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189. Poesía más Poesía: Jules Supervielle

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BIOGRAFÍA DE JULES SUPERVIELLE

Poeta, dramaturgo francés, nacido en Uruguay (Montevideo) el 16 de enero de 1884. Autor de una extensa y variada producción literaria que progresa por los géneros más diversos, destacó fundamentalmente como poeta.

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En Oloron-Sainte-Marie en 1817, vivían un relojero-joyero-orfebre, Romain Supervielle, y su mujer, Anne Etchehon. En ese pueblo tuvieron seis hijos. El más grande, Bernard, a los 17 años se embarcó a hacer fortuna en otro lado. Se fue sin dinero y en silencio.
Entró en África, después en Brasil y, mientras recorre comerciando, su familia le mandó a uno de sus hermanos para convencerlo de que volviera. Auguste, el encargado de traer a Bernard de vuelta, murió de fiebre amarilla en Río de Janeiro.
Bernard prefirió embarcarse a Montevideo. Se encontró en una ciudad que le gustaba, había una excolonia francesa y la posibilidad de entrar en el mundo de finanzas.

En 1880 fundó el Banco Supervielle y se casó con Marie Anne Munyo. Ese banco se expandiría y abriría una sucursal en Buenos Aires.
Bernard invitó a uno de sus hermanos a que viajara a Uruguay y se le uniera en el negocio. Ese hermano, de nombre Jules, se casó con la hermana, Marie, de su cuñada, repitiendo la fórmula de apellidos Supervielle-Munyo.

El 16 de enero de 1884 nació el primer hijo de Jules Supervielle y Marie Munyo. Nació uruguayo y francés. Se llamó Jules, igual que su padre.
Ocho meses después, sus padres y sus tíos decidieron regresar a Oloron-Sainte-Marie para visitar a sus familiares. Ya en su país natal, los padres de Jules perdieron la vida de forma fulminante enfermos de cólera, aunque después se dijo que la pareja había tomado agua de un grifo que, posiblemente, estuviera contaminada.

La custodia del bebé quedó en manos de su abuela. Luego, sus tíos Bernard y Marie-Anne criaron y educaron al futuro escritor. Con nueve años de edad, descubrió por casualidad que era hijo adoptivo. Pero esta revelación no fue para él traumática, pues ya por aquel entonces había caído bajo la una precoz vocación que le absorbía gran parte de su tiempo: la creación literaria.

Antes de haber cumplido los diez años de edad el jovencísimo Jules ya había comenzado a redactar, aprovechando los espacios en blanco de un cuaderno de registros del Banco Supervielle, una serie de relatos que agrupó bajo el título de Livre de fables, Libros de fábulas. Poco después, tras el traslado de su familia de adopción a París, inició en la capital francesa su formación secundaria, claramente orientada hacia el conocimiento de las disciplinas humanísticas y, en especial, hacia esa materia literaria que venía fascinándole desde su infancia. Fue así como entró en contacto con las respectivas obras de algunos poetas que le sedujeron en su adolescencia e influyeron en su inclinación hacia la escritura poética, modalidad creativa que ya cultivaba profusamente -bien es verdad que en secreto- hacia 1898, cuando contaba catorce años de edad. Estos poetas predilectos durante aquel período de formación fueron Alfred Musset, Victor Hugo, Alphonse de Lamartine , Charles-Marie Leconte de Lisle y René Sully-Prudhomme. Fruto de esta temprana e intensa dedicación al cultivo de la creación poética fue la publicación, a los diecisiete años de edad, de una pequeña plaquette titulada Brumes du passé (Brumas del pasado, 1901), cuyos gastos de edición corrieron por cuenta del precoz poeta. 

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Jules Supervielle disfrutando de Punta del Este en 1909.


Viajaba, por aquel tiempo, con cierta frecuencia y regularidad a su Uruguay natal, en donde pasó los veranos de 1901, 1902 y 1903, en casa de los familiares que allí le quedaban. Entretanto, una vez obtenido el título de Bachiller había empezado a cursar en la Universidad de la Sorbona estudios superiores de Letras, carrera en la que obtuvo el grado de licenciado después de haber cumplido con el servicio militar. Debido a su frágil salud, soportó mal las penalidades de la vida en el cuartel. Una vez liberado de sus obligaciones militares y licenciado en Letras por la Sorbona, Jules Supervielle continuó ampliando sus conocimientos con estudios de Derecho e Idiomas, actividad intelectual que compaginaba con sus visitas a Uruguay, en donde conoció a Pilar Saavedra, con la que contrajo matrimonio en 1907, en la ciudad en la que había nacido. Él tenía 23 años, ella 19. Su unión duró 53 y tuvieron 6 hijos.

Bernard, el tío de Jules murió. Había administrado la parte del banco que le correspondía a Jules y, como a él le desagradaban los intercambios de dinero, no quiso involucrarse en la administración del banco. Deja a su primo, Louis, que era el nuevo director del banco, a cuidado de sus inversiones en Uruguay.
De nuevo en París, Jules siguió ampliando sus estudios de Letras y, en 1910, presentó un proyecto de tesis doctoral bajo el título de “Le sentiment de la nature dans la poésie hispano-américaine” (“El sentimiento de la Naturaleza en la poesía hispanoamericana”), trabajo que le atrajo un cierto reconocimiento como crítico literario, merced a algunos extractos que vieron la luz en las páginas del Bulletin de la bibliothèque américaine. En el transcurso de aquel mismo año, dio a la imprenta un poemario titulado Comme des voiliers (Como veleros, 1910), obra que anunciaba desde el privilegiado frontispicio de su título la afición del poeta a los viajes. Continuaba por aquel tiempo recorriendo numerosos lugares del mundo, hasta que en 1912 decidió instalarse definitivamente en París, en un apartamento situado en el número 47 del boulevard Lannes, en el que habría de residir por espacio de veintitrés años (sin dejar por ello de cruzar el Atlántico en múltiples ocasiones, pues no soportaba permanecer alejado durante mucho tiempo de Uruguay).

Rubén Darío fue el primer gran poeta que frecuentó Jules. Lo conoció durante su estadía en París, desde 1911 a 1912.

Jules Supervielle


En 1914, el estallido de la Primera Guerra Mundial provocó la inmediata movilización de Jules Supervielle, a quien, en atención a sus problemas de salud (padecía desde su juventud complicaciones cardíacas) y a sus brillantes competencias lingüísticas (dominaba a la perfección varios idiomas), se exoneró de ir al frente, al tiempo que se le asignaban relevantes funciones dentro del Ministerio de la Guerra. Trasladado al control de censura postal hojeó miles de cartas en español, en italiano, en inglés. Hubo una carta de amor en español que tenía un espacio en blanco demasiado largo. La carta era de una mujer y justificaba el espacio diciendo “aquí pongo un beso”. Jules advirtió que el margen contenía un mensaje en tinta y que su autora era Mata Hari.

Durante todo el dilatado período bélico, el escritor aprovechó para leer las obras de numerosos autores franceses y extranjeros, con singular entrega a la poesía de algunos poetas que le habían fascinado, como sus compatriotas Paul Claudel, Arthur Rimbaud, Stéphane Mallarmé y Jules Laforgue  -este último, considerado como uno de los grandes precursores de la poesía de Supervielle-, y el norteamericano Walt Whitman.

Acabada la contienda bélica, Supervielle dio a la imprenta una nueva colección de versos que, agrupados bajo el título genérico de Poèmes (Poemas, 1919), despertaron la admiración de algunos autores consagrados como André Gide y Paul Valéry, quienes contribuyeron a la consolidación del prestigio literario del autor en los principales foros y cenáculos artísticos e intelectuales de la capital francesa, y le presentaron a Jacques Rivière, recién nombrado director de la Nouvelle Revue Française. A partir de entonces, Jules Supervielle empezó a colaborar asiduamente en esta célebre y difundida publicación, uno de los principales órganos de difusión de las nuevas tendencias estéticas que florecieron profusamente en la Francia del primer tercio del siglo XX.

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Jules Supervielle viajando en un barco en 1924.


Consagrado, en fin, como una de las grandes revelaciones de la nueva poesía francesa, Supervielle confirmó las buenas expectativas creadas por sus poemarios anteriores con la publicación de una espléndida colección de poemas titulada Débarcadères (Desembarcaderos, 1922), a la que pronto añadió nuevos volúmenes de versos que le mantuvieron a la cabeza de la lírica francesa de los años veinte y treinta, como Gravitations (Gravitaciones, 1925), Le forçat innocent (El forzado inocente, 1930), Amis inconnus (Amigos desconocidos, 1934]) y La fable du monde (La fábula del mundo, 1938]). Tras un largo paréntesis de más de diez años, abierto por el estallido de la Segunda Guerra Mundial, Supervielle reanudó su actividad poética y publicó otras colecciones de versos como Oublieuse mémoire (Olvidada memoria, 1949), A la nuit (Por la noche, 1947), Naissances (Nacimientos, 1949), En songeant à un art poétique (Soñando un arte poética, 1951), L’escalier (La escalera, 1956) y Le corps tragique (El cuerpo trágico, 1959).

Mientras incrementaba esta copiosa producción lírica, Jules Supervielle trabajaba también en el cultivo de otros géneros como la prosa de ficción y la escritura dramática. Ya en 1923 -año en el que le habían presentado al poeta y pintor de origen belga Henri Michaux, que acabaría siendo íntimo amigo suyo- se había dado a conocer como narrador merced a la novela titulada L´homme de la pampa (El hombre de la pampa, 1923), obra a la que siguieron otras narraciones extensas como las tituladas Le voleur d’enfants (El ladrón de niños, 1926), Le survivant (El superviviente, 1928) y, casi al final de su vida, Le jeune homme du dimanche et des autres jours (El joven hombre del domingo y de los otros días, 1952). Además, cultivó con singular éxito el género cuentístico, al que aportó algunas colecciones de relatos tan notables como L’enfant de la haute mer (El niño de alta mar, 1931), L’arche de Noé (El arca de Noé , 1938), Les B.B.V., 1949 y Premiers pas de l’univers (Primeros pasos del universo, 1950). Su obra narrativa se completa con el relato autobiográfico Boire à la source. Confidences (Beber de la fuente. Confidencias, 1933).

Photos de Jules Supervielle - Babelio.com

Autor fecundo y polígrafo, Jules Superville también escribió algunas piezas teatrales que gozaron de gran aceptación entre la crítica y el público de su tiempo. Entre estas obras dramáticas del escritor, cabe recordar las tituladas La Belle au bois (La bella del bosque, 1932), Bolívar, 1936, Robinson, 1948 y Shéhérazade, 1949.

Ubicado, en fin, desde los años veinte en el epicentro del París literario y artístico, Supervielle compartió amistad no sólo con los grandes figuras citadas, sino también con otros escritores de la talla del alemán Rainer Maria Rilke -a quien conoció en 1925-; el narrador, ensayista e infatigable animador cultural Jean Paulhan  -con el que llegó a tener tanta confianza que, a partir de 1927, sometía a su juicio todos sus borradores-; y el narrador, ensayista y crítico de arte Marcel Arland. Durante la década de los treinta, a medida que iba dando a la imprenta o estrenando algunas de las obras recientemente citadas, Jules Supervielle siguió gozando de un gran prestigio literario tanto en Francia como en Uruguay. Este reconocimiento unánime de la crítica, los lectores y el público teatral le animó, desde entonces hasta el final de sus días, a revisar y corregir constantemente sus obras, ofreciendo múltiples reediciones de un mismo texto que, en ocasiones, llegaban a presentar un cambio de género respecto a la versión original.

En general, Jules hablaba en casi toda su correspondencia sobre literatura, arte y poesía. Era prácticamente su diálogo con todo el mundo. Vivió con la pluma en mano toda su vida. Incluso, de 1945 a 1955 intercambió cartas con Felisberto Hernández, para quien Jules se transformó en un maestro. Lo llamaba “Mi querido gigante.

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Jules Supervielle junto a su hija Anne-Marie.

La Biblioteca Nacional las digitalizó y se puede acceder a ellas acá:  http://bibliotecadigital.bibna.gub.uy:8080/jspui/handle/123456789/42954

Pero este período de fama literaria, prestigio intelectual y bonanza económica se interrumpió bruscamente con el estallido de la Segunda Guerra Mundial, que no sólo le impuso un forzoso mutismo en su actividad poética, sino también la necesidad de abandonar con presteza esa Francia ocupada en la que, como tantos otros escritores, artistas e intelectuales, se sentía seriamente amenazado. Lastrado, pues, por la tensión reinante en todo el mundo, así como por el empeoramiento de su salud quebradiza (con problemas pulmonares complicándose con su crónica dolencia cardíaca) y por las dificultades económicas derivadas de la inestable situación bélica, Supervielle tomó el rumbo del exilio y se afincó en su segunda patria, en donde habría de permanecer por espacio de siete años (1939-1946). Confiaba en que, a su llegada, la entidad financiera fundada por su tío contribuyera a socorrer su precaria situación económica; pero, al poco de haber arribado a su Montevideo natal, quebró el “Banco Supervielle”, con lo que se encontró, de repente, en la ruina. Pilar, estoica, vendió sus joyas. Sus activos, colocados en otra parte que en el banco, le permitirán sobrevivir, sin privar a Jules de un mínimo de comodidad, espacio y calma. Le ayudarán también muchos escritores uruguayos.

Jules Supervielle

Por fortuna, el reconocimiento literario que le arropaba le permitió subsistir con el producto de su pluma, aunque obligándole a trabajar sin descanso: ganó algo de dinero con los montajes de sus piezas teatrales, puestas en escena por los mejores actores y directores del mundo -como su compatriota Louis Jouvet-; se alzó con varios premios literarios que le reportaron algunos beneficios económicos; y recurrió a su condición de políglota para convertir sus traducciones en una importante fuente de ingresos -vertió al francés obras de Lorca, Jorge Guillén y Shakespeare-. Y recibió, simultáneamente, algunos honores y distinciones que, aunque no repercutieran directamente en su hacienda, contribuyeron a ensalzar su nombre y a elevar su caché como escritor, traductor y conferenciante (fueron muy celebradas las disertaciones que, centradas en la poesía francesa contemporánea, ofreció en 1944 en la Universidad de Montevideo); entre estos reconocimientos y galardones, cabe destacar su nombramiento como Oficial de la Legión de Honor (1939).

Acabada la guerra, Supervielle regresó a Francia con el cargo de agregado cultural honorario de la embajada uruguaya en París. Publicó entonces algunos cuentos mitológicos -agrupados bajo el título de Orphée (Orfeo, 1946)- y empezó a trabajar en su ya mencionada autobiografía, así como en sus poemarios y narraciones de madurez. A comienzos de la década de los cincuenta, próximo a alcanzar los 70, la inestable salud del poeta sufrió una recaída ocasionada por las secuelas de su antigua dolencia pulmonar, complicadas con esa arritmia cardíaca que le venía acompañando desde su juventud. Continuó, empero, cultivando el género poético y, un año antes de su muerte, dio a la imprenta el que habría de ser su último poemario El cuerpo trágico (1959). Poco después, recibió el título honorífico de “Príncipe de los poetas”, otorgado por sus propios colegas; pero apenas tuvo tiempo de saborear este honor, ya que la muerte le sobrevino a los pocos meses en su residencia parisina. Su cadáver fue trasladado a Oloron-Sainte-Maire, donde recibió sepultura junto a los restos mortales de sus progenitores.

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De izquierda a derecha: Colette, Marcel Pagnol, Jules Supervielle y el Príncipe Pierre de Mónaco (1956)

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA:

SELECCIÓN DE POEMAS DE JULES SUPERVIELLE

NO GIRES LA CABEZA UN MILAGRO ESTÁ DETRÁS

No gires la cabeza un milagro está detrás
Te acecha, te quisiera por él alterado:
Esta dulzura podría sobrepasar la Tierra
Pero prefiere estar ahí, como un sueño detenido.

Quédate inmóvil, y sabe esperar a que tu corazón
Se desate de ti como pesada piedra.

De "El condenado inocente"
Traducción: Claire Deloupy

ESPERAR QUE LA NOCHE…

Esperar que la noche siempre identificable,
por su gran altitud donde no alcanza el viento
      y sí el dolor del hombre,
venga a encender sus fuegos temblorosos e íntimos,
y descargue el silencio barcas de pescadores,
y linternas de a bordo brizadas por el cielo,
y redes consteladas, en nuestra alma abierta.
Esperar que nos haga ella su confidente.
Gracias a mil reflejos, a móviles secretos.
Y que nos acaricien, como pieles, sus manos,
a nosotros, perdidas criaturas maltrechas
      por la gran luz y el día,
recogidos por ella, penetrante, porosa,
más segura que esa cama de nuestra casa,
albergue susurrante y siempre acompañándonos,
hueco donde posar la cabeza que ya
        a gravitar empieza
a llenarse de estrellas, a dar con su camino.

Versión de Pedro Salinas

PRINCIPIOS

En los ojos de esa cierva
Un negro estanque se ve,
Cabañas de un mundo diáfano
Y un ciervo que bebe en él.
Sólo existe el relinchar
De un caballo venidero,
Y la huida de su crin,
Disputa de cuatro vientos.
Rostro muy claro hasta mí
Llega, sin dueño, de lejos,
Su pasión de conocer
Quiere vivir en un cuerpo.
Si labios no le coloran,
Con un estudioso afán
Doble trenza de cabellos
Por trozo de un hombro va.
Girad, girad, cabelleras,
Ademanes aun sin brazos,
Bríos que a un alma buscáis,
Violencias hacia brazos.
Oh miradas sin raíz,
Sin iris, que en una vía
Plateada erráis: ¿por fin
Os captará una retina?

Versión de Jorge Guillén

POEMA

El mundo se ha tornado frágil
como una copa de cristal,
las ciudades y las montañas
y el mismo océano natal.
Tan vulnerable es una roca
como una rosa en su rosal,
y duda y tiembla a nuestros pasos
la arena, arena del playal.
Tan presto puede todo hundirse
que si la miras ya no alcanza.
La tierra se ha hecho tan insólita
que no devuelve la esperanza.
Viejo, muchacha, niño sube
cada uno a salvarse en su nube
pues que no hay ya asilo seguro
en lo sólido y en lo duro.

Versión de Gerardo Diego

FUEGO DE CIELO

I
El rayo separó al hombre de su sombra.
¿Adónde así corréis, buenas sombras sin hombres?
Animales errantes, hocicos, espinazos
¿Sois ese inmenso fuego de zarzales lejanos?
Ríos a la redonda, de qué modo tembláis
En las aguas rocosas, ¿qué vais a dar a luz?
Peces que vais huyendo sobre las aguas tórridas,
¿Qué habéis hecho, qué habéis hecho del golfo de Florida?
Queda el aire angustiado de gaviotas inmóviles
Su corazón es isla de hielo entre las plumas.
Colonos de uno en uno que avanzaban nadando
Los depositan vivos sobre costas de horror.
—¿Y quiénes sois los que así habláis
Con esa voz que no es la nuestra
¿Responderás, oh abismo, donde temblaba un rostro?
—He aquí el día llegado, he aquí llegado el día
En que el monte ha crecido a las nubes su altura.
Y mientras más silencio hace la muerte
Los vientos cambian de planeta.

II
Una voz cae de una nube
Diciendo: “Llego al momento”.
Pero la nube ya se marcha,
Nadie desciende.
Atraviesa el espacio, mudo, un barco de carga
Escondiendo la noche en sus bodegas,
Caer deja en el alba un puñado de sombras
Pero sólo soy yo quien lo apercibe.
De uno a otro lado del mundo
Marchan altivas estatuas
Grandes galopes de mármol
En patrulla por las calles.
“Y tus documentos, transeúnte oscuro.
El brazo vendado y el pecho en ceniza.
Dime si aún quedan vivos en el mundo
—Sombra por sombra, somos, amigos, compañeros
¿No ves acaso que llevamos
El negro anillo de los muertos?”.

Versión de Rafael Alberti y María Teresa León

PROFECIA

A Jean Cassou

Un día la tierra no será más
Que un ciego espacio que gira
Confundiendo el día y la noche
Bajo el cielo inmenso de los Andes
No le quedarán montañas,
Ni el más mínimo barranco.

De todas las casas del mundo
Sólo se mantendrá un balcón
Y del humano mapamundi
Una tristeza sin techo
De lo que fue el océano Atlántico
Un regusto salado en el aire
Y un mágico pez volador
Que de la mar no sabrá nada.

Desde un cupé del año mil nueve cientos cinco
(¡Cuatro ruedas y ningún camino!)
Tres señoritas de esa época,
En estado vaporoso,
Mirarán por la ventanilla
Creyendo a París muy cerca.
Y tan sólo ese olor sentirán
Del cielo que os prende a la garganta.

Donde estaban los bosques
Se alzará un canto de pájaro
Que nadie podrá situar
Ni preferir, ni oír siquiera,
Excepto Dios que al escucharlo
Dirá: “Es un jilguero”.

De “Las columnas asombradas” 1925 - Versión de Ramón Puig de La Bellacasa

ALIENTO

En la órbita de la tierra
Cuando el planeta ya es sólo
Lejana y frágil esfera
Envuelta en un sueño vago,

Cuando atrás han quedado
Aturdidos unos pájaros
Que aletean con denuedo
Para volver a sus nidos,

Cuando cuerdas invisibles
Bajo recuerdos de manos
Vibran en el éter sensible
Que dejó el rastro humano,

Se ve a los muertos del espacio
Congregándose en los aires
Para comentar muy quedo
El transitar de la tierra.

Nada consiente en la muerte
Si ha conocido la vida.
Y el suspiro más exangüe
Aún sueña que suspira.

Hierba que vivió en la tierra
En vano en crecer se obstina
Y al frustrarse en su porfía
llora restos de rocío.

Figuraciones de ríos,
Contritos torrentes
Creen que su agua sigue fiel
Vivo espejo de los muertos.

Loca el alma entre quimeras
Juega con aurora y céfiro
Creyendo recoger cerezas
En el cielo en movimiento.

De "Gravitaciones" - 1925
Versión de Ramón Puig de La Bellacasa

ALTER EGO

Un ratón se escapa
(No era un ratón)
Una mujer se despierta
(¿Cómo lo sabe?)
Y la puerta que rechina
(Le pusieron aceite esta mañana)
Cerca de la tapia
(La tapia ya no existe)
¡Ah! No puedo decir nada
(Entonces, se callará)
No puedo moverme
(Está andando en la carretera)
¿Adónde vamos así?
(Soy yo quien lo pregunta)
Estoy solo sobre la Tierra
(Estoy aquí cerca de usted)
¿Se puede estar tan solo?
(Lo estoy más que usted,
Veo su rostro
Nadie lo vio jamás).

De “Los amigos desconocidos”- 1931

EL EMIGRANTE 

Escucho los pasos de mi corazón
que me deja y se apresura.
Si le llamo me evita
y quiere desaparecer a lo lejos. 
¿A dónde va tan atareado
sin ver ni el atardecer ni el alba?
Se va tan reservado
que habremos llegado
sin que aún yo haya entendido. 
Que llegue y se detenga
ya no tendrá la fuerza
de soplar sobre su luz,
yo no sabré nada aún
sino dejar pasar a la muerte
que debe ser la primera
en saber y la última. 

NOCTURNO EN PLENO DÍA

Cuando los soles duermen bajo nuestros pobres ropajes
En ese oscuro universo que forma nuestro cuerpo,
Los nervios que ven en nosotros lo que los ojos ignoran
Pueblan nuestras lejanías de sus hierbas brillantes
Arrancando a la carne temblorosas auroras.
Es el mundo donde el espacio está hecho con sangre nuestra.
Aves teñidas de rojo que renacen sin pausa
Penan para volar junto al corazón que las guía
Y no pueden ir lejos sin antes perecer
Pues están en nosotros los llanos más crueles
Donde uno muere de sed junto a fuentes engañosas.
Y así es como avanzamos, en medio de otros hombres,
Que alguna que otra vez se hablan al oído.

De "La fábula del mundo" - 1938
Versión de Ramón Puig de La Bellacasa

LA AVENIDA

-No palmeéis en el hombro
A ese jinete que pasa,
Pues se revolvería
Y se haría de noche,
Noche sin estrellas,
Sin su curva y sin nubes.
-¿Qué sucedería entonces
Con todo lo que hace al cielo,
La luna y su transcurso
Y el sonido del sol?
-Tendríais que esperar
Que otro caballero
Con los mismos poderes,
Se decida a pasar.

De "Los amigos desconocidos"
Versión de Ramón Puig de La Bellacasa

MOVIMIENTO

Ese caballo que volvió la cabeza
Vio lo que nadie había visto
Luego siguió pastando
A la sombra de los eucaliptos.
 
No era ni hombre ni árbol,
No era tampoco una yegua
Ni siquiera un rastro de viento
Que agitaba las frondas.
 
Era lo que otro caballo,
Veinte mil siglos atrás,
Al volver de repente la cabeza
Percibió a la misma hora.
 
Y es lo que nadie verá otra vez,
Hombre, caballo, pez, insecto,
Hasta que el suelo no sea
Sino el resto de una estatua
Sin brazos, sin piernas, sin cabeza.

De "Mañanas del mundo" - 1925
Versión de Ramón Puig de La Bellacasa

BUEN VECINDARIO

Vivía en las profundidades de China,
Él, un jardín, cercado por muros, de Argentina,
Pero el amor puro acerca tanto a la gente
Que al verla un día a su ventana
Le arrojó una rosa en su flor
Y a pesar de tanta distancia alrededor
Ella la tomó y la puso en su corazón,
Para bien mostrar a la faz del mundo
Que los ausentes no tienen la culpa,
Que los lejanos les dan impulso.
Me encargaron constatar la cosa
Y te deseo una rosa tan rosa,
Flores de un amor siempre acercándose,
Sin mojarse, cruzó el océano.

Traducción de Sylvie Lachaume

EL DOBLE

Mi doble se acerca y no para de observarme,
Y se dice: “Ya está, ya está soñando,
Es que cree estar solo, pero yo puedo verlo,
Cuando baja los ojos para ahondar su dolor.
En la noche cerrada no puede esconder nada
De lo que su noche hace con mis soledades.
Hasta el fondo del sueño voy a buscarlo,
Con pasos de lobo, como si temiese asustarle.
Y por eso le alumbro con mi electricidad
Delicada, que no le alarmará,
Muy cerca de él me quedo y lo analizo
Mientras de él me llega lo que su corazón esquiva”.

Versión de Jacinto-Luis Guereña

EL PERRO

“Yo soy un perro errante
Y la verdad no sé más,
Pero hete aquí una voz
Que se me cae encima
Una voz de poeta
Que me quiso escoger
Para agasajarme un poco,
A mí que nada sé decir,
Y que tan solo ladrar
Para que se me aclaren
Las nieblas y la voz.
De mis oscuridades
No quisiera salir,
Nada quiero saber
De un cerebro habitado
Por palabras precedentes
De alguien que vino de fuera.
Soy un perro vagabundo,
No preguntéis más nada.

Versión de Jacinto-Luis Guereña

AÑORANZA DE LA TIERRA

Habrá un día en que digamos: “Era el tiempo del sol.
Seguro que os acordáis, iluminada la más pequeña brizna,
Y lo mismo a la anciana que a la asombrada doncella,
Daba su calor a las cosas con sólo posarse en ellas.
Seguía al caballo de carreras y con él se detenía,
Era el tiempo inolvidable en que estábamos sobre la tierra,
Donde cualquier cosa que se nos cayera hacia ruido,
Mirábamos a nuestro alrededor con miraba de entendidos,
Nuestros oídos captaban todos los matices del aire
Y sabíamos distinguir por sus pasos la llegada del amigo,
Lo mismo cogíamos una flor que un canto rodado,
En aquel tiempo no podíamos atrapar el humo,
Pero -¡ay!- es es todo lo que ahora pueden asir nuestras manos”.

De Los amigos desconocidos - 1934
Versión de Ramón Puig de La Bellacasa

SUPERVIELLE por Henri Michaux.

El aire de alta mar rodea siempre a Supervielle.
Hizo en otros tiempos numerosos viajes y pasó largas temporadas en Uruguay, una especie de segunda patria para él.
“Desembarcaderos”: primera etapa, tono exótico, tono amplio de hombre acostumbrado a los espacios. Ha tomado sus distancias para siempre. Ve mejor de lejos.
A continuación vive en París. Imagina en América del Sur a su héroe creando un volcán que distribuye regalos: El hombre de la pampa, distracción de extranjero, distracción que no dura. Pero ¿dónde encontrar unos horizontes a su medida en París?
Es por entonces cuando “una estrella tira al arco”. Estrellas, cometas, planetas situán en fin el “47 del Bulevar Lannes”, donde él vive, a una distancia a la que él es sensible: “Gravitaciones”.

Pero busca todavía más lejos, bajo la presión de una nostalgia de distancia, que distiende y sobrepasa todos sus versos, busca y presiente una especie de ausencia esencial, en la que todo estaría presente-ausente,

Escucha, sólo es en mis recuerdos

Donde la madera es madera y el hierro, duro…

De la que parece que, como muchos arrítmicos y cardíacos nerviosos, tiene también la sensación y el estado de ansiedad.

Desde esa distancia, todo emoción y ternura, mima con dulzura los reflejos y las sombras. Como saliendo de su desvanecimiento parece inseguro sobre qué es y qué no es viviente o, más bien, gran señor hasta el final, ofrece a todo lo que encuentra el generoso regalo de la vida. Incluso en esto es escrupuloso, teme no haber sido suficientemente ancho, no haber prestado bastante atención a las “voces que perdieron su rostro”, a su alter ego y a las criaturas imaginadas, a los “amigos desconocidos”, a todos los seres que accediendo a la vida rozándola, se quedan en medio camino y la pierden, algo así como el universo del “espiritista-poeta”. Y cada vez más la emoción, el culto de la vida, como si la viese resbalar. Por entonces escribe “Añoranza de la Tierra”.
Habrá un día en que digamos: “Era el tiempo del sol.
Seguro que os acordáis, iluminaba la más pequeña brizna”.
(…)
Era el tiempo inolvidable en que estábamos sobre la tierra,
Donde cualquier cosa que se nos cayera hacía ruido.

Sus poemas están admirablemente hechos para expresar esa cosa extraña, la Vida, guardiana del milagro, que hace ver otros milagros, poemas lentos pero a grandes zancadas, coloreados pero del gris de un gran tránsito de sombras, musicales pero ahogados por una profunda marejada,nacientes y tambaleantes, a tientas por la sombra del Saber con las imágenes de la Poesía.

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