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36. Poesía más Poesía: Pedro Salinas

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PEDRO SALINAS

BIOGRAFÍA

De Pedro Salinas, Menassa dice que siempre se dirige a la poesía, esa amante cruel pero tan necesaria… Esa Ella que inunda presente y futuro, las noches en vela y los sueños más poblados. Ésa que no permite relajación ni olvido, ni paréntesis interminables.
Pedro Salinas Serrano, poeta, dramaturgo, novelista y crítico español, nació el 27 de noviembre de 1891 en la madrileña calle de Toledo, hijo de Soledad Serrano Fernández y de Pedro Salinas Elmos, comerciante en géneros, del que quedó huérfano con apenas seis años.
Es considerado como uno de los grandes exponentes de la Generación del 27, donde era el mayor en edad del grupo.

Una novela inédita de Pedro Salinas sobre la Guerra Civil, publicada ahora  - EcoDiario.es


Matriculado en Derecho, no concluye estos estudios, y dos años después inicia la carrera de Filosofía y Letras en la Universidad Central de Madrid.
En 1911 aparecen sus primeros poemas en la revista Prometeo, que dirige Gómez de la Serna. Comienza a frecuentar los círculos literarios de Madrid.
En 1912 conoce a Margarita Bonmatí, una alicantina hija de un industrial propietario de destilerías en Argel. Tres años más tarde se casan. Con Margarita tendrá dos hijos, Soledad y Jaime. Salinas le escribía cartas de amor a Margarita, epistolario recogido años más tarde por su hija en “Cartas de amor a Margarita” (1912-1915).
En 1913 es nombrado secretario de la sección de Literatura del Ateneo de Madrid, institución donde, con Enrique Díez-Canedo y Fernando Fortún, se plantean la misión de «liberar el verso español del yugo de la métrica».

Federico García Lorca, Pedro Salinas y Rafael Alberti en Madrid en 1927. / Foto: Fundación FGL
Federico García Lorca, Pedro Salinas y Rafael Alberti en Madrid en 1927. / Foto: Fundación FGL


Es nombrado lector de español en la Universidad de París entre 1914 y 1917. El matrimonio se instala en París donde el poeta inicia sus lecturas de Marcel Proust, traduciendo los primeros volúmenes de «En busca del tiempo perdido» Se doctora en Filosofía y Letras en 1917 con una tesis sobre ilustraciones del «Quijote».
En 1917 regresan a España y un año después, Salinas consigue una cátedra en la Universidad de Sevilla, donde vive hasta 1929. Durante esta etapa tiene como alumno al poeta Luis Cernuda. Entre los dos nace una amistad que Cernuda declara muy beneficiosa para él, pues Salinas le recomienda leer tanto a los clásicos españoles como a los escritores franceses modernos.
En la década de 1920 comienza una asidua colaboración con la Revista de Occidente y es nombrado catedrático de lengua y literatura españolas en las universidades de Sevilla y Murcia.
Solicita excedencia en 1922 y 1923 para ocupar un lectorado en la Universidad de Cambridge, y de regreso publica su primer poemario, Presagios.
 La primera etapa de la poesía de Salinas se inscribe en la corriente de la «poesía pura», influida por Juan Ramón Jiménez, que caracterizó también los comienzos de muchos de sus compañeros de generación, como Jorge Guillén, Vicente Aleixandre, Dámaso Alonso, Federico García Lorca o Rafael Alberti. Recibe también influencias de la poesía francesa, singularmente del belga Emile Verhaeren y de Jules Laforgue, del que admira su interés por llevar a la poesía la lengua cotidiana. Abarca desde sus primeros versos hasta 1931
Presagios (1924)
Recoge los poemas escritos en Sevilla entre 1920 y 1924. Para Luis Cernuda, esta primera obra es la mejor de Salinas. Es una obra de una poesía reflexiva pero clara y contenida, sin excesos léxicos ni verbales. El tema es la relación del artista con la realidad: Estimo en la poesía, sobre todo, la autenticidad. Luego, la belleza. Después, el ingenio.

Biografía de Pedro Salinas - Estandarte

Seguro azar (1929)
Salinas comienza a mostrarse como el poeta de una tras-realidad que se oculta tras la apariencia inanimada de las cosas con las que él toma contacto a través de la palabra poética.
En 1930 permuta su cátedra sevillana por la cátedra de Jorge Guillén en la Murcia, aunque nunca llegó impartir docencia en ella. En ese mismo año comenzó a ejercer en la Escuela central de Idiomas, en Madrid, donde más tarde, en 1932, fundó la revista Índice Literario.
Entre 1928 y 1936, integrándose en las actividades y objetivos de la Institución Libre de Enseñanza, a través del Centro de Estudios Históricos, se encargó entre otras diversas tareas de la Sección de Literatura Moderna y la organización de la Universidad de Verano.
Fue secretario general de la Universidad Internacional de Verano de Santander durante tres años. Pedro Salinas concibió aquella institución como una universidad libre, deseosa de atender las necesidades espirituales del momento.
Sus vacaciones en un pueblo de Alicante, El Altet, pedanía de Elche, le permitió mantener amistad con otros grandes de las letras españolas como Jorge Guillén y Miguel Hernández, cuyo libro Perito en lunas saludó y promocionó en una reseña publicada en Índice literario, núm. 2 de 1933. La amistad entre Pedro Salinas y Miguel Hernández es poco conocida, pero Salinas promocionó el libro “Perito en lunas” en la revista Índice Literario que propició un mayor reconocimiento para Hernández.
La segunda etapa en su poesía alcanza hasta 1939 y fue la de la poesía genuinamente amorosa. En el verano de 1932 conoce a una estudiante norteamericana, Katherine R. Whitmore, que sería luego profesora de lengua y literatura española en el Smith College (Massachusetts), de la que se enamora. Ella fue la destinataria de su trilogía poética La voz a ti debida, Razón de amor y Largo lamento. El romance se mantuvo, en forma epistolar. Se trata obras cumbre de la poesía amorosa española en las que Salinas muestra su lado más arrebatado y apasionado.

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Salinas y Guillén en primera fila. Entre ellos Sánchez Mejías. 1933

La voz a ti debida (1933)
El título está tomado de un verso de Garcilaso de la Vega:
Y aun no se me figura que me toca
aqueste oficio solamente en vida,
mas, con la lengua muerta y fría en la boca,
pienso mover la voz a ti debida (“Égloga III”, verso 12).
Con esta obra y la siguiente, Salinas vuelve al tema humano, el tema amosoro. El poeta agradece a su amada la capacidad de escribir y la reconoce como autora de sus poemas.
La mujer es vista en una perspectiva de proximidad, como una amiga que se convierte en amada al contemplarse reflejada en el “espejo ardiente” que el amor le ofrece.
Salinas está en la tradición amorosa española del romanticismo de Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1870) y de Juan Ramón Jiménez (1881-1958): Querer vivir es anhelar la carne donde se vive y por la que se muere. Abstracción y corporeidad cercana a la mística. Lo fino, lo sensual, la vaguedad de la ausencia, ecos de todos los ruidos del mundo en función de la amada, ondas de la noche: La vida es lo que tú tocas.


Razón de amor (1939)
La obra expresa pasión e inquietud, aunque más pegado a la tierra que el anterior. Poemario que continúa donde lo dejó el anterior, en busca de esa luz que la amada no ha querido ayudarle a encontrar. El enamorado no se muestra rencoroso, aunque sí triste.
Largo lamento (1939)
Obra cierra una trilogía junto con las dos obras anteriores. Esta trilogía es uno de los mayores exponentes de la poesía pura. Es este un libro que el poeta conservó manuscrito y que regaló a su yerno, Juan Marichal, en el transcurso de una limpieza de su despacho en la John Hopkins.

La tercera etapa va de 1939 hasta su muerte. La poesía de estos años reflejó sus inquietudes filosóficas, y una preocupación por la función del poeta y del arte, ya que su espíritu humanista se rebeló ante el mundo moderno; pero no fue la suya una poesía meramente intelectualista, sino que se apoyó también en lo sensual, en una visión cósmica pero fuertemente emotiva.
Poesía junta (1942)
Tras el exilio, reúne toda su obra anterior en este volumen.
El contemplado (1946)
El objeto de su inspiración es el mar de Puerto Rico, símbolo del poeta en eterna actividad. Este libro es el resultado del encuentro de Salinas con el mar de Puerto Rico en los años en que fue profesor de la Universidad de Río Piedras.
Todo más claro (y otros poemas) (1949)
Refleja los acontecimientos históricos de su tiempo. La obra está escrita en el exilio. Marca el paso de todos los poetas de esta generación hacia un patetismo desolado, donde se intenta superar la “solitaria desesperación”. Con este libro se inicia la tercera y última etapa de la poesía de Salinas
Confianza (1952)
Libro póstumo que recupera el intimismo de la primera época del poeta.

Pedro Salinas fue también autor numerosos ensayos críticos, entre los que destacan Jorge Manrique o tradición y originalidad (1947) y La poesía de Rubén Darío (1947), dedicados respectivamente al poeta medieval español Jorge Manrique y al nicaragüense Rubén Darío, iniciador del Modernismo. Escribió además los ensayos El defensor (1948) y Ensayos de literatura hispánica (1958), así como relatos (El desnudo impecable y otras narraciones, 1951) y varias obras de teatro, la mayor parte todavía inéditas. 
La Guerra Civil Española le sorprendió en Santander como secretario en la Universidad Internacional de Verano. Pedro Salinas fue uno de tantos que se exilio a América, concretamente a EEUU. Allí enseñó en la universidad de Wellesley College y en la Universidad Johns Hopkins de Baltimore. Aunque no fue políticamente muy activo, su adhesión al gobierno republicano le aseguraba un largo exilio, que finalmente se extendió hasta el fin de sus días.

El Middlebury College distinguió a Salinas con un doctorado honoris causa en 1937. Participa en mayo de 1939 en representación de los escritores españoles republicanos en la reunión del PEN Club Internacional en la Exposición Mundial de Nueva York con ¿Puede la cultura sobrevivir al exilio?l
Su actividad en los años 40 es intensa, se traslada a Maryland para incorporarse al destacado Departamento de Lenguas Románicas de la Johns Hopkins University. Presenta una ponencia sobre Sor Juana Inés de la Cruz en el Congreso Internacional de Catedráticos de Literatura Iberoamericana en Los Ángeles (California), imparte cursos de verano en la universidad de Berkeley. En 1943 se traslada a la Universidad de Puerto Rico. Pronto tuvo fieles y numerosos amigos allí, dio conferencias públicas, viajó a Santo Domingo y Cuba.
Sigue los años siguientes dando conferencias públicas en Colombia, Ecuador y Perú. Publicaciones sobre Jorge Manrique o tradición y originalidad, El defensor, La poesía de Rubén Darío…

Estancia en Paris comisionado por la UNESCO.
Se estrenan algunas de sus obras en Nueva York, en la Columbia University, la Habana…
Fue un poeta heredero de la tradición amorosa de Garcilaso de la Vega y Gustavo Adolfo Bécquer, el gran tema de su poesía fue el amor, a través del cual matizó y recreó la realidad y los objetos.
Falleció en Boston el 4 de diciembre de 1951, siendo enterrado en San Juan de Puerto Rico.

OBRAS

Prosa
Vísperas del gozo (1926)
La bomba increíble (1950)
El desnudo impecable y otras narraciones (1951)
Siglo XX (1940)
Jorge Manrique o tradición y originalidad (1947)
La poesía de Rubén Darío (1948)

Poesía
Presagio (1923)
Seguro azar (1929)
Fábula y signo (1931)
La voz a ti debida (1933)
Razón de amor (1936)
Error de cálculo (1938)
Lost Angel and Other Poems (1938)
Poesía junta (1942)
El contemplado (1946)
Todo más claro y otros poemas (1949)
Poesías completas (1955)
Volverse y otros poemas (1957)
Poesía completas (1971)

Teatro
El director (1936)
El parecido (1942–1943)
Ella y sus fuentes (1943)
La bella durmiente (1943)
La isla del tesoro (1944)
La cabeza de la medusa (1945)
Sobre seguro (1945)
Caín o Una gloria científica (1945)
Judit y el tirano (1945)
La estratosfera. Vinos y cervezas (1945)
La fuente del arcángel (1946)
Los santos (1946)
El precio (1947)
El chantajista (1947)

POEMAS

EL ALMA TENÍAS

El alma tenías
tan clara y abierta,
que yo nunca pude
entrarme en tu alma.
Busqué los atajos
angostos, los pasos
altos y difíciles…
A tu alma se iba
por caminos anchos.
Preparé alta escala
-soñaba altos muros
guardándote el alma-,
pero el alma tuya
estaba sin guarda
de tapial ni cerca.
Te busqué en la puerta
estrecha del alma,
pero no tenía,
de franca que era,
entradas tu alma.
¿En dónde empezaba?
¿Acababa, en dónde?
Me quedé por siempre
sentado en las vagas
lindes de tu alma.

De “Presagio” 1923

PREGUNTA MÁS ALLÁ 


¿Por qué pregunto dónde estás
si no estoy ciego,
si tú no estás ausente?
Si te veo,
ir y venir,
a ti, a tu cuerpo alto
que se termina en voz,
como en humo la llama,
en el aire, impalpable.
Y te pregunto, sí,
y te pregunto de qué eres,
de quién;
y abres los brazos
y me enseñas
la alta imagen de ti,
y me dices que mía.
Y te pregunto, siempre.

De "Fábula y signo" 1931

CUANDO CIERRAS LOS OJOS


 Cuando cierras los ojos
tus párpados son aire.
Me arrebatan:
me voy contigo, adentro.
No se ve nada, no
se oye nada. Me sobran
los ojos y los labios,
en este mundo tuyo.
Para sentirte a ti
no sirven
los sentidos de siempre,
usados con los otros.
Hay que esperar los nuevos.
Se anda a tu lado
sordamente, en lo oscuro,
tropezando en acasos,
en vísperas; hundiéndose hacia arriba
con un gran peso de alas.
Cuando vuelves a abrir
los ojos yo me vuelvo
afuera, ciego ya,
tropezando también,
sin ver, tampoco, aquí.
Sin saber más vivir
ni en el otro, en el tuyo,
ni en este
mundo descolorido
en donde yo vivía.
Inútil, desvalido
entre los dos.
Yendo, viniendo
de uno a otro
cuando tú quieres,
cuando abres, cuando cierras
los párpados, los ojos.

De "La voz a ti debida" 1933

AYER TE BESÉ EN LOS LABIOS


Ayer te besé en los labios.
Te besé en los labios. Densos,
rojos. Fue un beso tan corto
que duró más que un relámpago,
que un milagro, más.
                               El tiempo
después de dártelo
no lo quise para nada
ya, para nada
lo había querido antes.
Se empezó, se acabó en él.
Hoy estoy besando un beso;
estoy solo con mis labios.
Los pongo
no en tu boca, no, ya no
-¿adónde se me ha escapado?
Los pongo
en el beso que te di
ayer, en las bocas juntas
del beso que se besaron.
Y dura este beso más
que el silencio, que la luz.
Porque ya no es una carne
ni una boca lo que beso,
que se escapa, que me huye.
No.
Te estoy besando más lejos.

De la voz a ti debida 1933

LOS CIELOS SON IGUALES


Los cielos son iguales.
Azules, grises, negros,
se repiten encima
del naranjo o la piedra:
nos acerca mirarlos.
Las estrellas suprimen,
de lejanas que son,
las distancias del mundo.
Si queremos juntarnos,
nunca mires delante:
todo lleno de abismos,
de fechas y de leguas.
Déjate bien flotar
sobre el mar o la hierba,
inmóvil, cara al cielo.
Te sentirás hundir
despacio, hacia lo alto,
en la vida del aire.
Y nos encontraremos
sobre las diferencias
invencibles, arenas,
rocas, años, ya solos,
nadadores celestes,
náufragos de los cielos.

De la voz a ti debida 1933

TÚ VIVES SIEMPRE DE TUS ACTOS


Tú vives siempre de tus actos.
Con la punta de tus dedos
pulsas el mundo, le arrancas
auroras, triunfos, colores,
alegrías: es tu música. 
La vida es lo que tú tocas.
De tus ojos, sólo de ellos,
sale la luz que te guía
los pasos. Andas
por lo que ves. Nada más.
Y si una duda te hace
señas a diez mil kilómetros,
lo dejas todo, te arrojas
sobre proas, sobre alas,
estás ya allí; con los besos,
con los dientes la desgarras:
ya no es duda.
Tu nunca puedes dudar.
Porque has vuelto los misterios
del revés. Y tus enigmas,
lo que nunca entenderás,
son esas cosas tan claras,
la arena donde te tiendes,
la marcha de tu reló
y el tierno cuerpo rosado
que te encuentras en tu espejo
cada día al despertar,
y es tuyo. Los prodigios
que están descifrados ya.
Y nunca te equivocaste,
más que una vez, una noche
que te encaprichó una sombra
-la única que te ha gustado-.
Una sombra parecía.
Y la quisiste abrazar.
Y era yo.

La voz a ti debida 1933

NO EN PALACIOS DE MÁRMOL


No en palacios de mármol,
no en meses, no, ni en cifras,
nunca pisando el suelo:
en leves mundos frágiles
hemos vivido juntos.
El tiempo se contaba
apenas por minutos:
un minuto era un siglo,
una vida, un amor.
Nos cobijaban techos,
menos que techos, nubes;
menos que nubes, cielos;
aun menos, aire, nada.
Atravesando mares
hechos de veinte lágrimas,
diez tuyas y diez mías,
llegábamos a cuentas
doradas de collar,
islas limpias, desiertas,
sin flores y sin carne;
albergue, tan menudo,
en vidrio, de un amor
que se bastaba él solo
para el querer más grande
y no pedía auxilio
a los barcos ni al tiempo.
Galerías enormes
abriendo
en los granos de arena,
descubrimos las minas
de llamas o de azares.
Y todo
colgando de aquel hilo
que sostenía, ¿quién?
Por eso nuestra vida
no parece vivida:
desliz, resbaladora,
ni estelas ni pisadas
dejó detrás. Si quieres
recordarla, no mires
donde se buscan siempre
las huellas y el recuerdo.
No te mires al alma,
a la sombra, a los labios.
Mírate bien la palma
de la mano, vacía.

De “La voz a ti debida" 1933

NO, NO DEJÉIS CERRADAS


No, no dejéis cerradas
las puertas de la noche,
del viento, del relámpago,
la de lo nunca visto.
Que estén abiertas siempre
ellas, las conocidas.
Y todas, las incógnitas,
las que dan
a los largos caminos
por trazar, en el aire,
a las rutas que están
buscándose su paso
con voluntad oscura
y aún no lo han encontrado
en puntos cardinales.
Poned señales altas,
maravillas, luceros;
que se vea muy bien
que es aquí, que está todo
queriendo recibirla.
Porque puede venir.
Hoy o mañana, o dentro
de mil años o el día
penúltimo del mundo.
Y todo
tiene que estar tan llano
como la larga espera.
Aunque sé que es inútil.
Que es juego mío, todo,
el esperarla así
como a soplo o a brisa,
temiendo que tropiece.
Porque cuando ella venga
desatada, implacable,
para llegar a mí,
murallas, nombres, tiempos,
se quebrarían todos,
deshechos, traspasados
irresistiblemente
por el gran vendaval
de su amor, ya presencia.

La voz a ti debida 1933

“DAME TU LIBERTAD…”


Dame tu libertad.
No quiero tu fatiga,
no, ni tus hojas secas,
tu sueño, ojos cerrados.
Ven a mí desde ti,
no desde tu cansancio
de ti. Quiero sentirla.
Tu libertad me trae,
igual que un viento universal,
un olor de maderas
remotas de tus muebles,
una bandada de visiones
que tú veías
cuando en el colmo de tu libertad
cerrabas ya los ojos.
¡Qué hermosa tú libre y en pie!
Si tú me das tu libertad me das tus años
blancos, limpios y agudos como dientes,
me das el tiempo en que tú la gozabas.
Quiero sentirla como siente el agua
del puerto, pensativa,
en las quillas inmóviles
el alta mar. La turbulencia sacra.
Sentirla,
vuelo parado,
igual que en sosegado soto
siente la rama
donde el ave se posa,
el ardor de volar, la lucha terca
contra las dimensiones en azul.
Descánsala hoy en mí: la gozaré
con un temblor de hoja en que se paran
gotas del cielo al suelo.
La quiero
para soltarla, solamente.
No tengo cárcel para ti en mi ser.
Tu libertad te guarda para mí.
La soltaré otra vez, y por el cielo,
por el mar, por el tiempo,
veré cómo se marcha hacia su sino.
Si su sino soy yo, te está esperando.

De: “Razón de amor”, 1936

AMOR, MUNDO EN PELIGRO


Hay que tener cuidado,
mucho cuidado: el mundo
está muy débil, hoy,
y este día es el punto
más frágil de la vida.
Ni siquiera me atrevo
a pronunciar el nombre,
por si mi voz rompiera
ese encaje sutil
labrado por alternos
de sol y luna, rayos,
que es el pecho del aire.
Hay que soñar despacio:
nuestros sueños deciden
como si fueran pasos;
y detrás de ellos quedan
sus huellas, tan marcadas,
que el alma se estremece
al ver cómo ha llenado
la tierra de intenciones
que podrían ser tumbas
de nuestro gran intento.
Soñar casi en puntillas
porque la resonancia
de un sueño, o de un pie duro
en un suelo tan tierno
podría derribar
las fabulosas torres
de alguna Babilonia.
Hay que afinar los dedos:
hoy todo es de cristal
en cuanto lo cogemos.
Y una mano en la nuestra
quizá se vuelva polvo
antes de lo debido
si se la aprieta más
que a un recuerdo de carne.
Hay que parar las gotas
de la lluvia: al caer
en la tierra abrirían
hoyos como sepulcros;
porque el suelo es tan blando
que en él todo es entierro.
Parar, más todavía,
cuando estemos al borde
de algún lago de plata,
el afán de llorar
que su gran parecido
con un lago de plata
en nosotros provoca.

Sí, detener las lágrimas.
Si una lágrima cae
hoy con su peso inmenso
en un lago o en unos
ojos que nos querían
puede llegar tan hondo
que destruya los pájaros
del cielo más amado,
y, haciendo llover plumas,
llene toda la tierra
de fracasos de ala.
No hay que apartar la vista
de los juncos de azogue
donde el calor se mide.
Si el ardor sube mucho
en pechos o en termómetros,
puede arruinar la tierna
cosecha que prometen
tantas letras sembradas
en las cartas urgentes.
Vigilar, sobre todo,
a ella, a la aterradora
fuerza y beldad del mundo:
amor, amor, amor.
Esa que es grito y salto,
profesora de excesos,
modelo de arrebatos,
desatada bacante
que lleva el pelo suelto
para inquietar los aires,
esa
envidia de torrentes,
ejemplo de huracanes,
la favorita hija
de los dioses extremos
-amor, amor, amor-que
con su delirante
abrazo hace crujir
por detrás de la carne
que se deja estrechar
lo que más se resiste
en este cuerpo humano,
a ternura y a beso:
el destino final
del hombre: el esqueleto.
Amor, amor, amor.
¿Porque quién ha sabido
nunca, si hace o deshace?
¿Y si, cuando nos arde
es que nos alza a llama,
o nos quiere cenizas?
Por eso, el mundo, hoy débil,
le teme más que a nadie.
Y hay que dar el aviso
a todos los amantes
de que la vida está
al borde de romperse
si se siguen besando
como antes se besaban.

¡Que se apaguen las lumbres,
que se paren los labios,
que las voces no digan
ya más: “Te quiero”! ¡Que
un gran silencio reine,
una quietud redonda,
y se evite el desastre
que unos labios buscándose
traerían a esta suma
de aciertos que es la tierra!
Que apenas la mirada,
lo que hay más inocente
en el cuerpo del hombre,
se quede conservándole
al amor su futuro,
en esa leve estrella
que los ojos albergan
y que por ser tan pura
no puede romper nada.
Tan débil está el mundo
-cendales o cristales-que
hay que moverse en él
como en las ilusiones,
donde un amor se puede
morir si hacemos ruido.
Sólo
una trémula espera,
un respirar secreto,
una fe sin señales,
van a poder salvar
hoy,
la gran fragilidad
de este mundo.
Y la nuestra.

Del libro - Largo lamento 1939

NO REHACES LOS SUEÑOS POR SER SUEÑOS


No rehaces los sueños por ser sueños.
todos los sueños pueden
ser realidad, si el sueño no se acaba.
la realidad es un sueño. si soñamos
que la piedra es la piedra, eso es la piedra.
Lo que corre en los ríos no es un agua,
es un soñar, el agua, cristalino.
La realidad disfraza
su propio sueño, y dice:
“yo soy el sol, los cielos, el amor.”
Pero nunca se va, nunca se pasa,
sin fingimos creer que es más que un sueño.
Y vivimos soñándola. Soñar
es el modo que el alma
tiene para que nunca se le escape
lo que se escaparía si dejamos
de soñar que es verdad lo que no existe.
Sólo muere
un amor que ha dejado de soñarse
hecho materia y que se busca en tierra.

De “Largo lamento" 1939

¡OH, VOSOTROS, HERMANOS!

¡OH, vosotros, hermanos!,
en la gran lejanía
de esa tierra altanera
que me estáis defendiendo
a mí, que nací en ella,
¿me podréis perdonar
esto que yo no sufro?
¿Me podréis perdonar
el crujido del pan
limpio cuando se quiebra
vosotros, devorados
por la araña del hambre?
¿Me podréis perdonar
este techo de silencio,
estas cuatro paredes,
vosotros, sin más techo
que un cielo de metrallas,
sin más muros que cuatro
horizontes siniestros
por donde están rampando,
en vez de mis auroras,
sucios soles de odio?
¿Podrá esa guerra vuestra
perdonarme mi paz,
esta paz que me pesa
como otra guerra oscura?
¿Y podrán vuestras muertes,
tú, y la tuya, y la tuya,
y la del otro, y tantas,
diez, veinte, ciento, mil
muertes bajo la tierra,
perdonar una vida
que sigue en pie en mi pecho?

(1937-1939)

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