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144. Poesía más Poesía: Roque Dalton

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ROQUE DALTON

BIOGRAFÍA

La biografía de Roque Dalton está marcada por sus dos grandes pasiones: la poesía y la revolución. Considerado como un referente de la literatura latinoamericana, su compromiso político le costaría la vida el 10 de mayo de 1975.

Nació el 14 de mayo de 1935 en la capital de la República de El Salvador.

El padre de Roque Dalton fue Winnal Dalton jr. nacido en Tucson, Arizona, Estados Unidos, en 1894..Provenía de una familia que había caído en la ruina económica, y abandonó su país probablemente en 1916 con rumbo a la América Central. Vivió en Honduras y posteriormente se trasladó a El Salvador, donde contrajo matrimonio con Aída Ulloa. En este país se convirtió en un terrateniente y logró relacionarse con la élite local.

El temperamento irascible era una de las características de Winnal. Precisamente, un altercado con el banquero Benjamín Bloom por disputas de un préstamo, le mandó al hospital con heridas de bala por parte de los guardaespaldas del empresario. Mientras estaba ingresado, conoció a la enfermera María García, con quien acabó en un romance del que nacería Roque Antonio el 14 de mayo de 1935.

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Roque Dalton y su madre 

Roque creció en la casa materna ubicada en la calle 5 de Noviembre de la capital del país, San Salvador, en la que también había una tienda de nombre «La Royal». Su padre, de quien se dice no lo reconocería legalmente hasta los diecisiete años, le inscribió en el kindergarten Santa Teresita de Jesús, ubicado en una casa antigua del centro de San Salvador. Dicha casa de estudios era de educación católica y reservada para familias pudientes. Posteriormente estudió en el Colegio Bautista de San Salvador y desde 1946 en el Externado de San José, otra institución exclusiva y tradicional.

Ya desde su juventud, Dalton realizaba sus primeros trabajos de poesía y uno de sus profesores, el sacerdote jesuita Alfonso de María Landarech, le animaba para que siguiera educándose en la literatura. Por otra parte, no era ajeno a las peleas estudiantiles o discusiones en partidos de fútbol; de hecho, terminó con su nariz fracturada al recibir un golpe con un ladrillo de parte de un jugador costarricense por discutir un tiro de penalti. Ese percance lo dejó plasmado en el poema «No, no siempre fui tan feo». 

Obtuvo el título de Bachiller en 1952, y por su destacado rendimiento académico fue elegido para dar el discurso en nombre de los estudiantes.

Según Claribel Alegría, aprovechó la ocasión para criticar a las autoridades de la institución por la discriminación a los hijos naturales y su sumisión ante las familias de los estudiantes de grandes recursos económicos.

Al terminar sus estudios de secundaria, Roque se decidió a estudiar Leyes. Su padre le brindó el apoyo para dirigirse a Chile, y hacia allá viajó en 1953 junto a su madre de quien se despidió en Panamá.

Ya en Santiago, pretendía ingresar a la Universidad Católica, pero el decano de la facultad de Teología de esa institución le recomendó inscribirse en la Universidad de Chile que podría venirle mejor para alejarse de la educación católica que había conocido desde su infancia.

En la Universidad de Chile, Dalton entró en conocimiento de diversas ideologías, especialmente la comunista. La experiencia fue muy importante para su vida:

Me puse en contacto con los comunistas, tuve amigos comunistas, y al principio sin saber que lo eran, luego con un poco más de conciencia, por lo menos di un paso de avance en Chile y de católico conservador que era, pasé a ser un católico progresista, un socialcristiano; en ese momento, esa corriente de pensamiento en Chile me pareció sumamente atractiva”.

Además el joven empezó a colaborar en una revista universitaria, y como parte de su trabajo sostuvo una memorable entrevista con el muralista mexicano Diego Rivera. Sucedió que en dicho encuentro el artista le preguntó por su filiación política, si había leído sobre marxismo, así como por su edad, a lo que el salvadoreño respondió que era social cristiano con dieciocho años de vida y que nunca había leído de esa doctrina. Rivera, sin ambages, le espetó que tenía dieciocho años «de ser un imbécil» y le echó del lugar. Se dice que pese a sentirse contrariado por el incidente en un primer momento, Dalton, movido por la curiosidad, empezó a adentrarse tanto en el marxismo como en la obra del mexicano. Se sabe también que en este periodo viajó a Buenos Aires y a Montevideo.

Tras once meses de estadía en Chile, retornó a El Salvador. Con nuevos instrumentos ideológicos para conocer la realidad del país, se incorporó a la Universidad de El Salvador donde ingresó a la Asociación General de Estudiantes Universitarios (AGEUS) en 1954. Su padrino político en ese entonces era el historiador Jorge Arias Gómez, dirigente del Partido Comunista Salvadoreño (PCS).

Por su parte, Dalton comenzó a destacarse como activista estudiantil y articulista defensor de los principios de la Asociación General de Estudiantes Universitarios del Salvador. En 1955 colaboraba con el periódico El Independiente que se convirtió en una tribuna crítica de la realidad del país.

Para el mes de marzo de ese año, y con 19 años de edad, contrae matrimonio con Aída Cañas con quien procrearía tres hijos: Roque Antonio, Juan José y Jorge.

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“Roque Dalton junto a su esposa Aída Cañas
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Roque Dalton y sus hijos

En 1956 se integró al grupo conformado por los literatos, que tomó por nombre Círculo Literario Universitario. Los trabajos de este grupo aparecerían de forma asidua en el suplemento “Sábados de Diario Latino” de Juan Felipe Toruño.

En ese mismo año Dalton ganó el Premio Centroamericano de Poesía de la Universidad con el trabajo “Mía junto a los pájaros”, y en el mes de mayo salió publicado el cuento «La espera» en la revista Letras de Cuscatlán.

También escribió, junto al guatemalteco Otto René Castillo, refugiado en El Salvador tras el derrocamiento de Jacobo Árbenz, presidente de Guatemala, apodado el soldado del pueblo, el poemario “Dos puños por la tierra” que ganó el premio Francisco Gavidia. Ambos cultivaron una amistad mutua y se dice que fue Castillo quien le animó a abrazar la militancia comunista.

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Otto René Castillo y Roque Dalton García reciben en San Salvador el Premio Centroamericano de Poesía en 1955. Fuente: cortesía del Dr. Roberto Rodríguez Rojas.

En esos años, el poeta hondureño Rafael Paz Paredes dejó una descripción del joven estudiante:

“Roque Dalton tiene 22 años, es delgado, de mediana estatura, ágil, nervioso, de músculos casi elásticos que vibran y se encrespan continuamente bajo las descargas de su corazón de poeta […] escribe poesía, cuentos y crítica literaria. Distribuye el tiempo entre sus estudios universitarios y su indeclinable vocación de escritor que lo lleva de un lado a otro de la ciudad, con juvenil y generoso entusiasmo, siempre.”

Un año después por el año 1957, Roque supo de la celebración en la Unión Soviética (URSS) del VI Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, por la Paz y la Libertad, por medio de boletines de la Federación Mundial de la Juventud Democrática (FMJD) y de la Unión Internacional de Estudiantes (UIE); por lo que se decidió a realizar el viaje junto a cuatro acompañantes.

Aparte de las dificultades de conseguir el dinero para costear la aventura, todos ellos sabían las consecuencias que traería el hecho de visitar al país comunista, tanto en sus respectivos trabajos como en las mismas relaciones familiares.

El periplo hacia la Unión Soviética fue dificultoso entre las numerosas escalas y cambios de trenes, lograron reunirse con otras delegaciones en Checoslovaquia y por fin arribaron al país de destino la URSS y a Moscú dos días después.  

Roque Dalton participó en este Festival Mundial de la Juventud y allí entró en contacto con intelectuales y políticos influyentes como el revolucionario nicaragüense Carlos Fonseca, el poeta guatemalteco Miguel Ángel Asturias y el argentino Juan Gelman.

Este viaje marcó su vida, tomando a su regreso la determinación de afiliarse al Partido Comunista Salvadoreño, y de abocarse a la militancia política por entero.

Empero, como se había previsto, el retorno a El Salvador terminó siendo accidentado entre detenciones e interrogatorios en España, Venezuela y Panamá.

Ya en su patria lleva a cabo lo que había decidido e ingresa al PCS ese mismo año de 1957.

Se dice que Dalton y otros militantes le dieron vida al PCS en el sentido que lo sacaron del aislamiento de la vida política salvadoreña, y también enaltecieron el Levantamiento campesino de 1932 al que algunos comunistas consideraban como un error por su escaso fundamento en la teoría marxista.

En cuanto a su actividad literaria, para 1958 ganó el segundo lugar de los Juegos Florales de San Salvador con la obra “Doce poemas”.

A continuación Fundó el Círculo Literario Universitario, que promocionaría las obras de jóvenes escritores que como él formaban parte de la llamada GENERACIÓN COMPROMETIDA, la que incorpora una ruptura en la forma de escribir y pensar la literatura y el compromiso intelectual.

Con la literatura de esta generación el panorama comienza a cambiar. El Salvador, un país con una tradición literaria poco conocida, más bien escasa y apegada a la tradición europea, es el marco donde se forma este grupo impulsor de una revolución ética y estética, tanto en la literatura como en su forma de vida.

Admiradores de César Vallejo, del Neruda revolucionario y de toda la poesía social, muchos de ellos pasarían de la revolución en las palabras a la revolución armada, la única vía que veían como posible para promover el cambio y conseguir la sociedad justa que tanto deseaban. A todos ellos les tocó vivir una serie de dictaduras, que dieron lugar a una de las épocas más convulsivas de Centroamérica desde los tiempos de la Conquista. El triunfo de la revolución cubana y la influencia de la Unión Soviética ayudaron a la creación de las guerrillas que buscaban promover el cambio social y político, llamando a la revolución.

Roque Dalton apoyó estos movimientos sociales y cada una de las líneas que escribió supone un ataque directo y, en este sentido, su literatura está mucho más politizada que la de otros escritores pertenecientes a la Generación Comprometida.

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Roque y su esposa Aida

Se convirtió, además, en el cronista de su época y de su Generación: 

En 1976 se publicó, póstumamente, la última de sus obras narrativas “Pobrecito poeta que era yo” en la que narra gran parte de su vida y la de sus compañeros de Generación y donde queda documentada toda la época de formación del grupo.

Profundizó la idea de la forma poética que aprehende de la realidad, cuyo principal tema es la modalidad expresiva y estilística llegando a ser poesía conversacional o coloquial y socialmente comprometida, fue partícipe de la renovación de la lírica latinoamericana de la década de 1960.

Su calidad artística se vio reconocida en 1956, 1958 y 1959 cuando le fue otorgado el Premio Centroamericano de Poesía, uno de los reconocimientos de mayor prestigio en el ámbito literario latinoamericano.

En 1961, se vio abocado a tomar el camino del exilio. Emprendió entonces un periplo que le llevó a residir y trabajar en Guatemala, México, Checoslovaquia y Cuba, estancias en el extranjero que solía interrumpir con esporádicas visitas a su país natal. Se ganaba la vida con los ensayos y artículos que iba publicando, lo que le permitió viajar también, unas veces por motivos periodísticos y otras por activismo político, a las Repúblicas de Vietnam y Corea, y a numerosos países europeos y sudamericanos. 

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Roque Dalton como representante del país en la Conferencia de los Pueblos en La Habana, 1962.

Por aquel entonces ya era Roque Dalton una de las voces jóvenes más prometedoras de la poesía hispanoamericana contemporánea. Algunas de sus primeras composiciones habían sido galardonadas en varias ediciones del Premio Centroamericano de Poesía (1956, 1958 y 1959).

En 1963, con la publicación de uno de sus mejores poemarios, “El turno del ofendido”, se consolidó como el poeta salvadoreño más relevante de su tiempo. La obra fue distinguida con una mención honorífica en el certamen Casa de las Américas, certamen que siete años después ganaría con el poemario “Taberna y otros lugares” (1969).

Aunque de rasgos coloquiales, la obra de Roque Dalton se sustentó en la fuerza de las palabras y la credibilidad  implicada en ellas, como por ejemplo en los siguientes versos: “La vida paga sus cuentas con tu sangre / y tú sigues creyendo que eres un ruiseñor. / Cógele el cuello de una vez, desnúdala, / túmbala y haz de ella tu pelea de fuego, / rellénale la tripa majestuosa, préñala, / ponla a parir cien años por el corazón. / Pero con lindo modo, hermano, / con un gesto propicio a la melancolía”. 

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Heberto Padilla y Roque Dalton, en La Habana 1966.ALAMY

En sus versos subyace un espíritu rebelde que plantea temas de fuerte contenido social, tratados de una manera a veces tierna y a veces irónica y sarcástica, cuyo resultado es de un enorme lirismo.

Sus influencias fueron el surrealismo y las vanguardias europeas en general, la poética conversacional latinoamericana (sobre todo voces como la del chileno Nicanor Parra, que habían traído nuevos aires irónicos a la lírica del continente), la poesía moderna de expresión inglesa, los clásicos en lengua española y algunos poetas contemporáneos, como el guatemalteco Otto René Castillo, el cubano Roberto Fernández Retamar, el nicaragüense Ernesto Cardenal o el argentino Juan Gelman.

Una parte de su obra ahonda en las aproximaciones entre el relato breve y el poema en prosa, tentativa en la que alcanzó buenos resultados. Un equilibrio entre calidad del lenguaje, ingenio, intelecto, amor humanista y visión política confluyen en sus mejores títulos, como en su célebre “Taberna y otros lugares” (1969), merecedor del premio Casa de las Américas, tal vez su libro más importante.

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Antes había publicado La ventana en el rostro (1961), El turno del ofendido (1963), El Mar (1964) y Poemas (1968). Luego publicó los libros Las historias prohibidas de pulgarcito (1975, poesía); y Pobrecito poeta que era yo (1976, novela).

Póstumamente aparecieron algunos títulos inéditos y varias recopilaciones antológicas de sus versos, como Poemas clandestinos (1980), Un libro rojo para Lenin (1986), Un libro levemente odioso (1988), En la humedad del secreto (antología compilada por Rafael Lara Martínez, San Salvador, 1994) y Antología mínima (a cargo de Luis Melgar Brizuela, San José de Costa Rica, 1998).

En el campo del ensayo, publicó una monografía titulada El Salvador (1963), un ensayo sobre César Vallejo (1963) y un volumen de testimonios aparecido bajo el epígrafe de Miguel Mármol (1972).

Compuso además algunas piezas teatrales, como Caminando y cantando (publicada en 1976) y Los helicópteros (escrita en colaboración con José Napoleón Rodríguez, e impresa en 1980

Desenlace y muerte

Roque Dalton desplegó una intensa actividad política en El Salvador, que le costaría la cárcel en varias ocasiones, el exilio y, en último término, la propia vida. Regresó de forma clandestina a su país a finales de 1973, integrándose en el Ejército Revolucionario del Pueblo, una organización político-militar sumida en fuertes luchas internas por su estrategia y liderazgo.

Murió poco después en extrañas circunstancias que aún no han podido esclarecerse completamente. Acusado falsamente de desviaciones ideológicas por uno de los sectores en disputa, de ser agente de la inteligencia cubana y de trabajar simultáneamente para la CIA, Dalton fue sentenciado a morir.

Él, que había burlado en dos ocasiones la pena de muerte impuesta por el gobierno capitalista contra el que luchaba, sería, sin embargo, fusilado por sus propios compañeros guerrilleros.

De poco sirvió su indiscutible trayectoria militante al servicio de la causa revolucionaria y lo absurdo de las acusaciones que se le imputaron. Su asesinato refleja con crudeza el drama de las luchas intestinas en el seno de la izquierda.

Después de su muerte el crimen sigue sacudiendo a la sociedad salvadoreña.

En junio de 2019, el actual presidente Nayib Bukele enfrentándose al poder económico de la derecha conservadora, destituyó a Jorge Alberto Meléndez, ex comandante del ERP, como director de Protección Civil por su vinculación con el asesinato de Dalton, cuyo cuerpo continúa aún en paradero desconocido.

La lucha contra la impunidad por la muerte de su padre, ha llevado a su hijo Juan José Dalton a presentar un amparo ante la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia para llevar a juicio a los asesinos del poeta, durante décadas protegidos por la Ley de Amnistía, resultado de las negociaciones de paz entre la guerrilla y la oligarquía.

Para la memoria colectiva del pueblo salvadoreño quedan los versos inmortales de Roque Dalton y su rebeldía contra una sociedad cimentada sobre la base de la discriminación..

 Ruiza, M., Fernández, T. y Tamaro, E. (2004). Biografia de Roque Dalton. En Biografías y Vidas. La enciclopedia biográfica en línea. Barcelona (España). Recuperado del 14.de junio 2021

BIBLIOGRAFÍA

https://www.biografiasyvidas.com/biografia/d/dalton_roque.htm

POEMAS

Yo estudiaba en el extranjero en 1953

Era la época en que yo juraba
que la Coca Cola uruguaya era mejor que la Coca Cola chilena
y que la nacionalidad era una cólera llameante
como cuando una tipa de la calle Bandera
no me quiso vender otra cerveza
porque dijo que estaba ya demasiado borracho
y que la prueba era que yo hablaba harto raro
haciéndome el extranjero
cuando evidentemente era más chileno que los porotos.

Estudio con algo de tedio

–Clov: llora
–Hamm: Luego vive.
(Diálogo de Fin de Partida de Beckett.)

Tengo quince años y lloro por las noches.

Yo sé que ello no es en manera alguna peculiar
y que antes bien hay otras cosas en el mundo
más apropiadas para decíroslas cantando.

Sin embargo hoy he bebido vino por primera vez
y me he quedado desnudo en mis habitaciones para sorber la tarde
hecha minúsculos pedazos
por el reloj.

Pensar a solas duele. No hay nadie a quien golpear. No hay nadie
a quien dejar piadosamente perdonado.
Está uno y su cara. Uno y su cara
de santón farsante.
Surge la cicatriz que nadie ha visto nunca,
el gesto que escondemos todo el día,
el perfil insepulto que nos hará llorar y hundirnos
el día en que lo sepan todo las buenas gentes
y nos retiren el amor y el saludo hasta los pájaros.

Tengo quince años de cansarme
y lloro por las noches para fingir que vivo.
En ocasiones, cansado de las lágrimas,
hasta sueño que vivo.

Puede ser que vosotros no entendáis lo que son estas cosas.

Os habla, más que yo, mi primer vino mientras la piel que
sufro bebe sombra

Y, sin embargo, amor, a través de las lágrimas..

Y, sin embargo, amor, a través de las lágrimas,
yo sabía que al fin iba a quedarme
desnudo en la ribera de la risa.

Aquí,
hoy,
digo:
siempre recordaré tu desnudez entre mis manos,
tu olor a disfrutada madera de sándalo
clavada junto al sol de la mañana;
tu risa de muchacha,
o de arroyo,
o de pájaro;
tus manos largas y amantes
como un lirio traidor a tus antiguos colores;
tu voz,
tus ojos,
lo de abarcable en ti que entre mis pasos
pensaba sostener con las palabras.
Pero ya no habrá tiempo de llorar.
ha terminado
la hora de la ceniza para mi corazón:
Hace frío sin ti,
pero se vive.

Desnuda

Amo tu desnudez
porque desnuda me bebes con los poros,
como hace el agua
cuando entre sus paredes me sumerjo.
Tu desnudez derriba con su calor los límites,
me abre todas las puertas para que te adivine,
me toma de la mano como a un niño perdido
que en ti dejara quieta su edad y sus preguntas.
Tu piel dulce y salobre que respiro y que sorbo
pasa a ser mi universo, el credo que se nutre;
la aromática lámpara que alzo estando ciego
cuando junto a las sombras los deseos me ladran.
Cuando te me desnudas con los ojos cerrados
cabes en una copa vecina de mi lengua,
cabes entre mis manos como el pan necesario,
cabes bajo mi cuerpo más cabal que su sombra.
El día en que te mueras te enterraré desnuda
para que limpio sea tu reparto en la tierra,
para poder besarte la piel en los caminos,
trenzarte en cada río los cabellos dispersos.
El día en que te mueras te enterraré desnuda,
como cuando naciste de nuevo entre mis piernas.

Ayer

Junto al dolor del mundo mi pequeño dolor,
junto a mi arresto colegial la verdadera cárcel de los hombres sin voz,
junto a mi sal de lágrimas
la costra secular que sepultó montañas y oropéndolas,
junto a mi mano desarmada el fuego,
junto al fuego el huracán y los fríos derrumbes,
junto a mi sed los niños ahogados
danzando interminablemente sin noches ni estaturas,
junto a mi corazón los duros horizontes
y las flores,
junto a mi miedo el miedo que vencieron los muertos,
junto a mi soledad la vida que recorro,
junto a la diseminada desesperación que me ofrecen,
los ojos de los que amo
diciendo que me aman.

María Tecum

Los días de leyenda en que me amabas sin hacer preguntas
hicieron que la ciudad tomara la cara de un juguete

como en los nacimientos al dejarte en las noches
iba a mi casa alegre por calles de aserrín

En el espejo tembloroso y tristón de los charcos
me miraba la cara al lado de la luna
me buscaban tus besos para que no alumbrasen
los sueños de los pájaros perdidos en mi almohada

Policías de barro y gallos de hojalata en silencio
se burlaban de mí guiñándose a saber cómo los inmóviles ojos
y es que a mi paso hasta los dormidos chismeaban con envidia
en sus habitaciones
decían que tú eras la novia del niño Dios

Con musgo arrancado de donde nacen los Chorros de Colón
me esperaban los jardines del sueño con su frescura verde
pero el calor de la punta de tus dedos había sido una puñalada tan honda
que al amanecer el nixtamalero lavaba en mis pupilas
como en dos huacalitos de sangre su gran ojo desnudo

Entre árboles de papel de china vestidos desde el corazón del añil
pasaba el nuevo día escuchando una orquesta de arcángeles ancianos
que con su cabello de algodón formaban nuevos ríos en la brisa

Después yo te encontraba a la par del crepúsculo
-con su alto árbol de fuego incendiado de veras-
y lamía en tus manos la piel del mazapán

En los alrededores los muñecos con mejillas de flor
bebían sus cervezas de polen y humo

Ay pero a los pocos meses se te ocurrió crecer y te me fuiste lejos
con un horrible gesto de persona mayor
desde entonces la ciudad recobró también su tamaño de siempre
y en sus negras calles de asfalto los ciudadanos pegan con las manos
a mi alma de muchachito triste que todavía necesita jugar

Alta hora de la noche

Cuando sepas que he muerto no pronuncies mi nombre
porque se detendrá la muerte y el reposo.

Tu voz, que es la campana de los cinco sentidos,
sería el tenue faro buscado por mi niebla.

Cuando sepas que he muerto di sílabas extrañas.
Pronuncia flor, abeja, lágrima, pan, tormenta.

No dejes que tus labios hallen mis once letras.
Tengo sueño, he amado, he ganado el silencio.

No pronuncies mi nombre cuando sepas que he muerto
desde la oscura tierra vendría por tu voz.

No pronuncies mi nombre, no pronuncies mi nombre,
Cuando sepas que he muerto no pronuncies mi nombre.

Mi dolor

Conozco perfectamente mi dolor:
viene conmigo disfrazado en la sangre
y se ha construido una risa especial
para que no pregunten por su sombra.

Mi dolor, ah, queridos,
mi dolor, ah, querida,
mi dolor, es capaz de inventaros un pájaro,
un cubo de madera
de esos donde los niños
le adivinan un alma musical al alfabeto,
un rincón entrañable
y tibio como la geografía del vino
o como la piel que me dejó las manos
sin pronunciar el himno de tu ancha desnudez de mar

Mi dolor tiene cara de rosa,
de primavera personal que ha venido cantando.
Tras ella esconde su violento cuchillo,
su desatado tigre que me rompió las venas desde antes de nacer
y que trazó los días
de lluvia y de ceniza que mantengo.

Amo profundamente mi dolor,
como a un hijo malo.

50 Aniversario

Un hombre sale al patio trasero de su casa
(ahí no llega nunca el duro viento del otoño)

tiene en sus manos una pequeña copa de aguardiente
y se mesa con cariño el cabello

aquí las canas del hambre
aquí las de aquel día en que fue héroe
entre miles de héroes
aquí las huellas del asco
las señales de quien tocó con dedos jóvenes la grandeza
las del temor
la de la inmensa alegría
las del todopoderoso conocimiento

En el fondo del cielo luce una estrella
que él llama esperanza

el hombre alza su copa
y bebe.

Vida, oficios

Insoslayable para la vida,
la nueva vida me amanece: es un pequeño
sol con raíces que habré de regar mucho
e impulsar a que juegue
su propio ataque contra la cizaña.
Pequeño y pobre pan de la solidaridad,
bandera contra el frío, agua fresca para la sangre:
elementos maternos que no deben alejarse
del corazón.
Y contra la melancolía, la confianza; contra
la desesperación,
la voz del pueblo
vibrando en las ventanas de esta casa secreta.
Descubrir,
descifrar,
articular,
poner en marcha:
viejos oficios de los libertadores y los mártires
que ahora son nuestras obligaciones
y que andan por allí contándonos los pasos:
del desayuno al sueño,
del sigilo en sigilo,
de acción en acción,
de vida en vida.

El mar

Hay grandes piedras en tu oscuridad tempestuosa
grandes piedras con sus fechas lavadas por tu sombra
porque hasta el sol de día cómese tu sombra
cruje en el frío despidiéndose del aire
que no se atreve a penetrarte.
Oh! mar donde los desesperados pueden dormir
arrullados por explosiones impasibles
alfabeto del vértigo paisaje diluido que los muros envisten
las gaviotas y la espuma de los peces son tu primavera
la furia es una pirámide verde
una resurrección del fuego más agudo tu clima
tu mejor huella sería un caracol
caminando con pasos de niño el desierto.
Amé siempre esas poblaciones disímiles
al parecer robadas de las manos del mar
pequeñas villas junto a la arena
puertos escandalosos en la ebriedad del salitre
caseríos tiritando entre la niebla llena de corales
grandes ciudades titánicas frente a las tempestades humilladas
aldeas de pescadores ciegos bajo un faro de aceite
factorías acechantes entre los manglares con un largo cuchillo
Valparaíso como una gran cascada en suspenso
Manta Puná puertos del Ecuador que me negaron las hojas
Buenaventura aromática como un gran puerto sucio
Panamá con los ojos punzados por la depravación
Cartagena siempre aguardando a los piratas hambrienta
Willemstadt náufraga en los dominios del petróleo
Tenerife y su dulce copa de vino
Barcelona bostezando entre los bancos y los carabineros
Nápoles bellamente tumefacta
Génova Leningrado Sochi La Guaira Buenos Aires
Montevideo como una margarita
Puerto Limón Corinto
Acajutla en una lenta playa de mi patria
todos mirándose en el espejo grave que surcan los delfines
apartando como un sable veloz
las infinitas espigas de esmeralda
 

Poema de amor

Los que ampliaron el Canal de Panamá
(y fueron clasificados como “silver roll” y no como “gold roll”),
los que repararon la flota del Pacífico
en las bases de California,
los que se pudrieron en la cárceles de Guatemala,
México, Honduras, Nicaragua,
por ladrones, por contrabandistas, por estafadores,
por hambrientos,
los siempre sospechosos de todo
(“me permito remitirle al interfecto
por esquinero sospechoso
y con el agravante de ser salvadoreño”),
las que llenaron los bares y los burdeles
de todos los puertos y las capitales de la zona
(“La gruta azul”, “El Calzoncito”, “Happyland”),
los sembradores de maíz en plena selva extranjera,
los reyes de la página roja,
los que nunca sabe nadie de dónde son,
los mejores artesanos del mundo,
los que fueron cosidos a balazos al cruzar la frontera,
los que murieron de paludismo
o de las picadas del escorpión o de la barba amarilla
en el infierno de las bananeras,
los que lloraran borrachos por el himno nacional
bajo el ciclón del Pacífico o la nieve del norte,
los arrimados, los mendigos, los marihuaneros,
los guanacos hijos de la gran puta,
los que apenitas pudieron regresar,
los que tuvieron un poco más de suerte,
los eternos indocumentados,
los hacelotodo, los vendelotodo, los comelotodo,
los primeros en sacar el cuchillo,
los tristes más tristes del mundo,
mis compatriotas,
mis hermanos.

A la carta

Sírvame la ópera Madame Butterfly
término medio
con salsa de maní picante
y un poco de gobierno español
con trocitos de invierno.

Después me trae a un soldado de la Primera Brigada de Artillería
en completo estado de ebriedad
un par de mirtos
la erupción del Krakatoa
y el servicio postal a la luz de la filosofía.

De beber
algo que no desmaye en su difícil pero honrosa tarea.

Los postres se los pediré después.

Ah
y palillos de dientes.

Católicos y comunistas en América Latina: algunos aspectos actuales del problema

A mí me expulsaron del Partido Comunista
mucho antes de que me excomulgaran
en la Iglesia Católica.

Eso no es nada:
a mí me excomulgaron en la Iglesia Católica
después de que me expulsaron del Partido Comunista.

¡Puah!
A mí me expulsaron del Partido Comunista
porque me excomulgaron en la Iglesia Católica.

Credo del Ché

El Ché Jesucristo
fue hecho prisionero
después de concluir su sermón en la montaña
(con fondo de tableteo de ametralladoras)
por rangers bolivianos y judíos
comandados por jefes yankees-romanos.

Lo condenaron los escribas y fariseos revisionistas
cuyo portavoz fue Caifás Monge
mientras Poncio Barrientos trataba de lavarse las manos
hablando en inglés militar
sobre las espaldas del pueblo que mascaba hojas de coca
sin siquiera tener la alternativa de un Barrabás
(Judas Iscariote fue de los que desertaron de la guerrilla
y enseñaron el camino a los rangers)

Después le colocaron a Cristo Guevara
una corona de espinas y una túnica de loco
y le colgaron un rótulo del pescuezo en son de burla
INRI: Instigador Natural de la Rebelión de los Infelices

Luego lo hicieron cargar su cruz encima de su asma
y lo crucificaron con ráfagas de M-2
y le cortaron la cabeza y las manos
y quemaron todo lo demás para que la ceniza
desapareciera con el viento

En vista de lo cual no le ha quedado al Ché otro camino
que el de resucitar
y quedarse a la izquierda de los hombres
exigiéndoles que apresuren el paso
por los siglos de los siglos
Amén.

Hora de la ceniza

Finaliza Septiembre. Es hora de decirte
lo difícil que ha sido no morir.

Por ejemplo, esta tarde
tengo en las manos grises
libros hermosos que no entiendo,
no podría cantar aunque ha cesado ya la lluvia
y me cae sin motivo el recuerdo
del primer perro a quien amé cuando niño.

Desde ayer que te fuiste
hay humedad y frío hasta en la música.

Cuando yo muera,
sólo recordarán mi júbilo matutino y palpable,
mi bandera sin derecho a cansarse,
la concreta verdad que repartí desde el fuego,
el puño que hice unánime
con el clamor de piedra que eligió la esperanza.

Hace frío sin ti. Cuando yo muera,
cuando yo muera
dirán con buenas intenciones
que no supe llorar.

Ahora llueve de nuevo.
Nunca ha sido tan tarde a las siete menos cuarto
como hoy.

Siento unas ganas locas de reír
o de matarme.

El gran despecho

País mío no existes
sólo eres una mala silueta mía
una palabra que le creí al enemigo

Antes creía que solamente eras muy chico
que no alcanzabas a tener de una vez
Norte y Sur
pero ahora sé que no existes
y que además parece que nadie te necesita
no se oye hablar a ninguna madre de ti

Ello me alegra
porque prueba que me inventé un país
aunque me deba entonces a los manicomios

Soy pues un diosecillo a tu costa

(Quiero decir: por expatriado yo
tú eres ex patria)

Acta

En nombre de quienes lavan ropa ajena
(y expulsan de la blancura la mugre ajena).

En nombre de quienes cuidan hijos ajenos
(y venden su fuerza de trabajo
en forma de amor maternal y humillaciones) .

En nombre de quienes habitan en vivienda ajena
(que ya no es vientre amable sino una tumba o cárcel).

En nombre de quienes comen mendrugos ajenos
(y aún los mastican con sentimiento de ladrón).

En nombre de quienes viven en un país ajeno
(las casas y las fábricas y los comercios
y las calles y las ciudades y los pueblos
y los ríos y los lagos y los volcanes y los montes
son siempre de otros
y por eso está allí la policía y la guardia
cuidándolos contra nosotros).

En nombre de quienes lo único que tienen
es hambre explotación enfermedades
sed de justicia y de agua
persecuciones condenas
soledad abandono opresión muerte.

Yo acuso a la propiedad privada
de privarnos de todo.

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