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310. POESÍA MÁS POESÍA: POESÍA AMOROSA DE LA ANTIGUA CHINA

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Tabla Contenido de Lectura

POESÍA AMOROSA DE LA ANTIGUA CHINA

Hoy conoceremos a algunos de los poetas más importantes que cantaron el amor y el erotismo en esa tradición milenaria. Entre otros:

•Hsu Ling (507–583 d. J.)
•Liu Yun (465–511 d. J.)
•Lu Chi (261–303 d. J.)
•T’sao P’ei (187–226 d. J.)
•Wang Sung (fines del siglo II, principios del siglo III d. J.)
•Fu Hsüan (217–278 d. J.)
•Chang Hua (78–139 d. J.)
•Hsieh T’iao (464–499 d. J.)
•Shen Yüe (441–512 d. J.)
•Chiang Hung (¿?–502 d. J.)
•Ho Tzu-Lang (479–522 d. J.)
•Yang Fang (siglo IV d. J.)
•Pao Chao (412–466 d. J.)
•Pao Ling-Hui (principios–mediados del siglo V d. J.)
•P’an Yüeh (247–300 d. J.)
•Wang Shu (fines del siglo V, principios del VI d. J.)
•Yü Tan (fines del siglo V, principios del VI d. J.)
•Wu Chün (469–520 d. J.)
•Wang Seng-Ju (465–522 d. J.)
•Hsiao Kang (503–551 d. J.)
•Hsiao Yen (469–549 d. J.)

También podemos encontrar muchos poemas anónimos de este género, donde la voz importa más que el nombre, en esa época donde la poesía representaba un canto coral. Después, como vimos en el anterior programa dedicado a la poesía China, se produjo el llamado “primer poeta chino”, aquel que inaugura el yo del poeta. Hoy, en cambio, nos encontramos con algo distinto pero vinculado: podríamos llamar a los autores de este programa “los poetas de la feminidad” porque construyen una voz femenina, una mujer que habla del amor y del deseo en una civilización antigua y muy regulada.

Son poetas que, a la vez, nos resultan clásicos y modernos, como si hubieran quedado suspendidos en un tiempo que no se agota, un tiempo que vuelve en cada poema y abre un espacio nuevo, inesperado. Sus voces nos llaman y, al escucharlas, también nosotras entramos en ese juego: en nuestra función de presentadoras de este programa, creado por Miguel Oscar Menassa, poeta, médico y psicoanalista, ese amante de la poesía que nos ha transmitido su pasión por la palabra.

En estas voces chinas late la humanidad de una forma finísima, como una flor de loto abierta al lenguaje. Es un trabajo de siglos: el trabajo de otros hombres y mujeres en el camino de la poesía, construyendo una función nueva para el amor, transformando los sollozos en perlas nacaradas que ruedan por la mesa del tiempo, sin caer en el abismo.

Shen Zhou - Poesia Online

La poesía aparece como una botella pequeña que guarda un veneno suave y necesario: algo del deseo que se trueca en palabras. Con movimientos precisos, sin salirse del brocado del silencio, estos poetas siguen las huellas que los dioses dibujan en el cielo: dioses de humo y vida efímera que, sin embargo, tocan lo divino cada vez que una combinación de caracteres se posa en el papel.

Estamos ante una poesía simbólica, llena de sueños e imágenes que se encienden y se apagan como luces en el humo. Heterogénea, delicadamente disciplinada, con una belleza que, al mirarla de cerca, nos recuerda también a nosotros: nuestra propia evolución, de este programa que ya pasa los 300 y sigue abriéndose a posibilidades infinitas de poetas nuevos.

La poesía amorosa china nos devuelve, una y otra vez, ese ser indefinido de la sexualidad, algo que no termina de fijarse y sin embargo insiste. Como un vaivén de movimientos torpes y hermosos, el poeta avanza con su amada hacia una dimensión más amplia, social, universal. La escritura es mecanismo, operación y método, pero también es puerta, pasaje, transporte a otro tiempo: una entrada enorme al conocimiento de esta cultura milenaria.

Nada mejor que la escritura para acompañar el misterio humano. En estos poemas vemos a los poetas dialogando entre sí a través de los siglos, escuchándose, puntuando nuestra propia alma, educándola. Con la precisión afilada de los caracteres chinos y la naturalidad de la gente común, en cada canto parece nacer una escritora –aunque el autor sea un hombre– porque la voz que habla es, casi siempre, una voz de mujer.

Ese es también nuestro deseo: alcanzar ese canto que no se queda en el cielo de los astros ni se arrastra como una serpiente, sino que se mueve como la propia tierra, viva y sin igual. Una tierra que no se deja atrapar en la repetición, pero que persigue lo ya hecho para transformarlo. Una ubre tierna de encuentros donde la poesía amorosa china y nuestra lectura actual se encuentran.

Para preparar este programa nos hemos basado principalmente en dos libros:

Poesía amorosa de la antigua China”, selección y traducción de Ruth Berg, y “Poemas chinos de amor”, versión, notas y prólogo de Harold Alvarado Tenorio.

Empezaremos con una frase que recoge Daniel Fara en el prólogo del libro de Ruth Berg, citando al poeta Hsu Ling, donde dice:

La poesía puede ser un sustituto de la “flor del olvido”
y curar la enfermedad del tedio.

Es una imagen preciosa: la poesía como una droga mejor que cualquier droga, algo que no anestesia sino que despierta, que disipa el aburrimiento y nos devuelve al deseo.

Dos grandes antologías del amor.

Dentro de la poesía antigua china, hay dos grandes antologías de poemas amorosos que nos sirven de base para comprender cómo se construye el amor en esos textos.

La primera es muy antigua: el Libro de los cantos, cuyos poemas se remontan a los siglos IX, VIII y VII antes de nuestra era. La tradición dice que fue recopilado por Confucio, y ese detalle tuvo un efecto curioso: como se suponía que un sabio tan respetado no podía interesarse por algo “tan frívolo” como las emociones amorosas, los estudiosos decidieron que esos poemas debían esconder enseñanzas morales o políticas.

Durante siglos, muchos de los pasajes más eróticos o más directos fueron “salvados” mediante interpretaciones alegóricas. Se leyó el amor como metáfora de la buena conducta, del gobierno justo, de la armonía social. Así, la dimensión amorosa quedó, en parte, tapada por un velo didáctico.

Song Wenzhi eternidad de montanas china hoy no 1 1992 - Poesia Online
La segunda antología, en cambio, tuvo otro destino. Se trata de “Nuevos cantos desde una terraza de jade”, compilada en el siglo VI d. C. por Hsu Ling, poeta cortesano. Reúne poemas desde los siglos I y II a. C. hasta el siglo VI, pero se centra sobre todo en la producción del siglo V y principios del VI, época en la que florece, bajo las dinastías del Sur, la llamada “poesía de palacio”.

Esta poesía de palacio habla sin rodeos de la vida amorosa: el cortejo, el matrimonio, el divorcio, el desencanto, el entusiasmo, los amores nuevos y los que ya se han enfriado, el amor que nace y el amor que muere. Por ser hija de una época refinada, aristocrática y un poco decadentista, esta antología no tiene intención moralizante. A diferencia del Libro de los cantos, no quiere enseñar nada, quiere producir placer.

Una de las convenciones más llamativas de esta poesía amorosa es que, casi siempre, quien habla en el poema es una mujer enamorada. El poema se sitúa desde su punto de vista, desde su deseo, su espera, su tristeza. Cuando la voz es masculina, ocurre que o bien el hombre se presenta según una imagen típicamente femenina de objeto amoroso, o bien se lamenta por la muerte de la esposa o de la amante.
Lo habitual, sin embargo, es que el poeta –generalmente un hombre culto, un funcionario, un cortesano– se ponga en la piel de una mujer y hable como ella. Es una voz femenina construida por poetas varones, que se apropian de ese yo y lo llenan de matices afectivos y eróticos.

Otra convención fundamental: el amado no está. La escena del poema casi nunca reúne a los dos amantes. Ella está sola, encerrada en sus aposentos, recordándolo, sufriendo su ausencia. Hay una melancolía suave que atraviesa toda esta poética: la mujer aparece triste pero resignada, sin rebelarse contra su destino, como si su condena fuera amar en soledad.

En los poemas amorosos más antiguos, la escena suele situarse en la naturaleza: junto a ríos y arroyos, entre bosquecillos, sobre las murallas de la ciudad. El paisaje participa de la emoción.

Con el tiempo, sin embargo, el amor se desplaza hacia dentro, hacia el mundo cerrado del tocador femenino. En la poesía cortesana, la única figura visible es la mujer. No hay sirvientas, ni hijos, ni amigas, ni familiares y, sobre todo, no hay esposo ni amante. La mujer queda enmarcada sola en ese espacio de lujo, casi claustrofóbico, que hace crecer su nostalgia.

Ese interior femenino no está desconectado de la Naturaleza. Al contrario: los poemas alternan el mundo de la alcoba con imágenes del mundo exterior. El contraste entre el paisaje y la intimidad sirve para subrayar lo pasajero del tiempo, del amor y de la vida.

Un rasgo sorprendente de estos poemas es la ausencia de contacto físico explícito. Casi nunca se nombra el cuerpo erótico tal cual. Todo indica que las referencias sexuales directas se consideraban de mal gusto para la poesía. Por eso no aparecen los pechos, las caderas, los muslos o los genitales nombrados de forma directa.

En su lugar, los poetas usan un recurso refinado: la metonimia. El cinturón enjoyado sugiere la cintura. Una manga bordada alude al brazo. Una joya en el cabello dice algo del cuello o de la nuca. El erotismo se desplaza hacia los objetos, la ropa, los adornos.

Y, como culturalmente ningún hombre podía entrar en el tocador de una dama –salvo en el sueño–, la imaginación poética encontró otra vía: animar los objetos de la habitación con un rol masculino. Así aparecen cortinas que suspiran, lámparas que seducen, camas apasionadas, almohadas celosas. Todo el mobiliario participa del deseo.

Un ejemplo famoso es el poema “El lecho”, de Liu Yun, donde quien habla es un colchón azul que contempla a la dama y parece desear que el amante venga a celebrar allí, sobre él, las fiestas de la noche. Es el objeto que ve, que sabe, que guarda el secreto del encuentro amoroso.
Este lenguaje indirecto y metonímico se extiende también al mundo natural. Cada elemento del paisaje puede funcionar como símbolo amoroso.
Algunos ejemplos:

•Los gansos salvajes son mensajeros entre amantes, sobre todo cuando vuelan del norte –donde los hombres están en campaña militar– hacia el sur, donde esperan las mujeres.

•La carpa alude a las cartas que se enviaban en recipientes en forma de pez. La carpa doble se asocia a la fertilidad y a la dicha conyugal.

•Las algas son imagen femenina dentro de la relación amorosa: hablan de la dependencia y el vaivén de la mujer unida a su amado.

•El hibisco y el loto, de flores brillantes y abundantes, son emblemas eróticos. Sus brotes rojos y las raíces entrelazadas del loto sugieren la unión y el enredo íntimo de los amantes.

•La orquídea representa a la joven hermosa.

•La sombra y el eco forman una metáfora doble del amor: ella es sombra y eco; él, cuerpo y sonido.
Todo esto forma un pequeño diccionario simbólico que los lectores de la época conocían bien y que nosotros vamos redescubriendo al leer estas traducciones.

Como hemos visto en anteriores programas, la poesía china tiene una tradición de más de tres mil años, en la que se han ido desarrollando formas, metros y estilos propios. Dos de las formas más conocidas son el shi y el ci. El shi es una de las formas más antiguas, con un número muy preciso de sílabas por verso. El ci alcanzó su auge en la dinastía Song y se escribe con versos de longitud irregular, ajustados a melodías preexistentes.
Como nos recuerda Harold Alvarado Tenorio, el chino es, además, una lengua profundamente musical. La falta de marcas claras de tiempo verbal, número, género, etc., hace que el verso sea compacto y abierto a muchas interpretaciones, casi como un acto de adivinación. No es casual que, desde muy pronto, los chinos relacionaran estrechamente poesía y música.

Dahuting tomb mural detail of women wearing hanfu Eastern Han period - Poesia Online
Otra peculiaridad es que, en China, la poesía ha estado muy ligada a la vida cotidiana. No han existido, propiamente, “poetas profesionales”. Han escrito poesía emperadores y concubinas, monjes y generales, campesinos y funcionarios. Sin embargo, son sobre todo los hombres educados en los clásicos –los funcionarios del Estado– quienes más la han cultivado: durante siglos, escribir poemas fue parte de la vida letrada.

Los poemas sirven para casi todo: celebrar bodas y banquetes, acompañar una despedida entre amigos, criticar la política, suavizar el dolor, iniciar un galanteo, recordar un viaje o, simplemente, matar el aburrimiento y afinar la escritura. En reuniones de amigos, era habitual sortear el ritmo o la forma y componer allí mismo, respondiendo al poema de otro, compartiendo la misma cadencia o las mismas palabras.

Dentro de esta enorme tradición, la poesía amorosa ocupa un lugar muy particular. El amor romántico aparece casi siempre desde la perspectiva de la mujer, poniendo el acento en el sufrimiento y la fragilidad de su posición. A veces, la corte imperial y las concubinas se comparan con el cielo, con damas del firmamento, y los favores del emperador se vuelven lluvia o rocío que dan vida.
La poesía china se caracteriza también por su contención y decoro. No hay grandes epopeyas heroicas. Las guerras no se celebran, sólo se lamentan sus efectos. En esto también se nota la influencia del confucianismo, que valora más las virtudes civiles que la gloria militar.
Los temas eróticos se tratan con mesura: la atracción sexual se insinúa a través de ropas, maquillajes, objetos cotidianos, más que mediante descripciones directas del cuerpo. Todo aquello que podría resultar indecente se envuelve en eufemismos que, muchas veces, sólo captan los lectores más conocedores. Para los chinos, la poesía no es el capricho de un genio inspirado, sino el resultado de un trabajo paciente con la lengua. Cualquiera puede escribirla si aprende las reglas y se ejercita. Y, sin embargo, esa disciplina rigurosa produce justamente lo contrario: libertad, matiz, delicadeza.

A pesar de sus diferencias con la tradición occidental, los poemas amorosos chinos muestran que el amor y el erotismo han apasionado a esa cultura desde la antigüedad. El resultado es un cuerpo lírico de enorme riqueza y refinamiento, lleno de sugerencias.

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

Poesía amorosa de la antigua China
Selección y traducción de Ruth Berg
Editorial Andrómeda, Argentina, 1994

Poemas chinos de amor
Compilación y versión de Harold Alvarado Tenorio
Colección Sur

SELECCIÓN DE POEMAS

Hsu Ling (507-583 d. J.)

Hsu Ling, cuyo nombre de cortesano fue Hsiao-Mu, nació en Shantung. Su padre fue tutor del príncipe Hsiao Kang y gracias a ello Hsu Ling llegó a la corte. Allí disfrutó del mecenazgo imperial y se cree que fue el propio emperador quien le encargó reunir los poemas que hoy conocemos como “Nuevos cantos desde una terraza de jade”. Sin él, no tendríamos buena parte de los poemas amorosos que vamos a leer y comentar en este programa.

Los nuevos cantos desde una terraza de jade

Ahora,
conquistadores de nubes y altos como el Sol,
hay palacios que Yu Yi jamás imaginó.
Sus mil portales, sus mil puertas
fueron alguna vez cantadas por Chang Heng.
En la terraza de discos de jade del rey Mu de Chou,
en la Casa de Oro del emperador Wu de Han,
hay árboles de jade con ramas de coral,
postigos de perla con marcos de carey,
y adentro viven bellas mujeres.

Estas bellezas
Son aristócratas de Wu-Ling,
elegidas para el harén imperial
entre las mejores familias de los Cuatro Clanes,
celebridades del serrallo.
También hay bellezas de Ying-Ch’uan y de Hsinshih,
beldades de Hochien y Kuanchin,
que desde mucho tiempo atrás han sido llamadas “graciosamente bellas”
y apodadas “sonrisas encantadoras”.

Hay damas semejantes del palacio del rey Ling de Ch’u,
cuyo talle grácil nadie, ha dejado de admirar;
o muchachas igualmente bellas del reino de Wei,
cuyas manos delicadas a todos maravillan.
Nuestras beldades conocen muy bien el Libro de los cantos,
son instruidas en los Ritos,
¡muy diferentes de la vecina del este, que arregla su propia boda!
y son agradables, refinadas,
iguales a Hsi Shih después de haber sido instruida.

Una beldad tenía un hermano que tocaba flautas,
y por eso ella estudió canto desde la infancia;
otra creció en Yang-O,
y desde el principio fue experta en la danza.

La nueva canción para laúd de otra
no esperó al poeta Shih Ch’ung.

La composición para laúd de otra dama
no dependió de Ts’ao Chich.
Una dama heredó su aptitud para la guitarra del clan Yang,
otra aprendió a tocar la flauta de la hija de Ch’in.

Parece que
cuando una favorita se hizo asidua en el Palacio de la Dicha Eterna,
la emperatriz Ch’en lo supo y se perturbó.
Y cuando una pintura mostró a una diosa,
en el Yen-Chih observaron con distante envidia.
La joven del este con sus sonrisas encantadoras
fue a servir el lecho real durante el cambio de Vestiduras.
Hsi-Tzu, frunciendo el entrecejo,
tuvo un lecho lujosamente cortinado.
Otra dama acompañó al emperador al Palacio Saso,
donde movió su talle al son de la Música del Remolino.
Eternamente feliz en el Palacio del Pato Mandarín,
una dama crea nueva música para los ritmos.

Una beldad peina su cabello en manojillos de rizos,
ve el reflejo de sus mechones laterales,
inserta hebillas de oro en la nuca,
fija una peineta enjoyada de través.
El negro Kohl de una ciudad del sur
acentúa sus cejas gemelas,
el rouge yen de un lugar del norte
da bello matiz a ambas mejillas.

También hay un divino joven en una cumbre montañosa
que compartió su droga con el emperador Wei
y uno con un fénix precioso en la cintura
que ofrece su calendario a Hsuanyan.
Las estrellas de oro rivalizan con el brillo de la estrella Wunu;
las lunas de almizcle compiten con la dulce luz de Ch’ang O.
De las seductoras mangas de un fénix resaltado
manó incienso del secretario Han.

Las largas faldas de la cola de la golondrina en vuelo
estaban destinadas a quedar atrapadas en el cinturón del príncipe de Ch’en
Aunque nunca se les hizo un retrato,
nuestras beldades nada envidian a esa dama cuyo retrato
pende en el Palacio de la Dulce Primavera.

Así, aunque estén muy lejos de ser diosas,
en nada se diferencian de aquélla que jugaba en la Terraza del Sol.
Verdaderamente pueden ser llamadas
beldades que arruinan reinos y ciudades,
incomparables y únicas.

Además,
divino es su brillo,
exquisita su mente.
Aprecian soberbiamente la literatura,
son expertas en la destreza de la poesía.
Su tintero de colores
está junto a ellas todo el día.
Su caja de plumas
jamás está lejos de sus manos.
Las bellas piezas literarias que atestan sus gabinetes
no sólo hablan de los capullos de peonía.
Sus nuevas composiciones, versos tras versos,
son un gran avance sobre La oda a la vida.
Ya he descripto la belleza de nuestras damas,
y también he descripto su naturaleza dotada.

Y así,
a través de las espirales laberínticas de los palacios,
en las misteriosas alturas de los salones,
las llaves de la Grulla Escarlata imponen intimidad al alba,
los llamadores de bronce quedan en silencio al mediodía.

Antes de la hora de las Tres Estrellas
no se convoca a las damas para que traigan su edredón.
Hasta cinco días parece demasiado tiempo…
¿para quién peinarán su cabellera desprolija?
Lánguidas y ociosas, con pocas distracciones,
en plácida calma con muchas horas de ocio,
aborrecen la tardía campana del Palacio de la Dicha Eterna,
y están cansadas de la lenta flecha del tiempo del Salón Central

La dama de palacio no se deleita en el ocio;
dedica su tiempo a los últimos versos.
Pues la poesía puede
ser un substituto de la flor del olvido
y curar la enfermedad del tedio.

Sin embargo,
las obras famosas de otras épocas
y las composiciones artísticas de hoy,
depositadas en la Galería del Unicornio,
dispersas en la ciudad Hung,
no llegarán a nuestras beldades
si yo no las reúno.

Por lo tanto,
he escrito, consumiendo en mi lámpara
el aceite de medianoche,
blandiendo mi pluma hasta el alba.
He elegido cantos de amor,
diez libros en total.
No podrían compararse con las Odas ni los Himnos,
Pero responden a los altos niveles de los poetas de los Aires.

Después

estos libros fueron puestos en cajas de oro
y atados con hilos lujosos.

Mi libro será guardado en una caja de jade,
justo con Vasto Brillo: El arte de la inmortalidad,
y siempre estará debajo de una almohada bermellón.

Mi libro siempre se abrirá entre manos esbeltas,
después que nuestras damas terminen con sus cantos.
y hayan concluido la aplicación de sus cosméticos.

¡Adorables damas de Ch’i!
Siempre ayudarán a que las horas pasen más veloces.
¡Bellas sus plumas!
¡Bellas sus aromáticas cajas de cosméticos!

 

T’sao P’ei (187-226 d. J.)

Nombre de corte Tzu-Huan. Accedió al trono como primer emperador Wen tras la muerte de su padre, el fundador de la dinastía Wei. Patrocinó las artes. Escribió Ensayo sobre literatura, una de las primeras obras de crítica literaria.

Un caballero recién casado se separa de su esposa

Recién casados
y debemos separarnos de la noche a la mañana.
Los vientos fríos agitan la hierba de otoño,
los grillos se lamentan en persistente coro.
Fría, fría una helada cigarra canta.
Canta la cigarra, abraza una ramita seca.
La ramita seca se mece, el momento vuela,
de pronto un cuerpo se aleja.
No lamento que tu cuerpo se haya alejado,
sólo lamento que los años y los meses
hayan volado, incontables.
¿Cómo saber cuándo podremos encontramos?
Querría que fuéramos dos gansos pardos,
ala con ala, jugando a orillas del estanque de cristal.

Wang Sung (fines del siglo II, principios del siglo III d. J.)
Esposa del general Liu Hsün,. Su esposo fue funcionario de T’sao T’sao y murió asesinado.

Cortinas del lecho, dos poemas

Prefacio: Wang Sung era la esposa del comandante en jefe Liu Hsün. Veinte años después de haberse casado con ella, Hsün se enamoró de una hija del clan Ssu-Ma de Shanyang, y como Wang Sung no le había dado hijos se divorció de ella. Cuando volvía a la casa de sus padres, Wang Sung compuso estos dos poemas.

Cortinas del lecho, dos poemas

1
Que ondulen las cortinas de mi lecho
y se curven para ocultar la lámpara encendida.
Una vez las llevé conmigo;
ahora, regreso con ellas.
Encerradas en su caja,
¿cuándo volverán a abrirse?

2
¿Quién dice que una mujer divorciada es mezquina?
El amor de una divorciada se vuelve más intenso.
Llegas después de mil leguas, ¡no escupas en mi pozo!
Nadie más que tú ha manchado las cortinas del lecho que una vez usaste.
Mirar a lo lejos no me llevará lejos;
la duda y la vacilación no me harán avanzar.

 

Fu Hsüan (217- 278 d. J.)

Nombre cortesano Hsiu-I, de Shensi. Gracias a su talento literario ascendió a la riqueza y accedió a la fama. Sirvió como canciller al emperador Wu, de la dinastía Chin. De su obra de cien volúmenes sólo sobreviven unos sesenta poemas, casi todos ellos canciones.

 

Verde, verde hierba de la ribera

Es verde la hierba de la ribera
y largo el camino de diez mil leguas.
El juró volver del camino lejano
“cuando la hierba crezca en primavera”.
La primavera llegó, la hierba ya no crece,
por la promesa rota exhalo inaudibles suspiros.
Conmovido por la Naturaleza mi corazón amante anhela,
el sueño despierta una honda pasión.
Sueño que somos como patos mandarines
planeando, ala con ala, entre las nubes.
Cuando despierto, silencio, ya no veo tu rostro,
tan remoto como Antares y Orión.
El río Lo y el río Amarillo son seguros,
pero no tan seguros como el Monte Sung.
Las mareas crecientes nunca llegan a casa,
pasan las nubes fluctuantes para luego regresar .
Vientos tristes ensombrecen mi corazón amante,
tan lejos, ¿quién podría saberlo?
Los planetas suspendidos no se detienen ni permanecen,
veloces como caballos de carrera.
Aguzo el oído para escuchar tu eco,
aparto la mirada, de mis ojos brotan lágrimas.
Durante el tiempo de nuestras vidas no tenemos esperanza de encontramos.
Te veré allá abajo, en los Manantiales Eternos.

 

Chang Hua (78-139 d. J.)

Nombre cortesano Mao-Hsien, de Hopei. Se elevó de la pobreza a la riqueza gracias a su talento literario. Fue ministro de estado de la dinastía Chin. Se convirtió en famoso erudito y fue designado tutor del heredero. Escribió el Tratado sobre la investigación de fenómenos, del que sobreviven algunos fragmentos reconstruidos. Fue ejecutado por respaldar la causa de la emperatriz Chia, en contra del príncipe de Chao.

Última dulzura

Ociosa vago por el palacio de primavera,
hago un alto junto a la verde orilla del lago.
Lemas blancas con hojas de igual blancura,
en plantas escarlata florecen pimpollos de color herrumbre.
Una suave brisa agita las banderas de los lirios,
las olas ondulantes mecen al dulce loto.
Reflejos gloriosos rielan en los bosques,
esencias flotantes invaden las sedosas gasas.
Un príncipe anda errante y no regresa,
distante su camino, fuera de mi alcance.
¿Con quién saborearé la última dulzura?
Aún sigo sola y suspiro.

Vigilia

La Luna brillante fulge con claros rayos,
su luz ascendente ilumina una galería obscura.
Una persona recluida aún mantiene su vigilia nocturna,
se vuelve y abre las cortinas del lecho vacío.
Espera el amanecer con el cinturón atado,
se vuelven más escasas las dispersas estrellas matinales.
Cuando el sueño abraza nuestras almas afines
contemplo el rostro de mi amada:
sonrisa deliciosa, bonitos hoyuelos,
gracias gemelas en sus ojos y sus cejas.
Cuando despierto mis largos suspiros son más profundos,
mi corazón abatido está triste y solitario.

 

Hsieh T’iao ( 464-499 d. J.)

Nombre de corte Hsuan-Hui, de Honan. Fue funcionario del emperador Ming. Más tarde fue encarcelado por no haber respaldado la rebelión de Tung-Hun, y murió en prisión. Fue admirado por Li Bai, y de su obra sobreviven alrededor de 150 poemas.

Enamorados para siempre

Al ponerse el Sol, ella se sienta junto a la ventana,
el bello rostro arrebolado.
Los vestidos de danza están plegados, sin coser,
torrentes de seda amarilla yacen cubiertos, sin tejer.
Las libélulas cubren con sus alas las puntas de la hierba,
las abejas andariegas liban la corola de las flores.
Se vieron una vez, se enamoraron para siempre.
Ella ansía tener alas para remontarse con él.

 

Cantora en la noche, dos poemas

1
En un tocador de jaspe escucho el tintineo de los brazaletes,
las esteras de jade se cubren de polvo fragante.
Ordeno una joven de Loyang,
pido flautas de Chiangnan.
Plenos de amor sus movimientos lánguidos en la danza,
tan tierno su canto apasionado.
Si eres mi amor secreto, lo sabrás.
Los brazaletes de jade proclaman el tamaño de mi corazón.

2
Los invitados de honor dan lustre a los cuatro asientos.
Las bellezas encantadoras son dignas de mil monedas de oro.
Las orquillas desprendidas se hacen eco de las rotas cintas del tocado,
y los aros caídos responden a la pasión del laudista.
Las cejas pintadas ríen ahora con todos,
los aromas penetrantes se adhieren a la solapa de un invitado.
Entrada la noche, el regocijo se vuelve calma.
Las cortinas de bambú están silenciosas y quietas.

 

Shen Yüe (441-512 d. J.)

Nombre de corte Hsiu Wen, de Chekiang. Fue uno de los integrantes del grupo literario de Hsiao Yen. Tiene el crédito de haber clasificado los cuatro tonos del chino literario y de haber desarrollado un sistema de armonía tonal. Su poesía fue muy popular, y de ella sobreviven unos doscientos poemas.

Sueño con una mujer adorable

Por la noche oigo suspiros prolongados
y sé que tu corazón recuerda.
Luego las puertas del Cielo se abren de par en par,
nuestras almas se besan, yo contemplo tu rostro.
Tú me ofreces una almohada del monte Wu,
humildemente me sirves la comida.
Nos ponemos de pie y nos miramos; nos tendemos en la cama.
Me despierto de golpe, te has ido de mi lado.
¿Sabes si mi espíritu está herido?
Un torrente de lágrimas humedece mi pecho.

 

Primavera temprana

Bellas mujeres tomadas de la mano
buscan señales de la primavera en el canino.
El color de la hierba aún es tenue,
los bosques están desnudos.
¡Es inútil buscar capullos de ciruelo,
es tonto creer que habrá sauces!
Así que bien podría volver a casa
y susurrar mi pasión a una taza de vino.

 

La recuerdo cuando llegaba

La recuerdo cuando llegaba,
bella, subiendo los peldaños de la corte,
excitada por el encuentro después de la separación.
Ansiosa por decir que me amaba.
Yo la miraba sin cansarme jamás,
la contemplaba y me olvidaba de comer.

La recuerdo cuando se sentaba
La recuerdo cuando se sentaba,
rígida frente a las cortinas de seda del lecho.
A veces cantaba cuatro o cinco canciones,
o tocaba dos o tres acordes.
Cuando reía no había quien la igualara,
cuando se enfurruñaba era todavía más adorable.

La recuerdo cuando comía
La recuerdo cuando comía,
su rostro sonrojado inclinado sobre el plato.
Dispuesta a sentarse, pero demasiado tímida para hacerlo.
Dispuesta a comer, pero demasiado tímida para hacerlo.
Mantenía la comida en la boca como si no tuviera hambre,
levantaba su plato como si se sintiera débil.

La recuerdo cuando dormía
La recuerdo cuando dormía,
aunque una vez dormida luchaba por permanecer despierta.
Para desvestirse no necesitaba que le rogara,
cuando se tendía esperaba que la abrazara.
Entonces se la veía nerviosa, todo encanto y pudor,
a la luz de la vela.

 

Chiang Hung (¿?-502 d. J.)

Procedente de Honan. Sirvió a la dinastía Liang, pero murió a causa de estar involucrado en un escándalo político. Su nombre fue vinculado al del poeta Wu Chün, y los escasos datos conocidos de su vida en general aparecen en la biografía oficial de Wu Chün.

Papel de carta rojo

Los matices diferentes no son raros,
pero este rojo es completamente único.
Llameante, fiero como el loto al abrirse,
surcado de reflejos como jirones de bruma.
Seda estampada, enrollada con aceite perfumado,
bañada con la esencia de capullos cortados.
Déjame dar testimonio de mi corazón separado,
ensobrado en mi amor por ti.
Si nunca llegas a mi dulce amado,
¿cómo sabrá él que mi lecho lo anhela?

 

Te vuelvo a encontrar

El blanco Sol calma los vientos puros,
nubes de luz motean los árboles altos.
Súbitamente, justo en ese instante,
junto abrojos y vuelvo a encontrarte.

 

Una rosa

Junto a la puerta hay una rosa,
su tallo y sus hojas se curvan con gracia.
Sin viento, sus esencias aún perfuman,
sus flores se mecen a voluntad.
Inquieta en su dormitorio primaveral,
junto a su estuche abierto, practica Lady Ming.
En los estanques titilan los reflejos,
las pendientes de las riberas lucen sus mejores galas.
Ahora escucha el dulce canto de un pájaro fugaz,
luego mira los pájaros que llevando barro se dirigen a sus nidos.
Zambullámonos en jarras de vino claro;
por lo demás, no habré de preocuparme.

 

Yang Fang (siglo IV d. J.)

Nombre de corte Kung Hui, de Chekiang. Sirvió a la dinastía Chin en varios cargos, y finalmente se retiró al campo.

Un cuarto vacío

Me quedo sentado, solo, en un cuarto vacío.
La desdicha puede comenzar de mil modos.
Tristes ecos responden a los suspiros de pena.
Infelices lágrimas responden a palabras amargas.
Doy vueltas y miro a mi alrededor,
el blanco Sol traspasa las colinas del Oeste.
Pero no veo llegar a mi amada,
sólo veo pájaros de regreso a casa.
Pájaros que vuelan alegres
y al atardecer descansan, cada uno en su bandada.

 

Bello árbol

Mi vecino del sur tiene un árbol bello
que saluda al Sol y da capullos blancos.
Frondas suaves cubren sus largas ramas,
verdes hojas abrigan el tronco rojo.
Con el viento exhala lánguidos susurros,
y el aire perfumado atraviesa la niebla purpúrea.
Mi corazón arde por ese árbol.
Al atardecer pasearía bajo su sombra,
al alba acariciaría sus corolas.
¡Qué profundas y firmes sus raíces!
¡Qué pobre y obscura mi casa!
Transplantarlo es un sueño sin esperanza.
Mis suspiros, ¿de qué sirven?

 

Pao Chao (412-466 d. J.)

Nombre cortesano Ming-yuan, de Kiangsu. Sirvió bajo las órdenes del emperador Hsiao-wu. Fue asesinado por soldados sublevados. Se lo considera uno de los poetas destacados de las dinastías del Sur, especialmente por sus baladas y sus innovaciones en el género de las canciones populares. De su obra sobreviven alrededor de doscientos poemas.

A mi antiguo amor, dos poemas

1
La ceniza fría muere, se enciende una vez más.
Las flores del atardecer se renuevan al alba.
El hielo de la primavera, aunque se funde por un tiempo,
vuelve a endurecerse como hielo invernal.
Mi amante me abandona,
los lazos del verdadero amor rotos para siempre.
La felicidad llega, pero nunca permanece.
Cada vez que me conmuevo acaba la tristeza del año.

2
Un par de espadas a punto de separarse
lloraron primero en su vaina.
En la noche de lluvia se hicieron una,
pero luego tomaron formas diferentes.
La femenina se hundió en el río Wu,
la masculina voló a la ciudad de Ch’u.
El río Wu es profundo e insondable;
la ciudad de Ch’u tiene portales infranqueables.
El Cielo se ha separado de la Tierra.
¿No es aún peor que cuando la Luz abandona la Obscuridad?
Las cosas mágicas no se separan para siempre,
pasan mil años y se vuelven a juntar.

 

Pao Ling-Hui (principios siglo V, mediados siglo V d. J.)

Hermana menor de Pao Chao. Poco se sabe de ella. Muchos de sus poemas imitan poemas antiguos, especialmente baladas anónimas.

Poema enviado a un viajero

Desde que te fuiste
mi rostro tenso junto a la entrada no quiere suavizarse.
El cepo y el mortero ya no resuenan por las noches,
y las altas puertas permanecen cerradas el mediodía.
Por las cortinas de mi lecho vagan las luciérnagas,
frente a mi jardín florecen las orquídeas purpúreas.
La Naturaleza se marchita, sensible al cambio de estación.
Llegan los cisnes recordando el frío de los viajeros.
Tu viaje terminará acaso al final del invierno.
Yo esperaré tu regreso hasta el fin de la primavera.

 

La hora del regreso

Los pájaros del aire saben que el atardecer es la hora del regreso,
sólo el que anda errante no retorna a su hogar.
Inadvertidamente pierdo el fragante aliento de las flores
y paso un tiempo inútil con el esplendor de la Luna.
Un rostro ceñudo aparece por la mañana en mi espejo,
lágrimas anhelantes manchan mi vestido primaveral.
La niebla del amanecer se desvanece sobre el Monte Wu,
a lo largo del río Ch’i se desnudan las ramas verdes.
Te espero, pero nunca vienes.
Los gansos del otoño vuelan de a dos, de a dos.

 

Al irse a la cama

Ella ahueca la almohada, perfuma la roja redecilla de su pelo,
hace girar la lámpara y deja caer sus vestidos.
Sus doncellas saben que la noche será larga,
pero si nadie llega podrán irse a casa.

 

P’an Yüeh (247 -300 d. J.)

Nombre cortesano An-jen, de Honan. Fue archivista durante la dinastía Chin. Fue famoso por su poesía y por su belleza. Entre sus poemas, se consideran especialmente excelentes aquellos en los que lamenta la muerte de su esposa.

Camino a casa

Solo languidezco. ¿Dónde está la que deseo?
La vida del hombre es como el rocío matinal.
Busco mi camino a través del espacio Infinito,
me abro paso rumbo a mi tierra dividida.
Con tierna pasión recuerdo,
tu amor me ha seguido hasta aquí
y mi corazón anhela regresar a tu lado.
Nuestros cuerpos separados no pueden tocarse,
nuestras almas se abrazan a mitad de camino.
¿Alcanzas a ver el pino en la cima de la montaña?
Con la muerte del invierno tampoco cambia.
¿Ves el ciprés en el valle?
En el frío final del año permanece igual a sí mismo.
No digas que busqué esta separación,
los lazos del amor se fortalecen en la distancia.

 

Wang Shu -Fines siglo V, principios siglo VI d. J.

Datos biográficos escasos. Por sus poemas se infiere que participó en la vida cortesana.

A una joven que recoge moras

A lo lejos veo una muchacha que levanta su cesta,
joven, etérea, tan exquisita.
Lista para partir, se vuelve, luego se aleja.
A punto de hablar, sus labios se abren en una sonrisa.
Recién separado de mi esposa
no tengo deseos de buscar una nueva amiga.
Pero sólo porque ataste tu cinturón de oleastro,
permíteme agradecerte con mi rocío de magnolia.

 

Yü Tan (fines del siglo V, principios del siglo VI d. J.)

Erudito, fue gobernador de un distrito de Kwangsi y más tarde secretario de Hsiao Wang.

Una noche soñé que volvía a casa

En un sueño corría a casa, a mi amante:
contigo saqué agua helada del pozo,
la cuerda de seda blanca del cubo de bronce,
el encantador brocal del pozo, de plata blanca.
Los gorriones salen velozmente de los árboles frondosos,
los insectos revolotean alrededor de las vigas de carey.
Apartada, tú no me ves.
No puedo soportar la gloria de la primavera.

 

Wu Chün (469-520 d. J.)

Nombre cortesano Shu-hsiang, de Chekiang. Realizó trabajos como historiador, y fue aclamado por su arte poético.

La dulce primavera

¿A dónde enviaré mi respuesta a tu carta?
A la izquierda del Lung hay cinco caminos que se bifurcan.
Con lágrimas muelo tinta t’uchich,
mi pincel mancha la blancura del papel de plumón de cisne.
En el estanque de la isla Meng flotan matices verde jade,
el rocío cae fragante sobre el lago Tungt’ing.
Prometiste regresar pero no regresaste.
La dulce primavera pasó en vano.

 

Recuerdos dolorosos

La cigarra del mediodía tiene recuerdos dolorosos.
El rocío nocturno vuelve a humedecer un vestido.
Al dejarme hace tiempo, ¿qué fue lo que dijiste
que hizo que la luciérnaga iniciara su vuelo?

 

Wang Seng-Ju (465-522 d. J.)

Hombre de corte Seng-Ju, desconocido. El nombre Seng indica relación con la vida religiosa de un budista, como monje o seglar.

Pesares de primavera

Las cuatro estaciones como agua de torrente
pasan veloces corriendo en círculo.
Las aves nocturnas corean el abandono,
los destellos del alba brillan radiantes.
Me aburre ver al capullo volverse fruto,
vi demasiados retoños convertirse en bambú.
Diez mil leguas sin noticias ni cartas,
diez años de dormir separados.
El peso de la pena aplasta mi cabello perfumado,
el llanto prolongado arruina mis bellos ojos.
Te fuiste a vivir a Yükuan,
yo me quedé a vivir en Hanku.
Sólo veo esta habitación mohosa
que parece la cueva de una araña.
Brindo con mi reflejo en la noche solitaria
y persigo mi propia sombra.
He cambiado mi cama de marfil por el fieltro y el bambú,
reemplacé los vestidos de seda por ropas de lino.
Aunque el viento y la escarcha puedan ir y venir,
viviré sola, te seguiré siendo fiel.

 

La esposa de mi vecino tejiendo en la noche

En un cuarto secreto los vientos soplan rigurosos;
bajo una larga veranda la Luna, todavía más pura.
Aún más amplio el jardín en la penumbra,
las olas del amanecer lo cubren de luz.
Escucho el confuso murmullo de los insectos,
de pronto me hiere el vuelo de un canto,
el interminable canto de un pájaro.
Mi amor eterno,
preocupada porque aún no tienes una capa,
noche a noche tejo junto a la ventana.

 

Hsiao Kang (503-551 d. J.)

Se convirtió en heredero cuando murió su hermano Hsiao T’ung, ya que era el tercer hijo de Hsiao Yen, y sucedió a su padre en el 549, como emperador. Fue asesinado dos años más tarde por el general tártaro Hou Ching. Fue un estadista de gran erudición y talento literario, budista creyente. A Hsiao Kang se debe el desarrollo de la “poesía de palacio”. Se cree que él encomendó a Hsu Ling la compilación de la antología Nuevos cantos desde una terraza de jade .

Suspiros de una dama de Ch’u

En su cuarto el reloj de agua aún gotea,
la infinitud del tiempo, el silencio de la noche.
Los insectos de la hierba revolotean a través de la puerta nocturna,
las arañas tejen sus muros otoñales.
Ella sonríe lánguida, pero no es una sonrisa feliz.
Suspira dulcemente, un suspiro que se vuelve dolor.
Las horquillas de oro se deslucen en su pelo,
los palillos de jade chorrean sobre su vestido.

 

Veo una horquilla reflejada en la corriente del río

Igual que ella, su reflejo en el agua verde
parece anhelar una brisa que refresque.
La corriente tiembla, destruye la imagen pintada.
Una horquilla cae, las flores del peinado desaparecen.
¿Dónde está el que durante tanto tiempo amara?
Ella sufre en vano por los corazones que ya no son uno.

 

Lamento

Los vientos del otoño y los abanicos blancos
son por naturaleza incompatibles.
Una nueva mujer y un amor pasado…
¡intolerable idea!
Campanas de oro amarillo detrás de mis codos,
fuentes de jade blanco sobre la mesa.
¿Quién elegiría enfrentar esto sola?
A cambio, ¿debo soportar la infidelidad?

 

Noche tras noche

La ligera escarcha en la noche
y no el fulgor del alba que se acerca.
Ella llora sobre la almohada empolvada todavía,
su cuerpo no se avendrá a dormir en la cama.
La vela de orquídea se extingue, vuelve a arder.
El incensario se apaga, reaviva el perfume.
Pregunta por la medida del dolor.
Se calcula por la duración de la noche.

 

Puedo suspirar

Puedo suspirar pero no puedo pensar,
o puedo pensar pero no puedo ver.
Se ha roto una cuerda sobre el puente de mi guitarra,
una huella de lápiz labial mancha mi abanico de concierto.

 

Hsiao Yen (469-549 d. J.)

Nombre de corte Shu Ta, de Kiangsu. Fundador de la dinastía Liang, reinó como emperador Wu desde el 502 hasta el 549. Budista devoto, dos veces se hizo monje, y tres veces en su vida se retiró a un monasterio.

Un dulce pensamiento

Los pétalos de la orquídea comienzan a cubrir el suelo,
los capullos del ciruelo han caído de sus ramas.
Como ellos guardan un dulce pensamiento,
recogeré algunos para aquél que mi corazón conoce.

Ramas para enviar a mi amada

El Sol carmesí brilla sobre el hielo blanco,
los capullos amarillos se reflejan sobre la nieve blanca.
Corto ramas de ciruelo para enviar a mi amada.
Volveremos a encontramos en la primavera.

 

Su boca se mueve

De cobre iridiscente las columnas doradas,
vigas fulgentes de jade blanco.
Ella canta una canción solitaria que no dejará de sonar,
su boca se mueve, exhala un perfume que persiste.

 

Para hacerle saber

Las plantas y los árboles no tienen la misma fragancia,
las flores y las hojas son de diferente color.

Envío estas palabras a mi antiguo amor
para hacerle saber que mi corazón lo recuerda.

Del libro de los cantos

 

Parecías un buen hombre

Un hombre sencillo, todo sonrisas,
trajo lienzo para cambiar por hilo,
no quería en verdad hacer negocios
sino pedir mi mano.
Te vi al otro lado del Qihe
a la altura de Dunqiu;
no fui yo quien lo pospuso,
no tenías un buen casamentero.
Te rogué no disgustarte
y fijé el otoño como fecha.

Subí a la muralla
a esperar tu regreso,
y como no venías
lloré a mares;
luego te vi venir
y con cuanta alegría reí y conversé!
Consultaste conchas de tortuga y la Milhojas;
nada dijeron contra nuestra fortuna;
entonces viniste con tu carro
y junto con mis cosas, me llevaste contigo.

Antes que la morera mude sus hojas
¡cuán verde y fresca es!
Ay, tórtola,
¡no te comas las moras!
Ay, chicas,
¡no gocéis con los hombres!
Un hombre goza y se marcha,
pero una chica
nunca será perdonada.

De la morera caen las hojas
amarillas y secas;
luego de irme contigo
tres años cené en la pobreza.
Tan hondas son las aguas del Qihe
que mojan las cortinas del carruaje.
Yo nada hice mal,
es a ti a quien hay que culpar;
fuiste desleal y cambiaste.

Tres años fui tu mujer,
y nunca estuve ociosa,
temprano me levantaba y tarde me acosté
día tras día.
Todo iba bien
hasta que te volviste un patán;
y mis hermanos, sin saberlo,
reían y jugaban conmigo como antes.
Sola, pienso en mi destino,
y apenas puedo lamentarme.

Quise envejecer a tu lado,
ahora,
los recuerdos del pasado
hieren mi corazón.
El Qihe tiene sus playas,
el Shihe sus orillas;
cuán felices éramos,
nuestras cabezas adornamos con moños,
con cuánta pasión conversamos y reímos,
que solemnes fueron los juramentos!
No debo pensar más en el ayer;
lo pasado, pasó;
mejor será que así termine.

Libro de los Cantos

 

Si me amas y sólo en mi piensas

Si me amas y sólo en mi piensas
levántate la túnica y cruza el río Zhenhe
para venir a verme.
Si nunca piensas en mí,
¿crees que no hay otros hombres?
¡Oh, el más inocente de los tontos!

Si me amas y sólo en mi piensas
levántate el vestido y vadea el Weihe
para venir a yerme.
Si nunca piensas en mí,
¿crees que no hay aquí
muchos más hombres?
¡Oh, el más tonto entre los tontos!

Libro de los Cantos

 

Poema Han

Verde crece la yerba al lado del río,
los sauces del jardín ya retoñaron.
Cuán elegante y hechicera es esa figura
que se apoya en la ventana del alto pabellón.
Encantadora es su delicada piel rosada,
mira cómo muestra sus finas manos blancas.
Fue bailarina y cantante de un burdel
y ahora es la mujer de un inconstante
que vaga por el mundo y no regresa.
Un lecho vacío es insoportable.

Anónimo

 

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