26. Poesía más Poesía: Thomas S. Eliot y Ruy Henríquez

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BIOGRAFÍA DE THOMAS S. ELIOT

La primera mitad del siglo XX, conoció tres guerras como nunca antes había vivido el hombre, la llamada Gran Guerra, La Guerra Civil Española y la II Guerra Mundial, pero los cincuenta años precedentes había producido en los europeos, una alucinante euforia acerca del futuro.

Desde la Guerra Franco-Prusiana de 1870, la vieja Europa no había teñido citaciones sociales de gran importancia y las conflagraciones se creían confinadas a las zonas marginadas, Asia, África o América Latina. A Thomas S. Eliot, le tocó ser testigo del fin de una época, donde el hombre de Occidente, hundió su alarma en un mundo sin Dios.

Nació Thomas S. Eliot, en San Luis Missouri, el 26 de septiembre de 1888, su abuelo paterno, que había estudiado Teología en Harvard, escribió varios volúmenes sobre temas didácticos y morales y fue fundador de la Iglesia Unitaria de San Luis y de la Washington University. Su padre estudió en esa universidad y fue presidente de la industria local, su madre escribió Poesía y también, una biografía sobre su suegro.

Una fotografía de TS Eliot y sus primos los Hinkley, tomada por Henry Ware Eliot en 1897.
Eliot en la playa de Eastern Point con sus primas, Eleanor y Barbara Hinkley, 1897.

Dijo de la ciudad que lo vio nacer: “es evidente que San Luis me afectó más profundamente, que cualquier otro entorno. El hecho de haber pasado mi infancia, al lado del gran río, es algo incomunicable para aquellas personas que no lo han experimentado. Me considero afortunado, de haber nacido aquí y no en Boston, Nueva York o Londres”.

T. S. Eliot > Poemas del Alma

De niño padecía una hernia doble abdominal de tipo congénito, que le limitó en ciertas actividades, desarrollando así, su pasión por la literatura. Los libros que formaron parte de su infancia, fueron los Cuentos del salvaje oeste y Thom Sawyer de Mark Twain, un amigo íntimo, que le dedicó un libro de memoria, diría del joven: “a menudo se acurrucaba en el alféizar de la ventana detrás de un enorme libro, refugiándose en la droga de los sueños, contra el dolor de vivir.

Thomas, estudió en San Luis desde 1898 hasta 1905, empezó a escribir poesía a los 14 años, su primer poema publicado apareció como ejercicio escolar y también publicó tres historias breves.

En 1906, ingresa en la universidad donde estudia Griego, Literatura Inglesa, Alemán, Historia Medieval e Historia del Arte.

Publica poesía en la revista de la universidad, interesándose por los poetas simbolistas franceses, con especial influencia de Jules Laforgue.

LA AGENDA DE DIÓGENES: T. S. ELIOT – CON LOS AUDÍFONOS PUESTOS

En 1909, marcha a París donde estudia en profundidad a Dante, John Donne y a otros poetas metafísicos ingleses, después iría a Múnich y a Italia.

En el otoño de 1911, Eliot regresó a Harvard Graduate School y estuvo allí por 3 años, estudiando sánscrito y filosofía hindú. De ese año, data la composición The love song of Prufrock y el inicio de la redacción de su trabajo de grado The experience and the objects of knowledge In the philosophy of Bradley, que concluyó en 1916, pero nunca presentó para la obtención del título de doctor.

Bradley, fue el primer interés filosófico de Eliot y sin duda el pensador que más influiría en su obra. Bradley, usó como tema central de su obra el viejo y nuevo contraste entre la apariencia y la realidad. En Appearance and Reality, la apariencia es sólo apariencia por ser irracional, contradictoria e incomprensible y está basada en las relaciones que son inconcebibles, así lo aparente es una acumulación de impresiones ilógicas y auto contradictorias de tiempo y espacio, cambio y causalidad, donde existe una figura entre el objeto y el sujeto, entre lo mío y aquello.

Bradley, opone a lo aparente un absoluto donde se reconciliarían esas contradicciones absolutas que sólo podemos alcanzar mediante la experiencia inmediata, donde realizamos todos nuestros raciocinios, voluntades y sensaciones, de allí la importancia del fragmento de un texto de Bradley que Eliot cita en las notas The waste land: “mis sensaciones externas, no son menos privadas para mí mismo que mis pensamientos o mis sentimientos, en ambos casos mi experiencia queda dentro de mí, dentro de mi propio círculo centrado al exterior y con todos su elementos por igual, cada esfera es opaca a las demás que la rodean, en resumen, considerado como una existencia que parece en un alma, el mundo entero para cada cual, es particular y privado de esa alma.”

En Harvard es nombrado profesor ayudante de filosofía, conoce a Bertransd Roussel, quien ha acudido como visitante a esa universidad, marcha becado a la Universidad de Marburg en Alemania, pero ante el inicio de la guerra huye del país, trasladándose a Londres, en este año de 1914, en contra de los deseos paternos, decide establecerse definitivamente en Inglaterra.

Pronto conoce a Ezra Pound, quien lo introduce en el mundillo literario Inglés. En esos años trabajará la relación igualmente con Virginia Wolf y su marido, y con el novelista James Joyce a quien confiesa admirar.

Virginia Woolf y TS Eliot en Garsington, tomadas por Lady Ottoline Morrell en junio de 1926.
Eliot con su amiga y editora, Virginia Woolf, en Garsington, junio de 1924.

En 1915 contrae matrimonio con Vivienne Haigh-Wood y luego de haber estudiado por unos meses en Merton College, Vivienne, era según Oswald Siwen, al momento de conocer a Eliot, una joven más simpática, que hermosa, hipersensible y con un sentido del humor que llegaba a veces a la crueldad.

Sus padres pertenecían a la clase media alta en Guardiana, según Adroy llegó virgen al matrimonio y Vivienne, fue una revolución sexual como emocional. Durante un tiempo trabajó enseñando francés, latín, matemáticas, pintura, natación, geografía, historia y baseball.

Luego entraría en la sección de Comercio Exterior en La Louis Bang y en Faber and Faber Editor, de la cual llegará a ser directivo, hablando de su empleo bancario y su experiencia como maestro dijo: “conozco por experiencia, que ese trabajo bancario de 9:30 a 5:30 y una vez cada 4 semanas, el sábado entero, con dos semanas al año de vacaciones, era menos malo, comparado con la enseñanza de la escuela.

Fotografía de TS Eliot fuera de las oficinas de Faber & Gwyer en marzo de 1926.
Eliot frente a las oficinas de Faber & Gwyer, 24 Russell Square, en marzo de 1926.

A pesar de las expectativas de Elliot con su matrimonio, fue el error de su vida, los meses siguientes fueron ella de constantes enfermedades nerviosas, que se prolongarían hasta el final de su vida.

En el año 1917, aparece su primer gran poema, La Canción de amor de J. Alfred Prufrock. La obra, probablemente la más citada de Elliot, evidencia ya la intensa vocación experimental de su autor.

La guerra no solo transformó a los individuos, sino que produjo un nuevo estado. Luego del liberalismo teórico y práctico. El estado guardián se convirtió en el movilizador de hombre y propiedades, en el supremo rector de la vida económica, en el sensor de la expresión y en el manipulador de la conciencia, la libertad individual quedó lesionada.

Mientras los civiles sacrificaban las comodidades, sufriendo privaciones, los soldados padecían temores diurnos y nocturnos, aliviados apenas por la camaradería, pero todos, vivieron bajo la amenaza de una muerte inminente. La propaganda mudó al hombre, la propaganda pasó de la melancólica frase “ama a tu país y defiéndelo” a una temible y realista “odia a tu enemigo y mátalo”.

El viejo orden se fue desmoronando, con una vertiginosa rapidez, el Zar abdica en marzo de 1918, en noviembre los bolcheviques derrotan a Kerenski. Para el otoño, todo había caído en el caos, el armisticio era firmado, imponiendo a Alemania una paz humillante.

En Versalles, en junio de 1919, el mapa de Europa había cambiado drásticamente.

Los próximos poemas de Elliot, serían concebidos entre las noticias de este mundo repulsivo. La matanza sin sentido, ni paralelo, había conmovido a fondo, las creencias del pasado y envejecido a los jóvenes.

En 1920, publicará Poesías, la colección de ensayos críticos El bosque sagrado. En 1922, aparece el poema que le hará mundialmente célebre, La tierra baldía.

La tierra baldía, causó de inmediato una revolución poética, paralela a la importancia a la producida por él su realismo, dividido en 5 partes y 433 versos, fue originalmente el doble de extenso. Ezra Pound, lo redujo a su dimensión actual, a él está dedicado.

Fue publicado sin notas, poco antes de Eliot cumplir los 35 años. Cuando iba a ser publicado el libro, se le pidió, que agregara una nota explicativa, lo cual hizo, lamentando luego, que las alcanzaran entre académicos, más prestigio que el propio texto.

Lo cierto es que poco ayudan para sentir el poema, y en algunos momentos, desconciertan al lector. De poco nos sirve saber, a quién había saqueado Eliot o de donde proceden las citas, alusiones o imitaciones de 36 autores y más de 4 lenguas que le fueron incorporadas.

Sustituyendo el modo narrativo por un procedimiento cinematográfico, Eliot hizo en La tierra baldía, una síntesis del helado mundo contemporáneo, una visión de Europa y en particular de Londres, el punto culminante de su visión infernal.

El matrimonio de Eliot y Vivienne, continuaba entrando en un túnel sin salida. Beltrán Razel, que les conocía desde antes del matrimonio, dedica algunos fragmentos a la pareja de su autobiografía, esperaba que ya fuese terrible, desde su misteriosidad, pero no estuvo tan mal, es frívola, un poco ordinaria, atrevida, llena de vida, una artista, creo que dijo él, pero había pensado en ella como una actriz, él es exquisito y apático, ella dice que se casó con él, para estimularle, pero no cree poder lograrlo.

Obviamente, él se casó para ser estimulado, creo que ella se aburrirá de él pronto, es divertido cómo he llegado a quererle como si fuera un hijo, se ha convertido en mucho más hombre, tiene una profunda y desinteresada devoción por su mujer y ella está realmente enamorada de él pero tiene impulsos de crueldad hacia él, de tiempo en tiempo, es un tipo de crueldad dostoievskiana de esas que no aparecen todos los días, ella es una persona que vive en el filo de un cuchillo y terminará como una como una santa o como una criminal, no sé en cual todavía es capaz de ambos.

Entre 1922 y 1943, Eliot publicó numerosos ensayos varías comedias y tres de sus más notables poemas, Los hombres huecos en 1925, Miércoles de ceniza en 1930, y Los cuatro cuartetos.

En los hombres huecos, donde describe la vacuidad de la vida moderna, los hombres van al amor o a la fe sin resolver nada, viven en una pasiva resignación, son los muertos vivos.

Esa vacuidad en la vida, la veía representada Eliot, en la idea expuesta en algunos de los libros de sus contemporáneos como Wells y Razel, volúmenes que representan a su mente aquella parte del presente que está ya muerta, pero también consideraba hombres huecos a los políticos con sus medidas o a la búsqueda de bienestar o la paz y que conducían inexorablemente al fracaso.

Miércoles de ceniza en 1930, el proceso de conversión religiosa de Eliot, se completa y evidencia. De nuevo, el hombre aparece sumergido en una desesperación, causada por la lucha entre la carne y el espíritu.

En 1942, aparecerá el libro que él mismo y así como gran parte de la crítica considera, su obra maestra Los cuatro cuartetos donde los muertos hablan a los vivos, aparecieron en libros a mitad de la Segunda Guerra Mundial.

Algunos de los cuartetos, se convirtieron en un alivio, en medio de la masacre y la propaganda de guerra.

Durante este largo período editó El Critérium, revista literaria y vivió angustiosos problemas económicos y conflictos emocionales.

Se sabe que vários de seus amigos, Ezra Pound entre ellos, crearon un fondo para recabar dinero y ayudar financieramente al poeta, pagando algunas de las cuentas para cuidar su salud, agobiada por el estéril trabajo en Joys Bank y los conflictos con su primera esposa.

En 1927, Eliot da a su vida un giro muy llamativo, adoptando la nacionalidad británica y convirtiéndose al anglicanismo. En una frase de un prólogo a una pequeña colección de ensayos, decía: “Yo que era clásico en literatura, monárquico en política y anglocatólico en religión” -comentó más tarde- “debí prever que frase tan propicia para ser citada iba a perseguirme para toda la vida.”

Ya separado de su mujer e integrado en la iglesia anglicana, se trasladó a vivir en una residencia para clérigos de los hombres en Londres,en Gloucester Road, donde rezaba cada madrugada, antes de iniciar su jornada de trabajo en Faber and Faber.

Según Frank Morley, no volvió a usar su abrigo negro, su rostro habitualmente pálido por el exceso de trabajo, podía verse ahora, sobre un oscuro traje de calle, pero sin abandonar la cautela del banquero.

Uno de sus apodos, era elefante, porque nunca olvidaba. No era capaz de luchar por alguien, a quien otro editor publicaría, pero podía luchar por alguien a quien ningún otro pondría atención.

Y allí vivió, hasta que su amigo el erudito Joe Hardward, confinado en una silla de ruedas, le invitó a compartir su vivienda, que Eliot no abandonó hasta que se casó con Valerie Fletcher en 1957.

Hasta los años 50, irán apareciendo diversas piezas teatrales de contenido principalmente moralista o religioso, Asesinato en la catedral, Reunión familia, El cóctel.

El poeta T. S. Eliot y su segunda esposa Valerie, en su casa en 1958.
El poeta T. S. Eliot y su segunda esposa Valerie, en su casa en 1958.

Eliot, también destacó como ensayista de con distintas obras de crítica literaria y tema social, El arte de la poesía y El arte de la crítica, Criticar al crítico, Notas para una definición de la cultura.

El máximo reconocimiento, le llega con la confesión del Premio Nobel de Literatura y La Orden del Mérito del Reino Unido, ambos en 1948.

TS Eliot - Poesía y obras de teatro posteriores

En Las tres voces de la poesía, de un libro de 1959 sobre la poesía y los poetas, Eliot sostiene que el poema en primera persona del singular, corresponde a la voz del poeta que habla consigo o con nadie.

Al referirse al proceso de la creación sugiere que al poeta, sólo parece interesarle expresar con oscuro impulso, su historia, sus connotaciones, su música, está oprimido por una carga que debe dar a luz para ser aliviado, está obsesionado, por un demonio contra el cual se siente impotente porque sus primeras manifestaciones, no tiene rostro, ni nombre, ni nada y las palabras, el poema que compone, son una especie de exorcismo contra el demonio.

Una fotografía de TS Eliot y su segunda esposa, Valerie, tomada en 1964, de vacaciones en Nassau.
De vacaciones en Nassau, 1964.

Fallece en Londres, el 4 de enero de 1965 de enfisema pulmonar, generado parece ser, por su severo tabaquismo y por la continua exposición a la contaminación londinense, muy intensa en aquella época.

Sus restos fueron incinerados y de acuerdo con su deseo, sus cenizas reposan en Its Koker, la villa desde donde sus antepasados partieron rumbo a Estados Unidos y que da título a uno de sus grandes poemas.

Hasta ahora, sólo se ha publicado un volumen de sus cartas correspondiente a los años 1898-1921, en una edición al cuidado de su viuda Valerie Eliot, durante años está ha sido una celosa guardiana de la y otros documentos del autor de Los cuatro cuartetos para exasperación de lo biógrafos y analistas de su obra.

Una de las posibles causas de las reacciones al acceso de los papeles de Eliot, puede ser el miedo a revelaciones, sobre sus pretendidas tendencias homosexuales y opiniones antisemitas.

SELECCIÓN DE POEMAS DE THOMAS S. ELIOT

RECIBIR EL PREMIO NOBEL (extracto)

La poesía, es usualmente considerada la más local de todas las artes, la pintura, la escritura, la artquiterctura, la música, puede disfrutarlas todo aquel, que vea o escuche pero el lenguaje, especialmente el lenguaje de la poesía, es un asunto diferente, podría parecer que la Poesía separa a los pueblos, en lugar de unirlos, por otra parte, debemos recordar que mientras el lenguaje constituye una barrera, la Poesía en sí misma, nos da una razón para tratar de salvarla.

Deleitarse con un poema, derivado de otro idioma es disfrutar, una compresión del pueblo al que pertenece ese idioma, una compresión que no podemos conseguir de otra manera.

Podemos pensar también en la historia de Europa y en la gran influencia que la Poesía de una lengua, puede ejercer sobre otra. Debemos recordar la inmensa deuda de casi todo Poeta grande a escritores de otras lenguas diferente a la suya.

Podemos revelar que la Poesía de cualquier país y cualquier lengua declinaría y prefería, si no fuera alimentada fuera alimentada por la de lengua extranjera.

Cuando un Poeta, habla a su pueblo, las voces de todos los creadores de otras lenguas que han tenido influencia, en él también están hablando y al mismo tiempo él está hablando para los jóvenes poetas de otras lenguas y estos transportaran algo de su visión de la vida y algo del espíritu de su pueblo hacia el de ellos.

En parte, a través de su influencia sobre otros, en parte a través de la traducción, que debe ser también una especie de recreación de su obra por otros poetas.

En parte, a través de los lectores de su lengua, que no son ellos mismos poetas, el Poeta puede contribuir a la compresión entre los pueblos.

En el trabajo de cada Poeta, habrá ciertamente mucho que puede atraer solo a aquellos que viven en la misma región o hablan su misma lengua, pero a pesar de todo, hay un significado para la frase La poesía de Europa, e incluso para la palabra Poesía en todo el mundo.

Pienso que en la poesía, gente de diferentes países y diferentes idiomas, aunque aparentemente, sólo a través de una pequeña minoría en cada país, adquieren una comprensión de los otros, que aunque parcial es todavía esencial.

LA CANCIÓN DE AMOR DE J. ALFRED PRUFROCK

Vamos entonces, tú y yo,
cuando el atardecer se extiende contra el cielo
como un paciente anestesiado sobre una mesa;
vamos, por ciertas calles medio abandonadas,
los mascullantes retiros
de noches inquietas en baratos hoteles de una noche
y restaurantes con serrín y conchas de ostras:
calles que siguen como una aburrida discusión
con intención insidiosa
de llevarnos a una pregunta abrumadora…
Ah, no preguntes “¿Qué es eso?”
Vamos a hacer nuestra visita.

En el cuarto las mujeres van y vienen
hablando de Miguel Ángel.

La niebla amarilla que se restriega el lomo en los cristales de las ventanas,
el humo amarillo que se restriega el hocico en los cristales de las ventanas,
metió la lengua lamiendo los rincones del atardecer,
se demoró en los charcos quietos sobre los sumideros,
dejó que le cayera en el lomo el hollín que cae de las chimeneas,
resbaló por la azotea, dio un brinco repentino,
y, viendo que era una suave noche de octubre,
se enroscó una vez en torno a la casa y se quedó dormido.

Y claro que habrá tiempo
para el humo amarillo que se desliza por la calle
restregándose el lomo contra los cristales de las ventanas;
habrá tiempo, habrá tiempo
de preparar una cara para encontrar las caras que encuentras;
habrá tiempo de asesinar y de crear,
y tiempo para todos los trabajos y los días de las manos
que levantan y dejan caer una pregunta en tu bandeja;
tiempo para ti y tiempo para mí,
y tiempo aún para cien indecisiones,
y para cien visiones y revisiones,
antes de tomar té con tostadas.

En el cuarto las mujeres van y vienen
hablando de Miguel Ángel.

Y claro que habrá tiempo
de preguntarse “¿Me atrevo?”, y “¿Me atrevo?”,
tiempo de volver atrás y bajar la escalera,
con un claro de calvicie en medio de mi pelo
(dirán: “¡Cómo le está clareando el pelo!”),
mi chaquet, mi cuello duro subiendo firmemente hasta la barbilla,
mi corbata rica y modesta, pero afirmada con un sencillo alfiler–
(dirán: “Pero ¡qué delgados tiene los brazos y las piernas!”)

¿Me atrevo
a molestar al universo?
En un minuto hay tiempo
de decisiones y revisiones que un minuto volverá del revés.
Pues les he conocido ya a todos, les conozco a todos–
he conocido los anocheceres, mañanas, tardes,
he medido mi vida con cucharillas de café;
conozco las voces que mueren con una caída agonizante
bajo la música de un cuarto de más allá.
Así ¿cómo podría hacerme ilusiones?

Y he conocido ya los ojos, los conozco todos–
los ojos que te miran fijos en una expresión formulada,
y cuando esté formulado, despatarrado en un alfiler,
cuando esté clavado y retorciéndome en la pared,
¿cómo empezaría entonces
a escupir todas las colillas de mis días y maneras?
Y ¿cómo podría hacerme ilusiones?

Y he conocido ya los brazos, los conozco todos–
brazos con pulseras y blancos y desnudos
(¡pero, a la luz de la lámpara, con vello pardo claro!)
¿Es perfume de un traje de mujer
lo que me hace divagar así?
Brazos que se extienden en una mesa, o que se arropan en un chal.
¿Y cómo hacerme ilusiones entonces?
¿Y cómo iba a empezar?
…………………………………………………………..
¿Diré que he pasado al oscurecer por estrechas calles
observando el humo que se eleva de las pipas
de hombres solitarios en mangas de camisa, asomados a la ventana?

Debería yo haber sido un par de ásperas garras
corriendo por los fondos de mares silenciosos.
…………………………………………………………
¡Y la tarde, el anochecer, duerme tan pacíficamente!
Alisada por largos dedos,
dormida… cansada …o se hace la enferma,
extendida en el suelo, aquí junto a ti y a mí.

Debería yo, después del té con pastas y helados,
tener la energía de forzar el momento hasta su crisis?
Aunque he visto mi cabeza (ya ligeramente calva) presentada en una bandeja,
no soy ningún profeta –y no se trata aquí de nada importante;
he visto chisporrotear apagándose el momento de mi grandeza,
y he visto al eterno Lacayo alargándome mi abrigo y riéndose con disimulo,
y, en resumen, tuve miedo.

Y habría valido la pena, después de todo,
después de las tazas, la mermelada, el té,
entre la porcelana, entre un poco de charla tuya y mía,
habría valido la pena
descabezar de un mordisco el asunto con una sonrisa,
apretar el universo en una bola
echándolo a rodar hacia alguna pregunta abrumadora,
decir: “Soy Lázaro, venido de entre los muertos,
vuelto para decíroslo todo, os lo diré todo” –,
si alguna, poniéndose una almohada junto a la cabeza,
dijera: “No es eso lo que yo quería decir en absoluto.
No es eso, de ningún modo”.

Y habría valido la pena, después de todo,
habría valido la pena,
después de las puestas de sol y los jardincillos delante de casa, y las calles regadas,
después de las novelas, después de las tazas de té, después de las faldas que se arrastran por los suelos,
y esto, ¿y tanto más?
¡Es imposible decir precisamente lo que quiero decir!
Pero si una linterna mágica proyectara los nervios como estructuras en una pantalla:
habría valido la pena
de que alguna, acomodándose una almohada o tirando a un lado un chal,
y volviéndose a la ventana, dijera:
“Eso no es en absoluto,
eso no es lo que yo quería decir en absoluto.”
………………………………………………………..

¡No! No soy el príncipe Hamlet, ni tenía por qué serlo;
soy un noble del séquito, uno que sirve
para hacer bulto en una comitiva, empezar alguna que otra escena,
aconsejar al príncipe: sin duda, un fácil instrumento,
respetuoso, contento de ser útil,
político, cauto y meticuloso;
lleno de elevado fraseo, pero un poco obtuso;
a veces, incluso, casi ridículo–
a veces, casi, un Bufón.

Envejezco… envejezco…
Tengo que llevar vueltas en los bajos de los pantalones.

¿Me saco raya en el pelo por detrás? ¿Me atrevo a comerme un melocotón?

Me pondré pantalones blancos de franela, y pasearé por la playa.
He oído a las sirenas cantándose unas a otras.
No creo que me canten a mí.
Las he visto cabalgar en las olas mar adentro
peinando el blanco pelo de las olas echando atrás
cuando el viento sopla el agua hasta ponerla blanca y negra.

Nos hemos demorado en las cámaras del mar
junto a ondinas enguirnaldadas de algas, en rojo y pardo,
hasta que nos despierten voces humanas y nos ahoguemos.

EL ENTIERRO DE LOS MUERTOS
[Traducción: Griselda García]

Abril es el mes más cruel, engendra
lilas de la tierra muerta, mezcla
memoria y deseo, despierta
raíces dormidas la lluvia de primavera.
El invierno nos mantuvo abrigados, cubriendo
la tierra con nieve descuidada, alimentando
una vida pequeña con tubérculos secos.
El verano nos sorprendió, llegando al Starnbergersee
con un chubasco, nos detuvimos en la columnata
y seguimos bajo el sol, hasta el Hofgarten,
y tomamos café y charlamos durante una hora.
Bin gar keine Russin, stamm’ aus Litauen, echt deutsch.
Y cuando éramos niños y nos quedábamos en lo de mi primo
el archiduque, él me llevó en trineo
y tuve miedo. Me dijo: Marie,
Marie, agárrate fuerte. Y allá fuimos.
En las montañas uno se siente libre.
Leo, casi toda la noche, y en invierno me voy al sur.

¿Qué son esas raíces que se aferran, qué ramas crecen
en esta basura rocosa? Hijo del hombre,
no lo puedes decir, ni adivinar, porque solo conoces
un montón de imágenes rotas, donde golpea el sol
y el árbol muerto no da refugio, ni el grillo alivio,
ni la piedra seca suena a agua. Solo
hay sombra bajo esta roca roja,
(ven bajo la sombra de esta roca roja),
y te mostraré algo diferente, tanto
de tu sombra en la mañana a zancadas detrás de ti
como de tu sombra a la tarde subiendo a tu encuentro;
te mostraré el miedo en un puñado de polvo.

Frisch weht der Wind
der Heimat zu
mein Irisch Kind,
wo weilest du?

“Me diste jacintos por primera vez hace un año,
me llamaron la chica de los jacintos.”
—Pero cuando regresamos, tarde, del jardín de los Jacintos,
tus brazos cargados y tu pelo húmedo, no pude
hablar y me falló la vista, no estaba
ni vivo ni muerto y no sabía nada
al mirar en el corazón de la luz, el silencio.
Oed’ und leer das Meer.

Madame Sosostris, famosa vidente,
tenía un fuerte resfrío, sin embargo,
se la conoce como la mujer más sabia de Europa,
con su perverso mazo de cartas. Aquí, dijo ella,
está su carta, el Marinero Fenicio ahogado,
(estas perlas fueron sus ojos. ¡Mire!),
aquí está Belladonna, la Dama de las Rocas,
la dama de las situaciones.
Aquí está el hombre con tres bastos, y aquí la Rueda,
y aquí está el mercader tuerto, y esta carta
en blanco es algo que él carga sobre su espalda,
que me está prohibido ver. No encuentro
al Ahorcado. Tema la muerte por agua.
Veo multitudes que caminan en círculo.
Gracias. Si ve a la querida señora Equitone,
dígale que le llevaré el horóscopo yo misma:
en estos tiempos hay que tener mucho cuidado.

Ciudad Irreal,
bajo la niebla sucia de un amanecer invernal,
una multitud fluía sobre el Puente de Londres, tantos,
no creí que la muerte hubiera deshecho a tantos.
Se exhalaban suspiros, cortos y espaciados,
y cada hombre fijaba los ojos ante sus pies.
Fluían cuesta arriba, y bajaban por la calle King William,
hacia donde Santa María Woolnoth daba la hora,
con un sonido seco al final de la novena campanada.
Ahí vi a un conocido y lo detuve, le grité: “¡Stetson!,
¡Tú, que estuviste conmigo en los barcos en Mylae!
Ese cadáver que plantaste el año pasado en tu jardín,
¿ha empezado a brotar? ¿Florecerá este año?
¿O la escarcha sorpresiva ha estropeado su lecho?
“Oh, ¡mantén lejos al Perro, que es amigo del hombre,
o volverá a desenterrarlo con las uñas!

¡Tú!, hypocrite lecteur! — mon semblable — mon frère!”

LO QUE DIJO EL TRUENO

Tras la roja luz de antorchas en rostros sudorosos
Tras el silencio helado en los jardines
Tras la agonía en lugares pedregosos
La gritería y el lloro
Prisión y palacio y reverberación
Del trueno de primavera sobre distantes montañas
El que antes vivía ahora está muerto
Los que estábamos vivos nos estamos muriendo
Con un poco de paciencia

Aquí no hay agua sólo roca
Roca y no agua y el camino arenoso
Que sube las montañas serpenteando
Las montañas de roca sin agua
Si hubiese agua nos detendríamos a beber
No puede uno pararse o pensar entre la roca
El sudor está seco y los pies sobre la arena
Si tan sólo hubiese agua entre la roca
Montaña muerta boca de dientes cariosos que no
puede escupir
Aquí no puede uno acostarse ni sentarse o
estar de pie
Ni siquiera hay silencio en las montañas
Sino el trueno sin lluvia estéril y seco
Ni siquiera hay soledad en las montañas
Sino hostiles rostros rojos con muecas de desprecio
A las puertas de casas con muros agrietados
Si hubiese agua
Y no roca
Si hubiese roca
Y también agua
Y agua
Un manantial
Un charco entre la roca
Si tan sólo hubiese sonido de agua
No la cigarra
Ni el canto de la yerba seca
Sino sonido de agua sobre roca
Donde el tordo eremita canta entre los pinos
Drip drop drip drop drop drop drop
Pero no hay agua
¿Quién es el tercero que siempre camina a tu lado?
Cuento: sólo somos tú y yo
Mas cuando miro adelante en el blanco camino
Siempre hay otro que camina a tu lado
Deslizándose envuelto en una parda caperuza
No sé si es hombre o mujer
—Pero ¿quién es ese que va del otro lado?
Qué sonido es ese en lo alto del aire
Susurro de lamento maternal
Qué encapuchadas hordas pululan
En llanuras sin fin, trepando en las grietas
Circundadas tan sólo por el plano horizonte 370
Qué ciudad es esa en las montañas
Crujidos y reformas y estallidos en el aire violeta
Torres que caen
Jerusalén Atenas Alejandría
Viena Londres
Irreal

Una mujer tensó su larga y negra cabellera
Y en esas cuerdas tocó un susurro musical
Y murciélagos con caras de bebé en la luz violeta
Silbaron, y batieron sus alas
Y cabeza abajo se escurrieron por un muro
ennegrecido
En el aire había torres invertidas
Cuyas campanas, guardianas de las horas, tañían
reminiscentes
Y voces que cantaban en cisternas vacías y pozos
agotados
En esta podrida cavidad de las montañas
La yerba canta bajo el lánguido brillo de la luna
Sobre las tumbas destruidas, en torno a la capilla.
Allí está la capilla vacía, solitario hogar del viento.
No tiene ventanas, y la puerta se mece.
Los huesos secos no dañan a nadie.
En lo alto del tejado sólo un gallo
Quiquiriquí quiquiriquí
A la luz del relámpago. La brisa entonces anunció
La lluvia.
Ganga estaba hundido, y las débiles hojas
Aguardaban la lluvia, mientras las negras nubes
Se reunían a lo lejos, sobre Himavant.
La jungla se agachó, encorvada en silencio.
Entonces habló el trueno
DA
Datta: ¿qué hemos dado?
Amigo, la sangre sacude mi corazón
El atroz pensamiento de rendirse un momento
Lo que una edad de prudencia nunca puede
retractar
Por esto y sólo esto hemos existido
Por lo que no se hallará en nuestros obituarios
Ni en memorias urdidas por la araña bienhechora
Ni bajo sellos rotos por el magro procurador
En nuestras alcobas vacías.
DA
Dayadhvam: He oído la llave
Girar en la puerta una vez y girar una vez sola
Pensamos en la llave, cada quien en su prisión
Pensando en la llave, cada quien confirma una
prisión
Sólo al anochecer, etéreos rumores
Reviven por un instante un Coriolano roto
DA
Damyata: El barco respondió
Alegremente a la mano experta en vela y remo
El mar estaba quieto, tu corazón habría
respondido
Alegre, palpitando obediente, a la invitación
De manos diestras
Yo me senté en la orilla
A pescar, con la árida llanura a mis espaldas
¿Ordenaré finalmente mis asuntos?
El Puente de Londres se está cayendo cayendo
cayendo
Poi s‛ascose nel foco che gli afina
Quando fiam uti chelidon-Oh golondrina golondrina
Le Prince d‛Aquitaine à la tour abolie
Contra mis ruinas he apuntalado estos
fragmentos
Why then Ilie fit you. Hieronymo‛s mad againe.
Datta. Dayadhvam. Damyata.
Shantih Shantih Shantih

LOS HOMBRES HUECOS

Un penique para el viejo Guy

I

Somos los hombres huecos
somos los hombres rellenos
apoyados uno en otro
la mollera llena de paja. ¡Ay!
Nuestras voces resecas, cuando
susurramos juntos
son tranquilas y sin significado
como viento en hierba seca
o patas de ratas sobre cristal roto
en la bodega seca de nuestras provisiones

Figura sin forma, sombra sin color,
fuerza paralizada, gesto sin movimiento;

los que han cruzado
con los ojos derechos, al otro Reino de la muerte
nos recuerdan —si es que nos recuerdan— no como
perdidas almas violentas, sino sólo
como los hombres huecos
los hombres rellenados.

II

Ojos que no me atrevo a encontrar en sueños
en el reino de sueño de la muerte
esos ojos no aparecen:
ahí, los ojos son
luz del sol en la columna rota
ahí, hay un árbol meciéndose
y las voces son
en el canto del viento
más lejanas y más solemnes
que una estrella que se apaga.

No me acerque yo más
en el reino de sueño de la muerte
revístame yo también
de tan deliberados disfraces
pelaje de rata, piel de cuervo, palos cruzados
en un campo
comportándome igual que el viento
sin acercarme más…

No ese encuentro final
en el reino crepuscular.

III

Esta es la tierra muerta
esta es tierra de cactus
aquí se elevan las imágenes
de piedra, aquí reciben
la súplica de la mano de un muerto
bajo el titilar de una estrella que se apaga.

Así es
en el otro reino de la muerte
despertar solo
a la hora en que
temblamos de ternura
labios que querrían besar
forman oraciones a piedra rota.

IV

Los ojos no están aquí
no hay ojos aquí
en este valle de estrellas que mueren
en este valle hueco
la quijada rota de nuestros reinos perdidos

en éste, el último de los lugares de encuentro
vamos a tientas juntos
y evitamos hablar
reunidos en esta playa del río hinchado

sin vista, a no ser que
reaparezcan los ojos
como la estrella perpetua
rosa multifoliada
del crepuscular reino de la muerte
la esperanza solamente
de hombres vacíos.

V

Al corro del higo chumbo
al higo chumbo higo chumbo
al corro del higo chumbo
a las cinco de la mañana.

Entre la idea
y la realidad
entre el movimiento
y el acto
cae la Sombra

porque Tuyo es el Reino

Entre la concepción
y la creación
entre la emoción
y la respuesta
cae la Sombra

la Vida es muy larga

Entre el deseo
y el espasmo
entre la potencia
y la existencia
entre la esencia
y el descenso
cae la Sombra

pues Tuyo es el Reino

pues Tuyo es
la Vida es
pues Tuyo es el

Así es como acaba el mundo
Así es como acaba el mundo
Así es como acaba el mundo
No con un estallido sino con un quejido.

1925

MIÉRCOLES DE CENIZA

I
Porque no tengo esperanza de volver otra vez
Porque no tengo esperanza
Porque no tengo esperanza de volver
deseando el don de este hombre y la capacidad de aquel hombre
ya no me esfuerzo por esforzarme hacia tales cosas
(¿por qué habría de extender sus alas el águila envejecida?)
¿Por qué habría yo de lamentar
el desvanecido poder del reino acostumbrado?

Porque no tengo esperanza de conocer otra vez
la gloria inválida de la hora positiva
porque no pienso
porque sé que no conoceré
el único verdadero poder transitorio
porque no puedo beber
ahí donde florecen árboles y brotan fuentes, pues ahí no hay nada otra vez.

Porque sé que el tiempo es siempre tiempo
y el lugar es siempre y sólo lugar
y lo que es efectivo es sólo efectivo por una vez
y sólo para un lugar
me alegro de que las cosas sean como son y
renuncio al rostro bienaventurado
y renuncio a la voz
porque no puedo tener esperanza de volver otra vez
por consiguiente me alegro, teniendo que construir algo de que alegrarme
y ruego a Dios que tenga misericordia de nosotros
y ruego que pueda olvidar yo
esos asuntos que discuto demasiado conmigo mismo
explico demasiado
porque no tengo esperanza de volver otra vez
que respondan estas palabras
por lo que se ha hecho, para que no se vuelva a hacer
ojalá el juicio sobre nosotros no sea demasiado gravoso

Porque estas alas ya no son alas para volar
sino simples aspas para batir el aire
el aire que ahora está completamente tenue y seco
más tenue y más seco que la voluntad
enséñanos a estar sentados tranquilos.

Ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte.
Ruega por nosotros ahora y en la hora de nuestra muerte.

II
Señora, tres leopardos blancos estaban sentados al pie de un junípero
a la fresca del día, habiéndose nutrido hasta la saciedad
de mis piernas mi corazón mi hígado y lo que se
contenía
en la hueca redondez de mi cráneo. Y Dios dijo
¿Han de vivir esos huesos? ¿han de vivir
esos huesos? Y lo que estaba contenido
en los huesos (que ya estaban secos) dijo
gorjeando:
Por la bondad de esa Señora
y por su amabilidad, y porque
honra a la Virgen en meditación,
brillamos de claridad. Y yo estoy aquí desmembrado
ofrezco mis acciones al olvido, y mi amor
a la posteridad del desierto y al fruto de la calabaza.
Es eso lo que recobra
mis tripas las cuerdas de mis ojos y las porciones indigeribles
que rechazaban los leopardos. La Señora se ha
retirado
con una túnica blanca, a la contemplación, con una
túnica blanca.
Que la blancura de los huesos ofrezca expiación para el olvido.
No hay vida en ellos. Como estoy olvidado
y querría estar olvidado, así querría olvidar
así, devoto, concentrado en propósito. Y Dios dijo
Profetiza al viento, al viento sólo pues sólo
El viento escucha. Y los huesos cantaron gorjeando
con el estribillo de la cigarra, diciendo

Señora de los silencios
tranquila y agitada
desgarrada y enterísima
rosa de la memoria
rosa del olvido
agotada y dadora de vida
acongojada y llena de reposo
la Rosa única
es ahora el Jardín
donde acaban todos los amores
terminan el tormento
del amor insatisfecho
el mayor tormento
del amor satisfecho
fin del viaje
sin fin hacia ningún fin
conclusión de todo lo que
es inconcluible
lenguaje sin palabras y
palabra de ningún lenguaje
gracia a la Madre
por el Jardín
donde acaba todo amor.

Bajo un junípero cantaban los huesos, dispersos y brillantes.
Nos alegra estar dispersos, nos servimos de poco unos a otros,
bajo un árbol a la fresca del día, con el consuelo de la arena,
olvidándose de ellos mismos y el uno del otro,
unidos en la calma del desierto. Esta es la
tierra que os
repartiréis echando a suertes. Y ni división ni unidad
importan. Esta es la tierra. Tenemos nuestra herencia.

III
En la primera revuelta de la segunda escalera
me volví y vi abajo
la misma forma retorcida en la baranda
bajo el vapor en el aire fétido
luchando con el demonio de las escaleras que
reviste
la cara engañosa de esperanza y de desesperación.

En la segunda revuelta de la segunda escalera
les dejé retorciéndose, volviendo abajo:
ya no había más caras y la escalera estaba oscura,
húmeda, mellada, como la boca de un viejo babeando, ya sin arreglo,
o el dentado gaznate de un tiburón envejecido.

En la primera vuelta de la tercera escalera
había una ventana estriada con panza como de higo
y más allá del espino en flor y una escena pastoril
la figura de anchas espaldas vestida de azul y verde
hechizaba el mayo con una antigua flauta.
Dulce es el pelo al viento, pelo pardo al viento
Sobre la boca,
lila y pelo pardo;
distracción, música de la flauta, descansillos y escalones
de la mente en la tercera escalera,
desvaneciéndose, desvaneciéndose: fuerza más allá de esperanza y desesperación
trepando la tercera escalera.

Señor, no soy digno
Señor, no soy digno pero di sólo la palabra.

IV
Quién andaba entre lo violeta y lo violeta
quién andaba entre
las diversas filas de variado verde
yendo de blanco y azul, el color de María,
hablando de cosas triviales
en ignorancia y en conocimiento del dolor eterno
quién se movía entre los demás mientras caminaban,
quién entonces dio fuerza a las fuentes y refrescólos manantiales

enfrió la rosa seca y afirmó la arena
en azul de espuela-de-caballero, azul de color de María, sovegna vos.

Aquí están los años que caminan por en medio, llevándose
allá los violines y las flautas, restaurando
a través de una clara nube de lágrimas, los años,restaurando
con nueva estrofa la antigua rima. Redime
el tiempo. Redime
la visión no leída en el sueño superior
mientras enjoyados unicornios pasan tirando del dorado coche fúnebre.

La silenciosa hermana velada en blanco y azul
entre los tejos, tras el dios del jardín,
con su flauta sin aliento, inclinó la cabeza con una señal pero no dijo palabra.

Pero la fuente se alzó y el pájaro dejó caer su canto
redime el tiempo, redime el sueño
la prenda de la palabra no oída, no dicha

hasta que el viento sacuda mil susurros del tejo
y después de este nuestro destierro.

V
Si la palabra perdida se ha perdido, si la palabra
Gastada se ha gastado,
si la palabra no oída, no dicha
no está dicha ni oída,
sigue siendo la palabra no dicha, la palabra no oída,
la Palabra sin palabra, la Palabra dentro
del mundo y para el mundo;
y la luz brilló en la tiniebla y
contra la Palabra el mundo sin acallar aún daba vueltas
en torno al centro de la Palabra silenciosa.
Oh pueblo mío, qué te he hecho yo.

¿Dónde se encontrará la palabra, dónde resonará
la palabra? No aquí, ahí no hay bastante silencio
no en el mar ni en las islas, no
en tierra firme, en el desierto ni en tierra de lluvia,
para aquellos que caminan en la oscuridad
tanto en el día como en la noche
el tiempo justo y el lugar justo no están aquí
no hay lugar de gracia para los que evitan el rostro
no hay tiempo de alegría para los que caminan entre el ruido y niegan la voz.

¿Rogará la velada hermana por
los que camina en tiniebla, los que te eligieron y se te opusieron,
los desgarrados en el dilema entre estación y estación,
tiempo y tiempo, entre
hora y hora, palabra y palabra, poder y poder, los que esperan
en tiniebla? ¿Rogará la velada hermana
por los niños ante las puertas
que no se quieren marchar y no pueden rezar?
Ruega por los que eligieron y se oponen

Oh pueblo mío, qué te he hecho yo.

¿Rogará la velada hermana entre los esbeltos
tejos por los que la ofenden
y están aterrados y no pueden rendirse
y afirman ante el mundo y niegan entre las rocas
en el último desierto entre las últimas rocas azules
el desierto en el jardín en el desierto
de sequía, escupiendo por la boca la reseca
semilla de manzana?

Oh pueblo mío.

VI
Aunque no tengo esperanza de volver nunca más
aunque no tengo esperanza
aunque no tengo esperanza de volver

oscilando entre el beneficio y la pérdida
en este breve tránsito donde cruzan los sueños
el crepúsculo cruzado de sueños entre nacimiento y agonía
(Me acuso Padre) aunque no deseo desear esas cosas
desde la ancha ventana hacia la orilla de granito
las blancas velas siguen volando al mar, al mar volando
alas sin romper

Y el corazón perdido se pone duro y se alegra
de la lila perdida y las perdidas voces del mar
y el débil espíritu se aviva para rebelarse
por la inclinada vara-de-oro y el perdido olor del mar
se aviva para recobrar
el grito de la codorniz y el chorlito que revolotea
y el ojo ciego crea
las formas vacías entre las puertas de marfil
y el olor renueva el sabor de sal de la tierra arenosa

Este es el tiempo de tensión entre morir y nacer
el lugar de soledad donde cruzan tres sueños
entre rocas azules
pero cuando las voces sacudidas del tejo se van a la deriva
sacúdase al otro tejo y conteste.
Bienaventurada hermana, madre santa, espíritu de la fuente, espíritu del jardín,
no nos consientas que nos burlemos de nosotros mismos con falsedades,
enséñanos a que nos importe y a que no nos importe
incluso entre estas rocas,
nuestra paz en Su voluntad
e incluso entre estas rocas
hermana, madre
y espíritu del río, espíritu del mar,
no me consientas quedar separado

y llegue hasta Ti mi clamor.

Traduction de José maría Valverde

CUATRO CUARTETOS (1935-1942)

Agradezco a mis amigos sus criticas y a John Hayward
en especial los consejos que me permitieron mejorar
algunas frases y la construcción del poema (T.S.E., 1943).

I. Burnt Norton
I
El tiempo presente y el tiempo pasado
Acaso estén presentes en el tiempo futuro
Y tal vez al futuro lo contenga el pasado.
Si todo tiempo es un presente eterno
Todo tiempo es irredimible.
Lo que pudo haber sido es una abstracción
Que sigue siendo perpetua posibilidad
Sólo en un mundo de especulaciones.
Lo que pudo haber sido y lo que ha sido
Tienden a un solo fin, presente siempre.
Eco de pisadas en la memoria,
Van por el corredor que no seguimos
Hacia la puerta que no llegamos nunca a abrir
Y da al jardín de rosas.Así en tu mente
Resuenan mis palabras.
Pero no sé
Con cuál objeto perturbamos el polvo
Que vela el cuenco en donde están los pétalos
De rosa.
Y otros ecos
Habitan el jardín. ¿Vamos tras ellos?
De prisa, dijo el pájaro: encuéntralos, encuéntralos,
Al dar vuelta a la esquina, tras la primera puerta,
En nuestro primer mundo. ¿Vamos en pos
Del engaño del tordo? En nuestro primer mundo.
Allí estaban, solemnes, invisibles;
Se movían sin premura sobre las hojas muertas,
Bajo el calor de otoño, en el aire vibrante.
Y el pájaro silbó en contestación
A la inaudible música oculta entre las plantas
Y el destello de una mirada no vista cruzó el espacio.
Porque las rosas tenían aspecto de flores contempladas.
Eran como nuestros huéspedes, aceptados y aceptantes.
Así pues, avanzamos, y ellos, en procesión formal,
Caminaron también por el desierto sendero
Hasta llegar a la rotonda con el seto de arbustos.
Y miraron entonces el estanque drenado.
Seco el estanque, seco el concreto, pardos los bordes.
Y se llenó el estanque de agua solar,
En silencio, en silencio se alzaron lotos,
La superficie brilló desde el corazón de la luz
Y ellos quedaron tras nosotros reflejándose en el estanque.
Luego pasó una nube y se vació el estanque.
Váyanse, dijo el pájaro, porque las frondas estaban llenas de niños
Que alegremente se ocultaban y contenían la risa.
Váyanse, váyanse, dijo el pájaro: el género humano
No puede soportar tanta realidad.
El tiempo pasado y el tiempo futuro,
Lo que pudo haber sido y lo que ha sido
Tienden a un solo fin, presente siempre.

II
Ajo y zafiros en la greda
Traban el eje de la rueda.
Canta la sangre en su alambrada
Bajo la cicatriz inveterada,
Calma la guerra que ya está olvidada.
Así la danza de la arteria
Y la circulación de la materia
Vagan en la deriva de la estrella.
Sube el verano hasta dejar su huella
En ese árbol que la luz aloja
En la móvil silueta de la hoja.
Y se escucha en la tierra humedecida
Al jabalí y al perro, proseguida
También su eterna lucha; mas sus rastros
Se concilian arriba entre los astros.
En el punto inmóvil del mundo que gira.
Ni carne ni ausencia de carne; ni desde ni hacia;
En el punto inmóvil: allí está la danza,
Y no la detención ni el movimiento.
Y no llamen fijeza
Al sitio donde se unen pasado y futuro.
Ni ida ni vuelta, ni ascenso ni descenso.
De no ser por el punto, el punto inmóvil,
No habría danza, y sólo existe danza.
Sólo puedo decir: allí estuvimos,
No puedo decir dónde; tampoco cuánto tiempo,
Porque sería situarlo en el tiempo.
Librarse interiormente del deseo material,
Descargarse de la acción y el sufrimiento,
De la compulsión externa e interna, rodeada sin embargo
Por una gracia de sentido,
Una luz blanca inmóvil que se mueve,
Erhebung* sin movimiento, concentración sin eliminación,
Un nuevo mundo y el viejo que se hacen explícitos, se aclaran
En la consumación de su éxtasis parcial,
La resolución de su parcial horror.
Pero el encadenamiento de pasado y futuro,
Tejidos en la debilidad del cuerpo cambiante,
Ampara al género humano del cielo y la condenación
Que la carne no puede soportar.
El tiempo pasado y el tiempo futuro
Sólo permiten mínima conciencia.
Ser consciente significa no estar en el tiempo,
Pero sólo en el tiempo puede el momento en el jardín de rosas,
El momento en la pérgola bajo el azote de la lluvia,
El momento en que desciende el humo sobre la iglesia atravesada por corrientes de aire,
Ser recordados, envueltos en el pasado y el futuro.

Sólo con tiempo se conquista el tiempo.

III
Este es el sitio de los desafectos.
Tiempo antes y tiempo después
Bajo una luz dudosa: ni luz de día
Que inviste las formas con lúcida quietud
Y convierte la sombra en belleza fugaz
Con lenta rotación que sugiere permanencia,
Ni tinieblas para purificar el alma,
Tinieblas que vacían lo sensual mediante la privación
Y limpian del afecto por cosas temporales.
Ni plenitud ni vacío.Sólo un destello
Sobre las tensas caras hendidas por el tiempo,
Perturbadas en su perturbación por la perturbación,
Llenas de caprichos y vacías de sentido.
Tumefacta apatía sin concentración.
Hombres y trozos de papel giran llevados por el viento frío
Que sopla antes y después del tiempo.
Viento que entra y sale de pulmones enfermos,
Tiempo antes y tiempo después.
Eructo de almas insalubres
En el aire marchito, aletargadas
Por el viento que azota las lúgubres colinas londinenses:
Hampstead y Clerkenwell, Campden y Putney,
Highgate, Primrose y Ludgate.
No aquí, No aquí en tinieblas, en este mundo de vana agitación.
Descenso más abajo, descenso únicamente
Al mundo de perpetua soledad,
Mundo sin mundo que no es mundo,
Tinieblas interiores, privación
Y despojo de toda propiedad.
Desecación del mundo del sentido,
Evacuación del mundo del capricho,
Incompetencia del mundo del espíritu:
Este es el único camino, y el otro
Es el mismo, no en movimiento
Sino en abstención del movimiento;
Mientras el mundo se mueve,
En apetencia, por los metálicos caminos
Del tiempo pasado y el tiempo futuro.

IV
Han sepultado al día el tiempo y la campana.
Oscura, ahuyenta el sol una nube lejana.
¿Se volverá hacia nosotros
El girasol? Errante
¿Se doblará la clemátide?
¿Se aferrarán el ramo y el zarcillo colgante?
Ydel ciprés los dedos enroscados
¿Acaso de nosotros han de pender helados?
Después que el ala
Del martín pescador ha respondido
Con la luz a la luz y el silencio ha venido
La luz no se estremece ni respira
En el inmóvil punto de este mundo que gira.

V
Las palabras se mueven, la música se mueve
Nada más en el tiempo; pero lo que sólo está vivo
Sólo puede morir. Termina el habla
Y vuelven al silencio las palabras.
Sólo mediante forma y estructura
Pueden llegar a la quietud la música o las palabras
Como un inmóvil jarrón chino
Se mueve perpetuamente en su quietud.
No la inmovilidad del violín mientras la nota dura,
No sólo eso sino la coexistencia,
O digamos que el fin precede al comienzo
Y que el fin y el comienzo estuvieron presentes
Antes del comienzo y después del fin.
Y todo es siempre ahora. Las palabras se esfuerzan,
Se resquebrajan, a veces se rompen bajo la carga y la tensión,
Resbalan, se deslizan, perecen,
La imprecisión las deteriora, pierden su sitio, pierden su fijeza. Voces agudas
Que regañan, se burlan o sólo parlotean
Las asaltan continuamente. La Palabra en el desierto
Es atacada sobre todo por voces de tentación,
La sombra que solloza en la danza fúnebre,
El sonoro lamento de la quimera desolada.
El detalle del diseño es movimiento,
Como en la imagen de los diez peldaños.
El deseo también es movimiento,
En sí mismo indeseable;
El amor es inconmovible,
Sólo es causa y es fin del movimiento,
Sin tiempo y sin deseo,
Excepto bajo el aspecto del tiempo,
Captado en forma de limitación
Entre no ser y ser.
De pronto en un rayo de luz solar,
Exactamente mientras el polvo se mueve,
Se levanta la risa oculta
De los niños entre el follaje.
De prisa, aquí, ahora, siempre—
Ridículo el estéril tiempo triste
Que se extiende antes y después.

LITTLE GIDDING

I
La primavera a medio invierno es una estación
en sí misma
Sempiterna aunque empapada hacia el ocaso,
Suspendida en el tiempo, entre el polo y el trópico.
Cuando es más claro el corto día lleno de escarcha
y fuego,
El breve sol incendia el hielo en estanques y zanjas,
Bajo el frió sin viento que es el calor del corazón
Y copia en un espejo de agua
Un fulgor que es ceguera cuando empieza la tarde
Y un brillo más intenso que la lumbre de ramas
o braseros
Agita el torpe espíritu: no viento sino fuego
pentecostal
En el tiempo oscuro del año.
Entre el deshielo y la congelación
Se estremece la savia del alma. No hay olor de tierra
Ni olor de cosa viva. Este es el tiempo primaveral
Pero no según la convención del tiempo.
Por una hora el seto blanquea
Con fugaz floración de nieve,
Una floración más repentina que la del verano pues
no da brotes ni se marchita.
No pertenece al esquema de la generación.
¿En dónde está el verano, el inimaginable

Verano cero?
Si vienes por aquí,
Por la ruta que probablemente seguirás
Desde el lugar de donde vienes probablemente,
Si vienes por aquí en mayo encontrarás los setos
Blanqueados otra vez con voluptuosa dulzura.
Igual sería al fin de la jornada,
Si vienes de noche como un rey vencido,
Si vienes de día sin saber a qué vienes.
Igual sería al dejar el camino áspero
Y dar vuelta detrás de la pocilga hacia la gris fachada
Y la lápida. Y aquello por lo que creíste estar aquí
Es tan sólo una concha, una cáscara de sentido
Cuyo propósito nada más se revela cuando está
realizado,
Si se realiza. O no tenías propósito
o el propósito está más allá de lo que calculabas
Y se altera al cumplirse. Hay otros sitios
Que son también el fin del mundo,
Algunos entre las fauces del mar
o sobre un lago oscuro,
En un desierto o en una ciudad—
Pero este es el más cercano, en tiempo y lugar,
Ahora y en Inglaterra.
Si vienes por aquí,
Tomando cualquier camino, partiendo de cualquier
sitio,
A cualquier hora o en cualquier estación,
Será siempre lo mismo: tendrás que hacer a un lado
Sentido y noción: no estás aquí para verificar,
Instruirte, satisfacer tu curiosidad o trasmitir
informes.
Estás aquí para arrodillarte
Donde ha sido válida la oración.
Y la plegaria es algo más
Que un orden de palabras, la tarea a conciencia
De la mente que reza, o el sonido de la voz al orar.
Y aquello para lo que cuando vivos no tenían
lenguaje los muertos
Te lo pueden decir ya muertos: la comunicación
De los muertos posee lenguas de fuego más allá
del idioma de los vivos.
Aquí, la intersección del momento sin tiempo
Es Inglaterra y es ninguna parte.
Nunca y siempre.

II
En la manga de un viejo la ceniza apagada
Es cuanto sobrevive de la rosa quemada.
Polvo que en aire flota suspendido
Marca el lugar donde una historia ha sido.
El polvo que respiras fue una mansión:
Las maderas, los muros y el ratón.
Ha muerto la esperanza: este desaire
Es la muerte del aire.
Hay inundación y sequía
Sobre los ojos y en la boca fría.
Agua muerta, muerta arena
Luchan por victoria plena.
El suelo seco y destripado
Muestra el esfuerzo destrozado.
La sorda risa de su boca aterra.

Es la muerte de la tierra.
Agua y fuego ocupan el sitial
De la ciudad, la hierba, el matorral.
Agua y fuego se han burlado
Del sacrificio denegado.
Agua y fuego pudrirán
Los cimientos, se hundirán
El santuario y coro ciego.

Es la muerte de agua y fuego.
En la hora incierta antes de la mañana
Al terminar la noche interminable

Al recurrente fin de lo que no tiene fin
Cuando la oscura paloma con su lengua de llamas
Hubo pasado bajo el horizonte de regreso a su nido

Mientras las hojas muertas traqueteaban metálicas
En el asfalto donde no había ningún otro rumor
Entre las zonas de donde se elevaba el humo

Vi de repente a un hombre que erraba apresurado
Sin resistencia ante el aire urbano del amanecer
Impulsado hacia mí igual que aquellas hojas de
estaño.

Cuando fijé la vista en su cara inclinada
El mirar insultante con el cual desafiamos
Al primer transeúnte en la sombra que aclara

Pareció revelarme a algún maestro muerto
A quien yo había tratado y olvidado; medio evocaba
A uno y a muchos; en sus rasgos como recién salidos
de algún horno

Los ojos de un familiar espectro conjunto
A la vez íntimo e inidentificable.
Asumí un doble papel y grité

Y escuché al otro que gritaba: “¡Cómo! ¿Tú aquí?”
Aunque no estábamos. Yo era el mismo de siempre,
Consciente de mí mismo, y era otro sin embargo.
Y él una cara aún formándose. Pero bastaron las

palabras
Para forzar el reconocimiento al que precedieron.
Así, sometiéndonos al aire común,

Demasiado extraños el uno al otro para malentendernos,
Acordes en ese momento de intersección,
Reunidos en un sitio sin antes ni después,

Seguimos por la acera en una ronda muerta.
Dije: “El asombro que siento es natural,
Su naturalidad también me asombra. Habla,
por tanto;

Tal vez yo no comprenda ni recuerde.”
Y él: “No estoy dispuesto a repasar
Mis pensamientos y teorías que has olvidado.

Sirvieron su propósito: dejémoslas en paz.
Igual sucede con las tuyas y ruega que te sean
perdonadas
Por otros, así como te ruego perdonarme

El mal y el bien. Se ha comido el fruto de la estación
Y la bestia saciada apartará de una coz el cubo vacío.
Pues las palabras del año pasado son del año pasado

Y esperan otra voz las palabras del año que viene.
Mas como ahora el paso no ofrece obstáculo
Al espíritu inaplacado y peregrino
Entre dos mundos que se han vuelto
muy semejantes,
Así encuentro palabras que no pensé decir
En calles que no creí volver a ver

Cuando dejé mi cuerpo en una playa remota.
Ya que nuestro interés era el lenguaje y el lenguaje
nos incitó
A purificar el dialecto de la tribu y apremió

A la mente a revisar el pasado y a prever,
Déjame revelarte los dones reservados a la vejez
Para coronar el esfuerzo de tu vida entera.

Ante todo la fricción helada del sentido que expira
Sin encanto, sin ofrecer promesa,
Sino la amarga insipidez del fruto espectral

Cuando empiezan a separarse mente y cuerpo.
Segundo, la impotencia consciente de la rabia
Frente a la locura humana y la laceración

De la risa ante lo que deja de divertirnos.
Por último, el terrible dolor de vivir de nuevo
Cuanto has hecho y has sido; la vergüenza

De motivos revelados muy tarde y la conciencia
De cosas malhechas y hechas para daño de los demás
Que antes consideraste ejercicio de la virtud.
Entonces hiere la aprobación del tonto
y los honores deshonran.
De mal en mal el exasperado espíritu avanza,
A menos que lo restaure el fuego purificador

En que debes moverte a ritmo como un danzante”
El día estaba a punto de romper. En la desfigurada
Calle me dejó con un rezongo de despedida
Y se desvaneció al sonar la sirena.

III
Hay tres condiciones que a menudo parecen
semejantes
Pero difieren por completo, florecen en el mismo seto
vivo:
Apego al propio ser y a cosas y personas, desapego
Del propio ser y cosas y personas,
Y creciente entre ambas, indiferencia
Que se parece a las demás como la muerte
se parece a la vida
Al estar entre dos vidas, sin florecer,
Entre la ortiga viva y la ortiga muerta.
Esta es la utilidad de la memoria
Para la liberación: no reduce el amor
sino lo expande
Más allá del deseo, y por tanto nos libra
De futuro y pasado.
Entonces el amor a un país
Empieza como apego a nuestro campo de acción
Y encuentra que esta acción importa poco
Aunque nunca es indiferente.
La historia puede ser servidumbre,
La historia puede ser libertad.
Mira, ahora se desvanecen
Los rostros y los lugares con el ser que los amó, como
pudo,
Para quedar renovados, transfigurados en
otra ordenación.
El pecado es inevitable pero
Todo irá bien
Y toda clase de cosas saldrá bien.
Si pienso de nuevo en este lugar
Y en gente no del todo recomendable,
Sin parentesco ni bondad,
Pero algunos de genio particular,
Todos señalados por un genio común,
Unidos en la discordia que los separa;
Si pienso en un rey al caer la noche,
En tres hombres, y más, en el cadalso
Y algunos que murieron olvidados
En otros sitios, aquí y en tierra extraña,
Y en uno que murió ciego y callado
¿Por qué habríamos de celebrar
A estos muertos y no a los que agonizan?
No es tocar al revés una campana
Ni se trata de un encantamiento
Para conjurar el espectro de una Rosa.
No podemos revivir viejas facciones
No podemos restaurar viejas políticas
Ni seguir un tambor antiguo.
Aquellos hombres y sus enemigos
Aceptan la constitución del silencio
Y se pliegan a un solo partido.
Sea cual fuere la herencia de los afortunados
Recibimos de los derrotados
Lo que debían dejarnos: un símbolo,
Un símbolo perfeccionado en la muerte.
Y todo irá bien y ,
Toda clase de cosas saldrá bien
Por la purificación del motivo
En el campo de nuestra súplica.

IV
Desciende la paloma y rompe el aire helado
Con llama de terror incandescente.
Dicen las lenguas que es precisamente
El único remedio del error y el pecado.
La última esperanza o el fin desesperado
Reside en la elección entre una y otra hoguera

Que redima a esta llama de esa llama que espera.
Amor se llama el que inventó el tormento,
Amor el nombre desacostumbrado
Cuyas manos tejieron el suplicio más cruento:
La camisa de llamas que jamás ha logrado
Arrancarse el poder en el mundo sangriento.
Toda la vida, toda nuestra espera,
Yace en ser pasto de una u otra hoguera.

V
Lo que llamamos el principio es a menudo el fin
Y llegar al final es llegar al comienzo.
El fin es el lugar del que partimos. Y cada frase
Y oración que sea correcta (donde cada palabra esté
en su sitio
Y ocupe su lugar en apoyo de las demás,
La palabra ni tímida ni ostentosa,
El fácil intercambio de lo viejo y nuevo,
La palabra común exacta sin vulgaridad,
La palabra formal precisa pero no pedante,
La compañía entera que danza al mismo ritmo)
Cada oración y cada frase son un fin y un comienzo,
Cada poema un epitafio. Y toda acción
Un paso al tajo, al fuego,
Un descenso por las fauces del mar
o hacia una piedra indescifrable:
Y allí es donde empezamos.
Perecemos con los agonizantes:
Mira cómo se marchan y partimos con ellos.
Nacemos con los muertos:
Mira cómo regresan y volvemos con ellos.
El momento de la rosa y el momento del ciprés
Son de igual duración. Un pueblo sin historia
No está redimido del tiempo,
Porque la historia es una ordenación
De momentos sin tiempo.
Así, mientras se desvanece la luz
Sobre un anochecer invernal, en una aislada capilla,

La historia es ahora e Inglaterra.
Con la atracción de este Amor y la voz de este

Llamado.
No cesaremos en la exploración
Y el fin de todas nuestras búsquedas
Será llegar adonde comenzamos,
Conocer el lugar por vez primera.
A través de la puerta desconocida y recordada
Cuando lo último por descubrir en la tierra
Sea lo que fue nuestro comienzo:
En la fuente del río más largo
La voz de la oculta cascada
Y los niños en el manzano.
La voz no conocida porque nadie la busca,
Pero escuchada, o semiescuchada, en la inmovilidad
Del mar entre dos olas.
De prisa, aquí, ahora, siempre—
Una condición de sencillez absoluta
(Cuesta nada menos que todo).
Y todo irá bien
Y toda clase de cosas saldrá bien
Cuando las lenguas de la llama se enlacen
En el nudo de fuego coronado
Y la lumbre y la rosa sean una.

Traduction: José Emilio Pacheco

BIOGRAFÍA DE RUY HENRIQUEZ

BUCM :: Escritores complutenses 2.0 :: Biblioteca Complutense

Ruy Henriquez, es doctor en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid y psicoanalista de la Escuela de Psicoanálisis y Poesía Grupo Cero.

Nace en Cali, Colombia, en 1962 y desde 1988, vive en España. En 1996, ingresa en los Talleres de Poesía del Grupo Cero, fruto de su trabajo en la Poesía, son sus libros: Surcos en 1998, A golpe de lluvia en 2002, en colaboración y Deseo de Mujer en 2007.

Como Psicoanalista, ha publicado numerosos artículos en revistas nacionales, así como colaboraciones en obras colectivas, como Estudios de algunos factores psíquicos concurrentes en la obesidad en 2014.

Entre sus trabajos más destacados, en el campo de la Filosofía, figuran sus libros, Psicología de la investigación científica, 2013 y el Paradigma Cartesiano de lo mental, 2012.

Recientemente, ha publicado su primer libro de relatos Interrupciones, Cuento breves, según se lean en 2018.

Desde el año 2005, animado por la labor pictórica de Miguel Oscar Menassa, viene desarrollando una constante pasión por la pintura. Sus retratos y paisajes pueden verse en internet.

El nacimiento del poeta. Homenaje a Miguel O. Menassa on Behance
Calypso's embrace Painting in 2022 | Art painting oil, Painting, Saatchi art

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