4 Poesía más Poesía: Presentación en sociedad

PRESENTACIÓN DE LA REVISTA POESÍA MÁS POESÍA


14 de diciembre de 2018 en la Sede de la Escuela de Poesía y Psicoanálisis

            La poesía debe ser leída por todos, Editorial Grupo Cero 

POETAS DESPIERTOS presentan:

POESÍA MÁS POESÍA. Una revista que cuenta ya con tres sobrios ejemplares. Nada de disfraces, ningún aparatoso decorado modernista, una revista que indica el camino; leer. Leer poesía, sencillamente, descubrir sus movimientos, sus silencios, los tonos del poema, que escapándose de la experiencia, exaltando las tierras de lo imposible de decir, se une a las raíces del universo y produce otro mundo.
Como nos lo anuncia Olga de Lucía en la primera revista: Los nuevos fantasmas serán frases, vuelos comprometidos con lo humano.
Hace falta subrayar la importancia de una revista de poesía que llega a nuestras redes, calles pobladas por más de 500 millones de hispanohablantes y algunos ejemplares en papel para poder tocarla, porque una vez más los poetas del Grupo Cero, hacen nacer, lanzan al mundo, otro mundo, y porque no, un mundo donde plantar, edificar, tejer y enhebrar las simientes de las ciencias por venir.
Las grandes cosas empiezan así, con el balbuceo de tres ejemplares y el deseo firme de seis mujeres porque la poesía es en sí misma otro mundo, o llegas a ese mundo o no llegas a ningún mundo. Fuera de la poesía, está la ideología del estado que muy poco sabe de la humano.
Oh, todo es presente.
Onda única en extensión que empieza en el tiempo y sigue y no tiene edad.
O la tiene, sí, como el Hombre.
Nos dice Vicente Aleixandre en el número dos.
Esta revista es el sello de un programa de televisión del mismo nombre dirigido por el poeta Miguel Oscar Menassa que lleva ya 45 programas en Televisión Grupo Cero.
Presenta la biografía de los poetas, para ver como cada uno fabricó su propia realidad, que nacieron de padre y madre y trabajaron, todos apasionados lectores.
Dos generaciones de poetas se presentan. Poetas reconocidos por la historia de la poesía, y poetas noveles, haciéndose en la Escuela de Poesía y Psicoanálisis Grupo Cero, es decir que estos últimos tendrán en común la lectura de los poemas del poeta Miguel Oscar Menassa y la combinación no puede dejar indiferente a ningún lector.
Porque lo que claramente muestra esta revista, es el trabajo del poeta. La poesía es un trabajo.
Y esto, soy yo, una multitud de vidas en mi vida,
Una cultural benevolencia que me pone en el mundo.
Nos dice Norma Menassa en el número tres.
Para poder pensar un mundo diferente, porque es de eso que hablamos cuando hablamos de poesía, hay que escribirlo, lo nuevo no llega si no ha sido previamente escrito, tan rotundamente lo aclara el verso de Menassa « Si es posible el poema es posible la vida ».
Sabemos que pensamos y sentimos como otros poetas escribieron. Los poetas escriben por escribir, cumplen un mandato social; contar la verdadera historia de los pueblos y a la vez hacer presente el futuro en sus versos.
Cruz González en el número 2 lo deja caer como una evidencia.
Bordo, con manos artesanas, tiempos por venir.
Y con la ambición de los grandes trabajadores, como dice Menassa, un buen poema unido a otros mil buenos poemas pueden cambiar el mundo definitivamente.
Pero frente a la novedad temblamos, como bien lo sabe Tuñón.
Decir yo he conocido, es decir: Algo ha muerto
Y para desear larga vida a esta revista, me despido a lo Enrique Molina.
Una mano de adiós
Un golpe de olas en el alma.

Clémence Loonis


“Cuando la poesía se acerca peligrosamente a nosotros, alcanza con bajar, levemente la cabeza, y decir que sí.”
Esta es una de las frases que portaba la revista “Poesía Más Poesía” que nace en 1993 como uno de los suplementos de la revista El Indio del Jarama, junto a Actualizaciones Psicoanalíticas, donde se publican, en la primera, poemas de varios poetas recién nacidos a la poesía y un poeta consagrado, y en la segunda, las clases de Miguel Oscar Menassa de 1976 a 1992, fundacionales de la Escuela de Psicoanálisis y Poesía.
Otro decir sería que estas revistas suplemento fueron los preliminares al futuro nacimiento de la revista de Psicoanálisis “Extensión Universitaria” y la revista de Poesía “Las 2001 Noches”.
En esta historia, la revista Poesía Más Poesía volvió al escenario público como revista digital, con el nombre de Página de Poesía, donde cada día se publica un poema edito, de un poeta consagrado y un poema de un joven poeta.
En este año, 2018, Poesía Más Poesía ha vuelto como nombre propio a instalarse entre nosotros, y esta vez son 12 páginas, en papel cuché y formato DIN A4, con aproximadamente 10 páginas de poesía de un poeta consagrado y 2 páginas de un joven poeta.
La poesía no solo cumple su “función social para con su lengua, de preservarla y mejorarla”, sino que permite que “las personas se apropien de lo que sienten y, por tanto, les enseñe algo sobre sí mismas”. No podemos permitirnos dejar de leer y escribir poesía.
La poesía de una lengua permite conocer al pueblo que habla esa lengua y permite que una lengua influya sobre otras lenguas. Si en algún pueblo o grupo no se escribiera poesía sería el comienzo de su extinción, pero la poesía hace que crezcan poetas en todos los lugares, en todas las lenguas.
Miguel Oscar Menassa nos dice: “Un poeta es en mí, pero toda una lengua así lo ha decidido…” Esta revista cumple su función social y nosotros nos vanagloriamos por ir subidos en esta máquina que humaniza y constituye la memoria del lenguaje.
Tres números hablan de una cierta permanencia, pero tenemos que saber que antes de ser revista en formato de papel ha sido un programa de la Televisión Grupo Cero, donde ya se han realizado más de 43, un material que asegura una larga duración en revista de papel y una larga duración en la historia.
“El abismo al que me arrojas está en ti”, dice la Esfinge a Edipo y sabemos que todo está sostenido por el abismo, pues el abismo es nuestra raíz.
Cuando se produce un cambio tenemos que cambiar desde la raíz, desde el abismo. Y no habrá cambio mientras no se produzca un cambio en los mortales, y los poetas son aquellos mortales que señalan el camino hacia el cambio.
Sin poetas no es posible ningún cambio en y entre los humanos, podríamos decir que son los verdaderos agentes de cambio. Se trata de una revista de poesía dirigida por mujeres, poetas que trabajando para la poesía trabajan para ese pequeño cambio que no dejará nada como estaba, haciendo que los humanos se hagan terrestres y construyan una vida posible de ser vivida, capaces de producir en nosotros nuevos goces cada vez que leamos y seamos leídos por un poema o cada vez que miremos y seamos mirados por un cuadro o cada vez que nos encontremos y nos desencontremos con un otro semejante y diferente en una conversación.
Raúl González Tuñón y Olga de Lucía inauguran el nº 1, un fragmento del poema La Libertad, de Tuñón y un fragmento del poema No me dejes esta noche, amor, de Olga de Lucía, hablan de los poetas que llevan estos nombres.

-“LA LIBERTAD”
De pronto entró la Libertad.
La Libertad no tiene nombre,
no tiene estatua ni parientes.
La Libertad es feroz.
La Libertad es delicada.
La Libertad es simplemente
La Libertad.”
“NO ME DEJES ESTA NOCHE, AMOR
No me dejes esta noche, amor
que la muerte anuda mi garganta,
que la ira arrebata turbulencias
y agiganta el cerco de la impotencia.”

Vicente Aleixandre y Cruz González conforman el nº 2. Un fragmento del poema Materia humana y un fragmento del poema Letras, donde los poetas se muestran.
“MATERIA HUMANA”
Y tú que en la noche oscura has abierto los ojos y te
has levantado.
Te has asomado a la ventana
La ciudad en la noche. ¿Qué miras? Todos van lejos
Todos van cerca.
Todos muy juntos en la noche. Y todos y cada uno en su
ventana, única y múltiple.”

“LETRAS”
Entre unas manos que dibujan una ciudad naciendo
y unas manos que dan vida a cierta clase de dolor
mi voz se va formando al ritmo de tus letras.”

Enrique Molina y Norma Menassa se despliegan en el nº 3, un fragmento del poema Amantes y vagabundos y un fragmento del poema Nadie me lo pidió, muestran sus alas.
AMANTES Y VAGABUNDOS
Nunca tuvimos casa ni paciencia ni olvido
Pero un poco más lejos hacia nada
Están las lámparas de viaje
Temblando suavemente
Los hoteles de garganta amarilla siempre rota
Y sus toscas vajillas para el suicidio o la melancolía.”

NADIE ME LO PIDIÓ
Me decían, partir el pan y repartirlo
porque la vida es solo el manotazo que derriba a la muerte,
y acudía presurosa porque todo podía ser de todos,
y la grandeza es el desfile de actos cotidianos,
fugaz presente tratando de abarcar el mundo y penetrarlo

Amelia Díez Cuesta 

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Los versos no están en las calles, hacen las calles. Heredera de una historia, nace al mundo Poesía más Poesía, una revista de difusión gratuita dirigida por mujeres del Grupo Cero. Y esto ya es una presentación. Definido como el principal instrumento de intervención en la realidad, la edición y publicación de revistas tiene su historia, también en el Grupo Cero.
La primera fue la revista GRUPO CERO, fundada en 1974, donde se presentan las credenciales de este movimiento científico cultural que nace en Argentina comandado por el psicoanálisis y la poesía y que tomando los versos de Miguel Oscar Menassa es “Entre tantas, una manera de comenzar”.
APOCALIPSIS CERO, que nace a principios de 1978, el Grupo Cero ha cruzado el charco y hay que alimentar las raíces bajo el imperativo de leer, en este nuevo país que salía de una dictadura de 40 años de silencio.
Se decreta en 1981 en la patria del poeta, la fundación de la Escuela de Psicoanálisis Grupo Cero.
EL INDIO DEL JARAMA en 1992, con el festejo del V centenario del descubrimiento de América o la muerte del indio, una revista que reivindica que una vez puesta en circulación, la escritura pertenece al mundo y que incluye una sección llamada, también, Poesía más Poesía.
LAS 2001 NOCHES nace en 1997, siendo la revista de poesía de difusión gratuita de más tirada del mundo, 125.001 ejemplares mensuales de libertad. Sigue en activo, 21 años después, ahora en edición internet, es la revista más decana del Grupo Cero.
EL INDIO GRIS nace en el año 2000 y lo hace como revista virtual, dando el paso a internet y la expansión a través de la comunidad de lectores, sale cada jueves, no sólo en castellano, porque es una revista que ha sido traducida a otros idiomas y sigue editándose 18 años después.


POESÍA ES SALUD y SALUD ES POESÍA Revistas del Corredor del Henares nacen en 2011, y se fusionan en SALUD ES POESÍA – POESÍA ES SALUD en 2012.
También tenemos dos revistas en francés LA POÉSIE, C’EST LA SANTÉ, y LA SANTÉ, C’EST LA POÉSIE se publican en 2011, y en 2013 se fusionan en LA POÉSIE, C’EST LA SANTÉ – LA SANTÉ, C’EST LA POÉSIE.
Llegamos a 2018 donde nace POESÍA MÁS POESÍA, aunque hay que destacar que en la revista no encontraréis ninguna referencia temporal, ni espacial. La localización y el tiempo no la definen, desconoce aún sus pretensiones, quizá sea difundir el significante de la poesía a través de dos generaciones de poetas.
Debe su nacimiento al impulso del poeta Miguel Oscar Menassa, iniciador del movimiento Grupo Cero, el creador de las combinaciones que han alimentado estos más de 40 años de producción grupal y poeta-maestro del que se alimentan los integrantes de los talleres Grupo Cero.
De él surge la propuesta del programa de televisión Poesía más Poesía, que reúne cada semana a un gran poeta al que consideramos maestro, por la manera fuerte de estar en la poesía; su militancia poética, su denuncia social, y por abrir nuevos caminos o dejarse atravesar por ellos, y a un poeta de los talleres de poesía Grupo Cero, que forman parte de la maquinaria de producción grupal y se han formado en ella, que han publicado o están por hacerlo, que leen poesía y escriben, que se psicoanalizan o lo han hecho, que recomiendan la poesía como compañera de vida y que tienen, también, el compromiso de continuar la historia de esta escuela de poesía ideada por un poeta.
Poesía más poesía, joven revista grupal, presenta su tríada iniciadora con el compromiso de continuar trabajando para la poesía, para el pueblo, defendiendo la libertad y la cultura para todos. La poesía nos está haciendo, nos alimentamos de su savia siempre activa. En estos tiempos, sigamos practicándola.
Tengamos los garfios siempre activos.

Helena Trujillo Luque


POESÍA MÁS POESÍA. Una revista de poesía dirigida por mujeres
¿Cuál es la novedad, si es que hubiese alguna, de Poesía más Poesía? ¿Quizás que está dirigida por mujeres? ¿Y dónde está la novedad: en “mujeres” o en que en la dirección no haya ningún hombre?
Los grandes poetas en algún momento de su vida, fundaron, dirigieron o colaboraron en el funcionamiento de alguna revista, tanto hombres como mujeres. La diferencia era que los hombres publicaban en revistas dirigidas por hombres y las mujeres publicaban en revistas dirigidas por hombres.
En realidad lo traigo porque me sorprendió cuando busqué en internet “Revistas dirigidas por mujeres” me mostraba revistas “escritas” por mujeres, ninguna dirigida por mujeres.
Gloria Fuertes fue directora junto con dos hombres de una revista. María Chévez fue directora de Apocalipsis Cero algunos números. Amelia Díez Cuesta dirigió los últimos números de El indio del Jarama, Carmen Salamanca dirige Las 2001 Noches a partir del nº 125, Salud es Poesía-Poesía más Poesía está codirigida por tres mujeres, La Santé c’est la Poésie-La Poésie c’est la Santé está codirigida por dos mujeres. Poesía más Poesía. Una revista de poesía dirigida por mujeres.
Otra novedad es que lo que ha llegado a ser una revista comenzó siendo un programa de televisión que ya va por el número 45. Es decir, les llevó 40 números producir una revista.
Y algo tan sencillo como traer una biografía y poemas de un autor grande y de uno de los integrantes de poesía de los talleres de la Escuela de Poesía Grupo Cero, es una novedad.
La verdad es que no sé por qué tanta insistencia en que algo sea nuevo. Quizá porque sin darnos cuenta vamos produciendo con tanta novedad un futuro.

Cruz González Cardeñosa 

SOBRE LA NECESIDAD DE REGENERAR EL PERIODISMO
Hoy día el periodismo y los medios de comunicación se han convertido en un escaparate para los poderosos: publicidad de fármacos, drogas y armas, ataques entre sectores en competencia de negocios más o menos ilícitos, luchas de poder políticas y territoriales. Y mientras tanto, prácticamente la mitad de la población en España se debate por sobrevivir con salarios bajísimos y sigue creciendo la desigualdad consecuente a la crisis económica. El riesgo de pobreza infantil en España es uno de los más altos de Europa (hay niños que no comen todos los días) y en Madrid, la comunidad más rica del país, una de cada cinco personas es pobre, siendo notorios los casos de ancianos y familias desahuciadas en la calle, suicidios y suicidios encubiertos, todo perversamente escondido, como si nadie pudiera leer o hablar o pensar sobre estas y otras desgraciadas realidades, sin caer en el mero anecdotario sensacionalista, realizando una aproximación verdaderamente constructiva y transformadora.
Cuando se barre el polvo debajo de la alfombra para no ver, el montón de mierda se hace tan grande que explota. En España la corrupción, esa que los eficaces periodistas de investigación no denunciaron durante décadas, a pesar de ser tan evidente, como se ha demostrado después, facilitó que ciertos políticos de uno y otro partido se sentaran en el sillón de mando, negociaran con la riqueza del pueblo en su propio beneficio, en vez de poner su vida al servicio de los demás. Y así, el dinero del pueblo, su conocimiento, su salud, su futuro, sus derechos laborales, sus vidas se han visto efectivamente recortados, siendo los más afectados los más débiles (niños, ancianos, enfermos).
La desindustrialización, el desempleo, la explotación laboral, los deterioros en el sistema público de salud y de educación heridos y mutilados por los recortes del gobierno del PP, han producido un panorama actual donde pilares fundamentales para el crecimiento de un pueblo se han visto trastocados: los médicos grandes fueron despedidos, los que supervisan el trabajo de los más jóvenes piden refuerzos. Maltratados los médicos, maltratados los pacientes. Maltratados los profesores, maltratados los alumnos. Niños maltratados por los adultos que los envidian y no les dejan crecer ni desarrollar un pensamiento en libertad que pueda producir alguna diferencia, porque la diferencia es lo que se quiere borrar, hacer como si no existiera o peor aún, se sanciona o se combate como si se tratara de un ataque exterior.
El pueblo, sin embargo, exige una salida para su dignidad humana, utopías, un porvenir. La cultura al pueblo, la mujer a la poesía es un pensamiento que antecede a nuestro trabajo y que significa que la poesía está escrita por y para la mujer y que es el pueblo el que produce cultura, otra de las áreas más castigadas por los recortes del PP, ¿pero qué estado tolera que su pueblo sea culto?
Estamos convencidas de que un capitalismo más humano, es posible, porque si bien es cierto que el capitalismo es el mejor sistema de producción inventado por el hombre, aún no hemos encontrado la mejor forma de distribuir lo producido. Y esta revista que presentamos hoy es una forma de difundir esa riqueza universal que es la poesía, ese tesoro del pueblo para el pueblo, mientras no sea una asignatura en el colegio, como un kit de primeros auxilios, para el viaje personal que es mejor hacer acompañado. Cuando otros hombres escriben, nos sentimos acompañadas, conversamos con ellos, en una conversación íntima y personal que es al mismo tiempo un grito social y subversivo. Conversar es fundamental. Y queremos conversar con todos los poetas, aprender de ellos, forjar en nosotras un pensamiento fuerte, donde la poesía sea herramienta para culturizarnos e incorporar lo femenino, las diferencias.
Hemos aprendido en nuestra formación como poetas y psicoanalistas que la felicidad sólo puede hallarse en el camino del trabajo. Y estamos muy felices porque producto de un trabajo grupal nace esta revista de poesía que presentamos hoy: POESÍA MÁS POESÍA. Con la intención aperturista y productiva del pensamiento menassiano “Cuando todo está destruido la única posibilidad es poética”.
Una revista dirigida por mujeres, porque la mujer es una producción de la poesía, no sencilla ni para los hombres, ni para las mujeres. Toda mujer es muchas mujeres. Y la poesía es todas las mujeres. Y quizás esa sea la diferencia que propone.
Todas las grandes revoluciones fracasaron por lo que nuestra aspiración no va en esa dirección. Nuestro trabajo trata más bien de movilizar las complejas estructuras ideológicas que se forjan en nosotros y constituyen la base de la alienación que los estados y los medios de difusión alimentan con desinformación fragmentaria y tendenciosa al servicio de los poderosos y que desalienta y prohíbe la heterosexualidad y el trabajo de todo creador. Y sólo la poesía, la verdadera historia de los pueblos, nos da las claves, para quien sabe entenderlas, de la denuncia social perdurable en la historia de la humanidad, como marcas que dan sentido a nuestra existencia. Es desde esas señales que se conforma un mapa y una guía para nuestro pensamiento grupal y en acción y un poderoso instrumento de conocimiento al servicio de los pueblos.
En los diferentes números de esta revista, iremos formalizando nuestro pacto: el de presentar a estos hombres poetas, a estas mujeres poetas, algunos consagrados ya por la historia y otros forjándose y creciendo en los talleres de poesía del Grupo Cero, que han asumido el mandato, escribiendo y denunciando, y con sus escritos nos ayudan a ver más allá de nuestro propio alambrado y a pasar a la acción. Hablaremos de quiénes fueron o son, cómo comenzaron su relación con la poesía, de qué y cómo vivían o viven, y presentaremos una selección de sus mejores poemas.
Muchos de ellos, dirigieron o participaron en importantes revistas de poesía y periódicos de su época que exigían a los periodistas ser además poetas. Y siguiendo su camino esta revista que presentamos es una manera de regenerar no sólo el periodismo actual sino también un sistema de valores destruido que precisa de criterio estético para un pacto entre humanos que, frente a la injusticia, la guerra, la destrucción, pueda producir nuevas realidades perdurables en el lenguaje.
Para nosotras este es el comienzo de un viaje de enriquecimiento y crecimiento infinito, que esperamos que para ustedes también lo sea.

Virginia Valdominos 

Nadie puede discutir la importante labor cultural que las revistas tienen en cuanto a su poder de difusión. Importante también es la difusión que se haga a través de conferencias, recitales o eventos culturales, pero indiscutible el hecho que la palabra escrita deja una huella grabada en el tiempo para siempre.
Conscientes de esta verdad es que el Grupo Cero ha tenido desde sus comienzos con la publicación de la Revista Grupo Cero , Nº 0, Bs, As, 1974 donde podemos leer en su editorial que La poesía es siempre un acto contracultural, se acerca a la naturaleza, tiene que ver con el hombre , un quehacer casi constante en ese campo.
En ese compromiso con el hombre , la Editorial Grupo Cero ha publicado numerosas y sucesivas revistas como Apocalipsis Cero que llegó a editar 5000 ejemplares cada tirada; “Extensión Universitaria” y “Las “2001 Noches” , que fueron las revistas de mayor tirada en el mundo, así está reflejado en sus páginas, (125.000 ejemplares por tirada, de difusión gratuita). El Indio del Jarama y otras más modestas como la Cosa Nostra, Leyendo a Freud, etc. También los talleres de poesía de distintos poetas del grupo tienen sus publicaciones. Es decir hay una serie de productos que anteceden la publicación que presentamos hoy y que es el resultado de las premisas de funcionamiento que el programa de los grupos de poesía solicita a sus integrantes y que hablan de un compromiso del poeta y de lo grupal con su tiempo y con el futuro.
Según Wallace “el propósito de la poesía es contribuir a la felicidad del hombre” y sin entrar en la polémica de si la poesía ha resurgido o se está muriendo, si es de élite o debe llegar al pueblo, en nuestra intensión de universalizar la poesía es que comenzamos con el programa televisivo y decidimos luego pasarla a papel para grabar su huella en el tiempo.
Numerosos poetas de los que hemos traído en estos 45 programas también han participado como directores o colaboradores de importantísimas revistas, corroborando la importancia de las mismas en la divulgación de un pensamiento que se requiere sea subversivo, creativo, que amplié el campo del conocimiento e ilumine verdades que los estados tratan de ignorar y los prejuicios tratan de conservar, cuyo resultado es un sometimiento inoperante a lo establecido.
Se dice que hoy en día las revistas no son celebraciones de la poesía sino del ego de sus autores y presentan sin crítica innumerables poemas donde es difícil destacar los buenos poemas de los inservibles, dada la proliferación de “nuevos poetas” que parecen no haber leído poesía porque no alcanzan a transmitir ningún decir poético y creen que no hay condiciones para escribir un buen poema. De eso pretendemos alejarnos y es por ello que presentamos en cada número un poeta consagrado del cual tomamos su biografía y una selección de poemas, ya que sin lectura no es posible la escritura. Los que nos preceden guían nuestros pasos y el rigor de nuestro director y consejero, el Dr. Miguel Oscar Menassa, que realiza esta labor desde más de cuarenta años.
Y como la mujer es tan loca como la poesía, en ella reside toda posibilidad de subversión (Conferencia inaugural de Menassa al SSF, 1989), nos hemos reunido un equipo femenino para producir estos ejemplares, de una estrecha tirada por ahora, que también muestra la producción de los nuevos poetas, con libros publicados, y que pertenecen a los talleres Grupo Cero.
Esperemos que cada ejemplar sea leído al menos por veinte personas y que esta iniciativa goce de salud mucho tiempo.

Olga De Lucía

Todos los poetas tuvieron la necesidad de publicar una revista de poesía para que la poesía sume poesía en las en manos del pueblo, porque son los pueblos los que saben que la historia es la historia que se escribe y es el poeta el encargado de darle un nuevo sentido a esta realidad con su otra lectura que será la que permanecerá.
Esta revista surgió en un momento donde entre las mujeres no sólo corría la tinta sino también la sangre en una lucha donde tuvimos que soportar también una criminalidad que se ejercía sobre cuerpos de mujeres no terminadas de construir. En medio de una guerra nunca proclamada surgió la poesía como posibilidad de transformación y única salida para que el amor desvíe al odio y vuelva a reinar sobre la relación con los otros que también recorren el camino de la vida.
No sé bien cómo nació la idea, pero emergió de un conjunto de mujeres que tenían que ver con la escritura y con el psicoanálisis, tal vez pensando que el legado que no quedaba escrito no podía llegar a ningún lado.
Y después vino su realización, nos reunimos una vez por semana para leer a poetas consagrados y presentar al mundo los nuevos poetas que se formaron en los grupos de poesía enmarcada sobre la institución Poesía y Psicoanálisis, y tomando aquella frase de Hörderlin cuando dice que la poesía es la instauración del ser por la palabra. Una existencia del ser debida al lenguaje como si la poesía fuese el Ello del lenguaje, una herramienta de suma precisión para un conocimiento mutado en saber, saber de algo que no se sabe bien que es, pero que va a tocar al semejante en la misma vibración desencajada, como si hubiese sido él el que lo hubiese escrito. Todo estaba en el aire, y quisimos apresarlo de manera cibernética para que llegase a todo el mundo y a través de la poesía una nueva manera de vivir.
La poesía de los poetas más leídos por nosotros, conformaron constelaciones de determinadas épocas y decidimos dejarnos acompañar por esas voces que nos precedieron en las cuales nos reconocíamos a pesar de ser una realidad que nos antecedió, pero que era la misma realidad que nos unía en una hermandad con las nuevas voces de nuestra generación y nos sentimos acompañados.
Todas las revistas de poesía publicadas a través de los años son tal vez las compañeras de esta que tiene la particularidad de estar dirigida por un grupo de mujeres que salieron a la luz reclamadas por la fuerza que necesitaba en este momento la humanidad que se volvió loca en guerras y tiempos de sombras que nos hunden y nos aplastan.
Había que volver a decirle al mundo que así no, que había que recuperar la música que nos habita y dejar un testimonio del deslumbramiento y de la transformación sin fin, ante el espectáculo del mundo.
Fuimos obedientes frente al mandato y es increíble como floreció el almendro, un árbol plantado por un hombre, un poeta que se llama Miguel Oscar Menassa que nos reunía en su grupo de poesía, una vez por semana, a leer y a escribir, porque de su grandeza salieron estos brotes de nuevos poetas que fuimos publicando en la revista que hoy presentamos para que su poesía se universalice al lado de otros consagrados.
“La poesía cambia con el tiempo, pero sólo, decía Octavio Paz, como el tiempo mismo, para volver al punto de partida”, y allí se juntan las generaciones de poetas, para echar a volar algunos versos que harán la historia de esta permanencia que creemos construirá un nuevo tiempo.
Una revista de poesía y lo que vendrá ya ha venido. Ahora les pido la colaboración para su difusión porque su lugar es estar en el mundo sin pagar ningún peaje, porque nació en total gratuidad, o lo que es lo mismo en total gratitud, enteramente libre, para ser leída que a la vez es ser escrita, por todos.

Norma Menassa

SOBRE EL PROCESO DE CREACIÓN
La creación es una función del sujeto es decir, que si hay individuos que viven en nuestra sociedad incapaces de la creación, eso se puede considerar como una enfermedad psicosocial parecida a las inhibiciones para hacer el amor o para trabajar.
 Dos grandes teorías hablan de la creación, a lo largo de todo el pensamiento sobre el arte. Una de ellas es la de “la musa”, la de la inspiración, porque la musa lo que indica es que hay Otro, hay Otro, no otra persona, Otro. La musa o la inspiración indica que el poeta es un amanuense, es un intermediario entre eso Otro que está fuera de él, la musa, la inspiración que se revela a través de él.
 La otra línea de pensamiento que alcanza su máxima expresión en Edgar Allan Poe, que habla del trabajo intelectual, dice, hay pensamiento. En un poema de éste autor que se llama, El Cuervo, él intenta explicar racionalmente la creación de su poema. Desde pensar que un poema de más de cien versos nadie lo lee hasta pensar que había un personaje que al escuchar las palabras, no podía reproducirlas, tenía que ser un cuervo. Es muy interesante una observación que hace Borges acerca de la reflexión de Poe donde dice: es verdad que algo vivo que escuche y no pueda repetir es un cuervo, pero también podría haber sido un loco, dice Borges, con lo cual el poema hubiese sido diferente. Edgar Allan Poe dice para que sea leído un poema tiene que ser dramático, no sé si entienden lo que les quiero hacer llegar de esta modalidad de escribir o de esta modalidad de pensar la creación.
 Algo tremendo para que la gente vibre, dice, es la muerte de una mujer. Y quién puede llorar, o para quién puede ser tremenda la muerte de una mujer, razona, y bueno… para un amante.
 Y con esto él arma el poema que se llama El Cuervo. 
 Es interesante que lean el poema para que vean que más allá de todo este razonamiento hay algo misterioso en él, hay algo indecible. 
 De esta línea de pensamiento se generó el constructivismo.
Borges frente a la pregunta dice: A mí me pasan las dos cosas y en esa ingenuidad de los poetas, Borges tenía su razón en el sentido que nosotros podemos decir que en el acto creativo hay Otro… pensamiento. O sea en el acto creativo hay Otro, pero no otro fuera del sujeto, fuera del hombre, sino que es Otro Pensamiento en el hombre. Es decir que aquello que crea no es exactamente el hombre, no es exactamente el Yo, no es la Conciencia, sino que lo que se instrumentaliza en el proceso creativo, es el pensamiento inconsciente.
Petrarca en 1300 más o menos tiene un verso que dice: Yo soy hablado y en el hablar asido.
400 años después, Rimbaud, rabiosamente vuelve a insistir sobre la formulación de un pensamiento inconsciente productor de la obra artística diciendo: Yo es Otro. Yo es Otro quiere decir que el Yo es absolutamente ajeno al proceso de creación que el mismo Yo instrumentaliza para crear.

Miguel Oscar Menassa

Se recomienda ver el programa de televisión Poesía más Poesía con la presencia el poeta Miguel Oscar Menassa y director del programa.

PRÓXIMO NÚMERO

3 Poesía más Poesía: Enrique Molina y Norma Menassa

ENRIQUE MOLINA

Biografía


Enrique Molina, nacido en Buenos Aires en 1910 (donde moriría 86 años después), tempranamente su familia se traslada a la provincia, y hasta los doce años vive primero en Corrientes, junto al río Paraná, y luego en Misiones. Realizó los estudios secundarios en Necochea, junto al mar. Ya en Buenos Aires, sin duda presionado por su padre a seguir el oficio familiar, estudia derecho, una disciplina que no llegó a ejercer. De hecho, ni bien obtuvo el título se lo entregó a su padre y se embarcó de marinero en un barco griego y durante tres años navegó por todos los mares del mundo. Seguramente cuando cesaban las tareas, buscaba la soledad y se asomaba a la borda, entonces acontecía el milagro: el esplendor del océano, bridas de luz que lo llevaban hasta el cielo, las brisas de la tarde entrecerrando sus ojos, transportados a ese horizonte ambiguo, a ese estallido azul.

TAMBIÉN NOSOTROS


Sí, zarparemos con los últimos barcos.
Al mar también le duelen las piedras que lo ciñen,
cuando su ronca cólera no basta
a estremecer la muerte del pequeño marisco.
Apartadme de mí, de mi larga estadía.
Siempre el rostro y las manos, el sueño y el espejo.
Podrías recordarme como al humo:
para eso hay muelles de dulce declive.
Eternas criaturas de la tierra,
seguiremos andando debajo de las flores,
con ligeras estrías azules en el hombro.
Y acaso reconozcan nuestros nietos por su pelo arbolado,
por sus ojos de tristes nadadores,
y su manera de decir: “Otoño…”

                                                   Las cosas y el delirio (1941)

A finales de 1934 tocó puerto en España. Volvió inmediatamente después de la Guerra Civil pero, como de tantas cosas de su vida, sólo nos ha dejado un testimonio poético. Es poco lo que sabemos de su estancia en Chile, Ecuador, Bolivia y, sobre todo, Perú, junto con César Moro, Westphalen y otros, donde dirigió algunos números de la revista A partir de cero. También se ignora casi todo de su vínculo, ya en los años setenta y ochenta, con Brasil, salvo su amistad con el editor Ferreira de Loanda.

DIOSES DE AMÉRICA

Como rayos que parten al destierro
con el viejo alarido de sus víctimas
uno a uno pasaron, rodando de la pétrea corona del altar
que sostuviera su pavor espléndido.
Su nube a solas con sus mitos fríos
gira al relente, como un triste pájaro;
y de la hoguera
solo la llama de la ortiga sube
al pie de unas pirámides truncadas por los tiempos.
Ninguna sombra allí posa la ofrenda,
ni el ojo del humano, bajo las lágrimas, contempla
fulgir en el vacío su cólera emplumada.
Dioses de América. Sólo el caimán azota
con su cola de fango vuestro orgulloso imperio.
Esparcidos collares de dientes y de guerras
donde agoniza el trueno como una bestia herida
y la funesta tierra del silencio devora
el cuchillo del ónix, la vasija cerámica
en cuyos verdes labios de piel seca aún fulgura
el Salmo de la Lluvia,
el Salmo del Huevo,
el Salmo de la Luz y la Serpiente.
Máscaras impregnadas por la resina de la tea,
iluminad el páramo, la nieve,
y la piel de los siglos sobre los escalones
donde como un ligero torbellino de polvo
aún reza el sacerdote de orejas espinadas que descifra el oráculo.
Fabulosos globos de monstruos y plumas, dioses,
cumbres de pánico y grandeza.
¿Quién soy ante vosotros, siervo de un dios más alto en cuya palma herida
sólo se posa la paloma ardiente de la expiación?
Ignoro vuestros cetros,
sólo sé de vosotros la ruina, la humillada ceniza de la hoguera,
la escalera de piedra, el disco derribado,
la momia que farfulla entre las lagartijas sus plegarias solares,
vuestra eterna alabanza,
vuestra ley ¡oh vencidas potestades amargas!
Sin embargo, a menudo, entre la tempestad,
oigo el aullido de esos duros imperios devastados,
el rumor de unas perdidas glorias
que el polvo diviniza.
(Pasiones terrestres, 1946)

Fue un poeta americano, sin embargo lo fue de una manera peculiar: no tuvo nostalgias del mundo indígena (reales o inventadas) y tampoco del desarrollo moderno de las ciudades (Buenos Aires, San Pablo, México DF): fue por amor a la vastedad del continente, a sus grandes ríos, a su fabulosa naturaleza, cuya intricada manifestación se confunde en su poesía con la sexualidad y el deseo. Frente al continente europeo, América, sus enormes espacios vacíos, su naturaleza aún no excesivamente domesticada en la primera mitad del siglo XX, despertaba en él un sentimiento adánico.

PUERTOS CALIENTES

Con un olor de luna caliente cuyo vaho
quema con sorda plata desierta las orillas,
en las bandas de América se abren
unos puertos sin sueño, unos oasis de moscas
caldeados por el viento, entre la luz y el trueno,
en los rancios anillos de la arena
donde elevan sus humos de alabanza,
su portal de tullidos como un coro
de perros y profetas,
ardiendo en las terrazas de la lluvia,
en las lajas manchadas por el tiempo.
Es la desolación del océano,
su filtro derramado en unos labios
que susurran infamias tentadoras,
promesas como hiedras;
enmascarado en trapos de colores,
entre mercaderías y tatuajes,
impasible en el fuego de miseria que brota de la tierra.
Es una miel sombría de mulatas
en un país de grillos,
tras las ocres persianas de madera,
comiendo su jaiba tristemente en la lumbre nocturna,
en medio de cortinas voluptuosas
donde los días yacen como una sal dormida:
el que tocó la cresta de las islas,
el que huía de estrellas azules y fatídicas,
el que eligió la playa para lavar sus muertos
cantando roncamente.
Un triste son de negros, un tablón que castiga
en medio de las aguas, comido por la bruma,
en la maniobra pálida del mar.
Y cuando el sueño sopla
-como un aire de antorchas vacilantes-
el ligero velamen de gasa de los lechos,
en silencio y solemnes
como ahogados en viaje,
zarpan entre la niebla los durmientes, hundiendo sus
cabellos en la noche,
seguidos por sus nubes de insectos,
por su copo de aliento como una mariposa.
¡Esa hermosura!
Marismas de prostíbulos y llamas
bajo las alas mórbidas del trópico
que aletean sin fuerzas tal un adiós incierto
en el desdén remoto de las olas. Red colmada
por los frutos brutales. Arrabal del océano
donde vaga la luna con los labios brillantes
como una reina loca, errando entre los médanos
con su pobre campana de ladridos.
Un canto de nostalgia, en la expiación del año,
nacido del fulgor de las adormideras,
como un eco de cosas que ya ardieron
en la sal del espacio.
Pasiones terrestres (1946)
Enrique Molina, si bien no es un poeta de la ciudad, tampoco es un poeta de la naturaleza en su sentido más contemplativo. A veces hay cuartos, habitaciones, pero son espacios roídos, quebrados por la presencia de lo natural. La naturaleza en Molina es dionisíaca, convulsiva, adorable, infernal. También se afirmó que su exaltación del paraíso está unida a un destino errante: el poeta asume esa errancia y en ella acaba reconociéndose (“porque nunca tuvimos casa ni paciencia ni olvido”).

AMANTES VAGABUNDOS


Nunca tuvimos casa ni paciencia ni olvido
Pero un poco más lejos hacia nada
Están las lámparas de viaje
Temblando suavemente
Los hoteles de garganta amarilla siempre rota
Y sus toscas vajillas para el suicidio o la melancolía
-¡Oh el errante graznido sobre la cumbrera!
Dormíamos al azar con montañas o chozas
Bajo las altas destrucciones del cielo prontas a arder con un fuego inasible
Junto al árbol de paso que se aleja
A menudo asomados a ventanas en ruinas
A balcones en llamas o en cenizas
En esos lechos de comarca
La lluvia es igual a los besos te desnudabas
Girando dulcemente en la oscuridad con la rotación de la tierra
Belleza impune belleza insensata
Pero sólo una vez sólo una vez
Juega el amor sus dados de ladrón del destino:
Si pierdes puedes saborear el orgullo
De contemplar tu porvenir en un puñado de arena.
¡Cuántos rostros abandonados!
¡Cuántas puertas de viaje entreabriendo su llanto!
Cuántas mujeres que la luz ahoga
Sueltan sus cabelleras de región indeleble besada por el viento
Con aves inmóviles posadas para siempre en su mirada
Con el silbo de un tren que arranca lentamente sus raíces de hierro.
Con la lucha de todo abandono y de toda esperanza
Con los grandes mercados donde pululan cifras injurias legumbres y almas cerradas sobre sus negros sacos de semilla
Y los andenes disueltos en una espuma férrea
-Desvarío tiempo y consumación-
Tumba de viejos días
Bella como el deseo en las venas terrestres
Su fuego es la nostalgia
La celosía del trópico tras la cual hay arañas cortinas en jirones y una vieja victrola con la misma canción inacabable
Pero los amantes exigen frustraciones tormentos
Peligros más sutiles:
Su pasado es incomprensible y se pierde como el mendigo
Dejado atrás en el paradero borrascoso.

                                  Costumbres errantes o la redondez de la tierra (1951)

Creo que habría podido repetir con Cendrars, “cuando se ama hay que partir”. Hoteles secretos, amantes vagabundos, voluptuosidad de las aves migratorias, regreso del pródigo, maletas de piel de pájaro, itinerarios, etapas, diarios de viajes, tierra tatuada antes de dormir, alta marea, rito acuático, un lecho de hormigas reales… ¿Títulos? Señales de paso, testimonios de los días del tiempo.

LOS HOTELES SECRETOS


El brillo nómade del mundo
como un ascua en el alma una joya del tiempo
se abre tan sólo al paso de ciertos hechos tormentosos
arrastrados por la corriente
hasta las escaleras cortadas por el mar
en ciertos antros de lujuria de bordes sombríos
poblados por estatuas de reyes
casi irreconocibles entre el reverberar de las antorchas cuya
luz es la hiedra que cubre los muros
¡Oh corazón orgulloso!
entrégate al fantasma apostado en la puerta
              
Ahora que tan bien te conozco
sin otra sed que tu memoria
criatura melancólica que tocas mi alma de tan lejos
invoca en las alcobas el éxtasis y el terror
el lento idioma indomable de la pasión por el infierno
y el veneno de la aventura con sus crímenes
¡Oh! invoca una vez más el gran soplo de antaño
en estas cámaras de piedra enlazada a tu amante
y ambos envueltos en la lona de los días perdidos como el
muerto en el mar
y prontos a deshacerse en las hogueras instantáneas
sobre lechos de un metal misterioso que brilla en las tinieblas               
bajo la zarpa de los candelabros
y el coro de pájaros lascivos girando con furia en las habitaciones               
selladas por el hierro de otras noches

Pues tales antros solemnes cubiertos de flores carnívoras
con mármoles que se pudren a la sombra de cabelleras opulentas
se balancean labrados pomposamente desde el portal hasta
la cúpula
como la nave anclada sobre el abismo
agitando con lentitud sus espejos para adormecer a la mujer
desnuda entre los verdugos que incineran el corazón
de la noche
y el zaguán donde se cruzan la lluvia y la frustración
los camareros con el rostro podrido por el tufo de las flores
acumuladas en los pasillos infinitos
el rumor de los suspiros sofocados
los besos entretejidos en nácar tristísimo
la hierba sin nombre en que se hunden sus huéspedes
repiten una vez más entre la sombra
la leyenda del amor que nunca muere

                                  Costumbres errantes o la redondez de la tierra (1951)

Enrique Molina fue siempre fiel al surrealismo, pero no porque siguiera a Bretón ni hiciera uso de la escritura automática (de hecho sólo se podrían encontrar huellas de este procedimiento en su primer libro, Las cosas y el delirio, 1941), sino porque creyó en la divisa que enlaza poesía, amor y rebelión. Creyó en el surrealismo por su fondo de anarquía, su sacralización de la vida, sus actos pasionales; finalmente, por su exaltación de la analogía que lo retrotrae al romanticismo de Hölderlin y Novalis, Nerval y Baudelaire. Si buena parte de la poesía moderna es hija de Baudelaire y Mallarmé, Molina es heredero indudable del autor de Las flores del mal, no del lúcido enamorado de la Nada.
A Molina le parecía raro que un poeta no tuviera afecto por el surrealismo, aunque no compartiera sus resultados. Por otro lado, aunque respetaba ciertos productos poéticos de pulcro despojamiento reflexivo, mantenía ante ellos una mirada de asombro ante lo que no termina de desentrañar su naturaleza.
Perteneció a la estirpe de Lautréamont, de Rimbaud, de Henry Miller, de Blaise Cendrars, de Lorca, de Neruda. Sin duda hoy podríamos emparentarlo, por varias razones, con el chileno Gonzalo Rojas. En Molina, aunque en ocasiones se copia un poco a sí mismo o bien se desmorona en su propia vegetación y magma verbal, es, incluso cuando habla de nubes, un poeta terrestre. ¿Es necesario recordar que uno de sus libros, de 1946, se titula Pasiones terrestres?

EXILIO


Vuélvete, y en la sombra,
tal como toma el pródigo perdido,
regresa hacia ese légamo de fuscos
donde vela el recuerdo de tu gente
enterrada en la arena.
Un batido arrecife natal,
la espuma de unos cuerpos que perduran
en susurros de óxido y salitre,
en espesuras entre cuyas ramas
se enganchan los ahogados, como frutos
mecidos por la racha submarina,
luces de misteriosas alas líquidas,
como el oscuro ruego
de una madre de olas que te implora
y gime entre las algas, sin destino,
tras el solemne carro de la luna.

También allí tu nombre polvoriento
grabado está. Desde antaño la piedra lo guarece
y silbó con el viento
en la mojada pluma del pájaro marino.
Porque fuiste a la playa
donde tus pies trituran yerbas secas,
aletas, restos de aguas eternas.
¡Oh, sobre cada estría la huella de tus labios!
Esa luz, esa sal, ese color de yerbajos corrompidos
que pican las gaviotas
un día te engendraron,
hálito que solloza en la calma nocturna,
alma mía, temblando de nostalgia ante el mar.


Pasiones Terrestres (1946)

ARCHIPIÉLAGOS LÁNGUIDOS


¡Islas!
Cual un collar de ardiente monedas despulidas
con que la luz se adorna y enceguece
o arroja a la nostalgia coronada de espumas.
Haz de arenas ociosas, indolentes sepulcros
abriendo sus delicadas frondas sobre la playa de despojos,
con sus nubes de hierbas, sus enigmas
entre lápidas llenas de conchillas,
las costas humilladas por los barrios marítimos,
los mercados portuarios de tortugas
y alfarerías hechas con la imagen del sexo,
frituras en los atrios, arrebatos impúdicos
buscando leves presas, homenajes de mujeres y fiestas.

¡Oh pozo de delicias!
Sellado para siempre, con el odre de furias enterrado en el golfo,
y un pueblo tumultuoso como un dios que medita,
honrando con alcoholes la belleza del mar.
¡Narrador! ¡Narrador!
Aguza en el destierro tu puñal de delirios.
habitante de casas de tablones tatuados por la sal de la luna,
precarias como el amo cuyo licor auspicia maleficios,
aullando sus brebajes,
injuriando la estirpe de sus padres,
la majestad del trópico en el gran desamparo de los años.
Embarcaderos rotos por un golpe de tristes alas de gaviotas,
que levantan su grito hasta palidecer más allá del escollo,
pregonando los ritos de la costa,
sus ancianas que tuestan entrañas de animales en parrillas grasientas,
los mariscos frenéticos
las tiendas de moluscos y sombreros,
unas lascivas lámparas del viento rodeadas de guitarras.
¡Arded, fuegos terrestres!
Que crepite el collar de cáscaras marinas
en el cuello de plata de los muertos.
¡Arded, turba de ebrios unidos a la lluvia,
moradores de playas, cautivos como monos en el lago,
en un flanco marino,
lleno de hermosos frutos que se adoran,
mutaciones y ruinas incesantes,
sus vastos letargos encaminados hacia el sol!

Pasiones Terrestres (1946)


Una noche de 1989, en Madrid, se le oyó decir que la primera memoria que guardaba de la poesía era la de su padre recitándole a Zorrilla, Espronceda y otros románticos españoles, cuando él aún no sabía leer. Aunque no entendía bien, la música verbal se le quedó impregnada para siempre. ¿Odió a su padre? ¿A su madre? En un poema de mediados de los cuarenta, Molina interpela a sus padres: “¿Quién soy ante vosotros, siervo de un dios más alto en cuya palma herida/sólo se posa la paloma ardiente de la expiación?”

Pero para Molina había un mundo paradisíaco, el que se dibujaba en su propio deseo, que no excluía, curiosamente, a la muerte. Es un paraíso porque incluye la muerte y así la vivifica lejos de considerarla algo ajeno. “A cierta profundidad de la conciencia, escribió en su única novela, los contrarios se identifican de una manera perturbadora”.
Cualquier poema está lleno de fragmentos imantados por una memoria acostumbrada a tatuarse en la corriente. Molina no cifra sino que trata de mostrarnos la experiencia concreta, las cosas, en las que arde “un terror antiguo”. Nada de abstracciones. Si el intelecto unifica la realidad, los sentidos la dispersan, la hacen girar en remolinos.

CIRCE


Solo contra la tierra
este sudor de instintos ha deshecho mi rostro de pájaro
    confuso
extraviado en los restaurantes de los tejados bajo la mañana 
    sin oficio
convertido de pronto en la bestia inocente que ronca entre 
    las flores
una mano de adiós
un golpe de olas en el alma

Disfrazado de playas y ciudades que pasan
las promesas se olvidan como en sueños
como un reverbero de moscas sobre tales países sin
    escrúpulos ni socorro 
en las eternas fogatas del tiempo 
entre las plagas de la inconstancia 
mientras se coagula al sol un vino de archipiélagos 
—oh carne sobrenatural con tu incomprensible gemido
    celeste torturado y salvajemente vivo en las venas— 
ahora que revisto la piel del cerdo fosforescente 
el olfato del camino
su relámpago de mujeres dormidas exhalando el perfume
   penetrante de la tristeza 
de plumas de sexo barridas por el viento
Pero te recobro
oscuro corazón de prisionero y de desafío 
ciego corazón humano 
con el hechizo de la corriente 
vacilaciones, éxtasis y terrores
y el musgo de abismo que brilla entre dos bocas que se 
    besan
para ser nuevamente sólo un hombre sin más amparo que
    tu furia 
sin otro cielo que tu aliento
como una blasfemia deslumbrante como un lazo demente tendido a los más puros vampiros de la tierra

Amantes Antípodas (1961)

Molina confía en el desorden porque intuye que hay un sentido, irreductible, que lo relaciona con lo más vivo. No confía en lo claro y distinto porque siempre ha creído que el misterio de lo vital no es desvelable salvo por la experiencia misma de sus contradicciones. Su capacidad de abrazar la afirmación y la negación, lo que se recuerda y lo que se olvida, es tan grande que la negación acaba revelando la antípoda sobre la que se sustenta. Los poemas “El pasajero de la habitación n0 23”, “Los hoteles secretos”, “Etapa”—, además de formar parte de lo mejor que escribió, son también en alguna medida, viajes en los que el esplendor se une a los naufragios, la promesa al olvido. No es casualidad que Molina tradujera “El transiberiano”, uno de los poemas centrales de Blaise Cendrars que junto con “Pascua en Nueva York”, y “Zona” de Apollinaire, son el inicio de una nueva poesía en lengua francesa. En “Alta marea” constata, tras un largo periplo marítimo: “todo termina/ los viajes y el amor/ nada termina/ ni viajes ni amor ni olvido ni avidez/ todo despierta nuevamente con la tensión mortal de la bestia que acecha en el sol de su instinto”.

ALTA MAREA


Cuando un hombre y una mujer que se han amado se separan
se yergue como una cobra de oro el canto ardiente del orgullo
la errónea maravilla de sus noches de amor
las constelaciones pasionales
los arrebatos de su indómito viaje sus risas a través de las piedras 
                     sus plegarias y cóleras
sus dramas de secretas injurias enterradas
sus maquinaciones perversas las cacerías y disputas
el oscuro relámpago humano que aprisionó un instante el furor 
                     de sus cuerpos con el lazo fulmíneo de las antípodas
los lechos a la deriva en el oleaje de gasa de los sueños
la mirada de pulpo de la memoria
los estremecimientos de una vieja leyenda cubierta de pronto 
                     con la palidez de la tristeza y todos los gestos del abandono
dos o tres libros y una camisa en una maleta
llueve y el tren desliza un espejo frenético por los rieles de
                     la tormenta
el hotel da al mar
tanto sitio ilusorio tanto lugar de no llegar nunca
tanto trajín de gentes circulando con objetos inútiles o 
enfundadas en ropas polvorientas
pasan cementerios de pájaros
cabezas actitudes montañas alcoholes y contrabandos informes
cada noche cuando te desvestías
la sombra de tu cuerpo desnudo crecía sobre los muros hasta el techo
los enormes roperos crujían en las habitaciones inundadas
puertas desconocidas rostros vírgenes
los desastres imprecisos los deslumbramientos de la aventura
siempre a punto de partir
siempre esperando el desenlace
la cabeza sobre el tajo
el corazón hechizado por la amenaza tantálica del mundo

Y ese reguero de sangre
un continente sumergido en cuya boca aún hierve la espuma de los
                     días indefensos bajo el soplo del sol
el nudo de los cuerpos constelados por un fulgor de lentejuelas
                     insaciables
esos labios besados en otro país en otra raza en otro planeta en otro
                     cielo en otro infierno
regresaba en un barco
una ciudad se aproximaba a la borda con su peso de sal como un
                     enorme galápago
todavía las alucinaciones del puente y el sufrimiento del trabajo
                     marítimo con el desplomado trono de las olas y el árbol 
                     de la hélice que pasaba justamente bajo mi cucheta
éste es el mundo desmedido el mundo sin reemplazo el mundo
                     desesperado como una fiesta en su huracán de estrellas
pero no hay piedad para mí
ni el sol ni el mar ni la loca pocilga de los puertos
ni la sabiduría de la noche a la que oigo cantar por la boca de las
                     aguas y de los campos con las violencias de este planeta 
                     que nos pertenece y se nos escapa
entonces tú estabas al final
esperando en el muelle mientras el viento me devolvía a tus brazos
                     como un pájaro
en la proa lanzaron el cordel con la bola de plomo en la punta y el
                     cabo de Manila fue recogido
todo termina
los viajes y el amor
nada termina
ni viajes ni amor ni olvido ni avidez
todo despierta nuevamente con la tensión mortal de la bestia que
                     acecha en el sol de su instinto
todo vuelve a su crimen como un alma encadenada a su dicha y
                     a sus muertos
todo fulgura como un guijarro de Dios sobre la playa
unos labios lavados por el diluvio y queda atrás
el halo de la lámpara el dormitorio arrasado por la vehemencia 
                     del verano y el remolino de las hojas sobre las sábanas vacías
y una vez más una zarpa de fuego se apoya en el corazón de su presa
en este Nuevo Mundo confuso abierto en todas direcciones
donde la furia y la pasión se mezclan al polen del Paraíso
y otra vez la tierra despliega sus alas y arde de sed intacta y sin raíces
cuando un hombre y una mujer que se han amado se separan.

Amantes antípodas (1961

Enrique Molina escribió una única novela, “Una sombra donde sueña Camila O’Gorman”. El libro une la recreación y narración de los hechos, visto en muchos momentos desde una perspectiva poética, y los documentos sobre el caso. En Argentina, Carmila O’Gorman, una muchacha de familia burguesa, se enamora, a finales de los años cuarenta del siglo XIX , en tiempo de Rosas, de un joven presbítero, Ladislao Gutiérrez. “En una sociedad donde imperan a la vez el odio y las virtudes domésticas”, nos dice Molina en el prólogo, Camila encarna “el honor del amor”. La pasión de Camila y Ladislao desafía a su tiempo. Ambos escapan, son perseguidos y, finalmente, ajusticiados por una sociedad y un poder tiránicos. Tuvieron la oportunidad de salvarse, al menos ella, a través del arrepentimiento: no lo hicieron, cuando desde el convento ella le escribe diciéndole que no se engañe, que ella no ha olvidado.
Molina encontró en esta historia trágica una verdad profunda: el amor es una afirmación disidente, porque, si bien en tal o cual momento puede ser aceptado nunca será una norma, siempre será “fuego libre” y sus manifestaciones un verdadero desafío para la vida convencional. “Por el amor —escribe Molina— supieron quiénes eran”.

En Buenos Aires, sus amigos eran Federico Gorbea, Olga Orozco, Álvaro Mutis, Francisco Madariaga, Edgard Bailey, Miguel Espejo, Abel Posse, Roberto Sánchez, Fernando Sánchez Sorondo, Horacio Pilar, que admiraban su ternura, su picardía deliciosamente infantil, su generosidad, su talento sin par y la grandeza de su alma. Una vez fue visitado para un reportaje, vivía en ese entonces en una cuarta planta del 2385 de la Avenida Pueyrredón. En la puerta estaba pegada una foto de los ojos de una mujer. Su aspecto más bien bajo, con el pelo blanco, parecía un hombre fuerte, saludable, y tenía unos ojos en los que la infancia no se había perdido. En las paredes, algunos collages suyos (siempre se dedicó, con sensibilidad e imaginación, a la plástica, y a veces “ilustraba” sus cartas con collages) y una foto con una mujer desnuda, gorda, aunque con una cintura pequeña. Era gorda sin haber perdido las proporciones. André Coyné cuenta, en un bello texto sobre el poeta, que Molina se emocionó cuando supo que el último amor de Nerval fue una hermosa gorda. Molina y sus gordas, Molina y las gigantas de Baudelaire. Sin embargo, su última mujer, Genoveva Benedit, era muy delgada..

POESÍA MÁS POESÍA
También en televisión
Jueves a las 22h
En Grupo Cero TV
www.grupocero.org

DIARIO DE VIAJE


 Regiones nómades
con reliquias perdidas de la edad del fuego cuando el tacto abre su delta de
estremecimientos en grandes antros de sirvientas y ellas destellan 
todavía en la arpillera de los campos como la mandrágora los astros 
gemelos de sus pezones con el tufo del horizonte
Después la lumbre sobrenatural de lo obsceno y tantas habitaciones con un 
globo de sanguijuelas en la aterrada noche del olvidado 
el rumor de la mujer que llega por el pasillo inacabable acercando al corazón
su nombre y su aliento y a sus espaldas esa oscuridad de mi vida donde
de pronto las más bellas muñecas de incendio se iluminan para crear el 
vacío tórrido de la ausencia entre tales tabiques traspasados por las 
injurias de los vecinos
Luego la pareja arrastrada por el mar… tan perdidos… sin fuerzas sin 
victoria… los labios brillando con la humedad de las granjas y de las 
fiebres… Oh cuando era joven y la alquimia del mundo escogía los ele-
mentos de mi sangre para crear ciertas noches ciertos lugares de la 
costa el sentimiento de una irresistible conducta de volátil y tipo disemi-
nado entre las quemaduras de la pereza y el grito de olvido apagado por
el bramido del camión que lo arrastra en la cuesta
¡toda su alma bajo la fabulosa máscara del sol!
Tierras de antorcha arrojada a la cara 
el lecho jauría la boca incertidumbre la primavera éxodo esparciendo al 
pasar ese polvillo de nácar que desprenden los senos
¡y yo sólo abrigado con la llama desierta de cada cosa listo para cualquier 
frustración que despierte el relámpago del deseo sin esperanza cubrién-
dome de brasas que nunca cicatrizan y de ese vasto rumor de alas en 
viaje nacido de las raíces incesantemente arrancadas!
Minaretes de viejas camas de hospedaje víctimas incandescentes malezas de 
camarote atascado en la selva difuntos descoloridos sin memoria
cabezas donde ardió la fogata la voz salvaje de las lágrimas el grito de un 
pájaro extranjero
anotaciones imprecisas campos flotantes en la corriente del camino llegadas 
a lugares irrazonables situaciones del amanecer visiones postreras 
abrazos guitarras y cocos
Por todas partes países que miran fijamente ternuras vacías a la luz de los 
sueños y de las nubes 
alcobas que se hunden en el mar
El amor con su ráfaga
Tierras furtivas…

Amantes Antípodas (1961)

Estuvo en España varias veces, en viajes cortos Destacaba entre los poetas españoles a Garcilaso y Quevedo, a Bécquer, Lorca y Cernuda. En 1990 leyó en la Residencia de Estudiantes ante un grupo pequeño, y una semana después en otro centro cultural de Madrid, y en esa ocasión, que fue su última lectura en España, asistió sólo una persona, él no pareció inmutarse y dio su recital para esa sola persona tras agradecerle su presencia. Todo un ejemplo. A Enrique Molina le importaba muy poco la literatura y mucho la poesía. Cuentan que cuando estaba agonizando, un pájaro entró en la habitación, revoloteó y volvió a salir a la intemperie, a la redondez de la tierra, esas alas batiendo sobre su último suspiro, conduciéndolo de nuevo, una vez más, a las islas, “a través del tiempo y la nada en la avidez sin límites de todo corazón”. –

En la solapa de “Amantes Antípodas” 1961, puede leerse:
“Hay instantes en que todo ser está como un puente, como el cuerpo de un pájaro entre dos alas, como una ecuación total del mundo de las apariencias y lo absoluto. Esos instantes mágicos, son para mí de un contenido profundamente revelador y creo que la poesía, actividad sin resignación y sin esperanza, no tiene otro mecanismo
.En 1941 publica “Las cosas y el delirio” y obtiene el Premio Martín Fierro, instituido por la Sociedad Argentina de Escritores para poetas menores de 30 años. De 1946 es “Pasiones terrestres”, laureado con un Premio Municipal de la Poesía. En “Costumbres errantes o la redondez de la tierra”, el lenguaje se insinúa a través del mismo permanente sentimiento de inquietud, que fuga en todas direcciones. Fundador de una de las más originales expresiones dentro de nuestras revistas literarias: “A partir de cero” de inspiración surrealista.
En Francia, sus poemas fueron traducidos y publicados en “Cahiers du Sud” y “Les nouvelles litteraires”. Octavio Paz, refiriéndose a la obra de este poeta argentino, ha escrito”…en Buenos Aires, la poesía luminosa y fácil de Enrique Molina (fácil en el sentido de que son fáciles de crecer el árbol, la vegetación del mar y la sucesión de imágenes del sueño…”
“La poesía de Molina, como un cuchillo, no describe, se hunde en la realidad. Es un tatuaje imborrable, una herida perpetua, una joya viva en este inmenso desierto de baratijas”.

POESÍA GRUPO CERO
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NORMA MENASSA CHAMLI

María Norma Menassa Chamli nace el 22 de septiembre de 1938 en Buenos Aires. Recibe el título de médico en 1975 y de psiquiatra en 1983, Poeta y psicoanalista, es una importante científica del mundo de la salud mental. Tenemos que abreviar su curriculum porque no podemos leer las 33 páginas. Estudió, trabajó, coordinó, formó, supervisó, tradujo, publicó dirigió y fundó el “Centro de salud mental Villa Lugano”. Dirigió la Escuela de Poesía y psicoanálisis de Buenos Aires, a los 76 años, cruza el charco y se instala en Madrid donde sigue en activo, estudiando, trabajando, coordinando formando, supervisando a psicoanalistas en formación.
Ha incluido en su ejercicio profesional, la coordinación de talleres de poesía, ha sido co-productora de dos largometrajes de Miguel Oscar Menassa y también ha sido actriz.
Ha publicado varios libros en la editorial Grupo Cero, en psicoanálisis: Medicina Psicosomática, El porvenir de la Clínica psicoanalítica, Los miedos del amor, Vigencia de Sigmund Freud – La Transferencia-, Lo económico en Freud y Lacan, La realidad simbólica, Medicina psicoanalítica I y II, Esquizofrenias y otras Pasiones, Lingüística y psicoanálisis.
Sus libros de poesía son, Amores Mínimos, Talleres de Poesía I, Cuando está por llover los pájaros no vuelan, Eva Buenosaires, Me acosa una pasión  (1º premio de Poesía Asociación 
Pablo Menassa de Lucia), Pertenezco, Graffitis en el cielo, A plena penumbra, Vivir en Madrid.

Norma Menassa con el poeta Juan-Jacobo Bajarlía.

CULTIVARSE NO ES CULTIVAR

Zambullirte en otros mundos
darte un baño de extrañeza,
arder en deseos de lo nuevo
recorrer otras vidas,
renovar los siglos en cosas venideras
ir de la mano de los grandes, de los rojos, de los negros,
atravesar colores de otras razas,
costumbres añejadas, palideces agitadas por olas
de un fondo más viejo que sus nombres.
un virginal repaso de amores extinguidos,
una pasión de otros que hago mía.

Estar en este mundo significa hacer la alquimia necesaria
trasmutar los metales, y los mármoles
que se levanten con pies alados los dioses derribados
que soportaron la maldad de todos los rocíos.

Recordar el fuego de las hojas y todos los bronces escondidos,
volver sobre esos otros que dejaron sus señas desafiando los siglos
la bella reina del ciprés casada con el chamán piel–roja
trayendo una frescura imperceptible.

Estar allí con otras sangres luchando
con los esclavos de los convencionalismos,
liberarse de los que por falta de imaginación
no pudieron contra las ataduras.
Aburrirse con la burguesa moribunda que disimula su fracaso,
apresar en cada historia la estupidez del mundo,
confiar en los tentáculos de otras almas
y arremeter con filos ácidos las cuerdas de todos los poetas.

No hay sucesión, hay saltos,
antes de mi hablaron otros hombres
y no hay propiedad hereditaria sino tiempo veloz
juntando y separando la misma savia, la misma raíz,
haciendo contacto con nosotros.

Y aquel que escribía sobre la hierba fresca,
un Witman al que no conocí lo suficiente,
y que cortó los nuevos troncos para que los talláramos de nuevo.
Y Hermes el tramposo, una vez más en Delos,
y el altar se derrumba en sus temblores.
Las bodas de Canaán en Galilea,
y Nazim cantando entre las rejas y amando a su doncella,
más todos los artistas rotos,
desamparados de una patria sangrienta,
perdidos en los pueblos cubiertos por olivos grises
como las nubes de un cielo que aún no llora.

Las turbulentas huestes de jóvenes esperándome,
para que diga alguna cosa,
y esto soy yo, una multitud de vidas en mi vida,
una cultural benevolencia que me pone en el mundo,
como la mano aquella que arroja la semilla,
para que vengan a mí canciones mías,
nacidas de mi alma cautivada
que estalla con ritmos argentinos
y una Latinoamérica que me invita a cultivar la rosa
la que quedó escrita en su bandera por el hombre Martí
que me repite.

De “VIVIR EN MADRID”

DEL MAR VINO LA LUZ


¿Dónde estaba yo cuando la luz cayó entre los torbellinos del tiempo
y se abrieron las páginas de mis días golpeada por hechizos,
que mas allá de las palabras olían a sangre derramada
antes que la piedad se sentara a la mesa de los dioses.
Ente los que quedamos vivos después de la catástrofe
enronquecimos las gargantas y jadeamos sobre las aguas del océano
sin lograr apagar los gritos del naufragio,
mientras los pájaros caían abatidos sobre las ondulaciones de las olas.
La arena fingió su desamparo y convertida en vidrio
tatuó los pies que buscaban algún refugio y arrancó de su increíble huella, raíces que se hundieron en alguna novela estrafalaria
a la espera de alguna presa desgraciada y
trepados en la llama de algún sueño
se desnudaron los amigos con los que compartíamos el sol
y llenos de mentiras, mudos como un altar sin misa
vistiendo ropas desconocidas se desplazaron lentamente
hacia un olvido borrascoso, sólo sombras contra el pasado
que nublaron las imágenes sobre el mar
iniciando la ceremonia de la bruma.
Del mar vino la luz que iluminó un país desorientado
del que partían los senderos que llevaban al desierto
y el verano cegado aplastó contra la roca a una pareja de amantes
que se desvaneció en el aire sin suspiros
y los cuerpos y el cielo dieron paso a otra luz
parecida a un espejismo de fantasmas
que empezó a hablarle a las piedras
revestidas ahora con joyas de lujuria
donde plata y leche se trenzaban en anillos del tiempo
quedando capturada la libertad soñada.
El mar cubrió de sal los labios besados que eran mi único botín,
un círculo de fuego azotó visiones dispuestas a matarme,
un réquiem fueron las grandes sinfonías del sol,
lo inconcluso fue un puente hacia el amor
y el rugido de la luz
el inconstante umbral donde descansa mi locura.

Con su hermano el poeta Miguel Oscar Menassa en la sede del Grupo Cero en Madrid.

NADIE ME LO PIDIÓ


Me decían, partir el pan y repartirlo
porque la vida es sólo el manotazo que derriba a la muerte,
y acudía presurosa porque todo podía ser de todos,
y la grandeza es el desfile de actos cotidianos,
fugaz presente tratando de abarcar al mundo y penetrarlo.
Había palabras como soles en la mesa
y el mundo zumbaba en cada recorrido de la luz
hasta que el día se desmoronaba y todo cambiaba
al color de las sombras mientras alguien doblaba por la esquina
queriendo robar algún amor, algún sueño perdido
alguna ligereza para aliviar el peso de la espalda
Nadie me lo pidió,
pero hablé de lo que no conozco
y fui uno más de aquellos que quedaron vivos después de los bostezos
y nada más que por estar llegué
hasta las aguas del arroyo donde
mojé mis labios en la piedra que goteaba
y toqué la tierra humedecida donde crecía el musgo
que se pegó a mi piel y fui la verde imprecisión temerosa y profética
como de infancia vivida en las veredas,
solo al amparo de gorriones.
Nadie me lo pidió
pero gané futuro en cada paso, sin mirar para atrás,
cayendo como cae el día en un corredor interminable donde
nunca se apaga la fábrica de sueños y apenas un rasguño
es la delicada marca de mis pies sobre el silencio.
La noche como un pájaro azul lleva en su pico las horas ya vividas
y el viento borra los colores que a ciegas tiñe el tiempo.
Yendo en busca de algunas claridades y aunque nadie me lo pida
dejo algunas plumas que no sirven para el vuelo,
sombras que son palabras enhebradas
bordando cicatrices invisibles,
y un puente colgante donde se balancea mi nombre
hasta el vértigo de las gotas de aguas estremecidas

LO QUE NO SE PUEDE MOSTRAR


Desnudeces,
cuerpos de aires entrelazados.
Viajes por el país de las tardes y los asombrosos días de cantos
destinados a extraños que dirán algo inútil de mis imaginaciones.
Visiones crudas volcadas en una realidad que se transforma.
Palabras que no se suman en cadenciosas músicas
porque quieren ser una sorpresa.
Agilidad que mueve las formas esclavas del espíritu,
circunstancias de la vida que toman formas imprevistas
y que algún orden me trastornan,
quiero hablar de los hombres y hablo de la guerra,
quiero hablar del amor y hablo de los pájaros,
maravillas puestas en un lenguaje cotidiano,
la audacia de una sencillez que quisiera lograr y que no alcanzo.
Desnudeces,
Ni infancia, ni formación, ni amores,
acontecimientos solos venidos de este mundo
y arrojados fuera del mundo hacia otro mundo.
Cuerpos invisibles a pesar de las luces y los espejos,
escenarios inventados recreando el universo,
saltando los fenómenos naturales,
las llamas convertidas en pasión humana,
la noche, el viento y el agua para reproducir el amor
y los colores de los sueños,
flores sombrías, casi flores negras arrojadas en la calle
para que un bailarín de gestos torpes y falsos
juegue con sus sombras alargadas
como todas las sombras sin remedio.
Desnudeces
Entre la muchedumbre se brilla algunas veces.
La ingenuidad abandona la tierra y el aire atraviesa las letras.
que se arremolinan sin dudar,
con la esperanza de conservar lo móvil.
Un cuerpo fundido en otro cuerpo
y todo es vano a pesar del intento
de sacudir el polvo de semejante fusión.
El poema en una soledad emerge como si estuviese dirigido
por el desborde de la belleza mas allá de alguna verdad
y vuelve a poner todo en cuestión,
y a responder sin saber cuál fue la circunstancia.
El recuerdo se transforma,
hay una acumulación de siglos que empujan y la edad de oro
se transforma en un presente y la memoria se expande como una tiniebla,
atraviesa paredes, disfruta de las ruinas de un pasado,
reina un olvido fundamental
y queda la poesía liberada de entredichos.
Solo desnudeces,
ni líneas, ni superficies, ni volúmenes,
ni personajes, ni sentimientos,
ni monumentos, ni corazón ni cabeza ,
ni aburrimiento, ni belleza,
nada,
la destrucción es total,
se crea y se destruye,
nuevas formas buscan en el tiempo una nueva imagen.
Se borran los reflejos personales,
soy la que habla y la que escucha al mismo tiempo
una sola visión que me somete a una realidad que es otra,
que me devuelve viva.
Hay un constante devenir por todas partes,
cierro los ojos y se abren las puertas de lo maravilloso
más allá de lo comprensible,
todo encuentra su eco,
y quedo anonadada por lo que no se puede mostrar,
por lo invisible,
por ese movimiento perpetuo,
ese infinito.

Se recomienda ver el programa de televisión Poesía más Poesía con la presencia del poeta Miguel Oscar Menassa y director del programa.

PRÓXIMO NÚMERO

2. Poesía más Poesía: Vicente Aleixandre y Cruz González.

VICENTE ALEIXANDRE

BIOGRAFÍA


Vicente Aleixandre, poeta de la generación del 27, considerado uno de los grandes poetas españoles del siglo XX.
En una oportunidad dijo: “El poeta es el hombre. Y todo intento de separar el poema del hombre ha resultado siempre fallido. Por eso sentimos tantas veces como que tentamos a través de la poesía del poeta algo de la carne mortal del hombre. Y espiamos, aún sin quererlo, aún sin pensar en ello, el latido humano que lo ha hecho posible, en este poder de comunicación está el secreto de la poesía que, cada vez estamos más seguros de ello, no consiste tanto en ofrecer belleza cuanto en alcanzar propagación, comunicación profunda del alma de los hombres” (Aleixandre)
Esta cita de Vicente Aleixandre, nos puede esclarecer la comprensión de su obra, por lo significativo que resulta y por venir de un poeta que nace en el ambiente literario donde fue posible el famoso diagnóstico orteguiano de “la deshumanización del arte”.
En el clima de los ismos pujantes por los primeros años 20, una poesía intelectualizada aspiraba, a la pureza, mediante una suerte de abstracción.
Pronto esto va a cambiar y también el panorama de la época. En un lapso brevísimo, la generación del 27 experimentó distintas y en cierto modo contradictorias aventuras poéticas, y la irrupción del surrealismo, fue ya un amplio cauce de rehumanización y de talante apasionado.
El verdadero surrealismo va a pasar de un hermetismo poco accesible, a una clarificación de sus delirios imaginativos, a lo que no es ajena, y a la penetración en la nueva estética. Todos estos procesos que son la historia misma de la poesía contemporánea española, van a manifestarse en la importante y amplia obra aleixandrina.
El poeta, pues es también el hombre, como decíamos al principio, y el hombre Vicente Aleixandre, español de Sevilla, nace en la primavera trágica de 1898, el 26 de Abril, cuando la escuadra del almirante Cervera zarpaba rumbo al Caribe, donde naufragaría la última astilla del viejo imperio, dando paso a un período de crisis nacional, con larga repercusión en el pensamiento y en la literatura.
Hijo de un ingeniero de ferrocarril, pertenecía a una familia de la burguesía media acomodada. Cuando tenía dos años su familia se traslada a Málaga donde transcurrió su infancia. Fueron nueve años donde como cera maleable el paisaje dejó grabada su luminosa sensación de belleza, el Mediterráneo, su resonancia. Fue allí también,en Málaga donde tuvo el primer contacto con lo que sería un camarada, otro futuro poeta de la generación: Emilio Prados, condiscípulo de las primeras clases.
Cuatro décadas después, esas impresiones aflorarán muy vívidamente en el espacio cósmico de uno de sus libros capitales: Sombra del Paraíso.
De este libro vamos a leer Ciudad del paraíso, que alude a Málaga.

CIUDAD DEL PARAÍSO

A mi ciudad de Málaga

Siempre te ven mis ojos, ciudad de mis días marinos.
Colgada del imponente monte, apenas detenida
en tu vertical caída a las ondas azules,
pareces reinar bajo el cielo, sobre las aguas,
intermedia en los aires, como si una mano dichosa
te hubiera retenido, un momento de gloria,
antes de hundirte para siempre en las olas amantes.

Pero tú duras, nunca desciendes, y el mar suspira
o brama por ti, ciudad de mis días alegres,
ciudad madre y blanquísima donde viví y recuerdo,
angélica ciudad que, más alta que el mar, presides sus espumas.

Calles apenas, leves, musicales. Jardines
donde flores tropicales elevan sus juveniles palmas gruesas.
Palmas de luz que sobre las cabezas, aladas,
mecen el brillo de la brisa y suspenden
por un instante labios celestiales que cruzan
con destino a las islas remotísimas, mágicas,
que allá en el azul índigo, libertadas, navegan.

Allí también viví, allí, ciudad graciosa, ciudad honda.
Allí, donde los jóvenes resbalan sobre la piedra amable,
y donde las rutilantes paredes besan siempre
a quienes siempre cruzan, hervidores, en brillos.

Allí fui conducido por una mano materna.
Acaso de una reja florida una guitarra triste
cantaba la súbita canción suspendida en el tiempo;
quieta la noche, más quieto el amante,
bajo la luna eterna que instantánea transcurre.

Un soplo de eternidad pudo destruirte,
ciudad prodigiosa, momento que en la mente de un Dios emergiste.
Los hombres por un sueño vivieron, no vivieron,
eternamente fúlgidos como un soplo divino.

Jardines, flores. Mar alentando como un brazo que anhela
a la ciudad voladora entre monte y abismo,
blanca en los aires, con calidad de pájaro suspenso
que nunca arriba. ¡Oh ciudad no en la tierra!

Por aquella mano materna fui llevado ligero
por tus calles ingrávidas. Pie desnudo en el día.
Píe desnudo en la noche. Luna grande. Sol puro.
Allí el cielo eras tú, ciudad que en él morabas.
Ciudad que en él volabas con tus alas abiertas.

Vicente Aleixandre, Luis Cernuda y Federico García Lorca.

En la 1909 la familia se instala en Madrid, ciudad donde el futuro poeta cursará el bachillerato y la universidad. Vicente Aleixandre estudió Derecho y Comercio. Fue profesor de derecho de la Escuela de Madrid durante unos años, especializándose en derecho mercantil.
A los 18 años descubrió la poesía como “una profunda verdad comunicada” que le inicia en el goce y misterio de la poesía y que lo aleja de la concepción que le había sido transmitida en sus años escolares, de la poesía como un conjunto de rimas. A partir de entonces, se relaciona con otros jóvenes de su generación que sentían como él inquietudes literarias.
Es cuando estudiaba Derecho e Intendencia Mercantil- carreras en las que se graduó en 1919-, donde inicia su amistad con Dámaso Alonso, al que conoce en Las Navas del Marqués, lugar donde veraneaba, amistad que puede considerarse el primer paso para su entrada al mundo de la creación poética.
Tras aquellos diálogos amistosos, Aleixandre descubre una vocación ya definitiva. Inicia de este modo una profunda pasión por la poesía. Dámaso Alonso le aconseja leer al romántico Gustavo Adolfo Bécquer y le descubre el nuevo mundo y la expresión estética del modernista Rubén Darío, como así también a otros poetas como Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez y a los simbolistas franceses. A partir de ese momento nace en Aleixandre la necesidad de escribir poesía.

NACIMIENTO DEL AMOR

¿Cómo nació el amor? Fue ya en otoño.
Maduro el mundo, no te aguardaba ya.
Llegaste alegre, ligeramente rubia, resbalando en lo blando
del tiempo. Y te miré. ¡Qué hermosa
me pareciste aún, sonriente, vívida,
frente a la luna aún niña, prematura en la tarde,
sin luz, graciosa en aires dorados; como tú,
que llegabas sobre el azul, sin beso,
pero con dientes claros, con impaciente amor.
Te miré. La tristeza
se encogía a lo lejos, llena de paños largos,
como un poniente graso que sus ondas retira.
Casi una lluvia fina —¡el cielo, azul! — mojaba
tu frente nueva. ¡Amante, amante era el destino
de la luz! Tan dorada te miré que los soles
apenas se atrevían a insistir, a encenderse
por ti, de ti, a darte siempre
su pasión luminosa, ronda tierna
de soles que giraban en tomo a ti, astro dulce,
en torno a un cuerpo casi transparente, gozoso,
que empapa luces húmedas, finales, de la tarde,
y vierte, todavía matinal, sus auroras.
Eras tú amor, destino, final amor luciente,
nacimiento penúltimo hacia la muerte acaso.
Pero no. Tú asomaste. ¿Eras ave, eras cuerpo,
alma solo? ¡Ah, tu carne traslúcida
besaba como dos alas tibias,
como el aire que mueve un pecho respirando,
y sentí tus palabras, tu perfume,
y en el alma profunda, clarividente
diste fondo. Calado de ti hasta el tuétano de la luz,
sentí tristeza, tristeza del amor: amor es triste.
En mi alma nacía el día.
Brillandoestaba de ti; tu alma en mi estaba.
Sentí dentro, en mi boca, el sabor a la aurora.
Mis sentidos dieron su dorada verdad. Sentí a los pájaros
en mi frente piar, ensordeciendo
mi corazón. Miré por dentro
los ramos, las cañadas luminosas, las alas variantes,
y un vuelo de plumajes de color, de encendidos presentes me embriagó,
mientras todo mi ser a un mediodía, raudo, loco, creciente
se incendiaba mi sangre ruidosa,
se despeñaba en gozos de amor, de luz, de plenitud, de espuma.

De izquierda a derecha, Pedro Sainz Rodríguez, Don Juan, Beltrán Alburquerque, Dámaso Alonso, Vicente Aleixandre y Luis María Anson, en la casa del poeta

DESTINO TRÁGICO

Confundes ese mar silencioso que adoro
con la espuma instantánea del viento entre los árboles.
Pero el mar es distinto.
No es viento, no es su imagen.
No es el resplandor de un beso pasajero,
ni es siquiera el gemido de unas alas brillantes.
No confundáis sus plumas, sus alisadas plumas,
con el torso de una paloma.
No penséis en el pujante acero del águila.
Por el cielo las garras poderosas detienen el sol.
Las águilas oprimen a la noche que nace,
la estrujan -todo un río de último resplandor va a los mares-
y la arrojan remota, despedida, apagada,
allí donde el sol de mañana duerme niño sin vida.
Pero el mar, no. No es piedra,
esa esmeralda que todos amasteis en las tardes sedientas.
No es piedra rutilante toda labios tendiéndose,
aunque el calor tropical haga a la playa latir,
sintiendo el rumoroso corazón que la invade.
Muchas veces pensasteis en el bosque.
Duros mástiles altos,
árboles infinitos
bajo las ondas adivinasteis poblados de unos pájaros de
espumosa blancura.
Visteis los vientos verdes
inspirados moverlos,
y escuchasteis los trinos de unas gargantas dulces:
ruiseñor de los mares, noche tenue sin luna,
fulgor bajo las ondas donde pechos heridos
cantan tibios en ramos de coral con perfume.
Ah, sí, yo sé lo que adorasteis.
Vosotros pensativos en la orilla,
con vuestra mejilla en la mano aún mojada,
mirasteis esas ondas, mientras acaso pensabais en un cuerpo:
un solo cuerpo dulce de un animal tranquilo.
Tendisteis vuestra mano y aplicasteis su calor
a la tibia tersura de una piel aplacada.
¡Oh suave tigre a vuestros pies dormido!
Sus dientes blancos visibles en las fauces doradas,
brillaban ahora en paz. Sus ojos amarillos,
minúsculas guijas casi de nácar al poniente,
cerrados, eran todo silencio ya marino.
Y el cuerpo derramado, veteado sabiamente de una onda poderosa,
era bulto entregado, caliente, dulce solo.
Pero de pronto os levantasteis.
Habíais sentido las alas oscuras,
envío mágico del fondo que llama a los corazones.
Mirasteis fijamente el empezado rumor de los abismos.
¿Qué formas contemplasteis? ¿Qué signos, inviolados,
qué precisas palabras que la espuma decía,
dulce saliva de unos labios secretos
que se entreabren, invocan, someten, arrebatan?
El mensaje decía…
Yo os vi agitar los brazos. Un viento huracanado
movió vuestros vestidos iluminados por el poniente trágico.
Vi vuestra cabellera alzarse traspasada de luces,
y desde lo alto de una roca instantánea
presencié vuestro cuerpo hendir los aires
y caer espumante en los senos del agua;
vi dos brazos largos surtir de la negra presencia
y vi vuestra blancura, oí el último grito,
cubierto rápidamente por los trinos alegres de los ruiseñores del fondo.

SE QUERÍAN

Se querían.
Sufrían por la luz, labios azules en la madrugada,
labios saliendo de la noche dura,
labios partidos, sangre, ¿sangre dónde?
Se querían en un lecho navío, mitad noche, mitad luz.
Se querían como las flores a las espinas hondas,
a esa amorosa gema del amarillo nuevo,
cuando los rostros giran melancólicamente,
giralunas que brillan recibiendo aquel beso.
Se querían de noche, cuando los perros hondos
laten bajo la tierra y los valles se estiran
como lomos arcaicos que se sienten repasados:
caricia, seda, mano, luna que llega y toca.
Se querían de amor entre la madrugada,
entre las duras piedras cerradas de la noche,
duras como los cuerpos helados por las horas,
duras como los besos de diente a diente sólo.
Se querían de día, playa que va creciendo,
ondas que por los pies acarician los muslos,
cuerpos que se levantan de la tierra y flotando…
Se querían de día, sobre el mar, bajo el cielo.
Mediodía perfecto, se querían tan íntimos,
mar altísimo y joven, intimidad extensa,
soledad de lo vivo, horizontes remotos
ligados como cuerpos en soledad cantando.
Amando. Se querían como la luna lúcida,
como ese mar redondo que se aplica a ese rostro,
dulce eclipse de agua, mejilla oscurecida,
donde los peces rojos van y vienen sin música.
Día, noche, ponientes, madrugadas, espacios,
ondas nuevas, antiguas, fugitivas, perpetuas,
mar o tierra, navío, lecho, pluma, cristal,
metal, música, labio, silencio, vegetal,
mundo, quietud, su forma. Se querían, sabedlo.

En 1922 conoció a Rafael Alberti en el Ateneo de Madrid, época en la que su salud empieza a empeorar. En 1925 se le declara una nefritis tuberculosa, que termina con la extirpación de un riñón, operación realizada en 1932.
Desde esa época, reside en la casa de Velingtonia, tan conocida por los poetas de dentro y fuera de España, donde ha escrito casi todos sus libros. Ese número 3 de la calle Velingtonia, que cuando la habitó el poeta por primera vez era una isla en las afueras madrileñas de los altos de la Moncloa, ha venido siendo, durante medio siglo, una suerte de estación de seguimiento de las naves espaciales de la poesía. Lugar de frecuentes reuniones del famosos grupo generacional, Lorca, Cernuda, Alberti, Altoaguirre, Diego, Dámaso Alonso…
En esta casa victima también de la destrucción bélica, reconstruida en 1941, las generaciones de postguerra hallaron entre sus paredes un generosos y ejemplar magisterio.

DESTINO DE LA CARNE

No, no es eso. No miro
del otro lado del horizonte un cielo.
No contemplo unos ojos tranquilos, poderosos,
que aquietan a las aguas feroces que aquí braman.
No miro esa cascada de luces que descienden
de una boca hasta un pecho, hasta unas manos blandas,
finitas, que a este mundo contienen, atesoran.

Por todas partes veo cuerpos desnudos, fieles
al cansancio del mundo. Carne fugaz que acaso
nació para ser chispa de luz, para abrasarse
de amor y ser la nada sin memoria, la hermosa redondez de la luz.
Y que aquí está, aquí está, marchitamente eterna,
sucesiva, constante, siempre, siempre cansada.
Es inútil que un viento remoto, con forma vegetal, o una lengua,
lama despacio y largo su volumen, lo afile,
lo pula, lo acaricie, lo exalte.
Cuerpos humanos, rocas cansadas, grises bultos
que a la orilla del mar conciencia siempre
tenéis de que la vida no acaba, no, heredándose.
Cuerpos que mañana repetidos, infinitos, rodáis
como una espuma lenta, desengañada, siempre.
¡Siempre carne del hombre, sin luz! Siempre rodados
desde allá, de un océano sin origen que envía
ondas, ondas, espumas, cuerpos cansados, bordes
de un mar que no se acaba y que siempre jadea en sus orillas.
Todos, multiplicados, repetidos, sucesivos, amontonáis la carne,
la vida, sin esperanza, monótonamente iguales bajo los
cielos hoscos que impasibles se heredan.
Sobre ese mar de cuerpos que aquí vierten sin tregua, que aquí rompen
redondamente y quedan mortales en las playas,
no se ve, no, ese rápido esquife, ágil velero
que con quilla de acero, rasgue, sesgue,
abra sangre de luz y raudo escape
hacia el hondo horizonte, hacia el origen
último de la vida, al confín del océano eterno
que humanos desparrama
sus grises cuerpos.
Hacia la luz, hacia esa escala ascendente de brillos que
de un pecho benigno hacia una boca sube,
hacia unos ojos grandes, totales que contemplan,
hacia unas manos mudas, finitas, que aprisionan,
donde cansados siempre, vitales, aún nacemos.

MATERIA HUMANA

Y tú que en la noche oscura has abierto los ojos y te
has levantado.
Te has asomado a la ventana.
La ciudad en la noche. ¿Qué miras? todos van lejos.
Todos van cerca.
Todos muy juntos en la noche. Y todos y cada uno en su
ventana, única y múltiple.
Si tú mueves esa mano, la ciudad lo registra un
instante y vibra en las aguas.
Y si tú nombras y miras, todos saben que miras, y
esperan y la ciudad recibe la onda pura
de una materia.

Toda la ciudad común se ondea y la ciudad toda
es una materia:
una onda única en la que todos son, por la que todo es,
y en la que todos están; llegan, pulsan, se crean.
Onda de la materia pura en la que inmerso te hallas, que
por ti existe también y que desde lejísimos te ha
alcanzado.
Allí respira en la extensión total -¡ah, humanidad!-
con toda su dimensión profunda casi infinita.
Ah, qué inmenso cuerpo posees.
Toda esa materia que viene del fondo del existir,
que un momento se detiene en ti y sigue tras ti,
propagándote y heredándole y por la que tú
significadamente sucedes.
Todo es tu cuerpo inmenso, como el de aquél, como el
de ese otro, como el de aquella niña, como el de
aquella vieja,
como el de aquel guerrero que no se sabe, allá en el fondo
de las edades, y que está latiendo contigo.
Contigo el emperador y el soldado, el monje y el
anacoreta. Contigo
la cortesana pálida que acaba de ponerse su colerete en la
triste mejilla, ah, cuán gastada.
Allí en la infinitud de los siglos.
Pero aquí sonríe contigo, bracea en la onda de la materia
pura, y late en la virgen.
Como ese gobernante sereno que fríamente condena, allá
en la lejanísima noche, y respira ahora también en la boca
pura de un niño.
Todos confiados en la vibración sola que a todos suma,
o mejor, que a todos compone y salva, y hace y envía, y
allí
se pierde todavía íntegra hacia el futuro.
Oh, todo es presente.
Onda única en extensión que empieza en el tiempo, y
sigue y no tiene edad.
0 la tiene, sí, como el Hombre.

CUERPO DE AMOR

Volcado sobre ti,
volcado sobre tu imagen derramada bajo los altos
álamos inocentes,
tu desnudez se ofrece como un río escapando,
espuma dulce de tu cuerpo crujiente,
frío y fuego de amor que en mis brazos salpica.
Por eso, si acerco mi boca a tu corriente prodigiosa,
si miro tu azul soledad, donde un cielo aún me teme,
veo una nube que arrebata mis besos
y huye y clama mi nombre, y en mis brazos se esfuma.
Por eso, si beso tu pecho solitario,
si al poner mis labios tristísimos sobre tu piel incendiada
siento en la mejilla el labio dulce del poniente apagándose,
oigo una voz que gime, un corazón brillando,
un bulto hermoso que en mi boca palpita,
seno de amor, rotunda morbidez de la tarde.
Sobre tu piel palabras o besos cubren, ciegan,
apagan su rosado resplandor erguidísimo,
y allí mis labios oscuros celan, hacen, dan noche,
avaramente ardientes: ¡pecho hermoso de estrellas!
Tu vientre níveo no teme el frío de esos primeros vientos,
helados, duros como manos ingratas,
que rozan y estremecen esa tibia magnolia,
pálida luz que en la noche fulgura.
Déjame así, sobre tu cuerpo libre,
bajo la luz castísima de la luna intocada,
aposentar los rayos de otra luz que te besa,
boca de amor que crepita en las sombras
y recorre tu virgen revelación de espuma.
Apenas río, apenas labio, apenas seda azul eres tú, margen dulce,
que te entregas riendo, amarilla en la noche,
mientras mi sombra finge el claroscuro de plata
de unas hojas felices que en la brisa cantasen.
Abierta, penetrada de la noche,
el silenciode la tierra eres tú: ¡oh mía, como un mundo en los brazos!
No pronuncies mi nombre: brilla sólo en lo oscuro.
Y ámame, poseída de mí, cuerpo a cuerpo en la dicha,
beso puro que estela deja eterna en los aires.

Publica sus primeros poemas en la “ Revista de Occidente” y en 1927 participa en el homenaje a Góngora desde la páginas de la revista “Verso y Prosa, de Jorge Guillén. También publica su primer libro “Ámbito” y comienza a leer a Freud, implicándose en el surrealismo poético.
El homenaje a don Luis de Góngora
El homenaje a Góngora fue el motivo que atrajo hasta Sevilla a los “poetas de Madrid”, que no desaprovecharon la ocasión, contribuyendo así a la revalorización de la figura y obra del poeta cordobés, relegada por la crítica académica.
…Y a Sevilla llegaron desde Madrid Jorge Guillén, Dámaso Alonso, Gerardo Diego, Rafael Alberti y Federico García Lorca. Eran los componentes, junto a Pedro Salinas y Vicente Aleixandre, que no viajaron a Sevilla, del núcleo de la Generación del 27, del que también formaba parte el sevillano Luis Cernuda, todavía residente en su ciudad natal y que participó en las veladas literarias como un componente más del Auditorio.

Medardo Fraile, Claudio Rodríguez, Carlos Bousoño, José Hierro, Vicente Aleixandre y Concha Lagos, en el jardín de Velintonia.

LA FRONTERA


Si miro tus ojos,
si acerco a tus ojos los míos,
¡oh, cómo leo en ellos retratado todo el pensamiento de mi soledad!
Ah, mi desconocida amante a quien día a día estrecho en los brazos.
Cuán delicadamente beso despacio, despacísimo,
secretamente en tu piel
la delicada frontera que de mí te separa.
Piel preciosa, tibia, presentemente dulce, invisiblemente cerrada
que tiene la contextura suave, el color, la entrega de la fina magnolia.
Su mismo perfume, que parece decir: “Tuya soy, heme entregada al ser que adoro
como una hoja leve, apenas resistente, toda aroma bajo sus labios frescos”.
Pero no. Yo la beso, a tu piel, finísima, sutil, casi irreal bajo el rozar de mi boca,
y te siento del otro lado, inasible, imposible, rehusada,
detrás de tu frontera preciosa, de tu mágica piel inviolable,
separada de mí por tu superficie delicada, por tu severa magnolia
cuerpo encerrado débilmente en perfume
que en lo que de distancia y que, envuelto rigurosamente,
como una diosa de mí te aparta, bajo mis labios mortales.
Déjame entonces con mi beso recorrer la secreta cárcel de mi vivir,
piel pálida y olorosa, carnalidad de flor, ramo o perfume,
suave carnación que delicadamente te niega,
mientras cierro los ojos, en la tarde extinguiéndose,
ebrio de tus aromas remotos, inalcanzables,
dueño de ese pétalo entero que tu esencia me niega.

El POETA CANTA POR TODOS


I
Allí están todos, y tú los estás mirando pasar.
¡Ah, sí, allí, cómo quisieras mezclarte y reconocerte!

El furioso torbellino dentro del corazón te enloquece.
Masa frenética de dolor, salpicada
contra aquellas mudas paredes interiores de carne.
Y entonces en un último esfuerzo te decides. Sí, pasan.
Todos están pasando. Hay niños, mujeres. Hombres serios.
Luto cierto, miradas.
Y una masa sola, un único ser, reconcentradamente desfila.
Y tú, con el corazón apretado, convulso de tu solitario
dolor, en un último esfuerzo te sumes.
Sí, al fin, ¡cómo te encuentras y hallas!
Allí serenamente en la ola te entregas. Quedamente derivas.
Y vas acunadamente empujado, como mecido, ablandado.
Y oyes un rumor denso, como un cántico ensordecido.
Son miles de corazones que hacen un único corazón que te lleva.

II

Un único corazón que te lleva.
Abdica de tu propio dolor. Distiende tu propio corazón contraído.
Un único corazón te recorre, un único latido sube a tus ojos,
poderosamente invade tu cuerpo, levanta tu pecho, te hace
agitar las manos cuando ahora avanzas.
Y si te yergues, si un instante levantas la voz,
yo sé bien lo que cantas.
Eso que desde todos los oscuros cuerpos casi infinitos se ha unido y relampagueado,
que a través de cuerpos y almas se liberta de pronto en tu grito,
es la voz de los que te llevan, la voz verdadera y alzada
donde tú puedes escucharte, donde tú, con asombro, te reconoces.
La voz que por tu garganta, desde todos los corazones esparcidos,
se alza limpiamente en el aire.

III

Y para todos los oídos. Sí. Mírales cómo te oyen.
Se están escuchando a sí mismos. Están escuchando una única voz que los canta.
Masa misma del canto, se mueven como una onda.
Y tú sumido, casi disuelto, como un nudo de su ser te conoces.
Suena la voz que los lleva. Se acuesta corno un camino.
Todas las plantas están pisándola.
Están pisándola hermosamente, están grabándola con su carne.
Y ella se despliega y ofrece, y toda la masa gravemente desfila.
Como una montaña sube. Es la senda de los que marchan.
Y asciende hasta el pico claro. Y el sol se abre sobre las frentes.
Y en la cumbre, con su grandeza, están todos ya cantando.
Y es tu voz la que les expresa. Tu voz colectiva y alzada.
Y un cielo de poderío, completamente existente,
hace ahora con majestad el eco entero del hombre.

En 1933 obtiene el Premio Nacional de Literatura por los poemas aún inéditos de “La destrucción o el amor”.

EL VALS

Eres hermosa como la piedra,
oh difunta;
oh viva, oh viva, eres dichosa como la nave.
Esta orquesta que agita
mis cuidados como una negligencia,
como un elegante bendecir de buen tono,
ignora el vello de los pubis,
ignora la risa que sale del esternón como una gran batuta.
Unas olas de afrecho,
un poco de serrín en los ojos,
o si acaso en las sienes,
o acaso adornando las cabelleras;
unas faldas largas hechas de colas de cocodrilos;
unas lenguas o unas sonrisas hechas con caparazones de cangrejos.
Todo lo que está suficientemente visto
no puede sorprender a nadie.
Las damas aguardan su momento sentadas sobre una lágrima,
disimulando la humedad a fuerza de abanico insistente.
Y los caballeros abandonados de sus traseros
quieren atraer todas las miradas a la fuerza hacia sus bigotes.
Pero el vals ha llegado.
Es una playa sin ondas,
es un entrechocar de conchas, de tacones, de espumas o
de dentaduras postizas.
Es todo lo revuelto que arriba.
Pechos exuberantes en bandeja en los brazos,
dulces tartas caídas sobre los hombros llorosos,
una languidez que revierte,
un beso sorprendido en el instante que se hacía «cabello de ángel»,
un dulce «sí» de cristal pintado de verde.
Un polvillo de azúcar sobre las frentes
da una blancura cándida a las palabras limadas,
y las manos se acortan más redondeadas que nunca,
mientras fruncen los vestidos hechos de esparto querido.
Las cabezas son nubes, la música es una larga goma,
las colas de plomo casi vuelan, y el estrépito
se ha convertido en los corazones en oleadas de sangre,
en un licor, si blanco, que sabe a memoria o a cita.
Adiós, adiós, esmeralda, amatista o misterio;
adiós, como una bola enorme ha llegado el instante,
el preciso momento de la desnudez cabeza abajo,
cuando los vellos van a pinchar los labios obscenos que saben.
Es el instante, el momento de decir la palabra que estalla,
el momento en que los vestidos se convertirán en aves,
las ventanas en gritos,
las luces en ¡socorro!
y ese beso que estaba (en el rincón) entre dos bocas
se convertirá en una espina
que dispensará la muerte diciendo:
Yo os amo.

CANCIÓN A UNA MUCHACHA MUERTA


Dime, dime el secreto de tu corazón virgen,
dime el secreto de tu cuerpo bajo tierra,
quiero saber por qué ahora eres un agua,
esas orillas frescas donde unos pies desnudos se bañan
con espuma.
Dime por qué sobre tu pelo suelto,
sobre tu dulce hierba acariciada,
cae, resbala, acaricia, se va
un sol ardiente o reposado que te toca
como un viento que lleva sólo un pájaro en mano.
Dime por qué tu corazón como una selva diminuta
espera bajo tierra los imposibles pájaros,
esa canción total que por encima de los ojos
hacen los sueños cuando pasan sin ruido.
Oh tú, canción que a un cuerpo muerto o vivo,
que a un ser hermoso que bajo el suelo duerme,
cantas color de piedra, color de beso o labio,
cantas como si el nácar durmiera o respirara.
Esa cintura, ese débil volumen de un pecho triste,
ese rizo voluble que ignora el viento,
esos ojos por donde sólo boga el silencio,
esos dientes que son de marfil resguardado,
ese aire que no mueve unas hojas no verdes…
¡Oh tú, cielo riente que pasas como nube;
oh pájaro feliz que sobre un hombro ríes;
fuente que, chorro fresco, te enredas con la luna;
césped blando que pisan unos pies adorados!

Años después desde su habitación de enfermo, publica la elegía en prosa a Federico García Lorca y colabora en algunas publicaciones de la España Republicana. Miguel Hernández le dedica, con un notable texto, su libro “Viento del pueblo”, y él a su muerte le escribe su elegía. Le visitan con frecuencia y se llegan hasta su lecho de enfermo acompañándolo en su convalecencia Dámaso Alonso y Federico García Lorca. En los primeros días de la Guerra Civil, víctima de una denuncia, pasa veinticuatro horas en una checa, centro de detención controlado por los partidos políticos y sindicatos, de la que es liberado por su amigo Pablo Neruda, cónsul de Chile a la sazón. Hace una gran amistad con el crítico literario José Luis Cano. Y mantiene un largo epistolario con el pintor Gregorio Prieto.

Aleixandre junto a la tumba del poeta Miguel Hernández.

Vicente Aleixandre escribió esta elegía el 28 de marzo de 1942, en la enfermería de la prisión alicantina, en la que acababa de morir Miguel Hernández, eran las 5.32. Se dice que no pudieron cerrarle los ojos

ELEGÍA EN LA MUERTE DE MIGUEL HERNÁNDEZ

“Sobre la piel del cielo, sobre sus precipicios,
se remontan los hombres…”
“…despedidme del sol y de los trigos…”
Miguel Hernández

I
No lo sé. Fue sin música.
Tus grandes ojos azules
abiertos se quedaron bajo el vacío ignorante,
cielo de losa oscura,
masa total que lenta desciende y te aboveda,
cuerpo tú solo, inmenso,
único hoy en la Tierra,
que contigo apretado por los soles escapa.
Tumba estelar que los espacios ruedas
con sólo él, con su cuerpo acabado.
Tierra caliente que con sus solos huesos
vuelas así, desdeñando a los hombres.
¡Huye! ¡Escapa! No hay nadie;
sólo hoy su inmensa pesantez de sentido,
Tierra, a tu giro por los astros amantes.
Solo esa Luna que en la noche aún insiste
contemplará la montaña de vida.
Loca, amorosa, en tu seno le llevas,
Tierra, oh Piedad, que sin mantos le ofreces.
Oh soledad de los cielos. Las luces
sólo su cuerpo funeral hoy alumbran.
II
No, ni una sola mirada de un hombre
ponga su vidrio sobre el mármol celeste.
No le toquéis. No podríais. El supo,
sólo él supo. Hombre tú, solo tú, padre todo
de dolor. Carne sólo para amor. Vida solo
por amor.
Sí. Que los ríos
apresuren su curso: que el agua
se haga sangre: que la orilla
su verdor acumule: que el empuje
hacia el mar sea hacia ti, cuerpo augusto,
cuerpo noble de luz que te diste crujiendo
con amor, como tierra, como roca, cual grito
de fusión, como rayo repentino que a un pecho
total único del vivir acertase.
Nadie, nadie. Ni un hombre. Esas manos
apretaron día a día su garganta estelar. Sofocaron
ese caño de luz que a los hombres bañaba.
Esa gloria rompiente, generosa que un día
revelara a los hombres su destino; que habló
como flor, como mar, como pluma, cual astro.
Sí, esconded, esconded la cabeza. Ahora hundidla
entre tierra, una tumba para el negro pensamiento
cavaos,
y morded entre tierra las manos, las uñas, los dedos
con que todos ahogasteis su fragante vivir.
III
Nadie gemirá nunca bastante.
Tu hermoso corazón nacido para amar
murió, fue muerto, muerto, acabado, cruelmente acuchillado de odio..
¡Ah! ¿Quién dijo que el hombre ama?
¿Quién hizo esperar un día amor sobre la tierra?
¿Quién dijo que las almas esperan el amor y a su sombra florecen?
¿Que su melodioso canto existe para los oídos de los hombres?
Tierra ligera, ¡vuela!
Vuela tú sola y huye.
Huye así de los hombres, despeñados, perdidos,
ciegos restos del odio, catarata de cuerpos
crueles que tú, bella, desdeñando hoy arrojas.
Huye, hermosa, lograda,
por el celeste espacio con tu tesoro a solas.
Su pesantez, al seno de tu vivir sidéreo
da sentido, y sus bellos miembros lúcidos para siempre
inmortales sostienes para la luz sin hombres.

En 1937 su salud empeora notablemente: pierde diez kilos en pocos meses y pasa los dos últimos años de la guerra en cama con un riguroso tratamiento.
Después de la guerra, a pesar de sus ideas izquierdistas, permanece en España, en su misma casa, reconstruida en octubre de 1940. El padre ha muerto en ese mismo año tras ser purgado por el Frente Popular e investigado exhaustivamente por el bando vencedor. Y Aleixandre, en su exilio interior, se convierte durante los años de posguerra en uno de los maestros de los jóvenes poetas, con los que se cartea abundantemente y a los que recibe sin escatimar tiempo en su domicilio de Madrid, Wellingtonia (o Velingtonia), 3 (ahora y desde el año 1978, renombrada en su honor calle Vicente Aleixandre).

El poeta, quien por estos años no deja de repetir que “poesía es comunicación”, no tenía inconveniente siquiera en enviar poemas inéditos a las revistas escolares que se lo pedían. Escribe entre 1939 y 1943 “Sombra del paraíso”, uno de sus libros más importantes, publicado en Madrid en 1944.

Vicente Aleixandre junto a Claudio Rodríguez y José Hierro.

ENTRE DOS OSCURIDADES, UN RELÁMPAGO

Y no saber adónde vamos, ni de
dónde venimos
Rubén Darío.

Sabemos adónde vamos y de dónde venimos. Entre dos
oscuridades, un relámpago.
Y allí, en la súbita iluminación, un gesto, un único gesto,
una mueca más bien, iluminada por una luz de estertor.
Pero no nos engañemos, no nos creamos. Con humildad
con tristeza, con aceptación, con ternura,
acojamos esto que llega. La conciencia súbita de una
compañía, allí en el desierto.
Bajo una gran luna colgada que dura lo que la vida, el
instante del darse cuenta entre dos infinitas
oscuridades,
miremos este rostro triste que alza hacia nosotros sus
grandes ojos humanos,
y que tiene miedo, y que nos ama.
Y pongamos los labios sobre la tibia frente y rodeemos
con nuestros brazos el cuerpo débil, y temblemos,
temblemos sobre la vasta llanura sin término donde sólo
brilla la luna del estertor.
Como en una tienda de campaña,
que el viento furioso muerde, viento que viene de las
hondas profundidades de un caos,
aquí la pareja humana, tú y yo, amada, sentimos las
arenas largas que nos esperan.
No acaban nunca, ¿verdad? En una larga noche, sin
saberlo, las hemos recorrido;
quizá juntos, oh, no, quizá solos, seguramente solos, con
un invisible rostro cansado desde el origen, las
hemos recorrido.
Y después, cuando esta súbita luna colgada bajo la que
nos hemos reconocido
se apague,
echaremos de nuevo a andar. No sé si solos, no sé si
acompañados.
No sé si por estas mismas arenas que en una noche hacia atrás
de nuevo recorreremos.
Pero ahora la luna colgada, la luna como estrangulada,
un momento brilla.
Y te miro. Y déjame que te reconozca.
A ti, mi compañía, mi sola seguridad, mi reposo
instantáneo, mi reconocimiento expreso donde yo
me siento y me soy.
Y déjame poner mis labios sobre tu frente tibia -oh,
cómo la siento-,
Y un momento dormir sobre tu pecho, como tú sobre el
mío,
mientras la instantánea luna larga nos mira y con piadosa
luz nos cierra los ojos.

Junto con “Hijos de la ira”, de su amigo Dámaso Alonso, también de ese año, constituye uno de los libros capitales de la corriente literaria que Alonso vino a bautizar como Poesía desarraigada, paralela al Tremendismo en la prosa, durante la Primera generación de posguerra.
En 1943, se difunde por México el rumor de que ha muerto, por lo que Emilio Prados le hizo la dedicatoria de su libro “Mínima muerte”, de 1944, como fallecido. Un joven poeta, Carlos Bousoño, redacta una famosa tesis doctoral sobre su obra, Aleixandre escribirá el prólogo del poemario de Bousoño, Primavera de la muerte (1946).
Ingresa como miembro de número en la Academia Española de la lengua. El 22 de enero de 1950 lee su discurso de ingreso en la Real Academia Española, que versa sobre el tema “Vida del poeta: el amor y la poesía”. Su amigo Dámaso Alonso leyó el discurso de contestación

 Vicente Aleixandre, en el centro, rodeado de varios académicos en su casa de Velintonia 3 celebrando la concesión del Nobel en 1977. (CIFRA GRÁFICA) DIARIO DE PONTEVEDRA

NO EXISTE EL HOMBRE


Sólo la luna sospecha la verdad.
Y es que el hombre no existe.
La luna tantea por los llanos, atraviesa los ríos,
penetra por los bosques.
Modela las aún tibias montañas.
Encuentra el calor de las ciudades erguidas.
Fragua una sombra, mata una oscura esquina,
inunda de fulgurantes rosas
el misterio de las cuevas donde no huele a nada.
La luna pasa, sabe, canta, avanza y avanza sin descanso.
Un mar no es un lecho donde el cuerpo de un hombre puede tenderse a solas.
Un mar no es un sudario para una muerte lúcida.
La luna sigue, cala, ahonda, raya las profundas arenas.
Mueve fantástica los verdes rumores aplacados.
Un cadáver en pie un instante se mece,
duda, ya avanza, verde queda inmóvil.
La luna miente sus brazos rotos,
su imponente mirada donde unos peces anidan.
Enciende las ciudades hundidas donde todavía se pueden oír
(qué dulces) las campanas vividas;
donde las ondas postreras aún repercuten sobre los pechos neutros,
sobre los pechos blandos que algún pulpo ha adorado.
Pero la luna es pura y seca siempre.
Sale de un mar que es una caja siempre,
que es un bloque con límites que nadie, nadie estrecha,
que no es una piedra sobre un monte irradiando.
Sale y persigue lo que fuera los huesos,
lo que fuera las venas de un hombre,
lo que fuera su sangre soñada, su melodiosa cárcel,
su cintura visible que a la vida divide,
o su cabeza ligera sobre un aire hacia oriente.
Pero el hombre no existe.
Nunca ha existido, nunca.
Pero el hombre no vive, como no vive el día.
Pero la luna inventa sus metales furiosos.

LA OSCURIDAD


No pretendas encontrar una solución. ¡Has mantenido
tanto tiempo abiertos los ojos!
Conocer, penetrar, indagar: una pasión que dura lo que
la vida.
Desde que el niño furioso abre los ojos. Desde que rompe
su primer juguete.
Desde que quiebra la cabeza de aquel muñeco y ve, mira
el inexplicable vapor que no ven los otros ojos
humanos.
Los que le regañan, los que dicen: «¿Ves? ¡Y te lo
acabábamos de regalar! … »
Y el niño no les oye porque está mirando, quizá está
oyendo el inexplicable sonido.
Después cuando muchacho, cuando joven.
El primer desengaño. El primer beso no correspondido.
Y luego de hombre, cuando ve sudores y penas, y tráfago,
y muchedumbre
Y con generoso corazón se siente arrastrado
y es una sola oleada con la multitud, con la de los que
van como él.
Porque todos ellos son uno, uno solo: él; como él es todos.
Una sola criatura viviente, padecida, de la que cada uno,
sin saberlo, es totalmente solidario.
Y luego, separado un instante, pero con la mano tentando
el extremo vivo donde se siente y hasta donde llega
el latir de las otras manos,
escribir aquello indagar esto, o estudiar en larga vigilia,
ahora con las primeras turbias gafas ante los ojos, ante
los cansados y esperanzados y dulces ojos que
siempre preguntan.
Y luego encenderse una luz. Es por la tarde. Ha caído
lentamente el sol y se dora el ocaso.
Y hay unos salpicados cabellos blancos, y la lenta
cabeza suave se inclina sobre una página.
Y la noche ha llegado. Es la noche larga.
Acéptala. Acéptala blandamente. Es la hora del sueño.
Tiéndete lentamente y déjate lentamente dormir.
Oh, sí. Todo está oscuro y no sabes. Pero ¿qué importa?
Nunca has sabido, ni has podido saber.
Pero ya has cerrado blandamente los ojos
y ahora como aquel niño,
como el niño que ya no puede romper el juguete,
está tendido en la oscuridad y sientes la suave mano
quietísima,
la grande y sedosa mano que cierra tus cansados ojos
vividos,
y tú aceptas la oscuridad y compasivamente te rindes.

En 1963, año en que recibió el Premio de la crítica, encabezó la firma de una carta al ministro franquista Manuel Fraga Iribarne solicitando una investigación sobre las agresiones y torturas a mineros asturianos y a sus esposas durante la Huelga de 1962. La misiva estuvo firmada por 120 intelectuales españoles. El ministro Fraga Iribarne publicó en respuesta una “carta abierta” a uno de los firmantes (el poeta José Bergamín), negando los hechos.
Los poetas de la posguerra, atraídos por su figura, frecuentaron su casa: Jaime Gil de Biedma, Francisco Brines, Carlos Bousoño, José Luis Cano, José Hierro, Francisco Nieva, el grupo Cántico (sobre todo Ricardo Molina) y los Novísimos, en especial Luis Antonio de Villena y Vicente Molina Foix.
Desde 1973 venía siendo uno de los candidatos más destacados por la Academia Sueca para recibir el premio Nobel. El 6 de octubre de 1977 la Academia Sueca le concede el Premio Nobel de Literatura “por una obra de creación poética innovadora que ilustra la condición del hombre en el cosmos y en nuestra sociedad actual, a la par que representa la gran renovación, en la época de entreguerras, de las tradiciones de la poesía española”.
Hospitalizado de urgencia el 10 de diciembre de 1984, en la Clínica Santa Elena, con hemorragia intestinal, muere en la noche del 13 de diciembre. Es enterrado en el panteón familiar del Cementerio de la Almudena de Madrid el sábado 15 de diciembre de 1984.
Vicente Aleixandre definió la figura del poeta como “una conciencia puesta en pie, hasta el fin”.
En la revista Las 2001 Noches número 18 en septiembre del año 1998 se realiza un homenaje al poeta que le invitamos a leer en www.las2001noches.com

CRUZ GONZÁLEZ

Cruz González firmando ejemplares de sus libros en la caseta de Grupo Cero en la feria del libro de Madrid.


Cruz González nace en Madrid en 1959. Se forma en la Escuela de Psicoanálisis y Poesía Grupo Cero. Responsable de la Página de Poesía de la Escuela de Poesía Grupo Cero desde 2001.
Secretaria de Dirección de la revista Las 2001 noches
Encargada de preparar la publicación virtual Indio Gris
Co-directora de la revista del Corredor del Henares Salud es Poesía-Poesía es Salud.
Canta poemas de Miguel Oscar Menassa
Ha participado como actriz de la Productora cinematográfica Grupo Cero desde sus inicios en cortometrajes y en los largometrajes ¿Infidelidad?,Mi única familia, En defensa propia y El medicamento bajo la dirección de Miguel Oscar Menassa. En la película La invitación del presidente de dicho director trabajo en la dirección de actores.
Participa a los programas de Televisión Grupo Cero RT Poetas despiertos en acción y Poesía más poesía.
Ha publicado Letras de fuego – 1998 / A golpe de lluvia -2002 en colaboración /Cortina de humo – 2003 Tercer premio (ex aequo) de poesía de la Asociación Pablo Menassa de Lucia en su 4ª convocatoria. Mansedumbre de la piel – 2015.

A TI «TORO SENTADO»


«…Ninguno de nosotros lloró,
porque llorar,
no conocía el corazón del indio…»
Miguel Oscar Menasssa
Salí muy de mañana, el rostro fijo en la montaña
las manos dibujaban un mundo enloquecido
pequeñas palabras sobre los árboles.
La piel era de tierra, los pasos de gigante
nadie quedó, nadie gritaba el dolor de aquel pueblo.
El ritmo frenético del tambor,
ahogaba la muerte hasta casi nombrarla.
Llovía aquella tarde sobre el indio, sobre la arena del desierto
sobre los campos arrasados por el blanco americano.
Dijeron que lloraba por los muertos de la guerra
dijeron que su cuerpo temblaba por el miedo
dijeron tantas cosas de aquel indio, tantas cosas le hicieron
La herida de un pueblo maltratado, palabras que morían entre labios
dejaron sobre la montaña un nombre dibujado.
Moriré, lo sé, tras aquel valle enterraréis mis huesos
mas la sangre derramada en estas letras recorrerá los siglos
el tiempo de los hombres, voz de papel, como un cuchillo.

(De Letras de fuego)

LETRAS


Entre unas manos que dibujan una ciudad naciendo
Y unas manos que dan vida a cierta clase de dolor
Mi voz se va formando al ritmo de tus letras.

El poeta disiente de un orden que no le pertenece,
Pasea por la ciudad como cualquier ciudadano
Pasea por la ciudad y, sin embargo, el poeta disiente.

Los jóvenes saludan internet y dejan que el dolor
Dibuje en sus rostros un aire de indiferencia.
También entre los jóvenes existe la guerra.

No son bombas cayendo sobre casas
Llenas de muebles y espejos, son libros
Desapareciendo de las manos de los niños,
De las manos de los jóvenes, desapareciendo
De las manos de aquellos que aprendieron
La dura tarea de la supervivencia.

Estas letras son mil letras desaparecidas
Letras rotas en gargantas sin escrúpulos,
Letras que se duelen de querer ser letra.

(De Cortina de humo)

UNA MUJER


Pluma de gavilán errante
o herido pájaro en la noche.

Elementos aislados de la historia
o el alma que yace sobre la tierra muerta.

No veo más allá de las sombras,
ni siquiera escucho mi corazón
recitando antiguas maldiciones.

Soy esa mujer que no se nombra
sino entre las letras
una palabra y sus silencios,
certera puntuación en la mirada.

(De Cortina de fuego)
Cruz junto al poeta Miguel Oscar Menassa.

UNA VIDA POSIBLE


Acordamos
un tiempo para el amor
y un tiempo para la guerra.

La guerra es el futuro,
palabras que transforman
el tiempo del amor.

Yo había aprendido:
de tus manos, la palabra.
de tu piel, los imprecisos
pliegues del destino.

Caminaba a tu lado
como si mi vida fuese
caminar a tu lado.

Escribir mil historias,
y nombré
cada letra escrita.

Grabadas
quedaron, en mi piel,
tus palabras.

(De La ciudad desnuda)

TIEMPOS POR VENIR

Caminan por la arena
tronchada por los años
sombras de árboles
que nos vieron nacer.

Campo a través
el océano se pierde
en países extranjeros.

Sentada en el verano
escribo mi nombre
entre otros nombres.

Bordo
con manos artesanas,
tiempos por venir.

(De La Ciudad desnuda)

¿QUÉ HACER?

¿Qué hacer con esos cuerpos y esas manos
que encandiladas por el amor, se desperezan?

Quizá esté la guerra con sus soldados
a punto de atravesar fronteras.
Tal vez la muerte asome al asfalto
de un día cualquiera, sin mañana.

El futuro se abre ante nosotros
y un tiempo se desliza
entre tanta batalla,
construyendo nuevas palabras.

Libertad encadenada
que, rozando la piel,
dibuja su contorno.

Hambre desesperada
dolor hecho palabras
historia donde el hombre
es esa letra que canta,
desesperada, un amor.

(De La ciudad desnuda)

EL VENDEDOR DE FRUTAS Y PÁJAROS


Verso de Germán Pardo García

Parece Prévert con sus juegos de letras
y la alegría de tanto movimiento.

No viene de Francia sino de Colombia.
viaja con su cesto de flores,
frutas de estación y pájaros
de países exóticos.

Le acompaña un cuadro de Gauguin
y un poema de González Tuñon
que habla de la isla de Papeete,
ésa donde el pintor escribió sus libros.

Desea por sobre todas las cosas
de este mundo y del otro,
que no sabe si existe
pero igual desea por sobre todo,
viajar.

No le importa el sol sobre su rostro
cuando sonríe a las muchachas que pasan
moviendo sus caderas al ritmo de su cantinela,
o cuando llega al mercado y los chiquillos
jalean su entrada con gritos de bienvenida
y carreras de acá para allá.

No está mucho tiempo en cada ciudad.
conversa con cada habitante
hasta que uno u otro le compra
algunas flores para el balcón
-que bien pudiera ser el del poema-
le dice a quien acaba pagando un poco más
para llevar una o dos flores y un pájaro.

Lee cada noche y al atardecer,
sentado sobre alguna piedra del camino,
saca de su bolsillo izquierdo una quena
y la hace sonar.

Antes de dormir escribe algún poema,
no vaya a ser que los tiempos cambien
y alguien que él no conoce, lo encuentre
y le pida que lo lea.

Cada noche, después de escribir, lee en voz alta,
tan alta que hasta podrían escuchar las estrellas.
Y mira las flores y los pájaros y escucha
una gran ovación que alegra su corazón
y duerme hasta la mañana.

(De Mansedumbre de la piel)
Cantando canciones de Miguel Oscar Menassa.

ALÉJATE DE MÍ, POESÍA, QUIERO VIVIR

Cada vez, se vuelve del revés y grita no poder más,
llora el llanto de los incondicionales del cielo
y cae sobre la noche con su cuerpo de nada y de olvido.

Vuelve sumisa,
sonríe como si la noche no hubiese acontecido y barre,
una y otra vez, virutas de tiempo que llegan,
implacables, sobre su piel.

Quiero vivir, poesía, aléjate de mí.
y ella sonríe y espera tranquila
el próximo encuentro.

Planto un árbol y luego otro
construyo una casa y luego una ciudad,
fabrico coches que parecen cohetes espaciales
por la intensidad con la que realizan cada maniobra;
me diluyo en lluvia ácida y desaparezco.

Cuando abro los ojos, ella nace como si nada
hubiese acontecido y pone una lavadora
o tiende la ropa que quedó mojada sobre el sillón.

Me siento en una silla con un parche azul
en una de sus patas y me acuerdo de un poema
o de un cuadro y mis manos se deslizan
sobre el teclado negro y dirigen la orquesta
que ya se puso en marcha y no puede para.

Dejo que la alegría
tienda sobre mi piel
restos de tiempo;
me olvido del mundo
y escribo un mundo que nace
cuando llego al final.

(De Mansedumbre de la piel)

Se recomienda ver el programa de televisión Poesía más Poesía con la presencia del poeta Miguel Oscar Menassa y director del programa.

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