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295. POESÍA MÁS POESÍA: HILDE DOMIN

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BIOGRAFÍA DE LA POETA HILDE DOMIN

Hilde Domin Colonia, Alemania, 1909 – Heidelberg, Alemania, 2006. Poeta e hispanista. Nacida en el seno de una familia judía, se exilia primero en Roma, en 1932, y después en República Dominicana, en 1940. En 1954 regresa a Alemania y trabaja como docente en las universidades de Frankfurt y Mainz. Es autora de una veintena de títulos y recibió distinciones como el Premio Friedrich Hölderlin, el Premio Rainer Maria Rilke y la Orden del Mérito de Duarte, Sánchez y Mella, en el grado de Commendador (máxima condecoración de la República Dominicana).

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Escribió poemas en español. Sus poemas cuentan con ediciones en español en España y Argentina.
Publicó su primer libro de poemas Solo una rosa como apoyo, cuando ya contaba cincuenta años. Un debut tan tardío no le impidió convertirse en uno de los grandes valores de la lírica alemana y recibir importantes premios Junto a varios volúmenes de poesía El coloquio de los perros (Rückkehr der Schiffe) (1962), Aquí (Hier) (1964), Yo te quiero (Ich will dich) (1970), su obra incluye cuentos, ensayos y la novela en segmentos Segundo paraíso.

Estudió Derecho, Filosofía y Ciencias Políticas en Heidelberg, huyó a Italia con el alce del nazismo para, al poco tiempo, tener que exiliarse con su marido, primero, en Inglaterra y, después, en la República Dominicana. Allí Hilde Palm, tomó el apellido de su esposo, inició su labor poética como consecuencia de una fuerte crisis personal.

En 1954, tras 22 años en el exilio, regresó a Alemania. Su conexión con España fue muy fuerte: en sus largas estancias trabó amistad con numerosos escritores, realizó traducciones y dio a conocer la poesía española en Alemania. Su lírica intimista está, además, fuertemente influenciada por la poesía española.

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Hilde y su esposo Erwin Walter Palm

 

Hilde Domin: El segundo paraíso
(Fragmento)
Por Miguel Casado

Hilde Domin (1909-2006) publicó su primer libro, Solo una rosa como apoyo, cuando ya había cumplido los 50 años; la editorial le pidió que rebajara su edad en la solapa, porque la verdadera no ayudaría a una principiante. En casa, el poeta era su marido, Erwin Palm, más conocido como historiador. Al escribir su primer poema, en 1951, cuando conoció la muerte de su madre, para asimilar la sorpresa de la escritura probó a traducirlo al español, “a ver si se tenía”; no en vano se describía diciendo: “Yo, Hilde Domin, he nacido siendo discípula de los poetas españoles”, evocando así su aprendizaje, la historia de sus lecturas. Quizá esa extrañeza, la exterioridad de la que da cuenta Antonio Pau en un libro preciso e intenso, Hilde Domin en la poesía española, explique el impacto que causó en Alemania desde el principio.

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Salieron los dos –Hilde y Erwin–de su tierra en 1932 con destino a Italia, para hacer ella su tesis de derecho político sobre un precursor de Maquiavelo, e investigar él la historia de Roma; también con conciencia de su condición de judíos y la intuición de lo que venía. Al empezar la guerra, pasando por Londres, embarcan hacia la República Dominicana: era el único país que no pedía papeles ni dinero, y ellos no tenían lo uno ni lo otro. De aquella isla tomará ella más tarde su nombre literario; allí aprenderá la lengua. Su vida, aunque privilegiada si se piensa en los internados en los campos, fue más dura que las de otros exiliados en América y paradigmática de la precariedad que definió una época y que tal vez está hoy recuperándose por otras vías.

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Solo una rosa como apoyo empieza con una cita de Lope de Vega: “Dando voy pasos perdidos/ por tierra, que toda es aire”, de la que derivó los versos que ella quiso como epitafio: “Puse el pie en el aire/ y me sostuvo”. La fundación poética se dio en plena carencia; de la cueva de Polifemo “los que huyen/ del gigante/ no se llevan nada/ excepto la huida”.

Y, sin embargo, Gadamer consideró a Domin la “poeta del regreso”, y ella llegó a decir que: “el regreso, no la persecución, ha sido el gran acontecimiento de mi vida”. ¿Encontró el lugar? El éxito de crítica desde el principio, la sensación general de que su voz era nueva en el sentido más fuerte, abre una segunda (o tercera, o cuarta) parte de su vida dedicada a la escritura y reconocida con los principales premios de Alemania, con continuos viajes y lecturas. Lo nuevo de su voz parece arraigar en una antigua idea, la sobriedad tal como la proponía Hölderlin, que ella formula como “la relación entre excitación y pensamiento”, vinculándola a una sentencia de Confucio: “Encontrar la palabra exacta para el tono sin voz del corazón significa no mentirse a sí mismo”; tono neutro, exactitud y sentimiento remiten a la sobriedad, pero el sentido se desplaza al tipo de relación que se mantiene con la propia vida.

 

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BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

La palabra volátil

https://litteratuya.wordpress.com/2021/08/19/hilde-domin/

https://elcoloquiodelosperros.weebly.com/traducciones/hilde-domin

Canciones para dar aliento

https://pajaroslanzallamas.blogspot.com/2018/12/tres-poemas-de-hilde-domin.html

Hilde Domin

https://www.trotta.es/libros/hilde-domin-en-la-poesia-espanola/9788498791792/

Sólo una rosa

https://elcoloquiodelosperros.weebly.com/traducciones/hilde-domin

Canciones para dar aliento

https://archivopdp.unam.mx/?view=article&id=4224&catid=1659

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SELECCIÓN DE POEMAS DE HILDE DOMIN

COMO ANIMAL SIN PÁRPADOS

Como animal sin párpados
a la espera insistente de huir
vive el miedo a ti en mi corazón.

Pero sobre el animal
crece un fantástico árbol
una híbrida vegetación.
Su raíz toca lo profundo
del agua de los llantos
y en vez de flores y frutos
cuelga de él
una campanita audaz.

 

CASI SUELTA

Casi suelta
va una palabra

al agua del tiempo
y gira
y será usada
o se sumergirá.

Me olvidaste hace mucho.
Yo ya no recuerdo a nadie,
ni a ti
ni a nadie.

Esta palabra mía para ti
esta hoja titilante,
podría de cualquier árbol

caer al agua.

 

IRRESISTIBLE

¿La propia palabra,
quién la recupera,
la vital
palabra
todavía no pronunciada?
Por donde pasa la palabra
se secan los pastos,
las hojas palidecen,
cae nieve.
Un pájaro regresaría a ti.
Y no tu palabra,
la no dicha aún
a tu boca.
Envías otras palabras, más tarde,
suaves palabras, con plumas coloridas.
La palabra es más rápida,
la negra palabra.
Llega siempre,
no cesa
de llegar.
Mejor un cuchillo que una palabra.
Un cuchillo puede ser romo.
Un cuchillo atina a menudo
lejos del corazón.
No la palabra.
Al final está la palabra,
siempre
al final
la palabra.

 

SOBRE NOSOTROS

Sobre nosotros
se leerá sobre nosotros
póstumamente.
Nunca quise despertar póstumamente
la compasión de los escolares.
Nunca aparecer de esa manera
en un cuaderno de clase.
Nosotros, sentenciados
a saber
y no a actuar.
Nuestro polvo
jamás será tierra.

 

LECTURA

Los libros entran en mí
a través de un gran portón
pagan algo
por su entrada
le dan algo
a mi chica del guardarropa
invisible
El teatro
al que entran
es oscuro
yo misma estoy en la entrada
aquellos amados
no sé cómo salieron
regresan siempre

 

PALABRAS

Las palabras son granadas maduras,
caen a la tierra
y se abren.
Todo el interior es barrido hacia afuera,
la fruta desnuda su misterio
y muestra sus semillas,
un nuevo misterio.

 

COLONIA

La ciudad hundida
para mí
sola
hundida.

Nado
en las calles.

Otros caminan.

Las viejas casas
tienen grandes puertas nuevas
de vidrio.

Los muertos y yo
nadamos
a través de las puertas nuevas
de nuestras viejas casas.

 

MANZANO Y OLIVO

Un consuelo es saber dónde
guardan las tazas y los platos
de la casa a la que estás invitada
y tener una parte de los mimos
de tus amigos
el gato y el perro;
conocer el truco del coche
como si fuera tuyo,
en el que vas con una bolsa raída
por el pueblo extraño;
derramar la leche en el sendero
ahí donde extraviaste
la tapa de una jarra vieja
hace años.
Cruzas la puerta del jardín
y la cierras como si tras de ti
siguiera parado el banco.
Ves a los otros pasar,
tú,
la caminante
de día en día
y de patria en patria,
donde la palabra volátil
estando todos aquí
se vuelve carne.
Tú, que en cada muro
te rindes
y que tantas veces
intentas esconderte
tras los niños del circo itinerante.
Pero los manzanos y olivos
son tuyos dondequiera
y en tierras extranjeras
te acercan una silla
en el lugar principal
de la mesa
y cualquiera te comparte de su plato
cuando el guiso ya se terminó
como a un niño que ha llegado tarde,
no como tú, llegando de un viaje.
Y el árbol oscuro de mangos
y las castañas
crecen lado a lado
de tu corazón.
Sabes cómo la alta hierba
susurra en los bordes isleños
de todos los mares del sur,
conoces las vías polvosas de los cactus,
andas por los espumosos campos y conoces
su colorido calendario.
Juegas con el viento,
soplas luminosas esferas
de dientes de león en el aire
miras flotar
sobre ti pequeños globos blancos
—van ligeros, sin resistirse al soplo
como tú.
Has de caer
en algún lado.

Luego cruzas la calle
como si fueras en trineo
cruzando los álamos
en la tarde de sol.
Un venado cruza el bosque
y un pequeño templo en la colina
con un cementerio al lado
te saluda desde lejos.
Tomas su gesto
como una invitación,
quizás alguna tarde
—quién sabe cuál—
con gusto sea aceptada.
Te das cuenta
de sentirte aquí
un poco menos
en otro lugar
que en casa.

 

TÚNEL

A Virginia Woolf, in memoriam

De tres en tres
de cuatro en cuatro
no registrados, uno por uno

solos
vamos a lo largo de este túnel
hacia el mismo día y la misma noche

tres o cuatro de nosotros
decimos las palabras
esta palabra:

«No temas»
florece
detrás de nosotros.

 

LAS ABEJAS DEL INVIERNO

Las montañas entre nosotros,
demasiado aire
entre nadie y yo.
A solas
en tanto aire.
Prados de pálidas flores,
vías lácteas
de prímulas y azafrán,
primavera.
Los pájaros viajan al Norte
hacia sus viejos nidos.
Las abejas mueren
sobre las primeras flores,
las abejas de invierno.

Voy al valle a través de pálidos prados
donde los aldeanos se odian mutuamente
y envío cartas
a personas en ciudades.
No pude viajar,
no con los pájaros,
hacia los viejos nidos.
No al Sur
y no al Norte.
Si yo fuera un pájaro
volaría hacia nadie.
Contemplo las pálidas flores,
las hojas del pasado otoño
y las abejas de invierno.

 

CASA SIN VENTANAS

El dolor nos encierra en un ataúd,
en una casa sin ventanas.
La primavera deja ver las flores
límpidas y más claras
sus aristas.
Mi noche, una apuesta,
un dado de silencio.

El consuelo
quiere entrar
y no halla puertas, ni ventanas.
Enfurecido amontona la leña
quiere forzar un milagro y
enciende
la casa de dolor.

 

MEDIODÍA INSULAR

Somos extranjeros
de isla
en isla.
Pero al mediodía cuando el mar
se nos sube a la cama
y el pasado
se escurre como una estela
por nuestros tobillos
y en la playa la hierba marina, muerta,
se convierte en árboles dorados,
entonces, ya ninguna red nos sostiene
del recuerdo
nos escurrimos
y los demarcados
estrechos de los pescadores
y los mapas de profundidades
no valen
para nosotros.

 

EL ÁRBOL FLORECE A PESAR DE TODO

El árbol florece a pesar de todo
Siempre han florecido los árboles
también para la muerte.

El viento arrastra
flores de cerezo y
mariposas
también a los condenados
a guardar la cama

Ellos siguen caminando
ordenados en fila
sostienen la flor
sin voltear la cabeza

Alguno te comenta algo o dice apenas
una palabra

en medio de un silencio avasallante

 

CAUTELOSA ESPERANZA

Palomas blancas
en el azul,
huecos de ventanas quemadas,
¿se libraron las guerras por ti?

Tras la ventana vacía
sobre las latitudes de afuera
una línea de paloma blanca.

Como rosales en nuestras tumbas
que tomas sin atención,
colocas el pequeño nido
en la piedra lavada con lágrimas.

Construimos nuevas casas,
palomas
salen de los picos de las grúas
sobre nuestra ciudad
cigüeñas de acero que para nosotros anidan.
Construimos casas
con paredes, cemento y vidrios
que no tocan
nuestros rosados pies.
Escombramos las ruinas
y olvidamos la hora extrema
en el ojo muerto del reloj.
Palomas, construimos para ustedes,
que deben
en el azul
volar hacia nuestras ventanas.

Y quizá haya un par de niños por ahí
—y eso ya sería mucho—
que bajo nosotros,
en las ruinas
de nuestras nuevas casas,
las casas que con altas grúas
se construyen tarde y noche,
juegan ocultos.

Y eso ya sería mucho.

 

PAISAJE CAMBIANTE

Se ha de saber partir,
mas ser como un árbol:
como si la raíz permaneciera en la tierra,
como si cambiara el paisaje pero quedáramos firmes.
Se ha de contener la respiración
hasta que el viento amaine
y el aire foráneo comience a girar a nuestro alrededor,
hasta que el juego de luz y sombras,
de verde y azul,
adquiera el antiguo patrón
y estemos en casa,
dondequiera que sea,
y nos podamos sentar y recostar
como si fuera sobre la tumba
de nuestra madre.

 

SEÑAL

Una gaviota rosa
en la luz de la tarde
brillante señal en la bahía.
Nos miramos.

Las hierbas se dan
tiernos signos
en el viento.
¿Somos claros?

Cada flor blanca
guarda un trago de Sol
para la noche.

¿Y nosotros?

 

PREGUNTA

Luego de nuestra pequeña fusión
—apenas con una presión de los labios—
cuando me convierto en nube
o un barco sin ancla
en tu mar
o más fácil,
cualquier otra forma
para ti,
¿cuál sería?
¿Cómo evitas
a la mañana siguiente
sentir un poco de timidez?

 

CATÁLOGO

Una cantina el corazón
con un hogar
que lo domina.

Un erizo el corazón.

Un búho el corazón
palpitando en la luz
los ojos.

Ave migratoria, clima cambiante corazón.

Una esfera el corazón
se sacude
oscilando un centímetro
grano corazón de arena.
El corazón gran
tirador

de todas las balas.

 

SOBRE PUNTUACIÓN

Por qué a ti el negro
te espanta
por qué a ti el blanco
te espanta
te espantan mis palabras
una fácil coma
entre signos encerrada
ventanas abiertas
abiertas líneas
mis palabras temen
la traición
de los hombres
a ellos
no intento
dejar las puertas
abiertas
no nos presiones
somos nubes

 

TRANSFORMACIÓN

Junto a mi cabeza
dejo un pedazo de pan blanco
Junto a mi cabeza
con su filo dorado
pongo vino
algo de sal
de mi almohada crece un
toldo
mi sábana será un mantel
el mantel
para amortajar

 

SÓLO UNA ROSA

Me preparo una habitación en el aire
entre los acróbatas y los pájaros:
mi cama en el trapecio del sentimiento,
como un nido en el viento
en la extrema punta de la rama.
Me compro una manta de la más fina lana
de las ovejas suavemente esquiladas que
a la luz de la luna
como nubes brillantes
pasan sobre la tierra firme.
Cierro los ojos y me envuelvo
en el vellocino de los animales de confianza.
Quiero sentir la arena bajo las pezuñitas
y oír el sonar del cerrojo,
que cierra la puerta del aprisco por la tarde.
Pero yo estoy en plumas de pájaros, alto en el vacío mecida.
Me da vértigo. No me duermo.
Mi mano
busca un agarradero y encuentra
sólo una rosa como apoyo.

 

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