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BIOGRAFÍA DE JOSE AGUSTÍN GOYTISOLO
El poeta José Agustín Goytisolo nació en Barcelona, el 13 de abril de 1928, en el seno de una familia acomodada de origen vasco. Hermano mayor de los novelistas Luis Goytisolo y Juan Goytisolo, destacó especialmente como poeta, aunque también llevó a cabo una importante labor como traductor, además de escribir artículos sobre literatura y unos pocos cuentos.
Su padre era un ingeniero químico que casó con una joven de la buena sociedad, Julia Gay que pertenecía a la burguesía barcelonesa.

Antes de la guerra el padre, José María, ejercía su carrera de químico y la madre, Julia, cuidaba de Marta, Pepito, Juan y Luis. Durante la primera infancia de Pepito, José Agustín, su padre le hizo sentir como un intruso porque no podía olvidar a su hijo Antonio que había muerto.
El drama familiar se produjo en 1938 cuando la madre —Julia Gay— falleció víctima de un bombardeo fascista durante la Guerra Civil. La pérdida de la madre marcó la existencia de los hijos, que se educaron en el colegio de los jesuitas de Sarriá y, posteriormente, en los Hermanos de las Escuelas Cristianas.
Ese pequeño reino afortunado que había sido su casa, se fue disolviendo cuando llegó la Guerra Civil: el padre en la cárcel, luego muy enfermo y la terrible desgracia de la muerte de la madre, en un bombardeo. Cuatro niños desolados, desorientados y el padre en la cama y con una fuerte depresión.
Cuenta Goytizolo: «Mi madre murió el 17 de marzo de 1938, en el Paseo de Gracia, en un bombardeo de la aviación italiana, creo… Los aviones venían desde Palma de Mallorca, entraban por Sitges, daban la vuelta a la Sierra de Collcerola y descrestaban el Tibidabo. Lo hacían así para evitar el fuego de la artillería antiaérea republicana, que estaba en Montjuic, y que no podía disparar cuando los aviones estaban encima de Barcelona, pues sus disparos dañarían aún más a la ciudad. Entonces, los aviones fascistas se tiraban en picado, y todas las calles de sentido norte-sur eran ametralladas o bombardeadas. Mi madre murió a causa de una bomba. Parece ser que por la onda de la explosión y no por la metralla. Hay quien me dijo que entró caminando en la portería del número 17 del Paseo de Gracia, una casa que ya no existe. Había ido a Barcelona para comprar cosas para mi padre y para mí, porque el 19 de marzo era nuestro santo».

José Agustín acusó mucho la pérdida de la madre, de su defensora, la tuvo presente toda la vida en su poesía y siguió buscando siempre la aquiescencia de su padre, o de un buen jefe, a quien ofrecer su trabajo; pero no lo consiguió.
En otoño de 1946, José Agustín ingresó en la Universidad de Barcelona para cursar estudios de Derecho. Allí conoció a otros alumnos que, con el tiempo, fueron sus amigos y compañeros de generación: Carlos Barral, Alfonso Costafreda, Jaime Gil de Biedma. Durante el servicio militar en Menorca, José Agustín escribió El retorno (1954), un poemario conmovedor en recuerdo de la madre muerta.
Su ciudad natal, capital de Cataluña, fue testigo de profundas transformaciones a lo largo del siglo XX, tanto a nivel social como cultural. En los años 20 y 30, Barcelona era un hervidero de ideas republicanas y de movimientos de vanguardia, mientras que la Guerra Civil Española (1936-1939) dejó una huella imborrable en la memoria colectiva de la ciudad. Esta guerra civil no solo dividió a las familias, sino que también afectó profundamente la identidad cultural y política de España.
El régimen franquista, que se instauró tras la victoria de los nacionales en 1939, significó el fin de la Segunda República y una larga dictadura que restringió las libertades políticas, sociales y culturales en todo el país.

En este contexto, Barcelona, pese a ser una ciudad con una fuerte identidad catalana, vivió bajo una represión de la lengua y las costumbres locales, al mismo tiempo que se convertía en un refugio para intelectuales y artistas que se oponían al franquismo. Así, la Barcelona de mediados del siglo XX fue el epicentro de una lucha cultural, en la que Goytisolo, en particular, jugaría un papel destacado como poeta y escritor.
La posguerra española, especialmente durante las décadas de 1940 y 1950, fue una etapa de gran represión. España vivió aislada internacionalmente, mientras el franquismo mantenía su régimen autoritario. La censura limitaba la expresión artística y literaria, y los escritores se vieron obligados a navegar en un entorno de gran incertidumbre. Sin embargo, fue también un periodo de efervescencia cultural para aquellos que se enfrentaban al régimen a través de la poesía y la literatura, y la llamada “Generación de los 50” emergió como una respuesta a las restricciones de la época.
El contexto social y político de la España franquista fue clave en el desarrollo de la obra de Goytisolo. Si bien su poesía comenzó influenciada por los valores de la Generación del 27, su paso por el grupo de los poetas de los 50 lo llevó a una mayor introspección, en busca de una poesía más personal y alejada de la denuncia explícita de la opresión. A lo largo de los años, su evolución poética se vio marcada tanto por la crítica social como por una profunda reflexión sobre el lenguaje y la forma.

Dice Asun Carandell, su esposa con la que se casa a su regreso a Barcelona para terminar sus estudios:
“Nos conocimos cuando él tenía 16 años y yo 13, en una procesión de Corpus Cristi del colegio de los Hermanos de la Salle, en Barcelona. Él iba andando con una vela encendida al lado de mi hermano; al pasar por donde yo estaba le dijo «Mira, Luis, que niña tan mona» y mi hermano le contestó «Es mi hermana, es tonta» –.
Ellos dos ya habían congeniado: se escabullían de lo que no les gustaba, reconocían a los buenos profesores, leían apasionadamente el Quijote y se escribían cartas imitándolo. Goyti, así le llamábamos, iba mucho a jugar a fútbol en el patio de mi casa. Yo, cuando venían los chicos, me metía en mi cuarto, a no ser que estuviera con la profesora de piano o de alemán. José Agustín siempre me miraba o bajaba la cabeza cuando yo aparecía. Los domingos ensayábamos alguna obra de teatro, dirigidos por mi madre, en un escenario que había en casa que tenía hasta una máquina de simular un vendaval.
Luego la Universidad: Derecho, Profesorado Mercantil, y casi Ciencias Políticas. Todo empezado en Barcelona y terminado en Madrid en donde tuvo muchos amigos españoles y latinoamericanos, que luego fueron escritores, políticos, profesionales, y que también residían en el Colegio Mayor Nuestra Señora de Guadalupe.
En Barcelona ya había conectado con Carlos Barral, Jaime Gil de Biedma y otros. Conocí al grupo de Barcelona cuando empecé a salir con José Agustín, al poco de que él llegara de Mahón, de las milicias universitarias. Los sábados iba a verme a Reus en un Renault 4/4 que le había tocado al darse de alta en el Colegio de Abogados, y para el que a veces, no teníamos dinero para gasolina. Durante la semana trabajaba en una empresa constructora. En mi casa nos leyó un día el manuscrito de El retorno, a mi hermano José María y a mí.
Nos casamos en septiembre de 1955 y fuimos a vivir a la calle Balmes 349, a un piso minúsculo en el que había diseñado hasta los muebles, que aún conservamos. Allí escribió Salmos al Viento, casi todo en la cama. El 20 de julio nació nuestra única hija, Julia, y se llamó así por su abuela; por ser ese uno de los nombres de Barcelona; por nacer en julio y por venir de cesárea, como Julio César.
José Agustín dejó el trabajo y montó, con un lampista y un electricista, una pequeña empresa de instalación de agua gas y electricidad, en edificios en construcción. Era en 1956 pero inscribió en el Seguro obligatorio a los pocos operarios que tenían, a pesar de que entonces casi nadie lo hacía.
Luego pasó a una editorial, con José María Castellet, y por fin a un taller de arquitectura y urbanismo. Cuando dejó este último trabajo se ocupó de una urbanización, de reconstruir casas de pueblo y de arreglar algún piso familiar. Además, viajaba bastante a Italia, a Hispanoamérica y a la Unión Soviética, dando lecturas, como miembro de algún jurado o invitado por alguna universidad. Esther Tusquets, en Lumen, le publicaba cada nuevo libro.

Escribir poesía fue siempre lo que más le interesó. Le ocupaba poco tiempo, pero estaba siempre en su pensamiento y cualquier experiencia vital o social era incorporada a su obra.
Traducir del italiano, y muy especialmente del catalán, fue un trabajo minucioso que quiso emprender, convencido de la gran importancia de la poesía de estos dos países. En el caso del catalán su preocupación era cómo divulgar por Hispanoamérica libros y nombres de los poetas catalanes conocidos y admirados por él.
José Agustín fue un líder clarividente, pero poco diplomático. Veía las cosas antes que nadie y eso le acarreaba problemas. No podía ser político porque le desesperaba la lentitud con que se resolvían los asuntos al tener que negociar, o dar un exceso de explicaciones, cuando él creía que eran de necesidad perentoria. Tampoco entendía qué algo conveniente tuviera que estar detenido por culpa de unos pasos burocráticos. Él era muy operativo y de una gran imaginación dirigida a un objetivo, pero a veces entraba en ciertos ambientes como un caballo en una cristalería.
Los intereses de José Agustín fueron cambiando con la llegada de la democracia. Hubo que matizar mucho más, llegaron nuevas ideas algunas de las cuales él ya había anunciado. Defendió las lenguas minoritarias como un tesoro amenazado por lenguas más dominantes, y no por ello menos valiosas. Defendió la independencia de ideas y costumbres de las mujeres, porque consideraba que la parte femenina de la humanidad era la salvación de ésta. Apoyó el despegue de pueblos o sociedades pequeñas, olvidadas o débiles; los proyectos progresistas.”

Con respecto a la creación Goytisolo afirma que “el fenómeno de la creación literaria no puede entenderse si se considera aislado de su función social, aunque los aspectos más identificadores del social-realismo no son suficientes para justificar la obra de un escritor” (citado en Provencio, 1988).
Y es que para este autor no se deben confundir los buenos sentimientos con la buena lírica (Goytisolo, 1977). A Goytisolo no le gustaba la imagen de poeta del pueblo y luchaba contra ella; defendiendo que la escritura no tiene una misión exclusivamente social, también, o quizá, sobre todo, cumple una función personal, que acaba por adquirir una dimensión universal. A este respecto, vuelven a ser reveladoras las palabras del autor: “escribir me ha ayudado a vivir, a estar alegre entre tanto desastre y tanta miseria moral y real, entre tanta mediocridad y cobardía” (citado en Provencio, 1988).
José Agustín era, como decía Paco Ibáñez, triste para él y alegre para los demás, nos enseñó muchas cosas con y sin palabras y dejó, a quien quisiera seguirla, la llama ardiendo de su poesía.
En sus primeros escritos, se vio influenciado por los poetas de la Generación del 27, como Federico García Lorca y Rafael Alberti, pero también por la corriente existencialista y la poesía social que definió a la generación anterior. A través de obras como El retorno (1955), Goytisolo comenzó a explorar la lucha interna entre la necesidad de expresar la angustia social y su afán por lograr una estética propia.
Este proceso de búsqueda, propio de los poetas de su generación, se caracterizó por un intento de superar la poesía social en favor de una mayor complejidad formal y temática, sin renunciar a la crítica hacia la realidad que los rodeaba. En sus primeros poemas, las referencias a la guerra civil y a la represión social eran claras, pero ya comenzaba a vislumbrarse en su obra una mayor introspección y una reflexión sobre el lenguaje mismo, más que sobre las temáticas externas.
La llegada de Goytisolo al panorama literario fue simultánea con la aparición de la llamada “Generación de los 50”, un grupo de poetas que, si bien en sus primeros momentos se alinearon con la poesía social, pronto comenzaron a distanciarse de la denuncia directa para explorar nuevas formas de expresión. La influencia de este grupo fue decisiva para Goytisolo, ya que con ellos compartió tanto el compromiso con la realidad social de la época como la búsqueda de una poética más libre y experimental. En la “Generación del 50” tenemos a Ángel González, Pepe Caballero Bonald, Jaime Gil de Biedma, José Ángel Valente, Antonio Gamoneda–, poetas hijos de la guerra que unieron la reivindicación social con una nueva lírica y reflexiones sobre el lenguaje.

En la segunda fila, de izquierda a derecha: Blas de Otero, José Agustín Goytisolo, Ángel González, José Ángel Valente y Alfredo Castellón.
Goytisolo se consolidó como una de las figuras más relevantes de este grupo, no solo por su calidad poética, sino también por su constante evolución, que lo llevaría a una lírica más profunda y personal. Su obra se convirtió en un testimonio de los cambios que vivió la sociedad española a lo largo de las décadas posteriores a la Guerra Civil, y de las transformaciones de la poesía misma.
Entre los poetas de esta generación es el más querido y popular. A él se han dedicado numerosos homenajes y sin duda quien mejor ha contribuido a su difusión o al menos de manera más especial fue el cantante Paco Ibáñez, con quien musicalizó con notable éxito algunos de los poemas de José Agustín Goytisolo, de quien era amigo.
Jamás militó en ningún partido, pero destacó siempre su participación en actos de rebeldía contra el régimen franquista. Mantuvo inalterable su compromiso ideológico y ético frente al franquismo, «los años impuros», como él denominaba este periodo en los que hizo, según sus palabras, poesía política o civil y no poesía social. Consideraba que el intelectual tenía que mantener siempre una postura crítica ante el poder ya que “La dictadura era mala, pero la democracia también puede serlo”.
Leían mucho, se interesaban por la poesía y eran conscientes de las injusticias que el régimen franquista seguía cometiendo: penas de muerte, palizas en las cárceles, represión, amenazas, hambre.
Ellos eran acusadores, pero no tenían nada de lo que hacerse perdonar, eran curiosos, alegres y provocadores. Durante toda su vida, José Agustín conectó a los escritores de Barcelona con los del resto de las ciudades de España y de Latinoamérica a la que visitaba. Relacionaba a los amigos siempre que tenía ocasión, recomendaba publicar libros, apoyaba propuestas que le convencían. Tenía algunos proyectos que no llegó a realizar.

La obra poética de José Agustín, en títulos como El retorno (premio Adonais de Poesía 1954), Final de un adiós (1984), el volumen recopilatorio Elegías a Julia Gay (1993), y el que tal vez sea su poema más célebre, «Palabras para Julia», en el que vincula a las dos mujeres más importantes de su vida, su madre y su hija, y de Salmos al viento (Premio Boscán) entre otros.
Asimismo, destacó en su faceta de traductor de poetas italianos (Cesare Pavese, Pier Paolo Pasolini) y catalanes (Salvador Espriu, Pere Quart), de quienes hizo un riguroso y excelente trabajo divulgativo que cuajó en una antología de poetas catalanes contemporáneos a la que seguiría un trabajo similar sobre la poesía cubana de la revolución.
En el último tramo de su vida José Agustín Goytisolo desarrolló una fructífera colaboración con la prensa escrita.
José Agustín Goytisolo falleció el 19 de marzo de 1999 al precipitarse por la ventana de su domicilio de Barcelona. Eran las 4 de la tarde de un triste viernes. «Al chocar contra el mármol / de tu terrible ausencia / te amo mujer de muerte».

SELECCIÓN DE POEMAS DE JOSÉ JOAQUÍN GOYTISOLO
«SU CASA SOSEGADA»
El deseo convoca perdición.
Eso bien lo sabía
aunque ahora tiene ganas de perderse.
Imaginaba que era la muchacha
que reía en el parque
jugando al que te pillo que te mato.
¿Había mayor modo de desvío
que incitar a un extraño
del que tan sólo el nombre conocía?
Entraron en un bar: es un momento;
y se va hacia el teléfono
en ansia y en temores confundida.
Cuando volvió traía nueva luz
en el rostro. La amada
dejaba ya su casa sosegada.
De: La noche le es propicia, 1992 Recogido en José Agustín Goytisolo – Obra completa
«LA VOZ»
El puso una mano sobre
tu espalda fría.
¿Quién pregunta
por ti desde tan lejos?
¿Quién
sientes a tu lado en la arena
mientras la voz te habla?
Escuchas
la honda respiración del mar;
juntas palabras que conoces
al rumor de las olas cuando
rompen sobre la playa.
No hay
a tu lado nadie y estás
envuelta en esa voz que llega
para decirte cosas simples:
que se acuerda de tus rodillas
y de tus ojos asombrados
de tu cuerpo bajo la ducha
de tu goce y de tus temblores.
¿No hay a tu lado nadie?
Escucha
la honda respiración del mar
ya dentro de tu sangre.
Escucha
y volverá el escalofrío.
De: El rey mendigo, 1988 Recogido en José Agustín Goytisolo – Obra completa
ELLA TAMBIÉN ERA SU BOCA»
Medio envuelta en una toalla
con los labios aún temblorosos
y la mirada confundida
por los momentos que vivió
recordaba a la adolescente
que quería entender su cuerpo.
¡Cuánto tiempo para saber
que ella también era su boca
y sus rodillas y su fiebre
y sus dedos desesperados!
Ahora roza la piel que ama
y que responde a su caricia:
es la piel que la ha conducido
de las tinieblas al fulgor.
De: La noche le es propicia, 1992 Recogido en José Agustín Goytisolo – Obra completa
OJOS COMO DE NIEBLA
Eran días crueles
con golpes de febrero en el postigo
y frío al respirar.
¡Agudos
son sus dardos ah doctor!
Giraba un tiempo
sin compasión y sin memoria
en su cabeza en blanco: las pastillas
una inyección que duerme y una goma
metida entre los dientes. Luego
las sacudidas del electrochoque.
Todo por no tomar algunas decisiones
en las que pensó siempre: cierta cuerda
y al aire; o el cañón pavonado
en la boca; o bien salirse
en una curva del acantilado.
El sobraba ¡gran dios! pero tenía
cosas que hacer y nadie reparó
en sus ojos como de niebla
en su chaqueta vacilante
o en un silencio que pedía ayuda.
Los días más crueles
dejaron de asediarle y él sanó
y regresó a la casa con su gente
y olvidó lo vivido.
Luego
pasaron muchos años y al final
el enfermo y los suyos
—con memoria o sin ella—
murieron todos de su propia muerte.
De: «El rey mendigo – Segunda parte» – 1988. Recogido en «José Agustín Goytisolo – Obra completa»
AMAPOLA ÚNICA
Por la ira fui un niño sin sonrisa
un hombre derrotado.
Cuando pude
me acerqué hasta el refugio de los míos
me armé de orgullo y además
de odio hacia las banderas de aquel crimen
de asco a sus uniformes y a sus cantos
de falso paso alegre de la paz
pues la paz me la habían quitado
cuando yo la tenía
y era más hermosa
que una amapola única en medio de un trigal
o de un desierto.
Y no quise callarme
ni dejarlos tranquilos con su fúnebre paz
pues ya mi sitio
estaba en otro lado
enfrente enfrente con los compañeros
terribles y obstinados.
De «Final de un adiós» – 1984 Recogido en «José Agustín Goytisolo – Obra completa»
A LADO DE LOS VIVOS
Porque da miedo resbalar
porque aterra caer por la pendiente
como una sucia gota
los maestros dijeron:
Cerrad cerrad las puertas. Apartad
esa muerte.
Y al lado de los vivos
vuestra ciudad de muertos levantó su muralla.
De: «El retorno» III – (1956-1986) Recogido en «José Agustín Goytisolo – Obra completa»
POR LOS BASTARDOS
Por los bastardos
por los sucios criados de la muerte
por lo altivos adoradores del dios de las batallas
por los melancólicos por los hijos del hipo
por los engendrados en una noche de tentación
por los caritativos de las últimas migas
por los dulcísimos usureros de la verdad
por los embaucadores por los infinitos rastreros
por los cuerdos de la antigua locura
por los humildes por los mezquinos
por los ciegos
por todos los malnacidos de la tierra
estás sólo presente en mi recuerdo.
De El retorno – 1956-1986 Recogido en José Agustín Goytisolo – Obra completa
TESTIMONIO
Quiero dejar por escrito
lo que pasa.
Voy al balcón: asomo
la cabeza.
Veo crespones; lanzas
que rodean
el ataúd que encierra
la alegría.
Suena un clarín y se alza
la bandera.
Se oye una vocecita
ridícula.
Después un gran silencio:
sólo un niño
llora. Son las exequias
de la libertad.
De «Claridad» – IV «La puta vida» – 1961-1998 Recogido en «José Agustín Goytisolo – Obra completa»
PIENSA EN TI
No digas nada Lesbia
y piensa solo en ti.
Deja tu cuerpo suelto
igual que en abandono
en medio de este mar
que ahora mismo te envuelve
bajo no sé qué vientos
de frescor y dulzura
que tu piel acarician
entre un olor a sal
más antiguo que el mundo.
Pero no digas nada:
piensa en ti y solo ansía
como yo unos instantes
de silencio y de amor.
De: «El rey mendigo», 1988 Recogido en «José Agustín Goytisolo – Obra completa»
A las compañeras y compañeros con los que compartí el hospedaje que nos brindaron los Capuchinos de Sarriá durante tres hermosos días de marzo de 1966, fundando el Sindicato Democrático de Estudiantes de Barcelona.
Amigos ya lo veis pasan los años
y parece que ahora
sigan las cosas como el primer día.
Nos hemos reunido ciertas veces
en extraños cafés
en tu casa en la mía
hemos charlado largamente
redactado los pasquines hasta el alba
discutido el problema
y siempre nos decimos que esto acaba
que no puede durar
y muchos hemos apostado cenas no sé dinero
a que antes de fin de año algo sucede
y siempre hemos perdido.
Así sin darnos cuenta
entre reunión y papeleo oscuro
entre miedo y registros y porfía
hemos envejecido poco a poco
pasando de la calle a la oficina
del calabozo al fútbol
y de la espera a la melancolía.
Y sin embargo os digo que tenemos razón
y que vale la pena continuar
porque algo está ocurriendo
algo ha cambiado en este espeso ambiente:
ellos están cansados
también están cansados
gritan y cantan para no admitirlo
más sus camisas mudan de color
y duermen mal
y toman pastillitas
ponen dinero en Berna o en Manila
y no saben no saben que el peligro
está cerca muy cerca
no en Cuba ni en Angola
sino en su casa en medio de sus hijos
en sus despachos y hasta en las iglesias
porque el mundo camina
con el paso implacable de hombres como vosotros
que creen en la vida y que por eso
mueven el mundo sin pegar un tiro
mientras sea posible
o bien pegándolo.
De: Algo sucede IV (1968-1996) Recogido en José Agustín Goytisolo – Obra completa
ASI SON
Su profesión se sabe es muy antigua
y ha perdurado hasta ahora sin variar
a través de los siglos y civilizaciones.
No conocen vergüenza ni reposo
se emperran en su oficio a pesar de las críticas
unas veces cantando
otras sufriendo el odio y la persecución
mas casi siempre bajo tolerancia.
Platón no les dio sitio en su República.
Creen en el amor
a pesar de sus muchas corrupciones y vicios
suelen mitificar bastante la niñez
y poseen medallones o retratos
que miran en silencio cuando se ponen tristes.
Ah curiosas personas que en ocasiones yacen
en lechos lujosísimos y enormes
pero que no desdeñan revolcarse
en los sucios jergones de la concupiscencia
sólo por un capricho.
Le piden a la vida más de lo que ésta ofrece.
Difícilmente llegan a reunir dinero
la previsión no es su característica
y se van marchitando poco a poco
de un modo algo ridículo
si antes no les dan muerte por quién sabe qué cosas.
Así son pues los poetas
las viejas prostitutas de la Historia
POR SI TODO VUELVE A COMENZAR
Quiero decirlo ahora
porque sino después las cosas se complican.
Soy peor todavía de lo que muchos creen.
Me gusta justamente el plato que otro come
aburro una tras otra mis camisas
me encantan los entierros y odio los recitales
duermo como una bestia
deseo que los muebles estén más de mil años en el mismo lugar
y aunque a escondidas uso tu cepillo de dientes
no quiero que te peines con mi peine
soy fuerte como un roble
pero me ando muriendo a cada rato
comprendo las cuestiones más difíciles
y no sé resolver lo que en verdad me importa.
Así puedo seguir hasta morirme
ya ves soy lo que llaman
el clásico maniaco depresivo.
Te explico estas cuestiones
porque si todo vuelve a comenzar
no me hagas mucho caso, acuérdate.
(Barcelona)
HISTORIA CONOCIDA
Es una historia conocida, amigos,
todos la recordamos,
-viento del pueblo se perdió en el pueblo-
pero no ha terminado.
Hace tiempo hubo un hombre entre nosotros,
alegre, iluminado,
que amó y vivió, cantaba hasta en la muerte,
libre como los pájaros.
¡Qué bonito sería! Nace, escribe,
muere desamparado.
Se estudian sus poemas, se le cita,
y a otra cosa, muchachos.
Pero su nombre continúa, sigue,
como nosotros, esperando
el día en que este asunto, y otros muchos,
se den por terminado.
¡Qué bonito sería! Nace, escribe,
muere desamparado.
Y SALUDA A SU AUSENCIA
Noche de los amantes: la seducen
los momentos que vive. Ahora se mira,
acaricia su cuerpo muy despacio
mientras piensa por Dios que aún es hermosa.
Noche de los amantes; él se acerca,
la abraza por la espalda ante el espejo
y así enlazados van a la vidriera.
Puso la mano ahí: tacto y dulzura.
Noche de los amantes: ella observa
la ciudad ardiente y cree ver su casa
lejos entre otras muchas. Mueve un brazo
y saluda a su ausencia. Y se estremece
SUS HORAS SON ENGAÑO
Triste es el territorio de la ausencia.
Sus horas son engaño
desfiguran
ruidos olores y contornos
y en sus fronteras deben entenderse
las cosas al revés.
Así el sonido
del timbre de la entrada significa
que no vas a llegar
una luz olvidada
en el piso de arriba es símbolo de muerte
de vacío en tu estancia
rumor de pasos
cuentas que te fuiste
y el olor a violetas
declara el abandono del jardín.
Y en ese mundo ¿qué debí hacer yo
príncipe derrotado
rey mendigo
sino forzar mis ojos para que retuvieran
aquel inexpresable color miel
suave y cambiante de tus cabellos?
De "Final de un adiós"
TACTO Y AIRE FINO
Toda la noche comenzaba todo,
toda la noche amor.
Toda la noche claridad y vehemencia,
toda la noche amor.
Toda la noche llama contra llama,
toda la noche amor.
Toda la noche fiesta en el espejo,
toda la noche amor.
Toda la noche amándose a sí misma
toda la noche amor.
Toda la noche tacto y aire fino,
toda la noche amor.
SE OYEN LOS PÁJAROS
El alba. Se oyen los pájaros
como perdidos en la niebla;
el silencio sube sus cantos
a la penumbra de la estancia.
El percibe un temblor muy tenue
que estremece la piel que ama
dulce en su ensueño. Muy despacio
la va cubriendo con la sábana
por evitar que se desvele.
Pero unos brazos le envolvían
y se ciñeron a su cuerpo:
eternidad fue aquí lisura
miel y jazmín. Mucho más tarde
aún se oía el cantar los pájaros.
PALABRAS PARA JULIA
Tú no puedes volver atrás
porque la vida ya te empuja
como un aullido interminable.
Hija mía, es mejor vivir
con la alegría de los hombres,
que llorar ante el muro ciego.
Te sentirás acorralada,
te sentirás perdida o sola,
tal vez querrás no haber nacido.
Yo sé muy bien que te dirán
que la vida no tiene objeto,
que es un asunto desgraciado.
Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.
Un hombre sólo, una mujer
así, tomados de uno en uno,
son como polvo, no son nada.
Pero yo cuando te hablo a ti,
cuando te escribo estas palabras,
pienso también en otros hombres.
Tu destino está en los demás,
tu futuro es tu propia vida,
tu dignidad es la de todos.
Otros esperan que resistas,
que les ayude tu alegría,
tu canción entre sus canciones.
Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.
Nunca te entregues ni te apartes
junto al camino, nunca digas
no puedo más y aquí me quedo.
La vida es bella, tú verás
como a pesar de los pesares,
tendrás amor, tendrás amigos.
Por lo demás no hay elección
y este mundo tal como es
será todo tu patrimonio.
Perdóname, no sé decirte
nada más, pero tú comprende
que yo aún estoy en el camino.
Y siempre, siempre, acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.
NADIE ESTÁ SOLO
En este mismo instante
hay un hombre que sufre,
un hombre torturado
tan sólo por amar
la libertad. Ignoro
dónde vive, qué lengua
habla, de qué color
tiene la piel, cómo
se llama, pero
en este mismo instante,
cuando tus ojos leen
mi pequeño poema,
ese hombre existe, grita,
se puede oír su llanto
de animal acosado,
mientras muerde sus labios
para no denunciar
a los amigos. ¿Oyes?
Un hombre solo
grita maniatado, existe
en algún sitio. ¿He dicho solo?
¿No sientes, como yo,
el dolor de su cuerpo
repetido en el tuyo?
¿No te mana la sangre
bajo los golpes ciegos?
Nadie está solo. Ahora,
en este mismo instante,
también a ti y a mí
nos tienen maniatados.
LE OBLIGA A QUE LA MIRE
Es fruto agraz al paladar
y sedoso para los labios
que han conocido su contorno
y percibieron la afluencia.
Ella jugaba aquella noche
cautivada por la ternura
de una voz que a su decisión
sólo dijo: si tú lo quieres…
Ahora le obliga a que la mire,
para que vea lo que es suyo
y lo que luego ha de perder
cuando se aparte de sus ojos.
LA NOCHE LE ES PROPICIA
Todo fue muy sencillo:
ocurrió que las manos
que ella amaba,
tomaron por sorpresa
su piel y sus cabellos;
que la lengua
descubrió su deleite.
¡Ah! detener el tiempo!
Aunque la historia
tan sólo ha comenzado
y sepa que la noche
le es propicia,
teme que con el alba
continúe su sed
igual que siempre.
Ahora el amor la invade
una vez más. ¡Oh tú
que estás bebiendo!
Apiádate de ella,
su garganta está seca,
ni hablar puede.
Pero escucha su herido,
respira la agonía
de un éxtasis y el ruego:
¡no te vayas, no, no te vayas.
¡Quiero beber yo!
EL OFICIO DEL POETA
Contemplar las palabras
sobre el papel escritas,
medirlas, sopesar
su cuerpo en el conjunto
del poema, y después,
igual que un artesano,
separarse a mirar
cómo la luz emerge
de la sutil textura.
Así es el viejo oficio
del poeta, que comienza
en la idea, en el soplo
sobre el polvo infinito
de la memoria, sobre
la experiencia vivida,
la historia, los deseos,
las pasiones del hombre.
La materia del canto
nos lo ha ofrecido el pueblo
con su voz. Devolvamos
las palabras reunidas
a su auténtico dueño.
DONDE TÚ NO ESTUVIERAS
Dónde tú no estuvieras,
como en este recinto, cercada por la vida,
en cualquier paradero, conocido o distante,
leería tu nombre.
Aquí, cuando empezaste a vivir para el mármol,
cuando se abrió a la sombra tu cuerpo desgarrado,
pusieron una fecha: diecisiete de marzo. Y suspiraron
tranquilos, y rezaron por ti. Te concluyeron.
Alrededor de ti, de lo que fuiste,
en pozos similares, y en funestos estantes,
otros, sal o ceniza, te hacen imperceptible.
Lo miro todo, lo palpo todo:
hierros, urnas, altares,
una antigua vasija, retratos carcomidos por la lluvia,
citas sagradas, nombres,
anillos de latón, sucias coronas, horribles
poesías…
Quiero ser familiar con todo esto.
Pero tu nombre sigue aquí,
tu ausencia y tu recuerdo
siguen aquí.
¡Aquí!
donde tú no estarías,
si una hermosa mañana, con música de flores,
los dioses no te hubieran olvidado.
EL AIRE HUELE A HUMO
A Gabriel Celaya
¿Qué hará con la memoria
de esta noche tan clara
cuando todo termine?
¿Qué hacer si cae la sed
sabiendo que está lejos
la fuente en que bebía?
¿Qué hará de este deseo
de terminar mil veces
por volver a encontrarle?
¿Qué hacer cuando un mal aire
de tristeza la envuelva
igual que un maleficio?
¿Qué hará bajo el otoño
si el aire huele a humo
y a pólvora y a besos?
¿Qué hacer?¿Qué hará? Preguntas
a un azar que ya tiene
las suertes repartidas.
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