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220. Poesía más Poesía: Antonio Gala

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BIOGRAFÍA DEL POETA ANTONIO GALA

“La literatura es una necesidad. La misión de cualquier escritor es testificar, la vida es una lucha que el escritor debe presenciar y contar luego. Es decir, al escritor se le obliga a cantar lo que apenas ya ha aprendido a decir. Por tanto, el escritor debe mirar para luego apartar la mirada y ponerse a escribir.”

Antonio Gala, cuyo nombre de pila es Antonio Ángel Custodio Sergio Alejandro María de los Dolores Reina de los Mártires de la Santísima Trinidad y de Todos los Santos, nació el 2 de octubre de 1930 en Brazatortas, un pueblo español de la provincia de Ciudad Real en el que hay una casa que dice “en esta casa nació el cordobés Antonio Gala”.

ARCHIVO FUNDACIÓN AGR: Mis entrevistas del pasado: con Antonio Gala,  hablando en 1977 de política y de cultura

Hijo del médico Luis Gala Calvo María y Adoración de los Reyes Velasco Gardo fue el penúltimo de los cinco hijos del matrimonio.

Su relación con la escritura comenzó desde muy pequeño. “Yo debía tener 3 años y le di al ama un papelito que decía: en mi balcón ha crecido con estas lluvias un manojito tupido de hierbas rubias. Y el ama me miró y me dijo: estás como una cabra”.

“Toda mi infancia está en brazos del ama, sobre todo. El ama era la que decía Antonio se ha vuelto loco, está leyendo en alta voz y raro. Estaba leyendo con 5 años la divina comedia en italiano, entonces claro, el ama temía por mi salud mental. Entre el ama y yo había una coincidencia más que con mi madre. Fue quien me llevó, quien me trajo, quien me salvó de llamarme Martín Gala, que Martín Gala ahora no significa nada, pero en aquella época Martín Gala, una persona que se hubiese llamado Martín Gala se hubiese hundido en la miseria atroz. Entonces me quitó de brazos del obispo y dijo, mi niño no se llama Martín y me pusieron el nombre largo de la wikipedia, los veintiocho nombres, pero no me llamé Martín Gala. La quería, mucho, mucho, mucho y la seguí queriendo.”

Antonio Gala, la pasión cordobesa por la palabra en todas sus formas

Sobre su primera toma de conciencia del valor de la escritura cuenta: “Por una ligera confusión materna me tenía que quedar sin salir el sábado castigado, tenía cuatro años. Estaba escribiendo y en casa había muchos animales, pero animales de todas clases, por ejemplo, tórtolas, palomas en el piso de arriba, había perros de caza y había un gatito que era lo que yo tenía, mi gatito. Y entonces estaba escribiendo la historia de mi gato, recuerdo perfectamente que estaba de rodillas, no por castigo, sino porque estaba apoyando el papel en el asiento del sofá de la leonera de los niños y estaba escribiendo la historia del gato. Entró mi padre. Yo no sabía que era el predilecto de mi padre, no lo supe hasta el final. Y dijo, qué haces y le miré como diciendo, pues está bien claro, estoy escribiendo y me cogió el papel, lo leyó y me dio la primera impresión que tuve de que lo de la literatura no estaba mal, que podía producir algún beneficio porque me dijo, puedes salir y me levantó la sanción materna.”

Su educación comenzó en la Escuela de Brazatortas pero de muy pequeño, bien sea buscando refugio por la Guerra Civil o por el quehacer profesional de su padre, su familia se traslada a Córdoba. En Córdoba prosiguió sus estudios en el Colegio Jesuita de San Rafael donde descubrió su talento para escribir. Se sumergió en la obra de Lorca, de Miguel de Unamuno y de otros grandes escritores y poetas como Rilke, Garcilaso y San Juan de la Cruz, entre otros. A los catorce años impartió una conferencia en el Real Círculo de la Amistad, Liceo Artístico y Literario de Córdoba.

La Fundación Antonio Gala acogerá la exposición fotográfica "Las caras del  tiempo, de Ricardo Martín

La relación con su padre estuvo basada en una gran admiración hacia él y en su deseo de ganarse su aprobación. Fue una figura importante para él: “Yo quise aprender el método ciego, entonces un día mi padre me encontró con su máquina de escribir y yo con los ojos vendados y me dijo: Antonio, te puedo preguntar qué haces, dije sí, estoy escribiendo con un pañuelo delante de los ojos, dice es que eso es lo que te quería preguntar, por qué, pues para poder escribir mientras leo, escribir a ciegas y me dijo, pues si con la carrera que llevas no puedes pagarte una secretaria hemos hecho un pan como unas ostias”. Después Antonio Gala siempre escribiría a mano con letra muy pequeña y en papeles reciclados que su secretario transcribía o él le dictaba. Trabajaba constantemente en su estudio sobre la mesa de Santa Teresa que consiguió en la embajada de Alemania (ellos se hicieron con ella en el Monasterio de La Encarnación), mesa que le acompañaba siempre y que era difícil escribir en ella porque era muy incómoda. “Escribir es una forma, la más humilde y torpe de hablar”, dice.

A los 15 años se mudó para estudiar Derecho en la Universidad de Sevilla aunque su verdadera pasión eran las letras y las artes. Participó en círculos literarios, se involucró en debates con otros escritores y empezó a escribir poesía y cuentos. Desde sus primeros trabajos muestra estilo lírico, habilidad para combinar palabras en relatos cautivadores, sensibilidad hacia la condición humana y profundiza en temas como el amor, la pérdida y las complejidades de las emociones humanas.

Madrid es el lugar donde termina sus estudios de Derecho y también de Fiolosofía y Letras, Ciencias Políticas y Económicas, obteniendo licenciaturas en todas ellas. Cuando cumplió 20 años había acabado tres carreras y ya había acabado su tesis sobre los concilios vaticanos.

Al terminar sus estudios universitarios, por complacer a un padre que él creía que no le quería demasiado, hizo toda clase de doctorados y se preparó las oposiciones al Cuerpo de Abogados del Estado. Una vez conseguido, lo abandonó. Se produjo una especie de esquizofrenia en él, porqué ¿qué hacia él con los papeles de derecho tributario, hipotecario y administrativo?, escribir poemas detrás para alegrarlos con algo. Era muy contradictorio. Llegó un momento donde no pudo más y en el tercer ejercicio de la abogacía del estado llamó a su padre a Madrid y le dijo me voy a ir a la Cartuja (la cartuja de nuestra señora de la defensión en Jerez). Pero una persona tan bromista y en cierto modo provocativa como él no podía durar mucho en un convento y salió un año más tarde por decisión de sus superiores.

A su vuelta a Madrid se entrega por completo a la literatura. Al principio su madre le mandaba dinero para comprar camisas, pero él dice que su madre era muy soberbia y elegante y él sabía que no era para camisas, y se lo devolvía. Muchos amigos se reunían en su casa y le llevaban cosas porque a veces no le alcanzaba el dinero. Comenzó a ejercer la docencia para vivir, primero como director del instituto VOX. Ahí fue cuando empezó a mezclarse con la pintura a dirigir salas de arte y a fundarlas (las galerías Mayor y El árbol).

Con permiso de su madre se llevó a la ama al piso pequeño de Madrid, al primero, estaba en la calle Prim, había un mercado en frente, “yo creí que se iba a divertir conmigo y un día me dijo: Antonio, una a su edad, ya no se acostumbra a vivir a lo pobre, déjame volver a Córdoba. Y me hundí. Se la devolví a mi madre y nunca le perdoné al ama el abandono porque la quería muchísimo, probablemente más que a mi madre.”

De gran sentido del humor e ingenio, valor de la amistad, pero también de la soledad: “Yo no podría vivir sin soledad, paso la mayor parte del tiempo solo. Los perrillos son una compañía, pero la soledad es absolutamente imprescindible. Yo aparentemente soy una persona muy expresiva y digo lo que pienso y lo digo con cariño y quiero a la gente, pero hasta introducirlos dentro de mi soledad no. Dejar de estar solo para mi sería como dejar de respirar. No es que estés solo es que estás acompañado por todo lo que ha sido tu vida y ha estado en tu vida y quien previsiblemente esté en tu vida y tienes que abrir las puertas, cuando llegue, pero mientras llega tú estás preparando la llegada”. Se trata de una soledad acompañada “La soledad sin solidaridad sería una nonada sería transformar al escritor en un imbécil que por su imbecilidad se ha ido quedando poco a poco solo”.

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Antonio Gala plasma el alma de la mujer con una sensibilidad especial: “la mujer es mucho más natural, la mujer se dice lo que siente, se lo dice en alta voz, no le importa. Como personaje de teatro o de novela la mujer es mucho más seductora que el hombre y en mis novelas o son las más visibles protagonistas o son las más efectivas protagonistas, aunque no lo sean aparentemente, son ellas las que conducen la historia. Y con la historia de la humanidad pasa igual, no nos hagamos ilusiones.” “Antonio escribe por y para las mujeres”, dice Concha Velasco, aunque el autor asegura que eso es lo que les dice a ellas, pero no es del todo verdad, “Yo escribo para el espectador”. Antonio Gala no es que escriba sobre las mujeres, Antonio Gala, escribe sobre sí mismo, dice Concha Velasco.

Disciplinado, amante de los perros, con un concepto realista del amor, destaca en él su pasión por Córdoba. Un malabarista del lenguaje, dicen de él. Elegante y muy bien educado. De maravillosa conversación, dicen sus amigos. Divertido, muy culto, hablar con él es un placer. De una gran capacidad de improvisación e ingenio. Con una gran flexibilidad para mezclar el lenguaje culto con el popular. De gran dominio y precisión de la lengua española en toda su obra. Incisivo y crítico a la vez que comedido, menos cuando le sacan de sus casillas.

El presentador de televisión Andreu Buenafuente dice de él: “Es como una mezcla entre andaluz y británico, tiene una sorna a veces muy profunda andaluza española, pero de repente coge un ángulo como muy cosmopolita, siempre al filo, provocando, pero con clase, es un gran cómico”. Le ha encantado viajar, disfrutar con sus amigos y vivir. Vivió en muchos países, en unos más que en otros, no sólo por tiempo, sino por intensidad. Pero lo que destaca es su pleno entendimiento con la ciudad de Córdoba. En sus propias palabras se consideraba un vitalista, un vividor, vivir para él era lo único importante.

En 1952 publica su primera colección de poemas “Enemigo íntimo” que recibió elogios de la crítica colocando a Gala como una joven promesa de la poesía española. Su estilo poético combina metáforas con la exploración de las emociones y la psique humana.

“Enemigo íntimo” recibió un accésit del premio Adonáis de Poesía Comenzó lo que atrajo la atención de figuras del entorno literario español e hizo crecer su reputación. Esto le ayudó a colaborar con revistas y editores establecidos dándole más visibilidad.

En 1959 se mudó a Portugal donde vivió de manera bohemia. Impartió clases de Filosofía e Historia del Arte. A mediados del 62 se marchó a Italia y se instaló en Florencia donde vivió casi un año y donde dirigió la galería La borghese. En ese tiempo publicó en la revista mensual “Cuadernos Hispanoamericanos” poemas de su libro “La deshora”.

Volviendo a España permanece en Córdoba una temporada: “Mi padre estaba en Córdoba y había caído en manos de la enfermedad absolutamente tradicional en la familia que es el Alzheimer. Me vine a cuidar a mi padre. Fue muy doloroso porque no me reconoció y me habló durante cuatro meses a mí, sólo de mí. Sólo me hablaba de su niño cuando era pequeño. Era una verdadera y extraña y sorprendente, porque la disimulaba, pasión por mí, preferencia por mí.”

A principios de los 60 Gala vuelve a Madrid, el centro cultural y artístico de España donde va a cultivar su carrera literaria y a relacionarse con artistas e intelectuales afines. España vivía la dictadura franquista y la escritura de Gala reflejaba y criticaba las injusticias políticas y sociales.

En 1963 publicó su primera obra de teatro “Los verdes campos del Edén”. “No sé porqué escribí teatro” dice. Fernando Quiñones que era muy buen amigo mío me dijo: por qué no escribes teatro y escribí una cosa que ahora no me atrevería a leer. Esta comedia obtuvo el premio nacional Calderón de la Barca al que la habían presentado sus amigos Félix Grande y Paca Aguirre falsificando su firma. Fue estrenada en 1963 en el Teatro María Guerrero con singular éxito.

Después llegaron otras obras de teatro, una tras otra con rapidez, 23 más dentro de este género, escritas entre 1963 y 2003. El estreno de “Los buenos días perdidos” supuso su consagración como dramaturgo en 1972. Para esa época ya había colaborado en televisión y había escrito algunos guiones para el cine.

Antonio Gala: biografia, muerte, libros, frases, y más

Sus obras de teatro fueron muy exitosas. El musical Carmen, Carmen (1988) lo escribió para Concha Velasco: “Ha sido el éxito más grande de mi carrera”, dice la veterana actriz, incluso a nivel económico creo que ha sido la comedia musical que más dinero ha dado en España, por encima de las de Lina Morgan que en aquel momento éramos rivales competidoras. Incluso los grandes musicales que luego se han importado de fuera, nadie ha hecho aquellos dinerales y aquellas colas que hizo Carmen, Carmen”. Algunos de sus colaboradores atribuyen el éxito de su teatro a las historias que llegan al pueblo con un lenguaje culto y refinado.

En 1973 sufrió en Madrid una perforación del duodeno y estuvo a punto de morir. A partir de entonces comenzó a usar bastón, siendo característico en él el uso de este objeto y gran coleccionista del mismo, reuniendo unos 3000 ejemplares, regalos de amigos y admiradores.

Su libertad para expresar sus opiniones e ideas lo llevaron a ser asediado por las censuras, las persecuciones, las prohibiciones durante la dictadura franquista, época que lo agobió y que estaba deseando que pasara. Llegó a tener 16 consejos del tribunal de orden público simultáneos. La censura fue con él muy dura, incluso en tiempos de Fraga porque en esos años era un gran trasgresor.

Durante la transición española Antonio Gala defendió públicamente posturas de izquierdas. En 1978 reivindicó la autonomía de Andalucía. En 1981 fue nombrado presidente de la Asociación de Amistad Hispano Árabe. También formó parte de la Sociedad de Amistad España-URSS subvencionada por el gobierno soviético. En 1985 fue denunciado por injurias al ejército español por un artículo de opinión donde hacía referencia al pasado franquista y fascista del ejército. Fue presidente de una plataforma cívica que defendía el no a la permanencia de España en la OTAN. En sus artículos fue muy crítico con la brutalidad del estado de Israel en la represión a civiles palestinos y fue acusado de antisemitismo por la comunidad judía de Madrid que se querelló contra él. Él alegó que solo combaría los excesos del sionismo y nunca al pueblo y cultura judía cuya herencia sefardí vive en Andalucía junto a la mozárabe.

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Publicó artículos en El País Dominical, desde el año de su fundación en 1976 hasta 1988, siendo recopilados después sus textos en 11 libros de artículos.

Socialista de convicción y humanista, no militante, nunca se afilió a ningún partido político, pero si simpatizante, con la convicción de que el intelectual debe ser independiente para poder criticar: “la labor del intelectual debe ser tener las manos libres, libres pero ocupadas, libres de aplaudir las virtudes o señalar los defectos allí donde estén y vengan de quienes vengan”. “Escribo artículos políticos, pero lo mío no es la política, ojalá esté bien gobernado este país para poder dedicarse cada uno a sus cosas.”

“Creo que todos los seres humanos son esencialmente iguales por eso soy socialista y creo que no hay ningún ser humano que sea igual que otro, por eso soy individualista, soy en definitiva humanista”. “Creo que las mujeres tienen todos los derechos y todos los deberes de los hombres y que no necesitan ser redimidas y que si es necesario que a esa igualdad se llegue a través de una revolución habrá que aceptar la revolución y por muy radicalizados, crea un sector social que están los grupos de mujeres feministas, ellas deberán seguir su camino aunque ladren, pero me parece que el peor enemigo de la mujer, como siempre sucede por otra parte, todos tenemos nuestros enemigos íntimos que somos nosotros, es ella misma. Es decir, mientras haya mujeres que se presentan a los concursos de bellezas, mientras haya esas mises, mientras mujeres muy visibles y muy ejemplares crean que el problema más grande que tienen es cómo poder comer sin engordar, creo que no se conseguirá de verdad el movimiento feminista. Y cuando se consiga será lo mejor que pueda suceder, es como cuando se consigue una política espléndida, un buen gobierno de un país, entonces lo que interesa no es la política es la administración y entonces yo me dedicaría a escribir sonetos de amor y entonces las mujeres se dedicarían, en vez de a ser feministas, a ser sencillamente femeninas.
En los años 90 escribe y publica su primera novela “El manuscrito carmesí” que narra la vida de Boabdil, el último rey nazarí de Granada, su angustia y debilidad al ir constatando la decadencia de su reino y su inminente caída. Su autor muestra simpatía hacia el personaje, a quien considera injustamente tratado por la historiografía oficial. Con esta novela ganó el Premio Planeta en 1990, y a ella le siguieron 12 novelas más. Su novela “La pasión turca” fue llevada al cine dirigida por Vicente Aranda con Ana Belén como protagonista.

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Entre 1992 y 2015 colaboró con El Diario El Mundo con artículos de opinión a los que llamaba troneras.

En el 2002 creó la Fundación Antonio Gala para apoyar y becar el trabajo de jóvenes artistas creadores. “Mi único hijo verdadero, mi único hijo querido, lo más consecuente conmigo mismo que he hecho es la Fundación. Mi deseo de reunir a jóvenes creadores que estén conviviendo, intercambiándose, produciendo lo que es esencial en la Fundación que es la fecundación cruzada, tú me fecundas a mí y yo te fecundo al mismo tiempo a ti y sin darnos cuenta. Ese es el principio de la fundación”. Antonio Gala no vivía en la Fundación, la visitaba, conocía la obra de los artistas, asistía a la fecundación cruzada pero no como protagonista, sino como conductor de un coche en la buena dirección. La hizo cuando estuvo suficientemente herido y suficientemente sano otra vez para dar, no para recibir.

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De la poesía dice: “la poesía en verso o la poesía en prosa, o la poesía en vida, o en un atardecer o en una ciudad o en una actitud ciudadana y política incluso, que parece que la política es la antipoética, la poesía está ahí, la respiramos como respiramos el aire. Yo no podría vivir sin respirar ese aire de la poesía. Incluso lo que en sí no es poético yo lo considero como un mensaje, un mensaje que no me pertenece, que yo recibo y debo transmitir lo antes posible. Es una carga y es una obligación para mi la poesía. Hasta qué punto el poema, hasta qué punto lo que escribes puede llegar a otra alma, inundarla de luz o sumirla en una oscuridad tremenda”.

En poesía escribió:

  • Enemigo íntimo (1959)
  • La deshora (1962)
  • Meditación en Queronea (1965)
  • 11 sonetos de la Zubia (1981).
  • Testamento andaluz (1985)
  • Poemas cordobeses (1994)
  • Poemas de amor (1997)
  • El poema de Tobías desangelado (2005)
Muere Antonio Gala a los 92 años | Vogue España


Sus poemas de amor han sido llevados a la canción lírica por Ainoa Arteta y por Clara Montes al estilo andaluz. En 1989 Antonio Gala escribió el libreto de la ópera Cristóbal Colón.

Antonio Gala y el poeta Miguel Oscar Menassa coincidieron una sola vez en la Feria del Libro de Madrid. En esa ocasión Menassa le pidió una entrevista y el secretario de Gala salió al encuentro solicitando dinero a cambio. Ese fue el prematuro final de aquel posible encuentro y debido a ello hoy no disponemos de una entrevista Gala – Menassa. Hoy por hoy no se sabe quién hizo más dinero si Gala o Menassa.

Gala es un autor de gran éxito en todo lo que ha publicado, con numerosos y fieles lectores y espectadores y grandes colas para firmar en las ferias del libro.

Cultivó todos los géneros literarios: teatro, novela, periodismo, poesía, ensayos, guion televisivo, relato y aforismos insertos en toda su obra, en la que abundan los temas históricos, más que para analizar el pasado, para iluminar el presente. Ha sido galardonado con 500 premios en poesía y por su contribución al teatro y la ópera.

En su autobiografía “Ahora hablaré de mí” el autor muestra facetas íntimas que no formaron parte de libros anteriores, anécdotas alejadas de las solemnes categorías de otros libros que le ocuparon, reclamando la amistad de quien lo lea, contándole aquello que sólo se cuenta a los amigos, entre risas a veces, a veces entre añoranzas no demasiado graves.

Antonio Gala - Fundación Antonio Gala

El 5 de junio de 2011 Gala hizo público en una de sus troneras que padecía un cáncer de difícil extirpación. En 2015 declaró en un acto público en Málaga, con motivo de su nombramiento como hijo adoptivo y la entrega de la medalla de la ciudad, que los doctores del Reina Sofía le habían declarado libre de cáncer.

El 28 de mayo de 2023 Antonio Gala falleció en el Hospital Reina Sofía de Córdoba donde estaba ingresado por complicaciones en su estado de salud. Desde Poesía más Poesía este programa y esta revista son nuestro sencillo homenaje.

Premios y galardones:

  • Accésit del Premio Adonáis de Poesía por Enemigo íntimo (1959)
  • Premio Las Albinas, por su relato Solsticio de verano (1963)
  • Premio Nacional de Teatro Calderón de la Barca por la comedia Los verdes campos del edén (1963)
  • Premio Ciudad de Barcelona de teatro por Los verdes campos del edén (1965)
  • Premio de la Crítica, el Quijote de Oro (1972-73)
  • Premio Mayte de teatro por Los buenos días perdidos (1973)
  • Premio César González Ruano de periodismo por Los ojos de Troylo (1975)
  • Premio Nacional de Guiones y Premio Medios Audiovisuales (1976)
  • Doctor Honoris Causa por la Universidad de Córdoba (1982)
  • Libro de Oro de los Libreros Españoles (1984)
  • Hijo Predilecto de Andalucía (1985)
  • Premio Andalucía de las Letras (1989)20​
  • Premio León Felipe a los valores cívicos (1989)
  • Premio Planeta de novela por El manuscrito carmesí (1990)
  • Premio Hidalgo de la Asociación Nacional Presencia Gitana (1991)
  • Medalla de Castilla-La Mancha (1999)
  • Max de Honor y el de Periodismo de la Asociación Pro Derechos Humanos (2001)
  • Premio de la Fundación Ibn al-Jatib de Estudios y Cooperación Cultural (2005), dependiente del Ayuntamiento de Loja, Granada.
  • Miembro de honor en la Real Academia de Córdoba de Ciencias y de las Bellas Letras y Nobles Artes (2008)20​
  • Premio Don Quijote de Honor (2011)
  • Premio de las Letras Andaluzas Elio Antonio de Nebrija (2011)
  • Hijo Adoptivo de Málaga (2015)
  • Premio Turismo de Granada (2015)
  • Premio Nacional de Teatro Pepe Isbert (2020)

Reconocimientos:

  • En el municipio cordobés de Guadalcázar la Biblioteca Municipal lleva el nombre del escritor, que la inauguró en 2011.23​
  • En 2021, se inauguró en Alhaurín el Grande la Casa-Museo de Antonio Gala “La Baltasara”, lugar que el autor fijó como su residencia de verano desde los años ochenta y que le sirvió como refugio para escribir gran parte de su obra.

Teatro:

  • Los verdes campos del Edén (1963)
  • El caracol en el espejo (1964)
  • El sol en el hormiguero (1966)
  • Noviembre y un poco de hierba (1967)
  • Spain’s strip-tease (1970)
  • Los buenos días perdidos (1972)
  • ¡Suerte, campeón! (1973)
  • Anillos para una dama (1973)
  • Las cítaras colgadas de los árboles (1974)
  • ¿Por qué corres, Ulises? (1975)
  • Petra regalada (1980)
  • La vieja señorita del paraíso (1980)
  • El cementerio de los pájaros (1982)
  • Trilogía de la libertad (1983)
  • Samarkanda (1985)
  • El hotelito (1985)
  • Séneca o el beneficio de la duda (1987)
  • Carmen, Carmen (1988)
  • Cristóbal Colón (1989)
  • La truhana (1992)
  • Los bellos durmientes (1994)
  • Café cantante (1997)
  • Las manzanas del viernes (1999)
  • Inés desabrochada (2003)

Poesía:

  • Enemigo íntimo (1959)
  • La deshora (1962)
  • Meditación en Queronea (1965)
  • 11 sonetos de la Zubia (1981)
  • Testamento andaluz (1985)
  • Poemas cordobeses (1994)
  • Poemas de amor (1997)
  • El poema de Tobías desangelado (2005)

Artículos:

  • Texto y pretexto (1977)
  • Charlas con Troylo (1981)
  • En propia mano (1985)
  • Cuadernos de la Dama de Otoño (1985)
  • Dedicado a Tobías (1988)
  • La soledad sonora (1989)
  • Proas y troneras (1993)
  • A quien conmigo va (1994)
  • Carta a los herederos (1995)
  • Troneras (1996)
  • La casa sosegada (1998)

Narrativa:

  • El manuscrito carmesí (1990)
  • La pasión turca (1993).
  • Granada de los nazaríes (1994) (crónica histórica)
  • Más allá del jardín (1995)
  • La regla de tres (1996)
  • El corazón tardío (1998) (relatos)
  • Las afueras de Dios (1999)
  • Ahora hablaré de mí (2000) (autobiografía)
  • El imposible olvido (2001)
  • Los invitados al jardín (2002) (relatos)
  • El dueño de la herida (2003) (relatos)
  • El pedestal de las estatuas (2007)
  • Los papeles de agua (2008)

Guiones de televisión:

  • … Y al final, esperanza (1967)
  • Cantar del Santiago para todos (1971)
  • Si las piedras hablaran (1972)
  • Paisaje con figuras (1976)
  • Trece noches (1999)

Libros, vídeos y webs consultados:

SELECCIÓN DE POEMAS DE ANTONIO GALA

«Soneto verde»

Cuando en octubre amor por la semilla
conspira con abril de la mirada
me subyugó una rosa equivocada:
si verde corazón, tez amarilla.
De una la noche en otra maravilla
-cera ya agraz, ya pluma alabeada-
regresó el alba, limpia y afilada,
rasgándome de pura la mejilla.
Verde presidio y hondo, verde prado,
que a la esperanza indócil alimentas
con grama en flor, sonrisa de mi dueño:
suba la muerte y máteme a tu lado,
que esmeraldas, cantáridas y mentas
me han dispuesto un profundo y verde sueño.

«Condena»

A trabajos forzados me condena
mi corazón, del que te di la llave.
No quiero yo tormento que se acabe,
y de acero reclamo mi cadena.
Ni concibe mi mente mayor pena
que libertad sin beso que la trabe,
ni castigo concibe menos grave
que una celda de amor contigo llena.
No creo en más infierno que tu ausencia.
Paraíso sin ti, yo lo rechazo.
Que ningún juez declare mi inocencia,
porque, en este proceso a largo plazo
buscaré solamente la sentencia
a cadena perpetua de tu abrazo.

«Nadie mojaba el aire…»

Nadie mojaba el aire
tanto como mis ojos.
Me decías:  «¿Trabajas?»
Me decías:  «¿Ya es la hora del té?»
Y yo no te decía:  «Te amo»;
no te decía:
«Eres todo lo que tengo»;
no te decía:
«Eres la única rosa en la que caben
todas las primaveras».
Me decías:
«Adiós, hasta mañana».
O me decías:
«¿Necesitas algo?».
Y yo no te decía:
«Me estoy muriendo
de amor… me estoy muriendo».
Nadie mojaba el aire
como yo.

«Arrebátame, amor, águila esquiva…»

Arrebátame, amor, águila esquiva,
mátame a desgarrón y a dentellada,
que tengo ya la queja amordazada
y entre tus garras la intención cautiva.
No finjas más, no ocultes la excesiva
hambre de mí que te arde en la mirada.
No gires más la faz desmemoriada
y muerde de una vez la carne viva.
Batir tu vuelo siento impenetrable,
en retirada siempre y al acecho.
Tu sed eterna y ágil desafío.
Pues que eres al olvido invulnerable,
vulnérame ya, amor, deshazme el pecho
y anida en él, demonio y ángel mío.

«Bagdad»

Tenía tanta necesidad de que me amaras,
que nada más llegar te declaré mi amor.
Te quité luces, puentes y autopistas,
ropas artificiales.
Y te dejé desnuda, inexistente casi,
bajo la luna y mía.
A las princesas sumerias,
cuando fueron quemadas con joyas rutilantes,
les brillaban aún sus dientes jóvenes;
se quebraron sus cráneos antes que sus collares;
se fundieron sus ojos antes que sus preseas….
Bajo la luna aún brillaban sus dientes,
mientras te poseí desnuda y mía.

«Aún eres mío, porque no te tuve…»

Aún eres mío, porque no te tuve.
Cuánto tardan, sin ti,
las olas en pasar…
Cuando el amor comienza, hay un momento
en que Dios se sorprende
de haber urdido algo tan hermoso.
Entonces, se inaugura
-entre el fulgor y el júbilo-
el mundo nuevamente,
y pedir lo imposible
no es pedir demasiado.
Fue a la vera del mar, a medianoche.
Supe que estaba Dios,
y que la arena y tú
y el mar y yo y la luna
éramos Dios. Y lo adoré.

«Atardeció sin ti»

Atardeció sin ti. De los cipreses…
a las torres, sin ti me estremecía.
Qué desgana esperar un nuevo día
sin que me abraces y sin que me beses.
A fuerza de tropiezos y reveses
la piel de la esperanza se me enfría.
Qué agonía ocultarte mi agonía,
y qué resurrección si me entendieses.
Atardeció sin ti. Seguro y lento,
el sol se derrumbó, limón maduro,
y a solas recibí su último aliento.
Quién me viera caer, lento y seguro,
sin más calor ni más resurgimiento,
gris el alma y frustrada entre lo oscuro.

Enemigo íntimo

Hay tardes en que todo
huele a enebro quemado
y a tierra prometida.
Tardes en que está cerca el mar y se oye
la voz que dice: “Ven”.
Pero algo nos retiene todavía
junto a los otros: el amor, el verbo
transitivo, con su pequeña garra
de lobezno o su esperanza apenas.
No ha llegado el momento. La partida
no puede improvisarse, porque sólo
al final de una savia prolongada,
de una pausada sangre,
brota la espiga desde
la simiente enterrada.
En esas largas
tardes en que se toca casi el mar
y su música, un poco
más y nos bastaría
cerrar los ojos para morir. Viene
de abajo la llamada, del lugar
donde se desmorona la apariencia
del fruto y sólo queda su dulzor.
Pero hemos de aguardar
un tiempo aún: más labios, más caricias,
el amor otra vez, la misma, porque
la vida y el amor transcurren juntos
o son quizá una sola
enfermedad mortal.
Hay tardes de domingo en que se sabe
que algo está consumándose entre el cálido
alborozo del mundo,
y en las que recostar sobre la hierba
la cabeza no es más que un tibio ensayo
de la muerte. Y está
bien todo entonces, y se ordena todo,
y una firme alegría nos inunda
de abril seguro. Vuelven
las estrellas el rostro hacia nosotros
para la despedida.
Dispone un hueco exacto
la tierra. Se percibe
el pulso azul del mar. “Esto era aquello”.
Con esmero el olvido ha principiado
su menuda tarea…
Y de repente
busca una boca nuestra boca, y unas
manos oprimen nuestras manos y hay
una amorosa voz
que nos dice: “Despierta.
Estoy yo aquí. Levántate”. Y vivimos.

Alargaba la mano y te tocaba…

Alargaba la mano y te tocaba.
Te tocaba: rozaba tu frontera,
el suave sitio donde tú terminas,
sólo míos el aire y mi ternura.
Tú moras en lugares indecibles,
indescifrable mar, lejana luz
que no puede apresarse.
Te me escapabas, de cristal y aroma,
por el aire, que entraba y que salía,
dueño de ti por dentro. Y yo quedaba fuera,
en el dintel de siempre, prisionero
de la celda exterior.
La libertad
hubiera sido herir tu pensamiento,
trasponer el umbral de tu mirada,
ser tú, ser tú de otra manera. Abrirte,
como una flor, la infancia, y aspirar
su esencia y devorarla. Hacer
comunes humo y piedra. Revocar
el mandato de ser. Entrar. Entrarnos
uno en el otro. Trasponer los últimos
límites. Reunirnos…
Alargaba la mano y te tocaba.
Tú mirabas la luz y la gavilla.
Eras luz y gavilla, plenitud
en ti misma, rotunda como el mundo.
Caricias no valían, ni cuchillos,
ni cálidas mareas. Tú, allí, a solas,
sonriente, apartada, eterna tú.
Y yo, eterno, apartado, sonriente,
remitiéndote pactos inservibles,
alianzas de cera.
Todo estuvo de nuestra parte, pero
cuál era nuestra parte, el punto
de coincidencia, el tacto
que pudo ser llamado sólo nuestro.
Una voz, en la calle, llama y otra
le responde. Dos manos se entrelazan.
Uno en otro, los labios se acomodan;
los cuerpos se acomodan. Abril, clásico,
se abate, emperador de los encuentros.
¿Esto era amor? La soledad no sabe
qué responder: persiste, tiembla, anhela
destruirse. Impaciente
se derrama en las manos ofrecidas.
Una voz en la calle….Cuánto olor,
cuánto escenario para nada. Miro
tus ojos. Yo miro los ojos tuyos;
tú, los míos: ¿esto se llama amor?
Permanecemos. Sí, permanecemos
no indiferentes, pero diferentes. Somos
tú y yo: los dos, desde la orilla
de la corriente, solos, desvalidos,
la piel alzada como un muro, solos
tú y yo, sin fuerza ya, sin esperanza.
Idénticos en todo,
sólo en amor distintos.
La tristeza, sedosa, nos envuelve
como una niebla: ése es el lazo único;
ésa  la patria en que nos encontramos.
Por fin te identifico con mis huesos
en el candor de la desesperanza.
Aquí estamos nosotros: desvaídos
los dos, borrados, más difíciles,
a punto de no ser…¿Amor es esto?
¿Acaso amor es esta no existencia
de tanto ser? ¿Es este desvivirse
por vivir? Ya desangrado
de mí, ya inmóvil en ti, ya
alterado, el recuerdo se reanuda.
Se reanuda la inútil existencia…
Y alargaba la mano y te tocaba.

.

Bajo los fuegos de fugaces colores

Bajo los fuegos de fugaces colores
que iluminan el aire de la noche,
dame tu mano.
Mira abrirse las palmeras doradas, rojas, verdes;
caen los frutos azules de la altura;
rasgan el negro terciopelo
las estelas de plata…
En tus ojos yo veo el frío ardor,
artificial y efímero
de los castillos que veloces surgen
y veloces se extinguen.
Dame tu mano: es todo cuanto tengo
en medio de esta falsa
riqueza, de esta dádiva
que fugazmente se otorga y se consume.
Así es todo: organizado y yerto
brota el amor, crece, se desparrama, se hunde,
vuelve la oscuridad
en la que, previsto y bien envuelto, yacía.
Nada, nada…
Dame tu mano. Entre los irisados estampidos
alegres sólo para los alegres,
se esfuma el corazón, igual que una girándula
demasiado mojada para arder o dar luz.
En este tornasolado e intrincado bosque
dame tu mano para que no me pierda.

ENEMIGO ÍNTIMO

Dice el amante en el amor palabras
que no entiende, mentiras
con que procura defender el brote
de su esperanza, rehecha en cada hora.
Antes de que el amor
desenmascare su voracidad
y en litigio se exprima la mandrágora,
del todo y para siempre
piensa nacer. Pero hay una sonrisa
por el aire que sabe la verdad.
No es el tiempo el que pasa,
sino el amante, y dura
la promesa tan solo
el instante que dura su expansión.
No somos dueños del amor, ni puede
el éxtasis morderse como un fruto.
Vuelve el amante en sí
y de su vieja soledad recobra
los fatales rincones. Le sorprende
el despreciado intruso
que a hurtarle vino su abundancia, y odia
la mano que hace poco reclamaba.
No somos dueños del amor: amamos
lo que podemos, pues la muerte y
el amor no se escogen. Presentimos
que los raudales de la soledad
volverán a correr aún más copiosos,
pero intentamos destronar la muerte
con el beso. Y en tanto
besamos, se nos vuela la mirada
hacia lo nuestro, que es el desamor
y su cierta inminencia.
Busca el amante introducirse en
el oculto recinto del amado
para salir del suyo y olvidarse.
Busca otra soledad y no la encuentra,
porque es la soledad el amor mismo
disfrazado de carne y de caricia,
alzando su clamor en el desierto.
Nada puede librarnos
de ese ajeno enemigo,
sino la luminosa muerte, donde
el fuego nos asume, recupera—
nos la quietud y en el silencio se hunden
las promesas de eterno amor. La muerte,
cuya serenidad
detiene la aventura enardecida
o el sonámbulo intento
del que ama. La muerte, cuya cera
no se funde al ardor de los abrazos.

Voy a hacerte feliz. Sufrirás tanto…
Voy a hacerte feliz. Sufrirás tanto
que le pondrás mi nombre a la tristeza.
Mal contrastada, en tu balanza empieza
la caricia a valer menos que el llanto.
Cuánto me vas a enriquecer y cuánto
te vas a avergonzar de tu pobreza,
cuando aprendas -a solas- qué belleza
tiene la cara amarga del encanto.
Para ser tan feliz como yo he sido,
besa la espina, tiembla ante la rosa,
bendice con el labio malherido,
juégate entero contra cualquier cosa.
Yo entero me jugué. Ya me he perdido.
Mira si mi venganza es generosa.

La luna nos buscó desde la almena….
La luna nos buscó desde la almena,
cantó la acequia, palpitó el olvido.
Mi corazón, intrépido y cautivo,
tendió las manos, fiel a tu cadena.
Qué sábanas de yerba y luna llena
envolvieron el acto decisivo.
Qué mediodía sudoroso y vivo
enjalbegó la noche de azucena.
Por las esquinas verdes del encuentro
las caricias, ansiosas, se perdían
como en una espesura, cuerpo adentro.
Dios y sus cosas nos reconocían.
De nuevo giró el mundo, y en su centro
dos bocas, una a una, se bebían.

Sonetos de la Zubia. Nº 25

Dile a la muerte, amor, que no me olvide;
que tengo el corazón ya bien dispuesto,
y previstos, al fin, palabra y gesto
con que de ti mi cuerpo se despide.

La vida, sólo en vida, no se mide;
ni la pasión, en dulce manifiesto.
Vida y amor no mueren: sobre el resto
es un azar nocturno quien decide.

Yo no soy sino aquello que persigo:
una lluvia de mayo en tu mejilla,
tu fuego en paz, tu bienestar de trigo.

Qué vida, tras la muerte, tan sencilla:
yo, ensimismado, transcurrir contigo
de un sueño a otro, de una a otra orilla.

Sonetos de la Zubia. Nº 20

Me sorprendió el verano traicionero
lejos de ti, lejos de mí muriendo.
Junio, julio y agosto, no os entiendo.
No sé por qué reís mientras me muero.

Vengan nieve y granizo, venga enero,
vengan escarchas ya, vayan viniendo.
Troncos que fueron nidos ahora enciendo
y no consigo la calor que quiero.

Suelta la vida al viento falsos lazos:
no hay flor, ni luz, ni sed, ni amor, ni río.
Sólo hay un corazón hecho pedazos.

Agosto miente, amor, y siento frío.
Sin la tibia bufanda de tus brazos
aterido sucumbe el cuello mío.

 Almuñécar

Durante un anochecer en esta playa te amé tanto
que una respiración
para los dos bastaba.
Suspendieron el mar, para mirarnos,
su armonioso escalofrío,
y su unánime vuelo de gaviotas.
Se divertía el agua, sonrosada,
como si fuera a amanecer,
y se posó el silencio sobre el aire
lo mismo que un jilguero en una rama.
No existía para el amor
futuro ni pretérito:
todo era eterno instante….
Y de repente, sobre tus hombros
observé, mientras te besaba,
que nos veían ojos codiciosos.
No supe si eran de los viejos fenicios
o quizá de la noche…
No tardó en quedar claro
dónde va el ruiseñor cuando mayo termina.
La muerte que los devoró a ellos, 
sigilosa nos acechaba.
Nuestro amor, como el  de ellos, fue vencido.
Pero yo te amo todavía.
   
 

Bahía

¿Cómo comer sin ti, sin la piadosa
costumbre de tus alas
que refrescan el aire y renuevan la luz?
Sin ti, ni el pan ni el vino,
ni la vida, ni el hambre, ni el jugoso
color de la mañana
tienen ningún sentido ni para nada sirven.
Allá fuera está el mar,
allá fuera, en el mundo, estás tú.
Comiendo tú sin mí:
tu hambre, tu pan, tu vino y tu mañana.
Yo aquí, ante los manteles opacos
y la bebida amarga,
ante platos sin sabor ni colores.
Lo intento, sí, lo intento, pero cómo
comer sin ti, ni para qué…
Tú te has llevado tu olor a bosque
y el gusto de la vida.
Fuera están mar y aire.
Dentro, yo solo frente a la mesa puesta
que ha perdido su voz y su alegría.

 
Bajo qué ramas, di, bajo qué ramas…

Bajo qué ramas, di, bajo qué ramas
de verde olvido y corazón morado
la roja danza muerde tus talones
y te estrechan amantes amarillos.

Desde qué repentina lontananza
giras, me nombras, saltas entre el aire,
mientras yo permanezco absorto en sueños
aún dormida creyéndote en mi alcoba.

Qué plateada tristeza te reviste,
si alegre hasta tu alegre voz acudo,
los pies descalzos, para entrelazarme
sal paso de tu danza apresurada.

Dónde te vas cuando te vas y lloran
las colinas, a solas con tu nombre
para siempre, hasta oír al lado mío
tu voz que me pregunta a quién aguardo.
  
Cómo retumba amor, cómo resuena…
Cómo retumba amor, cómo resuena
tu nombre, suelto en flor, por los collados:
su aletear de palomos azorados
ni el orden de la noche lo serena.
Cuánta luna y qué olor de luna llena
empapan con su lino los sembrados.
Brilla tu nombre en los desiertos prados,
y en el tobillo siento su cadena.
Vendrá la luz, regresará la hora
en que, abierta, la luz despavorida
vierta sonora sangre de granada.
Vendrá otra vez la sangre más sonora
golpeando en las llagas de la vida,
pero estará la vida ejecutada.
   
El arma que te di pronto la usaste…
El arma que te di pronto la usaste
para herirme a traición y sangre fría.
Hoy te reclamo el arma, otra vez mía,
y el corazón en el que la clavaste.
Si en tu poder y fuerza confiaste,
de ahora en adelante desconfía:
era mi amor el que te permitía
triunfar en la batalla en que triunfaste.
Aunque aún mane la sangre del costado
donde melló su filo tu imprudencia, 
ya el tiempo terminó de tu reinado.
Hecho a los gestos de la violencia,
con tu mala costumbre ten cuidado;
tú sólo no te hieras en mi ausencia.
 

Ella

Bebió en tu boca el tiempo enamorado
y la cuajó con besos de paloma.
Casto tu cuello, sobre el oro asoma
tan sólo por el oro acariciado.
Lunado el pelo, el corazón lunado,
rubor apenas por el aire aroma.
Amapola ritual tu torso toma
y te aparta del mar verde azulado.
Tu mirada de miel, marisma ardiente,
la luz antigua con las luces nuevas
-recién despierta y ya cansada- alía.
Te duele la victoria, y dócilmente
a cuestas tu destino de amor llevas,
delicada y sangrienta vida mía.  
 
Era invierno; llegaste y fue verano…

                                                                              Popayán

Era invierno; llegaste y fue verano.
Cuando llegue el verano verdadero,
¿qué será de nosotros?
¿Quién calentará el aire
más que agosto y que julio?
Tengo miedo
de este error de los meses que has traído.
¿Quién es nuestro aliado: tú o yo?
Cuando llegue el verano
quizá el aire esté frío…
Era invierno y llegaste.
 
 

Hoy encuentro, temblando ya y vacía…

Hoy encuentro, temblando ya y vacía,
la casa que los dos desperdiciamos
y el vago sueño del que despertamos
sin habernos dormido todavía.
Acordarse del agua en la sequía
no hace brotar ni florecer los ramos.
¿Dónde estás, dónde estoy, y dónde estamos?
¿Qué fue del mundo cuando amanecía?
Hoy me pasa el amor de parte a parte.
Temo encontrarte y no reconocerte.
Temo extender la mano y no tocarte.
Temo girar los ojos y no verte.
Temo gritar tu nombre y no nombrarte…
Temo estar caminando por la muerte.
 

Maitines

Callad, amantes, y ocupad el labio
con el beso.  No pronunciéis palabras vanas
mientras se busca vuestro corazón
en otro pecho, jadeante y pobre
como el vuestro,
ya al filo de la aurora.
Cuando te poseí por vez primera
tocaban a maitines
en el Convento de las Mercedarias.
La tiniebla del aire estremecieron
repentinos palomos alterados.
Titubeante el alma sonreía,
sin comprender por qué, en torno a tu cintura.
Y luego, hasta la alcoba recién inaugurada,
fueron entrando laúdes y alabanzas
que mi alma repetía con orgullo 
suavemente en tu oído.
Callad amantes y ocupad 
el labio con el beso….
 

Mediterráneo

Mi cinturón aprieta tu cintura,
y tu sonrisa, mi corazón.
Sobrevolamos las islas indecibles
y a nuestro paso las nubes se disipan.
¿Cómo regresar al beso la armonía
sin que la respiración se entrecorte?
¿Cómo planear la noche compartida
después de tanta ausencia?
Sólo el aire es aliado nuestro
porque nuestro deseo es de aire puro.
Cuando descendamos a la tierra
las alas deberán seguir batiendo:
el aire de las alas
es nuestro sostén único
y las alas del aire nuestro lecho.
Desembocan los ríos en los mares azules
como en tu pecho desemboca el mar.
Abrázame en tus alas
para que otro aire no me roce
sino tu aliento, del que vivo y muero.
Bajo el cielo impalpable
hecho de luz y espera,
abrázame, amor mío, con tus alas.
Abrázame sobre la corrompida
ciudad sagrada de los hombres.
 

Mientras yo te besaba… 

Mientras yo te besaba
te dormiste en mis brazos.
No lo olvidaré nunca.
Asomaban tus dientes
entre los labios: 
fríos, distantes, otros.
Ya te habías ido.
Debajo de mi cuerpo seguía el tuyo,
y tu boca debajo de mi boca.
Pero tu navegabas
por mares silenciosos en los que yo no estaba.
Inmóvil y en silencio
nadabas alejándote
acaso para siempre….
Te abandoné en la orilla de tu sueños.
Con mi carne aún caliente
volví a mi sitio:
también yo mío ya, distante, otro.
Recuperé el disfraz sobre la arena.
“Adiós”, te dije,
y entré en mi propio sueño,
mi propio sueño,
en el que tú no habitas.
 

No por amor, no por tristeza…

No por amor, no por tristeza,
no por lo nueva soledad:
porque he olvidado ya tus ojos
hoy tengo ganas de llorar.
Se va la vida deshaciendo
y renaciendo sin cesar:
la ola del mar que nos salpica
no sabemos si viene o va.
La mañana teje su manto
que la noche destejerá.
Al corazón nunca le importa
quién se fue sino quién vendrá.
Tú eres mi vida y yo sabía
que eras mi vida de verdad,
pero te fuiste y estoy vivo
y todo empieza una vez más.
Cuando llegaste estaba escrito
entre tus ojos el final.
Hoy he olvidado ya tus ojos
y tengo ganas de llorar.

 

Por saber tuyo el vaso en que bebías…

Por saber tuyo el vaso en que bebías,
una tarde de junio lo rompiste.
Bebió la tierra el agua, limpia y triste,
y ahora tienes la sed que no tenías.
Quizá otra vez vendrán tus buenos días
y bebas sin mirar, como bebiste.
O quizá el vaso en el que te ofreciste
otras manos lo quiebren, no las mías.
Igual que el que de noche se despierta
y busca cerca el agua preparada,
te buscó a ti mi voz y no escuchaste.
Pon a tu corazón desde hoy alerta:
no nieguen a tu sed enamorada
el mismo sorbo aquel que derramaste.
  

Por mi cuello tu mes de abril resbala…

Por mi cuello tu mes de abril resbala
y su música templa mi recelo.
De tu mano pasea amigo el cielo
y en mis hombros sus cármenes instala.
Tu alegría desata tu rehala
de palomas y arcángeles en celo,
y ante la nueva aurora me desvelo,
entre un batir ardiente, de ala en ala.
Plata y verde le impones tu divisa,
al tiempo hostil, a la extenuada espera,
al mundo recobrado ya con prisa.
La portentosa gracia quién tuviera,
de perpetuar el don de tu sonrisa,
que me convierte octubre en primavera.
 

Quién pudiera morderte lentamente…

Quién pudiera morderte lentamente
como a una fruta amarga en la corteza.
Quién pudiera dormir en tu aspereza
como el día en la sierra del poniente.
Quién pudiera rendir la hastiada frente
contra el duro confín de tu belleza,
y arrostrar sonriendo la tristeza,
rota la paz y el paso indiferente.
Quién pudiera, mi amor, la alborotada
resistencia del alma distraída
conducir a tu parva apaciguada.
Quién pudiera ostentar, como una brida,
el arco iris sin par de tu mirada
desde tu luz a mi negror caída.
  

Quizá el amor es simplemente esto…

Quizá el amor es simplemente esto: 
entregar una mano a otras dos manos, 
olfatear una dorada nuca
y sentir que otro cuerpo nos responde en silencio.

El grito y el dolor se pierden, dejan
sólo las huellas de sus negros rebaños,
y nada más nos queda este presente eterno
de renovarse entre unos brazos

Maquina la frente tortuosos caminos
y el corazón con frecuencia se confunde,
mientras las manos, en su sencillo oficio,
torpes y humildes siempre aciertan.

En medio de la noche alza su queja
el desamado, y a las estrellas mezcla
en su triste destino.
Cuando exhausto baja los ojos, ve otros ojos
que infantiles se miran en los suyos.

Quizá el amor sea simplemente eso:
el gesto de acercarse y olvidarse.
Cada uno permanece siendo él mismo,
pero hay dos cuerpos que se funden.

Qué locura querer forzar un pecho
o una boca sellada.
Cerca del ofuscado, su caricia otro pecho exige,
otros labios, su beso,
su natural deleite otra criatura.

De madrugada, junto al frío,
el insomne contempla sus inusadas manos:
piensa orgulloso que todo allí termina;
por sus sienes las lágrimas resbalan…
Y sin embargo, el amor quizá sea sólo esto:
olvidarse del llanto, dar de beber con gozo
a la boca que nos da, gozosa, su agua;
resignarse a la paz inocente del tigre;
dormirse junto a un cuerpo que se duerme.
 

Si todo acabó ya, si había sonado…

Si todo acabó ya, si había sonado
la queda y su reposo indiferente,
¿qué hogueras se conjuran de repente
para encenderme el pozo del pasado?

¿Qué es esta joven sed? ¿Qué extraviado
furor de savia crece en la simiente?
Si enmudecí definitivamente,
¿para quién canta un nido en mi costado?

¿Por qué cruzas, abril, mis arenales
talándome el recuerdo y su enramada,
aromando rosales sin renuevo?

¿Qué esperanza me colina los panales?
¿Qué me das a beber de madrugada,
destructor de promesas, amor nuevo?

Si ya no vienes, ¿para qué te aguardo…

Si ya no vienes, ¿para qué te aguardo?
Y si te aguardo, di por qué no vienes,
verde y lozana zarza que mantienes
sin consumirte el fuego donde ardo.
Cuánto tardas, amor, y cuánto tardo
en rescindir los extinguidos bienes.
Ya quién me salve no lo sé, ni quienes
clavan el alma dardo sobre dardo.
A la mañana, que se vuelve oscura,
sigue la noche, que se vuelve clara
a solas con tu sed, que hiere y cura.
No quisiera pensar si no pensara
que, privado que fui de tu hermosura,
me olvidara de mí si te olvidara.

Tengo la boca amarga y no he mordido…

Tengo la boca amarga y no he mordido;
el alma, atroz, y la canción, tronchada.
No sé qué fuerza traigo en la mirada,
ni qué traigo en mi cuello, de vencido.
No sé ni cómo ni por qué he venido.
Esto es todo: llegué; no sé más nada.
No me importa el quehacer ni la jornada,
y me da igual herir que ser herido.
La sangre, a punto, se impacienta y arde
por inundar la alcoba a la que vine,
donde fui tan feliz que fui cobarde.
Sólo pido al amor que no se obstine.
Me sentiré a su orilla cualquier tarde
para que alguien, de paso, me termine.

Tu amor, ayer tan firme, es tan ajeno…

Tu amor, ayer tan firme, es tan ajeno,
tan ajenas tu boca y tu cintura,
que me parece poca la amargura
de que hoy mi alrededor contemplo lleno.
El mal que hiciste lo tomé por bueno;
por agasajo tu desgarradura:
ni yo abro el pecho a herida que no dura
ni con vinos de olvido me sereno.
Mi corazón te tiene tan presente
que a veces, porque vive, desconfío
que sienta el desamor como lo siente.
Yo he ganado en el lance del desvío:
de nuestra triste historia únicamente
el arma es tuya; todo el dolor, mío.

Tú me abandonarás en primavera…

Tú me abandonarás en primavera,
cuando sangre la dicha en los granados
y el secadero, de ojos asombrados,
presienta la cosecha venidera.

Creerá el olivo de la carretera
ya en su rama los frutos verdeados.
Verterá por maizales y sembrados
el milagro su alegre revolera.

Tú me abandonarás. Y tan labriega
clareará la tarde en el ejido,
que pensaré: Es el día lo que llega.

Tú me abandonarás sin hacer ruido,
mientras mi corazón salpica y juega
sin darse cuenta de que ya te has ido.
 

Viene y se va, caliente de oleaje…

Viene y se va, caliente de oleaje,
arrastrando su gracia por mi arena.
Viene y se va, dejándome la pena
que, por no venir solo, aquí me traje.
Viene y se va. Para tan breve viaje
talé el jazmín, segué la yerbabuena.
Ya no sé si me salva o me condena:
sé que se va y se lleva mi paisaje.
Sé que se va y me quedo frente al muro
de la lamentación y del olvido,
oscuro el sol y el corazón oscuro.
Viene y se va. Yo nunca lo despido.
Al oído del alma le murmuro:
-“Gracias, bien mío, por haber venido”.-


 

 Y la luna eras tú…

                                                                               San Juan de Puerto Rico
Y la luna eras tú.
Una luna creciente, blanca, fría.
Mirabas hacia el mar y hacia las cosas
que no eran yo.
Y con cuánto silencio te gritaba
-creciente, blanco, frío yo también-:
«Mírame, mírame,
ay, mírame mirarte…»
 
 

Ya nunca más diré: «Todo termina…

Ya nunca más diré: «Todo termina»,
sino: «Sonríe, alma, y comencemos.»
En nuevas manos pongo nuevos remos
y nuevas torres se alzan de la ruina.

Otra alegre mañana determina
el corazón del mundo y sus extremos.
Juntos, alma, tú y yo inauguraremos
este otro amor y su preciosa espina.

Para mirar mi muerte atrás miraba
y encontré renaciente la llanura
y sellada la boca de mi herida.

Ni el nombre sé yo ya de quien amaba,
desmemoriado y terco en la aventura
de que quien me mató me dé la vida.

Es hora ya de levantar el vuelo

Es hora ya de levantar el vuelo,
corazón, dócil ave migratoria.
Se ha terminado tu presente historia,
y otra escribe sus trazos por el cielo.
No hay tiempo de sentir el desconsuelo;
sigue la vida, urgente y transitoria.
Muda la meta de tu trayectoria,
y rasga del mañana el hondo velo.
Si el sentimiento, más desobediente,
se niega al natural imperativo,
álzate tú, versátil y valiente.
Tu oficio es cotidiano y decisivo:
mientras alumbre el sol, serás ardiente;
mientras dure la vida, estarás vivo.

PRÓXIMO PROGRAMA JUEVES A LAS 22 HS (HORA ESPAÑOLA)

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