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241. POESÍA MÁS POESÍA: MARÍA ZAMBRANO

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BIOGRAFÍA DE LA POETA MARÍA ZAMBRANO

María Zambrano Alarcón nació en Vélez-Málaga (Málaga – España) el 22 de abril de 1904 y murió en Madrid (España) el 6 de febrero de 1991, hija de Araceli Alarcón Delgado y Blas Zambrano García de Carabante, ambos maestros, como también lo fue su abuelo paterno, Diego Zambrano. Proveniente de una familia de intelectuales y profesionales, su entorno familiar ejerció una profunda influencia en su desarrollo intelectual y artístico.

A los cuatro años, en 1908 se trasladó con su familia a Madrid y al año siguiente se mudaron a Segovia al conseguir su padre la cátedra de Gramática Castellana en la Escuela Normal de Maestros de la ciudad. Allí pasó María su adolescencia y allí, la víspera de su cumpleaños, nació su hermana Araceli, según sus palabras «la alegría más grande de su vida».

Maria Zambrano 04 Araceli vers 1930 - Poesia Online

En 1913 comenzó el bachillerato en el Instituto de Segovia, donde solo ella y otra muchacha representaban al género femenino ilustrándose. En Segovia, María comenzó un primer amor –posteriormente prohibido– con su primo carnal Miguel Pizarro entre 1917 y 1921, año en el que la familia intervino y Miguel fue enviado a Japón, como profesor de español en la Universidad de Osaka.

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En 1924 su familia se trasladó de nuevo a Madrid, donde se matriculó por libre (debido a su escasa salud) en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad.

Desde 1924 y hasta 1927 cursa estudios de Filosofía en Madrid asistiendo a las clases de José Ortega y Gasset, de Manuel García Morente, Julián Besteiro y de Xavier Zubiri.

También, durante sus años de estudio, tuvo la oportunidad de sumergirse en los círculos intelectuales de la época y entablar amistad con otros escritores y artistas destacados, como Federico García Lorca, Pedro Salinas y Miguel Hernández.

En 1927 fue invitada a la tertulia de la Revista de Occidente, círculo en el que a pesar de su juventud asumió un papel de mediadora entre Ortega y Gasset y algunos escritores jóvenes, como Antonio Sánchez Barbudo o José Antonio Maravall.

María junto a otros autores en Madrid. Fotografía: Fundación María Zambrano
María junto a otros autores en Madrid. Fotografía: Fundación María Zambrano

A partir de 1928 comenzó su doctorado e ingresó en la Federación Universitaria Escolar (FUE), donde comenzó a colaborar en la sección “Aire Libre” del periódico madrileño El Liberal. Participó en la fundación de la Liga de Educación Social, de la que fue vocal. También impartió clases de filosofía en el Instituto Escuela que se vieron interrumpidas por una nueva recaída de su salud (en esta ocasión el diagnóstico fue concreto: tuberculosis). No interrumpió sin embargo sus colaboraciones con la FUE ni muchos de sus escritos. Durante esta etapa de su vida, también comenzó a escribir sus primeros ensayos y artículos. Mostró un gran interés por la filosofía, la literatura y el arte, y comenzó a desarrollar un estilo de escritura caracterizado por su profundidad y su capacidad para abordar temas complejos de manera accesible.

Durante este periodo participa en movimientos estudiantiles y colabora con diversos periódicos. Su primera obra, Nuevo del liberalismo (1930), es fruto de los acontecimientos políticos de aquellos años.

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Desde 1931 ejerce como profesora auxiliar de la Cátedra de Metafísica en la Universidad Central, y en 1932 colabora en publicaciones como la Revista de Occidente, Cruz y Raya y Hora de España.

En 1931 fue nombrada profesora auxiliar de Zubiri en la cátedra de Historia de la Filosofía en la Universidad Central (puesto que ocupó hasta 1935, haciendo las sustituciones a Zubiri cuando estaba de viaje); en esa época inició su inconclusa tesis doctoral sobre «La salvación del individuo en Spinoza».

En estos años entabla amistad con los miembros de la Generación del 27: Luis Cernuda, Emilio Prados, Miguel Hernández y Jorge Guillén, entre otros. Viaja a La Habana y conoce allí a José Lezama Lima, además de pronunciar una conferencia sobre José Ortega y Gasset.

Al estallar la guerra regresa a España para colaborar con la República; integrada en el aparato de la coalición republicano-socialista, asistió a la proclamación de la Segunda República Española en la Puerta del Sol el 14 de abril de 1931; no aceptó, sin embargo, la oferta de una candidatura a las Cortes como diputada por el PSOE.

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El 7 de marzo de 1932, la cercanía profesional e intensa colaboración de María con José Ortega y Gasset la llevó a cometer el que muy pronto descubriría como «peor error político» de su vida: la firma del Manifiesto y creación del Frente Español (FE), con Ortega «moviendo los hilos en la sombra».

Aquella plataforma de un “Partido Nacional” (a la que intentaría sumarse José Antonio Primo de Rivera sin conseguirlo debido a la oposición personal de María), mostró muy pronto su perfil fascista. Zambrano, haciendo uso de su indiscutida autoridad en el colectivo, y “como tenía poder” para ello, disolvió el incipiente movimiento. No pudo evitar sin embargo que los estatutos de aquella empresa ‘orteguiana’ y las siglas FE fuesen usadas por la Falange Española.

Desilusionada con la política de partidos, con la destacada excepción de su fidelidad a la República durante la Guerra Civil, en adelante, Zambrano encauzaría su inquietud política al ámbito del pensamiento. Es decir, a partir de este momento no participaría más en la política de partidos, pero no por ello abandonaría la motivación de índole política en sentido amplio que insuflaba su pensamiento. Así pues, su actividad política se cristalizaría por un lado como crítica al racionalismo y sus excesos y, por otro, con la propuesta de una razón alternativa e integradora, “la razón poética”.

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El 18 de julio de 1936, María Zambrano se sumó al manifiesto fundacional de la Alianza de Intelectuales para la Defensa de la Cultura (AIDC), colaborando en su redacción y marcando el compromiso de “la libertad del intelectual” con el “pueblo puesto en pie” por una “razón armada”.

Cernuda junto a Maria Zambrano y Leopoldo Panero en las Misiones Pedagogicas en Pedraza - Poesia Online
Misiones Pedagógicas: María Zambrano, Luis Cernuda y Leopoldo Panero en Pedraza, 1934 (foto: Búscame en el ciclo de la vida)

Como su propio padre y como su admirado y admirador Antonio Machado, la Zambrano, que nunca escatimó lucidez y valentía, se alineó definitivamente en la realidad, un gesto humano y personal que muy pronto aparecerá en su obra bajo el epígrafe de “razón poética”

El 14 de septiembre de 1936, contrajo matrimonio con el historiador Alfonso Rodríguez Aldave, recién nombrado secretario de la Embajada de España en Chile, país hacia el que viajaron en el mes de octubre.

En Santiago de Chile Maria Zambrano sentada a la derecha. Su esposo Alfonso - Poesia Online
En Santiago de Chile, María Zambrano, sentada a la derecha. Su esposo, Alfonso Rodríguez Aldave, de pie a la izquierda.

En ese viaje hicieron escala en La Habana, donde María pronunció una conferencia sobre Ortega y Gasset y conoció al que será quizá su mejor amigo José Lezama Lima.

Ocho meses después, en plena guerra civil española, regresan a España, el mismo día en que cae Bilbao y comienza la diáspora intelectual española; a la pregunta de por qué vuelven si la guerra está perdida, responderán: «Por eso». Su marido se incorporó al ejército y ella colaboró en la defensa de la República desde el consejo de redacción de la revista “Hora de España.

Participó en el II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura (celebrado del 4 al 17 de julio de 1937 en Valencia), donde conoció a Octavio Paz, Elena Garro, Nicolás Guillén, Alejo Carpentier y Simone Weil (vestida de miliciana). Fue nombrada Consejera de Propaganda y Consejera Nacional de la Infancia Evacuada, y participó en la reapertura y gestión de la Casa de la Cultura de Valencia.

Homenaje a Vicente Aleixandre el 4 de mayo de 1935 en Madrid, con motivo de la publicación de La destrucción o el amor. De izda. a dcha.: Miguel Hernández, Leopoldo Panero, Rosales, Antonio Espina, Luis F. Vivanco, J. F. Montesinos, Serrano Plaja, Neruda y Juan Panero. Sentados: Salinas, Zambrano, Díez-Canedo, Concha Albornoz, Aleixandre, Delia del Carril y Bergamín. En el suelo: Gerardo Diego (foto: Fundación Vicente Aleixandre)
Homenaje a Vicente Aleixandre el 4 de mayo de 1935 en Madrid, con motivo de la publicación de La destrucción o el amor. De izda. a dcha.: Miguel Hernández, Leopoldo Panero, Rosales, Antonio Espina, Luis F. Vivanco, J. F. Montesinos, Serrano Plaja, Neruda y Juan Panero. Sentados: Salinas, Zambrano, Díez-Canedo, Concha Albornoz, Aleixandre, Delia del Carril y Bergamín. En el suelo: Gerardo Diego (foto: Fundación Vicente Aleixandre)

Al inicio de 1938 se trasladó con su familia a Barcelona, en cuya universidad llegaría a impartir un curso. Ese año, el 29 de octubre, murió su padre, al que Antonio Machado dedicaría una esquela de despedida en el número XXIII de la revista Hora de España (que entonces no llegó a publicarse), incluida luego en su Mairena póstumo. El 23 de diciembre, veinticinco divisiones del “ejército nacional” abordaron la ofensiva de Cataluña. El 25 de enero capitula Barcelona y decide exiliarse

El 28 de enero de 1939 María cruzó la frontera francesa en compañía de su madre, su hermana Araceli, el marido de esta y otros familiares. En Francia, María se reencuentra con su marido y tras una breve estancia en París, parten para México invitados por la Casa de España, recalando antes en Nueva York y La Habana, donde fue invitada como profesora de la Universidad y del Instituto de Altos Estudios e Investigaciones Científicas. De Cuba pasó a México, donde —tras una serie de maniobras a cargo de algunos antiguos colegas— fue nombrada profesora en la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo de Morelia, (Michoacán), lo que supuso para María un pequeño exilio dentro del gran exilio y provocó que abandonase México, viviendo unos años entre Puerto Rico y Cuba.

En México publicaría sus libros “Filosofía y poesía y “Pensamiento y poesía en la vida española, y entablaría relación con Alfonso Reyes y Daniel Cosío Villegas.

Entre 1940 y 1945 trabajó con intensidad en seminarios y ciclos de conferencias o dictando lecciones y cursos en diversas instituciones cubanas y puertorriqueñas, como el Departamento de Estudios Hispánicos de la Universidad de Puerto Rico, la Asociación de Mujeres Graduadas y el Ateneo, o la Asamblea de Profesores de Universidad en el exilio reunida en La Habana.

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Paralelamente continúa publicando artículos y algunos libros como La Confesión: Género Literario y Método, La agonía de Europa o El pensamiento vivo de Séneca.

La II guerra mundial le impide reunirse con su madre enferma y su hermana Araceli, viuda y en el umbral de la locura, pues su marido Manuel Muñoz, miembro del gobierno de Azaña, había sido detenido por la Gestapo, torturado y extraditado a España, donde sería fusilado, y sobreviven en el París ocupado por los nazis.

Liberada al fin la capital francesa, los lentos trámites de su visado harán que cuando María llegue a París su madre ya esté enterrada, y su hermana “enterrada en vida”, situación que lleva a la pensadora española a tomar la decisión de no volver a separarse de Araceli. Así, en 1947, las hermanas Zambrano se instalaron en un apartamento de la Rue de L’Université, hogar eventual al que en marzo de aquel año se incorporó el marido de María.

En 1948, ya solas y unidas hasta el final, María y Araceli Zambrano se trasladaron a La Habana, y de allí a México y de nuevo a La Habana. Pero la situación económica empieza a ser agobiante y deciden volver a Europa. Su condición de seres errabundos en continuo destierro empieza a ser casi obsesiva. En 1949 las hermanas Zambrano volvieron a Europa instalándose en Roma hasta junio de 1950, en que el gobierno italiano se niega a prolongar sus permisos de residencia. Marchan a París donde María se reencuentra con su marido, la relación será breve y finalmente Rodríguez Aldave y su hermano (con el que ha vivido los tres últimos años, desde 1947), partieron hacia México.

Durante aquel periodo, María Zambrano trabó amistad con el intelectual francés Albert Camus, quien le brindó su apoyo para que Zambrano pudiera publicar una traducción de su obra El hombre y lo divino en la editorial Gallimard: este proyecto quedaría truncado por la muerte accidental de Camus en 1960.

Las hermanas Zambrano permanecieron en París hasta marzo de 1953, fecha en que de nuevo se trasladaron a La Habana. Pero la inicial euforia del reencuentro caribeño se disolverá en la marea de la situación política cubana, las añoranzas de Araceli, la relación amorosa de María con Pittaluga y sus propios fantasmas.

En junio de 1953 un barco las devolvió a Roma.

Maria en su etapa en Italia. Fotografia Fundacion Maria Zambrano - Poesia Online
María en su etapa en Italia. Fotografía Fundación María Zambrano

Siguió el más largo periodo romano de las Zambrano (1953-59); en él vivió María una fecunda amistad con intelectuales italianos como las hermanas Elena y Silvia Croce, o Elemire Zolla y su compañera Vittoria Guerrini (alias “Cristina Campo”), y recuperó su relación con viejos amigos como Diego de Mesa (alumno suyo en el Instituto Escuela), Carmen Lobo, Nieves de Madariaga, Tomás Segovia, Jorge Guillén, o el mexicano Sergio Pitol.

Su economía y salud, siempre débiles, se vieron confortadas por la generosidad de Timothy Osborne. Incansable, María sigue escribiendo. De su esfuerzo, entre un amplio conjunto de artículos, ensayos y libros, y un espectro que se abre entre la historia trágica, la pintura y la razón poética, saldrán piezas maestras como España, sueño y verdad o La España de Galdós.

En septiembre de 1957, María recibió la sentencia de un tribunal de México comunicándole su divorcio de Rodríguez Aldave, acusada de abandono del hogar y otros cargos que no se citan y declarada ‘incompareciente’ (sin haber recibido citación alguna). Ese mismo otoño conoció a la poeta y cantante venezolana Reyna Rivas que con su marido Amando Barrios se convirtieron en sus amigos, mediadores y protectores hasta el último momento.

Tras una temporada de cinco meses en Trèlex-sur-Nyon (Suiza) en la casa alquilada por su primo Rafael Tomero, las hermanas Zambrano (y su corte de gatos que acompañaban a Araceli allá donde se moviera) volvieron a Roma, donde además se les unió en “Villa Riccio” su tía Asunción durante los primeros meses de 1960.

En abril de 1962, viajó a México para intentar pactar con Rodríguez Aldave una pensión con resultado más que negativo. Otro revés fue la orden de expulsión de la ciudad de Roma, firmada por un senador de pasado fascista en septiembre de 1963. El motivo: los gatos. Por mediación de Elena Croce llegaron a intervenir los ministros de Justicia y el del Interior, aplazando el proceso. El 14 de septiembre de 1964, tras una nueva denuncia y su posterior inspección “sanitario-cívica”, las Zambrano y trece gatos abandonan Roma camino de Francia con un aviso a la policía gala de que se trata de “personas peligrosas”.

Un proyecto de trasladarse a Nápoles al inicio de la década de 1970 no prosperó por retrasos administrativos y debido a la desmejorada salud de Araceli que, finalmente, murió el 20 de febrero de 1972.

Estancias en Roma, viajes turísticos por Grecia, todo con la compañía y la generosidad de su mecenas Timothy Osborne y su segunda esposa.

En 1974 volvió a «La Pièce», la casa de campo donde la asisten y acompañan su primo Mariano y Rafael Tomero, sus tres perros y algún gato. Pero el deterioro de su salud física era progresivo; en 1978 se trasladó a Ferney-Voltaire, donde permaneció dos años; en 1981 se mudó a Ginebra y la colonia asturiana en esa ciudad suiza la nombró Hija Adoptiva del Principado de Asturias, el primero de una larga y tardía lista de reconocimientos.

Tras una recaída en su salud y que los médicos la declarasen desahuciada, la ya anciana pero aún lúcida pensadora se recuperó y el 20 de noviembre de 1984, después de la muerte del dictador Francisco Franco acaecida en 1975, María Zambrano regresó por fin a España tras casi medio siglo de exilio.

 

Maria Zambrano en la imagen tras su regreso del exilio a Espana - Poesia Online
María Zambrano, en la imagen tras su regreso del exilio a España

Se instaló en Madrid, ciudad de la que saldría ya en pocas ocasiones. Este regreso marcó un hito importante en su vida y en la historia de España, permitiéndole reencontrarse con su país y su gente. No solo regresó físicamente, sino también con la intención de participar activamente en el ámbito cultural y académico de su nación. Durante esta etapa, se dedicó a la escritura y la reflexión profunda sobre temas que habían sido centrales a lo largo de su carrera. Sus obras en esta etapa final abordaron cuestiones como la memoria, el tiempo y la trascendencia, explorando la relación entre el individuo y el cosmos. Entre sus obras más destacadas se encuentra Claros del bosque (1977), una obra monumental que refleja su pensamiento maduro y su mirada única sobre la existencia humana En esta última etapa la actividad intelectual fue, sin embargo, incansable. Continuaron también los reconocimientos oficiales: Hija Predilecta de Andalucía en 1985, y en 1987, se constituye en Vélez-Málaga la fundación que lleva su nombre. Finalmente, en 1988 se le concedió el Premio Cervantes.

Murió en Madrid el 6 de febrero de 1991, y fue enterrada entre un naranjo y un limonero en el cementerio de Vélez-Málaga, donde luego se trasladaron también los restos mortales de sus “dos Aracelis”, su madre y su hermana. En la lápida puede leerse a modo de epitafio, el verso del Cantar de los Cantares, «Surge amica mea et veni» (Levántate, amiga mía, y ven).

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Razón poética

María Zambrano propone la razón poética, distinta de la razón vital e histórica de Ortega y de la razón pura de Kant. La razón de Zambrano es una razón que trata de penetrar en los ínferos del alma para descubrir lo sagrado, que se revela poéticamente. La razón poética nace como un nuevo método idóneo para la consecución del fin propuesto: la creación de la persona individual.

La razón poética nace como un nuevo método idóneo para la consecución del fin propuesto: la creación de la persona individual.

Para Zambrano, el hombre, el yo, está dotado de una sustancia en su interior, el ser, ese ser es sus sentimientos, sus ideas más profundas; lo más sagrado del yo y de una conciencia. A través de estas sustancias debe buscar su unidad como persona. El ser es innato, proviene desde el primer día que existimos, aún sin ser consciente; la conciencia se va creando poco a poco en cuanto nos surgen dudas.

El ser está codificado por la palabra poética, esa palabra debe de ser descodificada por la conciencia, y esta a su vez la logra descodificar por el pensamiento poético. Esa palabra poética descodificada llega a la conciencia del hombre y la convierte en palabra verbal, que es la palabra con la que es capaz el hombre de comunicar. Al ser capaz de comunicar su ser, el hombre ya se ha creado como unidad, pues es capaz de unir su Conciencia, con su Ser.

Si ponemos de ejemplo a un niño pequeño, el niño quiere, ama, siente dolor, pero no es consciente de ello (porque tiene el ser, pero aún no ha desarrollado la conciencia) hasta que poco a poco, se va dando cuenta de qué es cada cosa y logra descifrarla (cuando se le desarrolla la conciencia y consigue descodificar su ser).

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ARCHIVO ANTIGUO.
Foto de archivo de la escritora. Horizontal.

Obra.

 

  • Horizonte del liberalismo(1930, Ediciones Morata, reeditado en 1996 por la misma editorial con estudio introductorio de Jesús Moreno Sanz)
  • Hacia un saber del alma(1934)
  • Los intelectuales en el drama de España (1937)
  • Filosofía y poesía(1939)
  • Pensamiento y poesía en la vida española (1939)
  • Isla de Puerto Rico. Nostalgia y esperanza de un mundo mejor. (1940)
  • La confesión, género literario y método (1943)
  • El pensamiento vivo de Séneca(1944)
  • La agonía de Europa (1945)
  • Hacia un saber sobre el alma(1950)
  • Delirio y destino(escrito en 1953 y publicado en 1989)
  • La España de Galdós (1960)
  • Los sueños y el tiempo (1960)
  • Cartas sobre el exilio (1961)
  • El hombre y lo divino(1.ª edición: 1955. 2.ª, aumentada: 1973)
  • Persona y Democracia: Una historia sacrificial(1958, reeditado en 1988)
  • España, pensamiento, poesía y una ciudad (1964)
  • España, sueño y verdad(1965)
  • Los sueños y el tiempo(reeditada en 1998)
  • El sueño creador(1965)
  • Claros del bosque(1977)
  • La tumba de Antígona, (1967) (Mondadori España, 1989)
  • Andalucía, sueño y realidad (1984)
  • De la aurora(1986)
  • El reposo de la luz(1986)
  • Los intelectuales en el drama de España y La tumba de Antígona (1986)
  • Los bienaventurados(1979)
  • Para una historia de la piedad(1989)
  • Delirio y destino (1989)
  • Para una historia de la piedad (1989)
  • Los bienaventurados (1990)
  • El parpadeo de la luz (1991)
  • Los sueños y el tiempo (1992)
  • Unamuno(escrito en 1940 y publicado en el 2003)
  • Cartas de la Pièce. Correspondencia con Agustín Andreu(escrito en los 70 y publicado en 2002)
  • La confesión, género literario y método(Luminar: México, 1943; Mondadori: Madrid 1988 y Siruela: Madrid, 1995).

 

 

 

SELECCIÓN DE POEMAS DE MARÍA ZAMBRANO

 HABLA UNA PIEDRA                                  

Porque he sido mirada,
porque fui tomada, poseída
cesé de vivir.
Hechizada, sólo soy un soporte,
mas nada me sostiene.
Aquí, siempre
súbdita del espacio.
¿Adónde estás, ¡ah!,
mirada que me fascinaste?
¿Me necesitabas para ser tu sombra?
Poseedora, tan frágil
que necesitas hechizar
para erigirte.
Tú, la que naciste asustada,
la inválida,
me amaste para caerte en mí.
El amor que nombras,
dime, ¿es eso?
Era yo luz, reflejo,
¿y tú? Di,
¿no podías
revelarme tu ser?

Pero no; yo soy tu ser,
Yo, tu soporte.
Yo, sepultura de mi aliento
y prueba de tu no-ser.
Estás ahora lejos.
Andas, pordiosera, en busca de alimentos.
Hechizas almas, gestos del Señor.
Nuevos compañeros, ya invisibles,
vendrán a buscarme.
No, caerán, solamente esos
caerán para que tú erijas,
te levantes.
Tú vendrás a buscarme,
tú, ya sin conocerme, sin saber.
Pero yo sé. Yo sé nada.
Yo soy memoria
acusadora, delatora nada,
resistente memoria,
adversaria.
Yo, peso de tu historia.
Yo, también tu calma.
Yo, el lugar manejable
y el hostil no que se te opone.
¿Podrás?
Soy también, tu calumnia,
tu mentira ya arrojada,
y no me temas.
Me nombras: materia.
Nada más.
Pero vuelves enajenada,
cómplice, vencida.
Ignorante tú, la sabia.

 

 

CAFÉ GRECO                                            

(situación de A[raceli] lux perpetua)

Pensar y no preocuparse.
Actuar sin decidir.
Seguir y no perseguir.
Reposar sin detenerse.

Ofrecer sin calcular.
No aferrarse a la esperanza.
No detenerse en la espera.
Escuchar sin casi hablar.

Respirar en el silencio.
Dejarse quieto flotar.
Perderse yendo hacia el centro.
Hundirse sin respirar.

Cruzar sin mirar fronteras.
Dejar límites atrás.
Recogerse. Abandonarse.
Sólo dejarse guiar.
Ser criatura tan sólo,
no haber de sacrificar.
Más allá del sacrificio*,
cumplida la voluntad,
sin designio ni proyecto,
sin sombra, espejo ni imagen.
Alga de vida no más.
Hijo. Criatura. Amante.
Alga de amor. Ya no más.
Lejos de toda ribera.
Por en el corazón del agua; ya.

 

LA MAR. EL MAR. LOS MARES

La mar. El mar. Los mares
en el arte. Irreprimible. Y
el mar. Los mares,
la representación del propio ser. El
mar vela al ser, mientras que la
tierra firme a la realidad.
El [sic] . Las islas
viven por su cuenta y se juntan en
cadenas, como seres submarinos
siempre.
Pero el hombre necesita encontrar
su mar; aunque poco y en ocasiones
nada le haya visto y menos aún respirado.
Y el mar hay [que] respirarlo.
La brisa. Los seres nostálgicos del Mar
y también el ser depositarios
de un futuro remoto
pasado, la igualdad de las perlas.
La cualidad; su caída al experimento.

 

DELIRIO DEL INCRÉDULO

Bajo la flor, la rama;
sobre la flor, la estrella;
bajo la estrella, el viento.
¿Y más allá?
Más allá, ¿no recuerdas? , sólo la nada.
La nada, óyelo bien, mi alma:
duérmete, aduérmete en la nada.
[Si pudiera, pero hundirme… ]
Ceniza de aquel fuego, oquedad,
agua espesa y amarga:
el llanto hecho sudor;
la sangre que, en su huida, se lleva la palabra.
Y la carga vacía de un corazón sin marcha.
¿De verdad es que no hay nada? Hay la nada.
Y que no lo recuerdes. [Era tu gloria.]
Más allá del recuerdo, en el olvido, escucha
en el soplo de tu aliento.
Mira en tu pupila misma dentro,
en ese fuego que te abrasa, luz y agua.
Mas no puedo.
Ojos y oídos son ventanas.
Perdido entre mí mismo, no puedo buscar nada;
no llego hasta la nada.

Roma. Enero, 1950. Hotel d'lnghilterra

EL AGUA ENSIMISMADA

Para Edison Simons

El agua ensimismada
piensa o sueña?
El árbol que se inclina buscando sus raíces,
el horizonte,
ese fuego intocado,
¿se piensan o se sueñan?
El mármol fue ave alguna vez;
el oro, llama;
el cristal, aire o lágrima.
¿Lloran su perdido aliento?
¿Acaso son memoria de sí mismos
y detenidos se contemplan ya para siempre?
Si tú te miras, ¿qué queda?

1950. Roma (antes de abril) .
Albergo d'lnghilterra.

MUCHAS GRACIAS

Muchas gracias;
muchas, muchas gracias.
Qué va. Está muy bien.
Dispénseme, señora.
No hay de qué.
Está completo, pero está muy bien.
Un farsante, un cuentista,
un enterao
-la Place de l’Alma-, un cualquiera,
me da igual.
Cuando usted quiera.
Ah, señora, ¡si usted supiese!
Está bien.
Aquellos buenos tiempos…
Mas París es París, y está muy bien.
Aunque no lo comprendo.
L’Étoile, Notre-Dame, Les Champs,
se sabe, ¿por qué no?
Encuentro, encontraré, ¿encontré
ya?
Entonces, apresúrese, vaya.
¿Por qué no?

 

QUE TODO SE APACIGÜE

Que todo se apacigüe como una luz de aceite.
Como la mar si sonríe,
como tu rostro si de pronto olvidas.
Olvida porque yo he olvidado
ya todo. Nada sé.
Cerca de ti nada sé.
Nada sé bajo tu sombra, amarilla
simiente del árbol del olvido.
Y todo volverá a ser como antes.
Antes, cuando ni tú ni yo habíamos nacido.
Pero, ¿nacimos acaso?… O tal vez, no,
todavía no.
Nada, todavía nada. Nunca nada.
Somos presente sin pensamientos.
Labios sin suspiros, mar sin horizontes,
como una luz de aceite se ha extendido el olvido.

 

NI BRISA

Ni brisa ni sombra.
¿Por qué, muerte, así te escondes?
Sal, salte, sácate de tu abismo,
escápate tú, ¿quién te retiene?
¿Por qué no borras con tu mirada el universo?
¿Por qué no deshaces las piedras
con tu sombra, con tu muerte, sólo con tu sombra,
con tu mano desnuda,
con tu rostro de estatua,
desnuda presencia a quien nada resiste?
Enseña, muestra tu cara a los mundos,
que ya no haya espacio,
ni cielos, ni viento, ni palabras.
Quiero hundirme en el silencio.

 

SI ESTA PALOMA SE QUEMA

Si esta paloma se quema,
no es sólo en la zarza ardiente
sino bebiendo en una fuente
que corre entre la alhucema.

Fuente viva y con amor
que va hacia la noche oscura,
pero nace de la pura
claridad de un ancho frescor

de Misericordia que es llave
del mejor humano
y tierra y sol de su mies.

Y esta paloma en su vuelo
lleva un aire castellano
por lo universal del cielo.

 

LOS ÁNGELES

Los ángeles no son dorados, brillantes ni luminosos; son grises y caminan entre la multitud que arrastra los pies; entre la muchedumbre, sin color y sin rostro, de los domingos, hacia el fútbol, hacia el concierto mañanero, entre la pálida muchedumbre de los días de fiesta vacíos del mundo moderno. Ángeles grises de la pobreza y el anonimato que nadie ve, pero que muchos han sentido: un roce leve, una ligereza, un estremecimiento en el mar de la multitud anónima… El mundo de hoy no permite otros… Los de fuego y luz no vienen hoy. Sólo los otros, los ángeles del polvo y la ceniza.

GEOGRAFÍA DE LA AURORA

Y las piedras preciosas, esas grutas de esmeraldas que nacen en sueños y al soñante acogen tan de verdad que éste conserva en la vigilia las huellas del tacto, a veces hecho memoria tanto o más que un lugar simplemente natural; y el color que sin nombre sostiene la retina por años, por duraciones sin fin, ese color visto tan sólo en sueños y ese felicísimo estar en la gruta, y aun el poder volver a ella encontrándola en tierras lejanas bañadas por otra luz. ¿Cómo suceden, cómo están ahí asequibles aunque no enteramente, y sin sombra alguna de terror, cosa tan extraña a toda gruta desconocida, por insignificante que sea? Este no tener, y no esperar, este estar sin esfuerzo alguno, esta patria perdida o esperada, donde se ha entrado sin saber cómo ni por qué, sin esperanza ni temor. Y ese vivir sin anhelar, ni apetecer, sin añorar sin soñar, duerme al fin en su gruta sin soñar señor alguno, que le haya herido y sin soñarse él a sí mismo, olvidado de toda herida.
El ciervo reposa sin herida, apoyada su cabeza sobre una piedra, flor azul.

LA LLAMA

Asisitida por mi alma antigua, por mi alma primera al fin recobrada, y por tanto tiempo perdida. Ella, la perdidiza, al fin volvió por mí. Y entonces comprendí que ella había sido la enamorada. Y yo había pasado por la vida tan sólo de paso, lejana de mí misma .Y de ella venían las palabras sin dueño que todos bebían sin dejarme apenas nada a cambio. Yo era la voz de esa antigua alma. Y ella, a medida que consumaba su amor, allá, donde yo no podía verla; me iba iniciando a través del dolor del abandono. Por eso nadie podía amarme mientras yo iba sabiendo del amor. Y yo misma tampoco amaba. Sólo una noche hasta el alba. Y allí quedé esperando. Me despertaba con la aurora, si es que había dormido. Y creía que ya había llegado, yo, ella, él… Salía el Sol y el día caía como una condena sobre mí. No, no todavía.

LA PENSADORA DEL AURA

Nacer sin pasado, sin nada previo a que referirse, y poder entonces verlo todo, sentirlo, como deben sentir la aurora las hojas que reciben el rocío; abrir los ojos a la luz sonriendo; bendecir la mañana, el alma, la vida recibida, la vida ¡qué hermosura! No siendo nada o apenas nada por qué no sonreír al universo, al día que avanza, aceptar el tiempo como un regalo espléndido, un regalo de un Dios que nos sabe, de nuestro secreto, nuestra inanidad y no le importa, que no nos guarda rencor por no ser…
Y como estoy libre de ese ser, que creía tener, viviré simplemente, soltaré esa imagen que tenía de mí misma, puesto que a nada corresponde y todas, cualquier obligación, de las que vienen de ser yo, o del querer serlo.

CLAROS DEL BOSQUE

No me respondes, hermana. He venido ahora a buscarte. Ahora, no tardarás ya mucho en salir de aquí. Porque aquí no puedes quedarte. Esto no es tu casa, es sólo la tumba donde te han arropado viva. Y viva no puedes seguir aquí; vendrás ya libre, mírame, mírame, a esta vida en la que yo estoy. Y ahora sí, en una tierra nunca vista por nadie, fundaremos la ciudad de los hermanos, la ciudad nueva, donde no habrá ni hijos ni padres. Y los hermanos vendrán a reunirse con nosotros. Nos olvidaremos allí de esta tierra donde siempre hay alguien que manda desde antes, sin saber. Allí acabaremos de nacer, nos dejarán nacer del todo. Yo siempre supe de esa tierra. No la soñé, estuve en ella, moraba en ella contigo, cuando se creía ése que yo estaba pensando.

En ella no hay sacrificio, y el amor, hermano, no está cercado por la muerte.

Allí el amor no hay que hacerlo, porque se vive en él. No hay más que amor.

Nadie nace allí, es verdad, como aquí de este modo. Allí van los ya nacidos, los salvados del nacimiento y de la muerte. Y ni siquiera hay un Sol; la claridad es perenne. Y las plantas están despiertas, no en su sueño como están aquí; se siente lo que sienten. Y uno piensa, sin darse cuenta, sin ir de una cosa a otra, de un pensamiento a otro. Todo pasa dentro de un corazón sin tinieblas. Hay claridad porque ninguna luz deslumbra ni acuchilla, como aquí, como ahí fuera.

ANTES DE LA OCULTACIÓN

Comencé a cantar entre dientes por obedecer en la oscuridad absoluta que no había hasta entonces conocido, la vieja canción del agua todavía no nacida, confundida con el gemido de la que nace; el gemido de la madre que da a luz una y otra vez para acabar de nacer ella misma, entremezclado con el vagido de lo que nace, la vida parturiente. Me sentí acunada por este lloro que era también canto tan de lejos y en mí, porque nunca nada era mío del todo. ¿No tendría yo dueño tampoco?
La música no tiene dueño, pues los que van a ella no la poseen nunca. Han sido por ella primero poseídos, después iniciados. Yo no sabía que una persona pudiera ser así, al modo de la música, que posee porque penetra mientras se desprende de su fuente, también en una herida. Se abre la música sólo en algunos lugares inesperadamente, cuando errante el alma sola, se siente desfallecer sin dueño. En esta soledad nadie aparece, nadie aparecía cuando me asenté en mi soledad última; el amado sin nombre siquiera. Alguien me había enamorado allá en la noche, en una noche sola, en una única noche hasta el alba. Nunca más apareció. Ya nadie más pudo encontrarme.

Diotima de Mantinea en Hacia un saber sobre el alma, Madrid, 
Ed. Alianza, 1989, p. 196

EL TEMPLO Y SUS CAMINOS

Unas tinieblas que prometen y a veces amenazan abrirse. Y es difícil creer que quien recorre tal camino no se vea acometido por el temor y un temblor casi paralizantes. Es la luz de un viaje más bien extrahumano, que el hombre emprendía asomándose al lado de allá, a ese lado al cual se supuso, cada vez con mayor ligereza, que sólo se asoman los místicos. Es la luz que se vislumbra y la luz que acecha, la luz que hiere. La luz que acecha en la inmensidad de un horizonte donde perderse parece inevitable, y que hiere con un rayo que despierta más allá de lo sostenible, llamando a la completa vigilia, ésa donde la mente se incendiaría toda.

"La respuesta de la Filosofía", en Los bienaventurados, Madrid,
Ed. Siruela, 1990, pp. 80-81

LO CELESTE

“En par de los levantes de la Aurora”

Por amplias que sean sus alas, la luz auroral que sigue al alba es como un boquete, un lugar que tiende a absorber y ofrecer al par la inminencia de que algo inconcebible aparezca. ¿Un ser? Un animal quizás, un ser viviente, se dibuja casi, está al dibujarse. Un ser viviente de aliento y de pasión, un fuego oscuro por indiscernible que luego resulta ser simplemente blanco. Un blanco inextenso, un ser sin extensión. ¿Pensamiento? Mira tan sólo. Es una mirada, ya que la mirada de todo aquello que se manifiesta visiblemente es lo único que no tiene extensión y, aún más, la borra.
Llega la mirada anulando la distancia, quien la recibe queda traspasado, raptado o fijado; fijado, si es la mirada de la luz. Y cuando la luz nos fija es que nos mira, y, al mirarnos, ¿se sabría decir lo que sucede? Y, por no saberlo decir, se borra: no crea memoria.
Y así, de esta mirada de la luz, nace, podría nacer, ha nacido una y otra vez un pensamiento sin memoria. Un pensamiento liberado del esfuerzo de la pasión de tener que engendrar memoria y, en su virtud, liberado también de toda representación y de todo representar.

Zambrano, M.: "Lo celeste", en De la Aurora, Madrid,
Ed. Mondadori, 1989, p.43

ARDE ESTA IRA IRREAL

Arde esta ira irreal
y sin embargo
hay que soportarla
cruje el escenario al incendiarse
tu belleza cuando cae
y sin embargo
hay que soportarla
arde el silencio
su fractura
y las ramas
y los huesos
de los pájaros
sólo la fe calmará este fuego
esta ira
sin rama
sin hueso
sin pájaro

No
no son pájaros
son alas de ceniza
con la lengua de acero de las locomotoras
no
no son pájaros
son cenizas de un ave mitológica
barco ebrio o loba parturienta
abriéndose
por encima de las cúpulas
no son pájaros los estambres
de las flores funerarias
la cabeza enterrada
avestruz de los agostos
transeúnte que tala
los sueños
son alas de ceniza
frágiles cuerpos dormidos
en el santuario de la voz
no
no es un pájaro        este miedo
anidando                  en la boca

ESTA IRA

Que aprendáis a llorar el día breve
que enfermen vuestras hijas
y no sepáis
el nombre exacto para el miedo
en la garganta se ahogue ese pitido
y arda la madera seca de la muerte
sólo un día
de atravesadas horas
y luces que se enciendan
rojísimas las luces
y sean bestias
escupiendo
sobre los mausoleos
sólo un día
tiriten de frío azuladas las mandíbulas
y nadie pronuncie
el verbo que calme
sus articulaciones
y todo sea balbuceo
de sabio que atesora
sus cuerpos con asepsia
cuando caigan las crías
en lo ignoto
y en esas horas              aprendáis
el idioma absurdo de la muerte
sólo un día

“LA DESPEDIDA”

Viajero, tu huella
se desvanecerá en la arena,
y al poco tiempo será borrada,
y ningún pie repetirá tu paso.
Todo pasará así en la tierra,
todo se irá hundiendo en las arenas,
así lo hemos sabido siempre.
No te aferres, viajero, a tu paso,
que nada importa si abandonas
esta torre de violencia y ambiciones,
este ruidoso medio de aciertos.
No es aquí, viajero, donde esperes
fuego, luz o libertad:
una voz oculta,
un temblor de sangre
que apenas llega
hasta el pecho, hasta el alma,
eso es todo lo que la vida enseña.
¿Qué te importa saber dónde vas
si nunca hubo camino,
ni destino ni salida?
¿Qué te importa querer saber?
Caminas, y sólo eso sabes,
y junto a ti va el caminante,
ese que tú ni ves,
ese que es.
Y a veces, con una palabra,
con un gesto, con una sonrisa,
te alcanza y tú lo alcanzas,
y quedas inmóvil, detenido,
y el mundo corre delante,
sin pesarte, sin saber de nadie,
ni de ti menos,
y tú ya no sabes si avanzas
o retrocedes, si subes o bajas,
si sueñas o despiertas.
La despedida no se acaba nunca.
Desde el suelo mismo de las cosas
parte, continúa, sigue la despedida.
No lo mires, camina en busca
de tu propia despedida,
ese llegarte a ti mismo
que es esa sombra siempre presente,
esa desnudez del alma que es,
en definitiva,
la única imagen verdadera.
Viaja, caminante, sin tener camino,
que tu camino es tu despedida,
y es también tu encuentro.

 

 

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