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91. Poesía más Poesía: Juana de Ibarbourou y Pilar Rojas

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Revista de poesía dedicada a la poeta uruguaya Juana de Ibarbourou y a la poeta española Pilar Rojas

JUANA DE IBARGOROU

BIOGRAFÍA

Juana de Ibarbourou (Juana Fernández Morales), nace en Melo, Uruguay, en 1892. Poeta considerada una de las voces más personales de la lírica hispanoamericana de principios del siglo XX.
Su padre, Vicente Fernández, español de Galicia, nació en Lorenzana —provincia de Lugo—, cuya biblioteca municipal lleva el nombre de la poeta. Su madre, Valentina Morales, pertenecía a una de las familias españolas más antiguas del Uruguay. Juana de Ibarbourou vivió hasta los 18 años en Melo. Sobre su niñez y sus vivencias allí, escribió:
“Fue mi paraíso al que no he querido volver nunca más para no perderlo, pues no hay cielo que se recupere ni edén que se repita. Va conmigo, confortándome en las horas negras, tan frecuentes (…). Allí volará mi alma cuando me toque dormir el sueño más largo y pacificado que Dios me conceda a mí, la eterna insomne (…).
A los veinte años se casó con el capitán Lucas Ibarbourou, del cual adoptó el apellido con el que firmaría su obra. Tres años después se trasladó a Montevideo, donde vivió desde entonces.
Sus primeros poemas aparecieron en periódicos de la capital uruguaya (principalmente en La Razón) bajo el seudónimo de Jeannette d’Ibar, que pronto abandonaría.

Juana de Ibarbourou poetisa. 2 parada con libro - Poesia Online


En una carta fechada en Montevideo el 29 de julio de 1919, Ibarbourou pedía opinión sobre su primera obra, Las lenguas del diamante, a Miguel de Unamuno, con la petición de que remitiera ejemplares de su libro a los poetas Antonio y Manuel Machado y a Juan Ramón Jiménez. Éste le contestó expresándole su sorpresa y agrado por sus versos. Destacaba su desnudez espiritual y frescura.
La poesía de Juana de Ibarbourou tiene un sentido optimista de la vida, expresado con un lenguaje sencillo, sin complejidades conceptuales, que redunda en una expresividad fresca y natural.
El tema central de su poesía es el amor, acompañado por la juventud y la belleza, en su madurez le preocupa la noche, la vigilia, la soledad y la muerte.

Juana de Ibarbourou - Wikipedia, la enciclopedia libre


Su motivo más frecuente es la naturaleza, representada en los bosques, las selvas, los ríos y el mundo animal junto a los elementos, tierra, viento y especialmente el agua. Los motivos que utiliza evolucionan a lo largo de su poesía, así la noche pasa de tener connotaciones amorosas a representar la muerte en su etapa de madurez. Y el paisaje marino que aparece en su fase madura refleja una crisis personal, representando la soledad y, el presentimiento de la muerte.
En su primer libro, dedicado a su compañero y esposo, se desveló entregándose totalmente en sus poemas. Ello se interpretó en un lenguaje erótico, etiqueta que la perseguiría siempre. María Eugenia Vaz Ferreira, a los pocos días de recibir un ejemplar de su libro, le contestó diciendo: “yo no leo indecencias”. Por su parte, Gabriela Mistral lo calificó como un modelo de feminidad. Para Ibarbourou era el reflejo del alma de una muchacha sensible y apasionada.

Historia y biografía de Juana de Ibarbourou


Después de Las lenguas de diamante (1919), publicó El cántaro fresco (1920) y Raíz salvaje (1922), todos ellos muy marcados por el modernismo, cuya influencia se percibe en la abundancia de imágenes sensoriales y cromáticas y de alusiones bíblicas y míticas, aunque siempre con un acento singular.
Raíz salvaje es un libro sorprendente por lo arraigado en la vida cotidiana, en él aparecen elementos como un plumero, un tranvía, el agua corriente que Ibarbourou consiguió trascender e integrarlos en un contexto poético.
Por otra parte, imprimió a sus poemas un erotismo que constituye una de las vertientes capitales de su producción, la cual se vio tempranamente reconocida.
En 1929 recibió, en el Salón de los Pasos Perdidos del Palacio Legislativo, el título de “Juana de América”, de la mano de Juan Zorrilla de San Martín, frente a una multitud de poetas y personalidades, y con la participación del ensayista mexicano Alfonso Reyes.
El gobierno le ofreció una cátedra de Lengua y Literatura en el Instituto Normal adaptándose su libro Páginas de literatura contemporánea como texto escolar. Se había convertido en un mito nacional.
Poco a poco su poesía se fue despojando del ropaje modernista para ganar en efusión y sinceridad. En La rosa de los vientos (1930) se adentró en el vanguardismo, rozando incluso las imágenes surrealistas. Con Estampas de la Biblia, Loores de Nuestra Señora, los dos de 1934, inició en cambio un camino hacia la religiosidad.
En 1938 el Ministro de Educación de Uruguay organizó un curso de verano llamado “Curso sudamericano de vacaciones” en la Universidad de Montevideo. Fue invitada junto a Gabriela Mistral y Alfonsina Storni para explicar su poesía y su proceso creativo. En su conferencia, titulada Casi en pantuflas, expuso que el acto de creación poética ocurría en soledad, en un ambiente cotidiano. Se alejaba de la idea de santidad referida al poeta hombre.

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El 3 de octubre de 1947 fue elegida para sentarse en un sillón en la Academia Nacional de Letras. En su discurso de ingreso, dijo: “Nunca conocí fiesta mayor que cuando mi padre recitaba, bajo el rico dosel del emparrado, versos de Rosalía. De ahí mi vocación.
Juana de Ibarbourou ocupó la presidencia de la Sociedad Uruguaya de Escritores en 1950. Un logro muy importante para una mujer en esta época gobernada especialmente por hombres, donde las mujeres no poseían acceso a los cargos públicos.
Mientras fue presidenta de la Sociedad Uruguaya de Escritores trabajo en la producción de: Perdida (1950), Azor (1953) y Romances del destino (1955). En esta misma época, en Madrid, se publicaron sus Obras completas (1953), donde se incluyeron dos libros inéditos: Dualismo y Mensaje del escriba. Ese mismo año fue nombrada Mujer de las Américas por la Unión de Mujeres Americanas en Nueva York.
Cinco años más tarde su obra fue premiada en el Instituto de Cultura Hispánica de Madrid, y en 1959 el gobierno uruguayo le concedió el Gran Premio Nacional de Literatura, otorgado por primera vez aquel año.
Su obra en prosa estuvo enfocada fundamentalmente hacia el público infantil; en ella destacan Epistolario (1927), Chico Carlo (1944), Ejemplario (1928) y Puck (libretos de radioteatro para niños).
Federico García Lorca y Juan Ramón Jiménez, la visitaron en su casa en Montevideo.
Juana de Ibarbourou murió el 15 de julio de 1979; fue velada en el Salón de los Pasos Perdidos, lugar donde fue nombrada Juana de América. El gobierno decreto un día de duelo nacional y fue enterrada con honores de Ministro de Estado, siendo la primera mujer en la Historia de Uruguay a la que se le otorgó tal distinción.

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La poesía de Juana de Ibarbourou
La literatura uruguaya del siglo XX contó entre la nómina de sus autores con una serie de poetas cuya obra reviste fundamental importancia: María Eugenia Vaz Ferreira, Delmira Agustini y Juana de Ibarbourou. Cada una de ellas desplegó un acento propio y característico; así, mientras Vaz Ferreira representa la altiva castidad, y Agustini la mujer en espera anhelante, Juana de Ibarbourou es el equilibrio de la entrega espontánea.
Pero es con la chilena Gabriela Mistral con quien Juana de Ibarbourou mantiene un parentesco más directo: ambas poseyeron la misma sensibilidad exquisita y arrebatadora, la misma sinceridad de pasión, la misma facilidad y sencillez en la expresión. Las separa, en cambio, el mundo anímico que expresan: Gabriela Mistral está poseída de un espiritualismo cristiano; Ibarbourou, al menos en sus primeras obras (en las últimas se aproxima al tono de la poeta chilena), aparece loca de vida, pagana, desbordando toda ella vitalidad y sensualidad: “Tómame ahora que aún es temprano / y que llevo dalias nuevas en la mano”.
En sus inicios, Juana de Ibarbourou, como dijimos, no escapó a la influencia modernista, pero paulatinamente su poesía se desviste de pompas para ganar en efusión y sinceridad. En su producción poética encontramos una continua evolución que ha sido comparada al ciclo de la vida humana; se ha dicho que Las lenguas de diamante (1919) equivalen al nacimiento a la vida, Raíz salvaje (1922) a la apasionada juventud, La rosa de los vientos (1930) a la madurez y Perdida (1950) a la vejez. En cada uno de esos libros el paso del tiempo, en continua progresión, va adquiriendo una mayor importancia. Estampas de la Biblia (1934) y Loores de Nuestra Señora (1934) acusan una evolución religiosa.

El día que Juana de Ibarbourou se convirtió en un mito - 10/08/2019 - EL  PAÍS Uruguay


Los sentimientos de la autora, en soledad o en diálogo con la naturaleza, constituyen la temática central de sus versos. El escritor venezolano Rufino Blanco Fombona dijo de Ibarbourou que su filosofía se reduce al horror a la nada; por eso concebirá a la muerte como una continuación de la vida, casi como su evolución natural. No existe un verdadero horror a la muerte; en “Vida garfio”, uno de sus mejores poemas, se imagina muerta, pero, en realidad, continua sobreviviendo por el amor: “¡Por la parda escalera de raíces vivas / yo subiré a mirarte en los lirios morados!”.
Nada hay menos intelectual, pues, que la lírica de Ibarbourou; todos sus pensamientos arrancan de sus propias sensaciones. La naturaleza le atrae, la siente, y habla con ella, con el río y con el árbol; les da carne y sangre y hace que aparezcan ante nosotros con sus sufrimientos y alegrías. A veces recurre para ello a atrevidas imágenes; así describe el ciprés: “Parece un grito que ha cuajado en árbol / o un padrenuestro hecho ramaje quieto”.
Pero, ante todo, Juana de Ibarbourou es la voz del amor juvenil y ardoroso, de la mujer que se sabe admirada y deseada por el hombre y que lleva dentro de sí toda la fuerza de esa naturaleza que ama (“Besarás mil mujeres, mas ninguna / te dará esta impresión de arroyo y selva / que yo te doy”). Para ella el amor no es sino una forma de participación en el misterio continuo del mundo: “Somos grandes y solos sobre el haz de las campos”, le dirá a su amado. Siempre se encuentra en su voz, exigida por la fuerza de sus sentimientos, una sinceridad total en el pensamiento, y al mismo tiempo la expresión violenta e ingenua de la pasión.
En 1967 publicó Elegía, obra dedicada a su esposo Lucas Ibarbourou, fallecido muchos años antes. Como su título indica, el libro es un apasionado pero contenido canto de amor entonado en voz baja; aunque incluye algunas exasperadas quejas, por todos los poemas cruza un dulce sosiego, una sosegada resignación. “Ahora, ¿qué hacer, caídos los dos brazos, / rodeada de crepúsculo y de bruma?”, se pregunta ante su pérdida; sin embargo, algo la empuja a esperar que en alguna parte podrá recuperar aquel amor, que sigue vivo: “Nadie olvida porque yo no olvido, / y para que él no muera yo no muero”.

Libros

Poesía
 Las lenguas de diamante, (1919).
Raíz salvaje, (1922).
La rosa de los vientos, (1930).
Perdida, (1950).
Azor, (1953).
Mensaje del escriba, (1953).
Romances del Destino, (1955).
Oro y Tormenta, (1956).
La pasajera,(1967).
Angor Dei, (1967).
Elegía, (1968).

Prosa
El cántaro fresco, (1920).
Ejemplario, libro de lectura para niños, (1928).
Loores de Nuestra Señora, comentarios a los nombres de la Virgen María, (1934).
Estampas de la Biblia, (1934).
Chico Carlo, cuentos autobiográficos sobre su infancia, (1944).
Los sueños de Natacha, teatro infantil sobre temas clásicos, (1945).
Canto Rodado, libro de lecturas para escolares con J. Pereira Rodríguez, (1958).
Diario de una Isleña, prosa poética (1967).
Juan Soldado, colección de dieciocho relatos, (1971).

POEMAS

SUEÑO

¡Beso que ha mordido mi carne y mi boca
Con su mordedura que hasta el alma toca!
¡Beso que me sorbe lentamente vida
Como una incurable y ardorosa herida!

¡Fuego que me quema sin mostrar la llama
Y que a todas horas por más fuego clama!
¿Fue una boca bruja o un labio hechizado
El que con su beso mi alma ha llagado?

¿Fue en sueño o vigilia que hasta mí llegó
El que entre sus labios mi alma estrujó?
Calzaré sandalias de bronce e iré

A donde esté el mago que cura me dé.
¡Secadme esta llaga, vendadme esta herida
Que por ella en fuga se me va la vida!

De "Las lenguas del diamante"

VIDA – GARFIO

Amante: no me lleves, si muero, al camposanto.
A flor de tierra abre mi fosa, junto al riente
Alboroto divino de alguna pajarera
O junto a la encantada charla de alguna fuente.

A flor de tierra, amante. Casi sobre la tierra
Donde el sol me caliente los huesos, y mis ojos,
Alargados en tallos, suban a ver de nuevo
La lámpara salvaje de los ocasos rojos.

A flor de tierra, amante. Que el tránsito así sea
Más breve. Yo presiento
La lucha de mi carne por volver hacia arriba,
Por sentir en sus átomos la frescura del viento.

Yo sé que acaso nunca allá abajo mis manos
Podrán estarse quietas.
Que siempre como topos arañarán la tierra
En medio de las sombras estrujadas y prietas.

Arrójame semillas. Yo quiero que se enraícen
En la greda amarilla de mis huesos menguados.
¡Por la parda escalera de las raíces vivas
Yo subiré a mirarte en los lirios morados!

De "Las lenguas del diamante"

TE DOY MI ALMA…

Te doy mi alma desnuda,
Como estatua a la cual ningún cendal escuda.

Desnuda como el puro impudor
De un fruto, de una estrella o una flor;

De todas esas cosas que tienen la infinita
Serenidad de Eva antes de ser maldita.

De todas esas cosas,
Frutos, astros y rosas,

Que no sienten vergüenza del sexo sin celajes
y a quienes nadie osara fabricarles ropajes.

¡Sin velos, como el cuerpo de una diosa serena
Que tuviera una intensa blancura de azucena!

¡Denuda, y toda abierta de par en par
Por el ansia de amar!

De "Las lenguas del diamante"

EL DULCE MILAGRO

¿Qué es esto? ¡Prodigio! Mis manos florecen.
Rosas, rosas, rosas a mis dedos crecen.
Mi amante besóme las manos y en ellas,
¡Oh, gracia!, brotaron rosas como estrellas.

Y voy por la senda voceando el encanto
y de dicha alterno sonrisa con llanto
y bajo el milagro de mi encantamiento
Se aroman de rosas las alas del viento.

Y murmura al verme la gente que pasa:
-¿No véis que está loca? Tornadla a su casa.
¡Dice que en las manos le han nacido rosas
Y las va agitando como mariposas!

¡Ah, pobre la gente que nunca comprende
Un milagro de éstos y que sólo entiende
Que no nacen rosas más que en los rosales
Y que no hay más trigo que el de los trigales!

Que requiere líneas y color y forma
Y que sólo admite realidad por norma.
Que cuando uno dice: “Voy con la dulzura”,
De inmediato buscan a la criatura.

Que me digan loca, que en celda me encierren,
Que con siete llaves la puerta me cierren,
Que junto a la puerta pongan un lebrel,
Carcelero rudo, carcelero fiel.

Cantaré lo mismo: -Mis manos florecen,
Rosas, rosas, rosas a mis dedos crecen.
¡Y toda mi celda tendrá la fragancia
De un inmenso ramo de rosas de Francia!

De "Las lenguas del diamante"

SALVAJE

Bebo del agua limpia y clara del arroyo
Y vago por los campos teniendo por apoyo
Un gajo de algarrobo liso, fuerte y pulido,
Que en sus ramas sostuvo la dulzura de un nido.

Así paso los días, morena y descuidada,
Sobre la suave alfombra de la grama aromada
Comiendo de la carne jugosa de las fresas
O en busca de fragantes racimos de frambuesas.

Mi cuerpo está impregnado del aroma ardoroso
De los pastos maduros. Mi cabello sombroso
Esparce, al destrenzarlo, olor a sol y a heno,
A salvia, a yerbabuena, y a flores de centeno.

¡Soy libre, sana, alegre, juvenil y morena,
Cual si fuera la diosa del trigo y de la avena!
¡Soy casta como Diana
Y huelo a hierba clara nacida en la mañana!

De "Las lenguas del diamante"

BAJO LA LLUVIA

¡Cómo resbala el agua por mi espalda!
¡Cómo moja mi falda
Y pone en mis mejillas su frescura de nieve!
Llueve, llueve, llueve.

Y voy, senda adelante,
Con el alma ligera y la cara radiante,
Sin sentir, sin soñar,
Llena de la voluptuosidad de no pensar.

Un pájaro se baña
En una charca turbia. Mi presencia le extraña.
Se detiene… Me mira… Nos sentimos amigos…
¡Los dos amamos muchos cielos, campos y trigos!

Después es el asombro
de un labriego que pasa con su azada en el hombro.
Y la lluvia me cubre
De todas las fragancias que a los setos da Octubre.

Y es, sobre mi cuerpo por el agua empapado,
Como un maravilloso y estupendo tocado
De gotas cristalinas, de flores deshojadas
Que vuelcan a mi paso las plantas asombradas.

Y siento, en la vacuidad
Del cerebro sin sueños, la voluptuosidad
Del placer infinito, dulce y desconocido,

De un minuto de olvido.
Llueve, llueve, llueve,
Y tengo, en alma y carne, como un frescor de nieve.

De "Las lenguas del diamante"

EL ALBA

Es la hora en que el alba grisácea se torna traslúcida, y pura, descalza, alegre, recién desgajada de la noche, cae sobre la tierra negra la mañana. Ha palidecido el lucero y se alza el himno informe y grande de las cosas vivas. En esta hora de embriaguez vital yo olvido el pasado y el futuro, el mal y el bien, las lágrimas derramadas y las que tendré que derramar aún. Olvido que mi hijo es carne de sufrimiento que también ha de gemir algún día, y recostada contra un seto húmedo me doy a cantar. Y canto, canto, canto, con la garganta fresca y el corazón vacío, como si yo y el mundo caduco fuéramos absolutamente nuevos y puros en esta hora matinal.

De "El cántaro fresco"

CENIZAS

Se ha apagado el fuego. Queda solo un blando
Montón de cenizas,
Donde estuvo ondulando la llama.
Ahí tienes, amigo, hecho porción quieta
De polvo liviano,
A aquel pino inmenso que nos dio su sombra,
Fresca y movediza, durante el verano.

Tan alto, tan alto, que pasaba el techo
De la casa mía.
Si hubiera podido guardarlo en dobleces,
Ni en el arca grande del desván cabría.

Y del pino inmenso ya ves lo que queda.
Yo, que soy tan pequeña y delgada,
¡Qué montón tan chiquito de polvo
Seré cuando muera!

De "Raíz salvaje"

OLOR FRUTAL

Con membrillos maduros
perfumo los armarios.
Tiene toda mi ropa
un aroma frutal que da a mi cuerpo
Un constante sabor a primavera.

Cuando de los estantes
pulidos y profundos
Saco un brazado blando
De ropa íntima,
Por el cuarto se esparce
Un ambiente de huerto.

¡Parece que tuviera en mis armarios
Preso al verano!

Ese Perfume es mío. Besarás mil mujeres
jóvenes y amorosas, mas ninguna
Te dará esta impresión de amor agreste
Que yo te doy.

Por eso, en mis armarios
Guardo frutas maduras
Y entre los pliegues de la ropa íntima
Escondo, con manojos secos de vetiver,
Membrillos redondos y pintones.

Mi piel está impregnada
De esa fragancia viva.
Besarás mil mujeres, mas ninguna
Te dará esta impresión de arroyo y selva
Que yo te doy.

De "Raíz salvaje"

EL NIDO

Mi cama fue un roble
Y en sus ramas cantaban los pájaros.
Mi cama fue un roble
Y mordió la tormenta sus gajos.

Deslizo mis manos
Por sus claros maderos pulidos,
Y pienso que acaso toco el mismo tronco
Donde estuvo aferrado algún nido.

Mi cama fue un roble.
Yo duermo en un árbol.
En un árbol amigo del agua,
Del sol y la brisa, del cielo y del musgo,
De lagartos de ojuelos dorados
Y de orugas de un verde esmeralda.

Yo duermo en un árbol.
¡Oh, amado, en un árbol dormimos!
Acaso por eso me parece el lecho,
Esta noche, blando y hondo cual un nido.

Y en ti me acurruco como una avecilla
Que busca el reparo de su compañero.
¡Que rezongue el viento, que gruña la lluvia!
Contigo, en el nido, no sé lo que es miedo.

De "Raíz salvaje"

DESPERTAR

Alba: columna de nardos en el día.

Yo he visto, en el espejo cóncavo de un sueño,
Lo que nunca podrán mirar los ojos de los hombres,
Y escuché en la caracola de mi corazón
El ritmo de una revelación sin voz hacia los ecos
exteriores.

Estoy ciega frente al agua resplandeciente de la
madrugada
y tengo que andar apoyándome
En el lazarillo tembloroso de los sonidos.
Voy hacia la isla donde está preso un cántico de cánticos
Que ayer llegó hasta mí en la onda inesperada de un gemido.

Que sean las horas como un corcel de marcha ligera
O como un barco de velamen urgido de vientos.
Toda mi alma clama por el minuto del desprendimiento
Cuando el espíritu se echa a andar solo
Por los caminos blandos del sueño.

Alba: torre de plata en la mañana.

Me enferma el perfume violento que trae la túnica de la luz.

Y siento las retinas quemadas
En el braserío de la primera claridad.
Necesito la noche que me duplica la esperanza,
Que me cierra los párpados fatigados de rostros,
Que mella el filo de las palabras
Y trae a mis oídos un eco de gargantas sin odio.

Hay que matar la vigilia enemiga.
Hay que hacer el brazo para el peso del desconsuelo dormido.
Hay que cegar los puertos
Y romper el timón y la hélice de los navíos.

De "La rosa de los vientos"

ENCUENTRO

Olor de manzanillas curativas.

Manzanillas doradas y nevadas
Que guardan las abuelas campesinas.

En el flanco dulzón de las cuchillas
Y en la húmeda axila de los bajos,
Junto al camino zigzagueador
Y en torno de los ranchos,
La manzanilla da su aroma áspero
En los meses de sol.

Yo la he sentido hoy en el camino
Que bordean podados tamarindos
Y me saltó al encuentro como un perro
Festejador y amigo.

Fragancia amarga y sana
Que araña un poco la garganta,
Pero que tiene una bondad
De agua.

He vuelto a hundir la cara entre las flores
De olor cordial y antiguo.
Rueda-rueda de hojuelas cándidas
En torno del redondo corazón amarillo.

Y toda la mentira del mar se me ha hecho clara
De un golpe. Quiero el campo
Como todos los hombres de América lo quieren.
No tenemos entraña de marinos. Un ancho
Amor de labradores en la sangre nos viene.

La montaña y la pampa, la colina y la selva,
La altiplanicie brava y los llanos verdeantes
Donde pasta la vaca y galopa el bisonte,
Están más cerca nuestro que el mar innumerable.

Al tornar a mi casa he sentido en el viento
El vaho de mis campos fuertes del Cerro-Largo.
Me mana una alegría honda de reconquista.
El ramo puro albea en mi mano.

De "La rosa de los vientos"

ATLÁNTICO

Océano que te abres lo mismo que una mano
A todos los viajeros y a todos los marinos:
Tan sólo para mí eres puño cerrado,
para mí solamente tú no tienes caminos.

Jamás balanceará tu lomo milenario
La nave que me lleve desde esta tierra mía,
Ondulada y menuda, a las tierras que sueña
Mi juventud inmóvil y mi melancolía.

¡Ah! océano Atlántico multicolor y ancho
Cual un cielo caído entre el huevo de un mar:
Te miro como un fruto que no he de morder nunca
O como un campo rico que nunca he de espigar.

¡Ah! océano Atlántico, fiel leopardo que lames
Mis dos pies que encadenan el amor y la vida:
Haz que un día se sacien sobre tu flanco elástico
Esta ansiedad constante y este afán de partida.

De "La rosa de los vientos"

LA MANO

Antes, cuando era alegre,
Alegre como el sol, dulzura casta,
Ternura preferida,
Rosa en la rama más derecha y alta,
Manzana azul y vara florecida,
La miel, la miel era riqueza exacta
En la mano ahuecada de la vida.

Ahora la mano de la vida es laxa,
Abierta, desmedida.

De "Perdida"

RECONQUISTA

Aquel paisaje, aquella nube, el vuelo
De esa tórtola pálida de arrullos;
El ánfora del bálsamo, perdida;
El estío bermejo en el oscuro
Y palpitante seno de la vida;
Mis ojos, mis dos ojos sin pupila;
Mi voz, la voz del verso en el desnudo
Clima de la mañana anochecida;
En mi cielo y mi fábula era todo,
memoria inmóvil, quieta golondrina.

Y ahora todo regresa por su mano
-Intacto, invicto, florecido pino-
Iluminado, íntimo, gozoso
Mundo que se me acerca de puntillas.

El himno toma el río de mi sangre,
Lo convulsiona y alza, eleva, acrece,
más allá de los vasos sin sentidos,
Más allá delirante de la frente.

Retuerce el himno sobre mí su viento
y me arrebata una espiral de arcángeles.
En la profunda alba del secreto
Nace de nuevo la mujer de antes.
Me volverás, ¡oh Dios!, aquellas torres
De mi orgullo y mi canto.
Los cálidos rebaños de gacelas,

Mi posesión de nardos,
Las antiguas antífonas
Y los sagrados mármoles.

Retorno al paraíso que fue mío,
Al valle de cristal que me quebraste.
Me das de nuevo mi collar de plata,
La cerúlea marea de mis ángeles,
el ir y andar con su calor adentro,
Salvada ya, salvada.

De "Perdida"

ESPERA

Palomitas de mármol en el sueño,
Nardos de nácar y ángeles extáticos.
Decoración terriblemente inmóvil
En una luz sin cambios y sin aire.

Todas las noches hasta mí desciende
Ese fragmento de un incierto mundo
En el que todo está como a la espera
De un decisivo y único minuto.

Alguien ha de llegar a darle todo,
Vida, latido, pulso y movimientos.
Alguien que está en camino hacia mi vida
y del que escucho la canción al viento.

De "Perdida"

JAZMÍN DE MEDIANOCHE Y MEDIODÍA

Amor que andas como un río vago,
Azul de amor y de melancolía;
Amor, mi amor, delgada flor del lago,
Que dura un año, que agoniza un día
Y vuelve a renacer en el halago
De un cielo, con su luna todavía.

Amor, mi amor saldado y siempre impago,
jazmín de medianoche y mediodía.

De "Azor"

EL ALBA

¡El alba! Escucha: el alba.
Canta en mi corazón la alondra eterna.
Y en los nuevos ramajes de la aurora
Están tejiendo con la luz difusa
Los fabriles gusanos de la seda.

El alba, escucha: ¡el alba!
Sobre mi sueño sueñas tan seguro
Que no me atrevo a interpelar al agua
Ni al viento ni a la muerte. Me enternece
El profundo sentido de la vida
Que de ti para mí se expande y crece.

El alba, el alba, el alba sin relojes,
El alba primitiva e inocente
Que abren los graves ángeles veloces,
Y el amor poderoso y desvelado
Como una flor del aire entre las horas
Del día de oro, flor de azahar, venado,
gajo de agua intemporal, dorado.

De "Azor"

ELOGIO DE LA LENGUA CASTELLANA

¡Oh lengua de los cantares!
¡Oh lengua del Romancero!
Te habló Teresa la mística,
Te habla el hombre que yo quiero.

En ti he arrullado a mi hijo
E hice mis cartas de novia.
Y en ti canta el pueblo mío
El amor, la fe, el hastío,
El desengaño que agobia.

¡Lengua en que reza mi madre
Y en la que dije: ¡Te quiero!
Una noche americana
Millonaria de luceros!

La más rica, la más bella.
La altanera, la bizarra,
La que acompaña mejor
Las quejas de la guitarra.

¡La que amó el Manco glorioso
Y amó Mariano de Larra!

Lengua castellana mía,
Lengua de miel en el canto,
De viento recio en la ofensa,
De brisa suave en el llanto.

La de los gritos de guerra
Más osados y más grandes.
¡La que es cantar en España
Y vidalita en los Andes!

¡Lengua de toda mi raza,
Habla de plata y cristal
Ardiente como una llama,
Viva cual un manantial!

De "Dualismo"

SERENIDAD

Flauta de sal, ayer: hoy dulce caña
En que ya trina una esperanza nueva
Que ni neblina ni tristura empaña
Y ecos de plata por el campo lleva.

Estéril es el valle de la saña
Y nadie más en él sembrar se atreva.
El que dañarme quiera, a sí se daña,
Que hasta mi ángel en mi fuente abreva.

Ya tengo dulce pecho en que apoyarme
ya quien la amante sangre darme quiera
Y quien, con la ancha sobra de la encina,

Mi pecho y mi heredad proteja fuerte
Y ya, desafiadora de la muerte,
He de subir cantando la colina.

De "Oro y tormenta"

RESURRECCIÓN

He de tener mis sauces, mis mastines,
Mis rosas y jacintos, como antes.
Han de volver mis duendes caminantes
y mi marina flota de delfines.

Retornarán los claros serafines,
Mis circos con enanos y elefantes,
Mis mañanas de Abril, alucinantes
En mi caballo de alisadas crines.

He de beber la vida hasta en la piedra
Y en el menguado zumo de la hiedra
y en la sal de la lágrima furtiva,

Porque regreso de la muerte y tengo
El terror del vacío de que vengo
Y la embriaguez hambrienta de estar viva.

De "Oro y tormenta"

ELEGÍA

1
Adiós almendra, adiós espejo, adiós
Amanecer de aljabas y cristales;
Adiós absorta luna de los sueños,
penacho azul de los cañaverales,
Compañía de alondras, rubio río,
Uva, laurel, esencias musicales.

Me llega el subsonido del sollozo
Y el sordo sublatido de la queja;
El mundo se oscurece y apercibo
Apenas un suspiro que se aleja.
Ya sé cómo solloza y gime el hombre
Y se convierte en polvo gris la abeja.

Ha llegado la hora del recuento,
Triste mujer del canto,
del canto de cigarra sobre el júbilo
Del jardín con las rosas del encanto,
Mientras iba creciendo, lento, en torno,
El espinoso ramo del acanto.

Ahora, ¿qué hacer, caídos los dos brazos,
Rodeada de crepúsculo y de bruma,
Extraviada en la ruta sin el vivo
Redoble del alisio entre la espuma,
Sin brújula, perdida y solitaria,
Con el vacío verso que me abruma?

¿Qué descanso le aguarda a mi cabeza,
Qué mano con mi mano ha de encontrarse,
Para huir hacia el sol por nueva senda
Y bajo un nuevo cielo recobrarse,
En la bondad inútil e inocente
Del que no supo, en tiempos ricos, darse?

Ay, mi hermana cigarra desvalida,
La del llanto del hambre en el invierno,
La de la casa a campo raso, fría,
La de sin posesión ni en el infierno:
Calla, que acaso nos sonría indulgente
La piedad misteriosa de lo eterno.

6

Sobre su tierra siempre están las flores
De mi pecho, jardines cultivados,
Con sangre mía y cenicientos soles.
Van hacia él mis años.

Salgo a encontrarlo en esta madrugada
Y está lo mismo, la sustancia intacta,
Ardientes, silenciosas las palabras,
Y algo de Dios doliendo en su mirada.
Igual amor sobre las mismas flores,
El mismo sueño en detenidas albas.

10

¿Quién le habla si no es con mis palabras?
Las copian los pamperos,
La calandria que canta en sus cipreses,
Los grillos en Febrero.
El alazán liviano de la lluvia,
Y los capullos al abrirse enteros.

Nadie lo olvida porque yo no olvido.
Y para que él no muera yo no muero.

De "Elegía"

LA PASAJERA

Va la tarde subiendo hacia la noche,
Río opulento y cálido,
Con olor de duraznos y de rosas,
Con rumores de risas y de llantos,
Con el jadeo del miedo,
Con la espiral del canto.

Navío empavesado que me lleva
A la elevada, misteriosa sombra,
Sin nadie que me ciña la cintura
Con poderosa mano protectora.

Erguida estoy, sin voz y sin sonrisa,
Blanca en la inmensa soledad nocturna,
Con la brasa del verso en la garganta
Y en el pecho la sed de la aventura.

Las últimas magnolias del verano
Son el claro escabel de mi fatiga.
La deshilada llama del crepúsculo
Aún se mantiene viva
En la secreta red de las arterias.
Voy al encuentro de las tres Marías.

Ah qué triste, qué calma y valerosa
Esta mujer que asciende hasta la noche
Sin un temblor, y sola cual si fuese
La pasajera única e insomne.

Sabe de los encuentros con fantasmas,
Con los ardidos filos del recuerdo
Y las angustias del dolor humano,
Rizadura del grito en el silencio.

Ha de arribar a la mañana nueva
Desmadejada por el sufrimiento.
Como si hubiera estado en los crisoles
Donde se funde el clamor y el miedo.

Y bajará llorando de la nave
Porque no pudo vislumbrar el cielo.

De "La pasajera"

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