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193. Poesía más Poesía: Mahfud Massís

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BIOGRAFÍA DE MAHFUD MASSÍS

Mahfud Massís, cuyo nombre real es Antonio Macías nació en Iquique, Chile, en 1916 y murió en Caracas, Venezuela, en 1990. Era hijo de padre palestino y madre libanesa. Para protegerlo de la xenofobia predominante a principios del siglo XX, fue bautizado con nombres latinos para no exponerlo a la “turcofobia”. Pero Massís, reconociento su origen en su primer libro, Las bestias del duelo, en 1942, asume la decisión de arabizar su nombre pasando de Antonio Macías a Mahfud Massís. En la literatura de su época su visibilidad fue mal vista por los autores de raigambre nacionalista que casi lo condenaron al olvido. En el poema Las úlceras (1942) dice: “soy árabe oscuro y semental aullando de presagios al macho cabrío”.

En llanto del Exilidado en 1986 reseña:

Me llamaron
El extranjero,
el que recoge monedas y habla
de un país largo
y perdido.

La identidad manifiesta y existencial del poeta se plasman en el fragmento del poema “Soy Mahfud Massís, el Esclavo”, del libro Elegía Bajo la tierra, en 1955, donde ratifica su esencia arábiga, incluído en nuestra selección de poemas. Su visión se occidentaliza en una multidiscursividad cultural.
En Iquique estudia en el English College y posteriormente ejerce como dactilógrafo y taquígrafo bilingüe en diversas ciudades.

Mahfud Massís, 1944


Se casó con la pintora Lukó de Rokha, hija del poeta Pablo de Rokha y fue colaborador de la Revista Multitud, dirigida por Pablo de Rokha. Desde muy joven se caracterizó por llevar un fuerte dejo de ironía frente a las apariencias. Diría: “la ironía es un arma poderosa. Con ella, desinfla los globos de la fatuidad y su concomitancia, la tontera grave”. Era hombre de convicciones profundas, pero no fáciles. Mahfud Massís no se asemeja a otro autor, tampoco se le puede asimilar a De Rokha, no son iguales sus propuestas, aunque compartían su pasión por la lucha de clases.

Pablo de Rokha, escribe en el prólogo del libro de Massís Las Bestias del duelo: “En nadie, quién sabe, brama tan aguda angustia y tan acendrada y macerada desolación humana como en Mahfud Massis, poeta de los viejos aceros y la gran cuchilla mahometana“.

Cronológicamente perteneció a la Generación del 38, pero se apartó de la tradición e intentó dar una propuesta poética propia, con impronta surrealista. Su propuesta poética sólo coincide con la generación del 38 en el interés por la temática social. Sus versos levantaron el espíritu revolucionario de la época, mezclado con tópicos bíblicos, donde la maldición, la pesadumbre y el castigo juegan un rol fundamental. Construyó una escritura compleja con la que forjó determinadas imágenes y símbolos tradicionales existencialistas con un uso predominante del versolibrismo, además de la prosa poética. Presenta un gran compromiso con respecto a la contingencia política, social y artística.

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Mahfud y su esposa Lukó de Rokha.

Mahfud Massis con Pablo de Rokha - Poesia Online
Junto a su suegro Pablo de Rokha.

Fue afín al grupo La Mandrágora, que se inició en el año 1938, aunque no seguidor riguroso. Tenía amistad con Teófilo Cid y Gonzalo Rojas. Se adhirió a algunos postulados de la “poesía negra” que le permitirían definir su perfil creativo. La obra de Massís se enmarca cerca de los decadentistas y los malditos, tales como Baudalaire, Rimbaud, Petrus Borel y Lautréamont. Aunque, en cierta medida, también es reconocible la influencia del caudal poético y la grandilocuencia que caracterizaron una obra de las dimensiones del poeta Pablo Rokha, su suegro. Lukó, su esposa y compañera de toda la vida y artista plástica, participó en varios de sus libros, acompañando con sus ilustraciones los poemas de Massís.

El poema «Epitafio al Conde de Lautréamont», en el que evoca al poeta francés, el enigma de su biografía y a las temáticas que caracterizaron su obra, apareció por primera vez en Testamentos sobre la piedra (1971).

La imaginación poética del escritor Mahfud Massís es un reino autónomo, irreductible, construido a base del descubrimiento que hace del horror de la muerte, el tormento del dolor, la soledad y el desamparo celestial, la muerte de sus hermanos, padres y amigos, la deshumanización del mundo, la expulsión de sus ancestros de la tierra árabe y su condición de desterrado. Todo este material violentó su realidad, transformándola en materia poética, en la que la muerte es presentada como disolución del cuerpo, desintegración del ser y una búsqueda casi siempre infructuosa de la trascendencia. Su poesía tiene elementos de la cultura latinoamericana y árabe. Fue uno de los poetas más inovadores de las letras chilenas durante el siglo XX.

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El crítico Naím Nómez dijo de la obra de Mahfud Massís: “Su obra poética se desarrolla desde una raigambre existencial que privilegia temas relacionados con la muerte, el horror y la angustia, a partir de imágenes y símbolos que aluden a la oscuridad y lo demoniaco. Vinculado a una clara estirpe simbolista, sus metáforas se remontan a los pensadores presocráticos, al Libro de los muertos y a la voz profética de poetas mesiánicos como Dante, Hölderlin, Poe, Rimbaud y Kafka. Retornan también en su obra, los orígenes orientales, palestinos y libaneses, reproducidos en la violencia de las imágenes, la profusión de seres milenarios que atraviesan sus poemas y las reminiscencias ditirámbicas de su verbo. La muerte es el eje del tono angustioso de sus textos”. También señaló “un caso aparte lo constituye Mahfud Massís, un poeta singular con vertiente estética propia, aunque también entronizado en un despliegue que alude tangencialmente a las vanguardias, pero que periclita en un lenguaje más directo, de cuño existencial y vital que critica fuertemente una realidad urbana cada vez más alienante“.

En su trayectoria intelectual allá por los años 30 al 40, se adhiere al socialismo y lucha contra las desigualdades, poniendo su estatus de agnóstico contra todo designio religioso y su incidencia en el Estado. Dice: “Una época mecanizada, más que ninguna otra, necesita del arte como compensación psíquica a una existencia inmolada en un trabajo que tiende a destruir los valores humanos. ¿Cómo no va a influir en la vida social si el arte es, por sobre todo, presión social?“.

También diría: “La sociedad tiende a fragmentar al hombre, a hacerlo pedazos. Quizás la vida no sea otra cosa que la lucha por la unidad coherente del ser frente a un mundo dotado de armas suficientes para destruirlo”.

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Mahfud Massis con su esposa, Luko de Rokha, y su hijo Antonio.

Su actitud de crítico apasionado le trajo muchos problemas, aún así llega a ser director de la Sociedad de Escritores de Chile y de varias organizaciones de índole arábigas, como el Instituto Árabe en Chile, del que fue presidente. Edita revistas, es director de la revista Polémica, asume su antisemitismo por la Palestina oprimida. Fue Jefe de las Brigadas de Escritores Socialistas de Chile, fundador y redactor del diario Puro Chile y durante el Gobierno de Allende fue nombrado Agregado Cultural en la Embajada de Chile en Venezuela.

A través de la revista Polémica escribe en sus artículos acerca de la problemática social y los anhelos de cambios en la vida nacional, con los cuales se incorporan otros escritores, que señalan que Chile tenía una literatura en construcción, en contraposición con otros países con grandes literaturas. Estaba en la búsqueda estética de tres direcciones: la creación de una literatura contraria a la retórica y la poesía tradicional, la producción de una literatura popular y la inclinación por una nueva retórica, con un lenguaje libre, directo e interpretando o creyendo interpretar al pueblo.

Mahfúd Massís [fotografía]. - Biblioteca Nacional Digital de Chile


El martes 11 de septiembre de 1973 a las 8:30 horas, Radio Agricultura sorprende a los chilenos con la interpretación del Himno Nacional, luego se da lectura de un bando de los comandantes en jefe de las Fuerzas Armadas y del director general de Carabineros. Comienza la dictaudra de Augusto Pinochet conocida como el Régimen Militar. A partir de este acontecimiento, la vida de Mahfud Massís es trastocada, como la de muchos chilenos que sufrieron las vejaciones, el dolor, la muerte y el exilio. Massís, en esa época oficiaba como agregado cultural en Venezuela, donde es informado de la infausta noticia que termina con la democracia en Chile. Aunque la Junta se ofreció para que continuara con su puesto, no lo aceptó, y comenzó a organizar para ayudar a los que se habían quedado en Chile bajo la dictadura de Pinochet. Apesadumbrado por los acontecimientos, comprende también que su rol político como representante del gobierno ha terminado y por tanto no se vislumbra un pronto retorno desde Venezuela. Tras el golpe de Estado en Chile en 1973, Mahfud Massís tuvo que permanecer en Venezuela. En Venezuela desarrollaría una gran labor masificando la creación artística nacional y denunciando la situación que vivieron miles de chilenos en ese periodo.

Su producción literaria, publicada en Chile y en Venezuela, es mayormente poética, aunque también contiene ensayo, cuento, crónica y teatro.

Heredero de la mejor tradición de la literatura árabe en simbiosis con la corriente más desmesurada y crítica chilena, Massís fue autor de una variada obra que comprende 9 libros de poemas, un libro de cuentos y tres ensayos.

En 1942 publicó Las bestias del Duelo y Ojos de tormenta, ambos de poesía..
En 1953 publica Los sueños de Caín, de cuentos, con el que obtuvo el Premio Renovación de Ministerio de Eduación Pública de Chile.
En ese mismo año recibió el Premio de la Sociedad de Escritores de Chile por su ensayo Walt Whitman, el visionario de Long Island.
En 1955 publicó Elegía bajo Tierras, de poesía y en 1959 Sonatas del Gallo Negro, también de poesía.
Con su ensayo Walt Whitman, el visionario de Long Island, consiguió el Premio de la Sociedad de Escritores de Chile.
El libro de astros apagados aparece en 1965, también de poesía, como Leyendas de Cristo Negro, en 1967, Testamento sobre la piedra, 1971 y Llanto del Exilidado en 1986. Con Astros apagados consiguió el Premio Municipal “Pedro de Oña” de Santiago y el Premio Alerce de la Sociedad de escritores de Chile en 1966.
Posteriormente se publicaría Este modo de morir en 1988, con el cual consiguió el Premio Municipal “Augusto Padrón” de Maracay, Venezuela. Posteriormente se publicarían Antología y poemas (1942-1988) y Papeles quemados (2001), publicado póstumamente.

María Olga Samamé Barrera, Doctora en Literatura de la Universidad de Chile, en su texto sobre Mahfud Massís indica: “Los años venezolanos fueron difíciles para él, aún cuando su talento le permitió publicar poesías y ensayos y transmitir crónicas por la Radio Nacional de Venezuela, además de ejercer el cargo de Director de Cultura de la Fundación de Estudios Latinoamericanos Orlando Letelier. También participó en certámenes literarios en Iraq y Canadá. En 1988 volvió a nuestro país para integrar el movimiento artístico «Chile Crea » contra la dictadura del general Pinochet. Abrigaba la esperanza del regreso, pero su salud se deterioró y un ataque cerebral puso fin a su vida, en abril de 1990”. Se murió en vísperas del retorno a Chile. También debió superar la muerte de su hijo Pablo.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS CONSULTADAS

http://faustomarcelo.blogspot.com/2020/12/poemas-de-mahfud-massis.html

https://es.wikipedia.org/wiki/Mahf%C3%BAd_Mass%C3%ADs

https://www.memoriachilena.cl/602/w3-article-3584.html

http://www.poetaspoemas.com/mahfud-massis

https://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0718-22952009000200007

http://www.bibliotecanacionaldigital.gob.cl/bnd/628/w3-propertyvalue-966577.html

https://www.razon.com.mx/columnas/la-poesia-mahfud-massis/?fbclid=IwAR2763gIZryDYOhE9lTzcd2A32KhFZKIfLoMJNguTHerFOPyMX9QdauMr2s

https://meridiano75.blogspot.com/2009/08/poemas-de-mahfud-massis-del-libro-los.html

http://vozurgente.blogspot.com/2006/02/poemas-de-mahfud-massis.html

http://www.siempre.mx/2015/05/el-poeta-en-su-mapa/

http://samuelmaldonado33.blogspot.com/2016/02/reviviendo-al-poeta-mahfud-massis.html

http://www.poetaspoemas.com/mahfud-massis

SELECCIÓN POÉTICA DE MAHFUD MASSÍS


EPITAFIO AL CONDE DE LAUTREMONT

Pasajero:
golpea esta cabeza,
este pecho en que se secó el tabaco.
Tuerce mi brazo
que azotó el fosforescente rostro divino.
Exalté la gangrena, al sapo nocturno,
al escudo de anchoas pectorales sobre las rocas
Fui al conde tieso,
oscuro, original como una momia.
Evanescente y cándido, busqué una boca
vieja, un corazón de pescado, cierto paraguas
negro en la noche.
………………………..Todavía
escucho
…………..el tranco quebrado
del demonio:
Isidore, Isidore, ¿Por qué me habéis desamparado?

Del libro Testamentos sobre la piedra (1971).

SOY MAHFUD MASSÍS, EL ESCLAVO

“Soy Mahfud Massís, el Esclavo,
el heresiarca de piel negra,
el loco, el desertor, el papanatas helado bajo la nieve.
Escondo mis dientes de cabro, mi cola de rey babilónico,
mientras camino por la ciudad, junto al angosto río.
Entre lívido aceite, mi vieja sombra atrabiliaria
atraviesa las ciénagas,
ladrando a la majestad lunar
con su obscura casaca de muerto.
Puedes tocar mi rostro, su lejana mariposa de hueso;
mi semblante de ídolo prevalece,
perdido, sin alternativa en los sacos de la noche.
Vagué mil años con mi ojo miserable, comí bajo los
muros,
y cierta madrugada comencé a cantar con mi gruesa
voz de asesino,
a escribir estas coplas de antiguos herreros.
Como un pequeño dios celeste y pálido,
camino ahora por el mundo con mis ojos de perro,
escarbando la tierra, entre insectos y podridas anémonas,
buscando una cabeza querida,
un rostro perdido hace mucho tiempo.”

 
EL ROSTRO CAÍDO SOBRE LA TECLA

Impasible, como una reina de los ratones,
su diminuta cabeza que el sueño ha despojado, se quiebra como un pez en la trama invisible, mostrando la nuca blanca
sobre el algodón y sus dioses egipcios.
De su ojo cuelga el barmellón de las sombras atadas, y la fina
guarida de su sexo es imperceptible temblor de algo fija y tenaz en la tormenta.
Nadie la reconoce en sueño. Nadie llora.
*
Duerme sobre una quijada con el cuello esfumado,
y el negro toro del taller, el toro de las fuertes traslaciones, empuja hacia un cielo de vapor el rostro cándido.
Los que estamos cubiertos de viruelas y mordemos la cruda oreja de Dios, homicidas serenos,
besamos la dulce, navegante cabeza en los nocturnos mares ; apenas una ola hincha su angosto pecho, y en el aire encendido nace un toro nuevo en el ojo
de los toreros.

POEMA DE LAS MANOS MUERTAS

Toma mi mano, este hueso que estará un día podrido. Apriétala, ponla sobre tu corazón mientras dura la noche.
Con ella escribo esta estrofa muerta, reviento una mariposa cada mañana. Con ella te digo adiós, pájaro viejo.
Mira mis manos. Sólo así comprenderás mi tristeza.
Si te rompieran el corazón, si te comieran el cerebro, tendrías estas mismas manos coronadas de aire invisible, de pámpanos muertos. Con ellas beberías
la sopa enlutada del invierno, rodeado de escarabajos y de hijos. Perro nuestro que estás en los cielos, ¡defiéndeme estas manos ! Que no se cubran de gusanos sino en la hora
en que los hurones levantan sus patas al atardecer, otras manos escriban : “fue un extraño salvaje en la tierra”. Encontrarás mi mano sobre el velador alguna noche, rodeada de carbón, incapaz de abrazar tu cintura, agarrando la sombra, el tabaco
del cigarro funeral en el viento.
En mi rostro -despiadado y distante- hallarás sólo una pagoda de hueso, el resto de una verdad enterrada.
 
 

OCÉANO ABIERTO

Abrid la tierra. ¡Sacadle ! Mirad el oro de sus dientes, y ese aire huacho, como de caballo de otro mundo,
las grandes aletas con que se agitaba el pensamiento, invocando a los augures ;
pero aunque fuese la mitad de su espectro, una flor, una mosca de su esqueleto, todo basta
para el velamen de este barco de piedra hacia lo desconocido. Es posible llorar un madrigal, quemarse la cabellera,
caer hacia el oriente como un ramo hechizado ; pero ¡ay ! necesitamos de esa brisa enterrada, como la ola el viento para morir en la orilla.

Habitante de este lagar, acaso
te quede un pulmón vivo, y tu mano fluya como la lágrima sobre mi rostro en esta hora ;
desciende, cava conmigo, arrastra estos huesos hacia afuera ; después, después el mar, la oscura potestad, las tempestades, el océano abierto de los antepasados,
eternos, sordos en el fondo del Valle,
y junto al fuego que llora al amanecer, el paso de los ratones.
 

 PANORAMA DEL ÍDOLO

Gallo muerto en la sacristía, caí en la tinaja del barbero, alucinado, perseguido por hombres de larga cabellera.
¡Cómo veo caer la noche sobre el oprobio y las aguas!
(Infancia de murciélagos, de lúgubres sonatas, de papiros asados). Como un ídolo chino, o un pequeño dios de porcelana,
me arrojaron sobre las coles del cementerio, extraviado, solo,
arrodillado como un delirante en el ágora. ¡Oh !, arrástrame contigo, ave de negro moño,
cuesta abajo hacia los imperios adyacentes, cerca del jadeo de tus tetas, tocando a degüello, mientras me bordas la camisa de anagrama amarillo, y en el lecho rueda mi cabeza asediada por las moscas.
 

MERCADO PERSA

Entre pordioseros vestidos de mariposas, y piojos traídos del Himalaya,
contemplo el vuelo del vendedor de ensueños y huevos mágicos. Hay una parca rodeada de flores,
un asesino, una piedra escarlata,
y yo, pobre, cubierto de manchas de resina, compro un pájaro en medio de la tormenta, un ave de pecho seco, como el mío.
Quiero escuchar su trémula voz de difunto,
su quimera en mi habitación, su madrigal de hueso ;
sentir cómo se quema su plumaje, mientras me agito en los escombros del sueño, y levantarme a gritos, como si me hubieran desenterrado,
los ojos puestos al revés, bajo la sepultura.
 

SESOS Y ORQUÍDEAS

Angel invasor, en esta y en la otra vida,
dime ¿de qué astro descendí, como un carnero barbado, alado y miserable sobre estas piedras ?
Bajo un ramaje glacial, en una luna que apenas reconozco, al pie de una higuera en que grabé tu terrible nombre,
viví en el fósforo de unos ojos, que amaron la luz de este pobre cielo. Pasé. Ardí como una yesca. Me echaron en una fosa.
La tristeza me siguió como una yegua. Amé una flor,
el esqueleto de una mujer. Escribí en el muro unas palabras negras.
¿Qué más ? La vida se secó como la alfalfa, se quebró como un hongo seco.
¿Qué sueño de fúnebre enano me arrojó sobre estas piedras ?
Se me acabó la cara, como la ropa al mendigo, como la paleta al oso viejo.
¿A dónde vas, joven idiota ? ¿Por qué fumas
tu pipa, y avanzas sobre los fosos, aullando como un demente en la primavera ? Muere el hombre ¡ay ! y su pierna sigue caminando,
buscando un rostro en la lividez del sueño, un hacha en la tormenta,
pero yo te busco más allá, máscara soñada, saltando sobre los huevos y las cruces, y cavo, cavo sin cesar, para encontrar tu cabeza furiosa.

 

OTRO TRAJE

Este traje de perro que llevo,
traje de malhechor
muerto hace siglos en esta tierrra,
y en que los huevos del tiempo dejan su magra trompa,
quiere erguirse como soldado, ir a la sierra
donde mataron al Comandante.
 
Pero
!qué piernas cansadas! ! Si llevo
tres mil años metido en esta pirámide, podrido, glacial,
y América, qué América, exigiendo, siempre exigiendo
machos terribles, y no
un animal cansado como yo, angélico, lúbrico, ensimismado,
haciendo versos huevones que nadie lee,
que ni yo mismo leo,
por que aprendí a escribir sin haber leído el libro del mundo.
 
Madre,
 
vuélveme
 
a parir
 
de nuevo,
 
Tírame al barro,
quiero ser un soldado saliendo de una casa vacía,
lejos de los poetas,
o de las putas con alas de mariposa,
o
por último
déjame en Bolivia, aunque me corten los dedos
con los que intento escribir
esta canción
de loco
derrotado.
 

INSURRECCION

El Hombre
¡qué solo!
y Dios no tiene cojones. !Dios
ya no rompe nada!
Tiene
una papa en la boca: está mudo. Y te puedes
morir llorando. ¡Pero
estás solo!
Si no te rascas
con la propia
mano
entumecida,
si no hechas el corazón y dices: “Carajo,
soy un hombre”, y entregas
a tu hermano un fémur,
un fusil,
un cuchillo para asaltar juntos el cuartel mas cercano;
si te dejas
llevar de la jeta por los bulevares
como un ángel con los huevos cortados,
no pretendas
ser distinto
a este mono caliente
colgado de su jaula en el invierno de la vida,
y que observa
con el cráneo aplastado,
cómo desciende la lluvia, cómo
cae el maní sobre su rostro de pordiosero,
esperando
que nazca
de él un día
el HOMBRE que tú
miserablemente traicionas.

PENÚLTIMO CARTEL

¡Soy el Miserable que se ahogó en la poesía!
Pude ser capitán, degollador de escualos,
pero sólo fui cabeza de perro
en la necrópolis de la Gran Ciudad.
 
Observo mi hígado derretido
mis
poemas
en las letrinas,
en cuyo pórtico me espera una mula negra.
 
Las putas
y los alguaciles de rígida cabeza
me preguntan quién soy.
En las espaldas
cargo un huevo infinito, una
pierna quebrada,
un piano que gime en la inalcanzable profundidad.
 
Lloro, entonces,
por la tarea perdida,
por la sangre coagulada lentamente,
por este poema que escribo sin rencor, sin tener otra cosa que hacer,
en circunstancias –como dicen los periodistas–
que sólo quisiera tenderme junto al mar,
esperar que suba la marea
y estirar
los dedos
como un tornillo
sin fin.

Del libro testamentos sobre la piedra, 1971.

CARTA A LUKÓ DESDE EL ASERRADERO

Amor mío, mientras duermes sola, solitaria en puerto Aysén,
fumo este oscuro tabaco a tu memoria,
mordiendo mi pipa, como si fuera el dedo de Dios,
aterido, colgado del charqui de la lengua.
El mundo tiene una joroba lejos de ti,
y todo me miran
como locos estorninos,
como el endemoniado en medio de la tormenta.
Lejos de ti ¡qué cielo de ratones!
¡Que año sin enero, qué ángel sin leña en la edad fría!
Y si pregunto a los transeúntes por tus ojos claros,
escucho solo el trueno de la soledad, el toro negro.
Soy entonces un estropajo que mira la luna,
un ave
que desciende sobre tu rostro
o simplemente
un cuervo arrugado, como este firmamento con cara de viejo,
detenido en el ocaso como una flor podrida
y que mueve su paleta en el garbanzo quemado.

Del libro «testamentos sobre la piedra» del año 1971.

EXPEDICIÓN AL TIEMPO

Lo despistado, lo roto, me sigue detrás como un caballo muerto.
Lo que cayó en el paño de las indecisiones,
el agua terca, y quedó tirado en el camino.
En este vaso con un perro adentro, y que bebo solitario en esta noche,
frente a resoluciones quemadas, a un ángel como si fuese de hueso,
penetro otra vez en mí, desciendo en un largo viaje,
oliendo el camino, fumándome el tabaco del alma,
o interrogando al enano que vive a espaldas de mi rostro.
Pero hay una piel negra, un tiempo de labio leporino,
algo rasgado y esencial entre esta muerte de ahora y el candado seco de otras floraciones.
Partieron los días, como golondrinas de arena, o la amante de tristes ojos,
y cuanto intenté rescatar está como cuero tendido.
Yo te recuerdo atravesada por la jabalina del tiempo.
¡Qué largo andar! ¡Qué largo viaje para este día!
Abarcabas el espacio negro, acariciabas el hocico de las horas, y yo, tenaz, ardiente, miserable,
retrotrayendo un azar temible, un velo despedazado en el estupor pretérito,
pero lejano, irremediable, como una nube entre la pierna abierta.

ELEGÍA A ERNEST HEMINGWAY

Los que arrastramos un pescado, o una vaca negra,
como el Viejo Amargo del Mar de las Antillas,
los que apacentamos una gran culebra por el llano
arrojamos tu ataúd como un sauce de pelos.

¡Qué golondrina, que sueño sobrevolaba tu corazón
cuando mostrabas el pecho en armas,
como el dios-padre de los mitos desaparecidos!
porque, ciertamente, en la niebla coloquial, en el designio raro,
eras la almendra sobre el tizón negro,
cayendo en la eternidad, riente, inmemorial, con la bala llorando en la piedra del ojo.

Puro de alcohol, profundo como el aroma del tabaco,
augur estupefacto sobre la tierra,
montaste a la vida como a un perro,
mordiendo su oreja verde, sonriendo en la tormenta como un búfalo,
y rendido
entre el vino y la mujer, tu barba
de macho perdurable, tu barba de poderoso velamen,
era la barca fenicia y roja en el rescoldo de los días.
Desde mi cojera invernal, yo, americano inerme,
hijo de extraviadas religiones, pusilánime y fatal,
estrecho tu brazo peludo de triunfador.

EPITAFIO A LA MEMORIA

Como un hacha plegada, o un aire rendido a un viejo territorio,
pasáis como ancianos roncos
ante el caballero caído bajo las piedras,
amarillo, sin dedos ya, como zapallo de ultratumba.
La noche y su hembra ciega echaron estos huesos en el bulevar,
despojos que pesan en el corazón
como gladíolos, o los ojos del padre muerto.
Dejad que caiga esta pierna en el mar, el mar profundo.
¡Oh, alma!, pingajo quemado, tigre sin rayas en la gran gema difusa,
lingote seco en el furor pálido,
espera un descendimiento,
una voz cayendo desde arriba,
porque, ciertamente, el cuervo de las alucinaciones,
el cuervo, reo de tristezas,
creará un día su propia fábula, su corazón por encima de la memoria,
y su pecho de oro, su viento rasgado,
muerde el oído del tiempo, apenas, y de rodillas.

NOCTURNO DEL PIANO

El piano, con su quijada negra, con sus dientes blancos cruzados de gusanos,
canta como un papa melancólico. Sus notas
caen como los huevos del esturión muerto
sobre mi corazón en esta noche.
Mata al demonio del piano, amiga mía, ahoga en su vientre la furia escarlata.
Rompe su levita de caballero velado;
pero déjame solo, ahorcado en la cama.
El virrey baila el tango mientras lloramos,
agita sus orejas como toneles,
evocando a Francisca, a Leonor, a otras luces devoradoras,
(doblando un pliego de su carne, realizando hechizos sobre el fuego),
pero el piano, mi niña, resuena imperial, desierto, triunfando siempre de la fatiga,
en tanto el virrey ríe, quimérico y hostil, mostrando su halcón de oro.
Mata al demonio del piano, amiga mía;
escucha cómo resbala sobre los gladiolos, rompiendo
los sacos de la memoria, antiguas sombras, y vacila
como hembra preñada
encendiendo un candil, una muerte nueva en el ciervo blanco del pecho,
una segundo vida que desconozco, y que rechazo
como la horma negra a la nube.

RONCAN LOS ESPECTROS

Es preciso armarse contra la divinidad.
¡Ay, es preciso!
Los difuntos, con sus vejigas coloradas,
se levantan en la medianoche y roncan.
Serán vencidos por los piojos, y dirán al dragón: tú eres el panteonero.
En cada cifra del reloj habrá un ojo de muerto.
Las mujeres parirán pequeños reptiles,
y un conjunto de ánimas silvestres dirá:
bienvenidos
el Creador acaba de morir.

Es preciso armarse contra la divinidad. ¡Es preciso!
Los ruidos subalternos, los vasos de sangre lentamente bebidos,
los fantasmas golpeando mi vientre
como un tambor helado;
los infantes enterrados
en los muros, la respiración parada como un guardia
encima de mi pecho,
todo pone en mi su licor de efervescencia súbita.
De noche yo fraguo una espada,
y un sudor mineral me ciñe el esqueleto,
inyecta su alcanfor en mi alma,
y un hueso señalador recusa la tristeza,
y una filial bandada de lombrices
inicia su vuelo hacia la altura.

Del libro Las bestias del Duelo, 1942

NOCTURNO DE LA PIPA

Bajo este astro podrido del otoño,
como un dios seminal que llora por las mujeres,
fumo mi pipa como un pope rojo,
con aire egipcio de gladiador golpeado en la nuca.

Entre presagios y golondrinas que atraviesan la piel de la cabeza,
echo humo sobre mis obsesiones funerarias,
sobre rostros que olvidé enterrar, gruesos como marsopas,
arrastrando una flor, una peluca verde llena de pájaros,
un hueso de mono olvidado en el bolsillo.

Del fondo del cráneo me arrancan grandes huevos,
ciertas imágenes, un féretro destruido por la lluvia,
gusanos teñidos de azul por el fuego de unos ojos,
un párpado seco con que miraba el mundo.

Oigo el grito de un jinete muerto, alguien se arrastra sobre una muleta.
¿Quién es? Yo nada escucho.
Sólo fumo este pedazo de cerezo que me va agrietando la jeta,
cubriéndome los dientes, la nariz, como un ídolo amarillo,
y deja en mi boca un olor a caballo, a cuadrilla oscura.
Alguien, con los ojos huecos, me afeita la cabellera,

señora, por favor, no olvide los fósforos.

Sonatas del Gallo Negro, 1958

INCITACIÓN AL VALS DE UN POETA

Tus hijos bebían sangre de ganso salvaje.
Tu pobre corazón dormía entre las moscas.
Sin embargo,
un día
te colgaron un trozo de cuero
en la solapa. Se te puso la cresta roja.
Caminabas con paso de gamuza por los corredores.
Pero tuviste que vender tus dientes.
El traje destinado a tu propio entierro.

Soñabas con el gran premio.
Besabas a los jurados, acariciabas sus tetas,
mientras dormías en la posada
del gato nocturno.

Quisiera detenerte, morderte una oreja.
Pedirte que vuelvas a tu oficio de hombre,
inventes el fuego y juntes piedras.
Y que estalles cuando aparezcan los enmascarados
de la noche, les vueles el trasero
antes de que lleguen los muchachos de la prensa.

De: Papeles quemados.

EL DESENTERRADO

Ira, ira no más, en el terrible día,
ni amor, ni la gota fresca en la lengua;
apenas la vejiga rota al atardecer,
y aquella gran mirada inmemorial, amarilla,
todo cayendo detrás, en el desván silencioso.
Desenterrarán tus cartas, tus papiros helados.
Serás como Osiris; se disputarán tu traje desolado.
Sobre tus infolios y tus manchas errantes: la leyenda.
Serás al fin un escriba serio, descomunal, recién afeitado.
Un júbilo de espadas cubrirá la entrada de ese otoño;
pero estarás dormido sobre la delgada alfombra, siempre sonriendo,
estólido, feliz, oyendo otro oleaje.

De: El libro de los astros apagados.

EL BRAZO INVISIBLE

Te contemplo en mí, poderosa materia, funeral pá,pano,
fugaz y vulnerable en tu forma, indestructible en tu discurrir eterno,
descubre por una vez esta lúgubre quijada,
el tramo sepulcral de mi rostro aquilino.
Invita esta noche a Barrabás, al papa negro,
no quiero ser el ángel castrado, el hijo del inmigrante en derrota.
Recoge el velo de esta aventura: ¡acompáñame, pordiosero!
Asesiné la alegría; cambié la luna por esta piedra que llevo sobre
el pecho.

Alguien destruyó mi familia cierta noche. Ignoran
que soy un faraón de piedra, un ave
patriarcal que limpia el legendario Río.
¿Quién me desgarró el hombro? ¿Quién
me mordió la quijada? ¿Quién destrozó la cabeza de mi vástago?
Unos cráneos grises me comen la hierba del corazón,
la pimienta de unos ojos muertos. Un brazo oscuro,
terrible, como el ojo de Tutankamón bajo la fosa,
señala el cuero miserable de mi cabellera,
el piojo que preside mi sueño invernal, mientras acepto
la limosna del asesino, del comerciante en carbón o piedras
preciosas.

¡Oh, magos! Si existís en algún lugar, debajo de la tierra,
acordáos de mí. ¡Largos brazos, buenas piernas en mis sueños!
Que pueda matar con la mirada abierta.
Sin que el gigante sentado sobre mi alma, sin que
los remordimientos
destruyan el acto espiritual. ¡Sin que las lágrimas
me partan en dos el caballo negro del pecho!

De: El libro de los astros apagados.

VERGÜENZA

Vergüenza de vivir.
Ser un pólipo
en esta oceanía de sangre, abandonado ya, sin armazón,
cuando sólo quisiera celebrar la pascua
del asesino,
porque no existe más salvación que la trémula ira,
ni más alfombra que el cadalso, ni otro hoyo que el mar.
No hay más gallo que este muerto que canta al lado mío.

¡Oh, qué modo de vivir
tocando a cada instante la cabeza de un niño podrido!

LEYENDAS DEL CRISTO NEGRO

1 Caminaba Jesús por la ciudad,
llevando un gran martillo.

2 Y uno había en medio de la turba,
el cual dijo: He ahí al Hijo del Carpintero.
Y le pellizcó la mejilla.

3 Acontecido lo cual Jesús descargó
el martillo en medio de su rostro. Y
enfrentando la turba, dijo: Varón soy
de verdad y de justicia, mas antaño fui
golpeado y pellizcado muchas veces. Y
como viese unos niños junto a él, dijo:

4 Cada uno de estos pequeños de grandes
ojos y pies desnudos, necesitará mañana
un martillo.

5 Entonces la plebe, y los borrachos, y
las prostitutas vestidas de rojo, rodearon
a Jesús.

6 Y una mujer de grandes labios, díjole:
has venido a predicar la violencia?
Y replicó Jesús: No predico la violencia,
porque la violencia está en la naturaleza
de las cosas, y yo no soy ajeno a la naturaleza
de las cosas.

7 Y un borracho que había muerto a
su hijo, dijo a Jesús: Hablas verdad, oh
extraño; pues he ahí que anoche escuché
el canto rojo del vino, y muerto he
al hijo de mi corazón.

8 Mas Jesús, escupiendo en el rostro
del borracho, habló en el lenguaje de
las parábolas, diciendo:

9 Un hombre había que construyó su
morada junto al mar, en el sitio más peligroso.

10 Y el tifón, y los animales del mar
entraban en la morada, y grande mal
había acarreado por su mano. Y él decía:
tengo yo la culpa de que el viento
y las bestias del mar asienten en mi
casa?

11 Y dormía en el umbral de la casa, y
holgábase en ella con las hijas de los
pescadores.

12 Mas la sal y la muerte habían invadido
el aire de la casa, y había putrefacción
en sus cimientos.

13 Y los días del hombre fueron contados.

14 Por lo cual os digo, que aquel que
buscare el peligro, lo hallará, y aquel
que caminare por entre pantanos,
perderá la vida.

15 Oído lo cual, el borracho comenzó a
azotar su cabeza contra las piedras.

16 Entonces uno de la turba dijo:
Homicida es, y quería llevarle ante los jueces.

17 Dícele Jesús: Desde la matriz de tu
madre vienes cargado de culpas, cómo
juzgarás a tu hermano?

18 De verdad te digo, que para este
oficio de perseguidor de hombres
necesitas nacer dos veces.

19 Porque entre el perseguidor y el
perseguido, qué hay sino la letra muerta?

20 Diciendo lo cual, Jesús fuese por el camino.
Y ninguno se atrevió a seguirle.

De: Leyendas del Cristo Negro.

LUKÓ

LUKÓ: En este gran drama gregario de la vida,
cuando el espanto deposita en mi corazón su huevo oscuro,
levanto los ojos hacia ti,
como una bestia que busca algo
por encima de su condición, flor extranjera.
En este mundo solitario por el
que andamos, caminas junto a
mi por un favor de los dioses
y te seguirá mi pisada negra,
ineluctablemente, aún más allá del
Gran Pantano.

Elegía bajo la Tierra  (1955)

PERRONUESTRO


PERRONUESTRO que estás en los cielos,
petrificado sea tu nombre,
caiga sobre nos el tu reino,
hágase tu voluntad sobre la tierra, debajo del cielo.
El pan negro de cada día arrójanoslo hoy
y perdónanos nuestras deudas,
así como nosotros asesinamos a nuestros deudores;
húndenos en la tentación, más libranos del animal.
Amén.

PADRE MONO

Hierático, trascendental, antiguo padre terrestre,
yo te saludo con este fragmento de cola que el tiempo ha respetado, con esta carcajada sideral debajo del agua negra,
ululante y feroz, en la Bahía de los Hombres.
 
Yo te pido perdón por tus ojos humanos. (Perdona mis ojos de mono, mi mirada infinita),
y te ofrezco este nenúfar rojo, este hueso raspado, para que tu vieja cara de monje
asirio,
salte desde las edades, por sobre la caña pálida, y estreche la serpiente oscura de mi mano.
*
Raquítico, mordaz, derribando del cráneo de los dioses, haces sonar el arpa sobre la niebla de los terribles días,
y tu frente de mago terrenal es la epopeya de un lirio seco, arrancando del sepulcro de las horas. Padre
Nuestro que estás sobre los árboles,
sobre los promontorios de la razón y los ventisqueros, acércate, bebamos este vermut a solas ;
baja de tu árbol, y hablemos largamente de nuestra hedionda fortuna.
 

RETORNO

Como el salmón que torna a la grava de la muerte, remonto el río, calvo, seco, desdentado,
roto ya el oro de las ensoñaciones, desdichado, veloz, cabezabajo.
Atrás : la tierra, su macho de furores, la tierra como una esponja negra,
y un collar de sombras y pedradas en los ojos. Tú que bajaste conmigo y eras un castaño claro,
que descendías como la mano blanca sobre la tecla negra, dime, ¿qué fue ? ¿Qué bestia
me apretó la cintura hasta derramarme,
vagabundo, ensimismado, con un hueso en el aire de la cabeza ? Adorabas al sol, evocabas otro lenguaje,
pero yo estaba muerto, mutilado, vivía en Asia, en Oceanía, ostentaba la filosofía redonda de los perros,
pero el mundo era cuadrado, amor mío, ¡era cuadrado !
y tenía un florete de pestaña roja.
Nunca pude explicar. ¡Todo es inexplicable !
Todo tangible, húmedo alrededor, y se escapa como la hembra del camello. Sólo tú tienes forma. ¡Arrójame tu vestido,
ahora que los sueños buscan una extraviada deidad, un presagio encima de la muerte. Esta noche remonto el río, como el salmón maldito que descendió al mar y vuelve díscolo, envuelto en pálidas alucinaciones,
saltando sobre los rápidos, entre duelos y ráfagas verdes, pero con el embrión muerto, el ojo muerto,
buscando para caer la piedra definitiva.

PRÓXIMO PROGRAMA JUEVES A LAS 22 HS (HORA ESPAÑOLA)

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