38 Poesía más Poesía: Leopoldo de Luis

LEOPOLDO DE LUÍS

BIOGRAFÍA

Leopoldo Urrutia de Luis, más conocido como Leopoldo de Luis, nació en Córdoba el 11 de mayo de 1918. Año en que finalizó la Primera Guerra Mundial. Este año 2018 se cumple el centenario de su nacimiento.

Su padre era Alejandro Urrutia, un abogado e intelectual del grupo modernista cordobés, poeta republicano y amigo entre otros de Julio Romero de Torres. Su madre era Vicenta Luis Cea. Leopoldo firmaba sus obras después de la Guerra como de Luis, por ser Urrutia un apellido no grato para los sublevados del bando vencedor.

Al año de su nacimiento su familia se trasladó a Valladolid donde vivió hasta los 17 años. Año en que se trasladó a Madrid a finalizar el Bachillerato en el Liceo Francés y donde se licenciará en pedagogía. Vivió en la sección de menores de la Residencia de estudiantes y trabajó en una compañía de seguros privada.

Se alistó en el bando Republicano durante la Guerra Civil y entabló amistad con Miguel Hernández y León Felipe, German Bleiberg, Rafael Múgica (después Gabriel Celaya), entre otros. Terminó la guerra como capitán del estado mayor del general Escobar, en el frente de Extremadura. En la posguerra, entre 1939 y 1942 pasó por la cautividad en la Plaza de toros de ciudad Real y en el penal de Ocaña y estuvo en los batallones de trabajadores del franquismo en el campo de Gibraltar. En 1942 fue liberado. Recuperó su trabajo en la compañía de seguros de la que más tarde sería director y en 1944 se casó con María Gómez Sierra.

Es considerado un importante representante de la poesía española de la postguerra. “La voz más grave de la posguerra” en palabras de Dámaso Santos. Su obra poética se alternó con el ensayo y la crítica literaria. Colaboró con su poesía y su importante actividad crítico literaria en la mayoría de las revistas poéticas de la época como Garcilaso, Espadaña, Ínsula, Poesía Española, Cántico de Córdoba, Armadans y la Revista de Occidente. Una gran parte de su obra está consignada como Poesía social, en palabras de Miguel Losada “renuncia a la luna de los poetas mientras exista un niño sin pan y sin sonrisa”. Entre sus trabajos destaca un importante estudio sobre la poesía social española contemporánea. Con respecto a la poesía social decía: “No es lo mismo la poesía social que la poesía política ni que la poesía cívica. La poesía social se siente preocupada e inquieta por unos hechos humanos y reales y además corregibles. Pero no es capaz de darle solución. La poesía política cree que tiene la solución.

Mantuvo una larga amistad de 40 años con Vicente Aleixandre. Del que escribió su biografía. También escribió la biografía de Antonio Machado. Y estudios críticos sobre Miguel Hernández, de cuya obra es considerado un experto, y de autores de la Generación del 98 y la Generación del 27 a los que reconocía parte de su formación estética e incluso moral.

Su primera obra fue “Alba del hijo” que se publicó en 1946. Antes había realizado colaboraciones con Nuestra Bandera de Alicante y la Hoja del lunes de Madrid, y publicó un pequeño libro en 1937 donde se recogían poemas suyos y de Miguel Hernández sobre la guerra. En 1938 publicó el libro Romances con su nombre real Leopoldo Urrutia. Pero su primer libro se considera Alba del hijo, que es el primero que publica con el apellido de su madre. Esta obra fue seguida por Huésped de un tiempo sombrío, Juego limpio, La luz a nuestro lado, Del terror y la miseria. Y así hasta 38 títulos.

Fue Premio Nacional de Literatura por su obra “Igual que guantes grises” en 1979, reeditada por Grupo Cero en 2001. Y Premio Nacional de las Letras españolas en 2003. En 1999 recibió tres premios: el Premio León Felipe, el Premio Internacional de Poesía Miguel Hernández, Comunidad de Valencia, por su obra, y su libro, Generación del 98, publicado por la Editorial Grupo Cero, fue galardonado con el Primer Premio de Poesía de la Asociación Pablo Menassa de Lucía.

Con el recibimiento de este premio el poeta declarará: “En mi dilatada vida literaria he recibido algunos premios, unos mayores, otros menores, pero todos igualmente honrosos para mí. Recuerdo que el primero fue allá por los años 50, y éste es ahora, 40 años más tarde, pero resulta curioso que entre ambos, aquél primero y éste de hoy, haya algunas semejanzas. El de los años 50 llevaba el nombre de un poeta, Pedro Salinas; éste de hoy lleva el nombre de otro poeta, Pablo Menassa. Aquél era un poeta maduro que moría a los 60 años, éste de hoy es un poeta joven que muere a los 20. Si el primero me ayudó con su ejemplo y con su fervor poético, el de hoy me ayuda también con su muerte trágica y, desde luego, con la melancolía que viene también a unirse al mismo fervor poético. Además, el primero, Pedro Salinas, llegó a mí desde un país hispanoamericano, México; el Premio Pablo Menassa me llega de una Institución que se encuentra también, en cierto modo, enraizada en otro país hispanoamericano, la Argentina. Con los poemas de los años 50, yo me unía a la tierra, al aire, a la luz, a todo eso que une al hombre con la naturaleza; con los poemas de ahora, yo me siento solidario con mi tierra española en una de sus crisis públicas, y tanto políticas cuanto espirituales”.

Cabe mencionar un cuadernillo con una serie de poemas que Leopoldo de Luis escribió a colación de la muerte de su esposa y que recopiló y editó la Editorial Grupo Cero.

También recibió otros premios: En 2004 fue nombrado hijo predilecto de Andalucía. Medalla de Oro de Bellas Artes y de la Ciudad de Córdoba.

Leopoldo de Luis era un poeta muy culto, preocupado por los temas de la condición humana, de profundos principios éticos y una producción literaria excelente. Su poesía es calificada como poesía social y de testimonio.

En la entrevista que Carmen Salamanca le realizó en ocasión del Primer Premio de Poesía Pablo Menassa de Lucía, Leopoldo de Luís diría sobre la poesía: “Alguna vez la he definido como respirar por la herida. Entendamos herida como vivencia, como experiencia personal. La poesía nace de los sentimientos subjetivos, nace de la misma prosa de la vida, pero consiste en lograr que esos sentimientos y esa prosa trasciendan a valores estéticos mediante un lenguaje peculiar, una palabra cargada de contenido y una forma armónica y rigurosa. Todo ello debe ir envuelto en un ritmo que nace del propio poema, sin el cual la comunicatividad del poema puede frustrarse”.

“De todo y de todos es tributario el poeta. Cuanto le llega del mundo interior o del exterior le enriquece y le estimula. No sólo la belleza, porque también hay una estética de lo feo. El dolor suele ser más motivador que la alegría, como la duda es más fecunda que la fe. Pero, en último término, uno escribe de sus obsesiones, de sus preocupaciones. A mí, especialmente, me preocupa la condición humana, lo que somos y nuestros condicionamientos. Nuestra fisiología y nuestra psicología. De qué manera se enlazan el ser y el pensar. Por qué y cómo se alían la materia que resiste y la materia que insiste intelectualmente. Mente y materia, ¿no son, en el cuerpo humano, una misma cosa?

  En cuanto a la presencia en mí de otros poetas, no hay duda.
Todos los que he leído han tenido peso, en mayor o menor medida,
en mi formación. Cada vez que tomo la pluma están gravitando
sobre mi mano cuantos me precedieron. Quizá tendría que decir, con Borges, que me importa más lo que he leído que lo que he escrito, ya que importar quiere decir llevar dentro, y yo llevo dentro mis lecturas, en tanto que mis escritos ya están fuera.”

Celebración de las bodas de plata de Ángela Figuera, Madrid, 1959: de izda. a dcha., M.ª Luisa Madrilley, Amelia Figuera, Leopoldo de Luis, Gabriel Celaya, Amparo Gastón, Gabino A. Carriedo, Margarita González, Jesús G. Pacheco y Ángela Figuera ; de pie, Juan Ramón Figuera; sentado en primer plano, Julio Figuera
[archivo familiar]

“En un tiempo de guerras, de hambres, de injusticias como el mundo actual, en un tiempo enloquecido, la poesía es lo único que pone un poco de paz y de esperanza. Ya ve: estamos a punto de entrar en un nuevo siglo. En los anteriores, la Humanidad no ha sido capaz de eliminar tan graves lacras. Me temo que tampoco lo va a lograr en los venideros.
Pero siempre habrá un ser humano que enarbole desde la poesía una palabra de paz, de libertad, de protesta, de belleza, de amor. Esa es la esperanza. Como dice un verso del poeta Jorge Padrón, se le puede decir a la poesía: “sólo muere la mano que te escribe”.

En reflexiones sobre mi poesía de 1985 Leopoldo dirá: “para mí la poesía lírica es respirar por la herida”. No es la poesía solamente una forma de expresión sino la forma de expresar una entrañable realidad humana. “la poesía no suplanta nunca a la vida, sino que debe ser su compañera. Poesía como compañía de vida”. “Se puede vivir sin poesía, pero es perderse la mitad de su encanto. También se puede vivir sin amor, pero es perderse la otra mitad”. “La poesía es útil puede ayudar al hombre a comprender mejor el mundo”. “Pocas cosas me han proporcionado tanta fuerza moral como algunas poesías”. “De toda gran obra poética podemos salir mejores y más libres”. Y también dirá “soy un poeta que ha vivido intensamente su época, pero que no espera tener presencia dentro de unos años”. Y también insistiría en esta idea: “No hay verso libre, el verso como el hombre no es nunca del todo libre”.

Concibe “el poema como un objeto del lenguaje capaz de animarse a los transcendente”. Leopoldo de Luis se consideraba a sí mismo protestatario.

Amigo de Miguel Oscar Menassa, al que estimaba como “gran poeta cuya poesía torrencial y vivencial a la vez, a la vez imaginativa y realista, violenta y tierna, tiene una fabulosa capacidad de creación. Con la poesía de Menassa encontramos una especie de daga relajadora, una suerte de cuchillo o escalpelo que pasa sobre una carne raramente lírica, nos estimula desde sus páginas y además desarrolla una labor cultural de primer orden.”

Me detengo en estos detalles para que podamos comprender la naturaleza del poeta que dirige este programa, de la mano de un reconocido poeta como es nuestro homenajeado de hoy.

En una ocasión que Menassa le presentó a un joven integrante de los talleres de poesía Grupo Cero como el Maestro Leopoldo de Luis, cuando se ausentó el joven y de Luis y Menassa quedaron solos, Leopoldo le dijo a Miguel Oscar, “cuando estemos los dos juntos, el Maestro es usted”. Y en la presentación del libro Llantos del exilio, destacando el apartado vitalista y totalizador de la obra, afirma rememorando a Béquer, y exaltando las facetas pictóricas y literarias de Menassa: Poesía eres tú.

En una de sus cartas a Menassa le dijo que no se dejara influenciar por la poesía española”. Y en ocasión de un cumpleaños le escribiría:

CUMPLEAÑOS

Un año es como un torpe dromedario
y abrimos sobre él otro desierto.
Hemos venido en un camello muerto
sobre el que cabalgamos a diario.
¿Será cada año otra cabalgadura?
¿Cumplir años será algo más que un reto
o será ir descubriendo ese secreto
que nos espera tras la puerta oscura?
Cumplir años es como apostar fuerte
por la lenta derrota de la muerte
y ver que aún sigue abierta nuestra herida.
Miguel Oscar Menassa: todo empieza
de nuevo cuando juegas otra pieza
en el ajedrez rojo de la vida.

Miguel Oscar Menassa destaca de Leopoldo de Luis su generosidad.

En el acto de entrega del Primer Premio de Poesía Pablo Menassa de Lucía, que el poeta Leopoldo de Luis recibió de parte de la presidenta Olga de Lucía, el poeta afirmaba: “La poesía no termina, el poeta no es antorchero del fuego de la poesía, el poeta es el fuego mismo”.

Para terminar, una anécdota que el propio de Luis relata cuando le preguntan acerca de la utilidad de la poesía: “Acabo de viajar en un tren donde en el mismo vagón que yo viajaba un bastante numeroso grupo de deficientes mentales. Estas personas pasaron el viaje gritando sus incoherencias, manifestando sus obsesiones, balbuceando. Había unas enfermeras que las atendía y que procuraban dar cauce a estas incoherencias y armonizar un poco ese desconcierto de estas personas y yo no tenía más remedio que pensar si la poesía no es un poco como esas enfermeras que consiguen armonizar un poco las incoherencias que todo ser humano tiene, si la poesía no sirve para completar las muchísimas deficiencias psíquicas que cada uno tiene. Si no viene a salvarnos un poco de esos vacíos, de esas obsesiones. Porque la poesía hace suyos una serie de sueños y nos va revelando una serie de oscuridades y quizá es, por tanto, profundamente útil. Y esa poesía que consigue relacionarse con el espíritu de los demás puede ayudar poniendo un poco de luz en el mundo que está tan lleno de esos desajustes y manifestaciones tan dolorosas de la tragedia humana”.

Leopoldo de Luis falleció en Madrid el 20 de noviembre de 2005, a los 87 años de edad.

POEMAS

1946
De "Alba del hijo"

PRIMERA DEDICATORIA

SOMBRA apenas de vida. Imperceptible aliento.
Sólo vago aleteo de mi amor o latido.
Susurro que arrebata un milagroso viento
del árbol de mi sangre triste y estremecido.

Hálito débil, sombra tan sólo adivinada
en la oscura penumbra lejana de la vida,
donde el milagro es carne virgen de la mirada
y el misterio es el alba de la entraña dormida.

Pálpito de mis pulsos más allá de mí mismo.
Eco de mis latidos y sombra de mis tactos.
Proyección de mi vida hacia un nuevo heroísmo
por rutas indecibles y caminos exactos.

Proyección de mi vida, hoy sólo dulce peso.
Sólo extraño vahído por la materna frente.
Estagnación del aire suspirado del beso.
Perennidad de un sueño que nace diariamente.

Remanso de mi esfuerzo. Calma de mi arrebato.
Sosiego de mi frente. Silencio de mi grito.
Te presiento en el aire mudo de mi retrato,
jalón de mi entusiasmo, de mis angustias hito.

Ella, en la luminosa penumbra de su sueño,
ya te da dulces nombres con que vestir la rosa,
la ternísima rosa de tu cuerpo pequeño
que hoy llena esa penumbra del sueño luminosa.

Yo, te veo en mi torno, intuyo tu presencia,
mas tu al lado suspiro a precisar no acierto.
Te adivino en el gesto de su leve indolencia,
dulcemente cansado, vagamente despierto.

Te adivino en la sombra cárdena que sus ojos
agranda y hermosea de un fulgor fugitivo.
En la breve caricia de sus vestidos flojos
bajo el delgado aliento recientemente vivo.

¿Eres más que ese triste fulgor de sus pupilas?
¿Más que esa desvelada ansia de su ternura?
Como una clara sombra de realidad te afilas
y entre los sobresaltos la emoción se apresura.

El río de mi vida se ahíla y se adelgaza
para ser esa dulce gota de tu existencia
que desde el silencioso recinto nos emplaza
por este emocionado periplo de impaciencia

¿Cómo verás las cosas desde ese mundo interno,
tan ignoto aunque dentro de toda cosa viva?
Desde ese silencioso recinto tibio y tierno
donde cobra la sangre su voluntad creativa.

¿Cómo llamarte ahora que eres sólo una sombra,
un suspiro de vida interna, imperceptible?
¿Cómo llamarte si eres lo que sólo se nombra
con íntimas palabras de lenguaje indecible?

Huella de amor en prados de escondida ternura,
en ocultos jardines donde empieza la vida.
Mi corazón vestido con su emoción más pura
—sombra, temblor o hijo— te da su bienvenida.

1948
De "Huésped de un tiempo sombrío"

ESPERA

COMO tras de las losas fugitivas
donde el agua, corcel blanco, se aquieta
torna el campo a sus gracias primitivas
y la rosa a su línea o luz concreta.
Como tras del oscuro toro lento
que cornea la seda azul del alba
un claro mayoral de viento a viento
dorado va por la mañana malva.

Después del hielo de este invierno o llanto,
de este toro nocturno de amargura,
de este desnudo y dolorido canto,
de estas flores sin gracia ni hermosura,

sólo ese sol de la palabra espera
baña de luz el corazón cobarde,
sólo esa evocación de primavera
su rosa o fuego aquí en el pecho arde.

No es ya ni la esperanza, es solamente
una palabra o cuerda en la que suena
un eco de metal lejano, ausente,
bajo esta opaca y triste voz de arena.
Esperaré. Ya sé que en vano se hace,
como en vano la noche espera al día
que sólo al alcanzarlo, se deshace;
como es nada al llegar al mar la ría.
Canto mi soledad, álamo triste.
Lo que me abrasa canto, mientras muero.
¿Detrás del llanto un mundo nuevo existe?
Todos los días de mi edad espero.

1949
De "Los imposibles pájaros"

AUNQUE SIEGUE LA VOZ…

AUNQUE siegue la voz con que tu nombre
digo, tu nombre irá, como una hoguera
abrasando estos huesos y esta carne de hombre
con perpetuo verdor de primavera.

Aunque ciegue la herida de mis ojos
donde vive la luz de tus paisajes
en los del alma, de ceguera rojos,
siempre se estrellarán tus oleajes.

Aunque duela el silencio, como espada
fundida en lentas fraguas de amargura,
sonará esta verdad desesperada,
mordida tierra entre mi dentadura.

Sorda la voz, el sueño enarenado,
las pupilas, el alma, la garganta arañadas,
ronco, diré que hay en mi pecho, hincado,
un árbol que florece rosas ensangrentadas.

Respiro por la herida.
Por esta viva herida de mi muerte;
por esta mortal llaga de mi vida
que años y sueños y fracasos vierte.

Respiro por la herida este aire triste
empapado de humana pesadumbre.
Y un claro viento insiste
contra muros de tedio y de costumbre.

Pisando mi dolor, legiones de hombres pasan
ciegos, hacia esta misma hoguera mía.
¿Para siempre se salvan? ¿Para siempre se abrasan?
Yo sólo sé que busco mi verdad día a día.

1951
De "Los horizontes"

OSCUROS HOMBRES

OSCUROS hombres, vamos a la luz,
vamos a remontar los hoscos sueños.
Sé que lleváis irremediablemente
un tigre encadenado en vuestro pecho.
Pasivos agonistas de una vida
que sorda pasa y os escuece dentro
como un río de sal por vuestras venas,
como una roja ortiga en vuestro ceño.
Montón de soledades asediadas
por la injusticia, por el hambre, el miedo.
Solitarias angustias, hombres solos,
vamos, hacia la luz, a comprendernos.

Acaso la verdad, arriba, bate
sus alas cerca; abajo, acaso, lejos.
Acaso dentro de nosotros mismos
vuela, y llevamos nuestro propio cielo.

Tal vez amor. Tal vez se niegue el árbol
a florecer desde su pobre leño.
Absorto el hombre, estéril la ternura,
los ojos, puras fuentes, están secos.
Tal vez el corazón sólo es de tierra
y falta llanto para darle riego.
Tal vez si nos herimos las pupilas
liberadora lágrima alumbremos.

Oscuros hombres: vamos a la luz.
Solitarios alzáis vuestros silencios,
vuestro rencor, vuestra sombría nada,
vuestros helados y terribles fuegos.
A la impávida luz de la amargura
mirémonos: vamos a comprendernos.

1952
De "Elegía en otoño"

TRÁNSITO

Como la muda música del tiempo
suena tu paso próximo. Resbala
tu sombra cual los días en fluyente
transitar por mis surcos, como un agua.

Flotamos en el tiempo, en el continuo
ir del río. Nos lleva. Nos desgasta
lentamente. Nos suena honda en el pecho
la rota frialdad de su cascada.

Fuimos de abril. Teníamos
una luz inefable, como un ala.
Flor o pájaro o nombre
del amor, en el sueño y en la rama.

Fuimos también de mayo. Dulcemente
el mirar como un fruto se doraba
de presagios. Madura y entreabierta
la fresca pulpa en que el besar se abrasa.

El estío nos hizo arena ardiente,
carne encendida de besada playa
donde blancos caballos como espuma
por la sangre de agosto se abalanzan.
Como cuerpos de otoño nos amamos
bajo la luz dulcísima y dorada
y sentimos el cobre de noviembre
de hermosura sonar en nuestras almas.
Cuánto diciembre acude, cuánto enero
cerca el amor, la vida, la esperanza.
Por la nieve tus pasos cómo suenan
a rosas deshojadas.
Somos de tiempo. Soledad y tiempo
nos vuelven sombra y nada.

1954
De "El árbol y otros poemas"

LA CAJA DE MÚSICA

NOS sentimos sonar día tras día
en el silencio cóncavo del pecho.
Nos oímos la vida, resonancias
de música, de sueños,
de olvidadas, perdidas melodías,
de remotos, oscuros, tristes ecos.

Levantamos la tapa de la caja
con la memoria de insumisos dedos
y unas íntimas músicas oímos
remontando los años hacia dentro.

Rumorosos paisajes de armonía
que un niño cruza. Acentos
que dulcemente nos envuelven, manos
melodiosas. La luz en los almendros.
Las voces del verano. Aquellas tardes
que nos iban de carne y música vistiendo.

Oímos el amor como una hermosa
canción, ocultos árboles meciéndonos,
y unas lejanas flautas de nostalgia
sonando entre las cañas de los huesos.

Pautada luz de abril. Agosto en llamas.
Cobre de octubre. Otoño pone cerco
al corazón. Arroyos de noviembre.
Aguas huyentes en las que bebemos.

Cuán armoniosamente la esperanza
se hunde en la fronda de jardines secos
con su leve chascar de lento olvido
bajo los olmos cenicientos.

Música antigua.
Canción remota. Violines trémulos
que en repentinos llantos sueltan, rotas,
bajo los arcos de infundible hielo,
cuerdas heridas, venas musicales
donde la sangre pulsa sus lamentos.

¿Qué orquestas suenan?
¿Qué sones se armonizan, qué patéticos
tonos nos estremecen, qué invisibles
manos tañen los hondos instrumentos?

Y son las nuestras. Pasan
sobre pianos infantiles, viejos,
por quejumbrosas cajas, por metales
sensuales y frenéticos.

Son nuestras mismas manos
pálidamente azules por el tiempo
arrancándonos vida como notas
por escalas de lluvia y de recuerdo.

Esta caja de música del alma
se nos destapa lentamente dentro.
Nos sentimos sonar. Nos escuchamos
canción, música, ecos.

Acaso somos sólo nuestro propio sonido
con el que entre los años juega el viento.
Tal vez vivir no sea más que oírse
en la caja de música del tiempo.

1954
De "El padre"

LA PELEA

CRUELMENTE te callas, padre mío,
te sacudo con fuerza entre mis brazos.
Aunque te tengo siento que huyes como un río,
que de mí te deshaces a oscuros aletazos.

Como contra la vida golpeo contra el lecho
y te arranco estas ropas queriendo arrancar muerte,
queriendo arrancar vida contra el bosque del pecho
porque la roja rama del corazón liberte.

No te suelto. No puedes escaparte.
Con toda el alma clavo en ti mi dentadura.
Treinta años de mi vida tengo aquí de mi parte.
Contra tu muerte pongo mi ciega mordedura.

Quieres ensordecer, pero aunque sea.
Mi voz también contra el silencio lucha:
te sube por el cuerpo como una honda marea.
Dime que sí, que mi dolor se escucha.

Te callas ferozmente. Eres de roca.
O te haces sombra que invisible huya.
Te tengo aquí, al alcance de mi boca,
y ya no estás…

Te sales con la tuya.

1955
De "El extraño"

LA CONDENA

Aquí nos vemos nuevamente,
persiguiéndonos en la distancia.
No lo sabemos y llevamos
uno contra otro la mirada.

Oscuramente se alimenta
la luz injusta en nuestras brasas,
nos ilumina oscuramente
el turbio pozo de las lágrimas.

No lo sabemos. Y pasamos
como las fieras acosadas
desde la edad de una condena
hacia el llanto de una esperanza.

Y llevamos como una ortiga,
en nuestra carne la palabra,
la saliva irreconciliable
que por la sangre se adelanta.

No lo sabemos. Y vivimos
construyendo paredes, tapias,
tabiques, muros, que nos van
poco a poco tapiando el alma.

No lo sabemos. Y forjamos
cada día una nueva jaula.
Nos encontramos persiguiéndonos
sin saberlo. La vida pasa.

Nos trae, nos lleva, sordamente.
Tristemente. Nos abalanza.
No lo sabemos. Y el amor
no encuentra patria.

1957
De "Teatro Real"

A LUIS, EL CARPINTERO DE AL LADO DE MI CASA

Tú estás, Luis, trabajando tu madera,
dando artesana forma de instrumento
al pino azul, sacando de los troncos
los casi humanos y útiles objetos.

Tú con tu hacer fecundo, Luis. Tu sierra
y tu garlopa susurrante siento
tras la pared que nos separa. Escucho
en la materia vegetal tu empleo.
Oigo tus manos laboriosas mientras
labrar palabra verdadera intento,
desbrozar la palabra de sus ramas
secas, pulir el armonioso leño,
dar forma a esta materia que insumisa
en musical corteza oculta el hueso.

Esta materia en que trabajo apenas
suena bajo mi mano. En el silencio
tu vecindad se crece rumorosa.
Yo mis humildes materiales dejo
para escucharte. Pluma, papel, pobre
palabra que deshace el tiempo…
También quisiera yo lograr ahora
el seguro destino de tu esfuerzo,
el humano servicio de tu exacto
golpear. Un sencillo fin concreto
para los hombres. Como necesarios
utensilios, dejar palabras, versos,
sobre los que apoyar la vida. Como
lisas tablas de paz. Ser carpintero
de esas vivas maderas en que el hombre
ha de dejar su corazón, su peso,
reposando un instante. No es posible
cerrar oídos al sonoro ejemplo
de tu oficio artesano. No es posible
olvidar la materia en que ponemos
esta pasión diaria.

De las palabras crece un manifiesto
de sangre y de verdad. Una espera
de esa hermosa madera, cada día
trabajo contra el terco desaliento.

1957
De "Teatro real"

LA REPRESENTACIÓN

No se baja el telón. Alguien silencia,
no gesticula más, ha terminado.
Pero la función nunca. Los actores
repiten sus papeles ¿hasta cuándo?

Llegan en fila, gritan, se amontonan
o se persiguen por el escenario,
por el gran escenario, lloran, hablan,
se ríen, caen. La luz les hace extraños.

Monótonos repiten sus papeles:
viejísimos monólogos, no hay diálogos.
Cada cual clama por su propia herida.
Nadie escucha las voces del contrario.

Tartamudean torpes, trenzan torpes
hilos de voz, nudos de voz, de llanto;
o bien recitan de corrido, sueltan
su lengua de grotescos papagayos.

De cara a esta implacable batería
que los alumbra mortalmente, cardo
de luz que los araña, inician gestos
que se desploman tristes de sus labios.

Entre remotas muestras de fatiga
arrastran sus disfraces empolvados,
descoloridos, sus arcaicos trucos
que ensayan con mirada de cansancio.

Y van y vienen aturdidos, hoscos,
indiferentes, lentos, tropezando,
moviendo leves nubes de ceniza,
lloviendo un agua gris de sueño y llanto.

Súbitamente un fuego los conmueve,
los ciega. Se rechazan como hermanos.
Se desconocen, se odian, se abalanzan…
La luz sigue implacable contra sus rostros blancos.

¿Quién gobierna esta escena, quién apunta?
El director habrá tenido un fallo.
¿Nadie dirige, aquí, entre bastidores?
La luz, sólo la luz sigue alumbrando.

Hay un viejo traspunte que ahora nadie
ve, que nadie ha visto nunca, acaso.
Pero ya nadie atiende. Pasan, gritan,
desesperadamente alzan los brazos.

¿Quién mira a estos actores, quien escucha
sus voces repetidas, su viejo acento trágico?
Una gran sala en sombra, una gran noche,
una gran muerte enfrente.

No alcanzamos
a ver si hay en la sombra espectadores.
Sólo la luz, la luz sigue alumbrando.

1961
De "Juego limpio"

LA FRAGUA

Como el herrero contra el yunque día
a día el duro material trabaja,
tomo el metal oscuro de estos versos,
la sonora hoja azul de estas palabras,
las saco al rojo de mi lumbre, templo
su hierro sumergiéndolo en el agua
de mis ojos y busco una vez y otra
conseguir un acero de esperanza.

Todos vosotros golpeáis conmigo
en la misma materia cotidiana,
sonáis en este yunque, o soy quien suena
en vuestro golpear cada mañana,
como el hierro común en que las manos
de todos su seguro temple salvan,
y mi voz es tan sólo como una
mínima estrella que en el aire salta.

Pequeña estrella roja, breve esquirla
de luz. Golpeo. Golpead. Un ascua
puede encender, quiere encender. Su brillo
sueño que sea una sonrisa humana;
no llegará a ser rayo de alegría
pero algo más será que inútil lágrima.
Chispa menuda que del hierro oscuro
nace de pronto estremecida y clara.

Nuestro metal batimos. Nuestro acero
templamos. En la terca noche flagran
como constelaciones diminutas,
astros fugaces, luminosas patrias,
siderales espumas que las olas
de los sueños libertan y levantan
desde el fondo del pecho, golpe a golpe
del corazón, esa pequeña fragua.

1964
De "La luz a nuestro lado"

STRIP-TEASE

Llamita rosa en medio de la noche,
de una noche cuadrada, plena
de ojos que se anticipan a tus manos
sobre el pétalo grácil de tus prendas.
Llamita clara en medio de la noche
rítmicamente en alas de tus piernas
dibujando la línea de una música
que con distinta melodía suena,
que a ti te va sonando como a velos
en ascensión purísima e inversa
a la espuma del nylon y al encaje
musicalmente desceñidos, mientras
cobra cálidos tonos de lujuria
entre vaho rubio y humo violeta.
Llamita sola en medio de la noche
vacía de un oscuro lleno, hueca,
frente a la que amaneces solamente desnuda
como si fuese ante una isla desierta.
Pasas, miras, sonríes.
No ves. Tu rosa es una indiferencia
de música y perfume. Con la misma
facilidad rompe la primavera
sus vestidos oscuros de diciembre.
No estás desnuda, es que no estás apenas.
Estás entre tus cosas familiares,
junto a aquel dulce beso tras la puerta,
por la tarde en el campo o la lejana
niñez de breve pájaro en las trenzas.
Entre tanto la noche se desnuda
cuadrada en vaho y humo espesa,
frente a ti hace strip-tease, arroja falsas
vestiduras, caretas
diarias. Tras los ojos que recorren
los trayectos con gula de tus sedas
van surgiendo desnudos seres, gentes
van emergiendo en su feroz miseria.
El importante hombre de negocios
tras los que sus finanzas arruinaron. Presenta
el laureado general a sus soldados muertos.
El embajador rompe su chistera.
El probo funcionario
súbitamente piensa
en sus lejanas zapatillas. Todos
están desnudos. No se han dado cuenta
que están desnudos frente a ti, que pasas
vestida de inconsciencia.

Llamita triste en medio de la noche.
Todos contigo hacemos esa
verdad, ese strip-tease, ese despiece,
si nos miramos nada ya nos resta.

Nos quedamos desnudos en la noche,
somos el cuerpo azul de la tristeza
moviéndose en la noche solitaria
frente a los ojos huecos de una fiera
de pasión y de odio, somos seres
desamparados tras absurdas prendas
de falsas actitudes, de rencores,
de sueños que jamás se cumplen, ciegas
verdades que jamás se dicen,
justicias que jamás se encuentran,
sedes que no se sacian nunca,
credulidades que no son creencias,
credos que nadie cree…
Trajes,
camisas son de fuerza
del pobre loco que desnudo mira
la noche en torno suyo de la pena.

1970
De "Con los cinco sentidos"

OIGO LA VOZ

Oigo tu voz, puente sonoro
por el que entrar hacia tu mundo,
musical galería que conduce
hasta tu reino más oculto.

Suena tu voz, camino audible
por donde subes del profundo
pozo escondido, caracola por
la que tu corazón no es mudo.

Sé que vives por tu palabra,
sé que vivo porque la escucho.
La vida es voz que nos revela,
que nos saca de lo nocturno.

El hombre es vida que va haciéndose,
vida fluyente hacia el futuro,
vago proyecto enamorado
que en la palabra encuentra anuncio.

Oigo las voces de los otros,
casi sibilas, casi augurios.
Me oigo la voz con la que desde
mis soledades me pronuncio.

Palabra: chispa que me suelda
con quien me busca y con quien busco.
Cuerda sonora que nos une,
humana voz, humano nudo.

El corazón es como un río
y la palabra su acueducto.
Cuando suena más honda y grave
es porque habrá llovido mucho.

Oír: saber que entre nosotros
su nombre tiene cada uno,
que cuantos van al lado nuestro
no son fantasmas, no son humo.

Voz, palabra, significado,
realidad audible o escudo
frente al silencio de la nada:
esa mudez, ese sepulcro.

Háblame tú. Que en tu palabra
me llegue un hálito seguro,
que me cerciore realmente
de esta vida a que no renuncio.

1971
De "Reformatorio de adultos"
con "De aquí no se va nadie"

HACIENDO TRAZOS

A veces me entretengo haciendo trazos
sobre el papel. Las rayas
como flechas se cruzan en el aire
blanco de la cuartilla. Ráfagas
son, borrando ahora caminos
que decididamente roturaban.
Y me enmimismo tras el laberinto
de líneas que me arrastran
y voy perdiendo pie, voy sumergiéndome
en su terrible nada,
en su desconcertante paradigma
de desorientación o vida o racha
de destino. Me pierdo. Soy un ciego
sobre el papel, que es mi papel, mi carta
de navegar sin rumbo, mi retrato,
mi desesperación, mi historia hallada
y perdida de nuevo y para siempre
porque no soy sino una inútil raya
que viene y va, dibuja jeroglíficos
de dolor y amargura y esperanza
y abre precipitantes galerías
hacia el vacío y tuerce rápidamente.
Cae al abismo de una pena
tan absolutamente innecesaria
como las remontadas alegrías
que sin porqué de vez en vez escala.
No soy más que este absurdo, este dibujo
sin razón y sin causa.

Jamás completaré un solo rectángulo,
nunca estará la curva bien cerrada.
Mi vida entera es este lapicero
corriendo a un lado y otro, soy la marca
de un grafito tedioso; me revela
este ininteligible cardiograma.
No tengo rostro, ni figura, nadie
me reconoce, ni mi nombre habla
por mí. Soy solamente el zigzagueo
enrevesado, inútil de unas rayas
que una mano cruelmente ovillea
en una triste página.

1979
De "Igual que guantes grises"

LA PALABRA

LA libertad está aquí, en este hueco
sonoro,
en esta breve concha pronunciada.
Saberla, darle un orden, entenderla,
cuidarla como a madre o como a hija,
potenciar su fervor y su sentido,
vivificarla con la propia sangre,
sentarla en las rodillas de las gentes,
acunarla en el pecho hondo del pueblo,
templarla al sol rugoso de los campos,
airearla en las puras arboledas,
pasarla por las piedras ancestrales,
proyectarla a la lumbre de mañana,
dejarla que jadee entre fabriles
maquinismos, en tráfagos mineros,
asociarla al trabajo y a la pena,
a la rosa inicial de la alegría
y al gris rosario de las decepciones,
acompasar su música al latido
del corazón de todos, masticarla
como el pan que se suda, hacerla trago
de agua o de vino para sed y seca
garganta, convertirla en guante oscuro
para agarrar el hierro incandescente
del ansia de justicia, hacerla paño
para las cotidianas vestiduras,
dejarla recorrer como un zafiro
líquido entre los dientes defensores,
como un diamante blando y moldeable
mojarla entre los labios sensualmente.
Decirla y repetirla: pronunciarla.
Es el más subversivo y más humano
de los pronunciamientos.

1981
De "Entre cañones me miro"

LOS ENCUENTROS

NOS hemos encontrado con la pena.
Una mujer cruzando mudamente.
De pronto pareció que nos miraba
pero sus ojos lo indagaban todo
y hasta el fondo del mundo recorrían.

Nos hemos encontrado con el llanto.
Fuimos un poco de agua de su río
que traspasa la tierra de amargura
y mantiene los ojos como nubes
para sus torrenciales avenidas.

Nos hemos encontrado con el tedio.
Es una yedra antigua que carcome
la columna del tiempo y su constancia.
Se acogió alguna vez a las paredes
donde quisimos instaurar la rosa.

Nos hemos encontrado la injusticia
imponiendo su puño contrahecho,
sembrando sal, talando primaveras,
helando en nuestros labios las palabras.

Nos hemos encontrado con el perro
herido del rencor. Su piel quemaba.

Mas también encontramos la alegría,
niña un poco asustada, con sus ojos
como pequeños soles de verano.
De nuestra mano vino entre alamedas
que aún se mecen al aire del recuerdo.

Entre tantos encuentros tal vez fuese
más propio que escribiera:
nos hemos encontrado con la vida.

1983
De "Una muchacha mueve la cortina"

LA NADA DEMASIADO CERCA

La nada se ha acercado demasiado
y la he visto: era yo, mi mismo rostro,
los mismos ojos con que me contemplo
en el hielo de todas las mañanas.
Era mi sombra, mi silueta a media
altura gris y mi sumida boca.
La nada está tan cerca de mi mano
que la he tocado al apretar mi pecho.
Soy un rey Midas de otros exorcismos
y cuanto toco es nada de repente.
Porque la nada existe: se halla en
este presagio de fugaz impulso,
esta vaga presencia que se anula,
este borde, este filo de navaja
por donde me paseo silenciosamente,
mientras la nada me recorre.
La nada es mi raíz. Raíz de nada,
sustenta como a un árbol de vacío.
Soy el vacío de un árbol al viento
de la nada que brota inevitable
desde la presunción de ser yo mismo.
(Se me ha acercado tanto
que la he mirado, y era yo al espejo.)

1985
De "Del temor y la miseria"

LOS CUENTOS

“… y que el miedo del hombre
ha inventado todos los cuento

León Felipe

Un hombre en lo remoto de los siglos
debió de ver alguna noche el miedo.
Yo lo he sabido porque entre las sombras
de mi cuarto aún fulgir sus ojos siento.
Un hombre en lo remoto de los siglos
debió de estremecer de horror su cuerpo.
Yo lo he notado porque algunas veces
no sé por qué también yo me estremezco.
Un hombre en lo remoto de los siglos
debió de sollozar entre sus sueños.
Yo me percato porque muchas noches
de súbito llorando me despierto.
Un hombre en lo remoto de los siglos
debió perder su realidad, su peso.
Yo lo percibo porque me doy cuenta
de que no soy sino un extraño hueco.
Un hombre en lo remoto de los siglos
para tranquilizarse inventó un cuento.
Yo lo descubro porque día a día
repito sus historias sin quererlo.

1990
De "Reformatorio de adultos"

LO MISMO QUE CANSADOS

Todos somos lo mismo que cansados
leones. Entornamos los ojos. Pasa el tiempo
su látigo. Otro día. Lentamente
el circo estrecha el cerco.
Giró otra vez la vida en nuestro eje
un poco. Sostuvimos un momento
el mundo en nuestras manos. Un segundo
en nuestro hombro gravitó su peso.
Hubiera sido todo al fin posible
—todos somos gastados sueños—
pero la mano —la que un día
tocó el amor— no conquistó más que esto.
Por la ventana ves pasar ahora
la vieja historia o bien el nuevo cuento.

Todos somos una ventana
que da a la realidad, o da al espejo
de nuestra soledad tan repetida
como cada uno de nosotros. Dentro
se sublevan oscuras poblaciones,
se rebelan sombríos pueblos
ocultos. Nada grave. Todos somos
abortados pronunciamientos.
La tarde aplaca al sol, reduce brillos
y armoniza los desconciertos.

Estás cansado. Estamos. Somos todos
fatigados leones. Callan lejos
las máquinas. Cerrados los oficios,
se acurruca en la sombra gris el perro
de la costumbre. Todavía quedan
batallas por librar en el recuerdo.
Desde su fondo ascienden lodo, llanto,
sangre, como un día llovieron,
como llueve aún. Mientras, la luna
sobre nuestra cabeza. Ahora sabemos
que esas sencillas flores tan difíciles:
paz, libertad, justicia, en sus barbechos
no vamos a encontrarlas. Su materia
es esta misma costra oscura. Menos
mal. Otras lunas hay. Planetas
quedan para ahuyentar el miedo.
Fuera mejor no saber nada. Acaso
es la felicidad este silencio
de atardecer. Pobres protagonistas
de un repetido y trágico argumento.

1996
De "Casisonetos de la última tuerca"

EL ESPEJO

Miré mi rostro en el espejo: ¿ése
soy yo?, me pregunté. Y algo pasaba
por la luna, una sombra que empañaba,
que empaña mi cristal, aunque me pese.
Salí. Otra habitación. Unos instantes
contemplé las paredes como tumbas,
como sombrías y hondas catacumbas
que me volvieron al espejo de antes.
Y cuando volví a verme en el espejo
comprobé con asombro que el reflejo
de mi rostro era otro diferente.
¿Cuál de los dos seré? ¿O será acaso
que somos otro siempre, a cada paso,
y el verdadero yo siempre está ausente?

2000
De "Generación del 98"

DON RAMÓN DEL VALLE INCLÁN CAMBIA DE CABALGADURA

El fin de siglo vió pasar la máscara
de Valle Inclán, el esperpento vivo
del escritor de libros más hermosos
del reino modernista.

El Marqués de Bradomín era su hermano,
discípulos los dos del Aretino,
ambos sabían que lujuria es madre
del mundo y a la vez de la tristeza.

Aún recordaba a aquella Niña Chole
cuando en el año cinco se despide
de María Antonia en su jardín de invierno.
(Rubén Darío quiso dedicarle
un soneto autumnal).

Abandonada ya la hermosa cuadra
de caballos, ¿quién puede ahora negarle
la parda mula del noventayocho
para cruzar el viejo ruedo ibérico
con el trapo amarillo de la burla
y el esperpento rojo del sarcasmo?

Una comedia bárbara es la vida
o es un tablado loco,
según en qué montura se cabalgue.
En todo caso, siempre
hay un aroma de leyenda
que dolor y temor algo mitigan.
Y entre el deseo y la amargura
“el alma de la tarde se deshoja en el viento”.

LAS PALABRAS

No digas que son poco las palabras,
esos guantes que visten
los infinitos dedos del silencio,
esas manos cargadas de sentido
merced a su gamuza tan sonora
que hasta la soledad se vuelve humana
y salen desde el fondo de la tierra
las sílabas heridas o pequeños gusanos
que balbucen raíces y misterios.

No digas que son poco las palabras
porque no desintegran los refugios
del hambre o la injusticia. ¿Es poco el sol,
y tampoco derrota a la amargura?
¿Con qué si no con su manopla hablada
iban a usar el bisturí del miedo
para cortar el cáncer de la muda
indiferencia que nos hace bloques
solitarios, ajenos, inauditos?

Las teje densa urdimbre solidaria,
un hilo humano las hilvana y cose
y en su hueco sonoro soy fraterno.

DA MIEDO

Da miedo ver la luna silenciosa
que el hombre pisa como a muerto olvido
o muere en torno suyo hecho satélite
de hueso seco en un cósmico exilio.

Da miedo ver la noche en torno nuestro
grave propagación de un precipicio
en cuyo fondo duermen los cadáveres
de cada uno de nosotros mismos.

Da miedo ver el día por un cielo
donde el remoto pecho avanza ígneo
del sol que si amanece para todos
va a tener un reparto muy distinto.

Da miedo ver la vida manejada,
introducida en ciegos laberintos,
transfigurada en tiendas de disfraces,
manipulada por malabarismos.

Da miedo ver la gente por la calle,
dan miedo el hombre, la mujer, el niño
que van andando sin saberlo sobre
las grietas de inminentes cataclismos.

Da miedo abrir los ojos y ver fuera
y da miedo cerrarlos de egoísmo.

LA MANO

Toca mi mano. Apenas es un guante
para el amor y la desesperanza,
apenas en las cosas se afianza,
apenas palpa todo un breve instante.

Toca en mi mano esta sombría tela
para el ansia de asir tanta derrota,
apenas es una tenaza rota,
apenas una rosa que se hiela.

Toca mi mano enjuta de aire triste.
Por las llaves del tiempo aún se desliza
con ademán ansioso de herramienta.

Apenas es ya fragua que resiste
y debajo del guante de ceniza
oculta el hueso su amarilla afrenta.

Te recomendamos ver el programa de televisión.

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