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BIOGRAFÍA DEL POETA PAUL CLAUDEL
«Los grandes hombres son parábolas vivientes”.
Paul Claudel
Paul Claudel nace el 6 de agosto de 1868 en Villeneuvesur-Fére, Francia. Hijo de Louis Prosper Claudel, un funcionario de mentalidad ilustrado-positivista, y Louise-Athenaïse Cécile Cerveaux. La familia veía con indiferencia los asuntos religiosos Su hermana mayor era Camille Claudel, escultora, que ya desde pequeña jugaba con el barro y esculpía a las personas que la rodeaban, incluyendo a su hermano y, que más tarde será destacada discípula, modelo y amante de Rodin.
El 8 de septiembre de 1868 Claudel es bautizado y ofrecido a la Virgen. Su educación comienza con las hermanas de la Doctrina Cristiana y después con un preceptor en casa, en el colegio municipal de Wassy y, finalmente, en París, en el Liceo Luis el Grande.

Lee a Víctor Hugo, Zola y La Vida de Jesús de Renan. Estudia el evolucionismo de Darwin, el positivismo de Compte y la filosofía de Kant, que le dan una visión desesperada del mundo. Se hunde en la rebeldía y el pesimismo. En ese momento el ambiente filosófico está dominado por el positivismo y el determinismo. Y esto no le ayudó a dar sentido a uno de los sucesos que más le van a afectar en su infancia: haber asistido a la agonía de su abuelo. Tanto que va a llamar a Taine (filósofo francés, crítico e historiador, uno de los principales teóricos del naturalismo) y a Renan (escritor, filósofo, filólogo, arqueólogo e historiador francés) veneno y podredumbre y suscribe el juicio de su profesor Romain Rolland cuando afirma sobre el Liceo: “Toda la atmósfera moral de París era deicida. La atmósfera malsana del Liceo, es cuartel de adolescentes en celo, la fermentación del Barrio Latino. La fiebre pegajosa, la ciudad alucinada, me soliviantaban el corazón (…). La lucha por la vida comenzaba implacable, impuesta sobre los débiles hombros de un hombrecito de catorce años. Ningún lugar donde apoyarse, la poca fe provinciana, hundida. Los muchachos de esa época escupían encima de ella. Incluso nuestros profesores nos hacían reír a su costa. Un positivismo materialista, bajo y espeso, extendía su aceite rancio sobre el estanque lleno de peces. El muchacho arrojado al agua, al agua sucia, que le asquea, no se atreve, por ese asco, a pedir socorro (¿qué socorro?), cierra la boca y muere”.
Claudel era uno de esos muchachos que no tenían a quién pedir socorro, seguramente fue ahí cuando perdió la fe. Después de su conversión, años mas tarde, dirá: “Los jóvenes que abandonan tan fácilmente la fe, no saben lo que cuesta reencontrarla y a precio de qué torturas (…). Yo sólo conocía por Renan la historia de Jesús y, fiándome de la palabra de ese impostor, ignoraba incluso que jamás se dijera Hijo de Dios (…). ¡Ah!, no necesitaba que nadie me explicara qué era el infierno, pues en el había pasado yo mi “Temporada”: Esas pocas horas me bastaron para enseñarme que el Infierno está allí donde Cristo no está”. Claudel renuncia al Jesús de Renan (un Jesús muy humano, como una personalidad moral elevada pero rechazando su divinidad y cualquier intervención de lo sobrenatural en su biografía: Para Claudel este Jesús de Renan era un maestro de moral que no podía abrir la cárcel de la finitud humana y un dios que no le ofrecía la salvación sino que sólo imponía cargas.

El joven Claudel empieza a expresar a través de la poesía el vacío que experimenta dentro de sí: “Heme aquí,/ Imbécil, ignorante,/ Hombre nuevo ante las cosas desconocidas (…) ¿tengo el corazón lleno de tedio!/ Nada soy ni puedo nada. ¿Qé decir? ¿Qué hacer? ¿Para qué emplearé mis manos colgantes?, ¿esos pies que me llevan como los sueños?/ Todo lo que se dice y la ciencia de los sabios me ha enseñado/ Con la sabiduría del tambor; los libros son ebrios. (…) ¿Quién soy? (…)¡Vedme, necesito / No sé qué, y podría gritar sin fin/ Igual que pía el nido de polluelos durante todo el día cuando el padre y la madre cuervos están muertos!” (Tête dÓr, 1889).
Unos meses antes de su conversión lee por primera vez a Rimbaud; La lectura de Las iluminaciones y después Una temporada en el infierno le provocaron una “viva y casi física impresión de lo sobrenatural”. Durante todo el año siguiente, comienza a asistir a los llamados “martes de Mallarmé” de quien fue amigo. Se reconoce en el grito de ambos poetas, súplica de dos corazones heridos. La exclamación en la que Rimbaud afirma que “la verdadera vida está ausente” refleja la inquietud claudeliana de la época. La pregunta desesperada que late en algunos de los versos de Mallarmé fascinan la mente y el sentimiento del escritor que no encuentra un camino que seguir: “¿Hay algún modo ¡oh Yo que sabes la amargura! / de romper el cristal por el monstruo insultado, / y de escapar volando con mis alas sin plumas / a riesgo de caer toda la eternidad?” (Las ventanas).

Claudel se identifica con el deseo inmortal expresado por sus contemporáneos de fin de siglo: “¡Hurgad en mi corazón! Y, si encontráis en él Otra cosa que un deseo inmortal, arrojadlo al estercolero, dádselo a comer a las cochinillas”. Pero a la vez, ve el peligro de que este deseo se niegue a reconocer su origen y su destino: “En el hombre hay una necesidad de felicidad espantosa y es preciso que se le dé su alimento, pues de lo contrario lo devorará todo como un fuego” (Cartas inéditas de 1894).
Este el paso previo a su conversión cuando en la noche de Navidad de 1886 un joven de dieciocho años, experimentó en la catedral de Notre Dame una poderosa certidumbre que le llevará a abrazar la fe católica. Aquel hecho inexplicable tuvo lugar ante una imagen de la Virgen y el Niño asentada sobre una columna, cuando el rezo de las Vísperas, cuando se recitaba el Magnificat (un cántico y una oración católica que proviene del evangelio de Lucas (Lucas 1:46-55), que reproduce las palabras que, según este evangelista, María, madre de Jesús, dirige a Dios en ocasión de su visita a su prima Isabel (Lucas 1:39-45), esposa del sacerdote Zacarías.
“En un instante mi corazón fue tocado y creí. Creí, con tal fuerza de adhesión, con tal agitación de todo mi ser, con una convicción tan fuerte, con tal certidumbre, que no dejaba lugar a ninguna clase de duda, que después, todos los libros, todos los razonamientos, todos los avatares de mi agitada vida, no han podido sacudir mi fe, ni, a decir verdad, tocarla. De repente tuve el sentimiento desgarrador de la inocencia, de la eterna infancia de Dios, de una revelación inefable”.
Claudel esperará activamente que su obra vaya quedando impregnada de esa gracia. Le preocupó conocer y describir un mundo que ante sus ojos era reciente y que se hallaba marcado por el misterio de la creación. La fe cristiana fue el punto de apoyo de su tarea literaria. Y, a partir de ese momento, da comienzo a una copiosa y sólida obra que abarcó el ensayo, el teatro y la poesía. “Cada hombre —escribió Claudel— ha sido creado para ser el testigo y el actor de un cierto espectáculo, para determinar su sentido.”
Claudel se licenció en Derecho, y realizó la Memoria en Ciencias Políticas en 1889.
Se postuló para formarse como diplomático en el servicio consular y en 1893 dio comienzo su vida errante de diplomático. Se le asignó el puesto de cónsul en los Estados Unidos. Después lo comisionaron al lejano Oriente. Durante la larga travesía de Francia a China Claudel trabó conocimiento con culturas que despertaron su interés. De su experiencia en Oriente, donde pasó la mayor parte de su vida como diplomático, nació su primer libro importante: Connaissance de lʼEst (Conocimiento del oriente), poemas que recurren a la prosa para captar un nuevo mundo de sensaciones y formas que aparecen intercaladas con las angustias existenciales del poeta. En sus viajes entre el Oriente y Francia visitó Siria y Palestina. Es en Oriente donde concibió su obra maestra poética: Cinco grandes odas.

Las Cinco grandes odas que, en palabras de Saint-John Perse, significan una voluntad firme de insertarse en la esencia de las cosas por el más profundo de los accesos: el del poema, en el que decir, celebrar, cantar son manifestaciones de estados interiores que no se someten a los objetos sino para alcanzar mejor al sujeto; ya sea que se siga el motivo general de las diversas posiciones y proporciones, que se entre en los dramas y en los comentarios de los textos sagrados, siempre aparece, cada vez más urgente, esa búsqueda del ser total que responde al llamado del universo al colocar primero su conciencia, a la que sirve y de la que se sirve.
La lectura de las Odas no es una operación sencilla. Claudel exige del lector la participación activa en su concepción del mundo. El poema se ciñe a sus propias leyes para comunicar una experiencia. Claudel que abrevó en las aguas del simbolismo adquirió de esta corriente literaria la conciencia de la autonomía de la imagen. Así las Odas en las grandes líneas de su construcción son el resultado de un gran poeta que elaboró un medio propio para decir su verdad. Podemos o no compartir la ideología de Claudel pero en el ámbito de la poesía las Grandes odas tienen el aliento de la auténtica creación.
Claudel como su amigo y, en ciertos aspectos su discípulo, Saint-John Perse, dedicó gran parte de su vida a la diplomacia, y gustaba de mencionar que nunca el poeta le había robado horas al funcionario. Cada mañana, después de asistir a misa y de cumplir con el fervor de su cristianismo, dedicaba una hora a realizar su vocación literaria; esa vocación que había logrado definirse con la lectura de los clásicos y de Rimbaud (a quien llamó un místico en estado salvaje), y con el trato de la persona y obra de Mallarmé. Los clásicos como Virgilio y Horacio, leídos en su lengua original, contribuyeron a la maestría en el oficio literario; y la lectura continua de la Biblia, después de su conversión, fue el alimento de un estilo y la fuente inagotable de inspiración.
Aunque Claudel dominó la forma del soneto y supo como pocos componer de acuerdo con las leyes de la versificación, para lo que tenía que decir prefirió el versículo. El antecedente de Baudelaire y Rimbaud y su frecuentación de la Biblia lo familiarizaron con una forma que es la adecuada para expresar la épica del conocimiento siempre desde la perspectiva cristiana. Para Claudel los ritmos del cuerpo dictaban la cadencia del verso. De los latidos del corazón y la respiración surge el versículo.
En las páginas de su libro LʻArt poétique el poeta dejó escritas las ideas que rigen su obra literaria. Para Claudel todo ser o cosa viva existe sólo en relación con otros seres y cosas vivas; la interdependencia universal es flagrante, la simultaneidad evidente; para el ser vivo conocer equivale a un renacer, proporcionarse un medio de renacimiento, es hacer que nazcan por sí mismos, consigo mismo, todos los objetos de los que tiene conocimiento.
Paul Claudel leído por Lacan:
En el Seminario 8, La transferencia, después de haber recorrido el amor a través de El Banquete de Platón, Jacques Lacan da un giro inesperado: se lanza a comentar una trilogía teatral de Paul Claudel conocida como Los Coûfontaine: El rehén, El pan duro y El padre humillado. Lacan no analiza a Claudel por su temática católica, sino como un «poeta del deseo» cuya obra permite ilustrar mecanismos clínicos y estructurales del psicoanálisis. Dice: Que este teatro tenga para algunos, de acuerdo con sus preferencias, un olor de sacristía que puede gustar o disgustar, ésa no es la cuestión. El interés que tiene introducirles en ella es que, con todo, es una tragedia.
La famosa Trilogía de Paul Claudel le sirve a Lacan para situar lo que llamará la tragedia contemporánea del deseo pero también lo que ocurre con un cuerpo contrariado. Claudel expone el descubrimiento freudiano sobre la estructura del deseo y sobre variaciones del Edipo difíciles de aceptar como encuadradas en su marco. Dicha trilogía es una tragedia representada en tres obras: Cada una de ellas representa una generación. Es decir tres generaciones para la transmisión de un deseo. De modo que podríamos ponerlo en relación también con lo que Freud llamó la novela familiar del neurótico.
Lo que causó a Lacan a leer esta Trilogía e insertarla en medio del Seminario sobre La transferencia, en el mismo nivel de los diálogos platónicos, fue el hecho que leyendo la correspondencia entre Paul Claudel y André Gide se entera que para publicar esta serie de obras de teatro, Claudel hizo labrar en la imprenta un carácter que no existía hasta el momento. El carácter nuevo es el acento circunflejo sobre la u en el apellido Coûfontaine. El acento circunflejo remarca una letra que si no sería más atenuada.
Este signo pone a Lacan sobre la pista de un significante faltante y dice que leyendo esa Trilogía puede encontrar algo sobre el deseo. Es decir algo quería escribir Paul Claudel que sólo podía hacerlo haciendo esa modificación, produciendo ese pequeño cambio tipográfico. Claudel era afecto a introducir pequeñas modificaciones en los nombres para sugerir algún significado o con algún oscuro designio. A veces no tan oscuro, por ejemplo en el nombre Sygne. Del personaje principal en la primera obra cambia la i latina por la y griega, aunque el sonido queda igual, en un nombre que significativamente significa signo: Sygne de Coûfontaine. Sygne no sólo alude a signo sino que también significa “cisne”. Coû de Coûfontaine significa cuello, característico de un cisne en la fuente. Ese cuello de Sygne va tener un significado muy especial. Otro ejemplo: la nieta de este personaje se llama Pensée (Pensamiento). Sabemos desde Freud que los pensamientos pueden ser pensamientos de deseo. Pensée recuperará algo del deseo de su abuela y del amor imposible de ésta.

La acción transcurre en la época napoleónica, tras la Revolución Francesa. Un Papa perseguido. Una familia marcada por la guillotina. Y un personaje inquietante: Toussaint Turelure, antiguo verdugo, que forzará el destino de las generaciones sucesivas.
Sygne de Coûfontaine acepta casarse con Turelure —verdugo de sus padres— a cambio de salvar la vida del Papa al que protege.
Cuando el cura Bailón le pide ese sacrificio, ella dice que sí. Pero mientras dice que sí, hace un gesto de negación con el cuello.
Ese movimiento quedará fijado para siempre.
Lacan leerá ahí algo más que un tic. Verá una marca psicosomática como inscripción en el cuerpo de una contradicción estructural: rechazo y aceptación simultáneos. El deseo sacrificado deja huella en el cuerpo.
Aquí aparece algo que Lacan desarrollará mucho más tarde bajo la fórmula de “acontecimiento de cuerpo”: el modo en que el deseo —o su renuncia— se escribe en lo corporal. El acontecimiento de cuerpo, desarrollado en su última enseñanza (especialmente en Joyce el Síntoma, 1975), se refiere al momento en que el goce marca el cuerpo de forma singular e indeleble. Es un acontecimiento real, distinto del cuerpo imaginario o simbólico, que constituye el síntoma como una satisfacción de la pulsión y no solo como un mensaje descifrable.

En El pan duro, segunda generación, aparece Louis Turelure. Tras el parricidio, se encuentra con Lumir. Ella le propone una unión absoluta, fuera del mundo, más allá de la ley, más allá del tiempo.
El diálogo entre ellos es vertiginoso. Lumir invoca una fusión total:
darse el alma como una espada, ser todo el uno para el otro en un relámpago que aniquile el tiempo.
Es el deseo de eternidad comprimido en un instante.
Un deseo de abolir la falta.
Pero Louis responde:
“No tengo nada que hacer con la eternidad.”
Ahí está el punto decisivo. El parricida no se deja absorber por esa fusión. Y ese rechazo prepara el terreno para la tercera generación.
En El padre humillado reaparece una figura femenina que Lacan pone en relación con Sygne: Pensée de Coûfontaine.
Pensée encarna algo que retorna. Algo del deseo sacrificado de la abuela encuentra otra vía de expresión. No repetición idéntica, sino transformación. Repetición con diferencia.
Y aquí Lacan se pregunta: ¿qué quiso decir Claudel con esta figura?
No se trata de analizar psicológicamente a los personajes. Se trata de ver cómo el mito funciona como estructura. Lacan mismo recuerda que, en una antigua conferencia sobre la neurosis obsesiva —a propósito del Hombre de las Ratas— ya había mostrado cómo los mitos organizan el determinismo de los síntomas.
Por eso se pregunta:
¿Para qué puede servirnos la mitología claudeliana en el análisis?
No para subrayar lo negativo. Sino para construir. Para pensar la transferencia. Para pensar cómo el deseo se articula, se transmite y se reconfigura.
Una generación sacrifica el deseo
La otra mata.
La otra intenta amar.
Y en esa cadena, algo del deseo encuentra —o no— su posibilidad.
Claudel murió en París el 23 de febrero de 1955. Fue despedido con solemnidad en Notre Dame y enterrado en su propiedad de Brangues. En su tumba se lee:
“Aquí reposan los restos y la semilla de Paul Claudel.”
Catálogo de sus obras Teatro
•1887: L’Endormie (primera versión)
•1888: Fragment d’un drame
•1890: Tête d’or (obra de teatro) (primera versión)
•1892: La Jeune Fille Violaine (primera versión)
•1893: La Ville (primera versión)
•1894: Tête d’or (obra de teatro) (segunda versión); L’Échange (primera versión)
•1899: La Jeune Fille Violaine (segunda versión)
•1901: La Ville (segunda versión)
•1901: Le Repos du septième jour
•1906: Partage de midi, drama (primera versión)
•1908: L’Otage, drama en tres actos
•1912: La anunciación a María (L’Annonce faite à Marie) (primera versión)
•1913: Protée drama satírico en dos actos (primera versión)
•1917: L’Ours et la Lune
•1918: Le Pain dur, drama en tres actos
•1919: Les Choéphores d’Eschyle
•1920: Le Père humilié, drama en cuatro actos
•1920: Les Euménides d’Eschyle
•1926: Protée, drama satírico en dos actos (segunda versión)
•1927: Sous le Rempart d’Athènes
•1929: Le Soulier de satin o Le pire n’est pas toujours sûr (El zapato de raso), acción española en cuatro jornadas.
•1933: Le Livre de Christophe Colomb, drama lírico en dos partes
•1939: Jeanne d’Arc au bûcher
•1939: La Sagesse ou la Parabole du destin
•1942: L’Histoire de Tobie et de Sara, drama moral en tres actos
•1947: L’Endormie (segunda versión)
•1948: L’Annonce faite à Marie (segunda versión)
•1949: Protée, drama satírico en dos actos (segunda versión)
•1954: L’Échange (segunda versión)
Poesía
•1900, hasta después de 1907: Connaissance de l’Est
•1905: Poèmes de la Sexagésime
•1907: Processionnal pour saluer le siècle nouveau
•1911: Cinq grandes Odes
•1911: Le Chemin de la Croix
•1911: La Cantate à trois voix
•1915: Corona benignitatis anni dei
•1919: La Messe là-bas
•1922: Poèmes de guerre (1914-1916)
•1925: Feuilles de saints
•1942: Cent phrases pour éventails
•1945: Visages radieux
•1945: Dodoitzu, illustrations de Rihakou Harada.
•1949: Accompagnements
Ensayos
•1928 – Positions et propositions, tome I.
•1929 – L’Oiseau noir dans le soleil levant.
•1934 – Positions et propositions, tome II.
•1935 – Conversations dans le Loir-et-Cher.
•1936 – Figures et paraboles.
•1940 – Contacts et circonstances.
•1942 – Seigneur, apprenez-nous à prier.
•1946 – L’Œil écoute.
•1949 – Emmaüs.
•1950 – Une voix sur Israël.
•1951 – L’Évangile d’Isaïe.
•1952 – Paul Claudel interroge l’Apocalypse.
•1954 – Paul Claudel interroge le Cantique des Cantiques.
•1956 – Conversation sur Jean Racine.
•1957 – Sous le signe du dragon.
•1958 – Qui ne souffre pas… Réflexions sur le problème social.
•1958 – Présence et prophétie.
•1959 – La Rose et le rosaire.
•1959 – Trois figures saintes pour le temps actuel.
•(s.d.) Le Poète et la Bible, volume 1, 1910-1946, et volume 2, 1945-1955 – éd. Gallimard – 1947 pages.
Casa del Boulevard de Port-Royal donde vivió la familia Claudel desde 1886 hasta 1892.
Diario de memorias
•1954 Mémoires improvisés. Quarante et un entretiens avec Jean Amrouche.
•1968 Journal. Tome I: 1904-1932.
•1969 Journal. Tome II: 1933-1955.
Correspondencia
•1949 Correspondance de Paul Claudel et André Gide (1899-1926).
•1951 Correspondance de Paul Claudel et André Suarès (1904-1938).
•1952 Correspondance de Paul Claudel avec Gabriel Frizeau et Francis Jammes (1897-1938), acompañada por cartas de Jacques Rivière.
•1961 Correspondance Paul Claudel et Darius Milhaud (1912-1953).
•1964 Correspondance de Paul Claudel et Aurélien Lugné-Poe (1910-1928). Claudel homme de théâtre.
•1966 Correspondances avec Copeau, Dullin, Jouvet. Claudel homme de théâtre.
•1974 Correspondance de Jean-Louis Barrault et Paul Claudel.
•1984 Correspondance de Paul Claudel et Jacques Rivière (1907-1924).
•1990 Lettres de Paul Claudel à Élisabeth Sainte-Marie Perrin et à Audrey Parr.
•1995 Correspondance diplomatique. Tokyo (1921-1927).
•1995 Correspondance de Paul Claudel et Gaston Gallimard (1911-1954).
•2005 Correspondance de Paul Claudel avec les ecclésiastiques de son temps. Volume I, Le sacrement du monde et l’intention de gloire (éditée par Dominique Millet-Gérard). París: Champion, coll. « Bibliothèque des correspondances, mémoires et journaux» n.º 19, 2005. 655 p., 23 cm
•2005: Une amitié perdue et retrouvée: correspondance de Paul Claudel et Romain Rolland (édition établie, annotée et présentée par Gérard Antoine et Bernard Duchatelet). París: Gallimard, coll. «Les cahiers de la NRF», 2005. 479 pp., 21 cm
Traducciones al castellano
•La Anunciación a María. Traducción de José María Souviron. Editorial Difusión, Santiago de Chile, 1943.
•La Anunciación a María. Traducción de Ángel J. Battistessa. Emecé Editores, Buenos Aires, 1945.
•Partición de Mediodía. Traducción de Ángel J. Battistessa. Emecé Editores, Buenos Aires, 1951.
•Juana de Arco en la hoguera. Traducción de Ángel J. Battistessa. Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, 1948.
•El zapato de raso. Traducción de Carlos Viola Soto. Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1955.
•El libro de Cristóbal Colón. Traducción de Julio E. Payró. Editorial Losada, Buenos Aires, 1941.
•La muralla interior de Tokio. Revista Cuadernos Hispanoamericanos n.º 503. Traducción de Xoán Abeleira.
•Paul Claudel. La anunciación a María. Encuentro.
•Paul Claudel. El zapato de raso. Encuentro.
•Paul Claudel. A los mártires españoles. Encuentro.
•Paul Claudel. Proeza y Rodrigo. Encuentro.
•Claudel, Paul (1997). Cinco grandes odas. Siglo XXI.
•Claudel, Paul (1955). Cinco grandes odas. Traducción:Badosa, Enrique. Ediciones Rialp, S.A. Colección Adonais CXVIII-CXIX.
•Sánchez Robayna, Andrés (Ed.) (2006). De Keats a Bonnefoy. Versiones de poesía moderna. Traducción:Taller de Traducción Literaria de la Universidad de La Laguna. Editorial Pre-Textos, Valencia.
•El ojo oye (L’œil écoute). Traducción de Juan Ramón Ortega Ugena. Vaso Roto Ediciones, Monterrey-Madrid, 2015.
SELECCIÓN DE POEMAS DE PAUL CLAUDEL
ODA SEGUNDA
ARGUMENTO
El poeta en el cautiverio de los muros de Pekín, sueña con el Mar. Ebriedad del agua que es infinito y liberación. Pero el espíritu le es superior aun en penetración y en libertad. Impulso hacia el Dios absoluto, el único que nos libera de lo contingente. Pero en esta vida estamos separados de él. Sin embargo, él está allí aunque invisible y a él estamos ligados por este elemento fluido, el espíritu y el agua, por el cual todas las cosas son penetradas. Visión de la Eternidad en la creación transitoria. La voz que es a la vez el espíritu y el agua, el elemento plástico y la voluntad que se impone a ella, es la expresión de esta unión
bienaventurada. El espíritu en toda cosa libera al agua, ilumina y clarifica. Pide a Dios ser él mismo, liberado de las mortales tinieblas. El agua que purifica cuando salta al llamado de Dios, son las lágrimas que brotan de un corazón penitente. Recuerdo de errores pasados. Todo concluye ahora y el poeta escucha en un silencio profundo, el Espíritu de Dios que sopla a esta voz de la Sabiduría que se dirige a todo hombre.
EL ESPÍRITU Y EL AGUA
Después de largo silencio humeante,
Después del gran silencio civil de muchos días
humeantes de rumores y de humaredas,
Aliento de la tierra cultivada y canto de las grandes
ciudades doradas,
De repente el Espíritu de nuevo, de repente el soplo
de nuevo
¡De repente el golpe sordo en el corazón, de repente
la palabra dada,
de repente el soplo del Espíritu, el rapto seco,
de repente la posesión del Espíritu!
Como en el cielo pleno de noche antes de que
estalle el primer fuego del relámpago,
¡De repente el viento de Zeus en un torbellino de
paja y polvo con la ropa lavada de toda la ciudad!
Dios mío, que en el principio separaste las aguas
superiores de las aguas inferiores,
Y que de nuevo has separado de esas aguas húmedas
que menciono,
Lo árido, como a un niño que separaron del
abundante cuerpo materno,
La tierra calentándose, reverdeciendo y alimentada
con leche de lluvia,
Y que en el tiempo del dolor, como en el día de
la creación, tomaste en tu mano todopoderosa
la arcilla humana y el espíritu te salpica
entre los dedos,
De nuevo después de largas rutas terrestres,
¡He aquí la Oda, he aquí ante ti esta gran Oda nueva
No como una cosa que comienza, sino poco a poco
como el mar que estaba ahí,
El mar de todas las palabras humanas con la
superficie en diversos sitios.
Reconocido por un soplo bajo la bruma y por el ojo
de la matrona Luna!
Ahora bien, cerca de un palacio color de caléndula
entre los árboles de techos numerosos que dan sombra a
un trono podrido,
Habito la ruina principal de un viejo imperio.
Lejos del mar libre y puro, amarillo o en lo más
terrestre de la tierra,
Donde la tierra misma es el elemento que se respira,
manchando
inmensamente con su sustancia el agua y el aire,
Aquí donde convergen los canales mugrosos y las
antiguas rutas desgastadas y los caminos de los asnos
y de los camellos,
Donde el emperador de las tierras terrenales traza el
surco y alza las manos al cielo útil de donde viene el
tiempo bueno y malo.
Y como en los días de turbonada, se ven
a lo largo de las costas los faros y las agujas
de roca envueltas por la bruma y la espuma
que se pulveriza,
Es así como en el antiguo viento de la Tierra, la
Ciudad cuadrada erige sus fortificaciones y sus
puertas,
Escalona sus puertas colosales en el viento amarillo,
tres veces tres puertas como elefantes,
En el viento de polvo y de ceniza, en el gran
viento gris del polvo que fue Sodoma, y los imperios de
Egipto, y de los persas, y París, y Tadmor, y Babilonia.
Pero qué me importan en el presente vuestros
imperios y todo lo que muere,
¡Y vosotros a quienes dejé con vuestros odiosos
caminos allá!
¡Puesto que soy libre! ¿me importan acaso vuestros
compromisos crueles? ¡Puesto que yo al menos soy
libre! ¡Puesto que he encontrado! ¡Puesto que al menos
estoy fuera!
¡Puesto que ya no tengo mi lugar con las cosas
creadas, sino mi parte con el que las creó, el espíritu
líquido y lascivo!
¿Se labra el mar, acaso? ¿acaso lo abonáis
como parcela de guisantes?
¿Acaso le elegís su rotación, alfalfa
o trigo o coles o remolachas amarillas
o púrpuras?
Pero es la vida misma y sin ella todo está muerto,
¡ah, quiero la vida misma sin la cual todo está muerto!
¡La vida misma, y me mata todo lo que es mortal!
¡Ah, no me basta! ¡Miro el mar! todo lo que tiene
fin me colma.
Pero aquí y por doquier que dirija el rostro y de
aquel otro lado
¡Hay más todavía y allá también y siempre y otra vez
aún más! ¡Siempre, corazón querido!
¡No temas que mis ojos lo agoten! Ah, estoy
harto de tus aguas potables.
No quiero de tus aguas compuestas, recolectadas
por el sol, filtradas y alambicadas, distribuidas
por las máquinas de las montañas,
Corruptibles, fluyentes
Vuestras fuentes no son fuentes. ¡El elemento
mismo!
¡La materia prima! ¡Es la madre, digo, que me hace
falta!
¡Poseamos la mar eterna y salada, la gran rosa gris!
¡Alzo un brazo hacia el paraíso! ¡Me dirijo hacia el mar
de entrañas de uva!
¡Me he embarcado para siempre! Soy como el viejo
marinero que ya no conoce la tierra sino por sus faros,
los sistemas de estrellas verdes o rojas señalados
por el mapa y el portulano.
¡Un momento sobre el muelle entre los fardos y los
toneles, los documentos con el cónsul, un apretón de
manos al estibador
Y después, de nuevo, la amarra soltada, el silbido
de las máquinas, el rompeolas que se rebasa,
y bajo mis pies
De nuevo la dilatación del oleaje!
Ni
El marinero, ni
El pez que otro pez lleva a comer,
Sino la cosa misma y todo el tonel y la
vena viva,
Y el agua misma, y el elemento mismo, ¡Juego,
resplandezco!
¡Comparto la libertad del mar omnipresente!
El agua
Viene siempre a reencontrar el agua,
Componiendo una gota única.
Si yo fuera el mar, crucificado por millones de brazos
sobre sus dos continentes,
Sintiendo en pleno vientre la atracción ruda del cielo
circular, con el sol inmóvil como la mecha encendida
bajo la ventosa,
Conociendo mi propia cantidad,
Soy yo, jalo, llamo con todas mis raíces, el
Ganges, el Mississippi,
La mata espesa del Orinoco, el largo hilo del Rin,
el Nilo con su doble vejiga,
Y el león nocturno bebiendo, y las ciénagas,
y las cuencas subterráneas y el corazón redondo y pleno
de los hombres que duran su instante.
¡No el mar, si soy espíritu! ¡Y como el agua
del agua, el espíritu reconoce al espíritu,
El espíritu, el hálito secreto,
El espíritu creador que hace reír, el espíritu de vida
y el gran aliento neumático, la separación del espíritu
Que cosquillea y que embriaga y hace reír!
¡Oh cómo esto es más vivo y ágil, no hay temor de
quedar
sin humedad! Por hondo que me sumerja, no puedo
vencer la elasticidad del abismo.
Como en el fondo del agua se ve a la vez una docena
de diosas de hermosos miembros,
Verduzcos, subir en una erupción de burbujas de aire
Que se regocijan en el amanecer con el día divino en
el gran encaje blanco, en el fuego amarillo y frío, en el
mar gaseoso y burbujeante!
¿Qué
Puerta me detendría? ¿Qué muralla? ¡El agua
Huele a agua, y soy más que ella misma, líquido!
¡Cómo disuelve la tierra y la piedra cimentada, tengo
por doquier inteligencias!
El agua que ha hecho la tierra, la desata; el espíritu
que ha hecho la puerta, abre la cerradura.
¿Y qué es el agua inerte al lado del espíritu, su
potencia
Al lado de su actividad, la materia comparada con el
obrero?
¡Siento, olfateo, rastreo, desenredo, respiro
con algún sentido
La cosa tal y como está hecha! ¡Y también estoy
colmado de un dios, estoy abultado de ignorancia y de
genio!
Oh fuerzas activas en mi derredor
Sé hacer tanto como vosotras, ¡Soy libre, soy
violento,
soy libre a vuestra manera que los profesores no
comprenden!
Como el árbol nuevo cada año en la primavera
Inventa, trabajado por su alma,
El verde, el mismo que es eterno, y crea de la nada
su hoja, puntiaguda,
Yo, el hombre
Sé lo que hago,
Del ímpetu y del mismo poder de nacimiento y
de creación
Hago uso, soy maestro
Estoy en el mundo, ejerzo en todas partes
mi conocimiento.
Conozco todas las cosas y todas las cosas se conocen
por mí.
Aporto a cada cosa su alumbramiento,
Por mí
Ninguna cosa permanece en la soledad sino que asocio
una con otra en mi corazón:
¡Esto aún no basta!
¿Qué me importa la puerta abierta si no tengo la
llave?
¿Y qué me importa mi libertad si no soy mi propio
maestro?
Miro todas las cosas, miradme todos, pues no soy el
esclavo sino el dominador.
Toda cosa
Más que sufrir impone, forzando que se
avenga con ella, todo ser nuevo
¡Una victoria sobre los seres que ya eran!
Y tú que eres el Ser perfecto, ¡Tú no has impedido
que también yo sea!
Miras al hombre que yo creo y al ser que de ti tomo.
¡Oh Dios Mío, mi ser suspira hacia el tuyo!
¡Líbrame de mí mismo! ¡Libera al ser de la
condición!
¡Soy libre, líbrame de la libertad!
¡Veo muchas formas de no ser, mas no hay sino
una sola forma
De ser, que es ser en ti, que es Tú mismo!
El agua
Aprehende el agua, el espíritu da olor a la esencia.
Dios mío, que has separado las aguas inferiores
de las aguas superiores,
¡Mi corazón gime por ti, líbrame de mí mismo,
porque tú eres!
¿Qué es esta libertad, y qué debo hacer en otra parte?
Debo sostenerte.
Dios mío, veo al hombre perfecto sobre la cruz,
perfecto sobre el Árbol perfecto
Tu hijo y el nuestro, en su presencia y en la nuestra
clavado de pies y manos con cuatro clavos,
¡El corazón roto en dos y las grandes Aguas
que penetran hasta su corazón!
¡Líbrame del tiempo y toma mi corazón miserable
toma, Dios mío, este corazón que late!
¡Más yo no puedo forzar en esta vida
Hacia ti por este mi cuerpo, y tu gloria
es como la resistencia del agua salada!
¡La superficie de tu luz es invencible y no puedo
encontrar el lado débil de tus resplandecientes tinieblas!
Tú estás allá y yo estoy allá.
Y tú me impides pasar y yo también te
impido pasar.
Y tú eres mi fin, y yo también soy tu fin.
Y como el gusano más endeble que se sirve del sol
para vivir y de la máquina de los planetas,
Así no hay un soplo de mi vida que yo no tome
de tu eternidad.
¡Mi libertad está limitada por mi sitio en tu
cautiverio y por mi ardiente parte en el juego!
A fin de que no escape este rayo de tu luz, creadora
de vida, que me estaba destinado.
¡Y tiendo las manos a diestra y siniestra
A fin de que por mí no quede
ningún vacío en el perfecto recinto de tus criaturas!
¡No hay necesidad de que yo muera para que tú vivas!
Tú estás en este mundo visible como en el otro.
Tú estás aquí
Tú estás aquí y yo no puedo estar en ninguna parte
sino contigo.
¿Qué me sucede? Es como si este viejo mundo
estuviera ahora cerrado.
Así como antaño cuando trajeron la cabeza desde el
cielo encima del templo,
La piedra clave de la bóveda vino a apresar el bosque
pagano.
¡Oh Dios mío, veo ahora la clave que libera,
no es aquella que abre, sino la que cierra!
¡Tú estás aquí conmigo!
¡Estás cerrado por tu voluntad como por un muro
y por tu potencia como por una fortísima muralla!
Y he aquí que como antes Ezequiel con la caña
de siete codos y medio,
Estás atrapado y de un rincón del mundo al otro
alrededor de ti
He tendido la inmensa red de mi conocimiento.
Como la melodía que inicia con metales
Gana las maderas y progresivamente invade las
profundidades de la orquesta
Y como las erupciones del sol
Que repercuten sobre la tierra en crisis de agua y
maremoto,
Así, desde el más grande Ángel que te contempla
hasta la piedra del camino y de un rincón de tu creación
hasta el otro,
No cesa la continuidad, como tampoco entre el alma
y el cuerpo;
El movimiento inefable de los serafines se propaga
en los Nueve órdenes de los Espíritus,
¡Y he aquí el viento que se eleva sobre la tierra,
El sembrador, el Recolector!
Así el agua continúa el espíritu y lo soporta y lo
alimenta,
Y entre
Todas tus criaturas hasta ti, hay como un
enlace líquido.
¡Te saludo, oh mundo liberal ante mis ojos,
Comprendo por qué estás presente,
Lo Eterno sí está contigo, y donde está
la Criatura, el Creador no la ha abandonado!
Yo estoy en ti y tú estás en mí, tu posesionen la mía.
Y ahora en nosotros por fin
Resplandece el comienzo,
Resplandece el nuevo día, resplandece en la posesión
de la fuente, yo sé qué juventud angélica!
Mi corazón no marca más el tiempo, es el instrumento
de mi perduración,
Y el imperecedero espíritu contempla las cosas
pasajeras.
¿Pero he dicho pasajeras? He aquí que ellas
recomienzan.
¿Y mortales? No hay tampoco muerte conmigo.
Todo ser, como
Obra de la Eternidad, es también su expresión.
La eternidad es presente y todas las cosas presentes
suceden en ella
No es el texto desnudo de la luz: mirad, todo está
escrito de un lado a otro:
Se puede recurrir al detalle más gracioso: no falta
sílaba ninguna.
La tierra, el cielo azul, el río con sus embarcaciones
y tres árboles cuidadosamente plantados en la orilla,
La hoja y el insecto sobre la hoja, esta piedra
que sopeso con mi mano,
La aldea con toda esa gente de dos ojos
que a la vez habla,
teje, comercia, enciende fuego, lleva fardos,
completa como una orquesta que toca,
Todo esto es la eternidad, y la libertad de no ser
le ha sido negada,
¡Yo los veo con los ojos del cuerpo, los produzco
en mi corazón!
¡Con los ojos del cuerpo, en el paraíso no usaré
otros ojos sino estos mismos!
¿Se dice acaso que el mar pereció porque otra ola
y una tercera y una enésima sucede
A ésta que se resuelve triunfalmente en la espuma?
El mar está contenido en sus riberas y el
Mundo en sus límites, nada se pierde en este lugar
cerrado,
Y la libertad está contenida en el amor,
Palpita
En todas las cosas el deseo de inventar la
aproximación más
exquisita, toda belleza en su insuficiencia.
Yo no os veo, pero me perpetúan estos seres
que os ven.
No se entrega sino lo que se ha recibido.
Y como todas las cosas de ti
Han recibido el ser, en el tiempo restituyen la
eternidad.
Y yo también
Tengo una voz y escucho y oigo el ruido que ella hace.
Y produzco agua con mi voz, como si fuera agua
pura, y porque ella nutre todas las cosas, todas las cosas
se reflejan en ella.
¡Así la voz con la que yo hago de ti palabras eternas!
no puedo nombrar nada sino lo eterno.
¡La hoja muere y el fruto cae, pero la hoja
en mis versos no perece,
Ni el fruto maduro, ni la rosa entre las rosas!
Ella perece, mas su nombre en el espíritu que es mi
espíritu ya no perece. Hela aquí liberada del tiempo.
Y yo que hago las cosas eternas con mi voz,
haz que yo sea eternamente
Esta voz ¡Una palabra totalmente inteligible!
¡Libérame de la esclavitud y del peso de esta materia
inerte!
¡Clarifícame, pues! despójame de estas tinieblas
execrables y haz que yo sea, por fin,
Toda esta cosa deseada oscuramente en mí.
¡Vivifícame, así como el aire aspirado por nuestra
máquina hace brillar nuestra inteligencia como una brasa!
Dios, que has soplado sobre el caos, separando lo seco
de lo húmedo,
Que has soplado sobre el Mar Rojo, que se apartó
ante Moisés y Aarón,
Sobre la tierra mojada, he aquí al hombre,
Mandas también sobre mis aguas, y has puesto
en mi nariz el mismo espíritu de creación y de figura.
No es lo impuro lo que fermenta, lo puro es
la simiente de vida.
¿Qué es el agua sino la necesidad de ser líquido
Y perfectamente claro en el sol de Dios como una
gota traslúcida?
Y qué me dices del azul del aire que conviertes en
líquido
¡Oh, qué precioso elixir es el alma humana!
Si el rocío resplandece en el sol,
¡Cuánto más el carbunclo humano y el alma
substancial en la luz inteligible!
¡Dios que has bautizado con tu espíritu el caos
Y que la víspera de Pascuas exorcizas por la boca
de tu sacerdote la fuente pagana con la letra psi,
Fecundas con el agua bautismal nuestra agua
humana
Ágil, gloriosa, impasible, imperecedera!
El agua transparente ve por nuestros ojos y sonora
escucha por nuestra oreja y prueba
Por la boca púrpura que abreva en la séxtuple fuente,
Y colorea nuestra carne y modela nuestro cuerpo
plástico.
Y como la gota seminal fecunda la figura matemática,
repartiendo
El inicio abundante de los elementos de su teorema.
¡Así el cuerpo de gloria desea bajo el cuerpo de
barro, y la noche
Se disuelve en la visibilidad!
¡Dios mío, ten piedad de estas aguas deseantes!
¡Dios mío, ves que yo no soy solamente
espíritu sino agua! ¡Ten piedad de estas aguas que mueren
de sed dentro de mí!
Y el espíritu está deseante, mas el agua es la cosa
deseada.
¡Oh, Dios mío, tú me has dado este instante
de luz para verla,
Como el hombre joven que piensa en su jardín en el
mes de agosto y ve por intervalos todo el cielo y la
tierra de una sola mirada,
El mundo de una sola mirada atravesado por
un rayo dorado!
¡Oh fuertes estrellas sublimes y qué fruto entrevisto
en el negro abismo! ¡Oh flexión sagrada del largo ramaje
de la Osa Menor!
No moriré.
¡No moriré, soy inmortal!
¡Y todo muere, mas yo crezco como una luz más
pura!
Y así como ellos hacen muerte de la muerte, de su
exterminio hago mi inmortalidad.
¡Que cese yo de ser oscuro! ¡Utilízame!
¡Extrae mi esencia con tu mano paternal!
Saca al fin
Todo el sol que hay en mí y la capacidad de
tu luz, que yo te vea
Ya no sólo con los ojos, sino con todo mi cuerpo
y mi sustancia y la suma de mi cantidad resplandeciente
y sonora!
El agua divisible que da la medida del hombre
No pierde su naturaleza que es la de ser líquida
y perfectamente pura por lo que todas las cosas se
reflejan en ella.
Como esas aguas que sustentaron a Dios en el
principio,
Así estas aguas hipostáticas en nosotros
No cesan de desearlo, ¡no hay deseo más que de él!
Pero lo que hay en mí de deseable no está maduro.
Que la noche esté pues en espera de mi partición
donde lentamente se elabora desde mi alma
La gota pronta a caer por su peso.
¡Déjame hacer una libación de las tinieblas,
Como la fuente de la montaña que da de beber al
Océano con su pequeña concha!
¡Dios mío, que conoces por su nombre a cada
hombre desde antes de que nazca,
Recuérdame pues estaba oculto en la fisura
de la montaña,
Allá donde brotaban las fuentes de agua hirviente, y
acuérdate
de mi mano sobre la pared colosal de mármol blanco!
¡Oh Dios mío cuando el día se apaga y Lucifer
aparece solitario en Oriente,
Nuestros ojos únicamente no son sólo nuestros ojos,
nuestro corazón, también nuestro corazón aclama la
estrella inextinguible,
Nuestros ojos van hacia su luz y nuestras aguas hacia
el destello de esta gota glorificada!
¡Dios mío, si has colocado esta rosa en el cielo,
dotado
De tanta gloria, este glóbulo de oro en el rayo de la
luz creada,
Cuánto más al hombre inmortal animado de la eterna
inteligencia!
¡Así la viña bajo sus racimos colgantes, así el árbol
frutal el día de su bendición,
Así el alma inmortal a quien este cuerpo que perece
no basta!
Si el cuerpo extenuado desea el vino, si el corazón
adorante saluda a la estrella reencontrada
¿Cuánto más el alma deseante de resolución no vale
la otra alma humana?
¡Y yo también al fin la he encontrado, la muerte
que me era necesaria! He conocido a esta mujer. He
conocido el amor de la mujer.
He poseído la interdicción. ¡He conocido esta fuente
de sed!
¡He deseado el alma, saberla, esta agua que no
conoce
la muerte! ¡He sostenido entre mis brazos al astro
humano!
Oh amiga, no soy un dios,
Y mi alma no la puedo compartir y tú no puedes
tomarme y contenerme y poseerme.
Y he aquí que como alguien que se aleja, tú me
has traicionado, ¡Tú no estás más en ninguna parte,
oh rosa!
¡Rosa, no veré más tu rostro en esta vida!
Y heme aquí solo, al borde del torrente, el rostro
contra el suelo
Como un penitente al pie de la montaña de Dios:
los brazos en cruz en el trueno de la voz rugiente!
¡He aquí las grandes lágrimas que brotan!
¡Y estoy allá como alguien que muere, y que
se asfixia y que siente náuseas, y toda mi alma fuera
de mí brota como un gran chorro de agua clara!
Dios mío,
Me veo y me juzgo, y ya no tengo precio alguno
para mí mismo.
Tú me has dado la vida: te la devuelvo, prefiero
que recobres todo.
¡Me veo al fin! y tengo desolación, y el dolor
interior abre en mí todo como un ojo líquido.
¡Oh Dios mío, no quiero ya nada, y te devuelvo
todo, y ya nada tiene precio para mí,
Y ya no veo más que mi miseria, y mi nada, y mi
privación, y esto al menos es mío!
¡Ahora brotan
Las fuentes profundas, brota mi alma salada, estalla
en un grito la bolsa profunda de la pureza seminal!
¡Ahora me soy perfectamente claro, todo
Amargamente claro, y ya no hay nada en mí
Sino una perfecta privación sólo de ti!
Y ahora de nuevo, después de un año,
Como el segador Habacuc a quien el Ángel condujo
hasta Daniel sin que hubiera cortado el asa de su cesto,
El espíritu de Dios me ha encantado de un golpe por
encima del muro y heme aquí en este país desconocido.
¿Dónde está el viento ahora? ¿dónde está el mar?
¿dónde, el camino que me ha llevado hasta aquí?
¿Dónde están los hombres? No hay más que el cielo
siempre puro. ¿Dónde está la antigua tempestad?
Presto oído: y no hay más que este árbol
que se estremece.
Escucho, y no hay más que esta hoja insistente.
Sé que la lucha ha terminado. ¡Sé que la tempestad
ha terminado!
Hubo el pasado, mas ya no existe. Siento sobre
mi rostro un soplo más frío.
He aquí de nuevo la Presencia, la pavorosa soledad, y
de pronto, el soplo de nuevo sobre mi rostro.
Señor, mi viña está en mi presencia y veo que
mi liberación ya no me puede escapar.
Aquél que conoce la liberación, se ríe ahora
de todas las ataduras. Y ¿quién comprenderá la risa que
hay en su corazón?
Mira todas las cosas y ríe.
Señor, aquí estamos bien en este lugar, que yo no
retorne a la mirada de los hombres.
Dios mío, ocúltame a la mirada de todos los hombres,
que ya no sea conocido por ninguno de ellos,
Y como de la estrella eterna
Su luz, que no quede nada de mí sino sólo la voz.
¡El verbo inteligible y la palabra en su esencia y la
voz que es el espíritu y el agua!
Hermano, no puedo darte mi corazón, pero donde la
materia no sirve vale y va la palabra sutil
Que soy yo mismo con una inteligencia eterna.
Escucha, hijo mío, e inclina hacia mí la cabeza
y te daré mi alma.
Hay mucho ruido en el mundo y sin embargo
el amante con el corazón deshecho escucha solo en lo
alto del árbol como se estremece la hoja sibilina.
Así, entre las voces humanas, ¿cuál es ésta que no es
ni más alta ni más baja?
¿Por qué, entonces, sólo tú la escuchas? ¡Porque es
la única que se somete a una medida divina!
¡Porque ella es toda entera la medida misma,
La medida santa, libre, todopoderosa, creadora!
Ah yo lo percibo ¡El espíritu no cesa de ser
sustentado sobre las aguas!
Nada existe, hermano mío, ni siquiera tú mismo,
Sino por una proporción inefable
y el justo número sobre las aguas infinitamente
divisibles!
¡Escucha, hijo mío, y no me cierres tu corazón,
y recibe
La invasión de la voz razonable, en quien está la
liberación del agua y del espíritu, por las cuales son
Explicadas y resueltas todas las ataduras!
No es la lección de un maestro, ni la tarea
que se da para que se aprenda,
Es un alimento invisible, es la medida que está
por encima de toda palabra,
Es el alma que recibe al alma y todas las cosas en ti
se vuelven claras.
¡Hela aquí, pues, en el umbral de mi casa, la Palabra
que es como una joven muchacha eterna!
¡Abre la puerta! Y la Sabiduría de Dios está ante ti
como una torre de gloria y como una reina coronada!
¡Oh amigo, no soy un hombre ni una mujer,
soy el amor que está por encima de toda palabra!
Te saludo, hermano mío, bienamado.
¡No me toques! No trates de asir mi mano.
Pekín, 1906
VEINTE FRASES PARA ABANICOS
Sombra
que me concede
la luna
como una tinta
inmaterial.
*
Acerca tu oído
y escucha
cómo en el fondo
del pecho de un dios
el amor
tarda en apagarse.
*
La peonía
y este rubor
en nosotros
que precede
al pensamiento.
*
Esta noche
llovió vino
lo sé bien
pues no hay
manera
de poner término
al parloteo
de las rosas.
*
Sólo la rosa
es bastante
frágil
para decir
la eternidad.
*
Cierta rosa
es menos un color
que una respiración.
*
Cuando no hay musa
el poeta pesca sin anzuelo
en una taza de sake.
*
La sacerdotisa
del sol
está sentada
en el plato
de una balanza.
*
Veloz
una lágrima
al cruzar
un rayo de sol
desaparece.
*
Escucha
el Emperador Ermitaño
al Imperio
¿Qué pasaría
si la cascada
de pronto
se detuviera?
*
Quien no mira
la azalea
no escuchará
el torrente.
*
Vela
de un pequeño
navío
su cargamento
unas cuantas sílabas.
*
También
el otoño
es algo
que comienza.
*
No son tres palabras
negras sobre
un ala blanca
sino blancas migajas
arrojadas hacia ti
por un ala invisible.
*
En la inmóvil
oscuridad
del verdor
el rugido
del púrpura.
*
Callemos:
el menor ruido
basta
para que recomience
el tiempo.
*
Es necesario
que haya en el poema
cierto número
que impide ser contado.
*
Cedro:
me lamento
al pie
de una torre
inaccesible.
*
Arde en mí
una pena
que intenta en vano
convertirse
en palabra.
*
Que el aliento
de este abanico
disperse las palabras
y sólo deje pasar
aquello que conmueve.
ODA TERCERA
ARGUMENTO
El poeta recuerda los beneficios de Dios y eleva hacia él un canto de reconocimiento —Porque me libraste de los Ídolos. Solemnidad y magnificencia de las co- sas reales que son un espectáculo de actividad; todo sirve. El poeta reclama su lugar entre la servidum- bre— Porque me libraste de la muerte. Horror y exe- cración de una filosofía embrutecedora y homicida. Abrazo del deber poético, que consiste en encon- trar a Dios en todas las cosas y asimilarlas al Amor —Pausa. Fatiga de las cosas creadas. Sumisión pura y simple a la voluntad y al orden divinos— Bendito seas, Dios mío, que me libraste de mí mismo y que te colocaste tú mismo en mis brazos bajo la figura de esta criatura recién nacida. El poeta que lleva a Dios consigo entra en la Tierra Prometida.
MAGNIFICA T
Mi alma glorifica al Señor.
¡Oh las luengas calles antaño amargas y los días en que yo era uno y solo!
¡La caminata en París, esa larga calle que desciende hacia Notre Dame!
¡Entonces como el joven atleta que al estadio se
dirige rodeado del grupo solícito de amigos y entrenadores,
Y éste le habla al oído, y el brazo que abandona, otro sujeta la venda que le ciñe los tendones.
Yo caminaba entre los pies precipitados de mis dioses!
¡Menos murmullos en el bosque durante la fiesta de San Juan
Menos alborozo en Damasco, cuando
al relato de las aguas que descienden en tumulto de los montes
Se une el suspiro del desierto y la agitación en la tarde de los altos arces en el aire ventilado,
¡Cuántas palabras en este joven corazón colmado de deseos!
¡Oh dios mío, un hombre joven y el hijo de la mujer te son más gratos que un tierno novillo,
Y fui ante ti como un luchador que se rinde
No porque se crea débil, sino porque el otro es más fuerte.
Me llamaste por mi nombre
Como alguien que lo conoce, me elegiste entre todos los de mi edad.
¡Oh Dios mío, tú sabes cómo el corazón de los jóvenes está lleno de afección y cómo no se sujeta ni a su impureza ni a su vanidad!
¡Y he aquí que eres alguien de pronto!
Fulminaste a Moisés con tu poder, pero en mi corazón eres como un ser sin pecado.
¡Oh cierto que soy el hijo de la mujer! ¡Porque ni la razón, ni la lección de los maestros, ni lo absurdo, nada pueden
Contra la violencia de mi corazón y contra las manos tendidas de este pequeño infante!
¡Oh lágrimas! ¡Oh corazón tan débil! ¡Oh mina
de lágrimas que estalla!
Venid, feligreses y adoremos a este recién nacido.
¡No me tomes por tu enemigo! No comprendo y nada veo, no sé dónde estás.
Sin embargo vuelvo hacia ti este rostro cubierto de lágrimas,
¿Quién no amaría a quien nos ama? Mi espíritu
se ha llenado de gozo en mi Salvador. Venid, feligreses, y adoremos a este pequeño que nos ha nacido.
Y ahora no soy un recién llegado, sino
un hombre en la mitad de su vida, sabiendo,
Que se detiene y que se sostiene de pie con gran fuerza y paciencia y mira en todas direcciones.
Y con este espíritu y el ruido que tú metiste en mí
Hice muchas palabras e historias
inventadas, y personas reunidas en mi corazón con sus voces diversas.
Y ahora, suspendido el largo debate,
Me tiendo hacia ti solo, como otro que comienza
A cantar con la voz plural como el violín que el arco toma sobre doble cuerda.
Puesto que nada me retiene aquí sino este muro de arena y la mirada constante sobre las siete esferas de cristal sobrepuestas,
Estás aquí conmigo, y voy a hacer para ti sólo por gusto un hermoso cántico, como un pastor sobre el monte Carmelo que mira una pequeña nube.
En este mes de diciembre y en esta canícula del frío, cuando todo abrazo se acorta y estrecha
y esta misma noche reluciente,
El espíritu de gozo no me entra menos directamente en el cuerpo
Que cuando la palabra fue dicha a Juan en el desierto, bajo el pontificado de Caifas y de Ana, siendo Herodes
Tetrarca de Galilea y Felipe, su hermano,
del Iturea y de la región Traconnitida, y Lisanias de Abilene.
¡Dios mío, que nos hablas con las mismas palabras que te dirigimos,
No desprecies mi voz en este día como no despreciaste la de ninguno de tus hijos ni la de la propia María tu sierva,
Cuando en la exaltación de su corazón clamó hacia ti porque te has fijado en su humildad!
¡Oh madre de mi Dios! ¡Oh mujer entre todas las mujeres!
¡Has llegado a mí después de este largo viaje! ¡Y he aquí que todas las generaciones en mí, hasta mí, te llaman bienaventurada!
¡Así desde que entras, Isabel te escucha,
Y está ya en sexto mes la que fue considerada estéril! ¡Oh mi corazón está grávido de alabanzas
que apenas hacia ti puede elevarse
Como el pesado incenciario de oro repleto de
incienso y de brasas,
Que un instante vuela hasta el límite de su cadena
desplegada, desciende, y deja a su paso
Una gran nube, de denso humo en el rayo del sol! ¡Que el ruido se haga voz y que la voz en mí
se haga palabra!
En medio de este universo balbuciente, déjame
preparar mi corazón como alguien que sabe lo que tiene que decir,
Porque no es en vano la profunda exultación de la Criatura, ni este secreto que guardan las miríadas celestes en una diligente vigilia.
¡Que mi palabra sea equivalente a su silencio!
Ni esta bondad de las cosas, ni la agitación de las cañas huecas cuando sobre ese antiguo túmulo entre el Caspio y el Aral,
El Rey Mago fue testigo de una gran preparación en los astros.
¡Pero que yo encuentre sólo la palabra justa, que exhale solamente
Esta palabra de mi corazón, habiéndola encontrado, y que muera enseguida, habiéndola dicho, y que enseguida incline la cabeza
Sobre mi pecho, habiéndola dicho, como el anciano sacerdote que muere al consagrar!
Bendito seas, Dios mío, porque me libraste de los ídolos,
Y porque haces que sólo a ti te adore, y no a Ísis ni a Osiris,
Ni a la Justicia, ni al Progreso, ni a la Verdad, ni a la Divinidad, ni a la Humanidad, ni a las leyes de la Naturaleza, ni al Arte, ni a la Belleza,
Y porque no permitiste existir a todas estas cosas
que no son, ni al vacío dejado por tu ausencia.
Como el salvaje que construye una piragua y con lo
que sobra fabrica a Apolo,
Así todos estos portadores de palabras con el exceso
de sus adjetivos han hecho monstruos sin sustancia, Más huecos que Moloch, devoradores de niños,
más crueles y horribles que Moloch.
Producen sonido y no tienen voz, ostentan un
nombre y nadie hay,
Y el espíritu inmundo está allí, que colma los lugares desiertos
y todas las cosas vacías;
Señor, me libraste de los libros y de las Ideas, de los Ídolos y sus sacerdotes,
Y no has permitido que Israel sirva bajo el yugo de los Afeminados.
Yo sé que no eres el dios de los muertos, sino de los vivos.
No honraré a fantasmas ni a muñecas, ni a Diana, ni al Deber, ni la libertad, ni al buey Apis. Y los “genios”, y los “héroes”, los prohombres
y los superhombres, me dan el mismo horror que aquellos desfigurados.
Porque no soy libre entre los muertos,
Y porque existo entre las cosas que son y las obligo a tenerme por indispensable.
Y porque no deseo ser superior a nada, sino a un hombre
justo,
Justo como tú eres perfecto, justo y viviente entre los espíritus reales.
¡Qué me importan las fábulas! ¡Que pueda yo ir solamente a la ventana y abrir la noche y que estalle en mis ojos, en cifra simultánea,
Lo innumerable como otros tantos ceros después del 1,
coeficiente de mi necesidad!
¡Es verdad! Nos has otorgado la Gran Noche después del día y la realidad del cielo nocturno.
Como estoy allá, él está allá con los billones de su presencia,
Y con las 6 000 Pléyades nos deja su firma sobre el papel fotográfico
De la misma forma como el criminal imprime la huella de su pulgar manchado de tinta sobre la declaración escrita
Y el observador busca y encuentra los ejes y los rubíes, Hércules o Alción, y las constelaciones Semejante al alamar sobre el hombro de un pontífice
y a los suntuosos ornamentos cuajados de pedrerías de diversos colores.
Y aquí y allá en los confines del mundo donde el trabajo de la creación se cumple, las nebulosas,
Como cuando el mar violentamente agitado y removido
Recobra la calma, he aquí por todas partes la espuma y grandes capas de sal turbia en ascenso.
Así también el cristiano en el
cielo de la fe siente palpitar la comunión de todos sus hermanos vivos.
Señor, no es plomo ni piedra ni un podrido madero que has enlistado en tu servicio,
Y ni hombre alguno se consolidará en la figura del que dijo: Non serviam!
¡No es la muerte quien vence a la vida, sino la vida quien destruye a la muerte y ésta no puede contra ella!
¡Derribaste a los ídolos,
Derribaste a los poderosos de sus tronos y quisiste como servidora la llama del fuego!
¡Como en un puerto cuando llega el deshielo se ve la negra muchedumbre de los trabajadores invadir los muelles y agitarse a lo largo de los barcos,
Así en mis ojos las estrellas pululantes y el inmenso cielo activo!
Estoy preso y no puedo escapar, como una cifra de la suma.
¡Ha llegado la hora! Para la tarea que se me
encomienda sólo basta la eternidad
Y sé que soy responsable y creo en mi maestro como él cree en mí.
Confío en tu palabra sin requerir de pruebas,
Por eso rompemos los lazos de los sueños,
y pisoteamos los ídolos, y abrazamos la cruz con la cruz.
Porque la imagen de la muerte produce la muerte, y la imitación de la vida,
La vida, y la visión de Dios engendran la vida eterna.
¡Bendito seas, Dios mío, que me libraste de la muerte! ¡Así, a grandes gritos, el rostro descubierto,
Canta María, hermana de Moisés,
Sobre la otra orilla del mar que se había tragado al
Faraón,
Porque hemos dejado al mar detrás de nosotros! Porque acogiste a Israel, tu criatura, acordándote
de tu misericordia,
Y porque hiciste ascender hacia ti al humillado
tendiéndole la mano como un hombre que sale de la fosa. A nuestras espaldas la mar confusa de encontradas
olas
Mas tu pueblo lo atraviesa sin mojarse los pies por el
camino más corto, detrás de Moisés y Aarón. ¡El mar detrás de nosotros y ante nosotros el
desierto de Dios y las montañas terribles con relámpagos,
Y la montaña con relámpagos que la exhibe y la absorbe alternativamente con aire de bronco carnero
Como un potro que se debate bajo la carga de un hombre corpulento!
¡Detrás de nosotros el mar que se tragó al Perseguidor, y caballo y jinete, armado como lingote de plomo,
cayeron hasta el fondo!
Así la antigua María, y así en el jardincillo de Hebrón
Se estremeció en su ser la otra María cuando vio los ojos de su prima que le tendía los brazos
¡Y cuando la esperanza de Israel entendió que ella era la otra!
¡Y a mí, igual que salvaste a José de la cisterna y a Jeremías de la profunda fosa,
Me salvaste así de la muerte y por eso grito a mi vez,
Porque me ha hecho maravillas y porque el Santo es su nombre!
¡Pusiste en mi corazón el horror a la muerte, y no puede mi alma tolerar la muerte!
Sabios, epicúreos, maestros del noviciado del Infierno, practicantes de la introducción a la Nada, Brahamanes, bonzos, filósofos, ¡sus consejos,
Egipto! sus consejos,
Sus métodos y sus demostraciones y su disciplina, ¡Nada me reconcilia, yo estoy vivo en tu noche
abominable, alzo los brazos en la desesperación, alzo los brazos en el trance y en la transformación de la esperanza salvaje y sorda!
Quien no cree en Dios, tampoco cree en el Ser, y quien odia el Ser, odia su propia existencia,
Señor, yo te encontré.
¡Quien te encuentra, no puede ya tolerar la muerte, E interroga toda cosa contigo con la intolerancia
del fuego que pusiste en él! ¡Señor, no me apartaste, como a
flor de invernadero,
Como al monje negro bajo su capuchón y cogulla que
florece cada mañana todo de oro para la misa al despuntar el sol,
Sino que me plantaste en lo más hondo de la tierra
Como yerba seca y tenaz, invencible, que atraviesa el antiguo Loess y las capas de arena superpuestas.
¡Señor, pusiste en mí un germen no de muerte sino de luz!
Ten paciencia de mí pues no soy uno de tus santos
Que tritura como penitencia la amarga y dura corteza
Comidos por sus obras por todas partes como una cebolla por sus raíces;
—¡Tan débil que se le cree extinguido! Mas helo aquí operante de nuevo, y no cesa de hacer su obra y su alquimia con gran paciencia y tiempo.
¡Porque no es sólo este cuerpo que requiero domar,
sino todo este mundo en bruto, proveer lo
Necesario para entender y disolverlo y asimilarlo
En ti y no ver nada
Que sea refractario a tu luz en mí!
Porque hay quienes ven por los ojos y oyen por las
orejas,
Pero yo escucho y miro sólo por el espíritu.
¡Yo veré con esta luz tenebrosa!
Mas ¡qué me importan las cosas vistas con la mirada
del ojo que me las hace visibles,
Y la vida que yo recibo, si no la doy, y todo aquello
a lo que soy extraño,
Y toda cosa que no seas tú mismo,
¡Y esta muerte, al lado de tu Vida, que llamamos
vida mía!
¡Harto estoy de la vanidad! Ves que soy sumiso
a la vanidad sin quererlo!
¿Cuál es el motivo de que no halle placer en tus obras? ¡No me hables más de la rosa! ningún fruto tiene ya
sabor para mí.
¿Y qué es esta muerte que tú me has quitado junto
a la verdad de tu presencia
Y de esta nada indestructible que soy yo
Con la que me es preciso soportarte?
¡Oh longitud del tiempo! No puedo más y soy como
alguien que apoya la mano contra el muro.
El día sigue al día, pero he aquí el día en el que
el sol se detiene.
Está aquí rigor de invierno, adiós, oh hermoso verano,
el trance y el pasmo de la inmovilidad.
Prefiero el absoluto. No me devuelvas a mí mismo. ¡He aquí el frío inexorable, he aquí sólo a Dios!
En ti soy anterior a la muerte —y he aquí otra vez
al año que comienza.
Antiguamente estaba con mi alma como con un
inmenso bosque
Que no cesa de oírse cuando uno
calla, un pueblo con más voces murmurantes que en la Historia y la Novela
(Y luego por la mañana, o bien en domingo, se oye una campana entre los hombres).
Pero ahora los vientos alternantes se han callado y las hojas en mi alrededor caen en masas densas.
¡Y trato de hablar con mi alma: oh alma mía, los países que hemos visto.
Y todas aquellas gentes, y los mares recorridos tantas veces!
Y ella es como alguien que sabe y prefiere no responder.
Y por todos los enemigos de Cristo a nuestro alrededor:
¡Toma tus armas, oh guerrera!
Pero yo como niño que provoca al pequeño escorpión repulsivo con una paja, no logra así llamar su atención.
“¡Que la paz esté contigo!” ¡regocíjate!
Y di: no es con palabras como mi alma glorifica al Señor!
Pide dejar de ser un límite, rehúsa ser un obstáculo a su santa voluntad.
Es preciso. ¡Terminó el verano! y no hay ya verdor, ni cosas pasajeras, sino sólo Dios.
Y mira, y ve la campiña desolada ¡y la tierra por todas partes vacía, como un anciano que no ha hecho mal!
Hela aquí solemnemente muerta en apariencia, dispuesta a su ordenación para la siembra siguiente
Como el sacerdote tendido boca abajo entre sus dos asistentes
como un diácono que va a recibir la orden suprema.
Y sobre ella la nieve desciende como una absolución.”
Y yo sé, y recuerdo
Y vuelvo a ver este bosque, al día siguiente de Navidad, antes de que el sol estuviera en alto,
Era todo blanco, como un sacerdote vestido de blanco del que
no se ven sino las manos, que tienen el color de la aurora,
(La madera entera presa en la espesura y materia de un vidrio oscuro),
Blanco desde el tronco hasta las más finas ramillas y el color
Rojizo de las hojas muertas y el verde almendrado de los pinos,
(El aire, en horas de paz y de noche, se decanta como un vino tranquilo).
Y el largo hilo de la araña cargado de vello atestigua la concentración del que reza.
“Quien participa en la voluntad de Dios, es preciso que participe en su silencio.
Sé conmigo todo entero. Callemos ¡untos ante todos los ojos.
Quien da la vida es preciso que acepte la muerte.”
Bendito seas, Dios mío, porque me libraste de mí mismo,
Y haces que no coloque mi bien en mí
ni en el estrecho calabozo donde Teresa vio empotrados a los réprobos.
Sino sólo en tu voluntad
Y no en bien alguno, sino sólo en tu voluntad. ¡Feliz no quien es libre, sino aquél a quien tú
señalas como una flecha en la aljaba!
Dios mío, que al principio de todo y de ti mismo
pusiste la paternidad,
Bendito seas porque me has dado esta hija,
Y has puesto en mí con qué devolverte esta vida
que me diste,
Y por ello comparto contigo la paternidad de esta
vida.
No soy yo quien engendra, ni quien es
engendrado.
Bendito seas porque no me abandonaste
a mí mismo.
Sino porque me aceptaste como cosa
útil y buena para el fin que persigues.
Y porque ya no tienes pavor de mí como de
los soberbios y ricos que despediste vacíos. Pusiste en mí tu poder que es el de
tu humildad por la cual te borras ante
tus obras,
En este día de sus generaciones en que el hombre recuerda que es tierra, y he aquí que contigo me he tornado principio y comienzo.
Como tuviste necesidad de María y María de la línea de todos sus ancestros,
Antes de que su alma te glorificase y de que recibieses por ella magnificación ante los ojos de los hombres,
¡Así fue como tuviste necesidad de mí, a su vez y fue así como quisiste, oh maestro mío,
Recibir de mí la vida como entre los dedos del sacerdote que consagra, y colocarte tú mismo en esta imagen real entre mis brazos!
Bendito seas porque no permanecí solo
Y porque de mí brotó existencia y suscitación de mi hijo inmortal, porque de mí a su vez, en esta imagen real para siempre, de una alma unida a un cuerpo,
Recibiste figura y dimensión.
He aquí que no es una piedra lo que tengo entre mis brazos, sino esta criatura llorando que agita brazos y piernas.
Heme aquí ligado a la ignorancia y a las generaciones de la naturaleza y ordenado para una finalidad que me es extraña.
Al fin tú, recién nacida, al fin pude mirarte.
Al fin, alma mía, puedo al fin ver tu rostro,
Como un espejo que acaba de ser retirado de Dios,
limpio aún de toda otra imagen.
De mí mismo nace algo extraño,
De este cuerpo nace un alma, y de este hombre
externo y visible
Un no sé qué de secreto y femenino, de extraño
parecido.
¡Oh hija mía! ¡Oh pequeña niña semejante a mi
alma esencial y a quien es preciso asemejarse de nuevo
Cuando el deseo sea purgado por el deseo!
¡Bendito seas, Dios mío, porque en mi lugar nace un niño sin orgullo,
(Como en el libro en lugar del poeta repugnante y endurecido
El alma virginal sin defensa y sin cuerpo enteramente ofrendada y recibida)
Nace de mí algo nuevo de extraña semejanza!
En mí y en la línea profunda de todos mis ancestros comienza un nuevo ser.
Éramos necesarios en el orden de nuestras generaciones
Para que a esta especial voluntad de Dios sangre y carne estuvieran dispuestos.
¿Quién eres tú recién llegada, extranjera? y ¿qué vas a hacer con estas cosas nuestras,
Cierto color de nuestros ojos, cierta posición de nuestro corazón?
¡Oh niño nacido en suelo extranjero! ¡Oh corazón de rosa!
¡Oh hatillo más fresco que un gran ramo de lilas blancas! Esperan por ti dos ancianos en la casa natal,
vieja y agrietada, apuntalada con pedazos de fierro y ganzúas.
Esperan tu bautizo las tres campanas del mismo campanario que han doblado
por tu padre, semejante a ángeles
y a hijas adolescentes,
¡A las diez cuando el jardín libera sus aromas y todos los pájaros cantan en francés!
¡Te espera ese gran planeta encima del
campanario que está en el cielo estrellado como un Pater entre las pequeñas Aves María,
Cuando el día se extingue y se empiezan a contar sobre la iglesia dos débiles estrellas parecidas a las vírgenes Paciencia y Evodia!
Esto ha cambiado ahora entre los hombres y yo: que soy padre de uno de ellos.
Quien ha otorgado la vida ya no la puede odiar, no puede decir que la ignora.
Como ningún hombre es por sí mismo tampoco es para sí mismo
La carne engendra la carne, y el hombre al hijo que no es para él, y el espíritu,
La palabra destinada a otros espíritus.
Como la nodriza colmada de su leche desbordante, así el poeta se siente pleno de esta palabra en él a otros destinada.
¡Oh antiguos dioses, sin pupilas; en quienes no se refleja la pequeña criatura! ¡Apolón Loxias de rodillas abrazadas en vano!
¡Oh Cabeza de Oro en el cruce de caminos! Hete aquí con algo más
que verter al suplicante que tu sangre inútil
y el juramento sobre la piedra céltica.
La sangre se une a la sangre, el espíritu se desposa con el espíritu,
Y la idea salvaje con el pensamiento escrito, y la pasión pagana con la voluntad razonable y ordenada.
Quien cree en Dios, lo acredita. Quien tiene al Hijo con él tiene al Padre. ¡Abraza el texto vivo y a tu dios invencible en este documento que respira!
Toma este fruto que te pertenece y esta palabra sólo a ti dirigida.
¡Dichoso quien en él porta la vida de los otros y no su muerte, como fruto que madura en su lugar y tiempo, y tu pensamiento creador en él!
Es como un padre que reparte su sustancia entre sus hijos.
¡Y como un árbol saqueado hasta el último fruto cuya munificencia es de Dios quien colma de bienes a los hambrientos!
Bendito seas, Dios mío, que me introdujiste en esta tierra de mi atardecer;
E hiciste pasar a los Reyes Magos a través de la emboscada de los tiranos, y condujiste a Israel en el desierto,
Y así también después de larga y penosa ascensión, un hombre encuentra el paso
desciende por la otra ladera.
Murió Moisés sobre la cima de la montaña, pero Josué entró con todo su pueblo en la tierra prometida.
Después de largo ascenso, tras largas jornadas por la nieve y la niebla,
Parece un hombre que empieza a descender,
sosteniendo la rienda con la mano derecha. Y sus mujeres le siguen en caballos
y asnos, y más atrás, sobre albardas, los hijos y el mate- rial de guerra y de campamento, y las Tablas de la ley,
Y escucha en la niebla detrás de él el ruido de un pueblo entero en marcha.
¡Y he aquí que ve al sol elevarse a la altura de su rodilla como una mancha rosa a través de algodones
Y el vapor se adelgaza y de pronto
La Tierra Prometida se le aparece en una luz resplandeciente como una doncella nueva,
Toda verde y rutilante de agua como una mujer que sale del baño!
¡Y se ven aquí y allá elevarse del fondo del abismo, perezosamente en el aire húmedo, grandes vapores blancos,
Como islas que sueltan sus amarras, como gigantes cargados de odres!
Para él no hay ni sorpresa ni curiosidad sobre su rostro, y ni siquiera mira a Canaán sino que se fija en el primer paso del descenso.
Porque su misión no es entrar en Canaán, sino ejecutar tu voluntad.
¡Es por eso que seguido por todo su pueblo en marcha emerge con el sol levante!
No le fue necesario verte en el Sinaí, en su corazón no hay duda ni indecisión,
Y las cosas que no están en tu mandamiento nada significan para él,
Para él no hay belleza en los ídolos ni interés en Satán ni existencia en lo que no es.
Con la misma humildad con que detuvo el sol,
Con la misma modestia con que ponderó a quien le era entregada
(Nueve tribus y media más allá del Jordán y más acá dos y media.)
Esta tierra de tu promesa sensible,
¡Déjame invadir en esta hora posmeridiana tu estancia inteligible!
Porque ¡qué valen ocupación y regocijo y propiedad y acomodo
Al lado de la inteligencia del poeta que hace de muchas cosas una sola con él,
Puesto que comprender es rehacer
La cosa propia que uno toma consigo, Permanece conmigo, Señor, porque la noche se
aproxima, no me abandones!
¡No me relegues con los Voltaire, y los Renán y
los Michelet, y los Hugo y los demás infames!
Su alma está con los canes muertos, y juntos sus
libros están en el estiércol.
Están muertos, y su nombre aun después de su
muerte es veneno y podredumbre. Dispersaste a los orgullosos y ya no pueden
estar juntos,
Ni comprender, sino solamente destruir y disipar,
juntar las cosas.
Déjame ver y oír todas las cosas con
la palabra
Y saludar a cada una por su nombre con la propia
palabra que la hizo.
Miras esta tierra: tu criatura inocente. ¡Líbrala del yugo del infiel y del impuro
y del Amorreo! porque está hecha para ti y no para él. ¡Líbrala por mi boca de esta alabanza que te
debe, y como el alma pagana que aspira lánguidamente al bautismo, haz que reciba por todas partes la autoridad y el Evangelio!
Como las aguas que surgen de la soledad y caen con fragor de trueno sobre los campos regados
Cuando se aproxima esa estación que anuncia el vuelo estridente de los pájaros.
¡El labrador se apresura en todas partes a limpiar la acequia y el arroyo, a levantar los diques, ya a roturar su campo terrón a terrón con el arado y el azadón,
Así como he recibido sustento de la tierra, que así ella reciba a su vez el mío, como una madre de su hijo, Y que lo árido beba hasta los bordes la bendición
por todas las grietas de su boca como agua
carmesí,
Como bebe el profundo prado levantadas todas las
compuertas,
como el oasis y la huerta por la raíz de su trigo
y como la mujer Egipto por el doble flanco de su Nilo!
¡Bendita sea la tierra! ¡Bendita sea el agua sobre las aguas! ¡Benditos sean los cultivos! ¡Benditos sean los animales según la distinción de su especie!
¡Benditos sean todos los hombres! ¡Abundancia y bendición sobre la obra de los buenos! ¡Abundancia y bendición sobre la obra de los malvados!
¡No es el invitatorio de Maitines, ni el Laudate a la salida del sol ni el cántico de los Niños
en la hoguera!
Sino la hora en que el hombre se detiene y considera lo que ha hecho y su obra unida con la del día,
¡Y todo el pueblo entero se une a él para el Magnificat a la hora de las Vísperas cuando el sol mide la tierra,
Antes de que comience la noche y la lluvia, antes de que en la noche comience la interminable lluvia sobre la tierra sembrada!
Y heme aquí como un sacerdote envuelto con su amplio manto de oro que permanece de pie ante el altar en llamas y al que sólo se ven el rostro y las manos con el color del hombre,
Y mira cara a cara con tranquilidad, con la fuerza y con la plenitud de su corazón,
A su Dios en su presentatorio, sabiendo perfectamente que está ahí bajo la forma del ázimo.
Y pronto te tomará en sus brazos, como María te tomó en los suyos,
Y mezclado con este grupo al coro que oficia en el sol y en la humareda,
y te mostrará a la oscura generación que llega.
La luz para la revelación de las naciones y la salvación de tu pueblo, Israel,
Tal como lo juraste una sola vez a David, recordando tu misericordia,
Y según la palabra que diste a nuestros padres, a Abraham y su simiente por todos los siglos, ¡Así sea!
Tientsin, 1907
PRÓXIMO PROGRAMA JUEVES A LAS 22 HS (HORA ESPAÑOLA)

