noche delincuente
sobre mi tétrica frente,
sobre mi aciaga cabeza;
deje su indócil rareza
tu numen desolador,
que en el drama inmolador
de nuestros mudos abrazos
yo te abriré con mis brazos
un paréntesis de amor!

Tertulia lunática V

¡Oh negra flor de Idealismo!
¡Oh hiena de diplomacia
con bilis de aristocracia
y lepra azul de idealismo!…
Es un cáncer tu erotismo
de absurdidad taciturna,
y florece en mi saturna
fiebre de virus madrastros,
como un cultivo de astros
en la gangrena nocturna.
Te llevo en el corazón,
nimbada de mi sofisma,
como un siniestro aneurisma
que rompe mi corazón…
¡Oh Monstrua! Mi ulceración
en tu lirismo retoña,
y tu idílica zampoña
no es más que parasitaria
bordona patibularia
de mi celeste carroña!
¡Oh musical y suicida
tarántula abracadabra
de mi fanfarria macabra
y de mi parche suicida!…
¡Infame! En tu desabrida
rapacidad de perjura,
tu sugestión me sulfura
con el horrendo apetito
que aboca por el Delito
la tenebrosa locura!

Tertulia lunática VI

En un bostezo de horror,
tuerce el estero holgazán
su boca de Leviatán
tornasolada de horror…
Dicta el Sumo Redactor
a la gran Sombra Profeta,
y obsediendo la glorieta,
como una insana clavija,
rechina su idea fija
la turbadora veleta.
Ríe el viento confidente
con el vaivén de su cola
tersa de gato de Angola,
perfumada y confidente…
El mar inauditamente
se encoge de sumisión
y el faro vidente, en son
de taumaturgas hombrías,
traduce al torvo Isaías
hipnotizando un león.
Estira aplausos de ascua
la hoguera por los establos:
rabiosa erección de diablos
con tenedores en ascua…
Un brujo espanto de Pascua
de Marisápalo asedia,
y una espectral Edad Media
danza epilepsias abstrusas,
como un horror de Medusas
de la divina Comedia.
En una burla espantosa,
el túnel del terraplén
bosteza como Gwynplaine
su carcajada espantosa…
Hincha su giba la unciosa
cúpula, y con sus protervos
maleficios de hicocervos,
conjetura el santuario
el mito de un dromedario
carcomido por los cuervos.
Las cosas se hacen facsímiles
de mis alucinaciones
y son como asociaciones
simbólicas de facsímiles…
Entre humos inverosímiles
alinea el cañaveral,
con su apostura marcial
y sus penachos de gloria,
las armas de la victoria
en un vivac imperial.
Un arlequín tarambana
con un toc-toc insensato
el tonel de Fortunato
bate en mi sien tarambana…
Siento sorda la campana
que en mi pensamiento intuye;
en el eco que refluye
mi voz otra voz me nombra;
¡y hosco persigo en mi sombra
mi propia entidad que huye!
La realidad espectral
pasa a través de la trágica
y turbia linterna mágica
de mi razón espectral…
Saturno infunde el fatal
humor bizco de su influjo
y la luna en el reflujo
se rompe, fuga y se integra
como por la magia negra
de un escamoteo brujo.
En la cantera fantasma,
estampa Doré su mueca
fosca, saturniana y hueca,
de pesadilla fantasma…
En el cementerio pasma
la Muerte un zurdo can-can;
ladra en un perro Satán,
y un profesor rascahuesos
trabuca en hipos aviesos
el Carnaval de Schumann.

Nirvana crepuscular

Con su veste en color de serpentina,
reía la voluble Primavera…
Un billón de luciérnagas de fina
esmeralda, rayaba la pradera.
Bajo un aire fugaz de muselina,
todo se idealizaba, cual si fuera
el vago panorama, la divina
materialización de una quimera…
En consustaciación con aquel bello
nirvana gris de la Naturaleza,
te inanimaste… Una ideal pereza
mimó tu rostro de incitante vello,
y al son de mis suspiros, tu cabeza
durmiose como un pájaro en mi cuello!…

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