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20. Poesía más Poesía: José Portogalo y Clémence Loonis

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JOSÉ PORTOGALO

BIOGRAFÍA

(1904-1973) José Portogalo se llamaba en realidad Giussepe Anania o Ananía, había nacido en Calabria (Italia) en 1904. A la edad de cuatro años su madre, Dominga Gualtieri, lo lleva consigo a la Argentina en busca del padre que había emigrado años antes, pero al llegar descubre que su marido había formado una nueva familia, por lo que la vida va a resultarle bastante dura a ambos. La madre conoce a un vendedor ambulante con el que forma un nuevo hogar, de éste tomará nuestro poeta el apellido, Portogalo, reconociendo así al que vino a ser en realidad su verdadero padre y protector.

Con apenas 5 años el pequeño Portogalo tuvo que trabajar en lo que pudo, saliendo a la calle con un cajoncito para ejercer de limpiabotas. Allí conocería a Carlos R. Muñoz del Solar, que más tarde sería conocido como Malevo Muñoz o Carlos de la Púa. Los dos vivían en la Boca y a veces trabajaban en las barrancas de Belgrano. Carlos, unos años mayor que Pepe, le enseñó a bailar el tango mientras recitaba en voz alta, a los gritos, los apuntes que Carriego ya había hecho para “El Alma del Suburbio” :

En la calle la buena gente derrocha
sus guarangos decires lisonjeros
porque al compás de un tango que es La Morocha
lucen ágiles cortes… dos orilleros.

El alumno aprendió rápido y se hizo milonguero, compadrito, bailarín profesional,  llegando a tener su propia academia de baile. Traje cruzado, funyi, solapas de terciopelo en el abrigo largo y entallado, empezó a ir por su vida adolescente con taquitos malevos mientras no empuñada la brocha gorda de pintor de paredes. Hasta los 28 años hizo de todo para ganarse la vida mientras su madre lavaba la ropa del conventillo y el vecindario. Sería florista, vendedor ambulante, albañil, pintor y periodista. El hambre y la falta de medios y oportunidades lo endurecieron y forjaron al poeta que años después volcaría esa realidad vivida en dolorosos poemas y artículos.

José Portogalo


Rondando sus treinta años empezó a escribir poemas copiando a Almafuerte, imitando a Carriego, soñando con llegar a ser célebre como Rubén Darío. La carrera literaria del poeta no tuvo uno, sino dos comienzos. El primero, el que corresponde propiamente a su debut, fue en el año 1933 con Tregua, libro que apareció en la Colección “Los Poetas”, de la Editorial Claridad.

Tregua Poemas Jose Portogalo | Mercado Libre

La búsqueda inicial de Portogalo se concentraba en un estrecho ángulo que le permitía filtrar, a través del patrón formal y sentimental del posmodernismo, la temática social. En versos medidos y rimados, haciendo uso de un vocabulario amplio, lleno de exóticos hallazgos, cantaba el poeta a los albañiles (“ellos son como abejas laboriosas y humildes/ libando el polen fresco de las nubes rizadas”), a los vendedores de diarios, a los pintores, a los trabajadores de la fundición, al alba de los obreros.  Era un poeta obrero, un hombre redimido cuyos versos podían medirse con los de cualquier poeta de oficio.

Distinto es el otro comienzo que ensayó Portogalo. Fue con Tumulto, publicado en Buenos Aires por la editorial anarquista Imán, en noviembre de 1935. El libro reunía un conjunto de veinticinco poemas, acompañados por ilustraciones y grabados del artista plástico Demetrio Urruchúa. Fue el segundo de sus libros, pero tan grande es la brecha que lo separa de Tregua, tan desmesurado el modo en que divergen sus formas y sus intenciones, que es difícil resaltar algún tipo de continuidad, por fuera de una nominal coincidencia de los temas de interés y algunos poemas medidos que sobreviven, según parece, sólo para marcar la excepción.

Claudio Tomassini: José Portogalo

Con el libro ganó  el Concurso Municipal de Literatura de Buenos Aires, se trataba, sin dudas, del premio más importante y prestigioso de la Argentina. Esta obra causó horror y fue considerada pornográfica y subversiva. Le retiraron su carta de ciudadanía argentina y le iniciaron un juicio por el que fue condenado, con Demerio Urrichúa, a la pena de prisión preventiva por un año.

“Fui el pornógrafo de los falsos moralistas, el nihilista patológico de los falsos intelectuales, el cuco de la burguesita pudibunda que leía a Pitigrilli escondida entre las sábanas y de los hipócritas contumaces que con toga o sin ella alardeaban de honestos”.

En Tumulto la plena libertad de la poesía de Portogalo hallaba su correspondencia en el singular trabajo realizado para el libro por Demetrio Urruchúa. El pintor y muralista, que años más tarde fundaría junto con Antonio Berni, Lino Enea Spilimbergo y Manuel Colmeiro el Taller de Arte Mural, realizando los frescos que aún se pueden ver en las cúpulas de la Galería Pacífico de Buenos Aires, logró plasmar en quince pequeñas escenas, con el uso sintético de la línea, el espíritu de Tumulto. Sus burgueses gordos con bastón, sus prostitutas, sus soldados armados, el entierro desolador de un albañil, el baile de una pareja con los torsos desnudos, entre otros personajes, perfilan con potencia expresiva, plástica, el mundo en plena ebullición de Tumulto.
Puede notarse alguna familiaridad con “Las Brigadas de Choque”, el mítico poema de Raúl González Tuñón, cuya publicación, en agosto de 1933, precipitó el cierre de la revista Contra.

El otro gran antecedente que propicia un nuevo comienzo desde cero en la poesía de Portogalo, es su lectura de poetas norteamericanos como Langston Hughes y Carl Sandburg. En sus Poemas de Chicago, de 1916, este último mostraba que todo podía ingresar en la poesía, sin necesidad de traicionar el universo obrero, ni el pulso de las grandes urbes. Walt Whitman flotaba en sus poemas, y en el camino del verso libre, en la búsqueda del ritmo propio, aparecía impreso el orgullo del self-made-man.
Portogalo, perseguido, sin nacionalidad, sin trabajo vivió un tiempo en Córdoba, otro en Rosario, y luego, cuando ocurrió el golpe militar de 1943, se exilió en el Uruguay, donde trabajó como periodista. Según César Tiempo, amigo de Portogalo y miembro del jurado del premio de la polémica “Todo eso lo favoreció bastante a Portogalo. En Montevideo se conectó con poetas, con periodistas. Se hizo amigo de Alfredo Mario Ferreiro, de Enrique Amorin, de Nicolás Fusco Sansone. Y comenzó a hacer periodismo”.

“El milagro de Portogalo consiste en que, habiendo sido un hombre de extracción popular, tan rústica, que tan sólo conoció los primeros grados de la escuela primaria, fue perfeccionando su poesía. Es conmovedora la pasión de Pepe por la poesía. Cuando descubrió a García Lorca, su poesía dio un viraje, se hizo más colorida, más plástica”.

Años más tarde, regresó a Buenos Aires y permaneció allí hasta su muerte, ocurrida en el año 1973. No dejó de escribir, ni de publicar, pero su poesía, en un nuevo giro, retomó el derrotero de Tregua. Se ignoran los motivos, pero no es difícil inferir que el escándalo y la persecución hayan hecho mella. El escándalo, no obstante, fue la mejor de las propagandas.


Siguen Centinela de la sangre (1937); Canción para el día sin miedo (1939); Destino del canto, alejado de los dos primeros, con motivos distintos perfila una imagen madura de Portogalo. Ahora es la esperanza, la seguridad en el triunfo del amor fraterno. 

Como periodista ejerció su labor, entre otros diarios, en “Noticias Gráficas” y “Clarín”. En una época plagada de poetas que miraban más hacia París que hacia su propia tierra, Portogalo era ninguneado por éstos y mal mirado por otros. 
Van a surgir los grupos – bien diferenciados -, de Florida (también llamado Grupo Martín Fierro) y de Boedo. Por supuesto que, José Portogalo, se va a unir al grupo de Boedo, pues estaba en sus genes y en su intento de resquebrajar las estructuras y porque sus orígenes (que de eso se trata), es totalmente opuesto al de los de Florida, con Conrado Nalé Roxlo, Horacio Rega Molina, Oliverio Girondo, Ricardo Molinari, Jorge Luis Borges, Leopoldo Marechal, Francisco Luis Bernárdez, Eduardo González Lanuza, Norah Lange y Ricardo Güiraldes. La obra poética de Portogalo es un canto a los que sufren, a los humildes, a las fábricas sórdidas y los suburbios grises.

La tradición dibujística argentina II - Arte-Online


Fue amigo de González Tuñón, Juan L. Ortiz, Neruda, Roberto Arlt, y otros artistas importantes de su tiempo. A Juanele Ortiz lo unía su amor por la China de Mao y el tabaco negro. A Neruda y Guillén la camaradería partidaria, la admiración por la madre Rusia, el amor incondicional por la Cuba revolucionaria. Con Tuñón compartía el tinto y el semillón, la redacción de Clarín, la amistad de sus mujeres, las comilonas en los restaurantes del pasaje Carabelas.

Otro de sus amigos poetas,  Ulises Petit de Murat, dijo que Portogalo era “un hombre sin altibajos, con una mística muy grande de la amistad. Un hombre al que yo calificaría de casi angelical”. “Lo vi bailar el tango con corte, en su juventud esa habilidad le servía para levantar minas en los salones, hasta que, naturalmente, se convirtió fanáticamente a la pareja. Porque desde que conoció a Eva, formó un solo ser con ella.” “Su vocación por la poesía es total, es un lector omnívoro. Conserva esa apariencia que se le hizo carne en los tiempos de miseria, cuando el libro era un objeto precioso, bastante glorioso e imposible de conseguirlo.”

Raúl González Tuñón escribe: “Tanto en su prosa como en su poesía, Portogalo tiene algo luminoso. Casi todos los poetas tienen una palabra que los define y los distingue, Portogalo es el poeta de la luz en todas variaciones y manifestaciones. /…/

Portogalo Di Taranto Castelnuovo.JPG
J. Portogalo, H. Di Taranto y E. Castelnuovo en 1965

Con el tiempo la perspectiva poética de Portogalo se fue ampliando. De un ideario un poco vago fue hacia otra cosa más definida, consistente. Cuando se anunciaba la muerte absoluta del tango, Pepe fue uno de los que defendió su supervivencia. Escribió un libro muy fresco, Juan Tango. Pero él sabe también que, a pesar del enorme respeto por los grandes autores del pasado, el tango se va a salvar siempre que sus letras tengan resonancias actuales. Tangos que tienen que ver con otro Buenos Aires, con otros problemas.

“Portogalo cantó a las usinas, a las fábricas sórdidas, a los suburbios grises, a todos esos lugares donde la luz está encerrada como los inquilinatos o las viejas casas que los pobres tienen en los suburbios. En sus libros, a esa luz que tanto ama la saca de su encierro, de sus múltiples encierros, y la pone en sus poemas, cuyas palabras definitorias son madrugada, sol, rocío, crepúsculo, atardecer, amanecer. Él liberó una luz recóndita, escondida en todos esos lugares pobres, feos y chatos, aparentemente nada poéticos, y a esos aspectos sombríos los llenos de una luminosidad que, por otra parte, está en su interior, en su espíritu, en su manera de ser.” escribió Raúl González Tuñón.

FRAGMENTO DE “LETRA PARA JUAN TANGO”

………………………………….
“Juan Tango no te achiques.
Estás en mi garganta,
en mi pecho de musgo,
en mi día, en mi noche
y en mi flor de la escarcha
que empurpura tu lengua.
Del barro eres del barro.
Del sueño eres del sueño.
Del mundo eres del mundo.
Del aire eres del aire.
Del viento eres del viento.
-Repítete, y levanta
tu cabeza en el viento.

II
Juan Tango, estrella de oro entre mis yemas,
río de libertad, pan de mi sangre,
corola, hoguera, lámpara de azufre,
paso de niebla, espuma verde, ráfaga
de pájaro en mis sienes.
No te mientas, Juan Tango, no te mientas.
Eres de abajo, grita conmigo ¡soy de abajo!

III
Juan Tango, mariposa,
Rumor de pluma, ramo
de jazmines, abeja
subversiva, morada
de mi llanto, mi risa
y mi palabra.
Bandoneón, mi otro sueño
que contigo repite
¡soy del pueblo!
-Repítete, Juan Tango,
¡soy del pueblo!”


La producción poética de nuestro poeta se encuentra fundamentalmente en los siguientes poemarios:

1933 – Tregua
 1935 – Tumulto
 1937 – Centinela de sangre
 1939 – Canción para el día sin miedo
 1942 – Destino del canto
 1947 – Luz liberada
 1949 – Mundo del acordeón
 1952 – Perduración de la fábula
 1955 – Poema con habitantes
 1958 – Letra para Juan Tango
 1968 – Los pájaros ciegos y otros poemas
 2012 – Tumulto, reedición, Editorial Serapis.

BIBLIOGRAFÍA

http://www.elortiba.org/

POEMAS

Elogio del esfuerzo

Ah, gota de sudor, perla, diamante o flor;
corazón del esfuerzo fecundo de los hombres;
semilla que florece sobre las frentes rudas
tal un trazo de estrella transparente en la noche.
Sobre las dos orillas de las cejas se engarza
como una aurora en medio de un bullicio de pájaros;
es ella la simbólica lonja de tierra fértil
donde germina el fruto de la espiga y del árbol.
Ah, gota de sudor:
eres llena de gracia por tu forma de lágrima
y de corazón.
Cuando trizas arrugas con tus otras hermanas
toda la vida es una palpitación de estrellas
hecha lumbre en las frentes que abren surcos al alba.
Frentes que son como ostras con tesoros de perlas.

DE TREGUA

Albañiles

Vigoroso hemisferio de luz en los andamios.
Torsos que se revelan sobre la piel del aire
en toda su potencia magnífica y creadora;
anónimos perfiles que amedallan la altura
avivando el incendio del sol en las ciudades
y enfrentando la sórdida presencia de la lluvia.

Con despaciosos giros de péndulo oscilante
sus flexibles cinturas recortan el espacio
como si al gesto torvo del día le arrancaran
calladas y maduras jornadas de trabajo.

Cuando bajan los soles a tatuarle los ojos
sus voces suman cantos al pentagrama rudo
del esfuerzo, que es música matinal y sonora,
como el repiqueteo de campanas festivas
arqueadas entre el puño de un dominio de sombras.

En los pliegues sinuosos de los linos del alba
ellos son como abejas laboriosas y humildes
libando el polen fresco de las nubes rizadas.

Los inviernos les curten la piel como a la tierra
el castigo filoso del atado y las lluvias;
en tanto que sus manos, arañas silenciosas,
empinan la alegría de los rojos ladrillos
y se abultan de duras prominencias callosas.

Vigoroso hemisferio de luz en los andamios;
exaltación soberbia del esfuerzo fecundo
del músculo que pulsa las alturas desiertas
donde sólo pájaros desbarbando los vientos
logran mojar sus picos con humedad de estrellas.
¡Humedad que madruga en parvas de rocío
sobre el labio entreabierto de la flor, y la hierba!

Albañiles, dedales de una labor anónima.

En vuestras manos ásperas se construyen los negros
y altísimos custodios que enlutecen la tierra
con sus graves sentencias de agresivo entrecejo.

Ah, y sobre los tablones que auscultan el espacio
vuestro ímpetu es diamante que resplandece al sol
tal la brasa encendida de la cresta de un gallo.

Del libro Tregua

TUMULTO

Me trepan los insultos -mareas numerosas-
como trepan los hijos al cariño de un hombre.
Tengo las ansias llenas de ganarme en un grito.
Grito: ¡La vida es nuestra! y abro los horizontes.

Puertas de bronce viejo, de hierro remachado,
caerán cuando se agrupen las voces en un puño.
Hombres desvencijados, de espaldas a la vida:
así dancen las balas no serán de este mundo.

A los calvos de ideas, con sangre de pantano,
a los viejos que ensucian las palabras más altas,
les hago una advertencia: conmigo están los brazos
de aquellos que arrancaron de sus ojos las lágrimas.

La humildad -ese viejo mascarón- no hará suya
nuestra carne que es nudo de un clamor que echa ramas
y en sus climas oscuros, como a un árbol raíces,
nutren de savia pura los cuencos de su entraña.

Y ¡guay! del que esté en contra de nosotros, los pobres,
esos ríos de sangre, silenciosos y lentos,
que bajan hasta el pozo más hondo de la tierra,
que suben hasta el límite más alto de los cielos.

La vida es de nosotros los que hacemos la vida
a gotas de sudor, de ímpetu, de fuerza
y que jamás o nunca tenemos una cama
donde cavar la hondura de un vientre en primavera.

Nos vejan, nos explotan, nos reducen a cero,
si agitamos un grito de protesta nos castran.
Nos orinan la baba de un exiguo salario
y nos cuadran en leyes como a burros de carga.

Y hablan de La Piedad, de La Bondad, del Arte,
sacerdotes, artistas, profesores, poetas,
los que en nombre del pueblo se erigen en vigías,
¡esos hijos de puta con almuerzo y con cena!

Ah señor Jesucristo: no queremos tus frases
-panes sin levadura-, magníficas, humanas,
que no son más que frases pero que nos inhiben
y destapan, astutas, nuestros poros de lágrimas.

No queremos tus frases. Yo que vengo de abajo
y que anduve entre obreros con hambre y manos sucias,
que sé lo que es el mundo, este mundo de mierda,
te lo digo derecho: tus palabras son putas.

Al carajo con todas las parábolas bellas.
Al carajo con todos los escrúpulos sordos.
Presentemos las armas proletarios del mundo
y a tiro limpio, firmes, vaciémosles los ojos.

La vida es de nosotros, los que hacemos la vida
a gotas de sudor, de ímpetu, de fuerza,
y que jamás o nunca tenemos una cama
donde cavar la hondura de un vientre en primavera.

Del libro Tumulto

DESDOBLAMIENTO

Un alma de hombre humilde tiene más de una Ilíada
Enrique Banchs

En la boca una voz amarga y en las manos
esa angustia tremenda del jornal inseguro.
Ruedan los días tristes, opacos, sin relieves,
sólo yo muevo el día que se instala en tu mundo.

Pero no me comprendes, me piensas siempre niño;
no sabes que en mi carne sufro tu edad madura,
y cuanto más avanza tu amor en el recuerdo
más se aferra en mi entraña la raíz de la angustia.

Soy como puerta abierta para que en ella habites
y aclares tus jornadas con mi arcilla de niño
trayendo ante tus ojos la imagen de aquel día
que ocuparon mis manos un cuaderno y un libro.

Y no sabes, no sabes que el libro abrió un boquete,
como un hondazo en medio del cielo en una estrella,
y tú que nunca —¡nunca!— supiste qué es un libro
ante mí, menos hombre, te hospedas en la tierra.

Penetro tus angustias aunque siempre sonrías
y fumes tu cigarro tratando de engañarme:
Alta sabiduría la de tu amor que limpia
de impurezas de libros el temblor de mi carne.

Piénsame siempre niño que seré tu reposo,
la gota de agua pura que caliente tus párpados
cuando cansado vuelvas del esfuerzo que agota
y exangües, doloridos, se te caigan los brazos.

Piénsame siempre niño, por ella, la que nunca
parece que existiera trajinando en la casa,
la que intuye mis nieblas terribles de hombre solo,
la que hasta en sueños sorbe la acritud de mis lágrimas.

Por ella, por tu vida de pobre, siempre pobre,
haré que entre en mi carne el sol como una cuña.
Y aunque el rencor me muerda de noche las entrañas
no enturbiaré tu oído con mis palabras sucias.

Viviré entre mis nieblas arrancando los gritos
que de noche me suben —gusanos— a la lengua
para darte ese niño que piensas en tu vida
mientras mis años agrios afirmen la protesta.

Alta sabiduría la de tu amor que limpia
de impurezas de libros el temblor de mi carne;
por ella hice mis voces de fervor y de sueños
y amo a los pobres diablos que son los de mi sangre.

[De Tumulto]

Canción con la muerte de un sueño

I

Permitidme amigos que os cante esta mañana transparente
en que la primavera da brillo a las hojas de los arboles
y en Villa Ortuzar -mi barrio- el sol tutea los ojos de los niños,
el corazón maduro de los jornaleros sin trabajo
y las cabelleras de las muchachas pobres que van a las fábricas.

Oh, mis amigos:
Hoy que arranqué la piel de cordero de mi humildad
y en mí nace un hombre que vosotros no conocéis.
Un hombre que estaba adherido a la piel de cordero de mi humildad.

Estoy libre ¡libre! del sueño de los pobres.
Esa nube violenta que nos ciega los ojos
Que nos tumba sobre un camastro de algodón
y nos transforma -como a fumadores de opio- en sacos inservibles,
tirados en un fondo de mar verdoso, como buzos ahogados,
para soñar el pobre sueño de los pobres.

Le arranqué los tornillos a mi angustia. Y amo y odio.
Amo con la conciencia limpia cómo la de los niños,
Odio con la conciencia pura como la de los pájaros.
Porque me arranqué los sueños como guantes
-la mesa servida, la casa propia, la mujer fiel-
y ando en cueros gritando mi alegre animalidad.

Oh, mis amigos:
Vuelvo a mis 12 años de edad turbulentos como un sueño de vagancia.
Cuando leía las aventuras de Salgari y las novelas de Julio Verne.
Y abrazaba a las muchachas para levantarles las polleras
y encenderlas de pudor ante mi audacia de capitán pirata sin turbante
ni mares que conquistar. No tenía súbditos que obedecieran,
pero tenía mis 12 años duros con olor a tabaco fuerte.
Y unas ganas tremendas de amar la vida.
Y una injuria despierta -sin goznes- para el más cobarde.
Y unos puños crispados que levantaban mi corazón y mi osadía.
(Cómo cantan en mí los años de la escuela. Oh, mis amigos:
Ahora que oigo el tañido suave de una campana lejana
y su mar erizado de músicas repercute en mis tímpanos cómo en un caracol.
Ahora que los pregones de la calle
abren la piel transparente de esta mañana de primavera
y en mí nace un hombre que vosotros no conocéis).

Era el más osado de la clase y Armando Casafúz, mi maestro,
una vez me abrió su confianza cómo una puerta de amigo.
Ese día fumé cigarrillos de 30, conocí el puerto de Buenos Aires,
y me di un atracón de vidrieras sin pensar en romperlas.
Porque era en mí libertad el niño más feliz del mundo.

Oh, mis amigos:
Entonces yo sabía organizar las revoluciones infantiles.
Gritar: ¡Viva el socialismo! ¡Abajo los que tienen plata!
Hacerles un corte de manga a los vigilantes y a los porteros.
El pito catalán a los maestros y a los Hermanos Maristas.
Y en Cramer y Mendoza trompear a los monitores por alcahuetes,
para proveerme de sueños que me aislarán de las cuatro paredes frías de la ciudad,
y vengarme de mi cotidiana amargura:
Las vociferaciones groseras de los cocheros, los choferes, los feriantes.
Las corridas de los guardianes tuertos, o sordos, o mancos, o rengos,
en torno a las tres barrancas de Belgrano con sus héroes inmóviles,
sucios de verdín y de tiempo, donde hacían el amor las arañas,
y servían para que yo les meara con la inocencia de los ángeles.
Las vejaciones de una solterona histérica que leía a Vargas Vila
mientras yo enceraba una escalera de 50 peldaños y cantaba para aturdirme,
o rompía las vajillas en la cocina porque ansiaba partir, partir.

Oh, mis amigos:
Aunque el corazón de mi madre me defendiera como una garra,
y mis 12 años duros con olor a tabaco fuerte bloquearan las ofensas más turbias.

II

Y ésta es mi Elegía, camaradas:
la mesa servida, la casa propia, la mujer fiel.

Al sueño de los pobres lo arranqué con tirabuzones de aliento
y estoy de vuestra parte porque el mundo nos pertenece
bajo este sol que tutea los ojos de los niños,
el corazón maduro de los jornaleros sin trabajo
y las cabelleras de las muchachas pobres que van a las fábricas.

[De Tumulto]

LUZ LIBERADA

Luz repartida, luz amontonada,
luz de la espuma que me azora y canta,
luz que se vuelve luz en la garganta.
Luz de octubre en abril sobresaltado,
luz de otoño cayendo entre los pájaros
y luz que se presiente como un canto.
Luz del celeste, luz verdi-dorada,
luz del cielo en la luz de la mañana
y luz que comunica luz del alma.
Luz del insecto en la luz que se recobra
sobre el rumor secreto de las hojas
y luz sobre la luz de las gaviotas.
Luz marítima en luz de paz agraria,
luz de ola, hermosura prolongada
en el grillo, el gorrión y la cigarra.
Luz de madre en la luz que dan los hijos,
luz cerúlea de luz que afina el lino,
luz en la luz gozosa del rocío.
Luz del árbol, diadema de esmeralda,
joya del trigo, luz en oro y plata,
corona de la luz en luz ganada.
Luz que vence a la sombra y que se nombra
luz de la eternidad en la paloma,
en la ortiga, en el cardo y en la rosa.
Luz primera de luz recién creada,
luz del viento del mundo, solidaria,
y luz de entendimiento en luz de hermana.
Luz del valle nombrada en luz de puerto,
luz salina, plural, sobre el estero
de esta clara ciudad, Montevideo.
Luz del exilio en luz inesperada,
luz que se expresa numerosa en cada
temblor ilimitado de las aguas.
Luz de la libertad sobre la arena,
luz del lucero en luz sobre las piedras
y luz que se pronuncia luz entera.
Luz del aire en la luz de la mañana,
luz que dicta la luz del sentimiento
en la gracia infinita de la llama,
en la hierba, en el agua y en el viento.

 

ASALTAMOS EL ALBA A TIRO LIMPIO

Ramón Sender

Me trepan los insultos -mareas numerosas
como trepan los hijos al cariño de un hombre.
Tengo las ansias llenas de ganarme en un grito.
Grito: ¡La vida es nuestra! y abro los horizontes.

Puertas de bronce viejo, de hierro remachado,
caerán cuando se agrupen las voces en un puño.
Hombres desvencijados, de espaldas a la vida:
así dancen las balas no serán de este mundo.

A los calvos de ideas, con sangre de pantano,
a los viejos que ensucian las palabras más altas,
les hago una advertencia: conmigo están los brazos
de aquellos que arrancaron de sus ojos las lágrimas.

La humildad -ese viejo mascarón- no hará suya
nuestra carne que es nudo de un clamor que echa ramas
y en sus climas oscuros, como a un árbol raíces,
nutren de savia pura los cuencos de su entraña.

Y ¡guay! del que esté en contra de nosotros, los pobres,
esos ríos de sangre, silenciosos y lentos,
que bajan hasta el pozo más hondo de la tierra,
que suben hasta el límite más alto de los cielos.

La vida es de nosotros los que hacemos la vida
a gotas de sudor, de ímpetu, de fuerza
y que jamás o nunca tenemos una cama
donde cavar la hondura de un vientre en primavera.

Nos vejan, nos explotan, nos reducen a cero,
si agitamos un grito de protesta nos castran.
Nos orinan la baba de un exiguo salario
y nos cuadran en leyes como a burros de carga.

Y hablan de La Piedad, de La Bondad, del Arte,
sacerdotes, artistas, profesores, poetas,
los que en nombre del pueblo se erigen en vigías,
¡esos hijos de puta con almuerzo y con cena!

Ah señor Jesucristo: no queremos tus frases
-panes sin levadura-, magníficas, humanas,
que no son más que frases pero que nos inhiben
y destapan, astutas, nuestros poros de lágrimas.

No queremos tus frases. Yo que vengo de abajo
y que anduve entre obreros con hambre y manos sucias,
que sé lo que es el mundo, este mundo de mierda,
te lo digo derecho: tus palabras son putas.

Al carajo con todas las parábolas bellas.
Al carajo con todos los escrúpulos sordos.
Presentemos las armas proletarios del mundo
y a tiro limpio, firmes, vaciémosles los ojos.

La vida es de nosotros, los que hacemos la vida
a gotas de sudor, de ímpetu, de fuerza,
y que jamás o nunca tenemos una cama
donde cavar la hondura de un vientre en primavera.

Del libro Tumulto

 

A UNA MANO DE JORNALERO

Mano de jornalero que haces sobre el espacio tu mérito fecundo,
siempre serás, desnuda, frente al mundo
acre de la impiedad, ¡mano de pobre!

Mano de jornalero es esta mano;
tras ella es lumbre todo cuanto toca;
revela cielo su trabajo ufano.

Nace con sus quehaceres la alegría
y no hay aurora que el dolor apriete
si entre sus dedos un fervor porfía.

No desfallece por un contratiempo,
ni caduca su afán entre la sombra
que le depara traicionero tiempo.

Frente al despierto sol de la mañana
vibra y se agita su avivado empeño,
cuanto más alto, más blanda y liviana.

Cunde su esfuerzo, como el de un badajo
repicando insistente, cuando ensancha
su palma el duro callo del trabajo.

Mano de jornalero, mano amiga
de la herramienta que humaniza al hombre;
por ti depara sueños la fatiga,
por ella, humilde, puedo honrar tu nombre.

Del libro Asalto al cielo

CANCIÓN DE LA PRIMAVERA DEL AÑO 1934

Desde lo más hondo de las raíces se alzan los brazos de la primavera.
Y la primavera mueve todos los pájaros.
Mueve todos sus pétalos.
Mueve todas sus hojas.
Y una malla de cenizas rubias, de piel de mariposas,
ciñe los muslos del día que se levanta como un Arco Iris
y asoma sus pies descalzos sobre la timidez de los pastos;
en las campanas; sobre los trigos, o sobre las aguas.

¿Dónde nace el grito que hace que el corazón se regocije y cante
-girando como los astros, como las peonzas violentas-,
y hace que yo me acerque a vosotros y os ofrezca mi sueño
que sube por mis palabras como la primavera por las raíces?
¿Qué viento es el que, suave como los musgos,
y desprendido de los horizontes, o de alguna turbina eléctrica
me trae este grito que se rodea de puntas de sol ardiendo
que me subleva la voz como el filo de un arado la pulpa de la tierra,
y que me penetra –como una voz de mando- hurgándome las carnes?

Hay pureza de sexo virgen en la tierra que se ofrece como una doncella.
Hay levadura de harina limpia que nos dilata los ojos y las sienes.
Oh, camaradas
¡qué lindo sería poseer a las muchachas sobre la tierra
Y ensuciarles la boca con zumo de pasto y las mejillas con zumo de pétalos!
Envenenarles la sopa a los millonarios que duermen.
Violar los cerrojos de los conventos para besar a las monjas.
Subirnos a los rascacielos y mear los escudos del congreso eucarístico
con el beneplácito de Jesús y la venia de los ángeles;
bajo la vigilancia de las nubes y el corazón de Dios que arde en el cielo.
Llenar las valijas de los turistas católicos con dinamita.
E irnos desnudos por los caminos del mundo.
Desnudos y alegres como el hombre que vio la primera luna,
o la mujer que nació al deseo junto a las raíces y las bestias.

Oh, camaradas,
y estamos aquí, inmóviles, en la esquina del día que arde como una bandera.
Con los hombros caídos.
Con los brazos inútiles.
Mientras la primavera vibra como una red de peces de colores.
Y un torbellino de angustia enturbia los ojos de Buenos Aires.
Y una turba de rufianes “angélicos” inutilizan nuestra ciudad.

Se me llena la boca de gritos.
Se me llenan las manos de puños.
Se me llenan los ojos de rabia:
porque te veo inmóvil Buenos Aires, sumisa e inmóvil.
Inmóvil en la esquina del día que arde como una bandera.

Y hay bocas con hambre que gimen contra los muros.
Y hay sueños con hélices que giran contra las estrellas.
Y hay la primavera que se desviste sobre los árboles.
Mientras nosotros vamos a sepultarnos como los difuntos
en las usinas, las fábricas y los talleres:
pisando colas de serpientes vivas.
Anillos de gusanos muertos.
Y crucifijos llenos de telarañas.

¡Y en los jardines silenciosos de los millonarios que duermen
baila la primavera desnuda sobre las hierbas!


Del libro: Tumulto

 

CANTO A MI PAN

Con pan de mi amor alimenté raíces.

De ráfaga-navío pan de nube
de noche-madrugada pan de trinos
y lágrima de pan de la pobreza.
El pan del vino aguado.
El funerario pan de los rincones.
El pan del ofendido
humillado
abolido.
En pan el pan el pan de los canteros
con el pan de los pájaros de mi alma.
Mi pan dije una vez (oh pan de piedra
trizándome los dientes)
nació del frío denso de los surcos
y del hueso pelado del rocío.
Y había una gaviota iluminada
y una espiga
de cárdeno rumor viva en mis sienes.
Había un cielo efímero
una lluvia
cenicienta y atroz con cicatrices
socavando mis yemas.
Había sin embargo dulzura de pan fresco
de gorrión despeinado de la música
que se nutrió del árbol de mi sangre
con ese ritmo sordo de cigarras
que aturden mi memoria.
Sus plumas custodiaron mis palabras
y su pico el latido de la brisa
sobre mi corazón amotinada.
Vino a mi voz en símbolo clareado
y me dio con el viento el pan insobornable
imbatible
durísimo
del mar con la cuchara de las olas
y el humo del tabaco de mi padre que ha muerto.

Cómo lo conoció mi infancia
definida
en la mejilla aireada del aromo
del abrojo del níspero del pámpano la higuera
y del libro escolar garuado en un baldío.

De pronto salió el pan salió de las arrugas
del labrador con hambre
y de la finca aérea del hornero.
Y yo
salta-alambrados
pierna al aire del aire avispa ronca
y hojaldre de los sueños
“como un ojo que ve claro” pude ver
destellando esplendores
el ojo de la vida
la inocencia del pan
y el encendido soplo de la escarcha
que preanuncia el exilio ante el abismo.
Y diría en fugaces imágenes del vértigo
primavera-gorrión gorrión-verano
y amor hilo de fragua
resplandor
caricia de agua quieta sobre el musgo.
Y mi vocabulario y mi cuaderno
perdido en un galpón
con la locomotora de un tren que nunca olvido.
Y diría también linterna humedecida
armónica herrumbrosa
y mendrugo de pan entre mis vértebras.

De pan-gorrión entonces mi esqueleto
mi barba con espuma mi calvicie
mi fulgurante lengua de pan-gorrión
alígera
y súbita alfarera de mañanas
que ha rodeado mi pecho de júbilo radiante.

Mi pan dije una vez (oh pan reflorecido
del vaho en las colinas)
izó luz infinita pan de gallos
que asea alta la noche los molinos
y el belfo echando azufre de un potro ingobernable.
Y vi cómo del ojo de Éluard amanecía
el ojo que ve claro pan de fuego
y de raudo aletear mi pan de río
mi gorrión-primavera mi semilla
de ese pan rutilante
pan de sol.

Pan de lumbre ganado repartido.
Pan de frente rozando el horizonte.
Pan de hermano de amigo solidario
pan de voz.

(De: Tumulto)

CLÉMENCE LOONIS

A Mon Sujet – Clemence Loonis

Nace el 3 de septiembre de 1966 en Francia, trabaja en Madrid desde 1989.
Artista plástica desde 1993 con unas 20 exposiciones en Galerías de Madrid, Lille y Berlín.
Cursa estudios en la Escuela de Poesía y Psicoanálisis Grupo Cero desde 1995
Participa como ponente en Congresos Internacionales de Grupo Cero desde 2001.
Es integrante de los Talleres de poesía Grupo Cero. Dirige la empresa Servicios Loonis dedicada a la formación de idiomas con la pedagogía psicoanalítica.
Forma parte de la productora cinematográfica Grupo Cero desde sus inicios en 2002. Ha realizado varios documentales sobre Miguel Oscar Menassa. La inundación en 2002, El pintor del realismo psíquico, Sexualidad oculta y el poeta desnudo.
Ha participado en la producción de los largometrajes: ¿Infidelidad? La invitación del presidente, En defensa propia y El medicamento así como en casi todos los cortometrajes dirigido por Miguel Oscar Menassa.
Compone y canta poemas de Miguel Oscar Menassa y publica su primer disco El amor existe y la libertad en 2015 y realiza unos 30 conciertos.
Forma parte de producción del espectáculo Poesía y Flamenco desde sus inicios en 2011.
Co-dirige con Helena Trujillo Grupo Cero Televisión y participa en la producción y realización de los programas. Acompaña a Norma Menassa en el programa Los cuentos de Norma.
Co-dirige la revista en francés con Claire Deloupy, La santé c’est la poésie/La Poésie c’est la santé.
Participa el programa de radio, La sexualidad femenina.
Ha publicado con otros autores en la Editorial Grupo Cero, La mujer del siglo XXI.
En poesía, ha publicado, Entre pieles y letras, Melodías del vértigo (en bilingüe) y Es otra luz será su tercer libro.
 

EROTISMO DE LA PALABRA PRINCIPIO

Se inauguran los vientos en la plaza del encuentro,
resbalan las fechas anteriores, hoy navega en soledad.
Veo mis pies en otros pies, veo el líquido que abre el contacto,
veo ocupado el verbo ser en un ojo profundo.
Y vienes tú porque a solas no me quedo,
vienes de la mano del grito arrancado a la puerta
y así, cara a cara, sin vaho destilador,
sin fantasma de caricia en el suburbio
pregunto…
¿De quién la cara?
¿De quién el principio?
Como los nombres apelan a otros hombres,
se va el cuento, el dardo, la pequeñez de un respiro.
Viene ese gemido de color suelto que pide límite
para que me sostengas en tu boca
sin búsqueda previa
alistada en este ejército de luz
enrollada en la saliva de la historia
como cuando todo huele a mundo
cuando ya sé que tus ojos son mis ojos
y multiplican la virginidad del encuentro.
 
 

Del libro: Entre pieles y letras 

LA ANONIMA

Eres la anónima.
 
Mitas tus huesos bordados
y te estremeces, apuñalada
por la discordia de los reflejos.
 
Pisas piedras y te burlas del algodón.
 
¡Qué torpe sonrisa llevas a ninguna parte!
¡Criatura! Ni mides, ni recorres.
Pendiente de la imagen,
simulas los desgarros de una roca ignorante
donde se debaten tus celos en una arruga.
 
Sufres en la lujuria de los sinónimos
cuando el dolor ya fue ahorcado en una palabra.
 
Trastornada por la luz que cae de mi piel,
nunca sales del asombro de tu bitácora
y los vericuetos te esconden sin hambre.
¡Hasta la carne se vuelve vital!
 
Traicionada siempre o siempre alentada,
te esfumas –gracias- y dejas a la mar,
sus doctas olas, pulir la saliva de un secreto.
Enamorada, perla sin huellas,
vibras como el alcohol,
envuelves las moléculas de soledad
y tiendes partos, rostros y maduros vientos.
 
La trampa boga con el aire,
el coro es tu voz perdida.
 
Morirás, dichosa,
por haber dejado
tu nombre a mi alcance.
 

Del libro: Entre pieles y letras

TODA SU SANGRE

No es mío el aire que escapa a tus ojos,
no es mía el ala que te toca y se va,
ni la huida de ese corazón mínimo
por más atleta que sea mi amor.
 
Pero son mías las muertes que desoyen las despedidas,
mías las caídas tendidas en tu frontera
cuando el valle enjuaga la pena
y se hace furia con sus globos de ejército.
 
¿Pero quién soy yo?
Si la piel es una tierra pequeña.
¿Quién?
Si nazco y muero en ese cartílago,
y tu nombre no me puede amar.
 
Me he vestido con tu cielo
para codearme con el amor.
He perdido de perfil
la alta verdad que se erguía.
 
Ahora navego sobre hojas, labios,
secretas pasiones de la mano
que conocen, de las venas, toda su sangre. 
 

Del libro: Entre pieles y letras

EL FRUTO DE LA LUZ

Freud dio la señal:
 
Hay agua esparcida en la boutique del error,
En las iras manoseadas,
En las jaulas donde falta el pan,
Donde el ruido, como una inmensidad,
Pide erosiones, clemencias nevadas.
 
Hay agua en el desierto de mi palabra.
 
Hoy es un cantar de nenúfares,
de años bailando el brillo del tímpano,
de figuras pobladas pidiendo a los brazos:
¡Libertad al olvido
libertad para la guerra de la voz,
libertad!
 
Hoy, tres cuerpos de lejano mar,
escritos y pagados sobre el fruto de la luz,
renuevan nuestra belleza.

Del libro: Melodías del vértigo

 

NO HAY LÍMITES

Empecé a absorber los rincones del límite,
a reconocer que en cada sílaba
tu nombre saltaba de la barandilla
y me besaba con frenesí musical.
Después hubo luces, giros empecinados.
Volvías con hambre y hablabas
De mujeres con sus cofres de zinc
Sus delantales abrochados al otro.
 
Metía la mano en el futuro
y te sacaba fuerte, con la cabeza en la palabra
sacudiendo recuerdos, puntos, madres,
desventajas para la alegría.
 
Brillaba tu tiempo, el esplendor refrescaba
Los límites y tus ojos eran brújulas.
Con la señora del entendimiento
Fuimos al día a acunar tus multiplicaciones.
 
 

Del libro: Melodías del vértigo 

CUMPLO 46 AÑOS

Hay un mundo, allá,
donde la niebla acurruca su soledad.
Quiere gritar un musculo, un compás,
quiere un sueño que no esté muerto,
una cuchara que tiemble delante del oro,
quiere todavía, otro pulso que él de la bestia.
 
Hay un mundo, cerca,
donde la luz atardece sin nombre,
tiritan los cascabeles en los ojos,
no hay tos, ni huella
olvidando ayer,
este hambre acaba de nacer.
 
Se levantan banderas como caracoles
porque ventilan sus casas cuando mueren.
Puertas enclaustradas, movimientos cerrados,
mi corazón alcanza la imagen
pero deslumbra la ineptitud.
 
Yo, vivo aquí, en brazos de la distancia.
Hay una vocal que me rodea
buscando un papel, que silba las horas
y percute la dicha como quien tropieza
sobre la palabra más bella.
 
Vivo sobre los columpios de almas
que aprendieron a bailar sin fin
y felicitan la eternidad por su nombre.
 
Hay un mundo que son muchos mundos
donde el viento adelanta la caricia
para completar su giro,
para armar con variedad los sonidos
¡que vayan a defender las voces!
Tu eco es el cuerpo de mañana.
 
Firmo con futuro:
yo, vivo aquí.
 
 

Del libro: Melodías del vértigo 

LA VIDA DESCIENDE

 
Es el abismo o un giro que tiembla,
Es la diferencia y su otra vez.
 
Sabemos que escuchar es una delicada
raíz para tocar las palabras,
es el tambor que reúne cuerpos.
 
Hoy quiero poner el mío
En medio de la trampa legalizada.
 
Ojalá hable la sangre entera en las alas dichosas.
Ojalá se proclamen de salud, los versos en el corazón de Madrid.
Ojalá se declare una resolución que cambie las fronteras del amor.
 
¡Ay! Pueblo, atraviesas tus heridas y no te duele el dolor.
¡Ay! La vida desciende porque es hija de la anestesia.
Ahora el poeta saldrá por la sangre para abrir el flujo asediado.
 
¡Que se diga!
¡Que se diga que hay una delicada raíz!
Que nuestra vida pende de esta raíz.

 

 Del libro: Es otra luz

VARIAS CIVILIZACIONES SE CRUZAN EN LA MISMA CIUDAD

Varias civilizaciones se cruzan en la misma ciudad.
 
Está mi padre, ancestro de los ancestros,
desborda de refranes,
de capitulaciones a destiempo.
Todavía huele a palabras que hicieron destino.
 
Mi padre tuvo que andar de rodillas
para secar falsas heridas
y nunca pudo alzar la voz,
rastreo su sombra porque no venía nada en ella.
 
También, mi padre de otro tiempo creaba cavilaciones,
huecos abundantes donde se refugiaban las notas,
y crecían los pechos y llamaba con el corazón de la lucha,
toda espalda, sangres que hicieron destinos.
 
Otro padre gritaba al futuro: el vacío no habla más,
es un cartucho, un incendio para nuestra voz.
No se puede saber de los destinos de su canto.
 
Mi madre, ese río infernal, esa loca pasión de vida,
con dientes, arrimándose a sus palabras,
sigue latiendo como una eternidad.
 
Como voz necesaria para irrumpir en su letargo,
mi madre nunca despertó,
quedó acunada por movimientos sin ritmo.
 
Mis hermanos, ¡ay! mis hermanos
hablo de la fraternidad con boca franca
para que quepan innumerables nombres,
fuerzas y lanzaderas,
cañones y trueques inestables.
Hermanos,
tenemos los verbos para nosotros.
 
 

Del libro: Es otra luz
Cantante Clémence Loonis - Madrid - Cantautora - Poemas

Te recomendamos ver el programa de televisión.

https://youtu.be/68k0HlnYbhA

PRÓXIMO PROGRAMA JUEVES A LAS 22 HS (HORA ESPAÑOLA)

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