Poeta Ernesto Che Guevara

280. POESÍA MÁS POESÍA: ERNESTO GUEVARA DE LA SERNA «CHÉ GUEVARA»

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BIOGRAFÍA DEL POETA CHÉ GUEVARA

Ernesto Guevara de la Serna, el Che, nació en 1928 en Rosario, Argentina. A los dos años, después de una grave enfermedad, se le diagnostica una afección asmática que hace que su familia decida trasladarse a la provincia de Córdoba, donde transcurren su infancia y adolescencia. Tras el comienzo de la Guerra Civil Española, su padre, Ernesto Guevara Lynch, crea un comité de ayuda a los republicanos españoles que despierta sus inquietudes infantiles y le hace tomar contacto, por primera vez, con la realidad política y social.

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El pequeño Ernesto Guevara con sus padres

En 1947 se traslada con su familia a Buenos Aires. Habiendo sido declarado no apto para realizar el servicio militar, Guevara ingresa en la Facultad de Medicina y comienza a interesarse por la política, aunque no milita en ningún partido. Sus padres se separan y él permanece junto a su madre y sus tres hermanos en una vieja casona. Es en este mismo año cuando realiza su primera gran aventura: recorrer la Argentina en una bicicleta a la que añadió un pequeño motor, luego se alistará como tripulante en barcos de la flota mercante en viajes por la costa.

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Fotografías de la infancia de Ché Guevara
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Con sus padres y hermanos

En 1951 emprende, junto a su amigo, el médico Alberto Granado, un viaje en motocicleta comenzando por el sur argentino y siguiendo viaje hacia el norte pasando por Chile, Bolivia, Perú, Colombia, Venezuela, desde donde viaja en avión a Miami —donde permanece un mes— para regresar finalmente a Buenos Aires. La experiencia, recogida en un cuaderno y publicada recientemente como Mi primer gran viaje, es el primer contacto directo de Guevara con la realidad social latinoamericana. El contacto con las condiciones extremas en que sobrevivían los mineros chilenos y su trabajo en la leprosería peruana de San Pablo, a orillas del Amazonas, fueron momentos cruciales para la formación de la sólida ideología revolucionaria que ya nunca lo abandonaría.

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Ché Guevarra en bicicleta

Tras su retorno, termina la carrera de medicina y se gradúa en 1953 con una tesis sobre las alergias. Decide reencontrarse con Granado, quien se había quedado en Venezuela, pero antes pasa por Bolivia, atraído por la nueva experiencia del gobierno revolucionario de Paz Estensoro. En La Paz, conoce al abogado argentino Ricardo Rojo, posteriormente autor de una de sus biografías —Mi amigo el Che—, con quien llega, haciendo autostop, a Perú y a Ecuador, donde se enteran de la noticia de la reciente revolución guatemalteca.

Luego de pasar por Nicaragua, hasta donde había llegado el Che por tierra, viajan a Costa Rica donde entra en contacto con dirigentes políticos como Rómulo Betancourt o Juan Bosch y conoce a los líderes del Movimiento 26 de Julio, sobrevivientes del asalto al Moncada y exiliados de Cuba. Será recién llegado a Guatemala, donde comparte la pensión con otros exiliados, cuando empieza a sentirse atraído por la situación social cubana, mientras profundiza su formación marxista. Cuando el golpista Castillo Armas invade Guatemala, Guevara solicita participar de la resistencia, pero se le niega el permiso. Trabaja en la defensa civil ayudando a las víctimas y haciendo transportes de armas. Tras caer el gobierno democrático del presidente Arbenz, el nuevo gobierno golpista de Castillo de Armas, apoyado por la United Fruit Company y el gobierno estadounidense contrarios a las reformas iniciadas por Arbenz, desata una represión feroz y el nombre del Che figura entre los condenados a muerte. Finalmente se salva gracias a la intervención del embajador argentino en Guatemala, Sánchez Toniuzo, que lo asila en la sede diplomática, pero el Che rechaza volver a Argentina y dos meses después obtiene un salvoconducto para viajar a México.

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Joven Ché Guevara

En México gracias a su futura mujer, la exiliada peruana Hilda Gadea con quien había coincidido en Guatemala, conoce a Raúl Castro. En julio de 1955 llega a México Fidel Castro, liberado de la prisión de la Isla de Pinos, quien designa a Guevara como médico de la expedición que se propone formar, con el objetivo de regresar a la lucha revolucionaria en Cuba.

Empieza a participar de las reuniones del «26 de Julio». En julio de 1955 se casa con Hilda Gadea y el 15 de febrero de 1956 nace su primera hija, Hildita.

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Che Guevara, su esposa Hilda y su primera hija.

Pese a las dificultades —se les confiscan las armas por orden del gobierno mexicano—, los preparativos y el entrenamiento, dirigido por un republicano español en el exilio, no cesan. La fecha de la invasión a Cuba queda fijada para el mes siguiente. Una delación que les cuesta casi dos meses de cárcel posterga la partida que finalmente tiene lugar el 25 de noviembre, un viaje de cinco días en el yate Granma que habría de coincidir con la huelga general dirigida por Frank País. El desembarco se retrasa y la huelga es finalmente aplastada. Finalmente se produce el desembarco de los ochenta y dos combatientes que forman la columna en la isla, sufriendo el grupo una derrota y Guevara recibe dos heridas de bala sin consecuencias. La primera victoria de los guerrilleros se produce el 17 de enero de 1957.

El New York Times envía a Herbert Matthews, quien, mediante su informe y un reportaje a Fidel Castro, gana la simpatía del público para el pequeño grupo enfrentado a un ejército muy superior en soldados y recursos. Las notas del periodista entusiasman al pueblo cubano, que colabora cada vez más con los insurgentes, mientras Guevara es ascendido por Castro a comandante. Conduce las victorias de El Hombrito y La Mesa y funda el primer periódico de la guerrilla, El cubano libre.

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En 1958, Guevara instala en La Mesa una especie de cuartel general de información con transmisiones de radio (Radio Rebelde) de los partes de guerra y propaganda revolucionaria. La guerra continúa y las fuerzas insurgentes se consolidan. Guevara se pone al frente, junto a Camilo Cienfuegos, de la Columna Invasora N.º 8 y cruza la isla en un penoso viaje de más de seiscientos kilómetros. En diciembre conoce a Aleida March. Al llegar al Escambray unifica las distintas formaciones guerrilleras. Mientras tanto, Fidel avanza sobre Santiago de Cuba.

La unión de las diversas columnas permite al Che tomar la estratégica ciudad de Santa Clara, el 31 de diciembre de 1958. La acción, precipita la caída de la dictadura de Batista. Fidel Castro llega hasta el lugar y decreta la reforma agraria en la provincia. Finalmente, el 1 de enero de 1959, Batista parte al exilio. El 5 del mismo mes es nombrado como Presidente el candidato revolucionario Manuel Urrutia Lleó y el 8 de enero, las fuerzas revolucionarias entran victoriosas en La Habana.

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Raúl Castro, a la izquierda, fuma junto a Ernesto Guevara en la montaña Sierra Cristal en el este de Cuba, en abril de 1958.

El Che se divorcia de Hilda Gadea y el 9 de junio de dicho año se casa con Aleida March, quien militaba en el Movimiento 26 de Julio, e inicia una serie de viajes. En la República Árabe Unida se entrevista con Nasser, quien lo proclama «gran libertador de los oprimidos», en la India se reúne con Nehru y en Belgrado con Tito. A su regreso a Cuba es designado presidente del Banco Central. En 1960, Guevara participa de las negociaciones con los soviéticos para el establecimiento de convenios comerciales entre rusos y cubanos. En octubre de este año, parte a Europa en una misión económica, para dirigirse luego a China, donde se entrevista con Mao Tsé Tung y firma con Nikita Kruschev el tratado de amistad cubano-soviético.

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Ché Guevara y Fidel Castro

El 3 de enero de 1961, los Estados Unidos anuncian la ruptura de relaciones con el gobierno cubano. En febrero del mismo año, Guevara acepta ser Ministro de Industria y el 17 de abril se produce la invasión de Bahía Cochinos (Playa Girón), donde Fidel proclama el carácter socialista de la Revolución Cubana. Ante la derrota yanqui, el Che dirá: «…es la primera derrota del imperialismo en América Latina y en escala mundial».

Después de la invasión, viaja a Punta del Este, donde participa en la reunión del Consejo Económico y Social de la Organización de Estados Americanos (O.E.A.), en la cual interviene para presagiar el fracaso de la Alianza para el Progreso, política que impulsaba el gobierno demócrata de Kennedy. Mantiene reuniones secretas con el presidente argentino, Arturo Frondizi, y con el brasileño, Janio Quadros, quienes serían derrocados más tarde por golpes militares.

Su papel en el proceso de la Revolución Cubana es cada vez más importante y en 1962 compone, junto a Fidel y Raúl Castro, Osvaldo Dorticós, Blas Roca y Emilio Aragonés, la Dirección Nacional de las Organizaciones Revolucionarias Integradas. En octubre de ese año se produce la llamada «crisis de los mísiles», cuando el gobierno estadounidense denuncia la presencia de armamento soviético en la isla. El conflicto termina con la retirada soviética, lo cual pone en solfa el alcance del apoyo de Nikita Kruschev al gobierno de Fidel Castro, a pesar de los zapatazos que el dirigente soviético propinó en una mesa de la O.N.U. En junio de 1963, Guevara llega a Argelia y en 1964 preside la delegación cubana ante la Asamblea General de las Naciones Unidas y viaja nuevamente a Argel, donde se entrevista con Ben Bella.

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Ché Guevara en África

El año 1965 estará marcado por numerosos viajes a África, en especial al Congo y a Guinea, tratando de profundizar en la tendencia marxista-leninista, además de combinar la participación de guerrilleros cubanos en las fuerzas insurrectas en Angola. El 25 de febrero, el Che ataca duramente a la Unión Soviética en un discurso en Argel, por estar en total desacuerdo con su visión del socialismo: el Che propone crear un gran grupo compacto de naciones en proceso de liberación, asistiéndose mutuamente de forma gratuita, mientras que la U.R.S.S. rechaza la propuesta. Pero al volver a Cuba, el 15 de marzo, debe dar explicaciones y se reúne con Fidel Castro durante 48 horas; lo que hablaron nunca trascendió.

Esta conversación, sin embargo, parece que fue determinante para la aparición de la primera fisura en la revolución cubana: Guevara se retira de la arena política. Finalmente, en julio, Guevara aparece en el Congo, al frente de un grupo guerrillero cubano, para luchar contra el gobierno de Moisés Tshombé, que contaba con el apoyo belga y estadounidense. A la decepción que le produjo la guerrilla congoleña se suma la lectura pública, por parte de Castro, de tres cartas de despedida, una dirigida a Fidel, otra a sus padres y la restante a sus hijos. Esta decisión sorprendió y decepcionó al Che, al entender que —en la práctica— se le expulsaba de Cuba. La consecuencia inmediata en el Congo fue, como él cuenta en su diario, que sus compañeros vieran en él a un extranjero colaborando con los cubanos, a pesar de que un decreto del propio Gobierno cubano le había concedido dicha nacionalidad. A finales de noviembre, el Che y el resto de cubanos, salen del Congo, después de siete meses de una guerra absurda y ajena. En ese país, con el nuevo nombre de Zaire, toma el poder Mobutu.

El Che y sus companeros de lucha en plena selva boliviana. 1967 - Poesia Online
El Che y sus compañeros de lucha en plena selva boliviana. 1967.

El Che ya no quería volver a Cuba y en Dar es Salaam, (Remanso de paz) Tanzania, en la embajada cubana, recupera energías y reflexiona sobre la experiencia congoleña. Fidel, con cierta culpabilidad y obligado, sin duda, por su enorme popularidad en la isla, le pide que vuelva. El Che viaja a Praga y permanece allí casi cuatro meses, también en clandestinidad. Y de esa misma condición y disfrazado, regresa a Cuba, para organizar el siguiente objetivo. En agosto de 1966 entra en Bolivia con una credencial de observador de la OEA, afeitado y calvo, luciendo gafas. Ahora es Ramón Benítez. Allí recorre el país conversando con los diversos grupos guerrilleros y comienza la acción sin el apoyo del Partido Comunista Boliviano. La experiencia es recogida en el Diario del Che en Bolivia. El 8 de octubre de 1967, tras ser herido en una pierna cae prisionero, en un lugar denominado quebrada del Churo, por una patrulla de rangers con mando norteamericano y posteriormente es asesinado, en la escuela de La Higuera, según las órdenes del régimen boliviano, presionado —al parecer— por la C.I.A. Luego se exhibe su cuerpo a los periodistas y curiosos en un lavadero, antes de enterrarlo en un lugar que no fue descubierto hasta 1997; se le cortan las manos para que no pueda ser posteriormente identificado mediante las huellas dactilares.

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Aleida March junto a Ché Guevarra en un mitin.

Ernesto Guevara de la Serna, conocido como el Che, el apodo que recibiera de sus compañeros de guerrilla en la Sierra Maestra, entra en la historia para siempre y su imagen recorre el mundo como un símbolo de la libertad y de la lucha contra la opresión. Su inmortal imagen, retratada por el fotógrafo cubano Alberto Korda, se comercializa en camisetas, banderas y recuerdos en ferias y tiendas del mundo entero, pero este reduccionismo consumista no podrá ocultar a las nuevas generaciones la fuerza y el temple de un hombre que cambió la figura del revolucionario.

En la carta de despedida a sus padres, decía el Che: «Otra vez siento bajo mis talones el costillar de Rocinante; vuelvo al camino con la adarga al brazo… Muchos me dirán aventurero, y lo soy; sólo que de un tipo diferente y de los que ponen el pellejo para demostrar sus verdades… Y sobre estas palabras el escritor Víctor Montoya, dice en su artículo Che: «Así te recordamos, comandante, con la estrella en la boina y el porvenir en la mirada».

Así le recordará la historia viva, la que no olvida, que seguirá cantando: ¡Hasta siempre, comandante…!

José Miguel Jiménez

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Ché Guevara con su esposa Aleida March y sus hijos

La figura de Ernesto Guevara ha sido motivo de una gran cantidad de obras artísticas, tanto en Argentina y Cuba como en el resto del mundo. Sin duda alguna la más conocida es la canción Hasta siempre comandante, compuesta por Carlos Puebla, que se ha convertido en un clásico de la canción latinoamericana.

Hoy en día su figura sigue siendo un símbolo de los que buscan libertad, justicia social y de aquellos que se resisten a la opresión.

Premios

  • Orden de la República, Egipto, 1959.
  • Doctorado honoris causa en Pedagogía, Universidad Central de Las Villas, 1959.
  • Orden del León Blanco en Primera Clase, Checoslovaquia, 1960, «por su colaboración para el fomento de relaciones amistosas entre ambos países».
  • Gran Cruz de la Orden Nacional de la Cruz del Sur, Brasil, 1961, «para expresar a Vuestra Excelencia, al Gobierno de Cuba y al pueblo cubano, nuestra gratitud, nuestro respeto».
  •  Orden de la Gran Revolución del Primero de Septiembre, Libia, 1990.
  • Ciudadano Ilustre post mortem de Rosario, 2002.
  • Doctorado honoris causa en Ciencias Médicas, Instituto Superior de Ciencias Médicas, 2003.
  •  Orden Augusto César Sandino en grado Batalla de San Jacinto, máxima condecoración de Nicaragua, 2008.

 

Libros, cuadernos y artículos escritos por Ernesto Guevara

  • El socialismo y el hombre nuevo (1a ed. 1977) (Siglo XXI Editores)
  • Diccionario filosófico (1946-1957), publicadas parcialmente.
  • Índice literario (1946-1957), inédito.
  • La angustia (1951), cuento publicado por Página/12, 1992.
  • Machu Picchu: enigma de piedra en América, 1953
  • Notas de viaje (diarios de motocicleta), redactadas sobre su cuaderno de notas durante el viaje.
  • Aquí va un soldado de las Américas, cartas a su familia recopiladas por el padre.
  • La guerra de guerrillas, 1960.
  • Pasajes de la guerra revolucionaria cubana, 1963.
  • Apuntes críticos a la economía política, La Habana, 2006.
  • El año en que estuvimos en ninguna parte, 1965. Escrita por el Che cuando participaba en la guerrilla del Congo.
  • La duda, cuento corto escrito en el Congo.
  • La piedra, cuento corto, escrito posiblemente en la época que murió su madre.
  • Diario del Che en Bolivia, 1968 (publicado en Buenos Aires, Legasa, 1994).
  • Escritos y discursos en nueve tomos. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1977 y segunda reimpresión, 1985.
  • Obras Completas, 1997.
  • Pasajes de la guerra revolucionaria: Congo, publicado en 1999.
  • Carta inédita de Guevara a Armando Hart Dávalos, publicada por la revista cubana Contracorriente, 1997.
  • «Otra vez» (El diario inédito del segundo viaje por América Latina 1953-1956), publicado en 2000,
    Diario de un combatiente (Anderson,724), inédito.
  • Poema dejado por Ernesto Guevara a su esposa Aleida. Ha manifestado que solo será público cuando ella muera.

Documentos inéditos del Che Guevara

Existe una gran cantidad de escritos, poesías y materiales inéditos de Ernesto Guevara, la mayoría de ellos en poder de su viuda, Aleida March, presidenta del Centro de Estudios Che Guevara. Periódicamente y de manera pautada, March ha ido liberando y publicando algunos de esos documentos, como hizo en 1999 con el Diario del Congo. La última publicación en 2012 fue una colección de textos escritos por Guevara entre su juventud y su estadía en Bolivia bajo el título Apuntes filosóficos.

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Homenaje a Ché Guevara pintado por Virginia Valdominos

SELECCIÓN DE POEMAS DE CHÉ GUEVARA

Otra vez siento bajo mis talones el costillar de

Rocinante, vuelvo al camino con mi adarga al brazo.”

Ernesto Che Guevara

AUTORRETRATO OSCURO

De una joven nación de raíces de hierba
(raíces que niegan la rabia de América)
vengo a ustedes, hermanos norteños.
Cargado de gritos de desaliento y de fe,
vengo a ustedes, hermanos norteños,
vengo de donde venimos los “homo sapiens”,
devoré kilómetros en ritos trashumantes;
con mi materia asmática que cargo como una cruz
y en la entraña extraña de metáfora inconexa.
La ruta fue muy larga y muy grande la carga,
persiste en mí el aroma de los pasos vagabundos
y aún en el naufragio de mi ser subterráneo
–a pesar de que se anuncian orillas salvadoras–
nado displicente contra la resaca,
conservando intacta la condición de náufrago.
Estoy solo frente a la noche inexorable
y a cierto dejo dulzón de los billetes.
Europa me llama con voz de vino añejo,
aliento de carne rubia, objetos de museo.
Y en la clarinada alegre de países nuevos
yo recibo de frente el impacto difuso
de la canción, de Marx y Engels,
que Lenin ejecuta y entonan los pueblos.

ASÍ CUANDO ESTE DÍA…

Así cuando este día con mano temblorosa
pongo mi prisma en un registro ambiguo.
Con el sabor extraño de fruto encajonado
antes de consumar la madurez al árbol.
A veces no percibo su llamado
desde mi alada torre de viejo solitario,
pero hay días que siento despertar al sexo
y voy a la hembra, a mendigar un beso;
y sé entonces que jamás besaré el alma
de quien no logre llamarme camarada…
Sé que los perfumes de valores puros
llenarán mi mente de fecundas alas,
sé que dejaré los agnósticos placeres,
de copular ideas sin funciones prácticas.
Sé que el día del combate a muerte
hombros del pueblo apoyarán mis hombros,
que si no veo la total victoria
de la causa porque lucha el pueblo,
será porque caí en la brega
por llevar la idea hasta un fin supremo,
lo sé con la certeza de la fe que nace
quitando del plumaje el cascarón antiguo.

LA CIENCIA QUE MUESTRA…

La ciencia que muestra un microscopio negro
es un médico almidonado frente a una
registradora.
El arte…, todo lo que el arte muestra
es la estéril mecánica de una Leica.
Un indio cargado de penas y temores (y también
de añoranzas
por aquello que fue aunque no fuera
y cuyo retorno anhela),
una sonrisa estúpida de coca, alcohol y hambre.
Un sexo vendido al peso
–muy barato en América–.
Un recuerdo indiferente de glándulas vacías.
Guatemala, que me dejaste
una amplia herida en el flanco
y una mujer que encuentra en sus pesares
la oportunidad de succionarlas y succionarme,
un vago sentimiento de sollozo dilapidado.
Y hay un hilo que une, una a una, las cuitas:
es el grito del hombre que despierta.

QUISE LLEVAR EN LA MALETA…

Quise llevar en la maleta
el sabor fugaz de tus entrañas
y quedó en el aire circular y cierto,
el insulto a lo viril de mi esperanza.
Ya me voy por caminos más largos que el
recuerdo
con la hermética soledad del peregrino,
pero, circular y cierto, a mi costado
algo marca el compás de mi destino.
Cuando al final de todas las jornadas
ya no tenga un futuro hecho camino,
vendré a reverdecerme en tu mirada
ese riente jirón de mi destino.
Me iré por caminos más largos que el recuerdo
eslabonando adioses en el fluir del tiempo.

DESPEDIDA A TOMÁS

A ti, encallado amigo,
hacia las aguas quietas
del arrecife blanco
donde te amarra tu sueño de náufrago,
va mi canción de despedida.
Hoy he despertado
con afán de alas en las jarcias,
y tiendo velas inalámbricas
navegando hacia el puerto de la hora
marcado por la brújula indolente.
Hoy estiro mi lenguaje al viento
para estrechar tus palabras
y llevarme algo de tu lamento tierno
a compartir asombros
que ya estoy viviendo.
Se fue ya la primavera
que fertiliza tu almohada;
no es por mi partida
sino por tu nave que ya no navega.
Te comprendo, golondrina truncada.
Quisiera llevarte a la fuente Castalia
o darte elixir de iguales poderes;
y aunque soy un médico asomado a las cosas
que no las transforma y apenas comprende.
Tengo no obstante una fórmula mágica
–creo que la aprendí en una mina de Bolivia,
o tal vez chilena, peruana o mexicana,
o en el destroncado imperio de Sonora,
o en un puerto negro del Brasil africano,
o tal vez en cada punto una palabra–.
La fórmula es sencilla:
No te ocupes del cerco, ataca el arrecife,
une tus manos jóvenes a la piedra anciana
y dale en tu pulso a los rojos corales palpitantes
en diminutas ondas cotidianas.
Un día, aunque mi recuerdo sea una vela
más allá del horizonte
y tu recuerdo sea una nave
encallada en mi memoria,
se asomará la aurora a gritar con asombro
viendo a los rojos hermanos del horizonte
marchando alegres hacia el porvenir.
Ellos, como los males, quietos terribles y blancos,
como la noche sorprendida al revés.
Y entonces, poeta blancuzco de cuatro paredes,
serás el cantor del universo;
entonces, poeta trágico, delicado, enfermo,
serás un robusto poeta del pueblo.

 

LA VIEJA MARÍA

Vieja María, vas a morir,
quiero hablarte en serio:
Tu vida fue un rosario completo de agonías,
no hubo hombre amado, ni salud, ni dinero,
apenas el hambre para ser compartida;
quiero hablar de tu esperanza,
de las tres distintas esperanzas
que tu hija fabricó sin saber cómo.
Toma esta mano de hombre que parece de niño
en las tuyas pulidas por el jabón amarillo.
Restriega tus callos duros y los nudillos puros
en la suave vergüenza de mis manos de médico.
Escucha, abuela proletaria:
cree en el hombre que llega,
cree en el futuro que nunca verás.
Ni reces al dios inclemente
que toda una vida mintió tu esperanza.
Ni pidas clemencia a la muerte
para ver crecer a tus caricias pardas;
los cielos son sordos y en ti manda el oscuro;
sobre todo tendrás una roja venganza,
lo juro por la exacta dimensión de mis ideales
tus nietos todos vivirán la aurora,
muere en paz, vieja luchadora.
Vas a morir vieja María;
treinta proyectos de mortaja
dirán adiós con la mirada,
el día de estos que te vayas.
Vas a morir vieja María,
quedarán mudas las paredes de la sala
cuando la muerte se conjugue con el asma
y copulen su amor en tu garganta.
Esas tres caricias construidas de bronce
(la única luz que alivia tu noche),
esos tres nietos vestidos de hambre,
añorarán los nudos de los dedos viejos
donde siempre encontraban alguna sonrisa.
Eso será todo, vieja María.
Tu vida fue un rosario de flacas agonías,
no hubo un hombre amado, salud, alegría,
apenas el hambre para ser compartida,
tu vida fue triste, vieja María.
Cuando el anuncio de descanso eterno
enturbia el dolor de tus pupilas,
cuando tus manos de perpetua fregona
absorban la última ingenua caricia,
piensas en ellos… y lloras,
pobre vieja María.
¡No, no lo hagas!
No ores al dios indolente
que toda una vida mintió tu esperanza
ni pidas clemencia a la muerte,
tu vida fue horriblemente vestida de hambre,
acaba vestida de asma.
Pero quiero anunciarte,
en voz baja y viril de las esperanzas,
la más roja y viril de las venganzas
quiero jurarlo por la exacta
dimensión de mis ideales.
Toma esta mano de hombre que parece de niño
entre las tuyas pulidas por el jabón amarillo,
restriega los callos duros y los nudillos puros
en la suave vergüenza de mis manos de médico.
Descansa en paz, vieja María,
descansa en paz, vieja luchadora,
tus nietos todos vivirán la aurora,
LO JURO.

 

CANTO AL NILO

Enorme es tu pasado
insumiso mar de dos mareas.
Tu sinfonía de inquietos cocodrilos
dio marco al monolítico arquitecto;
las plegarias del hombre labraron su futuro
a partir del concepto que aprendiste de la vida,
tu sangre legamosa
llenó las tierras de blancos trinos vegetales;
tu mecanismo de cósmico impulso
llevó al África a través de las eras
desde antes que a los toros venerara.

Pero cuánto dormiste;
cuarenta siglos fueron hasta el grito del coraje
que sólo estremeciera tu músculo atrevido.

Si hoy le canto al ayer de muerta piedra
y convoco los recuerdos de Tebas,
es que el presente aflora en tu pasado,
es que vive en la presa de Asuán
y en Suez reconquistado.
Canto al nuevo grito de tu garganta sonora,
al hondo retumbar de las pisadas solemnes
uniendo su destino en el polvo del desierto.

Canto a la mano sobria que estrecha su certeza
con la certeza inculta del último beduino.
Va el canto hacia los hijos que defienden tu suelo
con los firmes morteros de los rifles del pueblo.

(¿Alguien puede afirmar sin sonrojarse
el triunfo de la fuerza sobre la fe del hombre?)

Te admiro y te presiento en mis almas sustanciales
con toda tu justicia de arteria nutritiva,
te quiero porque hermano mi aurora con tu aurora
y en mis carnes se adentra la feroz mordedura de coloniales fauces
(decadentes mandíbulas celadoras de Israel)
y retumba en mis sienes, en el clásico son,
el eco de las bombas que caen sobre tu hermano
rectilíneo y sosegado hermano artificial,
sin doblegar tu cielo de impávidas alburas.
Hoy que mi patria está llena de jalones huecos
y yo inicio mi pistola en hazañas menores,
tu epopeya acicatea mis ideales
espuela de la lucha nos recuerda
badajo de la fuera más sublime.
Si tu impulso no emerge en las riberas del Plata
y es vano tu ejemplo para ahuyentar su modorra,
llevaré mis pupilas cargadas de tu esperma
para derramarlas sobre la tierra en derrota.
Al fin,
¿alguien puede afirmar sin sonrojarse
el triunfo de la espada sobre la fe del hombre?

UNA LÁGRIMA HACIA TI

Ay, Guatemala
yo preparé mi sangre en batallones rojos
para regarla entera sobre la tierra santa.
¡La conservo intacta
en mi purpúrea alcurnia de soldado ileso!
Silencios de derrota atisban mis insomnios.
Los siento, en resabios de miel amarga,
pringando mis acciones de recelo.
Haz caído, Guatemala.
Guía, esperanza, ejemplo de América, has caído.
¡Titán de cenizas!
¡Desintegrada imagen de la fe vencida!
El polvo que la ruina anuncia
en los aires grises va formando nubes.
Allá en los horizontes, se confunden
con las nubes negras que provocan cascos
de centauros-pulpos de prosapia rubia.
Vienen sedientos a tu fresca savia;
la tomarán a sorbos, «por la democracia».
Mis ojos no pueden seguir siempre secos
cuando están tan húmedos los de tu pueblo.
El pueblo llora, Guatemala, pero cree.
Llora pero sabe que el porvenir es fiel.
Por aquel que no murió en la hora del combate
(ese mismo que ahora muere sin cielo por testigo);
por el que escapó a la muerte y la encontró de nuevo;
por el dolor de dejarte y el de haberte perdido;
por la enorme lágrima que llora el pueblo;
por el porvenir;
por ti y por mí;
Guatemala, hoy que me alejo,
envío esta lágrima esperanzada y doliente
a dialogar futuros con tu pueblo inerme.

INVITACIÓN AL CAMINO

Para Helena Leivat

Hermana, falta mucho para llegar al triunfo
Hermana, falta mucho para llegar al triunfo.
El camino es largo y el presente incierto;
¡el mañana es nuestro!
No te quedes a la vera del camino.
Sacia tus pies en este polvo eterno.
Conozco tu cansancio y tu desazón tan grandes;
sé que en el combate se opondrá tu sangre
y sé que morirías antes que dañarla;
A la reconquista ven, no a la matanza.
Si desdeñas el fusil, empuña la fe;
si la fe te falla, lanza un sollozo;
si no puedes llorar, no llores,
pero avanza, compañera,
aunque no tengas armas y se niegue el norte.
No te invito a regiones de ilusión,
no habrá dioses, paraísos, ni demonios
–tal vez la muerte oscura sin que una cruz la marque-
Ayúdanos hermana, que no te frene el miedo,
¡vamos a poner en el infierno el cielo!
No mires a las nubes, los pájaros o el viento;
nuestros castillos tienen raíces en el suelo.
Mira el polvo, la tierra tiene
la injusticia hambrienta de la esencia humana.
Aquí este mismo infierno es la esperanza.
No te digo allí, detrás de esa colina;
no te digo allá, donde se pierde el polvo;
no te digo, de hoy, a tantos días visto…
Te digo: ven, dame tu mano cálida
–esa que conocen mis enjugadas lágrimas–
Hermana, madre, compañera… ¡CAMARADA!
este camino conduce a la batalla.
Deja tu cansancio, deja tus temores,
deja tus pequeñas angustias cotidianas.
¿Qué importa el polvo acre?, ¿qué importan los
escollos?
¿Qué importa que tus hijos no escuchen el
llamado?
A su cárcel de green-backs vamos a buscarlos.
Camarada, sígueme; es la hora de marchar…

QUISE LLEVAR EN LA MALETA…

Quise llevar en la maleta
el sabor fugaz de tus entrañas
y quedó en el aire circular y cierto,
el insulto a lo viril de mi esperanza.
Ya me voy por caminos más largos que el
recuerdo
con la hermética soledad del peregrino,
pero, circular y cierto, a mi costado
algo marca el compás de mi destino.
Cuando al final de todas las jornadas
ya no tenga un futuro hecho camino,
vendré a reverdecerme en tu mirada
ese riente jirón de mi destino.
Me iré por caminos más largos que el recuerdo
eslabonando adioses en el fluir del tiempo.

UAXACTÚN… DORMIDA

A Morley, el desconocido y venerado amigo

Uaxactún, la de grises ensueños,
voz escondida detrás del misterio;
bella durmiente de los bosques nuestros;
he venido a besarte los ruedos,
o la verde maraña del pelo,
o el aire que mide el silencio.
Uaxactún, Uaxactún.
Yo sé que tu muerte es invento del blanco:
te dormiste cansada de andar por los siglos,
compañera sola del monte infinito.
Adivino el comienzo del sueño,
cuando lanzaste tus glóbulos pardos
–retoños del bronce– al fluir de los vientos,
Uaxactún, Uaxactún.
Imitando en atávico gesto
La dispersión que allende los mares
nos enviara el asiático ancestro.
Y cuando lanzaste tu grito de adiós
despidiendo al abuelo del abuelo
del quetzalíneo Tecum.
Uaxactún, Uaxactún.
Y cuando cerraste tus ojos de templos,
y cuando cruzaste tus brazos de estelas
(detenidos relojes que duermen el tiempo).
Más tu embrujada quietud y el silencio
Cederán al influjo de un príncipe bello
que «levántate y anda» te ordene en un beso.
Uaxactún, Uaxactún.
Ya se oye en tu sueño de siglos
el trinar de aurorales alondras,
anunciando el final de la noche
cuando tus nuevos retoños de bronce
se bañan al sol que alumbra SUS tierras.
UAXACTÚN
UAXACTÚN
Es el final del sueño:
se anuncia el príncipe;
deviene el pueblo
con pífanos y tamboriles,
sembrando ejemplos rojos
en el corazón de América.

CANTO A FIDEL

Vámonos,
ardiente profeta de la aurora,
por recónditos senderos inalámbricos
a liberar el verde caimán que tanto amas.
Vámonos,
derrotando afrentas con la frente
plena de martianas estrellas insurrectas,
juremos lograr el triunfo o encontrar la muerte.
Cuando suene el primer disparo y se despierte
en virginal asombro la manigua entera,
allí, a tu lado, serenos combatientes,
nos tendrás.
Cuando tu voz derrame hacia los cuatro vientos
reforma agraria, justicia, pan, libertad,
allí, a tu lado, con idénticos acentos,
nos tendrás.
Y cuando llegue al final de la jornada
la sanitaria operación contra el tirano,
allí, a tu lado, aguardando la postrer batalla,
nos tendrás.
El día que la fiera se lama el flanco herido
donde el dardo nacionalizador le dé,
allí, a tu lado, con el corazón altivo,
nos tendrás.
No pienses que puedan menguar nuestra
entereza
las doradas pulgas armadas de regalos,
pedimos un fusil, sus balas y una peña.
Nada más.
Y si en nuestro camino se interpone el hierro,
pedimos un sudario de cubanas lágrimas
para que se cubran los guerrilleros huesos
en el tránsito a la historia americana.
Nada más.

MI ÚNICA EN EL MUNDO

A hurtadillas extraje de la alacena de Hickmet
este solo verso enamorado,
para dejarte la exacta dimensión de mi cariño.
No obstante,
en el laberinto más hondo del caracol taciturno
se unen y repelen los polos de mi espíritu:
tú y todos.
Los todos me exigen la entrega total,
¡que mi sola sombra oscurezca el camino!
Mas, sin burlar las normas del amor sublimado
le guardo escondida en mi alforja de viaje.
(Te llevo en mi alforja de viajero insaciable como
al pan nuestro de todos los días.)
Salgo a edificar las primaveras de sangre y
argamasa
y dejo en el hueco de mi ausencia,
este beso sin domicilio conocido.
Pero no me anunciaron la plaza reservada
en el desfile triunfal de la victoria
y el sendero que conduce a mi camino
está nimbado de sombras agoreras.
Si me destinan al oscuro sitial de los cimientos,
guárdalo en el archivo nebuloso del recuerdo;
úsalo en noches de lágrimas y sueños…
Adiós, mi única,
no tiembles ante el hambre de los lobos
ni en el frío estepario de la ausencia;
del lado del corazón te llevo
y juntos seguiremos hasta que la ruta se esfume…

ESPAÑA EN AMÉRICA

¿Recuerdas, Guatemala,
esos días de julio del año 36?
Claro que sí.
En tu pétreo esqueleto,
en tus venas cantarinas,
en tu cabellera verde,
en tu volcánico seno
lo recuerdas.
Como a mí, con mi memoria de niño
succionando el pasado,
aflora a tu recuerdo invertebrado
de democracia en pañales,
el tableteo lejano de la infamia.
Tus viejos poetas lo recuerdan,
tus jóvenes vates lo adivinan:
en Granada y en la noche sin aurora
el plomo brotaba de las manos
que llorando balas ahogaban
la voz del Rey de los gitanos.
Todos tus cantores lo recuerdan.
Granada, Bananera,
nombres frescos de frutas sacarinas.
Granada, Bananera,
símbolos trágicos del hombre en el ocaso.
Allí, en Europa, los que «tienen
–por eso no lloran–
de plomo las calaveras».
Aquí, en América, los que se venden,
–por lo que den–
al dólar de la frutera.
No pudieron desmenuzar poetas,
pero con granadas abrieron
–como granadas frutas sacarinas–
el pecho de los hijos de tu pueblo.
El delito de ser libres los llevó hasta el cementerio.
El delito de ser hombres los puso entre los
muertos
y los títeres gritaban,
mataban, escarnecían,
con la voz y con la acción
de «mamita compañía».
Castillo Armas aquí
allá se llamó Franco.
Dos nombres y el pueblo ensangrentado,
y un grito que cementa el viejo abrazo.
¿Y Chamberlain, Hitler, Mussolini?
Murieron, mas sus hijos proliferan.
El gran retoño en que perdura el Eje
es un venerable abuelo de lustrosa calva,
evangélica sentencia y puñal aleve.
Venera antepasados con religiosa unción
y enciende cirios ante el jefe de su clan,
el mítico personaje esclavizador;
el Señor monopolio.
Y Chamberlain, ¿no tuvo hijos?
¡Ay, los tuvo!
Ay, su pútrido esperma
germinó en América.
Vargas y Pinillas se llaman los traidores
que la faz de los pueblos
mancharon de vergüenza.
(No hablemos de Gálvez ni Somoza,
viejos receptáculos de mierda).
En sus manos tienen sangre americana
Y en la cara escupitajo
de los hijos de Brasil, de Colombia,
de Honduras, Nicaragua y Guatemala.
«Anticípole defensa del mundo occidental».
«Jamás olvidaré al glorioso general».
¡Cómo aúllan los chacales en la noche!
¡Cómo azuza el abuelo a sus coyotes!
Mas la historia consumió decenios
enseñando la meta a donde lleva el miedo.

DE PIE EL RECUERDO…

De pie el recuerdo caído en el camino,
cansado de seguirme sin historia,
olvidado en un árbol del camino.
Iré tan lejos que el recuerdo muera
destrozado en las piedras del camino
seguiré siendo el mismo peregrino
de pena adentro y la sonrisa fuera.
Esa mirada circular y fuerte
en un mágico pase de muleta
esquivó en mi ansia toda meta
convirtiéndome en vector de la tangente.
Y no quise mirar para no verte,
sonrosado torero de mi dicha,
invitarme con aire displicente.

A LOS MINEROS DE BOLIVIA

En un 9 de abril
Es el trueno y se desboca
con inimitable fragor.
Cien y mil truenos estallan,
y es profunda su canción.
Son los mineros que llegan,
son los mineros del pueblo,
los hombres que se encandilan
cuando salen al sol,
y que dominan el trueno
y aman su recio fragor.
¿Que la metralla los siega
y la dinamita
estalla
y sus cuerpos se disfunden (sic)
en partículas de horror,
cuando llega alguna bala hasta el ígneo cinturón?
¡QUÉ IMPORTA!;
Es el trueno y se desboca
con inimitable fragor.
Cien mil truenos estallan,
y es profunda su canción.
Por la boca del trueno
se oye volar el valor.
Son los mineros de acero,
son el pueblo y su dolor.
Salen de una caverna
colgada en la montaña.
Son enjambres de topos
que llegan a morir
sin miedo a la metralla.
Morir, tal la palabra
que es norte de sus días;
morir despedazado,
morir de silicosis,
morir lenta agonía
en la cueva derrumbada.

¿QUÉ MÁS DA?

María Bárzola los guía
y hay resortes que impulsan
a los topos combatientes:
Son mujeres no-mujeres
que duermen en sus camas,
son niños esqueletos
que maman de esas mamas;
es el hombre y la miseria,
la sed de justicia humana,
las que impulsan al combate
a la fiera grey armada.
Ellos lanzan a Bolivia,
desde su muerte ignorada,
la anunciaron de un futuro que la vida
les cobrara.
«Cuando caigan los barones
que el estaño fabricó
y el pueblo diga: “son míos”,
sobre los campos yermos,
callarán estos fusiles,
callará también el trueno,
no sonará el pututu
ni se oirán nuevos lamentos,
y las espaldas felices
se doblarán bajo el peso
que pesa todo lo nuestro».

PALENQUE

Algo queda vivo en tu piedra,
hermana de las verdes alboradas
tu silencio
escandaliza las tumbas reales.
te hiere el corazón la piqueta indiferente
de un sabio de gafas aburridas
y te golpea el rostro la procaz ofensa
del estúpido “¡oh!” de un gringo turista.
Pero tienes algo vivo.
Yo no sé qué es,
la selva te ofrenda un abrazo de troncos
y aún la misericordia araña de sus raíces.
Un zoólogo enorme muestra el alfiler
donde prenderá tus templos para el trono,
y tú no mueres todavía.
¿Qué fuerza te mantiene
más allá de los siglos
viva y palpitante como en la juventud?
¿Qué dios sopla, al final de la jornada
el hálito vital en tus estelas?
¿Será el sol jocundo de los trópicos?
¿Por qué no lo hace en Chichén-Itzá?
¿Será el abrazo jovial de la floresta
o el canto melodioso de los pájaros?
¿Y por qué duerme más hondo a Quiriguá?
¿Será el tañir del manantial sonoro
golpeando entre los riscos de la sierra?
Los incas han muerto, sin embargo.

Y AQUÍ

“Soy mestizo”, grita un pintor de paleta
encendida,
“soy mestizo”, me gritan los animales
perseguidos,
“soy mestizo”, claman los poetas peregrinos,
“soy mestizo”, resume el hombre que me
encuentra
en el diario dolor de cada esquina,
y hasta el enigma pétreo de la raza muerta
acariciando una virgen de madera dorada:
“es mestizo este grotesco hijo de mis entrañas”.
Yo también soy mestizo en otro aspecto:
en la lucha en que se unen y repelen
las dos fuerzas que disputan mi intelecto,
las fuerzas que me llaman sintiendo de mis
vísceras
el sabor extraño de fruto encajonado
antes de lograr su madurez de árbol.
Me vuelvo en el límite de la América hispana
a saborear un pasado que engloba el continente.
El recuerdo se desliza con suavidad indeleble
con el lejano tañir de una campana.

 

 

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